La órbita de una estrella alrededor de un agujero negro supermasivo da la razón a Einstein

Un nuevo estudio, en el que ha participado el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC, confirma la validez de la teoría de la relatividad, gracias a un estudio durante 26 años que ha calculado con detalle la gravedad en entornos extremos.

 

 

A 26.000 años luz de la Tierra, en las regiones centrales de la Vía Láctea, se halla Sagitario A*, un agujero negro supermasivo con una masa equivalente a unos cuatro millones de soles. Los agujeros negros son objetos tan compactos que ni siquiera la luz puede escapar de su influencia gravitatoria, y fue el estudio detallado de las órbitas de las estrellas cercanas lo que permitió conocer su masa.

Ahora, una de esas estrellas, conocida como S2, ha permitido estudiar en detalle la gravedad en entornos extremos y confirmar la validez de la teoría de la relatividad de Einstein. El trabajo, publicado en la revista Science, ha contado con la participación de investigadores del el Instituto de Astrofísica de Andalucía del CSIC.

Einstein, en su teoría de la relatividad, mostró que el tiempo y el espacio, que siempre se habían considerado entidades diferenciadas, formaban en realidad una entidad única: el espacio-tiempo.

El espacio-tiempo es el escenario en el que se desarrollan todos los eventos físicos del universo, y se trata de un tejido maleable, que se curva en presencia de materia. Esta curvatura es la causante de los efectos gravitatorios que rigen el movimiento de los cuerpos (tanto el de los planetas alrededor del Sol, como el de los cúmulos de galaxias), y los agujeros negros supermasivos constituyen un entorno idóneo para verificar este efecto.

“Nuestras observaciones son consistentes con la teoría de la relatividad –apunta Andrea Ghez, investigadora de la Universidad de California, que encabeza el trabajo-. Sin embargo, la relatividad no puede explicar completamente la gravedad dentro de un agujero negro, y en algún momento tendremos que ir más allá de Einstein, a una teoría de la gravedad más completa que explique estos entornos extremos", subraya.

 

Desplazamiento al rojo gravitatorio

 

Los resultados han sido posibles gracias a la estrella S2, que dibuja una elipse muy pronunciada en torno a Sagitario A* y que, en el punto de máximo acercamiento, se sitúa a tan solo unas tres veces la distancia que existe entre el Sol y Plutón. A esa distancia, y debido a la enorme fuerza de gravedad del agujero negro, la relatividad predice que los fotones (partículas de luz) deberían sufrir una pérdida de energía, lo que se conoce como desplazamiento al rojo gravitatorio.

Eso es, precisamente, lo que ha medido el equipo científico, confirmando un resultado publicado en 2018.

“Este tipo de experimentos está sujeto a un gran número de posibles errores y, desafortunadamente, el equipo que difundió el resultado anterior no publicó todos los datos, algo que debería ser estándar hoy día, señala Rainer Schödel, investigador del Instituto de Astrofísica de Andalucía y uno de los autores del estudio. Con este trabajo, aportamos una comprobación independiente de un experimento extremadamente difícil, muy necesario en este caso, y aportamos todos los datos y los análisis estadísticos”.

Los datos clave en la investigación fueron los tomados con el telescopio Keck (Hawaii) durante los meses del máximo acercamiento entre la estrella y el agujero negro. Estos datos, en cuya obtención participó Eulalia Gallego, investigadora en el mismo instituto, se combinaron con las mediciones realizadas en los últimos 24 años, lo que permitió obtener la órbita completa de la estrella en tres dimensiones y, a su vez, comprobar la validez de la relatividad general.

“Este resultado es un ejemplo claro del enorme potencial de centro galáctico como laboratorio, no solo para estudiar los núcleos galácticos y su papel en la evolución de las galaxias, sino también para resolver cuestiones de física fundamental”, concluye Rainer Schödel, que además es investigador principal del proyecto GALACTICNUCLEUS, que busca resolver cuestiones abiertas incrementando en más de cien veces nuestro conocimiento actual de la población estelar más cercana a Sagitario A*.

MADRID

26/07/2019 10:56 Actualizado: 26/07/2019 11:10

sinc

@agencia_sinc

La observación de los eclipses Einstein tuvo razón (hace 100 años)

Se cumple el centenario del eclipse que permitió confirmar la teoría de la relatividad general. "Cada día, cuando buscamos en el mapa del teléfono móvil una trayectoria desde nuestra posición, estamos beneficiándonos de que Einstein tuviera razón al hacer una teoría tan poderosa y precisa sobre cómo es el espacio y el tiempo", explica el astofísico y divulgador 


El 29 de mayo de 1919 se produjo un eclipse total de Sol observable en una franja de la Tierra que cubría desde Sudamérica al África Central. En aquella época la pasión por la observación de los eclipses estaba, digamos, bastante baja en la lista de las preocupaciones de la gente.


Haciendo un chiste fácil al que no puedo resistirme, los acontecimientos terroríficos de la Gran Guerra habían eclipsado lógicamente casi cualquier tipo de actividad intelectual. Mirándolo con la perspectiva que dan estos cien años, sin embargo, el año en que se vivía el fin de la contienda fue especialmente provechoso para la astronomía. Ese mismo año se creó la Unión Astronómica Internacional y, una vez más, una observación de un fenómeno celeste permitía confirmar una nueva teoría física.


En 1915 Albert Einstein había publicado una teoría revolucionaria que se ha convertido en parte de posiblemente la mayor aventura intelectual del siglo XX: el espacio y el tiempo lo eran por la acción de la gravedad. O, pensándolo de una nueva manera, la gravedad que había servido para asentar las bases de la ciencia moderna a partir de Newton, esa fuerza universal que daba forma al cosmos, se convertía en la razón de que tengamos una geometría y una historia determinada.


El desarrollo matemático de este marco teórico se convirtió en el quebradero de cabeza de muchos físicos, y aún sigue siéndolo incluso (o especialmente) para los estudiantes del grado de Física de cualquier universidad de cualquier parte del mundo. Pero ya en los primeros años de la Era Einstein se empezaron a ver que había consecuencias medibles de los planteamientos de la relatividad.


La respuesta, cerca del Sol


Así, la relatividad explicaba que el movimiento de precesión anómalo de Mercurio se debía al arrastre del espacio-tiempo provocado por la cercanía del Sol, algo que antes se había intentado explicar con la presencia de un inexistente planeta interior desconocido, Vulcano. Otra de las predicciones sorprendentes de esas curvaturas de la textura del universo en torno a una masa era que se podía calcular cuánto se desviaría la misma luz cuando pasaba cerca de ella.


Swarzschild calculó incluso que con una masa suficientemente densa la luz podría llegar a quedar atrapada en un pozo gravitatorio. Y en marzo de 1919 el astrofísico inglés Arthur Eddington propuso que esa curvatura de la luz podría ser observada en un eclipse solar. Bastaba con obtener imágenes de las estrellas cercanas al disco solar aprovechando que la Luna pasaría unos minutos por delante ocultándonos la luz de la fotosfera.


Se suele decir que Eddington fue la primera persona que entendió la relevancia de la teoría de la relatividad general. Se suele contar, además, que siendo de confesión cuáquera estaba en la disposición perfecta para poder soslayar la barrera entre naciones que había impuesto el escenario de la guerra. Dyson, el responsable del observatorio real británico, entendió que era posible montar dos expediciones a la franja de totalidad del eclipse a ambos lados del Atlántico, una en Sobral, Brasil y otra en la isla del Príncipe. Las imágenes y las mediciones de ese día de hace justo un siglo permitieron comprobar los cálculos relativistas.


Einstein en los medios


Algo que, además, llegó a los medios de comunicación. Einstein no era conocido entonces, Eddington mucho más en el Reino Unido, pero el espaldarazo a la teoría que proporcionó esta observación astronómica fue lo que permitió a los periodistas escribir por primera vez "Einstein tenía razón". Un titular que se ha ido repitiendo a lo largo de este siglo cada vez que la física relativista cumple una de sus predicciones.


Este año, sin ir más lejos, cuando el equipo internacional del Telescopio del Horizonte de Sucesos presentó su imagen del agujero negro del núcleo de la galaxia M87. O hace cuatro años cuando se detectaron las ondas gravitacionales por el equipo internacional del LIGO. Y aunque no lo digamos, cada día, cuando buscamos en el mapa del teléfono móvil una trayectoria desde nuestra posición, estamos beneficiándonos de que Einstein tuviera razón al hacer una teoría tan poderosa y precisa sobre cómo es el espacio y el tiempo.
Resulta irónico que a Albert Einstein le parecieran más interesantes los experimentos mentales y la fortaleza matemática de la física teórica que la incierta y modesta obsesión de la física experimental en avanzar mediante experimentos reales. Porque realmente si su teoría se hizo sitio fue por su capacidad de responder de manera precisa a los retos de un universo que sin su teoría no tendría una explicación correcta.


Hoy hace un siglo, ese eclipse demostró que la física es una de las ocupaciones más susceptibles de cambiar a largo plazo la historia humana. Así que merece la pena celebrarlo.

madrid
29/05/2019 16:33 Actualizado: 29/05/2019 16:33
javier armentia/agencia sinc

“No estamos frente al capitalismo, sino que vivimos en su mundo”

Discípulo de Althusser, ha escapado a los vicios de una tradición marxista fosilizada confrontando su pensamiento con las luchas concretas de los dominados.

Hay formas de pensar no diferente sino en disidencia, de no repetir el agotador mensaje del diagnostico del mal y, al mismo tiempo, de descubrir las posibilidades infinitas de la acción humana. El filósofo francés Jacques Rancière pertenece a esta dinastía de los rebeldes con magia y argumentos. Quien se acerque a su profusa obra saldrá con sus convicciones trastornadas. Discípulo de Louis Althusser, Rancière ha sin embargo escapado a los vicios de una tradición marxista fosilizada confrontando su pensamiento con las luchas concretas de los obreros y los dominados. La palabra obrera, La noche de los proletarios o La filosofía de los pobres fueron los primeros libros que publicó a partir de los años 70. Le siguió un cuerpo de obra monumental cuyo centro ha sido siempre la emancipación humana, la lucha de clases y la igualdad. Rancière es un insurgente inspirado que, en los últimos años y a partir de obras como El odio a la democracia, El espectador emancipado, Los tiempos modernos, Arte, tiempo, política o ¿En qué mundos vivimos? ha atraído a un público joven y comprometido, hastiado del pensamiento que se consume como un plato congelado cocinado en un microondas.


Es un pensador realista cuando escribe: “no estamos frente al capitalismo sino que vivimos en su mundo”. Cine, teatro, literatura, exploración de los lazos entre política y estética son igualmente temáticas que integran su obra en una búsqueda constante de comprender la multiplicidad de los tiempos en los que vivimos. Porque para el filosofo francés nacido en Argelia en 1940, la idea de que existe una suerte de modernidad única, un tiempo universal y lineal es una construcción tramposa. No hay una línea temporal sino varias a lo largo de las cuales se despliegan nuestras realidades y rebeldías . Esa pluralidad del tiempo es, según expresa en esta entrevista con PáginaI12 realizada en París, una de las posibilidades más ricas de reconstruir una acción colectiva y efectiva. En suma, una semilla para derrotar al sistema. Adepto de las brechas, las islas o los instantes de rebeldía, Rancière defiende la idea de que los movimientos de protestas sólo tienen éxito cuando logran detener el curso del tiempo e instaurar, por un momento, otro, fuera de las agendas del sistema. Son semillas de autonomía que producen bosques de transformación. Revoluciones, movimientos de protestas, posibilidades de acción contra el liberalismo, extremas derechas y ocaso de las izquierdas centradas y de las extremas son algunos de los temas que el filósofo francés borda en esta entrevista, donde lo esencial es la posibilidad humana de la emancipación ante un sistema de opresión voraz.


–El sistema liberal mundial cerró con candado todas las posibilidades de una transformación fría, es decir, sin violencia, mediante la concertación y la negociación. Usted, en su abundante obra, postula un modo de acción espacial y temporal casi como única legitimidad de acción colectiva para confrontar al sistema.

–He tratado de demostrar que ya no hay más un poder central concebido como una fortaleza y la posibilidad de un asalto contra esa fortaleza. El capitalismo está en todas partes de la vida social, no estamos frente a él sino que vivimos en su mundo. Sin embargo, el capitalismo es también frágil. Su ley choca en todas partes con resistencias locales y puntuales. En todas partes se han dado una serie de revueltas protagonizadas por comunidades específicas contra le extensión del poder capitalista y el poder del Estado. Creo que en una situación como esta es importante que se desarrollen comunidades que tengan sus propias agendas políticas sin estar sometidas a las agendas parlamentarias porque estas se han vuelto de alguna manera agendas del Estado. En casi todos nuestros países los sistemas representativos han pasado a ser agentes del Estado, han dejado de ser una parte del poder popular. Una política efectiva o alternativa al sistema capitalista y al poder del Estado que está cada vez más integrado al poder capitalista puede existir únicamente de forma autónoma, es decir, con gente capaz de crear sus formas de organización, sus agendas y sus propios medios de acción. Se trata de desarrollar movimientos con una autonomía lo más amplia posible. Pueden ser formas de autonomía política separadas de las agendas parlamentarias, puede ser una autonomía económica a través de la creación de una red alternativa de producción, de consumo y de intercambios, o formas de autonomía ideológica o incluso militares, como en México por ejemplo. De todas maneras, esto no tiene nada que ver con las ideas que antes se tenían sobre la insurrección. Hemos dejado de estar en esa situación en la que se creía que el capitalismo produce su propia desaparición. La lógica marxista enunciaba que el capitalismo creaba un modelo de producción que lo haría explotar. Está claro que no es así. Incluso se pensó que el capitalismo se alimentaba a si mismo con el trabajo pero ya sabemos que el capitalismo lo que hace es destruir el trabajo para perpetuarse. No hay ninguna expectativa de que el capitalismo produzca el socialismo, ni tampoco de que el pueblo armado se rebele porque los obreros como las armas han desaparecido. No hay ni horizonte definido, ni fuerzas identificables. Lo que si vemos es la creación puntual de autonomías locales específicas en donde el sistema de dominación es frágil y se lo puede atacar y a partir de las cuales pueden constituirse fuerzas alternativas. Luego, esas zonas de autonomía extienden su poder tanto como pueden.


–En su filosofía la idea del tiempo y del papel que este juega tanto en los sistemas hegemónicos como en los intentos de trastornarlos es fundamental. Usted escribe al respecto que “una política de emancipación existe bajo la forma de una interrupción del tiempo”.

–Se tiene siempre la idea según la cual están, por un lado, los movimientos efímeros y, por el otro, las estrategias a largo plazo. Pero la historia del mundo es bastante diferente. Cuando se crean alternativas al sistema de dominación siempre ocurren durante momentos singulares. Las revoluciones fueron momentos singulares que duraron días, semanas, meses o años. Esto equivale a decir que el orden normal de las cosas fue interrumpido, que, en ciertos momentos, las reglas normales desaparecen, que el tiempo queda suspendido y al mismo tiempo se acelera porque los movimientos generan altas velocidades. Un ejemplo de ello es lo que pasó en Francia en Mayo de 1968: el orden normal del gobierno y de la economía de pronto se detiene, el tiempo se para, se bloquea. Y cuando el tiempo se detiene la gente empieza a reflexionar sobre la sociedad y se lanzan iniciativas que tienen efectos muy rápidos. Estamos entonces en una situación que el sistema no previó.

–¿El movimiento de los chalecos amarillos en Francia responde acaso a esa lógica?


–-Se trata de un movimiento interesante porque, al principio, fue protagonizado por una categoría de gente que nunca protesta. Y es interesante también porque es un movimiento de gente relativamente madura, de personas que no son oriundas de una tradición de la izquierda pero que terminan por adoptar formas pertenecientes a la izquierda internacional. Ocuparon las rotondas como los jóvenes indignados ocuparon las plazas en Madrid. Se pronunciaron a favor de una democracia horizontal, lo cual corresponde al anarquismo de la juventud intelectual. Creo que fue efectivamente un momento de suspensión que empezó como protesta contra un impuesto ecológico y acabó poniendo en tela de juicio todo el sistema. Después, los chalecos amarillos fueron un movimiento que se vio paralizado porque no sabía exactamente qué quería más allá de sus reclamos iniciales. No había un horizonte final, pero no es culpa de ellos sino porque es así: no hay horizonte final y nadie sabe hacia dónde mirar. Los chalecos amarillos reflejaron la situación global de los movimientos de protesta de los últimos años durante los cuales se vieron formas de interrupción del tiempo que al final se trabaron porque tuvieron un tiempo autónomo que no sabía hacia dónde se dirigía. Ocurre entonces que esos movimientos o se agotan o los gobiernos los transforman en enfrentamientos. Así se pierde la originalidad política de la situación.


–Esto equivale a pensar que resulta imposible constituir lo que usted llama “una comunidad de lucha contra el enemigo”.


–Se han creado esas comunidades de lucha y muchas obtuvieron victorias. Han sido victorias puntuales, locales. Pero en realidad, en la historia de la emancipación siempre ha sido así: hay momentos de emancipación colectiva. Esos momentos pueden ser pensados como etapas dentro de una temporalidad extensa y, al mismo tiempo, como momentos en cuales la gente vivió con libertad y en igualdad. Serían como los momentos de los movimientos: vivir cierto tiempo en plena libertad colectiva. Se crean espacios, brechas, oasis, y se busca desarrollarlos, pero no es evidente. Por eso me gusta la idea de la ocupación de las plazas, de los espacios, porque indica que cuando se ocupan los espacios se crea otra forma de temporalidad.


–¿Cómo durar más allá de esos momentos?


–Ha habido intentos de crear movimientos que vayan más allá de la protesta para prolongarse en el tiempo hasta convertirse en movimientos capaces de organizar formas de vida alternativa. La historia nos demuestra sin embargo que fueron esos movimientos autónomos los que consigueron victorias, incluso parciales, contra el capital y el Estado. Hoy vemos claramente que ni los partidos revolucionarios ni los sindicalizados llegaron a ganar algo. No. Cuando hay medidas que van en contra del trabajo lo más eficaz no es la acción de los sindicatos sino la de los movimientos autónomos como los indignados, la noche de pie o los chalecos amarillos. Las estrategias de los partidos o los sindicatos ya no valen nada. Las fuerzas de la izquierda han sido integradas al Estado y llevan a cabo una política similar a la de las fuerzas de la derecha. Es paradójico porque al mismo tiempo que no sabemos hacia dónde se dirigen esos movimientos, son, de hecho, los únicos movimientos reales que impugnan al poder. En Francia, la izquierda tradicional no existe más. Queda por ahí ese presunto populismo de izquierda que intenta recuperar lo que hay y dotarse de una fuerza parlamentaria: Syriza en Grecia, Podemos en España o Francia Insumisa aquí. Pero esos partidos no organizaron ninguna lucha victoriosa contra el enemigo. En cambio, movimientos como los indignados sí lo hicieron. En Grecia, por ejemplo, Syriza cambió de bando. Al final, tenemos movimientos que nos sabemos hacia donde van pero son los únicos que existen.


–Esas tres izquierdas europeas, la de Grecia, Francia y España, al final no desembocaron en nada. Están en una situación de ocaso lento.


–A mi me llamó mucho la atención el hecho de que en España, Podemos, cuando se constituyó, su primera acción consistió en presentar una lista para las elecciones europeas en vez de actuar allí donde su acción tenía un sentido. Creo no obstante que, como la izquierda adoptó en todas partes el perfil de la derecha, hay un lugar para la izquierda de la izquierda. Sin embargo, hasta ahora, esa izquierda de la izquierda no fue capaz de organizar ninguna acción autónoma.


–¿Qué deberíamos reformular? ¿Hacer un inventario de toda la herencia de la izquierda revolucionaria y la de transformación y, desde allí, pensar en otra cosa?


–La única herencia real con lo que contamos hoy es la herencia que nos dejaron los movimientos momentáneos. No hay herencia de los partidos de izquierda, ni tampoco de los partidos revolucionarios que apenas consiguen escasos porcentajes en las elecciones. No estoy diciendo que se debe rechazar a los partidos de la izquierda. Se trata de constatar la verdad. En Francia, la resistencia al liberalismo ha sido tal vez más fuerte que en otros lados, pero sólo gracias a la herencia de mayo del 68 y no a los partidos de la izquierda que, más bien, lo que hicieron fue confiscar esa herencia.


–Lo efímero es entonces lo trascendente.


–Lo efímero es lo que rompe el curso del tiempo de la dominación y lo que deja una herencia. No es sólo una herencia sentimental sino que son hechos. En Francia, las victorias obtenidas contra la reforma de la jubilación (1995) y contra una ley de reforma laboral en 2006 se consiguieron por la herencia de mayo del 68 y no por la acción de los partidos de la izquierda.


–Las extremas derechas son la gran figura renacida del panorama mundial. Fueron creciendo proporcionalmente al ocaso de la socialdemocracia. Para usted, ¿ese retorno es un momento efímero o veremos un arraigo temporal más consistente?


–El fenómeno mayor, para mi, no es el de una extrema derecha que regresa después de haber estado escondida. No, lo esencial es cómo la derecha tradicional se fue a los extremos. En la medida en que la izquierda implementa la misma política económica y social que la derecha, la derecha tuvo que buscarse una figura especifica para existir. Es por eso que la derecha necesita radicalizarse y apelar a toda una serie de instintos y pasiones que hace 30 años no necesitaba. Antes, la derecha se presentaba como una fuerza de centro, medio liberal, medio modernista. Ahora eso se acabó. Para existir en el parlamento deben radicalizarse. Por eso no pienso que la extrema derecha sea una expresión de las clases populares. Ese es el análisis oficial. El auge de la extrema derecha se debe a la radicalización de la derecha. Desconfío de la idea acerca de un supuesto arraigo popular de la extrema derecha. La idea de un pueblo francés racista que tiene enfrente a los inmigrados ha sido construida por todo un sistema de propaganda.


–Hago una escala en uno de sus libros más bellos: “Los tiempos modernos”. Por lo general se habla de “modernidad” y no de tiempos modernos. ¿Cuál es la diferencia entre la modernidad y los tiempos modernos?


–-Para mi la idea de la modernidad es totalmente falsa, tanto como el enunciado según el cual la modernidad ha funcionado como una declaración de la autonomía del arte. Siempre traté de demostrar que era lo contrario, es decir, que si existía una modernidad artística ésta consistía en la voluntad de unir el arte con la vida y no de hacer que el arte fuera autónomo. Con este libro quise demostrar que no existe una temporalidad de la modernidad sino que hay varias maneras de construir la modernidad. Tiempos Modernos porque son varios y varias: está la modernidad económica y la modernidad industrial y ambas no se corresponden con la modernidad política o espiritual. No hay un sólo tiempo moderno. Una historia con una gran H y un tiempo homogéneo no existe. Hay, sí, temporalidades diferentes. También se ha acuñado la falsa idea de que la modernidad es un proceso continuo dentro de un tiempo único y similar. No, no hay tiempo sino tiempos. El arte y los artistas crean en cierto momento un tipo de tiempo moderno que no es en nada homogéneo. Es una suerte de paradigma de la modernidad, una manera de ligar el tiempo, el movimiento, la comunidad, el presente, el futuro.


–Hoy vivimos dentro de varios tiempos dictados por la tecnología y dentro de la noción de “pos”: pos modernidad, pos verdad. Se evoca así el fin de todo pero todo sigue…

–El término pos, en realidad, corresponde un poco al discurso del intelectual cansado que dice “todo está terminado”. Ya se empezó a decir que todo estaba terminado en los años 1820…En aquella época ya se hablaba de la literatura industrial y se afirmaba que la literatura y la cultura se habían terminado, que sólo importaba el mercado. Hace dos siglos que se afirma esto. Este discurso le conviene a todo el mundo: tanto a quienes se presentan como los últimos defensores de la civilización como a los que se creen innovadores de un nuevo tiempo y portavoces de ese tiempo. Son nociones sin interés porque después, bueno, todo sigue, continúa, no estamos ni en el pos ni en el fin de la civilización. Es una construcción falsa aunque sea intelectualmente tan útil para los filósofos crepusculares como para los se creen vanguardistas. Es un doble juego donde, en lo que atañe a la verdad, se decreta que la verdad se ha terminado, que los hechos carecen de importancia y que lo importante es el análisis y la interpretación porque estamos más allá de todo, en un pos infinito. Aquí vemos claramente que estamos ante a una forma de administrar la opinión en donde los hechos han dejado de ser necesarios y donde lo importante es integrarlos en un sistema de explicación preexistente y, por consiguiente, no hace falta que los hechos sean verdad.
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Publicado enSociedad
La decepcionante historia de los rusos que mandaron un electrón al pasado

Esta semana, muchos medios han publicado que un grupo de científicos habían logrado revertir el tiempo. Lo que han conseguido es mucho menos excitante.


En los últimos días, medios de todo el mundo han contado cómo un grupo de científicos rusos ha logrado revertir el tiempo. Sería un pequeño paso para construir una máquina que tendría un valor incalculable para los nostálgicos, los arrepentidos o los insatisfechos con el pasado, pero la posibilidad de viajar al ayer parece tan alejada como hace diez días.


La mayor parte de las leyes de la física no distinguen entre avanzar hacia el futuro o hacia el pasado. Si se observan los movimientos de rotación del sistema solar, las mismas leyes servirían para explicar esas órbitas reproducidas en reverso. Sin embargo, desde nuestro punto de vista, el tiempo es algo absoluto e inexorable, que funciona en todo el universo de la misma manera. Esta percepción tiene que ver con nuestra comprensión intuitiva de la segunda ley de la termodinámica. Si una copa de vino se nos cae de la mano y se hace trizas, podrá irritarnos, pero no nos hará pensar que hemos perdido la cabeza. Todo lo contrario sucedería si los trozos de esa copa, de forma espontánea, se volviesen a reunir para ser de nuevo un recipiente.


La segunda ley de la termodinámica dice que un sistema aislado o permanece estable o cambia hacia un estado de mayor desorden: las copas rotas no se reconstruyen, un café encima de la mesa se enfría en lugar de calentarse y los muertos no resucitan. Lo normal es que el universo avance hacia el caos y en esa intuición se sustenta nuestra idea de un tiempo absoluto. Sin embargo, esa ley no es inviolable, y reconoce que el proceso inverso, aunque improbable, no es imposible.


Con esa idea en mente, un grupo de investigadores liderado desde el Instituto Moscovita de Física y Tecnología calculó las probabilidades de que un solo electrón violase esta segunda ley de la termodinámica de forma espontánea, retornase a un estado anterior y, de alguna forma, viajase hacia el pasado. Sus resultados indican que si se observasen 10.000 millones de electrones cada segundo durante los 13.700 millones de años de vida del universo, el fenómeno solo sucedería una vez, e incluso en ese caso, la partícula solo viajaría una diez mil millonésima de segundo hacia el pasado.


En otro experimento, los científicos utilizaron un ordenador cuántico de IBM para “enviar un electrón al pasado”. Pero en realidad la operación se parece más a una simulación computacional que a Marty McFly viajando a los años 50 para salvar el matrimonio de su padre. Según explica el investigador del Instituto de Física Teórica (IFT) de Madrid Germán Sierra, “los autores de este trabajo proponen que en mecánica cuántica es posible diseñar un algoritmo que invierte la dirección del tiempo de un estado cuántico particular y lo ilustran empleando el ordenador cuántico de la IBM con 5 qubits”. Para conseguirlo, simulan una operación que cambia el signo de la fase de la función de onda que describe el estado del sistema. En esta operación abstrusa “consiste ir hacia atrás en el tiempo en mecánica cuántica”, señala Sierra.


Incluso en el caso de que lo logrado tuviese alguna relevancia para el viaje en el tiempo, los autores del trabajo, que se publica en la revista Scientific Reports, lograron sus resultados planteando una situación artificial que solo funciona en el estrecho ámbito del experimento. “El problema es que la operación que construyen estos autores es ad hoc, es decir que depende del estado elegido y viola el principio de superposición de estados, que es fundamental en la mecánica cuántica”. “En términos matemáticos, la inversión del tiempo en cuántica es una operación antiunitaria y ellos la realizan mediante una transformación unitaria, algo que solo se puede hacer para un estado particular, pero no para todos los estados del sistema”, añade.


Además de las críticas a las conclusiones poco fundadas que se sacan de los resultados del equipo, algunos investigadores han comentado con extrañeza que se destaque en el mismo titular del artículo científico que se ha realizado con un ordenador concreto de IBM, el primer computador cuántico comercial. “Si estás simulando en tu ordenador un proceso en el que el tiempo es reversible, entonces puedes revertir la dirección del tiempo solo revirtiendo la dirección de tu simulación”, aseveraba el director del Centro de Información Cuántica de la Universidad de Texas en Austin (EE UU) en MIT Technology Review. “Después de un rápido vistazo al artículo, confieso que no entiendo por qué esto se vuelve más profundo si la simulación se lleva a cabo en el ordenador cuántico de IBM”, ironizaba. “El artículo es correcto y sugerente, pero no creo que represente un avance fundamental”, asegura Sierra. “Y tampoco entiendo por qué le pone énfasis en el ordenador de IBM, que para hacer lo que han hecho no hace falta”, remacha el investigador del IFT.


El pasado está más lejos que el futuro


La idea de una máquina del tiempo se hizo popular gracias a la novela titulada así que H. G. Wells publicó en 1895, pero fue Albert Einstein quien a partir de 1905 empezó a ofrecer herramientas intelectuales que permitían especular sobre un viaje en el tiempo en el mundo real. Según la teoría de la relatividad especial, el tiempo se acelera y se ralentiza dependiendo de la velocidad relativa a la que uno se mueve con respecto a cualquier otra cosa. Si una persona parte desde la Tierra en una nave que viaja a la velocidad de la luz, envejecerá mucho más despacio que un amigo que se haya quedado en la Tierra.


El físico alemán entendió que el ahora es local y la idea de un tiempo absoluto, que se había aceptado como norma desde Isaac Newton, se resquebrajó aún más cuando la teoría de la relatividad general mostró que la gravedad hace que el tiempo se curve. Este fenómeno, en su versión más extrema, haría que el tiempo de otro viajero espacial orbitando en la proximidad de un agujero negro pareciese detenerse. Aunque no para él. El explorador tendría la sensación de envejecer al mismo ritmo que siempre, pero cuando regresase a casa podría ver que allí el tiempo había transcurrido mucho más rápido y todos sus seres queridos estarían ya muertos o mucho más envejecidos que él.


Esto, de alguna manera, sería parecido a desplazarse al futuro, aunque la percepción del viajero sería bastante distinta de la de utilizar una máquina para dar saltos en el tiempo. La teoría de Einstein también permite, en principio, viajar al pasado a través del espacio tiempo, circulando por túneles abiertos en ese tejido espaciotemporal, pero muchos dudan de que la posibilidad no sea fruto de algún defecto en la propia teoría. Por el momento, habrá que seguir viviendo con cuidado, porque retroceder en el tiempo para arreglar nuestros desaguisados pretéritos parece un sueño muy lejano.


 Por qué no se puede poner una multa de tráfico a un electrón


Explicado de un modo burdo, los físicos tienen dos herramientas para entender cómo funciona el universo. En las grandes escalas, las de las estrellas y los planetas y en general el mundo que percibimos a simple vista, la teoría de la relatividad general funciona a la perfección. La cosa se complica cuando descendemos a las escalas microscópicas. Para entender el extraño comportamiento de partículas como los electrones es necesaria la mecánica cuántica, que explica un mundo con el que no tenemos relación directa y nos resulta muy poco intuitivo.


Una forma de entender la diferencia entre ambos mundos la ofrece Germán Sierra con un chiste. Para que Tráfico nos ponga una multa, es necesario que nos hagan una foto en la que se puede ver dónde estamos y a qué velocidad vamos. Como a nosotros nos aplica la física de Newton, tráfico puede sancionarnos, pero eso no sucede con un electrón. Con ellos, regidos por la mecánica cuántica, hay que elegir entre conocer su velocidad o su posición, algo que haría imposible ponerles una multa de tráfico. El ejemplo muestra las reglas diferentes que afectan a ambos mundos y explica por qué en ocasiones las explicaciones populares sobre la física cuántica, apoyadas en metáforas basadas en el mundo real, pueden ser confusas.


La más famosa de estas metáforas es el experimento mental que planteó Erwin Schrödinger en 1935. En él, se introducía un gato en una caja de acero junto a una pequeña cantidad de material radiactivo. La cantidad era tan pequeña que solo existía un 50% de posibilidades de que durante la hora siguiente uno de los átomos decayese. Si eso sucedía, se activaría un mecanismo que llenaría la caja de ácido cianhídrico y el gato moriría.


De acuerdo con los principios de la mecánica cuántica, durante el tiempo que durase el experimento, el gato estaría vivo y muerto al mismo tiempo, resultado de un fenómeno conocido como superposición. Sin embargo, esa circunstancia cambiaría cuando abriésemos la caja para acabar con la incertidumbre. En ese momento, de vuelta a la realidad de la física clásica, el gato estaría o vivo o muerto. En realidad, el gato hacía las veces de una partícula microscópica a la que aplican normas distintas que al animal. Un gato jamás estará vivo y muerto al mismo tiempo.

17 MAR 2019 - 02:32 COT

 

Físicos consiguen revertir el tiempo durante una fracción de segundo con un ordenador cuántico

El equipo de investigadores decidieron verificar si el tiempo podía revertirse espontáneamente al menos para una partícula individual y una pequeña fracción de segundo.

En un experimento de laboratorio, físicos han conseguido retroceder el estado de un ordenador cuántico una fracción de segundo hacia atrás en el tiempo. En el estudio, publicado en Scientific Reports, también calcularon la probabilidad de que un electrón en el espacio interestelar vacío regrese espontáneamente a su pasado reciente.


"Este es uno de una serie de artículos sobre la posibilidad de violar la segunda ley de la termodinámica. Esa ley está estrechamente relacionada con la noción de la flecha del tiempo que postula la dirección del tiempo en sentido único desde el pasado al futuro", ha explicado el autor principal del estudio, Gordey Lesovik, que dirige el Laboratorio de Física de la Tecnología de la Información Cuántica en MIPT (Moscow Institute of Physics and Technology).


"Comenzamos describiendo una llamada máquina de movimiento perpetuo local. Más tarde, en diciembre, publicamos un documento que analiza la violación de la segunda ley a través de un dispositivo llamado demonio de Maxwell", expresa Lesovik. "El artículo más reciente aborda el mismo problema desde un tercer ángulo: hemos creado artificialmente un estado que evoluciona en una dirección opuesta a la de la flecha termodinámica del tiempo". La mayoría de las leyes de la física no hacen distinción entre el futuro y el pasado.


Los físicos cuánticos de MIPT decidieron verificar si el tiempo podía revertirse espontáneamente al menos para una partícula individual y una pequeña fracción de segundo. Por ello, examinaron un electrón solitario en el espacio interestelar vacío.


Los investigadores intentaron revertir el tiempo en un experimento de cuatro etapas. En lugar de un electrón, observaron el estado de un ordenador cuántico formada por dos y más tarde tres elementos básicos llamados qubits superconductores.


Curiosamente, el algoritmo de inversión de tiempo en sí mismo podría resultar útil para hacer que los ordenadores cuánticos sean más precisos. "Nuestro algoritmo podría actualizarse y usarse para probar programas escritos para ordenadores cuánticos y eliminar el ruido y los errores", explicó Lebedev.


13/03/2019 16:13 Actualizado: 13/03/2019 16:13
europa press

“Ahora uno se explota a sí mismo y cree que está realizándose”

Las Torres Gemelas, edificios iguales entre sí y que se reflejan mutuamente, un sistema cerrado en sí mismo, imponiendo lo igual y excluyendo lo distinto y que fueron objetivo de un atentado que abrió una brecha en el sistema global de lo igual. O la gente practicando binge watching (atracones de series), visualizando continuamente solo aquello que le gusta: de nuevo, proliferando lo igual, nunca lo distinto o el otro... Son dos de las potentes imágenes que utiliza el filósofo Byung-Chul Han (Seúl, 1959), uno de los más reconocidos diseccionadores de los males que aquejan a la sociedad hiperconsumista y neoliberal tras la caída del muro de Berlín. Libros como La sociedad del cansancio, Psicopolítica o La expulsión de lo distinto (en España, publicados por Herder) compendian su tupido discurso intelectual, que desarrolla siempre en red: todo lo conecta, como hace con sus manos muy abiertas, de dedos largos que se juntan mientras cimbrea una corta coleta en la cabeza.

“En la orwelliana 1984 esa sociedad era consciente de que estaba siendo dominada; hoy no tenemos ni esa consciencia de dominación”, alertó ayer en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), donde el profesor formado y afincado en Alemania disertó sobre la expulsión de la diferencia. Y dio pie a conocer su particular cosmovisión, construida a partir de su tesis de que los individuos hoy se autoexplotan y sienten pavor hacia el otro, el diferente. Viviendo, así, en “el desierto, o el infierno, de lo igual”.


Autenticidad. Para Han, la gente se vende como auténtica porque “todos quieren ser distintos de los demás”, lo que fuerza a “producirse a uno mismo”. Y es imposible serlo hoy auténticamente porque “en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual”. Resultado: el sistema solo permite que se den “diferencias comercializables”.


Autoexplotación. Se ha pasado, en opinión del filósofo, “del deber de hacer” una cosa al “poder hacerla”. “Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya. “Ahora uno se explota a sí mismo figurándose que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el síndrome del trabajador quemado”. Y la consecuencia, peor: “Ya no hay contra quien dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión”. Es “la alienación de uno mismo”, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de comida o de productos de consumo u ocio.


‘Big data’.“Los macrodatos hacen superfluo el pensamiento porque si todo es numerable, todo es igual... Estamos en pleno dataísmo: el hombre ya no es soberano de sí mismo sino que es resultado de una operación algorítmica que lo domina sin que lo perciba; lo vemos en China con la concesión de visados según los datos que maneja el Estado o en la técnica del reconocimiento facial”. ¿La revuelta pasaría por dejar de compartir datos o de estar en las redes sociales? “No podemos negarnos a facilitarlos: una sierra también puede cortar cabezas... Hay que ajustar el sistema: el ebook está hecho para que yo lea, no para que me lea a mí a través de algoritmos... ¿O es que el algoritmo hará ahora al hombre? En EE UU hemos visto la influencia de Facebook en las elecciones... Necesitamos una carta digital que recupere la dignidad humana y pensar en una renta básica para las profesiones que devorarán las nuevas tecnologías”.


Comunicación. “Sin la presencia del otro, la comunicación degenera en un intercambio de información: las relaciones se reemplazan por las conexiones, y así solo se enlaza con lo igual; la comunicación digital es solo vista, hemos perdido todos los sentidos; estamos en una fase debilitada de la comunicación, como nunca: la comunicación global y de los likes solo consiente a los que son más iguales a uno; ¡lo igual no duele!”.


Jardín. “Yo soy diferente; estoy envuelto de aparatos analógicos: tuve dos pianos de 400 kilos y durante tres años he cultivado un jardín secreto que me ha dado contacto con la realidad: colores, olores, sensaciones... Me ha permitido percatarme de la alteridad de la tierra: la tierra tenía peso, todo lo hacía con las manos; lo digital no pesa, no huele, no opone resistencia, pasas un dedo y ya está... Es la abolición de la realidad; mi próximo libro será ese: Elogio de la tierra. El jardín secreto. La tierra es más que dígitos y números.


Narcisismo. Sostiene Han que “ser observado hoy es un aspecto central de ser en el mundo”. El problema reside en que “el narcisista es ciego a la hora de ver al otro” y sin ese otro “uno no puede producir por sí mismo el sentimiento de autoestima”. El narcisismo habría llegado también a la que debería ser una panacea, el arte: “Ha degenerado en narcisismo, está al servicio del consumo, se pagan injustificadas burradas por él, es ya víctima del sistema; si fuera ajeno al mismo, sería una narrativa nueva, pero no lo es”.


Otros. Es la clave de sus reflexiones más recientes. “Cuanto más iguales son las personas, más aumenta la producción; esa es la lógica actual; el capital necesita que todos seamos iguales, incluso los turistas; el neoliberalismo no funcionaría si las personas fuéramos distintas”. Por ello propone “regresar al animal original, que no consume ni comunica desaforadamente; no tengo soluciones concretas, pero puede que al final el sistema implosione por sí mismo... En cualquier caso, vivimos en una época de conformismo radical: la universidad tiene clientes y solo crea trabajadores, no forma espiritualmente; el mundo está al límite de su capacidad; quizá así llegue un cortocircuito y recuperemos ese animal original”.


Refugiados. Han es muy claro: con el actual sistema neoliberal “no se siente temor, miedo o asco por los refugiados sino que son vistos como carga, con resentimiento o envidia”; la prueba es que luego el mundo occidental va a veranear a sus países.


Tiempo. Es necesaria una revolución en el uso del tiempo, sostiene el filósofo, profesor en Berlín. “La aceleración actual disminuye la capacidad de permanecer: necesitamos un tiempo propio que el sistema productivo no nos deja; requerimos de un tiempo de fiesta, que significa estar parados, sin nada productivo que hacer, pero que no debe confundirse con un tiempo de recuperación para seguir trabajando; el tiempo trabajado es tiempo perdido, no es tiempo para nosotros”.

Barcelona 7 FEB 2018 - 03:47 COT

 

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Miércoles, 15 Noviembre 2017 06:27

Sobreexplotación del trabajo

Sobreexplotación del trabajo

Conforme los trabajadores fueron logrando disminuir la duración de la jornada laboral, los grandes empresarios fueron implementando métodos nuevos de explotación de la fuerza de trabajo. Como no podían disponer de los trabajadores por tantas horas, han tenido que implementar la productividad del trabajo, la utilización de la mano de obra de manera más intensa, para mantener e incluso extender la extracción del excedente.


En el centro del capitalismo ese mecanismo ha permitido un gran ciclo de desarrollo económico, que ha combinado expansión e integración de amplios sectores de la clase trabajadora. Mientras que, en la periferia, los mecanismos han sido otros.


Tras llegar con retraso al mercado internacional, las burguesías periféricas han intensificado la explotación de la clase obrera para lograr condiciones competitivas en el plano internacional, que les permitiera encontrar espacios en ese mercado. De ahí que los mecanismos de sobreexplotación se hayan desarrollado tan ampliamente en la periferia.
La categoría de sobreexplotación del trabajo es parte inherente de la teoría marxista de la dependencia, elaborada por Ruy Mauro Marini, gran intelectual brasileño, que ha vivido y producido prácticamente toda su obra en el exilio, en Chile y en México, siempre asociada a la militancia política, en Brasil en la organización Política Obrera (Polop), en los otros países en el MIR chileno. Su obra articula una concepción de cómo en la periferia se combinan la dependencia externa con las condiciones específicas de la lucha de clases, particularmente de la extracción del excedente.


Es solo en ese marco teórico que se puede comprender de forma cabal el significado y el lugar de la sobreexplotación del trabajo. Se trata de formas agregadas de explotación, de extensión de la jornada y de intensificación del trabajo que, combinadas, generan mecanismos que elevan la explotación muy por encima de las condiciones normales y estructurales de extracción de la plusvalía.


Esos mecanismos, a su vez, bloquean cualquier posibilidad de expansión del mercado interno de consumo popular, porque se remunera a los trabajadores por debajo de sus necesidades básicas. De ahí que los modelos de acumulación en la periferia dependan de las altas esferas de consumo del mercado y de exportación.


La sobreexplotación requiere, a su vez, condiciones políticas para que se efectivice. En Brasil, fue indispensable el “bloqueo salarial” (congelamiento del salario), para que se diera el “milagro económico” durante la dictadura militar. Fue el santo del milagro económico. La dictadura combinó represión política con sobreexplotación de los trabajadores.
Las restauraciones neoliberales en países como Argentina y Brasil concentran gran parte del accionar de los gobiernos en generar las condiciones para elevar la explotación de los trabajadores. La “reforma laboral” brasileña es el mejor ejemplo de la imposición de condiciones salvajes a los trabajadores, que incluyen, entre otras, medidas como reducir para menos de una hora el horario de almuerzo, permitir que mujeres embarazadas o que amamantan a sus hijos trabajen en condiciones insalubres. Prácticamente son abolidos los derechos elementales de los trabajadores, incluyendo la duración de la jornada de trabajo, el salario mínimo, que tienen que ser discutidos en cada negociación salarial. Se impone, como dicen cínicamente sus promotores, lo discutido sobre lo legislado, esto es, si el nivel de desempleo y la correlación de fuerzas en que se dan las negociaciones permiten, no hay limite para que se impongan las condiciones más salvajes de explotación de los trabajadores.


Los regímenes de excepción, donde el Poder Judicial ya no es garante del Estado de derecho; donde gobiernan lo banqueros y se impone la tercerización de las relaciones de trabajo; se restringen las acciones de los sindicatos para defender las conquistas de los trabajadores; donde se impone el Estado mínimo, con la centralidad del mercado, es el mejor escenario político para que la sobreexplotación de los trabajadores se imponga.


Hasta alrededor de algunas pocas décadas, la sociología del trabajo era una de especializaciones más prestigiosas y buscadas en el campo de las Ciencias Sociales. Después de las críticas a la excesiva “centralidad del trabajo”, se ha pasado al polo opuesto, en que pareciera que las actividades del trabajo son unas entre tantas otras, y no más la actividad esencial que ocupa la mayor parte del tiempo de la gran mayoría de las personas en el mundo.


Hay que rescatar la importancia de las relaciones de trabajo, en un mundo en que, más que nunca, la mayoría aplastante de la humanidad vive del trabajo, por mas diferenciadas que sean esas actividades. Que esa gran mayoría vive del trabajo y para el trabajo. La teoría marxista de la dependencia de Ruy Mauro Marini es el mejor marco teórico para ese indispensable rescate.

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Lunes, 16 Octubre 2017 17:37

Teoría de las irregularidades

Teoría de las irregularidades

La teoría de las irregularidades es algo que incluso en la comunidad de los estudiosos de la complejidad no termina por asimilarse plenamente. Hay otros lugares más comunes, como la ciencia de redes complejas, por ejemplo.


Ser occidentales, en la mejor tradición que se inaugura con Platón y Euclides, y todo lo que se sigue de ellos, consiste creer que existen regularidades en la naturaleza. Así, por ejemplo, que la naturaleza tiene leyes, que existen leyes de la historia, que la sociedad se hace posible sobre la base de normas, en fin, que los tiempos y el espacio son regulares y estables. Dicho con la mecánica clásica, que existen ciclos, periodicidades, movimientos pendulares. Que sean unos más cortos o más largos es algo que no altera para nada el cuadro general.


La idea de regularidad se traduce filosóficamente con la noción del “ser”, y políticamente con los conceptos de control y de manipulación. Sociológica o arquitectónicamente, se trata de la creencia de que existen y son necesarias las jerarquías. En fin, que el mundo y la naturaleza son estables.


En la comunidad de complejólogos —esto es, quienes trabajan en ciencias de la complejidad—, existen caotólogos y también fractalistas, por ejemplo. Pues bien, el padre de los fractalistas es B. Mandelbrot, el fundador de la geometría de fractales.


La geometría de fractales es exactamente una teoría de irregularidades. Más exactamente, prácticamente la totalidad de los patrones en la naturaleza son irregulares. Y en la sociedad. La irregularidad se dice técnicamente como fractus, fractal. Posee una dimensión propia —o mejor, varias dimensiones (fractales)— y logra una comprensión inédita del mundo y la realidad, a saber: la naturaleza y la vida están marcadas o constituidas por intermitencias.


La marca de calidad de la naturaleza —como de la vida— es el cambio. Pero los cambios no son fijos, periódicos ni regulares. Por el contrario, son esencialmente imprevisibles, marcados por azar y contingencias, perfectamente aperiódicos. Análogamente al caos.


La idea de intermitencia significa que los sistemas irregulares son esencialmente abiertos, y que no existe, en absoluto, estabilidad alguna en sus dinámicas y estructuras. Los fractales son fenómenos o sistemas inestables y con turbulencias. El sello mismo de la complejidad.


Pues bien, la primera vez en la historia de la humanidad que la irregularidad nace es gracias a la geometría de fractales. Desde luego que existen aspectos técnicos, pero éstos pueden quedar aquí implícitos. La fractalidad de la naturaleza, y mejor aún, la multifractalidad apunta de manera precisa a la ausencia de cualquier tipo de estabilidad.


Digámoslo mejor: la estabilidad existe, pero sólo a escala local y en tiempos muy breves. En tiempos cortos y a escala local las cosas parecen permanentes, estables, regulares, sujetas a leyes. Pero la fractalidad permite una mirada en escalas múltiples, y esa multiescalaridad permite exactamente entender que la regla en el mundo y la naturaleza son los cambios, las transformaciones, la irregularidad.


Todas las teorías estándar habidas en la historia, en ciencia o en filosofía, así como todas las teoría normales vigentes en ciencias y disciplinas, actualmente son teorías de regularidades, de control, de estabilidad, de permanencia, de cambios graduales; en fin, de ciclos y periodicidades. Y por ello mismo no logran ver la complejidad del mundo y de la vida; esto es, el papel del azar y la aleatoriedad. En el “mejor” de los casos, la aleatoriedad es sometida a la teoría de probabilidades. Una teoría del control y del ser.


La geometría de fractales nace en ningún campo; o lo que es equivalente, en el cruce entre diversos terrenos. No nace más en la economía que en las finanzas, más en la matemática que en la termodinámica, o más en la geometría que la física estadística. Cuando la ciencia revolucionaria nace, no hay un sólo nicho donde haya sido engendrada. Esto es algo que Th. Kuhn no alcanzó a ver. Por el contrario, dada la riqueza y las dinámicas del conocimiento hoy en día, la ciencia revolucionaria engendra su propio nicho de nacimiento, que no es uno específico, sino uno donde se cruzan tradiciones, métodos, lenguajes. Este fue el nacimiento de los fractales, esto es, de la teoría de las irregularidades.


Un rasgo biográfico, pero al mismo tiempo sociológico e histórico permea el nacimiento de la ciencia revolucionaria. Se trata del alto inconformismo por parte del investigador o pensador, y de la capacidad para identificar la ciencia normal y alejarse rápidamente de ella. Dos condiciones que se dicen fácilmente, pero que es muy difícil de llevar a cabo. Al fin y al cabo, el precio del inconformismo es la soledad y el aislamiento. Algo de lo cual un investigador verdadero se precia más que se duele. También en la ciencia y en la academia prima, como decía Nietzsche, el espíritu gregario.


Pero, ¿cómo identificar claramente las fronteras del conocimiento?; esto es, ¿cómo ver el lugar en donde termina la ciencia normal y comienza... el vacío? Existen muy buenos indicios. Por ejemplo, la ciencia normal es aquello de lo que las mayorías hablan, o de lo que se ocupan “muchos”. La ciencia normal es aquella que está siempre a la mano, y que convoca fácilmente. La ciencia revolucionaria, por el contrario, sólo tiene indicios, vestigios, señales; pero nunca textos claros, establecidos.


Esto fue lo que experimentó B. Mandelbrot, y lo que es evidente ante una mirada sensible y reflexiva en el panorama intelectual y cultural en general. Tenemos con nosotros una teoría de irregularidades. Pero el triunfo de la misma no fue nunca algo evidente, aunque sí sólido y robusto. La biografía se mezcla con el momento social y con la situación histórica. De esa compleja amalgama nacen ideas nuevas, enfoques creativos, lenguajes novedosos.


La teoría de las irregularidades es algo que incluso en la comunidad de los estudiosos de la complejidad no termina por asimilarse plenamente. Hay otros lugares más comunes, como la ciencia de redes complejas, por ejemplo. La plena consolidación de la teoría de las irregularidades tiene lugar a partir de 1995. Una historia que no está muy lejos de nosotros, y apenas da sus primeros pasos. Pero agigantados.

Lunes, 24 Julio 2017 06:19

29 minutos

29 minutos

La distancia entre las ciudades de Nueva York y Washington DC es de 362 kilómetros. El viaje en automóvil dura alrededor de tres horas y media; en tren, cuatro horas y media y en avión una hora 20 minutos, a lo que hay que sumar el viaje al y desde el aeropuerto y la espera para abordar.

Elon Musk ofrece que podrá contar con la tecnología y la infraestructura para transportar pasajeros en el Hyperloop en sólo 29 minutos. Fijar la duración del viaje, esos meros 29 minutos es una parte esencial del proyecto, pues se corresponde con el persistente afán de disminuir el tiempo para hacer prácticamente todo lo que nos ocupa durante el día.

Para una parte sustancial de la humanidad la vida corre ahora a grande vitesse. Y aun eso no parece suficiente, se trata constantemente de acelerar todo para reducir el tiempo. El transporte, la información y las comunicaciones en general dependen cada vez más del ahorro de tiempo. La vida misma parece depender del colapso del tiempo, de un intento casi angustioso por domarlo.

Musk es un empresario prominente dentro del grupo que puede asociarse con un rasgo clave del modo de ser del capitalismo. Se trata del proceso de la destrucción creativa. Este rasgo fue destacado por el economista austriaco Joseph Schumpeter en la década de los 50 con lo que llevó para adelante las nociones de Smith y Marx. La innovación sin pausa, colocada como carácter básico de este modo de producción y asociado, igualmente, con la teoría de los ciclos económicos. Esa innovación corre hoy en una pista paralela al tiempo.

La destrucción creativa llevó a la obsolescencia del caballo con la aparición de la máquina de vapor y luego del motor de combustión interna; la aviación obligó a la adecuación de los ferrocarriles y los barcos, la telefonía relegó al telégrafo, hoy ya no se requieren líneas físicas basadas en cables; el cine y la televisión propiciaron el ajuste de la radio y la prensa escrita. Internet literalmente acabó con muchas de las formas anteriores de acceso a la información y la comunicación interpersonal.

También se ha modificado radicalmente el sistema de pagos, la concesión de créditos, la colocación de las inversiones y la recaudación de impuestos en la economía. La tecnología ha desplazado innumerables ocupaciones y, con ello, ha modificado significativamente el mercado de trabajo. La lista corresponde a la historia misma del capitalismo. Y aún faltan las consecuencias previsibles del aumento de la capacidad robótica.

Un breve recuento muestra que Musk ha hecho carrera y fortuna como empresario en varias de estas modalidades. Fundó Paypal en 1998 con otros socios, un sistema de transferencias instantáneas de fondos de una cuenta a otra. En 2002 fue vendida a e-Bay por 1.5 mil millones de dólares.

Invirtió su ganancia en SpaceX en ese mismo año y en Tesla Motors en 2004. La primera de esas empresas ganó en 2007 una licitación para llevar cargamento a la Estación Espacial Internacional, lo que ocurrió en 2012. Planea producir vehículos para transporte espacial y concibe hasta la eventual colonización de Marte. La segunda, comenzó a fabricar, ese mismo año el Modelo S de auto eléctrico del mismo nombre y se asocia con el proyecto para crear granjas de baterías con gran capacidad de almacenamiento de electricidad.

El Hyperloop es un sistema que recuerda los tubos al vacío que solían usarse en los grandes edificios para mandar documentos de una parte a otra. Ahora se trata de un modo de transporte de pasajeros y de carga. Un tubo sellado con un receptáculo o cápsula que se desplaza adentro sin fricción y por medio de motores de inducción y compresores de aire alcanzando una gran velocidad.

Este transporte podría cubrir la distancia de 560 kilómetros entre las ciudades de Los Ángeles y San Francisco a una velocidad promedio de alrededor de 970 kilómetros por hora en 35 minutos.

La sociedad parece estar cada vez más obsesionada con el tiempo. Podría decirse que se trata del colapso mismo del tiempo. Esto entraña profundos cambios en el modo de vida, las formas de la relación interpersonal y hasta la concepción misma de la existencia.

Se trata de la idea misma del tiempo, de la percepción que tenemos de su transcurso imparable y, también, de su sentido vital y emocional. Byung-Chul Han en su texto titulado El aroma del tiempo: un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, se aproxima al tema de la aceleración del tiempo y, por extensión, al asunto de la grande vitesse con la siguiente consideración. "Aquello que en la actualidad experimentamos como aceleración es solo uno de los síntomas de la dispersión temporal".

Se trata, según este autor, de la falta de sincronía que conduce a diversas alteraciones temporales y a la parestesia (la sensación anormal de hormigueo y adormecimiento de la piel provocada por el sistema nervioso o circulatorio). Esto provendría del hecho de que el tiempo pierde su ritmo ordenador, su compás. "El sentimiento de que la vida se acelera, en realidad, viene de la percepción de que el tiempo da tumbos sin rumbo alguno".

Publicado enEconomía
"El proceso que está por abrirse con el ELN no puede ser exprés, de paz barata"

Carlos Alberto Ruiz Socha es asesor jurídico de la delegación de paz del ELN con autorización del Gobierno colombiano y de Noruega, uno de los países garantes. En 1998 y 2000 participó en los encuentros llevados a cabo en Maguncia (Alemania) y Ginebra (Suiza) entre esta guerrilla, el Gobierno y representantes de la sociedad civil para explorar vías de solución al conflicto armado.


Antes de poner rumbo a Quito, donde este martes se instalará la mesa de conversaciones entre el ELN y el Gobierno de Santos tras la liberación del excongresista Odín Sánchez y el indulto a dos presos, el abogado Carlos Alberto Ruiz Socha participó en Bilbo en una conferencia sobre la construcción de la paz. En entrevista con GARA, el asesor jurídico de la guerrilla –autorizado por el Gobierno colombiano y apoyado por Noruega, uno de los países garantes– remarca la importancia de abordar las causas del conflicto, porque «no se trata solo de hablar del tránsito de la guerrilla a la legalidad con garantías y seguridad jurídica, sino de acordar una mínima agenda de lo que llamaríamos la deuda social con los sectores más pobres». Ruiz Socha también ejerció de asesor de las FARC-EP en La Habana.


Las reuniones mantenidas a principios de enero en Quito lograron destrabar el proceso y fijar una nueva fecha para la instalación de la mesa de conversaciones, en suspenso desde el 27 de octubre. ¿Qué ambiente se vivió durante esas jornadas?


Hubo un ambiente positivo, de cordialidad, de respeto por la diferencia y de voluntad por ambas partes de llegar a un acuerdo que destrabara la situación. Era la primera vez que el jefe de la delegación del Gobierno, Juan Camilo Restrepo, se veía con la del ELN. Hubo un talante de diálogo y de ánimo constructivo. El ELN claramente flexibilizó su posición renunciando a postular a los dos comandantes que había propuesto inicialmente y proponiendo, en su lugar, a dos presos lisiados de guerra que caben dentro de la categoría de «delito político» que el Gobierno pedía. También apartó temporalmente la discusión sobre el derecho humanitario. No polemizó y facilitó la fase pública.


Usted también ha ejercido de asesor jurídico de la delegación de paz de las FARC-EP en La Habana. ¿Qué diferencias y similitudes ve entre ambas mesas?


Ambas insurgencias han manifestado una voluntad de superar el conflicto armado por la vía dialogada, señalando la necesidad de abordar sus causas políticas, económicas y sociales, y a sabiendas de que un conflicto tan profundo no se supera de la noche a la mañana. No se trata únicamente de hablar del tránsito de la guerrilla a la legalidad con garantías y con seguridad jurídica, sino de acordar una mínima agenda de lo que llamaríamos la ‘deuda social’ con los sectores más pobres. Eso quedó plasmado en la Agenda de 2012 entre el Gobierno y las FARC y aunque, tras la renegociación por la victoria del «No», hubo muchos recortes a las aspiraciones que se habían formulado, hay un conjunto de compromisos que el Estado debe cumplir. En ese sentido, el ELN considera prioritario hablar de lo que está pasando con los sectores sociales que sufren las consecuencias de un modelo económico y social excluyente. Ambas insurgencias están motivadas por esa idea de transformación social. Las diferencias están impuestas por los tiempos y algunas concepciones. Obviamente, el modelo de diálogo con las FARC no contaba con la sociedad civil como actor protagónico. En el caso del ELN, los diálogos contarán no solo con las dos partes contendientes sino que en la agenda está estipulado que habrá un papel protagónico de las organizaciones sociales. Esa es una primera diferencia, porque en La Habana no estaba concebido así. El propósito de la Agenda con el ELN es ir consensuando una serie de medidas que vayan generando un nuevo clima de entendimiento, porque el ELN ha expresado que solo bajo nuevas circunstancias hablará del tema de las armas. Dicho esto, destacaría que ambos procesos son complementarios. El país tiene que interesarse y luchar por la implementación de lo acordado en La Habana y por articular los diagnósticos y propuestas que surjan de la mesa con el ELN.


La participación de la sociedad es uno de los ejes del diálogo de Quito. Sin embargo, el plebiscito del 2 de octubre registró un récord histórico de abstención, situándose en el 62%. ¿Cómo se pretende activar a una sociedad cuando menos apática?


Sin lugar a dudas, hay una inmensa cantidad de personas que se sienten apáticas e indiferentes. Lo han sido frente a la guerra y existe el riesgo de que lo sean frente a la paz. Es cierto que la abstención puede ser reflejo de esa apatía, pero también de un cansancio que no necesariamente es apatía. Se sienten defraudados por la clase política, por sus rutinas y mecanismos. Existe una cultura que ha banalizado y menospreciado el dolor del conflicto. A una parte de la población no le interesa qué camino se va a tomar, ni en la guerra ni en la paz. Esa apatía generalizada no será vencida de la noche a la mañana, pero puede que en la medida en que los sectores organizados convoquen a otros sectores arrinconados por la cultura de la indolencia y por el analfabetismo político se sientan interpelados y, paulatinamente, participen.


En 2018 habrá elecciones presidenciales en Colombia, los procesos de cambio en los países de la región no atraviesan por su mejor momento, la Casa Blanca ha afirmado que revisará el acuerdo con las FARC... ¿Cómo se vive desde dentro esta complicada coyuntura?


El ELN ha valorado esas dificultades, pero la peor apuesta sería cerrar toda posibilidad porque el entorno es negativo. Aunque es arriesgado lo que se abre, hay mucha fuerza y esperanza por parte de los sectores organizados y también de gobiernos y corrientes progresistas de la región que se identifican con el proceso. Se van a debatir temas difíciles pero, si hay voluntad, serán abordados con rigor para buscar un entendimiento básico, no un cambio radical. Lo que no puede ser, y en eso he sido crítico respecto al proceso de La Habana, es una paz barata que se limita a un proceso de resolución del conflicto armado, en el caso de las FARC parcialmente, porque la extrema derecha sigue atentando contra los movimientos populares. En lo que llevamos de año, han asesinado a ocho líderes sociales. En 2016, fueron 117. Estamos ante una campaña de exterminio.


No percibo una paz positiva en el sentido de que aún no se han producido transformaciones sociales creíbles y fehacientes. No ha supuesto una redistribución básica; en Colombia los sectores pudientes no han sacrificado en lo más mínimo sus expectativas de negocio –más bien han aumentado–. Aun así, es una paz por la que debemos trabajar. Así como el proceso con las FARC duró casi cinco años, el que está por abrirse con el ELN no puede ser un proceso exprés, de paz barata. Debe ser lo más acelerado posible; no se trata de cuánto tiempo dure, sino de que refleje una voluntad real de cambio, y no de engaño.


El Gobierno de Santos es consciente de que puede avanzar mucho pero que, seguramente, quedará una parte pendiente. El ELN tiene una visión a medio y largo plazo y es consciente de que no se negocia con un Gobierno sino con el establishment. No es el mejor momento por los factores internacionales, pero es el que ha tocado.


El ELN ha expresado en reiteradas ocasiones su disposición a dialogar con Álvaro Uribe.


El propio Santos ha invitado al Centro Democrático a ser parte de la delegación gubernamental y el ELN acepta que haya un representante de Álvaro Uribe. Es una fórmula que ya ha ensayado. Personalmente estuve en los diálogos celebrados en Maguncia en 1998, y dos años más tarde en Ginebra, entre el ELN y la sociedad civil. ¿Quiénes estaban ahí? Entre otros, el empresario Sabas Pretelt de la Vega –ministro de Interior de Uribe–. Allí se planteó que el diálogo debía ser entre todo el arco de la sociedad civil y que dentro de ella están empresarios, ganaderos, latifundistas con concepciones de extrema derecha, sindicalistas y defensores de derechos humanos con propuestas de transformación social, porque si realmente se quiere llegar a un consenso sobre los cambios básicos que requiere el país, hay que dialogar con quienes detentan el poder, sea Santos, Uribe, Vargas Lleras... para saber cuáles son sus expectativas y qué están dispuestos a ceder. Esto agrega complejidad al proceso pero también nitidez. La esperanza es que cedan en algo, porque puedes firmar un acuerdo como en La Habana, pero si los poderes fácticos no están dispuestos a ceder en algo, va a ser muy difícil y van a impedir que Santos cumpla. Y si no se abordan los problemas básicos, a la vuelta de diez años tendremos otras expresiones de resistencia más o menos organizadas.


Con la experiencia acumulada a lo largo de casi dos décadas, ¿qué expectativas tiene frente a este nuevo proceso?


Dignificar la política no significa un trato cordial entre las partes contrarias, sino atajar la corrupción o la muerte por hambre de niños. No es decente que se esté asesinando por pensar distinto, por organizar a las comunidades o que estemos haciendo un recuento de niños muertos de hambre: 100 en la Guajira, 70 en el Putumayo y otros tantos en el Chocó, y que nada pase mientras los recursos se pierden en las redes de la corrupción. Debe haber demostraciones de que efectivamente existe un interés por solucionar los problemas básicos de la población más empobrecida. Se trata de que los sectores mayoritarios que han estado excluidos de los beneficios sociales y económicos tengan la posibilidad de plantear sus diagnósticos y que vean cómo sus derechos empiezan a ser respetados gradualmente. Deben de tener la certeza de que ahora sí se les está atendiendo en lo más básico. Eso significaría que estamos en otra dimensión.

Fuente: Gara

Publicado enColombia
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