Gran parte de emisiones de CO2 proviene de las cadenas de suministro de multinacionales

Análisis muestra el impacto de esas empresas al elegir países proveedores que sean más eficientes en carbono

 

Una quinta parte de las emisiones de dióxido de carbono proviene de las cadenas de suministro globales de las empresas multinacionales, según un nuevo estudio dirigido por el Colegio Universitario de Londres (CUL) y la Universidad de Tianjin, en China, que muestra el alcance de la influencia de esas compañías en el cambio climático.

El estudio, publicado en Nature Climate Change, mapea las emisiones generadas por los activos y proveedores de multinacionales en el exterior, y encuentra que el flujo de inversión es típicamente de países desarrollados a las naciones en desarrollo, lo que significa que las emisiones se subcontratan de hecho a las partes más pobres del mundo.

Muestra el impacto que pueden tener las multinacionales al fomentar una mayor eficiencia energética entre los proveedores o al elegir los que sean más eficientes en carbono. Los autores proponen que las emisiones se asignen a los países de donde proviene la inversión, en lugar de donde se generan.

Dabo Guan, de la Escuela Bartlett de Construcción y Gestión de Proyectos del CUL, explica que “las empresas multinacionales tienen una enorme influencia que se extiende mucho más allá de las fronteras nacionales. Si las principales compañías del mundo ejercieran su liderazgo en materia de cambio climático, por ejemplo exigiendo eficiencia energética en sus cadenas de suministro, podrían tener un efecto transformador en los esfuerzos globales para reducir las emisiones”, asegura.

“Sin embargo, las políticas de cambio climático de esas empresas a menudo tienen poco efecto cuando se trata de grandes decisiones de inversión, como dónde construir cadenas de suministro. Asignar emisiones al país inversor significa que las multinacionales son más responsables de las emisiones que generan como resultado de esas determinaciones”, prosiguió.

El estudio encontró que las emisiones de carbono de la inversión extranjera de las multinacionales cayeron de un pico de 22 por ciento de todas las emisiones en 2011 al 18.7 en 2016. Los investigadores señalan que es el resultado de una tendencia de “desglobalización”, con el volumen de reducción de la inversión directa, así como nuevas tecnologías y procesos que hacen que las industrias sean más eficientes en carbono.

Al trazar un mapa del flujo global de inversión, los investigadores encontraron aumentos constantes en la inversión de los países desarrollados a las naciones en desarrollo.

El autor principal, Zengkai Zhang, de la Universidad de Tianjin, señala que “las multinacionales transfieren cada vez más inversiones a las naciones en desarrollo, lo que reduce las emisiones de los países ricos y coloca mayor carga en los más pobres. Al mismo tiempo, es probable que genere mayores emisiones en general”.

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Hicieron una importante contribución al planeta azul en su formación. La gráfica fue tomada de un video captado por un conjunto de radiómetros de imágenes infrarrojas visibles. Foto Afp

 

Hallaron en condritas de enstatita suficiente hidrógeno como para proveer con al menos tres veces la masa del líquido de sus océanos

 

 El agua cubre 70 por ciento de la superficie de la Tierra y es una sustancia crucial para la vida, pero cómo llegó el líquido hasta aquí sigue siendo materia de debate científico.

Equipo de científicos franceses dio un paso para solucionar este añejo acertijo tras el anuncio en una publicación en la revista Science de que logró identificar las rocas espaciales que pudieron traer el agua a la Tierra.

La cosmoquímica Laurette Piani, quien lideró la investigación, señaló que, al contrario de teorías prevalecientes, el agua del planeta podría haber estado contenida en sus bloques esenciales.

Según los primeros modelos que explican la formación del sistema solar, los grandes discos de gas y polvo que se arremolinaban alrededor del Sol y terminaron formando los planetas interiores estaban demasiado calientes como para formar hielo.

Esto podría explicar las condiciones de esterilidad de Mercurio, Venus y Marte, pero no del planeta azul, con sus vastos océanos, una atmósfera húmeda y su geología bien hidratada.

La idea más frecuente es que el agua apareció en una etapa posterior, traída por un objeto extraterrestre, y los principales sospechosos son los meteoritos que poseen el líquido en abundancia, conocidos como condritas carbonáceas.

El problema, sin embargo, era que su composición química no coincide plenamente con la de las rocas de la Tierra.

Además, esas condritas se formaron en las afueras del sistema solar, lo que baja su probabilidad de haber golpeado al planeta cuando era joven.

Bloques fundamentales

Otro tipo de meteoritos, llamado condritas de enstatita, posee una composición química mucho más cercana, lo que indica que constituyen los bloques fundamentales que formaron la Tierra y los otros planetas interiores.

De estas rocas, que se formaron cerca del Sol, se asumía que eran demasiado secas para justificar las enormes reservas de agua del planeta.

Para probar si esa presunción era cierta, Piani y sus colegas de la Universidad de Lorraine utilizaron una técnica de medición llamada espectrometría de masas para cuantificar el contenido de hidrógeno en 13 condritas de enstatita.

Hallaron que las rocas contenían suficiente hidrógeno como para proveer a la Tierra con al menos tres veces la masa de agua de sus océanos.

También midieron los dos tipos de hidrógeno, conocidos como isótopos, porque la proporción relativa de éstos es muy diferente entre distintos cuerpos del sistema solar.

"Encontramos que la composición de hidrógeno isotópico de las condritas de enstatita es similar a la del agua almacenada en el manto terrestre", destacó Piani, quien comparó el hallazgo a una coincidencia en el ADN.

La investigación no excluye que más agua haya llegado luego de otras fuentes, como cometas, pero indica que las condritas de enstatita realizaron un aporte significativo a la cantidad del líquido de la Tierra en su etapa de formación.

El hallazgo "aporta un elemento crucial a este rompecabezas", escribió Anne Peslier, científica de la NASA, en una editorial que acompaña la publicación.

Viernes, 14 Agosto 2020 06:07

Despojo a los mapuches

Despojo a los mapuches

Desde que el pinochetista Víctor Pérez asumió el Ministerio de Interior, la guerra contra el pueblo mapuche ganó en intensidad y brutalidad. Con su nombramiento como jefe de gabinete, el presidente Sebastián Piñera volcó su gobierno hacia la extrema derecha que utiliza el racismo y la violencia para amedrentar a los pueblos.

Uno de los hechos más graves sucedió la noche del primero de agosto, cuando civiles armados apoyados por Carabineros atacaron a los mapuche que ocupaban los municipios de Curacautín, Ercilla, Victoria y Traiguén, con violencia y gritos racistas. Las bandas armadas se activaron horas después de la visita del ministro Pérez a Wallmapu, donde esgrimió el clásico discurso de odio y represión.

La actual ofensiva responde a dos situaciones: por un lado, la crisis del gobierno de Chile, debilitado por la revuelta social activada en noviembre y que nunca se detuvo, pese a la pandemia, los estados de emergencia decretados y la militarización impuesta. La base social y política de Piñera se venía desmoronando, lo cual permitió que el Parlamento votara una medida a contrapelo de la privatización de los fondos previsionales, que permite a los ahorradores retirar 10 por ciento de sus fondos.

Para recomponer sus apoyos, Piñera decidió hacer lo que la publicación El Mostrador califica como "un guiño al sector más duro de la derecha" para enfrentar la doble revuelta chilena y mapuche, y defender la Constitución pinochetista de 1980 (https://bit.ly/3iDdLBz). El nuevo ministro se rodeó de un "círculo de hierro" con personajes que tienen fluidas relaciones con empresarios agrícolas cuyas tierras, usurpadas en la llamada Guerra de la Araucanía (1861-1883), están en disputa con comunidades autónomas en la región de Ercilla.

La segunda y decisiva es la am-plia movilización mapuche en el sur, en apoyo a la huelga de hambre indefinida del machi (autoridadreligiosa) Celestino Córdova, condenado a 18 años de cárcel por la muerte del matrimonio Luchsinger Mackay durante un incendio en su hacienda, en 2013. La huelga de hambre exige que se cumpla con las disposiciones del Convenio 169 de la OIT que permite continuar la pena en su comunidad.

La solidaridad con Celestino está movilizando a decenas de organizaciones y comunidades, desafiando la pandemia y la militarización. Durante los 100 días de huelga de Celestino, a la que se sumaron 27 presos de las cárceles de Temuco, Angol y Lebu, se formó una red de apoyo liderada principalmente por mujeres, que se erigieron en sus voceras y en convocantes de las manifestaciones que sufrieron agresiones y violencia de los Carabineros (https://bit.ly/3fOiiPF).

El Estado, denuncia un editorial del medio digital Mapuexpress, ha actuado con indolencia frente a la pandemia en tierras mapuches y ante a la huelga de hambre. La represión llegó al extremo de impedir, en mayo, que las hortaliceras mapuches vendieran sus productos, pese a vivir momentos de extrema necesidad (https://bit.ly/3ah4LPm).

Mientras reprimía a las vendedoras de hortalizas, con la otra mano el gobierno promovía "el ingreso masivo de proyectos extractivos al Servicio de Evaluación Ambiental", en momentos en que la principal preocupación de las comunidades y organizaciones mapuches está puesta en contener el avance del Covid-19 (https://bit.ly/3gWxDze).

Lo hace, como denunciara Mapuexpress, en momentos en que están suspendidos los procesos de participación ciudadana y cuando las Asociaciones de Funcionarios Públicos de los Servicios Ambientales del Estado habían solicitado la suspensión de los plazos de las evaluaciones ambientales, por la imposibilidad de evaluar los megaproyectos y socializarlos con las comunidades.

En pocas palabras, aprovechan la pandemia para intensificar el despojo, algo que sucede en toda América Latina, como lo atestigua la aceleración de las obras del Tren Maya y del Corredor Interoceánico en México.

Dos consideraciones más: la guerra contra el pueblo mapuche es una guerra colonial de despojo, en línea con la conquista europea y la mal llamada Pacificación de la Araucanía en el siglo XIX, rematada por Pinochet cuando traspasó a privados las seis forestales estatales entre 1976 y 1979. El pueblo mapuche demanda la devolución de 3 millones de hectáreas robadas durante este largo ciclo de despojo, hoy en manos de empresarios y multinacionales. El racismo es un instrumento de la neocolonización.

En años recientes emergió un conjunto de organizaciones con fuerte presencia juvenil y femenina, que retoman y profundizan la importante lucha de la Coordinadora Arauco Malleko en la década de los 90. Se trata de la Alianza Territorial Mapuche, Parlamento de Koz Koz, Identidad Territorial Lafkenche (pueblos costeros), cooperativas, asociaciones de mujeres, hogares estudiantiles, comunidades autónomas y medios de comunicación que se reafirman en el camino de la autonomía y la autodeterminación (https://bit.ly/3kBKSr6).

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La contaminación del aire, devastadora para los animales polinizadores

Estudio en India, de cuatro años, prueba efectos en la abeja melífera, uno de los organismos de los que depende la supervivencia humana

 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), nueve de las 10 ciudades más contaminadas del mundo están ahora en India. Sin embargo, casi no tenemos idea de cómo la contaminación del aire está afectando a otros organismos.

Científicos del Grupo de Ciencias de la Vida de Bangalore, en la India, comprobaron que la contaminación del aire podría ser devastadora para los organismos de los que más dependemos para nuestra supervivencia, como la abeja melífera, según una de las primeras investigaciones en el mundo con el fin de tratar de abordar los impactos fisiológicos y moleculares de la contaminación del aire en plantas y animales silvestres.

La Apis dorsata o abeja melífera asiática gigante no sólo es una residente común de las ciudades indias, sino también contribuye de manera importante a la seguridad alimentaria y a los ecosistemas de India. Produce más de 80 por ciento de la miel del país y poliniza más de 687 plantas sólo en Karnataka.

Se estima que 75 por ciento de las especies de cultivos dependen en cierta medida de los animales, en su mayoría insectos, para su producción. India es el mayor productor de frutas y el segundo, de hortalizas en el mundo.

Dirigidos por Shannon Olsson, del Centro Nacional de Ciencias Biológicas (NCBS, por sus siglas en inglés) de Bangalore, Geetha Thimmegowda y sus colegas se embarcaron en un estudio que duró cuatro años de más de mil 800 abejas silvestres, publicado esta semana en Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Afecciones

Mediante una serie de experimentos junto con el experto en abejas, Axel Brockmann, del NCBS, y Dandipany Perunderai, investigador cardiovascular del Instituto de Ciencia de Células Madre y Medicina Regenerativa y el Instituto Cardiovascular Knight, los científicos hallaron que las abejas gigantes asiáticas de las áreas más contaminadas de la megaciudad de Bangalore presentaban tasas de visita de flores más bajas que en las áreas menos contaminadas.

Las abejas de áreas más contaminadas también mostraron diferencias significativas en el ritmo cardiaco, el recuento de células sanguíneas y la expresión de genes que codifican el estrés, la inmunidad y el metabolismo.

Al repetir estos experimentos con Drosophila, criada en laboratorio, se encontraron efectos similares, lo que sugiere que el impacto de la contaminación del aire no es específico de una especie ni probablemente sea el resultado de otros factores ambientales.

Hema Somanathan, que estudia el comportamiento de las abejas y la ecología de la polinización en el Laboratorio de Ecología Evolutiva y del Comportamiento del Instituto Indio de Educación e Investigación Científica, precisa que “el estudio se realizó con abejas silvestres que visitan las flores de forma natural en la ciudad de Bangalore y no en ensayos de laboratorio con abejas melíferas criadas en cajas de colmena que ya pueden estar estresadas o inmunodeprimidas.

"Por tanto, en mi opinión este estudio nos proporciona pruebas sólidas de que no todo va bien con nuestras abejas silvestres. Dada la escala de la alteración del paisaje y la urbanización en India, se espera que estos efectos sean generalizados y probablemente empeoren con el tiempo", sostuvo.

Asimismo, encontraron que más de 80 por ciento de las abejas recogidas de los puntos moderada y altamente contaminados murieron en 24 horas.

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foto Nasa

No es ciencia ficción. Es real. Los científicos alertan de que hay un 50 por ciento de posibilidades de que una enorme eyección de la masa coronal solar golpee la Tierra. Sus efectos serían muy graves: nos dejaría sin electricidad y sin tecnología y dañaría nuestra salud. Pero nos podemos preparar para afrontarlo. Te contamos cómo. 

¿Ha llegado la hora de crear el Ministerio de los Cisnes Negros? Los eventos de baja probabilidad y alto impacto son una realidad, como ha demostrado la pandemia. ¿Cuál será la próxima catástrofe? Nadie lo sabe, pero deberíamos estar preparados para lo que sea: virus, asteroides, terrorismo, clima… Sin embargo, el riesgo más sorprendente (y subestimado) proviene del Sol.

La probabilidad de que una eyección devastadora de la masa coronal (algo así como la tormenta solar perfecta) golpee de lleno a la Tierra es del 50 por ciento en este siglo, según los últimos modelos predictivos. En cualquier caso, no es desdeñable. Y una lección de la COVID-19 es que, si tienes boletos para la lotería, tarde o temprano toca. El problema es que la mayoría de los gobiernos prefiere reaccionar sobre la marcha ante los ‘cisnes negros‘ en lugar de tener un plan de contingencia. Una temeridad que ya no nos podemos permitir, según The Economist. «Los individuos buscan protección en los gobiernos y, si pueden, en las aseguradoras. Pero los ejecutivos han demostrado una inclinación por ignorar los riesgos, incluso cuando el precio de la previsión es pequeño. Es una abdicación de la responsabilidad y una traición al futuro», argumenta el semanario británico.

El peligro de la gran llamarada, una mezcla de viento solar y pulso magnético, siempre nos ha acompañado. La paradoja es que la humanidad nunca ha sido tan vulnerable como ahora, que depende de la tecnología para casi todo. Y la tecnología hay que enchufarla a la corriente. «La corona solar arroja de manera intermitente grandes chorros de partículas electromagnéticas al espacio. Estas causan las auroras boreales y australes, y pueden estropear las redes eléctricas y las de telecomunicaciones. Pero durante el siglo más o menos en el que la electricidad se ha convertido en una parte crucial de la vida humana la Tierra nunca ha sido golpeada por uno de estos eructos solares. Si se produjera una eyección de masa coronal, todo tipo de sistemas satelitarios para la navegación, las comunicaciones, los sistemas de advertencia sobre ataques de misiles… estarían en peligro. Grandes extensiones del planeta se podrían quedar meses o años sin electricidad», advierte The Economist.

Apagones, incendios, cáncer…

¿Otras consecuencias? Incendios en los transformadores y apagones en la red eléctrica. De prolongarse en el tiempo estos cortes, también afectarían al suministro de agua. Las centrales nucleares podrían ver comprometida su refrigeración. La red GPS se vería afectada, así como las comunicaciones por radio en VHF y HF, aunque buques y aeronaves tienen instrumental alternativo. Internet sufriría caídas, pero la robustez de las líneas transoceánicas y la arquitectura de las conexiones, basada en la redundancia, esto es, equipos y rutas alternativos con los que seguir operando, paliarían los efectos. En lo que se refiere a la salud, podría producirse un ligero aumento en las tasas de cáncer de piel y afecciones oculares por el aumento momentáneo de la exposición a los rayos ultravioletas. Y en cuanto al coste, un estudio de la compañía de seguros Lloyds calculó que solo en Estados Unidos podría alcanzar los 2,5 billones de dólares y que su red eléctrica podría verse afectada hasta dos años.

Hay antecedentes como para preocuparse. Al evento más potente del que se tiene constancia se lo conoce como ‘la llamarada de Carrington’. Golpeó el planeta en 1859, friendo literalmente las estaciones de telégrafo, que era el Internet de la época victoriana (todavía no existían las comunicaciones de radio). En 2012 se produjo otro de una magnitud similar, pero afortunadamente el cañonazo que disparó el Sol en dirección a la órbita terrestre no llegó a hacer diana y se perdió en el cosmos. Sin embargo, las eyecciones de masa coronal -la mayoría, de dimensiones modestas- son fenómenos frecuentes. Nuestra estrella ‘escupe’ hasta tres diarias durante los periodos de máxima actividad. Y alterna una fase de aletargamiento con otra de hiperactividad. Cada fase dura unos once años. Y justo ahora está desperezándose, como un oso que ha hibernado y sale de la cueva. Su máximo apogeo llegará en 2025.

Cuándo llegará la tormenta

¿Cuál es la probabilidad de que una tormenta geomagnética de gran intensidad afecte a la Tierra a corto plazo? El investigador Pete Riley pronostica que ronda el 12 por ciento en la próxima década, aunque un modelo matemático elaborado por un equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona y publicado en 2019 por Scientific Reports (Nature), reduce la probabilidad a menos del 2 por ciento. «No es nada despreciable si se tienen en cuenta sus consecuencias», advierte el catedrático y coautor del estudio Pere Puig. «Los gobiernos deberían tener protocolos de actuación ante estos desastres, informar y tranquilizar a la población que se pueda haber quedado sin energía eléctrica e incomunicada. Recordemos que habrá muy poco margen temporal antes de la llegada imprevista de una tormenta de estas características».

¿Cuál es ese margen? Entre 15 y 60 minutos. Un evento así no se puede controlar, pero se puede detectar con cierta anticipación cuando sucede. El satélite encargado de dar la señal de alerta apenas nos avisaría con 30 minutos de antelación antes de que el viento solar barra la atmósfera terrestre. Este satélite es el Observatorio de Clima del Espacio Profundo (aunque originalmente se llamó Triana, en honor del navegante español Rodrigo de Triana, el primero de la tripulación de Colón en avistar tierra en América). Fue lanzado en 2015 desde un Falcon 9 -el vehículo de lanzamiento de SpaceX, la empresa de Elon Musk-, tras pasar doce años arrumbado en un almacén de la NASA, que no tenía presupuesto ni motivación política para ponerlo en órbita hasta que la administración Obama se empeñó. Se está trabajando para tener pronósticos de al menos tres días, basados en la aparición de manchas solares que pueden indicar una actividad anómala.

Actuación de emergencia

«La cuestión no es si va a pasar, sino cuándo; cómo afectará a nuestra civilización y qué se puede hacer al respecto», advierte Jorge Eiras, profesor de Física de la Universidad de Vigo, que elaboró en 2018 un informe titulado Las tormentas solares geomagnéticas, amenaza silenciosa de una sociedad hipertecnológica, a petición del Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional, un organismo consultivo que depende de la Junta de Jefes de Estado Mayor. Eiras se lamenta de que solo Estados Unidos y Canadá cuenten con planes de actuación en caso de producirse un evento de este estilo. «Nuestra capacidad de respuesta dependerá de la rapidez para acometer actuaciones que reparen el suministro eléctrico, garanticen la seguridad de las aeronaves en vuelo y disminuyan la posibilidad de que la situación derive en un caos -advierte-. El desconocimiento de este fenómeno tanto entre la población como en los organismos públicos es un gran inconveniente».

Avi Loeb, director del Instituto de Astronomía de la Universidad de Harvard, va más allá y opina que habría que tomar medidas para desviar las partículas solares antes de que alcancen la atmósfera. Para ello propone la puesta en órbita de un escudo magnético. «Sería una proyecto de ingeniería mayúsculo, con un coste de unos 100.000 millones de dólares. Pero me temo que antes de que los políticos actúen tendremos que sufrir un evento similar a la llamarada de Carrington», vaticina.

Los sitios con mayor biodiversidad poseen larga estabilidad ecológica

Estudio en región florística de Sudáfrica mostró que su riqueza se explicaba por no haber experimentado cambios importantes en el clima en 140 mil años

 

Una nueva investigación descubrió por qué los trópicos y otras áreas del mundo se han vuelto los lugares con mayor biodiversidad del planeta, según publicó la revista Proceedings, de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Los investigadores sugieren que los puntos críticos de biodiversidad, como la selva tropical Daintree, en Australia, y los bosques nubosos de Ecuador, están repletos de especies porque han sido ecológicamente estables durante largos periodos, lo que permite que la evolución avance sin ser molestada.

Los hallazgos resaltan la amenaza que representa el cambio climático para algunos de los lugares más extraordinarios de la Tierra y la importancia de brindar a la naturaleza la protección que necesita para prosperar, señalan los autores del estudio.

Los ecologistas siempre han tratado de entender por qué algunas áreas del planeta son extraordinariamente ricas en especies. La investigación se propuso encontrar una respuesta al enfocarse en la Región Florística del Cabo, en Sudáfrica, corazón no tropical de biodiversidad con alrededor de 10 veces más especies de plantas nativas que el Reino Unido, todo constreñido en un área un poco más pequeña que Bélgica.

Desde proteas reales hasta orquídeas

El equipo internacional de investigadores, que incluye especialistas de la Universidad de York, Reino Unido, y de las sudafricanas Universidad Nelson Mandela y Universidad de Ciudad del Cabo, realizaron mapas de las distribuciones de casi todas las 9 mil 400 especies de plantas de la región, desde la protea real hasta las orquídeas.

Descubrieron que la riqueza de la región podría explicarse en gran medida por el hecho de que no había experimentado cambios importantes en su clima en los pasados 140 mil años.

Las teorías anteriores han sugerido que la productividad, donde grandes cantidades de energía fluyen a través de un ecosistema, podría explicar los puntos críticos de biodiversidad, pero los investigadores descubrieron que esto sólo desempeñaba un papel menor en la abrumadora variedad de vida de la Región Florística del Cabo.

Colin Beale, coautor del estudio e integrante del Departamento de Biología de la Universidad de York, explicó que la investigación se “centró en la increíble diversidad de esa región, porque las teorías competitivas de estabilidad versus productividad no se pueden desenredar en los trópicos, donde ambos son ciertos”.

Richard Cowling, autor principal del estudio y miembro de la Universidad Nelson Mandela, sostuvo: “Nuestro estudio muestra que la estabilidad ambiental del sudoeste de Sudáfrica, junto con la topografía accidentada de la región, explica los gradientes de diversidad en la región.

“La riqueza vegetal, la rotación y la diversidad evolutiva rastrean los gradientes de estabilidad y oportunidad ecológica en un centro de megadiversidad”, concluyeron los autores.

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Viernes, 24 Julio 2020 06:09

Agro-imperialismo en tiempos de Covid-19

Agro-imperialismo en tiempos de Covid-19

«En América Latina, nuevo epicentro de la pandemia del Covid-19, la matanza ha sido particularmente severa. Con la economía global casi detenida, los agronegocios de la región han continuado funcionando con total impunidad, profundizando su impacto y daño en las comunidades y los ecosistemas. En casi todos los países de la región, las actividades agroindustriales han quedado exceptuadas de la cuarentena ya que se consideran “esenciales”, aunque se centran en las exportaciones y no en proporcionar alimentos a la población local».

Nestlé, la compañía de alimentos más grande del mundo, es famosa por el escándalo. En la década de 1970  se ganó el apodo de “asesina de bebés” por provocar enfermedades y muertes infantiles en comunidades de bajos ingresos al promover la alimentación con biberón de su fórmula infantil y desalentar la lactancia materna. En los últimos años se han presentado  cargos similares contra la compañía por dirigir sus ventas de alimentos chatarra ultraprocesados en comunidades pobres y así contribuir al aumento de las tasas de obesidad y diabetes. Pero hay otro escándalo de proporciones igualmente sombrías que está archivado en la contabilidad de la empresa.

El 23 de abril de 2020, mientras el mundo estaba sumido en la pandemia del Covid-19 y la FAO advertía sobre una inminente crisis alimentaria mundial, los accionistas y ejecutivos de Nestlé  se otorgaron un pago de dividendos récord de 8.000 millones de dólares. En una época de crisis mundial en materia de salud y alimentos, esta ganancia equivale a más que todo el  presupuesto anual del Programa Mundial de Alimentos de la ONU y sería suficiente para cubrir el gasto anual promedio de la atención médica para más de 100 millones de personas en África.

El cuantioso pago de los dividendos de Nestlé de 2020 fue, de hecho, apenas poco más que el año anterior. Esos pagos tan enormes para accionistas y ejecutivos son una práctica habitual para la compañía, así como lo son para todas las grandes empresas transnacionales de la alimentación y el agronegocio, incluso en momentos de catástrofes sanitarias mundiales. Entre otros notables lucros para los accionistas, anunciados en abril de este año, figuran un pago de 2.800 millones de dólares por parte de Bayer AG, la compañía de semillas y agroquímicos más grande del mundo; un pago de 600 millones de dólares de Tyson, el mayor productor avícola del mundo; y un pago de 500 millones de dólares del Grupo WH, la mayor empresa porcina mundial. Cargill, la compañía del agronegocio más grande del mundo, está en vías de superar el pago récord del año pasado de 640 millones de dólares, que alcanza a un pequeño número de miembros de la familia Cargill. El aumento del comercio electrónico, particularmente de alimentos, durante la crisis del Covid-19 aumentó el patrimonio neto de Jeff Bezos, el fundador del gigante del comercio electrónico Amazon, en la impactante cifra de  24.000 millones de dólares. También es un momento de ganancias para los accionistas de actores más pequeños de la industria, como la empresa de plantaciones de palma aceitera y caucho SOCFIN. Las dos familias francesa y belga que son esencialmente las propietarias de la compañía,  recibieron 20 millones de euros (alrededor de 22,5 millones de dólares) en dividendos y remuneraciones de las actividades del grupo SOCFIN, mientras que las comunidades en Nigeria, Ghana y Camerún, donde opera la empresa, no pueden acceder a agua limpia o potable.

Toda esta avaricia de los de arriba deja devastación y muy poco se filtra a los de abajo, donde sus consecuencias son mortales.

 

Una industria poderosa en medio de una “tormenta perfecta”

 

Los y las trabajadoras del sistema alimenticio empresarial, quienes literalmente están muriendo por mantener el estilo de vida de accionistas y ejecutivos, no están bien. Las cadenas de suministro de las grandes compañías de alimentos, que siempre han sido lugares peligrosos para los trabajadores, ahora se han convertido en puntos críticos para las infecciones y la transmisión del Covid-19. En todo el mundo se han producido brotes mortales en plantas de carne, instalaciones portuarias,  almacenes,  fábricas de conserva de pescado,  plantaciones de palma aceitera, granjas frutícolas,  supermercados y todos los demás puntos a lo largo de las cadenas que estas compañías controlan, con la excepción de sus torres de oficinas, por supuesto.

Las grandes compañías cárnicas quizás hayan sido las peores delincuentes. Con la pandemia del Covid-19 en su apogeo,  aceleraron agresivamente sus líneas de producción para incrementar sus exportaciones a China, donde los precios de la carne son inusualmente altos. Esta decisión se tomó con pleno conocimiento de que estos aumentos en el procesamiento hicieron imposible el distanciamiento social y pusieron a sus trabajadores y trabajadoras y a las comunidades vecinas en riesgo de masivos brotes del virus. A fines de mayo, los resultados en las mayores naciones exportadoras de carne fueron terribles: cientos de trabajadores migrantes de fábricas de carne enfermos con Covid-19 en  Alemania y  España, miles de casos de trabajadores enfermos con Covid-19 en la industria del envasado de carne de Brasil, y más de  20.000 trabajadores infectados con Covid-19 en fábricas de envasado de carne de los Estados Unidos, con al menos 70 muertes. Mientras tanto, se están sacrificando cientos de miles de animales  en condiciones atroces porque estas enormes fábricas han tenido que clausurar la producción, y los pequeños mataderos que podrían haber recibido el ganado, hace tiempo se vieron obligados a cerrar sus negocios.

En América Latina, nuevo epicentro de la pandemia del Covid-19, la matanza ha sido particularmente severa. Con la economía global casi detenida, los agronegocios de la región han continuado funcionando con total impunidad, profundizando su impacto y daño en las comunidades y los ecosistemas. En casi todos los países de la región, las actividades agroindustriales han quedado  exceptuadas de la cuarentena ya que se consideran “esenciales”, aunque se centran en las exportaciones y no en proporcionar alimentos a la población local.

Por ejemplo, el gobierno de Ecuador emitió un  decreto de estado de emergencia que paralizó a todo el país, pero asegura que “toda la cadena de exportaciones, la industria agrícola, [la industria] ganadera … seguirá funcionando”. Como resultado, los trabajadores de las plantaciones de bananeras, de palma, piscinas camaroneras, viveros de flores y muchos más, se vieron obligados a continuar trabajando, como si el país no estuviera en una emergencia sanitaria, y exponiéndose al riesgo de contraer el Covid-19.

Del mismo modo, el gobierno de Bolsonaro en Brasil  declaró que las actividades de producción, transporte y logística general de las cadenas alimenticias para exportación eran actividades esenciales que deben seguir funcionando sin restricciones. En este contexto, las exportaciones de carne, soja y otros productos van en aumento, al igual que el número de personas expuestas al Covid-19 a lo largo de las cadenas de exportación. En el Estado brasileño de Rio Grande do Sul, centro de actividades de exportación de carne, más de una  cuarta parte de los nuevos casos de coronavirus confirmados en mayo se dieron entre trabajadores de frigoríficos de carne. Los abogados laborales luchan ahora para  cerrar las plantas infestadas y obligar a las empresas a implementar al menos las medidas básicas para  proteger y cuidar a sus trabajadores durante la pandemia.

Las exportaciones de soja de Brasil, que  aumentaron un 38 por ciento respecto al año pasado, son otro foco potencial del Covid-19, especialmente en los puertos donde circulan constantemente camiones y trabajadores. Cuando el gobierno local de la ciudad portuaria de Canarana en Mato Grosso intentó adoptar medidas  emitiendo un decreto para detener temporalmente la exportación de soja y otros granos a falta de condiciones adecuadas de salud y seguridad, los gigantes del agronegocio Louis Dreyfus y Cargill intervinieron y lograron revertir el decreto en pocos días. Canarana está ahora, a principios de junio, experimentando un aumento de las infecciones por Covid-19.

Todo este frenesí exportador tiene un tremendo impacto en el terreno. Según Deter, el sistema de detección en tiempo real del instituto nacional de investigaciones espaciales de Brasil, la deforestación de la Amazonía en ese país, en el apogeo de la pandemia de coronavirus, ha aumentado más del 50 por ciento en estos tres primeros meses de 2020 en comparación con el primer trimestre del año anterior. Aprovechando la cortina de humo de la pandemia, con menos agentes capaces de llevar a cabo las tareas de inspección,  las actividades del agronegocio y la minería avanzan en áreas protegidas y territorios indígenas, aumentando el riesgo de contagio por Covid-19 en las poblaciones indígenas. Numerosos observadores temen un genocidio como resultado de estos irresponsables avances de las actividades del agronegocio y la minería durante la pandemia.

En Argentina, en plena cuarentena nacional, tampoco han cesado las exportaciones de soja ni la tala de bosques. En uno de los bosques más conservados de todo el ecosistema del Gran Chaco se está preparando deforestar  una superficie de 8.000 hectáreas. Además, basándose en el monitoreo con imágenes satelitales, Greenpeace denunció que desde que comenzó la cuarentena, en el norte del país se  deforestaron más de 10.000 hectáreas.

Tal descarada búsqueda de lucros empresariales está creando una crisis de legitimidad del sistema alimenticio empresarial. Por otro lado, si bien las cuarentenas dificultan la medición, se  perciben cambios en el terreno: vemos a los trabajadores de la industria alimenticia denunciar, organizarse y obtener más apoyo y solidaridad de otros trabajadores; vemos un interés creciente entre los consumidores por alimentos locales saludables así como por el bienestar de los productores de alimentos y agricultores; y ha habido un auge innegable de los esfuerzos desde la comunidad por llevar los alimentos a donde se necesitan a través de la solidaridad, la ayuda mutua, el trabajo voluntario y las cooperativas. Ha habido incluso algunas victorias a nivel político, como la  reciente decisión del gobierno alemán de prohibir mano de obra subcontratada en frigoríficos de carne y otra para evitar que las empresas que reciben ayuda pública  otorguen dividendos.

Pero se trata de una industria poderosa, que dispone de grandes sumas de efectivo y conexiones políticas, y no hay duda de que hará todo lo que esté a su alcance para utilizar este momento de confusión y cuarentena para beneficio de sus intereses. Ya lo hemos visto con la orden ejecutiva que dictó el presidente de los Estados Unidos, Trump, a instancias de JBS, Tyson, Cargill y otras empresas cárnicas para mantener en funcionamiento sus fábricas infestadas de Covid-19. También lo vimos en Brasil, donde el gobierno de Bolsonaro  aprobó un récord de 96 nuevos plaguicidas en los primeros meses de 2020, más que todas las aprobaciones de 2019. El mismo gobierno utilizó deliberadamente la cobertura de la pandemia para tratar de  aprobar una ley que legalizaría el acaparamiento de tierras y la deforestación de 80 millones de hectáreas en las regiones de la Amazonia y del Cerrado. La pandemia también ha sido utilizada como una oportunidad para expandir rápidamente  el comercio electrónico para la compra minorista de alimentos e imponer los organismos modificados genéticamente (transgénicos) en  Etiopía y  Bolivia, donde el gobierno de facto afirmó que la emergencia sanitaria del Covid-19 ha convertido las semillas transgénicas en una necesidad para el país.

 

El agronegocio como gran ganador de la nueva ola de ajuste estructural

 

Lo peor todavía está por venir. Numerosos gobiernos están empleando firmas consultoras internacionales, como  McKinsey, para darle forma a sus planes de abrir nuevamente sus economías. Estas empresas herméticas que están profundamente conectadas con las  empresas más grandes del mundo, incluidas aquellas del sector agroalimenticio, influirán sin duda en quienes emerjan como ganadores y perdedores de las respuestas pandémicas: trabajadores o jefes, mercados de agricultores o gigantes del comercio electrónico, pescadores o la industria de arrastre.

También estamos viendo que el FMI y el Banco Mundial usan sus fondos de emergencia del Covid-19 para presionar a los países a implementar reformas favorables a los agronegocios. En  Ucrania, por ejemplo, se implementó una ley que privatiza las tierras agrícolas a pesar de la oposición de la mayoría de los ucranianos. En los próximos meses, ese tipo de presiones aumentarán.  Decenas de países se encaminan a situaciones de incumplimiento, y esas deudas deberán negociarse no solo con el FMI y los prestamistas bilaterales sino también con acreedores privados que  ya han indicado que no están interesados en siquiera retrasar el pago de la deuda y los intereses durante esta crisis sanitaria. Se viene una nueva ola de ajuste estructural que se centrará en gran medida en aumentar la inversión extranjera en el agronegocio así como las exportaciones de productos agrícolas para pagar a los predadores.

Esta vez, sin embargo, a los gobiernos les resultará increíblemente difícil imponer una nueva ronda de agro-imperialismo a poblaciones que ya han tenido más que suficiente, y que están cada vez más ávidas de las alternativas que los movimientos sociales han estado promoviendo durante décadas.

23 julio 2020 

Publicado originalmente en GRAIN

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La lucha por la comida en tiempos de pandemia

Si se pudiera cuantificar la cantidad de alimentos producidos, donados e intercambiados vía trueque por los movimientos campesinos, indígenas y populares en América Latina, nos llevaríamos una grata sorpresa. Aunque sólo conocemos datos parciales, podemos asegurar que los pueblos organizados están caminando hacia nuevos niveles de autonomía, incluso alimentaria.

Hasta comienzos de julio, campesinos del Movimiento Sin Tierra, junto a pequeños agricultores, habían donado 2.3 mil toneladas de alimentos desde el comienzo de la pandemia, incluyendo lácteos, arroz, verduras y frutas (https://bit.ly/3gWw8R1). De ello se beneficiaron pobladores de las periferias urbanas, indígenas y quilombolas (espacios del pueblo negro).

En el sur de Colombia, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) ha realizado Mingas de la Comida llevando alimentos de clima frío, templado y cálido a las ciudades, promoviendo ferias de trueque entre comunidades y migrantes urbanos, que les dan a cambio productos sanitarios y de limpieza en reciprocidad (https://bit.ly/2WAkV0X). Prácticas que forman parte de la Minga Hacia Adentro decidida por el CRIC para afrontar la pandemia.

Por su parte, el Proceso de Liberación de la Madre Tierra, en la misma región, además de continuar liberando fincas para la vida, ha realizado varias marchas de la comida en apoyo a comunidades rurales y barrios urbanos (https://bit.ly/2DyJSmv). La Guardia Indígena se encarga de los cuidados comunitarios, ejemplo que vienen siguiendo otros pueblos con la creación de Guardias Cimarronas y Guardias Campesinas (https://bit.ly/2OmpRlt).

En las ciudades, se multiplican los espacios de cultivo de alimentos y plantas medicinales. En Popayán, Cauca, vecinos de las periferias abrieron huertas para abastecer las ollas comunes y en barrios de Córdoba, Argentina, las familias organizadas comenzaron a cultivar huertas en sus casas y compartir los alimentos.

La agricultura urbana y periurbana se instaló hace décadas, pero durante la pandemia conoció una notable expansión. El movimiento más potente en este sentido es la Unión de Trabajadores de la Tierra en Argentina, hijo "cimarrón" del movimiento piquetero y del campesino, que ahora reúne 10 mil familias que producen alimentos venden en almacenes propios, ferias informales y redes de comercialización alternativa.

Crearon, además, una innovadora forma de protesta con los "verdurazos" para visibilizar las demandas del sector campesino (https://bit.ly/2ZqJa3f).

En tanto, debe destacarse el papel de las Redes de Abastecimiento de las asambleas territoriales de Santiago y Valparaíso, en Chile. Las redes compran directamente a los productores y campesinos, eludiendo intermediarios con el fin no sólo de asegurar la alimentación, sino de "fortalecer la capacidad organizativa en el propio territorio" (https://bit.ly/2CF5soT).

En Uruguay miles de personas compramos en el Mercado Popular de Subsistencia, una red de más de50 nodos territoriales urbanos que adquiere sus productos a fábricas recuperadas, cooperativas y agricultores familiares (https://bit.ly/3h2opkk). Las familias elijen sus alimentos de una canasta de más de 300 productos, que recogen, transportan y fraccionan en forma de ayuda mutua.

Así como los pueblos no esperan que los gobiernos decreten la reforma agraria, recuperan tierras, resisten y producen en ellas, tampoco esperaron que los gobiernos se hicieran cargo de la alimentación, ante la incapacidad de éstos para responder a la emergencia.

La Vía Campesina, en 1996, acuñó la propuesta de "soberanía alimentaria", para enfrentar la "seguridad alimentaria" de los organismos internacionales, que apuestan al mercado, las multinacionales y las tecnologías para alimentar a los pueblos. En un principio, la definió como "el derecho de cada nación" para producir alimentos, "respetando la diversidad productiva y cultural".

Eran años de ascenso de las luchas por la tierra, con epicentro en Brasil y en los pueblos originarios. Con el tiempo, Vía Campesina fue"profundizando" el concepto de so-beranía alimentaria al calor de nuevas luchas, enfatizando en las "nuevas relaciones sociales", en la gestión de los productores y movimientos para "conservar la autonomía y recuperar nuestro poder", como señala la Declaración de Nyéléni de 2007 (https://bit.ly/30heCA8).

En 2018, la Coordinación Europea de Vía Campesina fue más allá, definiendo la soberanía alimentaria como un "proceso de construcción de movimientos sociales", con base en la solidaridad que se construye "de abajo hacia arriba" (https://bit.ly/3h10SQN).

Si es cierto que la pandemia desnuda la nueva realidad neoliberal, el crecimiento de nuevas derechas y el secuestro de democracias por el capital financiero, también enseña avances notables de los pueblos en movimiento, capaces de construir su autonomía resistiendo y creando nuevas formas de producir, distribuir y consumir alimentos

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Concentraciones de CO2 del 25 de noviembre de 2018 al 11 de junio de 2020. La línea roja corresponde a un ajuste por mínimos cuadrados que indica una tendencia creciente de 0.0087 PPM al día. Gráfica elaborada por A. Sandoval-Villalbazo con datos obtenidos del observatorio Keeling2.

En las redes sociales han circulado diversas informaciones que apuntan a un supuesto descenso de concentraciones de dióxido de carbono en nuestra atmósfera. La supuesta causa es la disminución de actividades humanas causada por el virus SARS-CoV-2 y como supuesta evidencia se muestran imágenes de playas desiertas y limpias en distintas partes del planeta.

Aunque intuitivamente pareciera que la cuarentena podría dar lugar a este inesperado beneficio, los niveles de CO2 no sólo no han disminuido, sino que han alcanzado valores récord. Esto no se debe a la mala fortuna, sino a la física del fenómeno del calentamiento global.

La Tierra goza de un efecto invernadero moderado como producto de millones de años de actividad geológica y vegetal.  El dióxido de carbono producido en los volcanes y en las plantas verdes absorbe parcialmente la radiación infrarroja emitida desde la superficie, calentando de manera moderada al planeta.

A partir de la Revolución Industrial, el efecto invernadero antropogénico ha aumentado la temperatura promedio de manera artificial, afectando significativamente a numerosos ecosistemas y favoreciendo la aparición de eventos climáticos extremos, tales como huracanes de alta intensidad y ondas de calor mortales.

El dióxido de carbono presente en la atmósfera permanece en ella entre 50 y 200 años1. Esto significa que las emisiones acumuladas de este gas a partir de 1990 permanecerán en nuestra atmósfera, por lo menos hasta el año 2040. Es evidente que un semestre de bajas emisiones ni remotamente puede dar lugar a una reducción de niveles.

El 26 de mayo de 2020 se registró por primera vez en la historia moderna una concentración global de dióxido de carbono superior a las 418 partes por millón de partículas (PPM).  La lectura de 418.04 PPM no fue un hecho fortuito, pues el promedio mensual fue de 417.01 PPM, con una desviación del 0.15%. Estos valores son significativamente más altos que sus contrapartes del 2019 (ver figura 1)2.  

Las lecturas de los niveles de dióxido de carbono no corresponden únicamente a la actividad industrial de corto plazo, sino a emisiones que pudieron haberse generado en 1950 y que apenas están por disiparse. Por ello es indispensable disminuir de manera drástica las emisiones de dióxido de carbono a nuestra atmósfera de manera inmediata y sostenida. La vuelta a la ‘nueva normalidad’ no parece favorecer este escenario.

De acuerdo a datos del Banco Mundial, cada año se emiten a nivel global un poco más de 36 mil millones de toneladas de dióxido de carbono a la atmósfera debido a las actividades humanas, principalmente por la quema de combustibles fósiles al producir electricidad3. Los cálculos realizados por el panel científico de la ONU contra el cambio climático (IPCC) muestran que las emisiones deben reducirse al menos en un 40% en los próximos 10 años4. Esto implica que cada año deben reducirse las emisiones en al menos mil 500 millones de toneladas.

Para interpretar estas cifras vale la pena recordar que China es el principal emisor de CO2, con 10 mil millones de toneladas anuales; mientras México ocupa el lugar 12, con la vigésima parte de su contraparte china. Estas cifras no han variado en absoluto por la pandemia de COVID-19. Una vez superada la crisis de salud actual, la humanidad deberá enfrentar este reto de manera urgente. 

Por Alfredo Sandoval Villalbazo

17 junio 2020 

 

Referencias:

1 Raymond T. Pierrehumbert, “Infrared radiation and planetary temperature”, Physics Today 64, 1, 33 (2011).

Los niveles diarios de COson reportados diariamente por el observatorio Mauna Loa, en la dirección electrónica: https://scripps.ucsd.edu/programs/keelingcurve/   

Los datos correspondientes a las emisiones de CO2 pueden encontrarse en un mapa interactivo elaborado por el Banco Mundial, ubicado en la dirección electrónica: https://datos.bancomundial.org/indicator/EN.ATM.CO2E.KT?view=map

Las cifras que indican el necesario descenso de emisiones de CO2 a nivel global se pueden encontrar en el reporte del IPCC ubicado en la dirección electrónica: https://report.ipcc.ch/sr15/pdf/sr15_spm_final.pdf

*Dr. Alfredo Sandoval Villalbazo, académico del Departamento de Física y Matemáticas de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México e Investigador Nacional Nivel II (SNI). Twitter: @Fred_FisMat

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“Impacto de cambio climático será similar a efectos de covid-19”

Entrevista a Paulo Artaxo Netto, miembro del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC)

La pandemia del nuevo coronavirus y sus efectos socioeconómicos indican que el sistema económico actual, basado en la explotación de los recursos naturales para obtener más ganancias, necesita cambiarse urgentemente, advierte el físico brasileño Paulo Artaxo, profesor del Instituto de Física de la Universidad de São Paulo y miembro desde 2003 del Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático.

Para él la pandemia de covid-19 es una muestra de la sobreexplotación de la naturaleza practicada durante varias décadas, que facilita la transmisión de miles de virus que existen en los bosques. Y si bien actualmente el mundo confronta una emergencia de salud, nos encaminamos también a una emergencia climática, alerta.

En el contexto del Día Mundial del Ambiente (este viernes 5 de junio), SciDev.Net habló con Artaxo sobre el impacto de la covid-19 en el tema ambiental y los peligros de la destrucción de los ecosistemas naturales. O el sistema económico cambia en su conjunto o no hay solución para el planeta, advierte.

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¿El vínculo entre epidemias y problemas ambientales es más evidente ahora?

Está claro que la pandemia de covi-19 no se produjo por accidente ni es un accidente en el camino. Es producto de la sobreexplotación de la naturaleza practicada durante varias décadas. Una consecuencia de este modelo productivo es el contacto muy estrecho entre nuestra sociedad y los ecosistemas naturales, lo que facilita la transmisión de los virus que existen en los bosques.

El Amazonas, por ejemplo, tiene miles de virus, quizás similares al nuevo coronavirus, presentes en la fauna y la flora. La gran mayoría aún es desconocida para los científicos. Otro efecto de la exploración desenfrenada de la naturaleza es el cambio en la composición de la atmósfera en áreas urbanas o remotas, con un aumento en la concentración de gases de efecto invernadero. Esto también está llevando a una crisis de emergencia climática que nuestra sociedad aún no ha comenzado a abordar.

¿Qué lecciones podemos aprender de esta pandemia?

Esperemos que los fuertes impactos de la covid-19 alerten a los gobiernos, las industrias y la clase dominante acerca de los peligros de exponer a la sociedad a los efectos de un sistema económico basado en la explotación de la naturaleza. El modelo socioeconómico actual puede comenzar a desmoronarse si crisis como esta se vuelven más frecuentes.

La covid-19 puede durar hasta dos años, pero la crisis climática se extenderá durante varios siglos. Y la crisis de pérdida de biodiversidad es para siempre. El impacto potencial del cambio climático es tan grande como los efectos de la pandemia y costará millones de vidas. El problema es que no vemos actuar al sistema económico, porque solo le interesa una cosa: obtener el mayor beneficio en el menor tiempo posible. Esto va en contra de los intereses de la humanidad.

Los efectos inmediatos de la crisis climática ¿serán menos notorios que los de una pandemia?

Los impactos de la crisis climática son muy notorios hoy. La temperatura promedio del planeta ya ha aumentado en un grado centigrado y no hay nada más evidente que eso.

Además, el aumento en la frecuencia de eventos climáticos extremos es muy claro.

El problema es que los empresarios solo están interesados en obtener ganancias a corto plazo. No hay emprendedor que planifique para más allá de 5 o 6 años. Las próximas generaciones sufrirán las consecuencias de estos 50 o 100 años a partir de ahora.

No tenemos un sistema de gobernanza que pueda articular los intereses a corto plazo del capital con los intereses a mediano y largo plazo de la humanidad en su conjunto.

¿Cuál es la importancia de las acciones locales destinadas a adaptar y mitigar el cambio climático? ¿Cómo articular contextos locales y globales?

El cambio climático es global. No creo que haya un problema tan local. Por supuesto, hay efectos regionales, pero no locales. Por ejemplo, la región noreste de Brasil experimentará un aumento de temperatura de 4 ºC a 5 ºC con una reducción de 30 por ciento en las precipitaciones en las próximas décadas.

Entonces, Brasil tendrá que pensar dónde ubicar a los 20 millones de brasileños que viven en esa región, porque obviamente será imposible vivir bajo esas condiciones climáticas.

Ahora, ya no existe esta dicotomía entre lo global y lo local. No importa, por ejemplo, si la ciudad de São Paulo electrifica su flota de autobuses y automóviles, pero Estados Unidos continúa aumentando las emisiones de gases de efecto invernadero.

En este caso, no importa lo que la ciudad de São Paulo pueda hacer para mitigar el cambio climático. Esto aporta otra dimensión al problema.

Pero las responsabilidades, sí son locales, ¿no?

Sí, por ejemplo el caso de Brasil en relación con la deforestación en la Amazonía. Básicamente, estamos limpiando 10.000 kilómetros cuadrados al año y emitiendo una gran cantidad, en gigatoneladas, de dióxido de carbono (CO2) a la atmósfera. Esto agrava y acelera el efecto invernadero. E incluso conociendo todos los posibles impactos, no hay forma de evitar que Brasil haga este genocidio con el planeta en su conjunto.

Lo mismo se aplica a Estados Unidos, China e India. Necesitamos urgentemente establecer un sistema global que pueda manejar estos fenómenos, porque la economía está globalizada, pero las decisiones sobre el medio ambiente siguen siendo municipales, estatales o nacionales.

Entonces, ¿de nada servirán los esfuerzos tecnológicos y de investigación si el sistema económico prevaleciente no se transforma?

Evidentemente. La pandemia detuvo el transporte urbano durante dos meses en la mayoría de ciudades del mundo. La caída en las emisiones de CO2 fue solo del 4 por ciento. ¿Qué lección podemos aprender de esto? Si electrificamos la flota de todas las ciudades importantes del mundo, la reducción de CO2 seguirá siendo muy pequeña.

Por lo tanto, es necesario promover cambios profundos en la industria, en la agricultura y en la producción de energía a gran escala. Y esto no solo se hace con programas nacionales.

En cuestión de días, el aislamiento social ayudó a reducir las tasas de contaminación en las grandes ciudades. ¿Qué se puede hacer para preservar estas ganancias que ha generado la cuarentena?

Sin cambios profundos en el modelo actual, siempre estaremos dentro del debate sobre el cambio climático, sin poner en práctica acciones globales y concretas para mitigar su daño.

Varios países europeos están considerando aprovechar esta oportunidad pandémica para repensar los límites del desarrollo económico. Esto se debe a que el crecimiento económico hasta el infinito en un planeta con recursos naturales finitos solo existe en la mente de los economistas.

No hay ciencia para apoyar esto. Es así de simple. O el sistema económico cambia en su conjunto, o no hay solución.

Aun así, la sociedad pone sus esperanzas en la ciencia.

Los científicos no tienen poder ni la sociedad nos ha dado la capacidad de tomar decisiones. El científico hace ciencia, no hace políticas públicas. Los científicos dicen que es peligroso aflojar el aislamiento social en este momento, porque podríamos tener miles de muertes adicionales. Esta es una de las principales funciones de la ciencia: alertar a los funcionarios del gobierno. Sin embargo, muchos de ellos están rompiendo el aislamiento social con el argumento de que la economía debe reanudarse.

Es un discurso que gana fuerza en Brasil. Me pregunto: ¿para quién reanudar la economía? ¿Quién va a trabajar en la industria, el comercio y la calle? Ciertamente no serán los poseedores del capital. Estos se encuentran en sus mansiones, en sus hogares y permanecen protegidos. Los trabajadores estarán expuestos a la muerte.

Lo mismo puede decirse sobre el cambio climático global: serán los países más pobres los que sufrirán debido a su capacidad limitada para adaptarse al cambio climático. Los Países Bajos, por ejemplo, han estado planeando durante más de 50 años aumentar el tamaño de sus diques debido al aumento del nivel del mar.

Países como Gran Bretaña tendrán los recursos financieros y humanos para solucionar algunos de los problemas climáticos. Pero, ¿qué pasa con países como Nigeria, Sudáfrica, Paraguay, Bolivia o Brasil? Las desigualdades sociales y las injusticias políticas deben tenerse en cuenta cuando se trata de la adaptación y mitigación del cambio climático.

¿Es optimista sobre el futuro?

Lo que está sucediendo hoy en Brasil es que, como la ciencia no respalda lo que el gobierno actual quiere hacer con la salud, el medio ambiente y la selva amazónica, la ciencia se ha convertido en un enemigo. Los gobiernos de extrema derecha escapan de la verdad tanto como sea posible y se vuelcan exclusivamente para servir sus propios intereses.

La ciencia dice que es muy importante preservar a los pueblos indígenas, porque las áreas mejor conservadas de la Amazonía hoy en día son áreas indígenas. En contraste, lo que el gobierno actual muestra es que no le interesan las recomendaciones de los científicos.

Lo mismo sucede en los Estados Unidos y otros países gobernados por representantes de la extrema derecha. Son gobernantes que se apropian del conocimiento científico solo cuando la ciencia se dirige hacia sus objetivos financieros, y niegan la ciencia cuando muestra un lado diferente al que quieren ver.

Es importante que nos demos cuenta de que no se trata de desacreditar a la ciencia misma. Es otra cosa: es el mal uso de la ciencia para lograr objetivos políticos y económicos turbios. Por lo tanto, no es posible ser optimista hoy, imaginando que, de repente, estos gobiernos promoverán el desarrollo científico y tecnológico de países como Brasil. No creo que este escenario cambie pronto.

¿A qué se refiere con mal uso de la ciencia?

Por ejemplo, la ciencia dice que la deforestación del Amazonas traerá grandes pérdidas al flujo de lluvia en Brasil en las próximas décadas. Además, el Amazonas almacena alrededor de 150 gigatoneladas de carbono en su ecosistema.

Esto equivale a 10 años de todos los combustibles fósiles que se queman en el planeta. Y Brasil está limpiando este bosque tropical a razón de 10 000 kilómetros cuadrados por año.

La ciencia advierte al gobierno que esto traerá grandes pérdidas a las próximas generaciones, no solo de los brasileños y los pueblos indígenas, sino de todo el mundo. Sin embargo, esto no va de acuerdo con los intereses de los terratenientes que explotan ilegalmente el Amazonas y, por lo tanto, la ciencia es vista como un enemigo y necesita ser debilitada, de acuerdo con la lógica del gobierno actual.

Por esta razón, los programas de becas de las principales agencias nacionales de promoción de la investigación se extinguieron y el presupuesto científico sufrió enormes recortes. La ciencia brasileña fue una de las más avanzadas del planeta, pero hoy vemos que los laboratorios están cerrados y los estudiantes abandonan sus carreras científicas, comprometiendo la formación de las próximas generaciones de investigadores. Y todo esto se está haciendo porque la ciencia no legitima lo que el gobierno federal en particular quiere escuchar.

En Estados Unidos vemos una situación similar a esta, pero en Brasil esto se está llevando a las últimas consecuencias. Lleva décadas construir la estructura de investigación en un país, pero desafortunadamente lleva unos pocos años destruirla. Reconstruir la ciencia brasileña llevará muchas décadas.

Por Bruno de Pierro | 09/06/2020

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