Jueves, 19 Abril 2018 05:47

Bloquean 15 universidades francesas

Bloquean 15 universidades francesas

El presidente francés prometió “ir hasta el final” con los ajustes. La batalla más dura seguirá siendo la de los ferrocarriles. Una mayoría de los encuestados cree que el país es menos justo y menos democrático.

Las aristocráticas calles del distrito 7 de la capital francesa rara vez son testigos de una revuelta estudiantil, menos aún de la toma de una de las instituciones más prestigiosas y elitistas del complejo sistema francés de educación: la Universidad de Ciencias políticas donde se capacitan los funcionarios de alto vuelo, los líderes políticos y empresariales. Atónitos, los vecinos de este centro de estudios que linda con lo más coqueto del barrio latino leen las pancartas pintadas por los estudiantes: “Aquí se capacitan quienes seleccionan. Bloquemos la fábrica de las elites”. También: “Contra la dictadura macronista”. En total, hasta ahora, hay unas 15 universidades bloqueadas o perturbadas por la oposición de los estudiantes a una de las reformas del presidente Emmanuel Macron: la ORE, Ley de orientación y éxito de los estudiantes.

El descontento social arraigado en las numerosos reformas lanzadas por el presidente electo hace casi un año abarca también los ferrocarrileras, los estudiantes de bachillerato, los hospitales y otros gremios afectados por la política del jefe del Estado. Francia vive hace varias semanas días negros debido a las huelgas en la compañía nacional de ferrocarriles, la SNCF. Este empresa ha sido siempre la encarnación del símbolo del modelo francés de servicio público. Ahora es un modelo de la tormenta.


El Ejecutivo tocó uno de los ramos más sensibles de Francia. La reforma de los ferrocarriles implica que los nuevos empleados que ingresen a la compañía no tendrán las ventajas de que gozaban antes. Entre otras cosas, se acaba la jubilación a los 55 años al tiempo que se abrirá el mercado de las vías a la competencia y se transformará esta empresa en una sociedad anónima. Según el gobierno, ese es el único camino para saldar la deuda de 45.000 millones de euros que arrastra la compañía mientras que los sindicatos que promueven las huelgas alegan que la meta no es otra que la de “destruir el servicio público”. Las reformas en este sector tienen la memoria agitada. Cada vez que un gobierno intentó retocar los ferrocarriles, el país terminó paralizado. En 1995 tuvo lugar en Francia una de las huelgas más extensas y prolongadas de la historia cuando el entonces gobierno de Alan Juppé, bajo la presidencia de Jacques Chirac, intentó reformar la empresa nacional de los ferrocarriles y tuvo que renunciar. Nada, sin embargo, movió la posición del actual primer ministro, Édouard Philippe, ni la de los parlamentarios de la mayoría que aprobaron ampliamente los cambios. Estudiantes, ferrocarriles, Air France, jubilados -han perdido poder adquisitivo– y hospitales, el país está convulsionado por la avalancha de reformas. El presiente se vio obligado, en dos oportunidades, a dar la cara a lo largo de dos entrevistas en la televisión perfectamente diseñadas. Macron prometió “ir hasta el final”. La batalla más dura seguirá siendo la de los ferrocarriles. Las huelgas intermitentes empezaron el 3 de abril y está previsto que se prolonguen hasta el tres de junio, justo antes del inicio de las vacaciones del verano europeo. Hay días en que las principales estaciones de trenes de la capital, la Gare de Lyon, la Gare de l’Est o la Gare du Nord, son un auténtico caos de pasajeros demorados. Sin dudas, será ese sector de la opinión pública quien se convertirá en el árbitro final.

Pese a los paros y las críticas, a los sondeos menguantes y a los epítetos como “presidente de los ricos” o “presidente de las ciudades”, el jefe del Estado parece aún gozar de una inédito estado de paciencia de parte de la sociedad. El país no es sin embargo iluso. Es consciente de la profundidad y la velocidad de las transformaciones introducidas por Emmanuel Macron desde que accedió a la jefatura del Estado en mayo de 2017. Una encuesta reciente realizada por la consultora BVA para el semanario Le Nouvel Observateur muestra la radiografía de una sociedad perturbada por la intensidad de las transformaciones. El “nuevo mundo” que Macron había prometido durante la campaña electoral es percibido como real. El 57% piensa que “Francia cambió desde hace un año” mientras que 32% reconoce que esos cambios son mucho más importantes de lo que hubiesen imaginado. La manera en que se valoran esos cambios es variable: 21% siente que Francia “cambió para bien”, 30% que fue “para mal” y otro 49% dice no haber percibido ninguna variación. La sociedad le reconoce en un 63% que Francia, en el plano internacional, es más ambiciosa desde que Macron llegó al Palacio del Elíseo. Sin embargo, hay, en el país, un consenso mayoritario para juzgar lo que ha sido una de las columnas vertebrales de la retórica de la construcción francesa: la justicia y la democracia. El estilo autoritario de Macron se traduce en la encuesta por una mayoría de 65% convencida de que Francia es ahora menos democrática, 75% juzga que el país es menos justo y el mismo porcentaje que se vive en una sociedad menos igualitaria.

Sólo el 28% siente que la política actual permitirá que Francia se reforme profundamente ante el 54% que piensa lo contrario. En síntesis, el retrato que arrojan las encuestas es doble: un país más dinámico pero mucho menos justo. En un libro que aparece en estos días escrito por Jérôme Fourquet, director del Departamento Opinión de la consultora IFOP (Le nouveau clivaje) se demuestra cómo Francia no ha esquivado las enfermedades sociales derivadas de la globalización: fractura entre la ciudad y los suburbios, entre la ciudad y el campo, entre los conectados y los no conectados, etc, etc. Están los “que perdieron” con la globalización, y aquellos que “se adaptaron y ganaron”. Macron aparece claramente como el presidente de los últimos sin que, por el momento, esto llegue a desatar una ola de descontentos o revueltas tan potentes como para que el presidente modere el rumbo.


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Educación y comunicación popular y campesina

A 21 kilómetros de Bogotá, en uno de los 116 municipios de Cundinamarca, se encuentra Madrid en el occidente de una sabana que ahora todo tipo de construcciones la van cubriendo. Allí, en la zona rural, se ha instalado desde hace tres años la Asociación Herrera, un colectivo de mujeres integrada principalmente por extrabajadoras de las flores, sus hijos e hijas.

En sus inicios, hace ocho años ya, fueron las más jóvenes quienes empezaron a reunirse, alrededor de procesos organizativos que las conectaran con el arte, los derechos laborales, de género, la soberanía alimentaria. Con estas inquietudes iniciaron una labor que las fue vinculando, o más bien entrelazando, con otras organizaciones que comparten esa intencionalidad de buscar formas distintas de producir, crear y formar.

En la actualidad ya cuentan con varios proyectos, como el llamado “campo en economía solidaria y agroecológica”, pensado como proyecto auto-sostenible y hasta el momento, totalmente auto-gestionado, porque no cuentan con el patrocinio de ninguna otra organización o institución. Ellas siembran en su propia huerta flores orgánicas, y venden las cosechas: también cuentan con una modesta papelería, en respuesta a una necesidad de la zona, y un restaurante dominical llamado Amaranto y Canela, donde ofrecen comida orgánica, vegetaría y también tradicional.

Cuentan, asimismo, con el proyecto “campo en educación y comunicación popular”, en el que imparten la primaria y el bachillerato popular para la población campesina.

“En la vereda no hay otro lugar donde hacer el bachillerato –nos dice una de las madres estudiantes, que además puede asistir a clases con su pequeño niño de unos seis años, pues no tiene con quien dejarlo–, eso sí –enfatiza– las profes tienen métodos diferentes para enseñar, no hay la presión que se padece en los colegios, pero sí debemos ser muy responsables, agrega.
En la animada charla que va tomando forma a partir de las preguntas que les vamos presentando para comprender el cómo y el por qué de este espacio de vida colectiva, otras lenguas se van desentumeciendo: “Es buscar que la vida esté en la educación y la educación en la vida como una sola cosa”, así define la visión del proyecto la profesora que dicta español a los ocho estudiantes adultos que asisten animosamente al aula. Las clases son integrales y con un mismo proyecto, en este caso la realización de un plato típico de una región colombiana; cada grupo investiga, describe, realiza un plegable con la información de ingredientes, cantidades, cualidades alimenticias y exposición teórica ante los demás compañeros. Según explicaron, usan un mismo proyecto, incluso para matemáticas, donde trabajan cantidades y regla de tres para determinar las porciones.

El bachillerato está validado ya que trabajan en convenio con una organización ubicada en la localidad de Bosa, una organización llamada red de bachilleratos populares y campesinos. La Asociación Herrera también hace parte de la Red de mujeres de la Sabana y de la red de de Raíces de la Sabana; en ambos casos la labor fundamental es crear esperanza y resistir con alternativas a las falencias del presente.

En la sede actual funcionan dos bachilleratos y un proceso de alfabetización con los y las trabajadoras de las flores, proyecto que sueñan con abrirlo también en La Sabana de occidente, formar docentes en educación popular y comunitaria, para replicar esta forma de educar, de acuerdo a la realidad y necesidades de la comunidad.

La integralidad de los proyectos involucra a los estudiantes en el proceso de sembradío y elaboración de los alimentos: los días jueves realizan una minga, o reunión comunitaria, donde todos participan en la siembra y preparación de la comida. También han ofrecido cursos diversos como economía solidaria, en un convenio con la Universidad Javeriana, uno de tecnologías, de teatro, de artes y oficios, y todos los que involucren adquirir nuevas habilidades para los estudiantes.

Así, la Asociación Herrera busca integrar educación y expresión, escuchar los relatos de vida como, coherentemente expresa Gisela Lara –una de las gestoras de la sede– intentando consolidar acciones. En ese escuchar, después de muchas reflexiones sobre el territorio y la situación de la población rural, fue lo que las llevó a trasladarse más cerca de los trabajadores, para entender cómo está configurado el campesinado de La Sabana, que aunque muy cerca de Bogotá igualmente permanece muy invisible para los citadinos.

Entre educación, compartir de saberes, proyectos económicos, superación de necesidades, complementariedad entre jóvenes y adultos, entre mujeres y hombres, retomando tradiciones y costumbres, van protegiendo el territorio, comprendiéndolo, encontrando cada día que en el campo sí hay esperanza y posibilidades de vida, muchas más que las ofertadas por la deslumbrante urbe, que precisamente es eso: un centelleo de luces que enceguece, predispone para la colaboración, haciendo de unos y otros enemigos, cuando lo que debiéramos ser es todo lo contrario, entretejiendo con nuestra manos solidarias el soporte para una vida otra en donde la acumulación individual deja de ser el centro del constante y diario esfuerzo con el cual los negados de siempre intentamos superar la no vida que nos ha tocado como modelo de vida, como centro de aquello que nos dicen es el desarrollo. l

Domingo, 25 Marzo 2018 06:16

A 50 años del mayo francés

A 50 años del mayo francés

El 22 de marzo de 1968 comenzó el mayo francés cuando un nutrido grupo de estudiantes de la Universidad de Nanterre ocupó la torre central de la misma. Un par de meses después, todas las fábricas de Francia estaban ocupadas, los estudiantes tomaban sus universidades y colegios y enfrentaban con adoquines a la policía; los capitalistas emigraban y el presidente Charles De Gaulle huía a Alemania a pedir el apoyo de las tropas francesas que estaban de guarnición.

Cincuenta años después, este 22 de marzo, millones de obreros, jubilados y estudiantes comienzan un mes de manifestacionesy huelgas in crescendo que harán de esta primavera que comienza con frío y nieve, una ardiente Primavera Social.

Todos los sindicatos ferroviarios, desde los más conservadores hasta los más radicales, decidieron, en efecto, hacer una huelga rotativa (dos días de huelga, tres de trabajo, otros dos de huelga y así sucesivamente hasta fines de junio por un total de 36 días no trabajados). Como tres días de actividad no bastan para reorganizar el tráfico ferroviario, Francia vivirá en los próximos meses en una agitación constante y al borde de la parálisis.

Este 22, por ejemplo, pararon también los distintos sindicatos de los aeropuertos y de la aviación, así como los controladores de los aeropuertos. También los sindicatos de funcionarios públicos del Estado central y de las municipalidades y regiones (salvo la CFDT, a la que el gobierno intenta dividir de los demás), el sindicato postal o los sindicatos de la educación primaria, media y universitaria, los de estudiantes universitarios, los de los hospitales, las casas de ancianos y los de decenas de grandes empresas que están suspendiendo o piensan trasladarse a países donde la mano de obra es mucho más barata, así como la participación masiva de partidos de izquierda, como la Francia Insubordinada de Mélenchon.

El descontento crece rápidamente. El presidente Emmanuel Macron, que había obtenido 60 por ciento de los votos de 40 por ciento, de los electores que no se abstuvieron, o sea, un apoyo real en poco superior a 32 por ciento, tiene ahora un índice de popularidad que ronda 40 por ciento y esa aprobación tibia va en caída ya que, en su afán de elevar los ingresos del gran capital, afectó a todas las municipalidades, sin importar si su gobierno era de derecha o de izquierda, pues les recortó importantes fondos.

También causó la ira de los jubilados, cuyos ingresos disminuyó, recortó fondos para las escuelas y universidades mientras aumentaba el presupuesto para la policía y las fuerzas armadas, tuvo una huelga larga y combativa de los guardacárceles, que en un número insuficiente deben hacer frente a prisiones cada vez más sobrepobladas, y tiene en agitación desde hace meses a los estresados y pocos médicos y enfermeras de los hospitales generales o para ancianos, siempre en peligro de ser procesados si un paciente muere o tiene problemas por la atención deficiente.

Por eso, en las más de 140 ciudades donde medio millón de personas se manifestaron, se sumaron miles de pequeños comerciantes, jubilados y parientes de los niños que no pueden ir a clase o no tienen comedor escolar porque Macron suprimió puestos en las escuelas.

El gobierno del gran capital debe lidiar con una ola de descontentos y conflictos que tienden a unirse pero que no tienen el mismo signo político, lo que aún le permite maniobrar. Enfrenta, en efecto, huelgas que se oponen a la reforma de las leyes laborales o del estatuto de los ferroviarios, pero también las protestas de sectores neoliberales y partidarios de dichas reformas de la clase media conservadora ahora afectados por la distribución de los fondos estatales exclusivamente en favor del gran capital financiero.

Esta evolución gradual de sectores de la clase media empobrecida e incluso de otros más acomodados pero amenazados por la concentración de la riqueza que lleva al cierre de miles de pequeñas empresas, todavía no basta para soldar de modo duradero ese tipo de protestas con las de los obreros que ven que los capitalistas tienen ganancias récord y aun así despiden o aumentan la explotación.

En las luchas, poco a poco se está gestando un frente contra el capital entre los trabajadores asalariados, la baja intelectualidad (estudiantes, maestros y profesores), la juventud (estudiantes secundarios y los nini desahuciados de los suburbios) y parte de las familias populares; es decir, un nuevo 68 pero aún más potente en la escala de Richter social.

La táctica de Macron, por ahora, es la del romano Fabio. Contemporiza, trata de dividir a los sindicatos para aislar a la CGT y a la izquierda, tira migajas a los jubilados, cede a los ecologistas en Les Landes y no hace el aeropuerto que provocó un conflicto de 50 años, su primer ministro declara que está abierto a la negociación con tal de cortar en fetas las protestas y de enfrentarlas una por una. Pero no tiene mucho éxito.

Por ejemplo, los trabajadores de la Ford de Burdeos, en huelga contra el cierre de ese establecimiento para llevarlo al extranjero, están dirigidos por la CGT, y uno de sus principales dirigentes fabriles es Philippe Poutou, el candidato a presidente por el Nuevo Partido Anticapitalista, quien ahora coincide en la defensa de la fuente de trabajo (para los obreros) y de impuestos y puestos de trabajo (para la municipalidad)… con el alcalde de Burdeos, el derechista Alain Juppé. Además, una buena parte de los diputados macronistas provienen del partido socialista y no están dispuestos a votar la legislación laboral, las medidas contra los ferroviarios y la privatización de trenes y aeropuertos, por lo que Macron está obligado a gobernar por decreto, como un rey pero de un país que le cortó la cabeza a un monarca.

En el 68, París cantaba “¡Ce n’ est qu’un début, continuons le combat!”. Este 22 parece ser un comienzo, y el combate indudablemente continuará.

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En Bogotá, trabajadores del Distrito Capital en defensa de sus derechos

No es común que los trabajadores de planta de la Alcaldía de Bogotá salgan a la calle para hacerse sentir. Pues bien, este 22 de marzo realizaron un mitin al frente del Palacio Liévano, sede de la administración capitalina. Allí, bien trajeados y dispuestos, cerca de 600 trabajadores y trabajadoras respondieron al llamado de las centrales y federaciones que los aglutinan. Su propósito: defender sus derechos laborales.


Los puntos de reivindicación que los motivaron a manifestarse frente a las narices de una de las alcaldías más desprestigiada de los últimos años, parten del hecho de que en el juzgado 51 administrativo de Bogotá cursa una Acción Popular con la cual pretenden despojar a todos los niveles de empleos asistenciales, técnicos, profesionales y directivos de: prima Técnico profesional (40% asignación básica), prima de junio de 37 días, prima de vacaciones de 37 días, reconocimiento por permanencia (18%), bonificación por servicios prestados, prima sectorial (2%), prima de desgaste y alto riesgo visual; gastos de representación, prima técnica médicos y odontólogos especializados del sector de salud medio tiempo, prima secretarial, afectación negativa de cesantías y liquidación de la pensión.


Un pliego en proceso. Es necesario recordar que desde el 28 de febrero las diferentes organizaciones sindicales del sector público, a lo largo y ancho del país, se encuentran en proceso de negociación colectiva, después de presentar pliegos regionales y municipales ante la respectiva administración de sus entidades, en cumplimiento de los Decretos 1092 de 2012 y 160 de 2014, que regulan los procedimientos de la negociación colectiva al interior de las entidades del Estado.


En el evento también hicieron presencia los concejales del Polo Manuel Sarmiento y Celio Nieves por medio de su asesora Elizabeth Fuentes, quienes en sus intervenciones se comprometieron en realizar un debate de control político en el Concejo Distrital contra la administración de Bogotá por sus diferentes incumplimientos con la sociedad capitalina, el reiterado remolino de aseveraciones falaces en que se envuelve la figura del Alcalde, así como la inconsistente ejecución de políticas no contempladas desde el inicio de su campaña, amañando incluso su proceso de revocatoria.


Hay que decir que la puesta en marcha de esta acción popular por parte de la alcaldía que encabeza Enrique Peñaloza es un acto claramente ofensivo que pretende el desmonte del régimen salarial y prestacional del cual gozan los trabajadores distritales, régimen logrado a partir de sus propias conquistas y de los acuerdos que desde el 2013 le disputan al gobierno; que aunque ya sobrepasan el 60 por ciento de incumplimiento, significan importantes mejoras en sus condiciones laborales desde que los trabajadores del sector estatal gozan del derecho de negociación. Esta ofensiva de la Alcaldía es un ataque más en contra del sindicalismo colombiano, tan golpeado desde hace más de 30 años por la violencia, la cooptación y la cultura antisindical fomentada históricamente por el poder hegemónico en Colombia.


Los trabajadores de la ciudad exigen el cumplimiento del acuerdo laboral estatal distrital, con la firma del decreto que regularice el régimen salarial y prestacional del Distrito Capital. Al tiempo que así actúan, suman fuerzas para volver a levantar propuestas que renueven el movimiento sindical, lo articulen con otras comunidades afectadas por este modelo de ciudad y proyecten en Bogotá un movimiento social fortalecido por la valía de todos los derechos que merecemos para habitarla con dignidad.

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En torno a la construcción del sujeto antagonista

¿Cómo construir el sujeto antagonista? Esta es una de las preguntas fundamentales de la política contemporánea. Frente a los esencialismos que funcionaron y siguen funcionando en la tradición antagonista, proponemos un visión del sujeto fundamentada en las prácticas y los procesos de lucha, en consonancia con ciertos planteamientos de Marx.

Ahora que conmemoramos el doscientos aniversario del nacimiento de Karl Marx, resulta muy interesante retornar a sus textos para intentar precisar sus reflexiones en torno al sujeto revolucionario y observar si fuera posible extraer enseñanzas para nuestra tarea política actual. Porque, en este tema, quizá nos encontremos con alguna sorpresa dado que esta cuestión en Marx está muy lejos del simplismo con el que ha solido interpretarlo la tradición dominante del marxismo.


MARX Y LA CUESTIÓN DEL SUJETO


Marx puede ser, sin duda, interpretado en diversas direcciones. Su obra da para interpretaciones mecanicistas, economicistas y esencialistas, pero también para todo lo contrario. Se trata de leer con atención y escuchar al propio Marx, por ejemplo, reprochar a sus seguidores rusos por haber deducido de El Capital cuál debiera ser el proceso político a seguir en Rusia. El enfado de Marx, en forma de carta a una revista rusa, Apuntes de la patria (Otechesvennie zapiski) es monumental. Marx se siente tremendamente disgustado por el hecho de que sus seguidores rusos deduzcan de sus análisis "una teoría histórico-filosófica de la marcha general que el destino le impone a todo pueblo, cualesquiera que sean las circunstancias históricas en que se encuentre”. Una crítica en toda regla al determinismo y al etapismo que tanto ha gustado a cierto marxismo.


Pero vayamos a la cuestión del sujeto, que es la que aquí nos interesa. Si algo puede extraerse de los textos de Marx es su alejamiento de cualquier posición esencialista, tanto en lo que respecta al sujeto individual como al colectivo. El individual, como apunta en su Tesis sexta sobre Feuerbach, está constituido por “el conjunto de sus relaciones sociales”, en absoluto por su exclusiva posición de clase, que, como reprochaba Sartre al marxismo ortodoxo de los años 60, acaba por no explicar nada. El sujeto individual, denominado como “individuo social”, es múltiple, plural, sujeto a numerosas determinaciones, entre las que su posición productiva desempeña, sin duda, un importante papel.


Para hablar del sujeto colectivo deberemos comenzar recordando algo que no ha sido suficientemente subrayado por la hermenéutica marxista. Para Marx, y Engels, el único criterio de verdad es la práctica. Y esa práctica, además, es el origen de la producción de la conciencia. Es decir, Marx nos indica que la conciencia no es previa a los procesos, sino paralela o posterior a los mismos. Así lo argumentan en La ideología alemana: “…tanto para engendrar en masa esta conciencia comunista como para llevar adelante la cosa misma, es necesaria una transformación en masa de los hombres, que solo podrá conseguirse mediante un movimiento práctico, mediante una revolución”. La conciencia comunista se produce tras la revolución, no antes de la misma.


Este planteamiento de la construcción de la conciencia en el proceso práctico, y no antes, encaja perfectamente con otra cuestión poco resaltada respecto del sujeto político colectivo en Marx. Aquella según la cual la clase social tampoco preexiste al proceso de lucha, sino que es, más bien, consecuencia del mismo. En Miseria de la filosofíapodemos encontrar de forma nítida este planteamiento: “Las condiciones económicas habían transformado primero la masa del país en trabajadores. La dominación del capital ha creado a esta masa una situación común, intereses comunes. Así, esta masa es ya una clase enfrente del capital, pero no lo es aún para ella misma [cursiva JMA]. En la lucha, algunas de cuyas fases hemos señalado, esta masa se reúne, se constituye en clase para sí misma. Los intereses que defiende se convierten en intereses de clase. Y la lucha de clase a clase es una lucha política”. Es la célebre distinción entre clase en-sí y clase para-sí, pero en la que la constitución en clase para-sí no procede de un proceso de concienciación teórica,sino de práctica social. Es decir, la conciencia no puede ser imbuida teóricamente desde fuera al sujeto proletario, sino que es efecto de una autoconstitución práctica. En La ideología alemana, de nuevo, aunque refiriéndose al periodo feudal, Marx y Engels habían escrito algo muy semejante: “Los diferentes individuos solo forman una clase en cuanto se ven obligados a sostener una lucha común contra otra clase”. La concepción sociológica de la clase, la clase en-sí, carece, por tanto, de efectividad política.

EL SUJETO ANTAGONISTA


Marx nos sitúa ante una perspectiva práctica de constitución del sujeto. Una perspectiva que sintoniza a la perfección con lo que en la actualidad plantea el Comité invisible. En A nuestros amigos puede leerse: “No es ‘el pueblo’ el que produce el levantamiento, es el levantamiento el que produce su pueblo, al suscitar la experiencia y la inteligencia comunes, el tejido humano y el lenguaje de la vida real que habían desaparecido”. Llámesele pueblo, llámesele multitud, llámesele clase, para el Comité Invisible, lo mismo que para Marx en su momento, el sujeto es el producto del acontecimiento desencadenado, de las experiencias e inteligencias que le acompañan, es el resultado de ciertas prácticas. Prácticas que pasan, entre otras cosas, por la apertura a la proliferación de los vínculos. El sujeto que se constituye en los procesos, resulta, por tanto, de la superación de los obstáculos que se levantan en la vida cotidiana, de las inercias de aislamiento que caracterizan a nuestras sociedades neoliberales.


Clase, proletariado, es el nombre de una práctica. Multitud, pueblo, son el reflejo de un proceso. Con Marx nos alejamos de las esencias, el ser es sustituido por el devenir y la relación. No hay un sujeto, reconocible por unos rasgos predefinidos que nos permitirían determinarle. Pues toda determinación, como recuerda el aforismo spinoziano tantas veces recogido por Marx, es negación, y en la cuestión del sujeto no hay determinación a priori. El sujeto deviene en el proceso de la lucha y se configura mediante la multiplicación de los vínculos. Burguesía es quien explota y quien teoriza esa explotación como natural o necesaria. Proletariado es el nombre de quien se rebela. Así como el sujeto individual es entendido como el efecto del conjunto de las relaciones sociales que lo constituyen y es, por tanto, plural, el sujeto colectivo viene definido por una sola relación, la que lo convierte en antagonista práctico del poder constituido. Plural en su constitución, unitario en su expresión. Proletariado es el nombre de todo aquel, aquella, que se enfrenta al capital, que encarna en una práctica la vergüenza, el dolor, la explotación, la humillación del mundo. Y cuya práctica se enfoca al beneficio de la mayoría social.


El sujeto antagonista es un devenir, el efecto de la precaria consolidación de vínculos fluidos. No tiene rostro reconocible, no tiene nombre, aunque nos empeñemos en nombrarle. Es un nombre, como diría Deleuze, “para entendernos”, una exigencia comunicativa. Pero hay que evitar el peligro de, al nombrarlo, designarle una esencia. Ni el proletariado, ni las mujeres, ni los empobrecidos, ni las marginadas, ni los estudiantes son el sujeto.


El marxismo, contra la evidencia misma de su propia práctica, en la que dirigentes de extracción burguesa desempeñan un papel fundamental, desarrolló una teoría esencialista del sujeto político, al que nombró como proletariado. En la actualidad es preciso prevenir cualquier gesto esencialista, ser conscientes de que el sujeto es plural, los sujetos son plurales. Clase es todo aquel, aquella, que se une en la lucha contra el capital, independientemente de que sea estudiante, autónoma o trabajadora de fábrica; mujer es toda aquella, aquel, que se enfrenta al patriarcado, independientemente de su sexo; minoría étnica, todos aquellos que luchan contra el racismo. Multitud, o pueblo, es el nombre que podemos otorgar a la coordinación de esas diversas luchas.

 

Por JUAN MANUEL ARAGÜÉS ESTRAGUÉS
PROFESOR DE FILOSOFÍA, UNIVERSIDAD DE ZARAGOZA

PUBLICADO
2018-03-20 10:00:00

Publicado enCultura
Lunes, 19 Marzo 2018 06:50

En la calle

En la calle

En España los pensionados se han volcado por millares a las calles de muchas ciudades para reclamar la reposición del valor de sus ingresos. Muchos de ellos reciben un ajuste anual de 0.25 por ciento en términos nominales, lo que hace que sus ingresos alcancen cada vez menos para subsistir.

Salieron a la calle literalmente para no quedarse en la calle. Han tomado al gobierno de bajada, en un momento en que enfrenta serios problemas políticos y una brusca reducción en la preferencia de los electores, según distintas encuestas.

El asunto de las pensiones rebasa, ciertamente, el actual problema español. Con distintas formas, concierne a la población de muchos países. No en todos hay sistemas de cobertura universal para quienes alcanzan la edad de jubilación.

Este es un caso típico de política pública que exige una consideración específica del tiempo y la incertidumbre que eso entraña. Las medidas que se toman hoy tendrán un impacto dentro de varios años, con mayores presiones económicas y sociales; pero inevitablemente ese tiempo llega.

La evidencia general es que el envejecimiento de la población, la menor tasa de crecimiento del producto, la poca generación de empleos remunerativos que permitan cotizar mientras se trabaja y la precariedad de los salarios, apuntan todos a un entorno de mayor conflicto en materia de pensiones.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) considera que para la generación a la que se llama de los millennials, que entran a la fuerza de trabajo, la expectativa es que las pensiones públicas no proveerán una red de seguridad como para las generaciones anteriores. Así que tienen que complementar el ingreso destinado al retiro. Esta es la diferencia entre el ahorro forzoso y el voluntario.

Esta consideración ha quedado ya clara para los trabajadores mexicanos que se jubilarán con la reforma de 1997 aplicada al sistema de pensiones. Ésta lo sacó de la bolsa que concentraba el gobierno y que se hizo inviable por muchas razones, incluyendo las non sanctas, y lo pasó a otro de cuentas individuales que administran las Afores. La expectativa de jubilación es ahora bastante pobre para la gran mayoría de la gente.

Esta es una especie de Trampa-22, una situación que entraña la paradoja en la que un individuo tiene que complementar su ingreso futuro para el retiro, cuando el salario actual es insuficiente o de plano no existe.

El caso, entonces, es que en el rango de las personas ya jubiladas las pensiones no alcanzan y, en el otro extremo, el de los jóvenes en edad de trabajar, los ingresos tampoco son suficientes para complementar una pensión esperable.

Esta es una verdadera pinza que representa una fuerte presión social en un entorno en el que la cantidad de empleo es insuficiente y los ingresos que se reciben también. Y cuando, además, hay un proceso de envejecimiento de la población que agrava el conflicto.

El tru tru del FMI plantea que la tasa de personas que trabaja debe aumentar y, además, tienen que elevarse las sumas cotizadas para las pensiones. Esto no puede conseguirse si no se crea más empleo y con ingresos suficientes, algo que estructuralmente hoy no ocurre. Pero incluso esto no llevaría una pensión que repusiera el salario que se obtenía mientras se trabajaba.

Las pensiones son transferencias para soportar los ingresos de los adultos mayores, y tienen una cobertura distinta entre los que las reciben. Son un ingreso que en muchos casos contribuye a contener la pobreza de quienes se retiran del trabajo.

Las pensiones se han convertido en un componente significativo de las cuentas fiscales. En las economías avanzadas representaban 4 por ciento del producto inerno bruto en 1970 y en 2015 habían llegado a 9 por ciento y sigue creciendo.

Ante este costo en aumento y para contener el crecimiento de los pensionados se propone elevar la edad de retiro, lo que no es malo en principio, y restringir las reglas de elegibilidad; también se han de ajustar los beneficios. Esto último es parte de lo que se conoce como la generosidad del sistema de pensiones. Un criterio bastante maleable, hasta casi un eufemismo, en un entorno en que las políticas de bienestar no son las más populares. La tendencia parece ir en la dirección de sálvese quien pueda.

Desde hace más de 30 años en España el gasto por las pensiones representa alrededor de 35 por ciento del ingreso por habitante (el promedio), esta es la tasa de reposición y el FMI proyecta que hacia 2060 alcance sólo 20 por ciento.

El escenario, otra vez, apunta a que para superar ese reducido monto de apenas una quinta parte del ingreso promedio esperable, los trabajadores jóvenes habrán de alargar su vida laboral. Quienes empiecen a retirarse en 2050 y pospongan el tiempo de trabajo cinco años, podrían estrechar sólo la mitad de la brecha del ingreso con respecto a los que están hoy ya pensionados. Y todo esto supone que la situación política y social podrá sostenerse sin conflictos exacerbados, que la gente aceptará esas condiciones. Hoy los pensionados españoles no lo hacen.

 

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El “aceleracionismo”, un nuevo debate en la izquierda

Según una serie de intelectuales de origen británico, al menos en su gran mayoría, el capitalismo en su etapa algorítmica y megaconectada financieramente ha producido un colapso antropológico donde los relatos simbólicos de la izquierda son anacrónicos. Carecen de una operatividad real y son el mero testimonio del peso de un legado que ya no nos dice nada del futuro. En esta perspectiva, la izquierda y los distintos relatos emancipatorios como los movimientos nacionales y populares estarían anclados en un apego melancólico al pasado. De distintos modos, es lo que se deduce del “Manifiesto aceleracionista”.

Los aceleracionistas optimistas, en la tradición de Deleuze y actualizados a partir de Negri, piensan en el Capitalismo como un parásito que obstaculiza el desarrollo emancipatorio que el nuevo “cognitariado”, neologismo que vincula conocimiento con proletariado, usando las nuevas tecnologías, puede desplegar. En esta vertiente optimista, los algoritmos y las matemáticas no pertenecen al Capitalismo y pueden constituir un instrumento idóneo para reorientar el Capitalismo a la transición a una sociedad poscapitalista.


Esta posición, claramente tiene un eco del Marx del Capital, quien también pensaba que las relaciones sociales de producción capitalista constituían un obstáculo al despliegue de la productividad moderna. El Capitalismo, una vez más, aquí se presenta como el portador de una “potencia” que irá mas allá de su propio marco. Los trabajadores conectados a los dispositivos de inteligencia digital estarían en condiciones de irse separando del modo de acumulación capitalista y organizar un colectivo poscapitalista.


Sin embargo, hay que señalar distintos aspectos de estos flujos algorítmicos que los aceleracionistas dejan de lado.


1) Estos flujos son asignificantes, no encuentran un punto de anclaje para amarrar la significación y constituyen, como lo afirmó Lacan con respecto a lo que denominó el Discurso Capitalista, un verdadero rechazo del sujeto inconsciente y pulsional. La financiarización del mundo es ilimitada y sin corte y por tanto sin lugar para un sujeto que no sea otra cosa que la “subjetividad” que sus dispositivos de rendimiento producen. Mientras que el sujeto inconsciente del lenguaje es una relación de conjunción y disyunción entre sus determinaciones y su libertad paradójica en la trama de sus determinaciones, la subjetividad neoliberal se desenvuelve en el estilo de vida de la performance competitiva y sin límites, donde ella misma colabora activamente con su propia sumisión al programa neoliberal.


Es una subjetividad conectada y relacional, dicho de otra manera, es una subjetividad que no permite ni da lugar al sujeto en su condición sexuada, mortal y hablante. Pero en este punto es necesario aclarar dos cuestiones que aparecen en tensión, por un lado la subjetividad y el sujeto no se presentan separados en su modo de comparecer en la realidad, hay siempre yuxtaposición y mezcla, por otro esta diferencia debe ser sostenida hasta el final, solo la fidelidad al sujeto hace posible las condiciones de una Emancipación común.
2) Los aceleracionistas no dan cuenta de que si el sujeto es expulsado del mundo digital-tecnológico, se volverá dominado definitivamente por el modo de gozar repetitivo que la digitalización de los lazos sociales implica. ¿Por qué para los aceleracionistas, que quieren superar la ensoñación melancólica de las izquierdas no advertidas de la mutación antropológica, es tan importante el nuevo conocimiento tecnológico en su potencial anticapitalista? Cuando ellos mismos son los que aseveran que la mutación antropológica ha hibridado al sujeto con la máquina digital metamorfoseando a lo humano en la robótica. ¿Qué mito renovado del Progreso otorga esta cualidad salvífica a la robotización? ¿O en esta escatología técnica hay de un modo implícito un anhelo de colapso total, de choque de trenes final, de producir una catástrofe que traiga aparejada una nueva disponibilidad redentora en sus sobrevivientes?


Sin fidelidad al sujeto implicado en los lazos sociales y los proyectos políticos, el tejido digital y tecnológico no podrá alcanzar el poscapitalismo de un modo inmanente por el puro devenir de una “potencia” de inteligencia colectiva.


¿Quiénes van a expropiar Amazon o Google? O se trata de abandonarse a la hibridación con lo maquínico hasta que ya no quede nada de lo humano o permanezca escondido en algún bosque extraño, tal como sucede en las películas de ciencia ficción que repiten una y otra vez su argumento: corporaciones, robots, zombies y los emboscados. El aceleracionismo es tan aburrido como la repetición al infinito del susodicho argumento.


3) El aceleracionismo sueña con volver a separar a la Ciencia de la Técnica, así lo expresa Negri cuando afirma que “las matemáticas y los algoritmos” no pertenecen al Capitalismo, pero acaso ¿no se ha consumado ya la subsunción real de la Ciencia en Técnica y por tanto la absorción de la ciencia en el mercado? Finalmente el aceleracionismo, su manifiesto y sus intelectuales de una humanidad “aumentada” por las posibilidades de las plataformas digitales, encubren que no quieren hacerse cargo de los antagonismos instituyentes de lo social. El desarrollo digital y tecnológico del capital no está en absoluto separado de las grandes élites oligárquicas-financieras que desde hace años llevan adelante una ofensiva contra los sectores populares y subalternos. En este aspecto, el aceleracionismo encarna, mas allá de algunas excelentes descripciones del capitalismo contemporáneo, una escena de seducción del neoliberalismo hacia las izquierdas y los movimientos populares.


Las sucesivas derrotas le han provocado a las izquierdas un horror por su vejez y a la vez una inquietante fascinación por las cualidades mutantes del Capitalismo. Es lo que traslucen algunos intelectuales de izquierda cuando le suponen una gran astucia a políticos neoliberales que simplemente ocupan el lugar de una “aplicación neoliberal”. O el propio ensayista Chul Han, cuando con excesiva fruición describe los distintos modos de captura de subjetividades por parte del neoliberalismo hasta llegar al crimen perfecto del Capital sin abrir ningún debate sobre la reinvención de lo político.


4) Es cierto que nunca existirá un proletariado mundial que reorientará al mundo de la técnica hacia la universalidad sin intereses privados. Las clases populares y subalternas han quedado bloqueadas en su propio “en sí” en razón de su propia fragmentación. Solo un Populismo de izquierda, de vocación emancipatoria, puede intentar una y otra vez hacerse cargo de la prometeica tarea.


Q Psicoanalista y escritor.

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El capitalismo, un obstáculo para la igualdad y la democracia: la historia de EEUU

La Guerra Fría acabó con el legado del New Deal. El paso del tiempo y Trump están destruyendo ahora el legado de la Guerra Fría. Mientras que el capitalismo era cuestionado y desafiado en las décadas de 1930 y 1940, hacerlo se convirtió en tabú después de 1948. Sin embargo, a raíz de la crisis de 2008, se recuperó el pensamiento crítico acerca del capitalismo. En particular, un argumento está ganando terreno: el capitalismo no es el medio para alcanzar la igualdad económica y la democracia, sino más bien el gran obstáculo para su realización.


Durante el New Deal, la administración Roosevelt presionada desde abajo por una coalición de sindicatos (Congress of Industrial Organizations) y por la izquierda política (dos partidos socialistas y un partido comunista), revirtió la dirección tradicional (de desigualdad creciente) de la distribución de la renta y de la riqueza en Estados Unidos. Se produjo un cambio hacia una mayor igualdad. Así, la historia de los EEUU ilustra la idea que defiende Thomas Piketty en su libro El Capital en el siglo XXI (2014) sobre la profundización de la desigualdad a largo plazo, que únicamente se ve interrumpida puntualmente. De hecho, la transformación que provocó el New Deal fue una de esas interrupciones, y estuvo basada en el tipo de impuestos hacia las empresas y los ricos que Piketty defiende ahora para corregir o revertir las desigualdades capitalistas.


Tras la Segunda Guerra Mundial, la reanudación del proceso de acumulación capitalista abatió al New Deal y ha llevado desde entonces al capitalismo global contemporáneo a una nueva profundización de la desigualdad. Lo que Piketty propone ahora de nuevo como una solución, ya ha demostrado ser un remedio meramente temporal. La transformación ha sido a su vez revertida. Después de 1945, las empresas y los ricos utilizaron sus beneficios y sus altas rentas y riquezas para comprar todavía más control de los dos principales partidos políticos. Ese control adicional les permitió desmantelar el New Deal y mantenerlo derribado.


Así, la historia de Estados Unidos ejemplifica algo más que la tendencia capitalista a profundizar en la desigualdad y cómo el uso de los impuestos estuvo en grado de revertir esa desigualdad. También nos muestra cómo y por qué esa transformación no pudo ser más que temporal. La lección de esta historia invita al escepticismo acerca de si las políticas progresistas basadas en impuestos -o, de hecho, cualquier política progresista- puede ser algo más que temporal, dado el probado éxito del capitalismo para revertirlas. Tal escepticismo se fortalece cuando las transformaciones que se han dado en otros países capitalistas se revelan, del mismo modo, como meras interrupciones temporales de una tendencia básica hacia desigualdades cada vez más profundas.


La conclusión que se extrae de la historia de EEUU no es que los esfuerzos para revertir la profundización de la desigualdad estén predestinados al fracaso. Más bien muestra que las meras reformas, como los cambios en la legislación fiscal, son inadecuadas para alcanzar dicho objetivo. Para que las reformas se mantengan -para superar una fragilidad que ya se ha repetido varias veces a lo largo de la historia-, es necesario ir hacia un cambio del sistema de base. Puesto que el capitalismo tiende a profundizar la desigualdad y ha demostrado que puede derrotar las inversiones de esta tendencia -convirtiéndolas en temporales-, es el capitalismo lo que debemos superar para resolver su inherente problema de desigualdad.


Lo mismo puede decirse respecto a la contradicción estructural del capitalismo con la democracia. La etiqueta de “democracia” que muchas naciones modernas usan para describirse a sí mismas ha sido siempre inapropiada. La esfera política es, en efecto, al menos formalmente, un lugar donde las decisiones gubernamentales las toman personas que rinden cuentas, finalmente, en unas elecciones basadas en el sistema una-persona-un-voto. En este preciso sentido, es cierto que los ciudadanos ejercen el derecho democrático a participar en la toma de decisiones que les incumben, por medio del control electoral que ejercen sobre los funcionarios gubernamentales.


Sin embargo, la esfera económica nunca se organizó de una forma democrática. Los líderes de las empresas -los propietarios, los accionistas y los directores que ellos eligen- toman todas las decisiones básicas que afectan a la empresa. Esto incluye decidir qué, cómo y dónde producir, así como qué hacer con los ingresos netos (o excedentes o ganancias) de la empresa. Los líderes no rinden en absoluto cuentas a las personas -todos los demás empleados- que deben que vivir con los resultados de esas decisiones empresariales básicas. Estos empleados son excluidos de participar en las decisiones económicas clave que les afectan y que configuran sus vidas. En resumen, se ha aplicado la etiqueta “democracia” a sociedades cuya esfera política es democrática, al menos formalmente, pero cuya esfera económica no lo es en absoluto.


La rigidez ideológica de la mayoría de las tendencias anti-estatismo en la historia de los Estados Unidos sirvió muy bien para mantener el foco en la oposición entre Estado/público e individuo/privado a la hora de pensar y actuar en favor del cambio social. La democracia se redefinió, en términos prácticos, como la liberación del individuo/privado de la intrusión del Estado/público. La calidad democrática de la empresa individual/privada -la estructura central de la economía- estaba exenta del análisis, en lo que se refiere a su incompatibilidad estructural con la democracia. La naturaleza jurídica de las empresas capitalistas, que tienen personalidad individual igual que las personas de carne y hueso, también ayudó a distraer la atención de su estructura antidemocrática. Del mismo modo, el compromiso del gobierno estadounidense con una “política exterior democrática” fomentó la reproducción en otros lugares de la misma estructura económica antidemocrática que caracterizaba a los EEUU.


El ala derecha de la política estadounidense ha entendido y ha reaccionado desde hace tiempo a los movimientos sociales por la igualdad y la democracia como amenazas al capitalismo. Sus líderes construyen coaliciones tratando de movilizar a la opinión pública contra esos movimientos, en tanto que amenazas al “American way of life”. Esta derecha ha construido su ideología sobre la noción de que la democracia significa que el Estado evite entrometerse en las vidas y las actividades de las personas y las empresas, consideradas ambas como “individuos”. Para ellos, igualdad significa igualdad de oportunidades, no de resultados. Entienden la oportunidad como algo estrictamente desconectado de la riqueza, los ingresos y la posición social de nacimiento de cada individuo.


El ala izquierda de la política estadounidense ha intentado siempre mantener la idea de que el capitalismo es compatible con el igualitarismo y la democracia. También ha defendido que el capitalismo se fortalecería, y no se vería amenazado, si se acercara más a la igualdad y la democracia. En términos prácticos, compitió contra la derecha insistiendo en que las masas -los trabajadores de las empresas capitalistas- perderían la ilusión y la lealtad al capitalismo si este se entregaba a sus tendencias anti-igualitarias y antidemocráticas. El capitalismo, argumentaba y argumenta, se fortalecería y no se vería amenazado por una rebaja de la desigualdad y por una mayor democracia.


Tanto la izquierda como la derecha -y su concreción en la dirección de los partidos Republicano y Demócrata- viven temerosas, conscientes o no, de que la masa, la clase trabajadora, se distancie del capitalismo. “Populista” es el epíteto que expresa actualmente este miedo. Ambos partidos compiten por el apoyo de los líderes del capitalismo -los principales accionistas y las juntas directivas empresariales que éstas seleccionan-, ofreciendo sus estrategias alternativas como una forma de evitar, controlar o canalizar de forma segura la desafección masiva con el capitalismo.


El Partido Republicano ofrece una mezcla de (1) represión a los movimientos sociales igualitarios y democráticos (es decir, populistas), (2) apoyo y subsidio a los capitalistas, y (3) gestos y políticas simbólicas para complacer a ciertos sectores de la opinión pública (fundamentalistas religiosos, patriotas, nacionalistas anti-inmigración, etc.). El Partido Demócrata ofrece una combinación de apoyo gradual y limitado a los movimientos contra la desigualdad y a favor de más democracia política. Se ofrece a sí mismo como el medio para llevar a los grupos marginales a una participación plena en el capitalismo, manteniéndolos así alejados del populismo. La dirección de cada partido condena a los populistas e intenta asociarlos con el adversario. Los Demócratas ven el populismo representado en Trump; los Republicanos y bastantes Demócratas centristas, en Bernie Sanders. Ambas partes rara vez se refieren al “capitalismo” per se. Ambos se comportan como si no existiera crítica o alternativa alguna al capitalismo, o como si éstas no tuvieran sentido.


No solo el Partido Republicano, sino también el apoyo del Partido Demócrata, sirven y refuerzan al capitalismo, que es un obstáculo básico para la igualdad económica y la democracia. Como ni la igualdad económica ni la democracia han sido nunca alcanzadas, han servido durante mucho tiempo como objetivos a los que ambas partes se han comprometido “de boquilla”. La absurda contradicción de esta posición compartida ahora está dando paso al reconocimiento de que la lección que nos ha dado la historia estadounidense es que existe una necesidad de cambiar el sistema. Si, en lugar de las estructuras empresariales capitalistas, se produjera una transición hacia las cooperativas de trabajadores con organizaciones y procedimientos democráticos -lo que con toda probabilidad supondría una distribución de los ingresos netos entre los participantes de la empresa mucho menos desigual que la que se da en las condiciones actuales- se habría eliminado un obstáculo clave para un movimiento social más amplio hacia la igualdad y la democracia.

Por Richard D. Wolff
03/03/2018
es el autor de "Capitalism Hits the Fan y Capitalism’s Crisis Deepens". Es fundador de Democracy at Work.
Fuente:
https://www.counterpunch.org/2018/02/23/capitalism-as-obstacle-to-equality-and-democracy-the-us-story/
Traducción:
Sara Suárez Gonzalo

Publicado enInternacional
Martes, 19 Diciembre 2017 07:54

Una reforma que salió a palazo limpio

Una reforma que salió a palazo limpio

El recorte de los haberes jubilatorios fue aprobado con 128 votos a favor. En contra votaron 116 diputados y dos se abstuvieron. Terminó así el duro debate que había comenzado ayer en medio de la masiva movilización de protesta y los violentos choques entre policías y manifestantes, que dejaron más de 60 heridos y centenares de detenidos. Durante hubo carolazos en distintos barrios porteños y el conurbano que confluyeron en el Congreso.

 

La alianza Cambiemos –acompañada por diputados peronistas que responden a gobernadores “dialoguistas”– convertió en ley la reforma previsional que rebaja la actualización de los haberes de jubilados, pensionados por discapacidad, ex combatientes de Malvinas y los beneficiarios de las asignaciones universales por hijo y embarazo. Con la presión sobre los gobernadores, que llegaron hasta el Congreso para respaldar el pacto con el Gobierno central, el oficialismo se aseguró el quórum y despejó el camino para imponer en una embestida legislativa la reforma más resistida del paquete económico, que ayer se tradujo en otra multitudinaria manifestación de rechazo frente al Congreso, acompañada por un paro general decretado por la CGT. La protesta derivó en una nueva represión de las fuerzas de seguridad, que chocaron con grupos de izquierda, dejando un saldo de cientos de detenidos y unos 60 heridos. Por la noche, se multiplicaron los ruidazos de protesta por todo el país, incluyendo frente a la quinta de Olivos, Plaza de Mayo y de nuevo en el Congreso, mientras los diputados seguían con el debate que cerró con 128 votos a favor del ajuste, 116 en contra y dos abstenciones.

 

La oposición expresó su rechazo a la reforma y al bono “compensador” que sólo restituye unos 4 mil de los 100 mil millones anuales que quitarán a jubilados y pensionados para tapar los agujeros económicos del Gobierno nacional y las provincias.


Tras casi cinco horas de discusiones que rondaron la continuidad o no de la sesión en medio de la represión desatada afuera del Congreso, el oficialismo logró arrancar el debate pasadas las 19. Una larga lista de 80 oradores iniciales, la sesión –que también tiene en su temario la reforma tributaria– amenazaba con extenderse hasta avanzada la madrugada. Apurado por los tiempos, Eduardo Amadeo, como presidente de la comisión de Previsión Social, defendió el proyecto del Gobierno leyendo su discurso –en medio de los abucheos opositores–, lo que no le evitó fallidos sobre los objetivos de la iniciativa. “El Estado cumplirá sus obligaciones con los jubilados y los demás pobres”, afirmó Amadeo, quien pretendía convencer que la nueva fórmula no representaba un recorte a los sectores más castigados por las políticas económica del Gobierno macrista.


“Llegamos al recinto en medio de una enorme campaña de falsedades, pero a fin de año los jubilados no sólo van a estar mejor, sino que van a tener una fórmula que los va a proteger por décadas”, insistió, para luego afirmar no tener culpa por el recorte. “Tenemos la conciencia tranquila”, se justificó y rechazó los cuestionamientos opositores. “Estamos orgullosos del enorme compromiso social de nuestro gobierno”, afirmó. Desde la oposición no se mostraron muy de acuerdo.


La massista Mirta Tundis y la kirchnerista Luana Volnovich compartieron su turno luego de unificar el dictamen opositor de rechazo. “Vamos a rechazar este proyecto porque lo consideramos inviable”, arrancó Tundis y agregó: “Dicen que la ley no vulnera ni afecta los derechos de los mayores, sin embargo afecta los derechos humanos del sector alcanzado por esta reforma, que en realidad es un ajuste, es un recorte”. “Esta ley es inconstitucional porque viola tratados, convenciones, como la del derecho del niño, fallos de la Corte Suprema de Justicia. Esto va a ir a la justicia pero sólo se van a poder defender los jubilados con haberes más altos, el que gana 7600 pesos no va a poder contratar un profesional para defenderse”, añadió.


“Este bono para los jubilados es como si un delincuente secuestrara a un jubilado, lo llevara a un descampado, le robara todo lo que tiene y después le diera 200 pesos para que vuelva a su casa. Eso es el bono (Pablo) Kosiner”, soltó Volnovich, que le apuntó a los peronistas conciliadores pero también al Gobierno nacional: le dijo a los legisladores oficialistas que son “débiles con los fuertes y fuertes con los débiles”.


Martín Lousteau, que aportó al quórum oficialista, quiso diferenciarse en el recinto. “Esto que está ocurriendo hoy es la grieta, es la calamidad de la grieta, es el peligro de jugar con la grieta por temas electorales, es el peligro de creer que uno puede ir por todo porque tiene los votos”, dijo tomando distancia de la iniciativa y advirtió sobre la “prepotencia de un proyecto de ley que no se discutió, que quiso ser impuesto, que no se debatió como corresponde”. “Nosotros no estamos a favor del proyecto. Presentamos un proyecto alternativo y decimos de dónde debe salir el dinero para obtener este fin”, cerró tras allanarle el camino a Cambiemos.


“En este Parlamento tenemos un problema con realidad si no le decimos a la gente de que se trata esto. Esto se trata de sacarle la plata del bolsillo a los jubilados. Tiene ese único nombre, aunque le agrego a los trabajadores, embarazadas, población vulnerable. Es un saqueo no tiene otro nombre”, afirmó el ex ministro de Economía Axel Kicillof (FpV-PJ), que cargó contra la mentira “planteada por el Gobierno y el presidente Macri en campaña, cuando dijeron que no iban a tocar los haberes jubilatorios. “El ajuste es el ahorro, como le gusta decir a ustedes”, agregó y le piso números al saqueo: 100 mil millones de pesos anuales. “Es una bancarrota de la estafa electoral”, sentenció Kicillof.


“Este es un Gobierno de mamarracho. Como puede enviar al Congreso un decreto para modificar un proyecto que se está debatiendo sin modificaciones”, soltó Leopoldo Moreau sobre el bono que firmó Macri “para compensar lo que dice que no le saca”. En la esquina Rivadavia y Riobamba, del Congreso aun sitiado por la policía, comenzaron a sonar algunas cacerolas. El oficialismo evaluaba entonces un cuarto intermedio inmediatamente después de que se sancionara la ley. Querían evitar el desgaste de la tropa propia en medio de la continuidad de los reclamos en la calle.


Hasta el dialoguista Diego Bossio mostró su resistencia al proyecto. “Que una ley como la de movilidad esté tan enraizada en toda la sociedad significa que es buena para la gente. Nunca fue cuestionada esta ley”, dijo el ex titular de la Anses y diputado de Argentina Federal que responde mayoritariamente a los gobernadores peronistas. “Si el reconocimiento es que con esta ley no se pierde poder adquisitivo, lo que estamos reconociendo es que el haber mínimo jubilatorio actual es bueno, y lo estamos congelando”, se justificó Bossio.


Desde el Movimiento Evita, el jefe de la bancada Leonardo Grosso también cargó contra el “recorte previsional” que “quieren imponer a los tiros”. “Le mienten a la gente y a los jubilados”, insistió. Consideró que “la ley no tiene legitimidad política”. Los puntanos de Compromiso Federal también adelantaron su rechazo y destacaron que el gobernador de San Luis, Alberto Rodríguez Saá, fue el único que no se sometió a la presión del Gobierno sobre las provincias.


Nicolás del Caño (FIT) repasó los recortes que sufrieron en estos dos años de gobierno macrista, trabajadores, jubilados y los sectores más pobres de la población mientras que favoreció a los capitales concentrados. “Los recursos para los jubilados están. Pero se lo lleva un pequeño puñado de grandes empresarios que representan el cinco por ciento de la población”, afirmó el diputado de izquierda.


Las versiones sobre los cacerolazos crecían dentro del recinto. La sesión continuaba y al cierre de esta edición, Cambiemos aseguraba el triunfo y sólo esperaba que transcurrieran los discursos. Afuera del Congreso ya comenzaba a reagruparse la gente y se escuchaban ruidos de cacerolas.

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El presunto "misterio" de los salarios congelados

 

Según la teoría económica neoclásica, la relación entre los salarios y los empleos es una relación simple. Cuando no hay mucha demanda de trabajo, los salarios sufren. Los obreros compiten unos contra otros por conseguir el empleo. Pero cuando existe gran demanda de trabajo, los salarios suben. Los empleadores compiten entre ellos para conseguir la ahora escasa fuerza laboral. Este ciclo cambiante se dice que mantiene el fluido funcionamiento del sistema de libre mercado, garantizando un vaivén constante en el equilibrio en movimiento.

Ocurre ahora que este proceso cíclico ya no está funcionando de ese modo, y para los expertos y los académicos esto resulta un rompecabezas muy grande y es difícil explicarlo. Las explicaciones son variadas y múltiples. Lo que parece estar en el corazón es que existe una nueva condición normal. Pero cómo, y cómo funciona. En la edición del 8 de octubre del New York Times, el artículo principal de la sección dominical de Negocios tenía el siguiente encabezado: "Hay muchos empleos: no hay paga suficiente: a pesar de que se tensen los mercados laborales de las economías principales, el bajo desempleo no es suficiente para disparar ganancias robustas en los salarios".

Se nos ofrece la explicación de que hay un incremento en los empleos temporales o de tiempo parcial, más los robots. El argumento es que esto hace que el empleador sea menos dependiente de los trabajadores de tiempo completo. Los sindicatos son más débiles, y a los obreros les resulta más difícil enfrentar a los empleadores. Todo esto, por supuesto, es cierto. Pero, ¿por qué ahora y nunca antes?

Un argumento relativamente nuevo es aquel del trabajador evanescente. Pero, ¿cómo puede desaparecer un trabajador? ¿Qué puede significar esto? Parece que más y más obreros están abandonando por completo la búsqueda de empleos. Tal vez ya se salieron de su red de seguridad o se les agotó, al igual que se agotaron sus ahorros acumulados. Tal vez se quedaron desahuciados o se hicieron drogadictos, o ambos. Pero no sólo se marginaron, como si ésta hubiera sido su opción. Fueron empujados, lo cual tiene una doble ventaja para los productores. Ya no necesitan invertir (vía impuestos u otros modos) en protección social. Y siguen instigando miedo en aquellos trabajadores que siguen buscando empleo, porque también ellos pueden ser empujados a marginarse.

Y de nuevo, ¿por qué ahora y no antes? Antes, sea cual fuere la época, fue durante el funcionamiento normal del sistema-mundo. Los capitalistas requerían de estos ciclos para trabajar con máximos incrementos de largo plazo en la plusvalía. Pero supongamos que los empleadores saben, por conocimiento o intuición, que el capitalismo está en una crisis estructural y, por tanto, está moribundo. ¿Qué harían entonces?

Si no necesitan preocuparse por una demanda efectiva que mantenga el sistema, entonces bien podrían obtener lo que puedan mientras se pueda. Pueden, entonces, enfocarse por completo al corto plazo. Pueden buscar incrementar las ganancias en la bolsa de valores sin siquiera un pensamiento por el mañana. ¿No es acaso esto lo que está ocurriendo en las naciones más ricas tanto como en las más débiles?

Por supuesto la situación no puede durar. Es por eso que las fluctuaciones son tan grandes, el caos tan profundo. Y unos cuantos de ellos, los más fieros capitalistas, sin duda, se concentran en ganar la batalla de mediano plazo para determinar la naturaleza del futuro sistema-mundo (o sistemas) que se vayan a construir. No estamos presenciando aún una condición normal nueva. Testimoniamos una realidad transitoria.

Así que, ¿cuál es la lección para aquellos de nosotros que nos preocupamos por los trabajadores "evanescentes"? Es muy claro que debemos luchar por defender cualquier protección que tengan aún. Debemos, como me gusta decir, trabajar por minimizar sus penurias. Pero al mismo tiempo debemos luchar por ganar la batalla intelectual, moral y política en el mediano plazo. Sólo una estrategia que combine la lucha en el corto plazo con la lucha en el mediano plazo tiene la ocasión de conservar la posibilidad de ese mundo mejor que realmente es posible, pero no del todo inevitable.

 

Traducción: Ramón Vera Herrera

 

 

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