Divisiones del trabajo. ¿Pleno empleo?, ¿readaptación laboral?, ¿economía del conocimiento? Nuevos tipos de trabajo requieren nuevas ideas y nuevas formas de organización

 

La clase obrera, o al menos la parte blanca, se ha revelado como nuestro gran misterio nacional. Tradicionalmente demócratas, han ayudado a elegir a un ampuloso y ostentoso milmillonario a la presidencia. "¿Qué les pasa?" insisten los comentaristas liberales. ¿Por qué se creen las promesas de Trump? ¿Son estúpidos o simplemente deplorablemente racistas? ¿Por qué la clase obrera se ha alineado en contra de sus propios intereses?

Yo nací en esta clase escurridiza y permanezco estrechamente conectada a ella a través de amistades y familia. En la década de 1980, por ejemplo, yo anclé, personalmente, un centro cultural de la clase trabajadora en mi propia casa en Long Island. La atracción no era yo, sino mi marido (entonces) y amigo de siempre Gary Stevenson, un antiguo trabajador de almacén que se había convertido en organizador del sindicato Teamsters. Los suburbios de Long Island pueden considerarse como una comunidad dormitorio para los que se desplazan diariamente a Manhattan, o un portal a los Hamptons, pero por entonces eran también un centro industrial, con más de 20.000 trabajadores empleados en Grumman solamente. Cuando mi hermana se mudó a nuestro sótano, desde Colorado, encontró rápidamente un trabajo en una fábrica a una milla de nuestra casa, al igual que miles de otras personas, algunas de las cuales venían en bus desde el Bronx. Hospedamos principalmente a residentes locales que pasaron por nuestra casa para asambleas por la noche o fiestas de fin de semana: camioneros, trabajadores de fábrica, conserjes y eventualmente enfermeras. Mi trabajo consistía en hacer chili con carne y procurar que hubiera sitio en la nevera para los ziti[1] que invariablemente traerían los demás. Una vez traté de explicar el concepto de "socialismo democrático" a algunos obreros de talleres mecánicos y me permití una breve perorata contra la Unión Soviética. Me miraron con tristeza a través del mostrador de la cocina hasta que uno gruñó: "al menos allí tienen asistencia médica".

En la época en que mi pequeña pandilla se reunía en la casa del rancho, las aspiraciones de la clase obrera eran pisoteadas en todas partes. En 1981, el presidente Reagan rompió el sindicato de controladores aéreos despidiendo a más de 11.000 trabajadores en huelga, una señal clara de lo que estaba por venir. Unos años más tarde, organizamos un picnic para Jim Guyette, el líder de un local militante de empaquetado de productos cárnicos de Minnesota que había emprendido una huelga salvaje contra Hormel (evidentemente en nuestro picnic no se sirvieron productos Hormel). Pero el trabajo había entrado en una era de reducciones y concesiones. El mensaje era: o arrastrarte o quedarse sin trabajo. Incluso los "poderosísimos" sindicatos de viejo cariz obrero, aquellos por los que nuestro pequeño grupo había luchado tanto ya sea para construirlos ya para democratizarlos, estaban amenazados de extinción. En cuestión de un año, el local, no oficial, fue aplastado por su propio sindicato, United Food and Commercial Workers.

Las fábricas de acero se callaron, las minas donde mi padre y mi abuelo habían trabajado cerraron, las fábricas se fueron al sur de la frontera. En este proceso se perdió mucho más que los trabajos; todo un modo de vida en el centro del mito americano estaba llegando a su fin. Los empleos disponibles, en campos como las ventas al por menor y la atención sanitaria, estaban mal pagados, haciendo más difícil para un hombre sin educación universitaria mantener a una familia por su cuenta. Pude ver esto en mi propia familia, en que los nietos de los mineros y de los trabajadores ferroviarios estaban aceptando trabajos como conductores de camiones de reparto o encargados de restaurantes de comida rápida o incluso competían con sus esposas para convertirse en trabajadores minoristas o enfermeros. Tal como observó Susan Faludi en su libro de 1999 Stiffed[2], la desindustrialización de América llevó a una profunda crisis de masculinidad: ¿Qué significaba ser un hombre cuando un hombre ya no podía mantener a una familia?

No era sólo un modo de vida lo que se estaba muriendo sino también muchos de los que lo habían vivido. Una investigación realizada en el año 2015 por Angus Deaton, ganador del Premio Nobel de Economía, junto con su esposa, Anne Case, mostró que la brecha de mortalidad entre los blancos con estudios universitarios y los blancos sin estudios universitarios se había ampliado rápidamente desde 1999. Unos meses más tarde, unos economistas de la Brookings Institution encontraron que para los hombres nacidos en 1920, había una diferencia de seis años en la esperanza de vida entre el 10 por ciento mejor pagado y el 10 por ciento más bajo. Para los hombres nacidos en 1950, esa diferencia había pasado a más del doble, a 14 años. El tabaquismo, que actualmente es un hábito sobre todo de la clase trabajadora, podría representar sólo un tercio del exceso de muertes. El resto era aparentemente atribuible al alcoholismo, las sobredosis de drogas y el suicidio, generalmente por disparos de arma de fuego, lo que a menudo se denomina "enfermedades de la desesperación".

En el nuevo panorama económico de empleos mal pagados en el sector servicios, algunas de las viejas panaceas de la izquierda han dejado de tener sentido. El “pleno empleo”, por ejemplo, fue el mantra de los sindicatos durante décadas, pero ¿qué significa cuando la paga de tantos puestos de trabajo ya no es suficiente para vivir? La idea era que si todos los que querían un empleo podían conseguirlo, los patronos tendrían que aumentar los salarios para atraer nuevos trabajadores. Sin embargo, cuando a finales de los años noventa fui, como periodista encubierta, a comprobar la viabilidad de los puestos de trabajo de nivel de entrada, me encontré con que mis compañeros de trabajo (camareros, cuidadores de ancianos, criadas con un servicio de limpieza, "asociados" de Walmart) vivían en su mayor parte en la pobreza. Como expliqué en el libro resultante, Nickel and Dimed, algunos no tenían un hogar y dormían en sus coches, mientras que otros se saltaban el almuerzo porque no podían permitirse más que una pequeña bolsa de Doritos. Eran trabajadores a tiempo completo y era una época, como la actual, de casi pleno empleo.

Otra solución en boga a la crisis de la clase trabajadora era la readaptación laboral. Si la nuestra es una "economía del conocimiento" -que suena mucho mejor que una "economía de bajos salarios"- los trabajadores desempleados sólo tenían que espabilarse y reciclarse a otras habilidades más útiles. El presidente Obama promovió el reciclaje laboral, al igual que Hillary Clinton como candidata presidencial, junto con muchos republicanos. El problema era que nadie estaba seguro del tipo de formación que se necesitaba; la informática estaba en boga en los años 90, la soldadura también lo estuvo y ha pasado de moda, y las carreras en el sector todavía creciente de la salud se ven como las mejores apuestas actualmente. Tampoco hay una medida clara de la eficacia de los programas de readiestramiento existentes. En 2011, la Government Accountability Office (Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de los EE.UU.) encontró que el gobierno federal apoyaba 47 proyectos de capacitación laboral en 2009, de los cuales sólo cinco habían sido evaluados en los últimos cinco años. Paul Ryan ha elogiado en repetidas ocasiones un programa en su ciudad natal, Janesville (Wisconsin), pero un estudio de 2012 de ProPublica encontró que las personas despedidas que pasaron por él tenían menos probabilidades de encontrar trabajo que los que no lo hicieron.

No importa lo bueno que sea el programa de reciclaje, la idea de que la gente debe ser infinitamente maleable y pronta a recrearse para acomodarse a cada cambio en el mercado de trabajo seguramente no es realista y desde luego no es respetuosa con las habilidades existentes. A principios de los 90 cené en una Pizza Hut con un minero despedido en Butte, Mont (en realidad, los despedidos son los únicos mineros existentes en Butte). Este cincuentón se rió cuando me dijo que le estaban aconsejando obtener un título de enfermería. No pude evitar reírme también, no por la incongruencia de género, sino por la idea de que un hombre cuyas herramientas habían sido una piqueta y la dinamita debiera ahora cambiar tan radicalmente su relación con el mundo. No es de extrañar que cuando a los trabajadores de cuello azul se les diera la opción entre el reciclaje de empleo, tal como proponía Clinton, y la recuperación no se sabe como, milagrosamente, de sus antiguos empleos, como proponía Trump, se decantaran por este último.

Actualmente, cuando los políticos invocan a la “clase obrera”, es probable que se refieran, anacrónicamente, a una fábrica abandonada. Sería más realístico servirse de un hospital o un restaurante de comida rápida como referencia. La nueva clase obrera consiste en muchas de las ocupaciones tradicionales de cuello azul (conductor de camión, electricista, fontanero) pero en general, es más probable que sus miembros usen más bien fregonas que martillos y bacinillas en vez de paletas. También desde el punto de vista demográfico, la clase obrera ha evolucionado desde los años 80 en que los grupos que se reunían en mi casa eran, de forma aplastante, masculinos y blancos. Negros e hispanos han sido desde hace tiempo una parte importante, aunque no reconocida, de la clase obrera, y ahora es más femenina y contiene muchos más inmigrantes también. Si el estereotipo de la vieja clase obrera era un hombre con casco, el nuevo está mejor representado por una mujer cantando, “¡El pueblo unido jamás será vencido!”

Los antiguos empleos no volverán, pero hay otra forma de abordar la crisis provocada por la desindustrialización: pagar mejor a todos los trabajadores. La gran innovación laboral del siglo XXI han sido las campañas dirigidas a elevar los salarios mínimos locales o estatales. Los activistas han logrado aprobar leyes de salarios suficientes para vivir en más de cien condados y municipios desde 1994 apelando a un simple sentido de justicia: ¿Por qué se debería trabajar a tiempo completo, durante todo el año y no ganar lo suficiente para pagar el alquiler y otras necesidades básicas? Las encuestas demostraron que había grandes mayorías que favorecían el aumento del salario mínimo; estudiantes universitarios, miembros de la iglesia y sindicatos se unieron a las campañas locales. Los sindicatos comenzaron a tener en cuenta a grupos de trabajadores anteriormente desatendidos como conserjes, ayudantes sanitarios en el hogar y jornaleros. Y donde los sindicatos han vacilado, han surgido nuevos tipos de organizaciones: asociaciones a veces respaldadas por los sindicatos y a veces por fundaciones filantrópicas: Our Walmart (Nuestro Walmart), la National Domestic Workers Alliance (Alianza Nacional de Trabajadores Domésticos) y los Restaurant Opportunities Centers United (Centros de Oportunidades de Restaurantes Unidos).

Nuestro viejos tiempos de Long Island se acabaron hace muchos años: la casa vendida, las antiguas amistades desgastadas por la edad y la distancia. Lo encuentro a faltar. Como grupo no teníamos ninguna ideología en particular, pero nuestra visión, que se articulaba a través de nuestras fiestas, en vez de con un manifiesto cualquiera, era utópica, especialmente en el contexto de Long Island, donde si querías alguna ayuda del condado tenías que ser un republicano registrado. Si tuviéramos que resumirlo, podríamos hacerlo con la vieja palabra “solidaridad”: si te unes a mi piquete yo me uno al tuyo y quizás podemos ir todos juntos, con los niños, a protestar a la planta química que está infiltrando toxinas en nuestro suelo, y luego haremos una barbacoa en mi jardín. No nos interesaba la pequeña política. Queríamos un mundo en que se respetara el trabajo de cada uno y se oyera cada voz.

Nunca esperé formar parte nuevamente de algo así hasta que en 2004 descubrí un grupo similar, mucho mejor organizado en Fort Wayne, Indiana. El Northeast Indiana Central Labor Council (Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana), como se llamaba entonces, reunía a inmigrantes mexicanos que trabajaban en la construcción y que habían sido contratados para reemplazar a los miembros de los sindicatos de la construcción nacidos allí, más trabajadores de la fundición despedidos y trabajadores birmanos, profesores adjuntos y conserjes. Su objetivo, según el presidente de la época, Tom Lewandowski, un antiguo obrero de General Electric que actuó en la década de 1990 como enlace de la AFL-CIO con el movimiento insurgente polaco Solidarnosc, era crear una “cultura de solidaridad”. Se inspiraron en la constatación de que no basta con organizar a las personas que tienen trabajo; hay que organizar también a los desempleados, así como a los “empleados con ansiedad”, lo que significa potencialmente toda la comunidad. Su táctica no demasiado secreta eran las fiestas y los picnics, a algunos de los cuales tuve la suerte de asistir.

El panorama de Fort Wayne incluía a gente de todos los colores y colores de cuellos, trabajadores legales e indocumentados, liberales y conservadores políticos, algunos de los cuales apoyaron a Trump en las últimas elecciones. Se demostró que había un nuevo tipo de solidaridad, aún cuando los antiguos sindicatos no estuvieran preparados. En 2016, el debilitado AFL-CIO, que durante más de seis décadas había luchado para mantener unido el movimiento obrero, disolvió de repente el Consejo Laboral Central del Nordeste de Indiana citando oscuros imperativos burocráticos. Pero el consejo de trabajo no se dejó desanimar. Se reinventó rápidamente como el Workers’ Project (Proyecto de los Trabajadores) y atrajo a más de 6.000 personas al picnic local del Día del Trabajo, a pesar de haber perdido su acceso a Internet y al equipo de oficina del AFL-CIO.

La última vez que hablé con Tom Lewandowski, a principios de febrero, el Workers’ Project había logrado organizar a 20 trabajadores contratados de Costco en una unidad colectiva propia y estaban planeando celebrarlo con, por supuesto, una fiesta. El impulso humano de hacer causa común, y pasárselo bien haciéndolo, es difícil de suprimir.

 

[1] Ndt: Especie de macarrones horneados.

[2] Ndt: Timados.

 

 

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Un joven cruza en un patinete durante una manifestación en Río de Janeiro contra la reforma del régimen de jubilaciones propuesta por el presidente Michel Temer.

 

Más de 200.000 personas se manifestaron este miércoles en Sao Paulo contra la reforma de la jubilación del gobierno Temer que pone en jaque la pensión de millones de trabajadores. "La jubilación se queda, Temer se va" fue el grito más escuchado en las 22 ciudades en las que hubo protestas.

 

SAO PAULO 16/03/2017


A primera hora mañana del miércoles la mayor metrópoli del país estaba completamente parada. La huelga de los trabajadores del metro y de autobús, contra la reforma de la jubilación que quiere llevar a cabo el gobierno Temer, se hacía sentir en las calles con filas de coches que apenas podían moverse. En la estación de metro de Jabaquara (São Paulo) los funcionarios salían a explicar a quienes pretendían usar el transporte por qué no iban a trabajar este miércoles: "No queremos perjudicar a la población pero tenemos que defender los derechos de los trabajadores". En vez de pitos, lo que suele pasar cuando se para el transporte público en la ciudad, los trabajadores que tenían que buscarse la vida para llegar sus puestos decidieron aplaudir a los huelguistas.

"Me da igual que la mañana haya sido un infierno, tenemos que parar esta reforma como sea", decía Adilon Oliveira, conductor de Uber, uno de los medios más usados a lo largo del día. Los atascos de la mañana parecían una premonición de lo que sería la manifestación que estaba convocada a las 16 horas en la Avenida Paulista bajo el lema de Contra la reforma del Sistema de Pensiones: reaccione ahora o muera trabajando. Al mediodía un colectivo de mujeres colgaba una pancarta en el Instituto Nacional de la Seguridad Social de São Paulo: "La jubilación se queda y Temer se va", decía el eslogan que horas más tarde se convertiría en uno de los vítores más repetidos.

Las manifestaciones se repartieron en 22 ciudades brasileñas, pero São Paulo fue la que logró sacar más gente a la calle. La avenida Paulista estaba completamente colapsada de banderas de sindicatos, asociaciones de estudiantes y mucho color rojo con la firma del Partido de los Trabajadores (PT) y de la Central Única de Trabajadores (CUT), el brazo sindical de la sigla.

El ex presidente Lula fue una de las estrellas de la manifestación. A las siete de la tarde se subió a uno de los palcos de la avenida Paulista e instó a los brasileños a seguir "luchando" contra "el gobierno ilegítimo que quiere acabar con los derechos de los trabajadores".

 

49 años de trabajo para la pensión completa


Desde que Michel Temer se hizo con la presidencia del país, tras el polémico impeachment contra Dilma Rousseff, no ha habido una reforma que haya incomodado más a los brasileños que el Proyecto de Enmienda Constitucional PEC 287/16 que pretende modificar el sistema de pensiones. La reforma plantea cambiar la edad mínima obligatoria para jubilarse, aumenta el tiempo mínimo de contribución para recibir la pensión completa, y cambia la forma de calcular el valor del beneficio.

En Brasil no hay una edad mínima obligatoria para quien se quiere jubilar, el trabajador puede escoger entre jubilarse por edad o por tiempo cotizado. En la actualidad la jubilación por edad es de 65 años para los hombres, y 60 para las mujeres, con un mínimo de cotización de 15 años trabajados en el sector privado, o 10 años para los que han estado en el servicio público. Pero para recibir la jubilación íntegra necesitan un mínimo de 30 años cotizados, cada año a menos de esos 30, se les descuenta un 1% del valor de la contribución.

Con la reforma que propone el gobierno Temer se igualaría la edad mínima de jubilación para hombres y mujeres y quedaría en los 65 años. Pero sólo podrían acceder a su pensión con un mínimo de 25 años cotizados (10 más que ahora). Para obtener la jubilación completa tendrían que tener cotizados 49 años (19 más que ahora) y por cada año menos de esos 49 también se descontaría un 1% del valor cotizado. En la práctica se podría decir que bajo el sistema actual si un hombre de 65 años se jubilara con 25 años trabajados, su pensión tendría un recorte del 5%. Pero con la nueva ley, este mismo hombre de 65 años, sufriría un recorte del 24%.

La idea de tener que trabajar 49 años para recibir la pensión íntegra es uno de los puntos del proyecto que ha provocado más revuelo. El otro tiene que ver con el Beneficio de Prestación Continuada (BPC), un salario mínimo que se le paga a deficientes y mayores de 65 años que nunca han contribuido a la seguridad social. Con la nueva norma la edad mínima subirá a los 70 años y el valor recibido dejará de reajustarse al mismo ritmo que el salario mínimo.

 
Las mujeres, doblemente víctimas


Un grupo de estudios del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) señala que uno de los mayores "errores" de la reforma propuesta por Temer es que no tiene en cuenta la intermitencia, la informalidad y las desigualdades sobre las que se estructura el mercado de trabajo brasileño.

Desde el Ipea alertan que las mujeres serán doblemente perjudicadas porque ya de antemano tienen menos opciones en el mercado laboral que los hombres. Los resultados de sus investigaciones vaticinan que con la nueva reforma, en un futuro el 47,3% de las brasileñas no conseguirá alcanzar los 25 años mínimos de contribución para optar a la pensión. En el caso de los hombres, al menos un 30% no llegaría al cuarto de siglo cotizado.

"Actualmente muchas mujeres sufren para conseguir cotizar 15 años de trabajo, las empleadas domésticas son el mejor ejemplo de eso. Aumentar el mínimo a 25 años de contribución es un disparate, habrá muchas más mujeres que no puedan acceder a una pensión", señalaba la economista Joana Mostafa, en la revista Carta Capital.

En este sentido, Guilherme Boulos, presidente de los MTST (Movimiento de Trabajadores Sin Techo), señalaba: "No es una reforma del sistema de pensiones, sino que es la extinción del sistema de pensiones. Va a dejar a millones de trabajadores sin poder jubilarse". Desde el Movimientos Sin Tierra (MST) aseguraban que los más perjudicados serían los trabajadores rurales, uno de los sectores que más se mueve en la informalidad: "A lo que más afecta esta reforma es a quienes ponen la comida en la mesa del pueblo brasileño", decía uno de los representantes del movimiento.

 
En manos del Congreso


El presidente Michel Temer ha asegurado que "no dará su brazo a torcer". El mandatario asegura que la reforma "es absolutamente necesaria" debido al déficit de 46.000 millones de euros de las arcas de la seguridad social. También alega la preocupación por la disminución de la población activa frente al envejecimiento de la sociedad.

Desde los movimientos sociales responden que Temer se preocupa por ese déficit, pero ignora los 129.000 millones de euros que las grandes empresas deben a la Seguridad Social: "El Gobierno habla mucho del déficit del sistema de pensiones, pero no tiene en cuenta las contribuciones que no han pagado las empresas, y es un dato fundamental sobre el que pensar antes que meterse con los derechos de los trabajadores", señala Achilles Frias, presidente del Sindicato de los Procuradores de la Hacienda Nacional (Sinprofaz).

Los sindicatos han prometido nuevas manifestaciones para intentar evitar que el Congreso saque adelante la reforma. "Después de la manifestación de hoy queda claro que Temer no lo va a tener tan fácil para aprobar esta ley", dice la profesora de Sociología de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), Esther Solano, que reconoce que la protesta del miércoles ha sido una de las "más grandes" contra el Gobierno Temer: "Esta reforma es una pauta que ha vuelto a unir a la izquierda y también aglutina a otros sectores más conservadores. Al fin y al cabo es algo que va a afectar a todos los trabajadores".

La presión en las calles será fundamental para conseguir que la Cámara y el Senado no den continuidad al proyecto que todavía está pendiente de votación en ambas cámaras: "Es una incógnita lo que se decidirá en el Legislativo porque ahora los diputados y senadores están más preocupados con no aparecer en la lista Janot —que envuelve los casos de corrupción de la Operación Lava Jato— que con la reforma del sistema de pensiones", advierte Solano.

 

 

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Bernie Sanders en un mitin en Santa Monica, California, en junio de 2016.

 

 

*Frente al autoritarismo de Trump, el senador Bernie Sanders propugna en esta entrevista que los demócratas vuelvan a sus raíces más progresistas y abandonen a una élite progresista aislada de los votantes

*"La economía mundial ha sido muy buena para las grandes multinacionales. Eso fue algo positivo para la gente con estudios, pero hay millones de personas que han sido olvidadas”.

*"El Partido Demócrata se ha distanciado enormemente de las necesidades de las familias de clase trabajadora de este país”

 

 

Cuando Donald Trump pronunció hace diez días su discurso ante el Congreso ateniéndose por primera vez con esmero al teleprompter, los medios de comunicación lo alabaron por el tono estadista y presidencial. Una persona sentada en primera fila y a solo unos metros de Trump no pensaba lo mismo.

Con cada frase, Bernie Sanders, de 75 años, se horrorizaba un poco más. Hasta que Trump empezó a hablar sobre el medio ambiente y el senador independiente por Vermont casi estalló en una carcajada. Ese mismo día el presidente había firmado un decreto que echaba por tierra los controles federales para prevenir la contaminación de ríos y canales. Y ahora prometía a los legisladores de EEUU promover “un agua y una atmósfera libres de contaminación”.

“¡Fue de una hipocresía inaudita!”, dice Sanders, todavía sin poder contenerse. “¡Habla de proteger el agua y la atmósfera el mismo día en que firma una orden que aumentará la contaminación del agua y de la atmósfera!”.

La oficina de Sanders en el Congreso luce intacta, como si hubiera pasado sin dejar rastro el estratosférico ascenso que en 2016 lo llevó desde un relativo anonimato hasta convertirlo en un serio aspirante a la Casa Blanca. En las paredes hay colgadas pintorescas fotografías de su Estado. “Primavera en Vermont”, dice una con vacas en un monte. Además hay una estantería llena de libros con títulos del estilo Sanders, como “Never Give In” (Nunca rendirse) o “The Induced Ignorance of Power” (La ignorancia inducida del poder).

Vestido con ropa informal, Sanders entra rápidamente en su oficina. Tiene el pelo blanco despeinado y la apariencia de alguien que ha sido interrumpido mientras estudiaba muy concentrado. En cuanto empezamos a hablar, se vuelve fascinante. Queda claro en un instante por qué tanta gente sintió la llama (“feel the Bern”, un juego de palabras con el nombre del senador y la frase “feel the burn” o sentir la llama): Sanders puede sentir la intensidad de esa llama en su interior.

“Estos son tiempos muy alarmantes para la gente de EEUU y para el mundo entero. Tenemos un presidente que miente patológicamente. Trump miente todo el tiempo”. Sanders cree que las mentiras de Trump no son casuales: “Miente con el objetivo de socavar los cimientos de la democracia estadounidense”. Tomemos como ejemplo sus “feroces ataques contra los medios, cuando dice que casi todo lo que publican los principales medios de comunicación es mentira”. O cómo denigró a uno de los altos cargos judiciales nombrados por George W. Bush, llamándolo “supuesto juez”, y sus falsas afirmaciones de que cerca de cinco millones de personas votaron de manera ilegal en las elecciones.

Según Sanders, este tipo de declaraciones, que él llama “delirantes”, apuntan a que lleguemos a una sola conclusión: “Que la única persona en EEUU que representa a los estadounidenses y que dice la verdad, la única persona que hace las cosas bien es el presidente de EEUU. Eso es algo sin precedentes en la historia de este país”.

Cuando le pregunto cuál podría ser la estrategia final de Trump, Sanders se adentra en el terreno de la distopía. “Lo que él quiere es terminar siendo líder de una nación que ha dado pasos agigantados hacia el autoritarismo; una nación en la que el presidente de EEUU tiene poderes extraordinarios, muchos más de los que otorga la Constitución”.

 

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Bernie Sanders en un mitin en Iowa en las primarias demócratas en febrero de 2016. DAVID AKE / AP

 

A estas alturas de la entrevista, Sanders ya ha cogido su ritmo y dirige la conversación haciendo grandes ademanes con los brazos, golpeando las palabras con ese gruñido característico de Brooklyn mezclado con Vermont. Es imposible no sentirse cautivado por un hombre que parece tan auténtico.

Sanders ocupa un lugar prominente en el actual mapa político. En 2016 ganó 23 elecciones primarias y caucus (Hillary Clinton ganó 34) y recibió 13 millones de votos. Teniendo en cuenta las probabilidades en su contra– el poder de Clinton entre el establishment, el sesgo de los “superdelegados” que al darle el 15% de los votos al establishment del Partido Demócrata volcaron las primarias hacia ella, y los cínicos esfuerzos de la maquinaria del partido, a través de la Convención Nacional Demócrata, para debilitar su campaña y poner en duda sus habilidades como líder y sus creencias religiosas (como se supo por supuestamente filtrados por hackers rusos y difundidos por WikiLeaks)– lo conseguido no fue un pequeño logro.

Si Sanders hubiera ganado la candidatura, ¿habría derrotado a Trump? No he terminado la pregunta y ya puedo sentir el rechazo que provoca. El desagrado que expresa el lenguaje corporal de Sanders es tan aplastante que parece haber sido insultado: se le arruga la cara, se encoge de hombros y tiene el aspecto de alguien que está siendo pinchado con agujas. “No creo que esa especulación merezca la pena”, dice. “La respuesta es: ¿quién sabe? Tal vez sí, tal vez no”.

Cambiamos de tema rápidamente. Le pregunto si en la noche electoral anticipaba el resultado o si se quedó estupefacto como tantos otros cuando Trump empezó a ganar con holgura en estados del cinturón industrial como Michigan y Wisconsin (donde, por cierto, Sanders había derrotado a Clinton en las primarias y en los caucus). “No lo esperaba, pero no me sorprendió. Cuando me fui a dormir la noche anterior, pensé que Clinton podía ganar con un margen de dos o tres a uno en su favor, pero no pensaba ‘es imposible que gane Trump’. Nunca pensé eso”.

 

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Sanders y Clinton en un debate de las primarias demócratas. EFE

 

La optimista respuesta de Sanders está arraigada en su análisis crítico del capitalismo moderno que ha dejado a EEUU, junto con Reino Unido y otras importantes democracias, a merced del ataque de la derecha. Es así como relaciona a Trump con el Brexit y, a su vez, con el miedo que vive el continente europeo en vísperas de las elecciones de Francia y Alemania. Según Sanders, todo ese miedo es una manifestación muy común de los estragos de la globalización.

“Una de las razones que explican el Brexit, la victoria de Trump y el resurgimiento de los candidatos ultranacionalistas de derecha en toda Europa es el hecho de que la economía mundial ha sido muy buena para las grandes multinacionales. En más de un aspecto, eso fue algo positivo para la gente con estudios. Pero hay millones de personas en este país y en todo el mundo que han sido olvidadas”.

Le hablo a Sanders de la epifanía que experimenté en septiembre cuando vi a Trump decir frente a un grupo de multimillonarios en un salón del hotel Waldorf Astoria de Manhattan que él lograría que todos los obreros siderúrgicos recuperen sus empleos. ¿Obreros siderúrgicos? ¿Cómo diantres es posible que el Partido Demócrata, el partido de los trabajadores, haya cedido tanto terreno político para que un multimillonario (un “falso multimillonario”, me corrige Sanders con firmeza) se pueda poner de pie frente a otros multimillonarios en el hotel Waldorf y simular que es el gran defensor de los obreros siderúrgicos?

“Esa es una excelente pregunta”, dice el senador. La incomodidad se esfuma. “A lo largo de los últimos 30 o 40 años, el Partido Demócrata ha pasado de ser un partido de la clase trabajadora (trabajadores blancos, negros e inmigrantes) a ser un partido marcadamente controlado por una élite progresista que se ha distanciado enormemente de las necesidades de las familias de clase trabajadora de este país”.

Sanders continúa lamentándose sobre lo que él ve como una dicotomía innecesaria entre la identidad política elegida por esas élites progresistas y las raíces obreras tradicionales del movimiento, como la que representan los obreros siderúrgicos. Está tan indignado con esa falsa división que es lo que define la definición sobre sus ideas: “Solo por esa razón me considero un progresista y no un liberal” (en este caso, "liberal" en el sentido utilizado en EEUU, sinónimo de progresista del Partido Demócrata)

Le pido que desarrolle la idea. Me explica que la tendencia de la izquierda progresista a concentrarse en intereses transversales, los de género, los de raza o los de estatus (por los inmigrantes), ha hecho que deje de ver las necesidades de una clase media cada vez más pequeña y con grandes niveles de desigualdad en los ingresos. No tenía que haber sido así, dice. “La verdad es que podemos y debemos hacer ambas cosas. No es una o la otra: son las dos”.

Le pregunto si ve un patrón similar en la trayectoria del Partido Laborista británico y la cara se le empieza a arrugar de nuevo. Aparentemente, la política del Reino Unido también está en la lista de temas de discusión indeseables. “No quiero decir que sé más de lo que sé”, dice Sanders. Pero enseguida añade: “Pero obviamente estoy algo informado”.

Hay un lazo que une a Sanders con el Reino Unido y es su hermano mayor, Larry: vive en Oxford y en octubre se presentó (sin éxito) como el candidato del Partido Verde para el escaño de Witney, vacante tras la salida del ex primer ministro David Cameron. Sanders dice que su hermano es una gran influencia en su vida, aunque últimamente no hayan estado muy en contacto. “Hablamos de vez en cuando”.

Los asuntos familiares representan otro de los temas que le incomodan. Sanders también es reacio a hablar sobre Jeremy Corbyn. “No estoy al día con el tema”, dice para esquivar una pregunta acerca del duro momento que está pasando el líder del Partido Laborista.

Pero con gusto hace una broma implícita sobre Tony Blair y el Nuevo Laborismo, en la que sugiere que cayó en el mismo pozo en el que se encuentra el actual Partido Demócrata de EEUU. “Corbyn estableció que hay una enorme brecha entre los líderes del laborismo y las bases del partido. Lo dejó bien claro. Los dirigentes del partido tienen que darse cuenta en qué lugar están la clase trabajadora y los jóvenes del Reino Unido”.

La charla empieza a tomar un giro un poco deprimente. Gran parte de la izquierda moderna se ha separado de la clase trabajadora; el vacío reinante ha dado lugar a su vez a escenas como la del Waldorf, donde los obreros siderúrgicos piden por su salvación a los (falsos) multimillonarios. En la refriega resultante ascienden Trump, el Brexit y la extrema derecha, lanzando al abismo a las democracias más importantes del mundo.

Afortunadamente, no es el fin del relato. Sanders es una persona con demasiada determinación y compromiso con su propia forma de ver la vida como para dejarnos perdidos en una niebla distópica. Y con razón: Sanders sigue siendo una fuerza importante a la que tener en cuenta. Nadie debería cometer el error de pensar que está acabado, aunque estos días no forme parte del debate público como solía hacerlo cuando estaba en el pico máximo de su batalla con Clinton.

Técnicamente todavía es independiente, pero Sanders está haciendo presión para reformar las normas internas del Partido Demócrata: dar más poder a los votantes y quitárselo a los dirigentes para, según dice, reducir la brecha entre la élite progresista y la clase trabajadora. El senador también sigue usando la fuerza de su activismo de base para empujar al partido hacia una postura económica más radical, basada en regular Wall Street y en hacer que los más ricos paguen impuestos. Dice haber tenido algo de éxito: “El programa del Partido Demócrata no llega tan lejos como me gustaría pero trabajé en él con Clinton y es, de lejos, el más progresista en la historia de la política estadounidense”.

 

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Trump saluda a al juez Neil Gorsuch, su candidato para el Tribunal Supremo. EFE

 

En el Senado, Sanders también participa activamente en el proceso de confirmación del Gobierno de Trump. En particular, promete poner en aprietos a Neil Gorsuch, el candidato del presidente para el Tribunal Supremo de EEUU, por su postura sobre el aborto y sobre el fallo de financiación de campañas electorales conocido como “Citizen United”, que desató una gran corriente de dinero de las empresas privadas en el proceso electoral.

Gorsuch nunca ha emitido un fallo sobre el aborto pero sí ha dicho que “quitar la vida a un ser humano de manera intencional siempre está mal”. Sobre la financiación de las campañas electorales, el juez dio a entender que abriría el proceso político para permitir la llegada de aún más capital privado.

Le pregunto a Sanders por qué no piensa ir más lejos en lo relativo a Gorsuch. ¿Por qué no seguir el ejemplo de los republicanos y decir simplemente que no? Después de todo, ellos ni siquiera consideraron al candidato de Obama para el Tribunal Supremo, Merrick Garland. Así fue como robaron, de hecho, un puesto que correspondía a los demócratas. “Hay que buscar las razones para decir que no. Uno no dice: ‘Voy a votar que no incluso antes de saber quién es el candidato’”, responde Sanders.

–Pero eso es lo que hicieron los republicanos...

–Creo que es más efectivo dar un motivo racional.

Pero el verdadero trabajo de Sanders y de la resistencia empieza cuando se apagan las luces de su oficina en el Senado, cuando deja atrás las peleas de Washington y lleva su estilo de populismo progresista al corazón de EEUU. Lo que hace pasa mayormente inadvertido. No lo hace a escondidas pero sí discretamente, sin hacer mucho ruido. Pero lo está haciendo y el objetivo es evidente: reconstruir el movimiento progresista desde abajo.

Tiene reminiscencias del Tea Party, el perturbador grupo de base de la derecha que en sólo dos años desestabilizó la presidencia de Obama y sentó las bases para todo lo que estamos viendo hoy. ¿De eso se trata? ¿Eso es lo que hace Sanders mientras viaja por todo el país, asiste a mítines, habla a las legiones de sus todavía fervientes y jóvenes seguidores y los alienta a resistir? ¿Está sentando las bases de un Tea Party progresista, como han pedido tantas personas influyentes y como pide la guía de resistencia Indivisible escrita por tres exasesores del Congreso?

Como era de esperar, Sanders no está de acuerdo con esa idea. Pero mucho de lo que está haciendo, amplificado por la red que surgió de su campaña presidencial, Our Revolution (Nuestra Revolución), sigue pasos similares: empieza a nivel local y luego lleva el debate a una postura más radical. Ganar una elección primaria por vez.

“Mi trabajo es aumentar considerablemente la cantidad de gente que participa en el proceso político. Hemos tenido bastante éxito en ese sentido, logramos que cada vez más personas se presenten como candidatos. Me estoy centrando en eso”.

Este es el momento en el que un rayo de luz atraviesa la oscuridad: Sanders está convencido de que la resistencia ya está funcionando. En un vídeo de 14 minutos publicado en Facebook Live inmediatamente después del discurso de Trump ante el Congreso, Sanders llegó incluso a decir que los republicanos estaban a la defensiva.

¿A la defensiva? ¿En serio? Parece una afirmación audaz, dada la oleada diaria de decretos presidenciales y la hoguera de regulaciones que procede de la Casa Blanca. Sanders lo demuestra con Trump y el tan promocionado plan de los republicanos para desechar el Obamacare (la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible): “Bueno, sucedió algo gracioso. Millones de personas se involucraron activamente y dijeron: ‘Disculpe, si quiere mejorar la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, hagámoslo, pero no va a derogarla sin más y mandar a 20 millones de personas a la calle sin ninguna cobertura médica. Ahora los republicanos han quedado en una situación difícil, están avergonzados, y eso me dice que, en ese aspecto, están a la defensiva”.

Sanders pone otro ejemplo aún más evidente. Durante las últimas semanas, los líderes republicanos que organizan reuniones en sus circunscripciones por todo el país han sido abordados por manifestantes enfurecidos, con pancartas en oposición a la derogación del Obamacare. En algunos casos ha tenido que intervenir la policía. Tras los airados encuentros, los líderes conservadores exigieron más seguridad para esas reuniones.

Para Sanders, el significado es claro: “Cuando los republicanos literalmente tienen miedo de asistir a reuniones públicas, algunos argumentan: ‘¡Ay, Dios mío, tenemos miedo por cuestiones de seguridad!’, siento que es porque saben que los estadounidenses están preparados para luchar”.

Esa es la característica clásica de Bernie Sanders: levantarse y luchar. Y eso nos lleva de nuevo al dilema original: cómo responder a la amenaza autoritaria de Trump. ¿Qué consejo daría Sanders a los jóvenes veinteañeros que tienen miedo y sienten que su país está contra ellos? ¿Qué deberían hacer?

“Esto es lo que deberían hacer”, dice Sanders, encendiendo su llama interior. “Reflexionar profundamente acerca de la historia de este país, entender sin ninguna duda que estos son tiempos muy difíciles y aterradores. Pero también entender que en tiempos de crisis lo que ha pasado una y otra vez es que la gente se ha levantado y ha luchado. Perder la esperanza no es una opción”.

 

 

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Tratamiento de dictadura militar a un conflicto laboral obstaculiza la construcción de la paz

Según lo reseñó esta semana la Agencia de Información de la ENS, Ecopetrol y el Estado colombiano vienen dando un duro tratamiento al conflicto laboral originado en la grotesca política de precarización laboral en esta empresa estatal, consistente en la reducción del 50% del salario de los trabajadores tercerizados de apoyo logístico, como vigilantes, aseadores, personal de cafeterías, entre otros, a quienes además se les ha despojado del derecho a los servicios de transporte y alimentación, y les han eliminado garantías de estabilidad laboral.

Lo triste de esta historia es que quienes vienen siendo maltratados por esta política laboral de Ecopetrol, y por la fuerza pública, son los trabajadores de más bajo rango en la estructura de la empresa, es decir, los que menos ganan. Y es más deprimente aún que el escenario de la desigual confrontación sea Reficar, la refinaría de Cartagena, proyecto de Ecopetrol que ha ganado resonancia nacional por los sobrecostos en su ejecución, que según la Contraloría supera los 2.000 millones de dólares (unos 7 billones de pesos). Aunque en una versión anterior los cálculos superaban los 4.000 millones de dólares.

El ingreso promedio de estos trabajadores, que era de unos dos salarios mínimos, se redujo a un salario mínimo, esto en un contexto macro-económico de contracción en los salarios, rezagados frente a la espiral inflacionaria, y de una reforma tributaria profundamente regresiva.

En Reficar hay unos 400 trabajadores afectados por esa política “neonzi” de Ecopetrol, con la que ésta se ahorraría este año unos $3.600 millones. Mientras que los $7 o $14 billones que saquearon de la empresa aún no se recuperan, y ni uno solo de los responsables del saqueo se encuentra tras las rejas. Un saqueo en el que están comprometidos altos funcionarios de Ecopetrol y de los gobiernos de Uribe y Santos, que actuaron en contubernio con empresas del sector privado como Andamios Anderson de Colombia, Aseo Urbano de la Costa, transportes Calderón S.A, y la firma estadounidense CB&I, encargada de la construcción de la obra.

Dos salarios mínimos en Colombia equivalen aproximadamente al costo de la canasta mínima vital para una familia de ingresos bajos, por lo que la contracción salarial del personal de logística en Reficar significa que de ahora en adelante solo podrán acceder a la mitad de la misma, con todo lo que esto significa para una familia pobre.

La encuesta de la firma Invamer Gallup, dada a conocer el 2 de marzo, deja entrever que para los colombianos los dos problemas que más preocupan son precisamente la corrupción y la pérdida del poder adquisitivo de los salarios.

Difícilmente se podrá construir una paz estable y duradera si la implementación de los acuerdos del fin del conflicto armado suscrito con las FARC, y el que se suscriba con el ELN, no se fundamenta en una política pública de trabajo decente que restablezca la importancia social que el trabajo tuvo en el pasado.

Trabajo Decente es una vieja idea que ha acompañado al sindicalismo desde el origen de los tiempos, y que OIT se plantea como el nuevo reto, inicialmente para los Estados miembros. Según OIT, el Trabajo Decente “resume las aspiraciones de las personas en su vida laboral, aspiraciones en relación a oportunidades e ingresos; derechos, voz y reconocimiento; estabilidad familiar y desarrollo personal; justicia e igualdad de género. Las diversas dimensiones del trabajo decente son pilares de la paz en las comunidades y en la sociedad”

De acuerdo con esta definición, podemos concluir que la paz se construye con empleo y una política salarial (ingresos) que cierre la brecha inicialmente entre salario mínimo legal y salario mínimo vital, y de manera progresiva se siga mejorando el poder adquisitivo para garantizar el desarrollo de las familias y las personas como tránsito hacia una Paz con Justicia Social.

Lo que se ve entonces es que el Gobierno Santos y Ecopetrol van en contravía de los compromisos internacionales adquiridos en OIT, que a través de sus normas ha construido un estándar mínimo de condiciones laborales para la construcción de una sociedad más justa e inclusiva.

No es con leyes arbitrarias y con violencia estatal contra las expresiones democráticas de movilización y protesta de los trabajadores como se construye la paz. Esta se construye creando nuevas oportunidades laborales, con ingresos que tengan poder adquisitivo que garanticen el mínimo vital; con un sistema de seguridad social con enfoque de derechos y no de negocio, como la Ley 100 de 1993; con garantías para el ejercicio de las libertades sindicales y dialogo social, no con garrote ni culatazos, ni penalización de la protesta.

¿Son los convenios de OIT y el reto estratégico de Trabajo Decente los referentes de la política laboral del presidente Santos y Ecopetrol? ¿O lo serán acaso los campos de concentración de la Alemania Nazi?

Toda nuestra solidaridad y respaldo a la Unión Sindical Obrera en esta nueva batalla que adelantan en defensa de los 7.000 trabajadores más precarizados por parte de la estatal petrolera Ecopetrol.

Fecha: Marzo 6 de 2017

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Miércoles, 15 Febrero 2017 06:10

¿Y las deportaciones que realiza México?

¿Y las deportaciones que realiza México?

Las recientes redadas de indocumentados en Estados Unidos han despertado el interés de medios de comunicación, pero no porque les importen los derechos humanos de los indocumentados ni la denuncia del abuso, lo hacen porque es pan caliente y noticia fresca que se puede aprovechar para un sinfín de objetivos. Pero este aprovechamiento no viene solamente de medios de comunicación, también se apuntan urgentes: artistas, cineastas, poetas, comunicadores sociales, líderes comunitarios y abogados especializados en inmigración, ¿finalidad?, sacar la mejor tajada del pellejo reventado del indocumentado.

Porque si los indocumentados latinoamericanos importaran en realidad, se pondría mayor interés en las deportaciones que realiza México, en su mayoría centroamericanos pero también caribeños y africanos. ¿Porqué el silencio ante esto? ¿Por qué el silencio ante la política migratoria de República Dominicana con inmigrantes haitianos?

Salgámonos momentáneamente de Estados Unidos y veamos al sur de la frontera del río Bravo, ¿con qué nos encontramos? Desapariciones forzadas, violaciones sexuales, torturas, tráfico de personas con finalidad de explotación sexual, laboral y tráfico de órganos; un genocidio de migrantes. ¿Cómo trata Centroamérica a los migrantes indocumentados de otros países, acaso no realizan también deportaciones?

Las redadas en Estados Unidos son pan de todos los días, ¿quiénes las denuncian, qué medio internacional está atento y le da seguimiento? Lo que está pasando con el gobierno de Trump no es nada nuevo, Obama deportó cerca de 3 millones de indocumentados. Cuando Obama recién se convirtió en presidente se hicieron redadas en estaciones de tren, de autobús, en restaurantes, discotecas, fábricas, de la misma forma como lo está haciendo hoy la administración de Trump.

Y así sucedió durante toda su presidencia lo que pasó es que los medios de comunicación no lo publicaron. Al igual que pasados unos meses dejarán de publicar las deportaciones masivas que eventualmente realizará el gobierno de Trump, ¿por qué? Porque llega un momento en que al paria ya no se le pude sacar provecho, entonces se deshecha.

Con el gobierno de Obama en acuerdo con los gobiernos de Felipe Calderón y Peña Nieto se incrementaron los abusos hacia los migrantes en tránsito, abusos que realizan las autoridades gubernamentales y policiacas, mafias que están dentro de las autoridades migratorias del país. Lo de México es un genocidio incomparable con las deportaciones de Estados Unidos. ¿En dónde está la denuncia mundial? No hay mayor ingratitud que la realiza República Dominica con sus hermanos haitianos. ¿Con qué moral le cuestionan a Estados Unidos su preceder con los indocumentados? Por supuesto que es denunciable, es injusta la deportación pero así como ponen a Estados Unidos en el ojo del huracán hay que denunciar lo que realizan países latinoamericanos con sus propios hermanos.

El trato que da Argentina a sus hermanos uruguayos y bolivianos. La discriminación que están sufriendo haitianos y colombianos que están migrando hacia Chile y todo por su etnia y su color de piel.

Llegar a Estados Unidos de forma indocumentada es un triunfo ante la adversidad, y no porque exista un sueño americano, sino por lo que representa ser migrante en tránsito en países que tratan a sus hermanos como escoria; porque la verdadera tragedia se vive cuando se migra entre las venas de una Latinoamérica transgredida por la corrupción, el descaro y el oprobio.

Por un segundo saquemos a Estados Unidos de nuestro radar y veamos el mapa completo, la peor tragedia para un indocumentado en Estados Unidos no es la deportación, no es que lo saquen de este país, porque al final aquí también es paria; es tener que regresar a una tierra que lo golpeó, lo humilló y lo obligó a migrar por un camino de le dejará heridas abiertas para el resto de su vida.

Preguntémonos entonces con la misma cólera (o doble moral) con la que cuestionamos a Estados Unidos por las deportaciones, ¿qué están haciendo los países de origen para que sus ciudadanos no emigren de forma forzada? ¿Qué están haciendo para recibir con oportunidades de desarrollo a los que van deportados?

De sobra sabemos las respuestas. Cada vez que vayamos a cuestionar el proceder de otros primero veamos el nuestro. Como latinoamericana siento una decepción y una tristeza enorme por lo inhumano de los países nuestros que humillan hasta dejar en carne viva a nuestros hermanos.

Al final no somos mejores que Estados Unidos.

Audio : https://cronicasdeunainquilina.files.wordpress.com/2017/02/c2bfy-
las-deportaciones-que-realiza-mc3a9xico1.m4a

Blog de la autora :https://cronicasdeunainquilina.com/2017/02/14/y-las-
deportaciones-que-realiza-mexico/

Ilka Oliva Corado @ilkaolivacorado Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

14 de febrero de 2017, Estados Unidos.

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La salud en Bogotá, durante el primer año de gobierno de Peñalosa

El sector salud fue uno de los más dinámicos en términos de reformas y cambios durante el 2016, primer año de la administración Peñalosa. En efecto, la declaratoria de la emergencia sanitaria y la aprobación del acuerdo 641 de iniciativa gubernamental por parte del Concejo, le permitió a la Secretaría de Salud iniciar una reorganización del componente público de la institucionalidad sanitaria de la ciudad, cuyos principales hitos fueron la fusión de los 22 hospitales en 4 redes y la creación de una entidad asesora para el proceso de contratación. Los objetivos planteados fueron: buscar mayores niveles de eficiencia, eficacia, transparencia, alineación con el modelo de salud del gobierno nacional.

 

La declaratoria de emergencia en el primer trimestre buscaba disminuir los niveles de congestión en los servicios de urgencias de la ciudad, hecho que según los testimonios de las comunidades, visitas e informes de la Personería y reportes de los medios de comunicación no fue efectiva ni en la red pública ni en la privada. Al parecer, los planes al amparo de dicha emergencia no avanzaron más allá de medidas educativas sobre el uso de las urgencias y ajustes en su funcionamiento, acciones que no corresponden a lo que debe actuarse en este tipo de declaratorias, de ahí que en la actualidad cursen varias demandas por la pertinencia, la proporcionalidad y la consistencia de la medida.

 

En relación con los componentes del acuerdo 641, la ciudad fue sorprendida pues tal reforma no fue parte del Plan de Gobierno; la celeridad de su aprobación en el primer trimestre de 2016 no permitió el debate, y su implementación progresa de manera traumática e improvisada. En su implementación, lo primero que se aprobó y puso en marcha desde abril fue la fusión de los 22 hospitales públicos en 4 redes, sin los estudios técnicos, financieros y jurídicos necesarios, con lo cual no hay certidumbre sobre cuáles fueron realmente las motivaciones, la línea de base, los escenarios posibles y, sobre todo, las metas por alcanzar.

 

La percepción de la ciudadanía y denuncias de sindicatos, trabajadores, medios de comunicación, congresistas y concejales, ha sido la de recorte en los servicios y el surgimiento de nuevas barreras de acceso, así como poca claridad sobre la direccionalidad de la medida, y gran malestar por la baja participación social en el proceso. En este punto, ha generado gran desconcierto el cierre progresivo de los Camis que eran de 24 horas, para convertirse en los Centros de Atención Prioritaria –Caps– de apenas 10 horas de atención, y según denuncias recientes la expectativa sobre atención especializada y descongestión de urgencias no se ha cumplido.

 

De manera complementaria, al final del año, fue creada la entidad asesora para los procesos no misionales de la red pública, de naturaleza mixta, que tendrá funciones vinculantes en los procesos de contratación, tanto de personal como de insumos, equipos, medicamentos, etcétera. Existe incertidumbre sobre los alcances y reglas de juego de esta entidad, máxime cuando los volúmenes de contratación anual alcanzarían los dos billones de pesos.

 

Estos cambios han ocurrido en un clima de alta descalificación por la gestión de las administraciones de izquierda de los pasados 12 años, y en medio de un desmonte radical de los programas de salud pública de la Bogotá Humana, como el de Territorios Saludables –con la terminación de más de 7.000 contratos de personal–, la eliminación de los 17 Centros de Atención Móvil a Drogadicción, el cierre de los 4 servicios amigables con la salud sexual y reproductiva de las mujeres, y la disminución en la cobertura de la vigilancia en salud pública de la ciudad, entre otras medidas.

 

En materia de indicadores de salud pública, está pendiente contar con las cifras consolidadas para el año 2016, pero se observa con preocupación la elevación en las tasas de mortalidad infantil por infección respiratoria.

 

El cambio de modelo que se viene operando tiene, en general, las características de una ruta hacia la privatización total de la salud en la ciudad, considerando que ya casi el 75 por ciento de la misma es manejada por actores privados. La conformación de la entidad logística, y del instituto de biotecnología como entidades mixtas y el inicio de la estructuración de las APP para la construcción de infraestructura, marcan con claridad una concepción corporativista para el manejo de la salud, que para el caso colombiano no cuenta con evidencia favorable y, al contrario, expone la salud de los más pobres a los intereses de rentabilidad de los actores privados.

 

* Médico salubrista.

Publicado enEdición Nº231
La revolución, a un siglo de la Revolución de Octubre

Mentar la tormenta se ha vuelto casi rutinario. Hasta el presidente chino, Xi Jinping, abrió el Foro Económico Mundial de Davos diciendo que en el mundo hay una tormenta aunque, agregó, también hay luz. Es muy probable que Xi se refiriera al mundo empresarial que lo cobijó con una ovación, ya que es el tipo de alianzas que corteja la dirección de la potencia emergente.


Lo cierto es que ya pocos dudan que atravesamos una situación caótica, aunque el capital financiero y buena parte de los políticos progresistas se empeñan en atribuirla a Donald Trump, que es apenas el emergente y no la causa de los problemas actuales. La tormenta está mostrando que la capacidad de comprensión en medio de la borrasca se vuelve cada vez menor. Incluyendo a quien firma estas líneas, obviamente.


Consuelo de poco valor es que las clases dominantes sufren también dosis importantes de desconcierto, algo que se puede palpar en la profunda división entre los de arriba, empezando por la superpotencia, donde no atinan a consensuar si el enemigo principal es Rusia o China, para poner apenas un ejemplo.


Cuando las urgencias son tantas y apenas podemos responder las más apremiantes, intentando no desviarnos del camino emancipatorio, se vuelve necesario buscar signos que nos ayuden a no perder la brújula. A un siglo de la primera revolución socialista victoriosa, propongo sacar algunas conclusiones con la mirada puesta en la tormenta que nos empieza a sacudir.
Primero, constatar que es posible derrotar a las clases dominantes. Así se hizo en casi medio mundo, desde Rusia y China hasta Cuba, Argelia y Vietnam. Derrota que pasa inexorablemente por arrebatarles el poder político y recuperar los medios de producción y de cambio (tierras, fábricas y bancos, entre los más importantes) para que sean gestionados directamente por los trabajadores.


Segundo, es muy difícil construir una sociedad de nuevo tipo, mucho más que derrotar al enemigo, como se constata en cada uno de los procesos mencionados. La impresión es que las fuerzas revolucionarias no han sacado las conclusiones necesarias del fracaso en la construcción del mundo nuevo, que debería pasar por un serio balance del estalinismo, en sus diversas variantes nacionales, del maoísmo y de los procesos de liberación nacional. Si en el primer punto puede haber acuerdos más o menos generales, en el segundo la divergencia de análisis es lo más frecuente.


Tercero, la derrota de las clases dominantes fue posible, en todos los casos, por el despliegue de guerras interestatales o por guerras de liberación nacional, o por una combinación entre ambas, como en China. En cualquier caso, al ser las revoluciones hijas de las guerras, el triunfo rebelde implica que el poder resultante está asentado sobre el predominio de hombres armados, quienes se encuentran al frente de las fuerzas revolucionarias y a la vez del aparato estatal. Esta disposición de fuerzas, como destacó hace tres décadas el español Eugenio del Río, es un obstáculo para avanzar hacia una sociedad de nuevo tipo, donde el poder esté en manos de los campesinos y los trabajadores.


Cuarto, las intenciones de Lenin –claramente reflejadas en sus escritos y en el libro de John Reed Diez días que estremecieron al mundo– consistían en que el Partido Bolchevique derribara al gobierno provisional para entregar el poder a los soviets, que fueron la creación más notable de los soldados, campesinos y obreros rusos, nacidos durante la revolución de 1905 y renovados y ampliados desde febrero de 1917.


En este punto conviene hacer algunas precisiones. ¿Por qué el poder de los soviets, que funcionó realmente en 1917, fue erosionado y anulado en aras del poder de una nueva camada de dirigentes aferrados al Estado? Hay análisis de diverso tipo, algunos muy convincentes. ¿Por qué el poder de las comunas chinas fue erosionado y anulado pese a los intentos para remover a una nueva burguesía que se había adueñado del Estado? ¿Por qué los organismos de poder popular en Cuba fueron erosionados y anulados por el poder del partido y del Estado? En suma, ¿por qué el poder de abajo ha sido tan efímero?


Hay algo en común en todas las experiencias que, siguiendo el guion de la revolución rusa, debería ser motivo de reflexión. Las prácticas concretas para cambiar el mundo se hacen añicos en el espigón del poder estatal, esté en manos de una burocracia obrera (como señalaron Mandel y los trotskistas) o en manos de una nueva burguesía nacida al amparo del Estado (como analizaron Bettelheim y Mao). De paso, destacar el bajísimo nivel de los debates en los demás procesos, salvo en los primeros años de la revolución cubana, que les impide profundizar en las causas de los desvíos posrevolucionarios.


Es muy penoso comprobar que desde la década de 1960 no hemos tenido debates de la profundidad necesaria y, sobre todo, observar la escasa atención que merecen los movimientos que han sacado conclusiones de los crímenes cometidos en nombre del socialismo. En nuestro continente, los movimientos indígenas y feministas parecen los más valiosos a la hora de remover la lápida del estalinismo, presente en casi todos los procesos.


Más notable aún es comprobar cómo el zapatismo ha conseguido superar algunas de las más poderosas limitaciones de las revoluciones precedentes. Veintitrés años después del ¡Ya Basta!, las juntas de buen gobierno son las que toman las decisiones e imparten justicia, funcionando como verdaderos órganos de poder. En 1940 o en 1972, en la Unión Soviética y en la República Popular China se había consolidado un poder contrarevolucionario, a pesar de los intentos de la revolución cultural y de propio Mao por modificar el rumbo.


Más allá de las consideraciones de cada quien respecto a la revolución zapatista, debería ser tomada muy en serio, ya que ha conseguido ir más allá que las que le precedieron. Algo imposible de comprender leyendo los comunicados, ya que requiere convivir con las bases de apoyo.

Publicado enPolítica
Manuel Sutherland: “Se derrochó la renta petrolera y la crisis explotó”

"La política monetaria del Banco Central de Venezuela ha sido realmente negativa, muy nociva para la salud de la economía", afirma Manuel Sutherland, economista, director del Centro de Investigación y Formación Obrera, y articulista de medios internacionales, en entrevista con "La Razón"*. "En este 2016, se ha impreso dinero inorgánico de manera grosera, se ha triplicado con respecto a 2015, de manera innecesaria", agrega.


Sostiene, asimismo, que estas medidas no están frenando la caída de la economía y solo han inundado al mercado de papel moneda que solo ha contribuido a elevar los precios de los productos, bienes y servicios. "Es un dinero que no tiene respaldo, que no se corresponde con las necesidades de pago de la población, por tanto, es inflacionario", señala.
Una de las principales consecuencias es la destrucción del salario real, asegura. "Sin embargo, es algo que le sirve al Gobierno para justificar los incrementos de salarios nominales que no se ven reflejados en el poder adquisitivo. Son, simplemente, una ilusión monetaria para engañar a la gente humilde que ve como se deprime su poder adquisitivo. Estos incrementos, no obstante, son menores que el incremento en los precios que causan", explica.


"Hay un desastre, un caos monetario debido a estas políticas económicas que no se corresponden con la realidad concreta del país", destaca. "Aunque la actualización del cono monetario era necesaria, la misma se está realizando de manera apresurada, brusca, tosca y con niveles alarmantes de improvisación. Preocupan las dificultades absurdas e innecesarias que les hacen pasar a millones de venezolanos", señala.


Mafias reciclan el efectivo


¿Cómo impactará sobre la economía la renovación del cono monetario?


No habrá una consecuencia a nivel macro, salvo mayor facilidad y rapidez en las transacciones, y cierta normalidad con los cajeros automáticos. Sí me preocupa el desastre monetario en cuanto a la obligación de cambiar más de 6 mil millones de piezas de a cien bolívares en diez días, es un plazo corto, extremadamente forzado. La banca nacional, por lo general, está atestada de miles de personas durante la época navideña y con este cambio se está creando un caos monetario sumamente grande.


¿Esta medida acabará con las mafias que especulan con el dinero en efectivo?


No. La mayor parte de ese dinero es administrado por mafias armadas que reciclan rápidamente su dinero efectivo para hacer negocios. El cambio del cono monetario no impedirá que esto siga ocurriendo, por el contrario, podría facilitarlo porque permitiría simplificar las operaciones. Sin embargo, pienso que es exagerada la importancia que se le da a esa gente. Es estúpido creer que hay gente que atesora bolívares (billetes de 100 Bs.) cuando estos sufren la inflación más alta del planeta por cuarto año consecutivo.


¿El nuevo cono contribuye a solucionar los problemas que enfrenta la economía?


Es una decisión racional y necesaria, el problema es que ha llegado muy tarde y de manera muy improvisada; además, se ha aplicado de manera atropellada y ha habido poca información y detalles. Inclusive, el tiempo para el depósito y canje debe ser mucho mayor para que las personas tengan más facilidad tal y como se previó en el año 2008 con la reconversión monetaria, que resultó mejor organizada.


¿Esta medida impactará sobre el índice inflacionario?


Los nuevos billetes y monedas no incrementarán ni reducirán la inflación, no impactará en la fijación de precios, no mejorará la economía porque es simplemente un cambio nominal.


2017 Hiperinflacionario


¿Cómo evalúa la política monetaria del Gobierno?, ¿A cuáles sectores ha enriquecido?


La política monetaria del gobierno estimula el crecimiento de los niveles de precios, desafortunadamente, no se prevén medidas para recoger la liquidez del mercado, ni de venta en bonos en bolívares (u otras operaciones de mercado abierto para "enfriar" el ritmo inflacionario), por el contrario se ha disminuido el encaje legal. Por otra parte, las políticas para disminuir el gasto público no han sido suficientemente acertadas se han mantenido muchos presupuestos derrochadores aunque ahora tengan un poder adquisitivo mucho menor. La caída de los ingresos ha sido cubierta con una desorbitada impresión de dinero inorgánico. La base monetaria fue expandida en más de 90 mil por ciento entre el período de 1999-2016 (diciembre). Otra propuesta en la cual se ha afincado el Gobierno es el control de precios dirigido por la SUNDDE (Superintendencia Nacional de Precios Justos): esta ha fracasado de manera rotunda y drástica. La SUNDDE no ha tenido éxito en ningún momento y se ha convertido en un gran elefante blanco, significa un gran gasto para el Estado venezolano ya que se encarga de fiscalizar precios que suben y suben, sin ellos poder hacer nada. Ese organismo no tiene una herramienta real para disminuir los precios y, por el contrario, sus presiones suelen causar mayor escasez, es decir, empeora las cosas.


¿Hay signos en la economía que alertan que nos acercamos a la hiperinflación?


Hay quienes sostienen que se puede hablar de hiperinflación en Venezuela. Hay quienes aseguran que se puede hablar de hiperinflación cuando supera el 50 % mensual, es decir, más de 1.000 % anual. Es posible que este año estemos muy cerca de esos cuatro dígitos. Algunos calculan que la inflación podría ubicarse en 700 % uo 800 %. Si tomamos estos valores, podríamos decir que el año que viene podría ser hiperinflacionario. Debemos recordar que la inflación más alta que hemos tenido en nuestra historia, antes del año 2015 –cuando fue de 180 %-, fue aproximadamente 100 %, en 1994. En 2016 podría superar ocho veces la inflación más alta de nuestra historia previa. Es una subida tremenda de precios que ha destruido por completo el poder adquisitivo de los venezolanos. La principal consecuencia es que habrá menos posibilidad para producir, implica despidos, menor cantidad de ventas y significa el cierre de fuentes de empleos. El 2017 puede ser peor en este sentido, ya que los problemas económicas se han agudizado, y las malas decisiones económicas se han profundizado. Medidas de disciplina fiscal ortodoxas, que podrían ser urgentes para evitar una bancarrota estatal, pueden acarrear siderales aumentos en servicios públicos que los pueden convertir en impagables y atizar más la pobreza galopante que nos azota.


Manufactura cae drásticamente


¿Es necesario unificar el tipo de cambio para la divisa?


La unificación es una necesidad. Porque 10 bolívares por cada dólar es un tipo de cambio absurdo e irreal, solo ha traído corrupción, robo y fraude que ha enriquecido a mafias paraestatales y privadas. Ese dólar debería subir al menos a la cotización DICOM (660 bolívares) de manera obligatoria y comenzar a flotar de manera que el BCV pueda intervenir y desarrollar una política monetaria seria. A partir de allí el Gobierno podría comenzar a atraer los capitales extranjeros (como dice tratar de hacer) con una seria formalización del mercado de divisas, y entonces destruir a Dólar Today si, en efecto, se deja que el bolívar flote.


¿Ha aumentado el nivel de productividad del país o persiste la política de importación?


La producción en el área de la manufactura ha caído drásticamente. Los cálculos más moderados hablan de una caída del 30 % o 40 % (1997-2016), es difícil precisarlo por la falta de cifras oficiales. Esta caída tan marcada y severa ocurre en momentos cuando hay más tecnología y mayor desarrollo industrial a nivel mundial. La caída de la producción y la productividad impulsa la inflación, destruye los salarios y precariza el trabajo. Hay que hacer un gran plan de industrialización nacional y de inversiones que permitan rescatar del pozo donde se encuentra la economía venezolana.
La minería no sustituye al petróleo


¿Los Comité Locales de Abastecimiento y Producción y las políticas de agricultura urbana están elevando el abastecimiento de alimentos?


Los Clap son una pésima forma de distribuir alimentos, es atrasada, poco eficiente y eficaz. Son los alimentos que hace dos o tres años se conseguían con facilidad en los supermercados pero que ahora los envuelven en una bolsa que entregan cada 20, 30 o 40 días. Además, exigen muchas veces pago en efectivo, listas, censos, colas, es decir, es un mecanismo engorroso. Por su parte, la agricultura urbana es prácticamente un chiste, no es una política seria, no se desarrolla en ninguna parte, no tiene sentido práctico, representa un gasto administrativo que no permite impulsar la productividad.


¿Qué pasó con la inversión extranjera en Venezuela?, ¿por qué se ha detenido?


Mientras exista la Ley de Precios Justos y la Ley Contra los Ilícitos Cambiarios, es muy difícil que los inversionistas deseen colocar sus divisas en el país, ya que existe una fuerte incertidumbre en la forma de repatriación de los capitales previamente invertidos. Sin un mecanismo fluido de venta de divisas, no habrá inversiones importantes en la economía nacional. Si el Gobierno quiere que haya inversiones extranjeras no puede tener esa normas y leyes que dificultan de tal forma el comercio más sencillo. Obviamente, no creo que las inversiones extranjeras sean la panacea que nos vas a rescatar de la crisis, hay muchos que tienen esa ilusión lamentable.


¿Es favorable la decisión de la Opep de reducir la producción petrolera?, ¿hay una esperanza para el crudo venezolano?
Es positivo, sin embargo, insuficiente ante el ritmo de gastos del Gobierno. El Gobierno necesita que el barril supere los 100 dólares y es muy difícil que el barril se vuelva a ubicar a ese precio.


¿El Arco Minero acabará con el rentismo petrolero?


La renta petrolera es más útil para el desarrollo aguas abajo y la industrialización que la minería. Es una locura pensar que la minería podrá sustituir a la renta petrolera. El Arco Minero, es un ecocidio criminal, un acto de privatización grotesco, de un territorio del tamaño de Cuba entera, y en el mejor de los casos puede generar hasta 8 mil millones de dólares anuales y eso equivale al 10 % de las exportaciones petroleras durante un buen año (ej. 2008, 2011). Los daños ecológicos que ahí se causarán serán 100 veces más costosos que lo que se pueda obtener de ahí. La destrucción de bosques y reservas de agua dulce causará terribles estragos y dejará un dinero que no servirá para cubrir ese daño.


¿Quién hace la guerra económica?


La "guerra económica" es una teoría disparatada, propia de personas que aseguran que el Banco de la República de Colombia secuestró la mitad de todo el efectivo de Venezuela en sus bóvedas y que luego las envió a Suiza, Ucrania, Alemania etc. Aquí lo que ha habido es un derroche doloroso de la renta petrolera. Si se hubiera ahorrado el 10 % de las exportaciones tuviéramos 90 mil millones de dólares en reservas internacionales, de ahorrar el 20 % tuviéramos 180 mil millones de dólares en reservas, 7 años de importaciones -no fraudulentas- garantizadas sin problemas.


Para evitar seguir cavando el foso de la miseria extrema es urgente plantear una moratoria en el pago de la deuda externa, no podemos pagar más deudas mientras la gente se muere de hambre, inanición o por falta de medicinas que cuestan menos de dos dólares. Otros gobiernos como Rusia, Argentina y Ecuador han tenido renegociaciones de deuda exitosas... es vital hacerlo. Igualmente el gobierno tiene que entender que el socialismo se construye desarrollando fuerzas productivas, es decir, aplicando la ciencia y tecnología más avanzadas a la producción. Lamentablemente insiste en financiar a la pequeña-burguesía, a la propiedad mercantil comunitaria y a la gran burguesía que ha sido corresponsable de fugar alrededor de 500 mil millones de dólares en algo más de un decenio. Desgraciadamente el gobierno no tiene confianza en emprender grandes proyectos productivos dirigidos por la clase obrera de manera democrática, abierta y transparente. Se podrían hacer muchas cosas, pero el gobierno insiste en escuchar sólo a "economistas" e ideólogos que lo alaban y con fervor acrítico aplauden cualquier medida estatal, de derecha o izquierda. Con esa receta se llegó hasta acá, y no se saldrá de acá.

18 de enero de 2017.-

Por: La Razón / Carlos Díaz | Miércoles, 18/01/2017 08:06 PM |

* Entrevista publicada el 19 de diciembre de 2016.
** Esta versión fue ligeramente ampliada en algunos puntos por el entrevistado, en aras de la didáctica.

Publicado enEconomía
“Fallas en El Dorado son punta del iceberg de un problema que viene de tiempo atrás”, dicen sindicatos de controladores

El pasado sábado, y este lunes en la madrugada, se registraron sendas emergencias en el aeropuerto El Dorado, de Bogotá, producto de fallas técnicas. Durante casi una hora los controladores del terminal aéreo no dispusieron de las ayudas de detección de radar, y por un momento perdieron la comunicación con las aeronaves que pretendían aterrizar.

Aunque estas fallas no generaron situación de peligro para los aviones o las aerolíneas, debido a que los controladores y empleados recurrieron a su pericia y a los protocolos establecidos en los manuales, son hechos preocupantes para la seguridad aeronáutica en el principal aeropuerto del país. Por tal razón fueron denunciados por las dos organizaciones de controladores que operan en esta terminal.


Daniel Rangel Palomino, presidente del Sindicato de Controladores Aéreos, llamó la atención sobre las reiteradas fallas que en el mismo sentido se han presentado en el centro de operaciones de El Dorado, e incluso se refirió a la posibilidad de que el “apagón” fuera producto de un error premeditado, o de sabotaje, algo que es materia de investigación por parte de las autoridades de la Aerocivil.


La Agencia de Información también indagó sobre la situación con Carlos Ferney Llano, presidente de la Asociación Colombiana de Controladores de Tránsito Aéreo, agremiación sindical con 40 años de existencia que hoy representa a 450 trabajadores, o sea cerca del 70% del área de control aeronáutico.


El señor Llano denunció que las fallas presentadas el sábado y este lunes en El Dorado no son más que la punta del iceberg de un problema que de tiempo atrás vienen afectando la infraestructura que soporta el tráfico aéreo. “Solo en este mes de diciembre ha habido por lo menos 4 fallas graves en el sistema, una de ellas el 8 de diciembre”, señaló.


Según el dirigente sindical, estas fallas se deben a la mala planificación de la compra de los equipos y de las estrategias de funcionamiento de la Aerocivil. Indicó que muchos de los equipos que soportan el tránsito aéreo son obsoletos y presentan desgaste; y que las inversiones que se han hecho en modernización no han sido mayormente efectivas. “Esta situación es inaceptables desde todo punto de vista, no debe ocurrir en ningún aeropuerto, y menos en uno de la categoría de El Dorado”, agregó.


Reveló que desde hace 5 años el sindicato, mediante cartas a la dirección de la Aerocivil y comunicados públicos, viene advirtiendo sobre estas fallas, que son reiteradas, no solo en El Dorado sino en otros aeropuertos del país. Recordó que hace un mes el sindicato pagó un aviso en el diario El Tiempo denunciando la situación.


Sobrecarga laboral


Para el dirigente sindical, las fallas reiteradas en los instrumentos y equipos de control representan un factor de mucha tensión emocional para los trabajadores controladores, que tienen que encarar las emergencias a punta de pericia e indicaciones manuales, las cuales pueden ser la solución en condiciones normales, pero no garantizan seguridad frente a emergencia que puedan tener las aeronaves. Ese es un riesgo mayor.


Y a eso se suma otro gran problema, este sí de orden laboral: la sobrecarga de horas en la jornada de los controladores, debido a que su número no es suficiente para atender todos los requerimientos de la aeronavegación en el país.


Según Carlos Ferney Llano, la actividad de control aeroportuario en condiciones de trabajo decente y jornadas laborales normales, en todo el país requiere de unos mil trabajadores, pero solo hay 639, por lo que se ven obligados a extender sus jornadas laborales. Informó que en el próximo mes de enero se espera ingresen 24 nuevos controladores, según lo ha prometido la Aeronáutica Civil.


Indicó que precisamente una de los puntos que el sindicato ha incluido en los últimos pliegos petitorios que ha negociado con la Aerocivil, es que se establezca cuál es la capacidad del espacio aéreo, o sea la cantidad de aviones que pueden estar en un espacio determinado, que sería un parámetro clave de seguridad y de referencia para el trabajo de los controladores. Pero la Aerocivil no lo ha definido, señaló el señor Llanos.

 

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Allan Bolívar

Publicado enColombia
Sábado, 17 Diciembre 2016 07:03

Un cuarto de siglo

Un cuarto de siglo

Hace 25 años se disolvió la Unión Soviética y surgió –en el espacio postsoviético– un conglomerado heterogéneo de 15 países que comparten, más allá de sus peculiares formas de hacer política interna, un solo rasgo: el capitalismo, donde una minoría de privilegiados detenta una riqueza insultante y la mayoría sobrevive con severas penurias, igual que sucede en México.


Herido de muerte el sistema socialista, sentenciado a desaparecer el partido comunista como fuerza rectora de la sociedad, agotada la economía por la carrera armamentista y los 10 años de guerra en Afganistán, los historiadores no terminan de ponerse de acuerdo en cuál fue el detonante de la desintegración de la Unión Soviética.


Coinciden en que, sin minimizar la importancia de cada episodio por separado, el fin se debió a una vertiginosa concatenación de factores, cuyos impulsores al principio no se plantearon como meta acabar con la Unión Soviética y señalan que, a partir del fallido putsch de agosto de 1991, ya no hubo posibilidad de dar marcha atrás: la gente se pronunció por el cambio, aunque se sabía que era necesario destruir no había una idea clara de qué construir a cambio.


Se llegó a ese punto cuando el experimento reformista de Mijail Gorbachov –tras seis años de intentar revivir el socialismo soviético con su perestroika (restructuración) y glasnost (apertura)– ocasionó un cisma en la dirigencia del partido comunista que forzó al sector conservador a dar un golpe de Estado, que apenas duró tres días por el amplio rechazo social y de una parte del ejército.


Continuó tambaleándose el sistema por la enconada lucha por el poder entre Gorbachov y Boris Yeltsin, el presidente de Rusia, lo que condujo a las tres repúblicas eslavas a reunirse para proclamar de último momento la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), ante la separación irreversible de las tres bálticas y la cautela de las centroasiáticas que prefirieron no acudir a la cita y esperar la evolución de las cosas, negándose a suscribir el nuevo pacto federal propuesto por el aún líder soviético.


La navidad de 1991, después de que el 21 de diciembre todas las repúblicas soviéticas, salvo las bálticas y Georgia, firmaron en la capital de Kazajstán el Protocolo de Alma-Ata que apostó por la CEI como imprecisa formación estatal, Gorbachov dimitió y la bandera roja, con la hoz y el martillo, fue izada del Kremlin.


Al día siguiente, el 26 de diciembre, el Soviet Supremo se autodisolvió y comenzó el reconocimiento internacional de los países surgidos de las ruinas que dejó la Unión Soviética.


Un cuarto de siglo más tarde se acumulan los rasgos nefastos del capitalismo postsoviético –una CEI que no es sino un membrete, pueblos hermanos enfrentados, riquezas naturales saqueadas a la sombra del poder, regímenes autoritarios o clanes gobernantes, etcétera– y existe una sola certeza: fracasó el modelo soviético de socialismo, nunca el anhelo de la humanidad por lograr una vida más justa y digna.

 

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