Lunes, 04 Abril 2016 07:40

Lo posible

Bernie y Jane Sanders fueron recibidos por el artista René Pérez.

¿Qué? ¿18 mil en el sur del Bronx? Estoy empezando a pensar por primera vez que es posible, tal vez no probable, pero sí posible que Bernie lo logre, me cuenta un estratega sindical nacional en Washington, veterano de incontables luchas y de muchas derrotas contra una cúpula política y económica bipartidista que le dejaron a él, y millones más, un profundo escepticismo de que algo de verdad pueda cambiar en este país.

 

Bernie Sanders vino al sur del Bronx, uno de los rincones más pobres del país, a ofrecer su invitación a lo que llama una revolución política, a declarar que ya basta (enough is enough) y a enviar el mensaje de que la clase multimillonaria no debe, y no puede tenerlo todo.

 

Ahí lo presentaron la actriz Rosario Dawson, el cineasta Spike Lee y Residente, de Calle 13; cada uno ofreció razones por las cuales él es el único político que representa un cambio real tanto dentro como fuera de Estados Unidos. Residente subrayó que votar por él es votar por un cambio de la relación estadunidense con Puerto Rico y con toda América Latina, para poner fin a las intervenciones, el apoyo a las dictaduras, y a nombre de los que luchan y lucharon por un cambio, y destacó que votar por Clinton y su amigo Kissinger es insultar la memoria de los miles de muertos, desaparecidos y torturados en toda América Latina por las políticas impulsadas por ese señor.

 

Con marcado acento de Brooklyn, donde nació de un padre inmigrante polaco judío que llegó sin un centavo a este país a los 17 años, Sanders condena la avaricia de Wall Street, la corrupción del sistema electoral y político, y el robo del futuro de los jóvenes y los trabajadores de este país. Para tener una idea del contenido y el sabor de este acto, consultar.

 

En gran medida, lo que ofrece Sanders es poner fin a lo que han sido casi cuatro décadas de políticas neoliberales aplicadas por ambos partidos dentro del país más poderoso del mundo.


Y su mensaje ha hecho temblar a la aristocracia estadunidense, incluida su contrincante Hillary Clinton, la reina del Partido Demócrata, y ha resucitado el eco de largas luchas por la igualdad, por los derechos civiles, por los derechos de los trabajadores y los inmigrantes.

 

Tal vez lo más notable es que un político veterano de 74 años –el más viejo de todos los precandidatos– se ha vuelto la voz de los jóvenes en esta elección. Muchos señalan que el mensaje de Clinton es que ella es la de mayor experiencia para lograr los cambios dentro del sistema político, pero que ellos desean un cambio del sistema político y por eso están con Sanders.

 

Ha sido descartado –por los medios, por los expertos, por las cúpulas– como opción real desde que lanzó su campaña el año pasado. Eso persiste, y cada semana la narrativa oficial es que no podrá superar la ventaja en delegados, apoyo institucional y dinero de la que goza Hillary Clinton. Pero una y otra vez sorprende a su contrincante, a la cúpula del partido, a los grandes medios y a los que se proclaman expertos.

 

Orgullosamente ha rechazado establecer los Comités de Acción Política (PAC) mediante los cuales todos los candidatos canalizan donaciones de sectores de las cúpulas para sus campañas, y sin ningún respaldo de multimillonarios y empresas o de fortunas personales, Sanders optó por invitar sólo contribuciones de la gente. Con ello, el mes pasado recaudó 44 millones de dólares. Desde que arrancó su campaña ha recibido más de 6 millones en contribuciones individuales directas a la campaña, de más de 2 millones de personas, cada una de un promedio de 27 dólares en contribuciones directas. Es un récord histórico.

 

El margen de ventaja de Clinton aún es muy amplio, pero los expertos han tenido que admitir que la campaña de Sanders está lejos de ser derrotada y tiene suficientes fondos para mantenerse hasta la convención nacional del partido en julio.

 

Después del desencanto con Obama (quien había despertado algunas de las mismas expectativas que Sanders), después de la anulación de millones de futuros por la crisis económica más salvaje y brutal desde la gran depresión, después de años de vivir con las políticas del temor y la guerra posterior al 11-S, surgieron nuevas expresiones sociales que condenaban la extrema desigualdad económica, la devastación ecológica y las políticas de control y represión. Fueron los primeros llamados de algo nuevo que se salió de los canales establecidos para gritar un gran ya basta contra el establishment político, entre ellos Ocupa Wall Street en 2011, y Black Lives Matter en 2013. Una parte de ambos desemboca en la campaña de Sanders.

 

Mientras tanto, sigue sorprendiendo, y mucho, que no sólo millones ya no le temen a la palabra socialista en este país que se distinguió como enemigo de todo lo rojo, sino que se identifican de alguna manera con ese concepto.


Tal vez lo más curioso es cuando uno se topa con aquellos que se consideran progresistas tanto dentro como fuera de este país y reconocen con agrado, pero a la vez descartan, el fenómeno Sanders. Mientras sus opositores en el poder se preocupan, y mucho, partes de lo que deberían ser sus aliados sospechan de sí mismos, como que, ya cansados y hartos de desilusiones, no se atreven a creer que se pueda romper el monopolio político, económico y hasta social de las cúpulas. Más fácil fascinarse con la derecha, con el enemigo, en este caso tan exquisitamente representado por alguien como Donald Trump. Tanto aquí como en México y otros países se sabe, se opina, se comenta mucho más sobre Trump que de alguien que se atreve a proclamarse socialista democrático, y que tiene mucho más apoyo real, en números absolutos, que Trump en este país.


Lo más sorprendente de esta elección no es Trump, ni la derecha, sino la inesperada fuerza de una izquierda que se atreve a enfrentar al uno por ciento y sus títeres en Estados Unidos.

 

Que alguien, que algunos, que millones de repente se pregunten ¿será posible? ya es un milagro en este país.

 

 

Publicado enInternacional
Estado de la negociación colectiva en Colombia

Este 2016 se deberán negociar 270 convenciones colectivas de trabajo que terminan su período de vigencia en el sector privado, además de unas 300 que se negociará entre el Estado y los sindicatos del sector público a nivel territorial y en algunas entidades del Estado.

Es de recordar que la negociación colectiva de las condiciones de trabajo y empleo es parte del Diálogo Social que la OIT define como uno de los indicadores más claros para medir el grado de desarrollo y madurez de una democracia, en tanto indica cuál es la capacidad de la sociedad para resolver de modo civilizado e integrador sus conflictos, entre ellos los laborales, y el grado de legitimidad que tienen las políticas públicas en materia económica y social. La OIT ha señalado, que “las políticas formuladas por medio del diálogo social son más legítimas, porque los actores sociales participan en los procesos decisorios y sus puntos de vista se reflejan en los resultados. Al participar en la elaboración de estas políticas por medio del diálogo social, los actores sociales las acaban sintiendo como propias y las aceptan más fácilmente”.

En Colombia la cultura del Diálogo Social es todavía incipiente, como lo reflejan los altísimos niveles de violencia que aún tenemos y la exclusión social de una tercera parte de la población; violencia como expresión del desconocimiento de la legitimidad del “otro” y por tanto de su exclusión en los procesos de toma de decisión; exclusión social como expresión de políticas sociales y económicas que sólo consultan los intereses de los sectores que controlan el poder económico y político.

En el terreno de las relaciones laborales, la cultura del Diálogos Social se concreta en la existencia de 3.943 convenios y acuerdos colectivos de trabajo , entre ellos 608 en la administración pública, de los cuales se benefician cerca de 1´600.000 trabajadores. Si cruzamos estos datos con las empresas afiliadas al sistema de riesgos laborales y con el número de trabajadores dependientes (asalariados), la cobertura es apenas del 0.33% de las empresas y del 14.7% de los trabajadores, (o apenas el 7.1% si tomamos la población ocupada total).

Como se ve, se trata de una expresión de la cultura democrática de un país que en las relaciones laborales es prácticamente marginal, fenómeno que tiene una enorme incidencia en la calidad del empleo y en la distribución del ingreso.

Así que la negociación colectiva que se va a desarrollar este año le impone retos al país y al sindicalismo para que se desarrollen, amplíen y se fortalezcan procesos de negociación que signifiquen avances en la construcción de un país más democrático e incluyente, situando el Diálogo Social como la estrategia más efectiva para lograr estos objetivos; estrategia más necesaria aun cuando estamos ad portas de resolver uno de los conflictos armados más violentos, dolorosos y destructivos que nos ha tocado.

Cultura antisindical y restricciones a la libertad sindical

Nada más urgente que aprovechar esta coyuntura para acabar de una vez por todas con esa otra guerra que una buena parte de los empleadores de Colombia les han declarado a los sindicatos; empleadores que todavía consideran que los trabajadores no son sujetos de derechos, que una vez que son contratados dejan de ser ciudadanos y deben limitarse únicamente a cumplir órdenes.

Es lo que sucede en relación con los derechos de organización sindical y de negociación colectiva, ambos consagrados en nuestra constitución política, que son además parte de los tratados internacionales que el país ha firmado en materia de derechos humanos; los cuales permiten a los trabajadores tener voz propia y autonomía en las relaciones laborales, e incidir en la determinación de sus condiciones de trabajo y empleo, a fin de que éstas no sean definidas de manera unilateral por los empleadores, y para minimizar sus arbitrariedades en lo posible.

Crear un sindicato en Colombia y luego negociar un pliego de peticiones, son actividades que encuentran feroz oposición por parte de la mayoría de los empleadores, y que a cientos de trabajadores les cuesta su empleo todos los años. Es la razón que explica, entre otras, la baja tasa de sindicalización que tenemos.

No sólo la baja tasa de sindicalización existente en Colombia explica la escasa cobertura de la negociación colectiva. También la explican las restricciones legales que existen para negociaciones a un nivel distinto al de las empresas, un tema que recientemente fue advertido por la OCDE, pero que desde el sindicalismo lo hemos señalado desde siempre.

En efecto, con la excepción de la negociación marco nacional que se hace en el Estado entre el gobierno y las centrales y federaciones sindicales de los empleados públicos, con aplicación a todos los trabajadores del Estado, independiente de si están sindicalizados o no, y del acuerdo sectorial que igualmente negocia el Ministerio de Educación con FECODE y los sindicatos de los profesores de las universidades públicas , el cual también tiene aplicación sectorial, las demás negociaciones se aplican únicamente a nivel de empresa y sólo a los trabajadores implicados: a los sindicalizados, cuando el sindicato es minoritario, o a todos, cuando es mayoritario.

Esta restricción tiene un efecto perverso en los niveles salariales y en la distribución del ingreso, pues los trabajadores de las empresas con sindicatos fuertes y con negociación colectiva, tienen por lo general mejores salarios y prestaciones sociales, más estabilidad laboral y mejores condiciones de trabajo, beneficios que no tiene la mayoría de los trabajadores y trabajadoras del país que no están organizados sindicalmente.

Este fenómeno se ve, por ejemplo, en la cerca que está el salario mínimo ($644.350 en 2015) del ingreso medio de los colombianos asalariados ($670.194) una cercanía que es resultado de ausencia de procesos reales de negociación que le permita a los trabajadores incidir colectivamente en la determinación de las remuneraciones, incluyendo los incrementos salariales anuales. Como en la mayoría de empresas no existen sindicatos, o los éstos son minoritarios y carecen de capacidad de incidencia en las políticas de relaciones laborales, las empresas imponen unilateralmente los salarios y los incrementos salariales, imponiendo intereses de corto plazo con el resultado que indicamos.

Modernizar y racionalizar la gestión de los sindicatos

Esta restricción legal podría ser remediada, en parte, con un trabajo sindical más racional y sistemático. Por ejemplo: con el desarrollo de una estrategia de unificación de los sindicatos en grandes sindicatos de rama, que permita unificar a los trabajadores, articular sus procesos de negociación y promover negociaciones a nivel sectorial o de rama, para fijar en este nivel condiciones mínimas de trabajo y empleo, una iniciativa que en ningún sentido excluye la negociación por empresa sino que la complementa y la hace extensiva a todos los trabajadores de un mismo sector, independiente de si están o no organizados en sindicatos.

En Colombia la mayoría de los sindicatos son de empresa o de gremio, un hecho que desde la perspectiva de la patronal se ajusta al viejo precepto maquiavélico de “divide y reinarás”. Sin embargo, una estrategia como esta choca con la resistencia de muchas direcciones sindicales, que perciben que una mayor centralización de los sindicatos significaría para ellos pérdida de poder en sus respectivos ámbitos, y pérdida de control sobre recursos y patrimonios. Una alternativa a esta centralización es la que nos muestra FECODE, en la que los sindicatos gremiales regionales no desaparecen, pero están fuertemente integrados a la federación, transfiriéndole a ésta los recursos y el poder necesario para hacer eficaz la unidad sindical.

Por otra parte, es necesario que los sindicatos de industria funcionen efectivamente como tales, no como las débiles federaciones que en la práctica son, pues, como lo muestra cualquier análisis de su dinámica en la negociación colectiva, esta se asume en todos sus procesos como si se tratara de sindicatos de empresa. Por ejemplo: ninguno de los sindicatos de industria existentes cuenta con una estructura especializada que se ocupe de la negociación colectiva, que investigue los problemas y condiciones de trabajo en todas las empresas y en los diversos lugares de trabajo, temas que deberán ser el insumo principal en la elaboración de los pliegos; una estructura que apoye la negociación con estudios sectoriales y de las empresas que conforman el sector, y con las cuales se va a negociar; que estudie la estructura de costos sectorial y de cada una de las empresas, para determinar cuál es el impacto de los costos laborales; que impulse la coordinación de la presentación de los pliegos de peticiones; que promueva la afiliación sindical más allá de las empresas donde se cuenta con afiliados; que promueva la adopción de pliegos únicos sectoriales; y que desarrolle un fuerte estrategia de comunicaciones para visibilizar la problemáticas de los trabajadores, la razonabilidad de los pliegos y las posibilidades que tienen las empresas para resolver los problemas de los trabajadores.

Adicionalmente, es necesario que este tipo de sindicatos promueva una estructura organizativa que permita la representación sindical en los diversos lugares de trabajo, pues las actuales estructuras son muy verticales y demasiado centralizadas, por lo que corren el riesgo de perder el contacto y la comunicación permanente con las bases. Y éstas se ven abocadas a que sus problemáticas específicas no sean visibilizadas y reivindicadas de manera efectiva .

Esta coyuntura es la ocasión para que las centrales sindicales se decidan de manera efectiva a la construcción de una política para la negociación colectiva. La queja de los sindicatos es que en estos procesos las centrales no aparecen, o su aporte es muy marginal y coyuntural.

En este sentido, el reto de las centrales es el de desarrollar una política que fortalezca la capacidad negociadoras de los sindicatos: primero, con el desarrollo de procesos de formación en negociación colectiva, un contenido que debería figurar de manera permanente en la agenda de educación de los sindicatos; segundo, disponiendo de estructuras especializadas para acompañar todo el proceso de la negociación colectiva a nivel nacional, desde su preparación, para eliminar la improvisación y falta de rigor que caracteriza mucha de la cultura de la negociación por parte de los sindicatos, pasando por las orientaciones generales que se relacionan con la coyuntura macroeconómica y con las problemáticas más relevantes de los trabajadores a nivel general; tercero, promoviendo la coordinación y articulación de las diversas negociaciones a nivel local, regional, nacional y sectorial, con los sindicatos de industria y federaciones implicadas; y cuarto, apoyando a los sindicatos en sus estrategias de comunicación y promoviendo el apoyo y la solidaridad de todos los sindicatos del país, e incidiendo en el Ministerio del Trabajo y en otros espacios del gobierno, para que los diversos conflictos tengan la atención oportuna y se puedan resolver de la manera más efectiva y adecuada.

Publicado 22 de febrero de 2016.

Publicado enColombia
Jueves, 26 Noviembre 2015 11:31

De nuevo les esculcan la chequera

De nuevo les esculcan la chequera

infatigables en la actividad codiciosa

de sus largos dedos astutos
Jorge Zalamea1

 

Las Cajas de Compensación Familiar (ccf), un complemento social y solidario del mundo del trabajo integrado a la economía nacional y la relación patrón-trabajador en los años 40 del siglo XX, que en la actualidad suman 43 instituciones que administran más de 4.8 billones de pesos correspondientes al aporte del 4 por ciento sobre la nómina que cancelan cerca de 539.000 empleadores por la afiliación de 8,2 millones de sus trabajadores, están en el ojo del huracán2. Por un lado los patrones piden desmontar sus aportes, con las cuales estas sobreviven, y por el otro el Gobierno, afanado de ingresos, pretende que paguen impuesto de renta y complementarios.

 

Las opiniones y la confrontación de intereses gana espacio. Las ccf, el Gobierno Nacional, las Centrales Obreras y la opinión periodística, debaten este año sobre el destino del Sistema de Compensación Familiar (scf). Acotar los roles de las Cajas, centralizar e integrar el sistema, fiscalizar recursos desmontando parafiscales, ampliar la cobertura de la prestación de servicios y cambiar el modelo financiero de la compensación familiar, parecen ser los puntos críticos al respecto.

 

¿Qué dicen estos distintos actores?

 

La Comisión de Expertos ad honorem creada por la ley 1739 de 2014 propuso en agosto de este año que las Cajas pasen a ser contribuyentes del impuesto sobre la renta e impuestos complementarios, de conformidad con las normas aplicables a las sociedades limitadas y bajo control de la Dian3. Sin embargo, y según la propuesta de la Comisión, las actividades y programas financiados con el subsidio familiar, estarían exentas del impuesto. De esta manera ha quedado expreso en el Informe de la Comisión sobre la reforma al Régimen Tributario Especial para asociaciones, fundaciones y corporaciones constituidas como entidades sin áimo de lucro y que fue entregado al Ministro de Hacienda el 25 de agosto de este año. Faltan aún, sin embargo, las recomendaciones de la Ocde sobre la materia, las que el Gobierno espera para definir en todos sus matices su actuación final.

 

Por ello es que la coyuntura resulta de alto interés para las ccf, pues hoy, exentas de ciertos pagos, perciben ingresos por cerca de 12 billones de pesos anuales derivados no solo del aporte del 4 por ciento, sino de las demás actividades que desarrollan, tales como el mercadeo o la intermediación financiera que les permite la legislación a lo largo de la última década.

 

Desde octubre del año pasado, y luego de un largo debate público sobre el asunto sostenido en los años previos, el gobierno nacional en cabeza de los ministros de Hacienda, Mauricio Cárdenas, y de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, plantearon a las Cajas un pacto para focalizar sus actividades y servir al Estado en la financiación y ejecución de la política social. Pareciera que la reorientación de este Gobierno para el SCF no pretende su extinción para pronto, pero sí les metera la mano, debilitándolas y contribuyendo a desmejorar sus servicios. Así pareciera indicarlo el lánguido cauce de la economía nacional.

 

Por el empresariado, tanto la Anif como Fedesarrollo se han manifestado de manera reiterada en contra del pago de ese 4 por ciento (parafiscalidad) para la compensación familiar. Su argumento, igual al sustentado cuando lograron que el día fuera extendido hasta las 10 de la noche, ahorrándose así 4 horas de trabajo nocturno, es que tal pago les dificulta la creación de un mayor número de puestos de trabajo. Lo cierto es que a pesar de todos los beneficios que cada vez les dan, la cotidianidad del mundo del trabajo, y de la injusticia social en Colombia prosigue igual o, por lo menos, sin mejora franca.

 

Por su parte Asocajas, durante su XXVII Congreso realizado a finales de octubre del año en curso, expuso la necesidad de una reforma orientada hacia una mayor integración de las Cajas, a la ampliación de la cobertura para los trabajadores del campo, a la formación de capital humano a través de la educación y a la reducción de la pobreza y la desigualdad. Horizontes comunes, estos, que camuflan el carácter salarial de las prestaciones sociales y del aporte del 4 por ciento destinado a la compensación familiar, y que no tocan cuestiones profundas como la participación de los trabajadores en la dirección y administración del sistema y de las cajas mismas.

 

También las centrales sindicales y los trabajadores se han manifestado en defensa de los aportes a las Cajas. Desde su VI Congreso, efectuado en septiembre de 2014, la CUT tomó parte activa en la discusión en contra de la transformación de las ccf en entidades de rentabilidad económica, rechazando los recortes de los recursos o su redireccionamiento hacia la financiación de funciones, cargas y responsabilidades sociales del Estado, pues éste debe atender tales necesidades sin deteriorar el Sistema de Compensación Familiar.

 

Justamente, durante el último año, el sindicato de Comfama (Asotraconfama) y la CUT, han insistido en esta discusión nacional. En una publicación de septiembre de 2014 titulada "2 ensayos sobre el Sistema de Compensación Familiar en Colombia", el sindicato propuso crear un fondo común para las Cajas con recursos provenientes o bien del Fondo de Regalías Mineras y Energéticas, o bien de las utilidades de la banca. El sindicato considera, igualmente, que ese fondo puede ser provisto con recursos provenientes de la tributación a las empresas que explotan y prestación servicios públicos, como también con un porcentaje del valor producido por la explotación del espectro electromagnético o de los ahorros de la guerra que anuncia obtener el Gobierno con el proceso de paz. A ello se suma la propuesta de Asocajas para utilizar recursos de impuestos como el Cree (impuesto sobre la renta para la equidad) en la financiación de las cargas prestacionales y las obligaciones que el Estado viene tercerizandoles a las Cajas.

 

Así mismo, y en un proceso de varios años, los legisladores han reformando parcialmente el Sistema. Por ejemplo, la ley 789 de 2002, en su artículo 16, amplía los servicios que pueden prestar las Cajas hacia actividades de intermediación financiera, de mercadeo, e inversión regulada en fondos de riesgo. También la ley 100 de 1993 les asigna funciones para la prestación de servicios de salud. La ley 920 de 2004 también las autoriza para adelantar actividades financieras. Todas estas normas permiten la utilización de los recursos del subsidio familiar en áreas de servicios que o son responsabilidad del Estado central o sirven a los flujos del capital financiero. En tales autorizaciones fluye un tufillo hacia el desmonte de la parafiscalidad. Habría que añadir a ello que esta tendencia no busca acabar con las prestaciones sociales sino fiscalizar sus recursos haciéndoles exacción a favor del Estado para el financiamiento y la ejecución de su política social.

 

Por su parte, las altas Cortes reconocen, del subsidio familiar, su carácter de prestación social en beneficio de los trabajadores, su naturaleza en tanto prestación para la seguridad social del país, su accionar como mecanismo de redistribución del ingreso nacional y su correspondencia con el postulado esencial de la democracia participativa del Estado. Pero no así su naturaleza salarial, que es posible notar si se comprende la relación compleja del trabajo como productor de la riqueza social. La jurisprudencia sobre el subsidio familiar conlleva a cierta ambigüedad, ya que su naturaleza, como derecho fundamental, está restringido a situaciones de vulnerabilidad como la vejez, la niñez, o aquellas en que haya riesgo inminente sobre el mínimo vital del beneficiario.


Debate y pugan que ya llega a otros escenarios, como el informativo y periodístico, donde tratan de demostrar que el sistema está viciado y deformado por la corrupción –por lo cual lo mejor sería acabarlo–. Para ello denuncian el uso indebido de dineros públicos en 7 Cajas, supuesto síntoma de un capitalismo compinchero4.

 

Pero el seguimiento mediático también enfoca la crónica mercantil de sus ventas y alianzas, dejando de lado y sin reflexión el modelo de compensación solidaria –entre trabajadores y empresarios– que le dio origen al sistema, así como su pertinencia actual, más aún en una sociedad marcada por la concentración de la riqueza y el ahondamiento de la brecha social.

 

¿Qué implicaciones hay en todo esto?

 

De concretarse la pretensión oficial, las clases medias, una vez más, estarían pagando la crisis económica de los próximos años. Con afán impositivo, ante la disminución en las exportaciones, el encarecimiento del dólar, el aumento del desempleo y del subempleo, más el panorama de recesión mundial, el Gobierno, con claro sentido de clase, no hecha mano de los más ricos sino que acude, por un lado, a la austeridad fiscal y, por el otro, a sancionar con más impuestos a los trabajadores formales.

 

Pero no solo las clases medias pagan. La totalidad de trabajadores ya lo hacen y para el Gobierno está bien que continúe de esta manera. Así lo indica la nueva ley de primer empleo que propone eliminar los aportes del 4 por ciento a empresas que contraten jóvenes sin experiencia. Es claro, mientras la pirámide poblacional presiona a la ampliación del empleo, las políticas económicas la encausan hacia una mayor flexibilización laboral y a una más intensa explotación de la mano de obra.

 

Los riesgos para los trabajadores en la actual coyuntura son múltiples, pero aún resulta incierto el porvenir. Es cierto que el sistema merece una reforma para lograr mayor integración y que las prestaciones sociales deben encaminarse hacia la universalidad. Pero integrarse a qué y universalizarlas cómo, no son cuestiones fáciles de asumir, pues está de por medio el aporte del 4 por ciento y la participación de los trabajadores en la dirección del sistema y de las Cajas mismas.

 

Para completar esta disputa que afecta directamente a los trabajadores, y en un sentido contrario a la participación democrática, algunas Cajas promueven políticas antisindicales5, lo que debilita aún más el llamado y ráquitico pacto social.

 

La tarea es para los trabajadores

 

En una situación así, la controversia ha de considerar la naturaleza del aporte del 4 por ciento, la capitalización social de este régimen parafiscal sui generis, el carácter de pacto entre clases que reviste el aporte, su razón como empresas sociales que tienen las ccf, su democracia interna, la participación de los trabajadores en la dirección del sistema, la participación de la sociedad en este debate, las condiciones económicas de los trabajadores formales e informales en la perspectiva del trabajo decente, la actual crisis fiscal y económica, la crisis de las políticas neoliberales en el mundo contemporáneo y las desigualdades de género, entre otras muchas.

 

La tarea es enorme para los trabajadores, pues por parte de quienes han venido desmontando la parafiscalidad, hay ya argumentación y medios a su favor. Es necesaria una ofensiva sindical que se arisque por el fortalecimiento de los sindicatos relacionándose con ligas de usuarios, integrando a las familias a su activididad cotidiana y buscando el contacto con ese mayoritario mundo del trabajo no integrado de manera formal al sistema, combinado todo ello con una estrategia jurídica que permita proteger la naturaleza parafiscal y prestacional del aporte del 4 por ciento.

 

Esto es parte del reto, pero también debe buscarse la manera de ampliar y reformular los mecanismos de participación de los trabajadores en las políticas del scf y promover el debate en la sociedad sobre el futuro de las ccf, del subsidio familiar, del scf, de la seguridad social y la política social colombiana. Es necesaria, incluso, una comprensión transitoria entre clases que establezca horizontes comunes como la universalización de la seguridad social pero fortaleciendo la economía solidaria, pues tanto el aporte del 4 por ciento sobre la nómina como el capital acumulado por las Cajas, hacen parte del valor generado por el esfuerzo diario de los trabajadores a lo largo de los últimos 70 años de historia nacional.

 



1 Zalamea, Jorge; "El sueño de las escalinatas".
2 Los recursos manejados por las Cajas están destinados para cerca de 10 millones de beneficiarios, entregados a través del subsidio familiar. Estos recursos pueden ser pagados en servicios, en especie o en dinero según la ley 21 de 1982, considerada como la ley orgánica de la compensación familiar. De ese 4 por ciento, 1,5 billones anuales (30,94%) son destinados al pago de 4,9 millones de cuotas monetarias cada mes, 534 mil millones a más de 41.000 subsidios de vivienda, 1,2 billones (25,19%) a servicios sociales, 410 mil millones (8,59%) para su administración y control y 1,15 billones (24,08%) para los distintos fondos que la legislación establece.
3 Ver: https://comisionreformatributaria.files.wordpress.com/2015/09/segundo-informe-comisic3b3n-expertos-equidad-y-competitividad-tributaria-final.pdf
4 Así ha sido calificadas por Salomón Kalmanovitz en una columna del 2 de septiembre de 2012 publicada en el diario El Espectador.
5 Pueden indicarse casos como el despido de 22 fundadores del sindicato de Colsubsidio –Sintracolsubsidio– en abril de 2011, o el despido sin justa causa de Gloria Stella Pabón quien se desempeñó como auxiliar de ama de llaves en Colsubsidio Paipa (Boyacá), quien participó en la fundación de Sintracolsubsidio y fue despedida el mismo día en que la empresa fue notificada de la creación del sindicato. También la táctica del director de Comfamiliar Huila en 2013, Armando Ariza, presionando a los dirigentes sindicales a pensionarse antes de tiempo; táctica que fue efectiva en la reducción del sindicato en pocos años. O bien, la intransigencia en las negociaciones y la insistencia en convenciones colectivas o prebendas a los negociadores de Finamérica (Compañía constituida por Cafam, Comfenalco Cartagena, Colsubsidio y Comfandi Valle del Cauca, la ONG norteamericana ACI International y la Fundación Compartir, y que hoy se ha transformado en Bancompartir).

 


Recuadro 1

 

Apuntes de historia jurídica sobre el scf en Colombia

 

En 1949 se crea, mediante la ley 90, el primer Sistema de Seguridad Social en Colombia. El 22 de febrero de ese año, mediante convención colectiva entre los trabajadores del Ferrocarril de Antioquia y sus patronos, se da vida al pago de tres pesos mensuales por cada hijo menor de 15 años que tuviera el trabajador.

 

El establecimiento de un salario mínimo por medio de los decretos 2663 y 3747 de 1950, dejó de lado la discusión sobre el subsidio familiar hasta cinco años después. En marzo de 1954, en el plenum nacional de la Unión de Ttrabajadores de Colombia (UTC) se propone el subsidio familiar para trabajadores con hijos, el que debería recaudarse a través de las ccf a las que los patronos aportarían sumas proporcionales a los salarios pagados por cada empresa. Ese mismo mes, también en Medellín, durante la XI Asamblea General de la Andi fue aprobada la proposición de los trabajadores. Nace, pues, Comfama, la que en cinco años logra cuadruplicar su gestión respecto al número de beneficiarios y de trabajadores afiliados.

 

Para el años 1957, la Junta Militar que reemplazó a Rojas Pinilla expide el decreto 118 del 21 de junio por medio del cual incrementa los salarios, establece el subsidio familiar y crean el Sena. Poco después expiden el decreto 1521 del 24 de julio y reglamentan el cumplimiento de la obligación legal y el funcionamiento de las nuevas cajas de compensación.

 

En la década del 60 fue ampliado el pago del subsidio de la cuota monetaria hacia la prestación de servicios en especie para las familias; comenzando por el campo de la salud. Desde 1963 las ccf administran el sistema. Pero también en esta década, con la ley 69 de 1966, ratificada posteriormente por la ley 56 de 1973, la afiliación a las Cajas debía pasar del nivel nacional al regional según las divisiones político administrativas del territorio.

 

La Ley 25 de 1981 crea la Superintendencia del Subsidio Familiar (ssf). En 1982 la ley 21 modifica el régimen del subsidio y amplía las áreas de servicios que pueden prestar las Cajas. Ese mismo año desaparece Sintraconfama que había surgido en 1975 y había logrado hacer firmar tres convenciones colectivas a la patronal, las mismas con su desaparición pasarían a ser simples estatutos de personal. Los trabajadores de esta Caja no se quedan quietos, en 1994 crean Asotraconfama, logrando en poco tiempo elevar a nivel de convención colectiva los derechos planteados en esas tres convenciones.

 

En 1984 se modifica la ley 21 de 1982 para reconocerle participación a los beneficiarios del subsidio en los consejos directivos de las Cajas.

 

La ley 100 de 1993 otorga funciones y responsabilidades a las Cajas en la prestación del servicio de seguridad social en salud y la gestión del fondo para la niñez. Hace lo propio la ley 115 de 1994, ley General de Educación.

 

Hasta 2002, con la ley 789, aumentan aún más el rango de acción de las Cajas; en su artículo 16, amplían los servicios que pueden prestar hacia actividades de intermediación financiera, actividades de mercadeo, e inversión regulada en fondos de riesgo. Con la ley 920 de 2004 las autorizan para adelantar actividades financieras. El decreto 0722 de 2013 les asigna la administración del subsidio al desempleo.

 

Muchas otras normas han orientado esta tendencia a convertirlas en entidades de rentabilidad económica y en soportes de la política social del Estado en materia de vivienda de interés social, por ejemplo.

 

Falta, sin embargo, una reconstrucción histórica de la formación del sistema, que demuestre el carácter solidario y de clase del subsidio familiar, y la acumulación de capital permitido con ello.

Publicado enEdición Nº219
Primera huelga general en Grecia contra la austeridad de Tsipras

El izquierdista Alexis Tsipras se enfrentó este jueves a la primera huelga general desde que fuera elegido primer ministro de Grecia el pasado enero con la promesa de acabar con la austeridad. Una protesta convocada contra la continuidad bajo su gobierno de las políticas de recortes exigidas por los acreedores europeos y que, como es habitual en el país mediterráneo, tuvo un seguimiento muy desigual: amplio en el sector privado, muy reducido en el privado.


La combatividad mostrada en años anteriores por las principales centrales sindicales griegas –con una media de cinco huelgas generales al año entre 2008 y 2014– se había atenuado con la llegada al poder de la Coalición de la Izquierda Radical (Syriza) y, a excepción de un paro funcionarial el pasado julio, el Ejecutivo progresista no había tenido que lidiar con demasiados conflictos laborales. Pero la rendición de Tsipras ante la imposición de nuevas medidas de ahorro a cambio de un nuevo rescate y la continuación de las políticas de austeridad tras renovar su mandato en las elecciones anticipadas del pasado septiembre han puesto fin a la tregua sindical.


La confederación de sindicatos de funcionarios ADEDY y la central del sector privado GSEE llamaron a una huelga de 24 horas que provocó el cierre de la mayoría de instituciones públicas –incluidos sitios arqueológicos y museos- y la reducción a mínimos de la atención hospitalaria. Los medios de comunicación limitaron sus informaciones a las relativas a la huelga y en los transportes pararon el metro y el ferrocarril, los autobuses funcionaron sólo en determinadas franjas horarias, hubo cancelaciones de vuelos domésticos y de numerosos trayectos marítimos entre el continente y las islas, pues entre los trabajadores náuticos tiene gran influencia el sindicato comunista PAME, también convocante de la huelga. En cambio, en la escasa industria y en el comercio apenas se registraron cierres. "El problema es que hay que estar abierto para sacar un mínimo de dinero, porque no se gana nada", explicó Alexandros, un comerciante textil citado por EFE, que no ocultaba su malestar con el Ejecutivo de Syriza: "Nos sentimos muy traicionados. Parece un Gobierno de derechas".


En la manifestación que recorrió Atenas participaron 20.000 personas, entre ellos antiguos miembros del Gobierno de Tsipras, como Panayotis Lafazanis, o la expresidente del Parlamento, Zoí Konstantopulu, que abandonaron Syriza en protesta por lo que consideraban una claudicación en las negociaciones con los acreedores. La marcha capitalina culminó en disturbios cuando jóvenes de estética anarquista lanzaron piedras y cócteles molotov a los agentes de policía situados en la Plaza Syntagma, y estos respondieron con gases lacrimógenos. Los disturbios prosiguieron en las calles adyacentes, donde los encapuchados rompieron escaparates. Al menos tres personas fueron detenidas.


En la localidad de Patras, hubo tensión entre los militantes de Unidad Popular –la escisión izquierdista del partido de Tsipras– y los de Syriza, que, aunque parezca incongruente, también participaron en la protesta. De hecho, la sección sindical del partido gobernante llamó a sus miembros a secundar la huelga general pues considera que las "políticas extremas, impopulares y neoliberales" están siendo aprobadas por Tsipras por la "presión de los acreedores". "Estamos poniendo en práctica un acuerdo que incluye medidas injustas", reconoció la portavoz del Gobierno, Olga Yerovasili, para quien la huelga puede reforzar a Grecia de cara a las negociaciones con los acreedores.


Este miércoles se reanudaron en Atenas los contactos entre el Gobierno griego y la "cuadriga" de instituciones que ha sustituido a la troika –Comisión Europea, Banco Central Europeo, Mecanismo Europeo de Estabilidad y Fondo Monetario Internacional– sobre los nuevos recortes que tendrá que emprender Tsipras a cambio de 2.000 millones de euros para las arcas públicas y otros 10.000 para la enésima recapitalización de la banca griega. Entre los temas más peliagudos a discutir se hallan el fin de la moratoria a los desahucios, prolongada por Syriza, y la reducción de los plazos de devolución de deudas a Hacienda, algo que podría ahogar más a una población que acumula ya casi ocho años en crisis. Un ejemplo: sólo en el último mes, 15.000 usuarios fueron desconectados de la red eléctrica por deudas con la empresa de distribución.

Publicado enInternacional
"No nos han reconocido nuestras acreencias laborales ni pensionales"

La realidad de las trabajoras del HSJD y del IMI, de constante e inenterrumpida violación de sus derechos fundamentales, pese al paso de los años, no cesa. Acá una breve reseña de la situación que padecen.

 

Parece inaudito pero es cierto. A pesar del cierre de nuestro lugar de trabajo en 1999, las trabajadoras del Hospital San Juan de Dios (HSJD) continuamos asistiendo al mismo de manera ininterrumpida, a pesar de no recibir salarios ni atender pacientes. Las trabajadoras del Instituto Materno Infantil (IMI) hemos vivido una situación similar desde el año 2006. Nuestra presencia en estas instalaciones no ha pasado desapercibida para algunos, es así como hemos sido señaladas de terroristas, ocupantes, bandidas e invasoras de los hospitales insignias de la historia de la medicina del país. En la calle y en los medios de comunicación se repite la pregunta: ¿por qué no se van?

 

Según funcionarios de la alcaldía de Bogotá, en el proceso de expropiación de los terrenos de estos dos hospitales por parte del Distrito no se desalojará a las personas que han vivido allí los últimos años, sino que serán reubicadas en viviendas de interés prioritario. Pero el problema no se limita a la controversia sobre el desalojo o la necesidad de vivienda de las trabajadoras que actualmente habitan el HSJD y el IMI: estamos frente a una de las mayores vulneraciones del derecho fundamental al trabajo de mujeres en la historia del país.

 

En efecto, sin recibir sus salarios, con deudas y sin la posibilidad de pagar arriendo o cuotas de hipoteca, algunas compañeras fueron forzadas a mudarse al Hospital junto con sus familias. Pero las 3.000 personas de la nómina de los hospitales, en su gran mayoría mujeres, no residimos en estos predios, ni, como ellas, hemos visto resueltas nuestras reivindicaciones laborales ni pensionales.

 

La violación a sus derechos no tiene pocas consecuencias. Varias compañeras aguantan hambre y piden limosna; otras se han enfermado y no han podido recibir atención por no haber cotizado a las EPS; muchas enloquecieron y otras tantas han muerto. Otras fueron forzadas a renunciar a sus acreencias laborales, inclusive a pocas semanas de recibir pensión, para poder firmar contratos temporales y por menos sueldo con nuevas instituciones de salud. Como principal estrategia para presionar a las autoridades competentes para la resolución de nuestro conflicto laboral, muchas continuamos asistiendo a los hospitales; por eso insistimos, si nos hubieran pagado lo que nos deben no estaríamos aquí.

 

¿Quiénes estamos dando esta pelea?

 

Somos trabajadoras del sector administrativo, de servicios generales y de atención clínica quienes, con más de 23 años de servicio, contribuimos a la consagración del complejo hospitalario San Juan de Dios como el baluarte de la medicina en Colombia. Desde el cese de actividades clínicas, nos hemos dedicado a preservar los bienes materiales, muebles e inmuebles, de innegable valor patrimonial, logrando, incluso, convertir el Hospital en monumento nacional y bien patrimonial. Hasta no hace mucho tiempo, cuidábamos equipos, manteníamos limpios los espacios y preservábamos, en lo posible, bienes que, gracias a nuestra lucha, ahora son considerados como inembargables, imprescriptibles e invendibles. A pesar de nuestra férrea defensa del Hospital, se han venido perdiendo bienes, terrenos y propiedades que hacen parte del complejo hospitalario, como consta en la denuncia que realizamos ante la anterior liquidadora de la Fundación San Juan de Dios, Ana Karenina Gauna Palencia, quien ahora enfrenta un proceso de responsabilidad fiscal por un detrimento patrimonial por valor de $11.579 millones de pesos. Nos hemos empeñado por defender el Hospital y nuestros derechos fundamentales, recibiendo, en contraprestación, demandas, encarcelamientos, golpes por parte de la fuerza pública, burlas en acuerdos ofensivos, matoneo y humillaciones por figuras del Gobierno e inclusive por funcionarios del Ministerio Público.

 

Sin embargo, la situación de las trabajadoras del HSJD es distinta a las del IMI. En acta de compromiso, fechada el 23 de octubre de 2006, se acordó que las trabajadoras del Instituto continuaríamos haciendo uso de varias áreas del Hospital, hasta tanto no se nos resuelva nuestra situación laboral y pensional, lo cual no ha sucedido. Todas hemos recibido liquidaciones parciales de sueldos atrasados y algunas cesantías. Seguimos con nuestros procesos legales para que nos paguen las acreencias laborales legalmente causadas, incluyendo pensiones, incrementos salariales, primas y vacaciones. Inclusive, cuestionamos la legalidad del edicto de diciembre de 2006 en el cual listaron nuestros nombres y nos anunciaron que quedábamos desvinculadas de la institución hospitalaria, ya que, según certificados expedidos por el Ministerio de Protección Social, no fue autorizado legalmente ningún despido masivo.

 

Ante esta realidad, aclaramos al país que más que ocupantes, terroristas o invasoras, como hemos sido juzgadas por algunas figuras del Gobierno, con eco recurrente en los medios de comunicación oficiosos, somos trabajadoras que intentan preservar una institución insignia de la salud del país, víctimas de la vulneración sistemática de nuestros derechos al trabajo, a una vida digna, a la salud y a la familia. ¿Hasta cuándo deberemos padecer esta paradoja violatoria de nuestros derechos fundamentales?

 

Agosto 3, 2015

Publicado enEdición Nº 217
Domingo, 13 Septiembre 2015 05:40

Estallidos, cambio social, revoluciones

Estallidos, cambio social, revoluciones

Dentro de pocos días (el 20 de septiembre) se realizarán en Grecia elecciones anticipadas. Syriza se presenta debilitado por la salida de la izquierda, que formó Unidad Popular a fines de agosto, y desprestigiado por haber abandonado sus posiciones anteriores y adoptado totalmente las condiciones leoninas impuestas por la Unión Europea y defendidas por la derecha griega tradicional. Dada la decepción y desmoralización de la mayoría de sus votantes, se puede prever un aumento de la abstención, un crecimiento de los nazis de Aurora Dorada y una cantidad de votos exigua para Unidad Popular, que no ha tenido tiempo para organizarse y difundir sus propuestas alternativas a las de Tsipras-Syriza y la derecha, y arrastra también los efectos de no haber roto antes con Tsipras. Su participación en el nuevo Parlamento que será elegido, pienso que será por eso bastante reducida, aunque espero fervientemente ser desmentido por las urnas.
La incógnita real es si Tsipras, apoyado por la Unión Europea, es elegido primer ministro con los votos de la derecha tradicional y con el programa de ésta y de los bancos alemanes, o si ni siquiera logra este objetivo, porque los votantes podrían preferir a la derecha tradicional para llevar a cabo una política de sumisión a la troika y opuesta frontalmente a los trabajadores y no a un advenedizo que prometía oponerse a la troika y terminó sometiéndose a ella sin resistencia ni condiciones. Pero eso afectará fundamentalmente el futuro personal de Alexis Tsipras, no el de los trabajadores griegos, que seguirán resistiéndose a la transformación de Grecia en una colonia del gran capital y luchando por preservar sus existencias mismas.


Lo importante es comprender la moraleja del caso Syriza: quien cree, incluso sinceramente, poder reformar al capitalismo desde adentro del sistema y de las instituciones estatales que lo defienden y refuerzan, termina desnaturalizando y destruyendo su propio partido y construyéndose una fama de tránsfuga, renegado, traidor, agente de los capitalistas. Eso sucedió con los socialdemócratas y los socialistas franceses, cuyo ejemplo es François Hollande, que manda tropas a África y bombardea Siria actuando como perro faldero de Washington sin siquiera la formalidad de pedir el visto bueno al Consejo de Seguridad de la ONU. También sucedió en el caso del modelo de Tsipras-Syriza, el Partido Comunista Italiano de Togliatti, que entró en la mayoría gubernamental creyendo orientarla hacia el centro y terminó disolviéndose, y hoy, transformado en Partido Demócrata, gobierna Italia en nombre de la derecha constitucional y al servicio del gran capital financiero internacional. Ni hablemos de los gobiernos capitalistas progresistas que creen ser realistas cuando persiguen la utopía de construir un capitalismo social, bueno –una fiera vegetariana–, aceptando todas las reglas y leyes del sistema de explotación y tratando de impedir toda movilización independiente de los trabajadores aunque éstos los hayan apoyado. Lo que está pasando en Brasil, con la corrupción de los dirigentes del Partido de los Trabajadores que abre el flanco a la posibilidad de un golpe de Estado blando, es un ejemplo claro.


La historia muestra que los intereses de los trabajadores se defienden fuera de las instituciones y con la fuerza de aquéllos. El trabajo infantil era antes legal, al igual que las 12, 14 o 15 horas, tal como es legal en algunos países la esclavitud. La fuerza organizada de sus víctimas y las luchas sociales impusieron al capital otra nueva legalidad, más civilizada y más humana, aunque siempre capitalista.


Sin conquistar la mente de los trabajadores, éstos serán sumisos esclavos resignados a su miseria y opresión. De ahí la necesidad de una minoría formada por quienes comprenden que el capitalismo domina culturalmente a sus víctimas y que, por lo tanto, libre cotidianamente una batalla cultural para rasgar los velos de la enseñanza, la religión, la propaganda, que esconden lo que es realmente el capitalismo. Pero ni los Flores Magón ni los Serdán, ni Voltaire o Rousseau, hicieron posibles la Revolución Francesa o la Mexicana. Su contribución fue enorme, porque sembraron semillas de libertad, pero se necesitó una tierra fértil para que millones de campesinos iletrados antes sumisos se fueran a la bola en México, o dejaran de esperar de la bondad del rey, para pasar a derrocarlo. Las revoluciones no las hacen los revolucionarios; son el resultado imprevisto de una grave crisis del régimen que impulsa a millones de personas que querrían cambios parciales que el régimen les niega y con su lucha esperan conservar su modo de vida que está en peligro. La acción y la represión los llevan a dar un salto en su conciencia, a modificar su subjetividad. La revolución hace a los revolucionarios pese a su ignorancia, a su egoísmo, a las tendencias brutales que le impone la parte reptiliana de su cerebro. La revolución saca a primer plano el heroísmo, el sentimiento colectivo de quienes entran en ella sólo como rebeldes, en un estallido social, y se construyen como mujeres y hombres libres y conscientes.


El capitalismo prepara una guerra mundial y está destruyendo el ambiente. La Humanidad está en peligro. Pero, salvo si una guerra global hiciera volver enteras regiones a la Edad de Piedra y destruyera las condiciones para la supervivencia de una vida civilizada, de esa guerra podría surgir una revolución contra el capitalismo que daría origen, no al socialismo, pues éste requiere cultura y abundancia, sino a un nuevo colectivismo con tendencias burocráticas y jefaturas locales campesinas por la escasez y la subsistencia de trabas culturales.


El papel de quienes saben que el capitalismo no es eterno y ven lo que éste nos prepara consiste en abreviar y reducir los posibles retrocesos futuros y en reforzar hoy los elementos de autoconfianza, autorganización y solidaridad presentes en las grandes luchas sociales.

Publicado enPolítica
Viernes, 24 Julio 2015 11:47

Los sancionados

Los sancionados

Johanna descendió sin prisa los estrechos escalones del bus rojo que la dejó a cuatro cuadras de Intercontac, el call center donde trabaja, sin sospechar lo que estaba a punto de suceder. Ese día, miércoles 13 de Mayo, todo parecía normal: a las siete de la mañana llevó a Sara, su única hija, al colegio en compañía de su esposo Yesid y la mona, una perra criolla de pelo corto y mono que adoptaron luego de recogerla de la calle con heridas en todo el cuerpo. Al regresar del colegio ocuparon su tiempo en limpiar la pequeña casa de 70 metros cuadrados, repartidos en tres pisos, sin pronunciar palabra. Johana, mientras pensaba en la suma de dinero que le faltaba para retomar sus estudios de fotografía e imaginaba el momento en que su ojo, inexperto pero intuitivo, se hiciera uno con la lente de la Canon eos T3 con objetivo 18-55, llevaba el trapero de una esquina a la otra sin tener conciencia del tiempo, hasta que Yesid, al verla tan pasiva a pesar de la hora, la trajo al mundo de un tirón al gritarle "son las once". Rápidamente se cambió la ropa sucia que tenía por un jean oscuro, una camisa negra suelta y una chaqueta gris con pelusa al borde de la capota; almorzó, orinó y, segundos antes salir para el trabajo, vio en el espejo que queda al lado de la puerta su cabello negro con manchas azuladas desordenado y rebelde. En el bus volvió sobre sus pensamientos recortados sin prestar atención a las tres o cuatro personas que al pasar por su lado le ofrecían todo tipo de mercancías. Era la una y cuarenta minutos, a veinte de iniciar su turno, cuando llegó a la puerta del edificio de ventanales azules que brillaban con más intensidad de lo normal debido a la libertad que el sol tenía al no haber ni una nube cerca. Al cruzar la puerta de vidrio eléctrica Johanna no notó nada extraño, la misma recepcionista de cabello con rayos monos tenía la mirada fija en su celular, el mismo celador con el uniforme azul oscuro con una mancha blanca en el hombro, se encontraba al lado de los torniquetes eléctricos vigilando que todo el que pase lo haga con carné y el olor a manzanilla que hay en el pasillo que conecta con el cuarto de la aseadora quien siempre está tomando café claro sin azúcar con su compañera de oficio. Pero al subir las escaleras hasta el segundo piso y abrir la puerta del gigante salón donde quedaba su cubículo de trabajo fue cuando se dio cuenta que ese no era un día como cualquier otro. De golpe vio a decenas de personas caminando de un lado para otro con señas de desesperación y desconcierto, arrodilladas en el piso llorando y abrasadas dándose consuelo tras saber que estaban despedidos.

 

Johanna miraba las caras de sus compañeros buscando respuestas pero no encontraba nada, ni siquiera cuando un Front le dijo «anillo, no se conecte que esta mierda se acabó». El escenario era tan confuso que ella no lo tomó en serio. Creyó que era una broma pesada de esas que sólo se hacen cuando hay confianza. Pero era verdad. Johana sólo tomó consciencia cuando habló con su jefe inmediata, una supervisora. Se acercó a ella mirándola fijamente a la cara tratando de leer sus gestos cuando, al estar cerca de ella le pregunta: «¿tú sabes dónde puedo marcar entrada?». La supervisora la mira con los ojos brillantes y le dice: "ni siquiera marques porque esto se acabó y todo el mundo se quedó sin trabajo". Al terminar pronunciar la frase, con voz ronca, salen de la punta de sus ojos dos riachuelos delgados que arrastran consigo todo el maquillaje que tiene en su cara hasta llegar al tapete en forma de gotas. «¿Hasta tú?» preguntó Johana, aún más sorprendida. «No sólo yo, respondió la jefe, sino todos los supervisores y hasta Julián» (jefe de los supervisores).


Nadie lo esperaba. Las semanas anteriores no hubo señal alguna que los hiciera pensar en que tal hecho podía suceder. Sólo sucedió lo que normalmente se vive en un call center: personas llamando a cancelar el servicio por falta de dinero; a amenazar si no les cumplen con lo que el vendedor les prometió; a que le solucionen su conexión a internet o a la televisión. Llamadas que son atendidas por Front, Anillos o Alto Valor, dependiendo el estrato socioeconómico a la que pertenezcan el cliente que llama. Si son de estratos altos la gente de Alto Valor se encarga de solucionar sus problemas, estos son entrenados para hablarle con un lenguaje y de un modo distintos a sus clientes consentidos, los de estrato cinco o seis. A ellos, con tal de que no cancelen, por ejemplo, le ofrecen todo tipo de descuentos y hasta les ofrecen obsequios. Si las personas de estos estratos se les dañó algún servicio, un técnico tiene menos de una hora para llegar al lugar del problema y solucionárselo con la misma agilidad con la que tiene que llegar a tiempo. En cambio, los estratos bajos son atendidos por los Front o Anillos y si el cliente tiene algún problema con sus servicios pueden esperar de 24 horas o más para que se lo solucionen. De este modo transcurrieron los días sin que nadie les advirtiera la catástrofe.


La noticia fue un golpe bajo que dejó inconscientes por unos eternos segundos a los más de doscientos trabajadores despedidos. Sus vidas dieron un giro brusco y repentino. El trabajo con el que podían estudiar, viajar, pero sobre todo, sostener la familia, pagar el arriendo, comprar la comida y ganar la custodia de sus hijos, pelea en la cual más de uno estaba enfrascado, ya no lo tenían y no sabían cuándo volverían a conseguir otro. «¿Qué pasó? ¿Por qué nos despiden?» gritó la gente como primera reacción ante el hecho. Una mujer con vestido rojo les explicó que Claro, el cliente del call center, y para quien trabajaban las doscientas personas, no les renovó la licitación. «Pero, ¿por qué?», seguían preguntando cada vez más indignados, «¿Qué podemos hacer?».


Pero la responsable del despido masivo, y quien los dejó en la completa incertidumbre, es una empresa con tanto poder que ha llegado a tener el monopolio de los servicios de telecomunicaciones no sólo en el país sino que sus tentáculos cubren buena parte del continente latinoamericano debido a estrategias ilegales e ilegítimas. Empresa que tiene por dueño a un señor de bigote espeso y de papada abultada el cual, según la revista Forbes, es nada más ni nada menos que el segundo hombres más rico del mundo. Él, el hombre detrás de la poderosa empresa, fue quien, a través de sus políticas empresariales, les dio el golpe bajo.


«¿Esto es legal? ¿Lo pueden hacer?» gritaban al aire cada vez con más ira, pero los minutos pasaron sin recibir respuesta. Sintieron impotencia, su jefe superior es un ser omnipresente al que sólo ven por televisión. Así, al no saber qué hacer, al no estar organizados políticamente para defender sus derechos, la indignación se transformó en pasividad tan rápidamente como lo fue recibir la carta de despido. Se sumieron en sus preocupaciones inmediatas con la certeza de la ilegitimidad del hecho.


Ese era el estado emocional de la mayoría cuando Alejandra, una joven y morena mujer que trabaja para pagar su carrera universitaria, llegó a la sala y vio a Johana, su compañera de trabajo, y quien la informó del despido. «Precisamente ese día, relata Alejandra, en la clase de la mañana se armó un debate sobre el trabajo. Estábamos en el debate y un compañero que es rojo, es decir, marxista, nos estaba diciendo que éramos muy consumistas. Yo le decía (al marxista) que nosotros somos parte de la élite (al poder estudiar en una universidad), uno lo que se coma está consumiendo, lo que se ponga, uno es un consumidor más, es decir, es imposible que uno no sea consumidor en esta sociedad o ¿va andar desnudo? Pero otro compañero comenzó a decir que superáramos esos temas, que nos dedicáramos a estudiar, pero claro, como a él le pagan la carrera, no tiene que trabajar, entonces no le importan nada». Además, de camino al trabajo y para completar las coincidencias, según dice Alejandra, repensaba en lo que se había dicho en el debate y «en la Prima (que recibiría en pocas semanas). Pensaba en qué la iba a gastar». Pero minutos después Johana le cuenta la mala noticia y así sus posibles planes para gastar la Prima quedan en el limbo.


Minutos después de que las dos compañeras se consolaran mutuamente, una mujer de vestido rojo con papeles blancos entró al lugar afirmando que quienes estuvieran en la lista que lleva consigo, Claro los había recomendado para trasladarse a Atento, el call center que le ganó la licitación a Intercontac. La gente se abalanzó sobre los papeles pero en la lista sólo habían veinte personas, los que habían tenido mayor efectividad en su labor de atender llamadas, los que siempre llegaban puntuales, solucionaban los problemas de los clientes en menos de ocho minutos y sólo gastaban 6 minutos en ir al baño dos veces al día. Leían y releían para comprobar que en efecto no estaban en ella. A Johana y Alejandra les temblaban las manos al leer la lista, la primera que vio su nombre fue Johana y luego Alejandra, suspiraron profundo e intentaron calmar la emoción por respeto a sus compañeros. Esa noche sólo veinte de doscientas personas durmieron tranquilas. Afortunadamente, dicen Johana y Alejandra, sus familiares las apoyan al darles un techo donde vivir sin cobrarles arriendo y pagar poco o nada por los servicios; contrario a la vida de sus compañeros, quienes dependen totalmente de un trabajo para sobrevivir.


Al día siguiente los seleccionados llegaron puntuales a la cita. Una mujer llamó a lista y al terminar preguntó «¿Y a los que no llamé estaban en la lista de ayer?» En la sala no sólo habían llegado los elegidos sino diez compañeros más que el desespero los hizo asistir con la ilusión de que alguien hubiera cometido un error al no ponerlos en la lista. «Sí, respondieron todos». La mujer anotó sus nombres y salió a resolver el problema. Cuando volvió a la sala dijo lo que ya sabían, que no podía recibirlos y ni siquiera podía recibir sus hojas de vida, que si querían podían volver hacer todo el proceso de selección. Pero ellos ya no podían quedarse otro mes en proceso de inducción, sin recibir dinero y solicitando préstamos en un lado y en otro, ya no contaban con las condiciones para hacerlo. Los no seleccionados salieron del lugar más desesperados que antes y con la amenaza ferviente de que si no pagaban la liquidación el cuatro de junio se tomarían las instalaciones. A las amenazas se unieron todos y hasta crearon una cuenta en Facebook para organizar la protesta en caso de que no les respondieran la fecha indicada y también para compartir información de cualquier oferta de trabajo.


Los elegidos fueron llevados uno por uno a la oficina contigua para firmar un nuevo contrato por el salario mínimo, un poco menos de lo que ganaban con Intercontac. Johana llegó a las ocho de la mañana a su nuevo lugar de trabajo el viernes 15 de Mayo y lo primero que la impactó fue el aspecto deteriorado y deprimente del edificio, con barrotes que cubren la fachada y pintada de gris daba la apariencia de ser una penitenciaria. La puerta eléctrica estaba desgastada y al poner su huella en la máquina para que le dieran el carné, el sistema se bloqueó y tuvo que esperar media hora. Subió al quinto piso por las escaleras al no servir los ascensores. El edificio por dentro es oscuro, sucio y en el mejor de los casos inodoro. La sala donde se encontraba su cubículo tenía baldosas que en algún tiempo fueron blancas. Sin ventanas para que entrara el aire y sin ventilador, el termómetro marcaba 32 grados centígrados y había cierta pestilencia. Estar dentro de los cubículos implicaba no ver a los demás compañeros y sí a los mocos, la pestañina, la base y quién sabe cuántas cosas más pegadas en el tapete azul que los cubre. Pero lo peor era el ambiente laboral, sin torre ni supervisores, no había nadie que les ayudara a solucionar los problemas más básicos. En el sexto piso, a la hora del almuerzo, decenas de personas se apilaron para calentar su almuerzo pero a los nuevos no hubo persona que les explicara cómo calentarlo, así que comieron frio. Además, no tenían ni siquiera doce minutos al día para ir al baño, tenían que dejar al cliente esperando en línea para ir a evacuar los desechos que produce el cuerpo. Tenían que tener sus diademas consigo en cada momento porque era común el robo y a quien esta se les perdiera tenían que pagarla con su salario. Pero para Johana, la gota que regó la copa fue la respuesta ante su solicitud de cambiar el turno para cuidar a su hija "entonces tenemos, le respondieron, que acomodarles los horarios a todas las mamás". Alejandra llegó a las dos de la tarde y sólo duró una hora en aquel lugar. Los veinte que habían sido seleccionados más otros antiguos pasaron su carta de renuncia a las tres de la tarde. Al preguntarles por qué se retiraban respondieron que no podían trabajar en esas condiciones tan denigrantes. Así, a todos les quedó claro por qué Atento le ganó la licencia a Intercontac.


Pero la historia no termina ahí. A modo de represalia quienes renunciaron a Atento fueron sancionados por Claro cinco meses en los cuales no pueden trabajar para esa empresa por no informar a tiempo su dimisión. Lo contradictorio fue que Claro no fue sancionado por despedir a más de doscientos trabajadores sin previo aviso.

Publicado enColombia
Domingo, 28 Junio 2015 06:04

Pride: orgullo y esperanza

Pride: orgullo y esperanza

Orgullo y prejuicio. Cuando el guionista británico Stephen Beresford intentó convencer a varios productores del atractivo que podría tener una película basada en el impulso solidario de un sector de la clase obrera inglesa con un movimiento de lucha por los derechos homosexuales, la respuesta inicial fue un escepticismo generalizado. El tema podía abordarse, en el mejor de los casos, en un documental de la BBC, en una obra de teatro independiente, o en alguna modesta ficción para públicos cautivos en los festivales de cine gay, pero jamás tendría el impacto mediático necesario para atraer a grandes públicos.


La perseverancia de Beresford tuvo al fin su recompensa. Cameron Mc Cracken, un productor con excelente olfato comercial, decidió apostarle al rodaje de una cinta que rescataría un suceso real de la historia reciente inglesa: la huelga de los mineros en un pequeño poblado galés en 1984-85, su enfrentamiento al gobierno conservador de Margaret Thatcher, y la sorpresiva recaudación de fondos para su lucha por parte de un colectivo gay en Londres. El resultado fue Pride ( Pride: orgullo y esperanza ), de Matthew Warchus, cinta comercial que ha tenido una estupenda respuesta en Europa y Estados Unidos justamente en la coyuntura histórica más oportuna: el momento en que la Suprema Corte estadunidense reconoce, luego de una larga lucha comunitaria, al matrimonio gay como un derecho cívico inalienable.


Tacones cercanos. Pride inicia durante una marcha del orgullo gay londinense en junio de 1984, cuando un grupo activista de gays y lesbianas decide trasladarse hasta el pueblo galés de Onllwyn para expresar su solidaridad con un movimiento obrero que padece, al igual que la comunidad homosexual, los embates de la derecha ultraconservadora. A las reticencias iniciales y pasmo de los mineros, muchos de los cuales veían a un gay por vez primera en su vida, sucede laboriosamente el reconocimiento de que un grupo y otro tienen en la derecha thatcheriana a un adversario común, interesado evidentemente en distanciarlos mediante un muro de prejuicio. Zanjar esa distancia será el propósito de los activistas gay y la causa moral que de modo paulatino asumirán las mentes más lúcidas y generosas del poblado.


Luego de entrevistar a los protagonistas reales del colectivo Gays y Lesbianas en Apoyo a los Mineros, el realizador Mattew Warchus (Simpático, 1999, según la obra homónima de Sam Shepard), y su guionista Stephen Beresford (autor de la exitosa obra teatral El último de los Haussmans), reúnen a un reparto atractivo para interpretar a los activistas galeses y varios rostros nuevos, muy carismáticos, para los papeles de los militantes gay. Destacan, entre los primeros, el veterano Bill Nighy (El exótico hotel Marigold) y la formidable Imelda Staunton (Vera Drake), y sorprende en el campo gay un Dominic West (Jimmy Mc Nulty en la serie The Wire) ensayando algunos desvaríos lúdicos.


Hay en la historia el registro de conflictos políticos y culturales muy en el tono del cine social inglés de Stephen Frears (Mi hermosa lavandería, 1985) o del infaltable Ken Loach (Pan y rosas, 2000), con el toque de comedia comunitaria que populariza la cinta Todo o nada/Full Monty, de Peter Cattaneo, en 1997. Una oposición agridulce entre la capital londinense y la provincia galesa con sus especificidades culturales; una oposición también entre la indumentaria y conductas provocadoras de los visitantes gay urbanos y el conservadurismo moral de los mineros aldeanos apegados a sus tradiciones.


La propuesta de comedia social de Warchus/Bereford no excluye los números musicales, la convención narrativa de una comunidad austera seducida y escandalizada por la libertad sin freno de los jóvenes visitantes, el folclor de las señoras asombradas que identifican lo gay con lo vegetariano, y algunos personajes un tanto estereotipados en el heroísmo o la villanía. Hay un poco de todo, incluida una salida de closet tan tardía como conmovedora. Pride bien pudiera transformarse en un musical teatral exitoso o tener imitaciones oportunas en otras cinematografías. Por lo pronto, el éxito comercial es insoslayable, así como la verificación de que los temas gay en el cine se apartan cada vez más de la marginalidad y del ninguneo.


Resulta paradójico que en una época de reconocimiento creciente de los derechos de las minorías sexuales, algunos sectores de la izquierda en México y Latinoamérica persistan en aliarse, de facto, con la derecha más rancia para desdeñar o minimizar la importancia de estos avances civilizatorios, asumiendo de paso sus inocultables derrotas morales. Se trata de una opción muy poco redituable a corto plazo y un tanto absurda, por decir lo menos. A su modo, Pride es un espejo de este tipo de contradicciones políticas y culturales, a las que, como buena comedia, ofrece salidas esperanzadoras.
Se exhibe en salas comerciales y en la Cineteca Nacional.
Twitter: @Carlos.Bonfil1

Publicado enSociedad
Jueves, 30 Abril 2015 06:16

Huelgas en la fábrica del mundo

Huelgas en la fábrica del mundo

En la víspera del Primero de Mayo, China vive el periodo de conflictividad laboral más intenso de la historia del país desde la Revolución Cultural.


Xuzhou, provincia de Jiangsu (China)

Ya han empezado los preparativos. Mañana se celebrará una de las fechas más importantes de la República Popular China, el Día del Trabajo, las fiesta del Primero de Mayo. En todos los edificios colindantes de la plaza Tian'anmen se levantarán las banderas rojas y frente al retrato de Mao -situado entre dos letreros donde se puede leer "Larga vida a la República Popular China" y "Larga vida a la unidad de los pueblos del mundo"- se colocará, como todos los años, el retrato del doctor Sun Yat-Sen, fundador del Partido Nacional Popular y primer presidente de la República China; todo un llamamiento a la reunificación con Taiwán.


No obstante y pese a toda la simbología marxista-leninista, el cuestionamiento del sistema chino sobre cuánto socialismo queda en el "socialismo de mercado" es del todo pertinente: crecimiento del PIB pero desigual reparto de la riqueza con un coeficiente de Ginni por encima de la media mundial, empresas estatales chinas entre las cien empresas con más beneficios del mundo pero puesto 78 en el ranking mundial del ÍIndice de Desarrollo Humano. Y mientras día tras día se siguen afianzando todas estas variables macroeconómicas, la semana pasada encontramos la siguiente información en el China Labor Bulletin:
Una huelga de un mes a un fabricante de bolsas de propiedad japonesa en la ciudad localizada en el río Perla llamada Zhongshan se ha caracterizado por la violencia policial, las detenciones y la intimidación, y la negativa absoluta del jefe para negociar. La huelga estalló a mediados de marzo. Los cerca de 200 trabajadores de Cuiheng Co. estaban descontentos respecto a los sueldos bajos y la negativa de la empresa a pagar a la seguridad social y las contribuciones al fondo de vivienda, bonos de fin de año y otros beneficios.


Después de una semana en los piquetes sin respuesta de la Administración, el 22 de marzo los trabajadores se acercaron a Chen Huihai, el director del centro de formación de una sede en Guangzhou de los trabajadores, en busca de ayuda y consejo. Chen y sus colegas ayudaron a los trabajadores para organizar las elecciones para representantes en la negociación y a presentar una propuesta de negociación colectiva a la gerencia. La dirección se negó a negociar, despidió a los dirigentes obreros y llamó a la policía. Varios cientos de policías antidisturbios llegaron a la fábrica y transportaron fuera a 26 trabajadores, cuatro de los que fueron detenidos por más de diez días. Muchos otros trabajadores resultaron heridos.


Podría ser simplemente una anécdota, pero se trata de uno de los "incidentes de masas" (así los cataloga el Gobierno) sufridos durante los últimos meses en la China continental, y es que se está viviendo el periodo de conflictividad laboral más intenso de la historia del país desde la Revolución Cultural. De los 3.387 casos examinados por la base de datos del China Labour Bulletin -colectivo no gubernamental localizado en Hong Kong cuyo propósito es "monitorizar", defender y promocionar los derechos de los trabajadores en la República Popular China-, destaca notablemente el curso 2014-2015, especialmente el pasado mes de enero, en el que se llegó a 272 huelgas registradas en sólo un mes. Esto supone que en lo que llevamos de año se han producido tantas huelgas como en 2011 y 2012 juntos.


Huelgas y asambleas


¿Quién hace las huelgas? El 78% se hacen en el sector secundario --manufactura, astilleros, construcción, minería y transporte--, mientras que un 13% se llevan a cabo en el sector servicios. Los escenarios de lucha principales son la fábrica, la obra, la mina y, eventualmente, la vía pública, y lógicamente las provincias donde se registre un mayor número de conflictos serán las más industrializadas, e irónicamente las de un mayor PIB: Guandong, Jiangsu, Shangdong y las municipalidades de Beijing, Shanghái y Chongqing. Los protagonistas son, por lo tanto, los obreros --realidad que parece resultarnos lejana desde nuestros países deslocalizados--, bien antiguos empleados de fábricas estatales que perdieron su trabajo fijo en la privatización de los años 90, o bien la llamada "segunda generación de inmigrantes rurales", los hijos de los conocidos como nonmingong, jóvenes trabajadores que nacieron y crecieron en ciudades industriales en el sureste chino, por lo que no se consideran a sí mismos como rurales y se ven tan urbanos como aquellas personas que sí disfrutan de un carnet de residencia urbano.


Las protestas se organizan a través de asambleas puntuales y autónomas --y, por lo tanto, ilegales-- que acuerdan una estrategia para llevar a cabo una protesta y eligen a una serie de portavoces para negociar con la dirección de la empresa. Su organización es tan radicalmente horizontal como la de las primeras experiencias sindicales en Europa, pero por contra sus motivos no son en absoluto radicales: el 33% de las protestas se realizó para obtener compensaciones frente a un abuso laboral, el 21% para protestar por impagos salariales, el 20% se realizó para conseguir el aumento de salarios, y el resto para exigir seguridad social, mejorar condiciones laborales o exigir el fin de las horas extra. Se trata de un movimiento radicalmente reformista, consecuencia inevitable de un fallido sistema sindical.


Los métodos de lucha son clásicos, desde recogidas de firmas y peticiones directas a las autoridades, pasando por sentadas y paros laborales, hasta piquetes, bloqueos de la producción fabril, manifestaciones, bloqueos de las vías ferroviarias o del espacio aéreo, e incluso --aunque en menor medida, alrededor de un 5% de los casos investigados-- la ocupación de edificios gubernamentales o el enfrentamiento directo con la policía o con miembros de la gerencia de las fábricas, o el asalto y la destrucción de equipamiento y la producción fabril. Las nuevas tecnologías son incluidas y juegan cada vez más una centralidad dentro de los métodos de convocatoria y organización, notablemente la utilización de la plataforma QQ.


El Gobierno suele preferir situarse al margen de estos conflictos, no interviniendo hasta que se presenten problemas de orden público, aunque es cierto que interviene cada vez más. Resulta mucho más cómodo y favorable de cara a la opinión pública tanto doméstica como internacional situarse como un árbitro del conflicto que como un partidario de la patronal que emplea la violencia para reprimir a las protestas. Esto da un gran margen a los huelguistas para hacer ceder a los empresarios a sus reclamaciones. No obstante, desde el año 2013 hasta la actualidad las autoridades chinas han intervenido y procedido a diferentes arrestos en el 20% de las protestas realizadas.


Un momento histórico


Y entendiendo que se trata de un momento histórico en el que la acción colectiva se manifiesta obteniendo éxitos en favor de los trabajadores, probablemente el mejor momento del movimiento de los trabajadores chinos de los últimos 50 años, se plantea una pregunta: ¿por qué los grandes medios de comunicación priorizan otra clase de protestas? Quizás se trata de una cuestión de reivindicaciones, o tal vez estemos de nuevo ante un caso de aporofobia mediática. Frente a la clase trabajadora china, se prefiere visualizar protestas de disidentes de un perfil mucho más anglófilo, como Ai Weiwei o Liu Xiaobo, o se buscan espejos a las protestas de Tian'anmen en las protestas de Hong Kong, incluyendo a sus protagonistas: joven, estudiante, universitario de "clase media" cuyo propósito es conseguir la libertad --en concepto amplio y poco específico, pero que suele significar la equivalencia al modelo de los Estados Unidos de América-- a través de una protesta pacífica, creativa y altamente fotogénica.


El futuro de este movimiento --que por otro lado viene de un incremento constante desde hace diez años-- es incierto. La ausencia de un espíritu transformador hace reflexionar sobre hasta dónde puede llegar un sindicalismo de carácter reformista, entendiendo que un Estado, sea capitalista o socialista de mercado, donde el motor económico del país se basa en el beneficio empresarial, implica que no se puede permitir una clase trabajadora tan bien acomodada. La deslocalización, además, es un fenómeno que también se está produciendo hoy en China, no como país receptor, sino todo lo contrario: las empresas prefieren irse a países con menos regulaciones, como Vietnam, Malasia o Indonesia, o a las provincias centrales de China.
Estamos hoy quizás ante el momento cumbre de este movimiento, que difícilmente podrá conseguir más si no es redirigiendo sus objetivos a un óptica transformadora, un momento que en el futuro de la historia del movimiento obrero chino se recordará como una época dorada. El mañana es mucho más oscuro, pues Beijing no se puede permitir seguir esta desaceleración de los índices macroeconómicos, por lo que soplan vientos de represión y de intensificación de la lucha. Pero mañana volverá a ser Primero de Mayo y las banderas rojas volverán a ondear en Tian'anmen, y resonará la internacional, el viejo canto a los parias de la tierra, en plazas y radios en taxis y puede que incluso en las fábricas. Pero dentro de dos días seguirá siendo China, y volverán las huelgas a la fábrica del mundo.

Publicado enInternacional
El legado de los campesinos, la autonomía

El campesinado ha tenido condiciones para emprender históricamente experiencias autonómicas, y esto en razón de que logra ser autogestionario económicamente, producir fuera de la lógica del capitalismo y estar habilitado para gestionar sin tutelas sus comunidades, creando de ese modo novedades en el registro de la política. Hubo una serie de casos durante el siglo XX por demás interesantes, que rematan, en los comienzos de 1994, con el surgimiento del Movimiento Zapatista en Chiapas. En este último caso, se trata de indígenas campesinos mayas, donde la comuna como organización social, económica, cultural antecede al Chiapas rebelde de 1994.


Existen otros dos casos en la primera mitad del siglo XX que están ligados a procesos revolucionarios de izquierda donde ha circulado cierta ideología anarquista de base, no violenta y "constructivista". Paradójicamente, ambas abortan por voluntad de los partidos comunistas bolcheviques y no por el poder capitalista o fascista. Uno es el movimiento makhnovista, paralelo a la Revolución Rusa en Ucrania, y el otro es la experiencia de una comunidad campesina en Aragón de 1936 a 1939, con elementos muy semejantes a los episodios de Barcelona relatados por George Orwell en Homenaje a Catalunya.


El movimiento makhnovista debe su nombre al campesino ucraniano Néstor Makhnó, oriundo de la región de Guliay Polié, líder en la guerra civil desatada después de octubre y merecedor del control de su región por esta razón. Esta coyuntura es aprovechada por los campesinos organizados, muy minoritariamente de ideología anarquista, para iniciar un proceso de profundas transformaciones desde las poblaciones mismas, sin traspasar el poder inmanente e instituyente a representantes partidarios. Se inicia uno de los procesos de autonomía obrera y campesina más interesante del siglo XX. El poder recayó en las "asambleas" o "soviets", como se los denominara al comienzo del proceso revolucionario ruso.


Durante 1917 y 1918, las asambleas de base campesinas deciden 1) desarmar al sector propietario de grandes terratenientes, 2) la abolición de todos sus privilegios y 3) el reparto de esas tierras; se les otorgan según el tamaño de la familia campesina uno o dos pares de caballos y uno o dos pares de vacas, así como aparejos y herramientas de labranzas. Se forman cuatro comunas cercanas en esa región y otras varias en regiones más alejadas; todas se configuran voluntariamente por grupos de parentesco o afinidad. Las asambleas discuten todo, desde las semillas a utilizar hasta la educación que debía impartirse en las comunidades.


Las vicisitudes políticas de esta experiencia con Néstor Makhnó como referente están ampliamente documentadas por autores que fueron sus detractores o entusiastas. Tanto unos como otros muestran cómo va creciendo el disgusto de las autoridades bolcheviques por la falta de subordinación a las órdenes del poder centralizado y cómo terminan aniquilados en 1921 por el Ejército Rojo. Néstor Makhnó partió al exilio en París y escribió en sus memorias un registro claro y conmovedor de la experiencia. Pero en la memoria colectiva de este pueblo perdura hasta hoy la experiencia libertaria que los habilitó a decir "no tuvimos ni el poder subordinante del patrón ni del partido".


Tanto el movimiento makhnovista como la experiencia campesina de base de Aragón mostraron que poblaciones no indígenas, sin contar con la experiencia cercana de vivir en fuertes comunidades, pudieron autoorganizarse y conformarlas.


Mientras tanto, en América latina, durante todo el siglo XX los campesinos indígenas pudieron sobrevivir al capitalismo moderno/colonial arrasador e individualista justamente por la persistencia de la comunidad y procesos autonómicos de distintos niveles. Chiapas, el "neozapatismo", es una caso particular porque demuestra la voluntad de tomar lo mejor de la tradición comunitarista autonómica y los buenos logros de la modernidad, como la lucha contra el patriarcado, establecer formas de democracias directas e ir construyendo lo que se ha denominado "un mundo otro". Los intentos de las asambleas de Ecuador y Bolivia de "estados plurinacionales" o la consigna del "buen vivir" (que circula hasta por nuestro país) reenvían a estas experiencias campesinas autonómicas, tanto las de origen indígena de América latina como a las ocurridas por otras partes del mundo.

Publicado enEconomía