Arqueólogos datan en Perú el mayor sacrificio masivo de niños del Nuevo Mundo

Pruebas de un sacrificio masivo obtenidas en un sitio arqueológico del siglo XV en Perú, revelan que se realizó con el asesinato ritual de más de 140 niños y más de 200 llamas.

El estudio, publicado en Plos One, por Gabriel Prieto, de la Universidad Nacional de Trujillo, en Perú, y sus colegas, describe el mayor sacrificio masivo conocido de niños, y de llamas, en el Nuevo Mundo.

Los sacrificios humanos y de animales se conocen a partir de una variedad de culturas antiguas, a menudo realizados como parte de rituales funerarios, arquitectónicos o espirituales. Sin embargo, hay muy poca evidencia de esta práctica en la costa norte de Perú. El sitio de Huanchaquito-Las Llamas era parte del estado de Chimú, cultura dominante en la costa peruana en el siglo XV.

Este estudio informa sobre los hallazgos de las excavaciones entre 2011 y 2016, que revelaron cientos de cuerpos enterrados en un área de aproximadamente 700 metros cuadrados. Los restos humanos eran casi todos niños, y los de animales, todos juveniles, se identificaron como llamas, pero posiblemente fueron alpacas.

La evidencia anatómica y genética indica que se incluyeron niños y niñas entre 5 y 14 años de edad. Las marcas de corte que atraviesan los esternones y las costillas desplazadas sugieren que tanto a los pequeños como a las llamas les pueden haber abierto el pecho posiblemente durante la extracción ritual del corazón.

Los restos fueron datados con radiocarbono hacia 1450 dC, durante el apogeo del estado de Chimú. Una capa gruesa de barro que cubre los sedimentos del entierro indica que esta matanza masiva fue precedida, y quizás inspirada, por una gran tormenta o inundación.

Los autores señalan que este sacrificio fue claramente una gran inversión de recursos para la cultura Chimú. Mediante estudios futuros, los investigadores esperan entender mejor el ritual por medio de sus víctimas, analizando las historias de vida y los orígenes culturales de los niños sacrificados.

El coautor John Verano, profesor de antropología en la Universidad de Tulane, en Estados Unidos, agrega que este descubrimiento arqueológico fue una "sorpresa" para todos.

"No habíamos visto nada como esto antes, y no había ninguna sugerencia de fuentes etnohistóricas ni relatos históricos de sacrificios de niños o camélidos en una escala así en la costa norte de Perú. Tuvimos la suerte de poder excavar completamente el sitio y tener un equipo multidisciplinario de campo y laboratorio para realizar la excavación y el análisis preliminar del material. Este sitio abre un nuevo capítulo sobre la práctica del sacrificio de niños en el mundo antiguo", concluyó.

La ultraderecha mundial pasa al ataque

El pasado martes 5 de febrero, el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, afirmó que “la amenaza más grande que en este momento tiene la humanidad” es la ley de género, la enseñanza de género y la “ideología de género”, que calificó de “imposición dictatorial”, “liberticida” y “de corte estalinista”. Una vez más, la expresión “ideología de género” servía para cargar contra el movimiento feminista, como viene haciendo Vox desde su irrupción en la política española.

Pero no se trata de un fenómeno español: en Colombia, las iglesias evangélicas llamaron desde los púlpitos a votar “no” en el plebiscito sobre los Acuerdos de Paz entre el Estado y las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia), en octubre de 2016, argumentando que tales acuerdos estaban teñidos de “ideología de género”. Y Jair Bolsonaro, en su discurso de toma de posesión de la presidencia de Brasil el 1 de enero, fue tajante: “Prometo combatir la ideología de género conservando nuestros valores”.


No es una novedad que la derecha y la Iglesia unan sus fuerzas para sabotear los avances de las mujeres en la conquista de sus derechos; la dictadura franquista es buena muestra de ello. Más reciente, pero tampoco novedosa, es la expresión “ideología de género” que el Papa Benedicto XVI definió como “el objetivo de liberar al ser humano de su biología”. Hace veinte años, Monseñor Óscar Alzamora Revoredo, obispo auxiliar en Lima, escribía que detrás del uso de la palabra género “se esconde también una ideología que busca hacer salir el pensamiento de los seres humanos de esta estructura bipolar” que los divide en hombres y mujeres, y calificaba de “revolucionario” este planteamiento.


Pero es en los últimos años, al calor de la fuerza de un movimiento feminista que se ha mostrado imparable a escala internacional, cuando ha cobrado relevancia la expresión “ideología de género”. Así explica este fenómeno la politóloga argentina Verónica Gago, una de las impulsoras del movimiento ‘Ni Una Menos‘ en Argentina: “Ideología de género es un concepto impulsado por la Iglesia católica que pretende organizar una contrainsurgencia sobre la fuerza y la potencia del feminismo”.


Hablar de contrainsurgencia implica la invención y demonización de un enemigo interno: en este caso, las feministas, supuestamente enemigas de los hombres, la familia y la religión Con Donald Trump al frente de Estados Unidos, Jair Bolsonaro en Brasil, Vox avanzando en España y partidos neofascistas –si asumimos que nos sirve esa categoría; el historiador Federico Finchelstein preferiría hablar de “populismo de derechas”–, ya existen pocas dudas de que la ultraderecha avanza en todo el mundo, y parece evidente también de que las feministas, junto a los y las migrantes, están en el centro de su diana. Esa estrategia global convive con variantes locales: en Francia, Marie Le Pen arremete contra la migración al tiempo que se autoproclama feminista y agita el miedo a que “la crisis migratoria acabe con los derechos de la mujer”.


En cualquier caso, lo habitual es que el antifeminismo conviva con la xenofobia y la defensa de los “valores tradicionales”. Vox pide la expulsión de los migrantes con la misma visceralidad que la supresión de la ley de violencia de género, al tiempo que dice apostar “por los valores, la familia y la vida”; Trump exhibe su misoginia junto a un ardiente discurso antimigratorio; en el Congreso brasileño, los diputados evangélicos se aliaron con los ruralistas –vinculados a los intereses de los terratenientes– y con quienes apoyan las armas, en la llamada “bancada BBB”: Buey, Biblia y Bala. Y, en Ecuador, el presidente Lenin Moreno aprovechó el femicidio de una mujer embarazada cometido por un migrante venezolano para agitar la xenofobia: “Les hemos abierto las puertas, pero no vamos a sacrificar la seguridad de nadie”, afirmó. En la misma operación, criminalizaba a la comunidad venezolana al tiempo que negaba la violencia machista entre sus congéneres.


Mujeres en defensa de los territorios


“La derecha está leyendo la potencia del feminismo en temas estratégicos, mientras las izquierdas tradicionales siguen infantilizando nuestra capacidad política. Incluso a nosotras nos cuesta dimensionar la potencia de ese internacionalismo de nuevo cuño que está surgiendo”, sostiene Verónica Gago. Pero, ¿por qué el feminismo se ha convertido en el principal enemigo a combatir de las derechas de todo el mundo? La politóloga lo resume en dos palabras: masividad y radicalidad.


“El movimiento feminista ha logrado ser masivo y radical al mismo tiempo, y eso lo convierte en una amenaza para los poderosos, porque pone en jaque las relaciones de obediencia en todos los ámbitos de la vida colectiva y el sistema político no está a salvo”. El feminismo ha logrado desbordar la temática de género: se ha incardinado, y esto es muy visible en América Latina, en el núcleo mismo de las luchas indigenistas y anticapitalistas, y “en la capacidad de modificar relaciones concretas en los sindicatos, las escuelas, la familia, la pareja o la fábrica”.


Así, “el feminismo fue saliendo del ‘gueto’ de la cuestión de género; y lo hizo no desde una posición de exterioridad, sino que se convierte en una dimensión interna de cada una de las luchas para radicalizarlas desde adentro, a la vez que produce planos de coordinación entre una conflictividad social en aumento”, añade Gago.


Esta capacidad para radicalizar las luchas se percibe en la efervescencia de los feminismos comunitarios e indígenas, y se encarna en el protagonismo femenino en las luchas contra proyectos extractivos como la megaminería, las grandes hidroeléctricas o los monocultivos.


Como ha señalado la antropóloga Rita Segato, el asesinato de la hondureña Berta Cáceres, como el de tantas mujeres latinoamericanas en defensa de sus territorios, fue un femicidio, pues aunque a los hombres se los mata también por resistir al avance de la frontera extractiva, en el caso de las mujeres se pretende eliminar “un estilo de hacer política, una politicidad propia de las mujeres” que, entre otras, es capaz de conectar la conquista de los territorios que habitan estas comunidades con la violencia contra los cuerpos de las mujeres.
Así lo expresó la añorada Berta Cáceres: “Si las mujeres no hablan de sus cuerpos entre sí, si no reconocen sus derechos al placer y a no sufrir violencia, no podrán entender que la militarización es una práctica de invasión territorial que se vincula con la violencia contra las mujeres, al utilizar las violaciones sexuales como arma de guerra”.


Esto sucede en los territorios que defienden las comunidades indígenas, afrodescendientes y campesinas, pero también en las ciudades: el pasado septiembre, en Buenos Aires secuestraron y torturaron a una maestra en cuyo vientre escribieron con un punzón: “Ollas no”. Su crimen había sido organizar ollas [asambleas] populares en los barrios y, con ello, sacar el trabajo reproductivo de su confinamiento doméstico y “visibilizar que son las mujeres las que se están haciendo cargo de la crisis de reproducción social que genera el neoliberalismo”, argumenta Gago.


La violencia machista se combina así con su dimensión clasista, racista y colonial, a semejanza de lo que ocurre en Europa, donde, en las elecciones andaluzas, un vídeo promocional de Vox, con Santiago Abascal y sus hombres a caballo, agitaba el símbolo de la Reconquista que finalizó en Granada el mismo año que los conquistadores españoles llegaron a América. “Lo que antes se negaba hoy aparece con exhibicionismo”, apunta Gago, y abre así el feminismo a “preguntas que van al núcleo de la crítica anticapitalista y descolonial, que deja de ser meramente ideológica para ser concreta”, como concretas son las escenas de violencia patriarcal, racista y colonial que se viven en los territorios rurales y urbanos.
En un momento de ascenso de la ultraderecha, esa nueva hegemonía se traduce en los discursos de los políticos y diarios de derechas. A primeros de febrero, Pablo Casado utilizó el pago de las pensiones para justificar su intención de derogar la ley que facilita el aborto en España: “Hay que tener más niños, no abortarlos”, afirmó, con un argumento propio de El cuento de la criada.


El 1 de febrero, el diario argentino La Nación publicó un polémico editorial titulado Niñas madres con mayúsculas, en el que ensalza el supuesto espíritu maternal de niñas embarazadas con 12 o 13 años. Pocos días antes, en la provincia de Jujuy, moría el bebé de una niña de 12 años que fue violada y a la que se le impidió abortar. Antes de la muerte del bebé, el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales, había anunciado que una familia “importante” tenía intención de adoptar al bebé; llevaba así a la memoria de muchos argentinos las reminiscencias del robo de bebés que fue masivo durante la dictadura militar de 1976-83.


Pero, ¿por qué esta deriva neofascista? “Creo que el neoliberalismo no logra estabilizar unos modos de obediencia, no logra que se toleren los niveles de violencia que requiere la actual fase de acumulación del capital; y las derechas han leído la capacidad de desestabilización del mundo que tiene el movimiento feminista; por eso el fascismo, en los gobiernos y como micropolítica, promete una forma de estabilización para el neoliberalismo”, sostiene Gago. La italiana Silvia Federici, que en Calibán y la bruja explicó la relación entre la caza de brujas y la acumulación originaria en los orígenes del capitalismo, lleva tiempo alertando de que hoy vivimos una nueva caza de brujas, más aguda allá donde la lucha de clases es más acentuada.


Fue siempre así: las mujeres desobedientes, antes llamadas brujas, hoy feminazis, tuvieron y tienen la capacidad de desestabilizar el sistema. En este contexto, concluye Gago, “la pregunta que debemos hacernos es qué significa cuidar esa fuerza del movimiento”. Y es ahí que se abre todo un campo de experimentación, que abarca desde las alianzas estratégicas hasta las tácticas de autodefensa, pasando por la alerta ante las distintas formas de cooptación del movimiento, como las que despliega el mercado en su propuesta de un feminismo compatible con el capitalismo.

27 febrero, 2019

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Roma: una gramática cinematográfica  de la identidad latinoamericana

Alfonso Cuarón ha logrado, con su película Roma, una aproximación precisa y, a la vez, poética, a la forma de vida de una nación latinoamericana de la segunda mitad del siglo veinte. Se trata de Roma, una colonia –lo que en Bogotá se denomina localidad o en Medellín comuna– enquistada en la pantagruélica mole de la ciudad de México. El año: 1970. Es México, pero igual puede ser Colombia o cualquiera otra de las naciones andinas.

 

Observar y deleitarse con Roma es recordar, para los que vivieron una época –y para los que no, imaginarla, entenderla– en toda su complejidad: países que pasan de ser rurales a urbanos; familias que, dentro de una larguísima tradición católica, comienzan a resquebrajarse; políticos que, como siempre, cantan sus promesas vacías en busca de votos y en medio de la miseria de sus electores. Eso, en un contexto general, pero, más allá de este amplio plano, el drama de una mujer, indígena, de la etnia mixteca, la cuarta minoría mexicana después de los nahuas, los mayas y los zapotecos, que vive y trabaja en la casa de una familia de clase media alta. Una familia presidida por un padre lejano y despótico, una madre profesora en la “prepa” (o bachillerato); la madre de esta última, y tres pequeños hijos del matrimonio. Dos empleadas domésticas que hablan en lengua mixteca entre ellas, una de ella Cleo, la protagonista, magistralmente interpretada por una actriz no profesional, Yalitza Aparicio. Dos dramas. De una parte, Sofía, la madre de los niños es abandonada por su esposo; de la otra, Cleo, es embarazada y luego rechazada por su novio, un practicante de las artes marciales que luego deviene paramilitar. Historias sencillas, típicas de una nación latinoamericana de los años setenta, que son presentadas por el arte de Cuarón de manera estremecedora.

 

La elección del blanco y negro no solo es acertada sino sublime; cada escena, cada imagen gana en dramatismo, en intensidad, en realce gracias a los claroscuros, las sombras y los mil matices del gris. Los encuadres, bien sea de los paisajes urbanos o rurales, así como los primeros planos, en especial, los de Cleo en su exquisita gestualidad, son de una puntualidad que bordea la perfección.

 

Cualquier ataque o juicio que se haga a la película en términos de lenta, larga o aburrida son muestra, seguramente, de la pobreza conceptual que aflige a algunos o muchos espectadores modernos, anestesiados por un cine que no permite la activa participación del espectador en la construcción de la lectura de la película. Todo lo contrario, Roma es de una intensidad pocas veces lograda en la cinematografía moderna. Y, paradoja de paradojas, quien produce esta obra maestra es Netflix, una empresa asociada al “streaming” y –en cierto sentido– a la comercialización exacerbada y a la banalización del cine. Sorprende gratamente que de los mismos toldos de Netflix –en su batalla de destronar a Hollywood–, surja una propuesta como Roma que invita a degustar el buen cine, el cine de autor, el cine riguroso, que no suele conmueve y apela a las emociones básicas del espectador moderno (las artes siempre deben conmover, de lo contrario no serían artes), sino que también propone verlo como se concibió desde un principio: más allá de contar historias bien contadas, es hacerlo con arte a través de la fuerza de la imagen, del dramatismo de la iluminación, del discurso de lo gestual, de la poética del ritmo y de la cadencia que seducen e hipnotizan al espectador desde la primera escena.

 

Cuartón domina el lenguaje cinematográfico y sus reglas: la sintaxis, la gramática, la morfología y la narrativa visual. Es un observador, igual que un gran novelista –a la manera de un Dostoievski, un Dickens o un Tolstoi–, de la condición humana y de las dinámicas sociales. Parecería que la memoria de su niñez, en esa casa, en esa colonia, raya en lo obsesivo. De ello da cuenta, una tras otra escena: la forma como Cleo es integrada, y al mismo tiempo, segregada de la familia; las protestas estudiantiles reprimidas violentamente; los temblores que sacuden la ciudad; las ventas ambulantes a la salida de los cines, las desafinadas bandas de guerra escolares que desfilan frente a la casa, los aviones que cruzan sin cesar el cielo citadino; los campos de verano; el mar, siempre el mar, que seduce y castiga a quien lo irrespeta; las cosquillas y los canticos para despertar o dormir a los niños, el acceso vedado a la sala de televisión para las empleadas; el acto de Cleo de limpiar la bocina del teléfono después de levantarla y hablar en ella (como si fuera un acto impuro); las explosiones emocionales de los patrones frente a las empleadas de la casa por hechos no atribuibles a ellas… las imágenes son hilvanadas una tras de otra para reconstruir una identidad latinoamericana de la segunda mitad del siglo veinte, con sus contradicciones y matices, sus verdades y sus mentiras, sus gritos y sus silencios.

 

Al escribir estas líneas se desconocen los reconocimientos que tendrá la película en los mediáticos premios Oscar. Ese resultado poco importa; con seguridad Roma es un hueso demasiado duro de roer para la academia hollywoodense y para un público norteamericano que no sabe seguir subtítulos –bien sea por pereza o por falta de práctica, o por las dos–. Lo que finalmente queda es una obra intensa, bella y demoledora en su denuncia social, de una época y de una sociedad burguesa: el retrato, seguramente incompleto e imperfecto; aun así, un retrato, de una identidad latinoamericana. Lo demás es inocuo.

Publicado enEdición Nº254
Jueves, 17 Enero 2019 06:21

El amor de antes, el amor de ahora

El amor de antes, el amor de ahora

Por qué la idea del poliamor despierta tanta curiosidad y fascinación, se pregunta la autora. ¿Será tal vez que la fantasía de estar con un tercero está siempre latente o porque sabemos que es imposible prometer un amor eterno?, arriesga. El amor virtual y el poliamor, desde la mirada psicoanalítica.


Desde hace ya algún tiempo, asistimos a una nueva modalidad en la comunicación: nadie está exento de leer un diario, mandar un Whatsapp o subir un post a una red social, pero hasta hace poco no podíamos imaginar la posibilidad de establecer un vínculo de pareja también por esta vía.


En estos tiempos de arrasadora virtualidad, parece irrumpir un modo muy particular de amor, un amor a distancia. Evitar el encuentro con el otro sexo, pero sobre todo protegerse del sufrimiento que la experiencia amorosa pueda ocasionar: amar a resguardo, dejando que el amor quede alojado en el plano del ideal en vez de salir al encuentro de lo que efectiva y sorpresivamente allí se produzca: ¿será éste el amor platónico de la posmodernidad?


Llegué a saber de la existencia del amor virtual gracias al trabajo con pacientes púberes y adolescentes.


Recuerdo un relato de S: “Me puse de novia por chat, lo conozco del otro colegio pero no lo veo, solo nos hablamos por acá, asi estoy más tranquila, no quiero complicarme, ¿para qué?”


Creo que es fundamental poder escuchar este “para qué”, pues señala el nudo de la cuestión: como si el amor se tratara de algo funcional o utilitario y no causal: no es lo mismo “amar porque”, a “amar para”, aquí el eje se desplaza.


En la actualidad el amor virtual sucede y esto tiene su lógica: no hay espacio, ni tiempo, ni objeto que quiera resignarse, ¿será este síntoma de época un facilitador de una nueva idea del amor: un amor “simple” y “sin complicaciones”?


En este nuevo tiempo donde prima la autosuficiencia y la prescindibilidad, cabría preguntarse si necesitamos del amor de “un-otro”.


Lo que resulta evidente es que el amor romántico, apasionado y exclusivo ha dejado su lugar a una modalidad novedosa: el amor libre, inclusivo y múltiple.


Si evocamos al mito de Aristófanes podremos acercarnos a una idea del amor que remite a la teoría de la “media naranja”: el amor como un modo de ser completado, acabado por el otro, que tendría aquello que a nosotros nos falta, por tanto solo nos resta encontrar quien sea su portador.


Lacan plantea una posición crítica respecto a esta idea proponiendo que no existe tal complemento y afirmando además que la relación sexual, el encuentro con el otro, es de por sí imposible (tanto en lo sexual como en lo discursivo): no hay sino encuentro fallido, mal-entendido. Por lo tanto, siempre buscaremos para no encontrar o lo que encontramos no será nunca lo que buscamos.


Donde más claramente se cristaliza esta contemporánea noción del amor es en el actualmente mediáticamente conocido “poliamor”, expresión que verifica que la idea originaria del amor ha empezado a caer en desuso.


Hasta hace no mucho tiempo, el contacto cuerpo a cuerpo, el poder pasar el tiempo juntos era como “tocar el cielo con las manos”, aquello a lo que toda pareja aspiraba con ansias. De hecho, las más apasionantes historias de amor (como Romeo y Julieta, por ejemplo), mostraban justamente esta tragedia: la imposibilidad de encontrarse les resultaba tan tortuoso que en eso se les iba la vida. Hoy, claramente, esto no sería un problema, ya que la ausencia del encuentro físico no es un impedimento para el amor. Verse o no verse resulta anecdótico, lo importante, sí, es poder nombrar el vínculo, definir qué somos; una vez determinado el rol, lo demás pasa a un segundo plano. Por lo tanto, podríamos pensar que la relación hoy no se construye día a día, encuentro tras encuentro sino que se pacta: “somos novios” y al parecer eso basta: la palabra es acto.


Tradicionalmente la idea del amor era entendida como un estar dispuesto a dar todo por el otro. En el amor romántico, amar lo era todo en la vida de un sujeto, se soñaba con llegar a encontrar el amor de la vida, creyéndose que esa persona existía y por tanto ese encuentro era posible. El amor tradicional era más aristofánico que lacaniano.


No surgen dudas al afirmar que amar es elegir, por lo tanto, resulta crucial rescatar el valor de apuesta en relación al amor y que por lo tanto dicha elección conlleva, inexorablemente, una pérdida. Amar es, por decirlo de un modo deleuziano, un acontecimiento: marca un antes y un después en la vida de un sujeto. ¿Cuántas veces nos encontramos diciendo que nunca volveremos a ser el que fuimos, al haber atravesado una experiencia amorosa?


Sucede que este punto nodal que define al amor como una decisión con su consecuente renuncia, en el poliamor parece no ponerse en juego. Entonces ¿será necesario redefinir el concepto de amor a la luz de estos tiempos que corren?


¿Podemos validar la existencia del amor diversificado o será el poliamor un oxímoron?


En principio, parecería desprenderse del concepto de “polivínculo” la idea de que aquí no hay renuncia: el amor múltiple puede habilitar a plantear que aquí nada se pierde, sería una versión del amor que nos recuerda que a diferencia de lo que sucedía en otros tiempos ahora no habría lugar a lo imposible.


Entonces tal vez el poliamor podría definirse como un modo de amar contemporáneo o tal vez como una excepción del amor o cabría la posibilidad de pensarlo como un semblante (entendiendo por semblante aquello que juega a ser pero que en esencia no es).


De todas formas, si bien el poliamor se instala con más fuerza actualmente, no se podrá afirmar que es realmente novedoso: Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre vivieron una larga y apasionada historia de amor libre (un modo más antiguo de nombrar lo mismo).


Algo más de 50 años juntos en una establecida y acordada pareja abierta que, según los relatos de cada uno de ellos, no hubiera podido funcionar de otra forma.
Una de las cuestiones en las que habría que poner el acento está sustentado en la idea de que no es necesario tener que elegir, allí se cede algo invaluable: la libertad. Por lo tanto ¿se podría hablar de un acto de amor frente a la elección de una no elección, o de lo que se tratará allí será más bien, de la inhibición del acto? La no aceptación de que algo siempre se pierde, esto es la asunción de que, ante la castración, no hay escapatoria posible.


Se podrá argumentar que en el poliamor también hay algo que se termina perdiendo indefectiblemente (si elijo A y B pierdo C) pero en definitiva lo que se pierde allí no sería más que su valor narcisista. La contracara de ello será lidiar con la responsabilidad de la incondicionalidad y el consecuente sentimiento de culpa que adviene frente a un posible conflicto o un eventual fracaso. En este sentido, la idea del polivínculo podrá ser entendido como un bálsamo, ya que trae aparejado un importante efecto de alivio. Ahora bien, ¿será que una relación abierta es menos exigida y por ello menos conflictiva? Por otro lado, si la prohibición genera el deseo, si la falta nos ubica como deseantes, ¿no podrá ser el poliamor el causante del aplastamiento del deseo? Todo esto está aún por verse.


Sea como fuere, creo que hay algo en el amor de antes y en el amor actual que se mantiene intacto, y es el punto en el que todo amor representa una ficción, es el que uno se inventa. Como dice Charly García, “un amor real es como dormir y estar despierto”.


Por lo tanto, de lo que se tratará es de decidir si se quiere ficcionar o no, a sabiendas de que aunque se esté con otro, aunque por momentos ambos estén inmersos en esa especie de “locura a dúo”, esa invención es necesariamente singular.


La pregunta necesaria es por qué la idea del poliamor despierta tanta curiosidad y fascinación, ¿será tal vez que la fantasía de estar con un tercero está siempre latente o porque en definitiva sabemos de la imposibilidad de prometer un amor que sea eterno? Acaso esta nueva modalidad de amor nos alivia, nos aligera aunque no por ello nos garantice nada.
Nunca hemos faltado tanto a la verdad como en nombre del amor, otorgando a la mentira cierta función protectora.


Cuántas veces hemos escuchado frases como: “nunca querré a nadie como a vos”, “te amo desde el día en que te conocí”, “sin vos me muero”. Ninguna de ellas puede ser contrastada pero a su vez sabemos de su insustentabilidad. ¿Cómo saber si amaremos por siempre, cómo medir el amor, cómo suponer la inminencia de la muerte frente a su ausencia?
El amor nos confronta con el hecho de que, como en toda ficción, llegará el momento del desenlace y el desencanto que podrá anunciar el final definitivo o tal vez no, que podrá llevar a una resignificación del amor, o no.


Y esto compete tanto al amor de antes como al amor de ahora, porque amar, para que siga siendo un acto y no devenga un simulacro, implica inevitablemente el atravesamiento de conflictos; si ello no ocurre en vez de amor, tal vez estemos hablando de otra cosa.


Q Psicoanalista.

 

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Supersón Frailejónico: tras las sendas de la carranga

De los montes vienen bajando, entre caminitos de piedra, ocho jóvenes habitantes de la ciudad de Bogotá, que entonando y combinando ritmos tradicionales del país y la región cundiboyacense, lograron darle forma a un nuevo estilo para la carranga, una forma cambiante que trae consigo sonidos de chirimías caucanas, melodías de pasillos, merengues bambuquiaos, fandangos, san juanitos y torbellinos.

 

Son unos ritmos cuyos intérpretes van tocando y danzando al compás de la tierra. A los instrumentos tradicionales de la carranga, como el requinto, tiple y la guacharaca, les juntaron instrumentos como el rondín pareado, contrabajo, chiflos, bombos, quiribillos, maracas y flautas. Todo un variopinto musical que lleva letras que preguntan y reflexionan sobre querencias sociales, tales como el agua, la tierra, la protección de los animales, el medio ambiente, entre otros*.

 

Una música para guardianar la vida y los territorios

 

Acompañados de incas collarejos y osos de anteojos, el Supersón Frailejónico se perfila como una nueva generación de la carranga que le canta a la vida, a los páramos y montañas, lagunas y cusumbos, taitas y biohotes.

 

En su primer disco “De los montes vienen bajando”, presentado el 28 de septiembre en la ciudad de Bogotá, nos encontramos con doce canciones entre las que se encuentran las historias del botadero doña Juana, la vecina más jodida y maluca del sur de Bogotá, que afecta directamente a los habitantes de Ciudad Bolívar y contamina el río Tunjuelo; así mismo está entre sus entonaciones un clamor por la vida que cuenta la historia del páramo de Santurbán en las tierras santandereanas, amenazado en su existencia por el monstruo de la megaxminería y la ambición del poder. Doce canciones para descubrir, bailar y cavilar.

 

Un llamamiento a la memoria y al presente. Las letras de esta agrupación nos cuentan historias de los pueblos indígenas que habitaron y habitan los territorios de la Sabana, así mismo reconoce los saberes de los campesinos, y recuerda los múltiples animales que habitan los páramos y montañas del país, cuya existencia está en peligro.

 

Tocando las fibras de la cultura

 

En los tiempos que vivimos en Colombia, de incertidumbre política y social, donde la democracia es un simple formalismo y las decisiones de las comunidades con respecto a sus territorios son irrespetadas/violadas por los intereses de la economía mundo capitalista –modificación de las consultas populares, fumigación con glifosato, proyecto de legalización del fraking, entre otros temas–, el suceso de que del monte vengan bajando nuevos compositores e intérpretes de los ritmos criollos, con sus desarrollos y nuevas sonoridades, así como conjunción de memorias de instrumentos, le viene muy bien. Con toda certeza, una alegre contribución que invita a gozar a la vez que pensar, y pensar para hacer y no solo para contemplar, pues, al fin y al cabo, a nuestro territorio lo defendemos todos y todas, o simplemente le dejaremos a las generaciones que van llegando un peladero lleno de edificios y coloridas fotos con la fauna que pobló desde siempre esta parte de nuestra América.

 

Con alegría sonora y temática, el Supersón nos acerca de una manera creativa a temas sustanciales para la vida, riendo y cuestionando en defensa de la misma, de la cual dicen en una de sus letras: “La vida no tiene precio pa’ que se pueda comprar, si sumercé no me entiende pruebe oro al desayunar”.

 

* Para escuchar su primer EP “Sembrando canciones pa’ hacer crecer la vida” y su primer disco “De los montes vienen bajando” ver: https://elsupersonfrailejonico.bandcamp.com/ Video canción “caminito de piedra”: https://www.youtube.com/watch?v=eb_1SkGvAP0 Para saber más del grupo visitar sus redes https://www.facebook.com/elsupersonfrailejonico/https://www.instagram.com/elsupersonfrailejonico/?hl=es-la

 

Publicado enEdición Nº251
Miércoles, 24 Octubre 2018 16:36

El cristianismo católico en el siglo XXI

El cristianismo católico en el siglo XXI

La visita del papa Francisco a Colombia fue un acontecimiento muy importante para los católicos, pero aún más para los que somos laicos. Su discurso renovado evidencia una cercanía a una sociedad que cambia rápidamente, situación que estima un trabajo muy duro hacia el interior de una institución como es la católica, quien le había dado la espalda a sus seguidores acosados por los desafíos que plantea el mundo actual.

 

Es un hecho evidente: a la Iglesia Católica le costó mucho trabajo entender que la sociedad había cambiado. Hecho palpable a lo largo del siglo XX. Durante esas diez décadas, la Iglesia Católica en cabeza de sus representantes, el Papa y Cardenales, practicaban una Iglesia con creencias y métodos que habían evolucionado muy poco en los últimos cuatrocientos años.

 

Era una actitud regresiva ante una sociedad multiplicada en número de habitantes, intercomunicada por radio y televisión, cada vez más urbana, con imaginarios cada vez menos apegados a la tradición, a las verdades trasmitidos de padres a hijos, lo que le planteaba a la Iglesia resolver variedad de retos en este mundo concreto, para lo cual era de poca ayuda insistir con promesas de un cielo etéreo y abstracto, que ya no encontraba sintonía con las angustias y realidad apremiante de la población cristiana católica.

 

Los cambios sociales producto de dinámicas económicas perversas empujaron al mundo del siglo XX –en su mayoría de creencia católica–, a dos guerras mundiales en menos de cuarenta años y a un sin número de confrontaciones violentas en los siguientes cincuenta años.

 

En estas circunstancias, vivir en pleno siglo XX no era fácil, situación que permite preguntar ¿Y, dónde está la Iglesia Católica? En todo este caótico mundo, dónde estaba la presencia de un guía espiritual y el apoyo moral para sus seguidores, lo que hubiese aliviado el gran dolor de muchos cristianos católicos en aquella época; era lo mínimo que se esperaba. Pero la Iglesia católica por intermedio de sus representantes se encontraba cercana al poder político, en muchos casos dictadores y tiranos, y en otros casos cercana a quienes ostentaban el poder económico, ambas instituciones responsables de la debacle de los valores fundacionales de una sociedad moderna, como son la libertad, la justicia y la equidad.

 

Pero, de igual manera, hacia el interior de la Iglesia se movían manifestaciones que entendían que esta Iglesia no podía seguir al margen de las necesidades humanas, siendo solo espectador del dolor y en algunos casos complaciente, callando sin musitar palabra. Luego, el espíritu de renovación en el discurso se hizo sentir en medio de la debacle.

 

El papa Juan XXIII convoca, hacia mediados del siglo XX, al Concilio Vaticano II, con clara disposición de impulsar reformas hacia el seno de la Iglesia católica hundida en el pasado, pero solo un poco más de diez años duró la reflexión, ya que la muerte de este Papa renovador precipitó el fin de esta oportunidad histórica de lograr identificar el objetivo de la iglesia ante los cambios veloces que experimentaba la sociedad. Hacia el año de 1965, quien lo sucede, el papa Pablo VI decreta el final del Concilio Vaticano II; luego la etapa de reflexión y cambio solo se dio en algunos asuntos de poca profundidad para la Iglesia.
Pese a esto, en Latinoamérica un sector de la Iglesia católica entendió la necesidad de continuar con un discurso progresista, sin aceptar la regresión de la Iglesia en el resto del mundo, continuando así con una acción social progresista que permitiera fundar una nueva visión de la acción pastoral, con fundamento en el contacto directo con las necesidades y apremios de una gran mayoría de la población marginada, y en franca situación de pobreza, en estos países que en su mayoría se encontraban gobernados por las dictadores militares.

 

Este movimiento latinoamericano de sacerdotes progresistas definió nuevas reflexiones teológicas sobre el papel de la Iglesia católica en los países pobres, despertando polémica entre los sectores más conservadores de la Iglesia en Latinoamérica y en las élites de cada país. Esta nueva teología se empezó a denominar “Teología de la Liberación”, caracterizada por la experiencia de conocer a Dios dentro del sufrimiento y la lucha de los pobres, y en algunos casos en lograr explicar y defender esa experiencia1. Igualmente, “La Teología de la Liberación articula una experiencia de Dios en el pobre que tiene lugar en la iglesia”2.

 

Ante la aparición de una manera diferente de trabajar y acompañar al ser humano, que reclama la presencia de Dios desde sus mismas necesidades vitales, el cardenal Ratzinger, jefe de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, dio alcance a lo que se denominó como Teología de la Liberación en América Latina en una carta denominada “Carta Ratzinger”, donde arremetía en contra de dicho movimiento, acción acompañada de la fuerte represión hecha a sacerdotes progresistas. Como se recordará este Cardenal luego fue ungido como el papa Benedicto XVI y dirigió a la Iglesia entre los años 2005-2013.

 

Pasaron algunas décadas después de este intento de renovación, que si bien no generó los cambios esperados en su momento, estos quedaron postergados hasta cuando un cardenal latinoamericano logró alcanzar la máxima posición en la estructura jerárquica de la Iglesia católica como es el papa Francisco, que, si bien no practicó este tipo de teología, si logró experimentar de cerca la acción pastoral de muchos de sus colegas en aquella época. El papa Francisco fue el que logró que la Iglesia católica abriera sus ojos ante la nueva sociedad después de un largo sueño de más de quinientos años y sin perder tiempo abordará temas de inmensa preocupación en la población cristiana católica actual, como son la violencia hacia la mujer, el aborto, la homosexualidad, la práctica de la fe en Cristo para los cristianos católicos y demás palabras que permiten ver con esperanza la necesidad de acercar a la Iglesia a sus seguidores.

 

A finales del año 2017 el papa Francisco visitó a Colombia como una acción concreta de la participación de la Iglesia en el proceso de paz en marcha en el país, haciendo una praxis dramática y comprometida con este logro, a diferencia de situaciones anteriores, en donde la Iglesia no asumió el papel protagónico que se esperaba en el acercamiento de las partes en conflicto a partir de entender que la fe cristiana no tiene color político o ideología.

 

Luego, no es atrevido pensar, que aquellas enseñanzas y lecciones aprendidas fruto del intento de algunos sacerdotes que cuarenta años atrás llevaron la acción pastoral al contacto directo con los problemas del ser humano del común, denominado por algunos “Teología de la Liberación”, hoy se encuentran presentes en algunas de la acciones y discursos concretos que este Papa utiliza como método de acercamiento a la población cristiana católica que lo sigue. Por esto, se podría afirmar que es el principio del entendimiento sobre la coherencia entre el discurso y la acción, que son las bases fundamentales para la construcción de un cristianismo más cercano a los problemas concretos del ser humano en el presente siglo. Muchos seguidores del papa Francisco animados por su espíritu renovador, desean que tenga un pontificado extenso, y que como líder de su iglesia logre reconstruir un cristianismo católico capaz de afrontar los retos que le plantea el siglo XXI.

 

1 Berryman, Phillip, Teología de la Liberación, Siglo XXI Editores. Colección Sociología y Política. Tercera edición en español. Impreso en México.
2 Ídem.

* Arquitecto con más de veinte años de experiencia de trabajo en temas urbanos y de ordenamiento territorial en entidades públicas y privadas; Especialista en Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano Regional y Magíster en Sociología Urbana.

Bibliografía
Restrepo, Javier Darío, La Revolución de las Sotanas. Golconda 25 años después, Editorial Planeta. Segunda edición. 1995.

 

Publicado enEdición Nº251
Miércoles, 17 Octubre 2018 06:40

Bolsonaro es una creación de la clase media

Bolsonaro es una creación de la clase media

El 17 de marzo de 2016 la pediatra María Dolores Bressan envió un mensaje a la mamá de Francisco, un niño de un año, diciéndole que renunciaba "con carácter irrevocable" como pediatra de su hijo porque ella y su esposo "forman parte del Partido de los Trabajadores (él, del PSOL)".


Su comportamiento fue avalado por el Sindicato Médico de Rio Grande do Sul, cuyo presidente dijo que esa actitud le hizo ganar su "admiración" y que ella debe estar orgullosa por la decisión tomada


Ese año en la ciudad de Brasilia escuché, en diferentes espacios, un relato que me dejó perplejo. Una madre salía del cine abrazada a su hija, en un shopping lujoso de clase alta. Fueron golpeadas porque las confundieron con lesbianas.


En el mismo período, el comandante de un vuelo de Avianca que salía de Salvador, llamó a la Policía para expulsar al actor Érico Brás por considerarlo una "amenaza" para los demás pasajeros. Brás es un conocido actor de la Red Globo, pero es negro y mantuvo una discusión por el lugar donde debía colocar las maletas su esposa, también negra, porque no había espacio suficiente. El actor dijo que fue "tratado como un terrorista". Ocho pasajeros salieron del avión en solidaridad en un acto que fue calificado como racista, por el tono y los modales de la tripulación.


La exposición Queermuseu — Cartografías de la Diferencia en el Arte Brasileño, que llevaba un mes en cartel, en setiembre de 2017, en el centro Santander Cultural en Porto Alegre, fue cancelada por el banco que la auspiciaba por el vendaval de reproches que recibió en las redes sociales. Los críticos acusaban a la muestra artística de "blasfemia" y de "apología de la zoofilia y la pedofilia".


Se trataba de 270 obras de 85 artistas que defienden la diversidad sexual. Las críticas provinieron del Movimiento Brasil Libre (MBL). En un comunicado, el Santander llamó a reflexionar "sobre los retos a los que nos debemos enfrentar en relación con las cuestiones de género, diversidad y violencia". Pero la amenaza de boicot pudo más que cualquier razonamiento.


Todos estos hechos, a los que podrían sumarse una enorme cantidad de otros muy similares, sucedieron mucho antes de la campaña electoral, cuando Jair Bolsonaro era un personaje poco conocido por los brasileños. Mi propuesta es entender que la sociedad fue virando hacia la derecha, lentamente primero, de modo exponencial desde las manifestaciones de junio de 2013 que comenzaron como una protesta contra el aumento del transporte urbano, organizadas por grupos juveniles de izquierda.


La derecha militante, formada por pequeños grupos de clase media, sobre todo estudiantiles, comprendió que había llegado su oportunidad para salir de la marginalidad política y se volcó a la calle ante la pasividad de la izquierda gubernamental, en particular del PT y los sindicatos.


Hasta ese momento los grupos de derecha eran minoritarios, pero ya no marginales.


Antes de junio de 2013, una nueva derecha había ganado los centros de estudiantes de universidades estatales como Minas Gerais, Rio Grande do Sul y Brasilia, espacios donde antes dominaba la izquierda. En 2011, la derecha ultra convocó a marchas contra la corrupción en 25 ciudades, siendo la de Brasilia la más numerosa con 20.000 personas con el apoyo de la Orden a Abogados de Brasil (OAB). Recién en 2014 nacen los grupos que convocaron a millones por la destitución de Dilma Rousseff: Movimento Brasil Livre, Vem Pra Rua y Revoltados On Line.


Luego del triunfo de Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones, las agresiones de sus partidarios estallaron en todo el país, pero principalmente en el sur y en el estado de Sao Paulo. El caso más grave fue el asesinato del maestro de 'capoeira' de 63 años, en Salvador, que recibió doce puñaladas de un partidario de Bolsonaro por identificarse con su adversario.


En apenas una semana se registraron hasta 50 agresiones contra gays y lesbianas, contra negros y mulatos y contra personas que llevaban pegatinas de la izquierda.


Las agresiones y la intolerancia provienen de las clases medias angustiadas ante la posibilidad de perder sus privilegios de color, de clase y de género. Los agresores suelen ser varones blancos, que viven en barrios 'nobles', como se llama en Brasil a los barrios de clase media para distinguirlos de las favelas y los barrios plebeyos.


En una sociedad fuertemente estratificada, con una potente herencia colonial, las nuevas clases medias necesitan diferenciarse de los pobres y se identifican con los más ricos. Porque saben que su repentino y reciente ascenso es frágil y temen deslizarse, en medio de la crisis, cuesta abajo hacia los estratos de los que provienen.


Por eso se aferran a algo, como el náufrago se aferra a una madera que ahora lleva el nombre de 'orden' y 'seguridad', en una sociedad violenta que es la más desigual del mundo.
Esta nueva derecha no puede combatirse con argumentos ideológicos, ni aplicándole adjetivos como "fascista" que solo entiende una minoría militante formada en universidades. La clave está en la disputa viva de la vida cotidiana. Eso es lo que vienen haciendo en las últimas décadas las iglesias evangélicas y pentecostales, con un éxito sorprendente.


Defienden un patriarcado fundamentalista, con la intención de retrotraer las relaciones sociales al siglo XIX. Han levantado miles de templos, sobre todo en los barrios pobres y favelas, desde donde proclaman sus verdades y han jugado un papel destacado en el crecimiento de la nueva derecha.


Los pentecostales atacan la cultura negra para disciplinar a los más pobres, que encuentran en las religiones de origen africano formas de relacionarse sin mediaciones, horizontales y con cierta autonomía en espacios propios, como los 'terreiros'. En apenas cinco años, las denuncias por "intolerancia religiosa" crecieron 4.960%, de 15 en 2011 a 759 en 2016.


Atacan también a gays y lesbianas y a quienes defienden el aborto. Con una masa de 42,3 millones de personas —22% de la población—, los evangélicos son determinantes en las elecciones brasileñas. Tienen mucha más responsabilidad en el viraje derechista de los brasileños que el propio Bolsonaro, quien, sin embargo, se ha beneficiado de esa inflexión reaccionaria.

 

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Miércoles, 10 Octubre 2018 06:05

Medios, masculinidades y violencia

Medios, masculinidades y violencia

Valiéndose del argumento de una película de este año, Roberto Samar y Eric Barchiesi sostienen que la masculinidad es una construcción social y que los mandatos de la masculinidad hegemónica siguen proponiendo que ser varón es ser proveedor, procreador, protector, dominador, autosuficiente y violento.

Antes de morir, el padre de la novia dice: “Necesito que me prometas que siempre la mantendrás segura”. “Te lo prometo”, le responde el novio. Este es un diálogo de la película de Netflix El final de todo, de 2018, que plantea que “tras un misterioso desastre que convierte el país en una zona de guerra, un joven abogado viaja al oeste con su futuro suegro para buscar a su prometida embarazada”.


En la película hay dos varones, el padre y el novio, quienes atraviesan situaciones de violencia, asesinatos y accidentes extremos para proteger a una mujer, mientras se disputan el lugar de varón dominante. Esta película, como la amplia mayoría, nos enseña que ser varón es ser protector, dominador y casi necesariamente violento.


La masculinidad es una construcción social que se desarrolla desde la primera infancia. Mediante los discursos que nos atraviesan aprendemos determinadas formas de pensarnos. Los mandatos de la masculinidad hegemónica nos proponen que ser varón es ser proveedor, procreador, protector, dominador, autosuficiente y violento.


Desde los medios masivos de comunicación que ocupan posiciones dominantes y desde la industria del entretenimiento se promueven miradas que fortalecen estas formas de ver el mundo. Así, estos medios funcionan como agentes de socialización en los cuales se construyen y reproducen discursos que fortalecen roles y estereotipos de género que tendemos a naturalizar.


Estos mandatos de la masculinidad hegemónica, condicionan nuestros comportamientos, ya que muchas veces actuamos conforme a los roles que internalizamos.
Según la teoría del cultivo, los medios funcionan como constructores principales de imágenes y representaciones mentales de la realidad social. En ese sentido, la televisión “sedimenta creencias, representaciones mentales y actitudes”.


Esta violencia podremos leerla desde el concepto de criminología mediática. Según el Dr. Raúl Zaffaroni existe una criminología mediática mundial que nace en los Estados Unidos y se expande por el mundo. Una mirada que piensa a la sociedad dividida entre buenos y malos; donde los conflictos solo se resuelven con violencia.


La mirada de la masculinidad hegemónica violenta convive y se retroalimenta con la criminología mediática. Esta criminología transmite la certeza de que “la única solución a los conflictos es la punitiva y violenta. No hay espacio para reparación, tratamiento, conciliación; sólo el modelo punitivo violento es el que limpia la sociedad.


Estos discursos machistas se reflejan en violencias: muertes de mujeres que se cosifican y que varones buscan dominar. También se refleja en muertes de varones, entre quienes se disputan identidades machistas.


Según el Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el 88% de las víctimas de homicidios en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires eran de sexo masculino, mientras que un 12% de sexo femenino. Respecto a los victimarios el 85% son varones, el 4% mujeres y no se tienen datos en un 11%. Paralelamente, según el Sistema Nacional de Estadística sobre Ejecución de la Pena (Sneep) el 96 % de las personas presas en Argentina son varones.


Estamos frente a un momento de fuerte avance de la lucha de los derechos de las mujeres. Esto se refleja en que se visibilizan violencias antes naturalizadas y en la apropiación de derechos, pero también en nuevas producciones mediáticas.


Sin embargo, los monitoreos dan cuenta de que las mujeres siguen estando relegadas en los espacios de debate mediático, continúan siendo cosificadas y se sigue reforzando sobre ellas los roles tradicionales. Es decir, continúan sufriendo violencia simbólica.


En la sociedad se mantiene o incluso quizás se incrementa, la violencia masculina. Violencia que se reproduce y fortalece en los medios de comunicación y en la industria del entretenimiento y que tiene su correlato en la multiplicidad de casos de violencia contra las mujeres por parte de varones.


Entendemos que es el momento de que los varones problematicemos nuestras identidades y cuestionemos nuestra violencia culturalmente construida.


* Roberto Samar es licenciado en Comunicación social. Docente de la UNRN. Integrante de la Subsecretaría de las Mujeres de la Provincia del Neuquén.


** Eric Barchiesi es estudiante de la Universidad Nacional del Comahue. Integrante de la Subsecretaría de las Mujeres de la Provincia del Neuquén.

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Viernes, 05 Octubre 2018 06:04

¡Qué suene esa marimba, carajo!

¡Qué suene esa marimba, carajo!

Caudal de maravillas sonoras


¿Cuánta música murió en las sentinas de los llamados barcos negreros? Desde los Estados Unidos hasta la Argentina, los africanos vivieron hasta el último chininín existencial por la música cuando se consumió la última llamita de esperanzas de libertad. El caudal de maravillas sonoras es inmenso: espirituales, blues, jazz, calipso, ska, guaguancó, son-montuno, bomba, plena, merengue, palo de mayo, tamborito, cumbia, marinera, landó, la genérica marimba, samba, calenda, tango, y un sinfín de episodios armónicos. Todas músicas ancestrales y todas músicas parientes.


Flow y dembow en el palenque


Esa primera vez que arribaron a las costas que después serían colombianas y ecuatorianas debieron creer que las distancias les hacían un truco mágico, las pensaron iguales o, al menos, sospecharon que las divinidades los metían en otras tierras muy parecidas a aquellas que ningún olvido perturbaba el ritmo de la memoria. Esa misma memoria grata fue que les colocó oídos en las sospechas cuando las maderas musicales les salieron al encuentro aún como árboles enigmáticos. Y mientras demoraba la reinvención de los instrumentos en estas geografías semejantes, en sus lenguas cantaron apoyándose con las palmas y dejando correr las bisílabas: aé, aé, aé, aé- e-e-e. El génesis del flow gateaba por afinque. La próxima vez el balafón, el rongo, kalimba, o como se llamara, no estaría ausente en sus charangas. La primera vez que sonó una marimba en estos territorios, que después serían ecuatorianas, debió ser en un palenque de monte adentro, en noche cerrada y vigilia de ánimas musicales. El invento estaba ahí con sus físicas de enunciados sin grafemas, alquimias sin fórmulas, botánicas de renombradas especies, afinaduras instrumentales de oído privilegiado y la acústica festiva hasta donde alcanzaran a llevarla los vientos de ocasión. Se celebró la emancipación de la inteligencia. La gente africana disfrutó ese primer marimbeo primero con aires de nostalgia, por la orilla desaparecida para siempre y luego se haría algún corrinche ritual para agradecer a los Ancestros. Comprendieron que los esclavizadores no habían logrado matar el continente de música que estaba reprimido en sus cuerpos. Esos sonidos patentizaron una largura de vidas acimarronadas desde un por allá hasta este acá. Nuestra marimba tiene su origen en alguna región de la actual Nigeria, de Angola o del Congo, quién sabe, pero sus ritmos se extendieron por las Américas; en el sur de México tiene una sonora presencia y está en la sinfonías populares de Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. En Venezuela se disfruta de la marimba-chonta, en Cuba se llama marímbula y en el Caribe oriental se ha quedado con su nombre histórico: balafón. Hay marimba en las charangas de Colombia y Uruguay, y en toda el África; por ejemplo en Malí es kalimba, llamada en otros lados marimbol; en Burkina Faso es nombrada balafón; en Sudán se la conoce como rongo; y en el sur de África marimba también es su nombre. La música de marimba americana, e incluso la ecuatoriana, llegó en la cabeza de abuelas y abuelos africanos. Es el segundo instrumento musical creado por la humanidad, después del tambor. El investigador Curt Sacks sostiene que el instrumento debió inventarlo el hombre africano marimbeando costillares de animales de la prehistoria. En muchas culturas africanas no siempre hay una línea divisora definida entre lo sagrado y aquello que podría ser considerado como “profano” por quien lo observa desde afuera. Ese traslado ceremonial se asentó por acá, la marimba se usa en las festividades "desconectadas" de las santidades, mientras los tambores liberan plegarias de sus tuntuneos y cununeos. Los cantos de santos de la religiosidad afroesmeraldeña (arrullos y chigualos) no soportan marimba, pero sí cununos, bombos, guasás y maracas en sus ejecuciones. El alabao en cambio es vocal.


Marimba es totalidad


Hay una generalización aceptada en la comunidad afroecuatoriana: marimba es el instrumento musical, es la música y es la danza. El combo de marimba está integrado por bombos hembra y macho), cununos (hembra y macho), dos guasás, dos pares de maracas y una o dos marimbas, además el grupo de cantoras y cantores y un director. De vez en cuando se encuentran dos ejecutores: el bordonero con el bordón (percuta en las tablillas más graves y largas) y el tiplero con el tiple (trabaja con las más agudas y cortas). La música de marimba afroecuatoriana vivió por siglos sus vidas y evoluciones en las comunidades negras, considerada por la burguesía como una música inferior y un folclor de "bárbaros", jamás ocurrió aproximación intercultural. Su entrada tímida y tolerancia en los salones de la "ilustración" son recientes. Demasiado reciente, después de atravesar sonando sus orgullos rítmicos por tribulaciones como prohibiciones de autoridades, desprecios de la intelectualidad y burlas grupos blanqueados.


La división racial y social en el punto de la diversión tenía correcciones y distinciones: la marimbería por la puerta de servicio. En la zona norte de la provincia de Esmeraldas, los bailes de marimba eran (aún son) los bailes. En la capital esmeraldeña tenían sus reinos en los barrios de espesa alegría, mayoritariamente negros. Las autoridades serranas que gobernaron la provincia, desde entonces hasta ahora, no pocas veces prohibieron esos "bailes salvajes". El marimbeo fue arrinconado hasta orillarlo a ciertas muertes "folclóricas" permitidas de vez en cuando. Aunque los grupos artísticos de música y danza de marimba suele presentarse descalzos, con vestiduras que dejan al descubierto sus atributos físicos, en las fiestas de antaño no era así.


El baile de marimba era el baile de la negritud y la gente le daba esa solemnidad. Las mujeres se vestían con amplia polleras generalmente blancas, zapatos sencillos, aunque algunas iban descalzos en la zonas rurales. Solían cubrirse la cabeza, en recuerdo de las bubas yorubas (turbantes). Y llevaban grandes aretes circulares llamados candongas. Se acicalaban con cuidado y a todo eso se añadía un gesto de coquetería. Los hombres solían vestir de punto en blanco (aquello de los colorinches y el sombrero de plumas de pichón surgió un poco más tarde), la camisa perfectamente acomodada, sombrero de hojas de palma y zapatos generalmente negros, aunque también los había descalzos. Hubo el bailador que solía llevar algunas mudas de ropa para cambiarse varias veces durante la noche festiva. A las parejas más destacadas se les cedía la pista, para celebrar sus habilidades. A pesar de que la música de acompañamiento ya estaba establecida, cantadoras de buena voz se improvisaban en el justo momento de la cumbancha marimbera, ellas solían ser el alma y eran solicitadas en todos los bailes de sur a norte. Todavía anda por estas veredas Rosa Wila, célebre cantante de temas de arrullos y cantos de marimba, conocida como La Voz del Niño Dios.


Las deudas del corrinche


Los bailes de marimba duraban dos o tres días. La gente bajaba de los pueblos interiores o arribaba desde las cabeceras de los ríos y, de llevarse a cabo en la ciudad, caminaba de un extremo al otro, se juntaba en salas grandes o en la pampa de la casa de un hombre respetado por la comunidad o de algún mayor (el hijo de más de edad de una familia). Los cabildos de marimba eran casa de familias ampliadas, se bebía trago casero y la comida, generosa en aliños y sabores, era preparada trabajosamente y servida en términos de jerarquía. Los anfitriones en primer lugar, seguido por varones y mujeres según la antigüedad, y finalmente la niñez. Nadie pagaba, porque después a cada quien le llegaría el turno del convite. Cosa sería eran estos acuerdos sin firmas ni conversación previa, pero era imposible escapar del compromiso, eran tiempos del valor infinito de la palabra. La palabra suelta y aceptada entre iguales no era ganga [1] , acreditaba fortaleza de guayacán y musicalidad de chonta fina. Los marimbas dance's hall (o marimbotecas, inventando jerga) decayeron hacia los años setenta, y para los ochenta quedaban muy pocos lugares para bailar a gusto de andarele [2] .
Soneros de marimba


Cununear verbo creado en las aguas cortas y largas de las músicas de trabajo y festejo, aquellas que celebran y aquellas que convocan existencias de todas partes. Cununear es actividad con el cununo [3] , hablar con su personalidad sonora, integrar la comunidad musical marimbera para sostener el firmamento de percusión. El cununo está elaborado a partir de un tronco de madera vaciado y cubierto, en uno de sus extremos con cuero de venado. Tuntunear otro verbo del Barrio, allá, por donde se descolbana las benditas ánimas hambrientas de sus más antiguas sonoridades. El bombo tuntunea en arrullos y chigualos, músicas de acompañamiento a la niña o niño fallecido para que no se “extravíe al transitar las vías más andadas”, según referencia poética del Poeta Antonio Preciado; es decir se lo arrulla. O se chigualea a las divinidades africanas transfiguradas en santos católicos. La marimba, música, danza y lo que se mueve alrededor de ella, el sistema músico-cultural, pudo haberse quedado en el limbo de las cosas sin importancia. En los años cincuenta cununos, bombos, guasás, maracas y el pambil despertaron con fuerza "cien mañanas", otra vez el verso de Antonio Preciado. Los maestros Escolástico Solís, José Castillo, Elis Lerma (la mejor bailadora de marimba, según los entendidos), Emeterio Valencia y Remberto Escobar le dieron una segunda vida a la cultura de marimba, en la ciudad de Esmeraldas. Sin embargo, fue Olmedo Portocarrero Muñoz quien la llevó de las calles, en donde vivía el jolgorio de su clandestinidad social e institucional, a la Casa de la Cultura, Núcleo de Esmeraldas. Esos próceres continúan marimbeando desde el Orum, que es como la gente yoruba de América conoce a su Cielo.

Petita Palma Piñeiros ha quedado como la institución, por su larga historia de sobrevivencia con nuestro propio candomblé marimbero. Ella hizo escuela, en todos los sentidos pedagógicos y filosóficos, de ahí proviene la mayoría de los actuales marimberos, y su conjunto Tierra Caliente todavía gobierna una parte del imperio del pambil melódico. Hay que decirlo en homenaje a Petita: "la calentura está en el instrumento".

Otro legendario músico es el maestro Guillermo Ayoví, renombrado como Papá Roncón. Músico desde siempre y personalidad de fábula, si no le conociera apostaría a que pertenece a la mitología afroesmeraldeña. Papá Roncón comenzó con la guitarra y de las cuerda paso al Pambil en un viaje sin retorno actualmente tiene su academia a la manera africana donde se aprende la música y se hereda la sabiduría del experto. Un griot legendario.

Y llegaron los actuales. Hace 50 años se formó la orquesta marimbera Jolgorio, uno de los grupos más renovadores de la danza de marimba. Ellos abandonaron el "folclor" de la música afroesmeraldeña y constituyen una agrupación de profesionales. Cuero, Son y Pambil y África Negra son otros ejecutores de música y danza, sin olvidar a Alberto Castillo Palma, trabajador de la marimba de doble tablillado. Hay sucesión: Lindberg Valencia Zamora, percusionista y musicólogo, su maestría abre vías para las fusiones de géneros. El maestro Larry Preciado, marimbero de aquellos que “conversa con el instrumento”. Un listado rápido de virtuosos: Alfredo Caicedo, Jackson Arroyo y Narciso Jaramillo. Cantoras supremas como Sonia España, Karina Clavijo Rosita y Heródita Wila y Karla Kanora. O cantores como Guido Nazareno o Línver Nazareno que involucra la décima esmeraldeña. Centenares de danzarines. ¡No hay canto de alabao para la marimba!


Marimba es la marquesina


Como en la salsa, marimba es el gran rótulo que nombra diversos ritmos, como el andarele, torbellino, caderona, agua larga, agua corta, bambuco así hasta no sé dónde; todos son música y danza. Mientras el andarele es la más elegante de las danzas de marimba esmeraldeña, se baila en correspondencia con la pareja y en permanente contacto visual y físico, el torbellino es arrebato y fibra de los bailadores.

El ritmo de caderona es sensual, hay requiebre acompasado de caderas y un perfecto acompañamiento vital del cuerpo con la música. Las aguas corta y larga son ejecuciones que pretenden representar cantos y bailes de laboreo, de hombres y mujeres. Posiblemente hay muchos más ritmos de marimba no mencionados aquí como el bunde, por citar otros más, en la parte norte de la provincia de Esmeraldas y en los barrios de Guayaquil y Quito. Hay el andarele sinfónico, con arreglos del maestro Julio Bueno, siendo la marimba el principal instrumento. Hay prometedoras experiencias fusión con jazz, rap, chachachá y otras músicas entroncadas, como lo hacen el maestro afrocubano Omar Sosa, Los Chigualeros y la agrupación musical Etnia.

Cada vez la marimba surge con más fuerza, brota a borbotones de la sangre afroecuatoriana y nadie le a podido enmudecer. Y en esa sublime batalla, cuero, son y pambil estallan en grito montonero: "¡Qué suene esa marimba, carajo!".


Balón y marimba (coda obligatoria)


Balón y marimba, dos instrumentos para liberar mentes o perpetuar prejuicios racistas; unas veces la explicación historiográfica y antropológica consigue narrar la travesía humana y otras es poner límites a las capacidades con ciertas actividades. Fútbol y música, se exponen como los extremos exitosos alcanzables, se ilustran con nombres y hazañas para reforzar el estereotipo. El liderazgo afroecuatoriano cae en la trampa, para mostrarse y mostrar nuestras potencialidades se apresura a rechazar el fútbol y la música, el balón y la marimba. “No somos eso”, saltamos cuando alguien nos restriega el estereotipo camuflado de halago. Es acto inútil esa negación, siempre lo será; no porque se sumen negaciones con alardes intelectuales se adquiere un valor positivo. Balón y marimba, fútbol y música; son derechos, razones y continuidad de resistencia irrenunciable. Es una interpretación filosófica de los saberes del Abuelo Zenón.


No deberíamos desgastarnos tratando de convencer a la sociedad mayor que no solo somos los dueños del balón y de la rumba, porque no entiende o no logra percibir el reduccionismo malafesivo de sus estereotipos sobre el Pueblo Negro. La incomprensión es por el uso parcializado y permanente de aquellos instrumentos ideológicos de mejorar entendederas (sistemas de educación y difusión mediática) en su conservación. Más que la mala leche, es el proceso de afirmación cultural y social para amistarse con el balón y hallar armonías en las plaquetas de chonta; hasta ahí se ha llegado después superar dificultades e iniciar y completar andaduras. Es resultado transitorio y parcial de unas búsquedas políticas. Ulises de la Cruz, palabras más palabras menos, lo dijo: “alguna vez la selección ecuatoriana de fútbol debería estar llena de blanquitos y al mismo tiempo que las universidades de negros”.


A nuestra resistencia se trata de imponer una contra resistencia, a la desestandarización del producto intelectual de los grupos oprimidos unas maneras cosméticas del estándar, son luchas políticas por otros medios, su escenario es la cotidianidad, con lenguajes y actos. Algunos de esos medios: imagen estereotipada invariable por el sustento ideológico racista, negación de los significados históricos de las acciones humanizadoras, dilatadas letanías explicativas del porqué los estereotipos raciales, “metabolismo” cultural de los estándares prejuiciados para el uso (y abuso) habitual, entre otros.


Los estereotipos raciales son pesos muertos en el afán revolucionario de una sociedad; son las diferentes velocidades de los componentes sociales, sus contradicciones y frenos; son las insatisfacciones decantadas. El balón y la marimba son extensiones de un pensamiento liberador y no solo una oportunidad para destacar, compensa a individualidades y acumula gratificaciones colectivas, por eso se mezclan aprecio y rechazo cuando la sociedad mayor insiste en eternizar una imagen simplificada de la gente negra.


Notas:
________________________________________
[1] Bantuismo americanizado. Significa objeto de escaso valor, gratis o cosa inútil.
[2] Pieza musical de marimba esmeraldeña, sin dudas, la más emblemática y difundida de la provincia de Esmeraldas, equivale a himno popular. Es danza y música de compás binario simple.
[3] ¿Hace referencia al río Cunene, en Angola? Es posible, porque la denominación marimba “Es voz originaria del quimbundo, en donde marimba es vocablo plural o colectivo que equivale a: «Dos grandes arcos de madera unidos por los extremos y sobre ellos dispuesta una serie de pequeñas tablas de espesor variable teniendo por debajo calabazas que refuerzan el sonido obtenido por percusión de dos bastones sobre las láminas de madera» (Pereira, 1907: 58). Si cambiamos las calabazas por pedazos de troncos de guadua tendremos las marimbas de nuestra Costa Pacífica, algunas colgadas del techo de iglesias y casas (Friedemann 1989: 33, 121, 152, 171). Ver Del Castillo, 1984: 79). Tomado de la revista América Negra Nº 9, junio 1995, Bogotá, Colombia, del artículo escrito por Nicolás Del Castillo Mathieu, titulado Bantuismos en el español de Colombia, pp. 73-93.

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Ecuador deja atrás los 10 años de distanciamiento con EE UU de la ‘era Correa’

La visita del vicepresidente Mike Pence a Quito sienta las bases para una nueva etapa de cooperación e intereses comerciales


El vicepresidente de Estados Unidos llegó el miércoles a Ecuador y fue recibido en el palacio presidencial con una bandera gigante y el himno de su país. Un gesto de bienvenida para Mike Pence que marca un giro radical en la relación bilateral del Gobierno de Lenín Moreno con EE UU, en comparación con los últimos 10 años de Rafael Correa como presidente. La reunión entre Moreno y Pence no concluyó con grandes anuncios pero sí con un cambio de época que fue aplaudido por ambos líderes.


“Nuestras naciones habían pasado 10 años bastante difíciles, donde nuestros pueblos siempre estaban estrechos pero nuestros Gobiernos se apartaron”, destacó el vicepresidente Pence, que llegó a Quito el miércoles, tras su paso por Brasil, como parte de la gira programada por Latinoamérica para recabar apoyos contra el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela. Y Moreno confirmó el clima de reconciliación: “Ecuador y Estados Unidos tenemos puntos en los que no coincidimos, pero con diálogo afianzaremos la hermandad”.


Aunque el número dos estadounidense quiso centrar su visita en el conflicto venezolano, el presidente ecuatoriano toreó la situación con una propuesta conciliadora. Moreno sugirió que se celebre una nueva consulta popular en Venezuela, bajo supervisión internacional, para evitar así dar una declaración de confrontación directa sobre el Gobierno de Maduro, con quien Ecuador ha mantenido una relación de complicidad y cercanía en la última década.


En realidad, al mandatario latinoamericano le interesaba más ahondar en la cooperación con Estados Unidos para la lucha contra la corrupción y el narcotráfico, así como mejorar las relaciones comerciales. El vicepresidente Pence correspondió a la expectativa con un aporte de un millón y medio de dólares para que Moreno continúe combatiendo el “flagelo” de la corrupción, tras reconocerle “valor” y el “liderazgo” en esta tarea, con dos millones de dólares más en agradecimiento por acoger a venezolanos que abandonaron su país y con el compromiso de conseguir otros 3,5 millones para mejorar la cooperación en seguridad. Además, llegaron a acuerdos para el intercambio de información sobre movimientos inusuales de dinero.


El encuentro entre Moreno y Pence, en una reunión a puerta cerrada de dos horas, sirvió además para acortar distancias en el aspecto que más roces ha generado entre Ecuador y EE UU en los últimos años: el comercio. Aunque el Gobierno de Donald Trump está ahora centrado en el acuerdo comercial con México y Canadá, la visita del vicepresidente estadounidense sentó las bases para un acercamiento comercial de Ecuador con su mayor socio en intercambio de exportaciones e importaciones. El primer paso será reactivar, en el segundo semestre del año, el Consejo de Inversiones y Comercio con Estados Unidos y renegociar un nuevo tratado bilateral de inversión y así deshacer las consecuencias de la última estocada comercial que propinó en 2017 el expresidente Correa a la relación de Ecuador con EE UU, al suspender el acuerdo entonces vigente de forma unilateral.

Por SARA ESPAÑA
Guayaquil 29 JUN 2018 - 19:18 COT

 

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