Cae otro mito transgénico: "arroz dorado" atrofia los cultivos

 

El llamado arroz dorado es uno de los mitos más caros de la industria biotecnológica para intentar cambiar el rechazo generalizado a los transgénicos. Lo presentan como el arquetipo del transgénico bueno porque es un arroz que expresa un precursor de la vitamina A, cuya falta es una deficiencia importante para muchas personas que padecen malnutrición y que en casos extremos puede llevar a la ceguera. Sus promotores no han logrado probar que en la práctica realmente sirva para aportar vitamina A. Además, en 2017, científicos en India dieron cuenta de un experimento de campo que mostró que al integrar ese constructo transgénico al arroz, cayó el rendimiento y la calidad del cultivo de tal modo que la cosecha fue inservible.

El llamado arroz dorado ha sido usado abundantemente como arma de propaganda. Una carta –nada científica– firmada por un ciento de Premios Nobel en 2016 fue quizá el ejemplo más ilustrativo de la manipulación que ha hecho la industria de los transgénicos con este arroz. La carta está plagada de falsedades, que deberían avergonzar a quiénes la firman y a quiénes siguen citándola como si fuera un documento serio. (https://tinyurl.com/y9742ang)

Este tipo de campañas no sorprende por parte de la industria agro-biotecnológica, en la que se cuenta empresas como Monsanto, de la que se ha probado hasta casos de corrupción para aprobar sus productos, por ejemplo en Indonesia. Lo sorprendente en este caso es que el arroz dorado no existe funcionalmente, ya que ni los científicos que lo promueven ni Syngenta, que lo tiene patentado, han logrado hasta ahora producir una línea estable de arroz dorado que cumpla con los beneficios que le atribuyen.

A esto se sumó en 2017 que en experimentos de campo realizados en la India, el constructo transgénico transferido a una de las mejores variedades de ese país dañó significativamente la productividad y calidad del arroz. Un equipo de científicos hizo un estudio introduciendo los rasgos transgénicos para hacer arroz dorado con la variedad Swarna, una variedad muy productiva de la India. El arroz resultante expresó provitamina A, pero el rendimiento bajó drásticamente, con plantas enanas, hojas pálidas, muy pocos granos y raíces laterales anormales.

Luego de análisis detallados, el equipo concluyó que la atrofia de las plantas se debió a la interferencia del constructo transgénico del arroz dorado con la producción de auxinas, hormonas vegetales propias del arroz que promueven su crecimiento. (Bollinedi et al, 2017 https://tinyurl.com/y 94t6bjp)

Al respecto, la Dra. Allison Wilson reflexiona en un artículo en Independent Science News en octubre 2017, que con impactos imprevistos de tal gravedad, es hora de decir adiós a este costoso y fallido experimento. (https://tinyurl.com/yb74o8d4)

Los que promueven los transgénicos aseveran que si este arroz no pudo llegar a comercializarse, fue por la oposición de organizaciones ambientalistas a los transgénicos, lo cual habría impedido a los niños del tercer mundo acceder a él. La realidad, afirma Wilson, es que después de dos décadas y pese a una cantidad enorme de recursos, tiempo y apoyo financiero inusitadas para cualquier investigador público, queda claro que son problemas intrínsecos al desarrollo de OGM lo que ha impedido su comercialización. Según el Dr. Jonathan Latham, director de Bioscience Resource Project y citado en el mismo artículo, “el arroz dorado de Syngenta causó un colapso metabólico [en el arroz de India] ... Las críticas clásicas a la ingeniería genética en el desarrollo de cultivos se basan por una parte en que el ADN foráneo introducido perturba las secuencias genéticas nativas y por otra en que habrán interferencias imprevisibles del metabolismo normal de las plantas. La experiencia con el arroz dorado ejemplifica ambas fallas a la perfección”.

Esto es el problema fundamental de la ingeniería metábolica, afirma Wilson. Parece ser más fácil alterar artificialmente el metabolismo de las plantas –por ej, para que produzcan el precursor de la vitamina A– que controlar que no ocurran alteraciones imprevistas al mismo tiempo, con efectos negativos para el desarrollo de los cultivos.

El denominador común de los experimentos con ingeniería genética, transgénicos y la ahora llamada edición genómica es el enfoque extraordinaria e intencionalmente estrecho para apreciar tanto los problemas que se supone quieren solucionar, como los medios para conseguirlo.

Por ejemplo, se enfoca sólo en la deficiencia de vitamina A, aislándola de la situación general de pobreza y malnutrición (que provoca muchas otras deficiencias) de quienes la padecen. En Filipinas –país donde se desarrolla el arroz dorado– las campañas para mejorar la alimentación, volviendo a integrar verduras y arroz tradicionales en la dieta, han dado excelentes resultados para cubrir la deficiencia de vitamina A de forma durable, con un costo muchísimo menor. Ya ni siquiera se considera un problema de salud pública.

La solución tecnológica propuesta por la industria y biotecnólogos, ignora además (u obvia intencionalmente) la complejidad de los genomas y sus interacciones dentro de los organismos y en la co-evolución con los agro y ecosistemas, produciendo aberraciones como sucedió con una de las más productivas variedades de arroz de la India.

Por todo ello es absurdo que empresarios-biotecnólogos en México, como F. Bolívar Zapata, Luis Herrera Estrella y A. López Munguía, usen el mito del arroz dorado como ejemplo para defender la siembra de maíz transgénico en México. No convencen a nadie –o quizá a algún desinformado– pero le sirven bien a Monsanto y Syngenta. (https://tinyurl.com/y8auu5qq)

 

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El Tribunal Constitucional de Bolivia prohíbe casarse a las personas transgénero

 

En el marco de la Ley de Identidad de Género, se reconoce el cambio de sexo, de nombre y de imagen, pero se ha declarado inconstitucional que las personas trans dispongan de derechos como el matrimonio.

 

El Tribunal Constitucional de Bolivia ha declarado inconstitucional parte de un artículo de la ley sobre la Identidad de Género, que permite al colectivo transexual contraer matrimonio tras cambiar datos en sus documentos oficiales.

El secretario general de ese órgano judicial, Álvaro Llanos, señaló a los medios que la sentencia emitida este jueves reconoce como constitucional el cambio de identidad de género, de nombre y de imagen de las personas, pero eso no conlleva que éstas dispongan de todos los derechos.

Precisó que la modificación de toda esa información en el carné de identidad no implica a las personas que lo hicieron tener "derechos como matrimonio, adopción o derechos políticos como la paridad de género".

Las uniones civiles entre un hombre o una mujer con una persona transgénero no puede producirse al amparo del parágrafo II del artículo 11 de la Ley de Identidad de Género, según el funcionario.

La sentencia declara inconstitucional la frase de ese parágrafo que dice que se permitirá a la persona con cambio de identidad "ejercer todos los derechos fundamentales, políticos, laborales, civiles, económicos y sociales".

Desde que fue promulgada la ley de Identidad de Género en mayo de 2016, decenas de personas modificaron su documentación y algunas llegaron a contraer matrimonio apelando a esa normativa.

En junio pasado, el Tribunal Supremo Electoral (TSE) instruyó al Servicio de Registro Civil para reconocer el matrimonio civil de las personas transgénero y transexuales que cambiaron sus datos.

La demanda contra la norma fue presentada por un grupo de parlamentarios alegando que atentaba contra la familia tradicional.

El diputado Horacio Poppe, del Partido Demócrata Cristiano (PDC) e impulsor de la demanda, dijo que los matrimonios realizados al amparo de esa norma ahora deben ser anulados.

La norma también es rechazada por las iglesias católica y evangélica.

 

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Diversidad sexual, trabajo decente y el diálogo social

El 28 de junio se celebra, una vez más, el Día de la Dignidad LGBTI, o Gay Pride. En esta jornada resulta oportuno hacer un aporte para el contenido de las reivindicaciones de esta población, reflexionando sobre la situación de los trabajadores y las trabajadoras de la comunidad LGBTI, y contribuyendo a la construcción de espacios laborales libres de discriminación y exclusión por razones de orientación sexual e identidad de género.

Los investigadores Alexander Pérez, Guillermo Correa y Wilson Castañeda, de la Corporación Caribe Afirmativo y la Escuela Nacional Sindical, en su libro "Raros y oficios, diversidad sexual y mundo laboral: discriminación y exclusión", sobre el tema de la diversidad sexual y el mundo laboral, publicado en 2013, con datos recogidos en Bogotá, Medellín y Cartagena, nos describen de manera descarnada la situación de los trabajadores y trabajadoras de esta población, y el estado del análisis y el debate sobre el tema de la diversidad sexual en el mundo laboral.

Nos hablan de una precaria construcción teórica, escasos debates y escasa investigación sobre la exclusión laboral generalizada que vive la población LGTBI, situación que contrasta con las peripecias que ésta tiene que inventarse día a día para no ser discriminada y tratar de mantenerse en sus puestos de trabajo.

Hoy en día, con escasas excepciones, ser gay, lesbiana, bisexual o transgénero en el ámbito laboral, implica verse expuestos a insultos, burlas y discriminaciones; como también al acoso laboral y sexual, y a responder a exigencias adicionales en su trabajo, dado que los estereotipos o prejuicios les genera una doble carga. En este contexto, las personas prefieren ocultar su orientación sexual para evitar la exclusión, el rechazo y hasta el despido de sus empleos.

Lo que predomina es la invisibilización, la falta de tratamiento del tema, la falta de medidas y políticas públicas efectivas; mientras que la población LGBTI continua mirando cómo la protección social y los derechos en el marco del trabajo decente pareciera que no fueran también para ellos y ellas; como si su diferencia les tuviera que condenar al ocultamiento, a la informalidad y al aislamiento social.

Y es también lamentable que en las agendas reivindicativas de las organizaciones sindicales colombianas aun no aparezca el asunto de la inclusión laboral y la protección de los derechos civiles, políticos y laborales de esta población, que es tan importante.

Según el estudio aludido, más del 75% de las personas entrevistadas reconocen el uso de un lenguaje hostil y humillante en los lugares de trabajo, cerca del 50% manifiesta que las han despedido por su orientación sexual, y ese mismo porcentaje ha percibido la imposibilidad de ascenso laboral por ser gay, lesbiana o transgénero. En el caso de las personas transexuales, la situación es aún más grave, puesto que su exclusión es del 90%, y dado que estas personas por lo general tienen escasa educación y formación, las únicas alternativas para ellas son la autoexclusión, la informalidad o la prostitución.

En el resto del mundo la situación no es diferente. Según el documento "Homofobia y discriminación por motivos de orientación sexual e identidad de género en los estados miembros de la Unión Europea", publicado en el año 2009, aunque existe la directiva marco sobre el empleo 2000/78/CE, que prohíbe esta modalidad de discriminación, ésta sigue siendo un problema "que no se reconoce fácilmente en las estadísticas disponibles".

Son muy pocos los países que recogen información sobre las denuncias y éstas solo tienen una respuesta positiva en el 15% de los casos. Y si esta es la situación en Europa, ¿qué se puede esperar en América Latina?

Al indagar por el nivel del tratamiento del tema en la negociación colectiva laboral, la búsqueda resulta decepcionante, porque en general el sindicalismo aún no se ha apropiado de esta problemática. Revisando, por ejemplo, el documento sobre la negociación colectiva realizado por la CSI – CSA, denominado "Estrategias sindicales para una mayor y mejor negociación en América Latina y el Caribe", del año 2013, en el que se recogen también estudios comparados de la negociación colectiva en Europa, se concluye que la discriminación en razón de la orientación sexual en los lugares de trabajo no ocupa un lugar dentro de la negociación colectiva laboral, y aun no se encuentra en los documentos que abordan los temas que son materia de inclusión en los convenios colectivos.

La OIT tampoco ha tenido avances importantes al respecto. Además del convenio numero 111 sobre la no discriminación en los lugares de trabajo, solo menciona el tema en los informes del director a la conferencia internacional número 96 del año 2007, y la número 100 del 2011, en los cuales se hace alusión a la discriminación por orientación sexual como de "reciente identificación" y se plantea que la igualdad en el trabajo es aún un objetivo pendiente.

La situación legal en Colombia

En Colombia no existen leyes específicas que garanticen la inclusión de la comunidad LGBTI y les permita su desarrollo y desempeño dentro de la sociedad en condiciones de igualdad. La igualdad de oportunidades y de trato parece estar lejana y la misma Constitución Nacional (artículo 42) reduce el concepto de familia a la integrada por un hombre y una mujer, lo cual ha limitado en gran medida un mayor reconocimiento de derechos para los otros tipos de familia. Lo más avanzado además de los preceptos constitucionales generales, es el reciente decreto 1227 del 4 de junio de 2015, que reglamenta la posibilidad de cambio del componente sexo en el registro civil.

Sin embargo la Corte Constitucional, en la vía de garantizar los derechos fundamentales a los ciudadanos y ciudadanas, ha venido, aunque de manera tímida, emitiendo jurisprudencia al respecto con algunos avances importantes. Con respecto a la incidencia en el ámbito del trabajo, dijo lo siguiente:

"Las parejas homosexuales deben estar incluidas dentro del régimen patrimonial de la unión marital de hecho... Es obligatorio afiliar como beneficiarios en salud a los compañeros permanentes de los cotizantes sin importar cuál sea su sexo... La protección otorgada a los compañeros y compañeras permanentes de las parejas heterosexuales, debe ser ampliada a los compañeros y compañeras permanentes de las parejas homosexuales y reconocerles la pensión de sobrevivientes... La obligación alimentaria hace parte del régimen patrimonial de las uniones de hecho y por tanto aplica a las parejas homosexuales".

Como otro desarrollo jurisprudencial importante se destaca la sentencia C- 716 de 2011, que concluyó que las parejas del mismo sexo son una forma constitutiva de familia y, en consecuencia, adquieren la protección y reconocimiento que la Constitución y la ley confiere a esa institución.

Incluir el tema LGBTI en espacios de Diálogo Social y negociación colectiva

La importancia del tema, la teoría de los derechos humanos, los desarrollos jurisprudenciales, más los principios constitucionales, nos sirven como herramientas para trabajar por la construcción de espacios de trabajo incluyentes, e incorporar en la negociación colectiva y en los procesos de diálogo social la perspectiva de la diversidad sexual e identidad de género.

En esa vía deberíamos comenzar a desarrollar algunas acciones como las siguientes:

1. Asumir que no todas las personas son heterosexuales y, a la par con ello, conductas y medidas que traten adecuadamente la diversidad sexual, como la asignación de un área o secretaría permanente que trabaje por un espacio inclusivo. El objetivo es la igualdad de trato.
2. Comenzar el debate sobre el tema, capacitarse y sensibilizar a dirigentes sindicales y a los trabajadores sobre la situación, destacando el valor del empleo digno, la igualdad y la solidaridad, con el objeto de incrementar la capacidad para prevenir actos de discriminación.
3. Acompañamiento a las personas en los procesos de expresión de su identidad de género, para evitar discriminaciones, fobias relativas y reducir los temores a las consecuencias de su visibilidad.
4. Incorporar en las convenciones colectivas cláusulas antidiscriminatorias específicas sobre el tema.
5. Trabajar por el reconocimiento en la empresa de todos los tipos de familia, en concordancia con los conceptos de la Corte Constitucional, incluyendo disposiciones expresas en las negociaciones colectivas, que extiendan los beneficios sociales para todas esas familias integradas por uniones de hecho.
6. Acondicionar todos los documentos de los sindicatos y de las empresas, para que expresen la inclusión y la diversidad.
7. Adecuar la comunicación utilizando un lenguaje inclusivo para la generación de un respeto por la diversidad.
8. Incorporar en los pliegos de peticiones menciones explícitas al reconocimiento y respeto de la identidad de género de las personas transexuales, e incluirlas en los regímenes de licencias para la reasignación de sexo.
9. Realizar campañas de comunicación e información conjuntas entre empresas y sindicatos, para promover la visibilidad de la población LGBTI, su participación en los espacios de deliberación y participación, e informar sobre sus derechos y sobre la garantías convencionales de no discriminación.

Que no exista discriminación por la orientación sexual y diversidad de género en los lugares de trabajo, es una tarea de todos y todas. Es muy importante no presuponer la heterosexualidad en los compañeros y compañeras de trabajo y utilizar un lenguaje y expresiones inclusivas; las expresiones machistas, LGBTI fóbicas y homofóbicas hieren a las personas con quienes compartimos nuestro espacio de trabajo.

Las organizaciones sindicales deben ser las primeras en defender a todos las personas que trabajan y a los miles de afiliados y afiliadas que, siendo parte de esta población, sufren en silencio y no pueden expresar su identidad y orientación sexual ni en sus trabajos ni en sus sindicatos. ¡Es hora de cambiar!

Publicado 26 de junio de 2015.

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Sábado, 28 Junio 2014 07:20

Daños colaterales

Acasi dos décadas de la liberación comercial de cultivos transgénicos, muchos daños graves que los críticos advirtieron podían ocurrir, están comprobados. Uno de ellos es la contaminación transgénica de otros cultivos y de plantas que son parientes silvestres, afectando los ecosistemas. Es un tema que las empresas no quieren debatir y que los gobiernos que autorizan cultivos transgénicos tratan con la mayor negligencia.

Aunque la siembra comercial de cultivos transgénicos sólo está permitida en 27 países del mundo y 98 por ciento de su siembra se concentra en sólo 10 países, se han encontrado 396 casos de contaminación transgénica en más de 60 países (GeneWatch y Greenpeace, 2013). Esto evidencia que la contaminación, sea en forma de flujo génico en campo o por otras vías de trasiego o mercado, es una condición inherente a los transgénicos, que excede ampliamente las fronteras y límites de los campos donde son permitidas.

 

La contaminación es grave en cualquier parte que ocurra y tiene un amplio espectro de consecuencias, que van desde impactos biológicos y en los ecosistemas a problemas económicos, sociales, culturales, pero es aún más corrosiva tratándose de cultivos en sus centros de origen y diversificación, como está sucediendo con el maíz y el arroz.

 

Por ello, a iniciativa de varias asociaciones de científicos críticos, entre ellas la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad (UCCS) de México, Testbiotech de Alemania, la Red Europea de Científicos por la Responsabilidad Social y Ambiental (ENSSER), junto a varias organizaciones internacionales como Red del Tercer Mundo y ETC, iniciaron una campaña para detener la expansión de transgénicos en el medio ambiente. Para comenzar, se dirigen a los miembros del Convenio de Diversidad Biológica (CDB) y del Protocolo Internacional de Cartagena sobre Bioseguridad.

 


La iniciativa compiló varios reportes científicos que han documentado casos de propagación incontrolada de plantas transgénicas en poblaciones y ecosistemas silvestres, como algodón en México, canola en Norteamérica, Japón y Australia, pastos en Estados Unidos. Se muestra la presencia transgénica recurrente en variedades autóctonas y campesinas de plantas alimentarias en sus centros de origen, como maíz en México y arroz en China.

 


El único país del mundo que ha autorizado siembras de un cultivo alimentario transgénico en su centro de origen es México. Ni China ni Japón, por ejemplo, han permitido la siembra de arroz ni soya transgénica, para proteger el centro de origen del cultivo, muy importante en su alimentación. En esos casos, la contaminación se debe a otras formas de trasiego de semillas transgénicas hacia su territorio, incluida la importación.

 


En la carta de los científicos y organizaciones, se expresa además la preocupación de que está en ciernes la liberación comercial a gran escala de peces, árboles e insectos transgénicos, así como de microorganismos derivados de biología sintética, todos casos que aumentarán exponencialmente los riesgos y la diseminación de genes transgénicos en los ambientes naturales. En el caso de microorganismos y animales debido a su movilidad, en el caso de árboles, porque emiten polen durante toda la vida y a distancias que pueden alcanzar cientos de kilómetros.

 


Todo esto lleva a las organizaciones a declarar que: La ingeniería genética y la biología sintética representan una ruptura radical con las restricciones naturales, ampliamente conocidas, sobre la regulación genómica y el intercambio genético entre las especies. Que los organismos mantengan la capacidad de desarrollarse bajo su tendencia evolutiva, con las limitaciones establecidas de forma natural por procesos evolutivos progresivos de largo plazo, es una aspecto crucial de la protección de la biodiversidad.

 


Señalan que las normas de bioseguridad que se han usado en todos los países que han permitido experimentos y plantaciones de transgénicos no consideran el control espacio-temporal, es decir, lo que sucede con los procesos evolutivos. Esto debería ser un prerrequisito fundamental para la realización de cualquier evaluación de riesgo, ya que de lo contrario se presupone que el ambiente y los organismos son estáticos, lo cual es una negación de la vida y la evolución. Existe un gran riesgo de que no podamos recuperar la biodiversidad original y que la dinámica de las variedades autóctonas cultivadas y silvestres se altere provocando pérdidas irreparables en los centros de origen y diversidad.

 


Por tanto, aseveran, solamente se puede hablar de bioseguridad si los escapes involuntarios o accidentales de organismos transgénicos se pueden retirar del medio ambiente. Si esto no es posible, dichos organismos no deben ser permitidos, ya que las evidencias científicas han demostrado que se han diseminado y penetrado en gran variedad de situaciones geográficas y distancias, acumulando transgenes en variedades silvestres y campesinas locales.


Esta acumulación sucesiva de transgenes tendrá efectos dañinos graves, por ejemplo, según el experto en maíz Ángel Kato, las variedades campesinas y criollas se pueden deformar o volverse estériles, al producirse un rechazo del material genético desconocido para la especie.

 


Para las empresas, la contaminación es un negocio porque pueden llevar a juicio a las víctimas acusándolas de uso de sus genes patentados. Sabían que la contaminación ocurriría y vieron cómo hacer de esto un negocio. Los daños de los transgénicos son vastos y aunque nos quieren dar la imagen de que es imparable, no es verdad, están en pocos países. Hay que detener la fuente de contaminación y destrucción de la biodiversidad que constituye este gran experimento transgénico a favor de las empresas, contra la gente y la naturaleza.
*Investigadora del Grupo ETC

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Sábado, 29 Junio 2013 10:10

Verdades de los transgénicos

Verdades de los transgénicos

La Red por una América Libre de Transgénicos (Rallt) agrupa organizaciones y redes de toda América Latina. En su reciente asamblea en Bogotá, con delegados de casi todos los países de la región, además de científicos y académicos invitados, construyeron un panorama detallado lo que han significado los transgénicos. Diesiete años de siembras y el segundo lugar en área global sembrada con transgénicos, han resultado en desplazamientos, desolación y muerte. Muertes en sentido literal, de niños fumigados por agrotóxicos, nacidos con malformaciones, de vecinos de campos sembrados que se enfermaron de leucemia y otras dolencias.

 

Hay características que se repiten en todos los países, que lejos de la propaganda de las empresas, son la verdadera realidad de los transgénicos. En ningún país los transgénicos son para alimentar personas. Son comida para comederos, no para comedores. Se plantan para forraje en inmensas plantas industriales de cría confinada de pollos, cerdos y vacunos, todas con alto nivel de contaminación, que conllevan violencia y fuertes impactos en la salud animal y humana. Lejos de mejorar la alimentación humana, la empeoran. Argentina, es un ejemplo contundente. Con inmensas áreas de soya transgénica han empeorado tanto la calidad de la carne producida, como la alimentación de la población, sobre todo infantil y en áreas rurales. Por la ocupación de territorio con monocultivos y debido al empobrecimiento que esto ha provocado, la población rural consume ahora leche y frijol de soya, con demostrados impactos negativos en la salud debido al alto contenido de hormonas vegetales que contiene la soya. Pediatras argentinos explican que contrariamente a la propaganda, la soya sin fermentar es un alimento dañino que no debe consumirse nunca antes de los 12 años y posteriormente solo en forma ocasional.

 

Otra característica de los transgénicos es que conllevan un aumento exponencial del uso de agrotóxicos, con enormes impactos ambientales y a la salud. Brasil, primer productor de soya transgénica global, es también el mayor usuario mundial de agrotóxicos. En Argentina, ya existen varias asociaciones de pueblos fumigados, con múltiples testimonios de los efectos devastadores de los agrotóxicos ligados a los transgénicos: malformaciones genéticas, leucemia, enfermedades autoinmunes, además de daños en fauna y flora. Por la resistencia a los químicos y las supermalezas que ha generado este uso masivo de químicos, las empresas están introduciendo agroquímicos aún más tóxicos, como 2,4 d y dicamba.

 

Por estas y más razones, la Rallt consideró que los transgénicos se han convertido en un caso flagrante de violación de derechos humanos. Han elevado por ello cartas a varios relatores de Naciones Unidas.

 

La introducción de los transgénicos ha sido siempre precedida por acciones ilegales, luego legalizadas: primero contrabando y contaminación intencional, posteriormente leyes a favor de las empresas, tanto en bioseguridad como otras para asegurar a las empresas sus patentes y otras formas de monopolio de semillas. México no es excepción. El caso más extremo de injerencia política de la industria transgénica es el golpe de estado en Paraguay, provocado por latifundistas, relacionados con Monsanto y otras transnacionales. Poco espués del golpe, se plantaron varios transgénicos nuevos, sin ningún proceso de bioseguridad y contra las medidas precautorias del gobierno anterior.

 

En este contexto continental se ubica la amenaza, que sigue pendiente, de que el gobierno mexicano autorice a Monsanto la siembra comercial de maíz transgénico en millones de hectáreas en el norte del país, un tema gravísimo que las autoridades han tratado con gran opacidad. Ya han autorizado enormes superficies –de miles a millones de hectáreas- de soya y algodón transgénico en varios estados, pese a que esto, especialmente las plantaciones de soya en la península de Yucatán y Chiapas, significará daños mayores a cerca de 25,000 familias de apicultores campesinos y arruinará la exportación de miel, uno de los principales rubros de exportación del país.

 

La contaminación genética del maíz campesino en México, por ser su centro de origen, es mucho más que un tema nacional. Por ejemplo, la Rallt expresó su rechazo tajante a la liberación comercial de maíz transgénico en México, un hecho sin precedente en la historia de la agricultura, pues sería la primera vez que ocurriera una devastación de tal magnitud en uno de los centro de origen de un cultivo que alimenta a la humanidad. También la reciente sexta conferencia internacional de la Vía Campesina, red con más de 200 millones de miembros, declaró su apoyo a la resistencia a los transgénicos en México. En su resolución condenan este nuevo atropello de las transnacionales contra los campesinos, contra los pueblos del maíz, contra la biodiversidad y la soberanía alimentaria, considerándolo una violación contra los derechos de los campesinos y campesinas que lo han creado y legado para bien de toda la humanidad.

 

En ese sentido, ambas redes expresaron también su solidaridad con el Tribunal Permanente de los Pueblos (TPP) capítulo México, donde el tema de la violencia contra el maíz y los pueblos del maíz, así como la devastación ambiental y la responsabilidad de las empresas y el Estado, son parte del proceso. Este fin de semana se reúne en Jalisco otra pre-audiencia del TPP, titulada Territorialidad, subsistencia y vida digna donde se presentarán testimonios de comunidades sobre estos temas, otra forma de fortalecer el conocimiento de las realidades y la resistencia ante la violencia corporativa que representan los transgénicos.

 

*Investigadora del Grupo ETC

 

Más información sobre Rallt y audiencia del TPP en http://redendefensadelmaiz.net/ 

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Martes, 08 Mayo 2012 06:47

Identidad de género

Identidad de género
Mariela Muñoz, conocida como una persona transgénero, había formado una familia cuidando niños carentes de padres, a los que crió durante años; en 1993 tenía a su cargo dos niñas cuyas madres le habían encomendado su cuidado. Con motivo de la discusión profesional que se desató ese año, escribí en una publicación técnica qué significaba ser persona transgénero. Los niños que había criado como hijos, ahora adultos, concurrieron a los medios de comunicación para contar cómo habían sido sus vidas con Mariela, una madre cuidadosa. Pero algunos vecinos denunciaron la extravagancia cuando aparecieron las dos niñitas.


Se produjeron discusiones múltiples, particularmente entre psiquiatras, psicólogos y también opinaron jueces y obispos. El interrogante técnico propiciaba: “Si no los colocás dentro de los perversos, ¿dónde los clasificás?”, pregunta que desnudaba el dispositivo de violencia que cobijaba la discriminación y aun hoy destaca la parálisis del pensamiento de quien la profiere, fijado en categorías monolíticas pretendidamente universalistas: corresponde ser hombre o mujer, como todo el mundo. La alternativa era la psicosis. Por fin, merced a la decisión judicial, las dos niñas fueron institucionalizadas “transitoriamente”. Los vecinos y la buena gente quedaron satisfechos porque la familia que Mariela podía ofrecerles “era anormal”.


Diez años después, la ley interviene y apunta a otro nivel de análisis: legislar acerca de la identidad de género, que incluye las políticas de la diversidad, incluyendo a quienes siempre han formado parte del mundo, silenciados, perseguidos o convertidos en seres míticos (el Andrógino Primordial, o Tiresias, que habría sido hombre y mujer sucesivamente).


Los militantes del tema mostraron su potencial uniéndose en agrupaciones inteligentemente orientadas y se hicieron escuchar en los recintos oficiales. En ciernes tenemos un proyecto de ley que se refiere a “la vivencia interna individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la vivencia personal del cuerpo”.


Se espera el debate en el Senado, contamos con la sensatez de sus miembros. No es suficiente con afirmar “bueno, que hagan lo que quieran con sus vidas y con sus cuerpos...”, consintiendo “noblemente” en dejarlos vivir como quieran y aceptando que regularicen su identidad, autorizándoles un cambio de documento: si se llamaban Roberto, ahora las nombrarán Verónica.


Se trata de reconocerlos como sujetos con sus derechos. Esa es una tarea comunitaria que está pendiente: “Un mundo que acepte las diferencias”. Al respecto es preciso ser cuidadosos con el tema de las diferencias, y así lo escribí en el libro Bioética y Bioderechos, compilado por Luis Blanco en el año 2002: “Evaluar como diferentes a quienes forman parte de la especie humana, tomando como parámetro un criterio de normalidad legislada desde la definición aportada por una mayoría estadística que se instituyó como representante de ‘lo que debe ser’, constituye un criterio que merece una revisión”.


Nancy Fraser, estudiosa de los temas que se ocupan de la redistribución de la economía, de la justicia y del reconocimiento, escribió: “Este tipo de reivindicación ha atraído no hace mucho el interés de los filósofos políticos, algunos de los cuales están intentando desarrollar, incluso, un nuevo paradigma de justicia que sitúe el reconocimiento en su centro”. Esta autora propone “idear una concepción bidimensional de la justicia que pueda integrar tanto las reivindicaciones defendibles de igualdad social como las del reconocimiento de la diferencia. En la práctica, la tarea consiste en idear una orientación política programática que pueda integrar lo mejor de la política de redistribución con lo mejor de la política del reconocimiento”.


Si bien el planteo teórico puede bordear lo utópico, la cuestión reside en no distraerse cuando se trata de redistribución de bienes y de matices económicos: hablamos de los empleos y trabajos que forman parte de los derechos de quienes se incluyen en estas políticas de la diversidad.


Durante siglos, la discriminación de género posicionó a transgéneros, travestis y homosexuales en la marginación cuando buscaban empleos o contratos, así como los propietarios de viviendas se negaban a alquilarles departamentos.


La crueldad de la discriminación empezaba por la propia casa, cuando la criatura mostraba características que no respondían al género varón o mujer según su anatomía. Cuando se mostraban “de otro modo” y sorprendían a sus padres comportándose de manera inesperada: las niñas jugaban como varones y viceversa.


Si los pediatras y los psicólogos no estaban informados –y no lo estaban–-, la convivencia familiar estallaba en desesperados esfuerzos por cambiar a ese hijo o a esa hija que “no era como todo el mundo”. En realidad, no existe una persona “como todo el mundo”.


Mi práctica clínica, que incluye una experiencia que ocupa varios años en el trato con los temas y las personas de la diversidad, me enseñó, atenta al trato que recibían por parte de las familias y de la sociedad, hasta dónde puede alcanzar la capacidad de odio de los seres humanos y su soberbia para demonizar o aniquilar a quienes no se incluyen en los parámetros de lo sexual-convencional. Me refiero a la vivencia de género que abarca la persona toda y no sólo a su vida sexual.


El reconocimiento de las personas que están incluidas en la diversidad forma parte de las reivindicaciones que deberán instalarse en la esfera pública, los medios de comunicación prioritariamente. El modelo lo introdujo Página/12 con el suplemento Soy, que abrió el espacio para la palabra pública de la diversidad iniciada en universidades y centros de estudio. Reconocer al otro –Hegel lo anticipó– “designa una relación recíproca ideal entre sujetos, en la que cada uno ve al otro como su igual y también como separado de sí”. Este modo de vincularse o relacionarse es constitutivo de la subjetividad: alguien se convierte en sujeto individual sólo en virtud de reconocer a otro sujeto y ser reconocido por él.


La política no es ajena a esta demanda de reconocimiento que sugiero, ya que la perspectiva neoliberal discute su eficacia y no la recomienda. Más allá de las disputas políticas y filosóficas –que son variadas y múltiples–, nos interesa una legislación que facilite reconocer al otro en la línea que nuestro país proponía: “El 12 de marzo de 2004, el canciller Rafael Bielsa, en Roma, informó personalmente al jefe de la Iglesia Vaticana que la Argentina apoyaría la resolución de ONU de no discriminar por orientación sexual e identidad de género, y pidió a las instituciones que concentran a quienes militan por estos derechos que hagamos pública dentro y fuera del país la disposición plena de apoyo del presidente argentino”. De este modo lo decía César Cigliutti el 27 de octubre de 2011 en el Salón de Prensa de la Cancillería, en representación de la Comisión de Diversidad Sexual del Consejo Consultivo que nuclea Lesbianas, Gays, Bisexuales, Travesti, Transexual, Transgénero, Intersex y Queers (Lgbtttiq).


“El 17 de junio de 2011, nueve años después, se obtuvo el extraordinario logro: el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas aprobó la Resolución sobre las violaciones de derechos humanos por Orientación Sexual e Identidad de Género.”


Sin embargo, persiste la burocracia de los discriminadores, por eso hay que nombrarlos: la etimología de discriminar se encuentra en cernir como dialéctica del separar; cernir y aislar a esos “raros”, agrupándolos como aquellos que no pasan el cedazo donde los discriminadores organizan el bien y el mal, lo normal y lo no normal, el cielo y el infierno.

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Hablar de feminismos, géneros, identidades, diversidades… es asunto difícil. Entenderlo y abordarlo nos lleva a mirar en lo más profundo de nuestra construcción como personas y, si queremos acabar con las desigualdades, nos conduce a cuestionarnos y también a veces a transformarnos. Pero, difícil o no, lo cierto es que las cuestiones que trata el género –aunque construcciones sociales– no son temas ficticios. En Colombia y a largo y ancho del mundo, personas reales sufren la violencia también real de ser ‘diferentes’, simplemente porque “lo que no lo es” se ha naturalizado: mujeres a quienes silenciamos por nuestra socialización machista, lesbianas a quienes insultamos por no encarnar esa cultura patriarcal que precisamente no logra silenciarlas, y mujeres trans, a quienes asesinan con especial virulencia y ‘dedicación’, simplemente por ir más allá de lo permitido. Esto pasa cada día en las calles de Bogotá, en las de Colombia, en las avenidas del mundo; y yo ahora tengo la opción de hablarlo con ustedes, debatirlo y analizarlo.

Y lo hago inaugurando esta sección sobre cuestiones de género en un espacio que me ha brindado la posibilidad de hacerlo, bajo el propósito de que este sea un proyecto de pensamientos y debates, y con la ilusión de que genere precisamente eso: pensamientos y debates que vayan más allá de lo institucional y acojan la opinión de todas aquellas personas en Colombia que hayan entendido o no que todas y todos formamos parte de nuestras construcciones de género, y que, por tanto, todas y todos –en alguna forma– nos hemos construido también desde “lo diferente”.

Les espero, entonces, en el pensamiento y en el debate. Sean [email protected]


Todas las mujeres lesbianas fueron expulsadas de la National Organization for Women en 1970 tras una manifestación de la escritora y activista Rita Mae Brown en la que se declaraba como tal. Esto no le sentó muy bien en Estados Unidos al movimiento de mujeres y tampoco le sentaron bien a Mae los intentos de la ONM de distanciarse de las organizaciones de lesbianas.

Varias décadas después, el asunto sigue siendo complejo, y, aunque desde las diferentes teorías de género (sobre todo posestructuralistas) conseguir la equidad pasa por cuestionar la heterosexualidad obligatoria, siguen sin existir tales articulaciones desde las políticas públicas dirigidas a mujeres. Tampoco en el caso de Bogotá. Porque, aunque es una misma Subsecretaría (Mujer, Géneros y Diversidad Sexual) la que acoge ambas direcciones (Dirección de Diversidad de Sexual y Dirección de Derechos, Desarrollo e Igualdad de Oportunidades para la Equidad de Géneros), la separación entre las mismas es notable y fácilmente palpable. A pesar de que el género no es sólo una cuestión de hombres y mujeres, y a pesar de que una política de género completa debiera pasar –según diferentes teorías y activismos– por el cuestionamiento del heterocentrismo, diversidad de género y género –aquí– son cosas distintas.

Tal es así que las dos direcciones ni siquiera comparten el mismo espacio virtual que ofrece la Secretaría Distrital de Planeación, a la cual pertenece la Subsecretaría. La Dirección de Derechos, Desarrollo e Igualdad de Oportunidades (es decir, la que desarrolla políticas para lograr, según su nombre, igualdad para las mujeres) ha optado por definirse y anunciarse en un espacio propio, separado de “las diversidades sexuales”. Todo ello a pesar de que el decreto que regula el funcionamiento de esta Dirección (Nº 256 de 25 de junio 2007) la obliga a “dirigir las acciones necesarias que posibiliten la coordinación interinstitucional requerida para articular sus planes y proyectos con las políticas públicas de mujeres, géneros y diversidad sexual”.

No parece que la opción de separarse de este espacio (Planeación), al que se encuentra organizacionalmente ligada esta dirección y en el que quedaría también unida a la de Diversidad Sexual (formando ambas la Subsecretaría), ayude a que se propicie esta articulación referida en el decreto, ni siquiera visualmente hablando. ¿Por qué, a pesar de lo que éste dice, la Dirección ha preferido presentarse en forma autónoma? ¿Qué ocurre cuando una política que procura garantizar la igualdad para todas las mujeres evita la articulación con mujeres lesbianas, bisexuales y mujeres trans? ¿Qué ocurre cuando una política de géneros no se refiere a los géneros desde más de un punto de vista ni acude a la violencia que el heterocentrismo genera en todas las mujeres?

Para abordarlo, dos expertas en cuestiones de género nos trasladan sus puntos de vista al respecto de esta política pública, desarrollada en el Distrito desde la experiencia política, la académica y la activista. ¿Por qué elegimos a Bogotá para este análisis? Pues porque, a pesar de que los derechos de las personas LGBT hayan sido tratados desde ciudades como Medellín, Cali y Pasto, fue Bogotá la primera ciudad y la primera capital latinoamericana en abrir una dirección específica sobre diversidad sexual. Y por ser también la ciudad que, en su día, hizo una apuesta fuerte por las ‘diversidades’ desde el Distrito.

Patriarcado y heterocentrismo: los dos ejes del mal


Recordarán a Liza García por ser la primera directora de Diversidad Sexual en Bogotá. Fue la persona que movilizó la primera política de este tipo en Latinoamérica (Política pública para la garantía plena de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans) y quien impulsó el desarrollo de la política pública para la garantía de derechos de lesbianas, gays, bisexuales y trans en la ciudad. Hace poco más de un año que no está en ese cargo por decisión propia. La causa: un Máster en Género, Identidad y Ciudadanía que decidió emprender en España.

P. En su trayectoria vital, tiene en su haber el conocimiento de las teorías de género y, por la otra, el conocimiento político, estratégico, que le dio su cargo como directora de la Dirección de Diversidad Sexual durante 2008-2009. ¿Es difícil articular esos dos campos?
R. Yo creo que sí porque las teorías de género plantean rupturas fundamentales de estructuras sociales que se encuentran muy arraigadas entre las personas, sobre todo en ciertas culturas. En ese sentido, el desarrollo de esa articulación de lo estratégico y lo político con las teorías es utópico en cierta medida, y desarrollarlas con congruencia constituye una dificultad grandísima.

Las construcciones de género hegemónicas que las teorías quieren romper son precisamente el primer obstáculo con el que se encuentran las políticas públicas. Sobre todo porque quienes las desarrollan son personas que crecieron en un contexto específico, bajo una determinada construcción de género, y eso hace que tal construcción delimite el desarrollo de las políticas que buscan la equidad de género para mujeres y hombres, y el reconocimiento de los derechos de personas, en este caso, de sectores LGBT.

P. ¿Considera que género y diversidad sexual hablan de lo mismo?
R. Creo que no hablan de lo mismo pero sí que se interrelacionan. Cuando hablamos de construcciones de género, estamos hablando de las formas en que nos construimos como personas (como hombres, como mujeres o como personas que no quieren encasillarse en ninguna de esas dos categorías), y eso implica hablar precisamente de las orientaciones sexuales que asumimos, de por qué las asumimos. El género implica hablar también de la construcción de la orientación sexual o de la identidad de género.

En el momento en el cual desarrollaba la Dirección, lo afirmaba y sigo afirmándolo como activista y como interesada académicamente en estas cuestiones: creo que las luchas por la ruptura del sistema patriarcal y por el reconocimiento de los derechos de personas que no tienen una orientación heterosexual y que no tienen una identidad de género como la espera todo el mundo son complementarias. No se puede subvertir el orden social para que las mujeres tengan equidad en relación con los hombres sin trabajar en la deconstrucción de las orientaciones sexuales y las identidades de género. Yo decía a manera de broma que son los dos ejes del mal: el patriarcado y el heterocentrismo.

P. ¿Considera que desde la Subsecretaría de Mujer, Géneros y Diversidad Sexual de Bogotá, género y diversidad se relacionan y se complementan de la manera que dice?
R. No puedo hablar del papel en este momento de la Subsecretaría, ya que llevo un año fuera de lo que implicó el trabajo de la Dirección, pero al menos en el tiempo en que yo estuve, en la misma encontré muchas dificultades para articular el trabajo de las mujeres con mujeres lesbianas, bisexuales y trans. Creo que hace falta un real trabajo articulado entre ambas Direcciones y que no existe tal trabajo.

En ocasiones, la política pública, por ejemplo, en mujeres, no reconoce el desarrollo de las mujeres trans ni lo apropia como parte de una de sus banderas. Tampoco frente a las mujeres lesbianas y bisexuales, y creo que eso hace falta. Pienso que se ha dejado de lado este tema en la política de mujeres, sólo porque existe una Dirección de diversidad sexual. Yo me pregunto si esto mismo pudiera pasar si se creara una dirección para las personas afro o si se crea una dirección para las personas en condiciones de discapacidad. Pienso que la política en esos supuestos sería menos excluyente.

P. ¿Considera que la Subsecretaría desarrolla políticas para todas las mujeres de Bogotá?
R. No, definitivamente no. Y, además, me hago otra pregunta: ¿Considera que la política de derechos para las personas LGBT hace política LGBT para todas las personas? No. Esta dirección no ha hecho hasta el momento, por ejemplo, una acción afirmativa del tema de VIH en lesbianas, gays, bisexuales y trans.

Por tanto, creo que ninguna de las dos políticas es completa; y creo que la política pública de derechos de personas de los sectores LGBT reconoce claramente el tema de género. Reconoce el género como una construcción fundamental para trabajar las orientaciones sexuales no hegemónicas y las identidades de género. Lo que yo no tengo claro es que el Plan de igualdad de oportunidades para la equidad de género en el Distrito Capital 2004-2016 reconozca –además de estar en el papel– a las mujeres lesbianas, bisexuales y trans. Eso creo que no está allí.

P. ¿Cuál es, desde su entender, la opción de funcionamiento idónea para articular estas dos políticas?
R. Inicialmente, no creer que quien tenga más plata es quien va necesariamente a tener mayor impacto. No sé si sea el momento para que trabajen en un solo proyecto porque reconozco la necesidad de hacer acciones específicas. Mi propuesta alternativa fuera seguir trabajando por direcciones diferenciadas pero sin que haya una pelea tan ardua por la lucha de los recursos. Creo que, por lo menos, se debieran reconocer las perspectivas de género en general, no sólo desde la orientación sexual o la identidad de género, y no sólo desde otras aristas que no sean la orientación sexual o la identidad de género.

Además, debe haber una revaluación al respecto para convertir estas políticas en políticas de primer grado, tan importantes como, por ejemplo, las políticas públicas de transporte. Deben ser, además, políticas transversales que afecten a todas las Direcciones. El tema de género es tan importante o incluso más que eso, y aquí parece un añadido. Resultan ser incluso políticas muy incómodas para la administración.

P. ¿Y en lo que respecta a los movimientos sociales?
R. Las políticas públicas han arrasado con la agenda propia de los movimientos. Ya no hay ni 28 de junio ni 25 de noviembre sin que el Distrito esté liderándolo. No hay 28 de junio sin que las organizaciones tengan que ir al Distrito para que les apoyen la marcha. Asimismo, necesitamos un movimiento social autónomo que pueda generar su propia transformación desde sus haceres, y eso no existe ahora en Bogotá.

La política pública no resuelve la desigualdad


Ochi Curiel está unida al activismo y también a la teoría desde la Academia. Es coordinadora curricular de los posgrados de la Escuela de Estudios de Género de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Antropología Social y experta igualmente en el pensamiento y la teoría feminista latinoamericana y caribeña. Asimismo, es activista y teórica lésbico-feminista del movimiento afro.

P. ¿Cuál es su opinión sobre una investigación teórica o un trabajo sobre género que no tenga en cuenta la cuestión de la sexualidad, de las orientaciones sexuales y del heterocentrismo?
R. No es en ese caso un trabajo feminista. Creo que el género es una categoría analítica que te permite visualizar efectos diferenciadores entre hombres y mujeres y, en ese sentido, fue una categoría muy importante para el movimiento feminista y para la Academia también, porque permitió evidenciar esos efectos diferenciales del sexismo. Sin embargo, es una categoría muy heterocentrada y binaria, ya que parte del hecho de que hay grupos de hombres y grupos de mujeres. En tal sentido, el nivel de institucionalización de la categoría (no sólo por la Academia sino también por la cooperación internacional, las ONG, etcétera) despolitizó este término que en algún momento pudo ser interesante. Ahora, cualquier cosa es género, como, por ejemplo, incluir a las mujeres o los hombres; y es cierto que todo eso es género, pero a la hora de hacer referencia a un feminismo que no se limite siempre a evidenciar las diferencias que existen entre hombres y mujeres, es una categoría que no sirve mucho.

Creo que una visión feminista mucho más crítica e integrada debe abordar el tema de la sexualidad. Creo que nos conviene más hablar del régimen de la heterosexualidad, ya que, cuando hablamos de sexualidad, estamos hablando de cuál es esa lógica que ha impuesto la sociedad patriarcal-masculinista sobre qué es lo que prioritariamente es la sexualidad. Sobre todo, las lesbianas feministas creemos que la heterosexualidad es el régimen; es la sexualidad.

P. Hablando del régimen de la heterosexualidad, ¿considera que las políticas públicas de género en Bogotá tienen también en cuenta este lineamiento?
R. No lo tiene, y además es normal que no la tenga. Para mí, la política pública es la evidencia de la paradoja de la modernidad. Ya sabemos que el paradigma de la modernidad es el del hombre, blanco, heterosexual... Y todo lo demás se convierte en otro y tiene que parecerse a ese uno, a ese hombre blanco.

En ese sentido, cuando en las sociedades modernas no se satisface una serie de derechos –necesidades de esos otros–, obviamente hay que hacer política pública. Por tanto, la política pública existe porque hay desigualdad. Es su razón de ser. A esa modernidad y a esa política pública le interesa que la gente se quede en la diferencia.

P. Entonces, desde su punto de vista, las políticas y las luchas que se pudieran plantear desde esta teoría tendrán que estar fuera de la política pública…
R. Totalmente. Creo que son dos niveles muy distintos de actuación y que es una cosa que aquí en Bogotá es impresionante. A partir del multiculturalismo en América Latina, diferentes sujetos sociales se volvieron mucho más reconocidos que antes (los negros, la segunda ola del movimiento de mujeres, los indígenas…) pero siempre eran reconocidos desde “lo otro”. Pienso entonces que lo de la política pública no resuelve el tema de la desigualdad, que lo resuelven las contradicciones, las tensiones y las crisis que se dan entre un movimiento social autónomo y ese Estado.

P. ¿Cómo se llega a eso?
R. Obviamente, eso pasa por adquirir una autonomía de muchos tipos. Al mismo tiempo, la vida cotidiana te pone en una situación en la que, por ejemplo, tienes que pagar impuestos o puedes verte en una situación complicada si eres extranjera. Todas esas cosas hacen que tengas que demandar cosas al Estado, porque precisamente están, entre otras, pagando impuestos. Esa es la gran paradoja de la modernidad: que es muy difícil salir.

Bogotá es un ejemplo de eso: hasta la marcha del orgullo LGBT la organiza la Alcaldía, una cosa totalmente contradictoria. La gente se pelea por que la Alcaldía haga eso, y por ello es muy difícil conseguir tal autonomía.

P. La Subsecretaría que lleva esta política en Bogotá recibe el nombre de Mujer, Géneros y Diversidad Sexual. ¿Qué opinión le merece ese nombre?
R. Creo que la práctica política pública parte de la lógica de que existe un sexo natural (algo que la teoría posestructuralista rechaza) y que lo otro hay que reconocerlo en la diferencia, pero desde la lógica de la tolerancia y de los derechos humanos. La teoría debe tener una correspondencia con la práctica o, por lo menos, guardar un mínimo de coherencia; pero esa coherencia estará determinada por el proyecto político que tiene en mente la gente. Si a la gente le interesa que haya mujeres y hombres, pues tendrá una teoría política que exprese eso. Otras, que tenemos una posición más crítica, diremos que la cosa es mucho más compleja.

P. Pero muchas instituciones políticas de otros países empiezan a rechazar el concepto de “mujer” (en singular), por considerar que serlo no es un hecho natural y porque éste no incluye a mujeres lesbianas, bisexuales y trans. Empiezan a hablar de “mujeres” con el fin de ser menos excluyentes.
R. Porque se trata de una postura determinada, teórica y política. La cuestión es: ¿Qué teoría se reconoce? Dependiendo de ésta, se legitima o no el hecho de ser mujer. Creo que todas las teóricas feministas coincidimos en que la mujer no nace sino que se hace (como dijo en su día Simone de Beauvoir), pero hay diferencias en delimitar cómo se hace ese ser mujer. Creo que la lógica de la mayoría de las políticas públicas es pensar que hay una cosa natural al final, lo que de algún modo permite delimitar lo que es diferente.

Entrevista Andrea García Becerra

Antropología y feminismo para la trans-formación


Cuando Andrea García habla de la antropología (su profesión) y del feminismo –al que acude reiteradamente desde el reconocimiento–, la entrevistadora que está frente a ella sabe que estos dos campos teóricos son pilares fundamentales en su vida profesional y personal. Dos campos de trabajo en los que ella es experta tras haber realizando una extensa carrera investigadora y un Magíster en Estudios de Género y Teoría Feminista. Pero también la entrevistadora se encuentra con una inteligencia a la vez inquieta y serena. Y es precisamente esa forma particular de ver el mundo lo que le lleva a hablar una vez de “Tacones, siliconas, hormonas, teoría feminista y experiencias trans en Bogotá” (nombre que recibió su tesis de magíster calificada de Meritoria), y otras de su fascinación por el campo y los sistemas de producción.

En la actualidad, Andrea García forma parte del equipo docente de la Pontificia Universidad Javeriana. Allí desarrolla sus conocimientos en genealogías de la cultura, estudios de género y teorías antropológicas contemporáneas. Es, además, una de las muy pocas mujeres trans que ejercen su labor docente en una universidad colombiana. Por todo lo anterior, su pensamiento es una apuesta que pasa por la deconstrucción de lo establecido; un devenir intelectual que le lleva a unir el feminismo y la antropología como mezcla perfecta para alcanzar los objetivos de la lucha trans.

P. En estos momentos, eres una de las pocas mujeres trans docentes en una universidad de Colombia, La Javeriana, el mismo centro académico donde otra mujer trans, Brigitte Baptiste, actual directora del Instituto Alexander von Humboldt, trabaja como docente desde hace ya unos años. ¿Cómo entras a formar parte de este equipo?
R. Empecé como profesora de una cátedra de la asignatura Estudios de Género para el Departamento de Antropología. Luego desarrollé una propuesta de curso a las directivas del mismo departamento, evaluada y aprobada en 2009. En ese momento empiezo a formar parte del equipo, pero no fue hasta el año pasado que –tras un proceso de selección– entré de lleno en la institución universitaria.

P. ¿Cómo recibiste la reciente noticia del cargo directivo alcanzado por Baptiste?
R. He visto a Brigitte y creo que es una persona muy reconocida tanto en el contexto académico como en el de la movilización de las diversidades de género. Me parece genial que una mujer trans ocupe un puesto en las altas esferas científicas y de producción de conocimiento. Creo que es un aporte muy importante a la hora de romper estigmas y visibilizarlas de otra manera, y en otros espacios distintos de los que tradicionalmente se les asignan. Esta posición también tiene un impacto político.

P. Resulta interesante que la Universidad Javeriana (Compañía de Jesús) tenga precisamente una política tan incluyente en las cuestiones de género.
R. Yo creo que dentro del campo religioso, la Compañía tiene unas perspectivas bastante críticas: ha estado cerca de la actividad académica y ha contado con intelectuales prominentes. Cuando empecé a trabajar en la Javeriana entendía que una a veces ve las cosas de manera muy homogeneizante, como, por ejemplo, ocurre cuando se ve la categoría trans desde afuera. Sin embargo, cuando te acercas un poco a ciertos lugares del campo religioso, te das cuenta de que también hay luchas y personas con mentalidades más avanzadas.

P. Tienes conciencia de que tu trayectoria profesional es una excepción y así lo afirmas. ¿Es esto una responsabilidad añadida para ti?
R. Me considero una antropóloga con iguales cargas, responsabilidades y retos que el resto. En ese sentido, me veo como una profesional que está, en alguna forma, compitiendo en ese campo. Pero, de otro lado, pienso que, cuando hay una experiencia no normativa en la identidad, muchas veces el cuerpo mismo se torna casi como espacio político. Es como llevar el manifiesto encarnado. De eso no puedo desligarme y en ocasiones no quiero desligarme.

P. Trabajas sobre todo con gente joven. ¿Hay considerables diferencias generacionales desde que tú misma eras una estudiante de universidad?
R. Creo que sí hay cambios y que especialmente las personas que se interesan por disciplinas como la antropología tienen miradas más abiertas respecto al mundo. Obviamente, no puedo generalizar, pero siento que hay una especial apertura en los chicos y las chicas que ingresan a programas como los de antropología. Eso hace que se relacionen mejor con las identidades no hegemónicas.

P. Como investigadora, has realizado numerosos trabajos. ¿Cuáles de ellos consideras que te han dejado huella?
R. Me gustó mucho un proceso de investigación que hice en San Basilio de Palenque con la comunidad afrodescendiente de la costa norte colombiana. Me pareció muy interesante porque, a partir de él, me acerqué a un capítulo desconocido de la historia de América y de Colombia, que tiene que ver con el proceso de trata esclavista, la resistencia negra, y la confrontación con la corona y la República.

También realicé un trabajo con la Universidad de Antioquia sobre el tema de salud y cultura en el Urabá Antioqueño, lugar de colonización tardía, con una marcada presencia de grupos indígenas, campesinos y negros. Investigamos el tema de asistencia y cuidado a la atención parto y posparto en mujeres indígenas, negras, urbanas y campesinas. Y te hablo de estos proyectos porque son procesos de investigación que se salen del tema de las diversidades de género y de lo LGBT (lesbianas, gays, bisexuales y transgeneristas), ya que recientemente me he dedicado íntegramente al debate sobre género, teoría Queer, y movimiento LGBT.

Por otra parte, el campo y los sistemas de producción agrícola son temas que me apasionan y que quiero retomar.

P. ¿Qué otras investigaciones consideras fundamentales y que, por tanto, deben realizarse en la actualidad en Colombia?
R. Pienso que unas investigaciones que reconozcan los procesos de luchas, de transformación, de construcción de instituciones de impacto cultural, de los movimientos sociales, de los procesos y las políticas de construcción identitaria, de los movimientos de personas marginadas… Es necesaria una investigación que historice y narre esos procesos.

P. En el caso de la cuestión trans, si tuvieras que elegir un punto por el que necesariamente la estrategia tuviera que pasar para hacer que se alcancen los objetivos propuestos, ¿cuál sería?
R. Creo que es necesaria una apuesta por la transformación cultural, de las mentalidades y de las lógicas de funcionamiento del Estado y de las instituciones, con el fin de superar las categorías naturalizadas. Hay que cuestionar el binarismo de género* como estructura y fundamento de la visión y de la división del mundo, tanto de las personas como de las instituciones, ya que ese binarismo es una matriz violenta que permite agredir al otro.

P. ¿Qué teoría o teorías encarnan, desde tu modo de ver, esa misma estrategia?
R. Creo que indudablemente la antropología aporta elementos fundamentales para ese proceso. También, indudablemente, la teoría feminista. Esta es una producción teórica fundamental para estos procesos de reconfiguración, mucho más que la teoría Queer, incluso mucho más que los Gay and Lesbian Studies. Fue el feminismo el movimiento social y la teoría, la postura epistémica que ha permitido esta transformación. Por tanto, antropología y feminismo son una buena mezcla para conseguir propósitos en la lucha trans.

P. Según la Línea de base de política pública para la garantía plena de derechos de las personas LGBT en Bogotá, en el caso de las personas transgeneristas, su presencia en educación media es de un 39,35 por ciento y en básica secundaria de 26,7. El porcentaje de universitarios y universitarias es del 11,9 por ciento y de posgrado de apenas el 1,94. ¿Cuál es tu opinión al respecto?
R. La escuela funciona a partir de una lógica que excluye esas diversidades, y me parece que es muy difícil para una persona trans asumir la identidad en el colegio o en la universidad. El simple hecho de que te llamen por la lista con un nombre que no corresponde a tu identidad de género, todos los días y durante seis años, creo que es una barrera indiscutible.

P. ¿Qué se puede hacer desde la docencia?
R. Cada vez más docentes, de colegios, sobre todo, están acercándose al tema. Pero creo que la labor depende más de otras instancias políticas y educativas, y de las prácticas de los estudiantes y las estudiantes. Puede que un docente proteja tu identidad de género, pero lo que pasa en el patio es otra cosa.
 
P. Tanto las teorías de género como las antropológicas han dejado muchas frases convertidas en lemas, que en numerosas ocasiones han abanderado muchas luchas. Frases como “lo personal es político”, de Kate Millet. ¿Qué lema o lemas representarían tu postura vital y como investigadora?
R. “El otro se construye. Yo soy el otro”, o algo así como “No existe una sola vía”. Una frase que tenga relación con la diferencia y la diversidad.

* El binarismo de género se plantea como la postura que únicamente reconoce la existencia de dos identidades: mujer y hombre; Aquí, un sexo determinado (por ejemplo, el de mujer) se tiene que corresponder con un género y una construcción determinada (heterosexual, pasiva, femenina…).
Publicado enEdición 166
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