Miércoles, 04 Octubre 2017 06:51

¿Hacia dónde va el POT de Bogotá?

¿Hacia dónde va el POT de Bogotá?

Se agota el tiempo para la aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) en Bogotá y es importante comprender cómo entiende la actual administración la planeación urbana y dentro de ella el tema ambiental, con particularidades e intereses ecológicos y de sostenibilidad urbanas, manifiestas en los elementos de la Estructura Ecológica Principal (EEP), como por ejemplo la Reserva Thomas van der Hammen ¿Quiénes ganan con urbanizarla y quienes pierden? ¿Quiénes ganan con implementar el Plan de Manejo Ambiental y quiénes pierden? Aquí un acercamiento a esta realidad, a la luz de la información oficial.

 

Bogotá tiene particularidades ambientales que la diferencian de cualquier otra ciudad del país. Para valorarlas en su real dimensión requerimos entender, dentro de estas particularidades, algunos supuestos sugeridos por la Administración que hoy rige los destinos de la ciudad, tales como: 1) La planeación es un ejercicio técnico y no político. 2) El crecimiento de la ciudad es algo inevitable (casi que un destino manifiesto), y 3) La Estructura Ecológica Principal (EEP) es equiparable a una categoría de espacio público cualquiera. Para tal fin, tomaremos como referencia principal el documento resumen del diagnóstico para el nuevo POT. Solo nos concentramos en lo que dice dicho diagnóstico, haciendo referencia al discurso de quienes lo escriben, ya que no es nuestra intención hacer un juicio a priori y generalizante hacia todos/as los/as funcionarios/as de la Administración distrital.

 

Planeación urbana: un ejercicio político

 

En el documento del diagnóstico, en concordancia con declaraciones hechas por la actual Administración distrital, se sugiere que la práctica de la planeación urbana es un ejercicio técnico, no político. Atribuir ese carácter le brinda objetividad y certeza. Lo técnico no se discute, se da por sentado, se gerencia y ejecuta, por lo que no se concerta, sino que se socializa. Lo político para este caso, es entendido como una asociación oportunista de personas con intereses similares que buscan poder. En ese sentido lo técnico y lo político se presentan como dos polos entre lo que sería “bueno y deseable” y lo que sería “corrupto y evitable”.

 

De esta forma se niega la esencia de lo político: la discusión e incluso el disenso. Estas premisas van más allá de lo meramente semántico, porque suelen enmascarar estrategias políticas con el fin de deslegitimar la participación amplia y democrática de personas y colectivos sociales en la planeación territorial. Como técnicos ellos saben qué es mejor para “todos”. Quienes no compartan la idea de lo que es mejor según ellos, entonces son descalificados bien sea como opositores del desarrollo, conservacionistas, o en el peor de los casos beligerantes.

 

Cuando se parte de un juicio de valor como el de “beligerancia ambiental”, empleado en un documento público como es el Documento Diagnóstico (p. 62), implica hacerlo desde un prejuicio, o de una determinada convicción antagonista frente algo o alguien, se trata de un argumento falaz (ad hominen). Emplear indiscriminadamente este lenguaje, evidencia de manera alarmante un estilo de gobierno de la ciudad más bien autoritario, que se escuda en narrativas ambiguas para legitimar intereses distantes de velar por los comunes urbanos y lo público.

 

Dar por sentado que existe un consenso en torno a la participación en un proceso político como el POT es algo muy peligroso, desde un Estado que se autoproclama democrático. Esto invisibiliza al sujeto que disiente, y peor aún, lo estigmatiza. Es un ataque infundado desde un desconocimiento deliberado de las fuerzas sociales en Bogotá, en este caso del ambientalismo capitalino, que pese a sus altibajos, ha mantenido vigente el debate del lugar de lo ambiental en la ciudad, y en el mejor de los casos, ha logrado políticas concretas, por ejemplo que algunas áreas protegidas urbanas sean una realidad y no una simple arenga.

 

El POT es una de las pocas cartas de navegación territorial para debatir y construir los comunes urbanos. Establece mecanismos e instancias de participación que deben ser exigidos para su total cumplimiento y legitimidad. No obstante, presenta limitaciones técnicas y normativas, quizá la más crítica es que dichos mecanismos de participación terminan siendo ambiguos y proclives a la manipulación clientelista por parte de cualquier partido político en nombre de la participación democrática a nivel local. Luego, ¿cómo y para qué participar?

 

Reconocer las limitaciones de los instrumentos de participación, no significa adherir a la “despolitización” de los temas de la ciudad o de la planeación. Estas limitaciones no pueden ser usadas como excusa para dejar de discutir ideas contrarias a una dominante que además de negarlas, termina por estigmatizarlas. La estrategia de “despolitización” no cuestiona lo que ya existe. Se supone que lo “técnico” piensa en cómo resolver problemas puntuales, como por ejemplo, el déficit de vivienda o la movilidad, pero nunca se dice el porqué, para qué, ni menos el para quién se debe planear tales soluciones. Es por eso que las concertaciones se evitan y se limitan a socializaciones, como en el caso puntual del POZ Norte, Lagos de Torca.

 

Algo similar sucede con la concepción de lo público, que no es sólo el lugar en donde se determinan de manera colectiva los principios que rigen la vida en común. Más bien, representa la arena de debate en donde caben múltiples miradas que contraponen la supremacía de poderes particulares sobre dichos principios y vida común. En un instrumento como el POT caben todas las dimensiones de la vida urbana (y regional), como la dotación de servicios urbanos, el cómo se consolidan las funciones económicas, sociales y culturales, y no menos importante, de su estructura ecológica y biofísica, de su uso y apropiación como parte del espacio público. La ciudad no solo es espacio contenedor de la vida urbana, es ésta misma y las prácticas de sus habitantes las que producen ciudad y paisaje urbano. El planear el crecimiento de la ciudad teniendo en cuenta la administración del espacio público y su relación por ende con la naturaleza urbana, es un asunto importante. En las siguientes líneas nos concentramos en elaborar mejor este vínculo.

 

Crecimiento de la ciudad: ¿un destino manifiesto?

 

El diagnóstico general para la revisión ordinaria del POT de Bogotá parte de la premisa según la cual la ciudad ha crecido en forma consistente, continuará creciendo hasta estabilizarse en 2050, por razones que no se explican en el documento:

 

“Cada año contamos con alrededor de 100.000 nuevos habitantes (1,14 millones entre 2005 y 2016), razón por la cual también hemos crecido económicamente (más de un 3,5% anual) sin dejar de generar la tercera parte de los recursos con que cuenta el país para su desarrollo” (Documento Diagnóstico, p. 8).

 

Si bien es notable el crecimiento demográfico y económico de la ciudad, es poco acertado afirmar que estos dos fenómenos tienen una relación causal o que son directamente interdependientes. No todo crecimiento demográfico implica crecimiento económico, ni todo crecimiento económico implica un aumento de la población. Abordar solo este punto merecería todo un artículo al respecto. Lo interesante aquí es que esa imprecisión sustenta la pregunta central del ejercicio de diagnóstico, y seguramente, del POT:

 

“¿Cómo sostener este crecimiento y a la vez mejorar la distribución interna de nuestra riqueza, disminuyendo los grandes desequilibrios sociales y económicos que caracterizan a nuestro territorio?” (Documento diagnóstico, p. 9).

 

Es decir, cómo continuar con las tendencias del crecimiento existentes, disminuyendo los costos de esa elección. Esta formulación implica una concepción del crecimiento como un destino manifiesto de la ciudad.

 

Otra convicción que sustenta el documento diagnóstico es que la urbanización es un proceso inevitable que, también inevitablemente destruye la naturaleza a su paso. Si no expandimos la ciudad, ella lo hará por sí misma. De esta manera, si el crecimiento y la urbanización son destinos finales e ineludibles, la única alternativa propuesta es no perder tiempo cuestionando por qué o para qué crecer, sino usar todas las posibilidades de la técnica y la tecnología para crecer de forma “racional”. Entendiendo la racionalidad como única e incuestionable, acá emergería lo que algunos llaman la interfaz ciencia-política-sociedad, relacionada a la premisa de la planeación como algo técnico y no político. Si bien este asunto merece también otro análisis en profundidad, lo que podemos decir es que la racionalidad a la que se apela tanto desde lo técnico o lo científico, precisamente termina por evitar preguntarse por qué o para qué crecer.

 

Por tanto, la directriz es “crecer sí, pero no así”. Crecer con orden para mejorar la calidad de vida de los bogotanos y hacerlos felices (término del Plan de Desarrollo 2016). La alternativa propuesta por la administración es construir ciudad con “naturaleza planeada”, corredores verdes y espacios públicos de acuerdo a los parámetros del diseño urbano. Ese es el modelo de pensamiento que fundamenta la lectura de la Administración sobre la ciudad y que sustenta los proyectos urbanos que se propone. Este es el caso concreto del Plan Zonal del Norte Lagos de Torca, y de la mencionada, pero hasta ahora no presentada formalmente, propuesta Ciudad Norte, sobre los terrenos de la Reserva Thomas van der Hammen.

 

Contrario al planteamiento del texto diagnóstico del POT, creemos que las pregunta sobre por qué y para qué crecer, son tan pertinentes como las preguntas por el cómo, y sobre todo, ¿para quién crecer? ¿Quiénes han sido y seguirán siendo los más beneficiados con los proyecto de expansión de la ciudad? El debate no puede perder de vista que estos proyectos constituyen un terreno fértil para la especulación inmobiliaria. Al respecto, nos dicen que ninguna administración hasta ahora, ha podido evitar los incrementos especulativos sobre los precios del suelo, ni siquiera las de corte “populista” (Documento Diagnóstico, p. 32). Asumen entonces que esta especulación es inevitable, otro destino manifiesto basado en la escasez del suelo urbano en la ciudad. Lo que no nos cuentan es que la escasez como concepto socialmente creado, es una realidad debatible. El punto es precisamente ¿cómo, quién y para qué se mide la escasez?

 

En la defensa unilateral de la expansión de la ciudad sobre el norte, la Administración no asume un verdadero ejercicio de planeación, de gestión y lo más difícil: de regulación, pues es más fácil fomentar las tendencias ya iniciadas y dejar que el mercado dicte los caminos. Así mismo entiende el tratamiento de la gestión de riesgos asociados al cambio climático. Si bien identifica áreas de riesgos diferenciados, sustentadas por estudios del Ideam, la postura frente a este tipo de fenómenos es la de “mitigar” con tecnología o “soluciones duras” eventos puntuales como inundaciones y deslizamientos, más asociados a la variabilidad climática que al cambio climático. Nada de adaptación o soluciones que algunos expertos llaman “basadas en naturaleza”. Se trata de un tipo de planeación que como medicina atiende los síntomas de la enfermedad, pero no previene sus causas, a pesar de conocerlas.

 

Estructura ecológica como espacio público

 

Según lo expresado en el documento diagnóstico del POT, la Estructura Ecológica Principal (EEP) es resultado de un enfoque proteccionista de la planeación en Bogotá y en Colombia, que trata a los elementos ambientales como objetos de protección pasiva que solo benefician “a los habitantes de sus entornos inmediatos y a un limitado número de especialistas y observadores de especies” (Documento Diagnóstico, p. 62). Aunque reconocen que el enfoque proteccionista “ha permitido conservar una parte de las dinámicas ecológicas originales del territorio” (Documento Diagnóstico, p. 59), consideran que no se ha acompañado de la ejecución de proyectos efectivos para la “restauración” y “renaturalización” y que estos espacios, por no hacer parte de la red de espacios públicos están subutilizados.

 

Estos planteamientos resultan problemáticos por diversas razones. En primer lugar porque otorgar a los elementos de la EEP el mismo carácter que a otros espacios públicos, como por ejemplo parques metropolitanos o zonales, es desconocer las complejidades ecológicas del territorio. Algunos de estos elementos, como por ejemplo los humedales, no pueden ser convertidos en áreas de recreación activa o soportar infraestructuras como canchas de fútbol sintéticas y ciclo rutas.

 

En segundo lugar, el concepto de EEP, no está referido a conservar las dinámicas ecológicas originales del territorio, pues como bien lo reconocen en el texto, estas son dinámicas y corresponden más bien a una unidad socio-natural, ya que no hay un estado original per se. Se trata más bien, de comprender cuáles son las relaciones entre los elementos ecológicos que han permitido la existencia de la ciudad y que favorecen su sostenibilidad, para orientar la planeación de modo que se conserven tanto la ciudad, como los elementos de la estructura ecológica, pues están íntimamente relacionadas entre sí.

 

En tercer lugar, el diseño urbano no asegura la apropiación de los espacios públicos. Las personas no sienten un espacio como propio solo por encontrarlo agradable estéticamente o porque una valla oficial les diga: ¡este espacio es tuyo! La apropiación se construye desde las comunidades y con las comunidades, en el conocimiento y la comprensión de las relaciones con el entorno. Ejemplos claros de apropiación son el humedal de La Conejera y la quebrada La Salitrosa, elementos fundamentales de la EEP que se conectan con los Cerros Orientales y el río Bogotá, a través de la Reserva van der Hammen. Las comunidades además de contar con recreación pasiva, realizan actividades de educación ambiental y mantenimiento comunitario de los elementos naturales.

 

Comentario final

 

Las discusiones alrededor de la planeación urbana y de sus implicaciones ambientales, no se reducen a quién tiene la razón absoluta, sino de identificar quién decide, quién gana y quién pierde con cada decisión. En un marco de urbanización capitalista, que no solo reproduce desigualdades sociales, sino serias afectaciones a la ecología urbana y a la sostenibilidad regional, muchos de los argumentos que esgrime la actual Administración se justifican en una supuesta inevitabilidad del crecimiento de la ciudad, que resulta bastante útil para la especulación rentista de los intereses inmobiliarios. Mover una serie de proyectos y capitales para sostener este tipo de urbanización, a través del POT, suprime un legítimo sentido público de la planeación territorial. Y este no es un asunto menor, sino que tiene que ver con el presente y futuro para millones de bogotanxs.

 

* Ecólogo, con maestría en Geografía y estudiante de doctorado en Política Ambiental en el Departamento de estudios Geográficos e Históricos de la Universidad Eastern Finland, en Joensuu, Finlandia. Ha trabajado con entidades en instituciones distritales y nacionales.
** Antropóloga, con maestría en Urbanismo de la Universidad Nacional y estudiante de doctorado en Planeación Urbana y Regional en el Instituto de Investigación y Planeación Urbana y Regional de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Ha investigado los procesos de urbanización del municipio de Chía y trabajado en consultorías para Planes de Ordenamiento Territorial.

 


 

Recuadro


La ciudad como unidad socio natural, una aclaración necesaria

 

Partamos de que no hay nada equivalente a una naturaleza “intocada”. El concepto de naturaleza es ambivalente, ya que depende de quién y para qué se evoca. Tomemos el caso de los humedales de Bogotá. Su forma y paisaje actual son un producto socio-ecológico de cómo la ciudad y las relaciones de poder entre diferentes sectores de la sociedad bogotana se han relacionado con estos lugares, por ejemplo, a través de movilizaciones sociales para su defensa y la consecución de políticas concretas en su reconocimiento y manejo. Por tanto, es un ejercicio riesgoso esencializar a la naturaleza, ya que precisamente en las ciudades y entornos urbanizados es donde nuestra relación con ella es más explícita.

 

La ecología política urbana ha planteado que la ciudad no destruye la naturaleza, sino que más bien la transforma, es naturaleza urbanizada. Como en el caso de los humedales. Pero este planteamiento en ningún momento debe entenderse como una justificación para arrasar con los ecosistemas y soporte biofísico de la ciudad, o construir grandes proyectos urbanos sobre los mismos.

 

Lo que entiende la ecología política urbana por unidad socio natural es para qué y para quiénes es la ciudad y su naturaleza. Asimismo, la urbanización no solo se limita a la ciudad, sino que es el proceso de transformación de la naturaleza para materializar ésta última y su paisaje. Dicho proceso va más allá de límites físicos y administrativos, tal es el caso de la huella que la ciudad tiene en su área de influencia regional (e incluso más allá). Esto sin contar las desigualdades sociales que muchas veces acarrea este proceso que permiten sustentar a la ciudad, por ejemplo, a través del abastecimiento de agua, energía y alimentos.

 

Estos planteamientos han sido frecuentemente mal interpretados y usados de manera irresponsable por parte algunos expertos, entre ellos algunos biólogos y ecólogos. Para ellos, si la naturaleza es socialmente construida y es transformada por el proceso de la urbanización, entonces puede adaptarse a nuestras necesidades, aun cuando lo que concebimos como necesario tenga implicaciones que no se pueden prever con exactitud. Este tipo de discursos han justificado desviación de cursos de ríos, la tala de arbolado urbano, construcciones en áreas inundables, realinderamiento de áreas protegidas, entre muchos otros. Lo que no dicen algunos de estos expertos es que todas las transformaciones del territorio, por más planeadas y técnicamente controladas que sean, tienen impacto tanto en la vida de sus habitantes, como en el ambiente; así como todas las transformaciones ambientales tienen impactos en la ciudad y en la vida de sus habitantes, pues ciudad y naturaleza son una unidad.

Publicado enColombia
Martes, 26 Septiembre 2017 15:09

¿Hacia dónde va el POT de Bogotá?

¿Hacia dónde va el POT de Bogotá?

Se agota el tiempo para la aprobación del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) en Bogotá y es importante comprender cómo entiende la actual administración la planeación urbana y dentro de ella el tema ambiental, con particularidades e intereses ecológicos y de sostenibilidad urbanas, manifiestas en los elementos de la Estructura Ecológica Principal (EEP), como por ejemplo la Reserva Thomas van der Hammen ¿Quiénes ganan con urbanizarla y quienes pierden? ¿Quiénes ganan con implementar el Plan de Manejo Ambiental y quiénes pierden? Aquí un acercamiento a esta realidad, a la luz de la información oficial.

 

Bogotá tiene particularidades ambientales que la diferencian de cualquier otra ciudad del país. Para valorarlas en su real dimensión requerimos entender, dentro de estas particularidades, algunos supuestos sugeridos por la Administración que hoy rige los destinos de la ciudad, tales como: 1) La planeación es un ejercicio técnico y no político. 2) El crecimiento de la ciudad es algo inevitable (casi que un destino manifiesto), y 3) La Estructura Ecológica Principal (EEP) es equiparable a una categoría de espacio público cualquiera. Para tal fin, tomaremos como referencia principal el documento resumen del diagnóstico para el nuevo POT. Solo nos concentramos en lo que dice dicho diagnóstico, haciendo referencia al discurso de quienes lo escriben, ya que no es nuestra intención hacer un juicio a priori y generalizante hacia todos/as los/as funcionarios/as de la Administración distrital.

 

Planeación urbana: un ejercicio político

 

En el documento del diagnóstico, en concordancia con declaraciones hechas por la actual Administración distrital, se sugiere que la práctica de la planeación urbana es un ejercicio técnico, no político. Atribuir ese carácter le brinda objetividad y certeza. Lo técnico no se discute, se da por sentado, se gerencia y ejecuta, por lo que no se concerta, sino que se socializa. Lo político para este caso, es entendido como una asociación oportunista de personas con intereses similares que buscan poder. En ese sentido lo técnico y lo político se presentan como dos polos entre lo que sería “bueno y deseable” y lo que sería “corrupto y evitable”.

 

De esta forma se niega la esencia de lo político: la discusión e incluso el disenso. Estas premisas van más allá de lo meramente semántico, porque suelen enmascarar estrategias políticas con el fin de deslegitimar la participación amplia y democrática de personas y colectivos sociales en la planeación territorial. Como técnicos ellos saben qué es mejor para “todos”. Quienes no compartan la idea de lo que es mejor según ellos, entonces son descalificados bien sea como opositores del desarrollo, conservacionistas, o en el peor de los casos beligerantes.

 

Cuando se parte de un juicio de valor como el de “beligerancia ambiental”, empleado en un documento público como es el Documento Diagnóstico (p. 62), implica hacerlo desde un prejuicio, o de una determinada convicción antagonista frente algo o alguien, se trata de un argumento falaz (ad hominen). Emplear indiscriminadamente este lenguaje, evidencia de manera alarmante un estilo de gobierno de la ciudad más bien autoritario, que se escuda en narrativas ambiguas para legitimar intereses distantes de velar por los comunes urbanos y lo público.

 

Dar por sentado que existe un consenso en torno a la participación en un proceso político como el POT es algo muy peligroso, desde un Estado que se autoproclama democrático. Esto invisibiliza al sujeto que disiente, y peor aún, lo estigmatiza. Es un ataque infundado desde un desconocimiento deliberado de las fuerzas sociales en Bogotá, en este caso del ambientalismo capitalino, que pese a sus altibajos, ha mantenido vigente el debate del lugar de lo ambiental en la ciudad, y en el mejor de los casos, ha logrado políticas concretas, por ejemplo que algunas áreas protegidas urbanas sean una realidad y no una simple arenga.

 

El POT es una de las pocas cartas de navegación territorial para debatir y construir los comunes urbanos. Establece mecanismos e instancias de participación que deben ser exigidos para su total cumplimiento y legitimidad. No obstante, presenta limitaciones técnicas y normativas, quizá la más crítica es que dichos mecanismos de participación terminan siendo ambiguos y proclives a la manipulación clientelista por parte de cualquier partido político en nombre de la participación democrática a nivel local. Luego, ¿cómo y para qué participar?

 

Reconocer las limitaciones de los instrumentos de participación, no significa adherir a la “despolitización” de los temas de la ciudad o de la planeación. Estas limitaciones no pueden ser usadas como excusa para dejar de discutir ideas contrarias a una dominante que además de negarlas, termina por estigmatizarlas. La estrategia de “despolitización” no cuestiona lo que ya existe. Se supone que lo “técnico” piensa en cómo resolver problemas puntuales, como por ejemplo, el déficit de vivienda o la movilidad, pero nunca se dice el porqué, para qué, ni menos el para quién se debe planear tales soluciones. Es por eso que las concertaciones se evitan y se limitan a socializaciones, como en el caso puntual del POZ Norte, Lagos de Torca.

 

Algo similar sucede con la concepción de lo público, que no es sólo el lugar en donde se determinan de manera colectiva los principios que rigen la vida en común. Más bien, representa la arena de debate en donde caben múltiples miradas que contraponen la supremacía de poderes particulares sobre dichos principios y vida común. En un instrumento como el POT caben todas las dimensiones de la vida urbana (y regional), como la dotación de servicios urbanos, el cómo se consolidan las funciones económicas, sociales y culturales, y no menos importante, de su estructura ecológica y biofísica, de su uso y apropiación como parte del espacio público. La ciudad no solo es espacio contenedor de la vida urbana, es ésta misma y las prácticas de sus habitantes las que producen ciudad y paisaje urbano. El planear el crecimiento de la ciudad teniendo en cuenta la administración del espacio público y su relación por ende con la naturaleza urbana, es un asunto importante. En las siguientes líneas nos concentramos en elaborar mejor este vínculo.

 

Crecimiento de la ciudad: ¿un destino manifiesto?

 

El diagnóstico general para la revisión ordinaria del POT de Bogotá parte de la premisa según la cual la ciudad ha crecido en forma consistente, continuará creciendo hasta estabilizarse en 2050, por razones que no se explican en el documento:

 

“Cada año contamos con alrededor de 100.000 nuevos habitantes (1,14 millones entre 2005 y 2016), razón por la cual también hemos crecido económicamente (más de un 3,5% anual) sin dejar de generar la tercera parte de los recursos con que cuenta el país para su desarrollo” (Documento Diagnóstico, p. 8).

 

Si bien es notable el crecimiento demográfico y económico de la ciudad, es poco acertado afirmar que estos dos fenómenos tienen una relación causal o que son directamente interdependientes. No todo crecimiento demográfico implica crecimiento económico, ni todo crecimiento económico implica un aumento de la población. Abordar solo este punto merecería todo un artículo al respecto. Lo interesante aquí es que esa imprecisión sustenta la pregunta central del ejercicio de diagnóstico, y seguramente, del POT:

 

“¿Cómo sostener este crecimiento y a la vez mejorar la distribución interna de nuestra riqueza, disminuyendo los grandes desequilibrios sociales y económicos que caracterizan a nuestro territorio?” (Documento diagnóstico, p. 9).

 

Es decir, cómo continuar con las tendencias del crecimiento existentes, disminuyendo los costos de esa elección. Esta formulación implica una concepción del crecimiento como un destino manifiesto de la ciudad.

 

Otra convicción que sustenta el documento diagnóstico es que la urbanización es un proceso inevitable que, también inevitablemente destruye la naturaleza a su paso. Si no expandimos la ciudad, ella lo hará por sí misma. De esta manera, si el crecimiento y la urbanización son destinos finales e ineludibles, la única alternativa propuesta es no perder tiempo cuestionando por qué o para qué crecer, sino usar todas las posibilidades de la técnica y la tecnología para crecer de forma “racional”. Entendiendo la racionalidad como única e incuestionable, acá emergería lo que algunos llaman la interfaz ciencia-política-sociedad, relacionada a la premisa de la planeación como algo técnico y no político. Si bien este asunto merece también otro análisis en profundidad, lo que podemos decir es que la racionalidad a la que se apela tanto desde lo técnico o lo científico, precisamente termina por evitar preguntarse por qué o para qué crecer.

 

Por tanto, la directriz es “crecer sí, pero no así”. Crecer con orden para mejorar la calidad de vida de los bogotanos y hacerlos felices (término del Plan de Desarrollo 2016). La alternativa propuesta por la administración es construir ciudad con “naturaleza planeada”, corredores verdes y espacios públicos de acuerdo a los parámetros del diseño urbano. Ese es el modelo de pensamiento que fundamenta la lectura de la Administración sobre la ciudad y que sustenta los proyectos urbanos que se propone. Este es el caso concreto del Plan Zonal del Norte Lagos de Torca, y de la mencionada, pero hasta ahora no presentada formalmente, propuesta Ciudad Norte, sobre los terrenos de la Reserva Thomas van der Hammen.

 

Contrario al planteamiento del texto diagnóstico del POT, creemos que las pregunta sobre por qué y para qué crecer, son tan pertinentes como las preguntas por el cómo, y sobre todo, ¿para quién crecer? ¿Quiénes han sido y seguirán siendo los más beneficiados con los proyecto de expansión de la ciudad? El debate no puede perder de vista que estos proyectos constituyen un terreno fértil para la especulación inmobiliaria. Al respecto, nos dicen que ninguna administración hasta ahora, ha podido evitar los incrementos especulativos sobre los precios del suelo, ni siquiera las de corte “populista” (Documento Diagnóstico, p. 32). Asumen entonces que esta especulación es inevitable, otro destino manifiesto basado en la escasez del suelo urbano en la ciudad. Lo que no nos cuentan es que la escasez como concepto socialmente creado, es una realidad debatible. El punto es precisamente ¿cómo, quién y para qué se mide la escasez?

 

En la defensa unilateral de la expansión de la ciudad sobre el norte, la Administración no asume un verdadero ejercicio de planeación, de gestión y lo más difícil: de regulación, pues es más fácil fomentar las tendencias ya iniciadas y dejar que el mercado dicte los caminos. Así mismo entiende el tratamiento de la gestión de riesgos asociados al cambio climático. Si bien identifica áreas de riesgos diferenciados, sustentadas por estudios del Ideam, la postura frente a este tipo de fenómenos es la de “mitigar” con tecnología o “soluciones duras” eventos puntuales como inundaciones y deslizamientos, más asociados a la variabilidad climática que al cambio climático. Nada de adaptación o soluciones que algunos expertos llaman “basadas en naturaleza”. Se trata de un tipo de planeación que como medicina atiende los síntomas de la enfermedad, pero no previene sus causas, a pesar de conocerlas.

 

Estructura ecológica como espacio público

 

Según lo expresado en el documento diagnóstico del POT, la Estructura Ecológica Principal (EEP) es resultado de un enfoque proteccionista de la planeación en Bogotá y en Colombia, que trata a los elementos ambientales como objetos de protección pasiva que solo benefician “a los habitantes de sus entornos inmediatos y a un limitado número de especialistas y observadores de especies” (Documento Diagnóstico, p. 62). Aunque reconocen que el enfoque proteccionista “ha permitido conservar una parte de las dinámicas ecológicas originales del territorio” (Documento Diagnóstico, p. 59), consideran que no se ha acompañado de la ejecución de proyectos efectivos para la “restauración” y “renaturalización” y que estos espacios, por no hacer parte de la red de espacios públicos están subutilizados.

 

Estos planteamientos resultan problemáticos por diversas razones. En primer lugar porque otorgar a los elementos de la EEP el mismo carácter que a otros espacios públicos, como por ejemplo parques metropolitanos o zonales, es desconocer las complejidades ecológicas del territorio. Algunos de estos elementos, como por ejemplo los humedales, no pueden ser convertidos en áreas de recreación activa o soportar infraestructuras como canchas de fútbol sintéticas y ciclo rutas.

 

En segundo lugar, el concepto de EEP, no está referido a conservar las dinámicas ecológicas originales del territorio, pues como bien lo reconocen en el texto, estas son dinámicas y corresponden más bien a una unidad socio-natural, ya que no hay un estado original per se. Se trata más bien, de comprender cuáles son las relaciones entre los elementos ecológicos que han permitido la existencia de la ciudad y que favorecen su sostenibilidad, para orientar la planeación de modo que se conserven tanto la ciudad, como los elementos de la estructura ecológica, pues están íntimamente relacionadas entre sí.

 

En tercer lugar, el diseño urbano no asegura la apropiación de los espacios públicos. Las personas no sienten un espacio como propio solo por encontrarlo agradable estéticamente o porque una valla oficial les diga: ¡este espacio es tuyo! La apropiación se construye desde las comunidades y con las comunidades, en el conocimiento y la comprensión de las relaciones con el entorno. Ejemplos claros de apropiación son el humedal de La Conejera y la quebrada La Salitrosa, elementos fundamentales de la EEP que se conectan con los Cerros Orientales y el río Bogotá, a través de la Reserva van der Hammen. Las comunidades además de contar con recreación pasiva, realizan actividades de educación ambiental y mantenimiento comunitario de los elementos naturales.

 

Comentario final

 

Las discusiones alrededor de la planeación urbana y de sus implicaciones ambientales, no se reducen a quién tiene la razón absoluta, sino de identificar quién decide, quién gana y quién pierde con cada decisión. En un marco de urbanización capitalista, que no solo reproduce desigualdades sociales, sino serias afectaciones a la ecología urbana y a la sostenibilidad regional, muchos de los argumentos que esgrime la actual Administración se justifican en una supuesta inevitabilidad del crecimiento de la ciudad, que resulta bastante útil para la especulación rentista de los intereses inmobiliarios. Mover una serie de proyectos y capitales para sostener este tipo de urbanización, a través del POT, suprime un legítimo sentido público de la planeación territorial. Y este no es un asunto menor, sino que tiene que ver con el presente y futuro para millones de bogotanxs.

 

* Ecólogo, con maestría en Geografía y estudiante de doctorado en Política Ambiental en el Departamento de estudios Geográficos e Históricos de la Universidad Eastern Finland, en Joensuu, Finlandia. Ha trabajado con entidades en instituciones distritales y nacionales.
** Antropóloga, con maestría en Urbanismo de la Universidad Nacional y estudiante de doctorado en Planeación Urbana y Regional en el Instituto de Investigación y Planeación Urbana y Regional de la Universidad Federal de Río de Janeiro. Ha investigado los procesos de urbanización del municipio de Chía y trabajado en consultorías para Planes de Ordenamiento Territorial.

 


 

Recuadro


La ciudad como unidad socio natural, una aclaración necesaria

 

Partamos de que no hay nada equivalente a una naturaleza “intocada”. El concepto de naturaleza es ambivalente, ya que depende de quién y para qué se evoca. Tomemos el caso de los humedales de Bogotá. Su forma y paisaje actual son un producto socio-ecológico de cómo la ciudad y las relaciones de poder entre diferentes sectores de la sociedad bogotana se han relacionado con estos lugares, por ejemplo, a través de movilizaciones sociales para su defensa y la consecución de políticas concretas en su reconocimiento y manejo. Por tanto, es un ejercicio riesgoso esencializar a la naturaleza, ya que precisamente en las ciudades y entornos urbanizados es donde nuestra relación con ella es más explícita.

 

La ecología política urbana ha planteado que la ciudad no destruye la naturaleza, sino que más bien la transforma, es naturaleza urbanizada. Como en el caso de los humedales. Pero este planteamiento en ningún momento debe entenderse como una justificación para arrasar con los ecosistemas y soporte biofísico de la ciudad, o construir grandes proyectos urbanos sobre los mismos.

 

Lo que entiende la ecología política urbana por unidad socio natural es para qué y para quiénes es la ciudad y su naturaleza. Asimismo, la urbanización no solo se limita a la ciudad, sino que es el proceso de transformación de la naturaleza para materializar ésta última y su paisaje. Dicho proceso va más allá de límites físicos y administrativos, tal es el caso de la huella que la ciudad tiene en su área de influencia regional (e incluso más allá). Esto sin contar las desigualdades sociales que muchas veces acarrea este proceso que permiten sustentar a la ciudad, por ejemplo, a través del abastecimiento de agua, energía y alimentos.

 

Estos planteamientos han sido frecuentemente mal interpretados y usados de manera irresponsable por parte algunos expertos, entre ellos algunos biólogos y ecólogos. Para ellos, si la naturaleza es socialmente construida y es transformada por el proceso de la urbanización, entonces puede adaptarse a nuestras necesidades, aun cuando lo que concebimos como necesario tenga implicaciones que no se pueden prever con exactitud. Este tipo de discursos han justificado desviación de cursos de ríos, la tala de arbolado urbano, construcciones en áreas inundables, realinderamiento de áreas protegidas, entre muchos otros. Lo que no dicen algunos de estos expertos es que todas las transformaciones del territorio, por más planeadas y técnicamente controladas que sean, tienen impacto tanto en la vida de sus habitantes, como en el ambiente; así como todas las transformaciones ambientales tienen impactos en la ciudad y en la vida de sus habitantes, pues ciudad y naturaleza son una unidad.

Publicado enEdición Nº239
Sábado, 02 Septiembre 2017 10:15

La disputa por Bogotá

La disputa por Bogotá

La posible citación en los próximos meses a quienes habitan Bogotá para que decidan sobre la continuidad o destitución de Enrique Peñalosa como alcalde, recuerda que en esta ciudad está en disputa la forma de habitarla, construirla y apropiarla. En este artículo un acercamiento a tal realidad a través de repasar algunos escenarios que resaltan la importancia de esta urbe para el país y las dinámicas que la agitan.

 

Su día a día. Lo sucedido en el Bronx, el incremento en las tarifas de Transmilenio, la persecución a los vendedores ambulantes, las intenciones sobre la reserva Van Der Hammen, el tema del metro, y la venta de la ETB, son parte de las cuestiones más relevantes que durante los últimos meses han marcado la pauta en los medios de comunicación, las calles, los cafés, los hogares y cada uno de los escenarios que constituyen la vida en la urbe capitalina.

 

Podríamos decir que todas estas controversias, más allá de su impacto mediático, expresan algo más profundo: una disputa sobre el modelo de ciudad, su rumbo y su que hacer, que asume nuevos elementos y matices, pero que vale la pena no dejar pasar por alto.

 

Dinámicas de Bogotá

 

Bogotá es una urbe que cada día se posiciona más en el concierto internacional como una ciudad cosmopolita vinculada a una economía global y unas dinámicas internacionales, muestra de ello es la presencia de fuertes capitales internacionales (financieros, inmobiliarios, entre otros), clúster de emprendimientos y negocios, aumento de la movilización de carga y pasajeros a nivel internacional, localización de hubs de servicios, aumento del turismo internacional y de la localización de multinacionales asociadas, venta de servicios de educación superior y de salud especializados, las TICs –en particular las telecomunicaciones–, entre otros negocios que ganan posicionamiento y prosperidad en la ciudad.

 

Junto a esta dinámica de posicionamiento del capital internacional se encuentra el fortalecimiento de los capitales nacionales, también presentes en ella, basados en la capacidad de consumo que presenta esta aglomeración urbana de más de 8.110.595 (SDP, 2017), a los que se suman cerca de 1.500.000 habitantes en los 19 municipios localizados en su entorno inmediato y con los cuales funcionalmente constituyen un área metropolitana.

 

En Bogotá se genera y concentra de más del 25 por ciento del PIB de Colombia. Un territorio con la población suficiente para poder encarar cualquier actividad productiva que aquí se localice, con la infraestructura y los recursos dispuestos para el desarrollo del capital en todas sus manifestaciones.

 

Esta dinámica, prioritariamente económica, se territorializa en la ciudad y se acomoda a los intereses del mercado, de ahí que esta urbe se encuentre en constante proceso de ajuste y construcción, ya que las nuevas demandas exigen nuevos escenarios en condiciones específicas; así el territorio se dispone en función de los intereses del mercado.

 

Sin embargo, este vertiginoso crecimiento no llega en sus beneficios a todos los que aquí habitan, ni en términos de mejoras de sus territorios ni en términos de recursos económicos que les permitan acceder al consumo de un mayor número de bienes y servicios, reafirmándose con ello dos dinámicas: por una parte, una ciudad en la que cada día resulta más difícil habitar, producto de los costos de localización que ello implica y, de otra, la expulsión de la población del territorio a través de las dinámicas de especulación y despojo que impone el mercado.

 

Dinámicas políticas y escenarios de participación

 

También hay que reconocer que la ciudad ha cambiado políticamente desde el proceso de elección de alcaldes a fines de los años 80, la elección de las JAL a inicios de los años 90 junto con el nombramiento de los alcaldes locales, sumado al mal llamado proceso de descentralización de la ciudad en 20 localidades. De igual manera, la puesta en marcha de la Constitución Política de 1991 mutó las dinámicas políticas así como los procesos y prácticas de la participación.

 

Por un lado, pasamos de contar con dos partidos políticos claramente caracterizados (liberal y conservador) y hegemónicos a lo largo de más de 100 años, a una diáspora de partidos derivados de estos que se plantean ambivalentes, con discursos ambiguos pero con las mismas prácticas políticas tradicionales. Por su parte, la izquierda no logra consolidar una propuesta unitaria y a semejanza de los partidos tradicionales, se encuentra fragmentada y dispersa.

 

Ciudad en disputa, donde el principal botín es la alcaldía, tanto por su cuota burocrática como por los espacios, mecanismos y caudales de que dispone para hacer negocios de todo tipo, turbios o limpios, eficientes o precarios. Solo baste mencionar el negocio del manejo de las basuras y del botadero de Doña Juana, donde nada vale hablar de programas de reciclaje, uso eficiente de energías, generación de riqueza y valor a partir de los desechos cuando todo se entierra.

 

Por otra parte, los procesos de participación en la ciudad también han mutado, quizás lo más visible es la pérdida de protagonismo por parte de las JAC ante el establecimiento de las JAL. Pero también la ciudad ha crecido, expandido y, en buena medida, consolidado. Ya las demandas y aspiraciones de la población no están relacionadas exclusivamente con el acceso a servicios públicos domiciliarios y transporte, ya el problema mayor no es de cobertura sino de calidad y de tarifas. Realidad que ha conllevado la aparición de múltiples formas de organización en torno a múltiples intereses que antes no eran tan visibles y evidentes, procesos que hoy están presentes en la ciudad en todas sus localidades. Procesos barriales, zonales, locales, territoriales, sectoriales, entre otros.

 

Todo esto muestra la capacidad de los habitantes de esta urbe por construir sus propias apuestas, por adelantar dinámicas no institucionalizadas, por exigir el reconocimiento de derechos que aunque consagrados no se materializan, por exigir la efetiva concreción de las políticas públicas, fenómeno que expresa un claro conflicto entre prácticas políticas tradicionales y procesos de participación en los que el cómo, para quién, y con quién se gobierna esta ciudad se torna en punto central de la disputa.

 

Modelo de desarrollo y modelo de ordenamiento

 

Colombia, como ya se ha señalado en múltiples ocasiones, es un país que está determinado por el modelo de desarrollo asociado al modo de producción capitalista, y con éste su etapa más desarrollada, el neoliberalismo**, modelo que se refleja en todos los ámbitos de la vida de la ciudad, tanto los públicos como los privados, generando a su vez una visión territorial que se construye a través de los Planes de Desarrollo y los Planes de Ordenamiento Territorial –POT–, especializando un modo de producción que basa todo su crecimiento y progreso en las fuerzas del mercado.

 

Este modelo ha efectuado la transferencia de la responsabilidad pública al sector privado en materia de servicios públicos (privatización de las empresas de electricidad, telefonía, gas natural, aseo y transporte), en materia de servicios sociales (imposición de un modelo de privatización de la salud y la educación), la reducción de los salarios y la pérdida del poder adquisitivo, todo lo cual ha impactado de mala manera a quienes la habitan, como al conjunto del territorio que pueblan.

 

Dentro de esa perspectiva, el problema del modelo no se centra en resolverle la problemática ni las necesidades al conjunto de la población, sino en disponer de los recursos que están en ese territorio, indistintamente de que todos puedan ser beneficiados o no. Por lo tanto, el modelo no está planteado como una alternativa para resolver las lógicas de segregación y exclusión de la ciudad, no, está pensado como un mecanismo que permita una mirada y una perspectiva desde un sector de la sociedad –el dominante– que concibe el territorio frente a unos fines específicos –de lucro–.

 

Este modelo de ciudad basa su configuración sobre cuatro elementos de análisis: el territorio, la población, la política y el mercado. El territorio, como escenario donde se expresan la segregación socio-espacial, la expulsión de población de los territorios mejorados y la especialización y usos del suelo urbano de manera rentística frente al mercado. La población, sujeta a la satisfacción de sus necesidades, la resolución de la pobreza y la miseria, el acceso a condiciones de calidad de vida y de participación en el juego de la democracia. La política, como reguladora de las relaciones entre lo público y lo privado, como determinante de la construcción social del territorio, así como la construcción y orientación del modelo de desarrollo. Y el mercado, entendido como la base fundamental del modelo de desarrollo, su materialización como modelo de ciudad y como determinante de lo público.

 

Por ello, lo que hoy está en disputa son dos formas de entender la construcción y apropiación de la ciudad. Una, al servicio del capital y del conjunto de demandas del mercado en cabeza de las clases dirigentes asociadas en los partidos políticos tradicionales y que hoy presentan como figura visible al señor Enrique Peñalosa, voz de los poderosos y sus intereses.

 

Pero, por otra parte, en Bogotá se están configurando propuestas que conciben la ciudad para sus habitantes, garantizando su acceso a bienes y servicios para el conjunto de sus pobladores, incluyendo los más necesitados. Una ciudad incluyente, no solo en el discurso sino en la práctica. Una ciudad que valore la participación y la considere incidente y decisiva. Una ciudad donde el territorio se respeta y se defiende, donde los recursos naturales se valoran y el agua se considera un bien común, una ciudad que se debe ordenar en función de las necesidades mayoritarias y no de los intereses particulares. En fin, una ciudad que se piensa colectivamente, cuestión que no se reconoce, no se valora y se descalifica.

 

Esta disputa contiene hoy un ingrediente importante, la convocatoria a un proceso de revocatoria del mandato de su alcalde, no por ser Enrique Peñalosa, sino porque lo que está en disputa son el modelo de desarrollo y el modelo de ordenamiento para todos los que vivimos en esta ciudad.

 

¿Hacia dónde avanzar?

 

En el sentido anterior, es necesario definir los puntos centrales que se espera sean incluidos en la configuración de un modelo de ciudad incluyente. Una propuesta donde el derecho a la ciudad y el territorio se constituyan en la bandera reivindicativa en la disputa por la Bogotá. Debemos profundizar el reconocimiento del derecho a la ciudad y el territorio con base en la Carta por el Derecho a la Ciudad: caso Bogotá, como un elemento articulador de las reivindicaciones colectivas, de manera que se reconozcan nuestras particularidades, que se privilegien los bienes comunes y se fortalezca el sentido de lo colectivo. Esta disputa deberá ser, a su vez, la base de la construcción de la paz territorial, en este caso no sólo para Bogotá sino para todas las ciudades colombianas.

 

Se trata, entonces, de poner en práctica el derecho a la ciudad, un derecho que garantice el ejercicio pleno de la ciudadanía y la realización de todos los derechos como lo señaló la Asamblea Mundial de Pobladores celebrada en México en 2000 (HIC-AL, 2008). Es decir, hablamos de un nuevo proyecto de ciudad en el que su base sean los derechos humanos, individuales, colectivos y de tercera generación. Derechos que permitan el pleno ejercicio de sus habitantes a ser parte de la ciudad. Una ciudad dispuesta al servicio de las mayorías.

 

Bogotá, 12 de agosto de 2017

 

* Arquitecto, Magíster y Doctor en Urbanismo. Doctor en Arquitectura y Ciudad. Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Investigador Senior (IS). Líder del Grupo de Investigación «Procesos Urbanos en Hábitat, Vivienda e Informalidad». Dirección Carrera 30 No. 45-03. Edificio Sindu. Oficina 106. Bogotá. E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** La ciudad de Bogotá es el referente del avance del modelo en el país.

Publicado enEdición Nº238
Abandonar las ciudades, volver a la tierra

La humanidad, como nunca antes, requiere que emerjan formas alternativas de habitar la tierra. Experiencias que superen la devastación de la lógica del capital y convoquen con el ejemplo el fervor creador de las comunidades.

Estas alternativas urgen pues las reglas de juego del capitalismo mundial integrado1, hoy imperante, han acercado el mundo a un colapso apocalíptico. En muy pocas décadas la lógica del capital penetró en los últimos rincones del planeta que se habían mantenido a salvo de la codicia. Se apoderó también de ámbitos de la vida social que habían sido resguardados de la degradación que acarrea la ley de la ganancia: salud, alimentación, educación, cultura, etc.

Pocos años de políticas neoliberales fraguaron una política mundial atrapada en las demandas inaplazables de los grupos de presión corporativos, las exigencias de una humanidad no creadora consagrada a la banalidad y la habladuría, los gimnasios, los templos de los diezmos, las redes de cómplices, la estética vacía de los centros comerciales, y gravísimos problemas sin resolver que se enconan cada hora.

Para nuestro asombro –y para cavilar– es necesario tener en cuenta que en apenas un siglo el planeta pasó de albergar mil millones de seres humanos a soportar más de seis mil millones. Miles de millones con necesidades esenciales que cubrir y cientos de millones con falsas necesidades codificadas2 por un sistema de mediático omnipresente y conocedor de los mecanismos capaces de robotizar los cuerpos y esclavizar las mentes con un consumismo imposible de saciar ni con diez planetas más.

Un planeta que sufre la devastación de un sistema patriarcal, económico y político bárbaro y depredador. El calentamiento global alcanza hoy topes sin precedentes en la historia de la tierra. Un fenómeno que avanza a un ritmo incontrolable, hasta el punto de instaurar la desesperanza en millones de seres que contemplan con estupor la fuerza inercial de una dinámica económica arrasadora que nada ni nadie parece poder detener3.
Las fisuras

Al mismo tiempo, en el mundo entero, emerge como lo hacen las plantas después de las lluvias que siguen al verano, una asombrosa diversidad de experiencias moleculares alternas al mercado, o con una hibridación que les permite diversos grados de autonomía al tiempo que una inserción en el mercado.

Entre ellas se manifiestan con enorme fuerza las experiencias de retorno a la tierra. Experiencias que recuperan las potencias de la labor colectiva bajo el signo de la cooperación, y que renuncian de antemano, por principio, a cualquier forma de beneficio económico que les signifique envenenar la tierra.

Una de estas experiencias aflora en la región que reúne a Zipacón, Cachipay y Anolaima en Cundinamarca. Una geografía andina prodigiosa con bosque de niebla tropical, adornada con el esplendor de los ocobos en flor, y ubicada en el costado occidental de la cordillera que desciende desde Bogotá al Magdalena. Sus territorios van desde los 2.000 metros de altitud hasta los 1.500. Son tierras que brindan desde diversas variedades de papa y quinua, hasta la yuca, la guatila y el tomate. Una asombrosa diversidad de frutas y plantas medicinales, y variedades aclimatadas de amaranto, chía y yacón.

En esa región afloran diversos procesos alternativos al desastre de la mega urbe. En Colombia hay una antigua raíz cultural de sentido comunitario de la vida colectiva y amoroso cuidado de la madre tierra. Esta raíz ha resistido durante siglo y ha reverdecido en el siglo XX con la revalorización de las obras y saberes ancestrales. Su significado de vida se ha venido apreciando cada vez más con la creciente conciencia planetaria sobre la imposibilidad de mantener la vida y la dignidad con la organización social y económica que instauró en el mundo la más grande potencia que se ha engendrado en la tierra.

Hay un flujo creciente de personas y pequeñas comunidades de jóvenes que están retornando a la tierra. Reducen en alto grado el consumo en términos de despilfarro de las energías fósiles. Disminuyen su necesidad de moverse de un lugar a otro, y cuando se mueven caminan, utilizan bicicletas, comparten autos o acuden a los transportes colectivos.

No son únicos, forman parte de un proceso planetario: un movimiento cultural de retorno a la tierra. Jóvenes hastiados de la carrera de ratas del capital regresan a habitar los campos, como núcleos familiares o en pequeñas tribus. Ya no quieren hablar en contra del sistema, ni de las mil formas de demoler el poder. Se han decidido a labrar otro mundo, y en ello laboran cada día. Experimentan el placer superior de servir y de recibir ayuda de la comunidad en la que se desenvuelven sus vidas. Comprenden la salud con un acento en la prevención de la enfermedad, como una forma de vida, de nutrirse, de amar y de respirar. Y no como una cuestión farmacéutica.

No soportan más los entornos agresivos de las urbes. No quieren someter su sensibilidad al veneno silencioso de la miseria anímica y material, y la degradación que supura en calles y oficinas. No resisten ya las atmósferas ruidosas y tóxicas. Ni la omnipresencia de una televisión embaucadora, que miente, confunde, aturde y estimula la pasividad social.

Encarnan en sus prácticas cotidianas nuevas formas de resistir y construir que le permiten a unos y otros mirar la ciudad desde el campo y verla, desnuda, en su penosa verdad. En sus discursos prepotentes y sus prácticas devastadoras. En su ser famélico de amor. En sus represiones monstruosas y su decadencia. Con sus muchedumbres solitarias que han perdido el contacto con el misterio y lo sagrado. Que deambulan en universos carentes de sentido. Que han instalado el infierno en la tierra con millones de vidas convocadas por azar sin los anhelos y cuidados del amor.

Estos colectivo se han marchado de la ciudad para volver a escuchar el silencio, alegrarse con la lluvia torrencial que refresca la tierra reseca, o sosegarse con el rumor del viento, el canto matinal de las aves o la polifonía de anfibios y de insectos que saludan el anochecer.

Se han marchado y cada experiencia molecular interactúa con diversas experiencias en una red permacultural en la que hay autonomía y cooperación. Como sucede con Jenny, Juan, Melissa y Adrián en el proyecto Monte Samay, entre Cachipay y Anolaima, donde han construido sus propias viviendas con materiales de la región, con diseños que asombran por sus bajos costos, su respeto al entorno natural, y su extraordinaria belleza.

Rechazan la disyuntiva mortífera de pasar hambre o envenenarse con los productos letales y las dietas de un sistema alimentario controlado por los mercaderes que solo contemplan sus ganancias. Cultivan con sus propias manos en diseños de geometría sagrada, comparten semillas y frutos de la tierra. Varias personas son veganas y sus alimento y sus vestimentas no están vinculadas al sufrimiento animal. Se respetan diversas opciones alimenticias.

Reciben, como Diana y Alejandro en Ecocirco, en la vereda Cayunda en Cachipay, a viajeros de todo el mundo. Gentes que quieren conocer formas alternas de habitar la tierra, aprender las artes circenses y compartir los saberes que traen.
Brindan, como Girasol en el proyecto Gaiacpa, en Cachipay, una amplia y sostenida cooperación amorosa para que la red de emprendimientos que ahora germina pueda florecer. Crean espacios de reunión en torno al ser femenino, su reconocimiento y cuidado. Elevan la capacidad de expresar los deseos y las emociones. Enseñan a reconocer la dimensión femenina en el ser masculino. Desatan los nudos auto represivos que han aprisionado la energía libidinal.

Realizan terapias alternativas basadas en el agua y la luz, los poderes del descanso, la purificación y la fortaleza que brinda la actividad física y la salud que ofrece la nutrición orgánica.

Han creado una red de cultivadores orgánicos y están poniendo en marcha un sistema de mercadeo por internet para que sus frutos puedan llegar de modo directo a los consumidores. Celebran mingas semanales a las que acuden cada miércoles a brindar apoyo concreto a cada integrante de la red en sus huertas, en sus construcciones de tierra, en la elaboración de productos artesanales, alimentos o cosmética natural.

Emprenden como el emprendimiento Riohache Payko, en los límites de la vereda San Cayetano y Laguna Verde de Zipacón, junto con los procesos antes mencionados, dinámicas moleculares de escuela alternativa. Anna Aznar, pedagoga catalana les ha apoyado en un proceso que comprende la naturaleza como educadora y privilegia las potencias de la lectura en los autoaprendizajes. Se han propuesto no olvidar lo que olvida la mayor parte de la educación imperante: un respeto sincero y profundo a la libertad de cada niña, de cada niño, a sus diferentes ritmos de aprendizaje y a los temas que despiertan su interés. Recrean las atmósferas de aprendizaje y alientan a captar el valor de que los padres participen en las jornadas que deseen. Niñas y niños que aprenden a observar, a escuchar, a expresar lo que sucede fuera y lo que acontece dentro. Madres y padres se auto reconocen como aprendices en el proceso educador y están en la disposición de aprender y de compartir saberes. Han creado un espacio periódico para la deliberación conjunta de las diversas problemáticas que afloran en la creación colectiva de una escuela alterna.

También laboran sobre la lectura comprendiendo que es un proceso que exige una delicadeza infinita, que se inicia antes de leer, que comienza con la curiosidad, con el gusto, con el amor, por la lectura y los libros. Organizan pequeñas bibliotecas veredales para que niños y jóvenes puedan disponer de libros y filmes.

Tejen espacios de cooperación entre entidades educativas de la ciudad y el campo, de manera que gesten beneficios para las entidades que están en uno y otro lugar. Así se ha concretado un asombroso proceso de cooperación entre jóvenes del campo y la ciudad entre el colegio veredal Cartagena dirigido por Pedro Castiblanco, y el Gimnasio Los Pinos liderado por Juan Carlos Bayona Vargas, el colegio Agustín Nieto Caballero y la Universidad del Rosario de Bogotá.

Se relacionan con procesos de finanzas éticas como Confiar. Procesos en los que el dinero es medio y no un fin excluyente. Procesos capaces de apreciar los beneficios sociales y ambientales de diferentes emprendimientos permaculturales, y contemplar de manera eficaz la necesidad de apoyarlos.

Sostienen dinámicas de cooperación con procesos ciudadanos de largo aliento como Traficantes de Sueños en Madrid, España. Organización dedicada a la edición y la circulación de textos para la comprensión de los tiempos que vivimos y la gestación de nuevos mundos. Gentes que laboran con el copyleft en lugar del copyright, consideran el conocimiento como un bien común, y valoran las reuniones asamblearias como instancia de decisiones en los rumbos colectivos. Las reuniones energizan, animan, alientan, por la asombrosa diversidad de saberes de vida reunidos.

Algunos, como David, avanzan en la instalación de dispositivos que permiten depurar las aguas que se usan, antes de retornarlas a la tierra. Otros, como Carolina, fungen como formidable fuerza organizativa y dínamo de circulación de saberes permaculturales. Otros como Carlos de Koyawe han gestado la red, comparten plántulas orgánicas de hortalizas y apoyan la circulación de voluntarios. Otras, como Eliana, Juan Sebastián o Zabrina, ayudan a construir baños secos y hornos de barro para el pan, ladrillos de adobe, hacen papel, jabones y dentífricos no contaminantes. Investigan y adelantan para crear moneda local e incorporar la energía solar en la vida cotidiana.

Hospedan artistas de diversos lugares que llegan por temporadas a estos bellos parajes a compartir sus artes y saberes. Reciben grupos de maestros y estudiantes de colegios y universidades que están interesados en acercarse a otras formas posibles de habitar este planeta.

Son cambios en la cotidianidad de unos y de muchos, para vivir mejor. Son formas de actuar soportadas en valores diferentes a los de la apropiación individual. Son otras formas de ser y estar para construir una sociedad diferente, sobre la cual tal vez no esté todo claro, más allá de lo evidente: la necesidad de superar el modo urbano y capitalista de habitar la tierra.

Vista aérea de un barrio de Mocoa, completamente arrasado por las piedras y el fango.

 

La avalancha de agua y fango, que ha provocado hasta la fecha 267 muertes en la localidad colombiana de Mocoa, podría haber sido fuertemente condicionada por factores humanos, según han venido señalando distintos expertos ambientales en los últimos días. El desbordamiento de tres ríos, que provocó una inmensa avalancha en la capital del distrito del Putumayo, enclavada en plena selva amazónica, habría sido causado por la alta deforestación, el cambio climático y la mala planificación urbanística según estos expertos.

“El 50 por ciento de los puntos calientes de la deforestación en Colombia están ubicados en la Amazonía, en donde está el departamento del Putumayo. Esa deforestación incluye la degradación de cuencas”, declara a Público Adriana Soto, ex viceministra de Ambiente y directora regional de la organización ecologista The Nature Conservancy. Para Soto, las principales causas de la deforestación en estos departamentos son la ganadería extensiva, los cultivos ilícitos, la tala indiscriminada y la minería ilegal.

“Recordemos que los bosques sirven como administradores del agua. En épocas de pocas lluvias permiten que el líquido salga de forma controlada y se evita la sequía, y en la temporada de invierno acumulan el recurso dosificando su escorrentía”, declaró al periódico El Espectador Néstor Franco, director de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR).

 

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Ataudes apilados para cobijar a los cadáveres por la tragedia de Mocoa. /REUTERS

 

Las voces denunciando estas causas humanas de la tragedia no sólo habrían aparecido tras la avalancha, sino que varios estudios ya anunciaron el riesgo hace nueve meses, según informó la revista colombiana Semana. Estos informes advertían de que la falta de planificación urbanística en distintos municipios de la región había permitido que se construyeran viviendas en zonas de riesgo de desbordamientos fluviales en una zona caracterizada por las altas precipitaciones.

“Es un tema de uso inadecuado de los suelos que agrava este tipo de eventos. Hace nueve meses los estudios revelaban que algo como esto podía pasar”, declaró a la revista Semana Luis Alexander Mejía, director de la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonía (Corpoamazonía).

“La gente se ha ubicado y ha construido viviendas en las rondas de los ríos y en las zonas de riesgo no mitigable y esto hace que cuando se combina el cambio climático con eventos extremos y la deforestación hace que aumente la vulnerabilidad de los elementos expuestos”, delcara la ex viceministra Soto. “La mayoría de municipios de Colombia tienen que actualizar sus planes de ordenamiento territorial para incorporar las zonas de riesgo frente al cambio climático”, añade Soto.

 

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Un coche destrozado por la riada en Mocoa. /REUTERS

 

 
Desarrollo o prevención

 

El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales de Colombia (IDEAM) puso en alerta roja por riesgo de nuevas inundaciones a ocho departamentos del país. Esta situación de alto riesgo llega, además, en un periodo poco inusual del año, cuando la temporada de lluvias del clima tropical colombiano aún no ha comenzado.

La influencia del cambio climático en este tipo de desastres naturales es indudable para el ambientalista Rodrigo Botero, que en un artículo publicado el pasado sábado escribió: “Observamos, cómo han cambiado drásticamente los patrones de precipitación. La intensidad de los aguaceros, el volumen total por mes y por año, la frecuencia de eventos extremos es notoria. Es decir, además de la condición intrínseca (susceptibilidad de los suelos, paisajes inestables, precipitación, pendientes fuertes y largas), un uso del suelo crecientemente inapropiado, se suma una condición de cambio en los patrones de precipitación”.

El debate entre si el país debe primar el desarrollo y construcción de infraestructuras frente a la prevención de riesgos de catástrofes como la de Mocoa también estuvo presente en los medios colombianos. En una antigua entrevista de 2011 a la revista Semana reflotada en estos días en Internet, el gestor de medio ambiente colombiano Gustavo Wilches Chaux declaró: “Pensamos en obras de infraestructura en aras de la competitividad económica del país y dejamos un aspecto fundamental de la competitividad, que es tener un país capaz de aguantar los efectos del clima, la visita de un huracán, una sequía, y sobre todo capaz de mantener la convivencia entre los seres humanos”.

 

PABLO RODERO @pablorodero

 

 


 

El país

 

Colombia declara la emergencia económica y social por la avalancha de Mocoa

 

El presidente Juan Manuel Santos designa al ministro de Defensa gerente para la reconstrucción de la ciudad

 

 

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El equipo de rescatistas sigue sacando cuerpos de entre los escombros en Mocoa, al sur de Colombia. FERNANDO VERGARA AP / ATLAS

 

 

Ana Marcos


Bogotá 4 ABR 2017 - 04:51 COT

 

Mocoa, en el sur de Colombia, sigue sacando escombros de sus calles en busca de sus desaparecidos. Han pasado tres días desde que la madrugada del 1 de abril el desbordamiento de varios ríos sepultara la capital del Putumayo bajo barro, piedras y palos. La cifra de fallecidos sigue aumentando: 273. Otras 200 personas están heridas. Los desaparecidos se cuentan por centenares, pero sigue sin definirse un número a falta de un inventario definitivo. Ante esta situación, el Gobierno de Juan Manuel Santos ha decretado la emergencia económica, social y ecológica "para efectuar modificaciones y traslados presupuestales y adoptar todas las medidas necesarias para atender la emergencia", ha dicho en una declaración pública.

Para enfrentar esta tarea, el presidente colombiano ha designado como gerente del operativo de reconstrucción de la localidad al ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas. "Ya lideró con éxito la reconstrucción del eje cafetero a través del FOREC", ha explicado Santos, en referencia al terremoto que sufrió esta zona en 1999.

El último balance presentado por el Gobierno fija como máxima prioridad la salud pública. Cientos de cuerpos siguen desaparecidos y los cadáveres esperan en una morgue improvisada a ser identificados por Medicina Legal bajo el sol de esta región amazónica. El ministro de Salud, Alejandro Gaviria, explicó sobre el terreno la necesidad de construir una sala fría, con la ayuda de generadores de electricidad, para evitar brotes y epidemias. "Se han iniciado campañas de prevención y educación", ha asegurado Santos.

Al mismo tiempo, ya está funcionando una planta de agua potable que suministra 7.000 litros de agua diarios, además del uso de carrotanques y plantas potabilizadoras. Para asegurar la provisión de agua y energía, el Gobierno diseña un plan de abastecimiento de combustible. La falta de energía tras la avalancha es una de las necesidades más acuciantes en este momento en Mocoa.

Los supervivientes de la tragedia de Mocoa duermen en varios albergues dispuestos por lo que queda de la ciudad. Se han instalado en cada uno de ellos puestos de salud. El informe del Gobierno detalle que hasta ahora se han entregado 2.000 paquetes de comida, 2.000 equipos de cocina, 2.300 de aseo, y miles de mantas y colchonetas para pasar las noches.

Juan Manuel Santos vuelve a viajar por tercer día consecutivo a la zona con el nuevo gerente del operativo y la compañía de un amplio grupo de ministros. Su esposa, María Clemencia Santos, se traslada con material humanitario a Mocoa y mantiene su trabajo con el Instituto de Bienestar Familiar en la asistencia a los menores.

 

 

Publicado enColombia
Martes, 24 Enero 2017 17:58

¡Bogotá mejor para pocos!

¡Bogotá mejor para pocos!

“Señor Alcalde y equipo de gobierno:

la ciudad no es una maqueta”

 

El presente balance busca entregar insumos para el análisis crítico del primer año de gobierno de Enrique Peñalosa, con el ánimo de comprenderlo (si es que aún no nos queda claro).

 

Durante los pasados 365 días Enrique Peñalosa y su equipo no hicieron más que mirar por el retrovisor y hacernos creer por todos los medios que el obsesivo modelaje de maquetas, photoshop y renders, son sinónimos de gobierno urbano. En aquel lapso la tal recuperación de Bogotá no resultó otra cosa distinta a la reconquista de la ciudad como un negocio rentable para pocos. Así, hemos vuelto al marketing territorial como expresión maniquea de la política urbana, donde “hermoso, bonito, feo y horrible” son las palabras preferidas del Alcalde para describir la situación actual de una ciudad que escapa a su comprensión. A diferencia de lo que dicen algunos tratando de explicar la caída en picada de su popularidad –78 por ciento de desfavorabilidad según encuesta de percepción ciudadana Bogotá Cómo Vamos1–, no es “Peñalosa, el alcalde incomprendido”2, es Peñalosa el incapaz de comprender.

 

Tres pilares del urbanismo de élite: el desastre 18 años después

 

De la larga lista de transformaciones promovidas por el Alcalde, vale la pena mencionar tres que delatan el impacto de la reconquista y los efectos perversos de medidas tomadas por el mismo Enrique Peñalosa 18 años atrás, estas son: 1. Reducción del Sistema de Movilidad a Transmilenio; 2. Renovación urbana como higienismo del nuevo siglo y; 3. El negocio de la “vivienda social”.

 

1. Reducción del Sistema de Movilidad a Transmilenio. En su primera alcaldía Peñalosa prometió construir el Metro y no cumplió, dejando a cambio la costosa y pesada infraestructura del Transmilenio, empresa con la cual estaría comprometido directamente como consultor-presidente del Instituto para el Desarrollo de Políticas para el Transporte3, cargo desde el cual se ha dedicado a vender buses Volvo al llamado Tercer Mundo. Su interés desmedido por un metro elevado que funcione como alimentador de Transmilenio no tiene mejor justificación que la de un negocio personal al cual quiere someter a más de 7 millones de bogotanos. Además, el impacto ambiental y visual del metro elevado sería catastrófico al ocultar el sol en las principales avenidas.

 

Por otra parte, es claro que la ciudad debe invertir en el proceso que cuenta ya con estudios, es decir en el metro subterráneo4. Invertir en nuevos estudios es entregar nuestro futuro en deuda a personajes como el señor Andrés Escobar Uribe representante directo de Pedro Gómez en los negocios de la ciudad, nombrado como actual gerente de la Empresa Metro y quien fuera director de la Empresa Nacional de Renovación Urbana Virgilio Barco. También lideró el polémico proyecto de Renovación Urbana del CAN y Nuevos Ministerios.

 

A la catástrofe del Metro, se suma el previsible aumento de líneas de Transmilenio en las troncales de la Carrera Séptima, la Avenida Boyacá, la Carrera 68 y Avenida Ciudad de Cali, sin cambiar el parque automotor existente, sin mejorar la calidad del servicio, con los mismos contratos leoninos que solo le dejan el 5 por ciento de cada tiquete a la ciudad. A cambio, el Distrito debe responder por vías, estaciones, seguridad, entre otros.

 

Finalmente, quieren hacer pasar por nuevos dos viejos y necesarios proyectos: el incremento de ciclo rutas y el cable aéreo. Sobre las ciclo rutas, la ciudad venía avanzando de manera sostenida, incentivando el uso de la bicicleta como medio de transporte necesario frente a los retos del cambio climático. No son pertinentes los aspavientos oportunistas que intentan aprovecharse de un movimiento ciudadano con trayectoria, agenda y conciencia. En cuanto al cable aéreo que estaba pensado para mejorar la calidad de vida de los pobladores del sur de la ciudad en conectividad directa con el Metro, ha quedado reducido a dos líneas, una en Ciudad Bolívar y otra, que a imagen y semejanza del Parque Arvi en Medellín, pretende conectar el norte de la ciudad con el Embalse San Rafael5. Este último proyecto valoriza suelo de protección ambiental para la ubicación de inversión inmobiliaria de proyectos de alto coste.

 

2. Renovación urbana como higienismo del nuevo siglo. Anunciándola como el “Fin a las tres ollas más grandes del narcotráfico en Colombia” la alcaldía engaña nuevamente a la ciudadanía, pasando por encima de la vida y dignidad de cientos de familias de barrios como el San Bernardo, que hoy en día siguen soportando el impacto de lo que fue la demolición del barrio Santa Inés y la construcción del Parque Tercer Milenio a inicios de julio de 1999. Durante los últimos 18 años y ante las miradas esquivas de presidencia y el distrito, las mafias se fueron comiendo lo que encontraron a su paso. Así, el mal llamado “Nuevo Bronx” que se tomara paulatinamente las calles 6ta, 5ta y 4ta del barrio San Bernardo es resultado directo del urbanismo apresurado e higienista del alcalde. Crisis humanitaria, crisis del capital y, sobre todo, crisis del urbanismo de élite responsable del deterioro socio-espacial, que al mejor estilo criollo-rentista, sigue esperando que “la tierrita engorde” los pobres “evacuen” y los proyectos cuajen.

 

Desde las actuaciones en el Parque Tercer Milenio, los Proyectos de Ciudad Salud y la más reciente propuesta de creación del Instituto para el Desarrollo del Centro, que extrañamente quieren ubicar en la Secretaría de Gobierno y no de Hábitat o de Cultura, se evidencia el accionar caprichoso de delfines tecnócratas sobre un centro que requiere más políticas de mejoramiento y revitalización que otro tipo de intervención.

 

3. El negocio de la “vivienda social”. Es manifiesto, a lo largo y ancho del país, que hacer las casas y las cosas a su antojo es la premisa clara de planificadores, empresarios y gobiernos municipales que insisten en ubicar la vivienda social y con ella a los pobres en las periferias. Haciendo eco a la tesis trasnochada de L. Currie sobre El Sector Líder, la trayectoria histórica de nuestro urbanismo ha representado un engaño a millones de pobres que tras la ilusión de la ecuación Ciudad=vivienda propia= bienestar, siguen poblando por necesidad rondas de ríos, humedales, reservas forestales y agrícolas y cuanta esquina de bosque dispongan los brazos metálicos instalados por el próspero gremio de los constructores. A la mentirosa ecuación se sumó finalizando la década del 90 la campaña desinformativa “[...] de los agentes mejor informados sobre el comportamiento del mercado del suelo urbano en Bogotá [...] que enfatiza sobre la escasez física y, por tanto, económica del suelo urbano”6.

 

Sin llamar a engaños y comprendiendo bien cuál es el modelo de ciudad del actual alcalde, fue “inaugurado más de dos veces” de la mano del vicepresidente Germán Vargas Lleras y la Ministra de Vivienda Elsa Noguera el Proyecto Campo Verde en la localidad de Bosa, el cual pone en riesgo a 6.129 familias. A través de un concepto del Idiger de 2016, e ignorando la orden de un alto Tribunal7, el Alcalde, el Vicepresidente y la Ministra se tomaron varias fotos juntando ladrillo y cemento bajo el titular “arrancó en forma la construcción de vivienda popular en Bogotá”. A esto se suma la habilitación de suelo urbanizable en más de 1.400 nuevas hectáreas ubicadas entre el borde occidental del río Bogotá (48 kilómetros lineales) y la Reserva Thomas Van Der Hammen (RTVH). Allí se propone la construcción de más de 2.300.000 viviendas que según el estudio Sistema de Ciudades del DNP 2015, requiere Bogotá en los próximos 30 años. De forma particular el proyecto de vivienda ‘Ciudad Paz’ que afectaría la RTVH en la perspectiva de asegurar la conectividad –ya existente– entre los cerros orientales y el río Bogotá, debe contar con la aprobación de la CAR. Amanecerá y veremos.

 

Cabe mencionar la fusión de Metrovivienda y la ERU para la producción de suelo para Vivienda de Interés Social (VIS) y Vivienda de interés prioritario (VIP) con la tarea central de retomar de la Operación Estrategia Nuevo Usme (150.000 viviendas multifamiliares) y la articulación Empresa de Renovación Urbana (ERU) Bogotá con la Empresa Nacional de Renovación Urbana (ENRU) Virgilio Barco, empresas líderes en urbanismo cosmético encargadas del “cambio extremo del centro”. Este es otro más de los rimbombantes anuncios que aparecieron en la revista de publicidad (e información) sobre el trabajo de la administración en 2016.

 

Plan de Desarrollo, POT y otras transformaciones

 

Otros elementos del balance Peñalosa 2016, con consecuencias importantes para el presente y futuro de la ciudad, están relacionados con:

 

La Revisión General del Plan de Ordenamiento Territorial que contó durante 2016 con escenarios de participación ciudadana, donde se evadieron los debates centrales al insistir en preguntas retóricas sobre el bienestar y la felicidad. Proceso que pone en evidencia el poco reconocimiento de una ciudadanía informada que sabe de sus conflictos y que, sobre todo, cuenta con propuestas. De nuevo los expertos tomarán las decisiones sobre el por qué, para qué y el dónde del futuro de Bogotá.

 

La cosmética de limpieza de postes y recuperación de espacio público, que según el mismo Alcalde significó para 2016 –300.000 metros cuadrados de espacio público recuperado, atentando contra un renglón importante en la economía de la ciudad, el derecho al trabajo y la sobrevivencia de las casi 50 mil personas dedicadas a esta actividad8.

 

Eliminaron el programa Basura Cero sin contar con un verdadero programa de reciclaje, dejando a la ciudad sin alternativas reales de gestión de sus residuos. Afectadas: familias recicladoras expuestas de nuevo a la informalidad; familias campesinas y urbanas que al borde de Doña Juana (más botadero que relleno) deben soportar la inclemencia de crecer de cara a las basuras, en medio de una ciudad irresponsable con sus “desechos”. Beneficiadas: las familias de la firma consultora Econ y demás asesores contratados por la actual directora de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), Beatriz Elena Cárdenas, con quienes se llevará a cabo el proceso de licitación para la implementación del modelo zonal de recolección de basuras9.

 

Privatizaciones: la adaptación técnica de la ETB y la ignorancia de los expertos

 

Además de adoptar el rol histórico de una empresa pública vigorosa y pujante, y a pesar de los chismes tecnocráticos de escritorio que buscan desprestigiar su desempeño durante varios años, la Empresa de Teléfonos de Bogotá (ETB) continúa como una de las instituciones insignes de la ciudad. Querida por la ciudadanía y vilipendiada por un selecto gabinete de “expertos”, a pesar de ser calificada con uno de los mejores promedios de gestión y gobierno urbano en la encuesta más reciente de percepción ciudadana, efectuada por la firma de opinión Ipsos, titulada Bogotá Cómo Vamos (BCV)10. Junto a las encuestas de opinión, la legitimidad de la ETB también ha sido defendida en las calles de la ciudad, justo en la vecindad del complejo gubernamental donde se suele negociar el futuro de los bienes públicos del Distrito. A mediados de mayo del 2016, un grupo nutrido de sus trabajadores y estudiantes de la Universidad Distrital manifestó su tajante rechazo a la privatización de la ETB, en medio de una densa nube de bolillazos y gases lacrimógenos11.

 

No sobra decir que en ambos casos la protesta está justificada. La cartera disponible de la Universidad Distrital está literalmente en juego, al igual que miles de puestos de trabajo que proveen el sustento diario de un sinnúmero de familias. La negativa a la distribución de dividendos bursátiles para los accionistas de la ETB avalada por su Junta Directiva a inicios de marzo de 2016 contrajo la absorción de 863 millones de pesos para la Universidad Distrital a finales de agosto del mismo año12. Esto es particularmente grave si consideramos las aplastantes urgencias presupuestales que rodean los 11 billones de pesos. Según varios voceros de la Universidad Distrital, la administración Peñalosa sólo aumentó la vigencia fiscal del alma máter en un 3 por ciento a pesar que la inflación promedió una tasa del 6,77 por ciento, lo que implica que la Universidad dejó de recibir aproximadamente $6.490 millones de pesos13.

 

Frente a este panorama de enajenación de los bienes públicos y corrosión del carácter y de los afectos de las familias trabajadoras del Distrito, cabría preguntarnos, ¿cuáles son las razones, los argumentos y las posiciones que respaldan la venta de la ETB? Para ello, debemos revisar con detalle qué opina el gabinete de “expertos” de la administración Peñalosa, algunos analistas de la prensa económica e, incluso, el mismísimo alcalde mayor. En la presentación del Plan de Desarrollo en el Concejo, a principios de abril de 2016, Peñalosa mencionó que era en sí muy difícil para una empresa pública competir con las grandes compañías del sector de las telecomunicaciones. Para Peñalosa, la pérdida de las cuotas de mercado de la ETB a causa del ingreso de fuertes competidores en el sector de las telecomunicaciones no le brinda un margen de maniobra amable para innovar, realizar las inversiones necesarias, y crecer14. Está clarísimo que el criterio de funcionamiento de una empresa pública para el alcalde mayor se centra en la acumulación del capital y no en el servicio que sus beneficios pueden prestar a la ciudadanía.

 

Asimismo, para ciertos opinólogos profesionales con tribuna en la gran prensa, la subasta de la ETB al mejor postor se justifica por su progresiva pérdida de valor, es decir, por la incapacidad gerencial de sus juntas directivas para reproducir las ganancias a la par de su tasa de inversión. En otras palabras, la ETB es una empresa ineficaz e ineficiente debido a que no ha podido recuperar a muy corto plazo la inversión de $2.1 billones de pesos en ganancias y dividendos para sus accionistas. Esta es la posición de Carlos Caballero Argáez, para quien la ETB no es una joya sino un lastre, dado que las necesidades de inversión de la ciudad son, a su modo de ver, mucho más gigantescas y rentables que la ETB15. Por último, para Jorge Castellanos, ex presidente de Bancafé, ex banquero de inversión de J.P. Morgan16 y flamante presidente de la Junta Directiva de la ETB, hay que vender la empresa cuanto antes porque perderá valor sin importar lo que se haga. Para Castellanos, como no hay dinero para capitalizar la empresa, la enorme red de fibra óptica quedará inevitablemente enterrada sin capacidad de conectarla, deteriorándose progresivamente así hasta el punto de su inutilidad técnica17.

 

Semejante comentario empapado de indolencia técnica y mezquindad administrativa expresado por un doctor en Finanzas y Estratega Senior de Inversión le habría valido una expulsión segura en J.P. Morgan hace unos años. No obstante, para congraciarse con sus antiguos jefes y con los accionistas privados de la empresa, propuso a fines de diciembre del 2016 que J.P. Morgan fuese la firma encargada de coordinar la venta del paquete accionario de la ETB. Para Beatriz Arbeláez, la actual secretaria de Hacienda del Distrito, la escogencia de J.P. Morgan para este fin se justifica por su experiencia en el arbitraje de varios procesos de privatización de empresas públicas de telecomunicaciones en América Latina18. Lo que Arbeláez no cuenta a la opinión pública es que J.P. Morgan fue una de las firmas responsables en el ocultamiento de la deuda soberana griega y de la producción de hipotecas basura en E.E.U.U durante la historia de la gran crisis financiera mundial del 2007, próxima a cumplir 10 años19. Acá hay un evidente conflicto de intereses que las autoridades competentes deberían investigar.

 

Por ignorancia o complacencia, el afán cortoplacista de los voceros del capital distorsiona el diagnóstico financiero de la ETB, confundiendo un reflujo intestinal con un cáncer de estómago. Según el ex ministro de Minas y Energía, Diego Otero Prada, si bien es cierto que los ingresos de la ETB han crecido a una tasa modesta en el último año, la empresa ya tiene las bases tecnológicas para acrecentar sus recursos y competir eficazmente en el mercado20. Por último, a inicios de febrero de 2014, la ETB adquirió el 75 por ciento de la empresa de internet satelital Skynet para cubrir el servicio de internet en regiones del país donde no es posible instalar cableado de fibra óptica, como en el caso de Chocó, Amazonas y La Guajira21. Las operaciones de ETB-Skynet trascienden las fronteras nacionales, albergando ambiciosos proyectos de inversión en países vecinos. A mediados de junio de 2016, René Otero, el presidente de Skynet Perú anunció un programa de instalación de banda ancha de alta velocidad en gran parte del territorio nacional peruano para los próximos años22. En caso que la empresa logre privatizarse, quien aprovecharía estas ricas fuentes de ingreso transformables en planes públicos de salud, educación, vivienda y equipamientos urbanos, serían los consorcios privados y no la población bogotana. Hay un selecto club que está jugando con tu patrimonio.

 

Los recursos para la construcción de una ciudad digna y amable para la población bogotana están a punto de dilapidarse por expectativas irreales y precipitadas de acumulación de capital para unos pocos. Si la venta de la ETB se realiza para que la élite capitalina en palabras de Miguel Uribe, pueda caminar por los andenes de Bogotá libres de vendedores ambulantes sin “matarse o romperse un fémur”23, nos retrasaremos años luz en el ejercicio efectivo de la democracia. Si en verdad les importa la pequeña infancia, la innovación tecnológica de punta y la oferta de servicios públicos para la población bogotana, vender la ETB sería la peor decisión de administración pública en siglos.

 

Colofón

 

El primer año de alcaldía de Peñalosa no trajo nada nuevo bajo el sol de una ciudad que maduró, que aprendió a debatir, construir agendas, planear y concretar sus intenciones, una ciudad que se sabe y reconoce en su diversidad territorial, en su riqueza ambiental y social, así como en las dificultades que le son propias al ser capital de un país que hasta ahora despierta a la paz; una ciudad que se comprende y conoce y que en consecuencia se levanta con voces de descontento y oposición frente a un modelo que ya no le calza.

 

“Te amamos Bogotá y te deseamos un 2017 con más política y menos marketing”.

 


 

* Respectivamente: Ph.D., en Urbanismo. Arquitecto. Profesor Universidad Nacional. Politóloga, Máster en Sociología y Antropología Urbana. Economista, Máster en Historia.
1 http://www.bogotacomovamos.org/documentos/encuesta-de-percepcion-ciudadana-2016/
2 http://www.semana.com/nacion/articulo/revocatoria-a-enrique-penalosa/511543
3 Ver: Carrillo, Carlos. “Peñalosa y su trancón de intereses” en: https://algarete.com.co/2016/01/24/penalosa-y-su-trancon-de-intereses/
4 Ver: “Concejal le pone freno al metro propuesto por Peñalosa”, en: http://www.semana.com/nacion/articulo/hollman-morris-instauro--accion-de-cumplimiento-por-metro-de-bogota/509287
5 Ver: “Bogotá lista para la gran transformación. Todo lo que usted tiene que saber sobre lo que se hizo en la ciudad este año y lo que viene”, p. 90.
6 Alfonso, O. (2012). Bogotá segmentada: reconstrucción histórico-social de la estructuración residencial de una metrópoli latinoamericana. Ed. Universidad Externado de Colombia, Bogotá. p. 164
7 Como anota María Mercedes Maldonado en su columna: “¿Recuerdan el proyecto Campo Verde en Bosa? Se construirá en contra de expresa orden judicial”. http://imaginabogota.com/columna/recuerdan-el-proyecto-campo-verde-en-bosa-se-construira-en-contra-de-una-orden-judicial/, enero 06 de 2017.
8 Romero, Jaime (2016). Sin ventas ambulantes no hay recuperación del espacio público, en http://imaginabogota.com/columna/ventas-ambulantesy-espacio-publico/
9 Mogollón M. Felipe & Botero F. Leonardo. “Los asesores del negocio de las basuras”, en http://www.elespectador.com/noticias/investigacion/los-asesores-del-negocio-de-basuras-articulo-664098
10 Entre las dependencias con mayor favorabilidad entre la ciudadanía bogotana se encuentran los Cades y Supercades (75 %), el Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD), (73 %), la ETB y la Secretaría de Cultura con 55% y 52% de favorabilidad respectivamente. Por debajo de la cota de favorabilidad estuvieron las secretarías de Ambiente (44 %), Salud (37 %), Movilidad (29 %) y Gobierno (27 %). La muestra fue de 1.502 personas. Ver: El Tiempo, 06/12/2016. Un 38% de los bogotanos ha pensado irse a vivir a los municipios; El Tiempo, 06/12/2016. Un primer año duro para Bogotá, revela el programa Cómo Vamos. Para ver la encuesta, remitirse a: http://www.bogotacomovamos.org/documentos/encuesta-de-percepcion-ciudadana-2016/ .
11 El Tiempo, 18/05/2016. Más de 200 sindicalistas de la ETB protestan en el Concejo de Bogotá.
12 Ibíd., 03/03/2016. ETB ya no tiene grado de inversión y no pagará dividendos; El Tiempo, 30/08/2016. Los retos del futuro rector de la U. Distrital.
13 Ibíd., 30/08/2016. Los retos del futuro rector de la U. Distrital.
14 Revista Semana, 29/04/2016. Peñalosa pide permiso al Concejo para la Venta de la ETB.
15 El Tiempo, 13/05/2016. La ETB no es una joya sino...un lastre. Por Carlos Caballero Argáez.
16 “La Silla Vacía”, 02/01/2016. El equipo de Peñalosa: vuelve la tecnocracia a Bogotá.
17 El Tiempo, 21/05/2016, El Distrito no puede rentabilizar la ETB.
18 Ibíd., 01/12/2016.Firma J.P. Morgan será la que se encargará de la venta de la ETB.
19 The New York Times, 13/02/2010. Wall Street Helped to Mask Debt Fueling Europe’s Crisis. Disponible en: http://www.nytimes.com/2010/02/14/business/global/14debt.html?pagewanted=all&_r=0.
20 Para Otero, aunque los ingresos de la ETB hayan crecido solamente un 2,25% entre la segunda mitad del 2015 y la primera mitad del 2016, la absorción de beneficios sería sólo cuestión de tiempo si se ejecutan políticas de eficiencia organizativa y de atención al cliente tal y como corresponde en una empresa de servicios públicos. Ver: Revista Semana, 12/05/2016. “La venta de la ETB”, Diego Otero Prada.
21 El Tiempo, 05/02/2014. “ETB pagó $30.000 millones por Skynet, proveedor de internet satelital”.
22 Prensario Internacional, 15/06/2016, Perú: “Skynet (ETB) se lanza como operador de banda ancha satelital”. Disponible en: http://www.prensario.net/16386-Peru-SkyNet-ETB-se-lanza-como-operador-de-banda-ancha-satelital.note.aspx.
23 El Tiempo, 07/03/2016. “Bogotá debería pasar de polarización a concertación”, Miguel Uribe.

Publicado enEdición Nº231
Mike Davis. “No puedes reformar el espacio urbano sin controlar los valores del suelo”.

Sigue siendo figura central de una disciplina en la intersección entre la geografía, la sociología y la arquitectura conocida como La Escuela de Urbanismo de Los Ángeles, pero se jubila ahora del Departamento de Escritura Creativa de la Universidad de California (Riverside). A comienzos del pasado verano, invitó a la profesora de arquitectura y directora del Laboratorio de la Ciudad de la Universidad de California (Los Ángeles), Dana Cuff, y a la decana del Colegio de Diseño Medioambiental de la Universidad de California (Berkeley), Jennifer Wolch, a su casa de San Diego para hablar y entrevistarle sobre su carrera, sus escritos y sus tempranos y continuados esfuerzos para entender Los Ángeles.

 

Dana Cuff: Nos dijiste que te preguntan demasiado por tu libro Ciudad de Cuarzo, así que vamos a empezar de otra manera. Como uno de los grandes contadores de historias urbanas de California que eres, ¿qué crees que nos falta en nuestra comprensión de Los Ángeles?

Mike Davis: La lógica económica de los bienes raíces y de la urbanización del suelo. Esta ha sido siempre la clave capital para entender las políticas espaciales y raciales en la California meridional. Como explicó por lo magnífico el más influyente pensador radical del siglo XIX –y no me estoy refiriendo a Marx, sino al californiano de San Francisco Henry George—, no puedes reformar el espacio urbano sin controlar los valores del suelo. La zonificación y la planificación urbana –los instrumentos progresistas para crear la llamada Ciudad Hermosa [de la Escuela urbanística de Chicago de finales del XIX]— han sido totalmente secuestradas para servir al mercado o han experimentado la muerte de los mil cortes, es decir, por acumulación de desviaciones. Yo fue brevemente comisario de desarrollo urbano en Pasadena, a mediados de los 90, y tuve ocasión de observar la facilidad con que se dejaban de lado inveterados criterios de diseño y planes comunitarios por la presión de los financiadores de campañas electorales y de los grandes promotores inmobiliarios.
Si no intervienes en la operación de los mercados inmobiliarios, terminas normalmente generando el resultado opuesto al que pretendías. Con el tiempo, por ejemplo, las mejoras en el espacio urbano público disparan al alza los valores de la vivienda y tienden a convertirse en subsidios al ocio de los ricos. En los mercados inmobiliarios dinámicos y en emplazamientos céntricos, las organizaciones sin ánimo de lucro no pueden permitirse comprar suelo para construir vivienda de bajo coste. Artistas novatos e hípsters se convierten sin saberlo en la tropa de choque de la gentrificación y en poco tiempo ya no pueden permitirse seguir viviendo en los barrios y distritos comerciales a los que revigorizaron. Las viviendas accesibles se alejan inexorablemente de los puestos de trabajo, y la crisis del centro urbano termina en plazas como la de San Bernardino.


Si aceptas que la estabilización de los valores del suelo es condición necesaria de la planificación democrática a largo plazo, hay dos grandes soluciones no revolucionarias. La solución de [Henry] George fue la más expedita: ejecuta a los monopolistas y a los especuladores del suelo con un impuesto único del 100% sobre los incrementos de los valores del suelo no mejorado. La otra alternativa no es tan radical, pero ha sido empleada con éxito en otros países capitalistas avanzados: municipaliza las partes estratégicas del inventario de suelos para vivienda accesible, parques y cinturones verdes moldeadores.


El uso de la expropiación para la reurbanización –hay que recordarlo— fue originariamente concebido para transformar barrios de vivienda privada pobre en vivienda de titularidad pública. Al final de la II Guerra Mundial, cuando los progresistas eran mayoría en el gobierno de la ciudad, Los Ángeles adoptó planes verdaderamente visionarios tanto para la vivienda pública como para crecimiento suburbano racional. Lo que pasó luego es harto conocido: una contrarrevolución municipal concebida por [el periódico] Los Angeles Times. Resultado: los gobiernos locales siguieron usando la expropiación, pero las más veces para transferir suelo de los pequeños propietarios a las grandes empresas y a los bancos.


Saltemos a los 80. Apareció una nueva oportunidad. La reurbanización del centro urbano devoraba centenares de millones de impuestos desviados, pero su futuro era sombrío. Unos años antes, Reyner Benham había proclamado la muerte o, al menos, la irrelevancia del centro urbano. Si la administración de Bradley hubiera tenido voluntad política, podría haber municipalizado el corredor de Spring-Main Street a precios de mercado tirados. Tal vez cerca de 1 millón de metros cuadrados habrían quedado disponibles para apartamentos familiares, pequeños negocios para inmigrantes, mercados públicos, etc., con alquilares accesibles permanentemente controlados.


Una vez le pregunté sobre esto a Kurt Meyer, un arquitecto de empresa que había sido presidente de la Agencia de Reurbanización Comunitaria. Vivía sobre el Beachwood Canyon, debajo del cartel de Hollywood. Solíamos reunirnos a la hora del desayuno, porque él disfrutaba contando historias de poder y propiedad en Los Ángeles, lo que le convertía en un fuente única para mi investigación de la época. Me contó que las elites del centro urbano estaban horrorizadas con la inesperada revitalización del corredor de Broadway que habían traído consigo los comercios mexicanos, y que la última cosa que querían era un centro urbano populista.


También ofreció respuesta a una cuestión que hacía tiempo me intrigaba. “Kurt, ¿por qué esa prioridad absoluta y a costa de todo para tener a la clase media viviendo en el centro urbano” “Mike, sabes algo sobre espacios arrendados en edificios de gran altura?” “Realmente, no”. “Bueno, la parte más difícil de alquilar es la planta baja: para sacar el máximo valor, necesitas una población residente. No puedes limitarte a tener trabajadores de oficina que vayan a desayunar o almorzar; necesitas la noche, un tráfico de 24 horas”. No sé si esa es realmente una explicación adecuada, pero desde luego me convenció de que los planificadores y los activistas necesitamos una comprensión mucho más profunda del juego.


Ello es que, finalmente, la clase media ha venido al centro urbano, pero sólo para convertirlo en un suburbio. Los hipsters creen que viven en el núcleo de la vida urbana, pero se trata solo de un falso urbanismo, de un gran emplazamiento de compras residencial. El centro urbano no es el corazón de la ciudad, es una vaina de estilo de vida lujoso para las mismas gentes que dicen que Silverlake es el “Eastside” o que Venecia sigue siendo bohemia.

Cuff: ¿Por qué los llamas suburbios?

Davis: Porque el regreso al centro expresa el deseo de espacio urbano y de multitudes sin permitir la variedad democrática del igual acceso. Es oro para necios, y la gentrificación ha tomado el relevo de la renovación urbana a la hora de desplazar a los pobres. Piensa en el estudio pionero que realizó Anastasia Loukaitou-Sideris sobre la privatización del espacio en la cumbre del cerro de Bunker Hill. Claro que el patrón de tu museo o el residente en condominio se siente en casa, pero si eres un patinador salvadoreña, caramba, pues te irás probablemente a Juvenil Hall.

Cuff: ¿Podrías incorporar la arquitectura a tus reflexiones sobre los bienes raíces? ¿No diste un curso hace años sobre eso en el Instituto de Arquitectura de la California Meridional?

Davis: Cuando me contrató por primera vez el Instituto en 1988 le confesé a su entonces director, Michael Rotondi, que no tenía la menor idea de arquitectura. Me contestó: “No te preocupes, eso corre de nuestra cuenta. Tu tarea es enseñar sobre Los Ángeles. Muéstrales a los estudiantes la ciudad”. Fue una maravillosa tarea y, durante una década, participé en una buena cantidad de estudios notables trabajando con gentes de la talla de Michael Sorkin, Joe Day, Anthony Fontenot y otros arquitectos radicales.


Mi propio proyecto de vanidad, por así decirlo, consistía en demostrar la factibilidad de un estudio comunitario de diseño que se enfrentara a los problemas de viejos barrios y suburbios. Con el apoyo de un activista destacado de la comunidad centro-americana, Roberto Lovato –ahora, un conocido periodista—, nos centramos en distrito de Westlake, lindante con el oeste del centro urbano.


Yo conocía la zona bastante bien, porque a finales de los 60 había vivido allí mientras me ocupaba de la gestión de la librería del Partido Comunista en la Calle Siete, curiosamente cerca de la vieja oficina del FBI en Wilshire. Eso fue justo después de los deshaucios de Bunker Hill y de que el grueso de sus residentes hubieran sido realojados en conventillos al lado de Parque MacArthur. Caminando hacia la librería, me encontré muchas veces con los cuerpos de esos pobres viejos tirados en la acera: ¡quién sabe qué sueños los habrían traído a Los Ángeles hacia 1910 o 1920!


Nos centramos finalmente en estudiar Witmer Street, entre la calle 3 y Wilshire, porque tenía un abanico casi completo de tipos de edificios multifamiliares: una casa unifamiliar de 1890, un patio de bungalows de los años 20, un edificio de apartamentos de los años 60 y hasta un edificio masónico de apartamentos que se usaba como escenografía para Hill Street Blues.


Los estudiantes se dividieron en dos grupos entrenándose por su cuenta como inspectores de edificios y de incendios, y exploramos el vecindario molécula a molécula durante dos semestres. Un grupo estudiaba cuestiones de seguridad antiincendios y otros riesgos, como tejados desprotegidos convertidos en lugar de juego para los niños. Observamos las necesidades de algunos obreros, costureras y mecánicos de automóviles; estudiamos problemas de recolección de basuras; observamos asuntos relacionados con las rivalidades entre bandas y con los mayores alcoholizados. Con el apoyo de Lovato, entramos en los apartamentos –normalmente, moradas para entre tres y cinco personas— y analizamos cómo organizaban las familias sus minúsculos espacios. Investigamos quiénes eran los propietarios de los edificios, calculamos la rentabilidad de su alquiler, incluso visitamos y fotografiamos los hogares de los amos de esos tugurios del centro urbano, que vivían en Beverly Hills y en la playa de Newport.


La única forma de vivienda que era generalmente popular, en donde los arrendatarios habían estado allí desde hacía mucho tiempo –todos los demás iban y venían— era el complejo de apartamentos del patio de bungalows, con sus pequeños jardines y una fuente. Lo más detestado no eran las escaleras de incendio de la vieja propiedad de los años 20, sino el edificio de apartamentos con aparcamiento subterráneo construido en los 50 o 60 en lotes unifamiliares. Esos edificios estaban diseñados para experimentar un rápido deterioro en pocas décadas y representan un verdadero problema en toda la California meridional. Los otros tipos multiunidad eran duraderos, pero resulta difícil de imaginar una alternativa al estuco arruinado que no sea el derribo, lo que, en efecto, han hecho las promotoras inmobiliarias, pero sólo para reemplazar ese tipo de edificios por “supercubos” de cuatro o cinco plantas que no son sino versiones ampliadas de los mismos problemas.


Nuestro objetivo era reunir todos nuestros descubrimientos en una suerte de Catálogo Completo subido a un portal web y luego invitar a todo el mundo a escribir y aportar ideas sobre asuntos genéricos de los barrios obreros como desperdicios, juego, trabajo, graffiti, bandas, espacio social, aparcamiento, etc. No nos proponíamos crear un plan maestro en miniatura, sino levantar un arsenal de soluciones prácticas de diseño fundadas en un análisis cuidadoso, realista que pudiera ayudar a los residentes a encuadrar sus reivindicaciones a los señores del suelo y a la ciudad. Imaginábamos colaboraciones de arquitectos, artistas y artesanos que actuaran como constructores de herramientas al servicio del activismo y el autodiseño comunitario. Todavía creo en la idea, mi contrato con el Instituto de Arquitectura terminó cuando se fue Michael Rotondi, nuestro gozoso bromista, nuestra luz rectora.

 

Cuff: La idea de construir herramientas en vez de hacer un plan maestro es útil. Un grupo de estudiantes de urbanismo y humanidades de la UCLA se centró en Boyle Heights, que, como Westlake, está experimentando una presión urbanizadora. Los instrumentos solicitados por la comunidad eran bastante directos, una suerte de manual sobre cómo convertir en parques espacios abandonados. Fue un interesante diálogo sobre las respectivas actuaciones el que se desarrolló entre las humanidades, la arquitectura y los estudiantes. ¿Se puede no suministrar lo pedido y seguir siendo un aliado socialmente responsable de los grupos comunitarios? La discusión fue interesante porque los estudiantes entraron en acción, desde estudiantes de arquitectura, siempre dispuestos a hacer algo aun no disponiendo de mucha información, hasta los estudiantes de humanidades, renuentes a actuar si creen que no saben lo suficiente o no tienen derecho a intervenir.

Davis: Ese tipo de consciencia puede venirles bien algunos arquitectos veteranos de Los Ángeles, que contemplan la ciudad como una zona de tiro libre para cualquier ocurrencia vanidosa que les venga a la cabeza, cualquiera que sea el contexto urbano o su historia. En Ciudad de cuarzo critiqué a Frank Ghery por sus diseños furtivos y por su excesiva preocupación por la seguridad. Fue realmente como pisarle un callo, porque él viene de una tradición socialdemócrata y no le gustó nada mi descripción de su obra a calzón quitado como “la arquitectura de Harry el sucio”.


Un día, unos años después, me llamó para ir a verle. “Vale, tío importante, mira esto”, Y me mostró la última entrega del diseño de su Disney Concert Hall, que tenía un parque ajardinado alrededor de su perímetro no-euclidiano. “Me criticaste por hacer diseños antidemocráticos, pero ¿esto qué es?”. Y efectivamente, había una astuta integración del elitista Concert Hall con espacio de juego para niños de la zona y de descanso para gentes sin techo. Invitaba antes que excluía a los residentes del barrio pobre Latino, como la Witmer Street que rodea al centro urbano. Eso no tenía prácticamente precedentes, y tuvo que librar una larga batalla con el condado, empeñado en aislar Disney y ponerle límites. En esta ocasión al menos, una celebridad arquitectónica luchó del lado bueno.

Jennifer Wolch: Desde luego. Sin embargo, es una cuestión importante particularmente para los estudiante de humanidades: el asunto de la subjetividad les hace reticentes a hacer propuestas.

Davis: Pero ellos tienen competencias. La narrativa es una parte importante a la hora de crear comunidades. Las historias de la gente son claves, especialmente las de sus rutinas. A mí me parece que hay importantes competencias y calificaciones en las ciencias sociales, pero las humanidades son particularmente importantes por las historias. También creo que un coreógrafo sería un gran analista del espacio y un suerte de imaginador de usos del espacio.
Un día tuve una larga conversación con Richard Louv sobre Last Child in the Woods [El último niño en los bosques], uno de los libros más profundos de nuestro tiempo, una meditación sobre lo que significa para los niños perder contacto con la naturaleza, con el juego y la aventura nómada libres y no organizados. Una generación de madres obligadas a ser chóferes a tiempo completo, llevando a los niños de una distracción comercial a otra, de un evento lúdico sobreorganizado a otro. Yo crecí en el este del Condado de San Diego, en la frontera misma con las tierras del interior, y una vez hechos los deberes (una cosa seria en aquella época), podías montarte en la bici y lanzarte a la acción como Huck Finn. Había una colonia nudista en Harbison Canyon, a unas doce millas, y nosotros cogíamos nuestras bicis y pedaleábamos cuesta arriba horas y horas en la esperanza de lograr ver algo a hurtadillas a través de las verjas. Como todos mis amigos, tuve una escopeta del 22 al cumplir los doce años. Hacíamos cosas malas a los animales, lo confieso, pero éramos espíritus libres, odiábamos la escuela, nos importaban un higo las calificaciones, nos librábamos de nuestros padres gracias a pequeños empleos a tiempo parcial y trabajos de jardinería y nos deleitábamos con todas y cada una de nuestras fechorías locas y aventureras. Desde que regresé a San Diego en 2002, me reúno anualmente con los cinco o seis chicos a los que conozco desde el segundo grado en 1953. A pesar de las grandes diferencias de convicciones políticas y religiosas, seguimos siendo la misma banda de los viejos tiempos.
Y las bandas eran lo que te mantenía seguro y la razón de que las madres no se preocuparan de nuestras citas lúdicas ni los acosadores de niños. Recuerdo que incluso en el jardín de infancia –vivíamos entonces en el área de City Heights de San Diego— teníamos una banda que iba junta a la escuela y jugaba cada tarde. Un grupo de nenes y nenas, siete u ocho, que vagaba sin rumbo y mendigaba unos centavitos para comprar chicles en el quisco de la esquina. Hoy, la idea de bandas de niños o adolescentes sin vigilancia suena como un problema de ley y orden. Pero así es como las comunidades funcionaban entonces y podrían seguir funcionando ahora. Aparte de Louv, recomiendo calurosamente el libro del anarquista inglés Colin Ward The Child in the City [El niño en la ciudad]. Un propósito capital de la arquitectura, sostiene él, debería ser diseñar ambientes aptos para las aventuras y los descubrimientos fortuitos, no programados.

Wolch: Mike vamos ahora a una cuestión completamente diferente. Uno de los libros tuyos más nos gustan es Late Victorian Holocausts [Holocaustos victorianos tardíos]. No versa sobre ciudades, sino sobre Occidente. Cómo te decidiste a vincular la historia del cambio climático con las hambrunas y la ecología política? Es como si hubieras tomado una desviación...

Davis: Luego de los disturbios de 1992, la editorial Knopf me avanzó mucho dinero para escribir un libro sobre el apocalipsis urbano. A través de mis actividades políticas había llegado a conocer a las madres de muchos actores clave en esos acontecimientos, incluida Theresa Allison, cuyo hijo, Dewayne Holmes, fue uno de los primeros en promover la Tregua de Watts de la banda. También conocí a la mamá de Demian Williams, que era el villano en jefe, el chaval que golpeó casi hasta la muerte al camionero en la esquina de Florence y Normandie. A través de sus ojos llegué a adquirir una perspectiva muy distinta de la relación entre causa y efecto, así como de lo que fue correcto y lo que fue incorrecto en el curso del estallido. Pero al final del día no podía hallar la menor justificación real al tipo de periodismo que sostiene sus tesis con pretensión de autoridad a través de citas y retratos selectivos de gentes que por lo general no pueden controlar la versión final. En los años 30, este tipo de documentación social o narrativa existencial de segunda mano –las fotografías de Dorothea Lange o el Dejadnos Ahora Alabar a los Hombres Famosos, de James Agee, por ejemplo— podía presentarse como una parte integral de una cruzada, el New Deal o la [central sindical] CIO, que luchaban para mejorar las vidas de las víctimas populares, y que eran a menudo sus sujetos desconocidos. Pero ahora, en nuestra era posliberal, ese trabajo corre el peligro de resultar simplemente sensacionalista y explotadoramente ventajista. Francamente, por mucho que deseara escribir el libro, no podía hallar licencia moral alguna para saquear historias populares y miserias personales a mayor gloria mía en tanto que voz losangelense del apocalipsis. De modo que devolví el dinero avanzado y moví mi base de operaciones a la biblioteca de ciencias de la Tierra del Cal Tech [Instituto Tecnológico de California] y me sumergí en la investigación de la historia y el desastre medioambiental que generó mi libro Ecología del miedo.
Descubrí también otro asunto en el que no había ninguna ambigüedad ética, un proyecto en el que iban perfectamente de la mano mi conciencia y mi celo investigador. Tom Hayden me contactó en 1995 o 1996 y me pidió colaborar en un volumen que él estaba compilando para 150 aniversario del holocausto irlandés. Al principio puse reparos. Había jóvenes y brillantes historiadores irlandeses que estaban reinterpretando la Hambruna, y yo no tenía la menor experiencia en esa área. Pero insistió: “Bueno, tal vez haya alguna otra cosa coetánea sobre la que podrías escribir”. Entonces descubrí las hambrunas en China y en la India durante las décadas de 1870 y 1890, que mataron a cerca de 20 millones de personas pero que no habían recibido la menor mención en la historiografía convencional de la Era Victoriana. El resultado fue Holocaustos victorianos tardío, una especie de “Libro Negro” del capitalismo que versa sobre los millones de muertes innecesarias que ocurrieron cuando las potencias europeas –sobre todo, Inglaterra— forzaron el ingreso a toda marcha en el mercado mundial de las grandes economías campesinas de subsistencia de India y China. Con resultados desastrosos.

Wolch: Tenemos un última cuestión sobre tus novelas para jóvenes adultos. Cuando damos en clase tu Ciudad de cuarzo u otra de tus descorazonadores piezas sobre Los Ángeles, uno siempre está tentado a pensar que al salir de clase los alumnos se tirarán de un peñasco. Pero tus novelas para adultos jóvenes parecen abiertas a algún tipo de futuro alternativo esperanzador.

Davis: ¡Eh! No deberíais sentiros descorazonadas por mis libros sobre Los Ángeles. Son precisamente polémicas apasionadas sobre la necesidad de una izquierda urbana. Y mi tercer libro sobre Los Ángeles, Urbanismo mágico, irradia literalmente optimismo sobre el renacimiento de los movimientos de base en nuestros barrios de inmigrantes. Pero, para volver a las dos novelas de “ciencia aventura” para adolescentes: las escribí para la espléndida editorial de Viggo Mortensen, Perceval Press. Son, sobre todo, manifestaciones de nostalgia por mi hijo mayor, luego de que su madre se lo llevara de vuelta a su Irlanda natal. Los héroes son tres niños reales: mi hijo, su hermanastro y la hija de nuestros mejores amigos cuando yo impartía docencia en Stony Brook en Long Island. El nombre de la niña es Julia Monk, y ahora es una bióloga especializada en vida salvaje que está haciendo su tesis doctoral sobre pumas andinos en Yale. Estoy muy orgulloso de haberla convertido en la guerrera-científica heroína de las novelas, porque mi intuición sobre su carácter se ha hecho plena realidad. Una joven muy notable.
Escribir estos cuentos fue pura diversión. La inspiración original fue un viaje que hicimos con mi hijo al este de Groenlandia cuan él tenía siete años. Eso se convirtió en El país de los mamuts perdidos. Historias como esta se escriben solas, especialmente porque se trata de niños reales y tu estás proyectando sus caracteres morales en situaciones de aventura y peligro fantásticos (aunque algunas de las partes más estrafalarias de los libros son verdaderas y están basadas en mi obsesión de toda la vida por las islas misteriosas). En cierto modo, fue como si los cuatro hubiéramos realmente hecho una expedición a Groenlandia y a la extraña y embrujada isla de Socotra.
Pero dejemos a los chicos continuar la aventura. Yo me he convertido en un jubilado muy casero, centrado ahora en aprender todo lo que pueda sobre la naturaleza y la geología de la California meridional. La única organización a la que pertenezco (de grupos no subversivos, se entiende) es la Unión Geofísica Americana. Mi mujer disfruta de una buena novela en la cama. Yo leo extraños volúmenes sobre petrología ígnea y paleoclimatología. Tengo incluso en algún lado un texto à la Stephen King [sobre la calle en la que vivo] llamado Ecología de la calle 33, porque no hay nada natural en este barrio, desde los arundos hasta los caracoles sicilianos, que si llegaran a invadir el Valle Central podrían dañar las cosechas y provocar unos cuantos miles de millones de dólares de pérdidas. No existen cuervos aquí, ni tampoco las siniestras arañas viuda negra que ahora viven en el mobiliario de mi patio. Para mí este es un gran material de novela negra: el barrio tomado por aliens sin que sus habitantes se enteren.

12/01/2017

 

Mike Davis


profesor del Departamento de Pensamiento Creativo en la Universidad de California, Riverside, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (trad. Aitana Guia i Conca e Ivano Stocco, Ed. Universitat de València, Valencia, 2007). Sus libros más recientes son: In Praise of Barbarians: Essays against Empire (Haymarket Books, 2008) y Buda's Wagon: A Brief History of the Car Bomb (Verso, 2007; traducción castellana de Jordi Mundó en la editorial El Viejo Topo, Barcelona, 2009).


Fuente:
https://boomcalifornia.com/2016/12/29/a-boom-interview-in-conversation-with-

Publicado enSociedad
El arte de la política: Cómo diseñar un futuro alternativo desde la izquierda. Entrevista a David Harvey

Ha escrito sobre urbanismo, medioambiente, neoliberalismo, posmodernidad y marxismo; para muchos es uno de los principales autores vivos de las humanidades. El británico David Harvey llegó a Uruguay en el marco de la celebración de los 100 años de la Facultad de Arquitectura, y recibirá el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad de la República.


-Con el ascenso de Jeremy Corbyn en Gran Bretaña, Bernie Sanders en Estados Unidos, Syriza en Grecia y Podemos en España, pareciera que existe un renacimiento de la política radical y de izquierda a lo largo de Europa y Estados Unidos. ¿Cuáles son sus impresiones sobre el estado de la izquierda en el Primer Mundo?


-Quisiera ser optimista, pero francamente soy más bien cauto, por varias razones. Lo impactante de Sanders y Corbyn es que fueron una gran sorpresa para la prensa convencional. Me da la impresión de que esa prensa ha construido una narración sobre cómo es el mundo y está muy cómoda en esa narración, que no incluye a gente como Corbyn o Sanders como gente con influencia alguna. Esa narración estuvo equivocada desde el principio: estaban ocurriendo muchas más cosas de lo que se reconocía.


Se puede rememorar algunos de los movimientos sociales de masas que sorprendieron a la gente, como las enormes manifestaciones contra la guerra en 2003. Nuevamente, éstos fueron eventos sorprendentes, que se desvanecieron más bien rápido. La razón por la que soy cauto en relación a lo que puede ocurrir es que veo que Syriza, por ejemplo, llegó en una posición muy fuerte, y ahora se está manteniendo en el poder administrando todas las cosas que dijo que quería abolir. Y creo que si Corbyn dura -y pienso que va a durar más de lo que muchos creen-, va a ser también por haber cedido, en parte, porque el poder ya no está en la política. Y no está en la política por dos razones: una es que las clases altas, la plata grande, domina a la política; y la otra es que las personas que son intuitivamente de izquierda no confían en la política en absoluto, tienden a no votar.


Entonces, ocasionalmente aparece algo como Corbyn o Syriza, pero la gente no se mantiene en la política. Hay una especie de política de la antipolítica que domina nuestra izquierda. Y es muy difícil transformar eso en algo organizado o en una campaña política bien orquestada. Por eso no soy optimista en cuanto a que podamos ver cambios importantes como consecuencia de todo esto. Lo que sí veo es mucha gente muy desencantada con lo que ocurre; veremos qué forma de expresarlo encuentran en los meses y los años que vienen. Pueden ser modos de expresión de izquierda o de derecha. La derecha está vivita y coleando en el Norte Global, y está reclamando fascismo. Aún así, conservo la esperanza en que reviva la política antiausteridad.

-Al mismo tiempo que emergen estas nuevas izquierdas, parece haber un resurgir de la importancia del pensamiento de izquierda, tanto en el norte como en el sur. En América del Sur hay una gran discusión entre los que siguen a Ernesto Laclau y piensan en términos de estrategias populistas que logren tomar el poder del Estado y quienes siguen a Antonio Negri y piensan en una política horizontal, no estatal y local. Ninguno parece dar una gran respuesta: las estrategias populistas pueden tomar el poder del Estado pero no saben cómo lidiar con el capital, mientras que las estrategias horizontales nunca parecen ser capaces de crear movimientos grandes y sostenidos. ¿Donde se ubicaría usted en este debate?


-Creo que Negri está cambiando su postura; no creo que esté tan comprometido con esas formas horizontales. De hecho, en una entrevista reciente dijo que su pensamiento y el mío estaban convergiendo, lo que me resulta bastante sorprendente. Existe cierto fetichismo de la forma organizacional en la izquierda que significa que cualquier cosa que no sea horizontal no está contemplada, cualquier cosa de gran escala es rechazada. Yo no veo la política en esos términos; de hecho cada vez que estuve en una estructura de asamblea en realidad no era horizontal, existían liderazgos secretos y todo eso. Creo que sería necesario algo de pragmatismo en esa parte de la izquierda en cuanto a cómo piensa en la organización y en que debería hacer. Es cierto que las estrategias populistas pueden servir para tomar el poder. Pero lo que vimos en Argentina es que existe un límite a lo que podés hacer cuando estás comprometido con una estrategia populista.

-Quería preguntarle sobre ese punto. Varias veces ha usado a América del Sur como ejemplo de un lugar en el que los movimientos sociales fueron capaces de responder al capital. Éste es un momento muy especial para América del Sur, porque todas las fuerzas progresistas y revolucionarias están en crisis o en graves problemas. ¿Cómo ve esta situación?
-Hubo un momento curioso en la historia de América Latina, al final de las dictaduras, en el que vimos cómo se daban paralelamente la democratización y el neoliberalismo, y cómo la colisión de estas dos fuerzas creó una oportunidad para la aparición de una izquierda muy peculiar, basada en cuestiones de derechos que eran perfectamente compatibles con el neoliberalismo, pero que estaba basada también en la profundización de la democracia. Más adelante vemos, por ejemplo, que Lula da Silva y el Partido de los Trabajadores llegan al poder en Brasil y son, al principio, muy progresistas. Pero paso a paso se van haciendo más y más cautivos del capital, y empiezan a desempoderar a los movimientos sociales.


Entre 2005 y 2010 las cosas estaban extremadamente activas, pero desde entonces el poder político ha domado a los movimientos sociales. Por ejemplo, los movimientos indígenas del campo ecuatoriano ya no son tan fuertes como eran. Es una paradoja que hayan sido gobiernos de izquierda los que los desempoderaron. Y ahora esos gobiernos de izquierda están en problemas. Y vemos una situación en la que la derecha puede hacerse cargo, y los movimientos sociales no van a estar allí para crear resistencia. Esto, por supuesto, se une al hecho de que hubo un boom económico en América Latina durante aquellos años, que en buena medida estuvo unido al comercio con China. La caída de los precios de las materias primas generó serios problemas económicos en casi todos los países de América Latina, por lo que estamos viendo tasas de crecimiento cero, y no el fuerte crecimiento de hace cuatro o cinco años. Estas cosas suceden juntas y pintan un panorama muy complicado.


-En ese tema parece haber una contradicción en la acción de los gobiernos progresistas y revolucionarios de América del Sur. Pareciera que su habilidad para redistribuir y para obtener victorias políticas depende de su capacidad para atraer grandes inversiones, ser exitoso en los mercados internacionales y exportar materias primas, todas cosas que dan poder al capital sobre el territorio, ya sea mediante la especulación inmobiliaria, el desarrollo agrícola o la minería. ¿Hay alguna forma de salir de esta contradicción?


-Es el clásico problema que ocurre cuando el socialismo es visto simplemente como algo relacionado a la redistribución y no se presta atención a la producción, a cómo se organiza ésta. Se da exactamente esa contradicción: el programa redistributivo depende en lo crucial del programa de desarrollo, lo que significa que, en esencia, renunciás la estrategia de desarrollo del país a grandes empresas. Tiene que existir una manera alternativa de pensar el modo de producción, que no sea dependiente del capital. Esto no está siendo proyectado, excepto quizá en organizaciones muy periféricas de escala bastante pequeña: economías solidarias, cooperativas de trabajadores, fábricas recuperadas. Estos movimientos son relativamente pequeños y no fueron organizados como una fuerza que reconfigure cómo se produce la riqueza en la sociedad, y que pueda ser aislada del poder del capitalismo global, que deviene cada vez más centralizado y más politizado en la forma en que opera alrededor del mundo.


-Las organizaciones que querrían ir en otra dirección son demasiado pequeñas, mientras que los gobiernos de izquierda son capaces de transformar sus excelentes relaciones con el capital en una forma de obtener apoyo popular. Siendo América Latina una región pobre y desigual, existe una demanda popular real de mayores niveles de consumo. ¿Es posible, en una región pobre, la aparición de un movimiento político que no se base en promesas de crecimiento del consumo?


-Depende de qué forma de consumo estemos mirando. Una cosa que me impresiona de América Latina en los últimos 20 o 30 años es hasta qué punto la forma de consumo que se promueve está construida en torno al automóvil, a nuevas carreteras, a shoppings. Parece casi diseñada para ser estadounidense. Y francamente éste no es, para mí, un modo de producir especialmente sano o valioso. De hecho, últimamente cuando visito grandes ciudades latinoamericanas paso mucho tiempo estancado en embotellamientos, y pienso “por qué este compromiso con lo que en Ecuador llaman ‘buen vivir’ implica estar sentado en un embotellamiento, rodeado de shoppings y condominios”.


En otras palabras, existen formas variadas de consumismo, y creo que el modelo de consumismo que está siendo importado en estos países no necesariamente es una forma de consumismo que uno quisiera promover si estuviera pensando en el bienestar de todos. De hecho, algunas de las protestas que han emergido, por ejemplo los levantamientos en las ciudades brasileñas en 2013, están relacionadas con el precio del transporte, de los megaproyectos en torno a la Copa del Mundo, que estaban recibiendo recursos masivos que no estaban llegando a la gente. Qué consumo queremos es una gran pregunta, y creo que podemos decir a la gente: “Miren, no estamos en contra del consumo, estamos a favor del buen consumo: comida limpia, sana y buena en lugar de comida chatarra, menos tiempo de transporte, mayor proximidad del trabajo a la residencia, rediseño urbano”. En otras palabras, deberíamos buscar un modo de consumo radicalmente diferente del que está siendo promovido, con consecuencias muy desafortunadas para muchas ciudades de América Latina.


-Mencionó el “buen vivir”. Existe una intensa discusión en América del Sur entre los que usan esta categoría desde posiciones decoloniales y antidesarrollistas y aquellos en la izquierda tradicional, más economicista. Como intelectual marxista que estudia la relación entre el capital y la naturaleza y ha propuesto una economía de crecimiento cero, usted parece estar en los dos bandos del debate. ¿Como ve esta cuestión?


-Es un poco incómodo, porque me disparan desde los dos costados. Murray Bookchin, que era anarquista y dejó el anarquismo, dijo recientemente que él pensaba que el futuro de la izquierda dependía de poder juntar lo mejor del anarquismo con lo mejor del marxismo, y que mientras no aprendamos a hacer eso no vamos a ir a ningún lado. Me inclino a estar de acuerdo con eso, porque pienso que muchas de las ideas que se encuentras en los grupos autonomistas y anarquistas en términos de organización social y relación con la naturaleza son muy positivas, y merecen ser miradas y trabajadas. Me gusta la idea del socialismo confederal, un modo de gobierno basado en asambleas locales y asambleas macro, que buscan formas de desplazar al Estado capitalista con otras formas de gobierno. Son ideas muy interesantes.

Pero es muy difícil para este tipo de política pensar en cómo organizar sociedades macro de manera que alimentemos, refugiemos y vistamos a 7.000 u 8.000 millones de personas de una manera razonable. Y no creo que los movimientos anarquistas o autonomistas puedan responder a esa gran pregunta.


Esa pregunta fue tradicionalmente abordada por grupos de la izquierda tradicional, aunque de una manera tan dogmática que terminó por despreciar la profundidad de las propuestas anarquistas y de izquierda en lo que refiere a la organización y la naturaleza. Tenemos que juntar muchas de estas cosas de la mejor manera que podamos. Veo que está sucediendo algo de eso en el norte de Siria, entre las poblaciones kurdas de Rojava, que llevan adelante experimentos. He tratado de viajar hasta allá durante los últimos seis meses para ver qué está ocurriendo, pero el gobierno turco no me lo ha permitido. No pretendo ir para decir “acá está la respuesta”, sino para ver que existen experimentos de este tipo que deben ser apoyados. Entonces, nuevamente, creo que existen posibilidades y que hay que tener la cabeza abierta. Y tenemos que pensar que una parte del asunto es estar preparados para redefinir el terreno teórico en el que estamos pensando.


-Uno de los principales conceptos de sus últimos trabajos es que si bien el capital no es capaz de resolver sus contradicciones, sí es capaz de moverlas de manera de que no exploten. Al mismo tiempo, usted pone mucho énfasis en la ciudad como lugar de organización política. ¿Es posible, desde lo local o lo nacional, enfrentar esta capacidad que el capital tiene de moverse mediante burbujas, corridas, etcétera?


-Estoy firmemente convencido de que toda política debe tener raíces en las circunstancias locales. Pero también estoy firmemente convencido de que si se mantiene en lo local y no va a otro lugar, fracasa. La pregunta, entonces, es cómo construir atravesando diferentes escalas. Existen intentos de construir conexiones internacionales. El MST [Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra] de Brasil intentó hacerlo, organizaciones como Vía Campesina tienen un alcance global. La única respuesta a esa pregunta es que comencemos a configurar vínculos firmes y activos entre organizaciones, en términos de su acción política. Te puedo dar un pequeño ejemplo: la Unión Europea está en serios problemas como configuración. Existe una generación entera de estudiantes que atravesó Europa gracias a programas de becas como Erasmus. Yo le pregunto a estos estudiantes por qué no construyen la base de una organización completamente distinta que diga “hay cosas que valen la pena de Europa, pero no la forma capitalista basada en Maastricht, y nosotros somos la generación revolucionaria que va a reconfigurar esto”; y ellos casi siempre dicen “Europa es burócrata” y todo eso. Esto nos lleva al problema del descreimiento en la capacidad para hacer algo.


Hoy empezamos hablando sobre hasta qué punto un movimiento antiausteridad puede desarrollarse a lo largo de Europa e incluso más allá, y esto es posible si se logra canalizar a los sectores de la población que ven algo valioso en trabajar juntos, en un ambiente de respeto a las diferencias, para diseñar un futuro alternativo. Eso es lo que espero ver, y es de lo que hablo tanto, para tratar de hacer que la gente empiece a pensar en ello. Porque si no ocurre, vamos a estar encerrados con esta bestia capitalista, a la que no le está yendo muy bien, a pesar de que a los capitalistas les esté yendo extremadamente bien. Ellos tienen que ser privados de su poder, y eso va a ocurrir o bien pacíficamente, por medio de la aparición de movimientos de masas, o bien de una manera mucho, mucho peor.

 

Entrevista por Gabriel Delacoste

23 noviembre 2015

Fuente: http://ladiaria.com.uy

Publicado enPolítica
Estructura plan desarrollo

El anteproyecto de plan de desarrollo de la ciudad, “Bogotá mejor para todos”, coloca la felicidad en el centro. No obstante la importancia asignada a la felicidad, en ninguna parte del plan se aclara su significado. La felicidad está anclada en tres pilares: igualdad en calidad de vida, democracia urbana y construcción de comunidad. En el plan tampoco se explica la articulación entre estos pilares.

La distribución del presupuesto entre los pilares es asimétrica, y no permite entender las secuencias de causalidad que se presentan entre ellos. El 56 por ciento del presupuesto se destina a democracia urbana, el 20 por ciento a igualdad en calidad de vida, el 11 por ciento a eficiencia administrativa, 10 por ciento a desarrollo económico, 2 por ciento a construcción de comunidad, 0,6 por ciento a sostenibilidad ambiental, 0,5 por ciento a nuevo ordenamiento territorial. Estos porcentajes muestran que entre los componentes del plan no hay equilibrio. Tampoco existe una jerarquía clara.

 

De la felicidad etérea a la felicidad mediada por la capacidad de pago

 

Aunque la “felicidad para todos” recuerda a Bentham, el plan no logra introducir la dimensión multidimensional del planteamiento benthamiano.

Seguridad, subsistencia, abundancia, igualdad, esto es: mínimo de desigualdad: con estos nombres se han designado a las finalidades particulares que están próximas, en orden, a la felicidad universal y a la mayor felicidad para el mayor número de individuos Bentham 1786, p. 182 (1).

Las cuatro dimensiones mencionadas por Bentham (seguridad, subsistencia, abundancia e igualdad) tienen vínculos más o menos directos con el ingreso, pero clara-mente van más allá del ingreso. Esta perspectiva está lejos de enfoques estrechos, como los del plan de desarrollo, que identifican el principio de utilidad con la satisfacción del deseo.

Los informes de desarrollo humano reconocen la existencia de una cierta correlación entre el ingreso agregado y el índice de desarrollo humano (IDH). La relación no es perfecta y de ahí la importancia que adquieren los otros dos componentes del IDH: la educación y la esperanza de vida.

De acuerdo con la visión de Sen, la felicidad es el resultado del desarrollo de las capacidades de las personas: “[...] la atención debe centrarse en las capacidades para realizar; es decir, en lo que una persona hace o puede ser” (Sen 1985, p.i) (2).

El tema central de la propuesta utilitarista es la maximización de la felicidad del mayor número. Y para lograr este propósito la justicia comparativa juega un papel sustantivo. Los avances hacia la felicidad tienen que verse desde la óptica de la justicia comparativa. No se trata de proponer un ideal de sociedad que lleve a una discusión sobre teorías perfectas de la felicidad. El propósito es más sencillo: debe avanzarse hacia sociedades menos injustas.

La mayor expresión de la lógica utilitaria es la aceptación de que la capacidad de consumo es un buen indicador de las potencialidades del ejercicio de la libertad. Estamos de acuerdo en que no basta con tener. Y que lo más importante es el ser. Pero en el terreno operativo, y en el campo de la política pública, la capacidad de pago de los hogares termina siendo la variable más proxy de las capacidades reales. Incluso, podría afirmarse que la capacidad de pago es un proxy de la libertad. El pragmatismo subyacente a esta lógica tiene un claro contenido benthamiano. La posibilidad de la libertad de agencia tiene una relación directa con el aumento de la capacidad de pago.

Es evidente que cuando la familia destina menos recursos –en términos relativos– a la adquisición de bienes básicos, tiene mayor disponibilidad para el consumo de bienes que no son tan necesarios, y que permiten ampliar el espacio de elección de las familias. Podría afirmarse que mientras mayor sea la disponibilidad de ingresos para la adquisición de bienes no básicos, el espacio de la libertad aumenta. La reflexión sobre las capacidades terminan dependiendo –en términos operativos– de la capacidad de pago y de la disponibilidad de ingresos. Persiste la pregunta por la forma como la disponibilidad de ingresos se transforma en capacidades.

Estas consideraciones sobre la relación entre felicidad y libertad no se mencionan en el plan de desarrollo. La multidimensional de la pobreza permite ir comprendiendo la heterogeneidad de usos del ingreso, en función de los objetivos de cada persona. Cuando se supera el consumo básico, la demanda de otro tipo de bienes refleja la intencionalidad de la acción humana. El consumo del ingreso “excedente” informa sobre la forma como los individuos organizan su gasto teniendo como referente la vida que consideran buena.

Las condiciones para el ejercicio de libertad mejoran cuando el ingreso disponible aumenta. Para que la mayoría de la población eleve su capacidad de pago se requieren políticas distributivas que eliminen los subsidios de los ricos y aumenten los impuestos. Nada de esto se menciona en el plan de desarrollo que concibe la felicidad de una forma etérea.

1 BENTHAM Jeremy., 1786. “Filosofía de la Ciencia Económica”, en STARK William., 1952, ed. Escritos Económicos. Jeremy Bentham, Fondo de Cultura Económica, México, 1965, pp. 168-191.
2 SEN Amartya., 1985. Commodities and Capabilities, Oxford University Press, New York, 1999.

Publicado enEdición Nº223
Un modelo de ciudad a imagen del BM, Bid, Onu

¿Qué trae de nuevo para Bogotá la segunda administración de Peñalosa? Triste decirlo: el pasado proyectado al presente. El objetivo de su Plan de Desarrollo “Bogotá mejor para todos”, dialoga con su apuesta de 1998, solo leámoslo para así confirmarlo: “Propiciar el desarrollo de los habitantes de la ciudad, reorientando el desarrollo de ésta y buscando recuperar la autoestima ciudadana con la finalidad de incrementar el bienestar de los y las ciudadanas, ‘felicidad para todos’”.

Felicidad como concepto que no se desarrolla, solo se enuncia en dos sentidos: uno, como el acceso al espacio público y otro como una ciudad que brinda oportunidades para que las personas “tengan la vida que desean”, sin embargo, el desarrollo del plan sólo se enfoca en el primero, lo que quiere decir que no se habla de felicidad en términos de igualdad, acceso y garantía de derechos.

Y como objeto fundamental del Plan de Desarrollo: una ciudad-aglomeración de consumidores que propicia de modo adecuado la economía de mercado. Es decir, la ciudad está a la venta, y qué mejor para ello que la inversión de la empresa privada (capitales nacionales e internacionales). Esta idea de ciudad marketing resalta en el propósito de recuperar el espacio como un bien de consumo para turistas, para el tránsito, para el mercado, entre otros usos que generen rentas. Con este modelo, los problemas sociales de Bogotá se resuelven a través de la construcción de infraestructura mediante la contratación de nuevas vías, nuevos corredores para Transmilenio, parques regionales y lineales, construcción de hospitales y Caps, colegios en concesión, entre otros y no como garantía y acceso pleno a los derechos. Los problemas de exclusión y segregación no se diagnostican, no se tienen en cuenta, ni se abordan en el borrador del Plan de Desarrollo.

Esta visión de ciudad de mercado resalta cuando los ciudadanos son vistos, exclusivamente, como consumidores de mercancías, de ahí que solo pueden permanecer en ella los que estén en condiciones de pagar estos valores, los demás deberán abandonarla.

En esta visión de ciudad se sobreponen los intereses particulares a partir de las alianzas público privadas –APP–, desconociendo los intereses de la mayoría. Y se fortalece que las lógicas de ejecución de las tareas públicas proceda a través del fortalecimiento de la recentralización administrativa, la gerencia de proyectos.

Las acciones del PDD se desarrollan, de modo primordial, alrededor de la llamada industria del cemento, las industrias contaminantes y el sistema financiero, dejando explicito que para Peñalosa los problemas de la ciudad no van más allá de la infraestructura y la garantía de derechos para el mercado y el sector privado. Así queda claro que la magnitud de los problemas sociales, no son la preocupación del PDD ni del modelo de ciudad predominante.

En el nuevo cuatrienio de la administración Peñalosa (2016-2019) son varios los aspectos que incorporara el ahora alcalde, en relación al Modelo de Ciudad (MC) propuesto en el 2000, el cual no se modificará sino que se afinará, rectificando los errores detectados en estos 16 años de implementación e incorporando nuevos elementos que lo profundicen.

En relación a los elementos por afinar, retomando la idea central del Modelo de Ciudad colombiana impulsada desde los años 90, en torno al impulso de cuatro ejes:

Movilidad.Para ello desarrollará 8 troncales nuevas de Transmilenio. Modificación del trazado del Metro dejándolo mayoritariamente elevado y como alimentador de Transmilenio, con la consecuente generación de impactos urbanos por su desarrollo sobre la superficie, profundizando la segregación (norte subterráneo, sur elevado). Impulso a las concesiones viales al interior de la ciudad (Calle 13 a la Cámara Colombiana de Infraestructura, tramo Avenida 68 a través de un tranvía ligero operado por privados), alza de tarifas y eliminación de subsidios. Cable aéreo de Usaquén al embalse de San Rafael como copia del modelo Medellín de Parque Arvi. Túnel a la Calera por la calle 153 o 170 como vías expresas concesionadas. Retorno a la ALO en su trazado original afectando ambientalmente la Conejera, la reserva Thomas Van der Hammen y habilitación de suelo en el POZ Norte para proyectos de altas rentas. Prolongación de vías hasta el rio Bogotá a fin de proyectar la conexión de Bogotá con municipios de la sabana a través de nuevos puntos que expandiría la urbanización al otro lado del rio Bogotá.

Servicios públicos. Profundizar el modelo privatizador, impulsando de nuevo la venta de los activos públicos, en este caso la ETB, entre otros. No hay alternativas nuevas. Desmonte Basura Cero. Desmonte Aguas Bogotá. Alli también el impulso a la Agencia Distrital de Asociaciones Público - Privadas (Adapp) para el desarrollo de proyectos de movilidad, acceso a la ciudad, integración regional, educación, cultura y salud.

Vivienda. Recuperar el rumbo de Metrovivienda y la ERU impulsando la construcción y gestión de vivienda nueva y el mejoramiento integral de los barrios como proyectos liderados directamente por el Alcalde Mayor, a través de micro intervenciones puntuales en la ciudad. Para ello se retoma Metrovivienda y la ERU como las entidades líderes de la producción de suelo para VIS y VIP y la ERU con planes de renovación urbana. Retoma de la Operación estrategia Nuevo Usme (150.000 viviendas multifamiliares) y propicia la articulación ERU con ERU Virgilio Barco. También la construcción viviendas en Ciudad Paz en el área de la Reserva Thomas Van de Hammen (1.400 has), que según Peñalosa serán para los 3.000.000 de habitantes que tendrá Bogotá en los próximos 40 años.

Infraestructura. Será adelantada con prioridad en las concesiones. En materia de salud se plantea su “mejoramiento” a partir de la creación de obras (20 Centros de Atención Prioritaria en Salud (Caps), Central de Urgencias del Sur (Ceuss). Minimización o eliminación del programa de salud “Territorios Saludables” de atención preventiva en los hogares y reducción a su mínima expresión de los programas sociales cuando no su eliminación. En materia de educación, se apunta al “Mejoramiento” basado en la construcción de obras, jardines infantiles y colegios y mega centros de recreación, entretenimiento, arte y cultura. Retoma el impulso al fortalecimiento del esquema de colegios en alianzas público privadas profundizando la privatización de la educación básica y secundaria. E impulso al modelo de privatización con 25.000 cupos para universidades privadas bajo la lógica del programa presidencial Ser pilo paga. En materia de espacio público –recreación– se plantea realizar el corredor de los Cerros Orientales como un Sendero Panorámico que copia del proyecto de despojo de Medellín Jardín Circunvalar que habilita suelo para el mercado inmobiliario de altas rentas.

Tampoco aparece la atención a las demandas de la población en condición de desplazamiento forzado que ha llegado a la ciudad.

En relación a los nuevos elementos incorporados están la mirada expansionista sobre el territorio de la sabana de Bogotá y la Región. Allí apuesta por proyectos como Ciudad Río a lo largo del río Bogotá, con la urbanización de sus dos costados. La creación de Parques Regionales en los embalses de Tominé y Parque del Embalse San Rafael. Urbanizar la sabana (250.000 viviendas Mosquera), Vivienda en Soacha y Madrid (500.000 viviendas) y expansión de la vivienda de altas rentas, liberar POZ Norte, Tren de cercanías sur y occidente como alimentadores de Transmilenio, ampliación aeropuerto El Dorado e impulso al Dorado II, profundización del modelo extractivista a partir de las concesiones minero energéticas.

Es decir, durante este periodo Peñalosa profundizará un MC y Región basado en proyectos altamente rentables al servicio del capital nacional e internacional, garantizando la continuidad y profundización de la política urbana agenciada por el Banco Mundial, el BID y Naciones Unidas (ONU).

 

* Profesor Asociado Universidad Nacional de Colombia. Escuela de Arquitectura y Urbanismo. Arquitecto, Magíster y Doctor en Arquitectura y Ciudad y en Urbanismo. Investigador Senior (IS) Colciencias. Líder del Grupo de Investigación “Procesos Urbanos en Hábitat, Vivienda e Informalidad”. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


 

Cuatro años para la especulación y el capital privado

 

Enrique Peñalosa gobernó por primera vez Bogotá durante el periodo 1998-2000 a nombre del movimiento cívico “Por la Bogotá que soñamos”. Su apuesta, discursiva, enfatizaba en el desarrollo urbano sostenible basado en la infraestructura urbana y el espacio público como bases para lograr la equidad social. Postulados plasmados durante los años de gobierno dejando las bases sentadas de un Modelo de Ciudad (MC) al servicio del capital.

Recordemos que su apuesta de “recuperar el espacio público”, e incrementar la cantidad y la calidad del mismo para los bogotanos, pretendía “[…] la integración de la comunidad, mejorar la calidad de vida y ver la ciudad como espacio social”. Pero sus grandes realizaciones, además de las obras de cemento, fueron la expulsión del mismo de los vendedores informales y la instalación de 2.000.000 de bolardos. “Recuperó” el área del Cartucho sin resolver el problema social y de salud pública de 5.000 ‘habitantes de calle’, los cuales se trasladaron a toda la ciudad, principalmente a la denominada zona del Bronx. Con ello impuso su visión de “renovación urbana”, construyendo el Parque el Tercer Milenio y afectando la población del sector de San Bernardo, así como los comerciantes de San Victorino.

La base del desarrollo a través de la construcción de infraestructura, con lo cual construyó 3 bibliotecas públicas y 47 colegios. Deshizo la Empresa Metro que ya tenía diseñadas tres líneas e instaló Transmilenio con el propósito señalado de “Establecer sistemas de transporte que aseguren una disminución en los tiempos de viaje y proporcionen un servicio digno, confortable y eficiente con respeto por el entorno y el ambiente”. Sin embargo éste termina favoreciendo a los operadores privados del sistema sin que esa perversión aún se corrija. Aparejado con ello las losas de Transmilenio en la Fase I con el llamado “concreto Fluido” que no ha garantizado la operación adecuada del sistema y Cemex no pagó la deuda causada y cada día la ciudad empeora su movilidad y asume los costos de esta decisión errónea.

 

Instaló, de igual manera, el Pico y Placa y el día sin carro. Implementó la modalidad de colegios públicos en concesión. Y como parte de los intentos privatizadores avanzó sobre la ETB sin lograr su propósito.


La gran apuesta de Peñalosa quedó plasmada en el Plan de Ordenamiento Territorial –POT–-, en el cual visiona la ciudad futura, que en el Plan de Desarrollo 1998-2001 señalaba como objetivo “[…] generar un cambio profundo en la manera de vivir de los ciudadanos, devolviendo la confianza a todos los bogotanos en su capacidad para construir un futuro mejor y dinamizar el progreso social, cultural y económico. Se trata de proyectar y hacer viable a Bogotá para enfrentar los retos y aprovechar las posibilidades que impone una nueva era, trabajando con miras a mejorar significativamente la calidad de vida para las presentes y futuras generaciones”.

Allí su apuesta por Metrovivenda como generador de suelo para vivienda de bajos ingresos en áreas periféricas de la ciudad no logró producir los resultados esperados, al igual que la Empresa de Renovación Urbana –ERU–, así como el Programa de Desmarginalización, todo ello basado en la idea de “Elevar la calidad de vida de la población residente en barrios con deficiencias en infraestructura y servicios sociales, a través de la intervención sobre aquellos aspectos que permitan superar dichas deficiencias y dinamizar en la comunidad la apropiación de la construcción de su destino”.

Pero no olvidemos que para entender el MC debemos tener claras dos consideraciones. La primera, que estamos regidos bajo un modelo de desarrollo basado en las lógicas que establece el modo de producción capitalista en su fase actual de mercado o neoliberal, por tanto cualquier modificación al modelo está enmarcada dentro de los limites admisibles que permite la denominada democracia capitalista. Lo que significa que no es posible efectuar transformaciones estructurales al MC y que solo son factibles ajustes menores que no lastimen los interés del capital. Y esta no ha sido ni será la opción que adopte Peñalosa.

La segunda, el MC está pensado desde esta lógica solo como el modelo de ordenamiento del territorio, por lo que colocan todos los acentos en las modificaciones al POT. Sin embargo, el MC está asociado al de sociedad que deseamos y que queremos, por tanto sus elementos no son solamente los relativos a los componentes físico espaciales sino que demandan la materialización y realización de todos los derechos. Por ello el Modelo debe estar plasmado en el goce efectivo del derecho a la ciudad y el territorio que incluye, entre otros: el derecho al territorio (y la tierra), a los medios de subsistencia, al trabajo, a la salud, a la educación, a la cultura, a la vivienda, a la protección social, a la seguridad social, al medio ambiente sano, al saneamiento (y a servicios públicos), al transporte público (y a la movilidad), al ocio y a la información, a la libertad de reunión y organización, al respeto a las minorías y la pluralidad étnica, racial, sexual y cultural, al respeto a los inmigrantes y la garantía de la preservación de la herencia histórica y cultural, al desarrollo de zonas dotacionales, bienes y servicios urbanos y centralidades, a una relación asertiva con la institucionalidad, y a la garantía de los derechos humanos, con seguridad y convivencia, entre otros.

Han transcurrido 16 años de la ciudad que nos prometió Peñalosa y Bogotá ha cambiado significativamente. Metrovivienda no generó el suelo para la Vivienda de Interés Social –VIS– y para la Vivienda de Interés Prioritario –VIP– que requería. La ciudad sigue creciendo de modo informal (pasamos de contar con 1.365 barrios de origen informal en el 2000 a 1.737 en 2015 (Sdht), el mercado no produce la vivienda requerida para la población de bajos ingresos y continúa privilegiando el uso del suelo urbano disponible en su poder para el desarrollo de proyectos de altas rentas.

A esto se suma, la ampliación de la segregación socioeconómica y espacial de la ciudad, con nuevas recetas bajo la lógica de los procesos de gentrificación y con la profundización del desarrollo predio a predio, ahora, bajo el ropaje de los llamados planes parciales. Asimismo, el suelo urbanizable disponible está acaparado por promotores inmobiliarios y constructores, dispuesto este para atender, además de los proyectos comerciales y de vivienda de altas rentas los llamados proyectos u operaciones estratégicas para el mercado y los capitales transnacionales (Aeropuerto El Dorado, Innovo, Ciudad Salud, Nuevo Usme).

Con la herencia del POT aún vigente, la ciudad se expande indefinidamente. Segrega la vivienda para la población de menos ingresos, que ocupa las áreas periféricas con problemas de riesgo y vulnerabilidad indistintamente de su condición ambiental, propende por la apropiación del suelo en favor del interés particular, y protege que la renovación urbana ha de ser agenciada por grandes capitales, entre otros aspectos.


Para 2016, el POT y su modelo de ciudad evade los grandes conflictos territoriales presentes y futuros, entre ellos el agotamiento del área del basurero de Doña Juana, la imposibilidad de eliminar las explotaciones mineras dentro de la ciudad, la no disposición de suelo urbanizable para la VIS y VIP, los problemas de movilidad derivados de la imposición de Trasmilenio como única alternativa, los efectos ambientales, sociales y económicos derivados de la profundización del modelo de ciudad basada en el mercado, y los proyectos con respecto a la ampliación de Bogotá sobre los municipios próximos a la ciudad, la expulsión de población de territorios consolidados en los cerros orientales y barrios próximos al centro de la ciudad, la crisis del modelo de agrupación y propiedad horizontal, entre otros.

Continuamos con una mirada de ciudad que considera la región como su patio trasero y establece su deber ser, no entendiendo la complementariedad entre la ciudad y la región sino como su competencia. Debemos sumarle a los “logros” del MC vigente el fracaso de los denominados instrumentos de gestión urbana y del suelo (plusvalías, curadurías urbanas, etcétera) establecidos por la ley 388/97, sin que logren cumplir los propósitos redistributivos de equidad y solidaridad planteados, así como la prevalencia del interés general sobre el particular.

 

Bogotá, 13 de abril de 2016

 

 

Publicado enEdición Nº223