Martes, 20 Julio 2021 09:42

Alguien calla, alguien manipula

Augusto Pacheco, https://www.a-pache.co/ (Cortesía del autor)

Terror. Las cifras lo potencian. Desde el solo anuncio del comienzo de la pandemia por covid-19 y sus efectos letales, el pánico afectó a poblaciones enteras. Temor, sobrecogimiento. Sobre ese pánico expandido, poblaciones enteras cedían al Estado el control total sobre cada uno para que “salvara sus vidas”, sin demora de los gobiernos que, atentos a la respuesta ciudadana, procedieron imponiendo confinamientos y otros controles sociales. Privacidad y derechos humanos quedaron en suspenso.


Transcurridos más de quince meses desde aquellas primeras noticias y las medidas de control social desplegadas, el ambiente, aunque no es idéntico, en el fondo funciona sobre iguales parámetros: temor a perder la vida y gobiernos con manos libres para hacer y deshacer. Y deshacen en su afán por una economía aceitada y con ritmo, por lo menos pre-marzo 2020. No es para menos: temen más a la quiebra de los empresarios que a la muerte de los sin nada.

Y actúan en consecuencia, así digan lo contrario –con excepción de cínicos, Bolsonaro y Trump, por ejemplo. Los reportes diarios dan cuenta de ello y así refuerzan el espectro que alimenta el temor, con las UCI siempre al límite y todo reforzado con mensajes que descargan en cada persona la responsabilidad del posible contagio y la muerte. ¿Irresponsabilidad de unas y otros o ausencia de una intervención pública a la altura de las existencias?

Las cifras de miles de muertos, antes reportadas por otros países, desde hace meses no dejan de ser cascada en el nuestro, ocupando puestos de (des)honor en el concierto global de los decesos, los que, con corte al último día de junio 2021, suman 106.544 y los contagio 4.240.982. Como si los anteriores picos nada hubieran enseñado, el tercero ha sido el más letal, sumando en los 30 días de junio 17.770 decesos.

Estamos ante una letalidad recordada a diario por todos los noticieros, que retoman sin contexto alguno cantidad de muertos y de infectados, sin considerar porcentajes de población, enfatizando que el covid-19 “no es un juego” y por tanto cada persona no debe olvidar lo de “conservar el distanciamiento”, “poner en práctica todas las normas de bioseguridad” y “quedarse en casa, que es el mejor aporte para controlar el virus”.

En la más reciente etapa de la pandemia, los informativos incorporaron un nuevo indicador: cantidad de vacunados, con una y con dos dosis, resaltando, también sin contexto alguno, el “deber de la vacunación”. Las referencias a cantidad de infectados y muertos, pese a las dos inoculaciones, no existe, aunque sí acentuando en que “[…] tapabocas, distanciamiento, lavado de manos y demás normas de bioseguridad, pese a la vacuna, se deben seguir aplicando en estricto cumplimiento”.

Al final, el mensaje es uno: “Sálvese quien pueda”, conclusión de terror, de miedo, que aconseja no salir, aislarse, no reunirse, todo ello como palabras al viento, por fuera de la realidad, mucho más cuando es el propio gobierno nacional y los municipales quienes motivan salir, reunirse y no aislarse, pues no implementan una política social que permita a unos y otros el tranquilo refugio del hogar. Además, como se puede concluir por sus últimas recomendaciones, la economía es lo primero; la vida que espere… ¡a la muerte!

Miedo. Y el ambiente concluyente en la mente de cada cual no puede ser diferente, aunque sí el comportamiento. El temor ante la evidente posibilidad de contagiarse y morir late por doquier, pero la economía no permite “meter la cola entre las piernas” y la inmensa mayoría termina actuando como el temerario en el oeste gringo.

La ruleta de la vida dando vueltas cada día en el casino del capital, que en su altar solo acepta sacrificios, no importa la edad de quien cae en su frío mármol: un sacrificio que cada quien también abona a lo largo de su existencia, por cuotas, por días, en jornadas de 8 y más horas, en un intercambio/venta de fuerza de trabajo y tiempo por billetes para poder comer, dormir con alguna tranquilidad, cancelar el ‘derecho’ a los servicios públicos, además de poder cubrir otras muchas necesidades, propias o familiares.

Miedo con gambetas, como las realizadas por quienes integran una clase media alta que aún conserva ahorros, en billete o en propiedades, incluso rurales, adonde se ha retirado como respuesta al “sálvese quien pueda”, espacio desde donde ejerce, si aún no tiene jubilación, el teletrabajo o la coordinación de sus negocios cuando cuenta con empresa propia. La clase alta hace lo propio, en mejores refugios y con más placer.

Temor, latente por doquier, transmitido, por ejemplo, por las voces que responden la llamada al otro lado de la línea y con pudor enuncian “[…] recuerda que tengo varias comorbilidades”. Es una realidad entre quienes pueden jugar al escondite con la parca, que recuerda que el covid-19 es clasista, más allá de todo lo que se diga, aunque bajo su guadaña también caigan personas adineradas, con atención médica personalizada.

Estamos en un prolongado aislamiento que con el paso de los meses va dejando marca imborrable en la mente de todas las personas que así han procedido: en su capacidad de concentración, en comportamientos huraños o irascibles, en desazón y conformismo, en hábitos alimentarios, en perdida de sueño, en alcoholismo, en desesperanza, y en un prolongado agotamiento que terminará por complacer a la huesuda sin el combate frontal al que estuviera dispuesto si la defensa no fuera individual sino colectiva. Pareciera que asistimos al eclipse de una generación que va saliendo del escenario sin pena ni gloria.


Remedio. Según el establecimiento global, con eco prolongado por el agudo tono de voz de los gobiernos, sin la excepción del que integra Duque, la solución para erradicar la pandemia está a la mano: ¡Vacúnese! No importa la marca. ¡Vacúnese! No juegue con su vida ni con la de los demás. ¡Vacúnese! No pregunte sobre la efectividad del biológico. ¡Vacúnese!


La vacuna no inmuniza, aunque sí reduce las posibilidades de terminar cremado, dicen, aunque no del todo, pues al horno siguen llegando quienes han recibido, incluso, el esquema completo de supuesta inmunidad. ¿Quién, sin aceptar que la vacuna aún no es tal, explica por qué sucede esto?


Los biológicos, en la mayoría de sus marcas, exigen dos inoculaciones, y aún más, como lo reconoce Pfizer, por ejemplo (1), al informar que serán tres, ya que el virus en su continua evolución, como la vida, adquiere nuevas y potentes resistencias que anuncian que la pandemia tal vez dure más de lo calculado por los gobiernos, y que estos inmunizantes, mientras no alcancen el desarrollo necesario, como producto de un ampliado ejercicio de prueba y error, serán solo un remedio, tal vez con mayor efectividad.


El proceso científico siempre estará detrás de la cepa de moda, la plus o la ultraplus…, y los millones que poblamos el planeta continuaremos como animalillos de laboratorio, un test sin costo para las multinacionales, que con el poder que les brinda el monopolio de “la solución” arrodillan a gobiernos, pequeños y grandes, que los exoneran de cualquier responsabilidad por las consecuencias que puedan derivarse de la inoculación de su población.


La vida en juego, la muerte al acecho; el capitalismo en crisis pero sin necesidad de ceder algo de su esencia, y millones arrinconados por el pánico y por el deseo de que todo vuelva a la ‘normalidad’. Así lo entienden comerciantes y otros mercaderes: por ejemplo, ofrecen en restaurantes “espacios exclusivos para personas vacunadas” (2). Otros anuncian que existirá un pasaporte covid sin el cual no será posible ingresar a ciertos países. Y si alguien trabaja como empleado del sector privado, no podrá interponer objeción de conciencia ante la demanda de vacunarse: simplemente “se vacuna o sale de la empresa”. Así, la Carta de Derechos, por ejemplo, la de San José de Costa Rica, quedó como simple recuerdo.


Hay negación de derechos pero también enajenación, que les servirá a las multinacionales para obligar a miles de millones en todo el mundo a continuar con el refuerzo en pro de una ampliada ‘inmunidad’, un proceder que tal vez termine en un rito anual como el celebrado hoy por personas mayores con la vacuna contra la influenza, proceder que no estimula ni permite que las gentes, desde su saber y su propia comprobación, apliquen todo aquello que saben que actúa como remedio, previniendo, reforzando defensas pero también meditando sobre las causas y las soluciones estructurales para enfrentar una enfermedad que “[…] llegó para quedarse”, según el decir de distintos conocedores (3). Y si así es, si no es posible erradicarla, lo más inteligente es aprender a convivir con ella, en medio de un proceso que privilegie la vida sobre la muerte y, por ello, asuma como reto estructural la superación del capitalismo, causa central de la crisis.


Conformismo, ¿facilismo? Un reto inmenso que llevaría a millones a romper con rutinas, hábitos y consumos, pero también con valores, poniendo sobre la competencia y el afán de lucro la solidaridad, por ejemplo, y, en el caso de la enfermedad que nos ocupa, la protección colectiva sobre la individual, que es lo definido por el poder.


El desafío implicaría la reflexión común, entre pueblos de distintos países, sobre las enseñanzas que va arrojando la pandemia, y con estas las rupturas de todo tipo que de ello se desprende. Un proceder que enfrentaría de manera radical la llamada por algún tiempo “nueva normalidad”, nada distinto de lo ya conocido, y de su mano el afán del capital por retomar sus niveles de acumulación, con el turismo en plena recuperación, con transportes aéreos y terrestres de nuevo a toda marcha, con el consumo en alza, con la acumulación sin par de algunos y la miseria de millones.


Una continuidad, con ojos tapados y conciencia sometida, que continúa reivindicando la megaminería, el extractivismo y todo aquello conocido como “desarrollo”. Todo esto como si nada estuviera sucediendo, como si nada hubiera estallado en la naturaleza, como si estos meses y los que siguen fueran parte de una simple anécdota para animar guiones de futuras películas. ¡Un proceder demencial, insensato, como lo es el capital!


La defensa de la vida nos reta como humanidad a mucho más, empezando por superar la lógica de la razón y su insostenible modelo de desarrollo.

 

1. La vacuna contra el covid-19 de Pfizer requerirá una tercera dosis entre 9 y 12 meses después de la primera, https://www.bbc.com/mundo/noticias-56935476
2. https://www.pagina12.com.ar/351368-libres-de-covid-o-mixtos-grecia-creara-espacios-exclusivos-p.
3. https://www.canalinstitucional.tv/noticias/el-coronavirus-llego-para-quedarse-esto-dicen-los-expertos.

Publicado enColombia
Sábado, 17 Julio 2021 11:41

Alguien calla, alguien manipula

Augusto Pacheco, https://www.a-pache.co/ (Cortesía del autor)

Terror. Las cifras lo potencian. Desde el solo anuncio del comienzo de la pandemia por covid-19 y sus efectos letales, el pánico afectó a poblaciones enteras. Temor, sobrecogimiento. Sobre ese pánico expandido, poblaciones enteras cedían al Estado el control total sobre cada uno para que “salvara sus vidas”, sin demora de los gobiernos que, atentos a la respuesta ciudadana, procedieron imponiendo confinamientos y otros controles sociales. Privacidad y derechos humanos quedaron en suspenso.


Transcurridos más de quince meses desde aquellas primeras noticias y las medidas de control social desplegadas, el ambiente, aunque no es idéntico, en el fondo funciona sobre iguales parámetros: temor a perder la vida y gobiernos con manos libres para hacer y deshacer. Y deshacen en su afán por una economía aceitada y con ritmo, por lo menos pre-marzo 2020. No es para menos: temen más a la quiebra de los empresarios que a la muerte de los sin nada.

Y actúan en consecuencia, así digan lo contrario –con excepción de cínicos, Bolsonaro y Trump, por ejemplo. Los reportes diarios dan cuenta de ello y así refuerzan el espectro que alimenta el temor, con las UCI siempre al límite y todo reforzado con mensajes que descargan en cada persona la responsabilidad del posible contagio y la muerte. ¿Irresponsabilidad de unas y otros o ausencia de una intervención pública a la altura de las existencias?

Las cifras de miles de muertos, antes reportadas por otros países, desde hace meses no dejan de ser cascada en el nuestro, ocupando puestos de (des)honor en el concierto global de los decesos, los que, con corte al último día de junio 2021, suman 106.544 y los contagio 4.240.982. Como si los anteriores picos nada hubieran enseñado, el tercero ha sido el más letal, sumando en los 30 días de junio 17.770 decesos.

Estamos ante una letalidad recordada a diario por todos los noticieros, que retoman sin contexto alguno cantidad de muertos y de infectados, sin considerar porcentajes de población, enfatizando que el covid-19 “no es un juego” y por tanto cada persona no debe olvidar lo de “conservar el distanciamiento”, “poner en práctica todas las normas de bioseguridad” y “quedarse en casa, que es el mejor aporte para controlar el virus”.

En la más reciente etapa de la pandemia, los informativos incorporaron un nuevo indicador: cantidad de vacunados, con una y con dos dosis, resaltando, también sin contexto alguno, el “deber de la vacunación”. Las referencias a cantidad de infectados y muertos, pese a las dos inoculaciones, no existe, aunque sí acentuando en que “[…] tapabocas, distanciamiento, lavado de manos y demás normas de bioseguridad, pese a la vacuna, se deben seguir aplicando en estricto cumplimiento”.

Al final, el mensaje es uno: “Sálvese quien pueda”, conclusión de terror, de miedo, que aconseja no salir, aislarse, no reunirse, todo ello como palabras al viento, por fuera de la realidad, mucho más cuando es el propio gobierno nacional y los municipales quienes motivan salir, reunirse y no aislarse, pues no implementan una política social que permita a unos y otros el tranquilo refugio del hogar. Además, como se puede concluir por sus últimas recomendaciones, la economía es lo primero; la vida que espere… ¡a la muerte!

Miedo. Y el ambiente concluyente en la mente de cada cual no puede ser diferente, aunque sí el comportamiento. El temor ante la evidente posibilidad de contagiarse y morir late por doquier, pero la economía no permite “meter la cola entre las piernas” y la inmensa mayoría termina actuando como el temerario en el oeste gringo.

La ruleta de la vida dando vueltas cada día en el casino del capital, que en su altar solo acepta sacrificios, no importa la edad de quien cae en su frío mármol: un sacrificio que cada quien también abona a lo largo de su existencia, por cuotas, por días, en jornadas de 8 y más horas, en un intercambio/venta de fuerza de trabajo y tiempo por billetes para poder comer, dormir con alguna tranquilidad, cancelar el ‘derecho’ a los servicios públicos, además de poder cubrir otras muchas necesidades, propias o familiares.

Miedo con gambetas, como las realizadas por quienes integran una clase media alta que aún conserva ahorros, en billete o en propiedades, incluso rurales, adonde se ha retirado como respuesta al “sálvese quien pueda”, espacio desde donde ejerce, si aún no tiene jubilación, el teletrabajo o la coordinación de sus negocios cuando cuenta con empresa propia. La clase alta hace lo propio, en mejores refugios y con más placer.

Temor, latente por doquier, transmitido, por ejemplo, por las voces que responden la llamada al otro lado de la línea y con pudor enuncian “[…] recuerda que tengo varias comorbilidades”. Es una realidad entre quienes pueden jugar al escondite con la parca, que recuerda que el covid-19 es clasista, más allá de todo lo que se diga, aunque bajo su guadaña también caigan personas adineradas, con atención médica personalizada.

Estamos en un prolongado aislamiento que con el paso de los meses va dejando marca imborrable en la mente de todas las personas que así han procedido: en su capacidad de concentración, en comportamientos huraños o irascibles, en desazón y conformismo, en hábitos alimentarios, en perdida de sueño, en alcoholismo, en desesperanza, y en un prolongado agotamiento que terminará por complacer a la huesuda sin el combate frontal al que estuviera dispuesto si la defensa no fuera individual sino colectiva. Pareciera que asistimos al eclipse de una generación que va saliendo del escenario sin pena ni gloria.


Remedio. Según el establecimiento global, con eco prolongado por el agudo tono de voz de los gobiernos, sin la excepción del que integra Duque, la solución para erradicar la pandemia está a la mano: ¡Vacúnese! No importa la marca. ¡Vacúnese! No juegue con su vida ni con la de los demás. ¡Vacúnese! No pregunte sobre la efectividad del biológico. ¡Vacúnese!


La vacuna no inmuniza, aunque sí reduce las posibilidades de terminar cremado, dicen, aunque no del todo, pues al horno siguen llegando quienes han recibido, incluso, el esquema completo de supuesta inmunidad. ¿Quién, sin aceptar que la vacuna aún no es tal, explica por qué sucede esto?


Los biológicos, en la mayoría de sus marcas, exigen dos inoculaciones, y aún más, como lo reconoce Pfizer, por ejemplo (1), al informar que serán tres, ya que el virus en su continua evolución, como la vida, adquiere nuevas y potentes resistencias que anuncian que la pandemia tal vez dure más de lo calculado por los gobiernos, y que estos inmunizantes, mientras no alcancen el desarrollo necesario, como producto de un ampliado ejercicio de prueba y error, serán solo un remedio, tal vez con mayor efectividad.


El proceso científico siempre estará detrás de la cepa de moda, la plus o la ultraplus…, y los millones que poblamos el planeta continuaremos como animalillos de laboratorio, un test sin costo para las multinacionales, que con el poder que les brinda el monopolio de “la solución” arrodillan a gobiernos, pequeños y grandes, que los exoneran de cualquier responsabilidad por las consecuencias que puedan derivarse de la inoculación de su población.


La vida en juego, la muerte al acecho; el capitalismo en crisis pero sin necesidad de ceder algo de su esencia, y millones arrinconados por el pánico y por el deseo de que todo vuelva a la ‘normalidad’. Así lo entienden comerciantes y otros mercaderes: por ejemplo, ofrecen en restaurantes “espacios exclusivos para personas vacunadas” (2). Otros anuncian que existirá un pasaporte covid sin el cual no será posible ingresar a ciertos países. Y si alguien trabaja como empleado del sector privado, no podrá interponer objeción de conciencia ante la demanda de vacunarse: simplemente “se vacuna o sale de la empresa”. Así, la Carta de Derechos, por ejemplo, la de San José de Costa Rica, quedó como simple recuerdo.


Hay negación de derechos pero también enajenación, que les servirá a las multinacionales para obligar a miles de millones en todo el mundo a continuar con el refuerzo en pro de una ampliada ‘inmunidad’, un proceder que tal vez termine en un rito anual como el celebrado hoy por personas mayores con la vacuna contra la influenza, proceder que no estimula ni permite que las gentes, desde su saber y su propia comprobación, apliquen todo aquello que saben que actúa como remedio, previniendo, reforzando defensas pero también meditando sobre las causas y las soluciones estructurales para enfrentar una enfermedad que “[…] llegó para quedarse”, según el decir de distintos conocedores (3). Y si así es, si no es posible erradicarla, lo más inteligente es aprender a convivir con ella, en medio de un proceso que privilegie la vida sobre la muerte y, por ello, asuma como reto estructural la superación del capitalismo, causa central de la crisis.


Conformismo, ¿facilismo? Un reto inmenso que llevaría a millones a romper con rutinas, hábitos y consumos, pero también con valores, poniendo sobre la competencia y el afán de lucro la solidaridad, por ejemplo, y, en el caso de la enfermedad que nos ocupa, la protección colectiva sobre la individual, que es lo definido por el poder.


El desafío implicaría la reflexión común, entre pueblos de distintos países, sobre las enseñanzas que va arrojando la pandemia, y con estas las rupturas de todo tipo que de ello se desprende. Un proceder que enfrentaría de manera radical la llamada por algún tiempo “nueva normalidad”, nada distinto de lo ya conocido, y de su mano el afán del capital por retomar sus niveles de acumulación, con el turismo en plena recuperación, con transportes aéreos y terrestres de nuevo a toda marcha, con el consumo en alza, con la acumulación sin par de algunos y la miseria de millones.


Una continuidad, con ojos tapados y conciencia sometida, que continúa reivindicando la megaminería, el extractivismo y todo aquello conocido como “desarrollo”. Todo esto como si nada estuviera sucediendo, como si nada hubiera estallado en la naturaleza, como si estos meses y los que siguen fueran parte de una simple anécdota para animar guiones de futuras películas. ¡Un proceder demencial, insensato, como lo es el capital!


La defensa de la vida nos reta como humanidad a mucho más, empezando por superar la lógica de la razón y su insostenible modelo de desarrollo.

 

1. La vacuna contra el covid-19 de Pfizer requerirá una tercera dosis entre 9 y 12 meses después de la primera, https://www.bbc.com/mundo/noticias-56935476
2. https://www.pagina12.com.ar/351368-libres-de-covid-o-mixtos-grecia-creara-espacios-exclusivos-p.
3. https://www.canalinstitucional.tv/noticias/el-coronavirus-llego-para-quedarse-esto-dicen-los-expertos.

Viernes, 16 Julio 2021 08:26

La venganza de los virus

La venganza de los virus

Uno de los problemas que aquejan al pensamiento crítico en este periodo de caos sistémicos, se relaciona con el tiempo y, de modo particular, con cierta fijación en las coyunturas y en los acontecimientos, o en el tiempo corto, según el historiador Fernand Braudel. Como si lo decisivo fuera el último discurso del candidato, la nueva ley aprobada o la genial iniciativa de algún dirigente.

Para el historiador, los acontecimiento son polvo, sucesos que se los lleva el viento y que no dejan más que vagos recuerdos; si los dejan. Braudel no desestimó ninguno de los tres tiempos que estudió, pero siempre se mostró fascinado por la larga duración, el tiempo largo, el de las estructuras y las continuidades, al que llegó a definir como “el tiempo de los sabios”.

De algún modo, es el tiempo de los pueblos originarios. Mayores se refieren casi siempre a los cinco siglos con los que nombran el inicio de una nueva era, plagada de desastres. Raras veces se enfocan en las coyunturas, a las que suelen abordar, casi, como meras anécdotas.

En 1995, Immanuel Wallerstein que se decía inspirado por Braudel, escribió un texto que hoy tiene rabiosa actualidad: “Así como hace 25 años al parecer alcanzamos un pico en el fortalecimiento de las estructuras estatales, es posible que también hayamos alcanzado un pico en el ataque mundial, que ya duraba dos siglos, contra las enfermedades infecciosas y contagiosas. Es posible que la arrogante utilización de soluciones dramáticas haya dañado algunos mecanismos ecológicos de protección, posibilitando la aparición de enfermedades epidémicas terribles antes desconocidas”*.

Una cita que daría para un seminario. En efecto, en esas dos frases aparecen varios conceptos fuertes.

Sabemos que dos siglos de ataque a virus y bacterias, incluyendo la sobreutilización de antibióticos y el consumo masivo de comida chatarra, han dañado las defensas del organismo humano, de los no humanos y del planeta Tierra. Wallerstein se refiere a dos siglos que coinciden con la aparición de las primeras vacunas y del comienzo del ataque sistemático, equiparable a bombardeos, contra virus y bacterias.

Lo más notable, desde mi punto de vista, es su capacidad de emparejar el devenir de los estados con el del combate a las enfermedades, lo que evidentemente sugiere que estamos ante dos facetas ineludiblemente entrelazadas. Existe un solo planeta y lo que suceda con una de las variables se relaciona, inevitablemente, con las demás. Esta realidad sólo la podemos aquilatar si la miramos con los lentes de la larga duración, que disuelve los compartimentos estancos que está reproduciendo el pensamiento crítico.

El segundo aspecto que me parece necesario destacar, es el que menciona como “soluciones dramáticas” que, a la larga, no solucionan nada. ¿Qué conclusiones podemos sacar de estos dos siglos de guerra contra los virus? Una fundamental es que los virus vuelven, retornan porque pueden mutar pero, sobre todo, porque son parte de la vida, esa que no se puede eliminar sin provocar algo así como el suicidio de la especie.

En este punto entran las vacunas, que empiezan a ser obligatorias en algunos países y que se proponen como la solución única a la pandemia. Debo aclarar que quien esto escribe está vacunado de dos dosis, de modo que no milito entre los antivacunas, aunque tenga dudas sobre su eficiencia y su conveniencia. El punto es otro.

Administrar vacunas masivamente puede ser un modo de atajar la pandemia, puntual y coyuntural, pero que no elimina las futuras pandemias y, como señala Wallerstein, puede estar agravando el daño a los “mecanismos ecológicos de protección”. Aquí aparecen dos cuestiones. Una, que si no se abordan las causas profundas de la pandemia, como la deforestación y los gigantescos criaderos de animales para el consumo de carne, los virus volverán y serán más dañinos.

Dos, que al parecer no hemos aprendido nada de estos dos siglos: el bombardeo sistemático a virus y bacterias para combatir infecciones y enfermedades ha dañado nuestro sistema inmunitario, quizá de forma irremediable. Pero seguimos insistiendo en la misma receta, sin hacer balance de lo que nos puede enseñar la larga duración.

La arrogancia de la humanidad, profundizada por gobernantes ególatras (de derecha y de izquierda), atontada con la zanahoria del consumo, utilizada y fomentada por el capital, hace muy difícil desandar el camino de la autodestrucción. Sólo pueblos originarios enseñan caminos diferentes, precisamente porque no han abandonado la cultura de la larga duración. Se vacunan pero además cultivan sin agrotóxicos, por poner un ejemplo.

Por último, confiar en los estados es tan ingenuo como confiar la salud colectiva a las multinacionales farmacéuticas, que sólo piensan en ganancias gigantes por su control monopólico del mercado. Una salud autónoma que se construya a contrapelo del mercado y del Estado, es tan posible como urgente.

* En Después del liberalismo, Siglo XXI, pp. 69 y 70.

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Un doctor da el visto bueno a un paciente de coronavirus que le enseña el oxímetro, en un hospital privado de Montevideo, Uruguay, país que en los últimos 14 días ha mantenido el mayor número de muertes per cápita en el mundo. Foto Afp

Londres. Erradicar del mundo el Covid-19 no es actualmente un "objetivo razonable", afirmó el doctor David Nabarro, enviado especial de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre el coronavirus.

Nabarro agregó en entrevista con Sky News que la gente tendrá que aprender a vivir con la enfermedad, informó el diario inglés The Guardian. En comentarios de los que se hizo eco Dame Anne Johnson, profesora de epidemiología de enfermedades infecciosas en el University College London.

"La humanidad va a tener que aprender a coexistir con este virus, al evitar que repunte, aumente y cause focos de enfermedad. Tenemos que ser capaces de hacer esto en el futuro previsible", señaló el doctor, uno de los seis representantes especiales de la OMS para responder a la pandemia.

"La erradicación no es actualmente un objetivo razonable para el mundo".

Apuntó que "cada vez que hay un aumento repentino (de casos), se piensa que podría estar apareciendo una nueva variante. Eso no sería sorprendente". Explicó que ese será "el patrón para el futuro" y agregó: "Este virus no desaparecerá pronto, habrá variantes emergentes".

Además, Nabarro afirmó que ningún país "se libra" de la OMS cuando se trata de investigar la pandemia.

La variante Delta del coronavirus, descubierta en India, es 40 por ciento más contagiosa que las versiones ya existentes, según Gran Bretaña, que considera aplazar la reapertura debido al repunte de los contagios.

El ministro británico de Salud, Matt Hancock, reconoció que la propagación de esa variante podría obligar al gobierno a postergar el levantamiento de las restricciones, pautado para el 21 de junio.

Pese al aumento en el número de nuevos casos de Covid-19 en los últimos días, que supera 5 mil casos registrados cada día, el número de hospitalizaciones permanece estable, añadió Hancock.

En tanto, Francia trata de contener la propagación de la nueva variante mientras recibe a turistas que están vacunados y ha logrado reducir las tasas de contagios y hospitalizaciones.

El ministro francés de Salud, Olivier Veran, declaró que el país ha detectado múltiples focos de infección de la variante Delta.

Israel comenzó ayer a inmunizar contra el Covid-19 a menores de entre 12 y 15 años; más de 55 por ciento de la población está completamente inmunizada, informó el periódico Yediot Ajronot.

Una delegación de tres senadores estadunidenses llegó ayer a Taiwán, donde anunciaron que Washington donará a su aliado 750 mil dosis de vacunas contra el coronavirus.

El saldo por la pandemia en todo el mundo es de 173 millones 147 mil 311 contagios y 3 millones 725 mil 22 muertes, de acuerdo con el conteo de la Universidad Johns Hopkins.

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Potencias europeas prohíben la vacuna AstraZeneca y se inclinan por Sputnik V

Desde junio de 2020 fui de los primeros, dicho sea con humildad de rigor, en advertir los inconvenientes de AstraZeneca (https://bit.ly/3bTANne).

Nueve meses después, ya no es novedad que las principales potencias europeas –Francia, Alemania, Italia y España–, más casi una veintena de países europeos respetables ( FT, 16/3/21), prohibieron su uso por casos de trombosis y embolias fulminantes, después de su inoperancia en mayores de 65 años (https://bit.ly/3vI0fnA).

Tras la resonante bendición de la mejor revista médica del mundo, la británica The Lancet, en la Unión Europea (UE) se quedaron sin argumentos xenófobos para despreciar a la triunfal Sputnik V.

Organismos internacionales han mostrado sus patentes fallas e intereses globalistas, tales como la OMS y EMA infeudadas por la panoplia de Covax/Cepi/Gavi y toda la bursátil fauna escatológica de Bill Gates (https://bit.ly/3s75pHe).

La "reguladora" European Medicines Agency (EMA) no oculta su obscena rusofobia y tarda en dar luz verde a Sputnik V, mientras el premier de Bavaria –la región más próspera de Alemania–, Markus Soder, ha exhortado a los sesgados reguladores a "acelerar" la revisión de las vacunas (https://bit.ly/3tsV34V).

Rusia ha puesto en tela de juicio la "neutralidad" de la EMA, cuando una de sus principales funcionarias, Christa Wirthumer-Hoche, reliquia rusófoba de la guerra fría, instó a la UE de no usar la Sputnik V, aprobada en 46 países (https://bit.ly/3bTxDQ9).

La agencia del israelí-estadunidense Bloomberg "apoya" a la irlandesa Emer Cooke, directora ejecutiva de la EMA, quien se ha deslindado de los gigantes europeos para bendecir los “beneficios (sic) de AstraZeneca (https://bloom.bg/3bR2kp5)”. La alemana y connotada rusófoba Úrsula von der Leyen –criticada ferozmente en Alemania por su pésimo manejo de las vacunas "occidentales"–, quien encabeza a la poderosa Comisión Europea, puso en tela de juicio la bondad de Moscú para exportar millones de dosis cuando la vacunación en Rusia ha sido muy lenta.

Kirill Dmitriev, mandamás del muy exitoso "fondo soberano de riqueza" ruso que financió el desarrollo de Sputnik V, del célebre Instituto Gamaleya, "reveló haber conseguido acuerdos con empresas de Francia, Alemania, Italia y España para la manufactura de un lote de inyecciones", mientras prosiguen las charlas para su producción.

Mientras se querellan en el seno de la UE los rusófobos y rusófilos, Moscú acaba de firmar un acuerdo con la farmacéutica suiza Adienne para producir pequeñas cantidades de Sputnik V en Italia, cuando la farmacéutica italiana ReiThera está a punto de concretar un vibrante acuerdo con Sputnik V, que para Rusia sería todavía mas significativo que los acuerdos que ha descolgado con Brasil, Argentina e India.

La UE se clavó en forma alocada con AstraZeneca que no cumplió sus compromisos de suministro y dejó vulnerablemente desnuda a la UE, que vuelve a mostrar su legendaria candidez geopolítica frente a Gran Bretaña, con o sin Brexit.

Reuters –una de las principales puntas de lanza de la geopolítica británica– expone estupefacta que “tras bambalinas, la UE gira a la vacuna Sputnik V (https://reut.rs/3vAkm7c)”, cuando 450 millones de europeos han quedado desvalidos. Viene todo el veneno de Reuters: "En público, la UE ha desechado la campaña de suministro global de la vacuna rusa como ardid de propaganda de un régimen indeseable (sic)". ¿Dónde quedó la universalidad de la ciencia? Reuters no oculta que "si Sputnik V se suma al arsenal de vacunas de la UE, significaría un triunfo (sic) diplomático para Rusia". ¡Pues sí!: todas las sanciones contra Rusia se vendrían abajo, así como toda la política disfuncional de la UE en Crimea y Ucrania oriental por órdenes de EU.

Suena increíble que, en medio de una pandemia, todavía existan misántropos "humanos" deshumanizados que, con el fin de conseguir sus aviesos objetivos geopolíticos, consideren a los rusos como inhumanos y antihumanos, lo cual no tiene nada que ver con la inmaculada ciencia universal.

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Viernes, 12 Marzo 2021 05:22

Paraguay: reclaman un Estado soberano

Paraguay: reclaman un Estado soberano

La crisis política que se expresa en estas semanas en Paraguay como consecuencia del colapso de la política sanitaria que lleva días ininterrumpidos de movilizaciones, muestra algunos elementos novedosos y otros estructurales que indican, en parte, el carácter recurrente de las mismas y las configuraciones políticas de antaño.

Hace más de medio siglo, la ANR (Partido Colorado) centraliza el juego político e intenta monopolizar la representación de las crisis. Desde por lo menos el stronismo (la añeja dictadura paraguaya) hasta hoy, el Partido Colorado ha comandado el ordenamiento de todo el sistema político. La misma crisis que sacó al “dictador supremo”, comandó la transición a la democracia, habilitó y monitoreó al luguismo (2008-2012) y, en lo que parecía su fase final, salió en busca del empresario que, al igual que Stroessner, no pertenecía a esa “casta” política. Horacio Cartes (2013-2018) tenía como cualidad principal no formar parte de ninguna de las estructuras partidarias caducas -en efecto, en su campaña no hubo banderas coloradas- y, sin embargo, pudo salvar al partido. Creó su corriente interna, juntó voluntades, armó un padrón y hoy desafía en paridad a las elites políticas (propias y ajenas). En fin, la nueva derecha latinoamericana -pero también Trump- aprendió de las dificultades que implica lidiar con el partido y también a advertir que no alcanza con ser empresario, sino que es preciso controlar parte del Estado.

Fracasado el intento de reelección presidencial de Cartes, llegó Mario Abdo Benítez, el representante de la tercera posición. Un presidente prolijo y sin pretensiones, sin bases y sin control partidario, parte de esa burocracia agrietada que nadie desea, pero que todos necesitan. “Marito” el presidente de la transición del propio partido. Tono calmo, familia ensamblada, la Biblia y la prenda de la paz. Stronista por lazo filial, moderno por imposición de la época.

Claro está que el proceso no pasó a espaldas de una ciudadanía televidente o televisada. La política no es sólo juego de élites y en cada manifestación, el pueblo puso sus muertos. Desde aquella memoria colectiva del “marzo paraguayo”, cuando se produjeron masivas protestas contra el presidente Raúl Cubas Grau (1998-1999) y el general Lino César Oviedo tras el asesinato del vicepresidente Luis María Argaña, varios marzos parecen reactivarse. El marzo del 2017, con la quema del Congreso cuando el presidente Horacio Cartes intentó promover una enmienda constitucional para habilitar la reelección presidencial, hasta el presente, donde la crisis sanitaria y el deficitario manejo gubernamental mostró con crudeza la capacidad política del actual presidente. Si la pandemia no vino a poner en crisis al capitalismo, sí vino a mostrarnos cómo funciona, siendo Paraguay un escenario privilegiado de esta tesis. No sólo tiene el último turno mundial para conseguir vacunas, sino que tiene un Estado diezmado, sin recursos, pero con una corporación empresarial que cada día tiene mayor capacidad de acumular. Al precio de la soja no le llegó el Covid. Pero la cuarentena hizo colapsar a una economía urbana y campesina mayoritariamente informal.

Si Mario Abdo Benítez llegó sin controlar el partido, mucho menos podía dirigir el Estado. Y la pandemia reclama estatalidad. Como las piezas endebles de un gobierno que no terminó de llegar, fueron cayendo los ministros de Salud y Educación, la ministra de la Mujer y el jefe de Gabinete.

No es la primera vez que, ante una crisis, las élites políticas apelan a la figura del juicio político -introducido con la reforma constitucional de la primavera democrática de 1992- para destituir presidentes. Pensada en su origen como una herramienta de control y regulación sobre el Poder Ejecutivo, se convirtió en una prenda de negociación entre las fuerzas partidarias como de condicionamiento del Poder Legislativo al Ejecutivo. El juicio político es la fantasía que conservan las elites políticas para dirimir conflictos de orden superestructural. Así, creyeron terminar con Fernando Lugo, hoy posicionado junto al Partido Liberal para un próximo round electoral. La pandemia aplazó las elecciones municipales (2020), pero todo indica que la postergación de estos comicios le dio un nuevo cariz, diluyéndolos en una prematura carrera presidencial ya en marcha (2023). De ella participan todos los que buscan erosionar el último ratio de legitimidad presidencial.

Paraguay vuelve a estar frente a su propia crisis. La continuidad de Mario Abdo Benítez quedará sellada por Horacio Cartes. En tanto, el pueblo sigue en las calles, reclamando la intervención de un Estado soberano.

Por Lorena Soler y Florencia Prego*

*Sociólogas (UBA-IEALC) . 

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Bill Gates sugiere que podría necesitarse una tercera inyección de la vacuna para frenar nuevas variantes del coronavirus

Además, es probable que sea necesario modificar las vacunas para que protejan contra las nuevas cepas.

 

El multimillonario y filántropo estadounidense Bill Gates no descarta que pueda necesitarse una tercera dosis de la vacuna contra el coronavirus para prevenir casos graves de nuevas variantes de la enfermedad, según lo señaló este martes durante una entrevista para el programa 'Evening News' de CBS.

"La discusión ahora es si solo necesitamos obtener una cobertura súper alta de la vacuna actual, o necesitamos una tercera dosis de la misma, o necesitamos una vacuna modificada", dijo el cofundador de Microsoft, en medio de las preocupaciones de que los antídotos actuales puedan ser menos eficaces contra las variantes sudafricana y brasileña de coronavirus.

De hecho, según Gates, las cinco compañías que tienen vacunas en EE.UU. "están considerando hacer esa modificación y agregarla", por si las personas que ya hayan recibido dos inyecciones "necesitan una tercera", explicó. 

"Creo que es razonablemente probable que tengamos una vacuna ajustada solo para asegurarnos absolutamente de que, cuando estas variantes lleguen a EE.UU., no escapen de la protección de la vacuna", indicó el filántropo, que está financiando estudios en Sudáfrica para determinar si las vacunas de AstraZeneca, Johnson & Johnson y Novavax resultan igual de efectivas contra la variante más contagiosa.

En este sentido, el multimillonario detalló que "AstraZeneca, en particular, tiene un desafío con la variante", mientras que las otras dos vacunas, de Johnson & Johnson y de Novavax, "son un poco menos efectivas, pero aún lo suficientemente eficaces como para que debamos sacarlas lo más rápido posible mientras estudiamos esta idea de ajustar la vacuna".

Si el coronavirus no es erradicado, es posible que se necesiten inyecciones adicionales de la vacuna en el futuro, aunque "probablemente no anualmente", admitió Gates

Publicado: 18 feb 2021 01:40 GMT

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Miércoles, 10 Febrero 2021 05:21

Mutación del coronavirus: el nuevo enemigo

Ilustración: Mekakushi/ Fotos: Getty Images y GTRES

El coronavirus se está convirtiendo en todo un portento de la infección. Con las nuevas mutaciones se va perfeccionando y logra colarse con más facilidad en nuestro organismo. Y, por tanto, se vuelve más letal. ¿Estamos viendo la antesala del coronavirus del futuro? Hablamos con expertos de todo el mundo para buscar respuestas.

Tres nuevos mutantes se han lanzado al unísono a la conquista del mundo. Tienen dos cosas en común: comparten una misma mutación muy concreta, la N501Y, y las tres tienen la habilidad para propagarse de forma más efectiva que las versiones anteriores del virus –hasta un 56 por ciento más–, lo que les permite contagiar a muchas más personas y a más velocidad. Además, existe el temor de que debiliten el efecto de algunas de las vacunas. Y de que las personas que ya han pasado la COVID-19 puedan volver a contagiarse.

De momento, los casos identificados ya evidencian que algunas de estas mutaciones han llegado a España. El Ministerio de Sanidad, de hecho, admite que «el riesgo de nuevas introducciones y su diseminación se considera muy alto». Y esto implica que el virus podría cobrarse muchas más vidas. Veamos por qué.

Las mutaciones en sí no son nada extraño. Todos los virus mutan. Si resultan dañinas para el virus, acaban con él. Si le son útiles, se sigue multiplicando hasta consolidarse en una población. Y si lo ayudan a contagiar a muchas más personas de una forma mucho más fácil, el virus se propaga más allá de toda medida. Y eso es justo lo que ha pasado.

En Europa preocupa sobre todo la variante descubierta en Gran Bretaña, la B.1.1.7, tanto por su cercanía como por el elevado número de conexiones entre las islas y el continente. Pero ni la variante B.1.351, identificada en Sudáfrica, ni otra más, perteneciente al linaje B.1.1.248 y descubierta en Brasil y Japón, son menos inofensivas que su prima británica. Al contrario. Estas dos últimas portan una mutación más en su genoma, la E484K, que podría resultar endiabladamente peligrosa: se cree que puede debilitar el sistema inmunitario y, posiblemente, también el efecto de algunas vacunas. Los fabricantes de las vacunas hoy disponibles confían en que sus inmunizantes sigan siendo eficaces, aunque admiten que alguna podría precisar de una actualización.

El virus ha mejorado el acceso a nuestras células

La mutación N501Y que comparten estas tres nuevas variantes es clave y se sitúa en las espículas de la corona, esa especie de pinchos externos, que son un lugar estratégico del patógeno. Con las espículas es con lo que el Sars-CoV-2 se fija a la célula huésped y se introduce en ella. El cambio en su código genético le ha facilitado al virus ese anclaje, según barajan los científicos.

Es cierto que, una vez que han infectado al huésped, estas nuevas variantes no provocan cuadros más graves, pero el hecho de que puedan contagiar a más personas significa que al final pueda morir más gente. El matemático Adam Kucharski, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, ha calculado la cruel lógica del crecimiento exponencial: «Si un virus solo mata al 1 por ciento de los infectados, pero infecta a un número enorme de personas, llevará a un número mayor de muertes que otro que mate al 2 por ciento de los infectados, pero que infecte a pocas personas».

Y el médico Eric Topol, del Instituto Scripps, con sede en California, escribió recientemente en Twitter: «Si nos queremos tomar el B.1.1.7 (la mutación británica) en serio, deberíamos vacunar las 24 horas del día como si fuese una emergencia. Porque lo es».

Allí donde los mutantes llegan, en poco tiempo desplazan a sus parientes menos transmisibles. No hay más que ver la velocidad a la que se han propagado en Gran Bretaña, Sudáfrica o Brasil. «El año pasado veíamos que siempre había una docena de variantes distintas del Sars-CoV-2 circulando al mismo tiempo –cuenta Tulio de Oliveira, genetista al frente de uno de los mayores laboratorios de secuenciación de Sudáfrica en la Universidad de KwaZulu-Natal–. Pero ahora observamos que el 90 por ciento son solo de la nueva variante».

La pregunta clave es: ¿todavía podemos detener a los mutantes? Y, de ser así, ¿de qué manera?

En todos los lugares donde se secuencia el genoma del virus, los investigadores ya se topan con la presencia de la variante británica. Al mismo tiempo, la B.1.351 sudafricana ya se ha propagado por la vecina Botsuana y hasta se ha identificado en Gran Bretaña, como si fuese el comienzo de una pelea por la hegemonía de la isla entre ambos mutantes.

Por su parte, una versión brasileña del virus apareció en Japón a comienzos de enero. Y no dejan de acumularse evidencias que señalan su enorme peligro: esta variante y la sudafricana pueden reinfectar a quienes ya pasaron la COVID-19.

De ser así, esto significaría que no hay inmunidad, o solo una inmunidad parcial, contra estos mutantes. Las investigaciones tienen que decir la última palabra. De momento, nadie sabe exactamente qué implicaciones tendría esa hipótesis.

Sí hay una idea que va tomando forma: que la combinación entre esa mutación compartida por las distintas variantes y ciertas alteraciones en el genoma del virus ha producido verdaderos artistas de la infección. ¿Lo que estamos viendo es el coronavirus del futuro? ¿Todas las variantes mutarán hacia una transmisibilidad más rápida, a una perfección letal?

«Es posible que en estos momentos el virus esté buscando su configuración ideal, sí», dice Cillian de Gascun, director del Laboratorio Nacional del University College de Dublín. El hecho de que la misma mutación haya aparecido en las distintas variantes, de forma independiente entre sí, apunta a que «es una configuración que al virus le gusta –dice De Gascun–. Y no hay razón para creer que no se volverá más eficiente con el tiempo».

En los grandes laboratorios de alta seguridad de Sudáfrica, y en los de los fabricantes de vacunas, se trabaja bajo gran presión para dilucidar si está justificado el mayor de los temores: que las vacunas puedan ser menos eficaces contra las mutaciones. A grandes rasgos, en estas pruebas se expone el virus al suero de personas vacunadas. Si sobrevive, la humanidad tiene un grave problema.

El epidemiólogo Adam Kucharski aconseja tratar el asunto «como a una amenaza nueva y no pensar: ‘Bueno, ya tenemos un montón de casos de COVID, ahora nos vienen unos cuantos más, eso es todo’». Es posible, añade, que los conocimientos adquiridos hasta la fecha y los métodos con los que hemos combatido la epidemia ya no sirvan.

Pero ¿cómo es posible que hayan surgido casi de forma simultánea variantes tan malignas del virus?

Veamos qué ha pasado. En el año transcurrido desde el descubrimiento del virus ha tenido lugar una verdadera carrera entre el Sars-CoV-2 y el sistema inmunitario humano: el virus, que en un primer momento es un perfecto desconocido para las defensas del cuerpo, infecta a las células; el sistema inmune reacciona, aprende a reconocer al enemigo y desarrolla unos anticuerpos que hacen al virus inofensivo. Si el Sars-CoV-2 vuelve a atacar a esa misma persona, el virus no tiene ninguna posibilidad y es neutralizado.

Sin embargo, una alteración aleatoria en el código genético del intruso ha resultado serle de gran ayuda. Con esa carambola, el virus logra pasar inadvertido al sistema inmunitario. Es decir, el organismo se ve obligado a empezar a construir sus defensas de nuevo. Parece que lo que ha transformado realmente al virus y lo ha hecho más fácilmente transmisible es una combinación de otras mutaciones, sumada a la N501Y.

Sudáfrica, Brasil… las casualidades no existen

Lo que muchos virólogos no consideran fruto de la casualidad es que esas mutaciones se hayan originado en zonas del mundo donde la primera ola avanzó de forma casi imparable: en Ciudad del Cabo, Sudáfrica, y en Manaos, Brasil, regiones con precarios sistemas sanitarios y mucha pobreza. «Donde había un elevado número de personas infectadas, el virus ya no llegaba a tanta gente como antes –explica Emma Hodcroft, epidemióloga del Instituto de Medicina Social y Preventiva de la Universidad de Berna, en Suiza–. En esa situación tiene mucho que ganar con una mutación que le permite infectar otra vez a las mismas personas».

En Alemania, por ejemplo, donde la primera ola golpeó con relativa suavidad, sería más improbable que el Sars-CoV-2 mutase de esa manera. Pero en otros rincones del planeta la evolución del virus ha tenido lugar a cámara rápida. Por eso, el profesor de genética Tulio de Oliveira cree posible que se hayan desarrollado mutantes similares en otros lugares: «No me sorprendería que esta clase de variantes aparecieran en países que han tenido la pandemia fuera de control por mucho tiempo, como España, Italia, Estados Unidos o Rusia».

También puede surgir un mutante adaptado a su huésped en el caso de que un patógeno pueda vivir y multiplicarse durante mucho tiempo en el cuerpo de una persona cuyo sistema inmune se encuentra debilitado, como ocurre con los pacientes sometidos a quimioterapia o radioterapia. «En esos casos, el virus tiene mucho margen para descubrir cómo convivir con el sistema inmunitario –explica Hodcroft–. Se acaba aprendiendo todos los trucos».

Por lo tanto, los mutantes que sobreviven y se multiplican son aquellos especialmente hábiles a la hora de burlar al sistema inmune. Pero si alguien le hubiera preguntado a esta epidemióloga hace un par de meses por la probabilidad de que pudieran surgir de esta manera mutaciones peligrosas del Sars-CoV-2 habría respondido: «Esa no es una de nuestras principales preocupaciones en estos momentos». Ahora piensa diferente: «Si permitimos cifras de casos tan elevadas, aumentamos la probabilidad de que se produzcan esos escenarios tan especiales».

Burlando al sistema inmune

Tulio de Oliveira descubrió la mutación sudafricana gracias a los sanitarios de un hospital sudafricano. «Se dieron cuenta de que la segunda ola estaba siendo mucho más rápida que la primera y les pareció raro», cuenta el genetista. Le enviaron once muestras y él y su equipo las secuenciaron. Los resultados estuvieron listos el 1 de diciembre.

«En todas encontramos el mismo virus, algo ya de por sí extraño», cuenta el investigador. Pero lo más destacable fue que ese virus se diferenciaba mucho de otras variantes conocidas: hallaron 23 mutaciones, entre ellas, la N501Y y la E484K, capaces de burlar al sistema inmune. De Oliveira informó a su jefe y a la Organización Mundial de la Salud.

El genetista le preguntó a su colega Susan Engelbrecht, directora de un laboratorio en Stellenbosch, en el Cabo Occidental, si podría analizar sus muestras en busca del mutante. De Oliveira se apostó una botella de vino con ella a que lo encontraría en más de la mitad. «Imposible –dijo Susan–. Entre Stellenbosch y el foco del hospital hay 700 kilómetros». «Esa noche –cuenta De Oliveira– me mandó un mensaje: ‘Has ganado’».

También le pidió a Andrew Rambaut, colega en Edimburgo, que mirara esos resultados tan extraños. Un par de días más tarde recibió un mensaje de Rambaut para informar de un hallazgo igual de inquietante en Gran Bretaña: la misma mutación, N501Y, aunque en otro linaje del virus.

El ejemplo británico permite apreciar lo que puede hacer una variante más transmisible del virus, en este caso la B.1.1.7, y demuestra de forma muy clara que un confinamiento a medias no sirve contra ella: en noviembre, cuando ya había limitaciones pero las escuelas seguían abiertas y mucha gente iba al trabajo como si nada, el mutante siguió propagándose a toda velocidad. Solo ahora, con un confinamiento estricto, el número de casos apunta a un descenso, aunque más lento que con las variantes anteriores.

«Sé que la gente está agotada –dice Jeffrey Barrett, del Instituto Wellcome Sanger de Cambridge, donde secuencian el genoma de miles de muestras del virus–. Pero debemos adoptar y mantener las restricciones más severas posibles para reducir los contagios».

Para comprobar lo que ocurre si se relajan las medidas contra la nueva variante, lo mejor es fijarse en el ejemplo de Irlanda, donde los contagios aumentaron a velocidad de vértigo tras las Navidades. Las secuenciaciones muestran que la proporción de B.1.1.7 entre las muestras positivas ha pasado de menos del 10 por ciento en Navidad al 45 por ciento a mediados de enero.

Desde Dublin, Patrick Mallon –profesor de Microbiología en el University College e infectólogo en el St. Vincent’s University Hospital– piensa que fue un error dejar que el número de casos se mantuviera en niveles bajos en vez de intentar reducirlos a cero. «Lo que pasa en Irlanda –advierte– evidencia lo vulnerables que son los países que intentan convivir con el coronavirus, y los riesgos de mantener esa estrategia con las nuevas variantes».

Un posible modelo para el abordaje de la nueva amenaza mutante puede ser Dinamarca. El país se vio afectado hace meses por una variante del virus surgida en visones que podía infectar a seres humanos y a mediados de diciembre se identificaron los primeros casos provocados por la B.1.1.7. Pero el Gobierno reaccionó de forma rápida y decidida.

El país se encuentra sometido a confinamiento desde el 11 de diciembre. El número de casos está bajando. El índice de reproducción, que refleja a cuántas personas infecta de media cada contagiado, está en el 0,9, cifra que no tranquiliza a expertos como Tyra Grove Krause, del Statens Serum Institute de Copenhague. «Necesitamos bajar del 0,7 para evitar un crecimiento exponencial en febrero y marzo, cuando la nueva variante empiece a imponerse en el país», dice Krause.

No es fácil explicarle a la población por qué es tan importante seguir manteniendo el confinamiento en estos momentos, con el número de casos en descenso, reconoce Krause. «Pero no hay otro remedio, la amenaza está a la vuelta de la esquina».

© DER SPIEGEL / M. BARTSCH, F. BOHR, R. VON BREDOW, H. GUDE, V. HACKENBROCH, M. KNOBBE, K. KULLMANN, C. SCHMERGAL, T. SCHULZ, G. TRAUFETTER Y S. WINTER
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