Spherex: un telescopio para encontrar vida extraterrestre

El telescopio estudiará cientos de millones de galaxias, algunas tan lejanas que su luz ha tardado 10 mil millones de años en llegar a la Tierra.

 


Encontrar vida más allá de la Vía Láctea es el gran objetivo de Spherex, el nuevo telescopio de la NASA que analizará en torno a 300 millones de estrellas en otras galaxias.
El proyecto está pensado para 2023, y su objetivo es el de lanzarse en busca de conocimiento sobre la evolución del universo así como las partículas que forman otros sistemas planetarios

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"Estoy muy emocionado por esta nueva misión", aseguraba el administrador de la NASA y miembro del partido republicano Jim Bridenstine.


El investigador principal de la misión es James Bock, del Instituto de Tecnología de California en Pasadena, California. Caltech trabajará con el Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA para desarrollar la carga útil de la misión.


"Esta increíble misión será un tesoro de datos únicos para los astrónomos", dijo Thomas Zurbuchen, administrador asociado de la Dirección de Misiones Científicas de la NASA. "Proporcionará un mapa galáctico sin precedentes que contendrá desde los primeros momentos en la historia del universo. Tendremos nuevas pistas sobre uno de los mayores misterios de la ciencia: ¿Qué hizo que el universo se expandiera tan rápidamente en menos de un nanosegundo después del Big Bang?".


El telescopio estudiará cientos de millones de galaxias, algunas tan lejanas que su luz ha tardado 10 mil millones de años en llegar a la Tierra. En la Vía Láctea, la misión buscará agua y moléculas orgánicas, elementos esenciales para la vida, tal como la conocemos, en viveros estelares, regiones donde nacen las estrellas del gas y el polvo, y discos alrededor de las estrellas donde podrían formarse nuevos planetas.


El programa Explorer de la NASA, administrado por el Centro Goddard de Vuelo Espacial de la agencia en Greenbelt, Maryland, es el programa continuo más antiguo de la agencia, diseñado para proporcionar acceso frecuente y de bajo costo al espacio utilizando las principales investigaciones científicas del espaciodirigidas por investigadores relevantes para los programas de Astrofísica y Heliofísica en la Dirección de Misiones Científicas de la NASA.


16/02/2019 09:53 Actualizado: 16/02/2019 09:53

Emplean secuenciación genómica para detectar mutaciones causadas por sustancias y contaminantes

Día con día los seres humanos estamos expuestos a una serie de sustancias y contaminantes causantes del mal funcionamiento de nuestros genomas, lo que provoca una agresión severa a la salud.

Esta es "una situación muy delicada", porque la probabilidad de contraer cáncer o cualquier enfermedad degenerativa se multiplica, según Esperanza Martínez Romero, coordinadora de la licenciatura en ciencias genómicas de la unidad Morelos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

La investigadora mencionó que la exposición a los mutágenos (agentes que alteran la información genética) tienen efectos multiplicativos, por lo que se potencian; es decir, el efecto de un mutágeno más otro es mayor que la suma de los dos. Por tanto, "mutamos porque hemos llegado a niveles de contaminantes nunca antes vistos en la historia de la humanidad".

Hacer la secuenciación del genoma permite detectar las mutaciones. La genómica es un área emergente del conocimiento que arroja datos sobre la información genética, que debe ser decodificada para entender lo que dicen los genomas.

"Enseñamos a los alumnos que puedan sumergirse, entender, descifrar, extraer conocimiento de todos estos datos genómicos que están revolucionando la medicina, la biología, la agricultura, los conceptos de evolución que tenemos."

Martínez Romero señaló que los análisis completos de los genomas han permitido identificar qué genes determinan ciertas enfermedades. De esta manera, los genes que causan las enfermedades se pueden contraseleccionar, es decir, que los individuos que portan esos genes no se reproduzcan.

Otra alternativa es tratar de editar el genoma: la persona sabe de qué gen es mutante y que es probable que sus hijos padezcan cierta enfermedad, por lo que decide que separen su genoma para "quitarle" el problema.

Controversial pero con amplio alcance

Esta segunda opción desemboca en una situación controversial pues, de acuerdo con la académica, el riesgo es mucho mayor porque aunque la genómica ha impulsado el uso de la tecnología, ésta aún no es completamente aplicable para modificar genomas. Sin embargo, refirió que sería benéfica para aquellas personas con enfermedades letales o para las que no existe cura farmacopeica.

Sostuvo que los países desarrollados serán los primeros en tener acceso a esta tecnología de manera casi rutinaria, lo que hará más fácil la toma de decisiones al pensar en tener hijos. Por tanto, personas con Huntington o mal de Parkinson podrán saber si heredaron la mutación, es decir, el problema genético que llevará a padecer esa enfermedad.

El poder de la genética ha sido tal que "lo que nos imaginamos que nos darían y dirían los genomas se ha quedado corto".

Los estudios genómicos también han arrojado descubrimientos de mutaciones de novo, es decir, aquellas que surgieron en el proceso de generar un nuevo ser vivo, explicó la investigadora.

Esperanza Martínez Romero aseguró que los retos que enfrenta esta ciencia son enormes. "Estamos prácticamente en la prehistoria de la genómica, desconocemos la función de los genes de muchos organismos".

 

La violencia del totalitarismo en el psicoanálisis

La autora aborda el tema del totalitarismo desde tres dimensiones: la historia del psicoanálisis, cómo responden los analistas a la segregación y la violencia de la interpretación o de la intervención. El objeto a de Lacan, la relación de un sujeto con los significantes.

Vivimos un tiempo articularmente
curioso. Descubrimos con sorpresa
que el progreso ha concluido su
pacto con la barbarie.


Freud, Moisés y la religión
monoteista, 1938



Jacques-Marie Emile Lacan es un pensador de nuestro tiempo, tal como lo fue Freud, su importancia fue mucho mas allá de lo que puedan compartir ambos en el lugar de padres, de inventores del psicoanálisis, cada uno acorde con su época. En la Conferencia sobre la Etica dada por Lacan en Bruselas en 1960, afirma contundentemente que será mejor que renuncie (al psicoanálisis) quien no pueda unir a su horizonte la subjetividad de su época. En breves palabras podemos decir que si a Freud le debemos el descubrimiento del inconsciente y un método para dar cuerpo a la práctica del psicoanálisis, entre muchas otras cosas, a Lacan, un Lacan siempre freudiano –él no reniega de Freud, retorna siempre aun cuando a lo largo de su enseñanza se fueran perfilando diferencias– le debemos algunos conceptos que orientaron, que abrieron, que dimensionaron en nuevas perspectivas nuestra práctica como psicoanalistas, en los impasses, en los obstáculos en los que Freud encontró un límite.


Jacques Lacan no se caracterizaba personalmente por ser modesto, tenía la prestancia y la arrogancia de un intelectual notable. Su discurso era oscuro y difícil de descifrar para el común del medio psicoanalítico, pero para muchos –y es así como sostuvo más de una veintena de seminarios a lo largo de su vida– era un iluminado por el uso de la palabra que producía efectos en quienes lo escuchaban de tal manera que se sentían fuertemente interpelados en su posición respecto de la clínica psicoanalítica. Para otros, atrapados en el psicoanálisis clásico y en las instituciones oficiales, era hermético, enciclopedista, dilettante, un loco.


Es sorprendente que él reconozca un único invento en su producción, que podríamos decir que epistemológicamente se trata de un concepto (no lo pensamos así porque inventó a nuestro enteder muchos conceptos y lógicas diferentes en la dirección de la cura), escrito con una letra, y que opera con una función en la cura, que él llamó objeto a. Afirma que es su único invento. No pensamos que sea así, pero ese objeto tiene un anclaje en el cuerpo teórico del psicoanálisis, porque él reconoce su origen en el llamado objeto transicional de Donald Winnicott (lo creó en 1951, antecede al primer seminario publicado de Jacques Lacan), que se plasma fenoménicamente en la sabanita, en el osito que simbolizan para Winnicott la ausencia materna. El niño que se vale del objeto transicional entra en la dimensión del mundo simbólico del lenguaje ya que este objeto representa la presencia de la ausencia materna, que permite –denotando un agujero, un “gap” (hueco, agujero vacío) al decir de Winnicott– que el niño establezca lazos con la realidad del mundo de los objetos.


Lacan se vale de un álgebra que intenta proveer al psicoanálisis de una formalización que tenga algún punto de contacto con las ciencias formales. Un álgebra que escriba las operaciones analíticas en la cura en el fragor de la transferencia entre analista y analizante. El objeto a no es un objeto de la realidad para Lacan, no tiene entidad objetal alguna, no es un concepto filosófico, no se materializa, no es especularizable, no es intercambiable, no es comunicable, no es común, no es repartible, no es socializable, es solo una letra, la letra a que designa la relación de un sujeto, el sujeto del inconsciente, efecto de la relación con la palabra, con los significantes, a la causa del deseo. Una causa que se produce en el arduo trabajo que implica el viaje de un análisis. Una causa que no es transferible, que es propia, que es singular, que no es común a otros semejantes, que no hace rebaño. Es desde allí donde partimos para pensar la relación entre el llamado objeto a y los totalitarismos, porque lo que caracteriza a los totalitarismos es hacer rebaño de los seres hablantes, con la particularidad de que cada uno mantenga su sumisión al líder y a la ideología imperante en forma individual, entregando de esta manera cuerpo y alma.


En la primera reunión del Seminario de la Lógica del Fantasma le preguntan a Lacan “¿Qué necesidad tiene Ud de inventar el objeto a?” El responde algo que sorprende: “Pienso que considerando las cosas fue un gran hecho, porque sin el objeto a, cuyas incidencias se han hecho sentir bastante, me parece que lo que se hace como análisis de la subjetividad de la historia contemporánea que hemos vivido, de este algo que hemos bautizado como totalitarismo, quien lo haya comprendido podrá ponerse a aplicar la función, la categoría de objeto”.
Este párrafo no hace a mi entender al psicoanálisis y la política, sino desde qué perspectiva de lo que se llama historia de la subjetividad, Lacan piensa el psicoanálisis. Sabemos de la diferencia entre subjetividad y sujeto. Subjetividad en lo referido al cuerpo que goza y es la subjetividad de una época, el lugar en esa época en donde el sujeto adviene allí.


¿Qué ocurre en el mundo en el año 1967 cuando Lacan nos enseña sobre la Lógica del Fantasma? Haremos una breve síntesis de esa época. La URSS está gobernada por los seguidores de Kruschev, el binomio Kosygyn y Brezhnev posibilita con una actitud más liberal una reforma económica que gesta la primavera de Praga. Es el dirigente soviético más liberal de su tiempo. Mao esta en el apogeo de su Revolución Cultural, Israel y la coalición árabe libran la Guerra de los Seis días, los israelíes ocupan Gaza y el Sinaí. En los EE.UU. hay intensas movilizaciones por la guerra de Vietnam (a la que Lacan se refiere en otras clases para poder pensar la lucha contra el capitalismo y el discurso capitalista). Ya se perfila su derrota, aun cuando el napalm se venía usando desde 1965. El Che Guevara es capturado en Bolivia el 11 de abril del 67. El 9 de octubre de 1967 se fecha la Proposición sobre el Psicoanalista de la Escuela de Jacques Lacan.


Es decir que el 16 de noviembre de 1967, fecha de esta clase, Lacan ya había trabajado, y no por fuera de todo esto, en el discurso de clausura de las Jornadas sobre Psicosis Infantil, la segregación, lo inanimado del niño como objeto, el objeto a como condensador de goce –no como causa– interrogándose fuertemente frente a la importancia del lazo social en los casos graves como advierte allí. El objeto a opera

como causa o como condensador de goce. El trabajo de un análisis trata de sustraer ese goce que es satisfaccion de la pulsión de muerte para que advenga como causa.
Fue crucial en esas jornadas la importancia del lazo entre analistas, se advierte en su dedicada interlocución con Winnicott más allá de la segregación que el mismo ha sufrido en el plano de la IPA. En el 64 hablaba de lo imposible en la comunicación entre analistas.


El deseo, tal como Freud lo concibió, es indestructible. Es instituido como tal en la cadena simbólica y el sujeto del inconsciente como efecto hace al deseo indestructible. Pero además esta letra que se escribe “a” da cuenta del agujero que sostiene la causa, escritura de esa pérdida inaugural que sostiene la cadena. ¿Qué cabría pensarse cuando prima el deseo de destruir? ¿Podríamos decir que este objeto a ya no tiene el estatuto lógico que Lacan le provee, o sea operar como causa o como condensador de goce? ¿Qué estatuto tendría entonces, si es que se lo pudiera definir, si opera en una posicion subjetiva que ejerce fehaciementemente el totalitarismo? O sea un individuto tomado totalmente por el máximo del destrudo, lo inexorable o literal de la pulsión de muerte.


Sabemos que el no deseo y el deseo de rechazo son formas del deseo, pero a lo que aludimos es a algo más: ¿bastaría decir cuando amenaza el totalitarismo que la causa esta reducida al deseo de destruir? Tal vez son cuestiones que exceden lo que desde el psicoanálisis puede decir.


Sin ubicar ese invento, el del objeto a como lugar de la causa en un sujeto pareciera que, por lo que dice Lacan, amenaza el totalitarismo. ¿O la causa puede estar reducida al deseo de destruir?


Siguiendo a Hannah Arendt en su trilogía Los orígenes del totalitarismo, que comienza con una frase de David Rousset (1912-1997), miembro de la resistencia francesa, sobreviviente del campo de concentración de Buchenwald, ha escrito sobre los campos: “los hombres normales no saben que todo es posible”, y Hannah Arendt agrega que en los movimientos totalitarios hay una celeridad con que sus dirigentes son olvidados, así como las consecuencias de sus actos. Rousset es el primero que introduce la palabra gulag en el francés.
Reveló a los franceses la existencia de los campos de concentración soviéticos. Por ello fue enjuiciado; no ovidemos que el mundo conoció la brutalidad de estos campos por Archipiélago Gulag, novela de Solzhenitsyn recién en 1973. En el totalitarismo prevalece la facilidad con que los dirigentes pueden ser reemplazados y la fascinación por los nuevos líderes. Arendt dijo también que “sin totalitarismo no hubiéramos conocido nunca la naturaleza radical del mal” (prólogo a la edición norteamericana, 1950).


Abordaremos el tema del totalitarismo desde tres dimensiones.


La primera compete a la historia del psicoanálisis y a la reunión de analistas, en términos de la Proposición, se refiere a una sociedad de psicoanálisis conducida por un ejecutivo de escala internacional.


Sabemos por lo trabajado por Freud en Psicología de las Masas de esa sustitución que opera en la identificación al líder, perdiendo sus seguidores, su relación a la causa propia y tornándose en meros objetos que sustituyen su causa propia por la causa del líder, lo que los conduce al mayor rebajamiento intelectual. Los individuos fanatizados no pueden ser abordados por ningún argumento exterior que no sea el esgrimido por el líder. Este tipo de identificación no es ajena al psicoanálisis, a su historia y a la historia de la conceptualización de la transferencia.


Hace muchos años, en la Escuela Freudiana de la Argentina, Gerard Pommier lo señaló precisando de qué se trataba en aquellos que postulaban que el ideal del yo desaparecía al final de la cura, en lugar de pensar que se establecía una distancia entre el ideal y el objeto. Se trataba, en los años 90, de las consecuencias de los que armaban asociaciones del todo mundial, una lógica del todo que destruye al psicoanálisis. En la lógica del todo del universal, lo posible y lo necesario son los modos que operan. Volveremos sobre ello.


Recordemos aquí también los motivos manifiestos por los cuales Lacan fue apartado de la IPA. ¿Su excomunión del 2 de agosto del 63 (Lacan deja de ser reconocido como didacta y a sus analizantes se los derivaba a otros didactas), fue una forma velada de totalitarismo por la relación singular a su causa en torno al discurso del psicoanálisis? Lacan no hacía masa con el emporio/imperio. Ya pensaba desde muy temprano una disyunción en la cura, en la transferencia entre saber y poder. La idea del corte de sesión era una manera de plantear esa disyunción, una de las maneras posibles.


¿Cómo respondemos los analistas a la segregación?


Esta segunda dimensión, que responde a esta pregunta, compete a la práctica misma y también lo centramos en las Jornadas sobre Psicosis infantil, allí menciona a Jean Oury, denunciando el avance de la ciencia, los imperialismos, la segregación de los pacientes graves, inspira a varios a pensar cómo un niño con patologías graves puede ser conducido por los padres a la devastación, lejos de legitimar toda referencia a la libertad, lejos de discutir como lo hemos hecho en este espacio la relación del deseo con el autismo.


Un padre insiste con que su vida esta arruinada por la presencia de un niño difícil de cinco años que lo perturba, lo peor de su fin de semana es verlo. “Quisiera matarlo”, se repite a lo largo de muchas entrevistas, la reiteración de los mismos enunciados abruma. Entonces le digo muy seriamente: “Tal vez Ud. tenga razón; entonces dígame cómo lo mataría?”, Me mira perplejo y yo insisto: “Dígame como pensó hacerlo”. A partir de allí las entrevistas continuaron el tema de la violencia de su padre, el abuelo del supuesto salvaje. Era una familia de origen húngaro, no lejana a las imágenes que pudimos apreciar en el excelente film 1945.


La violencia de la interpretación o de la intervención.


Comenzamos con esta pregunta: ¿Se puede acallar el decir de un sujeto en análisis? Pareciera que hubiera formas muy contundentes de degradar el acto analítico. El acto analítico aspira a producir un sujeto dividido en relación a la causa de su deseo.


Piera Aulagnier así tituló un libro. Es curioso, la violencia estaba ligada a la importancia del Otro en la constitución del sujeto. Creo que hacía buena yunta con su colega Laplanche cuando le otorga anterioridad al inconsciente como hervidero casi instintual una lava original en detrimento a la anterioridad del lenguaje (Coloquio de Bonneval). En la Lógica del Fantasma, Lacan afirma que el inconsciente es la política, es decir hace a la política del síntoma, “acotar el goce” en la cura, lugar común para ciertos grupos de analistas, hace a la política del psicoanálisis.


Pero hay otros, supuestamente inmersos en la enseñanza de Lacan, en la importancia del campo del Otro como constitutivo, así lo promulgan, pero que parecen solamente dedicados a lo que llaman “acotar el goce”. Me refiero específicamente a una analizante que escribe un libro titulado Un final feliz, Gabriela Liffschitz. Ella muere de cáncer de mama a los 41 años en el transcurso de ese análisis. Escribe sobre su análisis y destaca las charlas con otras analizantes en la sala de espera, donde en corrillo de mujeres discuten los secretos para poder analizarse con X. ¿Violencia en la obscenidad?


Dos ejemplos para terminar: de las sesiones ultracortas, las mujeres atendidas permanecen cinco minutos o menos, y salen llorando. Gabriela entra y dice “Ud. hace llorar a las mujeres”. El analista responde haciendo eco “...llorar a las mujeres”, y corta la sesión. Gabriela comenta que de grandes acontecimientos de su vida, el analista sólo supo generalidades, solo las grandes escenas. ¿Cómo se trabajo el objeto? ¿Qué lugar tuvo el objeto a? Otra sesión: “vengo con cuatro sueños impresionantes, no se cuál contarle primero”. El analista: “¿así que cuatro sueños?”. No había alcanzado a acostarse en el diván que ya la había despedido. ¿Puede haber análisis sin trabajo en sesión, puede haber análisis despreciando las formaciones del inconsciente, los sueños, los actos fallidos? ¿Puede haber análisis en sesiones sin sesión?


Si Lacan se permitió en el último tramo de su enseñanza trabajar con la sesion muy breve, aclaró que no lo imitaran, que no sean bufones de la singularidad de su práctica. Sin embargo tuvo gran cantidad de imitadores que lejos están de la genialidad de Lacan. Solo emulaban técnicas. El psicoanálisis es una práctica, no una técnica, donde se decide el camino a seguir en el caso por caso. No se aplica una técnica al conjunto de casos, no hay vademécum que nos indique la terpéutica a seguir. El saber “no sabido” por el analizante es un producto del discurso que se produce de sesión a sesión.


Las sesiones se alargaron notablemente y hasta transcurrieron los fines de semana cuando Gabriela tuvo cáncer de mama. ¿Hay alguna duda de que para algunos que creen en la buena usanza del capitalismo norteamericano, que en ese llamado psicoanálisis prima el time is money? No creo que Franklin, en las postrimerías del siglo XVIII, hubiera pensado en las consecuencias de este aforismo.


Anabel Salafia ha trabajado la importancia de la parrhesía en el discurso del ser hablante en relación con la filosofía, ese coraje del hablar franco, que es el tema que estudia Foucault de sus dos seminarios: La hermenéutica del sueto y El coraje de la verdad. Esa capacidad de proferir la verdad en el decir, que garantiza –así lo pensamos– el lazo entre los semejantes y que en mi opinión cabría vincularlo a la producción de un decir en la relación analista - analizante. La parrhesía se diferencia de la retórica, que es tener el poder, la habilidad de hablar para persuadir. Allí la cuestión del contenido y la verdad del discurso emitido no se plantean, es el efecto en el receptor lo que prima.


Si sólo tomáramos en lo antes expuesto, en la búsqueda por esa analizante que refiere la búsqueda de los secretos para analizarse con tal o con cual, es únicamente la retórica la que impera, sugestiva, sustentada en la seducción, no lejana al totalitarismo, ya que acallaría el decir, una forma que tomó la política de algunos que se dicen analistas para que alejen, rechacen, toda posibilidad de producir discurso analítico. Como ha trabajado Norberto Ferreyra en su libro recientemente publicado El decir y la voz, una forma de matar al sujeto del inconsciente es hacerlo callar, y también es una forma de matar violentamente, de exterminar al psicoanálisis. Y para terminar, entre totalitarismo y muerte del sujeto, no hay más que un paso.


Por Alicia Hartmann, psicoanalista. Miembro de la Escuela Freudiana de la Argentina.

 

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Hidroituango y el gran fracaso del modelo antioqueño

A la destrucción de miles de hectáreas de bosque, al desplazamiento sistemático y violento de las comunidades, a la persecución y asesinato de sus líderes, se suma ahora la desaparición y muerte del río Cauca tras la construcción de una represa en Colombia

Hay un pasaje de Primero estaba el mar, la turbia y perfecta novela de Tomás González, donde J., el protagonista, agobiado por la mala situación económica, decide cortar y vender la madera del terreno donde él y su mujer se han refugiado de la vida urbana. Es uno de los momentos más tristes de todo el libro porque J. se ha pasado varios capítulos admirando la belleza de la selva. "Mientras más miro estos árboles menos me entusiasma la idea de cortarlos. Pero como vamos no habrá más remedio. Tocará participar en la Gesta del Hacha, como dicen los poetas de la raza. ¡Paso a la civilización, ceibas de mierda!", escribe J. en su diario con un tono que quiere ser sarcástico pero que a duras penas es melancólico y resignado. En esa contrariedad, en esa melancolía donde la autoconciencia del destino manifiesto del paisa se revela con ironía, uno percibe que J. habría querido hacer las cosas de otra manera, pero sencillamente no sabe cómo: al fin y al cabo, J. es, aunque renegado, un antioqueño de la cabeza a los pies. La tensión inicial entre el rechazo a la socialidad de Medellín y el impulso de la huida a la naturaleza —el impulso de vivir de otra manera, de romper con el legado de la "raza"— va cediendo poco a poco ante las leyes de una economía política que J. lleva consigo, inscrita en su cuerpo. Para J. no hay alternativa porque para él, en el fondo de su espíritu, solo existe una única manera de estar en el mundo y es transformando el territorio en propiedad, los seres vivos en mercancías, los cuerpos en pura fuerza de trabajo.


Uno se pregunta entonces si las cosas no habrían podido suceder de otra manera, qué habría pasado si J., por ejemplo, hubiera entablado una relación diferente con los habitantes de la zona, si en lugar de verlos como posibles peones, sirvientes, objetos pasivos de la explotación laboral o sexual, J. les hubiera preguntado al menos cómo vivir allí, cómo usar los recursos, cómo aprovecharlos de una manera que no pasara necesariamente por una visión estrecha del negocio y el lucro.


Pues bien, este ejemplo prestado de la literatura nos permite comprender mejor el horror humano y medioambiental de la represa de Hidroituango, una nueva repetición a gran escala de aquella tragedia atávica de la antioqueñidad encarnada por J. en la novela de González. Sus impulsores visibles e invisibles —entre los primeros, el expresidente Álvaro Uribe y el exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo— han insistido en mostrar que la construcción de esta obra era algo inevitable, prioritario, esencial y, por supuesto, imposible de detener. En suma, que no había alternativa. Entretanto, el movimiento Ríos Vivos lleva años denunciando el acoso a las comunidades ribereñas y se calcula por centenas la cifra de cuerpos de desaparecidos que fueron arrojados al agua durante el largo y violento proceso de instauración del gran proyecto hidroeléctrico en la zona. A la destrucción de miles de hectáreas de bosque tropical seco —un ecosistema en vías de desaparición en el planeta y, por eso mismo, vital para la regulación del clima—, al desplazamiento sistemático y violento de las comunidades, a la persecución y asesinato de sus líderes, se suma ahora el que quizás sea el mayor desastre ecológico de la historia de Colombia: la desaparición y muerte por estrangulación del río Cauca, el segundo más importante del país, ocasionado por el cierre de las compuertas de la represa, en riesgo de derrumbe desde mayo pasado, cuando una falla estructural puso al descubierto una serie de irregularidades en la gestión del proyecto.


Pero los responsables del desastre, la EPM (Empresas Públicas de Medellín) y la Gobernación de Antioquia, sus principales inversores, repiten que la hidroeléctrica es indispensable y que se trata de una demostración más de su compromiso con el progreso, cuando toda la evidencia apunta a una oscura cadena de corrupción, crimen, irresponsabilidad y chambonería.


En los últimos días el cauce del río ha descendido tanto que el paisaje cambió drásticamente: ya no hay río, sino una planicie de arenales secos donde las canoas aparecen varadas sobre los cientos de miles de peces que mueren atrapados en el fango. Y por si no bastara con esa imagen desoladora, la empresa no tuvo mejor idea que enviar a unos empleados con cubos de plástico para “salvar” a la fauna moribunda del río.


Desde hace más de siete meses, se habla incluso de la posibilidad de que los diques se rompan, lo cual provocaría una catástrofe de proporciones difíciles de calcular en términos de pérdidas humanas y daño medioambiental, de ahí que algunos expertos no duden en comparar este caso con Chernóbil.


Hidroituango, un proyecto concebido como un símbolo del modelo colonizador antioqueño, ha acabado por convertirse en lo contrario: representa el fracaso de ese modelo, de esa gesta del hacha que, bajo la mitología del individuo y la civilización, ha traído en las últimas décadas destrucción y muerte por todo el país.


¿Existen alternativas a ese modelo? Por supuesto, aunque no se prevé un cambio de paradigma en el futuro inmediato, mucho menos en este gobierno desdeñoso de la paz, errático en su modelo de desarrollo y falto de imaginación a la hora de proponer algo distinto a una repetición mecánica de la guerra uribista de hace quince años.


De momento, al menos, podríamos empezar por escuchar a la gente de los territorios, a los líderes y técnicos de los movimientos sociales como Ríos Vivos, a gente como don Antonio Oliveros, un campesino y trovador del municipio ribereño de Cáceres, que viene advirtiendo en sus versos: “Y sí es muy cierto que hace falta la energía / pero EPM nunca pensó en los demás/ el daño grande que le causa a nuestras vidas/ si esa represa un día les llega a fallar.”

Por JUAN CÁRDENAS
12 FEB 2019 - 02:33 COT

Publicado enColombia
Las prácticas agrícolas abocan a los insectos a una desaparición masiva

Una investigación de la Universidad de Sidney indica que si no se cambia la forma de producir alimentos, los insectos se extinguirán en unas pocas décadas

Los insectos están amenazados en todo el mundo y su desaparición puede provocar un "colapso catastrófico" en los ecosistemas naturales, asegura una investigación de la Universidad de Sidney (Australia) publicada en la revista científica Biological Conservation. Sus conclusiones apuntan a que más de la mitad de las especies están disminuyendo rápidamente y una tercera parte está amenazada por la extinción. Unos datos que hacen temer que más del 40% de las especies de insectos se extingan en las próximas décadas. Las mariposas y las polillas están dentro de las más afectadas.


Los datos son tan preocupantes que los autores de la investigación -Francisco Sánchez-Bayo y Kris A.G. Wyckhuys- interpretan que dado que los insectos comprenden alrededor de dos tercios de todas las especies terrestres, nos encontramos al comienzo de la "sexta extinción masiva", que está afectando "profundamente" a la vida en nuestro planeta. Estos animales son esenciales dado que son alimento para otros, además de ser polinizadores.


La investigación reúne por primera vez los resultados de 73 estudios parciales realizados en diferentes partes del mundo, sobre todo en países desarrollados de Europa y América del Norte donde se encuentran los registros históricos más completos. Los datos concluyen que los cambios que se están produciendo en el hábitat y la contaminación son los principales culpables de la tendencia a la baja de los insectos. Y se señala a la intensificación de la agricultura en las últimas seis décadas como la causa "fundamental del problema al uso de pesticidas sintéticos". Un comportamiento que se repite a lo largo y ancho del mundo. Por este motivo, concluyen: "A menos que cambiemos nuestras formas de producir alimentos, los insectos en su conjunto van camino de la extinción en unas pocas décadas". Las repercusiones que esto tendrá para "los ecosistemas del planeta son, como mínimo, catastróficas, ya que los insectos se encuentran en la base estructural y funcional de muchos de ellos desde su aparición al final del período Devónico, hace casi 400 millones de años".


En 2017, un estudio de 27 años en varias áreas protegidas de Alemania determinó una "impactante disminución del 76% en la biomasa de insectos voladores". Unas cifras que representan un promedio de 2,8% de pérdida en biomasa de insectos por año en áreas con bajos niveles de perturbación humana. Es preocupante, advierten los científicos, que la bajada sea constante a lo largo de tres décadas. Un estudio más reciente en las selvas tropicales de Puerto Rico muestra pérdidas de biomasa de entre un 98% y 78% para artrópodos.
Ambos estudios están en línea con informes anteriores sobre disminución de mariposas, escarabajos, mariquitas, libélulas, moscas de piedra y abejas silvestres en Europa y América del Norte en las últimas décadas. Parece que la pérdida de insectos es sustancialmente mayor que las que han sufrido aves o plantas durante los mismos periodos, lo que podría "desencadenar efectos en cascada dentro de los ecosistemas del mundo".


Algunas de las mejoras que se proponen para paliar la situación son aumentar las franjas de setos de flores en los bordes del campo que aumentan la abundancia de polinizadores silvestres y la rotación de cultivos que potencien la presencia de abejorros. Esta "ingeniería ecológica" también conserva a los insectos naturales "que son esenciales para mantener a raya a las plagas de muchos cultivos", concretan. Para los insectos acuáticos se apunta a la "rehabilitación de las marismas y a la mejora de la calidad del agua".

Por ESTHER SÁNCHEZ
Madrid 11 FEB 2019 - 12:53 COT

Finlandia acaba con el sueño del dinero gratis

El experimento de una renta básica de 560 euros mensuales para 2.000 parados concluye sin mejorar la situación laboral de los beneficiarios, pero sí su salud y bienestar

En diciembre de 2016, Tuomas Mujara sintió que le había tocado la lotería. Este periodista freelance y escritor de 45 años resultó uno de los 2.000 afortunados que estaban a punto de enrolarse en un proyecto que, a primera vista, parecía un sueño: recibir dinero a cambio de nada

La Seguridad Social finlandesa quería comprobar si inyectando 560 euros al mes sin ningún tipo de condición a un grupo de desempleados a lo largo de 2017 y 2018 obtendría pistas sobre cómo debían ser las ayudas sociales en la era de la digitalización, cómo incentivar la búsqueda de empleo entre los beneficiarios de subsidios y cómo reducir la burocracia. Terminado el proyecto, las conclusiones son ambiguas.


Los resultados preliminares muestran que el dinero caído del cielo no tuvo ningún efecto en la empleabilidad de los participantes. Trabajaron prácticamente las mismas horas y ganaron lo mismo —exceptuando los ingresos de la renta básica— que otro colectivo de características similares. En cambio, la renta básica sí sirvió para impulsar la salud, la autoestima y el optimismo hacia el futuro de sus beneficiarios.


Ya antes de que el pasado viernes se presentaran las conclusiones de un experimento inédito en Europa, Mujara se mostraba seguro de cuáles iban a ser. Y su respuesta se parecía bastante a la que más tarde darían los responsables del estudio. “Por supuesto que los participantes hemos seguido buscando empleo. Primero, porque con 560 euros no puedes vivir en Finlandia. Y segundo, porque tener la seguridad de un ingreso mínimo no te hace más vago”, aseguraba el jueves a este periódico. Al preguntarle por lo mejor de su experiencia, Mujara no dudó un instante: “la libertad”. Libertad de no tener que rellenar largos formularios para solicitar ayudas, libertad de saber que, pase lo que pase, a final de mes iba a tener un cheque, aunque fuera por una cantidad pequeña.


Los defensores del proyecto insistían en que una renta básica sin condiciones de ningún tipo evitaría que los receptores de ayudas rechazaran empleos por temor a superar el nivel de ingresos mínimos para recibir subsidios. Y que al no tener que ocuparse de la burocracia con los servicios sociales podrían dedicar ese tiempo a buscar empleo de forma más eficaz. Algunos participantes en el programa —elegidos por sorteo entre 175.000 personas que en 2016 percibieron algún tipo de subsidio por desempleo— cobraban una cantidad muy parecida a la que recibían antes, pero el nivel de estrés por la preocupación de renovar la solicitud descendió considerablemente. “La libertad te hace más creativo. Y ser más creativo te hace más productivo”, resume Mujara.


La renta básica es una idea ya antigua. Y, frente a la imagen muy extendida de que se trata de una iniciativa izquierdista, en ocasiones ha sido defendida por ideólogos liberal-conservadores que la presentaban como la excusa perfecta para eliminar las otras ayudas sociales. El experimento finlandés nació, como admiten sus impulsores, con dos limitaciones: estar dirigida a un grupo concreto, el de los desempleados, y una duración predeterminada de dos años.


Olli Kangas, profesor de la Universidad de Turku que ha liderado la investigación, se muestra satisfecho con los resultados, pese a insistir en que son aún provisionales. El próximo año se conocerán las conclusiones finales. Pero por ahora destaca la importancia de que los participantes en el piloto se hayan sentido más seguros, al mando de sus vidas y con mejor salud mental y física. “Soy consciente de que los detractores de la renta básica no prestarán atención a estas mejoras, y se centrarán en que el proyecto no tuvo efectos en su situación laboral”, continúa Kangas.


Lo cierto es que la posibilidad de que Finlandia introduzca algún tipo de renta básica con carácter generalizado parece alejarse más y más. El proyecto nació con la idea de ser prorrogado y ampliado a otros grupos más allá de los desempleados, pero el Gobierno de centroderecha anunció en abril de 2018 que se quedaría en solo dos años. El ministro de Finanzas, Petteri Orpo, ha dejado claro su desdén por el programa. Y ninguno de los grandes partidos que aspiran a obtener una mayoría en las elecciones parlamentarias del próximo abril muestran muchas simpatías por ampliar el proyecto. “Ni los socialdemócratas ni los conservadores ni los sindicatos defienden la renta básica”, admite el investigador Kangas.

En el mundo académico, las posturas están muy enfrentadas. Miguel Ángel García, investigador de Fedea, no esconde su escepticismo ante una renta básica cuya puesta en práctica no solo sería “cara sino complicadísima”. “No creo que la sociedad fuera a recibir bien una renta generalizada para todos. Y que un jubilado que ha trabajado toda su vida cobrara lo mismo que alguien que se ha esforzado menos. Creo que es prioritario buscar soluciones para colectivos como los trabajadores pobres y los que no acceden al mercado laboral, más que impulsar medidas tan dudosas como la renta básica”, añade.


Enfrente se topa con activistas como Guy Standing, investigador en la Universidad de Londres y autor de La renta básica, Un derecho para todos y para siempre, que cree necesario replantear todo nuestro concepto de trabajo y de tiempo, y buscar recursos donde sea para garantizar unas condiciones de vida dignas a todos los ciudadanos. “La experiencia de Finlandia no es un buen ejemplo, porque los participantes fueron elegidos al azar en todo el país. Y no en una pequeña comunidad, donde los beneficios son más evidentes”, explica por teléfono.


Kangas, el responsable del estudio finlandés, admite algunas deficiencias en su experimento y que quizás la perspectiva de una renta básica en su país es hoy aún menos realista que ayer. Pero, se pregunta, ¿quién sabe qué ocurrirá a medio plazo? “¿Acaso un estadounidense de hace 200 años podría imaginarse que la esclavitud iba a ser abolida?”, lanza al aire.


DISTINTAS PRUEBAS CON DISTINTOS MODELOS


Existen casi tantas rentas básicas como defensores tiene estas. En su forma más pura, se trata de un pago estatal de carácter universal (para todos los miembros de una comunidad), incondicional (al margen de ingresos y riqueza) e ilimitado en el tiempo.


Lo que puede parecer una iniciativa utópica cuenta con un congreso anual donde se presentan estudios científicos. Y países tan dispares como Canadá, India, Kenia, EE UU, Holanda, Alemania o España han llevado a cabo o planean experimentos con distintos tipos de rentas básicas. La muy comentada renta ciudadana del M5S italiano ha quedado finalmente reducida a una forma de completar el subsidio por desempleo hasta un máximo de 780 euros.


Guy Standing, uno de los mayores conocedores —y defensores— de la renta básica, destaca la experiencia de Kenia, donde 21.000 adultos recibirán una renta hasta 12 años, por su larga duración e impacto en una comunidad, en lugar de un colectivo disperso, como en Finlandia.

Por LUIS DONCEL
Madrid 10 FEB 2019 - 15:47 COT

Publicado enSociedad
Sábado, 09 Febrero 2019 06:36

El tuerto rey

El tuerto rey

Llevan tres meses manifestándose contra el gobierno de Emmanuel Macron y a muchos de ellos se les han mutilado ojos, pies y manos en una represión brutal. El sábado pasado marcharon sobre todo contra el uso de los lanzadores de balas defensivas, con los que las “fuerzas del orden” francesas atacan a los manifestantes con una violencia inédita desde 

 

Con ese inoxidable don francés gracias al que existir y representar la existencia se enlazan y borran precedencias o jerarquías, el sábado pasado tuvo lugar el llamado “acto XII” de las protestas de los chalecos amarillos. En este caso, la denominación teatral dada a cada una de las movilizaciones de quienes desde hace tres meses llevan adelante una sabatina (re)presentación de su determinación política estuvo más justificada que de costumbre.


En esta oportunidad, falsos y verdaderos heridos desfilaban para representar la saña represiva; los falsos, disfrazados y maquillados con ojos emparchados y mejillas sangrantes de ketchup, representaban a los numerosos heridos por aproximadamente 1.900 chalecos amarillos. Porque sucede que Macron –“elegido” con el argumento extorsivo que supuso declarar preferible cualquier cosa antes que el “fascismo” de Marine Le Pen– resultó ser un presidente golpeador, que ataca a los manifestantes con una violencia inédita desde 1968.


En particular, heridos e ilesos denuncian el uso de las púdicamente llamadas “armas intermediarias” (es decir, entre los cachiporrazos y los balazos), que, prohibidas en varios países de la Unión Europea, están permitidas en Francia, país en el que su stock crece, sobre todo si se trata de los lanzadores de balas defensivas (Lbd, variante de las flash-balls), ahora lanzadas con el beneplácito del Consejo de Estado, que el viernes 1 de febrero confirmó estar conforme con su uso, a pesar de los pedidos de supresión formulados por varios organismos de derechos humanos. El tiro tendido, en lugar de parabólico, de las granadas lacrimógenas y los Lbd supuestamente reservados para defender la integridad física de los policías fueron usados contra manifestantes notoriamente pacifistas, como sucedió el sábado 26 de enero con Jérôme Rodrigues, un chaleco amarillo que recibió un tiro de un Lbd en un ojo, mientras invitaba a sus compañeros a retirarse hacia lugares sin black blocksa la vista. A fines de diciembre, en la ciudad de Marsella, mientras intentaba cerrar las persianas de su casa para protegerse de los gases lacrimógenos lanzados contra los chalecos amarillos, Zineb Rom-dhane, de 80 años, recibió en su rostro impactos de granadas que le produjeron la muerte.

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS.


Una de las primeras víctimas de los Lbd fue en Nantes, en 2007, cuando un liceal de 16 años, que entonces se manifestaba contra la reforma universitaria (la ley Lru) directamente inspirada en el proceso de Bolonia y en la sujeción universitaria a criterios empresariales, recibió un tiro que le dejó el ojo, pero le llevó la vista. Hoy, entre los chalecos amarillos, es alto el número de a quienes se les han mutilado pies, manos y ojos, y los grupos de socorristas voluntarios que acompañan las movilizaciones sabatinas reparten ante cada carga policial gotas y dosis de suero fisiológico para calmar la vista en compota debido a los gases.


De ahí que entre los eslóganes fatídicamente ocurrentes de estos días figuren “en el país de los ciegos el tuerto es rey” o “esto es democracia, rompe los ojos”. La diversidad e inventiva de las consignas escandidas en grupo o inscriptas en un sinfín de soportes, que incluyen los chalecos amarillos propiamente dichos y banderolas de todo tipo y forma, muestra la extensión del hartazgo que en lo inmediato produjo Macron –someramente tratado de “presidente empleado de la banca Rothschild”– y que más profundamente produce un mundo que sólo ofrece trabajo y consumo, cuando ofrece algo.


Por esto, consignas que reclaman la reimplantación del impuesto a las fortunas, suprimido por Macron, o un sistema fiscal más justo, que permita una mejor redistribución de la riqueza, coexisten junto con consignas de mayor abstracción y alcance –“si no hay justicia, no hay paz”, “quien siembra vientos recoge tempestades”, “Macron, tu jihad contra los pobres no pasará”, “primer aviso en 2005, revolución en 2019”, “barrios populares y mundo rural”, “comé, adelgazá: la publicidad vuelve esquizofrénico”, “hermoso como una insurrección impura”, “Macron = Louis XVI”–, que muestran un mundo que ya no va, crecientemente inverosímil.

En ese elenco de denuncias, reivindicaciones, burlas y bravatas, se reserva un lugar notorio para la prensa y el sistema judicial, acusados de sumisión ante un Poder Ejecutivo omnipotente. De igual modo, el también inoxidable culto francés a la singularidad habilita a que cada uno diga lo suyo a propósito de lo que a todos involucra, y de esta manera se hacen presentes entre los manifestantes de los sábados en París los manifestantes de los viernes en Gaza.


UNA MULTITUD DE POSICIONES.


La decisión macroniana de ir a paso de carga contra los respetables restos del Estado de bienestar, que a la salida de la Segunda Guerra Mundial el gaullismo concedió a los comunistas para evitar un mal que imaginaban peor (una Francia bajo batuta soviética), y el palpable sinsentido de una vida en que el espíritu fue cooptado por las industrias culturales han logrado reunir un amplio arco de voluntades dispuestas a hacer de la calle, nuevamente, un lugar de encuentros ines-


perados, en los que el espíritu se pone de nuevo a soplar. La Navidad pasada hubo chalecos amarillos que prefirieron esperar la medianoche en el frío de las rotondas, compartiendo vituallas de supermercado, antes que abotagarse en los sofás delante de la tevé.


Ese arco que incluye a quienes blanden retratos del Che Guevara en rojo y negro y a quienes piden una fiscalidad más social no sólo es extenso, sino que además abarca una multitud de posiciones intermedias o ambiguas. La prensa que quisiera separar al buen chaleco amarillo pacifista y víctima del black block enteramente concentrado en su empresa de demolición suele ignorar a quienes, sin romper vidrieras ni mobiliario urbano, permanecen en la vuelta sin alejarse mucho de los “casseurs” (rompedores), que, uniformados de negro, se manifiestan con violencia.

POLICÍAS Y FLORES

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El sábado, horas después de que la Place de la République fuera desalojada por la Policía y el “acto XII” hubiera concluido, en el persistente tufo a gas lacrimógeno, un policía de una compañía Crs (compañías republicanas de seguridad), antaño temible y hoy superada en ferocidad por otros cuerpos policiales, intentaba obsequiar un ramo de flores a una transeúnte, mientras explicaba que, al recibirlas de regalo de manos de un chaleco amarillo, había dicho que se las ofrecería a alguna señora.


Y aunque en la víspera de la manifestación en las redes sociales se había instado a demostrar un ánimo fraterno con las “fuerzas del orden” llevándoles flores, y aunque haya quienes opinen que entre los Crs hoy hay unos cuantos que están a un paso de vestir chaleco amarillo, lo que más se oyó el sábado fue: “Todo el mundo detesta a la Policía”, eslogan escandido junto o separado de: “París, levantate, sublevate”.


En el paro general y la manifestación por la Rue de Rivoli que partieron en dos la tarde del martes, confluyeron los convocantes sindicales Cgt y Sud más una pléyade de grupos trotskistas, ecologistas, anarquistas y de chalecos amarillos. Las consignas ocurrentes volvieron a florearse, aunque probablemente la que mejor resume ese encuentro sea “fin de mes, fin del mundo”: la dificultad de tantos de llegar a fin de mes no es ajena a las dificultades planetarias, puesto que se trata del mismo sistema que depreda por igual vidas humanas y sistemas ecológicos.

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"Catástrofe global": Activista antirradiación advierte sobre las redes 5G

Una petición a las principales organizaciones internacionales para que se impida el despliegue de 5G ya ha recogido más de 40.000 firmas.

 

La introducción de las redes de trasmisión de datos 5G es un "experimento masivo sobre la salud" que podría "conllevar una catástrofe global", asevera Arthur Robert Firstenberg, uno de los principales activistas contra la radiación electromagnética.

Firstenberg sostiene que ese tipo de redes de banda ancha podría causar cáncer en humanos y animales, y agravar los síntomas de la hipersensibilidad electromagnética.

El activista está promocionando una petición a la Organización Mundial de la Salud, la ONU y la Unión Europea para que "se ponga un freno urgente al desarrollo de 5G". El documento ya ha recogido más de 40.000 firmas.


"El despliegue de 5G constituye un experimento sobre la humanidad y el medio ambiente, que bajo el prisma del derecho internacional puede definirse como un crimen contra la humanidad", reza la petición.


En EE.UU., la nueva red superrápida ya está siendo adoptada en ciudades como Houston, Indianápolis, Los Ángeles y Sacramento.
"Esto podría convertirse en una catástrofe global. Cuando fueron lanzados los primeros satélites de comunicación móvil a finales de la década de 1990, el primer día las personas sensibles a estas cosas se enfermaron gravemente. La tasa de mortalidad creció del 5 % al 10 % en EE.UU. y hubo informes de que las aves no volaban", afirmó Firstenberg a The Daily Star.

Firstenberg también sostiene que, en áreas del mundo donde ya ha comenzado el despliegue de antenas 5G, la población local, así como insectos y otros animales salvajes, ya están enfermos. Se refiere a la hipersensibilidad electromagnética, que incluye síntomas como mareo, náuseas, amnesia, insomnio, temblores, arritmia cardíaca, dolores agudos y crónicos, entre otros, aunque esto no ha sido reconocido científicamente.

Oposición pública


El activista presentó en 2010 una demanda por 1,4 millones de dólares contra una vecina por perjudicar su salud usando su iPhone y su conexión wifi.

Igual que los teléfonos celulares de las décadas de 1980 y 1990, el 5G ha experimentado una fuerte oposición del público en general desde que fue anunciado.
En septiembre de 2018, el consejo municipal de Mill Valley, en California, votó por bloquear el desarrollo de torres 5G y nodos intermedios de acceso móvil en las zonas residenciales, arguyendo "graves impactos adversos para la salud y el medioambiente causados por la radiación de microondas emitida por estas torres 4G y 5G", informa Motherboard.
Sin embargo, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades asegura que "no hay pruebas científicas que proporcionen una respuesta definitiva a esa pregunta", y que "hace falta más investigación antes de saber si el uso de teléfonos celulares causa efectos en la salud".

En el mundo científico


A pesar de que una serie de estudios de gran alcance sobre los efectos potenciales de la radiación de los teléfonos celulares no dan pruebas convincentes de ningún riesgo significativo para la salud humana, ni hablar de los insectos, son muchos dentro de la comunidad científica los que se muestran escépticos sobre que los beneficios de la tecnología 5G superen el potencial daño a los humanos.


Dos estudios recientes también mostraron un riesgo elevado del desarrollo de tumores cancerosos en ratas machos expuestas a campos electromagnéticos por nueve horas al día durante dos años.


Unos 215 científicos de 40 países han firmado un llamamiento para solicitar protección internacional contra la exposición a campos electromagnéticos no ionizantes, cuyos efectos incluyen, entre otros, "mayores riesgos de cáncer, estrés celular, aumento de radicales libres dañinos, daños genéticos, cambios estructurales y funcionales del sistema reproductivo, déficits de aprendizaje y memoria, trastornos neurológicos e impactos negativos en el bienestar general".

Por su parte el doctor Martin Pall, profesor de bioquímica en la Universidad Estatal de Washington, afirmó en una carta que había efectos biológicos y a la salud graves, incluido un mayor riesgo de cáncer a través de mutaciones de ADN, debido a la exposición a redes 5G. Además, indicó que la Comisión Federal de Comunicaciones es una "agencia capturada" sujeta a la voluntad de la misma industria que se supone que debe regular.

El 5G proporcionaría velocidades de banda ancha 100 veces más rápidas que las velocidades de transmisión de datos actuales. Pero para proporcionar su despliegue harán falta 300.000 nuevas antenas solo en EE.UU. Eso equivale aproximadamente a tres décadas de desarrollo de torres de telefonía celular.

Las redes requieren un conjunto más denso de nodos de acceso móvil porque sus ondas de alta frecuencia no van tan lejos.

Publicado: 6 feb 2019 22:20 GMT

Los pocos elementos existentes unos 100 millones de años después del origen del Universo procedían del propio Big Bang (azul), la fisión de rayos cósmicos (rosa) y la explosión de estrellas masivas (verde). Otros procesos estelares crearon después la mayor parte del resto. / OS

Las afinidades e incompatibilidades químicas de los componentes de la materia definen la civilización moderna.

La herramienta más importante para la sociedad moderna no es una máquina de hacer túneles ni un avión, ni siquiera el ordenador, es una tabla que clasifica todos los elementos existentes en el Universo por su estructura y comportamiento. Las propiedades químicas que indican sus afinidades e incompatibilidades mutuas fijan lo que se puede o no hacer con los metales, los no metales y los metaloides en que se dividen los 94 elementos naturales y los 24 creados artificialmente. Sin ese conocimiento no se podría, por ejemplo, construir ningún aparato electrónico ni existiría la medicina nuclear.

Fruto de la acumulación de investigaciones que modernamente se remontan a hace 230 años, la tabla periódica de los elementos nació hace 150 años y sigue sin estar terminada, aunque a efectos prácticos es como si lo estuviera. Su importancia ha merecido que la sociedad, en este caso a través de la Unesco, le dedique 2019 con motivo del aniversario. Dice la Unesco que este año celebra que la tabla periódica permite encontrar soluciones para el desarrollo sostenible en campos tan diversos como la salud, la seguridad alimentaria y la energía, al facultar a los científicos predecir la apariencia y las propiedades de la materia. Sin embargo, también es una oportunidad de recordar que casi todos los elementos, incluidos aquellos de los que estamos hechos, proceden del ciclo de vida y muerte de las estrellas, que los produjeron a lo largo de la historia del Universo.

Al principio, tras la Gran Explosión hace unos 13.700 millones de años, había muy pocos elementos y muy ligeros, no se habría podido hacer una tabla periódica. “Durante 100 millones de años tras el Big Bang solo existían el hidrógeno, el helio y el litio”, recuerda la astrónoma Jennifer Johnson. “Después llegaron el carbón, el oxígeno y otros elementos muy importantes”. Se calcula que hasta ahora solo el 2% del hidrógeno y el helio de nuestra galaxia se han transformado en otros componentes por varios procesos.

En las estrellas masivas, se fusionan el hidrógeno y el helio para formar carbono, la base de la vida en la Tierra, y el carbono se transforma en elementos que tanto conocemos y usamos como el magnesio y el sodio. Al morir en una explosión de supernova, estas estrellas diseminan elementos pesados por el espacio, desde oxígeno a silicio y selenio, comenta Johnson, en un número especial conmemorativo de la revista Science. Sin embargo, el proceso es distinto en estrellas como el Sol, de poca masa, que terminan como enanas blancas, o en la fusión de estrellas de neutrones. Ahí se crean elementos como el calcio, el hierro, el rodio o el xenón. Al ser un proceso en marcha, la composición del Universo cambia con el tiempo, algo que pasa inadvertido.

De hecho, el Universo está en continua evolución desde que nació y continuará cambiando a medida que los elementos se combinan y se reducen en elementos nuevos en las estrellas capaces de nucleosíntesis. “Lo que más me gusta de esto es que existen diferentes procesos por los cuales las estrellas fabrican elementos y estos procesos están distribuidos por toda la tabla periódica. Es interesante recordar cuántas vidas de estrellas diferentes se invirtieron y se invierten en producir los elementos que utilizamos”, dice la astrónoma de la Universidad de Ohio. Sin embargo, da que pensar que dentro de mucho tiempo, unos 10 billones de años tras el Big Bang, ya no quedarán estrellas y no se producirán más componentes.

¿Hay elementos en el Universo que no están en la Tierra? Alguno, como el tecnecio, que es radiactivo y en la Tierra ya no existe naturalmente, pero se puede hacer artificialmente. También alguno, como el helio, se detectó antes en el Sol (de ahí su nombre) que en la Tierra pero nuestro planeta encarna una concentración de todos componentes universales, con la posible salvedad, claro, de la misteriosa materia oscura que nadie sabe de qué está compuesta.

Aparte del interés histórico de los elementos, la investigación más avanzada busca exprimir sus aplicaciones, como explican varios especialistas. Un área activa es la utilización de los metales de transición más comunes, como el cobre y el cinc, para crear nuevos tipos de células solares. Y también se está avanzando en la extracción y purificación de las tierras raras con métodos menos complicados y costosos que los actuales. Quince de esta clase de 17 elementos (como el disprosio, el erbio, el europio y el lantano) figuran en la lista de 2017 de materias primas fundamentales para la UE, ya que se utilizan en muchas industrias y no tienen sustitutos, aunque su producción está ahora casi por completo en manos de China.

Volviendo a la historia, esta vez más reciente, se puede recordar que el científico ruso Dimitri Mendeleiev presentó a principios de 1869 la ordenación de todos los elementos químicos conocidos entonces (63) en una tabla en la que había huecos, que investigaciones posteriores rellenaron al encontrar los nuevos elementos predichos, como el galio y el germanio. Por eso se le considera el padre de la tabla periódica, que ha ido ampliándose y modificándose hasta 2016, en que se publicó la última versión, por ahora, con 118 elementos. Sin embargo, Mendeleiev no obtuvo el premio Nobel durante su vida (murió en 1907).

“No hay un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo”

Motivado por historias cercanas, Bauzá, doctor en Filosofía e investigador del Conicet, decidió indagar sobre los motivos que llevan a algunas personas a provocarse la muerte. Alfonsina Storni, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Stefan Zweig, Sylvia Plath aparecen entre los protagonistas.

 

El prestigioso doctor en Filosofía Hugo Francisco Bauzá recuerda como si fuera hoy algunos episodios que transcurrieron durante su infancia. Cuando tenía seis años se había mudado con sus padres a una casa grande y como había que hacer unas reformas, su padre contrató a un carpintero, un señor mayor de barba larga que “parecía un profeta bíblico y se llamaba Juan”, apunta el escritor. Bauzá recuerda que mientras ese hombre trabajaba con su garlopa, también lloraba. “Yo, azorado, desde un ángulo de la habitación lo miraba en silencio, pero eso le extrañaba”. El padre le dijo a Bauzá que ese hombre lloraba porque se le había muerto un hijo. “Después añadió que era el único hijo y, con el tiempo, supe que se había suicidado”. Esa, reconoce el escritor “fue una pequeña marca” que lo llevó muchos años después a estudiar el suicidio. Pero hubo otra: una tía de su madre murió trágicamente y el tema del suicidio “era tabú, no se podía mencionar, se desfiguraban las causas de la muerte porque daba la sensación que una muerte por suicidio no sólo enlutaba a la familia sino que, en cierto modo, la culpaba: la familia no se había percatado, no había sabido ayudarla, no se había dado cuenta de la resolución que estaba por tomar”, comenta Bauzá sobre cómo se veía el suicidio en aquella época. Cuando estudiaba en la Facultad, se mató una compañera de Bauzá por razones sentimentales mediante la ingestión de barbitúricos. “Cuando de joven leí sobre Werther en la famosa novela, basada en un supuesto epistolario de Goethe, del prerromanticismo alemán, vi que la muerte que se da Werther es una muerte espectacular que para todo joven de catorce, quince años, es un punto, un hito en su conformación espiritual. Recordemos que cuando apareció esta novela provocó una ola de suicidios, a tal punto que en algunas ciudades alemanas fue prohibida. Así que mucha gente que tenía una cuestión amorosa no resuelta e imposible de consumar, como la del joven Werther, en lugar de tratar de encontrar una solución, optaron por el suicido”, sostiene Bauzá. Lo relatado lo llevó a estudiar el tema en Miradas sobre el suicidio (Fondo de Cultura Económica), donde el autor analiza por qué razón hay seres humanos que, en lugar de aguardar la muerte de manera natural, deciden anticiparla provocándosela ellos mismos. Y lo hace desde un riguroso estudio literario, mitológico e histórico presentando casos famosos y no desde la psicología.


–Si se estudia el tema de la muerte, ¿cuánto influyen las cuestiones religiosas?


–Eso varía. Primero que lo vemos en la cultura occidental. Hace muy poco viajé a la India y a Nepal y ahí nuestras estructuras mentales son totalmente distintas. Hay una concepción distinta de la vida y de la muerte. En Occidente da la sensación que la muerte fuera una finitud, salvo los casos religiosos, mientras que en Oriente la muerte es algo así como entrar a otro estado de vida.


–Como si fuera una transición.


–Correcto. Es la muerte para que haya más vida.


–¿Cómo era el caso de los suicidios en el Medioevo? ¿La creencia era que esas almas pagaban por el acto cometido?


–Claro, la Iglesia en el 542, en el Concilio de Arlés, considera anatema a todo aquel que atenta contra su vida porque es atentar contra el don más preciado que es la vida, y no tiene posibilidad de redimirse puesto que ya está muerto. En consecuencia, para la Iglesia (me refiero al cristianismo) el suicidio es una cosa totalmente tabú. Incluso, no se los enterraba en Tierra Santa. No solamente los cristianos. Según la tradición judía, al suicida se lo entierra del lado del muro, no del lado central de lo que puede ser un cementerio israelita.


–¿Los suicidas en la época del Medioevo no podían ser enterrados?


–Podían ser enterrados pero no en zona cristiana, entendiendo como zona cristiana al camposanto, lo que hoy llamaríamos un cementerio.


–Usted menciona en el libro una estadística que indica que una tercera parte de las personas que se quitan la vida lo hacen por depresión ¿Cree que la vida moderna, llena de exigencias, favorece conductas suicidas?


–Probablemente sí. De todos modos, descreo un poco de las estadísticas. Hay algunos países donde hay un índice elevado y que suelen no dar la difusión de esas estadísticas. Es el caso, por ejemplo, de Japón, incluso Suecia y los países nórdico-europeos, donde tal vez por razones climáticas hay una tendencia a la depresión y es como un camino previo a un suicidio. En Japón, el hecho de que alguien esté al margen de una relación laboral, que no encajó en la empresa o donde fuere, hace que esa persona se sienta marginada del campo de lo social y, por lo tanto, el atentar contra la vida es una posibilidad de escape.


–¿Por qué algunas culturas o religiones consideran al suicidio un acto venerable y para otras es una deshonra?


–No sé si para algunas religiones es realmente un acto venerable, sí para algunas corrientes filosóficas. Por ejemplo, para el estoicismo todo aquel que no logra llevar una vida acorde con preceptos morales o con una norma ética, la solución es el suicidio; es decir, que para los estoicos el suicidio desde la antigüedad fue una cosa honorable cuando las condiciones de vida no eran respetables.


–¿Y en el caso de quienes lo consideran una deshonra?


–Justamente es porque tienen una especie de prurito religioso y, en consecuencia, no se puede atentar contra la vida porque para esas corrientes de corte espiritualista el suicidio va contra algo que le es dado al hombre porque uno no es propiamente dueño de su cuerpo. Esta es una línea que, en el caso de Occidente, arranca con el orfismo, después con Pitágoras. Y es una línea que caló hondamente en Platón y deriva después en el cristianismo. Así que habría una línea de corte espiritualista para la cual el suicidio es negativo y, en cambio, en oposición para los epicúreos y los estoicos la cosa es diferente. Para los epicúreos, que tienen una visión materialista del mundo, el alma perece con el cuerpo y, en consecuencia, no habría inconveniente en dejar la vida cuando no es posible llevarla dignamente.


–A diferencia de la época medieval, hoy gracias al psicoanálisis se puede tratar a una persona con ideas suicidas...


–Sí, ciertamente. El psicoanálisis ha aportado un influjo considerable porque posibilita que emerjan una serie de fantasmas que uno, a veces, tiene en el inconsciente y que no sabe dominarlo. No es que uno piensa los fantasmas sino que el psicoanálisis permite una convivencia relativamente armónica con esos fantasmas que nos tienen arrojados.


–¿Cree en eso que figura en el imaginario colectivo de quien dice que quiere matarse no se mata o esto es un mito?


–No sé exactamente qué asidero científico puede tener esa reflexión pero hay casos de las dos formas. Hay quienes hacen intentos de suicidio como un llamado de atención y, en cambio, hay quienes hacen intentos de suicidio hasta que finalmente se suicidan por motu proprio. Pienso el caso de Sylvia Plath, la famosa poeta norteamericana que tuvo tres intentos de suicidio hasta que finalmente terminó ahogándose con gas. Todo eso lo narra, de alguna manera, prefiguradamente en la novela autobiográfica La campana de cristal. Su suicidio –que fue muy famoso por la trascendencia que tuvo y por el papel cultural que representaba su poesía–, habría sido algo extraño porque ella se suicidó con gas y horas después llegó una mucama que se iba a ocupar de los hijos con la idea de ocuparse de la casa y la encontró muerta. El problema es que ella había mandado una carta anunciando ese intento de suicidio y por error de la posta la carta llegó uno o dos días más tarde. Así que nunca terminaremos de saber a ciencia cierta si fue verdaderamente un suicidio provocado o fue un intento más de suicidio como los tres que ya había tenido. Un escritor muy famoso, Al Alvarez, escribió una obra de arte extraordinaria llamada El dios salvaje, que es un estudio muy profundo de Sylvia Plath.


–¿Por qué suele asociarse al artista con la locura y, en consecuencia, con la posibilidad de matarse?


–Es un muy viejo tema en Occidente. Existe una obra, durante muchos siglos atribuida a Aristóteles, que hoy se sabe que no es de Aristóteles pero sí de sus continuadores, los peripatéticos, que se llama Problémata, que en español sería “Los problemas”. Y al comienzo de la obra, el autor se pregunta por qué todos los hombres que han estado presos de melancolía han sido personas que han descollado en el campo de las artes. Después, deriva hacia el tema del suicidio porque se hablaba de los distintos humores: el melancólico, el flemático, el colérico, etcétera. Y el melancólico era el que estaba poseso por lo que los latinos tradujeron como “atrabilis”, es decir, la bilis negra. Se hablaba de que quienes tenían abundancia de la bilis negra, de cuya existencia nadie dudaba aunque nadie la había visto, tenían una propensión a la melancolía. Habría que distinguir: una cosa es el estado melancólico por el que pasamos todos en algún momento de pequeña depresión, por angustias, por un tormento y otra cosa es la melancolía como una patología profunda que, de un modo extremo, llevaría al suicidio.


–En esto de los artistas y la locura, Ernesto Sabato decía que la diferencia entre el artista y el loco es que el artista puede transitar por los caminos de la locura pero puede volver…

–Correcto, vuelve y el otro no. Ya que usted menciona el texto de los artistas que se suicidan, en el campo de la plástica me acuerdo del caso de Rothko y el Greco. Toda la obra de Rothko gira sobre el rojo pero paulatinamente el rojo deviene negro. Es el comienzo, la prefiguración de la muerte. El caso del Greco es muy famoso: un personaje tan anárquico, tan particular y tan brillante en muchos aspectos convocó a una reunión para su suicidio. Sus amigos pensaron que era otra broma sarcástica del Greco y efectivamente se suicidó a la hora y el lugar indicado. En el caso de la literatura me vienen a la mente el caso de Horacio Quiroga que se suicidó porque tenía una crisis depresiva y porque, además, Quiroga procedía de una familia de suicidas. Y también porque tenía una enfermedad terminal. El estaba internado en el antiguo Hospital de Clínicas, su fin era inminente, logró una salida muy transitoria para recorrer la ciudad y uno de sus compañeros le proveyó arsénico o cianuro y terminó su vida. Trascartón se dio la muerte también trágica de Leopoldo Lugones, que se suicidó con whisky con arsénico en el Paseo del Tigre. En Lugones se dieron varias situaciones: un fracaso en el orden de lo político ya que había girado de un anarquismo originario hacia un modelo totalitario; fue uno de los artífices de la revolución del 30 y uno de los que supuestamente habría escrito la famosa proclama. También sufrió un gran desengaño amoroso. El hijo de Lugones, cuando se enteró que el padre tenía una relación sentimental muy profunda con una jovencita advirtió al padre de la chica sobre la historia y le dijo: “Si usted no pone fin a esta historia dramática, mañana esto sale en los diarios”. Hablando en grosero fue una muy mala postura, innoble del hijo y, entonces, cuando Lugones tomó conciencia del desengaño político, del desengaño amoroso parece que optó por el suicidio. También está el caso de Alfonsina Storni, que se suicidó. Ella era amiga de Quiroga. La muerte de Quiroga la sumió en una gran depresión. Y en Alfonsina también se dieron varias causas: madre soltera en un momento en que eso era un pecado, y una enfermedad grave. Ella había estado protegida por Botana, que la había llevado unos días a la estancia Los Granados, pero ella en determinado momento decidió tirarse al mar. No poéticamente como se dice que penetró en las aguas sino que se sabe bien por la pericia judicial que subió hasta la escollera, llegó casi a la punta a unos doscientos metros y desde allí se arrojó. En la punta de la escollera quedó prendido uno de sus zapatos. El cuerpo flotaba y fue descubierto por dos obreros portuarios. Uno fue a dar aviso a la Policía y el otro que nadaba bien se arrojó al agua para traer el cuerpo.

–¿Cree que alguien puede matarse en pos de sus ideales como hacían algunos poetas románticos?


–Sí, por supuesto. Hay muchos que lo han hecho, pero yo creo que siempre hay un estado depresivo previo que lleva a esa especie de enajenación. Recuerdo en el caso de Argentina a la joven Delfina Tiscornia, que creo que tenía treinta años, cuando dejó un poemario extraordinario y en él sobrevuela la idea de la muerte buscada. Es un poemario desgarrador.

–Los dadaístas creían en el acto de la muerte como espectáculo como, por ejemplo, Jacques Rigaut, quien consideraba al suicidio como una vocación.


–Sí, dentro de los surrealistas hay una gama muy variada de ver el suicidio como espectáculo, pero tal vez no se pueda generalizar porque en cada uno de ellos hay opiniones y actitudes diferentes que los han llevado a cometer ese acto.


–¿Dostoievski provocaba el suicidio de algunos personajes de sus novelas porque su religión le impedía matarse?


–Claro, Dostoievski era ortodoxo. Así que él, de algún modo, defendía la vida, pero si uno ve la novelística de Dostoievski, incluso sus cuentos, hay muchos personajes que se suicidan. Se habla del suicidio lógico, en el sentido de que quien no tiene la posibilidad de sobrellevar una vida dignamente no le cabe más remedio que el suicidio. Entre los primeros cuentos de Dostoievski, hay dos muy transitados por los lectores donde los personajes se suicidan.


–¿La muerte en la ficción puede presagiar la muerte en la realidad tal como se menciona el caso de Virginia Woolf?


–Sí, evidentemente hay escritores que en su obra uno advierte que, paulatinamente, hay un camino al suicidio que, a veces llegan a cometerlo y, a veces, no, pero está como prefigurado. Se pueden plantear algunos casos. Por ejemplo, el poeta Heinrich Wilhelm von Kleist que en su obra se advierten datos suicidas y él se suicidó. Además, tuvo un suicidio espectacular porque no lo hizo por su amada sino con su amada. Luego de haber tenido una noche orgiástica de pleno goce ambos se dieron mutuamente la muerte. El le pegó un tiro y luego él se mató, con consentimiento de la pareja. Un pacto suicida. Ocurrió más tarde con el caso del famoso novelista Stefan Zweig: se mató con su mujer, su segunda esposa en la ciudad de Petrópolis. Se dieron varias causas: él tuvo que huir de Europa a causa del nazismo, se había refugiado en Petrópolis, después de una pequeña estancia en Gran Bretaña. Estando en Petrópolis llegó a recibir tristes informes de que la persecución nazi llegaría a Latinoamérica, así que desesperado por esa causa y por la enfermedad de su mujer decidieron darse la muerte.


–¿Cómo surgió el interés de Albert Camus por abordar el tema del suicidio?


–Camus era un vitalista, estaba contra el suicidio. Decía que aun cuando uno no sepa lo que es la vida (porque en el fondo la vida es misterio) tiene la obligación de asumirla y de vivirla perpetuamente. Es por ejemplo lo que se ve en el mito de Sísifo, que acepta el castigo no porque sea una imposición sino porque por su propia voluntad debía asumirlo.

–Otro autor que trabajó el tema del suicidio fue el argentino Antonio di Benedetto…


–Sí, este famoso novelista mendocino cuyo padre se suicidó cuando él tenía alrededor de catorce años, tenía una huella suicida. Es autor de la obra Los suicidas, donde naturalmente elucubra sobre este tema. También sucedió con Quiroga y Lugones. Margaux Hemingway escribió la biografía de su abuela y contó siete suicidios en su familia. Parece ser que fuera como una huella. No digo que haya un gen suicida, pero hay un condicionamiento sociocultural familiar que puede predisponerlo.

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