El Bloque Tolima disparó  al corazón y a la mente

El amor es el antídoto del miedo. 

Pero el sujeto debe autoafirmarse primero.

Emilio Mira y López

 

El instrumento paramilitar del Estado colombiano ha tenido diferentes efectos en su aplicabilidad. Es decir, en todos los ámbitos humanos como estrategia contra-insurgente y anti-popular que abre paso en los territorios a la invasión del capital privado-multinacional. El norte del Tolima, fue un territorio de incursión paramilitar del Bloque Tolima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), donde la comunidad fue víctima de las múltiples acciones terroristas utilizadas por este grupo armado para-estatal.

 

De los años 2002 al 2005 se vivió la guerra entre el Bloque Tolima, la insurgencia y comunidad. Desde su llegada en todo el departamento del Tolima, los asesinatos selectivos, masacres, torturas, desapariciones forzadas, violaciones, extorsiones hicieron parte de la caja de herramientas para ocupar el territorio, desarticular el tejido social y sacar a la insurgencia del mismo. Esto con el ánimo de imponer el miedo y la desconfianza entre las personas. En el norte del Tolima, se tiene registrado los asesinatos de 3 personas en la vereda La Trina (Líbano) el 11 de septiembre del 2003. El asesinato del líder campesino y comunal Ángel María Rodríguez el 3 de marzo del 2004, en la vereda La Esmeralda, Villahermosa. Además, la estigmatización al corregimiento de Santa Tereza, Líbano, como zona insurgente convirtiendo a sus habitantes en objetivo militar (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017).

 

Ahora bien, también se registran daños emocionales y sicológicos debido al control social en la rutina diaria de la comunidad. Siguiendo con Santa Teresa, se restringió la movilidad de las personas después de las 6:00 pm; el asesinato de un joven en el parque principal en horas del día; la instalación de bases militares en fincas y cementerio del corregimiento; los grafitis en algunas casas y locales con las siglas de las AUC, se encaminaron a sembrar miedo y desconfianza, a transformar el carácter público y de encuentro de los espacios públicos al tiempo que se suspendieron los eventos comunitarios como campeonatos de fútbol, celebraciones del día de la madre, fiestas patronales, ferias, la cancelación de clases desarticulando por completo la convivencia en la comunidad (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2017).

 

Esta pequeña radiografía en el norte del Tolima, es una muestra a nivel local de la invasión paramilitar al resto de la región en donde se vieron afectados también pueblos indígenas, sindicalistas, partidos políticos de izquierda y organizaciones sociales. En ese sentido, es necesario realizar el análisis desde el campo de la sicología de guerra de este caso para comprender los efectos en la siquis comunitaria e individual de las acciones paramilitares, con el fin de ganar una guerra contra-insurgente.

 

La guerra sicológica del Bloque Tolima de las AUC

 

Al evidenciar el asesinato político, la tortura, las amenazas, violaciones y demás acciones paramilitares contra la comunidad, puede comprenderse que son recursos centrales en la estrategia contra-insurgente, los mismos que traen consigo la deshumanización tanto de victimarios y víctimas. La deshumanización se traduce en la perdida de atributos humanos como la esperanza, sensibilidad ante el sufrimiento y el sentido de la solidaridad (Baró, 1990).

 

Ahora bien, el paramilitarismo cuando aparece en la prolongación de la guerra y azote de territorios como el norte del Tolima, produce: relaciones sociales deshumanizantes, desprecio por la vida, perdida de la identidad personal y grupal, lo que se complementa con la parálisis política cuyos efectos se prolongan después de la desintegración o reducción al mínimo nivel de la organización social, blanco del paramilitarismo.

 

Como eje central de todos estos estragos, se encuentra el miedo sembrado en la comunidad el cual, en el contexto del Norte del Tolima, tiene dos niveles: la prudencia/retraimiento y la concentración/cautela sembrados en los habitantes de este territorio. A decir, la prudencia/retraimiento impone un límite a los fines y ambiciones, como la renuncia a los placeres que contengan riesgo, así mismo busca evitar las situaciones que se aproximan. Por el otro lado, la concentración/cautela se traduce en asegurar el básico e inmediato propósito de tener una situación de seguridad y por la cual se emplean todas las facultades. La preocupación es una constante acompañada de pesimismo, que hace ver al sujeto reservado desde la perspectiva externa (Mira, 1944).

 

Con los casos de las víctimas de las AUC arriba descritos, se presentó también el otro rasgo que hace cosechar el miedo colectivo, es el peligro impredecible, debido al cambio de lugar y la irregularidad en la apariencia o desaparición de los estímulos fobígenos que aumentan su carácter sorpresivo (Mira, 1944). La comunidad del Líbano y Villahermosa, eran conscientes de la presencia de paramilitares en su corregimiento o vereda, pero no sabían cuándo ni dónde actuarían contra ellos estos sujetos armados.

 

Junto al miedo, caminaron la angustia y el terror por los caminos y trochas del norte del Tolima con el fin de asfixiar los procesos organizativos y movilizadores que apuntaban a las transformaciones sociales, ¿por qué? Porque según Baró (1990) hay tres acciones en la guerra sicológica: la persuasiva (consciente), sugestiva (subconsciente) y compulsiva (inconsciente) y esta tercera tuvo mayor preponderancia en el territorio abordado, pues continuando con el autor la acción compulsiva por medio de la implementación del miedo, el terror y la angustia produce que la comunidad solo piense en conservar la vida, dejando en un segundo plano las reflexiones y acciones sobre la complejidad social y política que la rodea (Baró, 1990).

 

El fin, entonces, de esta estrategia tuvo dos caras, la inmediata y la de largo plazo. La primera estuvo cargada de los hechos denunciados y sistematizados que desarticularon el tejido social, minó la fuerza política de las organizaciones campesinas y, por supuesto, buscó la desaparición de la insurgencia. La segunda cara de la estrategia tiene sus efectos en la actitud colectiva que incide con desconfianza, miedo, frustración y desesperanza en la visión de la vida en el territorio, instalando una barrera invisible a las iniciativas organizativas que busquen transformaciones sociales.

 

Para que el amor sea realmente eficaz

 

Comprender el campo de la sicología de las relaciones humanas en un contexto de guerra, es obligatorio para incluir otro escenario de reflexión en las causas de las conductas de la comunidad y poder establecer rutas que permitan superar las heridas sufridas por el paramilitarismo sin desprenderse de la realidad social que sigue dinamizada por los conflictos sociales.

 

Así mismo, para las organizaciones sociales es inherente a su quehacer el abordar la salud mental de sus miembros y de las comunidades que se articulan a los planes de vida digna ya que por años una de las malas tradiciones de la izquierda ha sido despotricar el aspecto sicológico de los sujetos. Hoy en día, es imperioso aprehender del amor para que sea realmente eficaz.

 

* Coordinador Nacional Agrario – Congreso de los Pueblos.

 

Bibliografía

Baró, Ignacio Martín (1990), Sicología social de la guerra: Trauma y terapia. UCA, San Salvador, El Salvador.
Centro Nacional de Memoria Histórica (2017), “De los grupos precursores al Bloque Tolima (AUC). Informe Nº 1”, Cnmh, Bogotá.
Mira y López, Emilio (1944), Siquiatría en la guerra. Editorial Médico-quirúrgica, Buenos Aires.

Publicado enEdición Nº254
Una multitud presenció la misa final del Papa en la base de la Fuerza Aérea de Las Palmas.

 

Ante multitudes, Francisco defendió el medio ambiente y los derechos de los pueblos originarios. No dijo nada de los abusos sexuales en el interior de la Iglesia. Tampoco del indulto a Fujimori.

 

Ayer terminó la visita del papa Francisco al Perú con una multitudinaria misa a la que se informó asistieron más de un millón y medio de personas, más de lo esperado. Ha sido una visita que movió multitudes, un entusiasmo popular que siguió al Papa a cada lugar que fue, a todas las rutas por las que pasó. Una visita que tuvo su punto más importante en el mensaje del Pontífice desde la Amazonia en defensa de los pueblos indígenas y el medioambiente,y de crítica a “los grandes intereses económicos” que explotan los recursos naturales sin tomar en cuenta los costos para el ambiente y la vida de los pueblos originarios. Y que también tuvo notorios y cuestionables silencios. Ni una palabra de Francisco sobre los abusos a menores al interior de la Iglesia y el encubrimiento de estos actos, a pesar de que el país enfrenta un escándalo de abusos en una organización católica. Ni siquiera hubo un pedido de perdón, como había hecho días antes en Chile. Otro tema silenciado por el Pontífice fue el de los derechos humanos y los reclamos de justicia de las víctimas de la dictadura de Alberto Fujimori, condenado en 2009 a 25 años por crímenes de lesa humanidad y corrupción y recientemente indultado por el presidente Pedro Pablo Kuczynski. En ambos casos, las víctimas habían pedido reunirse con Francisco, pero eso no ocurrió.

Una treintena de víctimas han denunciado que fueron abusados al interior de la sociedad de vida apostólica Sodalicio de Vida Cristiana, organización católica de extrema derecha fundada en 1971 por Luis Figari, hoy con pedido de detención por parte de la fiscalía y protegido en Roma por el Vaticano. Las víctimas han acusado al arzobispo de Lima, Juan Luis Cipriani, de haber encubierto estos crímenes cuando recibió las denuncias de esos abusos. Cipriani tuvo lugar protagónico al lado del Papa en su paso por el Perú. Este caso, que afecta a víctimas de la clase alta del país, es el más notorio, pero no el único de abusos a menores al interior de la Iglesia peruana.

Pero Francisco no solamente eludió el tema, sino que el obispo José Antonio Eguren, miembro del cuestionado Sodalicio y muy cercano a Figari, dio el mensaje de bienvenida al Papa nada menos que en un encuentro con seminaristas. A diferencia de lo ocurrido en Chile con el obispo Juan Barros, en el Perú este hecho pasó desapercibido por los grandes medios, embargados en un fervor por el Papa que redujo a cero cualquier posibilidad de análisis crítico de esta visita.

“En la Iglesia se mantiene la misma estructura de encubrimiento institucional a estos abusos, se está comportando como una violadora sistemática de derechos humanos. Si Francisco quisiera tiene toda la potestad para hacer cambios”, le señaló a PáginaI12 el ex sacerdote mexicano Alberto Athié, que estos días estuvo en Lima con un grupo de activistas contra los abusos a menores en la Iglesia y que fue uno de los denunciantes de los abusos de Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo.

Los familiares de los asesinados y desaparecidos por la dictadura del indultado Fujimori esperaban que el Papa diera un mensaje de respaldo a la necesidad de justicia y contra la impunidad en los casos de violaciones a los derechos humanos que significa este indulto. Pero eso no sucedió.

La multitud que fue a la misa final del Papa en la base de la Fuerza Aérea de Las Palmas hizo largas colas para ingresar desde la noche anterior. Esperaron toda la noche y el día al Pontífice, que comenzó la misma a las 16:15 horas (18:15 hora de Argentina). Los bomberos debieron lanzar agua a la multitud que esperaba para bajar en algo el intenso calor. Alrededor de un millar de personas debieron recibir atención médica. Para facilitar la llegada de la gente, el gobierno, interesado en promover el fervor por el Papa y bajar la atención sobre la crisis que vive el país, ordenó que el transporte en el subte sea gratuito, para lo cual debió pagarle 700 mil soles (poco más de 200 mil dólares) al concesionario. La visita del Papa le costó al Estado peruano unos 15 millones de dólares.

Lo más relevante del mensaje de Francisco en la multitudinaria misa con la que cerró su paso por el país fue una breve referencia a las desigualdades económicas. “Mirando la ciudad podríamos comenzar a constatar que existen ciudadanos que consiguen los medios adecuados para el desarrollo de la vida personal y familiar, y eso nos alegra; el problema está en que son muchísimos los no ciudadanos, los ciudadanos a medias o los sobrantes urbanos que están al borde de nuestros caminos, que van a vivir a las márgenes de nuestras ciudades sin condiciones necesarias para llevar una vida digna y duele constatar que muchas veces entre estos sobrantes humanos se encuentran rostros de tantos niños y adolescentes, el rostro del futuro”, dijo Francisco.

Al mediodía de ayer, el Papa trasladó el tradicional Angelus, que suele dar todos los domingos desde un balcón de la Iglesia San Pedro, a un balcón de la Catedral de Lima, que da a la Plaza Mayor de la ciudad. Antes se había reunido en la Catedral con los 49 obispos peruanos. Fue un encuentro con una jerarquía eclesiástica atravesada por divisiones y enfrentamientos entre conservadores y progresistas.”Queridos hermanos obispos, trabajen por la unidad, no se queden presos de las divisiones”, fue el mensaje del Papa a los obispos peruanos. Minutos antes, en un encuentro con monjas de clausura en una Iglesia del centro de la ciudad les había pedido a las religiosas: “recen por la unidad de esta amada Iglesia peruana, que está tentada de divisiones”.

Sentado a la derecha de Francisco durante este encuentro con los obispos en el que el Papa habló de la unidad de la Iglesia, estaba el arzobispo Cipriani, considerado un factor central de división al interior de la Iglesia peruana. Miembro del ultraconservador Opus Dei y nombrado en el cargo por Juan Pablo II, La Comisión de la Verdad y Reconciliación señaló que el ex obispo de Ayacucho encubrió violaciones a los derechos humanos. Cipriani es un partidario de la dictadura de Fujimori y defensor de los represores acusados de violaciones a los derechos humanos, y no pierde oportunidad en utilizar el púlpito para lanzarse contra las libertades y derechos sociales e individuales y atacar a sus críticos. Su figura es cuestionada fuera y dentro de la Iglesia.

En su diálogo con los obispos, el Papa habló de “un capitalismo liberal inhumano que hace daño a la gente” y criticó con severidad la corrupción. Señaló que la política estaba “en crisis” y “muy enferma” por la corrupción y cuestionó “el fenómeno de los paraísos fiscales”. Aterrizó el tema de la corrupción a la actualidad peruana: “¿Qué le pasa al Perú que a cada presidente lo meten preso? Humala está preso, Toledo, Fujimori estuvo preso hasta ahora, Alan García está que entra o no entra”. Francisco olvidó en esa relación al actual presidente, también involucrado en la trama de corrupción de Odebrecht y que hace un mes estuvo a punto de ser destituido por el Congreso por esa causa.

El cuestionado arzobispo Cipriani se ha esforzado durante esta visita del Papa en estar todo el tiempo posible a su lado, ocultando sus diferencias con Francisco y buscando aprovechar esa cercanía con el fervor que despierta Francisco para mejorar su muy deteriorada imagen. No ha sido el único.

El presidente Kuczynski, hundido en una alta impopularidad que bordea el 80 por ciento, aislado y en medio de una grave crisis social y política a raíz del indulto a Fujimori, también ha tratado de seguir al Papa todo lo posible en sus actividades públicas –incluso viajó a Madre de Dios y Trujillo para estar cerca del Pontífice– para tratar de sacarle algún provecho personal a esta visita pontificia que desató el entusiasmo popular. Los días que Francisco estuvo en el país le han dado un respiro al agobiado Kuczynski. Ayer, cuando el avión del Papa despegaba, volvía la dura realidad para el presidente peruano.

 

na21fo02 2

AFP

El Papa bendijo a una mujer en la Catedral de Lima, donde dio su tradicional Angelus.

 

Publicado enInternacional
La presidenta Michelle Bachelet recibió al Pontífice argentino; hoy tendrán un encuentro privado.

 

Tras 15 horas de vuelo –el más largo de su pontificado– y sesenta minutos antes de lo previsto, pasadas las 19.20 horas (la misma que en Argentina), el papa Francisco pisó suelo chileno. Como señala la costumbre, levantó una de sus manos y saludó a quienes llegaron al Aeropuerto Internacional de Santiago. A los pocos minutos, recibió el abrazo de la presidenta Michelle Bachelet y miembros del Gobierno, para que luego sendas caravanas comenzaran a movilizar a su comitiva, liderada por el Hyundai azul (auto híbrido y pensado en la huella medioambiental que quiere dejar) que llevaba al Pontífice, quien –lejos de todo acto de grandeza– se acomodó en el asiento del copiloto, con destino hacia la Nunciatura Apostólica. Ya en el centro de Santiago, cambió de vehículo para subirse al Papamóvil, un Jeep altamente reforzado. También aprovechó el recorrido para visitar y rezar frente la tumba del Obispo de Los Pobres en la populosa comuna de Pudahuel.

En el trayecto, miles de personas apostadas en las veredas y calles del recorrido, lo saludaron visiblemente emocionados. Muchos argentinos, de vacaciones y que viajaron para la ocasión, fueron parte de este saludo masivo que recibió Jorge Mario Bergoglio, que si bien convocó a muchos, no fue una aglomeración tan numerosa como se esperaba. Los vendedores ambulantes dieron más colorido a una jornada histórica.

En ese mismo momento, los miles de carabineros dispuestos para garantizar su seguridad, se pusieron en guardia para que nada falle en los días en que los ojos de la Iglesia Católica y los millones de creyentes desparramados por el mundo estarán posados en lo que haga, diga y piense el Santo Padre.

“No será un viaje simple”, decían los cercanos al Papa en Roma, antes de subirse al Pastor 1, el Boeing 777 de Alitalia que lo trajo a Chile. “Les pido que me acompañen con la oración en este viaje apostólico”, pidió Bergoglio el domingo desde el Palacio Apostólico, en un mensaje con la situación mundial de los migrantes y refugiados aún sobrevolando la Basílica de San Pedro. Ya en el avión, los últimos acontecimientos ocurridos en la primera escala de este periplo, como los ataques –algunos incendiarios– a seis templos católicos, la situación compleja provocada por los diversos abusos sexuales de curas chilenos, que han llevado a un quiebre entre buena parte de la ciudadanía y la Iglesia, mantuvieron inquieto al Santo Padre. Tal vez, los recuerdos de su estadía en Chile, a comienzos de su vida religiosa, lograron calmar la ansiedad de una aventura que además lo llevará a Perú en su cuarto arribo a Sudamérica desde que asumió la cabeza de la Santa Sede. “Yo conozco Chile”, repitió varias veces.

Según el Vatican News, el secretario de Estado, Pietro Parolin, quien acompaña al Pontífice durante su recorrido por Chile y Perú, sostuvo que “el Papa, como pastor de la Iglesia universal, va a encontrar a las iglesias locales (...), iglesias particularmente activas, pero que tienen que enfrentar numerosos desafíos”.

Estos serían la situación de las poblaciones indígenas –un tema que el Papa abordaría durante su visita a Temuco, en el sur, en pleno territorio mapuche– y la corrupción que, aseguró, “impide el desarrollo y la superación de la pobreza y de la miseria”.

Andrea Tornielli, uno de los periodistas más cercanos al Pontífice y editor del sitio especializado Vatican Insider, dijo en La Tercera que la visita de Francisco a Chile será un viaje complejo. “Las protestas en Santiago, el resentimiento hacia la Iglesia por los casos de pedofilia y la cuestión mapuche hacen difícil la visita, en especial por la reciente revelación de una carta en la que el Papa reconoce ante el episcopado chileno los problemas de la situación del obispo de Osorno, Juan Barros (acusado de abusos).

Tornielli agrega que para salir al cruce de esta pérdida de credibilidad de la Iglesia chilena en la opinión pública, “deberá saber moverse fuera de los programas preestablecidos y de los protocolos de un viaje que se preanuncia complicado. Incluso puede ser el más complejo de sus cinco años de pontificado”.

“Hemos tenido problemas serios de abusos que no sólo se han publicado, el periodismo te busca y te revuelca, eso ha generado una desconfianza en la Iglesia. No sólo los políticos y las instituciones perdieron credibilidad en los últimos años. Por esto la misma Iglesia es hoy, dentro de América Latina, la menos prestigiada”, aseguró Fernando Montes, sacerdote y amigo de vieja data del Papa, con quien coincidió como provincial de la Compañía de Jesús en Chile, en La Stampa.

“Todos tienen aún en la memoria el caso de Fernando Karadima. Un poderoso sacerdote, párroco de una tradicional iglesia de un barrio acomodado en Santiago, formador de vocaciones y “hacedor” de obispos. Su obra, que incluía una asociación pía, se derrumbó cuando se conoció su propensión a abusar de jóvenes bajo su cuidado”, agrega la publicación italiana.

El sábado y siguiendo con la tradición, antes de cada viaje, Francisco visitó la Basílica de Santa María Mayor en Roma para encomendarle su peregrinaje a la Virgen. En la celebración Bergoglio hizo un fuerte llamado a acoger a los migrantes, pese a lo que calificó de “legítimos temores y dudas que su llegada genera en las poblaciones locales”. La declaración se da en un escenario que en Chile se ha vuelto complicado con la llegada masiva de migrantes, ya no solo peruanos ni bolivianos sino que también colombianos y haitianos, que, en un gran número, han tenido problemas de adaptación, laborales, actos xenófobos y abusos. La ley chilena debe modernizarse y de acuerdo a la nueva realidad del país, coinciden muchos actores.

Es esperable, entonces, que el Pontífice reitere lo dicho en Roma: “las expulsiones colectivas y arbitrarias de emigrantes y refugiados no son una solución idónea, sobre todo cuando se realizan hacia países que no pueden garantizar el respeto a la dignidad ni a los derechos fundamentales”.

Su agenda incluye una visita a la Cárcel de Mujeres, en San Joaquín; la Universidad Católica y el encuentro con los jóvenes en Maipú. Su gira tiene planificadas cerca de 10 actividades oficiales, donde no se sabe con certeza que otros temas abordará.

Lo claro es que se juntará con los obispos y el mundo consagrado en la Catedral, donde podría referirse a la situación de la Iglesia mundial y chilena.

El costo de la organización de la visita ha sido otro de los focos de conflicto de este evento, unos 4 mil millones de pesos. Este monto generó de inmediato la molestia de muchos ciudadanos que criticaron que se usara plata del Estado para pagar por la visita del líder de una religión que, si bien es mayoritaria en el país, no representa al total de los chilenos.

Pero las revelaciones de varias denuncias por abuso sexual de parte de sacerdotes en los últimos años, y su encubrimiento por parte de altas autoridades eclesiásticas del país, será el tema más conflictivo que deberá tratar Bergoglio. Se habla que son 78 clérigos los que fueron denunciados públicamente por abuso sexual de menores en Chile, la mayoría de ellos ocurridos a partir del año 2000. Tal situación ha horadado la fe católica y la confianza en la Iglesia. De hecho, se estima que de un 70 por ciento de la población en 1987 (año en que vino Juan Pablo II), los adherentes han bajado a 66 por ciento en 2007 y a 59 por ciento el año pasado.

Según Emol, en Iquique, al extremo norte del país, la misa será dedicada a la Virgen del Carmen, pero, además de la religiosidad popular, los migrantes ocuparán un lugar significativo del mensaje en Tarapacá. El sacerdote Juan Carlos Cortez, que trabaja con inmigrantes haitianos en la Parroquia San Saturnino, explica que “viene a visitarnos un Papa que tiene un corazón muy sensible frente al tema de la migración y que ha hecho llamados internacionales, a todos los gobernantes, a abrir las puertas y tomar una postura de acogida, de integración y de protección, con todos”.

Sobre el posible mensaje que puede dar en Playa Lobito, el presbítero cree que el Papa “no va a adaptar el discurso, sino que mantendrá lo que ya ha dicho anteriormente, que es un llamado a vivir esta realidad con un espíritu de naturalidad. No verlo como un fenómeno amenazante o peligroso, sino que asumir que es una nueva etapa en nuestro proceso demográfico y que el derecho humano no está enmarcado por el lugar de origen de las personas”.

Mate frío y sopaipillas (un plato muy popular) será la comida que compartirá el Papa en su visita al Santuario del Padre Hurtado, donde se reunirá con los jesuitas y distintos rostros de la pobreza en Chile. Un lugar clave para abordar la situación que afecta a los más de dos millones de chilenos que viven bajo la línea de pobreza.

Por el lado político, hoy tras la una reunión con autoridades de la sociedad civil y con el cuerpo diplomático del Palacio de Gobierno, sostendrá un encuentro privado con la presidenta Michelle Bachelet. Además de aquellas autoridades, el presidente electo Sebastián Piñera también estará invitado a la actividad. Sin embargo, según detallaron del Ejecutivo, “no está contemplado” un saludo del Papa al líder de Chile Vamos.

“No está contemplado un saludo al presidente electo”, señaló ayer el canciller Heraldo Muñoz. “El protocolo del Vaticano es que habrá un saludo a la sociedad civil, a las representantes del gobierno, dos discursos y luego una reunión separada de los dos jefes de Estado a solas”, agregó.

Sin embargo, el ministro precisó que “no puedo excluir la posibilidad de que en algún momento lo salude, es algo que no puedo predecir”.

Sin duda “un viaje que no será fácil”, pero que puede cambiar el rumbo de la Iglesia chilena para siempre, tal como hace 30 años Juan Pablo II, pasó a la historia cuando llegó a Chile para aplacar los ánimos en medio de una dictadura que secuestraba, torturaba y secuestraba, a manos del peor dictador de este lado del mundo.

 

Publicado enInternacional