La ONU en alerta ante la pasividad de los países contra el cambio climático

Tan solo 75 países han comunicado una actualización de sus compromisos nacionales de reducción de emisiones, lo que supone aproximadamente el 30% de todas las emisiones globales.

 

La Convención Marco de Cambio Climático de la ONU (UNFCCC, por sus siglas en inglés) ha reclamado a los países que redoblen sus esfuerzos y aumentar su compromiso nacional de contribución a la lucha contra el cambio climático en 2021 si quieren cumplir con los objetivos del Acuerdo del Clima de París.

La organización ha publicado este viernes el 'Informe de Síntesis de los Compromisos Nacionales de Reducción de emisiones (NDC, por sus siglas en inglés)' que muestra como los niveles actuales de ambición climática están "muy lejos" de situarse en el camino con el que se pueden alcanzar los objetivos del Acuerdo de París, según ha asegurado la secretaria Ejecutiva de Cambio Climático de la ONU, Patricia Espinosa.

De hecho el informe concluye tras analizar los compromisos expresados hasta el 31 de diciembre de 2020, que de momento 75 países han comunicado una actualización de sus compromisos nacionales de reducción de emisiones, lo que supone aproximadamente el 30% de todas las emisiones globales de efecto invernadero.

"Las decisiones para acelerar y ampliar la acción climática en todo el mundo debe ser adoptada. Esto subraya por qué la COP26 debe ser el momento en el que avancemos en la senda hacia un mundo más verde, limpio, saludable y próspero", ha afirmado.

El informe publicado fue solicitado a propuesta de las partes del Acuerdo de París para medir el progreso de los planes climáticos de cada país de cara a la próxima cumbre del Clima (COP26) que se celebrará el próximo mes de noviembre en la ciudad escocesa de Glasgow (Reino Unido).

El informe muestra como la mayoría de estas naciones han aumentado sus niveles individuales de ambición para reducir las emisiones pero su impacto combinado les sitúa en la senda de lograr una reducción un 1% superior en 2030 comparado con los niveles de 2010.

En un comunicado, la UNFCCC explica que el Panel Intergubernamental de Cambio Climático por su parte, ha indicado que los rangos de reducción de emisiones para llegar al objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a 1,5ºC debería ser incluso un 45% más bajos.

Espinosa ha aclarado que este informe de síntesis es una instantánea pero no da la fotografía completa dado que los retos que ha supuesto el COVID-19 ha supuesto un reto para numerosas naciones con respecto a como cumplir sus compromisos en 2020.

2021, una oportunidad "sin precedentes"

Para la secretaria ejecutiva, el año 2021 supone una oportunidad "sin precedentes" para hacer un progreso significativo en la lucha contra el cambio climático y urge a "todas las naciones" a construir un futuro tras el COVID-19 economías más sostenibles y más resistentes contra el cambio climático.

"Este es un extraño momento que no se puede perder", ha añadido Espinosa que señala que mientras se acomete la reconstrucción no se pude volver a la "vieja normalidad". "Los compromisos nacionales de contribución al cambio climático deben reflejar esta realidad, sobre todo los mayores emisores y en especial los países del G20 que deben liderar este camino", ha señalado.

El presidente entrante de la COP26, Alok Sharma, ha defendido que este informe debería servir para urgir una llamada a la acción. "Estoy pidiendo a todos los países, particularmente a los mayores emisores, que suscriban objetivos ambiciosos de reducción de emisiones para 2030", ha reclamado.

El Acuerdo de París está fallando

En la misma línea, la directora ejecutiva de Greenpeace International, Jennifer Morgan, considera que el informe de síntesis de la secretaría de Cambio climático de la ONU dice una cosa "clara" y es que en este momento el Acuerdo de París está fracasando.

"Nos dirigimos hacia una catástrofe climática. Los gobiernos deben trabajar juntos para dar prioridad a las personas y al planeta sobre los intereses de los combustibles fósiles", ha insistido.

Por ello, exige a los mayores emisores del mundo, Estados Unidos y China, que presenten el mes que viene unas NDC que den "motivos de esperanza".

A su juicio, las "promesas rotas" del Acuerdo de París cuentan la historia de un sistema multilateral "rehén de los intereses de los combustibles fósiles, obstaculizando la acción climática y arriesgando el futuro de todos nosotros".

madrid

26/02/2021 17:49

Europa Press

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Las 23 principales potencias militares generan el 67% de las emisiones de CO2 del planeta

Una investigación del Centro de Estudios por la Paz analiza los vínculos entre el incremento del gasto militar y el desarrollo de conflictos armados vinculados a la crisis ambiental. El blindaje de fronteras con ejércitos para frenar las oleadas migratorias vinculadas a la escasez generada por el cambio climático o la venta de armas a grupos paramilitares al servicio de poderes extractivistas son algunos de los ejemplos citados en el estudio.

 

Los 23 principales países del planeta a nivel militar son responsables del 67,1% de las emisiones mundiales de CO2. Así lo revela una investigación del Centro de Estudios por la Paz sobre los vínculos del sector armamentístico y la crisis climática. Estas superpotencias, con Estados Unidos a la cabeza, representan tan sólo al 35% de la población mundial y concentran el 82% del gasto militar de todo el planeta. Se trata de países ubicados en las regiones del norte cuyas inversiones y exportaciones de material bélico tiene graves consecuencias para el medio ambiente y los derechos humanos en países del denominado Sur Global.

Esa cúpula de poder global, además de poseer grandes ejércitos para la defensa de sus intereses, son los responsables del 97% de las exportaciones de armas. Un material de guerra que termina en manos de Fuerzas del Estado de diversos países, pero también de grupos paramilitares que defienden los intereses del poder corporativo. Todo ello se enmarcan en un escenario idóneo para los negocios bélicos, ya que la crisis climática está empezando a provocar episodios de escasez de recursos en numerosas regiones del sur, lo que incrementa las posibilidades de que se produzcan conflictos armados o guerras civiles

De hecho, los once países con mayor riesgo de crisis humanitaria por el calentamiento global –Somalía, República Centroafricana, Sudán del Sur, Afganistán, República Democrática del Congo, Chad, Yemen, Niger, Burundi, Camerún y Burkina Faso– se encuentran inmersos en conflictos armados. Para Chloé Meulewaeter, una de las coordinadoras del informe, "estamos viendo que hay riesgos de que la crisis climática se militarice". De hecho, documentos estratégicos de la OTAN, España o EEUU señalan a la crisis ambiental como un potenciador de amenazas. "Eso podría servir para que los Gobiernos justifiquen elevar los gastos militares", denuncia la experta.

Según los datos del informe, la actividad militar global es responsable de entre el 5% y el 6% del conjunto de las emisiones de CO2 globales. Esto se debe al gasto en energía, la movilización de transportes, la generación de residuos tóxicos, así como los recursos movilizados para reconstruir infraestructuras dañadas por la guerra. Sin embargo, el sector bélico es mucho más que los gases que pueda producir un portaaviones o un helicóptero, en tanto que el sistema económico actual –basado en los recursos fósiles– es sostenido por los ejércitos, tal y como apunta la investigación.

"Las fuerzas armadas se han convertido en algo absolutamente imprescindible para mantener el extractivismo de recursos efectuado por los países del norte en el Sur Global", explica Pere Brunet, investigador y coordinador del informe. "Se da la circunstancia de que, mientras los científicos hablan de la necesidad de dejar el petróleo bajo tierra, en el estrecho de Ormuz, en la zona de Arabia, hay constantemente buques militares asentados para proteger el transporte marítimo de crudo y asegurar el suministro", añade.

Esa lógica del extractivismo militarizado ha desembocado, según la investigación, en una escalada de violencia contra los denominados defensores de la tierra que se oponen a los proyectos petrolíferos, mineros, de gas o incluso de generación de energía renovable. Desapariciones forzadas, violaciones, acoso sexual y judicial o amenazas a familiares son algunas de las prácticas comunes "llevadas a cabo tanto por actores públicos como privados", expone la publicación, que señala cómo los grupos paramilitares suelen estar al servicio de grandes poderes corporativos. Tanto es así, que esas 23 superpotencias militares sirven de sede empresarial a más de 63.000 trasnacionales con intereses muy variados.

La militarización de los problemas ambientales también se puede percibir en el incremento de los movimientos migratorios asociados al cambio climático. La escasez provocada por los cambios en el clima ha favorecido la aparición de nuevos refugiados que, al salir de sus países, se topan con la securitización de las fronteras. El informe pone el foco sobre algunos países como EEUU y México, cuyo muro de separación –seña de identidad de la administración del expresidente Donald Trump– impide que muchos migrantes centroamericanos afectados por las sequías puedan concluir sus rutas hacia el norte. No en vano, esta militarización de las fronteras también está presente en el Estado español, cuyo límite con Marruecos está marcado por las concertinas de las vallas de Melilla y Melilla.

"En consecuencia, el espacio fronterizo se convierte en escenario de violencia con el impacto que eso supone para los derechos humanos de las personas que son desplazadas por la fuerza de sus hogares por cuestiones ambientales o por otros motivos", argumenta el texto del informe.

Una transición ecológica basada en la desmilitarización

"Para poder llevar a cabo la transición ecológica es necesario que cambiemos el paradigma de seguridad nacional para dirigirse hacia el paradigma de seguridad humana", comenta a Público Meulewaeter. Esa transformación pasa por reorientar las inversiones destinadas a los ejércitos y a los negocios bélicos hacia el desarrollo de herramientas que prevengan y mitiguen las consecuencias de la crisis climática. Según la publicación, con el 10% del gasto militar anual –0,18 billones de dólares– los once países más vulnerables podrían desarrollar infraestructuras e invertir en resiliencia ante las condiciones meteorológicas extremas del cambio climático.

"Hay dos tipos de soluciones a esta crisis. Por un lado, la de las grandes corporaciones que quieren hacer su negocio con las nuevas energías limpias. Por otro lado, las soluciones que tienen como objetivo a las personas", señala Brunet, en relación a cómo el capitalismo verde puede desembocar en un nuevo neocolonialismo. Esto podría traducirse en un incremento de las presiones militares sobre las regiones del Sur Global para la extracción de nuevos recursos y minerales destinados a satisfacer la demanda de baterías y otros componentes necesarios para la electrificación de la economía. "No hay que pensar sólo en los beneficios de ciertas multinacionales, sino que debemos empezar a mirar por sistemas redistributivos basados en un autoconsumo energético que pueda extenderse a todo el mundo", zanja.

Así, la investigación del Centro de Estudios por la Paz concluye que la seguridad de las personas no podrá quedar garantizada en un contexto de transformación climática marcado por la militarización. Las soluciones a esta coyuntura de emergencia pasan, según los investigadores, por "políticas de acogida y cuidado" y no por la fuerza indiscutible de los rifles.

El ejército de EEUU, más emisiones que Bélgica

Si bien entre las superpotencias militares aparecen nombres como el de España, una de las grandes exportadoras de armas. Por encima de todas las administraciones destaca una: EEUU. El país norteamericano es el que más invierte en defensa, con 732.000 millones de presupuesto. Esta cantidad es el 38% del gasto militar mundial y supone más del doble de la suma del gasto de China (261.000 millones) y Rusia (65.000 millones).

Como consecuencia, EEUU posee a las fuerzas armadas más contaminantes del planeta, con un consumo de petróleo y unas emisiones de gases de efecto invernadero propias de un estado. Tanto es así que si el Departamento de Defensa estadounidense fuera un país, sería el 47º mayor emisor de CO2 del mundo, por delante de potencias económicas como Bélgica. Según los datos del informe, en 2017 las tropas norteamericanas liberaron a la atmósfera 212 millones de toneladas de CO2, mientras que el pequeño país europeo generó ese mimo año 114 millones de toneladas de gases contaminantes. 

madrid

22/02/2021 22:46 Actualizado: 22/02/2021 23:36

Alejandro Tena@AlxTena

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Un hombre corre en Nueva Delhi (India), una de las ciudades del mundo más golpeadas por la polución.SOPA Images / getty

Un estudio calcula las muertes que se pueden evitar con las medidas necesarias para cumplir el Acuerdo de París

Salvar millones de vidas y frenar el avance del cambio climático para dejar el calentamiento dentro de los límites menos catastróficos posibles. Es la receta que proponen los responsables de un estudio en el que se calculan los beneficios para la salud humana que pueden tener políticas climáticas relacionadas con las modificaciones en la dieta, la reducción de las emisiones que empeoran la calidad del aire y la movilidad.

El informe se centra en nueve países responsables del 70% de las emisiones de efecto invernadero mundiales y en los que vive el 50% de la población mundial, entre los que figuran los dos principales contaminantes del planeta: China y Estados Unidos. Los autores calculan que solo en esos nueve países se podrían salvar hasta 6,4 millones de vidas al año con la mejora de la dieta a partir de 2040. También, las políticas de reducción de la contaminación del aire propuestas evitarían 1,6 millones de muertes anuales y las de movilidad activa (como desplazarse más en bicicleta y andando) 2,1 millones de fallecimientos.

Para llegar a esas cifras los autores de este estudio publicado en la revista The Lancet Planetary Health parten de un escenario de cumplimiento del objetivo del Acuerdo de París de lograr que el incremento de la temperatura media del planeta se quede por debajo de los 2 grados respecto a los niveles preindustriales. Para cumplir esa meta se necesita que durante la segunda mitad de este siglo se alcancen las emisiones netas cero; y todos los países firmantes del pacto climático deben presentar planes de reducción de sus gases de efecto invernadero.

Los autores traducen esas medidas en beneficios para la salud de la población y proyectan las vidas que se pueden salvar. El ámbito en el que ven más margen de acción es en el referido a los cambios en la alimentación, que se debe transformar hacia un mayor consumo de frutas y verduras y la reducción en el consumo de carne roja y alimentos procesados, con lo que se acercan a las dietas flexiterianas (cercana a la vegetariana pero con proteína animal de forma ocasional). El estudio tiene en cuenta las diferencias locales, lo que hace que se proponga una reducción del consumo de carne roja dispar: mientras que en Suráfrica, el Reino Unido, el Brasil, China, Alemania y los Estados Unidos se plantea una disminución de entre el 86% y el 92%, en la India no se defiende que se baje debido a la poca cantidad de esta proteína que se consume allí.

Respecto a las políticas climáticas que llevarían a la mejora de la calidad del aire, el análisis apunta a que, si se cumple la meta de los 2 grados del Acuerdo de París, las concentraciones de las partículas PM2,5 relacionadas con los combustibles fósiles caerán un 73% en 2040 de media en los nueve países analizados. Esto haría que se evitan hasta 1,6 millones de muertes anuales. Por último, en lo que se refiere a la movilidad, los mayores beneficios para la salud de sus ciudadanos del aumento de los desplazamientos a pie o en bicicleta se lograrían en Estados Unidos, Suráfrica, China y el Reino Unido.

“En el fondo, el Acuerdo de París se puede considerar como un tratado de salud pública”, explica María Neira, directora del Departamento de Salud Pública y Medio Ambiente de la OMS. La Organización Mundial de la Salud, explica esta doctora, lleva décadas incidiendo en la relación entre cambio climático y contaminación y los problemas de salud. Pero Neira admite que en los últimos años se ha producido un boom de estudios de este tipo. “En la OMS ponemos también mucho énfasis en los argumentos positivos; es decir, que la gente vea el cambio climático como un problema, pero que también vea que existen soluciones que son positivas para la salud”, señala relación con el informe de The Lancet, una publicación con la que su organización colabora desde hace años. “Las políticas contra el cambio climático tienen beneficios que también nos ayudarán a evitar vulnerabilidades respecto a las pandemias o la calidad del aire, y que suponen beneficios económicos”, añade Neira.

“El cambio climático es un problema de salud”, resume Julio Díaz Jiménez, investigador de la Escuela Nacional de Sanidad en Instituto de Salud Carlos III. Díaz también aprecia en los últimos años un incremento de los estudios y artículos en los que se relaciona el calentamiento global, la contaminación y los problemas de salud. “Durante años hizo mucho daño que se relacionara el cambio climático solo con los osos polares y la pérdida de biodiversidad”, añade este investigador, quien aplaude la proliferación de análisis que ponen la salud en el punto de mira.

Sin embargo, Díaz cree que se debe dar un salto más y pasar de los informes con “un enfoque global” a afrontar los impactos con un “enfoque local”. Por ejemplo, se tendría que intentar que los científicos vayan más allá de los modelos en los que se cifran las muertes prematuras causadas por la polución de forma global, para analizar estos problemas de forma local y así para poder aplicar planes de acción concretos. Además, este investigador pide más acción de los políticos en esa línea y plantea, por ejemplo, la necesidad de que España cuente con un observatorio de salud y cambio climático que permita tomar decisiones.

Víctimas de los combustibles fósiles

El estudio de The Lancet ha coincidido con otro artículo, este publicado en la revista Environmental Research, en el que se afirma que la contaminación generada por los combustibles fósiles está detrás del 20% de las muertes anuales en el mundo, lo que supone alrededor de ocho millones de personas fallecidas cada año. La OMS señala desde hace años que anualmente mueren en el planeta siete millones de personas por la mala calidad del aire y que el 75% son responsabilidad de los combustibles fósiles. El estudio publicado ahora eleva más esa cifra partiendo de los datos de 2012 y 2018 y de un nuevo modelo de contabilización. En España, se cifra en 44.603 personas mayores de 14 años las mueren cada año como consecuencia de la contaminación atmosférica por las partículas PM2,5 asociadas a los combustibles fósiles.

Por Manuel Planelles

Madrid - 10 feb 2021 - 06:44 UTC

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Corea del Sur construirá el parque eólico marino más grande del mundo

Aseguran que generará una energía comparable a seis centrales nucleares

Estará situado frente a las costas de Sinán, al sudoeste del país y su capacidad máxima será de 8,2 gigavatios. Representa una inversión de 43.200 millones de dólares. 

Las autoridades de Corea del Sur firmaron este viernes un contrato de 43.200 millones de dólares para la construcción del parque eólico marino más grande del mundo.

Corea del Sur carece de recursos energéticos tradicionales, ya que actualmente depende en su mayor parte de sus importaciones de carbón, que sirven para alimentar el 40% de su electricidad. 

Debido a que el carbón es un recurso energético muy contaminante, el país se fijó el objetivo de lograr la neutralidad en materia de carbono para 2050.

El presidente de centroizquierda Moon Jae-in también busca abandonar gradualmente la energía nuclear y así apostar de forma masiva por la eólica, la hidroeléctrica y la solar.

El mandatario supervisó la firma del contrato de 43.200 millones de dólares para la construcción de un gigantesco parque eólico frente a las costas de Sinán, situadas al sudoeste del país, cuya capacidad máxima será de 8,2 gigavatios.

Moon destacó que será siete veces más grande que el mayor campo eólico en alta mar y generará una energía comparable a seis centrales nucleares. Además, resaltó su privilegiada posición geográfica en la península. 

“Tenemos un potencial infinito de energía eólica marina y la mejor tecnología del mundo en este campo”, señaló el jefe de Estado.

El acuerdo involucra a 33 entidades diferentes que incluye a gobiernos regionales, la compañía eléctrica Kepco, y grandes compañías privadas como Doosan Heavy Industries & Construction y SK E&S.

Moon indicó que es posible que las obras comiencen recién dentro cinco años o más, aunque aseguró que el gobierno se esforzará por acelerar este proceso.

El año pasado, Seúl anunció su objetivo de entrar en el top 5 mundial de los países productores de energía eólica para 2030. Corea del Sur posee actualmente 24 centrales nucleares, la densidad más alta del mundo.
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Desde 2019 se ha hecho más popular y extendido geográficamente el movimiento de marchas y protestas relacionado con el cambio climático. Foto: Reuters

En una encuesta del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Universidad de Oxford, que abarcó 50 países y se aplicó en 17 idiomas, dos tercios de los consultados consideraron que el cambio climático es una emergencia global. Entre los menores de 18 años, esa percepción se elevó al 70% de los encuestados.

Hasta ahora, no existía una encuesta que mostrara lo que piensa la población general al respecto, así que el PNUD y la Universidad de Oxford concibieron una macroencuesta llamada Voto popular por el clima.

En el sondeo, realizado a través de anuncios insertados en juegos de aplicaciones móviles, 1 220 000 personas mayores de 14 años respondieron a la encuesta más amplia realizada hasta el momento sobre el cambio climático, que llegó a personas de diferentes niveles educativos, géneros y edades. 

Los resultados muestran que el 64% de la población que respondió cree que el cambio climático es una emergencia, una respuesta que varía bastante según la región y los países.

En la encuesta participaron 550 000 menores de entre 14 y 18 años, un segmento demográfico que suele ser ignorado en los sondeos de opinión. El 70% de estos respondió que considera el cambio climático una emergencia, mientras que los adultos de entre 18 y 59 años se situaron entre el 65 y 66%.

Entre los mayores de 60, que serán los menos afectados por los cambios en el clima a futuro, solo el 58% respondió afirmativamente.

El sondeo forma parte de una campaña lanzada por Naciones Unidas para educar a la población acerca de las soluciones para frenar el cambio climático y dar información a los Gobiernos de cuáles son, de acuerdo con la ciudadanía, las acciones que cada país debería tomar para abordar la crisis.

La encuesta reveló que las cuatro políticas más populares son la conservación de los bosques y de la tierra, el uso de energías limpias y renovables, la implementación de técnicas agrícolas respetuosas con el clima y el aumento de la inversión en negocios y empleos verdes. Sin embargo, la que menos aceptación tuvo fue la de promocionar dietas vegetarianas, con el voto del 30% de los participantes.

La solución para frenar o combatir el cambio climático que más apoyo recibió entre los que respondieron a esta macroencuesta de la ONU fue la conservación de los bosques y de la tierra.

5 febrero 2021

(Con información de AFP)

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Jueves, 04 Febrero 2021 05:31

Corporaciones y economía verde

Corporaciones y economía verde

Empresas líderes mundiales en la carrera por la emisión cero de carbono

El cambio climático y el desafío de la llamada cuarta revolución industrial. La promesa de los gigantes de la economía mundial de cuidar el ambiente.

 

El cambio climático no es sólo una preocupación global que exige líneas de acción a la comunidad política sino que también está en el centro de la llamada cuarta revolución industrial. Por ello, es motivo de disputa de parte de los grandes jugadores del capitalismo mundial. Una de las iniciativas de más impacto mediático en torno a este tema es el “Climate Pledge” co-fundado por Jeff Bezos, fundador y CEO de Amazon. El gigante mundial de las compras online lidera una de las iniciativas impulsadas por el sector privado en relación a la “economía verde”. El Climate Pledge de Amazon ya logró que empresas como Microsoft, Unilever, Coca-Cola, Cabify, Uber, Siemens, Mercedes Benz y Verizon ya hayan asumido su compromiso de “emisión neta de carbono igual a cero” para el año 2040. En el mismo tren de la promesa de neutralidad hay otras dos decenas de empresas líderes en diferentes rubros de actividad.

El protagonismo de las empresas de máximo nivel en los compromisos vinculados al cambio climático se conjuga con las promesas de buena parte de los países de todo el mundo para reducir sus emisiones, incluyendo a la Unión Europea, China y los Estados Unidos. Esto implica que el cambio climático no es solamente un hecho sobre el cual la ciencia no tiene dudas y que por lo tanto exige cambios en la manera de producir, consumir y desechar. Es además una carrera por la conquista de nuevas tecnologías que van a ser eje del capitalismo en las próximas décadas, mucho antes de que el mundo ingrese en una fase de colapso o de que se agoten los combustibles fósiles.

Números actualizados

En el Foro de Davos, que tuvo lugar la semana pasada de forma virtual, se dieron a conocer las últimas cifras disponibles en relación al cambio climático. La NASA midió que el 2020 fue el año más caluroso desde mediados del siglo XIX, cuando comienza la serie de cálculos climáticos. Para otras fuentes científicas como el sistema Copernicus de la Unión Europea y la Universidad de Berkeley, el año pasado fue el segundo más caluroso después de 2016. Se estima que la superficie de la Tierra está entre 1,2 y 1,3 grados Celsius más cálida en relación al período pre-industrial, a raíz de una suba de la temperatura de 1,04 grados Celsius en los océanos y de 1,94 en la tierra firme.

Para tener idea de la dimensión del desafío en materia climática, cabe recordar que el Acuerdo de París definió que la meta es que el calentamiento global no supere los 2 grados en relación al período industrial y preferentemente se ubique en un máximo de 1,5 grados. Hay fuerte consenso entre la comunidad científica alrededor del planteo de que sin que medien cambios más profundos en los sistemas de generación de energía y consumo energético, el mundo enfrentaría un escenario de temperaturas que de mínimo modificaría sustancialmente las condiciones de vida en las regiones más comprometidas, con fuertes cambios en los ciclos agrícolas, entre otras cosas.

Cómo juegan las grandes empresas

Jeff Bezos, la segunda persona más rica del mundo, comprometió a Amazon a alcanzar la emisión neta de carbono igual a cero en 2040. Entre las promesas del gigante del comercio electrónico está la operación plena con energía renovable para 2025, llegar a 2030 con el 50 por ciento de emisión cero en el transporte de mercancías, 100 mil vehículos eléctricos para las entregas de paquetes, inversión de 2 mil millones de dólares para el desarrollo de tecnologías y servicios que permitan reducir las emisiones de carbono y la inversión de 100 millones en proyectos de reforestación y mitigación.

El programa “Climate Pledge”, co-fundado por Bezos, se jacta de contar con el compromiso climático de un nutrido grupo de empresas líderes en el mundo:

Coca-cola: La división europea de la empresa se comprometió a llegar a la neutralidad de carbono para 2040 en toda su cadena de valor y bajar sus emisiones de gas invernadero un 30 por ciento para 2030. La firma aclara que ya tiene en vigencia medidas como el uso de electricidad proveniente de fuentes renovables, reducción de la intensidad energética del equipamiento para producir bebidas y el cambio en la composición de las botellas de plástico.

Unilever: Se comprometió a no emitir gases efecto invernadero en sus operaciones para 2030, al pasar a 100 por ciento de energía renovable.

Mercedes Benz: la marca alemana es socio de Amazon en el transporte de las mercancías y tiene el objetivo de hacer que toda su flota de autos alcance la neutralidad de carbono para 2039 mediante la electrificación. La empresa germana espera que para 2030 los autos eléctricos expliquen más de la mitad de las ventas totales de sus autos. Además, la producción de los vehículos también estaría basada en la energía renovable. “Preferimos hacer lo que nuestros fundadores han hecho: ser arquitectos de una nueva movilidad sin caballos. Hoy, la tarea es la movilidad sin emisiones”, dijo el CEO, Ola Källenius.

Por fuera del acuerdo que lidera Amazon, hay muchas otras empresas con compromisos públicos de emisión cero. Entre ellas está incluso BP (ex British Petroleum), el gigante petrolero que aseguró que para 2050 alcanzaría la neutralidad de sus operaciones junto a la baja del factor contaminante de sus hidrocarburos. Dijo que reducirá su producción de petróleo y gas en un 40 por ciento para 2030 e instalaría equipos para contener la emisión de metano. También Repsol asumió compromisos en materia de neutralidad de carbono. Otras empresas con compromisos públicos son Ford, Facebook, General Mills, Mastercard, Paypal, Ikea, American Airlines, General Motors, Pepsico, Nestlé, Vodafone, Telefónica, Scania, Bayer, Colgate y Sony.

Por Javier Lewkowicz

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Joe Biden firma la orden ejecutiva acompañado de la vicepresidenta Kamala Harris y el enviado especial para el clima John Kerry | Foto: Mandel Ngan/AFP

El nuevo presidente de EE. UU. lanzó una batería de medidas con las que se propone que el país lidere el combate a la crisis climática global. La letra chica más allá de las frases solemnes.

 

"No vamos a prohibir el fracking, vamos a proteger y aumentar los empleos”. La frase de Joe Biden este miércoles en la Casa Blanca no deja lugar a dudas: aunque la "suspensión del fracking" haya copado los titulares, en verdad la agenda climática presentada por el mandatario no es más que llevar a la práctica lo que había declarado en campaña, cuando expresó: "Nunca dije que me opongo al fracking: dije ’no al fracking en terrenos federales’". Queda claro: Biden no prohibirá la fractura hidráulica en el 90 % restante del territorio.

El presidente demócrata tiene una ventaja: en vistas del grosero negacionismo de Donald Trump, cualquier tibia medida respecto a la crisis climática y ecológica mundial será recibida como un gran avance para combatir un escenario que los científicos, a la luz de la evidencia, piden que se trate como una emergencia.

En conferencia de prensa junto a la vicepresidenta Kamala Harris y el enviado presidencial especial sobre el clima, John Kerry, anunciaron la creación de nuevos roles climáticos, miles de puestos de trabajo y la restauración de la “integridad científica” en su administración.

Biden cumplió con la promesa de reincorporar al país al Acuerdo de París, del que había salido oficialmente en noviembre tras años de gestiones del Gobierno de Trump. Además, suspendió el resistido oleoducto Keystone XL. “Necesitamos un Keystone por día. Eso es lo que realmente significa ‘quedarse sin tiempo’”, respondió Peter Kalmus, reconocido científico y activista climático estadounidense, tras el anuncio. Para el especialista, el Acuerdo de París, que ya cumplió cinco años, no está “ni cerca” de las acciones que realmente se necesitan.

"Nos estamos quedando sin tiempo” es una de las frases predilectas del flamante presidente norteamericano en lo que a la crisis climática refiere. Con su batería de medidas busca mostrar compromiso por parte de Estados Unidos, ausente en las cumbres climáticas de los últimos años pese a ser el segundo país más contaminante del mundo.

Entre sus objetivos figura el “empoderamiento” de trabajadores y empresas estadounidenses para que lideren lo que llama “una revolución de energía limpia” para que el sector energético se independice del carbono para 2035, comprometiéndose en un “camino irreversible” hacia una economía con cero emisiones para 2050. Una concepción curiosa de lo que significa “quedarse sin tiempo”.

Tras cuatro años de desfinanciamiento de las políticas ambientales y promoción de más actividades ecodestructivas (el último intento de Trump fue la oferta de licencias para la explotación petrolera en el Ártico, que resultó fallida por falta de participación), el comunicado de prensa de la Casa Blanca enfatiza que las medidas climáticas de Biden apuntan al "talento y la capacidad de innovación" de los trabajadores, a revitalizar el sector energético de EE. UU., conservando los recursos naturales, aprovechándolos camino a “un futuro de energía limpia, creando empleos bien remunerados, con la oportunidad de afiliarse a un sindicato, y brindando justicia a las comunidades que han sido sometidas a daños ambientales”.

La potencia imperialista es el segundo contaminante a nivel mundial detrás de China. Como tal tiene la posibilidad de arruinar ecosistemas y disparar verdaderas “bombas climáticas” con una mera orden ejecutiva. Barack Obama, del que Biden fuera vicepresidente durante ambos mandatos, se jactaba de ser el que más pozos petroleros perforó, habilitando la fractura hidráulica pese al repudio de las comunidades por la contaminación, la destrucción y el riesgo sísmico.

Biden suspende nuevas licencias, pero no erradica el fracking. Desde 2010 en adelante, en plena era Obama, esta práctica se multiplicó exponencialmente, por lo que para acercarse a sus compromisos de “energía limpia” y “cero emisiones” Biden debería desandar el camino de la administración demócrata previa y el innegable aporte republicano de los últimos años. Y eso solo en el territorio norteamericano.

Estados Unidos intenta adecuarse cinco años después a los objetivos del Acuerdo de París. Ahora los expertos coinciden en que, aun si todas las naciones firmantes cumplieran sus premisas, el calentamiento rondaría los 2.6 – 3.1° C para 2100, mucho más que el límite de aumento de 1.5º C que fijó el tratado climático, suba de temperatura a la que nuestro planeta llegaría entre 2030 y 2052. El último umbral de seguridad al que podríamos aspirar.

Es claro que se necesita mucho más que no ser Trump para combatir un escenario de posible colapso climático y ecológico. Las medidas insuficientes, simbólicas y tardías de la mayor potencia mundial no hacen más que confirmar lo que decían los letreros en las masivas movilizaciones climáticas: “Hay que cambiar el sistema, no el clima”.

Algunas de las medidas de Biden-Harris

  • • Ubica la crisis climática en el centro de la política exterior y de seguridad nacional y se plantea ejercer “liderazgo” para subir la ambición global en el combate a la situación. Para ello parte de los objetivos del Acuerdo de París, por lo que EE. UU. se pondría a tono con la Contribución Determinada a Nivel Nacional que le exige a todos los firmantes.
  • • Biden será anfitrión de una Cumbre de Líderes Climáticos el 22 de abril, Día de la Tierra, y volverá a convocar al Foro de Grandes Economías. Creó un nuevo cargo, que ocupa John Kerry: enviado presidencial para el clima, que integrará el Consejo de Seguridad Nacional y, según la resolución, actuará como “presión” norteamericana para apuntalar los compromisos en foros internacionales. En lo que respecta a la situación doméstica y sin brindar mayores precisiones, Biden encargó a Avril Haines, directora de Inteligencia Nacional, que confeccione un reporte sobre las implicancias de seguridad vinculadas a la crisis climática.
  • • Se crea la Oficina de Política Climática Nacional de la Casa Blanca, dirigida por un asesor climático nacional y un asesor climático nacional adjunto. Tendrán despacho en la Casa Blanca y coordinarán e implementarán la “agenda climática” del presidente. También habrá un Grupo de Trabajo Nacional sobre el Clima, con veintiún líderes de distintas carteras, es decir, una suerte de gabinete climático.
  • • Con el espíritu de “liderar con el ejemplo” y de acuerdo con el plan de recuperación económica impulsado por Biden, en el cual afirman que los empleos en energías limpias son un pilar, les ordena a las agencias federales que se abastezcan de energías limpias y libres de carbono y vehículos que no contaminen. Con esto aspiran a crear miles de puestos de trabajo en el sector, "bien pagos y sindicalizados", inspirados en la orden de “Compre norteamericano”.
    • Entre las medidas que más “revuelo” causaron se encuentra la orden al secretario de Interior para que suspenda nuevas licencias de petróleo y gas natural en tierras y aguas federales. A su vez, sin darlas de baja, le pide una “revisión profunda” de todas las concesiones vigentes hasta la fecha en el área de combustibles fósiles. Se eliminan a su vez los subsidios al sector y se busca identificar cómo “duplicar la producción de energía renovable a partir de la energía eólica marina para 2030”.
    • Quieren reconstruir la infraestructura para adaptarla a una “economía sustentable”: prometen crear empleos en construcción, manufactura, ingeniería y otros oficios especializados para reducir la contaminación climática.
    • Se propone conservar el 30 % de tierras y océanos hacia 2030 y llaman a crear la Iniciativa del Cuerpo Civil del Clima para que la población ayude a restaurar y conservar tierras y aguas públicas, reforestando y protegiendo la biodiversidad. También solicita al secretario de Agricultura que recopile información de agricultores, ganaderos y otros sectores interesados sobre cómo fomentar prácticas agrícolas “climáticamente inteligentes” para reducir y secuestrar carbono.
    • Crea una suerte de grupo asesor, coordinado por el asesor climático nacional y el director del Consejo Económico Nacional, para ayudar a las comunidades de plantas de energía de carbón y a las áreas de gas y petróleo para avanzar en reducción de emisiones de gases tóxicos y GEI, previniendo el daño a sus comunidades.
    • Habla de “justicia ambiental” y “estímulo de oportunidades económicas”: Biden solicita a cada cartera de su Gobierno el desarrollo de políticas que aborden “los impactos desproporcionados en la salud, el ambiente, la economía y el clima en las comunidades desfavorecidas” y crea dos organismos asesores en materia de justicia ambiental. Crea la Iniciativa Justicia40 por la que se comprometen a entregar el 40 % de los beneficios generales de las inversiones federales a comunidades desfavorecidas.
    • Se restablece el Consejo de Asesores de Ciencia y Tecnología del Presidente. A su vez, Biden firmará un memorando cuyo objetivo declarado es “proteger a los científicos de la interferencia política” que garantice que puedan pensar, hablar y aportar libremente información valiosa para el país. A las dependencias de su Gobierno les pide que tomen decisiones basadas en “la mejor ciencia disponible”, ya que “la interferencia política inadecuada en el proceso científico, con el trabajo de los científicos y en la comunicación de hechos científicos socava el bienestar de la nación”.

Por Valeria Foglia

@valeriafgl | Editora de Ecología y ambiente

Miércoles 27 de enero | 20:00

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Los giros subtropicales, cuyas aguas se mueven en sentido horario en el hemisferio norte y antihorario en el hemisferio sur, dominan las regiones centrales de los océanos. Arnold Gordon / Britannica

 

El cambio de década nos trae el regalo de la Década de la Ciencia Oceánica para el Desarrollo Sostenible. Es muy oportuno, por tanto, destacar que los océanos no solo son el elemento esencial y central de la vida en nuestro planeta, son también los grandes reguladores del cambio climático.

Una de las claves del control climático planetario yace en la circulación global profunda, también conocida como la cinta transportadora global, una gran corriente que alcanza las regiones abisales de todos los océanos del planeta.

Esta corriente planetaria se origina en aguas superficiales a altas latitudes en el Atlántico Norte y alrededor del continente antártico. Cada invierno, estas aguas frías y saladas se hunden, iniciando así la cinta transportadora global. En pocas semanas se produce la inyección de 1 500 billones de metros cúbicos de agua hacia las profundidades del océano. Esto supone un promedio anual de unos 48 millones de metros cúbicos por segundo, más de 200 veces el caudal medio del río Amazonas.

El inicio de esta circulación global viene acompañado, también en invierno, por otro hundimiento de aguas superficiales. Este bombeo está ocasionado por el viento y ocurre en latitudes medias y altas. Allí, las aguas se sumergen hasta unos 1 500 m, ocasionando que la temperatura y otras propiedades varíen en profundidad de forma análoga a como lo hacen con la latitud.

Estas aguas realizan un viaje submarino transoceánico, delimitando los grandes giros subtropicales. Se trata de grandes sistemas de corrientes oceánicas influidas por los vientos y el movimiento de rotación de la Tierra. El resultado es lo que se conoce como circulación termoclina.

El sistema circulatorio de la Tierra

La cinta transportadora global y la circulación termoclina pueden imaginarse como el sistema circulatorio de la Tierra.

El circuito termoclino recorre los giros transoceánicos, distribuyendo continuamente la energía y regenerando los nutrientes en el sistema. Cada varios años, las aguas regresan a la superficie y se intercambian gases con la atmósfera, como si fuera el circuito pulmonar de nuestro planeta vivo.

En contraste, la cinta global tarda cientos e incluso miles de años en recorrer todo el planeta, manteniendo la memoria de climas pasados.

Las aguas frías que se hunden a latitudes altas del Atlántico Norte son eventualmente reemplazadas por el ramal de retorno de la cinta transportadora global, aguas cálidas y ricas en nutrientes provenientes de regiones tropicales y subtropicales.

El resultado es un flujo de calor y nutrientes que se dirige hacia las altas latitudes del Atlántico Norte. El calor allí liberado mantiene el clima moderado del norte de Europa y el suministro de nutrientes inorgánicos sostiene la espectacular floración primaveral del océano Atlántico Norte.

Corrientes y clima

El clima de la Tierra está condicionado en gran medida por el equilibrio radiativo local, que depende de la reflexión de la radiación solar (albedo) y de la fracción de radiación emitida por la Tierra que no puede atravesar la atmósfera (efecto invernadero).

Pero igualmente importante es la transferencia de calor desde los trópicos hacia altas latitudes, que ocurre gracias a los vientos atmosféricos y las corrientes oceánicas. En el océano esto queda determinado por la intensidad de la cinta transportadora global y del circuito termoclino.

La fuerza y extensión vertical de la cinta transportadora global del Atlántico no siempre ha sido la misma. Los indicadores paleoceanográficos en sedimentos indican que hace unos 20 000 años la cinta transportadora del Atlántico Norte era mucho más débil y menos profunda. Como consecuencia, el transporte de calor hacia altas latitudes era menor y la Tierra experimentó un máximo glacial.

Las predicciones sugieren que a lo largo de este siglo la región subpolar se calentará y salinizará, esto último debido a la intrusión de aguas saladas subtropicales. El pronóstico es que la cinta transportadora global se ralentizará, aunque la competencia de los flujos de calor y agua dulce genera grandes incertidumbres.

Aguas con menos oxígeno y más ácidas

A los factores físicos que controlan el clima se les une la autorregulación del planeta vivo, en continua evolución hacia un estado optimizado.

Dos ejemplos de interacción entre clima y vida son el control del dióxido de carbono mediante cambios en producción primaria y la influencia del plancton marino en la formación de nubes.

Otro ejemplo es la expansión de las regiones oceánicas hipóxicas, o zonas de bajo oxígeno. Estas ocurren en el margen oriental de todos los grandes océanos, en regiones relativamente aisladas entre los giros subtropicales y tropicales. Su expansión puede deberse a cambios en los patrones de circulación, el calentamiento de las aguas y el aumento de la producción primaria.

Los océanos también han incorporado alrededor del 40 % del dióxido de carbono antropogénico emitido a la atmósfera, ocasionando una acidificación significativa. Como consecuencia, han disminuido las profundidades de saturación de calcita y aragonita, lo que reduce las regiones donde pueden crecer los organismos calcáreos.

La unión de estos factores estresantes (calentamiento, salinización, desoxigenación, acidificación, contaminación, sobrepesca) representa una amenaza significativa para muchas especies marinas, con un impacto alto en la biodiversidad marina y en la evolución del propio planeta.

Consecuencias del Antropoceno

El Holoceno, el cálido periodo interglacial que ha caracterizado a nuestro planeta durante los últimos 12 mil años, está siendo alterado por la humanidad.

La emisión de grandes cantidades de dióxido de carbono ha modificado el equilibrio radiativo y ha llevado a la Tierra hacia un nuevo estado metabólico, el Antropoceno.

Un efecto importante ha sido que la temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado en 1,2 °C  desde el periodo preindustrial, a mediados del siglo XIX, hasta la actualidad. Esto ha sucedido a pesar de la elevada capacidad reguladora de los océanos, que han absorbido alrededor del 90 % del exceso de calor antropogénico en el sistema terrestre con un aumento en su temperatura media de apenas 0,15 °C.

Si no fuera por el efecto antropogénico, la Tierra ya hubiera entrado lentamente en un período glacial, que se iría acentuando hasta encontrar su enfriamiento máximo dentro de unos 60 mil años.

Sin embargo, los modelos nos dicen que el clima interglacial actual se fortalecerá por otros 20 o 25 mil años. El próximo máximo glacial no tendrá lugar hasta dentro de unos 110 mil años.

¿Un resultado impredecible?

Las observaciones y los modelos nos dicen que el clima de la Tierra ha cambiado y seguirá cambiando. Grandes extensiones de nuestro planeta experimentan el aumento del nivel del mar, fuertes sequías o lluvias torrenciales, huracanes intensos más frecuentes, agudas olas de calor, pérdida de biodiversidad e incremento en las enfermedades infecciosas.

No podemos predecir con certeza el futuro. La extrema complejidad del océano viviente, la interacción de los procesos físicos y biogeoquímicos en todas las escalas espaciales y temporales hace que el sistema pueda tomar caminos inesperados.

Sin embargo, la ciencia de forma casi unánime nos advierte que se requiere una acción inminente si queremos mantener un clima favorable para la humanidad. Es imperativo definir unos límites planetarios y es tarea de todos respetarlos.

Nuestro planeta vivo, con el océano como componente central y esencial, es robusto y tiene una elevada capacidad reguladora. Su resiliencia ha sido probada a lo largo de la historia de nuestro planeta. La conjunción de mecanismos vivos y no vivos ha provocado su baja entropía y alta complejidad.

Esta elevada complejidad, resultado de la infinitud de procesos que sostienen y conforman la propia vida, convierte a un sistema terrestre potencialmente frágil en un ser vivo, dinámico y robusto. Gaia evolucionará y se desplegará en beneficio de todo el sistema y no de una de sus partes. Está en nuestras manos lograr que la humanidad se mantenga en armonía con esta evolución.

 

Por Josep Lluís Pelegrí Llopart

Oceanógrafo y profesor de investigación, actualmente director del centro, Instituto de Ciencias del Mar (ICM-CSIC)

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Imagen de archivo de una zona boscosa con deforestación en la Sierra de Chiribiquete, Colombia, Abril 28, 2019. Cortesía de la Presidencia de Colombia/Distribuida vía RREUTERS. ATENCIÓN EDITORES, ESTA IMAGEN FUE CEDIDA POR UN TERCERO

WWF aseguró que las regiones colombianas de la Amazonía y el Chocó Darién están entre los lugares con más deforestación en el mundo. Recogió varias causas, además de lecciones y enfoques para enfrentarla.

 

Este 13 de enero, World Wildlife Fund Colombia (WWF), dio a conocer un informe en el que señala que actualmente existen en el mundo 24 lugares altamente amenazados por la deforestación, entre los que están la Amazonía colombiana y el Chocó Darién, de Colombia y Ecuador.

El reporte, denominado “Frentes de deforestación; impulsores y respuestas en un mundo cambiante” analiza estos lugares, que tienen una concentración significativa de puntos críticos donde grandes áreas de bosque remanente se encuentran amenazadas.

Lea también: Colombia “se rajó” en Derechos Humanos durante 2020

Según la información de WWF, nueve de estos 24 frentes de deforestación están en América Latina: seis en la Amazonía en Brasil, Colombia, Perú, Bolivia, Venezuela/Guyana; otro en el Gran Chaco (Paraguay/Argentina); uno en el Cerrado (en Brasil); uno en Chocó-Darién – Colombia/Ecuador; y otro en la Selva Maya (México/Guatemala).

De acuerdo con la organización, en estas zonas se identificaron 12 impulsores de deforestación, “entre los que la agricultura a gran escala se ubica como la mayor causa detrás de la pérdida de bosques alrededor del mundo, con áreas boscosas despejadas, para dejar espacio al ganado y los cultivos”.

La resolución de la problemática necesita cambios transformadores

El informe llama la atención sobre el papel de la deforestación y la degradación forestal, “como los principales impulsores de las enfermedades zoonóticas”. Según explica la organización, “cuando están sanos, los bosques son un amortiguador contra enfermedades como el covid-19. Pero cuando los bosques son atacados, sus salvaguardas se debilitan, ocasionando la propagación de enfermedades”.

Fran Raymond Price, líder global de la práctica de bosques de WWF, señaló la importancia de cambiar nuestra relación con la naturaleza. Según ella, “debemos abordar el consumo excesivo y dar más valor a la salud y la naturaleza en lugar del actual énfasis en el crecimiento económico y las ganancias financieras a toda costa. El riesgo de que surjan nuevas enfermedades es mayor en las regiones de bosques tropicales que están experimentando cambios en el uso de la tierra”.

Posibles caminos para enfrentar la deforestación

WWF recoge en su informe que, las respuestas a la deforestación “deben ir acompañadas de condiciones que aseguren su permanencia a largo plazo, como un apoyo político ambicioso y continuo”.

En el caso de Colombia, menciona que el país “está ante una oportunidad única en términos políticos para abordar esta problemática”, ya que señala que justamente el pasado 29 de diciembre, el Gobierno nacional presentó ante Naciones Unidas su Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), como aporte para el cumplimiento del Acuerdo de París de Cambio Climático.

“Dentro de la ambiciosa meta de mitigación -reducir en 51% las emisiones de Gases de Efecto Invernadero proyectadas para 2030- el Gobierno contempla pasar a una tasa de 50.000 hectáreas deforestadas por año en 2030. En 2019, la tasa de deforestación en el país fue de 158.894 hectáreas, mientras que en 2018 el área deforestada sumó 197.159 hectáreas”, asegura WWF en su reporte, con cifras del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam).

También señala la Política nacional para el control de la deforestación, aprobada recientemente por el Gobierno, así como también la gestión sostenible de los bosques, “en la que se identifican las acciones que este mismo debe desarrollar de manera articulada con los sectores, comunidades, entre otros actores, para controlar esta problemática, y promover la conservación y manejo sostenible de los bosques”.

De acuerdo con WWF, las medidas de esta política deben estar articuladas con otros instrumentos y compromisos regionales asumidos por Colombia como el Pacto de Leticia, y la NDC actualizada, entre otros.

“Para que el país logre sus cometidos será crucial reconocer la contribución de los pueblos indígenas, las comunidades afrodescendientes, campesinas y locales al cumplimiento de la NDC -especialmente en el componente de medios de implementación- y otras políticas nacionales, a partir de los ejercicios propios y autónomos de manejo del territorio que hacen, teniendo en cuenta el rol que han tenido por décadas en la conservación de los bosques que habitan”, puntualizó la organización ambiental.

WWF también asegura que, los compromisos de deforestación cero por parte de las empresas, “son un paso clave, pero que la mayoría luchan por impulsar una agenda de conservación sin que haya marcos normativos y políticas nacionales que apoyen su esfuerzo”, por lo que advierte que, “cuando las políticas gubernamentales coinciden con las iniciativas privadas, pueden producirse importantes disminuciones en la pérdida del bosque, como fue el caso en ciertas partes de Indonesia y en la Amazonía brasileña, donde el gobierno apoyó la reducción de la deforestación e implementó la correspondiente legislación”.

En cuanto a las áreas protegidas en Colombia, WWF señala que, aunque enfrentan enormes presiones, “su rol contra la deforestación tiene aún más relevancia en este momento, ya que son la casa que salvaguarda nuestra biodiversidad, además que son claves en la lucha contra la deforestación que se creen y mejoren en lugares estratégicos, aspectos como su conectividad, así como la inclusión de las comunidades locales para la protección de sus territorios.

En Colombia, WWF trabaja para reducir la deforestación junto a comunidades campesinas e indígenas, realizando monitoreo forestal, capacitaciones en prevención de incendios forestales, manejo forestal sostenible, restauración de bosques, entre otras acciones. “Pero acá debe haber respuesta desde diferentes ángulos y el Estado también desempeña un papel importante en términos de los compromisos que han adquirido, como por ejemplo desde el Pacto de Leticia”, dijo Miguel Pacheco, coordinador Recursos Naturales y Medios de Vida en WWF Colombia.

14 de Enero de 2021

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Miércoles, 30 Diciembre 2020 05:41

Hacia una eco-ética mediante la educación laica

Hacia una eco-ética mediante la educación laica

El Cambio global es un problema social y político urgente. Necesitamos una cultura laica y humanística que sepa asimilar el conocimiento científico para hacer frente al Cambio Global

Se entiende por Cambio Global al conjunto de cambios ambientales que afectan a la Tierra como sistema. De estos, los controlables son los factores de origen antropogénico, que afectan a las funciones de los ecosistemas proveedores de los servicios ambientales necesarios para nuestra supervivencia y bienestar. Estos servicios se suelen clasificar en servicios de abastecimiento (alimentos, agua, madera, energías renovables, etc.), de regulación (regulación hídrica, depuración del agua, fertilidad natural del suelo, control de la erosión, polinización, control de plagas y especies exóticas invasoras) y culturales (disfrute recreativo, estético, espiritual, etc.) (EME, 2011).

Las actividades humanas que más inducen el Cambio son la transformación de uso del suelo, el calentamiento climático inducido, la contaminación de atmósfera, aguas y suelos, las perturbaciones en los ciclos biogeoquímicos, la introducción de especies exóticas invasoras y la sobreexplotación de los ecosistemas.

Dado que el Cambio Global obedece a múltiples relaciones causales, con efectos a diferentes escalas espaciales y temporales, su evolución es incierta. Esta incertidumbre dificulta la toma de decisiones por parte de los gestores y la comunicación con los diferentes grupos sociales.

El Cambio Global incluye el cambio climático o calentamiento global, donde se ha puesto el peso de las políticas internacionales y los umbrales de alarma más conocidos por la población. También incluye la pérdida de diversidad biológica amparada por los objetivos incumplidos una y otra vez del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica (CDB), ya que la mayoría de los países no reconocen la importancia de la biodiversidad para la supervivencia de sus poblaciones a largo plazo. A pesar de la evidencia proporcionada por la Evaluación Global de la Plataforma Intergubernamental Científico-Normativa sobre Diversidad Biológica y Servicios de los Ecosistemas (IPBES, por sus siglas en inglés)

Aunque el Cambio Global es un problema social que atañe a toda la humanidad, ya que precisa de cambios urgentes y revolucionarios en los modos de vida, otros temas menores nos distraen de la solución. Por el momento, y a pesar de los esfuerzos individuales de personas concienciadas, no parece que haya una respuesta coordinada, adecuada y contundente ante tal amenaza de calibre planetario.

Ante los intereses monetarios de grandes corporaciones y la complicidad de los políticos, la inacción y dispersión de las acciones ciudadanas adolece de la fuerza necesaria para presionar convenientemente a los gobiernos, últimos responsables de la aplicación de las correspondientes medidas y propuestas por las directivas y convenios internacionales.

Entre las causas de esta aparente desidia o falta de voluntad de la sociedad podemos incluir:

  • La ignorancia de gran parte de la sociedad para entender adecuadamente temas científicos y ambientales complejos.
  • La dificultad de las personas para comprender las relaciones y las tramas ecológicas que nos hacen dependientes de la biosfera, así como el efecto de las perturbaciones de las actividades humanas en intensidad y extensión sobre los ecosistemas a corto y largo plazo.
  • La gente quiere certezas y rechaza la incertidumbre característica del avance científico en general y del cambio global en particular, esperando respuestas y soluciones rápidas.

Las reacciones psicológicas más frecuentes ante los efectos de un cambio global varían desde:

  • La negación de los hechos (bien utilizada por los negacionistas del cambio climático).
  • La delegación de responsabilidades en terceros (políticos, científicos o líderes armados de soluciones tecnosalvadoras),
  • La inacción basada en las creencias que siguen los dictados de falsos dioses, ya sea en los designios divinos restauradores, ya sea en la diosa madre naturaleza esperando que reajuste su equilibrio ecológico.
  • El afrontamiento del problema con bienintencionadas medidas individuales pero que a veces pueden resultar contraproducentes por su parcialidad y su efecto rebote.

Sumado a estas actitudes y comportamientos dispares de diferentes grupos sociales la ciudadanía se encuentra dividida por las distracciones que el poder utiliza para perpetuarse (aislar y dividir, confundir, enfrentar, crear opinión y silenciar las contrarias, generar miedo para ofrecer soluciones parciales, ofrecer lideres falsos etc.).

Las barreras psicológicas que impiden y dificultan una acción conjunta e integrada de la población ante el Cambio Global y la demanda política de su solución disminuirían con un mejor manejo de la incertidumbre a través de una educación laica y mejora de la información, educación y formación ambiental.

Conclusión

Para luchar contra el Cambio global y adaptarnos a un mundo cambiante y de incertidumbre creciente se requiere dotar a la sociedad una nueva cultura eco - lógica y, por tanto, laica, que integre los aspectos humanístico-científicos y que implique desde lo local a individuos, entidades y estamentos y se coordine internacionalmente.

Para ello es necesario redundar en una mayor y mejor educación y formación cultural que capacite para comprender y asimilar los mensajes científicos en general y los de índole ambiental en particular, en un marco humanístico que postule unos principios básicos de ética ecológica y equidad humana. Lo que constituiría las bases de un mayor poder social para elegir y destituir a los responsables políticos que no estén a la altura de alcanzar los retos ambientales prometidos.

 

Por Ana María Vacas Rodríguez. doctora en Biología. Ha sido Profesora asociada del Departamento de Ecología de la UCM e Investigadora del Centro Investigaciones Ambientales de la Comunidad de Madrid Fernando González Bernáldez. Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado además por Nazanín Armanian, Francisco Delgado Ruiz, Enrique J. Díez Gutiérrez, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay y Waleed Saleh Alkhalifa

30/12/2020

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