Nuestro hombre hicotea, sentipensante, hereje y luchador de nuestros tiempos

Remembrazas sobre Orlando Fals Borda, a propósito del décimo aniversario de su deceso. Su pensamiento sigue vivo, iluminando el ejercicio investigativo de decenas de miles de actores sociales.


Al indagar por Orlando Fals Borda como autor es necesario colocarlo en un escenario latinoamericano, en el cual se desarrolla un esfuerzo colectivo no programado ni organizado en sus inicios, por darle forma a un pensamiento propio que, a la vez que rompía con la “ciencia colonial” europea y estadounidense, recogía de las tradiciones originarias parte de la savia para darle forma a unos movimientos que desarrollaban un pensamiento que da identidad a nuestro contexto como formación social diferente y con proyectos que, manteniendo un nexo con la producción de otros lares, afirmaba las singularidades de lo propio como un ejercicio de complementariedad.

 

En ese sentido, quien inaugura este período es el peruano José Carlos Mariátegui, quien habló del “marxismo indoamericano”. También desde la especificidad colombiana, y muchos años después, Fals Borda hablaría del “socialismo raizal”. En el mismo período de la década del 30, Avelino Siñani y Elizardo Pérez en Bolivia, con la escuela Ayllu de Warisata, rompen el modelo eurocéntrico educativo proponiéndonos una educación indígena.

 

Ese escenario de “herejías” frente a lo establecido como conocimiento universal, va a tener en las décadas del 50 y 60 del siglo anterior una proliferación de propuestas, convertidas en movimientos con múltiples expresiones de resistencia y de construcción de procesos alternativos, lo cual nos permitió –a quienes veníamos después de ellos–, estar parados en “hombros de gigantes” como dirían algunos de Newton en las ciencias naturales. En nuestra realidad emergieron con contenido propio: la teología de la liberación (Gutiérrez), la teoría de la dependencia (Faletto), la comunicación popular (Kaplún), la psicología popular (Martín-Baró), el desarrollo a escala humana (Max-Neef), la educación popular (Freire), la filosofía latinoamericana (Dussel), el teatro del oprimido (Boal), colonialidad del saber y del conocimiento (Quijano), la ética del cuidado (Boff), la sistematización como una forma de investigar las prácticas (Martinic), las epistemologías contextuales (Zemelmann).

 

En el marco de estos desarrollos, nuestro recordado Orlando Fals desarrolla la investigación acción participante (IAP), articulada a una serie de experiencias en otros lugares de América Latina, como sucedió con las anteriormente citadas y para su caso con una mayor cercanía en Brasil, Chile, México, que luego atravesaría los océanos hacia la India, África y Australia. En su esfuerzo por cruzar educación popular e investigación se puede tomar como antecedente el trabajo de tres décadas antes, como las experiencias vividas en el desarrollo del proyecto educativo de la Anuc, el trabajo realizado en la costa caribe en el marco del movimiento campesino, y que luego va al movimiento pedagógico colombiano.

 

Orientando la mirada hacia la historia y lo popular

 

En la actualidad se ven cosas curiosas que hay que mirar críticamente, pues muchas de las teorías en boga, por ejemplo, algunos de los autores de la descolonización, en aras de una originalidad de estos tiempos, pareciera que no reconocieran aquellos gérmenes de ese “nuevo” pensamiento en los autores que nos antecedieron. Para este caso de la descolonización basta solo recordar cómo Simón Rodríguez había dicho en 1828, “la sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar en América”1.

 

De igual manera, podemos ver cómo muchos de los temas planteados en estas nuevas corrientes ya estaban en los escritos de Fals Borda, que pese a su formación funcionalista en los Estados Unidos o sus coqueteos con el marxismo, rompió rápidamente sus propios muros a partir de su práctica en el Departamento de Boyacá, que lo llevaría a escribir uno de sus primeros textos, al que llamó “campesinos de los andes” y que luego retomó para su tesis doctoral, en donde ya plantea claramente un distanciamiento con las ciencias europeas, encontrando una reflexión a partir de la categoría de sentido común, con la cual toma el rumbo de reconocer que había un saber y un conocimiento propio en los sectores populares que le permitiría identificar y cuestionar al colonialismo intelectual como uno de los principales problemas de las ciencias sociales de estos lares2.

 

Esta idea, que va a permitir constituir el saber propio o popular, va a tener su clímax en el texto que lleva por título La Historia Doble de la Costa, en el cual mostró que esa lectura popular estaba presente en el imaginario de los grupos sociales populares con narrativas propias, que les permitían diferenciarse de otro tipo de producciones. Allí están sus cuatro libros3, donde él reconoce que su idea de “sentipensante” la apropió de estos campesinos, que dan cuenta siempre de la unidad del mundo explicitada en la unidad de la razón, la pasión, el cuerpo y el corazón.

 

Estos textos auscultan con profundidad la manera cómo los territorios son constituidos en sus múltiples aspectos, no solo por las narrativas del poder sino también por las de sus habitantes, los cuales la viven, la explican y la transforman desde sus comprensiones, que la mayoría de las veces son diferentes a las de la academia clásica, en cuanto son sus luchas y resistencias las que otorgan sentidos e identidades. En esta perspectiva, la idea de praxis que reelabora desde ese sentido común y de los saberes no académicos, le van a servir como horizonte de ruptura epistemológica que lo llevará a la formulación de que, si miramos la vida de la gente, es posible distanciarse del positivismo como única manera de explicarla4.

 

Investigación Acción Participante para entender la vida

 

Para resolver esta crítica propone la Investigación-Acción Participante, como ruta para ver de qué manera los grupos populares no academizados organizan un conocimiento desde su quehacer, mostrando cómo ese saber –que a veces es desdeñado como folclor–, tiene su propia racionalidad y su propia estructura de causalidad. En ese sentido, va a tener validez científica así esté por fuera del edificio formal de la ciencia clásica5.

 

Este camino de elaboración temprana va a tener una veta que nunca abandona en su obra, que lo llevará por el camino de reconocer ese saber de los sectores populares como otro tipo de conocimiento, el cual era muy visible en la vida indígena, las rebeliones, la experiencia de la gente en su día a día, o en las herejías. Frente a todo ello señalaba que para poder leerlas en otra clave, se requeire una opción ético-político-cognitiva, lo cual convierte a la investigación-acción participante como una forma de actuación política con un compromiso en una acción “científico-política”, que se vincula para ayudar en los procesos de empoderamiento, organización y lucha de los sectores sociales populares, a la vez que va a ser una crítica al predominio del positivismo en las ciencias sociales, y más radical, en cuanto permite la emergencia de una epistemología surgida en el sur6.

 

En esta mirada señala como esa organización de la sociedad –basada en la dicotomía entre desarrollo y subdesarrollo– ha sido construida por una escala de poder que desconoce la complejidad y la fragilidad del medio tropical, caracterizado por sus comunidades multiétnicas y biodiversas. Si las desconocemos, nos convertirán en promotores de la economía del consumo, que a nivel de conocimiento significa el uso de “paradigmas desarraigados del contexto propio”. Por ello propone la construcción de paradigmas endógenos enraizados en nuestras propias circunstancias, que no rompan la unidad humana-naturaleza y que encuentra interrelación con los paradigmas críticos europeos en desarrollo, por ejemplo en los procesos de complejidad, sistemas, fractalidad y otros.

 

Esto significaría: “sustituir las definiciones discriminatorias entre lo académico y lo popular; entre lo científico y lo político, sobre todo en la medida en que se haga énfasis en las relaciones complementarias”7. Para Fals, esas discusiones tenían consecuencias políticas y desde ese entendimiento plantea su “socialismo raizal”, diferenciándose también del eurocentrismo marxista, sin desecharlo, y da sentido a una acción política en nuestros contextos latino, caribe y mesoamericano soportados en las particularidades del humano tropical: la solidaridad del mundo indígena, la búsqueda de libertad del afro, los sentidos de autonomía de los españoles y la dignidad de los campesinos, lo cual nos va a dotar de un proyecto propio desde nuestras particularidades, para por esta vía establecer las bases referenciales y humanas para la segunda república.

 

Enfrentando la neutralidad valorativa para transformar la realidad

 

Todos estos planteamientos tienen su concreción en una propuesta investigativa que, recuperando los diferentes planteamientos de la teoría de la acción: Lewin, Sol Tax, Anisur Rahman, va a ir encontrando en Fals, a través de la participación, un núcleo de pensamiento que da forma a la investigación acción participante con una fundamentación que enfrentó la neutralidad valorativa, tan en boga en los científicos sociales. Ella dio lugar a la necesidad de reconocer al observador como parte del mundo que se investiga, de cómo la investigación tiene consecuencias transformadoras en la realidad, de cómo el mundo enunciado estaba construido desde múltiples mundos en unidad contradictoria, y que leerlos así implicaba enfrentar las dicotomías sobre las cuales estaba construido el relato occidental eurocéntrico. Esto mostraba la capacidad de ligar pensamiento transdisciplinar y pensamiento raizal propio.

 

Fals abandonó la Universidad a finales del 60 del siglo pasado, para hacer un trabajo coherente con su pensamiento en medio de los campesinos de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos –Anuc. Cuando 20 años después regresa a la Universidad, escribe un texto muy actual en donde invita a desafiar la manera cómo se había entronizado la institucionalidad de la ciencia eurocéntrica en nuestro contexto, mostrándolo como otro dogmatismo que invita a romper y a encontrar incesantemente las causas que hagan complementario, de una manera dialéctica, el conocimiento popular y el conocimiento científico8.

 

Aunque muchas veces no lo valoramos en su real dimensión, Fals fue un pensador que trascendió su territorio y tiempo, alcanzando a forjar un pensamiento que no se detiene, en cuanto sigue iluminando reflexiones para la nueva crítica de este tiempo. Qué mejor que cerrar esta corta nota con un párrafo de su intervención, cuando en 2007 le confirieron el premio Malinowsky:

 

Al tomar el contexto como referencia y a los conceptos teóricos de praxis con frónesis, descubrimos una veta casi virgen de ricos conocimientos de las realidades de nuestros pueblos autóctonos, de nuestras raíces más profundas, por fortuna todavía vivas. Recordemos que los paradigmas que han moldeado nuestra formación profesional, en general, han sido constructos socio-culturales de origen eurocéntrico. Ahora tratamos de inspirarnos en nuestro propio contexto y dar a nuestros trabajos el sabor y la consistencia propias del tercer mundo y su trópico, con un paradigma más flexible, de naturaleza holística y esencia participativa democrática. Para llegar a estas metas, la arrogancia académica es un serio obstáculo, debía archivarse9.

 

* Planeta Paz. Expedición Pedagógica Nacional
1 Rodríguez, S. Obras completas. Universidad Central de Venezuela. Tomo II. Caracas. 1975. p. 133.
2 Fals-Borda, O. El hombre y la tierra en Boyacá, base social para una reforma agraria. Bogotá. Áncora Editores. 1979.
3 Fals-Borda, O. Historia doble de la costa I: Mompox y Loba; Historia doble de la costa II: El presidente Nieto; Historia doble de la costa III: Resistencia en el San Jorge; Historia doble de la costa IV: retorno a la tierra. Bogotá. Áncora. 2002.
4 Fals-Borda, O. Ciencia propia y colonialismo intelectual. Bogotá. Carlos Valencia Editores. 1981.
5 Fals-Borda, O. La ciencia y el pueblo. Nuevas reflexiones sobre la investigación-acción, la sociología en Colombia: balance y perspectivas. Bogotá. Asociación colombiana de sociología. Tercer Congreso Nacional. 1981.
6 Fals-Borda, O. Orígenes universales y retos actuales de la IAP. En: revista Análisis Político Nº. 38. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. 1999. pp. 73-89.
7 Fals. B; Mora Osejo: la superación del eurocentrismo: enriquecimiento del saber sistémico y endógeno sobre nuestro contexto tropical. Revista Polis: revista de la universidad bolivariana. Vol. 2. Número 007. Universidad Bolivariana. Santiago de chile. 2004
8 Fals-Borda, O. El tercer mundo y la reorientación de la ciencia contemporánea. En: Herrera, N. y López, L. (compiladores). Ciencia, compromiso y cambio social. Orlando Fals Borda, Antología. Bogotá. Lanzas y Letras-Extensión Libros. 2013.
9 Fals-Borda, O. La Investigación Acción en convergencias disciplinarias. Conferencia para recibir el premio Malinowsky de la Society for Applied Anthropology y el premio Oxfam-América Martin Diskin de la Latin American Studies Association (Lasa). Borrador (3). Agosto de 2007.

Publicado enEdición Nº250
Viernes, 26 Enero 2018 06:41

Tres despachos sobre Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman

 

La vida. Pocos son los científicos sociales como Bauman (1925-2017) [goo.gl/nugJmB], cuya vida y obra se entrelazan tan íntimamente. Al contrario del dictum weberiano que la sociología debe ser una esfera neutral libre de valores personales, Bauman abre la puerta a su propia existencia y sus preocupaciones. Suele asegurar que para que algo tenga un valor, tiene que venir del reciclaje de las propias experiencias. Cada uno de los temas que analiza en sus más de 50 libros –modernidad, holocausto, libertad, ética, seguridad, comunidad, trabajo, socialismo, consumismo, educación, identidad, muerte, Estado, xenofobia, globalización, pobreza, migración, neoliberalismo, miedo, cultura, Europa o amor– lo vive de una u otra manera durante su larga, tendida entre la Gran Depresión de los 30 y la reciente crisis de los refugiados, vida. Esto es aún más cierto en su último periodo, cuando empieza a componer un solo libro sobre el cambiante estado de agregación de la modernidad, que va dividiendo en libritos (Büchleins) llenos de retornos y repeticiones. Pero también su obra más importante – Modernidad y holocausto (1989)– nace desde lo personal: gracias a la inspiración y vivencias de su primera esposa, Janina. A pesar de haber experimentado pobreza, guerra, purgas y exilio –o igual por eso–, Bauman parece amar la vida. Así, siempre entendía a su inseparable pipa, un vasito de whisky o vodka en las tardes y el gusto de estar con la gente. De allí vienen sus continuas alertas sobre diferentes peligros que corre nuestra sociedad. De allí que –tras quedarse viudo en 2009– se vuelve a enamorar y casar por segunda vez.

Él mismo. Así, abriendo un poco una puerta, mantiene un pie a la otra, la de su vida personal. En ocasiones, cuando indago sobre su –fascinante y turbulento– pasado dice que es uno de los temas más aburridos de los que pudiera hablar o que no sabe contar historias sobre sí mismo (...aunque es uno de los mejores storytellers en la sociología). Una vez, cuando a Peter Beilharz, otro sociólogo y su joven colega, se le ocurre escribir un texto más personal (Bauman’s coat, 2007), donde describe sus visitas a la casa del pensador polaco en Leeds, éste se siente molesto. “Luego –me dice Beilharz–, reseñando mi libro sobre el gran intelectual australiano Bernard Smith, en una alusión a esto me reprochó que me interesan más los ‘ornitólogos’ que los ‘pájaros’”. A Bauman, el gran ornitólogo [científico social], no le gusta que los pájaros [todos nosotros, objetos de sus estudios] lo estén mirando. De repente suelta algún detalle en una que otra entrevista, pero como una excepción que confirma la regla. A pesar de esto, en 2011 –sólo Dios sabe por qué– se nos ocurre con Artur Domoslawski [autor de la biografía de R. Kapuscinski a la que Bauman de hecho escribe un comentario] proponerle una serie de pláticas para un futuro libro biográfico. Sabemos bien de sus reticencias. Pero –sólo Dios sabe por qué– pensamos que a nosotros nos va a decir Sí (¡vamos a ser los primeros e únicos!). Aun así parece que desde el inicio ambos presentimos algo: “¡Anda, escríbele tú –le digo–, que lo conoces de más tiempo!”; “¡Anda, escríbele tú –me dice–, que tienes mejores contactos con él!” Finalmente le escribo yo. Pronto llega una respuesta, seca e inapelable [No], junto con las consecuencias: un pasajero embargo a las comunicaciones, el castigo por haber violado la regla y abusado de su confianza. Tardo casi un año en restablecerla.

La muerte. Para él, es uno de los grandes ausentes en la sociología y en la modernidad en general (la sociedad de consumidores perdió la capacidad de hablar sobre la muerte). Para remediarlo escribe Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de la vida (1992). Subraya que la muerte es parte integral de la experiencia de la vida, idea constitutiva de nuestra sociedad, último horizonte de la imaginación sobre ella y principal condición de la existencia de la cultura (con la cual tratamos de sobrevivir a nuestra propia muerte). Una vez dice que éste “es su libro favorito de los suyos. Con José Saramago –cuya novela Las intermitencias de la muerte (1998) [¡otro favorito!] narra una historia de un país imaginario donde un día la gente deja de morir– comparte la convicción de que la inmortalidad sería tanto fuente de posibilidades como origen de nuevos y serios problemas. Pasando los 85 años empieza a quejarse de su imperdonablemente larga vida y de vivir de tiempo prestado. Cuando una vez le pregunto por los planes, dice que quiere viajar lo más que pueda con las ponencias para huir de la soledad después de la muerte de Jasia [Janina], provocando a la suerte, pidiéndole a la huesuda que se apure, facilitándole el trabajo a la inevitabilidad... Su nuevo amor seguramente alteró estos planes, pero no cambió el horizonte. En uno de sus últimos libros cuenta una historia de cómo –ya acercándose bien a los 90– se le ocurre llenar un cuestionario online para pronosticar el tiempo restante de la vida; completada la operación en la pantalla aparece el resultado: Según nuestros cálculos usted ya está muerto. ¡Que tenga buen día! La repite unas veces más en sus siguientes Büchleins hasta que un día ya no logra engañar el cálculo de probabilidades y eludir a la inevitabilidad.

Coda. Convirtiendo a su sociología en una especie de literatura, Bauman solía pedir prestado tanto de sus colegas pensadores como de los novelistas: Kafka y Kundera, por ejemplo, eran para él los más perspicaces sociólogos jamás.

Lo mismo aplicaba a Italo Calvino: le gustaba retratar a los miembros de su sociedad líquida como habitantes de las calvinianas ciudades invisibles como Leonia, donde el progreso se medía por la cantidad de cosas y personas desechadas.

En los 80 Calvino preparó una serie de ponencias (Seis propuestas para el próximo milenio, 1988), cuyos temas –levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad– parecen un manual de estudios baumanianos avant la lettre.

El trabajo sobre la sexta ponencia –consistencia– fue interrumpido por la muerte del autor.

Siempre me parecía el término exacto para hablar de la vida, obra y –ahora– la muerte misma de Bauman que, criticando los excesos de nuestra sociedad, destacaba por su humildad y, si pecaba de algo, era quizá de su desbordante hospitalidad y generosidad.

 

*Periodista polaco

 

Twitter: @MaciekWizz

 

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Jueves, 04 Enero 2018 08:39

30 años no son nada

Portada del libro electrónico De los medios a las mediaciones de Jesús Martín Barbero, 30 años después

 

De los medios a las mediaciones de Jesús Martín Barbero, 30 años después es un libro electrónico que tiene, al menos, dos objetivos: homenajear a su autor en el año en que ha cumplido ochenta años de vida y celebrar y revisitar uno de los grandes textos de la comunicación.

Editado por Miquel de Moragas, José Luis Terrón y Omar Rincón y publicado por el Institut de la Comunicació de la Universitat Autònoma de Barcelona, el libro digital (disponible en este enlace) se compone de cuatro partes y un anexo. La primera es una introducción de De Moragas y Terrón sobre el libro y su autor; la segunda nos presenta los orígenes e influencias del libro desde su primera edición en 1987; en la tercera se recogen tres entrevistas realizadas al maestro Martín Barbero, una en 1997 por Laverde y Aranguren, otra en 2010 por Tufte y la más reciente en 2017 por Rincón, y la cuarta y última contiene los comentarios de veintitrés personas, por orden alfabético de Enrique Bustamante a Rosalía Winocur, de diez países (Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Dinamarca, España, México, Perú, Reino Unido y Uruguay) sobre la obra martinbarberiana. En el anexo se recogen imágenes de las portadas del libro en sus diferentes ediciones.

La primera edición del libro vio la luz en Barcelona, en 1987, de la mano de la editorial Gustavo Gili. De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, es de los libros sobre comunicación más citados en la historia. En el prólogo, García Canclini pensaba que, si “los libros más necesarios son los no complacientes”, De los medios a las mediaciones era uno de esos libros indispensables en los noventa. Me permito añadir que hoy, treinta años después, sigue siéndolo.

Tal vez sea una buena oportunidad para que desde la academia miremos de nuevo a América Latina, ya que fue en estas latitudes donde se inició el camino para cuestionar la comunicación vertical y dirigida que empezó con el discurso de 1945 de Truman, presidente de los EE.UU., en el que dividió el mundo entre desarrollados, ellos y unos pocos más, todos del ámbito anglosajón, y subdesarrollados, donde estaban todos aquellos que no se modernizaban ni contaban con opciones de hacerlo en la línea que aquellos proponían. Gran parte de la mayoría de las propuestas críticas comunicativas de las últimas cinco décadas tienen su origen en esta parte del planeta.

Para quien ya estuviera entonces en el ámbito de la comunicación, le parecerán un suspiro estas tres décadas, que no son nada pero son mucho. El camino recorrido ha sido toda una ruta por un desierto que se ha ido llenando de oasis para abrevar. El libro de Jesús Martín Barbero (JMB) es uno de esos lugares para recuperar el aliento y plantear otra mirada a la comunicación, dejar a un lado los medios, sin olvidar su relevancia, y poner el acento en las mediaciones. Nuevos territorios para comprender las prácticas y los procesos que nos relacionan como seres humanos.

¿Qué son las mediaciones? Aunque creo que Martín Barbero nunca las ha definido explícitamente, en su texto se refiere “a los sujetos sociales e identidades culturales nuevas” para trasladar el debate “a las articulaciones entre prácticas de comunicación y movimientos sociales, a las diferentes temporalidades y la pluralidad de matices culturales”.

Decir De los medios a las mediaciones es nombrar una de las obras cumbres y clásicas del campo de la comunicación. Ese que se sigue construyendo y debatiendo y que exige mantener un continuo diálogo para determinar el lugar desde el que nos hacemos las preguntas y seguir debatiendo, para repensar-NOS y para repensar el mundo. Para recomunicar.

JMB entró al campo de la comunicación casi por casualidad, y eso es una suerte que todavía no sé si hemos valorado lo suficiente. Cuando en Bogotá empezó a dar clases en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, sus propuestas ya daban cuenta de lo que serían sus investigaciones en comunicación. Explorar los territorios comunes pero ignorados de la vida cotidiana, como las plazas de mercado o los cementerios, fue una manera de hacer que sus estudiantes miraran, escucharan y oliera su propia identidad.

Para el boliviano Erick Torrico, el texto de JMB es “la obra cumbre de la comunicología latinoamericana”. Según Maritza López de la Roche, “permitió ver la complejidad de las relaciones entre los emisores y los destinatarios de carne y hueso de los textos de la comunicación masiva. Y en una aparente paradoja, también posibilitó volver a poner el foco en los seres humanos detrás de los dispositivos mediáticos”. En palabras de Claudio Avendaño, abrió “una carretera panamericana para la comunicación (...) para comprender, denunciar, investigar, luchar, emocionar, descubrir, construir, disfrutar y, sobre todo, poner en común”. Para mí, y así lo escribí cuando Omar Rincón nos pidió una frase acerca del libro para rendir un homenaje a Martín Barbero con motivo de la celebración del congreso anual de IAMCR que en 2017 tuvo lugar en Cartagena de Indias (Colombia), el libro supuso “un salto a un vacío que estaba lleno de sentidos, de vidas mestizas resistentes que luchaban por su reconocimiento”.

En la introducción, JMB ya nos avisaba de su hoja de ruta “Lo que aquí llega trae las huellas de un largo recorrido. Venía yo de la filosofía y, por los caminos del lenguaje, me topé con la aventura de la comunicación. Y de la heideggeriana morada del ser di así con mis huesos en la choza-favela de los hombres, construida en barro y cañas pero con radiotransistores y antenas de televisión. Desde entonces trabajo aquí, en el campo de la massmediación, de sus dispositivos de producción y sus rituales de consumo, sus aparatajes tecnológicos y sus puestas en espectáculo, sus códigos de montaje y reconocimiento”.

La necesaria transdisciplinariedad de las ciencias sociales estaba ya hace treinta años en la obra del maestro Martín Barbero. Que su recorrido siga alargándose y que tanto él como sus producciones nos acompañen muchos años en este camino por los campos de la comunicación.

Una reseña del libro será publicada en la revista Latina de Comunicación Social.

 

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Clacso: un sueño colectivo que unifica a Latinoamérica y el Caribe

Hace cincuenta años cuando se fundó CLACSO, resultaba difícil imaginar la importancia que tendría nuestra institución en la región, no sólo en el plano académico sino como referente para quienes pensamos a Latinoamérica y el Caribe como un territorio de independencia económica y cultural, integración, inclusión y a la vanguardia de los debates y propuestas que permitan abordar la crisis civilizatoria del nuevo milenio. Hoy CLACSO es un referente para las Ciencias Sociales en el mundo y eso, se lo debemos a generaciones de investigadoras e investigadores que han trabajado para ello; debemos sentirnos muy orgullosos de nuestras raíces plurales que hicieron posible la construcción, en la realidad, de un sueño colectivo.


Las ciencias sociales no son una moda, ni un nicho de sectores académicos, sino un factor clave en los procesos de toma de decisiones, llamadas a permear la gestión de los asuntos públicos, aún cuando hoy día lo haga con timidez. Ante la realidad actual llena de desafíos que permitan resguardar a la humanidad, llegó la hora de convertir el esfuerzo de miles de científicas y científicos sociales del continente Latinoamericano y Caribeño y de otros que se han venido sumando, en la fuente inagotable de ideas y conocimientos para la construcción de un destino de justicia social, bienestar colectivo y progreso para los habitantes de este hermoso y muchas veces sometido territorio nuestroamericano. En ese sentido, se hace impostergable allanar los caminos para que los procesos y las dinámicas, que se generan a partir de logros tan importantes como la Red de Postgrados o los GT CLACSO, se conviertan en un referente sustantivo para la incidencia política y la toma de decisiones gubernamentales; en consecuencia debemos elevar nuestra capacidad de interacción, de mediación Política -con “P• mayúscula- con el mundo de los decisores. Ello no implica desconocer la disputa ideológica presente hoy en nuestras sociedades, se trata de escuchar, proponer y trabajar en diálogo permanente con los gobiernos, desde nuestros referentes, para contribuir a alcanzar mayores niveles de inclusión y justicia social en la región. En consecuencia las Ciencias Sociales tienen el desafío de allanar el camino de la viabilidad política para las propuestas resultantes de la investigación social; CLACSO es una de las pocas instituciones en la región que está en la capacidad de hacerlo. Convirtamos esta fortaleza en voluntad de transformación.
Esta posibilidad adquiere una especial relevancia, dadas las profundas modificaciones que el neoliberalismo impulsa en el marco de la cuarta revolución industrial. La seguridad social, el mundo del trabajo, los sistemas escolares y de salud, están en la primera ola de choque que amenaza a retrotraernos en materia de seguridad jurídica a los albores de la segunda revolución industrial. La crisis civilizatoria que implica la posibilidad de extensión de la jornada laboral en la región a doce horas diarias y más de doscientas mensuales, son solo la punta del iceberg del ataque a la seguridad social de las y los trabajadores, los derechos a la educación, salud y la vida misma, presentados de manera “amigable” con el discurso de la singularidad tecnológica. CLACSO tendrá que jugar un papel estelar en los próximos años, en la construcción de narrativas y políticas que permitan la apropiación positiva del desarrollo tecnológico y la innovación que generará esta cuarta revolución industrial, sin descuidar con ello el análisis, explicación y contribución a la articulación de las resistencias ante nuevas formas de explotación, dominación y pérdida de derechos fundamentales, así como también de las luchas contra todas las opresiones y la invisibilización de las identidades históricamente postergadas como las mujeres, los pueblos originarios, las y los afrodescendientes, entre otros.


El crecimiento exponencial de los las actividades de CLACSO en los últimos años abre posibilidades reales para este trabajo, pero nos presenta nuevos desafíos al interior de la institución. Contar hoy en día con más de seiscientos centros de investigación y más de cien Grupos de Trabajo (GT), obliga –de cara a los próximos años- a revisar el modelo de gestión institucional, tomando en cuenta que tratar de redimensionarnos y adaptarnos al salto organizacional que hemos dado, no es un cuestionamiento a estilos ni modelos de gestión alguno. Se trata de insistir como ya otros y otras lo han hecho, en el alcance de mayores niveles de democratización en la configuración, desarrollo y acceso de la agenda de CLACSO en la región, de allí la absoluta sintonía en las propuestas que se han asomado en el seno del CD, para la construcción de una institución horizontal, con métodos abiertos a partir de los cuales puedan incorporarse a todos en la toma de decisiones fundamentales, tanto del Comité Directivo como de la Secretaría Ejecutiva. Precisamente el desarrollo tecnológico y el uso de la plataforma virtual actual de la institución, hacen que sea posible pensar en un mayor protagonismo de todos los centros miembros, en la orientación y destino de CLACSO para los próximos años. Atrevámonos a modelar desde nuestras dinámicas la sociedad que soñamos.


Desde esta perspectiva, la democratización de CLACSO pasa por pensar e impulsar una nueva y funcional estructura de funcionamiento, que descentralice y desconcentre algunas de las funciones y tareas que hoy asumen los órganos directivos. Como idea y necesidad sentida, planteamos la importancia de desarrollar algunas propuestas que cristalicen y hagan operativas las ideas que se han compartido sobre la territorialización de algunas de las dinámicas internas de gestión, lo que implicaría la modificación estatutaria que haga posible la creación de tres subsecretarias operativas, integradas al comité directivo: una en el Caribe, otra al norte y centro del continente y una tercera en algún otro país del sur. Esto tendría la ventaja de concentrar a la Secretaria Ejecutiva en el trabajo estratégico de articulación regional y mundial y posibilitaría una gestión más eficiente de los recursos conforme a la expansión que hemos vivido en los últimos años.


Por otra parte CLACSO está llamado a profundizar su capacidad de relacionamiento con los órganos nacionales y multilaterales para tener mayor capacidad de incidencia en las decisiones que toma la llamada “gobernanza” nacional, regional y mundial en la era de la globalización económica y la mundialización cultural. Al entender la investigación social como el camino para la construcción de conocimiento crítico en temas de particular relevancia social para la región, es urgente construir juntos un marco común de propuestas para enfilarnos en un plan de acción que nos inste a dialogar y presentar a los gobiernos de la región, las aspiraciones más sentidas en materia de políticas sociales expuestas en diferentes momentos por parte de las y los investigadores sociales de CLACSO, en permanente e imprescindible dialogo con los movimientos sociales. En este marco, particularmente se hace relevante el desarrollo de acciones que nos permitan analizar e incidir en las políticas en desarrollo relacionadas con el mundo del trabajo, dada la eminente agenda de precarización del mundo laboral, en especial la de los jóvenes, tal como lo alertan los diferentes informes que al respecto se han venido divulgando.


En consonancia, se hace relevante e imprescindible revisar y retomar con fuerza nuestra relación con UNESCO, UNICEF, PNUD, PNUMA, UNRISD, entre otras, ruta que nos puede permitir avanzar en la construcción de un Plan estratégico político-financiero que posibilite la capacidad de incidir en las agendas de discusión de interés para los Centros, así como de diversificar las fuentes y mecanismos de financiamiento de nuestra institución. Desde esta perspectiva y tomando en cuenta que el futuro de un CLACSO que ha crecido exponencialmente está asociado a nuestra capacidad de acceder a distintas fuentes de financiamiento que hagan sustentable esta expansión, se hace necesario cristalizar las propuestas para la transparencia y la gestión horizontal de los recursos, aspectos que deben convertirse en un tema clave en el modelo organizacional de CLACSO para los próximos años, lo que a su vez sentaría precedente como ejemplo para instituciones no solo académicas-investigativas, sino de orden gubernamental y social.


En la era de la imagen y las narrativas emergentes, es urgente elaborar un programa que permita el encuentro creciente, entre las distintas generaciones de investigadoras e investigadores sociales, pero fundamentalmente trazar el camino para hacer de CLACSO una institución atractiva para las y los jóvenes investigadores. El bono demográfico que vive la región requiere expresarse en mayores capacidades institucionales para entender las necesidades, expectativas y sueños de los más chicos y eso pasa ineludiblemente por una ofensiva institucional que permita atraer a quienes recién se incorporan a la academia y la investigación social. Dentro de esta perspectiva, se hace necesario sumar la mirada feminista, el protagonismo conceptual y organizacional de las mujeres resulta fundamental, junto a una renovada capacidad de interlocución con la diversidad cultural, los movimientos sociales y los procesos migratorios internos, entre otros, sobre los cuales ya CLACSO ha iniciado un tránsito.


Se suma a los anteriores retos, la relevancia de convocar a todos los centros miembros para construir juntos una orientación más ampliada de la política editorial que es la cara más visible de CLACSO y que hoy denota un hermoso acumulado de logros que deben ser fortalecidos con nuevas experticias que den cuenta de los desafíos del libro impreso en la era digital, en el mundo de la imagen y las narrativas breves, así como los retos de seguir impulsando la política de acceso abierto de toda la creación intelectual que se desarrolla en los centros y grupos de trabajo, abriendo la misma a la creación de políticas que nos permitan adentrarnos operativamente, en dar también acceso a los datos de nuestras investigaciones, así como a plantearnos modelos de investigación abierta tan necesarios en nuestros días.


Finalmente debo señalar, que animado por centros CLACSO de varios países, he puesto mi nombre a disposición, para aspirar a la Secretaria Ejecutiva de la institución en la elección que tendremos en 2018. Por ello, estas ideas son un primer aporte, sistematizado a partir del dialogo con mis colegas, texto que estoy seguro será enriquecido en el diálogo que sostendré, durante los próximos meses con integrantes de los distintos centros miembros.


No soy el candidato de la Secretaría Ejecutiva y eso es bueno. Soy UN investigador que hace de la divergencia una virtud y por lo tanto valoro, entiendo y estimulo la disidencia como el arte de buscar caminos alternativos que nos permitan crecer. Más que el candidato de una persona o un sector me veo como un investigador que quiere construir con todas y todos ideas y propuestas que potencien la razón de estar y seguir creciendo juntos. Para mi, todos los equipos y las figuras que han dirigido a CLACSO a través del tiempo han hecho posible el éxito institucional que somos hoy, por ello, quiero trabajar con todos y todas, respetando sus diferencias y aproximaciones, dejando claro que mi interés es garantizar la unidad dialéctica de la familia CLACSO, unidad que garantiza mantener el horizonte necesario para consolidarnos como una red de pensamiento crítico mundial con capacidad de incidencia política. Les pido que me acompañen en este esfuerzo.

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Martes, 05 Septiembre 2017 18:16

Fernand Braudel y la ciencias humanas

Fernand Braudel y la ciencias humanas

“¿Existe acaso una concepción global de la historia, específicamente braudeliana? Respondiendo afirmativamente a esta pregunta, este libro quiere ser a un mismo tiempo una suerte de ‘Introducción general’ al pensamiento y a los trabajos de Fernand Braudel, y una clara invitación a la lectura directa de sus obras, a través de la reconstrucción de las líneas centrales de su proyecto intelectual. Reconstrucción que evidencia, entonces, las articulaciones mayores de esa compleja cosmovisión histórica construida por Braudel, al tiempo que intenta mostrar las contribuciones fundamentales que, en los planos teórico, metodológico, problemático e historiográfico, fueron desarrolladas por quien se constituyó, sin duda alguna, en el más importante historiador de todo el Siglo XX a nivel mundial, Fernand Braudel”.

 

Edición 2017. Formato: 17 x 24 cm, 248 páginas

P.V.P.: $ 35.000, USD $ 12, ISBN: 978-958-8926-49-0

Niels Bohr – Albert Einstein

 

El concepto de “realidad” constituye, de hecho, el gran supuesto de todo el trabajo en estas ciencias y disciplinas; supuesto dado por hecho que va de suyo y jamás es cuestionado.


Digámoslo de forma rápida y directa: las ciencias sociales y humanas son pre–cuánticas, en el sentido de que o bien no saben nada de la teoría cuántica o bien permanecen alejadas e indiferentes a las ideas (y experimentos) de la teoría cuántica.


Cabe hablar de teoría cuántica puesto que existe una física cuántica, una química cuántica, una biología cuántica, todo un espectro de tecnologías basadas en comportamientos cuánticos, y se habla recientemente incluso del estudio y comprensión del cerebro humano en términos de fenómenos cuánticos.


En el marco de la física cuántica un referente necesario es el llamado debate de Copenhaguen entre Einstein y Bohr. Einstein sostenía que la realidad existe independientemente de la observación: “Me gusta pensar que la Luna está ahí aunque no la esté mirando”. Por su parte Bohr sostenía que es la observación la que crea el objeto.


Pues bien, las ciencias sociales y humanas —el padre de las ciencias humanas es A. Comte— nacen a la luz (o a la sombra) de la mecánica clásica. Newton establece sin ambigüedades que dos objetos son reales y separados y que lo que sucede en alguno de ellos o entre ambos es el resultado de fuerzas. En su caso, la más importante es la ley (o fuerza) de la gravedad. De consuno, Newton explica la totalidad del universo conocido con base en tres leyes. La más importante con referencia a las ciencias sociales y humanas, es la ley de acción–reacción.


Manifiestamente, toda la lógica, la metodología y la filosofía de las ciencias sociales y humanas se sitúan del lado de Einstein (o lo que es equivalente, de Newton, puesto que lo que hace la teoría de la relatividad es generalizar o ampliar los marcos y principios de la mecánica clásica). Ningún científico social normal diría que fenómenos como el Estado, el territorio, la guerra, la economía, las finanzas o la cocina y las instituciones existen porque se las observa. Es más, los fenómenos de las ciencias sociales y humanas son reales y por eso mismo separados.


Tratemos de entender esto.


Los sujetos humanos son entidades separadas. En un entorno local, aparecen vinculados en términos de la familia, el clan, la tribu, la colectividad y la sociedad, por ejemplo. En una escala macro, un individuo en un lugar geográfico no tiene nada que ver con lo que hace otro individuo en un lugar alejado (un continente, por ejemplo). Ambos sujetos sólo pueden ser afectados, dicho en el lenguaje de la física, por fuerzas físicas. Y traducido al lenguaje habitual de las ciencias sociales, por dinámicas religiosas, estilos de vida, hábitos alimentarios, costumbres familiares y sociales, y demás. Y entonces el énfasis se desplaza al estudio y explicación de estos factores vinculantes entre dos fenómenos distintos y ajenos.


En el mismo sentido, puede decirse razonablemente en este marco que dos individuos o grupos sociales son reales dado que tienen una historia, unos comportamientos y determinadas expresiones físicas que no son creadas por el acto mismo de la observación.


Hasta aquí nada novedoso, aunque mi esfuerzo aquí es sintético por razones de espacio.


Sin ambages, la tesis de las ciencias sociales y humanas —como por lo demás de toda la ciencia normal en general y en el sentido más amplio de la palabra— es el realismo. En el lenguaje técnico se dice: realismo ingenuo. Este realismo bien podría volverse elegante y se hablaría entonces, por ejemplo, de realismo ontológico o acaso incluso de realismo semántico.


El concepto de “realidad” constituye, de hecho, el gran supuesto de todo el trabajo en estas ciencias y disciplinas; supuesto dado por hecho que va de suyo y jamás es cuestionado.


Como sostienen algunos autores, un científico de a pie trabaja sencillamente con sus objetos, fenómenos, áreas y campos sin cuestionarse para nada de problemas filosóficos. A diferencia del debate entre Bohr y Einstein, quienes estaban absolutamente de acuerdo con los datos y las observaciones de la física cuántica, pero tenían entre sí serias discrepancias teóricas acerca de las interpretaciones de los datos y observaciones. El Santo Grial en ciencia en general no son los datos, sino las interpretaciones de los mismos.


De consuno, a la separabilidad de los fenómenos y a la realidad de los mismos, la ciencia normal razona por vía de la inducción. Esto es, el método que permite pasar de lo particular a lo general. La lógica de las ciencias sociales y humanas es ampliamente inductiva.


Una manera de comprender los vínculos sociales es mediante “fuerzas”, tales como el derecho y la religión, la economía y el consumo, las ideas, valores y principios, o más recientemente, la importancia de las organizaciones y de las instituciones hasta ese pináculo último que son las grandes corporaciones, antecedidas acaso por los estados nacionales. Cada ciencia y disciplina social y humana aporta lo suyo para establecer vínculos entre realidades reales y separadas (así como se lee).


El problema fundamental en la teoría cuántica consiste en el problema de la medición: los fenómenos existen por sí mismos, o bien son creados por el acto de la observación. Este problema no es otro que el de establecer si son “fuerzas físicas” las que unen a los fenómenos, o bien, si un acto de observación consciente los crea en el momento mismo en que son observados. Las ciencias sociales y humanas permanecen muy al margen de esta cuestión.


Pues bien, en un buen conocimiento de la física y de la teoría cuántica, el tema se estudia —y se resuelve— en términos del entrelazamiento cuántico. Fue un físico irlandés quien abrió esta puerta: John Bell.


Según el entrelazamiento cuántico, todos los fenómenos están conectados, sin importar el tamaño o la distancia. Pero el tema del entrelazamiento cuántico es el objeto de otro texto aparte.

 

 

Complejidad de las ciencias sociales.  Y de otras ciencias y disciplinas

 

Edición 2016. Formato: 17x 24 cm. 308 páginas.

P.V.P: $ 35.000  USD: 8  ISBN: 978-958-8926-26-1

 

 

Reseña:

Cada época desarrolla la ciencia que necesita y la ciencia que puede. Asistimos a una época de una impresionante complejidad de la sociedad, el mundo y la naturaleza. Nuevas ciencias, nuevos enfoques, nuevas metodologías y nuevos lenguajes emergen y se dan a la tarea al mismo tiempo de comprender las cosas, y de hacerlas posibles en entornos recientemente inestables y turbulentos. Este libro estudia el proceso mismo de complejización de las ciencias sociales –ese conjunto de ciencias nacidas entre el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX–, pero con ella, entonces también la complejización del conjunto restante de ciencias y disciplinas.

 

 Carlos Eduardo Maldonado.

 

Carlos Eduardo Maldonado. Profesor titular de la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia. Autor de numerosos libros, artículos y ensayos sobre ciencia, política y cultura. Ph.D. en Filosofía por la Universidad Católica de Leuven (KU Leuven, Bélgica). Postdoctorados en Universidad de Cambridge, Universidad Católica de América (Washington, D. C.), Universidad de Pittsburgh. Mas del autor: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. @philocomplex www.carlosmaldonado.org

 

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Publicado enCiencia y Sociedad

Las ciencias naturales nos suministran ideas acerca de la estructura de la realidad, lo que son las cosas, cómo es el universo y, verosímilmente sobre cómo fue el origen y cuál puede ser el destino del universo. Esto es, notablemente, la física, la química, las matemáticas, y las ciencias computacionales. Por su parte, las ciencias humanas nos explica cómo vivimos, cómo hemos vivido y cómo podríamos vivir. Las ciencias humanas nos explican la forma como los seres humanos se organizan, los tipos de decisiones que toman, y lo que se sigue de las decisiones y las acciones humanas.


La complejidad del mundo actual exige de un cruce de ciencias y disciplinas, de métodos y enfoques, de lenguajes y metodologías que nos permitan entender los conjuntos de turbulencias, fluctuaciones, inestabilidades y no-linealidad de nuestra época. Es lo que genéricamente se llama interdisciplinariedad, y que adopta varios matices. Sin embargo, la verdadera interdisciplinariedad no sucede al interior de las ciencias sociales y humanas –así por ejemplo, entre economía y política, entre historia y sociología, o entre filosofía y psicología, por ejemplo–; asimismo, la auténtica interdisciplinariedad tampoco tiene lugar únicamente al interior de las ciencias naturales. Bien entendida, la interdisciplinariedad implica el diálogo, el cruce y los aprendizajes recíprocos entre tradiciones disciplinarias perfectamente diferentes.

Las ciencias sociales y humanas nacen el en trípode de un momento cultural y filosófico apasionante. Este trípode está conformado por la Ilustración, el Romanticismo y el Positivismo. El padre de las mismas es A. Comte, quien, por lo demás, en su Curso de filosofía positiva dedica dieciocho lecciones a las matemáticas. La idea de base no es difícil: debe ser posible una ciencia de lo humano, análogamente a como existe una ciencia de la naturaleza.

La Ilustración el Romanticismo y el Positivismo coinciden en un punto, a saber: en la fe en los seres humanos, en el hecho de que estos pueden tomar el destino en sus propias manos, y que la razón constituye la mejor forma de entender a los sistemas sociales humanos, tanto como de hacer efectivamente posible el mundo humano, en toda la extensión de la palabra.

La distinción semántica no es importante, en absoluto. En la tradición anglosajona se usa mucho más el término de social sciences y el de humanities. En la tradición francesa, por el contrario, se habla de las sciences humaines. Podemos usar indistintamente ambas expresiones para referirnos a un solo y mismo conjunto de temas y problemas.

Como quiera que sea, una cosa es evidente: las ciencias sociales y humanas nacen con una pretensión precisa, a saber: dar cuenta del mundo humano-social sin necesidad de metafísica; esto es, in extremis, sin necesidad de supuestos filosóficos. La ciencia nace como un campo propio, al margen e independientemente de la ontología y la metafísica. El siglo XIX y buena parte del siglo XX asiste a una magnifica eclosión del conocimiento: nacen la sociología y la antropología, la economía y la política, la psicología y el psicoanálisis; pero asimismo, nace la historia y la estética, las relaciones internacionales y el periodismo, en fin, la lingüística, la educación y los campos propios de las humanidades como la filosofía, la literatura, los estudios culturales y los estudios comparados y de área.

Durante mucho tiempo, cada ciencia y disciplina de las ciencias sociales y humanas se desarrolló en el esfuerzo por hacerse a sí misma posible; en ocasiones incluso al costo del diálogo con otras ciencias y metodologías. Esa es la historia, a grosso modo, de los primeros cincuenta años, en cada caso. Sin embargo, al cabo del tiempo y cada vez más, ha sido un lugar común reconocer la importancia y la necesidad del diálogo y aprendizajes con tradiciones disciplinarias disímiles. Las motivaciones y las justificaciones para dichos aprendizajes y diálogos son variados, pero todos coinciden en la necesidad de una apertura al mundo y a otros saberes y conocimientos.

Con seguridad, los asuntos del mundo humano, en el sentido más amplio e incluyente de la palabra, no los resuelven ni los resolverán únicamente las ciencias sociales y humanas. Pero tampoco será posible resolverlos sin ellas. De hecho, en contra de cualquier postura cientificista, la verdad es que, adicional y principalmente, también las artes y las humanidades son indispensables para pensar, hacer posible y resolver los retos y desafíos del mundo social, político y económico.

La literatura y la poesía, la música y la arquitectura, el teatro y las artes escénicas, todo ello con el involucramiento cada vez mayor de los sistemas computacionales emergen, cada vez más, con una voz propia en el panorama de las acciones, conocimientos, lenguajes y métodos estrictamente científicos.

Desde luego que necesitamos de la medicina y las tecnologías de punta; evidentemente que la física y la química realizan aportes significativos, por ejemplo. Pero el convivio y la existencia misma son imposibles sin las contribuciones de las artes y sin el tejido, tupido y cerrado de conceptos, metáforas, enfoques y metodologías de otros campos, áreas y dimensiones.

De lejos, la mejor y la principal condición de la que, crecientemente, depende la vida de los seres humanos, es de la ciencia en general, y de las tecnologías en particular. En este sentido, una formación en ciencias se erige como una condición necesaria para una vida con calidad y dignidad. Pero, al mismo tiempo, es importante atender a la socialización de la ciencia y la tecnología, y lograr que las bases de la sociedad se enteren de los desarrollos más apasionantes de la investigación de punta.

Vivimos una época de una enorme vitalidad en el conocimiento. Dicha vitalidad es sencillamente la expresión de optimismo en la investigación y de avances en ciencia y tecnología. Contra todas las apariencias, alimentadas por la gran prensa, superficial y sensacionalista.

Publicado enEdición Nº224
Localización geográfica de las 159 poblaciones estudiadas.

 

Nuevas evidencias de que los antiguos cruces entre las tres especies tuvieron consecuencias evolutivas

 

Estamos tan acostumbrados a ser los únicos humanos sobre la Tierra que casi no podemos imaginar un pasado en que, viajando desde África hacia un mundo desconocido, lo más fácil era encontrar por ahí a otros de los nuestros, otras especies del género Homo que compartían con nosotros un pasado olvidado, y con las que, según sabemos ahora, no nos importaba compartir el sueño de una noche de verano. Sin considerarlo animalismo, y sin que nuestra lógica más profunda, la genética, lo viera inconveniente tampoco, puesto que de aquellos polvos han venido estos lodos que la ciencia revela ahora en nuestro genoma.

 

Según la última investigación de 1.523 genomas de personas de todo el mundo, incluidos por primera vez los de 35 melanesios, los neandertales se cruzaron no una, sino tres veces (en tres épocas distintas), con diversas poblaciones de humanos modernos. Solo se libraron los africanos, por la sencilla razón de que los neandertales no estaban allí. Los melanesios actuales llevan ADN de otra especie arcaica, los misteriosos denisovanos que vivían en Siberia hace 50.000 años, pero ni por esas se libraron de la promiscuidad neandertal: sus genomas actuales llevan las marcas inconfundibles tanto de neandertales como de denisovanos.

 

Y un premio de consolación: los genes de la evolución del córtex, la sede de la mente humana, son enteramente nuestros, de los Homo sapiens. Lo demás parecen ser adaptaciones al clima local. Son los resultados que 17 científicos de la Universidad de Washington en Seattle, la Universidad de Ferrara, el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva en Leipzig y el Instituto de Investigación Médica de Goroka, en Papúa Nueva Guinea, entre otros, han presentado en Science.

 

Los genomas se suelen medir en megabases, o millones de bases (las letrasdel ADN, gatacca...). El genoma humano tiene 3.235 megabases. De ellas, 51 megabases son arcaicas en los europeos, 55 en los surasiáticos y 65 en los asiáticos orientales. Casi todas esas secuencias arcaicas son de origen neandertal en estas poblaciones. En contraste, los melanesios presentan un promedio de 104 megabases arcaicas, de las que 49 son neandertales, y 43 son denisovanas (las 12 restantes son ambiguas de momento). Son solo números, aunque dan una idea del grado de precisión que ha alcanzado la genómica humana.

 

Pero el diablo mora en los detalles. Las secuencias arcaicas no están distribuidas de manera homogénea por el genoma, ni mucho menos. Hay zonas donde están muy poco representadas, es decir, donde hay tramos de 8 megabases o más sin una sola letra neandertal o denisovana. Estos tramos de puro ADN moderno, o sapiens, son ricas en genes implicados en el desarrollo del córtex cerebral –la sede de la mente humana— y el cuerpo estriado (o núcleo estriado), una región interior del cerebro responsable de los mecanismos de recompensa, y por tanto implicada a fondo en planear acciones y tomar decisiones.

 

Que los genes implicados en estas altas funciones mentales estén limpios de secuencias neandertales o denisovanas no puede ser casual, según los análisis estadísticos de los autores. El hecho implica, probablemente, que la presencia de ADN arcaico allí ha resultado desventajosa durante los últimos 50 milenios, y por tanto ha resultado barrida por la selección natural.

 

Entre los genes modernos se encuentra el famoso gen del lenguaje, FOXP2, lo que vuelve a plantear dudas sobre la capacidad de lenguaje de los neandertales. Que la secuencia de este gen sea idéntica en neandertales y sapiens se ha considerado una evidencia de que los neandertales hablaban, pero los genes son más que su secuencia de código (la que se traduce a proteínas): hay además zonas reguladoras esenciales, las que le dicen al gen dónde, cuándo y cuánto activarse. Otros genes puramente modernos son los implicados, cuando mutan, en el autismo.

 

También son interesantes las regiones genómicas contrarias, es decir, las que están particularmente enriquecidas en genes neandertales o denisovanos. Los genomas melanesios han revelado 21 regiones de este tipo que muestran evidencias de haber sido favorecidas por la selección natural. Muchas de ellas contienen genes implicados en el metabolismo (la cocina de la célula), como el de la hormona GCG, que incrementa los niveles de glucosa en sangre, o el de la proteína PLPP1, encargada de procesar las grasas; también hay cinco genes implicados en la respuesta inmune innata, la primera línea de defensa contra las infecciones.

 

Todo ello refuerza los indicios anteriores de que los cruces de nuestros ancestros sapiens con las especies arcaicas que encontraron durante sus migraciones fuera de África tuvieron importancia para adaptarse a las condiciones locales: clima, dieta e infecciones frecuentes en la zona. Tiene sentido, desde luego.

 

Fueron sueños de una noche de verano, pero vuelven ahora a nuestro encuentro, como en una buena obra de teatro clásico.

 

 

VII Conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales

 

Transformaciones democráticas, justicia social y proceso de paz, Medellín 2015

 

 

Entrevistas

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Theotonio Dos Santos Pablo GentilliBoaventura de Sousa SantosJuan Carlos Monedero

 

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