Adriana Gómez, Colgado de la brocha de la serie “Algo pendiente”, 2009.

“No es posible tener verdaderos buenos medios sin verdadera democracia y no se puede tener una buena democracia sin buenos, fiables e independientes medios”.
(parafraseando a Alexis de Tocqueville)

 

Reconocido como un referente de buen periodismo, Noticias Uno es, pese a ello, o precisamente por eso, perseguido y ahora abocado al cierre de sus emisiones. El mes de septiembre nos ha sorprendido con la noticia, dada por el gerente de la productora, de que Noticias Uno, el noticiero del canal televisivo Canal 1 en antena los fines de semana y los festivos, dejará de salir al aire con el agotamiento del 2019, que en octubre ya anuncia su ciclo final.


En sus 18 años en antena, entre 1992 y 2001 funcionaba bajo el rótulo NTC Noticias, el programa ha sido fiel a su lema “La red independiente” y ha demostrado que se puede hacer información seria sin “venderse” al capital o al poder, que tanto da. Su labor ha sido reconocida en diez ocasiones con el premio anual India Catalina de la Industria Audiovisual colombiana al mejor noticiero nacional.


Aunque el canal ha declarado que la decisión de salir del aire es corporativa y los motivos son solamente financieros, parece que detrás de este anuncio hay presiones externas que la motivan. Esas dificultades económicas se presentan por la falta de financiación procedente de anunciantes, y éstos son presionados por otros canales para no inyectar recursos a Canal 1 por contar con un informativo que incomoda.


En las palabras de Ramiro Avendaño, presidente de ese canal televisivo, se puede entrever algo del trasfondo de esa decisión al afirmar que el final del noticiero tiene que ver con “la situación particular de prácticas restrictivas de la libre competencia encontradas en el mercado colombiano de la televisión abierta”. El panorama mediático de Colombia no es transparente ni se desenvuelve bajo la libre competencia. Una muestra de ello es que cincuenta entidades, lo que supone el 75 por ciento de la publicidad del canal, no pueden pautar porque tienen contratos de exclusividad con los dos grandes canales privados. Así lo ha declarado el gerente del noticiero Jorge Acosta.


Noticias Uno no se encuentra entre los programas con mayor índice de audiencia, dicen que apenas un 0,6 por ciento del rating, lo que significa poco más de doscientos mil televidentes, pero en sus 28 años en antena ha obtenido numerosos reconocimientos y premios por la calidad de su periodismo de investigación. Además de los India Catalina, ha recibido el premio nacional Simón Bolívar de periodismo, el CPB del Círculo de Periodistas de Bogotá y el Nuevo Periodismo de la Fundación Gabriel García Márquez en 2010.


Este noticiero fue el que destapó casos como el de la “Yidispolítica”, en el que la congresista Yidis Medina confesaba haber recibido plata por votar a favor de la reelección como presidente del hoy senador Uribe, o el del escándalo detrás de los negocios de la empresa constructora brasileña Odebrecht al obtener grabaciones del contratista Jorge Pizano en las que declaraba las irregularidades en contrataciones de obras con el Estado. Investigación esta última que probablemente provocó la pérdida de la publicidad del Grupo Aval, entidad vinculada a Odebrecht.


Esa gran labor informativa no le ha servido al programa para mantenerse al aire. O tal vez ese compromiso social con el periodismo de verdad es lo que le ha acarreado el cierre. Un programa que se había ganado fama de independiente, riguroso y crítico. Conceptos que en el escenario mediático colombiano son “peligrosos” para la salud de quien los practica.


Según Julián F. Martínez, premio nacional de periodismo Simón Bolívar en 2017 por su libro ChuzaDAS. Ocho años de espionaje y barbarie y exreportero de Noticias Uno, la cancelación de un noticiero que aportaba pluralidad y diversidad a los medios es “un golpe contundente a la columna vertebral de la democracia en Colombia (1)”.


Así son las cosas en este siglo XXI de tecnologías, posverdades y “libertades”. Un informativo que defiende los hechos frente a las creencias, que no “come cuento” con las noticias falseadas (adulteradas) o falsas (que faltan a la verdad de forma premeditada o involuntaria); que no construye la mal llamada opinión pública a partir de las opiniones de quienes mandan, sino que plantea las noticias contrastando las fuentes, poniendo en práctica los cimientos del periodismo clásico, pasará a ser historia cuando amanezca el nuevo año.


Ese es el funcionamiento de la censura hoy. Ya no lo hace a la manera clásica de prohibir o recortar la libertad de expresión, aunque siguen dándose casos como el más reciente de Twitter suspendiendo ciertas cuentas. Actualmente todo es más sibilino, pero más eficaz porque se hace dentro de un sistema que creemos “democrático” que “garantiza” que todo se lleva a cabo dentro de la ley. Aunque esa “ley” sea la del más fuerte. Si no quieres actuar directamente coartando libertades, lo mejor es que lo hagas subrepticiamente de manera indirecta pero exitosa. Presionando a quienes sostienen un programa con sus aportes económicos para que los retiren y así se vea obligado a cerrar.


¿Por qué puede ser molesta la existencia de un programa con tan poca audiencia dentro de un canal que según Kantar Ibope Media, empresa de investigación de medios, apenas alcanzaba en 2018 una cuota de pantalla del 2 por ciento? Porque lo distinto es peligroso, porque la reflexión provoca malestar y porque lo discordante invita a pensar de otra manera y los poderes no quieren que la gente recapacite. Todo eso se acaba eliminando un programa de las características de Noticias Uno, lo que hace que los grandes medios sigan concentrando poder y, en el caso de la televisión, aumentando su cuota de pantalla, “Esa concentración, además, les sitúa (a los medios) a pasos agigantados más cerca de los poderes que de la ciudadanía, lo que dificulta la construcción de una soberanía comunicacional (2)”.


El noticiero que dirige la periodista Cecilia Orozco Tascón “no es un espacio noticioso en el sentido tradicional. Es más bien una unidad investigativa audiovisual especializada en denuncias, que publica historias que otros medios omiten” según recoge la revista Semana (3).


El panorama de concentración mediática y de presiones sobre los medios llamados alternativos (4), no es exclusivo de Colombia. El mundo está en la misma situación al existir seis entidades transnacionales que controlan la comunicación a través de sus miles de emisoras, canales televisivos, medios escritos y editoriales. Ese dominio no es solamente de propiedad y distribución de noticias sino también de creación de contenidos, lo que hace que los discursos dominantes sean los mismos en casi todo el planeta. Como ya dijeran Marx y Engels en La ideología alemana: “Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época (5)”.


Eliminar un medio es, en cierta medida, matar la verdad o, al menos, eliminar una manera de narrar esas verdades que no siempre nos cuentan y que, a veces, nos acechan. Es una acción más de lo que Aharonian (6) llama la guerra de cuarta generación mediante la cual implantan, de manera hegemónica, los imaginarios colectivos, las narrativas y los discursos y las verdades “únicas”, las suyas.


Si queremos que el periodismo no abdique de la función social que tiene encomendada debemos defender los medios críticos, a sus profesionales y a quienes promueven no sólo la libertad de expresión y de información, sino el no tan demandado y necesario derecho universal a la comunicación. Es una lucha desigual en la que la ciudadanía es David frente al Goliath de las corporaciones mediáticas.


¿Cuál es la verdad detrás del anuncio del cierre de Noticias Uno? Crisis económica de la cadena, presiones políticas, decisión comercial… La verdad es que, si nada lo impide, en 2020 desaparecerá de la parrilla televisiva uno de los programas que ha sido referente del periodismo de investigación en los últimos años. Su producción ha calado en la opinión pública, no solamente por lo que informaban sino porque suponía una confrontación con los poderes dominantes.


A partir de ahí, se producirán posverdades, se lanzarán bulos y opiniones, las más de las veces sin argumentos que las respalden, para pintar del color del interés personal de quien las diga lo que convenga en cada caso. Hoy la posverdad es el arma preferida para la desinformación masiva “el arma de desorientación masiva de la opinión pública que emplean los grandes medios de comunicación y todos los líderes políticos (7)”. Es la manera de mantener ocultas las otras verdades, las que no interesan.


Si aceptamos que el periodismo es “una forma de dirección política, y su carácter de clase está determinado por el de la organización social (8)”, la acción sobre Noticias Uno es una manera de presionar a un medio que ve cercenada su salida al aire por una dirección política determinada por la organización económica que le corta el grifo de los ingresos y blanquea lo que en el fondo es, ni más ni menos, pura y dura censura a la libertad de expresión. Condicionan su existir por excusas económicas de trasfondo político.


Noticias Uno es probablemente el penúltimo ejemplo de cómo el poder ejerce toda su fuerza frente a las voces contrarias al statu quo que no se pliegan a los dictados de quienes gobiernan el mundo, ya sea el político, el económico o el mediático. Una muestra más de cómo los poderes establecidos nos quieren condicionar la existencia e imponernos qué ver, qué escuchar, qué leer y qué pensar. A veces, la subordinación se produce sin hacer ruido y bajo la máscara teatral de la democracia.


Tal vez con el cierre de este noticiero se haga más evidente lo que los grandes conglomerados mediáticos y los poderes financieros se empeñan en negar u ocultar, que la información no es inocente, que las noticias son mandatos de quien gobierna y que el periodismo es, cuando no se ejerce libremente, una forma de dirección social. En este mundo neoliberal, capitalista y competitivo se informa para dirigir, para condicionar conciencias y para crear imaginarios colectivos que no cuestionen el poder.

Libertad de prensa

Decía Lenin que la “libertad de prensa” en una sociedad burguesa, hoy diríamos sociedad capitalista de la información, es la que tienen los ricos, los que detentan el poder, de engañar al resto, a la mayoría excluida y explotada. Algo que todo el mundo sabe pero que “casi todos” silencian y esquivan.

Según la clasificación de la libertad de prensa elaborada por la organización Reporteros Sin Fronteras (9) (RSF) para 2019, Colombia ocupa el puesto 129 de los 180 países clasificados con una puntuación de 42,82 ubicándose en la zona “roja” que reúne a los países con una “situación difícil”. Dicho informe se elabora con un cuestionario conformado por una serie de temas como: el pluralismo, la independencia de los medios, el ambiente en el que las y los profesionales llevan a cabo su trabajo, la posible autocensura que se imponen, el marco legal en el que se desempeñan, la transparencia y la calidad de la infraestructura con la que cuentan en sus labores. En ese trabajo se explica para Colombia que las y los periodistas siguen padeciendo “presiones, intimidaciones, actos de violencia”, en un país en el que los medios tienen vinculación con “grandes empresas y con políticos, lo que pone en peligro su independencia editorial y favorece la autocensura”. En el cierre del documento, esta ONG, bajo el título “Un clima de violencia y autocensura”, afirma que “El nuevo presidente, el conservador Iván Duque Márquez, elegido en agosto de 2018, no ha dado señales que permitan pensar que la situación de la libertad de prensa en el país mejorará”. El caso de Noticias Uno es una muestra más de que la situación de los medios y sus profesionales en Colombia está en riesgo.

Permitir la desaparición de voces críticas en los medios es ceder ante las corporaciones mediáticas que gobiernan el mundo. Éstas terminan siendo “armas de propaganda de un modelo que se resiste al cambio y son el sustento del imaginario imperante en torno a la felicidad proporcionada por el consumo (10)” lo que hace crecer la concentración mediática y el pensamiento único que homogeneiza la ciudadanía y anula la capacidad de cuestionar y rebelarse contra las injusticias sociales. La falta de democracia en los medios y la ausencia del derecho a la comunicación son falencias imperdonables de sociedades que se ven determinadas por la información dominante producida por los conglomerados del eduentretenimiento.

Finley Peter Dunne afirmó en el siglo XIX que la tarea del periodista es “tranquilizar al afligido y afligir al tranquilo”. Un siglo después, también en los EE.UU., el Comité de Periodistas Comprometidos, después de encuestar a varios profesionales de los medios, concluyó que: “El propósito esencial del periodismo es dar a los ciudadanos la información precisa y fidedigna que necesitan para desenvolverse en una sociedad libre”.

Eso es lo que perderemos si consentimos que sucedan cosas como el cierre de Noticias Uno y que hagamos como que no ha pasado nada.

 

1. “El fin de Noticias Uno: la muerte de la libertad de prensa”. Disponible en: https://www.youtube.com/revelados
2. Chaves, I. y Gordo, R: “La concentración mediática en Colombia. Para descentralizar la mirada”, en Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.
3. “Noticias UNO: la voz critica que se apaga”, en revista Semana, 8 de septiembre de 2019. Disponible en https://www.semana.com/nacion/articulo/noticias-uno-saldra-del-aire-crisis-economica-en-los-medios-de-comunicacion/630983
4. “Alternativo”, término utilizado en demasía y que no significa mucho pero por el que nos referimos generalmente a los medios que están enfrentados al poder establecido (nota del autor).
5. Marx, K. y Engels, F. (1974). Obras Escogidas. Moscú, editorial Progreso, 3 tomos.
6. Aharonian, A. (2017). El asesinato de la verdad. Concentración mediática, redes y comunicación popular. Bogotá, La Fogata editorial, Periferia y FILA.
7. Taufic, C. (2012). Periodismo y lucha de clases. Madrid, ediciones Akal.
8. Reporteros Sin Fronteras, Informe sobre la libertad de prensa en Colombia disponible en: https://rsf.org/es/colombia
9. Manuel Chaparro en la introducción de Chaparro, M., Espinar, L. y Gabilondo, V. (coords.) (2019): Transparencia mediática, oligopolios y democracia. Salamanca, editorial Comunicación Social.

*Doctor en Comunicación y Ciencias Sociales
Director de la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de Uniminuto (Colombia)

Publicado enColombia
Martes, 08 Octubre 2019 06:20

5G, realidades y necesidades

5G, realidades y necesidades

La quinta generación de redes móviles (5G) no solo constituye una lógica y, por tanto, previsible evolución respecto a los sistemas precedentes como el 4G, sino que se ha convertido justo antes de su lanzamiento comercial en “el futuro de las comunicaciones tanto móviles como fijas”, en palabras de Richard Sutton.

En realidad, el desarrollo de muchas de las tecnologías que se consideran emergentes, como el internet de las cosas (IoT), la realidad virtual (VR), la realidad aumentada (AR), e incluso de otras cuyas formulaciones se conocen hace décadas, como la computación en la red (cloud computing), la inteligencia artificial (AI) o la gestión virtual de las propias redes (NFV), depende más del modelo de negocio adoptado que del soporte tecnológico, aunque con el 5G van a incrementar sus potencialidades.

Las lecciones aprendidas durante estos primeros 20 años de redes de banda ancha móviles, como el 3G y 4G, demuestran que un cambio profundo y económicamente rentable en las formas de uso y, sobre todo, en su asimilación como experiencia vital del usuario, no se produce únicamente añadiendo más kilobits de subida y bajada.

Otro factor determinante es el coste final de las subastas del espectro que las operadoras tienen que pagar para poder ofrecer el 5G. La exuberancia especulativa que a principios de siglo mostraron las subastas para las frecuencias 3G permitió comprender a los gobiernos que si las barreras de entrada son altas, las inversiones a largo plazo serán menores, lo que repercute en el desarrollo económico.

La norma general, hasta ahora, de las subastas nacionales de frecuencias para 5G es que los gobiernos han optado esta vez por costes más moderados, al poner sobre la mesa grandes porciones de espectro. Por el contrario, en aquellos países que optaron por la escasez artificial que supone trocear excesivamente el espectro (Italia) o reservar buena parte de este para otros servicios (Alemania), los costes aumentaron considerablemente.

Siendo conscientes de que el entusiasmo tecnológico constituye un buen punto de partida para la innovación, pero no siempre un aliado estratégico conveniente si se quieren crear bases sólidas para una reformulación tan profunda como la asociada al 5G, no se debe perder nunca de vista lo que la sociedad y el mercado realmente son en este primer tercio del siglo XXI.

Banda ancha para más

Cada nueva generación de telefonía móvil ha alcanzado un mayor número de usuarios que la anterior. Además, su adopción es muy similar a la observada en otras tecnologías y básicamente sigue la famosa curva de difusión formulada por Robert Everett hace más de 5 décadas. La diferencia fundamental entre los sistemas de telefonía móvil y el resto de las tecnologías no radica por tanto en su forma de adopción, sino en la dimensión alcanzada. Así, el total de usuarios únicos de redes móviles actualmente supone el 67 por ciento de la población mundial (GSMAIntelligence, 2019USCensusBureau, 2019) y el número total de conexiones supera un 4 por ciento al de la población del planeta (Ericcson, 2018).

Esto significa que cuando el 5G comience a ser una realidad para esa minoría de primeros usuarios pioneros (early adopters), algo que no va ocurrir de manera significativa al menos hasta 2020, este sistema de quinta generación tendrá ya un mercado potencial de 8.000 millones de usuarios, a lo que habría que añadir al menos 2.000 millones de conexiones celulares en el internet de las cosas. Por lo tanto, el 5G nace ya con el objetivo de convertirse en el sistema de comunicación con mayor número de usuarios (humanos + máquinas) de la historia, algo que podría ocurrir antes del final de la próxima década.

Un factor importante es que el ritmo de adopción de los sistemas móviles digitales se ha ido incrementado exponencialmente, de modo que cada sistema tarda menos que el anterior en convertirse en el de mayor número de usuarios. Así, el 3G tardó casi 14 años en alcanzar un 30 por ciento de difusión entre los usuarios de redes móviles, pero el 4G en siete años ya había superado ese porcentaje convirtiéndose en el sistema con mayor número de usuarios del mundo a finales de 2017.

El 5G nace con el objetivo de convertirse en el sistema de comunicación con mayor número de usuarios (humanos + máquinas) de la historia.

Las sucesivas generaciones de sistemas móviles han ofrecido básicamente al usuario mayores velocidades, un concepto asumido en la nueva cultura del acceso creada a partir del iPhone de Apple. Este factor aparentemente simple permitió ahorrar a las operadoras cuantiosas inversiones en márketing para trasladar a sus clientes la poderosa idea de que el 3G era más rápido que el 2G, el 4G que el 3G y, por lo tanto, el 5G seguirá esta tendencia.

No obstante, cuando se justifica la evolución de los sistemas móviles por la velocidad de acceso se genera un problema: que cualquier esfuerzo inversor de las operadoras por actualizar sus redes se interpreta al final como una forma de hacer la tubería más ancha y que circulen más bits. Esta visión reduccionista ha permitido situar la innovación justo encima de estas redes y en el dispositivo de acceso. Lo que quiere decir que son las empresas que proveen los servicios más populares (Google, Amazon, Netflix…) y los fabricantes de móviles, los agentes que se perciben externamente como los verdaderos innovadores del mercado.

Sin emitir un juicio arriesgado y sin duda complejo sobre quién innova más en Internet, sí se puede afirmar que, si no se alteran las condiciones actuales del mercado, con el 5G nos dirigimos de nuevo a un escenario donde los que más invierten en su desarrollo corren el riesgo de ser los que menos recojan los previsibles dividendos.

Mismo punto de partida

No obstante, en la progresiva implantación del 5G, operadoras y empresas de servicios en Internet comparten una misma necesidad de partida: ambos necesitan incrementar su número de usuarios y este incremento persigue a su vez dos objetivos. En primer lugar, cerrar la brecha mundial entre los que hoy usan redes móviles y aquellos que acceden a estas pero con sistemas de banda ancha. En segundo lugar, integrar ese remanente del 33 por ciento de la población mundial que permanece ausente de las redes móviles, lo que en términos absolutos equivaldría a integrar más de 2.400 millones de personas, la mayoría de ellos en países en desarrollo o regiones emergentes, sobre una población mundial de 7.500 millones de personas.

No obstante, detrás de estas cifras que llaman al optimismo hay que tener en cuenta que, de ese total de personas no conectadas, al menos un 35 por ciento son niños o ancianos (World Bank, 2017), lo que en principio reduce ese margen razonablemente alcanzable de usuarios desconectados a 1.500 millones.

El 5G supone una mejora en tres factores: la velocidad, la latencia y el número de dispositivos que se pueden conectar simultáneamente.

Para que estos 1.500 millones de adultos dieran un salto de la desconexión al 5G, no solo se tendría que producir un amplio y rápido despliegue de infraestructuras que aumentara la cobertura, sino que los costes de conexión (redes y dispositivos) tendrían que ser considerablemente más asequibles que los actuales, teniendo en cuenta la menor renta disponible en los países en desarrollo donde se sitúa esa brecha.

El tercer y determinante factor diferencial del 5G es la densidad o número de dispositivos que la red sería capaz de atender en condiciones óptimas por unidad de cobertura y tiempo, estimada en un incremento exponencial del 100 por ciento respecto a la generación anterior. Esto haría posible la comunicación efectiva en zonas con alta densidad de población o en situaciones puntuales como eventos masivos, pero también la transmisión simultánea entre cualquier objeto conectado sin mediación.

Triple impacto

La implantación de redes 5G en los principales mercados supondrá un triple impacto:

  • En las tecnologías y en los servicios disponibles.
  • En el propio mercado de las telecomunicaciones.
  • Y, por último, en la aparición de innovaciones inimaginables hasta ahora.

En el primer grupo encontraríamos tecnologías como la realidad virtual (VR) y la realidad aumentada (AR). El 5G mejorará la experiencia de usuario en las dos al proporcionar mayores velocidades y latencias mejoradas, este último un factor crítico en contenidos populares como los videojuegos.

El segundo impacto está relacionado con el inquietante statu quo actual de las operadoras que en pocos años vieron como las aplicaciones IP se comían literalmente el, durante décadas, cautivo mercado de las llamadas telefónicas y las nuevas formas de expresión personal multimedia (emojis, textos, clips de audio y vídeo) convertían los teléfonos fijos en “jarrones chinos” — valiosos pero sin utilidad—, las líneas fijas residenciales en soportes colectivos para wifi y los teléfonos móviles en computadoras portátiles.

El tercer impacto es a la vez el más amenazante y esperanzador ya que se refiere a todo lo nuevo y desconocido que un sistema global de banda ancha que promete llevarnos al nivel gigabit puede traer. No podemos olvidar que, a pesar de los recientes cuestionamientos de principios como la neutralidad de la red, Internet sigue siendo una red descentralizada donde la innovación no necesita permisos de núcleos centrales y donde las operadoras no tienen que establecer a priori qué usos se le van a dar a la red.

Al igual que un Snapchat o un Instagram eran inconcebibles cuando se pusieron en marcha las redes 3G, las posibilidades tecnológicas del 5G serán un incentivo para los emprendedores que ahora pueden acceder a la misma tecnología y a una creciente disponibilidad de capital menos alérgico al riesgo. Además, la incorporación de miles de objetos cotidianos hasta ahora virtualmente desconectados a la nueva Internet incrementa exponencialmente las posibilidades de aparición de nuevas aplicaciones que signifiquen una ruptura de los modelos comunicacionales que vimos en los sistemas anteriores.

Por su parte, los fabricantes de móviles serán en gran medida los responsables de la primera interpretación del 5G entre los usuarios, ya que sus aparatos son los receptores privilegiados de la primera tecnología de conexión que permite integrarse en esta red. Pero la necesidad que tienen estas empresas de acortar el ciclo de renovación de sus dispositivos, cuya prolongación ha generado un estancamiento de las ventas mundiales, no es un argumento consistente para convencer a esa franja de usuarios pioneros que ya pagan 1.000 dólares por los móviles más avanzados.

Para los usuarios, el factor diferencial del 5G respecto a los sistemas actuales tendrá que venir de nuevos usos tanto de aplicaciones ya existentes como de nuevos entrantes que podrían hacer una interpretación creativa de las potencialidades del 5G —latencia, densidad de conexión, velocidad— para ofrecer no solo una mejora de los servicios existentes, sino de otros cuya demanda es todavía desconocida.

En definitiva, el 5G está destinado a convertirse en el soporte preferente de un Internet que en su tercera fase no solo aspira a cerrar la brecha de las personas desconectadas, sino a generar sinergias con sectores industriales históricamente indiferentes o cuyos canales de venta y procesos de fabricación apenas han variado en estos 25 años de despliegue de redes móviles.

Por Francisco Vacas

Profesor Universidad, Consultor, Universidad Rey Juan Carlos

La versión original de este artículo ha sido publicada en la Revista Telos 111, de Fundación Telefónica.

Este artículo ha sido publicado originalmente en The Conversation

Martes, 01 Octubre 2019 05:50

¿Adiós al espacio y el tiempo?

¿Adiós al espacio y el tiempo?

Carlos Valle sostiene que el manejo de la política por parte de los grandes medios sustituye hoy a los partidos tradicionales y la realidad pasa a ser la verdad de los medios. Marta Riskin delibera sobre la globalización de la comunicación, sus contenidos y tecnologías, y los efectos en la reconfiguración de los valores de los pueblos.

 

 “Comunicación mundial significa: liberar el espacio para atar el tiempo” afirma el filósofo alemán Norbert Bolz. Está nueva situación ha pulverizado los dos elementos básicos de la vida social. Es lo que Anthony Giddens, sociólogo inglés, afirmaba sobre la globalización: “no tiene que ver, ni siquiera primariamente, con la interdependencia económica, sino con la transformación del tiempo y el espacio en nuestras vidas.”

Los desarrollos tecnológicos han permitido que los medios masivos de comunicación impongan una visión particular del mundo. El acento se pone en los efectos visuales entremezclados por un abrumador movimiento y un incesante cambio de escenario acompañado por el color y el sonido. Se produce así un efecto hipnótico que no llama a la comprensión sino a la contemplación. Hoy es palpable este efecto en el cine. La visión que proveen los desarrollos electrónicos permite una información selecta y con orientaciones peculiares dada las fuentes mayormente concentradas de las que dependen ¿Cómo afectarán estos desarrollos tecnológicos el libre compartir de la información, la soberanía de los países, el contacto directo entre diversos grupos de base? ¿Quién se va a arrogar el derecho de decidir en el ámbito local, nacional, regional y aun mundial a manejar la información según su propio interés? Hay que recordar que en la tradición liberal no se relaciona la libertad de información con el principio de igualdad.

Esta comunicación mundial tiene el propósito de llevar a renunciar a la verdad y a poner la confianza en las fuentes de información. La renuncia a la verdad, si es que se puede hablar de renuncia, presupone, al menos, una incapacidad o imposibilidad de acceder a ella. El manejo de la política por parte de los grandes medios ha ido sustituyendo a los partidos tradicionales, especialmente porque los medios han llegado a ser la plataforma de grandes conglomerados económicos antes que lugares de expresión comunitaria. Así, los políticos o quienes quieran serlo, terminan siendo dependientes de los grandes medios, antes que las de sus propios núcleos políticos porque temen ser condenados o ignorados. Así muchos políticos tienden a evadirse de entrevistas que puedan comprometerlos. Se manejan con un libreto que repiten en toda obligada ocasión. El resultado: la realidad viene a ser la verdad de los medios.

En un esquema de confianza el tiempo y el espacio han perdido su papel rector y las fronteras abolidas por la tecnología. La distinción entre lo local y lo internacional limita la comprensión de lo que sucede en el propio entorno.. Por otra parte, el impacto de un hecho, no importa donde suceda, se acrecienta por la virtual disipación del espacio. Un nuevo hecho tiende a ignorarlo, la evaporación del tiempo es inevitable. Eso provoca una pasividad creciente para asumir los hechos cercanos como realidades que afecten directamente. Son parte de una información que no intenta trascender sino llamar la atención, cuya duración debe ser lo suficientemente impactante para deslumbrar pero con una calidad que destiña a la luz de un nuevo hecho que busca seducir. La presencia progresiva de esta realidad inasible como es el tiempo y la tendencia a tratar como incorpóreo el espacio son dos puntales para el desarrollo de una comunicación por medios cada vez más concentrados, favorecidos por el desarrollo de una tecnología, que se presenta como una ley natural inmodificable para determinar la vida de la comunidad mundial.

Por Carlos Valle. ex presidente de la Asociación Mundial para la Comunicación Cristiana

Publicado enCultura
Domingo, 08 Septiembre 2019 05:56

Hiper-conectados y ultra-vulnerables al 5G

Hiper-conectados y ultra-vulnerables al 5G

 El desembarco de las redes 5G viene acompañado de promesas de velocidades de descarga inusitadas, de entornos de máquinas que se comunican entre sí, de coches autónomos que, por fin, podrán circular, de intervenciones quirúrgicas a distancia. Las compañías tecnológicas anuncian el advenimiento de la enésima next big thing, el enésimo gran acontecimiento que lo cambiará todo (y gracias al cual, de paso, nos colocarán nuevos productos). Con su llegada, prometen, se abrirán por fin las puertas a nuevos mundos de realidad aumentada y virtual. Pero hay que tener presente la cara B del 5G: en un planeta hiperconectado, las posibilidades de que seamos hackeados, espiados y controlados por empresas y Gobiernos se multiplicarán.

Gloria, gloria, gloria al 5G, maná de la nueva era a punto de nacer. El entusiasmo por el advenimiento de las nuevas autopistas de la comunicación por las que circularán nuestros datos vuelve a retozarse en epítetos superlativos. Si atendemos a los cánticos de tecnológicas, operadoras y demás agentes del mercado, el 5G es the next big thing, el nuevo gran acontecimiento, el enésimo game changer, la clave que lo cambiará todo; conceptos periódicamente agitados para colocarnos nuevos productos.

El 5G desembarca envuelto en campañas de marketing y comunicación que anuncian un mundo hiperconectado de cirujanos que operarán, desde la distancia y en tiempo real, mediante un robot, a pacientes de otro continente; de granjas inteligentes en las que se siembre, riegue y coseche con eficiencia gracias al procesamiento de datos del suelo y el clima, y de coches autónomos compartiendo información al milisegundo que nos avisarán de que hay una placa de hielo tras la curva. No faltan voces que alertan de que nos encontramos ante un nuevo hype, un fenómeno hinchado que además esconde derivadas inquietantes.

Por lo pronto, el culebrón que rodea a este nuevo imán tecnológico no ha empezado mal: mandatarios con pinta de ogros enfrascados en una guerra comercial tras la que late la lucha por la supremacía mundial; promesas de velocidad, aromas de latencia y, por si faltaban ingredientes, perspectivas francamente favorables para todo el que quiera ser hacker en la nueva era. Bienvenidos a un mundo hiperconectado y ultravulnerable.

Nuestros móviles descargarán más rápido. Nos bajaremos películas en un segundo. El tiempo que transcurrirá entre que enviamos un mensaje y este llega —la latencia— será de un milisegundo —ahora oscila entre los 40 milisegundos y una décima de segundo—, por debajo del tiempo de respuesta de un ser humano. El 5G, quinta generación de telefonía móvil, permitirá desarrollar sistemas que harán que nuestro coche frene si el de delante lo hace. Y serán miles, pronto un millón, el número de dispositivos —móviles, aparatos, sensores— que puedan conectarse por metro cuadrado sin que ello afecte a la cobertura. Todo esto en el futuro: las redes comerciales desplegadas hoy en países como España son un 5G que aún se apoya en las redes 4G. La quinta generación de móvil, a pleno rendimiento, llegará, como pronto, a partir de 2021.

La información viajará por bandas de alta frecuencia, habrá antenas por doquier —farolas, mobiliario urbano— y por las nuevas autopistas de la información circularán ingentes cantidades de datos. Eso permitirá ver a gente jugando a videojuegos como Fortnite, League of Legends o Call of Duty, que hoy día solo ofrecen buen resultado con la conexión de casa, en el móvil; fábricas inteligentes con todas las máquinas de la producción conectadas y compartiendo información, y algún día no muy lejano, drones sustituyendo a los riders (mensajeros) en los repartos a domicilio.

Atender mejor y más rápidamente a los heridos en un accidente o cualquier otra emergencia también será más eficaz gracias al 5G. Pongamos por caso un accidente en el puerto de Valencia. Los servicios de emergencia podrán enviar un dron que emita imágenes en tiempo real que permitan calibrar la situación. Si es un atentado o si es un accidente. Los semáforos conectados se pondrán en verde para dar paso a las ambulancias. La furgoneta policial, al llegar al lugar de los hechos, podrá desplegar su propia red 5G si la zona ha perdido cobertura (el llamado network slicing, asignando comunicaciones de calidad en un lugar específico en cuestión de segundos). “El tiempo de reacción es un elemento crítico para salvar vidas”, enfatiza Jaime Ruiz Alonso, ingeniero de telecomunicaciones e investigador de Nokia Bell Labs.

Ruiz Alonso sabe de lo que habla. Hace dos años vivió en carne propia un incendio en la sierra de Gata, en Extremadura. Estaba en la localidad de Villamiel. Desde allí vio cómo se quemaban robles y pinares ante el empuje despiadado del fuego. Comprobó lo que es atender una emergencia con las comunicaciones caídas, sin drones que permitan obtener información sin exponer vidas de bomberos. Desde su equipo de innovación en Nokia, este palentino de 49 años se puso a trabajar en protocolos de telefonía para recuperar comunicaciones en casos de emergencia. Desarrolló un modelo con el 4G, pero explica que todo será más fácil con la siguiente generación de móvil. “Cuando esté desplegado el 5G, habrá protocolos para saber dónde están los usuarios y comprobar si se hallan atrapados en medio del bosque entre las llamas”, cuenta.

La combinación de 5G e inteligencia artificial, se supone, es la puerta de entrada al largamente cacareado Internet de las cosas (IoT, por sus siglas en inglés). Caminaremos por la calle de una ciudad inteligente con unas gafas o unos auriculares que nos dirán el nombre de esa persona con la que nos acabamos de encontrar y del cual preferimos acordarnos. La oportuna y valiosa información aparecerá sobreimpresionada sobre la realidad gracias a las gafas o nos será susurrada al oído. “Pasaremos a vivir en la realidad mixta” —también llamada realidad aumentada—, vaticina Xavier Alamán, catedrático de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad Autónoma de Madrid. Estaremos esperando al bus con nuestras gafas, pero podremos ver por dónde va y si se está aproximando a nuestra calle. “Predecir es muy difícil, sobre todo el futuro”, espeta con sorna Alamán, parafraseando esa cita atribuida al físico Niels Bohr, “pero yo creo que de aquí a 10 años desaparecerán los móviles”.

Alamán, cordobés de 57 años, demuestra ser un entusiasta de las Microsoft HoloLens, unas gafas-visera parecidas a las de esquí que nos permiten interactuar con proyecciones de gráficos en 3D. Aportarán información a, por ejemplo, un mecánico, que podrá ver gráficos del interior del motor flotando en el aire mientras repara un automóvil. En un futuro no muy lejano, las gafas nos permitirán desplegar sobre la realidad (el vagón del tren) una pantalla de cine virtual en la que veremos la película (a escala muy superior a la de las actuales tabletas) mientras en un lateral leeremos los whatsapps o equivalentes. “Si todos dan el salto a ese tipo de dispositivo, el mundo cambiará más de lo que lo ha hecho con el teléfono móvil”, augura Alamán. La gente vivirá en un entorno que mezcla la realidad con lo virtual. La fiebre que se despertó hace tres años en el parque del Retiro con la caza de figuras virtuales de Pokémon GO es un simple aperitivo de lo que viene. Las velocidades y latencias del 5G (y el 6G, sobre el que ya se trabaja) son clave para este tipo de desarrollos.
Tras las gafas llegarán las lentillas. Y los tiempos de ir por la calle con la cabeza gacha mirando la pantalla del móvil serán historia.

La prestigiosa revista tecnológica Wired se aventuraba a anticipar de manera enfática, en el número del pasado marzo, el mundo que viene. Lo bautizaba como mirrorworld, el mundo espejo. Una plataforma tecnológica que replicará cada cosa del mundo real para ofrecernos su derivada virtual. Con los dispositivos de realidad aumentada, el cirujano verá una réplica en 3D de nuestro hígado mientras lo opera y contemplaremos con las gafas cómo era en los años treinta del pasado siglo, cuando fue bombardeado, el monumento que tenemos delante de nuestras narices.

El futuro que se abre en el mundo de los wearables, las tecnologías ponibles, gafas, relojes, auriculares, es algo por lo que apuestan muchas marcas, entre ellas Samsung. El gigante tecnológico coreano presentó su estrategia 5G el pasado mes de junio en un viaje de prensa a Corea —al que invitó a El País Semanal, junto a un selecto grupo de medios nacionales e internacionales—. Seúl, de hecho, es una de esas ciudades en las que se está cocinando el futuro de las telecomunicaciones. Y Corea es uno de los cuatro países que lideran la carrera del 5G, por detrás de Estados Unidos y China y junto a Japón, según un estudio de la consultora Analysys Mason.

La capital coreana es una ciudad de rascacielos y atascos por la que la gente transita en coches con los cristales tintados. De día, sus habitantes huyen del bochorno y la mala calidad del aire refugiándose en centros comerciales climatizados en los que dan lustre a la tarjeta de crédito. En su libro Problemas en el paraíso, el filósofo esloveno Slavoj Zizek la describía como epítome de un capitalismo tecnológico llevado al absurdo: trabajar hasta la extenuación para consumir como si no hubiera un mañana.

El despliegue del 5G está allí muy avanzado y se nota: el móvil va rápido. Se registran velocidades de hasta 820 megabits por segundo, el triple que con una conexión estándar en Madrid, con caídas a 400 en algunas zonas, según las pruebas realizadas por varios periodistas europeos. En esta ciudad avanzada, la sexta más poderosa del mundo según la revista Forbes, recibía DJ Koh, presidente y consejero delegado de Samsung Electronics, a la prensa europea en un hotel de lujo. Allí aseguró que los dispositivos inteligentes serán pronto más importantes que los propios teléfonos.

“Las infraestructuras 5G serán el motor y la fuerza de la cuarta revolución industrial”, sostiene Koh, ejecutivo de 57 años que procede de una familia pobre y que hizo un largo camino hacia la cima formándose, durante unos años, en el Reino Unido. La combinación de 5G e inteligencia artificial, asegura, lo va a cambiar todo. “El Internet de las cosas es lo que conectará a individuos, casas, fábricas, oficinas, ciudades y naciones. Y el automóvil conectará todos estos elementos”. En su opinión, en los próximos tres o cuatro años veremos cambios de mayor impacto que en la última década.

Los cuarteles generales de Samsung están en Sewon, a 80 kilómetros de Seúl. A ese espacio de torres de vértigo y largas avenidas vacías —excepto a la hora (más bien la media hora) de la comida— se llega por una autopista con las mismas señalizaciones verdes de las highways norteamericanas. Aquí la gente, como no podía ser de otro modo, también se entrega a las visionarias doctrinas de Stajánov, artífice intelectual de las jornadas sin límites. Los empleados (30.000 en la base central, 320.000 en todo el mundo) tienen en Sewon todo lo que uno necesita para echar el día y no pasar por casa más que para dormir: las inevitables mesas de pimpón, el club de yudo, salas para desarrollar los más variados hobbies, la piscina para ir a hacer unos largos…

En uno de sus edificios cuentan con una réplica de la casa del Internet de las cosas, un hogar que se gobierna con el móvil. El aire acondicionado se acciona desde el coche, antes de llegar a casa, con una orden de voz. La puerta se abre cuando detecta nuestro teléfono. Al llegar a la nevera, tenemos en ella una pantalla desde la que pinchamos música, consultamos el pronóstico del tiempo o vemos las fotos del día (esto ya es una realidad). En el salón, en un televisor de 98 pulgadas, se proyectarán imágenes de quién llama a la puerta o de las cámaras de seguridad exteriores, además de las de canales y plataformas, claro.

Samsung afirma haber vendido un millón de teléfonos 5G en Corea en los primeros 87 días tras su lanzamiento. Ya ha desplegado redes de 5G en seis ciudades. En dos o tres años, aseguran, habrán cubierto todo el país.

España, por su parte, no está a esos niveles en el desarrollo del 5G, pero no va tan mal. Cuenta con un despliegue de fibra óptica [infraestructura sobre la que se extienden las redes 5G] superior al del Reino Unido, Francia y Alemania juntos, según explica en su blanca oficina el secretario de Estado de Agenda Digital, Francisco Polo. A escala europea, es uno de los tres Estados miembros de la UE que más ensayos de funcionamiento han llevado a cabo, según los informes del Observatorio 5G europeo. “Mi esperanza es que el 5G nos dé una nueva oportunidad”, declara Polo. “Si el despliegue de infraestructuras determinara el avance tecnológico de los países, España ya sería una potencia mundial”.

La quinta generación de telefonía móvil tendrá un impacto económico de 12 billones de dólares para 2035, según la consultora IHS Markit. Muchos actores del sector hablan de una nueva fase de reindustrialización, de una revolución industrial.

El desarrollo de esta nueva tecnología a escala planetaria sufrió un serio varapalo el pasado 16 mes de mayo cuando el presidente Trump firmaba una orden ejecutiva prohibiendo la venta de bienes y servicios a la compañía china Huawei, primer proveedor mundial de redes 5G.

Estamos en el momento del despliegue de infraestructuras, de firma de contratos, y en Estados Unidos preocupa que las vías por las que circularán ingentes cantidades de datos, y de las que dependerán infraestructuras críticas, estén en manos del enemigo. Tras el veto latía la acusación, sin pruebas, de que la tecnología china contiene “puertas traseras”, agujeros propicios para el espionaje. “Nunca han proporcionado evidencias ni hechos, ni ha habido un proceso judicial”, asegura en los cuarteles generales de la firma china en Madrid Tony Jin Yong, consejero delegado de Huawei. “Vetar a una empresa privada que tiene relaciones comerciales con compañías norteamericanas es realmente estúpido. Y muy cortoplacista”.

Huawei tiene presencia en 170 países y ha suscrito ya 50 contratos con operadores de todo el planeta, según los datos que facilita la compañía. Fueron los primeros, enfatizan, en poner a disposición de sus clientes una red 5G completa de extremo a extremo —solo tiene un puñado de rivales como proveedores de redes: Nokia (Finlandia), Ericsson (Suecia), Samsung (Corea), DoCoMo (Japón) y ZTE (China)—. Se están desplegando por el mundo ofreciendo precios muy competitivos. Y todo ello contribuye a que Jin Yong estime que Huawei está siendo usado en la guerra comercial entre EE UU y China. “Si no puedo competir contigo y superarte, te veto”, dice Yong, molesto. “Es una lógica ridícula. Y están utilizando su poder como nación contra Huawei, una compañía privada”.
La marca acusó una caída del 30% en las ventas de móviles en España en la primera semana tras la crisis desencadenada por Trump.

El analista e investigador bielorruso Evgeny Morozov, autor de la reciente e incisiva colección de ensayos Capitalismo Big Tech, va más allá en su análisis de la crisis: “Cualquier país razonable puede apreciar que EE UU está dispuesto a utilizar herramientas de extorsión para ganar alguna ventaja en las negociaciones comerciales”, dice en conversación telefónica desde el sur de Italia. Morozov no descarta la existencia de puertas traseras en equipamientos de Huawei, pero añade: “La probabilidad de que los dispositivos y accesorios que llegan de EE UU tengan agujeros y puertas traseras es aún más alta. Los estadounidenses han estado escuchando nuestros teléfonos durante años y este es un escándalo que Europa aún tiene que abordar. Técnicamente hablando, preocuparse de la vulnerabilidad de nuestras redes no tiene sentido porque ya son vulnerables: está claro que la NSA [agencia de inteligencia estadounidense] tiene una manera de monitorizarlas”.

El futuro, en cualquier caso, se presenta más vulnerable. Aunque los expertos aseguran que las redes 5G son a priori más seguras que sus predecesoras, la mera multiplicación de millones de antenas y el crecimiento exponencial de los dispositivos conectados en el IoT ofrecerán nuevas y suculentas oportunidades para el hackeo. “Cuanta más tecnología utilizamos, más vulnerables somos”, afirma el experto en seguridad informática David Barroso; “cuanto mayor es la exposición, peor”.

Barroso, fundador de CounterCraft, empresa de contrainteligencia digital que elabora un producto dirigido a Gobiernos y grandes compañías para poner trampas a los atacantes, asegura que el peligro vendrá por las brechas de seguridad de dispositivos que la industria pondrá en venta sin las medidas de seguridad necesarias. Algo que, dice, ya ocurre: cada nuevo dispositivo conectado (coches, frigoríficos, webcams instaladas en casa, asistentes personales) tiene una tarjeta SIM; a veces los fabricantes instalan contraseñas fáciles para que los administradores accedan a ellos sin complicaciones: estamos expuestos.

Si alguien consigue acceder a los mandos de un coche autónomo, hacer que parezca un accidente será más fácil. No hablemos de los mandos de un avión.

El coordinador europeo de lucha antiterrorista Gilles de Kerchove emitió el pasado mes de junio un informe en el que alertaba del riesgo de emergencia de nuevas formas de terrorismo mucho más letales a raíz del despliegue de las redes 5G y de los avances en inteligencia artificial. Las computadoras cuánticas podrán descifrar datos encriptados; los aparatos interconectados podrán ser manipulados a distancia y volverse contra nosotros, y la biología sintética permitirá recrear virus fuera de los laboratorios, según señala en su informe. Europa quiere una política de ciberseguridad común.

La polémica sobre todas las vulnerabilidades de las redes despierta además el debate de si poner infraestructuras críticas en manos privadas, sea cual sea su procedencia, es una buena idea.

Las prevenciones ante el desarrollo del 5G no se frenan ahí. Hay voces que se alzan contra algo que, dicen, ahondará la brecha digital, que conectará todavía más a los ya conectados. Peter Bloom, fundador de Rhizomatica, asociación civil que despliega redes alternativas para abastecer a lugares remotos o aislados, sostiene en una colección de ensayos que el problema del 5G es que no está centrado en los humanos, sino en las máquinas. Son ellas las que se comunican entre sí, no nosotros. “Cuando la gente ya no es el foco intrínseco del sistema de comunicación”, escribe, “entonces algo fundamental ha cambiado en la naturaleza de la Red”.

Cuanta más tecnología usamos, más problemas resolvemos, sí, y también más creamos. La hiperconectividad viene cargada de facilidad de acceso, rapidez, agilidad en las comunicaciones, nuevas comodidades. Pero cuantos más dispositivos haya y más información compartamos por el éter, más vulnerables seremos y más posibilidades habrá de que nos vigilen,  de que nos espíen y, por tanto, de ser manipulados.

Por Joseba Elola

8 SEP 2019 - 03:01 COT

La ‘startup’ asturiana que ayuda al inventor de internet a crear la nueva web

La 'startup' gijonesa Empathy.co y la Universidad de Oviedo colaboran para sacar adelante Solid, un entorno web más respetuoso con la privacidad, impulsado por Tim Berners-Lee.

 

Cuando Tim Berners-Lee anunció su proyecto Solid, de descentralización de Internet, suscitó una respetuosa incredulidad. El creador de la World Wide Web, la Red que todos navegamos hoy, había contemplado los escándalos de Cambridge Analytica y de las fake news. Convertido en un mito viviente a estas alturas, no solo criticó las filtraciones de datos y la manipulación sino que propuso amasar un nuevo concepto de Web.

Solid tiene como objetivo "cambiar radicalmente la forma en que funcionan las aplicaciones web hoy en día, para proporcionar una verdadera propiedad de los datos y una mejor privacidad", asegura la propia web. El objetivo es convertirlo en un espacio donde se impida el abuso de la información personal de los usuarios. Y Berners-Lee dio el primer paso: del MIT (Massachusetts Institute of Technology) y bajo su dirección nació el embrión del proyecto. ¿El objetivo? Dar el control total al usuario sobre sus datos. El problema es que esto va en contra del modelo de negocio de Google, Facebook e incluso Amazon.

Pero Berners-Lee no espera hacer esto solo ni hacerlo rápido. Después de esta primera piedra han llegado universidades y startups interesadas en poner los ladrillos y el cemento. Empathy.co, con sede en Gijón, es una de las startups que ha empezado a trabajar en el marco de Solid. Tienen un proyecto para crear un buscador para tiendas online y apps basado en los principios de esta nueva Web.

Para llevar a cabo el proyecto, la empresa asturiana cuenta con la colaboración de la Universidad de Oviedo, con quien ha firmado un contrato de I+D. La primera versión del buscador se lanzará en el mes de diciembre de este año y estará lista para enriquecer el ecosistema de Solid. En este espacio los procesos funcionan de forma diferente. “En vez de tener un cliente, ordenador o móvil, y un servidor, las piezas del puzle son un cliente, que se llama POD, y un servidor, que se llama solid”, explica Ángel Maldonado, fundador de Empathy.co.

 “Por su constitución, el servidor en Solid no puede almacenar ningún dato de ti. Tu POD tiene todos tus datos, como si fuera una nube propia. Es tuyo, está adherido a ti”, continúa Maldonado. Este elemento clave, el POD (personal online data), hace de intermediario. Con Solid, cualquier aplicación accedería a los datos del usuario a través del POD. Todo el perfilado y el análisis de datos suceden mientras la aplicación está abierta. Cuando el usuario la cierra, la información deja de estar accesible para la app.

Se trata de que la aplicación tenga información sobre el usuario para atenderle mejor, pero solo durante el momento en que este interactúa con ella. Igual que si vas a una tienda física y pides una sugerencia. Una vez que te marchas, la tienda no almacena ningún dato sobre tus gustos e intereses. “Esto replantea el concepto de análisis de datos”, incide Maldonado. Ya no se almacenaría información masivamente para predecir el comportamiento digital.

Así funciona Solid y esto es lo que Empathy quiere trasladar a su futuro buscador para tiendas online. En este tipo de producto la compañía tiene sobrada experiencia en el mercado. Entre sus clientes están Casa del Libro, los supermercados Kroger o Inditex. Pero para que el nuevo buscador funcione, la tienda o la aplicación tendrán que estar adheridas voluntariamente a los principios de este nuevo Internet, como lo denomina Maldonado.

Un cambio a largo plazo

En Empathy se toparon con el proyecto de Tim Berners-Lee tras una búsqueda de esquemas que mejoraran la privacidad del usuario, una sensibilidad que siempre ha estado presente en la empresa. Cuando contactaron con Inrupt, la startup encargada de coordinar la naciente comunidad de Solid, les dijeron que ellos ya tenían un acuerdo con la Universidad de Oviedo.

El socio no podía estar más cerca. Empathy tiene en la Universidad de Oviedo una cantera para reclutar talento, así que no partían de cero. Se constituyó un equipo combinado para abordar el proyecto. La universidad, vinculada desde hace tiempo a proyectos de Tim Berners-Lee, tenía a estudiantes que ya habían trabajado sobre las especificaciones técnicas de Solid.

La Universidad de Oviedo es uno de los centros académicos con los que trabaja Inrupt para difundir la programación de aplicaciones en el entorno Solid. “Es necesario que las personas aprendan cómo desarrollar aplicaciones y PODS en Solid. Cuando los valores y los conocimientos se aprenden desde jóvenes forman parte del sistema”, señala Mitzi László, directora de comunicación de Inrupt. “Además, es fantástico que puedan ver cómo Solid puede ofrecer oportunidades para labrarte una carrera profesional”.

Maldonado apunta que el cambio tiene que darse a largo plazo, pero se muestra esperanzado: “El caldo de cultivo de Solid es esta nueva sensibilidad que por fin tenemos, como individuos y como sociedad, sobre el uso y abuso que se ha estado haciendo de nuestros perfiles”. Ni Google ni Facebook adoptarán Solid. El CEO de Empathy tampoco ve viable que lo hagan las grandes compañías que ya han hecho un esfuerzo enorme en digitalización. Pero sí las pymes.

“La pequeña y mediana empresa se juega mucho más. No tienen acceso al big data y tienen otras prioridades. Ellos buscan la fidelidad y una relación honesta y franca”, destaca Maldonado. Su buscador se pondrá a disposición de todos, de forma abierta y gratuita, según los estándares de la iniciativa. Pero Empathy espera ganar experiencia para lanzar después otro buscador dirigido a pymes.

Este combo, de startups y universidades, es importante para que germine el nuevo entorno, según László. “Solid es un estándar abierto, así que las contribuciones de estudiantes, académicos y empresas son muy importantes para lograr interoperabilidad. Esto será lo que deje al usuario la posibilidad de elegir entre muchas opciones”, remata la directora de comunicación de Inrupt.

Madrid 3 SEP 2019 - 10:06 CEST

En riesgo, 50% de las 6.700 lenguas indígenas del mundo, alerta ONU

Con cada lengua que desaparece el mundo pierde un acervo de saber tradicional, advirtió el Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres.

Con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, recordó en un mensaje que actualmente hay 370 millones de personas indígenas en el mundo y gran parte de ellas "todavía carecen de derechos básicos y la discriminación y la exclusión sistemáticas siguen amenazando su modo de vida, su cultura e identidad".

El funcionario internacional expuso que "las lenguas son el vehículo que utilizamos para comunicarnos y están íntimamente ligadas a nuestra cultura, nuestra historia e identidad"

Reportó que casi la mitad de las 6 mil 700 lenguas que se calcula que hay en el mundo, en su mayoría indígenas, están en peligro de desaparecer.

Este año, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, celebrado cada 9 de agosto, se dedicó a los idiomas originarios por ser 2019 el Año Internacional de las Lenguas Indígenas.

Cooperación, el camino

Por su parte, la Conferencia del Episcopado Mexicano, a través de la Comisión Episcopal de la Pastoral Social, expuso que contrarrestar la amenaza de la desaparición de lenguas indígenas requerirá los esfuerzos de cooperación de las comunidades de hablantes, especialistas en lenguas, organizaciones no gubernamentales y poderes públicos.

En un comunicado, la organización religiosa expuso que sensibilizar sobre la pérdida de lenguas y la diversidad lingüística sólo será eficaz si se consigue dotar de funciones contemporáneas positivas a las lenguas minoritarias desde el punto de vista de las necesidades de la vida moderna, dentro de la comunidad y también en los contextos nacional e internacional.

Al anunciar el 14 Encuentro Nacional de Pastoral de Pueblos Originarios, del 9 al 13 de septiembre, los representantes de la Iglesia católica detallaron que entre esos papeles positivos están el uso de estas lenguas en la vida cotidiana, en el comercio, la educación, las letras, las artes y los medios de comunicación.

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Martes, 06 Agosto 2019 06:58

Redes caníbales

Redes caníbales

Caníbal es todo aquel que devora a individuos de su misma especie. Para hacerlo, necesita dominar a la presa, tornarla indefensa, entonces tratar de devorarla. Ese es el rostro alarmante de las redes digitales, tan útiles para facilitar nuestra intercomunicación. Al igual que los vehículos –aviones, autos, motos– que resultan útiles para movilizarnos más rápidamente y, sin embargo, son utilizados para llevar a cabo actos terroristas como el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York, las redes digitales tienen su lado sombrío.

 

Si no sabemos usarlas adecuadamente, devoran nuestro tiempo, nuestro humor, nuestra civilidad. De ahí mi resistencia a llamarlas redes sociales. La sociabilidad no siempre supera a la hostilidad. Incluso devoran nuestro sueño, pues hay quienes ya no logran desconectar el Smartphone a la hora de dormir. Devoran también nuestra capacidad de discernimiento, en la medida en que nos tribalizan y nos confinan a una única visión del mundo, sin apertura a lo contradictorio ni tolerancia para quien adopta otra óptica.

 

La medicina ya está atenta a una nueva enfermedad: la nomofobia. El término surgió en Inglaterra, derivado de no-mobile, esto es, privado del aparato de comunicación móvil. En síntesis, es el miedo a quedarse sin celular. Es la enfermedad adictiva más reciente, que estudian actualmente los terapeutas.

 

Hay quien permanece horas en las redes, naufragando más que navegando. El rostro caníbal del celular devora también nuestro protagonismo. Es el celular el que, mediante sus múltiples herramientas y aplicaciones, decide el rumbo de nuestras vidas. El diluvio de informaciones que cae una y otra vez sobre cada uno de nosotros, casi todas descontextualizadas, nos conduce ineluctablemente al territorio de la posverdad. Tocan nuestra emoción y, vertiginosas, neutralizan vuestra razón. No hay dudas de que la mayoría de nosotros es incapaz de ofender gratuitamente a un desconocido en la panadería de la esquina. Pero en las redes muchos endosan difamaciones, acusaciones sin fundamento y calumnias: ¡Las famosas fake news!

 

Hace más de 70 años, mi cofrade Dominique Duberle escribió a propósito de la cibernética: «Podemos soñar con un tiempo en el que una máquina de gobernar supla la hoy evidente insuficiencia de las mentes y los instrumentos habituales de la política» (Le Monde, 28 de diciembre de 1948).

 

El Leviatán cibernético previsto por el fraile dominico francés hoy tiene un nombre: Google, Facebook, WhatsApp, etc. Esas corporaciones devoran todos nuestros datos para que los algoritmos los transmitan a las herramientas incapaces de vernos como ciudadanos. Para ellas, somos meros consumidores. Es la era del Big Data.

 

Las redes digitales devoran incluso la realidad en la que nos encontramos insertados. Nos desplazan hacia la virtualidad y activan en nosotros sentimientos nocivos de odio y venganza. El príncipe encantado se transforma en monstruo. Los valores humanitarios se destejen, la ética se disuelve, la buena educación se descarta. Lo que importa ahora, con esta arma electrónica en las manos, es trabar la batalla del «bien» contra el «mal». Eliminar con un clic a los enemigos virtuales después de crucificarlos con injurias que se multiplican mediante el hipervínculo, el video, la imagen, el sitio web, la etiqueta, o simplemente una palabra o una frase.

 

Por Frei Betto

Granma

 

He ahí lo que pretende cada emisor: lograr que lo que posteó se haga viral. El adjetivo se deriva de virus, un sustantivo empleado en la biología que proviene del latín y significa «veneno» o «toxina». ¡Se crea así la pandemia virtual! Es necesario leer rápido este correo o zapp, porque aguardan por mí otros tantos. Y de ser el caso, responder con un texto conciso, aunque vulnere todas las reglas de la gramática y la sintaxis. Según la investigadora Maryanne Wolf, accedemos diariamente como promedio a 34 gigabytes de información, lo que equivale a un libro de cien mil palabras. Sin tiempo suficiente para la absorción y la reflexión.

 

Corremos el riesgo de dar un paso atrás en el proceso civilizatorio. A menos que las familias y las escuelas adopten algo similar a lo que acompañó el advenimiento del automóvil, cuando se percibió la necesidad de crear autoescuelas para educar a los conductores. El celular está exigiendo también una pedagogía adecuada para su buen uso.

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Vergonzoso silencio en torno al calvario de Julian Assange

Los mismos que nos entretuvieron con el gato, el patinete y la suciedad en los pasillos de la embajada han ignorado voluntariamente el informe del relator de la ONU sobre la tortura al disidente encarcelado número uno.

El relator especial del Alto Comisariado para Derechos Humanos de la ONU, el suizo Nils Melzer, logró en mayo obtener permiso para visitar a Julian Assange en la prisión británica de alta seguridad de Belmarsh. Melzer y dos reputados expertos médicos, uno de ellos psiquiatra y el otro forense, reconocieron a Assange. El 31 de mayo, hace más de un mes, el relator divulgó las conclusiones del peritaje médico realizado.

Melzer es profesor de Derecho Internacional en la Universidad de Glasgow y no era en absoluto un admirador del fundador de WikiLeaks. De hecho, solo aceptó la misión que le encomendó la ONU después de que los abogados de Assange y una doctora apelaran en dos ocasiones solicitando un peritaje al Alto Comisariado de Naciones Unidas. 

“Como la mayor parte del público, yo fui inconscientemente contaminado contra Assange por la incesante campaña de desprestigio orquestada durante años, pero una vez metido en los hechos de este caso, lo que encontré me llenó de repulsión e incredulidad”, explica. 

“Assange fue sistemáticamente calumniado (como “violador”, “agente ruso”, “hacker” y “narcisista”) para desviar la atención de los crímenes que expuso. Una vez deshumanizado por el aislamiento, el ridículo y la vergüenza, al igual que las brujas que solíamos quemar en la hoguera, era fácil privarlo de sus derechos más fundamentales sin provocar indignación pública en todo el mundo”. Llegamos así al dictamen del equipo de Melzer sobre el trato infligido a Assange. Es inequívoco.

“Durante un periodo de varios años, Assange ha sido expuesto a graves e incrementadas formas de castigo, a un trato inhumano o degradante, cuyos efectos acumulativos solo pueden ser descritos como tortura psicológica”, ha escrito Melzer. 

“En veinte años de trabajo con víctimas de guerra, violencia y persecución política, nunca me encontré con un grupo de Estados democráticos compinchados para aislar, demonizar y abusar deliberadamente a un individuo durante tanto tiempo y con tanta despreocupación por la dignidad humana y la legalidad”.

Nils Melzer envió sus conclusiones en forma de tribuna a los diarios australianos Sydney Morning HeraldCamberra Times y a los habituales anglosajones de Europa y América, Financial TimesThe GuardianThe TelegraphThe New York TimesThe Washington Post, al semanario Newsweek y otros. Ninguno de ellos publicó una línea. En su día todos ellos nos informaron con detalle de los excrementos de Assange en las paredes de la embajada ecuatoriana en Londres, de su patinete y de su gato. En España, los principales medios también ignoraron por completo el asunto. El informe Melzer llegó discretamente a las ediciones digitales de El Mundo La Vanguardia (solo el primero mencionaba la palabra “tortura” en el titular), con cero referencias en los demás. En los últimos treinta días, la prensa establecida española ha mencionado a Assange lo menos posible.

En todo el mundo occidental los medios de comunicación participan voluntariamente, vía el silencio y la denigración, en esa “persecución colectiva” denunciada por el relator de la ONU, y cuyo principal motor se encuentra en el Pentágono, según fuentes de la Administración Obama en declaraciones al abogado Geoffrey Robertson.  

En la última cumbre del G-20, el primer ministro australiano (Assange es australiano), el conservador Scott Morrison, no mencionó el caso Assange en su entrevista con Donald Trump, manteniendo así la línea de su predecesora laborista, Julia Guillard. El ministro de Exteriores británico, Jeremy Hunt, ha definido el silenciado informe de los expertos de la ONU en tortura como “acusaciones inflamatorias”. 

Julian Assange es el disidente encarcelado número uno de Occidente, como Edward Snowden es el exiliado número uno. Actualmente Assange está pendiente de ser extraditado por el Reino Unido a Estados Unidos, donde se arriesga a una sentencia por espionaje de hasta 175 años de cárcel en el tribunal del distrito Oeste de Virginia en el que nunca un acusado por asuntos de “seguridad nacional” ganó el caso y fue absuelto. 

La suerte de Assange es un retrato del mundo de hoy, del pésimo estado de las democracias, del poder de la propaganda del establishment y de la apatía de los movimientos sociales en Europa.

 

Autor: Rafael Poch

Rafael Poch-de-Feliu (Barcelona) fue corresponsal de La Vanguardia en Moscú, Pekín y Berlín. Autor de varios libros; sobre el fin de la URSS, sobre la Rusia de Putin, sobre China, y un ensayo colectivo sobre la Alemania  de la eurocrisis.

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Miércoles, 03 Julio 2019 07:02

¡Desnudos!

¡Desnudos!

Como en el refrán, así anda la izquierda en política comunicativa. En días recientes, decenas de opinadores de este perfil ideológico, regulares en las redes sociales, no cesaron de expresar su inconformidad y su desconcierto una vez conocido el despido de Daniel Coronell de la revista que por años acogió sus escritos (Ver pág. 6). “Censura” era uno de sus razones para explicar la cancelación de las funciones del periodista. A renglón seguido estaban, en otro plano, la manifiesta preocupación por las denuncias en contra del uribismo y otros comentarios sobre el establecimiento que ya no circularían de manera regular.

“Desnudos” de información, así se sentían o al menos así dejaban traslucir en sus correos y trinos quienes lamentaban la decisión de los propietarios de la revista. ¿Quién podía suplirles ahora lo que regularmente brindaba el cesado? No se equivoca el refrán de marras cuando sentencia que “Al que de ajeno se viste en la calle le desnudan”.

Es una sentencia del saber milenario plenamente comprobada en esta ocasión, cuando aquellos que siempre han integrado la cúspide del poder nacional deciden, como lo permite la propiedad de una empresa –en este caso una casa editorial–, zanjar las diferencias que puedan tener con uno de sus empleados informándole –no se sabe si con la formalidad del sobre sellado o si con la informalidad hoy impuesta por las redes sociales o si, como gesto de respeto con el otro, en reunión privada, acompañados de un aperitivo y de las remembranzas de mejores épocas compartidas. ¡Vaya usted a saber!

Lo cierto es que la noticia progresó como mecha detonante por variedad de círculos, no solo de izquierda sino también liberales –como apenas es obvio– y de otro carácter, todos concitados por iguales razones y razonamientos, como si no tuvieran diferencia alguna en la manera de encarar el reto de las comunicaciones y de la información en general.

Tal reacción y la ausencia de disconformidad preocupan, por decir lo menos, ya que exteriorizan una vez más una realidad que caracteriza a los sectores que pretenden cambiar la estructura económica, social, militar, política, cultural, del país: su desinterés por la construcción de una política en comunicaciones propia –¡en plena época del Big Data!– de un carácter y una potencia que precisamente impidan que en cualquier momento les quiten la ropa facilitada de manera ‘gentil’ por quienes, contradictoriamente, dicen querer confrontar y desplazar del control del país.

Ese desinterés no es de ahora sino de siempre, con desprecio y desperdicio de la información que reúnen y no procesan las organizaciones sociales –sindicatos y otras– pero que en los últimos 20 años es más notable, toda vez que la información dejó de ser complemento de algo –la política o cualquiera de los vectores sustanciales del gobierno y del Estado– para constituirse en el centro de la sociedad misma –en tanto la atraviesa por todos sus poros–, en factor fundamental para la lucha por la vida y, con ella, en la disputa por la cultura –esencial en cualquier pretensión de verdadero cambio social– y la opinión pública como un todo.

Sorprende que esta realidad perdure en el tiempo y que estos sectores depositen su posibilidad de informarse sobre asuntos del poder, así como sobre sus disputas internas, en una casa editorial que hace parte del corazón del propio poder, como también lo son los pocos diarios con pretensión nacional que aún sobreviven en el país.

Y sorprende, pero al mismo tiempo es incomprensible tal actitud, porque ahora nos encontramos insertos en una revolución industrial de colosal tamaño y que desprende posibilidades de nuevo tipo, para, entre otros asuntos, encarar con éxito un proyecto comunicativo de nuevo tipo, uno del tamaño del sueño que cada proyecto social tenga. Y si esto es así, ¿por qué seguir apegados a la mano de aquellos a quienes se pretende desconocer? ¿Por qué no aprender a caminar por cuenta y riesgo propios?

Estamos ante una fuerte dependencia informativa, histórica y presente, que tiene explicaciones desde la primera de todas: los sectores dotados de vocación por un país distinto no se han apropiado de la realidad que constituye la revolución industrial en curso y sus implicaciones en multiplicidad de planos y órdenes. En efecto, además de las implícitas en lo que aquí abordamos, existe el hecho real de que hoy la información es patrimonio del conjunto humano, información que –bien tratada– permite intuir, deducir y comprender las particularidades del poder y las disputas desatadas a su sombra. Pero aquellos sectores tampoco han construido, como segunda de estas razones, un proyecto político con vocación y sentido propios y que no dependa de los ires y venires de su contraparte sino que se soporte y proyecte, profundamente, en un ideario de largo plazo y que dé cuenta de la totalidad de la estructura sobre la cual está parado, avivado por lo mejor de la historia y las luchas de las generaciones que le anteceden en el territorio nacional, así como de las luchas, los sueños, los idearios, de lo mejor de la humanidad en su conjunto, retomando también de tales experiencias y sueños, alimento ideológico y político.


Así, parece ganar terreno una preocupante incomprensión, acompañada de desinterés, de la revolución industrial en curso, lo que impide percibir que la construcción de un proyecto comunicativo, que otrora demandaba la inversión de un capital imposible para sectores alternos, hoy no bordea las cifras de antaño. Con una potencia mayor: actualmente resulta en alguna medida fácil un proyecto alterno, que de verdad quiera trascender o asuma la integridad de lo comunicativo como bastión para concretar su utopía, o simplemente reconozca que nunca dejará de ser marginal, aferrado a lo ideológico como balso para no desaparecer, pero con altas posibilidades de convertirse en referente.

Miremos el panorama. Hasta hace poco, para construir comunicación era necesario definirse por un segmento de la misma: escrita (periódicos, revistas y similares), visual (televisión y cine), oral (radio). Esos eran los sectores en que antes se podía incursionar, y cada uno por separado. Desde hace años, esto dejó de ser así. Hoy es posible –mucho más que factible, para ser enfáticos– irrumpir de manera simultánea e integrada en estos tres sectores de la comunicación, pero además como extensión de los mismos o vehículo para concretarlos, en redes sociales, la producción de libros, así como la materialización de una política educativa de índole masiva, todo esto como lo más evidente, y todo ello al mismo tiempo, si así se pretende, y de manera colectiva, además, como concreción de un sueño de nueva sociedad que demanda cooperación y complementariedad, dejando atrás los afanes protagónicos, competencia y sed de ganancia. Claro, así ha de ser si de verdad se pretende construir un proyecto diferente de comunicación.

Tenemos ante nosotros todo un mar de posibilidades, factible de acometer, sin necesidad de grandes edificios y grandes máquinas o equipos físicos. Y esas posibilidades se pueden asumir en una misma edificación (casa, bodega, oficina), en forma descentralizada (varios equipos humanos, cada uno de ellos desde lugares diferentes), entrelazados vía chat o similar. ¿Qué es lo determinante a la hora de afrontar este reto? Sencillo: el proyecto por liderar debe tener sentido propio –de país, región, mundo–, así como sentido histórico –de tiempo.

Un proyecto así, por sus demandas técnicas –unos cuantos computadores, cámaras de video, software para edición–, es factible de ser encarado por cualquier grupo social y político que lo pretenda. ¿Qué es lo fundamental al tomar esta decisión, como segunda demanda por resolver? Es claro: el conjunto humano que afronte y lidere el reto, el cual, sin duda alguna, es el sine qua non que habrá de resolver las dificultades, en este aspecto como en cualquier otro que se encamine hacia el cambio social.

Formar un equipo humano es la principal de las labores por desarrollar, de modo que con toda conciencia logre apropiarse del momento, las posibilidades que le rodean, el territorio que habita, las formas de ser y relacionarse de quienes allí viven, sus demandas, aspiraciones, sueños y disposiciones, simultáneamente con un amplio bagaje cultural que le permita moverse con libertad por la filosofía, la sociología, la antropología y las más diversas ciencias sociales, tanto con raíz de antaño como de reciente surgimiento. La comprensión de su tiempo habrá de permitirle la operación de las nuevas tecnologías, adentrándose y ganando solvencia en el manejo de software libre y web profunda, proponiéndose en todo momento la necesaria autonomía ante el software comercial, desde la conciencia de que ahora todo está controlado y bajo sospecha, además de que todos los programas tienen puertas traseras desde donde el poder existente puede llegar a conocer los quehaceres de los grupos contraculturales, por lo cual también pueden explosionarlos cuando así lo defina quien está interesado en controlar y dominar.

En la realización de estas finalidades, no es exigible la garantía de cada una de las personas que integran el equipo social y político comprometido en tal propósito. Debemos tener claro que el trabajo ha de estar fundamentado en la acción del conjunto humano como equipo y no simplemente como agregado físico y sin unidad. Un proyecto histórico depende de la complementariedad de quienes lo integran y no de la virtud de alguno de sus líderes.

Justo en esa lógica se ha movido el proyecto comunicacional que lleva por nombre desdeabajo, no ahora sino desde hace dos décadas, cuando en el año 2000 realizamos el foro “La prensa se hace a diario y entre todos”, propuesta que no logró recepción positiva, como tampoco la consiguió años después la propuesta de constituir, entre el conjunto social por el cambio, un Sistema Nacional de Comunicaciones Alternativo (Snca). Esas propuestas han carecido de la necesaria fuerza social que rompa el enconchamiento, el protagonismo y la incomprensión del momento histórico que estamos viviendo. Tal incomprensión por parte de las fuerzas alternativas nos lleva a seguir vistiéndonos con la ropa que nos presta el establecimiento, el mismo que decide cuándo dejarnos desnudos.

 

Periódico desdeabajo Nº258

 

 

Publicado enColombia
Domingo, 30 Junio 2019 16:24

¡Desnudos!

¡Desnudos!

Como en el refrán, así anda la izquierda en política comunicativa. En días recientes, decenas de opinadores de este perfil ideológico, regulares en las redes sociales, no cesaron de expresar su inconformidad y su desconcierto una vez conocido el despido de Daniel Coronell de la revista que por años acogió sus escritos (Ver pág. 6). “Censura” era uno de sus razones para explicar la cancelación de las funciones del periodista. A renglón seguido estaban, en otro plano, la manifiesta preocupación por las denuncias en contra del uribismo y otros comentarios sobre el establecimiento que ya no circularían de manera regular.

“Desnudos” de información, así se sentían o al menos así dejaban traslucir en sus correos y trinos quienes lamentaban la decisión de los propietarios de la revista. ¿Quién podía suplirles ahora lo que regularmente brindaba el cesado? No se equivoca el refrán de marras cuando sentencia que “Al que de ajeno se viste en la calle le desnudan”.

Es una sentencia del saber milenario plenamente comprobada en esta ocasión, cuando aquellos que siempre han integrado la cúspide del poder nacional deciden, como lo permite la propiedad de una empresa –en este caso una casa editorial–, zanjar las diferencias que puedan tener con uno de sus empleados informándole –no se sabe si con la formalidad del sobre sellado o si con la informalidad hoy impuesta por las redes sociales o si, como gesto de respeto con el otro, en reunión privada, acompañados de un aperitivo y de las remembranzas de mejores épocas compartidas. ¡Vaya usted a saber!

Lo cierto es que la noticia progresó como mecha detonante por variedad de círculos, no solo de izquierda sino también liberales –como apenas es obvio– y de otro carácter, todos concitados por iguales razones y razonamientos, como si no tuvieran diferencia alguna en la manera de encarar el reto de las comunicaciones y de la información en general.

Tal reacción y la ausencia de disconformidad preocupan, por decir lo menos, ya que exteriorizan una vez más una realidad que caracteriza a los sectores que pretenden cambiar la estructura económica, social, militar, política, cultural, del país: su desinterés por la construcción de una política en comunicaciones propia –¡en plena época del Big Data!– de un carácter y una potencia que precisamente impidan que en cualquier momento les quiten la ropa facilitada de manera ‘gentil’ por quienes, contradictoriamente, dicen querer confrontar y desplazar del control del país.

Ese desinterés no es de ahora sino de siempre, con desprecio y desperdicio de la información que reúnen y no procesan las organizaciones sociales –sindicatos y otras– pero que en los últimos 20 años es más notable, toda vez que la información dejó de ser complemento de algo –la política o cualquiera de los vectores sustanciales del gobierno y del Estado– para constituirse en el centro de la sociedad misma –en tanto la atraviesa por todos sus poros–, en factor fundamental para la lucha por la vida y, con ella, en la disputa por la cultura –esencial en cualquier pretensión de verdadero cambio social– y la opinión pública como un todo.

Sorprende que esta realidad perdure en el tiempo y que estos sectores depositen su posibilidad de informarse sobre asuntos del poder, así como sobre sus disputas internas, en una casa editorial que hace parte del corazón del propio poder, como también lo son los pocos diarios con pretensión nacional que aún sobreviven en el país.

Y sorprende, pero al mismo tiempo es incomprensible tal actitud, porque ahora nos encontramos insertos en una revolución industrial de colosal tamaño y que desprende posibilidades de nuevo tipo, para, entre otros asuntos, encarar con éxito un proyecto comunicativo de nuevo tipo, uno del tamaño del sueño que cada proyecto social tenga. Y si esto es así, ¿por qué seguir apegados a la mano de aquellos a quienes se pretende desconocer? ¿Por qué no aprender a caminar por cuenta y riesgo propios?

Estamos ante una fuerte dependencia informativa, histórica y presente, que tiene explicaciones desde la primera de todas: los sectores dotados de vocación por un país distinto no se han apropiado de la realidad que constituye la revolución industrial en curso y sus implicaciones en multiplicidad de planos y órdenes. En efecto, además de las implícitas en lo que aquí abordamos, existe el hecho real de que hoy la información es patrimonio del conjunto humano, información que –bien tratada– permite intuir, deducir y comprender las particularidades del poder y las disputas desatadas a su sombra. Pero aquellos sectores tampoco han construido, como segunda de estas razones, un proyecto político con vocación y sentido propios y que no dependa de los ires y venires de su contraparte sino que se soporte y proyecte, profundamente, en un ideario de largo plazo y que dé cuenta de la totalidad de la estructura sobre la cual está parado, avivado por lo mejor de la historia y las luchas de las generaciones que le anteceden en el territorio nacional, así como de las luchas, los sueños, los idearios, de lo mejor de la humanidad en su conjunto, retomando también de tales experiencias y sueños, alimento ideológico y político.


Así, parece ganar terreno una preocupante incomprensión, acompañada de desinterés, de la revolución industrial en curso, lo que impide percibir que la construcción de un proyecto comunicativo, que otrora demandaba la inversión de un capital imposible para sectores alternos, hoy no bordea las cifras de antaño. Con una potencia mayor: actualmente resulta en alguna medida fácil un proyecto alterno, que de verdad quiera trascender o asuma la integridad de lo comunicativo como bastión para concretar su utopía, o simplemente reconozca que nunca dejará de ser marginal, aferrado a lo ideológico como balso para no desaparecer, pero con altas posibilidades de convertirse en referente.

Miremos el panorama. Hasta hace poco, para construir comunicación era necesario definirse por un segmento de la misma: escrita (periódicos, revistas y similares), visual (televisión y cine), oral (radio). Esos eran los sectores en que antes se podía incursionar, y cada uno por separado. Desde hace años, esto dejó de ser así. Hoy es posible –mucho más que factible, para ser enfáticos– irrumpir de manera simultánea e integrada en estos tres sectores de la comunicación, pero además como extensión de los mismos o vehículo para concretarlos, en redes sociales, la producción de libros, así como la materialización de una política educativa de índole masiva, todo esto como lo más evidente, y todo ello al mismo tiempo, si así se pretende, y de manera colectiva, además, como concreción de un sueño de nueva sociedad que demanda cooperación y complementariedad, dejando atrás los afanes protagónicos, competencia y sed de ganancia. Claro, así ha de ser si de verdad se pretende construir un proyecto diferente de comunicación.

Tenemos ante nosotros todo un mar de posibilidades, factible de acometer, sin necesidad de grandes edificios y grandes máquinas o equipos físicos. Y esas posibilidades se pueden asumir en una misma edificación (casa, bodega, oficina), en forma descentralizada (varios equipos humanos, cada uno de ellos desde lugares diferentes), entrelazados vía chat o similar. ¿Qué es lo determinante a la hora de afrontar este reto? Sencillo: el proyecto por liderar debe tener sentido propio –de país, región, mundo–, así como sentido histórico –de tiempo.

Un proyecto así, por sus demandas técnicas –unos cuantos computadores, cámaras de video, software para edición–, es factible de ser encarado por cualquier grupo social y político que lo pretenda. ¿Qué es lo fundamental al tomar esta decisión, como segunda demanda por resolver? Es claro: el conjunto humano que afronte y lidere el reto, el cual, sin duda alguna, es el sine qua non que habrá de resolver las dificultades, en este aspecto como en cualquier otro que se encamine hacia el cambio social.

Formar un equipo humano es la principal de las labores por desarrollar, de modo que con toda conciencia logre apropiarse del momento, las posibilidades que le rodean, el territorio que habita, las formas de ser y relacionarse de quienes allí viven, sus demandas, aspiraciones, sueños y disposiciones, simultáneamente con un amplio bagaje cultural que le permita moverse con libertad por la filosofía, la sociología, la antropología y las más diversas ciencias sociales, tanto con raíz de antaño como de reciente surgimiento. La comprensión de su tiempo habrá de permitirle la operación de las nuevas tecnologías, adentrándose y ganando solvencia en el manejo de software libre y web profunda, proponiéndose en todo momento la necesaria autonomía ante el software comercial, desde la conciencia de que ahora todo está controlado y bajo sospecha, además de que todos los programas tienen puertas traseras desde donde el poder existente puede llegar a conocer los quehaceres de los grupos contraculturales, por lo cual también pueden explosionarlos cuando así lo defina quien está interesado en controlar y dominar.

En la realización de estas finalidades, no es exigible la garantía de cada una de las personas que integran el equipo social y político comprometido en tal propósito. Debemos tener claro que el trabajo ha de estar fundamentado en la acción del conjunto humano como equipo y no simplemente como agregado físico y sin unidad. Un proyecto histórico depende de la complementariedad de quienes lo integran y no de la virtud de alguno de sus líderes.

Justo en esa lógica se ha movido el proyecto comunicacional que lleva por nombre desdeabajo, no ahora sino desde hace dos décadas, cuando en el año 2000 realizamos el foro “La prensa se hace a diario y entre todos”, propuesta que no logró recepción positiva, como tampoco la consiguió años después la propuesta de constituir, entre el conjunto social por el cambio, un Sistema Nacional de Comunicaciones Alternativo (Snca). Esas propuestas han carecido de la necesaria fuerza social que rompa el enconchamiento, el protagonismo y la incomprensión del momento histórico que estamos viviendo. Tal incomprensión por parte de las fuerzas alternativas nos lleva a seguir vistiéndonos con la ropa que nos presta el establecimiento, el mismo que decide cuándo dejarnos desnudos.

Publicado enEdición Nº258
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