Jueves, 24 Septiembre 2020 06:05

Estrecho de Taiwán: la crisis que se avecina

Un avión de caza ligero de la Fuerza Aérea de Taiwán, Indigenous Defence Fighter (IDF, en español 'caza de defensa autóctono') y misiles de crucero aire-tierra Wan Chien, en la Base de la Fuerza Aérea de Makung en la isla de Penghu, en la costa taiwanesa. REUTERS / Yimou Lee

Ausente de los grandes titulares, la escalada de tensión en el Estrecho de Taiwán sigue su curso de forma imparable. Las incursiones militares de China continental a modo de advertencia a las autoridades de Taipéi se suceden una tras otra. Beijing no quiere aparentar debilidad ante las acciones de EEUU, cada vez más intrusivas en el diferendo bilateral, y sube proporcionalmente el listón de sus acciones.

El debate sobre la reforma constitucional, en sus inicios en Taipéi, amenaza con otra crisis a medio plazo. La Carta Magna vigente, con siete enmiendas a sus cuestas, es de 1946, lo cual refleja, en cierta medida, la magnitud histórica del problema. Tras el final de la II Guerra Mundial, China recuperó el control de Taiwán, convertida en una colonia de Japón desde la firma del Tratado de Shimonoseki en 1895. Si en la isla no se refugiaran las tropas derrotadas del nacionalista Kuomintang, probablemente, hoy sería parte indiscutible de la República Popular, que prolongó sus bombardeos durante años. La Constitución que el KMT se llevó del continente preceptúa aun que la República de China representa a toda China, aunque, en realidad, desde 1949 no va más allá de la línea media del Estrecho. Pero para el PCCh acomodar esa realidad en el marco constitucional representaría un casus belli.

Las probabilidades de un empeoramiento de las no relaciones entre Beijing y Taipéi cotizan al alza. Tras repetir victoria en enero de este año, al soberanismo representado por Tsai In-wen le quedan por delante cuatro años de obstinación frente al hostigamiento del continente, cada vez más alejado de las tácticas prioritariamente seductoras del pasado inmediato. Pero cuanto más blande la espalda, la empatía con la sociedad taiwanesa se resiente; y lo que es peor, amenaza con quebrar la posibilidad de una alternancia más favorable a sus intereses al actuar como detonante del consenso en el nacionalismo panchino representado por su viejo enemigo, el KMT. En consecuencia, la expectativa de un horizonte gubernamental soberanista durante varias legislaturas provoca nerviosismo y en algunos alienta el vaticinio de la inevitabilidad de medidas más audaces que podrían llegar, en el peor de los escenarios, al conflicto armado.

EEUU, valedor de Taipéi, tiene mucho que decir en esto. Y tras la llegada de Trump ha abanderado el abandono de cualquier atisbo de ambigüedad. Considerado antaño por el general Douglas MacArthur como un portaaviones insumergible, hoy la isla viene al pelo a la estrategia del Indo-Pacífico, ideada para frenar la emergencia de China y asegurar la preservación de la hegemonía estadounidense en el área. Washington no solo promueve decisiones legislativas abiertamente ofensivas para los intereses de China, elevando el perfil de sus intercambios a todos los niveles, sino que moviliza a su flota en la región para contrarrestar la presencia militar china o incrementa de forma significativa sus ventas de armas a la isla exigiéndole el incremento de sus gastos militares, que el año próximo podrían superar el 10 por ciento del presupuesto.

Puede que de ganar Biden el próximo noviembre la situación afloje, pero solo "puede". La nueva policía hacia Taiwán ha gozado estos años de un alto nivel de consenso bipartidista. En el supuesto de continuidad de Trump, esta tendencia podría reforzarse y con ello el peligro de que la situación se desborde, llegando incluso a la confrontación grave. Algunos republicanos sueñan incluso con reanudar los lazos diplomáticos formales con Taiwán. No cabe duda que Trump iría más lejos en su apoyo al soberanismo. Por su parte, Wang Yang, el número cuatro de la jerarquía china, aseguró este fin de semana en Xiamen que "depender de los extranjeros solo traerá riesgos inasumibles para Taiwán".

En la gestión del problema de Taiwán, tras convertir la reunificación en la cara B del éxito de la modernización, el PCCh se juega buena parte de su credibilidad ante la sociedad china. En las ocasiones en que el presidente Xi Jinping se refirió a ese asunto dejó entrever la urgencia de hallar una solución, pacífica o no, que garantice la reunificación, no el actual statu quo, que equivaldría a una eternización. La fecha límite sería 2049, cuando se celebrará el primer centenario de la fundación de la República Popular. En una situación tan volátil como la que se vive actualmente en todo el mundo, con incertidumbres por doquier y signos de acusaba inestabilidad en actores significativos del sistema internacional, sucumbir a la tentación del atizamiento irresponsable de las tensiones o del recurso al uso de la fuerza, representa un riesgo que importa prevenir con urgente anticipación.

Por Xulio Ríos

Director del Observatorio de la Política China. Acaba de publicar 'Taiwán, una crisis en gestación' (Popular, 2020).

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Fuentes: CADTM [Foto de Rohan Makhecha, Unsplash]

En una resolución sancionada el 23 de marzo de 2016 el Consejo de los Derechos Humanos de la ONU explicaba que “el peso creciente de la deuda a la que deben hacer frente los países en desarrollo más endeudados, en especial los menos desarrollados, no es viable y constituye uno de los principales factores que impiden el avance del desarrollo sostenible centrado en la población y la eliminación de la pobreza […]. Para una buen número de países en desarrollo y de países en transición el servicio excesivo de la deuda ha limitado en gran medida sus capacidades de promover el desarrollo social y la provisión de los servicios esenciales necesarios para la indispensable conformación de las condiciones que permitan el acceso a los derechos económicos, sociales y culturales […]. Los países en desarrollo continúan desembolsando anualmente mucho más de lo que reciben como ayuda pública al desarrollo”.

El FMI es en parte responsable de la crisis actual

Debido al desarrollo de sus políticas deajuste estructuralque imponen la liberalización de economías frágiles y drásticas medidas de austeridad a muchos países del sur a cambio de posibilitarles préstamos, el FMI ha participado ampliamente en esta comprobación del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU. Ninguno de los países que haya aplicado ajustes estructurales ha podido sostener de manera constante un índice de crecimiento elevado.

Las desigualdades sociales han aumentado por todas partes. Ningún país “ajustado” se ha librado de esta triste comprobación (1). De este modo, los recortes del gasto público recomendados por las instituciones financieras internacionales (IFI) impiden a los países “beneficiarios” de la ayuda del FMI asegurar a sus ciudadanos cierto nivel de protección social.

Si los países del sur ven en estos tiempos desbordados sus sistemas de salud y sin posibilidades de asegurar la protección sanitaria de sus habitantes frente al covid-19 se debe en gran parte a las mortíferas políticas de las IFI y especialmente del FMI. Destacamos que esta comprobación no es nueva (2) y que los investigadores del departamento de sociología de la Universidad de Cambridge, de la Universidad de Oxford, y de la London School of Hygiene and Tropical Medicine lo habían señalado ya en un artículo científico con ocasión de la epidemia del ébola en el 2014. Esos estudios llegaban a la conclusión de que “las exigencias del FMI en materia de rigor presupuestario debilitaron los sistemas de salud de los países africanos más duramente golpeados por el virus del ébola e impidieron también encarar una defensa coordinada contra dicha epidemia” (3). Hoy en día la historia se repite y pone de relieve que el FMI no ha sabido sacar ninguna lección de las crisis anteriores y permanece subordinado a los intereses de los acreedores privados a los que hay que reembolsar cueste lo que cueste, aún a costa del bienestar de los pueblos del Sur. Luego de la epidemia del ébola, el CADTM había reaccionado a través de varios llamados pidiendo la anulación de las deudas de los países que la habían sufrido (4)

Reacciones y propuestas del FMI en la gestión de la actual epidemia del covid-19.

El 4 de marzo de 2020 con oportunidad de una rueda de prensa compartida con el Banco Mundial, el FMI presentó en grandes las líneas las intervenciones que tenía previstas en el marco de la epidemia de covid-19. Las medidas enunciadas eran de dos tipos; 1) el aumento de su capacidad de préstamos a los países del Sur y 2) la movilización de las subvenciones con el propósito de aliviar el servicio de la deuda de los países más pobres del Sur con relación al FMI (5). Desde entonces el FMI ha puesto en marcha la maquinaria y ha anunciado varias medidas concretas.

  1. El anuncio que más han destacado el FMI y la mayoría de los medios consiste en el alivio del pago de la deuda por parte de 25 países pobres, de los cuales 19 son africanos, por un monto de 500 millones de dólares. Esta medida debe permitir cubrir durante seis meses los reembolsos adeudados al FMI y a los países “dedicar una mayor cantidad de sus escasos recursos a las urgencias médicas y de ayuda” (6). En la práctica el FMI será ampliamente reembolsado a través de sus fondos fiduciarios de asistencia y respuesta a las catástrofes especialmente apoyado por los Países Bajos, China, el Reino Unido y Japón. Así, el FMI no cancela las deudas de los países con problemas y (i) mantiene su poder de presión sobre los gobiernos para reclamar en el futuro políticas de austeridad manteniendo el vínculo deudor-acreedor y (ii) no hace que esas donaciones permitan a los países pobres hacer frente a la situación sanitaria, por ejemplo, para comprar equipo médico y contratar personal.
  2. Se han concedido préstamos de emergencia a varios países africanos, como Costa de Marfil. Así, este país ha conseguido un desembolso de 295,4 millones de dólares en el marco de Servicio de Crédito Rápido, es decir, en forma de préstamo a tasa cero reembolsable en 10 años, y un desembolso de 590,8 millones de dólares en el marco del Instrumento Financiero Rápido, un crédito reembolsable en un plazo de entre tres y cinco años (7). En consecuencia, el FMI aprovecha la crisis para fortalecer y aumentar su poder de presión sobre los países africanos volviendo más pesado el fardo de la deuda ya de por sí tremendamente dura para muchos países. Además Mitsuhiro Furusawa, director general adjunto del FMI, ha declarado que una vez controlada la epidemia de covid 19 será “importante que el déficit presupuestario vuelva a la situación anterior a la crisis para preservar al mismo tiempo lo adquirido en el marco del programa del FMI y la viabilidad de la deuda a medio plazo”. Esta declaración anticipa una vuelta con fuerza del FMI luego de la crisis, como ocurrió después de la crisis el 2008.

Una asistencia siempre muy política

El pasado 16 de abril 102 países habían pedido oficialmente un préstamo al FMI, que los aprobó en su mayor parte, incluidos los de Nigeria, Pakistán Ghana, Túnez, Senegal y Albania. Sin embargo, es de notar que el gobierno venezolano en conflicto con los EEUU ha visto rechazado su pedido (8). Opuesto al caso venezolano está el “buen alumno” chileno. Para este país, en el que la población se manifestó durante meses contra las políticas de austeridad de los últimos meses, se ha desbloqueado una línea de crédito flexible de 24.000 millones de dólares. La línea de crédito flexible “es un instrumento que permite al país el acceso a montos importantes en cualquier momento. Más allá de los fondos disponibles inmediatamente en caso de necesidad, constituye también una muestra de confianza del Fondo hacia la política económica del beneficiario y una excelente señal para el acceso a otras fuentes de financiamiento”. Este ejemplo de Chile causa gran inquietud a los pueblos y a los movimientos sociales latinoamericanos, como Argentina, fuertemente marcados por las políticas de austeridad impuestas por el FMI en los últimos decenios.

En otros lugares del mundo, como Líbano, luego de meses de manifestaciones debidas a las medidas de austeridad, el gobierno no encontró nada más original que acordar con el FMI la puesta en marcha de un plan quinquenal. Adoptado a fines de abril su objetivo es reducir el déficit público y prevé una suba de impuestos, un congelamiento del empleo en el sector público, un aumento del precio de la electricidad y la reducción de las subvenciones a dicho sector. Prevé igualmente una reestructuración de la deuda y del sector bancario. Hasta ahora ha sido rechazado por la Asociación de Bancos del Líbano.

El FMI se mantiene igualmente activo en el Norte. En Ucrania, país asistido desde la guerra civil que estallara en 2014, el FMI y el gobierno negociaron el 21 de mayo un acuerdo a propósito de un nuevo programa de ayuda de 5.000 millones de dólares en 18 meses “para ayudar a Kiev a superar la epidemia del coronavirus”. Este “acuerdo de confirmación” esta avalado a cambio de un programa de reformas. Se tardó muchas semanas en llegar a este acuerdo porque había que votar la ley llamada “anti Kolomoiski” (cuyo objeto es impedir que los antiguos propietarios bancarios puedan recuperar sus empresas si fueron nacionalizadas, aunque hubiera habido vicios de procedimiento, y reconocerles como máximo una compensación financiera por el perjuicio sufrido) y, sobre todo, la ley relacionada con la eliminación de la moratoriasobre la venta de tierras agrícolas. El límite de superficie que puede poseer una persona física era de 100 hectáreas, a partir del 1° de enero de 2024 las sociedades podrán comprar tierras agrícolas hasta un máximo de 10.000 hectáreas. (9)

La alternativa DTS

El 14 de abril de 2020 Gordon Brown, exministro de Finanzas y primer ministro del Reino Unido y Lawrence H. Summers, profesor de economía de la Universidad de Harvard y exministro de finanzas de los EEUU, opinaban en el Washington Post que debían fortalecerse los poderes intervencionistas del FMI, especialmente mediante el uso de los DTS, derechos especiales de emisiones: se trata de un sistema pilotado por el FMI que permite completar sus reservas a los países miembros.

Dominique Strauss-Khan propone además recurrir a los DTS combinado con un alivio de las deudas de los países en desarrollo. Según el antiguo director del FMI, si no se hace Occidente se expone sobre todo a una crisis migratoria sin precedentes… Voces de la izquierda (y no de centro, como las neoliberales precedentemente mencionadas) reclaman también DTS y paralelamente la anulación de las deudas. Se olvidan, sin embargo, que los DTS también son préstamos del FMI que implican su reembolso bajo ciertas condiciones y tasas de interés.

Por Robin Delobel, Adrien Péroches | 23/09/2020

Traducido del francés para Rebelión por Susana Merino

Artículo tomado del AVP n.º78 « Dette, coronavirus et alternatives », revista semestral del CADTM gratuitamente disponible en pdf, en venta a 5 euros o por abono anual.

Notas:

(1) Toussaint E. (2019), « Retour sur la crise de 1982 ». AVP Dettes aux Suds, tercer trimestre de 2019, 1 p.

(2) Le Monde (2014), « Des chercheurs pointent une responsabilité du FMI dans l’épidémie d’Ebola. », publicado on line el 22 de diciembre de 2014, https://www.lemonde.fr/afrique/article/2014/12/22/les-exigences-du-fmi-ont-affaibli-les-systemes-de-sante-des-pays-africains-frappes-par-ebola_4544492_3212.html

(3) Kentikelenis et al. (2014), « The International Monetary Fund and the Ebola outbreak, », The Lancet Global Health Vol. 3(2), pp. 69-70.

(4) https://www.cadtm.org/Le-CADTM-France-demande-l

(5) FMI & Banque Mondiale (2020), Réponse du Groupe de la Banque mondiale et du FMI au Covid-19, transcripción de la rueda de prensa de Mme Georgieva & M, Malpass, 4 de marzo de 2020.

(6) Le Figaro (2020), « Le FMI accorde des fonds à 25 pays très pauvres pour alléger leur dette », publicado on line el de abril de 2020, https://www.lefigaro.fr/conjoncture/le-fmi-accorde-des-fonds-a-25-pays-tres-pauvres-pour-alleger-leur-dette-20200414

(7) Fualdes N. (2020), « La Côte d’Ivoire obtient près de 900 millions de dollars du FMI pour faire face au coronavirus », Jeune Afrique, publicado on line el 22 de abril de 2020, https://www.jeuneafrique.com/932004/economie/la-cote-divoire-obtient-pres-de-900-millions-de-dollars-du-fmi-pour-faire-face-au-coronavirus/

(8) https://www.lesoir.be/287999/article/2020-03-17/le-venezuela-demande-au-fmi-une-aide-de-5-milliards-de-dollars

(9) www.farmlandgrab.org/post/view/29555-lukraine-leve-le-moratoire-sur-la-vente-des-terres-agricoles-contre-laide-du-fmi

Fuente: http://www.cadtm.org/Quand-le-FMI-profite-de-la-covid-19-pour-augmenter-son-emprise-sur-les-pays-du

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Miércoles, 09 Septiembre 2020 05:44

Proclama China que venció a la pandemia

Asistentes a un acto de homenaje al personal sanitario chino entran al Gran Palacio del Pueblo en Pekín, el 8 de septiembre de 2020. Foto Ap

Pekín. Difícil pero histórica. Así calificó el martes el presidente chino, Xi Jinping, la victoria de su país frente a la pandemia del coronavirus, que brotó en su territorio en diciembre antes de propagarse por el mundo, donde las muertes, el miedo, las cuarentenas y los rebrotes siguen marcando las vidas de millones de personas.

Europa registra importantes y preocupantes nuevos focos de la enfermedad y el número de contagios aumenta significativamente en Francia, Reino Unido y España, donde ya se superó el medio millón de contagios registrados y se contabilizan entre siete mil y ocho mil nuevas infecciones diarias.

En total, la epidemia ha matado a 893 mil personas desde finales de diciembre e infectado a más de 27 millones, según el recuento de AFP realizado este martes a partir de fuentes oficiales.

Mientras tanto en China, kilómetro cero del Covid-19, Xi aseguró que se superó "una prueba histórica y extremadamente difícil", en una grandiosa ceremonia celebrada en Pekín en homenaje al personal sanitario.

Oficialmente, China solo registró cuatro mil 634 muertos por Covid-19 desde que brotó en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan (centro del país).

"Hemos librado una gran batalla contra la epidemia que resultó ser abrumadora para todos (...) Ahora estamos a la vanguardia mundial en términos de recuperación económica y de lucha contra el Covid-19", dijo el mandatario.

Sin embargo, China está en el punto de mira de Estados Unidos, que acusa al país de haber ocultado la gravedad del nuevo coronavirus.

La pandemia y la campaña 

 Justamente en Estados Unidos, país con mayor número de contagios y fallecidos por coronavirus (6.3 millones de infecciones y casi 190 mil muertos) la pandemia se infiltró inevitablemente en la campaña para las presidenciales de noviembre.

El lunes, el presidente Donald Trump llamó "estúpido" a su rival demócrata, Joe Biden, y lo acusó de tener una "retórica antivacunas".

El mandatario incluso especuló con la posibilidad de tener una vacuna antes de las elecciones, algo que los expertos consideran muy improbable.

Y mientras diversos laboratorios siguen buscando una vacuna, los expertos se felicitan por el afortunado uso de algunos medicamentos para paliar los efectos del coronavirus.

Oxigenoterapia, corticoides o anticoagulantes han demostrado su eficacia, conforme los médicos iban conociendo más el virus y sus consecuencias.

Por ejemplo, y según una serie de trabajos publicados en la revista médica estadounidense Jama, los corticoides permiten reducir en un 21 por ciento la mortalidad al cabo de 28 días entre los pacientes aquejados severamente de Covid-19, al combatir la inflamación.

Europa sufre 

En Europa, donde la pandemia mató ha matado a más de 218 mil personas y contagió a más de 4.2 millones, el número de nuevos casos aumenta.

En España, país de 47.3 millones de habitantes, la proporción de casos respecto a la población duplica la de países vecinos como Francia o Italia, según cálculos de la AFP. La región más afectada sigue siendo la de Madrid, con 16 mil 501 casos detectados en los últimos siete días.

Pero pese a estas cifras, la mortalidad es muy inferior a la del momento crítico de la pandemia en España, en marzo y abril.

En Francia, donde se contabilizaron más de cuatro mil nuevos contagios en las últimas 24 horas, se contempla recortar de dos semanas a una el aislamiento domiciliario de las personas con Covid-19.

América Latina y el Caribe sigue siendo la región más castigada del mundo con más de 298 mil fallecidos y 7.8 millones de contagios.

En Brasil, donde se registraron más de 126 mil muertes por coronavirus y más de 4.1 millones de contagios, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva acusó al presidente ultraderechista Jair Bolsonaro de haber convertido la pandemia en un "arma de destrucción en masa" y aseguró que "habría sido posible evitar tantas muertes".

Afp | martes, 08 sep 2020 07:46

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Augusto Aras, procurador general nombrado por Bolsonaro.   ________________________________________ Imagen: AFP

Grave denuncia contra la investigación dirigida por el exjuez Sergio Moro

Moro defendió la "transparencia" de la operación que dirigió como juez. En tanto el diputado del PT, Paulo Pimenta, pidió la creación de una comisión investigadora.

 

El procurador general de Brasil, Augusto Aras, denunció a los fiscales de la operación Lava Jato por haber montado una red ilegal para investigar a 38 mil personas. Aras, que aseguró que la unidad de investigación cuenta con una "caja de secretos", es considerado un fiscal alineado al presidente Jair Bolsonaro, que llegó al poder con la lucha contra la corrupción como una de sus principales banderas. Las palabras del jefe de los fiscales confirman las sospechas de irregularidades cometidas por el equipo de investigadores que puso de rodillas a multinacionales brasileñas como Odebrecht y llevó a la cárcel a influyentes empresarios y políticos, incluyendo al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Sergio Moro, un ex aliado de Bolsonaro que renunció al ministerio de Justicia en medio de graves acusaciones contra el presidente, defendió este miércoles la "transparencia" del Lava Jato, investigación que dirigió como juez. En tanto el diputado del PT, Paulo Pimenta, anunció que solicitará la instalación inmediata de una Comisión Parlamentaria de Investigación (CPI) para investigar los "graves hechos" revelados por Aras.

"No se puede imaginar que una unidad institucional tenga una caja de secretos, una institución de la república no se puede servir de la extorsión, de espiar, no puede valerse de ningún propósito no republicano", dijo Aras en una videoconferencia con abogados organizada por el sitio web Prerrogativas. El jurista repudió así el accionar de los fiscales que, desde Curitiba y al mando de Deltan Dallagnol, llevaron adelante desde marzo de 2014 la Operación Lava Jato, que entregó documentación secreta de forma ilegal, por ejemplo, al FBI y al Departamento de Justicia de Estados Unidos.

El mes pasado, Aras había ordenado que los responsables de la investigación, integrada por agentes del Ministerio Público y la Policía Federal, compartieran su base de datos con la Fiscalía, lo que no fue bien recibido por los responsables de la operación, que todavía investiga a decenas de políticos locales. 

"Estamos hablando de la transparencia que intentamos promover", explicó el fiscal general, quien preciso que "todo el Ministerio Público Federal, en un sistema único", tiene archivos sobre casos de corrupción que ocupan "40 terabytes, mientras que la Lava Jato tiene 350 terabytes". 

Según Aras, llegó la hora de "corregir los rumbos del lavajatismo", movimiento al que calificó de "punitivista", a la vez que defendió continuar la lucha contra la corrupción mediante otros métodos. "El lavajatismo pasará", aseguró el jefe de los fiscales.

La postura de Aras fue respaldada por el presidente de la Corte Suprema, José Antonio Dias Toffoli, quien reforzó el pedido de la Fiscalía y lo justificó también en la necesidad de lograr una mayor transparencia en las investigaciones. El fiscal general fue nombrado por el presidente Jair Bolsonaro para ocupar el cargo, una decisión contraria a los deseos del exjuez Sergio Moro, quien fue ministro de Justicia hasta abril de este año.

La oposición y buena parte del mundo jurídico acusan de "lawfare" a los jueces Deltan Dallagnol y Sergio Moro, que, según filtraciones de conversaciones hechas por el portal The Intercept, dirigían las investigaciones hacia ciertos políticos, como el expresidente Lula da Silva, mientras protegían a otros como el expresidente Fernando Henrique Cardoso. En el caso de Lula, las revelaciones sobre maniobras fraudulentas de Moro y Dallagnol llegaron al Supremo Tribunal Federal, que desde hace un año tiene un pedido de nulidad del caso por animosidad del magistrado de primera instancia.

El diputado federal del PT, Paulo Pimenta, utilizó sus redes sociales para denunciar que la creación de una base de datos con información sobre 38 mil personas "a través de un sistema paralelo revela un Estado Policial dentro del país". Según Pimenta, la Cámara debería instalar inmediatamente una comisión investigadora del Lava Jato. El parlamentario también solicitó que se llame al Supremo Tribunal Federal junto con el Ministerio Público Federal para identificar y sancionar a los responsables. 

Como era de esperarse, el primero en salir a responder a la fuerte denuncia institucional de Aras fue el exministro Moro. "Desconozco secretos ilícitos en el ámbito de la Lava Jato. Al contrario, la operación siempre fue transparente y sus decisiones fueron confirmadas por tribunales de segunda instancia y cortes superiores", indicó el exjuez en su cuenta de Twitter. 

"No entiendo esa lógica de revisionismo, como si la Lava Jato no representase algo extremadamente positivo, como fue la gran victoria contra la impunidad de la gran corrupción", agregó más tarde. 

Tras ganar las elecciones de 2018, Bolsonaro había nombrado como ministro de Justicia a Moro, quien renunció en abril denunciando que el mandatario intentaba ejercer presiones ilegales sobre la Policía Federal, hecho que permanece bajo investigación en la Fiscalía General. 

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Un miembro del Ejército Nacional de Libia (LNA) comandado por Khalifa Haftar, apunta su arma a la imagen del presidente turco Tayyip Erdogan colgado de un vehículo blindado militar turco en Benghazi, Libia. REUTERS / Esam Omran Al-Fetori

Las alianzas que Benjamín Netanyahu ha establecido con distintos líderes árabes le están resultando decisivas para el control de Oriente Próximo. Su único rival en la región es el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, quien finalmente ha optado por plantar cara en Libia a la coalición árabe-israelí.

El pasado 21 de mayo el encargado de negocios de Israel en la embajada de Ankara publicó un artículo en un medio de internet local. Como es de esperar, Roy Gilad proyectó la imagen de un Israel moderado y dispuesto a colaborar con Turquía en distintas áreas. Sin embargo, la realidad es que ambos países mantienen planteamientos encontrados ante los principales problemas de la región, y que sus intereses no pueden estar más alejados.

A este hecho incuestionable se suma otro de importancia no menor: las relaciones personales entre el presidente Recep Tayyip Erdogan y el primer ministro Benjamín Netanyahu son pésimas, lo que se suma a las ambiciones desmesuradas de Netanyahu por crear un Oriente Próximo a la medida de sus necesidades, unas ambiciones que en gran medida ya ha cumplido.
En el artículo, el encargado de negocios destacaba dos cuestiones en las que los dos países podrían cooperar y que servirían para romper el hielo: la presencia militar turca en la provincia siria de Idlib y la lucha contra la covid-19.

Y después de recordar que hasta ahora han muerto 50 soldados turcos en Idlib, Gilad metía la cuchara hasta el fondo señalando que la presencia iraní en Siria, que es muy reducida, choca con los intereses de Ankara, lo cual no está nada claro.

Las relaciones entre Turquía e Israel terminaron en mayo de 2010, cuando soldados israelíes mataron a una decena de activistas turcos que viajaban con suministros humanitarios a la Franja de Gaza a bordo del Mavi Marmara con el fin de romper el bloqueo israelí de la Franja. Tres años después, en 2013, el presidente Barack Obama logró reducir la tensión al forzar a Netanyahu a disculparse ante Turquía.

La vuelta de los embajadores a Ankara y Tel Aviv tardó tres años más, pero dos años después, en 2018, la tensión volvió a subir a causa de las actividades militares de Israel en Gaza. El sentido de justicia del islamista Ergogan y del sionista Netanyahu es muy distinto y está diferencia, que ha prevalecido durante la última década, ha causado el alejamiento entre los dos líderes. Desde 2018 no han regresado los respectivos embajadores y las relaciones se gestionan a nivel de encargados de negocios.

Las buenas palabras de Roy Gilad no guardan relación con la realidad cotidiana en todos los frentes, incluido el de los yacimientos de gas en el Mediterráneo oriental, donde Netanyahu se ha aliado con los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Chipre, Grecia y hasta Francia para condenar las perforaciones turcas en la zona

Israel además ha conseguido que los EAU, Arabia Saudí y Egipto le sirvan de peones en el frente libio. Mientras Turquía apoya al gobierno de Trípoli reconocido internacionalmente, esos tres países están detrás, junto con Rusia, de las milicias de Khalifa Haftar en la lucha contra el gobierno de Trípoli. Es una guerra que dura años y a la que de momento no se le ve un final en el horizonte.

Los EAU, Arabia Saudí y Egipto no quieren que Libia sea gobernada por islamistas de ninguna clase, y otro tanto le ocurre a Israel. Unos y otros entienden que la presencia turca en ese país constituye un desafío para sus aspiraciones hegemónicas, de ahí que no tengan ningún reparo en enviar armas y mercenarios a Haftar. Por su parte, Ankara, cada vez más aislada en la región, no parece dispuesta a permitir que sus rivales metan el pie también en Libia.

Ahora mismo el único aliado regional de Turquía es Qatar, un país sobre el que desde 2017 recae un rígido bloqueo por parte de EAU, Arabia Saudí y otros países de su órbita. La culpa de Qatar consiste en tolerar a los Hermanos Musulmanes y en fomentar el islam político en la región, una cuestión que es línea roja para sus antiguos aliados.

El futuro inmediato no es muy halagüeño. Netanyahu ha dicho que la anexión del 30% de la Cisjordania ocupada se iniciará en cualquier momento a partir del 1 de julio. Aquí el peculiar y discutible sentido de la justicia que tiene el primer ministro israelí volverá a chocar con Erdogan y las tensiones bilaterales se incrementarán.

En su artículo, el encargado de negocios Gilad insistía en el principio básico de la política exterior israelí, que por ejemplo aplica con éxito con la desdibujada Unión Europea: no hay que estar de acuerdo en todo para cooperar entre los países. Lo que traducido al lenguaje coloquial significa que Erdogan debería dejar de ayudar a los palestinos o por lo menos renunciar a su sentido de justicia y adoptar otro más fluido y en sintonía con el de Netanyahu.

En otras palabras, lo que Gilad quería decir es que si Erdogan prescinde de su cabal y noble sentido de justicia, sería posible cooperar en áreas como el comercio, turismo, ciencia, tecnología y otras. Pero parece muy difícil que el presidente turco vaya a renunciar a sus principios mientras Israel estrangula y expolia a los palestinos ante la pasividad de la comunidad internacional.

A día de hoy Israel está ganando la batalla en todos los frentes menos el libio, sobre el que todavía es pronto para saber en qué dirección avanzará. La continuidad de los líderes árabes aliados de Israel, especialmente los EAU, Arabia Saudí y Egipto, depende en gran medida de la influencia de Israel en Washington, de modo que los líderes árabes se han convertido en marionetas al servicio de Netanyahu y de sus ambiciones hegemónicas.

JERUSALEN

07/06/2020 09:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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La pandemia acelera la lucha por el poder mundial

Mientras una generalidad de países se esfuerza en combatir como puede la pandemia del covid-19, otros, además de combatir la pandemia, no cesan de prepararse para combatir en otros escenarios que nada tienen que ver con el indeseado virus. Para decirlo de otra manera, los centros del poder mundial saben que la pandemia (pese a toda la carga de gravedad y dramatismo que lleva) no deja de ser un incidente en las anchas e inciertas vías de la historia. Que la vacuna, sea china, yanqui, rusa o española, o todas a la vez, estará disponible en unos meses y que se volverá a una nueva y modificada normalidad, pero normalidad a fin de cuentas. La geopolítica del poder mundial seguirá, no obstante, siendo la misma, como continuarán siendo iguales los retos y desafíos que plantea su reparto. Puede que el único efecto de la pandemia en la política mundial sea agudizar las contradicciones y acelerar los escenarios de conflicto, sobre todo entre EEUU y China.

Así parecen entenderlo en China, país foco de la pandemia y primero que la ha superado, como se desprende del discurso del presidente Xi Jinping, el pasado 26 de mayo, ante la Comisión Militar Central (la versión china del Pentágono, para hacernos mejor idea, ya que tenemos nuestro imaginario saturado de virus de simbología yanqui). Después de elogiar el papel de las fuerzas armadas en el combate contra la pandemia, Xi afirmó que "la epidemia ha generado un profundo impacto en el panorama global y también en la seguridad y el desarrollo de China". Xi "ordenó a las fuerzas armadas pensar en el peor de los escenarios, intensificar el entrenamiento y la preparación para la batalla, abordar rápida y eficazmente todo tipo de situaciones complejas y salvaguardar decididamente la soberanía nacional, la seguridad y los intereses de desarrollo". Imposible ser más claro. "Pensar en el peor de los escenarios" es referirse, sin decirlo, a una guerra abierta con EEUU, para lo que EEUU se prepara también, debe apuntarse.

El pasado 16 de mayo, el diario británico The Times publicó un artículo titulado US ‘would lose any war’ fought in the Pacific with China (EEUU perdería cualquiera guerra en el Pacífico contra China), artículo en el que daba cuenta de que EEUU había realizado simulaciones de juegos de guerra con China. Según recoge la información, "Fuentes de defensa estadounidenses le dijeron al Times que los conflictos simulados realizados por Estados Unidos concluyeron que sus fuerzas se verían abrumadas. Un juego de guerra fue situado en el año 2030, cuando la marina china tendrá operativos nuevos submarinos de ataque, portaaviones y destructores". El análisis concluyó "que la acumulación de misiles balísticos de mediano alcance de Beijing ha logrado desde ya que todas las bases estadounidenses y cualquier grupo de batalla de portaaviones estadounidense que opere en la región del Comando Indo-Pacífico sean vulnerables a ataques masivos". Esta situación también afectaba a la isla de Guam, con diferencia la principal base de bombarderos estratégicos estadounidenses, como el B-2. Nos llama la atención el año de los juegos de guerra, pues en el libro Réquiem polifónico por Occidente, señalábamos ese año como crucial en el choque de trenes que se avecina entre EEUU, Rusia y China. Los datos manejados no andaban mal encaminados.

Deben, en EEUU, tomarse muy en serio el tema, pues, el 16 de abril de este 2020, según informara Defense News, el presidente del Comité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes, el republicano Mac Thornberry, propuso una Iniciativa de disuasión del Indo-Pacífico (IPDI) dotada con 6.000 millones de dólares para 2021."El Indo-Pacífico ha sido llamado nuestro teatro de mayor prioridad y creo que es cierto. Es hora de poner nuestro dinero donde está nuestra boca", dijo Thornberry a Defense News. "Este esfuerzo consolida y financia las políticas, la infraestructura y las plataformas necesarias para tranquilizar a nuestros aliados y socios mientras disuadimos a China".

Paralelamente, la Marina de EEUU está proponiendo readecuar su estrategia militar, haciendo algo hasta hace escaso tiempo absolutamente impensable: reducir el número de portaaviones y buques de guerra para adaptar la potencia naval de EEUU a las nuevas realidades armamentísticas. Los portaaviones pasarían de 11 a 9; reducirían el número de grandes buques de superficie a un máximo de 90; aumentarían las naves pequeñas a 70 unidades y, la gran novedad, construirían no menos de 65 buques no tripulados o con tripulación mínima, o sea, gigantescos drones marinos. La explicación a este nada sorprendente cambio es obvia: el desarrollo de misiles hipersónicos por Rusia y China y los nuevos modelos de submarinos, convierten a los portaaviones en algo no sólo inútil, sino suicida (remitimos al capítulo Hermes misilístico versus Vulcano armatoste de nuestro libro Réquiem polifónico). Lo dijo con sus palabras el actual secretario de Defensa de EEUU, Mark Esper, quien afirmó que el Pentágono quiere deshacerse de sus portaaviones como pieza principal de proyección de poder, para enfocarse en la producción de buques no tripulados que puedan ser sacrificados en caso de conflicto. Vaya, guerra sí, pero sin bajas humanas. Una utopía donde las haya (a ese paso, el siguiente proyecto estratégico de EEUU podría ser contratar a Darth Vader).

¿Y Rusia? Poca cosa. El gobierno ha anunciado que, para 2023, serán incorporados más de 60 buques a la Armada; que están en marcha las primeras pruebas de lanzamiento desde submarinos del misil hipersónico Tsirkón, capaz de portar ojivas nucleares y, ojo, lo más relevante. Que en unos meses pondrán a prueba el dron submarino Poseidón, llamado también el "arma del apocalipsis", por su devastadora capacidad de destruir lo que pueda haber de infraestructuras costeras en la zona geográfica atacada. El Poseidón podría cargar hasta 400 megatones (la bomba de Hiroshima tenía un máximo de 20 kilotones; un megatón equivale a mil kilotones). Para 2027, la Flota del Norte  y la Flota del Pacífico de la Armada rusa recibirán 32 drones nucleares Poseidón, suficientes para dejar desinfectadas de virus y humanos las principales zonas costeras estadounidenses. EEUU no posee un arma similar. Como expresó un analista militar estadounidense, "los rusos tienen la ambición de usar el dron submarino de propulsión y armas nucleares como medio de represalia si su capacidad de lanzamiento de armas nucleares se neutraliza durante la guerra".

Hay más. El cazabombardero ruso de quinta generación Su-57, ha pasado casi todas las pruebas y se prevé que 76 de estas aeronaves sean entregadas a las fuerzas aeroespaciales rusas. El Su-57 está considerado el mejor del mundo en su especie. El presidente Vladimir Putin, no obstante, ha querido calmar al personal: "Rusia no se está preparando para una guerra, pero se están creando las condiciones precisas para que a nadie se le ocurra la idea de la guerra". Si vis pacem, para bellum, dijo Flavio Vegecio, quien escribió su máxima para seres razonables y quienes provocan las guerras suelen ser todo, menos eso, razonables (vean, si no, a Libia, Afganistán, Iraq o Siria).

Algo es algo, pero en EEUU andan por otros derroteros. Trump ha retirado al país de casi todos los tratados de control de armamentos y, sorpresa, anuncia la posibilidad de realizar nuevas pruebas de armas nucleares, lo que está prohibido en el Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares, lo que podría ser anticipo de que EEUU  se retirará del mismo. China y Rusia han respondido llamando al cumplimiento del tratado y avisando que, si EEUU vuelve a las andadas, ellos también. Por ese camino nos quiere llevar la mayor democracia occidental. Explicaremos por qué.

EEUU pudo ser lo que fue gracias a dos factores: su lejanía geográfica, que le evitó los estragos de las guerras mundiales, y poseer una supremacía naval indiscutible. Hoy, los nuevos armamentos han convertido la antigua ventaja en una desventaja insuperable (excluimos la guerra nuclear, pues esa sería el fin de todos los problemas). Los nuevos sistemas de misiles convierten el aislamiento geográfico en aislamiento militar y, por tanto, político y económico. Ya no tiene EEUU supremacía marítima irrebatible, ni su territorio escaparía a un ataque nuclear masivo. Ya no hay manera de transportar por mar a centenares de miles de soldados, ni forma alguna de proveer a sus aliados de material militar que, forzosamente, debe hacerse por barco. Los 560 o 580 buques que componen la flota de EEUU serían hundidos en semanas o, si se quiere, en meses.

Construir un portaaviones lleva, como poco, cinco años. Un buque de guerra al menos dos. No habría posibilidad ninguna de sustitución o reemplazo porque, en ese mismo periodo, se pueden fabricar decenas de miles de misiles. No hay que ser egresado de West Point para entenderlo. Esa razón explica por qué las simulaciones de guerra con China, hechas por el Pentágono, terminan todas en derrota de EEUU. Por ese mismo motivo, Rusia dedica su principal esfuerzo militar a misiles hipersónicos, drones pavorosos y sistemas de misiles antimisiles. Un mundo nuevo entierra al viejo, como las formaciones de ágiles flecheros sepultaron a los caballeros de relucientes armaduras, lentos y pesados y, por tanto, blanco fácil de los arqueros. Ocurrió en Crécy, en 1346.

En suma, la pandemia llevará a cambios internos en los países (más en unos que en otros), para prevenir nuevas pandemias y estar preparados para enfrentarla o dotarse de niveles mínimos de soberanía médico-sanitaria. Nos lavaremos más las manos, habrá pantallas separadoras en sitios públicos y, quizás, reciclemos más los desechos hogareños. Será peccata minuta en relación a lo que ocurrirá entre los grandes poderes. ¿Y la Unión Europea? Tiene ahora mejores condiciones que nunca para hacerse con su propio espacio internacional, atendiendo a los intereses de sus pueblos. ¿Lo hará? Piense mal y acertará. Lo más seguro es que siga de perrito faldero de EEUU y ponga en riesgo su futuro por asociarse a un país ‘que tiene su boca’ en el Pacífico. Algo así como el reflejo condicionado de Pavlov aplicado a la política. Una pena.

Por Augusto Zamora R.

Autor de 'Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos' (Akal, 3ª edición 2018), 'Réquiem polifónico por Occidente' (Akal, 2018) y 'Malditos libertadores' (Siglo XXI, 2020).

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El conflicto libio que arrancó con las llamadas primaveras árabes de 2011 atraviesa por uno de los momentos más críticos. / Europa Press

El conflicto libio que arrancó con las llamadas primaveras árabes de 2011 atraviesa por uno de los momentos más críticos. La injerencia extranjera se ha multiplicado durante los últimos años y países como los Emiratos Árabes Unidos y Turquía, que se encuentran en bandos contrarios, están esforzándose para conseguir una victoria que se les escurre de las manos.

 

El lío que se inició en Libia con la desaparición de Muammar al Gadafi en 2011 y el brote de las llamadas primaveras árabes ha adquirido proporciones grandiosas, con las potencias regionales y mundiales jugando sus bazas y sin saber muy bien qué hacer con un conflicto que hace tiempo se les fue de las manos.

Esta semana se ha calentado la situación con un cruce de acusaciones y desmentidos entre Washington y Moscú. La jefatura de Africom del ejército americano denunció el martes que personal ruso ha conducido aviones MiG 29 y Su-24 a una base libia escoltados por otros cazas rusos.

Los americanos están preocupados porque consideran que la introducción de esos aparatos podría decantar el desarrollo del conflicto de una manera definitiva. El Ejército Nacional Libio (ENL) de Khalifa Haftar, basado en el este de Libia y que cuenta con apoyo ruso, sería el gran beneficiario, en detrimento del Gobierno del Acuerdo Nacional (GAN), que controla Trípoli y otras zonas, un gobierno reconocido por la ONU que cuenta con el apoyo principal de Turquía.

Si algo no falta en Libia son armas. El país está sometido a un embargo de la ONU, pero absolutamente nadie lo respeta. Se han detectado hasta drones israelíes en los dos bandos, para que no falte de nada en ningún bando, según han publicado medios de la región. El Daily Telegraph informó el jueves de la presencia de mercenarios británicos junto a Haftar, y esta misma semana Berlín ha abierto una investigación para averiguar cómo han llegado al país armas alemanas.

 

Las armas alemanas llegaron a través de los Emiratos Árabes

 

La respuesta es bastante sencilla: las armas alemanas llegaron a Libia a través de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), un país que dirige el príncipe Mohammad bin Zayed y que lleva a cabo una cruzada, alentada por Occidente, en cualquier país de la región donde se huela un poco a islamismo. Por otra parte, la desastrosa política europea en Oriente Medio incluye la venta masiva de armas a países, como los EAU, que están enfrascados en cruentas guerras civiles en la zona, incluida la de Libia.

El envío de los aviones rusos denunciado ha sido negado por Moscú y por Trípoli. Los americanos, sin embargo, insisten en que es un hecho y dicen que también han detectado la llegada a Libia de más de una decena de buques rusos procedentes de Siria. Un parlamentario ruso insiste en que la denuncia responde a una campaña de "rumores y mentiras" puesto que su país no ha enviado "personal" a Libia ni tiene intención de hacerlo.

En este contexto, durante esta semana ha trascendido que lo mandatarios rusos no se ponen de acuerdo entre sí con lo que deben hacer en Libia. Mientras el ministerio de Defensa presiona para intervenir, el de Exteriores, más sensato, considera que es una equivocación que a medio plazo redundará en perjuicio de Moscú. De momento es el ministerio de Defensa el que lleva la voz cantante.

 

Moscú pretende expandir el área de influencia

 

Dejando a un lado que es un craso error de Moscú intervenir en el conflicto libio, algunos medios han informado de que con esa acción Moscú pretende expandir el área de influencia en el sector oriental y central del Mediterráneo por motivos oscuros, mientras que otros medios indican que Moscú quiere tener una carta en la mano para negociar desde una posición ventajosa en lo relativo a Siria y, en especial, a la presencia americana en el este de Siria.

El martes, el Pentágono dijo que Rusia envió sus cazas a Libia haciendo escala en Siria, y que el objetivo del envío es apoyar a los mercenarios rusos del llamado Grupo Wagner, dirigido por un amigo y confidente del presidente Vladimir Putin, que combate al lado de las tropas de Haftar, unas tropas trufadas de mercenarios de distintos países, principalmente de Sudán, que aparentemente cobran su salario de los Emiratos Árabes Unidos.

 

Los aviones se encuentran en territorio libio

 

Según el Pentágono, los aviones fueron repintados durante una escala en Siria con el fin de borrar cualquier indicación de que son rusos. Los americanos incluso difundieron imágenes de satélite que demostrarían que los aviones se encuentran en territorio libio. Y añadieron que en total 14 cazas rusos repintados han llegado a Jufra, una localidad situada en la región central de Libia.

Las tropas de Haftar han sufrido una larga serie de reveses en las últimas semanas

Las tropas de Haftar han sufrido una larga serie de reveses en las últimas semanas y su ofensiva para capturar la capital Trípoli ha fracasado por el momento. Las tropas de Haftar contaban con el apoyo de los mercenarios del Grupo Wagner ruso que, el pasado sábado, tuvieron que abandonar el terreno donde se encontraban para buscar refugio más al sur.

No deja ser curioso que el ministro de Exteriores francés, Jean-Yves le Drian, dijera el miércoles, en mitad de todo el lío, que la situación en Libia es muy preocupante, e incluso advirtiera de que se estárepitiendo el escenario de Siria, donde la intervención militar occidental ha contribuido a establecer una vibrante democracia liberal similar a las de Afganistán, Irak y Egipto.

De momento, el país que mejor está conduciendo su presencia en Libia es Turquía, que apoya militarmente al gobierno de Trípoli. El presidente Recep Tayyip Erdogan está jugando fuerte en toda la región, cometiendo errores de bulto en Siria. No obstante, la guerra en Libia podría dar un vuelco, en función de hasta dónde lleguen las potencias regionales y mundiales, lo que podría meter a Ankara en serios problemas.

JERUSALÉN

29/05/2020 07:24

Por EUGENIO GARCÍA GASCÓN

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Sábado, 02 Mayo 2020 05:59

Total vigilancia

Total vigilancia

Nadie puede negar que las nuevas tecnologías son útiles para contener la pandemia del Covid-19 en Moscú –megápolis que concentra más de 60 mil contagiados, la mitad de todos los que a la fecha tiene Rusia–, donde la alcaldía aplica su programa de "Ciudad Inteligente-2030", concebido para mejorar los servicios urbanos y facilitar los trámites de los ciudadanos por Internet.

Ante la necesidad de restringir la movilidad de la gente para frenar la propagación de los contagios, en este momento hay más de 200 mil sospechosos de enfermar que de plano no pueden salir de su casa, igual que todos los mayores de 65 años.

Para verificar que se cumpla el confinamiento, aparte de los controles policiales tradicionales, se usan las 175 mil cámaras de video instaladas en las calles (Moscú ocupa el sitio 18 de ciudades del mundo por número de cámaras, pero va a la vanguardia en cuanto a la instrumentación de programas de reconocimiento facial); la información de las compañías de telefonía celular (sobre todos los datos de geolocalización de los clientes); y el reporte de los puntos de acceso gratuito a wifi.

Los demás habitantes, para poder salir, salvo los contados ejemplos en que se permite ir a la tienda y farmacia más cercanas, así como para sacar al perro, tienen que solicitar un permiso electrónico con código QR para ir al trabajo (quienes no puedan hacerlo desde casa), para ir a un sitio que requiera transporte (dos veces por semana) o para acudir a una cita con el médico (sin límites semanales).

En todos los casos, incluidos quienes tienen que salir a diario –funcionarios, legisladores, policías, militares o reporteros–, la solicitud del permiso debe incluir los números de pasaporte, credencial que acredita la condición laboral, tarjeta recargable para pagar el transporte público y/o placa en caso de viajar en coche propio.

Muchos se preguntan qué va a pasar con la vigilancia cuando la pandemia acabe. La alcaldía asegura que son limitaciones temporales de derechos, mientras los diputados de la Duma lo pusieron en entredicho al aprobar, hace poco, en segunda instancia, un proyecto de ley que pretende reunir la máxima información posible sobre cualquier persona desde el día que nace hasta el día que muere, más de 30 categorías de datos sacados de 500 millones de documentos.

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Bolsonaro sigue quemando etapas para provocar el autogolpe en Brasil

El presidente brasileño cesa al máximo jefe de la policía en un intento de tener el control del cuerpo. Con este gesto genera una crisis probablemente irreversible con Sérgio Moro, el popular ministro de Justicia y uno de sus pilares de gobierno. La actitud de Bolsonaro  afirma la línea que avanza un autogolpe militar provocado por el círculo de confianza del presidente.

Hace apenas una semana el presidente brasileño defenestró a su ministro de Salud, Luíz Henrique Mandetta, político que había cobrado prestigio social desde que adoptara las normativas prescritas por la Organización Mundia de la Salud en el combate al coronavirus. El sanitarista mantenía notorias discrepancias con el ex capitán al frente del gobierno, que en el tema coronavirus es un consumado negacionista.

Su destitución fue una decisión en solitario del gobernante que ─según los medios brasileños─ no habría contado con el apoyo del círculo de militares que acompañan su gestión y ni siquiera con el de sus colaboradores cercanos, entre ellos los ministros de Economía y de Justicia, Paulo Guedes y Sérgio Moro, que ha dimitido pasadas las 16h de la tarde hora española. Todos se manifestaron a favor de las directrices de Mandetta ante la pandemia, eso sí, teniendo la precaución de no desmentir en público las tesis radicalmente contrarias de Bolsonaro. Hay que tener en cuenta que Guedes y Moro constituyen dos soportes de sustentación del gobierno del ex militar.

Hoy, 24 de abril, Bolsonaro ha decidido dar otro golpe en la mesa relevando al jefe de la Policía Federal, Mauricio Valeixo. Lo hace tal vez reforzado por la manifestación de sus leales frente al Cuartel General del Ejército en Brasilia, el pasado domingo 19. Se convocaron en su apoyo y en explícita demanda de una asonada militar, una de las líneas en desarrollo en el complejo escenario político brasileño.

Las consignas coreadas no dejaron lugar a dudas: exigían la supresión de las instituciones del Estado ─explícitamente del Supremo Tribunal Federal (STF) y del congreso nacional─ y la instauración de una dictadura, a cuyo frente solicitaban al propio Bolsonaro, en el formato de la inaugurada en el país en 1964. Entre otras consignas, cabe destacar una en favor del Acta Institucional 5 (AI-5), que ─en aquella época─ dio poderes extraordinarios al presidente, suspendió las garantías individuales y, solapándose a la Constitución, suprimió, de hecho, su vigencia.

El mandatario salió al encuentro de sus seguidores y, desde la caja de una camioneta policial respondió en su tono habitual, con un breve discurso cuya síntesis extractamos: “Estoy aquí porque creo en vosotros y en Brasil. Nosotros no queremos negociar nada, queremos una acción en favor del país y un nuevo Brasil. Hay que ser patriota y poner a Brasil en el lugar que se merece. Se acabó el tiempo de la indignidad, ahora es el pueblo quien está en el poder”.

El episodio desencadenó una reacción unánime en contra del Supremo Tribunal Federal, de las asociaciones de abogados y jueces, los políticos brasileños y las entidades defensoras de las libertades y los derechos humanos. Como muestra, el tweet de Gilmar Mendes, uno de los jueces del STF: “La crisis del coronavirus solo será superada con responsabilidad política, con la unión de todos y la solidaridad. Invocar el AI-5 y el retorno de la dictadura es romper el compromiso con la Constitución y con el orden democrático. Dictadura Nunca Más”.

UNA HISTORIA EN CAPÍTULOS

En este marco se produce el relevo del jefe de la policía federal. Pero sucede que este alto mando es hombre de extrema confianza de Sérgio Moro, quien lo nombró en el cargo. Hay que recordar que el ex juez federal y actual titular de Justicia fue el articulador de la Operación Lava Jato, iniciativa judicial rodeada de un aura de cruzada moralizante. La gesta ha acarreado al ahora ministro Sérgio Moro un amplio apoyo y prestigio social, superior al que detenta el presidente.

La historia que acaba con la destitución del jefe policial tiene recorrido. Se inicia en agosto de 2019, cuando Bolsonaro anuncia que “por problemas de productividad” cambiaría a Ricardo Saadi, Jefe de la Policía Federal en Río de Janeiro (ámbito de actuación por excelencia de la mafia bolsonarista) y a renglón seguido intentó colocar en su lugar a Alexandre Silva Saraiva, jefe de la PF en Amazonas. Pero este movimiento suscitó la reacción negativa de la corporación policial y del ministro de Justicia Sérgio Moro, quienes estaban a favor de la designación de Henrique Oliveira Sousa, procedente de la PF de Pernambuco.

La disputa con Bolsonaro duró cerca de tres meses y hasta provocó uno de los proverbiales exabruptos del ex militar, “Si Moro quiere ese cambio va a tener que hablar conmigo. Quien manda aquí soy yo y lo quiero dejar bien claro”. Sin embargo, finalmente el presidente dio marcha atrás y quien tomó posesión fue el candidato de Moro y del cuerpo policial.

Bolsonaro y su clan ─integrado por sus hijos y un grupo cerrado son conscientes de su vulnerabilidad. Su implicación en el asesinato de Marielle Franco y su chófer Ánderson Gomes es algo sobre lo que pocos dudan, así como que son los articuladores y legitimadores políticos de Las Milicias, una vasta red delictiva, parapolicial y paramilitar que opera en el Estado de Río de Janeiro. También es casi de dominio público la vinculación de los Bolsonaro con la llamada Oficina del Crimen, cuyo responsable más visible –el ex capitán Adriano Magalhães da Nôbrega- fuera asesinado hace poco tiempo en una truculenta operación policial, en evidente clave de “quema de archivo”.

EN PELIGRO LA CARRERA DEL PRESIDENTE Y DE SU PROPIO ENTORNO

Según diversos analistas brasileños, si alguien de la cúpula institucional –judicial y/o policial- pusiera alguna voluntad de esclarecimiento podría demostrar sin mayores dificultades la responsabilidad directa de Bolsonaro y los suyos en este extenso magma criminal y delictivo. Equivale a decir que el juez Moro y el Jefe de la Policía Federal que acaba de ser destituido, tienen al presidente y a su clan en un puño y eso es intolerable para Bolsonaro.

Para colmo, en los últimos días un elemento emergente agravó este cuadro de amenaza sobre el ex militar y su círculo áulico: la policía federal investigó una fuente de fake news a cuyo frente estarían los hijos del presidente, destinada a atacar a los adversarios políticos del bolsonarismo. Y las pesquisas habrían llegado a pruebas concluyentes de que este “gabinete del odio” estaría promovido directamente desde la casa de gobierno, en Brasília.

Esta habría sido la gota que rebalsó el vaso y llevó a Bolsonaro a fulminar al máximo jefe policial, parece evidente que sintió que estaba en juego la supervivencia de su clan y de él mismo. El ex capitán, que pocos días atrás no vaciló en quitarse de encima al “estorbo Mandetta” para seguir sin impedimentos con su política negacionista del coronavirus ─por imperativos quizá aún más acuciantes─ ahora se mueve para reemplazar al jefe policial por un mando de su confianza, cuyo nombre aún no es público.

A esta situación, se suma un agravante que amplifica el sino de Espada de Damocles sobre la cabeza del presidente: las conocidas pretensiones de Sérgio Moro de presentarse a las elecciones de 2022, en las que disputaría a Bolsonaro la presidencia del país. Fácil es deducir que poco costaría a Moro destrabar las investigaciones policiales sobre los delitos de la cofradía y así ─por la vía judicial─ quitar de en medio al desequilibrado mandatario. Después de todo, el ex juez ya probó con Lula su habilidad para sacar de la carrera a un candidato que podría haber disputado la presidencia a Bolsonaro, con buenas posibilidades de éxito.

EN LAS ÚLTIMAS HORAS CIRCULAN RUMORES ENCONTRADOS

La situación aún es confusa. Las versiones más consolidadas afirman que Moro ha presentado al presidente su renuncia irrevocable. Esto constituye un problema para Bolsonaro y la cúpula militar que le circunda. Que renuncie el ministro de mayor prestigio da mala imagen y debilita al gobierno, por ello tanto Bolsonaro como los generales Walter Souza Braga Netto y Luiz Eduardo Ramos ─muy próximos al ejecutivo─- estarían intentando hacer desistir de su decisión al ministro Moro. Y aquí los medios brasileños se dividen: algunos sostienen que el ministro estaría decidido a dimitir y otros, que el ministro aceptaría quedarse a condición de nombrar al sustituto del alto jefe policial. Afirman que su candidato sería el director de la Depen, Fabiano Bordignon. Por otra parte, Bolsonaro no desistiría de ser él quien imponga al nuevo mando y sería favorable a la designación de Alexandre Ramagen director general de la Abin (Agencia Brasileña de Inteligencia) o, en su defecto, del secretario de Seguridad Pública de Brasília, Anderson Torres. Y, yendo más lejos, otros medios afirman que Bolsonaro estaría dispuesto incluso a prescindir del ministro Moro y ya tendría el nombre de su sustituto ─sería Jorge Oliveira, de la secretaria general de la presidencia─ en caso de que el ex juez se mostrase irreductible a negociar el nombramiento del próximo jefe de la policía militar.

En las próximas horas se dirimirá el episodio, pero de lo que no cabe duda es que esta jugada implica una conmoción en el interior del gobierno. La biografía de Jair Bolsonaro lo retrata como un hombre de audacia, al límite de la cordura. Jugar con fuego le pone y el paso que acaba de dar podría interpretarse como un nuevo avance en favor del (auto)golpe que sus más fieles le instigan a dar. Para más inri, habría un segundo frente de conflicto en la cúpula gubernamental y sería con el ministro de Hacienda Paulo Guedes, el otro pilar del gobierno Bolsonaro. Algunos de sus proyectos estratégicos estarían siendo congelados en los cajones del escritorio presidencial y se rumorea que el presidente ya no está tan convencido de la eficacia de las recetas hÍper neoliberales del ministro para dar una salida consistente a la mayor recesión en la historia del país.

La analista del periódico O Globo, Miriam Leitão, en su columna de hoy, compara la crisis del gobierno Bolsonaro con la caída de las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001. Sin augurar cualquier desenlace final, afirma que el presidente habría decidido atacar a los dos pilares de sustentación del actual gobierno: los ministros Sérgio Moro y Paulo Guedes.

ACTUALIZADO TRAS LA RUEDA DE PRENSA DE MORO

El ministro de Justicia renunció sí, pero cayó tirando y dejó el camino expedito para un impeachment al presidente Jair Bolsonaro. En la rueda de prensa que acaba de dar en la tarde del 24 de abril ante los periodistas en que anunció su decisión, acusó al presidente de haber cometido crimen de responsabilidad al destituir al director de la Policía federal, para reemplazarlo por alguien en quien confiase, que le pase información confidencial sobre las investigaciones de crímenes protagonizados por su familia. Más claro, agua.

Y, hasta confidenció que Bolsonaro se lo habría dicho sin tapujos: “el presidente me comentó que pretendía nombrar al nuevo cargo, para poder tener informaciones personales. Y eso no es función de la Policía Federal”, denunció. “Tampoco es función del presidente, tener comunicaciones permanentes para obtener informaciones personales. Ese es un valor fundamental que debemos preservar dentro de un estado democrático de derecho”, agregó.

De pasada, hizo un elogio explícito a la gestión en ese ámbito de la depuesta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores, reconociéndole haber dado autonomía e independencia a la Policía Federal durante el período de la Operación Lava Jato, que comandara el propio Moro. Como para no dejar dudas respecto a la intención de sus declaraciones, acrecentó: “Tenemos que garantizar la autonomía de la Policía Federal contra las interferencias políticas”. A renglón seguido, se refirió directamente a Bolsonaro: “Me había garantizado autonomía”. Y aseguró que él no se habría opuesto a la sustitución del director de la Policía Federal, si hubiera habido causas consistentes para ello, “pero no puedo concordar con esto, voy a empaquetar mis cosas y a presentar mi carta de renuncia”, concluyó, recibiendo un fuerte aplauso de los periodistas presentes.

Por ALBERTO AZCÁRATE

24 ABR 2020 14:34

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Duque y Trump dicen que hay que fumigar 

Cumbre de presidentes de EE.UU. y Colombia en la Casa Blanca

El mandatario estadounidense, Donald Trump, defendió este lunes la fumigación de cultivos ilícitos para la lucha antidrogas, al recibir en la Casa Blanca a su homólogo colombiano, Iván Duque. El gobierno de Duque espera reanudar la fumigación de cultivos ilícitos para luchar contra el narcotráfico, una iniciativa aplaudida por Estados Unidos pero muy resistida por campesinos y organizaciones de derechos humanos.

"Bueno, van a tener que fumigar. Si no fumigan no se van a deshacer de ellos", dijo Trump en referencia a los carteles de droga, contestando a la pregunta de un periodista. El presidente de Estados Unidos recibió a Duque en el despacho Oval de la Casa Blanca (foto), para una reunión que según Trump fue planeada rápidamente "durante el fin de semana".

Las fumigaciones aéreas con glifosato en fueron suspendidas en 2015 en Colombia, cuando el gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos acogió una advertencia de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que consideró ese herbicida como "probablemente cancerígeno". El herbicida está asociado a efectos cancerígenos y riesgos genéticos, y muchos países en Europa buscan prohibirlo por los peligros para la población.

El gobierno de Duque ha dicho que está elaborando informes de impacto sanitario y ambiental para cumplir con los requisitos establecidos por la Corte Constitucional de Colombia para reiniciar el programa de fumigación, comprometiéndose a minimizar los efectos adversos.

Colombia es el principal cultivador mundial de hoja de coca, con 169.000 hectáreas sembradas en 2018 y un potencial para producir 1.120 toneladas de cocaína, según la ONU. En 2017 la cantidad de sembradíos registrada por Naciones Unidas había sido mayor -171.000 hectáreas. Y, según Duque, en 2019 se erradicaron manualmente 100.000 hectáreas, una cifra histórica.

Estados Unidos anunció a principios de año que entregará a Colombia -su aliado más estrecho en la región- 5.000 millones de dólares para invertir en zonas afectadas por los narcocultivos, algunas de ellas establecidas como prioritarias en el acuerdo de paz de 2016 que desarmó a la exguerrilla comunista FARC.

Más temprano Duque denunció ante ante el grupo de cabildeo pro-Israel AIPAC el apoyo que da el gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela a la milicia chiita Hezbolá. "Ellos le han abierto la puerta a Hezbolá para que los apoyen en los crímenes que cometen contra su propio pueblo", dijo el presidente colombiano.

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