Jueves, 04 Abril 2019 06:05

Una pelea desigual contra los gigantes

Una pelea desigual contra los gigantes

Las implicancias de la disposición del Parlamento Europeo sobre derechos de autor en Internet



Los más optimistas celebraron la noticia como si fuera la primera batalla ganada a los gigantes de Silicon Valley, a los que dejaban “en jaque”. ¿El argumento? Que Facebook, YouTube, Google y otros monstruos de Internet iban a tener que empezar a pagar por el contenido de otros que utilizan sus buscadores y plataformas en Europa. Los más críticos, sin embargo, alzaron sus voces señalando que se trataba del certificado de defunción de los autores y medios pequeños y alternativos, que ahora verán cercenada la “libre” difusión de sus obras. La aprobación de parte del Parlamento Europeo de una disposición que protege los derechos de autor y obliga a los buscadores y agregadores de noticias a celebrar “acuerdos” por la utilización de contenidos dividió aguas en la manera en que los diferentes medios dieron cuenta de la reforma. ¿A quién beneficia y a quién perjudica realmente esta disposición europea? ¿Nace un nuevo ecosistema en Internet? Interrogantes que distintos especialistas argentinos, reunidos por PáginaI12, intentan dilucidar en medio de la siempre viscosa búsqueda de regular Internet.


Tras más de dos años de debate y de presiones cruzadas, el Parlamento Europeo aprobó la semana pasada una reforma que fue presentada por sus impulsores como una norma que protege la propiedad intelectual de todo el material que la corporación de Internet utiliza “libremente” en sus buscadores o agregadores de noticias. Fue la respuesta que la política encontró para que autores, periodistas y medios -sólo en el ámbito de la Unión Europea- reciban una remuneración de las grandes empresas que se valen de sus obras y contenidos para generar no sólo tráfico sino también ingresos publicitarios: el 80 por ciento de la publicidad global en Internet se la llevan los grandes buscadores estadounidenses.


Sin embargo, la disposición –que cada país deberá implementar dentro de los próximos dos años– corre riesgo de volverse contraproducente a ese supuesto espíritu de “redistribución”. Google fue el primero en mostrar los dientes, al expresar que no está dispuesto a celebrar acuerdos de ningún tipo, amenazando directamente con no subir las noticias a Google News de medios europeos que exijan una contraprestación económica. Los más críticos señalan que por el temor a violar la normativa la circulación de contenidos –sobre todo de los medios más pequeños o alternativos– se vería afectada por la “sobreprotección” que las grandes compañías impondrán a sus “algoritmos” y “filtros” preventivos, cercenando la circulación de material. Una directiva que, como se aprecia, tiene implicancias no sólo económicas sino también culturales y políticas.


“La normativa es un reconocimiento de la necesidad de revisar las reglas de juego presentes, pero también un síntoma de la impotencia para resolver las tensiones creadas entre los múltiples actores sociales, culturales y corporativos que participan de ese circuito productivo, porque una parte de la nueva directiva puede puede restringir la circulación amplia de información y puede concentrar aún más el control, la censura y la autocensura de carácter privado en Internet”, le explica a PáginaI12 el especialista Martín Becerra, investigador principal del Conicet, en relación a que a partir de esta reforma las grandes plataformas están obligadas a vigilar los contenidos que los internautas comparten en sus espacios, para “censurarlos” en caso de que detecten si se está publicando obras protegidas por derechos de autor.


Si bien el también profesor UBA y UNQ considera “lógico” el reclamo de los creadores de contenidos informativos y culturales de ser remunerados y de participar de la amplia circulación de sus obras, percibe que la disposición aprobada puede transformarse en un boomerang para la libertad de circulación y expresión. “El hecho de tercerizar el control de la legalidad de los contenidos en los gigantes digitales que son verdaderos gatekeepers del acceso social es problemático. Hoy esa función la ejercen (mediante algoritmos sesgados y también con intervención humana, igualmente sesgada) con enorme discrecionalidad, sin auditoría pública y, lo que es más grave, sin mecanismos transparentes para que el usuario pueda apelar remociones y censuras improcedentes. Por eso digo se reconoce el problema, pero ofrecen una resolución más problemática aún”, subraya Becerra.


En la misma línea que el académico, la presidenta de Fundación Vía Libre, Beatriz Busaniche, sostiene que la resolución es “negativa” para la cultura digital y la cultura del siglo XXI. “Hay –dice– un avance muy fuerte contra las nuevas formas culturales, contra la producción on line, los Youtubers, contra ese colectivo de gente que utilizando la tecnología produce o circula cultura de una forma novedosa. Es una normativa que refuerza un modelo económico y de derechos de autor basados en un diseño regulatorio del siglo XIX. Llevan el control hasta sus últimas consecuencias, con las copyright watch, que son máquinas de censura para limitar técnicamente y sin demasiado margen a la apelación, la forma en que una obra es resignificada, reproducida y compartida”.


La Magister en Propiedad Intelectual descree del argumento de que la regulación va a beneficiar a los autores. “Es una forma –afirma, taxativa– de entregar mucho más poder a la concentrada industria del entretenimiento. Todos aquellos que están tratando de forjar una carrera novedosa, de abrirse camino, de desarrollar modelos alternativos de negocios, se van a ver obturados, porque los grandes buscadores van a ser extremadamente sobreprotectores”.


En ese sentido, Javier Pallero, coordinador general de Acces Now, una ONG de Derechos Humanos en Internet, no tiene dudas que la regulación “más que un retroceso es una oportunidad perdida”. En su opinión, no soluciona el problema ni tampoco democratiza la red. “Es necesario actualizar el marco de derechos de autor en la comunidad europea y también hay que regular los nuevos desafíos que enfrentan las industrias culturales y de noticias. Pero hacerlo con disposiciones tan extremistas como poner filtros automatizados, que son tan proclives a la censura, es una pérdida. La legislación pone toda la fe en algoritmos, y una máquina no entiende de contextos. Y las excepciones al derecho de autor que toma en cuenta la norma –como la sátira y la parodia, pero también para contenidos educativos– tienen que ser evaluados de acuerdo al contexto. Los algoritmos tienen la incapacidad para interpretar sin censurar. Y otro aspecto a considerar es que termina subrayando la dominancia de las plataformas de Silicon Valley, porque son las únicas que van a dar respuesta a escala. Aun cuando la directiva pone como excepción de su aplicación a las pequeñas empresas, lo hace de una manera vaga y muy poco conveniente. Eso será un incentivo para que las empresas europeas sean pequeñas. A las pequeñas las condenan al enanismo, mientras les aplican una regla pesada, a medida de los gigantes”.


Lejos de dinamitar el uso y abuso que los gigantes de Internet hacen de contenidos que no les pertenecen, la resolución podría terminar empoderando aún más a las grades compañías, al incrementar sus sistemas de sobreprotección de contenido. En esto hay coincidencia. “Hay –analiza Becerra– una confusión entre la legítima pretensión de discutir el dominio de los gigantes globales de Internet en la captura de la renta publicitaria por la comercialización de los contenidos producidos por las industrias culturales y de medios, y la delegación de mayor poder de decisión respecto de qué se exhibe o no en Internet que la nueva directiva asigna a esos gigantes digitales. En esta paradoja los medios tradicionales (con la excepción, probablemente, de los de mayor escala) no salen ganando”.


La posibilidad de que Argentina replique una regulación con tantos daños colaterales es un alerta que los especialistas coinciden como posible. “América Latina va a la saga de la Unión Europea. Los medios no hegemónicos en Argentina deberían considerar que una regulación de este tipo va a consolidar una acumulación de poder muy fuerte que tienen los grandes medios”, avizora Busaniche. Becerra cree, también, que por historia y tradición es probable que aterrice en estas tierras una regulación similar. “Las decisiones europeas son modelo para muchas otras regiones y para países cuyos procesos de maduración de los debates son más recientes o precarios. Además, los gigantes digitales suelen adaptar sus estándares de funcionamiento a las disposiciones más recientes y/o más rigurosas de Europa o de América del Norte, con lo que de facto esa regulación produce un efecto cascada en países de otras regiones, en particular en los países periféricos”.

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Una persona fotografía la Torre Eiffel con su smartphone JANETTE | WIKIMEDIA COMMONS

Cada día son compartidas más de 95 millones de imágenes y vídeos en Instagram, una cifra que aumenta si además se tienen en cuenta el resto de redes sociales. Muchas de ellas, además, son tomadas en los mismos lugares, entre los que se encuentran el Coliseo de Roma o la catedral de Notre Dame de París. Solo basta con sacar el móvil, abrir la cámara y hacer una foto. El problema es que, quizá, aunque ningún cartel lo indique, ese monumento público esté regulado por un copyright especial.

Es el caso de la Torre Eiffel, uno de los edificios más emblemáticos del mundo y, precisamente por ello, una parada obligatoria para cualquier turista. Especialmente, si es de noche y su estructura brillante reluce entre el cielo oscuro de la capital francesa. Regular el encuadre o la exposición son algunos de los aspectos a tener en cuenta, pero también otro que normalmente no es demasiado reconocido por los visitantes: los derechos de autor.

A pesar de que la obra fue construida por Gustave Eiffel en 1889, según informa Europa Press, todavía se encuentra sujeta a los derechos de autor y de marca de las diferentes iluminaciones instaladas desde 1985. ¿La consecuencia? Como explican en la web del monumento, que "el permiso y los derechos para publicar las fotos de la torre iluminada deben solicitarse a la Société d'Exploitation de la Tour Eiffel". Una norma que, ya sea por desconocimiento o por atrevimiento, muy pocos cumplen. Aun así, la revista National Geographic asegura que por ahora "no ha afectado a ningún turista".

No es la primera vez que las leyes de la propiedad de los edificios se encuentran rodeadas de incertidumbre. Ya lo estuvieron cuando, en 2015, la Eurocámara sometió a votación a una enmienda que pedía que las instantáneas de obras públicas no pudieran realizarse sin previa autorización de sus representantes. Se trataba de una medida en contra de la conocida como libertad de panorama, que impide a los propietarios de pinturas o estructuras tomar acciones legales contra aquellos que distribuyan sus imágenes.

 

Mapa de Libertad de panorama realizado por Wikipedia

Mapa mundial de la situación de la libertad de panorama realizado por Wikipedia

 

Finalmente el Parlamento Europeo rechazó la norma, dejando a los Estados decidir sobre una regulación que todavía no se encuentra a gusto de todos. Es el caso de Wikipedia, que cerró temporalmente el pasado mes de julio para protestar contra la última reforma del copyright y apoyar la "extensión de la libertad de panorama a toda la UE". Países como Bélgica, Francia o Italia son señalados por la enciclopedia online como lugares non gratos para crear imágenes.

En principio solo afectaría a aquellas capturas para usos comerciales, pero, como explica la BBC, esta ley deja un "área gris" que alcanza a aquellos que comparten fotos de los monumentos a través de redes sociales. "A pesar de que estos usuarios no tengan fines comerciales, los términos y condiciones de Facebook dan a esta compañía la licencia para utilizar las fotografías para lo que considere oportuno", indica la cadena británica.

Como el abogado Carlos Sánchez Almeida explica a eldiario.es, en España no hay razones para preocuparse, ya que así lo especifica el artículo 35 de la Ley de Propiedad Intelectual: "Las obras situadas permanentemente en parques, plazas u otras vías públicas pueden ser reproducidas, distribuidas y comunicadas libremente por medio de pinturas, dibujos, fotografías y procedimientos audiovisuales". Básicamente, como añade el profesional, "si está en la calle se puede fotografiar".

 


La "Wikipedia" de la propiedad intelectual

 

Debido a la confusa regulación del copyright, la cual cambia según el país y según el propietario de la obra, los encargados de Getty Images han creado una "Wikipedia" en la que se pueden consultar las normas de cada monumento. Y no solo eso, también recopila paisajes, productos e incluso personas que pueden fotografiarse sin miedo a qué pasará después. Hemos seleccionado algunos de los más destacados, pero la lista es extensa. Mucho más de lo que se podría pensar.

La Sirenita de Copenhague: es una escultura de bronce situada en Dinamarca que, como se puede ver en su propia entrada de Wikipedia (con su figura recortada), no cuenta con licencias demasiado permisivas. Según la página especializada en fotografía Peta Pixel, la familia de su autor, el escultor Edvard Erikson, es "extremadamente protectora" con respecto a los derechos. Debido a esto, solo puede aparecer cuando se sitúe en contexto y no como elemento principal de la imagen.


Pirámide del Museo del Louvre: algo parecido ocurre con la estructura diseñada por el arquitecto Ieoh Ming Pei a las puertas del museo nacional de París. Según Getty Images, deben evitarse las imágenes que muestran "todo el edificio y la pirámide" o aquellas donde son "el foco primario" a menos que se obtenga una autorización.


El Atomium: esta estructura de acero con forma de átomo ubicada en Bruselas también cuenta algunas limitaciones de copyright. En la página de la obra explican que solo puede reproducirse bajo "ciertas condiciones" para garantizar que "no se tergiverse o se distorsione" su significado. No obstante, sus responsables matizan que sí se acogen a los casos establecidos por la libertad de panorama siempre y cuando no consideren que tiene naturaleza comercial.


Letrero de Hollywood: cada vez que alguien reproduce el popular letrero con fines comerciales, este debe abonar la cuota correspondiente a sus derechos de imagen. El cartel colocado en el Monte Lee de Los Ángeles (California), al igual que ocurre con el Paseo de la Fama, son marcas registradas que solo pueden ser utilizadas de forma editorial dependiendo del contexto en el que aparezcan.
Casa de la Ópera de Sídney: al igual que sucede con otras construcciones similares, el emblemático edificio dedicado al ballet o al teatro no puede ser el elemento principal de una captura empleada con fines comerciales y solo se permite cuando aparece en el horizonte como complemento de la instantánea. De lo contrario, esa publicación en Facebook podría salir cara.

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Corte Constitucional tumbó dos artículos de ley 1520 de 2012 o más conocida como ley Lleras

Los artículos 13 y 14 impedían la retransmisión por Internet de señales de televisión sin autorización del titular de los derechos sobre el contenido de la señal. Con la decisión es legal retransmitir esas señales.

 

La corte acogió los argumentos de los demandantes, quienes manifestaban que se estaba vulnerando el derecho a acceder a la información de manera gratuita, el derecho a la igualdad y el derecho a informar y a recibir información veraz e imparcial.

 

El alto tribunal encontró que hubo vicios de trámite, pues la ley debió ser gestionada por las comisiones primeras del Congreso y no por las comisiones segundas. Además debió ser una ley estatutaria y no ordinaria.

 

Las comisiones segundas estudian tratados internacionales y las primeras asuntos constitucionales. Las leyes estatutarias son las que llegan directamente a la Corte Constitucional para su estudio antes de entrar en vigencia. Las ordinarias, para que la Corte las analice, deben ser demandadas.

 

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Piratas, parches y patentes de corso

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Movilizaciones en 23 países este fin de semana contra el ACTA
Se preparan actos contra el Acuerdo comercial anti-falsificación (ACTA, por sus siglas en inglés) en más de 20 países durante este fin de semana. La firma del tratado por parte de la UE a finales de enero en Japón ha confirmado los rumores que desde hace años ha desatado en la red las negociaciones secretas.

Desde hace años se alerta, especialmente en la red, de que países como EE UU, México, Japón, Nueva Zelanda o los de la Unión Europea, entre otros, están negociando un acuerdo antipiratería mundial que implementará "un marco legal que abandona la presunción de inocencia a favor de la presunción de culpabilidad. Un marco, además, que sanciona la intervención directa de las empresas privadas en la aplicación de la ley", como explicaba Simone Santini en Diagonal al conocer uno de los primeros borradores filtrados en 2008.

Un texto que además se ha negociado en secreto como si de un acuerdo militar se tratara, y no de algo comercial, y por el que se podrían cerrar páginas webs sin autorización judicial y sin notificar al acusado. Sus consecuencias no sólo se notarán en la red, sino que se podrían declarar ilegales medicamentos genéricos si las farmaceúticas lo consideraran oportuno o ser una herramienta de control para que sea más difícil de escapar de las semillas con patente, como las de Monsanto, que sí ha estado invitada en las negociaciones.

A finales de enero, 22 países de la Unión Europea firmaban en Japón el ACTA, cómo no de la forma más secreta posible. Pero más allá de una nueva amenaza, parece la gran oportunidad para su paralización: en Japón no estuvieron representantes de Chipre, Estonia, Eslovaquia, Alemania y Holanda. Además, en septiembre de 2011 el Senado mexicano rechazó este acuerdo transnacional, aunque en los últimos meses se intenta derogar esta oposición, además de aprobar una nueva ley de derechos de autoría, la Ley Döring.

  


Tras conocer la firma en Japón, se han convocado para este sábado 11 de febrero movilizaciones en 23 países, la mayoría de ellos pertenecientes a la Unión Europea. Además ya hubo movilizaciones el fin de semana pasado en Alemania, Irlanda o Polonia y hay convocadas el día 25 en Suecia y Dinamarca. En el Estado español, hasta el momento sólo existen convocatorias en Madrid, a las 12h frente al Ministerio de Cultura (plaza del Rey), y en Valencia, a la misma hora en la plaza del Ayuntamiento. Mientras, se preparan acciones para el 1 de marzo, cuando entrará en vigor la Ley Sinde-Wert.

Unas reacciones que ya han tenido efectos en Polonia y la República Checa, donde sus mandatarios han afirmado que suspenderán el acuerdo, a lo que también se ha comprometido el nuevo presidente de Rumanía cuando llegue al poder. La firma del ACTA tendrá que ser ratificada por el Parlamento Europeo, presumiblemente en junio, por lo que las movilizaciones tienen tiempo para influir en la opinión de los europarlamentarios y lograr que por segunda vez, como ya ocurrió en septiembre de 2010, el Parlamento no apoye este acuerdo. En dos semanas, prácticamente dos millones de personas han firmado en contra de su aplicación en la plataforma de ’clicactivismo’ Avaaz.

Movilizaciones que han resultados victoriosas en muchas ocasiones en esta batalla por considerar el intercambio de productos culturales en la red como piratería por parte de la industria y de los estados. Gracias a Wikileaks supimos que legislaciones como la Sinde, Hadopi o SOPA/PIPA eran básicas para aprobar globalmente el ACTA. Pero todas estas legislaciones no se han aplicado tan fácilmente. La Casa Blanca ha paralizado la aprobación de SOPA/PIPA; en Francia, la Hadopi no ha llegado hasta el final y sólo se han mandado advertencias, pero nadie ha sido denunciado; y la ley Sinde-Wert entrará en vigor el 1 de marzo, pero ya ha sido desactivada con lel Manual de Desobediendia a la Ley Sinde, que recoge como saltarse todos los métodos de censura que se han aplicado en la red, y con acciones como la #tablasinde de David Bravo en el Festival de Donosti.

Si la solución se busca por la vía policial, entonces el FBI cierra Megaupload y secuestra todos los archivos allí alojados, pero la red lo tiene claro y vuelve al tradicional P2P. Los intentos por controlar la red no han sido efectivos hasta ahora, gracias a la respuesta social, ya sea de forma virtual o en las calles como ocurrirá durante este fin de semana.

(Redacción)
Viernes 10 de febrero de 2012. Número 167


EL TRATADO DEL ACTA: Cronología de la negociación


  • - ¿Qué es y de dónde sale el ACTA? El Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) o Acuerdo comercial antifalsifica-ción responde al aumento de la circulación de bienes materiales y archivos que infringen leyes de copyright. Busca cooperación internacional y mayor implicación de las economías emergentes.
  • - Arrancan las negociaciones secretas: El ACTA comenzó a negociarse en 2007 por EE UU, la Comisión Europea, Suiza y Japón, al margen de la OMC y cualquier organismo internacional. Más tarde se unieron Australia, Corea del Sur, Nueva Zelanda, México, Jordania, Marruecos, Singapur, Emiratos Árabes Unidos y Canadá.
  • - Wikileaks filtra los primeros borradores: El 22 de mayo de 2008, Wikileaks filtra los primeros borradores de las negociaciones, que indicaban que se atacaría también la violación de copyright sin lucro. El texto ha cambiado mucho, especialmente porque los negociadores, ante la oposición internacional, optaron por suavizarlo.
  • - Los eurodiputados piden transparencia: En marzo y septiembre de 2010 el Parlamento Europeo emitió dos declaracio-nes para forzar a la Comisión Europea a informar sobre las negociaciones. Además, Los Verdes mantienen que es necesario que el Tribunal de Justicia Europeo dictamine la legalidad del ACTA antes de votarlo.
  • - La Comisión Europea publica la negociación: La Unión Europea hizo público el borrador del contenido del ACTA tras la octava ronda negociadora, en abril de 2010. Se reconoce que quiere imponer acuerdos “voluntarios” extrajudiciales entre los proveedores de servicio de internet y los gestores de derechos para combatir presuntas violaciones de copyright.
  • - El Parlamento Europeo respalda el proceso: A pesar de la fuerte presión ejercida por las comunidades de usuarios, en noviembre de 2010 el Parlamento Europeo aprobó una moción que establecía un marco para que la Comisión Europea continuara negociando el ACTA. Fue gracias a los votos de los partidos más conservadores.
  • - Primer descuelgue, México elude su firma: En octubre de 2011 firmaron Australia, Canadá, Japón, Corea, Marruecos, Singapur, Nueva Zelanda y EE UU; pero el Gobierno mexicano rehusó hacerlo porque su Senado lo rechazó. No obstante, ha recordado su compromiso, junto con la UE y Suiza. El plazo para ratificar el ACTA termina en 2013.

Cómo seguir compartiendo: introducción al P2P

El P2P (de igual a igual, por sus siglas en inglés) es un tipo protocolo para conectar ordenadores entre sí de forma descentralizada, sin depender de servidores a los que todos los usuarios deban acceder.

El protocolo P2P más común se llama BitTorrent. Cuando un usuario quiere poner un archivo a disposición del resto, genera un torrent, también llamado enlace magnet, que no es más que una especie de índice. Si alguien quiere acceder a este archivo, se descarga el torrent para que su ordenador se ponga en contacto con todos los que están descargándolo o ya lo tienen y les pide que le envíen partes del archivo que le faltan. Así, no hace falta que el archivo esté completo para comenzar a compartirlo y las transferencias son más rápidas que si se descargan desde un servidor.

El cliente P2P (gestor de torrents) más usado se llama μTorrent, pero si se prefiere software libre se recomienda Transmission. Para encontrar los torrents existen buscadores específicos como ThePirateBay.org o FooFind.com.

Los servicios de descargas directas como Megaupload pueden ser clausurados con sólo cerrar sus servidores, mientras que las redes P2P son mucho más difíciles de controlar, por lo que se perfilan como alternativas frente a la creciente criminalización y censura del intercambio de archivos en internet.



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Jueves, 09 Febrero 2012 18:37

Un grito de alerta

K-ja
El conocimiento
es un bien de la humanidad.
Todos los seres humanos
deben acceder al saber.
Cultivarla es responsabilidad de todos.

Ediciones Desde Abajo

La respuesta fue genérica y cubrió todos los continentes. El 18 de enero, como un solo cuerpo y por primera vez en su corta existencia pública, internet fue sacudida por el rechazo a un intento de Estados Unidos por controlar y censurar el libre acceso a la red, así como el libre intercambio de información. Cuando los impulsores de SOPA (1) y de PIPA (2) actúan para controlar y dominar, otro sector de la humanidad lo hace en vía contraria: para garantizar la libertad y el acceso al saber de la mayoría de los hombres y las mujeres que habitan el planeta.

Con el pretexto de confrontar la denominada ‘piratería’ de material con copyright en internet y de proteger la propiedad intelectual, las multinacionales del entretenimiento gringo lograron que su insaciable deseo de monopolizar más la información y el conocimiento –traduciéndolo en derecho privado y dinero– avanzara en el legislativo de aquel país hasta casi hacerse norma. Sólo la alarma despertada por doquier, traducida en no menos de 60 mil webs que se sumaron a la protesta, entre ellas algunas como Wikipedia, construidas con el aporte voluntario y desinteresado de miles de personas, lograron hacer desistir –por el momento– a los legisladores norteamericanos ahora enfrascados en año electoral.

La pretensión multinacional, presentada al público como un asunto de derechos y propiedad en internet, en verdad esconde la ansiedad por no dejar salir de las arcas de los grandes conglomerados los miles de millones de dólares que produce cada año la industria del entretenimiento, del sotfware y de la biotecnología, traducidos desde hace años en sectores de punta de la primera economía del mundo, y, por su conducto, en mecanismos de control y dominio del conjunto de la humanidad, bien a través de la cultura y la ideología, bien por la ciencia o el dominio de la agricultura y la alimentación (3). Es un afán de negocios aún más imperioso, toda vez que estos sectores de la economía son de los pocos que muestran tendencias constantes de crecimiento, a más de que, por primera vez en la historia de la humanidad, los bienes de más impacto, su coste de adquisición, reproducción, transmisión y modificación, tienden a cero (4).

Para ver más allá. Las llamadas tecnologías de la información y el conocimiento (TICs) se han constituido en la esperanza del capital, pese a que ya fueron víctimas de la orgía especulativa que dio lugar a la burbuja de las “punto com” entre 2000 y 2001. Esa crisis dejó en pie a las compañías que hoy se han constituido en hegemónicas, en disputa de diferentes intereses. Las compañías más antiguas, como Microsoft y Apple, atadas aún a viejas formas de concebir la empresa y la lógica capitalistas, disputan con aquellas más recientes y cuyo insumo más importante es la circulación de la información (tal el caso de Google y Megaupload, recientemente intervenida). Porque la apropiación de la información, en sentido estricto, tiene la particularidad de no ser excluyente para su disfrute. Es decir, que, a diferencia de los bienes tangibles, el consumo de información por alguien no excluye, por principio, a otros del disfrute de esa misma información.

Controlar lo difícilmente controlable es una tarea inmediata del capital en la que una primera dificultad reside en conciliar intereses entre gigantes como Google y Microsoft, que hasta el momento tienen posiciones antagónicas en cuanto a los grados de libertad de la circulación de la información en la red. De otro lado, quizá nunca los sectores sociales de base contaron con una capacidad de resistencia inicial tan grande como la que han mostrado los grupos defensores de la libre circulación en la red para evitar la negación de sus derechos (ver Anonymous…, pág. 12).

No es extraño que necesiten encajonarlos. Ya el bloqueo de internet fue una pretensión de George W. Bush con la llamada kill switch. El mandatario quería recibir atribuciones para poder declarar la llamada situación de emergencia cibernética, y así obstruir las conexiones con el mundo exterior. Como otra manifestación de dominio, en 1998, a través del Digital Millenium Copyright Act, en aquel país se estableció la base legal para restringir la lectura y el préstamo de libros informatizados –así como de otra clase de datos (5). Quienes compran las llamadas tabletas” saben de qué se trata, toda vez que no pueden compartir los libros que leen en sus pantallas ni hacer llegar de manera directa a otros los comentarios y desarrollos que hacen a los mismos. Con igual espirítu fue recubierta la aprobación de una normatividad en Europa en 2001. Se trata de una pretensión de monopolización que no cesa.

En 2003, una amplia inconformidad social que tomó forma en el país del norte impidió que fuera realidad la iniciativa en pro de la concentración de la propiedad de los medios, que lideró el entonces presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones, Michael Powell. Sin embargo, no desisten. En octubre pasado, Estados Unidos, Australia, Canadá, Japón, Marruecos, Nueva Zelanda, Singapur y Corea del Sur firmaron el Acuerdo Comercial Antifalsificación (ACTA). Paso a paso, son decisiones que se hacen norma para el resto de países del mundo (6) a través de los llamados tratados de libre comercio. Es ésta una normativa con vulneración de libertades y que implica, para hacerse realidad, un control efectivo de los servidores, espiando y censurando su servicio.

Afán de dominio


Medio milenio atrás, con la invención de la imprenta, se expidieron las primeras normas para regular la reproducción impresa y controlar a la opinión pública. Entonces la Iglesia, portadora de la ‘verdad’ y protectora de reyes y príncipes, cuidaba que la mayoría no accediera a los libros. El veneno impregnado en los libros resguardados en los monasterios era un obsequio para quienes pretendían leerlos a hurtadillas, como en El nombre de la rosa lo recuerda Umberto Eco.
Varios siglos después, en pleno auge de la revolución industrial, concluyó la primera convención internacional de copyright: el Convenio de Berna, con los imperios como promotores, y su espíritu colonialista en el cuidado y una ejecución celosa. No en vano ha pasado el tiempo. Al día de hoy existe todo un complejo industrial y cultural expresado en variedad de acuerdos y convenios, amparados en una legislación supranacional que rompe la soberanía jurídica de las naciones y toma la forma de un régimen de propiedad intelectual (7). Estos acuerdos y su legislación tienen aplicación para los más débiles, pues quienes no lo son se niegan a reconocerlos. Así sucedió con los Estados Unidos, que en medio de un proceso ascendente desde su condición de colonia inglesa a potencia guardó la negativa por más de un siglo a reconocer el copyright de propiedad extranjera. El ascenso de China recorre un camino similar.

Un proceso que se perfecciona. En un principio fue el control sobre la lectura de los libros, pero luego, a través del copyright se extendió la vigilancia a la propiedad intelectual, así como a las máquinas y similares. En el siglo XX cubrió a todo tipo de productos, objetos, ideas, hasta expropiar saberes y conocimientos colectivos acumulados por la humanidad en miles de años. En cuanto a uno de éstos –el software–, de reciente logro por la comunidad científica mundial, que desde su primer momento impulsó el código libre para que cualquiera pudiera apropiárselo, utilizarlo y complementarlo, ahora la minoría del uno por ciento pretende expropiárselo al 99 por ciento. Y se esfuerza por lograrlo.

Como se sabe, el avance de la informática surgió bajo los afanes de la Guerra Fría, en la cual los centros de investigación de comunicaciones de las potencias crecieron financiados con dineros públicos. Una vez que llegó a su fin la bipolaridad, viene el empuje de grandes conglomerados como Microsoft, que concentran para unos pocos el desarrollo, fruto del esfuerzo de miles y del patrocinio con los recursos provenientes del trabajo de millones de personas, por intermedio de una perfeccionada legislación de copyrigth y su enunciado para impedir el libre acceso al conocimiento de inmensos conglomerados sociales.

Por fortuna para la humanidad, mientras esto sucedía, un buen número de científicos, convencidos del valor público del conocimiento, siguió entregándole su trabajo a la humanidad, e impulsó la necesidad de contar con software de código abierto e implementar el modelo del copyleft –que impide el control y el dominio; además, que expropien a la humanidad de su saber (8). Pero también, en alimento del ideal de que todos los recursos indispensables para la reproducción humana en libertad y para una vida en dignidad, como el agua, el aire, la tierra, deben conservar su carácter irrenunciable de propiedad de todos. Este propósito no es nuevo. Durante siglos, diversos grupos humanos luchan por el acceso al saber, un ideal que ahora toma dimensiones mundiales.

Los escépticos quizás argumenten que la lucha librada es por la libertad de circulación de información poco significativa, y que los juegos en línea, el contenido pornográfico o la música light son seguramente una de las partes más importantes de la disputa. En ello puede haber algo o mucho de razón, pero paradójicamente el asunto está conduciendo a que grandes conglomerados sociales en todo el mundo coincidan en la defensa de unos derechos que afectan a todos. Pero lo que está en juego es la relación inclusión-exclusión y la legitimidad de su mediación a traves de derechos pecuniarios.

No debemos olvidar tampoco que la mayoría de las redes resistentes está conformada por grupos de jóvenes a los que se les ‘vendió’ la idea de que la capacitación era la puerta de la inclusión a un mundo de disfrutes cuyo acceso permanece cerrado. Y que es esa “clase media”, capacitada pero excluida, el grupo humano que más entiende el sentido del despojo que se pretende. Son esos grupos de personas (los nuevos excluidos) los primeros en darse cuenta de que la propiedad capitalista ha entrado en choque con las nuevas condiciones materiales y que no hay opción diferente de un cambio radical en las normas de la distribución y el consumo, es decir, del acceso y el disfrute de la riqueza social.

Sobre la mesa mundial hay, pues, una confrontación latente, desde el momento mismo de aprobación del sistema internacional de copyrigth: la de aquellos que procuran, y con poder, adueñarse de los bienes más preciados por la humanidad, bienes que son producto de la labor generosa de incontables generaciones, y quienes buscan su preservación como bienes de todas y todos, de libre acceso, goce y multiplicación.

En los años por venir, esta inmensa batalla tendrá consecutivos combates, estimulada en los tiempos modernos tanto por las rentas y la posibilidad de control que en las nuevas tecnologías encuentran los defensores de lo privado a ultranza, como por la veloz apropiación que de la propia tecnología, sus redes y usos, han hecho y hacen millones de usuarios de internet, sobre todo las nuevas generaciones que encontraron esta vía como el medio expedito para gozar de manera libre de bienes comunes como la música, las artes, la comunicación, avances de la ciencia, la literatura, el cine, y para contrarrestar los acomodos oficiales en información.

La puerta abierta para la sociedad mundo en formación es potente e indispensable: no permitir la desposesión que pretenden las multinacionales del entretenimiento y de la informática del conocimiento, avanzando hacia una “democracia cognitiva” (9). En palabras de Edgar Morin, “pese a los riesgos inherentes al ejercicio de la libertad, hay que salvaguardar la libertad de comunicación de internet. Internet ha creado unos bienes cognitivos comunes y ha abierto la posibilidad de gozar gratuitamente, es decir, democráticamente, de bienes culturales hasta ahora de pago, reservados a una élite, que ahora se han vuelto accesibles a todos, […]. Como contrapartida, es preciso, sin duda, encontrar el medio de retribuir a los creadores privados con los derechos de autor sobre las ventas (con un fondo común que remunere según el número de teledescargas)” (10). Esta es una opción.

Considerar a las multinacionales como bienes de la humanidad, y por tanto darles tal carácter y administración, es propuesta por otros (11). En todo caso, aquella idea de control y dominio de unos pocos sobre muchos está cuestionada y se debe impedir. Como lo está, igualmente, el copyrigth, modelo de protección de la propiedad intelectual que beneficia a una minoría de países y creadores, y empuja y ahonda la brecha entre los países del centro y los de la periferia, con preservación de la desigualdad y la injusticia en el mundo.

1 SOPA, Cese a la piratería en internet, tramitado en la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, permite sin orden judicial filtrar el DNS (servidores de nombre de dominio) a cualquier web de todo el mundo con sólo recibir una queja del propietario de los derechos de autor.
2 PIPA, Ley de protección de la propiedad intelectual, tramitada en el Senado de Estados Unidos. En todo caso, en un mundo con revoluciones recientes impulsadas desde internet parece que los políticos estadounidenses están comprendiendo el mensaje.
3 “Está entre los intereses económicos y políticos de Estados Unidos asegurar que, si el mundo se está moviendo hacia una lengua común, ésta sea el inglés; que si el mundo se está moviendo hacia unas telecomunicaciones, seguridad y estándares comunes de calidad, estos sean [norte]americanos; que si el mundo se enlaza por medio de la televisión, la radio y la música, la programación sea [norte]americana; y que si unos valores comunes están siendo desarrollados, éstos sean valores con los cuales los [norte]americanos estén cómodos” (David Rothkopf, 1997, funcionario del gobierno Clinton, al explicar los objetivos de su país), tomado de: “Diez tesis sobre el sistema internacional de copyright y el Sur”, Alan Story, 8 de julio de 2007, www.rebelión.org, consulltada 20 de enero de 2012.
4 Copyleft, manual de uso. Traficantes de sueños, 2006, p. 162.
5 Stallman Richar, Software libre para una sociedad libre, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2004, p. 104.
6 “Diez tesis…”, op. cit.
7 Copyleft, manual de uso. Traficantes de sueños, 2006, p. 165.
8 Los logros de este modelo productivo y distributivo son inmensos para 2006: “Más de un millón de entradas de conocimiento libre en la enciclopedia más grande del mundo (wikipedia), más de diez mil programas de software libre empaquetados y listos para su uso en cualquier plataforma informática (el sistema operativo GNU/Linux, con más del 70 por ciento del mercado de servidores de internet funcionando bajo este sistema), más de 18 millones de páginas web con licencias Creative Commons (que permiten a la usuaria al menos el permiso de copiar y reproducir la obra libremente sin ánimo de lucro), un archivo con más de 10 millones de fotografías libres, un número creciente de revistas e iniciativas viables para un conocimiento libre y miles de canciones copyleft (por mencionar sólo alguno de los ejemplos más sobresalientes del modelo productivo copyleft”. Copyleft, manual de uso. Traficantes de sueños, 2006, p. 163.
9 Morin, Édgar, La vía para el futuro de la humanidad, Paidós, España, 2011, p. 158.
10 ibid, p. 159.
11 Amin, Samir, Audacia, más audacia, www.desdeabajo.info, miércoles 14 de diciembre de 2011, consultada enero 22 de 2012.
Domingo, 07 Junio 2009 08:35

Copyright y p2p, experimentos de control

Al final, el presidente francés Sarkozy se ha salido con la suya. Casi. El Parlamento francés aprobó la ley contra las descargas no autorizadas de material con copyright, la ley más dura de Europa en este momento. La ley Hadopi se crea con el poder, tras dos avisos (uno por email, el otro por correo certificado), de suspender la conexión internet a los “piratas” sin necesidad de autorización judicial. Además, la ley proporciona a los proveedores de servicio de internet una gran libertad de investigar sospechas de descargas ilegales.

La victoria de Sarkozy, sin embargo, puede resultar pírrica. Una ley de esta trascendencia necesita respaldo político, pero el Parlamento apareció tímido y dividido: en abril la cámara baja rechazó el proyecto y aún ahora, a pesar de la presiones del partido y del Elíseo, 44 diputados afines al presidente francés no votaron la ley. Por ello, Jérémie Zimmermann, director de Quadrature du Net opina que la ley tiene escasa legitimidad política. Por su parte, el economista Jacques Attali considera la ley “inaplicable”.

En Europa, las líneas de batalla por el control de internet también están articuladas. Inglaterra apoya la rigidez francesa, e incluso concede más libertad a las empresas. La Italia corporativo-populista de Berlusconi encuentra “muy interesante” cualquier solución de control. Por otro lado, el Parlamento Europeo ha subrayado, en su reciente reglamento de telecomunicaciones, que la conexión a internet es fundamental para garantizar el derecho de expresión, y que su suspensión precisa autorización judicial.

En la ley francesa, hay que destacar el desnivel entre la levedad del supuesto crimen y la inusual lasitud de las medidas que se toman para combatirlo. El Deep Packet Inspection (DPI), que la ley autoriza, analiza los datos enviados por una gran cantidad de usuarios simplemente porque se sospecha que se haya realizado una descarga ilegal. Es como si se autorizara al dueño de una tienda donde se sospecha de un robo a entrar secretamente en todas las casas del barrio para averiguar si existe mercancía robada.

Lejos de internet, tal medida chocaría contra las garantías constitucionales básicas. En la red, por otro lado, se están intentando promover medidas extraordinarias como instrumentos normales de la aplicación de una ley. Un fabricante de armas no es legalmente responsable si una de sus pistolas es usada en un asesinato. Por el contrario, en este momento en Europa se están celebrando procesos a autores de programas p2p, aún si ellos nunca han descargado nada.

En muchos casos estos poderes extraordinarios de control se otorgan directamente a empresas. Por ejemplo, la enmienda europea Harbour permite a las empresas la discriminación de contenidos, limitando el acceso de usuarios a ciertos servicios. Por ejemplo, se podría impedir a un celular la conexión a Skype.

El p2p, como vanguardia

El control del p2p es sólo la vanguardia de un enfrentamiento más amplio, que decidirá quien controlará los datos que pasan por internet. Los proveedores de contenidos están consiguiendo cada día más derechos, y la dureza de las medidas legales que sus lobby están impulsando contra el p2p sugiere que no cederán ninguno, sin una lucha feroz. Los datos personales que entregamos al entrar en una página web están parcialmente protegidos por ley, pero los datos sobre nuestro comportamiento online pertenecen al sitio web. Éste los puede utilizar como quiere. Otra de las novedades que hemos conocido recientemente es el anuncio de una técnica para reconocer quién visita una tienda web sin comprar nada. Y así poder enviarle, en tiempo real, un email para que reconsidere su decisión de no comprar.

Los gobiernos también se interesan en el flujo de opiniones en internet, y no sólo gobiernos “canallas” como China o Irán. En Italia, el gobierno Prodi (centro-izquierda) presentó un proyecto de ley exigiendo la adscripción al colegio de periodistas de quien publique un blog.

El copyright y el p2p son simplemente un primer experimento de control de la red, un intento que se puede apoyar en la retórica de la protección de los artistas. A la vez sirve para abrir la puerta a un control más completo.

Pero es posible también invertir los términos del problema y utilizar el copyright no como un medio para fortalecer el control industrial, sino como un medio para cuestionar la relación que se pretende establecer entre internet e industria. El copyright moderno, creado en el siglo XVIII, tiene poco que ver con la defensa de los artistas y mucho con la defensa de la industria. Este debate podría ser la ocasión de cambiar la ley de propiedad intelectual, declarando el copyright un derecho natural, no enajenable, de los artistas. Aunque no resolvería el problema del control del material protegido, por lo menos, lo llevaría a su ámbito natural: la defensa de los derechos de los artistas, y no de las empresas.

Por, Iván Solbes*
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LA INDUSTRIA NO FUE LA PRIMERA EN LLEGAR

Como mucha tecnología desarrollada durante la Guerra Fría, internet tiene orígenes militares. En los años ‘60, en los EE UU, el Pentágono quería un sistema de comunicación que funcionará pese a la destrucción de cualquiera de sus partes. El resultado fue ARPANET, el primer núcleo de internet. El Pentágono, al final, no utilizó la red que, hasta los años ‘90, fue usada sobre todo en las universidades para enviar email e intercambiar ficheros en programas como FTP. A finales de los años ‘80 aparecieron los primeros programa de consulta, Archie y Gopher, y en 1994 Marc Anderson, estudiante de la Universidad de Illinois, creó Mosaic, el primer navegador moderno, antecesor de Netscape y Firefox. La industria fue lenta en comprender el potencial de internet: hasta 1998 Windows no tenía conexión de red. Sólo tras el éxito de Yahoo, la industria se dio cuenta de que la red podría generar gran cantidad de beneficios.


Simone Santini
Diagonal


*El autor es profesor de informática en la Universidad Autónoma de Madrid.

https://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article8164

 

 

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