Diez recomendaciones ético-sintácticas

 

Rebelión/Universidad de la Filosofía

 

Ya sabemos que no hay “periodismo” asexuado, neutro o des-interesado; ya sabemos que entre tendencias, sueldos e ideologías se teje una red de presiones y tensiones que determinan la interpretación “periodística” de los “hechos” y su orientación al servicio de los hilos que la mueven. Ya sabemos que nadie redacta o publica noticias ingenuamente y que en el ejercicio de contar acontecimientos -objetivos y subjetivos- pesa decisivamente la posición y el compromiso de clase del que informa y del que es informado. Es indispensable tener conciencia de esas tensiones, reconocer los límites que nos imponen y saber moverse entre ellas para poner a salvo la “pasión por la verdad”, es decir, por su construcción colectiva, sus fortalezas metodológicas y sus fundamentos científicos. Es indispensable romper con el empirismo y el criticismo -irresponsables y mercantilistas- que sirven de plataforma para las tropelías informativas más impúdicas e impunes. Por todo eso y más viene bien ejercitar vacunas o antídotos éticos de combate capaces de parir y hacer parir un periodismo nuevo o un modo de producción informativa emancipados y emancipadores. Verbigracia:


1. No uses la palabra “enfrentamiento” cuando grupos militares o policiales repriman a líderes o movimientos desarmados.
2. Lee mucho y privilegia siempre las fuentes de información de quienes luchan por las bases y desconfía siempre de las agencias internacionales comercializadoras de noticias.
3. Explica, con toda claridad, los “hechos”, sus móviles, sus protagonistas y las condiciones concretas y de clase en que ocurren (cronológicas, históricas, de clase, geográficas...)
4. Explica siempre (de la manera más clara y creativa) el marco teórico de tu trabajo de información y comunicación.
5. Se generoso en la consulta y el contraste de fuentes informantes y elabora un dispositivo crítico riguroso frente a ellas.
6. Pondera con cuidado extremo tu subjetividad ante los hechos y mantén bajo vigilancia tu propia contaminación ideológica y tu ignorancia frente a lo que debes informar. La primera sospecha sobre la información debe recaer en el informante.
7. Advierte a tu interlocutor (de manera rigurosa y creativa) cuales y cuántas son tus limitaciones para informar en lo general y en lo particular.
8. Si en el proceso de acopiar información detectas que alguien miente, denúncialo de todas las maneras posibles o serás su cómplice.
9. Mantén equidad de perspectivas (no neutralidad) de género, de edades... Tomando posición al lado de los más débiles, los más frágiles, los más humillados. Ética significa, también, hacer lo que se debe por el bien de los que menos tienen.
10. Analiza, invariablemente, si lo que informas pertenece o no, si ayuda o no, a una situación revolucionaria y asegúrate con toda honestidad de que tu vocabulario, tu sintaxis, tu formación profesional... tus valores estén a la altura de las circunstancias y de los pueblos en lucha. No te engañes ni engañes a otros.


La Ética no es ese arte del relativismo fanático -que algunos ridiculizan con palabrería de eruditos- para esquivar la fuerza de su poder social y su capacidad de poner en evidencia toda trapacería, marrullería y crimen. No es un ingrediente decorativo para muchachos que, serviles al patrón, recitan ideología de auto-ayuda como si fuese evangelio ético de supermercado. Mercenarios pues.


Aunque parezca ocioso repetirlo no está de más siempre anclar la producción de información sobre bases afianzadas con buenas dosis de auto-crítica científica. Alertas con los peligros y las contaminaciones. Es fácil encontrar trampas y manías -de todo orden- entre quienes se auto-convencieron de ser más revolucionarios que toda revolución. No son pocos. Abundan los “docentes” que, ya sabiéndolo todo, barnizan con saliva de doctos cuanta situación y cuanto liderazgo les cuestiona su lugar en las filas. Algunos son discretos y hábiles para disimular su inutilidad o su obra inofensiva y para ello usan muchas citas de revolucionarios y teóricos clásicos. Hay piezas magistrales pergeñadas por sabios incapaces de organizar ni una piñata. Y venden muchos libros y conferencias.


No pocos se hacen profesores y se hacen preceptores. Siembran la abundante cosecha de su ego en las cabezas de muchas generaciones y aguardan pacientemente la hora de los aplausos. Se creen en edad de enseñar a otros el arte de alabarse a sí mismos y prohíjan becas, prebendas y canonjías a los cuatro vientos de su histrionismo mesiánico. Y dan vueltas al mundo con su sólo truco de naderías auto-referenciales. Ya hemos tenido suficiente de eso. Nadie está por encima de quienes luchan, nadie puede auto-erigirse en interprete o representante de lo que no construye y por lo que no se arriesga. Nadie pues está por encima de la revolución social.


En todo caso entiéndese aquí por Ética la ciencia que describió Sánchez Vázquez en una de sus obras más orientadoras y útiles para la Batalla de las Ideas y para esculpir la conducta científica de aquel que asuma responsabilidades sociales ante el trabajo de documentar acontecimientos y divulgar las consecuencias, objetivas y subjetivas. Nada menos. Y eso hace que ningún “decálogo”, incluido éste, sea letra muerta ni palabra última. Todo debe ponerse bajo el examen inequívoco de su utilidad a la emancipación humana, finalmente sin clases sociales... sin capitalismo.

 

 

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Sábado, 07 Mayo 2016 08:06

La criminalización del pensamiento

La criminalización del pensamiento

Pensar trae consecuencias. Su ejercicio no ha sido una facultad bien vista. Hoy está en peligro de extinción. Resulta significativo que entre los crímenes de lesa humanidad figure la persecución ideológica y política. Desde el castigo bíblico hasta nuestros días, la acción de pensar se castiga. Dos esferas de la realidad política son las más afectadas. La educación y el periodismo. En ambas, sus representantes son objeto de las iras del poder institucional y la violencia. Las universidades, en tiempos de dictaduras militares o cívico-militares, sufren las consecuencias de la criminalización del pensamiento. Maestros y profesores han sido perseguidos y asesinados. Durante la segunda República en España se expulsó a miles de las aulas del magisterio y qué decir del México actual. En cuanto al periodismo, se mata directamente al mensajero. El más reciente informe de la Federación Latinoamericana de Periodistas destaca que sólo en México, durante 2015, fueron ultimados 14 informadores. La lista es larga. Honduras presentó 10 casos, Brasil ocho, Colombia cinco y Guatemala tres. Al mismo tiempo, la Federación Internacional de Periodistas apunta que de 1990 a 2015 se contabilizaron 2 mil 297 asesinatos de comunicadores. En esa lista vuelve a destacar México con 120 casos, Rusia reporta 109 y Brasil 62.

 

Todos los días nos enteramos, por los medios de información, de las arbitrariedades del poder político a la hora de criminalizar cualquier opinión discrepante. Sobre todo si en ella se vierten críticas al orden social, a la violación de los derechos humanos y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. Basta con que la policía emita informes imputando a organizaciones, personas o movimientos sociales de propagar ideologías disolventes para que sus dirigentes sean detenidos, investigados y encarcelados. Asimismo, cualquiera puede levantar falso testimonio y lograr credibilidad cuando la acusación deriva en el ámbito del pensamiento y las ideas.

 

Si en los siglos XIX y XX el apelativo de terrorista recayó en los movimientos anarquistas y anarcosindicalistas, extendiéndose a socialistas y comunistas, en pleno siglo XXI se han roto dichas fronteras ideológicas. Ya no asistiremos a un montaje judicial para justificar la persecución ideológica. No hace falta encubrir el motivo. Abiertamente se imputa al políticamente incorrecto la condición de antisistema. Basta recordar el reciente caso del cómico alemán Jan Böhmermann, acusado de injurias por el presidente de Turquía, Recep Erdogan, al haber escrito un poema satírico. Lo peor no es la acusación, sino el consentimiento de Angela Merkel, canciller de Alemania, de facilitar la apertura de un proceso judicial por injurias. En la persecución del pensamiento no hay fronteras. En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, está preso.

 

En la sociedad occidental, democrática y civilizada se criminaliza la crítica y el pensamiento se tilda de subversivo y antisistémico. Adjetivos que predisponen al uso de la violencia y la razón de Estado para su represión. En Colombia, la Escuela Nacional Sindical entregó un estudio detallado a congresistas estadunidenses subrayando que entre el 7 de abril de 2011 y el 31 de marzo de 2015 habían perdido la vida en atentados 105 militantes pertenecientes a diferentes sindicatos. Asimismo, la Confederación Sindical Internacional, en su informe anual sobre los derechos sindicales en el mundo, denuncia que fueron asesinados 101 trabajadores por ejercer actividades del gremio. De esos 101 asesinatos casi la mitad, 48, se registraron en Colombia, 16 en Guatemala, 12 en Honduras, seis en México, seis en Bangladesh, cuatro en Brasil, tres en República Dominicana, tres en Filipinas, uno en India, otro en Irak y uno más en Nigeria. Dicho texto no considera las amenazas e intentos fallidos de ejecuciones.

 

El miedo y la violencia, al igual que la autocensura, se apoderan de quienes emiten opiniones contrarias al poder dominante. Desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, el fantasma del terrorismo se convirtió en excusa para controlar la crítica política y el ejercicio de la libertad de expresión. En el saco del terrorismo se incorporan todo tipo de acciones y pensamientos. La vara de medir está bajo mínimos. Cuando más democracia y libertades se dicen reconocer, más se reprime la facultad de pensar. Ya no se diferencia entre pensamiento crítico y terrorismo. El poder no distingue y, lo que es peor, no quiere ejercer dicha distinción.

 

La crítica teórica y la reflexión han sido materialmente despreciadas, su praxis se condena, constituyen una amenaza. El poder político se siente propietario de las formas de pensar y actuar. Quienes practican la noble actividad de pensar a contracorriente, militantes políticos, sindicales, deportistas, científicos, periodistas, escritores, actores, artistas plásticos, grupos musicales, etcétera, son objeto de escarnio y presiones. Existe una guerra declarada al pensamiento en todas las dimensiones de la vida social.

 

El ejercicio crítico de pensar subvierte el orden y cuestiona el statu quo. Personas y medios que lo impulsan son atacados por el poder. Las medidas aplicadas van de la censura a la clausura de medios de prensa, programas de radio y televisión. Todo es bienvenido si con ello se acallan las voces discordantes. Hoy, los servicios de inteligencia y los aparatos de seguridad del Estado realizan la búsqueda de irredentos. Intervienen correos electrónicos, teléfonos móviles, graban en aulas de clase, restaurantes y centros comerciales. Ningún espacio público está exento de vigilancia. El pensamiento crítico debe ser controlado en corto. Quienes lo denuncian son objetivo militar y político. Es el caso de Julián Assange, fundador de Wikileaks, quien pidió asilo a la República de Ecuador por temor a ser extraditado a Estados Unidos, bajo acusaciones falsas de violación. Lleva recluido desde el 19 de junio de 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Otro ejemplo es el de Edward Snowden, ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, quien hizo públicos los programas de vigilancia masiva a escala mundial desarrollados por la SNA y la CIA. Perseguido y acusado de criminal, se exilió en Rusia, donde reside actualmente. Su vida está en peligro.

 

Las guerras del siglo XXI amplían el espectro de los genocidios civilizatorios. Tecnologías de muerte. Drones y armamento de última generación se utilizan para acallar voces e imponer valores imperiales. Pensar se ha convertido en delito, su ejercicio se ha criminalizado y sus defensores han sido condenados.

 

 

 

 

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Domingo, 17 Abril 2016 07:33

Llegó el día, y ese día es hoy

Llegó el día, y ese día es hoy

EL DETRAS DE ESCENA CAMINO A LA VOTACION

 

Desde Río de Janeiro


A las ocho y diecisiete de la noche de ayer el oscuro diputado Paulo Feijó, del oscuro Partido Renovador, ocupó la tribuna de la Cámara en Brasilia para disfrutar de sus tres minutos de fama, ni un segundo más. Ese el tiempo establecido para que los 252 inscriptos pudiesen dirigirse a sus pares explicando las razones de su voto en la tarde de hoy. Paulo Feijó, que es de la provincia de Río de Janeiro, dijo que votará por la destitución de “ese desgobierno”, criticó duramente a la presidenta Dilma Rousseff y listó, con rapidez de narrador de hipódromo, las ciudades que componen su base electoral. “Todos mis electores me exigen el fin de ese pésimo gobierno”, vociferó. Y, para terminar, prestó homenaje a su querida madre, doña Anesia, de 87 años, y al querido tío Jorge, de 85. En ningún momento mencionó lo que la Constitución prevé como motivo legal para destituir a un presidente electo.


De todas formas, Feijó tuvo suerte: había casi un centenar de colegas en el Pleno de la Cámara cuando lanzó sus palabras al viento del olvido y del ridículo. Menos afortunada ha sido la diputada Renata Abreu, del igualmente obscuro PTN. A ella le tocó hablar a las cuatro y ocho minutos de la madrugada de ayer, e igualmente por exactos 180 segundos. A aquellas deshoras, como es comprensible, lucía un aire cansado, pero el vestido azul ajustado demostraba cuidado para semejante ocasión: es que cumplía 34 años, y no dejó de destacar la responsabilidad de festejar la fecha en medio a un “momento histórico”. Fue aplaudida por unos nueve compañeros de velada, que escucharon cada una de las palabras que alguien escribió para que la joven diputada leyera con énfasis de telenovela.


Teóricamente, la maratón olímpica de discursos –ha sido una sesión ininterrumpida, que al final habrá durado más de 50 horas– serviría para que los nobles diputados revelasen sus nobles intenciones, tratando de convencer a sus pares para que siguiesen el ejemplo.


Puro cuento chino: allí se cumplió mecánica y patéticamente el ritual impuesto por el reglamento interno de la Cámara. Lejos se daba la verdadera batalla por la conquista de adeptos para una y otra posición, y son esos los votos que definirán, hoy, el destino de Dilma Rousseff y el destino del país más poblado, económicamente más poderoso y geopolíticamente más importante de América latina. Así, en pura y burda negociación.


La semana ha sido prodigiosa en demostraciones de la estrategia aplicada por los golpistas, que tienen como cabeza visible al vicepresidente Michel Temer y como detentores del verdadero poder a viejos zorros de la baja política brasileña, y de los que tratan de impedir la deposición de una presidenta que supo agotar el inmenso capital político que heredó de su antecesor, Lula da Silva, el más popular presidente brasileño de los últimos 50 años. A propósito, ha sido el mismo Lula quien, en las últimas dos o tres semanas, al constatar el naufragio inevitable, se encargó de intentar la casi imposible tarea de revertir una tendencia que se arrastró como fuego en pasto seco y con viento de cola.


Desde el mediodía del viernes las negociaciones –con sus consecuentes artimañas– se intensificaron a un ritmo de vértigo en Brasilia. Cada voto es un voto a ser conquistado o asegurado. El gobierno sale en franca minoría. La esperanza última es lograr revertir un número suficiente para impedir que las dos terceras partes de la Cámara (342 diputados) aprueben la instauración del juicio destituyente de Dilma Rousseff.


En las últimas dos semanas se multiplicaron, por todo el país, los actos no exactamente en defensa de un gobierno muy criticado y una presidenta muy desgastada, pero en defensa del mandato alcanzado por 54 millones 500 mil votos en las urnas de octubre de 2014. Actos contrarios al golpe institucional se alastraron con fuerza a partir del lunes pasado, cuando Lula se reunió en Río con un grupo de artistas e intelectuales, encabezados por la mítica figura del compositor y escritor Chico Buarque de Hollanda, y en seguida habló para unas 60 mil personas.


Son eventos de efecto simbólico, por cierto, ya que ninguno de los golpistas se dejará seducir por sus repercusiones. Pero que tuvieron como resultado animar a manifestaciones callejeras que se reprodujeron por todo el país. Claro está que ninguna de ellas –inclusive las que reunieron a miles de personas– obtuvo de los medios hegemónicos de comunicación, especialmente los pertenecientes a las Organizaciones Globo, una mísera migaja de espacio. Pero igual se multiplicaron, y hoy estarán por todas las ciudades brasileñas, reconquistando un espacio que la izquierda había perdido para la derecha, esa sí, impulsada por Globo y congéneres.


Nadie sabe lo que pasará hoy. Una cosa, sin embargo, no se discute: el intento de defenestrar a una mandataria que obtuvo 54 millones de votos ha sido comandado por un diputado, el presidente de la Cámara, Eduardo Cunha, de quien se comprobó haber recibido, en un solo negocio, 52 millones de reales (unos 14 millones de dólares) de coima.


Es decir: casi se equiparan en números absolutos. Pero los de ella son votos, y los de él, dinero inmundo. Un corrupto, acompañado por legiones de corruptos, juzga a una presidenta que siquiera es investigada. Así están las cosas.

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“Las categorías dominantes son invitaciones a no pensar”

ENTREVISTA A LA SOCIOLOGA HOLANDESA SASKIA SASSEN

Sassen advierte que el mundo académico carece de conceptos para abordar fenómenos contemporáneos, critica a “esos profesores que empujan a los estudiantes a ser prudentes” y aboga por una universidad capaz de “abrir nuevas fronteras de investigación”.

“Prefiero ser una salvaje.” La socióloga holandesa Saskia Sassen bromea para explicar por qué elige correrse de las “categorías maestras” y anclar sus estudios en los márgenes sinuosos y las zonas oscuras de los fenómenos que se postulan como autoevidentes. Lejos de aquellos académicos que sostienen un solo proyecto como “tarjeta de presentación para toda su vida”, Sassen, que actualmente se desempeña como profesora de la Universidad de Columbia, ha ido variando sus objetos de estudio, al tiempo que ha multiplicado la relevancia mundial de sus publicaciones. Entre sus libros se destacan La ciudad global (Eudeba), Territorio, autoridad y derechos y el reciente Expulsiones (ambos editados por Katz), en los que indaga en las tramas de la economía global y sus nuevos ordenamientos. En su última visita a la Argentina –donde vivió algunos años de su juventud–, Sassen dialogó con Página/12 sobre el rol de las universidades en el mundo contemporáneo e instó a estudiantes y profesores a no ser prudentes: a hacer nuevas preguntas y tomar el riesgo de “empujar y abrir nuevas fronteras de investigación”.


–Usted señala que “la máquina de vapor” de la modernidad global no son las tecnologías digitales sino las finanzas. ¿Cómo es que esta “máquina”, en apariencia tan abstracta e inasible, moldea el pulso del mundo contemporáneo?


–Es la lógica misma de lo financiero. Lo financiero es radicalmente distinto de la banca tradicional. La banca tradicional vende algo que tiene: dinero. La finanza vende algo que no tiene y, por ende, debe invadir otros sectores, y para eso desarrolla instrumentos realmente admirables en su complejidad. Puede invadir desde los sectores más lujosos a las cosas más simples, como los préstamos para autos usados. No depende estrictamente de esos otros sectores; todo lo que necesita es desarrollar un instrumento que le permita extraer algo en base a lo cual pueda construir un instrumento que tenga la capacidad de multiplicar el valor. Entonces, es invasivo y destructivo y el hecho de que destruye lo que necesita también implica que no le importa. Extrae y listo; deja detrás espacios completamente destruidos y así va empobreciendo los Estados nacionales.


–Según señala en sus estudios, la economía global impone sus propias lógicas territoriales y de valorización de los productos del trabajo. ¿Cómo impacta esto en el mundo del trabajo y en la profesionalización?


–Lo que vemos es una transformación bastante importante de la distribución del trabajo. Hay un privilegio de los trabajos altamente profesionales y emerge una clase profesional muy grande, el 20 por ciento de cualquier economía desarrollada. Pero eso viene con un precio y es que destruye a esa clase media más modesta, que son los supervisores, las secretarias... eso se transforma en un elemento técnico. Todo lo que se puede estandarizar, se estandariza. Además –y esto ya como un fenómeno más parcial–, esa nueva lógica tecnológica también tiene sus preferencias y sus privilegiados, orienta cuáles son los buenos puestos de trabajo. En este momento las finanzas han perdido mucho terreno. Hubo un momento en que era la super choice para muchos estudiantes, pero ha habido tanta criminalidad en el sistema financiero que ya los hijos de las elites eligen otras cosas.


–¿Las ofertas académicas se ajustan a estos nuevos movimientos?


–Si me permito una observación crítica basada en Estados Unidos, creo que hay una especie de fabricación de diplomas que son totalmente inútiles. Los estudiantes estudian, son serios, pero las instituciones no son serias. Estados Unidos tiene una elite de universidades que son extraordinarias, pero también tiene más de 3500 instituciones de posgrado que en su gran mayoría son privadas y para obtener ganancias. Si miramos lo que ha pasado con la deuda de los estudiantes, los estudiantes argentinos van a sentir que les está yendo mucho mejor que a los norteamericanos. La deuda de los estudiantes en Estados Unidos hoy en día es superior a un trillón de dólares y es una deuda que está a una tasa de interés del 16 por ciento. Los ciudadanos pasamos el dinero a la banca al 2 por ciento de interés y esas bancas se lo venden a los estudiantes al 16 por ciento: un robo. Una vez que tienen un trillón pueden hacer mucho más que simplemente quedarse con el interés: financiarizan, invierten especulativamente. Mientras tanto, los estudiantes no se van a liberar nunca de esa deuda si no la pueden pagar, porque por ley el sistema financiero logró incluso que no se pueda declarar banca rota sobre esa deuda.


–Usted señala que no tenemos categorías conceptuales para explicar algunos fenómenos acuciantes. Por ejemplo, se siguen explicando en términos de “inmigración” desplazamientos que tienen características muy distintas a las migraciones de los siglos pasados. ¿Por qué cree que los conceptos nos van quedando desfasados?


–Lo que estamos viendo en la así llamada crisis migratoria en el Mediterráneo se capta sólo parcialmente con las categorías de migrante, refugiado. Creo que estamos viviendo el inicio de toda una nueva era que viene marcada por una masiva pérdida de hábitat, que tiene muchos factores. En este momento la guerra domina: tenemos 40 países que tienen guerra, pero también están la desertificación, el cambio climático, tierras que van a estar inundadas; la expansión enorme de plantaciones que expulsan a los pequeños agricultores; la expansión extraordinaria de la minería que quita también terreno para vida; la compra de tierra simplemente para extraer agua; el uso en cantidades enormes de agua para el fracking, que va eliminando agua para poblaciones... La guerra es sólo uno de todos estos elementos. Es el más inmediato, el que ahora domina nuestros imaginarios y nuestras explicaciones, pero es una cosa mucho más amplia, relacionada con la pérdida masiva de hábitat. Usar estas palabras “son inmigrantes, son refugiados” también es una invitación a no pensar. Nos tenemos que plantar ahí y preguntarnos qué estamos viendo. Hay una historia más profunda que requiere otros lenguajes.


–¿El mundo académico tiene responsabilidad en esta falta de comprensión de las particularidades del nuevo momento?


–Claro que tiene responsabilidad. Yo siempre tuve una relación muy problematizada con las categorías de análisis que son dominantes, porque en un cierto punto sí son muy útiles, pero por otro lado son invitaciones a no pensar: contienen la explicación. A mí lo que más me interesa de la inmigración es cuando empieza un flujo nuevo. Ya cuando es un flujo establecido me importa mucho menos. Muchos estudios de la migración son simplemente documentaciones de las características de esos migrantes o sus comunidades: tienen más de 20 años, tienen buena salud, comen tal cosa... Es muy fácil hacer eso. Yo creo que la universidad buena tiene también que empujar, abrir nuevas fronteras. Siempre va haber individuos que están dispuestos a tomar el desafío.

 

–¿Existen resistencias frente a ese tipo de enfoques?


–Un problema de la universidad es que tiene esos profesores que empujan a los estudiantes a ser prudentes. La mayoría de los académicos, una vez que tienen una idea, un proyecto, un libro, se quedan con eso como tarjeta para el resto de su vida. La gran universidad tienen que permitirse el lujo de aportar a aquellos estudiantes y profesores que van a ser la minoría que tienen el coraje de decir: “Yo acepto todo esto que me dijeron, pero aquí falta algo y yo voy a construir un puente conceptual para poder llegar a eso”. Creo que hay trabajo que hacer en las buenas universidades; hay que abrir nuevos terrenos, construir túneles en realidades que realmente pensamos que entendemos, pero no las entendemos.


–¿Esta incapacidad para procesar los nuevos fenómenos no implica también el peligro de no poder anticipar dinámicas que, en algunos casos, terminan siendo incluso tragedias humanitarias?


–Absolutamente, pero nunca vamos a poder predecir todo, porque hay combinaciones que no las vemos venir. Por ejemplo, el hecho de que de pronto se dé esta inmigración muy grande de Eritrea, al mismo tiempo que la de Siria. Son dos cuestiones totalmente separadas que producen un cambio inesperado.

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Breve nota sobre la literatura maldita en Colombia

La literatura maldita no constituye, en absoluto, una tradición, una escuela o un movimiento. Más exactamente, cada escritor o poeta maldito es singular e individual, punto.



La literatura maldita es una categoría que nace en el siglo XIX en el diálogo entre lo mejor de una parte de la literatura francesa y la inglesa. En los circuitos de ventas, posee una franja propia, aunque en las bases de la gran sociedad ocupa un lugar muy marginal, aquí y en cualquier parte, tanto como entre los guardianes de la buena moral.


La literatura maldita cumple esa función: decir lo indecible, mostrar lo oculto, llamar a las cosas por su nombre, y señalar que la gran escuela siempre es la de la vida, que es donde se nutre la verdadera gran literatura. Ello, digámoslo de pasada, sin dejar de mencionar la verdadera condición para la existencia de una gran literatura: leer, haber leído mucho y seguir leyendo siempre. Mientras se vive y se observa y se trata de comprender al mundo.


Obviamente, también en Colombia existe la literatura maldita. Pero el abanico no es muy amplio, a decir verdad. Se compone de nombres como Julio Flórez (sí, el poeta de las flores negras y los escándalos y sospechas), José Manuel Vargas Vila (el maldito de todos los malditos), Andrés Caicedo (por poco el autor de un solo libro, el inmortal ¡Qué viva la música!), y el autoexiliado y aclamado Fernando Vallejo (el único de todos los escritores colombianos que cumplió la promesa de no volver a España mientras a los colombianos nos pidieran visa).


De acuerdo con la mejor tradición ortodoxa en la materia, un escritor maldito es aquel que, ya desde joven, se aleja de la buena moral de la sociedad y las buenas costumbres. Escribe y vive como provocación y desafío, y se comporta en general de manera peligrosa, a–social e incluso autodestructiva. Generalmente mueren antes de alcanzar el reconocimiento debido, y su escritura es difícil para los consumos normales y habituales de la sociedad. Aunque a veces, a algunos, la vida les regala años extra.


El concepto aparece por primera vez en 1832 en Francia y se proyecta con solidez hasta finales de 1880. Posteriormente la categoría se extiende a otros países, culturas y naciones, siendo uno de los primeros Inglaterra. De esta suerte, lo que podemos denominar como la primera generación de escritores y poetas malditos comprende nombres como F. Villon, Rimbaud y Beaudelaire y se extiende a figuras como G. Sand y O. Wilde. Desde entonces, hasta la fecha, la literatura maldita constituye una vertiente propia, pero subterránea, clandestina o marginal de la literatura que produce una sociedad.


Ahora bien, de manera definitiva, la literatura maldita no constituye, en absoluto, una tradición, una escuela o un movimiento. Más exactamente, cada escritor o poeta maldito es singular e individual, punto. Los críticos, a los que les gusta catalogar todo, sostienen que la literatura maldita constituye una crítica a la modernidad. ¡Como si hoy en día no existieran escritores y poetas malditos!


Desde luego que en cada ciudad, grande, mediana y pequeña existen poetas y escritores malditos, que acaso por malditos no han alcanzado el reconocimiento que pudieran merecer. Son conocidos por círculos pequeños, alternativos y muchas veces ellos se autopublicitan de maneras clandestinas o marginales.


Sin la menor duda, los escritores malditos son gente libre, o bien gente que se quiere, decididamente, libre —aunque algunos aún no lo sean—. Encuentran la libertad en la escritura, y en ellos la escritura y la vida son una sola y misma cosa. Nada de artilugios académicos. (Aunque lo contrario también hay que advertirlo, a saber: que quien hace de la literatura y la vida una sola y misma cosa no necesariamente es un escritor maldito. Una línea fina y móvil de distinciones). Libres, y no simplemente rebeldes.


Flórez, Vargas Vila, Caicedo y Vallejo, por orden histórico: cuatro voces de poetas y escritores sin deudas: ni económicas, ni morales o intelectuales. Uno tomando distancia con respecto al poeta de conveniencia —José Asunción Silva—, es liberal radical; otro blasfemo y apóstata, objeto de persecusiones en el marco de la Constitución conservadora de 1886; otro más haciendo de una ciudad periférica el centro de las miradas de admiración y exultación del cuerpo, y el último, homosexual declarado y no vergonzante, autoexiliado por voluntad propia pero faro de la realidad nacional. Con una nota: no existe (hasta la fecha) una mujer en la historia de la literatura maldita en Colombia.


Vallejo posee sobre los demás autores malditos colombianos una ventaja, que es al mismo tiempo una contradicción. Se trata de un autor a todas luces maldito que es publicado por unas de las grandes editoriales y circuitos de distribución oficiales en la lengua española: Alfaguara y Taurus. (Al fin y al cabo a las grandes editoriales les importan autores que vendan; entre otros criterios). Los demás son autores anacoretas, y varios títulos suyos difícilmente se consiguen en las buenas librerías, y definitivamente no en las librerías de centros comerciales. Es notablemente el caso de Julio Flórez, poeta proscrito de las ediciones y reediciones, de los encuentros y los números especiales. Aun cuando la editorial Sopena publicó las obras completas de Vargas Vila, parcialmente.


Caicedo acaba de ser objeto de reedición de ¡Qué viva la música! gracias a una película desafortunada y pésima. Pero Vargas Vila permanece como el más recóndito de los autores en materia editorial, de estudios, monografías, biografías o hagiografías, por ejemplo. El autor más prolífico de los malditos colombianos, sus libros se encuentran, en el mejor de los casos, en los anaqueles de eruditos y libreros de segunda. Que podemos llamar, de manera hermosa, como "libros leídos".
(Digamos entre paréntesis: esa deuda histórica que tenemos todos los amantes de los libros, de un lado, con las pequeñas editoriales y las editoriales independientes, y de otra parte con los libreros de segunda, para no mencionar los anticuarios —otra categoría aparte).


De la literatura maldita no quedan moralejas; tampoco inferencias indirectas. De hecho, no existe una única literatura maldita, y como puede apreciarse de la lectura cuidadosa de los cuatro grandes en Colombia, de cada uno cada quien saca lo que puede. Que sería el comienzo para una auténtica tertulia. Que es uno de los modos para una incubadora gratuita de ideas, proyectos, y acciones.


Vargas Vila, Julio Flórez, Andrés Caicedo, Fernando Vallejo, una línea irregular subterránea de historia, cultura, sociedad y política —abyecta, iconoclasta, irreverente y desconocida.

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Miércoles, 04 Noviembre 2015 06:52

La crisis del pensamiento crítico latinoamericano

La crisis del pensamiento crítico latinoamericano

En el momento de auge de los enfrentamientos políticos y de las grandes luchas de ideas en América latina, se siente con más fuerza la relativa ausencia de la intelectualidad crítica. En el momento en que los gobiernos progresistas sufren las mas duras ofensivas de la derecha, buscando imponer procesos de restauración conservadora, valiéndose del monopolio de los medios de comunicación, el pensamiento crítico latinoamericano podría tener un rol importante, pero su ausencia relativa es otro factor que afecta la fuerza del campo de la izquierda.


La derecha se vale de ese monopolio y de sus pop stars. Vargas Llosa y Fernando Henrique Cardoso vuelven con fuerza al campo para apoyar a Mauricio Macri, a la derecha venezolana y a atacar a los gobiernos de Brasil. Ecuador, Bolivia. No les faltan espacios, aunque les falten ideas.


Al pensamiento crítico no le faltan ideas, tiene que pelear por espacios, pero falta más participación, faltan entidades que convoquen a la intelectualidad crítica a que participe activamente en el enfrentamiento de los problemas teóricos y políticos con que se enfrentan los procesos progresistas en América latina.


A la pobreza de las propuestas de retorno a la centralidad del mercado, del Estado mínimo, de las políticas de retorno a la subordinación a los Estados Unidos, a la apología de las empresas privadas, queda un amplio marco de argumentos y de propuestas a ser asumidos por la intelectualidad de izquierda. Para desenmascarar las nuevas fisonomías que asume la derecha, para valorar los avances de la década y media de gobiernos posneoliberales, de promover el rol de esos gobiernos latinoamericanos, en la contracorriente de la onda neoliberal que sigue barriendo el mundo y los derechos de los más vulnerables.


Esos gobiernos han hecho la crítica, en la practica, de los dogmas del pensamiento único, de que "cualquier gobierno serio" debería centrarse en los ajustes fiscales. De que no era posible crecer distribuyendo renta. De que las políticas sociales solo podrían existir como subproducto del crecimiento económico. Que el dinamismo depende de más mercado y menos Estado. Que no hay camino en el mundo que no sea el de la subordinación a los países del centro del capitalismo. Que el Sur es el retraso.


En fin, todo lo que los gobiernos progresistas han desmentido rotundamente, son argumentos fuertes para que el pensamiento crítico se apoye en ellos y encare las dificultades presentes en las perspectiva de la profundización de esos procesos y no de su abandono. Esto lo hacen los –de derecha y de ultraizquierda– que se refugian en el triste consuelo para ellos de un supuesto agotamiento del ciclo progresista. A ambas fuerzas les sobran motivaciones, derrotadas que han sido, durante una década y media. Pero les faltan razones, no pueden proyectar un futuro para el continente, que no sea la reiteración del pasado desastroso y superado o el discurso sin práctica.


Es el momento para que pensamiento crítico deje a un lado las prácticas burocráticas que neutralizan el potencial crítico del pensamiento latinoamericano, que mediocrizan las entidades tradicionales y así vuelva a protagonizar, en primera línea, la lucha antineoliberal. Vuelva, sin miedo, a proponer ideas audaces, nuevas, emancipatorias, que vuelva a engarzar a la intelectualidad crítica con las nuevas generaciones, huérfanas de futuro.


La burocratización es un enfermedad fatal para el pensamiento crítico, sea de las estructuras académicas, sea de las prácticas institucionales en otras instancias. ¿Hasta cuándo la intelectualidad crítica dejará que los "intelectuales mediáticos" de la derecha ocupen prácticamente solos los espacios de los debates de ideas, que formen nuevas generaciones en los valores del egoísmo, de los prejuicios, del consumismo?


La burocratización conduce a la despolitización, que es el mejor servicio que se puede prestar a la derecha, sustrayendo espacios críticos a la lucha de ideas para volcarlos simplemente a la mantención de cargos y de sueldos. Son burócratas que, aunque nominalmente pretendan pertenecer al campo de la izquierda, lo que hacen es desmoralizar a la izquierda, con el uso abusivo de las palabras sin práctica o con una práctica sin ideales ni proyección política concreta.


Fue una tragedia para la izquierda la separación entre una práctica sin teoría –que a menudo se pierde en los meandros de la institucionalidad vigente– y una teoría sin trascendencia concreta –que se pierde en sí misma–.


Hoy es indispensable rescatar la articulación entre pensamiento crítico y lucha de superación del neoliberalismo, entre teoría y práctica, entre intelectualidad y compromiso político concreto. Si los viejos caminos se han desviado de esas vías, nuevos tienen que ser abiertos, los espacios públicos conquistados ahí están para ser ocupados.


"Los caminos que encontramos hechos / son desechos de viejos destinos. / No crucemos por esos caminos / Porque solo son caminos muertos", canta Pablo Milanés.


Seamos fieles a los precursores del pensamiento crítico latinoamericano, pero sobre todo, fieles a los nuevos destinos que apenas hemos empezado a construir.


El que pierde la batalla de las ideas está destinado a la derrota política. No merecemos perder ni la una ni la otra.

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La impactante realidad de la sociedad contemporánea mostrada por Steve Cutts

Las impactantes ilustraciones del artista gráfico Steve Cutts que critican la sociedad contemporánea se viralizan en Internet. Decenas de miles de personas han visto la triste verdad detrás de las obras que exponen en primer lugar el consumismo de los humanos.

Las obras del artista gráfico Steve Cutts, que exponen la sociedad a la burla, han sacudido la Red la última semana. Algunas de sus obras han tenido tanto impacto en los lectores, que se viralizaron y el artista se volvió famoso de inmediato.

Steve Cutts, un ilustrador que reside en Londres se llama a sí mismo el 'ermitaño autodidacta', quién de vez en cuando hace videos y dibujos en los que demoniza el consumismo y la búsqueda de dinero. Otro tema importante de sus obras es el desgaste del planeta a causa de los humanos en general, y por los empresarios en particular. Según el artista "la locura de los humanos es una fuente infinita de inspiración".

 

 

 

 

 

 

Tomado de RT: http://actualidad.rt.com/sociedad/184003-viraliza-artista-grafico-burla-sociedad

Publicado enFotorreportajes
Incidir en políticas públicas, tarea de la universidad en AL: rectores

Para enfrentar el siglo XXI, la universidad latinoamericana no puede dejar de lado una característica que le es inherente: su compromiso social, coinciden rectores de algunas de las universidades más importantes de la región, como la Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles; de Buenos Aires (UBA), Alberto Barbieri; de Sao Paulo (USP), Marco Antonio Zago, y de Chile (UCh), Ennio Vivaldi.


Durante el coloquio internacional ¿Hacia dónde va la universidad en el siglo XXI?, que se efectúa en la UNAM, Narro Robles enfatizó que para enfrentar los retos de este siglo, las instituciones públicas de la región no sólo deben enfocar su investigación a las áreas productivas, sino seguir con la tradición de impulsar las ciencias básicas y sociales, así como las humanidades y las artes, algo fundamental que necesitan las personas.


Las tres funciones sustantivas de la universidad, dijo, deben seguir siendo la base de las casas de estudios superiores de América Latina, pero al mismo tiempo deben incidir en las decisiones de políticas públicas mediante análisis de problemas, como exclusión, desigualdad, pobreza, violencia, corrupción e inseguridad, entre otros, y con ello plantear alternativas de solución.


Ante ello, planteó cinco retos para la universidad latinoamericana a fin de enfrentar este siglo: ampliar la cobertura, ya que en la región sólo 45 por ciento de los jóvenes en edad de asistir a la universidad pueden hacerlo, cifra lejana al mínimo de los países desarrollados, que es de 70 por ciento.


Además de mantener e incrementar la calidad de la formación; consolidar la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación; promover estrategias para que los Estados se den cuenta de la importancia de invertir en la educación, particularmente en la superior, a fin de que los financiamientos públicos sean cada vez mayores, e incrementar y concretar la cooperación internacional entre las casas de estudios para que se dé el intercambio de conocimientos y la movilidad académica y estudiantil.


Por su parte, Barbieri afirmó que las universidades latinoamericanas no pueden renunciar a sus tres actividades fundamentales: docencia, investigación y difusión de la cultura, las cuales deben responder a las necesidades sociales.
Destacó que para poder mirar el futuro, las universidades deben analizar qué fue del pasado y reflexionar en torno al presente, en lo que coincidió con su par de la UNAM: El pilar de la universidad latinoamericana es nuestro compromiso social.


El rector de la casa de estudios más grande de Argentina, con más de 380 mil estudiantes de grado y posgrado, subrayó que los gobiernos deben entender que la educación no es un gasto, sino un interés social.


Para el rector de la Universidad de Sao Paulo, a las actividades sustantivas de las casas de estudio públicas (docencia, investigación y extensión) debe sumarse una nueva misión: la transferencia del conocimiento hacia los sectores público y privado. Esto, apuntó, generará enlaces con la sociedad y vinculará las instituciones con su comunidad.


Asimismo, señaló, se debe impulsar mayor cooperación entre las universidades del continente para que, lejos de competir, se enriquezcan unas a otras. En el mundo actual serán más relevantes a medida que se concentren entre sí.
Su homólogo de la UCh planteó que las instituciones públicas de educación superior deben tener una conjunción entre la excelencia académica y de investigación, y compromiso social.


Criticó que en Chile el esquema universitario sea preferentemente privado, con lo que se ha generado un endeudamiento por varios años de los estudiantes, por lo que planteó un cambio de paradigma: En lugar de llevar los valores del mercado a la universidad, debemos llevar los valores de la universidad a la sociedad"

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Domingo, 26 Abril 2015 06:19

Pensamiento ambiental latinoamericano

Pensamiento ambiental latinoamericano

En un capítulo introductorio de un libro recién publicado por la CLACSO he propuesto, junto con el economista argentino Héctor Sejenovich y el historiador holandés Michiel Baud, la siguiente lista de rasgos propios del ambientalismo o ecologismo latinoamericano. Los presentamos para discusión pública. Son los señalados a continuación, que en parte coinciden y en parte divergen de los de otros continentes.


A) La conciencia del desastre demográfico tras la conquista y, por tanto, un rechazo generalizado hacia el enfoque malthusiano sobre el problema de la sobrepoblación. Es cierto que América Latina (con excepciones como El Salvador o Haití) es un continente de menor densidad de población que varios países europeos o que India o Bangladesh.


B) Un orgullo agroecológico presente especialmente en Mesoamérica y los Andes (y ausente en Estados Unidos), con personalidades de primera fila internacional como Hernández Xolocotzi, Gómez Pompa, Víctor Toledo, Miguel Altieri... América Latina es un centro de biodiversidad agrícola.


C) Una admiración compartida entre la ciencia europea y americana (desde 1800 con Alexander von Humboldt) por la gran riqueza biológica del continente en sus diversos ecosistemas, junto con programas de conservación desde el siglo XIX. En esos programas destacan grandes ecólogos latinoamericanos, como Jorge Morello en el estudio del Chaco y de la Pampa, Maximina Monasterio en el de los páramos andinos, y muchos otros. Existe un conservacionismo latinoamericano.


D) Una conciencia viva de la inequidad política y económica mundial y el consecuente saqueo de los recursos naturales de la región. Esta conciencia corre desde la explotación colonial hasta la época actual. Está bien simbolizada en la imagen de Las venas abiertas, introducida por Eduardo Galeano, y ha dado lugar a investigaciones recientes sobre el intercambio económico y ecológicamente desigual. Nunca ha sido tan grande la exportación barata de energía y materiales de América Latina como en los últimos años.


E) Desde la década de 1980 una creciente conflictividad socioambiental que dio lugar al ecologismo popular con redes de activistas (como OCMAL, Oilwatch y otras) denunciando la extracción de recursos naturales y la destrucción de bienes comunes. Este ecologismo de los pobres e indígenas sigue creciendo, y es víctima de violencia estatal o paraestatal y de procesos de criminalización. Lo mismo ocurre en otros continentes, especialmente en Asia, África y América Latina.


F) La vigencia de antiguas cosmovisiones indígenas, el culto a la Pachamama, reconocido en algunas Constituciones; el respeto por la naturaleza en cultos afroamericanos y las aportaciones de la Teología de la Liberación. También, en el plano cultural, la presencia de la ecología en la literatura, las músicas y el cine de los siglos XX y XXI.


G) En el plano oficial, el rechazo por los gobiernos latinoamericanos –desde Estocolmo, en 1972, en adelante– de la idea de límites al crecimiento, definiendo una agenda propia que propone distintos estilos de desarrollo, aunque aceptando finalmente un confuso desarrollo sostenible. En general, los gobiernos han visto el ecologismo o ambientalismo como idea foránea, del norte, que podría limitar el crecimiento económico. En Brasil, por ejemplo, se ha visto la defensa de la Amazonia bajo el lente de la soberanía nacional. Sin embargo, desde mediados de 1970 y por influencia de Ignacy Sachs (que era docente en París y viajó a México y a Brasil) se difundió la noción del ecodesarrollo, mucho antes de que triunfara la de desarrollo sostenible del informe Brundtland, en 1987.


H) Recientemente pugna por nacer un nuevo ecologismo político latinoamericano (que tal vez se podría llamar ecosocialismo) que se abre paso entre el neoliberalismo y el nacionalismo popular, recurriendo a conceptos como racionalidad ecológica productiva (que ha introducido Enrique Leff), la deuda ecológica y deuda climática que el norte tiene con el sur, la justicia hídrica, los derechos de la naturaleza, el postextractivismo, el postdesarrollismo y el buen vivir. Hay una pelea por interpretar algunos de estos términos, como buen vivir o sumak kawsay: ¿es al fin y al cabo otra forma de crecimiento económico o se trata de un pensamiento antiguo, que independiza el bienestar de las personas y de las comunidades del crecimiento económico?


Arturo Escobar y Gustavo Esteva han sido pensadores destacados del postdesarrollismo anteriores o paralelos a la discusión del decrecimiento o de la prosperidad sin crecimiento en Europa.


Algunos marxistas latinoamericanos, como Mariátegui, fueron agraristas, es decir, enfatizaron el papel de la naturaleza y su población humana dentro de los análisis de la estructura económica y apoyaron la continuación o restauración de las comunidades campesinas e indígenas que hoy son las que más protestan contra el extractivismo. Pero está todavía pendiente, realmente, la fusión del ecologismo popular con las antiguas izquierdas.

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