Dura respuesta de Estados Unidos a la Ley de Seguridad Nacional

Trump anunció sanciones a China y puso fin al trato preferencial de Hong Kong

El gobierno chino protestó contra las restricciones por "violar seriamente el Derecho Internacional". Prometió una respuesta aunque no dio mayores detalles.

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó una legislación que impone sanciones a China en respuesta a su Ley de Seguridad Nacional para Hong Kong. A través de un decreto publicado este miércoles, el mandatario puso fin al trato preferencial de la excolonia británica, que a partir de ahora recibirá el mismo tratamiento económico que China. Días atrás, el ejecutivo estadounidense había rechazado los reclamos territoriales de Beijing sobre el Mar de la China Meridional, una región estratégica para la potencia asiática. En contrapartida, el gobierno chino protestó contra las sanciones impuestas y prometió una respuesta, aunque sin dar detalles.

En un comunicado difundido por la Casa Blanca, Trump explicó que la llamada Ley de Autonomía autoriza la imposición de sanciones a personas extranjeras, entidades e instituciones financieras que contribuyen "a las acciones de China para eliminar la autonomía de Hong Kong". El mandatario estadounidense agregó que la ley "aborda el incumplimiento por parte de China de ciertas obligaciones de la Declaración Conjunta Sino-Británica".

De esta forma, Trump da por finalizado el trato preferencial de Hong Kong, que a partir de ahora será considerado con el mismo estatus que la China continental. "Sin privilegios especiales, sin tratamiento económico especial y sin exportación de tecnologías sensibles", destacó el mandatario en la conferencia de prensa del martes por la noche.

La nueva legislación presentada por el gobierno estadounidense responde a la Ley de Seguridad impuesta el mes pasado por China en Hong Kong. La misma propone velar por la soberanía y la integridad territorial de la isla, y estipula condenas que pueden llegar a la cadena perpetua para ciertos delitos como secesión o subversión.

"Ninguna Administración fue más dura con China que esta", insistió Trump y apuntó que Estados Unidos considera a Beijing "completamente responsable de ocultar el coronavirus y propagarlo por el mundo". También disparó contra el exvicepresidente y candidato demócrata a la Casa Blanca, Joe Biden. "Toda su carrera ha sido un regalo para el Partido Comunista Chino", deslizó el mandatario metido de lleno en una campaña que eleva cada vez más la temperatura.

La respuesta china

"Para salvaguardar sus intereses legítimos, China aportará la respuesta necesaria e impondrá sanciones a las personas y entidades estadounidenses correspondientes", advirtió el ministerio chino de Relaciones Exteriores en un comunicado que salió al cruce de la polémica reglamentación firmada por Trump. Para la Cancillería china, la ley "calumnia maliciosamente la legislación impuesta por Beijing en Hong Kong y viola seriamente el Derecho Internacional y las normas básicas de gobierno". 

"El gobierno chino se opone a ella y la condena enérgicamente. Si Estados Unidos continúa por el camino equivocado, no hay duda de que China responderá", agregó el documento oficial recogido por el diario Global Times , sin dar mayores precisiones de esa posible reacción.

La tensión entre Estados Unidos y China no para de aumentar. La guerra comercial entre ambas potencias es un hecho, y Trump se refiere continuamente al nuevo coronavirus como el "virus chino". Además, ambos países se enfrentaron días atrás a costa del mar de China Meridional. Al respecto, Washington señaló que los reclamos de Beijing sobre sus recursos marítimos "son absolutamente ilegítimos", en una nueva muestra de injerencia sobre los intereses chinos.

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Naomi Klein: "El virus obliga a pensar en relaciones e interdependencias en las que el capitalismo nos enseña a no pensar"

La escritora y académica cree que la crisis climática, la igualdad y la justicia deben ser cuestiones centrales sobre las que debe girar la reconstrucción del mundo pospandemia

 

¿Qué mundo nos dejará la crisis del coronavirus? Naomi Klein (Montreal, Canadá) insiste, en una entrevista con The Guardian, en que lo relacionado con la crisis climática, la igualdad y la justicia deben ser las cuestiones centrales alrededor de las que reconstruir el mundo pospandemia.

La activista, escritora y académica es la primera titular de la Cátedra Gloria Steinem de medios, cultura y estudios feministas de la Universidad Rutgers (Nueva Jersey, Estados Unidos). La versión libro de bolsillo de su libro On Fire (2019) será publicada por la editorial Penguin el 24 de septiembre. 

¿Qué le parece el confinamiento?

Para quienes estábamos impartiendo clases a través de Zoom, y ese ha sido mi caso, además de mantener una escuela en casa, haciendo malabarismos y descubriendo cómo hacer cosas en el horno, ha sido muy cómodo. Ahora volveré a Canadá para pasar el verano con mi familia y en cuarentena, porque en Canadá, cuando regresas de Estados Unidos, tienes que pasar una cuarentena muy estricta. Ya llevo casi dos semanas sin salir de casa. De hecho, estoy empezando a desarrollar alguna fobia a salir del confinamiento.

Hay una cita muy buena en uno de sus últimos ensayos que dice: “Los humanos somos un riesgo biológico, las máquinas no lo son”. Me llegó a los huesos y me hizo sentir miedo por el futuro. Ha escrito cosas muy interesantes sobre un “Nuevo Acuerdo sobre las Pantallas”.

Silicon Valley tenía una agenda antes del coronavirus en la que ya imaginaba sustituir muchas, demasiadas, de nuestras experiencias corporales insertando tecnología en medio del proceso.

Por eso, para aquellos pocos espacios en los que la tecnología aún no media en nuestras relaciones, había un plan –por ejemplo, sustituir la enseñanza presencial por aprendizajes virtuales, la medicina del contacto personal por telemedicina y la entrega en persona mediante robots. Todo está siendo resignificado como tecnología sin contacto tras la COVID-19, es un modo de sustituir el diagnóstico del problema, que ahora es el contacto.

Pero en lo personal, lo que más echamos de menos es el contacto. Y necesitamos ampliar el menú de opciones que tenemos para vivir con la COVID-19, porque no tenemos vacuna y no está próxima. Incluso si se dan grandes avances, van a pasar muchos, muchos meses, posiblemente años, antes de que pueda desarrollarse a la escala que necesitaríamos.  

Entonces, ¿cómo vamos a vivir con esto? ¿Vamos a aceptar una “normalidad” previa a la COVID-19 pero muy menguada y sin las relaciones que nos sostienen? ¿Vamos a permitir que nuestros hijos reciban todo su aprendizaje a través de la tecnología? ¿O vamos a invertir en personas?

En vez de poner todo el dinero en un 'Nuevo Acuerdo sobre las Pantallas' y en tratar de resolver los problemas de un modo que disminuya nuestra calidad de vida, ¿por qué no nos ponemos a contratar profesores a todo trapo? ¿Por qué no tenemos el doble de profesores en clases con la mitad de alumnos y empezamos a pensar en la educación al aire libre?

Hay tantas formas en las que podemos pensar para dar respuesta a esta crisis que no aceptamos esa idea de que tengamos que regresar al statu quo previo a la COVID-19, solo que en una versión peor, más vigilados, con más pantallas y menos contacto humano.

¿Sabe de algún gobierno que tenga ese discurso?

Me anima escuchar a Jacinda Arden hablar de una semana laboral de cuatro días como solución al hecho de que Nueva Zelanda es muy dependiente de los ingresos del turismo. Nueva Zelanda es, probablemente, el país que mejor ha lidiado con la pandemia, al menos mejor que otros en lo que se refiere a tasas de mortalidad. No puede abrir las puertas a los turistas como lo ha hecho en el pasado y de ahí nace la idea de que quizás los neozelandeses deberían trabajar menos, cobrar lo mismo y tener más tiempo libre para disfrutar de su propio país con seguridad. 

¿Cómo bajamos el ritmo? Pienso mucho en eso. Parece que cada vez que pisamos el acelerador de “que todo siga igual” o “de regreso a la normalidad” el virus aparece de nuevo y dice: “Frenad”. 

A todos nos encantan esos momentos de frenar pero el gobierno del Reino Unido está empeñado en regresar a la normalidad pase lo que pase, abriendo todo, por ejemplo los pubs, y está desesperado por que nos vayamos de vacaciones. Es urgente que nada cambie en nuestras vidas, que nos limitemos a regresar a una realidad igual a la de antes.

Eso es una locura. Es muy pequeño el porcentaje de población que quiere abrir las puertas de nuevo como si nada. De hecho, hay una mayoría de personas mucho más preocupada por tener que regresar al trabajo antes de que sea seguro o por mandar a sus hijos al colegio antes de que lo sea. A veces, se presenta como dar a la gente lo que pide, pero no es eso lo que muestran las encuestas.

Hay ciertas similitudes en el modo en que Donald Trump y Boris Johnson han gestionado la crisis. La están convirtiendo en una especie de prueba de masculinidad y, en el caso de Johnson, incluso después de haber pasado la enfermedad. Jair Bolsonaro hablaba de que era atleta y sabía como gestionarlo [el presidente brasileño reveló que tenía coronavirus poco después de hacer esta entrevista]; Trump habló de lo bueno de su genética.

Me interesa su punto de vista sobre las protestas por los derechos civiles a raíz de la muerte de George Floyd. ¿Por qué cree que han sucedido ahora? Es intrigante que, en medio de una crisis como esta, se produzcan grandes manifestaciones contra el racismo por todo el mundo.

No es la primera ola de movilizaciones de estas características. Pero creo que hubo algunos aspectos que fueron únicos debido a la crisis de la COVID-19 y al impacto descomunal en las comunidades afroamericanas en ciudades como Chicago, por ejemplo, donde, según algunas fuentes, hasta el 70% de los fallecidos de COVID-19 eran afroamericanos.

Ya sea porque son quienes desempeñan trabajos de más riesgo con menor protección, por el legado de contaminación ambiental en sus comunidades, el estrés, el trauma o un sistema sanitario que las discrimina, las personas negras cargan de manera desproporcionada con las muertes por el virus. Es un hecho y desafía la idea de que todos estamos juntos en esto.

En este momento traumático, esos asesinatos, el de Ahmaud Arbery, el de George Floyd, el de Breonna Taylor, se abren paso. Y surge una pregunta recurrente: ¿qué hacen en esas protestas tantas personas que no son negras? Eso es nuevo. Al menos en la escala en la que ha sucedido. Muchas de estas manifestaciones fueron multirraciales de verdad; manifestaciones multirraciales lideradas por personas negras. ¿Por qué esta vez ha sido diferente?

Tengo algunas ideas. Una tiene que ver con que la pandemia ha introducido una cierta suavidad en nuestra cultura. Cuando bajas la velocidad, sientes más las cosas; cuando estás en una carrera constante por la supervivencia, no te queda demasiado tiempo para la empatía. Desde que todo esto comenzó, el virus nos ha obligado a pensar en relaciones e interdependencias. Lo primero en lo que piensas es, de todo lo que toco, ¿hay algo que lo haya tocado alguien antes? Lo que como, el paquete que acaban de entregarme, la comida de las estanterías. Son conexiones en las que el capitalismo nos enseña a no pensar.

Creo que vernos obligados a pensar de manera más interconectada puede habernos ablandado al pensar en estas atrocidades racistas, como algo que no es solo un problema de otras personas.

Esta es una gran cita de su último libro, On Fire: “Todo lo que ya era malo antes del desastre se ha degradado al nivel de lo insoportable”. El modo en que la policía trata a los hombres negros es insoportable.  

Siempre que nos golpea un desastre escuchamos el mismo discurso: "El cambio climático no discrimina, la pandemia no discrimina. Estamos juntos en esto”. Pero eso no es cierto. Los desastres no funcionan así. Ejercen de intensificadores y magnificadores. Si tenías un trabajo en un almacén de Amazon que ya estaba afectándote antes de que esto comenzara o si estabas en alguna residencia de mayores y ya se te trataba como si tu vida no valiera nada, ya era malo antes, pero todo eso se magnifica hasta convertirse en insoportable ahora. Y si antes era desechable, ahora se te puede sacrificar.

Eso por hablar solo a la violencia visible. Tenemos que hablar más sobre la violencia escondida, la violencia doméstica. Sin rodeos, cuando los hombres se estresan, las mujeres y los niños lo sufren. Estos confinamientos son estresantes porque las familias no tienen manera de tomarse un tiempo los unos de los otros. Incluso la mejor familia necesita algo de espacio. Si añades despidos y presión económica el resultado es el que vemos, una situación actual muy mala para las mujeres.

Pasó gran parte del año pasado trabajando en la campaña de Bernie Sanders y en el denominado 'Green New Deal'. ¿Cómo ve todo eso ahora? ¿Se siente más o menos optimista respecto a su potencial?

En cierta manera, es más complicado. Menciona a Bernie y, sin duda, hubiera preferido que el resultado fuera un candidato presidencial que basa su campaña en el 'Green New Deal'. Solo podremos ganar cuando haya una interacción entre un movimiento de masas que presione desde el exterior con una receptividad en el interior del sistema. Creo que tuvimos esa oportunidad con Bernie.

Con Joe Biden es más difícil, pero no imposible. Al final de On Fire planteé diez razones a favor de un 'Green New Deal' y los motivos por lo que es una buena política climática. Una de esas razones es que funciona a prueba de recesiones. Si miramos atrás, vemos que el movimiento climático tiene una trayectoria pobre en cuanto resultados cuando la economía va relativamente bien. El tipo de soluciones que ofrecen los Gobiernos tienden a ser neoliberales y basadas en el mercado, impuestos climáticos o políticas basadas en energías renovables que se perciben como elementos que encarecen el coste de la energía. También impuestos al carbono que elevan el precio de la gasolina. En cuanto llega la recesión, no cabe duda de que el apoyo a ese tipo de políticas se evapora. Lo vimos después de la crisis financiera de 2008.

Lo que importa a la hora de hablar del 'Green New Deal' es que toma forma a partir de uno de los programas de estímulo económico más importantes de todos los tiempos: el New Deal de Roosevelt durante la Gran Depresión. Por esta razón, el mayor golpe que recibí cuando publiqué el libro hace poco más de un año fue: “Pero no hacemos cosas como esta cuando la economía va bien”.

Las únicas oportunidades en los que podemos señalar con claridad en la dirección de un cambio social rápido, grande, que actúe como catalizador –y sobre esto no me cabe duda alguna- es en momentos de gran depresión o guerra. Sabemos que podemos cambiar rápido. Lo hemos visto. Hemos cambiado nuestras vidas de forma sustancial. Y hemos descubierto que los Gobiernos tienen billones de dólares que podrían haber movilizado durante todo este tiempo.

Todo esto tiene un potencial radical. Siento que tenemos una oportunidad. No me describiría como optimista porque hablamos de un futuro por el que tenemos que pelear. Pero si miramos en dirección a los momentos de la historia en los que se han producido grandes cambios, son momentos como el actual. 

Traducido por Alberto Arce.

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La coronacrisis y el camino hacia un nuevo paradigma

La coronacrisis abre las puertas para que las izquierdas planteen la posibilidad de un nuevo paradigma. Un sistema de cuidados sostenible y con equidad de género debe ser uno de los pilares fundamentales de ese modelo a crear. El concepto de «seguridad humana» debe imponerse por sobre los criterios neoliberales del presente.

 

Con todos los desafíos planteados actualmente por la crisis mundial desatada por la pandemia del Covid-19, queda muy claro que, más allá de las estrategias para mitigar sus consecuencias a mediano y largo plazo, poco se dice sobre la necesidad básica de un cambio sistémico fundamental. La presente crisis probablemente sea un impulso para al menos dos cambios fundamentales de paradigma: uno relacionado con el trabajo de cuidados y el otro, relacionado con los cambios institucionales en materia de seguridad humana.

El núcleo de este doble cambio de paradigma es un redireccionamiento de las inversiones hacia sistemas sostenibles y preventivos que prioricen la asistencia y la seguridad de las personas. Esta redistribución no va en contra de los intereses económicos, sino a favor de una profunda transformación socioecológica.

Primero: cambio de paradigma para una remuneración justa e inversión en trabajo de cuidados

La pandemia de Covid-19 dejó algo muy claro: en la crisis global, son principalmente las mujeres las responsables de mantener los «sistemas», ya sea en espacios públicos como hospitales, centros de atención y cajas de supermercados, o en el hogar, en calidad de maestras, madres o familiares a cargo. En todas estas áreas, las mujeres representan más de 70% de la fuerza laboral o realizan la mayor parte del trabajo no remunerado.

Y a pesar de lo alta que pueda ser la valoración emocional de este trabajo en la actualidad, para muy pocas mujeres (con la excepción de las docentes o las médicas mencionadas anteriormente) esto se refleja en buenas remuneraciones.

Por lo tanto, este es el momento adecuado para provocar finalmente el cambio de paradigma –especialmente en lo que atañe al trabajo de cuidados– que hace tiempo hemos reclamado desde una perspectiva feminista.

Tenemos que:

- romper de una vez la lógica de productividad del modelo económico neoliberal,
- llevar a cabo una profunda redistribución de las inversiones en servicios públicos y en la creación de regímenes de cuidados resilientes,
- respecto del el trabajo de cuidados no remunerado, a) repartirlo con equidad de género y b) remunerar, con un cronograma de actividades y compensaciones salariales, el trabajo de cuidados no remunerado de familiares que prestan cuidados y ejercen al mismo tiempo una profesión,
- revalorar y remunerar mejor las profesiones sociales y minimizar el empleo precario (además de emprender la organización sindical y lograr convenios colectivos para los cuidadores y las cuidadoras),
- romper las cadenas de atención globales mediante a) un buen trabajo para quienes cumplen trabajos de cuidado en los países «emisores» y b) una revalorización y una ofensiva de cualificación para las profesiones relacionadas con el trabajo de cuidados en los países «receptores».

Con una crisis económica inminente como resultado de la pandemia, la atención se centra una vez más principalmente en los sectores de la producción. Pero incluso en epidemias y crisis económicas pasadas, fueron principalmente las mujeres quienes finalmente tuvieron que pagar el precio más alto, y quedaron relegadas. Los estudios sobre las pandemias de ébola y zika han demostrado, por ejemplo, que las respuestas ante las crisis ignoraron las desigualdades estructurales entre los sexos, con lo que se exacerbaron los efectos negativos para las mujeres. Las intervenciones en la autodeterminación sexual y los derechos reproductivos solo afectaron a la parte femenina de la población. También la mayor responsabilidad del trabajo de cuidados recae en ellas.

En la última crisis financiera y económica, las políticas de austeridad han profundizado enormemente las desigualdades y puesto en evidencia la desigualdad de género en muchos países. Algunas redistribuciones (como la bonificación por desguace en la industria automotriz y los subsidios de desempleo parcial) se pagaron mediante recortes en la infraestructura social. Los puestos de trabajo industriales masculinos se han asegurado a expensas de las mujeres que trabajan principalmente en otros sectores. También ahora, las mujeres corren un riesgo desproporcionado de perder sus fuentes de ingresos, especialmente muchas cuentapropistas y autónomas: peluqueras, modistas, artistas o libreras. Para las mujeres, el trabajo a tiempo parcial es la forma de combinar el trabajo de cuidados y el trabajo profesional, pero esto también revela desigualdad de ingresos y pobreza en la vejez.

Estas injusticias han dejado distorsiones profundas que continúan teniendo impacto en la actualidad.

Evitar errores del pasado

No se podrán evitar otras epidemias y crisis. Por lo tanto: ¡este es el momento de «inmunizar» a las sociedades y la economía! Sobre todo, se debe contrarrestar el argumento de que las cuestiones de género son un asunto menor o simplemente una distracción de la crisis real. Por el contrario, son un asunto central.

La crisis del coronavirus es global y continuará durante mucho tiempo, tanto en el plano de la medicina como en el de la economía. Pero también ofrece una oportunidad. Podría ser la primera crisis mundial en la que el género y las diferencias de género son registrados y tenidos en cuenta por investigadores y funcionarios. Los primeros análisis macroeconómicos ya están en marcha.

Durante demasiado tiempo, los políticos han partido del supuesto de que el trabajo de cuidados puede ser asumido por particulares, especialmente mujeres, quienes a su vez subsidian indirectamente a trabajadores y trabajadoras remunerados de otros sectores de la economía. Es hora de que la política socialdemócrata ponga fin a esta distorsión. Esto significa cambiar el paradigma del trabajo de cuidados, romper las cadenas de atención y mejorar las condiciones para el trabajo de cuidados dentro y fuera de los sectores asistencial y sanitario. ¡El trabajo de cuidados remunerado y no remunerado debe estar en el centro de la planificación de políticas macroeconómicas!

Segundo: cambio de paradigma a un sistema de «seguridad humana»

También desde una perspectiva global queda más claro que nunca que no hay sistemas regionales o supranacionales capaces de funcionar en caso de crisis. En cambio, a menudo son las constituciones nacionales, los planes de rescate, las legislaciones y las instituciones estatales las que entran en juego en la gestión de crisis.

La pandemia global ha dejado algo en evidencia: los inmensos déficits y la ineficacia de los sistemas de prevención disponibles en términos de seguridad humana. Las medidas de «seguridad humana» (human security) han sido durante décadas peor diseñadas y equipadas que los sistemas de seguridad tradicionales, es decir, los presupuestos militares y de defensa. Recién ahora el gobierno alemán ha confirmado su objetivo de aumentar el gasto militar a 2% del PIB, conforme a los acuerdos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

Para estar mejor preparados ante futuras pandemias –que seguramente vendrán–, hay que hacer evaluaciones de riesgo y evaluaciones de impacto completamente nuevas, también con miras a encontrar soluciones interestatales y supraestatales. Los problemas de seguridad humana (incluidas las migraciones y la sostenibilidad ambiental) no se detienen en las fronteras nacionales y deben tener prioridad sobre las cuestiones de seguridad tradicionales. Estas nuevas cuestiones de seguridad también requieren inversiones prioritarias. Estas no solo tienen que ir a los sistemas sociales y de salud. La sociedad civil organizada, los servicios de voluntarios y las organizaciones sin fines de lucro también deben ser capaces de enfrentar y mitigar estos riesgos.

¡Hora de actuar!

Es hora de un cambio disruptivo que nos aleje de los patrones de la retórica y de las respuestas de la guerra, hay que ir hacia una arquitectura de seguridad humana comunitaria y basada en la solidaridad.

¿Cuándo, si no ya mismo? ¡Es hora de congelar o recortar los presupuestos militares que continúan expandiéndose en todo el mundo y aumentar la inversión en salud, educación, protección climática, lucha contra las causas de las migraciones forzosas y las infraestructuras públicas!

La coronacrisis es otro desastre para la humanidad que indica que con el aumento de la globalización y la urbanización, los riesgos para la seguridad humana también aumentan. Es muy probable que haya nuevas cepas del virus, tan virulentas como letales. Mientras tanto, los efectos del cambio climático y los patrones climáticos extremos nos afectarán aún más. La creciente desigualdad está alimentando conflictos, enfrentamientos militares, huidas en masa y desplazamientos, pero esto no puede combatirse con medidas de seguridad tradicionales, al menos en sus causas.

La política socialdemócrata tiene la misión de garantizar las condiciones de seguridad humana, y esta misión se acrecienta en la medida en que aumentan estos nuevos riesgos. Al tratarse una redistribución en términos de transformación socioecológica, la política socialdemócrata debería, sobre todo, echar mano también al presupuesto de defensa. Un doble cambio de paradigma que canalice la inversión en seguridad humana y trabajo de cuidados sostenible y con equidad de género es una oportunidad para salir de la crisis.

Traducción: Carlos Díaz Rocca

Fuente: FES

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“Venezuela tiene en el horizonte un momento de colapso inevitable”

El periodista e historiador venezolano José Roberto Duque publicó recientemente su libro “Venezuela crónica”. En esta entrevista desarrolla algunos de los conceptos vertidos en esta obra pensada para quienes observan desde afuera un proceso apasionante y complejo.

 

Semanas atrás salió a la luz el libro Venezuela crónica. Cómo fue la historia que nos trajo hasta aquí. Este texto, editado por Tinta Limón y disponible para su descarga gratuita, es obra de José Roberto Duque, historiador venezolano que ha ejercido como jefe de redacción y periodista en varios medios de comunicación de su país.

La publicación, que sintetiza la historia del siglo XX y los comienzos del XXI en Venezuela, está pensada para lectores y lectoras que ven la realidad del país caribeño desde afuera. Una mirada que está mediada y oscurecida por intereses geopolíticos y empresariales que tienen su voz en los grandes medios de comunicación de América Latina y el mundo.

“Hay un discurso estandarizado y propagado desde hace décadas en todos nuestros países, que traen una especie de aviso luminoso que mucha gente decidió adorar sin cuestionarlo”, sentencia Duque. No obstante asegura que quien crea que a Venezuela “le va a ir muy bien con solo quitar a unos malos administradores del capital y poner a unos buenos, es un chiste que se explica solo”.

– Tu libro, escrito desde Venezuela y por un venezolano, busca hablarle a un público no familiarizado con ese país y su historia ¿por qué? ¿qué fue lo que te llevó a desarrollar un proyecto con ese enfoque?

– Yo no tenía pensado hacerlo, pero llegaron los chicos de Tinta Limón y me animaron a escribirlo. Ahora pienso que ese ejercicio deberíamos hacerlo varias veces en la vida los militantes, investigadores o ciudadanos comunes: el resumen, el recuento de lo que nos hicieron y lo que hicimos al respecto. Cada generación debería producir periódicamente ese tipo de material: el informe de gestión de nuestra historia.

– La primera parte del libro hace un repaso histórico del siglo XX venezolano “para principiantes”, que va marcando algunas transformaciones fundamentales ¿Cuáles son para vos los principales aspectos positivos y cuáles los negativos de este proceso?

– Bueno, yo me he negado rotundamente a valorar de esa manera nuestra historia. Mientras escribía el libro y también después, no he querido hacer valoraciones, porque cualquiera que haga va a resultar amarga. Me contento entonces con decir “esta ha sido nuestra historia y así nos hemos desenvuelto”. Tal vez no esté preparado para ese ejercicio que me propones.

– Discutiendo con otros relatos, vos destacás que el chavismo no surgió de la nada, si no que existía un acumulado histórico del pueblo venezolano ¿cuáles son esas raíces o antecedentes sobre los que se apoyó la Revolución Bolivariana?

– Hay un detalle, un acontecimiento poco explorado o poco admitido como antecedente del chavismo. Está el legado bolivariano, que es la raíz más obvia y conocida. Pero al mismo tiempo que Bolívar, o justo cuando Bolívar entra en guerra por la independencia, estalla en el llano venezolano un movimiento de masas, una rebelión popular al mando de José Tomás Boves, un pulpero asturiano. 

Este movimiento buscaba liquidar a todos los propietarios del momento, hacia 1813-1814, sin importar si eran españoles realistas o criollos independentistas. Era un ejército popular de liberación que salió a exterminar a los españoles y a los criollos. Los esclavos y la servidumbre encolerizada arrasó con buena parte de los blancos en el país. Los pobres detestaban a Bolívar y a los españoles por igual y contra ellos se fue el pueblo a hacer la guerra. Bolívar debió huir de Venezuela espantado por la furia de los pobres. Bueno, la circunstancia de Boves es una raíz del chavismo que sigue siendo un tema tabú. Y por supuesto: en un proceso Bolivariano nadie quiere invocar al anti-Bolívar por antonomasia.

– En contraposición al discurso que habla de que Venezuela vive una dictadura, la Revolución Bolivariana ha vivido una gran cantidad de procesos electorales y además se ha caracterizado por fomentar una enorme participación popular que incluso, en algunos casos, ha entrado en contradicción con el aparato estatal chavista ¿cómo se gestó y en qué experiencias concretas se expresa ese “chavismo salvaje”?

– Lo que Reinaldo Iturriza [NdR: intelectual y ex ministro de Comunas de Venezuela] ha llamado chavismo salvaje tiene de salvaje precisamente su activación o expresión en forma de corriente, conducta o actitud, no necesariamente en forma de estructura u organización. Esa faceta del chavismo no institucionalizado es fascinante, porque consiste en la propagación de un espíritu rebelde y no domesticable. 

El riesgo es que en esos territorios que no reconocen jefaturas a veces se cuelan agitadores o intrusos que han convencido a muchos de que apoyar al gobierno de Nicolás Maduro es ser “de derecha”. Es una perversión ridícula de cierto chavismo citadino y de academia, que anda intentando permear un segmento fundamental del chavismo.

– Durante los últimos años “ser como Venezuela” se convirtió en una expresión negativa en casi toda América Latina. Acuñada por sectores conservadores, caló también en cierto progresismo que se puso a la defensiva buscando diferenciarse del proceso chavista ¿por qué creés que se pudo construir ese imaginario?

– Hay un discurso estandarizado y propagado desde hace décadas en todos nuestros países, que traen una especie de aviso luminoso que mucha gente decidió adorar sin cuestionarlo. Ese aviso fluorescente dice: «El capitalismo es buenísimo, lo malo es que hay corruptos que se roban la plata del pueblo y por eso la economía de los países se destruye». 

Que un idiota formado en Harvard y en cualquier otra fábrica de burgueses y neoliberales crea en eso o lo difunda, así no se lo crea, se entiende. Pero que una izquierda idiotizada, esa plaga “progre” que pulula en las izquierdas, de verdad crea que a Venezuela le va a ir muy bien con solo quitar a unos malos administradores del capital y poner a unos buenos, ya es un chiste que se explica solo.

– ¿Qué rol juega el imperialismo estadounidense en este sentido?

– Estados Unidos diseñó nuestras debilidades y nuestros modos de funcionar, las reglas de juego de nuestro funcionamiento, nuestro sistema de valores. El chavismo ha logrado sobrevivir como Gobierno gracias a una jugada que al imperialismo le salió mal: nos obligaron a legitimar nuestras instituciones por medio de elecciones, y ya hemos ganado 23 de 25 en lo que va de siglo. 

Ahora quieren romper con ese canon e imponer un gobierno por la fuerza. Y es lógico: el que tiene las armas busca usarlas para imponerse.

– Actualmente los distintos modelos políticos que predominaron en América Latina a comienzos del siglo XXI -sean neoliberales, desarrollistas o revolucionarios- están en un período de crisis que viene desde antes de la pandemia de coronavirus ¿qué perspectiva hay hacia adelante en este sentido y qué rol puede tener la Revolución Bolivariana en ese futuro?

– Venezuela tiene en el horizonte un momento de colapso inevitable. Algo veremos colapsar violentamente: la ciudad capitalista industrial, el Gobierno bolivariano, el equilibrio de convivencia con Colombia o con Brasil. Después de la pandemia los venezolanos seguiremos al margen de eso que han llamado «el retorno a la normalidad». Probablemente mientras otros países los procesos regresen precariamente a su cauce (porque portarse bien con Estados Unidos deja algunas recompensas) nosotros todavía viviremos varios episodios más de sabotaje y destrucción de nuestros procesos. 

El papel de la Revolución Bolivariana, sobreviva o no como institucionalidad, será el de servir de ejemplo y modelo para algo que después ocurrirá en todas partes: ¿Quieren los neoyorkinos, bogotanos, parisinos y mexicanos asomarse a lo que será de esas ciudades en el futuro? Vengan a Venezuela y fíjense en la destrucción sostenida de ciudades como Maracaibo, San Cristóbal, Barquisimeto. Ese es el futuro de la ciudad capitalista. Los venezolanos solo estamos adelantándonos un poco, ayudados por la soberbia imperial.

Por: Notas Periodismo Popular / Aporrea | Martes, 14/07/2020 09:46 AM |

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Bill Richardson viaja a Caracas para intentar excarcelar a estadunidenses

Surgen intermediarios dispuestos a colaborar con Maduro en el sector petrolero, pese al acoso de Trump

 

Caracas. El veterano diplomático Bill Richardson viajó a Caracas para reunirse con el presidente venezolano, Nicolás Maduro, con el objetivo de discutir el estado de varios ciudadanos estadunidenses detenidos allí, dijo ayer su fundación.

En un mensaje difundido en Twitter, el Centro Richardson indicó que el ex gobernador de Nuevo México y embajador de Estados Unidos ante la Organización de Naciones Unidas llevaría a cabo una misión humanitaria privada en Venezuela "a pedido de varias familias de prisioneros estadunidenses", a los que no identificó.

"Llegó hoy (lunes). Ahora vamos a ver su agenda", indicó el vicepresidente de Comunicación de Venezuela, Jorge Rodríguez.

El gobierno de Venezuela actualmente mantiene detenidos a dos ex integrantes de las fuerzas especiales estadunidenses, Luke Denman y Airan Berry. Fueron capturados en mayo por liderar un fallido intento de incursión destinado a capturar a Maduro.

También están en prisión desde 2017, seis ejecutivos petroleros de Citgo Petroleum Corp, la unidad de refinación estadunidense de la compañía petrolera estatal de Venezuela (Pdvsa), por acusaciones de malversación de fondos.

El gobierno de Estados Unidos y los abogados de los ejecutivos han dicho que los cargos no tienen fundamento. Cinco de ellos tienen ciudadanía estadunidense.

El Centro Richardson agregó que el ex gobernador también discutirá otros asuntos humanitarios relacionados con la pandemia de coronavirus en la nación sudamericana.

Aunque la visita de Richardson es una misión privada, la coordinó con el Departamento de Estado de Estados Unidos y ha mantenido a las autoridades estadunidenses al tanto de sus planes, según una persona familiarizada con el viaje quien habló a condición de no ser identificada para comentar los detalles de planificación.

Richardson, quien fue embajador de Estados Unidos ante Naciones Unidas durante la presidencia de Bill Clinton y también fue gobernador de Nuevo México, ha abierto canales diplomáticos extraoficiales con varios gobiernos hostiles hacia Estados Unidos como Irán, Cuba y Corea del Norte, para conseguir la liberación de unos 40 estadunidenses, y en Venezuela logró la liberación del misionero Joshua Holt, en 2018.

En otro asunto, Ap indicó que mientras las sanciones estadunidenses ahuyentan a las navieras más grandes del mundo de la industria petrolera venezolana, nuevos intermediarios están dispuestos a asumir los crecientes riesgos y ayudar a Maduro a seguir a flote, según un reporte de C4ADS e IBI Consultants, dos centros de estudios con sede en Washington dedicados a cuestiones de seguridad nacional.

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Olla popular en Perú.   ________________________________________ Imagen: EFE

"El virus, como el terrorismo, no respeta fronteras" afirma Antonio Guterres

Entre 83 millones y 132 millones de personas se agregarán en 2020 a las que ya sufrían el hambre: será consecuencia de la recesión económica provocada por la pandemia. 

 

Desde Roma. Naciones Unidas estima que a causa de la covid 19, el hambre aumentará de modo alarmante en el mundo, agregando un mínimo de 83 millones y un máximo de 132 millones, a los 690 millones de personas que ya padecían hambre en el mundo en 2019, según un informe difundido este lunes.

En el mundo se habla sobre todo de las consecuencias económicas del coronavirus, centrando las preocupaciones en el gran nivel de desocupación generado (la Organización Internacional del Trabajo calcula la pérdida de unos 195 millones de puestos de trabajo a tiempo completo), en la alarmante pobreza y el hambre. Pero el secretario de Naciones Unidas, Antonio Guterres, al inaugurar el 6 de julio en la ONU de Nueva York la Semana contra el Terrorismo, mencionó además la posibilidad de que las debilidades del sistema que han salido a relucir con la pandemia, puedan ser aprovechadas por “formas nuevas de terrorismo” como ataques cibernéticos, bioterrorismo y mal uso de las tecnologías. “Como el virus, el terrorismo no respeta fronteras”, dijo Guterres, señalado que “afecta a todas las naciones y sólo puede vencerse colectivamente”.

Según el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, el estudio realizado por distintas instituciones de Naciones Unidas difundido este lunes, los 690 millones de hambrientos de 2019 significan un aumento de 10 millones respecto a 2018. El informe fue difundido pocos días después de que el secretario Guterres presentara el 9 de julio otro documento sobre el impacto del covid-19 en América Latina y el Caribe, aconsejando a los gobiernos a tomar ciertas medidas para la recuperación de la crisis, reduciendo la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Aunque la ONU reconoce que todavía es un poco temprano para establecer los efectos reales de las cuarentenas en los distintos países y de las otras medidas de contención aplicadas, estima sin embargo que los 83/132 millones que se agregarán en 2020 a los que ya sufrían el hambre, serán el efecto de la recesión económica provocada por el coronavirus. Estos datos hacen cada vez más difícil conseguir el objetivo de “Cero Hambre en 2030” que se había propuesto la ONU, dice el informe elaborado entre otros por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa Alimentario mundial (PAM) y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), las tres con sede en Roma, además de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Asia es el continente con más desnutridos (381 millones), seguido por África (250 millones) y América Latina y Caribe (48 millones), dijo el informe ONU. Es necesario aclarar que Asia es el continente con más población (más de 4.600 millones según estimaciones para el 2020), seguido por África (unos 1.300 millones). América Latina y Caribe en torno a los 650 millones de habitantes pero eso no la salva de la pobreza y el hambre. El mayor porcentaje de desnutridos en proporción a la población está en Africa (19,1%), seguido de Asia (8,3%) y América Latina (7,4%), precisó el informe ONU. Si se continúa con esta tendencia, en 2030, África será el lugar donde se encontrará más de la mitad de las personas que sufren hambre en el mundo, añadió.

“La pandemia intensificó la vulnerabilidad y las deficiencias del sistema alimentario mundial”, afectando las actividades productivas, la distribución y el consumo de alimentos. Por eso el estudio llamó a todos los gobiernos a incorporar el tema nutrición en sus políticas agrícolas, tratando de disminuir los costos de la producción, transporte y distribución y apoyando a los productores pequeños y locales para cultivar y vender más alimentos nutritivos, asegurando su acceso a los mercados. La idea es dar prioridad además a la nutrición de los niños, fomentando cambios en la educación y en los medios de comunicación, a fin de favorecerla, pero también facilitar el acceso a dietas saludables que podrán ser diferentes de un país a otro.

En cuanto a América Latina y el Caribe en particular, el documento difundido por la ONU el 9 de julio destacó que la región se ha transformado en un punto de acceso de la pandemia donde los más vulnerables sectores de la población son una vez más los más afectados y mencionando en este sentido a las mujeres, los ancianos, los indígenas, los africano-descendientes, los migrantes y refugiados, entre otros.

“Para Latinoamérica y el Caribe la comunidad internacional debe proveer liquidez (dinero efectivo), asistencia financiera y aliviar sus deudas”, subrayó Guterres al presentar el documento sobre Latinoamérica. “En una región donde las desigualdades se han hecho insostenibles, es necesario desarrollar un sistema de asistencia social accesible a todos”, creando además un sistemas de impuestos equitativo, promoviendo trabajos decentes y reforzando los mecanismos de protección social, fomentando, entre otras cosas, la participación masiva de las mujeres en la vida pública y económica. “Junto podemos superar esta crisis y construir una sociedad sostenible para todos”, concluyó el secretario general de Naciones Unidas.

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Abigail Disney y Stephen Tindal forman parte de "Millonarios por la Humanidad".   ________________________________________ Imagen: AFP

Ochenta y tres millonarios del mundo publicaron una carta al G20

"Tenemos una deuda enorme con los que realizan trabajos esenciales que son groseramente mal pagados”, dicen los signatarios de la carta, entre ellos, Abigail Disney y Jerry Greenfield (Ben and Jerry). 

 

Un nuevo grupo de 83 super-millonarios del mundo le escribió una carta al G20 para exhortar a los gobiernos a que les cobren más impuestos. “Nuestros gobiernos tienen que subir los impuestos a gente como nosotros. Inmediatamente. Sustancialmente. Y que sea permanente”, dice la carta publicada hoy por el matutino británico The Guardian.

Entre los signatarios se encuentran Jerry Greenfield, co-fundador de los helados Ben and Jerry, Abigail Disney, heredera del imperio Disney, y Stephen Tindall, el segundo hombre más rico de Nueva Zelanda. “No somos los que atienden a los enfermos en la terapia intensiva. No somos los que manejan las ambulancias. No somos los empleados que se ocupan de llenar las góndolas o distribuir la comida puerta a puerta. Pero tenemos dinero. Mucho dinero. Dinero que se necesita desesperadamente para que el mundo se recobre de la crisis. Y tenemos una deuda enorme con los que realizan trabajos esenciales que son groseramente mal pagados”, dice la carta.

El grupo autodenominado, “Millonaires for Humanity” (Millonarios por la Humanidad" es una ampliación con millonarios de otros países de los “Patriot Millonaires”, una organización estadounidense fundada en 2010. En su carta los “Millonaires for Humanity” dejan en claro que la filantropía o las organizaciones caritativas, tan tradicionales en los países anglosajones, son insuficientes para lidiar con esta crisis. “Los problemas causados y revelados por la covid-19 no pueden resolverse con caridad por más generosa que sea. Los líderes mundiales tienen que tomar la responsabilidad de recaudar los fondos necesarios e invertirlos de una manera justa”, dice la carta

El párrafo tiene dos destinatarios: el resto de los millonarios globales y los gobiernos. Al decir que no basta con la caridad están dirigiéndose a sus pares: los superricos. Al exigir voluntad política, exhorta a los gobiernos - al mismo tiempo que les ofrecen una inusual alianza política – a cambiar el regresivo sistema fiscal de los últimos 40 años.

La caritativa evasión fiscal

En marzo de este año la consultora Knight Frank calculó que había más de medio millón de personas con fortunas superiores a los 30 millones de dólares.

El más rico de todos, el fundador de Amazon, Jeff Bezos, es uno de los grandes beneficiarios de la pandemia: su fortuna creció en 75 mil millones de dólares desde el comienzo de la crisis hasta rondar la estratosférica cifra de 189 mil millones de dólares. Esta fortuna es tres veces el monto de la deuda que el gobierno argentino buscar reestructurar en estos momentos (66 mil millones)

Bezos donó 100 millones de dólares a la organización caritativa “Feeding America” que suministra ayuda alimentaria a los sectores relegados de los Estados Unidos. “Feeding America", que maneja unos 200 centros en todo el país, estaba obviamente agradecida. La donación era la máxima que había recibido en su historia y “muchísimas vidas cambiarán gracias a su generosidad”.

Esta generosidad representa menos del 0,1 por ciento de la fortuna de Bezos. Con un detalle adicional: Amazon se dedica a la evasión serial y global a gran escala. Lo que da con una mano, lo roba multiplicado por mil con la otra.

En 2018 la compañía pagó cero impuestos a nivel federal en Estados Unidos. Ese mismo año desembolsó unos 5 millones en el Reino Unido sobre más de 70 millones de ganancias, alrededor del 8%, cuando el impuesto corporativo británico es 19%. En 2017 la Unión Europea multó en 250 millones de euros a Amazon por “prácticas impositivas ilícitas”: el caso todavía está en la Corte Europea de Justicia.

Los gobiernos son obviamente co-responsables de esta situación. El mensaje de los “Millonaires for Humanity”es también para el G20 que desde el estallido financiero de 2008 viene hablando de un cambio de reglas impositivas a nivel mundial con sucesivaspromesas incumplidas de eliminar o al menos controlar los paraísos fiscales. En 2013 el G20 y la OCDE comenzaron a trabajar en un nuevo sistema para lidiar con la evasión tributaria de los grandes prestidigitadores impositivos a nivel global: las multinacionales. Desde entonces ha habido avances en cuentagotas y con rendijas legales para todos los gustos. Este fin de semana los ministros de finanzas del G20 se reúnen este 18 y 19 en Jeda, Arabia Saudita.

 Los Millonaires for Humanity apuestan a que la magnitud misma de la crisis comience a desequilibrar la balanza a favor de una reforma impositiva que no solo aumente la tasa efectiva que pagan las grandes fortunas sino que también lidie con el tema de la evasión y la elusión tributarias. “Nunca como ahora ha quedado expuesto que estamos absolutamente interconectados. No va a haber otra posibilidad de corregir este problema. A diferencia de decenas de millones de personas, no tenemos que preocuparnos de perder nuestros trabajos, nuestras casas o nuestra posibilidad de mantener a nuestras familias. Así que por favor. Cóbrenos más impuestos”, dice la carta. Y para que quede claro lo repiten tres veces: “Tax us. Tax us. Tax us” ¿Llegará el mensaje a nuestras pampas?

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Lunes, 13 Julio 2020 06:23

Deudas exóticas

Deudas exóticas

Se divulgó que entre 2015 y 2019 se emitieron bonos de deuda respaldados por las ganancias de compañías asociadas con los poderosos grupos que conforman la mafia italiana de ´Ndrangheta, que opera en Calabria.

Esos bonos, que superarían un valor de mil millones de euros, fueron comprados por grandes bancos y otras empresas financieras para colocarlos entre sus clientes en el mercado internacional. Entre los inversionistas que los adquirieron hay fondos de pensiones, fondos de coberturas y oficinas que gestionan los bienes de familias con grandes patrimonios (se conocen como family office).

Según el reportaje del Financial Times (julio 7, 2020), se trata de una demanda creciente por lo que denomina "deudas exóticas", creadas para ganar altos rendimientos, en una situación en que las tasas de interés se han mantenido inusualmente bajas en los principales mercados financieros. Este eufemismo sobre la extravagancia en las inversiones tendría que llamarse prosaicamente como especulación y, en muchos casos, estafa.

Hay distintos mecanismos para crear este tipo de bonos y otros instrumentos. De esto trata una parte relevante del área del negocio del dinero dedicado a la ingeniería financiera. En este caso se constituían con base en facturas no pagadas de entidades del sistema de salud italiano emitidas por empresas de servicios médicos, parte de la fachada de los negocios de aquella mafia. Las cuentas por cobrar eran un respaldo de los bonos.

Este tipo de instrumentos "exóticos" estuvieron en la base de la crisis financiera de 2008 asociada con el vertiginoso aumento de las hipotecas chatarra que finalmente se convertían, por ejemplo, en base de los certificados de deuda colaterizada, término que por sí mismo indica la nebulosidad reinante.

En esos múltiples CDC acabó por no saberse qué activos los respaldaban y, menos aún, cuál era su calidad; en buena parte era basura financiera. La situación fue tan especulativa que los mismos emisores y otros fondos acabaron por apostar a que esos títulos no serían pagados. Así se hicieron pingües ganancias y también se reforzaron las bases de un entorno financiero cada vez más distanciado de las inversiones productivas.

Es como el juego de las sillas. Cada vez que para la música, hay menos lugar dónde sentarse. Unos pocos se llevan el pozo acumulado y otros muchos salen del juego en mala forma, sin siquiera saber que participaban en él.

El exotismo en las inversiones puramente financieras, en aras de un alto rendimiento esperado, es parte de lo que se conoce como "inversiones desnudas". Responden a un motivo expreso, una alta ganancia en el corto plazo, sin importar la materialidad del uso de ese dinero.

La especulación desnuda tiene, por ello, un efecto muy adverso sobre el crecimiento económico y es un elemento clave de la mayor concentración de la riqueza. Una de las expresiones de este fenómeno es que aparece, paradójicamente, como un exceso de ahorro, que se mantiene en un circuito ajeno a la producción, amplía el desempleo, reduce los ingresos de las familias y provoca una insuficiencia del gasto agregado en inversión y consumo tanto del sector privado como del gobierno.

Mientras más capital se destina a la especulación, a la acumulación de deudas de gobiernos y grandes corporaciones, la situación se presenta como una insuficiencia de proyectos de inversión productiva suficientemente rentable y, eso, en medio de la mayor fragilidad social en general.

No hay empleo más costoso que el que no se crea. Ese incentivo es el que se ha perdido, con muy serias consecuencias. El entorno es el de una exacerbada pérdida de bienestar de grupos cada vez más grandes de la población a escala global. La austeridad fiscal, el control monetario, las fluctuaciones cambiarias, las guerras comerciales, la permisividad en los mercados de dinero y de capitales ahondan el entono recesivo y éste, a su vez, la desigualdad. El círculo perverso se cierra.

En plena pandemia se pone de manifiesto, aun de modo más evidente, el carácter del fenómeno recesivo: la insuficiencia crónica de la demanda que ahora se suma a la caída de la producción, ocurren mientras crecen los precios de las acciones en Wall Street, en medio de una fuerte volatilidad que estimula un mayor comportamiento especulativo, sin que esos fondos financien la producción.

Son las condiciones negativas que crean la desigual distribución de los recursos, ingresos y la riqueza las que definen, finalmente, las distorsiones que se advierten; sus efectos se retroalimentan en la forma de crisis económicas y financieras de mayor profundidad, en las que el bienestar social queda como un residuo cada vez más insuficiente y que crea mayor precariedad.

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En Bolivia crece el malestar social ante la crisis

Habrá marchas de la Confederación Obrera Boliviana (COB) y de los mineros

Las demandas van desde la salida de los ministros de Educación y de Trabajo hasta una política sanitaria de la que el régimen de Jeanine Áñez carece para enfrentar la pandemia. 

 

Las movilizaciones en Bolivia volvieron a tomar impulso en Sica Sica, ubicada al sudeste de La Paz, a donde está previsto que los maestros en huelga lleguen este martes. La convocatoria se amplió cuando la Confederación Obrera Boliviana (COB) llamó a marchar en los nueve departamentos del país. También se integró la Federación Sindical de Trabajadores Mineros (FSTMB) histórica columna vertebral del movimiento gremial organizado. Todos unidos confluirán en la capital y varias ciudades más con demandas hacia el gobierno golpista de Jeanine Añez. Van desde los pedidos de renuncia a un par de ministros – el de Educación Víctor Hugo Cárdenas y el de Trabajo, Oscar Toto Mercado - hasta una política sanitaria de la que el régimen carece para enfrentar la pandemia. La dinámica del conflicto social empieza a notarse en las calles como en los días inmediatos posteriores a la asonada cívica y militar que terminó con la salida de Evo Morales hacia el exilio en México.

El denominado “ampliado” de la COB finalmente se decidió a lanzar una Agenda Nacional de Lucha de 13 puntos, que incorpora al listado de reivindicaciones las de sectores que no están sindicalizados. Una lucha que Orlando Gutiérrez, dirigente de la FSTMB, definió como “un pequeño aviso, en realidad un ensayo”. El referente gremial minero le sugirió al gobierno de facto que “esté preparado porque el pueblo ya está cansado de tanta persecusión politica y de tanta discriminación”. Fue durante un diálogo telefónico que mantuvo con Página/12 desde la capital paceña que en las próximas horas se verá abarrotada por miles de trabajadores.

Gutiérrez integra la conducción de la COB cuyo máximo dirigente, Juan Carlos Huarachi, informó que la central obrera se moviliza para “hacer respetar los derechos constitucionales, laborales, el derecho a la salud, a la educación que son temas estructurales”. El gremialista había anticipado en la conferencia de prensa que dio en La Paz: “esta es una primera acción de lucha y si no existe atención de parte de las autoridades, las medidas se masificarán”. El régimen encabezado por Añez – quien contrajo covid-19 – hizo algunos anuncios para atenuar una crisis general que se le fue de las manos. La semana pasada la senadora devenida en presidenta anunció el lanzamiento del Plan de Mitigación de los efectos de la covid-19 para los pueblos originarios. Explicó que consistirá “en apoyar con alimentos, medicamentos y equipos a más de 62 mil familias en diferentes departamentos del país”.

Las marchas anunciadas se repetirán si no hay respuestas, más allá de las políticas cosméticas con que Añez pretende ganar tiempo hacia las elecciones programadas para el domingo 6 de septiembre. Todo indica que las movilizaciones se harán con la disciplina que suele verse en Bolivia cada vez que los obreros y campesinos toman las calles de las grandes ciudades. Huarachi remarcó que los sectores que participarán “deberán encargarse de que haya un control de bioseguridad”.

La errática política sanitaria del gobierno es cuestionada porque no hay un plan claro para afrontar la pandemia y tampoco medidas para canalizar la creciente demanda del controvertido dióxido de cloro. Se trata de un compuesto químico cuya venta provoca largas filas en la mayoría de las farmacias de Bolivia y que ya escasea como lo difundió un informe de la agencia española Efe desde Cochabamba. Huarachi declaró que los trabajadores reclaman que se apruebe su comercialización para tratar la covid-19, una situación que choca con la opinión de la comunidad científica internacional que desaconseja su ingesta. Sin embargo, en Bolivia hay una especie de fiebre por el dióxido de cloro, un compuesto que se utiliza en desinfectantes y otros usos industriales.

El país llegó el fin de semana a su récord de 1.635 contagios diarios y 47.200 en total, como títuló en su tapa el diario El Deber de Santa Cruz. Es en este departamento – el equivalente territorial a una provincia argentina- donde se mantiene con holgura la mayor cantidad de infectados de toda Bolivia. Al sábado se llevaban registrados 24.625 casos, más de la mitad del país y muchos más de los que tienen La Paz y Cochabamba. Las otras dos ciudades densamente pobladas cuyas cifras demuestran que rondan la quinta parte de aquella cantidad de contagiados.

A la crisis sanitaria, social y económica, Bolivia suma una situación política explosiva porque las elecciones convocadas para el 6 de septiembre ya despiertan sospechas de fraude en el MAS, la fuerza mayoritaria que lidera el ex presidente Evo Morales. Una hipótesis que comparte Gutiérrez en nombre de la Federación de Mineros y por eso su convocatoria a la marcha de mañana: “entre nuestras peticiones está que se garanticen las elecciones nacionales el 6 de septiembre. Por otro lado, algo más de 4,5 millones de personas han sido depuradas de los padrones para los comicios. La lista es tremenda y si bien es cierto que en cada elección se hace, el número es infladísimo y estamos peleando también para que se amplíe la fecha del cierre de inscripciones. Con la pandemia muchos han cambiado de domicilio, de localidad, de ubicación real. Entonces para nosotros esa es una clara muestra de que están incitando a iniciar el fraude” informó el dirigente que fue lanzado por la COB como precandidato a vicepresidente por el MAS junto al ex canciller David Choquehuanca, quien iba como presidente.

Finalmente se decidió en Buenos Aires que el ex ministro de Economía de Evo, Luis Arce Catacora, encabezara la fórmula masista. Todos en el partido más grande del país, irán ahora detrás del responsable del plan económico boliviano con fuerte presencia del Estado que elogió hasta el propio FMI.

La COB plantea ahora la sustitución del ministro de Trabajo Toto Mercado porque entre otras medidas “dio total prioridad a los empresarios privados y dejó de lado y en la calle a muchos trabajadores, hubo reducción de salarios en el sector minero, cierres masivos en el sector fabril y el ministro lamentablemente ni siquiera opera desde la oficina. Está en Cochabamba cuando su ubicación central es La Paz”, denunció el dirigente minero Gutiérrez.

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La productividad industrial en América Latina es un quinto de la de Estados Unidos.  ________________________________________ Imagen: NA

Informe de CEPAL sobre el sector manufacturero en América Latina

El 92 por ciento de las ramas de mayor contenido tecnológico de la región están enfrentando una crisis fuerte y/o significativa.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que la crisis causada por el coronavirus en la estructura productiva y empresarial de los países de la región puede profundizar dificultades que se vienen gestando desde hace décadas.

La pandemia atacó a una América Latina con empresas cuya productividad llegó a ser, entre 1999 y 2018, de apenas un quinto que aquellas que funcionan en Estados Unidos. Los resultados de actividad productiva en estos meses permiten concluir que, si bien la industria en su conjunto sufre un impacto significativo,  para una parte importante de los sectores intensivos en tecnología y de los intensivos en trabajo la situación es aún peor. 

En particular, el 92 por ciento de las ramas industriales de mayor contenido tecnológico están enfrentando una crisis que puede ser considerada entre fuerte y significativa. "Estas ramas reúnen las actividades más intensivas en aprendizaje e innovación, que son fundamentales para el proceso de diversificación e incorporación de mayor valor agregado necesario para cerrar las brechas de productividad e ingresar a una senda de crecimiento sostenible de largo plazo", explica el  informe.

El impacto sobre la estructura industrial ya se puede observar en algunos países, al analizar el desempeño del primer cuatrimestre de 2020 comparado con el del mismo período de 2019. Los datos de Argentina resuenan familiares: la producción industrial se desplomó, y los sectores más afectados son el de automóviles y autopartes, asi como también algunos sectores intensivos en trabajo como textil, prendas y calzado.  

En los países de la región sucede algo similar Brasil exhibió una caída mayor al promedio en el rubro autos y autopartes (-31,1 por ciento) y “otros equipos de transporte” (-30,7 por ciento), que incluye la industria aeroespacial. En México y Colombia, los sectores más afectados fueron cuero y calzado. 

En general, el sector de alimentos creció en los países estudiados. En este escenario, "si no se implementan políticas adecuadas para fortalecer esas ramas productivas, existe una elevada probabilidad de que se genere un cambio estructural regresivo que conduciría a la reprimarización de las economías de la región", advierte el informe. 

Cepal identificó que los sectores fuertemente afectados por la crisis son el turismo, industrias culturales, comercio, reparación de bienes, hoteles y restaurantes, transporte, moda y automóviles.  El informe estima que un 34,2 por ciento del empleo formal y un 24,6 por ciento del PBI de la región corresponden a los sectores fuertemente afectados. Del otro lado, los sectores en los que la crisis impactó o impactará de manera moderada son agricultura, producción de alimentos, insumo y equipamiento médico, medicamentos, telecomunicaciones y envases.

La Cepal hizo un análisis de las medidas para mitigar los efectos de la pandemia: en 23 países de la región se adoptaron 91 medidas en las que se enfatiza la pertenencia a un sector para acceder a los beneficios. La mayor cantidad se dirigieron al turismo y las mipymes agropecuarias y de alimentación. 

En América del Sur se prefirió extender las facilidades para el acceso al crédito de los sectores más afectados. En Centroamérica, se adoptaron medidas de ayuda directa enfocadas en el turismo, la actividad agropecuaria y la alimentación, mientras que en México se ampliaron los presupuestos a programas ya existentes ligados a la agricultura, cultura y las artes. 

Dada que la recuperación será más lenta y gradual de lo inicialmente esperado y, pese a los programas puestos en marcha por los gobiernos, es esperable un alto nivel de destrucción de empresas y empleos. Ante esta situación la Cepal propone tres conjuntos de medidas: 

- Ampliar los plazos y los alcances de las líneas de intervención en materia de liquidez y financiamiento para las empresas, ya sea a traves de la postergación o cancelación de pagos de impuestos o imposiciones previsionales por lo menos hasta finales de 2020; la suspensión del pago de los servicios de luz, agua, gas y telecomunicaciones, sin multas ni corte de servicios, hasta finales de 2020; la flexibilización y mejora de las condiciones de crédito con períodos de gracia de por lo menos un año y plazos de cinco años o más. 

- Reforzar las transferencias directas a las empresas para evitar la destrucción de capacidades. 

- Apoyar a las grandes empresas de sectores estratégicos que resulten gravemente afectadas por la crisis, que representan el 39 por ciento del empleo formal y más del 90 por ciento de las exportaciones.

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