Larry Kudlow, consejero económico de la Casa Blanca, en la rueda de prensa este martes. En vídeo, declaraciones de Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado. ALEX BRANDON / AP / VÍDEO: AFP

Republicanos y demócratas acuerdan ayudas de dos billones de dólares a empresas y ciudadanos para contener los estragos por la pandemia del coronavirus

 

El Congreso de Estados Unidos ha acordado la aprobación del plan de rescate económico más potente de la historia, un arsenal de cerca de dos billones de dólares en ayudas a empresas y ciudadanos para tratar de contener los estragos económicos del coronavirus y el parón de la actividad que supone esta pandemia mundial. El acuerdo entre Casa Blanca y republicanos, por un lado; y la oposición demócrata, por otro, llegó sobre la una de la madrugada de este miércoles tras cinco días de intensas negociaciones.

Con uno de cada tres estadounidenses llamados a quedarse en casa, colegios y negocios cerrados por todo el país para frenar los contagios, Gobierno y oposición buscan evitar una debacle económica y social. Ya hay más de 55.000 contagiados en el país, más de 800 muertos. El coronavirus es “la amenaza más seria para la salud de los estadounidenses en un siglo y probablemente el mayor riesgo para el empleo y la prosperidad de EE UU desde la Gran Depresión", dijo el jefe de la mayoría republicana en el Senado, McConnell.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que ha liderado las negociaciones con los demócratas junto a McConnell, aseguró el martes que las posturas se encontraban ya “muy cerca”. Es lo mismo que transmitió el líder de la minoría demócrata en la Cámara alta, Chuck Schumer. Cerca de medianoche, sin embargo, las reuniones proseguían y ya se daba por hecho que la votación tendría lugar el miércoles. Tras el voto del Senado, deberá ratificarlo la Cámara de Representantes.

El primer conjunto de medidas anunciado por Donald Trump suponía movilizar un billón de dólares y la munición ahora sobre la mesa, una semana después, roza los dos billones. El jefe del Consejo Económico de la Casa Blanca, Larry Kudlow, detalló este martes por la tarde que la estrategia global alcanzará los seis , al sumar los cuatro más de capacidad de préstamo por parte de la Reserva Federal.

Un paquete de estímulos tan amplio requiere a su vez un paquete legislativo también largo y complejo. El plan contempla inyecciones directas de dinero al bolsillo de los ciudadanos, con el el envío masivo de cheques a la mayor parte de ciudadanos estadounidenses. Hasta ahora se había hablado 1.200 dólares por adulto y 500 por menor de edad, aunque Kudlow citó este martes como ejemplo que una familia de cuatro miembros recibiría 3.000 dólares. En total, esta inyección lo que puede alcanzar los 500.000 millones. Los legisladores se han puesto de acuerdo también una línea de préstamos de 367.000 millones para pequeñas y medianas empresas y un fondo de 500.000 millones para industrias, ciudades y estados.

“Tenemos un acuerdo bipartito en el mayor paquete de rescate de a historia de América", Chuck Schumer. Esta crisis ha llegado en un momento de gran polarización política en Estados Unidos. Durante, el fin de semana, el líder de la minoría demócrata en el Senado estuvo negociando el plan con McConnell y Mnuchin, en coordinación con la presidenta de la Cámara de Representantes, la demócrata Nancy Pelosi. Los demócratas, que controlan la Cámara baja, habían presentado su propio proyecto de ley.

El proyecto de ley final, según los demócratas, ayudará a compensar el salario de los trabajadores despedidos durante cuatro meses, en lugar de tres, como establecía la propuesta inicial. Los trabajadores recibirán lo que su Estado pague habitualmente por desempleo más un extra de 600 dólares, según los datos de Associated Press. Además, trabajadores de empresas de la llamada economía colaborativa, como Uber, quedará cubiertos por primera vez. Las compañías también contarán con ayudas fiscales, como el aplazamiento del 6,2% de la cotización a la Seguridad Social de las nóminas.

El último gran escollo, que había centrado las conversaciones del domingo y el lunes, giraba en torno al citado fondo de 500.000 millones de dólares en préstamos y avales para grandes grupos de empresas castigados por el bloqueo de la actividad (425.000 millones para negocios, ciudades y Estados) y el resto, sobre todo compañías aéreas. Tal y como estaba diseñado en el proyecto de ley republicano, Mnuchin dispondría de un amplio margen de maniobra y no tendría por qué hacer públicos los beneficiarios hasta pasados seis meses (aunque fueran canalizados a través de la Reserva Federal). Los demócratas critican la opacidad, el grado de discreción y también la falta de contrapartidas a exigir a las empresas que se acogiesen a esas ayudas, como el mantenimiento de empleos.

Según fuentes de la negociación citadas este martes por The Washington Post, la Casa Blanca ha aceptado incorporar la figura de un inspector general y consejero de supervisión que controle las decisiones de préstamos. Sería un cargo similar al que se creó en la debacle financiera de 2008, cuando el Congreso aprobó el gran rescate a la banca (TARP, por sus siglas en inglés) aún bajo la Administración de George W. Bush. Aquel primer programa de auxilio movilizó 700.000 millones de dólares, cifra que palidece ante las cantidades que el Capitolio planea aprobar de una sola vez ahora.

El mundo no enfrenta ahora una tormenta financiera, sino una pandemia real, sin vacuna aún disponible ni tratamiento específico, de la que los Gobiernos se están defendiendo con el cierre de empresas, lugares de ocio, pidiendo a los ciudadanos que se metan en sus casas, es decir, con el bloqueo de su economía. Esta inyección se suma a un programa de estímulos sin precedentes por parte de la Reserva Federal. El lunes anunció una compra ilimitada de activos, durante un tiempo ilimitado, con tal de mantener el flujo de crédito en un momento tan adverso. La acción, que no sirvió para calmar a los mercados por el parón económico y la falta de acuerdo en el Congreso, llegaba una semana después de que se dejasen los tipos de interés a cero y se diera luz verde a un paquete de 700.000 dólares en compras de deuda de diverso tipo.

Tirar dinero desde un helicóptero, llevar el ponche a una fiesta, poner a funcionar la máquina de imprimir dinero. Todas las metáforas de la política monetaria se quedan cortas con este rescate. Y ni siquiera está claro si bastará. Morgan Stanley calcula que en el segundo trimestre la economía estadounidense puede caer un 30%, Goldman Sachs lo deja en el 24% y JP Morgan parece incluso optimista: estima una contracción del 14%.

El zarpazo del virus llegó a Estados Unidos en un momento de bonanza de la economía, con pleno empleo y a menos de un año de las elecciones presidenciales. En cuestión de días, Wall Street había perdido todas las ganancias acumuladas durante la era Trump y las previsiones para el mercado de trabajo se han tornado muy peligrosas para un país de escasa red social: la Casa Blanca advierte de que el paro puede llegar al 20%. El presidente volvió a alertar este martes de que “la cura no puede ser peor que el problema” y, en una entrevista en la Fox, insistió en que quería “reabrir el país” para Pascua, contra el consejo imperante de los científicos. “Nos enfrentamos a un periodo duro, pero van a ser semanas, no años”, recalcó Kudlow en la rueda de prensa diaria sobre la crisis del Covid-19.

Pese a toda la incertidumbre, Wall Street cerró la sesión del martes con fuertes subidas, animada por la proximidad de un acuerdo político sobre el programa de estímulos. El Dow Jones se disparó un 11,36%, su mayor avance desde 1933. El S&P creció más de un 9% y las tecnológicas del Nasdaq más de un 8%. En Europa, las subidas también fueron notables, en la misma línea de Wall Street. En el caso del Ibex español, el aumento fue del 7,82%, su mayor crecida desde mayo de 2010.

Washington - 24 mar 2020 - 17:27 COT

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Coronavirus y crisis: ¿cómo afectará a la economía en la región?

Informe de la Cepal sobre el impacto de la pandemia en América latina

La debacle económica derivada de las medidas de restricción sanitarias llega a América latina a través de varios canales. Para la Cepal, la región caería este año 1,8 por ciento.

La crisis del coronavirus se encamina a convertirse en un evento económico tanto o más grave que el estallido de la burbuja de las hipotecas subprime, en 2008. Así lo consideran varios organismos internacionales, entre ellos la Cepal, cuya secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena, señaló que la actual crisis “pasará a la historia como una de las peores que el mundo ha vivido”. Bárcena detalló cómo América latina se verá afectada económicamente y pidió mayor cooperación global.

 “América Latina y el Caribe, así como otras regiones emergentes, se verá afectada negativamente a través de cinco canales. Un primer canal de transmisión de esta crisis es el efecto de la disminución de la actividad económica de varios de los principales socios comerciales en las exportaciones de bienes de los países de la región. China, por ejemplo, es un destino importante para las exportaciones de varias economías latinoamericanas y la Cepal estima que las exportaciones de la región a ese destino podrían caer hasta 10,7 por ciento en valor”, explicó Bárcena.

“Un segundo canal proviene de la caída en la demanda de servicios de turismo, que impactaría más severamente a los países del Caribe. Se calcula que si la prohibición de viajes a causa del virus se prolonga por uno, dos, o tres meses, la actividad turística en el Caribe, por ejemplo, en 2020 se contraería en 8, 17 y 25 por ciento, respectivamente”, agregó la titular de la Cepal. El tercer canal de transmisión se vincula a la “interrupción de las cadenas globales de valor” que afectaría en primer lugar a México y Brasil, países que importan partes y bienes intermedios desde China para sus sectores manufactureros.

La cuarta vía de impacto se relaciona con la caída de los precios de los commodities, como por ejemplo la soja, que es un producto central de la canasta exportadora argentina. En tanto, un quinto canal de transmisión se deriva de la mayor aversión al riesgo de los inversionistas y el empeoramiento de las condiciones financieras globales.

América latina y el Caribe creció a una tasa estimada de apenas el 0,1 por ciento en 2019 y antes de la crisis del coronavirus se estimaba que 2020 registrara una mejora del 1,3 por ciento. Sin embargo, la Cepal aclaró que “las proyecciones han sido revisadas a la baja significativamente en el actual escenario”. Ahora se calcula una contracción del 1,8 por ciento en la economía regional, “lo que podría llevar a que el desempleo en la región crezca en diez puntos porcentuales y el número de pobres suba de 185 a 220 millones de personas”.

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Coronavirus: El Banco Mundial aconseja que países pobres no paguen sus deudas

El Fondo Monetario Internacional ya recibió pedidos de asistencia financiera de 80 países

Organismos internacionales prometen volcar recursos para apoyar los sistemas sanitarios y otorgar facilidades financieras para que los países más pobres prioricen la emergencia en lugar del pago de obligaciones crediticias.

 

Los organismos financieros globales también pusieron a la crisis del coronavirus en el centro de su agenda política. 

El presidente del Banco Mundial, David Malpass, pidió a los países industrializados que no exijan a las naciones más pobres el pago de sus deudas soberanas y así puedan derivar esos recursos al combate de la pandemia y para atacar los efectos económicos negativos de las medidas sanitarias. 

En tanto, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, indicó que 80 países se comunicaron con la entidad para solicitar facilidades financieras. En ese grupo está la Argentina, que pidió no pagar la deuda por los próximos cinco años.

Este jueves, los líderes del G-20 mantendrán un encuentro mediante videoconferencia en donde el tema excluyente será la crisis sanitaria y económica que disparó el coronavirus. 

Hay un fuerte cambio de la agenda económica global, ya que la crisis abrió un enorme espacio para hacer política económica expansiva y por primera vez desde la crisis de 2008/09 ya no importan los resultados negativos en materia fiscal: las prioridades son la salud de la población y mantener el nivel de empleo. "Esto es una emergencia global que requiere de políticas globales valientes y contundentes", considera el ministro de Economía, Martín Guzmán.

En una teleconferencia en el marco de las reuniones previas del G-20, el titular del Banco Mundial (BM), David Malpass, pidió un cambio de prioridades para la Asociación Internacional de Fomento (AIF), que es la entidad del BM que presta ayuda a los 76 países más pobres, de los cuales 39 están en Africa. 

La AIF está supervisada por 173 “naciones accionistas” entre las cuales tienen el peso más significativo los países desarrollados. Se trata de créditos baratos en relación a las tasas de mercado. Según datos oficiales, hay comprometidos 75 mil millones de dólares por esta vía entre 2018 y 2020.

“Pido a los líderes del G-20 que permitan a los países más pobres suspender todos los pagos de deuda oficial bilateral hasta que el Banco Mundial y el FMI hayan evaluado por completo sus necesidades de reconstrucción y financiamiento”, dijo Malpass.

“Insto a todos los acreedores oficiales de los países más pobres a actuar con efecto inmediato para ayudar a los países de la AIF, a través del alivio de la deuda, permitiendo que concentren sus recursos en la lucha contra la pandemia. Muchos países van a tener que reestructurar totalmente sus deudas e incluir quitas”, agregó Malpass. 

El BM anunció un incremento de 14 mil millones de dólares en su línea “fast track facility”, de los cuales 8 mil estarán destinados a empresas privadas y 6 mil millones de dólares para ayudar a los sistemas de salud. Malpass dijo que el organismo podría desplegar hasta 150 mil millones de dólares su capacidad de préstamo en los próximos 15 meses.

Por su parte, la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, dijo que 80 países se comunicaron con el organismo para pedir algún tipo de facilidad financiera. “Estamos trabajando de cerca con otras instituciones financieras internacionales para proporcionar una respuesta coordinada”, dijo la funcionaria, y detalló que el FMI aumentará su capacidad de crédito en 1 billón de dólares.

El FMI prevé que la economía global va a caer un 1,5 por ciento. En los próximos días, el organismo va a publicar un documento en donde detalla la situación económica y el impacto del Covid-19.

Entre los países que se comunicaron con el Fondo para pedir ayuda está la Argentina. Días atrás, el presidente, Alberto Fernández, llamó a Georgieva y le agradeció por el apoyo del organismo al país en la negociación de la deuda externa con los bonistas privados. Además, “le dije al FMI que en los próximos cinco años no les podemos pagar un peso”, contó después el mandatario. "Antes de la pandemia, yo le había dicho al FMI que no podíamos pagar a costa de nuestro pueblo. Ahora tengo mil razones más", sostuvo Fernández. 

El FMI estima que la Argentina va a requerir un alivio de sus pagos de deuda externa de entre 55 y 85 mil millones de dólares en los próximos diez años para el sendero de los pasivos externos vuelva a ser sostenible.

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FMI: "La recesión por el coronavirus será al menos tan grave como la crisis financiera mundial o algo peor"

La directora gerente del FMI avisa del impacto de la crisis del coronavirus en los países emergentes donde "los inversores ya han retirado 83.000 millones de dólares de los mercados emergentes desde el comienzo de la crisis, la mayor salida de capital jamás registrada"

Kristalina Georgieva, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), ha señalado que debido al impacto económico del coronavirus "las perspectivas de crecimiento mundial: para el año 2020 son negativas, una recesión al menos tan grave como durante la crisis financiera mundial o algo peor. Pero esperamos la recuperación en 2021", en la rueda de prensa posterior al encuentro telemático del G20, la reunión de los países ricos y emergentes más importantes del mundo. 

"Es fundamental dar prioridad a la contención de la epidemia y fortalecer los sistemas de salud. El impacto económico es y será grave, pero cuanto más rápido se detenga el virus, más rápido y fuerte la recuperación será", ha señalado Georgieva.

La directora gerente del FMI ha avisado del fuerte descalabro que pueden sufrir las economías emergentes por la crisis económica de la pandemia cuando "los inversores ya han retirado 83.000 millones de dólares de los mercados emergentes desde el comienzo de la crisis, la mayor salida de capital jamás registrada. Estamos particularmente preocupados por los países de bajos ingresos con una crisis de deuda, una cuestión en la que estamos trabajando estrechamente con el Banco Mundial".

Ante la situación económica, la directora gerente del Fondo ha comentado que el organismo multilateral "va a aumentar masivamente la financiación de emergencia, que ya  casi 80 países están solicitando" y ha recordado que disponen de "una capacidad de préstamo de 1 billón de dólares", que ya anunció el pasado 16 de marzo.

"La crisis de liquidez mundial se afianza, necesitamos se proporcionen líneas de intercambio adicionales", ha resaltado Georgieva que ha añadido que el FMI busca que sus países miembros amplíen las líneas de liquides y que el organismo multilateral va a proponer "una red más amplia de líneas de intercambio".

El presidente del Banco Mundial, David Malpass, ha afirmado que los países "necesitan moverse rápido para incrementar su gasto sanitario, fortalecer sus redes de seguridad social, apoyar al sector privado y revertir la interrupción de los mercados financieros", según informa Europa Press.

Malpass, que también ha intervenido en la teleconferencia del G20, ha solicitado a los países presentes que consideren que suspendan el cobro de deudas soberanas hasta que el Banco Mundial y el FMI hayan hecho una valoración plena de sus necesidad de financiación ante el coronavirus.

23/03/2020 - 18:11h

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Como la élite mundial tratará de beneficiarse de la pandemia. Entrevista a Naomi Klein

La crisis es la ocasión para colar políticas impopulares

 

El coronavirus es oficialmente una pandemia mundial que hasta ahora ha infectado diez veces mas personas que el SARS de 2003. En EE.UU., escuelas, universidades, museos y teatros, cierran sus puertas; y pronto, ciudades enteras, harán lo mismo. Los expertos advierten de que algunas personas, sospechosas de estar infectadas por el virus en EE.UU: prosiguen su rutina cotidiana. Porque su empleo no les permite bajas pagadas dadas las deficiencias del sistema privatizado de salud norteamericano.

La mayoría de entre nosotros (NT.: para los ciudadanos norteamericanos) no saben qué hacer ni a quién escuchar. El presidente Donald Trump ha rechazado las recomendaciones de los centros de control y de prevención de enfermedades; y estos mensaje contradictorios han reducido nuestro margen de maniobra para atenuar los daños causados por este virus tremendamente contagioso.

Son las condiciones perfectas para que los gobiernos y la élite mundial desplieguen programas políticos, que de otra forma, encontrarían gran oposición si no estuviéramos todos tan desorientados. Esta cadena de acontecimientos no es exclusiva de la crisis creada por el coronavirus; es el proyecto que los políticos y los gobiernos persiguen desde hace décadas, conocido con el nombre de “doctrina del shock”, término inventado por la activista y autora Naomi Klein en un libro del mismo nombre de 2007.

La historia es una crónica de “shocks”: los de las guerras, las catástrofes naturales y las crisis económicas, y de sus consecuencias. Estas consecuencias se caracterizan por el “capitalismo catástrofe”; mediante “soluciones” calculadas y de libre mercado para las crisis que estallan y exacerban las desigualdades existentes.

Según Klein, asistimos ya a un capitalismo catastrófico en el terreno nacional; para responder al coronacirus, Trump ha propuesto un plan de estímulo de 700 millardos de dólares que incluye reducción de cargas sociales (que devastarán la seguridad social) y proporcionará una ayuda a las industrias faltas de oportunidades de negocio causadas por la pandemia: “No lo hacen porque crean que es el medio más eficaz para paliar el sufrimiento causado por la pandemia; formulan tales ideas porque ven una oportunidad para desplegarlas”, ha declarado Klein.

VICE ha preguntado a Klein sobre la forma como el “shock” del coronavirus cede su lugar en la cadena de acontecimientos que describió hace ya más de diez años en La doctrina del shock.

 

VICE: Empezemos por lo esencial. ¿Qué es el capitalismo de catástrofe? ¿Cuál es su relación con la “doctrina del shock”?

 

La forma como defino el “capitalismo catástofe” es muy simple: describe la manera como las industrias privadas emergen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. La especulación sobre las catástrofes y la guerra no es un concepto nuevo, pero se ha profundizado claramente con la administración Bush a partir del 11 de setiembre, cuando el gobierno declaró este tipo de crisis de seguridad sin plazo, y simultáneamente la privatizó y externalizó; esto incluyó el Estado de seguridad nacional en la privatización, así como la invasión y ocupación (privatizada) de Irak y Afganistán.

La “doctrina del shock” es la estrategia política que consiste en emplear las crisis a gran escala para hacer avanzar políticas que profundicen sistemáticamente las desigualdades, enriqueciendo a las élites y debilitando a los demás. En tiempos de crisis, la gente tiende a concentrarse en las urgencias cotidianas para sobrevivir como sea y tiende a contar sobre todo con los que están el poder. En épocas de crisis, desviamos un poco la mirada, lejos del juego real.

 

VICE: ¿De dónde viene esta estrategia política? ¿Cómo trazar su historia en la política norteamericana?

 

La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta de Milton Friedman al programa del New Deal. Este economista neoliberal creía que todo estaba equivocado con el New Deal en Estado Unidos: para responder a la Gran Depresión y al Dust Bowl (NdeT: Tormenta de polvo) un gobierno mucho más activo surgió en el país, que se propuso resolver directamente la crisis económica en la época creando empleos públicos y ofreciendo ayudas directas.

Si Vd. es un economista del libre mercado, comprenderá que cuando los mercados quiebran, hay preparado un cambio progresivo que es mucho más orgánico que el tipo de políticas de desregulación que favorecen a las grandes empresas. La doctrina del shock se desarrolló como un medio de evitar que las crisis cedan el lugar a momentos orgánicos en los que surjan políticas progresistas. Las élites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son la ocasión para hacer avanzar su lista de deseos de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

 

VICE: Actualmente estamos confrontados con múltiples crisis: una pandemia, falta de infraestructuras para resolverla y hundimiento de la bolsa. ¿Podría explicarnos como cada uno de estos elementos se inscribe en el esquema que Vd. ha descrito en la Doctrina del shock?

 

El shock en realidad es el mismo virus. Se le ha tratado de manera que maximice la confusión y minimice la protección. No creo que sea una conspiración; es justo la forma como el gobierno norteamericano y Trump han gestionado, completamente mal, esta crisis. Hasta ahora Trump ha tratado esta situación, no como una crisis de salud pública, sino como una crisis de percepción y un problema potencial para su reelección.

Es el peor de los escenarios, máxime si se tiene en cuenta el hecho de que Estados Unidos no dispone de un programa nacional de salud y que la protección de la que se benefician los trabajadores es muy mala: por ejemplo, la ley no establece prestaciones por enfermedad. Esta combinación de fuerzas ha provocado un choque máximo. Va a explotarse para salvar industrias que están en el núcleo de las crisis más extremas a las que hemos de enfrentarnos, como la crisis climática: la industria aérea, la petrolera y gasística, la de los cruceros, y quieren consolidar todo esto.

 

VICE: ¿Cómo hemos visto esto antes?

 

En La doctrina del shock hablo de lo que pasó después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Heritage Foundation se reunieron creando una lista de soluciones “pro libre mercado” para el Katrina. Podemos estar seguros de que ahora se hará el mismo tipo de reuniones. De hecho, la persona que presidió el grupo Katrina fue Mike Pence (NT: la persona que preside ahora el dossier Coronavirus). En 2008, ese movimiento se tradujo en el salvamento de los bancos, cuando los países les entregaron cheques en blanco, que finalmente se elevaron a varios millardos de dólares; pero el coste real de esta situación tomó la forma de amplios programas de austeridad económica (reducciones ulteriores de servicios sociales). Así que no se trata tan solo de lo que pase ahora, sino también de la forma como lo pagarán en el futuro, cuando se presente la factura de todo lo que se debe.

 

VICE: Si nuestros gobernantes y la élite mundial van a beneficiarse de esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para apoyarse mutuamente?

 

“Voy a cuidar de mí y de los míos, podemos adquirir la mejor póliza de seguro privado de enfermedad, y si Vd. no la tiene, probablemente es su error, no es mi problema”: he aquí lo que una economía de vencedor mete en nuestros cerebros. Lo que revela en un momento de crisis como ahora, es nuestra interrelación de unos con otros. Comprobamos en tiempo real, que estamos mucho más interconectados de lo que nuestro brutal sistema económico nos permite creer.

Podemos pensar que estaremos seguros si obtenemos buenos cuidados médicos, pero si la persona que prepara o suministra nuestros alimentos, o que envuelve las cajas, no tiene acceso a cuidados médicos y no puede permitirse los análisis, y aún menos quedarse en casa porque no tiene prestación por enfermedad, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos unos a otros, ninguno estará seguro. Estamos atrapados.

Las diferentes formas de organizar la sociedad favorecen o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. Si está en un sistema que, como sabe, no cuida de la gente, y no distribuye los recursos de manera justa, entonces nuestro impulso por la acumulación estará en riesgo. Piense esto y reflexione en cómo. En vez de empecinarse en pensar en cómo pueden cuidarse a sí mismos y a su familia; Vd. puede cambiar y reflexionar sobre la forma de compartir con sus vecinos y ayudar a las personas más vulnerables.

21/03/2020

La entrevista la realizó Marie Solis

Naomi Klein

Autora, entre otros libros, de 'La doctrina del shock' y 'No Logo'.

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La advertencia del virus: Productividad capitalista, crisis de salud, crisis climática

El virus nos habla. Nos dice que necesitamos solidaridad, generosidad y prudencia. Nos dice que la austeridad, la privatización y la rentabilidad son criminales, especialmente en salud. También nos dice que es posible iniciar una reducción radical real de las emisiones de gases de efecto invernadero, del orden del 7% anual. Con una condición: producir menos y transportar menos.

Obviamente, el virus no muestra ningún discernimiento: reduce las emisiones a ciegas, suprimiendo vidas, creando mucho sufrimiento, aislamiento y angustia. Aumenta la desigualdad social y la precariedad. En última instancia, podemos enfrentar la escasez de algunas necesidades básicas. Por lo tanto, sería absurdo o cínico alegrarse.

Sería aún más absurdo o cínico contar con el virus para lograr las reducciones de emisiones gigantescas necesarias año tras año, según los científicos, para que el calentamiento global no exceda 1,5 ° C grados (-65% en países de la UE para 2030, -58% en todo el mundo, -100% para 2050). Esta epidemia debe detenerse lo antes posible.

Sin embargo, la acción del virus es más efectiva que la de los gobiernos. A pesar de las negociaciones que duran 25 años, las emisiones de CO 2 son un 60% mayores hoy que cuando la Cumbre de la Tierra en 1992. A pesar del Acuerdo de París, las medidas tomadas por los gobiernos prometen un calentamiento de 3.3 ° C, ¡un nivel dos veces mayor que el que estos mismos gobiernos han decidido no cruzar!

Expuestos al peligro en nuestros lugares de trabajo o confinados en nuestros hogares, el virus nos invita a pensar y liberar nuestra imaginación para hacer algunas preguntas. Por ejemplo :

-¿Por qué no podría la reducción ciega de la producción y el transporte causada por el virus dar paso a una reducción acordada y planificada por la sociedad, comenzando por las producciones innecesarias y perjudiciales?

-¿Por qué los trabajadores afectados por la eliminación (total o parcial) de estas producciones inútiles o dañinas (armas, publicidad, automóviles privados, plásticos, etc.) no pueden mantener sus ingresos y beneficios?  ¿Es posible una reconversión colectiva en trabajos de cuidado a personas y ecosistemas, social y ecológicamente útil y personalmente gratificante?

-¿Por qué la globalización dictada por la maximización de las ganancias en las "cadenas de valor" de las compañías multinacionales no puede ser sustituida por una generosa cooperación no colonial, basada en la justicia social y climática, la libertad de movimiento y de residencia de las personas y la soberanía alimentaria?

-¿Por qué los agronegocios, que destruyen la biodiversidad y la salud, lo que promueve la propagación de virus [ 1 ] no pueden ser sustituidos por una agroecología, mejor para la salud humana y la biodiversidad?

-¿Por qué el centro de gravedad de la sociedad no puede cambiar de la esfera de la producción de bienes a la esfera de los "cuidados" a los humanos y los no humanos?

-¿Por qué no podemos producir menos, transportar menos y compartir más: compartir riqueza, conocimiento, trabajo necesario y ... compartir tiempo, este precioso recurso, entre todos?

El argumento de los políticos que no hacen nada para salvar el clima es siempre el mismo: "Queremos, pero la gente no quiere cambiar su comportamiento de consumidor". Por el contrario, la respuesta a la epidemia muestra que, al estar bien informadas del peligro, las poblaciones aceptan cambios significativos en su forma de vida.

También nos muestra que aquellos que no quieren cambiar, en realidad, son los gerentes económicos, los financieros y los accionistas de las grandes empresas. Incluso durante una epidemia, quieren continuar produciendo cada vez más a un coste menor, para obtener el máximo beneficio. Sin tener en cuenta la salud de las trabajadoras, los trabajadores y la población.

El virus nos dice que los gobiernos están al servicio de esta política: aunque hay una emergencia sanitaria, se niegan a suspender la actividad en sectores no vitales; mientras que el sector de la salud necesita ser refinanciado, ayudan a los bancos [ 2 ] ; Si bien se necesita más solidaridad, continúan hostigando a los que dependen de los alquileres sociales, a las personas sin hogar, a los migrantes, a los pensionistas; Si bien se necesita más democracia y participación para vencer la epidemia, se otorgan poderes especiales ...

Las innumerables iniciativas de base para ayudar a las personas sin hogar, los desfavorecidos, los ancianos, los indocumentados, para apoyar a los trabajadores de la salud, las huelgas para detener empresas no vitales, etc., demuestran que otra política es posible. Una política de autodisciplina solidaria, democrática, social y generosa.

En 2002, durante la epidemia de coronavirus del SARS, los virólogos advirtieron que seguirían otros coronavirus y que se podría encontrar una vacuna, pero los gobiernos se negaron a financiar su investigación. Quieren que la investigación médica permanezca en manos de compañías farmacéuticas multinacionales, cuyo objetivo no es la salud pública, sino obtener ganancias a través de la venta de medicamentos en el mercado para pacientes solventes.

Del mismo modo, durante 25 años, los climatólogos han advertido que es probable que el cambio climático provoque desastres y que debe dejarse de quemar petróleo, carbón y gas natural. Pero los gobiernos no han hecho nada. Quieren que la energía permanezca en manos de multinacionales cuyo objetivo no es la transición energética justa más rápida posible, sino obtener sobretodo ganancias.

El cambio climático es infinitamente más peligroso que la epidemia. Nos arriesgamos a elevar el nivel del mar en más de diez metros. Si no actuamos muy rápido, hará que la Tierra sea inhabitable para cientos de millones de seres humanos e innumerables no humanos, sin poder hacer retroceder el reloj. Los más pobres, los más débiles pagarán los costes.

Cómo combatir esta amenaza depende de las prioridades elegidas. La epidemia destaca las de los propietarios y sus consecuencias: la producción de bienes antes que el cuidado de las personas; la libertad de especular (en máscaras, por ejemplo) antes que la libertad de circulación; rescatar bancos antes que financiar servicios sociales; poderes especiales y controles de policía generalizados (¡como en China!) en lugar de participación democrática; búsqueda y acoso de migrantes en lugar de solidaridad.

A partir de este precedente, todos podemos imaginar cómo se aplicarán las mismas prioridades cuando los propietarios no tengan otra opción que decidir, demasiado tarde, hacer algo contra la amenaza climática.

Invisible como el CO 2 , el virus nos advierte. Nos dice que dejemos de creer que somos más fuertes que la naturaleza de la que somos parte. Nos dice que el productivismo capitalista nos ha llevado al borde del abismo y que los amos del mundo no nos salvarán: se salvarán a expensas de los pobres, los explotados, los oprimidos y nuestras libertades. Nos dice que los políticos neoliberales no nos salvarán: debemos ponernos de pie y organizarnos para poner fin al capitalismo, este sistema aberrante que interrumpe por completo nuestra relación con el mundo y con nuestros semejantes.

Notas

[ 1 ] Los especialistas coinciden en que la destrucción de los entornos naturales y la estandarización agrícola son la causa de la aparición y propagación de nuevas enfermedades virales.

[ 2 ] El Banco Central Europeo libera 750 mil millones de euros para "aliviar a los bancos" mediante la compra de deudas de empresas y gobiernos.

Por Daniel Tanuro

Ingeniero agrícola, ecologista y activista socialista valón, es dirigente de la LCR-SAP del Reino de Bélgica.

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Lunes, 23 Marzo 2020 06:46

Lo que vendrá

Lo que vendrá

Nassim Taleb propuso el concepto de “cisne negro”, evento que resulta altamente improbable y difícil de predecir con información disponible, pero con un impacto extraordinario. Además, cuando ocurre y se analiza en retrospectiva resulta sumamente obvio. Con relación a la pandemia, aunque los científicos vienen advirtiendo el peligro de la deforestación, invasión de ecosistemas y cambio climático, nos tomó por sorpresa. Las políticas de austeridad en economías europeas periféricas como Italia y España diezmaron los sistemas de salud pública y empujaron a amplias capas sociales a la precarización e inestabilidad laboral. Sumado al individualismo y economismo exacerbado de la cultura se construyó el caldo de cultivo perfecto.

Se le atribuye a Antonio Gramsci la frase “una sociedad entra en crisis cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer”. De muchas maneras el modelo neoliberal de transnacionalización y financialización venía dando muestras de agotamiento. Por un lado, el cambio climático y por otro el incremento de las desigualdades generó una creciente fragmentación social. También, la incapacidad manifiesta de la política tradicional para resolver el malestar llevó al surgimiento de líderes como Trump, Bolsonaro o Joerg Haider en Austria. Además de representar posiciones extremas, llegaron mostrándose como outsiders. La crisis sanitaria de escala global es tanto un resultado del propio modelo, como una herida (¿de muerte?) para el mismo.

El mundo al que volveremos será muy diferente al que pausamos. Y no es por no haber sufrido pandemias, sino que la cuarentena limita (con sus más y menos) casi por completo la actividad y contactos a nivel global, lo que resulta una singularidad nunca experimentada. Una de las consecuencias inesperadas fue la rápida disminución de la emisión de gases de efecto invernadero, al menos mientras dure el confinamiento. Desde el aspecto político cabe destacar las medidas de corte keynesiano y distributivas impulsadas en la mayoría de las economías, inclusive argentina: impensado a pesar de las cuantiosas y cada vez más masivas protestas en el mundo.

Sin embargo, los profundos cambios cualitativos no se limitan sólo a un mayor protagonismo estatal y mayores niveles de coordinación internacional para resolver problemas globales como el calentamiento. Cabe preguntar en términos de modelo de acumulación y paradigma tecno-productivo qué cambios inducirán la inversión acelerada de Estados, empresas e individuos en las Tecnologías de la Información. Algo que ocurre no sólo a nivel infraestructura, sino fundamentalmente con relación a culturas organizacionales y capital humano.

Por ejemplo, ¿qué efectos tendrá que masivamente se utilice la educación a distancia? Una vez hundidos los costos iniciales y curva de aprendizaje, llegó para quedarse: ¿disminuirá el costo de la educación en países como Estados Unidos o Chile la competencia internacional? ¿Podrá generar mayores oportunidades de inclusión educativa en países como Argentina donde la educación superior gratuita es Política Pública? O por el contrario ¿profundizará las desigualdades ya que el acceso efectivo depende de buena conexión y un soporte físico como computadora, Tablet o teléfono celular?

Otra incógnita es la masificación del teletrabajo: puede generar pérdida de predominancia de las grandes urbes como fuente principal de oportunidades laborales, pero también menor capacidad de sindicalización, al tiempo que transfiere muchos de los costos a los propios trabajadores. ¿y qué pasará con los que aún a pesar de todo, no puedan incluirse en el nuevo paradigma tecno-productivo?

Como ciudadanos de una economía periférica nos enfocamos en el día a día: respetar pautas para minimizar costos sanitarios económicos, sociales y psicológicos del aislamiento. Lo mismo que hizo el gobierno al instalar el manejo de la pandemia y sus consecuencias como prioridad. Estamos viviendo momentos históricos. Pronto sabremos si la crisis se resolverá rápidamente o el nacimiento de lo nuevo seguirá sin ocurrir.

Por, Por Eva Sacco, investigadora del centro Cepa.

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Coronavirus o la posibilidad de imaginar lo nunca imaginado

La resignación es el peor de todos los virus. Es importante, crucial, no aceptar el relato del “shock” y construir nuevas narrativas alternativas a las del establishment y el poder establecido.

veces nos parece que determinados acontecimientos son completamente nuevos y que todo es impredecible. Parece que no podíamos imaginarnos que fuéramos a pasar días y días en un encierro en nuestras casas debido a un virus cuyos primeros contagios se produjeron a miles y miles de kilómetros. Vivimos atrapados y atrapadas en nuestras propias vida, enredadas en nuestra rutina y, ciertamente, la mayoría bastante tiene con sacar adelante su vida precaria, mal remunerada y peor reconocida.

Pero todo ello no quita para que reconozcamos que lo que está ocurriendo era predecible. Estábamos avisados. El sociólogo alemán Ulrich Beck autor de La sociedad del riesgo escribió hace ya 28 años lo siguiente: “en la modernidad avanzada, la producción social de riqueza va a acompañada sistemáticamente por la producción de riesgos” (Beck, 2002:25)

No voy a entrar a valorar en cómo y por qué se generó el covid19, si hay razones para pensar en teorías conspirativas y qué intereses geoestratégicos puede haber detrás de todo ello. No tengo datos y creo que el tiempo irá poniendo las cosas en su sitio. En todo caso, lo cierto es que un virus que hace pocos meses se inicia en la región China de Wuhan se ha extendido ya por todo el mundo y que ello ha generado, entre otras cosas, que millones de personas en todo el mundo permanezcan confinadas en sus casas (aquellos que disponen de una..)

Esta extensión a nivel mundial de los riesgos también fue prevista por el sociólogo alemán cuando afirmaba que los riesgos de la modernización tienen una “tendencia inmanente a la globalización” (Beck, 2002:42). Vivimos en una sociedad donde los efectos de la contaminación y calentamiento global se extienden a nivel mundial mediante un aire que no reconoce fronteras. Pero, además, vivimos en un mundo que ha acortado las distancias (y los tiempos) y que, por tanto, acelera también los procesos de irradiación de los virus y de los riesgos.

Todo parece surrealista, todo parece increíble, jamás lo hubiéramos imaginado y ahora vemos como nuestras calles se apagan, el silencio se abre camino, todos y todas nos tenemos que recluir y no sabemos nada de nuestro inmediato futuro. No sabemos cuántas personas serán infectadas, cuántas personas morirán y cuándo vamos a volver a una situación que se le parezca a la de antes de ayer…

Todo parece que ha cambiado, pero no del todo. Aunque Ulrich Beck decía que la sociedad de riesgo había venido a sustituir a la sociedad de clases él mismo nos recordaba que “la historia del reparto de los riesgos muestra que estos siguen, al igual que las riquezas, el esquema de clases, pero al revés: las riquezas se acumulan arriba, los riesgos abajo” (Beck, 2002:41).

Han hecho falta sólo unos pocos días para comprobar que las consecuencias del coronavirus no nos van afectar a todas las personas por igual. No es lo mismo viajar en coche privado que en un transporte público ahora reducido y lleno de aglomeraciones, no es lo mismo confinarte en una casa de 60 metros cuadrados que en una villa, no es lo mismo tener que ir a trabajar por miedo a ser despido que poder llevar tu empresa o tus negocios desde casa.

Obviamente, tampoco es lo mismo que tengas que estar reponiendo o trabajando en la caja de un supermercado o poder trabajar desde casa con el ordenador, por cierto, como voy a poder hacer yo. Como hemos visto, tampoco es lo mismo que tengas un negocio de comestibles (te dejan abrir) o un puesto de verduras en un mercado al aire libre (los han prohibido). No es lo mismo vivir de rentas que trabajar de cuidadora en una residencia de ancianos. Y tampoco es lo mismo trabajar en una cadena de montaje o de costura de ropa que ser el dueño de la misma.

No tenemos los mismos privilegios ni las misma posibilidades para hacer frente a la situación de riesgo y es evidente que si bien el virus no reconoce a las clases, todas las clases no tienen los mismo recursos para hacerle frente. O dicho de nuevo en palabras de Beck, “los riesgos parecen fortalecer y no suprimir a la sociedad de clases” (Beck, 2002:41). Y en esa sociedad de clases, y dentro de la clase trabajadora las mujeres, las personas mayores, jóvenes y migrantes son por mucho los sectores que peor lo van a pasar en esta crisis sanitaria que pronto será también económica, laboral o de los cuidados.

El pasado sábado, en comparecencia extraordinaria, Sanchez Castejón aplicaba un 155 sanitario y se hacía cargo de todas las policías y de los recursos sanitarios de todas las comunidades autónomas. Una medida, por cierto, aplaudida hasta por Vox. Sin embargo, la supuesta “valentía” demostrada para hacer efectiva una medida que jamás en la historia del Estado se había tomado, no ha tenido su reflejo en aspectos más importantes para la vida y la salud de las personas.

Si, la policía (¡y el ejército!) ya pasea bajo nuestras ventanas y balcones instándonos por megafonía a no salir a la calle, pero cuidado de aquel o aquella que se le ocurra priorizar su salud y la de su familia o compañeras de convivencia, a los intereses de la empresa en la que trabaja. No sólo eso. A partir de esta semana miles de personas serán despedidas o se les aplicará un ERTE por trabajar en negocios y establecimientos que van a permanecer cerrados o que van a padecer un fuerte disminución en su demanda. Los empresarios, una vez más, no están dispuestos a hacerse cargo de ningún tipo de consecuencia económica de esta crisis. Desde hace tiempo, ellos son muy conscientes de que el sistema capitalista es aquel que privatiza las ganancias en tiempos de oro y que permite hacer públicas las perdidas en tiempos de crisis, sea esta financiera o sanitaria como la actual.

Por si todo lo anterior fuera poco, ya se vislumbra qué tipo de empresas van a poder, incluso, sacar tajada de esta situación: Amazon, grandes cadenas de alimentación, empresas de comida a domicilio que utilizan a riders que se tendrán que someter a peores situaciones laborales y de riesgo, farmacéuticas, etc.). No hay escrúpulos en el mundo del business.

En la pasada crisis financiera el estado con el apoyo del PP y del PSOE regaló 60.000 millones de euros a la banca en forma de “rescate”. Sin embargo, ahora parece que a esos mismos no se les pasa por la cabeza la posibilidad de paralizar, por ejemplo durante una semana, la economía que no sea absolutamente necesaria para “rescatar” la salud y la vida de las personas. Tampoco, por supuesto, se les ocurre utilizar una cantidad similar para sufragar mediante licencias retribuidas, o bajas médicas reconocidas explícitamente al respecto, a todas las personas que tengan a alguien a su cargo y que tengan que cuidarlas debido al cierre de centros escolares o centros de días.

En una reunión realizada esta misma semana la consejera de la comunidad autónoma vasca Arantxa Tapia dijo explícitamente que iban a abrir una vía de ayudas a las empresas vascas por el efecto del coronavirus, pero nadie de su ejecutivo ha propuesto el incremento de ayudas sociales, la creación de nuevas ayudas dirigidas a los sectores más desfavorecidas por la crisis social que se nos avecina o la condonación de la facturación energética o del agua. Nada de eso entra en sus cabezas formateadas por una ciencia económica que sólo habla de empresas y que se ha olvidado de las personas. El capital o la vida, y ellos están del lado del capital, sin contemplaciones, sin disimulo. 

El neoliberalismo que se nos ha impuesto estas últimas décadas, no sólo ha generado recortes sociales que nos obligan ahora a confinarnos en casa para no colapsar unos centros y recursos sanitarios restringidos y mermados a golpe de decretos de austeridad. El neoliberalismo imperante no sólo lleva décadas privatizando empresas públicas con beneficios y publificando negocios privados con pérdidas, sino que además, todo ello, se hace mediante el discurso del TINA (There is no alternative).

Como decía Bourdieu el discurso neoliberal no es un discurso más, sino que es un discurso fuerte y su función principal es la de “orientar las preferencias económicas de aquellos que dominan las relaciones económicas” (Bourdieu, 1998). Ese discurso económico es el que subraya la importancia de las empresas en la creación de la riqueza a partir de los sectores productivos y ese es el discurso, en este caso el no discurso, que hace invisible los cuidados y las labores reproductivas. Y a partir de ahí, los estados, con nuestro dinero, ayudan a las empresas y permanecen ciegas ante las desigualdades sociales que el sistema provoca.

Sin embargo, ahora, en plena crisis sanitaria, la realidad de los cuidados y la importancia de los aspectos reproductivos han salido a la luz como nunca. Nos obligan a quedarnos en casa para garantizar nuestra salud (aspecto reproductivo de la vida) y/ cuidar de criaturas y mayores, a la vez que nos obligan a ir a trabajar para seguir incrementando sus beneficios.

Hablando de la crisis que vivimos estos últimos años la economista feminista Amaya Pérez Orozco nos recordaba que “la situación a la que se enfrentan los hogares se caracteriza por una creciente dependencia del mercado para acceder a los recursos que el Estado deja de garantizar al mismo tiempo que el acceso a los ingresos es cada vez más incierto para la mayoría” (Pérez Orozco, 2014:140).

Esta frase que sirve para entender lo que ha ocurrido estos últimos años, toma toda su fuerza y se multiplica por mil para comprender lo que ocurre en estos momentos en decenas de miles de hogares. Los mismos Estados que no tuvieron problemas en ayudar a los bancos, a las empresas automovilísticas o a las energéticas en tiempos de crisis, ni se plantean ayudar a unas unidades familiares o convivenciales en un momento donde al riesgo de la infección del virus le puede seguir una pandemia de despidos, ERTEs y procesos de precarización que todavía den una vuelta de tuerca más a las condiciones de vida y trabajo de las clases populares.

Y es que efectivamente, como ya nos ha hecho ver Naomi Klein y su bien estudiada y desarrollada “doctrina del shock”, presumiblemente esta crisis sanitaria también va a ser utilizada para meternos el miedo hasta los tuétanos y, con ello, permitir la adopción de medidas económicas, laborales y sociales todavía más draconianas.

Si no vas a trabajar te despiden y si vas a trabajar te bajarán el sueldo, porque la economía está muy mal y ésta crisis, también, la tienes que pagar tú. No sólo tienes más posibilidad de ser contaminado por el coronavirus, sino que, además, el virus neoliberal de recortes sociales y laborales también ta va afectar a ti y sólo a ti. Mientras las grandes corporaciones seguirán haciendo público los beneficios de su último ejercicio como acaba de hacer Iberdrola con sus 3.000 millones de euros de beneficio neto.

Bien, esta es la realidad y los riesgos a los que nos enfrentamos. Como dice Marina Garcés “la condición póstuma se cierne hoy sobre nosotros como la imposición de un nuevo relato, único y lineal: el de la destrucción irreversible de nuestras condiciones de vida” (Garcés, 2017:22). Pero la resignación es el peor de todos los virus. Es importante, crucial, no aceptar ese relato y construir nuevas narrativas alternativas a las del establishment y el poder establecido. En palabras también de la filosofa catalana, “hemos de declararnos insumisos a la ideología póstuma” (Garcés, 2017:30). Una cosa es aceptar la gravedad de la situación y poner en el centro el cuidado de las personas, y otra muy diferente es tragarnos un discurso autoritario y lleno de miedo que no pretende otra cosa que limitar el ámbito de lo posible.

Afortunadamente, esta crisis también ha puesto encima de la mesa el sinsentido de un sistema capitalista y patriarcal que entra en crisis y cae en picado por un virus invisible, aunque con gran capacidad de contagio. ¿No se parece esa invisibilidad al modo en que pretenden también inyectarnos el miedo en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida? ¿Y si fuéramos capaces de contagiarnos en otra dirección? ¿Y si fuéramos capaces de demostrar que este sistema no funciona y que cuando no funciona los estados nación actuales acuden a socorrerlo a costa de nuestro sudor, sangre y lágrimas? ¿Y si nos atreviéramos a ensanchar el marco de lo posible que la economía de hoy nos dice que es imposible? ¿Y si nos contáramos unas a otros que es posible construir otra sociedad, otra comunidad y que en plena crisis hemos sabido tejer lazos de solidaridad y cuidados que pueden servirnos de referencia? ¿Y si en vez de un estado que centraliza de arriba a abajo a favor de los de siempre dijéramos que queremos construir repúblicas socialistas y feministas de abajo arriba? ¿Y si nos creemos que los ayuntamientos en colaboración y gobierno comunitario con organizaciones sociales, sindicales o cooperativas pueden empezar desde hoy a dar pie a nuevas realidades sociales y económicas? ¿Y si nos convenciéramos y animáramos a boicotear a cualquier empresa que utilice esta crisis para enviar a trabajadores al paro o para precarizar más las condiciones de trabajo? ¿Y si saliéramos a la calle no a dar las gracias a las trabajadores de la salud pública, que también, sino a reivindicar una mayor inversión pública en salud y gasto social para revertir los recortes de esta última década? Es mucho lo que podemos hacer, pero para ello primero tenemos que empezar por imaginarlo, por creerlo, hacerlo real en nuestras mentes y empezar a socializarlo.

¿No nos damos cuenta que un sistema que no funciona como es el sistema capitalista y patriarcal se mantiene única y exclusivamente porque el discurso de que no hay alternativa ha taladrado nuestras mentes hasta pensar que es posible rescatar a los bancos pero no a las personas? ¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de la debilidad de un sistema que se basa en la mentira de una mano invisible que no ha funcionado nunca? ¿Cuándo comprenderemos el poder que ostentamos las personas para contaminarnos unas a otras de una utopía que vaya cerrando el escenario de caos actual y abrir paso a uno nuevo ciclo de igualdad y justicia social? ¿Por qué no aprovechamos esta desgracia para certificar la muerte de la necropolítica neoliberal y abrir paso a una política basada en la innovación social que teja redes entre lo comunitario y lo público a partir del reconocimiento de las diferentes soberanías (alimentaria, energética, cultural, económica, de los pueblos, de nuestros cuerpos, etc.) y que apueste por sociedades libres en donde personas libres puedan vivir vidas que merezcan ser vividas?

Que todo ello es difícil es indudable, pero no imposible. Nos han dicho que nos limpiemos las manos más de una vez al día, está bien y os animo a hacerlo. Pero podemos también aprovechar la ocasión para lavarnos nosotros y nosotras mismos la cabeza y quitarnos esa mancha neoliberal incrustada desde hace años y que nos dice lo que es posible y no es posible en la economía.

La economía es una ciencia social. Punto. Los margenes de lo posible y lo imposible lo dictan única y exclusivamente la voluntad de las personas, las comunidades y, claro está, los recursos naturales que tenemos que preservar. El resto no son más que excusas y virus al servicio e interés de los de siempre. Imaginémonos lo inimaginable para hacer posible lo que hoy se nos presenta como imposible. Como bien decía Mandela, todo es imposible hasta que se hace.

Por JOSEBA PERMACH

ECONOMISTA Y SOCIÓLOGO. ES MIEMBRO DE IRATZAR FUNDAZIOA

18 MAR 2020 16:03

Bibliografía

Beck (2002): La Sociedad del Riesgo. Paidós.
Bourdieu (1998): “La esencia del neoliberalismo”
Perez Orozco (2014): “Subversión feminista de la economía”. Traficantes de Sueños
Garcés (2017): “Nueva ilustración radical”. Anagrama

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Propuestas del grupo de socioeconomía, de la Universidad Nacional de Colombia, para garantizar los derechos de los trabajadores de la economía popular y la población desempleda, en el marco de la coyuntura del Covid-19

Las trabajadoras y trabajadores de la Economía Popular (trabajadores informales), quienes abastecen a la ciudad y el campo de los bienes necesarios para su subsistencia, requieren medidas urgentes frente al confinamiento decretado, bajo diversas modalidades. Sus ingresos son diarios, y un confinamiento implica no poder trabajar, y por tanto carecer de ingresos de subsistencia.

El trabajo de la economía popular (o informal) es el que satisface las necesidades vitales de: alimentación, vestido, transporte, cuidado de personas, reciclaje, reparaciones, cuidados cosméticos, entre otros. Le da a la sociedad bienes y servicios pero no recibe del Estado protección social ni  derechos sociales.

La Economía Popular es compuesta por miles de ciudadanos que se ganan la vida en las calles o en famiempresas al interior de los hogares. Actividades como la venta ambulante, peluquerías, tiendas de barrio, recicladores, costureras, sastres, cuidadoras, emboladores, trabajadoras domésticas, trabajadores de las plataformas digitales de domicilios y de transporte de pasajeros, e incluso trabajadoras sexuales, entre otros. Ellos en una eventual situación de cuarentena no podrán acceder al sustento diario y van a pasar hambre y necesidades.

Las propuestas que hace el grupo de Socioeconomía, de la Universidad Nacional de Colombia al Gobierno de Iván Duque son:

  1. Garantía del mínimo vital bajo las siguientes condiciones:
  • Ampliar el beneficio económico de las diferentes transferencias condicionadas, tales como, Familias en Acción, Jóvenes en Acción, y Colombia mayor, empleando como principal instrumento a la primera de estas.  El monto asignado debería ser de mínimo de 500 mil pesos mensuales para hogares unipersonales, y de 300 mil pesos por persona para hogares con dos o más miembros, durante el tiempo que dure la crisis de salud pública, garantizando la permanencia de ancianos, mujeres y niños en casa, iniciando a partir del mes abril.
  • Estas transferencias deben hacerse a todos los hogares y personas que lo requieran independientemente de su calificación en el SISBEN.
  • Abrir el Registro virtual/Telefónico Nacional de Población Ocupada por Cuenta Propia y desempleada, que derivan su sustento de actividades de la economía popular (informal) o no tienen empleo, para realizar una transferencia monetaria equivalente a 500 mil pesos mensuales para hogares unipersonales, y de 300 mil pesos por persona para hogares con dos o más miembros, durante el proceso de crisis de salud pública. El procedimiento de autoregistro deberá contemplar por parte del Gobierno un mecanismo de filtro en bases de datos y garantía de identidad, así como de aspectos sancionatorios bajo declaración juramentada en caso de recibir el beneficio sin necesitar de él.

Garantizar tanto para los inscritos en la base de datos de Familias en Acción como para aquellos registrados en el Registro Virtual/Telefónico Nacional de Población Ocupada

  • por Cuenta Propia y desempleada, el pago de los servicios públicos domiciliarios incluyendo la conectividad y el pago del arriendo, en los casos que corresponda, siendo este beneficio cubierto por el Estado.
  • Declarar suspendidos los pagos de créditos contraídos con entidades financieras, durante y hasta por tres meses después de regularizada la situación de crisis de salud pública, con tasas de interés cero para el período en cuestión.  

 

  1. Garantizar agua potable y saneamiento básico.

 

  • Para la población recicladora de oficio formalizada, el pago de la tarifa debe garantizarse al día, para lo cual los operadores de aseo deberán autorizar todos los pagos pendientes.
  • La población recicladora de oficio que se mantenga en la operación de aseo, deberá recibir capacitación y tratamiento especial en la medida que su actividad está integrada al saneamiento básico, contando con elementos de protección personal y claros protocolos fitosanitarios para la recolección, transporte y almacenamiento de residuos.
  • De igual manera deben realizarse intervenciones consensuadas de desinfección en las bodegas de reciclaje para su descontaminación y adecuado funcionamiento bajo estrictos protocolos sanitarios.

 

  1. Fortalecer redes de abastecimiento: 

La producción campesina, las centrales de abastos, los mercados locales y las tiendas de barrio hacen parte de una cadena fundamental en el abastecimiento de alimentos en el territorio, por tanto, se deben fortalecer las mismas, como una garantía tanto para mantener el suministro permanente de alimentos, como para hacer sostenible las posibles medidas de confinamiento, por lo que se recomienda:

  • Líneas de crédito condonables con tasas de interés cero dirigidos directamente a las personas naturales o jurídicas, que demuestren ser parte de alguno de estos eslabones.
  • Se debe garantizar el abastecimiento sin especulación, la política de control de precios tanto en los almacenes de grandes superficies (incluyendo las ventas virtuales), como en los centros de abastos, lo que es fundamental para que las tiendas de barrio sigan manteniendo un rol importante de abastecimiento. 
  • Se deben proveer todas las medidas y protocolos que garanticen la salud de las personas que participan en cada eslabón de esta cadena. 
  1. Suspensión de pagos de salud y cotización a pensión a trabajadores independientes.
  • Muchos de los trabajadores de la economía popular pagan su salud y cotizan a pensión como independientes, por lo que recomendamos un período de suspensión de los cobros de estos aportes, sin que ello acarree la desvinculación, para aquellas personas que realicen pagos sobre la base de máximo 3 salarios mínimos.

Nos enfrentamos a una crisis de salud pública sin antecedente histórico similar, sumado a la recesión económica más fuerte que hayamos enfrentado alguna vez, para ello se deben realizar esfuerzos sin precedentes. Garantizar los ingresos mínimos vitales para una vida digna son una medida económica y social fundamental. El gasto público de hoy, activa la economía en el presente, y garantiza los ingresos tributarios del futuro.

Las propuestas parten del criterio técnico y ético, así como de las medidas tomadas en el mundo, siendo conscientes que el país puede atender con medidas  inmediatas a la población más frágil garantizando su bienestar, mientras dure la crisis.  

Marzo 20 de 2020

Grupo de Socioeconomía, Instituciones y Desarrollo GSEID

Universidad Nacional de Colombia

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Putin felicita a China por su “Ruta Sanitaria Global de la Seda” y Foreign Affairs se preocupa por EU

El Covid-19 no trastoca el nuevo (des)orden global tripolar (https://bit.ly/2U6Fq4h); sólo lo profundiza.

Breitbart, íntimo de Trump, expone que "en una llamada a Xi Jinping, Putin alaba la respuesta de China al coronavirus" (https://bit.ly/33DxVoQ).

TASS elogia el éxito del gobierno y pueblo chinos para contrarrestar la difusión de la pandemia (https://bit.ly/3dm2xiL). El zar Vlady Putin apreció la contribución de China para "salvaguardar la salud y seguridad de los pueblos en el mundo" (https://bit.ly/33A59oM).

EU y China se culpan del origen del Covid-19 (https://bit.ly/3djyY1k), mientras la comunicación pública del zar Vlady Putin y el mandarín Xi demuestra que Rusia adopta la postura de Pekín (https://bit.ly/2WzHyDs).

China salió beneficiada, en medio de la grave pandemia, por la brutal caída del petróleo que afectó en forma severa a la industria del petróleo/gas lutita ( shale oil/gas) de EU (https://bit.ly/2QCWMDT).

El mandarín Xi ha estado muy activo en sus llamadas telefónicas y el 16 de marzo charló con el primer ministro italiano, Giuseppe Conte, con el fin de "combatir la epidemia y contribuir a la construcción de la Ruta Sanitaria Global de la Seda" (https://bit.ly/2J48RO7).

China parece haber controlado la pandemia y ahora aporta su ayuda, tanto en equipo como en personal, a varios países: Italia, España, Irán, Panamá, Serbia, etcétera.

En EU, Trump rectificó su displicencia inicial y ya pasó a una contraofensiva espectacular decretando la guerra al Covid-19, a grado tal de arrojar un millón de millones de dólares desde los helicópteros, al estilo extravagante de Ben Shalom Bernanke, ex gobernador de la Reserva Federal, y ha invocado "poderes de guerra" –la Enmienda de Producción de Defensa (https://bit.ly/2WyRMDO)– con la firma de su Orden Ejecutiva del 18 de marzo sobre la "Jerarquía(sic) y la Asignación de Recursos Médicos y a la Salud" (https://bit.ly/3acFqW3).Llama la atención su énfasis jerárquico a la salud antes que a la economía.

Trump ha de encontrarse aterrado por la información privilegiada sobre el desempeño del Covid-19 cuando cabe señalar que su secretario del Tesoro, el israelí-estadunidense Steven Mnuchin, muy cercano a su yerno Jared Kushner, proviene de la correduría Goldman Sachs que acaba de publicar un reporte dantesco sobre el demoledor impacto a la economía de EU (http://dailym.ai/2Ubbc05).

Asombra que la aceptación de Trump haya incrementado a 55 por ciento, pese al desplome salubre/económico/petrolero/bursátil (https://abcn.ws/2Uxn4sq).

El portal Politico, muy cercano a Soros y al Partido Demócrata, constata que "el virus empuja la relación de EU con China a una fractura", lo cual "puede socavar el futuro de la estabilidad global" (https://politi.co/2WxIEQ3). Inclusive, no faltan los enemigos de Trump quienes aducen que usa la pandemia para avanzar su agenda contra China y reducir los impuestos con fines electoreros.

Kurt Campbell –anterior secretario asistente de Estado para el Este de Asia y los asuntos del Pacífico durante la presidencia de Obama– publica en la revista Foreign Affairs, portavoz del influyente Council on Foreign Relations (https://www.cfr.org), que "el coronavirus puede reconfigurar el orden global" cuando "China maniobra para su liderazgo internacional, mientras EU desfallece" (https://fam.ag/2QAs2mU).

Kurt Campbell alega que "conforme Washington desfallece (sic), Pekín se mueve rápida y expertamente (sic) para tomar ventaja por la grieta creada por los errores de EU, llenando el vacío para posicionarse como el líder global en la respuesta a la pandemia", por lo que "trabaja para ofrecer su propio sistema, proveer asistencia material a otros países y aún organizar a otros gobiernos".

Acepta la exhibición muy bien publicitada del material de asistencia apabullantemente fabricado en China –cubrebocas, respiradores e ingredientes farmacéuticos activos.

En contraste, EU carece del abasto y la capacidad, y ahora compite con Alemania y China para fabricar la vacuna del Covid-19.

La vacuna no va a reconfigurar el orden mundial. La llamada entre Xi y Putin sí.

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