Crónicas del temor, y de la esperanza (1)

Bogotá. Marzo 19, a dos horas de iniciar el simulacro.

Las luces ya no son las mismas, su intensidad ahora es tenue. Parece irreal pero a pesar del calendario asegurarnos que es jueves, día laboral, la intensidad de la ciudad se apaga. Los carros, a pesar de no dejar de rodar, notoriamente son muchos menos, y en los buses parece transportarse un fantasma. Las tiendas y almacenes, unos sí otros no, han cerrado sus cortinas y dejado de atender. En otras, con puertas entreabiertas, la gente hace fila para poder ingresar.

El ambiente de los días previos ya lo anunciaba. No del día anterior, ni del anterior, sino los de una semana atrás, durante los cuales, día tras día las calles se iban vaciando de gente, y la sensación de irrealidad lo iba cubriendo todo. En los medios de comunicación minuto a minuto anuncian el avance sin cesar de lo que habrá de llegar. Tal vez por ello, advertida, la gente se carga de resignación. Los que han dejado de salir, refugiados en sus casas –como a la espera de un bombardeo–, en su respuesta no ocultan el temor a la calle, acción con la creen evadir el blanco ante el invisible enemigo.

También el rostro de la gente ha mutado. De aquellos despejados, cubiertos solamente por las señales de afán y angustia, hemos llegado a las caras que parecen indicar que vivimos en medio de una enfermedad mal oliente, una de la cual nadie quiere respirar lo insano y lo sano. Son rostros sin personalidad, a pesar de sus cuerpos buscar realzar su identidad con tatuajes, ahora esa fortaleza ya no importa, dando paso a la uniformidad de la tela que cubre narices y bocas.

Son caras en las que se refleja la desorientación. No por desconocer a dónde van sino por no saber que llegará, a pesar de lo cual ahora lo más notorio son pasos cortos, lentos, como señalando la imposibilidad de huir.

El ruido de la urbe también ha menguado, como el peso del aire cargado de monóxido de carbono que ahora no está saturado de Acpm sino de temor, de miedo, que es un olor que puede estar cargado de tantos aromas como personas habitan en esta parte del mundo.

Todo es distinto, la niebla no cae sobre la ciudad, pero sí la bruma del no se qué llegará. ¿Tal vez la muerte? Nunca nos dijeron que la parca tomara este cuerpo, siempre nos la dibujaron de formas las más diversas, casi siempre violenta, pero nunca con el no cuerpo que ahora toma.

La noche cae y de las discotecas, tabernas, tiendas y otros negocios de licores o similares no sale la música de siempre. El silencio parece oprimir la conciencia con una barra de temor. Los pocos carros que cruzan pueden ir tan veloces o tan lentos como deseen. Y en los centros culturales la risa cedió el espacio a una mueca de espanto. ¿Qué vendrá?

Es 20 de marzo y en pocas horas toma el mando un simulacro de vida contra la muerte. Eso se supone pues en verdad nadie puede asegurar, ciento por ciento, que la vida se imponga sobre la muerte desocupando espacios y haciendo todo lo contrario que siempre ordenó el capital: trabajar y trabajar, circular y circular, intercambiar, consumir. Ahora, de manera lenta, cada día con mayor lentitud, se impone el no hacer, el no circular, el no extender el brazo para saludar… ¿Será que así es como se apaga un sistema social y económico para alumbrar a otro, aún sin cuerpo definido?

Tal vez, nadie sabe. Lo que muchos sí creen saber es que el sistema que hoy da señales de crisis, ya no podrá continuar siendo el mismo. Aunque todos sabemos, que pese a las señales de su mala salud aún no se ha formado el sepulturero que logre cubrirlo con sus paladas de futuro.

Más allá, en la conciencia de cada cual, sin haber tejido los indispensables lazos de fraternidad, cada uno espera, que una vez pasados estos meses de pesadilla, todo vuelva a la “normalidad” para encender las luces de la ciudad.

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Sábado, 21 Marzo 2020 05:53

La ciudad y la peste

La ciudad y la peste

Bocaccio la tenía clara cuando los personajes de su Decamerón huyen de ciudades y pueblos y se aíslan en el campo. No se lavan, que en esa época no era costumbre, pero cuentan cuentos, dan un ejemplo de picaresca italiana, celebran con sus historias la vida urbana de la que acaban de escapar. El libro, como el Diario del año de la peste de Daniel Defoe, es un ejemplo de la paradoja que el contagio nos impone, que nuestra mayor creación cultural, la ciudad, nos pueda matar simplemente por vivir en una.

La situación ya es algo de cajón en cualquier película apocalíptico/viral, sea de pandemias o de zombis. La mortandad en las ciudades es enorme y los protagonistas huyen al campo, a la casa tan aislada en el lago, al pueblito de los abuelos, la chacra de un amigo. El campo tiene agua de pozo, faroles, animales para cazar, alacenas llenas y sobre todo la posibilidad de alejar al otro, aunque sea a balazos.

La ciudad, en cambio, es el otro y su seducción es la cantidad de gente con la que uno puede vivir. La masa urbana ofrece el anonimato de hacer todas las macanas posibles y empezar de nuevo pasando de Belgrano a Balvanera. Y también la comunión de la manifestación, del recital, del teatro o simplemente de las calles llenas de personas para mirar, para hablar, para sentirse rodeado. Hace años, un inmigrante muy pobre me explicó por qué era negocio venirse a Buenos Aires, bancarse la explotación y la discriminación por su cara morocha y su acento. Simple, dijo el hombre, yo vengo del campo y acá hay cines, hay donde salir, hay mujeres para conocer, hay restaurantes. Hay ciudad.

En la ciudad se vive uno arriba de otro, uno al lado de otro. Se viaja con contacto físico, se va de la mano por la calle y se sabe que siempre, sea la hora que sea, hay alguien. Esta masividad, esta compañía constante, es su gloria y su alienación, y las ciudades están hechas para esto, desde el ancho de las veredas hasta el sistema de agua corriente. Todo presupone mucha, mucha gente, parques como tapizados de humanos los domingos, estaciones de trenes que hacen fluir humanidades, autopistas sobredimensionadas para la hora pico, gente, gente y más gente.

Por eso nos conmueven las fotos de ciudades vacías, desoladas porque falta lo más importante, la gente que las ocupen. Parecen fantasmas, algo antinatural y peligroso, lugares algo grotesco donde sobra espacio, vereda, edificio, parque. Si se ve la foto de una aldea, un pueblo pequeño o una casa de campo, es hasta natural que no haya nadie. Se asume que los habitantes están en casa, ocupados con sus vidas, y no se espera necesariamente verlos afuera. Esto es lo antinatural en la imagen de la ciudad vacía, que justamente su razón de ser es llenarse, desbordarse, mezclarnos, juntarnos.

Cuando las inventamos hace milenios, inventamos prácticamente todo lo que concebimos como cultura. Con la ciudad aparecen desde la escritura hasta los impuestos, los espectáculos, la literatura, el ágora, los talleres especializados, el negocio, el restaurante. Los políticos atenienses hacen populismo en las plazas y los dictadores apalean a manifestantes. Más allá de los cambios inmensos en esos miles de años, reconocemos lo que pasa en Uruk y en Babilonia, porque una ciudad es una ciudad.

La mayoría de los humanos vivimos hoy en ciudades, sean de cristal o de cartón, vivimos vidas urbanas. Es por eso es que este coronavirus, más allá de miedo que le cause a cada uno, es tan desconcertante, porque nos ataca justamente por nuestro estilo de vida urbano. La proximidad, lo gregario, el río humano, son sus vectores, su ganancia, su estrategia. La prevención es anticiudad, es aislamiento, distancia mínima de un metro, quedarse en casa, cerrar todo lugar de encuentro, cancelar la vida cultural.

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Miedo y asco en el capitalismo global: el coronavirus y la crisis de beneficios

La crisis traída a primer plano por la extensión del coronavirus, no es una crisis financiera en origen, sino una crisis directa de la llamada

“economía real”.

 

La crisis global por la extensión del coronavirus va desencadenar una profundísima recesión mundial que puede dejar pequeña la de 2008. Desde luego, nada de lo que esta sucediendo estos días en términos propiamente económicos, y están sucediendo muchas cosas, pilla por sorpresa a quienes han venido siguiendo la situación económica global en los últimos años. Recordemos: todavía hace dos años, estábamos un plácido dominio del modelo de relación entre territorios capitalistas, por la vía de lo que llamamos globalización. Desde entonces ese entramado empezó a crujir ante las presiones, sobre todo americanas, que apuntaban a una vuelta a un modelo centrado en la supuesta soberanía económica de los Estados nación por medio de la competencia generalizada entre territorios y Estados. El aspecto más visible de este giro ha sido la guerra comercial a tres bandas entre EE UU, China y la UE.

La guerra comercial, y en general, el reajuste de posiciones políticas que ha sufrido la economía global en los dos últimos años, ha tenido como telón de fondo una perdurable crisis del beneficio capitalista que se arrastra con distintas intensidades desde 1973. Como ya se ha repetido hasta la saciedad, la gran apuesta capitalista de salida a la crisis de los años setenta fue la financiarización del capital, la reversión de tanta riqueza social como fuera posible a formas monetarias y líquidas. Frente al capital cristalizado en estructuras físicas permanentes, con sus ritmos de amortización predeterminados, el dinero y sus sustitutos dio a la nueva clase capitalista dominante, las finanzas y los mercados financieros, la posibilidad de centralizar el poder sobre el proceso de acumulación a través de la más abstracta de las formas de poder: el dinero y los instrumentos monetarios.

La crisis asiática de 1998, la crisis de la burbuja tecnológica de 2001 y, finalmente, el gran estallido de la burbuja inmobiliaria global en 2007, que con tanta fuerza se sintió en España, nos han ido retirando sucesivamente la ilusión de un capitalismo en el que las vías de beneficio fueran obtenidas por medios mayoritariamente financieros, principalmente por medio del uso extensivo de la deuda y el crédito para la recomposición de la rentabilidad. Se han vuelto a dejar una vez más al descubierto los gigantescos problemas de valorización y realización que arrastra el aparato productivo global, y que se experimentan como una situación de exceso permanente de capacidad productiva y competencia destructiva en los sectores capitalistas centrales, algo fácilmente comprobable en su forma mediada a través de los Estados: de nuevo, la guerra comercial.

De alguna manera, el giro que tomó la geoeconomia global en 2017 hacia el conflicto entre la triada EEUU-China-UE parte de un reconocimiento tácito de que la acumulación de capital, incluidas las vías financieras, no llega a producir beneficios para todos los agentes capitalistas, no hablemos de satisfacer unos mínimos criterios de ordenación política de las sociedades gobernadas por el capital financiero. Alguno de estos agentes tiene que perder la batalla por la rentabilidad y, de forma derivada, su posición jerárquica en el nuevo orden mundial. Este hecho se muestra en la debilidad del proceso de acumulación, del crecimiento o de la inversión, y en que durante los cinco o seis años los bancos centrales hayan inundado de liquidez a las instituciones financieras, sin que esta haya permeado significativamente al tejido productivo.

En este sentido, y ceñidos a la más inmediata actualidad, la crisis traída a primer plano por la extensión del coronavirus, no es una crisis financiera en origen, sino una crisis directa de la llamada “economía real”: de la actividad, de la inversión, del mercado de trabajo. Esta vez no ha hecho falta que reviente un castillo de naipes financiero, ha bastado una alerta de pandemia, para que el PIB se contraiga en todo el mundo, las quiebras se multipliquen y el paro amenace con desbordar todos los niveles conocidos. Por supuesto, esta crisis del aparato productivo va a tener todo tipo de síntomas financieros, y como bien se sabe, en la medida que son las finanzas quienes controlan los aparatos, serán las finanzas las que tengan la última palabra, salvo que se encuentren con algún obstáculo político serio, en la orientación que tome una crisis que, para mas excepcionalidad, no podrá ser sentida en toda su magnitud por sus protagonistas hasta que acaben los actuales encierros y cuarentenas.

Los últimos dos años han servido también para certificar la muerte del neoliberalismo doctrinal que fue discurso hegemónico durante los años de la globalización y sus instituciones. El neoliberalismo doctrinal ponía el libre mercado y sus mecanismos de ajuste en el centro de toda actividad económica y política. Como figura complementaria de este neoliberalismo doctrinal, lo que podríamos llamar“ neoliberalismo realmente existente” se ocupó más de conquistar el Estado que de negarlo, para promover los intereses de las finanzas, desde entonces convertidas en una suerte de figura metonímica para definir “el mercado”. Pues bien, ni el uno ni el otro tipo de neoliberalismo han superado las barreras anteriores a la declaración de esta crisis.

Ya en la cumbre de Davos de 2020, lugar de peregrinación neoliberal por excelencia, ha sido imposible escuchar panegíricos a favor de la libertad de mercado y del mercado autorregulador como panacea. Tampoco la irrupción de la crisis bajo la forma de crisis de salud pública parece que vaya a facilitarles de momento a los neoliberales la contraposición, tan clara como tramposa, entre Estado y Mercado como eje decisional de las políticas públicas durante la crisis. Como dijo Richard Nixon en 1970, antes de asestar el tiro de gracia al régimen de Bretton Woods: “We are all keynesians now”. Porque, efectivamente, la antigua posición dominante de los dos tipos de neoliberalismo —el doctrinal y el realmente existente— se ha ido desgajando en dos posiciones centrales de las que van colgando distintas variantes. Por un lado, se ha ido haciendo fuerte un discurso neokeynesiano que pone el acento en la desinversión que ha supuesto el ciclo neoliberal y que lee la hegemonía de las finanzas como un movimiento propiamente político de las élites, dirigido a obtener un mayor porcentaje de la riqueza social y a concentrar tanto renta como riqueza en el 1% mas rico y poderoso del planeta.

Observamos aquí el conocido discurso de las desigualdades sociales crecientes que se podría revertir mediante la combinación adecuada de política fiscal e inversión masiva. Esta posición ha emergido, no sin traumas, a partir de la constatación de la fortísima deslegitimación política frente a sus poblaciones que han sufrido los gobiernos, tanto socialdemocratas como conservadores, que siguieron al pie de la letra la vulgata neoliberal durante los años de la crisis, con sus rescates millonarios y su austeridad catastrófica. Para este discurso, los sectores tecnológicos y energéticos, desde el punto de vista del paradigma del Green New Deal, serían los grandes puntales del nuevo ciclo de crecimiento que propiciarían las políticas keynesianas, tanto fiscales como monetarias adecuadas. El QE for the people que inventaron las fundaciones progresistas británicas, con Anne Pettifor y la New Economics Foundation a la cabeza, puede ser el ejemplo más inmediato: fabricación masiva de dinero e inversión para una transformación del capitalismo de nuevo en capitalismo productivo. Siguiendo la tradición keynesiana, los beneficios aquí no son un problema. Al depender la capacidad productiva utilizada y rentable única y exclusivamente de la demanda, se trata de fabricar una nueva demanda masiva desde el Estado a la que necesariamente seguirá la inversión privada. 

Otro gran bloque de posiciones políticas en la crisis se ha ido fraguando a partir del ascenso de Trump al poder. Este pone el acento en la soberanía nacional de los Estados nación como salida política a la crisis a partir de la desglobalización. Endurecimiento de las condiciones para la libre circulación de trabajadores, proteccionismo mercantil a través del uso selectivo pero contundente de aranceles y tratados comerciales bilaterales con los que negociar alianzas políticas entre Estados nación frente a los grandes tratados multilaterales de la época de la globalización. Si el neokeynesianismo anteriormente mencionado sigue manteniendo en perspectiva, como área de acción, las grandes zonas políticas transnacionales, como la UE, la perspectiva neosoberanista apunta a la ruptura de estas grandes áreas transnacionales.

La irrupción de la crisis del coronavirus ha supuesto la aceleración de estas tendencias que no eran mas que tomas de posición frente a una crisis global perfectamente anticipada por parte de los agentes capitalistas. La lógica de las finanzas y, por extensión de la economía ortodoxa, se puede esbozar como una serie de causas estructurales que buscan un acontecimiento externo al que adosarse para poder presentarse como consecuencias y no como causas. Es comprensible, ni las finanzas, ni los aparatos políticos nacionales y transnacionales que las sostienen, van a decir, si lo pueden evitar, que el edificio financiero mundial está colapsando desde dentro. En 2007-2008 no tuvieron otro remedio porque la crisis apareció inmediatamente como una crisis bancaria, y aun así, tuvimos que soportar sus buenos tres años de escuchar que estábamos ante un problema de liquidez localizado, provocado por el mercado de hipotecas norteamericano, pero que la salud de la economía global era envidiable.

En este caso, y aunque por el momento no hay medio de comunicación, ni analista global que eche la mirada más atrás de tres semanas, basta mirar los informes financieros de una entidad tan “cuidadosa” con la “confianza de los inversores” como el FMI para ver que desde 2017 no han hecho más que anunciar una gran crisis global, lo mismo se puede decir en lo que se refiere a la inmensa mayoría de organismos económicos y financieros transnacionales. Esta lectura casi automática de la crisis del coronavirus como “la crisis global” que se estaba esperando, ha venido, por un lado, haciendo que las primeras respuestas ya estuvieran teñidas de las posiciones previas tomadas durante estos dos años y, por otro, en un claro caso de profecía autocumplida, han agravado considerablemente los perfiles de la crisis de producción y empleo.

La primera respuesta de China, que lleva desde 2012 incentivando su demanda interna y subiendo el contenido tecnológico de su producción para dejar de ser el sweatshop del mundo, con todo su despliegue propagandístico de capacidad de movilizar militarmente a su fuerza de trabajo, de construcción visible de hospitales en tiempo récord o, ahora recientemente, reclamando haber descubierto una vacuna contra el virus, ponen encima de la mesa claramente una voluntad hegemónica china que no se había visto tan claramente hasta estos días. Durante la guerra comercial, China nunca ha admitido querer ser otra cosa que un empleado preferencial de Estados Unidos, con cierta autonomía pero siempre sabiendo que su lugar es subordinado. La apuesta más fuerte de China, y de la que ha salido por ahora bastante bien parada, fue restringir la producción y el consumo durante los días de la cuarentena hasta un 20% de su capacidad total, forzando la primera oleada de crisis en los mercados financieros. Lo que se demostró en esos días es que China es el único país del mundo que puede bajar la producción a niveles muy por debajo de lo habitual y que los efectos del caos generado en los mercados financieros los sientan otros. En general, China ha aprovechado esta crisis para presentar su candidatura a nueva potencia hegemónica mundial apoyada en el keynesianismo interno y la militarización de la fuerza de trabajo. De haber sido interpretado de esta forma por el resto del mundo, hubiéramos entendido también que sus medidas frente a la extensión del virus no eran replicables en otros lugares.

Por su parte, Donald Trump y el gobierno de los Estados Unidos han puesto por delante la visibilidad de la soberanía nacional en las medidas de crisis: cierre de fronteras, suspensión de viajes desde Europa y de europeos, deportaciones de sin papeles y, aquí también, nuevas lineas de gasto público siempre subordinadas a la aserción de Estados Unidos como fuerza económica. De manera extraordinariamente simbólica, el posible envió de cheques a una población americana que no tiene ni baja por enfermedad, ni seguro de desempleo, ni por supuesto sanidad pública, viene a reforzar esa imagen del Estado soberano que pone dinero en el bolsillo de sus ciudadanos libres sin necesidad de intermediarios.

También Boris Johnson en Reino Unido ha querido subirse a este tipo de políticas trumpistas, lo que en principio Trump parecía favorecer al excluir al Reino Unido de la prohibición de volar a Estados Unidos. Johnson, candidato que logro su ascenso al 10 de Downing Street mediante la capitalización política del Brexit no puede ahora emular las medidas de la UE sin que le suponga ser pillado en un renuncio. Sin embargo, precisamente porque ya no se encuentra amparado por la UE y Estados Unidos parece solo a medias interesado en llevar al Reino Unido a rebufo, los fuertes ataques que esta sufriendo la libra esterlina en medio del caos generado por la apreciación del dolar y la bajada de los rendimientos de los bonos del tesoro americano a diez años, van muy probablemente a doblegar la posición soberanista británica haciendo comulgar a Johnson con los criterios europeos.

Caso de que todas las tendencias encadenadas a partir de la irrupción de la crisis del coronavirus tengan vida autónoma y capacidad de marcar el camino de las decisiones económicas bastante más allá del momento en que se controle el virus, debemos prestar atención a un factor especialmente importante: un factor que tiene visos de afectar más a la coyuntura económica global que el propio virus. Se trata de la decisión saudí de bajar unilateralmente el precio del petroleo y de aumentar la producción de crudo del Golfo. Esto es nada menos que, por un lado, una reversión de la tendencia a la cartelización de los países productores de petroleo para obtener rentas monopolistas desde los años setenta, y, por otro, un síntoma de la irrupción de la competencia y la bajada de rentabilidad en el sector energético en la misma línea que ambas cosas llevan afectando, también desde mediados de los años sesenta, a los entonces sectores industriales punteros.

En cualquier caso, y aunque la decisión se presenta de forma inmediata como un ataque a Rusia y su petróleo, es evidente que en el punto de mira están tanto las nuevas formas de perforación petrolífera, como, más importante aún, toda la transición energética hacia formas de sustitución de los combustibles fósiles, que agrupadas en el Green New Deal son una de las supuestas tablas de salvación del capitalismo global; amén de ser el único plan encima de la mesa para contener el cambio climático desde parámetros medianamente continuistas. Es de esperar que en los próximas semanas se produzcan quiebras en cadena de agentes financieros especializados en energía y muy especialmente de operadores en el mercado de futuros sobre el petroleo. Y de paso, que se desestabilicen las monedas de los países productores, con la posibilidad de crisis de deuda en varios países periféricos; alguno incluso en el club de los ultrarricos, como Noruega, que ha visto como su moneda se desplomaba por los suelos y ha necesitado de una operación de compra masiva por parte de su banco central.

La Unión Europea, por su parte, como nos tiene acostumbrados, ha sido el actor más histriónico en sus tomas de posición, así como en la solemnidad de sus declaraciones institucionales, si bien menos clara en sus lineas económicas a futuro. Por ahora, además de una escalada de las cifras empleadas en programas ya existentes, como el QE, y una profusión de millones dedicados a avales, es decir de apoyo al sistema financiero, ambas cosas relacionadas en sus cifras astronómicas con el descenso descontado de la factura energética por la bajada de precios del petróleo, hay poco tangible. Hay que tener en cuenta que los mismos riesgos de inflación, la bicha para el BCE, que aleja la bajada del precio del crudo encarece muchísimo el que, en principio, sigue siendo el proyecto central de reconstrucción productiva de la UE: el Green New Deal. Eso sí, el neokeynesianismo ambiente anterior a la crisis del coronavirus, se ha llevado hasta el paroxismo tanto en la Comisión Europea como en la mayoría de los países miembros. Todo ello acompañado de un discurso de keynesianismo de guerra y reconstrucción. De manera muy probablemente inconsciente, se está tocando sobre una lectura clásica de los efectos de la crisis de 2008, donde los multimillonarios rescates a la banca limitaron mucho la destrucción de valor necesaria para relanzar el proceso de acumulación desde parámetros keynesianos. De hecho, es opinión bastante extendida que jamás habría triunfado el keynesianismo como modelo de las economías capitalistas avanzadas sin la gigantesca destrucción de valor que fue la Segunda Guerra Mundial. Pues bien ese ajuste atroz es el que está lanzando la UE, que ahora mismo no esta condiciones de considerar la extensión del daño a la producción y los mercados de trabajo que está haciendo, pero si ve que la situación de alarma y estado de excepción da a los gobernantes de países donde la clase política está tan deslegitimada como Italia y España, poderes tan extraordinarios como temporales para anular cualquier forma de respuesta antagonista.

Isidro López  

Es miembro del Instituto DM.

Emmanuel Rodríguez

@emmanuelrog, es miembro del Instituto DM.

20 mar 2020 10:49

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La hora de la condonación de la deuda para AL

Ahora que el mundo ha asumido un tono más humano y cooperativo en lo económico ante la pandemia del Covid-19, desde el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag) solicitamos la condonación de la deuda externa soberana de los países de América Latina por parte de FMI y de otros organismos multilaterales (BID, BM, CAF) e instamos a los acreedores privados internacionales a que acepten un proceso inmediato de restructuración de la deuda que contemple una mora absoluta de dos años sin intereses.

La Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y Desarrollo prevé una pérdida de ingresos globales de 2 billones de dólares como consecuencia de esta crisis. Y, por su parte, la Organización Internacional del Trabajo estima que 25 millones de empleos en el mundo están en riesgo. Sigue la salida de capitales de los países emergentes; ya está en valor récord: 60 mil millones de dólares en menos de dos meses, según el Instituto Internacional de Finanzas. Ante tantas dificultades, la condonación de la deuda externa es una acción tan justa como necesaria. Al igual que ocurriera en otros momentos históricos marcados por grandes catástrofes naturales, como guerras o enfermedades y pandemias, esta es una oportunidad única para evitar que el peso de la deuda sea un escollo aún mayor que añadir al complejo reto de superar este momento social y económico tan crítico.

Uno de los ejemplos más conocidos es el que se produjo después de que Alemania fuera devastada en la Segunda Guerra Mundial. En la Conferencia de Londres de 1953 se acordó perdonar cantidades sustanciales de la deuda alemana. No fue la única vez que esto se llevó a cabo a lo largo de nuestra historia más reciente. Hay infinitos casos en los que las deudas externas fueron perdonadas.

Nadie puede dudar que ahora es un momento oportuno para hacerlo si se quiere afrontar con éxito esta situación tan difícil. No podemos exigir a los países que hagan políticas efectivas en materia de salud pública para afrontar la actual pandemia y, al mismo tiempo, pretender que sigan cumpliendo con sus obligaciones de deuda. No podemos exigirles que implementen políticas económicas que compensen los daños de esta catástrofe mientras deben seguir pagando a sus acreedores. Es absolutamente incompatible hacer efectivo un plan de restructuración económica en el futuro próximo con los actuales niveles de endeudamiento externo (en promedio, supone 43.2 por ciento del producto interno bruto en América Latina).

Tal como se hiciera con la resolución aprobada el 10 de septiembre de 2015 sobre los Principios Básicos de los Procesos de Restructuración de la Deuda Soberana, ahora debemos dar un nuevo paso y, por eso, desde el Celag solicitamos a las Naciones Unidas que, a la mayor urgencia, convoque a la Asamblea General para discutir una resolución que proporcione el marco legal internacional para llevar a cabo esta estrategia efectiva de condonación de la deuda externa de América Latina y fomentar el proceso de restructuración (con mora de dos años) con los acreedores privados.

También instamos al resto de organizaciones internacionales a que se sumen a esta iniciativa de solicitud de la condonación de la deuda.

Invitamos a otros centros de pensamiento, a universidades, instituciones religiosas, sindicatos, patronales y gobiernos a que se unan a este pedido.

No sólo es una cuestión de solidaridad, sino también de eficiencia.

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EEUU plantea hacer dos pagos de 3.200 euros a las familias de dos hijos por la crisis del coronavirus

Se trata de la propuesta inicial del Partido Republicano, avalada por la Casa Blanca y que será negociada este viernes en el Senado para su aprobación en las próximas horas. Es el tercer paquete de medidas por la crisis del Covid-19.

 

Cosas veredes, Sancho, que farán fablar las piedras, dice la apócrifa frase del Quijote. Estados Unidos, la patria del capitalismo, prevé realizar dos pagos directos de 1.200 dólares (1.125 euros) a cada ciudadano con ingresos medios o bajos en las próximas seis semanas por la emergencia nacional del coronavirus, además de otros 500 dólares (468 euros) extra por cada hijo.

Esto supondría conceder a cada familia con dos hijos 3.400 dólares (3.188 euros). El primer pago se haría en unas tres semanas (en abril) y el segundo dentro de seis (en mayo).

Se trata de la propuesta inicial del Partido Republicano en el Senado, una medida que fue dada a conocer este jueves. La norma, el tercer paquete de ayudas estadounidense por el Covid-19, será negociada este viernes en el Congreso con el Partido Demócrata, puesto que necesitan el apoyo de éstos para su aprobación, que podría producirse en las propias horas.

Con todas las salvedades que quieran hacerse, como que se deba a la situación excepcional que ha traído la pandemia del covid-19, no deja de ser la implantación por un determinado período de tiempo de una especie de renta básica universal en el país más capitalista del mundo. Y todo ello implementado por un gobierno republicano y detractor del Estado. El mismo Estado que ahora, ante la caída de la economía, se ve obligado a sacar músculo.

A partir de la base planteada, la propuesta republicana sólo podría aumentar sus prestaciones puesto que algunos senadores demócratas (e incluso varios republicanos) han planteado ser más ambiciosos en el tiempo y en el espectro de las medidas y garantizar los ingresos de las familias a través de la ampliación de las prestaciones del seguro de desempleo.

La propuesta del Partido Republicano en el Senado cuenta con el aval de la administración Trump y, de hecho, supera las expectativas de la Casa Blanca y hasta del Departamento del Tesoro (algo así como el Ministerio de Hacienda).

No en vano, el responsable de este departamento, Steven Mnuchin, la defendió este jueves por la mañana, horas antes de los republicanos hicieran público el contenido de la medida, en una entrevista con el canal Fox Business Network, del grupo de ultraderecha Fox.

Mnuchin, multimillonario y exempleado de Goldman Sachs para más señas, defendió la concesión de 1.000 dólares por ciudadano además de la concesión extra de otros 500 dólares por cada hijo. "Ésta es una situación sin precedentes, en la que por una buena razón el Gobierno ha dado instrucciones de cerrar a la mayor parte de la economía para que podamos ganar esta lucha contra el virus", afirmó.

La propuesta republicana propone realizar esos dos pagos directos a las familias de ingresos medios y bajos. En concreto, recibirán la cantidad íntegra aquellos trabajadores que hayan declarado ingresos inferiores a 75.000 dólares al año (70.000 euros). A partir de esa cota, se restarán cinco dólares por cada 100 dólares más de sueldo y aquellos que ganen a partir de los 99.000 dólares (92.825 euros) anuales no tendrán derecho a ninguna cuantía.

La cantidad total de realizar estos dos pagos directos y en mano en abril y mayo a los estadounidenses ascenderá al menos a 500.000 millones de dólares (unos 469.000 millones de euros).

Además, la propuesta plantea una partida de 208.000 millones de dólares (unos 195.000 millones de euros) en préstamos para las grandes compañías, especialmente, las aerolíneas (50.000 millones de dólares), y otros 300.000 millones (280.708 millones de euros) para pequeñas y medianas empresas. En Estados Unidos hay unos 30 millones de pymes que dan empleo a 59,9 millones de personas.

Se trata de sacar todo el músculo posible ante el tsunami que podría acabar llegando con unos efectos económicos devastadores. El pasado miércoles el presidente Donald Trump aseguró en una rueda de prensa que su administración trabaja con diversos escenarios de la crisis, el peor de ellos, dijo, sería que el paro alcance el 20% aunque Trump se mostró sostuvo que él personalmente ve improbable que se llegue a eso.

Un dato así sería la peor cifra del país desde la Gran Recesión en los años 30. Precisamente el pasado mes de noviembre Estados Unidos registró el paro más bajo de su historia, con un 3,7%. En estos momentos, sólo en las dos primeras semanas de marzo las solicitudes por desempleo ya se han disparado en un 33%.

Trump ofreció este jueves otra rueda de prensa en la Casa Blanca en la que defendió los pagos directos a los ciudadanos y añadió que esto no significa que el Gobierno vaya a dejar caer a las empresas: "Las vamos a defender a todas, no quiero perder ninguna industria, y ayudaremos a las grandes y a las pequeñas, todas ellas son el corazón de este país".

Los demócratas quieren subir la apuesta

Con todo, la propuesta de republicana podría incluso aumentar sus prestaciones. Es lo que intenta el Partido Demócrata y para ello cuentan con el apoyo de varios senadores republicanos.

El líder de este partido en el Senado, Chuck Schumer, aseguró que "un cheque de 1.000 dólares ayudaría a alguien a pagar a su casero en marzo, pero ¿qué pasa después? Mil dólares se gastan muy rápido".

Schumer defendió, según recoge la cadena CNBC, la alternativa de "un seguro de desempleo ampliado, que cubre durante mucho más tiempo y proporcionaría una red de seguridad mucho más grande".

En una línea parecida se expresó este jueves, según recoge Político, el senador republicano Richard Shelby. "Creo que si vamos a ayudar a la gente deberíamos dar dinero en mano sólo como suplemento de la prestación de desempleo y no sólo a la gente que ya tiene trabajo".

"Simplemente dar un cheque a cada estadounidense que gane hasta 75.000 dólares… no le veo la lógica. Sería más coherente vincular una ayuda a una prestación por desempleo", agregó. El debate, en cualquier caso, está abierto y la propuesta republicana inicial sólo puede mejorar con suplementos y ampliación de coberturas.

El tercer paquete de medidas por el covid-19

Este proyecto de ley sería el tercero, y el más grande, aprobado por el Congreso y firmado por Donald Trump desde que la pandemia del Covid-19 empezó a golpear Estados Unidos.

El primer paquete de ayudas fue firmado por Trump el pasado 6 de marzo. Incluía una dotación de 8.300 millones de dólares para el fomento de los servicios de telemedicina, la investigación de la vacuna y el refuerzo de las medidas de los Estados y los ayuntamientos.

El segundo paquete, de una dotación de unos 100.000 millones de dólares, lo firmó Trump el pasado miércoles. Incluía expandir la prestación de desempleo, asignar más fondos para realizar test y las bajas laborales por estar enfermo de Covid-19. Aunque esta medida es de importancia en un país que no recoge el derecho a la baja laboral pagada, la medida recogía un agujero: las empresas de más de 500 empleados y de menos de 50 estaban exentos de cumplir esta norma.


El plan de choque de Macron prioriza el rescate de empresas y cuestiona conquistas sociales

La Asamblea Nacional francesa culmina la respuesta económica a la crisis sanitaria con medidas centradas en el rescate del sector privado y en que solo unas pocas empresas se benefician de la suspensión del pago del alquiler.

 

20/03/2020 07:18

Por Enric Bonet

@EnricQuart

“No puede ser que el gobierno progresista sea más tímido que el gobierno liberal del señor Macron”. El diputado Íñigo Errejón se refería el miércoles en el Congreso de los Diputados a una idea repetida en redes y medios españoles: Francia ha avanzado por la izquierda a España en su respuesta al coronavirus.

Un plan de gasto público de 300.000 millones de euros. La suspensión del pago de los alquileres y de las facturas de la luz, agua y el gas. Nacionalización de grandes empresas. Tras leer algunas paparruchas informativas publicadas estos últimos días, uno pensaría que Emmanuel Macron se ha metamorfoseado en Maximilien Robespierre. Sin embargo, el gobierno francés no prevé por ahora un aumento masivo del gasto público por hacer frente a la pandemia. Las medidas anunciadas tienen como objetivo “salvar a las empresas” y cuestionan algunas conquistas sociales, como las 35 horas de trabajo semanal y el uso de los días de vacaciones.

Tras una primera respuesta tímida (y con incongruencias como haber mantenido la primera vuelta de las municipales mientras el país se dirigía hacia el confinamiento), el ejecutivo centrista se ha puesto las pilas. La Asamblea Nacional debatió este jueves y votará el viernes las medidas necesarias para establecer el “estado de emergencia sanitario” y mantener la economía a flote.

“Nuestro país atraviesa una crisis sanitaria sin precedentes desde hace un siglo que requiere medidas fuertes, pero también afronta una crisis ya que una parte de la población está inmovilizada y esto puede conllevar consecuencias graves para la vida de la nación”, reconoció el miércoles por la noche el primer ministro Édouard Philippe, tras el segundo consejo de ministros de esta semana.

“No se trata de un plan de inversiones masivo”

En concreto, el gobierno francés movilizará 45 mil millones de euros para contener el impacto económico del confinamiento. La principal partida, valorada en 32.000 millones, incluye medidas de tesorería. Es decir, contiene las cantidades que la administración de dejará de recaudar al haber aplazado (o incluso anulado)  el pago de impuestos y cotizaciones sociales de las empresas durante el mes de marzo y quizás también en abril y mayo.

En cambio, la medida de corte más social consiste en indemnizar, por un total de 8.500 millones, todos aquellos trabajadores sometidos a un expediente de regulación temporal. Unas inversiones que comportarán que el déficit público aumente del 2,2% hasta el 3,9%, según la nueva versión de los presupuestos examinada este jueves en el Parlamento francés ().

“No se trata de un plan de inversiones masivo. En realidad, el gasto público solo aumentará en unos 10 mil millones, una cantidad parecida a la que se destinó en diciembre de 2018 a satisfacer las reivindicaciones de los chalecos amarillos”, explica el analista económico Romaric Godin, quien considera que “las cifras de gasto público aún pueden ser mucho más importantes en los próximos meses”.

Según este periodista del diario digital Mediapart, el gobierno francés, como el español, apuesta por una rápida recuperación tras la parálisis: “Considera la situación actual como un paréntesis”. París prevé que el PIB francés se reduzca este año un 1%, mientras que con la Gran Recesión en 2008 bajó un 2,8%.

“Evitaremos que nuestro modelo económico se hunda”, defendió el miércoles el ministro de Finanzas, Gérald Darmanin, en una entrevista en el rotativo económico Les Echos. El gobierno francés tiene como gran objetivo “salvar a las empresas”. Una prioridad comprensible teniendo en cuenta la excepcionalidad económica que supone el confinamiento: una parte de la economía de mercado ha quedado congelada y el Estado acude a su rescate. “No dudaré en utilizar todos los instrumentos que dispongo para ayudar a las empresas atacadas en los mercados”, afirmó el ministro de Economía, Bruno Le Maire, abriendo la puerta a nacionalizaciones de los grupos más amenazados, como la aerolínea Air France.

Para evitar que se cierre el grifo del crédito bancario, Macron anunció el lunes que el Estado ejercerá de avalador de los nuevos préstamos, hasta un máximo de 300 mil millones. “La ventaja de este tipo de medidas es que el tesoro público no se compromete a pagar ninguna cifra concreta. Solo lo hará en el caso de que las empresas quiebren y no puedan devolver los créditos”, explica Godin. De la misma forma que los 100.000 millones propuestos por Pedro Sánchez, esta medida tiene un objetivo evidente: calmar a los mercados.

Suspensión del alquiler: solo para unas pocas empresas

Otro anuncio de cara a la galería del joven presidente hizo correr ríos de tinta en España: la suspensión del pago del alquiler y de las facturas de la luz, agua y gas. Un dispositivo del que no se benefician los particulares, sino solo las pequeñas empresas en una situación de dificultad.

El gobierno francés ha llegado a un acuerdo con las empresas estatales EDF y Engie para que adopten esta medida, pero no lo ha hecho con otras eléctricas. En el caso de los alquileres, se ha negociado con grandes propietarios de recintos, pero su aplicación dependerá de su “buena voluntad”. “Solo se beneficiarán de esta medida los comercios de centros comerciales o grandes avenidas como los Campos Elíseos, pero difícilmente lo harán las tiendas de barrio que alquilan sus locales a pequeños propietarios”, advierte Godin.

Aún más polémica ha resultado la voluntad del ejecutivo de utilizar el “estado de emergencia sanitario” para fragilizar conquistas sociales. La ley que se examina este viernes en la Asamblea Nacional permitirá a las empresas durante el periodo de confinamiento “imponer o modificar de forma unilateral las fechas escogidas para una parte de las vacaciones”.

También deroga las 35 horas de trabajo semanal, uno de los tótems del modelo social galo, en aquellos sectores “especialmente necesarios para la seguridad de la nación”. Lo que amenaza con precarizar la situación de aquellos que ahora trabajan a destajo, como las cajeras o mozos de almacén. En cambio, el ejecutivo se dota de la posibilidad de “limitar” los despidos durante el confinamiento.

“Hacen falta más inversiones a nivel social Los más pobres serán los más afectados por esta crisis sanitaria”, asegura Aurélie Trouvé, portavoz de Attac en Francia, quien considera insuficiente la prórroga de dos meses de la tregua hibernal (periodo sin desahucios) y defiende la necesidad de ofrecer una alternativa habitacional a todas las personas sintecho. “Deberían destinarse más recursos a los hospitales y promover aumentos salariales y de plantilla entre el personal sanitario”, añade Trouvé, quien critica que “los recortes en investigación en las últimas décadas han hecho que los científicos franceses lamenten ahora no haber podido investigar lo suficiente sobre los virus”. De hecho, Macron anunció este jueves un aumento de 5.000 millones del presupuesto destinado a la investigación en la próxima década.

“Las medidas anunciadas hasta ahora no resultarán suficientes. El impacto económico y financiero puede ser más fuerte del esperado. El gobierno francés defiende que no se producirá un aumento del paro y que las empresas no quebrarán, pero desconfío de estos discursos”, explica el economista Frédéric Farah, miembro del colectivo keynesiano Les Économistes atterrés. “Si nos encontramos en una guerra (la expresión bélica utilizada por Macron para referirse a la lucha contra el coronavirus), tendríamos que adoptar una verdadera economía de guerra y que la administración pública tome un mayor peso sobre el mercado”, defiende este profesor de la Universidad la Sorbona de París, quien considera que debería aprovecharse el periodo de crisis actual para orientar los modelos productivos hacia “la urgencia ecológica y las crisis sanitarias del futuro”.

Tanto la respuesta de Sánchez como la de Macron coinciden en un punto esencial: se concentran en superar el socavón, pero no anticipan las probables turbulencias económicas una vez se acabe el confinamiento.

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El coronavirus no da tregua y Trump sigue atacando a China

Estados Unidos superó la barrera de los 10 mil contagios y ya son 154 los muertos

El mandatario habló de las bondades de la cloroquina, un medicamento eficaz contra la malaria, que podría ser util para combatir al Covid-19. Sin embargo, su implementación podría llevar mucho tiempo.

El coronavirus crece a pasos agigantados en Estados Unidos . El jueves superó la barrera de los 10 mil contagios y sumó 154 muertos, según un recuento de la Universidad Johns Hopkins usado como referencia nacional. Fiel a su estilo, el presidente Donald Trump consideró que el mundo está pagando "un alto precio" por la lentitud inicial de China a la hora de transmitir informaciones sobre la pandemia. También dijo, en una conferencia desde la Casa Blanca, que el país aprobó el uso de la cloroquina, un medicamento eficaz contra la malaria, para combatir al Covid-19. La locura desatada por la pandemia en Estados Unidos llevó a que el alcalde del estado de Baltimore, Jack Young, le pidiera a los habitantes que dejen de utilizar armas de fuego porque necesitan las camas de los hospitales para atender a los enfermos. Para hacer frente a la expansión del virus, el Departamento de Estado le sugirió a los ciudadanos estadounidenses que eviten viajar al extranjero y vuelvan al país de ser posible.

"Todo habría ido mucho mejor si nos hubiéramos enterado de todo esto unos meses antes, esto podría haberse contenido en una región de China de donde salió", afirmó Donald Trump. "El mundo paga un gran precio por lo que hicieron", agregó durante su rueda de prensa en la Casa Blanca, apuntando una vez más sus dardos hacia el gigante asiático.

El Covid-19 fue detectado por primera vez en diciembre pasado en Wuhan, China. Las autoridades del país fueron criticadas inicialmente por su falta de transparencia. Pero China tomó luego medidas drásticas de confinamiento de su población, lo cual le valió un claro enlentecimiento que contrasta con el crecimiento registrado por el virus en el extranjero, fundamentalmente en Europa .

El mandatario aprovechó su encuentro con periodistas para declarar que su país aprobó el uso de la cloroquina, un medicamento contra la malaria, como tratamiento para combatir el nuevo coronavirus. Las autoridades sanitarias, sin embargo, pusieron un freno al anuncio del mandatario, sugiriendo que esa opción podría llevar bastante tiempo, ya que su uso no ha sido autorizado para el tratamiento del coronavirus.

El tratamiento fue aprobado por la Food and Drug Administration (FDA), organismo que supervisa la comercialización de medicamentos en Estados Unidos. "Queremos hacerlo implementando un ensayo clínico extendido y pragmático para obtener informaciones y responder a todas las interrogantes que se plantean", dijo el director de la FDA, Stephen Hahn.

Se espera que el número de casos de coronavirus, que ya llega a los 10.755, aumente abruptamente en los próximos días debido a un incremento de las pruebas de diagnóstico, después de retrasos iniciales. En ese contexto, Washington instó a los ciudadanos estadounidenses a no viajar al extranjero bajo ningún pretexto, y a regresar a Estados Unidos de ser posible. El Departamento de Estado afirmó que los estadounidenses que no regresen al país "deberían prepararse a permanecer en el extranjero por un tiempo indefinido". 

La paranoia frente al nuevo virus tampoco parece tener fin. El aumento de venta de armas en todo el territorio llegó hasta el estado de Baltimore, que por el momento solo registra cinco víctimas fatales por el Covid-19. Su alcalde, Jack Young, debió pedirle a los vecinos que cesen los tiroteos con armas de fuego porque necesitan las camas de los hospitales para atender a los contagiados. "Podrían ser sus madres, sus abuelas o alguno de sus parientes, así que téngalo en cuenta", declaró.

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La fuga de capitales de los mercados emergentes es la más fuerte de la historia

La salida de capitales suma 60 mil millones de dólares en apenas 50 días

El Instituto Internacional de Finanzas, integrado por los principales bancos y fondos de inversión del mundo, estimó que la huida es récord, superando la de la crisis 2008.

 

En la crisis financiera de 2008, la salida de capitales de mercados emergentes sumó 20 mil millones de dólares en los primeros 50 días posteriores al estallido. En la crisis actual esta cifra es cuatro veces más elevada: en ese mismo período se registró una fuga cercana a los 60 mil millones de dólares.

La crisis financiera internacional avanza a pasos acelerados. La reacción de los inversores es de efecto manada. El mundo enfrenta la suma de los problemas sanitarios (pandemia), de la demanda, de la oferta por el parate de las cadenas productivas, del mercado laboral, de las acciones, del petróleo, de los bonos soberanos y de las monedas emergentes. Se juntaron todas las plagas para generar un estallido de los mercados internacionales.

Existe una salida extraordinaria de capitales desde los países emergentes hacia activos seguros del mundo desarrollado. Este diario accedió al último informe del Instituto Internacional de Finanzas en el que se cuantifica la reacción de pánico de los inversores en las últimas semanas. El principal problema es para las economías no desarrolladas con déficit de cuenta corriente. Estos países necesitaban del ingreso de inversiones para poder cerrar sus desequilibrios macroeconómicos.

“La interrupción repentina en los flujos de capitales pone a los mercados emergentes con necesidades de financiamiento externo en un riesgo particularmente alto”, indicó el informe del Instituto Internacional de Finanzas. La entidad es patrocinada por los principales bancos del mundo y tiene un monitor en tiempo real de los movimientos de divisas en el mundo.

En el informe se mencionó un escenario de fuerte volatilidad principalmente para dos países de la región. “Chile y Colombia son algunos de los emergentes con más riesgo. Este se debe a los bajos precios de los productos básicos (materias primas) que complican el panorama externo de estas economías”, planteó. El principal mecanismo de ajuste de estos países es la devaluación de las monedas: un fenómeno que empieza a registrarse en las últimas semanas.

El peso colombiano subió este miércoles un 4 por ciento y el chileno lo hizo al 3 por ciento. Estas no son las únicas monedas latinoamericanas que enfrentan presiones. El real brasileño es una de las más golpeadas en medio de la turbulencia financiera global. Este miércoles llegó a subir casi el 8 por ciento a media jornada y termino con un avance del 5 por ciento. Estas devaluaciones no son menores considerando que son países con inflación anual menor a 3 por ciento.

El panorama que plantea el Instituto Internacional de Finanzas no es alentador para los próximos meses. Menciona que “incluso si los esfuerzos de contención y políticas expansivas tienen impacto positivo para contener la crisis de la economía real, el freno en el ingreso de capitales a países en desarrollo seguirán siendo inusualmente severo. Los datos de salida de divisas que monitoreamos en tiempo real son muy grandes si se los compara incluso contra episodios de volatilidad extrema como la crisis asiática a finales de los noventa”.

Las estimaciones del crecimiento para la economía global en 2020 muestran que buena parte del mundo entrará en recesión en los próximos meses y que la actividad mundial crecerá al menor ritmo desde el estallido de la burbuja hipotecaria en 2008. 

“En las últimas dos semanas hemos reducido nuestro pronóstico de crecimiento global. Este año el Producto mundial puede acercarse al 1 por ciento este año, la cifra más baja desde la última crisis financiera mundial”, dijo el informe. El impacto por ahora se siente en un derrumbe de los activos bursátiles pero difícilmente tarde en empezar a sentirse las consecuencias en la producción y el empleo. 

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Coronavirus: 25 millones de empleos en el mundo están en riesgo

Informe de la OIT sobre el impacto de la pandemia en el mercado laboral mundial

La Organización Internacional del Trabajo evaluó que el parate de la actividad económica tendrá fuertes consecuencias en materia laboral. Advirtió que llevará "a millones de personas al desempleo, al subempleo y a la pobreza laboral" y planteó que son necesarias medidas coordinadas e inmediatas.

 

La parálisis económica que generan las medidas de prevención al coronavirus podría generar la pérdida de 25 millones de empleos en el mundo, afirmó este miércoles la Organización Internacional del Trabajo (OIT). 

"Una evaluación inicial del impacto de COVID-19 en el mundo laboral mundial indica que los efectos serán de gran alcance, llevando a millones de personas al desempleo, al subempleo y a la pobreza laboral, y propone medidas para una respuesta decisiva, coordinada e inmediata", señala el informe.

Al igual que otros organismos multilaterales, la OIT se sumó a la campaña para que los países lleven a cabo políticas fiscales y monetarias expansivas para salir de la crisis que genera la pandemia en la actividad económica global, la cual la compara con los efectos del desplome de 2008-2009.

La OIT realizó una nueva evaluación sobre la base de la situación que se actualiza a cada instante y determinó que "la crisis económica y laboral provocada por la pandemia del COVID-19 podría aumentar el desempleo mundial en casi 25 millones de personas". "Sin embargo, de haber una respuesta política coordinada a nivel internacional, como ocurrió frente a la crisis financiera mundial de 2008-2009, el impacto sobre el desempleo mundial podría ser significativamente menor", agrega el informe oficial del organismo con sede en Ginebra. 

La OIT estima que entre 8,8 y 35 millones de personas más, sin contar los que pierdan su fuente laboral, estarán en situación de pobreza laboral

Entre las medidas que sugiere se encuentra la de proteger a los empleados en el lugar de trabajo, estimular la economía y el empleo, y sostener los puestos de trabajo y los ingresos, las cuales ya se pusieron en práctica en varios países, como la Argentina. 

Esas medidas incluyen la ampliación de la protección social, el apoyo para mantener el empleo (es decir, el trabajo a jornada reducida, las vacaciones pagadas y otros subsidios) y la concesión de ayudas financieras y desgravaciones fiscales, en particular a las microempresas y pequeñas y medianas empresas.

Hipótesis de destrucción

El virus ya infectó a casi 200.000 personas en 164 países, resultando en cerca de 8000 muertes, y tiene el potencial de alcanzar a una gran proporción de la población mundial. 

Según estimaciones preliminares recogidas por el informe de la OIT, entre 40 y 70 por ciento de la población mundial podría infectarse. Las consecuencias económicas del brote son también preocupantes, con impacto ya no sólo a través de pérdidas bursátiles sino por el impacto global de la reducción de horas de trabajo y salarios.

El informe de la OIT advierte que la crisis del empleo podría afectar a determinados grupos de manera desproporcionada, y por consiguiente agravar la desigualdad. Entre ellos se encuentran las personas con trabajos menos protegidos y mal pagados, en particular los jóvenes y los trabajadores de edad. 

Las mujeres y los migrantes también son de mayor riesgo laboral. Estos últimos son vulnerables debido a la falta de protección y derechos sociales, y las mujeres tienden a predominar en los empleos de baja remuneración y en los sectores afectados.

El relevamiento de la OIT que difundió de manera global este mediodía simula el impacto en el empleo basado en tres escenarios de crecimiento del PIB. Estas estimaciones indican un aumento del desempleo mundial de entre 5,3 millones (hipótesis “prudente”) y 24,7 millones (hipótesis “extrema”), a partir de un nivel de base de 188 millones de trabajadores en 2019. 

Para tener un punto de comparación con este escenario, la crisis financiera mundial de 2008-2009 aumentó el desempleo mundial en 22 millones.

Menos salarios

“El impacto a la demanda laboral probablemente se traducirá en ajustes significativos a la baja en salarios y horas de trabajo”, advierte el informe del organismo. Según datos al 10 de marzo, los trabajadores infectados perdieron en conjunto ya casi 30.000 meses de

El informe estima que la pérdida de ingresos para los trabajadores será de entre 860.000 millones de dólares y 3,4 billones de dólares a finales de 2020. Esto se traducirá en caídas en el consumo de bienes y servicios, lo que a su vez afectará a las perspectivas de las empresas y las economías.

La pobreza laboral, como lo define el informe, se deteriorará aún más como resultado de “la presión sobre los ingresos resultante de la disminución de la actividad económica, impactando más fuertemente a trabajadores y trabajadoras que se encuentran cerca o por debajo del umbral de la pobreza”. 

La OIT estima que entre 8,8 y 35 millones de personas más estarán en situación de pobreza laboral en todo el mundo, frente a la estimación original para 2020 (que preveía una disminución de 14 millones en todo el mundo).

El organismo exhorta a llevar a cabo respuestas rápidas y coordinadas. 

En materia fiscal, aconseja transferencias específicas, como las prestaciones por desempleo, junto con la inversión pública, desgravación fiscal para personas de bajos ingresos y micro, pequeñas y medianas empresas, en sintonía con las medidas anunciadas por el gobierno argentino esta semana. 

En política monetaria aconseja reducciones de la tasa de interés, relajación de la tasa de reserva, objetivos provisiones de liquidez y préstamos específicos y apoyo financiero para proteger a las empresas, especialmente mipymes en sectores más afectados por la pandemia. 

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El presidente Emmanuel Macron anunció que Francia enfrenta una guerra sanitaria.Foto Afp

Hassan Nasrala, líder del Hezbolá libanés, calificó la pandemia del Covid-19 como una "guerra" (https://bit.ly/39427up).

Luego fue imitado por el presidente galo Emmanuel Macron, quien, en medio de la toma de adecuadas medidas preventivas –muy por debajo de las restricciones de su vecina Italia–, pronunció que Francia enfrenta una "guerra sanitaria".

Durante el debate por la nominación del antidemocrático Partido Demócrata entre el ex vicepresidente Joe Biden y Bernie Sanders, el primero dejó entrever que EU puede adoptar una intervención del ejército. Trump también señaló (https://bit.ly/2QmETZV) que "el mundo se encuentra en guerra contra un enemigo oculto (sic)".

Gran Bretaña no se queda atrás y su ejército está listo a intervenir en caso de que se rompan las frágiles cadenas de cohesión de su sociedad civil (https://bit.ly/33oCXVU).

¿Vamos a una militarización sanitaria?

CNBC comentó que el anuncio de Emmanuel Macron se realizó después de que el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, avisó el cierre de sus fronteras a todos los extranjeros, con excepción de los de EU” (https://cnb.cx/2QDVlVR).

Le Monde, portavoz de la cancillería gala, reportó que Macron sentenció que Francia se encontraba "en guerra" cuando la epidemia se expande en forma "inquietante", por lo que decidió imponer un confinamiento en toda Francia (https://bit.ly/2Qmz0vN).

Por seis veces Macron martilló en tono marcial (sic) que Francia estaba en guerra contra un "enemigo (...) invisible e inasible": "Nunca Francia había tomado tales decisiones en tiempos de paz", por lo que el presidente galo sonó la "movilización general".

¿Qué sabrán de más el libanés líder del Hezbolá y el presidente galo?

Francia sigue el ejemplo "latino" de imponer un régimen de excepción a la par de Italia y España.

Fueron los muy prestigiados médicos galos –no los teóricos epidemiólogos que no atienden pacientes– quienes sonaron la alarma.

Resulta y resalta que entramos a una nueva era planetaria donde se han conjugado varios factores adversos ampliamente conocidos y que han llevado a una fractura en la toma de decisiones dependiendo de las regiones y los países, lo cual (en)marca el fortalecimiento de una imparable resurrección del nacionalismo en sus diferentes variantes y subtipos.

Antes de la eclosión misteriosa del Covid-19 (https://bit.ly/2vxTvym) –que cada día se asienta más la teoría de provenir de un "arma biológica" de laboratorio sea de EU, sea de Israel (sic), sea de China, según Philip Giraldi, ex funcionario de inteligencia militar de la CIA (https://bit.ly/2TVOAAD)–, la globalización financierista estaba ya fenecida –al unísono del renacimiento nacionalista a los dos lados del noratlántico mediante el Brexit y el trumpismo que dejaron atrás sus modelos caducos y disfuncionales del thatcherismo y el reaganomics–, lo cual fue plenamente exhibido durante la guerra comercial de EU y China: las dos principales superpotencias geoeconómicas del planeta.

Así que la pandemia del Covid-19 sólo asesta el último clavo al féretro del neoliberalismo global.

Hasta la revista F oreign Policy –fundada por el supremacista blanco Samuel Huntington y vinculada con el irrendentista Carnegie Endowment for International Peace, hoy relacionada con The Washington Post y Newsweek por medio de Graham Holdings Company– formula, en la pluma de Philippe Legrain, que "el coronavirus está matando a la globalización como la conocemos" cuando "el brote ha sido un regalo (sic) a los nacionalistas nativistas (sic) y proteccionistas (sic) y es probable que tendrá un impacto en el largo plazo sobre el libre movimiento de personas y bienes" (https://bit.ly/2Wn7XUI). Por lo pronto ya es ganancia que los fracasados globalistas se acuerden de las "personas" cuando sólo les importa(ba) el libre paso de "bienes y servicios" bajo las anticientíficas "leyes del mercado" de las "manos invisibles" de Wall Street y la City.

A confesión de parte, relevo de prueba, reza el axioma penal: la"nueva Era post-Covid-19" será nacionalista humanista o no lo será.

www.alfredojalife.com

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Europa y EE UU movilizan tres billones de euros contra el virus

Las dos áreas preparan gigantescas líneas de avales, planes fiscales e incluso cheques para los ciudadanos

 

Sálvese quien pueda, sí. Pero sálvese. Europa y EE UU quieren vencer al coronavirus como sea. Para ello, preparan una colosal operación de movilización de fondos como pocas veces ha visto en la historia. A Europa le ha fallado la unión. Cada Gobierno ha salido por su cuenta. Pero, según calcula la Comisión, los Veintisiete, van a enchufar un total de 1,6 billones de euros en liquidez y 150.000 millones en medidas fiscales. Reino Unido prepara, por su parte, una línea de crédito de 360.000 millones. En EE UU, Trump quiere movilizar un billón de dólares (920.000 millones de euros). Gran parte irá directo al bolsillo de los ciudadanos.

Europa no ha sido capaz de dar una respuesta a la crisis centralizada desde Bruselas, pero los socios de la UE están lanzando casi al unísono medidas de liquidez que la Comisión estima que suman alrededor de 1,6 billones euros y medidas fiscales por unos 150.000 millones. Las capitales se han decantado sobre todo por las garantías y avales para movilizar préstamos bancarios. Solo Berlín, París y Madrid prevén llegar al billón de euros.

Los números del primer golpe que Europa quiere asestar a esta crisis distan de los de 2008, cuando los entonces Veintiocho acordaron un plan de estímulos de 200.000 millones de euros, equivalente al 1,5% del PIB. Esa cifra que entonces pactaron 28 países es la misma que el martes barajó Pedro Sánchez tan solo para España. En 2008 se trataba de relanzar la economía con medidas que fomentaran la inversión y el consumo. Ahora es otra cosa: mandar al grueso de la economía a hibernar hasta que la intensidad del brote caiga lo necesario para que la actividad vaya recobrando el pulso.

Europa se ha centrado en buscar medidas para asegurar que sus compañías, en especial las pequeñas y medianas, no se quedan secas y acaban muriéndose. Alemania ha anunciado 500.000 millones en avales; Francia, 300.000, y España, 117.000. El Reino Unido, ya fuera de la UE, seguirá el mismo camino con garantías para movilizar hasta 360.000 millones de euros. El exsecretario del Tesoro italiano Lorenzo Codogno, sin embargo, opina que el paquete no es comparable con el de 2008. “Se trata de garantías para préstamos, cuya materialización dependerá de si los bancos las usan, que pueden no tener un efecto inmediato y que pueden no generar créditos nuevos sino cubrir los ya existentes”, señala.

Santiago Carbó, catedrático de CUNEF, cree que las medidas de los países de la UE van “en la dirección correcta”, aunque preferiría una operación conjunta para apuntar con el bazuca. “Y si el dinero se inyecta en vena, mejor”, apunta. EE UU estudia hacerlo así, vía cheques a los ciudadanos. Pero Nicolas Veron, del Peterson Institute for International Economics, recuerda la diferencia entre los Estados de bienestar de uno y otro continente. Es decir, Trump necesita echar mano de un plan de estímulos para proteger a sus ciudadanos, mientras que la UE tiene una red de seguridad más fuerte.

La segunda pata de los planes europeos contiene ayudas a las empresas, como los 8.000 millones para las reducciones de jornada en Alemania, los 45.000 millones prometidos por Emmanuel Macron para apoyar a empresas o los 500 euros que Italia ingresará a sus autónomos. El director del think tank Bruegel, Guntram Wolff, echa de menos otras medidas para garantizar que las empresas puedan sobrevivir en un contexto de parálisis total de la actividad y números rojos. Por ejemplo, una actuación coordinada para reducir las cotizaciones a la Seguridad Social. “Se trata de socializar esas pérdidas para que el rebote sea muy rápido”, añade.

Pero dada la voracidad del virus con la actividad económica, Bruselas espera una nueva ronda de medidas. “Lo que ayer no era posible, hoy quizá lo es y mañana sí”, recuerda Ángel Talavera, de Oxford Economics, quien opina que los Gobiernos deberán ir más allá de los avales para mantener vivas las empresas.

Trump: “A lo grande”

En EE UU, Trump ha desplegado todo el arsenal del que dispone el Estado para combatir la pandemia, con un paquete de ayudas que, de aprobarse en los términos que propone la Casa Blanca, carecería de precedentes en volumen y velocidad de implementación. La intención es inyectar hasta un billón de dólares en la economía. El detalle del plan sigue debatiéndose en el Capitolio, y el Departamento del Tesoro ha circulado entre los congresistas un documento de dos páginas con las prioridades de la Casa Blanca para el acuerdo final, que esperan se alcance esta misma semana. “Queremos ir a lo grande”, explicó Trump en una comparecencia ante la prensa.

La mitad de ese billón de dólares se iría en dos masivos envíos de cheques al conjunto de los ciudadanos, exceptuando a algunos con ingresos altos. La propuesta del Gobierno es hacer dos pagos idénticos a los estadounidenses —uno el 6 de abril y otro el 18 de mayo— para ayudarles con el pago de las facturas y activar el consumo. Aunque en los pasillos se habla de un monto medio de 1.000 dólares cada cheque, el documento que el Tesoro ha envidado a los congresistas dice que “las cantidades de los pagos serán fijadas y niveladas en base al nivel de ingresos y el tamaño de la familia”.

El plan contempla también destinar 50.000 millones de dólares a la creación de un “servicio de préstamos asegurados para la industria de las aerolíneas”. Otros 150.000 millones se destinarían a apoyar a otros sectores afectados por la crisis, como el hotelero. Y el plan prevé dedicar 300.000 millones a ayudar a las empresas pequeñas a eludir despidos masivos. Según la carta, se trata de “proporcionar continuidad al empleo durante las interrupciones de la actividad”, con la creación de “un programa de préstamos” para compañías con menos de 500 trabajadores. El martes, el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, advirtió a los senadores de que, en “el peor escenario posible”, la tasa de desempleo podría dispararse hasta el 20%.

El Gobierno permitirá además aplazamientos de 90 días en los pagos de los impuestos sobre la renta y de sociedades, sin intereses ni penalizaciones. Esta medida, calculó Mnuchin, servirá para amortiguar temporalmente la pérdida de salarios y la bajada de la demanda, inyectando 300.000 millones de dólares en la economía.

La Reserva Federal también ha activado sus poderes de emergencia para apoyar la economía. El martes anunció que empezará a comprar papel comercial, un instrumento de financiación a corto plazo emitido por las compañías, y que establecerá un programa de préstamos destinado a ayudar a los bancos para que el crédito siga fluyendo a empresas y hogares. Mnuchin aseguró en la Casa Blanca que el banco central, con la protección del Tesoro, estará en condiciones de comprar papel comercial por valor de un billón de dólares “a medida que se necesite”.


 En China ahora la prioridad es recuperar el empleo

“Permitid que más trabajadores vuelvan a trabajar y a ganar dinero cuanto antes”, proclamó ayer Li Keqiang, primer ministro chino. Con estas palabras, el segundo hombre del organigrama del país pide acelerar la reactivación de la economía. Su actividad ha sufrido un enorme golpe por la pandemia que tuvo su epicentro en Wuhan. Este primer trimestre se prevé un retroceso histórico del PIB. Pero China ha movilizado muchos menos recursos contra el coronavirus que Europa y EE UU. La mayor parte de las iniciativas públicas han tenido a las pymes como destinatarias. El objetivo era solucionar tres problemas: la falta de fondos, la falta de capital humano y la saturación de los servicios logísticos. La acción se llevó a cabo desde varios frentes. El Banco Central estableció un fondo de préstamos por valor de 300.000 millones de yuanes (casi 39.000 millones de euros). El Ministerio de Finanzas aplicó subsidios y recortes de impuestos, así como la suspensión del pago de intereses bancarios a negocios afectados por la pandemia. El Ministerio de Recursos Humanos y Seguridad Social rebajó las cotizaciones. Ahora, con la infección reproduciéndose ya a niveles mínimos, el Gobierno aspira a amortiguar el impacto. Li dejó claro que la prioridad es estabilizar el empleo, lo que pasa por facilitar la reincorporación del personal a los sectores productivos. "Los controles temporales ya no son necesarios", aseguró, apremiando a las administraciones a eliminar los protocolos de seguridad que se puedan abandonar sin riesgo. Este impulso al empleo es la continuación del paso precedente, el propósito original del Gobierno, que pasaba por lograr una reactivación industrial plena. Los esfuerzos parecen haber funcionado: los índices de actividad elaborados por la consultora Trivium estiman que la economía china ya está funcionando a un 70% de su capacidad, una cifra que ha ido progresando en las últimas semanas, pero de la que las pymes siguen siguiendo el extremo débil. Puesta en marcha la oferta, ahora es el momento de centrarse en la demanda. Tras su reunión el viernes pasado, la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma publicó un documento guía para potenciar el consumo. La municipalidad de Nanjing, por ejemplo, ha comenzado una iniciativa para dar a sus ciudadanos vales descuento electrónicos por un total de 318 millones de yuanes (41 millones de euros) a emplear en restaurantes, gimnasios, librerías y tiendas de electrónicos. El Gobierno espera que el consumo sea el tercer y último empujón que eche la economía china a rodar de nuevo.

Bruselas / Washigton / Pekín - 18 mar 2020 - 18:30COT

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