El mercado conecta las alarmas: hay una burbuja punto.com con riesgo de estallar

El temor al colapso de los encendidos valores tecnológicos circula por los parqués bursátiles y son los propios bancos de inversión los que se encargan de admitir la existencia de una burbuja punto.com y de alertar del riesgo inminente de que explote. 

"La burbuja [tecnológica] está lista para colapsar". La advertencia está escrita en una nota para inversores de Marko Kolanovic, responsable global de estrategia macro y productos derivados de JP Morgan. La última semana de febrero, cuando la crisis del coronavirus se propagó por los cinco continentes y fulminó en una semana trágica para los mercados los principales índices de las bolsas mundiales.

Sólo en Wall Street, los cinco últimos días lectivos de febrero, el temor a la pandemia se llevó de sus parqués seis billones de dólares, según aseguró el analista del S&P Dow Jones, Howard Silverblatt, a Business Insider. Un efecto contagio que afectó a otros mercados como el Dow Jones Industrial o el Nasdaq, que descendieron casi un 10% desde sus recientes -y últimos- registros alcistas.

El Dow retrocedió más de 3.000 puntos esa semana. Pérdidas que los organismos multilaterales y el mercado empiezan a relacionar con un súbito empeoramiento de la economía global, que impulsa irremediablemente la actividad a una espiral recesiva.

La debacle bursátil dejará, obviamente, activos baratos. Pero no serán los tecnológicos. Con sus excepciones, han sido las acciones que han impulsado el extraordinario ciclo en los mercados de todo el planeta desde el crash de 2008. Y que, a la espera de los daños colaterales que dejará el coronavirus, seguirán siendo los que más peso inversor cuantitativo traslada a los parqués, dice Kolanovic, cuya afirmación se basa en "el abismo que separa el retardo del valor real que estas compañías adquieren en los mercados, respecto de los factores extraordinarios que determinan el fulgurante crecimiento de sus cotizaciones" en momentos concretos. La esperanza es que "por una vez en el último decenio", esa convergencia se produzca.

Porque existen señales que contribuyen a esconder la burbuja tecnológica, como la escasa volatilidad de sus valores. Pero su explosión "no será diferente" de la que experimentó el sector en 2000 -en la llamada crisis de las puntocom- o de las correcciones de los primeros años de la década pasada. O la respuesta de los inversores a la epidemia del coronavirus, al colocar sus carteras en segmentos cíclicos de la economía como la energía o la seguridad de los bonos del Tesoro americano en lugar de en acciones tecnológicas. Una opción coyuntural. Dado que desde firmas como RBC Capital Markets afirman que siete de las diez opciones inversoras más populares en el mundo son de la industria tecnológica, con Microsoft y Alphabet como favoritas. El coronavirus puede propiciar una brusca rotación de activos, "hacia valores más tradicionales, materias primas o mercados emergentes", pero su estallido será inevitable, explica.

Los hegde-funds atacan de nuevo

Steven Bregman, fundador de Horizon Kinetics, una firma de asesoramiento inversor, coincide con el analista de JP Morgan. El propio mercado es una burbuja -matiza, sin embargo-, aunque los valores tecnológicos, tanto de consumo como de innovación, son los que la insuflan oxígeno. Y "no hay nada que pueda evitar su deflagración". A su juicio, "el ambiente de riesgo sistémico es más alarmante que en 1999", cuando se fraguó el calentamiento de los valores tecnológicos que dieron paso a la primera gran crisis bursátil y corporativa del sector. Después de una década, la pasada, en la que han dominado la gestión de los fondos, pese a su paulatino encarecimiento, y a abanderar el reparto de beneficios entre sus inversores.

Mientras la industria de los hedge-funds, carteras de activos de alto riesgo, acapararon capitales netos el pasado ejercicio por valor de 328.000 millones de dólares, su segundo registro anual más cuantioso, asegura la firma CFRA Research. Un incremento por las inversiones que precipitaron el credit crunch de 2008 -también de derivados, estructurados y swaps- que ha generado la alerta desde el Banco Internacional de Pagos (BIS), entidad de la que emanan las normas regulatorias bancarias y que alberga a los diez principales bancos centrales del planeta. El BIS ha venido revelando en sus informes trimestrales del pasado año un aumento gradual de estas carteras de riesgo sistémico.

Bergman, en declaraciones a Business Insider, cree que "el régimen artificial de bajos tipos de interés y la actitud de pasividad inversora que ha prevalecido en la pasada década" son los dos factores que, a su juicio, están siendo responsables de la explosión de los hedge-funds con unas carteras de activos cargadas de valores tecnológicos en efervescencia bursátil. "Y lo que el perfil medio de inversor conoce del mercado es sólo una pequeña fracción de lo que realmente valen las compañías". En su opinión, hasta un 20% del valor del S&P 500 americano es especulativo o, cuanto menos, resultado de rampantes crecimientos de cotizaciones sin justificación. Casi todas, tecnológicas. Aunque no las únicas. Amazon o Google parecen ajenas a los rigores del mercado -explica Bergman- "pero todos hemos sido testigos del final de esta película antes".

Siempre hay episodios de la serie que acaban rebajando sus posiciones, desde reformas e iniciativas políticas hasta nuevas normas regulatorias, que han acabado afectando a las grandes corporaciones. Para este analista, la comparación con 1999 resulta obligada: Algunas empresas del top ten del índice S&P 500, como AOL, entonces la número diez, intentó sin éxito fusionar a Time Warner, mientras la séptima, Lucent Technologies nunca llegó a recuperarse de la crisis puntocom. General Electric ha pasado de ser la segunda al puesto sexagésimo segundo por capitalización bursátil.

Un mercado con activos hipervalorados

John Hussman, presidente de Hussman Investmen Trust, también se apunta a la tesis de la burbuja tecnológica. "Nos aproximamos al punto crucial", en el que los inversores "deberían empezar a pensar que se encuentran ante una combinación extrema de hiper-valoración en los valores -sobre todo, los techs- y señales de mercado desfavorables". Como en 1999-2000. "La especulación está jugando con fuego", alerta. En 1929, la explosión bursátil se saldó con la caída del 90% del valor de las empresas y, en 2000, la burbuja de internet borró casi el 80% del índice Nasdaq. "Los mercados están ahora posicionados en escenarios similares".

Para más inri, el premio Nobel Robert Shiller, acaba de publicar un libro en el que pasa revista a las dos peores burbujas financieras de la historia económica reciente. El autor de la teoría de la exuberancia irracional que empleó con posterioridad el ex presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan, y que recibió el máximo galardón económico en 2013, llama la atención sobre las coincidencias financieras con 1999, preludio de la crisis puntocom de 2000 -con recesiones en EEUU y Alemania tres años más tarde- y con 2007, cuando surge la embestida de las hipotecas subprime estadounidenses que precedió a la quiebra de Lehman Brothers, un año más tarde y que desembocó en la primera recesión sincronizada de las economías del G-7. Shiller cree que, de nuevo, se ha instalado un comportamiento irracional en los mercados que resulta "más que preocupante".

madrid

09/03/2020 07:27

Por DIEGO HERRANZ

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Domingo, 08 Marzo 2020 05:17

Jeanine Añez en su laberinto  

Jeanine Añez en su laberinto  

La presidenta de facto no puede dormir tranquila. La semana pasado fue de espanto para ella. Fue expulsada de El Alto por una multitud, ciudad donde se perpetró una de las dos masacres que acontecieron poco después de que asumiera el poder. El jueves 5 de marzo tuvo que salir con chaleco antibalas y a la carrera mientras la muchedumbre incluso destrozó los vidrios del vehículo del ministro de Educación Víctor Hugo Cárdenas con la explosión de un cachorro de dinamita.

La periodista boliviano argentina Verónica Zapata escribió: “Como todo delincuente que vuelve a la escena del crimen, se presentó custodiada de cientos de policías y militares para participar de una sesión de honor en el Consejo Municipal por el 35° aniversario de la fundación de El Alto que se cumple el día 6 de marzo.” Y doña Jeanine acaba de descubrir que el crimen no paga, que la gente recuerda, que los alteños piensan que sus muertos no se negocian. En resumen: que Senkata no se olvida.

Por supuesto, el viernes ya no asistió a nuevos desfiles. Hubiera sido una provocación. Los alteños no la quieren y se lo hicieron saber. Lo propio al excandidato por su partido Óscar Ortiz que en Senkata durante la sesión de la cámara de senadores también salió a las corridas y resguardado por la policía. “Asesina, asesina, asesina” gritaban miles de alteños a la presidenta y “motines, motines, motines” a los policías.

Pero además el viernes tenía que asistir a un tercer llamado del congreso a dar su informe el ministro de Defensa Fernando López, quien fuera el operador de Luis Fernando Camacho con los militares para que estos dieran el golpe de estado, según las propias declaraciones del ex líder cívico. López nuevamente no asistió y a los senadores y diputados se les acabó la paciencia. Lo censuraron por más de dos tercios y según la Constitución Política del Estado eso significa su destitución inmediata.

Y el próximo en la lista es el nada menos que Arturo Murillo, el hombre de la represión y muy íntimo allegado a Añez que debe elegir entre presentarse y que le hagan preguntas incómodas o dejar de ir y que lo censuren. Si se presenta también puede recibir la sanción del congreso y si son dos tercios deberá dejar el puesto.

Añez debe escoger entre hacer caso a la Constitución y deshacerse de uno (quizá dos) de sus hombres fuertes en el manejo del miedo o ella misma poder ir a juicio de responsabilidades. Mientras, en el Movimiento al Socialismo se han soldado las fisuras. Y aún los más concertadores de los diputados y senadores que algún momento pactaron con el poder golpista, saben que su futuro político depende de con que fuerza condenen al régimen. Y cada vez que leen las encuestas la idea se afirma.

No, no son buenos momentos para la presidenta golpista más si sumamos que los campesinos le han dado 72 horas para que deposite el dinero para que continúen funcionando 400 proyectos que han quedado detenidos en su gestión y los maestros preparan sendos paros (el viernes hubo uno masivo en Sacaba, donde se cometió otra masacre) exigiendo mayores ítems para compensar el crecimiento vegetativo de los alumnos, algo que el ministro de hacienda, José Luis Parada, ha rechazado.

El nieto de Mahadma Gandhi, Aroun, decía que: “Hemos encontrado que la forma más fácil de controlar a la gente es a través del miedo y entre más miedo puedas infundir en la gente, más control puedes tener.” Pero eso ya no funciona en la Bolivia preelectoral que le ha perdido el miedo a la represión y con la llegada de 100 observadores de la Unión Europea y la arremetida de organizaciones defensoras de los Derechos Humanos en contra de las matanzas ordenadas por Añez, esta no puede darse el lujo de un muerto más por la represión.

En resumen, lo que la llevó al poder ahora no sirve de receta. Sin ser médicos ya sabemos que pronto Jeanine deberá tomar pastillas para dormir si no lo está haciendo ya.


Áñez ratifica al ministro de Defensa pese a destitución aprobada por la Asamblea Legislativa

 

7 marzo 2020

Cubadebate

 

La presidenta de Bolivia, Jeanine Áñez, ha ratificado este sábado su confianza en el ministro de Defensa, Luis Fernando López Julio, pese a la censura y destitución aprobada por dos tercios Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia, controlada por el Movimiento Al Socialismo (MAS).

"El MAS intenta frenar mi gestión utilizando el parlamento. Mi respuesta firme es: seguiré trabajando por la reconciliación y la prosperidad de Bolivia. El Ministro de Defensa tiene mi confianza. Ha hecho un gran trabajo ante desastres naturales y por la pacificación de la patria", ha afirmado Áñez a través de su cuenta en Twitter.

Previamente el ministro de la Presidencia, Yerko Nuñez, había denunciado que la censura a López en la Asamblea Legislativa Plurinacional estaba orquestada desde Argentina, país de refugio del expresidente Evo Morales.

Por ello están estudiando presentar una denuncia ante el Tribunal Constitucional, ya que consideran que la censura al Ministro de Defensa es ilegal, por ser en ausencia del propio ministro.

La Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia censuró este viernes al ministro López Julio, lo que supone su destitución inmediata como cargo del Gobierno.

López Julio no se presentó al acto de interpelación pese a estar convocado para dar explicaciones por dos cuestiones: la petición de renuncia de las Fuerzas Armadas al presidente Evo Morales en noviembre de 2019 y la represión de las protestas contra la salida de Morales del poder en enero de 2020.

El ministro presentó excusa para su ausencia, pero el pleno de la Asamblea decidió declarar injustificada la misma. Es la tercera vez que López no se presenta a una convocatoria. La Asamblea aprobó por dos tercios la censura de López y los legisladores del MAS aplaudieron la decisión.

La presidenta del Legislativo, Eva Copa, ha subrayado que la censura implica la destitución del Ministro, según manda la Constitución Política del Estado. Concretamente así se recoge en el Artículo 158 Párrafo 18. "Esta resolución será enviada a la presidenta de transición (Jeanine Añez), para que dé cumplimiento inmediatamente", ha explicado Copa.

"Este justificativo es un chiste a la Asamblea, pues las interpelaciones son por temas importantes, por lo que ocurrieron en octubre y noviembre y (se trata de) esclarecer lo que ocurrió en Sacaba y Senkata", ha argumentado Copa.

Copa ha adelantado además que para los próximos días están previstas interpelaciones de los ministros de Gobierno, Arturo Murillo;  de Comunicación, Isabel Fernández, y de Obras Públicas, Iván Arias.

Además, la Asamblea Legislativa Plurinacional ha aprobado una resolución para la constitución de la Comisión Especial Mixta de Investigación sobre los hechos de octubre y noviembre de 2019.

La Comisión Mixta está conformada por las senadoras Sonia Chiri y Lineth Guzmán del Movimiento Al Socialismo (MAS), Rosario Rodríguez, del Partido Demócrata Cristiano (PDC), además de los y las diputadas Mireya Montaño, Patricia Gutiérrez, Víctor Borda y Juan Cala (MAS) y Amilcar Barral y Eida Middag de Unidad Demócrata.

Copa ha indicado que la tarea de la comisión es investigar los sucesos acontecidos entre octubre y noviembre de 2019: en medio de las protestas por el supuesto fraude electora l en las elecciones presidenciales del 20 de octubre que depararon la reelección de Evo Morales, el presidente tuvo que huir del país después de que Policía y Ejército le retiraran su apoyo. En las protestas posteriores hubo simpatizantes de Morales muertos en Senkata y Sacaba.

(Con informaciòn de Europa Press)

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Sábado, 07 Marzo 2020 06:06

Coronavirus: el capitalismo contagiado

Coronavirus: el capitalismo contagiado

La epidemia del coronavirus, denominado Covid-19, ha dejado al descubierto aspectos oscuros de las sociedades contemporáneas que en circunstancias normales permanecen latentes u ocultos: desde la xenofobia y la absoluta falta de empatía con quienes atraviesan circunstancias difíciles –exhibidas por amplios sectores de la población– hasta la propensión, de no menos ciudadanos, a dejarse llevar por el pánico, los rumores y la desinformación. Pero la propagación del patógeno –que comenzó en diciembre pasado en la ciudad china de Wuhan y que ya se hizo presente en casi 80 naciones– ha contribuido a exhibir, ante todo, la preocupante vulnerabilidad del capitalismo ante el miedo de inversionistas y gestores de grandes capitales, sin importar que los temores de estos agentes financieros estén justificados o no.

En efecto, el mero temor de los dueños de los grandes capitales a que la epidemia se prolongue y se extienda más allá de lo previsto, ha llevado a los mercados bursátiles a registrar pérdidas no vistas desde la crisis mundial de 2008, y se estima que el brote costará más de 280 mil millones de dólares sólo en los tres primeros meses del año. Además, ha golpeado con fuerza a sectores especialmente sensibles como el aeronáutico y el turístico: mientras el primero espera pérdidas del orden de 113 mil millones de dólares, el segundo considera que la retracción alcanzará 70 mil millones.

Las consecuencias económicas de la nueva enfermedad, que habrían sido graves en cualquier contexto, empeoraron debido a la imprudencia de algunos líderes y medios de comunicación occidentales que no dudaron en magnificar la gravedad de la emergencia como herramienta de golpeteo político contra el régimen de la nación asiática. Lo anterior tuvo el doble efecto negativo de incrementar el pánico entre los ciudadanos (e inversionistas) de los países occidentales, y de orillar a las autoridades chinas a la adopción de medidas drásticas que tuvieron éxito notorio en la contención geográfica de la enfermedad, pero a un enorme costo para su economía y el bienestar sicológico de sus habitantes. Para colmo, ese entusiasmo en dirigir las baterías declarativas contra China pasó por alto la importancia crucial de esta nación para el funcionamiento de los mercados globales, por lo que el aislamiento chino pronto tuvo implicaciones allende las fronteras; por citar sólo un ejemplo, una caída de apenas 2 por ciento en las exportaciones chinas de piezas y componentes ya costó 50 mil millones de dólares a otros países y sus industrias.

A la vulnerabilidad del capitalismo que ha quedado al descubierto, debe sumarse la igualmente expuesta voracidad de los capitalistas. Una vez que líderes empresariales, banqueros, administradores de fondos de inversión y otros integrantes de la élite económica han debido afrontar en sus propios estados de cuenta los saldos de la doble epidemia vírica y pánica, han exigido a los gobiernos que echen mano de los recursos públicos con la finalidad de paliar las pérdidas económicas, actitud cínica en tanto parecen olvidar que durante décadas ellos mismos empujaron (en formas a veces cuestionables) toda suerte de reformas legales para despojar a los Estados de las herramientas que les permitirían intervenir de manera efectiva en tiempos de crisis.

La lección debe buscarse en la necesidad de diseñar un sistema económico menos vulnerable a los impulsos irracionales de quienes detentan las posiciones de poder, así como en el reforzamiento de la educación para reducir la susceptibilidad de las sociedades a los rumores y la siembra del miedo.

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Estudiantes participan del mochilazo en una estación del centro de la capital chilena.

Empezaron las clases y crecen las protestas en Santiago y el interior

Bajo el lema “Mochilazo estudiantil” agrupaciones estudiantiles organizaron saltos a los molinetes en el subte de Santiago. También cortaron las calles en varios puntos de la ciudad.

Los estudiantes secundarios chilenos volvieron a ponerse al frente de las protestas en Chile. Bajo el lema “Mochilazo estudiantil” organizaron nuevos saltos a los molinetes del subte de Santiago durante la jornada del miércoles y el jueves. También cortaron las calles en varios puntos de la ciudad. Las protestas, que coinciden con el inicio de las clases en Chile, se replicaron en varios puntos del país como Valparaíso y Concepción. En paralelo se produjo la quema de un colectivo y ataques a una comisaria.

El regreso a las aulas estuvo marcado por convocatorias a nuevas jornadas de protestas. La Asociación de Estudiantes Secundarios (ACES) y la Coordinadora Nacional de Estudiantes Secundarios (Cones) fueron algunas de las organizaciones que llamaron a marchar. Las críticas al gobierno de Sebastián Piñera estuvieron en el centro de los reclamos. Las banderas y carteles con el lema “Fuera Piñera” se repitieron en varias concentraciones y cortes de calles. Los adolescentes manifestaron su hartazgo con el modelo educativo comercial que desde hace décadas impera en Chile. También exigieron un acceso universal a la educación superior.

En enero pasado se organizaron en todo el país las Pruebas de Selección Universitaria (PSU). Este es un examen de nivelación pago, necesario para poder ingresar en la educación universitaria. En ese momento las agrupaciones estudiantiles organizaron boicots para impedir que se tomen las pruebas. Como respuesta el gobierno inició procesos judiciales contra decenas de alumnos. Durante la jornada del jueves los adolescentes también reclamaron el cierre de esas causas. “Tenemos que mantener la lucha en todo el país. Junto a diversos sectores del pueblo seguimos luchando por cambiar el modelo de mercado y que tengamos esa vida digna por la que tanto hemos peleado”, publicó en redes sociales la ACES.

Las estaciones del subte fueron otra vez el blanco de las manifestaciones. Los estudiantes se juntaron en grupos cerca de las bocas del metro de Santiago. En algunas de ellas fueron recibidos por carabineros que les impidieron el paso. En otras, decenas de estudiantes bajaron corriendo hasta las estaciones donde saltaron masivamente los molinetes. Muchos de ellos se sentaron en los andenes, lo que generó la interrupción de algunas líneas. También hubo marchas en la avenida Alameda, la principal arteria de la ciudad, y otras calles céntricas, provocando cortes en el tráfico. Los alumnos del Instituto Nacional, uno de los centro de estudiantes más combativos de Santiago, extendieron en la calle una gran bandera con el lema “Los ricos ponen las armas y los pobres ponen los muertos”. Columnas de carabineros llegaron hasta el lugar y dispersaron a los estudiantes.

Por otro lado, una tensa jornada de manifestaciones se vivió en la madrugada del jueves en Puente Alto, al sur de Santiago. La Comisaría 20 de carabineros fue atacada según informó el comandante Claudio Hermosilla, de la Prefectura Cordillera. “Fue violentamente atacada por estos estudiantes que andaban de uniforme con elementos contundentes, extintores, con clara intención de provocar daños y lesiones al personal que estaba trabajando“, dijo el Comandante al sitio ElDesconcierto. Dos funcionarios de Carabineros resultaron heridos en los enfrentamientos. Uno de ellos quedó internado en el hospital institucional, según confirmaron desde la institución policial. En la misma comuna hubo otros choques entre manifestantes y la policía. Un micro del sistema público de transporte fue incendiado. También saquearon una tienda de celulares. El saldo fue de 16 personas detenidas, cinco de ellas menores de edad.

A su vez, el gobierno de Chile cuestionó la decisión de la Justicia de liberar a 43 detenidos por los disturbios del martes en Santiago. "El esfuerzo policial por detener a estos violentistas y proteger a los vecinos debe ir acompañado de sanciones rigurosas. Apelaremos esta decisión y seguiremos trabajando para recuperar el orden público", escribió el ministro de Interior, Gonzalo Blumel, en Twitter. En total 62 personas habían sido detenidas por los enfrentamientos con Carabineros durante una protesta en la Plaza Italia, la denominada zona cero del estallido social. De ellas, 44 habían pasaron a disposición judicial pero el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago decidió liberarlas. Las críticas a Piñera por el accionar represivo de su policía siguen a la orden del día. Sin embargo el gobierno intensificó en las últimas semanas la presencia de carabineros en las calles de Chile.

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El coronavirus como tapadera de la crisis sistémica

Que una gripe fuerte sea capaz de hundir la economía mundial, no habla de la gravedad del virus sino de la fragilidad del modelo financiero neoliberal.

Antes de que se dispararan las alarmas por la epidemia de coronavirus, existían evidencias sobre la desaceleración de las principales economías, que ahora parecen confirmarse al punto que la inflexión de la Reserva Federal de Estados Unidos al bajar las tasas de interés encendió todas las alarmas.

El Baltic Dry Index es considerado como un termómetro de la salud de la economía global, porque indica los rumbos en el corto plazo. Se trata de un índice de los fletes marítimos de carga a granel seca, que se calcula diariamente. Su importancia radica en que refleja la cantidad de contratos para el envío de mercancías en las rutas marítimas más importantes.

Este termómetro marcó a principios de setiembre de 1919 los 2.580 puntos, el más elevado de los últimos 10 años, sólo superado en 2010. Desde octubre el índice no para de caer, alcanzando niveles más bajos aún que durante la crisis de 2008. A principios de diciembre estaba en 1.500 puntos, mil menos que tres meses atrás.

Lo más significativo es que siguió cayendo de forma exponencial hasta los 400 puntos, en febrero de 2020. Cuando la epidemia de coronavirus aún no ocupaba los titulares de los medios, en los primeros días de enero, y aún no existía la preocupación de las semanas siguientes, derrapó hasta los 750 puntos el 8 de enero.

Si el Baltic Dry Index estaba en caída libre, de 2.580 a 750, esto no puede atribuirse al coronavirus sino a una crisis económica inminente, brutal y depredadora. Una crisis cuyas manifestaciones ya eran evidentes antes de la epidemia.

El FMI publicó sus previsiones en la 50 reunión anual del Foro Económico de Davos, revisando su pronóstico de crecimiento para 2020 a la baja. Sus principales conclusiones fueron que la economía mundial se encuentra en una situación "peligrosamente vulnerable".

El clima que se respiraba antes de la difusión de la epidemia comparaba la coyuntura con la crisis de 2008, mientras la OCDE confiaba aún en un "aterrizaje suave" de la economía estadounidense. Las principales agencias temían que la combinación de "las tensiones geopolíticas, el malestar social, las tensiones comerciales y el desarrollo de turbulencias financieras de las economías", crearan una situación insostenible.

Lo que pretendo enfatizar es que la conjunción de guerra comercial, Brexit, deuda pública y privada y desigualdad crecientes, ya estaban causando estragos cuando apareció el coronavirus. Por lo tanto, la epidemia no es la causa de la crisis económica sino su catalizador.

La ONU, por ejemplo, venía advirtiendo de la "profundización de la polarización política y un creciente escepticismo sobre el multilateralismo como riesgos significativos a la baja".

En su informe sobre las perspectivas de la economía mundial para 2020, el analista Oscar Ugarteche enfatizaba, a fines de diciembre pasado, que "2019 ha sido uno de los más complicados en mucho tiempo para una serie de países visto desde varias aristas: crecimiento económico, cohesión social, integración internacional y crisis política".

El economista agrega, a la lista de infortunios, "las protestas sociales de diversa índole en al menos dieciséis países alrededor del mundo", que repercuten en una caída de "la inversión privada tanto en el corto como en el mediano plazo". La desaceleración de Alemania y el estancamiento de la Unión Europea, se traducen en una disminución de los precios de las materias primas, según Ugarteche.

El punto central, empero, es otro: "Se anticipa para 2020 una mayor desaceleración, tal como esperábamos a inicios del 2019. La Reserva Federal en su última decisión de política monetaria del año ha optado por mantener la tasa de referencia de los bonos federales en el rango de 1.5 – 1.75% aunque el pronóstico es que cuando se intensifique la desaceleración económica, se harán recortes adicionales, llevando a una ronda de recortes en todo el mundo, el próximo año", escribía a fines de 2019.

Esto explica que la bajada en las tasas de interés no fue en absoluto "sorpresiva", como aseguró buena parte de la prensa económica. La Fed simplemente aprovechó el momento para tomar una decisión que resultaba inevitable, por el estado de cosas con que finalizó 2019. "Para las economías avanzadas el pronóstico es gris", concluye el economista.

Los descalabros de las bolsas a comienzos de marzo y, de modo particular, la brusca oscilación hacia arriba y hacia abajo que se observa cada día, son consecuencia de que hemos entrado en un período de hondas incertidumbres, a las que ahora se suman los países asiáticos, con China a la cabeza, que este año puede tener la tasa de crecimiento más baja en décadas.

La conclusión es que la economía global estaba ya ingresando en un momento de caída con fuerte tendencia a la recesión. Es importante destacar que no se trata de una crisis económica sino sistémica. Cuando Ugarteche menciona, por ejemplo, la importancia de las protestas sociales en muchos países de forma simultánea, está poniendo sobre el tablero una situación que excede con mucho el concepto de crisis económica.

Quizá por eso, el segundo dato a retener de esta crisis, es el experimento de ingeniería social a gran escala, colocando en cuarentena a millones de personas sanas, algo inédito en la historia de la humanidad.

El epidemiólogo brasileño Pedro Vasconcelos, que trabajó treinta años en el Instituto Evandro Chagas y hoy preside la Sociedad Brasileña de Medicina Tropical, señala: "La humanidad usó la cuarentena para controlar la peste negra en la Edad Media, la fiebre amarilla cuando no se conocían sus causas y la gripe española a inicios del siglo XX. Y nada más".

Esa práctica había caído en desuso y ahora se utiliza no para aislar a los infectados sino para millones de personas sanas, inicialmente en China pero con tendencia a multiplicarlo a escala global. Estamos ante una tema fundamental, ya que en un período de crisis sistémica, las elites parecen empeñarse en mantener el control a toda costa, como se deduce de su actitud ante la epidemia de coronavirus.

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Coronavirus, la coartada perfecta para esconder una enfermedad terminal

La FED baja los tipos de interés, el BCE anuncia que está preparado para tomar medidas, pero esta enfermedad parece no tener cura. La economía ya estaba enferma, el coronavirus solo es una prueba más de que solo se mantiene a base de un dopaje contínuo. 

as bolsas caían en picado y necesitaban las palabras mágicas que tranquilizaran a los mercados. Aquel “haré todo lo posible para salvar al euro” de Draghi en el 2012, se ha convertido en un “usaremos nuestras herramientas y actuaremos para apoyar a la economía”. Esas fueron las palabras de Jerome Powell, presidente de la Reserva Federal de EE UU, este pasado viernes. Surtieron efecto, las bolsas rebotaron, pero no era suficiente. Parece que nada es suficiente y ahí, posiblemente, reside el problema.

Mientras escribía estas líneas, Powell ha dado el paso: “El coronavirus plantea riesgos en la evolución de la actividad económica. Frente a estos riesgos, la FED ha decidido reducir las tasas de intereses”. Un virus que ha nacido en el otro lado del planeta, en casa de su oponente en la batalla por la hegemonía mundial, ha conseguido que la FED haga lo que Trump, el tejido industrial estadounidense, los lamentos de los países emergentes u otros bancos centrales habían exigido a Powell.

Ese canto tuvo sus coros unísonos en todo el planeta. El Banco de Japón, el Banco de Inglaterra y, en última instancia, el Banco Central Europeo (BCE), también han declarado que harán lo que sea necesario para mantener a flote la economía y paliar los efectos del virus, pero ¿es en realidad un problema provocado por la pandemia? ¿Es proporcional la reacción de los mercados? ¿No será que, como pasa con otros virus, este ataca y mata antes a quien ya está enfermo?

Los rumores, las alertas sanitarias, los estallidos de burbujas o quiebras de pequeños países o conflictos políticos graves siempre habían afectado a los mercados de una manera u otra. Pero que un virus que, de momento, ha matado menos que otras gripes comunes haga tambalear la economía mundial nos indica que quien está enferma es esa economía y el sistema que la sustenta.

No me voy a extender mucho en explicar algo sobre lo que ya se ha escrito mucho en este medio: el capital ya no encuentra mercados que le ofrezcan grandes rentabilidades. Las empresas zombies, aquellas que posiblemente quiebren si los tipos de interés suben, representan cerca del 10% a nivel mundial, según cálculos (optimistas desde mi punto de vista) de la OCDE. Las medidas para revitalizar la economía tras la crisis financiera de hace una década lo único que han conseguido ha sido asistir a la economía como un enfermo al que mantienen en coma a la espera de que alguien encuentre la cura a su enfermedad.

Al igual que algunas gripes, los enfermos, bajos de defensas y atiborrados de antibióticos, son los que tienen un mayor riesgo de ver como su salud colapsa. Así se encuentra ahora mismo la economía mundial: enferma. Ni todas las recetas del FMI o el Banco Mundial, ni las transfusiones de dinero de Draghi y Lagarde, ni las medicinas alternativas de China son capaces de sanar una economía que ya no encuentra dónde expandirse, dónde extraer nuevas rentas, dónde ganar algo de tiempo. El sistema económico global es un enfermo al que cualquier virus lo puede matar.

De Guindos ya ha dicho que el BCE está “listo para actuar contra el coronavirus”. Listo debe significar que están dispuestos a doblar esfuerzos con la maquinita del dinero, porque los tipos de interés los pueden bajar, pero no es mucho el margen que les queda. Qué raro que la Unión Europea y el BCE no hayan tenido la misma determinación para darle a la maquinita de los billetes con la finalidad de paliar la grave crisis de refugiados, que han dejado (y dejan) muchas más víctimas que el coronavirus en esa gran fosa común en la que se ha convertido el Mediterráneo y que cuando se hace sea para aumentar el presupuesto de ese ejército europeo de fronteras llamado Frontex o para pagar acuerdos vergonzosos con líderes totalitaristas de la talla de Erdogan.

También es alucinante que las subidas de los tipos de interés del dólar hicieran temblar la economía mundial, al golpear de lleno a países emergentes como Turquía, Brasil o Argentina. Estos países tienen gran parte de su deuda externa referenciada en dólares. Una subida de esos tipos, parte también de la guerra comercial de Estados Unidos, desequilibra por completo la economía de esos países y, por contagio, la de todo el planeta. Poco le importó a la Reserva hacer temblar la economía mundial y condenar a la pobreza (o a no salir de ella) a millones de personas en esos países. El virus lo ha conseguido. No deja de ser paradójico.

Al final, el capitalismo encuentra su chivo expiatorio para maquillar sus culpas. El coronavirus se ha convertido en la nueva excusa. Luego solo hace falta aplicar un poco de la doctrina del shock, que diría Naomi Klein, inundando los noticieros, dando un lugar privilegiado a la psicosis, mostrando la imagen de ese asqueroso virus y, entre vuelos cancelados y farmacias colapsadas, ya tienen carta blanca para redoblar las cantidad de medicamento que se le va a aplicar a una economía que no acaba de morir, porque su muerte significará que todos los esfuerzos (que hemos hecho mayoritariamente los de abajo), todo su discurso y política liberal, todos los recursos utilizados para “refundar el capitalismo” en vez de para rescatar a la gente, no habrán servido de nada. Las decisiones tomadas estos días son una nueva patada adelante a un sistema capitalista en crisis, a una muerte anunciada, al fin de una era en la que la financiarización de nuestra vidas ha dado como resultado un sistema en coma profundo. Si no es este virus, será el siguiente.

Por Yago Álvarez Barba

@EconoCabreado

3 mar 2020 18:01

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El “cisne negro” que puede descarrilar la relección de Donald Trump

El exitoso autor libanés Na­ssim N. Taleb sacudió las mentes estáticas con su célebre libro El cisne negro: El impacto de lo altamente improbable (https://amzn.to/2wjG7xB) que versa sobre un evento considerado improbable que aparece repentinamente en los radares cerebrales y provoca inesperadas consecuencias masivas.

Pues más que un "cisne negro", a Trump, quien parecía tener blindada su relección, se le apareció la altamente improbable pandemia del coronavirus: mutación que ha golpeado a 53 países hasta ahora.

Dejo de lado el inquietante libro de ciencia ficción Los ojos de la oscuridad, de Dean Koontz, quien hace 41 años vaticinó la dispersión de un virus "alrededor del año 2020" en la misma ciudad de Wuhan (https://amzn.to/39ce95M).

También soslayo las teorías sobre el accidente del coronavirus experimentado y/o sembrado como "arma bacteriológica" y de lo que se han acusado las tres superpotencias: EU, Rusia –con una aterradora excavación (https://bit.ly/2TaMQTH)–, y China, cuyo máximo especialista afirma que el Covid-19 “pudo no haberse originado en China (https://bit.ly/2wRCjE5)”.

Esperando y rezando que los expertos del tema, y no los politiqueros oportunistas que lucran con la enfermedad ajena en un momento tan disruptivo, encuentren los orígenes y la terapia del Covid-19, me enfocaré en el efecto que ha tenido sobre las acciones de las bolsas de Nueva York y que, en caso de prolongarse, es susceptible de quitarle una de las principales cartas a Trump para su relección cuando todavía no se conoce la identidad de su adversario en el antidemocrático Partido Demócrata que busca impedir el ascenso irresistible de Bernie Sanders con toda la jugarreta de los superdelegados –15 por ciento de miembros prominentes y libres del partido que no han sido elegidos– en la Convención de Milwaukee (Wisconsin) del 13 al 16 de julio.

El británico Edward Luce (EL), muy cercano a Obama y gran conocedor de los intríngulis políticos en EU, aduce en Financial Times (27.02.20) que "el coronavirus puede trastocar la elección en EU" cuando "Trump apostó su reputación en algo que no puede controlar".

A juicio de EL, si el Covid-19 se propaga en EU, "Trump perderá doble: dañará el crecimiento de EU y habrá perdido la confianza" de la ciudadanía acerca de lo que "ha explicado en forma nada científica sobre la enfermedad". Él asevera que "el impacto político del virus puede ser radicalmente disruptivo" con "tres efectos visibles": 1. "La aptitud es importante" y debe estar vinculada a la ciencia, así como el expertise; 2. "Una pandemia global puede inclinar la política de EU contra la globalización", lo cual beneficia a Bernie Sanders, y 3. Estimulará la "info-demia": contagio (des)informativo existente en los medios de EU cuando Rush Limbaugh, connotado locutor conservador, afirma que “el Deep State usa al virus para socavar a Trump” ya que Nancy Messonnier –principal epidemióloga del Centro de Control de las Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés)– es la hermana del anterior vicefiscal Rod Rosenstein, quien buscó derrocar a Trump.

Luce conjetura que la "info-demia" puede ayudar a Trump.

Nada menos que Larry Kudlow (LK), principal consejero económico de Trump, implora a los inversionistas comprar las acciones "abaratadas" después de la estrepitosa caída de la bolsa neoyorquina, asegurando que el impacto económico del coronavirus en la economía no tiene ningún parecido con el crack de 2008.

Después de echarle la culpa a China, LK adujo que la pandemia no tenía nada que ver con las condiciones domésticas de EU y que la manera decisiva del manejo de la crisis por Trump tendría “un efecto muy positivo para su relección (https://washex.am/3apQgb9)”.

Ya el gobernador de la Reserva Federal, Jerome Powell, avisó estar listo para tomar acciones y apoyar a la economía ante el daño que ha provocado a ésta el coronavirus (https://bit.ly/2VvjGAd).

Antes de fallecer, el genial astrofísico Stephen Hawking advirtió sobre las "agresiones de las armas biológicas" al género humano (https://cnet.co/2Towoy1).

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Jueves, 27 Febrero 2020 05:21

Líbano, retrato de una revolución

Manifestantes intentan traspasar el pasado 11 de febrero los muros de hormigón levantados para impedir el acceso de civiles al Parlamento libanés en Beirut NATALIA SANCHA

La desigualdad, la corrupción y el lastre de unas élites sectarias enquistadas en el poder han desatado una ola de protestas que dura ya cinco meses y que protagonizan los que no tienen nada que perder

 La lluvia de piedras e insultos contra los antidisturbios parece no terminar. “Corruptos, ladrones, nos habéis robado nuestro futuro”, grita un joven enmascarado entre el centenar de manifestantes que desde hace horas descarga su ira en el empobrecido barrio de Tariq al Yadid, en los arrabales de Beirut, la capital libanesa. Los médicos voluntarios evacuan a los heridos mientras sobre sus cabezas el viento agita amarillentos pósteres de Saad Hariri, dimitido primer ministro y zaim (líder político-confesional, en árabe) de este puñado de calles de población suní.

Esta misma estampa se repite a lo largo y ancho del país desde el pasado 17 de octubre, fecha en la que una nueva tasa sobre las llamadas de WhatsApp se convirtió en el detonante de una protesta social que ha sacado desde entonces a cientos de miles de libaneses a la calle para exigir la dimisión en bloque de los zaim de todos los partidos y confesiones.

Los manifestantes arremeten contra una élite que se agarra al poder desde hace tres décadas y a la que acusan de haber saqueado las arcas del Estado. Líbano acumula una de las deudas públicas más altas del mundo (unos 76.000 millones de euros, el 150% del PIB). Entrando en el quinto mes de protestas, los expertos denuncian la flagrante desidia de la élite dirigente ante el posible colapso económico del país, aquejado también de una corrupción que lo sitúa en el puesto 137 de 180 (cuanto más cerca del 180, más corrupto) en el índice elaborado por la organización Transparencia Internacional.

El nombre del joven enmascarado que grita contra los corruptos es Abdalá Jarah. A sus 20 años encarna a esa generación posterior a la guerra civil (1975-1990) que ahora lidera las protestas —en las que también es importante la voz de las mujeres y rechaza un sistema heredado que reparte el poder político y económico en función de cuotas confesionales (hay 18 oficiales). La fractura generacional es patente y arrecian las críticas contra los septuagenarios líderes de los partidos.

Hace seis meses que Jarah tuvo que dejar los estudios universitarios de Informática porque no puede pagar las tasas universitarias. “Me gustaba mucho y soy bueno”, lamenta. En un país donde la educación y la sanidad son servicios casi exclusivamente en manos del sector privado, cada día son más los jóvenes que abandonan las escuelas y las familias sin cobertura médica.

“Hace dos meses que me han reducido el sueldo de dos a un millón de libras libanesas (LBP, en sus siglas en inglés, y equivalente a una disminución de 1.200 euros a 600)”, cuenta su madre, Igtimad, de 65 años y divorciada. Es funcionaria de la empresa estatal de telefonía Ogero. Paga 600.000 libras (360 euros) mensuales de alquiler. “Gracias a Dios tenemos salud. Pero si ocurre algo, nos dejarán morir en la puerta del hospital”, afirma indignada. La mayoría de los funcionarios han visto sus sueldos reducidos a la mitad. 

Truncada la vía de los estudios, Jarah tampoco encuentra trabajo. “Su única opción para no tirar su futuro es emigrar”, interviene su madre. A esa misma conclusión han llegado miles de jóvenes libaneses. Los que tienen diplomas universitarios y doble pasaporte o buenas conexiones para obtener un visado ya han abandonado Líbano. El resto, como este joven, da rienda suelta a la frustración a pedradas y pega simbólicamente los currículos en los muros de hormigón tras los que se parapeta el Parlamento. Han acudido varias veces a las asociaciones caritativas suníes del partido El Futuro que lidera el ex primer ministro Hariri y que antaño, con respaldo saudí, proporcionaban becas y ayudas a su base social. Sin recursos, la solidaridad vertical construida a partir de los partidos y las confesiones a las que representan se resquebraja.

El Gobierno de unidad libanés que vio la luz en enero de 2019, tras nueve meses de arduas negociaciones, ha sido la primera víctima del movimiento de contestación popular y acabó con la dimisión de Hariri en octubre pasado. El empresario Hasan Diab ha sido nombrado nuevo jefe de un Gobierno tecnócrata liderado por el tándem chií Hezbolá-Amal (moderado) junto con el principal partido cristiano, Corriente Patriótica Libre (CPL), al que pertenece el presidente libanés, Michel Aoun.

La desesperación de la familia Jarah va en aumento. “Me siento como en un oscuro túnel del que no veo la salida por ninguna parte”, se sincera en el salón de su casa Nadia Jarah, única hermana de Abdalá. Madre de tres y con un marido inválido, la mirada acuosa de Jarah no se despega de la pila de cartas que desde la mesita del salón le recuerda que hace nueve meses que el banco amenaza con desahuciarla. Un miedo que afecta a otros miles de ciudadanos sobre los que se cierne una  inminente devaluación del 30% de la moneda. En las casas de cambio, el dólar, que ha permanecido en un cambio fijo de 1.500 LBP desde 1997, se vende esta semana a 2.450.

Ante la desidia del Banco Central de Líbano (BCL), las entidades bancarias han impuesto medidas informales para el control de capitales. Cada día, los clientes hacen horas de cola a las puertas de Bank Audi, donde pueden retirar 600 dólares al mes si sus ahorros son inferiores al millón de dólares, y 2.000 si los superan. “De cada 11.000 dólares que traigo de fuera gano 4.700 al cambio”, admite un empresario francés afincado en la capital libanesa. Cada día aterrizan funcionarios de ONG internacionales, de la ONU, la UE, diplomáticos y empresarios locales o extranjeros que atraviesan el control policial cargados con fajos de dólares. Miembros de Hezbolá afirman, además, que llegan maletas cargadas de dólares desde Teherán para pagar sus sueldos. 

De devaluarse la libra en un tercio, la mitad de la población libanesa caería de la noche a la mañana bajo el umbral de la pobreza, advierte en un informe el Banco Mundial (BM). “La crisis libanesa necesita una estrategia integral […] para corregir las ineficiencias y beneficios desproporcionados de un sistema de crecimiento desigual”, opina en una entrevista por correo electrónico Wissam Harake, economista del BM. Los Jarah hacen equilibrios sobre la intangible frontera de la pobreza, que ya afecta a un tercio de la población libanesa, según informes de la ONU.

Durante una de tantas manifestaciones, un desesperado padre de familia en la cincuentena se rocía con gasolina. “Ya no sé qué hacer”, solloza el hombre, a quien otros manifestantes salvan de quemarse vivo, pero no de la desesperación. La inflación ha disparado los precios de productos básicos en un 25% y ha forzado al recién nombrado Ejecutivo a pedir ayuda a varios países para asegurar las divisas necesarias con las que subvencionar la importación de trigo, medicamentos, leche en polvo y combustible.

La clase media libanesa va camino de desaparecer. “El 10% de la población adulta acumula el 55% de los ingresos nacionales, algo que sitúa Líbano entre los países con mayor desigualdad económica en el mundo”, escribe en un reciente informe la economista libanesa Lydia Assouad.

El otro extremo

En el extremo opuesto, la clase más adinerada intenta poner a salvo sus fortunas antes de que se haga efectiva una devaluación y pierdan un tercio de sus depósitos bancarios. Lo hace gastando tanto como puede y la banca les permite. La sucursal de Rolex en Beirut hace su agosto. “El reloj más barato cuesta 6.000 dólares y algunos de colección superan los 20.000”, cuenta una empleada. Coches, oro y diamantes son otros productos de lujo en los que invierten, así como en el sector inmobiliario, cuyas ventas se han disparado. La especulación financiera favorece al que tiene dólares en efectivo. De ahí que las pistas de esquí y las discotecas VIP del país estén a rebosar.

Además, “la relación entre banqueros y políticos es incestuosa”, resume Pierre Issa, director de la ONG Arcenciel, durante una conferencia en Beirut. En el primer mes de protestas, en octubre pasado, los bancos cerraron al público durante tres semanas y un puñado de accionistas transfirieron 2.300 millones de dólares a Suiza para escapar al corralito. No pocos de ellos son los mismos que se sientan en el Parlamento. El director del Banco Central, Riad Salame, es el nombre y rostro más criticado por los manifestantes. Como muchos líderes políticos que le cortejan, lleva apoltronado en su cargo cerca de tres décadas.

Al igual que los bancos, los políticos han dilapidado el remanente de confianza ciudadana que les quedaba. “Viven en la inopia y no son conscientes de la gravedad de la situación en que se encuentra el país”, afirma en Beirut un diplomático europeo.

“No habrá más ayudas hasta que no propongan un plan económico real y viable”, repiten como un mantra desde hace dos años unos hastiados donantes internacionales sobre los 11.000 millones de dólares (10.137 millones de euros) prometidos en la conferencia de Cedres en París, organizada en abril de 2018. Expertos internacionales consultados por este diario coinciden en que hoy es una cantidad insuficiente para un país que necesitaría una inyección de entre 28.000 y 41.000 millones de euros para mantenerse a flote.

No es de extrañar tampoco que los bancos y cajeros se hayan convertido en diana privilegiada de las pedradas de los manifestantes, menos numerosos a medida que pasa el tiempo, que intentan asaltar el Parlamento fortificado en el centro económico de Beirut. A las protestas se suman desesperanzados jóvenes suníes llegados del norte, de la empobrecida Trípoli, o del sur, de los suburbios marginales chiíes de Dahie. Enfrentados por la religión, comparten hoy cebollas entre irrespirables nubes de gases lacrimógenos, unidos por ese sentimiento que comparten los que no pueden emigrar, los que ya no tienen nada que perder.

La rabia colectiva contenida estalló en todo su apogeo el segundo fin de semana de enero, con 575 heridos como el peor balance hasta la fecha de unas refriegas en las que Human Rights Watch denunció el “uso excesivo de la fuerza por parte de la policía antidisturbios”. Un millar de manifestantes han sido arrestados, decenas torturados, sostiene la ONG. Entre la lluvia de piedras corretean niños y niñas que venden botellas de agua o mendigan divertidos entre el inusual gentío

“No tengo dinero para pagar. ¡Bajadme de la ambulancia!”, grita en un ataque de llanto una niña a los incansables voluntarios de la Defensa Civil. Dumoo —que en árabe significa lágrimas— ignora su fecha de nacimiento. Calcula tener 12 años, “o por ahí”. Se trata de la única niña herida en los primeros cuatro meses de protestas, dicen los paramédicos. Tiene la frente abierta y a las tres de la madrugada es atendida en un hospital de Beirut. Está de suerte: el Ministerio de Salud cubrirá los gastos de los siete puntos de sutura, así como el de toda persona herida en las protestas.

Entre la pobreza y la miseria

Ya en casa, su madre, Suad, una ciudadana siria de 33 años, refunfuña hastiada, no solo por la herida: “Los 11 miembros de la familia dependemos de ella tanto para el alquiler como para la comida”, afirma cuando oye que Dumoo necesita al menos dos días de reposo. La pequeña se encoge de hombros y su padre, pescador palestino nacido en Líbano, esquiva la mirada.

En la seguridad que le da su barrio, Ouzai, en los arrabales del sur de Beirut, Dumoo vuelve a ser esa mocosa desafiante que ha pateado mucha calle. Desde los seis años trabaja 10 horas diarias vendiendo botellas de agua para traer entre 30.000 y 50.000 libras a casa (entre 18 y 30 euros). Hoy gana lo suficiente para mantener a sus ocho hermanos, de entre 2 y 17 años, y a sus padres. Ninguno de ellos sabe leer ni escribir.

La calle en la que vive la familia está en una zona mayoritariamente chií y las fachadas están empapeladas con pósteres en honor a los mártires de la milicia-partido Hezbolá. Aquí, las asociaciones caritativas también han reducido drásticamente las ayudas para medicamentos, hospitales y escuelas. La electricidad se limita a 15 horas diarias en el piso de alquiler de tres habitaciones que ocupan. En todo el país, las cajas de la solidaridad sectaria han quedado vacías.

Líbano alberga a 400.000 refugiados palestinos y 1,5 millones de sirios, lo que equivale a un tercio de la población libanesa. Con el país vecino a punto de entrar en el décimo año de guerra, el 75% de los refugiados sirios en Líbano vive bajo el umbral de la pobreza y la crisis amenaza con hundirles aún más. Las ayudas de la ONU para sirios y palestinos también han sufrido severos recortes.

En la familia de Dumoo, esta niña supone el débil hilo de los ingresos para subsistir que de romperse arrojaría a 10 personas a la pobreza absoluta. La crisis de los bancos no les afecta porque guardan sus pocos ahorros en una bolsa de plástico en algún lugar seguro de la casa. Sus hermanos adolescentes no tienen trabajo y se quedan en casa porque temen convertirse en víctimas del enfado de una población libanesa que les acusa de “robarles el trabajo”.

Es la una de la tarde. Han pasado 24 horas desde que fue herida. Dumoo se despereza y con los hilos azules de los puntos de sutura y la sangre reseca pegada al flequillo sale con el estómago vacío a trabajar. Abandona este masificado barrio a bordo de una furgoneta que cubre los cuatro kilómetros que separan Ouzai del corazón económico de Beirut. Un trayecto que sirve de línea divisoria entre una periferia pobre y un corazón rico cada día más pequeño. En el centro, muros revestidos de mármol conducen a escaparates de Louis Vuitton o Hermes, y ferraris aparcados junto a la acera.

“En las revoluciones del resto de países de la región tuvieron que derrocar a un Ben Alí (Túnez), a un Mubarak (Egipto) o a un Gadafi (Libia)”, dice el joven Abdalá Jarah. “Aquí tenemos que derrocar a seis: uno por cada confesión en el poder”, zanja.

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El socialismo en el marco de la crisis civilizatoria

Al final del siglo XX el socialismo quedó totalmente cuestionado; en lo que va del siglo XXI la democracia también está contra el paredón. Entonces, ¿es posible otra democracia, una más allá de la realmente existente? ¿cuáles serían sus principios guía? Y del socialismo, ¿podemos y debemos rescatar valores y principios, ¿cuáles?

“Se puede hablar de dos tipos de crisis: la funcional y la orgánica. La primera es como una gripa para el cuerpo y las gripas son necesarias al sistema, el cuerpo necesita de vez en cuando desintoxicarse, reanimarse, fortalecerse y en un sistema su dinámica y su equilibrio permanente está ligado a crisis funcionales. Pero una crisis orgánica si es una crisis diferente, son excepcionales, duran siglos; lo que llamaríamos transiciones. Y yo me atrevo a decir que desde los años 70 asistimos a la tercera crisis orgánica de la civilización” comentó el docente universitarios e investigador social Luis H. Hernández.

Con ánimo de dar respuesta a estos interrogantes compartimos un vídeo con apartes del evento preparatorio  en Bogotá el 14 de Noviembre de 2019 –El socialismo en el marco de la crisis civilizatoria- a cargo de Luis H. Hernández que nos habla de cómo desde los años setenta  la humanidad asiste a la tercera crisis civilizatoria con la aparición de dos factores que así lo testimonian: el cambio en la matriz energética –hacia las energías limpias– y el giro comunicacional.

Este fue un evento preparatorio para el "Foro Internacional 19-20-21 de marzo de 2020. Repensar las bases teóricas para la reconstrucción de un ideario social con perspectiva postcapitalista. Más información haciendo click aquí:


https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/38185-insumos-para-una-discusion-urgente.html

 

Para inscripción: https://libreria.desdeabajo.info/index.php?route=product/product&product_id=189&search=inscrip

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Quema de autos en Viña del Mar en la protesta contra Piñera.

Las reacciones a los serios incidentes en la apertura del Festival de Viña del Mar

El mandatario chileno volvió a exigir un "gran acuerdo por la democracia, contra la violencia y por la paz". El lunes estuvo marcado por un estado de tensa calma en las calles.

En su primera aparición pública luego de los serios incidentes en Viña del Mar, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, dijo que el país "ya ha sufrido demasiada violencia". En ese sentido, le exigió a todos los sectores de la sociedad y la política que condenen cualquier acto que atente contra la democracia. Sin embargo, su respuesta al conflicto fue, una vez más, el refuerzo del aparato represivo. La ciudad de Viña del Mar amaneció el lunes blindada por carabineros, que reforzaron los puntos centrales de ese centro balneario luego de las masivas protestas contra el gobierno de Piñera y los graves incidentes registrados el domingo por la noche. El gobierno chileno teme que la efervescencia en las calles sea un anticipo de la radicalización de las protestas a partir de marzo, mes en el que se esperan varias manifestaciones.

"Llegó el tiempo de un gran acuerdo por la democracia, contra la violencia y por la paz. Este acuerdo tiene que incluir no solo condenar la violencia, no solo defender la democracia y el Estado de Derecho, sino también, condenar a quienes no condenan la violencia y a los que atentan contra la democracia", destacó Piñera, que el lunes retomó su agenda política con una reunión con todos los ministros a la vuelta de sus vacaciones.

"Necesitamos asegurar el orden público y vivir en paz para tener un plebiscito que sea democrático, limpio y transparente. Todos queremos mejorar, cambiar, modernizar y perfeccionar la Constitución", agregó el mandatario. El plebiscito del próximo 26 de abril es una de las principales apuestas de Piñera para desactivar la grave crisis que vive el país desde octubre pasado, cuando iniciaron las manifestaciones contra el cuestionado modelo chileno, herencia directa del pinochetismo.

El lunes, la calma parecía volver a las calles de Chile luego de un domingo tenso. Sin embargo, tres colegios registraron incidentes por la mañana, en el inicio de clases en la comuna de Antofagasta. Supuestos alumnos encapuchados realizaron un recorrido por distintos establecimientos con el objetivo de obstaculizar la vuelta a clases y sumar más jóvenes a una marcha que iniciaron por Calle Orella, para continuar por las principales vías del casco central. 

Por la tarde tuvieron lugar nuevas manifestaciones en Viña contra el festival musical, que se desarrollaron sin mayores inconvenientes. A la noche se esperaba la presentación de la cantante chilena Mon Laferte , quien ha apoyado fuertemente las protestas sociales y a la que algunos grupos de ultraderecha anunciaron que buscarán boicotear su actuación.

Temiendo nuevos incidentes, el gobierno chileno redobló las medidas de seguridad con un amplio operativo policial en los alrededores de Viña. La alcaldesa de la ciudad balneario, la conservadora Virginia Reginato, pidió ayuda al gobierno para enfrentar nuevos actos de violencia y aseguró que los chilenos quieren "que vuelva la paz" a sus hogares y a ciudades. "Quiero mandarle un mensaje al presidente de la república: yo creo que ya la delincuencia no puede seguir en las calles de Viña", agregó Reginato.

Por su parte, el jefe de la Quinta Zona de Carabineros, Hugo Zenteno, se refirió a los disturbios que se registraron el domingo en los alrededores de la Quinta Vergara, y aseguró que no hubo errores en el despliegue de la policía uniformada. La institución informó que durante las manifestaciones 23 uniformados terminaron lesionados y atribuyeron los hechos ocurridos a "la delincuencia".

En ese sentido, Zenteno manifestó que "el único error es que esta gente atenta contra la seguridad de las personas". El uniformado agregó que, en su particular visión de los hechos, no es posible hablar de "situaciones de derechos humanos, porque realmente los manifestantes atentan contra todo: hay jóvenes, hay niños, que van a un festival y eso no es digno de nuestro país".

La ciudad de Viña del Mar, a 135 kilómetros al oeste de Santiago, fue escenario la noche del domingo de duros enfrentamientos entre carabineros y manifestantes que se concentraron bajo el lema "Calles con sangre, Viña sin festival". Pedían la cancelación de la cita internacional de música por la grave crisis que atraviesa el país.

Además de los choques, grupos de encapuchados incendiaron varios autos, saquearon comercios y atacaron con piedras el edificio de la municipalidad y el emblemático Hotel O'Higgings, que tuvo que ser desalojado por unas horas y donde se encontraban artistas, periodistas y trabajadores del festival. Hubo también destrozos en sucursales bancarias y empresas de telecomunicaciones.

La policía les cortó a los manifestantes el paso con un inédito y fuerte operativo de seguridad que incluyó un helicóptero y un globo con cámaras de vigilancia. A pesar de la dura represión con gases lacrimógenos y carros hidrantes, los manifestantes resistieron y llegaron hasta los alrededores de la Quinta Vergara, donde unas 20 mil personas aguardaban el inicio del tradicional festival. Según el ministerio del Interior, la noche dejó 24 detenidos, 29 agentes policiales heridos, nueve tiendas saqueadas y una decena de autos incendiados.

Chile vive desde el pasado octubre su crisis más grave desde el fin de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), con al menos treinta muertos y miles de heridos, además de graves acusaciones contra las fuerzas de seguridad por violaciones a los derechos humanos. Lo que en un principio empezó como un llamamiento de los estudiantes a protestar contra el aumento de la tarifa del subte, se convirtió en una revuelta por un modelo económico más justo.

La situación generó un fuerte descenso en la aprobación del cuestionado presidente Piñera, con índices menores al 9 por ciento según las últimas encuestas. En este escenario, las autoridades temen una nueva radicalización de las protestas a partir de marzo, cuando culminan las vacaciones de verano y arrancan nuevamente gran parte de las actividades productivas en el país. 

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