Viernes, 27 Noviembre 2020 06:14

¿Quién mató a Diego?

¿Quién mató a Diego?

Muchos lloran su muerte, pero la mayoría acabaron con su vida. Son cómplices necesarios. Periodistas deportivos, cronistas políticos, tertulianos, cómicos. Aquellos que pasan del amor al odio en cuestión de segundos, que disfrazan su mediocridad bajo la crítica fácil y la descalificación. Se han reído de sus enfermedades, de su adicción, la han instrumentalizado para subir audiencia. A esta lista, debemos agregar compañeros, quienes compartieron vestuario, los que callaron. Lo abandonaron. Los presidentes de clubes en los cuales se entregó en cada partido, lo ningunearon. Lo transformaron en un esclavo de sus intereses, fue moneda de cambio.

Diego jugó y jugaba con la pelota. Fuese de trapo, plástico, cuero, o papel en una media anudada. Pero le tocó vivir en un mundo en transición, el tiempo del neoliberalismo, donde el futbol mutaba en negocio especulativo. Incluso el balón tuvo nombre. Diego retrasó su advenimiento, pero lo situó en el centro del huracán. La televisión era el medio de comunicación por excelencia. Titulares, entrevistas, era noticia.

En 1990, cuando Maradona había dado todo al Nápoles, su afición lo criminalizó. No soportaron la eliminación de Italia en el Mundial de Futbol a manos de Argentina. Lo persiguió el poder y su equipo lo aisló. La FIFA lo inhabilitó por consumo de drogas. Hubo de abandonar Italia, con su mujer e hijas, una familia rota. Un viaje entre la desesperación y la depresión. Tenía 30 años. Su vida se desmoronaba. Unos pocos amigos dieron la cara, el resto se dedicó a maldecir. Surgió un Maradona al cual difamar. La prensa amarillista lo hundió un poco más. Periodistas sin escrúpulos. Ocupó las primeras planas de todos los periódicos del mundo por lo que hacía, dejaba de hacer, decía o dejaba de decir. Así fueron sus segundos 30 años. Idas y venidas. Recaídas y momentos de euforia. Jugaron con su persona, lo maltrataron, lo persiguieron, hasta hundirlo en una profunda depresión. Los que hasta hace 24 horas lo ridiculizaban, hoy le lloran. La hipocresía les acompaña. Nunca soportaron su compromiso político, del cual se enorgullecía y con razón. La revolución cubana, su apoyo a Venezuela, la petición de salida al mar para Bolivia o la defensa de Lula da Silva. Se solidarizó con Cuba y Fidel, se abrazó a Chávez y Maduro, apoyó a todos los líderes populares. Cuba le tendió la mano en medio del tormento. Un país nada futbolero, supo de su grandeza. Entendió su sufrimiento. Pero otra vez padeció la mofa de la prensa. Hiciese lo que hiciese, su vida se fue apagando, entre la desilusión y la incomprensión. En Internet, YouTube o Twitter fue objetivo fácil de aquellos que desde el anonimato lo trasformaron en un monstruo. Todos, unos y otros, no tuvieron la humanidad de la que ahora hacen gala. Lo maltrataron hasta quebrarlo.

Maradona cometía tantos pecados que hasta sus muchos pecadores que lo rodearon de tentaciones se animaron a juzgarlo y simulando ser inmaculados pusieron el grito en el cielo. Un personaje excesivamente famoso que las élites dominantes utilizaron para hacer fortuna, también excesivamente. En el Mundial del 86, en México, fue coronado como rey del futbol, después de gambetearle a todos los rivales ingleses que le aparecieron e hiciera el gol más bonito de la historia. Eso fue después que Dios le prestara la mano en ese mismo partido. Víctima del personaje que hubo de representar, Diego fue desapareciendo y Maradona tomó su lugar para protegerse. La batalla era desigual. Diego era un amigo entrañable, cariñoso y generoso. Diego era un chico de barrio. Había nacido en Buenos Aires, en una población de miseria. Se llamaba Villa Florito, condenado al hambre y la miseria. Su sueño ayudar a sus padres y hermanos. Comprar una vivienda para su familia y jugar al futbol en un equipo de primera división. Diego jugaba al futbol como dios, pero mejor. Con la pelota esquivaba el hambre y la tristeza. Repartía alegría, ilusiones, fantasías y belleza. Diego no abandonó nunca a la gente de su barrio, de su clase social. Y siempre alzó la voz. Denunció las injusticias, se encaró con los que mandan para defenderse y defenderlos. Por eso, Diego vivirá siempre en su pueblo y en el recuerdo de todo el mundo que supo apreciar, disfrutar de su arte y compartir su rebeldía. Lo mató Maradona. Y a Maradona lo mataron quienes lo explotaron hasta el último día. Quienes lo sabían y no hicieron nada, quienes no sabían y prefirieron no saber. Todos, salvo aquellos que no sabían y en todo caso no podían hacer otra cosa que amarlo.

El gasto social de México, último en la lista de la OCDE

Dora Villanueva

México es el país con menor gasto social entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), incluso por debajo de otros países de América Latina como Chile, Colombia y Costa Rica, reportó el organismo.

El gasto público de México en pensiones, servicios de salud, sistemas de cuidado a infantes, desempleados y para educación, entre otros, alcanzó 7.5 por ciento del producto interno bruto (PIB), menos de la mitad del promedio de 20 por ciento en la OCDE.

En el extremo opuesto se encuentra Francia, donde el gasto público social es de 31 por ciento del PIB. También destacan Austria, Bélgica, Dinamarca, Finlandia, Alemania, Italia, Noruega y Suecia que invierten más de una cuarta parte del PIB en servicios y transferencias para la población.

La OCDE expuso que pensiones y salud son los principales destinos del gasto público social en todos los países comparados. Las primeras absorben en promedio 7.8 por ciento del PIB y los servicios médicos 5.6 por ciento.

La composición del gasto público promedio de México entre 2017 y 2019 fue de 3.1 por ciento que se destinó a pensiones y, aunque ya están cerca del billón de pesos en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2021, es de los más bajos de la OCDE, sólo detrás de Chile y Corea, ambos con 2.8 por ciento. En contraste, Italia gasta 15.6 por ciento de su PIB en esta prestación.

En un documento, la OCDE explicó que el gasto en pensiones que hace el país es mucho más bajo que en Italia, porque tiene una población relativamente joven, pero también porque los jubilados italianos tienen muchas más probabilidades de recibir una pensión que en México, donde menos de la mitad de las personas mayores la reciben.

Por otro lado, mientras Francia destina hasta 8.5 por ciento de su PIB en gasto público a salud, México invierte 2.8 por ciento; es el segundo más bajo entre los países que conforman la OCDE, sólo detrás de Holanda, que en este rubro se recarga más en recursos privados.

El resto del gasto público mexicano es en servicios distintos a la salud y en transferencias directas a la población, detalló.

El organismo explicó que durante la última década el gasto público social entre los países de la OCDE disminuyó a 20 por ciento del PIB en 2019; viene de alcanzar su pico más reciente con la gran crisis financiera, cuando ascendió a 21 por ciento del PIB en 2009.

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Jueves, 26 Noviembre 2020 05:50

Maradona, sin autoengañarnos

Maradona, sin autoengañarnos

 

Huérfanos de jugadores rebeldes como seguimos estando, quienes reconocemos en el fútbol una manifestación fundamental de la cultura popular sujeta a un contexto socioeconómico del que no escapa, acogimos a Maradona como si fuera un revolucionario.

 

Era El Diego, o d10s, con esa familiaridad con la que nos queremos acercar a las alturas emparentándonos de pega con ellas. También intuyo que un poco meme para bastantes personas jóvenes. Fácil con una cámara apuntándote siempre, teniendo que ser tantas cosas a la vez. Porque puede que la vida de Maradona —corta, intensa y con un final no menos abrupto por muchas veces que fuera anticipado en reuniones informales o redacciones— estuviera marcada precisamente por lo que se esperaba de él desde pronto y en diferentes momentos concretos.

Su trayectoria puede ser también vista como una especie de cartografía del último medio siglo que excede a la persona. Ese mapa le lleva primero de Villa Fiorito a los Cebollitas, el equipo de Argentinos Juniors con el que ganó uno de los Juegos Nacionales Evita. Ese último nombre, el del otro icono nacional, llevaba el hospital de Lanús donde había nacido. Es por esa época que deja un vídeo en el que asegura que tiene dos sueños que en realidad eran el mismo: jugar el Mundial y ganarlo.

Cuando debuta en Primera, el matrimonio Perón ya no vive y en su lugar manda en el país la dictadura más sangrienta de América Latina. La de los militares y Maradona es una historia entretejida a voluntad, sobre todo, de la primera de las partes. Menotti le deja fuera de la convocatoria de Argentina’78, la Copa del Mundo que Videla levanta a menos de un kilómetro del centro de torturas de la ESMA, y la pregunta que se hace Maradona es “¿cómo se lo digo a mi padre?”. A partir de ahí, se da cuenta de que la bronca, el cabreo, ser contrariado, la rabia, le da combustible. Ese es un hambre que seguramente no saciaría jamás.

Con la mayoría de edad, a Diego le llega el turno de la colimba, acrónimo de “correr, limpiar y barrer” y nombre popular de la mili argentina. La del nuevo ídolo vestido de milico era una imagen que la dictadura no podía dejar escapar, pero más importante era dejarle la libertad de que fuera a Japón a ganar el Mundial Juvenil. Aquellos días de septiembre del 79, la Organización de Estados Americanos estaba en Buenos Aires investigando las violaciones de Derechos Humanos denunciadas por colectivos como el de las Madres de Plaza de Mayo. El gobierno no dejó que Maradona y sus compañeros se asomasen al balcón de La Casa Rosada a celebrar nada. El fútbol, sin tampoco total culpabilidad, volvía a echar un capote a quienes arrojaban cuerpos vivos al Río de La Plata. De la estrella se esperaba que, como hasta entonces, no se saliera de la foto.

Pero nada, ni siquiera el torturador Suárez Mason, conocido como “el carnicero del Olimpo” y dirigente de Argentinos Juniors, fue capaz de detener la carrera de Diego hacia un grande, Boca, y poco después hacia, esta vez sí, el primer Mundial. España’82 —jugado en mitad del trauma colectivo por la derrota en Malvinas y el destrozo de una generación de soldados, los nacidos en 1962 y 1963, casi coetáneos al “diez”— lo pasó prácticamente tirado en el césped, cosido a patadas de los rivales. Iba a ser duro en Europa, pero ese verano Maradona llegó a Barcelona. Se esperaba de él que levantase la autoestima de un equipo en depresión. “No creía ser tan importante”, dijo al aterrizar en El Prat.

Si la vida deportiva de Maradona fuera una serie, su etapa en Barcelona sería un capítulo de transición donde van ganando peso un par de tramas hasta ahora subterráneas que después cobrarán mayor importancia. El Diego se convierte, cerca de su representante Jorge Cyterszpiler, en una marca. Anuncia Coca-Cola, McDonald’s. El entourage, cuando ni siquiera se llamaba así la pléyade de personas que pululan con afectos y legitimidades dispares en torno a una persona famosa, carismática y millonaria, aumenta. El “clan Maradona”, lo llamaron. Casi nunca estaba solo.

Los entrenamientos con Menotti eran por la tarde en lugar de por la mañana. Se abren de par en par las posibilidades que brindaba para un chico de 21 años una ciudad como la Barcelona ochentera de vivas Ramblas, Ocañas, Nazarios, y también la de los reservados y los chalets en Pedralbes. Hubo destellos, claro, regates de escándalo o calentamientos de otra época, pero también enfrentamientos con Núñez, un tobillo roto y una noche, tal y como siempre mantuvo él mismo, en que probó la cocaína. Una sanción de meses —con una directiva nada dispuesta a defenderle por los rumores de sus salidas— por una batalla campal tras la final de Copa entre el Barça y el Athletic en su último partido fue el detonante final de su firma con el Nápoles.

El ventajismo dice que la historia de amor entre Maradona y la ciudad del Vesubio estaba casi escrita. Ambas partes carismáticas, desprolijas, exageradas, viscerales. Mágicas. Ya solo la fecha del 5 de julio de 1984 queda en el recuerdo de la afición napolitana, correspondiendo a su presentación. Llegaba tras una grave lesión y a un club que jamás había ganado un scudetto, pero que tenía una fortaleza simbólica latente: este sí, mucho más que aquel Barcelona incluso, podía ser el ejército en pantalón corto, quizá la guerrilla más bien, de un territorio económicamente sometido al tirón capitalista de otras latitudes. El sur de Italia por fin tenía bandera.

Para muchas de las gradas escoradas a la derecha, y para parte del aparato mediático del país, Nápoles representaba un motivo de cruel escarnio. Fue precisamente una pancarta dándoles la “bienvenida” a Italia lo primero que vieron Maradona y sus compañeros al llegar al primer partido en el estadio del Verona. Se fueron sucediendo cánticos xenófobos por varios campos hasta que desde el norte, desde Milán y desde Turín, vieron que aquello iba en serio. Pero la culminación tuvo que esperar a que Diego fuese a México a conquistar el mundo, primero tirando de un equipo al que la propia prensa argentina vaticinaba, y casi deseaba, un descalabro. La bronca por demostrar que los medios estaban equivocados y que aquella albiceleste sin grandes nombres podía salir del Azteca como campeona fue la gasofa que por el camino dejó el gol con la mano y el del barrilete cósmico a los ingleses.

Volvió a Nápoles, donde siguen diciendo hoy día que quien ama no olvida, y le ganó dos ligas a Berlusconi. Una de ellas con polémica arbitral a favor, que así escuece más a los poderosos acostumbrados a hacer ley de su voluntad. Pero, precisamente, con el paso del tiempo, que incluye su paso por Sevilla, Newell’s y Boca de nuevo, las suspensiones por distintos positivos, los intentos de establecerse como entrenador o declaraciones políticas quizá con más alma de manifiesto personal que de contribución a una transformación colectiva real, Maradona fue dibujándose como un símbolo intocable para un montón de aficionados al fútbol. Intentamos congelar la imagen en una gambeta, una celebración, un puño apretado, hicimos lema aquello que supo definir el escritor Roberto Fontanarrosa: “Qué importa lo que Diego hizo con su vida, me importa lo que hizo con la mía”. Evocábamos un tiempo perdido, la nostalgia de cuando era posible competir no con publicidad de casas de apuestas en el pecho, sino con la de salsas Buitoni o chocolatinas Mars.

Huérfanos de jugadores rebeldes como seguimos estando, quienes reconocemos en el fútbol una manifestación fundamental de la cultura popular sujeta a un contexto socioeconómico del que no escapa, acogimos a Diego como si fuera un revolucionario. Alguien que, al menos, parecía libre. Pero ni lo era ni lo fue, ni tampoco dejó de estar la mayoría de su vida en una posición privilegiada, a pesar de esa retórica transgresora que por momentos parecía que iba a acabar, qué menos, con la formación del sindicato de futbolistas definitivo que le diese la vuelta a este maravilloso juego secuestrado por el marketing, la falsa neutralidad, por el capital. Lo que se dice no es nunca más importante que lo que se hace. Por eso, obviar que, con el fogonazo que en nuestras cabezas siguen encendiendo esos goles, camisetas y fotos, convive la desmesura y egolatría de quien pudo usar su poder para no tratar bien, para tratar mal, para maltratar —hay que escribirlo si recordamos a sus compañeras denunciantes—, sería injusto. Con ellas, sobre todo, con quien a su lado haya podido sentirse mal. Pero también con él, por reducirle de manera condescendiente a objeto de consumo adaptado a nuestra comodidad. E injusto hasta con nosotros mismos por autoengañarnos.

Por Ignacio Pato

26 nov 2020 09:15

Publicado enSociedad
Lunes, 01 Junio 2020 09:39

Deporte, identidad y autoridad

https://futbolete.com/fanaticadas-com/colectivo-futbolero-colombiano-llamado-a-la-agresion/251882/

Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Publicado enEdición Nº268
Lunes, 01 Junio 2020 09:33

Deporte, identidad y autoridad

https://futbolete.com/fanaticadas-com/colectivo-futbolero-colombiano-llamado-a-la-agresion/251882/

Que el fútbol es un fenómeno social de amplias características y potencialidades no hay quien lo niegue. Puede que no lo compartamos, pero esa es la realidad: más comercial, más espectáculo que deporte, al servicio de unos poderes e intenciones no siempre claras. Realidad contradictoria que cuestiona, pero que extiende sus efectos sociales sobre las identidades de amplios grupos poblacionales, a los cuales moviliza a pesar de hipnotizarlos, o tal vez por ello.

Adentrémonos en algunas de sus particularidades, en la cancha y más allá de ella.

a. Sobre el árbitro y su relación con la barra. Una cosa es el hincha como individuo, enfrentado a la figura del árbitro. Cuando este sale a la cancha, de inmediato comienzan a atacarlo verbalmente, porque lo consideran una suerte de aguafiestas. Por ello la silbatina es inevitable, luego de la cual podrán seguir los madrazos a lo largo del partido y posterior al mismo. Uno de los hechos trágicos que tuvo como víctima a un árbitro, ocurrió en diciembre de 1989 luego del encuentro entre Independiente Medellín y América, partido disputado en el Atanasio Girardot. El atentado ocurrió en el hotel en donde se alojaba Ortega, en el centro de Medellín, y no fue protagonizado por barras del fútbol. Allí confluyeron, al parecer, actuaciones provocadoras de locutores y algunos comentaristas deportivos, como grupos de interés ligados al narcotráfico.

Creemos que en el caso de las barras, el fenómeno que nos debe convocar para la reflexión es caracterizar la manera como ellas se sitúan en el mundo, no solamente del deporte como tal, sino de la sociedad en su conjunto. Es decir, ellos como jóvenes, como adolescentes, ¿de qué manera son percibidos y de qué manera ellos también perciben a la sociedad? Ahí creo que está el centro de la tensión y de la confrontación posterior. Ello sin subestimar las relaciones que se establecen entre las barras como tal, la forma como conciben a la otra barra, a la que casi siempre la tienen como enemiga y no como rival, por lo cual hay que acabar con ella.

b. Deporte y autoridad. Sin perder la relación con el numeral anterior, en lo atinente al tema de la autoridad, destacamos la necesidad de que el deporte pase a jugar el papel que realmente tiene que jugar en la sociedad: ser una expresión material y simbólica de autoridad, de respeto a esta, encarnada por otros seres humanos pero investidos de una potestad que todos debemos acatar. Claro que al mismo tiempo, quien ejerce la autoridad tiene siempre la exigencia de consolidar la credibilidad de parte de los ciudadanos, lo cual hace que se legitime la autoridad misma.

En términos generales, en nuestro país no creemos en la autoridad –y con mucho de razón por la clase de gobernantes que hemos tenido–; por el contrario, somos más dados a irrespetar las instituciones, desde el árbitro y los propios padres de familia, hasta llegar a las más elevadas instancias del poder público.
Este fenómeno que acá describimos se explica también por un fenómeno adicional que debemos agregar a la reflexión: nos referimos a la existencia de una suerte de cultura de ganar o ganar, por parte de muchos de nuestros muchachos, e incluso por parte de muchos de sus padres. O sea, hoy en día el deportista, y sobre todo el futbolista, se está convirtiendo en algo más que eso, en algo más que un deportista; se está convirtiendo en la fuente de redención de una familia, y se le compromete con una responsabilidad demasiado grande.

En ese sentido, no hay de por medio principios, valores, escrúpulos, nada que impida sacar adelante esa tarea, lo que interesa es que ese muchacho se cotice y pase a valer muchos millones de dólares o de euros, para ir luego a un equipo grande y resolver así el problema que a lo mejor el papá no ha podido solucionar: El económico. Estamos describiendo un aspecto que, muy fácilmente, se conecta con la problemática de las barras, si pensamos en asuntos como las disputas por el control de dichos pases, o por las implicaciones que conlleva el traspaso de un futbolista-estrella de un equipo a otro.

Y en este contexto, se produce fácilmente el encuentro problemático –con dimensiones culturales–, entre los equipos de fútbol, los ídolos o jugadores costosos y las barras, cual es el de asumir la posibilidad de la derrota o la pérdida de un partido o de un campeonato. Porque ser perdedor es lo peor que puede sucederle a un deportista, a un empresario, a un equipo y a una barra. Ser perdedor, a la luz de la cultura propia del modelo de economía de mercado, hoy dominante, representa portar algo así como un estigma, porque entre otras cosas, y como lo hemos señalado en ocasiones anteriores, ya ni siquiera se acepta el vocablo de perdedor: Y lo más triste, se le llama fracasado, con toda la carga social y cultural que ello representa.

El reto que tenemos ante nosotros es que el deporte se convierta en otro referente para enfrentar la crisis de una sociedad como la nuestra, incluida la crisis institucional y su poca credibilidad o el poco respeto que se tiene para con la autoridad. No olvidemos que debemos aprovechar del deporte el gran atractivo que lo caracteriza, como es la de contribuir a la formación ciudadana de los seres humanos mientras los divierte, lo que no ofrece otras formas educativas, muchas veces más asociadas con la apatía.

c. Deporte e identidad. Hoy en día carecemos de la necesaria profesionalización de quienes deben ejercer el verdadero liderazgo deportivo, reconociendo las excepciones existentes.

Tenemos funcionarios y tenemos directivos que llegan muchas veces a los cargos de dirección, ya lo sabemos también, por compromisos políticos y burocráticos, pero que están de paso. Y que no tienen el compromiso, ni la capacidad de trazar directrices o políticas, de avanzar para que el deporte sea una práctica tan importante en la sociedad y en la vida institucional como son la política, la economía y la cultura misma. Porque un país sin un deporte nacional, es un país que está a mitad de camino en su proyección interna y externa, mucho más en estas épocas de globalización y de identidades que van más allá de las fronteras nacionales.

Si preguntamos, por ejemplo, en Estados Unidos, por el deporte nacional, responderán de inmediato que es el béisbol, a pesar del auge de deportes como el baloncesto, el boxeo y el denominado fútbol americano. Lo propio ha de suceder en Venezuela.

Pero si preguntamos en Colombia por el deporte nacional, nos encontramos con una situación contradictoria, o al menos poco clara: por mandato legal del año 1995, el deporte nacional es el tejo, dado su arraigo histórico, en especial en el altiplano y su expansión a otras regiones del país. Sin embargo, tenemos deportes como el fútbol, con gran capacidad de convocatoria, aunque no se han logrado títulos significativos, salvo algunas conquistas de alcance relativo. Está el ciclismo, con su amplia estela de logros de pedalistas vinculados a equipos formados por deportistas de varios países y financiados por grandes empresas, algunas multinacionales. Y para rematar, existen deportes que, si bien no tienen una acogida generalizada, vienen brindando importantes triunfos internacionales; me refiero, por ejemplo, al patinaje y al bicicross, deportes en los cuales nuestro país es reconocido como una de las grandes potencias mundiales.

Tenemos, pues, al frente una necesaria discusión de alcances políticos, culturales, institucionales y deportivos, la cual debe llevarnos a definir con mayor claridad la relación que, a la luz de dicha realidad colombiana, debe establecerse entre deporte e identidad. A propósito de este vínculo, es necesario dar una mirada hacia las barras del fútbol, porque desde fuera de ellas es muy fácil definirlas, lo mismo que a sus integrantes, de acuerdo con lo que hagan antes, durante o después de un partido.

Escuchamos a ciertos periodistas y/o locutores deportivos que piensan haber definido el problema y el mundo cuando califican a sus integrantes como un conjunto de desadaptados. Y en realidad, el asunto es mucho más complicado. Porque si queremos conocer un problema, primero debemos adentrarnos en el espíritu de quién es el sujeto de ese problema, de ese fenómeno. Y en ese caso preguntarnos por qué un joven o un adolescente se sienten tan a gusto en una barra.

Es decir, qué le hace tener sentido de pertenencia y, diciéndolo en sentido metafórico, aunque es muy frecuente que varios de sus miembros lo asuman al pie de la letra, qué lleva al muchacho a hacerse matar por la barra. Vivir en función de la barra toda la semana, comunicarse con sus compañeros, y hasta con sus rivales o enemigos del compromiso siguiente, asistir a determinadas actividades, visitar ciertos sitios de la ciudad y disponerse para movilizarse al lugar en donde jugará el equipo de sus amores, son interrogantes para los cuales debemos tener respuestas satisfactorias que solo emergerán mediante una investigación sistemática sobre estas organizaciones.

Tenemos todavía una respuesta muy genérica frente a estos aspectos: la identidad, es decir, el sentido de pertenencia, es lo que nosotros tenemos que empezar por comprender o reconocer, para empezar también a comprender el fenómeno y, sobre todo, para ver cómo los incorporamos a la sociedad, aunque no sabemos si decirlo en sentido contrario, o sea cómo ellos nos incorporan a nosotros, porque este es un país, por fortuna y en medio de todo, de esperanza. Con todo y sus problemas, Colombia hace parte de los países jóvenes, países que forjan ideales y sueños ante el oprobio y la incertidumbre.

Tenemos que reconocer, en síntesis, que lo que se expresa en estas organizaciones, sin caer en la apología per se de la violencia, es una manifestación de identidades. El muchacho no está por obligación, no está por conseguir dinero, sino que está porque se siente a gusto, se siente activo, se siente, sobre todo, tenido en cuenta, reconocido. Muchas veces sucede que ni en el colegio, ni en la escuela, tampoco en la familia, él se siente reconocido por quienes le rodean. Entonces la barra es la alternativa, es el parche, como dicen ellos. Eso es lo que nosotros tenemos que analizar.

Tenemos que avanzar en ello, sobre todo para que trabajemos en una nueva figura de lo que es el país, como una especie de panorama que caracterice lo que es este. No solamente lo que ya mal que bien conocemos, sino lo nuevo, lo que está surgiendo, lo que se está forjando. Pero entonces no para definirlo desde fuera, con nuestros prejuicios, sino para reconocerlos a partir de lo que realmente ellos son y de por qué están ahí.

Pero lo que está de por medio es ese reto en términos de comprensión de un fenómeno con amplio soporte y potencial cultural, pero también mediático-global (en nuestro tiempo las identidades también se entrecruzan más allá de la ciudad, del departamento, del país, de la región y del continente). Es un reto inmenso, como es el potencial que cargan las barras, con esa fuerza movilizadora que puede conmover un territorio específico en un momento determinado. ¿Cómo reflexionar esto desde la escuela? ¿Cómo pensarlo en las organizaciones sociales? ¿Cómo hacerlo desde la institucionalidad y más allá de ella? Todo ello no para cooptar ni institucionalizar, sino para comprender esas energías que alcanzan a dar identidad a un grupo social, potenciando o aplacando rebeldías, tan presentes entre la juventud.

Existen grupos del poder que han comprendido tal fuerza, y actúan sobre ella, no siempre con propósitos nobles, y el espacio es tan amplio que otras muchas miradas podrán encontrar terreno fértil para potenciar el goce, la diversión, la amistad, la recreación, etcétera, antes que la mercantilización de un deporte y la utilización de su fanaticada.

 

 

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Sotomayor, Messi y ciclistas colombianos, ¿a quién preguntarán por la pobreza en su país?

¿Han leído alguna entrevista al futbolista argentino Leonel Messi (1), en la que se le pregunte por la situación social de su país, donde existe un 30 % de pobreza (2), un 13 % de niñas y niños que pasan hambre y cerca de un millón de personas indigentes (3)?

¿O alguna entrevista al futbolista francés Ousmane Dembelé (4), en la que se le pida opinión sobre las protestas de los chalecos amarillos y la represión policial en Francia (5)?

No encontrarán ninguna. Pero si el deportista es cubano… la cosa cambia. El diario catalán «La Vanguardia» publicaba una entrevista al ex atleta y campeón olímpico Javier Sotomayor (6), en la que casi un tercio del texto abordaba la situación política y económica de su país. El motivo de la presencia del saltador en Barcelona -la recepción del premio «Mito del Deporte»- ni se mencionaba (7).

El periodista reconocía que, tras «una hora larga» de conversación, insistió una y otra vez con la misma pregunta: ¿cuándo Cuba se sacudirá la pobreza (8)?

La respuesta de Sotomayor -«No me diga que Cuba es pobre»- era convertida en el titular. Con un mensaje evidente: alguien que defiende -y representa- a la Revolución cubana niega lo evidente, que en Cuba exista «pobreza». Una pobreza, por supuesto, entendida desde el prisma del Primer Mundo, como sinónimo de escasez material, bajo consumo y falta de recursos. Sin embargo, el deportista apuntaba a la pobreza entendida desde el Sur, como insatisfacción de las necesidades básicas. En Cuba «no hay analfabetos, ni niños sin cobertura médica», ni «gente desnutrida», era su explicación. Incluso con bloqueo, la Isla destaca -añadía- «en deporte, ciencia y educación».

En los últimos meses, este mismo diario, «La Vanguardia», ha publicado tres entrevistas con ciclistas de Colombia, un país donde sí existe el analfabetismo (9) o la desnutrición (10) que, como avalan los informes de la UNESCO (11) y la FAO (12), son problemas ajenos a Cuba.

¿Cuándo se sacudirá Colombia la muerte por hambre, cada año, de casi 300 niños y niñas (13)? ¿Y del asesinato de más de 250 líderes sociales (14)? En las entrevistas a los ciclistas colombianos Nairo Quintana (15), Einer Rubio (16) y Juan Diego (17) habrían sido preguntas estridentes e inoportunas. Tanto como preguntar a la leyenda del atletismo Javier Sotomayor por la supuesta «pobreza» en Cuba.

 20/02/2020

Fuentes: Cubainformación

 

Notas:

(1) https://www.lavanguardia.com/deportes/fc-barcelona/20191009/47879250657/entrevista-integra-leo-messi-rac1-jordi-baste-roger-saperas-barca-video-seo-ext.html

(2) https://elpais.com/elpais/2019/10/23/planeta_futuro/1571832217_800023.html

(3) https://www.lavaca.org/notas/pobreza-y-hambre-la-crisis-adelante-de-los-datos/

(4) https://www.lavanguardia.com/deportes/fc-barcelona/20191124/471832392408/ousmane-dembele-barca-borussia-dotmund.html

(5) https://www.publico.es/internacional/paris-camelia-manifestante-espanola-simboliza-represion-chalecos-amarillos.html

(6) https://www.lavanguardia.com/deportes/otros-deportes/20200202/473222009184/javier-sotomayor-salto-de-altura-2-45-m-atletismo.html

(7) http://cubasi.cu/cubasi-noticias-cuba-mundo-ultima-hora/item/104037-javier-sotomayor-recibe-premio-mito-del-deporte-en-espana

(8) https://www.periodicocubano.com/javier-sotomayor-afirma-que-cuba-no-es-pobre/

(9) https://www.elcampesino.co/aprender-a-leer-y-escribir-la-ilusion-de-mas-de-dos-millones-de-colombianos/

(10) https://caracol.com.co/radio/2019/10/16/nacional/1571254544_814084.html

(11) https://es.unesco.org/news/america-latina-y-caribe-solo-cuba-alcanzo-objetivos-globales-educacion-todos-periodo-2000-2015

(12) http://www.fao.org/3/a-i4030s.pdf

(13) https://www.eltiempo.com/salud/muertes-por-desnutricion-infantil-en-colombia-en-el-2019-441120

(14) https://www.eltiempo.com/colombia/otras-ciudades/cifra-de-lideres-sociales-asesinados-en-el-2019-447954

(15) https://www.lavanguardia.com/deportes/20190131/46134282116/nairo-quintana-en-colombia-el-ciclismo-corre-por-las-venas-de-la-gente.html

(16) https://www.lavanguardia.com/deportes/20191219/472360423055/einer-rubio-me-sorprendio-llegar-al-movistar-team.html

(17) https://www.lavanguardia.com/deportes/20191219/472360555120/juan-diego-alba-feliz-de-ser-el-nuevo-escarabajo-del-movistar-team.html

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Colombia quiere y admira a Nairo Quintana y a sus ciclistas más que a sus futbolistas

Fortuna, la marca de los cigarrillos rubios de Tabacalera, nunca patrocinó ni competiciones ni embarcaciones de vela, y, sin embargo, en las encuestas resulta que es la marca que más se asocia en España con la vela, cuentan año tras año en las escuelas de marketing, donde añaden que, claro, el velero con el que el rey Juan Carlos ganaba tantas regatas se llamaba Fortuna. La anécdota quiere explicar que las razones de los consumidores residen a veces en insondables vericuetos mentales, y que ese es uno de los filones que deben explotar los publicitarios, estudiosos del mercado que lo racionalizan y aprovechan añadiendo otro mandamiento a su credo: “para bien o para mal, la primera victoria es la que deja en la gente el recuerdo de la marca que la patrocinó”.

A Fernando Alonso, y tantos años han pasado, aún se le asocia con Renault antes que con McLaren o Ferrari, y en Telefónica saben que, aunque en las cunetas de Colombia ya no se vea mucho su maillot, cuando encuesten a los consumidores del país latinoamericano tan importante en la estrategia global de la empresa española, Nairo Quintana, vista el maillot que vista, será foreverMovistar, el equipo en el que corrió ocho temporadas y con el que ganó el Giro y la Vuelta y subió tres veces al podio del Tour.

Y, con 30 años ya cumplidos, Nairo, que en agosto pasado ya anunció que dejaba el equipo de Eusebio Unzue para firmar por los bretones del Arkea, una marca que nadie en Colombia sabe qué vende (es una banca), sigue siendo una figura primordial en Colombia.

Según las encuestas de popularidad que maneja Telefónica, Nairo era, en el cuarto trimestre de 2019, ya con Egan coronado en el Tour, el personaje más conocido y más admirado del país. Al León de Tunja le conocían el 99,2% de los encuestados, una décima más que al futbolista Falcao (99,1%) y más de un punto más que a su colega James Rodríguez (98,1%). El cantante Carlos Vives alcanzó un 97,7%, y detrás, en el ranking, figuran cuatro ciclistas: Rigo Urán (92,3%), Egan Bernal (91,8%), Fernando Gaviria (67,3%) y Miguel Ángel Superman López (64,5%).

Telefónica considera que el divorcio deportivo, inevitable al considerar ambas partes que se había alcanzado un fin de ciclo y que la convivencia no beneficiaría ni al corredor ni a su equipo, no debe conllevar el divorcio comercial y, según fuentes de la empresa, su estrategia es mantener la asociación con Nairo aunque corra en otro equipo. Por ello, Movistar Colombia sigue manteniendo su colaboración con el Gran Fondo de Nairo, la carrera popular y multitudinaria que organiza el ciclista todos los años en su Boyacá.

Según los datos del mismo estudio que maneja Telefónica, siempre en el sondeo del cuarto trimestre de 2019, un 75,5% admira a Nairo con una nota del ocho al 10, un 72% a Egan y un 69,7% a Rigo, tres ciclistas que son más queridos y ejemplares que los futbolistas: un 66,2% da la máxima nota a Falcao y solo un 54,3% a James.

No es descabellado, por tanto, colegir, y no hacen falta las imágenes de las muchedumbres apasionadas en las cunetas del reciente Tour Colombia para ello, que el ciclismo es el deporte número uno en Colombia, país que, además, es quizás su gran potencia mundial y su vivero de futuro. Por ello, la gente de Telefónica da un gran valor a una encuesta de asociación espontánea de marcas con el ciclismo en Colombia que lidera ampliamente Movistar desde el fichaje de Nairo en 2012, cuando el ciclista tenía 22 años. En el primer trimestre de 2015, un 68% de los encuestados asociaba a Movistar con el patrocinio ciclista, más de un 40% más que a Postobón, una de las marcas más tradicionales del ciclismo en Colombia.

El liderato de Movistar alcanzó su punto máximo en el tercer trimestre de 2017, cuando el podio de Rigo Urán en el Tour y el 12º puesto de Nairo, su peor clasificación. Postobón seguía segunda entonces (28,3%) y Sky, tercera, con su mayor valor histórico (21,8%). En el cuarto trimestre de 2019, el podio no varía pese a que Nairo ya comenzaba a desligarse de Movistar, Postobón había cerrado su equipo profesional y Sky había dejado de patrocinar al equipo de Froome y Egan. La empresa española, que ha comenzado este año, además, a patrocinar el Tour Colombia, mantenía un 81,8% de asociación espontánea de marca con el ciclismo, Postobón estaba en un 21,6% y Sky un 11,4%. Claro, la telefonía móvil latinoamericana, era cuarta, con un 7,3%, y el fabricante japonés de componentes Shimano, quinto, con un 3,2%. En el top ten, tras Tigo, Red Bull y Lotto, entra por primera vez Ineos, el patrocinador del antiguo Sky desde mayo pasado y con cuyo maillot vino tinto Egan se convirtió en julio en el primer colombiano que gana el Tour.

En Movistar son conscientes de que, sin Nairo corriendo con su maillot, está posición se debilitará, pero también saben, porque así lo dicen las leyes del mercado y las marcas, que tardará mucho en perder el liderato.

Por Carlos Arribas

Bogotá 17 FEB 2020 - 12:55 COT

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“Macri y los dirigentes de la FIFA tienen la misma ideología”

Que hayan designado a Mauricio Macri como presidente ejecutivo de la Fundación FIFA es un cachetazo para el mundo deportivo y para la gente de Argentina; también representa una evidencia más de lo que significa el poder económico. Es lamentable, es una noticia que conmociona porque fue un personaje que arruinó un país entero, que condenó a tanta gente a la miseria, que empobreció a un porcentaje enorme de la población y que ahora resulta premiado al ser nombrado en este cargo. La FIFA es una de las organizaciones más poderosas del mundo y tiene comportamientos mafiosos: primero está el Fondo Monetario Internacional, luego el Banco Mundial, le sigue la Organización Mundial del Comercio y, finalmente, la FIFA.

Entonces, meter en ese mundillo a Macri es algo lógico porque la FIFA es como la cueva de Alí Babá, donde faltaba uno de los amigos para completar los 40 ladrones. Conociendo el historial que tiene Mauricio Macri de su presencia en el fútbol argentino, sobre todo como presidente de Boca, demuestra que él y los dirigentes de la FIFA comulgan la misma ideología. Además de ser un personaje de la oligarquía, es portador de una ignorancia sorprendente, tiene una incapacidad que asombra, estando más allá de lo que significa Macri como político nefasto. Creo que la posición que hoy ocupará le puede servir para lavar su imagen y no descarto que eso le sirva para armar algo políticamente otra vez. La oligarquía tiene una constancia tremenda para defender sus intereses económicos con uñas y con dientes: nunca se dan por vencidos.

El fútbol es para todos nosotros, para los que nacimos en un barrio y nos formamos con este deporte hermoso que tiene un significado muy distinto para el pueblo y para el negocio. Para nosotros es una manera de expresarnos, de crear, de ilusionarnos. Y para ellos es una nueva manera de hacer dinero. Esta gente nos roba el fútbol como también nos roba la sanidad pública, la educación pública, los servicios sociales y los derechos laborales. Merecemos verlo gratis.

Debemos luchar para devolverle los valores al fútbol porque nos permite ser, en el sentido más profundo. Todos los que nacimos en las villas estamos destinados a ser para los patrones. Y el fútbol nos da una posibilidad de crear una identidad propia, va más allá de cualquier resultado. En cambio, para los que negocian con esto, es una manera de explotar a los jugadores y a los hinchas.

Por Ángel Cappa, ex futbolista y director técnico argentino

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Récords del 2019: Calor, maratón y el vuelo más largo

El mes más caluroso, la maratón más rápida, la multa más elevada: repasamos el año 2019 en diez récords en los ámbitos climáticos, económicos, culturales o deportivos.

Julio de 2019 es el mes más caluroso jamás registrado, con un promedio de 16,7 grados centígrados, rompiendo el récord anterior de julio de 2016, según la Agencia Estadounidense para los Océanos y la Atmósfera (NOAA).

Señal del calentamiento global acelerado, nueve de los diez meses de julio más calurosos son posteriores a 2005. En París, se batió un récord absoluto de calor el 25 de julio: 42,6 ºC.

En diciembre, fue el turno de Australia, con una sequía y fuego sin precedentes. Un récord de calor (en un promedio nacional) se batió el 19 de diciembre: 41.9 °C.

En julio, las autoridades federales de Estados Unidos impusieron una multa de 5.000 millones de dólares a Facebook por 'engañar' a sus usuarios sobre la confidencialidad de la información personal. La multa es la más alta jamás impuesta en los Estados Unidos por violación de la privacidad.

La guerra comercial con Estados Unidos y la actual desaceleración económica no socavan el éxito en China de los saldos tradicionales del 'Día de los Solteros', el 11 de noviembre: casi 35 mil millones de euros gastados en 24 horas en las plataformas de Alibaba, un gigante de comercio en línea.

Mientras en Londres se desatan debates sobre el espinoso tema del Brexit, el 'Parlamento de los monos', un lienzo de Banksy que muestra a los chimpancés sentados en la Cámara de los Comunes, se vende en octubre por 11,1 millones de euros, un récord para este 'artista callejero' británico.

Pero estamos lejos de la cumbre alcanzada en mayo por el artista plástico estadounidense Jeff Koons con su 'Conejo', una escultura de acero inoxidable que representa un conejo inflable, subastada por $ 91.1 millones. Récord absoluto para un artista vivo.

Por primera vez, un atleta corre una maratón en menos de dos horas. La hazaña es del campeón keniano Eliud Kipchoge, en Viena el 12 de octubre, durante una carrera no homologada, con un trazado y condiciones cuidadosamente preparadas: 1 hora 59 minutos y 40 segundos.

La prodigiosa atleta estadounidense Simone Biles suma a los 19 años un récord de 25 medallas, incluyendo 19 de oro, después del Mundial de Gimnasia disputado en octubre en Stuttgart (Alemania), superando la cosecha de 23 medallas obtenidas en la década de 1990 por el legendario gimnasta bielorruso Vitaly Scherbo.

Los mejores alpinistas hasta ahora han logrado escalar las 14 montañas de más de 8.000 metros del planeta en una década. Pero el nepalés Nirmal Purja tardó seis meses y seis días (de abril a octubre de 2019) en lograr su hazaña impensable. Un "éxito único", dijo el legendario italiano Reinhold Messner, el primero en escalar los 8.000 en los años 70 y 80. Le había llevado 16 años.

El vuelo sin escalas más largo de la historia se completó el 20 de octubre entre Nueva York y Sídney en 19 horas y 16 minutos. Para este vuelo experimental, llevado a cabo por la compañía australiana Qantas en un Boeing especialmente equipado, cuatro pilotos se turnaron en los controles.

Nacida antes del quinto mes de embarazo, pesaba apenas 245 gramos y tenía pocas posibilidades de sobrevivir. Saybie dejó el Hospital Sharp Mary Birch con buena salud a fines de mayo después de cinco meses de cuidados intensivos. Es el bebé prematuro más pequeño del mundo en sobrevivir, según este hospital californiano.

En Hong Kong, la desaceleración económica no parecen obstaculizar la locura inmobiliaria: en octubre se vendió un espacio de estacionamiento por casi un millón de dólares, en una ciudad en la que uno de cada cinco hongkoneses vive por debajo del umbral de la pobreza.

(Con información de AFP)

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Domingo, 15 Diciembre 2019 07:04

Los juegos de la desigualdad.

Los juegos de la desigualdad.

“El deporte no es mejor, ni peor que la sociedad. Es el espejo o reflejo de ella”, Willi Daume. Dirigente del deporte olímpico alemán. (Vargas, Carlos E. 2019)

 

Sin sorpresas, con una disputa que comprometió a los departamentos del Valle del Cauca, Antioquia y Bogotá D.C., así trascurrieron y finalizaron los llamados Juegos NacionalesDeportivos de Colombia-del Bicentenario, en esta ocasión-,realizados del 15 al 30 de noviembre de 2019 y que tuvieron como sede Cartagena, pero con subsedes en otros municipios del departamento de Bolívar, Bogotá, Cali y Nilo (Cundinamarca).

Esta justa deportiva es el máximo evento deportivo del país. Se caracteriza por el carácter multideportivo, practicados en categoría abierta, cada cuatro años desde 1928, como iniciación del ciclo selectivo y de preparación de los deportistas que representan al país en competiciones o eventos internacionales. Desde la edición de 1988, participa una representación deportiva de cada uno de los 32 departamentos, Bogotá D.C. y el representativo de las Fuerzas Militares de Colombia.

Las justas 2019 demandaron una inversión de $150.000 millones, de los cuales el gobierno nacional aportó $ 66.000 millones: $44.000 millones para infraestructura y $ 22.000 millones para logística e implementación.

Espejo de una realidad inocultable, lo deportivo, como lo económico y lo político, también está concentrado en Colombia. No podía ser de otra manera, en tanto los presupuestos con que cuentan los departamentos son desiguales, como las oportunidades deportivas y educativas a que puede acceder la juventud que los habita.

En esta ocasión, 6.617 deportistas (2.739 mujeres y 3.878 hombres), compitieron en 38 disciplinas y 48 modalidades deportivas. Y se distribuyeron 2001 medallas: 622 de oro, 621 de plata y 758 de bronce. El oro, el 67 por ciento quedó en manos de las tres entidades territoriales que siempre han ganado los juegos: Valle del Cauca (Campeón con 165), Antioquia (148) y Bogotá (105). Las 204 preseas de oro restantes se distribuyeron entre 19 departamentos. Con un gran lunar: una tercera parte de los 32 departamentos que componen el territorio nacional no alcanzaron medalla de oro alguna (11 departamentos: Sucre, San Andrés, Caquetá, Arauca, Chocó, Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés y Guaviare). El departamento de Guainía no participó con deportista alguno. El 85 por ciento del total de la medallería (oro, plata, bronce), se distribuye entre los primeros 8 departamentos. Entre todos los participantes, 6 departamentos no lograron conseguir medalla alguna: Amazonas, Putumayo, Vichada, Vaupés, Guaviare y por supuesto, Guainía.

Desde 1928 hasta hoy

Hasta la fecha,y desde 1928, se han realizado 21 justas, de las cuales sólo 3 entidades territoriales han ganado todos los eventos: Valle del Cauca, con 8 triunfos (1941, 1950. 1954, 1960, 1970, 1974, 1996 y 2019), Antioquia, con 8 triunfos (1980, 1985, 1988, 1992, 2000, 2008, 2012 y 2015) y Bogotá, como Departamento de Cundinamarca, con 5 triunfos (1928, 1932, 1935, 1936 y 2004). La sede y subsedes de los Juegos Nacionales, siempre han sido departamentos de la región andina, del Caribe o del Pacífico; sólo en una ocasión en un departamento de los Llanos Orientales (Villavicencio, Meta, 1985), de los cuatro existentes (Vichada, Arauca, Casanare y Meta) y nunca se han realizado en uno de los 6 departamentos de la Amazonía (Amazonas, Guaviare, Guainía, Vaupés, Caquetá y Putumayo).

Es preciso resaltar que las ciudades sedes de los Juegos Nacionales se benefician de un desarrollo urbanístico importante en cuanto a obras de infraestructura deportiva y general, vías de comunicación, hotelería y turismo, comunicaciones y talento humano.

Lo hasta acá anotado deja en claro que nuestros Juegos Nacionales Deportivos, reflejan y acentúan la desigualdad y la exclusión. Continuar con el modelo de concentración de los resultados deportivos en sólo tres entidades territoriales, la realización de éstos en las mismas regiones geográficas, seguir excluyendo a la región de la Orinoquía o Llanos Orientales y fundamentalmente la Amazonia, es dejar en el ostracismo gran parte de la población y extensión territorial.

Concentración y desigualdad

Recordemos que Colombia es el país con mayor desigualdad de Suramérica y el cuarto país más desigual del mundo. La concentración de la riqueza y de los ingresos es expresamente reflejada en un índice de Gini de 53. El Dane (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), asegura que “Colombia es cada vez más desigual”, “La situación de pobreza multidimensional entre los departamentos es muy elevada”. Según la entidad, “mientras en el 2018, en el total nacional, el porcentaje de personas en situación de pobreza multidimensional fue 19,6%, en los departamentos las diferencias son muy altas. Por ejemplo, Guainía tiene un indicador del 65%, seguida de La Guajira con 51,4%, Chocó con 45,1%, Norte de Santander con 31,5%, y Caquetá con 28,7%. En contraste, las zonas con menores niveles de incidencia de la pobreza multidimensional fueron: Bogotá (4,4%), San Andrés (8,9%), Cundinamarca (11,5%), y Risaralda (12,5%)” (Portafolio, julio 12 de 2019).

Un Ministerio de la continuidad

La política pública social en Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física en Colombia, en armonía con el resto de políticas públicas, están orientadas a aumentar la brecha de la desigualdad, a intensificar la exclusión y marginamiento, tal como lo acaba de ratificar el presidente Duque y el Ministro, Ernesto Lucena Barrero, del recién creado Ministerio del Deporte:  ya aprobaron la realización de los XXII Juegos Deportivos Nacionales Y VI Paranacionales, en el Eje cafetero: Caldas, Quindío y Risaralda para el año 2023, por lo cual, los beneficios económicos, urbanísticos, logísticos y del sector del deporte continuarán su concentración en las regiones más prósperas (fundamentalmente la región Andina o zona central), abandonando la periferia y las regiones más pobres del país.

Tambiéncabe destacar, que se mantiene la exclusión en la educación; se aumenta cada día la deuda social con niños, niñas y adolescentes de los estratos 1, 2 y 3 que se encuentran en el sistema educativo oficial colombiano, al no disponer de un profesional de la Educación Física, Recreación y Deporte en la básica primaria oficial, privando a más de cuatro millones de niños, niñas y adolescentes, en las edades más sensibles del desarrollo (5 - 12 años aproximadamente), de las bondades y derechos de una formación integral, con profesionales idóneamente formados en este campo. (Arcopref. Declaración de Cali, 2018. Congreso Nacional de Educación Física) y que contempla la UNESCO, en la CARTA INTERNACIONAL DE LA EDUCACIÓN FÍSICA, LA ACTIVIDAD FÍSICA Y EL DEPORTE, en su artículo 7: “7.1 Todo el personal que asuma la responsabilidad profesional de la educación física, la actividad física y el deporte debe tener las cualificaciones, la formación y el perfeccionamiento profesional permanente apropiados”, firmada por Colombia en el año 2015.

Desde la Asociación Red Colombiana de Profesores de Educación Física, Recreación y Deporte, “Arcopref”, una organización con más de 5.000 profesores, entrenadores, estudiantes y profesionales afines, con presencia en los 32 departamentos del país, seguiremos tejiendo, investigando, formando, gestionando, organizando, luchando y avanzando cada día en la ruta de propiciar cambios sustanciales orientados a cerrar la brecha de la desigualdad, promover la inclusión social, la equidad y la paz, desde la Educación Física, Deporte, Recreación y Actividad Física.

Junta Directiva Nacional de ARCOPREF

Abelardo Sanclemente

Presidente nacional

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Martes, 27 Agosto 2019 09:21

Egan Bernal: un sueño realizado

Egan Bernal: un sueño realizado

Al ganar el Tour de Francia, la competencia de los pedales más importante en el mundo, Egan Bernal ha elevado al ciclismo colombiano, sin lugar a dudas, a lo más alto de este  deporte, y él mismo se ha situado para siempre como uno de sus grandes exponentes.

Un logro que da cuenta de unas cualidades físicas especiales, pero insuficientes para explicar su triunfo, pues además de su talento y capacidad también está el equipo al que pertenece, el poderoso Ineos.

Un triunfo que es una hazaña, la de materializar el sueño buscado por los casi cien pedalistas colombianos que han participado en esa justa, desde Cochise Rodríguez hasta Nairo, y Egan, el más joven entre todos ellos, lo logró. Coronarse es una recompensa a tanto sacrificio y lucha de los escarabajos salidos de la entraña popular del país, donde se pedalea todos los días, hombres y mujeres están obligados a ello para trabajar, pasear, competir. 

Un deporte, que en una primera instancia se vivía como recreación, luego en competencias nada o poco mercantilizadas, hasta quedar sus practicantes como profesionales del oficio, integrando equipos financiados por grandes monopolios. En otras palabras, obreros de la bicicleta, con sueldo mensual, sometidos a jornadas laborales claramente establecidas –prácticas deportivas sobre la cicla, en el gimnasio y otros espacios–, labor que desempeñan bajo un régimen laboral acordado con cada una de las empresas que financian los equipos, y en los cuales se reglan, de igual manera, el sueldo según prestigio de cada uno de los integrantes del equipo, las temporadas de competencia y la distribución de lo que ganen en cada una de ellas.

 

El negocio

 

Los equipos, por regla general, son propiedad o son patrocinados por grandes monopolios. Por ejemplo, el Bora es un consorcio alemán fabricante de placas de cocina y de extracción de humo y el segundo patrocinador es Argón, empresa canadiense de bicicletas. 

En los días que cursan, Ineos es el equipo de ciclismo más poderoso del mundo; cuenta a su haber con campeones como Cris Fromm, Egan Bernal y Gerait Tomas. 

Su dueño y patrocinador es Ineos Oil & Gas UK, antes British Sky Broadcasting, un monopolio británico que registra entre las dos empresas más grandes del mundo en insumos químicos, petroquímicas, gas y Fracking. En el 2018 generó ventas por 60.000 millones de dólares. El actual dueño de este emporio es partidario de un Brexit duro –o sin acuerdo con la Unión Europea–, por lo que requiere del equipo, entre otras cosas, para visibilizar más ampliamente sus negocios en otros continentes y mercados. 

En Ineos hay un colombiano que no suena para nada: Iván Ramiro Sosa, quien pedalea junto a su compatriota Sebastián Henao, y que seguramente en un par de años será visible como un posible ganador de grandes competencias.

Otros equipos movidos por el gran capital son el CPT o CCC Polsat Polkowice Team de Polonia, firma de calzado y bolsos, antes era el equipo de EEUU BMC Racing, y el Movistar Team, del gran monopolio Telefónica de España.

El equipo de ciclismo AG2R Le Mundiale, una empresa aseguradora que compitiendo en el Tour de Francia, desde 1997, ha elevado su visibilización en un 30 por ciento; invirtió en el equipo 8 millones y sacó 60 millones de utilidades, en su mayoría por publicidad, pues este año solo recibió 55.140 euros por participar.

En este tipo de competencias la publicidad es una mina de oro para las empresas y magnates. Las ciudades se pelean el “privilegio” de ser parte de la salida o llegada de una etapa, pues el cubrimiento por TV les da rentabilidad. Una ciudad paga 100.000 euros por ser punto de salida de etapa y 60.000 por ser punto de llegada, lo que recuperan y multiplican con turismo. 

Publicidad que también está regada por las autopistas. La más reciente edición del Tour la vieron en las carreteras más de 15 millones de personas. Grandes firmas pagan por llevar sus logos en los carros y camionetas, como Skoda o Vittel. La empresa francesa de galletas Saint Michel regaló tres millones de Magdalenas, pero triplicó ventas.

 

Los triunfadores

 

Pero en el Tour de Francia (como en el Giro o en La Vuelta) ganan todos, los ciclistas, los equipos y los técnicos.

Ejemplos. Egan recibió bonificaciones especiales, así: 500.000 euros, algo así como 1.800 millones de pesos colombianos, por ser el campeón del Tour de Francia; por clasificar como el mejor joven recibió 20.000 euros o sea, 72 millones de pesos; por registrar como segundo en la montaña le correspondieron 15.000 mil euros, es decir, algo más de 45 millones, en total 1.917 millones de pesos.

Esto parece mucho, pero no es como aparenta, ya que la regla de oro en los equipos, y en este tipo de competencias, es que lo ganado por un ciclista se reparte por igual entre los que  integran el equipo. Es decir, lo ganado por Egan se divide entre nueve, lo que significa que a cada uno le corresponden algo más de 200.000 mil euros. Además, el equipo recibió otros 800 mil, los cuales también se reparten por igual entre sus integrantes.

Un triunfador de etapa se embolsa 11.000 euros o 39.600.000 pesos, que es lo ganado por Nairo Quintana por entrar de primero en la etapa 18. 

En este mundo globalizado, donde el capital financiero considera todo como ganancia máxima, el ciclismo de elite no escapa a esta lógica capitalista.

 

Un futuro a sus pies

 

De acuerdo a los especialistas, la mejor época de un ciclista va de los 27 a los 30 años, lo cual quiere decir que hay Egan para rato. Sin duda, es verdadera locura que a los 22 años haya ganado el Tour de Francia, algo excepcional. 

En estas condiciones, y sometido a las presiones del mercado, se requiere entrenamiento, sacrificio, voluntad y mucha cabeza fría, así como madurez mental, para aguantar las luces del espectáculo, y un entorno que casi siempre daña. 

De esta manera, con juventud y equipo, con capacidad física y disposición para esta labor, Edgar Bernal lo tiene todo a sus pies, lo único por evitar es que el dios dinero lo extravié en su camino de previsibles triunfos en los años que vienen.

Publicado enEdición Nº260
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