Miércoles, 22 Agosto 2012 09:19

Los mitos del olimpismo

Los mitos del olimpismo

Este texto pretende fracturar miradas de corte romántico y esencialista que claman constantemente por una recuperación de supuestos valores deportivos, perdidos con su comercialización y su instrumentalización políticas, y en este sentido develar el origen de la fuerte asociación entre deporte y valores muy difundidos como convivencia, paz, desarrollo, juego limpio y otros más.


Para un acercamiento al deporte y su manipulación mediática como constructor de valores, es obligatorio transgredir, en primera instancia, dos mitos fuertemente arraigados en las conciencias deportivas: 1) los Juegos Olímpicos modernos son la continuación de los juegos helénicos realizados en el Templo de Olimpia durante el período clásico; 2) el deporte es una práctica neutra que, en el caso de las Olimpíadas, ha sido instrumentalizada políticamente, perdiendo su esencia original, clásica, en la cual lo decisivo es la participación en las justas.

Desnudemos el primer mito. Nada hay más fuera de la realidad que tal aseveración. Los deportes modernos son expresión de profundos cambios culturales de largo plazo, que fueron moldeando los pasatiempos rurales y populares de la Edad Media mediante la construcción de normas específicas que se homogeneizaron en forma paulatina. Estos pasatiempos rurales fueron apropiados por las élites europeas, en especial las de Inglaterra, Francia y Alemania, y luego exportados a las demás latitudes bajo la forma de deporte. Por supuesto, este fue un largo y profundo proceso de selección histórica, en el cual unos pasatiempos perduraron bajo la forma deportiva, en tanto que otros se extinguieron o se mantuvieron ocultos bajo ropajes locales: el calcio italiano, el soga-tira escocés.

De los juegos del período clásico sólo quedan algunas prácticas como la lucha y el lanzamiento de jabalina o de disco, así como ciertas carreras, que, más allá de una larga continuidad y permanencia histórica, responden a la marcada admiración del Barón Pierre de Coubertin por la cultura clásica griega y su interés de relacionar los nuevos juegos con los valores asociados a ella, recuperados y reconstruidos por estudiosos alemanes como Heinrich Krause a finales del siglo XIX, que plasmaron los fundamentos del romanticismo y el nacionalismo alemanes, tan claros en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, en los que se repitieron rituales griegos como el traslado de la antorcha olímpica. Respecto a esta falsa continuidad, el gran sociólogo Norbert Elías, en su ya clásico y relamido libro Ocio y deporte en el proceso de civilización, caracteriza al deporte como práctica específicamente moderna, inglesa, surgida en el seno de las transformaciones relacionadas con profundos cambios en las estructuras políticas y de personalidad de la población.

¿Y la neutralidad?

Respecto a la supuesta neutralidad del deporte, que constituye nuestro segundo mito, el movimiento olímpico se ha constituido en uno de sus principales representantes y difusores con hechos como la sanción a Tommie Smith y John Carlos, atletas estadounidenses que ganaron las medallas de oro y bronce en la prueba de 200 metros planos durante la Olimpíada de 1968, y quienes al recibir sus preseas levantaron sus puños enguantados en negro, como símbolo de la lucha contra la segregación racial en su país, en momentos cruciales de la lucha del Black Power (Poder Negro), lo que les valió la expulsión de la villa olímpica, el retiro de sus medallas y el veto de por vida.

El movimiento olímpico ignora o no quiere reconocer que el deporte, por su origen, tiene un carácter inherentemente político, al igual que los Juegos Olímpicos. Este carácter no está dado por la ya mencionada instrumentalización de los deportes con fines políticos, de los cuales el más representativo es la propaganda política, sino por el complejo proceso que sirve de crisol para la constitución de las prácticas deportivas. Como ya se dijo, los deportes modernos surgen en el seno de la sociedad inglesa, donde las élites se apropian de una serie de pasatiempos rurales y populares, no como una intención deliberada de despojo sino como resultado de un largo proceso de transformaciones socioculturales, lo cual no excluye el carácter de clase que se le imprime a tal proceso. Un claro y clásico ejemplo de esto lo conforma el hurling inglés, juego de pelota rural que fue ‘monopolizado’ por las escuelas de élite y transformado en los modernos football y rugby.

De este modo, la expansión de los deportes se realiza como un proceso que generaliza (y luego universaliza) una práctica particular, al mismo tiempo que lo hace con todas las ideas e imaginarios asociados al sujeto que realiza esa práctica. En un imbricado tejido de tensiones entre los deportes anglosajones, la gimnasia alemana (con aparatos) y los juegos rurales de otros territorios, terminan imponiéndose unas prácticas sobre otras, al mismo tiempo que transmiten los valores de las culturas originarias. Los deportes universalizan los valores de la cultura europea, de la élite inglesa, alemana y francesa, universalización que produce un orden jerárquico de las culturas, en que la europea, por supuesto, se encuentra en la cúspide. Este es el carácter eminentemente político de los deportes.

El deporte colombiano como mito

La forma como se universalizan los deportes y los valores asociados se desarrollan con mayor fuerza en América Latina, donde la idea y el contenido de la civilización europea se arraigan en América Latina mediante la colonización. En Colombia, los deportes se forjan en los clubes sociales de Bogotá y Medellín, principalmente, gracias a la importación de tales prácticas por unas élites, incluida la política, que consideraban la forma de vida europea (francesa e inglesa) como el derrotero que debía seguir la población en el proceso de constituirse en nación moderna. Es obvio que, en este imaginario, la emulación de todo tipo de prácticas del viejo continente se constituía en factor fundamental para construir “lo moderno” en el país.

La relación entre deporte y modernidad condujo a otro tipo de asociaciones más directas y efectivas. Inicialmente, los deportes se vincularon a temas como higiene, salud y educación, todo esto con la idea de que la práctica deportiva podía mejorar las condiciones de salubridad de la población, así como su carácter moral. Pero esta interpretación no es fortuita sino que hace parte de la transferencia colonial de ideas y valores. En Europa, De Coubertin, en medio de su exaltación de la cultura clásica griega, se empeñaba en vincular ideológicamente los deportes anglosajones y la civilización inglesa, así como la gimnasia alemana y sus férreos valores sociales. En síntesis, el Barón asociaba los modelos pedagógicos de Alemania (gimnasia) y los deportes de la Gran Bretaña con su desarrollo nacional, que recordaba la grandeza de los griegos. Fácilmente, la concordancia entre deporte y valores de la civilización europea se traslada incólume a Colombia.

Esta relación y la ampliación de la práctica deportiva en el país fueron catapultando el interés elitista por crear asociaciones y participar en los Juegos Olímpicos. Las primeras justificaciones para ir a estos Juegos se desarrollaban desde la necesidad de posicionar al país entre las naciones más civilizadas del mundo, de modo que asistir implicaba hacer parte del conjunto de países modernos, así las estructuras políticas, económicas y culturales estuvieran atravesadas por profundas prácticas excluyentes y coloniales.

Con el paso del tiempo, el deporte y dentro de él la participación en la cita de cada cuatro años, fueron relacionados con valores que, aunque diferentes, hacían parte de la asociación original entre deporte y civilización. El conjunto completo de estos valores está compuesto, entonces, por las ya señaladas ideas de higiene, salud, modernización, desarrollo, paz y convivencia, y más recientemente el ideal de belleza corporal. Esto explica en parte el interés durante los años 60 de muchos países, incluido Colombia, y desde orillas ideológicas diferentes, por desarrollar el deporte de alto rendimiento con fuertes inversiones de recursos en investigación para el entrenamiento deportivo, pues los triunfos y las medallas representaban el éxito de un modelo de desarrollo específico.

Finalmente, el conjunto de valores asociados al deporte permite igualmente comprender algunos hechos a primera vista contradictorios, como, por ejemplo, que el fútbol en Colombia haya sido históricamente patrocinado por empresas que producen alcohol y tabaco, sustancias que la medicina cataloga como nocivas para la salud, y es precisamente este último elemento lo que muestra en forma más clara la relación, pues si las sustancias son nocivas para la salud, la mejor forma de ‘blanquear’ su culpa es relacionándose con una práctica que está en la cúspide de la moral ciudadana: “El deporte es salud”. Pero si sustituimos “salud” por “paz”, es decir, “el deporte es paz”, también comprenderemos claramente la razón de que Pacific Rubiales se haya interesado en patrocinar a la Selección Colombia, todo dentro de su pretendida y quizá falsamente filantrópica política de responsabilidad social empresarial.

JORGE HUMBERTO RUIZ P, Sociólogo de la Universidad Nacional de Colombia, Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Javeriana. Miembro de la Asociación Colombiana de Investigación y Estudios Sociales del Deporte (ASCIENDE). Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 
Publicado enEdición 183
Plata en vez de plomo o las vidas cruzadas de Óscar, Rigoberto y Catherine
Quizá nunca se han visto. Aunque son antioqueños, Óscar Figueroa, Rigoberto Urán y Catherine Ibarguën, de 29, 25 años, y 26 años, vivieron su infancia en pueblos perdidos de los Andes paisas, los dos primeros y la niña de sonrisa eterna, en el Urabá antioqueño. Oscar en Zaragoza, bien al nordeste, Rigoberto en Urrao, al oeste y Catherine en Apartadó.

Ahora, tras haber obtenidos sendas medallas de plata en las olimpiadas de Londres, en pesas, ciclismo y salto triple, las primeras en la historia del atletismo nacional, se devela la historia de violencia que sufrieron los tres deportistas.
Óscar tuvo que marcharse con su familia campesina tras sufrir los embates del conflicto armado en aquel pueblo de socavones de oro. Paramilitares y guerrilla siempre han hecho presencia en Zaragoza, y su confrontación solo ha dejado miseria y desplazamiento.

Las estadísticas no hablan muy bien del terruño. El 98% de los 28.356 habitantes de Zaragoza, viven aún entre la pobreza y la miseria como si los 17 años de la partida de los Figueroa de su comarca, petrificaran el progreso allí. Doña Ermelinda, la mamá de Óscar, decidió hacer un par de maletas e irse con sus cuatro hijos lejos de ese infierno de oro, relata un periodista español que entrevistó al héroe de Zaragoza.

Cruzando la cordillera


Los recibieron familiares en Cartago (Valle del Cauca) por un par de días hasta que consiguieron un rancho en arriendo en un barrio de invasión. En ese momento la mamá comenzó a ser la cabeza del hogar. Se empleó como ayudante doméstica en una casa de ricos y así comenzó a sacar a sus hijos adelante.

Por aquellos años 80 de violencia, que desplazaron a los Figueroa como a cientos de miles de colombianos, la estrategia utilizada por el paramilitarismo en esta región liberal para disolver el poder creciente de la Unión Patriótica, consistió en realizar las conocidas masacres de Segovia, el Bagre, Cáceres y Valdivia, vecinas de Zaragoza.

El Estado no reaccionó con el vigor suficiente para impedir ni mucho menos aclarar y judicializar estos hechos, incluso ante evidencias de que se habían producido con la anuencia o abierta complicidad de miembros de la Fuerza Pública. Lejos quedaban las estrofas del himno del poblado que hablan de una “tierra de paz y bien”.

Óscar, a sus 12 años, comenzó en Cartago una nueva vida disputándole a la miseria, esta violencia sórdida, un espacio para salir adelante, haciendo de todo, desde “chino” de los mandados hasta vendedor de golosinas en la calle. En la entrevista reseñada, Óscar pasó por un gimnasio pobre del municipio, y o que unos jóvenes levantaban pesas y le gustó la idea de hacerse grande. A sus primos que jugaban fútbol no les gustó tanto, pues veían en él posibilidades de ser un buen centrocampista, pero el joven, obstinado, se decidió por los “fierros”. Los otros, los de la competencia sana.

Cuenta Damaris Delgado, su primera entrenadora, que el muchacho la impresionó porque en la segunda semana de entreno, el desnutrido moreno de 34 kilos de peso corporal fue capaz de levantar 65 kilos en un solo viaje.

Dos años más tarde, el entrenador de la selección vallecaucana de halterofilia, Jaiber Manjarrez, lo vio ganar un campeonato y le propuso irse a vivir a Cali para prepararse con los mayores. Óscar llegó a vivir en un inquilinato humilde; con cama de colchón de paja y tablas heridas por la polilla. Desayunaba, almorzaba y comía en la tienda frente al gimnasio, cuentas que cada mes pagaba el entrenador.

El resto ya lo saben hoy todos los colombianos. Óscar, como miles de compatriotas, ve en las filas militares, una forma de sobrevivencia para huirle al desempleo. Óscar se hizo soldado y allí descolló en el deporte de las pesas, que de nuevo le han traído la gloria al país. Primero con Isabel Urritia, hoy destacada política de la izquierda, y hasta ahora la única presea de oro para Colombia en unas olimpiadas.

El chance de la vida


La historia de Rigoberto no deja de ser menos dramática con el agravante del asesinato de su padre en una calle de Urrao por paramilitares cuando ofrecía billetes de lotería. El joven ciclista apenas tenía 14 años. “Don Rigo”, viendo las cualidades de su hijo, había alcanzado a comprarle una bicicleta al hijo en la que empezó a destacarse en cuanta prueba participaba.

Pero con la desaparición del padre el niño deportista no tuvo otro remedio que contribuir con los gastos del pobre hogar, empleándose como vendedor de chance y lotería. Aracelly, la viuda, y Martha, la hermana, que era muy pequeña, salieron adelante con la ayuda del hijo mayor.

Sin embargo, su tenacidad y amor por el ciclismo logaron nuevos horizontes para Rigoberto, especialmente en Europa. Allí ganó la rigurosa Vuelta del Porvenir, en Francia, en 2004 y 2006.

Todos vimos la felicidad en los rostros de Aracelly y Martha cuando los noticieros reprodujeron las instantáneas del triunfo de Rigoberto seguidas por su familia en la transmisión en directo de la competencia de ruta y que terminó aquel inolvidable domingo frente al Palacio de Buckingham, la casa imperial inglesa.

Los lances de Catherine


La vida de Catherine pasó por los mismos lances que vivieron Óscar y Rigoberto bajo el sol antioqueño.
Como ellos, es otra desplazada por la violencia cuando sus padres presenciaron el horror paramilitar que anegó todo el Urabá. El domingo de dicha plateada, un noticiero trajo las imágenes del padre de Catherine, feliz por la hazaña de su hija aunque en el exilio en Maracay, Venezuela.

“Acá lo encontramos, asilado tras huir de la violencia en Colombia”, anotó el reportero. Como decenas de miles de compatriotas que han buscado refugio en otros lares para salvar su vida, a costa, inclusive de abandonar a sus hijos.
Las crónicas de ahora hablan que Catherine tuvo que ser criada por una tía que en servicios varios trabaja hace 31 años y devenga aun un salario de 250 mil pesos, y por aquella abuela que todos vimos en la tele llena de orgullo de su nieta afrodescendiente.

Semejante fortuna solo alcanzaba para el alquiler una pequeña pieza en Turbo. La alimentación consistía en arroz, plátano y agua de panela.

Hoy se anuncia que el Instituto Colombiano de la Juventud y el Deporte Coldeportes, que es justo reconocer le brindó apoyo, como a Óscar y Rigoberto, le entregará de una casa. Con este respaldo también será instructora para futuras generaciones que practiquen el atletismo.

Por desgracia, el talento de decenas de miles de colombianos, en todas las expresiones de la vida, se pierden ante las carencias como las que han vivido estas tres figuras, en un país que ocupa el triste lugar de ser el tercero más desigual del planeta.

Las de Óscar, Rigoberto y Catherine, tres vidas cruzadas por la violencia que aflige a todos los colombianos, pero que hoy se regocijan con estos triunfos que por fin traen plata y no plomo al podio de la nación luego de asaltar el cielo en Londres.

Publicado por ANNCOL para ANNCOL-CULTURA el 8/06/2012
Publicado enColombia
Martes, 07 Agosto 2012 06:47

¿De qué sirven los megaeventos?

¿De qué sirven los megaeventos?
Los Juegos Olímpicos de Londres 2012 no sólo ponen a Gran Bretaña bajo los reflectores, sino también llaman la atención sobre preguntas relativas al valor económico de los “megaeventos” en general. Medir el impacto neto de tales acontecimientos en las economías que los albergan está envuelto en complicaciones, y en los países que se postulan para ser anfitriones existe la tentación de exagerar los beneficios esperados. El legado en términos de inversión de infraestructura y renovación urbana tiene valor perdurable, pero los argumentos en pro de realizarlos, en términos económicos, siguen sin ser concluyentes.

 
Una de las grandes paradojas de los megaeventos es que la justificación económica para efectuarlos dista de ser clara, pero la política impulsa a los presuntos anfitriones a enfatizar tales beneficios. Abundan las historias de Juegos Olímpicos que perdieron dinero, en tanto ciertos textos académicos cuestionan si los megaeventos cumplen sus promesas económicas y si los organizadores son lo bastante críticos y objetivos al evaluar su impacto. Los escépticos alegan a menudo que ser anfitrión de megaeventos es asunto de prestigio nacional tanto como de economía, y que la teoría del “beneficio económico” sencillamente está diseñada para legitimar lo que parece un costoso ejercicio de relaciones públicas.

 
Separar el impacto económico de los megaeventos, haciendo abstracción de los efectos de otras variables, es complicado. Eventos como los Juegos Olímpicos o la Copa Mundial de futbol conllevan grandes costos de oportunidad. La construcción de estadios, instalaciones e infraestructura de transporte puede desviar la inversión de otros proyectos tanto o más importantes. El incremento del turismo y del gasto de consumo durante el evento puede verse contrarrestado por un descenso en la llegada de turistas no ligados a él (los cuales pueden optar por ir a otro lado para evitar las multitudes) y por una reducción del gasto doméstico en otros bienes y servicios o en otros lugares (por ejemplo, los consumidores británicos que acuden a uno de los eventos de Londres 2012 probablemente supriman algunos de sus gastos normales en diversión para poder pagar su excursión olímpica).

 
Esos costos de oportunidad están, casi por definición, sujetos a que se reúnan ciertas condiciones, lo que dificulta determinar cuánto se habría beneficiado una economía si el megaevento en cuestión no se hubiera llevado a cabo. Los estudios previos de impacto económico invariablemente proyectan la cantidad de inversión y el ingreso turístico que un evento atraerá, el número de empleos que creará, pero éstos pueden presentarse en una base general que pase por alto el desplazamiento de una actividad económica por otra. La construcción de estadios, por ejemplo, crea una escasez de empleos en la industria de la construcción que impide continuar otros proyectos o incrementa sus costos laborales. Por lo menos un documento académico ha hecho la interesante observación de que los estudios previos a los eventos tienden a ser más numerosos que los posteriores, porque el incentivo de ganar una postulación es la principal razón para encargarlos.

 
Hay otras razones que dificultan medir el impacto de los megaeventos. A menudo se presenta la renovación urbana como una de las justificaciones para la fuerte inversión en infraestructura. Sin embargo, algunas renovaciones se hubieran concretado de cualquier manera y no deben atribuirse al evento. Dicho esto, la impostergable fecha de entrega para un megaevento puede ayudar a acelerar inversión muy necesaria en zonas degradadas, o asegurar que el financiamiento se mantenga aunque la economía en general se deteriore. (La Copa del Mundo 2010 en Sudáfrica aceleró la inversión en infraestructura.)

 
Persiste el peligro de que la inversión en estadios –pese a las protestas de los gobiernos– deje un magro legado económico una vez que el megaevento pasa, y de que esas instalaciones después tengan poco uso y resulten elefantes blancos de oneroso mantenimiento. Los países que construyen menos estadios nuevos y gastan más en renovación urbana pueden tener mejores legados de sus eventos. De hecho, mientras mejor se combine la infraestructura con los requerimientos generales de la economía anfitriona, más probable es que ofrezcan un genuino beneficio a largo plazo. A menudo se considera a los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992 como unos de los más exitosos desde este punto de vista. Según un estudio, las instalaciones deportivas representaron apenas 9% de la inversión en construcción, y la mayor parte del resto se destinó a renovación urbana general.


Tal vez sean más complejos los aspectos que rodean a la infraestructura de transporte. El argumento tradicional de los críticos es que construir caminos y vías férreas hacia los estadios desvía el gasto en transporte para la población local que tiene mayor actividad en tiempos normales. Sin embargo, las instalaciones de transporte que se planean con cuidado pueden rendir un beneficio duradero a la comunidad. En otras palabras, un megaevento es de dudosa utilidad si todo lo que hace es propiciar inversiones en rutas de transporte que sobre todo conducen a estadios y no a zonas comerciales o residenciales. Pero si se evita este peligro, la infraestructura en transporte relativa al evento puede dejar un legado importante.
 

Nuevo clima
 


Se puede sostener que la resaca de la crisis financiera de 2008-09 añadió dos dimensiones al debate sobre la economía de los megaeventos. La primera es que el deterioro de las finanzas públicas de los países ricos podría aumentar la presión sobre los gobiernos para rendir cuentas sobre el dinero de los contribuyentes, tarea que, como se indicó arriba, se complica cuando se trata de demostrar que la inversión en megaeventos es el mejor uso del dinero público. El paquete de financiamiento del sector público para los Juegos Olímpicos de Londres 2012 se ha disparado de su presupuesto original de 2 mil 400 millones de libras (3 mil 800 mdd) a 9 mil 300 millones (14 mil 600 mdd).

 
La segunda dimensión es que los países ricos con problemas de liquidez podrían sentirse menos inclinados en lo futuro a postularse para megaeventos demasiado costosos, lo cual podría alentar a economías emergentes más sanas a buscar ser anfitrionas. La advertencia de cautela en este argumento es que Brasil, China y Rusia albergarán o han albergado megaeventos en fechas recientes. (India, la otra economía principal del BRIC, quedó en vergüenza por el mal manejo de los Juegos de la Mancomunidad 2010, y tal vez no desee nuevas desventuras.) Si bien las naciones en desarrollo podrían no tener restricciones fiscales tan severas como algunas economías avanzadas en dificultades, puede que para ellas sea más fuerte el argumento a favor de un análisis costo-beneficio crítico y objetivo: gastar en la construcción de proyectos triunfales podría desplazar a la inversión en infraestructura básica.
 

Panorama para Londres

 
El primer ministro británico, David Cameron, ha dicho que Londres 2012 dará un impulso de más de 13 mil millones de libras en el curso de cuatro años, aunque no está claro qué significa eso exactamente. Sin duda, EIU no prevé un impulso al PIB británico a corto plazo como resultado de los juegos. Creemos que la economía se recuperará un tanto en el tercer trimestre, luego de los muy pobres datos del PIB del segundo trimestre dados a conocer el 25 de julio. Sin embargo, esto se deberá en su mayor parte a efectos de calendario y no se puede atribuir directamente a los juegos, cuyo impacto en todo caso probablemente será demasiado pequeño para afectar en forma significativa los macroindicadores en una economía de 1.6 billones de libras. Más bien, creemos que cualquier impulso relacionado con los juegos ya ha ocurrido en su mayor parte en el sector de la construcción en años pasados, lo que posiblemente ayude a explicar el razonable desempeño del sector con posterioridad a la crisis, entre 2009 y mediados de 2011 (la producción del sector ha estado en caída libre desde principios de 2012).
 

Traducción de textos: Jorge Anaya

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Copenhague, 2 de octubre. Río de Janeiro conquistó la sede de los Juegos Olímpicos 2016 y llevó a Sudamérica por primera vez la justa en la historia de la máxima cita cuatrienal del deporte mundial.

Ni Barack Obama pudo frenar el impulso de un Brasil que hizo valer su creciente paso e influencia en el planeta para lograr algo impensable hasta hace poco: “Los juegos de la trigesimoprimera Olimpiada son para la ciudad de... ¡Río de Janeiro!”, exclamó el presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Jacques Rogge, para desatar la euforia del país del futbol, que ahora es también el país de los juegos. En Madrid, derrotada en la final se extendió la tristeza.

La ciudad brasileña ganó el duelo a la primera y segunda economía del planeta –Estados Unidos y Japón– y a un país con gran presencia en el deporte mundial, España, que tiene el recuerdo de Barcelona 92, y ahora el tercer fracaso de Madrid por ganar la sede olímpica, tras los intentos por las ediciones de 1972 y 2012.

Los gritos en la sala que albergó a la asamblea del COI dieron paso enseguida a un desenfrenado festejo con el presidente brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, en el centro de una montaña humana que mezclaba al ex futbolista Pelé, al escritor Paulo Coelho y a dirigentes y deportistas del país sudamericano.

Pesaron las lágrimas de Pelé

Las lágrimas de Pelé confirmaban que el pedido de Lula para que los miembros del COI no ignoraran a Sudamérica, que jamás ha albergado los juegos, se habían tomado en cuenta y pesaron más que el efecto Obama.

Y es que la victoria de Río llegó con las cifras de 66 votos en favor contra 32 de Madrid, marca que es, junto con la de Pekín 2008, la mayor obtenida en una elección comparable.

En la anterior, Londres venció a París por diferencia de 54-50, mientras Pekín arrasó 56-22 sobre Toronto, el mismo margen de 34 votos que hoy impuso Brasil.

José Luis Rodríguez Zapatero, jefe del gobierno español, y Alberto Ruiz Gallardón, alcalde de Madrid, se abrazaron sentidamente tras escuchar la sentencia de Rogge. El edil madrileño estrechó luego triste y emocionado a su colega de Río, Eduardo Paes.

Madrid estaba por delante en la primera votación, en la que obtuvo 29 apoyos, por 26 de Río, 22 de Tokio y 18 de Chicago, esta última sorprendentemente eliminada en la ronda inicial, pese a ser favorita por la presencia en Copenhague del presidente Barack Obama, quien defendió la candidatura de su ciudad de adopción, y ya eliminado se enteró de la derrota en el Air Force One, en vuelo a Washington.
Sin embargo, la fugaz visita de cinco horas del mandatario estadunidense no bastó para convencer a la familia olímpica, que desde la segunda ronda estuvo a punto de dar la victoria a Río, pues de su lado se definieron 46 de los 95 votantes, 29 por Madrid y 20 por Tokio, con lo que ésta también quedó fuera.

El éxito de Río de Janeiro al obtener los segundos juegos latinoamericanos en la historia –México los organizó en el 68–, convierte a Brasil en la referencia del deporte mundial para la próxima década, ya que la justa veraniega se realizará dos años después del Mundial de futbol 2014.

En la carrera por la sede olímpica, Río de Janeiro inició como la indefensa hace dos años y medio, pero la cerró con gran seguridad e implacable presentación. Gracias a una inteligente política de comunicación, la ciudad brasileña logró potenciar sus virtudes y disimular sus defectos.

En una fría mañana en la capital escandinava, Chicago aburrió en la primera media hora y sólo levantó el vuelo gracias al dueto integrado por Michelle y Barack Obama, en tanto que Tokio sorprendió con arrebatos de pasión, compromiso con un planeta mejor y una apuesta por la tecnología con toque humano.

Madrid, bien organizada, vendió su candidatura con videos de gran factura técnica y una apelación a la universalidad del deporte.

Río exhibió un impecable reparto de papeles entre sus ponentes, equilibrio entre lo emotivo y lo técnico, y un claro mensaje al COI: “no sigan dándole la espalda a Sudamérica”, pidió Lula de Silva.

Tercera en el turno de ponencias, Río de Janeiro fue la candidatura que articuló de forma más clara su apuesta: “No son los juegos para nosotros, sino para Sudamérica, con 400 millones de personas y 170 millones de jóvenes”, dijo el mandatario brasileño, en un discurso cada vez más vibrante a medida que avanzaba.

“Se abre una nueva frontera para el COI”, añadió, e instó a “expandir los juegos a nuevos continentes, a un país tropical, a la más linda de las ciudades”.

En rueda de prensa tras la firma del contrato con el COI, Lula da Silva trataba de controlar el llanto por la emoción, y ante los dirigentes del olimpismo prometió que su gobierno empezará a trabajar “mañana mismo” para realizar “los mejores juegos del planeta”.

El presidente brasileño ofreció disculpas a sus pares de España, Estados Unidos y Japón “porque estoy feliz mientras ellos están tristes, pero nosotros ya estuvimos tristes muchas veces y ustedes ya estuvieron felices muchas veces”, puntualizó.


Un triunfo del Tercer Mundo


Poderosas potencias económicas compitieron por ser sede de las Olimpiadas en el 2016, entre ellas las dos más industrializadas del planeta: Estados Unidos y Japón. Triunfó sin embargo Río de Janeiro, una ciudad de Brasil.

Que no se diga ahora que fue generosidad de las naciones ricas con Brasil, un país del Tercer Mundo.

El triunfo de esa ciudad brasileña es una prueba de la creciente influencia de los países que luchan por su desarrollo. Con seguridad, en los pueblos de América Latina, África y Asia, la elección de Río de Janeiro será recibida con agrado en medio de la crisis económica y la incertidumbre actual con el cambio climático.
Aunque deportes populares como la pelota sean eliminados de las competencias para dar cabida a entretenimientos de burgueses y ricos, los pueblos del Tercer Mundo comparten la alegría de los brasileños y apoyarán a Río de Janeiro como organizador de los Juegos Olímpicos del 2016.

Es un deber presentarse en Copenhague con la misma unidad, y luchar para evitar que el cambio climático y las guerras de conquista prevalezcan sobre la voluntad de paz, el desarrollo y la supervivencia de todos los pueblos del mundo.

Fidel Castro Ruz

Octubre 2 de 2009

2 y 55 p.m.

 

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