Sábado, 23 Febrero 2013 07:33

El bolívar

El bolívar

La cuestión económica está dominada con la idea de que algún tipo de colapso es inminente que, en general, no termina ocurriendo. Esto no significa que no haya tensiones, dificultades ni errores de gestión porque, como se sabe, el paraíso no existe. El aspecto relevante en ese escenario de permanentes desafíos económicos es detectar qué tipo de política se implementa en cada momento para abordar los inevitables problemas que se van presentando. En la economía intervienen sujetos sociales con intereses contrapuestos, lo que deriva en una dinámica con elevadas cuotas de incertidumbre, aunque haya profetas que prometan minimizarlas mientras se dedican a exacerbarlas en el marco de una intensa disputa político-mediática. Para alimentar el estado de ansiedad económica, la mayoría de los pronósticos de las usinas tradicionales ha sido pesimista en los últimos años. Esa inspiración negativa ha tenido diferentes fuentes, de acuerdo con las circunstancias. No ha ignorado ninguna estación, comenzando por la crisis externa, el conflicto con el campo, el peligro de la caída del precio de la soja, la debacle energética, el supuesto atraso cambiario, el amenazador desborde inflacionario, la devaluación del real o el estancamiento de Brasil, el incremento de los subsidios en servicios públicos, la emisión monetaria, la cuestión fiscal, hasta el fantasma del Rodrigazo. La última adquisición ha sido la devaluación de la moneda venezolana como espejo de lo que le espera a la argentina. Cada una de esas amenazas luego se fue diluyendo o relativizando a fuerza del recorrido de las principales variables macroeconómicas. Los vaticinios estuvieron más cerca de los deseos de los divulgadores de lo que fue el desarrollo efectivo de la economía. Ahora es el turno de las advertencias a partir del fuerte ajuste cambiario en Venezuela, lo que exige precisar las características de esa economía y las diferencias y los parecidos con la Argentina.

 

El 8 de febrero pasado, el gobierno venezolano anunció una serie de medidas financieras, entre las que se destacó la modificación de la paridad cambiaria del bolívar con el dólar, al subir de 4,30 a 6,30 bolívares por unidad, es decir que se produjo una devaluación del 31,7 por ciento (la variación nominal fue de 45,5 por ciento; vale observar un error generalizado: una moneda no puede devaluarse un ciento por ciento, puesto que implicaría que deja de ser). El gobierno bolivariano estableció el régimen de control de cambio en 2003. Desde entonces ha mantenido una política cambiaria de paridad fija y la ha modificado en tres oportunidades, incluyendo la última. La anterior fue en febrero de 2010, cuando la subió de 2,15 a 4,30, una devaluación del 50 por ciento.

 

n Primera diferencia: Venezuela sigue con una paridad fija, incluso luego de la última devaluación, mientras que Argentina implementa desde hace diez años una política de tipo de cambio administrado de constantes pequeñas devaluaciones, aliviando en parte las tensiones cambiarias, sumando presión inflacionaria.

 

En el mercado ilegal, la cotización se ubicaba en 18 bolívares por dólar, brecha del 300 por ciento respecto de la oficial, diferencia que no se redujo luego del ajuste cambiario. Prueba que el precio de la divisa en el circuito informal está ligado al movimiento de excedentes de la actividad no registrada y a su fuga al exterior más que a la relación con otras variables de la economía. En el caso venezolano, la brecha también está vinculada con la debilidad en el control sobre las importaciones. Las maniobras de sobrefacturación de grandes firmas que recibían los dólares por parte del gobierno alimentaban el mercado paralelo. Para obturar esa operación que les reportaba abultadas ganancias a esas empresas se anunciaron dos medidas, además de la devaluación: una de ellas es implementar un control de seguimiento de la ruta de los dólares asignados a cada importador para verificar el ingreso de la cantidad de productos declarados, y la otra es que divisas a la cotización oficial sólo serán giradas para importaciones de bienes necesarios para satisfacer demandas sociales.

 

n Segunda diferencia: recién con las últimas medidas, Venezuela intenta instrumentar un régimen de administración del comercio exterior más efectivo, en especial sobre las importaciones, mientras que Argentina en comparación tiene una mejor estructura de fiscalización, lo que no significa que no sean indispensables mayores controles en la Aduana.

 

La economía venezolana tiene una industria muy poco desarrollada y, por lo tanto, fuertemente dependiente de las importaciones, destacándose el rubro alimentos, muy sensible para el presupuesto de los hogares, en especial para los de medios y bajos ingresos. A la vez exhibe un marcado carácter rentístico determinado por la producción petrolera. En un informe sobre la devaluación venezolana publicado en el sitio web sinpermiso, el economista Rolando Astarita señala que, de acuerdo con datos de la compañía estatal Pdvsa, de 1999 a 2012 el Estado tuvo un ingreso de 383.233 millones de dólares provenientes del petróleo. “Este ingreso no dio lugar a un proceso de industrialización sostenida, ni al desarrollo de sectores productivos de alto valor agregado”, observa, pero a la vez señala que una parte importante de esos recursos fue destinada a mejorar la calidad de vida de la población más humilde, sobresaliendo el plan de viviendas. Mark Weisbrot y Jake Johnston, del Center for Economic and Policy Research, de Washington, detallan en el documento “¿Es sostenible la recuperación económica de Venezuela?” que el programa del gobierno para la construcción de viviendas en 2011 alcanzó las 147 mil viviendas, siendo el sector público responsable de las dos terceras partes del total, mientras que el sector privado, el tercio restante. El año pasado, la cantidad de viviendas construidas fue de 200 mil.

 

n Tercera diferencia: Venezuela es monoexportador, concentrado en el petróleo, generando una renta extraordinaria, con una muy débil industria local y dependiente de la importación, fundamentalmente de alimentos. Argentina tiene una estructura de comercio exterior diversificada, aunque con importante peso del complejo oleaginoso (soja), que evitó la reprimarización de sus exportaciones en la primera década del nuevo siglo, a contramano de la mayoría de los países de la región, según la Cepal (por ejemplo, en Venezuela, el 96 por ciento de los ingresos por exportaciones del año pasado provinieron de la petrolera Pdvsa y sus asociadas). Además posee una industria local más compleja y tiene garantizada su soberanía alimentaria al no requerir importaciones para cubrir los bienes de la canasta básica de los hogares.

 

La breve descripción del caso venezolano y sus diferencias con el argentino revela que la devaluación del bolívar respondió a particularidades de esa economía, que el año pasado creció 5,5 por ciento y en el anterior se había expandido el 4 por ciento, con un superávit de cuenta corriente del 4,5 por ciento del Producto, detallan Weisbrot y Johnston.

 

Las dos economías registran similitudes en transitar el actual ciclo político con aumentos de precios bastante por encima del promedio regional y fuga de capitales (de febrero de 2003 a fines de 2012 sumó 144.900 millones de dólares, de acuerdo con el Banco Central de Venezuela), con conflictos específicos en cada país, pero que reflejan en ambos la resistencia de las tradicionales elites empresarias.

 

El intento de mostrar la fuerte devaluación venezolana como destino inevitable de la economía argentina se basa en consolidar en el sentido común que las presiones del “mercado” inexorablemente terminarán por imponerse frente a cualquier regulación de Estado, ya sea en la plaza cambiaria o en el control de precios. La prédica incansable afirma que la única economía sana y posible es la que se sustenta en la absoluta libertad de mercado. Para escapar de ese jaque, cantado diariamente con el tema precios y el dólar ilegal, la gestión económica se enfrenta al desafío de ser eficiente en los hechos cotidianos, respondiendo a las demandas de las mayorías. De ese modo podrá minimizar el daño simbólico del discurso conservador que descalifica permanentemente la imprescindible intervención del Estado en la economía.

 


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Sábado, 09 Febrero 2013 08:58

Maduro devaluó el bolívar

Maduro devaluó el bolívar

El cambio oficial en el país pasará de 4,30 bolívares por dólar a 6,30 bolívares por dólar. Buscan frenar una inflación que superó el tres por ciento mensual en diciembre y enero. El dólar negro cuadruplica al oficial.

 

El gobierno venezolano anunció ayer la devaluación del bolívar frente al dólar en un 46,5 por ciento, llevando la tasa de cambio oficial de 4,30 a 6,30 bolívares por dólar. Según reveló durante la jornada el vicepresidente, Nicolás Maduro, la economía es el principal tema de preocupación del mandatario Hugo Chávez.

 

El Banco Central de Venezuela informó ayer que la inflación arrancó el año con una tasa del 3,3 por ciento en enero, apenas inferior al 3,5 por ciento registrado en diciembre. La autoridad monetaria explicó en su informe mensual que la tasa que marcó la inflación en enero de 2013 representa el doble de la registrada en enero del año pasado, cuando fue del 1,5 por ciento. A la par el alza de los precios, el indicador de escasez se disparó de 16,3 por ciento en diciembre hasta 20,4 por ciento en enero. Después, en conferencia de prensa, el ministro de Planificación y Finanzas, Jorge Giordani, junto al presidente del ente emisor, Nelson Merentes, anunciaron que el cambio oficial en el país pasará de 4,30 bolívares por dólar a 6,30 bolívares por dólar, lo que implica una devaluación del 46,5 por ciento, aunque las solicitudes realizadas antes del 15 de enero se mantendrán al cambio de 4,30. Argumentó que se tomó esa decisión para proteger la economía de las circunstancias externas pautadas por la crisis global y consideró que será un "estímulo" para las exportaciones no petroleras.

 

La existencia del sistema de control de cambios, implantado hace diez años en una economía con fuerte presencia del dólar, generó en el país un mercado paralelo en el que la divisa estadounidense prácticamente cuadruplica el valor oficial. Junto a la devaluación, Giordani anunció la creación del Organo Superior para la Optimización del Sistema Cambiario, una medida que apunta a alcanzar la máxima transparencia, eficacia y eficiencia en la asignación de divisas. Esta nueva instancia estará conformada por el Ministerio de Planificación y Finanzas, el Banco Central de Venezuela (BCV) y el Ministerio de Petróleo y Minería.

 

Bajo este órgano quedará la responsabilidad de "velar por la eficacia, eficiencia y buen funcionamiento" de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) y coordinar el flujo de divisas que ingresan al país en función del desarrollo integral, explicó Giordani. Otra función de la nueva instancia será presentar al Ejecutivo las políticas y proyectos para aumentar el flujo de divisas al país, adicionalmente a las provenientes de la industria petrolera, así como las políticas anuales de importación y exportación no tradicionales. Por su parte, Merentes anunció el fin del Sistema de Transacciones con Títulos en Moneda Extranjera (Sitme) porque el mismo "cumplió con las metas para las cuales fue creado".

 

Venezuela adoptó en febrero del 2003 el sistema de control de cambio para frenar una aceleración de la fuga de capitales tras el paro en la industria petrolera. Entonces, el país importaba menos de 15 mil millones de dólares al año y en 2012 las compras venezolanas cerraron en un record de 56 mil millones de dólares, según el Banco Central.

 

Ambos funcionarios resaltaron que el ajuste fue aprobado por Chávez, quien convalece en La Habana después de la operación contra el cáncer a la que se sometió hace casi dos meses, e indicaron que las decisiones tomadas buscan preservar las expectativas oficiales del crecimiento de la economía, que para este año se estima en un seis por ciento del Producto Bruto Interno (PBI).

 

Apenas un rato antes de que se conocieran los cambios en la política cambiaria, Maduro explicó que Chávez le planteó varios temas económicos, entre ellos el de intensificar las acciones para mantener el ritmo de crecimiento. "Está al mando y su mayor preocupación y concentración es el tema económico", informó. Encargado del Ejecutivo, y en un acto sobre la política espacial, relató que analizaron "la parte de inversión y un conjunto de temas".

 

El derrotado candidato presidencial venezolano, Henrique Capriles Radonski, criticó ayer la devaluación. "Al señor Maduro le dan un tiempito más al frente y acaba con el país", expresó en su cuenta de la red social Twitter. Además, alertó de posibles acciones judiciales contra dirigentes de la oposición para tapar, lo que rotuló como "el paquetazo rojo". "El petróleo venezolano está en 106 dólares y meten una devaluación. Se gastaron la plata en campaña, corrupción, regalos en el exterior", sentenció.

 

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Caracas, 8 de enero. El presidente de Venezuela, Hugo Chávez, anunció este viernes la devaluación de la moneda, el bolívar, que pasará de 2.15 unidades por dólar a 2.60 para sectores prioritarios, e instauró un segundo tipo de cambio de 4.30 bolívares por dólar para otros rubros que no sean de primera necesidad.
 
Hemos decidido llevar la tasa de cambio de 2.15 a 2.60 bolívares por dólar a partir de este momento (...) pero habrá un segundo nivel que se ubicará en 4.30 bolívares por dólar, declaró Chávez.
 
El mandatario tomó la decisión luego de cinco años de estabilidad en la paridad cambiaria oficial.
 
Chávez dijo que las dificultades de la economía venezolana obligan a hacer una corrección cambiaria, pero que el control de cambios –que se implantó en febrero de 2003– continuará.
 
Desde 2005 el precio oficial del dólar se situaba en 2.15 bolívares. Este año y pese a la crisis mundial, el gobierno venezolano había descartado en numerosas ocasiones un ajuste.
 
También se decidió que el Banco Central de Venezuela intervendrá en el mercado cambiario para evitar el manejo especulativo con las divisas.
 
El jefe de Estado explicó que el sistema de cambio dual establece que el control de cambio, con una paridad de 2.60 bolívares por dólar, se aplica en áreas prioritarias, como salud, importaciones de alimentos, maquinarias, libros, artículos tecnológicos, todas las importaciones del sector publico y las remesas al extranjero.
 
Por otra parte, las importaciones de automóviles, telecomunicaciones, tabaco, bebidas, productos químicos, petroquímicos o electrónicos, entre otros, se regirán por un dólar a 4.30 bolívares.
 
Todo se hará de manera planificada. Sepan los venezolanos que esto va a favorecer la economía nacional, que está orientada a lo social. Por tanto esto va en beneficio de toda la colectividad, garantizó el presidente.
 
Con el objetivo de dar vigor y proteger la economía venezolana, Chávez anunció además la creación de fondos especiales para favorecer las exportaciones y para estimular a los empresarios a elaborar iniciativas de sustitución de las importaciones.
 
 
El presidente Hugo Chávez, durante su mensaje a la nación, aseguró que el ajuste en el tipo de cambio va en beneficio de toda la colectividadFoto Reuters
Por otra parte, Chávez prometió que el gobierno y el Banco Central intervendrá en el mercado cambiario para evitar el manejo especulativo de la divisas. La oferta de divisas va a ser superior a 2009 y tiene como objetivo frenar las importaciones que no son necesarias, recalcó.
 
Mercado paralelo
 
La tasa cambiaria se mantuvo en 2.15 bolívares por dólar desde 2005, pero la caída de los ingresos petroleros en 2009 por la crisis global obligó al gobierno a tomar medidas y ajustar la paridad. El precio del petróleo venezolano terminó 2009 con un promedio por encima de 57 dólares por barril, en comparación con más de 85 dólares en 2007.
 
El líder venezolano se refería al mercado paralelo, donde el precio del dólar se disparó en meses recientes. En la primera mitad de 2009 la reducción en la entrada de divisas procedentes del petróleo obligó a disminuir la concesión de dólares al precio oficial a los importadores y ciudadanos.
 
Por ello, muchos venezolanos se vieron obligados a recurrir al llamado dólar permuta, una tasa de cambio legal, aunque no oficial y varias veces superior a la tasa oficial, que resulta de la venta de bonos de deuda venezolanos.
 
Expertos calculan que en los pasados meses dos tercios de los productos que entraron en Venezuela, país netamente importador, lo hicieron gracias a los dólares comprados en el mercado paralelo. Para los especialistas, ya existía por tanto una devaluación no declarada.
 
Reducir oficialmente el valor del bolívar a partir de ahora implicará un encarecimiento de las importaciones, aunque el Ejecutivo podrá soportar mejor esta carga gracias a la recuperación del precio internacional del barril de crudo.
 
No obstante, Venezuela tiene la inflación más alta de América Latina, que llegó a 25.1 por ciento en 2009, y prevé un aumento de precios de entre 20 y 22 por ciento en 2010.
 
Para este año, el Ejecutivo nacional también estima un crecimiento económico de 0.5 por ciento, frente a la caída de 2.9 por ciento del PIB registrada en 2009, que puso fin a cinco años de crecimiento.
 
 
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Viernes, 21 Noviembre 2008 07:59

Sudamérica: se acorta el tiempo

El fracaso de la reunión del G-20 en Washington para reformar siquiera aspectos parciales del sistema financiero y económico mundial coloca al resto del mundo, muy en particular a los países y regiones que pretenden emerger fortalecidos de la crisis en curso, ante la necesidad de emprender caminos distintos a los ensayados hasta ahora. Todo indica que este cambio de rumbo no será rápido, ya que no existe una alternativa diseñada para transitar por ella ni dirigentes capaces y audaces para impulsarlo.

La región sudamericana tuvo ya una primera oportunidad cuando los presidentes Luiz Inacio Lula da Silva y Néstor Kirchner firmaron el Consenso de Buenos Aires, en octubre de 2003, cuando vientos renovadores parecían barrer la región. La gravedad de la crisis actual y la debilidad creciente de Estados Unidos en Sudamérica parecen brindar una nueva oportunidad si se sacaran las lecciones de los fracasos anteriores. Para ello serían necesarias dos condiciones que no abundan entre los gobiernos de la región: una clara lectura de lo que está sucediendo, o sea, el fin de la hegemonía estadunidense, y el valor político suficiente para innovar y asumir los costos de los eventuales errores.

Desde que estalló la crisis, en agosto de 2007, se ha hecho muy poco. Menos aún desde que en septiembre cundió el pánico en los mercados del mundo. El principal país de la región, potencia emergente que se pretende global player y referencia ineludible para el resto, sufre una masiva fuga de capitales que se traduce en la devaluación del real, que pasó en pocos meses de 1.50 a 2.40 por dólar, pese a las medidas del Banco Central. Desaparecieron el crédito, los préstamos al consumidor y a las empresas, lo que llevó a la autoridad monetaria a intervenir por lo menos tres veces en un par de meses, la última la semana pasada, al inyectar 19 mil millones de dólares, sin conseguir la menor reactivación.

El gobierno de Lula y el de Sao Paulo, comandado por Jose Serra, aspirante a la presidencia en 2010, armaron un plan de rescate para la industria automotriz cuando se supo que en octubre las ventas se desplomaron 11 por ciento. Entre el gobierno estatal y el federal inyectaron 4 mil millones de dólares para reactivar la demanda, o sea, para facilitar que las clases altas y medias obtengan créditos baratos. Como puede verse, se trata de medidas similares a las que vienen adoptando los gobiernos europeos y estadunidense para enfrentar la recesión. Apenas parches sin cambio de orientación.

No es por ese camino como Sudamérica puede salir fortalecida de la crisis actual. Aunque no existe un nuevo modelo pronto para ser implementado, y las más de las veces las propuestas “alternativas” se reducen a discursos muy radicales, pero vacíos de contenido concreto, es posible establecer tres líneas generales por donde debería transitarse.

La primera es reorientar las economías hacia los mercados internos, o sea, promover el desarrollo endógeno. Es fácil decirlo, pero supone un giro completo de la producción y de la ecuación exportadora asentada en la apertura comercial y financiera.

Desarrollo endógeno significa integración regional. La Unasur es un buen instrumento a condición de que se disponga a dar un salto adelante que haga del Banco del Sur algo más que una declaración de buenas intenciones y se encamine hacia la creación de una moneda regional que sustituya al dólar. Algunos de los más nobles proyectos de integración regional fueron archivados sin siquiera mencionar las razones. ¿Alguien escucha hablar del Gasoducto del Sur, que iba a ser una de las piezas claves del desarrollo energético endógeno regional? Con el Banco del Sur puede suceder algo similar si no se actúa con transparencia.

La Unasur debe concretar el Consejo Sudamericano de Defensa, que hasta ahora existe sólo en declaraciones. Estas medidas son imprescindibles para doblegar la acumulación por desposesión que sigue siendo el proyecto del gran capital para Sudamérica. La Comisión Europea lanzó el 5 de noviembre pasado la Iniciativa en Materias Primas para facilitar la extracción de recursos naturales de países del sur y minimizar los riesgos de desabastecimiento de la Unión Europea. China pretende repetir su experiencia africana en América Latina, focalizada en recursos minerales y energía. Son formas de acumulación por desposesión que sólo pueden evitarse con decidida voluntad política.

En segundo lugar, hace falta una profunda redistribución de la riqueza, que es otra de las bases de cualquier desarrollo endógeno. Eso supone que el continente deje de ser el campeón mundial de la desigualdad y, sobre todo, tener claro que un mejor reparto de la riqueza reduce la tasa de ganancia del capital, pero es una buena forma de acotar la especulación financiera.

En tercer lugar, hacen falta reformas democráticas profundas. En Uruguay se implementaron dos medidas básicas: reforma impositiva y de la salud. La primera, aun con limitaciones, introdujo cambios de fondo en la tributación según los ingresos y la segunda democratizó el acceso al sistema sanitario. En otros países de la región (Brasil, Bolivia, Ecuador) se adoptaron medidas similares que no suponen grandes cambios “revolucionarios”, pero al menos contribuyen a la democratización real, y mucho más que los dicursos altisonantes.

Puede decirse que estos tres cambios son insuficientes. Sin duda. Sin embargo, pueden preparar el terreno para cambios mucho más profundos que no serán realizados por la actual camada de dirigentes políticos. En efecto, sólo la llegada de una nueva generación de dirigentes, mucho más audaces, menos ligados a la vieja cultura política y formados en el seno de la crisis en curso, podrá torcer el rumbo. Para eso tal vez sea necesario que las cosas se pongan más negras aún, que las turbulencias económicas se conviertan en tsunamis sociales y políticos capaces de barrer lo que aún se resiste a morir.

Raúl Zibechi

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