MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Lluvia de bombas en Gaza y de cohetes en Israel

El Consejo de Seguridad de la ONU se reune para tratar de frenar el conflicto.

En la conmemoración de Al Nakba, que recuerda la expulsión de árabes de sus territorios con la creación de Israel en 1948.

El sexto día de tensiones entre el gobierno israelí y Hamas llegó a un punto álgido con el derrumbe de la torre Al Jara donde funcionaban las oficinas de la agencia de noticias estadounidense Associated Press (AP) y de la televisión qatarí Al Jazeera. También sobrevolaron aviones de combate israelíes que en uno de los ataques mataron a 10 integrantes de una familia. Según el Ministerio de Salud de Gaza ya son 145 los muertos ymás de 1100 en la Franja de Gaza. Israel a su vez informó10 muertes por cohetes incluyendo un niño y decenas de heridos.

"Estamos conmocionados y horrorizados por el hecho de que el ejército israelí apunte y destruya el edificio que alberga la oficina de AP y otros medios de comunicación en Gaza", dijo el jefe de la agencia, Gary Pruitt, en un comunicado. Por su parte, la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, afirmó que el mandatario estadounidense, Joe Biden, pidió que se garantice la seguridad de los medios extranjeros.

El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu se refirió al derrumbre de la torre de medios a través de un comunicado de su oficina. "Israel está haciendo todo lo posible para evitar cualquier daño a los que no están involucrados. La prueba es que los edificios que tienen locales de terroristas son evacuados de gente no involucrada antes de ser atacados", afirmó

El matutino israelí Haaretz informó que las fuerzas israelíes bombardearon la casa de un jefe de Hamas, Yahwa Sinwar, en Gaza durante la madrugada del domingo. Mientras que tres palestinos murieron en un ataque aéreo de las fuerzas israelíes, según informaron las autoridades sanitarias.

En la frontera, tanques israelíes dispararon decenas de proyectiles de artillería contra casas y propiedades palestinas al sur y al norte de la Franja de Gaza. En el caso de la familia de diez integrantes que fue abatida este sábado en el campo de refugiados Al Shati, ocho de los fallecidos eran niños y el único sobreviviente es un bebé rescatado entre los escombros del edificio que fue derribado por un proyectil.

 Netanyahu habló en una conferencia de prensa el sábado por la noche y afirmó que la operación actual continuará durante el tiempo que sea necesario. “Cualquiera que actúe como un terrorista será tratado como tal", sostuvo. El primer ministro también agradeció el apoyo inquebrantable del presidente estadounidense, Joe Biden.

Hamas

Desde el ala militar de Hamas, reivindicaron este sábado el lanzamiento de múltiples cohetes contra Tel Aviv y contra varias zonas céntricas en Israel como respuesta por la muerte de la familia palestina. La ofensiva de Hamas dejó al menos un israelí fallecido, un hombre de 58 años en un ciudad cerca de Tel Aviv, según informó el vocero de la Cancillería israelí, Lior Haiat, en conferencia internacional. El vocero del ejército israelí Jonathan Conricus explicó que se trata de un hombre que estaba dentro de su casa en la zona de Ramat Gan y que falleció en el acto. Además estos ataques también alcanzaron la zona metropolitana en Tel Aviv, incluyendo las inmediaciones del aeropuerto internacional de Ben Gurion.

Historia en las protestas

Cisjordania continua como escenario de protestas. Este sábado vivió una nueva jornada de manifestaciones que dejó dos muertos y cerca de 80 personas heridas, todas palestinas. Durante el día las autoridades israelíes estuvieron alerta a las manifestaciones de Al Nakba, ya que cada 15 mayo los palestinos conmemoran la catástrofe que llevó a la expulsión de árabes de sus territorios en 1948 con la creación de Israel. El ministro israelí de Defensa, Benny Gantz, amenazó con anular las medidas de ayuda económica a la sociedad palestina si continuan los disturbios en Cisjordania.

Preocupación en la ONU

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, dijo estar consternado por las muertes de civiles en Gaza y profundamente afectado por el ataque israelí contra un edificio que albergaba oficinas de medios de comunicación internacionales. El secretario general le recordó a las partes que cualquier ataque indiscriminado contra estructuras civiles y de medios de comunicación viola el derecho internacional y debe evitarse a toda costa.

Por la noche otro edificio de 12 pisos, la torre Al Andalus, resultó dañado en nuevo bombardeo, según consignaron periodistas de la agencia AFP. Cerca de la medianoche, Hamas volvió a lanzar misiles contra ciudades israelíes, entre ellas Tel Aviv.

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El ejército israelí vuela túneles en Gaza y mata a 11 jóvenes en Cisjordania

A lo largo y ancho de la Cisjordania ocupada hubo ayer verdaderas batallas campales, en las que se registraron más heridos y casi tantos muertos como en la zona de guerra que es Gaza

 

Una ola de violencia sin freno lleva días desatada en docenas de pueblos y ciudades de Israel y Palestina. Una metástasis de agravios y de odio que corre en paralelo a la guerra abierta en Gaza entre el brazo armado de Hamas y las fuerzas armadas israelíes.

Mientras todos los ojos seguían ayer puestos en los cascotes de la Franja y en las atemorizadas ciudades mixtas de Israel, el epicentro de los disturbios se desplazaba una vez más.

A lo largo y ancho de la Cisjordania ocupada hubo ayer verdaderas batallas campales, en las que se registraron más heridos y casi tantos muertos como en la zona de guerra que es Gaza.

Nada menos que once hombres murieron ayer por las balas del ejército israelí, en ciudades como Nablús, Salfit, Ramala, Hebrón o Yenín, aunque hubo enfrentamientos en muchas más ciudades, incluidas Belén y Nazaret.

Uno de ellos había intentado apuñalar a un soldado, mientras que el resto se habría enfrentado con piedra y cócteles molotov a las fuerzas de ocupación, en algaradas que empiezan a traer aires de intifada.

El día antes, el primer ministro israelí, Beniamin Netanyahu, había exhortado a las fuerzas de seguridad a devolver “la ley y el orden” a cualquier precio. “Os aseguró que no habrá ninguna comisión de investigación”.

En otra señal de que la contestación se extiende por cauces inéditos, cientos de manifestantes se agolparon al otro lado de la frontera, en Jordania, Líbano y Egipto, en solidaridad con los palestinos.

En el caso de Líbano, dos manifestantes que estaban incendiando matojos en la frontera fueron heridos por balas del ejército israelí y uno de ellos, de 21 años y miembro de Hizbulah, murió posteriormente.

Los militares israelíes alegan que intentaron cruzar y desoyeron las advertencias, pero la misión de interposición de la ONU ha prometido una investigación.

Asimismo, la policía jordana tuvo que reprimir con gases lacrimógenos a una multitud que quería cruzar a Cisjordania, tras superar la primera valla de separación. Tanto en Jordania como en Líbano viven muchos descendientes de refugiados palestinos.

Según algunos observadores, también en la frontera de Rafah, en Gaza, se apiñaron egipcios para mostrar su apoyo al sufrimiento de la población civil palestina. En el mismo lugar, las autoridades egipcias han prometido abrir la frontera para atender a heridos de guerra en tres hospitales de campaña.

La espiral de violencia giró ayer más deprisa, en el aniversario de la independencia de Israel. Justo después de medianoche, Tel Aviv redobló con tanques y artillería sus ataques aéreos contra objetivos en Gaza, aumentando hasta 123 el número de muertos y a 900 el de heridos.

Las andanadas de cohetes sobre Ascalón, Sederot, Beersheba, Dimona, Tel Aviv y otras ciudades israelíes habrían matado ya a ocho ciudadanos israelíes y a una empleada india, además de herir a ciento cincuenta más y forzar a millones de personas a vivir pendientes de las sirenas y del refugio más cercano. Muchos ciudadanos están temerosos y aún desconcertados por que las revueltas desencadenadas por las cargas policiales en la explanada de las Mezquitas –aunque con raíces más profundas– han estallado por igual entre los palestinos de Jerusalén, los de la Cisjordania ocupada, los de la Gaza sitiada y, de modo más alarmante, en ciudades mixtas dentro de las fronteras reconocidas de Israel.

Organizaciones palestinas acusan ya a los agentes de connivencia con las pandillas violentas formadas en su mayoría por colonos, procedentes de asentamientos ilegales en Cisjordania. Enfrente, a veces, la pequeña delincuencia de localidades segregadas y conflictivas como Lod.

Mientras, las protestas en la mezquita de Al Aqsa han sido secuestradas por el brazo armado de Hamas. Este, que ya ha lanzado indiscriminadamente cerca de dos mil proyectiles en nombre de la causa palestina, le está echando un pulso a Israel en el que los grandes perdedores son, una vez más, los civiles palestinos.

Se están quedando sin agua potable, el suministro de electricidad es aún peor que de costumbre y el combustible podría terminarse en cuestión de días, según fuentes israelíes.

Cabe decir que, poco después de la pasada medianoche, el Tsahal simuló el principio de la invasión –confundiendo deliberadamente a medios de comunicación– a fin de atraer a los túneles a los milicianos palestinos. Solo para bombardearlos inmediatamente después desde el aire con la máxima violencia.

No hay datos sobre los milicianos muertos, pero el ejército israelí, que ha informado de la operación, calcula que pueden ser “docenas”. En todo caso, los bombardeos también han segado la vida de al menos trece civiles, entre ellos una familia al completo, con tres hijos menores de siete años y la madre embarazada.

El metro de Gaza , los túneles cavados por milicianos para desplazarse sin ser objetivo de drones, son ahora un objetivo primordial para Israel.

Según testigos, esos han sido los cuarenta minutos más terroríficos para los dos millones de habitantes del enclave, mientras hacían la digestión de la más dramática de las cenas de Fin del Ramadán.

Como consecuencia de ello, cientos de familias gazatíes han abandonado sus viviendas en la periferia del enclave, en muchos casos buscando un techo en las escuelas de la misión de las Naciones Unidas para los Refugiados. Dos veces refugiados.

En total, son ya unas diez mil personas las que se han visto desplazadas en Gaza desde el inicio de las hostilidades, incluidos los vecinos de algunos de los bloques de apartamentos más altos y de mayor calidad del enclave, pulverizados por la aviación israelí.

Los milicianos de las brigadas Al Qasam –terroristas para la Unión Europea– temen el ojo que todo lo ve de Israel. Mientras que Israel –que ha cerrado Gaza a los periodistas extranjeros– recela del millón de teléfonos móviles susceptibles de convertirse en ojo del mundo, en una invasión que, en un territorio tan hacinado, solo podría volver a ser sangrienta.

En cambio, lo que podría hacer inevitable una intervención terrestre es el ensayo de bloqueo aéreo de Israel, a cuenta de los cohetes de la bloqueada Gaza. Anteayer volvió a ser objetivo el aeropuerto Ben Gurion, cuyos vuelos de llegada fueron desviados al nuevo aeropuerto de Eilat, 350 kilómetros al sur. Lufthansa se ha sumado a las muchas compañías que han suspendido sus vuelos a Israel.

Finalmente, si el jueves fueron tres cohetes lanzados desde Líbano –no eran de Hamas, eran inofensivos– los que dieron un susto, ayer fueron otros tantos, procedentes de Siria, que tampoco causaron daños, pero que recuerdan el potencial de la región para que las cosas se compliquen.

Netanyahu no es el único capaz de hacer política en estas circunstancias. En Turquía, el presidente Recep Tayyip Erdogan ha puesto la maquinaria del Estado al servicio de la causa palestina en todos los foros. El jefe político de Hamas, Ismail Haniyeh, ha sido recibido en varias ocasiones de forma oficial por Erdogan, la última vez, el año pasado.

 “Israel”, dice Erdogan, “es un Estado terrorista que solo quiere apropiarse de Jerusalén”. Pero su éxito entre la audiencia árabe es ­limitado, puesto que Turquía es sucesora del antiguo ocupante otomano –durante cuatrocientos años– y, finalmente, un país no árabe.

Por otro lado, el subsecretario adjunto para Asuntos Palestinos e Israelíes del Departamento de Estado de Estados Unidos, Hady Amr, llegó ayer a Tel Aviv para intentar mediar.

Para colmo, hoy es el día de la Nakba, de la Catástrofe, con el que los palestinos recuerdan el principio de sus males, al día siguiente de la independencia de Israel.

Por Jordi Joan Baños

Estambul. Corresponsal

15/05/2021 06:00Actualizado a 15/05/2021 11:06

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El humo y las llamas aumentan a medida que aumentan las hostilidades entre Israel y Hamas. — Ibraheem Abu Mustafa / EFE

La cifra de muertos en Gaza asciende a 119, entre ellos 31 niños, tras la masiva ofensiva, según el Ministerio de Sanidad del enclave. El número de heridos palestinos sube hasta los 830.

 

La mayor operación israelí sobre Gaza, desde el inicio de la escalada bélica, consistió en 50 rondas de bombardeos por tierra y aire en 40 minutos, detalló hoy el Ejército. El ataque se realizó desde el exterior sin que las tropas entraran en la Franja de Gaza, aclaró el Ejército tras las informaciones que apuntaron al inicio de una ofensiva terrestre.

La cifra de muertos en Gaza sube a 119, entre ellos 31 niños, tras la masiva ofensiva, según el Ministerio de Sanidad del enclave. El número de heridos palestinos asciende ya a 830, informó hoy el portavoz del Ministerio de Sanidad del enclave, Ashraf Al Qedra.

En la masiva operación que comenzó a primera hora de la madrugada, 160 aviones, artillería e infantería bombardearon intensamente a lo largo del enclave contra objetivos, según el Ejército, pertenecientes a las milicias palestinas, principalmente, la red de túneles subterráneos donde sus miembros se protegen durante los bombardeos israelíes.

Desde el inicio de los enfrentamientos, las milicias han lanzado más de 1.800 proyectiles hacia Israel, 430 de ellos fallidos que cayeron en el enclave costero, y de los cuales la mayoría fue interceptada por el sistema antimisiles Cúpula de Hierro.

Siete personas han muerto en Israel, entre ellas un adolescente y un niño de 6 años, y anoche una anciana falleció al caer cuando corría a protegerse de los cohetes a un refugio. El Ejército adelantó que hoy continuará atacando objetivos en el enclave y que "tienen intención" de llevar a cabo una ofensiva terrestre: "Estamos preparados para hacerlo", dijo el portavoz.

"Lo estamos haciendo y lo seguiremos haciendo con mucha intensidad. Esta no es la última palabra y esta operación continuará el tiempo que sea necesario", advirtió el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu en un vídeo difundido por sus redes sociales mientras se producían esta madrugada los bombardeos. 

jerusalén

14/05/2021 09:05 Actualizado: 14/05/2021 10:34

EFE

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Jueves, 13 Mayo 2021 06:02

No es un conflicto, es colonialismo

No es un conflicto, es colonialismo

Mientras asistimos a una nueva escalada de violencia en Medio Oriente, es imposible no tener en mente que el próximo sábado se cumplen 73 años de la creación del Estado de Israel y de la Nakba o “catástrofe” palestina. Este acontecimiento, celebrado por algunos y lamentado por otros hasta hoy, es el germen del estado de cosas en la región y por ello el necesario punto de partida para comprender la situación actual.

Ya unos años antes de ese 15 de mayo de 1948, se promovió la inmigración a Palestina con la intención de constituir allí un Estado con mayoría judía. En busca de legitimar tal proyecto colonial, desde un primer momento se procuró “indigenizar” a los primeros inmigrantes, marginando a la población nativa histórica. Utilizando la geografía para reforzar el etno-nacionalismo, a las nuevas generaciones se les enseñó a verse como los dueños legítimos de la tierra, sus recursos y pobladores, así como a aumentar la dominación judía y su expansión.

Para concretar este plan, desde el comienzo la expulsión de la población originaria fue central y años antes de que se desatara la primera guerra entre árabes y judíos, 300.000 nativos fueron desterrados con la complicidad del entonces poder colonial británico. Luego de la guerra, 450.000 más fueron expulsados a los países vecinos donde aún viven como refugiados, otros fueron desplazados internos y unos pocos lograron quedarse en el ahora Estado de Israel, convirtiéndose en una minoría de la que siempre se desconfía y a la que se margina. Conocidos como los palestinos del 48, son el 20 por ciento de la población israelí y viven en ciudades “mixtas” como Haifa, Nazaret o Yafa. El resto de la población palestina quedó del otro lado de la denominada línea verde, bajo administración de Jordania y Egipto que gobernaron Cisjordania-Jerusalén Oriental y Gaza respectivamente. En junio de 1967, tras el triunfo israelí en la Guerra de los Seis Días, este Estado ocupó militarmente los tres territorios mencionados, extendiendo su proyecto colonial a base de expulsiones, detenciones arbitrarias, matanzas e instalación de colonias ilegales: la colonización nunca se detuvo.

Israel buscó no sólo sostener su supremacía militar en la región sino también, como todo proyecto colonial, presentarse como una población superior y más civilizada. La identificación de los palestinos como una plebe primitiva y violenta contrapuesta a la sofisticada, culta y europea sociedad israelí abona este sentimiento de superioridad, a la vez que refuerza el lazo inequívoco con su origen europeo y el aval estadounidense. A fin de cuentas, son estos Estados los que financian la política militar israelí. De ahí la inmanencia del discurso de seguridad, que habilita a su vez las prácticas de opresión, discriminación y asesinato transformándolas en prácticas de defensa y venganza.

En diciembre de 1987 los ojos del mundo se posaron por primera vez en la realidad palestina y la desigual correlación de fuerzas. Ante la simpatía internacional que despertaban los niños que tiraban piedras a los tanques, la sustitución del movimiento social de base por una dirigencia servil fue un paso necesario para la despolitización de la población palestina y la continuidad de la ocupación. Así, la Intifada, un levantamiento popular y transversal contra la ocupación, luego de unos años decantó en los Acuerdos de Oslo entre la Organización para la Liberación de Palestina y el Estado de Israel. La flamante Autoridad Palestina se ocupó desde entonces de administrar la ocupación israelí del otro lado de la “línea verde” asfixiando a las nuevas generaciones y manteniendo el statu quo.

En este contexto, la expulsión de los habitantes de Sheij Jarrah es tan sólo un microcosmos de un estado de cosas instalado hace poco más de 70 años, de la Nakba continua que aún busca fragmentar, dispersar y oprimir a la población palestina para borrar todo rastro de su identidad a través de expulsiones, desplazamientos forzados, matanzas y la imposición de un sistema de apartheid. Todos estos esfuerzos han tenido un costo muy alto para colonizadores y colonizados y no hicieron más que reforzar la desigualdad intrínseca que divide a opresores de oprimidos.

Al tiempo que escribo estas líneas los enfrentamientos y ataques en todo el territorio de la Palestina histórica se intensifican (foto, Ciudad de Gaza) y seguramente en los próximos días la violencia continuará escalando, pero no habrá guerra. Para que haya guerra se necesitan dos partes iguales; para que haya paz, también. 

Por Carolina Bracco

13 de mayo de 2021

Politóloga y Doctora en Culturas Árabe y Hebrea. Profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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El gesto de palestinos enmascarados cuando la Cúpula de la Roca se ve en el fondo luego de los enfrentamientos con la policía israelí en el complejo que alberga la Mezquita de al-Aqsa, conocida por los musulmanes como el Noble Santuario y por los judíos como el Monte del Templo, en la Ciudad Vieja de Jerusalén. — Ammar Awad / Reuters

En la última guerra entre Israel y Hamás se está jugando el futuro de una Jerusalén que sufre un persistente proceso de judaización. La connivencia de las potencias occidentales con la ocupación israelí aviva el fuego periódicamente y nada indica que Washington, París y Berlín tengan interés en llevar la justicia a la región.

 

El futuro de Jerusalén está detrás de la guerra que estalló el lunes entre Israel, Hamás y las demás facciones palestinas de la Franja de Gaza, un conflicto que se ha extendido al interior del estado hebreo, en algunas de cuyas localidades árabes el martes se produjeron graves incidentes que han sacudido falsos pilares del estado judío. 

Los antecedentes directos del sarpullido hay que buscarlos en la imposición de la brutal ocupación sobre la anexionada parte de la ciudad santa, algo que suscitó protestas espontáneas de jóvenes palestinos de Jerusalén que en seguida se vieron apoyados por cientos de árabes de la Galilea que acudieron a defender la mezquita Al Aqsa y el barrio de Sheij Yarrah. 

Hamás ha capitalizado unas protestas que vuelven a poner a Jerusalén en el punto de mira, dejando una vez más en evidencia al gobierno títere de Ramala. Cuando el martes por la noche el líder de Hamás Ismail Hanniya emitió un comunicado, Jerusalén ocupó el centro de sus palabras en todo momento. 

Con multitud de cohetes, la organización islamista que gobierna Gaza desde 2007 ha recordado a los israelíes, y a una comunidad internacional colaboradora, que los palestinos sufren una ocupación que permanentemente pisotea sus derechos más básicos y que sistemáticamente los desposee de sus tierras, en especial de Jerusalén. 

Se mire como se mire es obvio que Israel no quiere la paz. Todas sus acciones muestran la necesidad que tiene de avivar conflicto a cualquier precio mientras consolida sus planes, ante la pasividad de mandatarios como Emmanuel Macron, Angela Merkel o Joe Biden, a quienes la justicia, incluso en sus parámetros más mínimos, no les importa nada. 

En este contexto, lo que Hamás e Israel se juegan es su capacidad de disuasión. Los manifestantes de Jerusalén, impulsados por Hamás, han logrado aplazar la expulsión de decenas de familias de Sheij Yarrah y han conseguido reabrir las gradas de la puerta de Damasco cerradas autoritariamente por la policía israelí durante las noches de ramadán. 

La disuasión que busca Hamás es detener el proceso de judaización de los territorios ocupados, algo que debería incumbir a Occidente pero no le incumbe, mientras que Israel trata de dar una lección a Hamás para que los islamistas no interfieran en ese proceso de judaización

En términos locales, se trata de una capacidad de disuasión que unos y otros necesitan para tranquilizar a su población. Suele suceder, sin embargo, que cuando ocurre algo de esta naturaleza Israel no deja pasar mucho tiempo sin adoptar medidas punitivas que incrementan la opresión de los palestinos. La cuestión es saber si esta vez pasará lo mismo. 

Hamás se ha propuesto impedirlo, pero es sabido que la fuerza militar de Israel es muy superior a la de las milicias palestinas. El pulso que se mantiene desde el lunes es justamente una contienda con la que cada una de ellas está midiendo su fuerza con la otra. 

Israel es un país que se consolidó hace ya muchos años, pero sigue rechazando la paz. Su objetivo estratégico contempla la anexión de los territorios palestinos, incluida Jerusalén y el resto de Cisjordania. Con ese fin sigue ampliando a diario la ocupación y enviando a los territorios palestinos a miles de colonos que en su mayor parte son extremistas nacionalistas y religiosos. 

La administración de Washington ha dicho que Israel tiene derecho a defenderse pero ha añadido que los palestinos tienen derecho a vivir en seguridad. Esto último ha molestado a los israelíes, cuyo primer ministro, Benjamín Netanyahu, se pregunta hasta qué punto su país ha perdido con el cambio de administración en Estados Unidos, algo que solo sabremos más adelante. 

Aunque lo que ocurre estos días recuerda que la evacuación israelí de los territorios ocupados, el 22 por ciento de la Palestina histórica, es más urgente que nunca, en Israel nadie habla de la ocupación, la causa de casi todos los problemas de la región. Además, los israelíes han forzado a Occidente a olvidarse de la ocupación. Ellos mismos la han olvidado, como lo demuestra que ningún medio hebreo, ni por supuesto ningún político, la mencionen estos días.

No es una sorpresa que la derecha nacionalista y religionista se sienta reivindicada, aunque no debe olvidarse que han sido esas políticas las que han conducido a esta situación. Si EEUU y Europa no intervienen con energía para resolver la crisis, y el conflicto vuelve a cerrarse en falso, el problema resurgirá aunque durante algún tiempo parezca que no existe.

Desde el martes por la noche los canales israelíes no paran de transmitir los incidentes que tienen lugar en numerosas poblaciones árabes y mixtas del interior de Israel, donde un número significativo de palestinos lanzan piedras contra los coches, incendian vehículos en los barrios judíos e incluso han atacado varias sinagogas. 

"Es una situación sin precedentes; es la guerra civil, ha dicho el alcalde de la ciudad mixta de Lod, Yair Revivo, al Canal 12, antes de pedir la intervención del ejército. "La policía sola no puede contener a los manifestantes". Jóvenes judíos también salieron a la calle a arrojar piedras contra los vehículos árabes e incendiaron el cementerio musulmán de Lod, al lado del aeropuerto de Tel Aviv. 

El origen de todos estos incidentes hay que buscarlo en el destino de Jerusalén, cuyo proceso de judaización continúa imparable sin que nadie le ponga coto. Y puede decirse que esta movilización violenta sin precedentes de una parte de los jóvenes árabes, una minoría, hay que atribuirla a Hamás, como muestran las frecuentes consignas a favor de los islamistas. 

Otra cuestión es la incidencia que los hechos puedan tener en la política interna israelí. Algunos opositores señalan a Benjamín Netanyahu y no cabe duda de que esta situación tiene un gran potencial para desbaratar los intentos de la oposición de establecer una coalición. Cuanto más dure el caos, más posibilidades tendrá Netanyahu de diezmar a la oposición y más posibilidades habrá de que pronto se celebren las quintas elecciones consecutivas.


Aumentan a 67 los palestinos muertos, entre ellos 17 niños, por los bombardeos de Israel contra Gaza

Hay 388 palestinos heridos, entre ellos 115 menores. Desde este lunes, los grupos islamistas Hamás y Yihad Islámica lanzaron en torno a 1.600 cohetes hacia Israel.

 

13/05/2021 08:44 Actualizado: 13/05/2021 09:22

Agencias

Los palestinos muertos en Gaza en la actual escalada de violencia con Israel ascendieron hoy a 67, entre ellos 17 niños y seis mujeres, según ha informado el Ministerio de Sanidad del enclave.

Además, 388 civiles palestinos resultaron también heridos, entre ellos 115 menores, concretó la misma fuente. Desde este lunes, los grupos islamistas Hamás y Yihad Islámica lanzaron en torno a 1.600 cohetes hacia Israel -400 de ellos fallidos que cayeron en la misma franja-.

Por otro lado, un niño ha muerto y al menos 30 personas han resultado heridas este miércoles en el sur de Israel, por un lanzamiento de cohetes desde la Franja de Gaza.

Hamás ha anunciado el lanzamiento de otros 130 cohetes sobre Israel, que ha provocado que suenen de nuevo las sirenas de advertencia en Tel Aviv y las zonas cercanas a la Franja de Gaza , información confirmada por el Ejército en su perfil de Twitter, en el que ha indicado que los "israelíes están corriendo a refugios antibombas" en el sur, centro y norte del país. Entre los lugares donde se escuchan las alertas también está el aeropuerto Ben Gurión, Modiin o otras zonas más al norte como Nazaret.

Este lanzamiento de cohetes se ha producido después de que el Ejército de Israel bombardease la torre Al Shourouk, en el oeste de la ciudad de Gaza, que alberga las sedes de medios de comunicación, tiendas y residencias, según recoge WAFA. Se trata del tercer edificio bombardeado por Israel.

Desde este lunes, se han lanzado unos 1.600 cohetes desde la Franja de Gaza y el Ejército de Israel ha interceptado entre el 85 y el 90% de estos, según recoge la televisión israelí Channel 12.

Por su parte, el gabinete de seguridad de Israel ha previsto intensificar sus operaciones militares contra la Franja de Gaza y el ejército apunta a los símbolos de Hamás en el territorio.

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Un palestino sostiene a una niña herida que espera atención médica en el Hospital Al-Shifa, tras un ataque aéreo israelí en la ciudad de Gaza, ayer. Foto Afp

La enésima guerra de Netanyahu contra los palestinos de Gaza –máximo "campo de concentración" del planeta (papa Francisco dixit)– es un simple eslabón en la larga cadena operativa de 104 ( sic) años que implementa el proyecto del “ Gran Israel” del río Éufrates al río Nilo (las 2 franjas azules de su bandera): desde su planeación con el canciller británico Arthur Balfour en 1917, pasando por su creación en 1948 con la bendición de los banqueros Rothschild, hasta su hoy irredentismo consolidado militarmente con más de 200 bombas nucleares clandestinas.

Con su nueva guerra en Gaza, Netanyahu pretende ganar una quinta elección cuando, después de cuatro elecciones consecutivas, Israel no cuenta con un nuevo gobierno y se encuentra muy fracturado.

En mi perspectiva cronogeopolítica, desde Balfour, pasando por los banqueros Rothschild, hasta Netanyahu, el objetivo final es erradicar gradualmente la homogeneidad, cohesión e identidad del pueblo palestino –mediante el invento artificial de cuatro "subtipos" de palestinos bajo dominio israelí– y despojarlos/enajenarlos de sus territorios (reconocidos por las pletóricas resoluciones de la ONU) y sus propiedades catastrales –sobre todo en la parte oriental de Jerusalén para su “ judaización” al precio de "limpiezas étnicas" ocultadas por sus multimedia que controlan globalmente–, lo que en su conjunto desembocó de facto en “ cuatro Palestinas” deliberadamente atomizadas e inconexas entre sí (https://bit.ly/3bmv5t8).

El confeso supremacismo israelí de Netanyahu, avalado por el talmúdico Jared Kushner, yerno de Trump, alcanzó su paroxismo cuando sentenció en Dallas, Texas, que “los palestinos son para los israelíes lo que los mexicanos ( sic) son para los blancos de EU (https://amzn.to/2R3E6kc)”.

El grave problema y la suprema contradicción de la tríada sagrada de Derechos Humanos/Libertad/Democracia, que enarbola y pregona EU contra sus "autocracias" rivales, es que cesa de practicarla y aplicarla flagrantemente cuando se trata del estado apartheid/racista/paria de Israel (https://bit.ly/3o4Sgxq).

La "amenaza demográfica", cuando los palestinos ya son mayoría (https://bit.ly/3eDleBt), obligó a los minoritarios israelíes a inventar a su antojo cuatro "subtipos" de palestinos que hoy discrimina Israel, según la CIA (https://bit.ly/3y66TF6) y que expuse en mi reciente ponencia sobre Al-Quds (https://bit.ly/3xXGuJF):

  1. “CisJordania está ocupada por Israel con el estatuto actual sujeto al acuerdo interino israelí-palestino: el estatuto permanente será determinado en futuras negociaciones”.
  1. “El estatuto de la Franja de Gaza todavía tiene que ser resuelto con negociaciones”.
  1. EU con Trump/Kushner “reconoció a Jerusalén como capital de Israel en 2017 sin tomar una posición específica sobre los límites específicos ( sic)” de la seudosoberanía de Israel, y
  1. "Los asentamientos judíos se encuentran en todas partes, particularmente en el noreste, centro-norte y alrededor de Jerusalén".

Quienes menos saben del contencioso palestino-israelí –los “ Goyim”: calificados con desprecio de "bestias" por el Talmud– son arrojados al ruedo propagandista a "defender lo indefendible" y hoy contrastan ridículamente con la postura de los judíos progresistas de EU como el admirable "judío antisionista" Bernie Sanders (https://bit.ly/3eD9ajD).

La postura de los israelíes en EU y la de los "israelíes judíos" del Estado hebreo no es homogénea, como la distorsionan sus propagandistas Goyim.

Ron Dermer, anterior embajador de Israel en Washington, formula que “Israel debe invertir la mayor parte de su energía para alcanzar a los “apasionados ( sic)” evangélicos de EU, que a los judíos ( sic) quienes se encuentran en forma desproporcionada ( sic) entre nuestros críticos”: "25% de estadunidenses son evangélicos", mientras “menos de 2% son judíos (https://bit.ly/3o6kKqo)”.

La "amenaza demográfica" de los cuatro "subtipos" de palestinos ahora ha alcanzado a la mayoría de los "judíos" en EU.

Próximamente abordaré las “ cuatro Palestinas” que ha engendrado Israel de forma maligna.

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Palestinos en un hospital del norte de Gaza tras el bombardeo de Israel. — Mohammed Abed / AFP

Tras las protestas de las últimas semanas contra la brutal ocupación militar israelí, el Ejército confirmó bombardeos de represalia en la Franja y varios ataques selectivos contra milicianos y objetivos del movimiento islamista Hamás. 

Al menos veinte palestinos, entre ellos nueve niños, murieron este lunes en la Franja de Gaza en plena escalada de violencia con Israel, en un bombardeo de la aviación israelí en represalia por el lanzamiento de cohetes con dirección a Jerusalén. Los bombardeos israelíes continuaron durante la madrugada de este martes.

El Ejército israelí ha confirmado los bombardeos a modo de respuesta en la Franja y varios ataques selectivos contra milicianos y objetivos de Hamás, aunque no pudo asegurar que todos los fallecidos fueran por estos ataques. 

Las protestas palestinas en Jerusalén han ido creciendo en las últimas semanas hasta alcanzar este lunes su máximo punto de ebullición. El epicentro es la Explanada de las Mezquitas, en la ciudad vieja ocupada por Israel en la guerra de 1967, y que dejaron este lunes por la mañana 300 palestinos lesionados y heridos en Jerusalén.

Es difícil establecer un origen específico a las últimas revueltas puesto que hay varios vectores que confluyen, como la desposesión de sus casas de decenas de refugiados palestinos en el barrio de Sheij Yarrah, en el sector ocupado, o la prohibición de socializar en las gradas de la puerta de Damasco en las noches de ramadán, también en el sector ocupado.

A todo esto se añade la proverbial pasividad del presidente palestino Mahmud Abás, quien se limita a obedecer las instrucciones que recibe de Israel y permite, con tímidas y esporádicas protestas, que la fisonomía de los territorios ocupados vaya cambiando día a día y hora a hora a favor de los colonos judíos, que han creado una situación prácticamente irreversible.

La guinda del pastel hay que buscarla en Occidente, en Estados Unidos y Europa, que llevan décadas colaborando estrechamente con Israel de manera directa e indirecta. Los mandatarios europeos, con Emmanuel Macron y Angela Merkel a a la cabeza, permiten sistemáticamente todos los excesos que cometen el ejército y los colonos judíos siguiendo instrucciones de su gobierno.

Causa estupor que ahora Washington y Bruselas pidan "contención" y sentido común cuando son quienes tienen más responsabilidad en lo que está ocurriendo en Jerusalén, precisamente por no aplicar sentido común. Su inacción permanente permite que se deteriore el conflicto mientras ellos no mueven un dedo para terminar con la brutal ocupación y la desposesión de millones de personas.

Decenas de miles de palestinos han participado en las protestas de las últimas semanas, no solo en Jerusalén, Cisjordania y Gaza, sino también del interior de Israel. Aunque la policía israelí ha bloqueado en las autopistas la circulación de autobuses cargados de palestinos procedentes de la Galilea, cientos de ellos han conseguido eludir los controles y llegar a Jerusalén.

En las protestas se han escuchado consignas a favor de Hamás, la organización islamista que gobierna la Franja de Gaza desde 2007, y que ocasionalmente lanza cohetes contra Israel. Los manifestantes piden a Hamás que bombardee Tel Aviv y denuncian la quietud del presidente Abás, "que solo se preocupa de su dinero", según decía uno de ellos.

Los mismos mandatarios occidentales que sin ningún remordimiento califican a Hamás de "organización terrorista" por combatir la brutal ocupación, no quieren hacer nada ante el confinamiento de los palestinos a reductos cada vez más pequeños mientras en torno a sus ciudades y pueblos crecen los asentamientos de judíos de un radicalismo extremo.

Para complicar las cosas, los judíos celebran este lunes el Día de Jerusalén con marchas vibrantes que recorren la ciudad para confluir en el recinto amurallado y en el Muro de las Lamentaciones, junto a la Explanada de las Mezquitas, donde en la antigüedad estuvo el Templo judío, un espectáculo de enorme agresividad que pone la piel de gallina a cualquier observador, y mucho más a los palestinos, algo que a Macron o Merkel les trae sin cuidado.

La mayor parte de los judíos que inundan Jerusalén en esta jornada son jóvenes o niños cuidadosamente enardecidos por las autoridades desde la más tierna infancia con una educación nacionalista y religionista, que ignoran los principios morales básicos y los derechos más elementales de los demás y que tienen a todos los palestinos por enemigos y terroristas.

En la mañana del lunes Israel canceló estas marchas lo que los manifestantes palestinos interpretaron como un triunfo propio, pero a primera la tarde las autoridades, a la vista del peligro que correrían los jóvenes pasando por la puerta de Damasco y el barrio musulmán, decidieron cambiar el itinerario sin renunciar a la concentración final en el Muro de las Lamentaciones.

Los palestinos también consideraron un triunfo que el Tribunal Supremo de Israel haya aplazado durante un mes una vista sobre las viviendas palestinas de Sheij Yarrah que se tienen que desalojar para que se establezcan en ellas colonos judíos.

Al cinismo de los mandatarios occidentales, algunos de los cuales incluso han osado pedir a Israel moderación en los pasos que está dando, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha respondido afirmando por todo lo alto que su intención es seguir construyendo para los colonos en el sector ocupado de Jerusalén.
Varios diputados de Sionismo Religioso, un partido racista aliado de Netanyahu, celebraron un encuentro en el barrio de Sheij Yarrah, excitando más los ánimos. Hamás y las demás facciones de Gaza, por su parte, lanzaron un ultimátum exigiendo a Netanyahu que evacúe a las fuerzas israelíes de la Explanada de las Mezquitas y de Sheij Yarrah.

El ultimátum expiró a las 6 de la tarde. Un minuto después, una hora menos en Madrid, la radio hebrea anunció que las milicias de Gaza estaban disparando cohetes contra Jerusalén y otras localidades.

Así están las cosas a día de hoy y lo que queda por ver es si estas protestas continúan después del fin de ramadán y la fiesta de Aid al Fitr que se celebra esta semana. Son protestas espontáneas, que no han sido organizadas por nadie, ni mucho menos por el presidente Abás, quien se cuidaría mucho de molestar a Israel en lo más mínimo.

La naturaleza de las protestas ha sorprendido a todos. En primer lugar a los propios palestinos, puesto que hacía años que no ocurría algo similar. También a los israelíes, que llevan décadas expandiendo su presencia en los territorios ocupados sin ninguna oposición desde la segunda intifada que se inició en septiembre de 2000. Y por su puesto a los occidentales, que solo buscan calma y no quieren oír hablar de justicia.

Por Eugenio García Gascón

10/05/2021 17:38 Actualizado: 11/05/2021 08:43

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Domingo, 09 Mayo 2021 05:10

Las capas del golpe en Myanmar

Las capas del golpe en Myanmar

El golpe de Estado perpetrado en Myanmar el 1 de febrero tiene que ver con el nacionalismo budista y el odio a los rohingya, dos elementos que paradójicamente comparten las partes implicadas. El mismo golpe tiene implicaciones regionales por cuanto afecta a la ASEAN y a China.

 

El 1 de febrero, una instructora de fitness emitía en streaming uno de sus entrenamientos con una gigantesca autopista de 20 carriles tras ella. En la ancha vía, sin que la mujer se percatara, aparecía un enorme convoy de vehículos militares que se dirigían al Parlamento de Myanmar: quedaba así testimonio gráfico del inicio del golpe de Estado en el país. El vídeo, viralizado, dio la vuelta al mundo.

Habitualmente, la ya famosa carretera está prácticamente desierta, reflejando las lagunas de la decisión que tomó la junta militar en 2005 de trasladar la capital de Myanmar a Naypyidaw. Esta ciudad viene experimentando un aumento vertiginoso de infraestructura desde aquel año que en absoluto se corresponde con el ritmo y el tamaño demográfico real de la ciudad, de unos 700.000 habitantes.

Esta excentricidad no desentona en absoluto con la política nacional de las últimas décadas. El golpe de febrero, de hecho, se enmarca en un contexto de múltiples clivajes, disputas de poder y polarización, donde la religión budista está imbricada a varios niveles. Tanto es así que el gran experimento marxista local, la vía birmana al socialismo de Maung Shu Mang Ne Win, combinó el budismo con un marxismo-leninismo que pretendía revisar las tesis de los clásicos y adaptarlas a su particular forma de entender lo birmano. Plantearon que el budismo era parte constitutiva de su identidad nacional y, sobre esa base, se justificó la exclusión de las minorías étnico-religiosas, con un especial ensañamiento contra la comunidad rohingya.

En la actualidad existen alrededor de 140 etnias reconocidas en la periferia de Myanmar, teniendo un papel protagónico los ya mencionados rohingya, que vienen sufriendo, según la ONU, una limpieza étnica desde 2017. Cuatro meses después de la insurgencia de este pueblo que marcó el inicio de su persecución ya se registraban cerca de 650.000 personas desplazadas hacia campamentos en Bangladesh. Para sorpresa de la comunidad internacional, una de las responsables de esto fue la Premio Nobel de la Paz (1991) Aung San Suu Kyi, quien llegó al poder de facto en 2015 en unas elecciones en las que se retiró a los rohingya su derecho al voto. Resaltar el carácter fáctico del poder de Suu Kyi no es baladí: al ser sus dos hijos ciudadanos británicos, no puede acceder a la presidencia formal de la nación. Es por eso que ha tenido que construir su autoridad en términos de influencia y accediendo a “cargos menores” como la Consejería de Estado.

El liderazgo de Aung San Suu Kyi se ha sostenido sobre un frágil equilibrio entre ella y su partido —la Liga Nacional por la Democracia (LND)— y el Tatmadaw —las Fuerzas Armadas—. La figura de Suu Kyi se forjó durante la dictadura militar que siguió al golpe de Estado de 1988 contra el gobierno del Partido del Programa Socialista de Birmania. Durante el periodo de la Junta militar se agravaron los conflictos entre etnias que venían desde antes del gobierno socialista-budista y se fijó definitivamente a los rohingya como el enemigo interno.

En 2010 se cerró el tibio proceso aperturista que se había iniciado unos años antes, aunque el verdadero hito fue la victoria de la LND en las elecciones generales de 2015. Ahora bien, es primordial apuntar que la Constitución garantiza al Tatmadaw un 25% de los escaños y varios puestos ministeriales, por lo que tan pronto accedió la LND al gobierno comenzó una difícil relación política entre el partido, Aung San Suu Kyi y la Junta que tantas veces la había perseguido y arrestado y cuyo aparato se mantiene gracias al expolio de recursos tales como los rubíes o el oro.

El budismo es uno de los lazos entre los liberales de la NLD y las Fuerzas Armadas: ambos sostienen la construcción del Estado en torno a la predominancia de los bamar (budistas), autopercibidos como la única etnia auténticamente birmana. En realidad, este nacionalismo étnico-religioso ha pasado de mero garante de una cierta cohesión social de carácter exclusivista a ser un verdadero clivaje político. De forma similar a lo acontecido en la India de Narendra Modi con el nacionalismo hindú —también enfrentado con los indios musulmanes—, esta cuestión es ya un aspecto central de la política nacional. Los últimos años han visto una cooptación de las bases nacionalistas, históricamente ligadas al Tatmadaw, por parte de Aung San Suu Kyi, que ha conseguido capitalizar el odio contra la minoría rohingya, llegando a blanquear ante a la Corte Penal Internacional la limpieza étnica perpetrada por los militares.

¿Qué pasó el 1 de febrero?

En las elecciones generales de 2020, Aung San Suu Kyi revalidó su mayoría absoluta en la Cámara de Representantes. El líder de Unión, Solidaridad y Desarrollo (USDP) —vinculado al Tatmadaw— declaró que impugnaría el resultado electoral alegando fraude y solicitó a las Fuerzas Armadas que velaran por unas “elecciones justas”. Progresivamente, el propio ejército fue ensuciando el debate, llegando a hablar de “fraude electoral masivo”. “No decimos que el Tatmadaw tomará el poder, pero tampoco que no lo hará”, llegó a declarar un portavoz. Apelando a la Constitución, su discurso fue incorporando elementos golpistas y fueron desplegando unidades militares en algunos puntos del país.

Horas antes de que la asamblea legislativa tomara posesión comenzó una persecución militar sobre líderes políticos. Ese mismo día, el 1 de febrero, fue arrestada Aung Saan Suu Kyi, concretándose un golpe de Estado que podía palparse días antes. Bajo tal clima, U Myint Swe —hasta entonces vicepresidente— asumió la presidencia y traspasó el poder a Min Aung Hlaing, comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

La polarización política sacudió definitivamente al país y masas de trabajadores urbanos salieron a repudiar el golpe, encontrándose de frente con la represión de la Junta. La escalada de violencia estatal dejó episodios como el del 14 de marzo, en el que los trabajadores textiles de Hlaing Tharyar fueron atacados por francotiradores. La clase obrera industrial ha sido la triste protagonista de algunos de los más cruentos capítulos que ha dado de sí el golpe en Myanmar. En la fecha de redacción de este artículo, la cantidad de asesinados por el gobierno de facto del Tatmadaw asciende a más de 760. Pueden consultarse diariamente los datos a través de AAPP Burma.

Concretamente, la Asociación de Asistencia de Prisioneros Políticos birmana cifró en su informe diario del 5 de mayo en 769 los asesinados y en 4766 los detenidos.La virulencia en el accionar de la Junta ha sido condenada por organizaciones como la Unión Nacional de Karen, la cual narró a través de un comunicado oficial cómo se habían perpetrado ataques aéreos sobre población civil en los distritos de Mutraw y Kler Lwee Htoo, arrebatando la vida de niños, estudiantes y destruyendo la infraestructura y las viviendas de múltiples poblaciones, provocando además la huída de más de 12.000 personas. La crueldad de los golpistas ha tratado de ser visibilizada por varias figuras públicas. Tal es el caso de Han Lay —Miss Myanmar 2020— quien, entre lágrimas, dedicó su discurso en la ceremonia celebrada a finales de marzo a condenar la represión militar. Paradójicamente, la misma Han Lay llegó a declarar que Aung Saan Suu Kyi era una inspiración para ella. Sirva esto como ejemplo de la polarización política en Myanmar.

La delicada situación de la ASEAN

Para entender el Sudeste Asiático se torna imprescindible conocer la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), que incorpora a día de hoy a Vietnam, Camboya, Filipinas, Malasia, Brunéi, Singapur, Tailandia, Indonesia, Laos y el propio Myanmar. Fundada en 1967 tras conflictos como la konfrontasi entre Malasia e Indonesia, fue en gran parte la dialéctica socialismo-capitalismo la que precipitó su creación. La región concentró gobiernos de múltiple índole que percibieron como necesario un instrumento de cooperación y control del conflicto. Finalizada la Guerra Fría, se aplicó dentro de la organización un tratado de libre comercio que facilitó el crecimiento de las distintas economías de la región.

Su capacidad de ejercer como bloque hacia fuera es una de las grandes fortalezas de una organización que es asumida como ejemplo por muchos internacionalistas. Los tratados de libre comercio con Corea del Sur, India o China, su papel en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico o su voluntad de ejercer como mediador entre Estados Unidos y Corea del Norte han legitimado su existencia interna y externamente.

El factor de la diversidad no estuvo ausente en el largo proceso de consolidación de la ASEAN. Repúblicas socialistas, repúblicas democrático-liberales y monarquías constitucionalistas y absolutistas comparten este espacio regional. También países cristianos, musulmanes, budistas, no religiosos e incluso un crisol como Singapur. Es esta diversidad la que, en cierta medida, explica las limitaciones que la organización ha tenido a lo largo de su historia para diseñar posturas unitarias sobre asuntos internos. El pragmatismo de la ASEAN, aceptando como integrante a Myanmar en 1997 cuando todavía estaba regida monolíticamente por la Junta, ayudó a la apertura del país. Ahora, afronta un dilema similar al de aquellos años: poner o no en riesgo la reputación de la propia organización por apoyar a un miembro desacreditado internacionalmente.

Varios elementos están sobre la mesa para la ASEAN: en primer lugar, la relación con Estados Unidos, que mantenía un estrecho vínculo con Aung Saan Suu Kyi; en segundo lugar, las imágenes de la violencia del Estado contra la clase trabajadora del país ponen en evidencia al bloque frente a la comunidad internacional por su tibieza, especialmente llamativa en una organización que llevó la defensa de los Derechos Humanos por bandera desde el momento de su fundación; y, en tercer lugar, el potencial riesgo de una crisis de refugiados que afectaría a países de la asociación y a otros como India, China o Bangladesh.

El resultado de esta combinación de factores es la dificultad de diseñar y aplicar una posición conjunta al respecto del golpe, lo que complica cualquier tipo de intervención. Como ejemplo, Tailandia, Camboya, Filipinas y Vietnam han mantenido una postura cauta hablando de ello como un asunto interno, Malasia e Indonesia condenaron explícitamente el golpe y Singapur pidió no imponer sanciones económicas sobre el país. En términos generales, el único consenso hacia dentro de la ASEAN pareciera ser la no injerencia directa y el pedido de un “diálogo constructivo” entre las partes implicadas.

¿Y China?

Siempre se mira con lupa lo que hace China en materia internacional. El economista Giovanni Arrighi plantea que Estados Unidos se convirtió, mediante tratados de defensa bilateral dirigistas, en el Estado central de un sistema vertical que incluía a estados como Japón, Corea del Sur, Taiwán y Filipinas en el que estos hubieron de especializarse en el comercio y la búsqueda de beneficios, y aquel lo hizo en el suministro de protección. Desde que tomara forma ese sistema constitutivo de la Guerra Fría hasta hoy han cambiado muchas cosas en la región. Quizá la más importante sea la ya indiscutible centralidad de China.

El gigante asiático ha mantenido una relación compleja con Myanmar desde hace varias décadas. Habiendo sostenido vínculos simultáneos con la Junta y con algunas etnias del país, el Estado chino ha sido capaz de consolidar su papel de mediador entre ambas aprovechando las lagunas que deja un Estado como el birmano, desbordado en materia de seguridad. A esto cabe sumar el enorme peso político y económico que Beijing tiene sobre Naypyidaw a través de, por ejemplo, sus inversiones en zonas especiales como Shan, que inclina la balanza de las decisiones de los gobiernos de Myanmar.

La reacción china al golpe no ha cambiado sustancialmente desde el propio 1 de febrero, cuando Wang Wenbin —portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores— señaló simplemente su deseo de que todas las partes “manejen adecuadamente sus diferencias a la luz de la Constitución y del marco jurídico”. Eso sí, a medida que avanzaron las semanas se ofreció como mediadora y reconoció su voluntad de coordinar para “promover conversaciones pacíficas”. Sin que deba pasarse por alto, además, el 2 de mayo arribó al aeropuerto internacional de Yangon un avión de Air China cargado con vacunas frente al COVID-19 donadas por el gobierno de Xi.

Ahora bien, aunque China haya sido especialmente cauta a la hora de calificar el golpe como tal, lo cierto es que no se encuentra estrictamente cómoda con los militares. Durante los años de liderazgo de Suu Kyi, las relaciones diplomáticas mejoraron profundamente, Myanmar experimentó un gran crecimiento económico en el que las inversiones chinas jugaron un papel protagónico y China encontró un mercado en el que vender sus productos. Un gran número de proyectos vinculados a la Nueva Ruta de la Seda salieron adelante después de que la NLD ganase las elecciones en 2015, pero el golpe los rodea de dudas, pudiendo retrasarlos o incluso deslegitimarlos si China no define una posición política específica con respecto de la violencia de la Junta.

Por Eduardo García Granado

@eduggara

9 may 2021 06:00

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Reunión de cancilleres del G-7 concluye en Londres con críticas a Rusia y China

Londres. El grupo de las siete principales economías mundiales G-7 concluyó ayer su primera reunión presencial en más de dos años con críticas a Rusia por su "actitud irresponsable" en Ucrania y llamados a China a "respetar los derechos humanos".

Además de China, Rusia e Irán, los cancilleres amenazaron a la junta golpista de Myanmar con nuevas sanciones y se comprometieron a apoyar económicamente el programa de reparto de vacunas Covax.

Sin embargo, los cancilleres de Reino Unido, Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá y Japón no hicieron ningún anuncio inmediato sobre nuevos fondos para mejorar el acceso a las vacunas contra el Covid-19, pese a los reiterados llamados para que el G-7 haga más para ayudar a los países más pobres.

La reunión de esta semana marcó el tono de la cumbre de líderes de estas potencias que se llevará a cabo del 11 al 13 de junio y que supondrá el debut internacional del presidente estadunidense, Joe Biden.

"Reconocemos que nos reunimos en un contexto excepcional y de cambios rápidos", indicó el comunicado final, que apuesta por el sistema multilateral para dar forma a un futuro más limpio, más libre, más justo y más seguro para el planeta.

Los cancilleres del G-7 reservaron sus críticas más duras para China, a la cual llamaron a cumplir con sus obligaciones en virtud de la legislación nacional e internacional.

También externaron su preocupación por las violaciones de los derechos humanos y los abusos contra la minoría musulmana uigur en la provincia de Xinjiang y en el Tíbet, e instaron a poner fin a la represión de los manifestantes en Hong Kong.

Las siete potencias dejaron, no obstante, la puerta abierta a una futura cooperación con Pekín y subrayaron la necesidad de una postura común para enfrentar los retos globales, en contraste con el creciente unilateralismo de los últimos años durante el mandato de Donald Trump en Estados Unidos.

Los jefes de la diplomacia también acusaron a Rusia por su "actitud desestabilizadora" al desplegar tropas en la frontera con Ucrania, la "ciberactividad maliciosa", la desinformación y sus acciones de inteligencia.

"Seguiremos reforzando nuestras capacidades colectivas y las de nuestros socios para hacer frente y disuadir el comportamiento ruso que está amenazando el orden internacional basado en normas", advirtieron.

La reunión se realizó en un contexto de creciente presión para mostrar más solidaridad, máxime cuando a los países pobres les siguen faltando vacunas para luchar contra la pandemia y las campañas masivas de inmunización en los ricos permiten el desconfinamiento.

Más de mil 200 millones de dosis contra el Covid-19 se han administrado a nivel global, pero menos de uno por ciento ha sido en los países menos desarrollados. En su comunicado, el G-7 promete apoyar económicamente el programa Covax "para permitir un despliegue rápido y justo" de vacunas, aunque no anunciaron ayuda adicional.

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Kissinger: extinción tecnonuclear de la humanidad por una guerra fría de EU y China

La revista globalista The Economist colocó a Taiwán como "el lugar más peligroso del planeta" por lo que “Estados Unidos y China deben trabajar (sic) más duro para evitar una guerra sobre el futuro de Taiwán (https://econ.st/3vLSDQ9)”.

Al menos que Biden use la "carta de Taiwán" como moneda de regateo con China, la portada de The Economist rememora la máxima crisis de la guerra fría entre Estados Unidos y la ex URSS por la crisis de los misiles en Cuba hace 59 años.

Con Taiwán, EU –desde los Clinton/Obama, pasando por Trump, hasta Biden– ha pisoteado las "líneas rojas" aceptadas por Nixon/Kissinger a inicios de los años 70 del siglo pasado.

En su ponencia virtual conjunta “El desorden mundial: confrontando el desafío de China (https://bit.ly/2QKmA4h)”, con el senador israelí-estadunidense Joe Lieberman del Partido Demócrata, el también israelí-alemán-estadunidense Kissinger, a sus 97 años, advirtió en forma dramática la "capacidad de la humanidad para extinguirse en un periodo finito (sic) de tiempo", debido a las tensiones crecientes entre Estados Unidos y China, en el foro Sedona anual del McCain Institute, con sede en Washington, dependiente de la Universidad del estado de Arizona.

Kissinger dramatizó que hoy el “máximo problema del mundo es la confrontación de Estados Unidos y China: es el principal problema para Washington; es el principal problema del mundo, ya que si no podemos resolverlo, entonces el riesgo es que se desarrollará en todo (sic) el mundo un género de guerra fría entre China y Estados Unidos (https://bit.ly/3ulIg50)”.

El ex asesor de Seguridad Nacional de Nixon y Ford afirmó que los avances en tecnología nuclear e inteligencia artificial (IA) –cuyas máquinas y algoritmos pueden ser autónomos sin intervención humana– donde China y Estados Unidos son líderes y han multiplicado la amenaza de un Armagedón.

Kissinger reconoce que las ya de por sí pletóricas armas nucleares eran más que suficientes durante la guerra fría para dañar al planeta entero, ahora los prodigiosos avances en la tecnología, en particular en el ámbito de la IA militar, tienen un colosal efecto multiplicador: "hemos desarrollado la tecnología de un poder que va más allá de lo que cualquiera hubiera imaginado hace 70 años", ya que “un conflicto militar entre poderes high tech es de significado colosal (sic)” cuando al tema nuclear se ha sumado el tema high tech, que en el campo de la IA, en su esencia, se basa en que el hombre (sic) se vuelve socio de las máquinas y que las máquinas pueden desarrollar su propio juicio (¡mega-sic!)”.

Rememoró que la guerra fría después de la Segunda Guerra Mundial entre Estados Unidos y la ex URSS por décadas fue de carácter "unidimensional", centrada en la competencia de armas nucleares: "la URSS no tenía capacidad económica (sic). Tenían una tecnológica militar" y "no habían desarrollado una tecnológica como China". Hoy "China es un inmenso (sic) poder económico, además de constituir un poder militar significativo".

¿No estará hoy exagerando el poder militar de China y depreciando el poder geoeconómico de Rusia? A mi juicio, tales errores de juicio y de cálculo desembocan seguido en catástrofes.

En su apocalíptico epílogo, el casi centenario Kissinger abogó por una política de Estados Unidos hacia China con un abordaje de dos vertientes: mantener firmes los principios de Estados Unidos y exigir respeto (sic) de China y mantener un diálogo constante en búsqueda de áreas de cooperación con métodos "diplomáticos" que "no siempre llevarán a resultados benéficos".

Mientras Washington inicia su nada graciosa fuga de su guerra más duradera en Afganistán, en paralelo, el primer secretario de Defensa afroestadunidense, general Lloyd Austin, ha advertido en forma ominosa que “la forma en que combatamos la siguiente (sic) gran guerra será muy diferente a la forma en que hemos combatido las otras (https://bit.ly/3b1GChy)”.

Kissinger, que sueña todavía con un G-2 de Rusia con Estados Unidos contra China, no citó las categóricas "líneas rojas" de Putin del 21 de abril (https://bit.ly/3xKDrEA) ni citó las armas hipersónicas del Kremlin. A su cuenta y riesgo…

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