Foto de archivo (09/01/2018) de civiles y voluntarios de la Defensa Civil Siria mientras buscan supervivientes después de que varios ataques aéreos en Hamoria, al-Ghouta (Siria). — MOHAMMED BADRA / EFE

La atroz guerra que desde el marzo de 2011 está devastando Siria lleva el sello de dos acontecimientos que sucedieron de forma simultánea:

  • El estallido de las protestas ciudadanas contra la dictadura de la familia Assad y sus políticas de reajustes neoliberales que llevaron a la ruina a millones de trabajadores y pequeños empresarios. Esta rebelión fue aplastada con tanques y fuego real por orden del presidente Bashar al-Assad alejándole aun más de los ciudadanos.
  • El proyecto de EEUU-Israel para reconfigurar el mapa de Oriente Próximo, con el objetivo de convertir estados estratégicos en estados ‘fallidos' y así controlar (con tranquilidad), una región cuya importancia radica en dos puntos: ser la primera reserva mundial de hidrocarburos y una zona próxima a China y Rusia.
  • Con este fin:
  1. en 2002, George Bush incluye a Siria en su lista de ‘eje del mal’, y
  2. en enero de 2011 EEUU traslada a su embajador en Bagdad, Robert Ford, a Damasco, fecha que empiezan los atentados y la guerra en el suelo sirio. Ford junto con John Negroponte (el jefe de los escuadrones de la muerte en Centroamérica) son creadores de los escuadrones chiitas y sunnitas en Irak. Curiosamente, dos años después este bombero pirómano será nombrado embajador en El Cairo para respaldar a la Hermandad Musulmana, y secuestrar la Primavera Árabe egipcia, como otra pieza para recomponer el nuevo rompecabezas de Oriente Próximo a la medida de los intereses de EEUU, en sustitución del que fue diseñado por Gran Bretaña y Francia en 1918.

Desde 2011, en una década de horror, han muerto en Siria al menos 400.000 civiles, la mitad de la población ha sido desplazada, tres millones siguen atrapados en zonas de guerra como Idlib, decenas de miles de niñas y mujeres han sido violadas y, no pocas, asesinadas. La economía, el sistema productivo y las infraestructuras han sido destruidas, el 83% de los sirios vive por debajo del umbral de la pobreza y el 60% pasa hambre debido a la inflación y el desempleo. La esperanza de vida ha caído unos 13 años hasta colocar a esta nación en el puesto 125 del ranking mundial (2016) y medio millón de menores de cinco años malnutridos sufren retraso en el crecimiento. Mientras tanto, EEUU ha endurecido las sanciones económicas sobre Siria… a eso se llama ‘guerra genocida’.

Por si fuera poco, la pandemia de la covid-19 se expande en un país con hospitales bombardeados y sin apenas red sanitaria: hasta Bashar al-Assad y su esposa Asma han sido contagiados, aunque ellos sí tienen acceso a servicios de salud.

Baile de ganadores sobre los escombros

  1. La guerra empezó para consolidar y ampliar el poder de Israel sobre la región, siendo éste el primero de los otros 12 objetivos de la contienda, mediante 1) deshacer el llamado Eje de la Resistencia, formado por Irán, Siria, Hizbolá y Hamas; 2) aislar y debilitar a Irán, entonces el principal rival de Israel en la región (ahora es Turquía); 3) el acceso a Israel a la totalidad de las reservas de petróleo y gas del Mediterráneo oriental, que también pertenecen a Gaza, Siria y Líbano; 4) lograr que los jeques árabes se sumaran al Gobierno de Tel Aviv contra el enemigo común: los ayatolás, y 5) dar una solución final a la ‘cuestión palestina’.

Después de reducir a cenizas y escombros a Irak y Libia, y paralizar el desarrollo de Irán mediante prolongadas sanciones económicas, la desgarrada Siria dejaría de ser un espacio estratégico donde cuestionar la hegemonía regional de Israel, el único poseedor de armas de destrucción masiva. En esta conjura contra Siria, Israel ha estado del lado del Estado Islámico.

  1. EEUU ha conseguido, por primera vez, instalar bases militares en este país de Eurasia y apoderarse del petróleo y gas sirios, además de ‘legitimar’ el dominio de Israel sobre los Altos de Golán. Pero, Washington ignora la lógica de los vasos comunicantes.
  2. Rusia, al proporcionar ayudas tácticas a Al Assad, ha conseguido objetivos estratégicos y, lo más importante, ha puesto fin a la hegemonía unilateral de EEUU, imponiendo, junto a China, un nuevo orden mundial multipolar. Desde Siria, el 'camarada Putin' pudo dar forma a su doctrina , con la restauración del poder de Rusia en los conflictos internacionales que le ha permitido transitar de una ‘potencia regional’ a ‘mundial’. El Kremlin ha tenido contrato de alquiler de la base de Tartus por otros 49 años y se hizo con otra en Hameimim. Aplicar las Enseñanzas de Primakov para un orden ‘post-occidental’ ha sido una de las claves de este éxito.


Grandes perdedores

Bashar al-Assad: Los planes para el presidente sirio de la Casa Blanca (experta en derrocar y asesinar a mandatarios de otros países) cambiaron varias veces. El primero fue acabar con él, como hizo con Sadam Husein, Slobodan Milošević o el coronel Gadafi. Pero Barack Obama se negó por tres motivos:

  1. a) Su prioridad fue firmar con Irán un acuerdo nuclear para evitar que este país usara la temida bomba;
  2. b) No consiguió una alternativa viable a Al-Assad;
  3. c) Era más beneficioso para EEUU e Israel mantener al presidente sirio en el poder que eliminarlo, la misma táctica que se usó con Saddam Husein entre 1991 y 2003.

De esta manera, EEUU no sólo dividía a los actores del conflicto en los ‘pro-Assad’ y los ‘anti-Assad’ (mezclando a millones de ciudadanos críticos al régimen con terroristas exportados y creando un pantano para defensores y opositores), sino que también prolongó la destrucción social y material de Siria hasta lograr que este país fuera incapaz de levantar cabeza en décadas, cuando el problema era, y sigue siendo, el sistema capitalista-dictatorial- tribal-sectario en sí mismo, y no su representante.

La Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de 2015 (firmada también por China y Rusia) estipulaba la celebración de elecciones parlamentarias en Siria bajo la supervisión de la ONU antes de junio de 2021, pero EEUU ha desacreditado desde el primer momento este proceso. Teniendo en cuenta que sin un acuerdo entre Biden y Putin no habrá estabilidad en Siria, y que Biden ha llamado "asesino" al presidente ruso, todo apunta a una guerra sin fin, mediante el envío de otros miles de terroristas (desde los campamentos de Jordania) para terminar la balcanización de Siria y establecer una nueva arquitectura de seguridad en Oriente Próximo ‘made in USA’.

El representante especial de EEUU para Siria, James Jeffrey, propone una partición camuflada del país: dejar que Al-Assad gobierne una autonomía alauita en Damasco, que Turquía administre el norte a cambio de consentir una autonomía kurda al este del Éufrates (no significa un Estado kurdo), y que el resto quede bajo dominio de EEUU y sus aliados árabes. Esta misma idea ha sido atribuida al jefe del llamado Consejo Militar Sirio, el general Manaf Tlass, instalado en París y quien al parecer ha viajado a Rusia para negociar un proceso electoral que ponga fin al régimen presidencial actual, y otorgar a Al-Assad el cargo de ‘presidente honorífico’ de un estado federal.

Pero los Países Bajos pretenden llevar al presidente sirio Al-Assad ante un tribunal internacional bajo la acusación de violaciones de derechos humanos. Hubiera sido buena idea, si tuvieran autoridad moral, celebrar un juicio justo contra él, pero también contra EEUU y sus aliados por crear cárceles secretas, secuestrar, torturar y asesinar a ciudadanos de otras naciones o hacer guerras ilegales con el resultado de miles de civiles muertos.

Irán: La salida de Al-Assad del poder pondría fin a las pocas opciones que tiene la República Islámica de mantener alguna influencia en Siria, para meter el dedo en el ojo de Israel. Hafez al-Assad, padre del actual presidente, se unió a los ayatolás en 1980 para luchar juntos contra dos enemigos comunes: Saddam Husein y Yaser Arafat. Pero, a pesar de gastar entre 20 y 30 mil millones de dólares en la guerra de Siria (datos de Heshmat Falahat, miembro de la Comisión de Exteriores del Parlamento iraní) y de perder a cientos de hombres y numerosos comandantes, Teherán no ha alcanzado sus dos propósitos: a) Disuadir a Israel en sus ataques a Irán y asesinar a sus dirigentes; y b) devolver Jerusalén al islam. Y ahora, que empieza el reparto de Siria, todos los actores -a pesar de sus antagonismos- coinciden en un punto: Irán debe marcharse; y ésta es la principal condición que ponen las petromonarquías de Golfo Pérsico para invertir en la reconstrucción de devastada nación. El ataque estadounidense del 25 de febrero a las posiciones de Irán en Siria, con el que Joe Biden se estrenó, indica que el nuevo residente de la Casa Blanca aplicará la política de mano dura contra la República Islámica en Irán, Siria y Líbano.

Turquía: ha instalado una base militar en Idlib, y es poco probable que desaloje esta provincia. Hubiera sido una gran ganancia si no fuera por la ruina económica que ha supuesto la guerra para las arcas públicas de Ankara o porque los grupos terroristas a los que ha patrocinado en Siria ya cuentan con base (autónoma) en suelo turco. Recep Tayyip Erdoğan no logró que la OTAN derrocara a Al-Assad (la muerte del pequeño Alan Kurdi fue su último intento), y ahora tendría que aguantar un enclave kurdo en Siria.

¿Por qué la guerra se ha alargado tantos años?

  • ‘No hay más de cinco notas musicales, sin embargo, sus diferentes combinaciones pueden crear melodías únicas’, decía Sun Tzui. Los cambios de alianza entre los actores de esta guerra han impedido crear bloques antagónicos (como los que se formaban durante la Guerra Fría). Turquía, por ejemplo, se unió a Arabia Saudí, Qatar y Emiratos para desalojar a Al-Assad del poder, pero los abandonó para acercarse a Rusia, mientras se suicidaba en tierras sirias.
  • Los actores no han conseguido ni imponer su voluntad a los demás ni establecer un orden consensuado.
  • La ausencia de una alineación completa entre los intereses de los países aliados, como Irán y Rusia. Que Israel haya podido lanzar unos 200 ataques mortales sobre los grupos patrocinados por Teherán en Siria, estando el cielo del país bajo el control ruso, ha mosqueado bastante a los ayatolás.
  • La cuestión kurda es un gran pretexto para llevar la guerra a un callejón sin salida. Los kurdos empezaron a luchar contra Al-Assad, bajo el favor de EEUU, pero tuvieron que pedir ayuda a Damasco cuando Donald Trump les abandonó invitando a su ‘amigo’ Erdogan a que diese un paseo con sus tanques por el norte de Siria matando kurdos. La única solución en estas circunstancias es que las minorías étnicas gocen de autonomía dentro de un sistema federal en los estados donde habitan.
  • Por ser un gran mercado de armas: la CIA ha transferido todo tipo de artefactos a los ‘rebeldes’ sirios por un valor de mil millones de dólares. Otros proveedores de los grupos terroristas han sido Qatar, Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Croacia, Israel y Jordania. Por su parte, Rusia, no sólo aumentó la venta de sus armas al gobierno de Al-Assad sino también consiguió un nuevo cliente, Turquía, el socio de la OTAN, provocando un profundo conflicto en el seno de la Alianza.
  • La ausencia de un movimiento internacional contra las guerras, sin duda, es otro motivo de la continuidad de la tragedia de la nación siria.

De los 20 propósitos iniciales que tuvo Kremlin en su intervención en Siria, ha conseguido renovar el contrato de alquiler de la base de Tartus por otros 49 años, y hacerse con otra en Hameimim. Aplicar las Enseñanzas de Primakov para un orden "post-occidental" ha sido una de las calves de este éxito.

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Imagen promocional del antiviral de AstraZeneca, en retrato de noviembre pasado.Foto Afp

AstraZeneca sufre otro descalabro en EU debido a la presentación "caduca" de sus datos (http://wapo.st/3f5hWrj) –y eso que no ha recibido la expedita "aprobación de emergencia" en la fase 3 muy laxa de la FDA que favorece a sus tres vacunas Pfizer/Moderna/Johnson&Johnson–, cuando también se libra otra batalla logística entre Gran Bretaña y la Unión Europea ( FT, 22/3/21), sin contar que una encuesta de YouGov "exhibe que la mayoría de los ciudadanos en Francia, Alemania, Italia y España piensan ahora que la vacuna AstraZeneca es muy insegura" (http://bit.ly/3ccUwOD). ¿Cómo ocultar sus trombosis?

En forma aterradora, The Washington Post dio vuelo a la antihumana confesión del Departamento de Salud y Servicios Humanos (sic) –HHS, por sus siglas en inglés–, de EU de que sus funcionarios presionaron a Brasil para rechazar la vacuna rusa Sputnik V (http://wapo.st/3sl518k).

En la pagina 48 de su reporte anual de 72 paginas, el HHS alardea "combatir las influencias malignas (sic) en las Américas" (https://bit.ly/3vSLrm3): La “OGA (Office of Global Affairs, Oficina de Asuntos Globales: http://bit.ly/2NJPD6j) usó sus relaciones diplomáticas (¡megasic!) en la región de las Américas para mitigar los esfuerzos de los estados, incluyendo Cuba, Venezuela y Rusia, que trabajan para incrementar su influencia en la región en detrimento de la seguridad y protección de EU”. ¡Para quienes dudan de la guerra geopolítica de las vacunas de carácter tripolar!

El HSS expone que la "OGA se coordinó con las otras agencias del gobierno de EU para fortalecer los lazos diplomáticos y ofrecer ayuda humanitaria (sic) y técnica con el fin de disuadir a los países en la región (sic) de aceptar ayuda de estos estados mal intencionados (sic)". Confiesa sin tapujos que "el funcionario agregado (attaché) de la salud en la OGA" fue requerido para “persuadir a Brasil a rechazar la vacuna rusa contra el Covid-19 ofreciendo la ayuda técnica de la CDC ( https://www.cdc.gov/) en lugar de la aceptación de Panamá de la oferta de médicos cubanos”.

Como que se tardaron casi tres meses en descubrir el reporte malévolo de EU, publicado en enero, que no perturbó a ningún "filántropo" de EU.

El ese sí "malévolo" boicot a la vacuna rusa por el gobierno de EU fue descubierto en un tuit oficial de la vacuna Sputnik V que colocó una foto de pantalla (https://bit.ly/3f85uHl) citando un reporte de Brazil Wire: "Washington presionó a Brasil para no comprar la maligna (sic) vacuna rusa" (http://bit.ly/2NJdJhw).

¿Cuáles habrán sido las presiones "diplomáticas" de EU en México?

Más que las consabidas presiones de la OGA del HHS, resulta más ultrajante que las autoridades sanitarias de Brasil –el país más grande, poblado y próspero de Latinoamérica– hayan sucumbido en forma ignominiosa.

Como era de esperarse también, la embajada de EU en Brasil, puesta en la picota y a la defensiva, publicó un inverosímil desmentido (https://bit.ly/3vRQByE), y The Washington Post considera que tal "respuesta no significa un desmentido total (sic)".

Un portavoz del hoy vilipendiado HHS realizó acrobacias retóricas para lavarse campantemente las manos.

Un día antes del inconcebible ­dicterio de Biden al zar Vlady Putin (https://bit.ly/2NLEe69) y tres días antes de los aparatosos tropiezos en la escalinata del Air Force One del presidente de EU (http://bit.ly/2NJuyJe), Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, ­comentó que la "presión de algunos países a ­rechazar la compra de la vacuna rusa Sputnik V ­contra el Covid-19 se encontraba a niveles sin ­precedente, pero que no tenía oportunidad de tener éxito" (http://reut.rs/3fgh7M6). El flagrante cuan inhumano boicot de EU contra Sputnik V cobra mayor relieve cuando Brasil sufre los embates de una nueva cepa del Covid-19 que ha llevado a cambiar tres ministros de Salud en tan solo un año (http://bit.ly/2QyESVD).

Cunde la geopolítica de las ­vacunas –corolario de la guerra tripolar entre EU, Rusia y China– que tiende a la balcanización regional de una inoculación que debiera ser, soñando un poco, plural/ecuménica/universal.

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La alianza agrícola-estratégica entre China y Rusia

Las alianzas estratégicas no pueden soldarse sobre la base de la competencia, sino de la complementariedad económica y de objetivos de largo alcance. Tener enemigos comunes de alta peligrosidad, contribuye a superar rencores y desconfianzas y a unificar voluntades.

 

En plena pandemiaChina le propuso a Rusia crear una "alianza de la industria de la soja", para reforzar los lazos económicos y evitar la gran dependencia que el país asiático tiene de las importaciones de soja de EEUU.

China es el mayor consumidor de soja del mundo y está buscando diversificar los proveedores para no depender de un puñado de países, como Brasil y EEUU. Se sabe que Rusia no puede sustituir a EEUU como su principal proveedor de soja, ya que los suministros rusos representan sólo 1% de las importaciones chinas, aunque el comercio agrícola binacional está creciendo.

Por otro lado, China quiere aumentar la producción de soja y de todos los productos agrícolas para garantizar su seguridad alimentaria. Este es el aspecto principal de su política agrícola, como mencionó el primer ministro Li Keqiang a principios de marzo: "Asegurar que nuestra gente tenga suficiente comida sigue siendo una de las principales prioridades de nuestro gobierno".

Según Li, China ejercerá mayor presión sobre sus regiones para aumentar los rendimientos de granos y aumentar el apoyo a su industria nacional de semillas, para superar las dificultades generadas por la pandemia de COVID-19 en el comercio internacional.

El anteproyecto de política rural anual, conocido como 'Documento No. 1', puso mayor énfasis en la seguridad alimentaria que en años anteriores, instando a todas las provincias a mejorar los rendimientos de grano en los próximos cinco años.

China necesita garantizar la alimentación para una población de 1.400 millones, lo que no le resulta sencillo por la escasez de tierras de calidad y de agua en gran parte de su territorio, lo que genera incertidumbre para el futuro inmediato.

Cinco años atrás el Instituto Internacional de Investigación de Política Alimentaria (IIIPA) señaló que la seguridad alimentaria en China enfrenta presiones que requieren de la acción del gobierno., ya que "la manufactura y los servicios reemplazan a la agricultura como motores económicos, lo cual puede tener un impacto en la seguridad alimentaria".

El estudio apunta que la urbanización y la industrialización han reducido la ya de por sí limitada base de tierras arables. Agrega que China debe "promover la agricultura sostenible", para lo cual "los escasos y degradados recursos naturales requieren de una mayor investigación y desarrollo de prácticas y tecnologías agrícolas más eficientes", dijo Shenggen Fan, director general del IIIPA.

La apuesta de China consiste en la "agricultura inteligente". Un reciente artículo de Global Times, escrito por el presidente de Syngenta Group China, sostiene que el Dragón tiene "el 20% de la población mundial pero solo el 7% de su tierra cultivable", lo que se agrava por "la escasez de buenas tierras agrícolas, así como tensión en el suministro de agua".

Esta situación lleva al gobierno a considerar que "la seguridad alimentaria es la principal agenda agrícola del gobierno". El XIV Plan Quinquenal chino sostiene que "la clave para avanzar en la modernización agrícola radica en el desarrollo de la tecnología".

Para ello defiende mejorar la calidad y la nutrición de los cultivos, enseñar a los agricultores a mantener los rendimientos sin abusar de fertilizantes y pesticidas. La apuesta por la agricultura inteligente incluye la utilización de "imágenes de drones y satélites y modelado de patrones, convirtiendo los teléfonos móviles de los agricultores en herramientas y recursos ambientales inteligentes".

En paralelo, desde 2017 el conglomerado ruso de empresas Cognitive Technologies y la Universidad Federal de los Urales (UrFU) ha puesto en marcha un programa internacional de robotización de la agricultura. El programa pretende aumentar la eficiencia de las compañías agrícolas nacionales "a través del uso de sistemas y tecnologías de inteligencia artificial robóticas".

Se trata de aplicar las nuevas tecnologías ya que "el uso de los sistemas robóticos en la agricultura permite mejorar los procesos de negocio en un promedio de entre el 50 y el 70%, sobre todo gracias a la reducción del consumo de combustible, de las pérdidas de agua y electricidad, y al aumento de la cosecha mediante la reducción de las pérdidas alimenticias (entre un 60 y 80%)".

Las ventas de productos agroindustriales de Rusia registraron cifras récord en 2020, cuando el país está volviendo a ser un gran exportador en ese rubro. El pasado año exportó un 20% más productos agrícolas que en 2019, alcanzando un valor de 30 mil 700 millones de dólares.

Rusia exporta alimentos a 150 países, estando China a la cabeza (13%), seguida de Turquía (10%), y Kazajstán (7%), siendo el 33% de los envíos al exterior de cereales, en su mayoría trigo.

Detrás de la modernización de la agricultura china y rusa, está la competencia con EEUU, país que cuenta con amplios recursos de agua y de tierras cultivables, lo que le permite ser un gran productor y exportador de alimentos. En un período de graves tensiones internacionales, cuando Washington apuesta a la confrontación con sus dos grandes adversarios, la seguridad alimentaria puede jugar un papel determinante.

Siendo el país más vulnerable en ese terreno, China necesita imperiosamente profundizar la alianza estratégica con Rusia, que tiene amplias potencialidades de desarrollo agrícola y una vasta frontera común, para asegurarse los alimentos que no es capaz de producir.

La estabilidad política en un período de crispación y de agudización de las tensiones con EEUU y otros países de la región Asia-Pacífico, sólo puede garantizarse asegurando el nivel de vida la población, pero sobre todo alimentos en cantidad y calidad. En el pasado China sufrió hambrunas, antes y de después de la revolución socialista de 1949, hechos que están en la memoria colectiva del pueblo y pueden jugar un papel destacado en la necesaria cohesión nacional para afrontar uno de los momentos más difíciles de su historia reciente.

El editorial de Global Times del 22 de marzo lo dice de forma transparente: "China y Rusia están fortaleciendo su cooperación estratégica de manera franca, abierta y normal". Lo que le da gran seguridad al gobierno chino en estos difíciles momentos.

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Entre el orden y el desorden se busca un “nuevo orden mundial”

La tercera década del Siglo XXI se nos presenta dramáticamente, ya desde hace un año, con la pandemia por el coronavirus, con gravísimas secuelas de 124 millones de contagiados y casi 2,8 millones de muertes en todo el mundo, sin horizonte de solución inmediata.

El tema se agrava con una caída de la producción y circulación económica mundial, que impacta muy fuerte sobre la mayoría empobrecida de la población. Se trata de un cuadro que potencia la desigualdad social y agiganta la inequidad del “orden” capitalista. Cuando más se requiere de cooperación internacional, lo que sucede son respuestas “nacionales” de países que detentan el poder económico, profundizando la anarquía de la sociedad contemporánea, en una especie de “sálvese quien pueda”. La discriminación social también opera al interior de los países, más allá de su capacidad económica.

El “desorden” es la norma del sistema mundial y convoca a pensar en nuevas normalidades del sistema mundial. Recientemente Boris Johnson explicitó el interés británico por intervenir en una revisión estratégica del orden global desde la “guerra fría”.[1] Importa observar las señales que vienen de Londres si pensamos en la larga duración de la hegemonía imperialista inglesa hasta su desplazamiento en 1945 por EEUU. Del poder británico al yanqui en siglo y medio de dominación imperialista, en un momento de disputa por la hegemonía del orden/desorden actual. Del viejo orden liderado por la libra esterlina se pasó al delineado por el poder del dólar estadounidense. Ni el yen ni el euro pudieron en sus intentos de disputa y el yuan es muy nuevo en su presencia como moneda global para disputar lo que por ahora acontece en la producción y en la circulación de bienes y servicios. Por eso, entre otras cuestiones es que opera la “guerra comercial” entre EEUU y China.

Lucha económica y política

Lo que existe es un “desorden” de la realidad y un debate en la cúpula del poder, por lo que se ventilan distintas estrategias para definir el poder global. Ello nos convoca también a pensar en términos de contrapoder. Existen viejos y nuevos actores en la disputa por la dirección del orden mundial, donde los intereses económicos y la producción de valor y plusvalor sustentan las estrategias diplomáticas, culturales, políticas.

Por eso, el desorden atraviesa el comercio de las vacunas y la salud privatizada, como esfera de negocios de laboratorios que disputan la apropiación del excedente económico en todo el planeta.  Pasqualina Curcio Curcio, economista venezolana denuncia que la base de la inversión de base para el desarrollo de las vacunas está en el Estado y organizaciones de ciencia y técnica no lucrativas, con un aporte solo del 25% del total de los laboratorios privados.[2] Completa la denuncia señalando el inmenso negocio que supone la producción y distribución de las vacunas con una ganancia monumental, que para la “farmacéutica estadounidense Moderna” supone ingresos por ventas del orden de 24.000 millones de dólares. La “Pfizer/BioNtech, también estadounidense” tendrá ingresos por venta de sus vacunas por 23.680 millones de dólares. Para el caso de “Astrazeneca/Oxford de capital inglés”, sus ingresos alcanzarán a 19.740 millones de dólares. Por su parte, “Jhonson&Jhonson” venderá por 12.700 millones de dólares. En todos los casos, se operó con una inversión privada mínima e incluso nula.

Resulta la cara más cruda del presente orden capitalista, donde lo que se exacerba es la mercantilización, como base material de las relaciones económicas asociada a la explotación de la fuerza de trabajo y el saqueo de los bienes comunes. No en vano, la lógica del presente incluye la desigualdad social sobre la base del acceso, o “no acceso”, de las personas al dinero, imprescindible para intervenir en el mercado en la compra y venta de los bienes y servicio para reproducir el metabolismo vital de la sociedad; pero también la depredación de la vida natural vía saqueo de bienes comunes usados como materias primas de un desarrollismo depredador. Extensión y dominación desde la mercantilización, desde el dinero y sus formas digitales asociadas al despliegue de las comunicaciones en la red y la destrucción del planeta por el productivismo en nuestro tiempo.

El nuevo orden buscado pretende potenciar el libre comercio, la libre competencia y el libre cambio, como formas de potenciar la liberalización de la economía, afianzando una lógica sustentada en la propiedad privada de los medios de producción. Se pretende mantener una dinámica para producir bienes de cambio, y con ellos la apropiación de ganancias y la reanudación de un ciclo de generación de excedentes para ampliar la esfera de la dominación del régimen del capital.

La democracia liberal extendida desde el poder constituyente de las burguesías a fines del Siglo XVIII, en la tradición de la revolución francesa y estadounidense, constituye el mecanismo privilegiado de la política contemporánea. Economía y política en el capitalismo, que como siempre aparece atravesada por la violencia física e intelectual, de la represión de los cuerpos y la manipulación de las conciencias y el sentido común.

¿Se trata de un destino fatal para la sociedad y los pueblos del mundo?

No, las crecientes luchas contra la mercantilización, por transformar el sentido de la producción, desde los bienes de cambio a los bienes de uso, son parte esencial de una nueva visión de orden social contemporáneo. Pero también se juega la disputa en el plano de la lucha contra el fetiche del dinero y la potencialidad de imaginar una sociedad cuya producción esté planificada para resolver necesidades vitales de la población y el planeta, para la vida del presente y del futuro. No solo interviene el poder en la definición del nuevo orden.

También pesan las opiniones de la subordinación social, racial o de género. La lucha por “otro orden” está plenamente vigente, lo que supone orientar la prédica y las acciones a favor de las más amplias e insatisfechas necesidades sociales.

Notas:

[1] Telam. Reino Unido aumentará su arsenal nuclear por primera vez desde el fin de la Guerra Fría, en: https://www.telam.com.ar/notas/202103/547585-reino-unido-arsenal-nuclear-guerra-fria.html

[2] Pasqualina Curcio Curcio. EL NEGOCIO DE LA VACUNA CONTRA EL COVID-19. LA MUESTRA MÁS INHUMANA DEL CAPITALISMO, en: https://ultimasnoticias.com.ve/noticias/especial/el-negocio-de-la-vacuna-contra-el-covid-19-la-muestra-mas-inhumana-del-capitalismo-pascualina-curcio/

Por Julio C. Gambina. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

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Latinoamérica el vector de la guerra EE.UU.-China

Aunque no hay un amo nuevo todavía, las reglas siguen siendo las viejas

Desde hace un tiempo China se convirtió en una preocupación para los Estados Unidos, pero se figuraba un problema relativamente lejano. La crisis del 2008 y la pandemia del Covid-19 aceleraron la posición de China en el centro de la disputa por la hegemonía mundial.

Durante la Administración Trump se modificó el enfoque que se tenía del país asiático. China pasó a ser un “competidor estratégico”, y se convirtió en el objetivo de una política de agresión y contención. De igual forma, su presencia en América Latina, considerada hasta no hace muchos años inofensiva, o incluso beneficiosa, pasó a ser percibida como una amenaza desde la Estrategia de Seguridad Nacional de 2017 norteamericana.

En el apogeo del crecimiento anterior a la crisis del 2008 los observadores comenzaron a alertar con respecto a lo que parecía una tendencia preocupante hacia la desindustrialización y la reprimarización de las economías latinoamericanas. Dejando a un lado las divergencias de la crisis mundial y la desaceleración del crecimiento de China, esta produjo dos efectos nocivos para las economías latinoamericanas: el fin del boom de las materias primas y la inactividad industrial.

Hoy, ante el advenimiento de un renovado ciclo de commodities con precios altos, en un escenario de pandemia y guerra comercial, vuelve a ponerse en duda qué lugar y rol debe ocupar América Latina en la disputa mundial del comercio, dadas las características estructurales de crecimiento de la economía china, con fuerte dependencia de la importación de recursos naturales y bienes primarios. El dilema es mayor cuando nos damos cuenta que cada estado latinoamericano reacciona independientemente y no en bloque frente a los estímulos del entorno internacional. Entonces se entiende fácilmente la fragmentación regional y la necesidad de reeditar una narrativa de Patria Grande, que se encuentra en franco retroceso, sin la cual se comprometen aún más los desafíos económico, financiero, tecnológico y comercial futuros.

América Latina ha sido históricamente la región más desigual del mundo, con un débil desempeño económico y en la actualidad con niveles de deuda que acentúan los lazos de dependencia que siempre han marcado su condición en el escenario global. La idea es descifrar cómo afrontar los riegos de un mundo en el cual se percibe un monumental desorden, un alto grado de incertidumbre, una fuerte entropía. Anteriormente se trataba de regular el futuro, hoy la incertidumbre es más transversal y los diseños de política tienden a mitigar las consecuencias como el calentamiento global, el fraude o robo de datos, los ciberataques, entre otros, agregándoles problemas geoeconómicos, geopolíticos, socioespaciales y geotecnológicos, excelentemente descrito en el artículo “Las políticas exteriores de América Latina en tiempos de autonomía líquida”

Los autores de dicho artículo entienden que, en el marco de la disputa comercial sino–estadounidense, la contienda en AL se lleva a cabo, por un lado, en el marco de los estados, y por otro, en el de la mundialización (globalización). Los primeros “ponen el acento en los Estados-nación, las fronteras, el territorio, la soberanía y el control de los flujos transnacionales. La Mundialización diluye la noción de fronteras, dejando traslucir el papel de los actores no gubernamentales, las grandes corporaciones digitales, la banca financiera multinacional, las organizaciones criminales y los movimientos sociales transnacionales de ambientalistas, feministas o de derechos humanos, entre otros”.

Esta competencia viaja en medio de una disputa por la hegemonía global dentro de un continente que ha perdido peso de todo tipo. Cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en 1945, 20 de los 51 miembros iniciales eran países latinoamericanos. Hoy, son 193 países miembros perdiendo peso político específico del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (GRULAC). En lo económico, el continuo declive en la colaboración de América Latina en las cadenas globales de valor. “De una participación en el total de exportaciones mundiales de 12% en 1955, la región pasó a 6% en 2016, para llegar a su peor performance de 4,7% en 2018. Las solicitudes de nuevas patentes tecnológicas provenientes de la región equivalían a 3% del total global en 2006, bajaron a 2% en 2016 y llegaron a un insignificante 0,62% en 2018.”

Todo este quebranto, en un escenario políticamente fragmentado, en el que las iniciativas de integración regional, como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Andina de Naciones (CAN), la Alianza del Pacífico (AP), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) atraviesan situaciones de irrelevancia, estancamiento o desmantelamiento, según el caso.

Además, por cierto, en la cuarta revolución industrial la geografía de la economía digital está liderada de manera sistemática por un país desarrollado y otro en desarrollo: los Estados Unidos y China. Esos dos países representan, por ejemplo, el 75% de todas las patentes relacionadas con las tecnologías de cadenas de bloques, el 50% del gasto mundial en la internet de las cosas y más del 75% del mercado mundial de la computación en la nube dirigida al público. Además, lo que es quizá más extraordinario, representan el 90% de la capitalización de mercado de las 70 plataformas digitales más grandes del mundo. La cuota de Europa es del 4% y la de África y América Latina juntas es solo del 1%. Siete “superplataformas”, Microsoft, seguida de Apple, Amazon, Google, Facebook, Tencent y Alibaba, representan dos tercios.

Como dijimos, en fechas relativamente cercanas AL cobró relevancia para China en todos los aspectos y en esta disputa comercial en particular. AL tiene cerca de 650 millones de habitantes, un promedio de edad de 29 años, por lo que el futuro es prometedor. La naturaleza ha sido pródiga, dotándola de vastos recursos, desde poseer la mayor biodiversidad del planeta hasta explotación ganadera, agrícola y minera que evidencian su riqueza. Destacan entre estos últimos el litio, la plata y el cobre, con porcentajes superiores al 50% de las reservas probadas a nivel mundial, y estaño, níquel, zinc, con reservas cercanas al 25%, todos necesario para el desarrollo chino. Con un PBI que representa el 8% del producto mundial, es una región atractiva, tan solo superada por en su PBI por la UE, Estados Unidos y China, y por delante de India y Japón.

Las naciones latinoamericanas tienen poco peso específico en el intercambio comercial con China, algo que resulta importante considerar cuando se toma cada país de manera individual. El único país que tiene un peso relevante en el comercio con China es Brasil, los demás países latinoamericanos no son determinantes de manera aislada, pero sí en  conjunto y por diversidad de exportaciones. En cuanto a las inversiones, la incursión china también se ha ido modificando, de fusiones y adquisiciones a infraestructura. En un principio, respondiendo a una estrategia de expansión económica acelerada tratando de asegurar el suministro de materias primas y de otros insumos. En esta etapa las empresas estatales tenían un papel protagónico en muchas de las inversiones directas en el extranjero. Tras importantes errores y fricciones con las autoridades locales de diversos países, las compañías estatales chinas abrieron paso a otro tipo de organizaciones, empresas privadas de gran tamaño, pero desconocidas en Occidente.

Entonces, entre  los años 2000 a 2018 la centralización fue evidente en materias primas (60%), servicios (31%) y manufactura (9%). La concentración también ocurre en los países receptores: de 2000 a 2019, Brasil atrajo U$S 48.701 millones, Perú U$S 24.655 millones, Chile U$S 14.900 millones, Argentina U$S 12.884 y México U$S 7.924 millones. Entre los años 2015 y 2019 la inversión directa de China en América Latina sufrió una transformación. El rubro de infraestructura alcanzó el 40% del total y aumentó en una miscelánea de áreas, principalmente a costa de la minería.

Como queda expresado, las necesidades chinas juegan un papel fundamental en su desarrollo estratégico, por lo que la idea asiática de hegemonía y los instrumentos utilizados no son diferente a los ideados por los acuerdos de Bretton Woods​ de 1944 y los organismos internacionales que lo sustentan, FMI, BM, y hasta el Plan Marshall. La idea del “asenso pacífico” y el “sueño de China”, el modelo oficial basado en la cooperación, la armonía y el entendimiento como ejes rectores de su política exterior, se apoyan en el New Development Bank (NDB) y el Asian Infrastucture Investment Bank (AIIB), el Banco de los BRICS como organizaciones gemelas a Bretton Woods​. Y podría decirse naturalmente que la Nueva Ruta de la Seda sería la zanahoria equivalente al Plan Marshall.

El soft power garantizar una presencia estable en la región, haciendo uso de la llamada diplomacia de negocios, acercamiento que siguió las directrices contenidas en el Plan de Cooperación China-Estados latinoamericanos y caribeños (2015-2019). El plan también se conoció como 1+3+6, en alusión a la planificación, a los tres motores, comercio, inversión y finanzas, y a las seis áreas estratégicas de colaboración, que comprendían recursos, comercio, infraestructura, cultura, industria y tecnología.

Mediante ese tipo de convenios multilaterales China se aproxima a la región en su conjunto, generalmente con compromisos de buena voluntad. Algo similar ocurre con los acuerdos en el marco de la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda con algunos acuerdos formales de adhesión, que incentivan los préstamos blandos y hasta inspiran ideas de mayores movimientos de comercio, ya que más de 60 países están adheridos a la iniciativa. El Banco Mundial atribuye a esta iniciativa “el 30% del PIB mundial, el 62% de la población y el 75% de las reservas energéticas conocidas”, un imán sumamente atractivo para Latinoamérica, si es que la membresía aporta privilegios.

En el comercio los barcos siguieron la ruta marítima transpacífica, conocida como La Nao o el Galeón de Manila, que transportaban mercancías desde los puertos marítimos mexicanos, y que entre 1565 y 1724 cruzó el océano en su travesía cuasi anual, transportando especies, seda, porcelana y otros productos chinos para abastecer a la población de las colonias españolas en América, y no tendría que cambiar nada ahora. Quedan en el tintero el comercio digital, la tecnología 5G, sobre todo la apertura al comercio cross-border (compras en línea) y al comercio digital en general. Hasta el momento, la presencia de Alibaba en América Latina es muy limitada, pero se encuentra dentro de la disputa por desplazar a Amazon y a otras plataformas del e-commerce y establecer el yuan.

Si bien en el tema financiero china ha ingresado a AL sin demasiados contratiempos para seducir con financiamiento obras de infraestructura y proyectos faraónicos. El yuan puede ser el catalizador de enfrentamientos entre las dos potencias, ya que Estados Unidos es especialmente sensible a su uso y sus cualidades de financiamiento. Mucho mayor impacto tendría el uso del yuan reemplazando al dólar en transacciones del sector energético o como instrumento de deuda. También se comienzan a generar dudas respecto a empresas icónicas chinas, como Huawei, o aquellas ligadas al 5G, aplicaciones de inteligencia artificial, robótica industrial o geolocalización. El mayor temor, sin embargo, reside en la expansión     de la denominada Nueva Ruta de la Seda Digital, aunque hasta el momento parece estar limitada a Eurasia y África, pero será motivo de disputa en América Latina.

La realidad demarcaría cual es el poder que tiene AL para ejercer de manera autónoma decisiones que le permitan desarrollarse y llevar a cabo convenios que no la sometan a imposiciones como ya las conocidas con los EE. UU. y sus organismos de control, en medio de esta disputa. El tema de la autonomía y sus significados y conceptos teóricos no se encuentran dentro de la lógica del artículo, pero se puede leer en el artículo “De la autonomía antagónica a la autonomía relacional: una mirada teórica desde el Cono Sur Roberto Russell, Juan Tokatlian”

Pero, sí, al menos, la condición del Estado-nación que le posibilita articular y alcanzar metas políticas en forma independiente. Conforme a este significado, autonomía es una propiedad que el Estado puede tener o no a lo largo de un continuo en cuyos extremos se encuentran dos tipos ideales: total dependencia o completa autonomía. Sea esta o cualquiera de las definiciones de autonomía, se percibieron que el sistema internacional tenía un efecto particularmente negativo en América Latina, tanto en el plano político como económico.

La lógica del poder es tratar de conseguir un grado de autonomía nacional, articularse a partir de un uso inteligente de los recursos de poderes tangibles e intangibles de América Latina como un todo, más allá de las particularidades y seducciones propuestas e intentos de acuerdos para la región por alguna de las partes de la guerra comercial, ya sea China o Estados Unidos. Llevarlo a cabo en un continente donde el mayor país está gobernado por militares y alineado con Estados Unidos, pero su mayor socio comercial, es China, es más complejo. Pero de esta idea de autonomía depender el desarrollo futuro de la región.

Por Alejandro Marcó del Pont | 23/03/2021

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Tropiezos de Biden con Rusia: NordStream 2, Ciberseguridad, la Luna, Twitter y Sputnik V

Obama y Trump fracasaron en impedir la "asociación estratégica" de Rusia y China. Ahora Biden intenta in extremis volver a seducir a China con un nuevo G-2 contra Rusia, lo cual se antoja poco probable cuando Moscú y Beijing han consolidado su complementariedad multidimensional.

La "estabilidad estratégica" (https://bit.ly/3f0rBPW)” de EU/Rusia/China se sacudió tremendamente en la tercera semana de marzo con el encuentro virtual del "QUAD" –grupo cuatripartita de EU/India/Japón/Australia para contener a China en el Indo-Pacífico–, la reunión presencial en Alaska de EU y China en búsqueda de su G-2 perdido y el inconcebible vituperio de Joe Biden al zar Vlady Putin, a quien vilipendió de "asesino". ¡Mega-uf!

Dos días antes de sus estrepitosos "tropiezos" en la escalinata del Air Force One, el anterior empleado de Bill Clinton, George Stephanopoulos, de 60 años, indujo perversamente a Biden inquiriendo si pensaba que Putin "es un asesino", a lo que respondió el muy sugestionable presidente, a sus 78 años, que "sí lo pienso".

Es conocida la respuesta sarcástica, muy al estilo literario ruso, del zar Vlady Putin, quien deseó a su homólogo una "mejor salud", a sabiendas de sus severos problemas cognoscitivos (https://abcn.ws/2PfKC5N).

La réplica rusa fue retirar a su embajador en EU para "consultas" –que en otros tiempos hubiera equivalido al inicio de una guerra.

Dos días después de su insano dicterio, Biden sufrió su aparatosa caída en las escalinatas del Air Force One.

Los multimedia totalmente controlados por la tétrada Soros/Bloomberg/Clinton/Obama ocultaron su caída, según Daily Mail (19.03.21), que enumera la frecuente disfuncionalidad cognitiva de Biden, quien un día antes se había referido a la vicepresidenta Kamala Harris como "presidenta", lo cual "levanta preocupaciones sobre la salud y la habilidad para gobernar del presidente".

No hace mucho, el muy influyente senador republicano Lindsey Graham, de 65 años, comentó que Biden "no estaba a cargo" de la presidencia, sin especificar quién daba las órdenes cuando el "presidente" aparentaba un exitoso desempeño en sus dos primeros meses.

Del lado de los epígonos de Trump redunda la alta probabilidad de que Biden sea retirado de su cargo por su disfuncionalidad cognitiva, de acuerdo al artículo 25 de la Constitución.

Detrás de la incitación a una colisión nada recomendable de EU contra Rusia, de parte de la tétrada Soros/Bloomberg/Clinton/Obama con su aliada Kamala Harris, se perfilan los "motivos" de la angustia de EU frente a sus dos competidores geoestratégicos: Rusia/China.

Strategic Culture afirma que detrás de las gratuitas invectivas rusófobas se insinúa el avance del gasoducto NordStream 2 entre Rusia y Alemania construido en un 95% (https://bit.ly/3f486FZ).

Robert Bridge, del mismo Strategic Culture, arguye que el “Deep State prepara colocar a Kamala Harris como su presidenta (https://bit.ly/3vImERz)” –tesis que, dicho sea con humildad de rigor, "Bajo la lupa" ya había previsto después del resultado del 3 de noviembre (https://bit.ly/3lAjZVn).

La ciberseguridad es otro tema que ha dejado rezagado a EU frente a Rusia y China(https://bit.ly/2Pd9LhK), así como el acuerdo de Moscú y Beijing para explorar la Luna, lo cual crea de facto su G-2 en el espacio (https://bit.ly/3vNP6kX).

El portal europeo de Defensa asevera que uno de los factores de los furores de Biden ha sido la domesticación de Twitter, que sirve de injerencista caballo de Troya para desestabilizar e intentar derrocar al presidente Putin (https://bit.ly/3tCYki8). Rusia dio un mes de plazo a Twitter para cumplir con las leyes y regulaciones del país (https://bit.ly/3lyr8FE).

El éxito imparable de la vacuna Sputnik V, que ha dejado sembrados a sus competidores anglosajones, también ha puesto a la defensiva a EU, cuyo Departamento de Salud y Servicios Humanos (HHS, por sus siglas en inglés) "empujó a Brasil a rechazar la vacuna rusa", como reporta The Washington Post (https://wapo.st/3lyrSdU).

Los ultrajes de Biden parecen más bien de frustración irreversible.

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China y EE.UU. se cantan las cuarenta en público

La elección de la gélida Alaska como escenario del primer encuentro entre Estados Unidos y China desde la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca no auguraba exactamente un deshielo de sus relaciones, pero la virulencia de la tormenta desatada en el hotel Captain Cook de Anchorage tan pronto como sus representantes se sentaron cara a cara pilló por sorpresa al mundo.

El descalabro diplomático, que confirma que la relación entre ambos países será aún más antagonista en el futuro, se produce días después de que unos comentarios de Biden abrieran una crisis con Rusia, cuyo presidente, Vladímir Putin, le exige una disculpa por haberlo tratado de asesino. De hecho, le retó a discutir sus diferencias en un debate en directo por internet, como el inédito cruce de reproches entre americanos y chinos en Alaska.

El jefe de la diplomacia estadounidense, Antony Blinken, había prometido “franqueza” de cara al encuentro y cumplió su palabra. La “poco hospitalaria” acogida de los estadounidenses, en palabras de los asiáticos, provocó un largo monólogo por parte de su homólogo chino, Yang Jiechi. Luego llegó la furiosa réplica de la delegación americana, que pidió a las cámaras que no se fueran y no dejaran de grabar. Dicen que a puerta cerrada, ambos rebajaron el tono tanto el jueves como ayer, jornada final de la reunión.

“Vamos a hablar sobre nuestra profunda preocupación por las acciones de China en Xinjiang, Hong Kong, Taiwán, los ciberataques a EE.UU. o la coerción económica a nuestros aliados”, disparó en su introducción Blinken, que acababa de viajar a Asia para mostrar la fuerza de sus alianzas en la región. Las acciones de China “amenazan” el orden mundial global basado en las reglas, por eso no son meros “asuntos internos y nos sentimos obligados a sacar el tema”, insistió. Aplicar la ley del más fuerte nos llevará a “un mundo más inestable y violento”, remató Blinken.

PULSO ESTRATÉGICO

Formado en Inglaterra, a Yang no le hacía falta traducción pero la interpretación de las palabras de Blinken le dio tiempo para afinar su respuesta. La réplica china confirma el afianzamiento de la asertividad de Pekín, su convencimiento de que “Oriente está en alza y Occidente, en declive”.

“Esta no es manera de recibir a un invitado”, protestó el jefe de la delegación china, que acusó a Washington de ser el “campeón de los ciberataques” y usar su fuerza militar y hegemonía financiera “para extender su jurisdicción y suprimir a otros países”, así como incitar a otros a atacarles. “Nosotros no creemos en las invasiones con el uso de la fuerza, el derrocamiento de regímenes y las masacres”, subrayó Yang, cuestionando que Occidente y Estados Unidos puedan erigirse en representantes del orden global.

Washington, zanjó el ministro chino, debería mirarse al espejo y dejar de presumir ante el mundo. “Mucha gente en Estados Unidos tiene escasa confianza en su democracia”, espetó a la delegación americana, evocando su historial de racismo y las protestas de Black Lives Matter. Su intervención se prolongó durante más de un cuarto de hora en lugar de los dos minutos pactados. La “ruptura del protocolo” por parte de Blinken, alegó Yang, justificaba la larga réplica. Sus comentarios no fueron “normales” y por tanto los suyos tampoco lo habían sido. “¡Esperen un momento!”, pidió Blinken a las cámaras cuando se disponían a abandonar la sala.

“Lo que yo oigo [en el mundo] es una gran satisfacción porque Estados Unidos haya vuelto”, así como “preocupación por algunas de las medidas que ha tomado su Gobierno”, respondió el secretario de Estado. “Somos un país maduro capaz de afrontar sus deficiencias y siempre buscando mejorar, ese es el secreto de América”, apostilló el consejero de Seguridad Nacional, Jake Sullivan. Yang reclamó la palabra una vez más para negar tajantemente que, como dijo Blinken, Estados Unidos se dirija a China desde “una posición de fuerza”.

DE CRISIS EN CRISIS

Mientras perfila su política hacia Pekín, la Casa Blanca ha mantenido sin cambios los aranceles adoptados por Donald Trump, ha aprobado esta semana nuevas sanciones contra funcionarios chinos por la represión en Hong Kong y nada apunta, en definitiva, al reset que pedían los asiáticos cuando se convocó la cita de Alaska. Ben Rhodes, exasesor de Barack Obama, ve paralelismos en la reacción de China y Rusia a los contactos con la nueva Administración. “Se han acostumbrado a que EE.UU. esté ausente de la defensa del orden internacional y no hable de temas como los derechos humanos y la democracia”, y querían ver si podían intimidar al nuevo equipo norteamericano.

Ambas delegaciones se acusaron de haber recurrido al “drama” televisivo pensando en sus respectivas audiencias nacionales. A falta de discusiones sobre el fondo de sus diferencias, un pulso estratégico total, esta parece ser la hora del postureo diplomático. Biden se declaró ayer “muy orgulloso” de Blinken.

Por Beatriz Navarro | Washington

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Rogelio Mayta: “Subrayamos el papel nefasto de Luis Almagro en la OEA”

El canciller del gobierno de Arce afirma que Bolivia quiere tener una presencia fuerte en distintos escenarios y organismos, y que la relación con Estados Unidos no ha tenido un cambio significativo tras la asunción de Biden. 

 

Rogelio Mayta es aymará, tiene 49 años y un pasado como abogado defensor de las víctimas asesinadas en El Alto durante la llamada Masacre de Octubre Negro en 2003. Militante del MAS, llegó desde el llano a uno de los cargos más altos en el gobierno de Luis Arce Catacora. Fue elegido canciller de un país que se había convertido en paria después del derrocamiento de Evo Morales. Hoy tiene que desandar ese camino, pero en un escenario internacional más propicio para recuperar la integración continental que habían desmontado los golpistas. Un tablero regional donde los victimarios de Sacaba y Senkata en 2019, ahora empiezan a rendir cuentas.

-¿Cuál es su opinión sobre la reciente detención de la ex presidenta de facto Jeannine Áñez y algunos ministros de la dictadura?

-Ese proceso está en manos de la justicia boliviana. La denuncia se presentó ante el Ministerio Público varios meses atrás y transcurrió de manera normal. Las autoridades policiales cumplieron un requerimiento para detener a la señora Áñez y a otras personas del gobierno de facto. Al ejecutivo le corresponde generar un ambiente donde ese proceso pueda seguir su curso normal. Esperamos que así sea y se resguarden sus derechos constitucionales y derechos humanos.

-¿Qué nos puede explicar de la presunta injerencia británica en el golpe de Estado de 2019 que informaron medios de Inglaterra?

- Ante la publicación del periodismo de investigación que difundió la desclasificación de ciertos documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores del Reino Unido, convocamos al embajador de ese estado a la CancilLería y le solicitamos por escrito que nos pudiera hacer entender esa situación. El viernes 12 de marzo nos llegó una nota escrita respondiendo a ese requerimiento y estamos en el proceso de evaluar la información que se nos está dando para saber si es satisfactoria o no. Como estado vamos a manejar el tema con mucha prudencia. Aunque acá en Bolivia ha caído muy mal en varios sectores de nuestra sociedad. Se ha llegado a pedir desde las organizaciones sociales la expulsión de este diplomático, pero nosotros vamos a seguir lo que establecen las reglas del derecho internacional.

-¿Qué conclusiones sacó del encuentro que mantuvo con Felipe Solá en La Paz, su par argentino, hace una semana?

-Fue una reunión muy importante para nosotros porque viene a reencaminar la relación bilateral entre nuestros estados que se había deteriorado en extremo cuando asumió el gobierno de facto. La visita del canciller Solá concluyó con una declaración conjunta que firmamos los dos. Tiene varios puntos y abarca el aspecto multilateral sobre lo que preocupa a ambos países en distintos campos como ciencia, tecnología, cultura, el tema de género, la energía atómica, el litio, un espectro bastante amplio. Por otra parte, la comitiva argentina nos presentó un proyecto de acuerdo que renueve nuestras relaciones bilaterales un poco en el marco que ya veníamos trabajando y con miras a suscribirse lo más pronto que podamos.

-¿Cuál es la política que se ha fijado el gobierno boliviano sobre organismos multilaterales como Mercosur, Unasur, Celac, Alba o la Comunidad Andina?

-El gobierno de facto por su misma naturaleza tendió a un aislamiento, se excluyó de varios organismos multilaterales como Unasur, como Mercosur, como el Alba y las relaciones bilaterales no solo las tensó en el caso de Argentina, España, México, Cuba, Nicaragua, Irán, y otros países en un posicionamiento bastante ideologizado, poco pragmático. Enfrió las relaciones con China, con Rusia, que a la postre es un enfriamiento que resulta muy negativo y más si lo vemos desde el momento actual en que los principales proveedores de vacunas e insumos médicos precisamente son la federación Rusa y China. En cambio se apoyó significativamente en Estados Unidos. Queremos tener relaciones con todos los países de la comunidad internacional con la condición de que se respete nuestra soberanía. Buscamos potenciar a la Celac, repensar Unasur para ver si podemos volver a ponerla a punto y superar el mal momento que está enfrentando. En el caso del Mercosur estábamos en proceso de adhesión pero el golpe de Estado suspendió esa posibilidad y nosotros la retomamos porque nos decidimos a tener calidad de miembros plenos. También estamos nuevamente presentes en el Alba.

- ¿Cuál es su visión de la OEA?

- Queremos tener una presencia fuerte en diferentes escenarios y no solo en esos organismos que mencioné, sino también en otros como la OEA en relación a la cual tenemos una visión más bien crítica por nuestra mala experiencia con la misión de observación electoral y la auditoría electoral practicada en 2019 y subrayamos el papel nefasto de Luis Almagro como su secretario general.

- ¿Cómo es la relación con Brasil, la potencia regional de nuestro continente y con la cual Bolivia comparte 3.400 kilómetros de frontera común y tiene a un presidente como Jair Bolsonaro que apoyó el golpe de Estado desde el primer día?

- En este momento no tenemos una relación muy fluida, tampoco resulta negativa. Vamos a trabajar para procurar puntos de interés común que nos permitan avanzar en algunos aspectos, como por ejemplo el tema de nuestra inclusión en el Mercosur. Tenemos pendiente el tratamiento en el Congreso brasileño de esta posibilidad. Vamos a intentar ser positivos y constructivos en esta relación más allá de que podamos tener diferente visión política en distintos aspectos.

-¿Lo que está pasando con la pandemia en Brasil, no es un factor preocupante adicional por el descontrol a que ha llegado?

-A nosotros nos preocupa la pandemia en general y eso nos obligó a tomar algunas medidas restrictivas. Nos preocupan todas nuestras fronteras y obviamente que haya algunas más complicadas como el caso que apuntaba de Brasil por la extensión, pero estamos tomando las previsiones necesarias y haciendo un constante monitoreo.

- ¿Cómo es la relación con Estados Unidos desde que cambió el gobierno en Washington con la asunción de Biden en lugar de Trump?

- Hasta el momento no ha habido ningún cambio significativo. De nuestra parte manifestamos que queremos establecer relaciones constructivas y positivas con todos los países de la comunidad internacional, incluido Estados Unidos. Siempre bajo el respeto de la soberanía boliviana y estamos ahí, un poco con la mano abierta para estrechar lazos. Lastimosamente pasa a depender más de la voluntad de los Estados Unidos porque tienen malos antecedentes, realizan injerencias políticas, tratan de tener cierto grado de control sobre determinados aspectos de interés regional o de determinados países. Hay un montón de pruebas y documentos desclasificados que nos muestran eso en las últimas décadas. Es más, en nuestra memoria reciente hay gobiernos de facto, gobiernos militares que tuvimos acá en Latinoamérica que han sido motivados por acciones de EE.UU. Aún así estamos dispuestos a generar relaciones constructivas y positivas, creo que eso, como quien diría, está más en la cancha de Estados Unidos que en la nuestra.

- EE.UU tiene agencias que actúan en nuestros países como la USAID, la NED, ni que hablar del papel que cumplen la CIA o la DEA. ¿Ustedes las han expulsado incluso durante el gobierno de Evo. ¿Qué opina de ellas?

- Está claro que son tan negativas y execrables como el accionar mismo del Estado. Que solamente tienden a camuflar o tratar de esconder el accionar o los intereses que determina un estado o potencia hegemónica como ha sido Estados Unidos. Para nosotros todo eso no debería ocurrir y creo que estamos en un momento de la historia en que conocemos perfectamente esos mecanismos. De ahí que en 2008 cuando acá viviamos un momento de tensión política se tuvo que sacar gradualmente a una agencia supuestamente antidrogas como la DEA y después a la USAID. Las conocemos ya y las rechazamos. Vamos a cuidar que en Bolivia no vuelvan a darse ese tipo de situaciones. El mundo está cambiando. Desde la década del 90 en que Fukuyama decía que era el fin de la historia y que teníamos una potencia hegemónica en un mundo unipolar, en este momento advertimos que estamos en un mundo multipolar o tripolar ya que la Federación rusa y China tienen pesos específicos.

- El presidente Arce cuando era ministro de Economía tenía una posición muy clara sobre la defensa de los recursos naturales de Bolivia como el litio ¿Esa política se supone que quedará ratificada?

-Más que una posición política de un gobierno es una determinación constitucional. Los recursos naturales son de los bolivianos y de las bolivianas y vamos a resguardar en todo momento que sus beneficios lleguen al pueblo. Que no se vayan con las transnacionales como ocurría antes. Eso no quiere decir que estemos cerrados a la inversión extranjera, a establecer relaciones que nos permitan una mejor explotación de nuestros recursos, pero como lo venimos sosteniendo hace más de una década, no como extranjeros en nuestra propia tierra, sino en un rol de socios, de iguales. Probablemente otros tengan capital y tecnología, pero nosotros tenemos los recursos naturales.

- ¿Cómo sigue la búsqueda de una solución a la salida al océano Pacífico con Chile que para Bolivia es una reivindicación histórica?

- La reivindicación marítima para Bolivia es irrenunciable. Está incluso definida en nuestra constitución política del Estado. Pero la relación entre Chile y Bolivia no se acaba en el tema marítimo, eso lo tenemos también claro. Compartimos una importante frontera, flujo de personas que van y vienen de un país para otro, utilizamos puertos chilenos para exportar productos bolivianos y eso hace que debamos buscar acercamientos que nos permitan dentro de todas las diferencias que podamos tener, mantener el trato de dos países vecinos y hermanos, en definitiva.

 

Por Gustavo Veiga

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Biden y el rompecabezas de las relaciones con China

El presidente Joe Biden deberá afrontar en lo inmediato una serie de crisis interiores extraordinarias –una pandemia que se dispara, una economía en punto muerto y punzantes heridas políticas, en particular tras el reciente ataque de los trumpistas al Capitolio–, pero pocos desafíos son susceptibles de resultar más graves que la gestión de las relaciones de Estados Unidos con China. Aunque suelen ser consideradas como una lejana preocupación de política exterior, estas relaciones son de hecho omnipresentes y afectan a la economía, al coronavirus, al cambio climático, a la ciencia y la tecnología, a la cultura popular y al ciberespacio.

Si la nueva administración continúa la vía trazada por la precedente, una cosa será segura: Estados Unidos se verá arrastrado a una nueva e insidiosa guerra fría con este país, lo que dificultará los progresos en casi todos los ámbitos importantes. Para lograr verdaderos avances en el actual desorden mundial, el equipo de Biden deberá ante todo evitar este conflicto futuro y encontrar medios de colaborar con su poderoso adversario. Pero algo es seguro: la búsqueda de una forma de navegar por esta vía minada resultará muy exigente para los más experimentados responsables del equipo dirigente de Biden.

Aun sin los corrosivos efectos de la diplomacia hostil de Donald Trump en estos últimos años, China plantearía un desafío enorme a cualquier nueva administración. Se jacta de ser la segunda economía mundial y, según algunos analistas, pronto superará a Estados Unidos para convertirse en la número uno. Aunque haya muchas razones para condenar la forma como Pekín ha abordado la pandemia del coronavirus, el severo confinamiento autoritario a escala nacional (después de que China rechazase inicialmente reconocer la existencia del virus y el alcance de su propagación) ha permitido al país recuperarse de la covid-19 más rápido que la mayoría de los países. En consecuencia, Pekín registró ya un fuerte crecimiento económico durante el segundo semestre de 2020, la única gran economía del planeta en hacerlo. Esto significa que China está más que nunca en condiciones de dictar las reglas de la economía mundial, una situación confirmada por la reciente decisión de la Unión Europea de firmar un importante acuerdo de comercio e inversión con Pekín [acuerdo de finales de 2020 concluyendo unas negociaciones comenzadas en 2013], dejando simbólicamente de lado a Estados Unidos, justo antes de la entrada en funcionamiento de la administración Biden.

Después de años de aumentar sus gastos de defensa, China posee ya el segundo ejército más importante del mundo, dotado de un moderno arsenal de todos los tipos. Aunque no sea capaz de enfrentarse a Estados Unidos en alta mar o en regiones alejadas, su ejército –el Ejército Popular de Liberación, EPL– está ya en condiciones de desafiar la antigua supremacía de América en regiones más cercanas, como el extremo oeste del Pacífico. Desde la expansión imperial de Japón en los años 1930 y comienzo de los 1940, Washington no se había encontrado con un enemigo tan temible en esta parte del mundo.

En algunos ámbitos críticos –avances científicos y tecnológicos, influencia diplomática y finanzas internacionales, entre otros–, China cuestiona ya, incluso supera, la primacía mundial largo tiempo asumida por Estados Unidos. En otras palabras, en muchos frentes, tratar con China plantea un enorme problema al nuevo equipo dirigente estadounidense. Peor aún, las nefastas políticas de la administración Trump respecto a China, combinadas con las políticas autoritarias y militaristas del presidente chino Xi Jinping, plantean desafíos inmediatos a Joe Biden a la hora de gestionar las relaciones entre Estados Unidos y China.

La herencia tóxica de Trump

Donald Trump hizo campaña por la presidencia comprometiéndose a castigar a China por su pretendida voluntad sistémica de construir su economía robando la de Estados Unidos. En 2016 juró que, si era elegido presidente, utilizaría el poder del comercio para poner fin a las prácticas nefastas de este país y restaurar la primacía mundial de Estados Unidos. Una vez instalado en la Casa Blanca, efectivamente, impuso una serie de derechos de aduana sobre el equivalente a unos 360.000 millones de dólares de importaciones chinas –un gran obstáculo para la mejora de las relaciones con Pekín–. Joe Biden debe decidir si mantiene estas barreras aduaneras, las suaviza o las elimina por completo.

Las restricciones impuestas al acceso de empresas chinas a la tecnología americana, en particular a programas y microchips punteros, necesarios para el futuro desarrollo de las telecomunicaciones de quinta generación (5G), son aún más amenazantes para unas futuras relaciones cordiales. En mayo de 2019, afirmando que las grandes empresas chinas de telecomunicaciones como Huawei y ZTE Corporación tenían vínculos con el EPL y representaban por tanto una amenaza para la seguridad nacional americana, Trump aprobó un decreto prohibiendo a estas empresas comprar a empresas estadounidenses microchips y otros equipamientos de alta tecnología. Le siguieron una serie de decretos y otras medidas. Pretendían restringir el acceso de las empresas chinas a la tecnología americana.

En el marco de estas acciones y de otras iniciativas conexas, el presidente Trump y sus principales asociados –sobre todo el secretario de Estado, Mike Pompeo, y Peter Navarro, asistente del presidente en el White House Nacional Trade Council– afirmaron que actuaban para proteger la seguridad nacional contra el riesgo de operaciones de información llevadas a cabo por el EPL. No obstante, según sus declaraciones de la época, era evidente que su verdadera intención era la de obstaculizar el progreso tecnológico de China para debilitar su competitividad económica a largo plazo. También aquí, Biden y su equipo tendrán que decidir si mantiene las restricciones impuestas por Trump, lo que afectaría todavía más a las relaciones chino-americanas, o da marcha atrás en un esfuerzo por mejorar estas relaciones.

La crisis china: dimensiones militar y diplomática

Un desafío aún mayor para el presidente Biden serán las iniciativas militares y diplomáticas agresivas emprendidas por la administración Trump. En 2018, su secretario de Estado de Defensa, Jim Mattis [que entró en el 20 de enero de 2017 y dimitió en febrero de 2019], publicó una nueva doctrina militar con el título de “Concurrencia de grandes potencias”. Debía regular la futura planificación del Ministerio de Defensa. Tal como enunciaba la política oficial de defensa nacional del Pentágono de dicho año, la doctrina preveía que las fuerzas estadounidenses debían concentrarse en adelante no ya en la lucha contra los terroristas islamistas en las regiones atrasadas del tercer mundo, sino en la lucha contra China y Rusia en Eurasia. “Aunque el Ministerio sigue adelante en la campaña contra los terroristas”, declaró Mattis el 26 de abril de 2018 ante el Comité de las Fuerzas Armadas del Senado, “el principal objetivo de la seguridad nacional de Estados Unidos a largo plazo es la concurrencia estratégica; no el terrorismo”.

Conforme a esta política, durante los años siguientes se ha recentrado y reorganizado considerablemente el conjunto del establishment militar, pasando de una fuerza antiterrorista y antiinsurreccional a una fuerza armada equipada y concentrada en la lucha contra los ejércitos chino y ruso, en la periferia de estos mismos países. “Hoy día, en esta era de competición entre las grandes potencias, el Ministerio de Defensa ha dado prioridad a China, y después a Rusia, como nuestros principales competidores estratégicos”, declaró el secretario de Defensa Mark Esper el 16 de setiembre de 2020, poco antes de ser sustituido por el presidente por haber apoyado, junto a otros, un llamamiento a reducir el número de bases militares americanas que siguen llevando hoy en día el nombre de generales confederales durante la guerra civil. Hecho significativo: cuando todavía estaba en el poder, Mark Esper identificó a China como el competidor estratégico número uno de Estados Unidos, una distinción que Jim Mattis no llegó a hacer.

Para asegurar la primacía de Washington en esta competición, Mark Esper destacó tres grandes prioridades estratégicas: la militarización de las tecnologías punta, proseguir la modernización y la mejora del arsenal nuclear del país, y el reforzamiento de los lazos militares con los países aliados que rodean a China. “Para modernizar nuestras capacidades”, declaró, “hemos conseguido obtener financiación para tecnologías que cambian la situación, como la inteligencia artificial, la hipersónica, la energía dirigida [por ejemplo radiación electromagnética, láseres, haz de partículas, etc.] y las redes 5G”. También se han realizado progresos significativos, afirmó, en la “recapitalización de nuestra tríada nuclear estratégica”: el redoblado amplio arsenal de misiles balísticos intercontinentales con base en tierra (ICBM), misiles balísticos lanzados por submarinos (SLBM) y bombarderos nucleares de largo alcance. Además, con el objetivo de cercar a China con un sistema de alianzas hostil dirigido por Estados Unidos, Mark Esper se jactó: “Ponemos en marcha un plan coordinado, el primero de este tipo, para reforzar a los aliados y construir socios”.

Para los dirigentes chinos, el hecho de que la política militar de Washington apele en adelante a semejante programa con tres componentes de modernización de armas no nucleares, de modernización de armas nucleares y de cerco militar, significa una cosa evidente: están confrontados a una amenaza estratégica a largo plazo que necesitará una gran movilización de sus capacidades militares, económicas y tecnológicas para poder responder. Lo cual es, desde luego, la definición misma de una nueva competición de tipo guerra fría. Y los dirigentes chinos han dejado bien claro que se opondrán a cualquier iniciativa de este tipo, tomando las medidas que juzguen necesarias para defender la soberanía y los intereses nacionales de China. No es sorprendente por tanto enterarse de que, al igual que Estados Unidos, están adquiriendo un amplio abanico de modernas armas nucleares y no nucleares, así como militarizando las tecnologías emergentes para asegurar el éxito o al menos una apariencia de paridad en un choque futuro con las fuerzas de Estados Unidos.

Paralelamente a estas iniciativas militares, la administración Trump ha pretendido perjudicar a China y frenar su desarrollo por medio de una estrategia coordinada de guerra diplomática –esfuerzos que incluyen sobre todo un mayor apoyo a la isla de Taiwán (reivindicada por China como una provincia secesionista), lazos militares cada vez más estrechos con India y la promoción de vínculos militares comunes entre Australia, India, Japón y Estados Unidos, un acuerdo conocido con el nombre de “the Quad” [Foreign Policy, 8/10/2020, The Quadrilateral Security Dialogue].

La mejora de los lazos con Taiwán era un objetivo particular de la administración Trump (y una provocación particular hacia Pekín). Desde que el presidente Jimmy Carter aceptó reconocer como el gobierno legítimo de China al régimen comunista de Pekín en 1978, y no a los taiwaneses, todas las administraciones americanas han intentado evitar la apariencia de una relación oficial de alto nivel con los dirigentes de Taipéi, aunque Estados Unidos haya continuado vendiéndoles armas y manteniendo otras formas de relaciones intergubernamentales.

Sin embargo, durante los años Trump, Washington se ha implicado en cierto número de acciones muy mediáticas con el objetivo de mostrar su apoyo al gobierno taiwanés. Contrariando con ello a los dirigentes chinos. Entre estas acciones figura la visita a Taipéi, el pasado agosto, del secretario de Salud y Servicios Sociales Alex Azar II, la primera visita de este tipo efectuada por un secretario de gabinete desde 1979. Otro gesto provocador quería ser la reunión con altos responsables taiwaneses en Taipéi por parte de la embajadora americana ante Naciones Unidas, Kelly Craft [este encuentro fue anulado a comienzos de enero]. La administración también ha intentado obtener para Taiwán la condición de observador ante la Organización Mundial de la Salud y otros organismos internacionales para reforzar su imagen de nación de pleno derecho. Igualmente preocupante para Pekín, la administración ha autorizado durante los dos últimos años nuevas ventas de armas avanzadas a Taiwán, por un total de 16.600 millones de dólares, incluyendo una venta récord de 8.000 millones de dólares por 66 aviones de caza F-16C/D.

El reforzamiento de los lazos de Estados Unidos con India y otros miembros de la Cuadrilateral (Quad) ha sido también una prioridad de política exterior de la administración Trump. En octubre de 2020, Mike Pompeo acudió a India por tercera vez como secretario de Estado y aprovechó la ocasión para denunciar a China, promoviendo vínculos militares más estrechos entre India y Estados Unidos. Recordó a los veinte soldados indios muertos en un enfrentamiento fronterizo con fuerzas chinas en junio de 2020, insistiendo en el hecho de que “Estados Unidos estará al lado del pueblo indio frente a las amenazas que pesan sobre su soberanía y su libertad”. El ministro de Defensa Mark Esper, que acompañó a Pompeo en este viaje a Nueva Delhi, habló de una cooperación creciente con India en el ámbito de la defensa, incluyendo ventas potenciales de aviones de caza y sistemas aéreos sin tripulación.

Ambos responsables felicitaron al país por su futura participación en Malabar, los ejercicios navales conjuntos de la Quad que tendrán lugar en noviembre en la bahía de Bengala. Aunque nadie lo diga explícitamente, este ejercicio ha sido ampliamente considerado como el primer ejercicio de la alianza militar naciente para contener a China. “Es más importante que nunca un enfoque colaborativo de la seguridad y de la estabilidad regionales, con el fin de disuadir a todos aquellos que rechazan una región indo-pacífica libre y abierta”, comentó Ryan Easterday, comandante del destructor de misiles dirigidos USS John S. McCain, uno de los navíos participantes.

Ni que decir tiene que todo esto representa una herencia compleja y formidable a superar para el presidente Biden, que pretende establecer una relación menos hostil con los chinos.

El problema Xi Jinping del presidente Biden

Queda claro que la herencia perturbadora de Trump hará difícil para el presidente Biden detener la pendiente descendente de las relaciones chino-americanas y el régimen de Xi Jinping en Pekín no le facilitará la tarea. No es este el lugar para un análisis detallado del giro de Xi en los últimos años hacia el autoritarismo o de su creciente dependencia de una perspectiva militarista para asegurarse la lealtad (o la sumisión) del pueblo chino. Se ha escrito mucho sobre la supresión de las libertades civiles en China y la reducción al silencio de todas las formas de disidencia. Igualmente inquietante es la adopción de una nueva ley sobre seguridad nacional para Hong Kong, utilizada ahora para detener todas las críticas al gobierno de China continental y las voces políticas independientes de todo tipo. Y nada es comparable al intento de extinción brutal de la identidad musulmana uigur en la región autónoma del Xining, en el extremo oeste de China. Ha supuesto el encarcelamiento de un millón de personas, incluso más, en equivalentes a campos de concentración.

La supresión de las libertades civiles y de los derechos humanos en China hará particularmente difícil para la administración Biden reconectar con Pekín, ya que él es desde hace mucho tiempo un ardiente defensor de los derechos civiles en Estados Unidos, lo mismo que la vicepresidenta Kamala Harris y muchos de sus colaboradores cercanos. Les resultará prácticamente imposible negociar con el régimen de Xi sobre cualquier cuestión sin plantear el tema de los derechos humanos; y ello, a su vez, no dejará de suscitar la hostilidad de los dirigentes chinos.

Xi ha recentralizado también el poder económico en manos del Estado, invirtiendo así la tendencia de sus predecesores inmediatos a una mayor liberalización económica. Las empresas de Estado continúan recibiendo la parte del león de los préstamos y otras ventajas financieras del Estado, lo que desfavorece a las empresas privadas. Además, Xi ha intentado obstaculizar a las grandes empresas privadas como el Ant Group, la exitosa empresa de pagos electrónicos fundada por Jack Ma [fundador de Alibaba], el empresario privado más famoso de China.

A la vez que consolidaba su poder económico en el país, el presidente chino ha logrado establecer relaciones económicas y comerciales con otros países. En noviembre, China y catorce naciones, entre ellas Australia, Japón, Nueva Zelanda y Corea del Sur (pero no Estados Unidos), firmaron uno de los mayores pactos de librecambio en el mundo, la Asociación Económica Regional Global (RCEP). Considerada como sucesora de la desgraciada asociación transpacífica de la que se retiró el presidente Trump al poco de comenzar su mandato, la RCEP facilitará el comercio entre países que representan una población de unos 2.200 millones de personas, más que cualquier otro acuerdo precedente de este tipo. Y después está el acuerdo de inversión que acaba de ser concluido entre la Unión Europea y China, otro megaacuerdo que excluye a Estados Unidos, así como la ambiciosa iniciativa china Belt and Road [la Ruta de la Seda], por un total de más de un billón de dólares, que pretende unir más estrechamente a Pekín con las economías de los países de Eurasia y África.

En otras palabras, para la administración Biden será tanto más difícil ejercer un efecto de palanca económica sobre China o permitir a las grandes empresas de Estados Unidos actuar como socios para hacer presión en favor del cambio en este país, como lo hicieron en el pasado.

 Las opciones del presidente Biden

El propio Joe Biden no ha dicho gran cosa sobre lo que tiene pensado respecto a las relaciones americano-chinas, pero lo poco que ha dicho sugiere una gran ambivalencia en cuanto a sus principales prioridades. En su declaración más explícita sobre política exterior, un artículo aparecido en el número de marzo/abril de la revista Foreign Affairs, habló de “mostrarse duro” con China en materia de comercio y derechos humanos, a la vez que buscar un terreno de entente sobre cuestiones clave como Corea del Norte y el cambio climático.

Aun criticando a la administración Trump por haberse enfrentado a aliados de Estados Unidos como Canadá y potencias de la OTAN, afirmó que “Estados Unidos debe ser duro con China”. Si China hace lo que quiere, continuó, “seguirá robando a Estados Unidos y a las empresas de Estados Unidos su tecnología y su propiedad intelectual [y] seguirá utilizando subvenciones para dar a sus empresas de Estado una ventaja competitiva injusta”. El enfoque más eficaz para contestar a este desafío, escribió, “es construir un frente unido de aliados y socios de Estados Unidos para hacer frente a los comportamientos abusivos y a las violaciones de derechos humanos de China, incluso aunque intentemos cooperar con Pekín sobre cuestiones en que convergen nuestros intereses, como el cambio climático, la no proliferación [nuclear] y la seguridad sanitaria mundial”.

Esto suena bien, pero es una posición intrínsecamente contradictoria. Si algo temen los dirigentes chinos –y a lo que resistirán con todo el peso de sus poderes– es la formación de un “frente unido de aliados y socios de Estados Unidos para hacer frente a los comportamientos abusivos de China”. Es más o menos lo que la administración Trump ha intentado hacer sin producir ventajas significativas para Estados Unidos. Biden deberá decidir dónde sitúa su principal prioridad. ¿Se trata de poner un freno a los comportamientos abusivos y a las violaciones de derechos humanos de China o de obtener la cooperación de la otra gran potencia del planeta sobre las cuestiones más urgentes y potencialmente devastadoras en el orden del día mundial en este momento: el cambio climático antes de que el planeta se recaliente de forma desesperada; la no proliferación antes de que se pierda el control de las armas nucleares, hipersónicas y otros tipos de armas avanzadas, y la seguridad sanitaria en un mundo golpeado por una pandemia?

Como en tantos otros ámbitos que deberá abordar después del 20 de enero, para progresar en cualquier cuestión, Biden deberá primero superar las herencias desestabilizadoras de su predecesor. Esto significa sobre todo que deberá reducir las tarifas aduaneras y las barreras tecnológicas punitivas y autodestructoras, ralentizar la carrera de armamentos con China y abandonar los esfuerzos para rodear al continente con una red hostil de alianzas militares. Sin esto, se corre el riesgo de hacer prácticamente imposible ningún progreso, cualquiera que sea, y el mundo del siglo XXI podría encontrarse arrastrado a una guerra fría aún más insalvable que la que dominó la segunda mitad del siglo pasado. Si ocurre así, y Dios nos guarde, podríamos encontrarnos ante una guerra nuclear o una versión climática de esta en un planeta en delicuescencia.

Por Michael T. Klare, veterano investigador en cuestiones relacionadas con la geopolítica de los recursos

https://alencontre.org/asie/japon/le-casse-tete-des-relations-chine-etats-unis-pour-joe-biden.html

Traducción: Javier Garitazelaia

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Luis Almagro, secretario general de la OEA.

Es por "incumplimiento" de convenios de la OEA con el país andino

El ministro de Justicia de Bolivia, Iván Lima, anunció este martes que su gobierno decidió llevar a juicio al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, por "incumplimientos" de convenios de la entidad con la nación andina.

"Ha habido un evidente y flagrante incumplimiento sobre las acciones pactadas entre Bolivia y la OEA, por parte de la OEA y Luis Almagro", afirmó Lima.El titular de la cartera de Justicia detalló que el gobierno se encuentra "evaluando los caminos jurídicos", que "probablemente no sean excluyentes y podamos seguir todos simultáneamente", y que pretenden llegar hasta "las instancias que correspondan".

Lima aludió al informe preliminar que la OEA publicó sobre las elecciones de octubre de 2019, que, en última instancia, provocaron una crisis política en Bolivia y la dimisión del expresidente Evo Morales. Según el informe, hubo "irregularidades" en los comicios.A juicio del ministro, el informe no era parte de un convenio suscrito entre el Estado boliviano y el organismo y, "peor aún", el informe final se publicó en diciembre de 2019, fuera de plazo.

Lima adelantó que se emprenderá acciones legales contra Almagro, ante lo que considera como "persistentes acciones de injerencia" en el país y por las declaraciones hechas por Almagro sobre el supuesto fraude electoral de 2019. Así, espera que rinda cuentas por la "gravedad de sus afirmaciones y la irresponsabilidad" que supuso el informe realizado por la organización.

La OEA ha planteado recientemente crear una comisión internacional que investigue los casos de corrupción en Bolivia desde el gobierno de Morales hasta la actualidad, incluyendo el periodo de Jeanine Áñez. Por otra parte, la organización cuestionó el sistema judicial boliviano y afirmó que no existen garantías de un juicio "justo", de "imparcialidad ni debido proceso" contra los ahora antiguos altos cargos del Gobierno.

Un comunicado de la secretaria general de organismo, cargo que ocupa Almagro, este jueves había criticado la detención de Añez aunque sin nombrar a la expresidenta de facto. " La Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos manifiesta que ha tomado debida nota de las preocupaciones expresadas en los comunicados de diversas instancias internacionales y expresa su propia preocupación ante el abuso de mecanismos judiciales que nuevamente se han transformado en instrumentos represivos del partido de gobierno," arranca el texto.

El comunicado también acusa a la justicia boliviana de favorecer al partido gobernante. "En los últimos meses se ha constatado la cancelación o sobreseimiento de diferentes juicios contra partidarios del MAS, así como amenazas de persecución judicial a políticos opositores al Gobierno. Lamentablemente, esas amenazas se han concretado en muchos casos. En este contexto, es importante recordar que la Carta Democrática Interamericana en su artículo 3 define como elemento esencial de la democracia representativa la separación e independencia de los poderes públicos" lanzó la oficina que ocupa Almagro.

El ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia no tardó en responderle a Almagro. "Una vez más, Luis Almagro se pronunció utilizando el discurso sobre derechos humanos para favorecer a los intereses particulares y políticos que representa; dejando de lado la defensa de las víctimas de gravísimas violaciones de derechos humanos cometidas por el gobierno de facto que abusó de su poder para perseguir, torturar y asesinar a quienes tienen y tenían como enemigos políticos," se pronunció la cancillería boliviana. "El Sr. Almagro no tiene la autoridad moral ni ética para referirse a Bolivia, después del daño profundo que le hizo al pueblo boliviano con su injerencia colonialista durante el proceso electoral del 2019. Sus acciones costaron vidas humanas y debe rendir cuentas por su comportamiento parcializado y alejado de la objetividad, que ha desprestigiado a tan importante instancia para los países de nuestra América."

El texto de la secretaría general de la OEA también recibió una dura respuesta de Oscar Laborde, presidente del Observatorio de la Democracia del Parlamento del Mercosur (Parlasur). Laborde acusó a Almagro de actuar con "descaro" y "pretender inmiscuirse desembozadamente en la situación política de Bolivia", tras "haber propiciado un golpe de Estado con masacres, asesinatos, persecución política y proscripciones".

Según Laborde, "a estas alturas resulta claro que Almagro se presenta como el jefe de la oposición política al gobierno de MAS". El parlamentarioargentino agregó que las recomendaciones que hizo hoy la OEA no muestran "ningún tipo de conocimiento ni de precisión" sobre el funcionamiento del sistema judicial boliviano.

"Lo que está proponiendo Almagro es el comienzo de una conspiración contra un gobierno democrático (por el que preside Luis Arce), buscando el apoyo de algunos países de la región", afirmó Laborde, quien además es diputado del Parlasur, donde ocupa una de las vicepresidencias.

Y luego alertó sobre Almagro: "Está proponiendo una intervención lisa y llana sobre el Estado Plurinacional de Bolivia, no sólo sobre su poder Judicial".

Evo Morales, por su parte, acusó a Almagro de cometer crímenes de lesa humanidad. "Nunca se pronunció por los 36 asesinatos, los más de 800 heridos, los 1.500 detenidos ilegalmente y el centenar de perseguidos", manifestó en su cuenta de Twitter. "Las declaraciones de Almagro son un nuevo atentado a la democracia: niegan la autoproclamación de Áñez, las masacres, las 1.500 detenciones ilegales, persecuciones y corrupción en pandemia, que es delito de lesa humanidad. No se puede ignorar la lucha del pueblo humilde," tuiteó.

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