Martes, 16 Marzo 2021 05:15

A diez años de la revolución siria

A diez años de la revolución siria

 

“Es su turno, doctor” escribieron unos niños en la pared de la escuela de Deraa, al sur de Siria, el 6 de marzo de 2011. Con el impulso de la Primavera Árabe, que se había llevado puesto a dos dictadores de la región, Ben Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto, ahora el turno era del sirio Bashar al Assad, portador de un diploma de oftalmólogo.

Los niños de Deraa fueron secuestrados y torturados por las fuerzas de seguridad con la brutalidad habitual que los caracteriza, pero esta vez despertó la conciencia de miles de personas que se arrojaron a las calles el 15 de marzo para reivindicar pacíficamente su derecho a una vida digna, tal como había sucedido meses antes en Túnez y Egipto. Así comenzó y continúa la revolución siria: con el anhelo de libertad y dignidad. Luego vino “la guerra siria” y más tarde “la crisis siria”. Pero lo primero fue la revolución, y lo cambió todo. Muy poco se habla ya de las organizaciones de base, las técnicas de resistencia no violentas y desobediencia civil: muy poco se habla del pueblo sirio, su derecho a la libertad, a la dignidad y su más básico derecho a la vida.

La potencia de las manifestaciones, que rápidamente se hicieron masivas, quebraron la distancia entre las personas, esa distancia que crean los regímenes totalitarios, que minan la solidaridad entre las personas, las aísla y las condena a la más absoluta soledad. “Aunque vivíamos juntos, estábamos separados. Tu vecino era tu vecino, pero si decías algo incorrecto, podías terminar en la cárcel”, comentaba el periodista Ramy Jarrah. Esta Siria de “paredes con oídos” fue edificada por Hafez al Assad, el padre de Bashar, tras un golpe de Estado en 1971 que lo mantuvo en el poder hasta su muerte en 2000. Su autocracia se solidificó sobre la base de una amplia red de corrupción en alianza con una extensa red de servicios secretos: los mukhabarat. Éstos no son necesariamente agentes especiales; puede ser un compañero de la universidad, un diariero, un vecino que tiene la misión de reportar comentarios o actividades contrarias al régimen o potencialmente “peligrosos”. Así, se construyó un entramado de desconfianza mutua al punto de que todos sabían que, en cada aula, reunión familiar o lugar de trabajo había mukhabarat prestos a entregar a cualquier persona en cualquier momento. La discrecionalidad propia de la práctica hizo que nadie confíe en nadie y que las cárceles estuvieran llenas de opositores y enemigos personales de los mukhabarat, que además controlaban la mayoría de la actividad comercial del país.

Hafez al Assad preparó durante años a su hijo mayor Basel para que lo sucediera tras su muerte, pero éste murió en un accidente automovilístico en 1994 y así, inesperadamente, el “doctor”, que se encontraba alejado de los asuntos familiares viviendo en Londres, debió prepararse para el cargo, que asumió en 2000. Los primeros años parecieron dar algo de aire a la sociedad siria con la apertura de servicios de telecomunicaciones e internet. Sin embargo, rápidamente se desarrollaron nuevas estrategias de censura, persecución política y corrupción habilitadas por las modernas tecnologías y sectores de la economía relacionados.

Cuando comenzaron las revueltas, Bashar llevaba más de una década en el poder y, en vez de dar un paso al costado como Ben Ali y Mubarak, iniciar una transición democrática y negociar algún tipo de acuerdo, le declaró la guerra a su propio pueblo. “Asad o quemamos el país” ha sido desde entonces la consigna de las fuerzas leales al presidente a lo largo de esta década de masacres, desplazamientos forzados, pérdida del patrimonio histórico del país, surgimiento y fomento de la radicalización de los grupos islamistas y un largo etcétera.

 “La Siria que vos conociste no existe más”, así comienza y termina el libro La tierra empezaba a arder de la escritora argentina de origen sirio Cynthia Edul, y que relata su viaje al país de sus ancestros en octubre de 2010. La tierra ardió, y la Siria de al Assad es un país que no existe más. Millones de sirios y sirias en el exilio, en campamentos de refugiados y en las cárceles del régimen siguen anhelando construir una Siria libre y democrática en aquella tierra arrasada por el fuego.

Por Carolina Bracco, Politóloga y Doctora en Culturas Árabe y Hebrea. Profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.

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Lunes, 15 Marzo 2021 05:35

El poder del litio boliviano

El poder del litio boliviano

Los enormes yacimientos de litio boliviano constituyen dos vertientes opuestas: una bendición para profundizar el desarrollo económico futuro del país, o una constante amenaza debido a la ambición de compañías transnacionales y gobiernos imperiales por tratar de controlar esos recursos.

El expresidente Evo Morales Aima ha denunciado en repetidas ocasiones que su gobierno fue víctima de un “golpe de Estado del litio” cuando fuerzas de la oligarquía derechista, con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de Estados Unidos lo sacaron del poder en noviembre de 2019.

Un año antes de esos sucesos, en octubre de 2018, Morales había firmado un convenio con la empresa alemana ACI Systems para la explotación del salar de Uyuni, pero la oligarquía criolla, encabezada por el expresidente del Comité Cívico Potosinista, Marco Pumari, inició una virulenta campaña desinformativa al catalogar el convenio como “entreguista”.

La desinformación engañó a parte de la población que comenzó protestas bajo la dirección de elementos de la derecha respaldada por militares afines y por la OEA que alegó fraude en las elecciones de noviembre de 2019.

Aunque Evo anuló el acuerdo con ACI Systems, el golpe de Estado quedó consumado una semana después de los comicios.  

En el denominado Golpe del Litio actuaron influyentes transnacionales y hasta el segundo hombre más rico del mundo, Elon Musk, propietario de las compañías SpaceX y Tesla (autos y equipos eléctricos). Este multimillonario estadounidense  al ser consultado en twitter por un internauta sobre si tenía algo que ver con los sucesos de Bolivia declaró que no le molestaba derrocar a quien sea, con tal de alcanzar sus objetivos empresariales.

Tras las altisonantes declaraciones de Musk, Morales declaró que el principal móvil del Golpe fue haber dejado fuera a Estados Unidos del proyecto de industrialización del litio que se llevaba a cabo en el país en conjunto con Alemania y China.

Con la empresa Xinjiang Tbea Group-Baocheng se habían rubricado acuerdos por alrededor de 2 000 millones de dólares para edificar ocho usinas, cuatro en el salar de Uyuni y cuatro en los salares de Coipasa y Pastos Grandes, pero quedaron inconcluso por la imposición del régimen de facto de Jeanine Añez y los desastrosos efectos de la pandemia de Covid-19.

Recientemente se anunció que el presidente Luís Arce reflotará el plan para convertir el salar de Uyuni en la capital mundial del litio, cuyas reservas son las mayores del orbe. Hasta el 2030 se prevén instalar 41 plantas de procesamiento en los departamentos de Potosí y de Oruro.

En declaraciones a la prensa, el nuevo presidente ejecutivo de la Empresa Pública Nacional Estratégica Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB), Marcelo González señaló que el país tiene el inmenso desafío de reactivar esa industria tras un año de semi paralización que impidió la comercialización a gran escala del producto.

González aseguró que cuentan con recursos humanos calificados para entrar a la etapa de industrialización y entre las principales acciones está la construcción de otras plantas industriales como las de ión litio y cátodos en los departamentos de Oruro y Potosí.

Actualmente, Bolivia puede producir 12 000 toneladas de carbonato de litio al año y en la planta de Uyuni se procesan entre 700 y 1 000 toneladas mensuales de ese producto.

Asimismo, en la Planta Piloto de Baterías se construyen las 5V, similares a las utilizadas por los teléfonos móviles pero aún el país no logra satisfacer la alta demanda externa, por lo cual se busca la asociación con otra nación que colabore con transferencia tecnológica.

Para González resulta importante que se complete la cadena del litio dentro de Bolivia, es decir, se extraiga la materia prima y se procese para darle valor agregado. Argumentó que hasta ahora han cerrado la cadena del litio a nivel de laboratorios y pilotaje con la planta de materiales catódicos así como la de baterías que está produciendo para la venta en el mercado interno, y se realizan gestiones con la empresa de autos eléctricos Quantum, con sede en Cochabamba para proveerles acumuladores.

Bolivia posee 21 millones de toneladas de litio, mineral muy preciado por gobiernos desarrollados y compañías trasnacionales por su utilización en laptops, celulares, tabletas, otros equipos móviles y acumuladores para vehículos, por lo que han denominado a ese mineral como el “Oro blanco”.

Expertos indican que con la continuación del desarrollo de las baterías con base a sales de ión litio, ese producto movería unos 46 000 millones de dólares en 2022 y 220 000 millones de dólares en diez años.

Esas baterías pueden acumular en los aparatos móviles gran energía con mínimo peso y espacio para las personas y en los autos eléctricos son capaces de mantener un máximo de 3 000 ciclos de carga y descarga sin perder las propiedades de almacenaje y voltaje.

Un estudio del Servicio Geólico de Estados Unidos (USGS) estima que el 60 % del “oro blanco” mundial se haya en Argentina, Chile y Bolivia por lo que esas naciones están destinadas a impulsar su desarrollo económico en los próximos años.

Pero Argentina y Chile tienen la desventaja de que su explotación está en manos de empresas transnacionales que dejan pocas remuneraciones monetarias, mientras en Bolivia está controlada por el Estado, que según lo establecido, el 51 % de las ganancias permanecerá en el país.

Si el nuevo gobierno encamina al país por la senda política-económico-social que logró llevarlo el expresidente Evo Morales, los enormes yacimientos de litio que posee Bolivia pueden acabar de revertir la historia de pobreza de esta nación, aunque siempre debe estar alerta con las artimañas de la oligarquía criolla y de las compañías estadounidenses interesadas en hacerse del control del “oro blanco”.

Por Hedelberto López Blanch | 15/03/2021

Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano

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Foto de archivo (09/01/2018) de civiles y voluntarios de la Defensa Civil Siria mientras buscan supervivientes después de que varios ataques aéreos en Hamoria, al-Ghouta (Siria). — MOHAMMED BADRA / EFE

Se cumplen diez años del inicio de las primeras protestas que pronto dieron lugar a una terrible guerra civil. Una década después, el país está hundido y no parece posible la reconstrucción debido a las sanciones internacionales. Ni en el gobierno de Damasco ni en Occidente hay señales de que vayan a dar su brazo a torcer, lo que prolongará la miseria de millones de sirios.

 

Las protestas y revueltas que señalaron el inicio del conflicto sirio se iniciaron hace exactamente diez años en la ciudad sureña de Deraa, al calor de los sarpullidos primaverales que azotaron a varios países árabes. Las protestas enseguida dieron paso a la guerra más terrible que el mundo ha visto en muchos años, donde todos los agentes jugaron sucio.

Aunque la literatura publicada suele indicar que las protestas de Deraa fueron espontáneas, nada hay más lejos de la realidad. El último embajador de Estados Unidos en Damasco, Robert Ford, tenía la debilidad de recorrer el país incitando abiertamente a la rebelión, y las actividades encubiertas de distintos servicios secretos occidentales, con el británico a la cabeza, se empeñaron en desestabilizar el país, lo que sucedió de manera despiadada.

Fue necesario esperar varios años para tener la certeza de las injerencias occidentales, publicadas en medios del Reino Unido, Estados Unidos y otros países europeos, aunque estaba al alcance de cualquier observador comprender que los occidentales, sin olvidar a Israel, desde el principio se metieron en el conflicto hasta los corvejones.

Es difícil creer que todos los agentes occidentales implicados creyeran, como dijeron ampulosamente sus líderes, que lo que buscaban era la democracia. Así que cuando, poco después, como era previsible, los yihadistas asumieron el descontrol de la situación, ya todo era irreversible. Para más inri, los occidentales alimentaron generosamente los arsenales yihadistas de manera directa e indirecta.

No solo ocurrió desde las bases occidentales en Turquía, aunque fue desde ese país desde donde más se contribuyó a la desestabilización, sino también desde el sur, desde Jordania y sobre todo desde Israel. La filtración no deseada de un informe interno de los cascos azules desplegados en la línea que separa Israel de Siria, proporcionó abundantes datos sobre los continuos contactos y el apoyo directo, en armas y suministros, de Israel a los yihadistas.

Como donde las dan las toman, el caos sembrado pronto se volvió contra los occidentales con una interminable serie de atentados cometidos por parientes directos de los yihadistas que los occidentales habían engordado y armado hasta los dientes en Siria. Numerosas ciudades europeas vieron cómo corría a borbotones la sangre de sus ciudadanos, que era del mismo color que la que sus delicados mandatarios vertían en Siria.

Los resultados de esta intensa actividad fueron escandalosos. El número de muertos ha sido de 387.000, según el cómputo del opaco Observatorio Sirio de Derechos Humanos de Londres, aunque hay estimaciones superiores. Nadie se ha preocupado de establecer el número de heridos. El número de desplazados, incluidos los que abandonaron el país, es superior a la mitad de la población.

La economía ha naufragado. La libra se ha hundido exponencialmente. Las colas en las panaderías son multitudinarias. Los salarios no sirven para nada. Las infraestructuras están destrozadas y la reconstrucción no está a la vista por la sencilla razón de que los mandatarios occidentales prefieren continuar con las duras sanciones hasta que el país entre en una vía de "democratización".

Los tribunales internacionales tienen trabajo. Se acusa al presidente Bashar al Asad de haber usado armas químicas y de una serie de "crímenes de guerra". Estas acusaciones parecen calmar a los mismos mandatarios occidentales que incitaron y financiaron a los grupos opositores, es decir a yihadistas que rebanaban el cuello a quien se ponía por medio delante de cámaras de vídeo.

El cinismo imperante llega al punto de que los mismos mandatarios que entre lamentos se rasgan las vestiduras una y otra vez atribuyendo ataques químicos del régimen de Damasco, se olvidan de que son responsables de la muerte de un ingente número de sirios, por haber armado y financiado a los grupos opositores después de impulsar la guerra civil.

Está claro que esto no va a cambiar, que las sanciones continuarán vigentes, lo que impedirá la reconstrucción y permitirá que el hambre y la pobreza sigan castigando a toda la población. A los mandatarios occidentales no les importa un comino, porque lo que quieren es implantar una democracia liberal modélica sin contar con la realidad social y religiosa de Siria.

Los occidentales saben que Rusia e Irán, aliados del gobierno de Damasco, no pueden emprender la gigantesca tarea de reconstrucción necesaria por sí solos. Esto significa que los sirios van a continuar hundiéndose hasta convertirse en un país de pobreza extrema y con una sanidad insuficiente, un estadio en el que ya se encuentra pero que siempre podrá agravarse otro poquito más.

El relevo de administración en Washington debería significar un cambio también para Siria, pero el presidente Joe Biden no ha dado ninguna indicación en esa dirección. Washington mantiene unos cientos de tropas en el nordeste del país, justamente donde están los principales yacimientos de petróleo, lo que impide a Damasco acceder a esa riqueza.

Después de diez años de conflicto, el panorama no puede ser más dramático. Con pocas diferencias, los occidentales van a seguir metiendo presión al régimen, lo que va a pagar muy caro el conjunto de la población, mientras que el presidente Asad, salvo imprevistos que no parecen probables, va continuar al mando del país, ostentado el poder pero sin que eso repercuta en el bienestar de la población, algo que ya les va bien a los occidentales.

14/03/2021 08:32

Por Eugenio García Gascón

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Entre el desborde de la pandemia y las protestas, Mercosur se queja de EEUU y busca auxilio en China

Las palabras de los cancilleres del Mercosur deben haber caído como una bomba en los despachos de la Casa Blanca. "Sólo China está escuchándonos, China está golpeando nuestras puertas", dijo el uruguayo Francisco Bustillo, en la conferencia organizada por el centro de pensamiento Atlantic Council, con sede en Washington.

 

En el evento participaron además Felipe Solá, por Argentina, Ernesto Araújo de Brasil, Euclides Acevedo de Paraguay, completando los cuatro países fundadores del Mercosur (Mercado Común del Sur) cuando se cumplen los 30 años de fundación del bloque sudamericano.

Pese a las enormes diferencias ideológicas y políticas, los cuatro cancilleres reclamaron a EEUU que preste más atención a la región, que está siendo cautivada por China que ya es el principal socio comercial de varios de sus países.

Además de quejarse, pidieron ayuda con las campañas de vacunación. Al respecto, Bustillo enfatizó que "Estados Unidos debe escucharnos porque el único que nos presta atención es China, que golpea continuamente nuestras puertas porque el Mercosur somos una región muy rica. Es importante que EE.UU. reconozca que hay un bloque que apoya aún a Occidente, pero se deben preocupar y acercar más a nuestra región".

El argentino Solá, cuyo país ocupa la Presidencia pro témpore del Mercosur, enfatizó que "hay una reconfiguración del tablero internacional y no se puede desconocer el rol protagónico cada vez mayor de China".

En tanto, Bustillo pidió asistencia por el "tsunami económico" que está sufriendo la región por la pandemia de COVID-19. Pero fue el paraguayo Acevedo el más enfático a la hora de denunciar la escasez de vacunas. "Las vacunas deberían ser un bien común universal, pero no las obtenemos debido a la avaricia de algunos", señaló Acevedo.

En Paraguay estos días se registran importantes manifestaciones populares de una población cansada de la pandemia, donde la campaña de vacunación aún no ha comenzado.

Un reciente informe de la edición brasileña del diario El País, plantea la enorme desigualdad en la distribución de vacunas en la región, que se superpone a la que existe en el mundo. Hasta ahora América Latina recibió vacunas para inmunizar apenas el 2,8% de la región, pero el 87% de las dosis se concentran en cuatro países: Brasil, Chile, México y Argentina.

El presidente de la Cruz Roja argentina, Diego Tipping, destacó que "dos tercios de las vacunas fueron destinadas a los países más poderosos y apenas el 0,1% a los 50 países más pobres". En ese sentido, México llevó una demanda por mayor equidad en la distribución al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

De los cuatro países del Mercosur, la mayoría de las vacunas recibidas provienen de Rusia y de China. Argentina viene vacunando con Sputnik V, AstraZéneca y Sinopharm. Brasil fabrica la Sinovac en el instituto Butantan y AstraZéneca en el instituto Fiocruz. En tanto, Uruguay vacuna prioritariamente con Sinovac y cuenta con algunas dosis de Pfizer. Por último, Paraguay recibió vacunas Sputnik V.

El caso de Uruguay es sintomático. Aunque el Gobierno de Luis Lacalle está alineado con Washington, está recibiendo casi dos millones de vacunas de Sinovac y apenas 50.000 de Pfizer, pese que la empresa estadounidense asegura que "Uruguay tuvo prioridad para recibir las vacunas".

Los principales países de la región están considerablemente atrasados en la vacunación. Brasil y Argentina se acercan al 5% con la primera dosis. En contraposición, Chile ya vacunó al 30%, pero Paraguay, Venezuela y Ecuador aún no llegan al 1%.

El viraje político más evidente fue el de Brasil. El presidente Jair Bolsonaro había dicho que jamás compraría vacunas chinas. Esta semana, el Ministerio de Salud envió una carta al embajador de China para que "interceda ante la estatal Sinopharm para que libere 30 millones de dosis del inmunizante".

El Ministerio de Salud es consciente de que Brasil enfrenta una situación especialmente grave, como consecuencia de la variante P1, originaria de Manaos y mucho más contagiosa."El Ministerio de Salud está consciente de la importancia de contener esta cepa e impedir que se difunda por el mundo, recrudeciendo la pandemia", afirma la carta.

La llamada de auxilio de los cancilleres del Mercosur se relaciona con dos hechos de días que tienen un enorme poder desestabilizador, poniendo en jaque a los gobiernos.

El primero y más acuciante es el desborde literal del sistema de salud en Brasil y también en Paraguay. La mayoría de las ciudades brasileñas tienen más del 80% de las plazas de Unidades de Tratamiento Intensivo (UTI) ocupadas. En varias ciudades importantes, como Porto Alegre, el 111% de las camas de UTI están ocupadas, o que indica que hay enfermos esperando en los pasillos.

La desesperación del gobierno de ese estado lo llevó a firmar un convenio para la compra de 10 millones de dosis de Sputnik V para superar la inoperancia del Gobierno nacional.

El segundo problema se deriva directamente del anterior. Los sucesos de Paraguay, con enormes manifestaciones de jóvenes cansados de la pandemia y de la ineficiencia del Gobierno de Mario Abdó Benítez, provocó la renuncia de todo su gabinete para ganar tiempo y conseguir capear la crisis.

Sin embargo, las manifestaciones continúan y nada hace pensar que vayan a desactivarse. Paraguay recibió apenas 20.000 dosis de Sputnik V, entregadas por el Gobierno argentino. Pero hasta ahora vacunó apenas a 4.600 personas, el 0.06% de la población.

Lo que detonó las movilizaciones, según una referente de las ollas populares donde comen miles de paraguayos, "es la crítica situación de la salud, las familias que tienen familiares internados no tienen medicamentos, sin embargo se hizo un préstamo de 1.600 millones de dólares que se esfumó porque no se destinó a la compra de medicamentos, de insumos o equipamiento de hospitales y colapsó definitivamente".

Los demás gobiernos del Mercosur y de la región tienen que haber tomado buena nota de lo que viene sucediendo en Paraguay. No olvidan tampoco que cuando comenzó la pandemia, había protestas importantes en Chile, Ecuador y Colombia, y que en el medio de la pandemia se registró un levantamiento popular en Bogotá contra el abuso policial y otro en Perú contra un golpe parlamentario.

Nadie puede saber si en esta situación de cansancio, de mala gestión de la pandemia y de pobreza creciente, pueden producirse estallidos sociales. A mi modo de ver, esto está detrás de las críticas a EEUU y la pedida de auxilio a China.

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Las políticas exteriores de América Latina en tiempos de autonomía líquida

El debate político y académico en torno de la noción de autonomía que se inició en la Guerra Fría vuelve a cobrar vigencia, pero partiendo de diagnósticos y supuestos diferentes. Las políticas exteriores de América Latina sufren hoy un doble acoso sistémico: los embates de Westfalia y Mundialización, con procesos de concentración y de difusión del poder. En un contexto de agudización de la dependencia de la región, las políticas exteriores deberán prepararse para los escenarios más restrictivos y adversos, fortaleciendo las capacidades de resiliencia frente a acontecimientos inesperados, mitigando riesgos y aprovechando oportunidades.

 

Introducción

En la tercera década del siglo xxi, las políticas exteriores de América Latina están sometidas a un doble acoso sistémico: la intensificación de la disputa hegemónica Estados Unidos-China, con sus consecuentes turbulencias, y la aceleración de una tendencia global hacia el caos y la entropía, con sus derivaciones e incertidumbres críticas. La multiplicación y transversalización de los riesgos globales, así como los desafíos geopolíticos, geoeconómicos y geotecnológicos que plantea la disputa sinoestadounidense, demandarán de mayores capacidades de resiliencia de los Estados-nación para adaptarse y salir adelante de escenarios más restrictivos y adversos. Ese doble juego, en un contexto de deterioro económico-social y de múltiples crisis en los países de la región, introduce nuevas presiones y tensiones en los espacios de autonomía. 

Sobre el final de la segunda década del siglo xxi, el declive relativo del poder estadounidense en el hemisferio occidental viene acompañado de la amenaza del uso de la fuerza, interferencia militar, ruptura de consensos de posguerra y mayor inclinación a la imposición por sobre la consulta y el respeto a las decisiones de los socios. La novedad de esta transición hegemónica con respecto a anteriores es el avivamiento de la rivalidad con China, una potencia no occidental en ascenso que desafía en los campos económico, financiero, tecnológico y comercial a eeuu. Aunque se desconoce la duración del proceso y si China finalmente trasladará su poder económico al campo militar con mayor presencia fuera de sus fronteras, uno de los escenarios plausibles podría ser la elevación de los niveles de pugnacidad como consecuencia de una mayor asertividad y de un más frecuente uso de la diplomacia coercitiva.

Si hoy las narrativas de unidad latinoamericana como Patria Grande, Nuestra América o Indoamérica están en franco retroceso frente a un mosaico de realidades desagregadas sin vínculos con acciones colectivas, ¿ingresamos en una era de postautonomía? ¿Es posible, entonces, seguir pensando en términos de instancias regionales necesarias para preservar la autonomía? ¿Es necesario desarmar los marcos políticos que dieron forma a las concepciones de autonomía y comenzar a diseñar los trazos de nuevas experiencias menos arraigadas en los dogmas, las utopías o las dicotomías, y más realistas, graduales, acotadas o parciales, pero internacionalmente viables? Estos interrogantes constituyen la materia de reflexión de este artículo.

Un mundo de arenas movedizas

Para entender el sistema global contemporáneo, es necesario remitirse a la caída del Muro de Berlín en 1989. El mundo que devino con la Posguerra Fría era lo más parecido a un cosmos para Washington: liderazgo global indiscutido, primavera democrática liberal y auge de la economía de mercado. El famoso «fin de la Historia» era, en realidad, una vuelta de página y un anuncio de futuro redentorio sin contrapesos: la idea de que era posible una sociedad cosmopolita mundial y, en consecuencia, una mayor confianza en el futuro de la paz y la democracia en el mundo. Sin embargo, aquella transición solo trajo consigo un espejismo de mediano plazo: la aparente reducción de la incertidumbre mundial estaba asentada en un excesivo optimismo de las elites occidentales sobre las oportunidades de la globalización.

La era de la entropía en la que están ahora inmersos los Estados-nación es una versión pesimista, en términos normativos y filosóficos, de la famosa teoría de la «interdependencia compleja»1. El crecimiento exponencial de los canales de contacto transnacionales no es fuente exclusiva de beneficios, sino que también multiplica las incertidumbres y transversaliza los riesgos globales. Los más importantes en términos de impacto son ambientales: calentamiento global, fallas en la acción climática, desastres naturales, pérdida de biodiversidad, desastres ambientales provocados por los seres humanos y crisis del agua. A estos se suman los geoeconómicos, geopolíticos, socioespaciales y geotecnológicos: fraude o robo de datos, ciberataques, fallas de la gobernanza global, crisis alimentarias, fallas de planeamiento urbano, armas de destrucción masiva, migración forzada, flujos financieros ilícitos, crisis financieras y pandemias2. Antes, se suponía que la noción de riesgo era un intento de regular el futuro; hoy, los desafíos son del presente y del corto plazo, lo que acorta los tiempos para la cooperación internacional y el diseño de políticas públicas destinadas a mitigarlos.

El escenario actual se parece a una contienda entre dos polaridades: el mundo de las interacciones entre Estados, o Westfalia, de un lado; y el mundo de la globalización y las interacciones transnacionales más allá de los Estados, o Mundialización, del otro. Las tensiones y contradicciones entre un proceso de concentración del poder internacional que supone el primero y un proceso de difusión de ese mismo poder que introduce el segundo son bien palpables. Westfalia pone el acento en los Estados-nación, las fronteras, el territorio, la soberanía y el control de los flujos transnacionales. Mundialización diluye la noción de fronteras, dejando traslucir el papel de los actores no gubernamentales, las grandes corporaciones digitales, la banca financiera multinacional, las organizaciones criminales y los movimientos sociales transnacionales de ambientalistas, feministas o de derechos humanos, entre otros. En este contexto, asistimos a una situación crítica en la que coexisten fuerzas centrífugas y fuerzas centrípetas del orden internacional. La competencia geopolítica y la globalización del capital aumentan las tensiones y plantean desafíos de escala macroscópica y microscópica a la autonomía de los Estados-nación.

Una región en caída libre

A medida que los cambios sistémicos toman cuerpo, se consolida la tendencia a la pérdida de gravitación política de América Latina en el mundo. Cuando se creó la Organización de las Naciones Unidas (onu) en 1945, 20 de los 51 miembros iniciales eran países latinoamericanos. Hoy, son 193 países miembros y la dispersión del voto de la región, así como el menor peso específico del Grupo Regional de América Latina y el Caribe (grulac), le restan aún más influencia como bloque. Según el índice de poder militar de Global Firepower de 2006, Brasil, México y Argentina ocupaban, respectivamente, las posiciones 8, 19 y 33; en 2020, Brasil está en el puesto 10, México en el 38 y Argentina en el 433. En el Soft Power Index, Brasil se ubicó en el lugar 23 en 2015, en el 24 en 2016 y en el 26 en 2019; mientras que Argentina mantuvo el puesto 304. Hoy asistimos a un escenario políticamente fragmentado, en el que las iniciativas de integración regional, como el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad Andina de Naciones (can), la Alianza del Pacífico (ap), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (alba), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) atraviesan situaciones de irrelevancia, estancamiento o desmantelamiento, según el caso.

Al tiempo que la región declina y pierde peso político en Westfalia, se observa una preocupante tendencia a la desinserción económica en Mundialización. Sobresale, en ese mundo, el pronunciado declive de la participación de América Latina en las cadenas globales de valor. De una participación en el total de exportaciones mundiales de 12% en 1955, la región pasó a 6% en 2016, para llegar a su peor performance de 4,7% en 20185. Las solicitudes de nuevas patentes tecnológicas provenientes de la región equivalían a 3% del total global en 2006, bajaron a 2% en 2016 y llegaron a un insignificante 0,62% en 20186. Los gastos en investigación y desarrollo como porcentaje del pib en el transcurso de dos décadas se mantuvieron estancados en un promedio de 0,65%7. La pandemia de covid-19 llevará a la mayor contracción económica de la historia de la región, por lo que revertir esa trayectoria declinante de siglos será aún más difícil.

La impotencia que experimenta la región es, además, consistente con una tendencia que persiste hacia la desintegración y la fragmentación política y económica. El menor volumen del mercado regional y la escasa participación en cadenas de valor regionales se explican por el perfil de especialización productiva y de los socios comerciales predominantes de los países de la región. La especialización se centra en «cadenas cortas» (de pocos países) y de baja complejidad económica, con escaso o nulo valor agregado, como las agroindustriales, en las que el grueso de las exportaciones son bienes finales o intermedios que suelen ser consumidos en el país de destino, lo que disminuye la participación regional «aguas abajo» o en futuras exportaciones de los países que compran a la región. Las dinámicas comerciales empujadas por el ascenso económico de China (el primer socio comercial de Sudamérica, salvo para Colombia, Ecuador y Venezuela, que mantienen a eeuu como primer socio) refuerzan la «primarización» o la escasa diversificación de las economías e incrementan los incentivos para buscar atajos bilaterales fuera de los espacios de convergencia regionales8.

En la tercera década del siglo xxi, los obstáculos a la integración regional serán enormes; es la era de la Cuarta Revolución Industrial, en la que unas pocas potencias tecnológicas y unas pocas empresas digitales tendrán un peso cada vez mayor. La tendencia a la concentración de mercado y geográfica de los polos de innovación en tecnologías disruptivas es alarmante. China y eeuu detentan 90% de las 70 principales plataformas digitales, 78% de las patentes de inteligencia artificial, 75% de las patentes de tecnología blockchain, 50% del gasto global de internet de las cosas y 75% del mercado de computación en la nube9. Si se consolida la tendencia que muestra la región a la dependencia tecnológica, la adquisición de proyectos de transferencia de tecnología «llave en mano» y la falta de inversión en infraestructura y desarrollo científico para la producción y la difusión de tecnologías disruptivas, se estará ya no en una situación de periferia, sino de marginalidad en Mundialización.

Un tablero de disputas

Para abordar la situación geopolítica regional, hay que subrayar un cambio de rango y ritmo en la política de los Estados-nación. La región pasó de un sistema predecible, relativamente constante, con ciertos principios de concertación interestatal y de resolución autónoma y pacífica de conflictos hacia uno inherentemente desconocido, errático, fragmentado y desprovisto de regularidad de comportamientos. Ni escenarios de equilibrio de poder ni de hegemonía regional son ya esperables. Quizás resulte más adecuado referirse a la noción de «vacíos regionales» que son ocupados por potencias extrarregionales y/o empresas transnacionales y actores no estatales, según las capas y tejidos de la geopolítica que estén en tensión. 

A medida que se hace más pronunciado el declive de la región, aumenta su nivel de exposición y vulnerabilidad frente a la interferencia externa. La presencia de eeuu en Centroamérica y el Caribe, así como los lazos con Colombia y Brasil, tienen como pretexto la «guerra contra las drogas» y el acorralamiento a Venezuela, pero su verdadero propósito es incrementar la injerencia militar en la región. La internacionalización de la crisis venezolana y su no resolución tienen como protagonistas a tres grandes potencias extrarregionales: eeuu, China y Rusia. Brasil puede ser un potencial espacio de conflicto para Francia, su vecino de la frontera norte en la Guayana Francesa, que arremete contra la deforestación del Amazonas. La mayor exposición a ciberataques, la presencia ilegal de varias potencias y buques pesqueros en el espacio marítimo del Atlántico Sur, el rearme de Reino Unido en las islas Malvinas o una batalla geopolítica que podría librarse por los recursos naturales en la Antártida ante un eventual escenario de vencimiento del Protocolo de Madrid en 2048 sobre prohibición de la explotación de recursos minerales y la protección del medio ambiente, dejan traslucir el principal dilema de Westfalia en la región: ¿cómo ejercer un control efectivo de los entornos terrestre, marítimo, aéreo, cibernético y espacial que al mismo tiempo preserve la autonomía, en un contexto de declinación pronunciada y de deterioro económico y social?

La competencia geopolítica no es exclusiva del ámbito estratégico y militar. Westfalia intenta, además, domar a Mundialización, llevándola hacia su propio reducto con medidas que tienden a una mayor politización o «securitización» del comercio, las finanzas y las transferencias tecnológicas. El nexo entre seguridad, comercio y finanzas se hace evidente tras el lanzamiento, en 2019, de la iniciativa «América Crece» de eeuu, que busca ofrecer una plataforma para financiar a su sector privado y contrarrestar el avance de proyectos chinos en la región, como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (conocida también como la nueva Ruta de la Seda), propuesta en 2013, y el Banco Asiático de Inversión e Infraestructura, creado en 2014. En tanto, la vinculación entre seguridad, control de datos y tecnología es palpable en el intento del Departamento de Estado de prohibir a Huawei y detener el avance de la tecnología 5g de origen chino en la región. Como respuesta, existe una decisión de Beijing de impulsar activamente una diplomacia más coercitiva y asertiva. La denominada «diplomacia de los lobos guerreros»10 es reflejo de un discurso más confrontativo de los embajadores chinos, pero también síntoma de una elevación de los niveles de tensión con eeuu y Taiwán, de una mejor calibrada y quirúrgica penetración política y económica en la región a través de acuerdos con gobiernos subnacionales y de una todavía resistente agenda política que vincula asistencia o ayuda con objetivos diplomáticos, como muestran los casos de establecimiento de relaciones con Panamá en 2017, República Dominicana y El Salvador en 2018, o la mayor presión recibida por Paraguay durante la pandemia en 2020; todos estos, países que tenían estrechas relaciones con Taiwán, considerado por China como una provincia. 

Si bien son palpables una elevación de los niveles de pugnacidad y una ampliación de los rangos de disputa en la región, sería errado sostener que la politización de Mundialización coloca a los gobiernos latinoamericanos frente a una disyuntiva o cálculo de elección entre pertenecer a uno u otro bloque. No asistimos a una segunda Guerra Fría, sino a una intensificación de una disputa hegemónica en un marco de profunda interdependencia económica entre ambas potencias. Las capas económicas, financieras, comerciales, tecnológicas y migratorias entre Washington y Beijing están imbricadas. Washington y Moscú intercambiaron solo 4.000 millones de dólares en 1979, el mejor año. Hoy, eeuu y China comercian ese monto en solo tres días de intercambios. Las inversiones entre ambos alcanzaron los 260.000 millones de dólares, y la tenencia de bonos del Tesoro en manos chinas es de 1,6 billones11. De allí emerge la gran contradicción de este tiempo: mientras Westfalia y las batallas geopolíticas dividen a eeuu y China, Mundialización y las dinámicas de la economía política internacional los unen.

Surfeando en la autonomía líquida

A lo largo de la historia, para América Latina, la noción de poder no ha estado centrada principalmente en la influencia, sino en la autonomía. Como señala Benjamin Cohen, la influencia es poder sobre otros, la autonomía es poder para implementar políticas y resistir presiones12. Las conceptualizaciones convencionales sobre las grandes potencias se preguntan cómo lograr lo primero, los enfoques teóricos que abordan como objeto de estudio a los países de la periferia se plantean cómo incrementar lo segundo. Por eso, la autonomía ha estado siempre en el corazón de las investigaciones sobre política exterior del Sur global.

La conceptualización de la autonomía en América Latina se inicia en la Guerra Fría y tiene como padres fundadores a Juan Carlos Puig en Argentina y a Helio Jaguaribe en Brasil. Aquellas interpretaciones partían de dos premisas fundamentales en el campo de las relaciones internacionales: a) el sistema internacional es jerárquico, y no anárquico, como sostienen los realistas y los liberales, y b) los proyectos nacionales y las creencias de las elites determinan el tipo de relaciones a que aspira un país con las grandes potencias. La noción de «autonomía heterodoxa» se caracterizaba, así, por una disposición de la elite a no confrontar totalmente con los intereses estratégicos de la potencia dominante, pero en simultáneo postular un proyecto en gran medida disidente, especialmente en lo que hace a la defensa de los intereses nacionales13

Una segunda ola de estudios sobre la autonomía hace su aparición en la Posguerra Fría. En el «realismo periférico» de Carlos Escudé, la noción de autonomía aparece asociada a la idea de confrontación producto de una sobreestimación del margen de maniobra de los Estados débiles, que no distinguía entre la autonomía que un Estado posee (que es consecuencia de su poder) y el uso de esa autonomía14. En la primera década del siglo xxi, Roberto Russell y Juan Tokatlian retoman ese debate, planteando la noción de «autonomía relacional». A diferencia de Escudé, sostienen que la «autonomía relacional» no es confrontación ni aislamiento, sino disposición de un país a actuar de manera independiente y en cooperación con otros, en forma competente, cooperativa y responsable15. Los autores proponen, además, una escala de grados a lo largo de un continuo cuyos extremos son dos situaciones ideales: dependencia total o autonomía completa. La autonomía, desde esta categorización, es siempre una cuestión de grado que depende fundamentalmente de las capacidades, duras y blandas, de los Estados y de las circunstancias externas a las que se enfrentan16.

Hay, finalmente, una tercera ola de estudios que aporta una diferenciación analítica de la autonomía, ya no en cuestión de grados, sino en la clasificación de los subtipos de autonomía. Los académicos brasileños Tullo Vigevani y Gabriel Cepaluni clasifican la noción de autonomía para explicar la evolución del caso brasileño en tres formas: «autonomía en la distancia», cuando el país confronta con las normas e instituciones internacionales y con la gran potencia, a la vez que tiende al aislamiento y el desarrollo autárquico; «autonomía en la participación», cuando la orientación externa se basa en un compromiso por la gobernanza global y las instituciones multilaterales; y «autonomía en la diversificación», cuando se asienta principalmente en las relaciones con el Sur global17. La «autonomía con adjetivos» habilita la comparación sincrónica entre países y la comparación diacrónica de un mismo país a lo largo del tiempo. 

El debate sobre la autonomía hoy continúa vigente, pero parte de diagnósticos y supuestos diferentes de aquellos que dieron origen a las reflexiones de los padres fundadores en el Cono Sur. En primer lugar, las actuales tensiones entre Westfalia y Mundialización son una manifestación de las contradicciones que genera un orden internacional en el que coexisten fuerzas centrífugas y fuerzas centrípetas, tanto en el plano estatal como en el no estatal, que combina simultáneamente niveles de concentración y difusión del poder, dinámicas de conflicto y de interdependencia, de competencia geopolítica y de cadenas de inserción en la globalización, de control territorial y de flujos transnacionales, en escalas macroscópicas y microscópicas18. En segundo lugar, la autonomía ya no es una disposición que ejerce de manera libre y deliberada exclusivamente una elite: las sociedades son más complejas y la política exterior no es distinta del resto de las políticas públicas. En la actualidad, las fronteras que definen la orientación externa de un país están abiertas a la influencia e interposición de distintas e intrincadas dinámicas multiactorales (entre actores estatales y no estatales) y multinivel (entre gobiernos nacionales y subnacionales).

Lejos de la solidez inquebrantable de la «autonomía heterodoxa» de la Guerra Fría, la autonomía hoy sigue siendo posible, pero es más líquida y frágil. La sociología reflexiva del cambio ofrece una interpretación válida sobre el comportamiento de los Estados19. En un mundo entrópico, las condiciones de actuación de los países pueden cambiar antes de que las formas de actuar se consoliden en conductas determinadas. Frente al doble acoso sistémico que plantean los procesos de transición hegemónica y de entropía e incertidumbre –los embates de Westfalia y Mundialización– en un escenario de agudización de la dependencia de la región, las políticas exteriores latinoamericanas tienen menor margen para la contestación o la resistencia. Sin embargo, eso no debe llevar a un juicio imposibilista y paralizante que únicamente preste atención a los limitantes de estructura y subestime las potencialidades de agencia. La construcción de horizontes posibles y viables para la acción externa está tanto en reconocer la fragilidad de los escenarios globales y regionales como en la capacidad de los Estados de anticiparse y ser resilientes frente a la adversidad y los acontecimientos inesperados, mitigando riesgos y aprovechando oportunidades.

El no alineamiento o la neutralidad como alternativa a una subordinación automática, ya sea a Beijing o a Washington, aparece hoy en la retina de académicos y políticos20. La prescripción normativa de mantener una posición equidistante frente a las dos potencias es correcta, pero insuficiente para un mundo y una región que cambiaron. Para mejorar la capacidad negociadora y fortalecer la respuesta frente a la multiplicación y transversalización de riesgos globales, los países de la región que busquen preservar márgenes de maniobra deben pensar menos en el «espíritu de Bandung» y más en un «espíritu de abacc Plus». La agencia de control nuclear entre Argentina y Brasil (abacc), creada en los años 90, es un ejemplo que perdura en un terreno dominado por potencias nucleares. También la reciente alianza entre México y Argentina para producir la vacuna contra el coronavirus o el Centro Argentino-Brasileño de Biotecnología (cabbio) son muestras del potencial de las agendas de nicho. Sin embargo, será también necesario que esas agendas técnicas escalen hacia una comunidad de sentido que solo surgirá de la existencia de un sustrato político, económico y social cimentado por valores comunes, intereses mutuos y objetivos estratégicos compartidos entre países de la región.

Reflexiones finales

El horizonte futuro de América Latina estará signado por un conjunto de tensiones que se derivan de la confluencia de crisis simultáneas asociadas a riesgos globales: crisis sanitarias, crisis de desigualdad social, crisis climáticas y de pérdida de biodiversidad, y crisis de endeudamiento y de inestabilidad financiera. La convergencia de esas crisis compromete las perspectivas de desarrollo sostenible de los países, multiplicando los riesgos, aumentando la imprevisibilidad de los escenarios futuros y reduciendo la capacidad de respuesta del Estado y de la sociedad. Estos riesgos sistémicos repercuten, además, en una disminución de las propiedades de resiliencia y las capacidades de adaptación de las políticas exteriores, las cuales resultan estratégicas frente a los escenarios de concentración del poder en Westfalia y a las tendencias de difusión del poder en Mundialización. Para preservar los márgenes de autonomía y limitar al máximo la interferencia externa, las políticas exteriores tendrán que jugar inteligentemente en las deficientes instituciones regionales existentes, pero de manera complementaria forjar sociedades estratégicas múltiples con distintos países que podrán encabezar, según sus trayectorias, diferentes agendas temáticas, tales como salud, género, reducción de desigualdades sociales, ambiental, infraestructura, regulación de la tecnología, protección de recursos naturales, financiamiento externo, transferencia tecnológica, entre otros. Se deberá seleccionar y priorizar «enclaves de autonomías» a través de diplomacias de nicho. No solo gobiernos centrales, también provinciales y locales, actores de la sociedad civil, científicos, empresarios y ciudadanos pueden contribuir a reforzar una renovada «diplomacia 3m» (multidimensional, multiactoral y multinivel). Será necesario anteponer las cuestiones temáticas a las dogmáticas, trazando lazos entre los campos técnicos y los ámbitos políticos, económicos y sociales de la cooperación regional.

En tiempos de «autonomía líquida», la preservación de márgenes de maniobra dependerá más de la anticipación y la adaptación que de la rigidez. El debate en relación con las políticas exteriores parece haber dejado atrás la dicotomía entre autonomía y dependencia, para girar en torno de una diferenciación analítica de grados y tipos de autonomía. Ello implica considerar que existen constantes transacciones entre ambas lógicas ante una complejización de los actores, las agendas y las dinámicas externas. La «autonomía líquida» es un tipo de «autonomía con adjetivos» que supone proactividad, variaciones y flexibilidad ante los desafíos y las oportunidades que plantean los escenarios de Westfalia y Mundialización. También puede implicar cierto tipo de pragmatismo defensivo para ofrecer concesiones en temas específicos que serán funcionales para ganar márgenes de maniobra y resultados en otras batallas. Hoy no se trata de «autonomía en la resistencia», sino de «autonomía en la resiliencia». Quizás el desafío de estos tiempos sea prepararse para los escenarios futuros más restrictivos o adversos, comprendiendo las potencialidades y los limitantes que plantean los entornos mundiales y regionales, para poder articular políticas que contribuyan a alcanzar los escenarios más deseables con objetivos estratégicos de cooperación regional modestos, alcanzables y realizables en el corto y el mediano plazo.

  • 1.

Randall L. Schweller: «The Age of Entropy» en Foreign Affairs, 16/6/2014.

  • 2.

Foro Económico Mundial: «Global Risks Report 2020», 12/2020, disponible en https://reports.weforum.org/global-risks-report-2020/.

  • 3.

Global Firepower: «Military Strength Ranking», Ginebra, 12/2020, www.globalfirepower.com/countries-listing.asp.

  • 4.

Soft Power Index: «The Soft Power 30: A Global Ranking of Soft Power 2019», Portland / Facebook / USC Center on Public Democracy, 12/2020, https://softpower30.com/wp-content/uploads/2019/10/The-Soft-Power-30-Report-2019-1.pdf.

  • 5.

Banco Mundial: «Solución comercial integrada mundial (WITS)», 12/2020, https://wits.worldbank.org/default.aspx?lang=es.

  • 6.

WIPO: «Solicitudes internacionales de patente por país de origen», 12/2020, www.wipo.int/export/sites/www/pressroom/es/documents/pr_2020_848_annexes.pdf#annex2.

  • 7.

Banco Mundial: «Gasto en investigación y desarrollo (% del PIB)», 12/2020, https://datos.bancomundial.org/indicador/gb.xpd.rsdv.gd.zs?locations=zj-z4,.

  • 8.

Daniel Schteingart, Juan Santarcángelo y Fernando Porta: «La inserción argentina en las cadenas globales de valor» en Asian Journal of Latin American Studies vol. 30 No 6, 2017.

  • 9.

Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD): Digital Economy Report 2019, Ginebra, 12/2020, https://unctad.org/es/node/27419.

  • 10.

Xhou Zhu: «Interpreting China’s ‘Wolf-Warrior Diplomacy’» en The Diplomat, 12/2020.

  • 11.

Congressional Research Service: «US-China Trade and Economic Relations: Overview, 2020» en Focus, 12/2020, https://crsreports.congress.gov/product/pdf/if/if11284.

  • 12.
  1. Cohen: Currency Power: Understanding Monetary Rivalry, Princeton UP, Nueva Jersey, 2015.
  • 13.

María Cecilia Míguez: «La autonomía heterodoxa y la clasificación de las políticas exteriores en la Argentina» en Revista de Relaciones Internacionales, Estrategia y Seguridad vol. 12 No 2, 2017.

  • 14.

José Briceño Ruiz y Alejandro Simonoff: «La Escuela de la Autonomía, América Latina y la teoría de las relaciones internacionales» en Estudios Internacionales vol. 49 No 186, 2017.

  • 15.
  1. Russell y J. Tokatlian: «De la autonomía antagónica a la autonomía relacional: una mirada teórica desde el Cono Sur» en Perfiles Latinoamericanos No 21, 2002.
  • 16.

Letícia Pinheiro y Maria Regina Soares de Lima: «Between Autonomy and Dependency: The Place of Agency in Brazilian Foreign Policy» en Brazilian Political Science Review vol. 12 No 3, 2018.

  • 17.
  1. Vigevani y G. Cepaluni: «A política externa de Lula da Silva: a estratégia da autonomia pela diversificação» en Contexto Internacional vol. 29 No 2, 2007.
  • 18.
  1. Tokatlian: «Crisis y redistribución del poder mundial/Crisis and Redistribution of World Power» en Revista CIDOB D’Afers Internacionals No 100, 2012.
  • 19.

Zygmunt Bauman: Modernidad líquida, FCE, Ciudad de México, 2015.

  • 20.

Carlos Fortín, Jorge Heine y Carlos Ominami: «Latinoamérica: no alineamiento y la segunda Guerra Fría» en Foreign Affairs Latinoamérica vol. 20 No 3, 7-9/2020.

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El entonces vicepresidente de EEUU Joe Biden saluda al Papa Francisco en una visita al Vaticano en abril de 206. REUTERS

Mientras el avión del Papa Francisco y su sequita de 20 hombres, y unos 70 periodistas, escoltado por las cazas estadounidenses, aterrizaba en el aeropuerto de Bagdad, cientos de familias cristianas del norte de Iraq huían con lo puestos y en el frío invernal de los bombardeos del miembro de la OTAN, Turquía, que un día sí y otro también ataca los refugios de la guerrilla kurda del PKK en el Kurdistán iraquí, riéndose del "Irak soberano".

Para empezar, aclaro que aquí tratamos al Pontífice, no "como peregrino penitente" ni como "persona física", sino la máxima autoridad del Vaticano, institución convertida en uno de los poderes blandos más fundamentales de la política exterior de EEUU para la conquista de nuevos espacios o consolidar su posición en cualquier punto del planeta. Y es justamente esta función de la Santa Sede lo que inquieta la visita de Francisco al corazón de Oriente Próximo, Irak.

El uso de la religión como arma por el colonialismo y el imperialismo contra a sus adversarios y rivales se intensificó a finales de los setenta cuando EEUU, tras perder las guerras de Corea y Vietnam, vio cómo las fuerzas de izquierda tomaban el poder en Nicaragua, Granada y Afganistán, mientras en Irán, vecino de la Unión Soviética, el Sha era derrocado por una revolución espontánea y democrática. Por lo que, decide potenciar la extremaderecha judía, cristiana e islámica contra los "ojos y Ateos": En 1978, Washington realiza tres movimientos en los países con frontera con la URSS: 1) Manda a decenas de miles de terroristas "yihadistas" desde Pakistán a Afganistán para derrocar a su gobierno socialista; 2) traslada a ayatolá Jomeini de Irak a Francia para firma un pacto: él abortará la revolución y perseguirá a los comunistas a cambio de cumplir su sueño: instaurar el gobierno de Mahoma en Irán; 3) patrocina en Polonia al ultra católico Lech Walesa para desmantelar el socialismo en la eslabón más débil del espacio soviético y habrá un cuarto movimiento: convierte en el Papa al cardenal polaco-antisoviético Karol Wojtyła​, para que cumpla con dos misiones: destruir el socialismo en Europa Este y acabar con la Teología Cristiana de Liberación en América latina. La Santa Alianza de EEUU con el fascismo religioso aun hoy goza de una magnífica salud.

Hoy se reanuda esta Luna de Miel entre Washington y el Vaticano, después de cuatro años de del asilacionismo gestionado por Donald Trump, el único presidente de EEUU que no ha lanzado ninguna guerra en los último 40 años. Joe Biden, un practicante del catolicismo romano que ha colgado la foto de Francisco en el Despacho Oval le felicitó al Papa por su visita a Iraq, país que él mismo apoyó su destrucción por George Bush cuando fue senador, al que siguió lanzando bombas sobre su gente cuando hizo de vicepresidente de Obama.

La visita de Francisco al Cáucaso sur, frontera con Rusia, también encaja en esta estrategia Anaconda del Vaticano-EEUU.

Irak: el centro de operaciones del Pentágono

Más que su petróleo, Iraq es importante para Washington por estar ubicado en el corazón de Oriente Próximo, desde donde puede vigilar a Turquía, Irán y Arabia Saudí, y el Golfo Pérsico-al que le han quitado la identidad-, a beneficio del expansionismo de Israel. La instalación de la embajada más grande del mundo de 42 hectáreas, que costó a los iraquíes saqueados unos 750 millones de dólares para albergar a 16. 000 empleados está en línea de esta política. La colonia de EEUU alberga, además, una docena de bases militares como Ain al-Assad, Abu Ghraib, Grizzly, Kadhimiya, o Ninewah, Taji, y unos 300.000 soldados, asesores, contratistas, mercenarios, etc.

En este contexto, la visita del papa sucede cuando:

  • 18 de febrero: en cumplimiento de la orden de Biden, la Misión de la OTAN en Irak (NMI) anunciaba el envío de 4.000 nuevos militaresa Irak, que ya han ingresado en la base de Ain al-Assad.
  • 20 de enero: el día de su investidura, Biden anunció el fin del aislacionismo trumpista y el regreso del imperialismo militar al escenario mundial. El control sobre Iraq, que tuvo lugar en 2003 -basado en 7 mentiras al servicio de 10 objetivos-, es vital para ir reconfigurando el mapa de Oriente Próximo a la medida de los intereses de Washington. La decisión de Biden explica la reactivación de los "yihadistas" del Estado Islámico (ejército de mercenarios dirigido por el Pentágono), que durante la Administración Obama-Biden fue trasladado de Siria a Iraq, por lo que no nos sorprendió entonces ver que Obama se negaba a luchar contra el grupo terrorista.
    Sólo una día después, y tras casi nueve meses de calma, un doble atentado suicida en el mercado central de Bagdad mató a 32 civiles e hirieron a unos 100.
    La elección de Biden ha robado el sueño a los iraquíes: En 2007 el Congreso de EEUU aprobó su propuesta en forma del proyecto de ley no vinculante que proponía al gobierno de EEUU dividir Irak en tres regiones semiautónomas, árabe-chiíta, árabe-sunita y kurdo-sunnita, como "la única fórmula para pacificarlo" aunque su objetivo real era y es su balcanización y convertirlo en miniestados controlables.
  • 25 de febrero: Biden se estrena bombardeando a las fuerzas de Irán en Siria, y mata a unos 30 hombres. Y como las guerras suelen ser sucias, John Kirby, el secretario de prensa del Pentágono, en un intento de "divide y gobierna" afirmó que los datos de la ubicación de dichas milicias habían sido facilitados por el gobierno iraquí y lo kurdos. El Ministerio de Relaciones Exteriores iraquí, Fuad Hussein tuvo que desmentirlo categóricamente e incluso viajar a Teherán para aclarar el asunto.
  • 29 de enero: Explosión frente a la Embajada de Israel en Nueva Delhi. India la vincula con Irán.
  • 1 marzo: Explosión en un barco israelí de transporte de vehículos en las aguas del Golfo de Omán. Netanyahu acusa a Irán y promete represalia. Teherán no sólo niega su implicación, sino que insinúa un "autoatentado".
  • 3 de marzo: ataque con 10 cohetes a la base de la OTAN en Ain al-Assad, Iraq, sin que nadie lo reivindicara.
  • 12 de febrero: Turquía lanza la "Operación Garra-Águila 2" en la región kurda de Irak contra PKK en la que mueren una veintena de kurdos y soldados turcos. Ankara teje con paciencia y contundencia el sueño de anexionar parte del territorio iraqui, empapado de Oro Negro.

Los iraquíes, en realidad, esperaban la visita del Papa del Vaticano en 2003 y como un "escudo humano" ante el anuncio de Bush de sepultar el país y su gente bajo un manto de bombas, sangre y cenizas en nombre de Jesús  (había dicho "Y Dios me dijo: George, pon fin a la tiranía en Irak, y yo lo hice"). ¿Por qué ahora, en medio de la pandemia, que ha arrebatado la vida de decenas de miles de iraquíes, de la que ni se ha salvado el embajador del Vaticano en Bagdad, arzobispo Mitja Leskovar?

A pesar de que EEUU y el Vaticano habían pactado la seguridad del Papa con los patrocinadores de las milicias armadas (Arabia saudí e Irán, principalmente), Bagdad impuso un toque de queda de cuatro días que duró la visita papal, perturbando el normal desarrollo de la vida de los ciudadanos: ¿A caso el papa quería visitar un país fantasma?

Cristianos de Irak

Los fieles a Jesús en Irak no superan pocos cientos de miles en una población de 39 millones. Y aquí llaman la atención dos datos que tuvieron lugar antes de la invasión del 2003:

  1. Iraq tenía 24 millones de habitantes, en parte gracias a algunos derechos que la mujer habia logrado (como acceso gratuito a los anticonceptivos) bajo una dictadura que sí exterminó a los comunistas y socialistas.
  2. El millón y medio de cristianos iraquíes, al igual que otras minorías religiosas, vivían sin miedo en su milenario hogar. El ministro de Relaciones Exteriores de Sadam fue Tariq Aziz, un caldeo cuyo nombre original era Mikhail Yuhanna. Después, la mayoría huyó, al igual que los yazidíes (lo correcto es "izadíes") .

Los cristianos iraquíes están organizados en unas catorce escuelas, entre ellas: la caldea con un centenar de iglesias vinculadas con el catolicismo, mientras las ortodoxas Siríaca, Griega, Evangélica, o la armenia mantienen buenas relaciones con el Vaticano. Se cree que Santo Tomas vivió en la estratégica Mosul visitada por Francisco,  o que Abraham, el patriarca de las religiones semíticas, nació en Ur, el mismo profeta qie abandonó a su mujer-esclava Agar y su hijo en común Ismael en el desierto con la misma actitud de menosprecio hacia la mujer que aún persiste en el Vaticano. Pero, Ur es histórico por ser donde se inventó la rueda, se redactó el código de Hammurabi, y se utilizó el aceite como combustible por primera vez en la historia conocida.

En el 410, en el Concilio de Seleucia-Ctesifonte, todos los cristianos del Imperio persa se reunieron en la capital, cerca de la actual Bagdad («Jardín de Justicia» en persa), para formar una sola iglesia: la Iglesia de Oriente, proceso paralizado por los invasores mogoles en el siglo XIII y la conversión de sus dirigentes al islam.

La misión del Papa Francisco

  • Dar una otra imagen del régimen de Irak, títere de EEUU e Irán (donde ambos países cohabitan para el disgusto de Israel y Arabia Saudí), distinta a la realidad: independiente, demócrata, y tolerante con el credo de los ciudadanos, cuando cientos de iraquíes progresistas han sido secuestrados y asesinados por los paramilitares vinculados con el poder.
  • Invitar a los cristianos emigrados a regresar a Irak, y pedir a los musulmanes y cristianos a unirse por la paz. Pero ¡Si la guerra continua y puede intensificarse en cualquier momento! Iraq tiene un primordial papel en el Gran Juego entre EEUU-Israel e Irán. El Papa debe saber que la mayoría de los 5 millones de iraquíes, de todos los credos y de ninguno, que han abandonado su país, lo han hecho por años de bombardeo por una treintena de países y el bloqueo económico de 12 años impuesto por la ONU que mató a 2 millones de personas. Tanto Juan Pablo II como Benedicto criticaron a EEUU por sus guerras, no por pacifista, sino por haber vaciado la región de cristiano y destruir buena parte de su patrimonio religioso. La respuesta de Obama-Biden fue incluir al Vaticano en la lista de los estados que lavaban el dinero. Luego sucederá la extraña "primavera vaticana" y la dimisión del Papa alemán.
  • Ofrecer apoyo a la comunidad cristiana asediada y menguante de Irak. ¿Qué tipo de apoyo y qué papel tendrá la CIA en ello?
  • Aportar un reconocimiento internacional a la teocracia respaldada por potencias extranjeras. El gobierno iraquí no siente la necesidad de ser reconocido por sus propios ciudadanos
  • Resucitar el tinglado de "Diálogo interreligioso", en el que los ayatolás, muftíes, rabinos y cardenales se dan besos y abrazos, escenificando, sin querer, una realidad: que estas guerras no son "civiles, ni religiosas" sino un enorme negocio entre las potencias mundiales y regionales celebrado sobre millones de vidas destrozadas trabajadoras. La guerra de EEUU contra Iraq en 1991 tenía unos objetivos, la del 2003 otros, y diferente a la que hoy se está gestando. A este factor, se añaden las ambiciones de la casta clerical que, textos sagrados en mano, atiza el fuego çde enemistad entre diferentes comunidades con el objetivo de "divide y vencerás".
  • Mantener la división entre los ciudadanos por su fe y en líneas religiosas. Pero, mientras las élite compuesta por los burgueses de todos los credos viven como colegas en paz y fortuna, la clase trabajadora, de todos los credos, que vive en la absoluta miseria, ya se está encargando de arrebatar el sueño y la paz a la kakistocracia que regenta el país. Los políticos han sido incapaz de reconstruir la estructura de Estado: Irak ha sido convertido en un Estado Fallido. Su gobierno ni controla la capital, ni siquiera la fortaleza de la Zona Verde. El 20 de diciembre, ocho cohetes impactaron en la Embajada de EEUU. La situación de la mujer,  como la mitad de la población, refleja la naturaleza de la actual situación.

El lugar de Irán en esta visita

La repercusión dada por la prensa occidental al encuentro del Papa con el Gran Ayatolá Ali Sistani (1930, Irán) no sentó bien ni a los eruditos sunníes de Iraq, ni mucho menos a Ali Jamenei, que se autoproclama el líder de los chiítas del mundo, a pesar de haber estudiado la teología sólo hasta alcanzar el grado de "Hoyat-ol-Eslam", dos rangos por debajo de Ayatolá y Gran Ayatolá.

La prensa de la región colocó a Sistani frente a Jamenie: un religioso humilde, sin una cuenta bancaria, popular y accesible, que nunca había ordenado la matanza de miles de sus críticos desarmados (musulmanes y chiitas incluidos), que ni se presenta "el representante" de los santos en la Tierra como el caudillo de Irán. Sistani se opuso a Ayatolá Jomeini cuando éste se convirtió en un califa en Irán en 1978 rompiendo la tradición milenaria chiita de apartarse del poder político. La de Irán es la primera teocracia clerical chiita de la historia cuya consecuencia ha sido una crisis de legitimidad del chiimo sin precedente y un laicización de la sociedad iraní, tras estar sometida en un nacionalislamismo con los tribunales inquisidores incluido.

Este choque está reflejado en las dos principales escuelas chiitas del mundo: la dirigida por Sistani en la ciudad santa de Nayaf de Irak con unos 900 años de historia, independiente del poder, y la que dirige Jamenei en Qom, Irán, con unos cien años, y cerca de 80.000 "talabé" «seminaristas-cura» que dependen de las subvenciones públicas y aplican las leyes prehistóricas a raja tabla y sin piedad. Numerosos ayatolás han sido apartados de estas escuelas (el último, Kamal Heidari) otros estuvieron en el arresto domiciliario (Mohammad Montazeri, el representante de la "Justicia social islámica"), y otros están en la cárcel (Hossein Boroujerdi, desde 2006).

La ONU ha publicado una lista de 24 cristianos iraníes encarcelados, acusados de "actuar contra la seguridad nacional", frase hecha preparada para acusar a todos los críticos, por un régimen que ha prohibido la libertad de asociación, expresión, prensa, y la religión en nombre de Alá: mientras se limita los derechos de los armenios, se persigue a quienes salen del islam para convertirse al cristianismo u otros credos. De hecho, el Papa ha visitado países "musulmanes" como Egipto, Turquía, Marruecos, Emiratos Árabes Unidos y Azerbaiyán, pero no ha recibido ninguna invitación de Teherán: los ayatolas temen que hable de los derechos humanos, de la pena de muerte (Irán es el país con mayor número de ejecuciones per cápita del mundo, y supera a China en números absolutos, país que tiene casi 20 veces más población),  de la persecución de las minorías religiosas y étnicas, etc., o que su visita sea aprovechada por millones de ciudadanos para manifestarse contra la casta clerical-militar gobernante, que ha convertido el país en uno de los más aislados del mundo.

Ningunear a los ayatolás de Irán es una herramienta más en manos de Biden para que se conformen con su parte del pastel en Iraq, y no aspiren más. La Administración Obama-Biden entregó el gobierno de Iraq a Nouri al-Maliki, próximo a los ayatolás de Irán, con la esperanza de que esta cohabitación con Irán le permitiese pacificar Iraq y poder trasladar parte de las tropas a cercar a China. Incluso permitió que Qassem Soleimani y sus milicias se convirtiesen en un actor determinante en la política iraquí, a pesar del disgusto delos árabes e Israel: hubo una ola de atentados realizados por todos ellos, con los sufridos iraquíes en el medio.

La posición de Francisco y Biden respecto a Irán ha sido Palo y Zanahoria para los ayatolás de Irán. El Papa apoyó el acuerdo nuclear entre Irán y las potencias mundiales del 2015 y se reunió con el presidente Hassan Rohani un año después, quien dejará su cargo en las elecciones del junio del 2021, en favor de otro seguramente más duro con los ciudadanos iraníes.

Se gesta una nueva catástrofe en la región, ante la ausencia de las fuerzas progresistas y un movimiento antimilitarista en el mundo, en la que la religión volverá a ser una tapadera de infames intereses.

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Domingo, 07 Marzo 2021 05:59

La lucha por la vida del pueblo saharaui

La lucha por la vida del pueblo saharaui

De las célebres palabras de Karl von Clausewitz, que sostienen que la guerra es la continuación de la política por otros medios, podemos intuir que las armas son buenas guardianas de la economía y, en ocasiones, condición para la paz y la vida digna.

Voluntad de paz y vida digna definen al pueblo saharaui. Apostaron por la paz durante casi 30 años de alto al fuego bajo condiciones de despojo, a la espera de un referéndum de autodeterminación. Creyeron en la paz pese a que Marruecos levantara 2 mil 720 kilómetros de muro sembrado de millones de minas antipersona que han causado muerte y soledad, desplazamiento y pobreza.

En noviembre de 2020, el Frente Polisario, movimiento de liberación nacional del pueblo saharaui, retoma la lucha armada. ¿Qué lleva a un ejército popular a declarar estado de guerra? A esta pregunta la precede otra: ¿Qué lleva a un pueblo a crear un ejército popular?

Mientras el mundo en el siglo XX avanza hacia la descolonización, la dictadura de Franco convierte la colonia del Sahara español en una provincia más cuyos habitantes adquieren la ciudadanía española. A pesar de la argucia, en 1963 la Organización de Naciones Unidas (ONU) incluye al Sahara Occidental en la lista de territorios a descolonizar. El franquismo prometió un referéndum que nunca llegaría.

En ese escenario, se crea el Movimiento de Liberación, cuyo referente, Basiri, será detenido y desaparecido en 1970 durante una manifestación anticolonial que acaba con varios muertos y numerosos heridos por la Legión Española, que abre fuego contra la multitud. Bebiendo de esos lodos, nace en 1973 el Frente Polisario (Frente Popular por la Liberación de Saguia Hamra y Río de Oro), que recurre a la guerra de guerrillas para luchar contra la ocupación española y defender su derecho a la independencia.

En 1975 se decide el destino próximo de este pueblo. Documentos de la CIA desclasificados en 2019 revelan el proyecto geoestratégico de Estados Unidos para sacar a España del territorio. El todavía príncipe Juan Carlos, alertado, negocia con el secretario de Estado Henry Kissinger la entrega del Sahara a cambio del apoyo estadunidense al futuro rey. Moribundo el dictador, Juan Carlos asume la jefatura del Estado y firma un pacto secreto con Estados Unidos y Marruecos. Consumada la traición, el hoy rey emérito va al Sahara y defiende ante sus tropas el derecho del pueblo saharaui a ser libre. No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo. Cuatro días después, la Marcha Verde entra a territorio saharaui con miles de colonos respaldados por el ejército marroquí. Las tropas españolas dejan hacer. España entrega el territorio a Marruecos y Mauritania a espaldas de la ONU, a cambio de ventajas comerciales y aguas para la pesca.

Retirada España del territorio en 1976, el Polisario proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La ocupación cambia de actores, el conflicto se intensifica y comienza el éxodo de miles de saharauis a campos de refugiados en Argelia, donde malviven al día de hoy alrededor de 173 mil 600 personas.

El Frente Polisario hará capitular a Mauritania, no así a Marruecos, que tutelado por Estados Unidos con apoyo de inteligencia militar, recursos y armas, levanta el muro de la vergüenza que divide el Sahara en dos. Al este, territorio libre, sin acceso al mar; al oeste, territorio ocupado, mil 200 kilómetros de costa con acceso a codiciadas aguas pesqueras del Atlántico y los mejores yacimientos de fosfato del mundo. Asoman los motivos económicos y el carácter extractivista de la guerra colonial.

En 1991 se declara un alto al fuego. Marruecos se compromete a convocar un referéndum. Compromiso a la altura del que otrora asumiera el régimen franquista. Ese alto al fuego es el que se rompe en noviembre de 2020. Tras 24 días de movilización de civiles saharauis en la brecha ilegal del Guerguerat, protestando por la pasividad de la ONU, el ejército marroquí ataca incursionando en zona desmilitarizada y el frente responde defendiendo a los civiles; se intercambian disparos. El Frente Polisario declara el estado de guerra y moviliza a sus tropas.

Horas antes de la acción militar en Guerguerat, el general de división estadunidense Andrew Rohling se reúne con el comandante marroquí de la zona ocupada. En diciembre, Estados Unidos reconoce por vez primera la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. Un Estado saharaui independiente no es una opción realista para resolver el conflicto, la auténtica autonomía bajo la soberanía marroquí es la única solución viable, dirá Donald Trump. De nuevo, la voluntad de guerra custodiando espurios intereses económicos.

El gobierno de la RASD y el Frente Polisario responden condenando el inédito paso: “constituye una flagrante violación de la Carta de Naciones Unidas (…). El pueblo saharaui continuará su legítima lucha para completar su soberanía por todos los medios y asumiendo los sacrificios que esto requiere”. Y de nuevo, la voluntad de vida digna levantando la cerviz sobre la infamia.

Por Vanessa Pérez Gordillo y Raúl García, periodistas

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Sin Trump, Bolsonaro oscila entre EEUU y China

El diputado bolsonarista Daniel Silveira está preso por exaltar el Acta Institucional 5 de la dictadura militar (1964-1985) que anuló el poder de los jueces, además de amenazar en un vídeo al sistema judicial. En los hechos, se trata de un enfrentamiento de poderes entre el Ejecutivo y la máxima institución judicial, que muchos consideran un intento para "contener los ataques a la democracia" del actual Gobierno.

 

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, enfrenta el momento más grave de la pandemia, con unidades de tratamiento intensivo desbordadas y un crecimiento exponencial de contagios y muertes.

Brasil enfrenta una crisis en la estatal Petrobras, ya que nombró a un militar en la presidencia y las acciones cayeron de forma abrupta, y otra con la justicia por el encarcelamiento de un diputado amigo, acusado de amenazar a jueces del Tribunal Supremo Federal.

La crisis en Petrobras se debe a la incertidumbre con que el Gobierno maneja el futuro de la principal empresa del país, comandada ahora por el general Joaquim Silva e Luna, quien se desempeñó como ministro de Defensa durante el Gobierno de Michel Temer (2016-2018). En un año los precios de la gasolina aumentaron un 35% porque la dirección de la petrolera decidió atarlos a los precios internacionales del crudo, lo que implica un fuerte lastre para la economía y un creciente descontento de los camioneros que amenazan con paros.

La crisis entre poderes se viene agravando y todo indica que se va a profundizar. El último día de febrero el ministro Gilmar Mendes, del Supremo Tribunal Federal, realizó su ataque más duro contra la Operación Lava Jato (que llevó a la cárcel a Lula, a la cúpula del PT y de Odebrecht), al comparar sus métodos con el Primer Comando de la Capital, una de las mayores organizaciones criminales de Brasil dedicada al narcotráfico.

Sin embargo, el Club Militar se despachó con un comunicado de apoyo al diputado encarcelado. Tanto el presidente Bolsonaro como su vice, Hamilton Mourao, son miembros destacados del Club Militar, que acusa al Supremo de arbitrariedad y de ser un aliado de la izquierda. "¿Por qué los amparados por el Poder Judicial siguen siendo los criminales condenados?", dice la carta, en clara alusión a Lula y otros acusados por Lava Jato.

Pekín y Washington tironean a Bolsonaro

El principal problema de Bolsonaro se encuentra en el escenario internacional. La derrota de Donald Trump lo dejó en la orfandad, a la defensiva y sin saber cómo posicionarse, ya que sus críticas e ironías contra China se le vuelven en contra, incluyendo las que lanzó contra la vacuna Sinovac que se fabrica en Brasil y es la que está permitiendo la vacunación masiva.

La académica Karin Costa Vázquez, del Centro de Estudios BRICS de la Universidad de Fudan (Shanghái, China) y directora ejecutiva del Centro de Estudios Afro-Latinoamericanos y del Caribe en Jindal Global University (India), sostiene que a pesar de las coincidencias sobre China, el Gobierno de Biden sigue con "preocupación" el alineamiento de Brasilia con Trump.

Costa Vázquez analiza una carta del senador estadounidense Robert Menéndez a Bolsonaro, sobre las declaraciones del canciller Ernesto Araújo, que cuestionó la limpieza de las elecciones con idénticos argumentos a los de Trump. Menéndez preside el poderoso Comité de Relaciones Exteriores del Senado y pidió a Bolsonaro que se una a EEUU para "condenar la incitación a la violencia", en referencia al ataque del 6 de enero al Capitolio por partidarios de Trump.

Pese a todo, la carta mantiene un tono amistoso, ya que para la Casa Blanca cuenta con Brasil "para contener la creciente influencia tecnológica, económica y comercial de Pekín en Latinoamérica". En efecto, Brasilia y Washington coinciden en dejar fuera a China en el proceso de licitación de las redes 5G así como en la sospecha de que los préstamos para infraestructuras son un modo de China para posicionarse en los países de la región.

Sin embargo, la presión de la Casa Blanca "empuja aún más a Bolsonaro y Araújo contra la pared", estima Costa Vázquez en South China Morning Post. Un Gobierno frágil como el de Biden, acosado internamente por el trumpismo y más aislado en lo internacional que los anteriores Gobiernos demócratas, rechaza el apoyo de Bolsonaro a gobernantes de extrema derecha. A medida que los vientos soplan en otras direcciones, Brasil y Bolsonaro "se encuentran cada vez más aislados".

¿Se sumará Bolsonaro a la ofensiva de Biden?

Sin duda la Administración Biden está dispuesta a negociar con Bolsonaro su apoyo a la ofensiva antichina, pero puede exigirle algún gesto que lo desmarque de las huestes de Trump. La columnista de South China Morning Post estima que Bolsonaro se verá cada vez más presionado para reemplazar al canciller antiglobalista, Ernesto Araújo, por un diplomático más moderado, a expensas de su decisión de convertir el Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasil, conocido como Itamaraty, en una plataforma para mantener movilizados a sus seguidores más radicales.

En efecto, el canciller parece un fusible adecuado. Se sitúa en el bando más ideologizado y radical del espectro de Bolsonaro, es enemigo de la globalización, de Rusia y de China, esgrimiendo un discurso de la guerra fría muy similar al de Trump.

Según la nota de South China Morning Post, se abren tres escenarios estratégicos ante el Gobierno de Brasil.

El primero consiste en continuar su alineamiento automático con EEUU en detrimento de China, aún suavizando la retórica contra la globalización. La desconfianza con China está instalada y no va a retroceder.

El segundo escenario sería que Brasil optara por una estrategia propia de expansión y diversificación en Asia, estrechando alianzas con la India pero sin alejarse de China. Como señala Costa Vázquez, el ministro de Economía, Paulo Guedes, apuntó en esa dirección para ampliar la presencia de Brasil en la agroindustria global. "Si podemos tener el mismo flujo comercial con la India que tenemos con China, Brasil alimentará a la mitad de la población del planeta".

Un tercer escenario en el que Brasil no aparezca alineado con ninguna de las dos potencias parece poco probable. China necesita a Brasil y Brasil necesita a China. Las relaciones con EEUU no van tanto por el lado económico, financiero y comercial, sino por los viejos lazos diplomáticos y, sobre todo, militares.

Sin embargo, a medida que el escenario global y regional va cambiando, el margen de maniobra de Bolsonaro parece estrecharse. Brasil ya no es la potencia regional capaz de liderar a los países suramericanos y las elecciones se acercan de forma peligrosa para el presidente: el próximo año puede ser el último de su Gobierno, si no consigue acotar las crisis antes mencionadas (internas e internacionales), que pueden ser tan depredadoras como está siendo la pandemia del COVID-19.

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Un niño sentado sobre los escombros tras un bombardeo de la coalición saudí en Sanaa, Yemen, en octubre de 2019. — Reuters

Con el cambio de administración, Washington ha prometido cambios sustanciales en su política en el Golfo Pérsico, especialmente en relación con los derechos humanos. El problema es que los mandatarios se resisten a abandonar las vigentes formas de gobierno porque que si lo hacen pueden perder el poder. El equipo de Biden tendrá que hallar un terreno común sin cuestionar demasiado las autarquías tradicionales.

 

Oriente Próximo se halla inmerso en un gran lío endémico que se agravó con Donald Trump. La situación debe cambiar rápidamente puesto que ya se ha escapado de las manos, algo de lo que es consciente el actual presidente americano Joe Biden, quien tiene la oportunidad de enderezar algunos de los múltiples problemas que asolan la región.

Aunque parece imposible que todos los conflictos, de Irán a Libia y de Siria a Yemen, vayan a resolverse de la noche a la mañana, es necesario que la administración cambie el paso cuanto antes en el Golfo. La problemática más acuciante vinculada con el Golfo es la de Yemen, un país hundido en un sinfín de calamidades a las que Estados Unidos y Europa han contribuido con la venta masiva de armas.

En un artículo aparecido en Foreign Affairs, el senador Chris Murphy afirma que la política de Estados Unidos en esa zona está "desfasada" y es preciso "reformatearla" para evitar que las catástrofes avancen al ritmo que lo han hecho en los últimos años.

Murphy fue uno de los primeros senadores en oponerse a la campaña militar de saudíes y emiratíes en Yemen, instando a Washington a suspender la venta de armas a los dos países. En 2017 acusó a la administración Trump de complicidad en los crímenes de guerra cometidos en ese país y a finales de 2018 defendió una ruptura con el príncipe saudí Mohammad bin Salman por su implicación en el asesinato de Jamal Khashoggi.

Sin embargo, Murphy ha defendido las políticas de Israel en los territorios palestinos ocupados, firmando con el lobby judío AIPAC una carta dirigida en 2016 al presidente Barack Obama exigiéndole que rechazara las medidas "unilaterales" de las Naciones Unidas contra el estado judío. Israel respalda e incita a Arabia Saudí y los Emiratos en la guerra de Yemen, un conflicto estrechamente vinculado a toda la región.

En la época de Carter, el 29% de la energía que consumía EEUU provenía del Golfo, mientras que hoy ese porcentaje desciende al 13%

A finales de los años 70 el presidente Jimmy Carter estableció una doctrina que consideraba que el Golfo Pérsico era "vital" para los intereses de Estados Unidos, doctrina que sigue vigente a pesar de que la realidad ha experimentado cambios notables desde entonces.

En la época de Carter, el 29% de la energía que consumían los Estados Unidos provenía del Golfo, mientras que hoy ese porcentaje es solo del 13% y sigue descendiendo. Esta realidad, dice el senador Murphy, debe modificar la actitud de Washington de manera que se refuercen los valores de Estados Unidos y se priorice la paz y la estabilidad.

Sin embargo, no está claro que la propuesta de Murphy sea fácil de llevar adelante. Es cierto que Biden y su administración han hablado en repetidas ocasiones de los derechos humanos en Oriente Próximo, pero también es cierto que una imposición forzada podría desestabilizar una región que se sustenta sobre valores ajenos a la experiencia occidental.

Una prueba es que este fin de semana numerosos países han expresado su apoyo al príncipe saudí Bin Salman en el caso Khashoggi. Las recientes críticas de Washington al príncipe no han sentado bien a los demás países de la zona, cuyos líderes han pensado que si Biden se carga a Bin Salman, ellos pueden ser los siguientes, de ahí que se hayan solidarizado con el príncipe.

Murphy argumenta que a largo plazo la represión destruirá a los países del Golfo, por lo tanto es necesario que sus líderes se responsabilicen de los derechos humanos.

Las políticas que han guiado a la administración Trump durante los pasados cuatros años han sido desastrosas. Es necesaria una sacudida, pero lo difícil es determinar hasta dónde puede llegar el cambio sin excederse para no provocar un efecto más negativo.

Lo más urgente es poner coto a las aventuras militaristas de los Emiratos Árabes Unidos desde Yemen hasta Somalia pasando por Libia. El príncipe emiratí Mohammad Bin Zayed ha arrastrado a Bin Salman en muchas de esas aventuras que solo logran desestabilizar a Oriente Próximo y que hasta ahora han encontrado el respaldo de Washington, que ha alimentado los conflictos perpetuos de la región.

Otra prioridad es alcanzar un acuerdo con Irán y con él un entendimiento entre Teherán y los países del Golfo que espoleados por Israel prefieren la confrontación a pesar de que sus intereses son distintos a los de Tel Aviv.

Una causa y consecuencia de todos estos conflictos es la multimillonaria venta de armas que satisfacen a la insaciable industria americana y europea. Murphy propone que las armas que se vendan a esos países sean defensivas y no ofensivas con el fin de limitar los conflictos y las violaciones de los derechos humanos.

También propone que Estados Unidos reduzca el número de bases militares que se multiplicaron tras la invasión de Irak en 2003, bases que no compensan lo que cuestan al contribuyente. Es posible que los Emiratos y Arabia Saudí se opongan a esta idea, pero el senador considera que sería positiva para evitar una permanente carrera de armamentos.

 

segovia

02/03/2021 07:15

Por Eugenio García Gascón

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El primer bombardeo de Joe Biden: Estados Unidos atacó Siria

Veintidos miembros de una milicia proiraní habrían muerto en el noreste de Siria

El ataque destruyó tres camiones cargados con municiones provenientes de Irak

Un ataque aéreo de Estados Unidos contra instalaciones de una milicia iraquí apoyada por Irán dejó al menos 22 combatientes muertos en una zona del noreste de Siria fronteriza con Irak, informaron activistas y el Pentágono, en la primera acción militar del Gobierno de Joe Biden y a días de una histórica visita del papa Francisco a Irak. "Bajo la dirección del presidente Biden, fuerzas militares estadounidenses realizaron a principios de esta noche ataques aéreos contra la infraestructura utilizada por milicias respaldadas por Irán en el este de Siria", confirmó este viernes el vocero del Pentágono. El Departamento de Defensa de EE.UU. dijo que había llevado a cabo ataques aéreos en un punto de control fronterizo entre Siria e Irak usado por esos grupos, destruyendo "múltiples instalaciones".

La organización Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH) dijo que 22 personas murieron luego de que el ataque destruyera tres camiones cargados con municiones provenientes de Irak cerca de la ciudad de Bukamal, en el noreste de Siria. Todos los muertos pertenecían a la fuerza de Hashed al-Shaabi, patrocinada por el estado de Irak y que agrupa a diversas milicias pequeñas que tienen vínculos con Irán, agregó el OSDH. El departamento de Defensa dijo que el objetivo eran facciones de la poderosa coalición de paramilitares iraquíes respaldados por Irán de Hashd al Shaabi, Kataeb Hezbolá y Kataeb Sayyid al Shuhada. Kataeb Hezbolá, uno de los grupos más radicales, calificó los ataques de "agresión bárbara" y "crimen atroz que viola el derecho internacional". A su vez el ministerio de Defensa iraquí negó cualquier coordinación con Washington en este ataque.

El ataque de la noche del jueves, la primera acción militar ordenada por Biden, llegó después de tres ataques con cohetes contra instalaciones situadas en Irak y que son utilizadas por las fuerzas estadounidenses y de la coalición que asesoran y entrenan a tropas iraquíes que combaten al grupo islamista radical Estado Islámico (EI). Uno de esos ataques, a un complejo militar en Erbil, la capital de la región kurda, el 15 de febrero, mató a un civil y a un contratista extranjero que trabajaba con las fuerzas de la coalición y en él resultaron heridos varios contratistas estadounidenses y un soldado.

El secretario de Defensa estadounidense, Lloyd Austin, dijo estar "confiado" en que los bombardeos golpearon "a los mismos milicianos chiitas que cometieron los ataques" del 15 de febrero, en declaraciones a periodistas mientras volaba de California a Washington. Austin dijo que él recomendó a Biden emprender la acción. "Dijimos varias veces que íbamos a responder a nuestros tiempos. Queríamos estar seguros de la conexión y queríamos estar seguros de que eran los blancos correctos", agregó.

Más temprano, el vocero del Pentágono John Kirby dijo que la acción había sido una "respuesta militar proporcionada" que se había adoptado junto con medidas diplomáticas, incluyendo consultas con los socios de la coalición de fuerzas extranjeras en Irak. "Estos ataques fueron autorizados en respuesta a los recientes ataques contra el personal estadounidense y de la Coalición en Irak, y a las continuas amenazas a ese personal", dijo Kirby en un comunicado. Kirby dijo que el objetivo era un punto de control fronterizo utilizado por grupos armados iraquíes respaldados por Irán. "La operación envía un mensaje inequívoco: el presidente Biden actuará para proteger al personal estadounidense y de la coalición", agregó el portavoz del Pentágono.


Los ataques en Irak llevados a cabo por grupos que operan bajo la dirección de Irán supusieron un desafío para la nueva administración de Biden, en un momento que abre la puerta a reanudar las negociaciones con Teherán sobre su programa nuclear. La creciente violencia entre Estados Unidos y esas milicias en Irak llega a una semana de la llegada del papa Francisco, en el primer viaje de un Pontífice al país árabe y su primer viaje desde el inicio de la pandemia. El Gobierno estadounidense dice que quiere restablecer el acuerdo de 2015, del que el expresidente Donald Trump salió en 2018, y que tiene como objetivo congelar las aspiraciones nucleares de Irán. Pero Washington también considera a Teherán como una amenaza continua para la seguridad en Medio Oriente y sostiene que no tolerará "actividades malignas" llevadas a cabo por la República Islámica.

Estados Unidos sospecha que Irán está buscando una oportunidad para vengar el asesinato por fuerzas norteamericanas del general Qasem Soleimani, un año atrás.
Soleimani, un alto oficial del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán, fue el enlace clave de Teherán con los grupos y personalidades aliados en Irak, Siria, Líbano y otras partes de la región. Murió en un ataque con aviones no tripulados estadounidenses justo cuando llegaba a Bagdad para reunirse con los principales funcionarios iraquíes. En el mismo bombardeo falleció el líder de Hashed al-Shaabi, Abu Mahdi al-Muhandis. Desde sus muertes, las milicias iraquíes proiraníes parecen haberse vuelto incontrolables, y analistas dicen que se han separado como táctica para reivindicar ataques con diferentes nombre y ocultar su participación en ellos.

El portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, dijo el lunes que Estados Unidos "responsabilizaría a Irán por las acciones de sus representantes que atacan a los estadounidenses", pero que no "arremeterá" y correrá el riesgo de desestabilizar a Irak.


El número de soldados estadounidenses en Irak se ha reducido significativamente a 2.500, y las tropas ya no participan de ofensivas contra el EI, sino que se limitan a asesorar y entrenar a las fuerzas iraquíes.


Apoyo para Siria de su aliado y llamado a la paz de la ONU

Rusia condenó el ataque de Estados Unidos

 

"Condenamos firmemente esas acciones e instamos a que se respete, sin condiciones, la soberanía y la integridad de Siria", afirmó la portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajarova, en una rueda de prensa

 

Rusia condenó este viernes los bombardeos estadounidenses contra milicias pro-Irán en el este de Siria, la primera operación militar del presidente estadounidense Joe Biden. "Condenamos firmemente esas acciones e instamos a que se respete, sin condiciones, la soberanía y la integridad de Siria", afirmó la portavoz de la diplomacia rusa, Maria Zajarova, en una rueda de prensa. "Reafirmamos nuestro rechazo a todas las tentativas de transformar Siria en un ruedo en el que saldar cuentas de la escena geopolítica", agregó.

En guerra desde 2011, la Siria del presidente Bashar al Asad ha contado con un apoyo militar masivo y crucial de Moscú desde 2015. El viernes, una oenegé reportó la muerte de 22 combatientes en unos bombardeos del ejército estadounidense la víspera en el este de Siria. Fronterizo con Irak, ese territorio está controlado por milicias pro-Irán que combaten junto al régimen de al Asad. Los ataques, que Washington calificó de "defensivos", se produjeron luego de tres ataques recientes en Irak imputados a grupos armados pro-Irán.

El viernes, el ministro ruso de Relaciones Exteriores, Serguéi Lavrov, lamentó que Washington hubiera avisado a Moscú de los bombardeos tan solo "cuatro o cinco minutos" antes de llevarlos a cabo. "Este tipo de advertencia no sirve de nada cuando los bombardeos ya están en curso", afirmó.

Además, Lavrov sugirió que Washington no tenía intención de abandonar Siria, pese a la retirada anunciada por el expresidente estadounidense Donald Trump. "Habrían decidido no irse de Siria [...] hasta el hundimiento del país", sostuvo Lavrov. "Es muy importante para nosotros entender cuál será la línea estratégica de Estados Unidos sobre el terreno y en la región", agregó, afirmando que las fuerzas armadas rusas y estadounidenses tenían contacto en Siria de vez en cuando.

A su turno el Gobierno de Siria afirmó que el bombardeo perpetrado esta madrugada por Estados Unidos en el este del país árabe, presuntamente contra milicias proiraníes aliadas de Damasco, "traerá consecuencias" que incrementarán la tensión en la región.

"Siria condena en los términos más enérgicos la agresión estadounidense contra su soberanía, que va contra las leyes internacionales y la carta estatutaria de la ONU, (...) y alerta de que esta agresión traerá consecuencias", dijo el ministerio sirio de Exteriores en un comunicado difundido por la agencia oficial siria, SANA.

Asimismo, llamó a Estados Unidos a cambiar su "estrategia agresiva" contra el país árabe, así como a dejar de violar su soberanía y de "apoyar" a grupos "terroristas armados" que atacan a Siria, su gente y su infraestructura, de acuerdo con la nota.

El departamento gubernamental informó de que el bombardeo se produjo durante una visita a Damasco del enviado especial de Naciones Unidas para Siria, Geir Pedersen, lo que interpretó como un reflejo de la "indiferencia" de Washington hacia el papel internacional en la resolución del conflicto.

"Esta descarada agresión en un nuevo episodio en la serie de ataques constantes del Ejército israelí, la denominada 'Coalición Internacional (liderada por EEUU contra el Estado Islámico), la ocupación turca y aquellos cometidos por organizaciones terroristas", sentenció, al enumerar a sus enemigos.

A su vez el secretario general de la ONU, António Guterres, pidió este viernes contención a todas las partes tras el ataque aéreo lanzado por Estados Unidos contra milicias proiraníes iraquíes en el este de Siria. Según su portavoz, Stéphane Dujarric, Guterres está siguiendo de cerca lo ocurrido y está “preocupado por la volátil situación en la región”. El jefe de Naciones Unidas llama “a todas las partes a ejercer contención y a evitar una escalada” de las hostilidades, señaló Dujarric preguntado en su conferencia de prensa diaria. 

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