MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

EU y la “anarquía que viene” en Colombia y Venezuela, según Robert D. Kaplan, de Stratfor
Pareciera respuesta a mi artículo Nueva visión geoestratégica de Brasil” (Bajo la Lupa, 18/7/12), ya que al día siguiente, la superestrella de la geopolítica de los superhalcones de Estados Unidos y flamante colaborador de Stratfor, Robert D. Kaplan, publicó “La fuente del poder de EU”, que encubre ominosas amenazas de desestabilización tanto de Colombia, en forma “sorprendente”, como de Venezuela (por la propaganda negra consabida), mediante la aplicación de los conceptos geopolíticos del holando-estadunidense Nicholas J. Spykman, quien se ha puesto de moda en los círculos geoestratégicos de Brasil y EU.


Cabe destacar que el artículo sobre la “Nueva visión geoestratégica de Brasil” causó fuerte impacto en el cono sur al día siguiente (Vermelho, 19/7/12).


El controvertido portal Stratfor fue desnudado por Anonymous en sus nexos con la CIA, Israel y la filial en México del superfascista Committee on the Present Danger.


La geobiografía del israelí-estadunidense Robert D. Kaplan (soldado cabal del ejército de Israel), que apoyó la invasión de Estados Unidos a Irak, evidencia el choque conceptual de las geopolíticas de Estados Unidos y Brasil: miembro del Consejo de Política de Defensa con el secretario Robert Gates, consultor de las tres ramas del ejército de Estados Unidos y considerado por Foreign Policy entre los “100 primeros pensadores (sic) globales (sic)”.


A mi juicio, Robert D. Kaplan representa el heraldo del Pentágono para palpar el pulso de sus adversarios y/o amenazarlos. Su indeleble artículo “La anarquía que viene” (Atlantic Monthly, febrero de 1994) cautivó al presidente Clinton y, de hecho, anunció “premonitoriamente” el caos geopolítico global posterior a los polémicos atentados del 11/09.


Los “análisis” de Robert D. Kaplan han sido demolidos, con justa razón, como poco ortodoxos y sin rigor. No importa. Aquí vale más el mensaje trascendental del heraldo que su cualidad académica.


Aduce que pese a la hegemonía de Estados Unidos en el gran Caribe y a su control geopolítico hasta la frontera del Amazonas, “donde ningún poder significativo puede desafiar a Estados Unidos”, paradójicamente “Estados Unidos no puede contar con la estabilidad de Colombia o Venezuela, aun cuando la guerra de las drogas continúa en su frontera norte”.


Así que “Estados Unidos puede dominar el gran Caribe” pero, con todo y su “poderío, no puede garantizar la estabilidad (¡súper sic!) en ningún lugar de la región misma”.


Robert D. Kaplan define “La fuente del poder de EU”, con enfoque geopolítico, que representa el gran Caribe, lo cual hace temer que el Pentágono pretende recuperar lo perdido en Latinoamérica –que ya empezó: Haití, Honduras y Paraguay, después de su abandono durante la década fallida de la “guerra contra el terrorismo” de la aciaga fase de Baby Bush– y hasta librar una tercera guerra mundial termonuclear contra los nuevos inquilinos indeseables de Latinoamérica (Irán, Rusia y China).


Robert D. Kaplan define el gran Caribe desde Yorktown (¡súper sic!) hasta las Guyanas (¡súper sic!), es decir, “desde los estados a la mitad del océano Atlántico de Estados Unidos hasta las selvas del norte de Sudamérica (¡súper sic!)”, con base en una extensión del concepto de “hemisferio occidental” del geoestratega Spykman en 1942.


Por cierto, la línea Yorktown-Guyanas llega a la frontera de Brasil y deglute a todas las islas del gran Caribe.


El gran Caribe de Robert D. Kaplan choca con la definición de “Sudamérica” del profesor universitario brasileño Ronaldo Carmona.


Para Spykman, según Robert D. Kaplan, el hemisferio occidental no está dividido entre Norte y Sudamérica, sino entre “las latitudes norte de la gran barrera de la selva amazónica y la latitud sur de ésta”. ¡Qué fuerte!


La “barrera natural” del Amazonas, a mi juicio, balcanizaría de facto el concepto de “Sudamérica” de Brasil, al Mercosur y al mismo Brasil.


Se deduce que Argentina y Chile serían más “sudamericanos” que Brasil y quedarían a la merced de una doble asfixia desde la Antártida y las islas Malvinas.


Robert D. Kaplan trastoca la geografía en beneficio de los intereses geopolíticos irredentistas de Estados Unidos y sentencia que “Venezuela no es para nada un país sudamericano. Es un país caribeño: la mayor parte de su población 28.8 millones vive en el norte a lo largo del mar Caribe, lejos de sus selvas al sur”. ¿Dónde quedarían Perú, Ecuador, Bolivia, Paraguay y Uruguay?


Estados Unidos, a su juicio, constituye la “potencia hegemónica del hemisferio occidental con la salvedad del Ártico canadiense y el cono sureño (sic) de Sudamérica que incluye las zonas grises (sic) de Bolivia, Ecuador y Perú, más allá del cinturón de seguridad esculpido (sic) por la armada de EU”.


Lo interesante: “con el hemisferio occidental bajo su dominio, Estados Unidos fue capaz de afectar el balance del poder en el hemisferio oriental. Las victorias de Estados Unidos en las dos guerras mundiales y en la guerra fría fueron originalmente construidas sobre la geopolítica del gran Caribe”. ¡Sin duda!


Considera “una exageración (sic) decir que Estados Unidos perdió su control del gran Caribe” y juzga en forma despectiva que hasta su “Guardia Costera (¡súper sic!) es capaz de manejarla”.


A su juicio, los problemas hoy provienen del “contrabando masivo de drogas de México y Centroamérica a Estados Unidos y por una presencia comercial robusta de China en el Canal de Panamá y Venezuela”. Cita a Colombia como “un Estado fallido parcial” y a Venezuela como asiento del “radicalismo anti EU” cuando las “apuestas son elevadas debido a la ampliación del Canal de Panamá en 2014 que aumentará el trafico marítimo global de Colombia y Venezuela”.


Me salto las diatribas contra Venezuela y concluyo brevemente con el linchamiento a Juan Manuel Santos, a quien culpa de la resurrección de las FARC y quien “ha cambiado retóricamente su política exterior lejos de la amistad con Estados Unidos y más hacia un acomodamiento con Venezuela y Ecuador”. Se le pasó el espectacular acercamiento geoeconómico de Santos con China.


En realidad, Venezuela es tan caribeña como es sudamericana (ver Radar Geopolítico, Contralínea, “EU captura el mar Caribe frente al BRIC”, 21/2/10).


La novedad no es que Estados Unidos considere al mar Caribe como su mare nostrum ni que busque desmontar tanto a los BRICS como al Mercosur, sino que por medio de su heraldo predilecto anuncia la “anarquía que viene” en Colombia y Venezuela, para impedir la nueva conexión con China e incendiar la jungla amazónica de Brasil.


Conclusión. Mi hipótesis: Estados Unidos controla hegemónica y geopolíticamente el gran Caribe y deja hacer, si es que no promueve, la “anarquía que viene” en Colombia (citada antes que Venezuela, debido a su singular característica bioceánica) para incitar “cambios de régimen” que se coordinen con la irredentista agenda hemisférica y global de Estados Unidos.


En el caso de México, no está en juego el “cambio de régimen” –que Estados Unidos avasalla desde la Revolución– sino el control de los hidrocarburos en el Golfo de México (parte sustancial del gran Caribe), donde en forma paulatina Estados Unidos comienza a recuperar sus “activos” mediante la expulsión española de Repsol en América Latina y del megaescándalo del “lavado” del banco británico HSBC exhibido por el Senado de Estados Unidos después del “accidente ambiental” de BP.


Los “lavados” (ampliamente expuestos por un servidor desde hace mucho) son eso: sirven para las “limpiezas energéticas y financieras” con objetivo geopolítico.


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@AlfredoJalife

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Si los alauitas se unen a la revuelta será el final del régimen sirio
“Su esposo se ha marchado a Alepo, la dueña del Tigris”, anuncia la Primera bruja de Macbeth, pero Shakespeare se equivocó un poco en la ubicación geográfica. Alepo está a 110 kilómetros del Mediterráneo. Antigua sí es: se le menciona en las tablillas cuneiformes de Ebla, que datan del tercer milenio antes de Cristo; perteneció a los hititas y al emperador Justiniano, y las ruinas de sus murallas, construidas en el siglo XIV, aún se ven sobre la capital revolucionaria del norte de Siria.


Esa es la cuestión. Si bien el drama del asalto de la semana pasada al régimen de Bashar Assad en Damasco conmocionó al mundo árabe, el súbito brote de violencia en Alepo, esta semana, fue en cierta forma más importante. Alepo es la ciudad más rica de Siria –infinitamente más que Damasco–, y si la revolución ha tocado ahora este centro de riqueza, entonces puede ser que el acuerdo tácito entre el gobierno controlado por los alauitas y las clases medias sunitas se esté resquebrajando en verdad.


Como cuna de la agricultura –el Éufrates está sólo 110 kilómetros al este–, Alepo es también sede del Centro Internacional de Investigación Agrícola en las Zonas Secas (Icarda, por sus siglas en inglés), una de las instituciones más destacadas del mundo en su campo. Eleva la producción en Asia y África, en un área en la que viven mil millones de personas, 50 por ciento de las cuales viven de la agricultura. Entre los donantes están Gran Bretaña, Canadá, Estados Unidos, Alemania, Holanda, el Banco Mundial… los que el lector guste y mande. Y sus 500 empleados aún trabajan en Alepo.


Por desgracia, su principal estación de investigación, en Tel Hadya, a 35 kilómetros de Alepo, fue atacada por hombres armados que robaron vehículos –para usarlos como “técnicos”, con ametralladoras montadas–, así como maquinaria y computadoras. Por fortuna el banco de genes de Icarda está seguro y ha sido duplicado fuera de Siria. El gobierno trasladó un retén militar a un lugar más cercano a las instalaciones del instituto en Tel Hadya –el ministerio sirio de Agricultura siempre ha sido una de las instituciones más progresistas de Damasco–, pero está por verse en los próximos días si sirvió de algo.


La revolución se ha extendido por toda Siria. Por desgracia, ahora parece haber una tónica baazista de destruir poblados sunitas en las afueras del corazón alauita, la “frontera” del Alauistán en la vasta planicie agrícola de la provincia de Hama, bajo las montañas donde yace Qardaha, la ciudad natal de Assad.


El miércoles pasado, por ejemplo, dos helicópteros sirios atacaron el pequeño poblado sunita de Haouch y obligaron a sus 7 mil habitantes a correr por su vida. Durante dos semanas, Haouch y otras pequeñas aldeas sunitas han sido atacadas con proyectiles; cierto, contienen rebeldes, pero existe la creciente sospecha –sin pruebas, conste– de que se trata de una política deliberada del partido Baaz para preparar la partición de Siria por si Damasco cae. Ominosamente, esta “frontera” de fuego coincide casi con exactitud con el “Estado de los alauitas” creado en forma temporal por el mandato francés después de la Primera Guerra Mundial, que dividió a Siria en naciones diminutas, en parte siguiendo líneas sectarias.


Existen iguales sospechas, debo añadir, de que la primera gran masacre de gargantas rebanadas y ejecuciones en la aldea sunita de Hula, el 25 de mayo, podría haber sido en represalia por el intento de envenenamiento del cuñado de Bashar Assad, Asef Shakwat, a quien los rebeldes por fin abatieron en el bombazo de Damasco, el miércoles pasado. Otros dicen que ese intento fue más reciente, pero todo lo que ocurrió y ocurre en Siria está conectado.


Pensemos en el tenue contorno del viejo mini Estado francés de Haurán, donde las comunidades drusas de Siria viven ahora en creciente discordia con el régimen de Assad. Este mes hubo un peligroso brote de secuestros en la región, resuelto sólo después de que Walid Jumblatt, el líder druso libanés, hizo una serie de llamadas telefónicas a prominentes drusos de Siria.


El propio Jumblatt ha tenido una relación vacilante entre hostil y amistosa con la familia Assad, pero no hay duda de su postura actual. La semana pasada, el líder llamó tanto a los drusos como a los alauitas de Siria a unirse a la revuelta contra el régimen de Assad. Incluso ha atacado a sus aliados en Moscú, al sostener que el apoyo ruso a Assad “ya no es aceptable, ni en lo moral ni en lo político”.


Y no lo dice sin razón. Tres drusos sirios han muerto en la revolución este mes. Majd Zein, miembro druso del Ejército de Siria Libre, pereció durante un ataque a Rastán. Shafiq Shuqayr y Yasser Awwad fueron ejecutados por el ejército al ser descubiertos ayudando a soldados a desertar en la zona de Lajat. Ahora Jumblatt llama a los alauitas a unirse a la revolución en vez de permanecer como una minoría dependiente de Assad para sobrevivir. “Les digo que deben decir que son sirios antes que alauitas.”


Una estadística final para explicar la revolución fuera de Damasco. Las cifras más recientes muestran que 58 por ciento de la población siria menor de 24 años está sin trabajo (cifra más alta aún que la de Egipto), mientras 48 por ciento de los jóvenes de 18 a 29 años –estadística sólo superada por Yemen– no tienen empleo. Ahora ya, claro: la mayoría se han unido a la revuelta.


Por Robert Fisk
The Independent

Traducción: Jorge Anaya

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Washington dijo adiós a la diplomacia en Siria
Washington ha echado a un lado la opción diplomática para resolver el conflicto de Siria y está incrementando la ayuda a los rebeldes y multiplicando los esfuerzos para que los aliados de Washington derrumben a Bashar Al Assad, según altos funcionarios estadounidenses citados por el diario The New York Times.

 
Según el diario, los altos cargos estadounidenses señalan que la administración de Obama podría estar suministrando datos de inteligencia a los rebeldes, al igual que algunos equipos especiales de comunicación para mejorar la eficacia de combate de los grupos armados de la oposición. Con esta actividad la Casa Blanca busca fomentar los recientes éxitos militares y estratégicos de los rebeldes que asumieron la responsabilidad por el reciente atentado contra los altos cargos militares sirios que acabó con la vida de varios altos funcionarios clave cercanos a Al Assad.

 
No obstante, las fuentes norteamericanas afirman que Es no está suministrando armas a los rebeldes y que son Arabia Saudita, Turquía y Qatar los que están financiando la actividad armada de la oposición, apuntan. “Estamos asistiendo a un derrumbe controlado del régimen de Al Assad”, afirma Andrew Tabler, un experto del Instituto de Washington para la Política de Medio Oriente. Sin embargo, reconoce que “como en cualquier derrumbe controlado, algo puede fallar”.

 
Mientras tanto, el lunes el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, declaró que el Gobierno hebreo había empezado a discutir los planes de contingencia para ser aplicados en caso de que se produzca un cambio de régimen en Siria. Para participar en estas discusiones llegó al país hebreo un representante especial del Departamento de Estado de EE.UU.

 
La semana pasada la Administración norteamericana mantuvo conversaciones con las autoridades israelíes sobre la capacidad de este país para destruir los arsenales del Ejército sirio. Los misiles y las armas químicas centraron la atención de la discusión. Estados Unidos mostró su preocupación por el presunto traslado de los arsenales químicos sirios de los almacenamientos suponiendo que las fuerzas armadas del país sirio pudieran usarlos. No obstante, las fuentes de la inteligencia norteamericana señalaron que se podría tratar de unas medidas de precaución por parte de las autoridades sirias con el fin de evitar que las armas caigan en manos de los rebeldes.

 
El lunes Netanyahu apuntó que Israel “se verá obligado a actuar” para prevenir que las armas químicas caigan en manos de los extremistas confirmando las declaraciones anteriores del ministro de Defensa israelí, quien había señalado el viernes pasado que las autoridades hebreas considerarían una acción militar si fuera necesario para asegurarse de que los misiles sirios o las armas químicas no llegan a manos del movimiento extremista libanés Hezbolá. Por su parte, el ministro de Exteriores de Siria declaró el lunes que su país empleará las armas químicas solo en caso de una agresión por parte de otros países.


 23 Julio 2012
 
(Tomado de Rusia Today:


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Aparece el sectarismo entre rebeldes sirios
Un joven sirio se presentó hace poco más de una semana en un elegante edificio de oficinas de Beirut con un mensaje aterrador. Sin dar su nombre, pidió hablar con un compatriota que trabaja allí, un hombre con buen grado de estudios que salió de su país hace meses. El visitante fue llevado escaleras arriba y se presentó. “Los shebab me mandan a verte –dijo; esta palabra se puede traducir como “los jóvenes” o “los compañeros”, y en este caso se refiere a la oposición siria armada–: necesitamos tu ayuda.”


Su relato fue tan revelador como estremecedor. Damasco está a punto de ser atacada, pero no hay control sobre los combatientes. “Algunos consumen drogas –dijo el visitante–. Atacan a quien sea. No podemos garantizar lo que algunos harán. Si avanzan hacia Malki (zona de clase media de población mezclada, en el centro de Damasco), no podremos proteger a los que viven allí. Estamos en contra de los combatientes salafistas; con nosotros hay sirios buenos, drusos e ismaelitas (alauitas). Pero si capturamos Damasco, si no sabemos controlar una ciudad pequeña, menos un país.”


Fue un relato de guerra civil: entre los chicos buenos también hay malos, y viceversa. El sectarismo está apareciendo en la revolución siria. El fin de semana pasado, uno me dijo: “Están atacando con bayonetas en los poblados de los alrededores de Damasco”. Se habla de violaciones de mujeres a las afueras de Homs –según un cálculo hay hasta 200 víctimas–, y los violadores son de ambos lados. El sirio que vive en Beirut sabía todo eso y dio el siguiente consejo a su visitante:


“Organicen comités vecinales, hombres bien vestidos que todos puedan identificar y nos protejan a todos: cristianos, drusos, sunitas, alauitas: a todos.”


Cinco días después, el mismo personaje recibió una llamada telefónica desde Damasco, de un hombre no identificado. “Jefe, saca a tu familia de Damasco. Dale mi número de teléfono a tu mamá, para que me llame si tiene algún problema en el camino a Líbano.”


Se cree que hasta 50 mil sirios huyeron a Líbano la semana pasada. La madre del sirio de Beirut no estaba entre ellos; no encontró a nadie que pudiera llevarla los 65 kilómetros hacia la seguridad.


Los relatos que surgen de Siria son ahora de recelo, caos y muerte. El jet personal del presidente Bashar Assad partió de Damasco el miércoles por la noche hacia la población costera de Latakia. ¿Huía Ba-shar de su capital? No: trascendió que el avión llevaba el cuerpo de su cuñado asesinado, Assaf Shawkat, para ser sepultado cerca de su ciudad natal, Tartús, en Líbano.


Los musulmanes sunitas ya celebraban su muerte con euforia porque, según se cree, fue Shawkat –su nombre apareció en un informe de la ONU que fue censurado después– quien planeó y ordenó el asesinato del ex primer ministro libanés Rafiq Hariri, cuyo convoy fue atacado con bombas en Beirut el 14 de febrero en 2005. Hariri, sunita, se había distanciado de Assad a causa de las acciones de Siria en Líbano. Shawkat fue el verdugo. El atacante había sido atacado del mismo modo.


Hace dos meses, se dice en Damasco, hubo un intento de envenenar a Shawkat y a los otros dos hombres que fueron asesinados con él la semana pasada: el general cristiano Daoud Rajha, ministro de Defensa, y el general sunita Hassan Turkmani, jefe de la “célula de crisis” de Assad. Pero el cocinero puso en su comida 15 tabletas de veneno en vez de las cinco prescritas –tal era su entusiasmo– y ellos se dieron cuenta de que el alimento estaba mal. El cocinero escapó.


Ese es el más preciso de varios relatos del “envenenamiento” que circulan, pero no hay razón para no creerlo. La traición no es nueva en el régimen sirio. El tío de Bashar, Rifaat –que ahora reside en Mayfair– intentó dos veces dar un golpe militar contra el padre de Bashar, Hafez.


El mes pasado, Bashar Assad recibió un consejo de un conocido suyo: si ponía fin a sus ataques contra los civiles, los europeos le permitirían permanecer en el poder al menos dos años más, porque Occidente quiere oleoductos directos de Qatar a Arabia Saudita vía Jordania y Siria hacia el Mediterráneo, para poner fin al dominio ruso sobre el gas y el petróleo para Europa. La respuesta de Assad se produjo en el siguiente discurso. “Existen personas con intenciones patrióticas –dijo–, pero no conocen la naturaleza del conflicto.”


Toda la evidencia sugiere que es Assad quien no ha captado la “naturaleza” de este conflicto. En cambio, parece que dos de sus parientes sí la entienden. Mohamed Makhlouf, tío del presidente por el lado materno, y Rami, hijo de éste y primo de Assad, han estado buscando un acuerdo con el gobierno francés que les permita vivir en París si el régimen se derrumba. Los Makhloufs han estado en el centro de la corrupción gubernamental en Siria y son una de las razones de la revuelta y sus 17 mil bajas. Porque, más allá de la dictadura y su aparato de policía secreta, el pegamento que mantenía unido al gobierno era la corrupción.

El norte de Siria, por ejemplo, siempre ha sido una vasta zona de contrabando, un lugar donde casi todo hombre de cada familia posee un rifle –por eso los Assad siempre nombraban rudos militares para gobernadores de la región de Alepo–, y los bienes pasaban de Turquía a través de Siria hacia Jordania y el Golfo. Pero una vez que la economía siria comenzó a decaer, la corrupción mutua de funcionarios y bandidos, y entre unos y otros un régimen encabezado por la minoría alauita y sus favoritos en la comunidad cristiana y la mayoría sunita, hizo que ese pegamento comenzara a derretirse.


Si bien en un principio el malestar tomó la forma de manifestaciones pacíficas en todo el país –provocadas por la tortura y asesinato de un adolescente de 13 años por policías secretos en Deraa, en marzo del año pasado–, pronto aparecieron hombres armados en las calles de algunas ciudades. Hay imágenes en video de pistoleros en las calles de Deraa ese mismo mes, y existen tomas de Al Jazeera que muestran combates entre hombres armados y tropas sirias apenas al otro lado de la frontera norte de Líbano en abril de 2011. Misteriosamente, Al Jazeera resolvió no transmitirlas.


Por supuesto, Arabia Saudita y Qatar, país donde Al Jazeera tiene su sede, no ocultan los fondos y armas que envían a Turquía y Líbano con destino a la resistencia, al parecer sin dar mucha importancia a quiénes son los que “resisten”. El ejército libanés se las ha arreglado para detener uno de cada cuatro cargamentos de armas, pero los otros, transportados en barcos registrados en Sierra Leona, logran entregar la mercancía.


Una de las dos organizaciones que asumieron la responsabilidad por los bombazos de la semana pasada en Damasco, Liwa Islam (Brigada Islam), hace surgir de nuevo el elemento salafista en la oposición armada siria. Un refugiado recién llegado de Siria me contó la semana pasada que han prohibido el alcohol y que tienen el abierto propósito de morir combatiendo en Damasco. Dada la salvaje respuesta del régimen sirio, es posible que cumplan su última voluntad.


Traducción: Jorge Anaya

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“Fase pos-Bashar”: guerra de baja intensidad de EU contra Irán, Rusia y China
Antecedentes: El carnicero de Hama –entre 30 mil y 100 mil asesinatos en serie, dependiendo quien opere las estadísticas funerarias–, Rifaat Assad (tío de Bashar y peleados a muerte) vive como príncipe en París sin ser molestado por nadie en Occidente y, desde luego, menos por los defensores de los derechos humanos contrarios a los intereses propios”.


Pese a las atrocidades en Hama (bastión sunnita de los Hermanos Musulmanes), el oftalmólogo Bashar –hijo del sátrapa Hafez, patriarca de la dinastía alawita (minoría esotérica del Islam cercana al chiísmo: 10-15 por ciento de la población)– estudió en Londres sin ser perturbado, donde se casó con la ciudadana británica Asma (hija del cardiólogo sunnita Fawaz Akhras, también británico) en ese entonces alta funcionaria del banco de inversiones anglosajón JP Morgan. ¿Interesante, no?


Bashar no estaba destinado a asumir el liderazgo del nepotismo Assad que había ungido a Basel, su hermano, quien pereció en un extraño “accidente” (se presumen, como hipótesis, sus nexos con el también alawita de origen sirio Carlos Saul Menem, ex presidente argentino, lo que apuntaría a una operación vengativa del Mossad).


Ya en el poder sin preparación alguna, un 14 de julio, Bashar fue “invitado especial” de Nicolas Sarkozy y en diciembre 2010 con su esposa Asma fue recibido a desayunar por Sarkozy “cuando aún no era considerado un dictador sanguinario” por París (Le Point, 2/3/12).


Ergo, la pista de la farisea y poco creíble “ayuda humanitaria” que abogan EU-GB-OTAN-Israel –que se han caracterizado por su misantropía local y global– para intervenir en los asuntos sirios es insuficiente cuan deficiente para entender cuál fue el punto de ruptura entre la satrapía siria, en el poder desde hace 42 años –vestigio de la guerra fría– con los poderes occidentales que lo han maldecido hoy como desechable con el fin de avanzar la agenda de los Hermanos Musulmanes en Medio Oriente.


Hechos: En la esfera geopolítica, el cambio cualitativo de “Occidente” proviene del inicio del cerco a China con la intervención militar de la OTAN en Libia que concluye con la sodomización barbárica del dictador Muamar Khadafi –quien nunca fue demonio de mi devoción hasta el final: cuando, después de haberse entregado infantilmente a Occidente, se arrepiente para defender la soberanía libia– por agentes de EU (Putin dixit) y donde, a mi juicio, Moscú y Pekín cometen el imperdonable error de no haber usado su veto para una mejor salida diplomática.


Existen tres niveles de abordaje en la “fase pos-Bashar” –que ya había sido bendecida por el encuentro en Los Cabos entre Obama y Putin, como detecté (Bajo la Lupa, 20/6/12) cuando pregunté “Bye bye, Bashar?”– que resumo sucinta y metódicamente, dejando de lado subjetivismos hormonales: 1. local, 2. regional y 3. global.


Escala local: quienes hemos vivido y hemos sido educados en la región sabemos en teoría y práctica la hipercomplejidad de la sociedad siria, lo cual hay que manejar delicadamente con pinzas de microneurocirugía, así como las reverberaciones en sus seis incandescentes fronteras (Líbano, Turquía, Israel, Irak, Jordania y el virtual Kurdistán). Quedan como testimonio mis artículos sobre Siria que escribí el año pasado desde Líbano (22, 26 y 29/6/11). Aquí, como de costumbre, el pensamiento maniqueo occidentaloide, despojado de las sutilezas que definen al Medio Oriente antes de que haya existido el propio “Occidente” (whatever that means), clasifica y se arroga el derecho unilateral de juzgar a “buenos” y “malos” de acuerdo con sus intereses monetaristas.
Baste enunciar que Siria se encuentra en una guerra civil donde se rompió la alianza alawita-sunnita, con la familia militar y burguesa de los Tlass. Siria es ingobernable sin la anuencia de los sunnitas (85 por ciento de la población).


Recomiendo el reportaje de L’Orient Le Jour (14/7/12) que revela las prístinas señales de Firas (hermano de Manaf) desde un bastión de las petromonarquías en el golfo Pérsico, en el más depurado estilo árabe.


La “extraña” fuga del sunnita Manaf Tlass –íntimo de Bashar e hijo de Mustafá (ministro de Defensa de Hafez Assad y su compañero militar de toda la vida)– a París vía Turquía, me hace pensar en la probabilidad de la sustitución del alawita Bashar por el sunnita Manaf, digerible por todos los actores en juego. La fresca declaración del embajador de Rusia en París, sobre el deseo de dejar el poder por Bashar “en forma civilizada”, abona a mi hipótesis de su sustitución por Manaf, el otrora máximo militar sunnita de la pretoriana Guardia Republicana que precipitó la decapitación de Assaf Shawqat, intransigente cuñado de Bashar, mediante un bombazo espectacular cuan demoledor en el corazón militar del régimen en ascuas.


Las demás minorías son actores menores: cristianos, drusos, turcomenos, con la salvedad de los kurdos (que no son árabes) y quienes pueden aprovechar la oportunidad para crear su región autónoma en el norte (ídem Irak).


Los “cristianos” de Irak fueron desechables por los paganos seudo cristianos de EU/GB/OTAN y la peor suerte le espera a sus correligionarios en Siria, Egipto y Líbano (que me perdonen mi familia y mis paisanos) debido al triple ascenso irresistible de Hermanos Musulmanes, salafistas (integristas coránicos) y jihadistas de Al Qaeda empujados conspicuamente por EU y GB para incendiar las fronteras islámicas de Rusia (el Cáucaso) y China (Xinjiang) y, en un descuido, India, si no se portan bien, en sus fronteras musulmanas (Pakistán, Cachemira, Bangladesh) y su vigoroso Islam interno: 10 por ciento de su población. Asistimos en la región del Creciente Fértil, en Irak como en Siria –imágenes étnico-sectarias en espejo–, a la deslaicización del partido socialista Baas y a su reislamización.


2. Escala regional: La caída del alawita Bashar (quien con su carismática esposa Asma adoptaría el dorado exilio de Moscú) es un fuerte golpe al “Creciente chiíta” bajo dominio de Irán que va desde el occidente de Afganistán hasta el eje alawita (sirio)-Hezbolá-Hamas (Gaza) en el mar Mediterráneo y que el sionista mesiánico, el premier Netanyahu, en imitación de Baby Bush, fulmina como el “eje del mal”.


No es gratuito que en sincronía a la sustitución del régimen alawita en Siria, EU despliegue su poderío marítimo de cuatro portaviones en el golfo Pérsico en un clásico operativo de pinzas para impedir el rescate de Bashar por la teocracia jomeinista.


3. Escala global: Amén de la expulsión de Rusia de su último aliado en el mundo árabe y más allá de su posesión del puerto de Tartus en Siria (su único puerto en el Mediterráneo), así como del peligro del irredentismo jihadista en el Cáucaso, pende el ominoso riesgo de una tercera guerra mundial termonuclear (que manejan más los medios rusos y que ocultan los multimedia “occidentales”) entre Washington y Moscú en la fractura tectónica geopolítica de Irán. Desarrollaré luego los dos rubros regional y global con enfoque geopolítico.


Conclusión: En medio de la grave crisis financiera a los dos lados del Atlántico norte, EU-GB-OTAN-Israel profundizan su guerra de baja intensidad contra Rusia y China en los teatros de Siria e Irán.


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Domingo, 22 Julio 2012 06:12

Damasco sangrando

Damasco sangrando
A veces los hechos hablan por sí mismos. Cuando te meten una bomba en tu edificio de Seguridad Nacional en plena reunión de cúpula y matan a tu ministro de Defensa, a tu viceministro de Defensa, a tu jefe de Seguridad Nacional, a un general, y dejan gravemente herido a tu ministro de Interior, en el día más sangriento de los dieciséis meses de una insurrección devenida conflicto armado que ya produjo más de diez mil muertos, bueno, se te hace difícil seguir diciendo que tenés la situación controlada.


“El ministro de Información, Omran al Zoubi, afirmó que el atentado terrorista que tuvo lugar hoy en Damasco refleja los sentimientos de impotencia y frustración de los enemigos de Siria ante los logros del Ejército Arabe Sirio y su cohesión, después de que los terroristas y aquellos que los avalan han fracasado en golpear la unidad del ejército”, señala un despacho de la agencia oficial siria SANA del miércoles pasado, pocas horas después del atentado. “La responsabilidad por este crimen terrorista recae en los países que envían dinero y armas, y ellos son responsables de la sangre derramada en la tierra siria”, dijo el ministro, según el cable.


El gobierno de Bashir al Assad está en problemas, pero es difícil imaginarse que se vaya a desplomar. La dinastía familiar está en el poder desde 1970, su mandato se plebiscitó cinco veces y nunca debió competir con otro candidato en una elección. La última vez que renovó su mandato fue en el 2007. Sacó el 97,6 por ciento de los votos. El partido gobernante Baas controla los tres poderes y la Constitución le confiere funciones de liderazgo en el Estado y la sociedad. Lidera un frente oficialista de seis partidos que controla dos tercios de la Asamblea, mientras que fuerzas de oposición ocupan el otro tercio. Pero la Constitución siria concentra la iniciativa legislativa en el presidente, mientras que los asambleístas no pueden proponer leyes, sólo avalarlas o rechazarlas, más bien avalarlas porque el oficialismo tiene mayoría absoluta.


Además, Assad cuenta con un aliado muy importante, que es Rusia. La relación militar entre ambos países es tan cercana que la única base naval que Rusia tiene fuera de su territorio está situada en Siria. El jueves pasado Rusia vetó por tercera vez en un año una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas autorizando sanciones en contra del régimen de Assad por no respetar una moratoria en el uso de armas pesadas. La votación terminó once a dos. El ejército de Assad viene de destruir barrios enteros para frenar la insurgencia. El apoyo de Rusia es muy importante, así como el acompañamiento de China. Las dos potencias asiáticas tienen poder de veto en el Consejo de la ONU, y el Consejo es la única instancia que puede autorizar el uso de fuerzas extranjeras en un país.


Queda claro que Estados Unidos, Europa e Israel quieren remover a Assad y estarían dispuestos a usar su poderío militar para facilitar el proceso. Con un lenguaje más conspirativo, el ministro sirio citado por la agencia oficial dice más o menos lo mismo: “Asimismo, Al Zoubi aclaró que lo que está ocurriendo hoy representa el último capítulo del complot urdido por EE.UU., Occidente e Israel contra Siria, haciendo hincapié en que los enemigos de la patria fallan en sus cálculos respecto a la fuerza del pueblo y el ejército sirios”.


A esta altura poco importa si lo que hoy sucede empezó con la represión de manifestaciones espontáneas inspiradas en la primavera árabe, como dicen los opositores, o con una campaña de desestabilización promovida por agencias de inteligencia extranjeras, como dicen los voceros de Assad. La situación hoy es de insurgencia generalizada y fuerte represión en todo el país, con combates callejeros en la capital y las principales ciudades, de miles de desplazados por la violencia, con una misión de observadores de las Naciones Unidas que registra atrocidades casi a diario, mientras reclama impotente el fin de la violencia, con un plan de paz al que todos adhieren de palabra, pero cuando llega el momento de ponerlo en práctica y castigar a los violadores todos miran para el bando contrario.


Esta situación, ya de por sí explosiva, amenaza con derramarse al resto de la región, y estamos hablando nada menos que de Medio Oriente. Israel ya manifestó preocupación por el arsenal de armas químicas que posee Assad. Preocupa que el ejército sirio lo use contra su propia población, dijo el ministro de Defensa israelí Ehud Barak, pero sobre todo preocupa que caiga en manos de los operarios de Al Qaida que forman parte de la llamada “fuerza rebelde.”


Turquía quedó en estado de alerta máximo tras el derribo de un avión caza cerca de la frontera entre los dos países, incidente en el que murieron dos pilotos turcos. Assad acusa a Turquía de apoyar la insurrección y de hecho el principal frente opositor en el exilio, el llamado Consejo Nacional de Siria (CNS), fue fundado hace siete años en Estambul.


También llega armamento a Siria por la frontera con Irak. En Irak, en medio del caos tras la retirada de los estadounidenses, se ha impuesto la violencia entre facciones sunnitas que tomaron el poder y grupos chiítas desplazados tras la caída de Saddam Hussein. En Siria,


Assad pertenece a la minoría alauita, vinculada a los chiítas, en un país de mayoría sunnita. En los últimos días surgieron informaciones, tal vez interesadas en agitar el conflicto interétnico, indicando que Assad había trasladado a su familia, su fortuna y su arsenal a su Latakia natal, un bastión alauita. Hasta se llegó a especular con que Assad se había escapado a Latakia, pero el presidente sirio demostró lo contrario con una aparición televisiva el viernes en Damasco, poniendo en funciones a su nuevo ministro de Defensa.


Volvamos al atentado del miércoles pasado. ¿Revolución democrática o campaña terrorista? El acto terrorista busca sembrar el temor general, en cambio la acción guerrillera forma parte de un proyecto de toma de poder. ¿Existe un proyecto de toma de poder en Siria? ¿Quién lo conduce? El CNS, vinculado a los Hermanos Musulmanes, está en Turquía. El principal vocero del CNS, en Francia. El Observatorio por los Derechos Humanos, la ONG que monitorea los abusos del gobierno sirio, opera desde Londres. El Ejército Libre de Siria (ELS), que se adjudicó el atentado, estaría formado por militares desertores. Hace poco rompió relaciones con el CNS, que a su vez se partió en Roma al discutir el financiamiento militar.


El ELS no funciona como una fuerza regular sino más bien de hostigamiento al avance militar de las fuerzas sirias. Aunque ha demostrado que puede infiltrar el círculo íntimo de Assad y producir espectaculares atentados, no da señales de articular su acción armada con un proyecto político capaz de disputarle el poder a Assad por dentro o por fuera del Partido Baas. Podrá haber algo gestándose detrás de escena, algo que no se ve, un líder, un proyecto, pero hasta ahora no aparece. A diferencia de Egipto, por ejemplo, donde la masividad de las movilizaciones populares frenaron a las fuerzas armadas y forzaron la caída de Mubarak, en Siria las ciudades se vacían y miles de refugiados huyen a la frontera para escaparle a los bombardeos.


Caos, violencia y descontrol en la región más conflictiva del mundo, con unas Naciones Unidas impotentes y las principales potencias del mundo en desacuerdo sobre lo que hay que hacer. Desde Siria nos llegan imágenes de edificios quemados, automóviles calcinados y cadáveres apilados en fosas comunes (foto). Por la tele, Assad hace jurar a su nuevo ministro de Defensa. Algunos hechos hablan por sí mismos. La escalada continúa y esto puede terminar mal.


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El 22 de junio de 2012 el Senado paraguayo invocó una cláusula de la Constitución que autorizaba el juicio político del presidente por el mal desempeño de sus funciones”. El mandatario era Fernando Lugo, quien fue electo tres años antes y cuyo cargo estaba por terminar en abril de 2013. De acuerdo con la normatividad, Lugo estaba limitado a un solo periodo en el cargo.


El “mal desempeño” invocado por el Senado fue el hecho de que el 17 de junio hubo un enfrentamiento entre trabajadores agrícolas pobres que pugnaban por el derecho a la tierra y la policía que los desalojó de la tierra que ocupaban. Diecisiete personas (campesinos y policías) perdieron la vida. El Senado lanzó su proceso el 21 de junio y ofreció a Lugo dos horas para presentar una defensa (lo cual él rechazó por considerarlo sumamente inapropiado). El Senado votó al día siguiente su retiro del cargo.


Su vicepresidente, Federico Franco, pertenece a un partido diferente al de Lugo. Sin embargo, Franco entró a las elecciones de 2008 con Lugo, con el fin de derrotar al Partido Colorado, que había estado en el poder por más de 60 años. Una vez en el cargo, Franco se opuso consistentemente a las políticas de Lugo. La Constitución paraguaya prevé que, en caso de destitución del presidente, automáticamente el vicepresidente asuma el cargo. El golpe de Estado hizo a Franco mandatario.


Lugo arguyó que se trataba de un golpe de Estado y que si en lo técnico no era ilegal, ciertamente era ilegítimo. Casi todos los gobiernos de América Latina concordaron con el análisis, pidieron su destitución y de varias formas cortaron relaciones con Paraguay. ¿Qué condujo a este golpe? ¿Qué esperaban conseguir los que lo tramaron? ¿Quién los respaldó? ¿Cuáles son las consecuencias reales para Paraguay, América Latina y el mundo?


Paraguay ha sido durante mucho tiempo una de las peores dictaduras en el continente americano, manejado por una pequeña clase terrateniente organizada en el Partido Colorado, con miserables condiciones para el campesinado, la mayoría del cual pertenece a pueblos indígenas. En 1989 el exilio del dictador del Partido Colorado, Alfredo Stroessner, aflojó un poco las restricciones políticas. El principal partido de oposición, Liberales (partido de Franco), representa más a las élites urbanas, pero tiene igualmente muy poca simpatía hacia el campesinado. Las elecciones de 2008 prometían ser las primeras que fueran relativamente abiertas.


Fue en este punto que el obispo de San Pedro, Fernando Lugo, entró en la escena política. Conocido de tiempo atrás como el “obispo de los pobres”, Lugo era asociado con la teología de la liberación, alguien que no contaba con los favores de otros obispos ni del Vaticano. Su plataforma política planteaba una mejor distribución de la tierra. Dado que la Constitución paraguaya y el Vaticano no permitían que un clérigo compitiera por un cargo político, Lugo renunció a su cargo como obispo y buscó la “laicización”. Pese a que el Vaticano se negó a ello, compitió de todos modos y el Vaticano lo “laicizó” tras la elección.


Lugo recibió únicamente una pluralidad de votos en lo que fue una elección de tres opciones, pero el Partido Colorado aceptó las elecciones de forma pacífica. Lugo fue el primer político de izquierda en ganar una elección en Paraguay (excepto por una corta victoria de alguien en 1936, quien fue depuesto en un año). La elección de Lugo fue parte de una ola de victorias para los partidos de izquierdas en el continente americano en la primera década del siglo XXI. Para Paraguay fue un símbolo de esperanza.


No obstante, había ganado únicamente por una pluralidad y su partido tenía poca fuerza en la legislatura, especialmente en el Senado. El resultado casi inevitable fue que Lugo sólo pudo hacer muy poco de lo que había prometido. No hubo una reforma agraria. Lugo había prometido poner fin al papel de las fuerzas estadunidenses en el llamado programa antidrogas. En cambio, lo continuó. No hizo maniobra alguna para cerrar la base militar estadunidense en Paraguay. Dado este decepcionante desempeño, ¿por qué sus oponentes se molestaron en retirarlo del cargo nueve meses antes del fin de su periodo?


De hecho, para quienes emprendieron el golpe de Estado el derrocamiento de Lugo tuvo la consecuencia negativa de hacer posible lo que el Senado había bloqueando por años. Paraguay es miembro del Mercosur, junto con Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia. Venezuela había solicitado su inclusión. Esto requería la ratificación de las legislaturas de los cinco estados. Todos habían otorgado su asentimiento, excepto el senado paraguayo. Tras el golpe, el Mercosur suspendió a Paraguay y de inmediato dio la bienvenida a Venezuela como miembro.


Así que, ¿quién ganó en Paraguay con el golpe? En términos de las políticas gubernamentales, no ha hecho una diferencia real. Lo que las élites locales mostraron fue su músculo, tal vez confiando en intimidar no sólo a la izquierda paraguaya, lo que ha ocurrido, sino enviar un mensaje a los otros países, especialmente a Bolivia. Los obispos paraguayos y el Vaticano tuvieron su revancha contra un partidario de la teología de la liberación, aunque no fuera sino un débil.


¿Y Estados Unidos? Estados Unidos ya tenía en Paraguay lo que quería. Seguramente, con Franco garantizaron que continuarán teniéndolo. Las declaraciones de Hillary Clinton posteriores al golpe apenas si fueron condenatorias. De hecho, Estados Unidos bloqueó cualquier reprimenda del golpe por la Organización de Estados Americanos. Pero los vínculos de Paraguay con los militares estadunidenses estarán sujetos ahora a la presión y al debate en América Latina. Así que no está claro lo que ganó Estados Unidos.


Una forma de interpretar el golpe es verlo como una escaramuza en la batalla entre Estados Unidos y Brasil por la hegemonía geopolítica en Sudamérica. Las jugadas iniciales de Brasil –suspender a Paraguay no sólo del Mercosur, sino de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur)– no son exactamente lo que quiere Estados Unidos.


Pero hay, sin embargo, ambigüedades en la posición de Brasil. Las plantaciones en Paraguay contra las cuales los campesinos luchaban incluyen un número significativo que son propiedad de los brasiguayos (brasileños y uruguayos) y en consecuencia Brasil no quiere cortar todos los vínculos económicos con Paraguay. Además, Paraguay es una fuente importante de energía hidroeléctrica para Brasil.


¿Qué pasará? El actor clave es precisamente Brasil. No puede darse el lujo de recibir un golpe que será interpretado por toda Sudamérica como algo que fortalece la posición de Estados Unidos. Pero los intereses políticos de Brasil como potencia “emergente” –la creación de un bloque sudamericano, encabezado por Brasil– tuvieron que ser balanceados por los intereses económicos de Brasil en la propia Sudamérica. Para saber lo que ahora ocurrirá en Paraguay uno debe mantenerse atento a Brasil.


Traducción: Ramón Vera Herrera



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Viernes, 20 Julio 2012 06:30

Por qué se hunde el régimen sirio

Por qué se hunde el régimen sirio
Sin las gafas de escéptico, incluso de cínico, es imposible entender la evolución de la llamada Primavera Árabe, cuya última y más violenta manifestación es la guerra civil que desangra Siria. Esta ‘primavera' tiene bastante de estallido espontáneo de una población tiranizada y ansiosa de libertad, pero la mayoría, por no decir la totalidad, de los regímenes caídos disfrutaba de esa estabilidad tan grata a las grandes potencias occidentales cuando sus intereses están en juego. El tunecino Ben Alí, el egipcio Mubarak e incluso el libio Gadafi (tras una larga travesía del desierto) no eran precisamente unos apestados, sino unos ‘aliados fiables' a los que se recibía con todos los honores y a los no se quería molestar por un quíteme usted unas carencias democráticas. Se intentaba evitar la incertidumbre, el peor de los climas para los buenos negocios.


Que nadie se llame a engaño. Los tres seguirían en sus tronos, con la anuencia occidental, favoreciendo escandalosamente a sus familiares y amigos, acumulando fortunas de fábula y reprimiendo a cuantos les plantasen cara de no ser porque, en un muy concreto recodo de la historia, cometieron el único pecado que no podían permitirse: demostrar que eran vulnerables. Desde el exterior, se evaluó en cada caso la posibilidad de supervivencia del régimen. Cuando la calculadora dio un resultado claro en contra, los aliados dejaron de serlo, las denuncias de la represión se hicieron cada vez más sonoras y, en el caso libio, se llegó a una insólita y polémica intervención militar de la OTAN.


Si los tiranos estaban condenados más valía alejarse cuanto antes de ellos, abjurar de los abrazos y alfombras rojas del pasado y tomar posiciones con sus sucesores más probables para hacer buenos negocios y establecer sólidas alianzas. Pero si alguna dictadura ‘amiga' podía sobrevivir, como Bahrein (con intervención militar extranjera), Kuwait o Arabia Saudí (que nadan en petróleo), podía estar tranquila. El mismo Estados Unidos tan solemne a la hora de defender la democracia en Libia o ahora en Siria, no sólo no moverá un dedo para implantarla en estos otros países sino que, llegado el caso, en defensa de sus intereses estratégicos y económicos, intentará mantener el ‘status quo'... hasta que el escenario cambie tanto que sea conveniente pactar con quienes quieren cambiarlo, algo de momento muy improbable.


Un dato muy relevante: ni siquiera el triunfo electoral de partidos islamistas, especialmente en Egipto, ha afectado hasta ahora ni lo más mínimo a la seguridad del único régimen con el que EE UU tiene un compromiso que va más allá del interés económico: Israel. Es en ese terreno donde la diplomacia norteamericana maniobra con gran habilidad para defender a su gran aliado estratégico, buscando por ejemplo un  compromiso en el país de los faraones entre el Ejército y los Hermanos Musulmanes que modere a estos últimos y favorezca una estabilidad que permita mantener los acuerdos de paz con el Estado judío. Y todo ello sin que éste deje de desafiar al mundo y al más elemental sentido de la justicia en su gestión del conflicto con los palestinos, cuyos derechos nacionales están hoy más lejos de ser reconocidos que hace 20 años.


Se entiende con lo que antecede por qué el régimen sirio se precipita hacia el colapso. No es porque un dictador corrupto perteneciente a una minoría religiosa se enriquezca escandalosamente en beneficio propio, de su familia, de sus amigos y de sus aliados. Tampoco porque haya convertido en política de Estado machacar a sus enemigos. El motivo fundamental es que puede perder, más aún, que está claro que va a perder, pese a controlar, cada vez más en la teoría que en la práctica, un Ejército de 400.000 soldados y un arsenal que incluye 5.000 tanques y 550 aviones de combate. Para colmo, el régimen de los Asad ha sido durante muchas décadas un apestado, incluido por Washington en el Eje del Mal (junto a otros como el libio o el iraní), y condecorado con la insignia de terrorista que, vaya por donde, en estos casos coincide con una etiqueta más comprensible: antiisraelí.


Una sangría (17.000 muertos ya) que la televisión lleva cada día a los cuartos de estar de todo el mundo, el atentado contra la cúpula militar y de inteligencia, un reguero de deserciones de funcionarios y militares de la mayoría suní, el distanciamiento progresivo de hombres de negocios cristianos que se enriquecieron por un pacto implícito con los Asad, combates cada vez más cerca del palacio presidencial, fronteras con Turquía e Irak no controladas por el régimen... Toda una cascada de reveses que conducirá a una derrota sin paliativos. Sólo es cuestión de tiempo, de si los rebeldes necesitan ayuda exterior oficial (de la otra ya tienen) para dar el empujón final, aunque no debería llegar al extremo de la intervención en Libia, y que debería salvar (o no) la oposición de China y Rusia en la ONU, que tampoco será eterna.


Lo que ocurra luego es difícil de prever, pero apuesto diez contra uno a que ni EE UU ni Israel salen perdiendo con el cambio. Y uno contra diez a que a Irán le ocurre justo lo contrario.


Por LUIS MATÍAS LÓPEZ 20/07/2012 11:18 Actualizado: 20/07/2012 11:50



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Siria: rebeldes se acercan al premio mayor
Ahora se fueron a la yugular. El cuñado del presidente, el ministro de Defensa, una bomba masiva colocada cerca, o quizás en los cuarteles del aparato militar encabezado por el hermano del mandatario. Los asesinatos toman tiempo, pero esto se fue de una escala épica, como para estar al nivel del baño de sangre que hay en toda Siria.


La hermana del presidente Bashar Assad, Bushra, uno de los pilares del partido Baaz, perdió a su esposo en una potente explosión muy cerca del centro de Damasco. Con razón los rusos hablan de la “batalla decisiva”. No será una recreación de Estalingrado, pero los tentáculos de la rebelión se han acercado al corazón. Y, desde luego, hay matanzas por venir. ¿Por qué otra razón habrían huído este miércoles miles de ciudadanos sirios hacia el campamento de refugiados palestinos de Yarmouk para buscar la protección de los ciudadanos más traicionados del mundo árabe?


Existe suficiente odio para continuar este salvaje ataque contra el gobierno sirio. Hace ocho meses, durante una masiva manifestación a favor del régimen en el distrito de Rawda, pasé caminando junto al cuartel de inteligencia y seguridad que fue destruido este miércoles.


En ese momento, un amigo sirio lo miró con desolación. La tortura ocurre bajo tierra, “uno ni siquiera sabe lo que pasa ahí”, me dijo. Pero quien quiera que hubiera salido de ahí con gusto mataría a quienes lo atormentaron; en especial al jefe de los torturadores.


La furia del pueblo aceptará de buen grado a uno o dos de los elegidos del gobierno. Fue un gesto típico el hecho de que, en su desesperación por llenar el vacío dejado por los asesinatos del miércoles, el régimen designara al anodino Fahd Jassim Frayj para llenar la vacante en el ministerio de Defensa; él es un hombre originario de Hama, el centro de las más grandes rebeliones contra los gobernantes sirios.


Nosotros los occidentales tenemos el hábito de siempre ver Medio Oriente a través de nuestra porpia cartografía: Medio Oriente está al “este” de “nosotros” ¿no es cierto?, pero dénle vuelta al mapa y se darán cuenta de lo cerca que está Siria de los chechenos musulmanes irredentos. No es de extrañar que Moscú tema a una rebelión en Siria.


El viejo Hafez Assad, padre de Bashar, solía preocuparse en sus últimos años de que una revuelta en su país pudiera tomar la forma de un terrible conflicto del que él se mantenía al tanto diariamente viendo la televisión: la ruptura de la Yugoslavia “laica”, cuyas divisiones sectarias eran sorprendentemente similares a las que vive Siria hoy en día. Curiosamente, y pese a los degollamientos, la matanzas de civiles a manos de milicias y los asesinatos de niños que parecen un paralelismo con la guerra que en los 90 azotó al país que se puso de parte de Damasco durante la guerra de Argelia. Las impactantes escenas que se ven actualmente en Siria no reflejan la barbarie en Bosnia, Croacia y Serbia.


¿Qué puede hacer Bashar ahora? Otro amigo sirio me planteó una pregunta interesante el otro día: “Supongamos que el presidenta chiíta alawita Bashar decide huir”, me dijo. “De ser así, sería llevado al aeropuerto por un coronel alawita. ¿Tú crees que éste lo dejaría partir? Lo dudo”.


Así, tenemos dos tristes predicciones. Sí, Bashar podría aferrarse al poder más tiempo de lo que creemos. No se irá; y su hermano Maher, quien encabeza a la así llamada Cuarta Brigada, quizá sea un tema distinto. Pero desde el palacio presidencial pueden escucharse los tanques y los tiroteos que tienen lugar en una de las ciudades habitadas más antiguas del mundo; estos son días sin precedente. Incluso, la televisión siria se vio obligada varias veces a decir la verdad este miércoles. ¿El veredicto? Va de salida, pero aún está ahí.


Traducción: Gabriela Fonseca

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Nueva visión geoestratégica de Brasil, según Ronaldo Carmona (Universidad de Sao Paulo)
En el encuentro 18 del Foro de Sao Paulo, en Caracas, el geopolitólogo Ronaldo Carmona –coordinador del grupo de trabajo temático sobre defensa e investigador de la Universidad de Sao Paulo– me había invitado a su panel, al que por premuras no pude asistir.


El documento matricial de Ronaldo Carmona aborda la “nueva visión estratégica” que se desarrolla en Brasil, en particular, desde el establecimiento de la Estrategia Nacional de Defensa (END) en 2008, que comporta tres aspectos nodales:


“La definición de tres áreas estratégicas de defensa: nuclear, espacial y cibernética”. A mi juicio, este rubro es insuficiente y pertenece a la etapa de la guerra fría; hoy el enfoque debe ser también en los rubros de GNR (genoma, nanotecnología y robótica), sin descuidar la segunda generación informática y, en especial, la ciberguerra y sus “supercomputadoras”, donde Estados Unidos goza una primacía disuasiva.


“La delimitación geográfica mas nítida de las áreas claves de interés estratégico: el Atlántico Sur (SisGAAz, submarino con propulsión nuclear) y la Amazonia, blanco de creciente codicia (Sisfron, desplazamiento de unidades militares de sur a norte)”. Aquí agregaría la Antártida (tan pletórica en materias primas), cuyo control –en la etapa del cambio climático y su descongelación– definiría el dominio geopolítico a los dos lados del Atlántico Sur, lo cual afectaría los intereses de los bloques BRICS, BASIC (unos BRICS sin Rusia) e IBSA (unos BRICS sin Rusia y China).


“El concepto de tomar como base de la defensa de Brasil la identificación de la nación –¡supersic!– con las fuerzas armadas y de las fuerzas armadas con la nacional”. Este concepto debe “multiplicarse en hipótesis de confrontación con una potencia muy superior (nota: ¿será Estados Unidos/OTAN/Israel?) en el esquema de guerra asimétrica”, el cual se volvería “el principal escenario, y cuya victoria sólo es posible en profunda fusión con el pueblo”. Ronaldo Carmona aduce que “en gran medida, se trata de una reiteración del espírito de Guararapes, que forjó la nacionalidad brasileña”.


El significado simbólico y patriótico, casi espiritual, del “espíritu de Guararapes”, según su interpretación por el portal del Ejército brasileño: “El nacionalismo del espíritu de Guararapes es el nacionalismo racional, estratégico, seguro, traducido en la práctica por una Petrobras, una Transamazónica, el decreto de las 200 millas de mar territorial, nuestra política de fletes marítimos y tantas otras realizaciones como Volta Redonda (la Ciudad de Acero), hitos del progreso material de Brasil”.


Sería recomendable que los teólogos neoliberales proponentes de un “espurio modelo Petrobras” en México entiendan sus alcances nacionalistas vinculados a la geopolítica soberana y a la grandeza de Brasil.


Justamente en mi encuentro con Ronaldo Carmona en Caracas coincidimos en que el “espurio modelo Petrobras” de los teólogos neoliberales arcaicos y entreguistas de México no tiene nada que ver con el modelo original brasileño en su quintaesencia nacionalista que han caricaturizado: una desinformación más de los hijos putativos de Televisa.


El taller de defensa que coordina Ronaldo Carmona exhibe la “creciente preocupación de las fuerzas de izquierda en relación con el tema”, como “producto de la tensión cada vez mayor sobre temas como soberanía e independencia, es decir, la cuestión nacional, que rebasan los temas clásicos de la izquierda, como la lucha por la justicia social, la democratización del Estado y la centralidad del desarrollo”.


Comenta que en fechas recientes, “los cuatro partidos de izquierda brasileños que participan en el gobierno de Dilma Rousseff realizaron un seminario en Brasilia sobre la relación entre la política de defensa y el proyecto nacional de desarrollo”, en el que participaron el ministro de Defensa, Celso Amorim, y el ministro de Ciencia y Tecnología, Marco Antonio Raupp.


Por cierto, el anterior canciller Celso Amorim, hoy ministro de Defensa –a mi juicio, uno de los mejores geoestrategas de Latinoamérica (baste comparar con el foxiano Castañeda Gutman)–, explica luminosamente las razones geopolíticas del éxito multipolar de Brasil (ver Bajo la Lupa, 18/1/12). Para mí, “el Brasil de Lula/Dilma” simboliza la esencia del nuevo orden multipolar.


Ronaldo Carmona tiene muy claro el panorama geopolítico y estratégico global: “Vivimos un escenario internacional cada vez más cercano a los pronósticos de las visiones realistas y de la teoría del imperialismo”, y arguye que “existen tres aspectos que ejemplifican las nubes cargadas en la situación internacional”: 1) “redefinición estratégica de Estados Unidos para extender su hegemonía en el tiempo” con “el blanco centrado en la contención de China (sic)”, lo cual rehabilita las tres tesis geopolíticas clásicas (Mahan, Mackinder y Spykman); 2) rehabilitación del “imperialismo humanitario” (intervención en guerras civiles provocadas desde el extranjero: Libia, Siria e Irán, y en países con bajo nivel de cohesión interna, incluso en Sudamérica), y 3) “control de los recursos naturales escasos” que abundan en Sudamérica.


Considera que la “situación en Sudamérica, que busca mayor cohesión y unidad en su pensamiento geoestratégico, es bastante distinta (¡supersic!) a Centroamérica y el Caribe, más pegados (sic) a Estados Unidos” en el área de “su” perímetro de seguridad, o “Mediterráneo americano”, como lo denominó Mahan.


Aborda en forma específica a Sudamérica y su “principal vulnerabilidad”: el “bajo nivel de desarrollo”, que contrasta con su enorme potencialidad, lo cual aboga por un “proyecto de integración regional”. ¿Lo dejará Estados Unidos?


Agregaría otras dos vulnerabilidades para que florezca el desarrollo: finanzas (controladas por la banca israelí anglosajona) y tecnología de punta (Estados Unidos).


Destaca los avances en el “proyecto de integración en defensa de Sudamérica” en la Unasur y apunta al nuevo pensamiento estratégico común del Consejo de Defensa Sudamericano (CDS) y sus dos tesis: el “enemigo interno” (¡cómo abundan las mulas de Troya!) y “guerra del vecino como enemigo”.


El CDS/Unasur preconiza un escenario de amenazas o búsqueda de sometimiento por parte de las potencias centrales debido a las características sudamericanas de poseer excedentes en bienes estratégicos claves en: a) energía (petróleo, gas, uranio, etcétera), b) recursos minerales, incluso estratégicos o raros, c) excedentes acuíferos, d) biodiversidad, en especial la concentrada en la Amazonia, y e) capacidad de producción de alimentos, y proteína animal y vegetal en general.


Aduce que “la integración común sudamericana exige una actitud de cooperación hacia adentro y de disuasión hacia afuera frente a amenazas de naturaleza extrarregional”.


Concluye que “la presencia de fuerzas extrarregionales en la región sudamericana se convierte en cuestión clave: Guyana ‘francesa’; bases militares o acuerdos para franquear acceso a bases nacionales; presencia marítima en el Caribe y en el Atlántico sur”.


¿Podrá salvar el espíritu de Guararapes a la Sudamérica emergente?


www.alfredojalife.com

@AlfredoJalife

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