Hacia un Nuevo Orden Mundial de la Cultura y la Comunicación

 

Toda organización política (y, por lo tanto, toda organización) debe tener en su “agenda” la problemática histórica actual en materia de Cultura y Comunicación. No es mucho pedir y no hay escapatorias. Ya tuvimos tiempo de sobra para aprender que, entre todas las batallas que la humanidad libra hacia su emancipación, los “territorios” de la Cultura y la Comunicación han sido especialmente colonizados y mayormente plagados con derrotas muy severas.

Pero no se trata de priorizar a la Cultura y a la Comunicación en una “agenda” donde se las entienda exclusivamente como “espectáculo”, “entretenimiento” o “curiosidad”… como suele hacer cierto sector de las oligarquías y sus burocracias. No se trata de fingir, con discursos, que nos ocupa o preocupa la “diversidad” expresiva de los pueblos. No se trata de repetir la mueca clientelista que reparte becas, o subsidios, a los amigos y a los amigos de los amigos. No se trata de convencernos con sesudas disquisiciones academicistas ni convenciones internacionales plagadas con naderías en la práctica. De lo que sí se trata es de habilitar, profundizar y ensanchar el ejercicio de derechos humanos inalienables como son el Derecho a la Cultura y el Derecho a la Comunicación, no sólo en igualdad de “oportunidades” sino, principalmente, en igualdad de condiciones.

Una “agenda” de Cultura y Comunicación para nuestro tiempo, debe interesarse por la democratización de las herramientas de producción, distribución e interlocución del “sentido”. Debe interesarse por el ascenso de una corriente semántica renovada por el fragor de las luchas sociales que en todos los ámbitos (ciencias, artes, filosofías, tecnologías…) viene librando la especie humana para garantizarse un lugar digno en su propio desarrollo y no un lugar de “espectador” sometido por un sector social acaparador e históricamente opresor de las mayorías. Tal “agenda” debe interesarse, (inter, multi y transdisciplinariamente) por erradicar los medios y los modos con que los pueblos han sido infiltrados con “valores” o “antivalores” que sólo convienen el statu quo y que han inoculado núcleos de “falsa conciencia” redituables a la ignorancia funcional, al mundo de la mentira como verdad, al sometimiento de consciencias y al mercantilismo desaforado infectado de individualismo y consumismo.

De las fuerzas políticas actuales (que dicen ser emanación de la voluntad popular o de las clases trabajadoras) no podemos espera menos que un modelo comprensivo y dinámico que, en materia de Cultura y Comunicación, se disponga a corregir las asimetrías en el campo de la disputa por el sentido. Que sepa desarrollar un arsenal de herramientas para la crítica (en todos los “sentidos”) ante la hegemonía de la “Iniciativa Privada”; contra el burocratismo clientelista y contra el silenciamiento de las comunidades semánticas más variadas que, además de diversas, son mayoría abrumadora. Que, además de las herramientas para la crítica ponga al alcance de todos los cuerpos legales, las fuentes metodológicas, los espacios de formación, las herramientas de producción, las infraestructuras de transmisión, los modelos de evaluación y la dinámica de la retroalimentación. Abiertas, participativas, auto gestionadas, autónomas y de revocabilidad consensuada desde las bases. Para empezar.

No es posible aceptar políticas de Cultura y Comunicación sin consultas desde las bases y desde la historia. No es aceptable abandonarse a los caprichos del mecenazgo, no es recomendable aspirar al mundo feliz de las “industrias culturales” reproductoras de la lógica de la mercancía en el campo de las ideas y las emociones sociales. Cultura y Comunicación no son mercancías, son Derechos Humanos Fundamentales y al Estado compete su desarrollo, ensanchamiento y profundización. O será nada.

Una organización política que en su “agenda” no contenga, como prioridad de corto plazo, el desarrollo de una Política de Cultura y Comunicación, descolonizadora y transformadora, debe revisarse a fondo contrastándose con los hechos duros y crudos que han venido amenazando a las democracias en las décadas recientes, tal como lo advirtió el Informe MacBride de 1980. No es que falten casos ejemplo, autores denunciantes ni amarguras realmente existentes en el escenario actual donde la Cultura y la Comunicación han sido secuestradas por los poderes monopólicos trasnacionales. Lo que sí está faltando es la decisión política de fuerzas organizadas, con mandato de la clase trabajadora, para desplegar una experiencia nueva y renovadora atenta a las exigencias de los tiempos actuales y del futro inmediato.

“Se requieren nuevos discursos y enfoques que sirvan de referencia a las políticas culturales” ya reclamaba Irina Bokova de la UNESCO. En su reclamo, desde luego están las exigencias cualitativas y cuantitativas, están las consideraciones administrativas y de gestión gubernamental, además de estar a expectativa geopolítica acentuada en una visión Sur-Sur. Y lo que está faltando es la ordenación de las acciones que garanticen un cambio de paradigmas, a fondo, por cuanto compete a la comprensión teórica y práctica de la Cultura y la Comunicación no sólo como expresiones “reflejo”, “espejo” del pensar y el “sentir” social sino como instrumentos para la acción transformadora directa. Hay que romper con resabios y taras de las “culturas” desarrolladas por los colonialismos para contar con pueblos mansos y tributarios de la riqueza para los “amos”.

Hace falta sepultar a la andanada mercantilistas creadora de las “culturas” de la adicción (como el alcoholismo, la farmacodependencia y todas las adicciones autodestructivas). Hay que romper con todo lo que oprime y deprime a los pueblos, obligándolos a resignarse a una cultura de esclavo, a una moral de súbditos y a una estética colonizada que derivan siempre en beneficios comerciales para las clases opresoras. Eso le falta a las Políticas de Cultura y Comunicación que han de nacer en esta etapa y en el seno de las organizaciones políticas que quieran ser respetadas por su respeto histórico a las luchas de sus pueblos. Cultura y Comunicación para la emancipación. Nuevo orden.

 

Fuente: Rebelión/Instituto de Cultura y Comunicación UNLa

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Arabia Saudí-lrán: los ocho motivos de un odio “sunnita-chiita” poco religioso

 

Bombardear Irán” ha sido una exigencia del Reino de Arabia Saudí (RAS) a EEUU desde hace años. Para conseguirlo, contribuyó a la campaña electoral de Donald Trump, invirtió ingentes millones en la economía militar de EEUU, e incluso adaptó el suministro del petróleo de la OPEP al mercado mundial a los intereses de Washington. ¿Piensa que el presidente de EEUU tiene “un precio” o es su sicario?

Pero, ¿Por qué el principal país islámico-sunnita del mundo, Indonesia, mantiene buenas relaciones con la República Islámica-chiita de Irán pero el RAS sueña con convertirlo en un montón de cenizas?

 

  1. Pasan catorce siglos de la invasión de los árabes procedentes de las actuales tierras de Arabia Saudí a un Imperio Persa agotado y decadente. Ni las bolas de cristal de su rey de reyes le avisaron del devastador ataque que iba a destruir Irán del único espacio a su alrededor que no conquistó (por desértico), ni del Oro Negro que ocultaba bajo sus arenas. Durante los dos siglos del dominio árabe sobre Irán, sucedieron numerosos movimientos populares y políticos para expulsar a los ocupantes del poder. Aunque lo consiguieron, y un Irán cristiano, mitraísta, budista y zoroástrico fue islamizado, se negó a arabizarse, manteniendo su lengua, su cultura y sus milenarias tradiciones, los derrotados se atrevieron a iranizar el islam: crearon el chiismo, marcado por algunos elementos de la mitología persa, como los 12 apóstoles del Ormuz y la llegada de un Salvador cuando el mundo llegue a su fin. Así, en 1501 el chiismo sale de la clandestinidad para convertirse en la religión oficial del Estado, desbancando el sunismo («Tradicionalismo»). Será por decreto ley a mano del guerrero azerbaiyano Ismael I (1487 – 1524), fundador de la dinastía Safávidas «Los sufles».

 

El objetivo de Ismael I, hijo de la princesa Marta (nieta de la griega Teodora), al fusionar dos identidades, -la “iraniedad” y el “chiismo”- fue levantar una rígida frontera con el principal enemigo de Irán: los “turcos-sunnitas” del imperio otomano (los árabes se encontraban bajo el dominio turco). Ser iraní-chiita era y es una identidad única, que no se encuentra en otro estado. El afán de derrotar a los otomanos fue tal que el monarca Shah Abbas I Safávidas (1571 — 1629) buscó alianza en la Europa cristiana: envió una delegación a la corte de Felipe III, para negociar un posible pacto. El viaje tuvo una curiosa anécdota: uno de los integrantes de la comitiva, Uruch Beg, apodado “el Don Juan de Persia” fue asesinado en Valladolid, por causas desconocidas.

De hasta qué punto la religión es un instrumento del poder, y los pueblos no eligen su credo, aquí otro dato: en 1736, Nader Shah (1688 —1747), el rey de Irán suspendió el chiismo como la religión oficial del estado, y además lo declaró una escuela más del  sunismo; pretendía así pacificar las relaciones con el vecino otomano, aunque tuvo que retroceder, debido a la resistencia del alto clérigo chií, que no estaba dispuesto a sacrificar su estatus y sus intereses ni por una causa suprema.

La batalla entre estas dos identidades incompatibles tuvo su máxima manifestación durante el reinado de Reza Pahlavi (1925- 1941). Su golpe de estado coincide con el inicio de la formación del RAS. La dictadura Pan-Iranista de Pahlavi es modernizadora, semilaica, y anti-árabe, y en el centro de sus reformas capitalistas está una visceral lucha contra la casta clerical, considerada en la milenaria literatura persa símbolo de la corrupción moral, hipocresía y gandulismo. Los castigos crueles de este rey a los opositores -sobre todo a los comunistas e intelectuales progresistas, alcanzaban también  a los clérigo islámicos: son sometidos a “khal-e lebas” («despojados de la sotana»), y serán afeitados en público de barba y bigote (símbolos de la hombría). Aquel rey desmanteló los tribunales religiosos, reformó la Ley de Familia, abrió universidades, promovió el cine, teatro, música, aunque la joya de su corona fue en 1935 prohibir el velo como un paso decisivo del tránsito social de la Edad Media al siglo XX, dejando que las mujeres entrasen en el mercado de trabajo en los centros académicos, artísticos y científicos. Cambiar el nombre de Persia por el de Irán, «la Tierra de los Arios», en la Sociedad de Naciones fue la culminación de su afán de recuperar la “grandeza” del Irán preislámico

En el RAS, el proceso político es al revés: nace como resultado de la alianza entre la tribu Al Saud y la escuela fundamentalista wahabí. No habrá un “estado” con sus instituciones, sino una empresa privada perteneciente a una familia de corte feudal, cuya ambición no irá más allá de aumentar el peso del oro de sus propiedades.

En esta época, las relaciones entre ambos países son tensas. Los ataques a los peregrinos iraníes en la Meca por los saudíes (que consideran al chiismo una herejía) e incluso la decapitación de uno de ellos, harán que Teherán cierre la embajada de Arabia en Teherán y prohíba a los creyentes iraníes viajar a la ciudad santa.

El protagonismo de EEUU en la región, después de la Segunda Guerra Mundial, forzará a Mohammad Reza Pahlavi y al rey Faisal a acercarse: estarán unidos por la lucha anticomunista y crearán instituciones islámicas globales, como la Organización del Congreso Mundial Islámico, La Liga Mundial de Musulmanes y la Organización de la Conferencia Islámica. El número de mezquitas en Irán se dispara en la década de los 1970 como una barrera para frenar el aumento de la simpatía de los jóvenes hacia los postulados de la izquierda.

Richard Nixon convertirá a Irán y a la RAS en “Twin Pillars” (Doble pilar) de los intereses de EEUU en la región más petrolífera del mundo. El Sha será el encargado de hacer de “Gendarme del Golfo Pérsico”: así recupera para Irán las tres islas de Gran Tomb, Pequeño Tomb. y Abu Musa, que habían sido ocupadas por Gran Bretaña en el siglo XIX y cedidas a los Emiratos Árabes en 1968, y a petición de los ingleses enviará en 1973 al ejército iraní a Omán, para aplastar a la guerrilla marxista de Dhofar, que soñaba con un segundo país árabe socialista (el primero fue Yemen del Sur. La amistad de los sultanes de Omán con Irán perdura hasta hoy.

Múltiple impacto de la caída del Sha sobre Riad

  1. La caída del “último emperador” de Irán en 1979, y sobre todo el fin de la monarquía milenaria más poderosa de la región, provocará pánico en Riad, que teme su efecto mariposa. En la región, las repúblicas iban ganado terreno a las monarquías caducas: antes de Irán, Afganistán (1973), Libia (1969), Yemen (1962), Irak (1958) y Egipto (1952) derrocaron a sus reyes.
  2. Que el sistema político de Irán, al contrario de otras repúblicas semiseculares del “mundo islámico”, se proclamase “islámico” presentaba un nuevo desafío a Riad: por primera vez tendrá un competidor. El ayatola Jomeini no era ningún “republicano”. Su propuesta inicial fue instaurar un okumat-e eslami «Estado islámico), un califato religioso a la semejanza del gobierno de Mahoma. Fue la presión de millones de iraníes que exigían una república, para poder elegir y cambiar al jefe de estado, lo que obligó al ayatola a poner el adjetivo de “república” a una criatura sin precedentes en la historia: un califato dirigido por un clérigo todo poderoso y no elegido que gestionará Welayat-e Faghih, la «Tutela del Jurista Islámico», con capacidad legal de suspender el parlamento y al presidente “electo” (que debe ser varón, chiita, y fiel al Tutor), y en un sistema basado en la Sharia  chii , en el que los habitantes del país tendrán derechos distintos en virtud a su sexo, nacionalidad, religión y la fidelidad hacia el “Tutor”, figura que, por razones desconocidas, es denominada por la prensa occidental como “Líder espiritual”.
  3. Que Jomeini presentase el nuevo estado como una república “islámica; que no “chiita”, y tachara a los saudíes de ” adulterar el islam”, de “ser peones de Israel y de EEUU”, “infieles” o “corruptos y criminales”, arrebataba el monopolio que reclamaban los Saud sobre los “musulmanes sunnitas” del mundo, que son cerca del 80% de la comunidad.
  4. Una comparación rápida entre la RAS y la RI transmitía la idea de que el islam iraní permite el arte, las elecciones, o ciertas libertades a las mujeres, sin tener en cuenta la historia del propio país (que incluso tuvo ministras antes de la RI), presentando a la teocracia saudí como sistema menos desarrollado que la chiita. Al ser Irán un país más avanzado que RAS, sus fundamentalistas también los son.
  5. La carga “social” de la revolución iraní, recogida por Jomeini, quien en un principio, y bajo la gran influencia de la izquierda iraní, prometió justicia a los “desheredados”, introduciendo el factor “lucha de clases” en la comunidad religiosa, que suele dar prioridad a la fe del creyente frente a su cuenta bancaria. Sobre la marcha, se descubrirá que el ayatolá se refería a la “igualdad de los musulmanes ante dios”, insistiendo en que la “propiedad es sagrada en el islam”; y para disipar dudas, en respuesta a los trabajadores que pedían una vida digna sentenció: “preocuparse por el estómago (o sea, la economía) es cosa de animales”. Al final no hubo una teología chiita de liberación, confirmando el principio de que la justicia social es posible sólo en un sistema socialista de producción y distribución justas de los recursos, y sólo bajo la dirección de las fuerzas de izquierda.
  6. El aumento de la influencia de la RI en la región pondrá en jaque a los saudíes, que además, tienen fieles al chiismo en su propio país, que para más inri habitan la región más petrolífera del país.
  7. El intento de la RI en desarrollar un programa nuclear. En 2002, el Consejo de Seguridad de la ONU impone duras sanciones contra Irán.

 

A partir de la RI, las batallas en la región, que tenían tinte nacional (árabe-israelí, irano-árabe, etc.), pasarán por primera vez por líneas religiosas chiita-sunnita, dividiendo aún más a los trabajadores de la región frente a sus enemigos. Palestina fue la primera víctima de esta nueva situación. La Organización para la Liberación Palestina perderá su fuerza: además de luchar contra la ocupación israelí debe protegerse de los ataques de grupos religiosos patrocinados por la RI y RAS.

 

La respuesta de Riad al desafío de la RI

  • Financiar la guerra de Sadam Husein contra Irán entre 1980-1988.
  • Fundar el Consejo de Cooperación del Golfo en 1981 como sistema de seguridad “anti-chiita”, y promover con EEUU una “OTAN sunnita”.
  • Consolidar su control sobre el precio del petróleo y la OPEP.
  • Impedir, junto con Turquía e Israel, que en Irak los iraníes pudiesen aprovechar el “error” de Bush de implantar un gobierno chiita tras derrocar al sunnita Saddam Husein. Es la primera vez que Irán obtiene una influencia de envergadura en un país árabe.
  • Enviar a miles de “Yihadistas” a Siria, para derrocar a Bashar al Asad el único aliado de la RI en la región.
  • Planear en 2009 el desarrollo de un programa nuclear, mientras “ayuda” a Pakistán para mantener su bomba atómica.
  • Pedir a los gobiernos de Bush y de Obama bombardear Irán.
  • Patrocinar la campaña electoral de Trump a cambio de que rompiese el acuerdo nuclear de EEUU firmado en 2015, a pesar de beneficiar a Arabia (y a Israel), pues el levantamiento de las sanciones económicas sobre Irán fue el último golpe a las esperanzas de los saudíes de una acción bélica de Washington contra Irán. El acuerdo permitía a Teherán normalizar su relación con el mundo, aumentar sus mercados, y también su zona de influencia en perjuicio de sus competidores regionales, justo cuando Arabia estaba sufriendo un déficit presupuestario de 87.000 millones de dólares y planteaba vender ARAMCO, su empresa estatal de petróleo y gas. Según el FMI, el país árabe puede quedarse sin activos financieros en pocos años. Le urgía a Riad, que se ha convertido en el primer comprador de armas del mundo, hacer desaparecer a Irán como potencia. Y para ello, ha empezado por pagar millones de euros a la prensa y a “Google” para borrar el adjetivo “Pérsico” al golfo que lleva este nombre, antes de la aparición de Arabia, cuando la antigua Grecia lo denominaba “Limen Persikos”. De allí “la Guerra del Golfo”, de un golfo sin nombre y ubicación geográfica.

 

Y estas no son las únicas amenazas percibidas por Riad:

  • Los extremistas sunnitas le acusan de ser poco islámico. permitir en las tierras sagradas del islam, por ejemplo, piscinas mixtas en la base militar de EEUU.
  • Los sectores liberales “sunnitas” -como el periodista Jamal Khashoggi, las mujeres feministas y jóvenes seculares, como el bloguero Raif Badawi o el poeta palestino Ashraf Fayadh, acusados de apostasía.
  • Y del propio EEUU, que le amenazó con eliminarle en dos semanas.

 

Pasa un siglo del Tratado de Sykes-Picote, que repartió Oriente Próximo entre las superpotencias del momento, Francia y Gran Bretaña. Ahora EEUU busca una nueva arquitectura geopolítica que garantice sus intereses a largo plazo en esta estratégica región del planeta, y Arabia Saudí no es más que una herramienta en sus manos en ejecutar este proyecto.

Este conflicto entre las dos teocracias está teniendo lugar en el Estrecho de Ormuz, y en  el suelo de terceros países como Irak, Siria, Líbano y Afganistán: se trata de un juego  de suma cero, y no sólo por la incompatibilidad de sus intereses, sino también por su mirada metafísica que distorsiona la realidad que les rodea.

30 junio 2019

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Lunes, 24 Junio 2019 06:46

El camino a la radicalización

El camino a la radicalización

El filósofo analiza los actuales enfrentamientos sin fronteras, el uso político de la religión y la penetración de las ideas jihadistas entre los jóvenes de familias musulmanas nacidos y criados en Europa.

 

Una definición rápida y estándar de “mártir” dirá que se trata de una persona que se sacrifica en defensa de sus creencias. Y así se autoidentifican quienes adoptaron una visión radicalizada del islamismo y se unieron a grupos fundamentalistas como, por ejemplo, el Estado Islámico. Poner el cuerpo en un asesinato a sangre fría, en un atentado suicida o en un combate con poderosas fuerzas militares son actos heroicos que los diferencian de sus enemigos, proclives a los ataques selectivos con drones. En su libro El sueño de los mártires. Meditaciones sobre una guerra actual, Premio Anagrama de Ensayo 2018, el pensador, ensayista y crítico literario argentino Dardo Scavino propone partir de estas posiciones contrapuestas sobre la vida y la muerte para entender los enfrentamientos sin fronteras, el concepto mismo de martirio, el uso político de la religión, las transformaciones en los países árabes, la penetración de las ideas yihadistas entre los jóvenes de familias musulmanas nacidos y criados en Europa, el devenir geopolítico tras el fin de la Guerra Fría y la reconfiguración del vínculo entre ciudadanos y Estado en el capitalismo posmoderno.

 

“No cambiaron los motivos por los cuales surgieron los grupos yihadistas”, dice Scavino –que fue profesor en las universidades de Buenos Aires, Burdeos, Versailles Saint Quentin en Yvelines y de Pau et des Pays de l’Adour–, un intelectual que no hace concesiones ni cae en posturas ingenuas o simplistas a la hora de enfrentar una investigación.

 

–El sueño de los mártires parte de la idea de que los conflictos globales son producto de entender la relación entre individuo y sociedad de distinta forma.

–En la propia disimetría del combate se ve eso. Pongo el ejemplo del mártir y el telepiloto de dron. El primero sacrifica su vida en el nombre de una causa mientras que el otro puede matar preservándose como combatiente, sin sacrificar para nada su persona. Estas dos modalidades de combatientes, o de un combatiente y un no combatiente, revela un poco el estatuto de esta relación del individuo con la sociedad. No es sensato que pueda oponer a la cultura musulmana y a la cultura occidental ya que en la cultura occidental esa relación de sacrificio individual en nombre de los hermanos también existe. El propio himno de los Estados Unidos termina hablando de la patria del valiente. Y el valiente es el que defiende la libertad de la patria. Como dice Olivier Roy, uno de los especialistas del jihadismo aquí en Francia, no hay una radicalización del islam sino una islamización de la radicalidad. Esa posición de radicalidad, de contestación de lo que podemos llamar el capitalismo occidental, hasta los años 90 estaba en organizaciones más cercana al marxismo o a las luchas de liberación nacional. En el caso de los jóvenes musulmanes hubo una suerte de desplazamiento hacia las posiciones islamistas.

–¿Por qué habla de una primera guerra global? 

–El terrorismo es una clasificación que hace alusión a una táctica de combate, pero no dice nada de la estrategia más general que esa táctica supone. Tanto Al Qaeda como el Estado Islámico utiliza la misma táctica terrorista pero la estrategia política no es igual. Además, el terrorismo se utilizó en muchos momentos de la historia. Fue utilizado por pasiones de derecha, de izquierda, de extrema derecha y extrema izquierda. Después está el tema de cómo calificar a un país que arroja miles de toneladas de bombas sobre una población civil. Prefiero hablar de guerra global porque es una guerra donde los contrincantes, en este caso los islamistas, no luchan en nombre de un Estado nación. Estados Unidos no le declara la guerra a un Estado nación. Interviene en muchos países, sobre todo con sus drones, sin declarar la guerra a otro Estado. No supone una guerra internacional en el sentido de que es entre naciones, sino global, porque no son las naciones en sí mismas las que están en conflicto.

–Hay una historia interesante en su libro que refleja el desencuentro entre dos realidades. Cuando en 2004 se produce el atentado de Atocha, en España, se crea una división entre sus alumnos. Los estudiantes de origen árabe se niegan a ir al acto que se organizaba en la universidad para prestar un minuto de silencio por las víctimas.

–Todos eran universitarios franceses y en apariencia, al menos, no eran chicos radicalizados religiosamente. Ahí se da una línea de ruptura. Mi hipótesis es que no es la conversión religiosa la que va a producir la guerra sino la guerra la que va a producir la conversión religiosa. El conflicto político va a arrastrar a una buena cantidad de jóvenes franceses y de otros países de Europa que tienen grandes comunidades musulmanas a convertirse al islam radical o por lo menos al islam. Es el razonamiento inverso al de muchos politólogos y especialistas en la cuestión, o a grandes rasgos al de Samuel Huntington: es porque comenzó la guerra que hay una radicalización de los musulmanes. Hay una identificación con ese campo atacado por los occidentales de unos jóvenes que, en principio, no tenían mayores razones para convertirse, porque no eran grandes practicantes religiosos, como lo demuestran casi todos los especialistas del tema y los propios documentos oficiales del antiterrorismo. 

–Su libro traza una continuidad entre la lógica del héroe y la del mártir, opuesta a la del telepiloto de dron. ¿Se trata de la misma lógica?

–Acá hay un cambio que pasa por esta división entre una ideología liberal, occidental, y esa otra ideología que no es estrictamente musulmana. La propia palabra martirio viene de Occidente. El mártir del que hablan los musulmanes actualmente no es más que el héroe que muere por la patria. En el caso de los musulmanes es por la umma, la tierra de los creyentes musulmanes. El mártir es el héroe que muere por la patria, frente a la otra figura del martirio que adquirió mucha más importancia a partir de los años 80 y 90 en Occidente: la de la víctima. Es lo contrario. La persona que muere pero que es la víctima inocente, que no muere por su propia causa sino por la causa de otro. Esa figura se volvió más relevante que la del héroe en Occidente, donde durante siglos fue mucho más importante. Acá en Francia lo que se conmemora en casi todas las plazas es a los muertos de la primera y la segunda guerra mundial. Son los héroes, los combatientes de esas guerras. En el caso de la segunda, se recuerda también a los que resistieron a los nazis. Pero murió mucha más cantidad de gente en los bombardeos alemanes sobre Francia. Sin embargo, esa gente no está contabilizada como víctimas de la segunda guerra mundial y no figura en las conmemoraciones. Sesenta años después se va a invertir: la muerte de las víctimas se destaca como un hecho fundamental. Las comunidades, siguiendo un poco el modelo de la Shoá, ya no se identifican con sus héroes sino con sus víctimas. 

–Esta idea del sacrificio se sustenta en mitos. Y muchos mitos se basan en la religión.

–Ahí hay una zona casi fronteriza entre la religión y la política. El mito funciona de esa manera. Establecí ese puente entre el mito sionista y el mito norteamericano del destino manifiesto porque ambos se inician con la figura de los mártires. En Estados Unidos, la figura de los puritanos como mártires de los católicos e incluso de los mismos anglicanos va a ser un factor fundamental. Ellos se van a ver como mártires y, por consiguiente, se van a equiparar con los judíos esclavizados en Egipto. En este caso van a atravesar el Atlántico hasta llegar a la tierra prometida. La misión de esos puritanos es ocupar esa tierra que dios les prometió de alguna manera. Eso va a quedar como un trasfondo muy poderoso del mito nacional norteamericano a tal punto que el día de acción de gracias es una conmemoración muy importante en Estados Unidos. Lo que ocurrió ese día es que los indios del actual Massachusetts los salvaron dándoles comida. Los padres peregrinos habían llegado completamente hambrientos y a medio morirse por el escorbuto. Ese acontecimiento se invierte y se convierte en el día en que dios salvó a esos padres peregrinos y es un signo premonitorio de que efectivamente era el pueblo elegido. Los indios desaparecen de repente del relato y en ese lugar aparece dios dándoles alimentos. 

–¿Piensa que el desafío pasaría por contrarrestar estos relatos?

–Los argumentos racionales no hacen mella desde el punto de vista de la memoria de un pueblo. Es muy difícil contrarrestar los mitos que constituyeron un país.

–¿Y cómo opera el mito para tener eficacia?

–La fuerza de los mitos viene de su origen, que es oral, es decir, que no tiene un autor reconocible, y que circula de alguna manera por la sociedad sin saber de dónde viene. Un poco como los chistes. Mis trabajos están influidos por el pensamiento de Georges Sorel, que fue un teórico de la política marxista de principios del siglo XX que tuvo mucha influencia sobre Gramsci, que tuvo mucha influencia sobre Mariátegui por ejemplo. Mariátegui invertía completamente la lógica del marxismo más ortodoxo diciendo que los burgueses eran racionalistas y materialistas y en cambio los proletarios eran místicos y religiosos. Lo que necesitaba el proletariado era una especie de mito religioso secularizado. Esa posición va a tener mucha influencia en la extrema derecha. Mussolini va a poner a Sorel como un teórico del fascismo. Pero durante mucho tiempo esta idea de que la política es una especie de versión secularizada de la religión va a ser muy importante. Cuando Alain Badiou escribe un libro sobre lo que es la militancia revolucionaria, escribe un libro sobre San Pablo, el teórico por excelencia del mesianismo cristiano, el que va a inventar de alguna manera el nombre Jesucristo, que quiere decir “Jesús es el mesías” y por qué el Cristo vino a salvarnos. Y cuando Walter Benjamin decía que detrás de esa marioneta mecánica que era el marxismo se seguía escondiendo la teología, que era una enana jorobada y fea que había que esconder pero que en realidad manejaba la marioneta que era el materialismo histórico, estaba planteando que lo que alimenta al marxismo sigue siendo un relato de redención de la humanidad.

–En relación con esto usted también plantea la necesidad de una división.

–Hay relato cuando hay un héroe y un enemigo. Es la base de cualquier narración. Eso a nivel colectivo es lo que Carl Schmitt llamaba los amigos y los enemigos. Es decir, la política es la división entre amigos y enemigos. La humanidad como grupo no puede tener un enemigo, salvo que venga una invasión extraterrestre. Por eso decía que quienes hacen política en nombre de la humanidad están mintiendo. Curiosamente, los propios nazis, que él apoyó, lo que van a hacer para convertir a un grupo en su enemigo es deshumanizarlo. Van a decir que los judíos eran subhumanos. Y ellos se ponían en defensores de la humanidad. Siempre hace falta una oposición, una grieta. Sin antagonismo no hay política, no hay pueblo que se constituya. El pueblo hispanoamericano primero, y argentino después, se va a constituir en el momento de las revoluciones de independencia, por oposición a los godos. En la independencia va a haber una alianza entre los criollos y los indígenas a partir de esa oposición común a los españoles, hasta el punto que los criollos que se designaban como descendientes de los conquistadores, por otro lado van a decir que los españoles habían robado sus tierras. Se van a identificar con la posición de los indios. Pero al mismo tiempo hay otros mitos que intervienen. En Argentina, el de civilización y barbarie. Ahí el pueblo se va a constituir sobre la base de la identificación con la civilización. Los indios van a quedar del lado de la barbarie. Ahí la división es otra. Los mitos se superponen y pueden convivir incluso en una misma persona. Según en qué momento la persona esté hablando puede recurrir a uno u otro mito. A veces se identifica al pueblo con el que lucha contra el imperialismo, que es un relato que convocó en su momento a una buena cantidad del pueblo argentino. O Alfonsín, con democracia o dictadura. Esa dicotomía tuvo un poder de convocatoria enorme, donde dictadura eran los militares y también los sindicatos que habían pactado con ellos. El pacto sindical-militar que denunciaba Alfonsín. Con Menem los enemigos van a ser los ñoquis y todos los que viven del Estado, y va a poner en un mismo campo de amigos, de aliados, tanto a los trabajadores del sector privado como a los patrones del sector privado. Por eso son falsas esas políticas que supuestamente hablan en nombre de la unidad. Eso es lo que hacía Videla. Cuando uno lee su primer discurso al momento en que asume como presidente de facto, dice que se llegó a un golpe de Estado porque era un país dividido y había que unir a los argentinos. Ese discurso de la unidad quiere decir que hay alguien que quiere dividir a los argentinos y esos son los enemigos. Es decir, se vuelve a reintroducir el antagonismo siempre. En esa época lo que dividía a los argentinos era la subversión. Ahora es el kirchnerismo. Hay política, hay división.

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Experimento en Japón: la fatiga del capitalismo

Hace dos días concluyó la reunión de ministros de finanzas y gobernadores de bancos centrales del Grupo de los 20 (G20). La reunión se llevó a cabo en Fukuoka, Japón, excelente localidad para ese tipo de reuniones. Después de todo, Japón podría ser catalogado como el mejor laboratorio para economías capitalistas avanzadas. Y si el experimento japonés, que ya dura unos 30 años, nos dice algo, es que la fatiga del capitalismo conduce al estancamiento.


Hace 30 años colapsó el mercado de bienes raíces en Japón. Los precios de casas, locales y terrenos habían estado aumentando de manera acelerada, pero a finales de la década de 1980 la burbuja reventó y la economía japonesa entró en crisis deflacionaria. A lo largo de los años 1990 se comenzó a hablar de la década perdida de ese país, pero la situación de estancamiento se ha mantenido durante tres décadas. Para tratar de revertir la situación, las autoridades japonesas han intentado todo, desde estímulos fiscales hasta política monetaria no convencional. De hecho, Japón fue el primer país en introducir la flexibilización cuantitativa en la política monetaria. A pesar que el primer ministro, Shinzo Abe, ha tratado de combinar políticas macroeconómicas de corte keynesiano con medidas típicas del neoliberalismo, el resultado ha sido el mismo y la economía japonesa se ha mantenido en estado letárgico.


Ya es casi un lugar común señalar que algo parecido ha comenzado a ocurrir en las economías capitalistas desarrolladas. El comunicado final de la reunión de ministros de finanzas en Fukuoka señala que los indicadores sugieren que hacia finales del año el crecimiento de la economía mundial podría estar estabilizándose. Los mercaderes de ilusiones que escriben estos comunicados son unos magos cuando se trata de recurrir a eufemismos. Estabilizar es una bonita palabra. Cuando se está saliendo de una crisis, estabilizarse puede ser una buena noticia. Pero esa palabra puede decir muchas otras cosas. Por ejemplo, en este contexto sería más apropiado interpretarla en sentido negativo: la expansión está frenándose y los nubarrones amenazan con desatar una recesión.


Las principales economías del G20 muestran claros síntomas de perder impulso. Por ejemplo, China ya tiene la tasa de crecimiento más baja (6.2 por ciento) de los últimos 10 años. La tendencia declinante del comercio internacional no es una buena señal para la economía del gigante asiático.


Alemania experimenta ya una caída en sus exportaciones, y en 2018 su tasa de crecimiento (1.5 por ciento) fue la más baja desde 2013. Para 2019 se pronostica una tasa de expansión de 0.6 por ciento. Definitivamente, el estancamiento económico se ha instalado en la economía más fuerte de la eurozona.


La economía de Estados Unidos mantiene una expansión positiva récord, que arrancó desde que se inició la recuperación en 2009. Pero los ciclos no duran para siempre y hoy se multiplican los síntomas de que ese periodo de expansión está a punto de concluir. Por cierto, si alguien menciona que la tasa de desempleo es baja (3.8 por ciento) hay que recordarle que ese indicador siempre ha mantenido un nivel muy bajo justo antes de que comience una recesión. La Reserva Federal ya dio marcha atrás en su programa de normalización de las tasas de interés para combatir la ralentización.


Las perspectivas de endurecimiento de la guerra comercial con China no ayudan a mejorar el panorama. La rivalidad por la hegemonía no se va a detener. La guerra de los aranceles con China no busca corregir un desequilibrio comercial. Washington (y no sólo Trump) quiere doblegar a su adversario y obligarlo a abandonar su estrategia de desarrollo industrial, científico y tecnológico. Eso no lo va a poder hacer, así que la guerra comercial promete recrudecerse. Eso va a perturbar gravemente la economía mundial.


Por cierto, uno de los rasgos característicos de las economías capitalistas desarrolladas es el envejecimiento de su población. Además de presentar un problema macroeconómico por el lado del financiamiento de la seguridad social, eso conlleva un lento crecimiento. Es difícil para una economía crecer rápidamente cuando su fuerza de trabajo se expande muy lentamente. En los años 1970 la fuerza de trabajo en Estados Unidos crecía a 2.6 por ciento, y hoy apenas alcanza 0.2 por ciento. Los flujos de migrantes son clave para mantener la tasa de crecimiento de las economías capitalistas avanzadas. En la medida en que hoy se arremete contra los flujos de migración, se está garantizando la ralentización de la economía mañana.


Después del frenesí de la globalización neoliberal, la economía capitalista mundial podría estar adentrándose en una trayectoria similar a la de Japón en los últimos tres decenios. Las consecuencias serán muy graves, pues significa que la promesa de que el capitalismo puede seguir mejorando el nivel de vida de las grandes masas no se va a materializar. El desencanto político de grandes segmentos de la población va a incrementarse.


Twitter: @anadaloficial

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Sábado, 08 Junio 2019 08:45

El nuevo Führer del siglo XXI

El nuevo Führer del siglo XXI
Varias parecen ser por ahora las similitudes entre el señor Donald Trump y Adolf Hitler, el lamentablemente célebre Führer de la Alemania nazi, que a mediados del siglo XX llevó al mundo a la mayor tragedia de la historia. En días pasados nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador, envió a este personaje una carta fuerte, a la vez que respetuosa, haciéndole ver con claridad la posición de nuestro país ante sus injustificables amenazas de castigar las ventas de productos mexicanos, supuestamente para crear más empleos en su nación, y consecuentemente reducirlos en el nuestro, sin comprender que ello significaría, de facto, el incremento de la migración hacia Estados Unidos. ¿Se trata de un mero teatro demagógico orientado a lograr su relección o en verdad considera que este tipo de estrategias son necesarias para continuar explotando a los países latinoamericanos, considerándolos sus cotos de caza?
 

En este sentido, la carta de López Obrador toma muy en serio las amenazas y provocaciones del mandatario yanqui contestándole con un lenguaje respetuoso, directo y firme, en el que le da como ejemplo a dos mandatarios de Estados Unidos a quienes el país vecino debe mucho de su grandeza y poderío económico. Cuando leí la carta pensé que más que un mensaje para el mandatario incapaz de comprenderlo, lo era para los círculos políticos estadunidenses, al mostrarles que su presidente desconoce la historia de su propio país y los riesgos a los que lo está llevando, con sus odios generalizados contra las naciones que en su opinión no merecen existir. Me siento desconcertado al percatarme de que esos círculos vean las amenazas directas de su presidente, como simples estrategias electorales para asegurar los votos que le permitan mantener el poder otros cuatro años, recordándome una actitud parecida a la que diversos políticos europeos manifestaban ante las declaraciones y acciones de aquel personaje siniestro, creyéndolo incapaz de cumplir sus amenazas.

Pero las semejanzas no se reducen a este altercado por la conducta de nuestro gobierno al rehusarse a obedecer sus órdenes, los juicios y actitudes del presidente gringo, reflejan de manera clara sus prejuicios y actitudes racistas contra la población no solo mexicana, sino de origen iberoamericano en general, y de otras regiones de la Tierra, mientras que sus mensajes homofóbicos incitan a la violencia a una parte de la población estadunidense en contra de otros grupos étnicos, tal como lo hizo Hitler hace 75 años ¿Cuánto tiempo habrá de pasar para que los supremacistas blancos de Estados Unidos comiencen a atacar a los mexicanos y centroamericanos residentes en Estados Unidos, de manera parecida a los actos cometidos contra los judíos por la población alemana y lossimpatizantes de los nazis en otros países de la Europa de aquellos tiempos. Me parece grave que un porcentaje importante de la población estadunidense educada y consiente, no se percate de la gravedad del peligro que amenaza a su propio país, y de paso a muchas otras naciones ante las posibilidades reales de un conflicto armado, conociendo la capacidad de destrucción de las armas actuales. Cuando los alemanes con mayor preparación de aquellos tiempos se percataron de la magnitud del desastre que amenazaba a Europa y al mundo, era ya demasiado tarde, el costo en vidas y daños materiales fue el resultado directo de aquellas omisiones. Ello no debiera repetirse.

Considero que vale la pena examinar el origen del problema que ha dado lugar a las migraciones centroamericanas provenientes de Guatemala, El Salvador y Honduras como resultado de la pobreza y la falta de empleo y de oportunidades en esas naciones, encontrándonos que tal situación se originó hace más de 70 años como resultado de las actividades de algunas empresas estadunidenses como United Fruit, dedicadas a la especulación y a la explotación de la población campesina dedicada a la producción de bananas y a desestabilizar a los gobiernos de esos países para ponerlos a su servicio. Si realmente Mr. Trump quisiera resolver el problema, la solución estaría a su alcance sólo con financiar a esos países para que estén en condiciones de generar los empleos que hoy les hacen falta.

Al igual que Hitler en su tiempo, Trump amenaza ahora y hace responsables de sus propios problemas, a naciones y gobiernos que considera más pobres y atrasados, como es el caso de Centroamérica y del nuestro, ignorando que ha sido Estados Unidos que, aprovechándose de su poderío, ha generado los problemas que tienen los países centroamericanos y del Caribe, al igual que nosotros. Por otra parte, es difícil ignorar los intentos, afortunadamente fallidos hasta ahora, de apoderarse de Venezuela para explotar sus inmensas riquezas petroleras, utilizando traidores a su patria con un mensaje hipócrita según el cual su motivación es liberarlos de su mal gobierno, tal como en su tiempo hiciera Hitler con Checoslovaquia y Hungría, con la pretensión de crear un nuevo gobierno afín a sus intereses. Igualmente, sus deseos de intervenir en Cuba, replicando las acciones de anteriores gobiernos de Estados Unidos, no se diferencia mucho de las prácticas y movimientos realizados por los nazis con algunos de los países de su entorno. ¿Qué debemos hacer hoy los mexicanos y nuestro gobierno para proteger nuestra soberanía y desarrollo económico? Para responder a estas preguntas, es necesario conocer lo que le sucedió a los vecinos de Alemania, incluyendo a Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Bélgica, Holanda y los países bálticos durante la época de florecimiento del nazismo.

La diversificación de nuestro comercio con naciones de Asia y Europa, así como la conformación de una comunidad estrecha con los países de la región, que nos permita fortalecer nuestras actividades de colaboración en materia educativa, de salud y bienestar, debieran ser objetivos de nuestra política exterior.

*Director del Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa

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Lunes, 03 Junio 2019 11:04

Manifiesto del Partido Comunista

Manifiesto del Partido Comunista

Tras más de un siglo y medio de su primera edición, el Manifiesto del Partido Comunista no pierde vitalidad ni actualidad al recordarnos que la lucha de clases es empujada, necesariamente, por la contradicción existente entre la naturaleza humana (esencia) y su situación existencial (facticidad) en el sistema mundo capitalista. También, necesariamente, por la dialéctica interna que debe librar todo ser humano entre su propia ignorancia y alienación y la conciencia de la necesidad ontológica de la dignidad y los derechos fundamentales que acompaña en todos los tiempos y lugares a cada individuo de la especie en su singularidad-universalidad, requerimiento para su florecimiento humano integral.

Martes, 28 Mayo 2019 06:25

Críticos neoliberales

Críticos neoliberales

Para Michel Foucault el poder siempre ha estado ahí. Estructurando con su discurso las mentes de los humanos desde que aparecen en este mundo; educando, persuadiendo, catequizando, seduciendo, sujetando, acogotando. El poder funda y es garantía de orden. Lo ejercen la familia, la escuela, la iglesia, el arte, el poder político y el económico, la cultura en general. El poder más eficiente es el invisible, porque normaliza. Se instala y se presenta como "natural" o "normal". Nos estructuran muchos poderes coherentes e incoherentes entre sí, y por eso somos contradictorios. Pequeñas, grandes, predominantes formas de poder conviven, cambian, nos cambian, o las adoptamos con frecuencia sin elegirlas.

No hay un ser humano "previo" engañado o reprimido por las estructuras de poder. Uno que podría despojarse de todas las formas de poder que lo han estructurado y recuperar una supuesta "humanidad original" libre de toda estructuración.

El capitalismo avanzado global, posindustrial, financierizado, en el que vivimos, llegó armado del discurso neoliberal: una enorme canasta de "certezas", un poder por (no tan) largo tiempo incontestable.Ese discurso logró instalarse el último me¬dio siglo como lo natural, lo normal. Ha es-tructurado no sólo a los sectores dominantes que lo personifican, sino también a vastas porciones de las sociedades. Lo hace mediante la operación mercantil cotidiana "normal" que a todos abarca, y mediante la operación financiero/bancaria y la bursátil. Lo hace mediante los "valores", los "héroes" y los winners, individualistas y consumistas,presentes sin cesar en los medios de comunicación. Lo hace con sus intelectuales normalizados en ese discurso.

En México los críticos neoliberales de la 4T desesperan. Sin cesar, día a día, subrayan las "barbaridades" o los"errores" cometidos por el gobierno de AMLO. Como criaturas del discurso neoliberal sólo les es dado leer el mundo de ese modo. No señalan los errores cometidos por el gobierno en el ejercicio de intentar alcanzar los cometidos que se ha propuesto el programa de la 4T, no, esos no los registran; detectan como errores las acciones confusas o discordantes con la operación "normal" de una "democracia moderna". Ya se sabe, de la mano de la "democracia" va el "libre mercado", una libertad fundamental stricto sensu.

El capitalismo neoliberal ha entrado en etapa histórica de agonía, pero esos críticos no tienen otro asidero que sus mantras. Continuarán en ellos, indefectiblemente. Fueron parte del poder pero ahora se les escapa de las manos. Intentan desde ya recuperarlo, y por eso no cesan. Combatir cada día el discurso y los hechos de AMLO es su modus vivendi.

El capitalismo neoliberal ha sido la peor versión del capitalismo. El libre mercado ha sido siempre el modelo de la anarquía por antonomasia. El libérrimo mercado neoliberal fue el acto de soltar a los caballos salvajes desbocados a galopar sin freno en todas direcciones. El resultado fue la hiperconcentración de la riqueza como nunca en la historia; la tumba de la convivencia social –en todas partes– como nunca en la historia; el arrasamiento del planeta como nunca en la historia. La prueba mayor del decaimiento del capitalismo neoliberal y su discurso es ver ahora cómo el centro neurálgico mundial de ese sistema, Estados Unidos, abandona el vertedero que dominaba dejando al capitalismo en una noche negra e ignota.

El comportamiento canalla de Trump en Siria, o en Irak, y ahora también en América Latina forma parte de ese recogimiento sobre sí mismo que el imperio procura devastando aún más al resto del planeta en lo que pueda. La guerra económica contra China y Rusia es evidencia de debilidad, no de poderío. El nacionalismo gorila no sólo se instaura en el imperio. También en Europa avanza y el grito de sálvese el que pueda resuena por el orbe.

Donde hay poder hay resistencia y, por tanto, conflicto. Las atrocidades cometidas por el neoliberalismo del subdesarrollo en México machacaron a las mayorías encima de la ignominia de siempre que venían sufriendo. La injusticia histórica acumulada desembarcó el 1º de julio pasado en la forma de una posibilidad (por ahora no más que eso) de mejorar la vida. No sabemos en qué medida ni a qué proporción de los excluidos llegará el alivio; pero la oportunidad no podía perderse.

Los críticos neoliberales son insensibles al dolor de la sociedad de los excluidos, como ordena el canon del individualismo vigente. Pero se van quedando con un discurso vacío, pues el sistema que tantos bienes les obsequió hace agua irremediablemente.

Esos críticos esperan recuperar el poder perdido, pero esperan estérilmente. No ha¬brá vuelta atrás; pero los excluidos en busca de concretar su nueva posibilidad, nada tienen asegurado tampoco. La búsqueda de nuevos arreglos sociales y políticos es para todos. Largo es el camino, pero la con¬dición de alerta respecto al poder en todas sus formas debe ser continua y sin desmayo.

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Lunes, 15 Abril 2019 08:04

El camino al infierno…

Víctor Hugo Ruiz, sin título (Cortesía del autor)

 Un sueño hecho realidad. Con “La política de Defensa y Seguridad para la Legalidad, el Emprendimiento y la Equidad” (1) del gobierno Duque, entregada al país el pasado 6 de febrero, estamos ante el anhelo institucional de una política de defensa y seguridad que implica y cubre al conjunto social en todas sus variables. Como pretensión de todo gobierno que se dice democrático, dista de tal propósito (2). No es posible la democracia directa, radical y no sólo participativa, donde el Estado, con fines de seguridad, lo cubre todo. La sospecha y el control se extienden por doquier, de lo cual únicamente puede surgir un Estado policivo, en nuestro caso, además, producto de la historia pasada y reciente, una sociedad sometida al miedo.


Esto es así a pesar de la máxima proclamada por esta Política de que “la seguridad no es una cuestión ideológica, ni de derecha ni de izquierda; es un presupuesto de la convivencia pacífica y del ejercicio de los derechos ciudadanos”. Tal presupuesto parece más propaganda que realidad, pues, si bien la seguridad es un bien común, cualquier persona reconoce que el Estado no garantiza tal derecho de manera igualitaria, de lo cual da cuenta el saber popular desde tiempos inmemoriales con el dicho “La ley es para los de ruana”, realidad de Perogrullo que también se expresa en decires como que “no se persigue a los delincuentes de cuello blanco”, ratificada esta realidad cuando las cárceles mantienen lugares especiales –cómodos, saludables y con otras prebendas– precisamente para los pocos delincuentes de cuello blanco que terminan en ellas. En la calle, como la padecemos por estos días, la “seguridad” es para aplicarles el tristemente famoso Código de Policía precisamente a los de “ruana” (Ver, “Un espíritu fétido”, p. 3).


De acuerdo al criterio oficial, a pesar de que el Estado y la sociedad colombiana desarticularon en la primera década del siglo XXI las principales amenazas armadas que enfrentaba el país –las Auc y las Farc–, subsisten graves amenazas para la seguridad nacional, más aún al registrarse la pérdida de la iniciativa estratégica del Estado en la lucha contra los fenómenos criminales, la misma que debe recuperarse. De ahí la necesidad de una nueva visión de seguridad, sustentada en el documento de marras y cuyo eje central se puede sintetizar con el siguiente aparte: “Es indispensable superar la tradicional estrategia de control militar del territorio basada, con pocas excepciones, en el despliegue de unidades militares y de policía, sin el acompañamiento estratégico de las entidades públicas y privadas, y las organizaciones de la sociedad civil”. Es este un “enfoque multidimensional de la seguridad [que] requiere una aproximación multisectorial e interagencial […]”. Además, “esta nueva visión parte de reconocer que la Defensa, la Seguridad y la Legalidad van de la mano y son interdependientes” […]. “En este orden, la legalidad, el emprendimiento y la equidad, pilares del gobierno nacional, tienen como base la defensa y la seguridad, concebidas más allá del despliegue operacional de Fuerzas Militares y de Policía”.


La visión allí desbrozada le anuncia al país una política de paz que no lo es, pues levanta como precondición para todo posible diálogo “[…] que conduzca a la disolución de un grupo armado organizado al margen de la ley […] la concentración de individuos en armas en espacios geográficos delimitados, con observación internacional y garantizando el fin de toda actividad criminal”. El traspié de la negociación en curso meses atrás con el Eln –organización guerrillera que ahora desconocen en su carácter y pasan a denominar “Grupo Armado Organizado” (GAO)– encuentra acá el soporte de la maniobra duquista. Seguramente el llamado Clan del Golfo, que también es enlistado en tal categoría, al recibir ese mandato desistió en su pretensión de desarme tantas veces anunciado durante el gobierno Santos.


Es aquella una “política de paz” que mira las fronteras con total sospecha, explicando, entre líneas, de igual manera la estrategia seguida ante Venezuela, la prioridad dada a la Otan, la alianza cada vez más estrecha –sometida– con los Estados Unidos –tanto en relación al ataque contra Venezuela como en la llamada “guerra contra las drogas”–, así como posibles conflictos con Nicaragua y la tensión latente con Cuba. Para proceder de tal modo, enuncia que “a nivel internacional las amenazas a la seguridad se han agudizado para Colombia. Entre ellas están […] los regímenes no democráticos, las crisis humanitarias y la migración masiva irregular, la injerencia de potencias ajenas al hemisferio, el patrocinio y [la] tolerancia estatal con organizaciones terroristas y de narcotráfico en la región, y la pretensión de despojar al país del territorio […]”. Pero también enumera lo que denomina “nuevas amenazas”, algunas de ellas relacionadas con el cambio climático, otras con el ciberespacio –sobre lo cual no cuestiona la dependencia en ciencia y tecnología que padece el país, lo que impide que en algún momento se pueda contar con un programa confiable y de punta en este terreno– y, por último, una que parte de valorar las cualidades que tiene Colombia, como “potencia mundial en biodiversidad y agua, además de ser uno de los países privilegiados que comparte la selva Orinoco-Amazónica. Tales riquezas constituyen un activo estratégico de la nación y deben ser objeto de protección especial y protección activa”.


Es aquella una valoración de las bondades naturales con que cuenta el país y que enfatiza en la visión predominante en el mundo actual, donde agua, bosques, minerales y demás sujetos y cuerpos que componen o integran la madre tierra son una mercancía más, y de ahí que aludan a la biodiversidad y el agua como activos. Es de suponer, por tanto, que la preocupación esencial del establecimiento, al brindar esa “protección especial y activa”, no es para preservarla y así garantizar los derechos de todas las especies que allí habitan o lo hacen en su entorno –como favorecer con ello a la humanidad entera al mantener vivos importantes pulmones que con su acción menguan en algo o retrasan el incesante incremento del cambio climático– sino para mercantilizarla en las mejores condiciones posibles al mejor postor, uno que no sea ‘ilegal’ o ‘informal’ sino que provenga de alguna multinacional.


Este es el panorama de una realidad biodiversa y que, si de verdad se pretendiera proteger, debiera llevar al establecimiento, además, a preguntarse por el modelo de desarrollo dominante, examinando todas sus falencias y consecuencias, para sacar conclusiones lógicas que impacten de manera positiva todo aquello que en letra se postula como propósito loable. Pregunta por el modelo de desarrollo que entre los muchos aspectos que implica debiera enfatizar, de igual manera, en el tema de la tierra en nuestro país, y la necesaria y siempre negada reforma agraria, vía idónea para impedir que la frontera agrícola prosiga su incesante avance, creando con ello las condiciones óptimas para proteger parte de la ahora reivindicada biodiversidad y las fuentes hídricas del país, las cuales tienen en los llamados parques nacionales naturales, territorios desde hace mucho en el ojo de la motosierra y las palas mecánicas, los epicentros de su existencia.


No es exagerado pensar que un manejo comunitario de la naturaleza que habitamos y somos –posible desde el acceso a la tierra por quienes carecen de ella– ofrezca mejores condiciones para evitar o neutralizar la acción depredadora de mineros, mercaderes de madera y fauna de todo tipo, narcotraficantes y otros, que abordarlo simplemente como parte de una estrategia de seguridad y defensa, así la misma esté pensando en incluir en su concreción a toda la sociedad. ¿Qué sentido de pertenencia e interés en ser incluido en acciones de control puede tener quien siempre ha sido negado de todo, y sólo es visto como subversivo, raspachín, vago o, en otras palabras, delincuente? ¿Qué resultado positivo puede tener una acción de control cuando lo militar mantiene un peso sustancial en ello, acción que, a la luz de la llamada “guerra contra las drogas”, muestra sin contemplación alguna sus límites y sus imposibilidades?


Todo esto constituye un límite y una realidad ya considerados, incluso por los diseñadores de esta política de seguridad y defensa, para quienes la equidad es un propósito por lograr. Pretensión loable, más aún en una sociedad de honda desigualdad social como la nuestra, donde tierra, empresas y capital en general están concentrados en una minoría, a tal punto que el país no alcanza a salir de los vergonzosos primeros sitios reportados por todo tipo de estudios que sobre el particular se llevan a cabo. La desigualdad y la concentración de riqueza impide la movilidad social a tal punto que, para una familia pobre, su ascenso a clase media –estable, no simplemente como efecto de una política de subsidios que se quiebra ante el más leve devenir de la coyuntura económica global– exige que sus integrantes vivan doce generaciones, es decir, ¡300 años! Es esta una realidad imposible de romper por el simple control de la ilegalidad, como se dice en el documento (“La ilegalidad es la principal enemiga de la equidad”), pues, si bien ello contribuye a esta realidad, allí no reposa lo fundamental. El principal enemigo de la equidad es la concentración de la riqueza, propiciada por un modelo económico y político excluyente, violento e injusto, y al servicio de unos pocos.


Dicen que no hay peor ciego que quien no quiere ver, y así lo reafirman los agentes del establecimiento cuando, al seguir observando el tema de la equidad, concluyen que se accede a la misma “[…] si se logran las condiciones para que la economía de mercado funcione […]“. Paradoja, precisamente entre nosotros y desde siempre la economía de mercado ha sido la reina, posicionándose en ésta –como dice el catecismo neoliberal– el “más inteligente”, el “más astuto”. Tal vez es necesario recordar que precisamente en la economía de mercado la redistribución equitativa y voluntaria no existe, en virtud de la dinámica misma de la estructura económica.


Sin equidad posible en nuestra actual sociedad, se rompe el “círculo virtuoso de la seguridad” que se propone esta política y que además incluye emprendimiento, legalidad y seguridad. La transformación estratégica, propósito de tal círculo, por tanto, no podrá alcanzarse. Imposible, más allá de los buenos deseos y a pesar de los 861.808 activos ciudadanos integrados en la “Red de participación cívica” por la seguridad, según el anuncio de febrero pasado del ministro de defensa Guillermo Botero (3), red proyectada para incorporar hasta dos millones de integrantes, para unir a la alianza alcanzada con los más de doscientos mil integrantes de las empresas de vigilancia privada. Con estas redes y alianzas se avanza en la concreción de la pretendida acción multisectorial y multidimensional de la política de seguridad y defensa, pero que no garantizan el desarrollo del “círculo virtuoso de la seguridad”, el mismo que va más allá del emprendimiento, es decir, de la iniciativa individual, que sirve para crear falsas ilusiones –el “yo puedo” neoliberal– pero no para romper la lógica dominante en la economía de mercado.


Precisamente, una condición fundamental para quebrar la inseguridad prevaleciente en amplios sectores del país radica en la solidaridad, producto de la acción común, de la redistribución equitativa y justa de la riqueza social, y contraria al reclamado ‘emprendimiento’, que, por excelencia, es individual –además de imposible si no se cuenta con capital de trabajo–. Es decir, no es viable propiciar una vía de desarrollo basada en la agresión a la naturaleza y el irrespeto de los derechos fundamentales de las mayorías sociales, y llamar a esas mismas mayorías a que actúen, en unión con el Estado, en pos de la seguridad. O tal vez la gente lo hace si por ello recibe algún reconocimiento económico.


En estas circunstancias, por tanto, lo que vendrá como producto de esta política de seguridad y defensa es una mayor militarización del país, producto lógico de la propia acción multisectorial e interagencial que reclaman para el éxito de la misma, queriendo evitar así que, en la lucha contra todo tipo de actores armados y delincuencia a lo largo y ancho del país, todo descanse en el aparato amado, que en nuestro caso implica a la Policía, ya que, como se sabe, ésta funciona con lógica militar, además de estar militarizada.


Este propósito parece nuevo pero no lo es. Siempre se ha pretendido, como lo recuerda la llamada “acción cívico-militar” de los años 60, 70 y más, activada para neutralizar a la insurgencia, hasta los planes de contrainsurgencia desplegados en territorios en disputa con aquella, en que el mando militar termina suplantando la autoridad civil y relegándola a las necesidades del aparato armado, y a la lógica del secreto militar, como lo ha vivido el país en territorios en guerra a lo largo de este siglo. Tal vez falte decir que en esta acción integrada no se reconoce la presencia de todo aquello que es reconocido con el prefijo “para”, encargado en unos casos de recoger inteligencia de combate, en otras de intimidar, y en no pocas ocasiones de desplazar y masacrar. De acuerdo a la historia nacional, en todos estos casos quien termina afectada es la población civil, lo que la inhibe para actuar de la mano con el actor armado.


Estamos, entonces, ante unos propósitos inscritos en una lógica ya conocida, preñados de “buenas intenciones” pero condenados al fracaso, en todo o en parte, lo cual implicará que la sociedad, sobre todo la conformada por los eternamente negados, sienta el peso de un aparato cada vez más cohesionado y mejor dotado en todos los niveles, que le caerá como yunque pretendiendo garantizar la reiterada por este gobierno prevalencia de la “legalidad” y la “seguridad”, en todo caso no como resultado de vida digna y justicia sino como imposición del poder en defensa de la sociedad realmente existente, la excluyente e inequitativa, que no es posible superar como efecto de simple deseo.


Lo que sin duda logrará esta política es que las Fuerzas Armadas y de Policía mejoren la venta de su experiencia por doquier, aprovechando cada vez más el reconocimiento internacional de su alta experiencia en combate de jungla y similares, función en la cual ya reemplaza a la pésimamente recordada “Escuela de las Américas”. Y de su mano, la “diplomacia para la Defensa […]”, que llevará a nuestro país a comprometerse en la geopolítica de lo que llaman “[…] potencias aliadas con las cuales existen intereses comunes, en el marco de un modelo de seguridad cooperativo que preserve los intereses nacionales”.


Buenos deseos, sí, soportados sobre una base errónea, sí, con lo cual su resultado general, en el mejor de los casos, será limitado. Pero proseguirá la guerra, ahora también con aire internacional.

1. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2019/190206-Palabras-Presidente-Ivan-Duque-presentacion-Politica-Defensa-Seguridad-para-Legalidad-Emprendimiento-Equidad.aspx.
2. Esta política, distribuida en seis capítulos, parte de las debilidades actuales del Estado colombiano en este campo, como antesala de las Amenazas, para adentrarse en lo que pudiéramos llamar su “soporte o base” –Legalidad, Emprendimiento, Equidad–, y desbrozar a continuación los Ejes de transformación estratégica, los Principios de la Política, los Propósitos de la Política, para cerrar con los Objetivos estratégicos y Líneas de Política.
3. https://www.rcnradio.com/judicial/red-de-participacion-civica-ya-cuenta-con-mas-de-800000-personas.

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Sábado, 13 Abril 2019 16:00

El camino al infierno…

Víctor Hugo Ruiz, sin título (Cortesía del autor)

 Un sueño hecho realidad. Con “La política de Defensa y Seguridad para la Legalidad, el Emprendimiento y la Equidad” (1) del gobierno Duque, entregada al país el pasado 6 de febrero, estamos ante el anhelo institucional de una política de defensa y seguridad que implica y cubre al conjunto social en todas sus variables. Como pretensión de todo gobierno que se dice democrático, dista de tal propósito (2). No es posible la democracia directa, radical y no sólo participativa, donde el Estado, con fines de seguridad, lo cubre todo. La sospecha y el control se extienden por doquier, de lo cual únicamente puede surgir un Estado policivo, en nuestro caso, además, producto de la historia pasada y reciente, una sociedad sometida al miedo.


Esto es así a pesar de la máxima proclamada por esta Política de que “la seguridad no es una cuestión ideológica, ni de derecha ni de izquierda; es un presupuesto de la convivencia pacífica y del ejercicio de los derechos ciudadanos”. Tal presupuesto parece más propaganda que realidad, pues, si bien la seguridad es un bien común, cualquier persona reconoce que el Estado no garantiza tal derecho de manera igualitaria, de lo cual da cuenta el saber popular desde tiempos inmemoriales con el dicho “La ley es para los de ruana”, realidad de Perogrullo que también se expresa en decires como que “no se persigue a los delincuentes de cuello blanco”, ratificada esta realidad cuando las cárceles mantienen lugares especiales –cómodos, saludables y con otras prebendas– precisamente para los pocos delincuentes de cuello blanco que terminan en ellas. En la calle, como la padecemos por estos días, la “seguridad” es para aplicarles el tristemente famoso Código de Policía precisamente a los de “ruana” (Ver, “Un espíritu fétido”, p. 3).


De acuerdo al criterio oficial, a pesar de que el Estado y la sociedad colombiana desarticularon en la primera década del siglo XXI las principales amenazas armadas que enfrentaba el país –las Auc y las Farc–, subsisten graves amenazas para la seguridad nacional, más aún al registrarse la pérdida de la iniciativa estratégica del Estado en la lucha contra los fenómenos criminales, la misma que debe recuperarse. De ahí la necesidad de una nueva visión de seguridad, sustentada en el documento de marras y cuyo eje central se puede sintetizar con el siguiente aparte: “Es indispensable superar la tradicional estrategia de control militar del territorio basada, con pocas excepciones, en el despliegue de unidades militares y de policía, sin el acompañamiento estratégico de las entidades públicas y privadas, y las organizaciones de la sociedad civil”. Es este un “enfoque multidimensional de la seguridad [que] requiere una aproximación multisectorial e interagencial […]”. Además, “esta nueva visión parte de reconocer que la Defensa, la Seguridad y la Legalidad van de la mano y son interdependientes” […]. “En este orden, la legalidad, el emprendimiento y la equidad, pilares del gobierno nacional, tienen como base la defensa y la seguridad, concebidas más allá del despliegue operacional de Fuerzas Militares y de Policía”.


La visión allí desbrozada le anuncia al país una política de paz que no lo es, pues levanta como precondición para todo posible diálogo “[…] que conduzca a la disolución de un grupo armado organizado al margen de la ley […] la concentración de individuos en armas en espacios geográficos delimitados, con observación internacional y garantizando el fin de toda actividad criminal”. El traspié de la negociación en curso meses atrás con el Eln –organización guerrillera que ahora desconocen en su carácter y pasan a denominar “Grupo Armado Organizado” (GAO)– encuentra acá el soporte de la maniobra duquista. Seguramente el llamado Clan del Golfo, que también es enlistado en tal categoría, al recibir ese mandato desistió en su pretensión de desarme tantas veces anunciado durante el gobierno Santos.


Es aquella una “política de paz” que mira las fronteras con total sospecha, explicando, entre líneas, de igual manera la estrategia seguida ante Venezuela, la prioridad dada a la Otan, la alianza cada vez más estrecha –sometida– con los Estados Unidos –tanto en relación al ataque contra Venezuela como en la llamada “guerra contra las drogas”–, así como posibles conflictos con Nicaragua y la tensión latente con Cuba. Para proceder de tal modo, enuncia que “a nivel internacional las amenazas a la seguridad se han agudizado para Colombia. Entre ellas están […] los regímenes no democráticos, las crisis humanitarias y la migración masiva irregular, la injerencia de potencias ajenas al hemisferio, el patrocinio y [la] tolerancia estatal con organizaciones terroristas y de narcotráfico en la región, y la pretensión de despojar al país del territorio […]”. Pero también enumera lo que denomina “nuevas amenazas”, algunas de ellas relacionadas con el cambio climático, otras con el ciberespacio –sobre lo cual no cuestiona la dependencia en ciencia y tecnología que padece el país, lo que impide que en algún momento se pueda contar con un programa confiable y de punta en este terreno– y, por último, una que parte de valorar las cualidades que tiene Colombia, como “potencia mundial en biodiversidad y agua, además de ser uno de los países privilegiados que comparte la selva Orinoco-Amazónica. Tales riquezas constituyen un activo estratégico de la nación y deben ser objeto de protección especial y protección activa”.


Es aquella una valoración de las bondades naturales con que cuenta el país y que enfatiza en la visión predominante en el mundo actual, donde agua, bosques, minerales y demás sujetos y cuerpos que componen o integran la madre tierra son una mercancía más, y de ahí que aludan a la biodiversidad y el agua como activos. Es de suponer, por tanto, que la preocupación esencial del establecimiento, al brindar esa “protección especial y activa”, no es para preservarla y así garantizar los derechos de todas las especies que allí habitan o lo hacen en su entorno –como favorecer con ello a la humanidad entera al mantener vivos importantes pulmones que con su acción menguan en algo o retrasan el incesante incremento del cambio climático– sino para mercantilizarla en las mejores condiciones posibles al mejor postor, uno que no sea ‘ilegal’ o ‘informal’ sino que provenga de alguna multinacional.


Este es el panorama de una realidad biodiversa y que, si de verdad se pretendiera proteger, debiera llevar al establecimiento, además, a preguntarse por el modelo de desarrollo dominante, examinando todas sus falencias y consecuencias, para sacar conclusiones lógicas que impacten de manera positiva todo aquello que en letra se postula como propósito loable. Pregunta por el modelo de desarrollo que entre los muchos aspectos que implica debiera enfatizar, de igual manera, en el tema de la tierra en nuestro país, y la necesaria y siempre negada reforma agraria, vía idónea para impedir que la frontera agrícola prosiga su incesante avance, creando con ello las condiciones óptimas para proteger parte de la ahora reivindicada biodiversidad y las fuentes hídricas del país, las cuales tienen en los llamados parques nacionales naturales, territorios desde hace mucho en el ojo de la motosierra y las palas mecánicas, los epicentros de su existencia.


No es exagerado pensar que un manejo comunitario de la naturaleza que habitamos y somos –posible desde el acceso a la tierra por quienes carecen de ella– ofrezca mejores condiciones para evitar o neutralizar la acción depredadora de mineros, mercaderes de madera y fauna de todo tipo, narcotraficantes y otros, que abordarlo simplemente como parte de una estrategia de seguridad y defensa, así la misma esté pensando en incluir en su concreción a toda la sociedad. ¿Qué sentido de pertenencia e interés en ser incluido en acciones de control puede tener quien siempre ha sido negado de todo, y sólo es visto como subversivo, raspachín, vago o, en otras palabras, delincuente? ¿Qué resultado positivo puede tener una acción de control cuando lo militar mantiene un peso sustancial en ello, acción que, a la luz de la llamada “guerra contra las drogas”, muestra sin contemplación alguna sus límites y sus imposibilidades?


Todo esto constituye un límite y una realidad ya considerados, incluso por los diseñadores de esta política de seguridad y defensa, para quienes la equidad es un propósito por lograr. Pretensión loable, más aún en una sociedad de honda desigualdad social como la nuestra, donde tierra, empresas y capital en general están concentrados en una minoría, a tal punto que el país no alcanza a salir de los vergonzosos primeros sitios reportados por todo tipo de estudios que sobre el particular se llevan a cabo. La desigualdad y la concentración de riqueza impide la movilidad social a tal punto que, para una familia pobre, su ascenso a clase media –estable, no simplemente como efecto de una política de subsidios que se quiebra ante el más leve devenir de la coyuntura económica global– exige que sus integrantes vivan doce generaciones, es decir, ¡300 años! Es esta una realidad imposible de romper por el simple control de la ilegalidad, como se dice en el documento (“La ilegalidad es la principal enemiga de la equidad”), pues, si bien ello contribuye a esta realidad, allí no reposa lo fundamental. El principal enemigo de la equidad es la concentración de la riqueza, propiciada por un modelo económico y político excluyente, violento e injusto, y al servicio de unos pocos.


Dicen que no hay peor ciego que quien no quiere ver, y así lo reafirman los agentes del establecimiento cuando, al seguir observando el tema de la equidad, concluyen que se accede a la misma “[…] si se logran las condiciones para que la economía de mercado funcione […]“. Paradoja, precisamente entre nosotros y desde siempre la economía de mercado ha sido la reina, posicionándose en ésta –como dice el catecismo neoliberal– el “más inteligente”, el “más astuto”. Tal vez es necesario recordar que precisamente en la economía de mercado la redistribución equitativa y voluntaria no existe, en virtud de la dinámica misma de la estructura económica.


Sin equidad posible en nuestra actual sociedad, se rompe el “círculo virtuoso de la seguridad” que se propone esta política y que además incluye emprendimiento, legalidad y seguridad. La transformación estratégica, propósito de tal círculo, por tanto, no podrá alcanzarse. Imposible, más allá de los buenos deseos y a pesar de los 861.808 activos ciudadanos integrados en la “Red de participación cívica” por la seguridad, según el anuncio de febrero pasado del ministro de defensa Guillermo Botero (3), red proyectada para incorporar hasta dos millones de integrantes, para unir a la alianza alcanzada con los más de doscientos mil integrantes de las empresas de vigilancia privada. Con estas redes y alianzas se avanza en la concreción de la pretendida acción multisectorial y multidimensional de la política de seguridad y defensa, pero que no garantizan el desarrollo del “círculo virtuoso de la seguridad”, el mismo que va más allá del emprendimiento, es decir, de la iniciativa individual, que sirve para crear falsas ilusiones –el “yo puedo” neoliberal– pero no para romper la lógica dominante en la economía de mercado.


Precisamente, una condición fundamental para quebrar la inseguridad prevaleciente en amplios sectores del país radica en la solidaridad, producto de la acción común, de la redistribución equitativa y justa de la riqueza social, y contraria al reclamado ‘emprendimiento’, que, por excelencia, es individual –además de imposible si no se cuenta con capital de trabajo–. Es decir, no es viable propiciar una vía de desarrollo basada en la agresión a la naturaleza y el irrespeto de los derechos fundamentales de las mayorías sociales, y llamar a esas mismas mayorías a que actúen, en unión con el Estado, en pos de la seguridad. O tal vez la gente lo hace si por ello recibe algún reconocimiento económico.


En estas circunstancias, por tanto, lo que vendrá como producto de esta política de seguridad y defensa es una mayor militarización del país, producto lógico de la propia acción multisectorial e interagencial que reclaman para el éxito de la misma, queriendo evitar así que, en la lucha contra todo tipo de actores armados y delincuencia a lo largo y ancho del país, todo descanse en el aparato amado, que en nuestro caso implica a la Policía, ya que, como se sabe, ésta funciona con lógica militar, además de estar militarizada.


Este propósito parece nuevo pero no lo es. Siempre se ha pretendido, como lo recuerda la llamada “acción cívico-militar” de los años 60, 70 y más, activada para neutralizar a la insurgencia, hasta los planes de contrainsurgencia desplegados en territorios en disputa con aquella, en que el mando militar termina suplantando la autoridad civil y relegándola a las necesidades del aparato armado, y a la lógica del secreto militar, como lo ha vivido el país en territorios en guerra a lo largo de este siglo. Tal vez falte decir que en esta acción integrada no se reconoce la presencia de todo aquello que es reconocido con el prefijo “para”, encargado en unos casos de recoger inteligencia de combate, en otras de intimidar, y en no pocas ocasiones de desplazar y masacrar. De acuerdo a la historia nacional, en todos estos casos quien termina afectada es la población civil, lo que la inhibe para actuar de la mano con el actor armado.


Estamos, entonces, ante unos propósitos inscritos en una lógica ya conocida, preñados de “buenas intenciones” pero condenados al fracaso, en todo o en parte, lo cual implicará que la sociedad, sobre todo la conformada por los eternamente negados, sienta el peso de un aparato cada vez más cohesionado y mejor dotado en todos los niveles, que le caerá como yunque pretendiendo garantizar la reiterada por este gobierno prevalencia de la “legalidad” y la “seguridad”, en todo caso no como resultado de vida digna y justicia sino como imposición del poder en defensa de la sociedad realmente existente, la excluyente e inequitativa, que no es posible superar como efecto de simple deseo.


Lo que sin duda logrará esta política es que las Fuerzas Armadas y de Policía mejoren la venta de su experiencia por doquier, aprovechando cada vez más el reconocimiento internacional de su alta experiencia en combate de jungla y similares, función en la cual ya reemplaza a la pésimamente recordada “Escuela de las Américas”. Y de su mano, la “diplomacia para la Defensa […]”, que llevará a nuestro país a comprometerse en la geopolítica de lo que llaman “[…] potencias aliadas con las cuales existen intereses comunes, en el marco de un modelo de seguridad cooperativo que preserve los intereses nacionales”.


Buenos deseos, sí, soportados sobre una base errónea, sí, con lo cual su resultado general, en el mejor de los casos, será limitado. Pero proseguirá la guerra, ahora también con aire internacional.

1. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2019/190206-Palabras-Presidente-Ivan-Duque-presentacion-Politica-Defensa-Seguridad-para-Legalidad-Emprendimiento-Equidad.aspx.
2. Esta política, distribuida en seis capítulos, parte de las debilidades actuales del Estado colombiano en este campo, como antesala de las Amenazas, para adentrarse en lo que pudiéramos llamar su “soporte o base” –Legalidad, Emprendimiento, Equidad–, y desbrozar a continuación los Ejes de transformación estratégica, los Principios de la Política, los Propósitos de la Política, para cerrar con los Objetivos estratégicos y Líneas de Política.
3. https://www.rcnradio.com/judicial/red-de-participacion-civica-ya-cuenta-con-mas-de-800000-personas.

 

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Mentiras, manipulación, silencios de los medios de comunicación dominantes

Es un hecho indiscutible la limitada proporción de noticias internacionales en los principales medios de comunicación. Esto no se debe a la extrema concentración del poder de decisión en el ámbito de la política exterior: ¡los intereses económicos y estratégicos son demasiado decisivos para estar sujetos al control popular más elemental! Las "democracias" más avanzadas son hemipléjicas y enfermas: las cumbres de los Estados y algunos expertos son las únicas "calificadas" y los ciudadanos de a pie no tienen nada que aportar, ni siquiera cuando se les consulta: en 2005, el "No" francés a la "Constitución" europea no contaba. Perturbaba a las autoridades públicas y privadas y contradecía a todos los medios de comunicación que habían pedido un "Sí".


Los medios de comunicación tradicionales, sin complejos y más allá de la cuestión europea, mienten, distorsionan, se esconden con más o menos sutileza, para alinearse (cuando no son adquiridos a través del reclutamiento selectivo de sus editorialistas) con los intereses de los grupos que los financian. El resultado es un grave desconocimiento de la opinión pública sobre la realidad de las relaciones internacionales y un confinamiento mental de los ciudadanos en su recinto nacional. ¿Cómo sorprenderse de los periódicos retornos del chovinismo estrecho, del nacionalismo arrogante, a menudo acompañado de racismo, en el seno de las grandes potencias? En efecto, los poderes "enseñan" el desprecio del otro y a desear el poder mucho más que la solidaridad transnacional (1)!


La paradoja es profunda en una época de globalización deseada por el mundo de los negocios y sus auxiliares estatales, lo que significa que ninguna economía nacional ni ningún pueblo puede escapar de la injerencia extranjera y del impacto de los intereses multinacionales en todas partes: cualquier régimen, sea cual sea, sufre una especie de "mestizaje". El Estado más apegado a la soberanía nacional y el pueblo más patriótico son víctimas de un entorno internacional desfavorable y se transforman, a pesar de ellos, por la penetración de intereses que no son los suyos propios. Esto es particularmente cierto en el caso de los raros bastiones que pretenden formar parte de un socialismo a menudo dañado por sanciones de todo tipo (embargos, congelación de activos financieros, discriminación comercial, presiones políticas e ideológicas, etc.) que pueden llegar hasta el sabotaje y la intervención militar.


Los principales medios de comunicación occidentales guardan silencio sobre lo que les abruma de los regímenes que les desagradan debido al equilibrio de poder: la presentación de Corea del Norte durante más de medio siglo llega hasta la caricatura más resumida. Lo mismo es cierto para el chavismo en Venezuela, como lo ha sido en el pasado en Vietnam y Cuba! La desinformación es la regla: el simplismo malsano prevalece en la lucha entre un "campo" y el otro, en una niebla mantenida por la charla incesante sobre "valores" e "ideas". La adhesión a la ideología de los administradores capitalistas, junto con una "incultura de moda y descarada, parlanchina y narcisista", como escribe A. Accardo (2), caracterizan a algunos especímenes de escuelas de periodismo que producen conocimientos técnicos más que conocimientos. No todos los periodistas lo hacen, pero, en una situación precaria, casi todos aceptan que les dejen atados con la correa de los "jefes" (3).


Los medios de comunicación dominantes, ya se trate particularmente de canales de noticias en continuo, de emisoras de radio privadas o públicas, o de la prensa escrita, con una etiqueta casi oficial (en Francia, por ejemplo, algunos periódicos están a su vez "mediatizados" por la radio y la televisión, como Libération, Le Figaro, Valeurs Actuelles, etc.), son herramientas para la producción de un pensamiento conforme, a pesar de su aparente diversidad, que parece más o menos "de moda", ¡fuente de un servilismo "voluntario"! Lo internacional es un terreno de información particularmente "eficaz" para producir un consenso muy favorable a las potencias establecidas: sin referirse directamente a los choques políticos internos, favorece un enfoque basado en ellos con un fuerte coeficiente ideológico neoliberal, incluso tendiente al fascismo. Hablar de "otro lado" es una excelente manera de influir en "casa": ¡por qué privarse de atacar a Chávez sin reservas si se alcanza a Mélenchon al mismo tiempo! Durante décadas, cualquier crítica a la URSS permitió poner en tela de juicio a los partidos comunistas occidentales, que no podían hacer mucho al respecto.


Una evaluación binaria basada en las nociones (primaria y cuasi religiosa) del Bien y del Mal, confirmada regularmente por las corrientes doctrinales americanas, se utiliza casi sistemáticamente para cualquier cuestión internacional. La transposición al orden interno es evidente: los medios de comunicación dominantes sirven al Bien y los que no están de acuerdo se encuentran en el campo del Mal.


Por último, toda la información macroeconómica se inscribe en el marco exclusivo del capitalismo y de su gestión: los problemas específicos del socialismo, que se consideran "contranatura", nunca se rechazan de una manera global. Las controversias sólo están permitidas en los medios de comunicación dominantes en el único sistema aceptado, es decir, la economía de mercado y su lógica, de la que nadie puede escapar bajo pena de desastre social. No habría alternativa y la historia económica no tiene cabida: está acabada. La prueba de este fin de la evolución ha sido el fracaso de otros experimentos, por lo que resulta absurdo querer reproducirlos "en casa": tomar en cuenta las múltiples agresiones económicas y financieras sufridas por la URSS, Cuba, Chile, Corea del Norte, Venezuela, etc. está completamente fuera de lugar!


Denunciar la escasez "en otro lugar" (o en algunos casos el éxito de una medida particular que debería adoptarse "en casa") es la manera de evitar propuestas de oposición en nuestra propia economía! Incluso si los contextos extranjeros son muy diferentes y racionalmente no transponibles. El concepto de "modelo" o modelo rechazable se ve así favorecido en la mente de las personas. Todos los "expertos" (seleccionados) convocados por los editores lo confirman en todo momento.


Las reglas seguidas


La información internacional a través de los medios de comunicación dominantes está sujeta a ciertas reglas de "eficacia" propagandística, aunque las redacciones se defienden declarándose "ofendidas" y víctimas de un populismo inaceptable cuando son desafiadas.


Sin embargo, una breve explicación de los métodos utilizados es difícilmente eludible para quienes son de buena fe.


El descriptivismo prevalece sistemáticamente. Los acontecimientos del día no tienen raíces ni historia. El "flash" o destello privilegiado, que busca la emoción, excluye la explicación. Se utiliza la imagen simbólica (por ejemplo, el niño herido en las ruinas de un bombardeo) o el testimonio individual escogido, que sería suficiente para tener sentido.


No se tiene en cuenta el tiempo largo: la cuestión kurda, por ejemplo, ¿no se remonta a las secuelas de la Primera Guerra Mundial, y no plantearía la responsabilidad de los vencedores de 1918? ¿No tendría la cuestión palestina casi setenta años de antigüedad, al igual que la cuestión coreana (incluida la devastadora guerra de 1950-1953), y estas últimas décadas no tendrían ningún impacto en los acontecimientos actuales?


Cada evento mediático martilleado uno o más días consecutivos, con una fuerte intensidad para impregnar las mentes, de repente desaparece para dar paso a otro que a su vez se borra a sí mismo: no hay seguimiento. El objetivo no es hacer que la mente entienda, sino "impresionarla" para crear la opinión deseada por las autoridades.


Uno puede imaginar el daño intelectual que tal método produciría en el campo de la pedagogía escolar!


Cada día, hay muchos eventos dentro o entre los 200 o más estados que comparten el planeta. Los medios de comunicación dominantes hacen "su mercado", en relación con la agenda interna monopolizada por las autoridades públicas y privadas, con el fin de influir en la opinión pública, ya sea para reforzar una idea general recibida o para actuar sobre un tema específico que necesita ser abordado. Por ejemplo, se elegirán acontecimientos que refuercen la hostilidad hacia China o Rusia o que demuestren que la policía argelina puede jugar a la porra como los franceses y que no podemos detenernos en las condenas del gobierno francés pronunciadas por las Naciones Unidas o el Parlamento Europeo con ocasión de la represión de los Chalecos Amarillos en París.


Los acontecimientos no son escogidos a diario por su interés intrínseco, su novedad, su mayor o menor alcance, sino por su "utilidad" en la batalla local del momento (social, ideológica, institucional, etc.). Se trata de ilustrar con una imagen internacional "significativa" lo que es "apropiado" pensar en el orden interno: el ejercicio mediático, de perfecta mala fe, ¡pretende ser ante todo "pedagógico"!
En el orden internacional, las redacciones tienen una gran "libertad": la mayoría de los ciudadanos son incapaces de verificar sus declaraciones, a diferencia de lo que se puede afirmar en el orden interno. En la masa de eventos que ocurren en todos los continentes, donde los ciudadanos tienen algún medio de evaluación, siempre hay algunos que pueden ser identificados y desarrollados para legitimar cualquier causa!


Ninguna de ellas se impone objetivamente en detrimento de todas las demás! Le toca a los periodistas "responsables" (4) a ser hábiles, capaces de elegir bien los hechos y a los "conocedores" que ofrecerán un poco de música de objetividad, el encauzar bien los debates, desestabilizando eventualmente al invitado equivocado por excepción y deliberadamente, para hacer creíbles a los "buenos" pensadores invitados "regulares" porque su posición es conocida de antemano!


Obviamente se excluye que los dominantes estén dominados, aunque sea accidentalmente (de ahí la rareza de la cobertura televisiva o radiofónica de un Bourdieu (en el pasado), un Onfray o un Badie (hoy), o más generalmente un gran número de académicos capaces (siempre que se les solicite) de enfrentarse a los "suscriptores" del estilo Minc, Finkelkraut, B-H. Lévy y otros Zémour o Ménard y una cohorte de falsos expertos más o menos economistas o políticos de fundaciones y organizaciones fantasmas, cuando se necesitan!


La repetición es otra regla cuando el hecho tratado es potencialmente "persuasivo". La información audiovisual continua permite realizar un verdadero "bombardeo" de la opinión pública, que sólo puede ser sensible a ella. A esta crítica de esta insistencia partidista, se responde que otras informaciones (no "ejemplares" para el sistema) se han dado también en el espíritu pluralista que es la doctrina oficial. Pero no está claro si esta información "secundaria" sólo se emitió después de las 23 horas, una o dos veces, en la parte inferior de la pantalla, con o sin imágenes, ¡a diferencia de las "principales"!


Así, la intensidad más o menos repetitiva y el dominio de los horarios y de la puesta en escena crean las condiciones para el respeto ficticio de una pseudo-"objetividad", que es altamente reivindicada por los profesionales de los medios de comunicación mentirosos! Sin embargo, el pluralismo no es esta "objetividad" inaccesible, sino una honestidad elemental que tiene en cuenta tantos acontecimientos internacionales como sea posible, dándoles un contenido explicativo.


El hecho de que en los diferentes canales de televisión y radio la selección de noticias internacionales sea estándar no sería prueba de un deseo de formatear la opinión, sino, por el contrario, de respeto por una "verdad" única frente a los vendedores de "noticias falsas", es una broma triste. Bastaría para demostrarlo la historia de las diversas falsas "verdades" ampliamente difundidas y repetidas, por ejemplo las relativas al ejército iraquí y sus "armas de disuasión masiva" o la "masacre" de Bengasi por los mercenarios del Sr. Gaddafi, causa de la destrucción de Libia por parte de Francia y la OTAN.


Los acontecimientos internacionales "preferidos" por los principales medios de comunicación no son movimientos populares cuando portan demandas sociales, a menos que ocurran en países "enemigos". En lo que se pone énfasis no es el pueblo, sino sus líderes que serían "buenos" o "malos"!


Esta personalización de la vida internacional se persigue al extremo y los enfrentamientos se resumen en "guerras de cabezas" de personalidades con sus pequeños y grandes defectos, o por el contrario sus virtudes, portadoras de altos "valores": los intereses materiales en juego nunca ocupan los titulares, en beneficio de una especie de psicologización de los problemas. Es obviamente "más simple" y más convincente transformar los conflictos internacionales en un cuasi-querella de vecindad entre individuos (Trump/Putin, por ejemplo), que probablemente se resolverá si hay un cambio de personajes!


Un hecho nunca es "puro". Siempre es "tratado" por el informante que crea la impresión que obtiene "el informado". El tono del comentarista, las palabras que utiliza, posiblemente la música de fondo que acompaña a la imagen, la proximidad de otra información que la contamina, distorsionan la cruda realidad a la que es difícil acceder. Una "buena" redacción es por función manipuladora: los adjetivos calificativos se utilizan con oportunidad (para un líder detestado que no se descuidará en llamar "dictador"), la ironía bienvenida (especialmente para los pequeños estados del Sur cuyos aspectos pueden parecer folclóricos), la precaución austera requerida (si se trata del Vaticano o Israel). El estilo debe llegar a causar indignación (por violaciones de los derechos humanos en un país no occidental o por guerras destructivas cuando no son "justas", por ejemplo las de Rusia (y no las de una coalición pro-occidental como en Yemen) cuyos "daños colaterales" deben ser admitidos....


Hay que conseguir disociar como si se tratase de naturalezas totalmente diferentes las "dictaduras" de las "democracias", las guerras "justas" y otras guerras, las intervenciones "humanitarias" y el uso de la fuerza armada, las elecciones de los aliados y las (siempre cuestionables) de los otros.... Es necesario ser "sencillos", evitar la noción de contradicción, negarse a aceptar la complejidad de la realidad, los obstáculos a una "sana" comprensión de las relaciones internacionales en favor del mantenimiento de un orden establecido, menos malvado gracias a un Occidente que trabaja constantemente por el progreso de la Humanidad!


Para los medios de comunicación dominantes, un lanzador de piedras contra la policía en París, o contra la policía de la Sra. Park (ahora en prisión) en Seúl (5) es un matón, pero un ciudadano lúcido y valiente si es "gaseado" en Argel (6) o Caracas! Un manifestante asesinado o herido en París no es más que un "error" resultante de un comportamiento individual en el contexto del mantenimiento del "orden republicano"; en países poco apreciados como Venezuela, ¡es el resultado de la naturaleza represiva de las potencias!


Estas prácticas llevan necesariamente a un creciente descrédito en los medios de comunicación dominantes (el 10% de los franceses siguen confiando en ellos), ya sea el Pravda al final de la URSS o la BFMTV bajo la presidencia de Macron. Sin embargo, tienen el "deber" de superar, a través de una serie de desviaciones, su falta de principios, la inconsistencia de sus juicios de valor y el debilitamiento de la cultura democrática de muchos periodistas, a menudo seleccionados por su adecuación a las "normas" aceptadas y su servilismo oportunista (7)!


Algunas ilustraciones


En el orden interno, lo social es el objeto de toda censura y autocensura: ¡las reivindicaciones necesariamente presupuestables contradicen la lógica de un capitalismo inescrupuloso que no cede nada cuando se trata de dinero!


En el orden internacional, también se neutraliza todo lo relacionado con las transacciones financieras, la "optimización" fiscal, los fenómenos de concentración, la competencia que nunca es libre y siempre es falseada! Es necesario creer en una sociedad internacional "equilibrada", a través del "libre juego de las leyes del mercado", es decir, la mejor manera de asegurar el crecimiento y el progreso. Por lo tanto, el núcleo del sistema está cuidadosamente protegido por los medios de comunicación dominantes.


El orden de la Unión Europea es, pues, objeto de todas las "precauciones" mediáticas: cualesquiera que sean las críticas que algunos hagan, la Unión Europea, la Comisión y el BCE se benefician de una gran autocomplacencia mediática: esto se constató cuando el Estado griego se opuso a ello, así como con ocasión de Brexit y de las disputas italianas. En Francia, el episodio del "No" en el referéndum de 2005, a pesar del apoyo pleno y casi unánime de los medios de comunicación al "Sí", seguido de una manipulación parlamentaria, fue presentado de forma caricaturesca.


El tratamiento de los paraísos fiscales y de la evasión fiscal es muy complaciente: los medios de comunicación sólo critican a unas pocas "ovejas negras de cuello blanco", pero el sistema de fraude "legal" tolerado por los Estados nunca se lleva a juicio. Los casos de los "Paradise papers" o "Panama papers" han sido despolitizados al máximo y las propuestas de medidas vinculantes no han sido apoyadas.
Los periodistas sometidos a las clases decadentes y corruptas tienen, como ellos, miedo de la verdad, como dijo Jaurès ya en 1904. Pertenecen a este "centro extremo", en el corazón de la ideología sigilosa del sistema mediático, una opción que permite sucesivamente a todos los mítines (tanto a Sarkozy, como a Hollande y Macron, este último omnipresente en todas sus facetas en todos los canales), expresión de un mundo "nuevo" perfectamente similar al antiguo. Al adornarse con la finura de la "moderación" en las cuestiones financieras más "delicadas", los medios de comunicación dominantes salvaguardan el liberalismo financiero y su lugar al margen de toda controversia política.


Para estos observadores "honestos", que son periodistas en los medios de comunicación dominantes, el mundo está dividido sin matices entre dos tipos de Estado, dos tipos de sistemas socioeconómicos, liderados por dos tipos de líderes: los "buenos" (los Estados Unidos, incluso con Trump, el capitalismo y los responsables alemanes, británicos,...) y los "malos" (Rusia, China, Irán, así como Putin, los líderes del PC chino, etc.). Los medios de comunicación no entran en matices: ¡ellos nunca logran nada, están en crisis permanente y "nos" amenazan peligrosamente! En resumen, todo estaría bien en el mundo si no existieran.


El delirio a veces alcanza nuevas cotas: ¡sólo en lo que respeca a las últimas décadas se podría hacer una colección entera de los absurdos acumulados contra Corea del Norte o Libia!


Por ejemplo, los medios de comunicación occidentales han anunciado repetidamente la muerte del régimen de Pyong Yang y han esgrimido la amenaza que representa para la paz mundial, que se refleja en el interminable desfile militar en todas las pantallas, que es claramente la única actividad de los fanáticos norcoreanos. A este espectáculo edificante se le añaden los comentarios televisivos y radiofónicos de los "expertos" más analfabetos sobre los horrores sin parangón del régimen norcoreano hasta el cambio de rumbo de Trump.


La evolución de los Estados Unidos en esta materia ha invertido la desinformación europea que, por lo tanto, ha cambiado de tono y... de "expertos", ¡sin recordarnos los daños económicos, políticos y humanos causados por 70 años de embargo!


El Sr. Gaddafi, comparado con un peligroso loco, y la Jamahiriya Libia no fueron tratados mejor hasta que la guerra en Sarkozy y B-H. Levy destruyera todo el país, que sigue hundido en el caos ocho años después! Los medios de comunicación de hoy en día prefieren el silencio casi total sin el menor arrepentimiento.


Por otra parte, la más mínima sacudida positiva en Arabia Saudí, como el permiso de conducir para mujeres, es aclamada como un salto democrático hacia adelante. A eso conduce el binomio dólares y petróleo!


En África (especialmente en el África francófona), donde se multiplican las elecciones presidenciales amañadas, los medios de comunicación occidentales dominantes muestran discreción: ¡la indignación por el fraude electoral se enfoca en otras direcciones! Los medios de comunicación deben ser cautelosos con Bolloré, y con algunos grupos importantes como Total, que tienen un fuerte interés en estas tierras difíciles y que, por lo tanto, se muestran complacientes con las autoridades locales más corruptas (8).


Cuando las tropas de la OTAN han destruido todo Oriente Medio y continúan haciéndolo con Arabia Saudí en Yemen, se "explica" que estas guerras se libran de acuerdo con el derecho humanitario, lo que no es el caso de los rusos en Siria, por ejemplo, "aliado incondicional" del verdugo en Damasco. Los periodistas no tienen que preguntarse por el coste de las "guerras justas", sino sólo por el coste de las intervenciones rusas o iraníes, ¡cuya mala conducta es obvia!


La nueva dictadura brasileña no preocupa a los periodistas sudamericanos. Por otro lado, la Venezuela chavista merece todas las acusaciones, aunque el régimen bolivariano, antes de experimentar la crisis actual en gran medida debido a las políticas estadounidenses, sacó a miles de venezolanos de la pobreza.


Está claro para los medios de comunicación que no se debe dar crédito a ninguna experiencia de orientación socialista porque no hace falta decir que ninguna "debe" tener éxito.
Desde Allende hasta Maduro, pasando por el régimen cubano, se proclamó mediáticamente que el fracaso estaba programado! Todos eso sirve igualmente para golpear a la izquierda occidental cuando ésta se muestra solidaria.


Finalmente, cuando el tema es demasiado sensible para ser juzgado sin precaución (como en el caso del problema de los migrantes o el conflicto entre Pakistán (aliado de Estados Unidos) e India (un contrafuego a China), los principales medios de comunicación buscan su mercado en la manada de intelectuales occidentales y en la "cultura de Wall Street", aunque tengan poco que decir: la cháchara moderna y moderada de los afortunados expertos elegidos ahorra tiempo a los periodistas, a los que se recomienda mantener una postura "neutral" y moderada.


En términos más generales, las líneas estratégicas de los medios de comunicación dominantes satisfacen las preocupaciones de las autoridades públicas y privadas que también son dominantes en Occidente.


Necesitado de enemigos, el sistema mediático cultiva un espíritu de "guerra fría" y un mundo unipolar centrado en Occidente, contra cualquier progreso de una multipolaridad que, sin embargo, sea favorable a los intercambios y al mantenimiento de una paz equitativa.


Nunca se pone en tela de juicio a la OTAN (a diferencia de las Naciones Unidas), a pesar del papel primario desempeñado por el solo Estados Unidos y su unilateralismo agresivo (800 bases militares en todo el mundo). Por el contrario, cuenta con el apoyo de los medios de comunicación, como hemos visto con la crisis ucraniana, la reintegración de Crimea en Rusia y la agresión polaca o báltica contra el Kremlin.
En cuanto a los derechos humanos y las cuestiones humanitarias, se tratan de manera muy diferente según los casos.


A veces ocupan lo esencial hasta el punto de subordinar cualquier otro problema; se olvidan cuando las potencias que los violan se asocian con Occidente, como es el caso de la Turquía de Erdogan, ese pivote de la Alianza Atlántica, incluso cuando masacra al pueblo kurdo. Lo mismo ocurre con los derechos de los migrantes, que son olvidados como seres humanos, relegados al trasfondo de un proteccionismo omnipresente.


Estas orientaciones generales no excluyen expresiones específicas de posiciones críticas que sugieren que no hay monolitismo, una ilusión que tiene el "mérito" de reforzar la credibilidad de un pensamiento coherente pero renovado, si lo comparamos, por ejemplo, con la época gaullista de los primeros días de la V República Francesa. La pseudo "élite" que ejerce su hegemonía a través de los medios de comunicación tiene, hay que reconocerlo, la capacidad de innovar y de ofrecer variaciones de opinión pública que le permitan perdurar (9).


Así, día a día, se desarrolla continuamente una desinformación que formatea, utilizando el desvío de lo internacional, a los ciudadanos para que adopten una posición "políticamente correcta" en el orden interno. Este es el único propósito de la limitación de tiempo y espacio que se da a las relaciones internacionales. Esta intensa propaganda es para la "llamada sociedad democrática, como dice Noam Chomsky, lo que la porra es para el estado totalitario"! Si bien la porra es dolorosa, la práctica de los medios de comunicación occidentales tiene la "virtud" de fabricar en cadena tontos ignorantes que es difícil de curar.


Parafraseando a G. Bachelard afirmando que "no hay ciencia sino es crítica", podemos concluir que "no hay información auténtica si no es crítica", es decir, en una ruptura con el Estado y el dinero.
Pero, ¿cómo se puede lograr esto?


Dentro del marco del sistema, es obvio que el realismo prohíbe cualquier solución.


Pero el "realismo", respondió Bernanos, "es el sentido común de los cabrones.


¡A eso hemos llegado!

Por 

Robert Charvin
Investig'Action

 

Notas


1. Podemos recordar cómo los "boatpeoples" vietnamitas y anticomunistas fueron "aplaudidos", a diferencia de los refugiados chilenos, por ejemplo, expulsados por Pinochet, acogidos por los comunistas y los progresistas europeos.
2. A. Accardo. Para un socio-análisis del periodismo. Agone. 2017.
3. Véase A. A. A. Lancelin. El pensamiento tomado como rehén. Armarse intelectualmente contra los medios de comunicación dominantes. Les Liens qui Libèrent. 2018.
4. Esta categoría muy privilegiada y muy restringida, adquirida por el sistema, debe distinguirse de la masa de periodistas más o menos precarios que no pueden ejercer realmente su profesión (la mitad de los periodistas franceses cobran el salario mínimo y son totalmente dependientes de su empleador).
5. El movimiento popular en Corea del Sur, que de manera masiva y pacífica logró imponer la dimisión de la Sra. Park en 2017, ha sido prácticamente ignorado en Europa. El "ejemplo" era "peligroso"!
6. Como es tradicional para los gobiernos franceses y los medios de comunicación, la posición frente a los acontecimientos en Argelia es la de "dos hierros en el fuego": se garantiza el futuro, sea cual sea, absteniéndose de optar claramente por una u otra fuerza (véase la "cautela" durante la guerra civil entre islamistas y el ejército en la década de 1990 o durante las elecciones presidenciales de abril de 2019).
7. Cuando los periodistas más "eminentes" (los únicos responsables del discurso dominante) son cuestionados por sus seguidores, su cortesía y su agresividad (incluso en la función pública) contra los opositores, tienden a unirse, aprovechando el silencio forzado de sus colegas más precarios. Luego denuncian la "conspiracionismo" y el "populismo", sin dar ninguna definición. Este corporativismo se prefabrica en las escuelas de periodismo donde se enseña un cierto "saber hacer" sin necesidad de una cultura crítica.
8. Las críticas son mucho más fuertes cuando se trata de países más alejados de Europa, como Sudán o Argelia, por ejemplo. Por lo tanto, existe una visión muy diferente de las prácticas internas idénticas de los Estados según su orientación externa. Ver R. Charvin. "¿Nueva "Guerra Fría" o nuevo tipo de beligerancia? "en Relations Internationales (París), n° 108. Enero-Marzo 2017.
9. Afortunadamente, "La historia es un cementerio de élites", como escribe Thomas Bo Homore (Elites and Society. Londres. Watts. 1964).

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