Ingenieros y técnicos del Centro Espacial Kennedy, en Florida, trabajan en el robot, considerado el más avanzado de la NASA hasta el momento.Foto Ap

El robot de la NASA viajará en el Atlas 5, cuyo lanzamiento está previsto para hoy // Probarán equipamiento a fin de producir oxígeno en el planeta rojo a partir de su atmósfera

 

La NASA comenzará este jueves una misión ambiciosa a Marte, con el lanzamiento del cohete Atlas 5 que llevará al planeta rojo a Perseverance, un robot de última generación, encargado de desplegar un mini helicóptero, probar equipos para futuras misiones humanas y buscar rastros de vida en el pasado.

A bordo del cohete, producido en una asociación de Boeing y Lockheed denominada United Launch Alliance, Perseverance llegaría a Marte en febrero.

La nave, parte de una misión de 2 mil 400 millones de dólares, despegará, según se programó, de Cabo Cañaveral, en Florida. Se trata del noveno viaje de la agencia espacial estadunidense a la superficie marciana. Emiratos Árabes Unidos y China también lanzaron sondas al planeta rojo este mes.

Perseverance se posará en el cráter Jezero, lago extinto de 3 mil 500 millones de años de antiguedad que los científicos sospechan podría contener evidencia de vida microbiana en el pasado de Marte.

"Es la primera vez en la historia que iremos a Marte con la misión explícita de encontrar vida en otro mundo", sostuvo Jim Bridenstine, administrador de la NASA, en una conferencia de prensa realizada ayer.

Uno de los siete experimentos de Perseverance abordará en específico futuras misiones humanas a Marte.

Moxie (Mars Oxygen In Situ Resource Utilization Experiment) ayudará a prepararse para esas primeras misiones al demostrar que es posible producir oxígeno en Marte a fin de utilizarlo como propulsor para cohetes y para la tripulación cuando pise suelo marciano.

Moxie fue propuesto y desarrollado a través de una colaboración entre investigadores del Observatorio Haystack del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) y el Departamento de Aeronáutica y Astronáutica de esa institución (AeroAstro), junto con ingenieros del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA.

En la película de 2015 The Martian (de Ridley Scott), el astronauta Mark Watney (Matt Damon) se queda varado en Marte, donde logró sobrevivir el tiempo suficiente para coordinar una misión que le permitiera encontrar a la tripulación de la nave. A partir de la cinta se muestra el principio básico detrás de la utilización de recursos in situ, o ISRU, y Moxie representa un primer paso importante en ese sentido para futuros exploradores del planeta rojo.

"La gente y los cohetes necesitan oxígeno. Si estos últimos queman combustible, lo requieren", destacó Michael Hecht, investigador principal de Moxie y director de investigación en el MIT.

Los lanzamientos consumen una gran cantidad de combustible: impulsar una nave espacial para salir de la atracción gravitacional de la Tierra requiere una gran cantidad de energía, y regresar al planeta, también.

Además, los tanques a fin de transportar el oxígeno necesario para una misión determinada ocupan un valioso espacio en una nave espacial cuidadosamente calibrada. Aquí es donde entra en juego el enfoque ISRU.

"En lugar de llevarlo, ¿por qué no hacerlo cuando llegamos allí?", preguntó Hecht. "El oxígeno existe en Marte, pero no de forma que podamos usarlo. Ese es el problema que tratamos de resolver con Moxie".

Una fuente potencial de oxígeno es el hielo que hay debajo de la superficie marciana. Sin embargo, extraerlo requeriría maquinaria compleja; cavar y perforar provocaría un desgaste significativo en el equipo, lo cual es un problema cuando una persona de reparación está en un planeta de distancia. Por fortuna, había otro recurso potencial que el equipo puede aprovechar para generar oxígeno: la atmósfera.

"La atmósfera marciana es de alrededor de 96 por ciento de dióxido de carbono, por lo que construimos un pequeño árbol mecánico".

El objetivo es recolectar el dióxido de carbono, convertirlo en oxígeno y medir la pureza de éste. Después, el sistema filtra el polvo, lo comprime y lo introduce en el electrolizador de óxido sólido, elemento clave que toma dióxido de carbono a presión y utiliza una combinación de electricidad y química para dividir la molécula en oxígeno. y monóxido de carbono. Se analiza la pureza del oxígeno, y luego se devuelve a la atmósfera marciana.

Imágenes tomadas del sitio de la Universidad de Sevilla y del Nhgri.

Permitirá entender y tratar mejor enfermedades y trastornos vinculados con mutaciones de ese material genético, explican

 

Logran la secuencia completa, ininterrumpida y de mayor calidad de un cromosoma humano, un avance en genómica que ayudará a entender y tratar mejor enfermedades y trastornos vinculados con mutaciones en el cromosoma X.

Investigadores del Instituto Nacional de Investigación del Genoma Humano (Nhgri), parte de los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, han producido la primera secuencia de ADN de extremo a extremo de un cromosoma humano, publican en Nature.

Los resultados muestran que ahora es posible generar una secuencia precisa, base por base de un cromosoma humano, y permitirá a los investigadores producir una secuencia completa del genoma humano.

"Este logro comienza una nueva era en la investigación genómica. La capacidad de generar secuencias completas de cromosomas y genomas es una hazaña técnica que ayudará a obtener la comprensión integral de la función de ese material e informar de su uso en la atención médica", destacó Eric Green, director del Nhgri.

Después de casi dos décadas de mejoras, la secuencia de referencia del genoma humano es la de vertebrados más precisa y completa producida. Sin embargo, hay cientos de huecos que se desconocen.

Estas brechas suelen contener segmentos de ADN repetitivos, excepcionalmente difíciles de secuenciar. Sin embargo, incluyen genes y otros elementos funcionales que pueden ser relevantes para la salud.

Debido a que un genoma humano es increíblemente largo y consta de alrededor de 6 mil millones de bases, las máquinas de secuenciación de ADN no las pueden leer todas a la vez. En cambio, los investigadores cortan el genoma en piezas más pequeñas, luego analizan cada una para producir secuencias de unos cientos de bases a la vez. Esas secuencias de ADN más cortas se deben volver a unir.

Adam Phillippy, autor principal e integrante del NHGRI, compara este problema con la resolución de un rompecabezas.

"Imagine tener que reconstruir un rompecabezas. Si está trabajando con piezas más pequeñas, cada una contiene menos contexto para averiguar de dónde vino, especialmente en partes del rompecabezas sin ninguna pista única, como un cielo azul. Es igual para la secuenciación del genoma humano. Hasta ahora, las piezas eran demasiado pequeñas y no había forma de unir las partes más difíciles", señaló.

De los 24 cromosomas humanos (incluidos X e Y), los autores del estudio Phillippy y Karen Miga, de la Universidad de California Santa Cruz, optaron por completar primero la secuencia de cromosomas X, debido a su vínculo con varios males, incluyendo hemofilia, enfermedad granulomatosa crónica y distrofia muscular de Duchenne.

Los humanos tienen dos juegos de cromosomas, uno de cada progenitor.

Por ejemplo, los humanos biológicamente femeninos heredan dos cromosomas X, uno de su madre y otro de su padre. Sin embargo, no son idénticos y contendrán muchas diferencias en sus secuencias de ADN.

En este estudio, los investigadores no secuenciaron el cromosoma X de una célula humana normal. Usaron un tipo especial, que tiene dos cromosomas X idénticos. Dicha célula proporciona más ADN para la secuenciación que una masculina, que tiene una sola copia de esa estructura genética.

Un vial utilizado en las investigaciones para hallar una vacuna contra la covid-19 en los laboratorios de Novavax en Rockville, Maryland (EE UU), en marzo.ANDREW CABALLERO-REYNOLDS / AFP

La empresa de biotecnología estadounidense nunca ha sacado un producto al mercado

 

El Gobierno estadounidense le ha otorgado 1.600 millones de dólares (1.400 millones de euros) a la compañía de biotecnología Novavax para acelerar la producción de la vacuna contra el coronavirus en la que está trabajando. La inversión es parte del programa Operación Warp Speed, creado a mediados de mayo para apoyar económicamente a las compañías que están desarrollando los tratamientos más prometedores para controlar la pandemia. Novavax, que nunca ha sacado un producto al mercado, informó este martes que utilizará el dinero para completar los estudios de las últimas etapas de ensayos, la fabricación a gran escala y entregar 100 millones de dosis a finales de 2020 y comienzos de 2021, si es que los resultados de las pruebas concluyen que la vacuna (NVX-CoV2373) es segura y efectiva.

El millonario acuerdo con la firma de biotecnología, con sede en Maryland, es el mayor de los que ha cerrado la Administración de Donald Trump como parte de la Operación Warp Speed. A finales de mayo, Novavax entró en la fase experimental del tratamiento con 130 personas en Australia, cuyos resultados deberían conocerse este mes. La vacuna había logrado altos niveles de anticuerpos en las pruebas previas, según dijo la compañía, por lo que la describieron como una “candidata altamente inmunogénica en humanos, con lo que protegerá de Covid 19 y ayudará a controlar el contagio de esta enfermedad”. El acuerdo con el Gobierno permitirá a la compañía comenzar a fabricar las vacunas antes de que concluya la última etapa de los ensayos clínicos, prevista para este final de año.

“Agregar a la candidata de Novavax a la diversa cartera de vacunas de la Operación Warp Speed aumenta las probabilidades de que tengamos una vacuna segura y efectiva tan pronto como finalice este año”, afirmó el secretario de Salud y Servicios Humanos, Alex Azar, en un comunicado de prensa. Nunca una vacuna ha estado disponible de manera generalizada para el público en un periodo de tiempo tan corto como el que se proponen. Por eso también la Administración está invirtiendo en varias compañías simultáneamente, ya que da por hecho que no todas serán exitosas en su cometido. Anthony Fauci, miembro clave del equipo de respuesta al coronavirus de la Casa Blanca, es menos optimista. El epidemiólogo dijo que el calendario más probable era que entre comienzos de 2021 y mediados estuvieran disponibles las primeras vacunas.

Una portavoz de Novavax dijo el domingo por la tarde que el dinero que recibirán provenía de una “colaboración” entre el Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Departamento de Defensa. En mayo, el Gobierno anunció que otorgaría hasta 1.200 millones de dólares al fabricante británico AstraZeneca, que dijo que su vacuna podría estar disponible en octubre. Otras cuatro compañías, Moderna Therapeutics, Johnson & Johnson, Merck y Sanofi, también han recibido asistencia federal para sus vacunas experimentales contra el coronavirus. Las acciones de la compañía se han disparado a medida que su nombre suena cada vez con más fuerza sobre una posible vacuna. En enero los papeles cotizaban por debajo de los 5 dólares, y este martes ha escalado un 28%, hasta los 107 dólares.

Por Antonia Laborde

Washington - 07 jul 2020 - 13:34 COT

Publicado enInternacional
Estiman científicos que hay alrededor de 36 civilizaciones extraterrestres en la Vía Láctea

 

La idea es mirar la evolución a escala cósmica // Análisis aporta datos para saber cuánto durará la nuestra, dicen

 

Madrid. Investigadores de la Universidad de Nottingham estiman que hay unas 36 civilizaciones inteligentes comunicantes activas en nuestra galaxia, con un nuevo enfoque publicado en The Astrophysical Journal.

Utilizando el supuesto de que la vida inteligente se forma en otros planetas de manera similar a como lo hace en la Tierra, estos científicos han obtenido la estimación del número de civilizaciones tecnológicas dentro de la Vía Láctea.

Christopher Conselice, profesor de astrofísica de la Universidad de Nottingham, quien dirigió la investigación, explicó en un comunicado: "debería haber al menos unas cuantas docenas de civilizaciones activas en nuestra galaxia bajo el supuesto de que se necesitan 5 mil millones de años para que se forme vida inteligente en otros planetas, como en la Tierra".

Agregó que "la idea es mirar la evolución, pero a escala cósmica. Llamamos a este cálculo el Límite Astrobiológico de Copérnico".

Tom Westby, primer autor del estudio, señaló: “el método clásico para estimar el número de civilizaciones inteligentes se basa en hacer conjeturas de los valores relacionados con la vida, por lo que las opiniones sobre estos asuntos varían de manera sustancial. Nuestro trabajo simplifica estas suposiciones utilizando nuevos datos, dándonos una sólida base de estimación del número de civilizaciones en nuestra galaxia.

"Los dos límites astrobiológicos de Copérnico son que la vida inteligente se forma en menos de 5 mil millones de años, o después de esa cantidad de tiempo, similar a la de la Tierra, donde se formó una civilización comunicante después de 4 mil 500 millones de años. En el criterio sólido, según el cual se necesita un contenido de metal igual al del Sol, calculamos que debería haber alrededor de 36 civilizaciones activas en nuestra galaxia."

La investigación muestra que el número de ellas depende en gran medida de cuánto tiempo envían activamente señales de su existencia al espacio, como transmisiones de radio desde satélites, televisión, etcétera. Si otras civilizaciones tecnológicas duran tanto como la nuestra, que es de 100 años de antigüedad, entonces habrá unas 36 civilizaciones técnicas inteligentes en curso en toda nuestra galaxia.

Sin embargo, la distancia promedio a ellas estaría a 17 mil años luz, haciendo que la detección y la comunicación sean muy difíciles con la tecnología actual.

También es posible que seamos la única dentro de nuestra galaxia, a menos que los tiempos de supervivencia de civilizaciones como la nuestra sean largos.

Conselice sostuvo: "nuestro estudio sugiere que la búsqueda de civilizaciones inteligentes extraterrestres revela la existencia de cómo se forma la vida y nos da pistas sobre cuánto durará la nuestra".

Los científicos que alertaron sobre una pandemia de coronavirus pero se quedaron sin financiación

"La presencia de una gran reserva de virus en murciélagos, junto con la cultura de comer animales exóticos en el sur de China, es una bomba de tiempo".

Con estas palabras terminaba un artículo publicado en 2007 por un equipo de virólogos de la Universidad de Hong Kong en la revista científica Clinical Microbiology Reviews.

No serían los únicos en dar la alerta.

Entre los años 2002 y 2003, una enfermedad causada por un coronavirus (el llamado virus del SARS), había matado a más de 700 personas.

En aquella ocasión se detectó y aisló a todos los infectados. Así, se consiguió erradicar del todo el virus y se evitó una pandemia como la que ahora vivimos.

En el año 2012 apareció otro coronavirus en humanos: el virus del MERS. Murieron más de 800 personas, pero la transmisión humano-humano era muy limitada y el asunto desapareció pronto de los titulares.

Pasaba el tiempo y los investigadores en coronavirus contemplaban alarmados cómo los gobiernos del mundo no eran conscientes del riesgo de una pandemia.

Esta era la conclusión de un artículo publicado en la revista Nature en 2013:

"Nuestros resultados proporcionan la evidencia más sólida hasta la fecha de que los murciélagos de herradura chinos son huéspedes naturales de coronavirus como el SARS-CoV, y que los hospedadores intermedios pueden no ser necesarios para la infección humana directa.

Queremos resaltar la importancia de los programas de investigación de patógenos en grupos de animales salvajes en regiones críticas de enfermedades emergentes como estrategia de preparación ante una pandemia."

El título de este otro artículo científico publicado en 2015, era aún más directo:

"El [coronavirus] WIV1-CoV está preparado para saltar a los seres humanos".

O este otro publicado en la revista de la Academia Nacional de Ciencias de EEUU en 2016:

"Los coronavirus que circulan entre los murciélagos muestran su potencial para saltar a los humanos".

En septiembre de 2019, el gobierno de EEUU decidió cortar la financiación al programa de vigilancia de enfermedades emergentes Predict. EcoHealth Alliance, dirigido por el Dr. Peter Daszak, era uno de los proyectos que se apoyaban en Predict.

Durante más de una década, EcoHealth Alliance había enviado equipos a China para atrapar murciélagos, recolectar muestras y buscar en ellas coronavirus. El proyecto había identificado cientos de coronavirus, incluido uno muy similar al que provoca el COVID-19.

Pero si lo que os he contado hasta ahora os resulta preocupante, esperad porque la situación actual es aún peor.

En una rueda de prensa el pasado 17 de abril, Donald Trump ordenó revisar y cancelar cualquier programa de investigación en el que científicos estadounidenses colaborasen con investigadores del Instituto de Virología de Wuhan. Trump justificó su decisión explicando que el virus podía haber salido de un laboratorio chino, una teoría rigurosamente desacreditada por los científicos.

En respuesta, el gobierno de China ha anunciado la cancelación de cualquier proyecto de investigación con EEUU para encontrar el origen del SARS-CoV-2.

Años de alertas por los científicos, falta de fondos y cuando más necesitamos la colaboración internacional, la geopolítica lo impide.

Por Alberto Sicilia

10 junio 2020

Expertos y tripulación que remplazarán al equipo del rompehielos (a la derecha) abordan el barco RV Maria S Merian, en Bremerhaven, en la costa de Svalbard.Foto Afp

Equipo internacional de científicos arribará en unos días al Polarstern; debió relevar a sus colegas en abril// Atmósfera y efectos del calentamiento global,

parte de la investigación

 

Berlín. Los miembros de la expedición científica más grande de la historia en el Ártico se habían preparado para todo, incluso para ataques de osos polares, pero no a una pandemia que amenazaría la continuidad de su misión.

Con dos meses de atraso, los científicos de este equipo internacional, encargado durante más de un año de estudiar las consecuencias del cambio climático en el Polo Norte, deberían finalmente poder pasarse el relevo en los próximos días.

De regreso al Polo Norte, donde se dejó ir a la deriva todo el invierno entre los témpanos, el rompehielos Polarstern, del instituto alemán Alfred-Wegener de Bremerhaven, llegará en poco tiempo a las costas del archipiélago noruego de Svalbard.

Desembarcará a un centenar de investigadores internacionales, que acaban de pasar cerca de tres meses en el Polo, para embarcar a su vez a un centenar de sus colegas, entre ellos el jefe de esta misión, Markus Rex, trasladados a bordo de barcos de investigación de Bremerhaven.

Este climatólogo y físico, que ya efectuó una primera estadía de septiembre a enero a bordo del Polarstern, había elaborado con su equipo más de una decena de escenarios en caso de imprevisto durante los 390 días que debe durar la expedición.

"Tuvimos que desarrollar un nuevo plan muy rápidamente", tras la aparición de la pandemia que frenó la actividad mundial, indicó por teléfono desde Spitzberg, la isla principal de Svalbard.

La expedición, bautizada Mosaic y que zarpó en septiembre de Noruega, tiene por objetivo estudiar al mismo tiempo la atmósfera, el océano, el mar de hielos y el ecosistema para recibir datos que evalúen el impacto del cambio climático en la región y el mundo entero.

Durante 390 días, unos 600 expertos y científicos se relevan en el barco que se ha dejado llevar por la deriva polar, esa corriente oceánica que va de este a oeste en el Océano Ártico.

A fines de febrero, la embarcación estaba a 156 kilómetros del polo. Nunca un barco estuvo tan al norte en invierno.

Inicialmente, el nuevo equipo, integrado por expertos de una docena de países diferentes, tenía que llegar a principios de abril al Polarstern en avión desde las Svalbard, pero el cierre de fronteras provocó la cancelación de los vuelos.

Finalmente, tras numerosos obstáculos, los responsables de la misión decidieron transportar a los científicos, así como víveres y combustible, por barco hasta Spitzberg.

Por su parte, el Polarstern interrumpió hace unas semanas sus investigaciones para ir a buscar al nuevo equipo.

"La segunda gran dificultad que tuvimos fue asegurarnos que el virus no se propague entre los miembros de la expedición", continuó Markus Rex.

Para ello, se impuso una estricta cuarentena de más de 14 días a todo el nuevo equipo en dos hoteles de Bremerhaven alquilado por completo para ellos.

"Las puertas (de las habitaciones) no podían abrirse, no hubo ningún contacto con personas del exterior (...) Las comidas eran llevadas a la puerta de los cuartos", detalló.

"Todo el mundo fue sometido a tres pruebas" de detección de Covid-19, precisó Markus Rex, aliviado de que esta misión a la que consagró 11 años de su vida pueda continuar.

A bordo del Polarstern, que ya pasó 150 días de noche polar con temperaturas de hasta menos 39.5 grados Celsius, el equipo vivió a distancia el confinamiento del mundo.

"Muchos de ellos tienen familia e intentan evidentemente mantenerse lo más estrechamente posible en contacto a través del teléfono satelital", explicó Torsten Kanzow, actualmente en el rompehielos.

Los obstáculos no deberían tener un impacto mayor en las investigaciones que se llevan adelante, según el jefe de la misión.

El final de la expedición se mantiene para el 12 de octubre.

El coronavirus baja a la ciencia de su pedestal, ¿habrá una crisis de confianza?

La búsqueda de soluciones contra la COVID-19 nos está mostrando la ciencia en directo. Sin embargo, en ocasiones se desprecia la evidencia como base para tomar decisiones políticas o, en el otro extremo, se le exige al conocimiento científico un poder de predicción absoluto que no tiene. ¿Esta crisis pasará factura a su imagen social?

  

Vacunas que prometen plazos imposibles. Tratamientos sin eficacia ni seguridad demostradas. Estudios flojos. Modelos epidemiológicos amateurs. Expertos que se contradicen. Investigadores atrapados en un combate político. Bulos. Mascarillas sí, mascarillas no. La pandemia de COVID-19 está lejos de terminar pero, cuando lo haga, ¿cómo habrá cambiado nuestra percepción de la ciencia?

La percepción social de la ciencia en España ha sido positiva hasta ahora, según recoge la última encuesta realizada por FECYT en 2018. El punto de partida también es bueno en otros países de Europa y Norteamérica. La pregunta es cómo afectará la crisis del coronavirus a esta visión.

"Hay un sector ambivalente en crecimiento", explica a SINC el sociólogo de la Universidad Autónoma de Madrid Josep Lobera. Incluye en este grupo a quienes, sin ser contrarios a la ciencia, "ven tanto problemas como beneficios" en ella. Una visión que depende mucho de la ideología, las condiciones sociodemográficas y educativas.

Existen pocos datos en España que permitan evaluar la situación actual. Una encuesta realizada a finales de abril por el CSIC mostraba que los sanitarios eran el colectivo mejor valorado por los ciudadanos (4,41 puntos sobre 5), seguidos de los expertos y científicos (4,15 puntos).

El investigador de la Universidad de Trento (Italia) Massimiano Bucchi ha estudiado esta cuestión en su país. Los resultados de sus encuestas muestran tres clústeres de ciudadanos: optimistas, desorientados y pesimistas. Estos últimos, que representan el 22 %, tienen una visión negativa de la gestión de la crisis del coronavirus y de la comunicación al respecto, por lo que se informan a través de amigos, familiares y redes sociales.

Además, casi la mitad de los ciudadanos italianos está de acuerdo con que "las opiniones de los expertos científicos han sido disparatadas y causado confusión". Es por eso que Bucchi considera que la comunicación de la crisis no ha estado a la altura, pero es cauto a la hora de valorar cómo afectará esto a la percepción social de la ciencia en un futuro.

Lobera retrocede a crisis tecnocientíficas anteriores para arrojar algo de luz: las vacas locas, Fukushima y Chernóbil "aumentaron ese espacio de ambivalencia y percepción de riesgos". Aclara que la situación no es del todo comparable, ya que la crisis actual "no está generada por una tecnología mal usada que genera un problema nuevo". El tiempo dirá si las falsas teorías sobre la intervención humana en el origen de la pandemia penetran en la población, sobre todo en países donde son apoyadas por el Gobierno, como EEUU.

Aun así, Lobera opina que la pandemia de SARS-CoV-2 "muy probablemente" no afectará en su conjunto a la ciencia: "Seguirá teniendo una imagen positiva que aumentará en su conjunto porque se disparará en sectores como el médico". En las áreas biosanitarias, tradicionalmente las mejor consideradas, crecerá la conciencia de que "hace falta invertir más".

El último barómetro publicado por la asociación alemana Wissenschaft im Dialog le da la razón. "El nivel general de confianza en la ciencia se ha incrementado significativamente en el contexto de la pandemia de coronavirus", asegura el resumen de la encuesta.

El investigador del Hospital Gregorio Marañón de Madrid e ideólogo de la iniciativa ciudadana Ciencia en el Parlamento Andreu Climent es más pesimista y teme un efecto rebote. "Si todo el mundo mira a la ciencia y esta tarda meses o años en tener una hoja de ruta, es fácil que, cuando esté todo solucionado, se le eche la culpa por ser lenta".

Para Climent es importante diferenciar entre la percepción que creemos tener y la que de verdad tenemos. "Es como lo de ser racista, que nadie lo es". Teme que pueda pasar algo parecido: "Hacer social la ciencia es bajarla de su pedestal. Cuando está arriba es bonita y brillante, pero no sirve de nada. Conforme baja se vuelve útil, pero empieza a tener sombras". Aun así considera que es positivo para que la gente aprenda a valorarla tal y como es.

 

Promesas en medio de la incertidumbre

 

Lobera opina que el mayor impacto que sufrirá la ciencia será en su imagen de infalibilidad. "La ciencia es incertidumbre", pero en las últimas décadas ha habido "una comunicación muy basada en una certeza y un poder predictor casi absolutos". Asegura que eso "está pasando factura".

"Los científicos sabemos que hay ámbitos de la ciencia muy provisionales", continúa, "pero cuando esto afecta a los ciudadanos tiene repercusiones negativas. No lo aceptan. Les supone una frustración respecto a la idea que tenían de reveladora de verdades permanente capaz de resolver todos los problemas".

Bucchi comparte este temor: "Es un problema cuando la ciencia promete algo a corto plazo a la sociedad, sobre todo en medicina". Considera que "hay que ser cuidadoso porque a veces no es posible decir con precisión qué pasará ni cumplir unas expectativas tan altas".

Por todo esto Lobera es "muy crítico" con lo que considera "una comunicación idealizada de la ciencia, que vende mucho y es muy efectiva porque a la gente le entusiasma". El investigador cree que "en una sociedad secularizada, la ciencia ha ocupado un espacio casi religioso, pero debemos devolverla a su espacio real. Es la mejor herramienta que tenemos, pero no es mágica y eso va a decepcionar". Teme incluso que algunos se "enfaden" al descubrir que ni era "perfecta" ni los expertos eran "magos".

 

La ciencia, más politizada que nunca

 

Este ‘enfado’ se ha palpado con algunos de los investigadores implicados en la crisis. "Para muchos soy el malo que está dañando la economía", decía en una entrevista el virólogo que lidera la respuesta alemana contra la COVID-19, Christian Drosten, quien aseguraba haber recibido amenazas de muerte por ello. En EEUU los epidemiólogos que modelizan la pandemia han sido acusados de ser un fraude por parte de algunos defensores de Trump, que los consideran parte de un complot para dañar la reelección del presidente.

Bucchi advierte del peligro de que un mensaje científico sea rechazado "no por su contenido, sino porque lo dé un político que no nos gusta". Asegura que se ha visto en Italia, donde parte de la comunicación no era llevada a cabo por los técnicos.

"Hay quien canaliza la rabia y la frustración buscando culpables", dice Lobera. Sin embargo, no cree que esto afecte a la percepción general de la ciencia ni de los expertos como colectivo, sino de forma específica sobre "aquellos que sentimos que han fallado a la hora de protegernos".

Esto no quita, según el investigador, que en el "combate" político se puedan usar cañonazos contra peones de la ciencia. "Es esperable que quienes más ansiedad experimenten sean los que confíen menos en los expertos a cargo. En una crisis no es lo mismo estar gobernado por un partido que votaste que por uno en el que desconfías".

Estos cañonazos se han observado en países como Reino Unido. "Quienes están políticamente en contra del confinamiento buscan hundir a los científicos que consideran responsables de crearlo", aseguraba en una entrevista el exconsejero David King. "No miran a la ciencia [...]. Lo que hacen es encontrar un escándalo para atacar a la persona". Sus palabras hacían referencia a Neil Ferguson, una de las caras más visibles de la respuesta británica, que tuvo que dimitir del comité de asesoría británico tras la publicación de que su amante se había saltado el confinamiento para ir a verlo.

 

¿La muerte del ‘experto’?

 

"Soy un estadístico médico. He estudiado estas cosas […] durante décadas. Por eso no me verás hacer ningún pronóstico sobre el coronavirus", escribía en Twitter a comienzos de abril el matemático Robert Grant. "Creo que los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) tienen la experiencia que necesitan. También hay mucho postureo que supone el riesgo de distraer o confundir a la gente. Diría que es el momento del perfeccionismo".

Algo similar sostenía la investigadora de la Universidad Emory (EEUU) Cecile Janssens //medium.com/@cecilejanssens/experts-with-opinions-and-experts-with-facts-abb79ddd65cf">en un texto sincero: "Soy epidemióloga pero apenas se nada sobre epidemias". Insistía en que "la experiencia es subjetiva y tiene límites". En el otro lado del ring economistas, físicos, emprendedores tecnológicos y cualquiera con nociones básicas de estadística han intentado prever el futuro de la pandemia desde su comienzo.

En este sentido, un artículo del filósofo de la Universidad de Estocolmo (Suecia) Erik Angner defendía la necesidad de la "humildad epistémica" durante la pandemia. "Ser un verdadero experto incluye no solo saber cosas, sino conocer los límites de tu conocimiento. Si no tienes la capacidad de hacer modelos epidemiológicos avanzados deberías asumir que no puedes diferenciar uno bueno de uno malo".​

"Lo que dice un experto encaja en dos categorías: temas de los que saben y temas de los que no", escribía Janssens. Bucchi no cree que el público sea consciente de estas limitaciones. "Los premios Nobel cambiaron la visión de la ciencia en el siglo XX y crearon la figura de la ‘estrella’ científica. Una vez te conviertes en una, la gente te pregunta sobre todo, incluso fuera de tu área de experiencia".

El sociólogo italiano considera que es un fenómeno que se está viendo durante la pandemia. "Hay quien habla de virología sin ser virólogo y esto puede generar confusión y la percepción de que la ciencia da palos de ciego porque cada investigador dice una cosa. No es momento de hipótesis, sino de enviar mensajes cortos y claros".

Aun así, Bucchi se alegra de que los medios estén más interesados en entrevistar a virólogos y epidemiólogos. "Esto podría cambiar la percepción pública de los expertos, pero no sé cómo, porque diferentes expertos dicen cosas diferentes y eso también puede confundir a la gente".

 

El papel de los medios y la comunicación

 

Al filósofo e historiador de la ciencia en la Universidad Autónoma de Madrid Javier Ordóñez le preocupa la credibilidad de los mensajes en esta crisis: "Los científicos saldrán reforzados porque si hay una solución vendrá de un tratamiento o vacuna, pero me da miedo que se corrompa la fiabilidad de los canales de distribución de la información científica", explica. "El número de bulos que corren es enorme y la comunicación de la ciencia puede salir muy perjudicada si no somos capaces de dar informaciones veraces, tranquilas y sosegadas".

La catedrática de Periodismo de la Universidad de Valencia Carolina Moreno, líder del grupo de investigación ScienceFlows, asegura que, aunque algunos medios pueden ser alarmistas, "la información basura, la infodemia tóxica, es la que no emana de los medios sino que va por redes sociales y WhatsApp".

Ordoñez lamenta que "los charlatanes se hayan multiplicado y den un púlpito a gente con aspecto respetable que dice cosas indescriptibles y hace pronósticos atrevidos". "El público favorece al charlatán porque le da lo que quiere escuchar, soluciones innovadoras de la noche a la mañana o críticas triviales de las decisiones tomadas".

 

¿Qué pasará con la siguiente amenaza?

 

Lo cierto es que, a pesar del prestigio de los científicos, sus alertas sobre el riesgo de los coronavirus animales no se han escuchado lo suficiente. Un estudio publicado en 2007 ya alertaba de la "bomba de relojería" que suponían estos virus para el ser humano. La OMS recomendó priorizar su investigación desde 2015 y en octubre de 2019 avisó de que el mundo no estaba preparado para la próxima gran pandemia que se avecinaba.

Cuando esta crisis finalice, ¿haremos caso a los investigadores que nos advierten de amenazas como el cambio climático o los tildaremos de nuevo de alarmistas?

"Lo esperable es que los avisos científicos se tomen más en serio, sobre todo en los próximos dos o tres años, porque esto nos va a marcar", considera Lobera. "No es una crisis leve y va a afectar a la opinión que tenemos de muchas cosas, y una es la ciencia. Los avisos se van a escuchar de otra manera. El del cambio climático, también". Bucchi también es optimista: "Espero que se aprenda la lección".


Mascarillas: cómo tomar decisiones informadas en la ciencia

El uso —o no— de mascarillas por parte de la población general ha causado un debate acalorado. Se ha criticado a investigadores, políticos y organizaciones por cambiar de opinión conforme lo hacían los datos y las evidencias.

Hay estudios que afirman que estas protegen de aerosoles en condiciones de laboratorio controladas y con maniquíes. Pero "la pregunta sobre si las mascarillas funcionan es sobre si lo hacen en el mundo real, usadas por gente real en situaciones reales", reflexionaba la bioestadística de la Universidad de Birmingham Karla Hemming en BMJ.

Hemming concluía que la evidencia obtenida de ensayos en los que la gente lleva mascarillas en el día a día "sugiere que usarlas genera un comportamiento de compensación de riesgo". Algo similar aseguraban dos expertas en protección respiratoria de la Universidad de Illinois en Chicago, quienes no recomendaban su uso por la falsa sensación de seguridad que imbuyen.

La evidencia científica con pruebas controladas aleatorizadas es muy limitada y los resultados "no son concluyentes", aclara la investigadora de la Universidad de Oxford y coautora de un comentario publicado en The Lancet sobre el uso "racional" de estos equipos de protección, Shuo Feng.

La investigadora atribuye al desabastecimiento inicial que la mayoría de países y organizaciones no recomendaran su uso durante las primeras fases. "La evidencia científica se actualiza constantemente y las conclusiones de hoy pueden no ser las de mañana", comenta. "Creo que las políticas deberían actualizarse a la par con la evidencia, y para eso hace falta una buena comunicación pública".

Sin embargo, las decisiones políticas no siempre pueden esperar a las evidencias.

Este ejemplo muestra que tomar decisiones en contextos de incertidumbre, con evidencias incompletas y cambiantes, es difícil, y que las instituciones deben transmitir y explicar esta complejidad.

"Los expertos en sanidad tienen peso dentro de las decisiones políticas, pero quienes deben tomarlas son los políticos. La ciencia puede ayudar dando datos y poniendo opciones sobre la mesa", dice Climent. "A la ciencia no le puedes pedir que haga futurología", asegura el investigador.

madrid

15/05/2020 10:16

La Universidad de Oxford aspira a tener lista su vacuna en septiembre tras los ensayos en humanos 

El instituto Jenner de Reino Unido ha sido el primer centro europeo en comenzar a probar en personas su candidata a vacuna y planean que sea testada en más de 6.000 personas para finales de mayo. 

 

La carrera científica por detener la covid-19 sigue acelerándose. El instituto Jenner de la Universidad de Oxford, en Reino Unido, ha sido el primer centro europeo en comenzar a probar en humanos su candidata a vacuna. 

Ahora, los científicos dicen que con una aprobación de emergencia de los reguladores, los primeros millones de dosis de su vacuna podrían estar disponibles para septiembre, si resulta ser efectiva. 

El plan, según reporta el diario estadounidense The New York Times, aspira a probar la vacuna en más de 6.000 personas para finales de mayo, pero para que los datos sobre del ensayo sean efectivos, los participantes deberán mostrar que no contrajeron el coronavirus de su entorno. 

No son los únicos en vislumbrar los avances de esta cura, expertos del Laboratorio Rocky Mountain de los Institutos Nacionales de la Salud en Montana inocularon el mes pasado a seis monos con dosis únicas de la vacuna Oxford.

Los animales fueron expuestos a grandes cantidades del coronavirus con las que enfermaron y 28 días después, los seis estaban sanos, según narran los investigadores. 

Aunque los resultados en estos macacos, usados como conejillos de indias, no garanticen que la vacuna proporcione el mismo grado de protección para los humanos, son los avances más exitosos en las investigaciones hacia una vacuna. 

Primeros pacientes en probar la vacuna

El experimento ya ha comenzado a probarse en humanos. Elisa Granato, de 32 años, ha sido una de las dos primeras personas, de las 800 que en las que testará, en someterse a esta vacuna experimental. 

Granato, una de las dos primeras personas de las 800 que en las que testará la vacuna, declaró a la BBC  el pasado 23 de abril que, como científica, que "quería tratar de apoyar el proceso científico siempre que pueda" y que tenía un alto grado de confianza en la vacuna. 

Este proyecto, dirigido por la doctora y profesora de vacunología en el Instituto Jenner, Sarah Gilbert, se ha desarrollado en menos de tres meses. Aunque en anteriores ocasiones Gilbert afirmó que la vacuna funcionaría  "en un 80%", ahora prefiere no poner números a la esperanza.

29/04/2020 11:31

 

Más de 800 personas se someten a las pruebas clínicas de una vacuna contra el coronavirus en el Reino Unido

El Reino Unido ha empezado este 23 de abril las primeras pruebas clínicas de una vacuna contra el coronavirus en Europa y los primeros dos voluntarios ya han recibido una inyección.

"Soy una científica, por eso quería tratar de apoyar el proceso científico como puedo", afirmó Elisa Granato, una de las 2 personas ya vacunadas.

Más de 800 personas participan en el ensayo de este fármaco, desarrollado por la Universidad de Oxford. Según informa la BBC, la mitad de ellas serán vacunadas contra el coronavirus, mientras que otros voluntarios serán inyectados con una vacuna contra la meningitis.

La vacuna está hecha de un inofensivo virus de chimpancés que ha sido genéticamente diseñado para transportar parte del coronavirus.

A su vez, Sarah Gilbert, profesora de vacunación de la Universidad y líder de la investigación, afirmó que "tiene un alto grado de confianza en esta vacuna". "Por supuesto, tenemos que probarla y recibir datos de los humanos. Tenemos que demostrar que de verdad funciona y evita que la gente se infecte antes de usar la vacuna en la población en general", declaró.

Previamente esta semana, el secretario de salud de Reino Unido, Matt Hancock, ha anunciado que el Gobierno británico va a financiar al equipo de Oxford con 20 millones de libras esterlinas (unos 24,5 millones de dólares) para sus ensayos clínicos, mientras que otros 22,5 millones de libras esterlinas (unos 27,6 millones de dólares) se destinarán a los investigadores de Imperial College de Londres.

Por su parte, Gilbert comunicó que la inoculación podría estar lista para su uso en septiembre, cuando normalmente el proceso conllevaría unos 18 meses.

La elaboración de una vacuna contra el coronavirus es un objetivo de varios países por todo el mundo. En Rusia anunciaron el inicio de pruebas de una vacuna en voluntarios. En Estados Unidos y China también se están realizando pruebas de vacunas.

La semana pasada, el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, declaró que tres vacunas contra el covid-19 estaban en esa misma etapa de test con humanos y otras 70 se encontraban en modo de desarrollo.

(Con información de BBC y RT)

La Universidad de Oxford podría tener lista la vacuna contra el coronavirus en agosto

John Bell, asesor del Gobierno británico, explicó que la universidad comenzó las pruebas en humanos el jueves pasado y que posiblemente se sabrá el próximo mes si la posible vacuna obtiene una respuesta contundente frente al nuevo virus.

Las investigaciones llevadas a cabo por la Universidad de Oxford para fabricar una vacuna contra el coronavirus pueden estar completadas en agosto, informó este sábado John Bell, asesor del Gobierno británico. El científico señaló que la universidad comenzó las pruebas en humanos el jueves pasado y que posiblemente se sabrá el próximo mes si esta posible vacuna obtiene una respuesta contundente frente al nuevo virus.

 “¿Protegerá a la gente? Eso no se probó y sólo se probará una vez que se haya vacunado a un número significativo de personas, se las haya expuesto al virus y se haya contado cuántas personas contrajeron el coronavirus en esa población”, explicó Bell a la BBC. El profesional forma parte de un comité de expertos del ámbito académico y empresarial que se puso como objetivo desarrollar “tan pronto como sea posible” una vacuna contra la covid-19 que pueda ser producida a nivel masivo.

“Por lo tanto, ni siquiera tendremos una señal para eso hasta mayo. Pero si las cosas siguen su curso y tiene eficacia, entonces creo que es razonable pensar que podrían completar su prueba a mediados de agosto”, precisó el experto. A su vez, agregó que el siguiente problema a resolver sería la fabricación de “miles de millones de dosis”.

En tanto, Sarah Gilbert, profesora de vacunología de la Universidad de Oxford, advirtió el 11 de abril pasado sobre los problemas que viene enfrentando su especialidad en la actualidad. “Las vacunas no reciben suficiente inversión. Son la intervención sanitaria más rentable, pero se pasan por alto. Muchos de nosotros hemos estado diciendo durante años que necesitamos más vacunas contra estos patógenos de brotes y que tenemos que ser capaces de movernos más rápido cuando hay una nueva pandemia”, sostuvo Gilbert en declaraciones a The Times.

Según cifras oficiales, 888 personas fallecieron en las últimas 24 horas en hospitales británicos por coronavirus, por lo que la cifra total de fallecimientos en el Reino Unido ascendió a 15.464, mientras que la cantidad de contagios escaló a 108.692.

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