Lunes, 26 Julio 2010 09:42

Al rescate de la novela histórica

Es gracias al documento como podemos conocer la historia. Algunos escritores han recreado de manera fascinante y novelada apartes de ella. Pero, para nuestra mala fortuna, se ha venido perdiendo sustancialmente esa costumbre.

Para hablar de la novela histórica, no podemos hacerlo sin nombrar a Juan Rodríguez Freyle, quien en 1640, y tras seis años de escritura, lega a la humanidad una monumental obra, una gran pieza histórica que tituló Conquista y descubrimiento del Nuevo Reino de Granada de las Indias Occidentales del Mar Océano, y Fundación de la ciudad de Santafé de Bogotá, primera de este reino donde se fundó la Real Audiencia y Cancillería, siendo la cabeza se hizo su arzobispado, y que luego, por practicidad, escribanos y lectores empezaron a llamarla Carnero. Una de las principales hipótesis y la que más fuerza tiene, de por qué este título, es la mencionada por algunos especialistas en la obra: “Es el hombre genérico con el que se designan los manuscritos por estar forrados o escritos en pieles de carnero”. Es, pues, este escritor, nuestro principal referente para concebir la novela histórica. Pero no podemos dejar de lado a Gabriel García Márquez con su El general en su laberinto, que, aunque escrita más de tres siglos después del Carnero, y enmarcada en la narrativa contemporánea, es otra obra magistral que muestra el final de la vida de Bolívar. O, para no ir tan lejos, mencionemos al escritor colombiano William Ospina, quien también magistralmente nos entrega su novela El país de la canela, en la que refleja la ambición, la codicia, la avaricia y las leyendas que se tejían sobre el continente americano, de los conquistadores españoles en América.

Temática del ‘Carnero’

Es una crónica extensa en la que el autor narra en forma soberbia y sencilla apartes de la vida de los conquistadores, hechos controversiales como secretos familiares, brujería, superchería y fraudes, entre otros, de los conquistadores en estas tierras. La obra está compuesta por 21 capítulos en los cuales se narra lo que sucedió durante los 100 años siguientes a 1538, justo después que Gonzalo Jiménez de Quesada en 1537 llegase a América, y más exactamente a Bacatá, en busca del mítico El Dorado. En el extenso título, el autor quiso plantear globalmente lo que narraría en los 21 capítulos. Al parecer, la vida de Rodríguez Freyle juega un papel muy importante en el Carnero, pues es uno de los hilos conductores del relato histórico, ya que en él trabaja y pone a prueba su memoria. El relato es contado según su estado de ánimo. Sin embargo, no se ha podido precisar con exactitud que eso sea así. Ni los historiadores han logrado ponerse de acuerdo sobre la fecha de su muerte. Al arranque de cada capítulo, el autor hace una pequeña introducción en la que inicia al lector y lo prepara con lo que se topará en la trayectoria del capítulo.

Narrativa contemporánea:
‘El general en su laberinto’

En El general en su laberinto, el escritor, de modo claro y conciso, narra los últimos 10 años de la vida del Libertador (1820-1830), que termina en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 17 de diciembre de 1930.

El objetivo de la novela es dar a conocer y analizar los acontecimientos del último viaje del caraqueño, y que llevaron a su muerte. Además, el autor destaca en especial el patriotismo de Bolívar, su coraje, su valentía, por lograr la libertad de todo un pueblo. En la obra, Gabriel García Márquez refleja el carácter inconforme y de luchador incansable de un ser humano ante las injusticias y la explotación del hombre por el hombre, pero, ante todo, a quien siempre se mostró sensible y comprometido con la libertad de su pueblo.

‘El país de la canela’

Es una de las novelas históricas más recientes. En ella, William Ospina muestra la ilusión y el impulso de algunos conquistadores españoles, quienes emprenden una expedición hacia Perú, con el único fin de encontrar algo que ya no había en Europa y se consideraba más valioso que el oro mismo: la canela. En el transcurso del relato, el escritor narra la ambición de los conquistadores españoles, a quienes los movía ante todo la conquista de América. Además, las leyendas sobre tesoros fabulosos, ilusiones intangibles como un país rico en canela, o la leyenda de El Dorado. Las especias olorosas, entre las que se encontraba la canela, eran muy apreciadas por los europeos: una razón más para que el escritor colombiano hiciese de un sueño, de la voracidad de los conquistadores, una tangible realidad escrita.

Para la expedición fueron necesarios 240 españoles, 4.000 indígenas y 2.000 llamas, además de perros de presa y cerdos que sirvieron de alimento para todos, pues, cuando terminaron con los cerdos, cualquier animal fue bueno para comer. Todo ello para hacer, de manera azarosa, fortuita, el descubrimiento del río Amazonas. Es así como se da la mayoría de los descubrimientos. Por eso, algún día todo ser humano debiera descubrir por lo menos estas tres obras para conocer sus raíces, y saber que hombres como Simón Bolívar trabajaron por su libertad, y que escritores como estos tres nos dejan los documentos claves para conocer así sea apartes de nuestra historia. No en vano El país de la canela fue galardonada con el Premio de Novela Rómulo Gallegos.

De no ser por la palabra escrita, por documentos como estos, no pudiéramos afrontar con una conciencia mejor formada la conmemoración del bicentenario de nuestra independencia con respecto a España.

Publicado enEdición 159
Lunes, 24 Agosto 2009 16:45

Fababela y El Diablo



 

 Hace tiempo que el diablo no visita el mundo. En el límite de dos ciudades como espejos –“Faba” y “Bela”–, y en una temporada tan poco propicia para lo diabólico como la época navideña, acaba de llegar un niño pálido como la sal, triste como la eternidad y rico como el fondo del mar.

A partir de entonces, cada año y luego cada seis meses y luego cada tres meses, el niño vuelve para ser testigo de la contienda de las ciudades hermanas por construir una torre que llegue al cielo. Sólo una jovencita y un jovencito –habitantes de una y otra ciudad– han advertido que esta enloquecida competencia por alcanzar las nubes va a conducirlos a la tragedia, y tratarán de impedirlo aunque ellos mismos sufren un mal extraño: la niña no puede exponerse a los rayos del sol sin que su piel se desgarre, y el muchacho tiene una virtud como maldición: cuando retrata a las personas, les dibuja no las fisonomías sino las almas, sus defectos, aquellas debilidades por donde esas almas van a perderse.

¿Podrá volver al cielo el niño, que no es otro que el mítico ángel caído –el Diablo– o los dos jovenzuelos protagonistas serán capaces de impedírselo? Esta es la disyuntiva que los conducirá a todos a un desenlace inimaginable.


 RICARDO CHÁVEZ CASTAÑEDA (Ciudad de México, 1961) tiene 28 libros publicados con los cuales ha obtenido importantes reconocimientos internacionales (Argentina, Premio Borges de cuento; Ecuador, Premio en la Bienal Internacional de Literatura Infantil y Juvenil; España, Finalista del premio Hammett en dos ocasiones y Accésit del premio internacional de cuento “Aresti” en dos ocasiones; Cuba, Mención honorífica en el premio de novela Casa de las Américas en dos ocasiones, y México, Premio Latinoamericano de Cuento) y los premios nacionales más importantes en México (cuento, novela, literatura infantil, literatura juvenil).


Para Ricardo Chávez Castañeda, la única literatura verdadera es aquella concentrada obsesivamente en el sufrimiento humano. Una literatura que enseñe a afinar la capacidad y la sensibilidad al dolor. Una literatura como epidemia para contagiar del sentimiento trágico, a fin de aprender a sobrevivir en las ruinas y en la ruindad que llamamos vida.

 

 Formato: 21 x 33 cm. Páginas: 72. Ilustrada

P.V.P: $ 25.000

 

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Domingo, 19 Abril 2009 08:23

ABC, la novela. ¿Ficción? ¿Realidad?

La televisión ocupa un lugar estratégico en la cultura cotidiana de las mayorías, en la transformación de las sensibilidades, en los modos de percibir el espacio y el tiempo, y de construir imaginarios e identidades.

Ómar Rincón
 
No ha concluido (todo parece indicar que se demorará) el juicio contra las cabezas visibles de la empresa DMG, y en la televisión nacional ya se transmite una telenovela que ‘parodia' la historia, que es presente.
 
Los productores de ABC alegan que no se trata de la historia de DMG. Sin embargo, la serie se inicia con un personaje similar a Murcia, igual que él, encarcelado. De fisonomía idéntica, con cabello largo, con cola de caballo; inclusive, su ropa es del mismo color que aquella que portaba el detenido el día que lo recluyeron en la penitenciaría La Picota. Aunque los productores no lo reconozcan, no hay duda sobre la fuente de su ‘inspiración'.
 
¿Novela o filmación para construir opinión? Se sabe de la importancia que tiene la televisión como medio comunicativo por excelencia en la vida moderna, constructor de identidades, simbolismo, lenguajes, lugar de disputas de poder, reconocido y utilizado así por los poderosos, que, conscientes de los riesgos y los límites que porta el despliegue desmesurado de la represión para lograr consensos y legitimidades, optan mejor por el mensaje sublime, en este caso por la televerdad.
 
No es ocasional, por tanto, la nueva novela. Pero si alguien peca de inocente, vea esta otra coincidencia: el municipio donde se desarrollan los primeros capítulos se llama no La Hormiga, como es el nombre real del municipio donde empezó toda esa historia del grupo DMG, pero sí un insecto semejante, La Abeja. Además, para ‘coincidencias', los negocios del impulsor de ventas son idénticos a los que lideró en un comienzo David Murcia.
 

¿Manipulación? ¿entretenimiento?

 
El melodrama es un escenario cultural donde se juegan las identidades, las representaciones y los reconocimientos.
Ómar Rincón
 
Las novelas colombianas se caracterizan por explotar situaciones regionales y desde ellas potenciar identidad. Retoman acentos, modismos, maneras de ser, música, tradiciones. Reconocimientos que por lo general se hacen desde lógicas de los sectores populares, es decir, inclusión social que propicia nación. He ahí otro ejercicio de poder. Y el dueño del medio lo acepta, lo favorece y lo hace, como parte de su negocio pero también como parte del poder. A él le interesa asimismo incluir, así sea de forma, pero además multiplicar sus ingresos; por ello, su afán por aumentar audiencias, lo cual hasta ahora está garantizado por historias basadas en el vallenato, o en el regionalismo paisa o valluno, entre los más explotados.
 
Son muchas las novelas así construidas. Y fenomenal la audiencia lograda. Pero en todas ellas mediaba el tiempo, es decir, fueron o son historias construidas a partir de sucesos ya pasados a mejor vida por el favor del tiempo. En todo caso, en todas ellas se evidenció una vez más el potencial de la televisión como medio para contar historias, en que prima el lenguaje sencillo, el relato se reduce a la brevedad y se potencia el sentido cultural del medio.
 
Todo esto entra en juego en el melodrama ABC pero con una clara diferencia: en la historia retomada como base para el guión, la barrera del tiempo no existe. De ahí que tengamos que preguntarnos si lo que vemos es una historia o una noticia teatralizada, pero además si es verdad o ficción.
 
Como esto no está claro para el telespectador, debemos preguntarnos, además, es si en verdad sus productores quieren ofrecer entretenimiento –como una de las cualidades de la televisión–, o llevar al televidente a tomar partido frente a un hecho del cual todos los días le informan los noticieros y los medios de comunicación en general.
 
De ser así, surge otra pregunta: ¿Están construyendo una audiencia politizada? Si así fuera, ¿quién encargó tal producción y por qué? ¿Pero, además, por qué la Comisión Nacional de Televisión y los jueces mismos que llevan el caso permiten la transmisión de la novela?
 
Ciertamente no pedimos censura, pero veamos un ejemplo algo risible: ¡Qué tal que se grabara una novela sobre el fiscal Valencia Cossio, también preso! ¿Dejarían transmitirla? La respuesta es obvia.
 
Todos conocemos el oficialismo de los grandes medios de comunicación colombianos, pero aquí ya se llega al límite. Sin vergüenza alguna, toman partido abierto por el gobierno de turno y se esmeran por torcerle el cuello a un importante sector de la sociedad colombiana que paradójicamente no se ha sentido robada por quien en efecto lo hizo –Murcia– sino por el Gobierno, que, actuando bajo presión de los banqueros y la embajada estadounidense, precipitó la quiebra del grupo DMG.
 
Ya sabemos que de nada sirven la queja y la denuncia. Pero, preguntamos: cuando la serie avance, ¿cómo presentarán a los impulsores del referendo reeleccionista? ¿Recibieron o rechazaron las dádivas del grupo DMG?
Publicado enEdición 145
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