Miércoles, 14 Noviembre 2018 05:40

“No hay salida del nacionalsocialismo global”

“No hay salida del nacionalsocialismo global”

Para Berardi, las personas resignaron su capacidad para pensar y sentir y, mientras la falta de diálogo impide la organización, nuevos gobiernos represivos controlan todo sin necesidad de recurrir a ejércitos. “Hoy no nos relacionamos”, asegura.

 

El filósofo Franco “Bifo” Berardi tiene la sonrisa fácil. Es profesor de la Universidad de Bologna desde hace mucho tiempo pero antes, cuando solo tenía 18 años, participó de las revueltas juveniles del 68’, se hizo amigo de Félix Guattari, frecuentó a Michel Foucault, ocupó universidades y fue feliz. Hoy asegura que esa posibilidad fue clausurada: los humanos ya no imaginan, no sienten, no hacen silencio, no reflexionan ni se aburren. Los cuerpos no se comunican y, por tanto, conocer el mundo se vuelve un horizonte imposible. Frente a una realidad atravesada por la emergencia de regímenes fascistas –enmascarados con globos, pochoclos y dientes brillantes– los ciudadanos protagonizan una sociedad violenta, caracterizada por la “epidemia de la descortesía”. Fundó revistas, creó radios alternativas y señales de TV comunitarias, publicó libros entre los que se destacan, “La fábrica de infelicidad” (2000), “Después del futuro” (2014) y Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva (2017). En esta oportunidad plantea cómo sobrevivir en un escenario de fascismo emergente, de vértigo y agresividad a la orden del día.


–A menudo plantea la frase: “El capitalismo está muerto pero seguimos viviendo al interior del cadáver”. ¿Qué quiere decir con ello?


–La vitalidad y la energía innovadora que el capitalismo tenía hasta la mitad del siglo XX se acabó. Hoy se ha transformado en un sistema esencialmente abstracto, los procesos de financierización de la economía son los que dominan la escena y la producción útil ha sido reemplazada. En la medida en que no se podía pensar el valor de cambio sin primero recaer en el valor de uso, siempre creímos que el capitalismo era muy malo pero promovía el progreso. Hoy, por el contrario, no produce nada útil sino que solo se acumula y acumula valor.


–¿Por qué no nos relacionamos?


–La abstracción de la comunicación ha producido un proyecto de intercambio de signos financieros digitales que, por supuesto, no requiere de la presencia de personas para poder efectuarse. Los cuerpos se aíslan: cuánto más conectados menos comunicados estamos. Me refiero a una crítica al progreso que ya se ha discutido tenazmente con Theodor Adorno y Max Horkheimer en Dialéctica de la Ilustración. En la introducción del libro señalan que el pensamiento crítico y la democracia firman su condena a muerte si no logran comprender las consecuencias tenebrosas de la ilustración. Si no entendemos que la mayoría de la población reacciona de una manera miedosa al cambio todo terminará muy mal.


–¿En qué sentido?


–Creíamos que Adolf Hitler había perdido y no es verdad. Perdió una batalla, pero todavía gana sus guerras. Los líderes Rodrigo Duterte (Filipinas), Jair Bolsonaro, Donald Trump, Matteo Salvini (Italia) y Víktor Orbán (Hungría) representan los signos de un nazismo emergente y triunfante en todo el mundo.


–¿Por qué se vive con tanta violencia y agresividad?


–Puedo responderte con la reproducción de una frase que leí en el blog de un joven de 19 años: “Desde mi nacimiento he interactuado con entidades automáticas y nunca con cuerpos humanos. Ahora que estoy en mi juventud, la sociedad me dice que tengo que tener sexo con personas, las cuales son menos interesantes y mucho más brutales que las entidades virtuales”. Esto quiere decir que al relacionarnos –cada vez más– con autómatas perdemos la expertise, la capacidad de lidiar con la ambigüedad de los seres humanos y nos volvemos brutales. En efecto, miramos con mejores ojos a las máquinas. La violencia sexual es la falta de aptitud del sexo para poder hablar. De hecho, vivimos hablando de sexo, pero el sexo no habla. No logramos comprender el placer del deseo del cortejo, de la ironía, de la seducción y, en este sentido, lo único que queda cuando rascamos el fondo del tarro es la violencia, la apropiación brutal del otro.


–Si la capacidad emotiva se ha perdido y la de razonar se está desvaneciendo, ¿qué nos queda como Humanidad?


–No hay salida del nacionalsocialismo global. Lo único que queda como respuesta es el trauma, a partir de la readaptación del cerebro colectivo. El problema fundamental no es político, sino cognoscitivo: la victoria de Bolsonaro no representa solo una desgracia para el pueblo brasileño, pues, también es una declaración de muerte para los pulmones de la Humanidad. Te lo digo como asmático: la destrucción de la Amazonia que se está preparando implica una verdadera catástrofe. Mientras que el final de nuestros recursos se aproxima, la evolución del conocimiento social, algunas veces, demanda dos o más siglos.


–Si ya no podemos imaginar, será imposible construir futuros.


–Por supuesto, si no imaginamos no podemos actuar. La imaginación depende de lo que conocemos, de nuestras trayectorias y experiencias y, sobre todo, de nuestra percepción empática del ambiente y del cuerpo ajeno. Ya no vivimos emocionalmente de manera solidaria. Los jóvenes hoy están solos, muy solos. Necesitamos construir un movimiento erótico para curar al cerebro colectivo. Se trata de volver a unificar al cuerpo y al cerebro, a la emoción y al entendimiento. Desde aquí, #NiUnaMenos es la única experiencia mundial que, desde mi perspectiva, recupera estos vínculos. Debemos aprender de este fenómeno y extenderlo a otras áreas, recuperar derechos, volver a vivir la vida.


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Publicado enSociedad
Nuestro hombre hicotea, sentipensante, hereje y luchador de nuestros tiempos

Remembrazas sobre Orlando Fals Borda, a propósito del décimo aniversario de su deceso. Su pensamiento sigue vivo, iluminando el ejercicio investigativo de decenas de miles de actores sociales.


Al indagar por Orlando Fals Borda como autor es necesario colocarlo en un escenario latinoamericano, en el cual se desarrolla un esfuerzo colectivo no programado ni organizado en sus inicios, por darle forma a un pensamiento propio que, a la vez que rompía con la “ciencia colonial” europea y estadounidense, recogía de las tradiciones originarias parte de la savia para darle forma a unos movimientos que desarrollaban un pensamiento que da identidad a nuestro contexto como formación social diferente y con proyectos que, manteniendo un nexo con la producción de otros lares, afirmaba las singularidades de lo propio como un ejercicio de complementariedad.

 

En ese sentido, quien inaugura este período es el peruano José Carlos Mariátegui, quien habló del “marxismo indoamericano”. También desde la especificidad colombiana, y muchos años después, Fals Borda hablaría del “socialismo raizal”. En el mismo período de la década del 30, Avelino Siñani y Elizardo Pérez en Bolivia, con la escuela Ayllu de Warisata, rompen el modelo eurocéntrico educativo proponiéndonos una educación indígena.

 

Ese escenario de “herejías” frente a lo establecido como conocimiento universal, va a tener en las décadas del 50 y 60 del siglo anterior una proliferación de propuestas, convertidas en movimientos con múltiples expresiones de resistencia y de construcción de procesos alternativos, lo cual nos permitió –a quienes veníamos después de ellos–, estar parados en “hombros de gigantes” como dirían algunos de Newton en las ciencias naturales. En nuestra realidad emergieron con contenido propio: la teología de la liberación (Gutiérrez), la teoría de la dependencia (Faletto), la comunicación popular (Kaplún), la psicología popular (Martín-Baró), el desarrollo a escala humana (Max-Neef), la educación popular (Freire), la filosofía latinoamericana (Dussel), el teatro del oprimido (Boal), colonialidad del saber y del conocimiento (Quijano), la ética del cuidado (Boff), la sistematización como una forma de investigar las prácticas (Martinic), las epistemologías contextuales (Zemelmann).

 

En el marco de estos desarrollos, nuestro recordado Orlando Fals desarrolla la investigación acción participante (IAP), articulada a una serie de experiencias en otros lugares de América Latina, como sucedió con las anteriormente citadas y para su caso con una mayor cercanía en Brasil, Chile, México, que luego atravesaría los océanos hacia la India, África y Australia. En su esfuerzo por cruzar educación popular e investigación se puede tomar como antecedente el trabajo de tres décadas antes, como las experiencias vividas en el desarrollo del proyecto educativo de la Anuc, el trabajo realizado en la costa caribe en el marco del movimiento campesino, y que luego va al movimiento pedagógico colombiano.

 

Orientando la mirada hacia la historia y lo popular

 

En la actualidad se ven cosas curiosas que hay que mirar críticamente, pues muchas de las teorías en boga, por ejemplo, algunos de los autores de la descolonización, en aras de una originalidad de estos tiempos, pareciera que no reconocieran aquellos gérmenes de ese “nuevo” pensamiento en los autores que nos antecedieron. Para este caso de la descolonización basta solo recordar cómo Simón Rodríguez había dicho en 1828, “la sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar en América”1.

 

De igual manera, podemos ver cómo muchos de los temas planteados en estas nuevas corrientes ya estaban en los escritos de Fals Borda, que pese a su formación funcionalista en los Estados Unidos o sus coqueteos con el marxismo, rompió rápidamente sus propios muros a partir de su práctica en el Departamento de Boyacá, que lo llevaría a escribir uno de sus primeros textos, al que llamó “campesinos de los andes” y que luego retomó para su tesis doctoral, en donde ya plantea claramente un distanciamiento con las ciencias europeas, encontrando una reflexión a partir de la categoría de sentido común, con la cual toma el rumbo de reconocer que había un saber y un conocimiento propio en los sectores populares que le permitiría identificar y cuestionar al colonialismo intelectual como uno de los principales problemas de las ciencias sociales de estos lares2.

 

Esta idea, que va a permitir constituir el saber propio o popular, va a tener su clímax en el texto que lleva por título La Historia Doble de la Costa, en el cual mostró que esa lectura popular estaba presente en el imaginario de los grupos sociales populares con narrativas propias, que les permitían diferenciarse de otro tipo de producciones. Allí están sus cuatro libros3, donde él reconoce que su idea de “sentipensante” la apropió de estos campesinos, que dan cuenta siempre de la unidad del mundo explicitada en la unidad de la razón, la pasión, el cuerpo y el corazón.

 

Estos textos auscultan con profundidad la manera cómo los territorios son constituidos en sus múltiples aspectos, no solo por las narrativas del poder sino también por las de sus habitantes, los cuales la viven, la explican y la transforman desde sus comprensiones, que la mayoría de las veces son diferentes a las de la academia clásica, en cuanto son sus luchas y resistencias las que otorgan sentidos e identidades. En esta perspectiva, la idea de praxis que reelabora desde ese sentido común y de los saberes no académicos, le van a servir como horizonte de ruptura epistemológica que lo llevará a la formulación de que, si miramos la vida de la gente, es posible distanciarse del positivismo como única manera de explicarla4.

 

Investigación Acción Participante para entender la vida

 

Para resolver esta crítica propone la Investigación-Acción Participante, como ruta para ver de qué manera los grupos populares no academizados organizan un conocimiento desde su quehacer, mostrando cómo ese saber –que a veces es desdeñado como folclor–, tiene su propia racionalidad y su propia estructura de causalidad. En ese sentido, va a tener validez científica así esté por fuera del edificio formal de la ciencia clásica5.

 

Este camino de elaboración temprana va a tener una veta que nunca abandona en su obra, que lo llevará por el camino de reconocer ese saber de los sectores populares como otro tipo de conocimiento, el cual era muy visible en la vida indígena, las rebeliones, la experiencia de la gente en su día a día, o en las herejías. Frente a todo ello señalaba que para poder leerlas en otra clave, se requeire una opción ético-político-cognitiva, lo cual convierte a la investigación-acción participante como una forma de actuación política con un compromiso en una acción “científico-política”, que se vincula para ayudar en los procesos de empoderamiento, organización y lucha de los sectores sociales populares, a la vez que va a ser una crítica al predominio del positivismo en las ciencias sociales, y más radical, en cuanto permite la emergencia de una epistemología surgida en el sur6.

 

En esta mirada señala como esa organización de la sociedad –basada en la dicotomía entre desarrollo y subdesarrollo– ha sido construida por una escala de poder que desconoce la complejidad y la fragilidad del medio tropical, caracterizado por sus comunidades multiétnicas y biodiversas. Si las desconocemos, nos convertirán en promotores de la economía del consumo, que a nivel de conocimiento significa el uso de “paradigmas desarraigados del contexto propio”. Por ello propone la construcción de paradigmas endógenos enraizados en nuestras propias circunstancias, que no rompan la unidad humana-naturaleza y que encuentra interrelación con los paradigmas críticos europeos en desarrollo, por ejemplo en los procesos de complejidad, sistemas, fractalidad y otros.

 

Esto significaría: “sustituir las definiciones discriminatorias entre lo académico y lo popular; entre lo científico y lo político, sobre todo en la medida en que se haga énfasis en las relaciones complementarias”7. Para Fals, esas discusiones tenían consecuencias políticas y desde ese entendimiento plantea su “socialismo raizal”, diferenciándose también del eurocentrismo marxista, sin desecharlo, y da sentido a una acción política en nuestros contextos latino, caribe y mesoamericano soportados en las particularidades del humano tropical: la solidaridad del mundo indígena, la búsqueda de libertad del afro, los sentidos de autonomía de los españoles y la dignidad de los campesinos, lo cual nos va a dotar de un proyecto propio desde nuestras particularidades, para por esta vía establecer las bases referenciales y humanas para la segunda república.

 

Enfrentando la neutralidad valorativa para transformar la realidad

 

Todos estos planteamientos tienen su concreción en una propuesta investigativa que, recuperando los diferentes planteamientos de la teoría de la acción: Lewin, Sol Tax, Anisur Rahman, va a ir encontrando en Fals, a través de la participación, un núcleo de pensamiento que da forma a la investigación acción participante con una fundamentación que enfrentó la neutralidad valorativa, tan en boga en los científicos sociales. Ella dio lugar a la necesidad de reconocer al observador como parte del mundo que se investiga, de cómo la investigación tiene consecuencias transformadoras en la realidad, de cómo el mundo enunciado estaba construido desde múltiples mundos en unidad contradictoria, y que leerlos así implicaba enfrentar las dicotomías sobre las cuales estaba construido el relato occidental eurocéntrico. Esto mostraba la capacidad de ligar pensamiento transdisciplinar y pensamiento raizal propio.

 

Fals abandonó la Universidad a finales del 60 del siglo pasado, para hacer un trabajo coherente con su pensamiento en medio de los campesinos de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos –Anuc. Cuando 20 años después regresa a la Universidad, escribe un texto muy actual en donde invita a desafiar la manera cómo se había entronizado la institucionalidad de la ciencia eurocéntrica en nuestro contexto, mostrándolo como otro dogmatismo que invita a romper y a encontrar incesantemente las causas que hagan complementario, de una manera dialéctica, el conocimiento popular y el conocimiento científico8.

 

Aunque muchas veces no lo valoramos en su real dimensión, Fals fue un pensador que trascendió su territorio y tiempo, alcanzando a forjar un pensamiento que no se detiene, en cuanto sigue iluminando reflexiones para la nueva crítica de este tiempo. Qué mejor que cerrar esta corta nota con un párrafo de su intervención, cuando en 2007 le confirieron el premio Malinowsky:

 

Al tomar el contexto como referencia y a los conceptos teóricos de praxis con frónesis, descubrimos una veta casi virgen de ricos conocimientos de las realidades de nuestros pueblos autóctonos, de nuestras raíces más profundas, por fortuna todavía vivas. Recordemos que los paradigmas que han moldeado nuestra formación profesional, en general, han sido constructos socio-culturales de origen eurocéntrico. Ahora tratamos de inspirarnos en nuestro propio contexto y dar a nuestros trabajos el sabor y la consistencia propias del tercer mundo y su trópico, con un paradigma más flexible, de naturaleza holística y esencia participativa democrática. Para llegar a estas metas, la arrogancia académica es un serio obstáculo, debía archivarse9.

 

* Planeta Paz. Expedición Pedagógica Nacional
1 Rodríguez, S. Obras completas. Universidad Central de Venezuela. Tomo II. Caracas. 1975. p. 133.
2 Fals-Borda, O. El hombre y la tierra en Boyacá, base social para una reforma agraria. Bogotá. Áncora Editores. 1979.
3 Fals-Borda, O. Historia doble de la costa I: Mompox y Loba; Historia doble de la costa II: El presidente Nieto; Historia doble de la costa III: Resistencia en el San Jorge; Historia doble de la costa IV: retorno a la tierra. Bogotá. Áncora. 2002.
4 Fals-Borda, O. Ciencia propia y colonialismo intelectual. Bogotá. Carlos Valencia Editores. 1981.
5 Fals-Borda, O. La ciencia y el pueblo. Nuevas reflexiones sobre la investigación-acción, la sociología en Colombia: balance y perspectivas. Bogotá. Asociación colombiana de sociología. Tercer Congreso Nacional. 1981.
6 Fals-Borda, O. Orígenes universales y retos actuales de la IAP. En: revista Análisis Político Nº. 38. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. 1999. pp. 73-89.
7 Fals. B; Mora Osejo: la superación del eurocentrismo: enriquecimiento del saber sistémico y endógeno sobre nuestro contexto tropical. Revista Polis: revista de la universidad bolivariana. Vol. 2. Número 007. Universidad Bolivariana. Santiago de chile. 2004
8 Fals-Borda, O. El tercer mundo y la reorientación de la ciencia contemporánea. En: Herrera, N. y López, L. (compiladores). Ciencia, compromiso y cambio social. Orlando Fals Borda, Antología. Bogotá. Lanzas y Letras-Extensión Libros. 2013.
9 Fals-Borda, O. La Investigación Acción en convergencias disciplinarias. Conferencia para recibir el premio Malinowsky de la Society for Applied Anthropology y el premio Oxfam-América Martin Diskin de la Latin American Studies Association (Lasa). Borrador (3). Agosto de 2007.

Publicado enEdición Nº250
Jueves, 30 Agosto 2018 07:38

Invitación a silenciar el silencio

Viviana Gutiérrez, Mujeres de los paraísos pérdidos III,  lápiz, carboncillo, pastel y acuarela sobre papel (Cortesía de la autora)

Con ocasión de la publicación en este medio el pasado mes de junio del "Monólogo del Cauca en Dolor sostenido mayor", un lector de Le Monde diplomatique expresó a su autor sus inquietudes en torno a divulgar en sus círculos de influencia este tipo de escritos.

 

¡Lázaro, levántate y anda!
Juan 11:43.

Apreciado amigo: muchas gracias por su misiva del pasado 9 de julio, la he leído con atención y confieso que me ha dado pie para reflexionar, en especial en lo relativo a las tribulaciones que tan generosamente comparte conmigo. Cuando remití a su buzón la nota que apareció en este periódico sobre el espinoso tema que nos tiene tan impresionados a muchos, no pensé que fuera a provocar un malestar tan profundo como el que se ha atrevido a manifestar.


Sí, la verdad es que nuestro país vive momentos de zozobra, de incertidumbre; no sabemos qué deparará los siguientes años que pintan, desde ya, tan parecidos a los nefastos años de fines del siglo pasado y comienzos del actual. La forma como, mientras escribimos y leemos estas líneas, se amenaza, diezma, silencia y elimina, impunemente, a líderes sociales, periodistas, artistas, intelectuales, pensadores, es decir a gentes del saber y a gentes del actuar, es escalofriante.


Hay razones para callar; hay motivos para silenciar y mirar a un lado. Es más seguro, es menos riesgoso. También es más cobarde y no por eso lo acuso de cobardía, ni mucho menos. Lo que sí quiero es invitarlo a que reflexionemos juntos sobre estos difíciles asuntos de tener que vivir en nuestra sociedad; una sociedad que parece no querer liberarse del odio, de la guerra perpetua, de la revancha sin fin y que se resiste (al menos en la mayoría que se expresa en las urnas) a abrazar un proceso de paz, así sea imperfecto, pero finalmente un proceso que quiere y pretende alcanzar una paz estable y duradera.


Usted dice, en su misiva: no tengo el suficiente valor para enviárselo (mi artículo) a los miembros de … (omito aquí el nombre del círculo de jóvenes que usted dirige hace años), pues, de hacerlo, correría el riesgo de perder mi trabajo” ¡Ay! Qué cierto y qué doloroso lo que usted dice. Qué desgracia también leer esto en una época en la que la información supuestamente fluye de manera rápida y sin barreras; una época donde los mensajes que se comparten en redes sociales se convierten en “virales” y llegan a miles, millones de personas, en cuestión de minutos y horas. Y si usted pierde su trabajo, entonces, ¿de qué va a vivir?


Esa pregunta ronda a todo pensador crítico, usted no es el único a quien acosa esa incertidumbre. Baste recordar que Cervantes, a la par de su oficio por el que lo recordamos hoy día, desempeñó múltiples trabajos: paje de obispo, trabuquero en la batalla de Lepanto, prisionero-esclavo de los turcos, organizador profesional de huidas frustradas, estafador profesional, jugador empedernido, administrador (con dudosos resultados) de fortunas ajenas, alto comisario para el abastecimiento y reclutamiento de la «Armada invencible». ¿Será que hoy existe escasez de ocupaciones?
Claro, vuelvo a lo anterior, lo que circula en las redes es generalmente anónimo y lo que hace cada cual no es más que replicar lo que le llegó sin saber quién originó la cadena, de esa forma se salva la responsabilidad y se repliega a la función de servir de elemental eslabón de una cadena infinita. Cosa diferente es compartir un artículo firmado, como el mío, y replicarlo, en su círculo íntimo, con las consecuencias que usted anticipa y reconoce.


Usted, amigo, quiéralo o no, hace parte de un grupo mayor de personas agrupadas bajo una palabra que a fuerza de usarla se ha tornado, lastimosamente, en peyorativa. Llamarse o reconocerse como intelectual (quizá mejor usar hoy “pensador crítico”) suena demodé, un anacronismo, como si se hubiera jubilado el acto de pensar, de pensar críticamente y de expresar y propagar el propio pensamiento. Los términos intelectual, inteligencias, intelectualismo tienen un gustillo, en ciertos círculos de poder, a subversivo, a propiciador de motines, a agitador profesional. Y, con todo, estoy dispuesto a defender esa acepción, y me acojo a lo dicho por el reconocido escritor palestino-británico Edward W. Said, que defiende en Representaciones del intelectual, la tesis de que este es “un francotirador […] y perturbador del statu quo” (1).


Nada más cierto. Ser intelectual es renunciar a ser turiferario incensario, a negarse a ser altavoz de un sistema político, social o cultural enquistado en el poder; ser intelectual es oponerse a dejarse cooptar por el poder corruptor del capital aceptando cargos, nombramientos y lisonjas que lo que consiguen es silenciar la opinión independiente; ser intelectual es tener, al decir, vuelvo a citar aquí a Said, el coraje para que “las verdades básicas acerca de la miseria y la opresión humana [deban] defenderse independientemente del partido en que milite un intelectual, de su procedencia nacional y de sus lealtades primigenias” (2).


Usted, que es un agudo observador de la sociedad de la que hace parte, confiesa que las actividades llevadas a cabo por la [institución a la que pertenece] se enmarcan dentro de la estrategia neoliberal de sustituir al Estado en su función de garante de los derechos sociales y que, por lo tanto, los servicios que ofrece –entre ellos el [círculo que usted orienta]– poco o nada aportan al bienestar de la comunidad, mucho menos a su emancipación. Sí, estoy de acuerdo. Es la forma como el capital acude a dispositivos de biopolítica –como diría Foucault–, para doblegar al ciudadano, alienándolo, haciéndole creer que está jugando un rol activo en la sociedad, que hace parte de una democracia participativa, que tiene voz y voto en el derrotero de una comunidad, o en el barrio, o en las juntas (de acción comunal o administradoras locales), o en una biblioteca pública, en un círculo de lectura, o lo que sea.


Muchos de estos programas de política cultural que ostentosamente pregonan a los cuatro vientos los municipios más grandes del país (usted vive en una de las cuatro ciudades más grandes de Colombia) son, en verdad, mecanismos para “encausar” a los ciudadanos en una vocación de rebaño bajo la falsa premisa de que se está apoyando la libre manifestación de la personalidad bajo las banderas de la inclusión, la diversidad cultural y los derechos culturales; todo por supuesto en el marco de un programa político ideológico, que salvo contadas excepciones en los últimos veinte años (por ejemplo, durante las alcaldías progresistas en Bogotá) ha correspondido a alcaldías detentadas por representantes de las clases tradicionales del poder. Por consiguiente, toda política cultural emanada de un gobierno de estos está encaminada a apuntalar, sutil o expresamente, el statu quo de un sistema que clama a gritos ser renovado por sistemas más democráticos y de clara orientación social.


Por eso no es sorprendente, que sobre su hombro sienta la presencia intrusa, permanente, de ojos supervisores que vigilan la actividad que usted orienta, y lo que allí manifiesta y comparte, de tal forma que el circulo intelectual que usted dirige, nunca se desvíe de lo ¨correcto”, de lo esperado para una persona profesional como usted –que vive dignamente de los dineros oficiales y de las empresas privadas o semiprivadas que subvencionan las actividades culturales en las que está inmerso.


Usted, querido amigo, tiene las cosas claras. No otra cosa puedo pensar cuando manifiesta: Sé también que el modelo de desarrollo que promueve [la entidad matriz] es un modelo insostenible y, como [usted] lo muestra […], criminal, y que la [institución a la que pertenezco], al depender financieramente de esta empresa, no es más que un [organismo] de bolsillo cuyo objetivo, en el fondo, no es más que construir a ultranza una imagen favorable de dicho modelo.


No puede ser mas elocuente. El problema, en definitiva, no radica en desenmascarar el modelo que se repite una y otra vez a largo de toda la geografía nacional, en las grandes y medianas ciudades, en las pequeñas poblaciones, en los barrios y en los centros culturales del país. El quid del asunto es ¿qué hacer frente a esa realidad, qué postura hay que asumir ante lo evidente? Y de nuevo, usted lo reconoce: Sé muy bien todo esto, pero ignoro qué podría hacer al respecto y, en todo caso, he perdido el valor para intentar algo.


Cuánto duele leer esta confesión, tan íntima como desgarradora, tan sencilla como brutal. Creo que allí se resume la problemática que lo tiene atrapado en esta aparente sin salida. Cuando dice que ha perdido el valor de intentar algo siento un profundo dolor en mi condición de colega suyo. No puedo evitar evocaciones de mi propia vida en las que yo también fui presa de ese mismo temor, de esa misma congoja, de ese sentir los brazos caídos y no tener siquiera la fuerza de levantarlos para decir aquí estoy y quiero decir algo. ¿Quién acaso puede decir que, teniendo las ganas de actuar, no ha perdido el ímpetu para hacerlo?


No se trata de abrazarnos y llorar juntos por la encrucijada en la que está. Todo lo contrario, si algo puedo hacer y está a mi alcance es pararme a su lado y acompañarlo a dar el primer paso cuando usted esté listo. No se trata de empujarlo, ni de jalarlo para que salga de esa especie de somnolencia en la que ha caído. Tampoco de hacerlo escuchar discursos estentóreos sobre la función el intelectual, y recitarla parrafadas completas de Gramsci o de Fidel o de otros pensadores que se han dirigido específicamente a los intelectuales de la sociedad. Cada cual es dueño de sus propios miedos, de sus propios fantasmas, de los esqueletos que guarda en su armario.


Sabrá usted, en su sabiduría interior, el camino para superar todo lo que lo inmoviliza en este momento. Sabrá el momento apropiado, el discurso correcto; el cómo salir airoso de tan difícil trance sin quedar chamuscado en el proceso. Reconozco que no es poco el tiempo que ha tenido las barbas en remojo. Dice:


Desde que ingresé [aquí], hace diez años, y en la medida en que me fui haciendo consciente de la situación en la que me encontraba, empecé a sentir la responsabilidad de promover algún cambio, expresando mis opiniones ante las directivas siempre que tenía la oportunidad e introduciendo, en las actividades que han estado a mi cargo, una perspectiva crítica.


¿Dónde ha quedado ese ímpetu, usted, que apenas debe rozar, si mucho, los treinta años (pero no muchos más) que lo iluminó durante esa primera parte de su jornada? ¿Dónde ese espíritu travieso, dónde ese aliento rebelde, dónde ese ideario anárquico? No soy quien tenga que recordar que el intelectual es aquel portador de un pensamiento indócil, “más bien a menudo subversivo, que contribuye a poner en crisis los valores fundamentales de los dogmas, creencias y culturas de pertenencia” (3). Es la heterodoxia, al decir de Maldonado, lo que caracteriza, entre otros aspectos, al intelectual: aquella capacidad o voluntad de actuar “en contraposición a los dogmas, a los cuerpos doctrinales, a los modelos de comportamientos, a los ordenamientos simbólicos, y también a los asertos de poder existentes” (4). Sin embargo, a mi inquietud, usted aclara:


Con el tiempo, y debido a los choques y fracasos que llegué a experimentar en ese proceso, aquel sentimiento de responsabilidad por promover algún cambio terminó convirtiéndose en un sentimiento de vergüenza y de culpa por no ser capaz de hacer nada realmente eficaz, ni siquiera lo más elemental: renunciar y buscar otro trabajo. ¿Me equivoco si aventuro que usted tocó fondo y es imposible seguirse hundiendo en su inacción? ¿Qué tiene que suceder en su vida para que llegue un sacudón mayor y lo arroje de manera brutal contra el pavimento de la existencia? ¿Qué más debe presenciar que sucede a su alrededor, en su ciudad, tan hermosa, tan ejemplar, tan pujante, y a la vez tan llena de desigualdades e injusticias, para que usted encuentre mil y una formas de expresar todo lo que bulle en usted y necesita hacer para generar ese cambio que reconoce tan necesario?


No se trata de actos heroicos; de poner el pecho a los fusiles que silencian todos los días, y cada vez más, a tantos y tantos colombianos ante la imperturbabilidad de las autoridades, de los gobernantes, de las fuerzas del orden. No. Se trata de preguntarse ¿qué está en mis manos hacer para poner en acción el pensamiento crítico que bulle en mí?


Cada cual hace lo que está a su alcance, y así lo reconoce: Espero, pues, que entienda lo importante y admirable que es para mí su denuncia: tanto más en cuanto que yo no soy capaz de hacer algo semejante. La sociedad necesita, como dice Said, de “un ser aparte, alguien capaz de decirle la verdad al poder, un individuo duro, elocuente, inmensamente valiente y aguerrido para quien ningún poder mundano es demasiado grande e imponente como para no criticarlo y censurarlo con toda intención” (5). Entonces, ¿cuál es el ejemplo que quiere dar a ese círculo de jóvenes que lo siguen semana a semana, con una fidelidad asombrosa, que viajan kilómetros y kilómetros para escucharlo y dejarse guiar en sus lecturas, pensamientos, y actividades por su voz de orientador, de acompañante de caminos?


No es necesario que se siga envileciendo con el autocastigo: Soy un muy buen ejemplo del modo como el sistema-mundo capitalista envilece a las personas, y no lo digo con ironía ni cinismo, lo digo, repito, con vergüenza y con culpa. Basta ya de tanto autoflagelo; tome las decisiones que tiene que tomar y pase de la reflexión a la acción; de la autoconmiseración, de jugar al rol de víctima a asumir la potestad por su vida.


Por supuesto, hay riesgos, algunos extremos, especialmente en este país, en esta época. El pensador crítico puede morir en la hoguera, verse obligado al exilio, al ostracismo, a ser más que silenciado, ignorado, separado del mainstream, como se dice hoy. Foucault acuñó el concepto de “microfísica del poder” para aludir a una nueva forma de doblegamiento, más refinada que la antigua que tenía el soberano del privilegio de apoderarse de la vida de los súbditos para suprimirla. La microfísica del poder es aquella, sofisticada y moderna, del poder disciplinario mediante “funciones de incitación, de reforzamiento, de control, de vigilancia, de aumento y organización de las fuerzas que somete” (6). El objetivo es “producir fuerzas, a hacerlas crecer y ordenarlas más que a obstaculizarlas, doblegarlas o destruirlas” (7) . Es evidente que en la Colombia del siglo veintiuno nos hemos quedado con lo peor de lo peor, es decir, con ambas formas de poder: la microfísica del poder no ha reemplazado el poder original del soberano –léase aquí las fuerzas oscuras detrás del poder que eliminan cada día, uno a uno, a los líderes sociales de tantas regiones en el país– de suprimir la vida y se reserva la otra, la sutil forma de alienar a sus ciudadanos con los dispositivos disciplinarios mencionados.


Cabe a cada cual tomar decisiones. Usted cierra su nota con un esperanzador: Espero, también, poder contarle algún día que finalmente sí fui capaz de hacer algo, aunque sólo sea lo más elemental: renunciar y buscar otro trabajo. Creo, con todo respeto, que su aspiración se queda corta, y no lo culpo, atrapado en esa maraña en la que se encuentra. Quizá el horizonte es otro. Quizá a dónde apuntar el foco es más alto. En lo profundo de su conciencia reposa exactamente lo que debe hacer, el viaje que debe emprender. Buen viento y mares intranquilos, colega.

 

1. Said, Edward W., Representaciones del intelectual, Paidós Studio, Barcelona, 1996, p. 12
2. Ibíd., p. 14.
3. Maldonado, Tomas, ¿Qué es un intelectual? Aventuras y desventuras de un rol, Paidós Studio, Barcelona, 1998, p.27
4. Ibid., p. 28
5. Said, p. 27
6. Foucault, M., Historia de la sexualidad. 1 La voluntad de poder. Madrid, Siglo XXI, 2005, p. 165
7. Ibíd., p. 169.
* Escritor. Su más reciente novela Y adentro, la caldera, Ediciones Desde Abajo, junio 2018. Integrante del Consejo de Redacción de Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

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Martes, 03 Abril 2018 17:29

Ambientalismo popular

Ambientalismo popular

Son diversas las expresiones del pensamiento y acción ambiental. En este escrito presentamos el “ambientalismo popular” como una de las expresiones más significativas dentro del pensamiento ambientalista, que, desde nuestra perspectiva, se caracteriza por contener los elementos centrales de una propuesta y un nuevo paradigma de la relación sociedad-ecosistemas, en la medida que actúa y propone al mundo cambios sustantivos contra la forma hegemónica como se expresa la relación dominante del capital sobre la naturaleza y los seres humanos.

Miércoles, 28 Febrero 2018 06:17

La nueva tesis once de Boaventura

La nueva tesis once de Boaventura

En un reciente artículo (PáginaI12, 19/2/2018), Por el contrario, desde los inicios de la modernidad occidental a principios del siglo XVI “las interpretaciones del mundo dominantes en una época dada son las que legitiman, posibilitan o facilitan las transformaciones sociales llevadas a cabo por las clases o grupos dominantes”. Tomando otra afirmación de Marx –la cultura dominante de una época es la cultura de las clases dominantes– ubicamos el centro del problema: la cultura dominante en el Occidente central, desde los inicios de su expansión oceánica y la llegada al continente que llamaron América. En los tres siglos siguientes, con el sometimiento de China y otros países asiáticos menores hacia 1848, más la penetración en el continente africano desde 1870, lograría someter bajo sus dominios coloniales o neocoloniales a casi el 80% de la población mundial. 

Esos pueblos serían considerados salvajes y golpeados por masacres, expoliación y genocidios: en el primer siglo de la conquista murió el 90% de la población originaria de Nuestra América y “El corazón de las tinieblas” de Joseph Conrad, da cuenta de su accionar en el Congo. Los patrimonios culturales ancestrales fueron arrasados y despreciados, como manifestación de la barbarie frente a la verdadera civilización, ignorando conocimientos y saberes en muchos casos más avanzados que los de Europa en la misma época. Los Mayas tenían una concepción del Universo en la que el centro es el Sol y la Tierra un planeta que gira a su alrededor: una “revolución copernicana” 1.600 años antes que Occidente. En el XIII, los médicos africanos de la Universidad de Timbuctu en el Imperio Mandinga de Mali, realizaban operaciones con anestesia, que recién fue “inventada” en Europa a mediados del XIX.


Para detectar las claves de ese espíritu invasor, destructivo y racista de la cultura occidental dominante, es preciso remontarse a sus raíces; a las invasiones bárbaras contra el Imperio Romano: germanos; visigodos y ostrogodos; alamanes; francos; anglos; sajones; suevos, burgundios, lombardos. Fueron las hordas invasoras más sangrientas y depredadoras de la historia y las que más tiempo tardaron en incorporar una cultura elaborada: baste compararlos con la lucidez de Gengis Khan y sus tártaros al dominar el imperio chino. Durante ocho siglos, entre el V y el XIII, sumieron a Europa en una profunda oscuridad, mientras se desplegaban civilizaciones y culturas en Asia, en África y en nuestro continente: son las raíces de lo que Boaventura llamará Epistemologías del Sur.


Cuando en el XIII la reconquista española se apodera de Sevilla y Toledo, gracias a las bibliotecas islámicas y a sus filósofos, los europeos se enteran de la existencia de Aristóteles (384- 322 a.C) y poco a poco van a considerar a la antigua Grecia como madre de su propia cultura. De ellos tomarán dos fundamentos que signan desde entonces la cultura occidental dominante. Aristóteles considera que los distintos tipos de almas corresponden a distintos tipos de seres vivos y distingue tres funciones fundamentales del alma: a) la función vegetativa: es la potencia nutritiva y reproductiva, propia de todos los seres y la única que tienen las plantas; b) a la anterior se agrega la función sensitiva que comprende, además, la sensibilidad y el movimiento y es propia de los animales y los hombres: en este nivel sitúa a los siervos por naturaleza; c) en el nivel superior, se suma la función intelectiva, la razón, propia de los seres integralmente humanos.


En su Política señala: “La naturaleza, teniendo en cuenta la necesidad de la conservación, ha creado a unos seres para mandar y a otros para obedecer. Ha querido que el ser dotado de razón y de previsión mande como dueño, así como también que el ser capaz por sus facultades corporales de ejecutar las órdenes, obedezca como esclavo, y de esta suerte el interés del señor y el del esclavo se confunden. En la ejemplar democracia griega, los hijos de hombres libres recibían la “paideia” y participarán del Ágora; pero como los cálculos indicaban que era más barato capturar a un esclavo crecido, que alimentar al hijo de un esclavo mientras crecía, simplemente los mataban al nacer: democracia y esclavitud carecían de contradicciones entre sí. Hasta mitad del siglo XIX –2200 años después– tampoco serán contradictorios entre sí en la democracia de Estados Unidos o en las democracias europeas con respecto a sus colonias.


Con esta concepción, la bula papal “Dum Diversas” emitida el 18 de junio de 1452 por el Papa Nicolás V y dirigida al rey Alfonso V de Portugal, lo autorizaba a conquistar a sus enemigos sarracenos y a los africanos negros paganos –que carecían de alma– y someterlos a una esclavitud indefinida: en el siglo XX, el Papa Juan Pablo II besó el suelo africano y pidió perdón. Cuando llegan a América, a los pueblos originarios le otorgan el privilegio de reconocerles un alma; podrían ser evangelizados pero eran “faltos de razón”, equivalentes a “los siervos por naturaleza” de Aristóteles: fueron encomendados como servidumbre, aunque en mejores condiciones que los africanos. En el XXI, también el Papa Francisco pidió perdón a los indígenas en su visita a Bolivia. Durante la Reforma, los protestantes cuestionaron todos los postulados de la Iglesia Católica, menos que lo negros no tenían alma: lo cual permitió a los occidentales someter a esclavitud a millones de africanos durante cuatro siglos sin ofender a Dios.


En el XVII, este hilo conductor es retomado por el francés Rene Descartes (1596-1650), considerado el padre de la filosofía moderna, con el dualismo naturaleza-humanidad que menciona Boaventura, remarcando la existencia de esos seres que “por estar tan cerca del mundo natural, no podían considerarse plenamente humanos”. Mirada que, con referencia a los pueblos americanos y africanos, también se encuentra en “Lo bello y lo sublime” de Immanuel Kant en el XVIII y en “Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal” de Hegel a comienzos del XIX. Por su parte Friedrich Ratzel (1844-1904) hace su aporte en la segunda mitad del XIX, con la teoría del Lebensraum: el derecho de las razas superiores de apropiarse de los territorios (y riquezas) de las razas inferiores, para desarrollar en ellas la civilización. Esta teoría fue adoptada por Adolf Hitler en el XX, para perseguir a judíos o expandirse hacia el este contra los eslavos inferiores; y en el XXI la encontramos en Argentina, como fundamento implícito de las corporaciones mineras o petroleras y los agro-negocios, con el acoso a los mapuches en el sur y los desmontes de los Peña Braun en detrimento de los wichis en Salta. También puede mencionarse al inglés Joe Lewis, por la apropiación del lago Escondido para exclusivo uso personal y de sus selectos amigos.


Esta historia tuvo un corte radical entre el fin de la Segunda Guerra y comienzos de la década de 1970, con la Revolución del Tercer Mundo: ese 80% de la población mundial sometida a dominios coloniales o neocoloniales durante varios siglos, protagoniza los procesos de descolonización, los movimientos de liberación nacional y las revoluciones en Asia, África y América Latina. Fueron acompañados de un movimiento intelectual que reivindica el carácter integralmente humano de todos los seres humanos y la dignidad de sus identidades étnico-culturales, de sus valores, cosmovisiones y conocimientos ancestrales; y llegaría a conmover a Jean Paul Sartre, Simone de Bouvoir o Herbert Marcuse, al Mayo francés o al movimiento negro norteamericano; dando un fuerte impulso a la liberación femenina. La derrota de gran parte de estas experiencias, la imposición de dictaduras militares con terrorismo de Estado, el asesinato de líderes, la cooptación de conciencias y otros mecanismos de restauración conservadora, que lograron imponerse desde los setenta, al margen de algunos avances y retrocesos en estas décadas, no lograrían sin embargo, destruir esos “saberes sojuzgados”, que son las raíces y potencialidades de las Espistemologías del Sur.


En Nuestra América, que en su historia de más de 10.000 años según registros rupestres, sólo durante 500 han tenido un contacto traumático con la cultura occidental dominante, las culturas precolombinas poseen ricas concepciones como punto de partida en la búsqueda de respuestas ante la actual crisis civilizatoria mundial, cuyas tendencias son catastróficas: descomunal crisis social; crisis económica de sobreproducción por crisis de demanda; crisis político-militar entre potencias por recursos y áreas estratégicas; revolución tecnológica que habilita una reconversión salvaje en las diversas áreas de actividad; y crisis ambiental que pone en riesgo la vida en el planeta. Los pueblos precolombinos, estratificados como los mesoamericanos y andinos o igualitarios como los tupí guaraníes, arawacs, mapuches o wichis, eran “sociedades de amparo” y garantizaban el bienestar de todos sus integrantes: en sus lenguas no existía la palabra “pobre”. Con valores profundamente comunitarios, de cooperación, solidaridad y reciprocidad, no concebían la idea de individuos egoístas y competitivos que sólo se guían por su propio interés; ni hubieran avalado esa reforma previsional.


A diferencia de la ciencia occidental, que considera con Descartes a la naturaleza como exterior a los seres humanos y buscan conocerla a fin de dominarla o explotarla; para nuestros pueblos originarios los seres humanos pertenecen a la naturaleza y deben mantener con ella relaciones armónicas y no depredadoras. En estas tierras, hasta la llegada de los occidentales, no existieron las pestes y hambrunas que azotaran a Europa en el XIV, con la muerte de un 30% de la población en varias regiones. Concepciones que tomaron de sus tropas nuestros héroes de la Independencia –Alexander Petión, San Martín, Belgrano, Artigas, Hidalgo y Morelos, Bolívar, entre tantos más– y, a pesar de sus derrotas, formularon las ideas más avanzadas de la época, considerando humanos a todos los seres humanos. En 1815 Artigas elimina la esclavitud y la servidumbre indígena reconociendo, en su visión de la democracia, a estas “castas inferiores” como ciudadanos plenos. Estados Unidos deroga la esclavitud en 1865 y los negros recién fueron ciudadanos plenos en 1965. Raíces que dan cuenta de la riqueza potencial de nuestras Epistemologías del Sur, en contraste con la cultura occidental dominante, para formular alternativas ante la crisis mundial.


* Ex diputada nacional de Proyecto Sur-Unen.

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Viernes, 29 Diciembre 2017 10:31

Variaciones sobre Horkheimer

Variaciones sobre Horkheimer

Ciertamente Max Horkheimer (1895-1973), el filósofo y el sociólogo alemán fue la mitad más desapercibida del "dúo dinámico" Adorno/Horkheimer, detrás la Escuela de Frankfurt. Muy a pesar de todo.

A pesar de haber sido por décadas su jefe y el principal organizador que logró llevarla por el mar de guerra y salvar de los nazis a –casi– todos sus colaboradores trasladando el Instituto de Investigaciones Sociales (Institut für Sozialforschung) que la cobijaba primero a Suiza y luego a Estados Unidos.

A pesar de haber sido uno de los artífices de la "teoría crítica" –incluso quién la bautizó– y coautor con Adorno de una de sus obras más emblemáticas: Dialéctica de la Ilustración (1944).

A pesar de haber sido un pensador original de por sí e iniciador de un nuevo tipo de interacción entre filosofía y ciencias sociales, propia de los "francfortianos" (Seyla Benhabib, On Max Horkheimer: new perspectives, MIT 1993, p. 9-11).

Aun así, pocos no tendrían problemas en señalarlo en alguna de sus fotos grupales (quizás también porque –si una vez uno ya lo ubica– el autor de El eclipse de la razón de modo extraño suele parecerse simplemente a... todos los demás).

Stuart Jeffries en una nueva biografía colectiva de la Escuela de Frankfurt –muy a contrapelo de estas apariencias– rescata su singularidad y reconstruye su trayectoria intelectual (su retorno a Hegel y al "joven Marx", interés en cuestiones culturales e ideológicas en el capitalismo, etcétera.) que convirtieron al Instituto bajo su dirección en un centro heterodoxo de estudios multidisciplinarios y en la mejor encarnación –por bien o por mal– de un proceso más amplio, la emergencia del "marxismo occidental", divorciado ya de la clase trabajadora y pesimista en cuanto a sus "capacidades revolucionarias" (Grand Hotel Abyss: the lives of Frankfurt School, Verso 2016, p. 95-96).

Aun así, a pesar de su centralidad, pocos sabrían señalar algún pasaje suyo aparte quizás de aquella cita canónica "quien no quiera hablar de capitalismo debería callar también sobre el fascismo" (lo que igual no quiere decir que es una mala cita... ¡todo lo contrario!).

En un ensayo que la contiene (Los judíos y Europa, en: Zeitschrift für Sozialforschung, diciembre 1939) –que, otra vez, pocos aun conociendo aquel pasaje sabrían señalar– Horkheimer analiza el auge del antisemitismo y fascismo en contexto del colapso del orden liberal en periodo de entreguerras y las nuevas tendencias en el capitalismo, a lo que hoy mirando el racismo, xenofobia y la crisis en Europa (goo.gl/uePPG1) se antoja decir "quien no quiera hablar del neoliberalismo debería callar también sobre la islamofobia".

Igualmente ante el auge del "post-fascismo" –con la diferencia de que éste hoy quizás tiene más que ver con "cosas culturales" que puramente económicas (algo que de algún modo anticipó la Escuela de Frankfurt)–, el dictum original sigue actual.

Lo mismo pasa mirando a EU el país en que los "francfortianos" encontraron el refugio, pero que comparaban sin cesar –por los mismos mecanismos de propaganda e "industria cultural" calculados a forzar la obediencia– con... la Alemania nazi (p. 221-225).

Ante la extraña y escandalosa rehabilitación de George W. Bush (goo.gl/kkLhtS) que "en comparación con Trump ya no se ve tan mal" (sic), se antoja decir "quien no quiera hablar sobre el bushismo (y sus crímenes), debería callar también sobre el trumpismo".

Ante la serie de abusos sexuales por celebrities y políticos en EU –el "capítulo Trump" (‘grab them by the pussy’) ya lo vimos el año pasado– ventilados con toda la razón pero de modo que suele reproducir todas las tendencias individualistas de nuestra sociedad (goo.gl/sHtoFX), algo que venía criticando la Escuela de Frankfurt, o ignorar las historias pasadas –¡Bill Clinton!: no, no era "sólo una inocente vez" (goo.gl/gqcAJh)– se antoja decir "quien no quiera hablar de otros abusos o ponerlos en un contexto más amplio (¡el capitalismo!), debería callar también sobre Trump o Weinstein".

Finalmente mirando al Medio Oriente y la (casi) total extinción de palestinos como sujetos de la historia con la reciente decisión de Trump sobre Jerusalén/Al Quds (goo.gl/2yVkPo) –o la lamentable histórica incondicionalidad de Adorno y Horkheimer hacia Israel (sólo Marcuse criticaba como "los perseguidos se convertían en los perseguidores")– se antoja decir “quien no quiera hablar sobre la ‘cuestión palestina’, debería callar también sobre la ‘cuestión judía’”.

Horkheimer –lamentablemente– en los 50 y 60 tampoco quiso hablar de las intervenciones estadunidenses a lo largo del mundo y cuando ya se decidía a decir algo, hablaba por ejemplo "del rol positivo de EU en Vietnam" (sic). Adorno –al menos– era más crítico.

Fue también él, que en su calidad del jefe del Instituto, forjó –o forzó– un "lenguaje esopiano" en los escritos de la Escuela de Frankfurt, una especie de "auto-censura" que floreció sobre todo en los 40 durante el exilio estadunidense.

Vedadas eran las palabras como "marxismo" o "revolución", para "no antagonizar las autoridades y los donantes en EU, un país inherentemente hostil a las ideas socialistas" (Benhabib, p. 8), pero Horkheimer solía sacarlos también en los 30 de los ensayos de Walter Benjamin –uno de los "francfurtianos" a quién no logró salvar– y en los 50 a su regreso a Alemania, de los textos del joven y radical (sic) Jürgen Habermas, igualmente para no antagonizar las autoridades de la nueva República Federal.

Los términos "capitalismo" (sic) y "lucha de clases" (sic) los eliminó personalmente de la Dialéctica... "purgando" metódicamente post factum –ahora sí, junto con Adorno– el listo ya manuscrito (véase: Slavoj Zizek, Living in the end times, Verso 2010, p. 204-205).

Este "vacío" es aún más visible al comparar la Diálectica... con Historia y conciencia de clase (1923) de György Lukács uno de los textos fundacionales del "marxismo occidental": si bien en ambos libros la reificación y el fetichismo son el centro del análisis, en Lukács todo (aun) está "aterrizado" en política, lucha de clases y formación histórica concreta (capitalismo), mientras en el dúo Adorno-Horkheimer todo ya es "puramente filosófico" (razón instrumental, manipulación/dominación tecnológica, etcétera.).

¿“Quién borra de sus textos la palabra ‘capitalismo’, no tiene el derecho de hablar del... capitalismo?”. No será la primera ni la única contradicción de la Escuela de Frankfurt.

Por Maciek Wisniewski, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

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Clacso: un sueño colectivo que unifica a Latinoamérica y el Caribe

Hace cincuenta años cuando se fundó CLACSO, resultaba difícil imaginar la importancia que tendría nuestra institución en la región, no sólo en el plano académico sino como referente para quienes pensamos a Latinoamérica y el Caribe como un territorio de independencia económica y cultural, integración, inclusión y a la vanguardia de los debates y propuestas que permitan abordar la crisis civilizatoria del nuevo milenio. Hoy CLACSO es un referente para las Ciencias Sociales en el mundo y eso, se lo debemos a generaciones de investigadoras e investigadores que han trabajado para ello; debemos sentirnos muy orgullosos de nuestras raíces plurales que hicieron posible la construcción, en la realidad, de un sueño colectivo.


Las ciencias sociales no son una moda, ni un nicho de sectores académicos, sino un factor clave en los procesos de toma de decisiones, llamadas a permear la gestión de los asuntos públicos, aún cuando hoy día lo haga con timidez. Ante la realidad actual llena de desafíos que permitan resguardar a la humanidad, llegó la hora de convertir el esfuerzo de miles de científicas y científicos sociales del continente Latinoamericano y Caribeño y de otros que se han venido sumando, en la fuente inagotable de ideas y conocimientos para la construcción de un destino de justicia social, bienestar colectivo y progreso para los habitantes de este hermoso y muchas veces sometido territorio nuestroamericano. En ese sentido, se hace impostergable allanar los caminos para que los procesos y las dinámicas, que se generan a partir de logros tan importantes como la Red de Postgrados o los GT CLACSO, se conviertan en un referente sustantivo para la incidencia política y la toma de decisiones gubernamentales; en consecuencia debemos elevar nuestra capacidad de interacción, de mediación Política -con “P• mayúscula- con el mundo de los decisores. Ello no implica desconocer la disputa ideológica presente hoy en nuestras sociedades, se trata de escuchar, proponer y trabajar en diálogo permanente con los gobiernos, desde nuestros referentes, para contribuir a alcanzar mayores niveles de inclusión y justicia social en la región. En consecuencia las Ciencias Sociales tienen el desafío de allanar el camino de la viabilidad política para las propuestas resultantes de la investigación social; CLACSO es una de las pocas instituciones en la región que está en la capacidad de hacerlo. Convirtamos esta fortaleza en voluntad de transformación.
Esta posibilidad adquiere una especial relevancia, dadas las profundas modificaciones que el neoliberalismo impulsa en el marco de la cuarta revolución industrial. La seguridad social, el mundo del trabajo, los sistemas escolares y de salud, están en la primera ola de choque que amenaza a retrotraernos en materia de seguridad jurídica a los albores de la segunda revolución industrial. La crisis civilizatoria que implica la posibilidad de extensión de la jornada laboral en la región a doce horas diarias y más de doscientas mensuales, son solo la punta del iceberg del ataque a la seguridad social de las y los trabajadores, los derechos a la educación, salud y la vida misma, presentados de manera “amigable” con el discurso de la singularidad tecnológica. CLACSO tendrá que jugar un papel estelar en los próximos años, en la construcción de narrativas y políticas que permitan la apropiación positiva del desarrollo tecnológico y la innovación que generará esta cuarta revolución industrial, sin descuidar con ello el análisis, explicación y contribución a la articulación de las resistencias ante nuevas formas de explotación, dominación y pérdida de derechos fundamentales, así como también de las luchas contra todas las opresiones y la invisibilización de las identidades históricamente postergadas como las mujeres, los pueblos originarios, las y los afrodescendientes, entre otros.


El crecimiento exponencial de los las actividades de CLACSO en los últimos años abre posibilidades reales para este trabajo, pero nos presenta nuevos desafíos al interior de la institución. Contar hoy en día con más de seiscientos centros de investigación y más de cien Grupos de Trabajo (GT), obliga –de cara a los próximos años- a revisar el modelo de gestión institucional, tomando en cuenta que tratar de redimensionarnos y adaptarnos al salto organizacional que hemos dado, no es un cuestionamiento a estilos ni modelos de gestión alguno. Se trata de insistir como ya otros y otras lo han hecho, en el alcance de mayores niveles de democratización en la configuración, desarrollo y acceso de la agenda de CLACSO en la región, de allí la absoluta sintonía en las propuestas que se han asomado en el seno del CD, para la construcción de una institución horizontal, con métodos abiertos a partir de los cuales puedan incorporarse a todos en la toma de decisiones fundamentales, tanto del Comité Directivo como de la Secretaría Ejecutiva. Precisamente el desarrollo tecnológico y el uso de la plataforma virtual actual de la institución, hacen que sea posible pensar en un mayor protagonismo de todos los centros miembros, en la orientación y destino de CLACSO para los próximos años. Atrevámonos a modelar desde nuestras dinámicas la sociedad que soñamos.


Desde esta perspectiva, la democratización de CLACSO pasa por pensar e impulsar una nueva y funcional estructura de funcionamiento, que descentralice y desconcentre algunas de las funciones y tareas que hoy asumen los órganos directivos. Como idea y necesidad sentida, planteamos la importancia de desarrollar algunas propuestas que cristalicen y hagan operativas las ideas que se han compartido sobre la territorialización de algunas de las dinámicas internas de gestión, lo que implicaría la modificación estatutaria que haga posible la creación de tres subsecretarias operativas, integradas al comité directivo: una en el Caribe, otra al norte y centro del continente y una tercera en algún otro país del sur. Esto tendría la ventaja de concentrar a la Secretaria Ejecutiva en el trabajo estratégico de articulación regional y mundial y posibilitaría una gestión más eficiente de los recursos conforme a la expansión que hemos vivido en los últimos años.


Por otra parte CLACSO está llamado a profundizar su capacidad de relacionamiento con los órganos nacionales y multilaterales para tener mayor capacidad de incidencia en las decisiones que toma la llamada “gobernanza” nacional, regional y mundial en la era de la globalización económica y la mundialización cultural. Al entender la investigación social como el camino para la construcción de conocimiento crítico en temas de particular relevancia social para la región, es urgente construir juntos un marco común de propuestas para enfilarnos en un plan de acción que nos inste a dialogar y presentar a los gobiernos de la región, las aspiraciones más sentidas en materia de políticas sociales expuestas en diferentes momentos por parte de las y los investigadores sociales de CLACSO, en permanente e imprescindible dialogo con los movimientos sociales. En este marco, particularmente se hace relevante el desarrollo de acciones que nos permitan analizar e incidir en las políticas en desarrollo relacionadas con el mundo del trabajo, dada la eminente agenda de precarización del mundo laboral, en especial la de los jóvenes, tal como lo alertan los diferentes informes que al respecto se han venido divulgando.


En consonancia, se hace relevante e imprescindible revisar y retomar con fuerza nuestra relación con UNESCO, UNICEF, PNUD, PNUMA, UNRISD, entre otras, ruta que nos puede permitir avanzar en la construcción de un Plan estratégico político-financiero que posibilite la capacidad de incidir en las agendas de discusión de interés para los Centros, así como de diversificar las fuentes y mecanismos de financiamiento de nuestra institución. Desde esta perspectiva y tomando en cuenta que el futuro de un CLACSO que ha crecido exponencialmente está asociado a nuestra capacidad de acceder a distintas fuentes de financiamiento que hagan sustentable esta expansión, se hace necesario cristalizar las propuestas para la transparencia y la gestión horizontal de los recursos, aspectos que deben convertirse en un tema clave en el modelo organizacional de CLACSO para los próximos años, lo que a su vez sentaría precedente como ejemplo para instituciones no solo académicas-investigativas, sino de orden gubernamental y social.


En la era de la imagen y las narrativas emergentes, es urgente elaborar un programa que permita el encuentro creciente, entre las distintas generaciones de investigadoras e investigadores sociales, pero fundamentalmente trazar el camino para hacer de CLACSO una institución atractiva para las y los jóvenes investigadores. El bono demográfico que vive la región requiere expresarse en mayores capacidades institucionales para entender las necesidades, expectativas y sueños de los más chicos y eso pasa ineludiblemente por una ofensiva institucional que permita atraer a quienes recién se incorporan a la academia y la investigación social. Dentro de esta perspectiva, se hace necesario sumar la mirada feminista, el protagonismo conceptual y organizacional de las mujeres resulta fundamental, junto a una renovada capacidad de interlocución con la diversidad cultural, los movimientos sociales y los procesos migratorios internos, entre otros, sobre los cuales ya CLACSO ha iniciado un tránsito.


Se suma a los anteriores retos, la relevancia de convocar a todos los centros miembros para construir juntos una orientación más ampliada de la política editorial que es la cara más visible de CLACSO y que hoy denota un hermoso acumulado de logros que deben ser fortalecidos con nuevas experticias que den cuenta de los desafíos del libro impreso en la era digital, en el mundo de la imagen y las narrativas breves, así como los retos de seguir impulsando la política de acceso abierto de toda la creación intelectual que se desarrolla en los centros y grupos de trabajo, abriendo la misma a la creación de políticas que nos permitan adentrarnos operativamente, en dar también acceso a los datos de nuestras investigaciones, así como a plantearnos modelos de investigación abierta tan necesarios en nuestros días.


Finalmente debo señalar, que animado por centros CLACSO de varios países, he puesto mi nombre a disposición, para aspirar a la Secretaria Ejecutiva de la institución en la elección que tendremos en 2018. Por ello, estas ideas son un primer aporte, sistematizado a partir del dialogo con mis colegas, texto que estoy seguro será enriquecido en el diálogo que sostendré, durante los próximos meses con integrantes de los distintos centros miembros.


No soy el candidato de la Secretaría Ejecutiva y eso es bueno. Soy UN investigador que hace de la divergencia una virtud y por lo tanto valoro, entiendo y estimulo la disidencia como el arte de buscar caminos alternativos que nos permitan crecer. Más que el candidato de una persona o un sector me veo como un investigador que quiere construir con todas y todos ideas y propuestas que potencien la razón de estar y seguir creciendo juntos. Para mi, todos los equipos y las figuras que han dirigido a CLACSO a través del tiempo han hecho posible el éxito institucional que somos hoy, por ello, quiero trabajar con todos y todas, respetando sus diferencias y aproximaciones, dejando claro que mi interés es garantizar la unidad dialéctica de la familia CLACSO, unidad que garantiza mantener el horizonte necesario para consolidarnos como una red de pensamiento crítico mundial con capacidad de incidencia política. Les pido que me acompañen en este esfuerzo.

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Martes, 24 Octubre 2017 07:04

AL y el pensamiento ambiental del Sur

AL y el pensamiento ambiental del Sur

 

El otoño de 2014 marcó una etapa de gran ebullición para la ecología política latinoamericana, pues en el breve lapso de seis semanas se efectuaron seis eventos internacionales entre los que destacaron un Congreso Latinoamericano de Ecología Política, en Santiago de Chile; un Seminario Internacional de Ecología Política Latinoamericana, que tuvo lugar en Río de Janeiro (12-14 de noviembre), y un Congreso Latinoamericano de Conflictos Ambientales, organizado por la Universidad Nacional de General Sarmiento, en el área metropolitana de Buenos Aires, dentro del cual tuvo lugar el Simposio Internacional sobre Pensamiento Ambiental Latinoamericano. De ese simposio se acaba de publicar el libro que recoge las intervenciones del acto con el título de El pensamiento ambiental del Sur, el cual reúne magistralmente las reflexiones críticas de una decena de intelectuales (ver). Nunca podrá saberse qué tanto un conjunto de ideas inducen la acción colectiva y viceversa, pero las tres décadas de pensamiento ambiental latinoamericano que en ese libro se documentan y discuten han crecido en paralelo o al unísono con procesos culturales, productivos, educativos y sociales de enorme trascendencia para la región.

Quizás como en ninguna otra parte del mundo, en América Latina ha habido un verdadero florecimiento de los enfoques interdisciplinarios en muchos centros universitarios y de investigación científica y tecnológica. Esto implica la convergencia de los campos ecológico-biológicos con los de las ciencias sociales, todo lo cual se expresa en el establecimiento, práctica, multiplicación y expansión de las llamadas disciplinas híbridas. Es este el caso, en orden de aparición e importancia, de la agroecología, la economía ecológica, la economía social y solidaria, la educación ambiental, la historia ambiental, la ecología política, las ecotecnologías y la etnoecología. Estas nuevas contra-corrientes no solamente irrumpen como expresiones del pensamiento complejo, sino del pensamiento crítico y de una ciencia con compromisos ambiental y social. Se trata de formas alternativas de educación e investigación que proliferan por las universidades de la región, y que cristalizan en seminarios, congresos, proyectos, posgrados, publicaciones y sociedades científicas.

Todo esto se ha traducido, por ejemplo, en los proyectos y experiencias agroecológicas que hoy existen por miles especialmente en Brasil, Cuba, México, Centroamérica y los países andinos. De forma paralela en América Latina ha evolucionado un conjunto de movimientos en torno a la economía social y solidaria. Este proceso se centra en las cooperativas, el comercio justo, los bancos comunitarios, el trueque, los fondos solidarios, el consumo responsable, las redes de organizaciones, y ha sido impulsado desde diferentes ángulos ideológicos, sociales y culturales, tales como el altermundismo, las organizaciones populares o las comunidades eclesiales de base.

A mi juicio, tres grandes cambios han ocurrido en el pensamiento ambiental de la región en las recientes décadas: 1) se ha cuestionado y desechado el concepto de desarrollo, y en consecuencia los de ecodesarrollo y desarrollo sustentable o sostenible (ver el número de la revista América Latina en Movimiento de junio de 2009), y se ha abierto a otras propuestas civilizatorias como el buen vivir o la comunalidad. Esto significa que la imaginación teórica irrumpe más allá de los cánones del pensamiento dominante para visualizar nuevas rutas civilizatorias; 2) se ha desplazado el centro de las posibles soluciones y alternativas de los organismos regionales e internacionales y de los gobiernos nacionales a los movimientos sociales y sus acciones y proyectos en los territorios rurales (hoy fuertemente ambicionados por las grandes corporaciones) y en los espacios urbanos, y 3) se ha empatado (e integrado) la crisis ecológica o ambiental de la región con la crisis global, que como hemos sostenido es una crisis de la civilización moderna. Esto último conecta las batallas y resistencias socioambientales de cada país con las luchas globales por la defensa del planeta y de la vida.

Por lo anterior América latina, el Caribe incluido, es hoy la región más esperanzadora del mundo, porque en ella ocurren experimentos socioambientales totalmente iné­ditos que apuntan hacia la construcción de nuevas utopías realizables. Por una u otra razón los mayores conflictos de la región son ya conflictividades sociales y ambientales, y existe un poderoso movimiento social de resistencia que, sin hacerlo explícito, adopta principios, tesis y prácticas de ecología política. Pienso que el marco ambiental de la región hace esto posible. Estamos ante la porción bioculturalmente más rica del orbe, pues contiene las áreas más húmedas del planeta, intrincadas orografías, con formidables redes hidrológicas (por ejemplo, los complejos del Amazonas, del Orinoco y del río de la Plata), y la mayor extensión de selvas tropicales. Todo ello la sitúa como el área que contiene la máxima biodiversidad del planeta. A ello deben agregarse sus extraordinarios recursos geológicos como minerales metálicos y múltiples fuentes de energía. La dimensión cultural no se queda atrás. En la región, los enclaves tradicionales están representados por unos 65 millones de campesinos, de los cuales entre 40 y 55 millones pertenecen a alguna cultura indígena, hablantes de más de mil lenguas, y a lo anterior se suma la población afrodescendiente que hoy domina extensos territorios en Brasil, Colombia, Ecuador, Panamá y otros países.

Todo ello convierte a América Latina en un enjambre de mosaicos bioculturales que rodean, pero también penetran e influencian a los gigantescos enclaves urbanos e industriales que hoy concentran a las mayorías modernas. Ello conjugado con cinco siglos de intrincados procesos de hibridación cultural, de juegos de espejos entre las metrópolis europeas y los diversos núcleos de nuevo pensamiento autóctono. Y estas mezclas y combinaciones culturales generan a escala microrregional otros mundos posibles. Tremenda paradoja, América Latina es quizás la porción del otrora tercer mundo donde se han arraigado más las visiones de la modernidad eurocéntrica, pero por lo mismo donde se están gestando las principales contraculturas. El pensamiento ambiental del Sur es un ejemplo notable de ello.

 

 

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Lunes, 25 Septiembre 2017 11:39

Participación social de niño/as y jóvenes

Participación social de niño/as y jóvenes

De la norma a la realidad, discursos y acciones que abren interrogantes sobre la realidad de la participación social en nuestro país.

 

¿Un encuentro más? En junio de 2016 sesionó en Pereira el “Encuentro Interamericano de participación de la infancia y la adolescencia en políticas públicas” coordinado por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar y el Instituto interamericano del niño y la niña –IIN, al cual confluyeron diferentes procesos participativos de México, El Salvador, Perú, Ecuador, Uruguay y Colombia. Niños y adolescentes del país anfitrión dieron cuenta de cómo se realizan consultas y mesas de trabajo para enriquecer estrategias y programas. ¡Estamos cambiando el mundo!1, entonaban al unísono las voces más jóvenes de la región.

 

¿Una ilusión juvenil institucionalizada? El interrogante no es gratuito pues, más allá del evento, resalta una tensión muy profunda entre los imaginarios institucionales de participación y las lógicas locales en las que cobran vida, como lo permite deducir Freiman Quiñones, joven integrante del Consejo Nacional Asesor y Consultivo (de cuál institución o proceso), cuando afirma que “sólo somos reconocidos como indicadores, no hay empoderamiento en las regiones; [...] no somos tomados en cuenta”.

 

En el mismo sentido asiente María Camila Hoyos, compañera de Freiman en el Consejo: “una de las principales causas por las que nosotros los jóvenes no participamos es por la deficiencia de educación que cultive un pensamiento crítico”.

 

Estos jóvenes líderes distantes en sus regiones, el primero procedente de Tumaco-Nariño y la segunda de Popayán-Cauca, desarrollan por cuenta propia procesos de articulación y movilización social entre sus pares, promoviendo soluciones a las necesidades sentidas de la población. Terminan señalando cómo “la falta de continuidad, tanto nacionalmente como a nivel local, entorpece los ejercicios participativos, el impacto es menor”.

 

De buenas ideas está empedrado...

 

A comienzos de la década del 1990 la Constitución Política de Colombia consagró la participación social como un derecho garante del cumplimiento y protección de los demás derechos fundamentales; de manera especial en lo concerniente a niños, niñas y adolescentes. Es así como la ley 1098 de 2006 articula este principio empoderándolos como “sujetos titulares de derechos”. Por su parte, la Convención de los Derechos del Niño declara que “tendrán derecho a la libertad de expresión”, entendiéndola como “la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de todo tipo”2.

 

En consonancia con este marco regulatorio de derechos, el sistema educativo nacional contempla estimular el ejercicio deliberante de participación a través del Gobierno Escolar, una reproducción del sistema de gobierno democrático nacional al interior de cada salón de clases, a lo largo y ancho de esta geografía; “en cada establecimiento educativo del Estado estará conformado por el rector, el consejo directivo y el consejo académico3”.

 

Desde entonces, la institucionalidad afinó su mirada hacia los más pequeños, los niños (“la persona entre 0 y 12 años”), los adolescentes (“la persona entre 12 y 18”) y los jóvenes4 (“de 14 a 28 años”); generando mecanismos de participación y control social desde su interior en sintonía con los imaginarios contractualistas de ciudadano moderno participativo.

 

Del pasado al presente

 

Lejanas y vetustas parecen ahora ideas decimonónicas cuando a la infancia le correspondía ser la edad “que sabe sentir y ver más bien que reflexionar i discurrir” (Catecismo de Astete). Siguiendo los discursos contemporáneos, en las escuelas se pretende formar sujetos autónomos y autocríticos, capaces de agenciar su propia vida y la de sus comunidades; reflexivos y comprometidos con el desarrollo individual y colectivo. Empero, están ancladas entre nosotros representaciones sobre la niñez en sentido deficitario, como menores de edad, recipientes sin contenido, tabula rasa, inocencia angelical o estultez manifiesta. En esta ingente Colombia de múltiples y simultáneas realidades, circulan en campos y ciudades ideas tales como “cuando los adultos hablan los niños callan”, “son cosas de niños”, “¡llora como una niña!”, o, llanamente, “no le ponga cuidado, eso se le pasa, así es que aprende”.

 

De igual manera se cierne sobre jóvenes y adolescentes una espesura de sospecha, desconfianza y riesgo latente. Circulan entre doctos y legos ideas que refieren a los adolescentes como “adolecer” (al que naturalmente le falta algo), apelando a supuestas raíces etimológicas, o alumno como “a-lumini” (sin luz); en todo caso no como un ser completo, más bien como un sujeto a medio camino de ser.

 

Un proceso por ser y en lucha constante. El reconocimiento de las voces, sentires y necesidades de nuestros niños y niñas está lejos de parecerse al discurso oficial e institucional que promulgamos; nuestras prácticas (Foucault) dan cuenta de realidades diferentes, evidencian tensiones constantes entre el deber ser y los hechos concretos; baste para ello revisar nuestros tenebrosos indicadores de utilización, infanticidio, abuso sexual, trabajo infantil o reclutamiento de niños, niñas y jóvenes.

 

De esta manera y de acuerdo a lo establecido oficialmente, en las instituciones educativas los niños y niñas líderes se postulan periódicamente a cargos de elección popular para representar a sus compañeros y servir de puente con las instancias de decisión y poder en las comunidades. Debemos señalar con sorna y escándalo que el gobierno escolar hace bien su trabajo, reproduce a pie juntillas el mundo de los adultos en su deseo por acumular capital simbólico (Bourdieu). Durante los procesos electorales del gobierno escolar se pueden ver en las instituciones educativas esquemas electoreros y corruptos, compra de votos, campañas de desprestigio, tráfico de influencias y, sobre todo, promesas falsas.

 

Sueño latente

 

Con todo, algunas de las transformaciones en la historia reciente del país han sido protagonizadas por los jóvenes, así lo refieren algunos líderes estudiantiles del denominado movimiento de la séptima papeleta en la década de 1990. “Para mí [...] fue una reafirmación de que no nos dejaríamos callar por la mafia, de que saldríamos a defender la democracia y que reformaríamos el país”; dice Claudia López, por aquella época estudiante de biología de la Universidad Distrital en Bogotá, hoy senadora (pre)candidata a la presidencia de la República.

 

De igual manera, y en el entrecruzamiento de fuerzas sociales, individuos e imaginarios que tensionan las formas de comprender y relacionarse con la niñez, resulta pertinente señalar algunas experiencias exitosas de participación vinculadas con el territorio que habitan las comunidades. Participar en abstracto no es un ejercicio potente, no lo es tampoco la instrumentalización de los sujetos estandarizados como indicadores en mecanismos que ellos mismos desconocen. Así, por ejemplo, la comunidad indígena Zenú, en el norte del país, cuenta con escenarios de incidencia pública y organización social llamados Cabildos Menores y Mayores. Se estimula que los jóvenes accedan a estos espacios y roles representativos de la vida pública; la condición para ello es formular soluciones a las problemáticas de la comunidad y comprometerse con su desarrollo; así lo manifiesta Elkin Roqueme como representante del cabildo, “para uno ser tenido en cuenta debe proponer y liderar, comprometerse, sino ¿pa’ qué?, no sirve de na’.” Los ojos vigilantes de la comunidad ejercen un estricto control social haciendo que las palabras superen el proselitismo clientelista y se traduzcan en acciones de impacto común.

 

De manera similar, en otras latitudes del país, en el sangrante departamento del Cauca, grupos indígenas desarrollan un modelo de educación alterno al establecido por la institucionalidad nacional. Allí los centros educativos no adelantan Proyectos Educativos Institucionales (PEI) con los esquemas de gobierno escolar antes señalados, en cambio, articulan Proyectos Educativos Comunitarios (PEC) que potencian el liderazgo y la participación colectiva, antes que la representatividad mesiánica de un solo individuo. Nuevamente, es la comunidad la encargada de agenciar los procesos sociales de los más pequeños, protegerlos, acompañarlos y guiarlos de acuerdo con propósitos colectivos. Es una participación con los pies en la tierra, más bien, en el territorio.

 

Los retos y tensiones que se configuran alrededor de los procesos participativos de niños, niñas y adolescentes dan cuenta de la complejidad del tejido social en Colombia, la fragilidad de la niñez tanto como la necesidad imperativa de construir formas pacíficas de resolución de conflictos. Su participación fortalece los canales de comunicación así como el desarrollo local en la comunidad. Es una oportunidad para ser mejor que nosotros mismos, para sanar heridas abiertas; después de todo, una sociedad que no protege la niñez está condenada al fracaso toda vez que se niega la posibilidad de aprender de los más sabios, aprender de sus niños; mientras reproduce esquizoidemente la historia de maltratos y abusos que vivieron los adultos de hoy en día, quienes han olvidado, o decidido olvidar, cómo fue ser niño, cómo entonces sabían que las cosas podrían ser mejor.

 

* Docente de la línea de “Socialización política” en Cinde, filósofo, opción en Antropología, Universidad de los Andes, Magíster en Educación Universidad Pedagógica Nacional.
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1 Eslogan institucional del Icbf.
2 Convención Internacional de los Derechos del Niño Artículo 13.
3 Ley 115 general de educación de 1994 Artículo 142.
4 Estatuto de Ciudadanía Juvenil Artículo 5.

Publicado enEdición Nº239
Demasiado ocupados perdiendo el tiempo Decir a esta altura que el periodismo está en crisis es un lugar común.

“En la antigüedad lo importante era pensar, mientras escribir se convertía en un acto accesorio; hoy lo importante parece ser escribir, aunque no se piense.”

E M Cioran



UNO. Decir a esta altura que el periodismo está en crisis es un lugar común. Lo justo sería, más bien, decir que el periodismo vive en crisis, que la crisis es, por definición, su estado natural. El enemigo, en la prensa, adquiere diversas formas según la época. La lectura fue amenazada durante décadas por la industria audiovisual, y hoy se encuentra fagocitada por las redes sociales. El gran enemigo actual de la lectura es, paradójicamente, la propia lectura. No es que se esté leyendo cada vez menos, al contrario, las personas se pasan el día leyendo: leen conversaciones y mensajes, correos electrónicos, noticias al instante en portales, opiniones en blogs, novedades en “muros” de amigos virtuales. Miente, entonces, el que se excusa diciendo “no tengo tiempo para leer”. La lectura, cuando vale la pena, está más allá del tiempo. Tampoco es que ya no se escriba, de hecho, porque todos se la pasan escribiendo: escriben para informar que están en camino o para saber si el otro está llegando, para dar su opinión sobre tal o cual noticia, para contar a todos cómo se sienten aunque nadie se los haya preguntado. En ocasiones, incluso, leen y escriben por la sola inercia que genera tener tantos dispositivos que facilitan ambas acciones. Lo hacen porque no cuesta nada. Impera la lógica de los medios por sobre los mensajes: hay tantos medios de comunicación que hasta dan ganas de tener algo para decir. El problema, en suma, es que son cada vez más los medios para decir cosas y cada vez menos las personas con algo para decir. La lectura y la escritura, que fueron herramientas para dar forma a las ideas, hoy sirven también –y cada vez más– como catalizadores del narcisismo, el tedio o la simple estupidez.


DOS. El mundo digital, donde todos somos todo pero en el fondo nadie es nada, donde el acceso a la información es libre y no existen las fronteras, es paradójicamente fascista: lo abarca todo impidiendo cualquier forma de alteridad u oposición, y la única opción libre es la del disidente. En tiempos de redes sociales el totalitarismo es consensuado. El gran valor de la era digital es la información: si antes importaba saber, hoy importa estar informado; ser capaz de una tarea tan insulsa como es pasar revista a una serie de datos anodinos sin el menor análisis. Porque entender los procesos, estudiarlos, interpretarlos, todo eso es muy complicado, anacrónico para los tiempos que corren. Todo está –o si no debería estarlo– a un clic de distancia, desde los horarios del ómnibus hasta los secretos de Estado. No hay nada más que la circulación horizontal e inocua de información sin mayores consecuencias: Julian Assange en Wikileaks revela la corrupción a gran escala y Edward Snowden pone la vigilancia global al descubierto en Prism, pero no pasa nada más allá, no existe una respuesta sino una aceptación resignada de los hechos. Un mismo sistema nos informa que el mundo es una mierda y nos invita a seguir de largo o, a lo sumo, a colaborar con un clic de conciencia. Las redes sociales anulan la reflexión de la misma forma que el zapping mantiene la vista entretenida impidiendo la mirada. Y entonces, de repente, aparece una barrera en ese alegre universo paralelo donde todo es posible. Ciertos medios que, como Brecha, limitan el acceso a sus contenidos exigiendo a cambio una suscripción. Surgen entonces encendidos reclamos: “¿Por qué no dejan que todos podamos leer los contenidos por Internet libremente?”. Lo que equivale, más o menos, a recriminarle a un plomero el hecho de que nos cobre la reparación de una fuga en nuestras cañerías. La posibilidad de comprar el semanario o de volverse suscriptor parece imposible, casi un insulto. En el mundo digital, donde todo se puede leer y donde cualquiera puede escribir, carece de sentido tal jerarquización. Nada escrito vale tanto como para pagar por eso. Todas las opiniones quedan igualadas en su (ir)relevancia. Las redes sociales están aboliendo la figura del editor como aquel encargado de determinar o al menos redirigir la atención sobre lo que merece la pena ser escrito o leído y lo que no, sobre lo que es noticia y lo que no, sobre la diferencia sustancial entre una red de corrupción y un melodrama de celebrities. La crítica cultural también se ve amenazada ante la proliferación de blogs que se oponen a la clásica disposición vertical entre crítico y público, con el crítico como agente valorizador capacitado para poner en cuestión, orientar la búsqueda y determinar qué es atendible y qué no en materia artística. Cualquier intento de ordenamiento o clasificación es rápidamente tachado de censura. La red social, como la ruedita del hámster, da la ilusión de libertad mientras invita a moverse en círculos; el afán seudoiluminista de hoy busca alfabetizar sólo para que todos puedan leer mejor sus reglas. Si cada uno es su propio periodista, si el editor está obsoleto, si el crítico no tiene autoridad en su campo, si el semanario puede leerse de la misma forma que un estado de Facebook, desembocamos en un caos de eventos: la indignación por el atentado en Barcelona va seguida del video del oso que baila con un gorrito de cumpleaños, mientras debajo se intercalan comentarios de todo tipo que suelen terminar en reclamos políticos o discusiones de fútbol. Mientras muchos comparten la solidaridad de turno –el hit más reciente es #PrayForBarcelona–, los muertos en Siria ascienden a más de sesenta en sólo tres días, pero eso pasa de largo, como casi todo.


TRES. Estas nuevas formas de lectura histérica ponen en jaque a la lectura como pausa reflexiva. Leer y escribir quedan reducidos a un mecanismo de pasaje de información signado por párrafos de dos o tres líneas como mucho, términos resaltados en negrita, hipervínculos, titulares llamativos e imágenes obscenas. En los términos de la red social todo lo “exitoso” es aquello diseñado para gustar a la mayoría. El mensaje ya no importa tanto por su contenido –que apenas se lee– sino más bien por su impacto y su capacidad de atrapar a un público disperso e hiperactivo que de todos modos lo olvidará cuando llegue el siguiente estímulo; el mensajero, por su parte, trascenderá más por su popularidad que por su idoneidad, por sus seguidores que por sus conocimientos. Desviación de la autoridad y la relevancia: Ricardo Darín ya no es un actor argentino sino un pensador iluminado, Lady Gaga realiza sesudas reflexiones políticas, el Maestro Tabárez es el gran referente popular. El resto del espacio es acaparado por esa nueva y creciente estirpe de famosos que son famosos nadie sabe muy bien por qué, que no son nada, sólo famosos, especialistas en gastar oxígeno, y que en la nueva jerga globalizante se denominan influencers. Los periódicos que se pliegan a esta lógica mercantil harían bien en extinguirse cuanto antes; son vehículos de publicidad con algunos espacios libres para repetir cosas del día anterior que todos ya leyeron en Internet. El periodista, pieza demodé en el nuevo esquema, es sustituido por el comunicador, término menos comprometido y “aggiornado” a los tiempos. Las secciones culturales dejan paso a las secciones de espectáculos, los columnistas a los blogueros, los intelectuales a los futbolistas, las cátedras a las charlas Tedx, los revolucionarios a los indignados, la solidaridad al hashtag. Una serie extensa de subproductos pauperizados de viejos intereses sociales ahora caídos en desuso. Todo se condensa en esos treinta segundos patéticos de un video casero que da cuenta de una realidad pornográfica sobre la que no hace falta agregar nada más porque, como dicen los sátrapas del vacío, “una imagen vale más que mil palabras”.

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