Sábado, 07 Mayo 2016 08:06

La criminalización del pensamiento

La criminalización del pensamiento

Pensar trae consecuencias. Su ejercicio no ha sido una facultad bien vista. Hoy está en peligro de extinción. Resulta significativo que entre los crímenes de lesa humanidad figure la persecución ideológica y política. Desde el castigo bíblico hasta nuestros días, la acción de pensar se castiga. Dos esferas de la realidad política son las más afectadas. La educación y el periodismo. En ambas, sus representantes son objeto de las iras del poder institucional y la violencia. Las universidades, en tiempos de dictaduras militares o cívico-militares, sufren las consecuencias de la criminalización del pensamiento. Maestros y profesores han sido perseguidos y asesinados. Durante la segunda República en España se expulsó a miles de las aulas del magisterio y qué decir del México actual. En cuanto al periodismo, se mata directamente al mensajero. El más reciente informe de la Federación Latinoamericana de Periodistas destaca que sólo en México, durante 2015, fueron ultimados 14 informadores. La lista es larga. Honduras presentó 10 casos, Brasil ocho, Colombia cinco y Guatemala tres. Al mismo tiempo, la Federación Internacional de Periodistas apunta que de 1990 a 2015 se contabilizaron 2 mil 297 asesinatos de comunicadores. En esa lista vuelve a destacar México con 120 casos, Rusia reporta 109 y Brasil 62.

 

Todos los días nos enteramos, por los medios de información, de las arbitrariedades del poder político a la hora de criminalizar cualquier opinión discrepante. Sobre todo si en ella se vierten críticas al orden social, a la violación de los derechos humanos y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. Basta con que la policía emita informes imputando a organizaciones, personas o movimientos sociales de propagar ideologías disolventes para que sus dirigentes sean detenidos, investigados y encarcelados. Asimismo, cualquiera puede levantar falso testimonio y lograr credibilidad cuando la acusación deriva en el ámbito del pensamiento y las ideas.

 

Si en los siglos XIX y XX el apelativo de terrorista recayó en los movimientos anarquistas y anarcosindicalistas, extendiéndose a socialistas y comunistas, en pleno siglo XXI se han roto dichas fronteras ideológicas. Ya no asistiremos a un montaje judicial para justificar la persecución ideológica. No hace falta encubrir el motivo. Abiertamente se imputa al políticamente incorrecto la condición de antisistema. Basta recordar el reciente caso del cómico alemán Jan Böhmermann, acusado de injurias por el presidente de Turquía, Recep Erdogan, al haber escrito un poema satírico. Lo peor no es la acusación, sino el consentimiento de Angela Merkel, canciller de Alemania, de facilitar la apertura de un proceso judicial por injurias. En la persecución del pensamiento no hay fronteras. En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, está preso.

 

En la sociedad occidental, democrática y civilizada se criminaliza la crítica y el pensamiento se tilda de subversivo y antisistémico. Adjetivos que predisponen al uso de la violencia y la razón de Estado para su represión. En Colombia, la Escuela Nacional Sindical entregó un estudio detallado a congresistas estadunidenses subrayando que entre el 7 de abril de 2011 y el 31 de marzo de 2015 habían perdido la vida en atentados 105 militantes pertenecientes a diferentes sindicatos. Asimismo, la Confederación Sindical Internacional, en su informe anual sobre los derechos sindicales en el mundo, denuncia que fueron asesinados 101 trabajadores por ejercer actividades del gremio. De esos 101 asesinatos casi la mitad, 48, se registraron en Colombia, 16 en Guatemala, 12 en Honduras, seis en México, seis en Bangladesh, cuatro en Brasil, tres en República Dominicana, tres en Filipinas, uno en India, otro en Irak y uno más en Nigeria. Dicho texto no considera las amenazas e intentos fallidos de ejecuciones.

 

El miedo y la violencia, al igual que la autocensura, se apoderan de quienes emiten opiniones contrarias al poder dominante. Desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, el fantasma del terrorismo se convirtió en excusa para controlar la crítica política y el ejercicio de la libertad de expresión. En el saco del terrorismo se incorporan todo tipo de acciones y pensamientos. La vara de medir está bajo mínimos. Cuando más democracia y libertades se dicen reconocer, más se reprime la facultad de pensar. Ya no se diferencia entre pensamiento crítico y terrorismo. El poder no distingue y, lo que es peor, no quiere ejercer dicha distinción.

 

La crítica teórica y la reflexión han sido materialmente despreciadas, su praxis se condena, constituyen una amenaza. El poder político se siente propietario de las formas de pensar y actuar. Quienes practican la noble actividad de pensar a contracorriente, militantes políticos, sindicales, deportistas, científicos, periodistas, escritores, actores, artistas plásticos, grupos musicales, etcétera, son objeto de escarnio y presiones. Existe una guerra declarada al pensamiento en todas las dimensiones de la vida social.

 

El ejercicio crítico de pensar subvierte el orden y cuestiona el statu quo. Personas y medios que lo impulsan son atacados por el poder. Las medidas aplicadas van de la censura a la clausura de medios de prensa, programas de radio y televisión. Todo es bienvenido si con ello se acallan las voces discordantes. Hoy, los servicios de inteligencia y los aparatos de seguridad del Estado realizan la búsqueda de irredentos. Intervienen correos electrónicos, teléfonos móviles, graban en aulas de clase, restaurantes y centros comerciales. Ningún espacio público está exento de vigilancia. El pensamiento crítico debe ser controlado en corto. Quienes lo denuncian son objetivo militar y político. Es el caso de Julián Assange, fundador de Wikileaks, quien pidió asilo a la República de Ecuador por temor a ser extraditado a Estados Unidos, bajo acusaciones falsas de violación. Lleva recluido desde el 19 de junio de 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Otro ejemplo es el de Edward Snowden, ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, quien hizo públicos los programas de vigilancia masiva a escala mundial desarrollados por la SNA y la CIA. Perseguido y acusado de criminal, se exilió en Rusia, donde reside actualmente. Su vida está en peligro.

 

Las guerras del siglo XXI amplían el espectro de los genocidios civilizatorios. Tecnologías de muerte. Drones y armamento de última generación se utilizan para acallar voces e imponer valores imperiales. Pensar se ha convertido en delito, su ejercicio se ha criminalizado y sus defensores han sido condenados.

 

 

 

 

Publicado enSociedad
La ciencia en Colombia y la transformación de la realidad

La ciencia al mismo tiempo que plasma una sociedad, la transforma. La dificultad es que en Colombia existe una enorme asimetría entre plasmar la realidad y transformar la sociedad y al país.

En una sociedad altamente fraccionada, históricamente dividida, fuertemente de-sigual e inequitativa, la ciencia está y ha estado, correspondientemente dividida, fraccionada y sin capacidad para unificar los conjuntos de problemas o de posibilidades a la realidad nacional. Así las cosas, si bien la educación ha contribuido de alguna manera a mejorar las condiciones de vida de sus pobladores, la investigación científica permanece bastante más distante con respecto a las acciones de cambio del país.

El estado de la ciencia en Colombia puede rastrearse a través de quizás la mejor herramienta disponible: el Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología (OCyT) ( http://ocyt.org.co/en-us/ ), por lo cual no presentamos un mapa sobre el particular aquí. Más interesante resulta un conjunto de consideraciones de lo que significa la ciencia en el país y sus posibilidades de transformación de la realidad nacional centradas en dos puntos: a) su significado en Colombia y, b) las posibilidades de transformarla, y con ella, cambiar la realidad nacional.
¿Qué significa la ciencia y la tecnología en el país?

Si uno de los elementos distintivos del tránsito en Europa de la Edad Media a la Modernidad –atravesando el Quattrocento– sucede en el siglo XIV-XV, Colombia comienza a entrar en la modernidad, propiamente halando, en 1991, con la creación del Sistema Nacional de Ciencia y Tecnología (SNCyT), en el marco histórico de la Constitución del 1991. Un fuerte contraste.

Como consecuencia, empiezan a ser promovidas las Maestrías y los Doctorados, los grupos de investigación, la ciencia, la tecnología y su impronta social.

Con una enorme dificultad, y es que las metas que la llamada "Misión de los Sabios" formuló en su momento1 jamás se alcanzaron antes, ni ahora, entre ellas, a saber, que el 1 por ciento del Pib del país fuera destinado a promover la ciencia y la tecnología. Los distintos gobiernos nacionales jamás le cumplieron al país y a la comunidad académica y científica, demostrando así su indolencia frente al conocimiento.

Entre tanto, al desmonte gradual de la Constitución de 1991 le acompañó el desmonte sutil y lento igualmente del presupuesto de Colciencias, y la importancia que las humanidades y las ciencias sociales tuvieron frente a las ingenierías y las ciencias básicas. Finalmente, en el primer cuarto del 2015 el SNCyT fue eliminado de Colciencias, trasladado al Departamento de Planeación Nacional y transformado en el Sistema Nacional de Competitividad2.

(...) Abrirle espacios a la investigación científica y alimentarlos y sostenerlos es una sola y misma cosa con la construcción de una democracia sólida, abierta y deliberante.

En materia de tecnología siempre ha prevalecido el modelo de transferencia de conocimientos, y el estudio y reconocimiento de los saberes y las prácticas locales fue siempre, sistemáticamente, ignorado. Un grave error de muestra dependencia, de un lado, e ignorancia de la historia local y regional y de la antropología del país, del otro.

Como quiera que sea, la ciencia producida en el país ha sido, hasta la fecha, predominantemente en el ámbito de las ciencias sociales y humanas, y algo menos en ciencias básicas y tecnología; la que en su producción responde indirectamente a la acción del Estado gracias a las universidades públicas, y como resultado de la importancia de algunas universidades privadas.

 

Posibilidades de transformación de la ciencia en Colombia

 

La ciencia acá funciona de forma segmentada, por estancos, y la disciplinariedad es aún la marca distintiva como se organiza y trabaja. En verdad la transdisciplinariedad y otros enfoques más radicales –como los trabajos en complejidad– son aún marginales o inmensamente minoritarios.

Más exactamente, en Colombia la ciencia funciona a pesar del Estado, y gracias principalmente a las universidades, públicas y privadas, y en mucho menor medida gracias al apoyo del sector empresarial.

En el país, la clase de ciencia que los investigadores pueden desarrollar se funda, de entrada, esencialmente en las carreras que les ofrecen las universidades a los futuros investigadores. Ahora bien, como es suficientemente sabido, en el mundo actual la condición mínima para ser investigador es tener un doctorado (las maestrías capacitan a los estudiantes al ponerlos al tanto del estado-del-arte del conocimiento). Pues bien, es ampliamente sabido que el número de doctores (Ph.D.) registrados en el sistema nacional es bastante más bajo que el de otros países comparables, como Chile, Argentina, México o Brasil. Según datos de investigadores académicos, Colombia tiene 5 doctores por millón de habitantes.

Un investigador mexicano3 sostiene que América Latina no produce ciencia ni tecnología, sino, en el mejor de los casos, científicos e ingenieros. En Colombia, de manera atávica, las universidades producen egresados y cohortes, desde pregrado hasta doctorado. En Latinoamérica ya existe investigación. El paso siguiente sería producir ciencia. Colombia crea, modifica, y gestiona el sistema de investigación en acomodo a la clase política y sin verdadero interés por el conocimiento.

Nuestro país comienza a ingresar a la Sociedad de la Información en el año 20014, pero para el año fiscal 2014 la diferencia de ingreso no es sensible o importante. Como país o nación Colombia se encuentra aún bastante lejos de ingresar a la Sociedad del Conocimiento. Ello no obstante, existen ya grupos e individuos que sí han entrado ya a la Sociedad del Conocimiento. Esto es, grupos y comunidades que logran vivir de producir conocimiento y, por tanto, mover de alguna manera las fronteras de la ciencia en general.

Sociológicamente hablando, las élites colombianas, a diferencia de las de naciones como México, Brasil, Chile o Argentina, fueron siempre indolentes e indiferentes ante el conocimiento. En verdad, en un país en el que la mita y la encomienda han marcado, así sea con otros nombres, su historia, las élites no necesitaban trabajar y todo les era concedido, en un país naturalmente rico.

En este mismo sentido, si los mecanismos de movilidad social han sido tradicionalmente el clero, el estamento miliar y la educación, esta última estuvo siempre históricamente desatendida por parte del Estado. Hasta el punto de que, en el proceso de solicitar su ingreso a la Ocde, Colombia ha sido expresamente reconocida como el país que menos invierte en educación de todos sus similares, en América Latina y en el mundo. 

 

Conclusión abierta

 

Sin exageraciones, en Colombia predomina fuertemente una mentalidad narcotraficante y mafiosa; esto es, el dinero y el poder, la fuerza y las influencias se imponen en la vida de la sociedad y de las instituciones. En consecuencia, el conocimiento –es decir, los argumentos, las demostraciones, la crítica abierta y pública, los debates con justificaciones, y demás formas como se hace ciencia y pensamiento–, en cualquiera de sus fases es ignorado, o acaso comprado y cooptado. Y mientras continúe imperando esta mentalidad, el dinero fácil, el tráfico de influencias, las calles controladas por escoltas, los falsos positivos y la delincuencia común y de cuello blanco continuarán campeando por la vida nacional.

Manifiestamente que en toda la historia los intelectuales, los científicos, los artistas y los investigadores han sido siempre la minoría, sociológica y estadísticamente hablando. Aún así, en el marco de la sociedad de la información y de cara a la sociedad del conocimiento se trata de una minoría cuyas influencias y repercusiones son determinantes para el bienestar de la sociedad, para la calidad de la vida y su dignidad. La ciencia: cuando las minorías pueden determinar el bienestar y el futuro de las mayorías. He aquí un verdadero reto, un problema.

Hay que recordar siempre que la ciencia no se hace con base en la construcción de acuerdos y consensos, de mayorías o por votación de cualquier índole. Por el contrario, ella implica y es posible a partir de debates, discusiones, argumentos y contra-argumentos, demostraciones y mucha crítica y reflexión. Que son, exactamente, los garantes y los elementos constitutivos de una verdadera democracia.

Así las cosas, abrirle espacios a la investigación científica y alimentarlos y sostenerlos es una sola y misma cosa con la construcción de una democracia sólida, abierta y deliberante. Todo lo contrario a la historia de toda la nación colombiana desde 1810; o 1819, lo mismo da.

1 Cfr. Colombia al filo de la oportunidad, Colección Documentos de la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, Colciencias, 1993. Disponible en: http://repositorio.colciencias.gov.co/handle/11146/265 
2 Cfr. "Desde Abajo": http://www.desdeabajo.info/ediciones/item/26293-muere-el-sistema-nacional-de-ciencia-tecnologia-e-innovacion-sncti.html
3 M. Cereijido, Por qué no tenemos ciencia, México, D. F, Siglo XXI editores, 2004.
4 Cfr. Maldonado C. E., CTS+P. Ciencia y tecnología como políticas públicas y sociales, Bogotá, Universidad Externado de Colombia.

Publicado enEdición Nº220
"Sentir, pensar y luchar por construir un futuro mejor es la misión que debemos asumir"

La VII conferencia Latinoamericana y Caribeña de Ciencias Sociales será recordada como el evento más importante en Ciencias Sociales desarrollado en la ciudad de Medellín hasta el momento. No se pretende magnificar la importancia de esta conferencia, sino de reconocer las lecturas, interpretaciones y desafíos que fue capaz de aportar para las sociedades contemporáneas de Colombia y América Latina. Un amplio espacio de intercambio y reflexión entre pensadores de alta incidencia, y académicos y estudiantes en torno a las problemáticas que afrontan en la actualidad a nuestras sociedades, sus sistemas de gobierno y las democracias realmente existentes en el Sur.

La VII conferencia fue capaz de desbordar todas las expectativas de participación, cerca de 30.000 personas participaron del evento convocado por la Clacso. El público tuvo una singular característica: más del 80 por ciento tenían menos de 25 años. Es por este motivo que al rememorarla debe tenerse muy en cuenta el carácter juvenil de sus participantes, lo que esto significa para la vitalidad de las ciencias sociales latinoamericanas y las potenciales incidencias que puede tener en cada uno de los países el hecho de que sean los responsables de las futuras transformaciones quienes se encargaron precisamente de pensarlas en Medellín desde el marco de las actividades propuestas por la Clacso.

 

 

Para muchos será difícil toparse de nuevo con una sucesión tan admirable de expositores como la reunida en la capital antioqueña para hablar sobre la realidad latinoamericana, la política, la justicia y la paz en Colombia, aunque esto último no haya gustado en algunos sectores poderosos de la sociedad nacional quienes miraron con ojos reacios la Conferencia, propiciando su abandono mediático. Esta Conferencia distó de pretender neutralidad política tanto en sus interpretaciones de conflictos sociales como en las sugerencias para la superación.

Son estas apuestas, lecturas, interpretaciones, desafíos levantados, y demás aspectos ventilados sobre las sociedades latinoamericanas, las que deben rescatarse y exponerse como insumo ulterior del evento convocado para que puedan servir de testimonio de la reputada vigencia de las Ciencias Sociales Latinoamericanas, así como de la enorme vitalidad de su producción académica, del pensamiento del Sur global y de la necesidad de seguir gestionando y proponiendo transformaciones sociales guiadas por los conocimientos que, aunque subvalorados, continúan germinando en respuesta a las necesidades que imponen los contextos sociales específicos.

 

Integración latinoamericana

 

Uno de los tópicos transversales sobresalientas en muchas de las exposiciones allí llevadas a cabo, fue la imperativa necesidad de alcanzar una mayor integración entre los países latinoamericanos para así poder enfrentar los riesgos que se ciernen sobre las sociedades, riesgos desprendidos de la globalización, el neoliberalismo y el creciente interés de potencias mundiales por los recursos naturales de nuestro continente.

Pablo Gentili, Secretario General de la Clacso así lo manifestó en la mesa de apertura de la VII Conferencia: "No queremos festejar el no al Alca, queremos festejar una verdadera integración de nuestros pueblos, una verdadera integración de la región, haciendo que nuestros países den continuidad en un contexto (probablemente en el futuro de gran complejidad tanto en el cono sur como en el resto del continente) al gran desafío que nos dejaron Chávez, Lula, Nestor, Evo, Pepe Mujica y todos los que han trabajado fuertemente por la integración de nuestros países".

En la misma mesa de apertura el expresidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, también reitero la necesidad urgente de avanzar en la creación de organismos multilaterales encargados de impulsar la integración ante la crisis de representatividad de la región en organismos como la ONU.

El expresidente uruguayo José Mujica, en su intervención el día 11 de noviembre ante una abarrotada audiencia, también se refirió al tema: "¿Precisamos la integración o no precisamos? Primera pregunta que hay que despejar. Considero que es imprescindible si queremos ser desarrollados, ¿por qué? Porque vamos corriendo de atrás, porque no tenemos masa crítica, porque nuestros talentos en materia de investigación son pobres y esmirriados, los tenemos atomizados y la mayoría de las veces todavía se nos van para el mundo rico, pero además, necesitamos hoy la integración por susto; entiéndase bien lo que dije, necesitamos la integración hoy por susto [...]. Este no es el sueño bolivariano, no, no, ¡Este es el socorro!, que es otra cosa, es el socorro ¡porque si no nos hacen pelota!".

En su disertación del 12 de noviembre, el destacado académico colombiano Arturo Escobar se pronunció a favor de la integración latinoamericana como uno de los principales logros de los gobiernos post-neoliberales en la región. Muy a pesar de sus falencias y las críticas que puedan hacerse sobre este tipo de gobiernos, instancias como Mercosur y Unasur propiciaron el incremento de los intercambios económicos y comerciales entre los países del cono sur como alterativas concretas ante las propuestas del Alca en la región.

Avanzar en la integración económica y en el fortalecimiento de los vínculos políticos entre las naciones latinoamericanas es uno de las propuestas de la VII Conferencia como estrategia para enfrentar los desafíos que imponen la creciente necesidad de recursos naturales de economías de países como China, Estados Unidos y confederaciones de países como la Unión Europea. Fortalecer los lazos entre nuestros países y negociar en conjunto nos hace más fuertes ante adversarios que pugnan por nuestros recursos, en su voraz apetito de explotación de materias primas para su ilimitada acumulación de capitales.

 

Gobiernos post-neoliberales

 

Una de las reflexiones recurrentes en la VII Conferencia de la Clacso versó sobre los llamados gobiernos post-neoliberales, que desde principios la primera década del siglo XXI empezaron a ganar espacio en América Latina. La reflexión sobre este tipo de gobiernos fue una de los ejes centrales de la propuesta crítica de algunos de los conferencistas que identificaron avances y estancamientos, incluso retrocesos, en la política económica y social de los mismos.

La profesora de la Flacso Brasil Laura Tavares Soares, quien lideró el taller "Un balance de la política social frente al reto de la superación de la pobreza" desarrollado el lunes 9 de noviembre, identificó algunas de sus dificultades: "Una de las peores herencias que tenemos en los países post-neoliberales es la comprobación de la pobreza. La pobreza, la desigualdad está distribuida territorialmente. Eso no es política social, política pública, política de derechos [...], la filantropía sustituyó al derecho social".

La profesora identificó y criticó la aplicación de políticas económicas que no alteraron las estructuras de recaudación regresivas: los pobres siguieron pagando, por consiguiente y en proporción, muchos más impuestos que los ricos.

  "Una de las peores herencias que tenemos en los países post-neoliberales es la comprobación de la pobreza. La pobreza, la desigualdad está distribuida territorialmente. Eso no es política social, política pública, política de derechos [...], la filantropía sustituyó al derecho social". xxx

De acuerdo con la académica, estos gobiernos continuaron actuando de manera represiva y autoritaria con los movimientos de protesta que cuestionaron sus políticas económicas y sociales. Gobierno incapaces, en la mayoría de los casos, de alterar las estructuras de distribución de las riquezas. Pese a lo subrayado, Tavares reconoció los importantes avances logrados en su país por el gobierno de Lula, con indicadores en la superación de la pobreza, en la disminución de la brecha social y en el rotundo éxito de las políticas de inclusión y democratización de la educación.

Carolina Jiménez, representante de la Facultad de Ciencias Humanas y Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, caracterizó a estos gobiernos en el panel "Pobreza y neoliberalismo en América Latina: tensiones y desafíos", llevado a cabo el jueves 12 de noviembre, a través de cuatro lecturas identificadas en la literatura: 1. Han tenido un acento neo extractivista que no han generado lógicas de transformación social al incrementar procesos de explotación de la naturaleza, 2. Este tipo de gobiernos ha reproducido formas de dominación imperantes y han generado correcciones a la doctrina del liberalismo económico generando condiciones de estabilización del capitalismo en crisis, conteniendo los avances de la izquierda en la región, 3. Aunque con dificultades para implantar políticas anti neoliberales, gobiernos como los de Venezuela y Bolivia han logrado romper esquemas de dependencia política, 4. Este tipo de proyectos han permitido recuperar las capacidades políticas y económicas del Estado en beneficio de las comunidades.

En el mismo sentido, Jiménez opinó que existen cuatro núcleos problemáticos en este tipo de regímenes: 1. El neodesarrollismo, funcional también a las clases dominantes para encontrar salidas alternativas a las crisis del capitalismo; 2. El neodesarrollismo plantea escenarios de continuidad frente al neoliberalismo (intervención del Estado para garantizar procesos de acumulación, la ofensiva contra el trabajo, la importancia de mantener acotado el déficit fiscal, el reconocimiento de la importancia de la inversión extranjera directa); 3. Tendencia de la política social al neoasistencialismo que no ha sido capaz de romper la estructura de vulnerabilidad de las familias, sin tampoco amenazar el patrón de distribución de las riquezas; 4. En ealgunos de estos gobiernos se ha incrementado la apropiación intensiva de los recursos.

Unos de los desafíos por asumir por este tipo de regímenes, según lo manifestó Arturo Escobar, tienen que ver con la necesaria modificación de la actitud de las izquierdas que los constituyen; las represiones violentas de las organizaciones ambientalistas e indígenas en países como Ecuador y Bolivia indica que la izquierda debe imponerse un desplazamiento epistémico, dejar su pretensión de verdad y universalidad, pero también abrirse de manera activa hacia otros conocimientos, hacia otros mundos, que para el caso de estos gobiernos permanecen parcialmente desconocidos.

 

Es indudable que una de las mayores dificultades de estos regímenes, en la mayoría de los casos, tiene que ver con su imposibilidad para reemplazar las políticas sociales y económicas diseñadas por organismos multilaterales de crédito, las mismas que siguen condicionando el manejo de las deudas y de la financiación. Realidad extendida a su dificultad para levantar alternativas ante el extractivismo clásico (disfrazado de neo extractivismo), así como para modificar las estructuras de distribución de las riquezas en sus países, para derribar los esquemas de acumulación y de reproducción del capital extranjero al interior de sus fronteras.

Según lo manifestado por el académico y activista español Juan Carlos Monedero en su intervención del 11 de noviembre en el coloquio "Retos de las democracias en revolución y de las revoluciones en democracia", el hecho de que no se haya avanzado mucho más allá de la agenda post-neoliberal, hacía el post-capitalismo, se debe al hecho de que no han podido ser derrotados tres grandes dragones (metáfora de enormes problemas): 1. Los malos (políticos, empresarios, accionistas de grupos financieros, etcétera) 2. Las mayorías silenciosas (presas del consumo, realidad potenciada por la mercantilización del mundo, la precarización laboral, el profundo aislamiento y la desconexión de los ciudadanos). 3. Los problemas tradicionales de la izquierda (sectarismos, divisiones, poca ambición de conquistar el poder, empantanada en sus análisis melancólicos desde la poética de la derrota)

Sin embargo, y más allá de otros expositores que fueron poco rigurosos en sus presentaciones, es imprescindible reconocer los avances de estos regímenes en la constitución de un escenario político multipolar en el continente, resaltando sus conquistas en el terreno de la integración regional a través de la conformación de organismos multilaterales, al tiempo que valorar la democratización que propiciaron al mejorar la distribución de la renta nacional, la recuperación de la autonomía y soberanía política de algunos Estados, y la implementación de políticas de inclusión a través de las cuales potenciaron la participación de minorías históricamente relegadas al silencio y al olvido, entre otras. Aunque se continúe errando al tratarlos de manera general, desconociendo los contextos históricos y sociales particulares de cada uno de estos gobiernos, es necesario abusar de la heurística interpretativa para otorgarle el reconocimiento histórico como alternativas no exhaustivas de nuevos modelos de gobiernos por fuera de la matriz neoliberal.

 

Nuevos conocimientos y nuevas interpretaciones y maneras de pensar

 

Arturo Escobar, en su conferencia magistral "Desde abajo, por la izquierda y con la tierra" llevada a cabo el jueves 12 de noviembre, presentó de forma magistral una nueva interpretación del pensamiento crítico latinoamericano. Su propuesta define este pensamiento integrado por tres vertientes: a) izquierda, b) autonómico, c) de la tierra.

El pensamiento de la izquierda es el que compila la historia de las luchas, el de la praxis revolucionaria, el pensamiento marxista al que deben reconocerse grandes aportes, pero que aún hoy se encuentra atrapado por los cánones eurocéntricos de la modernidad. El pensamiento autonómico surge por la intensificación de la acumulación por desposesión (la ocupación de los mundos formas de pensar, de vivir de la gente), es el pensamiento de la comunalidad y la territorialidad, de lo común, de lo colectivo, es el pensamiento que significa pensarse desde adentro hacia afuera, no desde afuera hacia dentro.

En el pensamiento autonómico surgen conceptos (comunalidad, comunitismo, activismo comunitario, los comunes, etcétera) que nos ayudan a ver el surgimiento de lo que los teóricos denominan formas no capitalistas, no estatales, no liberales (principios del individuo, la propiedad privada, el secularismo) de ser y de poder organizarse. El pensamiento de la tierra es el pensamiento profundo de los pueblos que viven en sintonía con la tierra y los territorios, el pensamiento en defensa de la vida y el de lo relacional "soy porque lo demás existe". Es el pensamiento que surge del ejercicio de sentipensar con la tierra.

El pensamiento crítico latinoamericano es, según lo manifestó Escobar, el entramado de estas tres vertientes que no son separadas ni preconstituidas, que están en constante movimiento luchándose, pensándose, aprendiéndose, sobreponiéndose unos a otros. Tres vertientes de pensamiento que deben ser consideradas para fundamentar los cambios de orden civilizatorio que son necesarios para asumir el desafío de sacar al ser humano del centro del mundo, derribar la preeminencia del hombre económico, blanco, patriarcal. La meta ulterior es pensar más allá de la modernidad, poder enfrentar problemas modernos que no tienen soluciones modernas.

 

 

Boaventura de Sousa Santos, intervino en el taller "Aprendizajes globales desde las epistemologías del sur" llevado a cabo el martes 10 noviembre. En esta ocasión tuvo la oportunidad de reivindicar el rol de las epistemologías del sur en la muy necesaria labor de generar conocimientos y pensamiento contrahegemónicos, así lo manifestó: "Las epistemologías del sur son un ejercicio de credibilizar conocimientos a partir de las experiencias históricas de los que han sufrido sistemáticamente las injusticias del capitalismo y del colonialismo europeo". Estas epistemologías se distinguen por que llevan consigo la lucha, cabalgan sobre el lomo de los movimientos sociales. El éxito de estas epistemologías es su desaparición: buscan crear un concepto de objetividad donde la disyunción sujeto/objeto colapsa.

Permanece como labor necesaria romper la tendencia de las sociedades metropolitanas que siguen formulando teorías universales sin vivir del otro lado de la línea del Ecuador, ignorando al Sur que sigue invisible, como lo fueron en algún tiempo las mujeres. Las epistemologías del sur son la alternativa efectiva en la empresa de descolonizar las ciencias sociales.

La crítica del paradigma dominante no ha finalizado, así se refirió Boaventura: "me parece mentira que la crítica del paradigma dominante está hecha. Lo que nos faltan son propuestas, lo que nos pasan son ideas nuevas [...] muchas veces nos quedamos satisfechos por toda la crítica muy grande que hacemos". En este sentido no puede abandonarse la empresa de la creación de nuevos conocimientos.

No todo radica en las cuestiones del episteme, también se trata según Boaventura de cuestiones de método: "Todas las metodologías de las epistemologías del sur no pueden ser extractivistas. Nuestras metodologías en las ciencias sociales son una forma de extractivismo, nosotros no reconocemos el conocimiento de nuestros informantes de las personas con quienes dialogamos, transformamos eso en materia prima para nuestro conocimiento. Hay que eliminar metodologías realmente dialógicas".

Estas epistemologías del sur vinculan una reinterpretación de la opresión y de la lucha, así los expresó De Sousa Santos: "Hay que hacer toda una fenomenología de lo que es un oprimido, ¿Dónde está el oprimido?, ¿Dónde está el opresor? No es tan fácil, porque sabemos que mucho oprimido es también opresor. Entonces necesitamos de mucho trabajo para determinar quién es el otro oprimido, ósea quien en una situación de poder está en la situación de igualdad e inferioridad de poder [...]. No hay víctimas en las epistemologías del sur, hay resistencias. El concepto de lucha es muy importante, pero lucha no quiere decir movimiento social [...] hay gente que lucha por fuera de ese paradigma, quizás lucha colectivamente o lucha individualmente, pero está siempre contestando a un orden injusto, no está resignada, puede estar financiada, pero no está resignada".

Un nuevo episteme, nuevos métodos y una nueva Universidad se suma a la propuesta de Boaventura de Sousa Santos quien manifestó: "Hay que hacer otra Universidad. Hay que hacer una extensión al revés, no es traer o llevar la Universidad para afuera, hay que traer lo que está afuera para dentro". Una Universidad fundamentada en la ecología de los saberes, polifónica, que fundamente la ecología de las productividades y de los tiempos, con profundas relaciones con los movimientos sociales y sus luchas, capaz de establecer un nuevo ethos de escucha profunda en las Ciencias Sociales.

 

Lecturas del neoliberalismo en América Latina y alternativas de resistencia

 

La profesora Laura Tavares Soares, en el taller referido anteriormente, proporcionó algunas de las características que siguen decantándose del proyecto económico neoliberal implantado en América Latina: desfase entre calificación y posibilidades de empleo, culpabilización de la condición de pobres a las víctimas de la pobreza, persistencia de la desigualdad y distribución territorial de la misma, estructuras de recaudación regresivas, persecución e ilegalización de los sectores populares.

De la misma manera Juan Carlos Monedero, en su conferencia magistral: "Retos de las democracias en revolución y de las revoluciones en democracia" manifestó: "El éxito central del neoliberalismo es habernos convencido de que no había otra alternativa [...] El neoliberalismo nos ha derrotado porque al mismo tiempo que diagnóstico fue una terapia. Consiguió al mismo tiempo, en un mismo paquete, hacer un análisis y aportar la solución". Una de las características típicas del sistema se encuentra en el hecho de que nos ha hecho que desviemos la atención del dolor, nos ha vuelto insensibles por lo que toda potencial acción queda inmovilizada.

Según Monedero, en el sistema neoliberal delegamos la política, nos acostumbramos a que otros la ejerzan por nosotros. En la misma medida nos acostumbramos a delegar las soluciones a los expertos que intentaran solucionarlas de manera técnica, sin reparar en que muchos problemas requieren soluciones políticas. El modelo también nos ha anclado al presente, no debemos mirar hacía el pasado.

Las transformaciones sociales capaces de derrotar al neoliberalismo requieren, según el académico español, de la ecuación: doler, saber, querer, poder y hacer. Primero debemos sentir el dolor, luego hay que transformarlo en conocimiento, después interviene la voluntad que viabiliza la reacción, luego las asociaciones en busca del poder y por último sobreviene la acción misma. La ecuación implica el tránsito de un momento destituyente donde se impugna lo que existe, se cuestionan legitimidades, se fisura el poder a un momento instituyente donde se implementan las transformaciones.

Josefina Morales, representante de la Universidad Nacional Autónoma de México, tipificó la situación de su país en el panel "Pobreza y neoliberalismo en América Latina: tensiones y desafíos". Actualmente las formas de reproducción y acumulación del capital no generan empleo, el salario mínimo de México sigue siendo uno de los más bajos de América Latina, más de dos terceras partes del empleo en el país es precario, sin seguridad social. Los tratados de libre comercio, así como las recomposiciones del Estado que se privatiza. parecen haber ayudado poco en México. De acuerdo a Morales: "A veinte años del TLC con los EEUU ha habido una reestructuración productiva, pero también una recomposición social de clases, sobre todo una recomposición de la oligarquía y una recomposición del Estado [...] A partir de las privatizaciones que se convierten en desnacionalizaciones lo que encontramos es esta poderosa oligarquía que concentra la riqueza social, que a través de la explotación y de la desestructuración del Estado, del acabar con las políticas sociales, genera los pobres".

 

 

Las formas de reproducción y acumulación de capital vigentes en México están generando el crecimiento de la pobreza, la concentración del ingreso y la precarización del empleo. A lo anterior se suman políticas gubernamentales deficientes que son incapaces de contener el incremento de los pobres, de modificar la estructura de tributación del país, que es una de las peores de América Latina al recaudar solo el 11 por ciento del PIB. Situación bastante similar a la de países como Colombia en Sudamérica.

Éstas similares situaciones, generadas por el neoliberalismo en América Latina, según la nombrada académica Carolina Jiménez, siguen exigiendo el surgimiento alternativas en sus ámbitos de incidencia: "Construir alternativas anti capitalistas pasa por pensar el problema espacial, es decir, pasan por pensar la necesidad de construir nuevas geografías del espacio que rompan las estructuras de injusticias territoriales que se han acentuado con fuerza en la región y que requieren ser superadas. Esa organización del espacio tiene que reconocer la multiplicidad de formas de organizar el espacio, no solo una única forma dominante".

Luis Rojas Villagra del Base – Is de Paraguay, coparticipe del panel de "Pobreza y neoliberalismo en América Latina: tensiones y desafíos", basado en la experiencia paraguaya consideró que una de las claves de las medidas para revertir tales situaciones está vinculada con una accionar más activo de las organizaciones sociales, con movilizaciones capaces de ejercer presión a través de la expresión del descontento con el estado de cosas configurados en su país, que es uno de los de la región que más concentra la tierra y los ingresos.

 

Universidades, políticas de medición de la calidad de la educación

 

Alejandro Dávila Olaya fue el único funcionario de Colciencias enviado a la VII conferencia de la Clacso. Asistió precisamente a uno de los encuentros que menos favorecía a su institución, el "Coloquio políticas universitarias en América Latina: Entre los rankings y la democratización". Recibió duras críticas por los parámetros de medición que para las Ciencias Sociales fundamenta Colciencias, así como por el poco interés del Gobierno por asegurar su financiación. Un par de días después Pablo Gentili, Secretario Ejecutivo de la Clacso, se referiría en los siguientes términos al asunto: "Nosotros creemos que hay una falta de apoyo, de respeto y de compromiso del gobierno colombiano con las Ciencias Sociales. La Asamblea general de la Clacso se posicionó ante esto e hizo una declaración pública y también queremos aclarar que aunque nos hubieran dado diez millones de dólares estaríamos diciendo esto mismo en esta Conferencia [...]".

Dora Barrancos, directora del Área de Ciencias Sociales y Humanidades del Conicet de Argentina, participe junto a Dávila Olaya del coloquio de políticas universitarias, presentó su opinión respecto a los medidores de la educación. Según su discurso estas mediciones avanzan de acuerdo al sistema de mercado en que se inscribe la educación. No hacen mucho que más que jerarquizar de manera parcializada los centros de conocimiento de acuerdo a parámetros que favorecen una concepción de educación sistémica.

Propone cuatro alternativas: 1. "Es necesario medir qué recursos tiene la Universidad y cómo los ha utilizado, porque así nos vamos a dar cuenta de que algunas universidades privadas tienen un desperdicio extraordinario. 2. Productividad no quiere decir escribir papers. En la vida docente, nuestro invento más fragoroso de la década neoliberal fueron los incentivos. Terrible esquema, porque es zanahoria permanente ¿Por qué tiene que obligarse a un docente a escribir al mismo tiempo papers, si en realidad lo que tiene que hacer es ser un buen docente frente a su curso y actualizarse? [...]. ¿Por qué le vamos a obligar a todos los docentes a ser paperistas? 3. Cuánto derrama socialmente cada Universidad. Tenemos que poder mesurar, pero al mismo tiempo medir, cuanto estimuló a una comunidad a empinarse, cuanto ha trabajado para mejorar un sistema tecnológico relativo al sistema de agua, ¿Qué adaptaciones a las tecnologías tiene una comunidad derivadas del trabajo de la Universidad? 4. ¿Qué tanto hace por la equidad la Universidad? ¿Qué tanto incorpora alumnos? ¿Qué tanto facilita con cuotas a los menos favorecidos? Necesitamos medidas de acción positiva para la población africana, para la población indígena".

 

 

Gabriela Diker, rectora de la Universidad Nacional General Sarmiento de Argentina, quien participó en el panel junto a Dora Barrancos y Alejandro Dávila Olaya, se cuestionó fuertemente acerca de qué es lo que se está midiendo cuando medimos bajo estos sistemas y qué significa para las universidades vivir bajo estos sistemas evaluativos. Para Barranco: "Los sistemas de evaluación transforman la manera en que los profesores e investigadores hacemos las cosas, en este sentido no solo mide, sino que produce un modo de vida académica [...]".

Además de ello, según Diker, es poco lo que pueden asegurar los sistemas de evaluación: "Quiero decir, hoy el éxito en los sistemas de medición y evaluación universitaria no necesariamente están asociados a algo que si me permiten, para decirlo rápido, podríamos llamar el prestigio académico. Se puede ser un investigador muy bien rankeado, en un sistema de evaluación científica, se pueden superar con éxito todos estos parámetros, pero se puede no gozar de ningún prestigio entre los pares, no haberle hecho pensar nada a nadie [...]. Esta clasificación y jerarquización del trabajo académico se produce a través de la introducción de normas homogéneas de formas de producción, de productividad incluso, etcétera, que se introducen en un territorio básicamente heterogéneo y diverso como es el campo académico. Se introducen criterios de estratificación y jerarquización homogéneos".

A pesar de ello, aunque no nos gusten, dos cosas tenemos que tener en cuenta sobre los sistemas de evaluación, según la Rectora argentina. "Así y todo, con todos sus problemas, quiero decir que las formas actuales de evaluación democratizan en algún sentido el acceso a posiciones de autoridad dentro de un campo de conocimiento [...] los sistemas evaluativos permiten un acceso al campo académico que no requiere solo, ni principalmente capital social [...] la evaluación es una práctica de la que no podemos ni debemos sustraernos [...] por lo menos por dos razones: 1. los múltiples círculos evaluativos cierran todo sobre sí mismo, para obtener un financiamiento para hacer una investigación parte de un sistema de acreditación de investigadores, para lo cual se deben haber superado una serie de evaluaciones [...] 2. El valor social de las credenciales que emitimos las universidades, de los títulos que emiten las universidades, depende en buena medida de que nuestras universidades superen con éxito estas evaluaciones [...]".

 

Paz en Colombia

 

Indudablemente, uno de los temas álgidos del debate. En la conferencia de cierre de este evento de la Clacso, el juez español Baltazar Garzón señaló que Colombia vive un momento impresionante, son años en los que finalmente se ha puesto sobre la mesa, de forma definitiva, un procedimiento de negociación que puede y debe desembocar en un proceso de paz sin precedentes en la historia de la humanidad, pues nunca se había dado el caso en el que las conversaciones y los acuerdos estuvieran siendo pactados en medio de la confrontación que aún no cesa.

Sobre el proceso de paz en Colombia se refirió a que solo tiene sentido si es un proceso participativo, informado, si hay una pedagogía sobre lo que está aconteciendo y sobre todo si las víctimas tienen participación en el mismo. Esa es la explicación que hay que traducir a la sociedad para que ella se sienta parte de este proceso. Algunos debates, algunas afirmaciones, algunos programas políticos y algunos líderes políticos colombianos no van en ese sentido, van en el sentido de la negación.

 "quieren la paz para otra cosa, esa otra cosa es realmente la dignidad y el respeto, la interculturalidad y el derecho a la tierra, al territorio, son los derechos de la pacha mama, es otra cosa que no simplemente un conflicto político que se puede resolver en La Habana, pero la paz se construye acá".xxx 

El conflicto armado en Colombia sigue teniendo amigos, en palabras del juez español: "Yo creo que detrás del conflicto armado se han ocultado muchas otras injusticias, muchos otros intereses, entre ellos está el de quienes no quieren que el conflicto termine. Hay quien vive mucho mejor con una violencia más o menos definida, que con una lucha efectiva contra la violencia institucional, no estableciendo la relación entre una y otra, y cuál es la relación entre unos estándares de derechos humanos que no se respetan o unos defensores que son identificados como izquierdistas, gentes de mal vivir, gente que no se acomoda a lo que es, porque en definitiva esa situación les beneficia".

Para llevar a cabo una salida exitosa del conflicto colombiano, Baltazar Garzón propone justicia, educación y desarrollo sostenible. Sobre la justicia se refirió en los siguientes términos: "Es absolutamente necesario que el paradigma de una justicia social, de una justicia democrática, cale en los estamentos oficiales excesivamente burocratizados de la justicia de modo que realmente ésta represente lo que constitucionalmente significa, que es la institución del Estado que debe proteger los derechos de los ciudadanos [...]. Si no establecemos unos mecanismos, una transparencia en la ejecución, si no hay una gestión que sea efectiva, si no hay una agilidad, si la justicia no es igual para todos, si hay una categoría de justicia para quienes más tienen y de otra normalmente de peor calidad para quienes menos tienen, no estamos avanzando, no va a ser creíble ninguna posibilidad de que este proceso social y político en el que nos encontramos llegue a buen término"·

Debe educarse a la población para la paz, Garzón señaló: "La cuestión de la legitimación de este proceso es fundamental, para que haya legitimación tenemos que saber, para saber nos tienen que mostrar, nos tienen que indicar los parámetros, los lineamientos, que es lo que se está haciendo, tiene que haber esa confianza hacia los ciudadanos con una pedagogía que nos haga comprender que estamos debatiendo y en qué contexto estamos haciéndolo".

Boavetura de Sousa Santos, quien cerró con broche de oro la VII Conferencia, se mostró en desacuerdo con el juez español en cuanto a la cuestión del desarrollo sostenible en Colombia para enfrentar los desafíos del post conflicto. Para el teórico portugués el desarrollo tiene muchos adjetivos, entre los que se encuentra el de sostenible, pero debe entenderse el desarrollo como capitalismo y lo que realmente necesita Colombia es una alternativa al mismo.

En la actualidad, según Boaventura de Sousa: "Colombia está en una voluntad política de llegar a la paz, una paz que tiene que ser negociada, una paz que no puede poner todas sus expectativas en la justicia transicional". Los recientes intentos por poner bajo cerco a la justicia indígena en Colombia no responden de manera precisa a la voluntad de paz gubernamental. Los pueblos y las comunidades quieren la paz no para desafiar la justicia tradicional sino, en palabras del académico portugués: "quieren la paz para otra cosa, esa otra cosa es realmente la dignidad y el respeto, la interculturalidad y el derecho a la tierra, al territorio, son los derechos de la pacha mama, es otra cosa que no simplemente un conflicto político que se puede resolver en La Habana, pero la paz se construye acá".

Aunque sea difícil la paz es necesario perseverar en alcanzarla, pero escuchando la voz de las clases populares que están advirtiendo de los peligros del postconflicto. Así lo manifestó de Sousa Santos: "¿Por qué es tan difícil la paz? Las novísimas guerras ya no son tanto por identidad, ni mucho menos por legitimación, son por recursos naturales, es por eso que este país en el que hablamos tiene que mirar a las clases populares con mucha atención. Porque ellas, cuando hablan con nosotros, nos hablan de postconflicto, después de post acuerdo, porque un territorio libre de conflicto es un territorio libre para las multinacionales, la minería, etcétera. Por eso sale la guerra, entra la minería y entra la expulsión, y los indígenas y los campesinos tienen razón de preguntarse, ¿qué pasó? ¿por qué luchamos?, ¿por estos nuestros territorios?, ¿por la paz?

De esta manera quedan detallados algunos temas que resaltan como algunas de las contribuciones de la VII Conferencia de la Clacso a las sociedades latinoamericanas.

El desafío es grande y los vientos vienen cargados de incertidumbres y ansiedades por el futuro de nuestra Latinoamérica que convulsiona y oscila entre seguir adelante o detenerse, y quizás retroceder en lo avanzado. La sucesión de los años y de las luchas se encargarán de proporcionar las respuestas adecuadas en los momentos específicos. Sentir, pensar y luchar por construir un futuro mejor es la misión que debemos asumir.

 

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Publicado enColombia
Introducción al pensamiento científico de punta, hoy

 

Edición 2015. Formato: 11,5 x 17,5 cm, 106 páginas

P.V.P:$17.000   ISBN:978-958-8926-08-7

 

 

Reseña:

Los ritmos y el proceso de avance del conocimiento son, hoy por hoy, vertiginosos. Al mismo tiempo que emergen nuevas ciencias, disciplinas y programas de investigación, surgen también nuevas metodológias y problemas. Este libro busca poner al lector al orden del día en algunos de los apasionantes temas y problemas de la ciencia de punta que hoy encara el mundo. De la comprensión, ampliación y desarrollo de estas dinámicas depende, sin duda, la organización social del conocimiento, la propia organización de la sociedad y la comprensión del mundo y de la naturaleza. Al fin y al cabo, una de las tareas más difíciles del pensamiento consiste en anticipar el presente. Pues bien, este libro busca exactamente eso: anticiparlo, apropiándonos de algunas de las facetas más apasionantes de la investigación de punta contemporánea.

 

Carlos Eduardo Maldonado. Ph.D. en filosofía por la KU Leuven ( Bélgica); postdoctorados como Visiting Scholar, University of Pittsburgh, como Visiting Research Professor, The Catholic University of America, Washington, D.C, como Visiting Scholar, University of Cambridge ( Inglaterra). Doctor Honoris Causa, por la Universidad de Timisoara, Rumania. Profesor Titular, Universidad del Rosario ( Bogotá, Colombia), Facultad de Ciencia Política y Gobierno.

 


 

Índice

 

Introducción

I. De la pequeña a la gran ciencia

II. La cienciometría

III. Sociología del conocimiento

IV. Ciencia como análisis y como síntesis

V. Nuevas ciencias, nuevos programas

VI. El trabajo con la distinción de las clases de problemas

VII. Mapas de conocimiento, redes de investigación

VIII. Big data, big science.

IX. Ciencia como síntesis: ejemplos menos conocidos.

X. También en las ciencias sociales, humanas y las humanidades.

XI. Revolución científica, revolución social y cultural.

A manera de conclusión.

Addenda

Referencias bibliográficas.

 

 

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Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías (II)

La construcción de otro mundo en América Latina, acorde con Raúl Zibechi, se está llevando a cabo por medio de organizaciones no estadocéntricas ni jerarquizadas, que a veces ni siquiera tienen equipos permanentes de dirección y, en consecuencia, tienden a superar la burocracia, una forma tradicional, elemental y muy antigua de dominación. En estos nuevos modos de hacer, las mujeres y los jóvenes juegan un nuevo papel.


En un primer momento de crítica a los gobiernos progresistas, Zibechi identifica que, pese a las diferencias, todos los procesos tienen en común la continuidad del modelo extractivo, ya sea minería a cielo abierto, hidrocarburos o monocultivos. "En todos los casos se trata de la producción de commodities, el modo que hoy asume el neoliberalismo en la región", así como la expansión de políticas sociales que buscan neutralizar a los movimientos y amortiguar o impedir el conflicto. El mapa de los gobiernos progresistas y de izquierda habría que completarlo estableciendo una diferencia entre aquellos países en los que la acción social hizo entrar en crisis el sistema político, como Venezuela, Bolivia y Ecuador, y aquellos como Brasil y Uruguay, donde ha predominado la estabilidad, estando Argentina en una situación intermedia. Al interrogante sobre los principales peligros y beneficios que implica la llegada al gobierno de partidos progresistas, Zibechi hace un señalamiento, a mi juicio trascendente, y a partir de tres escenarios: Las relaciones interestatales, o sea, la cuestión de los gobiernos, la relación entre movimientos y estados, es decir, la cuestión de la emancipación y la relación entre el desarrollo y el buen vivir, esto es, el posdesarrollo. Si miramos la cuestión estatal, la existencia de gobiernos progresistas es muy positiva, porque en ellos se juega la relación con Estados Unidos y con las grandes multinacionales del norte, la crisis de la dominación imperialista que estos gobiernos acentúan. Pero, si observamos la cuestión de la emancipación o del desarrollo, estos gobiernos han representado un paso atrás. El problema es que hay fuerzas sociales y políticas que no pueden tener otro horizonte más que ser gobierno, que convertirse en administradores del Estado.


En la especificidad de América Latina, Zibechi destaca que por un lado tenemos una sociedad oficial, hegemónica, de herencia colonial, con sus instituciones, sus modos de hacer, su justicia y todo eso. Por otro, hay otra sociedad que puede estar afincada en las remotas áreas rurales y se organiza en comunidades y también en las amplias periferias urbanas; que tiene otros modos y formas de organizarse; que tiene su propia justicia, sus formas de producción y toda una organización para tomar decisiones paralelas o al margen de la establecida. Nuestro autor sostiene que la práctica indígena cuestiona las concepciones revolucionarias occidentales en varios aspectos y denuncia que sólo lo estadocéntricos es teorizable, coincidiendo con autores como Leopoldo Mármora, quien a mediados de los años ochenta hacía notar las raíces eurocéntricas del marxismo en el tratamiento de la cuestión nacional y en el concepto de pueblos sin historia. "Hay varios temas que el movimiento indio pone sobre la mesa. El primero es su concepción del tiempo, la relación presente-pasado. El segundo es la idea de cambio social o revolución, el Pachakutik... El tercero se relaciona con el racionalismo y con la relación entre medio y fines, que involucra las ideas de estrategia y táctica, así como la cuestión del programa y del plan". En todos estos temas y procesos, el papel del intelectual es importante. Zibechi rehúsa definirse como intelectual, aun en los términos en los que los plateaba Lenin e incluso Gramsci, y prefiere ser llamado activista/militante y pensador/educador, que en todo caso no deja de ser intelectual. Sostiene, acertadamente, que muchas de las ideas de quienes trabajamos en los movimientos son patrimonio de mucha gente. "Si el centro es la gente en movimiento, entonces el intelectual tiende a ser uno más en el movimiento... Por eso los intelectuales también nos debemos poner en movimiento y movernos del lugar ese de estar por encima de la gente".


Zibechi considera que los movimientos antisistémicos autonómicos comenzaron una nueva era de las luchas sociales o de clases que está en sus primeras fases. Esta nueva era es la de la autoconstrucción de un mundo, sin necesidad de pasar por la toma del poder estatal, concentrándose en los territorios donde se construyen estos nuevos mundos. El caso más evidente es el de los caracoles zapatistas, donde se han construido formas de poder supracomunitario, como las Juntas de Buen Gobierno que reúnen a cientos de comunidades cada uno (aunque el confederalismo en el Kurdistán muestra también una experiencia inédita en esta conflictiva región del mundo). La experiencia zapatista –afirma Zibechi– es un logro histórico que nunca antes había existido en las luchas de los de abajo, exceptuando los 69 días que duró la Comuna de París y los breves tiempos de los soviets antes de la reconstrucción estatal estalinista.


La reaparición del EZLN, acorde a Zibechi, combina posiciones históricas (entre las que habría que destacar el rechazo al escenario electoral y a la construcción de organizaciones homogéneas y centralizadas) con nuevos desarrollos que implican una relación diferente con sus bases de apoyo fuera de Chiapas y, sobre todo, un modo novedoso de intervención en los sectores populares, consistente en mostrar lo que han sido capaces de construir que, en realidad, es enseñar un camino propio y diferente para transformar el mundo.


A juicio de nuestro autor, el discurso zapatista recupera la tradición de resistencia anticolonial defendida por Frantz Fanon, quien destaca la existencia de dos zonas, la del opresor y la del oprimido, los de arriba y los de abajo. Asimismo, Zibechi distingue al zapatismo de otros movimientos a partir de la autonomía integral, que los lleva a rechazar subvenciones y políticas sociales del gobierno; la construcción de órganos de poder en tres niveles, diferentes a las formas de poder estatales, inspirados en la comunidad; ser un movimiento de jóvenes y de mujeres, y ser consecuentemente anticapitalistas.

 

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Descolonizar el pensamiento crítico y las rebeldías/I

Publicado enPolítica
Incidir en políticas públicas, tarea de la universidad en AL: rectores

Para enfrentar el siglo XXI, la universidad latinoamericana no puede dejar de lado una característica que le es inherente: su compromiso social, coinciden rectores de algunas de las universidades más importantes de la región, como la Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles; de Buenos Aires (UBA), Alberto Barbieri; de Sao Paulo (USP), Marco Antonio Zago, y de Chile (UCh), Ennio Vivaldi.


Durante el coloquio internacional ¿Hacia dónde va la universidad en el siglo XXI?, que se efectúa en la UNAM, Narro Robles enfatizó que para enfrentar los retos de este siglo, las instituciones públicas de la región no sólo deben enfocar su investigación a las áreas productivas, sino seguir con la tradición de impulsar las ciencias básicas y sociales, así como las humanidades y las artes, algo fundamental que necesitan las personas.


Las tres funciones sustantivas de la universidad, dijo, deben seguir siendo la base de las casas de estudios superiores de América Latina, pero al mismo tiempo deben incidir en las decisiones de políticas públicas mediante análisis de problemas, como exclusión, desigualdad, pobreza, violencia, corrupción e inseguridad, entre otros, y con ello plantear alternativas de solución.


Ante ello, planteó cinco retos para la universidad latinoamericana a fin de enfrentar este siglo: ampliar la cobertura, ya que en la región sólo 45 por ciento de los jóvenes en edad de asistir a la universidad pueden hacerlo, cifra lejana al mínimo de los países desarrollados, que es de 70 por ciento.


Además de mantener e incrementar la calidad de la formación; consolidar la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación; promover estrategias para que los Estados se den cuenta de la importancia de invertir en la educación, particularmente en la superior, a fin de que los financiamientos públicos sean cada vez mayores, e incrementar y concretar la cooperación internacional entre las casas de estudios para que se dé el intercambio de conocimientos y la movilidad académica y estudiantil.


Por su parte, Barbieri afirmó que las universidades latinoamericanas no pueden renunciar a sus tres actividades fundamentales: docencia, investigación y difusión de la cultura, las cuales deben responder a las necesidades sociales.
Destacó que para poder mirar el futuro, las universidades deben analizar qué fue del pasado y reflexionar en torno al presente, en lo que coincidió con su par de la UNAM: El pilar de la universidad latinoamericana es nuestro compromiso social.


El rector de la casa de estudios más grande de Argentina, con más de 380 mil estudiantes de grado y posgrado, subrayó que los gobiernos deben entender que la educación no es un gasto, sino un interés social.


Para el rector de la Universidad de Sao Paulo, a las actividades sustantivas de las casas de estudio públicas (docencia, investigación y extensión) debe sumarse una nueva misión: la transferencia del conocimiento hacia los sectores público y privado. Esto, apuntó, generará enlaces con la sociedad y vinculará las instituciones con su comunidad.


Asimismo, señaló, se debe impulsar mayor cooperación entre las universidades del continente para que, lejos de competir, se enriquezcan unas a otras. En el mundo actual serán más relevantes a medida que se concentren entre sí.
Su homólogo de la UCh planteó que las instituciones públicas de educación superior deben tener una conjunción entre la excelencia académica y de investigación, y compromiso social.


Criticó que en Chile el esquema universitario sea preferentemente privado, con lo que se ha generado un endeudamiento por varios años de los estudiantes, por lo que planteó un cambio de paradigma: En lugar de llevar los valores del mercado a la universidad, debemos llevar los valores de la universidad a la sociedad"

Publicado enCultura
Miércoles, 05 Agosto 2015 08:39

El mundo de las lógicas no–clásicas

El mundo de las lógicas no–clásicas

Las lógicas no–clásicas, dicho de manera general, introducen otros mundos. Todo el trabajo en complejidad y en lógicas no–clásicas no es otro que mostrarle a gente que vive el mundo en el día a día que otros mundos son posibles, e incluso necesarios.

 

Las lógicas no–clásicas están conformadas por un grupo que incluye a la lógica modal, la lógica multimodal, la lógica de contrafácticos, la lógica libre, la lógica abductiva, la lógica de fibras, la lógica híbrida, la lógica deóntica, la lógica de la demostrabilidad, la lógica condicional, la lógica alética (o de la verdad), la lógica doxástica (o de la opinión), la lógica epistémica, la lógica dinámica, la lógica del tiempo, la lógica difusa, la lógica polivalente, la lógica cuántica, la lógica paraconsistente, la lógica de la interpretación, la lógica de probabilidades, entre otras. La lista aquí no pretende ser exhaustiva, pero se trata de un capítulo apasionante del conocimiento reciente y en continuo crecimiento y desarrollo.


De manera general, las lógicas no–clásicas niegan el principio de tercero excluido; o bien, no se preocupan por el principio de contradicción, no pretenden resolver las contradicciones a como de lugar (como es el caso, por ejemplo, de la llamada lógica dialéctica, de origen hegeliano o marxista); hay lógicas que son esencialmente relativistas, en el sentido preciso de la teoría de la relatividad de Einstein, y hay lógicas también —como la de contrafácticos—, que a fin de comprender mejor, y no por vía de inferencias directas, se dan a la tarea de negar los hechos mismos y considerar, en el mejor ejemplo de una variación imaginaria, qué habría sucedido si la negación de los hechos hubiera sido efectivamente real. Con ello, se trata de lógicas de mundos posibles y no ya únicamente del mundo real, ahí afuera/al frente. Hay lógicas que se ocupan de establecer si lo que sabemos del universo microscópico se corresponde o no con lo que sabemos del universo macroscópico. Esto, para las ciencias sociales, es fundamental, dado que la casi totalidad de los fenómenos de que se ocupan las ciencias sociales y humanas son esencialmente macroscópicos. A la fecha, las ciencias sociales prácticamente son ciegas, sordas y mudas ante el universo microscópico, que, para decirlo de manera genérica, es el universo cuántico (y subcuántico).


De la misma manera, hay lógicas no–clásicas que reconocen abiertamente el papel del tiempo y saben así que el tiempo altera el valor de verdad o de falsedad de una proposición o un enunciado. Esto es, que es imposible hacer ciencia al margen del tiempo o considerándolo, acaso, como una variable (más). Existen, asimismo, lógicas no–clásicas que admiten y trabajan con numerosos e incluso infinitos valores de verdad y no ya únicamente con un sistema dual o binario, como la lógica formal clásica. En este sentido, las verdades del mundo no se reducen a verdadero o falso, sino, por el contrario, abren el abanico a múltiples, incluso infinitos valores. Se trata de las lógicas polivalentes, las cuales ponen abiertamente de manifiesto que no existe una única verdad, sino que, por el contrario, y mucho mejor, existen siempre numerosas versiones de lo que sea "verdad". En cualquier caso, es fundamental advertirlo, las lógicas polivalentes no son relativistas en el sentido de que cualquier verdad dé lo mismo (que otra(s)).

Al mismo tiempo, existen lógicas refinadas que admiten prácticamente cualquier variedad de valores entre la verdad total y el error total, y que sentaron las bases de toda la tecnología contemporánea; son la lógica difusa. Hay lógicas que son, absolutamente, el fundamento de todas las tecnologías de punta en cualquier plano que se quiera considerar, desde la cotidianeidad más inmediata hasta los más sofisticados aparatos utilizados solo por técnicos o científicos con la más alta y especializada educación. Hay lógicas que no le temen a las contradicciones y que no quieren resolverlas entonces a como de lugar, sino, por el contrario, que admiten y trabajan con vacíos lógicos. Hay lógicas, igualmente, que reconocen el cambio en cualquier modo y circunstancia, cuando acontece y trabajan de manera activa con el mismo; se trata de lógicas que, filosóficamente, pueden ser dichas como propiamente heraclíteas.


Hay lógicas no–clásicas que reconocen las cosas, el mundo, la naturaleza y la sociedad y admiten múltiples variaciones, grados y matices, los cuales se conocen técnicamente como "modos"; son la lógica modal y las lógicas multimodales, las cuales echan por la borda, por así decirlo, como se aprecia, una versión clásica, ortodoxa y oficial de la historia y el mundo, versión que sostiene que la cultura y la naturaleza admiten de un único modo de ser y existir o, a lo sumo, de unas pocas variantes, todas las cuales están en función de establecer lo que es, lo que hay, lo que acontece.


De manera significativa, hay lógicas no–clásicas que abiertamente reconocen lo importante de los contextos para establecer la verdad de un enunciado, como la lógica de la relevancia, de suerte que una proposición no es cierta en abstracto, sino con la mediación del contexto o el marco en el que, o bien surge el tema en consideración, o bien se trata el fenómeno en cuestión. Tanto, como decir que hay lógicas que abiertamente ponen en el foco la importancia y la particularidad misma del sujeto cognoscente. Mucho mejor aún, hay lógicas que admiten el reconocimiento explícito de que el decurso de los fenómenos es determinante en el modo de verdad o de falsedad de un enunciado, y ningún enunciado existe como tal al margen o por fuera de dichos devenires, avatares y dinámicas.


Estas y otras características pueden sintetizarse mediante los siguientes reconocimientos, que marcan un contraste absolutamente determinante con respecto a la lógica formal clásica y todo lo que alguna vez se consideró en la historia que era la lógica:


• No existe una única verdad lógica.

• Son posibles, lógicamente hablando, diversos mundos.

• La semántica de las lógicas no–clásicas es la semántica de mundos posibles.
• Existen diversos sistemas alternativos de notación.
• Son posibles múltiples sistemas deductivos, y multideductivos.
• Las lógicas no–clásicas son lógicas no–monotónicas.

Esto significa lo siguiente: el trabajo que hacemos en complejidad consiste en introducirle al mundo y la sociedad, a la naturaleza y al conocimiento aquello que ellos no tienen: posibilidades. Así, mientras que la semántica de la lógica formal clásica es la semántica del mundo real, o bien del mundo en general (überhaupt), las lógicas no–clásicas, en perfecta consonancia con el mejor espíritu de las ciencias de la complejidad, consisten en comprender que lo real es tan solo un modo de un universo más amplio que lo comprende y lo hace posible: el universo de lo posible. (Esta idea, traducida al mundo de la ética, la política y la cultura tiene consecuencias y alcances hermosos que jamás habían sido considerados en la historia de Occidente. Y con ello, al mismo tiempo, se trata de alcances y consecuencias explosivos, por así decirlo).


De manera significativa, las lógicas no–clásicas se caracterizan porque reconocen y admiten que nueva información puede alterar o modificar información o verdades previamente adquiridas. En contraste, la lógica formal clásica es, en rigor, una lógica que conduce directa e inmediata al fundamentalismo, uno de cuyos pilares es la idea y el citado de un mito fundacional. En otras palabras, las lógicas no–clásicas son lógicas de sistemas que aprenden y se adaptan, con el reconocimiento explícito de lo siguiente: en la naturaleza como en la sociedad, en la historia como en la cultura hay personas, organizaciones e incluso instituciones que no aprenden; no aprenden y no se adaptan. Se trata, literalmente, de sistemas que se han convertido en realidades físicas, no vivas, orgánicas. Estos se erigen en verdaderos obstáculos para el cambio —en el mundo o la naturaleza, en la sociedad o la cultura.


Ahora bien, reconocer que existen múltiples verdades, no una única verdad, en absoluto debe ser interpretado como una apología al relativismo. En otras palabras, reconocer que existen más de una verdad, no es equivalente a sostener que cualquier verdad de lo mismo. Como sabemos, un sistema complejo es esencialmente irreductible. O bien, para decirlo de manera lapidaria, no hemos perdido las verdades que alguna vez alcanzamos en la historia de la humanidad; además, hemos aprendido la incertidumbre, hemos aprendido la pluralidad de sistemas de verdad; en fin, hemos aprendido la complejidad del mundo y la naturaleza. En cualquier caso, es evidente que el mundo y la cultura están constituidos por sistemas que admiten, en numerosas ocasiones, más de una verdad. La literatura —en contraste con la lógica formal clásica y con la historia clásica de la filosofía, por ejemplo— sí sabe ya sobre esto hace tiempo. R. Akutagawa escribió en 1915 un cuento —incluido en una colección de otros cuentos: Rashomon, sobre el cual A. Kurosawa realizó en 1950 una película maravillosa—, que justamente pone de manifiesto la polivalencia de "verdad". Se trata de cuatro versiones, igualmente razonables, igualmente coherentes, de una situación de vejamen contra una mujer. Otros ejemplos literarios o en poesía pueden mencionarse sin dificultad.


Gracias a las lógicas no–clásicas son posibles otros mundos —lógicamente hablando—. La manera más expedita de mostrar esto es mediante la gramática y el uso de modos gramaticales, así, como es sabido, existe el modo del indicativo. El modo del indicativo incluye tiempos como el pasado del indicativo, el futuro del indicativo, el pluscuamperfecto del indicativo y otros. Literalmente, el modo del indicativo se refiere al mundo y a las cosas que, literalmente, están ahí. Se trata del ser–a–la–mano, si se quiere, en el lenguaje de Heidegger. Filosóficamente dicho, el modo del indicativo se refiere al ser: el ser que es, que está ahí; y sociológica o políticamente, se trata, sin dudas, de las instituciones y del statu quo. Lo que está ahí y es imposible que no esté ahí. Es, sin más, el principium realitatis, con sus diversas expresiones y traducciones: en política como en el sexo, en economía y en los deportes, en religión o en sociología, entre varios otros.


Ello, no obstante, existen, al mismo tiempo, otros modos gramaticales, por ejemplo, el modo del condicional o el modo del subjuntivo, que lo que hacen es introducirle variaciones al modo del indicativo. En lugar de tratar con el mundo que está ahí, se le introducen condiciones que lo alteran sustancialmente: Y si... (tal o cual cosa – fuera o fuese el caso...).


Es decir, y si las cosas que son así y que están ahí, por ejemplo, fueran de otra manera; y si les sucediera que tal o cual cosa; si, incluso, no fuera el caso que fueran del modo como habitualmente se ha dicho que han sido y que son. Estas y otras consideraciones introducen otro(s) mundo(s) que no es/son congruente(s), matemáticamente hablando, con el mundo del modo del indicativo.


De la misma manera, existe el modo del subjuntivo —usualmente empleado en español, sobre todo por el gremio de los abogados y juristas—, el cual le introduce otra clase de modificaciones al mundo del modo del indicativo. Notablemente, el modo del subjuntivo trabaja con los escenarios en los que el lenguaje se expresa de la forma: "si X fuese el caso..."; "si Y estuviere...", y así sucesivamente. El subjuntivo considera un mundo perfectamente distinto de aquel que se señala con el dedo sencillamente y que se da por dado. En otras palabras, el modo del indicativo se refiere al mundo y a la realidad que van de suyo, en tanto que los modos del condicional y del subjuntivo admiten otras posibilidades, otras probabilidades que las simplemente dadas como evidentes.


Culturalmente, digamos la mayoría de la gente vive —y siempre ha vivido— en el modo del indicativo. Pues bien, es justamente para ellos que, para decirlo en otras palabras, es preciso abrir otros mundos que el que ya conocen y aceptan como un hecho sin más. Las lógicas no–clásicas, dicho de manera general, introducen otros mundos. Todo el trabajo en complejidad y en lógicas no–clásicas no es otro, para decirlo lapidariamente, que mostrarle a gente que vive el mundo en el día a día que otros mundos son posibles, e incluso necesarios. No escapa a la mirada sensible una profunda carga cultural, epistemológica y política en esta idea. Pues bien, ello es posible gracias a las lógicas no–clásicas. Un panorama sugestivo.

Domingo, 26 Abril 2015 06:19

Pensamiento ambiental latinoamericano

Pensamiento ambiental latinoamericano

En un capítulo introductorio de un libro recién publicado por la CLACSO he propuesto, junto con el economista argentino Héctor Sejenovich y el historiador holandés Michiel Baud, la siguiente lista de rasgos propios del ambientalismo o ecologismo latinoamericano. Los presentamos para discusión pública. Son los señalados a continuación, que en parte coinciden y en parte divergen de los de otros continentes.


A) La conciencia del desastre demográfico tras la conquista y, por tanto, un rechazo generalizado hacia el enfoque malthusiano sobre el problema de la sobrepoblación. Es cierto que América Latina (con excepciones como El Salvador o Haití) es un continente de menor densidad de población que varios países europeos o que India o Bangladesh.


B) Un orgullo agroecológico presente especialmente en Mesoamérica y los Andes (y ausente en Estados Unidos), con personalidades de primera fila internacional como Hernández Xolocotzi, Gómez Pompa, Víctor Toledo, Miguel Altieri... América Latina es un centro de biodiversidad agrícola.


C) Una admiración compartida entre la ciencia europea y americana (desde 1800 con Alexander von Humboldt) por la gran riqueza biológica del continente en sus diversos ecosistemas, junto con programas de conservación desde el siglo XIX. En esos programas destacan grandes ecólogos latinoamericanos, como Jorge Morello en el estudio del Chaco y de la Pampa, Maximina Monasterio en el de los páramos andinos, y muchos otros. Existe un conservacionismo latinoamericano.


D) Una conciencia viva de la inequidad política y económica mundial y el consecuente saqueo de los recursos naturales de la región. Esta conciencia corre desde la explotación colonial hasta la época actual. Está bien simbolizada en la imagen de Las venas abiertas, introducida por Eduardo Galeano, y ha dado lugar a investigaciones recientes sobre el intercambio económico y ecológicamente desigual. Nunca ha sido tan grande la exportación barata de energía y materiales de América Latina como en los últimos años.


E) Desde la década de 1980 una creciente conflictividad socioambiental que dio lugar al ecologismo popular con redes de activistas (como OCMAL, Oilwatch y otras) denunciando la extracción de recursos naturales y la destrucción de bienes comunes. Este ecologismo de los pobres e indígenas sigue creciendo, y es víctima de violencia estatal o paraestatal y de procesos de criminalización. Lo mismo ocurre en otros continentes, especialmente en Asia, África y América Latina.


F) La vigencia de antiguas cosmovisiones indígenas, el culto a la Pachamama, reconocido en algunas Constituciones; el respeto por la naturaleza en cultos afroamericanos y las aportaciones de la Teología de la Liberación. También, en el plano cultural, la presencia de la ecología en la literatura, las músicas y el cine de los siglos XX y XXI.


G) En el plano oficial, el rechazo por los gobiernos latinoamericanos –desde Estocolmo, en 1972, en adelante– de la idea de límites al crecimiento, definiendo una agenda propia que propone distintos estilos de desarrollo, aunque aceptando finalmente un confuso desarrollo sostenible. En general, los gobiernos han visto el ecologismo o ambientalismo como idea foránea, del norte, que podría limitar el crecimiento económico. En Brasil, por ejemplo, se ha visto la defensa de la Amazonia bajo el lente de la soberanía nacional. Sin embargo, desde mediados de 1970 y por influencia de Ignacy Sachs (que era docente en París y viajó a México y a Brasil) se difundió la noción del ecodesarrollo, mucho antes de que triunfara la de desarrollo sostenible del informe Brundtland, en 1987.


H) Recientemente pugna por nacer un nuevo ecologismo político latinoamericano (que tal vez se podría llamar ecosocialismo) que se abre paso entre el neoliberalismo y el nacionalismo popular, recurriendo a conceptos como racionalidad ecológica productiva (que ha introducido Enrique Leff), la deuda ecológica y deuda climática que el norte tiene con el sur, la justicia hídrica, los derechos de la naturaleza, el postextractivismo, el postdesarrollismo y el buen vivir. Hay una pelea por interpretar algunos de estos términos, como buen vivir o sumak kawsay: ¿es al fin y al cabo otra forma de crecimiento económico o se trata de un pensamiento antiguo, que independiza el bienestar de las personas y de las comunidades del crecimiento económico?


Arturo Escobar y Gustavo Esteva han sido pensadores destacados del postdesarrollismo anteriores o paralelos a la discusión del decrecimiento o de la prosperidad sin crecimiento en Europa.


Algunos marxistas latinoamericanos, como Mariátegui, fueron agraristas, es decir, enfatizaron el papel de la naturaleza y su población humana dentro de los análisis de la estructura económica y apoyaron la continuación o restauración de las comunidades campesinas e indígenas que hoy son las que más protestan contra el extractivismo. Pero está todavía pendiente, realmente, la fusión del ecologismo popular con las antiguas izquierdas.

Publicado enMedio Ambiente
El humanismo que desestabiliza el poder de las iglesias

A la memoria de
Carlos Gaviria Díaz

Aunque parezca extraño, yo que me he debatido en aguas teológicas, que he sobrevivido en movedizos pantanos eclesiásticos y que he luchado desde las izquierdas cristianas, estoy rindiendo un tributo convencido de valoración y aprecio a la vida, el pensamiento, el compromiso, la coherencia y la radicalidad ética de Carlos Gaviria Díaz.

En un encuentro académico de hace unos tres años con el investigador chileno Patricio Rivas Herrera, en Medellín, él estaba convencido de que "los críticos, los disconformes, los revoltosos, los rebeldes han recorrido un camino que ya lleva siglos" y de que ésos, los esperanzados no conformes, "en sus formas más modernas se agruparon en disciplinados partidos que estallaron hacia el final del siglo XX". Rivas constataba que los disconformes vuelven a articularse disciplinadamente porque la rebeldía de muchos de ellos se había transformado "en un encierro"; y se habían encerrado, justamente, porque, aparentemente, "se habían resignado"**.

Carlos Gaviria es uno de los bastante escasos espíritus lúcidos colombianos que no se permitieron caer en la trampa del encierro, ni en la trampa de la resignada desesperanza, ni en la trampa de la fe acrítica en el sistema que nos regía y rige. Esa alerta militante lo movió a ensayar siempre nuevos y aventurados caminos. Podríamos tal vez decir que uno de sus más osados caminos fue el de haberse movido dentro del sistema, creyendo –como creía– que todo él estaba putrefacto e inoperante y de que debía ser revolucionariamente transformado. Tal vez sea ésa la característica de Gaviria Díaz que más lo perfile como un profeta laico del actuar político desde la perspectiva de las mayorías excluidas. Ésa y la de su alta coherencia entre pensamiento y acción, entre vida privada y pública.

Era un colombiano con probada salud ética, capaz de combinar su crítica a los espíritus sumisos conservando, al tiempo, la disposición para reconocer la dignidad y los plenos derechos de todos, incluidos los de los sumisos.

Siempre se profesó agnóstico pero, al mismo tiempo, nunca ni por motivo alguno, perseguidor de creyentes. Tuvo claridad meridiana, y así lo manifestó ante múltiples auditorios, de que para promover convivencialidad y constitucionalidad en Colombia, tendríamos que radicalizar la diferencia filosófica entre "razón privada" y "razón pública". De acuerdo con la razón privada, una persona o una familia, por ejemplo, podrían profesar, según él, confianza en apariciones de espíritus, de vírgenes y de santos y aún gobernar su vida de acuerdo con los que creían mensajes de la divinidad. Pero si esas personas, influidas en su vida privada por creencias derivadas de su razón privada, llegasen a encontrarse en tareas públicas como educar, administrar, gobernar, legislar, juzgar o controlar, no podrían en modo alguno hacer el ejercicio de lo público de acuerdo con esa su razón o lógica privada. Y tendrían el mandato ético no negociable de cumplir con su encargo público de acuerdo con la lógica o "razón pública" que corre, necesariamente, por caminos diferentes a los de la razón privada. Acorde con eso y como constitucionalista, nunca aprobó ni dio vía libre a la intromisión de la religión, de religión alguna, en los asuntos públicos. Esto se lo cobraron duro, injusta y arbitrariamente periodistas, políticos, legisladores, gobernantes, jueces, controladores y, sobre todo, jerarcas de las grandes iglesias y de pequeños movimientos de creyentes. Gaviria, con dignidad, pagó el costo de su coherencia ética pero jamás transigió con la mediocridad filosófica. ¡Hombre ético nuestro Carlos Gaviria Díaz como casi ningún dirigente religioso o político de Colombia se ha dignado ser! Fue un auténtico profeta laico cuya voz se elevó y se eleva, más que nunca, sobre nuestra Colombia tan enteramente degradada.

Por eso era un colombiano libre y libertario, hombre al que le cupieron en la cabeza, en el corazón, en el razonamiento y en la defensa constitucional, todas las diferencias humanas que puedan habitar a nuestra Colombia. Y la defensa, hasta poner su vida en la picota pública, de los plenos derechos de esos plurales rostros y de esas plurales formas de ser, sentir y existir los individuos y sus colectividades en Colombia. No puedo evitar en este punto, como lectura de cristiano, la comparación de este talante con el de quienes han liderado y lideran iglesias y congregaciones de creyentes a lo largo de la geografía y de la historia de Colombia; éstos suelen ser mezquinos y excluyentes por principio, ungidos para la excomunión y la discriminación, para la persecución y la amenaza, para la bendición de lo que produce males y muertes y para la condena de lo que puja por las libertades plenas; suelen ser palabra y gesto de estigma a lo que mancilla sus moralismos pacatos y a lo que se sale de sus normalizaciones patriarcales, confesionales, occidentales, monoteístas, ortodoxas y heterosexuales de la vida y las costumbres. Gaviria Díaz, como profeta laico –insistimos– fue y es una presencia que perfectamente debería desestabilizar los perversos ordenamientos del mundo impuestos y defendidos a fuego y sangre por las iglesias en Colombia.

Era de izquierda pero no de claustro y por eso supo zafarse a menudo, sin reatos de conciencia política, de los purismos doctrinarios y de las verticalidades disciplinarias de la izquierda que tanta división han provocado en el quehacer libertario del pensamiento crítico y rebelde de Colombia. Para Gaviria primó siempre la causa por sobre las disciplinas de partido. Y primó siempre la conciencia por sobre las conveniencias pragmáticas de los pactos políticos. Y primó la radicalidad filosófica por sobre el espíritu de lucro o ganancia personal. Y primó la vida, la vida de cada viviente humano de esta colombianidad maltrecha, por sobre las seguridades o el reconocimiento de méritos individuales.

¡Si los creyentes fueran como ese buen agnóstico! Si los creyentes católicos, cristianos, judíos, musulmanes, animistas, naturalistas de Colombia y sus jerarcas, guías, gurúes, sacerdotes o pastores fueran como este agnóstico y honrado filósofo que no se atrevía ni a afirmar ni a negar a Dios, estaríamos a las puertas de una transformadora revolución ética del vivir colombiano. Y se anunciaría un nuevo y buen vivir para todas las formas de la vida entre nosotros.

 

* Animador de Comunión sin fronteras, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** Rivas Herrera, Patricio. El sujeto disidente y la probabilidad de sus nuevas alegrías. Conferencia pronunciada ante la alianza de Maestras y Maestros gestores de nuevos caminos, Medellín, 2010.

Publicado enEdición Nº 212
El cerebro aún representa un enigma para la ciencia

Si el cuerpo humano fuese una orquesta filarmónica, sin duda al cerebro le correspondería el papel principal: el de director.
Se trata de un órgano fundamental del que depende prácticamente toda la actividad fisiológica, sensitiva, física y cognitiva de los individuos.


Su amplitud de capacidades nos lleva a pensar, soñar, amar, sentir, oler, movernos, dormir, degustar un platillo, sentir miedo, escuchar, procesar información y generar conocimiento, recordar, ver y hablar, entre muchas otras actividades.


Al iniciar los festejos por la Semana Internacional del Cerebro, en el Museo de las Ciencias Universum, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Julio Morán Andrade, investigador de la División de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de esa institución, señaló que la ciencia enfrenta grandes retos en el estudio de este órgano, fundamentalmente los relacionados con la forma en cómo actúa y funciona en los procesos de imaginación, creatividad, idealismos y pensamiento cognitivo.


Gobierna nuestras funciones


En entrevista con La Jornada durante esta conmemoración, el científico explicó que el cerebro, sumado al sistema nervioso central, es el centro de comando de toda una estructura muy compleja: el organismo vivo.


Gobierna nuestras funciones, que van desde lo más básico, como movernos, hasta procesos complejos como la integración de la información que recibimos cada día con las experiencias y que permiten que el individuo genere una personalidad o sea más o menos inteligente.


Es cierto, dijo Morán Andrade, que se ha avanzado en el estudio del cerebro en temas como las sensaciones, enfermedades mentales y neurodegenerativas, procesos de memoria-aprendizaje y su importancia en procesos como la respiración, la digestión o en el sistema cardiovascular.


Sin embargo, este órgano aún es un enigma para la ciencia: estamos muy lejos de entender siquiera cuál es la parte del cerebro relacionada con procesos complejos como la creatividad, la imaginación o la tenencia de ideales. Este es uno de los retos para las neurociencias, comentó.


Quizás, explicó, el aspecto complejo que más se ha logrado comprender es el de memoria-aprendizaje, en el que se ha identificado que el hipotálamo, sumando a la corteza, son las regiones cerebrales relacionadas con el almacenamiento y adquisición de información y su posterior uso para desempeñar las actividades cotidianas.


Al concluir las conferencias para celebrar la Semana Internacional del Cerebro, se realizó un recorrido por la sala dedicada a este director de orquesta que desde hace varios años se abrió en Universum.


Desde este espacio se trata de llevar a los visitantes hacia los lugares más recónditos de este órgano fundamental para la vida. Uno de los puntos centrales del recorrido tiene que ver con el pensamiento, al que se define como la capacidad mental para ordenar, dar sentido e interpretar la información disponible en el cerebro. Nos permite combinar la información de lo que percibimos, memorizamos y razonamos para formar nuevos conceptos o tomar decisiones ante un problema.


Otro de los complicados procesos del pensamiento que se logran, gracias a la actividad cerebral, es la comprensión del lenguaje hablado y escrito, así como la producción de nuevas ideas y la capacidad de comunicarlas a otros.


Los pensamientos consisten en imágenes mentales de nuestras experiencias, se aclara durante el recorrido por la sala del cerebro de Universum.


El investigador del IFC, de la UNAM, enfatizó en que a diferencia de otros órganos, el estudio del cerebro es complejo, debido a que existe una diferencia intraespecífica entre los individuos, pues se le usa de manera diversa.


No todo el mundo está sujeto durante su desarrollo y formación al mismo ambiente. Hay personas con mayor capacidad para una u otra actividad, hay otros que se podrían considerar más inteligentes y unos más hábiles. Cada quien tiene sus propias experiencias y eso hace aún más complejo el estudio de este órgano.


Sin embargo, confió en que pronto la ciencia pueda dar aportes en este sentido para comprenderlo mejor y con ello incidir en un mejor entendimiento del cuerpo humano para mejorar la calidad de vida