El humanismo que desestabiliza el poder de las iglesias

A la memoria de
Carlos Gaviria Díaz

Aunque parezca extraño, yo que me he debatido en aguas teológicas, que he sobrevivido en movedizos pantanos eclesiásticos y que he luchado desde las izquierdas cristianas, estoy rindiendo un tributo convencido de valoración y aprecio a la vida, el pensamiento, el compromiso, la coherencia y la radicalidad ética de Carlos Gaviria Díaz.

En un encuentro académico de hace unos tres años con el investigador chileno Patricio Rivas Herrera, en Medellín, él estaba convencido de que "los críticos, los disconformes, los revoltosos, los rebeldes han recorrido un camino que ya lleva siglos" y de que ésos, los esperanzados no conformes, "en sus formas más modernas se agruparon en disciplinados partidos que estallaron hacia el final del siglo XX". Rivas constataba que los disconformes vuelven a articularse disciplinadamente porque la rebeldía de muchos de ellos se había transformado "en un encierro"; y se habían encerrado, justamente, porque, aparentemente, "se habían resignado"**.

Carlos Gaviria es uno de los bastante escasos espíritus lúcidos colombianos que no se permitieron caer en la trampa del encierro, ni en la trampa de la resignada desesperanza, ni en la trampa de la fe acrítica en el sistema que nos regía y rige. Esa alerta militante lo movió a ensayar siempre nuevos y aventurados caminos. Podríamos tal vez decir que uno de sus más osados caminos fue el de haberse movido dentro del sistema, creyendo –como creía– que todo él estaba putrefacto e inoperante y de que debía ser revolucionariamente transformado. Tal vez sea ésa la característica de Gaviria Díaz que más lo perfile como un profeta laico del actuar político desde la perspectiva de las mayorías excluidas. Ésa y la de su alta coherencia entre pensamiento y acción, entre vida privada y pública.

Era un colombiano con probada salud ética, capaz de combinar su crítica a los espíritus sumisos conservando, al tiempo, la disposición para reconocer la dignidad y los plenos derechos de todos, incluidos los de los sumisos.

Siempre se profesó agnóstico pero, al mismo tiempo, nunca ni por motivo alguno, perseguidor de creyentes. Tuvo claridad meridiana, y así lo manifestó ante múltiples auditorios, de que para promover convivencialidad y constitucionalidad en Colombia, tendríamos que radicalizar la diferencia filosófica entre "razón privada" y "razón pública". De acuerdo con la razón privada, una persona o una familia, por ejemplo, podrían profesar, según él, confianza en apariciones de espíritus, de vírgenes y de santos y aún gobernar su vida de acuerdo con los que creían mensajes de la divinidad. Pero si esas personas, influidas en su vida privada por creencias derivadas de su razón privada, llegasen a encontrarse en tareas públicas como educar, administrar, gobernar, legislar, juzgar o controlar, no podrían en modo alguno hacer el ejercicio de lo público de acuerdo con esa su razón o lógica privada. Y tendrían el mandato ético no negociable de cumplir con su encargo público de acuerdo con la lógica o "razón pública" que corre, necesariamente, por caminos diferentes a los de la razón privada. Acorde con eso y como constitucionalista, nunca aprobó ni dio vía libre a la intromisión de la religión, de religión alguna, en los asuntos públicos. Esto se lo cobraron duro, injusta y arbitrariamente periodistas, políticos, legisladores, gobernantes, jueces, controladores y, sobre todo, jerarcas de las grandes iglesias y de pequeños movimientos de creyentes. Gaviria, con dignidad, pagó el costo de su coherencia ética pero jamás transigió con la mediocridad filosófica. ¡Hombre ético nuestro Carlos Gaviria Díaz como casi ningún dirigente religioso o político de Colombia se ha dignado ser! Fue un auténtico profeta laico cuya voz se elevó y se eleva, más que nunca, sobre nuestra Colombia tan enteramente degradada.

Por eso era un colombiano libre y libertario, hombre al que le cupieron en la cabeza, en el corazón, en el razonamiento y en la defensa constitucional, todas las diferencias humanas que puedan habitar a nuestra Colombia. Y la defensa, hasta poner su vida en la picota pública, de los plenos derechos de esos plurales rostros y de esas plurales formas de ser, sentir y existir los individuos y sus colectividades en Colombia. No puedo evitar en este punto, como lectura de cristiano, la comparación de este talante con el de quienes han liderado y lideran iglesias y congregaciones de creyentes a lo largo de la geografía y de la historia de Colombia; éstos suelen ser mezquinos y excluyentes por principio, ungidos para la excomunión y la discriminación, para la persecución y la amenaza, para la bendición de lo que produce males y muertes y para la condena de lo que puja por las libertades plenas; suelen ser palabra y gesto de estigma a lo que mancilla sus moralismos pacatos y a lo que se sale de sus normalizaciones patriarcales, confesionales, occidentales, monoteístas, ortodoxas y heterosexuales de la vida y las costumbres. Gaviria Díaz, como profeta laico –insistimos– fue y es una presencia que perfectamente debería desestabilizar los perversos ordenamientos del mundo impuestos y defendidos a fuego y sangre por las iglesias en Colombia.

Era de izquierda pero no de claustro y por eso supo zafarse a menudo, sin reatos de conciencia política, de los purismos doctrinarios y de las verticalidades disciplinarias de la izquierda que tanta división han provocado en el quehacer libertario del pensamiento crítico y rebelde de Colombia. Para Gaviria primó siempre la causa por sobre las disciplinas de partido. Y primó siempre la conciencia por sobre las conveniencias pragmáticas de los pactos políticos. Y primó la radicalidad filosófica por sobre el espíritu de lucro o ganancia personal. Y primó la vida, la vida de cada viviente humano de esta colombianidad maltrecha, por sobre las seguridades o el reconocimiento de méritos individuales.

¡Si los creyentes fueran como ese buen agnóstico! Si los creyentes católicos, cristianos, judíos, musulmanes, animistas, naturalistas de Colombia y sus jerarcas, guías, gurúes, sacerdotes o pastores fueran como este agnóstico y honrado filósofo que no se atrevía ni a afirmar ni a negar a Dios, estaríamos a las puertas de una transformadora revolución ética del vivir colombiano. Y se anunciaría un nuevo y buen vivir para todas las formas de la vida entre nosotros.

 

* Animador de Comunión sin fronteras, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** Rivas Herrera, Patricio. El sujeto disidente y la probabilidad de sus nuevas alegrías. Conferencia pronunciada ante la alianza de Maestras y Maestros gestores de nuevos caminos, Medellín, 2010.

Publicado enEdición Nº 212
El cerebro aún representa un enigma para la ciencia

Si el cuerpo humano fuese una orquesta filarmónica, sin duda al cerebro le correspondería el papel principal: el de director.
Se trata de un órgano fundamental del que depende prácticamente toda la actividad fisiológica, sensitiva, física y cognitiva de los individuos.


Su amplitud de capacidades nos lleva a pensar, soñar, amar, sentir, oler, movernos, dormir, degustar un platillo, sentir miedo, escuchar, procesar información y generar conocimiento, recordar, ver y hablar, entre muchas otras actividades.


Al iniciar los festejos por la Semana Internacional del Cerebro, en el Museo de las Ciencias Universum, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Julio Morán Andrade, investigador de la División de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de esa institución, señaló que la ciencia enfrenta grandes retos en el estudio de este órgano, fundamentalmente los relacionados con la forma en cómo actúa y funciona en los procesos de imaginación, creatividad, idealismos y pensamiento cognitivo.


Gobierna nuestras funciones


En entrevista con La Jornada durante esta conmemoración, el científico explicó que el cerebro, sumado al sistema nervioso central, es el centro de comando de toda una estructura muy compleja: el organismo vivo.


Gobierna nuestras funciones, que van desde lo más básico, como movernos, hasta procesos complejos como la integración de la información que recibimos cada día con las experiencias y que permiten que el individuo genere una personalidad o sea más o menos inteligente.


Es cierto, dijo Morán Andrade, que se ha avanzado en el estudio del cerebro en temas como las sensaciones, enfermedades mentales y neurodegenerativas, procesos de memoria-aprendizaje y su importancia en procesos como la respiración, la digestión o en el sistema cardiovascular.


Sin embargo, este órgano aún es un enigma para la ciencia: estamos muy lejos de entender siquiera cuál es la parte del cerebro relacionada con procesos complejos como la creatividad, la imaginación o la tenencia de ideales. Este es uno de los retos para las neurociencias, comentó.


Quizás, explicó, el aspecto complejo que más se ha logrado comprender es el de memoria-aprendizaje, en el que se ha identificado que el hipotálamo, sumando a la corteza, son las regiones cerebrales relacionadas con el almacenamiento y adquisición de información y su posterior uso para desempeñar las actividades cotidianas.


Al concluir las conferencias para celebrar la Semana Internacional del Cerebro, se realizó un recorrido por la sala dedicada a este director de orquesta que desde hace varios años se abrió en Universum.


Desde este espacio se trata de llevar a los visitantes hacia los lugares más recónditos de este órgano fundamental para la vida. Uno de los puntos centrales del recorrido tiene que ver con el pensamiento, al que se define como la capacidad mental para ordenar, dar sentido e interpretar la información disponible en el cerebro. Nos permite combinar la información de lo que percibimos, memorizamos y razonamos para formar nuevos conceptos o tomar decisiones ante un problema.


Otro de los complicados procesos del pensamiento que se logran, gracias a la actividad cerebral, es la comprensión del lenguaje hablado y escrito, así como la producción de nuevas ideas y la capacidad de comunicarlas a otros.


Los pensamientos consisten en imágenes mentales de nuestras experiencias, se aclara durante el recorrido por la sala del cerebro de Universum.


El investigador del IFC, de la UNAM, enfatizó en que a diferencia de otros órganos, el estudio del cerebro es complejo, debido a que existe una diferencia intraespecífica entre los individuos, pues se le usa de manera diversa.


No todo el mundo está sujeto durante su desarrollo y formación al mismo ambiente. Hay personas con mayor capacidad para una u otra actividad, hay otros que se podrían considerar más inteligentes y unos más hábiles. Cada quien tiene sus propias experiencias y eso hace aún más complejo el estudio de este órgano.


Sin embargo, confió en que pronto la ciencia pueda dar aportes en este sentido para comprenderlo mejor y con ello incidir en un mejor entendimiento del cuerpo humano para mejorar la calidad de vida

Descolonizar el pensamiento crítico y las prácticas emancipatorias

"La única salida para que los colonizados no repitan, una y otra vez, la terrible historia que los coloca en el lugar del colono, es la creación de algo nuevo, del mundo nuevo. Es el camino en el que los dominados pueden dejar de referenciarse en el dominante, desear su riqueza y su poder, perseguir su lugar en el mundo. En ese camino pueden superar la inferiorización en la que los instaló el colonialismo.

No podrán superar ese lugar peleando por repartirse lo que existe, que es el lugar del dominador, sino creando algo nuevo: clínicas, escuelas, caracoles, músicas y danzas; hacer ese mundo otro con sus propias manos, poniendo en juego su imaginación y sus sueños; con modos diferentes de hacer, que no son calco y copia de la sociedad dominante, sino creaciones auténticas, adecuadas al nosotros en movimiento. Creaciones que no tienen nada que envidiarle al mundo del colono. En ese movimiento colectivo de caminar, también tendremos las condiciones para descolonizar el pensamiento crítico".

La investigación científica en su laberinto

La ciencia avanza mediante atrevidas especulaciones, que nunca son demostradas o tan siquiera hechas probables, sino que algunas de ellas son eliminadas mediante refutaciones escuetas y concluyentes, y luego sustituidas por otras nuevas especulaciones todavía más atrevidas. (Imre Lakatos)


Abraham Moles ha imaginado que el investigador científico, en su actividad, se mueve en un laberinto cuyas paredes constituyen "el muro vertical de la ciencia acabada"; el científico deambula por el laberinto buscando una salida o, en última instancia, buscando derribar los muros de "la ciencia normal". Esta imagen ha sido enriquecida por hombres de ciencia cuyas ideas los han llevado hasta la orilla del difuso muro que separa lo conocido, según los cánones de los paradigmas vigentes, del infinito campo de lo desconocido y lo incognoscible.


David Bohm, eminente físico teórico, nos cuenta –después de largos recorridos por el laberinto– que las paredes son en realidad espejos, en los cuales se reflejan mutuamente sujeto y objeto, lo observado y el observador, y que cualquier fragmento del espejo contiene el reflejo del universo entero. Bohm y otros aventureros del conocimiento agregan que la superficie de los espejos es aparente, que el pasaje hacia nuevos paradigmas se encuentra del otro lado del espejo, y que debe cruzarse el espejo para "ver" el mundo bajo una nueva óptica. Cabe decir que esta nueva visión del universo propuesta también por otros renombrados investigadores contemporáneos, como Ilya Prigogine, es "totalitaria": no puede separarse al sujeto del objeto e incluye consideraciones metafísicas, éticas, sociales y estéticas ("Bohm, coherente con su universo creativo, quiere enfatizar el aspecto artístico de la ciencia. Muchos creen que la física es exacta y que todos sus enunciados tienen un significado exacto. Por el contrario, Bohm cree que la ciencia se parece más al arte en el sentido de que trata con cosas ambiguas. Denomina a las teorías científicas 'formas artísticas' que se elaboran para congeniar con la experiencia general pero que nunca pueden darnos una seguridad total de conocimiento." A través del maravilloso espejo del universo, de J. P. Briggs y F. David Peat; Gedisa, 1996).


El brote de este nuevo paradigma se deriva de teorías y resultados de la física, la biología, la matemática, la neurofisiología, ampliamente aceptados por la comunidad científica contemporánea. Si bien las ideas originales de Bohm fueron enunciadas por éste hace varias décadas, no fueron tomadas en serio por sus colegas sino hasta hace muy poco tiempo y con mucha reserva. En particular, Bohm revisa el concepto de causalidad y propone un principio más amplio: todo causa todo lo demás, lo que ocurre en cualquier parte afecta lo que ocurre en cualquier otra parte. Este pensador, en colaboración con el matemático Basil Hiley, desarrolló toda una teoría matemática para formalizar su novedosa concepción del mundo y el conocimiento. En particular tomaron un álgebra que había sido propuesta el siglo pasado por un matemático polaco y no se consideraba de mayores méritos, puesto que con ella se pretendía modelar el movimiento del pensamiento, nada menos.

 

Para acercarse al budismo, nos dice el Dalai Lama en Las cuatro nobles verdades, es necesario asimilar dos principios filosóficos fundamentales: el principio de la interdependencia, que significa que todas las cosas y los acontecimientos del universo son, en tanto que resultado de la interacción de varias causas y condiciones. Todas las cosas y acontecimientos (de hecho, la totalidad de todo lo que es y existe) surgen solamente como resultado de la interacción del conjunto de factores que propiciaron su advenimiento. El segundo principio afirma que cualquier identidad que demos a las cosas será siempre contingente en relación con la interacción que se establece entre nuestra percepción y la realidad misma. Esta afirmación, asevera el Lama, no significa negar la existencia de las cosas; el budismo no predica el nihilismo. Las cosas existen, pero no tienen una realidad independiente y autónoma. Esto corresponde, según mi entender, con la idea del universo como un espejo, en donde el todo y la parte se reflejan mutuamente y el observador está implícito en lo observado; según Bohm toda la conciencia está implicada en la materia y la materia es el despliegue de la conciencia.


El hecho de que dos corrientes filosóficas, una basada en una tradición ancestral y la otra emanada de la ciencia moderna, confluyan en una serie de conclusiones análogas, es sorprendente para la mente perdida en el laberinto de sólido granito del cientificismo, no así para las mentes soñadoras que navegan en el universo de espejos y que no se asombran si un conejo se transforma en un sombrero o si aparece de pronto, en medio de la selva, una mesa de disecciones con un paraguas y un pasamontañas encima.

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