Incidir en políticas públicas, tarea de la universidad en AL: rectores

Para enfrentar el siglo XXI, la universidad latinoamericana no puede dejar de lado una característica que le es inherente: su compromiso social, coinciden rectores de algunas de las universidades más importantes de la región, como la Nacional Autónoma de México (UNAM), José Narro Robles; de Buenos Aires (UBA), Alberto Barbieri; de Sao Paulo (USP), Marco Antonio Zago, y de Chile (UCh), Ennio Vivaldi.


Durante el coloquio internacional ¿Hacia dónde va la universidad en el siglo XXI?, que se efectúa en la UNAM, Narro Robles enfatizó que para enfrentar los retos de este siglo, las instituciones públicas de la región no sólo deben enfocar su investigación a las áreas productivas, sino seguir con la tradición de impulsar las ciencias básicas y sociales, así como las humanidades y las artes, algo fundamental que necesitan las personas.


Las tres funciones sustantivas de la universidad, dijo, deben seguir siendo la base de las casas de estudios superiores de América Latina, pero al mismo tiempo deben incidir en las decisiones de políticas públicas mediante análisis de problemas, como exclusión, desigualdad, pobreza, violencia, corrupción e inseguridad, entre otros, y con ello plantear alternativas de solución.


Ante ello, planteó cinco retos para la universidad latinoamericana a fin de enfrentar este siglo: ampliar la cobertura, ya que en la región sólo 45 por ciento de los jóvenes en edad de asistir a la universidad pueden hacerlo, cifra lejana al mínimo de los países desarrollados, que es de 70 por ciento.


Además de mantener e incrementar la calidad de la formación; consolidar la investigación, el desarrollo tecnológico y la innovación; promover estrategias para que los Estados se den cuenta de la importancia de invertir en la educación, particularmente en la superior, a fin de que los financiamientos públicos sean cada vez mayores, e incrementar y concretar la cooperación internacional entre las casas de estudios para que se dé el intercambio de conocimientos y la movilidad académica y estudiantil.


Por su parte, Barbieri afirmó que las universidades latinoamericanas no pueden renunciar a sus tres actividades fundamentales: docencia, investigación y difusión de la cultura, las cuales deben responder a las necesidades sociales.
Destacó que para poder mirar el futuro, las universidades deben analizar qué fue del pasado y reflexionar en torno al presente, en lo que coincidió con su par de la UNAM: El pilar de la universidad latinoamericana es nuestro compromiso social.


El rector de la casa de estudios más grande de Argentina, con más de 380 mil estudiantes de grado y posgrado, subrayó que los gobiernos deben entender que la educación no es un gasto, sino un interés social.


Para el rector de la Universidad de Sao Paulo, a las actividades sustantivas de las casas de estudio públicas (docencia, investigación y extensión) debe sumarse una nueva misión: la transferencia del conocimiento hacia los sectores público y privado. Esto, apuntó, generará enlaces con la sociedad y vinculará las instituciones con su comunidad.


Asimismo, señaló, se debe impulsar mayor cooperación entre las universidades del continente para que, lejos de competir, se enriquezcan unas a otras. En el mundo actual serán más relevantes a medida que se concentren entre sí.
Su homólogo de la UCh planteó que las instituciones públicas de educación superior deben tener una conjunción entre la excelencia académica y de investigación, y compromiso social.


Criticó que en Chile el esquema universitario sea preferentemente privado, con lo que se ha generado un endeudamiento por varios años de los estudiantes, por lo que planteó un cambio de paradigma: En lugar de llevar los valores del mercado a la universidad, debemos llevar los valores de la universidad a la sociedad"

Publicado enCultura
Miércoles, 05 Agosto 2015 08:39

El mundo de las lógicas no–clásicas

El mundo de las lógicas no–clásicas

Las lógicas no–clásicas, dicho de manera general, introducen otros mundos. Todo el trabajo en complejidad y en lógicas no–clásicas no es otro que mostrarle a gente que vive el mundo en el día a día que otros mundos son posibles, e incluso necesarios.

 

Las lógicas no–clásicas están conformadas por un grupo que incluye a la lógica modal, la lógica multimodal, la lógica de contrafácticos, la lógica libre, la lógica abductiva, la lógica de fibras, la lógica híbrida, la lógica deóntica, la lógica de la demostrabilidad, la lógica condicional, la lógica alética (o de la verdad), la lógica doxástica (o de la opinión), la lógica epistémica, la lógica dinámica, la lógica del tiempo, la lógica difusa, la lógica polivalente, la lógica cuántica, la lógica paraconsistente, la lógica de la interpretación, la lógica de probabilidades, entre otras. La lista aquí no pretende ser exhaustiva, pero se trata de un capítulo apasionante del conocimiento reciente y en continuo crecimiento y desarrollo.


De manera general, las lógicas no–clásicas niegan el principio de tercero excluido; o bien, no se preocupan por el principio de contradicción, no pretenden resolver las contradicciones a como de lugar (como es el caso, por ejemplo, de la llamada lógica dialéctica, de origen hegeliano o marxista); hay lógicas que son esencialmente relativistas, en el sentido preciso de la teoría de la relatividad de Einstein, y hay lógicas también —como la de contrafácticos—, que a fin de comprender mejor, y no por vía de inferencias directas, se dan a la tarea de negar los hechos mismos y considerar, en el mejor ejemplo de una variación imaginaria, qué habría sucedido si la negación de los hechos hubiera sido efectivamente real. Con ello, se trata de lógicas de mundos posibles y no ya únicamente del mundo real, ahí afuera/al frente. Hay lógicas que se ocupan de establecer si lo que sabemos del universo microscópico se corresponde o no con lo que sabemos del universo macroscópico. Esto, para las ciencias sociales, es fundamental, dado que la casi totalidad de los fenómenos de que se ocupan las ciencias sociales y humanas son esencialmente macroscópicos. A la fecha, las ciencias sociales prácticamente son ciegas, sordas y mudas ante el universo microscópico, que, para decirlo de manera genérica, es el universo cuántico (y subcuántico).


De la misma manera, hay lógicas no–clásicas que reconocen abiertamente el papel del tiempo y saben así que el tiempo altera el valor de verdad o de falsedad de una proposición o un enunciado. Esto es, que es imposible hacer ciencia al margen del tiempo o considerándolo, acaso, como una variable (más). Existen, asimismo, lógicas no–clásicas que admiten y trabajan con numerosos e incluso infinitos valores de verdad y no ya únicamente con un sistema dual o binario, como la lógica formal clásica. En este sentido, las verdades del mundo no se reducen a verdadero o falso, sino, por el contrario, abren el abanico a múltiples, incluso infinitos valores. Se trata de las lógicas polivalentes, las cuales ponen abiertamente de manifiesto que no existe una única verdad, sino que, por el contrario, y mucho mejor, existen siempre numerosas versiones de lo que sea "verdad". En cualquier caso, es fundamental advertirlo, las lógicas polivalentes no son relativistas en el sentido de que cualquier verdad dé lo mismo (que otra(s)).

Al mismo tiempo, existen lógicas refinadas que admiten prácticamente cualquier variedad de valores entre la verdad total y el error total, y que sentaron las bases de toda la tecnología contemporánea; son la lógica difusa. Hay lógicas que son, absolutamente, el fundamento de todas las tecnologías de punta en cualquier plano que se quiera considerar, desde la cotidianeidad más inmediata hasta los más sofisticados aparatos utilizados solo por técnicos o científicos con la más alta y especializada educación. Hay lógicas que no le temen a las contradicciones y que no quieren resolverlas entonces a como de lugar, sino, por el contrario, que admiten y trabajan con vacíos lógicos. Hay lógicas, igualmente, que reconocen el cambio en cualquier modo y circunstancia, cuando acontece y trabajan de manera activa con el mismo; se trata de lógicas que, filosóficamente, pueden ser dichas como propiamente heraclíteas.


Hay lógicas no–clásicas que reconocen las cosas, el mundo, la naturaleza y la sociedad y admiten múltiples variaciones, grados y matices, los cuales se conocen técnicamente como "modos"; son la lógica modal y las lógicas multimodales, las cuales echan por la borda, por así decirlo, como se aprecia, una versión clásica, ortodoxa y oficial de la historia y el mundo, versión que sostiene que la cultura y la naturaleza admiten de un único modo de ser y existir o, a lo sumo, de unas pocas variantes, todas las cuales están en función de establecer lo que es, lo que hay, lo que acontece.


De manera significativa, hay lógicas no–clásicas que abiertamente reconocen lo importante de los contextos para establecer la verdad de un enunciado, como la lógica de la relevancia, de suerte que una proposición no es cierta en abstracto, sino con la mediación del contexto o el marco en el que, o bien surge el tema en consideración, o bien se trata el fenómeno en cuestión. Tanto, como decir que hay lógicas que abiertamente ponen en el foco la importancia y la particularidad misma del sujeto cognoscente. Mucho mejor aún, hay lógicas que admiten el reconocimiento explícito de que el decurso de los fenómenos es determinante en el modo de verdad o de falsedad de un enunciado, y ningún enunciado existe como tal al margen o por fuera de dichos devenires, avatares y dinámicas.


Estas y otras características pueden sintetizarse mediante los siguientes reconocimientos, que marcan un contraste absolutamente determinante con respecto a la lógica formal clásica y todo lo que alguna vez se consideró en la historia que era la lógica:


• No existe una única verdad lógica.

• Son posibles, lógicamente hablando, diversos mundos.

• La semántica de las lógicas no–clásicas es la semántica de mundos posibles.
• Existen diversos sistemas alternativos de notación.
• Son posibles múltiples sistemas deductivos, y multideductivos.
• Las lógicas no–clásicas son lógicas no–monotónicas.

Esto significa lo siguiente: el trabajo que hacemos en complejidad consiste en introducirle al mundo y la sociedad, a la naturaleza y al conocimiento aquello que ellos no tienen: posibilidades. Así, mientras que la semántica de la lógica formal clásica es la semántica del mundo real, o bien del mundo en general (überhaupt), las lógicas no–clásicas, en perfecta consonancia con el mejor espíritu de las ciencias de la complejidad, consisten en comprender que lo real es tan solo un modo de un universo más amplio que lo comprende y lo hace posible: el universo de lo posible. (Esta idea, traducida al mundo de la ética, la política y la cultura tiene consecuencias y alcances hermosos que jamás habían sido considerados en la historia de Occidente. Y con ello, al mismo tiempo, se trata de alcances y consecuencias explosivos, por así decirlo).


De manera significativa, las lógicas no–clásicas se caracterizan porque reconocen y admiten que nueva información puede alterar o modificar información o verdades previamente adquiridas. En contraste, la lógica formal clásica es, en rigor, una lógica que conduce directa e inmediata al fundamentalismo, uno de cuyos pilares es la idea y el citado de un mito fundacional. En otras palabras, las lógicas no–clásicas son lógicas de sistemas que aprenden y se adaptan, con el reconocimiento explícito de lo siguiente: en la naturaleza como en la sociedad, en la historia como en la cultura hay personas, organizaciones e incluso instituciones que no aprenden; no aprenden y no se adaptan. Se trata, literalmente, de sistemas que se han convertido en realidades físicas, no vivas, orgánicas. Estos se erigen en verdaderos obstáculos para el cambio —en el mundo o la naturaleza, en la sociedad o la cultura.


Ahora bien, reconocer que existen múltiples verdades, no una única verdad, en absoluto debe ser interpretado como una apología al relativismo. En otras palabras, reconocer que existen más de una verdad, no es equivalente a sostener que cualquier verdad de lo mismo. Como sabemos, un sistema complejo es esencialmente irreductible. O bien, para decirlo de manera lapidaria, no hemos perdido las verdades que alguna vez alcanzamos en la historia de la humanidad; además, hemos aprendido la incertidumbre, hemos aprendido la pluralidad de sistemas de verdad; en fin, hemos aprendido la complejidad del mundo y la naturaleza. En cualquier caso, es evidente que el mundo y la cultura están constituidos por sistemas que admiten, en numerosas ocasiones, más de una verdad. La literatura —en contraste con la lógica formal clásica y con la historia clásica de la filosofía, por ejemplo— sí sabe ya sobre esto hace tiempo. R. Akutagawa escribió en 1915 un cuento —incluido en una colección de otros cuentos: Rashomon, sobre el cual A. Kurosawa realizó en 1950 una película maravillosa—, que justamente pone de manifiesto la polivalencia de "verdad". Se trata de cuatro versiones, igualmente razonables, igualmente coherentes, de una situación de vejamen contra una mujer. Otros ejemplos literarios o en poesía pueden mencionarse sin dificultad.


Gracias a las lógicas no–clásicas son posibles otros mundos —lógicamente hablando—. La manera más expedita de mostrar esto es mediante la gramática y el uso de modos gramaticales, así, como es sabido, existe el modo del indicativo. El modo del indicativo incluye tiempos como el pasado del indicativo, el futuro del indicativo, el pluscuamperfecto del indicativo y otros. Literalmente, el modo del indicativo se refiere al mundo y a las cosas que, literalmente, están ahí. Se trata del ser–a–la–mano, si se quiere, en el lenguaje de Heidegger. Filosóficamente dicho, el modo del indicativo se refiere al ser: el ser que es, que está ahí; y sociológica o políticamente, se trata, sin dudas, de las instituciones y del statu quo. Lo que está ahí y es imposible que no esté ahí. Es, sin más, el principium realitatis, con sus diversas expresiones y traducciones: en política como en el sexo, en economía y en los deportes, en religión o en sociología, entre varios otros.


Ello, no obstante, existen, al mismo tiempo, otros modos gramaticales, por ejemplo, el modo del condicional o el modo del subjuntivo, que lo que hacen es introducirle variaciones al modo del indicativo. En lugar de tratar con el mundo que está ahí, se le introducen condiciones que lo alteran sustancialmente: Y si... (tal o cual cosa – fuera o fuese el caso...).


Es decir, y si las cosas que son así y que están ahí, por ejemplo, fueran de otra manera; y si les sucediera que tal o cual cosa; si, incluso, no fuera el caso que fueran del modo como habitualmente se ha dicho que han sido y que son. Estas y otras consideraciones introducen otro(s) mundo(s) que no es/son congruente(s), matemáticamente hablando, con el mundo del modo del indicativo.


De la misma manera, existe el modo del subjuntivo —usualmente empleado en español, sobre todo por el gremio de los abogados y juristas—, el cual le introduce otra clase de modificaciones al mundo del modo del indicativo. Notablemente, el modo del subjuntivo trabaja con los escenarios en los que el lenguaje se expresa de la forma: "si X fuese el caso..."; "si Y estuviere...", y así sucesivamente. El subjuntivo considera un mundo perfectamente distinto de aquel que se señala con el dedo sencillamente y que se da por dado. En otras palabras, el modo del indicativo se refiere al mundo y a la realidad que van de suyo, en tanto que los modos del condicional y del subjuntivo admiten otras posibilidades, otras probabilidades que las simplemente dadas como evidentes.


Culturalmente, digamos la mayoría de la gente vive —y siempre ha vivido— en el modo del indicativo. Pues bien, es justamente para ellos que, para decirlo en otras palabras, es preciso abrir otros mundos que el que ya conocen y aceptan como un hecho sin más. Las lógicas no–clásicas, dicho de manera general, introducen otros mundos. Todo el trabajo en complejidad y en lógicas no–clásicas no es otro, para decirlo lapidariamente, que mostrarle a gente que vive el mundo en el día a día que otros mundos son posibles, e incluso necesarios. No escapa a la mirada sensible una profunda carga cultural, epistemológica y política en esta idea. Pues bien, ello es posible gracias a las lógicas no–clásicas. Un panorama sugestivo.

Domingo, 26 Abril 2015 06:19

Pensamiento ambiental latinoamericano

Pensamiento ambiental latinoamericano

En un capítulo introductorio de un libro recién publicado por la CLACSO he propuesto, junto con el economista argentino Héctor Sejenovich y el historiador holandés Michiel Baud, la siguiente lista de rasgos propios del ambientalismo o ecologismo latinoamericano. Los presentamos para discusión pública. Son los señalados a continuación, que en parte coinciden y en parte divergen de los de otros continentes.


A) La conciencia del desastre demográfico tras la conquista y, por tanto, un rechazo generalizado hacia el enfoque malthusiano sobre el problema de la sobrepoblación. Es cierto que América Latina (con excepciones como El Salvador o Haití) es un continente de menor densidad de población que varios países europeos o que India o Bangladesh.


B) Un orgullo agroecológico presente especialmente en Mesoamérica y los Andes (y ausente en Estados Unidos), con personalidades de primera fila internacional como Hernández Xolocotzi, Gómez Pompa, Víctor Toledo, Miguel Altieri... América Latina es un centro de biodiversidad agrícola.


C) Una admiración compartida entre la ciencia europea y americana (desde 1800 con Alexander von Humboldt) por la gran riqueza biológica del continente en sus diversos ecosistemas, junto con programas de conservación desde el siglo XIX. En esos programas destacan grandes ecólogos latinoamericanos, como Jorge Morello en el estudio del Chaco y de la Pampa, Maximina Monasterio en el de los páramos andinos, y muchos otros. Existe un conservacionismo latinoamericano.


D) Una conciencia viva de la inequidad política y económica mundial y el consecuente saqueo de los recursos naturales de la región. Esta conciencia corre desde la explotación colonial hasta la época actual. Está bien simbolizada en la imagen de Las venas abiertas, introducida por Eduardo Galeano, y ha dado lugar a investigaciones recientes sobre el intercambio económico y ecológicamente desigual. Nunca ha sido tan grande la exportación barata de energía y materiales de América Latina como en los últimos años.


E) Desde la década de 1980 una creciente conflictividad socioambiental que dio lugar al ecologismo popular con redes de activistas (como OCMAL, Oilwatch y otras) denunciando la extracción de recursos naturales y la destrucción de bienes comunes. Este ecologismo de los pobres e indígenas sigue creciendo, y es víctima de violencia estatal o paraestatal y de procesos de criminalización. Lo mismo ocurre en otros continentes, especialmente en Asia, África y América Latina.


F) La vigencia de antiguas cosmovisiones indígenas, el culto a la Pachamama, reconocido en algunas Constituciones; el respeto por la naturaleza en cultos afroamericanos y las aportaciones de la Teología de la Liberación. También, en el plano cultural, la presencia de la ecología en la literatura, las músicas y el cine de los siglos XX y XXI.


G) En el plano oficial, el rechazo por los gobiernos latinoamericanos –desde Estocolmo, en 1972, en adelante– de la idea de límites al crecimiento, definiendo una agenda propia que propone distintos estilos de desarrollo, aunque aceptando finalmente un confuso desarrollo sostenible. En general, los gobiernos han visto el ecologismo o ambientalismo como idea foránea, del norte, que podría limitar el crecimiento económico. En Brasil, por ejemplo, se ha visto la defensa de la Amazonia bajo el lente de la soberanía nacional. Sin embargo, desde mediados de 1970 y por influencia de Ignacy Sachs (que era docente en París y viajó a México y a Brasil) se difundió la noción del ecodesarrollo, mucho antes de que triunfara la de desarrollo sostenible del informe Brundtland, en 1987.


H) Recientemente pugna por nacer un nuevo ecologismo político latinoamericano (que tal vez se podría llamar ecosocialismo) que se abre paso entre el neoliberalismo y el nacionalismo popular, recurriendo a conceptos como racionalidad ecológica productiva (que ha introducido Enrique Leff), la deuda ecológica y deuda climática que el norte tiene con el sur, la justicia hídrica, los derechos de la naturaleza, el postextractivismo, el postdesarrollismo y el buen vivir. Hay una pelea por interpretar algunos de estos términos, como buen vivir o sumak kawsay: ¿es al fin y al cabo otra forma de crecimiento económico o se trata de un pensamiento antiguo, que independiza el bienestar de las personas y de las comunidades del crecimiento económico?


Arturo Escobar y Gustavo Esteva han sido pensadores destacados del postdesarrollismo anteriores o paralelos a la discusión del decrecimiento o de la prosperidad sin crecimiento en Europa.


Algunos marxistas latinoamericanos, como Mariátegui, fueron agraristas, es decir, enfatizaron el papel de la naturaleza y su población humana dentro de los análisis de la estructura económica y apoyaron la continuación o restauración de las comunidades campesinas e indígenas que hoy son las que más protestan contra el extractivismo. Pero está todavía pendiente, realmente, la fusión del ecologismo popular con las antiguas izquierdas.

Publicado enMedio Ambiente
El humanismo que desestabiliza el poder de las iglesias

A la memoria de
Carlos Gaviria Díaz

Aunque parezca extraño, yo que me he debatido en aguas teológicas, que he sobrevivido en movedizos pantanos eclesiásticos y que he luchado desde las izquierdas cristianas, estoy rindiendo un tributo convencido de valoración y aprecio a la vida, el pensamiento, el compromiso, la coherencia y la radicalidad ética de Carlos Gaviria Díaz.

En un encuentro académico de hace unos tres años con el investigador chileno Patricio Rivas Herrera, en Medellín, él estaba convencido de que "los críticos, los disconformes, los revoltosos, los rebeldes han recorrido un camino que ya lleva siglos" y de que ésos, los esperanzados no conformes, "en sus formas más modernas se agruparon en disciplinados partidos que estallaron hacia el final del siglo XX". Rivas constataba que los disconformes vuelven a articularse disciplinadamente porque la rebeldía de muchos de ellos se había transformado "en un encierro"; y se habían encerrado, justamente, porque, aparentemente, "se habían resignado"**.

Carlos Gaviria es uno de los bastante escasos espíritus lúcidos colombianos que no se permitieron caer en la trampa del encierro, ni en la trampa de la resignada desesperanza, ni en la trampa de la fe acrítica en el sistema que nos regía y rige. Esa alerta militante lo movió a ensayar siempre nuevos y aventurados caminos. Podríamos tal vez decir que uno de sus más osados caminos fue el de haberse movido dentro del sistema, creyendo –como creía– que todo él estaba putrefacto e inoperante y de que debía ser revolucionariamente transformado. Tal vez sea ésa la característica de Gaviria Díaz que más lo perfile como un profeta laico del actuar político desde la perspectiva de las mayorías excluidas. Ésa y la de su alta coherencia entre pensamiento y acción, entre vida privada y pública.

Era un colombiano con probada salud ética, capaz de combinar su crítica a los espíritus sumisos conservando, al tiempo, la disposición para reconocer la dignidad y los plenos derechos de todos, incluidos los de los sumisos.

Siempre se profesó agnóstico pero, al mismo tiempo, nunca ni por motivo alguno, perseguidor de creyentes. Tuvo claridad meridiana, y así lo manifestó ante múltiples auditorios, de que para promover convivencialidad y constitucionalidad en Colombia, tendríamos que radicalizar la diferencia filosófica entre "razón privada" y "razón pública". De acuerdo con la razón privada, una persona o una familia, por ejemplo, podrían profesar, según él, confianza en apariciones de espíritus, de vírgenes y de santos y aún gobernar su vida de acuerdo con los que creían mensajes de la divinidad. Pero si esas personas, influidas en su vida privada por creencias derivadas de su razón privada, llegasen a encontrarse en tareas públicas como educar, administrar, gobernar, legislar, juzgar o controlar, no podrían en modo alguno hacer el ejercicio de lo público de acuerdo con esa su razón o lógica privada. Y tendrían el mandato ético no negociable de cumplir con su encargo público de acuerdo con la lógica o "razón pública" que corre, necesariamente, por caminos diferentes a los de la razón privada. Acorde con eso y como constitucionalista, nunca aprobó ni dio vía libre a la intromisión de la religión, de religión alguna, en los asuntos públicos. Esto se lo cobraron duro, injusta y arbitrariamente periodistas, políticos, legisladores, gobernantes, jueces, controladores y, sobre todo, jerarcas de las grandes iglesias y de pequeños movimientos de creyentes. Gaviria, con dignidad, pagó el costo de su coherencia ética pero jamás transigió con la mediocridad filosófica. ¡Hombre ético nuestro Carlos Gaviria Díaz como casi ningún dirigente religioso o político de Colombia se ha dignado ser! Fue un auténtico profeta laico cuya voz se elevó y se eleva, más que nunca, sobre nuestra Colombia tan enteramente degradada.

Por eso era un colombiano libre y libertario, hombre al que le cupieron en la cabeza, en el corazón, en el razonamiento y en la defensa constitucional, todas las diferencias humanas que puedan habitar a nuestra Colombia. Y la defensa, hasta poner su vida en la picota pública, de los plenos derechos de esos plurales rostros y de esas plurales formas de ser, sentir y existir los individuos y sus colectividades en Colombia. No puedo evitar en este punto, como lectura de cristiano, la comparación de este talante con el de quienes han liderado y lideran iglesias y congregaciones de creyentes a lo largo de la geografía y de la historia de Colombia; éstos suelen ser mezquinos y excluyentes por principio, ungidos para la excomunión y la discriminación, para la persecución y la amenaza, para la bendición de lo que produce males y muertes y para la condena de lo que puja por las libertades plenas; suelen ser palabra y gesto de estigma a lo que mancilla sus moralismos pacatos y a lo que se sale de sus normalizaciones patriarcales, confesionales, occidentales, monoteístas, ortodoxas y heterosexuales de la vida y las costumbres. Gaviria Díaz, como profeta laico –insistimos– fue y es una presencia que perfectamente debería desestabilizar los perversos ordenamientos del mundo impuestos y defendidos a fuego y sangre por las iglesias en Colombia.

Era de izquierda pero no de claustro y por eso supo zafarse a menudo, sin reatos de conciencia política, de los purismos doctrinarios y de las verticalidades disciplinarias de la izquierda que tanta división han provocado en el quehacer libertario del pensamiento crítico y rebelde de Colombia. Para Gaviria primó siempre la causa por sobre las disciplinas de partido. Y primó siempre la conciencia por sobre las conveniencias pragmáticas de los pactos políticos. Y primó la radicalidad filosófica por sobre el espíritu de lucro o ganancia personal. Y primó la vida, la vida de cada viviente humano de esta colombianidad maltrecha, por sobre las seguridades o el reconocimiento de méritos individuales.

¡Si los creyentes fueran como ese buen agnóstico! Si los creyentes católicos, cristianos, judíos, musulmanes, animistas, naturalistas de Colombia y sus jerarcas, guías, gurúes, sacerdotes o pastores fueran como este agnóstico y honrado filósofo que no se atrevía ni a afirmar ni a negar a Dios, estaríamos a las puertas de una transformadora revolución ética del vivir colombiano. Y se anunciaría un nuevo y buen vivir para todas las formas de la vida entre nosotros.

 

* Animador de Comunión sin fronteras, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
** Rivas Herrera, Patricio. El sujeto disidente y la probabilidad de sus nuevas alegrías. Conferencia pronunciada ante la alianza de Maestras y Maestros gestores de nuevos caminos, Medellín, 2010.

Publicado enEdición Nº 212
El cerebro aún representa un enigma para la ciencia

Si el cuerpo humano fuese una orquesta filarmónica, sin duda al cerebro le correspondería el papel principal: el de director.
Se trata de un órgano fundamental del que depende prácticamente toda la actividad fisiológica, sensitiva, física y cognitiva de los individuos.


Su amplitud de capacidades nos lleva a pensar, soñar, amar, sentir, oler, movernos, dormir, degustar un platillo, sentir miedo, escuchar, procesar información y generar conocimiento, recordar, ver y hablar, entre muchas otras actividades.


Al iniciar los festejos por la Semana Internacional del Cerebro, en el Museo de las Ciencias Universum, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Julio Morán Andrade, investigador de la División de Neurociencias del Instituto de Fisiología Celular (IFC) de esa institución, señaló que la ciencia enfrenta grandes retos en el estudio de este órgano, fundamentalmente los relacionados con la forma en cómo actúa y funciona en los procesos de imaginación, creatividad, idealismos y pensamiento cognitivo.


Gobierna nuestras funciones


En entrevista con La Jornada durante esta conmemoración, el científico explicó que el cerebro, sumado al sistema nervioso central, es el centro de comando de toda una estructura muy compleja: el organismo vivo.


Gobierna nuestras funciones, que van desde lo más básico, como movernos, hasta procesos complejos como la integración de la información que recibimos cada día con las experiencias y que permiten que el individuo genere una personalidad o sea más o menos inteligente.


Es cierto, dijo Morán Andrade, que se ha avanzado en el estudio del cerebro en temas como las sensaciones, enfermedades mentales y neurodegenerativas, procesos de memoria-aprendizaje y su importancia en procesos como la respiración, la digestión o en el sistema cardiovascular.


Sin embargo, este órgano aún es un enigma para la ciencia: estamos muy lejos de entender siquiera cuál es la parte del cerebro relacionada con procesos complejos como la creatividad, la imaginación o la tenencia de ideales. Este es uno de los retos para las neurociencias, comentó.


Quizás, explicó, el aspecto complejo que más se ha logrado comprender es el de memoria-aprendizaje, en el que se ha identificado que el hipotálamo, sumando a la corteza, son las regiones cerebrales relacionadas con el almacenamiento y adquisición de información y su posterior uso para desempeñar las actividades cotidianas.


Al concluir las conferencias para celebrar la Semana Internacional del Cerebro, se realizó un recorrido por la sala dedicada a este director de orquesta que desde hace varios años se abrió en Universum.


Desde este espacio se trata de llevar a los visitantes hacia los lugares más recónditos de este órgano fundamental para la vida. Uno de los puntos centrales del recorrido tiene que ver con el pensamiento, al que se define como la capacidad mental para ordenar, dar sentido e interpretar la información disponible en el cerebro. Nos permite combinar la información de lo que percibimos, memorizamos y razonamos para formar nuevos conceptos o tomar decisiones ante un problema.


Otro de los complicados procesos del pensamiento que se logran, gracias a la actividad cerebral, es la comprensión del lenguaje hablado y escrito, así como la producción de nuevas ideas y la capacidad de comunicarlas a otros.


Los pensamientos consisten en imágenes mentales de nuestras experiencias, se aclara durante el recorrido por la sala del cerebro de Universum.


El investigador del IFC, de la UNAM, enfatizó en que a diferencia de otros órganos, el estudio del cerebro es complejo, debido a que existe una diferencia intraespecífica entre los individuos, pues se le usa de manera diversa.


No todo el mundo está sujeto durante su desarrollo y formación al mismo ambiente. Hay personas con mayor capacidad para una u otra actividad, hay otros que se podrían considerar más inteligentes y unos más hábiles. Cada quien tiene sus propias experiencias y eso hace aún más complejo el estudio de este órgano.


Sin embargo, confió en que pronto la ciencia pueda dar aportes en este sentido para comprenderlo mejor y con ello incidir en un mejor entendimiento del cuerpo humano para mejorar la calidad de vida

Descolonizar el pensamiento crítico y las prácticas emancipatorias

"La única salida para que los colonizados no repitan, una y otra vez, la terrible historia que los coloca en el lugar del colono, es la creación de algo nuevo, del mundo nuevo. Es el camino en el que los dominados pueden dejar de referenciarse en el dominante, desear su riqueza y su poder, perseguir su lugar en el mundo. En ese camino pueden superar la inferiorización en la que los instaló el colonialismo.

No podrán superar ese lugar peleando por repartirse lo que existe, que es el lugar del dominador, sino creando algo nuevo: clínicas, escuelas, caracoles, músicas y danzas; hacer ese mundo otro con sus propias manos, poniendo en juego su imaginación y sus sueños; con modos diferentes de hacer, que no son calco y copia de la sociedad dominante, sino creaciones auténticas, adecuadas al nosotros en movimiento. Creaciones que no tienen nada que envidiarle al mundo del colono. En ese movimiento colectivo de caminar, también tendremos las condiciones para descolonizar el pensamiento crítico".

La investigación científica en su laberinto

La ciencia avanza mediante atrevidas especulaciones, que nunca son demostradas o tan siquiera hechas probables, sino que algunas de ellas son eliminadas mediante refutaciones escuetas y concluyentes, y luego sustituidas por otras nuevas especulaciones todavía más atrevidas. (Imre Lakatos)


Abraham Moles ha imaginado que el investigador científico, en su actividad, se mueve en un laberinto cuyas paredes constituyen "el muro vertical de la ciencia acabada"; el científico deambula por el laberinto buscando una salida o, en última instancia, buscando derribar los muros de "la ciencia normal". Esta imagen ha sido enriquecida por hombres de ciencia cuyas ideas los han llevado hasta la orilla del difuso muro que separa lo conocido, según los cánones de los paradigmas vigentes, del infinito campo de lo desconocido y lo incognoscible.


David Bohm, eminente físico teórico, nos cuenta –después de largos recorridos por el laberinto– que las paredes son en realidad espejos, en los cuales se reflejan mutuamente sujeto y objeto, lo observado y el observador, y que cualquier fragmento del espejo contiene el reflejo del universo entero. Bohm y otros aventureros del conocimiento agregan que la superficie de los espejos es aparente, que el pasaje hacia nuevos paradigmas se encuentra del otro lado del espejo, y que debe cruzarse el espejo para "ver" el mundo bajo una nueva óptica. Cabe decir que esta nueva visión del universo propuesta también por otros renombrados investigadores contemporáneos, como Ilya Prigogine, es "totalitaria": no puede separarse al sujeto del objeto e incluye consideraciones metafísicas, éticas, sociales y estéticas ("Bohm, coherente con su universo creativo, quiere enfatizar el aspecto artístico de la ciencia. Muchos creen que la física es exacta y que todos sus enunciados tienen un significado exacto. Por el contrario, Bohm cree que la ciencia se parece más al arte en el sentido de que trata con cosas ambiguas. Denomina a las teorías científicas 'formas artísticas' que se elaboran para congeniar con la experiencia general pero que nunca pueden darnos una seguridad total de conocimiento." A través del maravilloso espejo del universo, de J. P. Briggs y F. David Peat; Gedisa, 1996).


El brote de este nuevo paradigma se deriva de teorías y resultados de la física, la biología, la matemática, la neurofisiología, ampliamente aceptados por la comunidad científica contemporánea. Si bien las ideas originales de Bohm fueron enunciadas por éste hace varias décadas, no fueron tomadas en serio por sus colegas sino hasta hace muy poco tiempo y con mucha reserva. En particular, Bohm revisa el concepto de causalidad y propone un principio más amplio: todo causa todo lo demás, lo que ocurre en cualquier parte afecta lo que ocurre en cualquier otra parte. Este pensador, en colaboración con el matemático Basil Hiley, desarrolló toda una teoría matemática para formalizar su novedosa concepción del mundo y el conocimiento. En particular tomaron un álgebra que había sido propuesta el siglo pasado por un matemático polaco y no se consideraba de mayores méritos, puesto que con ella se pretendía modelar el movimiento del pensamiento, nada menos.

 

Para acercarse al budismo, nos dice el Dalai Lama en Las cuatro nobles verdades, es necesario asimilar dos principios filosóficos fundamentales: el principio de la interdependencia, que significa que todas las cosas y los acontecimientos del universo son, en tanto que resultado de la interacción de varias causas y condiciones. Todas las cosas y acontecimientos (de hecho, la totalidad de todo lo que es y existe) surgen solamente como resultado de la interacción del conjunto de factores que propiciaron su advenimiento. El segundo principio afirma que cualquier identidad que demos a las cosas será siempre contingente en relación con la interacción que se establece entre nuestra percepción y la realidad misma. Esta afirmación, asevera el Lama, no significa negar la existencia de las cosas; el budismo no predica el nihilismo. Las cosas existen, pero no tienen una realidad independiente y autónoma. Esto corresponde, según mi entender, con la idea del universo como un espejo, en donde el todo y la parte se reflejan mutuamente y el observador está implícito en lo observado; según Bohm toda la conciencia está implicada en la materia y la materia es el despliegue de la conciencia.


El hecho de que dos corrientes filosóficas, una basada en una tradición ancestral y la otra emanada de la ciencia moderna, confluyan en una serie de conclusiones análogas, es sorprendente para la mente perdida en el laberinto de sólido granito del cientificismo, no así para las mentes soñadoras que navegan en el universo de espejos y que no se asombran si un conejo se transforma en un sombrero o si aparece de pronto, en medio de la selva, una mesa de disecciones con un paraguas y un pasamontañas encima.

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