Domingo, 14 Abril 2019 06:04

Pelearemos como David contra Goliat

Pelearemos como David contra Goliat

La amenaza que veíamos venir desde hace tempo se ha hecho realidad. El Reino Unido, tras violentar durante estos años todas las normas del derecho internacional, ha cumplido su función de brazo ejecutor después de que el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, supeditado a los intereses de los EE.UU. de Donald Trump, haya retirado el asilo político a Julian Assange. En unas imágenes que deberían ruborizar a cualquier demócrata, el Gobierno de Ecuador ha abierto la puerta de su embajada para permitir que la policía británica sacara de forma violenta al fundador de WikiLeaks.

Es muy grave lo ocurrido, y plantea un futuro incierto a Julian Assange quien después de casi ocho años de reclusión inhumana en el recinto de la embajada ecuatoriana, se encuentra ahora a expensas de lo que la Corte de magistrados de Westminster determine, una vez se ponga en marcha la extradición al país norteamericano. De inicio, el periodista buscó refugio ante la orden de aprehensión de Suecia por denuncia de violación, una causa que ya fue archivada en mayo del pasado año. Ahora enfrenta la condena por haber incumplido las medidas cautelares de su libertad, cuestión que siempre hemos aceptado y nunca hemos eludido responder tanto en Suecia como en Gran Bretaña, pero denunciando, a la vez, la instrumentación que de estos países hacía EE.UU. Al final se ha desvelado la trama. Incluso desde diciembre de 2017 existía una orden de detención de la justicia estadounidense en Londres, a pesar de que tanto los británicos como el gobierno del presidente Moreno, específicamente el canciller Valencia, lo negaron.

Tras ese argumento se escondía la verdadera razón de la persecución contra el activista: Estados Unidos no puede consentir que Assange, mediante WikiLeaks, haya hecho públicos miles y miles de documentos militares y diplomáticos de carácter confidencial, denunciando torturas y crímenes de guerra por parte de responsables militares de ese país en lugares como Irak o Afganistán y filtraciones de las comunicaciones entre embajadas USA con Gobiernos y servicios de información en todo el mundo.


Las acusaciones de Suecia siempre fueron para su defensa una argucia para extraditarle a Estados Unidos, donde podría ser juzgado por tal causa. Sabemos ahora que, en efecto, lo que latía bajo este asunto era la acusación por conspiración por parte de una Corte estadounidense. Y es probable que este delito, el de conspiración para hackear ordenadores, sea solo el principio, porque buscan con ello eliminar la verdadera base política de la persecución.


La acción británica viene precedida de una serie de incumplimientos de los convenios internacionales. Gran Bretaña ha estado prescindiendo, obviando, incumpliendo y violentando todas las normas del derecho internacional y de los derechos humanos. No han atendido al salvoconducto que pedía Ecuador desde hace años porque había otorgado un asilo, y una vez otorgado el asilo los demás países tienen que cumplirlo.


Sobre el papel de Ecuador, poco puedo añadir a lo que ha manifestado el ex presidente Rafael Correa, quien en su día en nombre de los Derechos Humanos asiló a Assange, que ha criticado la detención y ha calificado de “traidor” al actual presidente por permitir su arresto. “Esto jamás será olvidado por la humanidad entera. Uno de los actos más atroces fruto del servilismo, la vileza y la venganza. La historia será implacable con los culpables de algo tan atroz”, ha dicho Correa, añadiendo: “De ahora en adelante, a nivel mundial la canallada y la traición podrán ser resumidas en dos palabras: Lenín Moreno”.


Pocas veces he asistido a tan sorprendente actuación contra lo que marca el derecho de asilo como la que este jueves hemos vivido. Las confusas afirmaciones del actual mandatario ecuatoriano, lo dicen todo: “Ecuador da por finalizado el asilo diplomático otorgado al señor Assange en el año 2012. Por seis años y diez meses el pueblo ecuatoriano ha garantizado los derechos humanos del señor Assange y ha cubierto sus necesidades cotidianas en nuestras instalaciones de la embajada en Londres”. “El señor Assange violó reiteradamente disposiciones expresas de las convenciones sobre asilo diplomático. Violó particularmente la norma de no intervenir en los asuntos internos de otros estados”, ha añadido. Extremo este que es incierto, porque la acusación en este sentido siempre fue una argucia, como queda demostrado por los SMS que obran en la causa.


La concesión del asilo lo fue por riesgo fundado, de acuerdo con las convenciones aplicables al caso. Su retirada solo se puede producir si aquel riesgo desaparece. En este caso, lejos de que el peligro haya desaparecido, se ha incrementado exponencialmente con las declaraciones recurrentes de autoridades norteamericanas, que han llegado a calificar a Wikileaks de organización terrorista. Tampoco se ha realizado ningún procedimiento de revisión con alegaciones para el asilado, como requería imperativamente la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, al cerrar la demanda de medidas cautelares formulada meses atrás.


La mezcla de argumentos es difícil de comprender. De una parte, Moreno parece reprochar el gasto que la delegación ha cubierto. De otra, culpa a Assange de expresar sus opiniones sin concretar qué normas de derecho internacional ha afectado, de tal modo que se ha hecho merecedor de una sanción tan peligrosa. También de que es editor de WLO, cuando esto ya no es así; como tampoco tiene que ver con la filtración de los INApapers. O porque, y aquí viene el punto álgido, según Moreno, ha solicitado a Reino Unido que no entregue a Assange a un país en que se ejerza la tortura o exista la pena capital. Y asegura que los británicos han dado su asentimiento por escrito pero ¿acaso está exento Estados Unidos de estas dos condiciones? Es incontestable que la pena de muerte existe y uno de los elementos básicos por los que el país de Trump ha saltado a la palestra en WikiLeaks es por los supuestos malos tratos sistemáticos cuando así lo han considerado los poderes militares en casos de conflicto. Y además, un país en el que no se garantiza la ausencia de la tortura como puso de manifiesto el Relator contra la tortura Juan Méndez en el caso de Chelsea Manning, que fue sometida a un trato cruel, inhumano y degradante y que nuevamente ha sido encarcelada, el riesgo que corre Julian Assange si la extradición se materializa, es inmenso.


Aún queda lo más importante. ¿Qué ocurre con los derechos humanos? Estados Unidos discurre por un camino que nos llevará a todos al desastre. Recientemente amenazó con la prohibición de visados a los miembros del Tribunal Penal Internacional que investiguen casos como la supuesta responsabilidad de miembros de esa alta instancia de militares norteamericanos en Afganistán. Hace apenas unos días hizo efectiva esta sanción retirando el visado a la fiscal del TPI Fatou Bensouda que junto a sus colaboradores indaga desde 2016 la posible responsabilidad de soldados estadounidenses entre 2003 y 2004, en los presuntos crímenes de guerra cometidos en Afganistán. Ante tal sinrazón, Bensouda ha manifestado que seguirá cumpliendo su deber.


¿Muerto el perro se acabó la rabia? Esa parece ser la política del país más poderoso del mundo. Si la CPI puede afectar a los propios intereses, se anula y prohíbe, por más que Afganistán forme parte de los 124 países que han ratificado el Estatuto de Roma y que este tribunal sea una instancia superior, internacional, que garantiza la protección de las víctimas. Si un periodista activista denuncia ante el mundo las irregularidades, trapacerías, asesinatos, corrupción y manejos de la potencia mundial, se le persigue, aísla y aprovechando un giro a la derecha en el Gobierno de Ecuador, que hasta entonces entorpecía el objetivo marcado, se logra que esta nación levante el asilo acordado y dé vía libre para acabar con el estorbo Assange. ¡Menuda suerte que el presidente Correa, de talante progresista, fuera sustituido por Moreno, de talante marcadamente de derechas. ¡Vaya casualidad!


El caso Assange no termina aquí. Su equipo legal y yo, como coordinador de la defensa del periodista, no estamos dispuestos a permitir tal atropello. Pelearemos como David contra Goliat, como venimos haciendo desde hace años. Este asunto va más allá de una filtración o de un entramado de conflictos legales. Estamos hablando del derecho de los ciudadanos del mundo a conocer en manos de quién estamos, de lo que nos ocultan y de a dónde pretenden conducirnos. Y una vez que sabemos, no es tan fácil callar al mensajero. Lo que pretende Estados Unidos, apoyado en quienes le están favoreciendo, no es otra cosa que impunidad. No podemos ni debemos tolerarlo, y no lo haremos.


* Jurista. Coordinador de la defensa de Julian Assange. Artículo publicado originalmente en eldiraio.es. Link: https://www.eldiario.es/zonacritica/Assange-impunidad_6_887571262.html

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Arresto de Assange: venganza de Lenin Moreno por los pestilentes Ina Papers

Atenta a las costumbres de las civilizaciones milenarias entregar a un asilado político por el país anfitrión, lo cual pisoteó el presidente de Ecuador, Lenín Moreno, que deshonra a Latinoamérica.

La entrega de Assange a Estados Unidos (EU) ya estaba tomada desde 2017 cuando Trump envió a su representante especial Paul Manafort, hoy encarcelado, para operar un trueque con Lenín Moreno: Assange a cambio de retribuciones pecuniarias y acuerdos comerciales (https://nyti.ms/2UzIHv0).


Sólo faltaba el catalizador, en lo que contribuyeron los sulfurosos “ Ina Papers” que implican al presidente de Ecuador, a su hermano Edwin y a sus hijas en un operativo de lavado por 18 millones de dólares en el paraíso fiscal de Belice.


La nada gloriosa entrega de Assange, icónico fundador de Wikileaks, pone en peligro de muerte a la libertad de expresión en la era del totalitarismo orwelliano cibernético y pone en tela de juicio la Primera Enmienda del Bill of Rights de EU (http://bit.ly/2Glx8P5).


Los 18 millones de dólares que recibió Edwin Moreno, hermano de Lenín Moreno y mandamás de INA Investments Corp, fueron blanqueados en un conjunto de 11 empresas fantasmas: Espíritu Santo Holdings, Fundación Amore, Fundación Esmalau, Fundación Pacha Mama, Inversiones Larena, Inversiones Maspal, Manela Investment Corp, Probata Investments, San Antonio Business Corp, Turquoise Holdings Ltd, Valley View Business Corp (http://inapapers.org/).


El nombre INA fue tomado de las tres letras finales de los nombres de las tres hijas de Lenín Moreno: Ir(ina), Crist(ina) y Kar(ina). Al fundador de Wikileaks no le perdonan haber publicado el 26 de marzo pasado las tratativas de Trump con Lenín Moreno vía Manafort hace dos años.


Lenín Moreno inculpó a Assange, quien estaba totalmente desconectado del mundo, con su Internet bloqueado, de haber hackeado sus correos y su teléfono.


Lo más hilarante provino de la ministra María Paula Romo quien afirmó que Assange y Wikileaks estaban implicados en una conspiración (sic) para desestabilizar al gobierno de Lenín Moreno mediante dos “ hackers rusos”.Ya lo de la fanstasmagórica intervención de Rusia se ha vuelto una broma muy aburrida.


Antes de la entrega ignominiosa de Assange, Lenín Moreno había descendido a los avernos de la impopularidad con menos de 17 por ciento de aceptación.


Más allá de la personalidad impía de Lenín Moreno, resalta su giro radical a la extrema derecha y su subordinación a Trump cuando concluyó créditos con el FMI y el Banco Mundial por 10 mil millones de dólares, al precio de severas medidas de austeridad y la decapitación de 10 mil empleos del sector público (http://bit.ly/2IiruPQ).


El arresto de Assange era una coreografía cantada: hace cinco meses adelanté la secuencia de la expulsión/detención/deportación de Assange en la FIL de Guadalajara (http://bit.ly/2UBCiz8).


Los INA Papers de la corrupta familia Moreno no es ninguna novedad: forma parte de la aplicación mafiosa del neoliberalismo global en Latinoamérica que resultó en un vulgar lavadero en los paraísos fiscales para comprar las conciencias de sus dirigentes y/o de los manipuladores de la opinión pública, como fue el caso de PanamaPapers –que mancillaron a Mario Vargas Llosa y al presidente argentino Mauricio Macri (http://bit.ly/2Dgg3nP)–; de Bahama Leaks–con Pinochet, Macri y el partido PAN de cada día de México (http://bit.ly/2rJGegB)–; la estafa del Banco Stanford, donde blanqueaba el cárteldel Golfo con el ex canciller foxiano Castañeda Gutman (http://bit.ly/2UWJUMe); etcétera.


Resalta que en Latinoamérica no hay neoliberalismo sin lavado.


La trama rusa, más bien el trauma ruso del plagiario Krauze Kleinbort (socio de Banco Santander y Televisa), es otro lavado de la Operación Berlínde acuerdo a la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno mexicano (https://bit.ly/2UrdBVm).


El ex presidente Rafael Correa atribuye que el haber divulgado el caso fétido de “ Ina Papers” le valió el bloqueo de su cuenta en Facebook. Según Correa, el arresto de Assange fue a cambio de un préstamo del FMI y como venganza a la publicación por Wikileaks del escándalo de “Ina Papers”(http://bit.ly/2DcQSmh).


www.alfredojalife.com
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Sábado, 13 Abril 2019 06:48

Una filtración que no ocurrió

Una filtración que no ocurrió

Los argumentos de Estados Unidos para pedir la extradición del fundador de WikiLeaks. Lo acusan de un crimen informático.

Finalmente Estados Unidos puso sus primeras cartas sobre la mesa. Después de investigar durante años a Julian Assange, fundador del sitio de megafiltraciones WikiLeaks, después de presionar al gobierno ecuatoriano para que lo expulsara de su embajada en Londres, donde estuvo asilado casi siete años, después de que la justicia británica lo detuviera por asilarse en la embajada estando en libertad condicional, después de que el juez del caso emitiera un comunicado anunciando que Assange permanecería detenido por un pedido de extradición de Estados Unidos, después de todo eso el Departamento de Justicia estadounidense dio a conocer una acusación formal en contra de Assange realizada por un Gran Jurado de Alexandria, Virginia, que había permanecido secreta o “sellada” durante años, a la espera de que Assange perdiera la protección de Ecuador.


El documento, firmado por los fiscales Kellen S. Dwyer y Thomas W. Traxler, acusa al editor y ciberactivista de un solo delito, “conspiración para cometer intrusión de computadora”, cargo que conlleva una pena máxima de cinco años de prisión. No es un delito grave, pero alcanza para pedir una extradición. Si dicho proceso llegara a prosperar, agotar todas las instancias previstas en el sistema judicial británico puede demandar años. Solo entonces la fiscalía podría agregar acusaciones, por ejemplo de espionaje, para elevar la eventual sentencia si fuera hallado culpable.


El texto presentado a las autoridades británicas ofrece algunas pistas de las intenciones de la fiscalía del norte de Virginia, localidad en la que se concentra buena parte de las familias de militares, agentes de inteligencia y fuerzas de seguridad que rodean a la capital estadounidense. El texto señala que Assange conspiró para robar documentos “relacionados con la defensa nacional, incluyendo algunos con la calificación de ´secreto’, teniendo razones para suponer que la información así obtenida podría ser usada para lesionar a los Estados Unidos en favor de cualquier país extranjero”.


En concreto, la acusación se refiere a un hecho que apareció cuando los expertos informáticos lograron desencriptar los chats entre Assange y Chelsea Manning, la oficial de inteligencia condenada y luego perdonada por filtrar documentos sensibles a WikiLeaks. La acusación afirma que después de mandarle los partes de guerra de Irak y Afganistán, los documentos sobre la cárcel de Guantánamo y los cables diplomáticos del Departamento de Estado, Manning le advirtió a Assange que había otros documentos interesantes almacenados en el servidor del Departamento de Defensa pero que solo tenía una parte de la clave de acceso. Assange, entonces, según la acusación se ofrece a intentar obtener la otra parte de la clave. Para la fiscalía de Virginia, la oferta de Assange constituye el eje central de una conspiración.


Lo interesante del caso, o preocupante, desde el punto de vista del ejercicio del periodismo, es que los demás elementos citados en la acusación como parte de la conspiración no difieren para nada de una práctica habitual de los periodistas en todo el mundo. A saber:


“Fue parte de la conspiración que Manning y Assange usaran el servicio de chat online ‘Jabber’ para adquirir y difundir documentos clasificados.” Hoy en día es práctica habitual de los periodistas de investigación el uso del chat encriptado para obtener documentos secretos.


“Fue parte de la conspiración que Assange y Manning adoptaran medidas para ocultar que Manning era la fuente de la transmisión de documentos clasificados a WikiLeaks, inclusive haber borrado el nombre del usuario en la transmisión de datos y haber borrado los chats entre Assange y Manning.”


Digamos que si no revelar la fuente y proteger su identidad forma parte de una conspiración, el mundo está lleno de periodistas conspiradores.


“Fue parte de la conspiración que Assange alentara a Maning a que le proveyera información y archivos de agencias y departamentos de los Estados Unidos.”


Otra vez: si alentar a una fuente a darnos información secreta constituye un delito, millones de periodistas deberíamos estar presos. Y los que no será porque son malos periodistas.
El documento afirma que Manning le pasó a Assange 400.000 documentos sobre la guerra de Irak, 490.000 sobre la guerra de Afganistán, 800 sobre la cárcel de Guantánamo y 250.000 cables diplomáticos. Pero no lo acusan por eso, sino al mejor estilo del juicio contra Al Capone lo acusan por una filtración que nunca ocurrió, ya que la clave del servidor del Departamento de Defensa, según la acusación, no pudo ser descifrada. En su último considerando, el documento de la fiscalía informa:


“El 10 de marzo de 2010 o alrededor del 10 de marzo, Assange le pide más información a Manning acerca de la clave en cuestión y le comenta había intentado obtenerla “pero hasta ahora no tuve suerte”.

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'INA Papers': La filtración sobre la presunta cuenta de Lenín Moreno en Panamá a la que WikiLeaks atribuye el arresto de Assange

La detención del periodista Julian Assange, llevada a cabo este jueves por parte de la Policía británica en la Embajada de Ecuador, no podía ser posible sin la decisión del gobierno de Lenín Moreno de retirarle el asilo diplomático. Esta medida, según la organización internacional WikiLeaks, fundada por el australiano, es una represalia por haber dado a conocer una trama de corrupción que presuntamente involucra a Moreno y a buena parte de su familia: los INA Papers.

De acuerdo con la investigación, hay documentos que prueban que la familia de Moreno habría incurrido en delitos de corrupción, perjurio y lavado de activos, a través de varias empresas extranjeras 'offshore' en diversos paraísos fiscales. Según trascendió, una de esas empresas habría recibido injustificadamente 18 millones de dólares de parte de un contratista de un proyecto público en el tiempo en que Lenín Moreno era vicepresidente.


Parte del blanqueo de esos capitales se habría hecho a través de la firma INA Investment, constituida en el 2012 por el hermano del presidente, Edwin Moreno.

Se cree que el nombre de la empresa, INA, proviene del acrónimo que coincide con las últimas tres letras de los nombres de las tres hijas de Lenín Moreno: Cristina, Irina y Karina.
El diputado ecuatoriano de Revolución Ciudadana, Ronny Aleaga, fue el encargado de presentar la denuncia ante la Justicia local. A fines de marzo, la Fiscalía General del Estado abrió una investigación sobre el caso.


La indagación previa, abierta por la fiscal general subrogante de Ecuador, Ruth Palacios, gira en torno a la presunta realización de varias compras irregulares en beneficio tanto del mandatario ecuatoriano como de su esposa e hijas, entre ellas artículos de lujo, automóviles de alta gama y bienes inmuebles como un apartamento de 140 metros cuadrados en Alicante (España).


Moreno había calificado dichas acusaciones de "campaña de desprestigio" y señaló a los aliados del presidente del país entre los años 2007 y 2017, Rafael Correa, de estar detrás del proceso.


¿Venganza o decisión soberana?

El exmandatario ecuatoriano coincide en que la detención de Assange es a modo de "venganza" por la revelación de lo que calificó como "uno de los casos de corrupción más graves de la historia del país". Y pide la colaboración de la comunidad internacional para que sea inspeccionada la cuenta 100-4-1071378 de Balboa Bank en Panamá, y salgan a la luz todas las operaciones y la inocencia de Moreno quede demostrada o desmentida.


Por su parte, Moreno rechaza las acusaciones y sostiene que el retiro del asilo a Assange fue una determinación "soberana", y se debe a que el periodista "violó reiteradamente convenciones internacionales y protocolo de convivencia".

Explicaciones del presidente


En cuanto a la causa en la que se le investiga, Moreno afirmó el pasado martes que la empresa 'offshore' INA Investment fue fundada por su hermano Edwin Moreno, a pedido de alguien que le debía dinero, para trasladar los fondos a Ecuador a través de esa compañía panameña. Señaló que su hermano quedó fuera de la firma una vez que le terminaron de pagar la deuda y, como no es empleado público, "puede tener las empresas 'offshore' que quiera".


Además del presidente de Ecuador, figuran como involucrados en la causa su esposa, Dama Rocío González; su hermano, Edwin Moreno Garcés; su cuñada, Guisella González; su íntimo amigo, el empresario y testaferro Xavier Macías Carmignani, entre otros.

Publicado: 12 abr 2019 00:29 GMT | Última actualización: 12 abr 2019 10:22 GMT

 

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Viernes, 12 Abril 2019 06:13

Assange, a tiro de extradición

Assange, a tiro de extradición

Fue expulsado por razones estrictamente políticas, ya que el presidente ecuatoriano Lenín Moreno quiere acercarse a los Estados Unidos y Gran Bretaña y despegarse del legado de Rafael Correa.

Finalmente pasó lo que ya parecía inevitable. Ayer a la mañana fue Julian Assange, fundador del sitio WikiLeaks, fue expulsado de la embajada de Ecuador en Londres. El presidente Lenín Moreno se encargó del anuncio. Más allá de la justificación basada en supuestos incumplimientos de un protocolo imposible de cumplir (no solo Assange no podía opinar de nada sino que el medio que fundó, WikiLeaks, tampoco podía opinar de nada), fue expulsado por razones estrictamente políticas, ya que Moreno quiere acercarse a Estados Unidos y Gran Bretaña y despegarse del legado antiimperialista de su antecesor Rafael Correa.

Si fuera por la justicia británica, la detención de Assange en ese país no iba durar mucho. Está acusado de un delito excarcelable, violar las condiciones de su libertad condicional, basada en una orden de captura del gobierno sueco por una investigación de presuntos delitos sexuales que ya fue archivada y en la cual Assange nunca fue acusado. Si no interviene Estados Unidos, se presenta ante el juez, declara, paga la multa y queda libre. Pero Estados Unidos intervino y minutos después de la detención la cancillería británica emitió un comunicado anunciando que Estados Unidos había pedido la extradición del editor. De ser deportado, Assange enfrentaría cargos de traición y espionaje por la megafiltración de cables diplomáticos conocida como Cablegate en el 2010. Un Gran Jurado convocado en Alexandria, Virginia, acaso el distrito donde conviven más militares, espías y policías por metro cuadrado en todo el país, ha presentado una acusación en contra de Assange, por supuesto complot con su fuente, Chelsea Manning, para extraer los cables y darlos a conocer. Manning fue condenada a 35 años por eso y perdonada por Obama después de siete. Gran parte del juicio a Manning giró alrededor del tema de si WikiLeaks había sido un receptor pasivo de los cables o si se había confabulado de alguna manera para obtenerlos.


Si bien es cierto que es muy delgada la línea entre el periodismo de investigación y el terrorismo a través del robo de información secreta, así como es muy delgada la línea entre el espionaje y la diplomacia, sería una hipocresía mantener que los periodistas somos meros receptores pasivos de secretos que nos quieren contar. Explicarle a una fuente cómo hacernos llegar un material de forma segura y anónima no es lo mismo que urdir un plan criminal para hundir a un gobierno. Así, al menos lo entendió el fiscal general de Obama, Eric Holder, y por eso se negó a avanzar con la acusación en contra de Assange. Y por eso también le dijo al Washington Post que no podía juzgar a Assange sin entrar en conflicto con la primera enmienda dela constitución estadounidense, que garantiza la libertad de expresión. Con el gobierno de Trump las cosas arrancaron bien porque las publicaciones de WikiLeaks sobre Hillary Clinton en el 2016 le dieron una gran mano para ganar la elección. El hoy pesidente llegó a tuitear "Amo a WikiLeaks". Pero las cosas cambiaron rápidamente cuando el sitio de Assange publicó "Vault 7", la mayor filtración de documentos de la CIA en la historia de la agencia. A partir de entonces el gobierno de Trump definió a WikiLeaks no como un medio de comunicación, sino como un "servicio de inteligencia hostil, no estatal" y la investigación de Alexandria cobró impulso con nuevas medidas y citaciones de testigos, incluyendo Manning, quien se negó a declarar y por eso volvió a prisión hace un mes.


Ahora le toca mover a Assange. Podría aceptar mansamente su traslado a Alexandria para dar una batalla épica por la primera enmienda, pero en su caso sería apresurado. Antes bien, lo más probable es que elija dar esa batalla en Londres, en un juicio de extradición que obligue a Estados Unidos a presentar sus pruebas ante la opinión pública para que ésta decida si Assange es un periodista perseguido o un espía disfrazado. En la ausencia de la susodicha primera enmienda las leyes británicas son más hostiles hacia el libre ejercicio del periodismo comparada con la americana. Pero Assange apostará a que la justicia londinense sea más independiente que la del norte de Virginia. De mínima, el juicio de extradición podría durar años y mientras tanto podrían caer por la via parlamentaria o la electoral gobiernos que no son amigables con Assange como el May y el de Trump, sin los cuales una solución negociada sería mucho más fácil. Y de última, si perder el juicio de extradición, en Virginia tendrá revancha. Si el caso llega a Estados Unidos se daría un capítulo más en la pelea que Trump viene llevando con los medios de su país y las organizaciones de derechos humanos y libertad de expresión. A nadie le escapa que prácticamente todos los medios del mundo publicaron la información por la que Assange ha sido acusado y que varios de esos medios, incluyendo el New York Times, The Guardian, El País y Página 12, fueron socios de WikiLeaks en distintos proyectos de publicación.


Más aún, dicho juicio serviría para general un gran debate acerca de qué significa ser periodista en la era de internet, redes sociales, concentración mediática y megafiltraciones, cuáles son los límites al derecho a informar en sociedades democráticas y qué significa la noción de privacidad en la era de la hipertransparencia.


Trump parece estar dispuesto a dar ese debate. Es el tipo de pelea más le gusta. Y sabemos que Assange se viene preparando para este momento desde hace mucho tiempo.
Más allá del ajedrez geopolítico, en un día así uno no puede dejar de pensar que más allá del ícono está el ser humano. Un tipo tierno, vivaz, tímido a su manera, obstinado, mandón, ingenioso, amante del queso francés y del malbec argentino, que para poder publicar no tuvo miedo a enfrentarse al Pentágono ni a quemar puentes con China, Rusia y la Unión Europea hasta quedar completamente aislado, que pasó seis años y diez meses en un encierro atroz, vigilado, espiado, de a ratos aislado e incomunicado. Aprendí mucho de él. Una vez nos quedamos hablando catorce horas seguidas ¡catorce horas! con él y su padre John Shipman en la sala de conferencias de la embajada. En otra ocasión me tiró una frase que nunca olvido. "Conseguir información es fácil," me dijo. "Lo que es difícil es publicarla".

 

@santiodonnell

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Ecuador entrega a Assange a GB; ya lo reclama EU

Londres. Arrastrado primero y cargado después por siete agentes de Scotland Yard, "invitados" por el embajador de Ecuador en esta capital, Jaime Alberto Marchán, el fundador del portal de filtraciones Wikileaks, Julian Assange, fue sacado este jueves de la legación en la que se refugió desde el 19 de junio de 2012.

Media hora antes, Marchán citó al activista a su despacho para leerle la decisión de Ecuador y le pidió abandonar la sede diplomática, relató el canciller ecuatoriano, José Valencia. La agencia de noticias Europa Press reportó que el periodista al parecer se resistió al grito de "esto es ilegal".

En vista de la negativa, el diplomático pidió a la seguridad del recinto que lo sacaran del lugar y lo entregaran a la policía metropolitana londinense.

Cerca de las 10 de la mañana Assange, de 47 años, fue expulsado de la representación diplomática, esposado, cargado por la fuerza y aferrándose al libro Gore Vidal, historia del estado de seguridad nacional, que recoge las conversaciones sobre el funcionamiento de la política en Estados Unidos entre el periodista canadiense Paul Jay y el fallecido ensayista estadunidense.

"Deben resistir, Reino Unido tiene que resistir este intento de la administración (de Donald) Trump", gritó Assange cuando era sacado de la embajada.

Delgado y desaliñado, con larga barba blanca y el cabello recogido en una cola, el australiano fue introducido por la fuerza en un furgón policial.

En julio de 2010, Wikileaks publicó 70 mil documentos militares confidenciales sobre las operaciones de la coalición internacional en Afganistán. A finales de octubre filtró 400 mil más relacionados con la guerra de Irak y un mes más tarde el contenido de unos 250 mil cables diplomáticos secretos del Departamento de Estado.

El 18 de noviembre de ese año, Suecia emitió una orden de detención contra Assange, acusado de presuntas agresiones sexuales, incluida la violación de mujeres. Ante el temor de que si lo llevaban a Suecia sería extraditado a Estados Unidos, decidió refugiarse en la embajada ecuatoriana en Londres en junio de 2012.

El presidente de Ecuador, Lenín Moreno, tuiteó un video en el que justificó su decisión de revocar el asilo diplomático otorgado en 2012 y la nacionalidad ecuatoriana concedida en 2017 a Assange, porque "violó reiteradamente" las normas que regían su protección.

Desde Quito, el canciller José Valencia, ante la asamblea unicamaral ecuatoriana, alegó que se adoptó la decisión porque el fundador de Wikileaks externó opiniones sobre asuntos internos de otros estados, mal comportamiento y falta de respeto a las autoridades ecuatorianas, amenazas contra el Estado y la embajada en Londres.

Más aún, aseguró que Assange, junto con el ex canciller Ricardo Patiño y algunos hackers, que no identificó, conspiraban para desestabilizar al gobierno de Moreno.

Agregó que la salud del australiano estaba en riesgo debido al encierro prolongado y que el asilo no es un instrumento para evadir la justicia. Añadió que la cancillería y la contraloría investigarán las anomalías detectadas para la concesión de la ciudadanía ecuatoriana.

Desde su asiento en el furgón policial, Assange sonrió, hizo un guiñó y levantó el pulgar de la mano derecha en señal de victoria a un grupo de periodistas y fotógrafos. Sin pausas, fue trasladado al Tribunal de Magistrados de Westminster.

El juez de distrito Michael Snow no perdió tiempo en culparlo por violar los términos de su libertad condicional, otorgada en 2012, luego de que Suecia lo solicitó en extradición.

Los fiscales en Estocolmo abandonaron la investigación en mayo de 2017 porque "no pudieron avanzar", mientras Assange permaneció en la embajada. La vicefiscal general de Suecia, Eva-Marie Persson, indicó ayer que una de sus acusadoras solicitó formalmente la reapertura del caso, lo cual, si ocurre, puede abrir una batalla judicial que se prolongaría varios años.
El activista alegó que no tuvo una audiencia judicial justa, porque el marido de la juez que llevó el caso resultó perjudicado por las publicaciones de Wikileaks. "Eso es ridículo", replicó Snow, quien calificó a Assange de "narcisista incapaz de superar sus propios intereses".

Mientras la sesión se desarrollaba, el Departamento de Justicia de Estados Unidos solicitó su extradición para juzgarlo por "conspiración para cometer intrusión informática" por haber ayudado a la ex analista de inteligencia estadunidense Chelsea Manning a obtener una contraseña para acceder a cientos de miles de documentos de defensa confidenciales y luego divulgarlos en su portal.

El juez Snow lo citó a nueva audiencia el 2 de mayo y ordenó que el acusado permanezca bajo custodia policial. La pena exacta por violar la libertad condicional la decidirá un tribunal superior en fecha aún por determinar, informó el diario británico The Guardian, aunque podría ser condenado a 12 meses de cárcel.

Tras la comparecencia, Jennifer Robinson, abogada británica de Assange, afirmó que "impugnará y luchará" contra la extradición a Estados Unidos. Carlos Poveda, otro letrado defensor del activista, comentó que el gato de Assange fue resguardado antes de la detención.

En Madrid, el ex juez Baltasar Garzón, otro de sus abogados, comentó que Assange corre el riesgo de ser torturado si lo trasladan a Estados Unidos.

Expertos en derecho internacional aseguraron que la nueva pelea legal podría durar años, con largas audiencias en Gran Bretaña, Suecia y Estados Unidos que requieran de evidencias que deberán cruzar varios países y testimonios de expertos en medio de una discusión sobre los derechos humanos y la salud de Assange.

La primera ministra británica, Theresa May, afirmó ante la Cámara de los Comunes: "En el Reino Unido nadie está por encima de la ley", y agradeció al gobierno de Ecuador por su cooperación y a la policía británica por su "gran profesionalidad".

El líder laborista Jeremy Corbyn tuiteó: "La extradición de Julian exhibiendo a Estados Unidos por exponer evidencias de las atrocidades en Irak y Afganistán debería ser rechazada por el gobierno británico".

El redactor en jefe de Wikileaks, Kristinn Hrafnsson, aseguró que Assange sólo es culpable de "conspiración para cometer periodismo".

Horas más tarde, Lenín Moreno arremetió de nuevo contra el activista: "Le hemos quitado el asilo a este malcriado y ventajosamente nos hemos librado de una piedra en el zapato". Durante un acto en la sureña ciudad Latacunga, aseguró que Assange llegó a "manchar con su excremento" la embajada de Quito en Londres.

“De ahora en adelante tendremos mucho cuidado de dar asilo a gente que realmente valga la pena y no a miserables hackers cuya única intención es desestabilizar gobiernos”, añadió.

Con su encierro, Assange superó los casos de Víctor Haya de la Torre, asilado cinco años en la embajada de Colombia en Lima (1949-1954), y del argentino Héctor Cámpora, refugiado en la embajada de México en Buenos Aires donde permaneció tres años después del golpe de Estado que instituyó una sangrienta dictadura que se extendió hasta 1983.

Al cierre de esta edición se reportó que un colaborador de Assange fue detenido cuando intentaba salir de Ecuador hacia Japón, informó la ministra ecuatoriana del Interior, María Paula Romo, sin precisar la identidad del detenido.

Sin citar fuentes, el canal Teleamazonas lo identificó como Ola Bini, un sueco dedicado al desarrollo de tecnología vinculada a seguridad, privacidad y criptografía.

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Miércoles, 10 Abril 2019 05:47

Encono en las redes sociales

Encono en las redes sociales

No se trata de dialogar, sino de avasallar al oponente. El ágora, la plaza publica, en la que confluyen los usuario(a)s de la redes sociales rompen lanzas unos contra otros. La declaratoria de guerra es cotidiana, no hay convicción de persuadir, sino de eliminar simbólicamente al contrincante.

Ejercer la persuasión implica, primero, tener integrada una posición informada sobre determinada temática para, después, exponer el punto de vista con el fin de intentar convencer a la contraparte de las razones por las cuales hemos adoptado cierta óptica. El reconocimiento del otro(a) como interlocutor con derecho a exponer su posición es importante para sostener una conversación, presencial o virtual, fructífera. Pero cuando la consigna es demeritar, considerando inferior al otro, lo buscado es aniquilarle, no reconocerle derechos.

Ryszard Kapuscinski, el gran trotamundos y periodista polaco, sintetiza experiencias y aprendizajes en sus recorridos geográficos e interculturales en el libro Encuentro con el otro (Editorial Anagrama, Barcelona, 2007). El autor dice que en la extensa historia humana localiza tres "posibilidades ante el encuentro con el otro: podía elegir la guerra, aislarse tras una muralla o entablar un diálogo". Es decir, intentar la conquista mediante la violencia, encerrarse y tratar de ignorar la existencia del mundo, o aventurarse a encontrar puntos de contacto con quienes nos resultan extraños inicialmente.

Los otros son aquellos que no son como yo, los que tienen idioma, color de piel, gustos, creencias y prácticas distintas a las mías. De una constatación fáctica, su diferencia, se procede a sacar conclusiones valorativas: lo mío es mejor y más valioso, lo de ellos es peor y deleznable. De ahí que muchos conglomerados humanos se describan a sí mismos como el parámetro de lo que es la humanidad y, por consiguiente, los demás son falsificaciones.

En el origen de toda justificación para agredir a los otros encontramos el ejercicio de cuestionar o infravalorar su humanidad. La hermenéutica de la deshumanización de los otros para intentar explicar que lo mejor es eliminarlos, o mantenerlos a raya tras murallas o alambradas, si no físicas al menos cibernéticas, la encontramos diseminada por todos los periodos de la historia. Trátese de los nazis contra los judíos, o de la infernal masacre de los hutus perpetrada contra los tutsis en Ruanda, o la inmisericorde liquidación en Camboya de cientos de miles de quienes los jemeres rojos consideraban enemigos del pueblo. Y en América Latina los pretextos usados por los dictadores que desataron guerras sucias y su horrible saldo de torturados, desaparecidos y ejecutados con saña porque así, según ellos, defendían a la civilización occidental y cristiana de sus enemigos.

En las redes sociales pululan linchamientos simbólicos, holocaustos purificadores con víctimas propiciatorias, cuyo sacrificio se justifica con infinidad de consignas que buscan exculpar a quienes perpetran el ataque. Los guardianes de la pureza ideológica, religiosa, política, cultural y en otros campos, son creativos para minimizar las voces que presentan puntos de vista alternativos y que por exponerlos en las redes sociales resultan vituperados copiosamente.

En la sociedad global, y más globalizada que nunca, pululan los aldeanismos que buscan excluir a los otros, los extraños que irremediablemente son un peligro para la estabilidad, la pureza y la sobrevivencia del grupo que pretende imponer la normatividad. Las personas que hacen reiterados esfuerzos por marginar otras opiniones niegan igualdad a los adversarios, por ello los cosifican o se refieren a los otros como animales depredadores a los que es necesario extinguir o al menos silenciar.

El autoritarismo aniquilador que se expresa en el ágora virtual, que a diferencia del ágora ateniense donde el derecho a expresarse lo ejercían unos pocos, literalmente le ha dado voces a todo(a)s los que deseen participar y solamente necesitan una conexión de Internet. La democratización opinativa ha expropiado a los medios tradicionales el monopolio de dar a conocer puntos de vista sobre asuntos públicos. La multiplicación de voces y miradas es benéfica y muestra la diversificación de la sociedad. Sin embargo, cuando los vociferantes buscan disminuir o acallar del todo la pluralidad de voces, están menoscabando un espacio que debe ser policromático.

El intercambio de conocimientos situados, de argumentos sustentados con datos verificables, la toma de posición en pro o en contra de lo sustentado por otra persona o colectivo potencia la construcción de ciudadanía democrática. En contraparte, socavan dicha construcción quienes sustituyen el ejercicio argumentativo/persuasivo con acumulación de ofensas, diluvio de adjetivaciones ominosas, multiplicación de ridiculizaciones y evasivas para tomar en serio los cuestionamientos que hacen los demás. Requerimos más voces y menos vociferantes.

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Jueves, 14 Febrero 2019 08:01

¿Periodismo?

Fabio Manosalva, de la serie  “Sobre la derrota” (Cortesía del autor)

Los cínicos no sirven para este oficio.
Ryszard Kapuscinski

La renovada disputa por el poder en Venezuela, con una nueva escalada a partir de enero de 2019, deja al descubierto diversidad de intereses en juego, en lo internacional y en lo local, así como el sentido profundo del periodismo.

Para comprobarlo, en relación al periodismo, varias perlas: en la edición matutina del radionoticiero Caracol, a cuya cabeza aparece Darío Arizmendi, figura connotada de lo que pudiéramos denominar periodismo oficioso, al referirse el 25 de enero a la situación en el país vecino, sentencia: “Lo que hay allí es un régimen militar presidido por un civil chafarote que es el dictador Maduro” (franja 5 am–6 am: 41’52”–41’56”).


¿Ayudan al periodismo bien argumentado los adjetivos y los calificativos sin soporte previo? Como es conocido, para no volverse propagandista y perder su misión de informar, el periodista está obligado a explicar, entregándole a quien lo escucha –en este caso–, o a quien lo lee o ve, elementos de contexto, argumentos, soportes de diverso tipo (por qué, para qué, tras de qué…), permitiendo así que puedan formarse un criterio propio y, de ser necesario, tomar partido por una u otra posición que esté en pugna como en el caso de Venezuela. Llenar de epítetos y calificativos una realidad, en que la noticia queda sometida a la subjetividad y los intereses de quien la brinda –y del grupo de poder que representa–, no aporta a informar… aunque sí a desinformar.


En el mismo noticiero, al aludir a una foto en la cual aparecen varios generales de aquellas fuerzas armadas, el mismo personaje sentencia: “[…] aparecen todos los chafarotes, todos los generales, son más de mil que ha nombrado Maduro, con las mejores prebendas, salarios y gabelas, la mitad del gabinete está en manos de generales ineptos, incapaces, cómplices, empezando por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, que tiene en los Estados Unidos un prontuario lleno de cargos y acusaciones por todos los delitos que se le puedan imputar […] (9’36”–10’10”).


Como todos sabemos, las fuerzas armadas son un factor decisivo del poder y de la correlación de fuerzas en todo país; como brazo armado del poder tradicional, hacen parte de la casta dominante, en Venezuela y en Colombia, en China y en Estados Unidos. Y como factor decisivo, la clase que los unge les garantiza beneficios de todo tipo, comprando así su lealtad. Para el caso de Colombia, sueldos altos, sistema de salud y de seguridad social especial, casas fiscales para ellos y sus familias, administración de las empresas adscritas al Ministerio de Defensa, protección legal, esquemas de seguridad especiales, en no pocas ocasiones impunidad, etcétera. Los militares –oficialidad–, que en la mayoría de nuestros países, para ascender, deben cursar estudios en los centros de entrenamiento de los Estados Unidos, quedan desde entonces bajo su lupa.


Lo que corresponde ante esta realidad no es despacharla con un calificativo sino preguntarse: ¿Qué hacer con las fuerzas armadas y con el aparato represivo de que están dotados los Estados? ¿Cómo hacer para que no funcionen como brazo del poder sino, realmente, como instrumento de protección de la sociedad toda?


En todo caso, queda una inquietud: ¿Qué se diría de ellos si hubieran dado el golpe de Estado que desde hace meses-años pretenden diversos sectores de la comunidad internacional?


De igual manera, al referirse a la votación surtida en la OEA sobre el caso Venezuela el día 24 de enero: herido en honor propio porque se suponía que tal organismo ya estaba inclinado ante la coyuntura del país vecino, y al recibir una noticia contraria a lo que ya daba por hecho, luego de desnudarse como propagandista de una causa al expresar que “[…] se necesitaban 18 votos y lamentablemente sólo se lograron 15 […], al aludir a quienes inclinaron la balanza para el lado contrario al que a él le parece correcto, Arizmendi descarga tamaña perla: […] esto sucedió porque esos paisitos del Caribe y Centro América…” (franja 6 am–7 am, 36’53”).


De acuerdo al criterio periodístico de quien está al frente de este informativo, ¿cuáles son los países dignos de ser llamados como tal y cuáles “paisitos”? ¿Los grandes? ¿Los pequeños? ¿Los administrados de acuerdo a su parecer? ¿Cuáles factores son los que determinan que un país sea “país” y no “paisito”? De ser así, ¿quienes habitan el “país” son más capaces genéticamente que quienes habitan en el “paisito”?. El borde de racismo y chovinismo en que transita esta expresión es claro, cargado de un profundo peso eurocéntrico y anglosajón, racista. Es claro que, en periodismo, al referirnos a un país u otro, debemos hacerlo como iguales. Esto a pesar de su PIB y otras características que cada uno haya acumulado en el curso de su historia.


Claro. A un periodista le puede parecer que la mayor democracia del mundo es Estados Unidos y los demás simples caricaturas, pero por ello no puede taparse los ojos ante los hechos de cada día ni borrar de su mente la realidad histórica, esa que indica que tal ‘democracia’ queda quebrada cuando leemos una constante de racismo defendida allí por los grupos de poder, o cuando revisamos sucesos, crímenes de lesa humanidad, cometidos por aquella ‘democracia’, como los de las bombas arrojadas sobre poblaciones japonesas por el simple afán de obligar a la URSS a no proseguir su avance sobre esa parte del Pacífico, lo que le hubiera asegurado su dominio sobre tal región, en alianza con el Partido Comunista Chino, que ya estaba venciendo al Kuomitang. Para no refrescar la memoria con la barbaridad extendida sobre el territorio vietnamita con guerra química, sin diferenciar, además, entre combatientes y población civil, por no relacionar más ejemplos.


Antes de él, valga enfatizar, una periodista que lo acompaña en tal emisión, al referirse a estos mismos países, expresa: (votaron así porque) “[…] dependen de Venezuela en temas petroleros, entonces reciben órdenes también de Venezuela, deciden no votar o no reconocer al señor Juan Guaidó como presidente” (36’40”–36’53”). ¿Y los que votaron reconociéndolo serán autónomos respecto a los Estados Unidos? No es posible ‘informar’ con una visión tan chata de la realidad, en ella la geopolítica y sus signos reales.
Hay que insistir y recordar: más allá de sus gustos y sus deseos, el periodista se debe a la realidad y está obligado, por tanto, a poner en el fiel de la balanza los sucesos tal y como ocurren, sin matizarlos con su opinión, relacionando allí los pros y los contras de cada circunstancia, siempre pensando en las personas a las que informa, quienes –hay que recordarlo– son su razón de ser. Hacer lo contrario es actuar no como periodista sino como opinador, por lo general pagado por algún grupo de poder. De ahí sus opiniones insistentes.
Siquiera este señor no es médico, pues, al recibir un paciente, lo pasaría por el tamiz de su ideología, de tal manera que quien no pensara igual que él ahí quedaría, a merced de la enfermedad o de la muerte.

 

C.G.

Publicado enCrisis Venezuela
Lunes, 11 Febrero 2019 19:26

¿Periodismo?

Fabio Manosalva, de la serie  “Sobre la derrota” (Cortesía del autor)

Los cínicos no sirven para este oficio.
Ryszard Kapuscinski

La renovada disputa por el poder en Venezuela, con una nueva escalada a partir de enero de 2019, deja al descubierto diversidad de intereses en juego, en lo internacional y en lo local, así como el sentido profundo del periodismo.

Para comprobarlo, en relación al periodismo, varias perlas: en la edición matutina del radionoticiero Caracol, a cuya cabeza aparece Darío Arizmendi, figura connotada de lo que pudiéramos denominar periodismo oficioso, al referirse el 25 de enero a la situación en el país vecino, sentencia: “Lo que hay allí es un régimen militar presidido por un civil chafarote que es el dictador Maduro” (franja 5 am–6 am: 41’52”–41’56”).


¿Ayudan al periodismo bien argumentado los adjetivos y los calificativos sin soporte previo? Como es conocido, para no volverse propagandista y perder su misión de informar, el periodista está obligado a explicar, entregándole a quien lo escucha –en este caso–, o a quien lo lee o ve, elementos de contexto, argumentos, soportes de diverso tipo (por qué, para qué, tras de qué…), permitiendo así que puedan formarse un criterio propio y, de ser necesario, tomar partido por una u otra posición que esté en pugna como en el caso de Venezuela. Llenar de epítetos y calificativos una realidad, en que la noticia queda sometida a la subjetividad y los intereses de quien la brinda –y del grupo de poder que representa–, no aporta a informar… aunque sí a desinformar.


En el mismo noticiero, al aludir a una foto en la cual aparecen varios generales de aquellas fuerzas armadas, el mismo personaje sentencia: “[…] aparecen todos los chafarotes, todos los generales, son más de mil que ha nombrado Maduro, con las mejores prebendas, salarios y gabelas, la mitad del gabinete está en manos de generales ineptos, incapaces, cómplices, empezando por el ministro de la Defensa, Vladimir Padrino, que tiene en los Estados Unidos un prontuario lleno de cargos y acusaciones por todos los delitos que se le puedan imputar […] (9’36”–10’10”).


Como todos sabemos, las fuerzas armadas son un factor decisivo del poder y de la correlación de fuerzas en todo país; como brazo armado del poder tradicional, hacen parte de la casta dominante, en Venezuela y en Colombia, en China y en Estados Unidos. Y como factor decisivo, la clase que los unge les garantiza beneficios de todo tipo, comprando así su lealtad. Para el caso de Colombia, sueldos altos, sistema de salud y de seguridad social especial, casas fiscales para ellos y sus familias, administración de las empresas adscritas al Ministerio de Defensa, protección legal, esquemas de seguridad especiales, en no pocas ocasiones impunidad, etcétera. Los militares –oficialidad–, que en la mayoría de nuestros países, para ascender, deben cursar estudios en los centros de entrenamiento de los Estados Unidos, quedan desde entonces bajo su lupa.


Lo que corresponde ante esta realidad no es despacharla con un calificativo sino preguntarse: ¿Qué hacer con las fuerzas armadas y con el aparato represivo de que están dotados los Estados? ¿Cómo hacer para que no funcionen como brazo del poder sino, realmente, como instrumento de protección de la sociedad toda?


En todo caso, queda una inquietud: ¿Qué se diría de ellos si hubieran dado el golpe de Estado que desde hace meses-años pretenden diversos sectores de la comunidad internacional?


De igual manera, al referirse a la votación surtida en la OEA sobre el caso Venezuela el día 24 de enero: herido en honor propio porque se suponía que tal organismo ya estaba inclinado ante la coyuntura del país vecino, y al recibir una noticia contraria a lo que ya daba por hecho, luego de desnudarse como propagandista de una causa al expresar que “[…] se necesitaban 18 votos y lamentablemente sólo se lograron 15 […], al aludir a quienes inclinaron la balanza para el lado contrario al que a él le parece correcto, Arizmendi descarga tamaña perla: […] esto sucedió porque esos paisitos del Caribe y Centro América…” (franja 6 am–7 am, 36’53”).


De acuerdo al criterio periodístico de quien está al frente de este informativo, ¿cuáles son los países dignos de ser llamados como tal y cuáles “paisitos”? ¿Los grandes? ¿Los pequeños? ¿Los administrados de acuerdo a su parecer? ¿Cuáles factores son los que determinan que un país sea “país” y no “paisito”? De ser así, ¿quienes habitan el “país” son más capaces genéticamente que quienes habitan en el “paisito”?. El borde de racismo y chovinismo en que transita esta expresión es claro, cargado de un profundo peso eurocéntrico y anglosajón, racista. Es claro que, en periodismo, al referirnos a un país u otro, debemos hacerlo como iguales. Esto a pesar de su PIB y otras características que cada uno haya acumulado en el curso de su historia.


Claro. A un periodista le puede parecer que la mayor democracia del mundo es Estados Unidos y los demás simples caricaturas, pero por ello no puede taparse los ojos ante los hechos de cada día ni borrar de su mente la realidad histórica, esa que indica que tal ‘democracia’ queda quebrada cuando leemos una constante de racismo defendida allí por los grupos de poder, o cuando revisamos sucesos, crímenes de lesa humanidad, cometidos por aquella ‘democracia’, como los de las bombas arrojadas sobre poblaciones japonesas por el simple afán de obligar a la URSS a no proseguir su avance sobre esa parte del Pacífico, lo que le hubiera asegurado su dominio sobre tal región, en alianza con el Partido Comunista Chino, que ya estaba venciendo al Kuomitang. Para no refrescar la memoria con la barbaridad extendida sobre el territorio vietnamita con guerra química, sin diferenciar, además, entre combatientes y población civil, por no relacionar más ejemplos.


Antes de él, valga enfatizar, una periodista que lo acompaña en tal emisión, al referirse a estos mismos países, expresa: (votaron así porque) “[…] dependen de Venezuela en temas petroleros, entonces reciben órdenes también de Venezuela, deciden no votar o no reconocer al señor Juan Guaidó como presidente” (36’40”–36’53”). ¿Y los que votaron reconociéndolo serán autónomos respecto a los Estados Unidos? No es posible ‘informar’ con una visión tan chata de la realidad, en ella la geopolítica y sus signos reales.
Hay que insistir y recordar: más allá de sus gustos y sus deseos, el periodista se debe a la realidad y está obligado, por tanto, a poner en el fiel de la balanza los sucesos tal y como ocurren, sin matizarlos con su opinión, relacionando allí los pros y los contras de cada circunstancia, siempre pensando en las personas a las que informa, quienes –hay que recordarlo– son su razón de ser. Hacer lo contrario es actuar no como periodista sino como opinador, por lo general pagado por algún grupo de poder. De ahí sus opiniones insistentes.
Siquiera este señor no es médico, pues, al recibir un paciente, lo pasaría por el tamiz de su ideología, de tal manera que quien no pensara igual que él ahí quedaría, a merced de la enfermedad o de la muerte.

 

C.G.

¿Por qué murieron tres periodistas ecuatorianos en la frontera con Colombia?

Una veintena de periodistas de Ecuador y Colombia han seguido durante seis meses las pistas de sus colegas secuestrados y asesinados por una milicia colombiana. Las evidencias arrojan preguntas inquietantes sobre la actuación de ambos estados durante las negociaciones de rescate y sobre el proceso de paz

El pasado marzo, el periodista Javier Ortega, el fotógrafo Paúl Rivas y el conductor Efraín Segarra del diario ecuatoriano El Comercio partieron hacia la provincia de Esmeraldas, en la frontera norte con Colombia. Querían llevar a cabo una investigación sobre el narcotráfico en la zona. Nunca más volvieron. “Nos faltan tres”, coreaban poco después manifestantes en Quito. La sociedad ecuatoriana se mostraba profundamente afectada por el crimen. Tres meses más tarde, en medio de la selva colombiana, los tres hombres eran hallados sin vida. Fueron baleados en la nuca a bocajarro, al parecer por miembros del grupo armado colombiano Frente Oliver Sinisterra, una escisión de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) que continúa activa en la zona.


La investigación, titulada Frontera cautiva: tras los rastros de los periodistas ejecutados , busca honrar la memoria de los periodistas asesinados y esclarecer qué ocurrió en los días previos a que se tuviese noticia del fallecimiento. Para ello han contado con el apoyo de la ONG Forbidden Stories. La periodista Soraya Constante ha participado en dicho consorcio de periodistas. Los registros muestran cómo tanto el gobierno de Ecuador como el de Colombia quisieron ocultar detalles de las negociaciones con el grupo de rebeldes. De hecho, en la primera rueda de prensa en la cual se informó del secuestro, ni siquiera se comunicó la identidad de los periodistas.


En un vídeo publicado una semana después del secuestro, los tres hombres aparecían encadenados. Javier Ortega aseguraba: “Presidente Lenín Moreno, en sus manos están nuestras vidas”. El grupo autor del secuestro exigía la liberación de tres miembros detenidos en Ecuador, así como la retirada de un acuerdo conjunto entre ambos países para acabar con el narcotráfico. El diario El tiempo de Bogotá llegó a anunciar la liberación de los periodistas en base a “fuentes oficiales” fiables. De hecho, un fiscal ecuatoriano les esperaba para llevarlos al aeropuerto de Esmeraldas, donde estaba planeado que tomasen un avión con rumbo a Quito. Lenín Moreno habría tenido una conferencia de prensa lista para anunciar la liberación de los periodistas. Según la versión del estado ecuatoriano, se llevó a cabo una negociación en lugar de apostar por la vía militar. Lo cierto es que al final los periodistas fueron asesinados y hasta hoy no se sabe el porqué.


Las FARC se distanciaron del asesinato


El secuestro y asesinato de los periodistas ecuatorianos se atribuye al excombatiente de las FARC Walther Patricio Arizala Vernaza, conocido en Colombia como Luis Alfredo Pai Jiménez y que en ambos países responde al alias de ‘Guacho’. En la única entrevista en vídeo que se ha publicado hasta el momento, concedida al canal RCN, asegura haber sido comandante de las FARC y no estar de acuerdo con el proceso de paz. “Somos guerrilleros activos”, asegura, además de decir que llevan a cabo una “lucha proletaria”. La milicia que comanda tendría unas 250 unidades según sus propias palabras y asegura no tener relación alguna con las mafias de la droga. Según fuentes cercanas a las negociaciones que se llevaron a cabo en La Habana, el ‘Guacho’ habría sido expulsado durante dichas negociaciones de las FARC.

La organización FARC, que abandonó oficialmente la lucha armada en 2016 y pasó a ser un partido político llamado Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, condenó “de manera rotunda” el asesinato de los periodistas de Ecuador, en palabras de su senador Pablo Catacumbo. Asimismo, el presidente de dicho partido, Rodrigo Londoño, escribió en Twitter: “Mis más sinceras condolencias con los familiares de los periodistas ecuatorianos tras la irreparable pérdida. Lo sucedido evidencia la necesidad de seguir trabajando por la paz”.

El proceso de desarme de las FARC, con la creación de los llamados Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, parece no estar funcionando todo lo bien que debiera. “El acuerdo de paz no se está cumpliendo”, explica Constante. “En uno de sus apartados, el tercero, se recoge que el estado colombiano se compromete a controlar que las disidencias de las FARC, que serían unos 1200 hombres, no formarán parte de bandas armadas en la frontera y el estado colombiano no lo está cumpliendo”.


Por otro lado, los crímenes de los que se acusa al ‘Guacho’ en ambos países incluyen no solo el narcotráfico en la región de Nariño al sur de Colombia, sino otros brutales asesinatos y secuestros, así como ataques con bomba que han tomado a la sociedad ecuatoriana por sorpresa. En enero volaron un artefacto en un cuartel policial y pocos días más tarde asesinaron a cuatro militares con una bomba que estalló al paso de un convoy militar. Las autoridades colombianas le buscan además por una matanza de campesinos en Tumaco.


Una frontera pobre altamente militarizada


Mientras los gobiernos mantienen la zona en un estado de práctica ocupación militar por ambas partes, como denuncia el grupo de periodistas autor de la investigación, los campesinos que viven en el área sur de Colombia se dedican sobre todo al cultivo de la coca. En una zona que el estado colombiano tiene marginada, las familias incluso financian los maestros con el usufructo de la venta de coca, como explica el alcalde de una de las localidades al programa de investigación Testigo Directo. El gobierno de Colombia estaría por tanto no solo dejando de lado esta zona de su país con sus habitantes, sino incumpliendo otro punto del acuerdo de paz, el cuarto, en el cual se recoge el fomento de cultivos alternativos a la coca, así como la protección de los agricultores frente a los grupos ilegales armados.

Soraya Constante explica que la región siempre se ha caracterizado por un alto desempleo y pobreza. El territorio está controlado por las mafias de la droga, con 19.000 hectáreas de cultivos de hoja de coca y toneladas de cocaína producida cada mes con destino a México y los Estados Unidos. “Siempre ha sido una zona caliente por el tema de la droga, antes controlada por la guerrilla de las FARC, que se cree que podría haber tenido acuerdos con el gobierno de Ecuador, aunque todo ello está siendo investigado aún”, afirma la periodista. Según Constante, con el gobierno de Lenín Moreno esta política del “dejar hacer” habría cambiado hacia un mayor control. “Ahora lo que tenemos es una disputa de varias bandas criminales que son disidentes de las FARC y que pugnan entre ellos para controlar esa mina que supone el control de los campos de coca, así como las rutas de distribución”, diagnostica.

Hasta ahora los periodistas no se sentían amenazados en esta frontera y es por ello que sus colegas han levantado la voz de alarma y quieren sensibilizar más allá de sus países. “A ambos lados de la frontera operan dos disidencias de las FARC: el Frente Oliver Sinisterra y las Guerrillas Unidas del Pacífico, así como el Ejército de Liberación Nacional, las Autodefensas Gaitanistas de Colombia y bandas delincuenciales como Gaula NP y Las Lágrimas”, describen la situación. Los habitantes de la región siguen esperando la llegada de un estado que responda y condiciones de vida dignas y seguras, los familiares de los periodistas, por otro lado, aún esperan un esclarecimiento y explicaciones oficiales, así como la captura y condena de los responsables de la matanza.

Por Carmela Negrete

publicado
2018-11-04 07:00:00

Publicado enInternacional