Miércoles, 10 Enero 2018 06:17

La república pendiente

La república pendiente

Hace 40 años, la mañana del 10 de enero de 1968, el periodista Pedro Joaquín Chamorro fue asesinado por sicarios de la dictadura de la familia Somoza. Iba solo, ajeno como era a guardaespaldas, al volante de su propio vehículo, cuando los asesinos a sueldo lo emboscaron en un paraje desolado de las ruinas de Managua, devastada por el terremoto de 1972 y le dispararon con una escopeta y llenaron su cuerpo de perdigones.

Una frase suya lo define como pocas: "Cada quien es dueño de su propio miedo". Recibía constantemente amenazas de muerte porque en sus editoriales del diario La Prensa, que dirigía, se mostraba inflexible con el sistema somocista que a lo largo de casi medio siglo había desmantelado las instituciones y sometido al país a la violencia represiva, la abyección, el fraude electoral y la corrupción que, ejercida desde arriba, carcomía el andamiaje social.

Pero no eran denuncias huecas, sino que llevaban los nombres y apellidos de quienes a la sombra del Estado lucraban de negocios inmorales, la familia reinante a la cabeza, pues no había letra del alfabeto donde los Somoza no tuvieran empresas privilegiadas: desde el arroz de la A, a la Z de zapatos, pasando por la X que correspondía a negocios desconocidos.

En la letra S se hallaba el más infame de todos, el de la sangre, que Pedro Joaquín no cesaba de denunciar. La compañía Plasmaféresis, de la que Anastasio Somoza Debayle era socio mayoritario, compraba la sangre a los menesterosos para exportar el plasma a los mercados extranjeros. Lo manejaba un personaje de origen cubano llamado Pedro Ramos, quien huyó de Nicaragua hacia Miami al consumarse el asesinato.

Dueño de su miedo, con el que supo vivir hasta su muerte, nunca se detuvo y se convirtió así en la conciencia del país en tiempos de desidia, temor y silencio, de conformismo y desánimo. Y su muerte atroz fue capaz de acabar con el silencio y el temor. Cada quien supo a partir de entonces que también era dueño de su propio miedo, y que era necesario tomar conciencia del miedo para acabar con el miedo.

Fue el principio del fin de la dictadura. Miles acompañaron su ataúd desde la morgue hasta su casa, miles más lo siguieron hasta el cementerio, y la indignación popular se desbordó en las calles cuando era velado en las instalaciones de La Prensa en la carretera norte. Y llena de ese furor que acabaría destronando a la dictadura, la gente incendió Plasmaféresis y otros negocios de la familia en las vecindades. Una ola de fuego que ya nadie detendría.

Esto de haber sido en vida la conciencia del país, y el detonante de la insurrección popular con su muerte, es algo que la historia oficial le escatima con absurda mezquindad. Es cierto que en 2012 la Asamblea Nacional lo declaró por unanimidad héroe nacional; pero en el cerrado santoral de la lucha revolucionaria, Pedro Joaquín no figura. La mano del poder lo ha excluido.

Para el relato oficial sigue siendo una figura complementaria aceptada con reticencia, porque no proviene de las filas partidarias; y colocarlo en el lugar central que de verdad tiene en el desencadenamiento de la insurrección nacional que empezó con su asesinato, significaría alterar el discurso publicitario que asigna papeles de acuerdo con los intereses de quienes hoy tienen el poder político. De ese mismo santoral han sido excluidos, o colocados también en papeles complementarios, dirigentes guerrilleros de las mismas filas sandinistas porque han caído en desgracia una vez convertidos en adversarios, no pocos de ellos calificados de traidores.

Esta exclusión de una figura tan cimera como la de Pedro Joaquín demuestra también que campea una filosofía de fondo en la historia oficial, elaborada desde arriba, a la hora de explicar la revolución. La verdad es que se trató de una gesta nacional en que concurrieron nicaragüenses de muy diferentes tendencias, empezando por las tres en las que estuvo dividido el propio sandinismo hasta pocos meses antes de la caída de los Somoza, marxistas de diferentes signos y acentos, con concepciones diferentes de la lucha, lo cual fue, en resumidas cuentas, un asunto de cúpulas intelectuales.

Pero ya a campo abierto, en la calle y en las áreas rurales, en las universidades, en los centros de trabajo, quienes juntaron esfuerzos, con las armas o sin ellas, para poner fin a la dictadura, formaban un amplio y complejo mosaico ideológico en el que había marxistas, cristianos de la teología de la liberación, y también cristianos tradicionales; socialistas, socialdemócratas, liberales, conservadores, socialcristianos, y otros muchos que sólo ansiaban vivir en un país libre y diferente. Conforme a esa base se integró el primer gobierno de la revolución.

Claro que se necesitaban cambios profundos, y que la revolución no era sólo un trámite para seguir en lo mismo de antes. La consigna que guió la lucha armada hasta el final, de rechazar el somocismo sin Somoza, siempre fue justa e imprescindible.

Y no hay duda de que el primero que habría respaldado esta determinación es el propio Pedro Joaquín, quien toda su vida se supo colocar en una posición frontal y abierta contra el somocismo, tanto que llegó a tomar las armas 20 años atrás, cuando vio todos los caminos democráticos cerrados; sufrió cárcel y exilio, y nunca dejó, a riesgo constante de su vida, de ser el opositor por excelencia a la dictadura, desnudando sus vicios y atrocidades.

Quienes piensan que habría querido un cambio a medias, se equivocan. Pero quienes piensan que ese cambio pasaba por negar la democracia, y por establecer una sola ideología desde el poder, también se equivocan. Siempre habría sido un fiscal implacable del ejercicio de las libertades públicas y de la institucionalidad democrática.

Si tantas veces le escuchamos decir que cada quien era dueño de su propio miedo, también nunca se cansó de repetir que Nicaragua volvería a ser república. Y esa es una tarea aún pendiente.

Masatepe, enero 2018

sergioramirez.com

Facebook: escritorsergioramirez

Twitter: sergioramirezm

Instagram: sergioramirezmercado

Publicado enInternacional
El fotoperiodista Manu Brabo, en su casa de Madrid.

El fotoperiodista, ganador del Premio Pulitzer en 2013, inaugura su primera exposición en solitario de la mano de National Geographic. Una retrospectiva de su trabajo en diferentes conflictos como Siria, Libia o Egipto que se exhibe en La Neomudéjar de Madrid y que describe en esta entrevista.

 

En su casa prestada del centro de Madrid, Manu Brabo (Zaragoza 1981) intenta descansar lo justo antes de la inauguración. El fotoperiodista, que en realidad es asturiano, lleva todo el día concediendo entrevistas. Estrena su primera exposición en solitario, en La Neomudéjar de Madrid, de la mano de National Geographic. Un trabajo retrospectivo de los diferentes conflictos bélicos en los que ha trabajado y que ha tenido a bien titular “Un día cualquiera”.

En el salón, lejos de las balas, Brabo recuerda para Público ese día cualquiera en el que estuvo a punto de morir. Uno de ellos, en realidad: “Fui a cubrir una ofensiva a un pueblo llamado Ganus, en Irak, que estaba rodeado por el Ejército iraquí. Dentro estaba el Estado Islámico. Se estaban preparando para atacar, cargaban ametralladoras, merendaban y charlaban... De repente cayó un mortero del 80 ─entiéndase: grande─. En la foto falta alguno pero creo que son diez soldados muertos y 19 heridos”. Esa es una de las 90 imágenes que pueden verse en las paredes desconchadas de la sala, un antiguo taller de Renfe reconvertido en espacio vanguardista.

 

59fcf42a61daf

Foto cedida

 

“Donde me ves es donde me tiro al suelo y empiezo a hacer fotos.” Es diciembre del año pasado, pero a Manu no se le ve porque está detrás de la cámara. Con el polvo aún levantado por la explosión y los oídos zumbando, el fotoperiodista agarra la cámara y dispara. Sin pensar mucho en lo que, por azar, acaba de esquivar. “Si no hubiera habido tanta gente delante para comerse la metralla, algo me hubiera comido yo. Sí, pude palmar”, resume

 

¿Cómo se puede coger la cámara y trabajar segundos después de que te pase una cosa así?

Por instinto. Es muy difícil que caigan dos morteros en el mismo sitio. Los que lo lanzan van corrigiendo el tiro para pillar a los que se escapan. Es mejor quedarse que retroceder. Hay dos opciones: echas a correr como pollo sin cabeza o te tiras al suelo y trabajas.

¿Eres capaz de medir y encuadrar en esas circunstancias?

Claro. Si empiezas a pensar en lo que te puede pasar es mejor que te vayas. Yo sé que si voy a Irak me pueden matar, me pueden secuestrar, me pueden cortar la cabeza. Esas cosas las dejas en tu casa. No hay más. Es más sencillo de lo que parece.

Brabo no usa teleobjetivo. “Me dejaron uno para Libia y lo rompí. Se lo debo aún a Guillem Valle”, ríe. Según dice, para hacerlo bien hay que estar cerca, aunque pueda pasarte de todo. Cercanía y rapidez, “exponerse pero lo justo”. Cazar la imagen, resume.

 

59fcf52307278.r 1509779888649.0 95 1492 864

Foto cedida

 

Esta foto le valió el Premio Pulitzer en 2013 y se puede ver en La Neomudéjar a un tamaño que impresiona. Un padre sostiene el cadáver de su hijo, herido durante un ataque del Ejército de Al Asad en la ciudad de Alepo. “Estábamos refugiados en un hospital y yo hablaba con los médicos. Vi pasar a un señor con el cuerpo de ese chaval herido. Le pasaron a la sala de urgencias, es decir, una sala improvisada en lo que quedaba de hospital. Después vi pasar corriendo al señor y supe que era el padre. Me quedé esperando en la puerta a que el padre saliera con el chaval ya cadáver. Poco a poco vas viendo la urgencia y la gravedad de las heridas. Lo notas en el color de la piel, en las pupilas... Al rato salió con el niño en brazos y un disgusto de la hostia. Corrí un poco desde atrás para hacer las fotos lo más rápido posible”, recuerda.

¿No te sientes mal aprovechando un momento tan doloroso para otra persona?

Mi trabajo es invasivo. Va de meterse en lugares donde no estás invitado. Nunca es agradable tener a un fotógrafo delante. Intentas componer y hacer el trabajo técnico rápido para molestar lo menos posible. Al fin y al cabo, es un señor buscando un momento de intimidad en la vía pública. Es complicado, pero la única manera que tengo de ser menos invasivo es ser invasivo durante menos tiempo.

 

Ganar y perder en Siria


El conflicto en Siria le granjeó el premio más prestigioso y le consolidó como uno de los mejores fotoperiodistas del momento, aunque también le robó a un gran amigo y compañero de penurias en el frente. James Foley, Jimmy o sólo Jim para Babo, fue secuestrado por el Estado Islámico en 2012, cuando cubría la guerra civil. 635 días después, el vídeo de su ejecución dio la vuelta al mundo. A Brabo no le gusta hablar de eso, al menos en público, aunque el nombre de Jim no deja de salir de la boca del fotógrafo durante toda la entrevista.

“Siria me ha quitado muchas cosas, pero más allá de que me haya quitado a personas, destaco la frustración de haber trabajado un montón, de haberme implicado tanto, de gozar de la confianza de mucha gente para que luego tu trabajo no responda a las expectativas. Ni a las tuyas ni a las de esa gente. Eso es lo frustrante y te hace plantearte que tu trabajo es una mierda que no que no sirve para cambiar nada”.

 

¿Pensabas eso cuando empezaste a hacer fotos?

Al principio te haces fotógrafo de guerra para sensibilizar, para que la gente vea lo que pasa y remover conciencias. Con el tiempo ves que eso no pasa y empiezas a buscar la medalla de bronce, el premio de consolación. Mi premio es saber que mi foto no va a parar una guerra, pero si nosotros dejamos de hacer esto, todo será peor. Lo veo como una balanza desequilibrada: los hijos de puta siempre pesan más. Pero, si quitamos el pequeño contrapeso de los periodistas, se acabó, todo irá mucho peor. Ya van 500.000 muertos en siria y todos sabemos lo que pasa allí. Si no lo supiéramos, echa cuentas.

¿Qué influencias has tenido para dedicarte a esto?

Soy víctima de los fotógrafos que cubrieron Bosnia y Ruanda. Me llegaron en los 90, cuando empiezas a tomar conciencia de ti mismo, en la adolescencia. Me marcó. Me hizo preguntarme hasta dónde puede llegar el ser humano y qué podía hacer yo en todo eso. Ahora yo intento que a los demás le marquen las cosas igual que a mí me marcaron las fotos de Bosnia. Al principio eres joven y crees que en las guerras hay buenos y malos. Ves al fotógrafo como el superhéroe que cambia las cosas. Luego la vida va pasado y ves que eres un supermierda que, unido a otros supermierdas, hacemos que la balanza no caiga del todo hacia el lado de los hijos de puta.

Por ejemplo, es bonito que un amigo me llame para decirme que está trayendo a su hijo de cuatro años a ver mis fotos. Porque le hará saber cuál es la diferencia entre cerca y lejos, es decir, valorar lo que tienes y valorar las tragedias de los otros.

[A la entrevista se ha sumado Paulo Nunes Dos Santos, amigo de Brabo y fotoperiodista freelance portugués afincado en Irlanda. “Somos hermanos, hemos estado juntos en muchos frentes”, apunta el luso, que ha venido a visitarle para la inauguración y no puede aguantar callado viendo como Brabo cuenta historias en las que él también estaba].

Nunes: Cuando empiezas en esto tienes la idea de cambiar cosas. Es el estado natural de la juventud. Pero con el tiempo te vuelves algo cínico. Quizás no sea la palabra correcta. El trabajo de Manu tiene un valor histórico. Puede que ahora no sirva para cambiar las cosas, pero quizás dentro de 15 años mis hijos vean esas fotos en la escuela y entenderán las cosas horribles que la humanidad ha hecho. No vale sólo con que te lo cuenten, las imágenes se quedan en tu cabeza para siempre. Ése es su valor histórico.

¿Cuántas veces volviste a Siria tras el Pulitzer?

Tres más. Pero en abril de 2013 ya vi la cosa tan fea que no quise volver. Tenía muchos colegas secuestrados, había pasado por mucha mierda, los centros de prensa se habían convertido en mafias... Ya no era agradable, no dormía en el mismo sitio ninguna noche y trataba de variar las ubicaciones para despistar.

¿Qué crees que va a pasar con esa guerra?

Jim y yo decíamos que seríamos editores con 50 años y seguiría habiendo chavales trayéndonos fotos de la guerra de Siria. No parece que nos equivoquemos. Yo le daba 17 años, como la del Líbano, y ya van seis.

 

Libia, el despeque


El nombre Manu Brabo empezó a sonar por primera vez en 2011, cuando fue encarcelado por las fuerzas de Muamar Gadafi mientras cubría la guerra en Libia. Pero el camino hasta allí no fue fácil y dio algún que otro tumbo. Uno de esos tumbos le llevó a una cárcel Libia, donde pasó 43 días detenido por el régimen de Gadafi.

 

59fcf9e294a48

Combatientes rebeldes disparan contra las posiciones del Ejército libio en Sirte, Libia, 2011.- MANU BRABO

 

¿Cómo empezaste en el mundo de la foto?

Empecé a estudiar arte a los 16 años y a especializarme en foto a los 18. Terminé el proyecto con 21. Después fue un hippy durante una temporada en Holanda. También viví en Castellón, monté ascensores, cogí tulipanes, fui repartidor de Seur, monté pistas de tenis con césped artificial... No sabía muy bien cómo ganarme la vida de fotógrafo, así que empecé a estudiar periodismo y a currar en una agencia pequeña de Madrid. Hacíamos foto deportiva, sobre todo motociclismo. Con ese dinero, en vez de irme a Ibiza con los colegas, me iba a Kosovo y hacía mis historias. Y así pasó que llegué a Libia. Ahí ya había empezado a currar con Gara y publicado algunos reportajes en Zazpika. Llegué a Túnez para cubrir la Primavera Árabe escribiendo para Gara, La Nueva España y para Telam (agencia de noticias argentina). Vendía el mismo texto a los tres. Una vez protestó alguno y le dije que el día que me pagara por la exclusiva tendría un texto en exclusiva. Ahí ya empecé a hacer fotos para Efe.

¿Llegaste a Libia contratado por Efe?

No, cuando entré en Libia, Efe me quería pagar lo mismo que le pagan aquí a alguien por cubrir un partido de fútbol. Entonces les dije que dejaba de trabajar. Pero Efe forma parte de EPA (European Pressphoto Agency) y yo debía de ser el único tipo en un sitio que le interesaba a EPA. Entre unas cuantas agencias europeas llegaron la conclusión de que sería bueno pagarme 300 euros y que trabajara para todas. Como me pagaban más pude dejar de escribir. Y de repente aquel hippy que llegó a Libia con una mano delante y la otra detrás empezó a hacer portadas para el New York Times.

[Nunes vuelve a irrumpir en la entrevista] Como él no lo hace, voy a resumirte el trabajo de Manu en Libia. Le conocí allí. Después de unas semanas trabajando juntos me fui a casa. Cuando volví 15 días después, Manu seguía allí y había perdido casi 10 kg. Curraba como un loco y no comía. Casi no le reconocía.

Brabo: De hecho, en la cárcel, gané peso.

 

¿Fuiste a Libia sin experiencia en conflictos?

Conflictos como ese no. Lo más fuerte que había hecho eran cuatro tiros en palestina. Había estado en lugares militarizados y te vas haciendo un poco a la idea de cómo es. Siempre he querido hacer esto, pero no quería llegar al frente y volver con una foto sobreexpuesta. Jugarte la vida por una foto sobrexpuesta es muy estúpido. Así que uno tiene que aprender a controlar sus nervios, a que te paren en un checkpoint, a que te interroguen, a que te molesten, ver a gente armada alrededor... a vivir en el problema.

¿Cómo fue ir a una guerra de verdad por primera vez?

Fue como cuando vas a una zapatería y te pruebas las botas de tu talla, que te van genial. Pero fueron pasando las semanas y no descansaba nada, no comía. Poco antes de que me detuvieran hablaba con Marcelo Cantelmi y me decía que tenía que irme a casa. Y yo le decía que, si me iba, se acababa mi sueño, que no sabía si podría volver. Pero sabía que tenía razón. El problema es que, cada vez que abría Internet, veía una foto mía en una portada ¿Cómo me iba a ir?

¿Pecaste de avaricia por el éxito?

¿Qué éxito? Si no tenía dinero ni para comer, le pedía pasta a todos los periodistas, pero estaba haciendo lo que me gustaba, se me daba bien y mi trabajo estaba teniendo repercusión. Cuesta mucho pensar con claridad cuando tienes un cerebro mal alimentado y viciado, porque lo único que te mantiene en pie es la puta adrenalina... Encima me topé con un colega como Jim y se construye esa esa especie de macho thing, “a ver quién tiene más huevos, yo doy un paso más adelante ”... Él y yo entramos en sitios donde no había llegado ningún periodista.

¿Cómo fue la detención?

El día anterior, Jim [Foley], Clare [Morgana Gillis, fotógrafa de EEUU], Anton [Harmmel, fotógrafo de Sudáfrica] y yo habíamos estado en un sitio a las afueras de la ciudad de Brega. Era una buena posición, porque las tropas de Gadafi estaban abajo y los rebeldes, arriba. Cuando volvíamos les dije que había que levantarse muy temprano porque ese día caería Brega. Lo planeamos todo con el mismo conductor y ya estaba la OTAN bombardeando a las tropas de Gadafi; quieras que no, te hace sentir más seguro. Tras un bombardeo a un convoy de Gadafi, llegamos los primeros e hicimos unas fotos de la hostia. Arriesgamos un poco más y cuando estábamos llegando a esa colina, recuerdo que les dije que yo no subía allí. Nos bajamos del coche y a los dos minutos lo volaron con un RPG. Entonces llegaron unos coches y vi que los tipos llevaban una cinta verde en la cabeza [eran tropas de Gadafi]. Le dije a Clare: “Estamos jodidos”. Empezamos a correr hacia el desierto. Jimmy corría entre nosotros mientras Anton intentaba coger un coche de los rebeldes que pasaban a 200 km/h. Nos tuvimos que echar al suelo porque ya pasaban las balas muy cerca. Jimmy preguntó si estábamos bien y Anton respondió que no. Los coches nos alcanzaron y nos dispararon. Jim gritaba “sahafa” (periodista) y dejaron de disparar pero le metieron una hostia que le saltaron hasta el casco. Solté las cámaras me puse al lado de Clare y empezamos a comer hostias. Yo me agarraba a ella y gritaba que era mi mujer para que nos llevaran juntos. Entonces nos metieron en el coche y vimos a Anton con las tripas fuera, en la cuneta. Después llegaron las humillaciones, los insultos, las patadas en la boca... una colección de vejaciones muy interesante.

¿Pasaste 40 días así?

Cuarenta y pico. Pero no fue así siempre.

¿Cómo era la cárcel de Gadafi?

Podría haber sido peor. Los primeros días fueron muy jodidos. Estuve en aislamiento como tres semanas, y tres semanas contigo mismo sin saber lo que te va a pasar juega malas pasadas. Empiezas a desarrollar paranoias, intentas aprender a saber lo que está pasado: ruidos de coches, cuando te traen la comida, la furgoneta de los presos entrando y saliendo. Intentas asomarte por las ventanas para ver el exterior pero sin que te vean. Empiezas a establecer una rutina paranoica que consisten tratar de saber qué pasa fuera y tratar de intuir qué te va a pasar en el futuro inmediato a través de los sonidos de la cárcel.

Pero también hubo momentos divertidos. Me comunicaba con el tipo que estaba en la celda de al lado por el hueco del enchufe. Se me presentó como un constructor que estaba arreglando el aeropuerto de Trípoli y que le pillaron huyendo. Luego resultó que era un ex boina verde con muchos años de experiencia y que iba de Trípoli a Bengasi para entrenar a los rebeldes. Cuando entraron los rebeldes en Trípoli tiró la puerta de acero de la cárcel de 30 patadas. Se escapó y se pasó la noche escondido hasta que le encontraron los rebeldes.

¿Te arrepentiste en algún momento? ¿Pensaste que todo ese calvario no merecía la pena?

Pensaba que lo que no merecían la pena eran mis últimos cinco años en Madrid haciendo un curro que no me gustaba, sin tener huevos a arriesgar por una profesión por la que estaba dispuesto a dar la vida (ahora ya no tanto). Estaba muy enfadado por los años de presidio que me había autoimpuesto de no ser feliz. Pensaba que si éste era el precio que tenía que pagar por haber apostado, pues estaba bien pagado. Mi reflexión no era “la he cagado”.

 

59fcfb823facc.r 1509779888713.0 27 3000 1573

El fotoperiodista Manu Brabo, en el salón de su casa, en Madrid.- JAIRO VARGAS

 

¿Cómo es momento de después, cuando llegas a casa?

Es complicado. En la cárcel me volví hasta religioso, yo que siempre he sido ateo. La persona en la que te transformas no tiene mucha cabida en este mundo. Cuesta equilibrar. Mi mayor miedo era no ser capaz de volver a hacer mi trabajo como lo estaba haciendo antes. Volví a Libia porque quería probarme. No quería dejar el trabajo.

Meses después hiciste fotos al cadáver de Gadafi. ¿Qué sentiste al tener delante al culpable de tu encarcelamiento?

Llegué 13 minutos tarde a la muerte de Gadafi. Cuando veo que lo han matado lo primero que pienso es que me tenía que haber creído a la gente 13 minutos antes. Hubiera tenido la foto del siglo. Cuando lo vi muerto ahí me dio la sensación de que el tipo al que odiaba tanto y al que tenía tanta manía era un ser humano que las ha pasado muy putas durante un rato. Rencoroso no soy, pero el que me la hace me la paga. No se puede dejar de pensar en el “y ahora qué, cabrón. Ríete ahora”. Me pasa lo mismo cuando veo a detenidos milicianos del Estado Islámico o soldados prisioneros del régimen de Al Asad. Los ves sufrir y ves al ser humano. No puedes dejar de sentir empatía. Cuando no los ves y te disparan son como monstruos, fantasmas, pesadillas. No les pones cara, están deshumanizados, pero cuando los ves fritos o muriéndose o llevándose una paliza ves lo humano de todos ellos. Cuando cogieron a Gadafi, había supervivientes que estaban huyendo con él y la gente les estaba pegando, escupiendo, uno había perdido el brazo y pedía agua. Tuve que ir yo a por agua para llevársela. La gente me paraba y yo les gritaba: “Dadle agua a este tipo, que sois igual que Gadafi".

 

59fcfcace8d7f

Cadáver de Muamar al Gadafi, en la exposición de La Neomudéjar.

 

También estuviste en el Egipto tras la caída de Mubarak ¿Qué ha quedado de la Primavera Árabe?

En Egipto, militares en el gobierno. Controlan el 80% de la economía egipcia. Hacen tanto misiles como espaguetis. Y en el resto de países, guerras. Las Primaveras Árabes prometían mucho y se han quedado en nada. Son sociedades muy complejas que no han tenido tiempo de reconciliarse. No hay una fusión ni un sistema de identidad que los una. Los unió la mano dura y luego no han sabido gestionar que hay diferentes partes de la población con intereses distintos. El único punto en común que han encontrado durante mucho tiempo es el enemigo común. Cuando éste se va, se quedan los problemas, y no han sabido salir de ahí. Tampoco sé cómo se les puede enseñar. Hay tribus, diferentes credos, intereses... Seguramente pase en Siria cuando acabe la guerra. También hay muchos intereses externos que hacen para que la situación no sea estable. No sé exactamente qué beneficio pueden tener la UE y EEUU en todo esto, pero la realidad es que ellos no se ponen de acuerdo y tienden más a solucionar las cosas a hostias que hablando.

Has visto de cerca el mundo de Estado Islámico en Irak, ¿cómo se ha llegado a eso?

Lo vi en la frontera entre los yihadistas y el territorio controlado por los kurdos. Por la noche la gente se escapa de los pueblos controlado por el Estado Islámico y trata de cruzar las líneas. Lo que tienes que pensar es que el Estado Islámico no conquista solamente. Hay muchas partes que libera. Es decir, el triángulo sunita es sunita. El Gobierno de Irak y el Ejército es chiita y se han comportado como unos auténticos hijos de puta en determinadas zonas. Con lo cal, cuando el EI llega a Mosul (Irak) y los habitantes pensaban que eran buena gente. Luego empezaron a ver lo que había, pero ya era muy jodido escapar.

¿Dejas de ser una persona normal cuando ves los horrores de la guerra tan de cerca?

Supongo que sí, pero yo creo que nunca he sido una persona normal. Mis colegas lo dicen siempre que soy el único que de su locura ha hecho una profesión. Me imagino que ya había algo que no andaba demasiado bien en mi cabeza. En general, estar en la guerra hace que te cueste mucho entender los problemas normales que le preocupan a la gente de nuestro mundo. Consideras que toda la gente es tonta y se preocupa por gilipolleces. Te entra ese síndrome Pérez Reverte. Lo estoy notando mucho ahora con el tema catalán.

Te he leído comparar Catalunya con el conflicto de Ucrania ¿No te parece exagerado?

Llámame exagerado o dramático, pero cuando yo hablaba con la gente en Ucrania nadie se esperaba que iban a acabar en guerra por esta razón nacionalista. Y lo están. Lo que digo es que al final las pasiones, cuando los políticos deciden que tenemos que ahondar en nuestras diferencias en vez de en nuestras similitudes y cuando la gente sigue ese juego y se lo cree pasan cosas como las de Catalunya. Ya ha habido hostias, la gente empieza a ser violenta... No sé, parece que necesitamos a cuatro gilipollas y un muerto para que la cosa se ponga seria. Luego muchos nos volveremos más gilipollas y habrá más muertos. Eso es lo que me asusta. No comparo nada, solo digo que si nos dejamos arrastrar por esto acabamos mal.

¿Tan asustado estás por Catalunya?

Claro. Hay familias y colegas que no se hablan. Yo estoy discutiendo con gente con la que nunca he tenido problemas. Y si tienes un punto de vista medio o equidistante, los de aquí te llaman rojo y los de allí te llaman facha. Al final me preocupa que haya gente con unas fronteras mentales tan fuertes que sea capaz de matar por quedarse en esas fronteras o por defenderlas con la violencia. Y me jode aún más que haya gente de izquierdas pensando esto. Para mí la izquierda es internacionalista por definición.

 

59fd066421983.r 1509779888754.24 65 749 439

El fotoperiodista Manu Brabo posa ante varias de sus obras que forman parte de "Un día cualquiera", una muestra que junto a National Geographic, ha inaugurado hoy en el centro cultural La Neomudéjar, en Madrid. EFE/Emilio Naranjo

 

En España hay muchos y buenos fotoperiodistas que, como tú, han tenido que publicar fuera porque aquí era muy difícil. ¿Qué le pasa al fotoperiodismo en la prensa española?

No creo que le ocurra nada. A quien sí le ocurre es al público en general. No quiero que vengan a mi exposición a decirme lo guapas que están mis fotos. Yo ya lo sé, aunque suene mal. El problema es que hemos pasado a una ciudadanía pasiva que se traga cualquier mierda en Twitter, que no tiene ni exige herramientas de análisis, que hace juicios sobre una guerra que pasa a miles de kilómetros sin siquiera haber leído la historia de ese país.

Te hablo de los medios no de los lectores.

No, el problema es el público. La gente que está en un periódico también es público. Pero esa gente debería ser gente con background, con inquietudes, con ganas de conocer y que no se fía a la primera. Tenemos ciudadanos y periodistas pasivos que hacen lo que les dice el jefe, que van con la línea que se marca.

No es ya que no se apueste por el fotoperiodismo y los reportajes de profundidad en España. Es que se está apostando por fabricar gente imbécil a la que puedas manejar y mandarlas a votar un día para que les den de hostias y que, cuando se escapan sus políticos, todavía les honren. O gente que sale con la banderita de España. Educación para borregos, televisión para borregos, periodismo para borregos y no se quiere invertir en nada que haga a la gente pensar por sí misma porque es mejor tener ganado que tener personas.

La crisis no es de los medios, es de pensamiento. A la gente se la he enseñado que con el mínimo esfuerzo mental tienen garantizadas unas comodidades. La incomodidad es esto [muestra en el ordenador una foto de un cadáver en Egipto con el cráneo reventado]. Y si no puedo incidir en la gente española pues lo haré en la alemana o en la francesa.

Nunes: Yo creo que también hay otro problema con el fotoperiodismo. Muchos fotógrafos hacen fotos no para impresionar al lector, si no a los editores.

Brabo: Sí. Fotos para fotógrafos.

Nunes: Sí, fotos para fans. Yo empecé a escribir y a hacer fotos para que mi madre supiera dónde está Sudán del Sur y por qué sufre la gente allí.

Brabo: Exacto. Yo hago fotos para que mi madre entienda el mundo. Vivimos en un escenario de estrellas del rock, y la gente quiere ser Mick Jaggerr. No quieren ser Eugene Smith ni McCullin. Seguro que muchos que quieren ser fotógrafos no saben quiénes son. Cuando imparto clases en un workshop hay gente que quiere ser fotógrafo y no tiene nada de cultura visual, no tiene ningún interés en ello, no sabe que la mayor escuela de fotografía está en los cuadros del Museo del Prado. Sólo saben que este curro tiene repercusión social. Pero tampoco es así. Yo voy por la calle y no soy Cristiano Ronaldo. Pero el mundo de las redes hace que te relaciones solo con gente de tu cuerda y, a veces, te hace pensar que eres importante y la gente quiere esa importancia.

Hay centenares de personas que van a Lesbos (Grecia) a hacer fotos a los refugiados sólo para colgarlas en Facebook, sin pensar que ni están ganando dinero ni en que están haciendo más ruido ni en que esa gente a la que hacen fotos son gente que sufre. Ellos llegan para colgarse su medalla de "yo estuve allí". Es una maniobra egoísta y nada solidaria y, económicamente es estúpida. No vas a ir a quitarme el puesto mí ni a James Nachtwey.

¿Por dónde se tiene que empezar?

Quizás por sitios que no están de moda. Para empezar hay que buscar historias diferentes. Cuenta el tema de Sháhara, que está muy sobado pero nadie hace nada bueno ahora. Vete a Haití, que ya no importa a nadie.

Nunes: Empieza por tu propio barrio, por tu calle.

¿No crees que parte de la culpa de este problema es tuya y de otras 'estrellas' del fotopeirosimo?

Sí y asumo mi responsabilidad. A veces publicas en Facebook fotos diciendo "mira qué bien lo pasamos haciendo chorradas en la guerra". Después lo piensas y dices: "La gente va a pensar que esto jauja". Pero no les. En nuestro afán por comunicar y por que se reciba el mensaje, dulcificamos la guerra. Hacemos de ella algo bonito estéticamente, pero en realidad es gente con los sesos fuera, sangre, vísceras y muerte.

 

 

Publicado enSociedad
Lunes, 07 Agosto 2017 08:35

Matando al mensajero

Matando al mensajero

Qué raro que una amplia gama de la clase política y los analistas profesionales que se consideran guardianes y defensores de eso que llaman democracia están casi elogiando, o por lo menos dando la bienvenida, a los militares en el gobierno para imponer orden y progreso, y controlar lo que sabe la opinión pública de lo que hacen en su nombre.
Encabezados ahora por el recién instalado ex general de marines John Kelly como jefe del gabinete, quien se une al ex general HR McMaster, asesor de Seguridad Nacional, y al general John Mattis, secretario de Defensa, este triunvirato militar tiene la tarea de rescatar a la Casa Blanca del caos generado por la ineptitud y aparentes problemas mentales del comandante en jefe.


La disputa interna dentro de la Casa Blanca entre los defensores de lo que algunos llaman el estado profundo (o sea, la jerarquía burocrática permanente, sobre todo en el ámbito de seguridad nacional) y las fuerzas que llevaron a Trump al poder (populistas nacionalistas, etcétera) ha estado a la vista desde la elección (vale recordar el apoyo explícito y público de figuras destacadas del sector de inteligencia, de política exterior y de Wall Street para Hillary Clinton y sus denuncias públicas de Trump). Ahora, a seis meses de este circo, algunos señalan que los que están tomando las riendas reales del poder en Washington son los militares junto con los Goldman boys (los jefes del gabinete económico que provienen de Goldman Sachs).


Brian Beutler, del New Republic, comentó la semana pasada que sería sensacionalizar las cosas llamar esto un golpe (militar) suave, pero es imposible negar que los poderes presidenciales reales han sido diluidos o usurpados. Funcionarios electos han decidido que dejar el funcionamiento del gobierno a oficiales militares no electos es preferible a invocar remedios constitucionales que los obligara a votar.


Parte de esta tarea de imponer la disciplina militar es dejar de informar a la sociedad de los juegos del trono dentro de la Casa Blanca. Kelly ha afirmado en sus primeros días que frenar las filtraciones es la prioridad. El pasado viernes convocó a unos 200 integrantes del equipo de la Casa Blanca a quienes instruyó a que de ahí en adelante todos son parte de un solo equipo y les advirtió contra filtrar información clasificada, recordándoles que eso es un delito y una falta de lealtad, reportó Bloomberg Politics. Otros medios reportan sobre las nuevas formas de administración y control burocrático que Kelly está impulsando.


¿Y cómo sabemos de todo esto? Filtraciones. Pero éstas, uno tiene que suponer, son con permiso oficial.


Con la soga aparentemente ajustándose al cuello de la familia Trump por las investigaciones cada vez más avanzadas del fiscal especial Robert Mueller, algunos especulan que el nivel de alarma dentro de la Casa Blanca ha llegado a tal punto que ahora sí hay mayor disposición del presidente y su gente de someterse a lo que el New York Times llamó la disciplina militar que Kelly está buscando imponer en la Casa Blanca.


Pero todo lo que se sabe de posible colusión con los rusos, maniobras corruptas de negocios de la familia Trump y sus socios, las mentiras, engaños, encubrimientos y posibles abusos de autoridad, entre otras cosas, ha sido a través de los periodistas y sus fuentes dentro del gobierno; con ello cumpliendo su misión de hacer que el poder rinda cuentas a la sociedad. Ahora, la respuesta de los que están en el poder es, como siempre, atacar a los mensajeros.


Desde el inicio del fenómeno Trump, los periodistas han sido declarados el enemigo, y todo lo que cuestiona o contradice la versión oficial es declarada una y otra vez como fake news (noticias falsas). Ahora hay nuevas órdenes de persecución de los periodistas y sus fuentes.


El procurador general, Jeff Sessions, anunció la semana pasada que el Departamento de Justicia lleva a cabo tres veces más investigaciones sobre filtraciones de información oficial que su antecesor y amenazó con que se modificarán las normas para facilitar a los fiscales emitir órdenes para obligar a periodistas a declarar y entregar documentos en estas investigaciones.


Después de años de filtraciones en Washington, es maravilloso ver al procurador general entrar en acción. Por la Seguridad Nacional, lo más duro, mejor, tuiteó Trump después del anuncio.


Defensores de la libertad de expresión denunciaron el anuncio y declararon que esto tendría un efecto nocivo sobre la libertad de prensa. El periodismo independiente en el interés público depende de la habilidad de reporteros de comunicarse en privado con fuentes, afirmó Alex Ellerbech del Comité de Protección para los Periodistas (CPJ).
No es la publicación de estos secretos lo que amenaza la seguridad nacional. Publicar estos secretos amenaza a los guardianes de estos secretos, pero protege al interés nacional al informarnos lo que hacen los poderosos cuando piensan que nadie los está viendo, declaró Paul Steiger, ex editor del Wall Street Journal y co fundador de ProPublica, recuerda Margaret Sullivan, columnista sobre medios del Washington Post. Sullivan recuerda cómo las filtraciones a periodistas han rescatado a este país, desde los Papeles del Pentágono, Watergate y más, hasta Snowden, y concluye que los filtradores y los periodistas que dependen de ellos merecen ser homenajeados, no encarcelados.


Aquí, como en tantos países, tal vez todos, los que se atreven a revelar lo que pasa en lo oscurito del poder son proclamados enemigos y la orden es de las más antiguas: maten al mensajero.


No por nada se anunció la semana pasada la creación de un nuevo proyecto cooperativo para documentar las violaciones contra la libertad de prensa en Estados Unidos. Participan unas 20 organizaciones, incluidas Freedom of the Press Foundation, CPJ, Reporteros sin Fronteras, PEN America, entre otros). Por ahora, el US Press Freedom Tracker reporta que en lo que va de 2017 han sido arrestados 19 periodistas, hubo 11 ataques físicos contra reporteros y cuatro han sido frenados en la frontera.(https://pressfreedomtracker.us).

Publicado enInternacional
Martes, 11 Julio 2017 06:15

Periodismo sin patrón

Periodismo sin patrón

Desde la crisis de 2001 Argentina se ha convertido en uno de los países donde las experiencias autogestionarias han alcanzado mayor desarrollo. Hablamos de 400 fábricas y empresas recuperadas por sus trabajadores, la inmensa mayoría durante la década de mayor crecimiento de la economía, lo que indica que estamos ante una práctica convertida en sentido común por decenas de miles de trabajadores cuando peligran sus puestos de trabajo.


Hablamos de cien bachilleratos populares, donde varios miles de adultos finalizan sus estudios secundarios, en base a una curricula y pedagogías construidas colectivamente en asambleas por docentes y estudiantes. Se trata de modos y espacios auto-educativos nacidos hace apenas diez años en algunos barrios piqueteros y fábricas recuperadas, que se extiende de forma consistente entre los sectores populares.


Y hablamos, también, de medios de comunicación autogestivos y culturales que, según el último censo de la Asociación de Revistas Culturales Independientes de Argentina (ARECIA), llegan a cinco millones de lectores mensuales. ¡¡Un 15% de la población del país!!


Según el censo, en 2016 había casi 200 revistas donde se desempeñaban 1.044 trabajadores y trabajadoras, algo más de seis personas por publicación. Las revistas impresas censadas, no todas pertenecen a la asociación, editan un promedio de 250 mil ejemplares que son leídos por casi un millón de personas mientras las páginas web superan los cuatro millones de lectores mensuales.


Se trata de medios como MU, de la cooperativa Lavaca, nacida en plena crisis de 2001, pero también medios muy recientes como La Tinta, de Córdoba o el diario Tiempo Argentino, recuperado por sus trabajadores, y un puñado que persisten desde la década de 1970.


El periodista Daniel Badenes acaba de publicar el libro “Editar sin patrón”, sobre la experiencia político-profesional de las revistas culturales independientes. En la introducción de la recopilación de experiencias, escribe: “Lo que hacen no es una mercancía. Diversas en sus contenidos y en sus estéticas, todas implican otra forma de producir, que no busca multiplicar el lucro para considerar sostenible a un medio, sino la justa remuneración del trabajo realizado en forma autogestionada”*.
En la misma introducción aparecen varios testimonios.


“Las revistas culturales nos hemos constituido como un espacio de legitimación de la palabra, de la investigación, del debate, en donde la ética periodística sigue teniendo valor y la calidad de los productos realizados no tiene nada que envidiarle a los medios hegemónicos”, afirma la revista Mural, que la definen como “la tribuna de los que quieren otro mundo”.


“Sabemos que cada uno daría la vida por lo que hace. Somos acción, intransigencia y rebeldía”, define Claudia Acuña, referente del colectivo Lavaca.


Muchas de las publicaciones realizan además talleres de periodismo, actividades culturales y fiestas en las que suelen recaudar fondos para financiar las revistas. Otras han montado centros sociales y culturales, están vinculadas a organizaciones de base y cooperativas de trabajo. Tienden a establecer relaciones horizontales y son rigurosamente independientes en un medio hegemonizado por los grandes conglomerados como Clarín y La Nación.


Sólo el 30% de las revistas accede a publicidad oficial y la mayoría combinan papel y web. Más del 70% de las revistas impresas se venden de mano en mano y algo más de la mitad se distribuyen en centros culturales. Un enorme esfuerzo si se considera que en promedio cada revista imprime poco más de 3.000 ejemplares**. Pero también circulan en kioskos y librerías y casi todas han optado por la suscripción como forma de mantener un contacto directo con los lectores.


Es un periodismo militante y, por lo tanto, autónomo, anclado en valores de dignidad solidaridad, compromiso social y político. Es un periodismo imprescindible para informarse de luchas y resistencias que no llegan a las páginas de los grandes medios, incluso de los que se auto-denominan de “izquierda”, que suelen silenciar luchas que no consideran importantes o no entran dentro de sus paradigmas de periodismo.


Con cinco millones de lectores y lectoras, nadie puede pensar que se trata de un sector marginal. Ni que sea la prefiguración del mundo nuevo. Todo lo contrario: es ya el mundo nuevo, un mundo en movimiento, inquieto, que vive y crece sin cesar.


* La introducción completa puede leerse en http://www.lavaca.org/notas/editar-sin-patron/
** Los datos completos del censo de revistas en http://revistasculturales.org/wp-content/uploads/2016/11/Quinto-Informe-ARECIA.pdf

Publicado enSociedad
Medios en EU advierten sobre dominio duopólico en Internet

La agrupación de medios de comunicación de Estados Unidos News Media Alliance advirtió ayer sobre el "duopolio" que forman Google y Facebook, por lo que pidió negociar con esas empresas que dominan la difusión de noticias y publicidad en Internet.

En un comunicado difundido ayer, la asociación consideró que el dominio de ambas compañías ha obligado a los medios de comunicación a "jugar según sus reglas respecto a cómo se despliegan, jerarquizan y monetizan las noticias y la información".

De acuerdo con la asociación, que integra a casi 2 mil grupos de medios, "esas reglas han comercializado las noticias, abriéndole paso a las noticias falsas, que no se pueden diferenciar de las verdaderas".

El documento agrega que las empresas de comunicación “están muy limitadas en poder de negociación contra el duopolio formado de facto y que absorbe el siempre descendiente segmento de ingresos publicitarios”.

En tanto, el presidente de Alliance, David Chavern, escribió en The Wall Street Journal que las plataformas de Internet "distorsionan el valor económico que se obtiene haciendo buen periodismo".

Dijo que ambas compañías se llevan más de 70 por ciento de los 73 mil millones de dólares que se gastan anualmente en publicidad en la web. "Pero esos dos gigantes digitales no emplean reporteros. No hurgan en los archivos públicos para descubrir corrupción, ni envían corresponsales a zonas de guerra ni cubren el juego de anoche", escribió.

"Ellos esperan que la económicamente exprimida industria de noticias haga por ellos ese costoso trabajo", añadió.

Sostuvo que las empresas periodísticas "deben poder negociar colectivamente con las plataformas digitales que controlan la distribución y el acceso".

El reclamo se produce en medio de la imparable caída en la demanda de noticias impresas, mientras los ingresos de publicidad también han caído por que se han trasladado a plataformas de Internet, que son mas consultadas por los lectores en la actualidad.

Facebook y Google se combinan para representar 60 por ciento del mercado de publicidad digital en línea este año, según el despacho de investigación eMarketer.

El grupo, antes llamado Newspaper Association of America, incluye periódicos de gran talla como The New York Times y The Wall Street Journal, así como cientos de grupos de medios más pequeños y organizaciones regionales de noticias.

Ayuda a los editores

La asociación busca el permiso del Congreso para obtener el derecho a negociar de manera conjunta con ambas empresas, aunque no será fácil obtener una exención antimonopolio del gobierno para negociar de manera conjunta. Sin embargo, el director ejecutivo de la alianza, David Chavern, dijo en entrevista a que es mejor intentar a no hacer nada.

Los medios de comunicación buscan una mayor protección para la propiedad intelectual, respaldo para los modelos de suscripción y una mayor porción del mercado de publicidad en línea.

Sobre este reclamo, Facebook y Google respondieron que han buscado ayudar a los grupos de medios haciéndoles algunas concesiones."Estamos comprometidos en ayudar al periodismo de calidad a desarrollarse en Facebook. Hemos avanzado en nuestro trabajo con los medios y hay mucho por hacer", dijo el director de alianzas informativas de Facebook, Campbell Brown.

Por su parte, Google dijo en un comunicado que busca "ayudar a los editores a triunfar en su transición hacia lo digital", incluso, en años recientes, ha creado varios productos especializados y tecnologías específicas para ayudar a los periódicos, añadió.

De acuerdo con el portal PuroMarkenting, en 2016 el mercado de la publicidad en línea en Estados Unidos creció en 12 mil millones de dólares y las dos empresas de Internet se llevaron el 77 por ciento de ese monto. Así, por cada dólar invertido, Google se llevó 40 centavos, Facebook 37 y el resto de los jugadores se debieron repartir 23.

Publicado enInternacional
Ahora que James Comey declara bajo juramento sería una lástima no preguntarle sobre el historial de conductas ilegítimas del FBI

Esta semana, la expertocracia ha puesto el foco de atención en la comparecencia del exdirector del FBI James Comey, quien fue despedido del cargo por Trump el mes pasado, ante el Comité de Inteligencia del Senado. En los medios se considera que no ha habido testimonio de tamaña importancia desde el escándalo Watergate. La expectativa, que no ha sido declarada explícitamente pero sí insinuada, es que Comey de comienzo a un largo y caluroso verano de revelaciones perjudiciales que conducirán a la renuncia o destitución del presidente Donald Trump. Gran parte de las principales figuras de las cadenas de noticias, muchas de las cuales fueron difamadas personalmente por Trump en algún momento desde que lanzó su campaña para la presidencia el 16 de junio de 2015, quedarán satisfechas si su trabajo contribuye a que Trump deje su cargo, voluntariamente o no. Comey se ha convertido en una especie de caballero blanco, cabalgando para salvar a la república con sus numerosos memorandos y sus refinadas habilidades retóricas.


Por asociación, el propio FBI se ha convertido en el favorito de los opositores de Trump. Pero esta fuerza policial federal, poderosa y hermética, esta agencia de espionaje interno, tiene una larga, oscura y, a menudo, violenta historia de represión de la disidencia en Estados Unidos. Sería una lástima tener a Comey testificando bajo juramento y no hacerle preguntas importantes acerca de la mala conducta profesional del FBI , tanto histórica como actual.


Los senadores podrían considerar hacerle al señor Comey, por ejemplo, algunas de estas cuatro preguntas:


Número uno. ¿Cuál es el alcance de la vigilancia de periodistas que realiza el FBI ?


Las grandilocuentes arremetidas de Donald Trump contra la prensa son, al menos, realizadas abiertamente. Por lo general se dan en el contexto de sus actos políticos o a través de Twitter. Sus ataques son viles y deben ser cuestionados para que dejen de suceder. Pero el FBI , en cambio, detenta un enorme poder para vigilar y censurar periodistas mediante la emisión de las Cartas de Seguridad Nacional ( NSL , por su sigla en inglés). La Fundación Frontera Electrónica calificó a las Cartas de Seguridad Nacional como “uno de los poderes más aterradores e invasivos” de la Ley Patriota estadounidense. El periodista ganador del Premio Pulitzer James Risen escribió en el periódico The New York Times: “Durante [el gobierno de] Obama, el Departamento de Justicia y el FBI han espiado a periodistas”. Risen sabe de lo que habla: fue uno de los perseguidos. Ahora le preocupa que Trump tenga los mismos poderes. Trump, presuntamente, le habría sugerido a Comey que los periodistas que filtraran información debían ser encarcelados.


Número dos. ¿Por qué el FBI calificó de posibles terroristas a los pacíficos protectores del agua de la tribu Sioux de Standing Rock, en Dakota del Norte? ¿Y por qué hubo una infiltración similar del FBI en los movimientos Occupy Wall Street y Black Lives Matter (en español: Las vidas afroestadounidenses importan y Ocupa Wall Street)?


Una de las protestas públicas más importantes en décadas ocurrió a lo largo de un tramo solitario de una carretera que atraviesa el territorio sioux de Standing Rock, que fue confiscado por el gobierno estadounidense violando tratados firmados en el pasado. En febrero, el periódico The Guardian informó que “varios oficiales de las fuerzas especiales conjuntas contra el terrorismo del FBI [ JTTF , por su sigla en inglés] intentaron contactar a por lo menos tres personas vinculadas al movimiento de ‘protectores del agua’ de Standing Rock”. El informe agregó que “los tres contactos se hicieron pocas semanas después de la asunción de Trump”, mientras Comey estaba a cargo del FBI .

Información filtrada posteriormente publicada por el medio The Intercept reveló que la empresa paramilitar privada TigerSwan había sido contratada para infiltrarse y perjudicar al movimiento contra el oleoducto, etiquetando a los activistas pacíficos de “insurgentes”. Comey y el FBI deben responder por esta actividad que constituye una violación de la de la Primera Enmienda y por otras intrusiones similares en los movimientos Black Lives Matter y Occupy Wall Street.


Pregunta número tres. En cuanto al programa de contrainteligencia del FBI que reprimió ilegalmente a los disidentes en las décadas de 1950, 1960 y 1970, el COINTELPRO , ¿cuántas de las personas que fueron blanco del programa y siguen encarceladas, como el activista del Movimiento Indígena Estadounidense Leonard Peltier y los numerosos ex miembros de las Panteras Negras, fueron encarceladas como consecuencia de la mala conducta profesional del FBI ?


El FBI realizó una sofisticada campaña contra la disidencia en Estados Unidos bajo la dirección corrupta de J. Edgar Hoover. Activistas por la paz, dirigentes sindicales y grupos radicales como Panteras Negras, Young Lords y el Movimiento Indígena Estadounidense fueron blanco de arresto y encarcelamiento bajo pretextos falsos, infiltrados y afectados por informantes contratados y, en casos como el del líder de las Panteras Negras en Chicago, Fred Hampton, asesinato. Muchas víctimas del COINTELPRO siguen languideciendo en la cárcel. El FBI ha pasado décadas negando sus acciones criminales en los casos al tiempo que obstruye las solicitudes de documentos en virtud de la Ley de Libertad de Información y se opone activamente a los pedidos de libertad condicional o indultos. James Comey debería responder por las continuas injusticias producidas durante el pasado criminal del FBI .


Pregunta número cuatro. Por último, habría que preguntarle a Comey cómo cree que sería nuestro país actualmente si el FBI no hubiera perseguido a Martin Luther King Jr. con su incesante campaña de vigilancia, intimidación y acoso, que muy probablemente contribuyó al clima de odio que condujo a su asesinato.


Es posible que el capítulo más oscuro de la historia del FBI sea su campaña para desestimar y perjudicar la obra de Martin Luther King Jr. Hoover llamó a King “el mentiroso más tristemente celébre del país” y trató de convencer a King de suicidarse. Comey tiene más información que la mayoría de la población sobre la campaña activa del FBI contra la disidencia en Estados Unidos y debería revelar todo lo que sabe.


La audiencia de comparecencia de James Comey en el Senado y, sin duda, las numerosas futuras audiencias del Congreso y de la investigación especial del exdirector del FBI Robert Mueller, estarán centradas en Trump y sus asesores. Pero el FBI tiene una larga historia de hermetismo y opresión que nunca debe ser olvidada por quienes luchan por la justicia y la democracia.
________________________________________
Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
Sábado, 27 Mayo 2017 08:28

Crímenes sublimes

Crímenes sublimes


Capítulo 12

 

Las oficinas del diario El espacio, ocupan un viejo edificio blanco de la zona industrial, al lado de una bodega, aparentemente vacía, y de una pequeña fábrica de velas. El movimiento en el interior del edificio contrasta abruptamente con la calma de la calle que a esa hora permanece en una quietud casi fantasmagórica. En la recepción Marlowe pide hablar con el director del periódico. “¿Tiene cita marcada?”, dice la recepcionista con una mirada irónica. “Sí, claro”, dice Marlowe mostrándole la placa muy cerca de los ojos. “Un momento, por favor”. La recepcionista aprieta un timbre debajo de la mesa y en pocos segundos aparece un hombre bajo y calvo que camina directamente hacia Marlowe con una sonrisa exagerada en la boca. “Detective, mucho gusto, mi nombre es Raúl Borja, el director no se encuentra en este momento en la ciudad, yo soy su asesor, ¿en qué puedo ayudarle?”. Marlowe pensó en decirle que quería hablar con el dueño del circo y no con los payasos, pero se contuvo, tal vez podría ayudarle realmente. “¿Podemos hablar en otro lugar?”, dice Marlowe. “Claro, pase por aquí por favor”, dice Borja mientras le señala el camino hacia una sala lateral

 

En mitad de la pequeña sala hay una mesa redonda con tres sillas. En la pared del fondo una estante adornada con artesanías y algunas placas que hacen referencia a premios obtenidos por el periódico. “Mejor crónica Año 1999”. “Mejor Fotografía Periodística Año 2003”, “Mejor Entrevista Año 2005”. Increíble, piensa Marlowe, premios para un periódico que chorrea sangre por todas sus páginas. Borja se sienta en una de las sillas, de espalda al estante y Marlowe en la silla de enfrente. “Estoy buscando a uno de sus colaboradores”, dice Marlowe directamente mientras siente en la espalda el duro respaldo de madera que una espuma demasiado fina no logra disimular. “¿De quién se trata?”. “De Quincey”. Borja lo mira como si el nombre no le fuera familiar. “Usa el pseudónimo de Thurtel en su columna de crónica”. “Ah, Thurtel”, dice Borja, haciendo un extraño chasquido con la boca. “¿Está metido en algún problema?”. “Sólo quiero hablar con él, aclarar algunas dudas”, dice Marlowe. “Le aseguro que se trata de un hombre decente, excéntrico tal vez, algunos incluso lo tildan de loco, ¿pero quién no está un poco loco estos días cierto?”, dice Borja al tiempo que emite una especie de carcajada que no parece natural. “Le confieso una cosa, para mí es uno de los mejores cronistas de policiales que ha pasado por este diario en años, yo diría en décadas”. “¿Dónde lo encuentro?”, dice Marlowe cortando el entusiasmo de su interlocutor. “Imagino que ya fue a su casa, ¿cierto?”. Marlowe lo mira a los ojos. “Claro. Hace días tampoco aparece por aquí, pero es normal”. “¿Cómo así?”, pregunta Marlowe. “Thurtel no tiene una rutina convencional como el resto de nuestros colaboradores. Suele trabajar en la noche y en la madrugada, duerme de día, a veces pasa varios días sin dormir recorriendo las calles como un sonámbulo... además está lo del opio”. “¿Opio?”. “Ah, eso ya no es un secreto, él mismo lo ha confesado de manera pública. Thurtel es adicto al opio”. “¿Hace cuántos días no aparece por el periódico?”. “Creo que la última vez que estuvo aquí fue la semana pasada. Vino en la noche, entrego su crónica, recogió el cheque y volvió a salir sin hablar con nadie, como es su costumbre. Aquí adentro no tiene amigos. Yo creo que los demás lo envidian. Por su forma de escribir, quiero decir. Muchos de estos periodistas, formados en algunas de las mejores facultades del país, no tienen ni el diez por ciento del talento de Thurtel. Lo digo en serio.” “Bien, es todo lo que necesito saber. Si aparece por aquí dígale que quiero hablar con él”, dice Marlowe al tiempo que le entrega una tarjeta. “Claro, con todo gusto”, dice Borja con la misma fingida y exagerada amabilidad.

Publicado enEdición Nº235
Lunes, 27 Marzo 2017 07:04

Enemigos (para nuestra compañera)

Periodistas de Guadalajara expresaron ayer su indignación por el asesinato de reporteros en el país. El más reciente es el de Miroslava Breach, corresponsal de La Jornada en Chihuahua. Un grito imperó en el mitin: no nos callarán

 

Los que se atreven a enfrentar la mentira, la corrupción, la impunidad, los abusos y la violencia del poder y sus redes de complicidad siempre son enemigos de los que dependen de la oscuridad para su poder y sus intereses.

El saldo mortífero mundial de los dedicados a revelar verdades a la sociedad asciende a más de mil 234 desde 1992, según las cifras más recientes del Comité para la Protección de Periodistas (CPJ), donde México ocupa el lugar 11 entre los países más mortíferos para periodistas (https://cpj.org/killed/).

Según otro conteo, el de la Federación Internacional de Periodistas (FIP), 2 mil periodistas han perdido la vida por su trabajo entre 1990 y 2016; México es el tercer país más mortífero para informadores al contabilizar más de 120 asesinatos. Una de las conclusiones recurrentes de nuestros informes es que se registran muchos más asesinatos en situaciones de paz que en países golpeados por la guerra, algo que tiene que ver en gran media con que los periodistas son víctimas de los barones del crimen organizado y de funcionarios corruptos, afirmó Anthony Bellanger, secretario general de la FIP. Subrayó que la impunidad es un agente catalizador de la violencia contra periodistas. (www.ifj.org/fileadmin/documents/ 25_Report_Final_sreads_web.pdf)

Hoy día, reporta el CPJ, existen 259 periodistas encarcelados en el mundo, una cifra sin precedente desde 1990, cuando la organización empezó a registrar ese dato. https://cpj.org/2016/12/a-record-number-of-journalists-are-in-jail-cpj-cen.php

No somos cifras. Tenemos nombre y apellido, por ejemplo, Miroslava Breach.

A veces rehusar ser anónimos es justo lo que nos puede costar mucho, hasta la vida. Más que todo, los que tienen un compromiso con el periodismo de conciencia ante el poder –esa búsqueda constante de notas que sirven a la autodeterminación de los ciudadanos, eso de contar qué nos pasa, de intentar revelar toda mentira– rehúsan quedarse callados o portarse bien. Pero los buenos periodistas (aunque hay algunas excepciones notables, para bien y para mal) nunca desean ser noticia, y, opino yo, casi nunca deben de usar el yo; son las voces de los demás las que cuentan, las que hay que contar, esa voz colectiva ante el poder exclusivo.

En tiempos recientes a los periodistas nos han vuelto noticia, y demasiadas veces en nota roja. Declaran que somos enemigos, a veces nos amenazan, a veces nos encarcelan, a veces nos matan. Y eso no se limita a países como México o Turquía o Irak, sino aquí mismo.

En Estados Unidos el presidente Trump ha declarado a todo periodista que no se subordine a sus mentiras y engaños como enemigo del pueblo. Desde el inicio de su campaña presidencial con sus llamados a sus bases a atacar a los medios no alineados, generó un clima tan peligroso que varios periodistas de algunos de los grandes medios nacionales tuvieron que contratar seguridad privada para acompañarlos a cubrir al candidato. Como presidente no ha dejado de atacar a periodistas, y a sus medios, por nombre y apellido, cada vez que se atreven a criticarlo o publicar información que lo daña. En la retórica, esto supera lo que los periodistas enfrentaron durante la peor época de Richard Nixon en los años 70, o del macartismo en los 50. Esto apenas empieza, y las consecuencias pueden ser peligrosas no sólo para los periodistas, sino para lo que se llama democracia.

El presidente anterior hablaba más bonito y afirmaba que era el campeón de la libertad de expresión y la transparencia, pero en los hechos persiguió a los que se atrevieron a divulgar secretos oficiales al público por los medios. De hecho, Obama promovió más casos –ocho incluido Edward Snowden, el más conocido– según la Ley de Espionaje de 1917 contra filtradores y periodistas que el total (tres) de todos sus antecesores. (Vale recordar que esa ley se aplicó a disidentes de la Primera Guerra Mundial, tanto al líder socialista y candidato presidencial Eugene Debe, quien fue encarcelado, como a inmigrantes alemanes que eran sospechosos sólo por su origen nacional, entre otros).

Un reporte del CPJ en 2013 concluyó que el gobierno de Obama ha sido el más agresivo en control de información en tiempos modernos. El ex editor Leonard Downie, quien encabezó la investigación, escribió que “la guerra de este gobierno contra filtraciones y otros esfuerzos para controlar la información son los más agresivos que he visto desde el gobierno de Nixon, cuando yo era uno de los editores involucrados en la investigación de Watergate por el Washington Post”. Aunque Obama se comprometió a hacer el gobierno más transparente, la editora pública del Times, Margaret Sullivan, afirmó: está resultando ser el gobierno de secretos sin precedente y de ataques sin precedente contra la prensa libre. (https://cpj.org/reports/2013/10/obama-and-the-press-us-leaks-surveillance-post-911.php).

Joel Simon, director ejecutivo del CPJ escribió el mes pasado en el New York Times que los ataques incesantes (de Trump) contra los medios de noticias están dañando la democracia estadunidense. Advirtió que el ataque de Trump contra el uso de fuentes anónimas mina el trabajo de periodistas que reportan notas delicadas en ambientes represivos y peligrosos, desde Irak hasta México, donde la protección de fuentes es asunto de vida o muerte.

Nos tocó ser noticia la semana pasada. Nuestra compañera ya no puede reportar las verdades que descubría ni sumarse con todos en su periódico dedicados a la misión básica de informar al público para que ese público decida actuar o no ante la realidad que vivimos. Ahora a ese público, o sea, a todos nosotros, nos toca responder. Tenemos que decidir si esto que nos duele tanto hoy día sólo se vuelve en una cifra más en esa espantosa lista de inmensa tristeza, o si defendemos de manera colectiva a los que se atreven a ser enemigos. Esta casa, y en buena medida lo que dice ser, o debería ser, democracia en cualquier parte de este planeta, dependen de nuestra respuesta.

 

 

Publicado enInternacional
Lunes, 20 Febrero 2017 06:05

Enemigo del pueblo

A un mes de haber asumido la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump provocó ya varias crisis diplomáticas con aliados, despidió a la procuradora general en funciones, estuvo al borde de una crisis constitucional al insultar y desacreditar al Poder Judicial, fue obligado a despedir a su asesor de Seguridad Nacional y vio caer a uno de sus nominados al gabinete, entre otros reveses, no obstante, el mandatario afirma que su gobierno ha logrado más que cualquier otro en la historia en el mismo lapso. Mientras, en el país continúan las manifestaciones contra sus políticas; la imagen, ayer en Chicago.

 

Donald Trump nos ha declarado –a todos los periodistas y medios de noticias– enemigos del pueblo.

Son palabras con antecedentes tenebrosos, desde Hitler hasta Stalin, de la boca de diversos dictadores y autócratas y demagogos en este y otros países.

Todo presidente y político se queja de los medios, es parte de la relación normal. De hecho, es preocupante cuando esa queja no está presente.

Trump, desde el arranque de su campaña, etiquetó a los medios como parte de una élite corrupta, y gozaba señalando a los periodistas, por órdenes de él casi siempre encerrados en una zona en sus actos, y provocar que sus admiradores se voltearan para denunciar a los medios. Esto llegó a tal extremo que algunos medios nacionales contrataron seguridad privada para proteger a sus corresponsales y enviados que cubrían la campaña del multimillonario.

Al llegar a la Casa Blanca no abandonó su estrategia de atacar a los principales medios, con excepción de Fox News y el sitio ultraderechista Breitbart (dirigido hasta recientemente por su asesor íntimo Steve Bannon), entre otros fieles a la causa Trump.

Pero el jueves pasado, después de su primer mes en la presidencia –en el cual provocó varias crisis diplomáticas con aliados, entre ellos México y Australia, despidió a la procuradora general en funciones, estuvo al borde de una crisis constitucional al insultar y desacreditar al Poder Judicial sobre su orden ejecutiva antimusulmana, fue obligado a despedir a su asesor de Seguridad Nacional y vio caer a uno de sus nominados al gabinete, entre otros reveses, además de acusar a sus propias agencias de inteligencia y más–, Trump llegó a decir que su gobierno funciona como una máquina bien afinada y que había logrado más que cualquier otro presidente en la historia en su primer mes. Subrayó que toda crítica o versión diferente de la que él aseguraba era fake news (noticia fabricada) promovida por los medios.

Fue poco después, el viernes por la noche, cuando envió uno de sus en promedio seis tuits por día de su cuenta personal, en el que proclamó que los medios de noticias son el enemigo del pueblo estadunidense.

Casi todo medio y algunos políticos respondieron con diversos índices de alarma, casi todos con referencias a regímenes represivos. Hasta figuras dentro del partido del presidente comentaron con el senador John McCain que así empiezan los dictadores.

La estrategia, y se ha dicho mucho aquí, es librar un ataque sin tregua no sólo contra la credibilidad de los medios, sino contra la credibilidad en sí. Es crear una realidad alternativa con hechos alternativos.

Por cierto, durante un mitin estilo campaña en Florida el sábado, Trump sorprendió a todos cuando hablaba de países que han permitido el ingreso de refugiados y después sufrido ataques terroristas, y declaró: uno mira lo que está ocurriendo en Alemania, uno ve lo que sucedió anoche en Suecia. Suecia, ¿quien los creería?, antes de seguir con la lista. Pues en Suecia nadie le creyó porque no sabían de qué estaba hablando. ¿Suecia?¿Atentado terrorista? ¿Qué ha estado fumando?, comentó Carl Bildt, ex primer ministro de ese país, por medio de un tuit. Trump explicó después que fue por un reportaje que vio en su canal favorito: Fox News.

Pero no es nada más la mentira repetida, sino que la segunda parte de la estrategia es acusar de enemigo a todo aquel que dispute esa mentira oficial, ya que es la del presidente y sus voceros. La estrategia no es nueva y se ha empleado de varias maneras; vale recordar lo de George W. Bush después del 11-S, cuando declaró que si uno no estaba con nosotros, estaba con el enemigo.

Tal vez el ejemplo más apropiado es el del senador Joseph McCarthy en los años 50, cuando declaró esencialmente que él encabezaba una guerra sagrada contra un enemigo que deseaba destruir al país (en ese entonces era el comunismo), y quien lo cuestionara o se oponía era sospechoso de ser el enemigo. Con eso logró imponer un régimen de temor en el país, destruyendo incontables vidas.

Y resulta que el ejemplo incluye relaciones directas. El operador de la cacería de brujas de McCarthy era la figura siniestra del abogado Roy Cohn, quien años después fue nada menos que un mentor del joven Trump en los 70.

Fue un reportero el que ayudó, con un abogado del ejército, a poner fin a McCarthy.

El presentador Edward J. Murrow, de CBS News, hizo primero un programa en el que reveló las ficciones de McCarthy el 9 de marzo de 1954, e invitó al senador a ofrecer una respuesta (www.youtube.com/watch?v=-YOIueFbG4g ). Después de la respuesta, Murrow comentó esto en su programa del 13 de abril: Él comprobó de nuevo que cualquiera que lo revele o que no comparta su repudio histérico de la decencia y la dignidad humanas y los derechos otorgados por la Constitución, debe ser un comunista o un simpatizante. (www.youtube.com/watch?v=8wMiPkaofjw ).

El abogado Joseph Welch fue el que emitió las palabras que finalmente marcaron el fin de McCarthy durante una de sus famosas audiencias, cuando, harto de sus acusaciones, respondió: hasta este momento, senador, no creo que hubiera medido verdaderamente su crueldad o imprudencia... Usted ha hecho suficiente. ¿No tiene algún sentido de decencia? Casi de inmediato, el poderoso senador fue anulado y murió solo y abandonado tres años después.

Vale señalar que por ahora, ante este ataque de Trump, los medios masivos, casi a la fuerza, han regresado a su misión real de reportar, cuestionar y enfrentar a la cúpula con hechos y revelar los engaños y las mentiras oficiales. El golpe más fuerte contra Trump hasta ahora, que hizo temblar a la Casa Blanca, fue producto de periodismo a la antigüita –eso que muchos han descartado en la era moderna como algo caduco por su lentitud y cuidado– de un equipo de reporteros y editores profesionales, en este caso los del Washington Post y el New York Times, investigando lo que los ocupantes del poder deseaban ocultar (relaciones con oficiales rusos) e informando a los ciudadanos de lo que estaba en lo oscurito.

A veces, los periodistas son lo que deben ser: enemigos de los enemigos reales de un pueblo.

 

Publicado enInternacional
La explosión de los medios de comunicación. Internet pone jaque a los medios tradicionales

 

Edición 2012. Formato: 13.5 x 21 cm, 138 páginas
P.V.P:$24.000  ISBN:978-958-8454-49-8

 

Reseña:

El planeta Medios vive una conmoción de intensidad nunca antes conocida.El impacto del meteorito internet, comparable al que hizo desaparecer a los dinosaurios,provoca un cambio radical del ecósistema mediático.De su mano, la digitalización del mundo transforma a gran velocidad el biotopo informacional.

Esta tesis, sin duda sugestiva,invita a leer la presente obra con total dedicación y mente abierta, abierta para ahondar y comprender las particularidades de un mundo en transforación que le abre grandes posibilidades al conjunto social, que deja de ser-en el mundo de las comunicaciones-un simple espectador y consumidor para transformarse en actor de primer orden.

 

Ignacio Ramonet (Redondela, Pontevedra, 1943) es un periodista español establecido en Francia. Estudió en la Universidad de Burdeos y regresó a Marruecos. En 1972 se trasladó a París, donde se inició como periodista y crítico cinematográfico.Es doctor en Semiología e Historia de la Cultura por la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS) de París y catedrático de Teoría de la Comunicación en la Universidad Denis-Diderot (París-VII). Especialista en geopolítica y estrategia internacional y consultor de la ONU, actualmente imparte clases en la Sorbona de París. Desde 1990 hasta 20082 fue director de la publicación mensual Le Monde Diplomatique y la bimensual Manière de voir.

 

Tienda Virtual:http://www.desdeabajo.info/libreria-virtual.html

 


Informes-Pedidos:



Transv 22 N 53D-42. Int 102 (Bogotá)

Carrera 48 N 59-52 Of. 105 (Medellín)

E-mail: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. (todas las ciudades)

Teléfonos: 345 18 08 / 217 89 92 (Bogotà y otras ciudades) / 291 09 69 ( Medellìn)

Whatsapp: 3204835609

Facebook : http://bit.ly/2bwXbER