Sobre la libertad de información y otros mitos

Un importante grupo informativo prohíbe a sus periodistas asistir a los programas de televisión de una conocida cadena y, además, despide a otro periodista de una radio que pertenece a dicho grupo, por informar que familiares del consejero delegado de ese grupo aparecían en los “papeles de Panamá”, a lo que se había referido también la cadena de televisión... Hechos como estos hacen recordar una realidad tan evidente como inexplicable, pero recurrentemente, olvidada: todos los medios de comunicación tienen dueño, con excepción de los medios de propiedad pública, cuyo «dueño» es el partido de turno en el poder. Son empresas y funcionan como empresas, es decir, no tienen una función social –aunque la cumplen–, sino que deben generar beneficios a sus dueños y servir a los intereses de esos mismos dueños o de quienes representan esos dueños. Mantienen la idea –muchas veces la ficción- de que existe libertad de expresión, pero es la libertad de expresión de los dueños de los medios de comunicación (y de sus socios, cómplices, accionistas o contratantes de publicidad), no la libertad de expresión del ciudadano común, que rara vez tiene acceso a ellos.

 

Los periodistas son empleados que deben cumplir las órdenes de los dueños del medio de comunicación que les contrata y paga, sean de radio, prensa, televisión, agencias noticiosas o de cualquier otro formato en la plataforma que sea. Como personas que reciben un salario, tienen la obligación de ajustarse a la política de la empresa, a riesgo de ser despedidos. Cuando se lee una noticia o un comentario, debe recordarse el verso de Bertolt Brecht en la Ópera de los cuatro cuartos: «Mackie, ¿quién paga la cuenta?». Sólo es posible entender el modelo de prensa existente en un país si se conoce quiénes son los dueños de los medios de comunicación y a qué intereses responden.

 

El control de los medios de comunicación es una cuestión estratégica en toda sociedad, pues a través de estos medios se puede manipular el pensamiento de una mayoría social y «crear» ideologías. La manipulación informativa, a través de los medios de comunicación, ha sido copiosamente estudiada. Noam Chomsky, en su obra Ilusiones necesarias. Control de pensamiento en las sociedades democráticas, realizó un pormenorizado estudio de la manipulación informativa de hechos en los medios de comunicación de EEUU, demostrando que esos medios informativos, en realidad, no informaban, sino que elaboraban las noticias de forma que sostuvieran la posición del gobierno de EEUU o de las grandes corporaciones que controlan el poder real en ese país. «En resumen –expresa Chomsky–, los principales medios de comunicación [...] son grandes empresas que “venden” públicos privilegiados a otras empresas. No podría constituir una sorpresa el hecho de que la imagen del mundo que presentan reflejara las perspectivas y los intereses de los vendedores, de los compradores y del producto».

 

Los directivos de los medios de comunicación, sigue diciendo Chomsky, «pertenecen a las mismas elites privilegiadas» y es «poco probable que los periodistas que penetran en el sistema se abran camino salvo si se pliegan a estas presiones ideológicas». Esta realidad ya la había descrito Carlos Marx en La ideología alemana, obra en la que afirmaba: «Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes de cada época; o dicho de otro modo, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante». Para poder ejercer ese «poder espiritual», las clases dominantes necesitan controlar los medios de comunicación de masas, control que, hoy, está alcanzando cotas inimaginables.

 

Dado su carácter estratégico, las clases dominantes han puesto históricamente gran empeño en controlar la información, de forma que exista libertad de expresión, pero que sea «su» libertad de expresión. O una libertad de expresión dentro de un orden, que jamás cuestione las estructuras de dominio económico y político que defienden. Dicho de otra manera, que exista una apariencia de libertad de expresión, no una libertad de expresión real y accesible a todos los ciudadanos. Este interés por controlar, manejar y dirigir la información ha llevado a la creación de grandes conglomerados de medios informativos, un proceso que es paralelo al de concentración de la riqueza en pocas manos. Puede, incluso, hacerse una ecuación: a mayor concentración de poder en grupos minoritarios, mayor concentración de medios de comunicación controlados, directa e indirectamente, por esos grupos minoritarios.

 

El conocido diario estadounidense The Washington Post fue adquirido en 2013 por el dueño de Amazon, Jeffrey P. Bezos. El principal accionista de The New York Times, propiedad de la familia Ochs Sulzberger, es el multimillonario mexicano Carlos Slim, con el 19% de las acciones. La empresa es dueña de otras 40 publicaciones, entre ellas International Herald Tribune y The Boston Globe. El Grupo Time Warner de EEUU es dueño de CNN, una de las mayores cadenas de televisión del mundo, que transmite en inglés y en español (CÑN). Es, además, dueña de Chilevisión y CNN Chile, de las revistas Time, Sports Ilustrated, People, Fortune, Money Magazine y del Grupo Expansión, de México, dueño, a su vez, de nueve revistas. El conglomerado alemán Bertelsmann posee 52 canales de televisión y 29 emisoras de radio y «[c]ada día los lectores de Gruner+Jahr tienen la opción de escoger entre 500 revistas en distintos medios en más de 30 países». El Grupo Bertelsmann España es dueño, a través de Atresmedia, de Antena Tres, La Sexta y Onda Cero, en el campo audiovisual y posee doce revistas, entre ellas Muy Interesante, Geo y Autopista, así como las editoriales Alfaguara y Taurus. RCS Mediagroup, conglomerado empresarial italiano, posee los diarios Corriere della Sera, La Gazzetta dello Sport y Corriere Economia –entre otros– en Italia y es dueño de El Mundo, Marca y Expansión en España. En total, un centenar de medios de comunicación. E l Grupo El Comercio, en Perú, controla el 78% de la prensa. “Si se produce una concentración de medios como se está produciendo en el Perú, y esos medios tienen además una línea política muy clara, entonces allí hay una amenaza potencial muy grande contra la democracia”, advirtió Mario Vargas Llosa, a quien nadie puede acusar de comunista. En Brasil, el Grupo Globo controla el 45,2% de la audiencia televisiva y el 73,5% de publicidad, además de poseer 38 canales de pago. Globo ha encabezado la campaña para derribar a la presidenta Dilma Roussef.

 

Un dato común une a los dueños de conglomerados de medios de comunicación, sean de la nacionalidad que sean: son todos familias o grupos multimillonarios, que comparten el propósito común de defender el sistema económico que les ha permitido alcanzar la condición de multimillonarios. Comparten una ideología común, ideología que sostienen y defienden desde sus medios de comunicación. De esa guisa, sus líneas informativas tienden a preservar el establishment y a desinformar, por una parte, y atacar, por otra, a los gobiernos, grupos, asociaciones, partidos, etc., que promueven ideas progresistas o de izquierda que atacan los fundamentos del sistema. Por esa vía se llega a otro aspecto, no menos medular, pues afecta el corazón de la libertad de expresión: si una vasta mayoría de medios de comunicación defiende el mismo sistema, el pluralismo desaparece. La sociedad se ve saturada de noticias con el mismo o similar contenido o ideología, de forma que se produce una ficción de libertad, negada por el hecho de que esa vasta mayoría de medios coincide en los mismos presupuestos ideológicos. El control pasa desde escoger qué tipos de programas se difunden, hasta seleccionar qué tertulianos o «expertos» son invitados a «impartir su sabiduría». Estamos, así, ante el engaño perfecto y EEUU es el modelo a seguir. Noam Chomsky es una celebridad internacional, pero ninguno de los grandes medios informativos estadounidenses suelen abrirle sus espacios. Chomsky puede decir lo que quiera, pero sus mensajes quedan depositados en los rincones, de forma que la gran mayoría de ciudadanos se ve condenada a escuchar la misma «música», un día sí y otro también. Como ha indicado un informe de la Organización de Estados Americanos.

 

“uno de los requisitos fundamentales de la libertad de expresión es la necesidad de que exista una amplia pluralidad en la información y opiniones disponibles al público... Cuando las fuentes de información están seriamente reducidas en su cantidad, como es el caso de los oligopolios... se limita la posibilidad de que la información que se difunda cuente con los beneficios de ser confrontada con información procedente de otros sectores limitando, de hecho, el derecho de información de toda la sociedad.”

 

Las limitaciones a la libertad de expresión no provienen únicamente de la concentración de los medios de comunicación en pocas manos y en que esas manos defiendan un sistema monocolor, sino también de la dependencia de estos medios de los anunciantes. Es de público conocimiento que los medios masivos de comunicación dependen, fundamentalmente, de la cantidad de anunciantes que puedan captar. El círculo se cierra comprendiendo que, en cada país, los mayores anunciantes suelen ser las grandes empresas y el Estado. Las clases dominantes no necesitan cerrar con violencia o con decisiones judiciales un medio de comunicación discrepante. Les basta con negarles cualquier tipo de publicidad para que mueran solos. En España no hay un solo diario de izquierda o progresista en formato de papel. Ese espectro informativo, como el televisivo, lo copan casi enteramente las fuerzas conservadoras.

 

Afortunadamente, Internet ha abierto espacios de difusión de ideas que han permitido prosperar y proliferar a miles de diarios, revistas y canales informativos discrepantes, que han roto, puede que para siempre, el monopolio ejercido sobre la información por las clases dominantes. Hoy es posible informarse ampliamente sin depender de los medios de comunicación masivos, aunque éstos sigan ejerciendo una presión insoportable sobre amplias capas de las sociedades.

 

Como puede colegirse, es fácil hablar de libertad de expresión y difícil que tal derecho sea debidamente respetado o sea puesto efectivamente en práctica. También es fácil confundir la libertad de expresión con el hecho de subirse a un banco, en Hyde Park, en Londres, y desahogarse sobre uno o varios temas que gusten o disgusten. La libertad de expresión es eso, pero es muchísimo más que eso. Desde muy antiguo, el control de la información ha sido considerado una cuestión esencial por los grupos en el poder, pues controlar la información es controlar las mentes y quien controla las mentes no necesita de ejércitos. Necesita tertulianos. Pero, como ha expresado la Corte Interamericana de Derechos Humanos, «una sociedad que no está bien informada no es plenamente libre». En esas desinformaciones vivimos y en la manipulación nos ahogan.

 

Augusto Zamora R., Profesor de Relaciones Internacionales, autor de Política y geopolítica para Rebeldes, Irreverentes y Escépticos, Colección Foca, Ediciones Akal, de próxima aparición.

 

 

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La escritora y periodista bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015, durante su participación hoy en Barcelona en el festival literario Kosmópolis.
La periodista y escritora ha explicado durante una de rueda en Barcelona que la "versión socialista rusa era mala, pero no tiene nada que ver con la propia idea". Ha elogiado a Putin en su papel de redentor hacia los rusos "humillados y engañados".

 

 

EUROPA PRESS

 


BARCELONA.- La periodista y escritora bielorrusa Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015 y documentalista del fracaso de la utopía soviética, ha augurado este viernes en rueda de prensa en Barcelona: "La idea comunista volverá a nuestras vidas".

 

"No podemos decir que el socialismo sea una idea mala. La versión rusa era mala, pero no tiene nada que ver con la propia idea", ha argumentado, y cree que la sociedad rusa quizá estará preparada dentro de cien años para acoger un socialismo con rostro humano.

 

"Ahora, ni como sociedad ni como entidad económica tenemos posibilidades de que todo el mundo viva feliz", y ha explicado que su obra sobre la utopía roja le sirvió para ver cómo el socialismo afectaba a la vida cotidiana de la gente.

 

Alexiévich --que el sábado acudirá en Barcelona al evento 'Literal' de Fabra i Coats, y el miércoles al Kosmopolis del CCCB-- ha admitido: "Yo soy de la generación que negaba el comunismo; no por la idea, que es bonita, sino por su realización".

 

"Me recuerda que en los 90 reinaba un romanticismo: 'Se irán los comunistas y vendrá la libertad. Nos sentíamos héroes por luchar contra el monstruo del comunismo, y ahora tenemos que vivir con las ratas que salieron de nuestras vidas, nuestra naturaleza y nuestra propia alma", ha dicho.

 

 
Putin concentra en su figura las ilusiones de la gente humillada

 

Sobre el dirigente Vladimir Putin, ha observado que "en cada ruso hay un trozo de Putin", porque éste ha concentrado en su figura todas las ilusiones de la gente humillada y engañada, que aúpan a su líder para conseguir un país grande y fuerte.

 

Tras cargar contra los dirigentes rusos, ha constatado que el país siempre necesita una idea "mesiánica" para estimular a su población, y ha lamentado que actualmente el Estado se ha hecho cómplice de la Iglesia ortodoxa para apelar a los instintos más básicos de la gente, y también para justificar la guerra entre pueblos hermanos como Ucrania.

 

Ha anunciado que actualmente se encuentra inmersa en la escritura de un libro sobre el amor como "culminación y sentido de todo", convencida de que tanto el amor como la muerte son las cosas más importantes para una persona.

 

La autora de 'El fin del homo sovietiucus', 'La Guerra no tiene rostro de mujer', 'La fin del hombre rojo' y 'Voces de Chernóbil' ha destacado el vínculo de Rusia con España, y se ha definido como periodista por encima de escritora.

 

 

Especial interés por expresar la voz de las mujeres

 

Ha atribuido su interés por expresar la voz de las mujeres al hecho de que ellas se refieren a la guerra "siempre como un asesinato", mientras que los hombres tratan de buscar una justificación.

 

En esta línea, ha contado que en su libro sobre el amor se enfrenta al reto de sonsacar sin prejuicios las explicaciones del alma masculina, a la que ha admitido que le cuesta mucho acceder por no hacer las preguntas adecuadas.

 

Para escuchar las historias de la gente a la que entrevista, ha confesado que nunca llega con una lista de preguntas formales que hacer, tampoco se presenta como Nobel, y empieza el encuentro con una conversación "sin cánones ni prejuicios" y un interés real de amistad, como en 'Los hermanos Karamazov' de Fiódor Dostoyevski.

 

"Me hago amiga de esa persona y empezamos a hablar de esa locura de la guerra, y yo hablo de cómo yo veo la guerra. Es importante ser amigo de esa persona., y tú también debes ser interesante para esa persona", ha resumido, y ha lamentado que el miedo siga imperando en Rusia, donde la gente puede perder su trabajo o sus estudios por criticar al régimen.

 

 

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De izqda. a dcha. Ma. Cristina Serje, Jaime Abello, Omar Rincón y Damián Loretti

Medios y democracia deberían ir de la mano.

 

Pero su relación no ha sido siempre de connivencia, sino que los unos, en no pocos casos, le han hecho flacos favores a la otra.

 

Medios y democracia deberían ir de la mano.


Pero su relación no ha sido siempre de connivencia, sino que los unos, en no pocos casos, le han hecho flacos favores a la otra.

 

El 3 de mayo es el Día Internacional por la Libertad de Prensa, día en el que se concede, desde 1997, el premio mundial de Libertad de Prensa Unesco-Guillermo Cano, en honor del que fuera director del periódico colombiano El Espectador, Guillermo Cano Isaza, asesinado el 17 de diciembre de 1986, para reconocer a personas, organizaciones e instituciones defensoras o promotoras de la libertad de expresión en cualquier parte del mundo, especialmente si han arriesgado sus vidas con su acción.

 

En esta edición el premio ha recaído en la periodista Khadija Ismayilova de Azerbaiyán, por su trabajo de investigación para Organized Crime and Corruption Reporting Project –OCCRP-, una organización de periodismo independiente, con el que denunció la corrupción de su país y que la llevó a ser detenida y permanecer en prisión desde diciembre de 2014.

 

En Bogotá, en día tan señalado han coincidido tres eventos alrededor del periodismo. Uno ha sido el organizado, los días 3 y 4 de mayo, por la Friedrich Ebert Stiftung de Colombia, FesCol, el Centro de Estudios de Periodismo de la Universidad de los Andes, Ceper, y la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, y que durante esos dos días ha girado alrededor del papel de los medios y sus profesionales en la democracia y las situaciones de posconflicto.

 

En su inauguración, en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación, han estado la directora de este espacio del distrito capital, María Cristina Serje, y el director de FesCol, Lothar Witte, y ha contado con una mesa inaugural en la que se han dado cita, Omar Rincón, como moderador, Jaime Abello, director de la Fundación García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI), y Damián Loretti, de la Universidad de Buenos Aires.

 

También estaban convocados Clara López, que iba a acudir como presidenta del Polo Democrático y cuya reciente designación como ministra de Trabajo del gabinete de Santos le ha impedido asistir, y Holman Morris, del partido Progresista y exgerente de Canal Capital que tampoco ha comparecido.

 

Los dos panelistas presentes han debatido en torno a la actual situación de los medios y su papel en un nuevo escenario digitalizado y abierto al periodismo ciudadano y a las plataformas sociales de opinión.

 

Para Jaime Abello la comunicación es cada día más importante y se está desplazando desde los medios tradicionales hacia nuevos ejercicios comunicativos en manos de la gente, por lo que el cuarto poder se está trasladando a otras esferas y está más fragmentado. Cree que el periodismo en la región sufre cuatro crisis: la de la transformación de los medios y del negocio, la económica que afecta a América Latina, la democrática con una fuerte polarización y la de las libertades comunicacionales.

 

Según Loretti, los medios hoy se dedican a muchas cosas, usan las portadas para intentar obtener réditos económicos o políticos y las multinacionales construyen sentido con sus empresas de información. Todo ello hace que exista poca transparencia.

 

Omar Rincón condensó ambas intervenciones puntualizando que los medios buscan hacer dos cosas: luchar por el mercado de la opinión y difundir los relatos de la hegemonía política. Para terminar señalando que a Colombia le va mal en los ránquines de la libertad de expresión por las chuzadas (intervenciones ilegales de las comunicaciones periodísticas), la judicialización de las informaciones y de quienes las elaboran, la concentración mediática y las amenazas a profesionales y medios.

 

En la segunda mesa han estado, el propio Loretti y Ana Mielke, de Intervozes, colectivo brasileño de comunicación social, bajo la moderación de Jonathan Bock de la FLIP. Ambos estaban convocados para hablar de la situación de los medios y la libertad de expresión en sus respectivos países. La periodista brasileña ha denunciado el oligopolio mediático existente en Brasil que conlleva una relación de vasallaje y ha pedido garantizar el derecho humano a la comunicación.

 

Por su parte, el abogado argentino ha explicado el papel jugado en su país por la Coalición por una Radiodifusión Democrática que fue la promotora de los 21 puntos básicos por el derecho a la comunicación.

 

Al día siguiente, 4 de mayo, el encuentro alrededor de democracia y medios ha contado también con dos mesas de debate. En la primera han estado Juanita León, periodista y editora de La Silla Vacía; Germán Rey, profesor de la Pontificia Universidad Javeriana; Jorge Iván Bonilla, profesor de la Universidad EAFIT, y Carlos Huertas, periodista independiente y fundador de Connectas en un panel para hablar de la calidad del periodismo. Todos han coincidido en partir de la constatación de que en Colombia el periodismo está polarizado.

 

Germán Rey, relator del informe sobre el estado de la libertad de prensa, ha apuntado que los grandes medios son peces boqueando porque se les acaba el negocio, tal como se conocía hasta ahora, y no están interesados en la calidad. Les falta independencia, pluralidad, rigor y trabajo de investigación y siguen ejerciendo un periodismo dependiente de la colonia.

 

En palabras de Bonilla existen dos mitos sobre el periodismo y la democracia. Uno, que el periodista está al servicio del bien común y es el perro guardián de la misma y dos, que el periodismo sea un foro de debate público. Para el profesor de EAFIT el periodista hoy es un agente más del mercado.

 

Para León falta independencia y la calidad de las fuentes es mala. Mientras, la sociedad colombiana es excluyente y con una vida doméstica muy rica pero una vida social muy pobre. Por lo que los medios reciben mensajes contradictorios de la propia sociedad.

 

La última intervención fue la de Huertas, que propuso mirar con optimismo y ver que el vaso está medio lleno. Pese a reconocer que la calidad se enfrenta a la polarización y al afán por simplificarlo todo, o blanco o negro, y que existe una reverencia absurda al poder y a acomodarse, dejó una puerta abierta a trabajar por reconstruir la confianza de la sociedad en los medios.

 

En el segundo panel, para hablar de los medios en la paz, han intervenido el periodista Álvaro Sierra, el profesor Carlos Tognato y la funcionaria de la Presidencia Alejandra Villamizar, moderados por Ma. Paula Martínez, del Ceper.

 

Sierra ha iniciado criticando las dificultades para la paz cuando se sataniza al enemigo y cuando la cobertura informativa se centra solamente en lo negativo. Cree que el Gobierno ha hecho esfuerzos pero que la agenda la ha puesto la oposición, en un país con una sociedad ignorante y desinteresada. Y afirma que los medios no están siendo activistas de la paz pero que son uno de los instrumentos necesarios para cambiar los imaginarios. Según él, la gran contribución de los medios y sus profesionales sería producir una información de calidad que le aportara al debate público y hacer pedagogía de los acuerdos.

 

Es necesario, tal como plantea Villamizar, cambiar el lenguaje para cambiar el discurso y apostarle a la negociación, al diálogo. Por eso considera importante la campaña que ella coordina desde la Presidencia de la República y que promueve “la conversación más grande del mundo” para construir la paz. Denuncia que frente a una oportunidad histórica, los medios no se dan cuenta del reto tan grande que asume el Estado y el país.

 

Finaliza la charla Tognato demandando recuperar las historias a partir de las resistencias. Haciendo pedagogía para que todos los sectores sociales implicados vean la viga en sus propios ojos y no solamente la paja en los ajenos. Pide respaldar el periodismo y a las y los periodistas para después de la firma de los acuerdos, porque serán fundamentales, con sus narraciones, en colaborar a cicatrizar el tejido social.

 

Y sugiere contar con actores performativos que sepan transmitir los acuerdos y que tengan credibilidad.

 

Omar Rincón cierra los dos días de debate, en los que ha destacado la importancia de encuentros como éste para ir creando conciencia. Y aunque cree que Colombia tiene mejores periodistas que medios, pide entender que el periodismo de este siglo debe ser otro, que hay que huir del periodismo mascota, aquel que lame la mano al poder; del periodismo caniche, que es bueno pero no molesta a nadie, y del equilibrista, que cree que hay que balancear la información con fuentes de los dos polos.

 

En Colombia, los medios deberían tomar partido por un país en pacífica convivencia, al margen de colores e ideologías, de voces e intereses. Hace falta una apuesta clara por la salida del conflicto armado, no sólo con la guerrilla de las FARC-EP sino con todos los actores armados.

 

Porque hay que trabajar en conjunto por superar las violencias estructurales que condenan y lastran este territorio. Para eso es necesario apostarle a la paz, al diálogo y a la justicia social. Y ahí los medios y sus profesionales, la academia y sus docentes y la sociedad y sus ciudadanas y ciudadanos deben comprometerse con las negociaciones y decirle sí a la salida de esta guerra encubierta que dura casi tanto como este sistema colombiano del que dicen es la democracia más antigua del continente.

 

Lo curioso de este evento es que no ha sido cubierto por los medios, esos que deberían ser protagonistas de esta relevante etapa en la historia de Colombia para contarle a la ciudadanía y al mundo un proceso que, con todas sus falencias y enemigos, le apuesta a la vida y a la convivencia pacífica.

 

 

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Sábado, 07 Mayo 2016 08:06

La criminalización del pensamiento

La criminalización del pensamiento

Pensar trae consecuencias. Su ejercicio no ha sido una facultad bien vista. Hoy está en peligro de extinción. Resulta significativo que entre los crímenes de lesa humanidad figure la persecución ideológica y política. Desde el castigo bíblico hasta nuestros días, la acción de pensar se castiga. Dos esferas de la realidad política son las más afectadas. La educación y el periodismo. En ambas, sus representantes son objeto de las iras del poder institucional y la violencia. Las universidades, en tiempos de dictaduras militares o cívico-militares, sufren las consecuencias de la criminalización del pensamiento. Maestros y profesores han sido perseguidos y asesinados. Durante la segunda República en España se expulsó a miles de las aulas del magisterio y qué decir del México actual. En cuanto al periodismo, se mata directamente al mensajero. El más reciente informe de la Federación Latinoamericana de Periodistas destaca que sólo en México, durante 2015, fueron ultimados 14 informadores. La lista es larga. Honduras presentó 10 casos, Brasil ocho, Colombia cinco y Guatemala tres. Al mismo tiempo, la Federación Internacional de Periodistas apunta que de 1990 a 2015 se contabilizaron 2 mil 297 asesinatos de comunicadores. En esa lista vuelve a destacar México con 120 casos, Rusia reporta 109 y Brasil 62.

 

Todos los días nos enteramos, por los medios de información, de las arbitrariedades del poder político a la hora de criminalizar cualquier opinión discrepante. Sobre todo si en ella se vierten críticas al orden social, a la violación de los derechos humanos y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad del Estado. Basta con que la policía emita informes imputando a organizaciones, personas o movimientos sociales de propagar ideologías disolventes para que sus dirigentes sean detenidos, investigados y encarcelados. Asimismo, cualquiera puede levantar falso testimonio y lograr credibilidad cuando la acusación deriva en el ámbito del pensamiento y las ideas.

 

Si en los siglos XIX y XX el apelativo de terrorista recayó en los movimientos anarquistas y anarcosindicalistas, extendiéndose a socialistas y comunistas, en pleno siglo XXI se han roto dichas fronteras ideológicas. Ya no asistiremos a un montaje judicial para justificar la persecución ideológica. No hace falta encubrir el motivo. Abiertamente se imputa al políticamente incorrecto la condición de antisistema. Basta recordar el reciente caso del cómico alemán Jan Böhmermann, acusado de injurias por el presidente de Turquía, Recep Erdogan, al haber escrito un poema satírico. Lo peor no es la acusación, sino el consentimiento de Angela Merkel, canciller de Alemania, de facilitar la apertura de un proceso judicial por injurias. En la persecución del pensamiento no hay fronteras. En una sociedad de ciegos, el tuerto no es el rey, está preso.

 

En la sociedad occidental, democrática y civilizada se criminaliza la crítica y el pensamiento se tilda de subversivo y antisistémico. Adjetivos que predisponen al uso de la violencia y la razón de Estado para su represión. En Colombia, la Escuela Nacional Sindical entregó un estudio detallado a congresistas estadunidenses subrayando que entre el 7 de abril de 2011 y el 31 de marzo de 2015 habían perdido la vida en atentados 105 militantes pertenecientes a diferentes sindicatos. Asimismo, la Confederación Sindical Internacional, en su informe anual sobre los derechos sindicales en el mundo, denuncia que fueron asesinados 101 trabajadores por ejercer actividades del gremio. De esos 101 asesinatos casi la mitad, 48, se registraron en Colombia, 16 en Guatemala, 12 en Honduras, seis en México, seis en Bangladesh, cuatro en Brasil, tres en República Dominicana, tres en Filipinas, uno en India, otro en Irak y uno más en Nigeria. Dicho texto no considera las amenazas e intentos fallidos de ejecuciones.

 

El miedo y la violencia, al igual que la autocensura, se apoderan de quienes emiten opiniones contrarias al poder dominante. Desde los atentados a las Torres Gemelas, el 11 de septiembre de 2001, el fantasma del terrorismo se convirtió en excusa para controlar la crítica política y el ejercicio de la libertad de expresión. En el saco del terrorismo se incorporan todo tipo de acciones y pensamientos. La vara de medir está bajo mínimos. Cuando más democracia y libertades se dicen reconocer, más se reprime la facultad de pensar. Ya no se diferencia entre pensamiento crítico y terrorismo. El poder no distingue y, lo que es peor, no quiere ejercer dicha distinción.

 

La crítica teórica y la reflexión han sido materialmente despreciadas, su praxis se condena, constituyen una amenaza. El poder político se siente propietario de las formas de pensar y actuar. Quienes practican la noble actividad de pensar a contracorriente, militantes políticos, sindicales, deportistas, científicos, periodistas, escritores, actores, artistas plásticos, grupos musicales, etcétera, son objeto de escarnio y presiones. Existe una guerra declarada al pensamiento en todas las dimensiones de la vida social.

 

El ejercicio crítico de pensar subvierte el orden y cuestiona el statu quo. Personas y medios que lo impulsan son atacados por el poder. Las medidas aplicadas van de la censura a la clausura de medios de prensa, programas de radio y televisión. Todo es bienvenido si con ello se acallan las voces discordantes. Hoy, los servicios de inteligencia y los aparatos de seguridad del Estado realizan la búsqueda de irredentos. Intervienen correos electrónicos, teléfonos móviles, graban en aulas de clase, restaurantes y centros comerciales. Ningún espacio público está exento de vigilancia. El pensamiento crítico debe ser controlado en corto. Quienes lo denuncian son objetivo militar y político. Es el caso de Julián Assange, fundador de Wikileaks, quien pidió asilo a la República de Ecuador por temor a ser extraditado a Estados Unidos, bajo acusaciones falsas de violación. Lleva recluido desde el 19 de junio de 2012 en la embajada de Ecuador en Londres. Otro ejemplo es el de Edward Snowden, ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos, quien hizo públicos los programas de vigilancia masiva a escala mundial desarrollados por la SNA y la CIA. Perseguido y acusado de criminal, se exilió en Rusia, donde reside actualmente. Su vida está en peligro.

 

Las guerras del siglo XXI amplían el espectro de los genocidios civilizatorios. Tecnologías de muerte. Drones y armamento de última generación se utilizan para acallar voces e imponer valores imperiales. Pensar se ha convertido en delito, su ejercicio se ha criminalizado y sus defensores han sido condenados.

 

 

 

 

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Desigualdad, motivo de la filtración de los papeles de Panamá, expresa fuente

 

Múnich/Ciudad de Panamá.

 

La fuente que reveló la existencia de unas 200 mil sociedades offshore fundadas por el despacho legal panameño Mossack Fonseca en documentos conocidos como papeles de Panamá expuso sus motivos en una especie de manifiesto que publica hoy en su página web el diario alemán Süddeutsche Zeitung.


La fuente, que se llama a sí misma John Doe, sostuvo que a pesar de no ser siempre ilegales, las sociedades offshore sirven con frecuencia para cometer delitos.


En una declaración titulada La revolución será digitalizada, John Doe explica las razones que lo llevaron a realizar la mayor filtración en la historia:


“La desigualdad económica es uno de los temas definitorios de nuestros tiempos. Nos afecta a todos, en todo el mundo. El debate acerca de su acelerado incremento ha estado presente durante años. (...) Y persisten las preguntas: ¿Por qué? ¿Y por qué ahora?


“Los papeles de Panamá proveen una convincente respuesta a estas preguntas: la masiva, generalizada corrupción”.
También dice: Decidí exponer a Mossack Fonseca porque pensaba que sus fundadores, sus empleados y clientes deberían responder por su papel en estos delitos, de los cuales sólo algunos han salido hasta ahora a la luz, argumentó. Llevará años, posiblemente décadas, para que se conozca la dimensión cabal de los actos sórdidos de la empresa.

 

La publicación de la información sobre las cuentas de sociedades opacas en paraísos fiscales dio pie a investigaciones en muchos países y reabrió el debate sobre los santuarios fiscales y el lavado de dinero.

 

“Más que un mero engranaje en la maquinaria de la ‘gestión de patrimonio’, Mossack Fonseca utilizó su influencia para redactar e interpretar leyes a su manera en todo el mundo para favorecer los intereses de criminales en un periodo de décadas”, afirmó sobre el despacho legal panameño.

 

John Doe no dio pistas sobre cómo accedió a 2.6 terabatios de datos del despacho legal. Aseguró que no trabaja ni trabajó “para ningún gobierno ni servicio secreto, directamente o como subcontratista.

 

“Es mi punto de vista enteramente personal y fue mi decisión compartir los documentos con el Süddeutsche Zeitung y con el Consorcio Internacional de Periodistas Investigativos (ICIJ), no por ningún motivo político específico sino simplemente porque comprendí lo suficiente de su contenido como para darme cuenta del nivel de injusticias que describían”, señaló.
La fuente afirmó que “el despacho legal, sus fundadores y empleados violaron de forma deliberada y reiterada una miríada de leyes en todo el mundo. Públicamente alegaron ignorancia, pero los documentos muestran un conocimiento detallado y un comportamiento incorrecto deliberado.

 

Por lo menos sabemos que Mossack cometió perjurio frente a una corte federal en Nevada y sabemos que su equipo de tecnología intentó encubrir sus mentiras. Todos debieran ser perseguidos de la forma correspondiente y sin trato especial, demandó.

 

John Doe también fustigó la situación de quienes arriesgaron su vida para filtrar información para sacar a la luz injusticias e irregularidades como el estadunidense Edward Snowden.

 

 

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“Los buenos periodistas saben que este es un oficio difícil”

Adam Michnik, premiado por los Ortega y Gasset por su trayectoria profesional, analiza el futuro del periodismo y la deriva autoritaria que azota Polonia

 

Dice Adam Michnik (Varsovia, 1946) que si no se pudiera hacer periodismo comprometido hoy en día, él ya habría dejado el oficio. El histórico director de la Gazeta Wyborcza (diario progresista de referencia en Polonia, fundado tras la caída de la dictadura comunista en 1989) ha sido un intelectual clave en la transición del país centroeuropeo hacia la democracia.


Fue miembro del movimiento surgido en torno al sindicato Solidaridad de Lech Walesa, un activismo que le costó varias estancias en la cárcel. En una entrevista pocas horas antes de recoger el Premio Ortega y Gasset por su trayectoria profesional, Michnik lamenta la ofensiva autoritaria orquestada por el Gobierno polaco comandado en la sombra por Jaroslaw Kaczynski.


Pregunta. ¿Cómo calificaría el estado del periodismo en la actualidad?


Respuesta. Lo más fácil sería decir que está en una situación difícil e incluso de crisis. Pero en realidad siempre ha sido así. Los buenos periodistas saben que este es un oficio difícil.


P. ¿Qué piensa de Internet y la transformación de la prensa?


R. Tenemos que aprender a hacer un producto interesante y accesible por Internet. Pero no creo que desaparezca el papel. De la misma forma que la televisión no acabó con la radio ni el cine con el teatro. Se va a transformar, pero el papel perdurará.


P. ¿Han cambiado los fundamentos del periodismo?


R. No lo creo. Como periodistas tenemos que defender dos valores: la libertad y la verdad. Y que el periódico sea interesante, que enseñe. También hay que tener el valor de enfrentarse a los poderes establecidos. Un periodista tiene que ser abucheado para ser periodista.


P. ¿Se puede hacer ahora el mismo periodismo comprometido por el que usted ha sido premiado?


R. Si creyese que es imposible, cambiaría de profesión. Este oficio nunca ha dado garantías de tranquilidad y seguridad. En El País, un empleado murió a causa de una bomba de la extrema derecha hace años. Por cierto, cuando empezamos en la Gazeta teníamos a EL PAÍS como modelo. Queríamos ser como El País.


P. Se acaba de celebrar el día mundial de la libertad de prensa y polonia aparece como uno de los países donde más ha retrocedido este derecho. ¿Cómo califica la situación?


R. Todavía no se puede decir que la libertad de prensa haya sido liquidada. Pero está amenazada. Se ha puesto en marcha un proceso similar al observado en Hungría y Rusia, aunque nosotros aún estamos en la primera fase. Se trata de un proceso de transformación de un Estado de derecho a un Estado controlado por un partido que quiere desmontar todos los mecanismos para controlar el poder. Primero el judicial, la fiscalía y el Ejército; luego la televisión y radio públicas. Y, después, el Tribunal Constitucional. Ahora les toca a los medios de comunicación privados, las instituciones culturales y el control de los consejos de las empresas públicas. Pero también es cierto que está habiendo una gran contestación social.


P. ¿Esta deriva autoritaria hasta dónde puede llegar?


R. No se puede comparar lo que sucede ahora con la dictadura comunista, pero Putin tampoco es Stalin. Es un fenómeno nuevo que todavía no tiene nombre. De la misma forma que, cuando surgió el fascismo, tampoco tenía nombre.


P. ¿Cómo ha llegado Polonia a esa situación?


R. ¿Y cómo es posible que en EE UU haya un candidato como Donald Trump? (risas) En el caso de Polonia, hay muchas razones. En cada gran transformación [la transición a la democracia de Polonia] hay un grupo de gente que se siente perjudicada, aunque no sea así objetivamente. El partido del actual Gobierno polaco recogió parte de ese voto del descontento. Ganaron hace unos meses con un mensaje de lucha contra la corrupción, pero no dijeron nada de las medidas que iban a poner en marcha en realidad el día después de las elecciones. Además, han tenido el apoyo de una parte de la iglesia católica. También ha influido la aparición del partido Razem, una especie de Podemos polaco, que ha dispersado el voto y que ha convencido a los jóvenes de que la estabilidad no es una garantía de futuro.


P. El partido de Kaczynski ya gobernó durante la década pasada. ¿Qué hace este momento más incierto, más peligroso?


R. La democracia está amenazada, existe un riesgo real. El Gobierno actual ha aprendido algunas lecciones. La situación internacional en aquel entonces era peor para ellos, y ni Viktor Orbán en Hungría ni Vladímir Putin en Rusia tenían una posición tan buena como ahora. Además, la iglesia estaba antes más dividida internamente. Otra cosa importante es que entonces tuvieron que gobernar en coalición y la alianza se fue a pique.


P. ¿Qué le ha parecido la reacción de Polonia y el resto de Europa del Este ante la crisis de los refugiados?


P. Es un tema muy complicado. Por una parte está lo que se debería hacer y, por otra, lo que es posible hacer. Nuestro problema es que Kaczynski afirma en público que los refugiados contagian enfermedades y quieren imponer la ley islámica y ese es el mensaje de un bárbaro, no de un político europeo.

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Mientras los grandes medios se concentran en pocas manos, emerge un fuerte y vibrante mosaico de medios comunitarios

Desde Flagstaff, Arizona. La prensa especializada en asuntos económicos se encuentra completamente alborotada con las últimas noticias sobre fusiones empresariales, dado que se prevé que reguladores federales aprueben un acuerdo de fusión de gran envergadura entre las importantes compañías de cable Charter, Time Warner y Bright House Networks. En virtud de la transacción de 78.000 millones de dólares, se creará “New Charter”, la segunda mayor compañía de televisión por cable e Internet de Estados Unidos, después de Comcast. Tras la operación, quedarán solamente tres grandes proveedores de cable en Estados Unidos. Por otra parte, Gannett Company, propietaria de más de 100 periódicos, entre ellos, USA Today, intenta adquirir Tribune Publishing, propietaria de varios de los principales periódicos del país, entre ellos Los Angeles Times y The Chicago Tribune.

 

Esta inminente concentración de los medios de comunicación comerciales en unas pocas manos tiene lugar mientras celebramos los 20 años del noticiero de “Democracy Now!”. Nuestro 20º aniversario nos encuentra realizando una gira por 100 ciudades de Estados Unidos. Vamos de ciudad en ciudad, organizando eventos para recaudar fondos para los medios de comunicación comunitarios y transmitiendo noticias mientras viajamos. Nuestros viajes confirman la existencia de un creciente y vibrante sector de medios comunitarios al servicio de los intereses de la población, libre de las exigencias de generar ganancias a cualquier precio.

 

“Democracy Now!” comenzó a emitirse el 19 de febrero de 1996 y se constituyó en el único programa diario emitido en radios públicas sobre las elecciones presidenciales de ese año. El presidente Bill Clinton se presentaba como candidato a la reelección y enfrentaba al senador de Kansas Bob Dole, candidato por el Partido Republicano, y al candidato conservador Ross Perot. La idea inicial era que el programa fuera transmitido hasta el día de las elecciones. Teníamos la esperanza de que los temas tratados a lo largo de la campaña electoral fueran lo suficientemente importantes y que la audiencia les atribuyera la importancia suficiente como para sintonizar una cobertura que diariamente les llevara voces e ideas que habitualmente no se escuchaban en los medios de comunicación comerciales.

 

Y fue así como empezamos: dándoles voz a los movimientos de base. Al culminar las elecciones, creímos que “Democracy Now!” llegaría también a su fin. Pero después de las elecciones la demanda por el programa fue mayor de lo que había sido antes. ¿Por qué? Hay ansias de escuchar voces auténticas, de salir del pequeño círculo de supuestos “especialistas” que aparecen a toda hora en todas las cadenas de noticias y que saben tan poco acerca de tantas cosas, que nos explican cómo es el mundo y lo hacen tan mal.

 

Cuando el programa comenzó a emitirse en 1996, salía al aire en solo nueve radios comunitarias del país. Hoy es emitido por más de 1.400 medios, una extraordinaria constelación de organizaciones de medios públicos y comunitarios que abarca tanto a las emisoras públicas de radio y televisión PBS, NPR y Radio Pacifica, como a emisoras universitarias y comunitarias, estaciones de televisión de acceso público, emisoras de radio FM de baja potencia, así como medios de comunicación online y, por supuesto, los muchos periódicos que publican esta columna.

 

Cada uno de estos medios tiene un compromiso exclusivo con su comunidad y le proporciona contenidos relevantes producidos y seleccionados localmente. A medida que avanzamos en nuestro viaje, observamos también los vínculos que contribuyen a forjar esos medios locales, tanto en el seno de la comunidad, como a la hora de trascender obstáculos tradicionales como la raza, la clase social o la edad.

 

Consideremos por ejemplo la nueva emisora de radio FM de baja potencia que se está construyendo en Albuquerque, Nuevo México. Las FM de baja potencia son un servicio radiofónico no comercial que se vio impulsado recientemente por la Comisión Federal de Comunicaciones luego de que activistas pasaran años presionando al Gobierno federal para que habilitara más emisoras. La autorización para operar esta nueva emisora de Albuquerque fue otorgada a un medio de comunicación sin fines de lucro de larga trayectoria llamado Quote...Unquote, que brinda entrenamiento y capacitación en medios de comunicación digitales a fin de brindar a las personas las herramientas necesarias para contar sus propias historias.

 

Para lanzar la emisora se asociaron con la institución de enseñanza secundaria Robert F. Kennedy High School, una destacada escuela de South Valley, uno de los vecindarios más pobres de Albuquerque, que cuenta con una población estudiantil conformada en gran medida por inmigrantes indocumentados. “Trabajamos con los estudiantes en los que las escuelas tradicionales han perdido la fe”, explicó el director de la secundaria Kennedy.

 

Y este es solo uno de los cientos de medios de comunicación comunitarios a los que estamos apoyando mientras viajamos por el país. La mayor parte de ellos son instituciones sin fines de lucro que cuentan con el apoyo de entusiastas voluntarios. Tienen además un fuerte arraigo local y son amados por las comunidades a las que sirven.

 

Comparemos esto con la creciente concentración de los grandes medios de comunicación comerciales. Craig Aaron, de Free Press, una organización que promueve la reforma del sistema de medios de comunicación, considera que “gracias a esta fusión, Charter y Comcast tendrán un control sin precedentes sobre nuestras conexiones de cable e Internet". Y agrega: “El demoledor poder de su monopolio implica que habrá menos opciones, precios más altos, cero rendición de cuentas y ninguna competencia”.

 

En esta era de alta tecnología digital, lo que obtenemos de los grandes medios es solo estática: ese velo de distorsiones, mentiras, tergiversaciones y verdades a medias que oscurecen la realidad. Necesitamos que los medios actúen de acuerdo con otra definición de estática: la que hace referencia a una interferencia no deseada que aporta una mirada crítica y plantea desacuerdos con el poder establecido. Necesitamos medios que brinden cobertura sobre el poder y no que realicen una cobertura al servicio del poder. Medios que sean el Cuarto Poder y no medios que sean parte del poder del Estado. Necesitamos medios que nos mantengan informados sobre los movimientos de base que crean estática y hacen historia. Ese es el poder de los medios independientes. Esos son los medios que nos van a salvar.

 

Traducción al español del texto en inglés: Fernanda Gerpe. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

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Marchan miles en Argentina en demanda de que renuncie el presidente Mauricio Macri

Buenos Aires.

 

Mientras la noche del jueves y hasta las primeras horas de la madrugada de este viernes miles de personas marcharon en esta capital a la plaza de Mayo y también en Mar del Plata y Rosario exigiendo la renuncia del presidente Mauricio Macri, en rechazo a los despidos y otras medidas, entró en vigor el aumento de 100 por ciento al transporte público, lo que causó protestas en estaciones ferroviarias.

 

Las tarifas del transporte en la ciudad de Buenos Aires se duplicaron, incluso para los jubilados, y se anunció que se suprimirá una lista de medicamentos que se entregaban gratuitamente a éstos. Según la Comisión de Salud de la Cámara de Diputados, ese listado incluye antibióticos y broncodilatadores, por lo que se prepara una acción penal.

 

La Asociación de Trabajadores del Estado anunció un paro general para el próximo 19 de abril y la instalación de una carpa de jubilados en protesta por las medidas “antipueblo del gobierno de Macri”. El dirigente del poderoso gremio de camioneros, Pablo Moyano, advirtió que irán a un paro general para “frenar el ajuste brutal que aplica el gobierno”. Diputados opositores presentarán un amparo contra el aumento del gas, que será de entre 300 y 500 por ciento.

 

La situación social se deteriora y esto llevó a la unidad de las cinco centrales sinidicales, las cuales marcharán juntas el próximo 29 de abril.

 

El panorama también se agrava para los periodistas, cientos de los cuales han sido despedidos y algunos han sido objeto de amenazas. El jueves, la reportera Gabriela Carchak, del canal C5N, fue amenazada de muerte y atacada cuando cubría una nota sobre un escrache realizado por un grupo de jóvenes ante la casa del juez Claudio Bonadio. Quienes la amagaron incluso difundieron por redes sociales su información privada y fotos de su hija. Ahora la comunicadora tiene vigilancia policial en su casa.

 

El periodista especializado en economía Roberto Navarro, cuyo programa fue sacado del aire por censura cuando iba a denunciar el millonario enriquecimiento de Nicolás Caputo, amigo y asesor de Macri, fue amenazado dos veces en su casa. En uno de esos amagos le dijeron que, “como los zurditos”, iba a aparecer en un río, en referencia a los detenidos-desaparecidos de la dictadura, quienes eran arrojados al mar.

 

Esto ha creado un clima de exasperación, que cada día es más evidente. La respuesta de Macri a la denuncia de Navarro fue nombrar a Caputo como nuevo vicepresidente del Mercado de Valores argentino, según fuentes relacionadas con la institución.

 

Posible orden de detención contra Cristina Fernández

 

El periodista e investigador Raúl Kollman, del diario Página 12, reveló que el juez Bonadio, quien estuvo a punto de ser sometido a juicio político por graves denuncias en su contra, ante fallos y resoluciones sospechosas de corrupción, “utilizó la figura de asociación ilícita para preparar la detención de la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, a quien citó a declarar el próximo 13 de abril en el caso de la venta de dólar futuro, que decidió el banco central durante su gobierno.

 

Diversos juristas señalan que esta es una citación absolutamente forzada. Bonadio le tomará declaración indagatoria el miércoles próximo y ese día no va a quedar detenida”, subrayó Kollman.

 

El juez intenta detenerla en los días siguientes a la indagatoria y “ya tiene redactado el procesamiento con prisión preventiva”, anticipó Kollman.

 

Lo mismo decidiría en el caso del ex presidente del banco central, Alejandro Vanoli, y el ex ministro de Economía Axel Kicillof, aunque este último es diputado y posee fuero. “No es una intuición ni una hipótesis, sino información de quienes están muy cerca de la causa”, agregó.

 

Se refiere a que varios periodistas han denunciado las detenciones arbitrarias, como la del ministro de Transporte del anterior gobierno, Ricardo Jaime, quien fue detenido el pasado domingo en Córdoba, cuando estaba por viajar para declarar ante un juez aquí. Se le obligó a usar un chaleco antibalas y salió rodeado, como si fuera un capo del narcotráfico.

 

Hace dos días el empresario Lázaro Baez, quien llegó en un avión privado con su abogado para presentarse a la indagatoria por otra causa, fue esperado por policías y la televisora amiga del gobierno. Fue trasladado, detenido y esposado. En ambos casos se dijo que se temía que los detenidos “se fugaran”.

 

Los aprehendidos han sido amenazados con la detención de sus hijos para así obligarlos a declarar contra la ex mandataria. Se habla de que “la espectacularidad” utilizada tiene como finalidad mediática encubrir la denuncia contra Macri.

 

En este contexto, frente a la posibilidad de una detención absolutamente arbitraria, las agrupaciones kirchneristas y peronistas convocan a una gran movilización popular para el 13 de abril, a las 8 de la mañana, en la puerta de los tribunales, para acompañar a la ex presidenta y dar una muestra de fuerza frente a la embestida del Poder Judicial.

 

 

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“La subjetividad del periodista en las crónicas es un gesto político”

El periodista Martín Caparrós defiende el uso del “yo” frente a la “objetividad” del periodismo tradicional

 

Hay como una leyenda dorada sobre el esplendor de la crónica periodística en América Latina. Hace unos meses, en una mesa redonda formada por connotados reporteros en Málaga, estos se lamentaban por ser españoles y no latinoamericanos, pues en este caso habrían podido cultivar la crónica en todos sus matices y recovecos. El periodista y autor de “Lacrónica”, Martín Caparrós (Buenos Aires, 1957), los miraba azorados. “América Latina siempre fue para España una tierra de la utopía, como un paraíso donde poner todos los sueños”, afirma el escritor durante la presentación del libro, publicado por la editorial “Círculo de tiza”, en la Librería Ramón Llull de Valencia. “Parecería que en América Latina vinieran los editores a decirte que escribieras sobre las costumbres sexuales de la rana dorada, y entonces te pones y escribes 80.000 caracteres”. Pero lo cierto es que, pese a las especulaciones, a muy pocos escritores les han pagado en Latinoamérica por contar una historia en profundidad. Al contrario, generalmente el reportero vivía de su oficio y, cuando podía, se tomaba una semana para elaborar un reportaje.

 

Al contrario de lo que se piensa en España, “en América Latina las crónicas periodísticas no florecían en los árboles”, abunda Martín Caparrós. Pero, como en otros lugares, siempre hubo gente que intentaba practicar un periodismo diferente al que prescriben los editores y los manuales. En Latinoamérica sí que se dieron ciertas redes y aparatos de difusión, “pero todo lo que se publicaba fue a patadas con los editores”. Uno de los mejores ejemplos es la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, impulsada en 1995 por Gabriel García Márquez, la única asociación a la que ha pertenecido Martín Caparrós además del Club Atlético Boca Juniors. En ocasiones se menciona una revista peruana fundada hace quince años por Julio Villanueva Chang, “Etiqueta Negra”, donde se publican textos que no se pagan. “Era una revista muy bien hecha, que continúa editándose, pero que nunca tiró más de tres mil ejemplares”.

 

Después de escribir en 2014 “El Hambre” (un libro de investigación sobre el hambre en el mundo), el escritor argentino se embarcó en “Lacrónica”, una selección de textos sobre su trabajo periodístico –en el que se inició a los 16 años, aunque primero quisiera ser fotógrafo- durante los últimos 25 años, en los que ha recorrido cientos de miles de kilómetros y dado varias veces la vuelta al mundo. Cada texto aparece prologado o epilogado con reflexiones sobre la práctica del oficio, la situación en que el autor se encontraba a la hora de escribir y también consejos (“Dios me lo perdone”). A Caparrós le interesa de la crónica, como género, que es siempre un intento fracasado por contar el tiempo en el que uno vive, lo que le permite “volver a intentarlo y volver a fracasar”. Señala que entre los puntos estelares de la lengua castellana figuran las “Crónicas de Indias”. Antes de iniciarse en el género, el ensayista y novelista leyó a conciencia a otros cronistas, de los que valora sobre todo su actitud: “Eran señores, no demasiado formados, que se hallaban a 10.000 kilómetros de su lugar de conocimiento; y para llegar a lo desconocido, uno ha de partir de aquello que conoce”.

 

El cronista llega a un lugar con su bagaje, pero se da cuenta de que no le basta. Entonces comienzan los esfuerzos por comprender y es en esa tensión, precisamente, donde reside el interés del relato. “Me paso todos los días siguientes desmintiendo lo que entendí el primer día”. Recuerda el autor de “Lacrónica” el caso de un corresponsal en China que afirmaba poder escribir un libro durante la primera semana de estancia en el país, pero que después de un año ya no era capaz de escribir una pieza. La reflexión tiene mucho que ver con la actitud que adopta el periodista: “Muchas veces no se permite dudar en público, parece –igual que los políticos y los curas- que siempre tenga que afirmar”. “Salvo cuando el periodista sabe algo ciertamente, y utiliza entonces el potencial”, ironiza Martín Caparrós. “Mostrar la duda permite mellar esa armadura que el periodismo se forja cuando pretende que sabe y conoce la verdad, sólidamente”. La crónica permite evidenciar dudas, frente a las afirmaciones tajantes del periodismo tradicional. Otro aspecto que a Martín Caparrós le interesa de la crónica es su “marginalidad”. “Si se trata de captar el berrinche de la actriz o el desplante del político me interesa menos”.

 

En las escuelas de periodismo enseñan que noticia es aquello que les ocurre a los ricos, a las futbolistas y a las “tetonas”, afirma el escritor. Ello no es inocente, tiene una traducción política. Significa que la organización del mundo es la vigente y la función de los medios consiste en reproducirla. Por eso hablar de otra gente y de otras cosas en la crónica es un “gesto político”. Como también es un gesto político decir “yo”, lo que no significa el uso gramatical de la primera persona, de hecho, la primera persona del singular radica en que hay alguien –el cronista- que cuenta. “Escribir en primera persona es todo lo contrario de escribir sobre la primera persona”. Este planteamiento supone romper con uno de los mitos de la prensa tradicional, el de que nadie relata. Así se quiere producir una ilusión de realidad y verdad, porque de objetividad ya se habla menos. “Les da vergüenza”. Pero en todo relato, por aséptico que se pretenda, hay un sujeto. Hay un “yo” en cualquier texto.

 

El periodista pone el ejemplo de sus palabras en la conferencia de la Librería Ramón Llull. Si alguien tuviera que escribir al día siguiente veinte líneas en un periódico sobre lo que se ha dicho en la sala, y buscara la neutralidad y la asepsia mediante una transcripción, habría realizado finalmente una elección subjetiva. Esta realidad tratan de disimularla los medios tradicionales. La crónica acepta, así pues, que todo relato es el resultado de un sujeto que mira. Otro rasgo que singulariza a la crónica periodística es la densidad de la prosa, que se ve y hace transparente, lo que también es, al final, un “gesto político”.

 

A Martín Caparrós le preguntan si las crónicas de viajes constituyen un genero específico (en 1991 empezó a publicar relatos de viajes en la revista Página/30, con el epígrafe “Crónicas de fin de siglo”). “El viaje es un incidente necesario para contar algo”. Pero la buena crónica también tiene un punto de simular que se sabe mucho sobre algún asunto. Cuando el cronista ha trabajado de manera ardua, y se ha documentado a conciencia, esa labor ha de quedar entretejida en el relato. Y más difícil aún, se trata de ofrecer los datos precisos, oportunos, sin interrumpir el flujo de la narración. “Cuando empecé con las crónicas me desplazaba a la única biblioteca de Buenos Aires con las colecciones completas de National Geographic o The New Yorker; encontraba en general muy poca información”. Sin embargo, hoy basta con teclear en un buscador de Internet y aparecen millones de referencias. Actualmente el problema es el inverso, la sobreabundancia de datos.

 

A Caparrós también le cuestionan por uno de los grandes maestros del reporterismo, Ryszard Kapuscinski, a quien trató con cierta frecuencia. “Trabajó para la agencia nacional de noticias de la Polonia soviética, por lo que tenía que cumplir con ciertas reglas”. En su día se suscitó la polémica de si realmente el autor de “El emperador”, “El Sha”, “Imperio”, “Ébano” o “La guerra del fútbol” pudo estar en todos los lugares sobre los que elaboraba relatos. “Fue un gran escritor, que contó muy bien África, Irán o el final de la URSS, y lo que relató fue una construcción pertinente sobre esos lugares; que en alguna ocasión llegara dos días tarde a una ejecución y la reconstruyera como si hubiera estado allí, me parece irrelevante”. Es más, “si algún día llegó tarde y no pudo ofrecer la verdad notarial, me da lo mismo”, responde Martín Caparrós. ¿Puede el periodismo, en las crónicas y reportajes, incursionar sin mayores problemas en el terreno de la ficción? “Eso tiene que ver finalmente con un pacto de lectura previamente establecido (entre el escritor y el lector)”.

 

 

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“Los argumentos para atraer a la gente son imbatibles”

Se proyectó a la fama por su premiada cobertura del match Karpov vs. Kasparov de 1986 en Moscú. Su trayectoria de más de tres décadas incluye exitosos ciclos televisivos como La pasión del ajedrez y su habitual columna en el diario El País, de España.


–Usted es uno de los principales difusores del ajedrez a nivel mundial. ¿Cómo definiría su trabajo?


–Considero que soy un privilegiado que hace tres de las cosas que más le gustan en la vida: el periodismo, los viajes y el ajedrez. No sé en qué orden exactamente, pero amo las tres cosas a la vez y además me pagan por hacerlo. ¿Cómo puedo quejarme?


–¿Alguien desempeñó una tarea como la suya anteriormente?


–He conocido a varios ajedrecistas que acabaron siendo también periodistas. El primero que tuvo una columna de ajedrez diaria en El País fue el argentino Héctor Cuperman y fue uno de mis maestros. Fue uno de los poquísimos periódicos del mundo, si no el único, donde ha habido ajedrez siempre, cada día, desde que salió a la calle. Actualmente, hay una media docena de periodistas de diversos países que tienen un nivel de dedicación al periodismo de ajedrez tan intenso como el mío, con quienes nos vemos en los grandes torneos. Pasa que no llevan treinta y tres años de periodistas, ¿no?


–¿Cómo fue que su trabajo pudo ser tan reconocido a nivel internacional?


–Fue una mezcla de suerte y valentía. Cuando estaba por empezar el segundo duelo entre Karpov y Kasparov, en Moscú, tuve una especie de revelación. Agarré mi coche y me fui manejando desde Irún, mi ciudad, hasta Amsterdam, porque sabía que Karpov estaría jugando allí un torneo que le servía de preparación para el match. Hablé con él diez minutos y, con esa charla y lo que ya sabía sobre Karpov y Kasparov, fabriqué un reportaje y se lo mandé al redactor jefe de deportes de El País. El reportaje gustó mucho, pero la cotización del rublo hacía imposible que el periódico pudiera mantenerme alojado en Moscú durante dos meses y medio para cubrir el evento. Y allí intervino la suerte: había olvidado que había pedido al gobierno vasco una subvención para estudiar el sistema soviético de popularización del ajedrez para después adaptarlo e implementarlo y entonces recibí una carta en la que me otorgaban la mitad de esa ayuda económica.

–Para ese momento ya había hecho la transición de ajedrecista profesional a su nueva vocación...


–Exacto. Ese cambio fue en 1983, cuando fui enviado especial del diario vasco Deia a las semifinales de candidatos Kasparov-Korchnoi y Smyslov-Ribli, en Londres. Siempre me había gustado la comunicación y ya hacía algunos años que publicaba en la revista Jaque las crónicas de los torneos en los que jugaba. Cuando escribí por primera vez para un periódico sentí una vocación tremenda por el periodismo y decidí que eso era lo mío. Yo ya tenía el título de maestro FIDE y dos normas de maestro internacional. Mi trayectoria de resultados decía que iba a tardar poco en conseguir el título, pero lo dejé todo y me concentré en el periodismo.


–¿Se arrepintió alguna vez de no haber continuado como ajedrecista?


–Nunca. La vida de un jugador de ajedrez, si quieres ser profesional y quieres ser bueno, aunque te guste mucho, es realmente poco gratificante. Como desde el año 2004 tengo esa columna diaria en El País, digamos que mi síndrome de abstinencia está más o menos cubierto, porque cada día tengo que ver bastantes partidas y luego analizar a fondo una que elija. Es mucho más cómodo criticar a los mejores jugadores del mundo que sufrir yo las derrotas.

–No existe una escuela que prepare a uno para ser difusor del ajedrez. ¿Parte de la formación en su oficio fue aprender y corregir errores?


–Aprendí muy rápido. Hacer periodismo de ajedrez es hacer periodismo, con mayúsculas, aplicado al ajedrez. Entonces estudié el libro de estilo de El País como si fuera la Biblia para un gran creyente, me lo aprendí de memoria. Aun así cometía errores, uno de ellos fue quizás el más rentable de mi vida. Creo que fue en Moscú 1985. La transmisión que hacía de las partidas del match eran por télex, las comunicaciones telefónicas eran muy malas y los servicios secretos de la KGB tenían intervenidos todos los aparatos de los corresponsales extranjeros. Se tardaba mucho y se estaba muy expuesto al error. Así fue que un día envío una nota titulada “Karpov y Kasparov firman una obra de arte” en la que un error mío hacía irreproducible el desarrollo de la partida de mi crónica. A la mañana siguiente en la redacción estaban todos los teléfonos sonando de lectores enfadadísimos. El redactor jefe y los jefes del periódico supieron entonces que había un montón de lectores y decidieron aumentarme el espacio para mis crónicas y mis honorarios.

–¿Dónde está la responsabilidad de que otros medios no tomen este ejemplo y le den más protagonismo al ajedrez?

–Un tercio es de los medios, donde la neurosis hace que para un periodista ocuparse del fútbol sea mucho más cómodo que empezar a pensar cómo puede cubrir bien el ajedrez. Pero la mayor responsabilidad es de los ajedrecistas: son endogámicos, miran mucho hacia adentro, están en muchos casos obsesionados con el Elo, las aperturas, la próxima partida... ¿Cuántas federaciones del mundo tienen al menos una persona en su junta directiva que se dedique a mirar hacia afuera? ¿Que su labor sea relaciones con la prensa, patrocinadores, directores de colegios, mercadotecnia? Los argumentos que tenemos para atraer a la sociedad hacia el ajedrez son simplemente imbatibles.


–¿Cuáles son?


–Hay estudios científicos que demuestran que los niños que juegan al ajedrez desarrollan su inteligencia, incluyendo la emocional, y además aumentan su rendimiento académico. Mis tres pasiones son ya en realidad cuatro. La más gratificante de ellas quizás es promover las virtudes pedagógicas del ajedrez. Y no hablo de que los niños jueguen al ajedrez en un colegio, que de por sí ya es formativo y muy bueno, sino de utilizar el ajedrez como herramienta para enseñar a pensar, a transmitir valores. Si tenemos pruebas científicas y experiencias en los cinco continentes durante un siglo que demuestran que es una herramienta educativa pero también social e incluso terapéutica de primer nivel, es obvio que merece la atención y el apoyo de cualquier tipo de gobierno, sea de la ideología que fuere. Y el futuro del ajedrez deportivo también depende del éxito del ajedrez educativo. Supongamos que todos los niños argentinos estuvieran alfabetizados en ajedrez. Quizás un 5 por ciento luego decida ser jugador de ajedrez federado, con lo que ya tendríamos muchos más jugadores que ahora. Pero lo más importante sería el otro 95 por ciento. Aunque no vuelvan a tocar un tablero, se habrían quedado con una imagen positiva del ajedrez. Muchos acabarían convirtiéndose en padres de familia y algunos en alcaldes, en directores de colegio, en directores de periódicos, en directores de mercadotecnia de una empresa, personas con responsabilidades e influencia en la sociedad. Y por tanto, conseguir patrocinios sería mucho más fácil y el número de aficionados y de simpatizantes sería incluso mayor.


–Se cumple un año de la aprobación de aquella votación del Parlamento español en apoyo al ajedrez.


–Yo hablo con orgullo del milagro del 11 de febrero de 2015. En España que todos los partidos políticos se pongan de acuerdo en algo es un milagro, y ese algo ha sido el ajedrez. Porque los argumentos que dieron eran absolutamente irrefutables y entonces, con independencia de la ideología política, votaron todos a favor.


–¿Por qué cree que persiste en cierto imaginario colectivo la fama de juego aburrido, destinado a intelectuales?


–Imaginemos que a un ciudadano cualquiera le ofrecemos ver en directo de dos jugadores disputando una partida de ritmo lento en un torneo de elite, sin comentarios ni nada. Ahora pensemos en alguien que está alfabetizado en ajedrez, que la partida tiene comentaristas que saben convertir la retransmisión de ajedrez en algo ameno, interesante y van mezclando las cuestiones técnicas de ajedrez con otras muchas cosas de la ciencia, el arte, primeros planos de la tensión enorme que hay en esas caras, apuros de tiempo. Tiene que haber una relación de vasos comunicantes entre la base y los ídolos, los profesionales. Pero si el ajedrez es algo minoritario y silencioso, escondido en catacumbas, la gente dirá “pero... estos tíos que se dedican a mover madera ahí, ¿quieren vivir de eso y pretenden reivindicaciones laborales y profesionales? ¿Pero por qué?”. ¡Caramba, se lo preguntan porque nadie se los ha explicado!


–¿Qué opinión tiene del ajedrez en Argentina?


–Argentina es un país muy especial en mi vida y muchos argentinos son importantes para mí. Cuando hay problemas políticos o sociales o económicos, sufro. Junto a España es de los países de habla hispana que más están desarrollando las virtudes del ajedrez. Es uno de los países del mundo donde tienen más raigambre social. Gracias al Tratado General de Ajedrez de Roberto Grau pasé de ser un absoluto principiante a ser campeón de Guipúzcoa, que es mi provincia en el país vasco, en cosa de dos años. Y uno de los grandes privilegios de mi vida fue presentar el último acto público de Miguel Najdorf una semana antes de que él muriese, en Málaga. Yo estaba en el escenario con Kasparov, que al ver que Najdorf iba a subir por las escaleras vino corriendo, lo agarró por los dos brazos, lo subió al escenario y le dio un abrazo, en un gesto que demuestra la enorme admiración que sentía por Miguel. En cuanto a jugadores actuales, he analizado varias partidas de Alan Pichot, algunas publicadas en mi columna, y me parece que tiene un talento muy grande. Y no quiero dejar de mencionar a todos mis compañeros argentinos en el grupo de exponentes de la Fundación Kasparov: Jaureguiberry, Alejandro Oliva, Esteban Jaureguizar, Marina Rizzo, Erni Vogel y Elisabet Riart, que estuvieron también conmigo en la última gira que hicimos por México y Panamá.


–¿Qué puede contarnos de la actualidad de la fundación?


–Estoy sumamente orgulloso de lo que hemos hecho en la Fundación Kasparov para Iberoamérica. Hemos formado a 6600 docentes mexicanos y a 400 en Panamá. Pero no nos limitamos a la formación de docentes. Por ejemplo, di conferencias a novecientos presos en la cárcel de máxima seguridad más importante de México, donde está el Chapo Guzmán y los más importantes capos del narcotráfico, asesinos, secuestradores y pandilleros. Las dos ideas principales que desarrollé son que el ajedrez enseña a pensar en las consecuencias de lo que vas a hacer antes de hacerlo y que cada hora que pasas jugando al ajedrez dentro de la prisión pasa mucho más rápido que cualquier otra hora.


–¿Cómo ve el futuro de la elite? ¿Por qué no aparece un rival clásico para Carlsen?


–Quienes hemos nacido en la segunda mitad del siglo veinte hemos sido unos privilegiados. Hemos disfrutado prácticamente en forma consecutiva de varias de las rivalidades más apasionantes de la historia del ajedrez. Fischer-Spassky, luego Karpov-Korchnoi y luego Karpov-Kasparov. En los tres casos con factores absolutamente extradeportivos que añadieron mucho interés a esos a esas rivalidades. Es muy difícil que se vuelva a producir una rivalidad así. El principal problema que puede tener Carlsen es la falta de motivación. A veces noto que se aburre un poco ahí arriba. Si él juega como sabe, no creo que ninguna de las jóvenes estrellas actuales pueda destronarlo al menos este año. Sí estoy muy impresionado por Yi Wei, este muchacho chino de 16 años. Su trayectoria además es muy similar en cuanto a brillantez de resultados a la de Carlsen a la misma edad y creo que él sí puede ser capaz de destronar a Carlsen pero en dos o cuatro años.

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