Miércoles, 24 Diciembre 2014 08:24

Los Snowden de la CIA

Los Snowden de la CIA

Marcelo García deja en evidencia de qué manera el reciente informe del Senado de EE.UU. sobre las actividades de "Detención e interrogatorios" de la CIA muestra la relación entre funcionarios de esa central de inteligencia y un grupo de periodistas que escribieron artículos y hasta libros sobre el programa previo a la divulgación de información clasificada.

 

"O contamos nuestra propia historia o nos morfan. No hay punto medio." La frase podría pertenecer a un asesor de imagen de cualquier orientación política en cualquier lugar del mundo, incluso (y sobre todo) en la ultrapolarizada realidad argentina de los últimos años. Pero no. Fue dicha (y escrita) por un funcionario de la agencia de Inteligencia más poderosa del mundo: la Central Intelligence Agency estadounidense, la CIA.


El informe de más de 500 páginas que hizo público la Comisión de Inteligencia del Senado de los Estados Unidos el 9 de diciembre incluye un capítulo que muestra cómo la CIA actuó para influir en la forma en que la agencia y su programa de "Detención e interrogatorios" aparecían en los medios. En el mundo actual, hasta los espías se preocupan por su reputación pública.


La Conclusión Nº 10 de las 20 que presenta el informe dice que la CIA "coordinó la difusión de información clasificada a los medios, incluso de información errónea relacionada con la supuesta efectividad de las técnicas de interrogación que utilizaba". La oficina de asuntos públicos de la CIA actuó "para contrarrestar las críticas públicas, moldear a la opinión pública y evitar así una posible decisión del Congreso de restringir las atribuciones o el presupuesto de la agencia".


La clave del párrafo anterior está en la palabra "clasificada". La difusión de la información ocurrió cuando el programa contaba con el nivel más alto de confidencialidad. La Casa Blanca recién lo hizo público en septiembre de 2006, cuando el presidente George W. Bush admitió en un discurso televisado que la CIA estaba usando "un conjunto alternativo de procedimientos" para obtener información de personas detenidas en el marco de la Guerra contra el Terror.


La CIA difundió (por voluntad y beneficio propios) información sobre el programa de torturas mucho antes de que fuese formalmente público: o sea que estaba revelando información clasificada.


La novedad no es menor en el contexto en que se conoce. En los últimos años, sobre todo desde las filtraciones masivas de información de WikiLeaks, en diciembre de 2010, y de Edward Snowden, en junio de 2013, el gobierno de los Estados Unidos ha perseguido judicialmente a cualquier persona que filtrara información sensible que pueda afectar a la "seguridad nacional" –pero también a los periodistas que publicaran esa información y se negaran a revelar sus fuentes–. El caso de los periodistas del The New York Times Judith Miller, encarcelada durante 85 días en 2005, y de James Risen, que batalló en la Justicia durante dos años hasta que el procurador general Eric Holder decidió finalmente la semana pasada no obligarlo a declarar el nombre de su fuente.


Ocho páginas del informe del Senado (entre la 401 y la 408 http://www.intelligence.senate.gov/study2014/sscistudy1.pdf) muestran la relación entre funcionarios de asuntos públicos de la CIA y un grupo de periodistas que escribieron artículos y hasta libros sobre el programa antes de a su divulgación. Douglas Jehl, del The New York Times, por ejemplo, obtuvo de la CIA ejemplos de "éxito en la explotación de detenidos" y el periodista Ronald Kessler mantuvo una serie de encuentros que hicieron que cambiara el ángulo de su libro The CIA at War (que terminó incluyendo líneas como ésta: "La CIA puede nombrar una serie de éxitos y decenas de atentados que fueron evitados gracias a las técnicas de interrogación coercitivas").


La CIA, como era esperable, rechazó este aspecto del informe de la comisión (entre otros). Aunque admitió que tuvo contactos con periodistas, dijo que fueron reactivas y no proactivas y sólo para responder ante información que los periodistas ya habían conseguido de otras fuentes (https://www.cia.gov/library/reports/CIAs_June2013_Response_to_the_ SSCI_Study_on_the_Former_Detention_and_Interrogation_Program.pdf).


Para los periodistas allá, y en todos lados, es cada vez más difícil no quedar a merced de los operadores comunicacionales del poder, que crecen en número y en recursos. El ejemplo de Estados Unidos es muestra y tendencia. En 1980, la relación entre relacionistas públicos (comunicadores que trabajan para empresas, políticos o gobiernos) y periodistas era de 1,2 a favor de los primeros. En 2004, al momento en que se desarrollaba en su mayor esplendor el programa de la CIA, la relación había crecido a 3,2 relacionistas públicos por cada periodista. En 2013, había subido a 4,6. Demasiada gente vendiendo información a un precio muy bajo.

 

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Jueves, 27 Noviembre 2014 18:19

Lo que Wikileaks enseñó al periodismo

Lo que Wikileaks enseñó al periodismo

Las filtraciones de Wikileaks pusieron sobre la mesa varias cuestiones más allá de la vigilancia gubernamental –y empresarial- a la que estamos sometidos en Internet. Su fuerza era obvia en tanto que grandes organizaciones y gobiernos de un lado y otro del Atlántico intentaron bloquear y paralizar sus acciones. Que la información fundamental sobre cada uno de nosotros esté en la Red ya implica de por sí un cambio de mentalidad, pero la huella que Wikileaks deja es aún mayor.

9 de noviembre de 2010. Hace cuatro años que Wikileaks comenzó a establecer redes de colaboración con medios de comunicación. Le Monde, Der Spiegel, The Guardian, The New York Times y El País fueron los agraciados con el premio gordo: tendrían acceso preferente a los cables y estos fueron publicados e investigados con mayor o menor atino y calidad.

Era una oportunidad única para demostrar el "poderío" de cada redacción y, sobre todo, para cumplir la verdadera función social de los medios. Pero también puso negro sobre blanco una realidad: los periodistas debemos reciclarnos, adaptarnos y ser conscientes de que el ecosistema informativo cambia a un ritmo frenético.

Trabajar con grandes cantidades de datos –Big Data o datos masivos- no es algo nuevo. Ya en los años 60 el norteamericano Philip Meyer lo realizó para derribar mitos: los estudiantes que acudían a las revueltas estudiantiles no eran mayoritariamente aquellos que habían abandonado sus estudios, sino que estaban compensados, en contra de lo que se publicaba. Interesante, ¿no?

Pero hoy no hablaremos de derribar mitos, sino de descubrir debilidades en la profesión periodística –otra más-. Podríamos decir que Wikileaks ha parido un nuevo Homo: el Homo Hacks/Hacker, mitad escritor de historias, mitad escritor de código o bien, fomentar la colaboración entre ambos profesionales. Tal como explica el grupo HacksHackers de Madrid, se pretende "establecer un punto de encuentro para [...] intercambiar información sobre herramientas digitales y analizar la aportación de los programadores en áreas como el manejo de grandes volúmenes de datos, visualización, etc".

El trabajo en periodismo de datos se caracteriza por no ofrecer información de última hora, sino reportajes más elaborados, con trasfondo investigativo. Y conlleva algunos cambios e implicaciones en cómo observamos la profesión a día de hoy. Es fundamental despojarse de la "titulitis" que padece España: la entrada de perfiles no periodísticos en una redacción no es intrusismo, sino complementación e innovación. Este nuevo ecosistema informativo nos exige una vuelta de tuerca, una colaboración continua y una inmersión de nuevos perfiles.

¿Y los periodistas? Para adaptarse a este nuevo modo de hacer información, deben ser cada vez más híbridos, familiarizarse con conceptos y funcionamientos como los de la extracción de datos, Kimono o las librerías en R, CSS ... "El reto del abrazo tecnológico", como lo nombra Borja Bergareche, debe llegar cuanto antes (1).

Pero este cambio no es tan simple. La mayoría de los planes de estudios universitarios no están preparados para este nuevo escenario informativo: pocos centros ofertan formación en periodismo de datos. "Menos McLuhan y más cartografía, Adobe, Java Script y CSS en las aulas" es la apuesta de Samuel Granados, actual director de gráficos de The Washington Post en referencia al mundo infografista, pero podemos trasladarlo a la formación de periodistas de datos con facilidad. Necesitamos perderle el miedo al código.

La colaboración entre perfiles periodísticos y técnicos –y entre distintos medios- parece ser la vía más lógica ya que "resulta imprescindible para ejercer el periodismo de denuncia. Nunca fue cierta la imagen del reportero investigador como detective solitario e individualista" (2). Wikileaks "planteó la cooperación entre empresas mediáticas que antes eran rivales. Una novedad de primer orden para una industria obsesionada por publicar 'exclusivas' o, en su defecto, fabricarlas".

Una puerta, la del viejo periodismo, va cerrándose de manera inevitable dejando atrás el egoísmo mediático y la fiebre por la primicia para dejar paso a un verdadero entorno de colaboración entre medios, en donde lo esencial sea publicar trabajos laboriosos, investigaciones propias y de mejor calidad. Asistimos a los primeros pasos del Cuarto poder en Red.

[1] Bergareche, Borja (2011),,Madrid, Anaya.

[2] Sampedro, Víctor (2014), Barcelona, Icaria.

 

Por Ana Isabel Cordobé, Miembro de la comunidad del máster en Comunicación, Cultura y Ciudadanía Digital. El 4º Poder en Red.

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Viernes, 07 Noviembre 2014 09:00

Dilma pidió regulación para los medios

Dilma pidió regulación para los medios

Además de dirigir una propuesta de diálogo a Aécio Neves –autoproclamado jefe del "ejército" opositor–, Dilma anticipó una eventual ley restrictiva de los "oligopolios" periodísticos y anunció medidas simpáticas para el mercado.


Desde Brasilia


Comenzó el segundo gobierno con dos meses de antelación. Dilma Rousseff inició de hecho su nuevo mandato, teniendo a Lula como ladero, con una propuesta de diálogo dirigida a Aécio Neves –autoproclamado jefe del "ejército" opositor–, además de anticipar una eventual ley restrictiva de los "oligopolios" periodísticos y anunciar medidas simpáticas para el mercado.


Sin citarlo por su nombre, Dilma recomendó a Neves moderar su prosa y allanarse a las reglas de la "democracia... ya que yo fui reelegida ante (una oposición que obtuvo) menos votos, así es la vida... hay que saber perder... esto no significa que vamos a construir un muro" frente a los adversarios.


Fue en respuesta a dos discursos de Neves, el último pronunciado el miércoles, en los que consideró remota la posibilidad de sentarse a la mesa con un gobierno al que prometió combatir de forma "vigorosa" por estar implicado en denuncias de "corrupción" y encarnar el "proyecto hegemónico del Partido de los Trabajadores" .
"Somos un gran ejército a favor de Brasil y estamos listos a ser la oposición que nos fue pedida por la opinión pública... y 51 millones de electores", dijo Neves, rodeado de señoras que fueron hasta el Congreso a saludarlo con consignas como "Aécio Presidente" e "Impeachment ya" contra Dilma.


Otras señoras, junto a sus esposos e hijos, habían marchado el sábado en San Pablo en respaldo a Neves y pidiendo un SOS a las fuerzas armadas para derrocar a la "dictadura del PT".


En esta atmósfera política enrarecida, con las principales cadenas informativas y dirigentes opositores convocando a una marcha contra el gobierno para el 15 de noviembre, Dilma se reunía ayer por la noche en Brasilia con miembros del PT mientras Lula había mantenido otro encuentro con miembros de esa agrupación, horas antes, en San Pablo.


El ex mandatario se ha sumado a esta transición hacia el 1º de enero, cuando formalmente comienza el segundo mandato dilmista, en lo que representa su regreso al primer plano de la política nacional, luego de cuatro años en los que evitó interferir en los asuntos de Estado, y cada vez que fue consultado por su heredera procuró moverse con discreción.


Ahora Lula y Dilma se muestran públicamente con más frecuencia, lo que, por otra parte, indica la vocación del líder petista de postularse para un nuevo mandato presidencial, que sería el quinto del PT, en 2018.


El caso es que ahora Dilma y Lula conforman una masa crítica de poder apreciable, con autoridad y liderazgo, requisitos necesarios para enfrentar los zarpazos mediáticos, financieros y partidarios y, al mismo tiempo, montar el próximo gabinete.


Maniobras desinformativas del grupo Globo, primer multimedios sudamericano, y especialmente de la revista Veja durante la campaña electoral, fueron definidas como "criminales" por altos funcionarios del gobierno y el PT, impulsor de una normativa para ese sector.


En su primer período de gobierno, la mandataria eludió tratar el tema sobre el que ayer se pronunció con bastante profundidad cuando se refirió a los "oligopolios y monopolios" desde los que se tutelan la producción y distribución de bienes informativos.


Durante una entrevista a diarios locales que será publicada por completo hoy, la jefa de Estado preguntó "por qué cualquier sector tiene regulación y los medios no pueden tenerla" y luego citó la "dura" legislación de medios británica y los delitos cometidos por el diario News of The World, del magnate Rupert Murdoch. Expresó su compromiso con la "libertad de expresión" y estimó que en 2015 se abrirá un debate acerca de la necesidad de avanzar sobre la democratización comunicacional.
Además reiteró que continuará luchando contra la inflación, para lo cual realizará "los deberes", como el "corte de gastos" públicos, y determinó el aumento del combustible, palabras seguramente gratas a los oídos del mercado, que presiona por un ajuste y el nombramiento de un ministro de Hacienda vinculado con la banca.


Dilma también se hizo un hueco en la agenda para hablar con el vicepresidente norteamericano Joe Biden, quien le habría propuesto realizar la visita a Washington suspendida en 2013 por el escándalo de espionaje de la agencia NSA.


Finalmente, la oficina de Prensa del Palacio, del Planalto anunció que hoy recibe a su colega uruguayo José Mujica, del Frente Amplio, un encuentro cuyo significado político parece obvio: transmitir un implícito apoyo del gobierno petista a la candidatura del frenteamplista Tabaré Vázquez, en el ballottage del 30 de noviembre ante Luiz Alberto Lacalle Pou, algo así como el Neves oriental.

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Miércoles, 04 Junio 2014 05:31

Nosotros... los periodistas

Nosotros... los periodistas

Por Ignacio Ramonet, el periodista español que fue director del periódico francés Le Monde Diplomatique y es reconocido en todo el mundo, escribió en su libro La explosión del periodismo que "un buen número de periodistas cree que las que son sagradas son sus –no siempre demostrables– opiniones, y no dudan por tanto en deformar los hechos para adaptarlos como sea a sus prejuicios".


Es seguro que no pocos, por razones ideológicas y políticas si bien no profesionales, podrán poner en tela de juicio las afirmaciones de Ramonet a pesar de su trayectoria. Cuando conviene a determinados intereses el intento será descalificar a la fuente, al autor, sin reparar siquiera en sus dichos. En otros casos, si las palabras sirven para apuntalar las acusaciones o los prejuicios, bastará con sobredimensionar el valor del enunciatario para justificar así un titular, un zócalo televisivo, una noticia que está lejos de ser tal.


La frase citada de Ramonet ha sido extractada de un capítulo que lleva por título "Mentirosos compulsivos" e incluye el relato de varios casos famosos de todo el mundo donde la intervención de los medios y los periodistas para falsear la verdad de los hechos se transformó en un argumento fundamental para la acción política y militar de los centros de poder. Recuérdese, sólo a modo de ejemplo, las denuncias sobre las "armas químicas", la "bomba atómica" y, en general, "las armas de destrucción masiva" adjudicadas a Irak –información luego desmentida por los propios invasores norteamericanos– y que justificaron la guerra de aniquilamiento perpetrada a partir de marzo del 2003.


Lo que sucede entre nosotros con el ejercicio del periodismo está muy lejos de tener los alcances de la tragedia iraquí. Pero los métodos no son muy diferentes. Quizá la próxima conmemoración del Día del Periodista (7 de junio) podría ser una ocasión para que los periodistas intentemos una reflexión autocrítica –largamente postergada– sobre nuestra labor, la responsabilidad que nos cabe, nuestras condiciones laborales y, sobre todo, acerca del servicio que podemos prestar a la sociedad. También para sincerarnos sobre aquello que no somos.


Ayudaría a esto revisar hechos recientes como, por ejemplo, todo lo acontecido, visto y leído en torno de la carta del papa Francisco a la presidenta Cristina Fernández. Episodio en el cual, al margen de la endeblez de la fuente y de los errores cometidos desde el Vaticano, quedó en evidencia la manipulación de los hechos, la tergiversación de la verdad y la utilización política por parte de grupos empresarios, medios y periodistas.


Nosotros... los periodistas no somos objetivos. Parte de la falacia es pretender serlo. Pero ello no implica que no podamos atenernos a la verdad de los hechos. Ser veraces, exponer los acontecimientos con el mayor esfuerzo de rigurosidad –aunque cualquier recorte esté impregnado por la mirada de quien selecciona– tiene que ser un imperativo ético. Recortar, ocultar parte de la verdad o inducir al error de las audiencias es manipulación y atentar contra la libertad y el derecho a la comunicación de la ciudadanía. Es también faltarles el respeto a quienes nos leen y nos escuchan.


Nosotros... los periodistas no somos los guardianes de la democracia. La democracia tiene sus propios mecanismos y recursos. A nosotros sí nos corresponde aportar datos, elementos, informaciones plurales, apoyadas en fuentes ciertas y diversas, para que los ciudadanos y las ciudadanas puedan adoptar sus propias decisiones.

También podemos opinar. Después de informar y por nuestra calidad de ciudadanos y ciudadanos que asumen –como otros– su compromiso con la sociedad. En nuestro caso, contar con información supuestamente privilegiada y la utilización de los medios de comunicación no hace sino aumentar la responsabilidad de nuestros actos.


El enfrentamiento político e ideológico, la polarización de intereses y posiciones, está generando una situación poco agradable y cómoda para el ejercicio del periodismo. Y no por el presunto enfrentamiento entre quienes se presumen "independientes" y aquellos que se autotitulan "militantes". Sino porque el periodismo como tal pierde credibilidad y, a renglón seguido, se desvirtúa y se desdibuja su necesario aporte a la sociedad y la ciudadanía.


Ojalá podamos –todos y todas– los que estamos en esta profesión revisar autocríticamente nuestras propias prácticas profesionales. Sin olvidar ni subestimar nuestra condición de trabajadores en relación de dependencia antes que "profesionales liberales", nuestras inevitables relaciones con el poder y la atención a las condiciones de trabajo que, para la gran mayoría, son cada vez más precarizadas. Quizá, reflexionando sobre el periodismo real, podamos rescatar el sentido de la profesión en torno del servicio y a la búsqueda de la verdad.

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Lunes, 19 Mayo 2014 06:21

La dama gris

La dama gris

No es frecuente que un medio de noticias se vuelva noticia, y siempre es algo que todo medio prefiere evitar. Pero la semana pasada las decisiones internas de un diario se volvieron noticia nacional e internacional y han desatado un gran debate aquí. Y es que no se trata de cualquier periódico, sino de uno que se considera el medio premier de este país: The New York Times.


La sorpresiva expulsión de su directora ejecutiva Jill Abramson, la primera mujer en el puesto en los 162 años de existencia del Times, y su sustitución por el director administrativo Dean Baquet, que también hace historia como el primer afroestadunidense en ocupar ese puesto, ha generado debates, controversias, chismes y especulación sobre qué pasa y por qué dentro del periódico apodado La dama gris (The grey lady).
Algo que inmediatamente llamó la atención fue la forma inusual y poco elegante –algunos la califican de brutal– en que se despidió a Abramson. El director general del periódico, Arthur Sulzberger Jr –parte de la familia Sulzberger-Ochs, que ha controlado el periódico durante décadas– convocó a una reunión no programada en la sala de redacción la tarde del pasado miércoles para anunciar, ante cientos de sorprendidos periodistas (de una redacción de mil 250), que Abramson sería sustituida de inmediato, después de menos de tres años en el puesto. Minutos después desapareció su nombre del directorio del periódico en su sitio de Internet y ella se esfumó sin poder despedirse de sus colegas. Ahí Sulzberger se limitó a explicar que la razón fue el manejo de asuntos de administración en la redacción.


Pero la manera abrupta y contundente del anuncio de inmediato nutrió la especulación de que había algo más detrás. Eso llegó a tal nivel que, por lo menos en dos ocasiones en estos últimos días, Sulzberger tuvo que hacer aclaraciones públicas sobre el episodio.


La controversia fue nutrida primero por versiones en los medios –sobre todo del experto que cubre medios en The New Yorker, Ken Auletta– de que Abramson fue despedida por quejarse de que recibía una remuneración menor a la de su antecesor, Bill Keller. Al circular esa versión se desató un debate público, en los medios y hasta en Washington, sobre la inequidad de género, específicamente en los medios. Empleando el caso de Abramson, esto ya se discute entre legisladores, mientras foros en distintos medios abordaron el tema este domingo.


Sulzberger se vio obligado a emitir un comunicado en el que rechazó tajante que el asunto de género hubiera sido un factor en su decisión. Indicó que lo peor que ha pasado es el uso de su decisión de echar a Abramson como ejemplo del trato desigual a las mujeres en el trabajo; afirmó que el paquete de remuneración de Abramson era parecido al de sus antecesores en el puesto, que de hecho el de ella fue 10 por ciento más alto en 2013 que el de Keller en su último año, y reiteró que la decisión giró sobre una persona en particular y su forma de operar.


El jefe del Times fue obligado a ampliar su explicación sobre las razones del despido: que ella "había perdido el apoyo de sus... colegas" y una pauta de comportamiento que incluye la toma de decisiones de manera arbitraria, omisión en consultar y obtener el apoyo de sus colegas, comunicación inadecuada y el maltrato de colegas en público.


Sin embargo, otros comentaron que las persistentes quejas de que ella tenía un modo brusco, polarizante y poco diplomático en su manejo de la redacción tenían un tinte machista, ya que en la historia del Times hubo muchos hombres en los puestos máximos que se comportaban peor y no era motivo para castigarlos ni mucho menos despedirlos. Por lo tanto, critican que los comentarios de los directivos del Times son más bien sexistas.


Algunos señalaron que Abramson no sólo logró, durante su mando, obtener ocho premios Pulitzer, o ayudó a la redacción a navegar a través de una seria crisis financiera con cambios dramáticos para enfrentar el futuro digital, sino que lo que la enorgullecía fue elevar a mujeres a que ocuparan 50 por ciento de las jefaturas del periódico. Por lo pronto, el tema de género en esta decisión de la dirección de la empresa sigue provocando controversia.


De hecho, por ahora, el despido de lo que fue la primera mujer a cargo de la redacción opaca el otro hecho histórico del rotativo: el ascenso de un afroestadunidense al máximo puesto editorial por primera vez en su historia.


Por otro lado, vale subrayar que el Times ha enfrentado, como todo periódico, el dramático cambio inevitable de todo medio en la era digital. Algunas versiones del conflicto señalan que parte de la bronca fue en torno al ritmo y manejo del cambio dentro del rotativo en la aplicación de su estrategia de digital primero, donde avanza en la dirección de privilegiar la plataforma digital ante un futuro en que el periódico impreso será relegado al pasado. Sin embargo, Abramson había sido elogiada por manejar las primeras fases de esta estrategia, aunque ello implicó cambios en el manejo de la redacción.


A la vez, el periódico apenas está saliendo de una crisis financiera justo por los cambios en el modelo empresarial de los rotativos ante la llamada nueva era digital, lo cual incluyó el despido de personal y reajustes de todo tipo. De hecho, durante todo este episodio del traslado del mando se filtró un reporte interno sobre la estrategia para innovar al periódico.


Por ahora Abramson ha guardado silencio, pero se sospecha que eso no durará mucho, y todo indica que la dama gris seguirá siendo noticia. Lo único que se ha sabido de Jill desde su despido es una foto que su hija subió a Instagram, donde parece entrenar con guantes de boxeo. Seguro no ayuda a su estado de ánimo el hecho de que hace unos meses decidió tatuarse con la T del logotipo del Times.

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Revela estudio que las redes sociales son decisivas en el periodismo

Un nuevo informe de la escuela de Periodismo de la Universidad de Indiana, en EEUU, arroja luz sobre cómo los periodistas estadounidenses utilizan las redes sociales para informar sobre las noticias.

 

En "El periodista estadounidense en la era digital", los profesores Lars Willnat y David Weaver encuestaron a 1080 periodistas estadounidenses en línea en el otoño de 2013. Es el último informe de una serie que valora el comportamiento y las creencias de los periodistas estadounidenses desde 1971. Este informe se realiza cada diez años.

 

Por supuesto, uno de los principales cambios entre la última encuesta realizada en el 2002, y el informe más reciente ha sido el impacto de Internet en la prensa. Los medios sociales son una parte importante de ese cambio: el 40 por ciento de los periodistas dijo que las redes sociales son "muy importantes" para su trabajo, y más de un tercio dijo que gastan entre 30 y 60 minutos cada día en las redes sociales.

 

Los microblogs como Twitter fueron, con mucho, el tipo más popular de las redes sociales utilizadas por los periodistas. Más de la mitad de los encuestados dijeron que usan regularmente esta plataformas para obtener información y elaborar sus historias.

 

 

 

El uso más común entre los periodistas de los medios de comunicación social es comprobar si hay noticias de última hora -casi el 80 por ciento dijo que regularmente utilizan sitios de redes sociales para estar al tanto de los últimos acontecimientos. Sin embargo, el 73,1 por ciento citó específicamente el uso de las redes sociales para el registro de lo que la competencia está reportando, y muchos otros usos, como la búsqueda de ideas para sus historias y estar en contacto con el público.

 

 

 

Muchos periodistas también ven los medios sociales como un vehículo para la autopromoción – más del 80 por ciento coincidió en que estos medios sociales los ayudó a compartir su trabajo, y más de dos tercios aseguró que están más comprometidos con su público gracias a estas plataformas.

 

 

 

Pero mientras que el 62 por ciento coincidió en que los medios sociales les permitieron construir más rápido sus historias, sólo el 25 por ciento estuvo de acuerdo en que estas herramientas han mejorado su propia productividad y apenas el 6,3 por ciento reconoció que estas les permitieron disminuir su carga de trabajo total.

 

(Tomado de The Washington Post. Versión de Cubadebate)

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"Asistimos a un verdadero proceso de criminalización del periodismo de investigación"

La portavoz de Asociación Internacional de Abogados en el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra explica la denuncia en la ONU contra la persecución de EEUU a periodistas y funcionarios que destapan violaciones de derechos humanos

 

La Asociación Internacional de Juristas Demócratas (AIJD) ha denunciado en el Consejo de Derechos Humanos, con sede en Ginebra, mediante una intervención oral (pincha aquí para leer la intervención en inglés) en el último periodo de sesiones finalizado el pasado viernes, la intimidación, persecución y en algunos casos encarcelamiento, de periodistas y funcionarios que habían difundido alguna información relativa a la Administración de Estados Unidos y sus políticas (los denominados alertadores).


La AIJD es una organización creada en 1946, tuvo de presidente emérito a Nelson Mandela y agrupa a asociaciones de abogados de todo el mundo. Posee estatus consultivo ante el Consejo Económico y Social de la ONU desde 1967. La abogada italiana Micòl Savia es su representante en el Consejo de Derechos Humanos y la portavoz que intervino en el pleno. Ella explica la denuncia.


Usted ha denunciado en el Consejo de Derechos Humanos de Ginebra que, desde el año 2009, en Estados Unidos seis empleados del Gobierno, además de dos contratistas incluyendo Edward Snowden, han sido procesados bajo la Ley de Espionaje de 1917 por filtrar información clasificada a la prensa. ¿Puede explicar mejor esos casos?


Hay que subrayar que se trata de un ataque sin precedentes por parte de la Administración Obama. De hecho antes de Obama sólo hubo tres casos de esto tipo en toda la historia de Estados Unidos, entre ellos el de Daniel Ellsberg quien en 1971 filtró a la prensa los papeles secretos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam.


Se trata de los casos siguientes:


Edward Snowden, ex contratista de la NSA, quien hizo publico a través de los diarios The Guardian y The Washington Post varios documentos clasificados que nos permitieron conocer el alcance de los programas de vigilancia masiva por parte de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) norteamericana y de su equivalente británico el GCHQ. El 14 de junio de 2013 se le acusó de violar la Ley de Espionaje. El gobierno estadounidense comenzó una intensa campaña para extraditarlo y le revocó el pasaporte. Snowden se ha convertido en uno de los hombres mas buscados del mundo. Todos recordamos el conflicto diplomático desencadenado cuando varios países europeos negaron el permiso de aterrizaje al avión del presidente boliviano Evo Morales por sospechar que Snowden viajaba a bordo y de la escandalosa demora de Morales en el aeropuerto de Viena.


Otro caso famoso es el de Chelsea Manning, analista de inteligencia del Ejército destacada en Bagdad, quien en 2010 filtró una grande cantidad de documentos clasificado a Wikileaks, proporcionando a la opinión publica internacional, entre otras cosas, evidencias sobre crímenes de guerras por parte de Estados Unidos. Está ahora cumpliendo una condena a 35 años de cárcel. John Kiriakou, ex funcionario de la CIA, está cumpliendo una condena a 30 meses de prisión, convirtiéndose en el único oficial de la agencia norteamericana condenado en relación con el programa de tortura de EEUU, no por haber tomado parte en ello sino por haber hablado de ello con la prensa.


También fueron perseguidos por violar la Ley de Espionaje el ex empleado de la NSA Thomas Drake quien denunció al diario The Baltimore Sun un programa de vigilancia de la NSA que violaba la privacidad; Shamai Liebowitz, ex lingüista especializado en hebreo contratado por el FBI que fue sentenciado a 20 meses de cárcel por entregar informaciones clasificada sobre Israel a un bloguero (las informaciones que filtró son aparentemente tan secretas que ni el juez que le juzgó conoce el contenido); el analista del Departamento de Estado Stephen Kim, acusado de violar la Ley de Espionaje por entregar a Fox News información sobre el programa nuclear de Corea del Norte; Jeffrey Sterling, ex oficial de la CIA quien supuestamente reveló al reportero de The New York Times, James Risen. información clasificada sobre un fallido intento de la CIA para sabotear el programa nuclear iraní y Donald J. Sachtleben, un ex técnico en explosivos del FBI que trabajaba como contratista en esa entidad, condenado por entregar a Associated Press información sobre un plan terrorista desarticulado en Yemen.


Todos ellos han sido perseguidos por violación de la Ley de Espionaje de 1917, una ley aprobada durante la primera guerra mundial para contrastar las actividades de espionaje de enemigos extranjeros. La administración Obama está ahora utilizando esta ley para castigar la divulgación de informaciones no a gobiernos enemigos si no a la prensa.


También ha denunciado que los periodistas de investigación están "intimidados y perseguidos por exponer el alcance de las actividades secretas del gobierno". ¿De qué tipo es esa persecución?


En su afán de encontrar las fuentes de información clasificada publicada por la prensa, el gobierno llegó a registrar las comunicaciones y los movimientos de los reporteros. En algunos casos hasta los citó en los tribunales para que declararan quién eran sus fuentes. Les puede pasar a periodistas galardonados con el Premio Pulitzer y empleados de grandes medios como AP, The New York Times o Fox News por publicar información filtrada sobre temas de seguridad nacional. Los periodistas independientes o los blogueros corren todavía más riesgos. Basta con pensar en el caso de Berret Brown, periodista independiente colaborador de The Guardian y Vanity Fair, quien se enfrentó a una acusación que podía suponerle 105 años de cárcel para haber publicado un hipervínculo a una serie de documentos confidenciales de la agencia privada de inteligencia Stratfor hackeado por Anonymous. Estuvo en prisión más de un año y posteriormente le fue impuesta la prohibición total (a él y a sus abogados) de hablar de su caso con la prensa. Hace pocos días el fiscal retiró las acusaciones.


Resulta evidente la voluntad de intimidar la prensa. Asistimos a un verdadero proceso de criminalización del periodismo de investigación sobre actividades secretas del gobierno. Es evidente que estos graves ataques crean un clima de miedo y desconfianza entre periodistas y fuentes confidenciales que afecta e inhibe la cobertura mediática sobre temas de gran interés publico como son los de seguridad nacional. Los periodistas estadounidenses denuncian que ya los empleados gubernamentales tienen miedo a hablar con la prensa no solo sobre temas delicados sino también sobre temas rutinarios.


¿Por qué piensan que esas medidas, que el gobierno estadounidense justifica con la necesidad de preservar sus secretos de Estado, no son adecuadas ni lícitas? Parece lógico que determinada información del Estado deba permanecer secreta por razones de seguridad.


Por supuesto el Gobierno de EEUU, como el de cualquier otro país, tiene no solo el derecho sino el deber de proteger sus secretos en materia de seguridad nacional. Tiene el deber de proteger sus fuentes y también sus métodos de recolección de inteligencia. Sin embargo recientemente, y en particular a partir del 11 de septiembre, hemos asistido a un abuso del secretismo para cubrir políticas ilegales por parte del gobierno, como por ejemplo el uso de la tortura o la vigilancia masiva de millones de ciudadanos inocentes. La seguridad nacional no puede ser utilizada como excusa para impedir investigaciones independientes y evitar asumir responsabilidades políticas y jurídicas por sus actos ilegales. Baste pensar que por ejemplo el programa de la CIA de homicidios selectivos con drones sigue siendo formalmente secreto. Así que, a pesar de que se hable de ellos en la portadas de todos los periódicos, cuando la Administración es llamada a responder de ello en los tribunales se escuda en el secreto de Estado y así evita todo tipo de responsabilidad. Hay que equilibrar la protección de la seguridad nacional con la necesitad de un control democrático sobre los actos de los gobiernos. Hay que reducir la clasificación innecesaria de secreto de Estado.

 

¿Puede explicar mejor por qué algunas de las informaciones difundidas han permitido conocer violaciones de derechos humanos o han tenido consecuencias penales contra esas violaciones?


Sin la ayuda de fuentes internas al gobierno que hablan bajo condiciones de anonimato y sin las filtraciones de informaciones clasificadas no hubiéramos descubierto los horrores de la cárcel de Abu Graib, los programas de vigilancia de la NSA, el programa de tortura, la existencia de las cárceles secretas de la CIA, los homicidios selectivos, los asesinatos colaterales y muchos otros crímenes. Sin Manning y Wikileaks tampoco hubiéramos conocido la presiones de EEUU sobre el gobierno español y la Audiencia Nacional para que se archivasen las investigaciones sobre el caso Couso, las torturas de Guantánamo y los vuelos secreto de la CIA.


Los filtradores juegan un papel fundamental en la promoción de los derechos humanos, la democracia y en la defensa del Estado de Derecho. Representan una fuente vital de información sobre violaciones de derechos humanos, actos ilegales o mala práctica por parte del gobierno, especialmente cuando son cometidos por las agencias de inteligencia. En estos casos sus revelaciones proporcionan una oportunidad única para fortalecer la rendición de cuentas legal y política de los abusos que de otra manera no serían detectados debido al creciente uso y abuso del secreto del cual hablábamos.


¿Por qué afirman que "la persecución penal y la consideración de los llamados alertadores como 'traidores' o 'espías' y de los que informan sobre sus revelaciones como sus 'cómplices' representa una grave violación del derecho internacional de los derechos humanos?


La criminalización y/o la estigmatización de los filtradores y de los periodistas que dan a conocer a la opinión pública sus revelaciones, como decíamos, tiene un efecto nefasto sobre la cobertura mediática de temas de seguridad nacional, impidiendo un debate libre y público, y consecuentemente un control democrático sobre temas de gran interés. Se trata de una grave violación del derecho a recibir y difundir información, que es un elemento fundamental del derecho a la libertad de expresión, reconocido y garantizado por todos los tratados fundamentales en materia de derechos humanos.


¿Esas medidas del gobierno estadounidense han tenido alguna consecuencia legal en Estados Unidos, es decir, se han pronunciado los jueces respecto a ellas? ¿son legales entonces allí?


Como hemos visto, en muchos casos los tribunales han acogido las peticiones del gobierno. Sin embargo la práctica de formular cargos por delitos de espionaje en contra de personas que filtran información clasificada a la prensa y los ataques contra la prensa, han despertado mucha indignación en los Estados Unidos. Se multiplican los llamamientos a una mayor transparencia por parte del gobierno sobre sus actividades. Los medios de comunicación se solidarizaron con los colegas acosados simplemente por ejercer su profesión.


¿Las denuncias de la Asociación Internacional de Juristas han tenido alguno apoyo por parte de otras instituciones o representantes de la ONU?

 

Varios Relatores Especiales de Naciones Unidas se han pronunciando sobre el tema, criticando duramente la actitud de la administración estadounidense. El relator sobre libertad de expresión, Frank La Rue, declaró que la protección de los secretos de seguridad nacional nunca puede utilizarse como excusa para silenciar la prensa y obligarla a silenciar su trabajo fundamental en el esclarecimiento de violaciones de derechos humanos. El antiguo Relator sobre la promoción y la protección de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo, Martin Scheinin, subrayó en varios informes la necesitad de proteger de represalias legales y disciplinarias a los empleados de agencias de inteligencia que revelan información acerca de violaciones de derechos humanos. Lo misma repitió recientemente la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de Naciones Unidas refiriéndose en particular al caso de Edwar Snowden.


Ustedes han dirigido su acusación a la Administración Obama, ¿no sucede eso en otros países también? ¿por qué es más significativo el caso estadounidense?


Si, por supuesto. El Reino Unido se puso en evidencia por las escandalosas presiones que ejerció sobre el diario The Guardian para impedir la publicaciones de los documentos relativos a los programa de vigilancia masiva por parte de la NSA y del GCHQ. Finalmente el periódico ha sido obligado a destruir, bajo la supervisión de las autoridades, todas las unidades de disco duro de ordenadores que contenían los documentos entregados por Snowden. Además, en agosto de 2013, las autoridades británicas han detenido durante casi nueve horas, en virtud de la Ley de Antiterrorismo a David Miranda, compañero y asistente del periodista Gleen Greenwald, mientras transitaba en el aeropuerto de Heathrow. También le confiscaron el ordenador y otras propiedades personales.

 

Evidentemente estos ataques no pueden ni compararse con la represión y las amenazas que sufren los periodistas y eventuales filtradores en otras partes del mundo, donde muy a menudo son detenidos e incluso asesinados por el simple hecho de ejercer su profesión. El hecho es que Estados Unidos, así como el Reino Unido, tienen una legislación muy avanzada en materia de libertad de expresión y libertad de prensa y todavía más en garantías democráticas para el acceso a la información. Por esa razón su regresión en este campo resulta particularmente alarmante, sentando además un ejemplo muy peligro para otros países.


¿Cuál fue la reacción de los representantes de EEUU tras su intervención en el Consejo?


Ninguna. La verdad es que Estados Unidos permanece siempre bastante impermeables a las criticas.


Pero a otro nivel, ¿qué consecuencias puede tener su denuncia?, ¿cree que puede cambiar algo?


Lamentablemente no se pueden cambiar las cosas con una única intervención. Sin embargo consideramos importante llamar la atención del Consejo de Derechos Humanos sobre el tema y pedirle a que instara a los Estados miembros, y en particular al gobierno de Estados Unidos, a abstenerse del uso excesivo y sistemático del secreto de estado para esconder sus actos ilegales del escrutinio publico; a proporcionar una protección adecuada a los filtradores de información de interés publico relevante por la promoción de los derechos humanos; y a asegurar plena protección a los periodistas en el desempleo de su importante trabajo.


Pensamos que en un futuro cercano el Consejo adoptará algún tipo de medida para proteger a los filtradores. El caso de Snowden despertó mucha expectación sobre las necesitad de intervenir en tal sentido. Durante esta misma sesión el Consejo aprobó una resolución sobre el derecho a la privacidad en la era digital. Nadie puede ignorar de que si avanzamos en este sentido es gracias a las valientes revelaciones del ex contratista de la NSA.


Lo más importante es dar seguimiento a las revelaciones de los filtradores. Filtrar informaciones de este tipo requiere mucho coraje y mucha determinación. Snowden tiene 29 años, Manning tenía 23 cuando fue detenido. Se trata de jóvenes valientes que lo sacrificaron todo en nombre del interés publico. Hay que alentar el debate publico que ellos quisieron provocar con sus revelaciones. Hay que abogar por su protección. Si algo cambiará es, sobre todo, gracias a ellos.

 

Por PASCUAL SERRANO 05/04/2014 09:02 Actualizado: 05/04/2014 09:02

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Viernes, 14 Febrero 2014 06:09

Kapuscinski, Kafka, mujeres (I)

Kapuscinski, Kafka, mujeres (I)

Una de las novedades que trajo la biografía Kapuscinski non-fiction (2010), de Artur Domoslawski, es haber puesto más luz a la vida personal de Ryszard Kapuscinski –cuyo séptimo aniversario luctuoso conmemoramos el pasado 23 de enero–, sus tormentosas relaciones con las mujeres, y la presencia de éstas, o más bien su casi total ausencia, en su obra (aunque el biógrafo no ha sido el primero en notarlo). Y casi, como es sabido, hace una gran diferencia.


Si no las hubiera para nada, lo más que se podría concluir es que... el gran escritor polaco no era un misógino. Pero las pocas ocasiones donde sí aparecen, dan pie a conclusiones más bien incómodas.


En su vida había muchas: la esposa, la hija, la hermana, y también otras. ¿Pero por qué las mujeres no son protagonistas de sus escritos, y cuando están, apenas sirven de fondo para los hombres? ¿Será porque aparte de fuente de apoyo, amor u objetos de admiración, también eran fuente de problemas y relaciones difíciles?


Los problemas, sin embargo, no explican nada. Tomemos por ejemplo – toutes proportions gardées– a Franz Kafka.
Como se sabe, Kafka con las mujeres principalmente tenía problemas; y como había muchas en su vida, también había muchos problemas.
Estaba la madre, con quien Franz tenía un contacto difícil, y las tres hermanas –Elli, Valli y Ottla–, de las cuales sólo con la última fue cercano. En la famosa Carta al padre la describió como la única capaz de oponerse a la tiranía del patriarca (y fue ella quien lo convenció de no mandarla al destinatario).


Habían otras: Felicia, Julia, Milena, Dora, todos ejemplos de relaciones difíciles y de la inhabilidad de comprometerse (aunque Kafka no temía a las mujeres; temía al matrimonio).


Y a pesar de esto –o quizás precisamente por esto–, en sus cuentos y novelas hay gran cantidad de mujeres, toda una pléyade de personajes.
Las necesitaba para escribir y necesitaba escribir para mediar con ellas.


Como subraya Elisabeth Boa, autora del estudio Kafka: gender, class, and race in the letters and fictions, el autor de El proceso usaba los personajes femeninos como si en la literatura quisiera escapar de las verdaderas relaciones de género y dominar mejor a las mujeres.
Están en su Diario 1910-1923, donde describe detalladamente sus tormentos con ellas y sus cuerpos impuros, pero también admira –pocas en aquel entonces– a las mujeres activas en la vida pública.


Están en su vasta correspondencia, gran parte de la cual fue dirigida a ellas: mujeres educadas, liberadas, que no sólo fueron sus amantes, sino también sus compañeras intelectuales.


Aunque la manera de presentar a las mujeres en su prosa es a veces ambigua (hay figuras emancipadas, pero también clichés sexistas), como subraya Boa, Kafka evolucionaba sucesivamente a un lado más cercano a ellas, algo que lo ponía en clara oposición al misógino y antifeminista tono de su época, cuyo principal representante fue el filósofo austriaco Otto Weininger.


Como apunta Michael Löwy, el sociólogo franco-brasileño, en el ensayo Franz Kafka, soñador insumiso (donde analiza el poco conocido episodio del contacto del escritor con los círculos anarquistas de Praga), el motivo de insumisión aparece en Kafka varias veces justamente en la mujer: una de las protagonistas que conserva la auténtica capacidad de rebelarse es Amalia de Castillo –una novela llena de mujeres– la única que desafía su poder (su arquetipo pudo haber sido Ottla).


La Amalia rebelde, según Löwy, representa el individualismo libertario del mismo Kafka.


¿Será una casualidad –pregunta el autor– que los más atentos lectores e intérpretes de Kafka hayan sido mujeres: Hannah Arendt, Marthe Robert, Rosemarie Ferenczi, Marina Cavarocci-Arbid?


En Kapuscinki –otra vez toutes proportions gardées– hay demasiadas pocas mujeres para hablar de tipos de personajes o su evolución; suficientes, sin embargo, para hablar de machismo o misoginia.


Está, sobre todo, Carlotta, la guerrillera angoleña en Un día más con vida.


Aunque representa un excelente material literario y bien podría ser la protagonista del reportaje –una alegoría política o un símbolo de la lucha libertaria–, queda relegada al objeto pasajero del interés de los hombres y encerrada en la mirada masculina: una mulata bonita, aunque no tan guapa, cuya belleza fue creada por los que la miraban (también Kapu).


Hay un fragmento en Viajes con Heródoto sobre mujeres amas de casa; un par de notas en Lapidarios: sobre el busto de una habitante de Berlín, una impresión sobre la mentalidad de las participantes de un concurso de belleza, y algunas más donde las mujeres son apéndices del hombre, y están del lado de la biología y/o el hogar.


En Lapidarios, aunque hay todo un universo de reflexiones, recuento de viajes, encuentros o lecturas, las voces femeninas escasean; raramente admira Kapuscinski los libros o las ideas de las mujeres; casi no habla de intercambios intelectuales con ellas.


Si bien estas notas no llegan al nivel de misoginia por ejemplo de Sándor Márai –el gran novelista húngaro que en sus, dicho sea de paso, sublimes reflexiones Cielo y tierra, duda si las mujeres incluso tienen alma, pueden acceder a los sentimientos altos o al arte de escribir (¡sic!)–, resultan muy sintomáticas.


Como aquella, también de Lapidarios, sobre la mujer como la espera, que Domoslawski pone como el lema del capítulo sobre las relaciones del escritor con las mujeres.


En este sentido es paradójico que en el debate que encendió la biografía las voces de las mujeres: periodistas o críticas literarias –sin mencionar a la viuda o la hija, que desde el principio la rechazaron–, eran, por lo general, las más conservadoras.


Las que podrían tener más razones para aplaudir la deconstrucción de Kapu y su obra sugerida por el biógrafo y querer seguir la pista, más defendían su imagen inmaculada.


Finalmente, tras una larga batalla judicial, la viuda y la hija del escritor en septiembre de 2013 lograron censurar los capítulos polémicos.

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Brasil tuvo más periodistas muertos que México

Brasil desbancó a México como el país latinoamericano donde se producen más muertes de periodistas. Esa es una de las principales conclusiones del informe anual de Reporteros Sin Fronteras (RSF) que se presentó ayer. El documento también destaca que en 2013, 75 periodistas profesionales y 37 periodistas ciudadanos fueron asesinados en el ejercicio de sus funciones; 178 terminaron el año en prisión, y 2160 fueron amenazados o agredidos físicamente por haber intentado informar. Se trata de estadísticas preocupantes y aunque el número de periodistas asesinados disminuyó ligeramente respecto del año anterior, la cifra de secuestros aumentó de forma alarmante.


La ONG con sede en Madrid precisó en su informe que tres periodistas fueron asesinados en Honduras, dos en Colombia y uno en Paraguay, al tiempo que pidió al gobierno de Chile garantías de equilibrio dado que el 95 por ciento de la prensa escrita está en manos de los grupos El Mercurio y Copesa. En México se registraron menos asesinatos –dos en 2013, frente a los seis del año anterior– "porque hay más censura y autocensura", explicó Malén Aznárez, presidente de la sección española de Reporteros Sin Fronteras.


En Brasil, en cambio, la cifra fue la misma que en 2012. Casi todos los homicidios fueron cometidos en el nordeste de Brasil por bandas de narcotraficantes que se mueven en la zona con cierta impunidad. La presidente de la sección española de RSF lamentó que frente al avance de las bandas delictivas los jueces y la policía no actúen correctamente. Los periodistas brasileños asesinados fueron Mafaldo Bezerra, de FM Rio Jaguaribe, quien transmitía los nombres de sospechosos de los crímenes que se denunciaban en la radio, y Rodrigo Neto de Faira, especialista en temas policiales en Radio Vanguarda AM y en el diario Vale do Aco. También mataron al fotógrafo Walgney Assis, compañero de Neto de Faira; al director del diario Hora H, José Roberto Omelas, y al director de Radio Meridional, Cláudio Moleiro de Souza.


En el reporte figuran declaraciones de Verónica Basurto, una periodista mexicana exiliada en España desde hace un año, después de haber recibido amenazas de muerte en su país de origen. Ella explica que el descenso del número de periodistas asesinados en México se debió a la censura del gobierno y a la autocensura de los medios de comunicación, y no a una mejora de las condiciones en las que se desarrolla la profesión. "Si la censura del gobierno se incrementa, habrá más autocensura de los medios", dijo Basurto."La prensa actual no muestra el estado real de México, por lo que calla", agregó la periodista mexicana, que apuntó que muchos periódicos eliminaron de sus páginas la sección policiales. Algunos periodistas mexicanos, señala el texto, denunciaron las deficiencias del mecanismo para la protección de profesionales de los medios y de defensores de los derechos humanos puesto en marcha en octubre de 2012.


Según la ONG, el año pasado fueron secuestrados 87 periodistas, principalmente por grupos islamistas radicales, sobre todo en Siria, país donde se produjeron 49 secuestros. El aumento de secuestrados, en un 129 por ciento, confirma una hipótetis sostenida por Reporteros Sin Fronteras: los periodistas se convirtieron en verdaderos objetivos en los conflictos armados.


Siria, Somalia y Pakistán aparecen otra vez en la lista de países más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo. Y, nuevamente, el mayor número de muertos ocurrió en zonas de conflicto como la provincia india de Chattisgarfh, la paquistaní de Balochistán o la república rusa de Daguestán. Estos datos no excluyen, sin embargo, los asesinatos a manos de grupos armados ligados a organizaciones criminales, las milicias islamistas, la policía y las fuerzas de seguridad y funcionarios corruptos.


En cuanto a las detenciones, una vez más China, Irán, Eritrea y Turquía continúan siendo las prisiones más grandes del mundo para periodistas. Desde RSF destacan que si se trata de señalar una escalada de horror para la información, es necesario volver la vista hacia Siria, donde la represión del régimen de Bashar Al Assad y la presencia de grupos armados islamistas de Al Qaida convirtieron al país en un cementerio. No solamente para la población civil, sino también para los informadores.


En este sentido, 2013 marcó un cambio de tendencia en las llamadas "zonas liberadas del norte", donde los grupos jihadistas multiplicaron los secuestros y asesinatos. Además de esto, ni Irán, a pesar de las promesas de apertura de Hassan Rohani, ni Turquía, que esboza tímidas reformas legislativas, lograron realizar cambios significativos en sus políticas y legislaciones que afectan a la libertad de información.
A pesar de las promesas de ambos gobiernos, los periodistas continúan siendo detenidos y condenados a penas elevadas por intentar informar.

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Lunes, 09 Diciembre 2013 08:37

Defender la palabra

La Fundación Iberoamericana de Periodismo, que fundó hace ya casi 20 años Gabriel García Márquez, acaba de entregar, en una hermosa ceremonia en la ciudad de Medellín, los premios de su concurso anual. La mejor crónica, las mejores imágenes, la mejor cobertura inmediata, la innovación. Y a la cabeza, el premio a la excelencia otorgado a la costarricense Giannina Segnini, del diario La Nación, por su trayectoria de valiente periodismo de investigación, que ha puesto al descubierto sonados casos de corrupción en su país.


El premio a Giannina sirve para recordarnos que la información libre y veraz, creativa y dinámica, será parte esencial de la sociedad del futuro, y hacia ese futuro es que es necesario avanzar, proveyendo a los nuevos periodistas de dos instrumentos esenciales: uno de ellos es la búsqueda permanente de la excelencia: la pretensión imprescindible de ser los mejores; el otro es la coherencia ética sin concesiones al poder, a ninguna clase de poder. Ese zumbido del moscardón en el oído, del que habla García Márquez, debe ser siempre inquietante, un moscardón que para volar necesita de alas. No hay ética sin alas para el vuelo.


Y nos recuerda también que es necesario asumir el desafío de los profundos cambios tecnológicos en la comunicación, los de este valiente mundo nuevo que apenas empieza a ser explorado; y hacer al mismo tiempo que la revolución digital sea una revolución democrática, que multiplique las oportunidades de informar e informarse. Que los espacios electrónicos que hasta hace poco apenas podíamos imaginar puedan ser aprovechados de manera atrevida y creativa, y defender sin parpadeos su libre uso frente a las pretensiones de restringirlo.
Porque otra vez tenemos de frente la vieja lucha entre el arbitrio del poder y la libertad de la palabra, que, sin haber terminado aún en el ámbito de los medios tradicionales, hoy se reabre en el de la comunicación digital. Defender la palabra, para que impere el poder de la palabra. De este modo, la pregunta clave que debemos plantearnos no es si morirán los medios impresos de información, sino si morirá el espíritu de libertad de la información, acosado por aquellos que ven en la difusión de las ideas una amenaza, como en el pasado.


Cuando el poder no es democrático busca pretextos para imponerse, alegando con alevosía valores tradicionales que se basan en la defensa de la soberanía, la seguridad nacional, la seguridad ciudadana, la paz social, el bienestar popular, la moral pública. Y peor que todo eso, cuando se trata de imponer una ideología única. Viejas formas de intolerancia en odres nuevos.


Antes fue el espacio de la letra impresa, hoy es el espacio de la red cibernética, que llena de susto a los custodios de la fe única porque se trata del espacio más libérrimo que ha existido nunca, donde campean toda clase de ideas, propuestas e iniciativas. Que cada quien pueda abrir desde su casa un espacio de opinión que a la vez genera opiniones de quienes leen; emitir mensajes que convocan a miles a debatir y manifestarse, manejar su propia emisora de radio, su propia estación de televisión digital, su propio periódico o revista, publicar un libro volviéndose su propio editor, son cosas que comienzan a ser temidas, amenazadas y restringidas, bajo los mismos viejos alegatos con criterios de abuelitas asustadas o de tías solteronas púdicas calzadas con botas militares.


Mandar a apagar un espacio de información o de opinión en la red o someterlo a leyes o disposiciones arbitrarias hasta asfixiarlo, es lo mismo que mandar a quemar, como en el pasado, libros y periódicos, asaltar las salas de redacción, o poner bombas a las emisoras. Uno de los monumentos más impresionantes que he visto nunca, erigido en contra el fanatismo, está en la plaza de Ópera en Berlín, donde los nazis quemaron miles de libros. Uno se asoma a una ventana que se abre en el pavimento, y lo que mira en el fondo son estantes vacíos. El vacío es lo único que satisface a la represión contra la libertad. Y está allí inscrita una frase de Heinrich Heine que nunca debemos olvidar: Donde se queman libros se acaba quemando personas.


Libros, periódicos, revistas, espacios virtuales de información. Todo puede llegar a ser quemado. Todo entra en el ámbito de defensa de la libertad de expresión, amenazada por regímenes de inspiración mesiánica, que convierten la intolerancia en parte esencial de su credo, y persiguen todo lo que se opone a sus dogmas.


Pero hay otra clase de poderes que también nos amenazan, los del crimen organizado, que tampoco toleran a quienes investigan los alcances cada vez más profundos y disolventes del tráfico de drogas; y estos cárteles no sólo buscan amedrentar a los periodistas para acallarlos, sino que los asesinan, como podemos verlos con aterradora frecuencia en diversos países de América Latina.


Esos periodistas, muchos de ellos de medios de provincia, si no tienen renombre en su mayoría, tampoco tienen miedo. Y sin esa disposición valiente a cumplir con su oficio, el periodismo concebido en su dimensión ética no existiría. Y es a ellos a quienes debemos recordar a la hora de vencer las tentaciones de plegarnos a la comodidad de la autocensura, de ceder a las presiones para no escribir lo que debemos, de renunciar a nuestro espacio de libertad frente a las amenazas o halagos.


Un periodismo que enlace rigor e imaginación, que busque la calidad, la creatividad, la seriedad a fondo. Un periodismo independiente que tenga la valentía de investigar a los poderes públicos y privados, legales e ilegales, que meta el dedo en las llagas de la corrupción y de los abusos, para que nuestras sociedades estén cada vez mejor informadas, y por lo tanto sean más democráticas y tengan mejores posibilidades de desarrollo, de justicia y de equidad.


Hay que darle alas al moscardón de García Márquez, para que cumpla su vuelo inquietante al oído de quien escribe, y de quien lee.


Medellín, noviembre 2013.


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