Miércoles, 23 Marzo 2011 06:09

Hacernos cargo

Durante la década de los noventa, la flexibilización laboral y la desregulación del mercado de trabajo trajo consigo situaciones de precariedad para muchos trabajadores y una idea de profesionales técnicos que se deslindaban de las decisiones políticas. El técnico dejó de verse como un trabajador para convertirse en gerente o consultor, dejando de lado algo insoslayable: independientemente de las intenciones, cada decisión está siempre atravesada por una concepción, por una idea de país. En apariencia, los cuadros técnicos sólo diseñaban herramientas o aplicaban resoluciones en base a decisiones políticas que otros tomaban. Eduardo Basualdo sostiene que para consolidar el modelo de acumulación económica basado en lo financiero que iniciaran las dictaduras militares fue vital “la incorporación al bloque de poder de los intelectuales supuestamente independientes, desligados del sistema político, que percibieron ingresos relativamente elevados a partir de la proliferación de contratos y consultorías que acompañó el proceso de destrucción y transferencia del aparato estatal al privado”.

A pesar de las profundas transformaciones que se han gestado desde entonces en el escenario nacional y regional, principalmente en esta última década, este imaginario de técnico o consultor político despolitizado persiste aún en el discurso de algunos profesionales que forman parte de equipos estratégicos para la gestión, tanto del Estado como de empresas privadas. Todavía resulta confuso el rol de muchos de los que están en esos puestos, siendo “leales servidores” de los intereses de las corporaciones o de políticos con propuestas poco claras. Los comunicadores no escapan de esta consideración. En este contexto, el comunicador se convierte en aquel “técnico” que diseña estrategias para difundir determinados intereses, pero no se percibe como co-responsable de los contenidos ni de las determinaciones que adoptan los decisores.

Resulta fundamental reflexionar acerca de este modelo de profesional y, sobre todo, es sustancial redefinir el rol de los y las comunicadores/as en la sociedad actual. Para precisar: cuando decimos “comunicador” o “comunicadora” pensamos tanto en los periodistas como en los gestores de la comunicación en ámbitos públicos y privados en todo su espectro.

La filósofa española Adela Cortina afirma que toda actividad humana produce “bienes internos” y se ejecuta para un fin determinado. Ninguna actividad se realiza sin objetivos o intereses que concretar, y el “fin de esa actividad es lo que le da sentido y es lo que le da legitimidad social. No sólo necesita legitimidad la política, cualquier actividad necesita legitimidad”. ¿Cuál es el fin de la actividad de las y los comunicadores/as, cuál es la meta de su trabajo, lo que le da sentido a su actividad?

Si creemos realmente que la comunicación es el espacio donde se disputa la producción de sentidos, y que cada acto está per se impregnado de connotación política, es imposible deslindar el trabajo del comunicador y los fines que persigue del sentido político que en definitiva “apoya”. Nadie mejor que el comunicador entiende y sabe que toda acción es comunicativa, implica una elección y provoca determinados impactos. Tiene la habilidad (y la responsabilidad) de saber cuáles pueden ser los “posibles” campos de efectos y sentidos de un discurso o práctica social. Se ha preparado para eso.

Acompañar la gestión de un candidato demagógico no puede comparase con la promoción de acciones para la democratización de la comunicación. Es un contrasentido. Hacer prensa institucional de una empresa que contamina resaltando las propiedades y valores de la misma no resulta igual que trabajar en una campaña para una organización que se preocupa por el cuidado del medio ambiente.

Afortunadamente, también podemos decir que muchísimos colegas trabajan desde un sentido ético y social profundo para fortalecer la ciudadanía en el marco de los derechos. Existen ya muchas experiencias de esta índole y se están multiplicando día a día.

Esta es nuestra responsabilidad: aportar a la visibilidad de las posiciones y las posturas que atraviesan los discursos y las prácticas sociales, asumiendo todo lo que implica apoyar con nuestro rol unos u otros sentidos. Ello supone hacernos cargo de que cuando decidimos trabajar en un lugar inevitablemente estamos acordando (al menos en alguna medida) con los sentidos y valores que allí se construyen y circulan; y, desde esta misma ética profesional, dejar de pregonar la tan mentada como falsa “objetividad” de nuestra labor.

Por Teresita Vargas, l
icenciada en Comunicación Social. Docente-investigadora UNLP/UBA.
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Miércoles, 05 Enero 2011 08:14

Libertad y verdad liberadas

Las revelaciones de Wikileaks y las persecuciones a su fundador, Julian Assange, son el fenómeno 2010 en periodismo, libertad y democracia.
 
Las filtraciones de Wikileaks han sido profusamente comentadas y analizadas por muchos. Por ejemplo:
 
¿Qué es lo que hace que Wikileaks sea el nuevo periodismo?

El periodismo vuelve a ser contrapoder, busca la transparencia y defiende la democracia.
La libertad de expresión y de información vuelve a ser de los ciudadanos y no de los medios de comunicación y de los periodistas.
 
La socialización y el poder de la información es un asunto de complementariedad entre blogueros, Internet, medios tradicionales y redes sociales.
 
El periodismo es investigación. Así, un bloguero que opina su “inteligencia” no es periodista, pero tampoco un experto de CNN, ni un opinador de las páginas editoriales. El periodismo es el que se hace con basa en datos, hechos, fuentes; es investigación.
 
El periodismo es contextualizar y relacionar. Periodismo no sólo es divulgar lo que dice Wikileads o el Twitter de los famosos o el Facebook de los políticos... sino ofrecer criterios de comprensión y poner en relación datos y documentos... sobre todo agregar otras fuentes, brindar contexto, fomentar el análisis.
 
El periodismo vuelve a denunciar y divulgar lo que los poderosos quieren esconder.
 
El periodismo vuelve a ser libre, pero, en Internet y celular.
 
Mientras tanto el viejo periodismo y la vieja política siguen en lo mismo: acusar al que libera información y denuncia al poder; defender al mercado y criticar el disenso. Por eso, el mal ideológico de nuestro tiempo es el “terrorista”. Y terrorista es todo aquel que no guste al poder. ¡Eso es el periodismo!
 
En este contexto, la acción mediática y política es bajar la discusión pública y democrática a los mínimos sensacionalistas. El denominador común es la palabra sexo. Así las acusaciones a Assange no son por ser responsable de “liberar la información... y la verdad” sino por líos sexuales: (i) acostarse con Anna Ardin y que mientras lo hacían, se le rompió el preservativo y continuó; (ii) al día siguiente, Assange se acostó con Sofía Wilen, en la noche con condón, en la mañana sin protección; (iii) ambas denuncian a Assange: Ardin lo acusó de no haberse detenido cuando ella lo pidió y Wilen declaró haber sido abusada en la mañana porque aún dormía. (http://www.elespecta dor.com/impreso/articuloimpreso 240504-julian-assange-prision-48 horas-mas).
 
Y éste es el dilema de los medios: hablar de sexo para vender o ser contrapoder e incomodar a las elites. Por ahora, los medios de comunicación siguen más pendientes del sexo de los políticos... y parece que el periodismo en Internet anda detrás de las perversiones de los poderosos y los gobernantes. Bueno éste es el sueño... porque el tema que más seguidores tiene en Internet es, también, el sexo.
 
Lo cierto de Wikileaks es que ha expresado el potencial del periodismo en Internet; un nuevo periodismo de sólo documentos, colaborativo, combativo y de flujo cuya meta es la denuncia y su arrogancia es defender la libertad. La libertad y la verdad han sido liberadas (un poquito).
 
* Comunicador social. Profesor de la Universidad de los Andes, Colombia.
 

Transferirán el caso de Assange a Corte de GB encargada de terrorismo

 
Londres. El caso del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, será transferido a la corte de Belmarsh, al sureste de Londres, para ser tratado como una cuestión de terrorismo a partir del próximo 11 de enero cuando tendrá lugar la próxima audiencia.
A través de la cuenta de Twitter de WikiLeaks, el sitio confirmó que la justicia británica decidió transferir el caso de Assange a la corte de Belmarsh, conocida por tratar cuestiones relacionadas con el terrorismo.
 
El cambio de corte hace sospechar de que la justicia británica va a retomar las causas contra el fundador de WikiLeaks siguiendo las directrices solicitadas por Estados Unidos, según reportes de la cadena británica BBC.
 
En Belmarsh se encuentra una de las prisiones de máxima seguridad de Reino Unido, donde se retiene a los acusados de terrorismo sin juicio previo. Anmistía Internacional (AI) la considera el Guantánamo británico.
 
De ser juzgado Assange en términos de terrorismo, su detención y confinamiento podrían ser inmediatos y su defensa se complicaría dado que las leyes en el Reino Unido, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, permiten la detención y retención de sospechosos.
 
El fundador de WikiLeaks, un periodista australiano de 39 años de edad, podría pasar a acompañar a los 11 presos que actualmente se encuentran en Belmarsh, sospechosos de terrorismo y a la espera de juicio.
 
Assange se encuentra en la actualidad en libertad condicional en Reino Unido mientras sigue su proceso de extradición a Suecia, donde es requerido para enfrentar supuestas agresiones sexuales contra dos mujeres suecas en agosto pasado.
 
La próxima vista del proceso de extradición a Suecia de Assange está prevista para el 11 de enero, pero hasta ahora se conocía que tendría lugar en el tribunal de Westminster, en Londres.
 
Assange ha denunciado que él y otros miembros de WikiLeaks han sido amenazados de muerte desde que el sitio web comenzó a finales de noviembre pasado a publicar parte de los 250 mil cables que ponen al desnudo la política exterior de Estados Unidos.
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Viernes, 03 Diciembre 2010 10:36

Los documentos secretos de Washington

El gobierno del presidente Barack Obama en EEUU se siente vulnerable frente a la revelación de más de 250 mil documentos de sus archivos secretos que comenzaron a publicarse a fines de noviembre. Los documentos revelan tanto las conspiraciones contra los enemigos de Washington como los engaños cometidos contra sus supuestos aliados.
 
Algunos investigadores están buscando las conexiones entre el colapso del campo socialista, el tráfico de drogas dirigido por EEUU y la “guerra contra el terrorismo”. Al desaparecer la supuesta amenaza comunista de Moscú, EEUU tuvo que crear un enemigo nuevo que tomó una década para definirse – entre 1990 y 2000. La creación de la imagen terrorista de la cultura islámica y la invasión de Irak y Afganistán forman parte de una de los capítulos más confusos de la política exterior de EEUU.
 
El coordinador del grupo llamado WikiLeaks, Julian Assange, quien logró infiltrarse en la red creada por el Pentágono para la distribución de documentos secretos del gobierno, ha sido amenazado por las autoridades de EEUU. Incluso, los suecos han solicitado a la Interpol su arresto por supuesto acoso de dos mujeres de ese país. A pesar de todo, los documentos descifrados fueron recibidos por medios de comunicación europeos y de otras regiones. En EEUU el New York Times comenzó a publicar una selección de los documentos, censurando los más comprometedores.
 
Lástima que Wikileaks no incluye los mensajes de las embajadas norteamericanas con información sobre las guerras secretas de ese país que contribuyen a incrementar - a escala global - las ganancias extra-económicas de la banca internacional en el campo del tráfico de drogas, la venta de armas, la lucha por el control de los hidrocarburos (las actividades especulativas y financieras asociadas al crimen organizado). Tampoco incluye informes sobre el trabajo de las misiones norteamericanas en el extranjero que arrojen luz sobre sus avances en materia de imponerle a todo los países del mundo las políticas de des-posesión neo-liberales. En otras palabras, ingresos que complementan las cada vez más magras ganancias obtenidas mediante la explotación de los trabajadores (la declinación de la tasa de ganancia capitalista).
 
En el caso de Panamá, se destacan los informes secretos enviados por la Embajada de EEUU a Washington antes de la invasión militar que derrocó al general Manuel A. Noriega en 1989. El 20 de diciembre de ese año EEUU juramentó al presidente Guillermo Endara en una base militar norteamericana quien después nombró un gabinete y comenzó a gobernar.
 
En Panamá se desconocen los arreglos post-invasión entre EEUU y los nuevos gobernantes panameños. Las contradicciones que surgieron entre Panamá y EEUU, así como entre los propios gobernantes panameños, que se distanciaron, son una historia que no se ha dado a conocer. La invasión que causó muchas muertes nunca ha sido objeto de una investigación a fondo por parte de Panamá. Incluso, no existe una cifra oficial de los panameños que murieron como causa de la invasión militar norteamericana.
 
EEUU secuestró la totalidad de los archivos de las Fuerzas de Defensa de Panamá (FDP) y sus antecesoras: La Guardia Nacional (1953-1983) y la Policía Nacional (1936-1953). Según investigaciones realizadas por instituciones de varios países, los archivos de las FDP se encuentran en un depósito de en el sur del estado de Florida bajo la custodia del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EEUU.
 
En un despacho de la Embajada de EEUU del 13 de diciembre de 1989, clasificada como secreta, y numerada de la sección 01 de 05 Panamá 08545, se describe la situación política de Panamá y los planes del general Noriega para seguir resistiendo el embargo económico de EEUU. Se refiere a las esperanzas que tiene la oposición al gobierno militar de que se produzca un golpe de Estado.
 
La única parte que está censurada por los encargados de archivar la información se refiere a los nombres de los principales asesores civiles con que contaba Noriega en esa época. Los únicos nombres que aparecen mencionados son los miembros de su Estado Mayor. Todo indica que la Embajada tenía instrucciones de ganarse a estos oficiales. Los documentos se refieren al intento de golpe del 3 de octubre de 1989 como una muestra de debilidad por parte de Noriega. Los agentes norteamericanos no asumen responsabilidad alguna, pero tampoco ven el frustrado golpe del mayor Giroldi y sus compañeros de armas como algo ajeno.
 
Sobre este incidente, el periodista del Washington Post, Robert Woodward, informó en su libro Los comandantes, con lujo de detalles, como los hilos eran manejados desde las oficinas del entonces Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Colin Powel, en coordinación directa con el presidente George Bush (padre). La decisión última para abandonar a Giroldi a su suerte dentro del Cuartel Central, ubicado en El Chorrillo, fue tomada en la Casa Blanca.
 
Muchos de los documentos dados a conocer por WikiLeaks son relativamente recientes. La mayoría se refieren a la forma de percibir el mundo por parte de los diplomáticos enviados por EEUU a trabajar en el extranjero. Los informes diplomáticos insinúan que los líderes africanos son ignorantes, los políticos árabes son corruptos y los europeos irresponsables. La documentación descubierta revela una falta de formación política entre los diplomáticos desplegados por Washington. Sus informes reflejan prejuicios adquiridos en los clubes de los suburbios de las ciudades norteamericanas, más que conocimientos adquiridos sobre el terreno.
 
Panamá, 2 de diciembre de 2010.


Por Marco A. Gandásegui, hijo. Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA
http://alainet.org/active/42735
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Escuchó la expresión "revolución digital" por primera vez en el año 1987 y se dijo: "Este es el camino". Gurú iberoamericano del periodismo en la Red, el clarividente periodista y catedrático brasileño desentraña las claves de lo que se nos viene encima: lo que él llama el ecosistema de medios.

Alves es un gurú en plena crisis existencial. A sus 58 años, tras una década epatando a sus audiencias, tras años de labor "evangelizadora" entre periodistas escépticos ante los formidables cambios que vaticinaba, se encuentra con que la revolución digital ya está aquí. Cada vez quedan menos escépticos que arqueen las cejas durante sus conferencias. "Estoy muy acostumbrado a hablar con dinosaurios. Pero ahora los dinosaurios ya se dieron cuenta de que si siguen en Jurassic Park, van a extinguirse", dice este brasileño afincado en Tejas que habla un español perfecto con leve acento mexicano. Bueno, un momento: estas palabras las pronuncia el señor Rosental Calmon Alves, gran teórico del periodismo en red, mayúsculo gurú iberoamericano del advenimiento de la cosa Internet, hombre adelantado a su tiempo que en 1987 escuchó por primera vez al profesor Andrew Lippman pronunciar las palabras "revolución digital", y se dijo: "Este es el camino".

Sí, fue en 1987. Al joven Rosental le llamaban Rosentélex por sus inclinaciones tecnológicas. Su primera computadora portátil, recuerda, data del año 1983. Pues bien, fue en 1987 cuando, como estudiante en la Universidad de Harvard, oyó las dos palabras mágicas pronunciadas por Lippman, profesor del prestigioso MIT, el Massachusetts Institute of Technology. Cuatro años más tarde, Alves creaba en su Brasil natal una web para brokers. Y en 1995, como miembro del comité directivo del Jornal do Brasil, lanzaba la primera edición electrónica de este periódico centenario que, esta misma semana, ha dejado de imprimirse en papel para convertirse en diario exclusivamente accesible en línea.

Consultor de empresas de comunicación a lo largo y ancho del mundo para el desarrollo de nuevos medios, es presidente de la red de cátedras de Comunicación de la Unesco y organiza todos los años uno de los foros más calientes del periodismo en línea, lugar donde se atisban las nuevas tendencias, punto de encuentro de profesionales de todo el mundo: el Simposio Internacional de Periodismo Online de la Universidad de Tejas.

Cómodamente sentado en un sofá del hotel Lisboa Plaza, adonde acude para participar en una conferencia, Alves carraspea y empieza a hablar de un cambio de paradigma total. Vivimos en la sociedad del prosumer, o sea, del productor-consumidor de contenidos, explica. El consumidor ya no es un ser pasivo que recibe la información empaquetada por otros. La información ya no circula en paquetes cerrados, sino en unidades abiertas, en flujos que se distribuyen por la Red. Nos enfrentamos a una lógica totalmente distinta de la de la sociedad industrial.

Pregunta. Y esa nueva lógica, ¿adónde nos conduce?
Respuesta. Yo soy ciberentusiasta, pero no soy un ciberutópico. La creación de la sociedad en red abre camino a una democratización de la información como nunca se pudo imaginar. Fenómenos como la Wikipedia, el movimiento open source -código abierto, software distribuido gratuita y libremente-, las redes sociales, o el e-gobierno, o sea, la transparencia de los gobiernos que se impone poco a poco, nos conducen a una democratización mayor, hacia un mundo mejor. Pero también hay un lado siniestro, oscuro: la utilización de todos estos mecanismos para evitar esa democratización. Estos mecanismos pueden ser usados para el bien y para el mal.

P. Los periódicos desempeñaron y desempeñan un papel de control de poder, capitanean el periodismo de investigación. En la medida en que el papel vaya convirtiéndose en algo residual, ¿se mantendrá ese periodismo?
R. Yo creo que sí. El capitalismo es lo suficientemente dinámico, flexible y adaptativo; y la existencia de una prensa libre es tan importante en la sociedad que soy optimista, vamos a encontrar una fórmula de mantener este papel del periodismo libre e independiente. Pero será distinto. Espero que sea mejor, incluso. Estamos atravesando una revolución con muy pocos precedentes históricos, es comparable con la que produjo Gutenberg. Pero una revolución no es rápida, está llena de procesos evolutivos complejos. El periódico impreso no se va a acabar de un día para el otro.

P. ¿Cuándo se acabará?
R. No sé. No tengo una bola de cristal, pero creo que los periódicos en papel seguirán existiendo en 2020. El papel será una parte secundaria de una plataforma digital multimedia fuerte. Viviremos en un ecosistema de medios completamente diferente. En la era industrial no es que no hubiera información, pero estaba muy centralizada. Hubo un diluvio digital fortísimo que está inundando y creando caos, desorganizándolo todo, pero también creando la base biológica del nuevo ecosistema, donde están naciendo una enorme cantidad de nuevos organismos. Estamos pasando de los medios de masas a la masa de medios. Pasamos del sistema media-céntrico al yo-céntrico, donde el individuo se transforma en un microorganismo al tener el poder de comunicarse, de intercambiar información, de redistribuir, de mezclar cosas, de hacer sus propios vídeos y colgarlos para que los vean miles de personas. El periodismo va a sobrevivir a eso, pero de una forma diferente. Cuanto antes pueda adaptarse, mejor.

Alves tiene un carrete que da gusto verlo. Arranca a hablar y emerge el conferenciante que habita en él. Hombre inquieto, da la sensación de que le incomoda un momento de silencio o un instante de inactividad. Es de los que no paran. Confiesa que siempre le gustó hacer varias cosas a la vez. "Siempre fui un workaholic [adicto al trabajo]", dice, y le brillan esos ojos negros y despiertos que tiene.

Su carrera como periodista arranca cargada de rimas. "Rosental, reportero policial de O Jornal, ¿tudo legal? [¿todo bien?]". Era su frase cuando hacía la ronda de llamadas a todos los distritos policiales de Río de Janeiro para ver cómo andaba la cosa. Así empezó, a los 16 años, de la mano de su primo, como reportero de sucesos del Jornal do Brasil. Ya por aquel entonces se tiraba horas y horas trabajando en el diario. Como periodista, ha pasado por todo. Fue corresponsal en México, donde escribió sobre las redes del narcotráfico; fue corresponsal en Madrid, en el año 1978... Todo esto antes de abrazar la revolución digital y empezar a recorrer mundo con su labor evangelizadora.

Se muestra muy esperanzado con la emergencia de nuevos microorganismos. Le interesa particularmente la fuerza que en Estados Unidos está tomando el periodismo sin fines de lucro. Señala iniciativas online como la del Texas Tribune: preocupado por la ausencia de periodismo de investigación, un mecenas puso un millón de dólares -776.000 euros- sobre la mesa y recaudó otros tres millones más -2,32 millones de euros-, además de conseguir contribuciones de más de 1.500 personas que aportaron 90 dólares -70 euros- de media cada una. Con ese capital, puso en marcha un equipo de primer nivel y creó una unidad de periodismo caro y de calidad. "Este tipo de iniciativas complementarán al periodismo con fines de lucro en el nuevo ecosistema", asegura. Habla del Voice of San Diego, que creó un brazo de periodismo de investigación sin fines de lucro; y por supuesto, de Propublica, la exitosa iniciativa liderada por el ex Wall Street Journal Paul Steiger que se hizo con el último Premio Pulitzer de periodismo de investigación.

También confía en las posibilidades del llamado data driven journalism, el periodismo que busca en grandes bases de datos. "El acceso instantáneo a bases de datos, por ejemplo, de los gobiernos, nos permitirá ver cómo es administrado el dinero público", ilustra, "esa es una de las conquistas de la democracia moderna, y lo va a ser cada vez más".

P. Los periódicos, en su gran mayoría, parecen replicar sus contenidos tradicionales en la Red, reproducen la lógica del papel. Da la sensación de que el lenguaje de Internet está aún por descubrir, que seguimos muy atados a la era Gutenberg.
R. Sí, el lenguaje de Internet está por descubrir; o está por juntar todo lo que se descubrió. Pero no son los periodistas los que van a descubrir el lenguaje de Internet, son los usuarios. En el sistema media-céntrico del pasado, los descubrimientos los hacían los medios, que creaban productos y los probaban para ver si funcionaban o no. Ahora es la Red quien tiene el poder de la innovación. Las empresas de comunicación están siguiendo a la gente, no es al revés. Lo que se crea en las redes sociales, la producción de los aficionados, los blogs, determinan lo que está por venir. La principal diferencia entre Google y los medios convencionales es que Google trabaja a partir de la perspectiva del usuario; y las empresas de medios trabajan desde la perspectiva de los productos. Diseñan productos y acuden al usuario para preguntarle: "¿Cómo puedo mejorar mi producto?", en vez de ir directamente a ver qué es lo que está haciendo el usuario, cómo reacciona, qué produce y qué consume. Es una lógica nueva, y pienso que la innovación y el nuevo lenguaje van a salir de allí.

P. Crear redes sociales alrededor de los medios, como ha hecho EL PAÍS, que acaba de poner a caminar su propia red social, Eskup, ¿forma parte de esa nueva lógica?
R. Claro que forma parte, es intentar adoptar esa lógica. Pero, una vez más, en eso, los medios llegamos tarde. Véase la fuerza que adquiere un medio como Twitter, y en lo que se ha convertido en dos o tres años. Los medios tradicionales van a seguir llegando tarde porque no consiguen romper la dificultad de la innovación. En primer lugar, porque tienen muchos compromisos con el statu quo: la primera preocupación de un periódico es no canibalizar el papel, por ejemplo. Eso supone una gran limitación. ¿Acaso es mejor que otros canibalicen en vez de canibalizarse uno mismo? Esta es la receta para un suicido: si alguien va a canibalizar tu producto, mejor que seas tú mismo el que lo haga. Los medios están sufriendo los efectos de unas tecnologías disruptivas, una ruptura tecnológica que afecta profundamente a su actividad. Es necesario tener una distancia para poder actuar con fuerza. Hace unos días almorcé con el editor jefe de uno de los principales periódicos de Estados Unidos y le pregunté: "Cuando hablo con directores de medios de países donde aún no se ha producido esa ruptura, ¿qué consejo debería darles?". "Que crean, lo primero, en la web", me dijo. "Que no tarden tanto como nosotros en entender que el futuro es digital y que, aunque no haya ganancia ahora, es necesario aprovechar mientras todavía los medios tradicionales dan dinero para aplicar una parte sustancial de este dinero a los medios digitales. Que entiendan la tecnología y que tengan más tecnólogos en el equipo".

P. ¿Caminamos hacia un futuro de periodistas-programadores? La sección de tecnología de The New York Times tiene una gran reputación por su equipo de programadores...
R. Sí, The New York Times tiene un equipo de 10 personas en el departamento de noticias interactivas. Todos muy jóvenes, y la mayoría de ellos con formación de programadores. Pero más allá de eso, The New York Times es un periódico en el que, hace poco más de un año, el editor jefe dijo: "Ya no somos más una empresa de periódicos, somos una empresa de tecnología". Hay que entender que la revolución digital está transformando productos en plataformas. Un periódico es una plataforma digital. Y tiene que ser entendido de esta manera, como un automóvil, que ya no es más un auto, es una plataforma digital móvil que transmite y recibe información todo el tiempo de forma digital. Será así cada vez más, el auto va a manejarse a sí mismo, apretaremos un botón y diremos: "Quiero ir a casa". Y el auto te llevará a casa.

Queda tiempo para picar algo rápido antes de la conferencia y optamos por el bufé del hotel. Alves apuesta por un arroz con carne y espinacas. Acaba de empezar una dieta que le ha prescrito su médico, pero llegados los postres, no puede sustraerse a los encantos de un delicioso pastel de nata. Cuenta que le inquietan los movimientos que hay en la Red dirigidos hacia el pago de contenidos. "Hay un peligro de que los años dorados de una web libre terminen", se lamenta.

Se muestra confiado con respecto a la publicidad: "En los próximos tres años va a crecer la publicidad online. Se acaba la conspiración de la publicidad barata en la Red. Online, se llega a más gente", dice. Y se despide a lo grande: "Los medios tradicionales tienen que aparcar la arrogancia de las últimas décadas. La arrogancia del poder que da tener las llaves de la puerta. Los medios tienen que abrazar la revolución digital y aceptar que los individuos se apoderen de la Red, intentar sobrevivir en el nuevo ecosistema. La información pasa a ser algo abierto, ya no es una información final, como antes, que se cierra y se publica. La información pasa a ser un proceso dinámico en la búsqueda de la verdad".

De frente y perfil


» Rosental C. Alves, 'gurú digital', brasileño, 58 años.

» Lleva años trabajando como consultor en medios de todo el mundo para asesorarles en su tránsito hacia el mundo digital. Director del Knight Center for Journalism in The Americas en la Universidad de Tejas. Organiza en Austin el Simposio Internacional de Periodismo Online, foro en el que se analizan todas las últimas tendencias.

» En vanguardia: creó en 1991 el primer servicio de noticias online brasileño para brokers y la primera edición digital de Jornal Do Brasil, del que formó parte como miembro del comité directivo.

» Su pronóstico: La publicidad entrará con fuerza en los medios digitales en los próximos tres años e insuflará el aire que necesitan.

» Él: Tiene cuatro hijos y es un adicto al trabajo total: su tiempo libre lo dedica, dice, a navegar por Internet.

JOSEBA ELOLA 05/09/2010
Publicado enInternacional
Miércoles, 11 Agosto 2010 07:34

Ética y noticieros

Apropósito de la reunión en Santa Marta de Santos y Chávez: me llamó mucho la atención, en días pasados, la insistencia con la cual una locutora de CNN en Español le preguntaba a su entrevistado, el canciller de Venezuela, si el presidente Chávez podía demostrar que no había bases guerrilleras de las FARC en territorio venezolano.

Yo siempre había pensado que es una cuestión de sentido común saber que lo negativo no se puede demostrar. Por ejemplo: si uno de mis vecinos me acusa de tener una pistola con la que me he propuesto matarlo, él tiene la posibilidad de demostrar que sí la tengo si es que la tengo: se podría descubrir gracias a un registro exhaustivo de mi propiedad. Pero si yo no tengo una pistola, tampoco tengo la menor posibilidad de demostrarlo, como tampoco, digamos, puedo demostrarle a nadie que no tengo una corbata dorada con lunares color lila, en el caso de alquien me acusara de tenerla.

Esto sucedió poco antes de la invasión norteamericana de Irak del 2003. Estados Unidos tuvo la posibilidad de demostrar que Hussein tenía armas de destrucción masiva si sí las hubiera habido. Lo que no se podía era pedirle, por asesino y tirano que fuera, que demostrara no tenerlas.

Y esto es lo que ha sucedido con Colombia y Venezuela. No le toca a Venezuela demostrar que no hay bases de las FARC en su territorio. Yo no dudo, en lo personal, que las haya, pero eso es otro rollo: si no existen, Venezuela no lo puede demostrar. Le toca a Colombia demostrar que sí existen, si es que existen.

Con una agravante: ¿Con qué cara le exige Colombia a Venezuela que demuestre que no hay bases guerrilleras en su territorio cuando la misma Colombia no sabe dónde están las bases de las FARC en su propio territorio, el colombiano? Y no lo sabe porque, de saberlo, ya habrían acabado con ellas ¿o no? ¿O acaso las FARC –y con ellas las agrupaciones paramilitares de extrema derecha– son más poderosas que todo el ejército colombiano en su conjunto? Más bien es Colombia la que tendría que disculparse con sus vecinos por no haber sabido, por no haber sido capaz de acabar en 20 ¿o 30 años? con un movimiento desalmado y asesino que gracias a las espesas selvas que se dan por esas partes, puede, con gran facilidad, pasar a otros países e infectarlos.

Lo que desde luego Colombia sí puede demostrar es la existencia, en su territorio, de las seis ¿o son siete? bases estadunidenses que no sólo ponen en peligro a la región: son un insulto para toda Latinoamérica.

Es una lástima que CNN en Español, un canal al que todavía respeto, no respete a sus entrevistados y les exija demostrar lo indemostrable.

Pero esta falta de ética no es la única que comete este Canal: cada vez me cuesta más trabajo confiar en la credibilidad de la que tanto hace alarde, mientras más venden su espacio publicitario a productos fraudulentos que dañan a sus televidentes por partida doble: uno, porque les hace gastar dinero en productos mágicos que van a aliviar una buena parte de sus dolencias y hacerles perder peso. Dos, y esto es lo más grave, porque los distrae de los ejercicios y las dietas sanas que, ésas sí, pueden ayudarlos a combatir entre otras cosas su obesidad y prevenir enfermedades como la diabetes.

¿Hay alguna forma de confiar en los medios televisivos? Hace dos o tres semanas, escuché al director del noticiero Visión 40 que llamaba a Chávez tirano y mentiroso y, unos pocos días más tarde, calificaba a Maradona de degenerado. Fue en Londres, en la BBC –en la que trabajé 14 años– que aprendí que un noticiero es lo que es: un programa de noticias en el que no se le endilga a nadie un calificativo. En todo caso, la noticia debe manejarse –o manipularse: toda noticia es manipulable– de manera que el público, por lo que se le dice, y la forma como se le dice, infiera por sí mismo que el personaje de quien se le habla es un tirano, o un hipócrita o un asesino o lo que sea. El caso de Maradona es particularmente escandaloso, porque Argentina no ganó la Copa del Mundo, y no sólo por culpa de su técnico, sino principalmente por culpa de sus jugadores. Si la hubiera ganado, Maradona no sería un degenerado: sería el genial Maradona.

Otra falta de ética, que linda con la irresponsabilidad, es transmitir una noticia que contenga información falsa o alterada. Fue en el mismo noticiero Visión 40 que un joven locutor –bien intencionado sin duda– anunció una tarde que había un problema grave en Israel por la decisión de su gobierno de construir casas habitación en la parte ultraortodoxa de Jerusalén. No fue así: la parte ultraortodoxa de esa ciudad se llama Mea Shearim y en ella sólo viven judíos fundamentalistas. La decisión fue la de edificar viviendas en la zona árabe de Jerusalén, habitada hasta ahora casi en un cien por ciento por árabes de religión musulmana y de ciudadanía israelí. Una ciudadanía, por cierto, de segunda clase, que los despoja de algunos derechos y en cambio les otorga el privilegio de no someterlos al servicio militar que deben cumplir todos los jóvenes judíos por varios años.

Por Fernando del Paso
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El debate es tan viejo como el lenguaje humano. Para algunos la objetividad existe y es algo así como la coincidencia entre “la realidad” y su representación a través de la palabra. Para otros no existe, porque el que habla o escribe es un sujeto histórico, y lo que expresa es apenas su visión desde su particular lugar en el mundo. En medio de esta antigua discusión, ahora se plantea que la búsqueda de la presunta objetividad es, además, uno de los factores que está matando al periodismo. La pasión y la postura personal del periodista quizás sea lo único que le quede a la prensa para salvarse de la debacle.

El filósofo Friedrich Nietzsche (1844-1900) aseguró que “no hay hechos sino interpretaciones” y vinculó el concepto de verdad con el poder: es verdad aquello que el que tiene más poder dice que es verdad, afirmó el pensador alemán. La aristocracia griega, menciona Nietzsche, decía “nosotros los veraces” para definirse a sí misma y dejar claro que de ellos emanaba la verdad.

El psicoanalista Jacques Lacan (1901-1981) indicó que la realidad “tiene la estructura de un relato de ficción”, y consideró que aquéllo que experimentamos como realidad no es nunca la cosa en sí, sino que ya está simbolizada, constituida, estructurada por mecanismos simbólicos. Y esa simbolización, además, nunca logra cubrir por completo lo real. Siempre queda algo por cubrir, por simbolizar, señaló el psicoanalista francés.

El lingüista Oswald Ducrot osó poner en duda lo que nos enseñaron en la escuela. En la clase de Lengua se hace una diferencia tajante entre el discurso argumentativo, donde sí estaría puesta la subjetividad del emisor para convencer de su postura al receptor, y el discurso descriptivo, que, en cambio, sería un “reflejo objetivo” de la realidad. Para Ducrot no se puede trazar tan claramente esa línea divisoria. Y va más allá en su ataque a la objetividad: las descripciones son argumentaciones ya naturalizadas, asegura Ducrot.

La discusión es eterna, farragosa e implica una multiplicidad de factores y variables que atañen a disciplinas como la lingüística, la filosofía, la comunicación social, la semiótica y la hermenéutica, entre otras.

En medio de estas reflexiones, que son tan viejas como las propias palabras, el lugar del sujeto y del objeto se ha puesto más de una vez en el centro de la cuestión. Y la gran pregunta es si la lengua resulta apta para dar cuenta de la realidad, para representarla, para simbolizarla, siendo que siempre va a estar la mediación de un sujeto, quien además actúa determinado por otras tantas mediaciones.

En los últimos años esta antigua cuestión, que aparece una y otra vez y jamás desaparecerá, porque está en el corazón mismo de la cultura lógica y logocéntrica de Occidente, mostró una nueva cara y se incorporó a otro tema de análisis más específico: la objetividad en la prensa. Los ejes del debate pasan por dilucidar si la presunta objetividad existe, si es deseable, si es una excusa vil de los más deshonestos o acaso un anhelo bienintencionado pero condenado al fracaso, entre otras muchas cuestiones. El último avatar de esta polémica tiene que ver, asimismo, con la reflexión, más nueva, acerca del incierto futuro de la prensa escrita. Los diagnósticos en este sentido varían. Algunos ya le dan la extremaunción, y otros plantean que son necesarios profundos cambios para que sobreviva. En una nota publicada en el sitio estadounidense Truth Dig y reproducida en Alternet se afirma que la búsqueda de objetividad está matando al periodismo, porque lo condena a la falta de pasión, a una mirada fría, sosa y hueca, que no transmite sentimientos ni ideologías, ni las posturas personales del testigo de los hechos. Según la nota firmada por Chris Hedges y titulada “La objetividad está matando a los diarios y vamos a estar peor cuando cierren” no hay que echar la culpa de la debacle de los diarios a Internet sino al periodismo “sin sangre y sin alma” cuya existencia puede verificarse incluso entre los medios progresistas, según se afirma.

Hedges plantea una situación cotidiana en una sala de redacción de un diario. El periodista vuelve de cubrir una nota, regresa de ser testigo, por ejemplo, “de lo peor del sufrimiento humano”. El cronista se siente indignado, furioso y conmovido por lo que le tocó ver, pero una vez en el diario se enfrenta con sus jefes, sus editores. Y muchas veces, señala el autor de la nota, es silenciado por quienes están en puestos jerárquicos y se interponen entre la pasión del periodista y el lector. “El credo de la objetividad y el equilibrio, formulado a principios del siglo XIX por los propietarios de los periódicos para generar mayores beneficios de los anunciantes, desarma y deja lisiada a la prensa”, señala la nota de Hedges. “Y el credo de la objetividad se convierte en un vehículo conveniente y rentable para evitar enfrentarse a las verdades desagradables y para no enojar a una estructura de poder. Este credo transforma a los periodistas en observadores neutrales o voyeurs. Se destierran la empatía, la pasión y la búsqueda de la justicia. Los periodistas están autorizados a ver, pero no para sentir o para hablar con su propia voz. Funcionan como profesionales y se ven a sí mismos como científicos sociales desapasionados y desinteresados. Este alarde de falta de parcialidad, impuesto por las jerarquías de los burócratas, es la enfermedad del periodismo estadounidense”, señala el autor de la nota, que se refiere específicamente a la prensa de su país, aunque acaso su análisis bien podría funcionar como disparador para visualizar qué sucede en otras latitudes.

Hedges demuele el mito de las dos caras de la realidad, el cuentito de contar las dos campanas y ese tipo de simplificaciones, siendo que la realidad posee infinitas y cambiantes aristas, afirma el autor. Estas falacias finalmente conducen, se indica en la nota, a publicar la “versión oficial” de los hechos. Es decir la del poder.

Volvemos a la época de la aristocracia griega, entonces. Los más poderosos son los que indican qué es verdadero y qué es falso. Lo pueden hacer directamente o a través de escribas a su servicio. Porque lo que el texto muchas veces oculta bajo el ropaje de la objetividad (y a esto le han llamado “ideología”), es desde dónde, desde qué lugar social e histórico, desde qué intereses particulares se dice lo que se dice. O sea, al servicio de quién, de los intereses de qué actor social, está el texto. O sea que muchas veces sigue ocurriendo lo mismo que durante la aristocracia griega, pero ahora bajo el ropaje de una presunta “objetividad” que es apenas una engañifa.

La opacidad del discurso, su capacidad o incapacidad para reflejar la realidad, sin embargo, no borran en absoluto el límite ético en el ejercicio de la labor del trabajador de prensa. Ese límite es claro, concreto, y preciso. El límite es mentir a sabiendas, tergiversar una información. La mirada subjetiva pero honesta describe lo que ve, desde su particular punto de vista, desde su específico lugar social y económico, pero describe lo que sinceramente ve. El mito de la “objetividad”, en cambio, oculta muchas veces los intereses más inconfesables e inconfesados.

Por eso, los que hablan de “objetividad” y “periodismo independiente” dejan al desnudo, al usar estas expresiones que saben falaces, que cuentan con el alto grado de impunidad de los más poderosos, en principio. Y develan, asimismo, el núcleo duro, el trasfondo más oscuro y oculto de su ideología: desprecian al público, no lo respetan en absoluto, intentan manipularlo en beneficio de sus patrones. Y hablan desde la orgullosa posición de quienes lo hacen en nombre de una élite que ha hecho de la verdad su propiedad privada.

Pablo Bilsky
TMO
Fuente: Nota tomada de argenpress.info
 
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Los diarios La Tercera y La Cuarta fueron multados por las autoridades del Ministerio del Trabajo por 12,6 millones de pesos (24 mil dólares) por mantener a 23 periodistas laborando sin contrato de trabajo, prestaciones sociales, ni seguro alguno, durante una inspección realizada un domingo reciente, según trabajadores de ambos diarios que pidieron reservar sus nombres por temor a represalias de la patronal.

La sanción se aplicó después que una inspección dominical encuestó a numerosos periodistas que trabajan en esos matutinos solamente los sábados, domingos y festivos por salarios ínfimos de hasta 100.000 pesos mensuales (menos de 200 dólares), informaron trabajadores de los matutinos de Álvaro Saieh.

La fiscalización dominical comprobó que ese día en La Cuarta se encontraban 9 periodistas "de sábado, domingo y festivos" sin ningún clase de contrato, en tanto en La Tercera se hallaban 14. La violación de las leyes del trabajo afecta a periodistas que tienen hasta 10 años de antigüedad en la empresa, ingresados en 1999. Los periodistas de fin de semana y días feriados deben permanecer toda la jornada en las oficinas de los diarios, con horario de ingreso definido pero no de salida. Como la fiscalización se realizó a una hora en que muchos profesionales se encontraban reporteando fuera (por lo demás sin ninguna clase de seguro), se presume que en ambos rotativos laboran hasta 50 periodistas en iguales condiciones ilegales.

Las multas ascienden a 15 unidades tributarias mensuales (UTM) por cada uno de los 23 trabajadores encuestados por los fiscalizadores, es decir, unos 7,7 millones de pesos (14.430 dólares) para La Tercera y más de 4,9 millones (9.000 dólares) para La Cuarta. Las sanciones fueron notificadas el 30 de octubre y ahora los representantes legales de cada empresa, Raúl Cruzat de La Cuarta y Francisco Sánchez de La Tercera, tienen un mes para apelar.

La mayoría de los periodistas que ganan 100.000 pesos comenzaron como estudiantes en práctica y se quedaron definitivamente en los diarios, pero sin atreverse a reclamar su situación por temor a ser despedidos. La mayoría de los periodistas que trabajan en sábado, domingo y festivos ni siquiera son conocidos por el resto del sus compañeros de ambos diarios.

Entre los casos más dramáticos relatados por periodistas de esa empresa se encuentra un profesional que fue despedido después de prestar servicios durante 10 años sin contrato de trabajo, imposiciones ni seguro de ninguna clase. El afectado recurrió a los tribunales, pero perdió la demanda por falta de "pruebas convincentes" para los jueces. Para un periodista joven resulta prácticamente imposible llenar un vacío de 10 años de prestaciones sociales, prácticamente un tercio de su vida laborable, y se expone a terminar sus días con una jubilación tan exigua como la de un indigente.

La Tercera y La Cuarta son dos diarios de circulación nacional de la cadena Copesa, de Saieh, quien también posee el banco Corpbanca y la cadena de supermercados Almac, entre otros negocios financieros, mediáticos y de "retail". Al acercarse el bicentenario de la profesión de periodista en Chile, que nació en 1812 con "La Aurora de Chile", un periodista que estudió la carrera en la universidad y terminó sirviendo a estos grandes diarios está más desprotegido que una trabajadora del hogar ("Nana", en chileno, "Cachifa", en otros países de la región).

Ramón Reyes Aravena, presidente del Sindicato 3 de Periodistas de Copesa, y las seis organizaciones sindicales de Fetracose, la Federación de Trabajadores del holding, denunciaron que el gerente general Max Sichel solicitó a la Corte de Apelaciones de Santiago la caducación del fuero sindical del dirigente Luis Isla Vidal, periodista del diario La Cuarta. Reyes Aravena indicó que este atropello a los derechos sindicales "es un caso inédito en el periodismo chileno".

Ernesto Carmona
Por Ernesto Carmona (Especial para Argenpress)
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La muerte de Ryszard Kapuscinski fue seguida por una ola de elogios y homenajes. Pero en lugar de acompañarla intentos serios de leer y estudiar su obra, siguió más bien una “Kapu-trofia”, que antepuso sus títulos menores o más recientes, y despojó su obra del incómodo mensaje crítico y libertario. Abundaban ediciones póstumas y compilaciones de diferente tipo y faltaban intentos serios de releer sus libros. Tras la caída del campo socialista y en sus últimos años, el escritor polaco se dejó llevar, en parte, por la ola intelectual dominante, desarrolló conceptos como “multiculturalismo”, o se desgastó en debatir a Samuel Huntington o Francis Fukuyama. Sin embargo, a la luz de la crisis capitalista cobra enorme actualidad un tema en su obra: el colonialismo.

Kapuscinski fue reportero y corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca (PAP) en el periodo de la descolonización, en los años 50 y 60, en particular en África. Allí, entre los complejos procesos independentistas, encontró el tema de su vida: el poder. Apoyó las luchas por la emancipación y las describió con un profundo sentimiento de participación. Conoció a algunos de su principales actores como Léopold Senghor, presidente de Senegal, poeta y representante de la négritude, o a Kwame Nkrumah, arquitecto de la liberación de Ghana, marxista, ideólogo de panafricanismo, a quien el autor polaco dedicó su segundo libro, profundamente anticolonial: Las estrellas negras (1963).

El hecho de que Polonia no tuvo nunca tuvo colonias (aunque existieron proyectos de conseguir algunas en Madagascar o Liberia) y padeció las ambiciones coloniales de sus vecinos, hizo que Kapuscinski no fuera indiferente. Siguiendo los pasos de Joseph Conrad (Józef Teodor Konrad Korzeniowski), quien describió las aberraciones del colonialismo belga en el Congo en el siglo XIX, ‘Kapu’ se sumó a la denuncia del poder colonial. Bien le pudiera acompañar en este camino Malinowski a quien Aimé Césaire (poeta y político martiniqués) le concedió méritos por explicar el carácter del capitalismo colonizador, pese a las conocidas críticas a su quehacer antropológico. Malinowski se volvería el principal maestro de Kapuscinski mucho más tarde.

Después, trasladó su mirada a otras regiones y otros fenómenos sin abandonar su enfoque del “colonialismo”. A inicios del siglo XXI, habló de la “tercera ola de descolonización cultural” (según él las fases anteriores fueron la decolonización política y la económica), un proceso en curso ya desde hacía un tiempo, basado en la destronización del poder cultural europeo.

Pero al predominar los temas “culturales” se creó la impresión de que se vivía un post-conflicto y que junto con “el fin de la historia”, había llegado el fin del imperialismo y el colonialismo, y que la experiencia de la descolonización era “inútil”. Los llamados colonial studies acabaron en el campo de la crítica cultural. Se decía que en la globalización no había ya colonizadores ni colonizados, porque iba a beneficiar a todos. Quizás la única amenaza radicaba en “el choque de las civilizaciones”, que en parte fue un metódo para ocultar los conflictos e intereses coloniales presentes. En el caso de África, significó encerrar el continente  en el estereotipo de “guerras étnicas” que lo sacudían “desde adentro”.

Pero el tema, tirado por la puerta, regresó por la ventana.

Ante la crisis política en Inglaterra, George Monbiot sugirió en The Guardian que no era la falta de liderazgo, ni el escándalo de excesivos salarios gubernamentales: que la política en Gran Bretaña entró en crisis debido a la crisis de su colonialismo. Su economía ya no podía alimentarse de otras naciones.

A lo largo de tres siglos, las periferias (como India) no sólo le servían como una fuente de acumulación, o el destino de sus exportaciones, sino también como una válvula de escape para externalizar tensiones sociales y hambrunas. Las rebeliones en las colonias permiteron mantener la calma en la metropolí y aunque allí también había pobreza, las catástrofes nunca han alcanzado los niveles que azotaron India. La supremacia financiera británica y la City de Londres como centro financiero fueron construidos gracias a la ventaja comercial con India, sobre los escombros de su industria y agricultura y los cadáveres de los campesinos muertos de hambre. Esta aseveración la podemos ampliar a todo el mundo.

¿En qué consiste la actualidad de Kapuscinski, si según el mismo autor mucha parte de la descolonización se había consumado? Por lo menos tres razones.

Primero. El colonialismo sigue de pie (aunque en crisis). Boaventura de Sousa Santos apunta que el fin del colonialismo formal no significó el fin del colonialismo social, cultural y por lo tanto político: éste continúa hoy en vigor bajo nuevas formas y su articulación con el capitalismo global nunca fue tan intensa como ahora. La  descripción de los “viejos” mecanismos coloniales de Francia, Bélgica, Portugal o Gran Bretaña, hechas por el cronista polaco, así como algunos logros y limitaciones de los procesos descoloniales, sigue siendo de utilidad para distinguir sus diferentes modalidades: colonialismo interno (prácticas de los Estados latinoamericanos hacia sus poblaciones indígenas), o cambiantes prácticas del capital y la privatización del colonialismo emprendida por las transnacionales.

Segundo. El principal tema de sus escritos cómo El Sha, o El Emperador, la centralidad del poder, no pierde relevancia en el momento de emprender el camino hacia la descolonización, aunque aquí también sería pertinente una actualización, con la ayuda del concepto de “colonialidad del poder”, propuesto por Aníbal Quijano (una forma de poder que continuó en las sociedades post-coloniales). Para el caso de África, ayuda a explicar la gran crisis, que dura hasta hoy, en que se hundieron los nuevos Estados donde una élite negra sustituyó a los colonialistas blancos.

En cambio los procesos políticos llevados a cabo por los gobiernos de Correa o Morales, apoyados por los movimientos sociales y lejos de pertenecer o formar una élite, se perfilan como verdaderas descolonizaciones. El nuevo gobierno de Ecuador decidió no pagar su injusta deuda externa y optó por una descolonización económica/financiera. En Bolivia, el gabinete encabezado por un indígena revirtió las relaciones de poderes, para combatir el colonialismo interno.

Tercero. Las historias del ‘Kapu’, al ser caracterizadas por su incansable afán de explicar la diversidad de los continentes colonizados y acompañadas por una nueva propuesta ética, constituyen una vía de salida del eurocentrismo. No son retratos, sino denuncias: Ébano no es una lectura exótica sino crítica; no una serie de cuadros, sino una lista de acusaciones.

Kapuscinski ya no presenció los últimos efectos del colonialismo alimentario (aunque lo sospechaba; en uno de sus Lapidarios anotó: “Ya sabemos como morirá la humanidad: de hambre”). Veía elementos del colonialismo dentro del proyecto neoliberal y en la hegemonía del libre mercado, pero no actualizó (salvo al hablar de la descolonización cultural) su mirada a la luz de las cambiantes prácticas de las potencias y el capital. No teorizaba sobre el colonialismo, lo registraba.

Por Maciek Wisniewski

 

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Martes, 08 Septiembre 2009 06:36

Periodismo ¿No más noticias gratis?

Si los dueños de periódicos cumplen sus promesas, en los próximos meses veremos una retirada decisiva de las noticias gratuitas en la red. Este verano, figuras importantes de los grandes medios, como News Corporation, Axel Springer Verlag y MediaNews, han amenazado con empezar a cobrar. Compañías que representan más de 700 periódicos han expresado interés en las plataformas de pago en línea que desarrolla Journalism Online, nueva empresa estadunidense.

No será fácil. Durante 10 años los lectores han disfrutado de noticias gratis en la red, y estaciones de radio pública como la BBC, así como consorcios de noticias como CNN, seguirán suministrándolas. Un diario que intente cobrar pondrá en riesgo la publicidad en línea, que con frecuencia representa 10-15% de los ingresos. Pero, si bien hay muchos obstáculos, también hay muchas soluciones potenciales.

El enfoque más simple, favorecido por un número creciente de periódicos regionales en EU, es construir un muro de pago alrededor de prácticamente todas sus noticias. Con frecuencia, pero no siempre, se permite a los suscriptores de la edición impresa leerlas sin cargo. Todos los demás deben pagar, a menudo mucho. El Daily News de Newport, pequeño periódico de Rhode Island, comenzó a cobrar recientemente 345 dólares al año por el acceso en línea.

Simulacro digital

Pocos pagan semejantes sumas. Cada día, 170 mil personas compran la Arkansas Democrat Gazette, en comparación con apenas 3 mil 500 suscriptores en línea. “No se justifica como fuente de ingresos”, reconoce Walter Hussman, editor del diario. De hecho, el muro de pago de la Democrat Gazette es más bien un dique para contener la fuga de lectores (y por tanto de anunciantes) de la edición impresa. De 2002 en adelante, cuando el periódico comenzó a cobrar en línea, su circulación diaria promedio se ha reducido menos de 1%, menos que la mayoría de periódicos.

Algunas publicaciones han tratado de cobrar por un simulacro digital de sus ediciones impresas, con un diseño más familiar que el de sus sitios web, que a menudo se pueden descargar como una sola página. El Süddeutsche Zeitung vende un “e-diario”, al igual que el New York Times, bajo la forma del elegante Times Reader. Este último es también uno de los muchos periódicos que han creado aplicaciones para el iPhone de Apple, el Kindle de Amazon y otros dispositivos móviles. Muchos editores esperan que las personas acepten la idea de pagar por las noticias en el celular, así como pagan por los mensajes de texto. Pero la frontera entre las computadoras y los móviles se va borrando conforme aparecen nuevos artilugios de distintos tamaños (ver recuadro).

Otra opción es cobrar sólo por algunos contenidos. En Gran Bretaña, donde la feroz competencia entre los diarios nacionales hace impensables los muros de pago totales, los periódicos cobran por tips para resolver crucigramas y por la participación en ligas deportivas de fantasía. Los diarios alemanes cobran comúnmente por escritos de sus archivos, aunque no sean tan antiguos. La teoría es que una persona que rastrea una noticia vieja o una pista para un crucigrama tiene suficiente interés para pagar por el servicio.

El mayor exponente del enfoque de nicho, con más de un millón de suscriptores en línea, es el Wall Street Journal. Más o menos la mitad de sus textos –por lo regular notas financieras y reportes de negocios– están protegidos por un muro de pago, aunque son gratuitos si se accede a ellos vía Google News.

Este enfoque es mucho más difícil de emular de lo que parece. Entre 2005 y 2007 el New York Times cobró suscripción para leer a los columnistas más populares en línea. Puso fin al experimento porque parecía reducir el tráfico hacia el sitio y ponía en riesgo los ingresos por publicidad. Los Ángeles Times abandonó el intento de cargar por sus notas de arte por la misma razón. Un periódico que quiera seguir el ejemplo del Journal debe producir contenidos que tengan un público específico y sean útiles.

El Financial Times (propietario de parte de The Economist) pone un contador a sus lectores y cobra a los que consultan más de 10 escritos por mes en línea. Este modelo tiene una gran ventaja: es más fácil de ajustar que un muro de pago. Por ejemplo, un periódico puede responder a un mercado boyante de publicidad permitiendo a las personas leer más información gratis cada mes.

En el trasfondo asoman métodos que han sido más discutidos que intentados. El primero es cobrar a los lectores por textos individuales, lo cual funciona en música. Los experimentos con “micropagos” se han visto contenidos por el hecho de que las noticias son más perecederas que las canciones, y por los costos de transacción. Pero los pagos de bajo monto se están volviendo más baratos y fáciles de procesar. Tanto el Journal como el FT han insinuado que podrían probar este método.

Un enfoque final es acosar a los buscadores en línea, como Google News, que ofrece un índice de noticias, para que concedan una porción de sus ingresos por publicidad. Eso produciría al menos alguna satisfacción emocional.

Fuente: EIU

Traducción de texto: Jorge Anaya
 

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Miércoles, 08 Julio 2009 06:36

Escribir a dieta

Hace años, en todos los periódicos trabajaba un gordo dedicado al arte de corregir la puntuación. Mientras otros sudaban en el lugar de los hechos, él leía con ojos de cazador. De tanto en tanto, chupaba un lápiz como quien prueba una golosina y tachaba un gerundio. No necesitaba consultar diccionarios porque había engordado a fuerza de adquirir palabras.

El corrector obeso era la versión extrema del periodismo sedentario. Su cuerpo expresaba autoridad. Aunque odiáramos sus enmiendas, lo veíamos como a un Buda cuyo paradójico don consistía en suprimir el adjetivo que tanto nos gustaba.

En un diario español conocí a uno de esos gordos, que además tenía el tino de apellidarse Grasa. Nadie se burlaba de él. Su nombre parecía heráldico, digno de su especialidad.

Los correctores perdieron importancia desde que la computadora prometió hacer esa tarea. El gran gordo desapareció mientras las redacciones se llenaban de gorditos.

Los reporteros se ejercitan menos; ya no persiguen las noticias a pie, sino que las buscan en las pantallas. Un oficio de flacos (recordemos al periodista famélico dibujado por Abel Quezada) se ha convertido en una tarea donde la barriga ya no es exclusividad del corrector en jefe.

Internet ha traído numerosos cambios culturales. No vamos a demonizar aquí algo bueno e inevitable, como la lluvia o el teléfono, pero es un hecho que los inventos ponen nerviosa a la gente. La fotografía anunció el fin de la pintura, el cine el fin de la fotografía, la televisión el fin del cine y la computadora el fin de la televisión. El resultado suele ser el opuesto. Cada nueva tecnología prestigia a la anterior: el plástico ennoblece al vidrio, el vidrio al bronce y el bronce a la piedra.

Las fotos polaroid, que parecieron el non plus ultra de lo moderno, acaban de desaparecer para siempre, convirtiendo a sus cultores -de Andy Warhol a David Hockney- en artistas de una edad pretérita.

Dentro de 50 años será imposible encontrar un sistema operativo para leer un CD con la información que hoy podemos grabar. En cambio, se leerán libros caligrafiados hace 2 mil años.

Internet refrendó la fuerza de la cultura de la letra. No podemos vivir sin escritura. La constelación que una vez se trazó con tinta de calamar, ahora brilla en nuestras pantallas.

Sin embargo, ante la galaxia Google, el periodismo impreso ha tenido un ataque de ansiedad. En vez de realzar sus recursos, imita los ajenos. Como la información en línea es muy solicitada, los periódicos tratan de parecer páginas web (menos letras, más imágenes, tips que simulan ser links...).

La reacción debería ser la contraria. Si en la pintura el abstraccionismo mostró lo que no puede hacer la fotografía, el periodismo impreso debería ofrecer lo que no funciona en la red: textos larguísimos para gente que conoce la calma. El periódico italiano La Reppublica es un buen ejemplo al respecto. Se lee al ritmo que impone el papel. Hace poco, uno de sus temas de portada fue la descripción de un beso. Es cierto que el autor era Orhan Pamuk, pero pocos diarios lo hubieran considerado digno de primera plana.

Lo curioso es que mientras se reduce el periodismo de investigación y se eliminan suplementos, las revistas ganan adeptos, demostrando que hay gente dispuesta a leer textos más extensos que los de las cajas de cereales.

La red se ha convertido en su propio tema: es el horizonte de los acontecimientos. En vez de acudir al lugar de los sucesos, el reportero vigila la realidad virtual. Como todos pueden llegar ahí, la competencia se basa en la homologación. El triunfo de conseguir algo único es menos decisivo que la derrota de perder lo que los demás consiguieron. La novedad tiene un criterio estándar.

Otro efecto secundario de internet es la disminución de corresponsales extranjeros. La red es una plaza sin patrias donde se intercambian datos de todas partes. Los enviados especiales se han vuelto caros y en cierta forma desconfiables: ven de manera peculiar un mundo que aspira a la norma.

Para colmo, en muchas ocasiones el reportero debe escribir un texto aplicable a varios formatos (el periódico impreso, la información en línea, el boletín de radio o televisión). Por lo tanto, ofrece una materia neutra donde los giros personales se evitan como grumos en el arroz con leche.

El periodismo sin señas de identidad permite que alguien comente: "ese texto es demasiado literario". La frase debería ser tan rara como la de un chef que dijera: "ese guiso es demasiado gastronómico". Casi siempre, la objeción se refiere a que el texto es complicado. La claridad es un requisito de la prensa (el desembarco en Normandía no se puede comunicar como un poema dadaísta), pero el miedo a la diferencia ha llevado a renunciar a los adverbios y los adjetivos.

Al alejarse de su esencia, la prensa escrita pierde lectores en todas partes. Mientras los periódicos adelgazan, los periodistas engordan.

No será por mucho tiempo. No hay vida sin historias. Nada más urgente que la crónica de un beso.

Juan Villoro
Reforma

http://lafragua.blogspot.com/2009/07/escribir-dieta.html

 

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