Miércoles, 18 Abril 2012 06:52

Periodismo, oficio referencial

Periodismo, oficio referencial

“El ministro de Asuntos Exteriores de Taiwan exigía The New York Times todas las mañanas como prueba necesaria de la existencia de la Tierra. Era un barómetro de su presión, un evaluador de su cordura. Si el mundo existía, él sabía que eso sería debidamente atestiguado cada día en el Times.” Así describe el documental Page One el eco tenue de lo que alguna vez todos le hemos endilgado al oficio periodístico: aproximaciones certeras a la realidad para certezas aproximadas sobre el mundo. En Argentina versión 2012, esa función referencial deambula grogui por la cornisa donde independismo y militancia se disputan a empujones la patria potestad del ¿verdadero? ejercicio de un oficio que los excede.
 

Las disputas intrínsecas a la práctica periodística que hoy presenciamos, lejos de profundizar los debates sobre cómo refundarla de cara a los cismas tecnológicos y económicos del nuevo siglo, le dan mecha a un fenómeno con tufo a nocivo: la tergiversación del referente. En la maraña del combate, la información se va entremezclando difusamente con la opinión al tiempo que la referencia “real” del discurso es trastrocada con recursos ficcionales y efectos técnicos. Atrás quedaron los días en los que ministros taiwaneses y lectores pedestres aseguraban sin titubear que el periodismo era quien daba cuenta de hechos sociales y que, por lo tanto, esos hechos narrados funcionaban circularmente como los “referentes” del discurso. Lo dice la radio que dice el diario, decían.
 

Desde hace algunos años, las teorías sobre la comunicación mediática vienen postulando que el ocultamiento de las operaciones discursivas de construcción de la realidad es asegurado por la intervención de las ideologías periodísticas profesionales. En nuestra contemporaneidad, el mensaje periodístico yace rehén del efecto ideológico; efecto que no se ubica necesariamente en una tendencia político-editorial determinada. Hace unas semanas, los diarios Clarín y Tiempo Argentino publicaban títulos antagónicos sobre el complejamente abordable tema de la minería. “El kirchnerismo volvió a defender la megaminería”, publicaba el primero, mientras que el otro titulaba “La doble moral ambientalista de los diarios de Mitre y Magnetto” (16/2/2012). Ocultamiento y selección ideológicamente intencionada, dos operaciones básicas y cotidianas del periodismo actual.
 

A fuerza de caer en iteraciones innecesariamente presentes dentro de la propia construcción del discurso informacional diario, viene a cuento mencionar que la práctica periodística no puede ejercerse de manera neutra y sin los condicionamientos del medio en el que se desarrolla. Lo particular de nuestro aquí y ahora es que se observa –¿o se evidencia?– como nunca de qué manera esos intereses operan sobre el mensaje. El dilema que el oficio delega fuera del ringside periodístico resulta excesivo e inconducente: la tarea de informarse va mutando de legítima puesta en práctica de un derecho tan esencial como la democracia misma hacia una operación de rastreo paranoico sin fin.
 

Con la ruptura unilateral de pactos de lectura múltiples, las empresas periodísticas se están cargando a babucha el capital social del periodismo como institución. Detener este acarreo hacia el abismo resulta urgente. La misión es salir de esta encerrona, replanteando una noción de verdad y ética que reconozca los intereses reales dentro de los cuales la práctica periodística es ejercida. Una instancia superadora, por ejemplo, implicaría construir espacios de reflexión intra y extra muros capaces de abordar críticamente adjetivos, etiquetas, intereses de corporaciones y condiciones laborales que están obturando el pensamiento presente y futuro de la práctica periodística. Es a partir de zanjar estas discusiones que podrá refundarse la práctica periodística bajo un nuevo acuerdo deontológico y profesional que le devuelva su credibilidad. Sin esto, la legitimidad social del periodismo corre serio riesgo de supervivencia.
 

Mientras tanto, en Taiwan, el ministro de Asuntos Exteriores vigila el zócalo de su puerta. Suspira nostálgico; aún guarda ciertas esperanzas de que el evaluador de la cordura propia vuelva a deslizarse hacia sus manos. Que la Tierra exista espera. Y que el periodismo también. Esperamos.
 

 Por Fernando Martínez y Luis López, integrantes del Departamento de Comunicación de la Sociedad Internacional para el Desarrollo, Capítulo Buenos Aires (www.sidbaires.org.ar).
 

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La periodista Mar Gallego recibió el premio en Málaga (España) el pasado ocho de marzo
Se trata de la XIX edición del Premio de Divulgación Feminista “Carmen de Burgos”, convocado por la Asociación de Estudios Históricos sobre la Mujer (AEHM) de la Facultad de Filosofía y Letras de Málaga. La periodista española e investigadora en género, Mar Gallego, se hizo con el primer premio con un artículo que reflexionaba sobre el papel de las mujeres populares colombianas que viven con el VIH. El artículo –publicado en desdeabajo en Julio-Agosto de 2011– hacía un recorrido por la lucha de la Red Nacional de Mujeres Populares Tejiendo (VIHDA) y de la Fundación Huellas de Arte ante la necesidad de visibilizar el tema bajo los términos de “feminización de la epidemia”.

La coordinadora de la Red Nacional y directora de Huellas de Arte, Mayerline Vera, aseguró tras recibir la noticia que “el artículo había sido el que mejor ha reflejado su realidad con respeto y llevando el mensaje de una manera clara, sin buscar el sensacionalismo”. Por su parte, Mar Gallego ha reiterado la valiente apuesta de desdeabajo por apuntarle a la apertura de un espacio dedicado al género en Colombia y por haberle dado la oportunidad de realizarla. Así, los artículos publicados por la periodista en este medio han abordado cuestiones como la diversidad sexual, la Interrupción Voluntaria del Embarazo y la represión sufrida por estudiantes de colegios colombianos a causa de la elección de una identidad no normativa.




La creación del Premio “Carmen de Burgos” data del año 1993 bajo la vinculación al Vicerrectorado de Extensión Universitaria. Actualmente es convocado cada año y es de ámbito nacional (español). Su objetivo es el de “reconocer la labor de divulgación en el campo de la temática feminista” premiando artículos publicados en periódicos y revistas que apuesten por la reflexión “sobre la situación social, histórica o vivencial” de las mujeres bajo el fin de “enriquecer los actuales planteamientos feministas”. La elección la realiza un jurado compuesto por ocho especialistas designados por la propia Asociación de Estudios Históricos sobre la Mujer pudiéndose declarar desierto si los trabajos presentados no presentan la calidad exigida.

Mar Gallego es periodista por la Universidad de Sevilla y Máster en “Género, Identidad y Ciudadanía” por la Universidad de Cádiz. En su trayectoria profesional, ha trabajado en medios como la Cadena Ser (Sociedad Española de Radiodifusión), decidiendo posteriormente especializarse en género desde donde se desenvuelve como comunicadora e investigadora. En este campo, ha realizado diferentes trabajos: el análisis del silencio de las mujeres como resistencia a un lenguaje normativo en la temática fílmica y/o una investigación sobre experiencias exitosas de mujeres que han roto el ciclo de la violencia en Colombia que, junto a Liza García, se desarrolló en el Programa Integral Contra las Violencias de Género (ONU Mujeres). Entre sus últimas iniciativas, se encuentra la aportación de una sección especializada en género en el periódico desdeabajo. 
Publicado enEdición 178
Reporteros de guerra: la verdad incómoda
Se necesitó mucho valor para entrar en Homs; Sky News, luego la BBC, luego unos cuantos hombres y mujeres valientes que fueron a contar al mundo las angustias de la ciudad, mismas que, al menos en dos casos, ellos sufrieron en carne propia. Sin embargo, apenas esta semana pude reflexionar en lo bien que llegamos a conocer el nombre del indomable fotógrafo británico herido, Paulo Conroy, y en cambio qué poco sabemos de los 13 voluntarios sirios que al parecer fueron abatidos por francotiradores y proyectiles cuando iban a rescatarlo. No es culpa de Conroy, por supuesto. Pero me pregunto si conocíamos los nombres de esos mártires, o si siquiera intentamos descubrirlos.

Hay un tinte ligeramente colonialista en todo esto. Nos hemos acostumbrado tanto al desenfadado heroísmo de la versión cinematográfica de los corresponsales de guerra, que de algún modo se han vuelto más importantes que las personas de las que informan. Se supone que Hemingway liberó a París –o por lo menos el bar de Harry–, pero, ¿habrá un solo lector que recuerde el nombre de un francés que haya muerto liberando a París? Recuerdo a mi intrépido colega de la televisión Terry Lloyd, muerto por los estadunidenses en Irak en 2003, pero, ¿quién puede nombrar a uno del cuarto de millón de iraquíes muertos a consecuencia de la invasión (aparte de Saddam Hussein, claro)? El corresponsal de Al Jazeera en Bagdad fue abatido por un ataque estadunidense a la capital iraní ese mismo año. Pero, levante la mano el que recuerde su nombre. Respuesta: Tareq Ayoub. Era palestino; yo estuve con él el día anterior.

La chamarra antibalas se ha vuelto el símbolo de casi todo reportero de televisión en una guerra. No tengo nada contra esas chamarras; en Bosnia usé una. Pero cada vez me incomodan más esos reporteros en sus trajes espaciales azules, parados en medio de las víctimas de la guerra a las que entrevistan y que no gozan de tal protección. Sé que las aseguradoras insisten en que los corresponsales y técnicos lleven esos atuendos, pero en las calles se da una impresión distinta: que de alguna manera las vidas de los reporteros de Occidente son más preciosas, más meritorias, tienen más valor intrínseco que las de los civiles extranjeros que sufren a su alrededor. Hace años, durante una batalla en Beirut, un periodista de televisión que llevaba uno de esos envoltorios de acero de 60 kilos me pidió que me pusiera uno mientras me entrevistaba. Me negué, así que no hubo entrevista.

Un fenómeno igualmente incómodo apareció hace 15 años. ¿Cómo soportan los reporteros la guerra? ¿Deben recibir consejo profesional por sus terribles experiencias? ¿Deben buscar un cierre? La Press Gazette me pidió un comentario; decliné la petición. El artículo que publicaron volvía una y otra vez sobre los traumas que sufren los periodistas, y luego daba a entender que los que desechan la ayuda sicológica son alcohólicos. O perorata sicológica o botella de ginebra, no había de otra. La terrible verdad, desde luego, es que los periodistas pueden volar a casa si las cosas se ponen rudas, en primera clase, con un vaso de vino espumoso en la mano. La pobre gente sin chaleco que dejan detrás –con pasaporte de parias, sin visas extranjeras, tratando desesperadamente de evitar que el baño de sangre salpique a sus vulnerables familias– es la que necesita ayuda.

El romanticismo asociado a los reporteros de guerra quedó en evidencia en el preludio a la guerra del Golfo, en 1991. Toda suerte de periodistas extranjeros llegaron a Arabia Saudita con arreos militares. Un estadunidense hasta llevaba botas camufladas con hojas pintadas, aunque basta una ojeada al desierto para darse cuenta de la ausencia de árboles. Extrañamente, descubrí que en la soledad del desierto real muchos soldados de verdad, en especial infantes de marina estadunidenses, escribían diarios de sus experiencias y hasta me los ofrecían para publicarlos. Los reporteros, al parecer, querían ser soldados, y los soldados querían querían ser reporteros.
Esta curiosa simbiosis queda de manifiesto cuando los reporteros de guerra hablan de su experiencia de combate. Hace tres años, en una universidad estadunidense, tuve el placer de escuchar a tres veteranos de la guerra en Irak y Afganistán imprecar a un periodista que usó esa frase espantosa. “Disculpe, señor –le dijo uno con cortesía–, usted no ha tenido ‘experiencia de combate’; usted tuvo ‘exposición al combate’. No es lo mismo.” El veterano entendía el poder del desdén sereno: no tenía piernas.

Todos hemos sido víctimas de esos reporteros que claman Observé con horror / Proyectiles que pasaban chirriando / Me detuvo el fuego de proyectiles-ametralladoras-francotiradores. Sospecho que recurrí a eso allá en Irlanda del Norte, a principios de los años 70. Sin duda lo hice en el sur de Líbano a finales de esa década. Me da vergüenza.

Si bien damos testimonio personal de la guerra –frase que también me causa incomodidad–, esa especie de Diario del Muchacho Valiente es un signo de fanfarronería. James Cameron lo captó bien en la guerra de Corea. Cuando iba a desembarcar con las tropas estadunidenses en Inchon, notó “en medio de todo, si tal cosa es concebible, un bote vagabundo marcado con grandes letras, ‘PRENSA’, lleno de corresponsales agitados y belicosos, que intentábamos pasar por muy resueltos al descender en la Ola Uno, mientras tratábamos desesperadamente de discurrir algún método honorable de escurrirnos a la Ola 50”.

Y quién puede olvidar las palabras de la periodista israelí Amira Haas, reportera de Haaretz en Cisjordania ocupada, a quien cito a menudo. Ella me dijo en Jerusalén que el trabajo del corresponsal extranjero no es ser el primer testigo de la historia (mi propia deplorable definición), sino vigilar a los centros de poder, en especial cuando van a la guerra, y sobre todo si intentan hacerlo con base en un montón de mentiras. Sí, todo el honor a quienes reportaron desde Homs. Pero aquí va una idea: cuando los israelíes desencadenaron su cruel bombardeo de Gaza, en 2008, prohibieron a todos los reporteros entrar en el teatro de guerra, tal como los sirios intentaron hacer en Homs. Y los israelíes tuvieron mucho más éxito en evitar que nosotros los occidentales viéramos el baño de sangre.

Las fuerzas de Hamas y el Ejército Sirio Libre en Homs tienen mucho en común: los dos eran cada vez más islamitas, los dos se enfrentaron a un poder de fuego superior, los dos perdieron la batalla, pero fueron los reporteros palestinos quienes quedaron para cubrir el sufrimiento de su pueblo. Hicieron un trabajo espléndido. Curioso, sin embargo, que las salas de prensa en Londres y Washington no mostraron el mismo entusiasmo para meter a su gente en Gaza que en Homs. Es sólo una idea. Muy triste, por cierto.

© The Independent
Traducción: Jorge Anaya Robert Fisk
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Domingo, 19 Febrero 2012 08:49

¿Periodistas? ¿Qué periodistas?

¿Periodistas? ¿Qué periodistas?
El teniente coronel Daniel L. Davis tiene rigor moral: después de un recorrido de 15.000 km por muchas provincias de Afganistán que duró doce meses, publicó en el Armed Forces Journal –único medio estadounidense de información independiente sobre cuestiones militares– un artículo cuya primera conclusión es tajante: “Lo que vi no concuerda con las rosadas declaraciones oficiales de jefes de las fuerzas armadas de EE.UU. sobre las condiciones imperantes en el terreno” (www.ar medforcesjournal.com, febrero de 2012). El texto fue dado a conocer on line y se titula “Verdades, mentiras y Afganistán. De cómo los líderes militares nos han decepcionado”. Davis detalló el concepto en una entrevista concedida al New York Times (www.nytimes.com, 5/2/12) y en un largo documento que publicó Rolling Stone (www1.rollingstone.com, 11/2/12).

El teniente coronel entrevistó a 250 efectivos propios, de soldados a comandantes de división, a miembros del ejército y la policía afganos y a ciudadanos y campesinos corrientes. Los altos mandos declaran ante el Congreso que se está ganando la guerra gracias al aumento del número de tropas y a que el entrenamiento de fuerzas locales avanza con solidez, pero Davis afirma: “Comprobé la ausencia de logros virtualmente en todos los niveles, los soldados nacionales negocian con los talibán... éstos dominan buena parte del territorio”. Y pregunta: “¿Cuántos estadounidenses más deben morir en aras de una misión sin éxito y después de más de siete años de consideraciones optimistas de nuestros altos mandos en Afganistán? Nadie espera que nuestros líderes tengan siempre un buen plan. Pero sí esperamos –y los hombres que luchan y mueren lo merecen– que nos digan la verdad sobre lo que está sucediendo”.

Davis toca un punto central: analiza por qué ese triunfalismo pasa desapercibido para la población. “Hay diversas razones –dice–, pero tal vez ninguna sea más sustancial que el papel jugado por los medios más importantes en este país... ha sido una deficiencia de todos ellos en cualquier categoría: redes informativas, informativos por cable, revistas y periódicos.” No es una casualidad. A los periodistas que no siguen la línea del Pentágono se les niega el acceso a la información. Para obtenerlo deben entenderse con los militares y eso tiene un precio, dice Davis, la integración de los medios en la máquina de la guerra psicológica del Pentágono, no sólo dirigida al exterior sino, sobre todo, a la opinión pública estadounidense.

La entonces encargada de relaciones públicas del Pentágono Victoria Clark dirigió a comienzos del 2002 un programa de analistas militares de pronta ejecución: contrató a 75 oficiales retirados que aparecían en los informativos de las radios y los canales de televisión o escribían columnas de opinión para ir creando un clima favorable a la guerra con Irak que preparaba la Casa Blanca (www.sourcewatch.com, 8/3/11). El Pentágono les bajaba línea en reuniones semanales y los medios los presentaban como expertos y verdaderos periodistas, dándoles espacio para la propaganda bélica como si fueran observadores objetivos.

El programa continuó después de la ocupación de Irak “para fomentar lealtades ideológicas y militares y también una dinámica financiera poderosa: la mayoría de los analistas tiene lazos con los contratistas involucrados en las políticas de guerra que aquéllos deben comentar”. Cesó en el 2008, cuando el periodista David Barstow investigó el asunto y lo dio a conocer (www.nytimes.com, 20/4/08).

“Todo esto obliga a interrogarse: ¿qué clase de objetividad y análisis honesto recibió el público estadounidense por parte de los medios más importantes durante ese período?”, señala Davis y cita un manual del ejército sobre las llamadas “operaciones informativas” del Pentágono (www.fas.org, 13/2/06) en el que se indica: “La importancia de dominar el espectro de la información explica el objetivo de convertir (a esas operaciones) en una competencia militar central, al mismo nivel de las operaciones por aire, mar y tierra y los operativos especiales”.

Están creciendo las voces que piden en los medios una intervención militar en Irán. Un columnista del Wall Street Journal postula que un presidente “capacitado para el cargo” debe “ordenar a las fuerzas armadas de EE.UU. que ataquen y destruyan las instalaciones del programa nuclear iraní” (//online.wsj.com, 18/1/12), otro afirma en la revista Foreign Affairs que “ha llegado la hora de atacar a Irán” (www.foreignaffairs.com, número de enero/febrero 2012) y todo huele a la proximidad de una acometida militar contra Teherán, como fue el caso de Irak.

Pareciera que el Pentágono “está educando” con cierto éxito a la opinión pública local: una encuesta que el Pew Research Center realizó este mes revela que el 58 por ciento de los estadounidenses están de acuerdo en terminar con las pretensiones nucleares iraníes, incluso mediante una acción militar (//pewresearch.org, 15/2/12). En tanto, los 16 organismos de Inteligencia de EE.UU. evaluaron en el 2007, y lo reiteraron en el 2011, que el programa nuclear de Irán no posee hasta el momento dimensiones militares.
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Miércoles, 25 Mayo 2011 10:33

Por Manolo y por el placer de jugar

Quiero dedicar este premio a la memoria de Josep Sunyol, el presidente del Barça que en 1936 fue asesinado por los enemigos de la democracia.

Y también quiero rendir homenaje a los deportistas peregrinos, que un año después, en 1937, encarnaron la dignidad, malherida pero viva, de toda España. Me refiero a los jugadores del Barça, que en 1937 recorrieron los Estados Unidos y México, disputando partidos de fútbol en beneficio de la República, y a la selección de jugadores vascos, que hizo lo mismo en varios países europeos.

Por ellos me emociona recibir este premio, por ellos y también por los jugadores del Barça de nuestros días, dignos herederos del Barça de aquellos años: este premio que, por si todo eso fuera poco, lleva el nombre de mi entrañable amigo Manolo Vázquez Montalbán.

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Con él hemos compartido varias pasiones.

Futboleros los dos, y los dos zurdos, zurdos para pensar, creímos que la mejor manera de jugar por la izquierda consistía en reivindicar la libertad de quienes tienen el coraje de jugar por el placer de jugar en un mundo que manda jugar por el deber de ganar. Y en ese camino hemos intentado combatir los prejuicios de mucha gente de derechas, que cree que el pueblo piensa con los pies, y también los prejuicios de muchos compañeros de izquierdas, que creen que el fútbol tiene la culpa de que el pueblo no piense.

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También nos identificamos, Manolo y yo, en el placer de la ironía y la risa franca y todas las formas del humor, en nuestras maneras de decir lo que pensamos y lo que sentimos, en los artículos y en los libros y en las charlas de café. Porque no son dignos de confianza los solemnes caballeros, ni las damas ejemplares, que no son capaces de tomarse el pelo; y ni Manolo ni yo confundimos el aburrimiento con la seriedad, como también ocurre con otros colegas de ideas políticas parecidas a las nuestras.

Y conste que no hablo en tiempo presente por error ni por descuido, sino porque fuentes bien informadas me han asegurado que la muerte no es más que un chiste de mal gusto.

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Y otro espacio compartido, muy importante para los dos: la reivindicación de la buena comida como una celebración de la diversidad cultural.

Bien decía Antonio Machado que ahora cualquier necio confunde valor y precio, y aquel ahora del poeta es también nuestro ahora, porque lo mismo ocurre en nuestros días.

La mejor comida no es la más cara y bien lo ha dicho Manolo, que más bien ocurre que la comida más cara no es más que una trampa engañabobos.

Y yo también creo, como él, que el derecho a la autodeterminación de los pueblos incluye el derecho a la autodeterminación de la barriga. Y es más que nunca necesario defender ese derecho, más que nunca, en estos tiempos de obligatoria macdonaldización del mundo, cada vez más desigual en las oportunidades que brinda y cada vez más igualador en las costumbres que impone.

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Y hasta aquí llegué. Porque yo sé que cuando bebo demasiado corro el grave riesgo de decir estupideces, y yo quise alzar estas palabras como si fueran copas de vino, un buen vino tinto de por acá, para brindar con Manolo y por Manolo: una manera de beber

por la dignidad humana y por la solidaridad,

por el placer de jugar y la alegría de ver jugar cuando se juega limpiamente,

por la alegría de estar juntos y por el pan y el vino compartidos,

por los soles que cada noche esconde

y por todas las pasiones, a veces dolorosas, que dan rumbo y sentido al viaje humano, al humano andar,

al vent del món.

* Palabras del escritor uruguayo al recibir el Premio Internacional de Periodismo Manuel Vázquez Montalbán, otorgado por la Fundación Fútbol Club Barcelona y el Colegio de Periodistas de Catalunya, ayer, en el Palau de la Generalitat de Barcelona.
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Miércoles, 23 Marzo 2011 06:09

Hacernos cargo

Durante la década de los noventa, la flexibilización laboral y la desregulación del mercado de trabajo trajo consigo situaciones de precariedad para muchos trabajadores y una idea de profesionales técnicos que se deslindaban de las decisiones políticas. El técnico dejó de verse como un trabajador para convertirse en gerente o consultor, dejando de lado algo insoslayable: independientemente de las intenciones, cada decisión está siempre atravesada por una concepción, por una idea de país. En apariencia, los cuadros técnicos sólo diseñaban herramientas o aplicaban resoluciones en base a decisiones políticas que otros tomaban. Eduardo Basualdo sostiene que para consolidar el modelo de acumulación económica basado en lo financiero que iniciaran las dictaduras militares fue vital “la incorporación al bloque de poder de los intelectuales supuestamente independientes, desligados del sistema político, que percibieron ingresos relativamente elevados a partir de la proliferación de contratos y consultorías que acompañó el proceso de destrucción y transferencia del aparato estatal al privado”.

A pesar de las profundas transformaciones que se han gestado desde entonces en el escenario nacional y regional, principalmente en esta última década, este imaginario de técnico o consultor político despolitizado persiste aún en el discurso de algunos profesionales que forman parte de equipos estratégicos para la gestión, tanto del Estado como de empresas privadas. Todavía resulta confuso el rol de muchos de los que están en esos puestos, siendo “leales servidores” de los intereses de las corporaciones o de políticos con propuestas poco claras. Los comunicadores no escapan de esta consideración. En este contexto, el comunicador se convierte en aquel “técnico” que diseña estrategias para difundir determinados intereses, pero no se percibe como co-responsable de los contenidos ni de las determinaciones que adoptan los decisores.

Resulta fundamental reflexionar acerca de este modelo de profesional y, sobre todo, es sustancial redefinir el rol de los y las comunicadores/as en la sociedad actual. Para precisar: cuando decimos “comunicador” o “comunicadora” pensamos tanto en los periodistas como en los gestores de la comunicación en ámbitos públicos y privados en todo su espectro.

La filósofa española Adela Cortina afirma que toda actividad humana produce “bienes internos” y se ejecuta para un fin determinado. Ninguna actividad se realiza sin objetivos o intereses que concretar, y el “fin de esa actividad es lo que le da sentido y es lo que le da legitimidad social. No sólo necesita legitimidad la política, cualquier actividad necesita legitimidad”. ¿Cuál es el fin de la actividad de las y los comunicadores/as, cuál es la meta de su trabajo, lo que le da sentido a su actividad?

Si creemos realmente que la comunicación es el espacio donde se disputa la producción de sentidos, y que cada acto está per se impregnado de connotación política, es imposible deslindar el trabajo del comunicador y los fines que persigue del sentido político que en definitiva “apoya”. Nadie mejor que el comunicador entiende y sabe que toda acción es comunicativa, implica una elección y provoca determinados impactos. Tiene la habilidad (y la responsabilidad) de saber cuáles pueden ser los “posibles” campos de efectos y sentidos de un discurso o práctica social. Se ha preparado para eso.

Acompañar la gestión de un candidato demagógico no puede comparase con la promoción de acciones para la democratización de la comunicación. Es un contrasentido. Hacer prensa institucional de una empresa que contamina resaltando las propiedades y valores de la misma no resulta igual que trabajar en una campaña para una organización que se preocupa por el cuidado del medio ambiente.

Afortunadamente, también podemos decir que muchísimos colegas trabajan desde un sentido ético y social profundo para fortalecer la ciudadanía en el marco de los derechos. Existen ya muchas experiencias de esta índole y se están multiplicando día a día.

Esta es nuestra responsabilidad: aportar a la visibilidad de las posiciones y las posturas que atraviesan los discursos y las prácticas sociales, asumiendo todo lo que implica apoyar con nuestro rol unos u otros sentidos. Ello supone hacernos cargo de que cuando decidimos trabajar en un lugar inevitablemente estamos acordando (al menos en alguna medida) con los sentidos y valores que allí se construyen y circulan; y, desde esta misma ética profesional, dejar de pregonar la tan mentada como falsa “objetividad” de nuestra labor.

Por Teresita Vargas, l
icenciada en Comunicación Social. Docente-investigadora UNLP/UBA.
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Miércoles, 05 Enero 2011 08:14

Libertad y verdad liberadas

Las revelaciones de Wikileaks y las persecuciones a su fundador, Julian Assange, son el fenómeno 2010 en periodismo, libertad y democracia.
 
Las filtraciones de Wikileaks han sido profusamente comentadas y analizadas por muchos. Por ejemplo:
 
¿Qué es lo que hace que Wikileaks sea el nuevo periodismo?

El periodismo vuelve a ser contrapoder, busca la transparencia y defiende la democracia.
La libertad de expresión y de información vuelve a ser de los ciudadanos y no de los medios de comunicación y de los periodistas.
 
La socialización y el poder de la información es un asunto de complementariedad entre blogueros, Internet, medios tradicionales y redes sociales.
 
El periodismo es investigación. Así, un bloguero que opina su “inteligencia” no es periodista, pero tampoco un experto de CNN, ni un opinador de las páginas editoriales. El periodismo es el que se hace con basa en datos, hechos, fuentes; es investigación.
 
El periodismo es contextualizar y relacionar. Periodismo no sólo es divulgar lo que dice Wikileads o el Twitter de los famosos o el Facebook de los políticos... sino ofrecer criterios de comprensión y poner en relación datos y documentos... sobre todo agregar otras fuentes, brindar contexto, fomentar el análisis.
 
El periodismo vuelve a denunciar y divulgar lo que los poderosos quieren esconder.
 
El periodismo vuelve a ser libre, pero, en Internet y celular.
 
Mientras tanto el viejo periodismo y la vieja política siguen en lo mismo: acusar al que libera información y denuncia al poder; defender al mercado y criticar el disenso. Por eso, el mal ideológico de nuestro tiempo es el “terrorista”. Y terrorista es todo aquel que no guste al poder. ¡Eso es el periodismo!
 
En este contexto, la acción mediática y política es bajar la discusión pública y democrática a los mínimos sensacionalistas. El denominador común es la palabra sexo. Así las acusaciones a Assange no son por ser responsable de “liberar la información... y la verdad” sino por líos sexuales: (i) acostarse con Anna Ardin y que mientras lo hacían, se le rompió el preservativo y continuó; (ii) al día siguiente, Assange se acostó con Sofía Wilen, en la noche con condón, en la mañana sin protección; (iii) ambas denuncian a Assange: Ardin lo acusó de no haberse detenido cuando ella lo pidió y Wilen declaró haber sido abusada en la mañana porque aún dormía. (http://www.elespecta dor.com/impreso/articuloimpreso 240504-julian-assange-prision-48 horas-mas).
 
Y éste es el dilema de los medios: hablar de sexo para vender o ser contrapoder e incomodar a las elites. Por ahora, los medios de comunicación siguen más pendientes del sexo de los políticos... y parece que el periodismo en Internet anda detrás de las perversiones de los poderosos y los gobernantes. Bueno éste es el sueño... porque el tema que más seguidores tiene en Internet es, también, el sexo.
 
Lo cierto de Wikileaks es que ha expresado el potencial del periodismo en Internet; un nuevo periodismo de sólo documentos, colaborativo, combativo y de flujo cuya meta es la denuncia y su arrogancia es defender la libertad. La libertad y la verdad han sido liberadas (un poquito).
 
* Comunicador social. Profesor de la Universidad de los Andes, Colombia.
 

Transferirán el caso de Assange a Corte de GB encargada de terrorismo

 
Londres. El caso del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, será transferido a la corte de Belmarsh, al sureste de Londres, para ser tratado como una cuestión de terrorismo a partir del próximo 11 de enero cuando tendrá lugar la próxima audiencia.
A través de la cuenta de Twitter de WikiLeaks, el sitio confirmó que la justicia británica decidió transferir el caso de Assange a la corte de Belmarsh, conocida por tratar cuestiones relacionadas con el terrorismo.
 
El cambio de corte hace sospechar de que la justicia británica va a retomar las causas contra el fundador de WikiLeaks siguiendo las directrices solicitadas por Estados Unidos, según reportes de la cadena británica BBC.
 
En Belmarsh se encuentra una de las prisiones de máxima seguridad de Reino Unido, donde se retiene a los acusados de terrorismo sin juicio previo. Anmistía Internacional (AI) la considera el Guantánamo británico.
 
De ser juzgado Assange en términos de terrorismo, su detención y confinamiento podrían ser inmediatos y su defensa se complicaría dado que las leyes en el Reino Unido, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, permiten la detención y retención de sospechosos.
 
El fundador de WikiLeaks, un periodista australiano de 39 años de edad, podría pasar a acompañar a los 11 presos que actualmente se encuentran en Belmarsh, sospechosos de terrorismo y a la espera de juicio.
 
Assange se encuentra en la actualidad en libertad condicional en Reino Unido mientras sigue su proceso de extradición a Suecia, donde es requerido para enfrentar supuestas agresiones sexuales contra dos mujeres suecas en agosto pasado.
 
La próxima vista del proceso de extradición a Suecia de Assange está prevista para el 11 de enero, pero hasta ahora se conocía que tendría lugar en el tribunal de Westminster, en Londres.
 
Assange ha denunciado que él y otros miembros de WikiLeaks han sido amenazados de muerte desde que el sitio web comenzó a finales de noviembre pasado a publicar parte de los 250 mil cables que ponen al desnudo la política exterior de Estados Unidos.
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Viernes, 03 Diciembre 2010 10:36

Los documentos secretos de Washington

El gobierno del presidente Barack Obama en EEUU se siente vulnerable frente a la revelación de más de 250 mil documentos de sus archivos secretos que comenzaron a publicarse a fines de noviembre. Los documentos revelan tanto las conspiraciones contra los enemigos de Washington como los engaños cometidos contra sus supuestos aliados.
 
Algunos investigadores están buscando las conexiones entre el colapso del campo socialista, el tráfico de drogas dirigido por EEUU y la “guerra contra el terrorismo”. Al desaparecer la supuesta amenaza comunista de Moscú, EEUU tuvo que crear un enemigo nuevo que tomó una década para definirse – entre 1990 y 2000. La creación de la imagen terrorista de la cultura islámica y la invasión de Irak y Afganistán forman parte de una de los capítulos más confusos de la política exterior de EEUU.
 
El coordinador del grupo llamado WikiLeaks, Julian Assange, quien logró infiltrarse en la red creada por el Pentágono para la distribución de documentos secretos del gobierno, ha sido amenazado por las autoridades de EEUU. Incluso, los suecos han solicitado a la Interpol su arresto por supuesto acoso de dos mujeres de ese país. A pesar de todo, los documentos descifrados fueron recibidos por medios de comunicación europeos y de otras regiones. En EEUU el New York Times comenzó a publicar una selección de los documentos, censurando los más comprometedores.
 
Lástima que Wikileaks no incluye los mensajes de las embajadas norteamericanas con información sobre las guerras secretas de ese país que contribuyen a incrementar - a escala global - las ganancias extra-económicas de la banca internacional en el campo del tráfico de drogas, la venta de armas, la lucha por el control de los hidrocarburos (las actividades especulativas y financieras asociadas al crimen organizado). Tampoco incluye informes sobre el trabajo de las misiones norteamericanas en el extranjero que arrojen luz sobre sus avances en materia de imponerle a todo los países del mundo las políticas de des-posesión neo-liberales. En otras palabras, ingresos que complementan las cada vez más magras ganancias obtenidas mediante la explotación de los trabajadores (la declinación de la tasa de ganancia capitalista).
 
En el caso de Panamá, se destacan los informes secretos enviados por la Embajada de EEUU a Washington antes de la invasión militar que derrocó al general Manuel A. Noriega en 1989. El 20 de diciembre de ese año EEUU juramentó al presidente Guillermo Endara en una base militar norteamericana quien después nombró un gabinete y comenzó a gobernar.
 
En Panamá se desconocen los arreglos post-invasión entre EEUU y los nuevos gobernantes panameños. Las contradicciones que surgieron entre Panamá y EEUU, así como entre los propios gobernantes panameños, que se distanciaron, son una historia que no se ha dado a conocer. La invasión que causó muchas muertes nunca ha sido objeto de una investigación a fondo por parte de Panamá. Incluso, no existe una cifra oficial de los panameños que murieron como causa de la invasión militar norteamericana.
 
EEUU secuestró la totalidad de los archivos de las Fuerzas de Defensa de Panamá (FDP) y sus antecesoras: La Guardia Nacional (1953-1983) y la Policía Nacional (1936-1953). Según investigaciones realizadas por instituciones de varios países, los archivos de las FDP se encuentran en un depósito de en el sur del estado de Florida bajo la custodia del Comando Sur de las Fuerzas Armadas de EEUU.
 
En un despacho de la Embajada de EEUU del 13 de diciembre de 1989, clasificada como secreta, y numerada de la sección 01 de 05 Panamá 08545, se describe la situación política de Panamá y los planes del general Noriega para seguir resistiendo el embargo económico de EEUU. Se refiere a las esperanzas que tiene la oposición al gobierno militar de que se produzca un golpe de Estado.
 
La única parte que está censurada por los encargados de archivar la información se refiere a los nombres de los principales asesores civiles con que contaba Noriega en esa época. Los únicos nombres que aparecen mencionados son los miembros de su Estado Mayor. Todo indica que la Embajada tenía instrucciones de ganarse a estos oficiales. Los documentos se refieren al intento de golpe del 3 de octubre de 1989 como una muestra de debilidad por parte de Noriega. Los agentes norteamericanos no asumen responsabilidad alguna, pero tampoco ven el frustrado golpe del mayor Giroldi y sus compañeros de armas como algo ajeno.
 
Sobre este incidente, el periodista del Washington Post, Robert Woodward, informó en su libro Los comandantes, con lujo de detalles, como los hilos eran manejados desde las oficinas del entonces Jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas, general Colin Powel, en coordinación directa con el presidente George Bush (padre). La decisión última para abandonar a Giroldi a su suerte dentro del Cuartel Central, ubicado en El Chorrillo, fue tomada en la Casa Blanca.
 
Muchos de los documentos dados a conocer por WikiLeaks son relativamente recientes. La mayoría se refieren a la forma de percibir el mundo por parte de los diplomáticos enviados por EEUU a trabajar en el extranjero. Los informes diplomáticos insinúan que los líderes africanos son ignorantes, los políticos árabes son corruptos y los europeos irresponsables. La documentación descubierta revela una falta de formación política entre los diplomáticos desplegados por Washington. Sus informes reflejan prejuicios adquiridos en los clubes de los suburbios de las ciudades norteamericanas, más que conocimientos adquiridos sobre el terreno.
 
Panamá, 2 de diciembre de 2010.


Por Marco A. Gandásegui, hijo. Profesor de la Universidad de Panamá e investigador asociado del CELA
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Escuchó la expresión "revolución digital" por primera vez en el año 1987 y se dijo: "Este es el camino". Gurú iberoamericano del periodismo en la Red, el clarividente periodista y catedrático brasileño desentraña las claves de lo que se nos viene encima: lo que él llama el ecosistema de medios.

Alves es un gurú en plena crisis existencial. A sus 58 años, tras una década epatando a sus audiencias, tras años de labor "evangelizadora" entre periodistas escépticos ante los formidables cambios que vaticinaba, se encuentra con que la revolución digital ya está aquí. Cada vez quedan menos escépticos que arqueen las cejas durante sus conferencias. "Estoy muy acostumbrado a hablar con dinosaurios. Pero ahora los dinosaurios ya se dieron cuenta de que si siguen en Jurassic Park, van a extinguirse", dice este brasileño afincado en Tejas que habla un español perfecto con leve acento mexicano. Bueno, un momento: estas palabras las pronuncia el señor Rosental Calmon Alves, gran teórico del periodismo en red, mayúsculo gurú iberoamericano del advenimiento de la cosa Internet, hombre adelantado a su tiempo que en 1987 escuchó por primera vez al profesor Andrew Lippman pronunciar las palabras "revolución digital", y se dijo: "Este es el camino".

Sí, fue en 1987. Al joven Rosental le llamaban Rosentélex por sus inclinaciones tecnológicas. Su primera computadora portátil, recuerda, data del año 1983. Pues bien, fue en 1987 cuando, como estudiante en la Universidad de Harvard, oyó las dos palabras mágicas pronunciadas por Lippman, profesor del prestigioso MIT, el Massachusetts Institute of Technology. Cuatro años más tarde, Alves creaba en su Brasil natal una web para brokers. Y en 1995, como miembro del comité directivo del Jornal do Brasil, lanzaba la primera edición electrónica de este periódico centenario que, esta misma semana, ha dejado de imprimirse en papel para convertirse en diario exclusivamente accesible en línea.

Consultor de empresas de comunicación a lo largo y ancho del mundo para el desarrollo de nuevos medios, es presidente de la red de cátedras de Comunicación de la Unesco y organiza todos los años uno de los foros más calientes del periodismo en línea, lugar donde se atisban las nuevas tendencias, punto de encuentro de profesionales de todo el mundo: el Simposio Internacional de Periodismo Online de la Universidad de Tejas.

Cómodamente sentado en un sofá del hotel Lisboa Plaza, adonde acude para participar en una conferencia, Alves carraspea y empieza a hablar de un cambio de paradigma total. Vivimos en la sociedad del prosumer, o sea, del productor-consumidor de contenidos, explica. El consumidor ya no es un ser pasivo que recibe la información empaquetada por otros. La información ya no circula en paquetes cerrados, sino en unidades abiertas, en flujos que se distribuyen por la Red. Nos enfrentamos a una lógica totalmente distinta de la de la sociedad industrial.

Pregunta. Y esa nueva lógica, ¿adónde nos conduce?
Respuesta. Yo soy ciberentusiasta, pero no soy un ciberutópico. La creación de la sociedad en red abre camino a una democratización de la información como nunca se pudo imaginar. Fenómenos como la Wikipedia, el movimiento open source -código abierto, software distribuido gratuita y libremente-, las redes sociales, o el e-gobierno, o sea, la transparencia de los gobiernos que se impone poco a poco, nos conducen a una democratización mayor, hacia un mundo mejor. Pero también hay un lado siniestro, oscuro: la utilización de todos estos mecanismos para evitar esa democratización. Estos mecanismos pueden ser usados para el bien y para el mal.

P. Los periódicos desempeñaron y desempeñan un papel de control de poder, capitanean el periodismo de investigación. En la medida en que el papel vaya convirtiéndose en algo residual, ¿se mantendrá ese periodismo?
R. Yo creo que sí. El capitalismo es lo suficientemente dinámico, flexible y adaptativo; y la existencia de una prensa libre es tan importante en la sociedad que soy optimista, vamos a encontrar una fórmula de mantener este papel del periodismo libre e independiente. Pero será distinto. Espero que sea mejor, incluso. Estamos atravesando una revolución con muy pocos precedentes históricos, es comparable con la que produjo Gutenberg. Pero una revolución no es rápida, está llena de procesos evolutivos complejos. El periódico impreso no se va a acabar de un día para el otro.

P. ¿Cuándo se acabará?
R. No sé. No tengo una bola de cristal, pero creo que los periódicos en papel seguirán existiendo en 2020. El papel será una parte secundaria de una plataforma digital multimedia fuerte. Viviremos en un ecosistema de medios completamente diferente. En la era industrial no es que no hubiera información, pero estaba muy centralizada. Hubo un diluvio digital fortísimo que está inundando y creando caos, desorganizándolo todo, pero también creando la base biológica del nuevo ecosistema, donde están naciendo una enorme cantidad de nuevos organismos. Estamos pasando de los medios de masas a la masa de medios. Pasamos del sistema media-céntrico al yo-céntrico, donde el individuo se transforma en un microorganismo al tener el poder de comunicarse, de intercambiar información, de redistribuir, de mezclar cosas, de hacer sus propios vídeos y colgarlos para que los vean miles de personas. El periodismo va a sobrevivir a eso, pero de una forma diferente. Cuanto antes pueda adaptarse, mejor.

Alves tiene un carrete que da gusto verlo. Arranca a hablar y emerge el conferenciante que habita en él. Hombre inquieto, da la sensación de que le incomoda un momento de silencio o un instante de inactividad. Es de los que no paran. Confiesa que siempre le gustó hacer varias cosas a la vez. "Siempre fui un workaholic [adicto al trabajo]", dice, y le brillan esos ojos negros y despiertos que tiene.

Su carrera como periodista arranca cargada de rimas. "Rosental, reportero policial de O Jornal, ¿tudo legal? [¿todo bien?]". Era su frase cuando hacía la ronda de llamadas a todos los distritos policiales de Río de Janeiro para ver cómo andaba la cosa. Así empezó, a los 16 años, de la mano de su primo, como reportero de sucesos del Jornal do Brasil. Ya por aquel entonces se tiraba horas y horas trabajando en el diario. Como periodista, ha pasado por todo. Fue corresponsal en México, donde escribió sobre las redes del narcotráfico; fue corresponsal en Madrid, en el año 1978... Todo esto antes de abrazar la revolución digital y empezar a recorrer mundo con su labor evangelizadora.

Se muestra muy esperanzado con la emergencia de nuevos microorganismos. Le interesa particularmente la fuerza que en Estados Unidos está tomando el periodismo sin fines de lucro. Señala iniciativas online como la del Texas Tribune: preocupado por la ausencia de periodismo de investigación, un mecenas puso un millón de dólares -776.000 euros- sobre la mesa y recaudó otros tres millones más -2,32 millones de euros-, además de conseguir contribuciones de más de 1.500 personas que aportaron 90 dólares -70 euros- de media cada una. Con ese capital, puso en marcha un equipo de primer nivel y creó una unidad de periodismo caro y de calidad. "Este tipo de iniciativas complementarán al periodismo con fines de lucro en el nuevo ecosistema", asegura. Habla del Voice of San Diego, que creó un brazo de periodismo de investigación sin fines de lucro; y por supuesto, de Propublica, la exitosa iniciativa liderada por el ex Wall Street Journal Paul Steiger que se hizo con el último Premio Pulitzer de periodismo de investigación.

También confía en las posibilidades del llamado data driven journalism, el periodismo que busca en grandes bases de datos. "El acceso instantáneo a bases de datos, por ejemplo, de los gobiernos, nos permitirá ver cómo es administrado el dinero público", ilustra, "esa es una de las conquistas de la democracia moderna, y lo va a ser cada vez más".

P. Los periódicos, en su gran mayoría, parecen replicar sus contenidos tradicionales en la Red, reproducen la lógica del papel. Da la sensación de que el lenguaje de Internet está aún por descubrir, que seguimos muy atados a la era Gutenberg.
R. Sí, el lenguaje de Internet está por descubrir; o está por juntar todo lo que se descubrió. Pero no son los periodistas los que van a descubrir el lenguaje de Internet, son los usuarios. En el sistema media-céntrico del pasado, los descubrimientos los hacían los medios, que creaban productos y los probaban para ver si funcionaban o no. Ahora es la Red quien tiene el poder de la innovación. Las empresas de comunicación están siguiendo a la gente, no es al revés. Lo que se crea en las redes sociales, la producción de los aficionados, los blogs, determinan lo que está por venir. La principal diferencia entre Google y los medios convencionales es que Google trabaja a partir de la perspectiva del usuario; y las empresas de medios trabajan desde la perspectiva de los productos. Diseñan productos y acuden al usuario para preguntarle: "¿Cómo puedo mejorar mi producto?", en vez de ir directamente a ver qué es lo que está haciendo el usuario, cómo reacciona, qué produce y qué consume. Es una lógica nueva, y pienso que la innovación y el nuevo lenguaje van a salir de allí.

P. Crear redes sociales alrededor de los medios, como ha hecho EL PAÍS, que acaba de poner a caminar su propia red social, Eskup, ¿forma parte de esa nueva lógica?
R. Claro que forma parte, es intentar adoptar esa lógica. Pero, una vez más, en eso, los medios llegamos tarde. Véase la fuerza que adquiere un medio como Twitter, y en lo que se ha convertido en dos o tres años. Los medios tradicionales van a seguir llegando tarde porque no consiguen romper la dificultad de la innovación. En primer lugar, porque tienen muchos compromisos con el statu quo: la primera preocupación de un periódico es no canibalizar el papel, por ejemplo. Eso supone una gran limitación. ¿Acaso es mejor que otros canibalicen en vez de canibalizarse uno mismo? Esta es la receta para un suicido: si alguien va a canibalizar tu producto, mejor que seas tú mismo el que lo haga. Los medios están sufriendo los efectos de unas tecnologías disruptivas, una ruptura tecnológica que afecta profundamente a su actividad. Es necesario tener una distancia para poder actuar con fuerza. Hace unos días almorcé con el editor jefe de uno de los principales periódicos de Estados Unidos y le pregunté: "Cuando hablo con directores de medios de países donde aún no se ha producido esa ruptura, ¿qué consejo debería darles?". "Que crean, lo primero, en la web", me dijo. "Que no tarden tanto como nosotros en entender que el futuro es digital y que, aunque no haya ganancia ahora, es necesario aprovechar mientras todavía los medios tradicionales dan dinero para aplicar una parte sustancial de este dinero a los medios digitales. Que entiendan la tecnología y que tengan más tecnólogos en el equipo".

P. ¿Caminamos hacia un futuro de periodistas-programadores? La sección de tecnología de The New York Times tiene una gran reputación por su equipo de programadores...
R. Sí, The New York Times tiene un equipo de 10 personas en el departamento de noticias interactivas. Todos muy jóvenes, y la mayoría de ellos con formación de programadores. Pero más allá de eso, The New York Times es un periódico en el que, hace poco más de un año, el editor jefe dijo: "Ya no somos más una empresa de periódicos, somos una empresa de tecnología". Hay que entender que la revolución digital está transformando productos en plataformas. Un periódico es una plataforma digital. Y tiene que ser entendido de esta manera, como un automóvil, que ya no es más un auto, es una plataforma digital móvil que transmite y recibe información todo el tiempo de forma digital. Será así cada vez más, el auto va a manejarse a sí mismo, apretaremos un botón y diremos: "Quiero ir a casa". Y el auto te llevará a casa.

Queda tiempo para picar algo rápido antes de la conferencia y optamos por el bufé del hotel. Alves apuesta por un arroz con carne y espinacas. Acaba de empezar una dieta que le ha prescrito su médico, pero llegados los postres, no puede sustraerse a los encantos de un delicioso pastel de nata. Cuenta que le inquietan los movimientos que hay en la Red dirigidos hacia el pago de contenidos. "Hay un peligro de que los años dorados de una web libre terminen", se lamenta.

Se muestra confiado con respecto a la publicidad: "En los próximos tres años va a crecer la publicidad online. Se acaba la conspiración de la publicidad barata en la Red. Online, se llega a más gente", dice. Y se despide a lo grande: "Los medios tradicionales tienen que aparcar la arrogancia de las últimas décadas. La arrogancia del poder que da tener las llaves de la puerta. Los medios tienen que abrazar la revolución digital y aceptar que los individuos se apoderen de la Red, intentar sobrevivir en el nuevo ecosistema. La información pasa a ser algo abierto, ya no es una información final, como antes, que se cierra y se publica. La información pasa a ser un proceso dinámico en la búsqueda de la verdad".

De frente y perfil


» Rosental C. Alves, 'gurú digital', brasileño, 58 años.

» Lleva años trabajando como consultor en medios de todo el mundo para asesorarles en su tránsito hacia el mundo digital. Director del Knight Center for Journalism in The Americas en la Universidad de Tejas. Organiza en Austin el Simposio Internacional de Periodismo Online, foro en el que se analizan todas las últimas tendencias.

» En vanguardia: creó en 1991 el primer servicio de noticias online brasileño para brokers y la primera edición digital de Jornal Do Brasil, del que formó parte como miembro del comité directivo.

» Su pronóstico: La publicidad entrará con fuerza en los medios digitales en los próximos tres años e insuflará el aire que necesitan.

» Él: Tiene cuatro hijos y es un adicto al trabajo total: su tiempo libre lo dedica, dice, a navegar por Internet.

JOSEBA ELOLA 05/09/2010
Publicado enInternacional
Miércoles, 11 Agosto 2010 07:34

Ética y noticieros

Apropósito de la reunión en Santa Marta de Santos y Chávez: me llamó mucho la atención, en días pasados, la insistencia con la cual una locutora de CNN en Español le preguntaba a su entrevistado, el canciller de Venezuela, si el presidente Chávez podía demostrar que no había bases guerrilleras de las FARC en territorio venezolano.

Yo siempre había pensado que es una cuestión de sentido común saber que lo negativo no se puede demostrar. Por ejemplo: si uno de mis vecinos me acusa de tener una pistola con la que me he propuesto matarlo, él tiene la posibilidad de demostrar que sí la tengo si es que la tengo: se podría descubrir gracias a un registro exhaustivo de mi propiedad. Pero si yo no tengo una pistola, tampoco tengo la menor posibilidad de demostrarlo, como tampoco, digamos, puedo demostrarle a nadie que no tengo una corbata dorada con lunares color lila, en el caso de alquien me acusara de tenerla.

Esto sucedió poco antes de la invasión norteamericana de Irak del 2003. Estados Unidos tuvo la posibilidad de demostrar que Hussein tenía armas de destrucción masiva si sí las hubiera habido. Lo que no se podía era pedirle, por asesino y tirano que fuera, que demostrara no tenerlas.

Y esto es lo que ha sucedido con Colombia y Venezuela. No le toca a Venezuela demostrar que no hay bases de las FARC en su territorio. Yo no dudo, en lo personal, que las haya, pero eso es otro rollo: si no existen, Venezuela no lo puede demostrar. Le toca a Colombia demostrar que sí existen, si es que existen.

Con una agravante: ¿Con qué cara le exige Colombia a Venezuela que demuestre que no hay bases guerrilleras en su territorio cuando la misma Colombia no sabe dónde están las bases de las FARC en su propio territorio, el colombiano? Y no lo sabe porque, de saberlo, ya habrían acabado con ellas ¿o no? ¿O acaso las FARC –y con ellas las agrupaciones paramilitares de extrema derecha– son más poderosas que todo el ejército colombiano en su conjunto? Más bien es Colombia la que tendría que disculparse con sus vecinos por no haber sabido, por no haber sido capaz de acabar en 20 ¿o 30 años? con un movimiento desalmado y asesino que gracias a las espesas selvas que se dan por esas partes, puede, con gran facilidad, pasar a otros países e infectarlos.

Lo que desde luego Colombia sí puede demostrar es la existencia, en su territorio, de las seis ¿o son siete? bases estadunidenses que no sólo ponen en peligro a la región: son un insulto para toda Latinoamérica.

Es una lástima que CNN en Español, un canal al que todavía respeto, no respete a sus entrevistados y les exija demostrar lo indemostrable.

Pero esta falta de ética no es la única que comete este Canal: cada vez me cuesta más trabajo confiar en la credibilidad de la que tanto hace alarde, mientras más venden su espacio publicitario a productos fraudulentos que dañan a sus televidentes por partida doble: uno, porque les hace gastar dinero en productos mágicos que van a aliviar una buena parte de sus dolencias y hacerles perder peso. Dos, y esto es lo más grave, porque los distrae de los ejercicios y las dietas sanas que, ésas sí, pueden ayudarlos a combatir entre otras cosas su obesidad y prevenir enfermedades como la diabetes.

¿Hay alguna forma de confiar en los medios televisivos? Hace dos o tres semanas, escuché al director del noticiero Visión 40 que llamaba a Chávez tirano y mentiroso y, unos pocos días más tarde, calificaba a Maradona de degenerado. Fue en Londres, en la BBC –en la que trabajé 14 años– que aprendí que un noticiero es lo que es: un programa de noticias en el que no se le endilga a nadie un calificativo. En todo caso, la noticia debe manejarse –o manipularse: toda noticia es manipulable– de manera que el público, por lo que se le dice, y la forma como se le dice, infiera por sí mismo que el personaje de quien se le habla es un tirano, o un hipócrita o un asesino o lo que sea. El caso de Maradona es particularmente escandaloso, porque Argentina no ganó la Copa del Mundo, y no sólo por culpa de su técnico, sino principalmente por culpa de sus jugadores. Si la hubiera ganado, Maradona no sería un degenerado: sería el genial Maradona.

Otra falta de ética, que linda con la irresponsabilidad, es transmitir una noticia que contenga información falsa o alterada. Fue en el mismo noticiero Visión 40 que un joven locutor –bien intencionado sin duda– anunció una tarde que había un problema grave en Israel por la decisión de su gobierno de construir casas habitación en la parte ultraortodoxa de Jerusalén. No fue así: la parte ultraortodoxa de esa ciudad se llama Mea Shearim y en ella sólo viven judíos fundamentalistas. La decisión fue la de edificar viviendas en la zona árabe de Jerusalén, habitada hasta ahora casi en un cien por ciento por árabes de religión musulmana y de ciudadanía israelí. Una ciudadanía, por cierto, de segunda clase, que los despoja de algunos derechos y en cambio les otorga el privilegio de no someterlos al servicio militar que deben cumplir todos los jóvenes judíos por varios años.

Por Fernando del Paso
Publicado enInternacional