“El error más grande de los progresismos fue no haber tocado la riqueza"

 

Entrevista a Raúl Zibechi

 

El año termina en todo el continente con enormes retrocesos para la clase trabajadora de nuestros países. Macri y Temer profundizan ajustes y aceleran mega-proyectos de minería y soja en sus países, Chile por su vez ve un aumento en la intensidad de su consolidado modelo neoliberal y Venezuela sigue inmersa en una grave crisis. En el campo y en la ciudad, el avance de las derechas y la incapacidad de las izquierdas en articularse son factores importantes de esta coyuntura. Sobre estas cuestiones y la perspectiva de las luchas populares, entrevistamos a Raúl Zibechi, periodista y analista político uruguayo que estudia los movimientos sociales de todo el continente desde hace 20 años.

 


-Correio da Cidadania: En setiembre de 2016 traducimos un artículo tuyo aquí en Correio titulado “El escenario regional después de Dilma”, en el cual afirmabas que el cierre del ciclo progresista en Brasil tendría una especie de efecto dominó en toda América Latina. ¿Qué opinas hoy?

 

Raúl Zibechi: Sin dudas vivimos un proceso de derechización muy fuerte en todo el continente. Ese proceso de derechización, a mi modo de ver, comienza con las protestas masivas de junio de 2013 en Brasil, porque la izquierda no fue capaz de comprender que había una demanda de la sociedad por más igualdad y democracia, y así dejó el campo libre a la derecha.

Después vino la derrota de Kirchner en Argentina y el triunfo de Macri. Y luego un proceso de cambio fuerte en Ecuador, donde a pesar de que ganó el partido de Correa (Alianza País), Lenin Moreno hace un giro, primero contra Correa y todavía no se sabe si hacia la derecha o no.

Pero si, podemos decir que el progresismo ha llegado a un límite. Incluso en un país como Venezuela es evidente que el proceso de gobernabilidad tiene muchas dificultades y son los sectores populares los que están enfrentando estas dificultades.

Finalmente tenemos la situación actual en Honduras que muestra también que hay una fuerte presencia de la derecha que es quien esta gestando este fraude electoral.

Esta ofensiva de la derecha tiene dos partes. Por un lado, el ascenso de una nueva derecha, mucho más militante, mucho más activa en las calles como es el caso del Movimento Brasil Livre (MBL) y de la Escola Sem Partido (ESP) en Brasil. Por otro lado, es una derecha que se aprovecha de las debilidades de la izquierda. La izquierda no fue capaz de tomar la ofensiva contra la derecha y sus medios de prensa, contra la estructura social y económica que favorece al gran capital. Y de ese modo dejó el campo abierto para la ofensiva que estamos viviendo.

 

-Correio da Cidadania: ¿Qué defines como “modelo extractivista” y cómo este modelo contribuyó para la derrota de los gobiernos progresistas?

 

Raúl Zibechi: El extractivismo es un modelo económico, político, social y cultural, no solo económico. En el terreno económico consiste en la transformación de los bienes comunes – el agua, la vida – en mercancías. Se puede definir como un proceso de hegemonía del capital financiero y la acumulación por despojo, o sea, robo.

El extractivismo es el robo de los bienes naturales y el principal efecto social es que destruye las relaciones sociales. Destruye el tejido social y comunitario.

Al destruir el tejido social y comunitario este modelo genera un reposicionamiento de las clases medias, altas y de la burguesía; una despolitización de los sectores populares que son integrados a través del consumo – el consumismo despolitiza y desorganiza – y de esa manera contribuye a los dos aspectos principales de la coyuntura actual que es la ofensiva de una nueva derecha y a un debilitamiento muy profundo del campo popular, o sea, de los movimientos sociales.

Esas dos razones tienen mucho que ver con el triunfo del modelo extractivo.

 

-Correio da Cidadania: ¿Cuál fue la responsabilidad de los gobiernos progresistas en la formación de la alianza entre elites y clases medias, especialmente en Brasil y Argentina?

 

Raúl Zibechi: Yo creo que la alianza entre las clases altas y medias es una alianza política para la lucha de clases vista desde la derecha. Ésta aprendió que tiene un enemigo.

Hoy en Brasil ese enemigo, por ejemplo de la Escola Sem Partido, son los profesores, los docentes – es Paulo Freire en concreto y todo lo que sea la politización de la pedagogía. El MBL también tiene sus enemigos. Mientras que el PT, por ejemplo, en ningún momento fue capaz de decir “éste es mi enemigo”. Lula siempre decía que “Brasil no tiene enemigos”. Y su gobierno tampoco los tenía. Entonces Lula negociaba con la Red Globo, y finalmente la Globo jugó un papel importante en el derrocamiento de Dilma.

El hecho de no distinguir un enemigo implica que no hay una organización para luchar contra ese enemigo. No hay un objetivo político determinado. Lula se planteó gobernar sin conflicto, sin lucha de clases, negociando permanentemente y eso funcionó mientras la economía crecía. La economía comenzó a tener problemas cuando el ciclo de las commodities se terminó y ahí tendrían que haberse realizado cambios profundos, estructurales.

Al final de cuentas, el “milagro lulista” y el de los otros progresismos latinoamericanos, consistió en “mejorar” la condición de los pobres, sin plantear reformas estructurales. Entonces, cuando se el ciclo de los precios altos de las commodities finaliza, no queda más margen para seguir “mejorando” la situación de los pobres sin tocar la riqueza. Y ese es el paso que ni el lulismo, ni el kirchnerismo, se atrevieron a dar, porque afectarían los intereses de la burguesía, del capital financiero y del agronegocio. De hecho, hasta el último día, el agronegocio integró el gobierno de Dilma. Y eso quiere decir que había una apuesta a seguir profundizando el modelo extractivo sin atacar los intereses de las elites.

Eso ha generado una grave crisis política, por la cual el PT y el kirchnerismo, no han sido capaces de indicarle a los sectores populares quien es el enemigo. En ese sentido, si miramos medio siglo atrás, por ejemplo la última carta de Getúlio Vargas, cuando se suicida, claramente designaba un enemigo. Perón y Eva Perón también fijaban un enemigo. El imperialismo, la oligarquía y sus aliados...El no presentar un enemigo dice que estás renunciando a la lucha. Y no se puede vivir en el mundo sin combatir, sin luchar.

Las fuerzas políticas de izquierda o centro-izquierda que no luchan contra un enemigo quedan atrapadas por las fuerzas políticas y sociales que si definen un enemigo. La derecha, el capital, si lo hacen. .

 

-Correio da Cidadania: ¿Qué tienen en común las luchas populares de hoy?

 

Raúl Zibechi: Yo creo que lo común es que luchan contra el extractivismo y la hegemonía del capital financiero sobre sus vidas.

Los Mapuches contra las empresas forestales en Argentina, los estudiantes en Brasil contra el modelo neoliberal aplicado a la educación, los indígenas ecuatorianos y bolivianos y los campesinos paraguayos contra el agronegocio y la minería. Contra los fondos de pensión privados en Chile. Es decir, son luchas que enfrentan al capital financiero transnacional en sus diversas formas de explotación/expoliación.

Entonces, lo que están indicando estos movimientos sociales es que para construir un futuro colectivo, primero hay que derribar el modelo neoliberal, financiero, extractivo. Y ese modelo no se puede derribar desde los gobiernos, desde la institucionalidad. Se tiene que derribar desde abajo, en la calle.

Eso implica que los sectores populares, para poner fin al modelo neoliberal, deben movilizarse en las calles y poner en cuestión la gobernabilidad burguesa. Igual sucedió durante los ciclos de las luchas antiprivatizadoras, cuando la gobernabilidad neoliberal fue desestabilizada. Aunque ni en Ecuador, ni en Bolivia, ni en Argentina, ni en Venezuela, el proceso haya culminado en una nueva fase. Por eso, hay que poner en cuestión la gobernabilidad actual. Esto no se puede hacer de forma “gradual” desde los gobiernos, hay que realizarla de forma combativa en la calle.

Ustedes, en Brasil, saben muy bien que las medidas reaccionarias de Temer (apoyado por todo el parlamento y los poderes mediáticos), no se pueden neutralizar desde la institucionalidad. Si mañana otra vez gobernara Lula, las contrarreformas no se van a anular. Solo las puede anular una lucha popular masiva y en la calle.

 

-Correio da Cidadania: ¿Podemos afirmar que las destituciones de Lugo en Paraguay y Zelaya en Honduras, fueron una especie de laboratorio para esta retomada de la hegemonía derechista en países centrales como Brasil y Argentina?

 

Raúl Zibechi: Es probable que sí. Y es probable que los casos de Paraguay y Honduras – con Lugo y Zelaya – hayan sido laboratorios para destituir gobiernos democráticos, sin sacar los tanques a la calle, como eran los clásicos golpes de Estado. Entonces lo que hay en común por ejemplo con el caso de Brasil es activar, poner en juego mecanismos constitucionales, legales pero no legítimos, para derribar o cambiar un proceso político.

Es imposible saberlo porque la burguesía internacional no lo dice claramente, pero es muy probable que podamos pensar que los casos paraguayo y hondureño, en la medida que fueron exitosos, sean un “modelo” para otras burguesías.

 

-Correio da Cidadania: ¿Qué tipo de elites se está apropiando del poder? ¿Estás de acuerdo con el término de “lumpenburguesía” dado por el economista argentino Beinstein?

 

Raúl Zibechi: Para comprender esta situación hay que tener en cuenta que el mundo está viviendo un cambio hegemónico muy profundo. Y ese cambio implica que las viejas burguesías ya no tienen la fuerza o la capacidad de articular a la sociedad, como tuvieron en su momento.

En ese periodo de transición, parece que surgen sectores oportunistas. Como decía Fernand Braudel, que caracterizaban a la burguesía como una ave de rapiña, que aprovecha el momento para capturar su presa. Y ahí tenemos personajes muy curiosos, como el Movimento Brasil Livre, Kim Kataguiri y otros que realmente no vienen de la burguesía de los viejos políticos del DEM (Demócratas), de PMDB (Partido de Movimiento Democrático Brasileño) o los tucanos (Partido de la Social Democracia Brasileña) Y aunque dialoguen con ellos, no se puede decir que vienen del mismo lugar.

Es el mismo en el caso de Macri, que viene de una burguesía que nace al amparo de los negocios del Estado. Es otro tipo de fracción dominante y es probable que eso lleve a una ampliación de las clases dominantes, con elementos que podrían caracterizarse como “lumpemburguesia”, que crecen a la sombra del Estado y ligados a la corrupción o a negocios muy dudosos.

Y la izquierda no es muy ajena de este proceso, ¿verdad? Si miramos el caso de Odebrecht y de los hermanos Batista en Brasil, vemos una alianza entre esta nueva burguesía y el gobierno del PT. Una burguesía oportunista, no es la clásica burguesía especializada en un sector productivo; sino una burguesía oportunista que aprovecha los momentos. Y bueno, si, probablemente tenga razón Beinstein. Estamos en un proceso de transición también en el terreno de las clases dominantes.

 

-Correio da Cidadania: En tu artículo “El fin de las sociedades democráticas en América Latina” (Correio da Cidadania, 26-10-2017), posicionas cuatro puntos que argumentan lo que llamas de erosión de las bases culturales y políticas de las democracias. Entre esos puntos, destacas en el cuarto: “nosotros que queremos derrotar el capitalismo debemos tener en cuenta que el sistema se está desintegrando y también que nuestro activismo ha estimulado la ascensión de los gobiernos derechistas”. ¿De qué manera es posible notar esta desintegración capitalista en un momento cuyos analistas, de izquierda inclusive, apuntan hacia una mayor consolidación del mismo?

 

Raúl Zibechi: Por un lado se puede ver la crisis de desintegración del sistema a través de las crisis de las democracias. Por ejemplo el triunfo de gobiernos como el de Trump. O mismo lo que está sucediendo en Honduras. En el Brexit. En la reacción española con respecto a la independencia de Cataluña, y así tenemos muchos síntomas de esto.

Un síntoma claro es lo que Benstein apunta como la “lumpemburguesia”. Otro es que hoy los territorios no pueden ser gobernados sin narco y sin femicidios. Hay que entender el narcotráfico y el femicidio como una forma de gobernar, en el sentido de Foucault, de controlar a cielo abierto a los sectores populares cuando el panóptico ya fue desbordado desde abajo. Entonces me parece que aquí hay todo un terreno de análisis muy importante porque la crisis del panóptico y la crisis del fordismo y del Estado-Nación tienen mucha relación con este periodo de transiciones caóticas que estamos afrontando.

Yo creo que para comprender la desintegración de las sociedades hay que ver la situación actual comparada con lo que se vivía en nuestros países hace cincuenta años. En los 60, una favela era completamente diferente de lo que es hoy. Y las periferias urbanas de América Latina eran completamente diferentes.

Hoy, la mitad de la población bajo el modelo financiero extractivo no tiene derecho a la salud, a la vivienda, a la educación, simplemente no tiene derechos. Tiene beneficios. El Bolsa Familia no es un derecho, es un beneficio. Y la diferencia de ser un ciudadano con derechos o ser un excluido con beneficios está marcando desde abajo la diferencia entre esos dos periodos, uno de cierta estabilidad en el sistema y otro periodo de desintegración sistémica, él que estamos viviendo.

 

-Correio da Cidadania: Aprovechando esta respuesta, ¿podemos decir entonces que el femicídio, el narcotráfico y la violencia en general son formas de control social, especialmente en Brasil, un país que llega a 60 mil homicidios por año?

 

Raúl Zibechi: Es importante ver que tanto el panóptico, como el fordismo fueron desbordados por los trabajadores y por los sectores populares. Las formas de control anteriores fueron desbordadas desde abajo. Y por eso yo digo que nosotros hemos jugado un papel en la crisis actual.

No creo que el panóptico haya caducado por razones tecnológicas, ni el fordismo. Fue la lucha que les neutralizó. Entonces, hoy en vez de fordismo, tenemos automatización. Robots en las fábricas de automóviles.

Y ahí lo que aparece es que la reorganización del capital se le asigna a las ONGs un lugar para jugar ese papel de control una vez que el panóptico fracasa. Y cuando digo panóptico, digo “familia, escuela, cuartel, fabrica y iglesia” a lo largo de toda la vida. Espacios de encierro y de disciplina. Entonces, en el momento que estamos es que la burguesía tiene, o busca, una gama muy amplia de formas de control que abarquen las personas que rompieron con el panóptico.

Las ONGs son una forma, otras es el endeudamiento de que hablaba Deleuze y que hoy en Brasil juega un papel muy importante – el endeudamiento es una forma de disciplinar y de controlar. Los femicidios, el narcotráfico y la Policía Militar, por supuesto, hacen el control por el miedo y la violencia. Hay una gama amplia de formas de control y la burguesía las está buscando ampliar a través de la inteligencia artificial, del rol cibernético, las nuevas tecnologías; y apagando experiencias como la educación popular de Paulo Freire.

La burguesía está buscando en muchos sentidos formas nuevas de control porque los partidos de izquierda y los sindicatos fueron también formas de control. De encausar la lucha popular e impedir que ocurran desbordes, en ese sentido el PT fue muy importante en Brasil. Pero cuando esos partidos y sindicatos empiezan a fracasar, aparece una multiplicidad de formas de control, para buscar evitar que los sectores populares se autonomicen del capital y del Estado.

 

-Correio da Cidadania: Pensando en esta crisis de los partidos y sindicatos, ¿cómo entra la cuestión de las ONGs como centros del activismo moderno?

 

Raúl Zibechi: Hay un modelo de ONG que es el de George Soros. Este modelo viene a tomar las mismas consignas de la izquierda, tomar las formas de acción y organización de la izquierda y de los movimientos sociales, para neutralizarlos. Las ONGs y el proyecto de Soros son como introducir un virus en las luchas populares.

Eso porque constituyen organizaciones que aparentemente son para la lucha pero lo que buscan es neutralizar la lucha. Esto genera una enorme confusión. Hay un sabio que dijo una vez que es más fácil salir del error que de la confusión. Y la burguesía a través de las ONGs y de movimientos confusos está introduciendo la confusión en el campo popular. Y esa confusión es muy potente y poderosa, abarca sectores que nunca imaginamos que iban a ampliar.

En Brasil, parte de esta confusión puede ser ilustrada por la organización “Fora do Eixo” de Pablo Capilé. No es un movimiento popular, ni social, ni político. Es una creación artificial hecha por las elites, en este caso progresistas, pero en el mismo sentido que las hacen Soros, para derribar la lucha popular cuando ya el sindicato y el partido no alcanzan para organizar a los jóvenes que están fuera de las organizaciones.

Esto es importante. En la época de Lula, hace cuarenta años, los jóvenes eran obreros y se organizaban en sindicatos, en comunidades eclesiales de base, en el PT y el MST (Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra). Hoy en día, hay una grand franja de jóvenes que están fuera de cualquier organización. Entonces hay una disputa de sentido para poder organizarlos. Y en ese sentido, el Fora do Eixo y el MBL juegan el mismo papel, cada uno, obviamente, para el lado donde, desde arriba, fueron concebidos.

 

-Correio da Cidadania: ¿Es posible un fortalecimiento de las resistencias que se opongan contundentemente a estos avances para 2018?

 

Raúl Zibechi: Sin duda hay condiciones para un fortalecimiento de las resistencias porque la ofensiva de las derechas es muy dura.

El caso de Ecuador se puede repetir en otros países. En Argentina hay un aumento de las luchas, en la mayoría de los países tenemos una situación de tensión muy fuerte porque los sectores populares rechazan reformas que proponen la derecha.

Pero aquí surge un problema: en el seno de estas luchas hay dos tendencias. En Argentina y en Brasil sobre todo. Hay quienes luchan para derribar las reformas de la derecha y hay quienes luchan para que vuelvan Cristina Kirchner y Lula al gobierno.

He observado en Brasil que la CUT (Central Única dos Trabalhadores) frena las luchas porque el objetivo no es derribar a Temer, sino sangrar a Temer para que pueda ganar Lula. Lo que quiero decir es que aunque hay condiciones para que haya un fortalecimiento de las luchas, también hay problemas internos dentro del campo popular que pueden desviar la lucha hacia el terreno electoral nuevamente.

 

-Correio da Cidadania: Concluyendo el pensamiento sobre el modelo extractivista y las luchas populares, ¿cómo ves la situación en la región amazónica, donde vemos la minería y sectores hidroeléctricos en verdadera ofensiva sobre territorios indígenas, cubiertos por las pretensiones de un de los ejes del plan IIRSA?

 

Raul Zibechi: Los pueblos indígenas son nuevamente la vanguardia de la lucha contra el modelo extractivo. No solo los indígenas, pero todos los pueblos originarios: ribeirinhos, pescadores, quilombolas, todos los pueblos originarios están interesados en derribar el modelo neoliberal. Y en este periodo empieza a surgir un nuevo actor político que son los pueblos afros, los negros. Y la lucha negra, en los quilombos rurales y urbanos, está empezando a jugar un papel también importante en estas resistencias.

Creo que al extractivismo se lo derrota localmente. La lucha contra la hidroeléctrica de Belo Monte, es en Belo Monte. No puedes luchar contra el extractivismo en el Palacio do Planalto, tienes que derrotar el extractivismo en cada uno de los lugares.

Como fue la lucha contra el fordismo de la clase obrera. Era en la fábrica. Bueno, entonces creo que estos actores, estos sujetos sociales y políticos son los que están cuestionando a fondo el modelo extractivo, las obras de la IIRSA (Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana), todo el proyecto de hidroeléctricas, de minería y de soja pues son los que están más afectados por ese modelo.

Y también los movimientos que vienen de las periferias urbanas y de las populaciones de las favelas tienen un interés objetivo en luchar juntos. No juntos en la misma organización, sino de confluir en mismo objetivo. Por ejemplo, los habitantes de la Favela Alemão en Rio con la Ocupa Alemão; y los Munduruku en el Tapajós, o los que viven en la Volta Grande del Xingu, tienen los mismos intereses en derribar este modelo. Y sus luchas van en la misma dirección.

 

-Correio da Cidadania: ¿Qué está puesto para nuestro continente en el próximo período?

 

Raul Zibechi: A diferencia de lo que opinan los politólogos que creen que lo principal es echar a la derecha de los gobiernos, yo creo que lo fundamental es derribar el extractivismo. Porque este modelo es lo que está dañando a los sectores populares de la ciudad y del campo. Y es lo que está facilitando con que las derechas hayan regresado a los gobiernos y sigan ahí. En mi opinión la tarea principal del próximo periodo es organizar las fuerzas para derrotar el modelo extractivo de la misma manera que se luchó contra el modelo de las privatizaciones.

Imagino los próximos años luchando fuertemente en cada uno de los lugares contra este modelo. Contra la ferrovía de Carajás, contra las 300 hidroeléctricas que se quieren hacer en la Amazonia, la soja y todo lo que son los productos transgénicos, contra la violencia policial en las ciudades y por ahí va. Esta es la lucha principal que creo que nos van a ocupar en los próximos años.

 

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Traducción de Raphael Sanz / Edición de Ernesto Herrera (Correspondencia de Prensa)

 

Publicado enPolítica
Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:12

Sin Líder no hay Salvación

Sin Líder no hay Salvación

A Mirna, Toro, Enrique y Chico


1. La Dictadura: La Nueva Normalidad


La ofensiva oligárquica imperial contra la centroizquierda latinoamericana --la socialdemocracia progresista-- está entrando a su segunda fase. Primero destruyo la Década de Oro del desarrollismo democrático de Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Zelaya y Lugo. Ahora, pretende eternizar su triunfo, instalando la dictadura de clase abierta: fraudes electorales, matanzas militares, coup d´états parlamentarios y judiciales, opresión social sangrienta, cínico desconocimiento del "espíritu de las leyes" (Montesquieu) y la perversión manipuladora de la verdad pública, son las armas usadas por las tiranías burguesas subdesarrolladas.


Actualmente no hay fuerzas de resistencia organizadas en la Patria Grande, que podrían enfrentarse ofensivamente a las oligarquías criollas. Emulando el ejemplo global del proto fascista Trump, éstas no ven impedimento para imponer sus regímenes de facto sobre la sociedad civil; pese a que la destrucción de la socialdemocracia criolla aniquila uno de los dos pilares políticos orgánicos del sistema de dominación capitalista --el otro es el neoliberal-- generando un sistema asimétrico inestable. La oscilación entre la ilusión política de un mundo basado en el contrato social, por una parte, y el campo de guerra del bellator y del mercado, por otra, le parece a la burguesía actual un lujo, del cual puede prescindir, sin perder el control social.


Para las fuerzas populares y clases medias de América Latina, sin embargo, la Nueva Normalidad cambia cualitativamente el teatro de operaciones (campo de batalla). Obliga a actuar desde una perspectiva de "defensiva estratégica" y de concertar coaliciones de salvación nacional lo más amplias posibles, para enfrentar el nuevo orden dictatorial. En este escenario de lucha, el papel del líder --independientemente del género, por supuesto-- se vuelve fundamental para el triunfo.


2. Sin tetas no hay paraíso


Para transformar una sociedad, es necesario construir tres subsistemas de poder: 1. un liderazgo individual (carismático) o colectivo de vanguardia; 2. un programa realista-incluyente de transformación; 3. una organización nacional eficiente con sustento en la realidad socio-económica, política, cultural y militar.


Mientras las necesidades del programa y de la organización son reconocidas en todo el espectro político, el tema de la indispensabilidad del líder para el éxito --conditio sine qua non (condición esencial) del triunfo en la lucha por el poder-- es negada por la izquierda global. Discutirlo significa cuestionar un tabú de la conducción democrática de los macro sistemas sociales. Un tabú, cuyas profundas raíces se nutren de experiencias históricas, ilusiones anarcoides y de memes propagandísticos liberales, socialdemócratas y post-modernistas de la burguesía.


El efecto de este anatema sobre "la izquierda" es semejante al que sufre la joven Catalina Santana en la novela de Gustavo Bolívar, Sin Tetas no hay Paraíso. Cuando la hermosa joven decide ofrecer sus servicios de sexoservidora a los narcos del barrio --única vía para salir de la pobreza-- la rechazan por el tamaño de sus senos. Carece de un requisito vital para triunfar en el mercado del poder y, por lo tanto, está condenada al fracaso. Sufre la inmisericordia de la ley fundamental de la vida clasista, que predestina los triunfos y fracasos del homo sapiens en lo individual y lo colectivo.


3. Stalin, Hitler, Bakunin


La experiencia del terror de Estado stalinista es, sin duda, el trauma castrante más fuerte de la izquierda, que determina su síndrome anti-líder; o, si se prefiere, su síndrome pro-manada.
La amalgamación liberal del terror stalinista con el hitleriano, en el concepto del "totalitarismo" de Mussolini (Hannah Ahrendt); la mezcolanza de estos memes con la utopía anarquista de Bakunin y con determinadas idioteces de la trendy inteligencia de enjambre (swarm intelligence), así como la interpretación reduccionista de los procesos de autoorganización y auto-catálisis de la materia y de la seguridad en números (safety in numbers), generaron la noción precientífica (esterotipia), de que todo líder es sinónimo de peligro para la democracia.


4. Sicofantes de la manada


Hoy día, esta sopa química-ideológica prevalece en la lucha global de las ideas, promovida por los mercaderes e "idiotas útiles" (Lenin) del sistema, mediante múltiples canales de dominación: desde el abuso de la legítima lucha de los pueblos indígenas (actualmente por autodefinidos "trotskistas"), hasta el abuso de los legítimos intereses democráticos de los movimientos populares. Bajo la obscena fachada del purismo democrático, aferrados a su noción abstracta-dogmática de libertad y racionalidad, catalizando estrategias de voluntarismo demagógico y fundamentalismo, escamotean la verdad científica, de que los grados de libertad posibles en los sistemas empíricos son esencialmente funciones de las condiciones objetivas, no de la libre voluntad de las personas.


5. Lula y Alencar


Por lo tanto, en ciertas fases de la lucha de transición política y social, las alianzas tácticas con sectores de las clases dominantes y medias son imprescindibles: ya sea para sobrevivir en la fase de la defensiva estratégica (fascismo europeo) o para dar el primer paso en el derrocamiento de una dictadura (Pinochet); ya sea, para llegar al poder con fines reformistas, como la luna de miel entre Lula y Alencar, el jogo bonito electoral brasileño, en 2002, que se repite actualmente a pie de la letra en el segundo país más importante de América Latina.


6. Seis funciones del Líder


En manadas de animales, la función del animal Alpha consiste en asegurar la sobrevivencia del colectivo dentro del hábitat que utiliza. En sistemas más complejos, como la sociedad clasista humana, el animal Alpha o líder, tiene que cumplir satisfactoriamente con seis funciones.


1. Discernir las zonas hostiles, benéficas, neutrales y antagónicas del entorno.
2. Entender la naturaleza determinística, probabilística o caótica (no-previsibles) de los procesos relevantes para su praxis.
3. Sobre este análisis diseñar la estrategia de sobrevivencia.
4. Imponer en la manada la estrategia escogida, para lograr una mínima auto-similaridad funcional a toda escala de la organización.
5. Mantener la cohesión del colectivo, pese a que toda organización social humana (Estado, partidos, sindicatos, etc.) genera disidencia y se estructura en tres vectores de poder, clasificables políticamente como: centro, derecha e izquierda.
6. Masificar el apoyo a la estrategia escogida para la manada, más allá de su organización interna. Es decir, hacerla hegemónica, en el sentido de Gramsci, en la sociedad civil y política. Todo esto resume, como es obvio, la función de vanguardia de una organización o de un líder político en un macro-sistema social humano.


7. Líder y masas


La sociedad capitalista moderna es un macro-sistema de dominación, que opera vía la interacción de cuatro variables claves: a) las circunstancias objetivas del status quo (momento); b) la intervención de las masas; c) la interfase entre el poder estructural (de las facciones) de la clase dominante y el poder operativo del Estado, que llamamos "partidos políticos"; d) el perfil de los líderes. Marx consideraba a los líderes, dentro de la dinámica objetiva, como parte de los "eventos aleatorios" o de la casualidad ("der ´Zufall´ des Charakters der Leute, die zuerst an der Spitze der Bewegung stehn"), que aceleran o desaceleran los procesos objetivos. El efecto catalizador o paralizante de los líderes en los procesos históricos depende, como ya resumimos, en su capacidad de comprender tempranamente las tendencias de evolución de la realidad y, en respuesta, crear un modelo de dominación/conducción social, que convence a las clases sociales de "la bondad" de su proyecto histórico (visión del futuro).


8. Fidel y Chávez: modelos diferentes


Líderes estructuralmente semejantes, como Fidel y Hugo Chávez --ambos carismáticos, con gran inteligencia, oratoria y vitalidad-- pueden generar modelos de conducción cualitativamente diferentes, según las condiciones objetivas. El sistema político de la Revolución Bolivariana de Chávez era carismático y bonapartista, mientras que el de la Revolución Cubana era y es, básicamente, burocrático y tradicional (Max Weber). Actualmente, ambos modelos están estructuralmente agotados, debido a su inadecuada cibernética (dialéctica) frente a la complejidad de los procesos y nuevas estructuras de clase del siglo XXI. La genialidad del líder Fidel impidió el colapso del modelo cubano, aunque no pudo evitar su deterioro ante la criminal agresión estadounidense de seis décadas; el derrumbe del modelo de Chávez es responsabilidad del Comandante, que lo entregó a los bufones de la manada socialdemócrata tropical.


9. El peligro del líder


Al igual que el liderazgo de la manada, la conducción del líder implica peligros para el colectivo, que le delega poder. ¿Qué su visión puede ser cierta o errada? Por supuesto. No hay praxis humana que se escape a la dialéctica de verdad mental y objetiva, producida por el sujeto. ¿Qué el líder cambie o abuse del poder otorgado por las mayorías? Por supuesto. Sólo la formación científica-ética, una institucionalidad adecuada, la conciencia ciudadana y la superación de la sociedad de clase, pueden conjurar este peligro, que es herencia de nuestra materialidad animal.


10. El Placebo divino


Quiénes no aguantan las antinomias (contradicciones) del Ser --débiles e ignorantes, decía Wilhem Reich-- pueden refugiarse en los placebos totalitarios de la nomenclatura católica. Extra Ecclesiam nulla salus, reza su dogma para el rebaño de fieles, la grex esclavizada: "Fuera de la Iglesia no hay salvación". Entusiasta, el renacentista Principe de Maquiavelo y los Netanyahus del mundo aplauden la deificación del Estado clasista bíblico y la ley de la manada.


Mientras, Jesús de Nazareth, el magno líder palestino, llora el fracaso de su grandioso proyecto de salvación nacional y global. Su consummatum est --todo está acabado-- es su última equivocación de líder: quedó inconclusa la tarea de la humanidad.


Martes, 26/12/2017 04:14 PM

Publicado enPolítica
 Mauricio Macri, saluda a sus seguidores en Buenos Aires

 

Los ciclos políticos no son caprichosos. Vivimos un periodo de crecimiento de las derechas, en particular en Sudamérica. El ciclo progresista terminó aunque sigan existiendo gobiernos de ese color, pero ya no podrán desarrollar las políticas que caracterizaron sus primeros años porque se impone una inflexión conservadora, aunque los discursos puedan decir algo diferente.

Un buen ejemplo de esa ironía puede ser Ecuador: un gobierno de Alianza País que realiza un ajuste conservador. Salvo que se opte por la peregrina tesis de la traición, Lenin Moreno muestra que aún los progresistas deben dar un giro a la derecha para poder seguir gobernando.

Digamos que los ciclos son estructurales y los gobiernos coyunturales. El ciclo progresista se caracterizó por elevados precios de las exportaciones de commodities en un clima general de crecimiento económico, un fuerte protagonismo popular y presiones por mayor justicia social. Los tres aspectos se debilitaron desde la crisis de 2008. Ahora sufrimos una fuerte ofensiva derechista en todos los terrenos.

A pesar de los malos resultados económicos y de una elevada conflictividad social, en la que destaca la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el gobierno de Mauricio Macri consiguió una contundente victoria en las recientes elecciones argentinas. El macrismo no es un paréntesis, consiguió una cierta hegemonía que se asienta en los cambios económicos de la última década, en el desgaste del progresismo y la debilidad creciente de los movimientos.

La primera cuestión a tener en cuenta es que el modelo extractivo (sojero-minero) ha transformado las sociedades. La edición argentina de Le Monde Diplomatique de septiembre contiene dos interesantes análisis de José Natanson y Claudio Scaletta, que desbrozan los cambios productivos del complejo de la soya y sus repercusiones sociales.

El primero sostiene que el mapa de la soya coincide casi matemáticamente con los territorios en que gana Macri. Destaca que el campo se articula cada vez más con las finanzas, la industria y los grandes medios, y que los terratenientes y los peones, que fueron los protagonistas del periodo oligárquico, conviven ahora con técnicos, arrendatarios, agrónomos, veterinarios, mecánicos de maquinaria agrícola y pilotos fumigadores, entre otros.

La tecnología es incluso más importante que la propiedad de la tierra que los “ pools de siembra” alquilan, mientras los cultivadores conectados al mundo globalizado están pendientes de los precios de la bolsa de Chicago, donde se cotizan los cereales.

El segundo sostiene que estamos ante una complejización de las clases medias rurales y la emergencia de nuevas clases medias ruro-urbanas. En consecuencia, el conflicto con el campo que sostuvo el gobierno kirchnerista en 2008 no fue la clásica contradicción oligarquía-pueblo.

A partir de ese momento, se hizo visible un conglomerado de actores más complejo y con una base social mucho más extensa, que rechaza las políticas sociales porque sienten la pobreza urbana como una realidad muy lejana. Ese bloque social es el que llevó a Macri al gobierno y el que lo sostiene.

La sociedad extractiva genera valores y relaciones sociales conservadoras, así como la sociedad industrial generaba una potente clase obrera y valores de comunidad y solidaridad. En las grandes fábricas, miles de obreros se convirtieron en clase al organizarse para resistir a los patrones.

Por el contrario, el extractivismo no genera sujetos internos, o sea dentro del entramado productivo, porque es un modelo financiero especulativo. Las resistencias son siempre externas, en general las protagonizan los afectados.

La segunda cuestión es el desgaste del progresismo luego de una década larga de gobierno. Aquí aparecen dos elementos. Uno, el desgaste interno natural o por la corrupción y la mala gestión, y combinaciones de ambos. Dos, porque el propio modelo despolitiza y desorganiza a la sociedad que sólo se articula por medio del consumo. Ahí es donde muerden las derechas.

El consumismo es la otra cara de la sociedad extractiva. Una sociedad que no genera sujetos, ni identidades fuertes, con valores vinculados al trabajo digno, o sea productivo, sino apenas valores mercantiles e individualistas, no está en condiciones de potenciar proyectos de largo aliento para la transformación social.

La tercera cuestión que explica el auge de las derechas es la debilidad del campo popular, que afecta desde los movimientos hasta la cultura del trabajo y de las izquierdas. La sociedad extractiva crean las condiciones materiales y espirituales de esta anemia de organización y luchas. Pero hay más.

Las políticas sociales del progresismo, sobre todo la inclusión mediante el consumo, multiplicaron los efectos depredadores del modelo en cuanto a desorganización y despolitización. En el shopping desaparecen las contradicciones de clase, incluso las étnicas y de género, porque en esos no lugares (Marc Augé) el entorno desaparece a la humanidad de las personas.

Pero los movimientos también son responsables por las opciones que tomaron. En vez de construir mirando el largo plazo, preparándose para el inevitable colapso sistémico, tomaron el atajo electoral que los llevó a construir alianzas imposibles con resultados patéticos. Algunos movimientos argentinos, que optaron por aliarse con la derecha justicialista, podrían hacer balance sobre los resultados desastrosos que obtuvieron, y no me refiero a la magra cosecha de votos.

Por último, debemos pensar las enseñanzas que nos deja el ascenso de las derechas y la crisis de los movimientos. La sociedad extractiva de cuarta guerra mundial, no puede ser resistida con la misma lógica de la lucha obrera en la sociedad industrial. No existe una clase para ser dirigida. Los sujetos colectivos deben ser construidos y sostenidos todos los días. Las organizaciones deben ser sólidas, cinceladas para el largo plazo y resistentes a los atajos institucionales.

 

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La posizquierda latinoamericana: gaznápiros de derecha

 

Son muchas las izquierdas, o al menos quienes se definen de ella, marxista, radical, socialista, antimperialista, anticapitalista. Tan heterogénea definición, hace ambiguo el concepto. El origen político del término lo encontramos en la Revolución Francesa; aludía a una distribución cardinal entre jacobinos y girondinos en la sala de sesiones de la asamblea. Los primeros, a la izquierda, contaban con el apoyo de las clases populares, defensores del voto universal y la república, los segundos, lo hacían a la derecha, fieles aliados de la nobleza, monárquicos y partidarios del voto censitario.

A medida que el desarrollo del capitalismo dio lugar a nuevas clases sociales, el concepto se adscribió al programa político de los partidos obreros y la clase trabajadora. Por contra, la derecha fue adjudicada a la burguesía, aglutinada en sus partidos de clase, empresarios y banqueros. Los límites eran explícitos. Podían surgir muchas izquierdas, pero con un común denominador: la lucha contra la explotación capitalista. En esta definición cabían anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas, comunistas y los primeros socialdemócratas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la refundación de la socialdemocracia, declaradamente anticomunista, dejó sin efecto la línea divisoria entre capitalismo y socialismo. La caída de la URSS y el fin la guerra fría produjo una hecatombe. El edificio se derrumbó y el concepto de izquierda, vetusto, sometido a múltiples tensiones, se hizo añicos. Sin embargo, las discrepancias se hicieron notorias durante el estalinismo, y posteriormente con las invasiones a Hungría y Checoslovaquia. La emergencia de los países no alineados y los movimientos de liberación nacional habían fracturado el movimiento comunista internacional y la izquierda. El resultado fue la emergencia de una primera nueva izquierda. Respuesta al llamado imperialismo soviético. La polémica chino-soviética añadió más leña al fuego. Los movimientos populares se distanciaron del bloque soviético, volvieron más compleja la definición y problematizaron el significado del concepto. Aun así, ser de izquierdas suponía una concepción del mundo alternativa al capitalismo en todas sus formas. Un movimiento heterogéneo con distintas sensibilidades, muchas veces enfrentadas y, por qué no decirlo, contradictorias. Maoístas, trotskistas, leninistas, partidarios de la lucha armada, insurreccionales, foquistas, terceristas, coexistían en su seno.

¿Pero tenían algo en común la vieja y la nueva izquierda? En primer lugar, definían estrategias para la toma del poder político, y en segundo lugar mantenían el eje de lucha anticapitalista. Las distancias venían de la política de alianzas, la caracterización de las formaciones sociales, los análisis de coyuntura. Baste recordar la polémica subdesarrollo-revolución, la caracterización de las dictaduras militares o el debate sobre los modos de producción. Pero también estos acuerdos y desencuentros se fueron diluyendo con la caída del muro de Berlín. El sentimiento de derrota y la sensación de orfandad, pasó factura en los años 90 del siglo pasado. Así, apareció por segunda vez, otra nueva izquierda, esta vez condescendiente con el capitalismo, centrándose las críticas, en un rechazo al neoliberalismo. La crítica se centró en contraponer Hayek a Keynes. Esta retórica caló profundamente, hasta identificar izquierda con la adopción de políticas progresistas y en defensa del estado keynesiano. La explotación capitalista se diluyó, desapareciendo del horizonte ideológico-político hasta perderse en el limbo y con ello se introdujo un nuevo debate, el fin de la contradicción derecha-izquierda. La novísima, nueva izquierda, levó anclas, hasta romper con su apelativo de izquierda, considerándolo un lastre para ganar elecciones y disputar el poder a la sí, nueva derecha. La dualidad izquierda-derecha se trasformó en progresistas y neoliberales y la tercera vía emergió como una defensa del capitalismo con rostro humano.

Las doctrinas neoliberales y la ideología de la globalización propusieron otro escenario, modificaron la agenda, al tiempo que se difuminan las relaciones de explotación capitalista. La frustración ante el embate del neoliberalismo modificó el centro de gravedad del debate. Lentamente, el eje derecha-izquierda fue cuestionado, al tiempo que la contradicción capitalismo-socialismo se resolvía, para el bloque occidental, en un triunfo aplastante del primero. Ya no había alternativa, sólo alternancia en la gestión de lo público y las políticas sociales complementarias a la globalización. Se habló del advenimiento de la economía de mercado, no de capitalismo. El tsunami neoliberal parecía llevarse consigo la izquierda, la derecha, la explotación y sus representantes políticos. Frente al pasado, el futuro. El discurso poniendo en cuestión la existencia de las clases sociales, derivó en una renuncia a ser identificado como izquierda. Ni de derechas ni de izquierdas. Ni dominado, ni explotado, ni dominador, ni explotador, ni burgués, ni trabajador, ni campesino, ni latifundista, ni pobre ni rico, nada de nada. Eso sí, emprendedores y empoderados. El sí se puede y la idea de vivir un mundo donde la alternativa a la pobreza, el hambre y la explotación y la justicia social se traduce en convertirse en empresario de sí mismo, posibilita la emergencia de los nuevos partidos de la posizquierda, los cuales renuncian a ser izquierda, al considerar que la lucha anticapitalista ya no tiene sentido. Gaznápiros, que bien reza el diccionario, sujetos palurdos, torpes, que se quedan embobados con cualquier cosa. Es decir, con la economía de mercado y su retórica. El resto es irrelevante.

 

 

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Jueves, 14 Septiembre 2017 06:42

Topolansky y Mujica

La nueva vicepresidenta de Uruguay y presidenta del a Asamblea General del Parlamento, Lucia Topolansky (derecha), junto a su marido, el expresidente y senador José Mújica

 

Lucia Topolansky, histórica compañera de José Pepe Mujica, se convirtió en la primera vicepresidenta de la historia de la República Oriental del Uruguay. Una noticia significativa en medio del cimbronazo de Raúl Fernando Sendic: de los laberintos se sale por arriba, dice el dicho, y el frenteamplismo parece dispuesto a aprovechar la repentina crisis para volver a hacerse fuerte de cara a las próximas presidenciales.

Topolansky, primero militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y luego fundadora del Movimiento de Participación Popular (MPP), uno de los espacios más representativos del Frente Amplio (FAS), tendrá la tarea de oxigenar la gestión de gobierno frenteamplista en medio de una embestida continental contra los gobiernos nacional-populares, progresistas y de la izquierda, enmarcada en un intento de restauración conservadora.

La Constitución la puso en ese lugar: fue la segunda senadora más votada de la lista más elegida, tras el propio Mujica, que no puede asumir el cargo por restricciones constitucionales. La idea parece clara. Sanar las heridas. Pasar la página. Gobernar, ni más ni menos, en medio de una América Latina con crisis presidenciales a lo largo y ancho del continente. Lo que le voy a proponer al presidente Vázquez se resume en una palabra: trabajo dijo Topolansky sobre su nueva tarea, dejando en claro a qué se suma.

La ahora vicepresidenta uruguaya tuvo múltiples desafíos a lo largo de su carrera política. Estuvo presa 13 años, como miles de latinoamericanos que lucharon contras las dictaduras cívico-militares en el Cono Sur. Fue torturada, pero milagrosamente salvó su vida. Y al salir siguió militando por la democracia, junto a su compañero. En 1989 fundó el MPP. Fue diputada y luego senadora, además de primera dama. Se reinventó, y el pueblo uruguayo la votó una y otra vez.

Los medios concentrados del continente ya han comenzado un embate veloz en su contra, con los clichés de siempre: ex guerrillera, pro-aborto, pro-marihuana. Lo mismo que hicieron contra Dilma Rousseff, misoginia mediante, antes que fuera depuesta por un golpe institucional que acaba de aprobar una reforma laboral seriamente regresiva en materia de derechos laborales, y que busca inhabilitar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva de la mano de una condena de Moro.

La élite uruguaya –y también la latinoamericana– sabe bien que en esta mujer que vive como una más en las afueras de Montevideo está la posibilidad de reforzar una gestión de gobierno que muestra 15 años de crecimiento ininterrumpido en materia económica, pero que se ha visto impactada mediáticamente durante los últimos dos años. Por eso ahora, cumplida la tarea sucia sobre Sendic, probablemente busquen acorralar a como dé lugar a Topolansky, con ríos de tinta de dudosa veracidad pero posible fuerte impacto en centros urbanos.

Mientras tanto, el Frente Amplio deberá comenzar a resolver el dilema electoral de 2019. Mujica dice que por ahora no será el candidato. Si Sendic fue una apuesta a futuro fallida por este desenlace, el FA deberá replantearse el horizonte eleccionario. La renovación suele ser buena consejera para pensar a mediano y largo plazo, es cierto, pero también hay momentos bisagra donde los fundadores de los proyectos políticos deben asumir responsabilidades históricas, y entender su propio peso personal en el destino de las naciones. Posiblemente sea el momento para que el experimentado Mujica replantee su no. Hay mucho en juego, tanto para Uruguay como para la región en su conjunto.

 

* Politólogo Universidad de Buenos Aires / analista internacional

 

 

 

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Domingo, 13 Agosto 2017 10:17

La Contrarreforma

La Contrarreforma

 

Durante la primera década larga del siglo XXI las principales economías de América del Sur vivieron un paréntesis “populista”, según la caracterización inicialmente despectiva de sus adversarios. La esencia de estos procesos, en el marco de un ciclo de precios internacionales favorable, al menos hasta la crisis internacional de 2008-2009, fue el crecimiento económico acompañado por dinámicas más o menos intensas de distribución del ingreso en favor de los trabajadores, con expansión del consumo, reducción de la pobreza extrema y mejora generalizada de los indicadores sociales.

Los casos paradigmáticos fueron Brasil bajo los gobiernos de Lula de Silva, la Venezuela de Hugo Chávez, el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales y la Argentina kirchnerista. La característica común, con la excepción boliviana, fue que llegado un determinado punto los procesos de distribución progresiva se abortaron dando lugar a una verdadera Contrarreforma, la restauración más o menos violenta, más o menos legítima, del neoliberalismo, ciclo que había experimentado su auge tras la caída del muro de Berlín, bajo la advocación del Consenso de Washington y que terminó bastante mal en todos lados, especialmente en Argentina.

Con miras al futuro regreso de los gobiernos populares en la tercera década del siglo resulta de interés entender el carácter regional de las transformaciones y, en este marco, sus similitudes, diferencias y limitaciones comunes, tanto en el momento de la expansión populista como en el de la contrarreforma neoliberal.

El límite principal de los procesos expansivos fue la escasa diversificación de la inserción internacional de los países, es decir de la composición de sus canastas de comercio con el mundo, y de las estructuras productivas internas, componentes directamente relacionados. Esta falta de diversificación fue, desde lo económico, la clave que impidió continuar el crecimiento con distribución progresiva abriendo paso a la contrarreforma.

En el dificultoso mundo de la integración regional, se avanzó sobre la base de la acción y la sintonía entre gobernantes individuales, pero faltó la creación de instituciones más permanentes, como podría haber sido el Banco del Sur, apenas el punto de partida para una integración física más verdadera. Un mercado plenamente regional necesita obras de infraestructura común que faciliten los lazos comerciales. A la vez, los emprendimientos comunes ayudan a la construcción de relaciones más intensas y duraderas entre los países

Como suele suceder en economía, las enumeraciones son sencillas, pero los caminos políticos mucho más complejos. Nótese que para la protointegración de los primeros 2000 se necesitó de la coincidencia y sintonía entre líderes nacionales con mucha conciencia regional frente a una potencia hegemónica continental interesada en la división y subordinación de su “patio trasero”. La integración es un camino tan dificultoso y azaroso como los procesos de desarrollo mismos; se encuentra mucho más en la conciencia no consolidada de los pueblos que en la voluntad de sus clases dominantes, locales y globales al mismo tiempo, las que se supone deberían entender la necesidad de mercados comunes de mayor escala.

Recapitulando, la falta de diversificación productiva y comercial y los límites de la integración significaron un freno al crecimiento sobre el que se construyó la contrarreforma, que es continental y que se manifiesta en el apoyo entre sus gobiernos, por ejemplo, en el reconocimiento a la administración golpista de Brasil o en el acompañamiento al asedio imperial a Venezuela.

El caso de Brasil es paradigmático porque fue el punto de partida. La recesión autoinducida por la última administración de Dilma Rouseff frenó innecesariamente a la principal economía del subcontinente, arrastrando a las demás. Esta fue la base del descontento para los cambios de régimen, más allá de cualquier limitación o errores nacionales. La foto muestra, entonces, una Venezuela asediada, un Brasil golpista y una Argentina donde la transición hacia la contrarreforma se dio bajo la formalidad democrática, aunque su gobierno no tardó en prescindir del republicanismo enarbolado en tiempos de oposición. Ajuste y democracia es un par contradictorio, como lo demuestra la existencia de presos políticos y hasta un desaparecido en manos del aparato represivo del Estado, un panorama inimaginable hace apenas dos años.

La segunda cuestión es cuáles son los componentes comunes de la Contrarreforma, expresión con la que sintetizaba al actual proceso sudamericano el recientemente fallecido Marco Aurelio García. Al igual que en todo cambio de régimen existe la aspiración de crear instituciones irreversibles. Como detalló el periodista Martín Granovsky, esto se observa claramente en Brasil cuando se establece constitucionalmente la prohibición de aumentar el gasto público, incluido el social, durante 20 años o cinco períodos presidenciales, o en Argentina, cuando se toma deuda a 100 años o 25 períodos presidenciales.

Pero más allá de las aspiraciones de permanencia, la identidad común de la Contrarreforma es la resubordinación al poder financiero–imperial por la vía del endeudamiento y la libre circulación de capitales más la redistribución del ingreso en favor del capital. Este último punto se plasma en dos tipos de reformas: la flexibilización laboral, otra vez con Brasil como caso extremo, y el avance sobre los sistemas previsionales y, por extensión, sobre cualquier rezago de los estados benefactores. Los resultados son contundentes. En todos los países en los que avanzó la Contrarreforma aumentó el desempleo y se contrajo el poder adquisitivo del salario. Sí, la historia es una historia de lucha de clases.

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Corrupción endémica en AL amenaza con hundir avances: Noam Chomsky

A la izquierda latinoamericana le falta liderazgo, afirma el filósofo estadunidense

Los gobiernos progresistas no supieron descartar las demandas del mercado internacional

 

Montevideo.

El académico y activista estadunidense Noam Chomsky advirtió este lunes en Montevideo, Uruguay, que la corrupción endémica en América Latina amenaza con hundir y revertir los avances logrados por los gobiernos progresistas en años recientes.

Durante una conferencia que ofreció en la sede del gobierno municipal de la capital uruguaya, Chomsky destacó los esfuerzos de algunos gobiernos para enfrentar la situación que vivía la región, la cual, en su opinión, era "desastrosa".

Puso de ejemplo los intentos por tomar distancia del Fondo Monetario Internacional y las medidas para reducir la pobreza, aumentar las oportunidades de educación y mejorar los derechos civiles.

"Desafortunadamente (ese proceso) fue acompañado por fallas importantes que amenazan con hundir y revertir las ganancias obtenidas", indicó ante un auditorio compuesto por dirigentes políticos, representantes sindicales, estudiantes e integrantes de organizaciones sociales y vecinales.

Respecto de las causas de esa situación que ha vivido y aún enfrenta América Latina, el filósofo estadunidense señaló que uno de los problemas para que ello ocurriera ha sido "la falta de capacidad y liderazgo de la izquierda para evitar los niveles de corrupción endémica".

Otro conflicto, según Noam Chomsky, ha sido que los gobiernos progresistas no supieron o no pudieron enfrentar la tentación de acceder a las demandas del mercado internacional, principalmente de China.

"América Latina ha mantenido, también bajo los gobiernos de izquierda, la política de exportación de productos primarios. Esto era una tentación que tendrían que haber resistido. Se produjo a través del crecimiento de China y su apetito por materias primas", aseveró.

Según el académico, "satisfacer esas demandas chinas llevó a América Latina a potenciar la soya y el hierro y a importar productos chinos a precios muy bajos, lo que afectó a la industria local. Eso, desafortunadamente, continúa. A veces hasta se exageró bajo los gobiernos de izquierda de este siglo".

Para Chomsky, quien fue ampliamente elogiado y aplaudido durante su exposición de casi dos horas, todos estos "son problemas que se pueden superar", aunque en su conferencia sobre temas planetarios vaticinó oscuros nubarrones para el futuro de la humanidad.

El ex presidente de Uruguay José Mujica y Chomsky se reunieron el pasado fin de semana en Montevideo para protagonizar un documental rodado por una productora mexicana.

"La idea fue unir al sabio del norte con el sabio del sur", explicó un vocero de la productora al Canal 10 de la televisión uruguaya, sin ofrecer detalles del proyecto cinematográfico.

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Manuel Zelaya: "Mi derrocamiento inició la restauración conservadora en América Latina"

En exclusiva con la periodista Telma Luzzani, para el programa radial Voces del Mundo de Sputnik, el expresidente hondureño Manuel Zelaya, habló sobre el golpe de Estado que sufrió en 2009, el imperialismo y el crecimiento de la derecha en América Latina

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El golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya, en Honduras, fue un cimbronazo para los países que venían llevando, con éxito, políticas progresistas en América Latina. Los golpes militares al viejo estilo volvieron a ser una amenaza posible. Pero aún más: Honduras fue el laboratorio de los futuros "golpes blandos" donde los poderes Legislativo y Judicial jugarían un rol principal. En Tegucigalpa, el expresidente Zelaya dialogó sobre ese pasado y reveló los aspectos más oscuros del poder. Entre otras cosas, contó cómo la embajada de Estados Unidos en nuestros países confecciona los gabinetes que los presidentes deberán aceptar; por qué el Ejército hondureño decidió a último momento no asesinarlo y por qué él, que toda su vida fue un político de derecha, decidió abandonar a su clase y luchar por un modelo de izquierda para su país.
Telma Luzzani: El golpe de Estado del 2009 contra Honduras es considerado como el inicio de lo que el presidente Rafael Correa llamó "la restauración conservadora" en América Latina, es decir, una ofensiva de Estados Unidos, de los poderes fácticos y de las oligarquías regionales para retomar el poder en toda la región. ¿Qué evaluación hace usted ocho años después?


Manuel Zelaya: Sí, la restauración conservadora comenzó con mi derrocamiento. Este retorno de las derechas agresivas y reaccionarias de América Latina no es coyuntural. Es una respuesta planificada desde Washington por fuerzas que sintieron que estaban perdiendo espacios en la región. Bolivia, Venezuela, Ecuador, como la propia Argentina, iniciaron un proceso de recuperación de bienes que corresponden a la nación, como los servicios públicos o los recursos naturales y esto irritó a las trasnacionales norteamericanas y europeas. Yo, por ejemplo, toqué intereses de las petroleras. Cuando traje a Petrocaribe, dijeron: "Competencia desleal para las trasnacionales del petróleo", porque aquí las compañías norteamericanas y europeas estaban acostumbradas a asociarse con el Estado hondureño y formar oligopolios. También toqué intereses de los bancos al traerles competencias como el ALBA, con financiamiento a bajísimos intereses, igual que el Banco Mundial, pero antiimperialista, democrático y de un bloque de países que trabajan por la solidaridad humana, no por el comercio. Esto irritó a Washington. Entonces se asociaron con los militares, con la élite que ha gobernado Honduras durante siglos y me derrocan violentamente.


TL: ¿Es cierto que lo llevaron a la base militar que ocupa el Pentágono en Palmerola?


MZ: Sí. Ellos entraron a mi casa en la madrugada, sin órdenes de allanamiento, sin ninguna demanda. Entraron violentamente, a los balazos, rompiendo todo y me llevaron.


TL: ¿Cuántos soldados eran?


MZ: Por lo menos 250. Yo, siendo presidente, vivía en mi casa. Es pequeña, tres habitaciones y una sala comedor. Unos 180 metros cuadrados con un patio donde estacionamos los vehículos. Bueno, la casa fue inundada por los militares. Se bajaron 10 comandos de soldados con ropa de combate, encapuchados, sólo se les veía los ojos. Entraron a los gritos, tirando puertas y sometiendo a la guardia presidencial. Era un escándalo. Me subieron a un avión y la primera escala fue en la base de Palmerola. Ahí se reabasteció de combustible. Yo al principio pensé que íbamos para Cuba o Venezuela pero me bajaron en Costa Rica.


TL: ¿Usted bajó en la base de Palmerola o fue sólo para reabastecimiento?


MZ: Los militares que me tenían cautivo bajaron y se reportaron ante los jefes de la base. Yo miraba por la ventanilla. Hay dos jefes ahí porque es una base mixta hondureña y norteamericana. Se reportan y luego me llevaron a Costa Rica. Ahí me abandonaron en un aeropuerto. Me quedé solo, en ropa de dormir. ¡Imagínate! Un presidente de Centroamérica... Yo me dije: ¡Qué miseria la de estos países, qué farsa la democracia, qué sistema más oprobioso el de América Latina! Un grupo de militares con una élite perniciosa asociada con los halcones de Washington saca a un presidente electo democráticamente y lo bota en el aeropuerto de un país vecino.


TL: Con una fuerza de 250 personas.


MZ: Militares, no civiles. Militares armados hasta los dientes, con granadas, chalecos... Y por el cielo de Honduras empezaron a volar helicópteros, aviones de combate sembrando terror en la población. Fue un golpe de Estado militar a la antigua. Después le entregaron el gobierno a los civiles y ese mismo día fueron al Congreso y dijeron que yo había firmado una renuncia. Como pasó con Salvador Allende en Chile ¿te acuerdas?


TL: Y también con el presidente Hugo Chávez en 2002, salvo que después se desmintió que él hubiera firmado cualquier renuncia.


MZ: Igual conmigo. La renuncia era falsa. Yo la desmentí desde Costa Rica, pero siguió el proceso igual. EEUU al principio condenó el golpe pero a los pocos meses se unió al golpismo para hacer elecciones bajo fuego, lo mismo que hacen en Afganistán, en Iraq, en Libia, en todos los países que invaden. Y desde aquel 2009 para acá, en Honduras se ha instalado una dictadura militar con fachada civil, fachada legal, que la dirigen los dos partidos tradicionales que me sacaron del poder. Por eso afirmo que la restauración conservadora en América Latina es un proceso bien planificado. Pero también digo que no tiene futuro porque surge como una respuesta reaccionaria de las cúpulas frente a la demanda del pueblo ante el fracaso del modelo neoliberal. El capitalismo patriarcal y patrimonial fracasó en los 90, en 1998 aparece Hugo Chávez, el Socialismo del siglo XXI y hoy están intentando otra vez parar esa demanda del pueblo. Pueden detenerla por un tiempo, ponerle diques y obstáculos, pero los pueblos siguen avanzando. Yo no creo que pueda sostenerse mucho tiempo este retorno de la derecha en Latinoamérica y el Caribe.


TL: Hay quienes sostienen que esto es posible porque existe además un Plan Cóndor mediático.


MZ: En Paraguay destituyeron a Fernando Lugo por la fuerza, en Honduras a mí, en Brasil a Dilma Rousseff también por la fuerza. Es decir que la restauración conservadora lleva conspiración. Combina ataques mediáticos, fuertes engaños publicitarios y fraudes electorales. La restauración es violenta. No es pacífica, ni democrática. No conozco las interioridades del proceso político en Argentina, pero creo que el kirchnerismo, representado Cristina Kirchner, está sometido a un ataque mediático salvaje. Esa matriz mediática hace que el pueblo sea engañado. El voto de un pueblo que no tiene información oportuna, objetiva, que no tiene la capacidad de discernir, es un voto falso, engañoso. La elección de Mauricio Macri es un fraude político.


TL: ¿Qué opina de lo que está pasando en Venezuela?


MZ: El objetivo es evidente. La Revolución Bolivariana es un símbolo latinoamericano y caribeño, como lo fue la Revolución Cubana. Cuba nunca se venció ni fue derrotada. Murió Fidel después de sufrir 600 atentados y Cuba sigue manteniendo la dignidad que necesitamos los pueblos para sobrevivir. Ahora han acrecentado la agresión contra Venezuela, contra Nicolás Maduro. Todo latinoamericano que tenga el mínimo de conciencia colectiva, de querer el bien común para estos pueblos, debe de estar al lado de Maduro y la Revolución Bolivariana, acechada, rodeada, cercada, conspirada internamente con columnas que, como caballos de Troya, agreden a su pueblo. Entonces, si nosotros admiramos a Cuba por lo que resistió durante más de 50 años, y sigue resistiendo el bloqueo, debemos de admirar también lo que el pueblo de la Revolución Bolivariana está soportando en condiciones inclusive peores porque Venezuela no es una isla, tiene fronteras con Colombia, con Ecuador, con Brasil. Y luego, Barack Obama hace un decreto diciendo que Venezuela es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Imagínate, esa potencia que es millones de veces más grande diciendo que Venezuela es un peligro. ¡El peligro son ellos para la humanidad! El Goliat declarando que David es una amenaza con su honda. Venezuela tiene problemas porque el imperio está acechándola y rodeándola. Pidámosle a EEUU que saque sus narices de Venezuela.


TL: El actual presidente Donald Trump ha dado un giro de 180 grado respecto a lo que prometió durante su campaña en relación China y Rusia ¿Qué cree que pasó?


MZ: Yo siempre lo dije: el imperio es más fuerte que sus presidentes. Los pueblos eligen a sus presidentes pensando que son los que mandan. Yo que estuve sentado en la silla presidencial sé que te dejan gobernar y mandar únicamente si obedeces las órdenes tanto del imperio de turno, como de la oligarquía mediática, económica y militar que gobiernan nuestros países. Si estás en contra de ellos, tienes a los medios nacionales y a las principales cadenas de radio y televisión del mundo encima, a los bancos y a las transnacionales encima. Inclusive las iglesias, las ONGs, los sectores reaccionarios en las universidades, todos se te vienen en contra cuando tú estás realmente queriendo hacer reformas sociales en pro del bien común. A mí, en este pequeñito país, siendo presidente, me derrocó la élite de aquí asociada con los norteamericanos y los militares. Y a Trump lo está venciendo el complejo militar industrial de su país. Él es un empresario. Llegó a la Casa Blanca con sus ideas de cómo gobernar el país y el mundo. Pero cuando le empiezan a explicar los réditos económicos que logran invadiendo, haciendo la guerra, sometiendo países para apropiarse de sus recursos naturales, entonces él empieza a comportarse como cualquier presidente de una potencia que conspira contra la paz. Pensar que Trump puede sobreponerse al imperio es una quimera. Tiene de espaldas el imperio. A él lo pueden aplastar el día que quieran. El imperio lo está venciendo.


TL: Ud. era un dirigente de derecha. ¿Por qué razón cuando ganó la presidencia adoptó políticas de izquierda? ¿Su clase social, la de la derecha, le perdonó ese vuelco?


MZ: No. No me lo van a perdonar nunca, aunque yo ya les perdoné a ellos el daño que nos han hecho. Y me vine de la derecha, donde estuve muchos años, a la izquierda porque la razón histórica, inteligente, sensible, humana, está de este lado. La historia la construyen los pueblos, no las élites. Yo tenía un sueño, una esperanza, una quimera. Me metí en política a los 30 años, cuando vino la democracia después de gobiernos militares. Pasé desde una aldea en una zona rural y después de 25 años de una lucha titánica llegué al punto de ser presidente de Honduras. Luché 25 años. Todos los días. Abandoné todo: empresa, familia, todo para irme a la lucha política y llegué a la presidencia. Y ahí me senté con la cúpula militar, con las élites económicas, las mediáticas, las empresariales, con las iglesias y con el imperio.


TL: Con la embajada.


MZ: Más que la embajada: con el Departamento de Estado, el Departamento de Comercio, el Comando Sur, la Unión Europea, que fueron parte de todo ese proceso. Yo me senté con los organismos internacionales de tú a tú. Con el Vaticano. Me senté pues a hablar y a ver las cosas en la realidad. Entonces un amigo que estaba presidiendo las compañías petroleras en Honduras me dijo la verdad: "¡Ni un penique, presidente! Es nuestro dinero, nos ha costado demasiados años ganarlo en nuestras compañías trasnacionales. Corresponde a concesiones, a contratos que hemos hecho y ni un penique le vamos a ceder al Gobierno". Yo les demostraba que esas ganancias eran fruto de precios indebidos, que sus actividades económicas no respetaban ni siquiera las reglas del sistema capitalista. Y les dije: "Ustedes están aquí con políticas económicas fraudulentas, con monopolios, poniendo precios injustos, sacrificando a este país, ¿cómo es que no podemos llegar a acuerdo?" Ellos me apoyaron para llegar a presidente, pero cuando llegué querían que fuera su gendarme, su operador, querían que les autorizara absolutamente todo. ¿Cómo podía permanecer de ese lado de la historia? Si allí lo único que se busca es el poder por sí mismo, ni siquiera el dinero. Lo único que se busca es el beneficio para quienes ya les sobra absolutamente todo, donde yo siempre estuve, pero creí que tenía en ese momento la capacidad de convencerlos. Y no. ¿Sabes cuál fue la primera petición que me hizo la Casa Blanca? Que le diera una visa de asilo diplomático a Posada Carriles, al terrorista. ¿Cuál fue la primera petición aquí en Honduras? Que nombrara el gabinete de gobierno que ellos habían diseñado en la embajada.


TL: Así directo.


MZ: Así directo. Me dijeron: "Aquí está la lista de las personas que usted va a nombrar en su gabinete, para que la analice". Así dominan nuestros países. Entonces cuando tú llegas y ves esa realidad, ¿cómo puedes permanecer en un lugar que sabes que es la desgracia de la humanidad? Tienes que cambiar. Entonces, lo primero que hice fue hablarle a Chávez para que me ayudara con petróleo. Hablé con Cristina Kirchner, con Lula. Honduras no tenía relaciones con los países de la región. Nunca había venido un presidente de Brasil a este país hasta que yo traje a Lula. Me uní al bloque antiimperialista del ALBA, escuché las demandas populares, empecé a trabajar con los sindicatos, los obreros, los maestros, los campesinos pero también con los agricultores, los ganaderos y los empresarios. Empecé a trabajar en una óptica eminentemente pluralista ideológicamente y democrática. Pero es mentira que ellos quieran la democracia. Lo que quieren son concesiones para sus privilegios económicos y llevarse todo.


TL: Pero usted no se opuso al modelo capitalista.


MZ: Yo no me opongo a que haya grupos empresariales económicos fuertes. ¡Que hagan el dinero que quieran! Como presidente me opuse a que les nieguen a los demás la posibilidad de tener una oportunidad, de sentirse seres dignos, con libertad de tomar decisiones. Denuncié la forma farisea y falsa de los discursos que hacen las potencias sobre la democracia en nuestros países. Yo les decía: "¿Cómo es que como presidente no puedo subirle los derechos al pueblo porque se oponen los principales poderes fácticos?" Ahí empezó mi cambio. No pensaba en izquierda o derecha, sino en cómo hacer el bien común. No quise llegar a la presidencia para pasar sin pena ni gloria, sino someterme a cualquier sacrificio para decir la verdad. El día del golpe de Estado, los militares dijeron que la orden era matarme. ¿Me dejaron vivo? Pues que me aguanten, porque cada segundo desde que me dejaron vivo les he demostrado que siguen estando equivocados, y la conciencia que se crea en todos estos pueblos cada día es mayor. Nadie nos va a regalar a nosotros ni libertad, ni independencia, ni soberanía, ni Estado de derecho, ni república, ni derechos de solidaridad con los pueblos. Eso se gana luchando y hay que estar dispuesto, en ese sentido, al sacrificio.


TL: ¿Sabe por qué no cumplieron la orden de matarlo?


MZ: No me mataron porque los militares hondureños se opusieron a mi muerte. Hubo dos sesiones en la que ellos deliberaron y votaron. Ahí el ejército decidió que me iban a sacar pero no me iban a asesinar.


TL: ¿La orden de matarlo vino del sector civil?


MZ: Un civil no le ordena a un militar. No sé de dónde vino la orden pero puedo suponerlo: a un militar le ordena otro de mayor jerarquía. Para mí la orden vino de los rangos de estrellas que gobiernan el mundo. Y aquí estoy, diciéndole la verdad para que los pueblos abran los ojos, como decía nuestra luchadora Berta Cáceres, "¡Despierta, humanidad!".

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Ecuador y el decaído encanto del progresismo

 

El debate sobre los gobiernos progresistas en América Latina, sus logros y sus errores, sus posibilidades y sus límites, su crisis y el ascenso de los contrarios, continúa. Atizan el debate las cifras arrojadas por los comicios presidenciales celebrados el pasado 19 de febrero en Ecuador, donde Lenín Moreno, candidato del oficialista Alianza País, ganó pero no venció.

Continuidad en veremos. El candidato del gobiernoContinuidad en veremos. El candidato del gobierno tenía como objetivo central evitar a toda costa una segunda vuelta y con ello la pragmática "todos contra uno" de la atomizada oposición, para lo cual, y según las normas, debía lograr el 40 por ciento de los votos, con 10 puntos de diferencia de quien le siguiera en sufragios. Un ideal.

Sin embargo, el esfuerzo no rompió el descontento ni la apatía ciudadana. En un país donde el voto es obligatorio, el 18,9 por ciento no concurrió a las urnas, el 2,73 lo depositó en blanco, y el 7,03 lo anuló; en total, un significativo 27,95 por ciento (1). Las cifras también confirmaron, luego de un dilatado conteo de las papeletas electorales que suscitó todo tipo de comentarios, que Lenín Moreno obtuvo el 39,35 de los votos y 28,10 por ciento Guillermo Lasso, su contrario inmediato. En estas condiciones, el próximo 2 de abril tendrá lugar la segunda vuelta.

El resultado anotado es paradójico. Para algunos puede valorarse de manera positiva, pues conservar casi un 40 por ciento de favorabilidad por parte del correísmo, luego de 10 años ininterrumpidos de conducir el país, es algo encomiable; pero para otros refleja lo contrario, resaltando el desgaste en que entró un proyecto joven, anunciado apenas en 2006 como una nueva época para Ecuador, antineoliberal, antiprivatizador, adjunto y respetuoso de los movimientos sociales y de la naturaleza, entre otras de sus cualidades.

Inocultable. El desgaste hoy es palpable en cualquier ciudad ecuatoriana, donde la inconformidad de sus pobladores con el gobierno que encabeza Rafael Correa ya no es ocasional, de una que otra persona, sino una voz fuerte que crítica sus medias tintas, sus cambios de posición, el creciente endeudamiento con los chinos, sus rasgos autoritarios, el tratamiento violento dado a los pueblos indígenas, opuestos a su política extractivista en sus territorios, las dificultades crecientes para sobrellevar la vida diaria, entre otras quejas comunes que con facilidad se escuchan en los buses y los cafetines, y en cualquier conversación que reúna a más de dos personas.

 

Más freno que acelerador

 

Desde 1998, cuando Hugo Chávez entró al Palacio de Miraflores en Caracas, ganó espacio el deseo y la esperanza de cambio no sólo en Venezuela sino igualmente en otros países de Nuestra América, llamando incluso a construir el socialismo con signo de siglo XXI, es decir, autocrítico, superador de los límites ya conocidos en su gestión en otras latitudes. La crisis económica de finales del siglo XX y el desgaste neoliberal, entre otros factores, permitieron este avance.

En uno y otro país, el giro a la izquierda llegó. La clase dominante, desde dos siglos atrás, parecía arrinconada. Variadas reformas ganaron espacio y el Estado retomó su rol protagónico, con la reestatización de numerosas empresas como prueba de ello; la organización social recibió apoyo –siempre y cuando no cuestionara las líneas oficiales–, de tal manera que lo máximo logrado fue la institucionalización de diversidad de movimientos sociales, congelando o apagando la vitalidad de su voz crítica.

Ilusión sin ruptura real. La centralidad estatal y la importancia dada a lo institucional fortalecieron el presidencialismo, incluyendo el papel del dirigente único, dejando a un lado un cambio imprescindible y que poco o nunca se vio: transformar las relaciones sociales. Sin cambios de este tenor, pero también sin afectación de la matriz productiva (economía primario-exportadora), así como de la cultura heredada –imposible de romper en pocos lustros–, lo imperante durante todos estos años fue una dicotomía entre discurso y realidad, una especie de trastorno disociativo cuyas consecuencias sufrieron –sufren– las sociedades de cada uno de los países autodenominados progresistas.

El gobierno ecuatoriano no escapó a esta constante, como heredero de las luchas sociales de su país, en especial del liderazgo y la movilización de los pueblos indígenas, de quienes asumió sus demandas como propias al estructurar su programa en 2006 (2): protección de territorios, contralando la producción petrolera en algunos de ellos e impidiendo la misma en otros (Parque Nacional Yasuní-ITT), no firmar tratados de libre comercio con Europa y Estados Unidos, avanzar hacia la soberanía alimentaria, impedir las privatizaciones, apoyar y fortalecer la economía popular, renegociar la deuda externa, redistribuir la tierra, no aceptar injerencia alguna de los organismos multilaterales de crédito, entre otros asuntos. En sus primeros años de gestión, los bríos del nuevo gobierno eran palpables, y caminar de gancho con los movimientos sociales lo fortalecía.

Llegaron inversiones estatales por doquier. El país, sin gran industria pública, se dotó de vías y autopistas, y las tractomulas las coparon. Las mercaderías extranjeras hicieron su agosto, y así fue visible el propósito que persigue la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (Iirsa) en todo el subcontinente y el papel que en su concreción juega este país. El trabajo mejoró y la pobreza cayó, resultados pasajeros que en momentos de crisis económica como los actuales quedan cuestionados, toda vez que no están soportados sobre líneas estratégicas, como la redistribución de la propiedad y/o el cambio de la matriz productiva.

Luna de miel. La aceptación gubernamental de lo social-popular duró poco. La promesa de no tocar el Yasuní-ITT fue arriada por el Presidente ante las multinacionales en agosto de 2013, así como la de no ampliar la frontera petrolera en la Amazonia, para lo cual incluso arremetió de manera violenta contra sus otrora aliados. En el camino quedaron varios muertos y encarcelados (3). A renglón seguido, vino la expedición de leyes que persiguen y satanizan el aborto, y otras que coartan y criminalizan la protesta social (4), así como medidas que estimulan el paralelismo organizativo, apostándole con ello a la división y el debilitamiento de los movimientos sociales que critican las líneas oficiales del gobierno. El buen vivir fue quedando como simple consigna.

A la par de estas inconsecuencias, en un país donde la economía agraria, de base o popular, cuenta con un amplio tejido a lo largo y ancho de su territorio, que toma el maíz –gramínea– y el chocho o fruto de altramuz –leguminosa– como dos de los soportes fundamentales de la dieta diaria, el gobierno abre espacio para el monocultivo y los agrocombustibles, violando incluso el mandato constitucional sobre el particular. En el momento se tramita la conocida en este país como "ley Monsanto", que, de ser aprobada, permitiría el ingreso y la siembra de las semillas certificadas (5).

Las privatizaciones también vieron su amanecer. Varios campos petroleros fueron entregados (Auca a Schlumberger, Sacha a Halliburton), así como varias concesiones –incluso sin licitación–: el puerto de Posorja y Puerto Bolívar. Con la promoción de las llamadas alianzas público-privadas fueron privatizadas hidroeléctricas, gasolineras, programas de alimentación escolar, así como una parte del sistema de salud vía convenios con clínicas y hospitales privados, así como enajenado el Banco del Pacífico (6).

En esa lógica de gobernar de espalda a las fuerzas sociales que lo soportaban, conciliando con el capital, no faltaron los bajos reajustes salariales y el incremento del IVA, así como las reformas para viabilizar la flexibilización laboral.

La esperanza en el cambio decae y el descontento crece. Si alguien pierde, alguien tiene que ganar. En efecto, los grandes grupos empresariales y la banca son los beneficiados. Durante el gobierno progresista no dejaron de crecer. Sin cambiar la estructura económica, ¿cómo darle paso a otro modelo social? (7).

 
De cara a la segunda vuelta

 

Con este panorama al frente, no es extraño que de un total de 12.816.698 de personas en edad de elegir, 3.345.306 opten por abstenerse, anular el voto o depositarlo en blanco, voto protesta que no ve otras opciones por parte alguna. Como no es extraño que un importante segmento de los movimientos sociales se incline por vías contrarias a la oficial, aliándose con otros sectores a los cuales considera más consecuentes. Es el caso de una parte del movimiento indígena, aliado con el exgeneral Paco Moncayo, candidato del movimiento Acuerdo Nacional, al cual también se sumaron Izquierda Democrática y Unidad Popular.

Otro conjunto de expresiones sociales, alternativas pero marginales, optaron por presentarse de manera autónoma. La dispersión fue la nota predominante, y los resultados logrados reflejan el fruto final de un gobierno que en sus primeros años fue producto de los movimientos sociales y que terminó por debilitarlos casi hasta su extinción. Se reflejan así, claramente, una alianza fuerte y una aceptación social en los comicios de 2006, cuando es ungido Presidente con el 58,67 de los votos, en 2009 cuando es reelegido con el 52 por ciento y en 2013 con el 57,17 por ciento, alcanzando una apreciable presencia en la Asamblea Nacional donde, de un total de 136 asambleístas, logró 80 en 2009 y 100 en 2013, para caer a 70 en 2017 (8).

Tras esta contradictoria gestión, ahora resaltan los caminos opuestos. Hay un amplio segmento social que ya no confía en el discurso progresista de Rafael Correa ni ve esperanza alguna en lo que pueda realizar Lenín Moreno, quien aparece como su continuidad.

En estas circunstancias, no es claro cómo pudiera hacerle honor a su nombre Alianza País, para darle cuerpo a una amplia coalición electoral, ni cómo dirigirse a esta masa de inconformes para convencerlos de que ahora las cosas marcharán de acuerdo a los deseos populares. Este será el cuello de botella por romper a la hora de pretender la superación del 39,35 por ciento logrado en la primera vuelta. Un inicial aviso sobre la dificultad que enfrentan vino de Paco Moncayo, que ya informó de la decisión de la coalición que encabeza de no apoyar al partido oficial. Siendo los indígenas uno de los integrantes de la misma, no podía ser distinto. Se trata claramente de una decisión y el evidente distanciamiento con el actual gobierno, expresados por el consejo ampliado de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) en su reunión del pasado 23 de febrero, donde manifestó: "No al continuismo de la dictadura ni a la consolidación del capitalismo" (9).

Le queda a Moreno el expediente de concentrarse en el carácter de clase de su oponente y su historia reciente (10), tratando de movilizar las fibras más profundas de quienes padecieron los efectos económicos y sociales de las políticas lideradas por este personaje y sus aliados, estimulando el voto útil, a la vez que el grosero recurso del clientelismo, así como el abuso abierto del poder.

De manera contradictoria, para quienes aparecen ahora como el cambio pero no son más que la continuidad de lo predominante durante 200 años de vida republicana, la tarea es más sencilla: por un lado, unirse entre ellos (Guillermo Lasso, Cyntia Viteri, Abdalá Bucaram), con lo cual ya totalizarían 49,23 por ciento de la intensión de voto, y, por otro, enfatizar en que el país no será como Venezuela, estribillo usado con amplio eco durante su inicial campaña electoral. Cuentan a su favor que sus fuerzas dirigen las tres principales alcaldías del país: Quito, Guayaquil y Cuenca.

¿Triunfo? ¿Derrota? Aunque las cartas parecen estar marcadas, nadie puede todavía darse por vencedor. Si bien el progresismo, como real opción, para las mayorías de la región está agotado, Lenín Moreno tiene su oportunidad, y entre bastidores Rafael Correa tendrá que batirse hasta el final.

En todo caso, para los movimientos sociales en pugna contra el actual gobierno, cualquiera que sea el resultado electoral del próximo 2 de abril, continuidad o relevo, el reto que tienen al frente es el mismo: reconstituirse, superar su atomización y construir una propuesta real para el cambio, que rompa la apatía política y la desconfianza social sembrada por Alianza País a lo largo de sus 10 años de gobierno.

 

 

1. Cne.gob.ec.

2. Rafael Correa asumió por primera vez como presidente el 15 de enero de 2007; su segundo mandato arrancó el 10 de agosto de 2009, fruto de una reforma constitucional redactada por la Asamblea Nacional que determinó adelantar los comicios de todas las dignidades del país; el tercero tuvo como fecha de inicio el 24 de mayo de 2013.

3. http://www.insurrectasypunto.org/index.php?option=com_content&view=article&id=2340:ecuador-correa-se-mancha-de-sangre-muertos-y-heridos-por-represion&catid=7:notas&Itemid=7.

4. http://www.elpais.com.co/mundo/vias-bloqueadas-y-marchas-marcan-jornada-de-protestas-contra-correa.html.
5. http://milhojas.is/612406-la-ley-de-semillas-de-ap-es-la-ley-monsanto.html.

6. Acosta, Alberto, "El largo camino de Rafael Correa hacia el neoliberalismo", https://www.desdeabajo.info/mundo/30838-el-largo-caminar-de-correa-hacia-el-neoliberalismo.html.

7. "En el 2007, cuando empezó el gobierno de Rafael Correa, 50 grupos económicos obtuvieron ingresos de casi 15.000 millones de dólares. Representaron el 33% del Producto Interno Bruto (PIB), que en ese año llegó a 44.000 millones". [...] "Cuatro años después [...], el Servicio de Rentas Internas había certificado la existencia de 75 grupos. Estos habían obtenido ingresos por algo más de 25.000 millones de dólares. Y su impacto económico representaba el 43,8% del PIB, que en ese año fue de 58.000 millones de dólares. Un crecimiento de 10 puntos". Delgado Jara, Diego C., "Mayor ganancia de la historia de la banca y grupos fácticos con Rafael Correa", febrero 25, 2013, http://2014.kaosenlared.net/kaos-tv/48307-mayor-ganancia-de-la-historia-de-la-banca-y-grupos-f%C3%A1cticos-con-rafael-correa.

8. En el momento de escribir esta nota, la cifra aún no estaba confirmada por el Consejo Nacional Electoral y bien pudiera ascender, incluso, hasta 75.
9. http://conaie.org/2017/02/23/resoluciones-del-consejo-ampliado-la-conaie/.

10. Accionista mayoritario del Banco de Guayaquil; uno de los mayores beneficiados con la crisis financiera y económica que azotó a Ecuador en 1999, especulando con el dinero que por obligación y durante un año no podían retirar los depositantes, y recibiendo a su cambio Certificados de Depósito Reprogramados, negociables. Aprovechando el afán de muchos ahorradores, tales Certificados se negociaban hasta el 50 por ciento de su valor real. El ahora candidato multiplicó su fortuna con la necesidades de miles de sus conciudadanos. También se destaca por su pertenencia al Opus Dei. http://restauracionconservadora.com/responsabilidad-lasso-feriado-bancario/.

 

 

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Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía: Joao Pedro Stédile del MST de Brasil

 

La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”

 

La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?

En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.

Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.

 

En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?

Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

 

¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?

Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.

 

joaostedile

 

El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”...

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual... y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

 

¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?

En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.

En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.

 

¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.

 

Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.

A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.

Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.

Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo... En fin, estamos avanzando.

 

*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y Lanzas y Letras

 

 

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