Miércoles, 27 Diciembre 2017 07:12

Sin Líder no hay Salvación

Sin Líder no hay Salvación

A Mirna, Toro, Enrique y Chico


1. La Dictadura: La Nueva Normalidad


La ofensiva oligárquica imperial contra la centroizquierda latinoamericana --la socialdemocracia progresista-- está entrando a su segunda fase. Primero destruyo la Década de Oro del desarrollismo democrático de Chávez, Lula, Kirchner, Correa, Zelaya y Lugo. Ahora, pretende eternizar su triunfo, instalando la dictadura de clase abierta: fraudes electorales, matanzas militares, coup d´états parlamentarios y judiciales, opresión social sangrienta, cínico desconocimiento del "espíritu de las leyes" (Montesquieu) y la perversión manipuladora de la verdad pública, son las armas usadas por las tiranías burguesas subdesarrolladas.


Actualmente no hay fuerzas de resistencia organizadas en la Patria Grande, que podrían enfrentarse ofensivamente a las oligarquías criollas. Emulando el ejemplo global del proto fascista Trump, éstas no ven impedimento para imponer sus regímenes de facto sobre la sociedad civil; pese a que la destrucción de la socialdemocracia criolla aniquila uno de los dos pilares políticos orgánicos del sistema de dominación capitalista --el otro es el neoliberal-- generando un sistema asimétrico inestable. La oscilación entre la ilusión política de un mundo basado en el contrato social, por una parte, y el campo de guerra del bellator y del mercado, por otra, le parece a la burguesía actual un lujo, del cual puede prescindir, sin perder el control social.


Para las fuerzas populares y clases medias de América Latina, sin embargo, la Nueva Normalidad cambia cualitativamente el teatro de operaciones (campo de batalla). Obliga a actuar desde una perspectiva de "defensiva estratégica" y de concertar coaliciones de salvación nacional lo más amplias posibles, para enfrentar el nuevo orden dictatorial. En este escenario de lucha, el papel del líder --independientemente del género, por supuesto-- se vuelve fundamental para el triunfo.


2. Sin tetas no hay paraíso


Para transformar una sociedad, es necesario construir tres subsistemas de poder: 1. un liderazgo individual (carismático) o colectivo de vanguardia; 2. un programa realista-incluyente de transformación; 3. una organización nacional eficiente con sustento en la realidad socio-económica, política, cultural y militar.


Mientras las necesidades del programa y de la organización son reconocidas en todo el espectro político, el tema de la indispensabilidad del líder para el éxito --conditio sine qua non (condición esencial) del triunfo en la lucha por el poder-- es negada por la izquierda global. Discutirlo significa cuestionar un tabú de la conducción democrática de los macro sistemas sociales. Un tabú, cuyas profundas raíces se nutren de experiencias históricas, ilusiones anarcoides y de memes propagandísticos liberales, socialdemócratas y post-modernistas de la burguesía.


El efecto de este anatema sobre "la izquierda" es semejante al que sufre la joven Catalina Santana en la novela de Gustavo Bolívar, Sin Tetas no hay Paraíso. Cuando la hermosa joven decide ofrecer sus servicios de sexoservidora a los narcos del barrio --única vía para salir de la pobreza-- la rechazan por el tamaño de sus senos. Carece de un requisito vital para triunfar en el mercado del poder y, por lo tanto, está condenada al fracaso. Sufre la inmisericordia de la ley fundamental de la vida clasista, que predestina los triunfos y fracasos del homo sapiens en lo individual y lo colectivo.


3. Stalin, Hitler, Bakunin


La experiencia del terror de Estado stalinista es, sin duda, el trauma castrante más fuerte de la izquierda, que determina su síndrome anti-líder; o, si se prefiere, su síndrome pro-manada.
La amalgamación liberal del terror stalinista con el hitleriano, en el concepto del "totalitarismo" de Mussolini (Hannah Ahrendt); la mezcolanza de estos memes con la utopía anarquista de Bakunin y con determinadas idioteces de la trendy inteligencia de enjambre (swarm intelligence), así como la interpretación reduccionista de los procesos de autoorganización y auto-catálisis de la materia y de la seguridad en números (safety in numbers), generaron la noción precientífica (esterotipia), de que todo líder es sinónimo de peligro para la democracia.


4. Sicofantes de la manada


Hoy día, esta sopa química-ideológica prevalece en la lucha global de las ideas, promovida por los mercaderes e "idiotas útiles" (Lenin) del sistema, mediante múltiples canales de dominación: desde el abuso de la legítima lucha de los pueblos indígenas (actualmente por autodefinidos "trotskistas"), hasta el abuso de los legítimos intereses democráticos de los movimientos populares. Bajo la obscena fachada del purismo democrático, aferrados a su noción abstracta-dogmática de libertad y racionalidad, catalizando estrategias de voluntarismo demagógico y fundamentalismo, escamotean la verdad científica, de que los grados de libertad posibles en los sistemas empíricos son esencialmente funciones de las condiciones objetivas, no de la libre voluntad de las personas.


5. Lula y Alencar


Por lo tanto, en ciertas fases de la lucha de transición política y social, las alianzas tácticas con sectores de las clases dominantes y medias son imprescindibles: ya sea para sobrevivir en la fase de la defensiva estratégica (fascismo europeo) o para dar el primer paso en el derrocamiento de una dictadura (Pinochet); ya sea, para llegar al poder con fines reformistas, como la luna de miel entre Lula y Alencar, el jogo bonito electoral brasileño, en 2002, que se repite actualmente a pie de la letra en el segundo país más importante de América Latina.


6. Seis funciones del Líder


En manadas de animales, la función del animal Alpha consiste en asegurar la sobrevivencia del colectivo dentro del hábitat que utiliza. En sistemas más complejos, como la sociedad clasista humana, el animal Alpha o líder, tiene que cumplir satisfactoriamente con seis funciones.


1. Discernir las zonas hostiles, benéficas, neutrales y antagónicas del entorno.
2. Entender la naturaleza determinística, probabilística o caótica (no-previsibles) de los procesos relevantes para su praxis.
3. Sobre este análisis diseñar la estrategia de sobrevivencia.
4. Imponer en la manada la estrategia escogida, para lograr una mínima auto-similaridad funcional a toda escala de la organización.
5. Mantener la cohesión del colectivo, pese a que toda organización social humana (Estado, partidos, sindicatos, etc.) genera disidencia y se estructura en tres vectores de poder, clasificables políticamente como: centro, derecha e izquierda.
6. Masificar el apoyo a la estrategia escogida para la manada, más allá de su organización interna. Es decir, hacerla hegemónica, en el sentido de Gramsci, en la sociedad civil y política. Todo esto resume, como es obvio, la función de vanguardia de una organización o de un líder político en un macro-sistema social humano.


7. Líder y masas


La sociedad capitalista moderna es un macro-sistema de dominación, que opera vía la interacción de cuatro variables claves: a) las circunstancias objetivas del status quo (momento); b) la intervención de las masas; c) la interfase entre el poder estructural (de las facciones) de la clase dominante y el poder operativo del Estado, que llamamos "partidos políticos"; d) el perfil de los líderes. Marx consideraba a los líderes, dentro de la dinámica objetiva, como parte de los "eventos aleatorios" o de la casualidad ("der ´Zufall´ des Charakters der Leute, die zuerst an der Spitze der Bewegung stehn"), que aceleran o desaceleran los procesos objetivos. El efecto catalizador o paralizante de los líderes en los procesos históricos depende, como ya resumimos, en su capacidad de comprender tempranamente las tendencias de evolución de la realidad y, en respuesta, crear un modelo de dominación/conducción social, que convence a las clases sociales de "la bondad" de su proyecto histórico (visión del futuro).


8. Fidel y Chávez: modelos diferentes


Líderes estructuralmente semejantes, como Fidel y Hugo Chávez --ambos carismáticos, con gran inteligencia, oratoria y vitalidad-- pueden generar modelos de conducción cualitativamente diferentes, según las condiciones objetivas. El sistema político de la Revolución Bolivariana de Chávez era carismático y bonapartista, mientras que el de la Revolución Cubana era y es, básicamente, burocrático y tradicional (Max Weber). Actualmente, ambos modelos están estructuralmente agotados, debido a su inadecuada cibernética (dialéctica) frente a la complejidad de los procesos y nuevas estructuras de clase del siglo XXI. La genialidad del líder Fidel impidió el colapso del modelo cubano, aunque no pudo evitar su deterioro ante la criminal agresión estadounidense de seis décadas; el derrumbe del modelo de Chávez es responsabilidad del Comandante, que lo entregó a los bufones de la manada socialdemócrata tropical.


9. El peligro del líder


Al igual que el liderazgo de la manada, la conducción del líder implica peligros para el colectivo, que le delega poder. ¿Qué su visión puede ser cierta o errada? Por supuesto. No hay praxis humana que se escape a la dialéctica de verdad mental y objetiva, producida por el sujeto. ¿Qué el líder cambie o abuse del poder otorgado por las mayorías? Por supuesto. Sólo la formación científica-ética, una institucionalidad adecuada, la conciencia ciudadana y la superación de la sociedad de clase, pueden conjurar este peligro, que es herencia de nuestra materialidad animal.


10. El Placebo divino


Quiénes no aguantan las antinomias (contradicciones) del Ser --débiles e ignorantes, decía Wilhem Reich-- pueden refugiarse en los placebos totalitarios de la nomenclatura católica. Extra Ecclesiam nulla salus, reza su dogma para el rebaño de fieles, la grex esclavizada: "Fuera de la Iglesia no hay salvación". Entusiasta, el renacentista Principe de Maquiavelo y los Netanyahus del mundo aplauden la deificación del Estado clasista bíblico y la ley de la manada.


Mientras, Jesús de Nazareth, el magno líder palestino, llora el fracaso de su grandioso proyecto de salvación nacional y global. Su consummatum est --todo está acabado-- es su última equivocación de líder: quedó inconclusa la tarea de la humanidad.


Martes, 26/12/2017 04:14 PM

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 Mauricio Macri, saluda a sus seguidores en Buenos Aires

 

Los ciclos políticos no son caprichosos. Vivimos un periodo de crecimiento de las derechas, en particular en Sudamérica. El ciclo progresista terminó aunque sigan existiendo gobiernos de ese color, pero ya no podrán desarrollar las políticas que caracterizaron sus primeros años porque se impone una inflexión conservadora, aunque los discursos puedan decir algo diferente.

Un buen ejemplo de esa ironía puede ser Ecuador: un gobierno de Alianza País que realiza un ajuste conservador. Salvo que se opte por la peregrina tesis de la traición, Lenin Moreno muestra que aún los progresistas deben dar un giro a la derecha para poder seguir gobernando.

Digamos que los ciclos son estructurales y los gobiernos coyunturales. El ciclo progresista se caracterizó por elevados precios de las exportaciones de commodities en un clima general de crecimiento económico, un fuerte protagonismo popular y presiones por mayor justicia social. Los tres aspectos se debilitaron desde la crisis de 2008. Ahora sufrimos una fuerte ofensiva derechista en todos los terrenos.

A pesar de los malos resultados económicos y de una elevada conflictividad social, en la que destaca la desaparición forzada de Santiago Maldonado, el gobierno de Mauricio Macri consiguió una contundente victoria en las recientes elecciones argentinas. El macrismo no es un paréntesis, consiguió una cierta hegemonía que se asienta en los cambios económicos de la última década, en el desgaste del progresismo y la debilidad creciente de los movimientos.

La primera cuestión a tener en cuenta es que el modelo extractivo (sojero-minero) ha transformado las sociedades. La edición argentina de Le Monde Diplomatique de septiembre contiene dos interesantes análisis de José Natanson y Claudio Scaletta, que desbrozan los cambios productivos del complejo de la soya y sus repercusiones sociales.

El primero sostiene que el mapa de la soya coincide casi matemáticamente con los territorios en que gana Macri. Destaca que el campo se articula cada vez más con las finanzas, la industria y los grandes medios, y que los terratenientes y los peones, que fueron los protagonistas del periodo oligárquico, conviven ahora con técnicos, arrendatarios, agrónomos, veterinarios, mecánicos de maquinaria agrícola y pilotos fumigadores, entre otros.

La tecnología es incluso más importante que la propiedad de la tierra que los “ pools de siembra” alquilan, mientras los cultivadores conectados al mundo globalizado están pendientes de los precios de la bolsa de Chicago, donde se cotizan los cereales.

El segundo sostiene que estamos ante una complejización de las clases medias rurales y la emergencia de nuevas clases medias ruro-urbanas. En consecuencia, el conflicto con el campo que sostuvo el gobierno kirchnerista en 2008 no fue la clásica contradicción oligarquía-pueblo.

A partir de ese momento, se hizo visible un conglomerado de actores más complejo y con una base social mucho más extensa, que rechaza las políticas sociales porque sienten la pobreza urbana como una realidad muy lejana. Ese bloque social es el que llevó a Macri al gobierno y el que lo sostiene.

La sociedad extractiva genera valores y relaciones sociales conservadoras, así como la sociedad industrial generaba una potente clase obrera y valores de comunidad y solidaridad. En las grandes fábricas, miles de obreros se convirtieron en clase al organizarse para resistir a los patrones.

Por el contrario, el extractivismo no genera sujetos internos, o sea dentro del entramado productivo, porque es un modelo financiero especulativo. Las resistencias son siempre externas, en general las protagonizan los afectados.

La segunda cuestión es el desgaste del progresismo luego de una década larga de gobierno. Aquí aparecen dos elementos. Uno, el desgaste interno natural o por la corrupción y la mala gestión, y combinaciones de ambos. Dos, porque el propio modelo despolitiza y desorganiza a la sociedad que sólo se articula por medio del consumo. Ahí es donde muerden las derechas.

El consumismo es la otra cara de la sociedad extractiva. Una sociedad que no genera sujetos, ni identidades fuertes, con valores vinculados al trabajo digno, o sea productivo, sino apenas valores mercantiles e individualistas, no está en condiciones de potenciar proyectos de largo aliento para la transformación social.

La tercera cuestión que explica el auge de las derechas es la debilidad del campo popular, que afecta desde los movimientos hasta la cultura del trabajo y de las izquierdas. La sociedad extractiva crean las condiciones materiales y espirituales de esta anemia de organización y luchas. Pero hay más.

Las políticas sociales del progresismo, sobre todo la inclusión mediante el consumo, multiplicaron los efectos depredadores del modelo en cuanto a desorganización y despolitización. En el shopping desaparecen las contradicciones de clase, incluso las étnicas y de género, porque en esos no lugares (Marc Augé) el entorno desaparece a la humanidad de las personas.

Pero los movimientos también son responsables por las opciones que tomaron. En vez de construir mirando el largo plazo, preparándose para el inevitable colapso sistémico, tomaron el atajo electoral que los llevó a construir alianzas imposibles con resultados patéticos. Algunos movimientos argentinos, que optaron por aliarse con la derecha justicialista, podrían hacer balance sobre los resultados desastrosos que obtuvieron, y no me refiero a la magra cosecha de votos.

Por último, debemos pensar las enseñanzas que nos deja el ascenso de las derechas y la crisis de los movimientos. La sociedad extractiva de cuarta guerra mundial, no puede ser resistida con la misma lógica de la lucha obrera en la sociedad industrial. No existe una clase para ser dirigida. Los sujetos colectivos deben ser construidos y sostenidos todos los días. Las organizaciones deben ser sólidas, cinceladas para el largo plazo y resistentes a los atajos institucionales.

 

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La posizquierda latinoamericana: gaznápiros de derecha

 

Son muchas las izquierdas, o al menos quienes se definen de ella, marxista, radical, socialista, antimperialista, anticapitalista. Tan heterogénea definición, hace ambiguo el concepto. El origen político del término lo encontramos en la Revolución Francesa; aludía a una distribución cardinal entre jacobinos y girondinos en la sala de sesiones de la asamblea. Los primeros, a la izquierda, contaban con el apoyo de las clases populares, defensores del voto universal y la república, los segundos, lo hacían a la derecha, fieles aliados de la nobleza, monárquicos y partidarios del voto censitario.

A medida que el desarrollo del capitalismo dio lugar a nuevas clases sociales, el concepto se adscribió al programa político de los partidos obreros y la clase trabajadora. Por contra, la derecha fue adjudicada a la burguesía, aglutinada en sus partidos de clase, empresarios y banqueros. Los límites eran explícitos. Podían surgir muchas izquierdas, pero con un común denominador: la lucha contra la explotación capitalista. En esta definición cabían anarquistas, anarcosindicalistas, socialistas, comunistas y los primeros socialdemócratas.

Tras la Segunda Guerra Mundial, la refundación de la socialdemocracia, declaradamente anticomunista, dejó sin efecto la línea divisoria entre capitalismo y socialismo. La caída de la URSS y el fin la guerra fría produjo una hecatombe. El edificio se derrumbó y el concepto de izquierda, vetusto, sometido a múltiples tensiones, se hizo añicos. Sin embargo, las discrepancias se hicieron notorias durante el estalinismo, y posteriormente con las invasiones a Hungría y Checoslovaquia. La emergencia de los países no alineados y los movimientos de liberación nacional habían fracturado el movimiento comunista internacional y la izquierda. El resultado fue la emergencia de una primera nueva izquierda. Respuesta al llamado imperialismo soviético. La polémica chino-soviética añadió más leña al fuego. Los movimientos populares se distanciaron del bloque soviético, volvieron más compleja la definición y problematizaron el significado del concepto. Aun así, ser de izquierdas suponía una concepción del mundo alternativa al capitalismo en todas sus formas. Un movimiento heterogéneo con distintas sensibilidades, muchas veces enfrentadas y, por qué no decirlo, contradictorias. Maoístas, trotskistas, leninistas, partidarios de la lucha armada, insurreccionales, foquistas, terceristas, coexistían en su seno.

¿Pero tenían algo en común la vieja y la nueva izquierda? En primer lugar, definían estrategias para la toma del poder político, y en segundo lugar mantenían el eje de lucha anticapitalista. Las distancias venían de la política de alianzas, la caracterización de las formaciones sociales, los análisis de coyuntura. Baste recordar la polémica subdesarrollo-revolución, la caracterización de las dictaduras militares o el debate sobre los modos de producción. Pero también estos acuerdos y desencuentros se fueron diluyendo con la caída del muro de Berlín. El sentimiento de derrota y la sensación de orfandad, pasó factura en los años 90 del siglo pasado. Así, apareció por segunda vez, otra nueva izquierda, esta vez condescendiente con el capitalismo, centrándose las críticas, en un rechazo al neoliberalismo. La crítica se centró en contraponer Hayek a Keynes. Esta retórica caló profundamente, hasta identificar izquierda con la adopción de políticas progresistas y en defensa del estado keynesiano. La explotación capitalista se diluyó, desapareciendo del horizonte ideológico-político hasta perderse en el limbo y con ello se introdujo un nuevo debate, el fin de la contradicción derecha-izquierda. La novísima, nueva izquierda, levó anclas, hasta romper con su apelativo de izquierda, considerándolo un lastre para ganar elecciones y disputar el poder a la sí, nueva derecha. La dualidad izquierda-derecha se trasformó en progresistas y neoliberales y la tercera vía emergió como una defensa del capitalismo con rostro humano.

Las doctrinas neoliberales y la ideología de la globalización propusieron otro escenario, modificaron la agenda, al tiempo que se difuminan las relaciones de explotación capitalista. La frustración ante el embate del neoliberalismo modificó el centro de gravedad del debate. Lentamente, el eje derecha-izquierda fue cuestionado, al tiempo que la contradicción capitalismo-socialismo se resolvía, para el bloque occidental, en un triunfo aplastante del primero. Ya no había alternativa, sólo alternancia en la gestión de lo público y las políticas sociales complementarias a la globalización. Se habló del advenimiento de la economía de mercado, no de capitalismo. El tsunami neoliberal parecía llevarse consigo la izquierda, la derecha, la explotación y sus representantes políticos. Frente al pasado, el futuro. El discurso poniendo en cuestión la existencia de las clases sociales, derivó en una renuncia a ser identificado como izquierda. Ni de derechas ni de izquierdas. Ni dominado, ni explotado, ni dominador, ni explotador, ni burgués, ni trabajador, ni campesino, ni latifundista, ni pobre ni rico, nada de nada. Eso sí, emprendedores y empoderados. El sí se puede y la idea de vivir un mundo donde la alternativa a la pobreza, el hambre y la explotación y la justicia social se traduce en convertirse en empresario de sí mismo, posibilita la emergencia de los nuevos partidos de la posizquierda, los cuales renuncian a ser izquierda, al considerar que la lucha anticapitalista ya no tiene sentido. Gaznápiros, que bien reza el diccionario, sujetos palurdos, torpes, que se quedan embobados con cualquier cosa. Es decir, con la economía de mercado y su retórica. El resto es irrelevante.

 

 

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Jueves, 14 Septiembre 2017 06:42

Topolansky y Mujica

La nueva vicepresidenta de Uruguay y presidenta del a Asamblea General del Parlamento, Lucia Topolansky (derecha), junto a su marido, el expresidente y senador José Mújica

 

Lucia Topolansky, histórica compañera de José Pepe Mujica, se convirtió en la primera vicepresidenta de la historia de la República Oriental del Uruguay. Una noticia significativa en medio del cimbronazo de Raúl Fernando Sendic: de los laberintos se sale por arriba, dice el dicho, y el frenteamplismo parece dispuesto a aprovechar la repentina crisis para volver a hacerse fuerte de cara a las próximas presidenciales.

Topolansky, primero militante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) y luego fundadora del Movimiento de Participación Popular (MPP), uno de los espacios más representativos del Frente Amplio (FAS), tendrá la tarea de oxigenar la gestión de gobierno frenteamplista en medio de una embestida continental contra los gobiernos nacional-populares, progresistas y de la izquierda, enmarcada en un intento de restauración conservadora.

La Constitución la puso en ese lugar: fue la segunda senadora más votada de la lista más elegida, tras el propio Mujica, que no puede asumir el cargo por restricciones constitucionales. La idea parece clara. Sanar las heridas. Pasar la página. Gobernar, ni más ni menos, en medio de una América Latina con crisis presidenciales a lo largo y ancho del continente. Lo que le voy a proponer al presidente Vázquez se resume en una palabra: trabajo dijo Topolansky sobre su nueva tarea, dejando en claro a qué se suma.

La ahora vicepresidenta uruguaya tuvo múltiples desafíos a lo largo de su carrera política. Estuvo presa 13 años, como miles de latinoamericanos que lucharon contras las dictaduras cívico-militares en el Cono Sur. Fue torturada, pero milagrosamente salvó su vida. Y al salir siguió militando por la democracia, junto a su compañero. En 1989 fundó el MPP. Fue diputada y luego senadora, además de primera dama. Se reinventó, y el pueblo uruguayo la votó una y otra vez.

Los medios concentrados del continente ya han comenzado un embate veloz en su contra, con los clichés de siempre: ex guerrillera, pro-aborto, pro-marihuana. Lo mismo que hicieron contra Dilma Rousseff, misoginia mediante, antes que fuera depuesta por un golpe institucional que acaba de aprobar una reforma laboral seriamente regresiva en materia de derechos laborales, y que busca inhabilitar al ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva de la mano de una condena de Moro.

La élite uruguaya –y también la latinoamericana– sabe bien que en esta mujer que vive como una más en las afueras de Montevideo está la posibilidad de reforzar una gestión de gobierno que muestra 15 años de crecimiento ininterrumpido en materia económica, pero que se ha visto impactada mediáticamente durante los últimos dos años. Por eso ahora, cumplida la tarea sucia sobre Sendic, probablemente busquen acorralar a como dé lugar a Topolansky, con ríos de tinta de dudosa veracidad pero posible fuerte impacto en centros urbanos.

Mientras tanto, el Frente Amplio deberá comenzar a resolver el dilema electoral de 2019. Mujica dice que por ahora no será el candidato. Si Sendic fue una apuesta a futuro fallida por este desenlace, el FA deberá replantearse el horizonte eleccionario. La renovación suele ser buena consejera para pensar a mediano y largo plazo, es cierto, pero también hay momentos bisagra donde los fundadores de los proyectos políticos deben asumir responsabilidades históricas, y entender su propio peso personal en el destino de las naciones. Posiblemente sea el momento para que el experimentado Mujica replantee su no. Hay mucho en juego, tanto para Uruguay como para la región en su conjunto.

 

* Politólogo Universidad de Buenos Aires / analista internacional

 

 

 

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Domingo, 13 Agosto 2017 10:17

La Contrarreforma

La Contrarreforma

 

Durante la primera década larga del siglo XXI las principales economías de América del Sur vivieron un paréntesis “populista”, según la caracterización inicialmente despectiva de sus adversarios. La esencia de estos procesos, en el marco de un ciclo de precios internacionales favorable, al menos hasta la crisis internacional de 2008-2009, fue el crecimiento económico acompañado por dinámicas más o menos intensas de distribución del ingreso en favor de los trabajadores, con expansión del consumo, reducción de la pobreza extrema y mejora generalizada de los indicadores sociales.

Los casos paradigmáticos fueron Brasil bajo los gobiernos de Lula de Silva, la Venezuela de Hugo Chávez, el Ecuador de Rafael Correa, la Bolivia de Evo Morales y la Argentina kirchnerista. La característica común, con la excepción boliviana, fue que llegado un determinado punto los procesos de distribución progresiva se abortaron dando lugar a una verdadera Contrarreforma, la restauración más o menos violenta, más o menos legítima, del neoliberalismo, ciclo que había experimentado su auge tras la caída del muro de Berlín, bajo la advocación del Consenso de Washington y que terminó bastante mal en todos lados, especialmente en Argentina.

Con miras al futuro regreso de los gobiernos populares en la tercera década del siglo resulta de interés entender el carácter regional de las transformaciones y, en este marco, sus similitudes, diferencias y limitaciones comunes, tanto en el momento de la expansión populista como en el de la contrarreforma neoliberal.

El límite principal de los procesos expansivos fue la escasa diversificación de la inserción internacional de los países, es decir de la composición de sus canastas de comercio con el mundo, y de las estructuras productivas internas, componentes directamente relacionados. Esta falta de diversificación fue, desde lo económico, la clave que impidió continuar el crecimiento con distribución progresiva abriendo paso a la contrarreforma.

En el dificultoso mundo de la integración regional, se avanzó sobre la base de la acción y la sintonía entre gobernantes individuales, pero faltó la creación de instituciones más permanentes, como podría haber sido el Banco del Sur, apenas el punto de partida para una integración física más verdadera. Un mercado plenamente regional necesita obras de infraestructura común que faciliten los lazos comerciales. A la vez, los emprendimientos comunes ayudan a la construcción de relaciones más intensas y duraderas entre los países

Como suele suceder en economía, las enumeraciones son sencillas, pero los caminos políticos mucho más complejos. Nótese que para la protointegración de los primeros 2000 se necesitó de la coincidencia y sintonía entre líderes nacionales con mucha conciencia regional frente a una potencia hegemónica continental interesada en la división y subordinación de su “patio trasero”. La integración es un camino tan dificultoso y azaroso como los procesos de desarrollo mismos; se encuentra mucho más en la conciencia no consolidada de los pueblos que en la voluntad de sus clases dominantes, locales y globales al mismo tiempo, las que se supone deberían entender la necesidad de mercados comunes de mayor escala.

Recapitulando, la falta de diversificación productiva y comercial y los límites de la integración significaron un freno al crecimiento sobre el que se construyó la contrarreforma, que es continental y que se manifiesta en el apoyo entre sus gobiernos, por ejemplo, en el reconocimiento a la administración golpista de Brasil o en el acompañamiento al asedio imperial a Venezuela.

El caso de Brasil es paradigmático porque fue el punto de partida. La recesión autoinducida por la última administración de Dilma Rouseff frenó innecesariamente a la principal economía del subcontinente, arrastrando a las demás. Esta fue la base del descontento para los cambios de régimen, más allá de cualquier limitación o errores nacionales. La foto muestra, entonces, una Venezuela asediada, un Brasil golpista y una Argentina donde la transición hacia la contrarreforma se dio bajo la formalidad democrática, aunque su gobierno no tardó en prescindir del republicanismo enarbolado en tiempos de oposición. Ajuste y democracia es un par contradictorio, como lo demuestra la existencia de presos políticos y hasta un desaparecido en manos del aparato represivo del Estado, un panorama inimaginable hace apenas dos años.

La segunda cuestión es cuáles son los componentes comunes de la Contrarreforma, expresión con la que sintetizaba al actual proceso sudamericano el recientemente fallecido Marco Aurelio García. Al igual que en todo cambio de régimen existe la aspiración de crear instituciones irreversibles. Como detalló el periodista Martín Granovsky, esto se observa claramente en Brasil cuando se establece constitucionalmente la prohibición de aumentar el gasto público, incluido el social, durante 20 años o cinco períodos presidenciales, o en Argentina, cuando se toma deuda a 100 años o 25 períodos presidenciales.

Pero más allá de las aspiraciones de permanencia, la identidad común de la Contrarreforma es la resubordinación al poder financiero–imperial por la vía del endeudamiento y la libre circulación de capitales más la redistribución del ingreso en favor del capital. Este último punto se plasma en dos tipos de reformas: la flexibilización laboral, otra vez con Brasil como caso extremo, y el avance sobre los sistemas previsionales y, por extensión, sobre cualquier rezago de los estados benefactores. Los resultados son contundentes. En todos los países en los que avanzó la Contrarreforma aumentó el desempleo y se contrajo el poder adquisitivo del salario. Sí, la historia es una historia de lucha de clases.

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Corrupción endémica en AL amenaza con hundir avances: Noam Chomsky

A la izquierda latinoamericana le falta liderazgo, afirma el filósofo estadunidense

Los gobiernos progresistas no supieron descartar las demandas del mercado internacional

 

Montevideo.

El académico y activista estadunidense Noam Chomsky advirtió este lunes en Montevideo, Uruguay, que la corrupción endémica en América Latina amenaza con hundir y revertir los avances logrados por los gobiernos progresistas en años recientes.

Durante una conferencia que ofreció en la sede del gobierno municipal de la capital uruguaya, Chomsky destacó los esfuerzos de algunos gobiernos para enfrentar la situación que vivía la región, la cual, en su opinión, era "desastrosa".

Puso de ejemplo los intentos por tomar distancia del Fondo Monetario Internacional y las medidas para reducir la pobreza, aumentar las oportunidades de educación y mejorar los derechos civiles.

"Desafortunadamente (ese proceso) fue acompañado por fallas importantes que amenazan con hundir y revertir las ganancias obtenidas", indicó ante un auditorio compuesto por dirigentes políticos, representantes sindicales, estudiantes e integrantes de organizaciones sociales y vecinales.

Respecto de las causas de esa situación que ha vivido y aún enfrenta América Latina, el filósofo estadunidense señaló que uno de los problemas para que ello ocurriera ha sido "la falta de capacidad y liderazgo de la izquierda para evitar los niveles de corrupción endémica".

Otro conflicto, según Noam Chomsky, ha sido que los gobiernos progresistas no supieron o no pudieron enfrentar la tentación de acceder a las demandas del mercado internacional, principalmente de China.

"América Latina ha mantenido, también bajo los gobiernos de izquierda, la política de exportación de productos primarios. Esto era una tentación que tendrían que haber resistido. Se produjo a través del crecimiento de China y su apetito por materias primas", aseveró.

Según el académico, "satisfacer esas demandas chinas llevó a América Latina a potenciar la soya y el hierro y a importar productos chinos a precios muy bajos, lo que afectó a la industria local. Eso, desafortunadamente, continúa. A veces hasta se exageró bajo los gobiernos de izquierda de este siglo".

Para Chomsky, quien fue ampliamente elogiado y aplaudido durante su exposición de casi dos horas, todos estos "son problemas que se pueden superar", aunque en su conferencia sobre temas planetarios vaticinó oscuros nubarrones para el futuro de la humanidad.

El ex presidente de Uruguay José Mujica y Chomsky se reunieron el pasado fin de semana en Montevideo para protagonizar un documental rodado por una productora mexicana.

"La idea fue unir al sabio del norte con el sabio del sur", explicó un vocero de la productora al Canal 10 de la televisión uruguaya, sin ofrecer detalles del proyecto cinematográfico.

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Manuel Zelaya: "Mi derrocamiento inició la restauración conservadora en América Latina"

En exclusiva con la periodista Telma Luzzani, para el programa radial Voces del Mundo de Sputnik, el expresidente hondureño Manuel Zelaya, habló sobre el golpe de Estado que sufrió en 2009, el imperialismo y el crecimiento de la derecha en América Latina

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El golpe de Estado de 2009 contra Manuel Zelaya, en Honduras, fue un cimbronazo para los países que venían llevando, con éxito, políticas progresistas en América Latina. Los golpes militares al viejo estilo volvieron a ser una amenaza posible. Pero aún más: Honduras fue el laboratorio de los futuros "golpes blandos" donde los poderes Legislativo y Judicial jugarían un rol principal. En Tegucigalpa, el expresidente Zelaya dialogó sobre ese pasado y reveló los aspectos más oscuros del poder. Entre otras cosas, contó cómo la embajada de Estados Unidos en nuestros países confecciona los gabinetes que los presidentes deberán aceptar; por qué el Ejército hondureño decidió a último momento no asesinarlo y por qué él, que toda su vida fue un político de derecha, decidió abandonar a su clase y luchar por un modelo de izquierda para su país.
Telma Luzzani: El golpe de Estado del 2009 contra Honduras es considerado como el inicio de lo que el presidente Rafael Correa llamó "la restauración conservadora" en América Latina, es decir, una ofensiva de Estados Unidos, de los poderes fácticos y de las oligarquías regionales para retomar el poder en toda la región. ¿Qué evaluación hace usted ocho años después?


Manuel Zelaya: Sí, la restauración conservadora comenzó con mi derrocamiento. Este retorno de las derechas agresivas y reaccionarias de América Latina no es coyuntural. Es una respuesta planificada desde Washington por fuerzas que sintieron que estaban perdiendo espacios en la región. Bolivia, Venezuela, Ecuador, como la propia Argentina, iniciaron un proceso de recuperación de bienes que corresponden a la nación, como los servicios públicos o los recursos naturales y esto irritó a las trasnacionales norteamericanas y europeas. Yo, por ejemplo, toqué intereses de las petroleras. Cuando traje a Petrocaribe, dijeron: "Competencia desleal para las trasnacionales del petróleo", porque aquí las compañías norteamericanas y europeas estaban acostumbradas a asociarse con el Estado hondureño y formar oligopolios. También toqué intereses de los bancos al traerles competencias como el ALBA, con financiamiento a bajísimos intereses, igual que el Banco Mundial, pero antiimperialista, democrático y de un bloque de países que trabajan por la solidaridad humana, no por el comercio. Esto irritó a Washington. Entonces se asociaron con los militares, con la élite que ha gobernado Honduras durante siglos y me derrocan violentamente.


TL: ¿Es cierto que lo llevaron a la base militar que ocupa el Pentágono en Palmerola?


MZ: Sí. Ellos entraron a mi casa en la madrugada, sin órdenes de allanamiento, sin ninguna demanda. Entraron violentamente, a los balazos, rompiendo todo y me llevaron.


TL: ¿Cuántos soldados eran?


MZ: Por lo menos 250. Yo, siendo presidente, vivía en mi casa. Es pequeña, tres habitaciones y una sala comedor. Unos 180 metros cuadrados con un patio donde estacionamos los vehículos. Bueno, la casa fue inundada por los militares. Se bajaron 10 comandos de soldados con ropa de combate, encapuchados, sólo se les veía los ojos. Entraron a los gritos, tirando puertas y sometiendo a la guardia presidencial. Era un escándalo. Me subieron a un avión y la primera escala fue en la base de Palmerola. Ahí se reabasteció de combustible. Yo al principio pensé que íbamos para Cuba o Venezuela pero me bajaron en Costa Rica.


TL: ¿Usted bajó en la base de Palmerola o fue sólo para reabastecimiento?


MZ: Los militares que me tenían cautivo bajaron y se reportaron ante los jefes de la base. Yo miraba por la ventanilla. Hay dos jefes ahí porque es una base mixta hondureña y norteamericana. Se reportan y luego me llevaron a Costa Rica. Ahí me abandonaron en un aeropuerto. Me quedé solo, en ropa de dormir. ¡Imagínate! Un presidente de Centroamérica... Yo me dije: ¡Qué miseria la de estos países, qué farsa la democracia, qué sistema más oprobioso el de América Latina! Un grupo de militares con una élite perniciosa asociada con los halcones de Washington saca a un presidente electo democráticamente y lo bota en el aeropuerto de un país vecino.


TL: Con una fuerza de 250 personas.


MZ: Militares, no civiles. Militares armados hasta los dientes, con granadas, chalecos... Y por el cielo de Honduras empezaron a volar helicópteros, aviones de combate sembrando terror en la población. Fue un golpe de Estado militar a la antigua. Después le entregaron el gobierno a los civiles y ese mismo día fueron al Congreso y dijeron que yo había firmado una renuncia. Como pasó con Salvador Allende en Chile ¿te acuerdas?


TL: Y también con el presidente Hugo Chávez en 2002, salvo que después se desmintió que él hubiera firmado cualquier renuncia.


MZ: Igual conmigo. La renuncia era falsa. Yo la desmentí desde Costa Rica, pero siguió el proceso igual. EEUU al principio condenó el golpe pero a los pocos meses se unió al golpismo para hacer elecciones bajo fuego, lo mismo que hacen en Afganistán, en Iraq, en Libia, en todos los países que invaden. Y desde aquel 2009 para acá, en Honduras se ha instalado una dictadura militar con fachada civil, fachada legal, que la dirigen los dos partidos tradicionales que me sacaron del poder. Por eso afirmo que la restauración conservadora en América Latina es un proceso bien planificado. Pero también digo que no tiene futuro porque surge como una respuesta reaccionaria de las cúpulas frente a la demanda del pueblo ante el fracaso del modelo neoliberal. El capitalismo patriarcal y patrimonial fracasó en los 90, en 1998 aparece Hugo Chávez, el Socialismo del siglo XXI y hoy están intentando otra vez parar esa demanda del pueblo. Pueden detenerla por un tiempo, ponerle diques y obstáculos, pero los pueblos siguen avanzando. Yo no creo que pueda sostenerse mucho tiempo este retorno de la derecha en Latinoamérica y el Caribe.


TL: Hay quienes sostienen que esto es posible porque existe además un Plan Cóndor mediático.


MZ: En Paraguay destituyeron a Fernando Lugo por la fuerza, en Honduras a mí, en Brasil a Dilma Rousseff también por la fuerza. Es decir que la restauración conservadora lleva conspiración. Combina ataques mediáticos, fuertes engaños publicitarios y fraudes electorales. La restauración es violenta. No es pacífica, ni democrática. No conozco las interioridades del proceso político en Argentina, pero creo que el kirchnerismo, representado Cristina Kirchner, está sometido a un ataque mediático salvaje. Esa matriz mediática hace que el pueblo sea engañado. El voto de un pueblo que no tiene información oportuna, objetiva, que no tiene la capacidad de discernir, es un voto falso, engañoso. La elección de Mauricio Macri es un fraude político.


TL: ¿Qué opina de lo que está pasando en Venezuela?


MZ: El objetivo es evidente. La Revolución Bolivariana es un símbolo latinoamericano y caribeño, como lo fue la Revolución Cubana. Cuba nunca se venció ni fue derrotada. Murió Fidel después de sufrir 600 atentados y Cuba sigue manteniendo la dignidad que necesitamos los pueblos para sobrevivir. Ahora han acrecentado la agresión contra Venezuela, contra Nicolás Maduro. Todo latinoamericano que tenga el mínimo de conciencia colectiva, de querer el bien común para estos pueblos, debe de estar al lado de Maduro y la Revolución Bolivariana, acechada, rodeada, cercada, conspirada internamente con columnas que, como caballos de Troya, agreden a su pueblo. Entonces, si nosotros admiramos a Cuba por lo que resistió durante más de 50 años, y sigue resistiendo el bloqueo, debemos de admirar también lo que el pueblo de la Revolución Bolivariana está soportando en condiciones inclusive peores porque Venezuela no es una isla, tiene fronteras con Colombia, con Ecuador, con Brasil. Y luego, Barack Obama hace un decreto diciendo que Venezuela es una amenaza para la seguridad de Estados Unidos. Imagínate, esa potencia que es millones de veces más grande diciendo que Venezuela es un peligro. ¡El peligro son ellos para la humanidad! El Goliat declarando que David es una amenaza con su honda. Venezuela tiene problemas porque el imperio está acechándola y rodeándola. Pidámosle a EEUU que saque sus narices de Venezuela.


TL: El actual presidente Donald Trump ha dado un giro de 180 grado respecto a lo que prometió durante su campaña en relación China y Rusia ¿Qué cree que pasó?


MZ: Yo siempre lo dije: el imperio es más fuerte que sus presidentes. Los pueblos eligen a sus presidentes pensando que son los que mandan. Yo que estuve sentado en la silla presidencial sé que te dejan gobernar y mandar únicamente si obedeces las órdenes tanto del imperio de turno, como de la oligarquía mediática, económica y militar que gobiernan nuestros países. Si estás en contra de ellos, tienes a los medios nacionales y a las principales cadenas de radio y televisión del mundo encima, a los bancos y a las transnacionales encima. Inclusive las iglesias, las ONGs, los sectores reaccionarios en las universidades, todos se te vienen en contra cuando tú estás realmente queriendo hacer reformas sociales en pro del bien común. A mí, en este pequeñito país, siendo presidente, me derrocó la élite de aquí asociada con los norteamericanos y los militares. Y a Trump lo está venciendo el complejo militar industrial de su país. Él es un empresario. Llegó a la Casa Blanca con sus ideas de cómo gobernar el país y el mundo. Pero cuando le empiezan a explicar los réditos económicos que logran invadiendo, haciendo la guerra, sometiendo países para apropiarse de sus recursos naturales, entonces él empieza a comportarse como cualquier presidente de una potencia que conspira contra la paz. Pensar que Trump puede sobreponerse al imperio es una quimera. Tiene de espaldas el imperio. A él lo pueden aplastar el día que quieran. El imperio lo está venciendo.


TL: Ud. era un dirigente de derecha. ¿Por qué razón cuando ganó la presidencia adoptó políticas de izquierda? ¿Su clase social, la de la derecha, le perdonó ese vuelco?


MZ: No. No me lo van a perdonar nunca, aunque yo ya les perdoné a ellos el daño que nos han hecho. Y me vine de la derecha, donde estuve muchos años, a la izquierda porque la razón histórica, inteligente, sensible, humana, está de este lado. La historia la construyen los pueblos, no las élites. Yo tenía un sueño, una esperanza, una quimera. Me metí en política a los 30 años, cuando vino la democracia después de gobiernos militares. Pasé desde una aldea en una zona rural y después de 25 años de una lucha titánica llegué al punto de ser presidente de Honduras. Luché 25 años. Todos los días. Abandoné todo: empresa, familia, todo para irme a la lucha política y llegué a la presidencia. Y ahí me senté con la cúpula militar, con las élites económicas, las mediáticas, las empresariales, con las iglesias y con el imperio.


TL: Con la embajada.


MZ: Más que la embajada: con el Departamento de Estado, el Departamento de Comercio, el Comando Sur, la Unión Europea, que fueron parte de todo ese proceso. Yo me senté con los organismos internacionales de tú a tú. Con el Vaticano. Me senté pues a hablar y a ver las cosas en la realidad. Entonces un amigo que estaba presidiendo las compañías petroleras en Honduras me dijo la verdad: "¡Ni un penique, presidente! Es nuestro dinero, nos ha costado demasiados años ganarlo en nuestras compañías trasnacionales. Corresponde a concesiones, a contratos que hemos hecho y ni un penique le vamos a ceder al Gobierno". Yo les demostraba que esas ganancias eran fruto de precios indebidos, que sus actividades económicas no respetaban ni siquiera las reglas del sistema capitalista. Y les dije: "Ustedes están aquí con políticas económicas fraudulentas, con monopolios, poniendo precios injustos, sacrificando a este país, ¿cómo es que no podemos llegar a acuerdo?" Ellos me apoyaron para llegar a presidente, pero cuando llegué querían que fuera su gendarme, su operador, querían que les autorizara absolutamente todo. ¿Cómo podía permanecer de ese lado de la historia? Si allí lo único que se busca es el poder por sí mismo, ni siquiera el dinero. Lo único que se busca es el beneficio para quienes ya les sobra absolutamente todo, donde yo siempre estuve, pero creí que tenía en ese momento la capacidad de convencerlos. Y no. ¿Sabes cuál fue la primera petición que me hizo la Casa Blanca? Que le diera una visa de asilo diplomático a Posada Carriles, al terrorista. ¿Cuál fue la primera petición aquí en Honduras? Que nombrara el gabinete de gobierno que ellos habían diseñado en la embajada.


TL: Así directo.


MZ: Así directo. Me dijeron: "Aquí está la lista de las personas que usted va a nombrar en su gabinete, para que la analice". Así dominan nuestros países. Entonces cuando tú llegas y ves esa realidad, ¿cómo puedes permanecer en un lugar que sabes que es la desgracia de la humanidad? Tienes que cambiar. Entonces, lo primero que hice fue hablarle a Chávez para que me ayudara con petróleo. Hablé con Cristina Kirchner, con Lula. Honduras no tenía relaciones con los países de la región. Nunca había venido un presidente de Brasil a este país hasta que yo traje a Lula. Me uní al bloque antiimperialista del ALBA, escuché las demandas populares, empecé a trabajar con los sindicatos, los obreros, los maestros, los campesinos pero también con los agricultores, los ganaderos y los empresarios. Empecé a trabajar en una óptica eminentemente pluralista ideológicamente y democrática. Pero es mentira que ellos quieran la democracia. Lo que quieren son concesiones para sus privilegios económicos y llevarse todo.


TL: Pero usted no se opuso al modelo capitalista.


MZ: Yo no me opongo a que haya grupos empresariales económicos fuertes. ¡Que hagan el dinero que quieran! Como presidente me opuse a que les nieguen a los demás la posibilidad de tener una oportunidad, de sentirse seres dignos, con libertad de tomar decisiones. Denuncié la forma farisea y falsa de los discursos que hacen las potencias sobre la democracia en nuestros países. Yo les decía: "¿Cómo es que como presidente no puedo subirle los derechos al pueblo porque se oponen los principales poderes fácticos?" Ahí empezó mi cambio. No pensaba en izquierda o derecha, sino en cómo hacer el bien común. No quise llegar a la presidencia para pasar sin pena ni gloria, sino someterme a cualquier sacrificio para decir la verdad. El día del golpe de Estado, los militares dijeron que la orden era matarme. ¿Me dejaron vivo? Pues que me aguanten, porque cada segundo desde que me dejaron vivo les he demostrado que siguen estando equivocados, y la conciencia que se crea en todos estos pueblos cada día es mayor. Nadie nos va a regalar a nosotros ni libertad, ni independencia, ni soberanía, ni Estado de derecho, ni república, ni derechos de solidaridad con los pueblos. Eso se gana luchando y hay que estar dispuesto, en ese sentido, al sacrificio.


TL: ¿Sabe por qué no cumplieron la orden de matarlo?


MZ: No me mataron porque los militares hondureños se opusieron a mi muerte. Hubo dos sesiones en la que ellos deliberaron y votaron. Ahí el ejército decidió que me iban a sacar pero no me iban a asesinar.


TL: ¿La orden de matarlo vino del sector civil?


MZ: Un civil no le ordena a un militar. No sé de dónde vino la orden pero puedo suponerlo: a un militar le ordena otro de mayor jerarquía. Para mí la orden vino de los rangos de estrellas que gobiernan el mundo. Y aquí estoy, diciéndole la verdad para que los pueblos abran los ojos, como decía nuestra luchadora Berta Cáceres, "¡Despierta, humanidad!".

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Ecuador y el decaído encanto del progresismo

 

El debate sobre los gobiernos progresistas en América Latina, sus logros y sus errores, sus posibilidades y sus límites, su crisis y el ascenso de los contrarios, continúa. Atizan el debate las cifras arrojadas por los comicios presidenciales celebrados el pasado 19 de febrero en Ecuador, donde Lenín Moreno, candidato del oficialista Alianza País, ganó pero no venció.

Continuidad en veremos. El candidato del gobiernoContinuidad en veremos. El candidato del gobierno tenía como objetivo central evitar a toda costa una segunda vuelta y con ello la pragmática "todos contra uno" de la atomizada oposición, para lo cual, y según las normas, debía lograr el 40 por ciento de los votos, con 10 puntos de diferencia de quien le siguiera en sufragios. Un ideal.

Sin embargo, el esfuerzo no rompió el descontento ni la apatía ciudadana. En un país donde el voto es obligatorio, el 18,9 por ciento no concurrió a las urnas, el 2,73 lo depositó en blanco, y el 7,03 lo anuló; en total, un significativo 27,95 por ciento (1). Las cifras también confirmaron, luego de un dilatado conteo de las papeletas electorales que suscitó todo tipo de comentarios, que Lenín Moreno obtuvo el 39,35 de los votos y 28,10 por ciento Guillermo Lasso, su contrario inmediato. En estas condiciones, el próximo 2 de abril tendrá lugar la segunda vuelta.

El resultado anotado es paradójico. Para algunos puede valorarse de manera positiva, pues conservar casi un 40 por ciento de favorabilidad por parte del correísmo, luego de 10 años ininterrumpidos de conducir el país, es algo encomiable; pero para otros refleja lo contrario, resaltando el desgaste en que entró un proyecto joven, anunciado apenas en 2006 como una nueva época para Ecuador, antineoliberal, antiprivatizador, adjunto y respetuoso de los movimientos sociales y de la naturaleza, entre otras de sus cualidades.

Inocultable. El desgaste hoy es palpable en cualquier ciudad ecuatoriana, donde la inconformidad de sus pobladores con el gobierno que encabeza Rafael Correa ya no es ocasional, de una que otra persona, sino una voz fuerte que crítica sus medias tintas, sus cambios de posición, el creciente endeudamiento con los chinos, sus rasgos autoritarios, el tratamiento violento dado a los pueblos indígenas, opuestos a su política extractivista en sus territorios, las dificultades crecientes para sobrellevar la vida diaria, entre otras quejas comunes que con facilidad se escuchan en los buses y los cafetines, y en cualquier conversación que reúna a más de dos personas.

 

Más freno que acelerador

 

Desde 1998, cuando Hugo Chávez entró al Palacio de Miraflores en Caracas, ganó espacio el deseo y la esperanza de cambio no sólo en Venezuela sino igualmente en otros países de Nuestra América, llamando incluso a construir el socialismo con signo de siglo XXI, es decir, autocrítico, superador de los límites ya conocidos en su gestión en otras latitudes. La crisis económica de finales del siglo XX y el desgaste neoliberal, entre otros factores, permitieron este avance.

En uno y otro país, el giro a la izquierda llegó. La clase dominante, desde dos siglos atrás, parecía arrinconada. Variadas reformas ganaron espacio y el Estado retomó su rol protagónico, con la reestatización de numerosas empresas como prueba de ello; la organización social recibió apoyo –siempre y cuando no cuestionara las líneas oficiales–, de tal manera que lo máximo logrado fue la institucionalización de diversidad de movimientos sociales, congelando o apagando la vitalidad de su voz crítica.

Ilusión sin ruptura real. La centralidad estatal y la importancia dada a lo institucional fortalecieron el presidencialismo, incluyendo el papel del dirigente único, dejando a un lado un cambio imprescindible y que poco o nunca se vio: transformar las relaciones sociales. Sin cambios de este tenor, pero también sin afectación de la matriz productiva (economía primario-exportadora), así como de la cultura heredada –imposible de romper en pocos lustros–, lo imperante durante todos estos años fue una dicotomía entre discurso y realidad, una especie de trastorno disociativo cuyas consecuencias sufrieron –sufren– las sociedades de cada uno de los países autodenominados progresistas.

El gobierno ecuatoriano no escapó a esta constante, como heredero de las luchas sociales de su país, en especial del liderazgo y la movilización de los pueblos indígenas, de quienes asumió sus demandas como propias al estructurar su programa en 2006 (2): protección de territorios, contralando la producción petrolera en algunos de ellos e impidiendo la misma en otros (Parque Nacional Yasuní-ITT), no firmar tratados de libre comercio con Europa y Estados Unidos, avanzar hacia la soberanía alimentaria, impedir las privatizaciones, apoyar y fortalecer la economía popular, renegociar la deuda externa, redistribuir la tierra, no aceptar injerencia alguna de los organismos multilaterales de crédito, entre otros asuntos. En sus primeros años de gestión, los bríos del nuevo gobierno eran palpables, y caminar de gancho con los movimientos sociales lo fortalecía.

Llegaron inversiones estatales por doquier. El país, sin gran industria pública, se dotó de vías y autopistas, y las tractomulas las coparon. Las mercaderías extranjeras hicieron su agosto, y así fue visible el propósito que persigue la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (Iirsa) en todo el subcontinente y el papel que en su concreción juega este país. El trabajo mejoró y la pobreza cayó, resultados pasajeros que en momentos de crisis económica como los actuales quedan cuestionados, toda vez que no están soportados sobre líneas estratégicas, como la redistribución de la propiedad y/o el cambio de la matriz productiva.

Luna de miel. La aceptación gubernamental de lo social-popular duró poco. La promesa de no tocar el Yasuní-ITT fue arriada por el Presidente ante las multinacionales en agosto de 2013, así como la de no ampliar la frontera petrolera en la Amazonia, para lo cual incluso arremetió de manera violenta contra sus otrora aliados. En el camino quedaron varios muertos y encarcelados (3). A renglón seguido, vino la expedición de leyes que persiguen y satanizan el aborto, y otras que coartan y criminalizan la protesta social (4), así como medidas que estimulan el paralelismo organizativo, apostándole con ello a la división y el debilitamiento de los movimientos sociales que critican las líneas oficiales del gobierno. El buen vivir fue quedando como simple consigna.

A la par de estas inconsecuencias, en un país donde la economía agraria, de base o popular, cuenta con un amplio tejido a lo largo y ancho de su territorio, que toma el maíz –gramínea– y el chocho o fruto de altramuz –leguminosa– como dos de los soportes fundamentales de la dieta diaria, el gobierno abre espacio para el monocultivo y los agrocombustibles, violando incluso el mandato constitucional sobre el particular. En el momento se tramita la conocida en este país como "ley Monsanto", que, de ser aprobada, permitiría el ingreso y la siembra de las semillas certificadas (5).

Las privatizaciones también vieron su amanecer. Varios campos petroleros fueron entregados (Auca a Schlumberger, Sacha a Halliburton), así como varias concesiones –incluso sin licitación–: el puerto de Posorja y Puerto Bolívar. Con la promoción de las llamadas alianzas público-privadas fueron privatizadas hidroeléctricas, gasolineras, programas de alimentación escolar, así como una parte del sistema de salud vía convenios con clínicas y hospitales privados, así como enajenado el Banco del Pacífico (6).

En esa lógica de gobernar de espalda a las fuerzas sociales que lo soportaban, conciliando con el capital, no faltaron los bajos reajustes salariales y el incremento del IVA, así como las reformas para viabilizar la flexibilización laboral.

La esperanza en el cambio decae y el descontento crece. Si alguien pierde, alguien tiene que ganar. En efecto, los grandes grupos empresariales y la banca son los beneficiados. Durante el gobierno progresista no dejaron de crecer. Sin cambiar la estructura económica, ¿cómo darle paso a otro modelo social? (7).

 
De cara a la segunda vuelta

 

Con este panorama al frente, no es extraño que de un total de 12.816.698 de personas en edad de elegir, 3.345.306 opten por abstenerse, anular el voto o depositarlo en blanco, voto protesta que no ve otras opciones por parte alguna. Como no es extraño que un importante segmento de los movimientos sociales se incline por vías contrarias a la oficial, aliándose con otros sectores a los cuales considera más consecuentes. Es el caso de una parte del movimiento indígena, aliado con el exgeneral Paco Moncayo, candidato del movimiento Acuerdo Nacional, al cual también se sumaron Izquierda Democrática y Unidad Popular.

Otro conjunto de expresiones sociales, alternativas pero marginales, optaron por presentarse de manera autónoma. La dispersión fue la nota predominante, y los resultados logrados reflejan el fruto final de un gobierno que en sus primeros años fue producto de los movimientos sociales y que terminó por debilitarlos casi hasta su extinción. Se reflejan así, claramente, una alianza fuerte y una aceptación social en los comicios de 2006, cuando es ungido Presidente con el 58,67 de los votos, en 2009 cuando es reelegido con el 52 por ciento y en 2013 con el 57,17 por ciento, alcanzando una apreciable presencia en la Asamblea Nacional donde, de un total de 136 asambleístas, logró 80 en 2009 y 100 en 2013, para caer a 70 en 2017 (8).

Tras esta contradictoria gestión, ahora resaltan los caminos opuestos. Hay un amplio segmento social que ya no confía en el discurso progresista de Rafael Correa ni ve esperanza alguna en lo que pueda realizar Lenín Moreno, quien aparece como su continuidad.

En estas circunstancias, no es claro cómo pudiera hacerle honor a su nombre Alianza País, para darle cuerpo a una amplia coalición electoral, ni cómo dirigirse a esta masa de inconformes para convencerlos de que ahora las cosas marcharán de acuerdo a los deseos populares. Este será el cuello de botella por romper a la hora de pretender la superación del 39,35 por ciento logrado en la primera vuelta. Un inicial aviso sobre la dificultad que enfrentan vino de Paco Moncayo, que ya informó de la decisión de la coalición que encabeza de no apoyar al partido oficial. Siendo los indígenas uno de los integrantes de la misma, no podía ser distinto. Se trata claramente de una decisión y el evidente distanciamiento con el actual gobierno, expresados por el consejo ampliado de la Confederación de Nacionalidades Indígenas (Conaie) en su reunión del pasado 23 de febrero, donde manifestó: "No al continuismo de la dictadura ni a la consolidación del capitalismo" (9).

Le queda a Moreno el expediente de concentrarse en el carácter de clase de su oponente y su historia reciente (10), tratando de movilizar las fibras más profundas de quienes padecieron los efectos económicos y sociales de las políticas lideradas por este personaje y sus aliados, estimulando el voto útil, a la vez que el grosero recurso del clientelismo, así como el abuso abierto del poder.

De manera contradictoria, para quienes aparecen ahora como el cambio pero no son más que la continuidad de lo predominante durante 200 años de vida republicana, la tarea es más sencilla: por un lado, unirse entre ellos (Guillermo Lasso, Cyntia Viteri, Abdalá Bucaram), con lo cual ya totalizarían 49,23 por ciento de la intensión de voto, y, por otro, enfatizar en que el país no será como Venezuela, estribillo usado con amplio eco durante su inicial campaña electoral. Cuentan a su favor que sus fuerzas dirigen las tres principales alcaldías del país: Quito, Guayaquil y Cuenca.

¿Triunfo? ¿Derrota? Aunque las cartas parecen estar marcadas, nadie puede todavía darse por vencedor. Si bien el progresismo, como real opción, para las mayorías de la región está agotado, Lenín Moreno tiene su oportunidad, y entre bastidores Rafael Correa tendrá que batirse hasta el final.

En todo caso, para los movimientos sociales en pugna contra el actual gobierno, cualquiera que sea el resultado electoral del próximo 2 de abril, continuidad o relevo, el reto que tienen al frente es el mismo: reconstituirse, superar su atomización y construir una propuesta real para el cambio, que rompa la apatía política y la desconfianza social sembrada por Alianza País a lo largo de sus 10 años de gobierno.

 

 

1. Cne.gob.ec.

2. Rafael Correa asumió por primera vez como presidente el 15 de enero de 2007; su segundo mandato arrancó el 10 de agosto de 2009, fruto de una reforma constitucional redactada por la Asamblea Nacional que determinó adelantar los comicios de todas las dignidades del país; el tercero tuvo como fecha de inicio el 24 de mayo de 2013.

3. http://www.insurrectasypunto.org/index.php?option=com_content&view=article&id=2340:ecuador-correa-se-mancha-de-sangre-muertos-y-heridos-por-represion&catid=7:notas&Itemid=7.

4. http://www.elpais.com.co/mundo/vias-bloqueadas-y-marchas-marcan-jornada-de-protestas-contra-correa.html.
5. http://milhojas.is/612406-la-ley-de-semillas-de-ap-es-la-ley-monsanto.html.

6. Acosta, Alberto, "El largo camino de Rafael Correa hacia el neoliberalismo", https://www.desdeabajo.info/mundo/30838-el-largo-caminar-de-correa-hacia-el-neoliberalismo.html.

7. "En el 2007, cuando empezó el gobierno de Rafael Correa, 50 grupos económicos obtuvieron ingresos de casi 15.000 millones de dólares. Representaron el 33% del Producto Interno Bruto (PIB), que en ese año llegó a 44.000 millones". [...] "Cuatro años después [...], el Servicio de Rentas Internas había certificado la existencia de 75 grupos. Estos habían obtenido ingresos por algo más de 25.000 millones de dólares. Y su impacto económico representaba el 43,8% del PIB, que en ese año fue de 58.000 millones de dólares. Un crecimiento de 10 puntos". Delgado Jara, Diego C., "Mayor ganancia de la historia de la banca y grupos fácticos con Rafael Correa", febrero 25, 2013, http://2014.kaosenlared.net/kaos-tv/48307-mayor-ganancia-de-la-historia-de-la-banca-y-grupos-f%C3%A1cticos-con-rafael-correa.

8. En el momento de escribir esta nota, la cifra aún no estaba confirmada por el Consejo Nacional Electoral y bien pudiera ascender, incluso, hasta 75.
9. http://conaie.org/2017/02/23/resoluciones-del-consejo-ampliado-la-conaie/.

10. Accionista mayoritario del Banco de Guayaquil; uno de los mayores beneficiados con la crisis financiera y económica que azotó a Ecuador en 1999, especulando con el dinero que por obligación y durante un año no podían retirar los depositantes, y recibiendo a su cambio Certificados de Depósito Reprogramados, negociables. Aprovechando el afán de muchos ahorradores, tales Certificados se negociaban hasta el 50 por ciento de su valor real. El ahora candidato multiplicó su fortuna con la necesidades de miles de sus conciudadanos. También se destaca por su pertenencia al Opus Dei. http://restauracionconservadora.com/responsabilidad-lasso-feriado-bancario/.

 

 

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Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía: Joao Pedro Stédile del MST de Brasil

 

La reconfiguración del escenario político en América Latina también es eje de los debates en los movimientos populares. Sobre todo para aquellos que alimentan su construcción con una impronta marcadamente latinoamericanista como el Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil, la organización más grande de la región. En esta entrevista, su referente João Pedro Stedile analiza el complejo vínculo con los gobiernos progresistas y enumera los desafíos para esta etapa. También destaca la relación que mantienen con el papa Francisco, a quien caracteriza como “un personaje revolucionario”

 

La relación de los movimientos populares con el Estado fue sometida a fuertes debates en las últimas décadas. ¿Qué balance arrojan los vínculos que se han dado con los gobiernos protagonistas de este “ciclo progresista”?

En cada país hay distintas circunstancias de correlación de fuerzas y subjetivas de las fuerzas populares, por lo que no me atrevo a hacer un balance general del continente. Nosotros procuramos, como MST, actuar siempre bajo el principio de autonomía, pero, lastimosamente, esa no fue la práctica de todos los movimientos.

Hemos vivido un período en el que las masas, satisfechas con algunas mejoras, no se propusieron movilizar, y entonces nos faltó la presión de masas. En el campo lo intentamos, con millares de familias que hicieron tomas de tierras, pero aun eso fue insuficiente para romper la alianza del gobierno con el agronegocio y acelerar la reforma agraria. También podemos hacer un balance crítico del hecho de que muchos dirigentes populares, ilusionados por el espacio institucional, se fueron de los movimientos y ocuparon espacios en el Parlamento y en el gobierno. Eso quitó experiencia acumulada a los movimientos, que no tenían cuadros suficientes para conducir la lucha de clases.

En esa relación gobierno-Estado-movimientos populares, el error principal fue de los movimientos. El Estado siguió siendo burgués, y los gobiernos atados en sus programas sociales y de redistribución de renta. Los movimientos populares debemos retomar nuestra autonomía, nuestra independencia de clase, entender que solo la lucha de masas altera la correlación de fuerzas en la sociedad y en la gestión del Estado, sea quien fuera que lo ocupe, y que solo la lucha eleva el nivel de consciencia de las masas. Al interior de los movimientos, debemos dedicarnos a la formación de cuadros y de militantes, que son la columna vertebral de cualquier proceso organizativo de la clase.

 

En este momento complejo de América Latina, ¿por dónde pasan las principales tareas de los movimientos?

Tenemos muchos retos y desafíos. El más importante es que necesitamos hacer luchas de masas, contra las empresas transnacionales. Tenemos enemigos comunes de los movimientos populares en todo continente, relacionados con las semillas y los agrotóxicos (Monsanto, Bayer, Basf, ADM, etc.); tenemos enemigos comunes como las petroleras y mineras gringas y canadienses que nos explotan en el continente. Enemigos que vienen a explotar el agua potable. Enemigos que nos imponen gobiernos de mierda.

Y también tenemos el reto de impulsar más formas comunes comunicacionales, potenciar más el uso de radios, de TeleSUR, de periódicos y otras formas culturales de comunicación y formación. Tenemos el reto de tener, en cada país, nuestras escuelas de formación política para elevar el nivel ideológico de nuestra militancia.

 

¿Hay fuerza suficiente en el movimiento popular para alcanzar esos retos?

Esperamos que, en los próximos años, fruto de la crisis profunda del sistema capitalista, en términos económicos, políticos, y de la propia naturaleza del Estado burgués, se genere en nuestro continente un proceso de reascenso del movimiento de masas. Y con él, surgirán nuevas formas de lucha, nuevos liderazgos, nuevos gobiernos, y una nueva etapa histórica para el pueblo latinoamericano. Estoy muy optimista y confiado porque, más allá de nuestras debilidades, de la correlación de fuerzas adversa, tenemos un sistema económico moribundo, que es cierto no se va morir por sí solo, pero que ya no representa esperanza o posibilidad de progreso social como fue en el siglo pasado.

 

joaostedile

 

El papa Francisco se abrió al diálogo con los movimientos populares de América Latina y del mundo. Usted lo calificó como un “Papa revolucionario”...

El papa Francisco es un personaje revolucionario, por la postura revolucionaria que viene tomando a partir de los cambios que propone en la Iglesia Católica y su relación con la sociedad en general.

Desde que asumió, buscó a los movimientos populares, a partir de su confianza y vivencia con movimientos populares argentinos. Montamos entonces encuentros anuales de movimientos populares de todo el mundo con él. Siempre nos afirmó que quería hablar con los trabajadores, los que estaban organizados para hacer cambios en sus vidas, sin esquemas burocráticos, sin esas personas a quienes les gusta siempre hacer viajes internacionales. No quería movimientos de carácter pastoral, no impuso ningún condicionante de religión, fe, etnia, opción sexual... y así se conformó un espacio con participación básicamente de movimientos que actúan en el mundo del trabajo, de la lucha por la vivienda y en el campo.

Esos espacios son muy, muy importantes porque, además de la práctica de diálogo -nunca había ocurrido que un Papa convocara a dirigentes de movimientos populares de todos continentes, ¡y eso también es una señal revolucionaria!-, son espacios de reflexión sobre los dilemas de la humanidad, en los marcos de una grave crisis capitalista, política, ética y ambiental.

 

¿Qué es lo que dialogan con él, en concreto?

En el último encuentro en Roma, en noviembre pasado, los temas principales fueron el tema del Estado burgués y de la democracia representativa, que está fallida; y por otro lado el tema de los refugiados. Estábamos más de 200 dirigentes de los cinco continentes. Invitamos a pensadores para debatir los temas, allí estuvieron [el expresidente uruguayo José] Mujica, Vandana Shiva, entre otros.

Consolidamos diversas propuestas y visiones. Vimos cómo el Estado burgués no funciona; la democracia burguesa, representativa, oriunda de la Revolución Francesa, se acabó. Debemos pensar nuevas formas de ejercicio de la democracia participativa, popular, en que el pueblo organizado pueda ejercer su poder político y hacer que el Estado funcione a su favor, no en su contra, como sucede ahora.

En su locución final, el Papa nos sorprendió a todos y todas cuando expresó conceptos radicales; dijo que los verdaderos terroristas en estos tiempos modernos son los Estados, porque ellos promueven la venta de armas, promueven la discordia entre los pueblos, en disputa de los bienes de la naturaleza y de los mercados. También hizo duras críticas a la posición de los gobiernos europeos, que gastan billones de euros para salvar bancos pero se esconden con centavos para socorrer a los millones de refugiados que llegan a Europa, expulsados por las armas que los ellos mismos venden en África y Oriente Medio.

 

¿Cree que Francisco puede ocupar el lugar que dejó vacante Hugo Chávez para los pueblos de Nuestra América, ser un líder ético y político para quienes impulsan las luchas anticapitalistas en el mundo?

No se debe comparar a Francisco con Chávez, Fidel, Maduro o Lula; él actúa en un espacio distinto, es un líder religioso. Pero es revolucionario, porque desde un espacio religioso, eclesial, asumió radicalmente la causa del pueblo. Así que, en la correlación de fuerzas internacional, él es nuestro aliado, y nos va ayudar a concientizar a la gente, sobre quiénes son los culpables por la desgracia de la humanidad, que son las empresas transnacionales, el capital financiero y sus gobiernos.

 

Usted siempre ha tenido un rol protagónico en la Articulación Continental ALBA Movimientos. ¿Desde cuándo existe ese espacio y cuáles son las fortalezas de los movimientos populares hoy en la región?

En Latinoamérica hemos construido en los últimos años una unidad muy importante entre todos los movimientos populares (en el sentido genérico, que agrupa múltiples formas de organizarse). Esa unidad la construimos en la lucha concreta, continental, desde los tiempos del neoliberalismo. Enfrentamos al neoliberalismo y a las ceremonias colonialistas de los 500 años. Nos organizamos contra el ALCA [Acuerdo de Libre Comercio para las Américas, impulsado por EEUU], y lo vencimos. Luego, en muchos países hubo luchas masivas contra las privatizaciones del agua, contra las bases militares, etc.

A partir del gobierno de Hugo Chávez establecimos con él un dialogo sobre cómo ir concretando y organizando esa articulación. Al principio pensábamos que podría ser junto con los gobiernos progresistas, en el marco del ALBA [Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América]. Pero luego, de común acuerdo, mantuvimos la autonomía de los movimientos y nos conformamos como una articulación independiente.

Articulamos a movimientos populares desde Canadá hasta la Patagonia. Somos más de mil movimientos populares en el continente. Ya realizamos dos asambleas continentales, una en Brasil y otra reciente, en diciembre de 2016, en Bogotá, donde se consolidó una visión política común, una plataforma de luchas comunes, y diversas iniciativas colectivas continentales en términos de comunicación, de formación de cuadros, con diversos esfuerzos de construir escuelas nacionales que a la vez cumplen programas hacia otros países.

Tenemos articulación de los movimientos con TeleSUR y la Radio del Sur; tenemos brigadas internacionalistas comunes que actúan en Centroamérica, Venezuela, Haití; tenemos la voluntad política de impulsar los programas de alfabetización de adultos con el método cubano Yo sí puedo... En fin, estamos avanzando.

 

*Entrevista realizada conjuntamente para Marcha y Lanzas y Letras

 

 

Publicado enPolítica
Benoit Hamon, candidato presidencial del Partido Socialista Francés 2017 en a la conferencia UDECAM sobre medios y comunicación en París, 2 de marzo de 2017.

 

Condenados a reinventarse. Los partidos progresistas europeos navegan entre dos aguas: la socialdemocracia, sumergida en un mar tomentoso y carente de liderazgos y de programas atractivos, y sus emergentes rivales izquierdistas, sin apenas currículum de gestión gubernamental.

 

La encrucijada es de enjundia. La izquierda europea no acaba de salir de su espiral de destrucción de votos y de dispersión de propuestas capaces de resintonizar con las capas sociales del Viejo Continente.

A pesar de que casi una década después de la mayor crisis financiera desde el Crash de 1929, la virulencia de los excesos del capitalismo desordenado de los mercados previa a la quiebra de Lehman Brothers, y las posteriores políticas de austeridad que trataron de cerrar la hemorragia -sobre todo, en Europa- se haya saldado con la práctica eliminación de la clase media y una masiva destrucción de empleo entre las denominadas economías industrializadas.

El caldo de cultivo para la irrupción de la izquierda, pues, parecía haber entrado en estado de ebullición. En el punto idóneo en el que debían asestar el golpe definitivo a los partidos del otro lado del espectro político, proclives tanto a los recortes sociales de calado como a la defensa a ultranza del neoliberalismo de mercado.

Pero la realidad es más cruda. La socialdemocracia no ha sabido leer este Cuaderno de Bitácora. Y la profusión de movimientos políticos y sociales a su izquierda tampoco han sido hasta ahora capaces de acumular el músculo necesario para hacer frente a las posiciones nacionalistas de ultraderecha que, en cambio, han sabido asumir parte del ideario progresista en asuntos como el reparto de las ayudas sociales.

Eso sí, a costa de enarbolar la bandera del combate contra el inmigrante y de reducir los recursos por razones étnicas y de nacionalidad.Las convocatorias electorales europeas de 2017 dejarán un diagnóstico más nítido de en qué episodio se encuentra el otrora idilio entre la izquierda y las sociedades civiles.

En especial, tras un ejercicio, el pasado, en el que arraigaron mensajes neoliberales de crítica a la falta de recetas socialdemócratas ante la crisis, en el que los partidos de ultraderecha han cerrado filas y elevado sus respaldos sociales y en el que han emergido fenómenos como el Brexit o la era Trump en las latitudes tradicionalmente más próximas a la UE. Sobre todo, en tres escenarios.

En Holanda, en Francia y en Alemania. También hay citas con las urnas en República Checa, en junio, donde el movimiento Ano (que significa Sí), dirigido por el mediático multimillonario Andrej Babiš, que se declara simpatizante de Trump y promete resolver la inmigración con deportaciones frente a las fragmentadas opciones de izquierda.

En Serbia, con estatus negociador para su incorporación a la UE, y donde su cita de mayo dirimirá si el país se inclina por el pro-europeismo, o vira hacia el Este, a la estela de la Rusia de Putin. O en Noruega, la versión escandinava no comunitaria (con permiso de Islandia) cuyo partido Progreso, de Siv Jensen, tratará de arrebatar al laborismo, allá por septiembre, el protagonismo definitivo en los comicios frente a la formación conservadora, mediante una delicada y compleja mezcla de rebajas fiscales y gastos en infraestructuras, con estrictos controles migratorios, para garantizar el generoso Estado de Bienestar noruego.

La izquierda tradicional, la socialdemócrata, afronta estos retos bajo mínimos. Sólo nueve países de la UE (Francia, Italia, Malta, Eslovaquia, Portugal, República Checa, Malta, Croacia y Suecia) presentan gobiernos progresistas. La mayoría, con coaliciones. En conjunto, apenas representan al 32,5% de los ciudadanos de la Unión. Lejos del 45% de 2007, en los prolegómenos de la crisis. Y a una distancia sideral de su Edad de Oro, la doble década de los ochenta y noventa del siglo pasado, cuando en Europa arreciaron los grandes proyectos europeos del euro o la expansión al Este.

La época que sacó réditos del final de la era Thatcher en Reino Unido y que perduró hasta la Guerra de Irak de 2003. Con Miterrand, primero, y Blair, con posterioridad, como estandartes de un socialismo (laborismo, en el caso británico) fructífero al trasladar a sus sociedades civiles su indiscutible contribución a la estabilidad de las democracias y de los Estados de Bienestar europeos, o a la integración de la UE desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.

En este intervalo temporal, el peso de electoral de la socialdemocracia no tuvo parangón en la historia reciente.Pero ahora, ¿cómo afronta el desafío la izquierda? La tradicional, que se sigue afanando por no perder el apellido socialdemócrata, y la emergente, quizás más nacionalista y menos global pero también más familiarizada con los millennials y la digitalización de los mercados.

Holanda es el primer banco de pruebas. La campaña está dominada por las tesis nacionalistas. El gran favorito es Geert Wilders y su Partido por la Libertad. Anti-islamista y partidario del Nexit, la salida de Holanda de la UE. Su gran rival será el primer ministro, Mark Rutte, del conservador VVD, que parece haber restaurado su popularidad tras las medidas de austeridad aplicadas por su Ejecutivo entre 2012 y 2014 y que se declara euro-entusiasta.

Ambos mantienen un respaldo social en torno al 20%. A cierta distancia de sus cuatro perseguidores, que apenas superan el 10%. Entre ellos, están el laborismo (PvdA) de Lodewijk Asscher, ministro de Asuntos Sociales en el Gabinete de Rutte, y el Partido Socialista (PS) de Emile Roemer.

El tercero y cuarto en discordia son los cristiano-demócratas (CDA) y los liberales del D-66. Dentro de una amalgama de 31 formaciones, de las que sólo 14, presumiblemente, tendrán acceso a los 150 escaños del Parlamento. La cita será el próximo 15 de marzo.

 

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El electorado holandés está instrumentalizado por la inmigración y la vinculación con la UE. Todo asunto ajeno es secundario. Para muestra, dos botones. El 40% de turcos y marroquíes que viven en Holanda (sus dos estratos extranjeros más importantes) dice no haber aceptado la cultura de su país de acogida. Ni sentirse integrado en su sociedad. Tampoco parecen entusiasmados los holandeses con la condición de contribuyente neto de las arcas comunitarias.

Asscher paralizó los intentos de liberalización de la Sanidad y del mercado laboral de Rutte. Pero apenas ha podido tejer su compleja estrategia de restablecer apoyos con la clase trabajadora, estimular la prosperidad perdida de profesionales liberales y, al mismo tiempo, de convencer a funcionarios e inmigrantes de que -explica- “hay un amplio margen de mejora” para regenerar la frustración y la desigualdad. En diciembre tomó las riendas del PvdA de Diederik Samsom.

 

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Alexander Pechtold, de Democrats 66 Emile Roemer, del Partido Socialista y Lodewijk Asscher, del Partido del Trabajo (PvdA). EFE/EPA/BART MAAT

 

De ahí que hable de “urgencia” al intentar aunar apoyos de estratos sociales tan variopintos. Por si fuera poco, su contención a la privatización sanitaria choca con la mayor preocupación de sus conciudadanos, que están mayoritariamente convencidos de que el sistema nacional de salud camina hacia un lento, pero paulatino, colapso.

Con el coste por paciente al alza, desde los 150 euros de 2008 a los 385 euros en 2016, las desigualdades entre ricos y pobres en brecha abierta y la renta familiar estancada, Asscher apuesta por elevar la imposición, hasta el 60%, a ingresos superiorores a los 150.000 euros anuales, y la fiscalidad de las empresas. Aparte de este guiño al electorado progresista, el líder del PvdA reclama, sin precisión, que la libertad de trabajadores en la UE no suponga recortes salariales. Los malos sondeos que pesan sobre Asscher, pese a ser un admirado y habilidoso negociador, según coinciden sus detractores y defensores, parecen tener que ver con la ascendencia de Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, y de Ahmed Aboutaleb, alcalde de Rotterdam, de origen marroquí, y el político más popular del país.

Ambos del PvdA y que podrían sucederle en cualquier momento al frente del partido.El SP de Roemer se declara un partido antiglobalización y pro-trabajadores. Fue el gran favorito en las elecciones de 2012 durante toda la pre-campaña. Pero se desinfló sin remedio en las urnas y no protagonizó el esperado sorpasso ni siquiera con el PvdA.

Es, para muchos analistas, similar en sus planteamientos al PVV de Wilders, aunque sin el componente racista. Defiende un nuevo sistema de salud. Cree que es urgente crear un fondo para Sanidad porque los recursos públicos actuales desaparecen en los bolsillos de burócratas y aseguradoras y no protegen al trabajador ni al dependiente. Es la prioridad en el discurso de Roemer.

Las listas de espera han aumentado un 28%, el 80% de la población ha perdido poder adquisitivo, más de un millón de personas viven bajo el umbral de la pobreza y, pese a que los parados han bajado de 700.000 a 550.000, el número de contratos estables se ha reducido hasta el 75%.

La temporalidad y los empleos por horas han arraigado. De ahí que su gran promesa electoral sea aumentar el salario mínimo en un 10%. Aunque no la única. También apuesta por la banca pública: “Tenemos que impedir que nuestros bancos acudan a los mercados de capitales”.

Además de regular la inmigración laboral. En Europa, pide más democracia. Y el fin de su visión neoliberal. Sin la dictadura de la Comisión Europea, sin Ejército propio y sin Justicia comunitarizada, asegura. En unos niveles notablemente más progresistas se mueven las candidaturas en Francia. Hasta el punto de poder afirmar que el punto estelar de los programas de los dos aspirantes de izquierdas es la Renta Básica Universal (RBU).

Una propuesta de mayor envergadura social que cualquiera de las que plantea sus colegas holandeses. Hasta el punto de que tratan de monopolizarla en países como España, donde Podemos, que la incorporó a su programa para los comicios de 2015 y 2016 (al igual que IU, antes y después de su coalición con la formación morada) trata de erigirse en el genuino defensor de esta medida, frente a los recientes intentos de las tres facciones del PSOE -en mayor o menor medida- por asumir una propuesta similar, en enjundia, a la que en el pasado supuso la Tasa Tobin para gravar las transacciones financieras vía divisas y acabar con la especulación en los mercados.

En medio de proclamas del presidente de la gestora y de Asturias, Javier Fernández, de “reformular” la socialdemocracia, el papel del Estado frente a las soluciones “milagrosas” del mercado y la preservación del Estado de Bienestar, como pilares del futuro plan económico del PSOE.

Benoît Hamon, aspirante socialista (PS) al Elíseo, y Jean-Luc Mélenchon, del Partido de Izquierda -político de ideología troskysta que abandonó el PS en 2008 y fundó el Parti de Gauche, junto con los antiguos comunistas-, se disputan también este estandarte, de cara a la primera vuelta, el 23 de abril.

Aunque es altamente probable que ninguno de los dos -ni ambos en comandita, si se diera el caso, como han insinuado-, podrán poner en marcha la RBU, dadas las casi nulas opciones que les conceden los sondeos (13,7% de intención de voto para Hamon, frente al 11% de Mèlenchon) de concurrir a la casi ineludible segunda vuelta, el 7 de mayo.

Porque, como en Holanda, las bazas más sólidas parecen ser el Frente Nacional de Marine Le Pen (26,1%) y, o bien los republicanos del conservador François Fillon (19,5%) -si los casos de presunto nepostismo se lo permiten- o el centro liberal de Emmanuelle Macron (20%), ex ministro de Economía en el Ejecutivo socialista de Manuel Valls. Los mercados asumen este horizonte, en el que Le Pen no lograría la jefatura del Estado.

 

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Posibles escenarios en función de las encuestas de la segunda vuelta

 

La RBU forma parte de lo que el líder laborista británico, Jeremy Corbyn, considera el urgente y renovado ideario de izquierdas en Europa, en el que se refleje el “mayor progresismo” que piden los militantes socialistas del Viejo Continente.

En esencia, esta renta básica sustituirá al abanico de programas, subsidios, deducciones fiscales y contribuciones sociales por trabajo e, incluso, los gastos administrativos asociados a estas tramitaciones, de forma que se convertiría en una retribución para personas con bajos o nulos niveles de ingresos, con la que se autofinanciaría su futura pensión. Aunque admite múltiples interpretaciones.

Para Hamon, la RBU “es un instrumento que libera trabajo y permite a cada persona poder elegir sus ocupaciones profesionales sin necesidad de tener que sufrir por ello”. Su propuesta se puede sintetizar en cuatro ideas-fuerza: instaurar una renta básica, ya en 2018, para jóvenes entre 18 y 25 años; aumentar los beneficios por desempleo o subempleo hasta los 600 euros al mes; implantar un sistema automático para estos pagos y universalizar la retribución con un mínimo de 750 euros mensuales.

El recurso a la RBU es, en realidad una vieja receta. Incluso de siglos precedentes. Aunque ha sido la crisis y sus devastadores efectos sobre la población la que ha puesto de nuevo de moda esta propuesta. Finlandia acaba de aplicar un programa experimental con 2.000 parados de larga duración, que recibirán 560 euros al mes.

La provincia canadiense de Manitoba lo practicó desde la década de los setenta hasta que un cambio reciente en su gobierno la ha derogado. Utrecht y otras ciudades holandesas también lo hicieron, como planes pilotos en 2015, pero se cancelaron por consultas populares contrarias. Igual que en Suiza, donde su opuso el 77% en junio de 2016 a una retribución de 2.500 francos suizos por adulto más un tercio adicional por niño a su cargo.

El ex ministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis, ha sido uno de los más firmes defensores de la RBU: “Es necesario, una urgencia inaplazable para civilizar el capitalismo y evitar los espasmos que generará por la nueva generación tecnológica”, en alusión -dice el fundador de Democracia en Europa Movimiento 2025-, entre otros fenómenos, a la creciente robotización de los modelos productivos.

 

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El exministro de Finanzas griego, Yanis Varoufakis. EUROPA PRESS

 

Varoufakis lidera uno de los intentos europeos más supranacionales de cambiar las agendas progresistas y de resistencia frente a movimientos de extrema derecha -en especial, en los países nórdicos y centroeuropeos- de robar la defensa del Estado de Bienestar a la izquierda.

Una batalla que trata de frenar el trasvase de gran parte de una clase trabajadora descontenta con las concepciones cosmopolitas y favorables a la globalización de los partidos progresistas y que también ha logrado reunir voces como la de premios Nobel de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz o de economistas también ilustres como Jefrey Sachs, James Galbraith o Thomas Pikkety.

De ahí que la disputa entre Hamon y Mélenchon en Francia sea de máxima intensidad. El líder izquierdista galo parte con ventaja. Su propuesta viene de largo. Y la vincula a transformaciones drásticas en los sistemas productivos, además de en las relaciones comerciales y en materia de defensa de los consumidores, alineados con las nuevas demandas sobre cambio climático, para dotar a Francia de un nuevo modelo retributivo que reduzca la brecha entre ricos y pobres.

Dice estar “encantado” de que “el viejo socialismo”, en estado “moribundo”, haya recapacitado con una medida como la renta básica y su “universalización”. Hamon, por su parte, cuenta a su favor con la salida del Ejecutivo socialista galo con el giro hacia la austeridad de su rival en las primarias (Valls), pero sus consignas reformistas, más allá de la RBU, van a remolque de las de Mèlenchon.

Motivo por el que el también apodado el Bernie Sanders francés, apenas ha logrado que calen sus tibios mensajes ecologistas y regeneradores en lo social. Con promesas como la legalización de la marihuana o la tributación por uso de robots en las cadenas productivas.

Más elocuente es la confrontación de planteamientos entre partidos izquierdistas en Alemania. Si bien aún queda bastante margen temporal -los comicios serán el 24 de septiembre-, el SPD de Martin Schulz, ex presidente del Parlamento Europeo, ha logrado, con un tono sosegado, que los apoyos sociales socialdemócratas se equiparen a los de la CDU/CSU de Angela Merkel.

Tanto la canciller como Schulz acaparan el 32% de intención de voto. Un empate que genera el dilema al SPD de si optar por mantener la actual gran coalición con Merkel o apostar por un gobierno con la Izquierda y los Verdes. Pero que da alas a la visión continuista del líder socialdemócrata, partidario de regular la inmigración, dotar de estabilidad a Europa y de ahondar en la idea, cada vez más extendida entre el electorado, de que con Schulz “las cosas son posibles”.

Quizás por ello, parece que ha cundido como la mejor de sus recetas socio-económicas, la de combatir la evasión fiscal y dirigir los recursos de esta batalla a reducir las desigualdades. Entretanto, los planes de Die Linke (La Izquierda) de la doble candidatura integrada por Sahra Wagenknecht y Dietmar Bartsch -bajo el lema de “Alemania: social, justa, para todos”-, hacen hincapié en que su doctrinario representa un cambio de paradigma.

En este sentido, proponen crear un impuesto que grave con el 5% todos los patrimonios superiores al millón de euros, y un recorte de la carga tributaria sobre los ingresos familiares inferiores a 7.100 euros mensuales.

 

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Dietmar Bartsch y Sahra Wagenknecht, cabezas de cartel de la Izquierda alemana.

 

Así, según calculan en Die Linke, la Hacienda alemana tendría unos 80.000 millones más de euros que administrar. También se declaran partidarios de poner en marcha la Tasa Tobin, gravamen sobre las transacciones financieras para evitar movimientos especulativos.

Recursos que irían a sufragar el cambio energético y la creación de un auténtico mapa de infraestructuras digital. Y de congelar el presupuesto militar y prohibir las exportaciones de armas. Con esta batería de medidas pretenden pescar votos del SPD, pero también de Alternativa por Alemania, la AfD, a partir de la disociación -explica Wagenknecht- entre refugiados y terrorismo que la ha reportado no pocos adeptos a este partido de extrema derecha.

Unos 10.000 simpatizantes de la Izquierda se han decantado por la AfD en las últimas elecciones regionales, admiten varios think-tanks. La “restauración de la predictibilidad” es su gran aportación al debate europeo. Después de varios años de crisis, la UE navega “sin rumbo”; hasta el punto de darse de bruces con la realidad del Brexit y del resurgimiento de partidos ultranacionalistas de derechas, que han recogido adeptos entre el amplio número de jóvenes desocupados.

Su objetivo declarado: obtener un resultado de dos dígitos. Respaldo que les garantizarían ministerios y poder parlamentario en una probable coalición roji-verde.La suerte, pues, parece estar echada. Dos izquierdas, con dos sensibilidades, para combatir a la ultraderecha nacionalista europea.

 

 

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