“Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo"

“Estamos atravesando un cambio de época mucho más profundo del que insinuaron los gobiernos progresistas que, en el fondo, apenas intentaron conducir la notable energía popular hacia las aguas estancas de la representación, o sea, de la política estatal. Los momentos candentes de las luchas sociales (parlamentos indígenas-populares de 2000 en Ecuador, cuarteles aymaras en el altiplano boliviano en 2000-2001, asambleas populares en Argentina en 2001-2002) fueron momentos antiestatales pero también antipartidos, dos modos organizativos que responden a la misma lógica. Respecto a esos momentos, la recomposición estatista-progresista fue un paso atrás, un retroceso. Para quienes apostamos a la emancipación colectiva, el punto de referencia debe ser siempre el grado más alto alcanzado por la lucha social y nunca aquello que es posible conseguir. Lo posible es siempre el Estado, el partido, las instituciones existentes. Pero la emancipación no se puede detener allí”. (Decio Machado - Raúl Zibechi. 2016. “Cambiar el mundo desde arriba. Los límites del progresismo". Ediciones desde abajo. Bogotá, Colombia).


La cita fue con Raúl Zibechi y Decio Machado, autores del libro “Cambiar el mundo desde arriba. Los límetes del progresismo”. La invitación era para realizar un taller, un diálogo-debate alrededor de un conjunto de experiencias de gobierno que se dicen “revolucionarios” pero que mucho más allá de los deseos o de la propaganda han terminado por conducir las dinámicas fuerzas sociales que heredaron hacia la atomización, la cooptación, la división, la confusión, sin marcar por lugar alguno las señas de lo que implicaría un cambio digno de llamarse revolucionario. El taller sesionó durante los días 11-12 de abril, en el auditorio de la Cooperativa Codema.

 

 


Día primero


Las personas concurrentes fueron llegando poco a poco, tal vez con temor de lo que iban a escuchar, o tal vez escépticas por lo ya leído en las páginas del libro que algunos de los inscritos ya habían reclamado o recibido. Una vez quedaron pocas sillas por usar, se dio inicio al evento. Antes de entrar en materia, se habló un poco de los ponentes a modo de una corta presentación. Raúl Zibechi es un escritor y pensador-activista uruguayo, dedicado al trabajo con movimientos sociales en América Latina; Decio Machado es un consultor internacional en Políticas públicas, análisis estratégico y comunicación. Miembro del equipo fundador del periódico Diagonal y de la revista “El Hurón”, así como colaborador habitual en diversos medios de comunicación en América Latina y Europa. Investigador asociado en Sistemas Integrados de Análisis Socioeconómico, director de la Fundación Alternativas Latinoamericanas de Desarrollo Humano y Estudios Antropológicos (Aldhea) y colaborador de Editorial Crítica & Alternativas y Ediciones Desde Abajo.


“Es deber de la izquierda hacer un análisis auto crítico, porque si en algo hemos pecado la izquierda es en, precisamente, no hacerlo, por el contrario hemos tratado de ocultar algunos procesos oscuros que no nos enorgullecen. Por lo mismo es preciso hacer algunas aclaraciones sobre ciertos conceptos que el progresismo ha usado para referirse a su gestión” (Machado)[...] “En Suramérica no ha habido revoluciones –se ha hablado de de la revolución bolivariana en Venezuela, de la revolución ciudadana en Ecuador, en Bolivia la revolución del buen vivir- y eso por una razón elemental: una revolución no puede dejar intacto el aparato estatal (fuerzas armadas, burocracias, instituciones civiles, etcétera), una revolución destituye esos aparatos. Vale la pena aclarar que la revolución no es el paradigma para llevar a cabo una transformación social, puesto que llevamos poco más de dos siglos de revoluciones que han sido poco transformadoras”, dice Zibechi.

 

 


Ciclo progresista


El taller empieza con una revisión histórica de los alzamientos populares en América Latina a cargo de Raúl Zibechi.
“El ciclo progresista arranca a comienzos de los 90, años en los que se produjeron levantamientos sociales no organizados como El Caracazo en Venezuela o el Cacerolazo en Argentina que no contaban con el auspicio de centrales sindicales ni de partidos políticos, fueron insurrecciones espontáneas realizadas por el pueblo. Dos décadas antes ya se habían formado movimientos como la Conaie en Ecuador a principios de los 80, como el Ezln protagonista del alzamiento del 94, como las organizaciones campesinas paraguayas del MCP de los años 80, las Madres de la Plaza de Mayo en plena dictadura del 76. Durante este tiempo cayeron más de 10 presidentes: 3 en Ecuador, 2 en Argentina, 2 en Bolivia, 1 en Brasil y situaciones similares en otros lugares [...].


También cabe aclarar el concepto de movimiento, hay que someterlo a crítica y a problematización. ¿Qué es un movimiento? Somos herederos de una ciencia social eurocéntrica que ha estudiado y analizado este concepto al punto de definir características que lo describen. En el periodo de los 90 y principios de los 2000, la intensidad de la acción social del movimiento popular (indígena, campesino, urbano y de periferias urbanas) modifica la relación de fuerzas en el continente, particularmente en Sudamérica y aunque no se lo propusieron –algunos más, otros menos– consiguieron, primero, deslegitimar el modelo neoliberal; segundo, al abrir grietas en la capacidad de gobernar de los neoliberales, crearon condiciones para que emergieran nuevas fuerzas políticas. Y si uno mirara país por país vería que en muchos de ellos los partidos políticos que desempeñaron un papel importante hasta los años 90, o desaparecieron o pasaron a un lugar muy marginal. Este es el primer panorama de cambio en la región, luego en 2005, cuando empiezan los primeros gobiernos progresistas, cambia el clima político en el continente. El activismo popular continúa con los gobiernos progresistas, lo único que cambian son los propósitos”.


Desarrollo progresista (extractivismo), asistencialismo y movimientos populares


Aquí Zibechi establece una relación entre el desarrollismo progresista, las políticas sociales de asistencialismo y los alzamientos civiles. “Durante estos gobiernos se impulsó el extractivismo en todas sus expresiones (mega-obras de infraestructura, monocultivos, ganadería extensiva y minería; en general cualquier forma de explotación del suelo), causando grandes impactos ambientales y de ordenamiento territorial que derivaron en problemáticas sociales y que desencadenaron la movilización de los grupos sociales directamente afectados y la posterior adhesión de los movimientos simpatizantes. Es el caso del Perú, de Bolivia, de Brasil, Argentina y Venezuela, en donde se estimuló la producción minera y agrícola de forma exhaustiva a tal punto de despojar, desplazar, contaminar y hasta asesinar a las personas que habitaron las tierras en donde se desarrollaron mega-proyectos industriales. Estas movilizaciones muestran las grietas de una de las caras del modelo progresista que son las políticas sociales, pues estas ya no son suficientes y por eso la gente empuja, a lo que los gobiernos responden ampliando las políticas públicas”.


Y continúa: “El extractivismo también tiene un componente urbano, pero que al estar tan normalizada la especulación inmobiliaria, cuesta considerarla parte del modelo extractivo. Esta exagerada especulación con el suelo y la vivienda es también parte del modelo extractivo, porque los tres tienen detrás al capital financiero. Es un modelo especulativo, no productivo; especula con la propiedad sobre la tierra y los usos del suelo. Llevamos entre 15 y 20 años de gobiernos progresistas, un periodo suficiente para evaluar qué se ha hecho y qué no y cuáles han sido las opciones políticas que han tomado cada uno de los gobiernos. Ha habido condiciones para profundizar en sus políticas y llevar a cabo los cambios sociales necesarios de haberlo querido”.


Por su parte Machado amplía la temática. “A pesar de su intento de apuesta revolucionaria, el progresismo sigue sujeto a la economía global, a los precios internacionales del petróleo, y a la oferta y demanda de mercancías (commodities) en el mundo. Aunque se plantean el fin del capitalismo, los gobiernos progresistas aprueban el crecimiento desmesurado que tiene la empresa privada durante sus administraciones, excusándose en que, de acuerdo a las ganancias del capital privado, los impuestos a la renta para el Estado serán mayores, y el dinero destinado para la asistencia social también. Por otro lado, las lógicas dependentistas que en la teoría se buscan extinguir, en la práctica tienden a aumentar, así queda reflejado en los precios de las exportaciones de materias primas que imponen las potencias y la vinculación de los países sudamericanos con países europeos mediante tratados de libre comercio, que poco o nada favorece a la empresa nacional latinoamericana. De esta manera, siendo el extractivismo la principal fuente económica en los países progresistas, los conflictos ambientales han sido cada vez más notorios, a pesar de que los programas de gobierno se pensaron en un marco ecologista y como defensores de los derechos ambientales”.


Terminada esta primera temática, se dio paso a las intervenciones del público asistente, quienes plantearon interrogantes respecto a la pertinencia del progresismo, a las élites que intervienen en la conformación de este modelo, y a la crisis de la izquierda reflejado en el fracaso de los gobiernos progresistas del siglo XXI.

 


La crisis del socialismo. Fracaso del progresismo.


Zibechi fue el primero en tomar la palabra para responder. “El pensamiento crítico frente a los procesos revolucionarios del socialismo y su lucha contra el capitalismo atraviesa una gran crisis. Décadas anteriores al surgimiento del progresismo, la construcción continua del socialismo y del pensamiento emancipatorio era constante; había una crítica que visibilizaba las carencias y las expectativas de los gobiernos que aplicaron el modelo socialista. Sin embargo esta crítica se fue desvaneciendo y con la caída del Muro de Berlín, la derrota del socialismo, representado en la Unión Soviética, se convirtió en un tema censurado. Entonces las falencias de la izquierda como propuesta política no fueron analizadas y, por ende, nunca fueron corregidas. Asimismo la izquierda omitió una pregunta fundamental, ¿es posible el socialismo desde el Estado? Al no hacernos esta pregunta nos encontramos ahora, con el progresismo, con que los errores de hace 30 años los estamos repitiendo al pretender que la revolución se realice bajo el modelo de Estado que ha permitido que el neoliberalismo alcance el poder que tiene hoy en día.


El proceso bolivariano en Venezuela define el socialismo como “modo de relaciones de producción centrado en la convivencia solidaria y la satisfacción de las necesidades materiales e intangibles de toda la sociedad, que tiene como base fundamental la recuperación del valor del trabajo como productor bienes y servicios para satisfacer las necesidades humanas y lograr la suprema felicidad social y el desarrollo integral. Para ello es necesario el desarrollo de la propiedad social sobre los factores y medios de producción básicos y estratégicos que permita que todas las familias de venezolanos y venezolanas posean, usen y disfruten de su patrimonio”. Esto es una anti definición de lo que es el socialismo en Marx; el socialismo es el poder de los trabajadores, la elevación de la clase obrera como la clase dominante, eliminando el poder de la burguesía, gradualmente se le irá arrancando el capital. No es posible entender el cambio en América Latina sin comprender el cambio de potencia hegemónica.


Pobreza y desigualdad. ¿Economía progresista?


Desde las perspectivas manejadas en el libro, Zibechi expone las falencias económicas de los gobiernos progresistas. “La economía en los gobiernos progresistas presentó un aumento considerable, por lo menos en sus primeras etapas, gracias al extractivismo y las exportaciones que este generaba. Esto permitió al Estado contar con más recursos y en consecuencia que las políticas sociales contaran con grandes cantidades de dinero y la asistencia social se llevara a cabo de forma masiva. Pero esto no representó un cambio radical en la división de las clases sociales, se redujo la pobreza apenas un poco mientras tanto la desigualdad social seguía siendo abismal y así se mantiene”.


Y agrega: “La aparente disminución de la desigualdad está dada por la disminución de la diferencia entre los ingresos de los trabajadores porque se colocaron impuestos a los salarios más altos, impuestos que fueron distribuidos entre la población más pobre. Este dinero distribuido no representa un gasto superior al 1 por ciento del PIB de estos países, por lo mismo no es una cantidad considerable como para que una familia beneficiaria salga de la condición de pobreza ni mejore efectivamente su calidad de vida. Para disminuir la desigualdad son necesarias reformas estructurales en la distribución de la tierra en áreas rurales y urbanas, no en los impuestos, porque el capitalismo está diseñado para evadirlos. El progresismo no pudo realizar un cambio estructural en el modelo económico y político existente, no tocó la base hegemónica de la banca, el capital financiero y el extractivismo. ¿Qué paradigma de revolución se debe seguir para un verdadero cambio social? ¿Se podrá vencer a la burguesía? Sabemos que no es la lucha armada, tampoco la vía electoral, ¿cuál es?”. Con estos interrogantes finalizó la primera sesión.


Día 2


La segunda parte del taller empezó con una serie de preguntas por parte de los asistentes, interrogantes relacionados con los temas trabajados en el libro, y algunos que no se tocaron pero que también resultaron pertinentes en este debate. Se formularon preguntas que tienen que ver con las tendencias progresistas, las formas de organización y algunos movimientos representativos del socialismo. Sin embargo, Zibechi propuso concluir el tema de la bancarización que quedó pendiente en la sesión del día anterior.


El sector bancario, el más beneficiado


“¿Cómo influyeron los gobiernos progresistas en la profundización de la bancarización? La pista nos la da este dato. Bajo los 8 años, los dos gobiernos de Fernando Enrique Cardozo la banca tuvo una ganancia del 10 por ciento y bajo los 8 años de Lula la ganancia de la banca fue mayor, ¿cómo se explica esto?, ¿a qué se debe? Una de las razones es que ese cartoncito de bolsa familia, o sea, esos 150 mil pesos colombianos que le ingresa a 50 millones de personas o 12 millones de familias, les obliga a conseguir una tarjeta débito –porque ya de entrada tienen que tener una cuenta de ahorros–, entonces ya hay una vinculación a través de una cuenta bancaria. Por otro lado, las ventas de autos durante el gobierno del PT crecieron a un promedio del 9 por ciento anual, es decir, durante el gobierno de Lula creció más del 70 por ciento. Eso se debe a que el Gobierno facilitó los pagos en muchas cuotas de los vehículos. El crédito a las familias era el 22 por ciento del PIB, hace un par de años era del 58 por cieneto; este endeudamiento es con la banca, lo que provocó que las familias se hicieran más dependientes del sistema bancario”.


Además, añade: “Este proceso de financiarización rompe con la barrera de la heterogeneidad estructural que había sido un freno al crecimiento del capitalismo. Sobre esto dice Aníbal Quijano: “Mientras que en el mundo desarrollado hay una forma de ingreso del grueso de la población trabajadora que es el salario, en América Latina tenemos 5 formas de trabajo: la esclavitud, la servidumbre, la reciprocidad (sobre todo en las áreas rurales y en las periferias urbanas), la pequeña iniciativa mercantil familiar y el salario. Después de un siglo de gobierno progresista se produce lo contrario”. Entonces, diría que a esto habría que agregarle otro elemento: hay mayor vulnerabilidad de las familias y mayor vulnerabilidad de los sectores populares por debilidad, debilitamiento y complexión de los movimientos sociales [...]. Esta situación ha generado un malestar muy grande en los sectores populares. En consecuencia, el progresismo ha implicado una fuerte profundización del capitalismo, contrario a lo que dijera Marx –aunque después él mismo se corrigiera– el socialismo no es la fase final del capitalismo; mentira”.

 


Represión en el progresismo


Otro de los mitos que estuvo presente en el progresismo es que la represión bajó considerablemente. Los datos que ofrecen Machado y Zibechi indican que la represión aumentó. En el caso de Brasil, los datos oficiales del Gobierno muestran que desde el 2002 y hasta el 2015, la muerte de ciudadanos blancos cayó 24 por ciento, mientras que la muerte de ciudadanos negros subió un 38 por ciento. Esto quiere decir que hay una violencia focalizada hacia ciertos sectores de la sociedad. En Argentina, el colectivo Correpi (Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional) viene recolectando desde el año 83 los datos de las muertes violentas a manos de la policía, la mayoría con armas de fuego, otros a golpes, otros en circunstancias sin esclarecer; la inmensa mayoría jóvenes de 15 a 30 años de los sectores populares. Bajo el gobierno de Alfonsín (5 a 6 años) registraron 21 casos de muertes violentas por la policía al año (teniendo en cuenta que la Correpi aún no contaba con las herramientas ni el manejo de registros necesarios). Después vienen los 10 años del más salvaje neoliberalismo, el de Menem, en el que hubo un promedio de 68 muertos por años por la policía. Después viene un lapso de dos años que fue cuando el movimiento popular creció exponencialmente y la violencia represiva también, en esos años hubo un promedio de 241 muertos cada año. Luego vienen los 10 años de los Kirchner en los que se registran 246 por año, aún cuando habían implementado políticas para disminuir la violencia represiva por parte de la policía. ¿Por qué en estos gobiernos progresistas hay 3, casi 4 veces más muertes que en el gobierno del más crudo neoliberalismo? ¿Qué está pasando? En Argentina no hay extrema derecha, ni ninguna organización ha denunciado infiltración de la extrema derecha, sin embargo hay una organización jerárquica de la policía que está por encima de cualquier gobierno.


Decio Machado toma la palabra para exponer la manera en que en Ecuador se emplea la represión. “El mejor mecanismo de control social en los países con gobiernos progresistas en el continente lo tiene Ecuador, desde el punto de vista político. Hay un desarrollo de una violencia institucional que va desde lo dialéctico hasta lógicas de control social que son mucho más sofisticados que en la época del neoliberalismo. En el caso de Ecuador no hay un indicador de muertes como el que se está reflejando aquí; es un criterio selectivo de represión o de control social que tiene bastante de subliminal, que se ven reflejados en lógicas como pérdidas de empleo, incapacidad para conseguir nuevos empleos, escarnio público (el Presidente se encarga de sacar la foto en las sabatinas –que es una especie de rendición de cuentas–, de los periodistas opositores que dijeron algo que no le gustó, existe una violencia institucional generalizada desde el propio poder que enmarca lógicas de señalamiento y de censura aplicado por los demás funcionarios del gobierno”.


Además, Machado afirma que la represión se usa para esconder las falencias de los gobiernos. “Hay un discurso generalizado de los gobiernos latinoamericanos carente de análisis crítico desde la institucionalidad progresista, carece de autoreflexión crítica. También está el discurso de “conmigo o contra mí”: cualquier disidencia es contemplada como una traición; y esta cuestión es común en todos los gobiernos que se dicen progresistas. Esto va de la mano con el recelo que se tiene por los movimientos sociales y Ongs que defienden sectores de la sociedad, señalando cada movilización como estrategias de la derecha para ejecutar maniobras en aras de un golpe de Estado, apoyada por Estados Unidos. Estas son las dinámicas que emplean las administraciones progresistas para ocultar sus falencias”.


Crisis de la izquierda en América Latina


¿Cuál es el impacto para la izquierda el momento de crisis que viven los gobiernos latinoamericanos, la decadencia de la institucionalidad política progresista en América latina? ¿Qué va a pasar en América latina? ¿Qué va a pasar con las izquierdas institucionales, con las alternativas ancestrales (Cauca, Chiapas)? Fueron algunas de las preguntas realizadas por quienes asistieron al taller.


Machado empieza su intervención con una pregunta que cuestiona la intención revolucionaria del progresismo: “¿Por qué no se han hecho debates sobre la propiedad si estamos en un proceso de transformación social? No quiere decir que se tenga que desconocer el derecho a la propiedad privada, sino que la pregunta va orientada a cuáles son los límites de acumulación de la propiedad privada, cómo se debe distribuir la propiedad, si debe haber propiedad colectiva en los territorios. Siguen ganando dinero los mismos que ganaban antes, ahora mucho más, sigue creciendo la brecha de desigualdad, la banca gana más dinero que nunca. Hace tres años en Venezuela la banca privada registró récords en ganancias; esto quiere decir que el modelo de acumulación no ha cambiado en nada”.


Y prosigue: “Lograr que la gente participe en la toma de decisiones es un acto revolucionario y más si está acompañado de la construcción de valores. Hoy por hoy no hay una alternativa al progresismo, no la habrá en un futuro cercano, hay que construirla de manera colectiva. El progresismo que se concibió en Latinoamérica a principios de siglo hoy se cae a pedazos, ha alcanzado su máxima expresión y demuestra que no ha sido la contra-respuesta al modelo financiero global acumulativo. Hoy se debe reconstruir eso, seguramente desde la participación de los pueblos. También hay que entender que resulta bastante difícil para la izquierda el estrés de tener que soportar dos crisis como estas (la crisis del progresismo y la caída del muro de Berlín) en menos de tres décadas que no tienen antecedentes históricos, y eso tiene un precio.


Zibechi, por su parte, dice: “Creo que el único movimiento que ha sacado conclusiones de la crisis del socialismo y de la reforma del socialismo es el zapatismo. Y creo que la derrota del socialismo real con una modalidad en el campo soviético y con otra modalidad pero no menos grave que es la China, que no cayó formalmente pero se hizo ultra capitalista, es la derrota del imaginario de la cultura política de dos siglos, formada desde la revolución francesa, pasando por las revoluciones de 1848, la revolución rusa, la guerra civil y la revolución española, la revolución china, la cubana, la sandinista y otras [...]. ¿De dónde podemos aprender? En el último período hemos aprendido de las comunidades eclesiales de base, aprendimos de la educación popular, del guevarismo; de la ética guerrillera, y hemos aprendido del movimiento indígena que surgió en el 70. Y sin embargo ellos han sido reformateados por esta cultura política que no va más. ¿De dónde sacar la fuerza inspiradora para reconstruir el pensamiento y la práctica emancipatoria? Creo que sólo hay dos movimientos que nos iluminan: uno es el movimiento de mujeres; el otro es el movimiento indígena”.


Y termina diciendo: “El zapatismo plantea cambiar el mundo creando una nueva cultura política, lo demás se irá dando. Necesitamos construir relaciones sociales de nuevo tipo, ¿Qué cambios vamos a lograr si no podemos superar la contradicción entre las jerarquías de trabajo manual e intelectual? No se trata de gobernar a otros, eso es administrar lo que ya hay, lo que necesitamos es crear cosas nuevas, experiencias nuevas, relaciones sociales nuevas. Los obstáculos son las organizaciones y sus dirigentes. La democracia contemporánea implica la relación de hegemonías, obliga a la minoría a hacer lo que la mayoría disponga, y eso crea fracturas en la sociedad. Siempre habrá disidentes, personas en desacuerdo que no pueden ser excluidas, al contrario, es deber de cada uno aportar porque, en últimas, existe un bien común de fondo.


Una vez Zibechi termina su intervención, hacen una pausa para ceder la palabra a sus interlocutores. Hubo una notable antipatía con algunas de las posturas expuestas en el libro. ¿Qué fracasó en el socialismo, que se refleja ahora en el progresismo? ¿El progresismo desde quiénes y para quiénes? ¿Cómo hablar de revolución dentro de la hegemonía capitalista?


El deber de la izquierda


En esta oportunidad quien empieza la intervención por parte de los talleristas invitados es Machado, quien antes hace una reflexión acerca del poder y el propósito del progresismo.


Tenemos que replantearnos esta lógica del poder, ¿Existe un poder bueno? ¿Quien ha asumido el poder traicionó los ideales con los que llegó al poder, o es que todos estos gobiernos progresistas –durante estos episodios históricos que hemos tenido a lo largo de los siglos XIX, XX y ahora XXI–, han sido consecuencias de que el poder fue tomado por personas equivocadas o que se corrompieron? ¿Cuáles con las lógicas en las que la izquierda ha asumido la toma del poder (la toma del Estado)? En la lógica de la globalización actual considerar que la toma del Estado es la toma del poder es una lógica de abstersión, porque el poder se ramifica en las lógicas económicas, de tecnologías. Y nos referimos a los clásicos porque no hay intelectuales contemporáneos que se refieran a estos temas actuales, como lo hicieron ellos en su momento, entonces sirven de referencia.


Asociar el poder con el control del Estado, de la economía y/o de las tecnologías o entender que el poder significa el dominio de la institucionalidad de cualquier forma, es un error. El poder está dado por la aceptación del pueblo que participa en las dinámicas de gobierno, que interactúa en la construcción de lazos de identidad de la sociedad. El ejercicio del poder, contemplado desde la institución, siempre estará permeado por mecanismos de represión, siempre hará uso de la cultura del miedo para su ejercicio de dominación, y el progresismo no ha sido la excepción. El progresismo mantiene las mismas lógicas, o recurre a los mismos mecanismos de violencia, de represión, a la misma cultura del miedo, porque no logra modificar la cultura política de ordenamiento social, mucho menos transforma las dinámicas de producción y consumo que por años ha implantado la derecha neoliberal, por el contrario mantiene el contexto económico que le permite al capitalismo crecer cada día más.


Finalmente, Zibechi termina la sesión y da por finalizado el taller con estas palabras a modo de conclusión: “No se puede cambiar este mundo si no hay un colapso, en períodos de estabilidad no se puede cambiar nada. Las revoluciones fueron hijas de grandes colapsos. ¿Para qué nos preparamos: para asumir un cargo o para enfrentar ese colapso? ¿Cómo se cambia el mundo? Nietzsche tiene una famosa parábola sobre el hombre camello, el hombre león y el hombre niño; el camello es el que carga el peso de la explotación, del dolor, el león es el que se rebela contra eso, pero el león y el camello palpitan en la misma longitud de onda. El león reacciona a la opresión pero no va más allá, no modifica su realidad; es el niño el que crea, el que está en otra dimensión, tiene la imaginación y la inventiva para cambiar su realidad. Nosotros podemos cambiar al mundo si hay un colapso y si somos capaces de crear algo nuevo, no administrando lo que hay; tal vez, solo de esta manera muchos otros sigan el ejemplo. Los cambios serán realizados por pequeños grupos e irán creciendo conforme se vean los beneficios, pero hay que partir con la conciencia de que lo que hay ya no es suficiente, ya no sirve”.

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América latina: el final de un ciclo o el agotamiento del posneoliberalismo

América Latina fue el único continente donde las opciones neoliberales fueron adoptadas por varios países. Después de una serie de dictaduras militares, apoyadas por los Estados Unidos y portadoras del proyecto neoliberal, las reacciones no se hicieron esperar. La cumbre fue el rechazo en 2005 del Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos y Canadá, el resultado de la acción conjunta entre movimientos sociales, partidos políticos de izquierda, organizaciones no gubernamentales e iglesias cristianas.

 

Los gobiernos progresistas

 

Los nuevos gobiernos de Brasil, Argentina, Uruguay, Nicaragua, Venezuela, Ecuador, Paraguay y Bolivia, pusieron en marcha políticas restableciendo el Estado en sus funciones de redistribución de la riqueza, de la reorganización de los servicios públicos, en particular el acceso a la salud y a la educación y de inversiones en obras públicas. Se negoció una distribución más favorable del ingreso de las materias primas entre multinacionales y Estado nacional (petróleo, gas, minerales, productos agrícolas de exportación) y la coyuntura favorable, durante más de una década, permitió importantes ingresos para las naciones en cuestión.

Hablar sobre el final de un ciclo introduce la idea de un cierto determinismo histórico, lo que sugiere la inevitabilidad de alternancias de poder entre la izquierda y la derecha, concepto inadecuado si el objetivo es sustituir la hegemonía de una oligarquía por regímenes populares democráticos. Sin embargo, una serie de factores permiten sugerir un agotamiento de las experiencias post-neoliberales, partiendo de la hipótesis que los nuevos gobiernos fueron post-neoliberales y no poscapitalistas.

Obviamente, sería ilusorio pensar que en un mundo capitalista, en plena crisis sistémica y, por lo tanto, particularmente agresivo, el establecimiento de un socialismo "instantáneo" es posible. Por cierto también existen referencias históricas sobre el tema. La NEP (Nueva Política Económica) en los años veinte en la URSS, es un ejemplo para estudiar de manera crítica. En China y en Vietnam, las reformas de Deng Xio Ping o del Doi Moi (renovación) expresan la convicción de la imposibilidad de desarrollar las fuerzas productivas, sin pasar por la ley del valor, es decir, por el mercado (que se supone el Estado debe regular). Cuba adopta, de forma lenta pero prudente a la vez, medidas para agilizar el funcionamiento de la economía, sin perder las referencias fundamentales a la justicia social y el respeto por el medio ambiente. Entonces se plantea la cuestión de las transiciones necesarias.

 

- Un proyecto posneoliberal

 

El proyecto de los gobiernos "progresistas" de América Latina para reconstruir un sistema económico y político capaz de reparar los desastrosos efectos sociales del neoliberalismo, no fue una tarea fácil. La restauración de las funciones sociales del Estado supuso una reconfiguración de este último, siempre dominado por una administración conservadora poco capaz de constituir un instrumento de cambio. En el caso de Venezuela, es un Estado paralelo que se instituyó (las misiones) gracias a los ingresos del petróleo. En los demás casos, nuevos ministerios fueron creados y renovaron gradualmente a los funcionarios. La concepción del Estado que presidió al proceso fue generalmente centralizadora y jerarquizada (importancia de un líder carismático) con tendencias a instrumentalizar los movimientos sociales, el desarrollo de una burocracia a menudo paralizante y también la existencia de la corrupción (en algunos casos a gran escala).

La voluntad política por salir del neoliberalismo tuvo resultados positivos: una lucha efectiva contra la pobreza para decenas de millones de personas, un mejor acceso a la salud y la educación, inversiones públicas en infraestructura, en pocas palabras, una redistribución por lo menos parcial del producto nacional, considerablemente aumentado por el alza de los precios de las materias primas. Esto dio lugar a beneficios para los pobres sin afectar seriamente los ingresos de los ricos. Se añadieron a este panorama importantes esfuerzos a favor de la integración latinoamericana, creando o fortaleciendo organizaciones como el Mercosur, que reúne a unos diez países de América del Sur, UNASUR, para la integración del Sur del continente, la CELAC para el conjunto del mundo latino, más el Caribe y, finalmente, el ALBA, una iniciativa venezolana con unos diez países.

En este último caso, se trataba de una perspectiva de cooperación bastante novedosa, no de competencia, sino de complementariedad y de solidaridad, porque, de hecho, la economía interna de los países "progresistas" permaneció dominada por el capital privado, con su lógica de acumulación, especialmente en los sectores de la minería y el petróleo, las finanzas, las telecomunicaciones y el gran comercio y con su ignorancia de las "externalidades", es decir los daños ambientales y sociales. Esto dio lugar a reacciones cada vez mayores por parte de varios movimientos sociales. Los medios de comunicación social (prensa, radio, televisión) se mantuvieron en gran medida en manos del gran capital nacional o internacional, a pesar de los esfuerzos hechos para rectificar una situación de desequilibrio comunicacional (Telesur y las leyes nacionales en materia de comunicaciones).

 

- ¿Qué tipo de desarrollo?

 

El modelo de desarrollo se inspiró en los años 60 del "desarrollismo", cuando la Comisión Económica para América Latina de la ONU (CEPAL) propuso sustituir las importaciones por el aumento de la producción nacional. Su aplicación en el siglo XXI, en una coyuntura favorable de los precios de las materias primas, combinada con una perspectiva económica centrada sobre el aumento de la producción y una concepción de redistribución de la renta nacional sin transformación fundamental de las estructuras sociales (falta de reforma agraria, por ejemplo) condujo a una "reprimarización" de las economías latinoamericanas y al aumento de la dependencia con respeto al capitalismo monopolista, yendo incluso hasta una desindustrialización relativa del continente.

El proyecto se transformó gradualmente en una modernización acrítica de las sociedades, con matices dependiendo del país, alguno, como Venezuela haciendo hincapié en la participación comunitaria. Esto dio lugar a una amplificación de consumidores de clase media de bienes del exterior. Se estimularon los megaproyectos y el sector agrícola tradicional fue abandonado a su suerte para favorecer la agricultura agroexportadora destructora de los ecosistemas y de la biodiversidad, incluso llegando a poner en peligro la soberanía alimentaria. Cero rastros de verdaderas reformas agrarias. La reducción de la pobreza en especial mediante medidas asistenciales (que también fue el caso de los países neo-liberales) apenas redujo la distancia social, siendo la más alta del mundo.

 

- ¿Se podría haber hecho de otra manera?

 

Uno puede preguntarse, por supuesto, si era posible haberlo hecho de otra manera. Una revolución radical hubiera provocado intervenciones armadas y los Estados Unidos disponen de todo el aparato necesario para ello: bases militares, aliados en la región, el despliegue de la quinta flota alrededor del continente, informaciones por satélites y aviones awak y han demostrado que intervenciones no estaban excluidas: Santo Domingo, bahía de cochinos en Cuba, Panamá, Granada.

Por otra parte, la fuerza del capital monopolista es de tal manera que los acuerdos hechos en los campos de petróleo, minería, agricultura, rápidamente se convierten en nuevas dependencias. Hay que añadir la dificultad de llevar a cabo políticas monetarias autónomas y las presiones de las instituciones financieras internacionales, sin hablar de la fuga de capitales hacia los paraísos fiscales, como lo demuestran los documentos de Panamá.

Por otra parte, el diseño de la formación de los líderes de los gobiernos "progresistas" y de sus consejeros era claramente el de una modernización de las sociedades, sin tener en cuenta logros contemporáneos, tales como la importancia de respetar el medio ambiente y asegurar la regeneración de la naturaleza, una visión holística de la realidad, base de una crítica de la modernidad absorbida por la lógica del mercado y finalmente la importancia del factor cultural. Curiosamente, las políticas reales se desarrollaron en contradicción con algunas constituciones bastante innovadoras en estas áreas (derecho de la naturaleza, "buen vivir").

Los nuevos gobiernos fueron bien recibidos por las mayorías y sus líderes reelegidos en varias ocasiones con resultados electorales impresionantes. De hecho, la pobreza había disminuido notablemente y las clases medias se habían duplicado en peso en pocos años. Existía un verdadero apoyo popular. Por último, hay que añadir también que la ausencia de una referencia creíble "socialista", después de la caída del muro de Berlín, no incitaba a presentar otro modelo que el post-neoliberal. El conjunto de estos factores sugieren que era difícil, objetiva y subjetivamente, esperar otro tipo diferente de orientación.

 

- Las nuevas contradicciones

 

Sin embargo, esto explica una rápida evolución de las contradicciones internas y externas. El factor más dramático fue, obviamente, las consecuencias de la crisis del capitalismo mundial y, en particular, la caída, en parte planificadas, de los precios de las materias primas y en especial del petróleo. Brasil y Argentina fueron los primeros países en sufrir los efectos, pero rápidamente siguieron Venezuela y Ecuador, Bolivia resistiendo mejor, gracias a la existencia de importantes reservas de divisas. Esta situación afectó inmediatamente el empleo y las posibilidades consumistas de la clase media. Los conflictos latentes con algunos movimientos sociales y una parte de intelectuales de izquierda salieron a la luz. Las fallas del poder, hasta entonces soportadas como el precio del cambio y sobre todo en algunos países, la corrupción instalada como parte integrante de la cultura política, provocaron reacciones populares.

Obviamente la derecha se tomó esta situación para iniciar un proceso de recuperación de su poder y su hegemonía. Apelando a los valores democráticos que nunca había respetado, logró recuperar parte del electorado, sobre todo tomando el poder en Argentina, conquistando el parlamento en Venezuela, cuestionando el sistema democrático de Brasil, asegurándose la mayoría en las ciudades en Ecuador y en Bolivia. Trató de tomar ventaja de la decepción de algunos sectores, en particular de los indígenas y de las clases medias. También con el apoyo de muchas instancias norteamericanas y por los medios en su poder, trató de superar sus propias contradicciones, sobre todo entre las oligarquías tradicionales y los sectores modernos.

En respuesta a la crisis, los gobiernos "progresistas" adoptaron medidas cada vez más favorables a los mercados, hasta el punto de que la "restauración conservadora" que denuncian con regularidad, se introdujo subrepticiamente dentro de ellos mismos. Las transiciones se convirtieron entonces en adaptaciones del capitalismo a las nuevas exigencias ecológicas y sociales (un capitalismo moderno) en vez de pasos hacia un nuevo paradigma poscapitalista (reforma agraria, apoyo a la agricultura campesina, tributación mejor adaptada, otra visión de desarrollo, etc.).

Todo esto no significa el final de las luchas sociales, al contrario. La solución radica, por una parte, en la agrupación de las fuerzas para el cambio, dentro y fuera de los gobiernos, para redefinir un proyecto y las formas de transición y por otra, en la reconstrucción de movimientos sociales autónomos con objetivos enfocados en el medio y largo plazo.

Quito, para Le Drapeau Rouge, Bruselas, No 56 (mayo-junio 2016)

Traducido por Pilar Castelano

 

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Viernes, 05 Febrero 2016 05:42

¿Quién pagará la crisis?

¿Quién pagará la crisis?

Se puede dudar del fin del ciclo progresista, pero no cabe la menor duda de que el ciclo de los altos precios de las commodities [simplificando, materias primas] ha llegado a su fin. Los gobiernos hicieron sus presupuestos con el barril de petróleo a 100 dólares, pero cuando se cotiza por debajo de los 30 dólares es evidente que las cuentas ya no cuadran.
Pero no todos los países se verán afectados del mismo modo. Vene¬zuela y Ecuador, por ejemplo, están enfrentando graves problemas que han provocado la derrota del gobierno de Nicolás Maduro en las elecciones del 6 de diciembre pasado y la decisión de Rafael Correa de no competir por la reelección el año próximo.


Aunque es evidente que ésa no es la única razón de la "emergencia económica" que anuncia el gobernante bolivariano, agrava las cosas hasta límites casi insostenibles. Dis¬tinto es el caso de aquellos países donde los hidrocarburos no son el centro de sus exportaciones.


En los países donde la minería es la principal fuente de divisas, como Chile y Perú, las cosas marchan por un camino similar. Pero en los del resto del Cono Sur, la mayor diversificación de sus economías les brinda mayores márgenes. Lo común, en todo caso, es el frenazo abrupto de las economías, la tendencia al estancamiento y aún el retroceso del producto interior bruto.


En relación a las políticas sociales, la crisis en curso no tendrá mayores consecuencias. El programa social estrella de Brasil, Bolsa Familia, supone apenas el 0,5% del PIB, una cifra tan pequeña que no puede desestabilizar ningún presupuesto.


En todos los países de la región las políticas sociales consumen porciones pequeñas de los presupuestos, por lo cual es difícil pensar que se produzcan recortes. Por otro lado, estas transferencias monetarias son importantes fuentes de ingresos para las familias pobres y han mostrado que contribuyen a desactivar la protesta social. Por esta razón, ningún gobierno se va a atrever a sacar la tijera para podarlas.


Los problemas se dan en otros lugares. Por un lado, en los servicios. Los sistemas sanitario y educativo no han tenido cambios importantes aunque la cantidad de usuarios ha crecido. El resultado es un notable desborde de la capacidad de atención, que perjudica a los sectores de menores ingresos, que son los que los utilizan mayormente.


El caso del Sistema Unificado de Salud brasileño, al borde del colapso, es el más significativo. Buena parte de la capacidad de inversión de los gobiernos de la región descansaba en los enormes superávits por los altos precios de las exportaciones, que ahora se han evaporado. Estamos asistiendo a la incapacidad para invertir en mejorar los servicios públicos, lo que perjudica de modo notable a los sectores populares.


El otro problema grave es que las familias están sobreendeudadas. Veamos el caso de Brasil. El gobierno del PT impulsó, desde 2003, una consistente expansión del crédito que comenzó con el crédito consignado que se descuenta de la nómina, extendido en 2004 a los jubilados y pensionistas, y luego a los beneficiarios del programa Bolsa Familia, con lo que se consiguió el acceso al mercado crediticio de las capas más pobres de la población, que hasta ese momento quedaban fuera del mismo. Esos sectores comenzaron a participar del Proyecto de Inclusión Bancaria, que lleva los servicios financieros al público receptor de los programas contra la pobreza.


La expansión fue asombrosa: en 2001 el crédito representaba el 22% del PIB, y en 2014 superaba el 58%. Entre los más pobres, casi se duplicaron los que accedieron a tarjetas de crédito y cuentas corrientes. De ese modo, mientras el salario creció un 80% entre 2001 y 2015, el crédito individual aumentó un 140%.


Cuando llega la crisis y aumentan las tasas de interés, que en el comercio superan el 5% mensual, el resultado amenaza con ser catastrófico. En 2015 el endeudamiento de las familias para con el sistema financiero comprometía el 48% de sus ingresos frente al 22% en 2006.


Por eso las fabulosas ganancias de la banca aún en plena crisis. Entre la clase media, donde se sitúa la mayoría de los brasileños gracias a las políticas sociales de los gobiernos del PT, el 65% de sus ingresos van al pago de servicios financieros.


Esto explica en gran medida el malestar de amplias capas de la población. La crisis les permite descubrir que las políticas impulsadas por los gobiernos progresistas redundaron en un fortalecimiento del sector financiero y en el endeudamiento de los trabajadores, que terminan siendo rehenes de la banca.


Porque el tipo de 'desarrollo' promovido por el progresismo en toda la región se basó en el consumismo. Entre 2003 y 2013, la tasa de acceso al saneamiento entre el 10% más pobre en Brasil pasó del 25% al 35%, un aumento más que moderado. En el mismo período el uso de móviles pasó del 10% al 80%, y el consumo de electrodomésticos importados creció un 34%.


El expresidente del Banco Nacio¬nal de Desarrollo Económico y So¬cial, Carlos Lessa, lo expresó de forma muy clara: "En lugar de mejorar las inversiones en salud, educación, infraestructura y movilidad urbana, seguridad pública, la masa de recursos que fue posible obtener a partir del boom de los emergentes y de la prosperidad en ese período (2007¬2010) llevó a Brasil al camino del creciente endeudamiento privado".


En síntesis, no se aprovechó el momento del crecimiento para desarrollar los servicios sociales ni para promover la industria, sino apenas el consumo. Cuando llega la crisis, las familias pobres se encuentran con empleos de baja calidad y remuneración, sobre todo precarios e informales, con mayores índices de desempleo y sin haber podido salir del círculo de la pobreza porque sus hijos no accedieron a empleos cualificados. Y además están endeudadas. Ante semejante panorama no puede resultar extraño que Dilma Rousseff lleve un año gobernando con apenas el 8% de aprobación.


¿Esto quiere decir que la crisis la están pagando los de abajo, como siempre? La respuesta es afirmativa pero con matices. En la medida en que no hubo cambios estructurales, ésa es la tendencia principal. Pero incluso las derechas parecen haber comprendido que hacerle pagar la crisis a los más pobres implica correr un riesgo muy elevado, como lo muestran las decenas de insurrecciones habidas entre el Caracazo de 1989 y las guerras del gas bolivianas de 2003 y 2005.


Incluso Mauricio Macri, que elimina subvenciones y eleva las tarifas eléctricas hasta un increíble 500%, se cuida de no recortar los programas sociales focalizados. Habrá que esperar para saber si este tipo de medidas afectarán a todos los sectores populares por igual, o bien a las clases medias profesionales, a los trabajadores cualificados o, como en los 90, a los jóvenes de las periferias.

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Miércoles, 27 Enero 2016 11:41

Índice

Cambiar el mundo desde arriba

Límites del progresismo

 


 

Debates sobre el progresismo del siglo XXI

 

Una nueva burguesía ligada al Estado

 

I.­ Los gestores/administradores. ¿Una nueva burguesía?

 

II.­ Elites o nuevas clases dominantes en los procesos de cambio

 

III.­ Nuevas elites bajo el progresismo

 

IV.­ Fin de ciclo: desigualdad y represión para sostener los privilegios

 

a­ La persistencia de la desigualdad
b­ Las políticas sociales al servicio del capital financiero
c­ Más represión para sostener los privilegios

 

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La izquierda del siglo XXI es antineoliberal

La izquierda realmente existente es una categoría histórica, que varía conforme las condiciones concretas de lucha. Ya fue una izquierda de "clase contra clase", que incluía a corrientes anarquistas, socialistas y comunistas. Ya fue antifascista, conforme las corrientes de ultraderecha se fortalecían, especialmente enEuropa. Ya fue democrática y popular, socialista, conforme las fuerzas propias que tenía y los enemigos a enfrentar.


Conforme el capitalismo ha ingresado en su era neoliberal, ha asumido la centralidad de las tesis del libre comercio, de la mercantilización, se planteó a la izquierda el desafío de la ruptura con el modelo neoliberal y la construcción de alternativas superadoras de ese modelo –que se han designado como posneoliberales.


Hace década y media, esa perspectiva no estaba clara. ONG, algunos movimientos sociales e intelectuales planteaban la lucha en el nuevo período como una lucha antipolítica, antiEstado, antipartidos, proponiendo como su centro una "sociedad civil", con límites no claramente definidos con el liberalismo. Proponían que los movimientos populares mantuvieran una "autonomía respecto a la política, al Estado, a los partidos". Han impuesto esa orientación como predominante en los Foros Sociales Mundiales, con algunos movimientos como los piqueteros argentinos y los zapatistas mexicanos como los ejemplos de esa orientación.


Una década y media después, el campo de lucha quedó mucho más claro, no sólo teóricamente sino principalmente en el campo político concreto. Las fuerzas que se han fortalecido –especialmente en América Latina, pero también en Europa– han sido las que han centrado su lucha en la superación del neoliberalismo. Han redefinido el rol del Estado, en lugar de oponerse a él. Han recuperado el lugar de la política y de los partidos, en lugar de rechazarlos. Tesis como las de Toni Negri y de John Holloway sobre el carácter reaccionario del Estado y la posibilidad de transformar el mundo sin tomar el poder, entre otras, personificaban esas teorías, han quedado superadas por la realidad, mientras el FSM se ha vaciado en manos de las ONG. Son los gobiernos que han logrado un inmenso proceso de democratización social en países como Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguay, Bolivia y Ecuador, eligiendo y reeligiendo gobiernos con amplio apoyo popular, los que han surgido como las referencias de la izquierda en el siglo XXI. Han logrado la hazaña de avanzar a contramano de las corrientes predominantes en el capitalismo a escala mundial, disminuyendo la miseria, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social.


Se han proyectado así como el eje y la referencia de la izquierda a escala mundial, con líderes reconocidos como Hugo Chávez, Lula, Néstor y Cristina Kirchner, Pepe Mujica, Evo Morales Rafael Correa, entre otros. La realidad concreta ha probado quién tenía razón en el debate sobre la naturaleza de la izquierda en el nuevo período histórico.


Mientras esos liderazgos se han afirmado, las que deberían ser las referencias han desaparecido –como es el caso que debería ser paradigmático del "autonomismo piquetero"– o han quedado reducidas a la intrascendencia –como es el caso de los zapatistas. Todo ha pasado sin que los intelectuales que propusieron esa vía como alternativa hayan mínimamente hecho un balance de ese fracaso. Como son intelectuales desvinculados de la práctica política concreta, no tienen responsabilidades por lo que han escrito ayer y se dedican a otras tesis.


Muchos de ellos, fracasadas las tesis autonomistas, se han dedicado a la crítica de los gobiernos que han avanzado concretamente en la superación del neoliberalismo. Sin captar el carácter nuevo de esos gobiernos, los han tildado de "traidores", de "extractivistas", de "neodesarrollistas", muchas veces aliándose con la derecha –la verdadera alternativa a esos gobiernos– en contra de las fuerzas progresistas en esos países. No han captado la naturaleza esencialmente antineoliberal de esos gobiernos. Algunos intelectuales, latinoamericanos o europeos, pretenden ser la "conciencia crítica de la izquierda latinoamericana" con sus posiciones desvinculadas de las luchas y las fuerzas concretas, sin que sus tesis hayan desembocado en la construcción de ninguna fuerza alternativa. Las alternativas a los gobiernos posneoliberales –como queda claro en Venezuela, en Argentina, en Brasil, en Uruguay, en Bolivia y en Ecuador– siguen siendo las viejas fuerzas de la derecha, mientras que las posiciones de ultraizquierda siguen en sus posturas críticas, sin ninguna injerencia en las luchas concretas. No por acaso sus defensores son intelectuales, que hablan desde sus cátedras académicas, sin ningún arraigo en las fuerzas sociales, políticas y culturales reales.


Mientras tanto, los únicos gobiernos que han avanzado en la superación de las políticas de centralidad del mercado, de eliminación de los derechos sociales, en la subordinación a la hegemonía imperial norteamericana, han sido los que han sabido definir la centralidad de la lucha contemporánea como la lucha antineoliberal.


No solo en América Latina, incluso en Europa, la definición de la centralidad de las luchas contemporáneas de la izquierda alrededor de la superación del modelo neoliberal, se impone, sea en Espana, en Portugal o en Grecia, con la conciencia de que la lucha contra la austeridad es la forma que asume en Europa la lucha antineoliberal, relegando otras posiciones a los libros y a las cátedras académicas.


Incluso en el momento en que gobiernos posneoliberales enfrentan dificultades reales para pasar de la primera a una fase más avanzada de sus luchas, las posiciones ultraizquierdistas, que hablan del "fracaso" de esos gobiernos, no explican su propio fracaso, al no lograr construir ninguna fuerza alternativa a esos gobiernos, lugar ocupado por fuerzas de derecha. Hablan de "fin de ciclo", cuando lo que se presenta no es la superación de un ciclo, sino formas de recomposicion conservadora, de retroceso neoliberal, que no superan un ciclo, sino, al contrario, se proponen a retroceder a un ciclo anterior.


La izquierda del siglo XXI es, así, antineoliberal, la que logra construir fuerzas concretas, alternativas bajo la forma de gobiernos, de plataformas, de grandes liderazgos contemporáneos. El resto son palabras que se lleva el viento, sin cambiar la realidad y, al parecer, ni la cabeza de los que las escriben y son derrotados junto a ellas.
La historia de la izquierda contemporánea está escrita y protagonizada por los que logran avanzar en la construcción de alternativas concretas al neoliberalismo.

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Ignacio Ramonet: América Latina vive los estragos de la política económica internacional

El analista político Ignacio Ramonet aseguró este jueves en La Habana que las fuerzas progresistas de este continente viven un momento de preocupación por lo sucedido en Argentina con el triunfo presidencial de Mauricio Macri, en las elecciones parlamentarias de Venezuela y por la situación en Brasil, y también, los estragos de la política económica internacional.


"Hay mucha reflexión sobre si se estaría agotando el ciclo progresista que comenzó el 6 de diciembre de 1998, con la victoria en las elecciones del Presidente Chávez... Estamos a 17 años de esa victoria, es necesario reflexionar. En algunos países no se ha agotado nada, no hay ninguna fatalidad. Pero sí hay problemas en la economía de América Latina, que sigue basada en la exportación de los productos primarios", dijo en la Mesa Redonda de la Televisión Cubana, en diálogo con el director de este espacio televisivo, Randy Alonso.


Ante el actual escenario mundial de baja brutal de los precios del petróleo, la contracción de las economías del continente ha afectado a los gobiernos de izquierda, que se ven obligados a reducir su inversión social, reconoció.


Ignacio Ramonet (Pontevedra, 1943) dirigió durante 18 años Le Monde Diplomatique, uno de los medios más prestigiosos del mundo y principal tribuna del movimiento contra la globalización neoliberal. Afincado en Francia, este periodista español que actualmente dirige LeMondeDiplo, la versión española del citado mensual, aseguró que otro elemento a tomar en consideración en la geopolítica mundial es China, que durante años mantuvo una expansión productiva con vistas a la exportación.


"Recientemente, ese modelo dejó de ser sostenible y en estos momentos potencia la producción hacia su mercado interno y exporta menos. Por otro lado, hay sobreabundancia del petróleo y los precios se derriten", añadió el autor de Cien horas con Fidel y Hugo Chávez, mi primera vida.


No es que la derecha haya reencantado a las sociedades. Puso como ejemplo que en Venezuela el movimiento de los votos no se corresponde con los escaños. La diferencia entre el campo chavista y la MUD, en termino de votos, es del 14 por ciento, y sin embargo los escaños es el doble para la derecha, dijo.


La pregunta es por qué se votó a la oposición, en Venezuela, y también ocurre en Argentina. El problema es que los parámetros de agradecimiento y desagradecimiento no son pertinentes en política electoral, aseguró Ramonet. "No, porque la gente ya lo recibió. La elección se gana con una promesa de mejoría". Es muy interesante lo que dijo Maduro cuando se dieron los resultados de las elecciones del domingo, y lo dijo con mucha nobleza: nosotros debemos plantearnos la calidad de la Revolución.


A continuación, en Cubadebate, una amplia versión de las palabras de Ramonet esta noche en la Mesa Redonda.


Una reflexión sobre el supuesto agotamiento de la izquierda


Efectivamente, una cuestión que se expresa en los debates y reflexiones en estos momentos, es sobre si se estaría agotando el ciclo progresista que comenzó el 6 de diciembre de 1998, con la primera elección a la presidencia del Presidente Chávez.


En estos últimos meses, el campo progresista ha conocido una serie de reveses, primero municipales -en las elecciones en Ecuador, Colombia... Luego disturbios, protestas populares contra gobiernos progresistas, en Brasil, donde sigue una situación complicada. La derrota la selección presidencial en Argentina, y ahora la derrota en la elección legislativa parlamentaria en Venezuela.


Por consiguiente, aparece ahora este tipo de opinión. Estamos a 17 años de la victoria (de Chávez) y yo pienso que en todo caso es necesario reflexionar. En algunos países, este ciclo no se ha terminado para nada. Es el caso de Uruguay, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, donde hay muchas perspectivas para el progreso. Entonces, evidentemente es un tema para la reflexión, pero no hay ninguna fatalidad.


¿Cuáles son los elementos que impactan en esta situación?


Primero: La economía en América Latina sigue siendo una economía de exportación de los productos del sector primario -productos mineros o productos de la agricultura. Hay pocos productos elaborados. El contexto económico internacional tiene una enorme importancia para lo que está ocurriendo en América Latina. Hablemos por ejemplo, del petróleo. El petróleo es decisivo para muchos países de América Latina: México, Venezuela, Ecuador, Argentina y Brasil.


El petróleo desde hace unos años ha entrado en un período de baja brutal, no desde hace unos años, sino de apenas 12 ó 14 meses. Hemos pasado de un petróleo que estaba a 100-110 de dólares el barril, ahora está a 31 y va, según los observadores hacia los 20-25.


¿Cómo es posible? Son parámetros muy diferentes que tienen que ver con la geopolítica y con la actitud de Arabia Saudita, quien es uno de los principales exportadores del mundo. El costo de producción de un barril de Petróleo en Arabia Saudita es de 8 dólares; o sea que puede permitirse que el precio del petróleo internacional esté a 20-30 dólares, sin que eso afecte fundamentalmente a su economía. Además posee una población relativamente pequeña. Entonces Arabia Saudita, por razones geopolíticas, porque no quiere que Estados Unidos se retire del Oriente próximo, como tienen intención de hacerlo, ni quieren que Estados Unidos firmen el acuerdo de paz con Irán, que ya se estableció, de todas maneras, intentan que EEUU mantenga su dependencia del petróleo del Oriente próximo.


La nueva lucha por el petróleo


Los sauditas se han lanzado a una hiperproducción de petróleo, inundando el mercado para romper el petróleo proveniente del fracking de los EEUU.


EEUU desde hace 4 ó 5 años está produciendo este tipo de petróleo que se obtiene presionando unas rocas mediante un sistema hidráulico, y este petróleo hace que EE.UU. sea prácticamente autosuficiente en petróleo. De aquí a cinco años será exportador de petróleo, cosa que no sucede desde 1948, cuando el petróleo de Texas comenzó a ser insuficientemente para transformarlos en exportadores.


EEUU intentó instalarse en el Oriente próximo, lanzando toda una serie de políticas de golpes de Estado, tanto en América Latina y como en Oriente próximo, para controlar el petróleo, que es una materia prima para ellos fundamental. Hoy es menos estratégica que se posicionen en el Oriente, por eso se han retirado de Iraq y Afganistán, lo cual plantea otros problemas, porque se han retirado demasiado rápido y ha traído como consecuencia el surgimiento del Estado Islámico, que se ha aprovechado de la debilidad tras esta retirada y ha lanzado estas operaciones de terrorismo a escala internacional.


Arabia Saudita -lo hemos visto en el fracaso de la reunión de Viena de la semana pasada-, inunda el mercado y busca nuevos productores como Irán, que estaba fuera del juego por razones políticas. Entonces hay sobreabundancia de petróleo.
Por otro lado, el crecimiento de China ha bajado, por lo que importa menos. Además, el cambio climático ha traído como consecuencia que no haya un frío tan fuerte en Europa, y por consiguiente hay sobreabundancia del petróleo. Es decir, y el precio del petróleo se derrite.


El fracking


EEUU ha reducido su importación de petróleo obtenido mediante fracking. La producción de un barril de petróleo de fracking costaba hace dos años 40 dólares. El objetivo de los sauditas era reducirle el precio del petróleo por debajo de los 40 dólares para que no fuese rentable el petróleo de fracking. Lo que ocurre es que con esta amenaza y rivalidad la tecnología en EEUU ha hecho progresos y hoy día la producción de un barril de fracking cuesta ente 20 y 25 dólares.


Por eso pensamos que el petróleo va a bajar a 20 dólares. Esta política produce estragos a escala internacional. Muchísimos países que dependen del petróleo para equilibrar sus economías, porque a veces el petróleo es la fuente de divisa, se encuentran prácticamente ahora sin este recurso. Evidentemente es el caso para muchos países como Angola, Argelia o Venezuela.


En Venezuela el petróleo es el 96 por ciento de los recursos en divisa. Para ellos ya es demasiado costoso con métodos tradicionales explotar el petróleo. Y también, se está abandonando la explotación de petróleo en alta profundidad. Por ejemplo, los grandes yacimientos brasileros en altamar ya se han abandonado; también los yacimientos en el Ártico, donde impacta el cambio climático. No olvidemos que aún sigue la conferencia del Cambio Climático. Por ejemplo los americanos acaban de anunciar que no van a hacer el oleoducto en Alaska. Lo dicen como si fuese una victoria de su reflexión ecológica. Pero no, es porque actualmente no es rentable. Y tienen que abandonarlo. Y eso es importante para detener el cambio climático.


En todo caso aquí tienes un parámetro que no tiene que ver con la política latinoamericana; sino con la política energética en general, pero que tiene repercusiones muy importantes en América Latina. Y de la misma manera que el petróleo es un parámetro fundamental para algunos países, hay otros parámetros de la economía internacional que están teniendo repercusiones, y que, claro está, modifican la situación en estos países. Las políticas de redistribución de los ingresos en las clases desfavorecidas, se ven afectadas en estos países, Venezuela entre ellos.


El caso de China


Hay que valorar la situación de China, por ejemplo. La actividad económica de China en el mundo es considerable. Cualquier movimiento o progreso o reducción del crecimiento, tiene importancia para el mundo entero, porque China es la fábrica del mundo. Ahí se produce entre el 60 y 80 por ciento de lo que se fabrica en el mundo. China ha decidido cambiar su modelo crecimiento. Ha pasado de un crecimiento basado en la exportación de producción masiva en condicione a veces extremadamente difíciles para los trabajadores, de productos de baja calidad a bajo precio. Esto ha creado una situación social muy difícil -hay una explotación de los trabajadores muy alta- y por otra parte también esto produce una contaminación enorme. Estamos viendo en estos días en la informaciones, que Beijing está asfixiada por la contaminación. China ha decidido reducir su crecimiento, al 6-7 por ciento.


Por otra parte cambiar de modelo significa que ahora que se le va a dar más importancia al mercado interior, que es enorme, de 1 500 millones de habitantes, y por otra parte, habitantes, que gracias a los progresos excepcionales de China en los últimos 40 años, es una población con capacidad adquisitiva relativamente importante. Es una sociedad que está buscando calidad de vida.


Esto significa que va a producir menos para la importación, y al hacer eso afecta a los países exportadores. Hemos dicho que todos los países de América Latina tienen economías de exportaciones, una estructura que no ha cambiado desde la época colonial. Si China consume menos e importa menos, tiene repercusión en estos países: el crecimiento en Brasil y Argentina ha bajado, entre otras cosas por estos parámetros. Lo anterior provoca que el balance comercial se ha reducido, de manera que esto afecta a todos los países latinoamericanos, en particular a los países progresistas que son los que más redistribuyen. Maduro ha dicho varias veces que aunque el precio del petróleo ha disminuido, la misión del Estado bolivariano de redistribución no ha disminuido. Es una prueba de esta voluntad de los gobiernos progresistas de mantener esta promesa hecho al pueblo.


De alguna parte tiene que salir dinero, probablemente del endeudamiento o la obtención de crédito. Esto inevitablemente tiene repercusiones. Por otra parte, ¿cuánto tiempo se puede vivir a crédito? No lo sabemos.


El dólar


El tercer parámetro es el dólar, que siempre es un elemento fundamental en la economía mundial, porque es esencialmente capitalista, en un momento neoliberal, dominada por la economía financiera. Aquí el dólar tiene una función muy importante, porque es la moneda principal de reserva del mundo.


La crisis del 2008 fue de créditos que afectó a decenas de millones de personas que no podían devolver el crédito. Entramos en la crisis que caracteriza al mundo. ¿Cómo EEUU combatió los efectos de esa crisis? Los bancos se declararon en quiebra y lo que hizo el gobierno de EEUU fue inundar de liquidez y darle mucho dinero a los bancos, sin tasas de interés, casi gratuitamente, en el sentido de que no tienen que pagar interés.


Esa cantidad de dinero sin interés fue utilizada por muchos especuladores, por muchos inversores, para sacarlo de EEUU. y se fueron a invertirla a otros país, a lo que llamamos en aquel momento, entre el 2010 y el 2012, países emergentes. Ya casi no se habla de eso, como tampoco de los BRICs, países que han tenido muchas dificultades, particularmente monetarias. ¿Qué pasó?: los dólares que no eran rentables en EEUU y eran muy abundantes, se colocaron en los países emergentes. Ahí podían generar hasta un 15 por ciento de rentabilidad. Y así se colocaron decenas de miles de millones de dólares, que reforzaron el real brasileño, el peso argentino y chileno... Se creó la ilusión de bonanza, de que todos los países latinoamericanos tenían una materias al más alto nivel e inversiones en dólares que venían masivamente a colarse y a reforzar sus monedas.


Todo parecía magnífico y en particular los países progresistas con sus políticas de redistribución pudieron llevar a cabo unas políticas muy generosas. ¿Qué ha ocurrido últimamente? La Reserva Federal de EEUU ha empezado a decir que la crisis estaba resuelta y que iba a remunerar el dinero, es decir, que iba a vender el dólar por unos intereses de 1 y 1,5 por ciento. Aunque parezca que no es mucho, muchos inversores prefieren tener el dinero en EEUU porque ahí está muy seguro, que en un país en emergencia, donde puede que no esté seguro. Lo que está ocurriendo en los últimos dos o tres años, es que los miles de millones de dólares que se fueron, están regresando masivamente a EEUU y están retirándose de estos mercados. Esto participa del ciclo económico en el que estamos y repercute en los países de América Latina.


La derecha no propone nada


En Argentina la derecha no propone nada, la MUD tampoco ha propuesto ningún programa en estas legislativas, más bien se ha concentrado en el descontentos de la población. Se ha enfrascado en hacer una guerra contra los gobiernos como la guerra económica: los desabastecimientos forzados, en Venezuela; en Argentina, la guerra de los fondos buitres.


Estos países se han desendeudado. La derecha tiene muy poco argumentos, no es que la derecha haya reencantado a las masas populares. En Venezuela el núcleo duro del chavismo ha votado por su partido, pero el movimiento de una pequeña franja del electorado amplifica los escaños en el Parlamento. Los 14 puntos obtenidos por delante del chavismo, se transforman en más de un 50 por ciento de los escaños.


Quizás haya que reflexionar sobre si en estos 17 años, en todo este tiempo quizás haya que reflexionar sobre el desgaste de estos gobiernos progresistas. Yo recuerdo en las elecciones en Ecuador, cuando la oposición ganó las municipales, había muy poco que reprocharle al partido de Correa. Las infraestructuras y las condiciones, eran mucho mejores.


Por qué se votó a la derecha


Entonces habría que preguntarse por qué se votó por la MUD o contra el kichnerismo en Argentina.


Qué no ha hecho la revolución bolivariana por su pueblo, te lo digo yo que conozco esa sociedad desde antes de la Revolución, yo creo que los parámetros de agradecimiento o desagradecimiento no son medibles. No es nada excepcional. No hay nada que agradecer realmente, la elección se gana con una promesa de mejoría. ¿Cuál fue la primera reflexión de Maduro cuando aceptó la derrota electoral? Ahora debemos hacernos muchas preguntas en términos de calidad de la Revolución.


Es decir, no se trata de cantidad, no se trata de hacer 100 mil escuelas, sino de qué pasa dentro de ellas. Eso fue lo que ocurrió en Brasil cuando la gente comenzó a protestar. Se estima que Lula da Silva y Dilma Rousseff han sacado de la pobreza a 15 millones de pobres. Tú no puedes luego de sacar de la pobreza, no puedes pensar que te lo agradezcan, sino que ahora quieren calidad de los servicios.


Esto plantea muchas preguntas teóricas a la izquierda, porque es una experiencia para todos los movimientos de izquierda en la región. Los menores de 30 años en Venezuela, ya no saben lo que es el neoliberalismo, lo que es la pobreza, porque Chávez sacó a miles de personas de la pobreza. Si se sigue hablando únicamente con los pobres y los más humildes, te equivocas porque hay un grupo importante que ya salió de esa pobreza y no puedes entregarle ese sector la derecha.


Si una vez que terminas la pobreza no tienes discurso la gente se va para los partidos de centro derecha o pasa como en Brasil, que protestan por la calidad. Los electores son inteligentes, son adultos y saben por quién votan.


Poca iniciativa derechista para ganar el electorado


Pero esta indica también que esa derecha tiene muy poca iniciativa para ganarse ese electorado. Mauricio Macri, que gana por muy pequeña diferencia, controla el poder ejecutivo, pero no tiene el poder legislativo. Y otro elemento importante es que los movimientos de trabajadores son kischneristas y peronistas y estos podrán movilizarse en la calle. Otro tema es que mediáticamente ha sido una batalla fundamental en los últimos 12 años. El Ejecutivo hereda la gestión de los canales públicos, pero va a tener batalla.


Para un no peronista siempre ha tenido históricamente muchas dificultades y Macri va atener que negociar si tiene cordura política. En el caso de Venezuela, la oposición tiene una sola carta, que es la Asamblea, donde domina dos tercios de los escaños. Y esto significa que puede tener múltiples poderes. En Venezuela, una mayoría de 3/5 te permite realizar leyes habilitantes y con las 2/3 partes se puede modificar hasta la Constitución.


Maduro tiene la capacidad de movilizar a los movimientos chavistas. Incluso el PSUV es el que mas escaño tiene, porque la MUD es una coalición de partidos por lo que la fuerza mas importante es el chavismo. Recordemos que el chavismo sociológico es superior al 50 % de la población, si la derecha se pone a legislar en contra de los progresos, el chavismo sociológico se volverá a movilizar y esto es lo que tiene que aprovechar Maduro.


El año que viene tendremos un gran debate entre el legislativo y el ejecutivo.


No sabemos si habrá un debate digno de una Asamblea. No sabemos si la Asamblea también va a reclamar un debate contra Maduro. Lo que sí sabemos es que el debate se va intensificar. Habrá que ver si el desabastecimiento, la inflación y la inseguridad se pueden corregir.


El imperio de la vigilancia


Es un libro que salió hace un mes en Francia, pero que saldrá en español en febrero próximo. Se titula El imperio de la vigilancia e incluye dos entrevistas, una con Julian Assange y otra con Noam Chomsky, donde conversamos sobre la vigilancia y las sociedades de control.


Aborda las consecuencias que debemos sacar de las revelaciones de Snowden, que reveló que la NSA tiene un programa de vigilancia total llamado PRISM, que devela todas las comunicaciones a nivel global. El libro también habla de Internet, que cuando surge parecía una herramienta de liberación, una guerrilla comunicacional, porque con un teléfono puedes tener las mismas herramientas que la CNN -subir mensajes, poner videos-. Parecía que nos estaba dando la posibilidad de la democratización de la comunicación.


Hoy la internet se ha recentralizado. Está en manos de cuatro o cinco empresas, como Google, Amazon, Facebook, que son las que controlan Internet. En el caso de Google, es una de las grandes empresas mundiales, básicamente un gran motor de búsqueda, que llega a conocer mejor que tú. Conoce tus relaciones. Toda tu vida intima la tiene Google, la tuya y la de 1500 millones de personas, y le vende nuestros datos a los anunciantes. Evidentemente te indica que, más que libertad, hay mayor control.


Nuestro amigo Julian Assange asegura que Google lo sabe todo de usted y se lo da al Departamento de Estado. Esto no quiere decir que tengamos que prescindir de internet. No se puede hoy concebir el desarrollo sin Internet, que es un mundo aparte, como un mundo cuántico. Necesitamos internet, pero no deberíamos ser controlados y tendremos que lograr que una Carta para proteger los derechos de los usuarios de Internet, como de la ONU, para que no conserven y usen esos datos sin nuestro consentimiento.

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Sábado, 28 Noviembre 2015 17:02

Una sociedad organizada y movilizada

Una sociedad organizada y movilizada

La sociedad que recibe a Macri es bien distinta a la que encontró Menem a fines de la década de 1990. Su gobierno deberá lidiar con una nueva conciencia social y con miles de organizaciones de base que ya empezaron a ponerle coto a su gestión.

 

La reacción de los trabajadores del diario La Nación al editorial publicado el lunes 23, titulado "No más venganza", donde se justifica el terrorismo de Estado como respuesta "al pánico social provocado por las matanzas indiscriminadas perpetradas por grupos entrenados para una guerra sucia", muestra que el gobierno de Mauricio Macri no va a tener respiro si intenta implementar su política de revisión de todo lo hecho por el kirchnerismo. Los trabajadores rechazan en particular "Igualar a las víctimas del terrorismo de Estado y el accionar de la justicia en busca de reparación en los casos de delitos de lesa humanidad con los castigos a presos comunes y con una 'cultura de la venganza'". Dos miembros de la comisión interna del periódico explicaron a la revista Lavaca que el comunicado se decidió en una asamblea histórica de 300 trabajadores en la que había votantes de Scioli y de Macri, que sienten que "hay cosas que no tienen que volver a pasar y deben ser juzgadas correctamente", según dijo la diagramadora Irene Haimovichi.

Años atrás la redacción también se paró ante un editorial que comparó al kirchnerismo con el nazismo. Antonio Soriano, de la gerencia comercial, destaca que la asamblea masiva fue posible porque "hay cambios que se instalaron en estos 12 años que fueron más allá del mismo kirchnerismo".


Los gobiernos hacen, la mayor parte de las veces, lo que pueden más que lo que desean. Las sociedades suelen atemperar o acelerar propósitos y programas, marcar límites o abrirse a cambios. Más aun en una Argentina que en los últimos 25 años pasó por situaciones traumáticas, como la crisis de 2001, que no dejó nada en su lugar.


EL PAÍS POSDICTADURA.

Carlos Menem asumió el mando antes de lo previsto, el 8 de julio de 1989, por la crisis terminal del saliente gobierno de Raúl Alfonsín, despedido por la hiperinflación que lo forzó a un retiro anticipado. A lo largo de ese año el peso se depreció 2.038 por ciento, con picos inflacionarios del 75 por ciento mensual. La pobreza trepó del 25 por ciento de la población hasta el 47, en medio de las secuelas de la crisis de deuda externa que llevó a la moratoria de pagos en abril de 1988.


La hiperinflación fue un drama político, que llevó a Menem al gobierno, pero también social y económico, destruyendo el aparato productivo y las economías familiares. Más dramático aun porque el país estaba saliendo del trauma de la dictadura.


La Argentina que encuentra Menem en un año clave a escala mundial, como 1989, es una sociedad deshilachada, con heridas abiertas y cicatrices profundas; adolorida, quebrada y desconcertada. Ese año los partidos de izquierda y los sindicatos muestran sus límites y algunos entran en crisis irreversible, sobrepasados por el descalabro económico y político. En aquella sociedad había pocos grupos organizados. Madres de Plaza de Mayo era el núcleo de la resistencia y reorganización del movimiento social, pero se había dividido tres años antes entre Línea Fundadora y la Asociación, que encabezaban Marta Ocampo y Hebe de Bonafini, respectivamente.


Las rondas de los jueves en la plaza, que en la década del 80 llegaron a reunir un promedio de 300 a 400 personas, eran la cita obligada de quienes seguían peleando por la memoria. Las anuales Marcha de la Resistencia fueron el principal evento donde se concentraba el grueso de los militantes sociales. No sólo aquellos que recordaban a los 30 mil desaparecidos, sino todo el espectro político de izquierda del país.


Además de Madres, había un puñado de iniciativas que recién despuntaban. En el invierno de 1989 un grupo de estudiantes universitarios formaron FM La Tribu en lo que era un centro cultural alternativo. Durante el gobierno de Menem la radio sufrió un ataque con bombas molotov y pronto se convirtió en una de las principales referencias de una nueva generación de activistas, ya que enarbolaba modos de hacer bien distintos a los partidos y las agrupaciones estudiantiles.


En el Hospital Neuropsiquiátrico Borda, radio La Colifata se convirtió, en 1991, en la primera radio del mundo hecha por los internados psiquiátricos. Atrajo la atención de periodistas y estudiantes y fue durante largo tiempo un punto de apoyo de experiencias alternativas en el terreno de la psiquiatría.


UNA SOCIEDAD ORGANIZADA.

Los primeros noventa fueron años de crisis de las viejas formas de organización (verticales y patriarcales) y de búsquedas a tientas de nuevos modos de hacer. En 1985, de cada cien organizaciones populares, 47 eran partidos de izquierda y sus respectivas juventudes, o sindicatos. Menos del 5 por ciento eran grupos de mujeres o de homosexuales, y otro tanto eran colectivos barriales. Las agrupaciones estudiantiles (17 por ciento) estaban en su mayoría ligadas a los partidos.


En 1998, en el Encuentro de Organizaciones Sociales el panorama era bien distinto: 24 de cada cien eran agrupaciones estudiantiles autónomas, 19 por ciento colectivos barriales, 17 por ciento medios alternativos, casi el 10 por ciento grupos culturales, y los demás cooperativas, grupos de derechos humanos, como Hijos, de mujeres, de infancia y salud, de­socupados y alguna agrupación sindical de base.


Este amplio abanico fue el que realizó las jornadas del 19 y 20 de diciembre de 2001, que voltearon al gobierno de Fernando de la Rúa y abrieron espacios para la era kirch­nerista. En una década, la cultura política en el mundo popular se modificó de forma radical. Una de las novedades fue la capacidad para actuar de modo autónomo, sin depender del Estado ni de los partidos. Esa cultura inspiró a los trabajadores de La Nación a responder a la dirección de la empresa, sin que mediaran dirigentes políticos.


La primera fábrica recuperada argentina nace en los noventa. Entre 2003 y 2007 pasaron de un puñado a más de cien. Hoy son más de 350, gestionadas por sus obreros y empleados, pero lo más notable es que la mayoría fueron recuperadas entre 2007 y 2011, en el momento de mayor crecimiento de la economía, lo que evidencia que la gestión obrera se convirtió en sentido común de la cultura popular.


Desde 2007 se instalaron decenas de bachilleratos populares en los barrios y en algunas fábricas recuperadas, vinculados a movimientos sociales territoriales. En los 20 años posteriores al nacimiento de La Tribu y La Colifata surgieron más de 4 mil radios comunitarias (muchas comerciales y religiosas), buena parte no regularizadas, que muestran el empuje de una sociedad organizada y movilizada.


Desde 2010, cuando la ocupación del Parque Indoamericano por miles de necesitados de vivienda, este movimiento se ha reactivado y renovado. Este junio hubo 300 mil personas en la marcha Ni una Menos; 65 mil en el 30° Encuentro de Mujeres en Mar del Plata, en octubre; y más de 20 mil en la novena Marcha de la Gorra, contra la represión, en Córdoba.


Con este archipiélago tendrá que vérselas Macri. Una galaxia de islas y arrecifes que le van a dificultar la navegación, le impondrán cautela y tiempos distintos a los que desearía imponerle a su gobierno. Si las desafía, si las pretende aniquilar, debe pensar en una larga y profunda tradición que atraviesa la historia del país, desde la Semana Trágica de 1919 hasta el Cordobazo de 1969. Los argentinos de abajo acuñaron el concepto de "pueblada" para nombrar una práctica convertida en recurso colectivo ante el autoritarismo.

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Miércoles, 04 Noviembre 2015 06:52

La crisis del pensamiento crítico latinoamericano

La crisis del pensamiento crítico latinoamericano

En el momento de auge de los enfrentamientos políticos y de las grandes luchas de ideas en América latina, se siente con más fuerza la relativa ausencia de la intelectualidad crítica. En el momento en que los gobiernos progresistas sufren las mas duras ofensivas de la derecha, buscando imponer procesos de restauración conservadora, valiéndose del monopolio de los medios de comunicación, el pensamiento crítico latinoamericano podría tener un rol importante, pero su ausencia relativa es otro factor que afecta la fuerza del campo de la izquierda.


La derecha se vale de ese monopolio y de sus pop stars. Vargas Llosa y Fernando Henrique Cardoso vuelven con fuerza al campo para apoyar a Mauricio Macri, a la derecha venezolana y a atacar a los gobiernos de Brasil. Ecuador, Bolivia. No les faltan espacios, aunque les falten ideas.


Al pensamiento crítico no le faltan ideas, tiene que pelear por espacios, pero falta más participación, faltan entidades que convoquen a la intelectualidad crítica a que participe activamente en el enfrentamiento de los problemas teóricos y políticos con que se enfrentan los procesos progresistas en América latina.


A la pobreza de las propuestas de retorno a la centralidad del mercado, del Estado mínimo, de las políticas de retorno a la subordinación a los Estados Unidos, a la apología de las empresas privadas, queda un amplio marco de argumentos y de propuestas a ser asumidos por la intelectualidad de izquierda. Para desenmascarar las nuevas fisonomías que asume la derecha, para valorar los avances de la década y media de gobiernos posneoliberales, de promover el rol de esos gobiernos latinoamericanos, en la contracorriente de la onda neoliberal que sigue barriendo el mundo y los derechos de los más vulnerables.


Esos gobiernos han hecho la crítica, en la practica, de los dogmas del pensamiento único, de que "cualquier gobierno serio" debería centrarse en los ajustes fiscales. De que no era posible crecer distribuyendo renta. De que las políticas sociales solo podrían existir como subproducto del crecimiento económico. Que el dinamismo depende de más mercado y menos Estado. Que no hay camino en el mundo que no sea el de la subordinación a los países del centro del capitalismo. Que el Sur es el retraso.


En fin, todo lo que los gobiernos progresistas han desmentido rotundamente, son argumentos fuertes para que el pensamiento crítico se apoye en ellos y encare las dificultades presentes en las perspectiva de la profundización de esos procesos y no de su abandono. Esto lo hacen los –de derecha y de ultraizquierda– que se refugian en el triste consuelo para ellos de un supuesto agotamiento del ciclo progresista. A ambas fuerzas les sobran motivaciones, derrotadas que han sido, durante una década y media. Pero les faltan razones, no pueden proyectar un futuro para el continente, que no sea la reiteración del pasado desastroso y superado o el discurso sin práctica.


Es el momento para que pensamiento crítico deje a un lado las prácticas burocráticas que neutralizan el potencial crítico del pensamiento latinoamericano, que mediocrizan las entidades tradicionales y así vuelva a protagonizar, en primera línea, la lucha antineoliberal. Vuelva, sin miedo, a proponer ideas audaces, nuevas, emancipatorias, que vuelva a engarzar a la intelectualidad crítica con las nuevas generaciones, huérfanas de futuro.


La burocratización es un enfermedad fatal para el pensamiento crítico, sea de las estructuras académicas, sea de las prácticas institucionales en otras instancias. ¿Hasta cuándo la intelectualidad crítica dejará que los "intelectuales mediáticos" de la derecha ocupen prácticamente solos los espacios de los debates de ideas, que formen nuevas generaciones en los valores del egoísmo, de los prejuicios, del consumismo?


La burocratización conduce a la despolitización, que es el mejor servicio que se puede prestar a la derecha, sustrayendo espacios críticos a la lucha de ideas para volcarlos simplemente a la mantención de cargos y de sueldos. Son burócratas que, aunque nominalmente pretendan pertenecer al campo de la izquierda, lo que hacen es desmoralizar a la izquierda, con el uso abusivo de las palabras sin práctica o con una práctica sin ideales ni proyección política concreta.


Fue una tragedia para la izquierda la separación entre una práctica sin teoría –que a menudo se pierde en los meandros de la institucionalidad vigente– y una teoría sin trascendencia concreta –que se pierde en sí misma–.


Hoy es indispensable rescatar la articulación entre pensamiento crítico y lucha de superación del neoliberalismo, entre teoría y práctica, entre intelectualidad y compromiso político concreto. Si los viejos caminos se han desviado de esas vías, nuevos tienen que ser abiertos, los espacios públicos conquistados ahí están para ser ocupados.


"Los caminos que encontramos hechos / son desechos de viejos destinos. / No crucemos por esos caminos / Porque solo son caminos muertos", canta Pablo Milanés.


Seamos fieles a los precursores del pensamiento crítico latinoamericano, pero sobre todo, fieles a los nuevos destinos que apenas hemos empezado a construir.


El que pierde la batalla de las ideas está destinado a la derrota política. No merecemos perder ni la una ni la otra.

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¿Fin del ciclo o fin de la hegemonía progresista en América Latina?

La experiencia de los llamados gobiernos progresistas en América Latina (Argentina, Bolivia, Brasil, Ecuador, El Salvador, Nicaragua, Uruguay y Venezuela) parece haber entrado en un pasaje crítico que algunos autores están denominando fin de ciclo, abriendo un debate histórico y político de fuertes implicaciones estratégicas respecto del porvenir inmediato.

 

A partir de la caracterización del ciclo progresista latinoamericano como un conjunto de diversas versiones de revolución pasiva (es decir, siguiendo a Gramsci, de transformaciones estructurales significativas, pero limitadas, con un trasfondo conservador y por medio de prácticas políticas desmovilizadoras y subalternizantes) podemos analizar este momento poniendo en evidencia su rasgo central y determinante: la pérdida relativa de hegemonía, es decir de incapacidad creciente de construcción y sostenimiento del consenso interclasista que caracterizó la etapa de consolidación de estos gobiernos.


Esta inflexión, que ya se percibía claramente desde 2013 y retrospectivamente pudiera asignársele inclusive una fecha anterior, deriva en un giro desde un perfil progresivo a uno tendencialmente más regresivo, perceptible tanto en las respuestas presupuestales a la crisis económica que azota la región como el trato en relación con las organizaciones y movimientos sociales situados a su izquierda. Este viraje conservador, que se manifiesta orgánicamente en el seno de los bloques y alianzas que sostienen a estos gobiernos, se justificaría, desde la óptica de la defensa de las posiciones de poder, por la necesidad de compensar la pérdida de hegemonía transversal por medio de un movimiento hacia el centro, lo cual contrasta con la lógica de las polarizaciones izquierda-derecha y pueblo-oligarquía que caracterizó el surgimiento de estos gobiernos, impulsados por la irrupción de fuertes movimientos antineoliberales.


Este deslizamiento es más perceptible en algunos países (por ejemplo Argentina, Brasil y Ecuador) que en otros (Venezuela, Bolivia y Uruguay) ya que en estos últimos se mantienen relativamente compactos los bloques de poder progresistas y no se abrieron fuertes clivajes hacia la izquierda. En particular, Venezuela fue el único país en donde se impulsó la participación generalizada de las clases subalternas con la conformación de las Comunas a partir de 2009, a pesar de que esta apertura descentralizadora fue compensada por la casi simultánea creación del Partido Socialista Unificado de Venezuela como órgano de centralización y brazo político del chavismo.


Hay que registrar como en diversos países, además de la ofensiva de las derechas nacionales e internacionales, se asiste desde hace unos años a una franca reactivación de la protesta por actores, organizaciones y movimientos populares, donde vuelve a destacar un perfil antagonista y autónomo a contrapelo de la subalternización que caracterizó a las revoluciones pasivas latinoamericanas.


Sin embargo, lamentablemente no parece estar en el horizonte político una izquierdización de la política latinoame- ricana. En efecto, a pesar de un lenta recuperación de autonomía y de capacidad de lucha, no se observan relevantes y trascendentes procesos de acumulación de fuerza política, salvo eventualmente en el caso del Frente de los Trabajadores, en Argentina, cuyas perspectivas y potencial expansivo tampoco están asegurados. Esto se debe parcialmente al efecto de reflujo, después de la oleada ascendente de luchas antineoliberales, de los sectores populares hacia lo clientelar y lo gremial, originado por una cultura política todavía subalterna pero, por otra parte, en buen medida es producto de las iniciativas o la falta de iniciativas de gobiernos progresistas más interesados en construir apoyos electorales y garantizar una gobernabilidad sin conflictos sociales, que a impulsar o simplemente respetar las dinámicas autónomas de organización y la construcción de canales y formas de participación y autodeterminación en aras de transformar profundamente las condiciones de vida, y no solo su capacidad de consumo, de las clases subalternas.


Este debilitamiento o ausencia de empoderamiento hace pensar que la pendiente pasivizadora que operó como contraparte de las transformaciones estructurales y las políticas redistributivas (excluyendo la polémica continuidad extractivista y primario-exportadora) provocó una década pérdida en términos de la acumulación de fuerza política desde abajo, desde la capacidad autónoma de los sectores populares, a contracorriente del ascenso que marcó los años 90 y que quebró la hegemonía neoliberal, abriendo el escenario histórico actual. Este saldo lamentable no permite, por el momento, hacer frente a una doble deriva hacia la derecha: por el fortalecimiento relativo de las derechas políticas y por el giro conservador y regresivo que modifica los equilibrios políticos de los bloques de poder que sostienen a los gobiernos progresistas latinoamericanos. Al mismo tiempo, el fin de la hegemonía progresista no parece implicar un riesgo inmediato de restauración de las derechas latinoamericanas, como a veces se vaticina a modo de chantaje hacia la izquierda, porque éstas apenas están remontando la profunda derrota política de los años 2000 y, como reflejo de la hegemonía progresistas, están aceptando e incorporando ideas y principios que no corresponden al ideario neoliberal, a demostración que el ciclo de mediano alcance, entre las luchas antineoliberales de los 90 y los gobiernos que se declararon posneoliberales, desplazó ciertos pilares del sentido común y marcó en efecto un relativo cambio de época en la agenda y el debate político y cultural.


* Centro de Estudios Sociológicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México. Director de la revista Memoria del Centro de Estudios del Movimiento Obrero y Socialista (Cemos)

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Viernes, 10 Julio 2015 06:59

"El neodesarrollismo se agotó"

"El neodesarrollismo se agotó"

Brasil de Fato – ¿Cómo estás viendo el escenario político brasilero?


João Pedro Stedile – Brasil está pasando por un periodo histórico muy difícil y complejo. Lo que hemos discutido en las plenarias de los movimientos populares es que estamos pasando por tres graves crisis. Una es la crisis económica, con la economía paralizada, falta de crecimiento de la industria, señales de desempleo y caída en los ingresos de la clase trabajadora.


Otra es la crisis social, cuyos problemas, sobretodo en las grandes ciudades, como falta de vivienda, de transporte público, aumento de la violencia contra la juventud en las periferias y de millones de jóvenes que no están consiguiendo entrar en la universidad apenas aumentan. Los 8 millones de jóvenes que se inscribieron en el ENEM (examen nacional de enseñanza media, requisito obligatorio para entrar en las universidades públicas brasileras), por ejemplo, disputaron 1,6 millones de lugares. Y los que no entran, para dónde van?


La última es la grave crisis política e institucional, en que la población no reconoce la legitimidad y liderazgo en los políticos electos. Eso se debe al sistema electoral, que permite que las empresas financien sus candidatos. Para tener una idea, apenas las diez mayores empresas eligieron 70% del parlamento. O sea, la democracia representativa fue secuestrada por el capital, y eso generó una hipocresía de los electos y una distorción política insuperable. Eso se refleja en las pautas que el parlamento adopta y en las ideas que ellos defienden, que no tiene nada que ver con los electores. Por ejemplo: en la sociedad brasilera tenemos 51% de mujeres. Se presentó un proyecto para garantizar 30% de representación femenina, pero ellos bloquearon. Y, con eso, vamos a mantener apenas el actual 9%!


¿Cómo evalúa las propuestas que predominan en el debate público para superar este escenario?


Las clases dominantes, aquellas que poseen el poder económico en nuestra sociedad, son bastante inteligentes. No es en vano que gobiernan hace 500 años. Percibieron la gravedad de la crisis, y por eso abandonaron el pacto de alianzas de clase con los trabajadores, representado por la elección de Lula y Dilma, que resultó en el programa neodesarrollista.


El neodesarrollismo, como programa de gobierno, se agotó. Los sectores de la burguesía que hacían parte y se beneficiaban de ese programa salieron de escena, y apuestan ahora a otro programa. El programa de este sector para salir de la crisis es básicamente la defensa de Estado mínimo, utilizando máscaras como la disminución de ministerios, menos intervención del Estado en la economía, retiro de derechos laborales – con el objetivo de que el costo de la mano de obra disminuya y se retomen las altas tasas de ganancia, pudiendo competir mejor en el mercado mundial con la competencia. El tercer elemento es la realineación de la economía y de la política externa con Estados Unidos. Por eso critican las políticas de los Brics, de Unasur, de Mercosur y defienden abiertamente el regreso del Alca.


Ese es el programa de la clase dominante para salir de la crisis. No es otra cosa que la vuelta al neoliberalismo. Y para alcanzar estos objetivos accionan sus operadores políticos en los espacios que detentan hegemonía completa, como es el caso del Congreso Nacional, del Poder Judicial y de los medios de comunicación burgueses. Estos tres poderes están actuando permanentemente y de forma articulada entre si para que este programa sea implementado. Y el partido ideológico que está articulando esa unidad entre los tres espacios es la Red Globo.


El gobierno ha tomado diversas iniciativas de política económica, medidas provisorias y ajuste fiscal. ¿Cómo los movimientos están viendo estas iniciativas?


Para nosotros, el gobierno de Dilma no entendió la naturaleza de la crisis instalada, ni lo que está aconteciendo en la sociedad brasilera. Tampoco la disputa ideológica que se dio en el segundo turno de las elecciones, una tremenda lucha de clases.
El gobierno erró al montar un ministerio muy dependiente de partidos conservadores, que inclusive votan contra el gobierno en el parlamento. Llega a ser ezquizofrénica. Tal vez sea el peor ministerio desde la nueva república, y está resumiendo la crisis a un problema de déficit en el presupuesto. Sin embargo, el déficit en el presupuesto es apenas consecuencia de la crisis, y no adelanta tomar medidas paliativas. Tal como explicó el profesor Belluzzo, "el motor de la economía pifeó, y el gobierno está preocupado con la chapa y pintura". Por increíble que parezca, todas las medidas paliativas y las iniciativas que el gobierno tomó no sólo no resuelven la crisis citada, como tienden a agravarlas, porque quedan en la apariencia de los problemas y no van a las causas. Peor, muchas de las medidas, en especial las de economía, van en la dirección del programa de la burguesía, o sea, retiran derechos de los trabajadores. Aumentar la tasa de interés es todo que el sector hegemónico de los capitalistas quieren: ganar dinero con rentismo y con especulación. Si el gobierno no muda de rumbo, no muda su política económica y no toma iniciativas que coloquen el debate en la sociedad, de la necesidad de una reforma política profunda, continuará cayendo en la impopularidad y en la incapacidad de salir de la crisis.


En esa coyuntura compleja, ¿hay posibilidades de golpe?


Las clases dominantes, los capitalistas, los empresarios y la derecha, como campo ideológico, son muy diversos en una sociedad tan compleja como la nuestra. Por más que la Globo se esfuerce para darles unidad, no consiguen tener consenso en la forma de ver los problemas y en las propuestas para la salida de la crisis.


Es cierto que hay sectores más radicales de la derecha que quieren golpe, impeachment, hasta por el parlamento. Pero creo que una confusión institucional no interesa a los sectores empresariales. Lo que ellos quieren es que el gobierno asuma el programa de ellos. Solo eso. Por otro lado, los mismos motivos para tener proceso de impeachment para Dilma podrían ser aplicados a los gobernadores Geraldo Alckmin (PSDB), Beto Richa (PSBD), etc, lo cual generaría una confusión generalizada.
Infelizmente creo que el gobierno cayó en esa trampa. Y mismo asumiendo el programa de la clase dominante, las tres crisis no se resuelven. Por eso estamos en un periodo de confusiones que no se resolverá a corto plazo.


¿Y cuál es la propuesta de los movimientos populares frente a esta situación?


Por parte de los movimientos populares la situación también es compleja. Los movimientos y las fuerzas populares, que encuadran todas las formas organizativas, como partidos, sindicatos, movimientos sociales, pastorales, etc, no han tenido la capacidad de organizar una plataforma común, un programa único de salida de la crisis.


Tenemos ideas generales, en teoría, como, por ejemplo, el entendimiento de que apenas saliremos de la crisis económica si el gobierno abandona el superávit primario y, en lugar de pagar 280 mil millones de reales en intereses por año, invirtiera esos recursos públicos en la industria para generar empleos, en obras públicas de transporte, vivienda o educación.


Ya en la crisis política, solo iremos a superarla si tenemos una reforma política profunda. Son ideas
generales, en torno de reformas estructurales necesarias. Sin embargo, es necesario construir un programa que unifique todos los sectores sociales y de unidad a las acciones de movilización de masas.


Por ahora, apenas los sectores organizados de la clase trabajadora se están movilizando. El pueblo en general está quieto, mirando por televisión de forma asustada las noticias de la crisis y de la falta de alternativas.


De un lado, el pueblo ve todos los días a la burguesía tomando iniciativas contra el, y un gobierno inerte e incapaz. Y de nuestra parte, no conseguimos llegar hasta esa masa con nuestras propuestas, inclusive porque los medios de comunicación están controlados por la burguesía.


¿Cómo estás viendo el proceso de la operación "Lava-Jato" y las denuncias de corrupción que envuelven a las empresas y a Petrobras?


Hay muchos aspectos que envuelven este tema. Claro que existen personas y empresarios que se apropian personalmente de estos recursos e inclusive los envían para el exterior, y por lo tanto son corruptos.


Pero la corrupción en la sociedad brasilera es mucho más amplia. Está presente en la gestión de recursos públicos, que envuelven políticos de todos los partidos y otros sectores sociales.


Cuando un profesor de la USP con dedicación exclusiva abre un escritorio de consultoría, o tiene un segundo empleo, el también está siendo corrupto. Pero todo eso lo resolveremos con procesos de participación popular en la gestión de los recursos públicos y métodos permanentes de fiscalización por parte de la sociedad.


Pero el caso más patético del "Lava-Jato" es que culpan a este o aquel. El problema de fondo es el método de las elecciones. Mientras haya financiamiento de las empresas en las campañas electorales habrá "Lava-Jato".


La solución real no es apenas querer arrestar fulan o mengano, es cambiar el sistema. Precisamos de una reforma política profunda. El Congreso ya dio varias pruebas, inclusive en las últimas semanas, que no quiere mudar nada. La única salida sería convocar una asamblea constituyente exclusiva, que haga la reforma del sistema político brasilero. Claro que la realización de un plebiscito popular, que legalice la convocatoria de la asamblea, solamente llegará si las masas salen a las calles a luchar por la asamblea constituyente. O sea, va a depender de una nueva correlación de fuerzas. Pero esa es la única salida política para combatir la corrupción.


También es importante resaltar que todas las entidades de abogados y jueces han denunciado los abusos de poder del Juez Sérgio Moro, extrapolando sus funciones y utilizando, junto a los medios de comunicación, la fuga de informaciones, de denuncias premiadas y prisiones con claro sesgo partidario.


No se ve la misma divulgación, empeño y ninguna prisión en casos semejantes de corrupción de los trenes de San Pablo, por ejemplo, o en el caso del conocido "mensalão mineiro", o mismo de las estafas practicadas por el gobierno de Aécio/Anastasia en las empresas estatales de Furnas y Cemig, en Minas Gerais.


El juez Moro se prestó a alimentar un odio de la clase media contra los petistas, como si todos estuvieran envueltos con corrupción, todos fuesen culpables, cuando el verdadero culpable es el sistema electoral, que ellos no quieren mudar.
¿Y cómo evalúas el proyecto del senador Serra (PSDB), que retira a Petrobras del pré-sal?


El proyecto de Serra, en debate en el Senado, es la prueba más cabal de como los parlamentares de la derecha aplican el programa de la burguesía en el Congreso Nacional para salir de la crisis.


El proyecto retira de Petrobras la prioridad de explorar el pré-sal. Es todo lo que las empresas transncionales precisan, ya que no será más necesario gastar con investigación, dado que se sabe dónde está el petróleo. No hay ningún riesgo, basta ir y buscarlo.


En un país continental como el nuestro, el Estado brasilero no tiene ninguna condición de fiscalizar lo que las empresas harían en alta mar, ni para dónde y cuánto petróleo llevarían.


Si Petrobras está atravesando dificultades financieras y no puede operar todos los pozos, es preferible que vaya más suave con la explotación de reservas, garantizando que todo el pueblo brasilero tenga el control sobre ellas.


Y claro, es preciso que los trabajadores de Petrobras tengan mayor participación en la gestión de la empresa, sino acontece lo mismo que con el mineral de hierro, cuando Fernando Henrique Cardoso privatizó la Vale do Rio Doce y entregó gratuitamente a los capitalistas estadounidenses.


Hoy, se exportan miles de millones de toneladas de hierro por año, y el pueblo brasilero no tienen ningún beneficio con esa riqueza natural, aunque según la constitución debería ser utilizada en beneficio del bienestar de toda la población.


Espero que el Senado tenga juicio y rechazar ese proyecto, o mismo que la presidenta lo vete después, y que los petroleros se mantengan movilizados y en lucha por la defensa de Petrobras.


¿Cuáles son las iniciativas que los movimientos populares están tomando para posicionarse en esa coyuntura?


Estamos haciendo todos los esfuerzos para construir plenarias unitarias entre todos los frentes de masa, principalmente en los estados, y estimular a los sectores organizados que luchen. En algunos estados esa unidad es más visible, como pasó con la lucha de los profesores en Paraná y Minas Gerais.


A nivel nacional, las centrales sindicales, en especial la CUT (Central Única de Trabajadores), ha hecho el esfuerzo de coordinar las iniciativas de movilización de la clase trabajadora en defensa de sus derechos. Y existe una disposición, caso avance el proyecto de tercerización, de realizar una huelga general en todos los sectores de la economía, para boicotear esa medida que hace parte del proyecto de la burguesía.


Creo que ya hay una unidad bastante grande y disposición de lucha en defensa de los derechos de los trabajadores, pero todavía no avanzamos para construir un programa alternativo para la clase.


Ustedes también están proponiendo un frente político, que está siendo llamado de Grupo Brasil. El tema de los frentes amplios o frente de izquierda ha aparecido. ¿Cómo el MST está viendo estas propuestas?


Estamos viendo la necesidad de construir dos espacios complementarios de frentes, de unidad. Un frente de lucha de masas, que la CUT y los movimientos populares están halando.


Sin embargo, eso no es suficiente. Es necesario otro frente político, que consiga aglutinar los movimientos populares, partidos, entidades, pastorales e intelectuales para debatir un proyecto para Brasil. O sea, un frente que no es ni partidaria, ni electoral. Es un frente político para pensar el futuro y tener un proyecto alternativo al de la burguesía.


Claro que en la construcción de ese frente existen diferentes opiniones e iniciativas. Es probable que tengamos hasta varios frentes políticos. Tal vez no sea posible tener unidad en ese campo, ya que las ideologías, intereses de partidos y vanidades personales a veces se sobreponen a la necesidad de la unidad. Y hace parte de la lucha de clases esa diversidad.


Como MST, estamos apostando en un frente político, popular y nacional que aglutine todas las fuerzas que votaron en Dilma en el segundo turno. Esa es una referencia ideológica. Probablemente sectores más a la derecha o más a la izquierda no quieran participar. No porque no querramos, sino porque tienen un proyecto diferente.


Hay una propuesta de realizar, en setiembre o en torno a la semana de la patria, una grande plenaria nacional en Minas Gerais, que reúna representantes, militantes de todas las fuerzas populares (partidos, sindicatos, movimientos populares, pastorales e intelectuales) para debatir un programa popular para enfrentar a la derecha y a la crisis.


Y en la Reforma Agraria, ¿cuál es el análisis que el movimiento está haciendo de las medidas del gobierno Dilma?


La Reforma Agraria también está paralizada, como parte de esta crisis, de falta de un proyecto de país. Felizmente hubo cambios en el Ministerio de Desarrollo Agrario y en el INCRA (Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria), y tenemos compañeros serios y comprometidos con la Reforma Agraria, lo cual nos ayuda mucho a resolver problemas pendientes, el pasivo de estos últimos diez años.


Tenemos 120 mil familias acampadas que el gobierno precisa asentar. Tenemos un déficit de más de 100 mil casas en los asentamientos, falta de asistencia técnica, y los proyectos de agroindustria están parados. Si el señor Levy (Ministro de Economía) no molesta, creo que esos problemas emergenciales serán resueltos por el nuevo equipo.


Sin embargo, lo que está colocado es la necesidad de un nuevo proyecto de Reforma Agraria, en aquello que llamamos de Reforma Agraria Popular, que se basa en los nuevos paradigmas que van más allá de la necesaria democratización de la propiedad de la tierra.


También precisamos organizar una producción que priorice el cultivo de alimentos saludables a toda la población. La matríz tecnológica debe volcarse para la agroecología, instalar agroindustrias y cooperativas en todos los asentamientos como forma de aumentar el empleo y los ingresos de los asentados.


Precisamos democratizar la educación y ampliar el acceso a la escuela en todos los niveles. Y para que ese nuevo proyecto de Reforma Agraria se realice, dependerá del programa y de la movilización de toda la clase trabajadora. El MST y los sin tierra solos no consiguen avanzar más.


De ahí nuestro esfuerzo de envolvernos con otras articulaciones políticas y populares, ya que el avance de la Reforma Agraria Popular depende de los cambios generales, de las reformas estructurales de la sociedad brasilera.


Usted está yendo para el encuentro de los movimientos populares de América Latina con el Papa Francisco, en Bolivia. ¿Cómo será ese nuevo encuentro?


Desde la elección del Papa Francisco, por iniciativa de el, hemos construido canales y puentes de interlocución. Hicimos seminarios en el Vaticano para debatir temas de la desigualdad. Elaboramos un documento sobre el peligro de los transgénicos y agrotóxicos.


Quedamos bastante contentos con la nueva encíclica del Papa, sobre ecología, en la cual incorpora varios debates que han acontecido en los movimientos campesinos y entre los científicos comprometidos con la verdad. En octubre de 2014 realizamos el encuentro en el Vaticano entre el Papa y 180 líderes populares del mundo entero.


Ahora estamos dando secuencia a ese diálogo, y vamos a reunir 1500 líderes de toda América Latina para debatir con el, en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia.


Aquí de Brasil estamos yendo con 250 delegados. Nuestra delegación está dividida siempre entre los tres sectores de los movimientos populares: tierra (campesinos), techo (lucha por la vivienda) y trabajo (sectores sindicales y populares que se organizan entorno al trabajo).


Tengo certeza que el encuentro será muy provechoso, y pretendemos sacar una carta común de compromiso entre los movimientos populares y el Papa Francisco, como representante máximo de la comunidad de los millares de católicos de todo el mundo.


Las posiciones del Papa en los diferentes temas en que ya se ha posicionado ha sido una grata sorpresa para todos, no solo para los movimientos populares, sino para la sociedad en general. En Roma defendió tres tesis fundamentales, como un programa mínimo para salvar la humanidad: "Ningún campesino más sin tierra. Ninguna familia sin una casa digna, y ningún trabajador sin trabajo y sin derechos". Creo que ahora vamos a avanzar hacia nuevos temas.


Traducción1 de la entrevista realizada a João Pedro Stédile, líder del MST (Movimiento de los trabajadores rurales sin tierra), por Brasil de Fato.


Link entrevista: http://www.brasildefato.com.br/node/32389


1 Traducción del portugués de Angela Garofali Patrón, Economista.

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