Italianos descubren molécula que bloquea la enfermedad de Alzheimer

Roma. Científicos italianos descubrieron una molécula que bloquea la enfermedad de Alzheimer, informó este lunes el periódico Il Messaggero.

“Descubren la molécula que rejuvenece el cerebro, favoreciendo el nacimiento de nuevas neuronas y combatiendo los defectos que acompañan las fases precoces de la enfermedad de Alzheimer”, precisó el rotativo.

El estudio fue coordinado por los científicos de la Fundación Ebri Rita Levi-Montalcini, en colaboración con el Centro Nacional de Investigaciones, la Escuela Normal Superior y el Departamento de Biología de la Universidad Roma Tre.

Al hacer experimentos con ratones, los científicos lograron neutralizar los A-beta oligómeros que se acumulan en las células madres del cerebro, causando el desarrollo de la enfermedad.

Los investigadores introdujeron el anticuerpo A13 en las células madres del cerebro de un ratón enfermo, con lo cual reactivaron el nacimiento de neuronas, rejuveneciendo el órgano.

Recupera lo perdido

El diario destaca que esta estrategia permite recuperar 80 por ciento de lo perdido por la patología en la fase inicial.

El estudio abre la posibilidad de desarrollar nuevos modos para diagnosticar y curar el Alzheimer.

Antonino Cattaneo, uno de los científicos que participaron en el estudio, aseguró que el uso terapéutico del anticuerpo A13 permitirá neutralizar los A-beta oligómeros dentro de las neuronas, donde se forman por primera vez, combatiendo así el efecto más precoz posible en la evolución de la patología.

Lunes, 30 Septiembre 2019 05:47

Las mujeres de la tabla periódica

Las mujeres de la tabla periódica

La historia de la clasificación de docenas de elementos en una tabla periódica no se ciñe a una persona ni a un momento en el tiempo. Los científicos habían clasificado y predicho la existencia de los elementos antes de que Dimitri Mendeléiev propusiera su esquema en 1869, y siguieron haciéndolo después. Fueron muchos los que trabajaron para descubrir y explicar el comportamiento de las nuevas sustancias. Los gases nobles, la radiactividad, los isótopos, las partículas subatómicas y la mecánica cuántica todavía no se habían descubierto a mediados del siglo XIX.

Para celebrar el Año Internacional de la Tabla Periódica, dedicamos este artículo a algunas de las mujeres que revolucionaron nuestra concepción de los elementos. Marie Curie es la más famosa, por sus investigaciones sobre la radiactividad y el descubrimiento del radio y el polonio, que le valieron el Nobel en dos ocasiones. La mayoría, sin embargo, son poco conocidas. Tampoco suele apreciarse la tenacidad y diligencia que requiere el trabajo experimental, la valoración de datos y la reconsideración de las teorías vigentes.

Demostrar la existencia de un nuevo elemento no es tarea fácil. El primer paso consiste en detectar una actividad inusual; un comportamiento químico o una propiedad física (las emisiones radiactivas y las líneas espectrales, por ejemplo), que no se corresponda con la de ningún elemento conocido. Luego hay que aislar el nuevo elemento, o un compuesto de él, en cantidades lo suficientemente grandes como para poder pesarlo y convencer a la comunidad científica.

Descubrir y ordenar

Marie Curie no andaba a la búsqueda de nuevos elementos cuando inició su tesis doctoral sobre los «rayos del uranio», en 1897. Quería explorar la radiactividad, un fenómeno descubierto por Henri Becquerel en 1896. Pero sospechó de la existencia de otros elementos al observar que la radiactividad de la pechblenda, un mineral de uranio, era superior a la que cabía esperar de su contenido en uranio. Su marido Pierre se incorporó entonces a las investigaciones.

En 1898 identificaron las líneas espectrales de dos nuevos elementos: el radio y el polonio. Sin embargo, les llevó más de tres años pulverizar, disolver, hervir, filtrar y cristalizar toneladas de pechblenda para extraer tan solo 0,1 gramos de un compuesto de radio. La extracción del polonio sería aún más difícil, porque su vida media es más breve. En 1903, Pierre y Marie Curie compartieron el premio Nobel de física con Henri Becquerel por el descubrimiento de la radiactividad, y en 1911 Marie recibió un segundo Nobel por el descubrimiento del radio y el polonio y por la concentración y el estudio del radio.

Ubicar un elemento en la tabla periódica requiere establecer su peso atómico y sus propiedades químicas. El radio, por ejemplo, se comporta de modo muy similar al bario, pero su peso atómico es mayor, así que se sitúa justo debajo del bario. Determinar el peso atómico es difícil porque exige disponer de sustancias puras.

Cuesta distinguir elementos de peso y carácter similares. Poco después de elaborar su tabla, Mendeléiev propuso a la química rusa Julia Lermontova refinar los procesos de separación de los metales del grupo del platino (rutenio, rodio, paladio, osmio, iridio y platino), como paso previo a su ordenación. Solo sabemos de su trabajo a través del archivo y la correspondencia de Mendeléiev. Lermontova estudió química en Heidelberg con Robert Bunsen (descubridor del cesio y el rubidio en 1860, junto con Gustav Kirchhoff, con el espectroscopio que acababan de inventar), y fue la primera mujer que obtuvo un doctorado en química en Alemania, en 1874.

Establecer el peso atómico era, asimismo, crucial para identificar las series de desintegración radiactivas y distinguir entre nuevos elementos y las variedades de elementos conocidos. El concepto de isótopo solucionó el problema planteado por el descubrimiento de numerosos elementos para los que en apariencia no había espacio en la tabla periódica. Aunque el químico británico Frederick Soddy introdujo el concepto en 1913, fue la médica Margaret Todd quien propuso el término, que en griego significa «el mismo lugar».

La química polaco-judía Stefanie Horovitz, del Instituto de Radio de Viena, aportó la prueba experimental de la existencia de isótopos. Un elemento tan común como el plomo presentaba distintos pesos atómicos, según si procedía de la desintegración radiactiva del uranio o de la del torio.

También era problemática la naturaleza de una curiosa «emanación» del radio. ¿Era una partícula o un gas? La física canadiense Harriet Brook resolvió el problema junto con su director de tesis, Ernest Rutherford, en la Universidad McGill de Montreal. En 1901, Brooks y Rutherford mostraron que la emanación se difundía como un gas pesado y aportaron la primera prueba de que la desintegración radiactiva producía nuevos elementos. En 1907, William Ramsay sugirió que el gas, al que se denominaría radón, pertenecía al «grupo de los elementos del helio», que hoy conocemos como gases nobles.

En 1902, Rutherford y Soddy anunciaron su teoría de la desintegración radiactiva, según la cual los átomos se transmutan espontáneamente en nuevos átomos con la emisión de radiación. Si bien Rutherford obtuvo el Nobel de química de 1908 por estas investigaciones, la crucial contribución inicial de Brooks apenas ha sido reconocida. Tras publicar conjuntamente un primer artículo, el siguiente, en Nature, lo firmó Rutherford, que se limitó a indicar en los créditos la asistencia de Brooks. Como mujer de ciencia, Brooks tuvo dificultades, especialmente tras casarse, para obtener puestos estables y desarrollar sus investigaciones.

Al fondo de la materia

A todo esto, no dejaban de producirse avances en la comprensión del núcleo atómico. En 1918, la física Lise Meitner y el químico Otto Hahn descubrieron en Berlín el elemento 91, el protactinio. Meitner era austríaca y, tras completar su doctorado, había buscado en Alemania una oportunidad profesional. En 1907 fue admitida como colaboradora no remunerada de Hahn en el departamento de química de la Universidad de Berlín. Tuvo que trabajar en el sótano porque las mujeres no podían acceder al edificio principal. En 1913, cuando Hahn se incorporó al Instituto Emperador Guillermo de Química en Berlín-Dahlem, Meitner fue nombrada «asociada» del instituto.

Hahn y Meitner descubrieron el protactinio en el curso de una investigación sobre la «sustancia madre» de la serie de desintegración del actinio. Otros científicos perseguían el mismo objetivo e, inevitablemente, se produjeron disputas de prioridad. El descubrimiento fue atribuido a Meitner y Hahn porque concentraron el nuevo elemento en mayor cantidad y lo caracterizaron de forma más completa que sus competidores.

También el renio (elemento número 75) fue descubierto conjuntamente en 1925 en Berlín por la química alemana Ida Noddack y su marido, el también químico Walter Noddack, junto con Otto Berg, de la empresa de ingeniería eléctrica Siemens–Halske. Ida Tacke, que adoptaría el apellido de su marido, dejó un puesto en la industria química para ir a la caza de elementos. En 1925 se incorporó en calidad de investigadora no remunerada al Instituto Físico-Técnico Imperial de Berlín, donde Walter Noddack dirigía el departamento de química. Los Noddack tuvieron que emplearse a fondo para producir cantidades ponderables de renio, así denominado por el Rin. Es uno de los elementos más raros de la Tierra y no es radiactivo.

Los Noddack reclamaron asimismo el descubrimiento del elemento 43, al que denominaron masurio por la región de Masuria, en Polonia. Pero no consiguieron replicar las líneas espectrales ni aislar la sustancia. Las técnicas de la «química húmeda» no eran apropiadas para la identificación de este elemento, el primero en ser producido artificialmente, en 1937, y que recibiría el nombre de tecnecio.

A diferencia de Marie Curie, cuyas contribuciones fueron reconocidas y que tras la muerte de Pierre ocupó su cátedra en la Universidad de París, Ida Noddack trabajó como invitada en el laboratorio de su marido durante la mayor parte de su carrera. Esta es una de las razones por las que no se tomó en serio su sugerencia, en 1934, de que el núcleo podía partirse, un proceso que hoy denominamos fisión.

Los descubrimientos del neutrón, en 1932, y de la radiactividad artificial, en 1934, abrieron una nueva línea de investigación: la fabricación de elementos en el laboratorio mediante el bombardeo de átomos con partículas. En 1934, el físico Enrico Fermi y sus colaboradores en la Universidad de Roma anunciaron que habían producido los elementos 93 y 94 tras bombardear uranio con neutrones. Ida Noddack señaló en un artículo en Angewandte Chemie que Fermi no había demostrado que no se hubieran producido elementos más ligeros. «Es concebible», argumentó, «que el núcleo se haya dividido en varios fragmentos grandes». Los físicos la ignoraron.

Sin embargo, en 1938, Meitner y Hahn demostraron que el bario se encontraba entre los productos de las reacciones estudiadas por Fermi y que el núcleo se había partido. Para entonces, a falta de meses para que estallara la Segunda Guerra Mundial, Meitner, de ascendencia judía, había huido a Suecia. Pese a que sus cálculos habían convencido a Hahn de la fisión del núcleo, este no la incluyó como coautora al publicar los resultados en 1939, y en 1945 no aprovechó el discurso de aceptación del Nobel de química de 1944 para reconocer el papel de Meitner.

La mayoría de estas pioneras colaboraron con colegas masculinos, y no es fácil distinguir sus contribuciones. La física francesa Marguerite Perey es una excepción: se la considera la única descubridora del elemento 87, el francio, en 1939. Se incorporó al instituto de Marie Curie en París a los 19 años como técnica de laboratorio, bajo la dirección de Irène Joliot-Curie y André Debierne. Ambos le pidieron, independientemente, que midiera con precisión la vida media del actinio 227. En el curso de este delicado procedimiento técnico, identificó el nuevo elemento. Al no ponerse de acuerdo sobre quién dirigía a Perey, ninguno de ellos pudo reclamar un papel en el hallazgo. Perey acabaría dirigiendo el departamento de química nuclear de la Universidad de Estrasburgo, y en 1962 se convirtió en la primera mujer escogida como miembro correspondiente de la Academia de las Ciencias francesa. Pese a que no había ninguna regla que excluyera la elección de mujeres, la Academia no admitiría una mujer como miembro de pleno derecho hasta 1979.

El francio fue el último elemento natural en ser descubierto. Actualmente, el hallazgo de nuevos elementos requiere grandes equipos, aceleradores de partículas e importantes presupuestos [véase «Disputas en la tabla periódica», por Edwin Cartlidge; Investigación y Ciencia, mayo de 2019]. El significado de elemento químico ha cambiado. Si para Mendeléiev era una sustancia estable incapaz de transmutarse, hoy incluye especies isotópicas que existen apenas unos milisegundos.

Mediante esas técnicas, la química estadounidense Darleane Hoffman llevó a cabo un avance monumental a principios de los años setenta. Demostró que el fermio 257 se fisionaba espontáneamente, no solo al ser bombardeado con neutrones. También descubrió el plutonio 244 natural. Fue la primera mujer que dirigió una división científica en el Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, donde se formaron generaciones de científicas. Una de ellas, Dawn Shaughnessy, es la investigadora principal de un proyecto sobre elementos pesados del Laboratorio Nacional Lawrence Livermore en California, en el marco del cual se han descubierto seis elementos (del número 113 al 118).

Usar los elementos

Muchas otras mujeres han contribuido a ampliar nuestro conocimiento sobre los elementos. Tras el aislamiento del flúor por el químico francés Henri Moissan en 1886, un equipo de mujeres (entre ellas, Carmen Brugger Romaní y Trinidad Salinas Ferrer) trabajó con José Casares Gil en la Universidad de Madrid en los años 1920 y principios de 1930 en el estudio de las propiedades terapéuticas y la presencia en las aguas minerales de este elemento. Cuando tuvieron que dejar las investigaciones como consecuencia de la Guerra Civil (1936-1939), el trabajo de estas mujeres fue incorporado a la bibliografía de Casares.

La química Reatha C. King fue la primera mujer afroamericana que trabajó en la Oficina Nacional de Estándares de los Estados Unidos, en Washington. En los años sesenta estudió la combustión de mezclas gaseosas de flúor, oxígeno e hidrógeno. La alta reactividad del flúor sugería su uso en la propulsión de cohetes. Algunas mezclas eran tan explosivas que requerían técnicas y aparatos especiales, que King diseñó y fueron adoptadas por la NASA.

En la década de 1910, la médica estadounidense Alice Hamilton demostró la toxicidad del plomo y los riesgos que entrañaba para la población y los trabajadores de la industria metalúrgica. Su trabajo obligó a las compañías de seguros y a las empresas a adoptar medidas de protección y compensar a los damnificados. También organizó acciones sociales para que se reconocieran las enfermedades laborales relacionadas con otros metales pesados, como el mercurio. En 1919 se convirtió en la primera profesora nombrada por la Universidad Harvard. Ya en 1925 se pronunció contra la adición de plomo a la gasolina.

La técnica japonesa-estadounidense Toshiko «Tosh» Mayeda era en los años 1950 una experta en la medida de los radioisótopos del oxígeno. Había empezado su carrera limpiando los recipientes de vidrio del laboratorio de Harold C. Urey en la Universidad de Chicago, pero pronto se hizo cargo de los espectrómetros de masa. Contribuyó a la medida de la proporción de isótopos de oxígeno en conchas marinas fosilizadas, a fin de deducir la temperatura de los océanos prehistóricos, y extendió el uso de este método a los meteoritos.

Como estadounidense de ascendencia japonesa, Mayeda fue confinada en un campo de internamiento tras el ataque a Pearl Harbor del 7 de diciembre de 1941, y tuvo que hacer frente a la discriminación. Contando solo con un título de graduada en química, sus contribuciones podían haber sido invisibilizadas, como las de tantas técnicas. Afortunadamente, Mayeda recibió el apoyo de sus superiores y su nombre apareció en las publicaciones junto al de doctores y catedráticos.

Ampliar la perspectiva

Como ocurre con los descubrimientos científicos, la recuperación de la historia de todas estas mujeres de ciencia ha sido un trabajo de equipo en el que han participado Gisela Boeck, John Hudson, Claire Murray, Jessica Wade, Mary Mark Ockerbloom, Marelene Rayner-Canham, Geoffrey Rayner-Canham, Xavier Roqué, Matt Shindell e Ignacio Suay-Matallana.

El estudio de las mujeres que han contribuido al desarrollo de la química ofrece una perspectiva más amplia del descubrimiento científico y de las personas que participan en él, desde ayudantes y técnicos no asalariados a líderes de grandes laboratorios. En este año de celebración de la tabla periódica, es esencial reconocer los esfuerzos individuales y colectivos que nos han permitido construirla y siguen dándole forma.

17/09/2019

Brigitte van Tiggelen

es historiadora de la química y directora para Europa del Instituto de Ciencia e Historia de Filadelfia

Annette Lykkness

es profesora de didáctica de la química e hisotriadora de la química en la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología, en Trondheim

Anillo de 18 átomos de carbono, el primer ciclocarbono sintetizado, a partir de su observación al microscopio./IBM RESEARCH

Este nuevo hito de la química orgánica tiene en la computación que imita el cerebro una de sus posibles aplicaciones.

 

Tantas veces imaginado y nunca conseguido, un anillo de átomos de carbono era hasta ahora un sueño para los que se dedican a la química de este elemento, que es la base de la vida en la Tierra y que se presenta de múltiples formas y con múltiples propiedades, desde el durísimo diamante al versátil grafeno. El primer anillo de carbono, o ciclocarbono, sintetizado tiene 18 átomos y está ya considerado como un hito en la química orgánica, pero su futuro parece estar más en la microelectrónica (concretamente en algo llamado computación neuromórfica) que en la biología.

Los anillos de carbono no se podían construir de forma estable porque son altamente reactivos, pero unos científicos de la Universidad de Oxford y de la empresa IBM lo han conseguido con 18 átomos y la ayuda de la última tecnología en manipulación de átomos, a muy bajas temperaturas. También han logrado obtener imágenes de todo el proceso y publican los resultados en la revista Science.

Partieron los investigadores de moléculas más grandes, que contenían oxígeno, creadas en Oxford y luego llevadas al laboratorio que tiene IBM en Zúrich, ganador de premios Nobel. Allí se manipularon una a una las moléculas recortándolas con impulsos eléctricos hasta obtener el anillo aislado. El trabajo se inició hace tres años. Reconocen Fabian Schulz, Leo Gross y Katharina Kaiser que hace 30 años ya lo intentó con el mismo punto de partida otro equipo, que no disponía de la tecnología recientemente desarrollada.

Lo más importante del trabajo, sin embargo, puede que haya sido comprobar cómo se enlazan los átomos en un anillo, porque lo habitual, como se estudia en la escuela, es que cada átomo de carbono se enlace con otros tres (o cuatro en el caso del diamante) y eso es imposible en este caso. Es lo que sucede, sin embargo, en los fulerenos (el más conocido tiene la forma de un balón de fútbol), los nanotubos (microcilindros) o el grafeno (finísimas láminas de carbono), todos ellos nuevas formas de carbono y grandes éxitos de la química orgánica en los últimos 40 años por sus múltiples posibilidades prácticas. También pasa en el humilde y mucho más antiguo grafito de los lápices.

Ha resultado que al componer un anillo los átomos alternan enlaces cortos (simples) con enlaces largos (triples). Cada átomo tiene a un lado un enlace triple y al otro lado un enlace simple. Los teóricos habían predicho esta estructura o una en la que todos los enlaces fueran dobles, sin poderse decantar por una de ellas.

Los descubridores de esta nueva molécula creen que su estructura indica que tiene propiedades semiconductoras y podría ser la base de transistores diminutos, de tamaño molecular. Señalan que es la mínima estructura estable teóricamente posible para un anillo, lo que deja la puerta abierta a que se puedan sintetizar anillos más grandes. “Lo que nos resulta atractivo de la molécula es que la podemos usar para construir dispositivos moleculares que funcionen sobre la base de la transferencia de un solo electrón”, ha explicado Gross. Y aquí llega la computación neuromórfica en la que ven que puede encajar su molécula. Se trata, básicamente, de imitar el cerebro humano, el computador más avanzado, sobre todo en lo que se refiere al bajo consumo de energía y a la capacidad de conectar decenas de miles de neuronas.

Sin embargo, queda mucho camino por recorrer. Hay que conseguir estabilizar los ciclocarbonos y producirlos en cantidad antes de poder hablar de aplicaciones. Sin embargo, ya se ha conseguido un nuevo compuesto formado por varios ciclocarbonos y, como señala la revista Science, se ha abierto la puerta a un amplio abanico de nuevas estructuras con forma de anillo o cadena que podrían utilizarse algún día en electrónica y otros nanodispositivos.

27/08/2019 08:37 Actualizado: 27/08/2019 08:37

MALEN RUIZ DE ELVIRA

Materia orgánica extraterrestre apoya teoría del origen de la vida en la Tierra

Materia orgánica procedente de fuera de la Tierra fue descubierta preservada en una capa delgada de una roca sedimentaria de hace 3 mil 300 millones de años en Sudáfrica.

Este material orgánico extraterrestre está asociado con nanopartículas de espinela de ferrita enriquecidas con níquel y cromo, lo que sugiere un flujo de micrometeoritos durante el periodo Arcaico inicial sobre nuestro planeta.

Los sedimentos, obtenidos de la formación Josefsdal Chert, también contienen materia carbonosa biogénica.

La coexistencia de esas materias en los mismos depósitos sedimentarios resalta los desafíos a los que se enfrenta la investigación para el rastro de vida extinta en Marte, según el estudio, publicado en Science Direct.

El hallazgo, logrado en la formación Gaert Josefsdal en el Cinturón Greestone, de Barberton, apoya la idea de que los productos químicos orgánicos –es decir, basados en carbono– del espacio suministraron algunas de las materias primas para la primera vida en la Tierra.

"Esta es la primera vez que encontramos evidencia real de carbono extraterrestre en rocas terrestres", señaló a New Scientist Frances Westall, del Centro para la Biofísica Molecular del Centro Nacional para la Investigación Científica, institución oficial de Francia.

 

“Si no creamos nuevos antibióticos la gente morirá a los 50 o 60 años, como antes”

La científica alerta de que las resistencias bacterianas provocarán muertes en las edades medias de la vida

La Nobel de Química Ada Yonath se antoja especial nada más verla. Alrededor de la silla de ruedas —el vuelo desde Israel ha maltratado su cadera de cuasi octogenaria— despliega un pequeño caos integrado por un bolso, varios pañuelos de papel, un bastón plegable y una mochila atestada en la que rebusca y que no abandonará ni cuando suba al estrado del encuentro El futuro del envejecimiento, celebrado la pasada semana en Madrid y organizado por la Fundación Ramón Areces. “¿Es que no estás siguiendo la jornada?”, espeta a la periodista, mirando de reojo el monitor donde otros Nobel analizan el gran desafío demográfico del siglo XXI. Sobre esta mujer de ojos de niña cabalga una indómita cabellera rizada gris objeto de debate nacional en su país ante el viaje a Estocolmo en 2009 para recoger el galardón. Todo el mundo quería mandarla a la peluquería. Inevitable pensar en Einstein.

Pregunta. Es usted una mujer pionera...


Respuesta. ¿Puede quitar el término mujer? Soy una científica pionera, pero podría ser un hombre.


P. ¿Ha tenido las mismas oportunidades?


R. No, pero fue porque el proyecto era difícil, no por ser mujer. Durante los 20 años que duró la investigación muchas veces pensamos en dejarlo.


Yonath fue laureada con el Nobel junto a otros dos científicos por el descubrimiento de la estructura y la función del ribosoma, el orgánulo celular que fabrica proteínas al traducir la información del ADN. Desnudó el componente mediante cristalografía, en contra de la opinión de sus colegas. Al año siguiente de publicar el descubrimiento, los equipos que ella dirigía revelaron cómo algunos antibióticos eliminan a las bacterias uniendose a sus ribosomas e impidiendo que fabriquen proteínas. Es una de las cinco mujeres galardonadas entre los 176 hombres premiados en el olimpo de la química.


R. Nunca decidí ser científica. Pasó. Siempre fui muy curiosa. Desde niña, quería saber qué pasaba. Deseaba convertirme en escritora pero sentía que lo que tenía dentro de mí no podía expresarlo bien, así que tiré por la ciencia. Podía pensar y hacer. Más sencillo.


Las becas que la hicieron científica, cuenta con la sorna reconocible en las personas felices, fueron limpiar escaleras, hacer sándwiches o enseñar Matemáticas y Física a sus compañeros de clase en el instituto. Sus padres, inmigrantes polacos en Israel, eran extremadamente pobres.


R. Quería ser profesional, trabajar en una empresa química o dedicarme a la enseñanza. La ciencia era una afición para mí y pensé que nadie iba a pagar por una afición.
P. ¿Sigue siendo una afición?


R. Por supuesto.


P. ¿Qué hace ahora?


R. Lo mismo. En el auditorio dicen que hay una edad para que nos retiremos, pero en Israel hay excepciones y yo soy la excepción.


P. ¿Qué edad tiene?


R. Dentro de un mes cumpliré 21 [risas].


A sus largos 20 sigue nadando y subiendo montañas. Solía celebrar su cumpleaños haciendo regalos a su madre y llevándola a cenar porque considera que era a ella a la que había que honrar. “Ahora que no vive, no haré nada. Será un día normal”. Sigue al frente, a punto de cumplir los 80 años, de un equipo de científicos en el Instituto Weizmann de Israel.


P. ¿Qué tiene que decir sobre la longevidad?


R. La longevidad se disparó gracias a los antibióticos, en la mitad del pasado siglo. Evitó las muertes de quienes no habían cumplido los 50... antes de esa edad murieron Mozart o Kafka... Entonces afloraron las enfermedades relacionadas con la edad como el cáncer o el alzhéimer. Luego se dan fallos de funcionamiento, como la hipertensión que pueden ser controlados. Las farmacéuticas proveen a esos enfermos de medicamentos muy caros que los mantienen con vida. Lo que ocurre es que la gente muere de infecciones. Un tercio de las muertes atribuidas al cáncer en realidad se deben a una gripe normal porque la persona no puede luchar contra ella, ya que su sistema inmune está dañado y los antibióticos no funcionan porque hay resistencias. Los laboratorios no quieren sintetizar nuevos antibióticos, porque son muy caros de fabricar, se venden muy baratos y se utilizan pocos días, no como otros tratamientos caros, como los del cáncer. Y hay resistencias, porque las bacterias son listas, encuentran el camino para sobrevivir.


Los microorganismos resistentes son los nuevos asesinos en serie. Más de 33.000 europeos mueren al año por ese hecho. Un impacto mayor que el del sida, la tuberculosis y la gripe. En casi la mitad de los casos (39%) las bacterias letales fueron inmunes a los antibióticos más recientes.


R. Algunos laboratorios pequeños están mejorando los antibióticos existentes, pero son muy pocos. En los últimos 20 años solo se han desarrollado tres nuevos. No es nada. El último de ellos, uno completamente nuevo, ya tenía resistencias al año de usarse. Las grandes compañías han dejado de hacerlos, pero deben continuar en ello. La longevidad es algo fantástico, pero puede ser detenida por cosas estúpidas.


P. ¿Qué es lo bonito de la investigación?


R. Que es como una afición. Un juego en el que descubres algo nuevo y se lo regalas al mundo. Existe esa montaña de conocimiento y tú tienes una piedra en ella. Es fantástico.


P. ¿Qué le diría a una niña que quiera seguir sus pasos?


R. ¿Le preocupa la niña? A mí, sus madres. Me preocupa la sociedad, que piensa que las mujeres no deben dedicarse a la ciencia. Tenemos que reeducar a los padres.


P. ¿Se ha sentido sola?


R. No por ser mujer. Me he sentido sola en la comunidad científica porque no esperaban los resultados que conseguí. Aunque dicen que si yo fuese un hombre hablarían de mí de una manera menos desagradable. Ahora son más respetuosos, pero todavía algunos dicen que soy una mujer estúpida. Pienso que hay muchos científicos, hombres y mujeres, mejores que yo.

P. ¿Por dónde tendría que ir la investigación con antibióticos?


R. En mi laboratorio estamos buscando posiciones distintas a las habituales que ocupan los antibióticos en las bacterias. Son dianas para las que podamos diseñar antibióticos que penetren a través de ellas. Antibióticos que sean muy específicos para cada patógeno, incluso para cada cepa, que sean absolutamente biodegradables, de tal manera que no contaminen. Y que sepan distinguir entre bacterias dañinas y las que no lo son, la microbiota. No es fácil. Es lo que estamos haciendo. Los laboratorios me odian. Les digo que están tomando malas decisiones al no diseñar nuevos antibióticos, entiendo que necesitan ganancias para sus inversores pero si más y más personas vuelven a morir a los 50 años o a los 60, ya no van a tener consumidores para los tratamientos caros.


Acaba la entrevista. Yonath va a intervenir. Contará que su laboratorio ya ha identificado 25 puntos diana para atacar a las bacterias. El representante de la Fundación Nobel que la acompaña toma la silla de ruedas:

Madrid 27 MAY 2019 - 01:47 COT 
—¿Salimos?
—¿A dónde, a bailar?

Espionaje de Monsanto y nueva sentencia millonaria

Dos mil millones de dólares por daños. Es la cifra que un tribunal de Oakland, California, sentenció a Monsanto (ahora propiedad de Bayer) a pagar al matrimonio Alberta y Alva Pilliod, más 55 millones de dólares por costos médicos y de juicio, por haberles causado cáncer con su herbicida RoundUp. Al mismo tiempo, en Europa, el diario francés Le Monde reveló extensas operaciones de espionaje de Monsanto a periodistas y funcionarios públicos.

El abogado de los Pilliod –que tienen actualmente 70 años y han tenido cáncer linfoma no-Hodgkin por más de una década– pidió compensación por daños punitivos por mil millones de dólares, pero el juez, siguiendo las declaraciones unánimes del jurado, decidió doblar la suma. Esto, según explicó el jurado, para sentar ejemplo, porque de acuerdo con las evidencias presentadas Monsanto actuó a sabiendas de los efectos que tendría sobre los afectados y ocultando información intencionalmente. Según la agencia Bloomberg, es la octava suma más alta en Estados Unidos de compensación por daños debido a un "producto defectuoso".

Sin embargo, no se trata de un "producto defectuoso". Es un agrotóxico herbicida que cumple el objetivo biocida para el que fue diseñado. Además de matar plantas y otras formas de vida en los cultivos, también es cancerígeno para animales y humanos. Monsanto lo sabía desde la década de 1980, pero en lugar de advertir sobre el riesgo se dedicó a ocultarlo, tanto en el etiquetado como a través de manipulaciones mediáticas, pagando a académicos para escribir artículos "científicos" falseados y corrompiendo o engañando funcionarios en agencias regulatorias (https://usrtk.org/monsanto-papers/).

El principal ingrediente de RoundUp es glifosato, inventado por Monsanto y por el que tuvo una patente monopólica por 20 años que le rindió cuantiosas ganancias. Cuando la patente estaba por vencer inventó los cultivos transgénicos tolerantes a su propio herbicida RoundUp, con lo que siguió dominando el mercado con la venta casada de la semilla y el agrotóxico.

Un elemento importante que quedó claro en este juicio es que además de la toxicidad propia del glifosato, los surfactantes y otros ingredientes del RoundUp –agregados para enfrentar la resistencia de malezas al glifosato– son también altamente tóxicos. Esto es muy relevante, porque las regulaciones sobre agrotóxicos, tanto en Estados Unidos como en América Latina, no exigen a las empresas evaluaciones de inocuidad de estos componentes secundarios, cuyo uso ha aumentado vertiginosamente debido a la resistencia por la expansión de cultivos transgénicos tolerantes al herbicida.

Como refiero en un artículo anterior (El veneno que nos legó Monsanto, La Jornada, 11/05/19), este es el tercer juicio contra Monsanto-Bayer ganado por las víctimas. Bayer apelará esta sentencia, pero hay otros 13 mil 400 juicios en proceso y siguen creciendo (https://tinyurl.com/y6y5xaor).

Poco antes de esta sentencia, el diario francés Le Monde denunció que Monsanto había contratado en 2016 a la firma de relaciones públicas FleishmanHillard, que realizó un fichaje de 200 personas que consideraba relevantes en la regulación de glifosato, agrotóxicos y transgénicos. El expediente se conformó mientras la Unión Europea estaba discutiendo si suspendía la autorización de uso de glifosato, que finalmente decidió prolongar cinco años más, debido justamente al masivo cabildeo empresarial.

El fichaje confidencial realizado por FleishmanHillard para Monsanto en Francia abarcó periodistas de Le Monde y otros medios, funcionarios públicos, parlamentarios, dirigentes de organizaciones civiles, ambientalistas y de agricultores, académicos y científicos. En la lista figura también Ségolène Royal, ex candidata a presidenta. Más de la mitad de los espiados son periodistas. La empresa seleccionó y agrupó en una tabla a 74 "objetivos prioritarios", dividos en cuatro grupos: personas a vigilar, personas a educar, aliados y potenciales aliados a reclutar. Además de nombre y lugar de trabajo incluyeron sus direcciones y actividades personales, gustos, preferencias y opiniones políticas. Registrar este tipo de información sin consentimiento es ilegal en Francia, por lo que la justicia francesa inició una investigación a partir de la demanda de Le Monde. Podría ocasionar multas de 300,000 euros y hasta cinco años de prisión.

Bayer dijo desconocer las actividades de espionaje de Monsanto, pese a que tenía hasta ese momento un contrato con la misma firma, pero luego de encargar una investigación, el 21 de mayo, se disculpó por el espionaje. Informó además que "partían de la base" de que FleishmanHillard había realizado actividades similares en Alemania, Italia, Holanda, Polonia, España y Reino Unido, además de Francia.

Tanto Monsanto-Bayer como FleishmanHillard son empresas trasnacionales, por lo cual es lógico pensar que las actividades de espionaje y fichaje de opositores no se restringen solamente a estos países, ni solamente a Monsanto y Bayer. Todas las empresas de transgénicos, DuPont, Dow, Syngenta, además de Monsanto y Bayer, han contratado firmas, como FleishmanHillard, para campañas encubiertas en favor de transgénicos y agrotóxicos. No tienen argumentos para dar un debate abierto y honesto.

Por Silvia Ribeiro *

 Investigadora del Grupo ETC

 

Científicos confirman la llegada de una nueva era en la historia de la Tierra

La Época Nuclear marcaría el inicio de la unidad de tiempo geológico actual, si la propuesta de un panel de científicos de varios países recibe la aprobación final.

 

Los expertos de la Comisión Internacional de Estratigrafía (ICS, por sus siglas en inglés) votaron 29 a 4 a favor de reconocer el inicio del Antropoceno, una nueva época geológica asociada con la actividad humana. La decisión se anunciará oficialmente en los próximos dos años, según la página web de la Comisión.


Veintinueve miembros de la Comisión, además de apoyar la denominación Antropoceno, votaron a favor de establecer el inicio de la nueva época a mediados del siglo XX, cuando una población humana en rápido crecimiento aceleró el ritmo de la producción industrial, el uso de productos químicos agrícolas y otras actividades. Al mismo tiempo, los primeros ataques y ensayos nucleares "contaminaron el planeta con residuos radiactivos que se incrustaron en los sedimentos y el hielo glacial, convirtiéndose en parte del registro geológico", indica Nature.


La época anterior


Hace unos 12.000 años, después de la última glaciación, la Tierra entró en una época geológica conocida como Holoceno, en la que oficialmente vivimos nosotros. Los cambios climáticos ocurridos hace 12 milenios provocaron un ascenso del nivel del mar. Esto hizo, entre otras cosas, que Indonesia, Japón y Taiwán se separaran de Asia; Gran Bretaña, de la Europa continental; y Nueva Guinea y Tasmania, de Australia.


La única especie humana que ha vivido en esta época ha sido el 'Homo sapiens', que durante estos últimos milenios ha desarrollado la agricultura y la civilización, ocasionando importantes cambios en el medio ambiente.


¿Qué significa para nosotros la decisión de científicos?


La decisión de los científicos de la ICS, que representan a 121 países de todos los continentes, estipula que alrededor de 1950 la Tierra superó el Holoceno y entró en una nueva época geológica, el Antropoceno, en la que la actividad del hombre ha alterado radicalmente la faz, la fauna y la atmósfera de la Tierra.


Uno de estos impactos es el aumento de los niveles de radionúclidos. En 2016, la Comisión comenzó a considerar la propuesta de reconocer que el Holoceno había llegado a su fin.
Su terminación a mediados del siglo XX está asociada con el inicio de las pruebas nucleares y el impacto que tuvieron sobre el planeta.


Ahora el Grupo de Trabajo sobre el Antropoceno (GTA) debe acordar un límite claro entre el Holoceno y el Antropoceno. Para hacerlo, deben encontrar un marcador claro, como un cambio brusco en el número de radioisótopos o un aumento en la proporción de ciertas moléculas en las rocas.

Publicado: 24 may 2019 22:33

El agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna, hace 4 mil 400 millones de años

Planetólogos de la Universidad de Münster (Alemania) demostraron, por primera vez, que el agua llegó a la Tierra con la formación de la Luna hace unos 4 mil 400 millones de años.

La Luna se formó cuando la Tierra fue golpeada por un cuerpo del tamaño de Marte, llamado Theia. Hasta ahora, los científicos habían asumido que este último se originó en el sistema solar interior cerca de nuestro planeta.

Sin embargo, los investigadores de Münster ahora tienen elementos para probar que Theia proviene del sistema solar exterior y que entregó grandes cantidades de agua a la Tierra. Los resultados de su estudio se publican en Nature Astronomy.

La Tierra se formó en el sistema solar interior "seco", por lo que es algo sorprendente que tenga agua. Para entenderlo, tenemos que retroceder en el tiempo, cuando el sistema solar se formó hace unos 4 mil 500 millones de años.

Materiales secos y húmedos

A partir de estudios anteriores, se sabe que el sistema solar se estructuró de tal manera que los materiales "secos" se separaron de los "húmedos": los meteoritos llamados "carbonosos", relativamente ricos en agua, provienen del sistema solar exterior, mientras los meteoritos "no carbonosos", más secos, provienen del sistema solar interior.

Si bien los estudios anteriores han demostrado que los materiales carbonosos probablemente fueron los causantes de entregar el agua a la Tierra, se desconocía cuándo y cómo llegaron, y por tanto el agua, llegó a nuestro planeta.

“Hemos utilizado isótopos de molibdeno para responder a esta pregunta, pues permiten distinguir el material carbonoso y el que no lo es, y como tal representa una ‘huella genética’ del material del sistema solar exterior e interior”, explicó Gerrit Budde, del Instituto de Planetología en Münster y autor principal del estudio.

Las mediciones realizadas por los investigadores de Münster muestran que la composición isotópica del molibdeno de la Tierra se encuentra entre las de los meteoritos carbonosos y los que no lo son, lo que demuestra que parte de ese elemento químico en el planeta se originó en el sistema solar exterior. En este contexto, sus propiedades químicas tienen un papel clave porque, como es amante del hierro, la mayor parte está en el núcleo del planeta.

"El molibdeno, al que se puede acceder hoy día en el manto de la Tierra, se origina en las últimas etapas de la formación del planeta, mientras el de las fases anteriores está completamente en el núcleo", sostuvo Christoph Burkhardt, segundo autor del estudio.

Los resultados de los científicos muestran, por primera vez, que el material carbonoso del sistema solar exterior llegó tarde al planeta.

Pero van un paso más allá. Muestran que la mayor parte del molibdeno en el manto de la Tierra fue suministrada por el protoplaneta Theia. Sin embargo, dado que una gran parte de ese elemento en el manto del planeta se origina en el sistema solar exterior, esto significa que ese cuerpo también se formó allí. Según los científicos, la colisión proporcionó material carbonoso suficiente para dar cuenta de la cantidad total de agua en la Tierra.

“Nuestro enfoque es único porque, por primera vez, permite asociar el origen del agua en la Tierra con la formación de la Luna.

"En pocas palabras, sin el satélite probablemente no habría vida en la Tierra", afirmó Thorsten Kleine, profesora de planetología en la Universidad de Münster.

Evidencia química y física

Por otra parte, por primera vez, un estudio interdisciplinario mostró evidencia química, física y material de la formación de agua en la Luna.

Si bien los descubrimientos recientes de sondas como Prospector Lunar y Satélite de Detección y Observación de Cráteres Lunares sugieren la existencia de hielo de agua en los polos del satélite, su origen sigue siendo incierto.

Ralf I. Kaiser y Jeffrey Gillis-Davis, del Intituto de Geofísica y Planetología de Hawai, diseñaron los experimentos para probar la sinergia entre los protones de hidrógeno del viento solar, los minerales lunares y los impactos de micrometeoritos.
Desinformémonos

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Polvo letal: Estados Unidos está contaminando el mundo y nadie quiere hablar de ello

'Polvo letal, hecho en EEUU: las armas de uranio contaminan el mundo' es el título del nuevo libro de Frieder Wagner. En sus páginas, el autor detalla cómo EEUU ha venido contaminando vastos territorios del planeta con sus municiones de uranio empobrecido y cómo élites políticas y militares manipulan los medios.


Sputnik ha tenido la oportunidad de conversar con el documentalista, para acercarles a sus lectores los detalles de su nueva obra.


— Señor Wagner, su libro se centra en las bombas con uranio empobrecido. ¿Qué tiene especialmente de peligroso este tipo de proyectiles?


— La munición de uranio se produce de los residuos de la industria atómica. Si, por ejemplo, usted se dispone a producir una tonelada de combustible de uranio para las centrales nucleares, obtendrá unas ocho toneladas de uranio empobrecido. Es una fuente de radiación alfa, radiactiva y, además, extremadamente contaminante. Requiere ser almacenado en algún lugar, y eso no resulta muy barato.


— ¿Cómo es posible utilizarlo como un arma?


— Hace unos 30-40 años, los ingenieros militares se percataron que el uranio es casi el doble de pesado que el plomo. Si haces de ese uranio empobrecido un proyectil y le das una correspondiente aceleración, atravesaría el blindaje de un tanque en una fracción de segundo, así como muros de concreto o el cemento. Esto, por supuesto, fue un descubrimiento importante. Además, al penetrar la armadura del tanque, se produce mucho polvo, que se incendia a una temperatura de 3.000 a 5.000 grados Celsius, incinerando a la tripulación del tanque.


— Pero el verdadero problema está en lo que sucede después del uso de estas municiones, ¿verdad?


— Exacto. El uranio empobrecido que, como ya he dicho, es una fuente de radiación alfa se quema, al quemarse forman nanopartículas que son 100 veces más pequeñas que los glóbulos rojos de la sangre. De esta manera se crea, diría, una especie de gas metálico que la gente puede inhalar, que contamina el medioambiente y puede ser transportada por el viento, a cualquier parte.


Las personas que lo respiren tienen mayor riesgo de padecer de cáncer. Estas nanopartículas, al penetrar en el cuerpo de una mujer embarazada, superan incluso la barrera que protege al bebé y afectan su desarrollo. Pueden también penetrar directamente al cerebro y llegar a cualquier órgano a través del torrente sanguíneo.


Todo lo que vuela alrededor de la Tierra, tarde o temprano se asienta y, por supuesto, infecta, en particular, el agua potable.


— ¿En qué conflictos se han usado proyectiles con uranio empobrecido?


— Fue utilizado de manera activa durante la guerra de 1991 en Irak. Los militares reconocieron que su volumen total alcanzó las 320 toneladas. Luego, en el curso de la segunda guerra en Irak, en 2003. Entonces su volumen alcanzó ya las 2.000 toneladas. También puede mencionar la guerra en Kosovo, en Yugoslavia, en Bosnia en 1995, durante la guerra en Kosovo en 1995 y después de 2001 en Afganistán, donde todavía se sigue usando.


— El título de su libro afirma "hecho en EEUU". ¿Este tipo de armas es usado solo por EEUU?


— Estas armas fueron desarrolladas en varios países de manera simultánea. En Alemania, también trabajaron en ello, como, por supuesto, en Rusia. Sin embargo, de manera masiva y en una escala tan grande han sido utilizadas solo por EEUU. No obstante, ellos no prestaron mucha atención a los posibles efectos secundarios, como lo fue, de hecho, en el momento del primer uso de las bombas atómicas. Por eso llamé al libro 'Polvo letal, hecho en EEUU'

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— ¿Cómo pudo demostrar el uso de este tipo de municiones?


— Los serbios nos mostraron los lugares donde se utilizaron. En Irak hablamos con los habitantes del lugar. Viajamos por los lugares de grandes batallas de tanques. Ahí recogimos muestras del suelo y del polvo dentro de los tanques dañados.


Al observar un tanque, se puede decir con seguridad si fue impactado con un proyectil convencional o uno con uranio empobrecido. Las municiones con uranio dejan un polvo que incinera todo alrededor del lugar de perforación.


En todas las muestras del suelo encontrábamos uranio empobrecido, así como uranio-236, aún más radiactivo y contaminante. En la naturaleza es imposible de encontrar, se obtiene solo con la producción de combustible para las centrales atómicas.


Todo esto nos permite decir con certeza que EEUU y sus aliados utilizan bombas de uranio.


— Su libro es una recopilación de las cintas documentales 'Los médicos y los niños irradiados de Basra' (2004) y 'Polvo letal' (2007). ¿Qué pudo ver mientras trabajaba en ellas?


— Aquello fue terrible y sus escenas aún me persiguen en los sueños. Son niños con deformidades que vimos en orfanatos en Basra o Bagdad. Algunos de ellos tenían tales deformidades que casi nada humano se podía ver en ellos. Hay niños nacidos sin cabeza o nariz, ya sea con un ojo o sin ojos, con órganos internos que crecen en una especie de 'bolsa' fuera del cuerpo. Tales criaturas pueden vivir solo unas pocas horas, experimentando un dolor terrible, para luego morir.


— El documental 'Polvo letal' acompaña el libro, pero no se puede ver en la televisión. ¿El canal WDR no ha hecho más encargos? ¿A qué se debe?


— Yo se lo he presentado a WDR, así como al canal ZDF, pero mis propuestas fueron negadas. Entonces hablé con un redactor de WDR, con el cual siempre hice buenos trabajos y tenía buenas relaciones, porque siempre le ayudaba a tener una audiencia dos y tres veces mayor de lo normal. Le pregunté qué pasaba. Y él pensó un poco y me dijo:
"Sí, Frieder, alguien tiene que decírtelo. En WDR creen que ahora es complicado trabajar contigo. Pero lo más importante es que los temas que propones también son complicados. No te puedo decir nada más".


Entonces lo entendí todo. Eso sucedió en el 2005.


— ¿Alguna víctima en Kosovo o Irak ha intentado acudir a los tribunales?


— En Kosovo e Irak hasta ahora no ha habido ningún intento. En estos momentos es Kosovo todo un grupo de abogados trabaja sobre una querella contra la OTAN, porque incluso después de la guerra las personas siguen sufriendo heridas, de enfermedades e incluso mueren.


La incidencia de todo tipo de males relacionados incrementa un 20-30% cada año y sigue en aumento. Así que habrá al menos un intento de poner una demanda.


De los 2.000 soldados italianos desplegados en Kosovo e Irak, 109 sufrieron de cáncer y fallecieron. Eso está probado. Los familiares de 16 de esos soldados fueron a los tribunales y ganaron el caso. Los jueces sentenciaron que el Gobierno o el Ministerio de Defensa debía pagarles una compensación de entre 200.000 y 1,4 millones de euros, dependiendo del caso.
El Ministerio de Defensa alemán niega cualquier relación. No obstante, hemos encontrado que de los 100.000 soldados que han sido desplegados en Afganistán, al menos el 30% muestra algún signo de contaminación nuclear. Los que se casen y tengan hijos corren el peligro de que sus hijos sufran de malformaciones. Y así en varias generaciones, hacia los hijos y nietos de sus hijos.

 

CC0 / Pixabay
18:07 02.04.2019(actualizada a las 18:42 02.04.2019)

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Hachimoji, un nuevo alfabeto genético para una forma de vida en otro lugar

Esta nueva estructura es un idioma de ocho letras que cumple todos los requerimientos que permiten a nuestro ADN almacenar, transmitir y cambiar (evolucionar) la información en los sistemas vivos, lo que es la base de la biología.

 

Si la base de la vida, el ADN que hay en cada célula de cada organismo, se caracteriza por cuatro compuestos químicos que se estructuran de determinada manera en una doble hélice, ¿es posible que estructuras similares puedan también albergar vida, distinta a la que conocemos en la Tierra? Es lo que se han preguntado unos biólogos estadounidenses, que han logrado sintetizar un nuevo ADN, un sistema molecular que es igualmente capaz de almacenar y transmitir información y que se compone de las cuatro bases conocidas más otras cuatro.

No es una nueva forma de vida, se apresura a aclarar la NASA, que ha financiado la investigación dentro de su programa de búsqueda de vida en otros mundos, pero es lo suficientemente interesante para que la investigación se haya publicado en la revista Science, donde se indica que el nuevo ADN sintético duplica la densidad de información del natural. Como el de verdad, es un sistema molecular de información pero la molécula, a la que llaman ADN hachimoji (ocho letras en japonés), añade cuatro nucleótidos a los cuatro presentes en la vida terrestre (adenina, citosina, guanina y timina).


Lo que han demostrado los investigadores es que esta nueva estructura es un idioma de ocho letras que cumple todos los requerimientos que permiten a nuestro ADN almacenar, transmitir y cambiar (evolucionar) la información en los sistemas vivos, lo que es la base de la biología. Pero le falta algo, no es autosostenido (hay que suministrarle elementos continuamente) mientras que conceptualmente la vida se puede definir como un sistema químico autosostenido que es capaz de evolucionar de forma darwiniana.


“Se trata de un verdadero hito”, asegura el experto Floy Romesberg en la revista Nature. El estudio implica que no hay nada especialmente mágico o especial en esos cuatro compuestos químicos que evolucionaron en la Tierra, mientras que en otros lugares del Universo pudieron evolucionar de forma distinta. Durante muchos años se ha intentado modificar la doble hélice del ADN para ver qué pasaba pero esta investigación es la primera que demuestra de forma sistemática que las bases añadidas no naturales se reconocen y enlazan de dos en dos, como lo hacen las cuatro del ADN natural, y que la doble hélice que forman las ocho mantiene su estructura, señala esta revista científica.


En realidad, las cuatro nuevas bases o nucleótidos son variantes de las naturales, buscando determinadas características que químicamente les hagan comportarse así. Una vez conseguida la doble hélice enriquecida, la sometieron a pruebas para demostrar que el orden de las bases no implicaba la ruptura de la estructura, como sí pasa en intentos anteriores. También consiguieron demostrar que la información contenida en el ADN sintético se puede transcribir en ARN, como sucede en la naturaleza, lo que lleva a la producción de las proteínas.


O sea, que casi todo es igual que en la vida real, pero no es vida. Sin embargo, además de servir quizás para detectar la firma de la vida en otros mundos, la nueva molécula sintética tiene otras posibles aplicaciones. En experimentos anteriores, Steven Benner, de Florida, el líder del amplio grupo de investigadores de varias instituciones que han colaborado en el nuevo trabajo, demostró que un ADN enriquecido reconoce mejor que el natural las células cancerosas, lo que implica un posible uso en diagnóstico médico e incluso en medicamentos. También se pueden crear nuevas proteínas y utilizarlo como sistema de almacenamiento de información alternativo al silicio de los chips.


Pero volvamos a la evolución y a una figura que normalmente se relaciona más con la mecánica cuántica, el físico Erwin Schrödinger. “En 1942 Schrödinger predijo que sea cual sea el polímero genético que utiliza la vida, sus componentes de información deben de tener todos la misma forma y tamaño”, señala Benner, o sea que la regularidad estructural es un requerimiento más de la evolución. El hachimoji cumple esta predicción, como se ha comprobado en sus estructuras cristalinas. “Esta investigación nos recuerda lo mucho que nos queda por saber sobre el ADN y el ARN”, dice Jack Szostak, premio Nobel de Medicina que se ha interesado en su carrera por el origen de la vida, algo que por ahora no parece que se vaya a descifrar, a pesar del nuevo avance.

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