Domingo, 13 Junio 2021 05:53

La izquierda y la familia común

Niñas y niños juegan en una zona de columpios de Pechón, Cantabría. David F. Sabadell

La familia es a la vez la institución patriarcal que hay que desterrar y el sujeto social que alberga nuestras primeras experiencias de cuidado. El atajo que se toma por la izquierda para superar el conflicto ideológico con la familia pasa por vaciarla de contenido y diluirla.

 

La familia es a la vez la institución patriarcal que hay que desterrar y el sujeto social que alberga nuestras primeras experiencias de cuidado y apoyo mutuo. Un imaginario que puede encarnar lo mejor y lo peor de lo que somos, que nos remite con ambivalencia a momentos felices de bienestar y también a agresiones y violencias sufridas en primera persona sin posibilidad de escapatoria. En cualquier caso, una realidad que nos atraviesa, que nos trasciende y nos enciende. No podemos dejarla al margen de nuestra existencia y extiende su influencia a toda la organización social.

La familia es un común y como todo lo común muestra su potencialidad política al instante,  no hay más que observar la superproducción de textos y debates que ha generado el discurso de Ana de Simón del 22.05.21 en el acto institucional sobre los retos demográficos y la iniciativa España 2050.

No se puede hablar de ella sin tocar directamente la infancia, la organización social, el trabajo productivo y reproductivo, el género, la identidad y diversidad, la comunidad y el Estado, la violencia, el apoyo mutuo, la vivienda, la sexualidad, etc.

Pero en ese tótum revolutum, que utiliza la derecha política para vocear sus privilegios y la izquierda reactiva para escribir un nuevo capítulo de autoafirmación, se puede pasar más o menos de largo de lo que acontece.

Es muy diferente partir de la familia para trascenderla, incluso negarla, y hablar “de todo lo demás” como lo importante, para dejarla en indefinición a merced y como reflejo de los procesos socioeconómicos o, por lo contrario, aun con las contradicciones, hacer un esfuerzo por habitarla, tomar conciencia de lo que nos atraviesa y hacer política sin perder la realidad del grupo humano que nos pertenece y al que pertenecemos. Promover un proyecto de transformación que vaya mucho más acá de lo ideológico y que dé cuerpo y presencia a la impugnación.

Entre medias, hay estrategias de fuga, a veces imprescindibles y casi siempre saludables: que si la familia es la que se elige, que si los vínculos de sangre no son los más fuertes, que es solo una construcción cultural pero la vida va por otro lado, etc.

Y también hay estrategias de resistencia afincadas en el torreón de la posición crítica objetiva: la familia es una estructura heteronormativa basada en la opresión, en la explotación y en el ejercicio de poder masculino y adulto, un contexto definido por la violencia de las relaciones de poder que implica en sí misma una patología social que provoca sufrimiento.

Ambas son maneras de capear el temporal esencialmente adultas, porque para los menores de edad, la alternativa a la familia se llama sistema de protección  —donde no hay opciones mixtas para las criaturas,  la familia tal y como la define el Código Civil o el sistema con sus centros, sus educadores y sus muros, sin posibilidad de elección— o de reforma, y no es precisamente amable.

En cualquier caso, en el ámbito de representación de la izquierda, hay más elementos para la fuga y para la resistencia que para la presencia, tanto a nivel simbólico como a nivel político. No se ha sabido encontrar un espacio donde la defensa de la familia no suene sospechosa.

Cuando nos vemos, ya sea por voluntad o necesidad, en la situación de habitar la familia nos encontramos en desamparo, en una orfandad de referencias que se traduce en la carencia de políticas de apoyo efectivas. Su falta de reconocimiento como un sujeto político fundamental, dotado de derechos sociales, dibuja un horizonte de abandono solo poblado por un individualismo autorreferencial, precario y adultocéntrico, muy ineficiente en el sostenimiento de la vida.

No falta quien define este paisaje como progresista y emancipador. Supongo que es más fácil cuadrar la fantasía revolucionaria proyectando en individuos libres, de identidades diversas y en igualdad de derechos, que en la complejidad de las relaciones humanas en contextos de degradación capitalista. 

Hay una carencia absoluta de la cultura de la vida, de “la vida de la vida” de la que habla Edgar Morin (en El método. La vida de la vida, Editorial Cátedra, 1980) y de cómo ésta se desarrolla dentro de un ecosistema autorregulado en dinámicas simbióticas de necesidades y deseos. Y también una carencia peligrosa de cultura perinatal —leer a Casilda Rodrigañez o a Ibone Olza ayudaría a entender la aberración que supone negar el cuerpo de la madre como ecosistema de crianza— que permite todo tipo de relativismos posmodernos para redefinir los procesos de gestación, exterogestación, puerperio y crianza adaptados a lo que el modelo precisa.

Pero, en lo real, nada de hacer causa común con las familias, ni siquiera con las mujeres, madres o díadas que se expresan en lo reproductivo desde la vivencia de invisibilización y explotación. Y si manifiestan placer y deseo, aún más abandono.

Parece que conforme haya más desamparo social más se reivindicará lo público, y por tanto se invocará a la izquierda y a su patrimonio, pero lo que se consigue es todo lo contrario: una falta de representación respecto a los significantes comunes que provoca desafección y dinámicas de repliegue a lo tradicional, por la falta de referencias de alternativas viables.

Debilitar la familia para intentar hacerse fuerte apelando al papel del Estado, cuando no el del Mercado, no parece tan buena idea para cuidar la vida, y peor en medio de las derivas neoliberales que nos despiden del Estado del Bienestar y de su contrato social.

La izquierda se muestra reacia a nutrir de derechos y legislar de manera valiente un lugar del que quiere huir y así, en su afán de diferenciación con la derecha, se ve determinada a abrazar al capitalismo más evolucionado, ese que ha aprendido a hacer dinero de lo reproductivo rentabilizando la interdependencia intrínseca a la sociabilidad humana.

En el terreno ideológico, regala al discurso conservador algo que nos pertenece a todas y del que todas somos parte, y en la práctica la desposesión es mayor aún, porque son ellos los dueños de las empresas de gestión de servicios que capitalizan la externalización y los que, en sus casas, pueden hacer viable la familia sin apoyos públicos. Lo reproductivo queda en sus manos, y en las nuestras el vacío, el abandono y la depresión. Derechos familiares: solo el de pataleta.

Son los modelos de familias tradicionales y patriarcales los que prevalecen, los que presumen de viabilidad, y las alternativas quedan asfixiadas en las trampas de la conciliación y la precariedad.

Las nuevas realidades que se producen distan mucho de ser referencias de cuidado. No se facilitan las condiciones y los apoyos para que las experiencias de familias basadas en la corresponsabilidad, la horizontalidad y en el apoyo mutuo sean sostenidas de manera generalizada y puedan trascender su singularidad. 

De nuevo, solo emerge lo tradicional o el individualismo del sálvese quien pueda, y en la dualidad, la izquierda tiende a posicionarse apoyando lo segundo.

Esta posición se quiere matizar con las políticas de conciliación y dando un papel esencial a los servicios públicos, pero en la práctica no hay una vocación de servicio, no se plantean unos servicios subordinados a las propias dinámicas de gestión de la vida de cada familia, sino que los servicios públicos actúan de manera totalitaria. Son muchos los ejemplos que ilustran la instrumentalización de las necesidades de las personas para la imposición de modelos institucionales, quizá el más paradigmático sea la atención hospitalaria al parto y al nacimiento, pero hay más, como la rígida escolarización infantil o la organización de los permisos de maternidad/paternidad. De este modo se acaban imponiendo modelos que terminan normalizando la precariedad afectiva en los procesos reproductivos y muchas veces convirtiendo las necesidades en productos de consumo. 

Son muchas las personas y las familias que se ven abrumadas cuando lo público pasa por encima de su realidad y se convierte en un espacio de propaganda de la izquierda usado para imponer un modelo que quizá se pueda rentabilizar políticamente, pero que en lo concreto, supone un fuerte condicionamiento de la vida (y si no que se lo pregunten al Pueblo Gitano y a sus familias, atrapadas en dinámicas históricas de contraprestaciones para poder hacer valer mínimamente sus derechos sociales).

Tal es la defensa de la externalización que termina pareciendo, sino siendo, un fin en sí misma, mucho más importante que las necesidades intrínsecas a la convivencia de los grupos humanos.

El atajo por la izquierda, que se está tomando para superar el conflicto ideológico y psicoafectivo que se tiene con la familia, pasa por vaciarla de contenido y diluirla en estructuras más o menos líquidas que solo se sustancian en lo individual. Ahí se establece un contrato en base a derechos reconocidos por las políticas progresistas, pero que, a la hora de la verdad, distan mucho de ser universales.

El derecho al trabajo, a la vivienda, a un ingreso mínimo, el derecho de las criaturas a ser cuidadas, son cada vez más difíciles de sustanciar.

En el repliegue producto de la precariedad, no nos queda otra que volver a la familia. Y entonces, nos la encontramos erosionada, desértica y desbordada por la función social que representa y que no se corresponde con los apoyos institucionales que recibe. Solo se sostiene en pie por la explotación de las mujeres en lo doméstico y porque no hay plan b para la crianza.

Buscamos sostén y nos encontramos en un solar degradado por la especulación, abandonado y esquilmado con la lógica extractiva del capitalismo de los servicios, y definido por la injusticia social y patriarcal. Esto no es efectivo y nos deja a merced de la violencia del sistema.

Hasta propuestas de derechos que abrazo y defiendo, como es la Renta Básica Universal, difícilmente pueden ser implantadas obviando los sujetos colectivos que generamos a partir de nuestras relaciones de interdependencia. 

Si los derechos son solo individuales, ¿quién gestiona la renta básica de bebés, niños y niñas? ¿O de las personas dependientes? ¿El Estado? ¿Qué nos la conmuten por plazas en guarderías, residencias o centros de acogida? ¿Alimentamos también la industria de la externalización con nuestros derechos? 

Hablamos de cuidados, pero los modelos basados exclusivamente en los derechos individuales solo son viables para las personas con privilegios, que participan de alguna manera de ese sujeto universal de “hombre blanco con dinero” y que por ello tienen poder para transformar los derechos en estructuras de supervivencia. Y estas estructuras se terminan definiendo a costa de otras personas, que aun con los mismos derechos, no les queda otra que subordinar su existencia a quien paga o a quien manda.

Los derechos efectivos debieran ser de todas, de quienes precisan el cuidado y no solo de las personas que lo suministran. ¡Ya cambiaría que la estructura jurídica de la familia no se configurara a partir del matrimonio sino de los derechos propios de las criaturas que alberga!

Si, además en el debate de los cuidados, incluimos la parte libidinal, defendiendo a la familia pero combatiendo el concepto de “cargas familiares” y denunciando la devaluación que supone instalar los procesos esenciales de la reproducción humana en las dinámicas del mercado, negándonos a normalizar el modelo low cost,utilizando para ello la legítima demanda social de igualdad y corresponsabilidad, y de precariedad afectiva como un nuevo paradigma, la incomprensión con la izquierda es absoluta.

Podemos incluso llegar a tenerla enfrente cuando dan alas a discursos tan reaccionarios como “el de la maternidad intensiva”, vendiendo como una enajenación lo que es, como mucho, un enroque en lo reproductivo para salvaguardarlo en un contexto de precariedad y de abandono social, tal y como desmonta por Julia Cañero

Por supuesto que también se sostiene una crítica a la familia desde los cuidados, como dice Nuria Alabao en su reciente artículo de Ctxt: “La familia es ambivalente, no es una institución neutra: todavía se sostiene sobre relaciones jerárquicas de subordinación de género-edad. Todavía es una institución que delega la mayor parte del trabajo de cuidados a las mujeres. Reforzar la familia hoy implica a pesar de todo, reforzar esa realidad persistente. Las enormes cifras de violencia machista o contra jóvenes y niños en su seno son un recordatorio de esa subordinación.

Pero entonces, si queremos validar otras formas propias de organización social, tendremos que empezar por reivindicar reconocimiento jurídico para los diferentes modelos de convivencia que cada persona establece libremente con su grupo de relaciones, ya sea por afectos o por pactos explícitos de cuidado —pactos de crianza, de acompañamiento a la muerte o en la enfermedad, etc.— para dar una estabilidad al marco que pueda estructurar una sociedad distinta. 

Porque, mientras que la patria potestad y, en consecuencia, los mecanismos de filiación y herencia gocen de vigencia y aceptación, y esto no se combata de manera radical desde la izquierda, la alternativa parece, de nuevo, solo alimentar el privilegio adulto de quienes pueden elegir.

Es frecuente encontrar a gente con muchas experiencias en intentos comunitarios —mirar al pasado también es aprender de las iniciativas en este sentido de los años setenta y ochenta, y de algunas que aún perduran— que narran cómo todo se reorganiza en el momento que vienen las criaturas, cómo las figuras de referencia adulta reconocibles se hacen más importantes (entre otras cosas porque hay unas obligaciones intransferibles de guarda a las que dar respuesta) y cómo la familia como institución emerge con fuerza frente a otros vínculos elegidos sin estructura jurídica. Lo mismo ocurre cuando hay que dar respuesta a una enfermedad o repartir una herencia.

La tribu es necesaria, muchas veces imprescindible, hace de seguro de vida, pero sigue pasando que a la hora de afrontar momentos de crisis, prioridades reproductivas o emergencias en cuidados, la familia nuclear radiactiva tiene un papel protagonista.

Si se nace en familia y se muere en familia, al menos en lo jurídico —y esto no va a cambiar pronto— luchemos para que se nos permita intentar un tránsito más saludable.

Políticas de apoyo a la familia a troche y moche, que padres y madres de izquierdas, comprometidos con el cuidado, pudieran hacer viables sus proyectos con solvencia, generando otros modelos desde la presencia, la abundancia y la felicidad que pudieran disputar la realidad: “La libertad de cuidar, el lujo de cuidar, el honor de cuidar (…) cuidar es amar y es el único amor que existe”, dice Maria LLopis en la introducción de “la revolución de los cuidados”.

Y quizá con ello se colabore a diluir la familia tradicional en una alternativa de bienestar, y no en el vacío. Necesitaríamos una izquierda valiente que se atreviera a ser aliada en este proceso.

Porque, si no, la familia seguirá siendo facha y patriarcal, basada en el fraude del amor romántico y en la adultocracia —la familia conservadora está más adaptada por comulgar sin conflicto con los roles tradicionales de género y por tener pasta y privilegios para poner el mercado a su servicio defendiendo su territorio doméstico de aquello que no le gusta, aunque sean derechos—.

Y los y las anticapitalistas seguiremos explotadas en el mercado laboral pidiendo permisos precarios para que nos dejen cuidar un rato, habitando la queja y sin capacidad real de articular mecanismos de convivencia comunitarios. Hasta que poco a poco se vaya imponiendo la opción del sistema: una soledad que consume relaciones y afectos en la medida que los puede sufragar.

Podemos terminar incluso, haciendo real la profética obra maestra de Fernando León de Aranoa, Familia (1996), y buscando comprar en el mercado una familia muy parecida a la que queremos desterrar.

Paco Herrero Azorín

@PacoHerrero1

13 jun 2021 06:00

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Sábado, 12 Junio 2021 06:01

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

¿Quién le teme a Pedro Castillo?

La elección peruana ha generado una verdadera histeria entre las elites limeñas y una campaña de demonización del candidato cajamarquino. El escenario, de confirmarse la victoria de Pedro Castillo, tiene altas dosis de incertidumbre. Pero estas se vinculan poco con los fantasmas que promueve el anticomunismo zombi que recorre el país.

 

Lo que pasó en las elecciones peruanas es quizás lo más parecido a la «tempestad en los Andes» anunciada por Luis E. Valcárcel en un libro ya clásico prologado por José Carlos Mariátegui. Atraído por la idea de «mito», Mariátegui terminaba escribiendo: «Y nada importa que para unos sean los hechos los que crean la profecía y para otros sea la profecía la que crea los hechos». Lo ocurrido el pasado 6 de junio no es sin duda un levantamiento indígena como el que imaginó Valcárcel, ni tampoco uno como lo imaginara Mariátegui, como partero del socialismo. Pero fue un levantamiento electoral del Perú andino profundo, cuyos efectos cubrieron todo el país.

Pedro Castillo Terrones está lejos de ser un mesías, pero apareció en la contienda electoral «de la nada», como si fuera uno. Con los resultados del domingo, está próximo a transformarse en el presidente más improbable. No porque sea un outsider –el país está lleno de ellos desde que el «chino» Alberto Fujimori se hiciera con el poder en 1990, tras derrotar a Mario Vargas Llosa–, sino por su origen de clase: se trata de un campesino cajamarquino atado a la tierra que, sin abandonar nunca ese vínculo con el monte, se sobrepuso a dificultades diversas y llegó a ser maestro rural; en los debates presidenciales cerraba sus intervenciones con el latiguillo «palabra de maestro». 

Desde el magisterio, Castillo saltó al escenario nacional en 2017, con una combativa huelga de maestros contra la propia dirección sindical. Un reciente documental, titulado precisamente «El profesor», da varias pistas sobre su propia persona, su familia y su entorno. A diferencia de Valcárcel, cuyo indigenismo se insertaba en la disputa de elites –la cuzqueña andina y la limeña «blanca»–, Castillo proviene de un norte mucho más marginal en términos de la geopolítica peruana. Su identidad es más «provinciana» y campesina que estrictamente indígena. Desde allí conquistó al electorado del sur andino y atrajo también, aunque en menor proporción, el voto popular limeño.

Por eso, cuando Keiko Fujimori aceptó el desafío de ir a debatir hasta la localidad de Chota y dijo con disgusto «Tuve que venir hasta aquí», la frase quedó como uno de los traspiés de su campaña. Castillo había logrado sacar la política de Lima y llevarla a los rincones lejanos y aislados del país, que recorrió uno a uno en su campaña con un lápiz gigante entre las manos. 

La irrupción de Castillo en la primera vuelta –con casi 19% de los votos– generó una verdadera histeria en los sectores acomodados de la capital. Y acorde a la actual moda del anticomunismo zombi, se expresó en un generalizado «No al comunismo», manifestado incluso con carteles gigantes en las calles. No escaseó tampoco el racismo. Perú parece tener menos pruritos para expresarlo en público que los vecinos Ecuador o Bolivia.

Por ejemplo, el «polémico» periodista Beto Ortiz echó a la diputada de Perú Libre Zaira Arias de su set televisivo, mostrando que la «corrección política» no llegó a sectores de las elites limeñas. Luego la llamó «verdulera» y más tarde se disfrazó de indio –con su histrionismo habitual– para darle la bienvenida de manera socarrona al «nuevo Perú» de Pedro Castillo. 

La candidatura de Castillo fue, además, víctima constante del «terruqueo» (acusación de vínculos con el terrorismo) por sus alianzas sindicales durante la huelga de maestros y, sin experiencias previas en el terreno electoral, de sus propios tropiezos en entrevistas.

Como escribió Alberto Vergara en el New York Times: «Quienes utilizaron de manera más alevosa la política del miedo fueron los del campo fujimorista, las clases altas y los grandes medios de comunicación. Empresarios amenazaban con despedir a sus trabajadores si Castillo vencía; ciudadanos de a pie prometían dejar sin trabajo a su servicio doméstico si optaban por Perú Libre; las calles se llenaron de letreros invasivos y pagados por el empresariado alertando sobre una inminente invasión comunista». Hasta Mario Vargas Llosa abandonó su tradicional antifujimorismo –por el que incluso había llamado a votar por Ollanta Humala en 2011– y decidió darle una oportunidad a una candidata de apellido Fujimori.

Castillo está lejos de provenir de una cultura comunista. Militó varios años en la política local bajo la sigla de Perú Posible, el partido del ex-presidente Alejandro Toledo, y si bien se postuló por Perú Libre, no es un orgánico de este partido, que nació originalmente como Perú Libertario. Perú Libre se define como «marxista-leninista-mariateguista», pero muchos de sus candidatos niegan ser «comunistas».

El líder del partido, Vladimir Cerrón, definió el movimiento que se alineó detrás de Castillo como una «izquierda provinciana», opuesta a la izquierda «caviar» limeña. Castillo es un católico «evangélico compatible»: su esposa e hija son activas participantes en la evangélica Iglesia del Nazareno y él mismo se suma a sus oraciones. En la campaña se posicionó repetidamente contra el aborto o el matrimonio igualitario, aunque hoy varios de sus técnicos y asesores provienen de la izquierda urbana liderada por Verónika Mendoza, con visiones sociales progresistas. Habrá que ver la convivencia de tendencias en el futuro gobierno de Castillo, que no se anuncia fácil.

Castillo se autodefine también como «rondero», en referencia a los grupos campesinos que enfrentaron a la guerrilla de Sendero Luminoso, y funcionan muchas veces como instancia de autoridad en el campo, aunque en Cajamarca la guerrilla fue muy débil.

La incertidumbre de un futuro gobierno de Castillo no tiene que ver, precisamente, con la constitución de una experiencia comunista de cualquier naturaleza que sea. También parece muy improbable una «venezuelización» como la que anuncian sus detractores. Las Fuerzas Armadas no parecen fácilmente subsumibles, el peso parlamentario del castillismo es escaso, las elites económicas son más resistentes que en un país puramente petrolero como Venezuela y la estructuración del movimiento social no anticipa un «nacionalismo revolucionario» de tipo chavista o cubano.

Las declaraciones del «profe Castillo» muestran cierto desprecio de tipo plebeyo por las instituciones, poca claridad sobre el rumbo gubernamental y visiones sobre la represión de la delincuencia –defensa de la justicia rondera– que pueden justificar un tipo de justicia «comunitaria» por mano propia que a menudo deriva en linchamientos puros y duros, muy comunes en el mundo andino. 

La presencia en el gobierno de la «otra izquierda» –urbana y cosmopolita– puede funcionar como un equilibrio virtuoso entre lo progresista y lo popular, aunque también será fuente de tensiones internas. Algunos comparan a Castillo con Evo Morales. Hay sin duda simbologías e historias compartidas. Pero también hay diferencias. Una es puramente anecdótica: en lugar de exagerar sus logros en una clave meritocrática, Morales dice no haber terminado el secundario (aunque algunos de sus profesores aseguran lo contrario). La otra es más importante a los efectos del gobierno: el ex-presidente boliviano llegó al Palacio Quemado en 2006 tras ocho años de trayectoria como jefe del bloque parlamentario del Movimiento al Socialismo (MAS) y la experiencia de una campaña presidencial en 2002, además de tener detrás una confederación de movimientos sociales con fuerte peso territorial, articulador en el MAS. Castillo tiene, por ahora, un partido que no es propio y un apoyo social/electoral aún difuso.

El «miedo blanco» a Castillo se vincula, más que a un peligro real de comunismo, a la perspectiva de perder poder en un país en el que las elites habían sorteado el giro a la izquierda en la región y cooptado a quienes ganaron con programas reformistas como Ollanta Humala. Dicho de manera más «antigua»: el «miedo blanco» lo es a la perspectiva de un debilitamiento del gamonalismo, como se llamó en Perú al sistema de poder construido por los hacendados antes de la reforma agraria, y que perduró por otras vías y de otras formas en el país. Nadie sabe si las elites podrán cooptar también a Castillo, pero hay en este caso un abismo de clase más profundo que en el pasado y el escenario es de manera más general menos previsible. La «sorpresa Castillo» es demasiado reciente y en muchos sentidos es un desconocido incluso para quienes serán sus colaboradores. 

Posiblemente la tempestad electoral anuncie otras próximas si las elites quieren seguir gobernando como se habían acostumbrado a hacerlo.

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Elecciones en Perú: terminó el conteo y Pedro Castillo sumó más votos

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude electoral.

 

Desde Lima. Con el cien por ciento de las actas electorales procesadas, el profesor y sindicalista de izquierda Pedro Castillo es el ganador de las elecciones y presidente electo, pero no puede haber una proclamación oficial porque hay votos impugnados y pedidos de nulidad de otros votos, que deben ser revisados. De acuerdo a diversos expertos, el resultado es irreversible, pero la derecha se niegue a aceptarlo. Castillo gana con 50,2 contra 49,8 por ciento de la derechista Keiko Fujimori, una ventaja de 70 mil votos.

Hay unos 150 mil votos, de más de18,7 millones, que faltan ingresar al cómputo final porque están observados y eso debe resolverse. Esos votos no cambiarían el resultado, por lo que el fujimorismo pretende anular otros 200 mil votos en zonas que apoyaron ampliamente al candidato de la izquierda. No habrá un resultado oficial y proclamación del presidente electo hasta que se resuelvan los votos observados y los pedidos de nulidad hechos por el fujimorismo, una acción final desesperada de una derecha que con todo su poder económico y mediático perdió estas elecciones.

"El profesor Pedro está tranquilo"

El maestro rural que en julio debe asumir la presidencia del Perú mantuvo durante el jueves reuniones con diversos colaboradores, conversó con el presidente argentino Alberto Fernández, recibió la felicitación del mandatario boliviano Luis Arce y recibió la visita del excandidato presidencial de centroderecha George Forsyth. Castillo no habló, pero sí lo hizo su vicepresidenta, Dina Boluarte. “El profesor Pedro está tranquilo, sereno, descansando de la campaña que ha tenido”, dijo. Con los resultados sobre la mesa, Boluarte destacó que éstos daban como ganador a Castillo, pero señaló que esperarán “con serenidad y calma” que se definan los votos observados y los pedidos de nulidad y se oficialice el resultado para declarar su victoria.

“La señora Keiko Fujimori está hablando de fraude sistemático, rechazamos esas afirmaciones. Le digo al pueblo peruano que no se deje engañar por mensajes de terror y odio. Llamo a la señora Fujimori a reflexionar y no polarizar más a la población. Hay que saber perder con dignidad y humildad”, declaró a la prensa la vicepresidenta virtualmente electa.

Sin sostén

El fujimorismo se resiste a aceptar su derrota electoral y tensa más un ambiente ya bastante polarizado. Sin pruebas, insiste en hablar de fraude y busca ganar en mesa lo que ha perdido en las urnas. Keiko ha dicho que todavía hay 500 mil votos que faltarían revisarse, una cifra inflada.

Los fujimoristas dicen que los votos observados pendientes de sumarse al cómputo final -unos 150 mil que inflan a 300 mil- son en su mayoría suyos, algo de lo que no hay evidencia. La tendencia de lo que ya se ha avanzado es validar la mayor parte de esos votos. El fujimorismo necesitaría no solo que se validen todos esos votos observados, sino que al menos el 80 por ciento sean a su favor, algo que desafiaría toda lógica de una elección muy reñida. En su principal bastión electoral, Lima, Keiko obtuvo 65 por ciento.

Como esos votos no le dan para voltear el resultado, el miércoles en la noche el fujimorismo sacó una última carta: demandar la anulación de unos 200 mil votos de regiones donde Castillo gana ampliamente, en algunos casos con más del 80 por ciento. La mayor parte son de zonas rurales, bastión electoral de Castillo. Sus argumentos no se sostienen.

Para pedir esa nulidad señalan que hay mesas de sufragio en las que sus miembros -tres, elegidos por sorteo- son de una misma familia, y, sin ninguna evidencia, saltan a la conclusión que serían familias partidarias de Castillo que coparon las mesas. Ya han salido varios de esos supuestos familiares acusados por el fujimorismo a aclarar que llevan el mismo apellido, pero no tienen ninguna relación familiar. Y no estuvieron en las mesas por su voluntad, sino que salieron elegidos en un sorteo. El plazo para impugnar a los miembros de mesa había vencido largamente antes de las elecciones.

El fujimorismo señala que hay actas en las cuales las firmas de algunos miembros de mesa no coincidirían exactamente con las de sus documentos de identidad, con lo que pretenden hablar de una supuesta suplantación. No hay ninguna pericia que determine que esas firmas no pertenecen a los miembros de mesa designados por sorteo. Y ninguna evidencia de suplantación.

También indican que hay actas de mesas donde casi todos los votos van a Castillo y Keiko saca muy pocos o en algunos casos ninguno y aseguran que eso “es imposible” y por eso exigen que todos los votos de esas mesas sean anulados. Esas actas son de zonas rurales en las que Castillo superó el 90 por ciento, por lo que esa baja o nula votación de Keiko en algunas mesas está lejos de ser “imposible”.

Así de endebles son los argumentos del fujimorismo para tratar de anular votos de Castillo y ganar en mesa. Abogados de los principales y más caros estudios de Lima trabajan con el fujimorismo para anular los votos de los ciudadanos más pobres del país, los de las zonas rurales, y con eso cambiar el resultado electoral.

Desconocer y deslegitimar

“Tienen derecho a solicitar la nulidad de votos, pero una cosa es pedir la nulidad y otra que tengan posibilidades que ese pedido se apruebe. Las razones que han dado para pedir la nulidad de votos son poco atendibles. Se busca anular votos donde Castillo gana abrumadoramente, pero los mismos problemas en otras mesas no los tocan. Este reclamo lo único que hace es alargar el fin del proceso electoral, y en el ínterin tenemos una campaña política y mediática muy fuerte hablando de fraude. La estrategia es manchar el proceso electoral y si no hay manera de revertirlo, desconocer los resultados y deslegitimar al gobierno electo”, le declaró a Página/12Fernando Tuesta, politólogo y exjefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), encargada de organizar las elecciones y contar los votos.

Los pedidos de nulidad de votos presentados por el fujimorismo deberán ser resueltos por la justicia electoral de cada región donde se ubicaban las mesas electorales cuestionadas. Esa decisión puede ser apelada al Jurado Nacional de Elecciones (JNE), proceso que tomará varios días. Con argumentos sin base, el pedido de anulación de votos no debería pasar, con lo que se confirmaría oficialmente la victoria de Castillo. Pero hay fuertes presione sobre la justicia electoral.

Pedido de prisión preventiva

Al tiempo que los votos decretan su tercera derrota electoral consecutiva y sus desesperados recursos retrasan el anuncio oficial de esa derrota, Keiko Fujimori enfrenta la posibilidad de volver a la cárcel. La fiscalía ha pedido su prisión preventiva por no cumplir con las reglas de conducta de la comparecencia con restricciones en el proceso por lavado de dinero, organización criminal y obstrucción a la justicia que se le sigue por recibir más de 15 millones de dólares en secreto y en efectivo para sus campañas electorales de 2011 y 2016. Keiko ya estuvo varios meses en prisión preventiva por este caso.

Para Fujimori, esta elección, que se resiste a perder, es la diferencia entre zafar de un juicio con la inmunidad presidencial o enfrentar un proceso con un pedido de la fiscalía, que tiene un caso sólido, de 30 años de prisión.    

Por Carlos Noriega

11 de junio de 2021

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Elecciones en Perú: nace un gobierno acechado por las  corporaciones

El futuro según tres analistas peruanos si se confirma el triunfo de Pedro Castillo

Un país polarizado, un margen de victoria estrecho, minoría en el Congreso, oposición abierta de los grandes medios y una derecha que no va a querer dejarlo gobernar. 

El triunfo electoral del izquierdista Pedro Castillo, no confirmado oficialmente, pero a estas alturas prácticamente un hecho con un conteo de votos al 99 por ciento, es la victoria del Perú marginado, de los más pobres, del interior del país sobre Lima, del mundo rural andino menospreciado por las élites del país. La victoria del cambio en un país marcado por grandes inequidades. También el triunfo sobre el miedo que impuso la derecha con una masiva campaña que anunciaba “una dictadura comunista” si ganaba Castillo.

El profesor de escuela rural se encontraría con un complicado escenario, un país polarizado y políticamente muy fragmentado, un ambiente de marcada división, sin mayoría parlamentaria, con el poder económico y los grandes medios en contra. Y con una población muy golpeada por la pandemia y una grave crisis económica.

Tres analistas consultados por Página/12 examinan el escenario que se abre en un eventual gobierno del profesor y sindicalista de izquierda.

Debilidad de origen

“Lo que se viene es un escenario de conflicto. Lo más probable es que la derecha se resista a los cambios y no deje gobernar a Castillo y lo confronte. En ese escenario de agudizar el conflicto está Keiko, que busca mantener la polarización del país a partir de un conflicto abierto con Castillo para así tratar de mantener su liderazgo en la derecha después de tres derrotas electorales. Para darle estabilidad a su gobierno, lo primero que tendría que hacer Castillo es formar un gabinete plural que le baje el tono al conflicto, que tiene que ser un gabinete de centroizquierda, y como primeras acciones combatir la pandemia y reactivar la economía”, señala el sociólogo Alberto Adrianzén.

En la opinión del politólogo Eduardo Dargent, profesor de la Universidad Católica, “con la élite en contra, un Congreso opositor en el que habrá sectores de derecha antidemocráticos que hablan de golpe, un duro contexto de pandemia y crisis económica, el principal reto de un gobierno de Castillo es desmontar el enorme miedo que se ha creado en su contra, y para eso debe formar un gabinete ministerial que dé confianza en el manejo de la economía. Esto no significa que sea un gabinete que se corra a la derecha, eso sería un error, sino un gabinete con técnicos de izquierda reconocidos que den confianza de un manejo serio. En el Perú los tiempos son muy cortos, si Castillo no logra rápido cierta estabilidad y control, su popularidad se desparramaría”.

Gobierno de coalición

Para el historiador y analista político Nelson Manrique “el destino de un gobierno de Castillo dependerá con qué equipo construye gobierno. Hay un conjunto de cuadros de izquierda, particularmente de Juntos por el Perú de Verónika Mendoza (coalición progresista que apoyó a Castillo en la segunda vuelta), que tienen competencia profesional y credibilidad política. Depende de Castillo aprovechar ese capital o cerrarse en un proyecto partidario de Perú Libre (partido por el que postuló y que se define como marxista-leninista) como quisiera Vladimir Cerrón (fundador y secretario general del Partido Libre). Cerrarse en un proyecto partidario sería un error. Esa decisión va a marcar cuál será el escenario y el margen de juego que va a tener su gobierno”.

Manrique considera que “existe margen” para que Castillo lleve adelante sus propuestas de cambio, como la renegociación de contratos con las empresas transnacionales. Pero aclara: “Si nos quedamos en el Congreso, llevar adelante esos cambios sería imposible, hacerlo dependerá de en qué medida Castillo es capaz de movilizar a la sociedad civil para cambiar la correlación de fuerzas con el Congreso, que no le favorece”.

Pactar o no pactar

“Castillo debe hacer un gobierno popular, que implique un cambio de modelo, para tener un Estado más redistributivo, fiscalizador, más regulador. Una especie de modelo socialdemócrata de izquierda. Si el Congreso no lo deja hacer un gobierno de este tipo, la alternativa sería el enfrentamiento”, dice Adrianzén. Sin embargo, advierte que “veo un gobierno de Castillo débil, y existe la posibilidad que en esa debilidad pacte con la derecha y modifique sus planteamientos. Eso generaría una nueva gran frustración. La posibilidad de un levantamiento popular en ese caso dependerá si hay gente capaz de movilizar esa decepción”.

Adrianzén considera que las denuncias de supuesto fraude electoral lanzadas, sin pruebas, por la derecha, apuntan a debilitar a Castillo. “Esas denuncias de fraude no creo que lleguen a desconocer los resultados electorales, pero sí buscan ensuciar el triunfo de Castillo, desprestigiarlo y deslegitimarlo para debilitarlo y así la derecha esté en mejor posición para pactar con él y domesticarlo para que modifique sus planteamientos, como hicieron con Ollanta Humala, o, si eso no ocurre, debilitarlo para tumbárselo”.

“El principal riesgo de un gobierno de Castillo enfrentado a las élites y con el Congreso en contra, es de un desgobierno y desorden, de una presidencia accidentada y probablemente corta”, advierte Dargent.

Disparen al Congreso 

“En el Perú es muy fácil que el Congreso destituya un presidente, hay una figura legal no definida para hacerlo que es la incapacidad moral, si se tienen los votos se puede usar sin mayores razones”, recuerda Manrique. Esa figura fue invocada para destituir a Martín Vizcarra.

Los tres analistas coinciden en que, si bien diversos grupos de derecha del fragmentado nuevo Congreso, que tendrá diez bancadas, hacen mayoría, no alcanzan los dos tercios necesarios para destituir al presidente. Pero advierten que eso puede cambiar.

Castillo ha levantado como su principal bandera cambiar la Constitución que viene de la dictadura de Alberto Fujimori, pero el Congreso debe darle luz verde para convocar una Asamblea Constituyente y su mayoría de derecha se opone. Tendría la alternativa de reunir poco más de dos millones de firmas para convocar un referéndum para una Asamblea Constituyente. Algunos constitucionalistas dicen que esa salida no es constitucional, otros la respaldan.

“Si Castillo insiste en convocar un referéndum sin aprobación del Congreso creo sería un error que le daría al Congreso una razón para destituirlo”, dice Dargent. Adrianzén discrepa: “La Asamblea Constituyente va a ser una fuente de conflicto, pero Castillo no la puede dejar de hacer. Movilizarse para juntar las firmas para un referéndum es lo primero que debe hacer en el gobierno. Si Castillo no logra sacar la Constituyente sería una gran derrota”

Por Carlos Noriega

10 de junio de 2021

Desde Lima

Publicado enInternacional
Imagen de archivo de un menor trabajando. EFE

Los incrementos se concentran en África, que tiene más niños y niñas trabajando que todo el resto del munso, así como los Estados Árabes y la zona de Europa y Asia Central, según el informe de las agencias de Naciones Unidas. 79 millones de niños "realizan trabajos peligrosos" que ponen directamente en riesgo su salud

 

Hoy hay más niños y niñas trabajando en el mundo que hace cuatro años. Uno de cada diez menores, en total 160 millones de niños y niñas a nivel mundial, según el primer estudio conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y Unicef, con datos de 2020. Además, este último año de pandemia de coronavirus incluso agudizará el problema, alertan los organismos, vista la situación en muchos países. Las agencias de Naciones Unidas han dado todas las alarmas ante lo que supone el primer retroceso en la reducción del trabajo infantil en el mundo en las dos últimas décadas, momento en el que la OIT comenzó a medir periódicamente su incidencia.

El trabajo infantil no es una cuestión menor. Los niños afrontan riesgos físicos y mentales a corta edad, que condicionan su desarrollo. Está más extendido entre los niños que entre las niñas y tiene una mayor incidencia en las regiones rurales frente a las urbanas. "El trabajo infantil merma la educación de los niños, restringe sus derechos y limita sus oportunidades en el futuro, y da lugar a círculos viciosos intergeneracionales de pobreza y trabajo infantil", subraya el informe publicado este jueves, poco antes del Día Mundial contra el trabajo infantil, este 12 de junio.

“Las nuevas estimaciones constituyen una llamada de atención. No podemos quedarnos impasibles mientras se pone en riesgo una nueva generación de niños”, señala Guy Ryder, director general de la OIT. "Instamos a los gobiernos y a los bancos internacionales de desarrollo a que den prioridad a las inversiones en programas que permitan a los niños salir de la fuerza de trabajo y regresar a la escuela, así como en programas de protección social que faciliten esa labor a las familias", reclama Henrietta Fore, directora ejecutiva de Unicef.

Los niños trabajan sobre todo en el ámbito familiar, ya sea en el campo o en pequeñas empresas familiares, una situación muy unida a la pobreza y a la falta de oportunidades educativas. No es una imagen que quede tan lejos en España. Las últimas generaciones de ancianos y ancianas, tan resentidas durante la pandemia, recuerdan a las siguientes, a muchos nietos y nietas, cómo era trabajar en el campo para llevar comida a la mesa. Cómo dejaron la escuela en muchos casos sin saber leer y escribir bien, como prueban sus firmas de caligrafía lenta y temblorosa.

Trabajo infantil que no es tan ajeno

La imagen global de aumento del trabajo infantil esconde diferencias territoriales. Los aumentos se concentran en África, que ha pasado de tener 72 millones de menores trabajando en 2016 a 92 millones, así como los Estados Árabes, que han duplicado su número (de 1,2 millones a 2,4 millones de menores), y por último la zona de Europa y Asia Central, que alcanzó los 8,3 millones el año pasado respecto a los 5,5 millones de niños y niñas afectados por el trabajo infantil en 2016.

Otras zonas en cambio han logrado disminuir esta lacra que condiciona las oportunidades de los menores presentes y futuras. Es el caso de Asia y el Pacífico, con 48,7 millones de niños y niñas trabajando respecto a los 62,1 millones de hace cuatro años y América Latina y el Caribe, que han restado algo más de dos millones de menores trabajando, hasta los 8,2 millones en 2020.

Como se desprende de las cifras, los niños de África son los más afectados. "En la actualidad, existen más niños en situación de trabajo infantil en África Subsahariana que en el resto del mundo", destaca el informe. Allí, casi uno de cada cuatro menores está afectado por esta situación. Un problema que puede parecer lejano, aquí en España, pero que no lo es tanto.

El estudio de la OIT y Unicef advierte de que "más del 70% de los niños en situación de trabajo infantil (112 millones) se dedican a la agricultura". En un mundo globalizado, donde por ejemplo el chocolate, el café y la fruta que consumimos muchas veces proceden de la otra punta del globo, el trabajo infantil de un menor en una plantación de cacao en Costa de Marfil puede no quedar tan lejos de nuestra cesta de la compra.

"Gran parte de los productos que consumimos habitualmente esconden explotación laboral infantil", recuerdan a elDiario.es desde la Coordinadora de Comercio Justo, que promociona en estos días productos libres de trabajo infantil, un compromiso de todas las organizaciones productoras de comercio justo. "Las organizaciones de Comercio Justo estamos trabajando en distintas iniciativas de incidencia política para conseguir leyes que obliguen a las empresas multinacionales a garantizar los derechos humanos, entre ellos la ausencia de explotación laboral infantil y la protección del medio ambiente a lo largo de toda la cadena de producción en cualquier parte del mundo", explican desde la coordinadora española.

79 millones de menores en trabajos peligrosos

El estudio de la OIT y Unicef subraya además que un total de 79 millones de niños, casi la mitad de todos los niños en situación de trabajo infantil, "realizaban trabajos peligrosos que ponían directamente en peligro su salud, seguridad y desarrollo moral". Las agencias de Naciones Unidas destacan que el trabajo infantil en las familias "es a menudo peligroso, a pesar de la percepción generalizada de que la familia ofrece un entorno de trabajo más seguro".

Esta es la imagen actual del trabajo infantil, pero no es una imagen inevitable, como se observa en los países que han avanzando y siguen haciéndolo. Hay recetas que funcionan, como la inversión en educación, en trabajo decente de los adultos y en una mayor seguridad de las cadenas de producción internacionales.

"La eliminación del trabajo infantil es una empresa demasiado grande para que la resuelva una parte por sí sola", advierte el informe de la OIT y Unicef, que piden que "los países deben aunar esfuerzos en el espíritu del artículo 8 del Convenio 182 de la OIT", sobre sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil, "ratificado universalmente". Los países, como España, se han comprometido además a ello en numerosos acuerdos internacionales, como la Agenda 2030, que pretende acabar con el trabajo infantil en 2025.

Por Laura Olías

10 de junio de 2021 02:01h

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Pedro Castillo hablando a sus seguidores. Foto: Reuters

Pedro Castillo, el candidato de Perú Libre, se ha declarado vencedor de las elecciones presidenciales la noche de este martes. "Seremos un gobierno respetuoso de la democracia, de la Constitución actual y haremos un gobierno con estabilidad financiera y económica", ha dicho Castillo a sus seguidores en Lima.

 

El candidato se ha adelantado a los funcionarios de la oficina electoral, que aún no han llegado al 100% del escrutinio, y que ahora mismo cuentan las papeletas de los peruanos en el extranjero y las localidades rurales aisladas, de los Andes y de la Amazonia. Según el recuento oficial, que va ahora mismo por el 99,39%, Castillo lidera las votaciones con un 50,24% frente a los 49,75% de Keiko Fujimori. Unos escasos 84.000 votos separan a los dos.

Castillo pidió a los órganos del sistema electoral peruano que sean "respetuosos con la voluntad del pueblo peruano" porque el reporte de sus interventores, al finalizar su propio cómputo de votos, le confirma que "el pueblo se ha impuesto en esta gesta". y ha instado a sus seguidores a no caer en ninguna provocación.

"Hay ciertas zancadillas como la subida del dólar, que para mañana va a subir unos puntos más, el costo del pan, del pollo, de la canasta familiar. Mentira, lo que pasa es que hay cierta incertidumbre que el pueblo ya no las cree y por eso debo decirles que acabo de tener conversaciones con el empresariado nacional donde está mostrando su respaldo al pueblo", destacó.

El maestro y exlíder sindical dijo además que ha tenido reuniones con representantes del empresariado peruano, que le mostraron su respaldo, y a quienes les aseguró que tendrá "un gobierno con estabilidad financiera y económica".

Igualmente, Castillo agregó que ha recibido el saludo de "algunas embajadas y gobiernos de América Latina" por el resultado favorable en las elecciones.

Hasta el momento, restan 523 actas por ser contabilizadas, en su mayoría del voto peruano en el exterior.

A diferencia de la denuncia de supuesto fraude hecha el lunes sin fundamento por Fujimori, en la que señaló que había más de mil actas impugnadas, la ONPE indicó en su informe que existen tan solo 454 actas con reclamaciones que tendrán que ser sometidas a evaluación para ser admitidas en el recuento.

Investigan a cónsul peruano en EE.UU

Por otro lado, el Ministerio de Relaciones Exteriores informó que ha abierto una investigación preliminar contra el cónsul general del Perú en Hartford (Estados Unidos), después que se filtrara un audio suyo diciendo que esperaba que ganase Keiko Fujimori en las actas que estaba transportando hacia Lima.

"Como se informó ayer, el ministerio de Relaciones Exteriores adoptó la inmediata decisión de entregar la custodia de las 56 actas en sobres sellados pertenecientes a la jurisdicción del Consulado General del Perú en Hartford, a la Cónsul general adscrita de dicha oficina, a fin de que ella las traslade a Lima y las entregue a la ONPE", precisó la cancillería.

Fujimori denunció en la víspera un presunto "fraude sistemático" en los comicios del domingo por aparentes irregularidades para favorecer a Castillo, pero esta versión fue desestimada este martes por los órganos electorales y las misiones de observación electoral que supervisaron el sufragio.

No hay fraude

Este martes, los observadores han descartado que hubiera fraude electoral como ha reclamado Keiko Fujimori. Según la presidenta de la Asociación Civil Transparencia, Adriana Urrutia, en Perú no existe evidencia ni indicio alguno de "fraude sistemático" en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, y tan solo ha habido "algunos casos aislados" de incidentes que están ya siendo investigados.

El conteo sigue muy despacio desde el final de los comicios y se espera que se prolongue durante toda la jornada del miércoles, aunque no significará que haya ya un ganador definitivo, pues un tribunal electoral será el encargado de dirimir respecto a las discrepancias que surjan en las mesas de votación. Si se impugna un acta, un jurado especial tendrá un plazo de un día para dar su respuesta al respecto. Y, en último caso, si no hay conformidad hay posibilidad de apelación al Jurado Nacional de Elecciones, que tendrá 7 días para contestar.

La responsable de la organización, encargada de velar por el correcto funcionamiento de las instituciones y la democracia en el país, salió así al paso de la denuncia "infundada" emitida este lunes por la candidata presidencial Keiko Fujimori, quien afirmó que hubo un "fraude sistemático" en la votación del pasado domingo.

"Hay una clara intención de boicotear la voluntad popular", dijo en una rueda de prensa Fujimori, quien va perdiendo en el recuento de votos ante su rival, Pedro Castillo.

"No existe fraude. Existen tan solo casos aislados que merecen ser investigados", indicó la politóloga, al señalar que además de la falta de sustento aportada por la denuncia de Fujimori, existe la evidencia recogida por más 1.400 voluntarios de la organización que apuntan que "la votación se realizó en la absoluta normalidad".

Así, insistió: "No tenemos evidencia en nuestros reportes de que se pueda hablar de un fraude sistemático".

En ese sentido, la presidenta de Transparencia indicó que corresponde al partido fujimorista Fuerza Popular "dar cuenta de por qué usó la palabra fraude" en su denuncia y reiteró el pedido a que no se utilice falsamente en este contexto electoral, "pues no hay evidencia de que exista, y es momento en que hay que confiar en el trabajo de las autoridades, en el proceso electoral y en el respeto al voto".

"En un proceso del voto que ya es de por sí polarizado, decir fraude viene a generar zozobra. Solo hay que esperar con calma y tranquilidad los resultados", añadió.

Urrutia recordó también que, ante dichos emitidos por la candidata, como que había más de 1.300 actas electorales observadas, la realidad es que son tan solo 485, como puede verse libremente en la página de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).

A juicio de la politóloga, denunciar "fraude" solo genera "desconfianza en las autoridades electorales, en el proceso en sí mismo y por tanto lleva a desconfiar de los resultados y merma la legitimidad del representante elegido".

9 junio 2021

(Información de EFE)

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La industria de la salud privada rinde cuentas sólo a sus accionistas, y eso se mide en ganancias, no en el bienestar de las comunidades, afirma el doctor Eric Manheimer, autor de Doce pacientes, obra en la cual se basa la serie New Amsterdam. Foto cortesía del Fondo de Cultura Económica

La pandemia no fue un accidente, fue pronosticada; el Covid ha sido estudiado por más de 20 años, dice

La industria sanitaria tiene un componente de élite que ofrece lo mejor a unos cuantos, pero el costo de ese sistema podría no sólo estar generando más enfermedad, sino que también estaría minando la democracia, señala el médico que manejó 14 años el hospital público estadunidense más famoso y antiguo

 

Nueva York., El doctor Eric Manheimer, director médico durante 14 años del hospital público más famoso y antiguo de Estados Unidos y autor de Doce pacientes, que narra desde ese hospital la gran pugna por el bienestar y rescate de seres humanos ante condiciones sociales y económicas que nos enferman –libro en que se basa la serie de televisión New Amsterdam–, comenta que después de más de un año de la pandemia queda claro que la lucha por la salud del pueblo debe rechazar el modelo de salud privatizador y de lucro estadunidense que se propaga a nivel mundial.

La ira digna de quien fue director médico del hospital Bellevue en Nueva York –el cual atiende desde jefes de Estado y ejecutivos de Wall Street hasta inmigrantes indocumentados y reos de la prisión Rikers– centra su crítica en la industria médica y el amor a sus compañeros que diariamente buscan rescatar y sanarnos.

La Jornada: ¿Qué está al centro de la disputa por la salud en el mundo hoy día?

Eric Manheimer: “El sistema de salud de Estados Unidos se está globalizando, poco a poco, en parte por un proceso deliberado de privatización de servicios de salud.

“Les cuento un ejemplo de esto en México. Una amiga pidió verme porque estaba preocupada por un diagnóstico de cáncer de mama que recibió de un doctor que todos quieren y recomiendan. Llega con unos fólders grandes –resultado de que el médico no te ve, sino te receta muchos exámenes médicos y te entrega ese archivo. Si uno realiza suficientes exámenes sobre cualquiera, siempre se va a detectar algo, pero generalmente son falsos positivos. ¿Qué es lo que pasa? Ese doctor tiene un negocio que se dedica a recetar exámenes médicos, 99 por ciento de los cuales son innecesarios, y ahí comienza el proceso de canalizar el caso a especialistas. Resulta que esta amiga no tenía lo que le habían dicho. ¿Qué ocurrió?: No tienes un doctor, tienes una máquina de exámenes que genera mucha lana. Es sólo un ejemplo de cómo el sistema en México está imitando al de Estados Unidos, donde hay un exceso de exámenes, lo cual nutre los temores de pacientes, mientras generan indicaciones de otros malestares que requieren aún más exámenes y segundas opiniones. En este ejemplo ni uno solo de los especialistas le hizo un examen físico básico a esta mujer. Fue una biopsia de su cartera. Eso es lo que está ocurriendo en México, como en otros países.

“La industria de salud privada no rinde cuentas sobre la salud de poblaciones. Lo único que sabemos de ellos es cuánto dinero ganan las empresas de servicios de salud cada trimestre. Sólo rinden cuentas a sus accionistas y eso se mide en ganancias, no en la salud de una población.

“La industria de la salud podría ser una de las más responsables de la falta de sanidad en una población… Hoy día, el gasto en el sector representa 20 por ciento del PIB en Estados Unidos, es decir, 4 billones de dólares anuales, y sigue subiendo. Es tan grande, que según algunas investigaciones ese gasto no sólo limita lo que se debería gastar en educación e infraestructura, sino que podría ser el mayor factor en suprimir el ingreso de la clase trabajadora, el cual no se ha elevado en 40 años al tener que pagar costos cada vez más altos.

"En resumen, la industria de la salud tiene un componente de élite que ofrece todo lo mejor a unos cuantos, pero el costo de ese sistema podría no sólo estar generando más enfermedad, sino hasta minando la democracia."

–¿Cómo diagnosticaría esa lucha diaria de doctores que se dedican a la salud de seres humanos dentro de este modelo?

–Al inicio de mi carrera me di cuenta de que mucho de lo que aprendí en la escuela de medicina no es relevante. Obvio que los tratamientos y otros conocimientos médicos sí, pero no explicaba por qué la gente estaba en un hospital, cómo llegaron ahí, cómo y qué tanto se les trató.

“A lo largo de los siguientes 10 años, tuve que aprender más sobre sociología, antropología médica, economía, historia, todos los aspectos de contexto que rodean a los pacientes, sus comunidades incluyendo la estructura socioeconómica, raza, el tema de disparidad de género. Me di cuenta de que lo que necesitaba hacer era aprender a través de mis pacientes, escucharlos, entender sus historias.

“Para ilustrar lo que digo: estás en un consultorio donde hay un doctor y un paciente. Están solos, aislados, la puerta cerrada. Pero la realidad es que hay un sinnúmero de fuerzas gigantescas presentes dentro de esa oficina. Está el lugar de donde llegó el paciente, su código postal, la historia de su familia, la historia de su migración, su educación, el tema de alcoholismo y drogas, o no, entre otras cosas. Para el doctor, también están presentes varios factores, incluidos algunos que limitan su visión, su capacitación, el sistema en que trabaja, y si éste es público o privado, cómo se les paga, entre otras variables infinitas.

"Lo que tuve que hacer durante los años siguientes fue detectar esos campos gravitacionales invisibles (en encuentros entre pacientes y médicos), los cuales pueden ser manifestaciones de desigualdad, racismo, todas las construcciones sociales de la salud. Al atender al paciente tenía que tomar eso en consideración y no sólo con la libreta de recetas médicas a la mano y ordenando más y más exámenes, de hecho, justo aprendiendo a no hacer eso. Cuando llegué a mi máximo punto de madurez como doctor es cuando logré decirme a mí mismo que no, que ya basta."

–A más de un año de que estalló la pandemia, ¿qué hemos aprendido y qué no?

–Primero, la pandemia fue pronosticada. No fue un accidente, no fue un evento, no fue un meteorito que llegó de repente. El virus Covid ha sido muy estudiado por más de 20 años, y es porque ha habido otras manifestaciones del virus en 2003 y otra más. Se supone que fue transmitido de animales a humanos, igual que funciona la pandemia de la influenza cada año. De hecho, 60 por ciento de todas las infecciones en humanos se originan en animales, esto ha sido desde siempre. No hay nada raro con eso.

“¿Pero por qué estamos padeciendo estas pandemias? Tiene que ver con la invasión de la población humana al hábitat animal. Hemos cruzado las líneas. Habrá más pandemias, algunas recurrentes, otras nuevas. Sabemos por qué.

“Pero la pregunta es si podemos, como agrupaciones de naciones, lograr que instancias como la Organización Mundial de Salud tenga la capacidad para enfrentarlas. Hasta ahora, no ha existido la voluntad política para lograrlo. Veamos: el monto de dinero que Estados Unidos gasta en construir un portaviones fácilmente podría pagar, y varias veces, todo lo que se necesita hacer de manera colectiva para lograrlo, no estamos hablando de nada extraordinario, sino de hacer lo que ya hacemos con la influenza.

“Qué más aprendimos? Que se lograron producir todas estas vacunas, pero el problema está en quiénes tienen acceso. Estamos viendo tasas de mortalidad enormes en países donde no están disponibles. No sabemos si habrá acceso universal a la vacuna, eso de a quién se le tiene que pagar, quién tiene la patente o la licencia, todo esto está al centro de la pregunta sobre si la pandemia es un asunto monetario y no de salud pública.

"Lo otro que aprendimos es que gobiernos autoritarios son un gran problema. Estados Unidos, cuando estaba gobernado por Trump, causó medio millón de muertes excesivas (o sea, innecesarias). Eso, de hacer de esto un tema político, jugar con eso de los cubrebocas, y más, igual que Bolsonaro."

Doce pacientes (Twelve Patients) será publicado en español próximamente por el Fondo de Cultura Económica. New Amsterdam, del cual Manheimer no sólo es la inspiración, sino el principal asesor médico, se puede ver en Netflix.

Manheimer sobre la pandemia en La Jornada (https://www.jornada.com.mx/2020/05/02/politica/008a1pol).

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Elecciones en Perú: Pedro Castillo, a punto de cantar victoria

Keiko Fujimori, en desventaja, habló de irregularidades y de fraude

Con el 96,42 por ciento de los votos contabilizados, el candidato de izquierda obtenía 50,29 por ciento y Keiko 49,71 por ciento. El maestro rural hizo un llamado a “respetar y defender la voluntad popular”.

 

Desde Lima

La izquierda se acerca al triunfo. Por lo estrecho del resultado todavía no hay una definición, pero con cada nuevo reporte del conteo oficial, su candidato, el profesor y sindicalista Pedro Castillo, aumenta sus opciones de victoria sobre la derechista Keiko Fujimori. Un país envuelto en la incertidumbre y la tensión estuvo todo el lunes pendiente del avance del conteo oficial de la elección presidencial del domingo. Y terminó el día sin una certeza absoluta del ganador. En un final de infarto, una campaña que ha polarizado y dividido al país se definía por décimas. Terminó el lunes sin un ganador, pero Castillo se estabilizaba como el probable triunfador. Hubo movilizaciones de los simpatizantes del candidato izquierdista “para defender el voto”. Se dieron algunos enfrentamientos con la policía. Al cierre de esta nota, con el 96,42 por ciento de los votos contabilizados, Castillo obtenía 50,29 por ciento y Keiko 49,71 por ciento. Estas décimas de distancia entre uno y otro implican una diferencia de solamente 91 mil votos sobre 18,1 millones de votos ya contados. 

Denuncia endeble

Con los resultados en contra, Keiko rompió su silencio la noche del lunes para hablar de “irregularidades” y “fraude”. Lanzó la temeraria acusación en una conferencia de prensa en la que no aceptó preguntas. Miembros de su partido que la acompañaron cuestionaron a los fiscales de mesa de su contrincante por impugnar votos y presentaron un par de casos de supuestas cédulas marcadas o con una alta votación para Castillo que, sin mayores evidencias, indicaron que sólo un fraude podía explicar. Fue una denuncia endeble, que sonó a un acto desesperado de quien se ve derrotado. Antes de la votación, con las encuestas en contra, medios afines al fujimorismo comenzaron a crear un escenario para denunciar un fraude si el resultado no les favorecía. El lunes, Keiko activó ese escenario.

"Vigilia ciudadana"

Poco después, Castillo le respondió haciendo un llamado a “respetar y defender la voluntad popular”. Habló desde un balcón de su local partidario en Lima ante sus entusiasmados seguidores. “Tenemos que ser respetuosos de la voluntad popular. Seré el primero en hacer respetar la voluntad del pueblo peruano”, señaló. La multitud rompió en aplausos. Convocó a “una vigilia ciudadana en defensa de la democracia” y calificó de “héroes y heroínas de la democracia” a sus fiscales de mesa, cuestionados por el fujimorismo. Hizo un llamado “a la más amplia cordura, a la tranquilidad”. Entre aplausos y vítores terminó diciendo “solo el pueblo salvará al pueblo”.

Keiko comenzó el lunes adelante en el conteo oficial. El primer reporte al 42 por ciento del total de votos dado cerca de la medianoche del domingo le había dado casi seis puntos de ventaja. La hija del encarcelado exdictador Alberto Fujimori, que busca restaurar el régimen fujimorista, pasó todo el día lunes en su local partidario viendo como con en el transcurrir de las horas la presidencia se le volvía a escapar por tercera vez consecutiva. Y, otra vez, como en 2016, por muy pocos votos.

Durante el lunes, con cada nuevo reporte del organismo encargado de contar los votos, el candidato que ha desafiado el statu quo neoliberal fue acortando la distancia. En la tarde, cuando el recuento bordeaba al 90 por ciento, había pasado al primer lugar. Y fue ampliando de a pocos su mínima ventaja con cada nuevo informe del conteo de votos, publicados aproximadamente cada media hora en la página web de la Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE). El país seguía con angustia, de uno y otro lado, esos reportes.

El voto del interior

El repunte de Castillo en el conteo oficial se explica porque se registran primero los votos de las zonas urbanas más cercanas a los centros de cómputo. Ahí estaban los votos de Lima y otras ciudades donde Keiko ganaba. Cuando fueron llegando en mayor cantidad los votos del interior y de las zonas rurales, Castillo comenzó a reducir la distancia y pasó adelante.

El maestro de izquierda gana en casi todo el país, pero la candidata de la derecha lo equipara en votos con su triunfo en Lima -que concentra un tercio de electores y donde obtenía 65,6 por ciento según el resultado oficial ya al cien por ciento en la capital- y en otras regiones de la costa. En las zonas andinas y rurales, pobres y marginadas, Castillo ganaba ampliamente, en algunas regiones superando el 80 por ciento. Esos votos, los últimos en contarse, le daban la victoria en el incierto lunes postelectoral.

Voto en el exterior

En el fujimorismo no se resignaban a una nueva derrota y se aferraban a la esperanza del voto en el extranjero para voltear el resultado. Cerca de un millón de peruanos estaban habilitados para votar en el exterior, pero el avance del conteo de este voto, que el lunes llegaba al 26 por ciento, registraba un ausentismo por encima del 60 por ciento. En el conteo parcial de este voto, Keiko obtenía el 61,9 por ciento, que era algo más de 48 mil votos, mientras Castillo alcanzaba 30 mil votos. Faltarían contarse unos 300 mil votos del exterior. En Argentina, con el conteo al 99,7 por ciento, habían votado algo más de 46 mil peruanos, solamente un 37 por ciento de los habilitados para hacerlo. Keiko ganaba con 57,3 por ciento. Keiko dijo estar “muy optimista” de que el voto del exterior “equipare el resultado”.

Castillo, que había recibido los primeros resultados en su natal Cajamarca, una región andina del norte del país, viajó en la mañana del lunes a Lima. Fue a su local partidario en el centro de la ciudad, donde sus seguidores se aglomeraban en la calle. Salió a un balcón del segundo piso y saludó levantando los brazos. Fue recibido con aplausos y arengas. A esa hora los resultados oficiales todavía daban ganadora a Keiko. Al final de la tarde, ya con los resultados parciales a su favor, volvió a aparecer en el balcón. Frente al local partidario el ambiente ya era de victoria. En la noche volvería a pararse en ese balcón para responderle los intentos de Keiko de ensuciar el proceso electoral que le daba la victoria a la izquierda.

 

Por Carlos Noriega

08 de junio de 2021


Pedro Castillo: el hombre del Perú invisibilizado

Por Marco Teruggi

08 de junio de 2021

Desde Lima

Perú vive horas históricas. Pedro Castillo, un hombre del país invisible, rural, pobre, con sombrero blanco y un liderazgo en ascenso, puede convertirse en el próximo presidente. Así lo indican los números que la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe) arroja cada media hora y que todos siguen en radios, televisores, redes sociales, viendo como Castillo, progresivamente, se ubica por delante de su contrincante, Keiko Fujimori que se queda con pocas posibilidades de victoria.

La tendencia aparece como difícilmente reversible. Fujimori afirmó en la noche del lunes que los votos del extranjero podrían “emparejar” el resultado, y denunció la existencia de “indicios de fraude en las mesas (…) planificado y sistemático”. El anuncio de la candidata de Fuerza Popular ocurrió cuando Castillo la aventajaba por 90.000 votos, con el 94.47% de las actas, tanto del Perú como de fuera, contabilizadas.

No se trata de una elección más: el resultado dirá no solamente quién será el próximo presidente, sino qué tipo de modelo económico, político, se intentará construir y qué conflictos habrá en un país en crisis política prolongada. Castillo, quien durante la primera vuelta electoral figuraba en la categoría “otros” en las encuestas electorales, y era conocido centralmente por su dirigencia en la huelga docente del 2017, emergió producto de esa crisis y de sus aciertos.

La trascendencia de la elección fue clara desde que se supo que el maestro campesino, candidato del partido Perú Libre, pero sin provenir de su estructura, iba a enfrentar a Fujimori. La amenaza percibida por el statu quo peruano, los poderes empresariales, mediáticos, partidos de derecha, fue proporcional a la campaña de miedo, muchas veces terror, que se desplegó contra Castillo y lo que significaría un gobierno bajo su presidencia.

El despliegue contra el candidato de izquierda resultó apabullante, en el marco de un país con fuerte concentración mediática en manos del grupo El Comercio y medios aliados. Los principales periódicos y canales de televisión pasaron a afirmar día tras día que su victoria llevaría al país al comunismo, una crisis económica, con aumento del dólar, desempleo, robo de ahorros, expropiaciones masivas. Esa amenaza, en el marco de un país golpeado por la pandemia y la recesión, se unió a otra: los puentes que existirían entre Castillo y el terrorismo.

Esto último buscó activar los resortes de miedos, traumas y dolores anclados en la sociedad peruana, de forma distinta en el interior del país respecto a la capital, Lima. Castillo fue terruqueado, palabra usada en la política peruana para acusar a alguien de terruco, es decir terrorista o cercano a lo que fue Sendero Luminoso. El dispositivo de miedo buscó así ligar al candidato presidencial con la crisis económica y la violencia, dos fantasmas profundos de la historia reciente peruana.

La campaña mediática del miedo estuvo acompañada de un proceso de construcción de una imagen democrática y maternal de Keiko Fujimori. Una de las expresiones más simbólicas de esa operación fue el rol que cumplió Mario Vargas Llosa al llevar adelante un apoyo activo a Fujimori. El premio Nobel de literatura giró integralmente su postura de treinta años. En el 2016, por ejemplo, cuando Keiko Fujimori llegó a segunda vuelta y finalmente perdió por 40.000 votos ante Pedro Pablo Kuczynski, había afirmado: “Keiko Fujimori es Fujimori, todo lo que representó Fujimori está vivo en la candidatura de Keiko Fujimori y sería una gran reivindicación de una de las dictaduras más corruptas y sangrientas que hemos tenido en la historia del Perú”.

Uno de los momentos culmines de ese giro ocurrió durante el acto de cierre de Fujimori el jueves antes de las elecciones. Allí, entre repeticiones del estribillo de campaña “hoy enfrentamos una grave amenaza, al comunismo le tenemos que ganar”, Álvaro Vargas Llosa, hijo de Mario, subió al escenario para abrazar a Keiko y afirmar que “la causa de la libertad es hoy Keiko Fujimori”.

La violencia mediática, así como la unificación de actores históricamente enfrentados, fue reflejo de la amenaza percibida ante una posible victoria de Castillo, quien llegó con una propuesta central: refundar la patria a través de un proceso constituyente. El candidato de Perú Libre puso sobre la mesa la necesidad de desmontar la Constitución redactada en 1993 bajo Alberto Fujimori y recuperar la soberanía sobre los recursos estratégicos mineros, energéticos, centrales en la economía peruana.

La velocidad con la cual emergió su liderazgo puede explicarse por la existencia de un descontento social profundo del orden de lo económico y lo político. Uno de los últimos acontecimientos que evidenció esa situación fueron las masivas movilizaciones de noviembre, que ocurrieron ante la destitución del presidente Martín Vizcarra llevada adelante por el Congreso, seguido del nombramiento de Manuel Merino al frente del Ejecutivo. Éste último se mantuvo cinco días en la presidencia hasta renunciar debido a la magnitud de las protestas.

Ese acontecimiento mostró tres elementos centrales. En primer lugar, la descomposición política, partidaria, institucional, en un país donde todos los presidentes desde el 2001 han sido acusados por corrupción -al igual que Keiko Fujimori-, y el anterior, Alberto Fujimori, fue condenado a 25 años de presión por crímenes de lesa humanidad. En segundo lugar, la magnitud de una movilización que no se había visto en Lima desde la marcha de los cuatro suyos en el año 2000, contra Fujimori. En tercer lugar, la poca organización de quienes se movilizaron, la poca capacidad en el país de sindicatos, partidos y movimientos.

El liderazgo de quien encabeza las encuestas y podría ser el próximo presidente emerge de ese contexto político, y en una situación de profunda desigualdad social entre las provincias y la capital, y al interior de la misma Lima, como lo muestra, por ejemplo, el contraste en la zona de Miraflores y los cerros de Villa María del Triunfo.

La dimensión de lo que está en juego podría influir sobre los tiempos para que sea anunciado un resultado oficial. La denuncia de fraude Fujimori, predecible en caso de resultado adverso como el que se presentó a lo largo del recuento, podría afectar ese proceso. En cuanto a Castillo, quien se encuentra en Lima, ha demostrado tener apoyo popular movilizado, algo que podría ser determinante en caso de una pulseada para que sea anunciado el resultado final. 

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  El rapero Toni Mejías, autor de 'Hambre. Mi historia frente al espejo'. — Natalia Vázquez / Aguilar

Toni Mejías, miembro del grupo de rap Los Chikos del Maíz, publica Hambre. Mi historia frente al espejo (Aguilar), un libro duro en el que desgrana los pormenores de su lucha por superar la anorexia. Un relato íntimo que rompe tabúes y ahonda en cuestiones acuciantes como la omnipresencia de las redes, el culto a la imagen o la velocidad de lo cotidiano. 

¿Cuándo se da cuenta de que tiene un problema serio?

Notaba que el cuerpo me mandaba señales. Me sentía más cansado de lo normal y sentía dolor en las articulaciones al realizar esfuerzos ligeros. Algo no iba bien hasta que una amiga vallecana, que es médico, intuyó lo que me estaba sucediendo y me dijo que tenía que hacer algo, que lo que me pasaba se llamaba anorexia. Nunca pensé que sufría una enfermedad mental. Aquello fue un punto de inflexión, sentí que se me estaba yendo de las manos y me puse en manos de una psicóloga y una endocrina.

¿Hasta qué punto le pudo la presión social?

Esta presión yo ya la sentía antes. Recuerdo que cuando estaba rellenito ciertos comentarios a los videoclips iban dirigidos a mi forma física. Pero el problema no son sólo los comentarios ofensivos, también influyen los positivos. Cuando empecé a perder peso y sentí que por primera vez aceptaba mi cuerpo, noté que a la gente le gustaba lo que veía, de repente sus comentarios pasaron a ser positivos, de aceptación, lo que de algún modo me inducía a pensar que perder peso era la solución. 

Vivimos sometidos a la dictadura de las redes y al culto a la imagen. ¿Tuvo también algo que ver?

La redes sociales han potenciado el culto al cuerpo. Y si eres una figura semi pública mucho más. Parece que siempre tenemos que vender una imagen de perfección y felicidad que no existe, que es irreal. La mayoría de las personas no cumplimos con los cánones de belleza, y mucho menos con los sueños que teníamos de niños. Es terrible que tengamos esa presión social detrás, ese mantra de que si te esfuerzas tendrás éxito. También hace mucho daño la eficiencia, el que no tengamos derecho a aburrirnos, el que constantemente tengamos que estar haciendo cosas útiles. Nuestro ritmo de vida es frenético; si no frenamos, mucha gente se quedará por el camino.

Nos hemos convertido en responsables de nuestra propia marca... 

Da igual si eres músico o periodista, ahora también eres publicista. Tienes que comunicar en todo momento lo que haces, es algo terrible y es una parte que odio de las redes pero a la que no puedo renunciar porque es una herramienta para dar a conocer mi trabajo. Es agotador y no creo que sea positivo, al final esa dependencia de las redes hace que supeditemos lo viral a los contenidos de calidad.

¿Fue terapéutico escribir 'Hambre'?

El proceso de escritura fue parte de mi terapia. No fue una exigencia de mi psicóloga, pero en cierto modo consideré que me podría ser útil. Sentía que me ayudaba a situarme, a ver qué había aprendido y en qué seguía perdido. Mi formación como periodista me permitió darle un estilo claro y cuando la psicóloga me dijo que podía caminar sólo, pensé que estos textos podían servir para algo. 

¿Qué tal es su relación hoy día con la comida?

Todo lo que ingiero lo analizo al detalle. Es una pelea constante; comer sin sentirme mal. Cuando termina el día y me voy a la cama sé perfectamente las calorías que he consumido durante el día. Para mí comer fuera de casa es algo muy difícil, enfrentarme a un menú de un bar de carretera cuando voy de gira se me hace un mundo. Pero he aprendido que tengo que comer, cada día es una batalla pero al menos ahora consigo ganarlas.

Del tono beligerante de sus letras al confesional y frágil de este ensayo. ¿Le ha costado cambiar de registro? 

Lo llevo bien. Siento que la persona que escribe Hambre tampoco es tan distinta de la persona que se sube al escenario. Lo que sucede es que el formato condiciona el mensaje, para mí el escenario es un lugar en el que tiene cabida un discurso más político. También es cierto que el escenario me permite esconder una parte de mí, como el miedo al error y al ridículo, las inseguridades, la ansiedad previa, incluso algún que otro ataque de pánico. Todo eso no aparece bajo los focos. 

¿Cómo cree que será recibido este libro entre sus seguidores?, ¿teme que alguien le mande al psicólogo?

Yo creo que esa idea del macho alfa está remitiendo, al menos es algo que percibo entre la gente de izquierda que nos escucha. Siento que un libro como Hambre les puede ayudar a mostrar esa vulnerabilidad, por suerte estamos dejando atrás a ese hombre de palillo en la boca y carajillo en la barra. Es importante abrir el debate sobre la salud mental y reflexionar juntos sobre la vulnerabilidad y la derrota. 

¿Siente vértigo o pudor?, ¿cómo lleva lo de publicar sobre algo tan íntimo como una enfermedad mental?

No me lo planteé mucho, si te soy honesto. Tan sólo me pregunté si iba a hacerme daño publicar esto, pensé que si podía ayudar a otras personas habría valido la pena. Además, parece que de repente la salud mental ha irrumpido en el tablero político, incluso en el periodístico. Esto en cierto modo me ha quitado un poco de peso, me ha hecho ver que no soy el único que ha pasado por una enfermedad de estas características. Me siento contento de poder poner mi grano de arena, si este libro ayuda a alguien a reconocer que tiene un problema, con eso me basta. En este país parece que hablar de ellos nos hace débiles, y que los débiles no sirven en este sistema.

07/06/2021 22:36

Juan Losa@jotalosa

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Pedro Castillo con una leve ventaja sobre Keiko Fujimori en el conteo rápido

A la espera de las cifras oficiales, el conteo rápido de Ipsos, que es más preciso que la boca de urna, invirtió el orden de la encuesta siempre en un marco de extrema paridad. Le dio una ligera ventaja al candidato de la izquierda con 50,2% sobre su rival derechista que alcanza un 49,8%.

Los peruanos se fueron a dormir con la incertidumbre de quién será el próximo presidente. Un conteo rápido al cien por ciento, realizado por Ipsos con una muestra de actas electorales representativas de todo el país, le daba una ligera ventaja al izquierdista Pedro Castillo con 50,2 por ciento y a la derechista Keiko Fujimori un 49,8 por ciento. La diferencia está dentro del margen de error. Alfredo Torres, director de Ipsos, explicó que era necesaria una diferencia de dos puntos para declarar un ganador. “Esto es un empate técnico. El resultado puede cambiar”, dijo Torres. Antes, una encuesta a boca de urna, también de Ipsos, había colocado primero a Keiko con 50,3 por ciento y a Castillo le daba 49,7 por ciento. Con estas cifras quedó instalada la incertidumbre.

Al momento del cierre de esta edición no había resultados oficiales. Los primeros se anunciaron para las 23:30 hora local (1:30 de la madrugada hora de Argentina). Con una diferencia tan estrecha esos primeros resultados parciales no definirían con certeza un ganador, por lo que habría que esperar hasta este lunes para aclarar la situación.

Castillo fue el primero en pronunciarse. Lo hizo una hora después de conocerse los primeros resultados a boca de urna, que recibió en su natal pueblo de Tacabamba, en la provincia de Chota de la andina región de Cajamarca. Pidió calma y esperar los resultados oficiales.

“Hay que mantener la calma, hay que ser prudentes. El pueblo es sabio, sabe lo que hace, es inteligente. Compañeros, hermanos, compatriotas, llamo a la más amplia cordura. Lo que hemos escuchado no es nada oficial. Esperemos los datos oficiales. Hermanos, tranquilidad”, dijo, hablándole desde un balcón a sus partidarios, que estallaron en aplausos y gritos de “sí se puede”. Tenían la esperanza que los resultados oficiales reviertan las cifras a boca de urna. El conteo rápido a favor de Castillo alimento esa esperanza.

Poco antes, en un mensaje enviado por Twitter, Castillo había llamado a “defender el voto”. “Convoco al pueblo peruano de todos los rincones del país a asistir en paz a las calles para estar vigilantes en la defensa del voto”, escribió. Sus partidarios se reunieron en las afueras del local de Tacabamba donde estaba el candidato.

Después se pronunció Keiko. Coincidió en que esperaría los resultados oficiales. Habló minutos antes que salga el conteo rápido, que volteó el resultado y ponía primero a Castillo. “Esta campaña ya culminó y será fundamental tender los puentes y encontrar los espacios de diálogo entre todos los grupos políticos. Aquí no hay un ganador o un perdedor, lo que se tiene que buscar es la unidad de todos los peruanos. Desde ya invoco a la prudencia, la calma y la paz a ambos grupos. Por esa prudencia vamos a esperar los resultados oficiales”, dijo desde su local partidario en Lima.

Horas antes había recibido los resultados a boca de urna junto a su esposo, sus dos hijas y militantes cercanos lugar. Al escuchar las cifras que le daban una mínima ventaja saltó de júbilo, comenzó a aplaudir y a abrazarse con todos. Desde el fujimorismo se encargaron de entregar esas imágenes triunfalistas a la televisión. Luego, con su mensaje, le bajaría el tono a ese inicial triunfalismo. Simpatizantes fujimoristas se reunieron en ambiente celebratorio en las afueras del local partidario. El conteo rápido fue un duro golpe.

Campaña de miedo

Castillo estuvo adelante en todas las encuestas desde el comienzo de la campaña de segunda vuelta hace dos meses. Una masiva campaña de miedo en su contra, con amplio apoyo mediático, asustando con una supuesta “dictadura comunista y chavista” si ganaba Castillo, y algunas inconsistencias al presentar sus propuestas de cambio, fueron haciendo crecer a Keiko como el mal menor, y en la última semana la elección comenzó a dársele vuelta al candidato que levantó las banderas del cambio del modelo económico neoliberal. Ha sido una campaña desigual, con la cancha inclinada a favor de Keiko, que tuvo el apoyo de los grandes medios y de todo el poder económico.

Lima, bastión de Keiko; el interior votó por Castillo

Keiko ganó en Lima y otras cinco regiones de la costa. En la capital, que concentra un tercio del electorado, obtuvo cerca del 70 por ciento. Si se ve territorialmente, la mayor parte del país votó en su contra. Castillo triunfaba en la mayoría de regiones del interior, y en las zonas del sur andino, las más pobres y marginadas, lo hacía ampliamente. En algunas de esas regiones andinas superaba el 80 por ciento. La elección deja una notoria división del país, territorial y social. División con la que deberá lidiar el próximo gobierno en un contexto de polarización y serios problemas de gobernabilidad.

El nuevo gobierno asumirá luego de cinco años de un período presidencial convulsionado, con cuatro presidentes -uno que duró menos de una semana-, dos Congresos y los últimos jefes de Estado procesados por corrupción. El expresidente Pedro Pablo Kuczynski, elegido en 2016 por un mínimo margen de votos, como en esta elección, renunció en marzo de 2018 en medio de una guerra con el Congreso de mayoría fujimorista; lo reemplazó su vice, Martín Vizcarra, que en septiembre de 2009 en uso de sus facultades constitucionales disolvió el Congreso y llamó a elecciones parlamentarias. El nuevo Parlamento, sin mayoría fujimorista y fragmentado en pequeñas bancadas, destituyó a Vizcarra en noviembre de 2020 por cargos de corrupción en investigación. Su remplazante, el legislador Manuel Merino, tuvo que renunciar antes de cumplir una semana en el cargo por las masivas protestas sociales en su contra y fue sustituido por el actual mandatario Francisco Sagasti.

Los analistas estiman que este nuevo período presidencial podría ser tan inestable como el que se cierra. La extrema polarización de esta campaña y la fragmentación política, expresada en un Congreso con diez bancadas en el cual el cual nadie tendrá mayoría propia, amenazan extender para el nuevo período presidencial los problemas de gobernabilidad e inestabilidad.

Los dos candidatos comenzaron el día con el tradicional desayuno electoral. Castillo lo hizo en el patio de su casa en Cajamarca. Keiko se desplazó de su vivienda en una exclusiva zona de Lima al distrito popular de San Juan de Lurigancho, el más grande la capital del país, donde se armó una mesa al aire libre para desayunar ante la prensa. Los dos estuvieron acompañados de sus familias. Coincidieron en agradecer el apoyo recibido y en pedir a la población que vaya a votar.

Los dos candidatos votaron rodeados de simpatizantes. Castillo lo hizo primero, al mediodía, en su natal poblado de Tacabamba. Llegó caminando, flanqueado por una multitud, mientras desde los balcones de la estrecha calle recibía los aplausos de los vecinos. Antes de votar, visitó la casa de sus padres. Luego de sufragar dio un mensaje de unidad.

“Saludo al país por esta fiesta democrática. Espero que el día de hoy, más allá de la fiesta política, los peruanos podamos entender que si no nos unimos no podremos sacar al país de esta crisis”, señaló el candidato. Tenía previsto viajar a Lima para recibir los resultados, pero suspendió su viaje porque dijo que se quedaría con sus padres que estaban delicados de salud.

Keiko votó en un colegio de un barrio residencial de Lima. Una de las zonas acomodadas donde tiene amplio respaldo. En su territorio en estas elecciones, fue recibida y despedida con aplausos. Fue una entrada y salida tumultuosa y desordenada. “Gracias a los que nos han apoyado”, fueron sus breves palabras.

El incidente más grave en el proceso electoral se produjo cuando fue a votar la candidata a la vicepresidencia en la fórmula de Castillo, Dina Boluarte. Lo hizo en un barrio de clase media de Lima. Para la candidata de la izquierda que recibe importante respaldo en el interior del país y en zonas populares, pero amplio rechazo en los barrios residenciales de la capital, fue como entrar en territorio enemigo. Fue abucheada e insultada. Estaba custodiada por la policía, lo que evitó que se vaya más allá de la agresión verbal. Mientras le gritaban de todo, la candidata levantaba los brazos. Una lamentable muestra del nivel de intolerancia al que han llegado ciertos sectores en esta campaña y de la polarización que se ha dado en el país. 

Por Carlos Noriega | 07/06/2021


Quien gane el ballottage heredará un escenario complejo

Elecciones en Perú: el país atraviesa una inédita crisis sanitaria, económica y política

Perú tiene el mayor nivel de mortalidad en el mundo por la covid-19 y económicamente es uno de los más golpeados. Grandes inequidades y exclusiones como consecuencia del modelo neoliberal. 

Por Carlos Noriega

07 de junio de 2021

Desde Lima

Un país en una profunda crisis sanitaria, económica, social y política, de las peores que recuerde su historia, es el que encontrará el próximo gobierno. Una crisis a la que se suma la extrema polarización y división que ha dejado esta campaña electoral. A ese complicado escenario se agrega una inestabilidad política que ha marcado los últimos cinco años.La salud en tiempos de pandemia y la economía serán los dos grandes retos del nuevo gobierno. Además de lograr estabilidad en un fragmentado y agitado ambiente político.

El durísimo golpe de la pandemia - Perú tiene el mayor nivel de mortalidad en el mundo y económicamente es uno de los más golpeados- ha puesto en trágica evidencia las debilidades y grandes inequidades y exclusiones de un modelo neoliberal que se había vendido como exitoso por sus buenas cifras macroeconómicas, pero que se ha desmoronado por sus grandes carencias sociales.

Perú impuso una temprana y rígida cuarentena cuando estalló la pandemia, la primera en la región, pero con un 70 por ciento de trabajadores en la informalidad, con precariedad salarial y sin derechos laborales, muchos sobreviviendo día a día, poca ayuda gubernamental para aguantar la cuarentena, deficientes servicios públicos y la incapacidad de un Estado debilitado por el modelo neoliberal, la cuarentena tuvo muchas fisuras y los contagios se multiplicaron.

Un sistema de salud precario 

La pandemia colapsó un sistema de salud precario, desfinanciado y abandonado por treinta años de neoliberalismo. Esta campaña electoral se ha desarrollado con el trasfondo de dramáticas escenas de hospitales desbordados, gente muriendo sin poder ser atendida por falta de camas y de oxígeno, negocios privados lucrando en nombre del libre mercado con la desesperación de miles y elevando los precios de la atención médica, del escaso oxígeno y de los medicamentos.

Enfrentar la pandemia será la primera tarea urgente del próximo gobierno. Entre tantos problemas, heredará un programa de vacunación en marcha, que en febrero comenzó lento, pero se viene acelerando, y contratos ya cerrados por 60 millones de dosis de  vacuna y un plan para inmunizar a toda la población mayor de 18 años para diciembre. El actual gobierno ha anunciado que cuando deje el poder en julio ya estarán vacunados diez millones de personas, un tercio de la población. El próximo gobierno deberá darle continuidad al programa de vacunación.

“El próximo gobierno va a recibir una segunda violenta ola de la pandemia en franco descenso y un programa de vacunación estabilizado, pero va a encontrar un precario sistema de salud. Deberá duplicar la capacidad hospitalaria, pagar deudas laborales al personal de salud, contratar más personal y trabajar mucho para mejorar el sistema de atención primaria de salud que está en una situación delicada. Se necesita aumentar la inversión, Perú es uno de los países de la región que menos invierte en salud, y hacer una profunda reforma y modernización del sistema sanitario. El tema de la salud debería ser una prioridad absoluta para el próximo gobierno”, le declaró a PáginaI12 el exministro de Salud Víctor Zamora.

Aumentaron el desempleo y la pobreza

Con la crisis de 2020, el PIB cayó once puntos, hay más de dos millones de nuevos desempleados y 3,3 millones han caído en la pobreza, la que se ha elevado de 21,2 a 31,1 por ciento, lo que significa un retroceso de diez años en su reducción. Además de esta cifra de pobreza, medida en términos monetarios, hay otro 35 por ciento considerado oficialmente no pobre pero que vive en situación de vulnerabilidad. La deuda externa, aunque sigue siendo baja en relación al PIB comparada con otros países de la región, subió de 27 a 36 por ciento del PIB. El déficit fiscal se elevó de 1,6 por ciento en 2019 a 8,9 por ciento en 2020.

“La magnitud de la crisis es enorme. La situación es muy grave, difícil, complicada. Se está recuperando el PIB, pero no el empleo. Para reactivar la economía se necesita un programa inmediato de inyectar ingresos a la economía, a través de inversión pública, créditos a las empresas y bonos de ayuda económica a la población. En Perú se entregaron solamente dos bonos universales de apoyo económico a la población durante la larga cuarentena (de unos 200 dólares cada uno). Estos bonos, además de ser una compensación por los efectos de la cuarentena, reducen la pobreza y tienen un contenido reactivador de la economía porque incrementan la demanda. El próximo gobierno debería entregar dos bonos universales a la población, pero lamentablemente ninguno de los dos candidatos contempla su entrega. No habrá reactivación económica si no se enfrenta y se vence la pandemia. Por eso es muy importante avanzar en la vacunación, que es lo que nos dará la inmunidad de rebaño”, le señaló a este diario el economista Humberto Campodónico, catedrático de la Universidad de San Marcos y columnista del diario La República.

El actual gobierno ha proyectado para este año un crecimiento del PIB de 10 por ciento, pero diversos economistas consideran optimista este pronóstico. A favor del nuevo gobierno jugará el alto nivel de los precios internacionales de minerales, como el cobre, que constituyen la principal exportación del país. 

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