Lunes, 07 Junio 2021 06:07

SOS

 Kamala Harris, vicepresidenta de Estados Unidos, llegó ayer a Guatemala. La visita estará centrada en atender la migración indocumentada y la corrupción. Foto Ap

“La democracia está enfrentando una crisis existencial. La desigualdad e injusticia nos están destrozando. Los hechos fundamentales están bajo ataque. Y las fuerzas del fascismo se están reorganizando. Si no actuamos ahora para proteger la democracia, temo que podremos perderla para siempre durante la próxima década”, advierte Robert Reich, profesor en Berkeley, ex integrante del gabinete de Bill Clinton y una de las voces liberales más prominentes del país.

Esto, después de que más de cien expertos en democracia emitieron una declaración expresando alarma sobre los "cambios radicales" en los procesos electorales promovidos a nivel estatal por republicanos, como también el esfuerzo por frenar una reforma nacional para facilitar el acceso universal al voto (https://www.jornada.com.mx/2021/06/ 02/mundo/022n1mun). "Nuestra democracia está en peligro", concluyeron.

Una de esas expertas, Pippa Norris, de Harvard, escribe que si no se promueven reformas para garantizar el proceso electoral, incluyendo la protección de derechos de los votantes que ya están ante el Congreso antes de las elecciones intermedias a finales de 2022, la democracia estadunidense podría estar perdida. “El 6 de enero (el intento de golpe de Estado con la ocupación del Capitolio para tratar de frenar la certificación del voto presidencial) fue la campana de alarma… Otros países han visto la desintegración democrática. Esto no es alarmismo. Desafortunadamente es real”, escribió en The Guardian.

Sectores derechistas siguen hablando abiertamente de promover un cambio de régimen para expulsar al gobierno de Biden y reinstalar a Trump (el magnate ha alentado eso en privado con varias personas, reportó el New York Times esta semana), mientras se multiplican los esfuerzos por cambiar las reglas básicas del juego con el fin de limitar el derecho sagrado al voto a sectores minoritarios y pobres, y con ello lograr un sufragio inefectivo necesario para consolidar un gobierno para la derecha representando a los blancos y sus aliados reaccionarios.

Lo que más asombra a todo los analistas críticos de estos esfuerzos coordinados para suprimir el derecho democrático al voto es qué tan abierta y explícitamente se está haciendo todo esto. Algunos expertos advierten que si se continúa logrando cambiar las reglas de algunos de los procesos electorales en diversos estados, los conservadores republicanos aliados de Trump podrían recuperar sus mayorías en ambas cámaras del Congreso en 2022 y con ello podrán controlar el proceso electoral presidencial de 2024, sobre todo la certificación del resultado, o sea, lograr lo que intentaron hacer en la elección de 2020 a través de poner en duda los resultados con la "gran mentira" de un fraude y, cuando eso no funcionó, intentar un golpe de Estado.

Esta pesadilla puede suceder muy rápido, advierten expertos sobre cómo las democracias son destruidas. El especialista en autoritarismo y fascismo Timothy Snyder, de Yale, advierte: "si tu plataforma es que las elecciones no funcionan, estás diciendo que tienes la intención de llegar al poder de otra manera", al explicar la estrategia de promover constantemente la mentira del fraude. “La gran mentira está diseñada no para ganar una elección, sino para desacreditarla… es justo lo que intentó Trump en 2020 y eso llegó a un intento de golpe en enero de 2021. Será peor en enero de 2025”. Agrega: “puede ser frenado, pero sólo si se entiende. Todo sucede rápidamente… Tenemos que actuar ahora”.

O sea, el experimento neofascista no fue neutralizado con la derrota de Trump, y por ello continúan así casi todos los días las alarmas y alertas sobre cómo la democracia estadunidense se encuentra en grave riesgo.

La vicepresidenta Kamala Harris está visitando Guatemala y México, y el miércoles el presidente Biden iniciará su primera gira internacional al viajar a Europa. Ambos afirman que están promoviendo los principios democráticos fundamentales y enfrentando las "amenazas". Pero esta vez, la mayor amenaza a la democracia estadunidense proviene de adentro.

Jimi Hendrix. All Along the Watchtower. https://www.youtube.com/watch?v=TLV4_xaYynY

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Miles de manifestantes se congregan en el Monumento a los Héroes para conmemorar un mes de protestas en el país, en Bogotá. EFE/Carlos Ortega

A 170 años de la abolición de la esclavitud en el país suramericano, las comunidades negras e indígenas levantan la voz ante una historia de discriminación racial. Cali, la segunda ciudad con mayor población afrodescendiente en América Latina, se convierte en centro y símbolo de la frustración ciudadana

 

En el marginal barrio Marroquín de Cali conocen a la perfección el significado de la palabra resistencia. Mucho antes de que el país entrara en paro que lleva ya más de un mes, este suburbio, compuesto casi en su totalidad por vecinos negros, ya se las ingeniaba para sacudirse de las miserias cotidianas. Por eso las movilizaciones -que por momentos se han transformado en auténticas orgías de violencia- han hecho las veces de catarsis social para una población agobiada desde hace generaciones.

Marroquín está situado en un distrito oriental de la ciudad, donde el simple hecho de entrar resulta una temeridad para muchos. Se trata de Aguablanca, un enclave con unos 800.000 habitantes, el 70% de ellos afrocolombianos, y que año tras años acumula las mayores tasas de homicidio, los mayores índices de falta de empleo y las cifras más altas de contagio por coronavirus en la tercera ciudad del país.

“La mayoría de jóvenes desaparecidos y muertos (se habla de 27) durante este paro en Cali son negros”, asegura Vicenta Moreno, una docente y activista social que dirige La casa cultural del chontaduro (un fruto tropical), un proyecto centrado en las artes como herramienta para arrebatarle chicos perdidos a la violencia. De la misma forma lamenta que hasta ahora no haya habido una “lectura de los hechos” donde se evidencie el “empobrecimiento y el olvido desde una óptica racial”.

Las protestas, que en principio detonaron como respuesta a una reforma tributaria que afectaba con fuerza a las clases medias, han reflotado una realidad tan poco abordada como lo es el racismo. Y es que, a pesar de que alrededor del 13% de la población colombiana está compuesta por ciudadanos negros (10%) e indígenas (3%), la representación social y política de estas comunidades ha sido minúscula. 

El profesor Edward Telles, de la Universidad de California, lo caracterizó en un trabajo académico de 2012 como una “pigmentocracia”. Es decir, una sociedad donde el color de piel determina el lugar en el mundo y las oportunidades en el transcurso de la vida. Otros estudios, de investigadores como la socióloga y doctora en filosofía Aurora Vergara, lo sustentan. “Está demostrado”, explica Vergara, “que los hombres afro en Colombia viven en promedio 66 años, una década menos que en el resto de la nación, que es de 75”.

Y subraya que nada tiene que ver con la “predisposición genética”, sino con los “determinantes sociales de un país que posibilita que la muerte se apresure para algunos de sus habitantes”, acaba. 

Cali, una urbe de 2,2 millones de habitantes, concentra la mayor población afrodescendiente de Latinoamérica, detrás de la brasilera Salvador de Bahía. El grueso de la comunidad negra de Cali se ha asentado en los márgenes orientales de la ciudad. Muchos de ellos han sido desplazados por la violencia de pueblos remotos de la costa Pacífica, a tan solo un centenar de kilómetros de Cali.

A pesar de la promesa de un panorama mejor, el ascensor social no ha funcionado para la gran mayoría. La profesora Vergara cuenta que hay estudios que han establecido vínculos directos entre las personas negras que viven en situación de extrema pobreza hoy en Cali y algunas familias esclavizadas en las haciendas azucareras durante la colonia. Al cruzar la información, es evidente la coincidencia entre la miseria moderna y los peores vejámenes de antaño. 

Silencio racial

A mediados de mayo, en pleno auge de las protestas, un telediario publicó una conversación de una cirujana caleña en WhatsApp donde sugería como solución al caos la intervención de escuadrones de “autodefensa” para que “acaben literalmente con unos 1000 indios, asi (sic) poquitos nada más para que entiendan”, escribió.  

El epidemiólogo Yoseth Ariza confiesa que se sintió conmovido al constatar el desinterés en las discusiones sobre el tema con algunos colegas. Para Ariza, que coordina la línea de estudios étnico raciales en la universidad ICESI de Cali, detrás de ese tipo de discursos violentos, y su consiguiente banalización, se hallan algunas claves para comprender el racismo en Colombia.

El médico encuestó a más de 3.000 alumnos de 72 colegios públicos en Cali para examinar la agresividad en el lenguaje. Entre los hallazgos, elaborados para un encargo oficial, recogió una “nube de apodos” que “sexualizaban” y “animalizaban” a las personas negras. Según Eduardo Bonilla-Silva, doctor en Sociología por la Universidad de Wisconsin, tanto en Colombia como en el resto de América Latina hay un racismo “solapado”.

Sostiene que los países de la región asumieron que la discriminación racial había desaparecido una vez abolida la esclavitud (en 1851, para el caso colombiano). “Nos inventamos una historia”, apunta Bonilla-Silva, “y glorificamos la idea de que como somos mayoría mestiza, la raza cósmica de la que hablaba el mexicano Vasconcelos, entonces no había que profundizar mucho más”. 

Lo cierto es que tanto la mentalidad como las prácticas colectivas variaron muy poco. El académico retrata un desequilibrio evidente en pleno 2021: “Los negros tienen peores salarios, menor representación en la industria, el Gobierno o la banca, hay menos profesionales, el acceso a la salud es más limitado y la presencia en las cárceles es mayor”.

La discriminación hacia los indígenas en Colombia, con algunos matices históricos y políticos, gira sobre las mismas lógicas, a pesar de que la Constitución de 1991 reconoció que el Estado colombiano es “pluriétnico y multicultural”. Pero para la antropóloga dominicana Ochy Curiel, afincada hace 15 años en Colombia, las jerarquías del “racismo estructural siguen intactas”.

Y la crisis sanitaria por el coronavirus, que suma más de 90.000 muertos en el país, se ha encargado de dar el último golpe a un andamiaje ya de por sí vulnerable. Cali pasó de tener 558.360 personas en situación de pobreza, a 934.350, según cifras oficiales. Hoy, una tercera parte de los caleños -de los cuales un 20% son negros- carecen de los recursos para los elementos básicos de la cesta de la compra. 

“El paro está desnudando todo eso”, reconoce la académica dominicana, “lo que el resto de la sociedad no quería ver: el dolor que surge de una segregación racial profunda, de un sistema económico, político, religioso que sigue excluyendo a la gente indígena y a la gente afro de la participación real en la construcción de un Estado que sobre el papel se dice multicultural”.

También es cierto que la discriminación se oculta con frecuencia en comportamientos diarios que se han normalizado. Es un fenómeno algo taimado, más blando que en el caso estadounidense, donde la confrontación y la violencia suelen desembocar en episodios más descarnados como el de George Floyd.

Por eso la investigación de Yoseth Ariza se centró en desgranar las sutilezas en el uso del lenguaje. Entre las frases más repetidas por los estudiantes, por ejemplo, se hallaba un dicho popular: “hay que mejorar la raza’”. El médico explica que se trata de una fórmula que los padres utilizaban para sugerirles a los chicos que “se deben buscar un novio, o novia de piel más clarita, más ojizarco y con el cabello más liso”.

Ariza lo describe como una actitud “decimonónica”, que refleja un viejo anhelo por “blanquear y homogenizar”. Así mismo cuenta que en el curso de su trabajo tuvo diferencias “muy desafortunadas” con rectoras de colegios públicos que discriminaron a las encuestadoras: ¿Usted si es estudiante de maestría?, o ¿usted de verdad trabaja en una universidad?, fueron algunas de las preguntas formuladas por docentes que “no se imaginaban que una negra pudiera trabajar en una universidad como el ICESI”.

La historia de muchas criadas

El caso de las empleadas domésticas, que según una investigación académica en el caso caleño son en un 90% negras, es contundente. La mayoría se emplean desde niñas en las casas de los barrios más pudientes, en un ejercicio que hasta hace muy poco, debido a vacíos legales, se prestaba para todo tipo de abusos laborales.

El politólogo Sergio Sierra, autor del trabajo, explica que “se trata de mujeres que se ven expuestas a un sistema de desigualdad enorme”, con remuneraciones injustas y repercusiones emocionales importantes. También menciona situaciones frecuentes de acoso sexual, invisibles, a todas luces, por la falta de datos. 

Es una forma de “reproducir un sistema de desigualdad enorme”, afirma el politólogo. En su trabajo describe cómo ciertas casas privilegiadas empleaban a jóvenes mujeres negras de una misma familia, a través de varias generaciones, en un acto casi hereditario. Por eso, no era raro escuchar que las trabajadoras se convirtieran en casi “parte de la familia”. Aquel diminuto artículo “de”, asevera Sierra, marcaba toda la diferencia.

La revista Hola de Colombia publicó en 2011 una imagen en la que aparecen unas mujeres distinguidas de la sociedad caleña posando junto a la piscina de su casa, con dos empleadas negras de fondo, vestidas de inmaculado blanco y que sostienen sendas bandejas de plata. La foto despertó una pasajera y vaga indignación, bastante tímida en comparación a los debates que surgieron años más tarde en México por el rol de las criadas indígenas en la película Roma, del director mexicano Alfonso Cuarón.

En cualquier caso el problema, por acuciante y profundo que sea, nunca ha ocupado un lugar importante en el debate público colombiano. Se trata, como afirma el sociólogo Eduardo Bonilla-Silva, de un “silencio racial” absoluto. Así mismo lamenta que aún no haya siquiera voluntad de reconocerlo: “Se suele limitar lo racial a una serie de sucesos inconexos e individuales, aislados, que no son representativos de la realidad de la mayoría de la población. Especialmente desde las élites. Y eso es obviamente falso”.

El profesor puertoriqueño concluye la entrevista telemática con una pregunta retórica, a medio camino entre lo serio y lo mundano: “Acaso ¿cuándo has visto a un negro o a un indígena como galán de televisión? ¡Nunca!”.

Por Camilo Sánchez

Bogotá — 5 de junio de 2021 22:23h

@CamilSanc

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 Simpatizantes del candidato a la Presidencia de Perú Pedro Castillo, se congregan para el cierre de su campaña de cara a la segunda vuelta presidencial del próximo 6 de junio, en la plaza Dos de Mayo, en Lima. — Stringer / EFE

Castillo ha encauzado la ira popular contra un aparato estatal pervertido por el abandono del interior, la corrupción sistemática y el modelo económico de libre mercado, que durante décadas ha dominado Perú y no ha sido capaz de sepultar sus enormes desigualdades.

 

Sin traje ni corbata, con sombrero "chotano" y un discurso descentralizado, Pedro Castillo encarna los valores humildes y campesinos de la zona andina del Perú, donde el candidato presidencial es aupado por maestros y agricultores, que ven en él una figura cercana y ajena a las élites limeñas.

"(Castillo) es pobre como nosotros, es una persona campesina. Él ha sufrido y ha vivido en carne propia como nosotros ahora estamos viviendo, trabajando con el sudor de nuestra frente", resumió a Efe la agricultora y vendedora de frutas Marcelina Condor. 

"Y cuando gane nos va a apoyar", agregó la joven desde el mercado municipal de Chota, capital de la humilde provincia homónima del norte de los Andes peruanos, perteneciente a la región de Cajamarca. 

Hijo de campesinos analfabetos, Castillo ha encauzado la ira popular contra un aparato estatal pervertido por el abandono del interior, la corrupción sistemática y el modelo económico de libre mercado, que durante décadas ha dominado Perú y no ha sido capaz de sepultar sus enormes desigualdades. 

Con una ligera ventaja en las encuestas frente a la derechista Keiko Fujimori, su rival en las elecciones del domingo, el candidato de Perú Libre -el "partido del lápiz"- tiene su bastión en el mal llamado "Perú profundo", ensalzado por el voto izquierdista pero conservador social de una población rural y pobre, relegada durante décadas por las élites capitalinas. 

La voz rural andina 

Como rondero, agricultor, maestro de escuela rural y sindicalista, Castillo ha logrado captar votantes fervientes entre los sectores más representativos de la sierra peruana, principalmente el magisterio rural y las rondas campesinas. 

Desde el distrito cajamarquino de Tacabamba, de donde es oriundo el candidato, el maestro Tomás Rolando aseguró a Efe que el postulante izquierdista es "el verdadero cambio que necesita la zona rural", sobre todo en materia de educación, salud y agricultura. 

"(Los maestros rurales) vivimos lamentablemente desabastecidos en todos los sentidos y la esperanza en el profesor Pedro está centrada en que él ha vivido nuestras experiencias de sacrificio y esfuerzo para trabajar en las zonas más alejadas", manifestó Rolando, quien antes de la pandemia se levantaba a las 3.00 de la madrugada todos los días para evitar llegar tarde a la escuela. 

El respaldo al paisano también es abrumador entre los campesinos de la región de Cajamarca, muchos de ellos ronderos, para quienes Castillo resulta una figura familiar, que luce como ellos el típico sombrero de paja y ala grande y acude a votar montado en una yegua. 

Y, claro, lo ven lejos de los enjuagues de la lógica centralista que encarna la hija y heredera política del expresidente encarcelado Alberto Fujimori (1990-2000), quien creció rodeada de guardaespaldas en el palacio presidencial. 

"Somos hinchas del lápiz porque queremos para la agricultura, pues esa la Keiko para la agricultura no ofrece nada", espetó a Efe el rondero Segundo, mientras labraba la tierra, sin soltar la pala de madera que sujetaban sus callosas manos. 

Le faltó tiempo para añadir, insatisfecho: "Somos del lápiz porque del otro (Fuerza Popular) no tenemos que ver ná". 

El rechazo a un modelo 

Para el sociólogo Pedro Sánchez, ese voto a Castillo revela a todas luces "el fracaso rotundo" de la reforma estructural que había iniciado el Perú en 2002 con el proceso de regionalización, impulsado durante el gobierno de Alejandro Toledo (2001-2006) para superar el excesivo centralismo de Lima.

El maestro representa "ese reclamo de las provincias, del interior", que rechaza "un modelo que todavía no ha llegado homogéneamente a todos los sectores del país", resumió a Efe el docente principal de la Universidad Nacional de Cajamarca. 

En el mismo sentido se expresó el profesor de educación primaria Wilson Carranza, un vecino de Tacabamba convencido de que el Perú está "a un paso de consolidar la lucha del pueblo que ha venido año tras año organizándose, saliendo a las calles y reclamando sus derechos".  

"En nuestro Estado, lamentablemente, el poder ha estado solamente en un grupo, y eso ha llevado a que la clase trabajadora despierte y alce su voz", sostuvo a Efe Carranza, quien no pudo dejar de mencionar la gran huelga de profesores que lideró Castillo en 2017 y lo puso en el candelero mediático. 

Así, el apoyo sin fisuras detrás del candidato es también un altavoz del descontento de las clases populares al ver que los sistemas económico y político vigentes no han sabido resolver las enormes brechas sociales ni los han sacado de la pobreza. 

Arraigado antifujimorismo 

Tampoco serán pocos los que apostarán de mala gana por el maestro tan solo para evitar que Fujimori logre alcanzar el sillón presidencial. 

Para militantes "antifujimoristas", como la comerciante María Medina, los anticuerpos que genera la "trinidad" del padre, hija y espíritu constitucional de 1993 no les dejan otra opción que votar por el "nuevo". 

"Ya no queremos a gente corrupta y Pedro no tiene ninguna caída todavía", aseveró a Efe la mujer, en alusión a la acusación de más de 30 años de prisión que afronta la candidata de Fuerza Popular por presunto lavado de dinero.

Chota. 04/06/2021 17:25

Carla Samon Ros / EFE

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 “Avanzamos muy poco”: Comité del Paro tras reunión con el Gobierno nacional, que anunció acuerdo en 16 puntos

Este jueves 3 de junio, la mesa entre el Comité del Paro y el gobierno Duque terminó con varios acuerdos pero en lo que no se avanzó fue en las garantías para el ejercicio de la protesta.

 

Después de un nuevo día de conversaciones entre el Comité del Paro y el Gobierno nacional, desde el comité señalaron que se avanzó muy poco en el acuerdo sobre las garantías para el ejercicio de la protesta. “Esperamos que el gobierno muestre voluntad efectiva para llegar pronto a un acuerdo”, sostuvieron.

Así mismo, recordaron que el pasado 24 de mayo ya habían llegado a un preacuerdo con 34 medidas, que el Gobierno nacional deshizo el pasado 29 de mayo, proponiendo cambios regresivos en prácticamente todo el texto.

“Seis días después, de las 34 medidas, en 16 tenemos acuerdo, en 11 hace falta precisar, y en 9 se identifican grandes discrepancias, en temas como la no participación de las Fuerzas Militares en las protestas, la autonomía de las autoridades locales en el manejo de las protestas, el no uso de armas de fuego en las protestas, las condiciones para la intervención del Esmad en las protestas, y el mecanismo de seguimiento al acuerdo”, dijo el comité.

Sobre los cortes de vías, el comité explicó que hay un nuevo informe, donde se verifica una reducción significativa de los bloqueos. Al día de hoy persisten 23 puntos, y en todos ellos hubo procesos de diálogos y negociaciones, gracias a los acuerdos y decisiones que han tomado las organizaciones y comunidades involucradas, y que en varios casos han contado con la voluntad y el concurso de autoridades locales. “Es nuestra voluntad seguir impulsando y facilitando, en lo que esté a nuestro alcance, diálogos y acuerdos territoriales para avanzar en la reducción y sostenibilidad de los cortes de vías”, sostuvieron.

“Reiteramos nuestra voluntad de llegar a un acuerdo, nos mantenemos en las conversaciones. El responsable de la demora para llegar a un acuerdo es del Gobierno nacional, llevamos 36 días de Paro Nacional, 36 días en que no se concreta una voluntad para poder entrar a negociar y llegar a acuerdos y soluciones concretas sobre los puntos del pliego de emergencia presentado hace un año: renta básica, salud, empleo, educación, desarrollo agropecuario. Soluciones que se encuentran esperando millones de colombianas y colombianos”, puntualizó el comité.

Por su parte, el representante del gobierno en la mesa, el consejero Emilio Archila, dijo al terminar la reunión: “Dentro del diálogo que estamos teniendo con el Comité del Paro, con el equipo de gobierno del presidente Iván Duque, cumplimos con la totalidad de los compromisos que habíamos adquirido. La sesión de hoy fue productiva y logramos depurar una metodología con la que nos podamos sentar a buscar acuerdos. Es una metodología diseñada por el Departamento Nacional de Planeación (DNP) y es apoyada por distintos ministerios. Darle la totalidad de las garantías a la protesta social es prioridad constitucional. Creemos que en Colombia, no solamente existe el derecho a disentir sino a protestar, lo cual debe hacerse con todas las garantías que debieran. En ese campo hoy tuvimos avances significativos”.

Así mismo, el funcionario acusó a los líderes sindicales y estudiantiles de no haber cumplido con su parte del trato. Archila dijo que de los 16 compromisos que debía cumplir el comité, solo respondieron por uno. Para el Gobierno nacional lo más grave de la situación es que en el país se siguen bloqueando las vías, hecho que en múltiples ocasiones ha sido catalogado por el presidente y su gabinete como ilegal.

4 de Junio de 2021

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Pedro Castillo, el candidato de los «likes invisibles»

La campaña de Pedro Castillo en Perú careció, hasta último momento, de una estrategia profesional y programada en las redes sociales. Sin embargo, comunidades de usuarios lograron promover su imagen «desde abajo», particularmente desde Facebook, la red social a la que muchos daban por muerta.

Pedro Castillo, el sindicalista docente, ha sorprendido en todos los planos. Desconocido hasta el momento para el público general, el candidato del partido Perú Libre ha llegado al balotaje en Perú y competirá contra Keiko Fujimori, probablemente la política actual más conocida —para bien y para mal— en el país. Una de las facetas más sorpendentes de Castillo se vincula a su presencia (o, en realidad, a su ausencia) en las redes sociales. Cuando entró al balotaje, tenía apenas 3.000 seguidores en Twitter y en la actualidad tiene 79.000 contra más de un millón de Keiko Fujimori. De un modo irónico, podría haber sido inicialmente denominado «el candidato sin likes». Pero, ¿en qué medida ha sido así? ¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI —cuando los consultores en comunicación enfatizan permanentemente la importancia de una estrategia política integrada en las distintas plataformas— un candidato esté cerca de ganar la presidencia en estas condiciones? En última instancia, ¿cuál es la distancia entre las redes sociales y la «realidad»?

La política se basa en acuerdos. Por tanto, un cuadro político puede reunir los votos necesarios para ganar e incluso gobernar —y estar fuera de las redes sociales—, si tiene apoyo político suficiente. El ex-presidente uruguayo José «Pepe» Mujica, nunca tuvo un perfil oficial. Alberto Fernández, actual presidente de Argentina, no tenía más que 30.000 seguidores en Twitter cuando se conoció que sería quien enfrentaría al entonces presidente Mauricio Macri. En el caso de Alberto Fernández (hoy con 2 millones de seguidores) es evidente que recibió gran parte de esa nueva audiencia gracias a Cristina Fernández de Kirchner, puesto que llegó a esa posición apalancado por la estructura de militancia que construyó la actual vicepresidenta de Argentina. El caso de Castillo es completamente diferente, pues ninguna estructura previamente consolidada y unificada le cedió su capacidad de amplificación como para llegar a la instancia del balotaje. La microestructura de Perú Libre era desdeñable frente a semejante desafío. A escasos días del balotaje, resulta pertinente plantearse dos interrogantes. Por un lado, ¿qué elementos podemos tomar en cuenta entonces para explicarnos tamaña singularidad? Y por el otro, ¿qué puede enseñar esta experiencia atípica de comunicación digital que ha debido atravesar desafíos tan intensos en una brecha muy corta de tiempo?

 #MerinoRenuncia y la «Generación del Bicentenario»

Siguiendo la costumbre de Cronos, el sistema político peruano se come a sus propios hijos. Desde que se inició la investigación por el Lava Jato en Perú, no quedó ningún ex presidente en pie. Las acusaciones por corrupción los arrasaron a todos. La crisis política llevó, además, al nacimiento, en noviembre de 2020, de la llamada «Generación del Bicentenario», como se ha denominado al movimiento que salió a las calles a defender la democracia en el Perú.  Poniendo en discusión las severas desigualdades que atraviesan a la nación andina, la «Generación del Bicentenario» respondió también a la decisión del Congreso de sacar del poder a Martín Vizcarra (vice y luego sucesor de Pedro Pablo Kuczynski). El consultor político argentino Mario Riorda, lo calificó al hecho de histórico, por producirse «en el país con mayor desafección política de la región». Con el hashtag #MerinoRenuncia como insignia, los jóvenes inundaron Facebook, Instagram y TikTok.

El enorme potencial de la Generación del Bicentenario tuvo también su expresión en Twitter, como lo hizo notar Julián Macías Tovar, analista de redes sociales vinculado a Podemos (España) y responsable de Pandemia Digital. Macías Tovar logró exhibir la monstruosa superioridad de las comunidades que forzaron la caída del gobierno interino de Manuel Merino en la conversación de Twitter, dejando ver la potencia del uso de determinados hashtags (#MerinoNoEsMiPresidente con más de 370.000 tweets y #MerinoNoMeRepresenta con más de 130.000).

Desde el Perú rural (¿desconectado?) hacia la burbuja de Lima

Pocos meses después de las movilizaciones que echaron a Merino, se produjo la primera vuelta presidencial que colocó a Pedro Castillo y a Keiko Fujimori en el balotaje. Para Giovanna Peñaflor, analista política peruana y directora de Imasen, el fenómeno de Pedro Castillo está asociado a una peculiar catalización política proveniente del Sur peruano: «Hay que notar que el sur se viene manifestando de forma distinta al resto del país en cada proceso electoral (...) Es como una fuerza que cuestiona al establishment o a lo que se considera el statu quo. En algún momento fue Toledo, Humala, hoy Castillo. Hay que recordar que en el sur se dio con mayor fuerza el terrorismo y allí está una de las fuentes de la mayor generación de riqueza en el Perú, la gran minería. Donde la gran minería está presente, Castillo ha tenido una votación mayor. En el sur queda clara la incapacidad de los gobiernos para integrarla, salvo Arequipa que logra de alguna manera insertarse en el desarrollo con el tema extractivo».

A la hora de analizar un fenómeno político producido en esa zona del país, especialmente cuando no ha sido advertido en su desarrollo por la intelligentsia del país concentrada en Lima, surge lo siguiente. Dado que la preeminencia de Keiko Fujimori se da fundamentalmente en Lima y la de Castillo en el interior, ¿puede relacionarse esto con la menor conectividad de las regiones en las que Castillo se hizo fuerte? ¿O simplemente, como se viene señalando en otros casos a nivel internacional, tiene que ver con que en las redes nos retroalimentamos en burbujas con usuarios que piensan parecido a nosotros?

Por un lado, hay que observar que en Lima Metropolitana, entre la población de 6 años de edad o más, más de 80% se encuentra conectada a internet desde sus casas, mientras que en el resto del país ese porcentaje de conexión apenas supera el 40%. Sobre quienes sí acceden, se sabe que un 90% lo hace desde sus teléfonos móviles. Por otro lado, según un estudio de IPSOS de 2020, «13,2 millones de peruanos conectados son usuarios de redes sociales». Sobre esa masa, la penetración la lidera Facebook con el 94%, seguida de WhatsApp con el 86%, Instagram con el 60%, Twitter con el 29% y TikTok con el 18%.

Contra la percepción de que la desconexión del Perú rural habría sido la razón objetiva que impidió ver el avance de Castillo, varias señales permitieron advertir que el maestro de izquierda estaba posicionándose, no solo en el mundo offline, sino también en las redes sociales. Así lo documentó el cronista peruano Fernando Vivas, al citar un boletín de la Dirección Nacional de Educación y Formación Cívica y Ciudadana del Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Vivas lo resume de la siguiente manera: «Pedro Castillo era el segundo candidato que más había crecido en cantidad de seguidores y de likes en Facebook entre el 5 de enero y el 15 de marzo, un mes antes de las elecciones (...) Había aumentado en 66,7% su número de fans (de 33,132 a 55,236), solo superado por Rafael López Aliaga, que lo hizo en 182,6% (de 23, 450 a 66, 372). En verdad, es poco en comparación a Keiko y a Humala que superan el millón en sus fanpages, y figuras como la candidata de izquierda Verónika Mendoza, con alrededor de medio millón. Sin embargo, todos estos crecieron poco o nada en el mismo periodo».

Al observar el boletín de la JNE observamos que el crecimiento en likes de Pedro Castillo es de 305,8%, justo detrás del ultraconservador López Aliaga con 678,5%. Como señala Vivas, «López Aliaga fue un fenómeno en todos los medios y redes, y su crecimiento en intención de voto fue registrado en las encuestas mucho antes que el de Castillo. Aparecía profusamente en la televisión y la prensa escrita (...) Era un outsider que tenía algo de insider peleonero. Y tenía la simpatía de un canal, Willax, que amplificaba todo lo que hacía y decía. En Twitter, la red oficial de los políticos era hiperactivo, con una cuenta que creó en el 2014 y que tiene 102.000 seguidores» (actualmente tiene más de 120). En la primera vuelta, Castillo obtuvo un 19,1%, Keiko un 13,3% y López Aliaga 11,7%.

Activismo digital e instalación «desde abajo»

 En un artículo muy ilustrativo, la corresponsal Jimena Ledgard declara que la aparición sorpresiva de Castillo en el primer puesto durante la primera vuelta «llevó a los comentaristas limeños a declarar que ‘el Perú sin internet ha hablado’, ofreciendo así una conveniente explicación frente a la inesperada victoria. Pero una conversación con los simpatizantes rurales y de clase trabajadora de Castillo revela una historia más compleja». Ledgard sostiene que «algunos jóvenes rurales peruanos desafían incluso más el estereotipo de que sus regiones están fundamentalmente desconectadas. El hashtag  #PedroCastilloPresidente tiene más de 7,7 millones de vistas en TikTok, con muchos de los creadores provenientes de zonas rurales en los Andes. Y aunque Castillo no tiene una página validada en Facebook (aunque actualmente ya han logrado verificar un perfil oficial), docenas de grupos en esta red social han aparecido orgánicamente para expresar su apoyo al candidato».

Tanto Ledgard como Vivas señalan la importancia de los grupos de Facebook pro-Castillo. Por su dinámica, los grupos de Facebook pueden ser públicos o privados. Entre ellos se cuentan Pedro Castillo Presidente 2021 (268.000 miembros), Pedro Castillo Presidente del Bicentenario (59.000 miembros), Pedro Castillo en Segunda Vuelta (62000 miembros), Todos con Pedro Castillo rescatar al Perú más Salud y Educación (43.300 miembros) o Pedro Castillo «Presidente de los Pobres» (43.400 miembros), incluyendo al menos a diez grupos de varias decenas de miles de miembros. Vivas señala que estos grupos se transformaron en un hervidero poco antes de la primera vuelta. De cara al balotaje, muchos de ellos superan las 800, 900, y hasta 1.700 publicaciones diarias.

Según Ledgard, también los grupos de Facebook por región son muy activos. Por ejemplo, Pedro Castillo Presidente-Región Cusco (39.400 miembros). «Nuestro enfoque es descentralizar la política. Por eso dejamos que las regiones hablen por sí mismas. Esto incluye las estrategias de comunicación. Damos algunas pautas a los seguidores de cada lugar, pero dejamos que ellos hagan sus propios spots», le explicó el politólogo Franco Pomalaya Neyra a Legard. Pomalaya Neyra es parte del equipo de redes de Perú Libre y está encargado de las transmisiones en vivo, proveniente del Colectivo Dignidad.

La gran pregunta es: ¿cómo han surgido estas fogosas comunidades que han instalado «desde abajo» al maestro izquierdista en la pelea electoral? La crónica de Fernando Vivas ofrece algunas pistas muy valiosas para entender este proceso a partir de registrar los cambios de denominación de varios de esos grupos de Facebook. «El grupo Pedro Castillo Presidente recién ha tenido su bautizo castillista el 12 de abril. Antes se llamó Folklor Peruana y antes de eso Programa Nacional Juntos Empadrona a tu Menor Hijo para Bono 200 soles. Esa ruta puede dar una idea de los motivos comunes que se traslapan en pocos meses: del impacto de la pandemia y la crisis, al cultivo del folclor y sus recompensas ‘identitarias’, y a la afección política en contexto electoral polarizado (...) El grupo Pedro Castillo Presidente 2021 se bautizó así el 9 de febrero último, pero sobre la base de otro grupo creado en el 2017 con el nombre Plazas Vacantes para los Docentes Perú. No es difícil inferir, en este caso, el entusiasmo de profesores con un candidato de origen y de agenda magisterial». 

Vivas continúa: «Comparamos el historial de los grupos de Castillo con el de los grupos más numerosos de apoyo a Keiko Fujimori y vimos que, en todos los casos, nacieron asociados a ella (...) En cambio, con Castillo es común esta reconversión, sino en los integrantes, al menos en los administradores del grupo, desde intereses ajenos a la política. He ahí el fenómeno de la novedad del outsider dejando una huella perfectamente legible en las redes». Vivas destaca que otros grupos pro-Castillo surgieron también con denominaciones en apoyo a otros líderes políticos como Francisco Sagasti o Daniel Urresti y advierte en ello una metabolización hiper-dinámica del proceso de toma de conciencia de «la Generación del Bicentenario».

En los grupos de Facebook, los simpatizantes de Castillo participan de discusiones políticas, comparten videos, artículos, memes y también se entrelazan íntimamente a través de WhatsApp. De esta manera, los grupos de Facebook se transforman en la punta del iceberg de una red mucho más cercana e irrastreable. La importancia de los grupos de WhatsApp (que tienen como límite inalterable los 256 miembros), ya la hemos visto en la campaña de Jair Bolsonaro, con la sutil diferencia de que aquí no ha operado ninguna empresa ni ningún mecanismo malicioso para enviar mensajes artificiosamente. Para poder conocer la actividad de estos grupos, Vivas sumergió en WhatsApp a un colaborador anónimo. Tras la investigación, aclara que en los grupos de WhatsApp «encontramos mensajes más íntimos y emocionales, subrayados con emoticones; además de mayor interacción y conversación. Las coordinaciones para reclutar personeros, por ejemplo, pasan más por estos grupos. En los grupos de Facebook prima la propaganda». Además, sostiene que «si en el Twitter prima la confrontación y la polarización, aquí son los mensajes de adhesión», y destaca las siguientes temáticas: «rechazo al ‘terruqueo’ a Castillo, el conservadurismo en materia de derechos (a un fan le asquea que Verónika Mendoza apoye el matrimonio gay) y las pocas menciones a Vladimir Cerrón (fundador de Perú Libre y gobernador de Junín acusado de corrupción)». Finalmente, Vivas subraya que «incluso en el grupo Perú Libre Ayacucho (...) en un post colocan un directorio de 40 grupos de WhatsApp que lo apoyan. Es común encontrar invitaciones específicas a agregarse a grupos de esa naturaleza».

Por todo esto, el investigador de la PUCP, Eduardo Mansilla Villanueva, argumenta en su texto «Las redes sí son el Perú. Sólo hay que saber cómo mirarlas» que «muchos repiten el mantra de ‘el Perú no es las redes’. En realidad, lo que quieren decir es que el Perú no es su red, aquella que les decía día a día que había un montón de conocidos entusiastas negando la realidad».

La confusión de activos digitales: un panorama propicio para las fake news

Las elecciones suelen desarrollarse alrededor de una pregunta. La lucha por formular esta pregunta, la mayoría de las veces define al vencedor. Pues es bien sabido que los comicios no se definen por los núcleos duros. La clave suele estar en un porcentaje que decide su voto más cerca de la elección. Se trata de un público que suele combinar sus posiciones de formas más difíciles de captar en los estudios preelectorales. Y es precisamente para movilizar a ese sector que resulta fundamental definir el marco, lo que está en juego en la votación.

Para inclinar la balanza en su favor, Keiko Fujimori cuenta con un enorme aparato de comunicación digital. Como lo explica Héctor Venegas Díaz, de Politólogos Digitales: «El fujimorismo (...) tiene experiencia articulando pequeñas agencias con actores políticos o con la campaña central. Estos outlets o páginas satélites que también sirven para poner contenidos pueden ser mejor recibidos en vez que salieran en fan page de Keiko Fujimori o una que tenga el nombre del partido». Todo un gigantesco ecosistema –que lideran los grandes medios peruanos– blande en favor de Keiko una campaña «contra el comunismo» que según ellos representa Castillo, reforzando la imaginería de que un gobierno de Perú Libre sería «dictatorial como Venezuela y Cuba».

Las fake news están dirigidas a definir al segmento intermedio de indecisos. La campaña de Perú no podía ser la excepción. Aunque luego se derramen a todas las redes sociales, Twitter es el terreno más favorable a la difusión de las fake news, dada su mayor tolerancia a los bots y su prácticamente nulo control en la veracidad de los perfiles. Cuando Castillo venció en primera vuelta logró alzarse con 50.000 menciones, seguido por 35.000 menciones a López Aliaga y 22.000 menciones a Keiko. En definitiva, como señaló el experto en comunicación política Ignacio Ramírez, «la distribución de opiniones de la sociedad, que es lo que importa, no está reflejada en Twitter. Twitter no es representativo de nada, salvo de sí mismo». Nada más, ni nada menos.

Julián Macías Tovar investigó una acción sucedida el pasado 12 de mayo en la cual seguidores de Keiko Fujimori se concentraron frente al Hotel Sheraton de Lima «insultando a Pablo Iglesias creyendo o simulando que creían que se reunía con Pedro Castillo». Todo comenzó con una cuenta falsa de Perú Libre (@2021Libre, actualmente suspendida por la plataforma y que según el análisis de Macías Tovar pertenecía a opositores venezolanos). Desde esta cuenta, «anunciaron esta reunión que grandes medios nacionales e internacionales difundieron como si fuese real». Hasta Infobae, uno de los principales medios digitales en español de América Latina, se hizo eco. También publicaron el apoyo de Perú Libre a una supuesta agresión en un acto de Keiko lanzándole una piedra.

Esta cuenta ya había generado previamente otro daño contra Perú Libre, publicando un documento que, supuestamente, habrían firmado el 1 de mayo una serie de representantes del partido. Allí se sostenía que Castillo «no participaría de los debates de segunda vuelta de las elecciones Generales 2021 organizados por el Jurado Nacional de Elecciones». Este mensaje «circuló por redes sociales y mensajes en WhatsApp. Sin embargo, era falso», tal como lo explicó la periodista Karem Barboza Quiroz en El Comercio. Poco antes de ello, a pesar de negar que fuera un canal oficial de Perú Libre, los agentes de prensa de la organización de Pedro Castillo creían que la cuenta pertenecía a simpatizantes.

Todo esto revela, por un lado, que el poco organizado equipo de prensa de Pedro Castillo tenía plena conciencia de que la campaña en redes por su candidato obedecía a una lógica «desde abajo» y, por otro, de que para poder ordenar un choque político-partidario en presencia de los grandes actores de la opinión pública, como la televisión y los aparatos políticos vinculados al establishment, era precisa la profesionalización.

Un orden precario bajo el potente paraguas del anti-fujimorismo

Desde la primera vuelta, el equipo de prensa ha podido construir un equipo de redes. La dependencia de un esquema tradicional extrapolado a lo digital resulta evidente, pero eso no es ni puede ser el centro de las preocupaciones. El principal desafío pasó por centralizar la palabra y la imagen de Castillo en canales oficiales que sean reconocidos por la mayor cantidad de usuarios posibles, para evitar la dispersión y las confusiones.

A pesar de ello, la recta final no estuvo exenta de contratiempos. Los periodistas Diego Quispe y David Pereda sostienen que «la campaña de Castillo Terrones tuvo tropiezos y desorden en sus páginas oficiales. El 14 de mayo, el postulante colocó en Twitter una ilustración con la frase «Antes un dictador, ahora un profesor». El posteo se interpretó literalmente como que el docente cajamarquino es un totalitario rehabilitado. A pesar de su exponencial crecimiento en Facebook y Twitter, Castillo no explota Instagram ni tiene un TikTok oficial. Para Quispe y Pereda esto «evidencia su hermetismo electoral».

El publicista peruano Milton Vela, de Café Taipa, sostiene en el mismo artículo que en Fuerza Popular, la fuerza fujimorista, hay «más articulación en redes sociales que en Perú Libre, pero enfrenta una comunidad que favorece a Castillo por rechazo al fujimorismo, una espontánea organización más articulada por tener jóvenes con alta cultura digital que se moviliza». Allí reside la verdadera fortaleza de Castillo de cara a la segunda vuelta el 6 de junio: en las multitudinarias acciones callejeras y digitales que se desenvuelven en la última semana de campaña bajo los lemas #KeikoNoVa o #FujimoriNuncaMás.

Más allá del resultado final, el caso de Castillo exhibe con claridad la importancia de recordar que, como afirma Eduardo Mansilla Villanueva, las redes sociales son, ante todo eso: redes. Es decir, no son simplemente medios sociales (como los denominan algunos), sino fundamentalmente tramas de interacción configuradas por patrones de sociabilidad comunes. Y, en ese plano, para una amplia cantidad de segmentos sociodemográficos (en Perú y en muchos otros países), la forma de expresión y conexión que privilegia Facebook, así como la penetración que brinda, tiene la capacidad de ofrecer todavía una muestra mucho más significativa de procesos que anidan en el interior de los electorados que los datos más abiertos y más fácilmente obtenibles de Twitter.

La monitorización de comunidades en Facebook (especialmente restringida debido al Reglamento General de Protección de Datos y el escándalo de Cambridge Analytica), así como la investigación de conversaciones en WhatsApp (harto dificultosa por su oscuridad y privacidad), pueden ser, a pesar de su complejidad, tan o más provechosas para entender qué pasa en amplios segmentos de la opinión pública que los cada vez más extendidos análisis de datos de Twitter.

Nadie sabe demasiado qué desenvolvimientos se están produciendo a gran escala en esos ámbitos cerrados y semicerrados, pero sin dudas habrá que profundizar los muestreos y prestar atención a esos «likes invisibles». Mientras TikTok marca la era de los microvideos e Instagram busca mantenerse en la pelea por medio de los reels, el partido del lápiz, desde tierras andinas, nos sugiere un slogan inesperado: Facebook not dead

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Castillo y Fujimori cierran la campaña más polarizada en décadas en Perú

Los candidatos cerraron sus campañas con miras a la segunda vuelta de las elecciones. Estos mítines fueron el colofón de una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en el país.

 

Con promesas de un cambio de sistema o de "salvar" al país del "comunismo", así como de vencer a la pandemia de la covid-19, los candidatos Pedro Castillo y Keiko Fujimori cerraron sus campañas proselitistas con miras a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales que disputarán este domingo en Perú.

El izquierdista Castillo y la derechista Fujimori protagonizaron este jueves multitudinarios mítines en la céntrica plaza Dos de Mayo y el distrito de Villa El Salvador, respectivamente, a pesar de que tanto el Gobierno como la Municipalidad de Lima recordaron que están prohibidas las concentraciones por la emergencia sanitaria.

Sin que las autoridades intervinieran para impedirlo, estos mítines fueron el colofón de una de las campañas más polarizadas de las últimas décadas en un país enfrentado entre las propuestas de cambio económico y político o de defensa del "modelo" neoliberal que impera desde hace tres décadas en Perú.

En los comicios del domingo, que todas las previsiones indican que serán peleados "voto a voto", se elegirá al gobernante que tomará la posta del interino Francisco Sagasti desde el próximo 28 de julio, el día del bicentenario de la independencia peruana.

Castillo llama al cambio

En un mitin de cierre multitudinario, y arropado por el clamor de sus partidarios, Castillo afirmó que en Perú "ha llegado el momento de no mirar ideologías, ni el color de la piel" para "concretar el clamor del pueblo" de un Gobierno que recupere "la riqueza para tener un país industrializado y próspero".

El candidato del partido ultraizquierdista Perú Libre se dirigió a sus seguidores desde el balcón de la sede de la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP), la mayor central sindical del país, para decirles que espera que "se vea concretado el clamor del pueblo de acá a unas cuantas horas".

Aseguró que, de ganar las elecciones, el suyo será "un gobierno del pueblo para reivindicar al pueblo" y reiteró propuestas como "recuperar" el gas natural del yacimiento de Camisea y "convocar a una Asamblea Nacional Constituyente" para cambiar la Constitución de 1993, promulgada durante el gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000), el padre de Keiko.

Castillo enfatizó, sin embargo, que va a ser respetuoso de la actual Constitución "hasta que el pueblo lo decida" y pidió "tranquilidad" al pueblo peruano y a los empresarios tras rechazar las acusaciones que afirman que es "comunista", "chavista" y quiere "robar" la propiedad privada.

También reiteró su compromiso de lograr que todos los peruanos mayores de 18 años estén vacunados contra la covid-19 el próximo 31 de diciembre y de trabajar para recuperar la economía nacional, duramente golpeada por la pandemia.

Fujimori lucha contra el "comunismo"

En Villa El Salvador, en la zona sur de la capital peruana, Keiko Fujimori protagonizó otro multitudinario mitin en el que pidió a sus compatriotas que apoyen su candidatura para "salvar a Perú del comunismo".

Acompañada por personajes como Álvaro Vargas Llosa, hijo del premio Nobel Mario Vargas Llosa, que hasta hace pocas semanas era su más acérrimo enemigo, la candidata del partido derechista Fuerza Popular refrendó la noción que esgrimió durante toda la campaña de que el voto no es por ella, sino por el "futuro" del país.

Fujimori ratificó también varias de sus propuestas de campaña, orientadas a que Perú logre "dar un cambio, pero no hacia atrás, sino adelante" y afirmó que impulsará el control de la covid-19, construirá nuevas postas médicas y hospitales, abrirá cien plantas de oxígeno e iniciará una masiva campaña de vacunación.

Reiteró, además, que impulsará la apertura de pymes con exenciones a la tributación y a la exigencia de licencias para operar, buscará la construcción de "formalidad" y que la hacienda peruana dejará de perseguir "abusivamente" a los emprendedores.

La candidata, quien niega que sus numerosas propuestas de gasto sean populistas y asegura que cuentan con la debida financiación, habló de dar créditos por unos 2.500 millones de dólares para los pequeños negocios e insistió en la entrega de un bono de 2.500 dólares a cada una de las más de 185.000 familias con víctimas mortales de la covid en el país.

Con estas concentraciones masivas, en las que no se respetó las normas mínimas de seguridad sanitaria ante la pandemia, los dos candidatos cerraron sus campañas hacia el balotaje, en el que participarán más de 25,2 millones de peruanos para elegir a su presidente para el período 2021-2026.

Lima

04/06/2021 02:02 Actualizado: 04/06/2021 09:09

David Blanco Bonilla (EFE)

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Los poderosos medios de comunicación en Colombia: testigos y cómplices de todas las masacres

Canal Caracol, RCN, El Tiempo, la Revista Semana, entre otros, son algunas de las tribunas de desinformación local e internacional, que históricamente han buscado imponer en los colombianos una ideología reaccionaria. El descaro de sus mentiras, responde exclusivamente a los intereses de una élite de multimillonarios, que concentran a los medios más poderosos de Colombia. El país se ubica en el lugar 134, en la clasificación mundial de la libertad de prensa, realizada por la ONG Reporteros sin Fronteras y que incluye a 180 nacionalidades.

Daniela GuzMar@daniguzmar

Martes 1ro de junio

Durante el mes que lleva el Paro Nacional en Colombia, han sido múltiples las fotografías, videos y transmisiones en vivo que han evidenciado la permanente violencia de la Policía contra los manifestantes y diferentes hechos de corrupción por parte del Estado en el desarrollo del mismo. Estas primicias, sólo se han logrado gracias a las publicaciones de usuarios a través de las redes sociales y de algunos medios alternativos de comunicación, que con las uñas e inclusive arriesgando su vida ante las permanentes amenazas en su contra, han tratado de publicar una realidad que tiñe de sangre y abusos las manifestaciones y que la mayoría de señales de radio y televisión el país, se afanan por esconder con una impunidad que no es nueva en sus libros de estilo.

La totalidad de sus contenidos, no sólo están pensados para entretener y distraer a la audiencia, sino que a través de sus supuestos programas informativos, se han ocupado vehementemente de deslegitimar la protesta y el derecho a la misma, con su ya natural uso de términos con los que pretenden afirmar, que las movilizaciones son influenciadas por disidencias de grupos guerrilleros, individuos pertenecientes a lo que llaman "el régimen venezolano", o a un simple grupo de jóvenes desadaptados que no merecen ningún otro derecho ni reivindicación, más que ser estigmatizados como “vándalos”. Su defensa ha sido permanente hacia las instituciones armadas, mencionando sólo como dato de color o inclusive omitiendo, la responsabilidad de la Policía y todo el Estado en los más de 60 asesinatos de jóvenes y centenares de desaparecidos que hasta el momento se registran.

Son estos Imperios comunicativos, los que imponen presidentes y congresistas y que manipulan intereses económicos mientras minimizan y desdibujan la realidad del país. De igual forma, hacen invisible la imagen de referentes que buscan justicia social y que son líderes que defienden derechos humanos, ambientales, a los jóvenes o el campesinado. Cómplices de encubrir grandes escándalos de corrupción como por ejemplo, Odebrecht, las “chuzadas” o interceptaciones telefónicas y seguimientos ilegales, por parte de miembros del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), en conjunto con organizaciones paramilitares, como forma de intimidación política y social a miembros de la oposición, sindicalistas, activistas, universitarios y otros. Asimismo, en su rutina desinforman y mienten con respecto al propio conflicto armado interno de Colombia y han llegado a encubrir masacres directas como los ya conocidos Falsos Positivos.

Con métodos cada vez más superficiales, casi la totalidad de sus producciones tanto escritas, radiales o televisivas, deslizan ideología subordinada y racista bajo apariencia de hechos neutrales. La omisión de veracidad ocupa el primer lugar, junto a la inexistente reflexión y crítica hacia el régimen político, convirtiéndose en simple maquinaria de consumo y modelos a seguir. Son sus periodistas, los que reproducen las líneas informativas y editoriales señaladas por sus directores, ante la ausencia de democracia informativa que por el contrario, significa un verdadero monopolio.

La relación entre los medios de comunicación y poder económico, religioso y legislativo, siempre se extiende hasta la política, logrando consolidar como presidentes de la nación a nefastas figuras, impuestas por los más ricos del país. Estos no sólo tienen el control absoluto de los productos de todo tipo que consumen los colombianos, sino que han formado en ellos su visión del mundo y lo que suponen un “correcto estilo de vida”, haciendo que las audiencias crean como propios, los pensamientos de esa élite inmunda que lo único que quiere es empobrecerlos cada día más. Pero, ¿Quiénes son los dueños de estos medios de comunicación en Colombia?

Son un puñado de conglomerados, casi todos con sede en la capital Bogotana, los que concentran a las mayorías como su audiencia y se han convertido en una influencia dominante en la opinión pública. Los medios alternativos e independientes, representan una minoría que si bien está en desarrollo y crecimiento, no logra competir con los hombres más ricos de Colombia.

Caracol Televisión

Este canal privado, es uno de los primeros en audiencia y de los dos más influyentes a nivel nacional junto con RCN. Su dueño es el conglomerado Valorem (antigua Bavaria) fundado en 1997, por Julio Mario Santo Domingo, que para el 2001 ya contaba con 129 compañías a nivel nacional y más de 100 alrededor del mundo, entre ellas Caracol. El medio que nació como programadora a finales de los 70, recién en 1998 comenzó sus transmisiones en televisión incluyendo entre otros contenidos, un noticiero con tres emisiones diarias y una señal internacional que llega a 23 países.

El Grupo de la familia Santo Domingo, también es propietario del Diario El Espectador, la Blu Radio y la revista Cromos, entre otros medios de gran influencia nacional. Julio, el patriarca de la familia Santo Domingo, consolidó para el resto de sus generaciones uno de los Imperios económicos más importantes del país, el grupo tiene compañías que participan en los sectores: Inmobiliario, turismo, logística y transporte, industria, medios y entretenimiento.

En la actualidad, su hijo Alejandro está a cargo de los negocios familiares como director ejecutivo de Valorem. La exclusividad de la familia, no sólo ha tenido que ver con los negocios y sus dobles nacionalidades con países del primer mundo, sino también con sus lazos con las clases altas y aristócratas del mismo, ya que por ejemplo la madre de ésta perteneció a la “socialite” criolla, y una de sus nietas, Tatiana Santo Domingo, está casada con Andrea Casiraghi, hijo mayor de la princesa Carolina de Mónaco.

Como es evidente, los dueños de dicho medio de comunicación no representan para nada a las mayoría de la sociedad en Colombia, un país caracterizado por la pobreza extrema, violencia y desigualdad social. Por el contrario, son el claro ejemplo de la concentración de poder y de una fortuna que han amasado a costa de la precarización de los colombianos, ya sea en ámbitos laborales a través de sus diferentes empresas o en los productos que imponen y comercializan.

Canal RCN

RCN (Radio Cadena Nacional), se fundó en 1967 e inició transmisiones en el 98, es el segundo canal con mayor audiencia del país, que con al menos 50 medios y alrededor de 160 emisoras, llega a casi todos los rincones de Colombia. El canal pertenece a la Organización Ardila Lülle, que a su vez es dueña de más d 30 empresas de diferentes rubros como por ejemplo: Postobón (bebidas azucaradas), Incauca (ingenio azucarero), Los Coches (autodenominado el concesionario de autos más grande de Colombia). Carlos Ardila Lülle, está considerado como uno de los hombres más rico del país y su fortuna lo ha ubicado en el lugar número 200, en el listado de la Revista Forbes, como uno de los empresarios más adinerados del mundo. En el 2017 ocupó el puesto 120.

El Tiempo

El Tiempo, es el periódico de mayor circulación en Colombia. Si bien desde sus inicios en 1911, estuvo ligado a la familia del ex presidente Juan Manuel Santos, desde el 2012 la Casa Editorial El Tiempo, es propiedad del magnate Luis Carlos Sarmiento Angulo, quien se ha hecho como banquero y empresario. El grupo también es dueño de las revistas Portafolio, City TV y canal el tiempo, entre otros. Desde el 2001 y por siete años, este periódico se dio el lujo de ser el único de circulación diaria nacional, ya que El Espectador su mayor competencia, sólo se imprimía los fines de semana debido a la crisis económica que vivía por esos años.

Sarmiento Angulo, agrupa empresas e inversiones en negocios de la agroindustria, minería, hotelería e inmobiliaria, también es el presidente de uno de los grupos financieros más grandes de Centroamérica y Colombia, el Grupo Aval Acciones y Valores, que dirige varios de los bancos más importantes del país como: Banco Popular, Banco de Bogotá, AV Villas y Banco de Occidente. De igual manera es propietario de Porvernir, principal compañía de seguros, fondos de pensiones y cesantías, en uno de los países más difíciles para pensionarse o jubilarse.

El Espectador

El Periódico El Espectador, tuvo origen en 1887 y es propiedad del Grupo Empresarial Santo Domingo–Valorem, que también controla el Canal Caracol. Si bien este es el periódico más antiguo de Colombia, es el segundo en circulación. Sus publicaciones en contra del narcotráfico hicieron que en 1986, Pablo Escobar ordenara el asesinato de su entonces director Guillermo Cano Isaza. Tres años después, un camión con más de 100 kilos de dinamita, explotó frente a la sede periódico.

Revista Semana

La Revista Semana, surgió en el 2000 queriendo ser una copia de la estadounidense Time, es la principal revista de análisis político y opinión de Colombia que ha realizado algunos reportajes y denuncias acerca de los casos de corrupción como el de Odebrecht y la parapolítica (participación de paramilitares en con congreso). Sin embargo, su dueño es Felipe López Caballero, quien nació en una privilegiada e influyente familia de la élite política, ya que es hijo y nieto de los ex presidentes Alfonso López Michelsen y Alfonso López Pumarejo. Con estudios en Suiza y Londres, vivió durante 10 años en este último país, en donde también trabajó para la Federación Nacional de Cafeteros.

En 2019 la revista fue comprada por el conglomerado Gilinski Group, propiedad de Jaime Gilinski, banquero y empresario considerado en Forbes, el segundo más rico de Colombia después de Luis Carlos Sarmiento Angulo. Desde el 2020 Vicky Dávila, se desempeña como editora del medio, a lo largo de su carrera, la periodista se ha caracterizado por sus polémicas y discriminatorias columnas y la vehemente defensa del expresidente Álvaro Uribe, de quien pareciera sentirse amiga y admiradora.

Si bien los anteriores son algunos de los medios más populares e influyentes de Colombia, existen pocas excepciones que se auto perciben como independientes, es el caso de Noticias Uno, medio bajo la dirección de la periodista y escritora Cecilia Orozco Tascón. A pesar de que es de los pocos que puede llegar a ofrecer una visión menos aleccionada y más crítica, es un canal exclusivo de televisión paga y que sin embargo, se posiciona con neutralidad en otros temas de control social como por ejemplo la religión. Cabe resaltar que Colombia es un país de predominancia católica y que en algunos casos, han sido los mismos jóvenes combativos de las primeras líneas, los que han realizado oraciones en grupo, previo a las jornadas de lucha.

Canal 2

Sin lugar a dudas, una de las revelaciones que a nivel informativo hasta el momento ha dejado el Paro Nacional, es el Canal 2, medio de televisión de Cali, ciudad que ha sido epicentro de las protestas y de los abusos a los Derechos Humanos del gobierno asesino de Iván Duque en contra de los jóvenes. Si bien este medio ya era conocido en la ciudad, su popularidad ha aumentado a través de las redes sociales y en especial, la de uno de sus periodistas, José Alberto Tejada. Muchos de los usuarios y manifestantes, consideran que “es de los pocos medios que ha visibilizado la feroz represión, los asesinatos y abusos de policías y civiles armados y escoltados por los mismos”.

Ha sido tal la aprobación a su trabajo por las mayorías movilizadas, que la propia comunidad reunió dinero para donarles chalecos antibalas, elemento que cada vez se hacen más necesario en las calles. El principal accionista de este medio, es La corporación Cívica Daniel Gillard, nombre tomado de un sacerdote belga que en la década de los 70, realizó trabajo comunitario en los suburbios caleños.

Por otro lado y pesar de que algunos de los dueños de los grandes medios son multimillonarios, en marzo de este año, el Ministerio de las Tecnologías y la Información, manifestó su intención de subsidiarlos con alrededor de 80 mil millones de pesos, para “ayudarlos como parte de la reactivación económica tras la pandemia e impulsar su modernización”. Dicho proyecto recibió críticas de algunos medios alternativos y digitales, debido a que consideraron que los requisitos para participar fueron excluyentes y burocráticos. Lo anterior hace evidente la prioridad para el “distinguido” lobby mediático del Palacio de Nariño, residencia oficial del presidente. Son estos buitres y sus patrones, los que vigilan cada proyecto de Ley del gobierno de turno.

Es así como estos mandos y potencias comunicativas, elaboran con seducción los marcos propicios para disfrazar como favorable algo que no lo es para los televidentes, las intenciones de amedrentamiento y desinformación del político de la época, se moldean con las visiones de sus amigos y falsos expertos en determinados “temas de interés general”, que son impuestos por sus jefes y la respectiva línea editorial a la que responden. Su prioridad, es servir a los intereses del empresariado nacional, alineados con otras instituciones de control como la Iglesia y las Fuerzas Armadas.

Con respecto a sus programas, la mayoría de producciones son formatos del exterior en los que prevalece la indigencia de contenidos relacionados con por ejemplo, la literatura, el arte, la cultura, la ciencia o la filosofía. Plagados de Reality Shows y novelas basadas en la vida de narcotraficantes, aclamadas dentro y fuera del país, sus piezas de comunicación son meras ficciones, carentes de una correcta y verdadera narración de la historia nacional. Lejos de hacer una crítica o elaborar un mensaje a favor de los oprimidos, estos despliegan una permanente superficialidad y construyen un mensaje imborrable en apología a la cultura narco paramilitar que se vive en la cotidianidad.

Según Reporteros sin Fronteras, “en Colombia siguen siendo frecuentes las agresiones, las amenazas de muerte y los asesinatos de periodistas, por lo que aún es uno de los países más peligrosos del continente para la prensa, debido al crimen organizado, los grupos paramilitares y los narcotraficantes en su contra”. Algo que estos medios basura nunca denuncian y que por el contrario han escondido, sometiendo a los colombianos durante décadas, pero que sin embargo, están perdiendo cada vez más credibilidad y respeto por muchos que durante años fueron sus televidentes exclusivos. Es por esto que se hace urgente y necesaria la construcción y difusión de otros medios que consigan hacer contrapeso a esta barbarie comunicativa y que puedan aportar la veracidad que corresponde al estallido social más grave que ha sufrido Colombia en su historia reciente.

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Miércoles, 02 Junio 2021 06:06

Dos fantasmas recorren Perú

Dos fantasmas recorren Perú

La distancia entre Pedro Castillo y Keiko Fujimori parece haberse reducido. El miedo de las elites ante un posible gobierno del «Profe Castillo», como lo llaman sus partidarios, se expresa en las diatribas contra el «comunismo» y en unos medios de comunicación que han decidido romper las tenues fronteras que los separaban de la propaganda política. Pero el fantasma del comunismo convive con el fantasma, más real, del fujimorismo.

 

El domingo 30 de mayo se hicieron públicas las tres últimas encuestas de opinión que podrán ser publicadas en Perú antes de las elecciones del 6 de junio. Todas ellas, puntos más, puntos menos, coinciden en que el candidato de Perú Libre, Pedro Castillo, sigue adelante y en que la distancia frente a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, se ha reducido en esta última semana. Quizás la única discrepancia entre las mediciones sea respecto del momento en que se habría producido el empate estadístico. Por ejemplo, el Instituto de Estudios Peruanos (IEP) daba la semana pasada diez puntos de diferencia entre ambas candidaturas; hoy ese margen se ha reducido a dos puntos. El resto de las encuestadoras ya situaban en situación de empate técnico a ambas candidaturas hace varias semanas.

Sin embargo, los porcentajes no dan cuenta de la magnitud de lo sucedido en Perú en las últimas ocho semanas. Los resultados de la primera vuelta han colocado en la segunda a dos candidatos que despiertan los dos «antis» más importantes del país: hay que recordar que Castillo y Fujimori pasaron a la segunda vuelta el 11 de abril pasado con 18,92% y 13,4% respectivamente. Hoy, el antifujimorismo y el antiizquierdismo tiñen la contienda electoral a lo largo y ancho del país. Con estas identidades políticas en pugna, la campaña no ha hecho más que aumentar sus niveles de polarización en un contexto social empobrecido.

El miedo de las elites ante la supuesta amenaza que encarnaría Castillo, un maestro rural que se hizo conocido en el país por el movimiento huelguístico de 2017 y que desviaría al país del camino democrático y del respeto a la propiedad privada, las hizo meterse de manera directa en la espiral de polarización política que vive el país. Así, los principales medios de comunicación y líderes empresariales se han plegado con poco decoro a la campaña de Fujimori en contra de la amenaza comunista.

En este marco, las iniciativas se han multiplicado, desde una serie de pasacalles a favor de la «democracia» y contra el «comunismo» hasta una masiva caravanas de autos de sectores poco afectos a movilizarse que acabó en la zona central de Lima y logró congregar a unas 5.000 personas. Iniciativas más descentralizadas fueron piquetes barriales y pegatinas de afiches en autos y bicicletas. Y, ya rayando en el delito, hay presiones patronales sobre los trabajadores para que voten por Fujimori. Estas presiones van desde explicar en qué consiste el modelo chavista/comunista hasta directamente afirmar que la victoria de Castillo obligará al despido y eventualmente el cierre de operaciones, en una profecía autocumplida.

Los medios han decidido romper las tenues fronteras que los separaban de la propaganda política. En una reciente encuesta del IEP, 59% de los encuestados señaló que los medios ofrecían una cobertura electoral parcializada. De ese grupo, 79% pensaba que la cobertura estaba sesgada a favor de la candidatura de Keiko Fujimori. Un ejemplo es la cobertura del Grupo El Comercio, que ha puesto sus diferentes medios gráficos y audiovisuales al servicio de la campaña negativa contra Castillo.

Desde la vereda de enfrente, el antifujimorismo se ha vuelto a activar durante estas elecciones. No obstante, este movimiento clave para inclinar la balanza en los últimos dos procesos electorales (en los que también se postuló Keiko Fujimori) no demuestra hoy el mismo músculo.

La primera razón hay que buscarla en los efectos que causó el naufragio del gobierno de Pedro Pablo Kuczynski, y especialmente en el irregular indulto «humanitario» que el mandatario le otorgó durante su gobierno a Alberto Fujimori, condenado por violaciones de derechos humanos (la medida fue posteriormente anulada). La «traición» de Kuczynski al antifujimorismo no solo quebró el vínculo entre ambos, sino que puso sobre la mesa la debilidad del clivaje fujimorismo/antifujimorismo como frontera política. En un contexto de desaceleración, el acuerdo respecto al proyecto económico terminó uniendo a una parte del fujimorismo con el gobierno de Kuczynski. En segundo lugar, la distancia ideológica y social entre Castillo y el antifujimorismo en su conjunto es mayor que la que existió antes respecto a otras opciones por las que se inclinó en el pasado este bloque sociopolítico. En esta elección, este «bloque» ha sufrido defecciones: un sector ha visto en Castillo una amenaza autoritaria y ha decidido plegarse a la alternativa fujimorista o ha migrado al voto nulo. Por último, el propio Castillo no se identifica claramente con esa frontera política. Su eslogan «No más pobres en un país rico» y sus discursos públicos enfatizan una ubicación distinta, situada en un eje distributivo e identitario (andinos/provincianos versus criollos/capitalinos).

Dicho esto, el principal escollo que enfrenta la candidatura de Keiko Fujimori es la propia candidata. Han sido permanentes sus intentos de acercarse al electorado a través de repetidos mea culpa respecto a su comportamiento político pasado, en especial, durante el periodo parlamentario 2016-2019, por ejemplo, la arbitraria censura que sufrió el entonces ministro de Educación Jaime Saavedra a inicios del gobierno de Kuczynski. Sin embargo, estos pedidos de disculpa han caído hasta ahora en saco roto.

Frente a la reconciliación con su hermano Kenji escenificada en un acto público, a su episodio de iluminación religiosa durante su paso por la prisión debido a supuestos vínculos con el caso Odebrecht, o a su pedido de disculpas por las injustas censuras a antiguos ministros del gobierno de Kuczynski desde el bloque de Fuerza Popular en el Congreso, la respuesta ha sido la misma: la mayor parte de los encuestados no cree en ninguno de esos actos de contrición pública.

En contrapartida, esos mismos  sondeos indican que los encuestados consideran, por escaso margen, que el plan de Keiko Fujimori es mejor en varios puntos que el de Castillo. De esto se puede deducir que el problema fundamental de Fujimori es de credibilidad. Consciente de ese problema, la candidata ha buscado durante la campaña resolver esta debilidad acercándose a figuras como Mario Vargas Llosa -quien siempre fue un referente del antifujimorismo desde el liberalismo- y firmando una serie de compromisos públicos en favor de la democracia.

Del lado del «Profe Castillo», como lo llaman sus partidarios, el principal problema es el desorden de la campaña. Es obvio que tanto para el candidato como para el partido Perú Libre la segunda vuelta ha sido una enorme sorpresa. Ni el candidato ni su equipo de campaña estaban preparados para enfrentar un balotaje. Pese a su carisma, Castillo carece de un equipo que dé solidez a su candidatura: si bien mejoró en algunos aspectos desde la sorpresa del 10 de abril, lo que se aprecia es una campaña llena de marchas y contramarchas.

Por otro lado, y como es muy común en la política partidaria peruana, Castillo no es militante orgánico del partido por el que se postula. De hecho, según algunas versiones, la de Perú Libre no fue la primera puerta que tocó entre las diversas fuerzas de la izquierda. Este partido, encabezado por el ex-gobernador regional de Junín Vladimir Cerrón, tiene dificultades de coordinación con el candidato presidencial, las cuales han desembocado en sucesivas tensiones entre las estructuras partidarias, los equipos que se han organizado en torno del candidato y las fuerzas políticas que se han sumado a la candidatura de Castillo, como Juntos por el Perú, liderado por Verónika Mendoza. Estas tensiones y descoordinaciones, sumadas a los errores de un candidato sin experiencia en una contienda presidencial, han producido una serie de errores que han mellado su capacidad de convencer a una parte del electorado. Uno de los ataques más frecuentes contra la candidatura de Castillo ha consistido en contraponer sus dichos al plan del gobierno presentado ante la autoridad electoral. Este último documento, en realidad el ideario de Perú Libre preparado por Cerrón, reine al partido con la etiqueta «marxista-leninista».

Si bien es imposible decir hoy quién resultará victorioso el próximo domingo 6 de junio, una certeza que se abre en el escenario peruano es que la crisis que vive el país continuará, pero ciertamente bajo ropajes distintos. En el caso de que sea Castillo el vencedor, probablemente consiga una primera mayoría parlamentaria capaz de bloquear cualquier pedido de vacancia presidencial que busque sacarlo del poder. Sin embargo, desde el día uno tendrá la activa oposición, no solo del fujimorismo y sus aliados políticos, sino también de los medios de comunicación y los gremios empresariales.

Castillo debería hacer frente también a una compleja situación sanitaria y a un país donde la pobreza ha retrocedido a niveles de hace una década, todo esto en el marco de una fuerte corrida cambiaria y una intensa salida de capitales. A la necesaria reactivación económica se le sumará la crisis política que producirá la potencial convocatoria de una Asamblea Constituyente que dote a Perú de una nueva Carta Magna, lo que ha sido uno de los principales ejes de su campaña.

La ruta para tal convocatoria es todo menos clara. Es posible que Castillo busque convocar un referéndum directamente, lo que podría ser bloqueado por el Tribunal Constitucional. Pero también podría intentar una ruta más larga, y reformar primero la actual Constitución para incluir el mecanismo de Asamblea Constituyente. Pero esto último requiere de una votación calificada en el Congreso, seguida de un referéndum popular.

La tentativa de convocar una Asamblea Constituyente podría terminar por elevar el voltaje político, y ahí el desenlace del posible gobierno de Castillo es abierto. Si no logra convocarla porque no consigue los 66 votos del Congreso, podría forzar alguna figura más difusa,lo que lo expone a intentos de vacancia e incluso de salidas extraconstitucionales. La otra gran posibilidad es que Castillo decida seguir la ruta de Ollanta Humala y pactar un gobierno con el establishment para que continúe el «modelo peruano» en piloto automático. Pero si esa ruta mostraba ya serias limitaciones hace unos años, hoy directamente atentaría contra la estabilidad de su gobierno y probablemente produciría una fractura en su bloque parlamentario, lo que dejaría a Castillo a merced de la mayoría opositora en el Parlamento.

En el caso de Keiko Fujimori, su potencial victoria también entraña una serie de escollos, y el principal de ellos es un agotamiento del modelo de relación entre Estado, mercado y sociedad. Ello se ha verificado ya en las protestas callejeras de 2020 y en las sucesivas crisis políticas. La potencial relación con la «calle» de Keiko Fujimori puede ser especialmente conflictiva en un momento de agudización de la pobreza, con una izquierda fortalecida y una sociedad civil que no le es particularmente favorable (con menos de 15% de los votos en la primera vuelta, la mayoría de los votos de la candidata serían «prestados», como un supuesto mal menor frente al «peligro comunista»).

Se debe recordar además que Fujimori y una parte de la plana mayor del fujimorismo enfrentan una serie de investigaciones judiciales que precisamente en estos meses debería entrar a una etapa de juicio oral. La fiscalía ha solicitado para la candidata una pena de 30 años de cárcel por delitos vinculados al supuesto lavado de activos.

Recordemos que, como afirma Aníbal Pérez-Liñán, cuando se juntan bajos niveles de aprobación, casos de corrupción que explotan en la opinión pública y una difusión significativa por parte de los medios de comunicación, se abre la puerta del juicio político. En este escenario, la ausencia de una mayoría propia en el Parlamento podría pavimentar el camino a una vacancia presidencial que abra un nuevo capítulo en la crisis que vive el país.

Los pobres resultados del conjunto de candidaturas, incluidas las dos que han pasado al balotaje, no han permitido construir una mayoría política. El punto de partida de cualquiera de las dos presidencias será de debilidad. Sin la fuerza política necesaria para cerrar la crisis tras las elecciones, el fin de esta deberá intentarse desde el poder.

El fujimorismo podría buscar reconstruir su hegemonía política desde el gobierno, estabilizando su relación con los sectores populares mediante una batería de programas sociales, y con los sectores altos mediante la desregulación de los mercados y la apertura de espacios de generación de rentas extraordinarias, rehabilitando la coalición que le permitió gobernar al primer fujimorismo: un pacto con los de arriba y los de abajo.

Más allá del festival de programas sociales ofrecido por Fujimori, la impresión que queda es que no apostará por un Estado que gane mayores niveles de autonomía y capacidad. Curiosamente, la coyuntura crítica podría cerrarse manteniendo el statu quo que hoy dicta el funcionamiento del país. Con el fujimorismo reordenando el tablero partidario y un Estado igual al actual, solo que con mayores programas sociales. En mi opinión, esa ruta no es sostenible en el largo plazo, pero como dijo el buen Keynes, en el largo plazo ya estamos todos muertos.

Desde la vereda opuesta, la victoria de Castillo ofrece un resultado incierto. Por delante tiene el reto de reordenar el sistema político en torno de un amplio bloque de izquierda. Además, debe forjar una coalición sociopolítica que le permita gobernar y que eventualmente pueda ser movilizada en caso de amenaza. Este agrupamiento contará ciertamente con los sectores campesinos y las capas medias provinciales (especialmente de las zonas andinas), pero deberá atraer a los sectores pobres urbanos y a una porción de las clase medias bajas de la ciudad capital. Todo esto, en un marco de mucha agresividad desde arriba.

Si logra la rearticulación del orden político en torno de sí y de un bloque de izquierda, queda por ver qué hará con la otra parte de la ecuación. Si la redefinición de la relación entre el Estado, el mercado y la sociedad se queda únicamente en un nuevo «pacto constitucional», la nueva trayectoria se topará rápidamente con sus propios límites.

Si Castillo entiende el Estado únicamente como una herramienta que ahora se pone al servicio del pueblo, cuando antes estuvo al servicio de los poderosos, probablemente fracasará. Si no aprovecha el tiempo en el poder para darle al Estado mayores niveles de autonomía y capacidad burocrática, quizás repitamos la historia de la región: Estados que deben hacer muchas tareas para las cuales no poseen las herramientas necesarias.

Históricamente, Perú ha sido un país donde las elites sociales han sido muy resistentes al cambio. De hecho, desde principios del siglo XX, la estrategia dominante de estos sectores fue la dominación a través del Estado, algunas veces mediante liderazgos personalistas civiles, otras mediante dictaduras militares. El cambio fue solo posible con el uso de la fuerza, durante el gobierno del general Juan Velasco Alvarado.

En el último ciclo democrático, si bien estas elites no lograron impedir la victoria de Humala en 2011, sí consiguieron evitar que llevara adelante cambios significativos. Pese a compartir varias de las condiciones que gatillaron el giro a la izquierda en otros países, en ese periodo Perú se mantuvo al margen. En 2011, Humala había logrado construir una coalición social significativa y colocar detrás de sí un frente político capaz no solo de enfrentar una campaña profundamente desigual, sino de ocupar los principales puestos del Estado una vez que triunfó. Era la oportunidad del cambio ordenado. Pero no se supo o quiso aprovechar.

Si el 6 de junio Castillo triunfa, habrá una diferencia fundamental respecto de la oportunidad anterior: el cambio será a trompicones, caótico y azaroso. Pese al desorden, se abriría la posibilidad de un hecho trascendental ad portas del Bicentenario: que sea un grupo social postergado el que tome las riendas del país. Los hijos del largo proceso de modernización social, y específicamente el remezón social que supuso la reforma agraria, habrán llegado al poder. Queda por ver si podrán, al igual que en Bolivia, producir una transformación duradera y significativa de este país.

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Lunes, 31 Mayo 2021 06:02

Shell

El director de Milieudefensie, Donald Pols, visiblemente feliz con el veredicto.

La sentencia de la corte de distrito de La Haya del pasado 26 de mayo ordena a la compañía anglo-holandesa de energía Shell que actúe para reducir, en el periodo hasta 2030, sus emisiones netas de carbono en 45 por ciento con respecto a los registros de 2019. "El grupo Shell", dijo la jueza responsable, "debe poner de su parte para contener la amenaza del cambio climático".

La demanda fue interpuesta por la organización Milieudefensie, la versión holandesa de Amigos de la Tierra. El argumento de base en este caso fue que los productos de Shell provocan cada año emisiones del orden de mil 600 millones de toneladas de dióxido de carbono, asociado con el llamado "efecto invernadero", equivalentes a 3 por ciento de las emisiones en el mundo y nueve veces más que toda Holanda.

El asunto ya había sido planteado por la propia Shell, que preveía disminuir las emisiones generadas por sus productos en 6 por ciento para 2023, 20 por ciento para 2030, 45 para 2035 y por completo en 2050 (con base en los niveles registrados en 2016).

La sentencia establece un precedente relevante para el control del calentamiento del planeta, cuya referencia política es actualmente el Acuerdo de París firmado en diciembre de 2015 en el marco de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Shell argumentó que el problema en cuestión no debe tratarse en los tribunales pues, siendo una cuestión global, requiere de un amplio esquema de inversiones, la transformación tecnológica en la industria energética, la adecuación de toda una enorme serie de productos y servicios relacionados, así como la modificación de los patrones de consumo de la población.

Antes ya, una corte holandesa ordenó al gobierno de ese país acelerar las rebajas en las emisiones de carbono para 2020 hasta 25 por ciento respecto al nivel de 1990; la primera decisión de ese tipo en Europa. Es interesante apreciar el entorno de las iniciativas y las inevitables resistencias políticas y económicas con respecto al tema general del medio ambiente y en especial al impacto sobre el clima.

En esa sentencia se hacía explícito que las causas y consecuencias del cambio climático no pueden limitarse a un solo país, pero que: "el Estado no debe esconderse detrás del argumento de que la solución a este problema global no depende sólo de los esfuerzos holandeses". Al respecto, hay otros argumentos que se exponen en diversos países que eluden las exigencias y disposiciones en el campo energético para contrarrestar el calentamiento global.

En estos asuntos quienes participan en el debate sobre el clima son los gobiernos, los organismos internacionales, las grandes empresas del sector de la energía y organizaciones relacionadas con el activismo por el medio ambiente. No son claras aún las formas en que las sociedades, con toda su diversidad y estructuras desiguales participarán de modo amplio en esta cuestión y los mecanismos que tendrán disponibles para contar con la información adecuada y expresarse al respecto.

Las grandes empresas que explotan el carbón, el petróleo y el gas operan con criterios de distinta índole, pero claramente la rentabilidad es uno de crucial importancia. En el caso de las empresas que son públicas, es decir, que cotizan en los mercados de valores, podría ser que la postura de segmentos de los accionistas presionase para que haya un vuelco en las estrategias medioambientales. No necesariamente ocurre lo mismo con las empresas estatales en la que esas decisiones, con significativos efectos económicos, ocurren con base en criterios políticos, en un sector por naturaleza claramente politizado alrededor del mundo.

Esto representa un conjunto de fricciones en cuanto a la consecución de los objetivos de afectar de modo positivo al cambio climático. Las decisiones son de largo plazo pues el viraje productivo que esto representa es complejo y abarca un amplio conjunto de actividades, mercados e intereses.

Se trata efectivamente de una cuestión global, pero el alineamiento de los intereses privados y estatales es conflictivo. Piénsese en la producción de energías bajas en carbono: electricidad –incluyendo la recarga de vehículos eléctricos–, el uso de hidrógeno, las energías renovables o los biocombustibles. Los patrones de ajuste de una mayor demanda con una mayor producción es el quid de la cuestión. Las medidas para conseguirlo abarcan una gran variedad de acciones del orden privado y público. La energía es un bien de consumo masivo.

Lo que se consigna es una tendencia hacia la mayor presión de los inversionistas para un ajuste ecológico de las empresas del sector de la energía, una creciente acción regulatoria de los gobiernos, el incremento de la conciencia social sobre las emisiones de gases y el efecto invernadero. Los intereses en disputa son muy grandes. Habrá que ver cómo se irá forjando la dinámica en el mercado, en las políticas gubernamentales y entre los movimientos ciudadanos. El objetivo que se ha fijado ahora es contener el promedio de la temperatura en la Tierra por debajo de 2 por ciento.

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La Comuna en la historia de la izquierda

La Universitat Progressista d’Estiu de Catalunya (UPEC) organizó el 12 de mayo una jornada sobre la Comuna con el sugerente título “El Temps de les Cireres” (El tiempo de las cerezas). Aquí puede verse la grabación de todas las ponencias. Reproducimos la que realizó Miguel Salas.

Gracias por esta invitación que estrecha aún más la colaboración entre la UPEC y la revista Sin Permiso.

Agradezco esta iniciativa que nos permite actualizar el pasado y darle significado hoy a la Comuna. Los hechos que sucedieron en París y en Francia tuvieron una repercusión internacional que cambió y concretó las perspectivas emancipadoras. La teoría se convirtió en práctica: por primera vez se constituía un gobierno dirigido por la clase trabajadora. Y la práctica enriqueció la teoría y permitió comprender mejor los procesos de transformación social.

Su influencia ha llegado hasta nuestros días y sigue siendo una fuente de conocimiento y reflexión, porque cada vez que volvemos a estudiar la historia de la Comuna descubrimos un nuevo matiz gracias a las posteriores experiencias revolucionarias.

En una entrevista que publicamos en Sin Permiso con Kristin Ross, le preguntan sobre su libro Lujo comunal. El imaginario político de la Comuna:

“Este libro vuelve a poner en escena a la Comuna de París en nuestra época. ¿Por qué la Comuna es un recurso que nos permite pensar reivindicaciones políticas actuales? -y Kristin responde- Me alegra que elijas la palabra ‘recurso’ en vez de la palabra ‘lección’”.

Sí. Ciento cincuenta años después, la Comuna sigue siendo una fuente de matices y de recursos, de los que estamos tan necesitados las izquierdas. Sigue viva y necesitamos seguir aprendiendo de ella. Leemos y escuchamos los ecos que nos vienen de lejos, pero lo hacemos mirando al futuro que queremos cambiar.

Lo que nos atrae de la Comuna

¿Qué poderosa influencia la ha mantenido viva durante todo este tiempo? Es cierto que hay bastante desconocimiento y tergiversación sobre lo que fue, pero cuando cualquier persona, cualquier militante o activista social entra en contacto con ella y empieza a conocerla se le abre un mundo de interés, de ansia de saber más, y puede transportarle hasta imaginarse la sociedad que querríamos para el futuro.

Espero que a lo largo de estos debates sepamos transmitir ese interés y ayudemos al renacimiento de muchas de sus ideas y experiencias. El título de esta mesa es “La Comuna de París en la historia de la izquierda”. Podríamos decir que la historia de la izquierda está determinada por la Comuna. Veámoslo.

Muchas cosas cambiaron tras 1871. Una brutal represión acabó con la Comuna, se persiguió al movimiento obrero en toda Europa y especialmente a la I Internacional; también fue el inicio de un periodo de fértil desarrollo del capitalismo y marcó el comienzo del imperialismo; pero la semilla ya había sido plantada, y de las cenizas de la Comuna surgieron los partidos y los sindicatos obreros y se actualizaron sus ideas y métodos de lucha.

Las repercusiones políticas de la Comuna fueron enormes en todo el mundo. El historiador de la Comuna, Lissagaray, escribió: “La atracción del París rebelde fue tan fuerte que hasta vinieron de América para ver este espectáculo desconocido en la historia: la mayor ciudad del continente europeo en manos de los proletarios”. La solidaridad se extendió por todo el continente. August Bebel, diputado socialdemócrata, declaró en el Reichstag alemán: “Si ahora París ha sido vencida, os prevengo que la lucha iniciada no es más que una avanzadilla. Pronto el grito de guerra del proletariado parisino: “¡guerra a los palacios, paz en las cabañas, muerte a la miseria!”, será el grito de guerra de todo el proletariado”. No fue fácil. La reorganización del movimiento obrero costó tiempo y esfuerzos.


La Comuna encuentra un nuevo impulso en Rusia

Fue en la lejana Rusia donde la Comuna encontró un nuevo impulso. Se comenta la anécdota de que cuando la revolución rusa superó los 72 días que la Comuna había durado, Lenin salió a la calle y se puso a bailar sobre la nieve para celebrarlo (es difícil imaginar sus virtudes como bailarín). Sea real o no, las anécdotas suelen reflejar momentos o estados de ánimo. Para los revolucionarios rusos la Comuna fue su referencia histórica, la inspiración teórica y práctica de lo que querían para su país. Por ejemplo, en el catálogo de referencias de las obras de Lenin se encuentran 367 entradas referidas a la Comuna. Regularmente, los aniversarios de la Comuna se aprovechaban para publicar artículos en su prensa o, cuando se podía, celebrar actos conmemorativos. “Todos, en el movimiento actual, descansamos sobre los hombros de la Comuna”, escribió Lenin.

La Comuna estuvo bien presente en los debates más importantes de los revolucionarios rusos. Si se hablaba del carácter de la revolución, aparecía la Comuna para defender el carácter obrero de la futura revolución; si se debatía sobre si la clase obrera estaría o no preparada para dirigir la sociedad, ¡qué mejor ejemplo que lo sucedido en París!; si la polémica giraba en torno a cómo combinar las exigencias democráticas de un país atrasado con el carácter socialista de la revolución, surgía la Comuna para ofrecer ejemplos y argumentos; si se trataba de la actitud a tomar ante la guerra imperialista, solo había que recordar lo aprobado en el Congreso de Basilea de 1912: “Que los gobiernos sepan muy bien que, con el actual estado de Europa y disposición de espíritu de la clase obrera, no podrían desencadenar la guerra sin correr peligro ellos mismos. Que recuerden que la guerra franco-alemana provocó la explosión revolucionaria de la Comuna, que la guerra ruso-japonesa puso en movimiento las fuerzas de la revolución de los pueblos de Rusia”.

Claro que también entre las izquierdas había quienes huían de cualquier referencia a la Comuna o, como mucho, la consideraban un accidente de la historia que no se volvería a repetir o que no correspondía a las particularidades rusas.

La historia lo resolvió. La mayoría de vosotros conoceréis o habréis oído hablar de las Tesis de Abril de Lenin. Son las tesis que defendió en su retorno a Rusia y que dieron un vuelco a la revolución. Si las repasáis, podréis comprobar que básicamente lo que hizo fue adaptar, en realidad podríamos decir copiar, la experiencia de la Comuna a las condiciones del momento.

¿Qué proponen las Tesis de Abril?: “Supresión de la policía, del ejército y de la burocracia (armamento general del pueblo). La remuneración de los funcionarios, todos ellos elegibles y renovables en cualquier momento, no deberá exceder del salario medio de un obrero cualificado”. Es una copia literal de lo que pusieron en práctica los comuneros parisinos. Los revolucionarios rusos también habían aprendido de los errores y las debilidades de la Comuna. Y en las Tesis de Abril se lee: “Fusión inmediata de todos los bancos del país en un Banco Nacional único, sometido al control de los Soviets de diputados obreros”. Como sabéis, en 1871 los parisinos no se atrevieron a tomar el Banco de Francia, dejando de utilizar esa importante palanca financiera. En dichas Tesis hay unas notas de Lenin que dicen: “Sobre la posición ante el Estado y nuestra reivindicación de un "Estado-Comuna"”, y añade a pie de página: “Es decir, de un Estado cuyo prototipo dio la Comuna de Paris”.

Como es de suponer, no todas las izquierdas compartían ni ese entusiasmo ni ese proyecto. En aquella época también había reformistas a quienes la revolución les producía grima; siempre hay quienes están dispuestos a rendirse antes que luchar. Un socialdemócrata alemán llamado Vollmar declaró que a “los comunalistas, en vez de tomar el poder les hubiese ido mejor echarse a dormir”. O quien, como Kautsky, utilizó la Comuna como arma arrojadiza para denigrar la revolución rusa.

A pesar de las diferencias entre marxistas y anarquistas -especialmente porque los segundos rechazan intervenir en política y su comunismo libertario debía producirse de un día para otro-, en torno a la Comuna se produce una mayor aproximación conceptual: la democracia participativa y de base, las comunas como la organización base de la sociedad y una defensa clara de la Comuna parisina como anticipo de una nueva sociedad.

 

Asturias. Nuestra Comuna

El hecho es que, a ojos del mundo, la continuidad de la Comuna fue el poder de los soviets y ambos se convirtieron en la referencia para casi todos los levantamientos obreros y populares. Viajemos ahora hasta la China de los años veinte del siglo pasado. Un país ocupado por potencias extranjeras e inmerso en un proceso revolucionario en el que participan la clase trabajadora y los campesinos, y una burguesía nacional que quiere sacudirse el peso de las potencias extranjeras. Durante el año 1926 se desarrollaron importantes huelgas en la zona de Cantón y Hong Kong, y en el mes de junio se reunió un congreso de 800 delegados obreros en el que se considera el primer soviet del continente asiático. Al año siguiente fue el turno de Shanghái. Una insurrección popular estalló el 21 de marzo hasta el 12 de abril, que fue conocida como la Comuna de Shanghái.

Nosotros también tenemos nuestra Comuna. En octubre de 1934 se había preparado una huelga general contra la entrada en el gobierno de las derechas reaccionarias contrarias a la república. El levantamiento solo triunfó en Asturias, donde se había conformado una Alianza Obrera de todas las izquierdas y sindicatos. La insurrección empezó el 5 de octubre y duró hasta el 18. Como en todo proceso comunal, hubo orden entre las filas obreras y desorden y represión causado por la guardia civil y el ejército (dirigido por Franco; el dictador hizo allí su aprendizaje represor). Se empezaron a tomar medidas de defensa de lo común de carácter socialista, y a organizar la vida en un sentido comunitario. En su libro Hacia la segunda revolución, Joaquín Maurín explica: “Hay otra (fortaleza) que los insurrectos se disponen a asaltar. Es el Banco de España. Nuestros revolucionarios no incurrirán en el grave error de la Comuna (de París) que respetó, cándidamente, el Banco de Francia. […] El Comité revolucionario de Asturias ha aprendido esta importante lección marxista. La dinamita hace saltar hecha trizas la cámara acorazada del Banco de España. Y, sucesivamente, saltan otras cajas en las sucursales de los bancos que hay en las poblaciones de la zona minera. […] El dinero, en último término, no es más que un signo de poder. El banco es un auxiliar puesto al servicio de quien manda. Y los que ahora mandan son los obreros revolucionarios”.

La derecha española utilizó la represión en París para que se aceptara la suya. En la sesión parlamentaria del 5 de noviembre de 1934, Melquiades Álvarez, diputado por Oviedo, evocó los asesinatos del gobierno francés en 1871 para defender la legitimidad de la represión contra el levantamiento asturiano. En esa misma sesión fue más lejos Calvo Sotelo, el dirigente de las derechas reaccionarias, que justificó la represión porque las ejecuciones de los comunards en París habían proporcionado a Francia sesenta años de paz social, o sea, la paz de los cementerios.

La Comuna de París vuelve a ser una referencia durante la revolución de 1936. Un batallón de las Brigadas Internacionales se pone de nombre “Comuna de París”. Conmemorando la Comuna, Federica Montseny, la dirigente anarquista de la CNT, da una conferencia en Valencia en mayo de 1937 en la que defiende la relación entre la experiencia de la Comuna y la revolución que está en marcha en España. “Por primera vez se aplican principios socialistas -dice Federica. [La Comuna] realizó una serie de hechos justos, proclamó una cantidad de principios socialistas por los que ahora precisamente estamos pugnando nosotros. […] Eran comunalistas, como en España lo era el movimiento federalista y libertario”.

La Comuna ha seguido siendo un evocador ejemplo. No podía faltar en el Mayo francés de 1968, en donde se volvió a hablar de la Comuna en París y de la Comuna del Barrio Latino (la de los estudiantes); y especialmente en la huelga general del 13 de mayo, en una manifestación que reunió en París a un millón de manifestantes. En el recorrido ondeaban las banderas rojas, y en un momento determinado un joven subió a una farola a descolgar la bandera francesa y a dejar allí una bandera roja. Fue un reflejo de la Comuna de 1871. La bandera tricolor representaba al ejército que reconquistó Paris a sangre y fuego. La bandera roja era la que ondeaba en las barricadas como enseña de la república de las clases trabajadoras. Sigue viva la Comuna, por ejemplo, en las protestas de los ‘chalecos amarillos’, donde se podían ver pancartas de “Viva la Comuna” y “Viva Louise Michel (una de sus figuras revolucionarias)”. En el movimiento la Nuit Debout, la Plaza de la República de París fue bautizada como “Plaza de la Comuna”.

Continuidad

Hay un hilo conductor que desde la Comuna llega hasta nosotros. Una continuidad, a pesar de las dificultades y de los giros que da la historia, que expresa la incansable lucha por la emancipación social y nacional, por liberar al trabajo del capital. John Reed, el periodista norteamericano que escribió Diez días que conmovieron al mundo, tiene un pequeño relato -que les recomiendo- titulado Hija de la revolución. Sucede en el París de 1914, donde coincide con una mujer joven que cuenta la historia de su familia. Su abuelo luchó en la Comuna; su padre fue un sindicalista revolucionario; su hermano siguió los pasos del padre y fue enviado a la guerra y ella -no os desvelo el final- quiere ser una mujer libre. Esa continuidad es la que convierte en normal, natural, la conmemoración de este 150 aniversario. Como escribió el socialista británico William Morris, “nos plantean de nuevo a todos los socialistas la periódica tarea de celebrarla a la vez con entusiasmo e inteligencia”.

Todos sabemos que la historia no es un proceso lineal, sino que está llena de avances y retrocesos y de sinuosas curvas que nos desvían del objetivo emancipador. Pues, así como la Comuna renace cada vez que hay un proceso revolucionario en marcha, podemos decir que su espíritu ha desaparecido en la práctica de la mayoría de los partidos políticos. ¿Qué tiene que ver el intento de la Comuna de asaltar los cielos, de emancipar el trabajo del capital, con la política de la socialdemocracia que ya en los años veinte del siglo pasado se opuso a la revolución y cuya única tarea parece ser gestionar mejor el capitalismo? En la tradición estalinista se hablaba de la Comuna, incluso se la conmemoraba, para hacer lo contrario. ¿Qué tiene que ver la participación democrática en la Comuna, la elegibilidad y revocabilidad de los dirigentes, con la práctica estalinista de ausencia de libertades? ¿Qué tiene que ver la práctica de la Comuna de que los elegidos debían cobrar el salario medio de un obrero cualificado con los privilegios y la corrupción de la burocracia estalinista? ¿O la aspiración de la Comuna a un gobierno barato con el monstruo de Estado creado por la burocracia estalinista?

Claro que siempre se puede decir que el mundo ha cambiado, que ahora no habría condiciones, que el mundo es mucho más complejo… siempre se pueden encontrar excusas, pero hay algo que no ha cambiado: la necesidad de luchar y acabar con el capitalismo y construir una sociedad igualitaria, solidaria, democrática, fraternal, es decir, socialista.

Puestos a encontrar excusas, también se utiliza aquello de que las propuestas de la Comuna solo servirían para momentos revolucionarios, y ahora no lo son. No es una buena excusa. La participación democrática, la revocabilidad de los dirigentes, la elegibilidad de jueces y funcionarios, un gobierno barato, etc. Medidas que empezaron a aplicar los trabajadores parisinos serían perfectamente posibles en nuestra sociedad actual y una respuesta democrática a los numerosos problemas que arrastramos, desde la desigualdad hasta el crecimiento de la extrema derecha, o hechos como las recientes elecciones en Madrid.

Estudiando el pasado mirando al futuro

Al iniciar esta conferencia me preguntaba, os preguntaba, ¿qué nos atrae de la Comuna?

Me aventuraría a decir qué nos atrae:

  1. A) Su audacia y heroicidad. Fueron capaces de defender su ciudad y su país frente al ejército invasor, mientras la burguesía pactaba con los invasores y prefería sofocar la revolución antes que luchar contra el ejército enemigo.
  2. B) Su energíapara aplicar las medidas que respondían a las necesidades del pueblo trabajador. No tenían un plan preciso, pero tampoco tuvieron miedo para atacar lo que parecía intocable: el ejército permanente, el poder de la Iglesia, la judicatura como un cuerpo ajeno al pueblo. Tampoco se echaron atrás ante la propiedad privada. Las viviendas desocupadas fueron adjudicadas a quienes las necesitaban. Las fábricas abandonadas por sus propietarios empezaron a ser controladas por sus trabajadores. Solo les faltó tiempo para proseguir su labor.
  3. C) Su radicalidad democrática. ¿Dónde se había visto que las clases trabajadoras pudieran gobernar, una tarea que parecía solo reservada a burgueses, a gente con fortuna o abogados? ¿Dónde se había visto que los gobernantes, diputados, jueces podían ser revocados por sus electores si no cumplían con lo acordado? Hasta entonces el Estado había sido un botín para repartirse entre los distintos sectores de la burguesía; la Comuna instauró un gobierno barato del que se podía beneficiar el conjunto de la sociedad. Digamos también que, aunque las mujeres jugaron un importante papel en las decisiones y en la lucha, incluso en las barricadas, no llegaron a conquistar su derecho a votar. La Comuna como célula básica de la nación. No la nación creada desde arriba, sino una federación de comunas que libremente conforman la nación. Su aceptación del extranjero, del inmigrante: algunos de ellos hasta tuvieron puestos de responsabilidad en la dirección de la Comuna. La fraternidad con los pueblos, la Comuna como base de una república universal, decían.
  4. D) Su lucha contra la desigualdad. La libertad y la democracia necesitan asegurar la base material de la existencia, tener una vida digna. Solo pudieron empezar, pero abrieron el camino que siguieron muchas generaciones para conquistar una nueva sociedad.

Esta conmemoración de la Comuna la hacemos estudiando el pasado con los ojos bien abiertos hacia el futuro.

Para acabar, quisiera recuperar un discurso pronunciado en otro aniversario. Cuando se cumplían cien años de la Comuna le concedieron a Pablo Neruda el Premio Nobel de Literatura. En su discurso de aceptación dijo: “Hace hoy cien años exactos, un pobre y espléndido poeta, el más atroz de los desesperados, escribió esta profecía: A l’aurore, armés d’une ardente patience, nous entrerons aux splendides villes. (Al amanecer, armados de una ardiente paciencia, entraremos en las espléndidas ciudades)”.

“Yo creo en esa profecía de Rimbaud, el vidente, -dijo Neruda-. Yo vengo de una oscura provincia, de un país separado de todos los otros por la tajante geografía. Fui el más abandonado de los poetas y mi poesía fue regional, dolorosa y lluviosa. Pero tuve siempre confianza en el hombre. No perdí jamás la esperanza. Por eso tal vez he llegado hasta aquí con mi poesía, y también con mi bandera”.

“En conclusión, debo decir a los hombres de buena voluntad, a los trabajadores, a los poetas, que el entero porvenir fue expresado en esa frase de Rimbaud: Solo con una ardiente paciencia conquistaremos la espléndida ciudad que dará luz, justicia y dignidad a todos los hombres. Así la poesía no habrá cantado en vano”.

Por Miguel Salas 

Miembro del consejo editorial de Sin Permiso

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