El Muro de las Madres de Portland se levanta contra las tropas de Trump

El inédito modelo de protesta ya se está expandiendo a otras ciudades como Chicago

"Federales manténganse alejados... Las madres han llegado", es el grito de guerra con el que las mujeres de Portland recorren las calles a pesar de la represión de las fuerzas federales. 

 

Sin más armadura que unos cascos de bicicleta y algún que otro paraguas, llevando en la mano girasoles y vistiendo remeras amarillas, miles de madres le están poniendo el cuerpo a los palos, las balas y los gases de los agentes federales desplegados en Portland , Estados Unidos. La sucesión de imágenes de oficiales camuflados reprimiendo y llevándose detenidos a manifestantes en autos sin chapa de identificación fue lo que movilizó a las mujeres de la ciudad más grande del estado de Oregon a formar de manera autogestiva y espontánea el Wall of Moms (Muro de las Madres). "Federales manténganse alejados... Las madres han llegado", es el grito de guerra con el que las mujeres recorren las calles de Portland. Este modelo horizontal de protesta ya se está expandiendo a otras ciudades del país como Chicago y las madres, a pesar de los palos, no están dispuestas a retroceder.

Las masivas manifestaciones contra el racismo se iniciaron tras el asesinato de George Floyd y cumplen ya dos meses en Portland. Se vieron potenciadas cuando el presidente Donald Trump prometió enviar tropas a distintas ciudades del país para reestablecer "la ley y el orden" en el país y vencer a "la izquierda radical y el anarquismo". Una peligrosa jugada con la que el mandatario pretende sacar rédito de cara a las presidenciales de noviembre. Aunque por el momento y a juzgar por las calles y las encuestas nacionales , la estrategia no le estaría funcionando.

La fuerza de la maternidad

Agentes federales dispuestos como soldados de un ejército de ocupación golpeando a sus hijos o a jóvenes que tranquilamente podrían serlo. La escena fue suficiente para despertar la conciencia de las madres, y en especial la de Bev Barnum. "Fue un llamado a la acción. Fui honesta y dije que no sabía cómo protestar, pero sabía que había que hacer algo", explicó Barnum, de 35 años y madre de dos hijos.

"A menudo, las madres son subestimadas. Pero somos más fuertes de lo que creen. ¿Qué dicen? ¿Están conmigo? ¿Me ayudarían a crear un muro de madres?", se preguntó en sus redes sociales. La respuesta fue inmediata. El grupo de Facebook ya reúne a más de 18 mil usuarios y tienen un sitio web desde el que coordinan sus acciones diarias. Suelen avanzar hasta la Corte Federal, donde las espera un gigantesco dispositivo de seguridad. 

"Queríamos lucir como si estuviéramos yendo al supermercado, como gente normal, con la esperanza de que esto sirviera como protección contra los agentes federales. No funcionó", le reveló Barnum al sitio Buzzfeed News . Los oficiales las reprimieron y llevaron detenidas al igual que a sus hijos e hijas. Las máscaras de gas se tornaron esenciales y se agotaron rápidamente en Portland. Así nació la autogestión con la producción de máscaras caseras construidas con bidones de plástico cortados. Otras madres copian las tácticas de los manifestantes de Hong Kong usando paraguas como escudos. Pero tampoco es suficiente para repeler las balas de goma.

Desiree LaBella es una de las caras más visibles de las movilizaciones contra la violencia policial. Su hijo de 26 años, Donovan LaBella, resultó gravemente herido por balas de goma a principios de julio y debió ser hospitalizado por fracturas en el cráneo y en la cara. Desgraciadamente no es el único caso. Faith Lightsy fue gaseada por fuerzas de seguridad días atrás. También atacaron a su hija embarazada con gas pimienta, y su sobrino fue rozado por una bala de goma.

"Dimos un par de pasos y tuvimos problemas... Dimos un par de pasos más y fuimos rescatados por alguien que literalmente apareció de la nada. Tenía toallitas, agua, leche, y tan rápido como nuestros ojos estaban ardiendo y luchábamos por respirar, nos estábamos recuperando", explica Lightsy, quien reivindica la organización y el espíritu solidario que moldea al Muro de las Madres.

Lightsy subió a sus redes sociales una imagen junto a sus dos hijas y su nieta en una de las primeras manifestaciones en Portland. "Por favor ayuden a que nuestras voces sean escuchadas y nuestras caras sean vistas. Tres generaciones de mujeres negras en la lucha. Una imagen poderosa teniendo en cuenta el entorno en el que crecí", es parte del texto con que esta madre acompañaba la publicación. "La razón por la que me uní al movimiento es porque yo también soy madre. Más específicamente, soy una madre negra y fui la única persona negra por el lado de la familia de mi madre hasta que tuve a mis hijos. Me uní al grupo porque creo que no hay fuerza en la tierra más poderosa que la maternidad", asegura Lightsy en diálogo con PáginaI12.

Tuvo que ocurrir el brutal asesinato de George Floyd para que Jane Ullman prestara atención a los excesos de la policía en territorio estadounidense. Esta directora financiera de la sede en Portland del Silicon Valley Bank se unió a tantas otras madres que cada noche construyen una verdadera barricada humana entre manifestantes y agentes federales. "Como una mujer blanca de clase media alta en la ciudad más blanca del país, no podía aguantar más", manifiesta. 

"Ver a los federales reprimiendo me empujó a salir. Yo quería tomar medidas, actuar contra esa violencia estatal. Fue el Muro de las Madres lo que me permitió salir a la luz", agrega Ullman a la edición estadounidense de The Guardian . Es que la convocatoria también llevó a cuestionar los privilegios de los blancos, en una ciudad en la que, según el último censo nacional de 2019, los blancos representan al 77 por ciento de la población, y los negros apenas al 5,8. Sin embargo, el Black Lives Matter se hace sentir como en pocas ciudades del país. Y las mujeres motorizan ese proceso.

Buscando una salida

De la represión de las tropas de seguridad no se salvó ni siquiera el alcalde de Portland, Ted Wheeler. El político demócrata quiso darse un baño de realidad al participar de las movilizaciones del miércoles pasado. Tuvo que irse escoltado bajo una nube de gases lacrimógenos y enfrentando a los manifestantes que lo acusaban, en el mejor de los casos, de ser un hipócrita. Teressa Raiford, afroamericana y fundadora de la organización Don’t Shoot Portland, acusó al alcalde de utilizar la presencia de los agentes federales para encubrir su propio fracaso a la hora de abordar una necesaria reforma policial en la ciudad. "Nuestros líderes ahora dicen: 'Donald Trump te está atacando y nos preocupamos por ti'. Pero quienes estamos hace tiempo en la línea de combate nos damos cuenta de que estábamos siendo atacados por ellos antes de que Trump comenzara a atacarnos", dijo Raiford a The Guardian

Frente a un escenario complejo donde las demandas se renuevan constantemente, es difícil pensar en una solución a corto plazo. "No creo que el final llegue pronto. Creo que la comunidad BIPOC (abreviatura usada para nombrar a la comunidad que agrupa a negros, indígenas y personas de color) en Portland necesita ver a nuestros líderes actuando, no sólo diciendo que van a actuar. Reforma policial, fin de la inmunidad calificada, invitarnos a las juntas y a las mesas de conferencias. Los políticos primero deberán comportarse como personas y luego usar su plataforma de poder para promover la igualdad y resolver los problemas que enfrenta la comunidad negra", asegura Lightsy, y deja en claro que las madres de Portland exigen mucho más que un simple cambio de retórica.

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¿Donaciones o lavado de imagen? Columna censurada 
El pasado martes 21 de julio nos enteramos que esta columna que sería difundida en el espacio de opinión del portal informativo Pulzo.com no fue publicada y se nos informó que nuestras columnas entrarían en un periodo de p  rueba por abordar "temas políticos" y no de derechos humanos. A continuación la damos a conocer, y en breve ampliaremos los detalles de este preocupante hecho de censura.
 

Las afectaciones a los derechos humanos en tiempos de pandemia han sido poco discutidas, a pesar de su importancia. La privatización de la salud pública y la desatención de la población por parte de gobiernos negacionistas, han afectado el derecho a la salud de millones de personas. Al manejo de la pandemia efectuado por los gobiernos de Brasil y Estados Unidos solo le cabe un adjetivo: catastrófico. A lo anterior, se suman las consecuencias de las medidas que procuran contener el virus. Las medidas de cuarentena, aunadas a la incertidumbre en la economía mundial, generan un riesgo de grave retroceso en los derechos sociales. Hoy millares de personas sufren inseguridad para garantizar alimentación, trabajo y vivienda.

En ese contexto, las donaciones se convierten en un elemento de solidaridad social para la crisis y la incertidumbre. Frente a Estados desmantelados por las reformas neoliberales y ante la negativa de implementar una renta básica, o un ingreso mínimo de emergencia para la población, la solidaridad ciudadana activa nuevas redes de afecto y cuidado compartido. En estos tiempos de pandemia, las donaciones han sido una práctica que ha aliviado necesidades y tejido apoyo mutuo.

Sin embargo, hoy tenemos buenas razones para mirar ciertas donaciones con sospecha. A nuestro juicio, algunos donativos no cumplen con el objetivo de ayudar, incluso pueden agravar los problemas que ya estamos viviendo o pueden ser resultado de una agenda que no es precisamente humanitaria.

El pasado 2 de julio la empresa transnacional Nestlé hizo entrega de desayunos en Bogotá y Medellín, que incluían comestibles ultraprocesados. Dicha donación tuvo un amplio despliegue publicitario en las redes de la Alcaldía Mayor de Bogotá. Algo similar ocurrió a finales de abril, con la entrega de 11 mil bebidas azucaradas y 16 mil comestibles de paquete por Pepsi Co; entrega que fue inicialmente publicitada en las redes sociales de la Secretaría de Desarrollo Económico, pero posteriormente tales publicaciones fueron borradas.

En una carta enviada a la alcaldía de Bogotá por el Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”, expresamos que “organismos como UNICEF hoy recomiendan no aceptar donaciones de productos con altos contenidos de grasas saturadas, azúcar o sal por considerarlos ‘comestibles no saludables’. Las donaciones en especie de las empresas de bebidas y alimentos son aceptables cuando contienen únicamente alimentos saludables, preferiblemente producidos por productores locales. Productos como dulces, papas de paquete, embutidos, ‘comida chatarra”, o bebidas azucaradas como las gaseosas, no cumplen con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud –OMS- sobre dietas saludables, por lo que entre otras medidas se ha buscado que dichos productos contengan sellos frontales de advertencia, y su promoción puede afectar el consumo de alimentos locales”.

Tales recomendaciones tienen mayor relevancia en este momento, pues la evidencia científica señala que el consumo excesivo de comida chatarra genera enfermedades no transmisibles, como la diabetes o la hipertensión, y que las personas que padecen tales enfermedades hoy son más propensas a enfermar de gravedad en caso de verse infectadas por el Covid 19. Por tales razones, en países como Uruguay el Ministerio de Desarrollo Social estableció un Protocolo para la evaluación de donaciones de alimentos que busca evitar, precisamente, las donaciones de comida chatarra e incentivar las donaciones de alimentos reales, nutritivos, producidos por campesinos locales.

La carta también señala una preocupación por la publicidad realizada con recursos públicos de estas donaciones: “A nuestro juicio, las instituciones públicas deben abstenerse de participar en ejercicios de ‘marketing asociado a causas’, en programas de donación impulsados por compañías que produzcan comestibles no saludables, y deben evitar a toda costa convertir las donaciones en oportunidades para que las marcas que donan hagan publicidad, o para que desarrollen estrategias de lavado de imagen”.

Vale la pena recordar que una empresa como Nestlé, una de las compañías transnacionales más grandes del mundo, ha sido acusada de vulnerar derechos humanos en varias ocasiones. En 1977 fue duramente cuestionada por impulsar una agresiva campaña publicitaria para vender sustitutos de leche materna en regiones del sur global que no contaban con agua potable; a la postre, la irrupción de estos productos generó un desestimulo a la lactancia materna, así como el desmejoramiento de la nutrición de los niños y niñas, e incluso un aumento de los fallecimientos infantiles. Esta compañía también es una de las mayores distribuidoras de agua embotellada del mundo, mientras varios de sus ejecutivos han afirmado que el agua no es un derecho humano. No es una casualidad que se opongan al derecho al agua, pues la compañía ha sido acusada en varias ocasiones de acaparamiento de ese bien común, así como de fomentar la violencia antisindical en Colombia. Sobre el asesinato de Luciano Romero, trabajador de esa compañía y dirigente sindical, aún hay mucho por aclarar.

Insistamos en que “recurrir a personal del Distrito, usar las redes sociales de sus entidades o emplear los canales públicos de prensa para favorecer campañas de lavado de imagen de empresas privadas genera un claro conflicto de interés que los servidores públicos deben evitar, en cualquier caso, en aras de garantizar transparencia y defensa de lo público”.

Finalmente, recordamos las palabras del periodista español Antonio Maestre, quien expreso que “una donación si se hace pública ya no es donación, solo marketing”. En algunos casos tales donaciones ya no son marketing, sino una clara campaña de lavado de imagen. Campañas que, por cierto, pueden ser muy funcionales a la hora de bloquear políticas de salud pública que buscan prevenir enfermedades, salvar vidas y proteger derechos.

 

Por Soraya Gutiérrez Argüello, Vicepresidenta Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”

 

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Imagen: AFP

Hemos derrotado el modelo del héroe del cine hollywoodiense cuyos súper poderes, su valentía y su habilidad salvaban a una humanidad cobarde y asustada, acechada por el fin del mundo e incapaz de actuar colectivamente para rescatarse a si misma o al planeta.No hubo héroe solitario, ni un grupito de poderosos títeres que vencieron al invasor, a la enfermedad, al monstruo o a la pandemia. Al virus covid-19 lo enfrentamos juntos, a solas, encerrados, privados de casi todo lazo social y familiar y de las interacciones enriquecedoras con el flujo indomable de la realidad.

Super Man, el hombre araña, Hulk, Iron Man o los vengadores son una triste representación de la vanidad de un imperio industrial, militar, financiero y cultural que proyecta su coraje y su superioridad imaginaria en los ojos de una humanidad amordazada por el miedo, enfrentada por intereses mezquinos, y la salva del desastre. La ciencia ficción hollywoodiense nos ha ofrecido siempre la versión de una elite heroica y no la de una comunidad humana responsable, digna, fuerte y combativa. La potencia colectica con la que se enfrentó la pandemia es el desmentido más elocuente de esa narrativa envejecida y barata al mismo tiempo que la restauración de un mito sano y redentor: el de los grandes relatos fundadores, el de la saga homérica de Ulises. "El mundo nace. Homero canta. Es el pájaro de esta aurora", escribe Victor Hugo. Nuestra Ítaca, la isla a la que regresa Ulises en el relato homérico, fue nuestro hogar, fueron nuestros espacios estrechos y poblados con el infinito de la intimidad. No apareció ningún puñado de héroes en estos tiempos de tragedia, sino millones; una suerte de héroe y heroína plural y planetaria. Fue el aluvión humano retenido en sus casas contra una casta de presumidos súper humanos. El imperio ha vendido siempre esa noción primaria: sin él no hay paz, ni estabilidad, ni equilibrio, ni justicia, ni ley, ni razón, ni progreso, ni redención. Incluso en las películas donde solo queda un grupito modesto de supervivientes existiendo como ratas escondidas aparece el iluminado libertador que lo entrega todo de si mismo para liberar a los cautivos. Esas mega producciones expresan exactamente lo que no existe en la sociedad que los produce: la solidaridad, el sacrificio por el otro, la igualdad entre razas y orígenes, la bondad a costa de la propia vida, la generosidad espontánea, el altruismo, la paz. 

Donald Trump reescribió el guion de la ficción: incompetencia, egoísmo, vanidad, indolencia, ignorancia, cobardía del supuesto héroe, arrogancia, producción de muerte en vez de vida. El trumpismo no fue el garante de la paz y la salud mundial sino el sepulturero de su propia sociedad. Llevó su país a la tumba y no a la liberación. Hay un montón de negacionistas de su estirpe desparramados por el mundo: los caceroleros argentinos, mezcla de una biblia rota con un calefón oxidado: quienes firmaron esa carta deshonesta sobre “La democracia está en peligro”. Esa secta de ideología momificada inventó “la infectadura” como si poner la autoridad de un Estado al servicio de la vida fuese un golpe de Estado. Seguro que esos grupos sueñan con que se descuelgue del cielo una pantomima de héroe yanqui que los salve de la inocultable realidad y del peronismo que los está amparando a todos. O tal vez añoren a un general siglo XXI, con un montón de medallas en la solapa, una picana eléctrica en una mano y en la otra un manual anti “infectadura” escrito en Washington. Como al trumpismo, no les entra en el corazón la noción de lo mutuo y apuestan a cualquier precio por lo contrario, es decir, lo mío y lo privado que sustenta la esquizofrenia liberal. La destrucción del bien común y la privatización del mundo.

 Los héroes de pantalla, los caciques de la tribu troglodita ya no tienen nada que decirnos. Sus palabras son muerte, pobreza, violencia y dependencia. Esa derecha ya no está en el mundo, apenas lo contempla asomada a un balcón y, desde allí, sólo puede, cacerolear o tirar basura.

Ha muerto el héroe gringo de pantalla y ha renacido el individuo responsable, un hogareño forzado, nacional y al mismo tiempo globalizado. Furioso, solo, enfermo, pobre, sin trabajo, sin ver a sus hijos, a su familia o a su amor, en duelo por las pérdidas cercanas, malhumorado por el encierro, pero responsable. Ha desaparecido el presidente héroe porque ningún dirigente es heroico por si solo sin que la sociedad que lo escucha no sea también una heroica unidad de lucha, resistencia y renuncia. La pedagogía metódica del presidente Alberto Fernández contrasta con la cultura política confrontacional de la Argentina. La paciencia y la palabra acaban al final por desbancar la intimidación y la egolatría. Así ocurrió en Francia con la ecología. Esos “chicos inmaduros” se pasaron años andando en bicicleta, sembrando su mensaje, soportando las burlas, las cornetas socarronas de sus adversarios o el pito catalán en la televisión. Ahí están hoy al frente de un patrimonio aristocrático liberal como Burdeos, al timón de una ciudad industrial como Lyon. Un relato distinto trepa por la caprichosa verborragia del Rey Pinocho de gringonada. 

Trump, Bolsonaro, Boris Johnson, Vargas Llosa y el ejército de teleignorantes son Pinochos desnudados por la avalancha de la realidad. Viven como esos héroes de Hollywood en Pinocholandia, no en los territorios humanos. Robocop no vendrá a salvar a nadie, Terminator y la Mujer Maravilla terminarán casándose en su mundo solitario. The Avengers no están aquí para enfrentar la gran amenaza para la seguridad mundial. Sus hazañas hipnotizadoras producidas con cientos de millones de dólares eran el maquillaje perfecto de la cultura que los engendró y votó al Rey Pinocho. 

La pandemia nos dejó ante nuestro espejo más lúcido: no dependemos de ningún imperio colonial, de ningún hombre de acero sino del acero y la ternura de la condición humana. ¿ Cuánto tiempo de vida política le quedará al pinochismo trumpista y cuánto de existencia simbólica al héroe inflado de pixeles ?. Depende de nuestras acciones. Estamos en la línea exacta en que podemos convertirnos en disidentes del sueño vicioso en que nos metieron antes de la pandemia. En un imperdible ensayo publicado en 2014 por el filósofo argentino Ricardo Forster, "La Muerte del Héroe", Forster señalaba cómo el héroe había " quedado del otro lado de la historia »para convertirse en « mera representación espectacular". El filósofo escribe luego : "Cuando algunas décadas atrás se iniciaba la ofensiva contra los grandes relatos y se decretaba, a poco de recorrer el camino de las nuevas concepciones, su adiós definitivo, lo que en realidad se estaba desmoronando a un ritmo que no imaginábamos tan veloz, era la propia trama de la historia, la posibilidad misma de seguir identificando nuestras vidas como deudoras de una temporalidad trascendente, como integradas a un escenario atravesado por la lógica del sentido". Tal vez, ese héroe arrasado por relatos configurados para vender Pop-con, posters y figuritas de plástico esté palpitando ya en el centro de nuestras vidas. 

La pandemia dejó en ridículo al relato hollywoodense y nos devolvió, además de « las venerables escrituras », la certeza heroica de cada existencia humana, la curiosidad, el coraje, las memorias, el sentido de lo que es una casa. Los héroes tienen la misión de ser como una correa de transmisión de valores. Los de Hollywood han perdido toda pertinencia. No nos conciernen más. El héroe es la figura política del relato y esa figuración hollywoodense se ha quedado sin su propio mito. El estremecedor “no puedo respirar” de George Floyd ahogó también toda posibilidad de una nueva reproducción del mito. Los viajes son una de las grandes alegorías de la vida. Aquí no viajamos, pero el encierro, la inmovilidad, nos invitaron sin embargo a otro viaje, a otra forma de resistencia, a la reelaboración de nuestro propio heroísmo íntimo. En cada hogar hemos sido dueños y protagonistas del relato heroico. La respuesta a la necesidad de una renovación de lo ético y lo político no tendrá ni al imperio ni al pixel de pantalla como figuras sino a la convergencia fundamental que se plasmó durante el confinamiento. La suma de esos millones de héroes será la figura de la batalla fundacional que se inicia ahora.

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La lucha por la comida en tiempos de pandemia

Si se pudiera cuantificar la cantidad de alimentos producidos, donados e intercambiados vía trueque por los movimientos campesinos, indígenas y populares en América Latina, nos llevaríamos una grata sorpresa. Aunque sólo conocemos datos parciales, podemos asegurar que los pueblos organizados están caminando hacia nuevos niveles de autonomía, incluso alimentaria.

Hasta comienzos de julio, campesinos del Movimiento Sin Tierra, junto a pequeños agricultores, habían donado 2.3 mil toneladas de alimentos desde el comienzo de la pandemia, incluyendo lácteos, arroz, verduras y frutas (https://bit.ly/3gWw8R1). De ello se beneficiaron pobladores de las periferias urbanas, indígenas y quilombolas (espacios del pueblo negro).

En el sur de Colombia, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) ha realizado Mingas de la Comida llevando alimentos de clima frío, templado y cálido a las ciudades, promoviendo ferias de trueque entre comunidades y migrantes urbanos, que les dan a cambio productos sanitarios y de limpieza en reciprocidad (https://bit.ly/2WAkV0X). Prácticas que forman parte de la Minga Hacia Adentro decidida por el CRIC para afrontar la pandemia.

Por su parte, el Proceso de Liberación de la Madre Tierra, en la misma región, además de continuar liberando fincas para la vida, ha realizado varias marchas de la comida en apoyo a comunidades rurales y barrios urbanos (https://bit.ly/2DyJSmv). La Guardia Indígena se encarga de los cuidados comunitarios, ejemplo que vienen siguiendo otros pueblos con la creación de Guardias Cimarronas y Guardias Campesinas (https://bit.ly/2OmpRlt).

En las ciudades, se multiplican los espacios de cultivo de alimentos y plantas medicinales. En Popayán, Cauca, vecinos de las periferias abrieron huertas para abastecer las ollas comunes y en barrios de Córdoba, Argentina, las familias organizadas comenzaron a cultivar huertas en sus casas y compartir los alimentos.

La agricultura urbana y periurbana se instaló hace décadas, pero durante la pandemia conoció una notable expansión. El movimiento más potente en este sentido es la Unión de Trabajadores de la Tierra en Argentina, hijo "cimarrón" del movimiento piquetero y del campesino, que ahora reúne 10 mil familias que producen alimentos venden en almacenes propios, ferias informales y redes de comercialización alternativa.

Crearon, además, una innovadora forma de protesta con los "verdurazos" para visibilizar las demandas del sector campesino (https://bit.ly/2ZqJa3f).

En tanto, debe destacarse el papel de las Redes de Abastecimiento de las asambleas territoriales de Santiago y Valparaíso, en Chile. Las redes compran directamente a los productores y campesinos, eludiendo intermediarios con el fin no sólo de asegurar la alimentación, sino de "fortalecer la capacidad organizativa en el propio territorio" (https://bit.ly/2CF5soT).

En Uruguay miles de personas compramos en el Mercado Popular de Subsistencia, una red de más de50 nodos territoriales urbanos que adquiere sus productos a fábricas recuperadas, cooperativas y agricultores familiares (https://bit.ly/3h2opkk). Las familias elijen sus alimentos de una canasta de más de 300 productos, que recogen, transportan y fraccionan en forma de ayuda mutua.

Así como los pueblos no esperan que los gobiernos decreten la reforma agraria, recuperan tierras, resisten y producen en ellas, tampoco esperaron que los gobiernos se hicieran cargo de la alimentación, ante la incapacidad de éstos para responder a la emergencia.

La Vía Campesina, en 1996, acuñó la propuesta de "soberanía alimentaria", para enfrentar la "seguridad alimentaria" de los organismos internacionales, que apuestan al mercado, las multinacionales y las tecnologías para alimentar a los pueblos. En un principio, la definió como "el derecho de cada nación" para producir alimentos, "respetando la diversidad productiva y cultural".

Eran años de ascenso de las luchas por la tierra, con epicentro en Brasil y en los pueblos originarios. Con el tiempo, Vía Campesina fue"profundizando" el concepto de so-beranía alimentaria al calor de nuevas luchas, enfatizando en las "nuevas relaciones sociales", en la gestión de los productores y movimientos para "conservar la autonomía y recuperar nuestro poder", como señala la Declaración de Nyéléni de 2007 (https://bit.ly/30heCA8).

En 2018, la Coordinación Europea de Vía Campesina fue más allá, definiendo la soberanía alimentaria como un "proceso de construcción de movimientos sociales", con base en la solidaridad que se construye "de abajo hacia arriba" (https://bit.ly/3h10SQN).

Si es cierto que la pandemia desnuda la nueva realidad neoliberal, el crecimiento de nuevas derechas y el secuestro de democracias por el capital financiero, también enseña avances notables de los pueblos en movimiento, capaces de construir su autonomía resistiendo y creando nuevas formas de producir, distribuir y consumir alimentos

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https://www.criptonoticias.com/aplicaciones/dao-intentara-nuevo-plataforma-caridad/

En tiempos donde el discurso oficial es mantener el distanciamiento social, y su llamado es a la caridad disfrazada de solidaridad, el genuino ejercicio solidario permite explorar otras formas de relacionarnos y encontrarnos. No solo en la carencia sino, y sobre todo, en las posibilidades.

¿Solidaridad o caridad? El interrogante tiene toda vigencia y viene al caso a propósito de la intensa campaña de ayudas con mercados y otros aportes que desde diversas instancias de la institucionalidad fueron emprendiendo para afrontar las consecuencias del confinamiento que como método encontraron los gobiernos municipales, así como el nacional, para afrontar el avance de la pandemia desprendida por el covid-19.

Como en otras ocasiones, estas campañas contaron con todo el concurso de los medios de comunicación oficiales, y lo recaudado no fue menor. Los millones y otros aportes recogidos, hablan de empresas del sector privado que aprovechan la ocasión para difundir su marca tras la supuesta benevolencia que anima a su ser social, pero también de miles de personas que están siempre dispuestas a contribuir con unos pesos para que los pobres no sufran tanto.

Es sorprendente, ni unos –las empresas– ni otros –las personas– se disponen a pagar impuestos en proporción real a la riqueza que han acumulado, simplemente, unos y otros, alardean que son muy caritativos, así en la vida cotidiana no le paguen a sus trabajadores lo que en realidad les corresponde, como tampoco están dispuestos a renunciar a sus privilegios para avanzar tras una sociedad en justicia.

El momento

Apenas declarada la crisis sanitaria e iniciado el confinamiento, salieron a relucir aquellas verdades que todos conocemos, pero pocos enuncian: Colombia es un país que se sostiene en gran medida por el trabajo informal de millones de personas, quienes viven al día y por tanto, si no les permiten rebuscarse el pan diario lo que deben afrontar es hambre, la cual deja de ser retórica vacía para transformarse en banderas rojas, desnudando la desigualdad reinante en nuestro país. Banderas que denuncian que el progreso es una vana ilusión para la mayoría de personas, que la realidad es otra muy distinta al cuento de hadas que venden en televisión, puesto que efectivamente la desigualdad es tangible, así no se evidencie en las estadisticas, que las periferias se encuentran habitadas por quienes padecen la negación de sus derechos fundamentales, entre ellos a trabajo, vida digna, alimento, salud.

Pero no solo a ellos los afecta tal realidad, sucede igual con la llamada clase media, que en Colombia debiera llamarse la “clase cuarto” pues según el Dane lo que la diferencia de las mayorías de más abajo son unos pocos pesos de más, clase también arrastrada al pozo del hambre por la crisis en curso. Por vergüenza no sacan banderas rojas, pero la necesidad los tienta; mientras lo piensan, miran las tarjetas de crédito y optan por seguirse endeudando. Arrastrados a la pobreza, igual que los vecinos del barrio de periferia, pasada esta coyuntura sufrirán el cobro afanado de los bancos, y no pocos padecerán el desalojo de sus apartamentos.

Precisamente, la visibilización de los invisibles generó cargo de conciencia en las personas “de bien” o, simplemente despertó la vocación altruista y cristiana de ayudar al prójimo que se encuentra en desgracia. Las banderas de la ayuda, de la caridad cristiana, ganó espacio en todas las esferas sociales, incluso se aludió a la solidaridad, es el caso del gobierno que la asumió como imperativo para salir de la crisis; la elite económica también apeló a dicha palabra para promocionar sus donaciones y las gentes “de bien”, que no podían ser ajenas, empezaron a hablar de solidaridad.

Lo que creen que es pero no es

La “solidaridad” empezó a brotar en el desierto y con cierto asombro asistímos a la emergencia de un oasis, en el cual se anunciaba la salvación del pueblo, pero resultó ser otro de los tantos espejismos de estas tierras, que ocultaba las tradicionales formas corruptas y clientelares de resolver los problemas de este país, no siendo extraño que parte de los auxilios entregados desde el gobierno central y los municipales fueran a dar a personas ficticias o muertas, las mismas que mantienen con vigor el sistema electoral1. El discurso de la solidaridad le sirvió al gobierno, como bandera por agitar mientras beneficiaba a sus amigos con esos dineros destinados para las ayudas2.

Ante esa ineficacia del gobierno por atender las necesidades de millones de personas, surgieron múltiples respuestas, una de ellas fue la del sector privado sacando a relucir su filantropía con cuantiosas donaciones para los más necesitados. Su sensibilidad social ante el hambre captó toda la atención de las cámaras, con venias hacia quienes hicieron su riqueza a costa de esos empobrecidos que dicen ayudar, donaciones realizadas con la convicción de que en poco tiempo se traducirán en auxilios por parte del gobierno para rescatar sus empresas, o en el preámbulo de una campaña presidencial, como sucede con los Char3 quienes ya andan preparando su candidato.

Por otro lado se encuentran las personas “de bien”, aquellas que siguen el mandato de amor por el prójimo dictaminado por Dios, para quienes la caridad es un imperativo bajo el cual se edifica su fe y por medio de la cual pueden tener un vínculo con aquella deidad que veneran, al igual que ir abonando para la compra del terreno en el cielo donde, al morir, podrán pasar la eternidad. El problema de estos actos de caridad cristiana, al igual que los actos de los ricos filántropos con sensibilidad social, es que apelan al discurso de la solidaridad para encubrir las relaciones de dominación que ejercen sobre el otro.

Para ese otro que es empobrecido, desahuciado o, citando la “sabiduría” de Marta Lucía Ramírez, un mantenido, esa “ayuda” lo convierte en un sujeto pasivo que solo espera que estas almas caritativas y filántropas acudan en su ayuda a socorrerlo. Ese acto de “solidaridad” desde arriba le niega cualquier capacidad de acción e incluso su misma humanidad, y convierte al empobrecido en el problema, más no a la pobreza; es una “ayuda”, una acción puntual o pasajera que busca reconocimiento público, para después poder dormir en su hogar con la satisfacción del buen ciudadano.

¿Acaso la solidaridad es lo mismo que la caridad y la filantropía? ¿A eso quedó reducido uno de los principios transversales de los movimientos sociales y populares? Los conceptos también son escenarios de disputa. Algunos buscan vaciar de contenido la solidaridad para quitarle cualquier potencial subversivo, pero aún quedan propuestas organizativas que siguen apostando por una solidaridad que se la juegue por el vínculo entre el individuo y el colectivo, que permita la asociación para que de manera común se logre satisfacer las necesidades de todo orden de manera conjunta.

Esa acción en colectivo no busca negar la individualidad o poner en un plano pasivo a las personas, sino que la acción solidaria implica el reconocimiento del otro como par, así los contextos y vivencias sean distintas, dado que aquello que cobra relevancia es la capacidad de actuar y transformar la cotidianidad tanto individual como colectiva.

Es en este marco que se enrutan las campañas de solidaridad iniciadas por algunos procesos sociales en el Valle de Aburrá, como las emprendidas por Ciudad en Movimiento en las ciudades donde ha logrado cimentar su propuesta, las experiencias sociales que llevan a cabo acción comunitaria en El Faro –comuna 8 de Medellín–, destacándose la acción realizada por Elemento Ilegal, colectivo artístico que propende por la resignificación y resistencia de quienes habitan ese territorio, al igual que la campaña “Unidos somos más”, realizada por la Casa Cultural Botones y organizaciones cristianas para ayudar a familias en el barrio Altos de Niquia –Bello–, en la cual no solo realizaron colecta de mercados sino que también efecturon diversas acciones en pro de fortalecer el tejido social en el sector.

Este tipo de acciinbes marcan una diferencia con las ayudas distribuidas por el gobierno o el sector privado, en la medida que no se agotan allí, sino que son realizadas por personas que adelantan una acción social en el territorio, conocen las necesidades de quienes lo habitan o se dieron a la tarea de conocerlas en este periodo de crisis para que su acción fuera más contundente, al igual que se emprendieron otras diversas acciones para fortalecer el tejido social. En tiempos donde el discurso oficial es mantener el distanciamiento social, el ejercicio solidario permitió explorar otras formas de relacionamientos y de encuentros. no solo en la carencia sino, y no en rango menor, en las posibilidades.

Para que tal accionar se prolongue en el tiempo, es necesario que quienes tienen otras apuestas de sociedad doten de contenido y sentido aquello que hacen, para que la acción de la entrega del mercado no se agote allí, para que permita generar vínculos más estrechos con todas aquellas personas con las cuales cotidianamente no solemos tener contacto.

 

1 “DNP responde a supuesta irregularidad con Ingreso Solidario” https://www.eltiempo.com/economia/finanzas-personales/que-esta-pasando-con-pagina-del-ingreso-solidario-director-del-dnp-responde-482726; “Denuncian irregularidades en contratos de Alcaldía de Medellín en cuarentena” https://www.bluradio.com/nacion/denuncian-irregularidades-en-contratos-de-alcaldia-de-medellin-en-cuarentena-antq-247591-ie4370686/
2 Los contratos emprendidos en plena contingencia permitió beneficiar aquellos que ayudaron a los alcaldes a comprar su cargo, siendo los funcionarios públicos de derecha, en especial aquellos que pertenecen al Centro Democrático. quiénes más irregularidades han presentado en las contrataciones que llevan a cabo. “10 alcaldes a responder penalmente por irregularidades en contratos”
https://www.eltiempo.com/justicia/investigacion/coronavirus-balance-de-la-contraloria-con-sobrecostos-en-contratos-por-pandemia-498060
3 Las ayudas aportadas por Alejandro Char permiten ir posicionando su imagen en la costa caribe, para afianzar la base electoral de la familia Char de cara las elecciones presidenciales del 2022. “Char repartirá 56 mil mercados a familias pobres de Barranquilla” https://www.eltiempo.com/colombia/barranquilla/alejandro-char-entregara-56-mil-mercados-a-familias-pobres-de-barranquilla-475178

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
Sábado, 27 Junio 2020 06:28

Justicia europea da revés a Israel

Justicia europea da revés a Israel

Nunca he sido partidario de un boicot. ¿Sanciones contra Italia después que Mussolini invadió Abisinia? Olvídenlo. ¿Sanciones contra España en la guerra civil? Baldaron al legítimo gobierno republicano. ¿Sudáfrica? Siempre pensé que los rufianes del apartheid sabían que les había llegado la hora: estaban demasiado rebasados en número para sobrevivir. ¿Sanciones contra Saddam Hussein? Risibles. ¿Sanciones contra Siria? No sirvieron para derrocar a Assad, así que vamos a sancionarla de nuevo. Y no olvidemos las sanciones contra Rusia. ¿Alguien ha visto que Putin recoja su tienda en Sebastopol?

¿Sanciones contra Israel? Hasta Uri Avnery estaba en contra. Tiendo a estar de acuerdo con él. PERO…

Sí, siempre hay un pero. Y, en este caso, merece las mayúsculas. Como muchas noticias importantes, el veredicto de la Corte Europea de Derechos Humanos (CEDH) contra la condena en Francia de 11 activistas que demandaban un boicot de productos israelíes quedó sepultado bajo la pandemia de obsesión periodística con el Covid-19. En 2015, con un trasfondo de condenas políticas del propio Israel, el más alto tribunal de apelaciones de Francia convalidó sentencias que condenaban a los activistas por incitación al racismo y antisemitismo.

Lo que esto significaba, en mi concepto –aunque ningún tribunal francés se atrevió a sugerir tanto–, era que cualquiera que intentara persuadir a los tenderos o comerciantes de París, Lyon o Marsella de no comprar naranjas, uvas o sistemas de seguridad de Israel era antisemita. Siempre he dicho y escrito que hay montones de nazis verdaderos y antisemitas en el mundo –a quienes todos debemos combatir–, pero que acusar falsamente de racismo a los críticos de Israel acabará por hacer respetable el antisemitismo.

No importa: fueron sentenciadas 11 personas que forman parte del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), acusadas del terrible crimen de distribuir volantes en el estacionamiento de un supermercado de Alsacia y vestir playeras con letreros que llamaban a boicotear productos israelíes. Se les ordenó pagar 13 mil euros en multas y daños a los grupos pro israelíes que entablaron la demanda original contra ellos. No es difícil, mirando en retrospectiva al proceso, ver por qué la CEDH no podía digerir esta obra de descarado teatro político cuando emitió su propio juicio, hace poco más de una semana.

Cuando el movimiento BDS demanda la retirada israelí de los territorios palestinos ocupados, Israel se ocupa en trazar un plan junto con los estadunidenses para anexarse –contra todo derecho internacional– la propiedad y territorio de árabes con los espurios argumentos de que los palestinos no tienen una nación y, por tanto, no califican como "ocupados": solo viven en territorio "en disputa". Es la misma frase que el Departamento de Estado, para vergüenza eterna, también usa, aunque, para ser justos con el mesiánico Trump, fue Colin Powell, como secretario de Estado de Barack Obama, el primero en ordenar a las embajadas estadunidenses que emplearan ese término cobarde. La insinuación israelí de que ahora puede engullirse la tierra de alguien sobre la base de que no cuenta con un pasaporte nacional fue un bocado que la Corte Europea nada más no pudo tragar.

El BDS –otro de esos acrónimos que detesto– se ha desvanecido de la vista en los meses pasados. Solo Reuters y el Irish Times –que tiene su propia historia de expropiación colonial– dieron espacio a lo que de hecho fue una noticia muy cáustica. Cuando uno se da cuenta de que el pecado original de los manifestantes franceses fue vestir playeras con la leyenda "Palestina vivirá" y mostrar en carritos de supermercado de Alsacia (en 2009 y 2010) que tanto los aguacates como las toallitas para bebé eran importados de Israel (y repartir volantes que hablaban de los "crímenes de Israel en Gaza"), no es difícil ver por qué los jueces europeos consideraron que todo el asunto era una charada.

Los franceses, según esta decisión, tendrán que desembolsar 101 mil 180 euros y devolverlos a los 11 hombres y mujeres indefensos que expresaron sus opiniones políticas y fueron criminalizados por ello.

El artículo 10 de la Convención Europea de Derechos Humanos garantiza la libertad de expresión. También es importante mostrar los grupos que presentaron las demandas contra los manifestantes por incitación a la discriminación: la Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo, Abogados sin Fronteras, Alianza Francia-Israel y la "Oficina Nacional de Vigilancia contra el Antisemitismo".

Aún más importante es repetir lo que los siete jueces europeos concluyeron: que la convención "deja poco espacio a restricciones a la libertad de expresión en el campo del discurso político o asuntos de interés general. El discurso político es a menudo virulento por naturaleza y fuente de desacuerdos. Sin embargo, es de interés público, a menos que degenere en incitación a la violencia, el odio o la intolerancia".

Francia ha violado el artículo 10 de la convención, decretaron los jueces. Es instructivo hacer notar que el caso francés fue presentado conforme a una ley de libertad de prensa que data de 1881. También es interesante que, mientras el mundo en general mira con indiferencia la campaña del BDS, el gobierno israelí se preocupa en extremo por sus efectos tanto en la economía del país como en su estatus internacional. En particular le inquieta el enfoque de los grupos de derechos sobre las armas y la tecnología que usa Israel para suprimir las manifestaciones palestinas, y que han sido fabricadas en todo o en parte en Europa y/o Estados Unidos. ¿Cuánto falta, por ejemplo, para que una familia árabe cuyo pariente ha sido muerto por un arma fabricada en la UE o EU demande al fabricante de armas en su propio territorio por vender sus productos a Israel?

Pero antes de que nadie aplauda demasiado fuerte por la independencia judicial europea –las decisiones de la CEDH tienen precedencia sobre los tribunales nacionales europeos–, vale la pena echar una ojeada también a la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya. Acaba de decidir, después de adquirir fama de perseguir sobre todo a gobernantes negros africanos por violación de derechos humanos, que necesita mirar más de cerca los abusos perpetrados por los estadunidenses en Afganistán y por Israel en los territorios palestinos ocupados.

Ni Estados Unidos ni Israel ratificaron el Estatuto de Roma que instituyó la CPI, quizá deseando evitar que los arrastren a Holanda para someterlos a un poco de observación jurídica. Michael Pompeo, el actual esbirro de Trump en el Departamento de Estado, ya ha dicho que no permitirá que estadunidenses y sus “aliados en Israel… sean cuestionados por esa corrupta CPI”.

El Estado de Palestina es reconocido por las Naciones Unidas y ratificó el Estatuto de Roma hace cinco años. Pero, claro, también aquí Israel dice que Palestina carece de las características normales de un Estado soberano… que difícilmente podría poseer, puesto que se encuentra bajo ocupación israelí. Y ¿adivinen de qué acusó Benjamin Netanyahu a la Corte Penal Internacional en enero pasado? Adivinaron: de ser "antisemita".

The Independent

Traducción: Jorge Anaya

Publicado enInternacional
Construir con otros, desafío en tiempos de pandemia

Las situaciones límite y la reacción de cada sujeto

Lo que se pone en juego en momentos extremos es la pregunta de quién es el otro para cada uno, qué lugar ocupa en la subjetividad de cada quien. Y allí también habrá una respuesta acerca de cómo reacciona cada uno a una situación límite.

 

Suele decirse que las situaciones límite, o bien lo que cada sujeto vive como tal, son una oportunidad donde se pone de manifiesto como “cada uno es”. Sería más preciso decir que lo que se pone en juego en dichas situaciones es fundamentalmente “¿quién es el otro para cada uno?”, qué lugar ocupa en la subjetividad de cada quien. O, en todo caso, que lo que “cada uno es” se muestra en qué lugar se le da a la subjetividad del semejante.

Y esto es así, dado que en las situaciones de excepción caen algunas barreras imaginarias, algunas que suele poner el superyó, los filtros como suele decirse, y sube a escena el interés narcisista de preservación. Ante el riesgo, real o no, de que se ponga en juego la propia vida, el narcisismo puede empujar a un sujeto a intentar resguardar y preservar como única cuestión el propio cuerpo, entendido como lugar donde asienta lo viviente.

La situación de excepción implica también que puede haber un otro, representado por el Estado, por la ley, que puede tomar la conducción de dicha situación y poner límites a los sujetos en función de lo que considera el bien de todos y todas, o bien, el de la mayoría. Y ante esto se pone de manifiesto también la posición respecto del límite, del propio límite, que no es ajeno al lugar que tiene el otro.

Escuchamos en estos días reiteradas veces: “nadie se salva solo”. Más allá de que “salvarse” puede dar lugar a diferentes interpretaciones --ya que: ¿qué puede significar que uno se salva?--, entiendo que esa frase expresa la importancia fundamental del lazo con el otro o bien del lazo social.

Situar dicha importancia requiere poder conceptualizar que, desde nuestra perspectiva, el psicoanálisis, hay una soledad inherente a la subjetividad. Se trata en definitiva de la soledad de todos y todas ante la incompletud de lo simbólico, ante la falta de garantías respecto de nuestros actos y decisiones. Esta soledad constitutiva se pone de manifiesto fundamentalmente respecto de tres cuestiones con las que la mayoría de los sujetos se encuentran en algún momento de la vida, que son: el amor, el sexo y la muerte.

No se trata de tres cuestiones menores, ya que el encuentro con ellas siempre es en soledad, y todo sujeto concurre al mismo con sus posibilidades y sus límites.

De todas maneras, tienen sus diferencias. En las dos primeras, el amor y el sexo, todo sujeto busca allí, paradójicamente, poder salir de esa soledad estructural, ya sea en el abrazo amoroso o el encuentro sexual, el anhelo de fusión con el otro u otra es un intento de exorcizar esa distancia, siempre enigmática, que separa inevitablemente a dos sujetos.

Distancia que solemos atribuir neuróticamente a la culpa (el otro u otra no quiere hacer lo que yo quiero, es su culpa que estemos mal), a la falta de voluntad (no se da cuenta de que yo necesito que haga tal o cual cosa para que estemos bien) o simplemente a la buena o mala intención (no quiere).

En psicoanálisis decimos que si bien el amor o el sexo apuntan a la fusión, lo que separa es el goce, es decir que dos nunca podrán ser uno. De lo que se trata entonces es de cómo cada sujeto tramita esa distancia irreductible, si se transforma en padecimiento, en neurosis o cada encuentro con la misma es una nueva oportunidad que relanza el deseo. Dicho de otra manera, dado lo imposible de que dos, como decía recién, sean uno, la cuestión es si ante ese encuentro inevitable e inherente a la vida se hace de eso neurosis, si se lo padece o no.

Respecto de la muerte, allí nadie va a su encuentro con el anhelo de encontrar completud, salvo tal vez quien crea, en el sentido fuerte del término, que la completud es lo que va a encontrar después de ella.

En definitiva, es en esos encuentros donde se pone de manifiesto esa soledad estructural, pero a su vez es con otros donde todo sujeto puede intentar construir un modo de transitarla y recorrerla.

No es sin otros, por eso Freud definía a la salud psíquica como amar y trabajar, ya que es allí --en el lazo social inherente a ambas-- donde esa soledad, en el mejor de los casos, se disimula, se hace soportable, pero no se anula.

Esto conduce a la pregunta: ¿quién es el otro?, y ese “quién” no refiere a la identidad o lazo sanguíneo de aquel con quien nos relacionamos. Refiere a qué lugar ocupa en nuestra subjetividad, lo cual se pone de manifiesto en la cotidianeidad y, como decía al comienzo, de manera más explícita en las situaciones límite o de excepción.

Ante la soledad estructural, un camino posible es intentar en el lazo con otros, construir un espacio donde acompañarse respecto de ella. Con los límites y las posibilidades que esto tiene, lo cual implica un requisito fundamental que es el reconocer en ese lazo social la subjetividad del otro, que se trata de un semejante, no un igual.

Que en el otro también habita esa soledad que nos une en el punto de hacer con otros, con él o ella, y nos separa en el punto de la singularidad de cada uno. No es posible transitar esa soledad constitutiva sin el otro, sin que el otro acompañe, cuide, proteste, se queje o simplemente se vaya, también a la inversa, ya que cada encuentro y desencuentro será ocasión de relanzar la pregunta acerca de quién es el otro para cada uno.

El psicoanálisis, como ya he dicho en otras ocasiones, no implica una ética individualista, sino que en la medida en que un sujeto puede situar esto en su propia experiencia, no hará de esa distancia irreductible con el otro padecimiento. Y podrá encontrar en el hacer con otros un modo de construir alternativas a esa soledad inherente a todo sujeto.

Claro que las determinaciones epocales de la subjetividad, me refiero al neoliberalismo, hacen marca en los cuerpos, los afectos y en nuestro lazo con el otro. Al pretender hacer del sujeto un consumidor, todo los que nos rodea puede volverse un objeto de consumo, también el otro.

Esto no es sin consecuencias, ya que implica negar la subjetividad del semejante, que no tenga lugar, con lo cual no solo se trata de verlo como un objeto de consumo, sino que lo que pueda sucederle no tiene espacio en quien se para o sostiene desde esa posición. Probablemente desde una posición de ignorancia que no des-responsabiliza, implica poner en acto: “el otro no me importa, no es mi problema”.

Es la lógica de hacer de la propia vida una empresa, de suponerse autosuficiente, y donde el otro solo tiene lugar en tanto hace consistente al propio yo, o bien en tanto se puede extraer una gratificación individual, la propia, lo que implica que el otro no es considerado un semejante, por eso es que lo que le suceda “no importa” en tanto sea beneficioso para quien hace del otro un objeto.

La subjetividad neoliberal no hace lazo social por esta misma razón, genera sujetos aislados, aun en la hiperconexión, sujetos sin historia, sin horizonte, narcisistas y encerrados en un goce autoerótico.

Es precisamente este lugar de objeto que adquiere el otro lo que hace que dicho sujeto no solo esté habitado por esa soledad estructural de la que hablaba al comienzo, para esto no hay excepciones, sino que además está aislado, sin posibilidad de hacer con otros, sin posibilidad de construir con sus semejantes un camino que la haga transitable. El odio, que suele poner de manifiesto cuando algo se le opone, es directamente proporcional a su incapacidad para creer que construir con otros pueda modificar algo de su entorno, o bien a que construir con otros puede hacer transitable las inconsistencias de la vida. El odio es inherente a la subjetividad neoliberal, en tanto es su respuesta ante la frustración o bien ante la diferencia, es su respuesta ante la imposibilidad de construir con otros.

Si bien el neoliberalismo pretende ser hegemónico y disimular la dominación como consenso, encuentra también sus límites, y es allí donde se produce una batalla, que excede lo que podamos pensar o situar solo desde el psicoanálisis, pero lo que es un hecho de experiencia que, a pesar de su pretensión, dicha concepción neoliberal no logra una dominación absoluta.

Esta pregunta, entonces, sobre “¿quién es el otro?”, que sería como el reverso de “¿quién es cada no?” es algo que podemos situar, leer y escuchar en las noticias de los últimos días.

Si en cada una de esas notas, tanto en el diario como en la televisión, podemos abstraernos del relato en sí mismo, vamos a encontrarnos con que lo que lo habita, o que lo que se pone en juego allí es una concepción del otro. Se trata solo de preguntarnos: “¿quién es el otro en ese relato?” Y allí también tendremos alguna respuesta acerca de cómo reacciona cada uno a una situación límite.

Basta para ellos algunos ejemplos: cuando escuchamos de los miles de voluntarios que se ofrecen para asistir a la gente que está en cuarentena, cuando en un edificio se arma un grupo de whatsapp para hacer las compras a la gente mayor, cuando las familias se reúnen virtualmente, y se sienten juntan, si bien a la distancia, cuando en un barrio la gente se organiza para que puedan comer los más necesitados, “¿quién es el otro?”. El otro allí es alguien con quien transitar esa soledad, se construye un puente que une, pero que también separa, es --como decíamos-- un semejante, no un igual. Después habrá que pensar qué destino pueden tener dichos encuentros, o si simplemente quedarán diluidos cuando esto pase.

La contracara es cuando escuchamos que alguien fue a una fiesta sabiendo que estaba enfermo y contagio a once y hay veinte en observación, o decidió subirse a un avión sabiendo que tenía el virus, o escondió a la empleada doméstica en el baúl de su auto para entrarla a su casa del country en plena cuarentena, o los millonarios que compran su propios respiradores, o los vecinos que acosan a los profesionales de la salud por miedo al contagio. “¿Quién es el otro allí?”. Seguramente no un semejante, y más allá de que esto no des-responsabiliza a cada uno de estos sujetos, son ellos también objeto de la subjetividad neoliberal que los ha tomado, haciéndoles creer que son los protagonistas, cuando en realidad se trata de simples actores de reparto.

Al no poder contar con el otro, porque se niega esa subjetividad, solo cuenta “lo que se quiere”, y esto dicho en el sentido más banal del término, ya que ese “querer” no supone ninguna cuestión trascendente. Y si se produce un encuentro con la imposibilidad de alcanzarlo, el odio a aquel que se supone causa de la misma es lo único que conduce el hacer.

Es entonces en estos momentos donde se pone de manifiesto de manera desembozada, para utilizar un término nietzscheano, “¿quién es el otro para cada uno de nosotros?”

Por eso, cuando todo sujeto se topa con la soledad que lo habita y lo constituye como sujeto, está solo, pero puede no quedarse solo en tanto y en cuanto haga y construya con otros un camino transitable, sin ahorrarnos, claro está la angustia y la incertidumbre respecto del recorrido.

Probablemente por esto en Italia a los pacientes que están con el virus y no tienen chance de recuperación, les dan una tablet para que puedan hablar y despedirse de sus seres queridos. Esto significa que van a morir solos, como todos y todas, pero no aislados. Una voz, una imagen familiar, les dará, con sus límites, cierta compañía en ese encuentro en soledad.

Claudio Di Pinto es psicoanalista.

Publicado enSociedad
Por una renta básica (transitoria) para nueve millones de familias en Colombia

Coalición de 54 senadores presentan proyecto de Ley para una Renta Básica de Emergencia

 

Una coalición de 54 senadores colombianos, integrantes de 9 partidos, radicaron el miércoles 27 de mayo el proyecto de Ley por medio del cual se entregaría a nueve millones de familias colombianas, unos 30 millones de personas pobres y vulnerables, una renta mínima equivalente a un salario mínimo mensual.

Bajo el título “Por el cual se crea el programa ingreso solidario para atender las necesidades de los hogares en situación de pobreza y vulnerabilidad en todo el territorio nacional, en el marco del estado de emergencia económica, social y ecológica” y se crea la renta básica de emergencia, estos senados pretenden que el “[…] Estado garantice a los colombianos una vida digna durante la crisis derivada de la pandemia del Covid.19”.

De acuerdo a los firmantes, “[…] el proyecto consiste en transferir por parte del Estado a la totalidad de hogares pobres y vulnerables del país, el valor de un (1) SMMLV por hogar durante tres meses. De otro lado, transferir un (1) SMMLV a cada uno de los trabajadores ocupados en los micronegocios (en promedio 3 trabajadores), para cubrir al menos 1.3 millones de micronegocios, microfocalizados con claridad […]”.

La iniciativa surgida de esta coalición […] propone modificar el programa de Ingreso Solidario creado por el Gobierno nacional mediante el decreto ley 518de 2020, disposición a todas luces precaria frente a la magnitud del problema social que enfrenta el pueblo colombiano…”. El ingreso solidario reconoce $ 165.000 a cerca de 3 millones de familias, lo cual es una cifra de dinero que en nada o muy poco contribuye para que los miembros de las mismas estén en sus casas sin necesidad de salir a rebuscar complementar sus ingresos

La propuesta de los 54 congresistas es realista con la situación de empobrecimiento, hambre, angustia e inseguridad sobre su presente y futuro próximo que domina en millones de hogares obligados a permanecer en encierro, para prevenir la multiplicación del virus, pero sin garantizarles por parte del ente nacional condiciones básicas económicas, alimentarias, mentales– para que permanezcan en sus casas. Una realidad de penuria que ha llevado a multitud de hombres y mujeres a saltarse el confinamiento y salir a las calles a vender todo tipo de mercancías, buscando con ello reunir unos pesos con los cuales garantizar el alimento de los suyos, así como tener con que pagar arriendo y otros gastos del día a día.

El mandato del gobierno, “quédate en casa” desconoce el extenso empobrecimiento que domina en la sociedad colombiana, con más de 13 millones de personas en edad de trabajar que se rebuscan por cuenta propia, viviendo al día y, por lo tanto, obligarlos al confinamiento sin ingreso alguno es condenarlos a la crisis total, con la cual no morirán por contagio viral sino por contagio –empobrecimiento– económico. El empobrecimiento ya existente ahora se extiende producto del desempleo que va ganando cada día mayores indicadores, y con la multitud de comerciantes y empresarios que han decidido cancelar sus negocios.

Por otra parte, al tiempo que radicaban esta iniciativa la misma coalición anunció que en las próximas semanas radicaran una propuesta de “[…] Reforma Tributaria Estructural (que garantice) que el sistema tributario tiene que ser progresivo, equitativo y eficiente.

Y precisan, “En la Reforma Tributaria Estructural estarán el impuesto progresivo al patrimonio de las personas naturales para patrimonios líquidos a partir de $2.000 millones y de las personas jurídicas de los patrimonios más elevados –el 0.1% de las personas jurídicas declarantes, cerca de 500 personas jurídicas– así como una mayor tarifa a la actual a los dividendos recibidos por personas naturales y empresas o sociedades. Así mismo, se propondrá eliminar los numerosos beneficios tributarios existentes, que no solo tienen enorme costo fiscal, sino que son injustificados e innecesarios”.

Al tiempo que así obraban los integrantes de 9 partidos, se conocía que el Gobierno a través de su Ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, no aceptaba la propuesta de renta básica. Horas después, en contravía de una propuesta que pretende aportar a sobrellevar en mejores condiciones económicas la presente coyuntura por parte de 30 millones de connacionales, el gobierno a través del presidente Iván Duque oficializaba el apoyo al empresariado nacional para que pague la prima de mitad de año a los trabajadores de sus empresas, aportándole medio salario mínimo por cada uno de estos. Como en otras medidas tomadas por decreto en medio de la crisis, el gobierno central sigue enfocado en apoyar a los que más tienen con el prurito de evitar que la industria quede liquidada.

Por ahora, y ante la propuesta de renta básica en curso y la iniciativa de próxima reforma tributaria estructural, el movimiento social colombiano queda ante la oportunidad de liderar un amplio debate nacional sobre temas sustanciales que están en la base del concepto de renta básica así como de justicia tributaria: ¿qué se entiende por trabajo? ¿Qué por ingresos dignos? ¿para que se trabaja? ¿qué se entiende por desarrollo? ¿qué se entiende por gobierno y para quién se gobierna? ¿qué es la solidaridad? ¿cuál es la diferencia entre renta básica y subsidios? ¿podría plantearse que la sociedad colombiano avance hacia la aprobación de una renta básica universal e incondicional? ¿cómo haría para ello? ¿qué es la justicia? ¿por qué el que más tiene debe tributar más? ¿cómo construir una sociedad de iguales?

Estos y otros interrogantes, estas y otras propuestas, requieren la movilización nacional de los excluidos, que sin romper normas básicas de salubridad deben salir por diferentes espacios públicos, sin dejarse contener por las redes sociales, para hacerle sentir al gobierno de los ricos y para los ricos, que en este país millones están excluidos y requieren ser tenidos en cuenta, además de que la pandemia –para ser vencida– debe ser enfrentada entre todos y todas, sin que ninguna familia ni ningún ser humano pierda sus derechos fundamentales, entre ellos y en primera instancia a vivir en dignidad.

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Privatizaciones y política pública en AL

La pandemia que enfrenta la humanidad ha puesto de relieve la necesidad de que todos los países cuenten con sistemas de salud pública con capacidad de respuesta ante eventualidades que ponen en riesgo a sus poblaciones. Tras décadas de predominio de la visión neoliberal, en la que se desmantelaron prácticamente todas las áreas económicas de participación significativa del Estado, como la siderurgia, fertilizantes, etcétera, nos damos cuenta ahora, en medio de esta crisis, que también se privatizó la noción de que salvaguardar la salud de su población era responsabilidad del Estado.

Esta privatización de la responsabilidad estatal frente a la salud pública justificó que se quebrara la estructura de atención sanitaria, dejando que el sector privado atendiera los requerimientos de salud pública. El sector privado se ocupó de generar espacios rentables de atención médica, sin responsabilizarse de la atención de los requerimientos sociales. Frente a este quiebre de la capacidad de atención pública de la salud, la respuesta fundamental para evitar que la pandemia cobrara más vidas ha sido el confinamiento. Ello ha reducido significativamente la expansión del contagio, evitando fallecimientos, pero ha detenido abruptamente el funcionamiento económico.

El haber privilegiado lo privado frente a lo público en la salud en muchos países ha costado miles de vidas y costará decenas de millones de puestos de trabajo en el mundo. El colapso económico se propagará durante varios meses, provocando contracción de las actividades productivas y comerciales y, consecuentemente, una masiva pérdida de empleos en todos los circuitos económicos. Enfrentaremos una espiral recesiva que solo será posible detener, y después revertir, a través de la acción de los estados. La participación del sector privado es importante, pero lo decisivo es la acción estatal.

Corresponde a los gobiernos responder enérgica y eficientemente. Priorizar claramente las acciones a instrumentar es fundamental. La mayor prioridad, por supuesto, está en reforzar nuestros diezmados sistemas de salud, protegiéndolos presupuestalmente, recuperando la noción de que corresponde al Estado atender la salud pública. En segundo lugar, importa que a nivel regional latinoamericano nos propongamos impulsar la producción de equipos médico-sanitarios, así como de formar profesionales dedicados a la salud primaria de la población. En tercer lugar, es necesario ampliar las medidas económicas destinadas a proteger a la población que está siendo duramente golpeada por la crisis y que no cuenta con herramientas que le permitan defenderse.

Las acciones deben buscar impactar inmediatamente, por lo que parece útil remitirse a experiencias de apoyos generales, como el de adultos mayores en la CDMX o el ingreso ciudadano universal, que han probado ser de instrumentación relativamente sencilla, aplicándolos a nivel de los estratos con menores ingresos. El cuarto asunto es resolver la fuente de financiamiento del gasto implicado en las acciones anteriores. El monto de recursos que habrá que utilizar será de alrededor de 5 por ciento del PIB de cada país. La fuente con la que es posible y necesario financiar estas acciones es la tributaria. Es indispensable, y políticamente conveniente, que acordemos una amplia y progresiva reforma fiscal en la región que amplíe la capacidad financiera de nuestros estados.

Esta fuente de financiamiento, sin embargo, no aporta recursos de inmediato. Por su propia naturaleza demora un buen tiempo para que los nuevos ingresos se recauden. Por eso, se requiere acudir a otras fuentes. La más obvia es el endeudamiento público, tanto interno como externo. Sin embargo, aún con costos a la baja, es evidente que amplía las necesidades presupuestales para el servicio de la deuda en los ejercicios siguientes. En el caso mexicano, por ejemplo, el pago de intereses de la deuda pública equivale a tres puntos del PIB. Contratar más deuda es indudablemente comprometer pagos futuros mayores.

Por eso, ante urgencias sociales evidentes es conveniente dejar de pagar los intereses de la deuda pública externa, tanto con bancos privados como con organismos financieros internacionales, durante el tiempo necesario para que las economías recuperen su ritmo de crecimiento. No se piensa en posponer este pago de intereses, como han planteado los bancos privados en México, sino eliminarlo.

La crisis ha ratificado que el futuro de la humanidad está en riesgo. Tenemos una oportunidad para corregir situaciones que son ciertamente inadecuadas. Recuperar la solidaridad como un valor global, permitirá poner en el centro valores sociales fundamentales que la globalidad ha relegado. Es el tiempo de que juntos gobiernos y sociedad civil nos asociemos para construir un futuro mejor.

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Lunes, 18 Mayo 2020 06:19

El rescate

Residentes de Oyster Bay e Island Harvest, en Massapequa, Nueva York, reparten comida entre familias necesitadas durante la pandemia del Covid-19. Junto con el esfuerzo heroico de los trabajadores de salud, una extraordinaria respuesta de solidaridad ha brotado de cientos de grupos de asistencia mutua hacia los más vulnerables.Foto Afp

Desde los escombros de un país que ha sufrido decenas de miles de muertes, millón y medio de contagios, y ahora más de 36 millones de desempleados como resultado del manejo inepto y criminal de la pandemia por la cúpula política, aparecen brotes organizados de solidaridad que podrían rescatar a Estados Unidos.

Junto con el esfuerzo realmente heroico de los trabajadores de salud, una extraordinaria respuesta a las emergencias sociales de los más vulnerables ha brotado de cientos de grupos que se identifican como de asistencia mutua, y que tienen como principio en común ejercer la "solidaridad, no caridad" (frase frecuentemente atribuida a Eduardo Galeano, pero que también tiene raíces anarquistas primero articuladas por Kropotkin hace más de un siglo). Y a través de esas acciones colectivas están realizando un tipo de educación popular, a veces sólo al dar el ejemplo, al invitar a todos a ser participantes activos para rescatar a todos.

Si algo ha dejado la pandemia al descubierto para todos es la extrema desigualdad, la injusticia económica y racial, y la corrupción y deficiencia social del sistema estadunidense. Por lo tanto, algunos opinan que la crisis ofrece una oportunidad mayor para las fuerzas progresistas del país. Pero las consecuencias también han dañando a varias de las principales organizaciones sociales progresistas, sobre todo los sindicatos (por ejemplo, unos 300 mil miembros del sindicato nacional de trabajadores de hoteles y servicios de restaurantes se encuentran sin trabajo). Mientras tanto, las tácticas tradicionales de protesta y organización colectiva –manifestaciones, marchas, asambleas–no pueden realizarse ahora bajo las medidas sanitarias.

Pero algunos están tomando una especie de acción directa en esta emergencia a través del esquema de asistencia mutua, que ofrece desde la entrega de alimentos y medicamentos a familias necesitadas y desempleadas, esfuerzos de organización de los ahora llamados "trabajadores esenciales", o la organización de inquilinos amenazados con perder sus hogares, la distribución y hasta producción (de agrupaciones indígenas mexicanas en Nueva York y costureras asiáticas en Los Angeles, y trabajadores en fábricas inoperantes, entre otros) de equipo de protección sanitaria, la defensa de comunidades migrantes, iniciativas para liberar a presos del país más encarcelado del mundo, amenazados con el contagio masivo, esfuerzos de apoyo entre trabajadoras sexuales (entre las más afectadas por medidas de "distanciamiento sano"), al apoyo directo a trabajadores de salud, redes de apoyo a comunidades indígenas y hasta el más sencillo servicio de comunicación para combatir la soledad y la ansiedad de los que están solos en cuarentena.

Han surgido cientos de organizaciones de asistencia por todo el país, con directorios extensos en cada ciudad, donde tanto los necesitados como los que pueden ofrecer se encuentran y se coordinan, estableciendo redes informales cada vez más amplias, algunas con miles de voluntarios (por ejemplo, ver el directorio para Nueva York: https://docs.google.com/document/ d/18WYGoVlJuXYc3QFN1RABn ARZlwDG3aLQsnNokl1KhZQ/ mobilebasic?usp=gmail).).

Este tipo de organización social no es nuevo en Estados Unidos. Sus antecedentes más recientes incluyen algunos de los proyectos relacionados con Ocupa Wall Street, sobre todo el gran proyecto de Ocupa Sandy después del huracán en Nueva York en 2012 (uno de los proyectos más efectivos hoy día para atender las necesidades urgentes de comunidades en Brooklyn está encabezado por algunos de los mismos líderes), con otros parecidos surgidos en Nueva Orleans después del huracán Katrina. Antes de ello, también estaban los proyectos de las Panteras Negras en los años 60, de esfuerzos entre granjeros en la crisis agraria de los 80 y 90, iniciativas de apoyo mutuo entre comunidades indígenas, y toda una larga historia de esfuerzos para establecer cooperativas de todo tipo.

Aún está por verse si estos esfuerzos pueden consolidarse en, o alentar, una fuerza política progresista de largo plazo. Pero por ahora están entre los rescatistas del futuro de este país.

https://www.youtube.com/watch? v=B-c6GphpAeY

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