María Teresa Rivera abrazándose con su abogado tras conocer la decisión del juez que la dejaba libre

María Teresa Rivera, absuelta tras más de cuatro años encarcelada tras sufrir un aborto espontáneo en el país centroamericano, es el primer caso conocido de asilo vinculado al derecho al aborto

Tras recibir protección junto a su hijo en 2017, se convirtió en activista por el derecho al aborto: "En El Salvador nos condenan por ser mujeres y pobres"

 

Cada vez que María Teresa Rivera subía las escaleras de la cárcel, se repetía que aquella iba a ser la última. Cada vez que dormía en el suelo, tocaba la puerta o volvían a darle de desayunar frijoles llenos de gusanos, el pensamiento era el mismo: este es mi último día aquí. "Me decían que estaba loca. Yo pensaba: 'Sí, pero esta loca se va a ir". Con esa idea, que se le pasó a diario por la cabeza durante los más de cuatro años que estuvo en prisión, guardó la camiseta de una mariposa que le regaló una compañera. "Yo decía: 'Un día voy a ser como esa mariposa libre. Un día voy a regresar a casa", recuerda en una entrevista con eldiario.es.

El 20 de mayo de 2016, Rivera desempolvó aquella camiseta para acudir al juzgado. El juez anuló la sentencia de 40 años por homicidio agravado tras sufrir un aborto espontáneo en El Salvador, uno de los países que prohíben la interrupción voluntaria del embarazo en todas las circunstancias. Aquel día, María Teresa Rivera recuperaba su libertad. "Solo levanté mis manos dándole las gracias a Dios". Pero la Fiscalía recurrió el caso y sus opciones, indica, eran dos: o arriesgarse a que volvieran a encarcelarla o buscar protección en el extranjero.

Eligió la segunda. Logró sacarse el pasaporte y en octubre, se subió por primera vez a un avión con su hijo Óscar, que entonces tenía 11 años. El destino: Suecia, un país que desconocía por completo. "Había pensado irme a Estados Unidos, hasta en irme caminando. Pero se me presentó la ocasión de ir a un seminario y me dije: 'Esta es mi oportunidad'. Hablé con las organizaciones y no fui al seminario: iba decidida a ir a Migración. Aterricé y al día siguiente, a primera hora, fui", relata la salvadoreña, de 36 años. "Tenía miedo, pero me atendió una persona muy amable y respetuosa. Por primera vez, me sentí escuchada. Me sentí protegida y apoyada. En El Salvador nunca tuve el apoyo de una autoridad". 

Solicitó protección internacional a las autoridades suecas y, cinco meses después, se lo concedieron. Rivera se convertía entonces en el primer caso público de asilo vinculado al derecho al aborto, por el riesgo de ser encarcelada por este motivo. "Me dijeron que una condena a 40 años por abortar es una tortura, porque el aborto es un derecho y en El Salvador las leyes son muy restrictivas. Lo más importante es que esta puerta esté abierta para otras compañeras. Por eso lucho. Si hay un precedente, hay oportunidades para otras".

Las personas tienen el mismo derecho a solicitar asilo por persecución por motivos de género que quienes huyen de un conflicto armado. Entre ellas están quienes sufren violencia de género o sexual, ataques por su orientación sexual e identidad de género, quienes son objeto de matrimonio forzado, las que temen ser víctimas de mutilación genital, esterilización forzada o crímenes de honor o quienes han sido víctimas de trata. Muchas veces, recuerdan fuentes especializadas en asilo, varios abusos van de la mano, lo que hace que este tipo de persecución no obedezca a un único motivo. Además, suele tratarse de casos vulnerables cuyos detalles muchas veces no se dan a conocer por temor a que las refugiadas sean identificadas.

"Nos condenan por ser mujeres y pobres"

El caso de María Teresa Rivera se remonta a noviembre de 2011, al día en que se despertó esposada a una camilla de un hospital. El personal del centro la denunció y la acusó de haberse sometido a un aborto. "Los doctores y los policías me decían que era una asesina, que había matado a mi hijo. '¿Qué hijo?', me preguntaba yo", señala. Lo único que recuerda, asegura, es que el día anterior había sentido necesidad de ir al baño. "Me bajó algo rápido. Cuando me levanté, estaba llena de sangre y me desmayé", sostiene. En todo momento, Rivera ha mantenido que desconocía estar embarazada. 

Una de las pruebas en las que se basaron para condenarla fue la declaración del jefe de la fábrica en la que trabajaba, que testificó en su contra, diciendo que le había comunicado que estaba embarazada en enero de 2011. "Yo le había dicho que tenía sospechas. Pero era enero, o sea que habría estado embarazada de 11 meses. Era ilógico. También les pedí que me hicieran una prueba para ver si me había tomado algo, pero no lo rechazaron. No tuve una defensa adecuada y fui condenada a 40 años sin prueba alguna", recalca. Aunque en un principio fue investigada por "aborto", castigado con hasta ocho años de cárcel, la Fiscalía cambió la tipificación del delito a homicidio agravado, con una pena mucho mayor.

Rivera siguió peleando en los tribunales y con el apoyo de varias organizaciones, recurrió la sentencia. En 2016, la Justicia le dio la razón y concluyó que no había suficiente evidencia que probara los cargos en su contra. "La Fiscalía me ponía como la peor asesina, insistió en que lo hice con alevosía. Pero un médico dijo que el bebé ya estaba muerto en mi vientre, que lo que hice fue expulsarlo. Ahí es cuando el juez me da mi libertad absoluta y que el Estado debe de pagarme por los daños y perjuicios. Pero el Estado no me pagó, volvió a perseguirme", apunta, en referencia a la decisión de la Fiscalía de apelar la decisión. 

Entre la condena y la absolución, cuatro largos años y seis meses en la cárcel. Pero cuando recuerda cómo era la vida entre esas cuatro paredes, pasa de puntillas por los días que pasó limpiando los lavabos o sacando la basura para ganarse algo de dinero. O los insultos, humillaciones y amenazas que recibió allí dentro: "Asesina", "comeniños", "mala madre".

Cuando piensa en la cárcel, Rivera se acuerda de otras mujeres: Mayra, Beatriz, Alba, Lorena, Manuela, Guadalupe, Evelyn. A esta última, Evelyn Hernández, la conoció el día antes de salir. En agosto, esta joven de 21 años de edad acusada de homicidio agravado , fue también absuelta. "Cuando la conocí, pensé: 'Es una niña'. Hay muchas mujeres que están encarceladas por sufrir un aborto tras una violación y sus violadores están libres". En la cárcel, entró en contacto con el grupo de 'Las 17', como se conoce a las 17 mujeres que estaban encarceladas entonces como consecuencia de la penalización total del aborto en El Salvador. 

"Para nosotras no hay justicia de verdad", prosigue. Ese 'nosotras' se refiere a las mujeres que viven en condiciones de pobreza en El Salvador, aquellas por las que María Teresa Rivera ha pasado a convertirse en una activista por el derecho al aborto. "Somos las mujeres pobres las que vamos a parar a una cárcel por sufrir emergencias obstétricas, por sufrir un aborto independientemente de si es o no producto de una violación. En El Salvador se está condenando la pobreza. Nos están condenando por ser mujeres y pobres", reitera.

Pero esa conciencia feminista le viene de lejos, de las enseñanzas de su madre, a la que perdió con cinco años en la guerra civil. "Mi mamá siempre me dijo que nosotras no habíamos nacido para lavar la ropa al marido, decía que teníamos que estudiar, que podíamos ser diferentes".

Cuando piensa en la cárcel, lo que más le duele es haber pasado cuatro años separada de su hijo, fruto de una relación en la que sufrió violencia machista y que consiguió dejar atrás, siendo muy joven, gracias a esa fuerza que heredó de su madre. Asegura que durante el encierro solo pudo ver a Óscar dos veces. Mientras, se quedó con su suegra. "Por mucho dinero que te den, nadie va a llenar ese vacío. Me lo quitaron durante cuatro años. Hay un sentimiento de abandono. Mi hijo siempre me ha dicho que no tiene nada que perdonarme, que soy inocente, pero la huella está. Cuando estuve dentro de la cárcel pasó hambre, le humillaron, le pegaron. Los pandilleros lo llamaron para pasar cosas en la calle", agrega con la voz entrecortada. 

Una nueva vida en Suecia

Al salir de prisión, Rivera cuenta que se encontró "con todas las puertas cerradas" a la hora de buscar trabajo. "Estás marcada porque sos una asesina. Me resultó muy difícil encontrar trabajo. No me importaba empezar de cero, pero sufrí discriminación laboral". Además, las pandillas comenzaron a extorsionar con una "cuota mensual" por su pequeño negocio de comida. Unido a la decisión de la Fiscalía, estas dificultades para salir adelante fueron las que empujaron a Rivera a marcharse al país nórdico. 

Los comienzos no fueron fáciles en Suecia. "Los primeros meses fueron duros, nos costó mucho adaptarnos. Mi hijo no quería ir al colegio. 'No tengo con quien hablar, todos hablan en otro idioma, no sé qué hablan', me decía. 'Ya vas a aprender', le respondía yo". Ahora, Óscar tiene 14 años y habla sueco con soltura, presume orgullosa su madre. "Yo lo hablo, bueno... ¡no sé en que dialecto, pero lo hablo!", dice entre risas. 

Ahora viven en Fors, una localidad a dos horas de Estocolmo. "Es un pueblo que tiene naturaleza y en verano se pone muy bonito", asegura sonriente. Pagan el piso con la ayuda a la que tienen derecho por ser refugiados en el país. De momento, Rivera estudia Enfermería para poder encontrar trabajo. "Sin bachillerato sueco es difícil", prosigue. De momento, no se plantea regresar a El Salvador. "Me encantaría, pero no sé qué me puede pasar si vuelvo". 

Compagina los estudios con el activismo. Sabe lo importante que es no sentirse sola en una cárcel. A raíz de una campaña de Amnistía Internacional –que la ha invitado a España para presentar su último informe sobre ataques contra defensoras– y el apoyo de otras organizaciones locales como la Agrupación ciudadana por la despenalización del aborto, comenzó a llegarle un aluvión de cartas al centro penitenciario. "De España, de Suecia, de todo el mundo... yo solo pensaba: 'Cuánta gente apoyándome y trabajando para que pueda salir de aquí'. Mi familia me borró del mapa, para ellos no existía, pero para otra gente sí. Y eso me dio fuerzas para no rendirme". 

Recuerda a sus compañeras. Mayra, Beatriz, Alba, Lorena, Manuela, Guadalupe, Evelyn. Las 17 y más. "No puedo apoyarlas económicamente, pero tengo voz y fuerza para hablar para que no queden en el olvido y que se conozca cada una de sus historia, porque no son solo un número". Quiere que las que continúan presas también escuchen de la boca de un juez que son inocentes. "Cuando me absolvieron me sentí libre, pero no totalmente libre porque ninguna mujer va a ser libre cuando a se están violando los derechos de otras mujeres, cuando hay otras mujeres que están todavía en la cárcel, ¿verdad?". Las quiere libres, como aquella mariposa.

Por Icíar Gutiérrez 

01/12/2019 - 21:14h

María Teresa Rivera. AMNISTÍA INTERNACIONAL

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Soldado colombiano anuncia su suicidio tras ser intimidado por el Ejército al apoyar el paro contra Duque

Brandon Cely Páez, de 21 años, denunció en un video grabado previo a su muerte que un superior lo señaló por ser de "izquierda extremista".

Un soldado del Ejército colombiano anunció en un video que se quitaría la vida después de ser intimidado por mandos superiores, tras mostrar su apoyo al paro nacional. El sábado pasado, el joven de 21 años fue encontrado muerto. 

El orgánico del Batallón de Infantería 13, Brandon Cely Páez, grabó un mensaje de despedida en el que explicaba las razones detrás de su decisión. "No me han dejado otra opción que hacer este video para protestar y apoyar a mis compañeros estudiantes", dice el soldado. 

Según contó Brandon Cely, un superior lo acusó de ser de "izquierda extremista" y un "disociador", por apoyar el paro nacional en Colombia. "Yo, para salvaguardar mi bienestar, pedí poder salir de la base, lo que acarrea en la Justicia Penal Militar de dos a seis años de cárcel por el delito de deserción", dice.   

Tras mostrar su apoyo a los estudiantes, quienes "no han dejado de callar", Cely aseveró que como soldado no puede expresar su respaldo al movimiento estudiantil, porque le han "quitado la voz y el voto en el Ejército". "Apoyo totalmente y plenamente al paro colombiano [...] Como soy soldado y no puedo mencionar esto, he decidido acabar con mi vida para evitar inconvenientes a mis familias y a mis seres queridos", sentenció. 

Respuesta del Ejército

Tras la difusión del video, el Comando de la Décimo Tercera Brigada del Ejército informó que Cely Páez, quien tenía quince meses prestando su servicio militar, "falleció en hechos que son materia de investigación". 

Según un comunicado de prensa de la dependencia, el caso ya está siendo investigado por la Justicia Civil Militar, con el acompañamiento del Cuerpo Técnico de Investigación de la Fiscalía General de la Nación.

Además, la Décimo Tercera Brigada informó que se conformó una comisión interdisciplinaria para "establecer las circunstancias de modo, tiempo y lugar en el que que ocurrieron los hechos". 

Protestas

Miles de personas en Colombia salieron a la calle este martes en la sexta jornada de protestas tras el paro nacional decretado por organizaciones sindicales, estudiantes y colectivos de derechos humanos.

Estos sectores han exigido al Gobierno de Iván Duque implementar una amplia agenda de demandas sociales, que van desde cambiar el sistema público de pensiones hasta la correcta implementación de los Acuerdos de Paz, que pusieron fin al conflicto armado con las antiguas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

A estas demandas, los diversos sectores sociales han sumado el esclarecimiento y la sanción a los responsables de la muerte de Dilan Cruz, un joven de 18 años que falleció tras recibir el impacto de una granada de gas lacrimógena en la cabeza, lanzada por un antidisturbio, cuando participaba en una protesta en Bogotá. El día de su muerte, el lunes, Dilan se iba a graduar como bachiller en el Colegio Ricaurte IED (Institución Educativa Distrital), una entidad pública.

En el contexto del paro nacional, que ha sido reprimido por las autoridades, Duque inició el lunes la Gran Conversación Nacional, como le ha llamado al diálogo con alcaldes, gobernadores electos, empresarios y representantes de organismos de control del Estado —Procuraduría y Fiscalía— para encontrar una salida a las protestas antigubernamentales. 

No obstante, tras reunirse con el mandatario este martes, los líderes de las protestas se negaron a aceptar un diálogo ampliado propuesto por la Presidencia y anunciaron la convocatoria a una nueva protesta el miércoles 27 de noviembre

27 nov 2019 02:49

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Integrantes de la iniciativa agrícola FarmHub, en el estado de Nueva York FARMHUB

La ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, está intentando construir un ecosistema local inclusivo y autosuficiente

 

Todo empezó con O+, un festival que ayuda a artistas a intercambiar su trabajo por prestaciones de sanidad ante la dificultad de acceder a seguros privados

 

"Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos. Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos", señala el director de la radio local

 

La ciudad de Kingston, en el estado de Nueva York, tiene una población diversa de 23.000 habitantes y está flanqueada en el este por el arroyo Rondout y el río Hudson y en el oeste por las montañas Catskill. Cuenta con una rústica ribera industrial, un colorido casco histórico y edificios de piedra de la época colonial. Cualquier viajero podría describirla como bucólica.

Las calles del centro están llenas de restaurantes y, desde hace un tiempo, tiendas de vestidos de terciopelo, ropa de segunda mano, productos medicinales elaborados con cannabis y teteras con pantallas LCD. Pero al pasar por la librería Half Moon Books, el visitante puede encontrarse con otro aspecto de la ciudad. El escaparate de la librería exhibe únicamente literatura de no ficción sobre el fin del mundo tal y como lo conocemos. "Comencé organizando un escaparate sobre utopías", explica la vendedora de libros Jessica DuPont, "pero no sé cómo acabé con libros sobre la agonía del capitalismo".

Hace poco más de una década me mudé a Kingston desde la ciudad de Nueva York, cuando se desató la crisis económica de 2008. Había terminado mis estudios en la universidad hacía tres años, pero mi incipiente carrera en los medios de comunicación se vio arrastrada por la recesión. Unas amigas mías, dos pintoras –una de unos 30 años y otra de más de 40–, eran propietarias de un edificio en el que estaba disponible un piso en la segunda planta. Allí podría vivir y trabajar.

Mis nuevos vecinos –artistas, músicos, dueños de tiendas o restaurantes, constructores, galeristas– me trataron como si fuera de la familia. Nuestra comunidad era diversa en cuanto a edad, pero todos teníamos ambiciones creativas e independientes en un sitio donde no abundaban las oportunidades económicas.

Así, muchos de nosotros nos encontramos con el mismo problema: la imposibilidad de acceder a un seguro de salud. Hace tiempo que el sistema de sanidad de EEUU es un desastre: lo era entonces y todavía lo es, porque aunque hay un sistema de sanidad público, los gastos extra y los copagos son astronómicos. Por suerte, entre nuestros amigos había médicos y dentistas que consideraban que nuestro trabajo era igual de valioso que el suyo. Entonces, se nos ocurrió algo. Basándonos en el viejo sistema de trueques, diseñamos una forma de intercambiar el arte de la medicina por la medicina del arte.

En octubre de 2010, lanzamos nuestro primer festival de arte callejero que duró todo un fin de semana, con música en vivo y eventos vinculados con la salud. Lo llamamos O+, como el grupo y el tipo sanguíneo. El público general podía participar mediante una donación. Los profesionales de la salud podían ofrecer su trabajo en una clínica que montamos en la calle.

Durante los siguientes años, miles de artistas como Lucius, Spiritualized y artistas locales que han tocado con los B-52’s y David Bowie, han recibido atención médica y dental valorada en cientos, a veces miles de dólares. Algunos artistas incluso afirman que la atención que recibieron allí les salvó la vida.

Poco después del primer O+, me marché de Kingston porque me surgió una oportunidad de empleo en otra ciudad. Ahora vivo en Savannah, en el estado de Georgia. Pero O+ siguió adelante. Los organizadores se han expandido para ofrecerle al público general más recursos: kits de rescate para sobredosis de opioides, formación en reanimación cardiopulmonar, conferencias sobre temas de salud y clases de bienestar que duran todo el año.

Algunos políticos locales o vecinos que no están de acuerdo con que se intercambie arte por atención médica y dental han intentando poner trabas, pero la causa siempre ha estado alimentada por un sentimiento de rebeldía y por la comprensión de que los artistas necesitan atención médica y de que el arte es bueno para la salud.

"Para cambiar el sistema a nivel nacional, hay que hacer miles de cosas a nivel local y en algún momento el sistema evolucionará", asegura el director ejecutivo de O+, Joe Concra, en cuyo edificio yo vivía cuando comenzamos el proyecto. Concra trabajó como voluntario a jornada completa durante años, hasta que gracias a becas y donaciones se pudieron pagar tres modestos salarios a jornada completa y siete de media jornada. "Cada vez que entro a la clínica, pienso: ‘Vaya, sí que es posible construir un sistema nuevo’. Me niego a creer que es imposible. Por eso seguimos trabajando en esto'".

La semana antes de la décima edición del festival O+, Concra y yo nos sentamos en la cafetería de Rough Draft, una librería independiente de Kingston que abrió en 2017 y a menudo es sede de eventos de organizaciones sin ánimo de lucro para recaudar fondos. Los tres empleados de la cafetería llevan camisetas de O+.

"Cuando comenzamos con esto", relata Concra señalándose a sí mismo, a mí y a la habitación, "no nos dábamos cuenta de lo que estábamos haciendo". Se pone de pie y corre al otro lado de la tienda para buscar un ejemplar de Sobrevivir al Futuro de David Fleming (2016), un tratado sobre comunidades sostenibles "en el marco de una economía de mercado" y abre la página en un capítulo llamado Carnaval. "Mira", me dice. "Estábamos creando un carnaval para la revolución".

Puede ser que O+ haya aportado el carnaval. Ahora ya no está solo en la revolución: la red de sanidad anticapitalista y antisistema de Kingston es solo un ejemplo de un modelo que podría reemplazar a las corporaciones en el país. Los vecinos han lanzado una cadena de radio no comercial, Radio Kingston WKNY, con una programación representativa de las comunidades locales que se emite gracias a grupos electrógenos si se corta la electricidad. También existe una micro-moneda regional llamada la Moneda Hudson Valley para "generar un ecosistema que nos incluya a todos", en palabras de su cofundador David McCarthy.

Iniciativas agrícolas como Farm Hub trabajan para lograr sistemas de alimentación fuertes e igualitarios. Una red de carriles bici conecta los pueblos con las granjas locales (para cuando ya no haya gasolina para los coches). Y organizaciones como RiseUp Kingston, Kingston Citizens, Nobody Leaves Mid-Hudson, y la Kingston Tenants Union facilitan la participación ciudadana, luchan contra los desahucios y promueven políticas públicas para combatir la cada vez más acuciante escasez de viviendas.

Visto desde mi casa en el sur del país, da la sensación de que, poco a poco, Kingston está montando la infraestructura de una comunidad autosuficiente, una comunidad que pretende sobrevivir a un posible colapso económico sobre el que bromeamos mientras bebemos cerveza en Rough Draft.

DuPont, la vendedora de la librería Half Moon, no cree que el vecino medio de Kingston esté activamente preparándose para una implosión social. "Pero sí pienso que las presiones económicas –especialmente cómo se han disparado los precios de las viviendas– están haciendo que la gente busque formar nuevas redes y maneras de apoyarse entre sí", señala. Mientras tanto, los directores de las organizaciones arriba mencionadas se enfrentan a preguntas como: "¿Cómo podemos asegurarnos de tener todos los recursos que necesitamos?" y "¿cómo hacemos para no dejar a nadie atrás?".

El primer fin de semana de noviembre, en una escuela de la ciudad, se organizó una conferencia llamada Sobrevivir al futuro: conexión y comunidad en tiempos de inestabilidad. "Prominentes pensadores de cambios en el sistema y transiciones" hablaron sobre temas clave para una "transición justa", inclusiva y holística del capitalismo hacia algo nuevo… lo que quiera que sea aquello.

Gran parte del trabajo es imaginar cómo se arma algo desde cero: en un panel sobre la vivienda como derecho humano, copresentado por Radio Kingston, O+, el Centro Comunitario LGTBQ Hudson Valley y otros, Callie Jayne de RiseUp Kingston explica modelos de trabajo para abordar su principal preocupación: la escasez de viviendas. "Si no se ha hecho antes, probablemente sea algo bueno, porque lo que hemos estado haciendo no ha funcionado".

"Me siento privilegiada por formar parte de las conversaciones de alto nivel sobre qué sucederá en el futuro", afirma el director ejecutivo de Radio Kingston, Jimmy Buff. "Aquí hay gente que está intentando encontrar una vivienda que no le cueste el 50% de sus ingresos o quedarse en viviendas en las que han vivido durante décadas y que la gentrificación no los obligue a marcharse del barrio. La crisis climática, la potencial agitación civil…¿Cómo nos organizamos a nivel local para abastecernos cuando todas estas cosas que parecen estar yéndose al diablo se vayan efectivamente al diablo?"

Yo me pregunto esto mismo constantemente. Pero en Savannah –una ciudad de 124.000 habitantes con una gran división racial y política y una tasa de pobreza un cuarto mayor que la de Kingston– formo parte de una minoría muy pequeña. En la radio no se escuchan conversaciones sobre igualdad ni están representadas las voces diversas de mi barrio. No he visto libros apocalípticos en los escaparates de las librerías. Cuando pienso en lo poco preparados que estamos para la crisis, echo de menos Kingston.

"Cuando todo se vaya al carajo, no va a venir nadie a rescatarnos", dice Buff. "Tenemos que encontrar una solución nosotros mismos, porque esta es nuestra ciudad. Aquí es donde vivimos. Esto es todo lo que tenemos".

Traducido por Lucía Balducci.

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Águilas Negras amenazan a la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode)

La continuidad del terror. Apenas se asoman los primeros días del mes de septiembre y como en meses anteriores, son las amenazas las principales protagonistas en la continua proliferación del terror y el miedo ante el conjunto del movimiento social y sindical en Colombia.

El tres de septiembre Nelson Alarcón (presidente de Fecode) acompañado del comité ejecutivo de la Federación y de Diógenes Orjuela (presidente de la Central Unitaria de Trabajadores), se pronunciaron en rueda de prensa ante las amenazas recibidas de parte del Bloque Capital de las Águilas Negras en contra de integrantes del comité ejecutivo de la organización de maestros y maestras más grande del país.

Las amenazas fueron enviadas al correo electrónico de la Secretaría General de la organización en la noche del día lunes 2 de septiembre y en la mañana del martes 3. Los panfletos se presentaron ante la iniciativa de la “Caravana por la vida, la paz y la democracia”, por realizarse durante los días 6, 7 y 8 de septiembre del año en curso.

La caravana pretendía movilizar a un importante conjunto de maestros y maestras de la federación, provenientes de distintas regiones del país (tales como Nariño, Putumayo, Casanare, Cundinamarca, Huila, entre otros), para dirigirse al corregimiento de Toez (Cauca), para denunciar y visibilizar la grave situación de derechos humanos que padece Colombia.

En medio del asesinato sistemático de líderes y lideresas sociales que no para en Colombia, este proceder es preocupante, pues como lo dejó claro el presidente de Fecode: “En miles de veredas del territorio colombiano, los maestros y maestras son la única presencia del gobierno y del Estado; hoy nos están asesinando y amenazando, desafortunadamente en los últimos 25 años van más de mil maestros y maestras asesinadas, y en lo trascurrido del 2019 son casi 700 compañeras y compañeros amenazados”.

Una grave situación que no parece tener límite ni acción eficaz para romper la impunidad que la ampara.

En tal circunstancia, la acción del cuerpo docente tenía una gran significancia pues retomaba la acción política solidaria, colocándola por encima de las reivindicaciones económicas y/o gremiales. Un importante avance del movimiento social colombiano que, por el momento, queda truncado por la acción intimidatoria y violenta de agentes clandestinos amparados bajo la “franquicia” Águilas Negras”.

El reto queda abierto. Ahora le corresponde al magisterio concitar al conjunto del movimiento social, para que entre todas y todos, como una sola voz, realicen una inmensa caravana hacia el Cauca, cuyos pobladores padecen ahora la multiplicación del conflicto armado, además de históricas problemáticas que el Estado se niega a resolver de manera efectiva, entre ellas, el derecho a la vida y el acceso a tierra para los pobres del campo.

 

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Territorio: nuestro cuerpo, nuestro espíritu

 Nosotras: mujeres, lesbianas, travestis, trans, indígenas, campesinas, indias, mujeres negras, afrodescendientes, comunitarias, villeras, urbanas, trabajadoras, latinoamericanas y del mundo, nos unimos para repudiar el incendio genocida de la Amazonia en Brasil.

La Amazonia es la entraña latiente de la vida misma --que tiene millones de formas pero es una sola-- órgano vital del mundo: es el lugar donde una fuerza del cosmos, la luz del sol, es transformada en buena parte del aire que respiramos casi todas las formas de la vida en el planeta. La Amazonia es el lugar en el que los minerales se hacen tierra y la tierra se sostiene gracias a las redes que tejen sus árboles centenarios en su mismo seno que borbotea de seres grandes y pequeños junto a los ríos. La Amazonia es el lugar donde los ríos brotan de fuentes que hace millones de años yacen bajo kilómetros de rocas y le dan la humedad que lo vivo necesita para vivir a la tierra y los árboles y a sus miles, millones de animales y plantas. La Amazonia es el lugar en el que la vida se hace a sí misma y nos hace a nosotros con su aire, su humedad, con su regulación de los climas. La Amazonia es el hogar, la fuente de vida de cientos de pueblos indígenas que, a su vez, la protegen de la depredación del capital, de los capitalistas, los pueblos que protegen el agua de hoy y del futuro, los alimentos que muchxs de nosotrxs comemos.

La Amazonia y sus habitantes son la resistencia ancestral a la imbecilidad humana, al antropocentrismo criminal que gira alrededor de, por supuesto, el universal masculino. La Amazonia está siendo exterminada por la acción directa del capitalismo extractivista.

No aceptamos la violencia ni las muertes a las que están siendo sometidas las compañeras indígenas y las comunidades que por siglos han vivido en cuidado recíproco con la selva y con todos los seres no humanos que habitan en ella.

Nosotras: mujeres, lesbianas, travestis, trans, indígenas, campesinas, indias, mujeres negras, afrodescendientes, comunitarias, villeras, urbanas, trabajadoras, latinoamericanas y del mundo agradecemos y apoyamos las luchas de las amazónicas de más de 130 pueblos que salieron en la Primera Marcha de Mujeres Indígenas de Brasil para denunciar el aumento de la deforestación de la Amazonía en un 67% desde la llegada del gobierno terrorista-extractivista-patriarcal de Bolsonaro. Con el lema “Territorio: nuestro cuerpo, nuestro espíritu”, la marcha denunció la urgencia del cuidado de lo viviente, de los bosques y del agua, y exigió el cese de la violencia machista y racista contra ellas y les niñes.

La Primera Marcha de Mujeres Indígenas da cuenta de un nuevo tipo de lucha por el territorio entendido también como el planeta que habitamos y contra las causas capitalistas-extractivistas-patriarcales del cambio climático. Hemos visto también la fuerza de la Marcha de las Margaritas, que unos días antes, reunió a trabajadoras rurales, de la floresta y de las aguas de todos los estados brasileños.

Nosotras, estos cuerpos feminizados que somos, rechazamos la violencia y el exterminio colonial de lo existente y agradecemos a nuestras hermanas amazónicas y campesinas porque su lucha es nuestra lucha.

Sabemos que los empresarios, los fazendeiros y sus agentes provocaron el incendio. Buscan desforestar la selva y desplazar comunidades para extender la frontera agrícola y ganadera y favorecer la acumulación extractivista y genocida del agronegocio. Entendemos que se trata de una forma de disciplinamiento atroz, una respuesta desaforada a la energía que logró avivar y levantar en todo el mundo la marcha de las mujeres indígenas, guardianas de la selva y de las formas de existencia insurrectas que alberga.

“Cuando defendemos nuestros territorios, nuestros cuerpos y nuestros espíritus, también estamos defendiendo la vida de los demás pueblos que habitan este planeta”. Así dijeron también varias de las mujeres que caminaron por las calles de Brasilia con sus hijxs: “es en la vida comunal que se puede sostener una vida digna”. Con ellas y por todxs, convocamos a las organizaciones feministas del mundo a manifestarse y a exigir que se tomen las medidas necesarias para detener el incendio.

#NiUnaMenos #VivasNosQueremos #FueraBolsonaro #MachistasRacistasNoPasarán

Documento de NiUnaMenos con firmas de cien colectivas de América Latina.

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Muerte y resistencia en la frontera entre Estados Unidos y México

A lo largo de la extensa frontera entre Estados Unidos y México, las temperaturas en verano alcanzan fácilmente los 40º C. El desierto de Sonora se extiende a ambos lados de la frontera y se erige como una barrera mortal para los miles de migrantes que buscan una vida mejor en el norte. Miles de personas anónimas han muerto en estos desiertos mientras seguían la ruta conocida como “el camino del diablo”. Nunca sabremos cuántos han muerto, ya que el desierto borra la evidencia de los que se desvanecen allí; los buitres, coyotes e insectos rápidamente se abalanzan sobre los cadáveres y dejan solo los huesos blanqueados. Se han hallado restos de más de 3.000 personas, pero los expertos estiman que más de 10.000 han muerto al intentar cruzar el desierto. Varios grupos de voluntarios han estado deambulando durante años por las arenas ardientes del Sonora, dejando comida, agua y medicamentos a lo largo de los senderos conocidos de los migrantes y haciendo todo lo posible para reducir la letalidad del desierto.

En enero de 2018, Scott Warren, del grupo de ayuda humanitaria No más muertes, fue arrestado y acusado de albergar a “extranjeros” y de conspiración, delitos federales por los que enfrentó la posibilidad de recibir una condena de 20 años en prisión. En el primer juicio, el jurado no pudo determinar un veredicto, que debe ser unánime, pero ocho de los 12 miembros votaron por la absolución. Los fiscales federales retiraron la acusación de conspiración y van a proceder con el nuevo juicio, programado para noviembre. Warren todavía enfrenta una posible sentencia de 10 años de prisión.

Recientemente participamos de una de las travesías para dejar agua y comida junto a Warren y otras dos voluntarias de No más muertes, Geena Jackson y Paige Corich-Kleim. Salimos de la nueva oficina de ayuda humanitaria que la organización comparte con grupos aliados en Ajo, Arizona, y viajamos por un rústico camino de ripio hasta el Monumento Nacional Organ Pipe Cactus, declarado reserva de la biosfera por la Unesco. Todavía era temprano en la mañana, pero la temperatura ya excedía los 38º C. La reserva se extiende desde las cercanías de Ajo hasta la frontera con México. Al oeste del monumento nacional se encuentra el Refugio Nacional de Vida Silvestre Cabeza Prieta, el mayor refugio de los 48 estados meridionales del país. Scott Warren nos explicó: “En este momento no puedo poner pie en el refugio debido a los cargos de delitos menores que enfrento por haber brindado ayuda humanitaria”.

El aumento de la militarización en ciudades fronterizas como Nogales, en Arizona, obliga a los inmigrantes a internarse en el desierto. En una parada frente a la base de operaciones avanzadas de la Patrulla Fronteriza en el desértico Growler Valley, Scott Warren nos dijo: “Los migrantes se han visto forzados a incursionar en estas áreas remotas y difíciles desde hace décadas, como resultado de la política de prevención mediante la disuasión”. Growler Valley es un vasto y desolado valle azotado por el sol y salpicado de cactus, que se extiende desde la frontera hacia el norte. Abarca Cabeza Prieta y Organ Pipe y más adelante el campo de entrenamiento militar de la Fuerza Aérea Barry Goldwater, que los migrantes deben cruzar para poder alcanzar la ruta Interestatal 8 y su esperada nueva vida más allá. En el campo de entrenamiento militar Goldwater se han descubierto en los últimos años varios restos óseos humanos.

El escritor Luis Alberto Urrea describió elocuentemente la muerte de 14 migrantes en este valle en su libro finalista del premio Pulitzer de 2004, “The Devil’s Highway” (“El camino del diablo”, en español). Urrea describe en seis etapas la cercanía de la muerte: “El aire del desierto, como tú, tiene sed. Te absorbe el sudor tan rápido como tú lo produces, tan rápido que ni siquiera te das cuenta de que estás sudando… el aire te toca los labios para quitarte el agua. Cada respiración te deja la nariz reseca, así como los senos paranasales, la boca, la garganta… La desolación primero te bebe de a pequeños sorbos, luego en tragos profundos”. Urrea agrega: “Si lloras, estarás haciendo una inversión infinitesimal a favor de tu propia muerte”.

Debido a sus juicios pendientes, Warren acompañó la expedición para dejar agua y comida, pero no participó en la actividad personalmente. Geena Jackson manifestó a Democracy Now! mientras ultimaba los preparativos para dejar en el desierto los bidones de agua: “La ayuda humanitaria nunca es un delito. Es un imperativo humanitario tratar de aliviar la muerte y el sufrimiento en esta área. A pesar del accionar de las agencias gubernamentales, que intentan criminalizar a los trabajadores de ayuda humanitaria, nosotras sostenemos que la ayuda humanitaria nunca es un delito”. Geena Jackson y Paige Corich-Kleim dejaron mensajes en cada uno de los bidones de agua que dejaron a la sombra de un árbol, junto a un sendero creado a lo largo de los años por las personas que realizan este peligroso viaje.

Paige Corich-Kleim nos contó: “Generalmente escribo mensajes de tono religioso, como ‘Vayan con la fuerza de Dios’ o ‘Que Dios bendiga su camino’”. Esto es para que los viajeros sepan que el agua fue dejada por personas amistosas y que es seguro beberla. También dejan latas de frijoles para brindarles las calorías y sales necesarias para la subsistencia, que las personas van perdiendo a medida que se adentran en el abrasador calor del desierto.

Mientras observaba el trabajo de sus colegas, Warren expresó: “Estoy notando la energía de este momento y creo que es, tal vez, porque todos nosotros estamos aquí, y por escuchar a mis amigas describir los mensajes que están escribiendo en las botellas. Esto se volvió tan rutinario para nosotros que incluso yo olvido lo importante y lo hermoso y lo prácticamente sagrado que es”.

© 2019 Amy Goodman

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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En una plaza de Nueva York, un grupo de personas se manifiesta en favor del gobierno chino y en rechazo a los grupos que han realizado protestas en la ex colonia británica.Foto Afp

Miles de profesores marcharon ayer en Hong Kong en apoyo a las manifestaciones antigubernamentales y para denunciar la presunta brutalidad policial hacia los estudiantes que protestan contra la ley de extradición a China, durante la undécima semana de movilizaciones.

Una multitud se concentró en una plaza pública del distrito financiero de la ciudad antes de dirigirse a la Casa de Gobierno portando carteles con el lema "Protejan a la próxima generación".

Los profesores ataron lazos blancos a una cerca metálica próxima a la residencia oficial de la repudiada jefa de gobierno, Carrie Lam, como muestra de su apoyo a los manifestantes que tomaron las calles a principios de junio, muchos de los cuales son estudiantes. El Ejecutivo debería responder a las demandas de los inconformes y dejar de emplear lo que calificaron de violencia policial para dispersar las protestas, que algunas veces terminan en enfrentamientos, declararon.

"Queremos proteger a nuestros estudiantes, a nuestros jóvenes, por lo que los maestros estamos dispuestos a salir y hablar por nuestros chicos, y también a apoyarlos para que no estén solos", declaró Fung Wai-wah, presidente del sindicato de profesores de la ciudad que organizó el acto.

Algunos participantes vandalizaron los locales de la Federación de Sindicatos –una organización pro Pekín–, arrojándoles huevos y cubriéndolos de grafitis. Un incidente similar ocurrió en la comisaría de Mong Kok.

Los manifestantes antigubernamentales también marcharon por Kowloon, la principal zona urbanizada del lado continental del puerto de Hong Kong, mientras partidarios de la policía se manifestaron brevemente al otro lado de la bahía, ondeando banderas chinas.

Las demandas del movimiento incluyen la renuncia de Carrie Lam, la revocación de la ley de extradición y una investigación independiente sobre el uso de la fuerza policial. Se convocó a una marcha para hoy en Victoria Park.

Esta semana, la policía paramilitar china realizó ejercicios al otro lado de la frontera, en la ciudad de Shenzhen, alimentando las especulaciones sobre su posible movilización para sofocar las protestas. El sábado se vio a agentes entrenar en el interior de un estadio deportivo, con decenas de camiones de tipo militar.

Fuera de la ex colonia británica también hubo movilizaciones en apoyo tanto al movimiento prodemocrático como al gobierno de China.

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"François Houtart: Vida y pensamiento" Un hacedor del bien común de la humanidad

Cuando muere un maestro, deja un vacío. Cuando muere un maestro, que es también un querido amigo, casi un padre, deja un sentimiento de orfandad. El Grupo de Pensamiento Alternativo transformó el sentimiento desolador de la orfandad en una obra colectiva que continúe el diálogo con el accionar y las ideas de François. Más allá del valioso aporte de lúcidos intelectuales y activistas, este libro es sobre todo un acto de amor por el maestro, expresado colectivamente. y en ello reside su fuerza primordial: en la multiplicidad de voces que en su conjunto logran reunir los aspectos más sobresalientes del gran humanista e intelectual que supo ser también una persona bondadosa.

Nidia Arrobo -de la Fundación Pueblo Indio de Ecuador- fue el eje del proceso de convergencia de militantes de alternativas anticapitalistas que trabajaron junto a François en América, África, Europa y Asia. A los autores del Grupo de Pensamiento Alternativo se sumaron Samir Amín, Frei Betto, Geoffrey Pleyers, Nguyen Duc Truyen, Juan José Tamayo, Wim Dierckxsens / W. Formento entre otros. Así se fue tejiendo la trama de esta obra, con la suma de aportes de Cuenca a Quito, de Brasil a Sri Lanka, de España a Vietnam…

 

“A François le debemos la creación del Foro Mundial de Alternativas”  

 

El punto de partida del libro es la afirmación inequívoca de Samir Amin: “A François le debemos la creación del Foro Mundial de Alternativas”. Samir Amin, destacado economista marxista independiente, explica que el término alternativas está en plural porque no creían tener una receta de qué se debía hacer, sino que el objetivo era convocar a una convergencia de alternativas. François propuso un lugar de encuentro, de intercambio de ideas entre todos los movimientos en conflicto con la lógica y las políticas implementadas por el capitalismo neoliberal. El primer encuentro se realizó en El Cairo en abril de 1997. Y el lanzamiento público tuvo lugar en enero de 1999 en Davos, Suiza. “¿Por qué no ir al sitio elegido por las oligarquías políticas y financieras que manejan el mundo para hacer un anti-Davos?”, preguntó François. Precisamente eso hicieron con la participación de sindicalistas de Brasil, India, Corea del Sur y Francia; campesinos de Burkina Faso, Bali, India y Brasil y de movimientos de mujeres de Quebec y China. Le Monde Diplomatique difundió la agenda anti-Davos, en la que se respondía desde la perspectiva de los campesinos/obreros/trabajadores a cada punto de la agenda Davos, que representa los intereses de los multimillonarios que gobiernan el mundo. El Foro Mundial de Alternativas fue el origen de los Foros Sociales Mundiales.

 

Lo que nos une es más importante que lo que nos divide

 

Más allá del (necesario) debate de ideas, el objetivo primordial compartido por François y Samir era crear instancias de coordinación de las luchas sociales dentro de cada país y entre los diferentes países; una convergencia de alternativas con respeto por la diversidad, bajo el lema: Lo que nos une es más importante que lo que nos divide.

El espíritu internacionalista y el respeto por la diversidad en pos de la convergencia de distintas tendencias populares en lucha por el cambio social han sido la brújula del activismo y del pensamiento de François. Nidia Arrobo dice: “Multifacético y abierto a todas las causas, a François le dolía el mundo… y asumía como propios los grandes problemas como el sufrimiento infligido en los pueblos del Medio Oriente, los Tamiles, Haití. Se opuso al injusto bloqueo contra Cuba, la sangrienta guerra en Colombia, la opresión contra los pueblos indígenas, la devastación de los ecosistemas, el calentamiento global... Apoyó las luchas anticolonialistas africanas, la resistencia vietnamita… Trabajó junto a humanistas, los movimientos campesinos, indígenas y defensores de los derechos humanos y de la naturaleza -no como observador sino como miembro activo: investigando, analizando, diseñando soluciones e involucrándose en la aplicación de esas soluciones -fiel al método aprendido en Bélgica junto a la Juventud Obrera Católica: Ver/Juzgar/Actuar".


"Había que salir a las minas de carbón, a las aldeas, a las cooperativas agrícolas del Boerenbond"

Y es en Bélgica, en la Universidad de Lovaina, donde Gustavo Pérez conoció a François en 1954, como lo relata en su ensayo testimonial "Mis experiencias de vida con François Houtart desde 1954". Quien los introduce es Camilo Torres -el sacerdote tercermundista y revolucionario que murió luchando por una sociedad más justa en Colombia. Gustavo y Camilo -ambos colombianos- eran amigos desde muy jóvenes y decidieron continuar estudiando sociología en Lovaina por recomendación del joven profesor belga Houtart, quien devino mentor de ambos (a pesar de su juventud, 29 años, solo unos pocos años mayor que Gustavo y Camilo). "François nos inició en la formación académica en contacto con la realidad. Había que salir a las minas de carbón, a las aldeas, a las cooperativas agrícolas del Boerenbond; asistir a reuniones de la Juventud Obrera Católica (JOC), de los sindicatos. La amistad con François, que perduró a través de los tiempos, nos impactó a Camilo y a mí; fue nuestro guía y consejero", dice Gustavo. La amistad y el trabajo compartido en las ciencias sociales y en la teología de la liberación dura más de 60 años.


Arraigar las luchas en el análisis de la realidad social

El artículo de Nguyen Duc Truyen [1] , “François Houtart en la memoria de sus amigos vietnamitas”, señala que la entrañable amistad de cuatro décadas surge con la participación activa de François en defensa de la paz de Vietnam. Fue presidente de la Asociación de amistad belga-vietnamita y desde 1978 cooperó en la investigación científica con el Instituto de Sociología de Vietnam realizando un estudio de terreno en la comuna rural de Hai Van en el delta del río Rojo. François se incorporó a la vida de la comuna, especialmente al quehacer de la cooperativa agrícola.

Su aporte fue integral; en la década de 1970, por su iniciativa y trabajo se mejoró el dispensario médico de la comuna y se creó un jardín de plantas medicinales y un taller para producir medicamentos. En la década de 1990, influyó en la creación de una escuela primaria y otra secundaria. En la década de 2000, ayudó a formar centros de capacitación técnica y un fondo de microcrédito. A la par, elaboraba informes sociológicos sobre la comuna. En el primer informe de 1980, resaltó la importancia del modelo socialista de colectivización, pero también expresó sus reservas sobre el proceso de transformación económico-social proponiendo que se impulsara la educación como tarea urgente en el corto y en el largo plazo para garantizar un equilibrio entre el modelo económico y el cultural. No solo propuso iniciativas de desarrollo de la educación sino que también buscó los fondos internacionales de ayuda al desarrollo para financiar una parte importante de la infraestructura de la comuna.

Cooperó con el Instituto de Sociología de Hanoi siendo el primer profesor que enseñó de manera sistemática y práctica los conocimientos fundamentales de la Sociología a los investigadores del Instituto. El primer informe sobre la comuna rural de Hai Van contribuyó a formar a la primera generación de investigadores del Instituto de Sociología -entre los que figura Nguyen.

En Vietnam, al igual que en otras partes del mundo, arraigar las luchas en el análisis de la realidad social, fue el leitmotiv de François Houtart, señala Geoffrey Pleyers en su artículo “François Houtart: Una sociología de la liberación”. Agrega que no era solo un analista de la evolución de la sociedad y de los movimientos sociales, sino que fue ante todo un protagonista del cambio: desde la década del 70 planteó la necesidad de lograr la confluencia de las luchas sociales, tanto entre países como entre diferentes sectores, incluyendo a los gobiernos progresistas, de los que rescataba su potencial para “promover alternativas y realizar cambios sociales” -sin dejar de señalar con espíritu de crítica constructiva las políticas “post-neoliberales, pero no post-capitalistas” de dichos gobiernos.

El rol clave de François en el desarrollo de la solidaridad internacional con el pueblo tamil de Sri Lanka queda plasmado en el artículo "François: Luminoso ejemplo de solidaridad con Tamil Eelam" [2] . Viraj Mendis revive la muerte de François en la Fundación Pueblo Indio de Ecuador, en la víspera de un evento en solidaridad con el pueblo Tamil en Quito. Dice: " Me acuerdo muy claramente de aquel día fatídico de junio [de 2017] cuando Surimana, Nidia y yo intentábamos reanimar a François... En lo más íntimo de nuestros corazones, sabíamos que era demasiado tarde, pero había una desesperación en nuestros esfuerzos para reanimarlo. Esta desesperación no se basaba únicamente en los profundos sentimientos que teníamos por este hombre excepcional. En aquel momento frenético, sentíamos también una ansiedad por cómo su muerte afectaría a la lucha en la cual los cuatro estábamos tan íntimamente involucrados. Sin él esta lucha jamás hubiera empezado. Y desde su comienzo, él fue su interlocutor como así también su mayor catalizador. Desesperadamente queríamos que viviera porque lo amábamos y, también porque nuestra lucha colectiva lo necesitaba..."

Francisco Muñoz en el ensayo "François Houtart: Política y liberación" señala que a partir de la crisis de 2008, el pensamiento de François se articula en torno a tres temas fundamentales: la naturaleza estructural de la crisis del capital, los procesos de transición y la propuesta alternativa de los bienes comunes de la humanidad. Resalta que en su dimensión utópica el pensamiento político de Houtart se basa en el paradigma de la esperanza, comprendida como una expresión y un concepto fidedignamente cristiano-evangélico, que enfoca el futuro y la superación de la pobreza y la explotación en la transformación de la situación en la Tierra y en el presente.


"Movilizar las energías en un Frente Unido"


El aporte de François Houtart para comprender y transformar la realidad ecuatoriana es de una magnitud invaluable. Aplica el método científico para analizar la realidad y proponer soluciones en diálogo con los movimientos sociales, en contacto directo con los campesinos y las comunidades indígenas del país. Algunos de los autores ecuatorianos -Esteban Daza, José Astudillo, Fernando Vega, Francisco Muñoz- ahondan en diferentes aspectos del aporte de François. Por su parte, Napoleón Saltos señala que para François era primordial " la posición de los movimientos sociales, sobre todo de los pueblos indígenas. Escuchaba a todos los sectores. Tenía acceso para hablar directamente con el presidente Correa, sobre todo en el primer período. Tenía una relación especial con las organizaciones indígenas, sobre todo con la CONAIE, no sólo a nivel de dirigencia, sino de bases. Periódicamente recorría el país, especialmente el campo... Buscó servir de puente para restablecer los lazos entre el gobierno y el movimiento indígena en momentos de conflicto, como en el caso de la amenaza de quitar el local a la CONAIE o ante la criminalización de la lucha social. Pero recalcaba que se trataba de discrepancias dentro de la izquierda".

Creo que la antología logra con creces el propósito de continuar el diálogo con el pensamiento y el accionar de François Houtart, motivándonos a leer o releer sus escritos. Por mi parte, volví a leer “La agricultura campesina e indígena como una transición hacia el bien común de la humanidad: el caso del Ecuador”, uno de sus últimos artículos [3] :

Para el futuro, la solución no se encuentra en un capitalismo oligárquico vinculado con el capital financiero. Tampoco la continuidad de un capitalismo moderno dará la respuesta que no ha podido proponer durante la última década. Se trata de una nueva propuesta, basada sobre una refundación del proyecto, como un elemento de una transición hacia un paradigma post-capitalista. Por eso las fuerzas de la lucha social deben reconstruirse desde la base, movilizando las energías en un Frente Unido, con metas precisas y propuestas concretas, donde nadie, en particular los movimientos indígenas, pierda su identidad. Es urgente. Es posible. Mañana será demasiado tarde.  
En defensa de la capitana alemana del barco Sea Watch detenida por rescatar a 40 inmigrantes que naufragaron en el Mediterráneo, decía acertadamente el filósofo Santiago Alba Rico que en un solo gesto la valiente joven expresó uno de esos valores fundamentales que debemos proteger: la opción preferencial por los otros. De igual manera, podemos decir que los gestos de François expresaron un valor esencial que debemos proteger: la opción preferencial por los otros.

 


Silvia Arana, editora del libro François Houtart: Vida y pensamiento.

Notas: [1] Traducido del francés por Víctor Hugo Jijón, Grupo de Pensamiento Alternativo.

[2] Traducido del inglés por Billy Gills, Grupo de Pensamiento Alternativo.

[3] La agricultura campesina e indígena como una transición hacia el bien común de la humanidad: el caso del Ecuador - François Houtart : http://www.rebelion.org/noticia.php?id=225334  

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

 

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La selección de fútbol femenino estadounidense obtiene una plataforma global para sus batallas

 

El miércoles, las calles del Bajo Manhattan retumbaron con el sonido del descorche de champán, no solo por los festejos en honor a la victoriosa selección nacional de fútbol femenino de Estados Unidos, que fue homenajeada con un desfile por el “Cañón de los Héroes” de la ciudad de Nueva York en Broadway, sino también porque el grito de victoria no pasó desapercibido en Wall Street, donde el índice bursátil Standard & Poor’s 500 superó los 3000 puntos por primera vez en la historia. Las 23 mujeres de la selección de fútbol acababan de volver de Francia, donde ganaron el Mundial de Fútbol femenino. Ya de regreso en Estados Unidos siguen con otra batalla, más difícil, por salarios y condiciones de trabajo iguales a las de sus homólogos masculinos de la Federación de Fútbol de Estados Unidos. Una pancarta que llevó al desfile Crystal Dunn, jugadora de la selección, de origen afroestadounidense y criada en el barrio Rockville Centre de Long Island, decía: “Los desfiles son geniales, pero la igualdad salarial es mejor”. La multitud acompañó ese sentimiento. Cuando Carlos Cordeiro, el presidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos, habló en el escenario después del desfile, la multitud coreó: “¡Igualdad salarial! “¡Igualdad salarial!”. Ese mismo coro resonó en todo el estadio de Lyon cuando las mujeres se convirtieron en campeonas mundiales el domingo pasado.

El éxito del Mercado de Valores de Wall Street, yuxtapuesto a la desigualdad salarial impuesta a estas notables mujeres, remite a la declaración hecha por uno de los alcaldes más famosos de la ciudad de Nueva York, Fiorello La Guardia, en 1946: “La cinta de teletipo no es espagueti”. La Guardia acababa de asumir la dirección general de la Administración de Socorro y Rehabilitación de la ONU , que inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial brindó ayuda a refugiados y otras personas que luchaban por sobrevivir. El uso de la cinta de teletipo estaba bastante extendido en aquellos días previos a la era digital, siendo el medio por el cual se distribuían los precios de las acciones en tiempo real. De ahí que grandes cantidades de esta cinta de papel usada en el distrito financiero de Nueva York se utilizaran como confeti para arrojar a soldados, astronautas y equipos atléticos que regresaban victoriosos, desde el primer desfile en honor a la nueva Estatua de la Libertad, en 1886. El punto de La Guardia era simple: si bien la economía de posguerra estaba aparentemente experimentando un boom y las inversiones en la bolsa de valores tenían un gran desempeño, esto no implicaba seguridad alimentaria para los refugiados de guerra. Del mismo modo, hoy un desfile que celebra a las mujeres atletas es un honor, pero no compensa una vida de salario desigual.

La selección femenina presentó una demanda en marzo de este año en la que acusa a la Federación de Fútbol de Estados Unidos de “pagarles menos que a los miembros del equipo nacional masculino por un trabajo sustancialmente igual, y de negarles, como mínimo, iguales condiciones de juego, entrenamiento y viajes; igual promoción de sus partidos; el mismo apoyo y desarrollo para sus partidos”. La selección nacional femenina de Estados Unidos ha obtenido cuatro campeonatos mundiales, cuatro medallas de oro olímpicas, ha ganado muchos otros torneos y ocupa el puesto número uno en la Clasificación Mundial de Fútbol Femenino de la FIFA . Comparemos todo esto con el lamentable récord de la selección nacional masculina estadounidense que ni siquiera logró clasificar para la última Copa del Mundo. A pesar de su desempeño mediocre, los hombres, en promedio, ganan mucho más que las mujeres.

Esta disparidad es común en toda la economía de Estados Unidos. En su testimonio ante el Congreso en febrero de este año, en apoyo a la Ley de equidad salarial: igualdad de salario por igualdad de trabajo, Fatima Goss Graves, presidenta y directora ejecutiva del Centro Nacional de Derecho de la Mujer, expuso estos perturbadores detalles: “Las mujeres que trabajan a tiempo completo, todo el año, normalmente ganan solo 80 centavos por cada dólar que se les paga a los hombres que trabajan a tiempo completo durante todo el año. La brecha salarial es aún peor cuando se observa específicamente a las mujeres de color: por cada dólar pagado a hombres blancos que no son hispanos, a las mujeres negras solo se les paga 61 centavos, a las indígenas 58 centavos y a las latinas 53 centavos. Las mujeres, especialmente las mujeres de color, enfrentan discriminación manifiesta y discriminación inconsciente en el lugar de trabajo; esto tiene un impacto en su salario”.

Las jugadoras de fútbol femenino de Estados Unidos ahora tienen una plataforma global para darle voz a la lucha por la igualdad salarial y la justicia hacia las mujeres. Como declaró la cocapitana Megan Rapinoe el miércoles: “Sí, hacemos deporte. Sí, jugamos al fútbol. Sí, somos mujeres atletas, pero somos mucho más que eso”. Rapinoe, la máxima anotadora y mejor jugadora del Mundial de Francia 2019, es una abierta defensora de los derechos LGTBQ , y en 2016 se convirtió en una de las primeras atletas blancas importantes en arrodillarse en señal de protesta durante el himno nacional. A lo largo del Mundial, además, se negó a ponerse la mano en el corazón y a cantar el himno estadounidense.

Megan Rapinoe aprovechó su discurso en el acto del miércoles, donde el alcalde le entregó al equipo las llaves de la ciudad, para hacer un llamado a la acción: “Tenemos pelo rosa y pelo violeta; tenemos tatuajes y rastas. Tenemos mujeres blancas, negras y todo lo que está entre medio. Mujeres heterosexuales y lesbianas. Tenemos que ser mejores. Tenemos que amar más, odiar menos. Tenemos que escuchar más y hablar menos. Tenemos que saber que esto es responsabilidad de todos, de cada persona que está aquí, de cada persona que no se encuentra aquí, de cada persona que no quiere estar aquí, de cada persona que está de acuerdo y [de cada persona] que no está de acuerdo. Es nuestra responsabilidad hacer de este mundo un lugar mejor”.

Por Amy Goodman y Denis Moynihan

Democracy Now!

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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Fotografía

La situación de los rescatistas que salen al mar Mediterráneo en busca de barcos precarios sobrecargados de migrantes, en su mayoría libios, está más difícil que nunca. Tras la decisión de Italia de cerrar sus puertos y prohibir la actividad de las organizaciones humanitarias, quienes continúen con los rescates se arriesgan a enfrentar multas, arrestos y largos procesos judiciales. Como ocurrió con la capitana del Sea Watch, Carola Rackete, detenida por “favorecer la inmigración ilegal” y navegar en “zonas prohibidas”, acusación que recibió por rescatar a 40 migrantes y llevarlos al puerto italiano de Lampedusa.

 

 “Salimos al mar a pesar de las sanciones y de las multas y lo hacemos en un contexto absolutamente agresivo y violento. Criminalizan a los migrantes y ahora también a nosotros”, afirma Laura Lanuza, una de las integrantes de Open Arms, otra de las organizaciones de ayuda humanitaria que rescatan migrantes y una de las pocas que quedan en el mar. Open Arms nació en 2015, luego de que se difundiera la foto de un niño de tres años ahogado en las costas del Mediterráneo. Esa imagen, que conmovió al mundo como hace días lo hizo otra de un padre con su pequeña hija muertos los dos en un río de Mexico, hizo que un guardavidas español reuniera algunos amigos rescatistas y se lanzara al mar. En estos cuatro años, la organización creció a partir de donaciones, salió a alta mar 63 veces y rescató a 60 mil personas.

 

La política de puertos cerrados sin embargo puso en duda su trabajo. El barco Open Arms estaba varado hace seis meses en un puerto español por trabas burocráticas. El jueves pasado sus tripulantes decidieron volver al mar sin importar las consecuencias. “Pasamos demasiado tiempo viendo cómo la gente se muere mientras nadie hace nada. Antes que ser cómplices preferimos ser sancionados”, cuenta Lanuza, que forma parte de la organización desde los inicios, hoy ya como responsable de comunicación.

 

 

¿Cuál es la situación ahora de los rescatistas?

Desde hace un año cuando decidieron cerrar los puertos de Italia y Malta, cada misión es anómala. Antes teníamos una rutina de trabajo, las misiones eran de 15 días y cuando terminaban volvíamos al puerto para cambiar la tripulación. Ahora el contexto es absolutamente agresivo y violento. Los migrantes son criminalizados y nosotros también. Italia acaba de firmar un decreto que prohíbe la presencia de organizaciones humanitarias en aguas italianas por lo que salir al mar implica desobedecer, algo que traerá multas y sanciones. Llevamos demasiado tiempo esperando a que el Gobierno nos permita volver a salir, demasiado tiempo viendo como la gente se muere y nadie hace nada. Antes que ser cómplices preferimos ser sancionados.

 

¿Cómo es el Open Arms?

Es un barco viejo de 1974, en el que tuvimos que invertir. La mayor parte de la tripulación son voluntarios y lo hacemos todo con donaciones. En el barco viajan 19 personas en total entre capitán, marineros, cocineros, socorristas, enfermeros, médicos y dos periodistas. El trabajo es muy difícil, las situaciones que se viven en el mar son muy dramáticas y no siempre acaban bien. Hemos visto a bebés colapsar a bordo, por eso también tenemos apoyo psicológico. Este año llevamos 600 personas ahogadas y es probable que sean muchas más porque no hay testigos. En cuatro años hicimos 63 misiones y rescatamos 60.000 personas entre el mar Egeo y el Mediterráneo.

 

¿Qué pasa una vez que salen al mar?

La situación es muy diversa, las distancias son muy grandes y los barcos muy lentos. Salimos a aguas internacionales atentos al radar y a los prismáticos para poder ver cualquier embarcación en peligro. Lo más normal es localizar una embarcación con los prismáticos o a través del inmarsat, que es un sistema de comunicación satelital, donde avisan si ven a un hombre en el agua o una embarcación sobrecargada. Tenemos dos embarcaciones rápidas con las que nos acercamos y repartimos chalecos salvavidas. De a poco vamos trasladando a la gente al Open Arms. En el barco se les hace un reconocimiento médico, a veces hay casos muy graves. Hay que estar atentos también si huelen a gasolina porque la gasolina mezclada con agua salada provoca quemaduras muy graves. Por lo general suelen llevar el combustible en botellas de plástico que se derraman y hay muchos quemados.

 

¿Cómo es la primera aproximación y en qué estado están los barcos?

Nos acercamos gritando que somos socorristas, que se queden tranquilos, que no los vamos a llevar a Libia. Muchos lo único que repiten es “Libia no, Libia no”. Hay muchísimos niños que viajan solos, en la última misión había unos 40. Son los más vulnerables junto con las mujeres porque muchas están embarazadas y no lo saben, todas han sido violadas. Las embarcaciones flotan de milagro, llevan tres veces más la cantidad de gente que deberían y no son adecuadas para distancias largas. Entre libia y cualquier puerto seguro hay entre tres o cuatro días de viaje. A veces son botes de goma con 160 personas. Están también los wooden boat, los de madera, que son los más peligrosos porque tienen dos pisos y por el nivel de hacinamiento se ahogan con el humo del motor. Una vez que subimos a la gente al barco solicitamos formalmente un puerto seguro para desembarcar a estas personas. Por mucho tiempo fue Italia pero desde que Matteo Salvini (ministro italiano de Interior) cerró los puertos todo se complicó.

 

¿Una vez en el puerto qué pasa?

Nosotros protegemos la vida en el mar, nuestra misión termina en el momento en que llegamos a un puerto seguro. A partir de que la gente llega al puerto queda en manos de los países y muchas otras organizaciones que trabajan con los migrantes. De hecho la mayoría de las historias no tienen un final feliz, la solicitud de asilo puede tardar años y puede ser negada, entonces los deportan. No es que nosotros queramos estar en el mar pero estamos cubriendo un vacío en el salvamento.

 

¿Qué recordás de tu primera misión?

Lo primero que sentís cuando estás en medio del mar es que eres tan vulnerable. Mires a donde mires no hay nadie que te pueda ayudar. El primer golpe visual de ver a todas estas personas en embarcaciones más que precarias, que se pueden hundir en cualquier momento, impresiona tanto. Ver el estado en que estas personas llegan al barco… la sensación de pensar que si no llegábamos a tiempo podrían estar muertas es muy brutal.

 

¿Vivieron situaciones violentas?

En la última misión que estuve nos dispararon los guardacostas libios. Libia es un país en guerra donde mandan tres milicias y se vulneran sistemáticamente los derechos humanos. Hemos sido tiroteados, secuestrados y perseguidos. La situación no era favorable pero siempre contábamos con la coordinación de la guardia costera italiana, ahora es un espacio sin ley y a nosotros nos transformaron en un objetivo. De las nueve organizaciones con doce barcos que éramos ya no queda ninguna. Nos quieren sacar a todas de allí para que nadie pueda documentar las muertes y nadie pueda decir lo que está pasando. La Unión Europea decidió lavarse las manos y financia a un cuerpo de guardacostas libio que lo que hace es interceptar a la gente que está huyendo y la devuelve en caliente. Algo que es totalmente ilegítimo. Las organizaciones molestamos porque estamos denunciando como la Unión Europea le está pagando a unas milicias para que capturen a la gente y la devuelva a campos de concentración.

 

¿Qué pasa ahora?

Decidimos desobedecer y abandonamos el puerto. Salimos de Nápoles rumbo al Mediterráneo central para proteger la vida allí. Como cualquier otro barco en el mar tenemos la obligación de socorrer. Sabemos que llegarán notificaciones con las sanciones. Si los gobiernos quisieran no se moriría nadie en el mar, estamos absolutamente solos.

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