El metro se detuvo, se abrieron las puertas y cientos de personas iniciamos nuestros respectivos trayectos. Yo tenía que salir de este mundo subterráneo, lleno de serpientes metálicas que transportan miles de personas de un lugar a otro por las entrañas de la Tierra. Ya se escuchaban los ruidos de una ciudad que nunca duerme. Las gradas daban directamente a La Rambla, calle emblemática que la recorren de arriba abajo miles de personas cada día.
 
Cruzando la calle, estaba la plaza. Era la misma que he cruzado tantas veces apresurado, sin pensar más que en las preocupaciones o las deudas. Pero hoy no era ya esa plaza vacía, silenciosa y de cemento. Crucé la calle y entré en otro mundo.
 
Son las 9 de la noche, aún con un sol queriendo despedirse, que ilumina y calienta. Comienza el cacerolazo. Miles de personas hacen escuchar su indignación. Estamos en la Plaza Cataluña. Van a ser 10 días que este lugar céntrico y emblemático de la ciudad de Barcelona se ha transformado en un espacio de encuentro de miles de personas que, de manera espontánea, decidieron construir colectivamente, solidariamente, recíproca y complementaria, otro mundo, más justo, más humano y más real.
 
El ruido producido por todo tipo de instrumentos se hace escuchar, y con las manos en alto y el corazón compartido anuncia un día más de sueños realizados y un día menos de sueños imposibles e impuestos. Era un abrazo inmenso lleno de dignidad.
 
Levanto la mirada y leo uno de los tantos carteles que cuelgan por todas partes: “La plaza es nuestra”. Y sigo caminando, deteniéndome, contagiándome, y leo otro: “Vamos lento porque vamos lejos”, y otro, y otro: “Si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”. “Power to the people”. “¡Nous sommes indignés!”. “Sólo hay dos clases de políticos, los que roban y los que esperan para robar”. “Sólo faltas tú” “¡Hoy reflexionamos, mañana también! ¡Paciencia!”.
 
El viento recorría suavemente por los cientos de carpas instaladas, y por los techos improvisados, para cubrirse del fuerte sol o de las posibles lluvias. La plaza tenía una disposición muy bien pensada y organizada para que cada actividad pudiera contar con su espacio y su autonomía. Habían dividido la plaza en otras plazas más pequeñas, como un mundo dentro de otro. Una tenía un digno nombre: la Plaza Tahrir, conmemorando la revuelta egipcia, o Plaza Islandia, como agradecimiento a ese pueblo que les dijo NO a los poderes financieros mundiales y se negó a pagar las deudas de los bancos. A un extremo de la plaza se comenzó a sembrar, luego de las adecuaciones del espacio para el huerto. Recordé que el día anterior un grupo de personas nos trasladamos a una casa ocupada y transformada en centro social, y pudimos traer tierra, palos, herramientas y semilla. Los espacios de la plaza habían sido repartidos, dando prioridad para que la gente se encuentre, se detenga, se reúna, reflexione y actúe.
 
De pronto, el cacerolazo terminó. Miles de personas de todas las edades y condiciones se sentaron en disposición circular. Sonaron los megáfonos anunciando el comienzo de la Asamblea General. Era una dinámica asamblearia, horizontal y verdaderamente participativa que me llenó de un aprendizaje enorme.
 
La comisión de contenidos expuso las diferentes reflexiones que se realizaron a lo largo del día en torno a distintos temas como: educación, salud, medio ambiente, consumo, energía nuclear, democracia, los saqueos en países hermanos a nombre del desarrollo, entre otros. También las comisiones de comunicación, convivencia, cocina, limpieza, resistencia, entre otras, compartían su camino.
 
Todos y todas escuchaban con atención y emoción al ver realizado su esfuerzo de reflexión y de acción. De a poco cada comisión también iba construyendo la agenda del día siguiente, los asamblearios proponían y se formaban nuevas subcomisiones para cada propuesta. En estos espacios a nadie se le decía que su propuesta era imposible, a nadie se le interrumpía la palabra, a nadie se le negaba soñar. El sueño era colectivo y real.
 
En menos de una semana, esta gente indignada, alegre y rebelde construyó otro mundo. Un mundo repleto de ilusiones, de sueños, de colores, de sabores, de olores tan diversos como dignos. La cocina se convirtió en el espacio para compartir momentos de trabajo pero también de enseñanza y aprendizaje. Se prepararon las comidas para miles de personas. Cada día el menú sorprendía por su exquisitez, su sabor y su calidad, casi todo hecho con los productos de las huertas ecológicas y solidarias de toda Barcelona y con las contribuciones de numerosas familias. Además, había tres cocinas solares que sorprendían por su eficiencia y su sencillez. No había que pagar; sólo se tenía que llevar su plato, su cuchara y su vaso, eso sí, evitando producir basura.
 
La comisión de medio ambiente se encargaba de reciclar los envases, de fomentar la reducción del consumo de estos materiales, de poner tachos para separar los desperdicios. El material orgánico se iba al huerto, que ya comenzaba a tomar forma. Había unas bicicletas que las personas se turnaban para hacer girar las ruedas y producir energía para que la consola entonara su música. Avanzada la noche, se formaban grupos improvisados de música, de teatro, de malabares, todos transmitiendo alegría y esperanza. Ya para dormir se disponía de miles de carpas e incluso algunos habían adecuado sus camas encima de los árboles de la plaza.
 
Cada persona, organización, colectivo, asociación, tenía su espacio, con la única condición de no ser integrante de partido político alguno ni tener relaciones con bancos, empresas privadas, o ser portador de un mensaje excluyente. La gente estaba indignada pero no lo exteriorizaba en odio, rencores o violencia; más bien, al contrario, todo era alegría y solidaridad. Todos sabían que la respuesta a la crisis era esa gran vía colectiva.
 
Mi abuelo solía decirme cuando salíamos al bosque: “La selva puede parecer muy tranquila o puede mostrarse muy violenta, eso va a depender de cómo sean tus pasos”. Y continuaba diciendo, mientras preparaba su tabaco: “Nuestros pasos son como nuestra vida; se vive como si estuviéramos siempre en peligro. Siempre hay que tener cuidado donde uno pone su huella, pero también es importante saber cómo se marca esa huella”.
 
Sin duda, ahora, a más de 9.000 kilómetros de distancia, hay muchas huellas que recorrer y reconocer.
 
Viernes 27 de mayo 2011
 
Publicado enEdición 170
Del 1º al 9 de noviembre de 2010 tuvo lugar en Bogotá y su geografía aledaña la Peregrinación de Paz. En esta forma, el Movimiento Grace y Tamera (www.tamera.org/www.grace-pilgrimage.org), comunidad plurinacional ubicada en el Alentejo, sur de Portugal, apoyó el proceso de visibilización nacional e internacional de las adversas circunstancias que siguen enfrentando la Comunidad de Paz de San José de Apartadó y la Universidad de la Vida, empeñadas en sostener y recrear un modelo de paz en el corazón de un país en el que la sola enunciación de buscar alternativas al arrasador modelo imperante ha sido objeto de una despiadada furia exterminadora. La ruptura ejercida por la Comunidad de San José no ha sido sólo con el Estado sino también con el modelo económico y cultural de muerte.

La Peregrinación de Paz, con cerca de un centenar de participantes de otros lugares del mundo, sirvió para ampliar el conocimiento entre las dos comunidades y fortalecer su decisión de acompañarse y cooperar en el proceso de creación de modelos de paz en sus respectivos territorios, en un momento en que en el mundo entero se multiplican las experiencias moleculares de habitar la Tierra sin agredirla, así como aumentan los contactos entre los movimientos de paz de diversas geografías.

A pesar de que los medios masivos de comunicación invisibilizaron por completo el encuentro entre las dos comunidades y la peregrinación de paz, el equipo de prensa que acompañó el acontecimiento germinal cubrió el suceso y en poco tiempo circularán los videos y los textos que recogen las diversas facetas de la reunión y la marcha. En este sentido, resulta significativo que tanto los medios de comunicación como las universidades permanecieran al margen de la riqueza de un encuentro que prefigura un porvenir de vida de carácter planetario, en beneficio de:

–    La enseñanza vivencial a los jóvenes sobre los efectos de la globalización.
–    El uso cotidiano de las plantas de energía solar.
–    La práctica de cultivos agroecológicos.
–    El cese de la tortura y la masacre industrial de otras formas de vida.
–    La recuperación de la espiritualidad y la dimensión sagrada de la vida, la Tierra y las aguas en la vida cotidiana –teniendo y practicando credos diferentes.
–    La superación de los modos de valoración y las prácticas de discriminación y violencia, sutil o desnuda, sobre las mujeres.
–    La creación de espacios para que los jóvenes puedan encauzar sus energías en los movimientos de recreación y regeneración de un mundo que reciben en situación lamentable.
–    La incorporación de las artes en la vida diaria, y la vivencia de los principios; la coherencia entre pensamiento, palabra y obra, de la valoración de la justicia y la paz como condiciones indispensables para sanar la soledad oprobiosa, el miedo, la desconfianza y el odio que han sido inoculados en el tejido social.

La Peregrinación de Paz sirvió también para una fecundación mutua de las experiencias de las dos Comunidades de Paz y la construcción de una visión común entre diversas culturas. Igualmente, se estableció comunicación con otras experiencias que en la sabana andina apuestan por cuidar y curar la Tierra, las agua, las semillas y los alimentos. Los casi 100 participantes de otros países abrieron su corazón al contemplar los alcances de la injusticia. Los 198 féretros expuestos ante la Fiscalía General de la Nación fueron parte de una acción simbólica dirigida a recordar la impunidad que aún impera frente a la Comunidad de San José y en la nación, impunidad que sostiene la pretensión de la organización criminal que asoló al país, de mantener su poder y su accionar delictivo.

La Comunidad de Paz de San José de Apartadó y la Comunidad de Tamera

El origen de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó se remonta a 1997, cuando un colectivo de cerca de 700 hombres, mujeres y niños que sobrevivieron al implacable holocausto que exterminó o desterró a decenas de miles de familias. Tales acciones iban entonces dirigidas a erradicar de Urabá la organización popular y las formaciones políticas legales de izquierda, que acudieron a la Diócesis de Apartadó en búsqueda de apoyo para que no se les masacrara. La Comisión de Justicia y Paz atendió el llamado que hicieron los labriegos y se comprometió a acompañar su decisión de mantenerse en el territorio. Así se inició el 23 de marzo de aquel año la inverosímil experiencia de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, que ha logrado sobrevivir con su principio de no aceptar la presencia de seres armados en sus territorio y ser neutral, no ofreciendo colaboración a ninguno de los actores del conflicto que enfrenta a las guerrillas con el Estado colombiano y los grupos paramilitares. Todo ello, pese a una andanada de terror, masacres, bombardeos, amenazas, estigmatización, judicializaciones con falsos testimonios, robos, bloqueos dirigidos a evitar el acceso de alimentos e impunidad sobre los crímenes cometidos para desintegrarla.

Esta Comunidad de Paz logra transmutar el terror que le han infligido en fortaleza y determinación casi sobrenatural de perseverar en su empeño de habitar ejemplarmente un territorio controlado por las fuerzas bestiales que el 21 de febrero de 2005, bajo el gobierno de Uribe Vélez, cometieron la masacre que horrorizó al mundo*, convocó la atención de la Comunidad de Tamera y el Movimiento de Paz Grace, que desde la década del 60 iniciaron un proceso de investigación vivencial sobre la forma de construir modelos de paz en la vida cotidiana. Tamera y Grace fueron sobrecogidos por la magnitud del horror, la persecución implacable y la asombrosa voluntad de resistencia de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó.

Tamera y Grace abandonaron hace años la idea de variar el sistema destructivo y autodestructivo imperante, porque contemplaron la forma como incluso las formaciones políticas de izquierda en Alemania cambiaban sus valores, ideas y prácticas cuando accedían al poder. Plantean:
No luchamos contra un sistema sino que damos testimonio de la posibilidad de una alternativa que es aplicable en todo el mundo a toda la humanidad. Estamos trabajando por todo el mundo en el desarrollo de modelos de vida autosuficientes en los que se puedan vivir los valores fundamentales para todos los seres humanos en todos los continentes: la verdad y la confianza, el amor por la creación y todas sus criaturas, el interés y el apoyo mutuos, así como la cooperación con los animales y otros seres de la naturaleza.

El encuentro y la cooperación

En un planeta que está inmerso en una colosal crisis ecológica y social –resultante de una dinámica vertiginosa que, en caso de no variar, inexorablemente conduce a estallidos de devastación absoluta– se produjo el encuentro insólito en el nivel celular de los pueblos herederos del modo imperial de habitar la tierra y los pueblos herederos de los estragos del régimen colonial. Y este encuentro aconteció con los perfiles de una simiente, la prefiguración de un porvenir posible, fundado en la recreación del sentido de comunidad, y en el respeto y el amor por la Tierra y otras formas de vida.

El pavoroso proceso de degradación que afronta la humanidad en las últimas décadas, cuando el modo capitalista de habitar la tierra se expande al planeta entero y en dimensiones de la vida antes exentas de su métodos de valoración y apropiación, también afectó a la mayor parte de lo que conocemos como cooperación internacional, convirtiéndola en mecanismo pérfido del proceso de controlar territorios, instalar capital corporativo y dominar mercados, bajo la apariencia de ejercer solidaridad.

La cooperación suscitada entre Tamera-Grace y la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, en cambio, se destaca por:

–    La conciencia compartida sobre la necesidad de variar no sólo las formas de pensar sino además las de vivir. Las dos comunidades practican un retorno a la Tierra, habitándola de manera no destructiva.
–    El privilegio de la verdad y la confianza en la comunicación.
–    La colaboración sincera, sin expectativa diferente de la satisfacción de brindar apoyo allí donde más se precisa.
–    La coincidencia sobre la necesidad de verdad en torno al pasado para que cese el poder de las organizaciones criminales que descansa sobre la impunidad y la ignorancia de los acontecido. El fascismo y sus modos de perpetuación y expansión planetaria, por ejemplo, no han sido esclarecidos todavía.
–    La conciencia de estar abriendo caminos de vida y horizontes de existencia más plena a los jóvenes que irrumpen a la vida en un mundo donde la muerte habita en la palabra, los alimentos, la mirada, los estudios, la intención, los gobiernos y su forma de gobernar, la impunidad y el cinismo.

La creación de Bio Topos de Paz, de pequeños lugares de curación de la Tierra y recuperación del valor sagrado de la vida, se expande molecularmente en el mundo en la medida en que se profundizan los estragos causados en la naturaleza y las sociedades por el modelo de muerte. La comunicación y la cooperación entre estas experiencias pueden suscitar efectos impensados por el poder espiritual que guía su accionar.

* Ver: http://es.wikipedia.org/wiki/Masacre_de_San_Jos%C3%A9_de_Apartad%C3%B3.

Publicado enEdición 164
Sólo eran cinco las condiciones para que volvieran las cosas a ponerse en orden en el universo judío, en sus relaciones con otros pueblos, y con su propia gente y en los ritmos de la naturaleza: 1. Que en ninguna casa hubiese gente explotada; 2. Que todos apartasen de su vida los gestos amenazantes; 3. Que toda conducta excluyese las palabras perversas; 4. Que cada uno diese a los que tienen hambre lo que desearía para sí; 5. Que fuesen saciados con libertad los que padeciesen opresión (Isaías 58, 6-14, discurso sobre el sentido del ayuno). Sin el cumplimiento íntegro de esas cinco condiciones, el profeta Isaías, algunos siglos antes de Cristo, garantizaba que el desorden y la desarmonía reinarían por doquier y que la división del Reino seguiría siendo una amenaza siempre a la puerta. Tiempos antes lo había advertido Elías: un solo pobre en la nación es una señal inequívoca de que algo se ha roto en el orden social y en las relaciones con Dios. ¡Un solo pobre! (1). Ocho siglos después, ésa seguirá siendo la misma perspectiva evangelizadora de Jesús: “Proclamar la liberación de los oprimidos y anunciar buenas noticias a los pobres” (2).
 
Desde los albores de nuestro siglo XXI, a la manera del viejo profeta, también anda proclamándolo Amartya Sen, Premio Nobel de Economía 1998. El desarrollo como libertad debe entenderse así: que nadie en el mundo padezca privaciones ni enfermedades fácilmente curables; que todos posean una vivienda digna; que nadie sea excluido de la toma colectiva de decisiones, que cada habitante del planeta disfrute del nivel educativo que desee; que todos puedan profesar, expresar y difundir, sin ser heridos o perseguidos o mutilados o estigmatizados como malos o encarcelados por ello, sus propias ideas y pensamientos políticos y religiosos; que todos puedan vivir en la cultura y el entorno que escojan (3).
 
Es impresionante la concordancia que se da entre estos dos pensadores del destino humano y del desarrollo y gobierno de los pueblos, a pesar de los casi 30 siglos de distancia y de estar ubicados, para pensar el mundo, en distintas perspectivas y disciplinas: el profeta, desde la teología de la historia, y desde la teoría política y económica el economista.
 
Pero lo que más nos conmueve hoy es la manera como están involucrados, según esas dos formas de pensar, la armonía de los ciclos del mundo natural, y el bienestar de los pueblos y de los individuos. En efecto, los compatriotas de Isaías piden a Dios que les mande lluvia y alimentos, y para ello oran y ayunan. El profeta, sin desmotivar en nada el ánimo orante y ayunante de su pueblo creyente, lo lleva más lejos en la reflexión: el ayuno que quiere Dios es, sobre todo, justicia, buen trato, relaciones hermanadas, equidad en el reparto y disfrute de los bienes de la obra de Dios. Cumplidas esas condiciones, según este orden de Dios, habrá lluvia y bienestar. Amartya Sen, el de nuestros días, a su turno, exhorta a los gobiernos del mundo así: sólo puede haber equilibrio en el mundo y desarrollo sostenible y avance económico si se le garantiza a cada viviente buena vida y libertad entera y bien gozada.
 
Queda claro que la profecía, entendida como palabra buena, oportuna y cierta para el buen vivir de los pueblos y para la larga vida de esta casa común de la tierra, no tiene escuela ni tiempo ni fronteras. En efecto, el mensaje del viejo Isaías (nacido en 765 antes de Cristo), creyente en la bondad de Dios, se parece en su esencia al lenguaje que en el siglo XXI hablan las ciencias sociales, políticas y económicas. Para constatarlo, por si acaso, volvamos a repasar sus cinco condiciones.
 
1Ver “Como chasquido de hojas secas en la noche”, desde abajo Nº 154.
2Leer Evangelio de Lucas 4, 16-24.
3SEN, Amartya: “Desarrollo y libertad”, Editorial Planeta, Barcelona, 2000.

*Teólogo, filósofo, educador, director de la Fundación Educativa Soleira - FUNDESOL. Correo Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
 
Publicado enEdición 155
La mentira puede correr cien años,
pero la verdad la alcanza en un día.
 
Una vez mas en Colombia algunos medios de comunicación están siendo utilizados -y se prestan a ello- para adelantar campañas de desprestigio, obstaculizar la devolución de tierras a las comunidades desplazadas y crear climas propicios a los atentados a organizaciones y personas que además de ser victimas de infames calumnias, son calificadas como “marxistas” o “comunistas” remembrando la enfermedad del odio y la furia aniquiladora que fueron alentados durante la guerra fría (1).
 
En diciembre pasado se inició esta nueva campaña sobre Justicia y Paz, una organización no gubernamental que se ha destacado por su compromiso con la verdad y por el valeroso acompañamiento a las victimas de las regiones que han sido arrasadas a sangre y fuego por su valor económico o por ser consideradas estratégicas en la confrontación entre el Estados y las guerrillas.
 
Esta campaña difamatoria, de extrema gravedad en un país donde se cuentan por miles los precedentes que vinculan los falsos señalamientos con los crímenes en el marco de una concepción de la Guerra Política que tiende a subsumir a cualquier defensor de los derechos y las garantías fundamentales en la subversión, forma parte del proceso de degradación cultural impulsado por el nacional populismo de extrema derecha, el mismo proceso de ascensión del fascismo que se ha normalizado en amplias franjas de la comunicación masiva y la comunicación cotidiana en el país.
 
En esta dinámica puntual de involución cultural se yuxtaponen medios de comunicación como El Tiempo , que desde hace cerca de dos años está controlado por el Grupo Planeta de España, el diario El Colombiano de Medellín y Radio Súper, y columnistas como Fernando Londoño y José Obdulio Gaviria, que al mismo tiempo que comparten la comisión, a lo largo de sus vidas, de imborrables actuaciones contrarias a la ética más elemental, son parte principal de los áulicos del actual gobierno encargados de utilizar el acceso a algunos medios masivos de comunicación en campañas de desprestigio de quienes han tenido el valor extraordinario de denunciar a los mas altos responsables estatales de la maquinaria criminal que tantas vidas inermes ha cegado en Colombia, o en tender cortinas de humo que desvíen la atención colectiva del fracaso irremediable de políticas de seguridad llamadas “democráticas” pero en realidad concebidas y ejecutadas en favor de algunos los principales capitales nacionales y de las mega corporaciones que han impulsado en el escenario internacional el soporte a un gobierno seriamente cuestionado por su entrelazamiento con organizaciones delictivas.
 
La degradación cultural como proceso está unida indiscerniblemente en Colombia a la dinámica que alienta: el control creciente de la vida social, la manipulación emocional que acude a todas las herramientas de la revolución mediática, la ignorancia política, la pretensión de aniquilar la memoria esclarecedora y la vida que resurge irrefrenable en las multitudes de muertes producidas por el designio de exterminio de la diferencia, la instauración del miedo y el darwinismo social como únicos horizontes de sentido, la militarización general que desprecia los valores de las artes, las ciencias y las culturas de vida, como forma de existencia deseable, y la confrontación bélica interna y exterior como horizonte social ineludible.
 
Un proceso de esta naturaleza y magnitud, inscrito en el corazón del Sur de América en el momento en el que la región es observada como lugar de esperanza desde diversas latitudes por la emergencia de las culturas ancestrales de vida y de cuidado de la tierra hermanadas con formas políticas cada vez mas sensibles a la responsabilidad conjunta en la curación del planeta y a la singularidad de nuestros pueblos, exige una amplia, profunda y sostenida batalla de opinión que revele el carácter involutivo de la dinámica cultural basada en la mentira y en el aliento de las facetas mas feroces de la condición humana.
 
Una batalla de opinión que muestre a partir de las falsedades el valor inconmensurable del resplandor ético que ha preservado con entereza un sentido de la dignidad vital en tiempos en que la corrupción más abyecta ha causado incalculables estragos en nuestro territorio y amenaza con contagiar el entorno vecinal.
 
Amplios sectores sociales experimentan una fatiga y una repugnancia insuperables con un orden mafioso que ha convertido la vida social en una máquina trituradora de millones de seres por la miseria materia y espiritual que le es inherente, en estas amplias franjas sociales el conocimiento del tejido ético al que pertenecen organizaciones como Justicia y Paz, significa un horizonte vital cierto en medio de la desesperanza y la confusión expandida por quienes han sacrificado la verdad y su sagrado significado en los altares de la codicia.

Por Héctor José Arenas A.
 
(1) Ver : Orquestan campaña de difamaciones contra la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz (05.01.10)
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=98130&titular=orquestan-campaña-de-difamaciones-contra-la-comisión-intereclesial-de-justicia-y-paz
Publicado enColombia
En una coyuntura de riesgo institucional, electoral, y de rebaja de la popularidad del liderazgo de la Revolución Bolivariana, el poeta Tito Núñez Silva1, con el título “Entre poesía, gramática y revolución”, escribió el prólogo del libro 50 años…2 y tuvo a cargo la presentación y su bautizo. De las palabras y el texto de Núñez sobre el dirigente revolucionario resaltan temas útiles para el momento actual del continente, cuando la derecha está en una contraofensiva, y el estado de algunos de los factores en Venezuela. Unas circunstancias en las que la Revolución Bolivariana pudiera estar en “riesgo institucional”: en la próxima elección de la Asamblea Nacional –¿fortaleza o debilidad?: el presidente Chávez ya lanzó la campaña, con un año de anticipación– y no alcanzar las dos terceras partes. “Con nitidez, las entrevistas de Uzcátegui nos muestran las contradicciones y las fisuras de este momento político”.

El origen y el surco de la Revolución Bolivariana de Venezuela son institucionales, electorales. En este marco, las sociedades tienen un lenguaje particular. Por ejemplo, en su segundo período, Bush quedó en minoría en la Cámara; de igual manera, al final, Mitterrand estuvo obligado a un ‘cogobierno’ con la derecha tradicional, y en Colombia: Álvaro Uribe pierde con sus candidatos a la Alcaldía de Bogotá y en algunas gobernaciones. Todo indica que también en Venezuela, hace un año corto, en las elecciones para autoridades locales, los votantes le enviaron un mensaje: el presidente Chávez anunció una “Venezuela roja, rojita” con la mayoría de alcaldes pero… hubo pérdida de las gobernaciones de Zulia, Táchira, Carabobo, Miranda, Nueva Esparta (Margarita), la Alcaldía Metropolitana de Caracas y su municipio Sucre (Petare), el más poblado del continente. Sin dejar de lado que en las siguiente elección el referendo para la reelección perdió en el estado Mérida, aunque la Gobernación se ganó. Y la Gobernación de Bolívar se obtuvo ante dos candidatos de la derecha.


La historia de la Revolución no comenzó en el inmediato ayer…

El libro acerca de la vida de Uzcátegui pone de presente “un tiempo en el cual las fuerzas armadas del capital demolieron esperanzas y sueños populares que abonaron el brote de la rebeldía y la heroicidad”. Desde su entorno como literato, Núñez recreó para los presentes en el aniversario-homenaje que la militancia en el PRV durante los años 60 y 70 “nos salvó de la desolación autodestructiva, la crueldad puntofijista y la tristeza de posguerra, alimentada por el existencialismo y otras expresiones filosóficas eurocentristas que consumían nuestra desesperanza entre bares y polémicas inútiles. Los poetas nos echamos al hombro la retaguardia y la logística de la última guerrilla, la misma que el entonces capitán del ejército Hugo Chávez perseguía –según él mismo “repite en el incansable programa de la TV dominical (¡Aló Presidente!).” Perseguía, cuando Chávez era también “José María”, su seudónimo en la relación secreta con el comandante guerrillero Douglas Bravo y sus compañeros Alí Rodríguez y Rafael Uzcátegui.

“Pasa con este libro lo que con aquel escrito por nuestro amigo y maestro Héctor Mujica cuando hablara de Daniel Santos. […] El personaje, “el inquieto anacobero” recreado por Salvador Garmendia, sigue en la calle en búsqueda de Linda, aunque parezca mentira, como hasta ahora sigue Uzcátegui con su “mochila azul” subiendo cuestas o arengando obreros. Uzcátegui expresa en una entrevista: “El discurso del 15 de diciembre de 2006 (cuando Chávez ordenó crear el PSUV) debe estudiarse porque es el discurso de la euforia, y la euforia se parece a las borracheras, donde tú exteriorizas lo que piensas”.

Partido ‘único’ de izquierda. “Las entrevistas de Uzcátegui nos muestran las contradicciones y las fisuras de este momento político con nitidez escalofriante. Sus conceptos sobre el partido que a veces Rosas y él llaman ‘unificado’ y en otras “único”, demostrada además la paternidad de Alí Rodríguez desde el año 2000, llegan a niveles de un antagonismo tal que sólo el respeto o el miedo a los lenguajes del poder han retardado en su explosión definitiva”, y Núñez concluye que “es la hora de un gran frente que retome las viejas y eternas banderas de la libertad y la justicia. Algunos veteranos combatientes ya vienen trabajando en ese sentido […] Uno de los mayores problemas que confronta el movimiento popular en la actualidad y que ha confrontado siempre es la falta de correspondencia entre los sueños, los proyectos y el uso del poder conquistado progresivamente. Siempre ha sido más hermosa la búsqueda de la revolución que el ejercicio de ella”.

Masas y cuadros. Con recuerdo de sus militancias juveniles, el poeta dijo: “El PRV no supo ni ha sabido resolver el dilema y la interrelación entre un partido de cuadros y un movimiento de masas. Ni entender que todo partido será de cuadros en cuanto se nutre de la voluntad y la elección del individuo ante un menú preelaborado por tendencias filosóficas e intereses grupales, y un movimiento de masas siempre será el mar donde desembocan las frustraciones y los sueños populares”.

Las raíces nacionales y de cultura universal y múltiple de la teoría. “Un día Uzcátegui apareció bajo el amparo del poeta Álvaro Montero, quien era uno de los más importantes poetas del siglo XX larense y nacional. Con Uzcátegui, moreno, de baja estatura, realizamos algunas conversaciones sobre los movimientos transformadores continentales”. A la vez, Núñez “mantenía una relación clandestina” con su maestro Manuel Moreno Jimeno, un educador y poeta peruano “de silenciosa y trascendental acción difusiva de las vanguardias estéticas y revolucionarias en nuestro país. Amigo de José María Arguedas y estudioso de las tesis de Mariátegui, quien por su consecuente militancia en la indianidad y el antiimperialismo fue destituido como profesor”. Recordó que “intercambiábamos experiencias, miedos y locuras”:

En medio de la clandestinidad, Uzcátegui “nos caía a leninazos limpios y nosotros a vallejazos y bretonazos. Destripamos a Marcuse y celebramos a los anarquistas. Recitábamos a Franz Fanon de los Condenados de la tierra… Sartre, Camus, Arguedas, Scorza, Freud, eran trasnochos continuos. Bayardo Vera, en Mérida, le proyectaba hasta dormirlo todas las películas de Chaplin; escuchaba textos inéditos de su amigo Salvador Garmendia, de Carlos Contramaestre, de Palomares, Pepe Barroeta, mientras Álvaro, el Chino Valera Mora y el Catire Hernández entonaban rancheras de la revolución mexicana, o en Barquisimeto recibíamos el alba oyendo bossa nova y los boleros de Milagro, Oda e Ilsen Castillo, tratando de escondernos de la madrugadora doña Chita Octavio, quien nos ponía a regar sus flores para comprobar si éramos poetas de verdad, con extrañeza ante ese “poeta negro”, condición que ella nunca vio en su juventud.

El lenguaje del poder. Sugirió el poeta que “Revolución es transformación del poder. Su destrucción sistemática. Su disolución incansable. La verticalidad falócrata, el individualismo autoritario de quienes ejercen el mando por intereses grupales o aberraciones personales […] en nombre de un liderazgo […] clientelar […] debe ser sustituida por la horizontalidad amorosa, o no hay revolución. Se rompen los esquemas o no hay revolución. Surgen nuevos lenguajes o no hay revolución. […] Los protagonismos del puntofijismo no pueden ser sustituidos por la llamada V República si no desaparecen los lenguajes primarios –¡y primitivos!–, manejados por aquella vieja ocupación del mando. Díganme, camaradas: ¿en qué han cambiado los lenguajes del poder en estos 10 años? ¿Ha mermado la explotación de manera estructural? ¿Somos más soberanos?

Moral, economía y renta petrolera. “En un país en construcción cuya historia ha sido muchas veces adulterada y la impunidad no sólo ha mantenido felices a ladrones y asesinos sino que además les ha permitido autoerigirse estatuas, como en los versos de Cardenal contra Somoza. Hasta ha logrado, algunas veces sin que medie tarifa alguna, que no pocos intelectuales y supuestos dirigentes revolucionarios, aparten la ética, razón esencial de toda acción política, para destacar logros […] en el orden material explicables con una renta petrolera que ha amparado durante un siglo largo la ociosidad burocrática y la cíclica irrupción de una clase política que por oleadas asalta el erario […] que resultan dolorosas, para los jugadores de terminales que cambiaron la autarquía del conuco por el azar minero, que periódicamente se disfraza de azar electoral, en nombre de una democracia que nunca será tal mientras no exista auténtica justicia”.

La lucha y el continente. A Uzcátegui le “queda camino por andar. Sobre todo en esta hora, cuando se abre la oportunidad de impulsar un gran frente popular latinoamericano que haga de la soberanía, el antiimperialismo y el diseño de nuevos modelos societarios, un escenario para el triunfo de la pluralidad y la armonía planetarias, que es el plan de acción fundamental del espíritu libertario”.

1    Hoy, Director Ejecutivo del Centro de Investigaciones “Dr. Pedro Duno Paso Real, septiembre 2009.
2     Edición con base en estos dos textos. El libro tiene como autor al periodista Alexis Rosas quien también escribió para la misma ocasión el libro: PPT Un partido indoblegable que hace revelaciones en su capítulo III sobre los sucesos del golpe de estado el 11 de abril de 2003 y el papel de esta organización en la movilización triunfante que restituyo al Presidente dos días después, como también, por primera vez, de otra intentona frustrada de la derecha el 10 de octubre del mismo año. De igual manera, este libro reseña “los encuentros y desencuentros (Capítulo II) y las nuevas diferencias con el presidente Chávez (Capítulo VII).

Los años del combate


El Chino Valera, un poeta hasta las últimas consecuencias. “Una noche, en casa de Juan Arcadio Rodríguez y la negra Camacho, mientras Milagro Camejo tocaba la guitarra y cantaba boleros de Armando Manzanero, el amigo, que con rapidez se había integrado al grupo, me entregó una hoja de papel, ajada, como suelen ser las notas de los poetas, casi siempre escritas en la barra de un café o en un terminal de pasajeros. Por lo menos en aquellos días cuando todavía corría fresca la sangre derramada por Raúl Leoni, confundida con la correspondiente a Rafael Caldera, sangre de la patria quiero decir. […] En esos días, digo, porque ahora las notas de algunos poetas vienen en sobres lacrados, papel oficial y lenguaje imperativo, o, los menos formales, las envían mediante celulares y correos electrónicos.
“La nota, breve, era, precisamente, del Chino Valera y me pedía brindar toda la solidaridad posible al hiperquinético y audaz portador: Rafael Antonio Uzcátegui. Nombre verdadero que conocí años después cuando vimos su fotografía con el rostro desfigurado en el diario del desaparecido novelista Miguel Otero Silva, luego de ser torturado por los cuerpos represivos, como consecuencia de su captura en una urbanización caraqueña a raíz de un enfrentamiento armado en el cual participara para preservar la vida de los camaradas Douglas Bravo y Sergio Briceño.
“De ese papelito de finales de la década de los años 60 brotaron, gracias al poeta Chino Valera, grupos culturales, congresos como el de Cabimas 70 o el ‘Aquiles Nazoa’, que deslindó rutas en el PRV, a pesar de su aparente fracaso. Pero también germinaron células que llevaban comida y armas a la guerrilla; escuelas de formación obrera y campesina (ERFOC), y una tenaz organización político-militar […].
“Y el papelito del Chino también fortaleció, en un segundo envión, al frente guerrillero ‘José Leonardo Chirinos’, fundado por Douglas Bravo, pero en la etapa a la cual nos referimos dirigido por Elégido Sibada, nuestro querido Comandante Magoya; y el frente ‘José Antonio Páez’ –nosotros no destruimos sus estatuas–, con el flaco Prada, el camarita Daniel Buitrago y Agustín Mejías a la cabeza, mientras asumía presencia política el Buró del área occidental, jefaturado por Alí Rodríguez, quien sí ha sabido dar uso a esa herencia organizativa en cuya construcción trabajamos con Uzcátegui; y quedan en la memoria las vidas heroicas de Hilario Navarro (Choropo), asesinado en el barrio Santa Isabel, de Barquisimeto, por individuos hoy militantes del sector oficial como antes lo fueron de los cuerpos represivos copeyanos, y de su primo Honorio Navarro (Colina), digno representante de la clase obrera, asesinado en Los Teques frente a su madre […].
“En esa nota del poeta que ‘amanecía de bala’ estaba la comprensión de las palabras que en algún lugar de su obra dicen: ‘La revolución no vendrá por nosotros, pero tampoco sin nosotros… Ese rostro golpeado era el de Freddy, el de Bob, el de Fonseca… ¡Luchar Hasta Vencer!”.



Publicado enEdición 151
El 10 de diciembre de 2008, la Fundación Mario Santo Domingo anunció la entrega de becas “de aquí hasta la universidad”, para 11 hijos de militares participantes en la ‘operación jaque’ para ‘rescatar’ a tres mercenarios norteamericanos, militares prisioneros de guerra y una ex candidata presidencial. Becas similares recibirán 38 niños, hijos de militares y policías, prisioneros de guerra, actualmente en poder de la guerrilla.

Cuando, pese al prolongado y salvaje esfuerzo pacificador, tercos reaparecen aires de descontento, rabia y dolor, incentivar la moral de las tropas es necesario, aceitar la maquinaria de guerra y salvar el sistema financiero amenazado. En medio, el derecho a educación termina, al servicio de la muerte y la guerra, convertido en inversión que pretenden hacernos creer generosidad proveniente de uno de los grandes beneficiarios del baño de sangre interminable en que para garantizar “confianza inversionista” y “satisfactorios rendimientos”, ahogadas fueron y siguen siendo millones de vidas de anónimos y anónimas hijos e hijas de esta tierra. Exclusivo del sector agrícola no es el reordenamiento global. Tampoco la ganancia ensangrentada. Industriales y banqueros también se cuentan entre quienes ganan con el baño de sangre y los atropellos.

Media hora antes, por teléfono llegó otra noticia, esta sí alentadora y al servicio de la Vida y el Trabajo. “Acabamos de llegar a Dabeiba. Venimos al grado de Milton, Ómar y Henry”. Y, como no parece haber buena sin mala, “estamos muy contentos; también muy preocupados. Las hermanas no volverán y el colegio en El Paraíso se cierra. Ya el próximo año no habrá sexto. Qué será de los graduados y qué de los niños que tras ellos vienen”. Son 25 niños, niñas, jóvenes, de 12 a 16 años, ahora sin derecho a educación secundaria, dice la joven voz femenina. Quieren explorar posibilidades. Informarse. Vislumbrar caminos. Saben que aquello que han soñado se viene logrando con esfuerzo organizado.

En muchos casos, los graduados y los que ven peligrar su futuro vieron asesinar frente a sus niños ojos, cuando los estrategas militares decidieron ‘limpiar’ sus veredas de las cercanías al Parque Natural Nudo de Paramillo, una de las más importantes reservas de biodiversidad del país, nacimiento de los ríos San Jorge y Sinú. Desde allí es posible acceder al nordeste antioqueño, Córdoba, Urabá y en el que, pese a las prohibiciones legales, se decide construir Urrá II, sin reparar en los irreparables daños ocasionados por la construcción de Urrá I, entre cuyos principales beneficiarios estuvieron ganaderos de Córdoba, algunos luego jefes de los que, entre humo de casas incendiadas, gritos, golpes, amenazas, de sus tierras obligados los sacaron 11 años atrás, siendo los tres apenas niños de 9 y 10 años.

La vida en albergues

En albergues crecieron, hacinados, humillados, despreciados, vistos con lástima o admiración por quienes con ellos compartieron momentos, y por quienes han sabido de su lucha constante por materializar los principios que se comprometieron a defender, siendo aún niños, en esos oscuros sitios en que decidieron negarse al futuro que los dueños del poder les destinaban. ¿Retornar sobre las ruinas y la sangre, en silencio, aislados, sometidos al terror de las armas? ¿Dispersarse en pueblos y ciudades, convertidos en mendigos o vendedores ambulantes, informantes, vigilantes, sicarios? Se preguntaron. Y dijeron no.

Se declararon Comunidad de Vida y Trabajo y, sin perder de vista las tierras arrebatadas, decidieron exigir reubicación temporal. Una finca a media hora de Dabeiba, en desbarajustada camioneta lentamente rodando por un tortuoso camino cuya empinada y zigzagueante cuesta final cualquier lluvia obliga a subir a pie, fue el sitio que como El Paraíso bautizaron y en que vida nueva se propusieron construir. Poner en marcha una finca abandonada y con tierras, clima, aguas, diferentes de aquellas que a sangre y fuego los obligaron a abandonar, y al mismo tiempo aprender a vivir en comunidad es lo que hacen desde hace 11 años. Negarse a conformar alguno de los bandos de la guerra fue su decisión. No portar armas. No colaborar con armados. “No somos neutros. Tenemos nuestro propio proyecto de vida”, afirmaron, y proclamaron: “Siempre decimos trabajo; nunca guerra”.

Eso han hecho y siguen haciendo. Desde los albergues, entre sus preocupaciones ha estado la educación. Con trabajo colectivo y solidaridad hicieron de la vieja cochera de la hacienda una escuela. Donde antes corrían los cerdos, destinados a engordar el bolsillo del patrón, ahora corrían niños, los graduados de hoy y quienes sienten peligrar su derecho a estudiar. Muchas horas de espera costó el nombramiento de la primera maestra, sólo para primaria. ¿Después, qué? Querían bachillerato. Que un derecho no es regalo han aprendido. Buscaron y hallaron respuesta en las Hermanas Lauritas. Solidaridad fue también lo que les permitió construir una biblioteca que daría envidia a muchos colegios de municipios colombianos.

Papel de las Lauritas

Con sus hábitos grises, las lauras son cálida presencia desde cuando a Dabeiba llegaron, junto a sus familias, aturdidos por el dolor, desconcertados. Durmieron junto a ellos y ellas cuando el miedo se sentía en el aire, y compartieron el encierro en la gallera hecha albergue, a un costado del parque central, diagonal a la Alcaldía, a metros del centro de policía, blanco principal de un ataque guerrillero. Tiempos de metralla y fusil, tomas y retomas, horas bajo una frágil cama oyendo gritos, disparos, explosiones. Años de “no salgan”, “no corran”, “no griten”, “no lloren”. Años de aprendizaje, de noches de discusión entre el humo del fogón colectivo, a la luz de velas. ¿Qué hacer y organizarse? Años de discutir e inventar. El himno, la bandera. Años de negociaciones, reuniones y promesas.

Las Hermanas Lauritas acompañaron sus primeros días en El Paraíso, y con ellas y ellos vivieron épocas en que, entre cañonazos alumbrando atardeceres sobre el cañón de La Llorona, el miedo soplaba, y bajo el cielo, sobre las cabezas, volaban pájaros de muerte prestos a descargar sus mortíferas bombas. Y junto a ellos, ellas elevaron sus grises brazos con trapos blancos piedad pidiendo.

Cuando disminuyeron los enfrentamientos armados en la zona, una semana por mes, dos de ellas vivían en la finca y en el viejo corredor de la semiderruida casa-hacienda. Empuñaban ahora en sus manos ya no azada ni machete sino el lápiz que en sus toscas manos batallaba por la educación. La suya. La de los hijos de los anónimos campesinos asesinados. Esos que soñaban a sus hijos libres, sembradores de alimentos, educados, dignos trabajadores. Lo que son. Lo que están decididos y decididas a seguir siendo. Lo que han demostrado en años de satisfacciones y fracasos. De construcción y dificultades. De amenazas y atropellos que hoy parecen intensificarse de nuevo.

Sobre dificultades, a pesar del sonido amenazante de guerra, rumores, explosiones, cañonazos, aviones, helicópteros, construyeron la escuela, sus viviendas, un trapiche, la corraleja; reconstruyeron la casa-hacienda, se convirtieron en admirados bailarines y actores en su propia película, y les quedó tiempo, desplazados en junio de 2004, para ser campeones de futbol juvenil del municipio. Así van ganando respeto de sus vecinos y los habitantes de Dabeiba. Recién instalados en El Paraíso, en uno de los bloqueos de alimentos, dieron gratis su cosecha de papaya a los habitantes del casco urbano. Fue su contribución solidaria ante la grave escasez de alimentos que se sufría en barrios y veredas.

A ese gesto se suman otros motivos de respeto: su valentía para hablar sobre la situación de Dabeiba y sus alrededores, su digna lucha por justicia, el mantenerse juntos no obstante las dificultades, puesta a prueba en junio de 2004, cuando centenares de mercenarios armados al servicio del poder global invadieron El Paraíso. Recibieron su pago y en la noche convirtieron en trincheras las viviendas, y en escudos los cuerpos de mujeres, hombres, niñas, niños, jóvenes. Acudieron a la autoridad sin lograr respuesta. Entonces decidieron desplazarse para demostrar que era cierto su compromiso de no convivir con armados.

Al regreso de su segundo desplazamiento forzado, luego de mes y medio, dedicaron toda su energía en reemprender lo que habían impulsado: agricultura orgánica, proyecto cultural, cultivos para consumo, trapiche; cultivos colectivos de caña, maíz, fríjol, maracuyá. Y con ello, el colegio. Otra vez los grises hábitos, las tocas adornadas, enmarcando hermosas sonrisas, y animando a seguir buscando el conocimiento. Y ellos y ellas en lucha contra el cansancio y la tentación por salir corriendo a ver si el agua llega al cultivo, y la duda sobre si no sería mejor recoger la cosecha que luchar con números y letras, que van ganando. Gana la terca decisión por hacer realidad los milenarios sueños que en ellas y ellos van.
 
Son los hijos y las hijas de esta Colombia sangrante. La de los más. Los campesinos y los trabajadores. Ahí, en ese pequeño territorio declarado Zona Humanitaria, que exige respeto a la población civil y asimismo por su derecho a construir sus propios proyectos, hay fiesta esta noche, y desde aquí con ellos brindo por la patria grande que soñaron los que también brindan esta noche conmigo. Los padres de hijos e hijas que en las calles de Ciénaga los pasados 5 y 6 de diciembre llevaron música, ritmo, derroche de color, tecnología, para conmemorar los 80 años de la huelga y la masacre de los obreros del banano.

Hijos e hijas de América y del mundo soñando mundos nuevos, y en el día a día haciéndolos reales. Hijos e hijas, todas y todos. Buscando caminos en los que la luz sea la verdad, y sea el conocimiento derecho para todas y todos. También para la descendencia de los masacrados en 1928, y los de la Comunidad de Vida y Trabajo de Dabeiba y sus familias. Las de sangre y las otras, surgidas de sueños y desvelos por hacerlos realidad.


Publicado enEdición 142