Lunes, 27 Agosto 2018 08:21

Frente a Goliat (V y último)

Frente a Goliat (V y último)

Al impulsar una transformación al lado de Goliat, la honda de David es la cultura. Es a través del canto, los poemas, el baile, el teatro, el cine, la fotografía, la caricatura y el dibujo por donde se conocen y reconocen los David; por donde se invitan, se cuentan y se convocan las rebeliones en defensa de la dignidad, la nobleza, la belleza, la verdad, o sea, el propósito de cualquier transformación realmente progresista. Ante la propuesta de un cambio al sur de la frontera, el paso más “pragmático” de todos al tratar con el norte es invitar a los David dentro del Goliat a cantar, bailar y escribir un nuevo cuento.


Los David dentro del Goliat se cuentan y se encuentran aquí (y con sus contrapartes en el extranjero) a través de la música que nace de los esclavos africanos e indígenas y se vuelve blues, jazz y rock & roll, o de las diásporas de múltiples migraciones que al sonido de tambores, acordeones, guitarras, violines, marimbas y trompetas cuentan de los éxodos y las llegadas; y las luchas de alemanes, franceses, italianos, irlandeses, escandinavos, chinos, judíos europeos, caribeños, mexicanos y más. O por el rap que todos escuchamos (a propósito o no), que nace del barrio más pobre de Estados Unidos en el sur del Bronx en Nueva York.


Algunos de esos sonidos –los que no son sólo ruido– cuentan las vidas de los estadunidenses “comunes” en sus múltiples dimensiones (no sólo la política), y de los rebeldes siempre entre ellos que están escondidos bajo la historia oficial del Goliat. Leonard Bernstein, cuyo centenario de natalicio se festejó este fin de semana, lo hacía a través de música clásica, ópera y musicales, mientras se solidarizaba con el movimiento antiguerra, antinuclear y el de derechos civiles. Igual lo han hecho cantautores a lo largo de la breve historia de este país al contar del gringo/a de abajo, los anónimos creadores de todo y los herederos de nada a través de las voces de Lead Belly, Paul Robeson, Nina Simone, Woody Guthrie, Pete Seeger, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Patty Smith, Steve Earle y Kendrick Lamar, entre tantos más. La recientemente fallecida Aretha Franklin regalaba soul mientras ayudaba a financiar, junto con Harry Belafonte, el movimiento de Martin Luther King, y ofreció pagar la fianza de la comunista Angela Davis, considerada por la FBI como una de las criminales más peligrosas de su tiempo y cantó, hace 50 años, en el campamento de la Campaña de los Pobres en Washington. Todo movimiento de defensa de dignidad y/o rebelde en Estados Unidos tiene su ruta sonora.


Junto con ellos, está la larga lista de escritores y poetas dedicados a rescatar la dignidad, la identidad, la historia y la nobleza de sus compatriotas y los recién llegados: Twain, Jack London, Steinbeck, Howard Fast, Langston Hughes, Tony Morrison, entre tantos otros. Están los periodistas desde Frederick Douglass (ex esclavo que fue editor en jefe del periódico North Star, y uno de los pocos que se atrevieron a publicar un editorial oponiéndose a la guerra contra México a mediados del siglo XIX), John Reed, IF Stone, Pete Hamill y se podría incluir al recién difunto Anthony Bourdain y a David Simon, ex reportero y ahora guionista y creador de series de televisión obligatorias para entender este país hoy día, así como a los periodistas/comediantes como Jon Stewart, Samantha Bee y John Oliver.


Está la magnífica lista de dramaturgos y cineastas, fotógrafos y artistas plásticos. Algo que reúne elementos de todo esto es la película de Tim Robbins, The Cradle Will Rock, que cuenta del arte y la política en medio de la Gran Depresión, incluyendo el extraordinario Proyecto de Teatro Federal, el mural de Diego destruido por Rockefeller y la obra musical brechtiana de título que gira en torno de una huelga siderúrgica y que se puso en escena bajo la dirección de Orson Welles en Broadway, con una rebelión de actores, músicos y público.


Todos estos festejan lo más noble como las tragedias, penas y luchas de los David aquí adentro del Goliat. Son los aliados naturales –y más poderosos– de los David al otro lado de la frontera. Es más urgente que nunca invitarlos a bailar.

 

Artículos relacionados

 

Frente a Goliat IV
20 de agosto

Frente a Goliat III
13 de agosto de 2018

Frente a Goliat II
6 de agosto de 2018

Frente a Goliat
30 de julio de 2018

Publicado enInternacional
La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo

Planificación centralizada y democracia

 

La trayectoria de las luchas populares entre la conquista de la independencia de los pueblos de las Américas (1776-1830) y la consolidación de la democracia en el mundo, tras la II Guerra Mundial, con la descolonización de Asia y África (1976), se ha visto caracterizada por revoluciones y guerras, entre las que destacan las revoluciones de 1848 en Europa, la Guerra de Secesión en Estados Unidos (1861-65), la Comuna de París (1871), la Revolución de 1905 en la Rusia zarista, la I Guerra Mundial (1914-18), la Revolución rusa de octubre de 1917, la Guerra Civil Española (1936-39) y las numerosas revoluciones y guerras internacionales y civiles que componen la llamada II Guerra Mundial (1939-1945). Esta, en realidad, no acabó con la rendición de Japón en 1945, como se habla convencionalmente. Basta recordar los conflictos de agrados por esta guerra mundial y que prosiguieron después de 1945 en China y Vietnam, en Grecia, en Filipinas y en otros países colonizados del Tercer Mundo. Todos estos eventos marcaron con violencia los avances de las luchas por no solo más democracia política sino también por profundas mudanzas sociales y económicas.

Muchas de estas guerras las iniciaron regímenes que procuraban fortalecerse gracias a las glorias bélicas de conquista a países extranjeros, pero acabaron por debilitarse en la medida en que los conflictos se extendían en el tiempo, infligiendo enormes sufrimientos a la masa popular. Revueltas populares ayudaron a derrocar regímenes autoritarios, incluso donde no llegó a haber revueltas, sino solo agitaciones políticas que abrieron camino a grandes avances en las luchas obreras, feministas, de liberación nacional y de afirmación democrática y socialista. Esta larga experiencia histórica forjó en las mentes de muchos socialistas la idea de que sin violencia revolucionaria era imposible vencer las resistencias al avance de las luchas populares.

Este había sido ciertamente el caso de Karl Marx y Friedrich Engels, cuya influencia sobre las luchas populares desde el lanzamiento del Manifiesto del Partido Comunista en 1848, difícilmente puede exagerarse. Ambos son autores del programa revolucionario socialista más inspirado, que a partir de la II Internacional, motivó y orientó un sinnúmero de movimientos y los dotó de una visión de otro sistema socioeconómico, superior en todos los aspectos al capitalismo, siempre supuestamente al borde de su crisis terminal. Marx y Engels heredaron de los socialistas utópicos la idea de que la economía socialista tendría que ser autogestionaria, teniendo como modelo las cooperativas de producción de su época. Esta idea predominó en la I Internacional, habiendo sido compartida por partidarios de Marx y Engels, y de Proudhon y Bakunin. La bandera de la libre unión de los productores como directriz básica de organización de las actividades económicas emergió en la Revolución de 1848, en Francia, y nuevamente en la Comuna de París veintitrés años después.

Marx estudió intensamente la administración capitalista de las empresas guiado por la experiencia empresarial de Engels, que dirigía una fábrica textil de su familia. Marx captó la contradicción entre la anarquía provocada por la competencia entre las empresas en el mercado y la minuciosa racionalidad aplicada en la gestión de la empresa para extraer de ella el máximo de beneficio. Marx y Engels concluyeron que en el socialismo el mercado podría y debería abolirse, y en su lugar el ajuste entre la oferta y la demanda se produciría, mediante una planificación centralizada de toda la economía en su conjunto, análogo a lo que el capitalista realiza en su empresa. Obviamente, esta planificación no perseguiría la maximización del beneficio privado sino el bienestar de los consumidores. Para que la sociedad pueda dar el salto de la economía anárquica del mercado a la economía ordenada por el Estado, es preciso que este se apropie al mismo tiempo de todos los medios de producción; lo cual, exige obviamente la conquista de todo el poder del Estado por parte de una organización revolucionaria y, por tanto, la necesidad de la caída del gobierno existente.


La historia fue cruel con los padres del socialismo científico al hacer que su propuesta acabara siendo aplicada, cerca de 40 años después de formulada, en Rusia. La planificación general de toda la economía, centralizada por el Estado, fue practicada durante cerca de 70 años. El modelo se exportó después de la II Guerra Mundial a numerosos países de Europa, Asia y África, y a Cuba en América. Uno de sus resultados innegables es que el Estado, lejos de perecer, como pensaban Marx y Engels, se hipertrofió. La aspiración democrática se dejó de lado y la vida social se vio sometida a una camisa de fuerza. En palabras de alguien forzado a vivir en un país inmerso en el socialismo real: “Aquí todo lo que no está prohibido es obligatorio”.

El aspecto que aquí nos interesa es que la planificación centralizada es incompatible no solo con la democracia “burguesa” sino también con el socialismo autogestionario, que tanto entusiasmo había despertado a Marx y Engels. Selucky, que analizó esta contradicción con mucha perspicacia, concluyó:

Me gustaría sugerir que el rechazo al mercado es, por definición, incompatible con el concepto de un sistema económico socialista autogestionario. Si el mercado es abolido, la autonomía de las unidades económicas desaparece. Si el mercado es abolido, la relación horizontal (esto es, el intercambio) entre unidades económicas también desaparece. Si el mercado es abolido, la información proveniente de los consumidores (la demanda) o es enteramente cortada o es irrelevante para los productores. De ser así, el plan central es la única fuente proveedora de informaciones relevantes para los productores en la toma de decisiones.

Aunque la autoridad para tomar decisiones esté formalmente garantizada a los órganos autogestionarios, su única fuente de información es el plan central, ya que se ha eliminado el mercado. Cualquier economía sin mercado tiene que ser, por definición, centralizada: dirigida por un plan de comando, controlada por un puñado de planificadores en vez de por los propios trabajadores, basada en la manipulación de los productores por la agencia de planificación (1).

Tras la II Guerra Mundial, cuando el régimen soviético se extendió a numerosos países de Europa Oriental y Central, no tardó mucho tiempo para que los sucesivos levantamientos obreros en Berlín, Hungría, Polonia, y finalmente en la Checoslovaquia entre 1953 y 1968, desenmascarasen el pseudosocialismo. Después de la invasión rusa de Checoslovaquia en 1968, en un intento por reprimir la instauración allí de un socialismo “con rostro humano”, el régimen vigente en la Unión Soviética y sus satélites pasó a ser denominado en el mundo entero “socialismo realmente existente” o abreviadamente “socialismo real”. Numerosos partidos comunistas situados fuera de la Unión Soviética se distanciaron públicamente del socialismo real, mientras que los pocos partidos comunistas que no lo hicieron perdieron la mayor parte de sus electores.

El único país del bloque soviético que intentó construir una economía socialista autogestionaria fue Yugoslavia, mientras la gobernó Tito, entre 1948 y 1980. Las cooperativas estaban bajo la influencia de las autoridades nacionales y también de las comunidades locales. Para que el sistema pudiera funcionar con cierta autenticidad, el partido comunista fue disuelto y sustituido por la Liga de los Comunistas y la represión a las libertades civiles fue considerablemente atenuada. A pesar del mantenimiento del régimen de partido único, los temas económicos y sociales controvertidos se discutían públicamente. Paul Singer, co-autor de este capítulo, estuvo personalmente en el país en 1978 y pudo verificar el contraste entre la total ausencia de libertades políticas en los países que integraban el mundo del “socialismo real” y el régimen yugoslavo.

Lamentablemente, después de la muerte de Tito en 1980, los diferentes países que conformaban Yugoslavia entraron en conflictos étnicos y religiosos violentísimos, que desintegraron la nación y con ella la experiencia de autogestión, que hasta aquel entonces se consideraba única en el mundo.

En realidad, la autogestión obrera no se encontraba en la agenda de la socialdemocracia. En esta predominaban, más bien, los temas reivindicativos de los sindicatos, cuyo cumplimiento produjo el famoso y en su momento consensuado Estado del Bienestar Social. En este, lo que más se acercaba a la autogestión obrera era la reivindicación de los derechos democráticos en el local de trabajo: la creación de comités de empresa, compuestos por representantes elegidos por los empleados, con poder para intervenir en situaciones en las que algún derecho contractual o legal de los empleados se estuviera vulnerando. Cabe notar que estos derechos se conquistaron en diversos países europeos, dando a los representantes elegidos por los trabajadores cierta capacidad de influencia en las decisiones de los empleadores que afectasen directamente a los intereses de sus representados.

 

Autogestión

 

La autogestión volvió a la palestra con la explosión de protestas y manifestaciones de los estudiantes de París que rápidamente se extendieron por Europa, América del Norte y del Sur, en el inolvidable año de 1968. Fue antes que nada un movimiento juvenil, de una generación que estaba siendo educada para actuar en un mundo que no solo desaprobaban sino que los indignaba por las flagrantes injusticias que los poderosos estaban cometiendo, sin que nada se estuviera haciendo para impedirlo.

El radicalismo europeo en 1968 era totalmente internacionalista, inspirado en los movimientos revolucionarios no occidentales o en la rabia contra los Estados Unidos contrarrevolucionarios.

En mayo de 1968, la agitación estudiantil estalló en la Universidad de París, la Sorbona. Los estudiantes entraron en huelga, ocuparon la universidad, y en seguida organizaron manifestaciones en las calles, con la consiguiente represión de la policía, lo que despertó la simpatía de la población hacia los jóvenes. De este modo, las protestas estudiantiles acabaron por contagiar a la clase obrera fabril. En respuesta, el Partido Comunista, que dominaba el sindicato más poderoso, repudió el movimiento estudiantil, denunciando que los estudiantes rebeldes eran enemigos pseudorrevolucionarios de la clase trabajadora. Sin embargo, a medida que los acontecimientos se sucedían, los militantes comunistas inevitablemente se adhirieron a las manifestaciones. Sabedores de que sin ellos ningún desafío real al gobierno iría a producirse, de un modo reluctante, la CGT acordó con las otras centrales sindicales una huelga general de un día para el 13 de mayo, cuando ochocientos mil trabajadores marcharon en un claro apoyo a las acciones de los estudiantes (2).

El ánimo en la protesta pasó de los estudiantes a los obreros. En un fin de semana, la onda expansiva de la huelga se expandió, concentrada en el cinturón rojo de París, Normandía y Lyon. Se vieron afectadas las industrias de automóviles, aviación, ingeniería, carbón, química y construcción naval, además del sector público, con el transporte municipal, ferrovías, gas y electricidad, los correos, servicios sanitarios y la navegación del canal, todos en huelga. También pararon los profesionales técnicos, como los controladores aéreos y el personal de la radio y de la televisión. El 18 de mayo 2 millones estaban en huelga y había 120 fábricas ocupadas. La semana siguiente, el número de huelguistas llegó a algo en torno a los 4 y 6 millones. Al día siguiente ya eran entre 8 y 10 millones (3).

La rebelión estudiantil, probablemente sin quererlo, acabó provocando un inmenso movimiento de protesta social. En las universidades ocupadas, los estudiantes trataron de eliminar jerarquías, democratizar la administración y redefinir los currículos. “Sin embargo, los trabajadores también rearmaron su compromiso. Inspirados por el ejemplo de los estudiantes, su audacia sorprendió no solo a los empresarios y al gobierno, sino también a los sindicatos. En Nantes, la acción en la Sud Aviation consiguió galvanizar la huelga general, que culminó el 27 de mayo con la toma del ayuntamiento por el comité central de los trabajadores, agricultores y estudiantes, expulsando al alcalde y al jefe de la policía (4).

Después de la prolongada resistencia en las fábricas y en las universidades, obreros y estudiantes acabaron teniendo que ceder ante el gobierno, que al final consiguió restaurar el orden. Sin embargo, el movimiento de mayo de 1968 ha dejado un rico legado que aún da frutos. “Animar a la revuelta antiautoritaria fue un ideal de autogestión, adoptado oficialmente como Autogestión por el nuevo Partido Socialista (PS) en 1973-75. Previa a la democratización de la economía, mediante la reivindicación del control de las fábricas por sus trabajadores, de cooperativas autogestionarias y de constitución de los negocios, así como mediante la toma de decisiones participativa, la apertura de los libros, la descentralización de la gerencia y la mejora general de los locales de trabajo” (5). La posición del nuevo Partido Socialista reflejaba los valores del movimiento de mayo del 68, que presentan significativas semejanzas con los del movimiento de la economía solidaria en Brasil y en otras naciones, 35 años después.

El movimiento estudiantil, que tuvo su epicentro en París, y se desparramó por toda Francia en 1968, repercutió en Italia, en Alemania y en otros países de Europa, en los guetos negros de las grandes ciudades de EU, en la masacre estudiantil en Ciudad de México, en el Cordobazo argentino, y en las huelgas y masivas manifestaciones en la calle de los estudiantes en Río y en São Paulo. En 1968, en plena dictadura militar, las universidades brasileñas estaban en huelga a favor de la reforma universitaria, en el fondo protestando contra el golpe que había fulminado la democracia.

En 1973 los trabajadores ocuparon la fábrica Lip, pero dos meses después se vieron forzados por la policía a evacuar el edificio. Aunque, antes de ello, los trabajadores habían requisado piezas de la producción para continuar con la fabricación en talleres clandestinos. El gobierno negoció un plan de reflotamiento de la empresa con los sindicatos e industriales “progresistas”, que después de prolongadas idas y vueltas acabó siendo aprobado por los trabajadores. Sin embargo, las medidas de racionalización no fueron suficientes para garantizar la recuperación deseada y con la recesión en 1975-76 la dirección de la Lip anunció en abril de 1976 la quiebra de la empresa, lo que llevó a los trabajadores a volver a ocuparla con la esperanza de poder contar con la solidaridad de la izquierda francesa y de la clase obrera organizada. Los obreros abrieron las puertas de la Lip a visitas (solo en mayo fueron sesenta mil). Los sindicatos y ellos mismos participaron en reuniones en toda Francia, con la prensa, con representantes del gobierno y con los síndicos de la quiebra, nombrados por el tribunal. Los obreros sobrevivían con el seguro de desempleo y las ganancias por la venta de diversos artículos que producían y vendían a los simpatizantes.

Finalmente, en noviembre de 1976, la asamblea de los trabajadores decidió formar una cooperativa que compraría la Lip a sus accionistas. Por razones ideológicas, este paso tardó 19 meses en darse: se consideraban asalariados en lucha contra los propietarios y la idea no era que ellos mismos se convirtieran en propietarios. Temían que su transformación en cooperados implicara un cambio en su identidad de clase y por tanto en sus relaciones con la clase obrera asalariada del país. Estaban convencidos, no obstante, de que en las elecciones de marzo de 1978 la izquierda saldría victoriosa y que con un gobierno de izquierda una empresa de propiedad de sus trabajadores podría ser un ejemplo para otros ocupantes de fábricas. Y, de hecho, en 1974-75 más de 200 ocupaciones de fábricas en Francia se inspiraron en el ejemplo de la Lip. No obstante, la izquierda fue derrotada en las elecciones, lo que no impidió que los trabajadores presentaran un nuevo plan para asumir la empresa en calidad de cooperativa (6).

En 1980 comenzó otra insurrección por los mismos motivos: aumento de precios. El astillero Lenin fue ocupado por obreros liderados por Lech Walesa. Pero esta vez los trabajadores plantearon una nueva reivindicación: sindicatos independientes. Mientras el gobierno negociaba con los trabajadores en las diferentes regiones, en septiembre se fundó el Sindicato Independiente Autogestionario o Solidaridad Solidarnosc. Al mes siguiente estalló una huelga general y el número de seguidores del Solidarnosc crecía de manera exponencial: 3 millones en septiembre, 8 millones en octubre, llegando a 9,5 millones, esto es, más de tres cuartos de una fuerza de trabajo de 12,5 millones, un año después.

A pesar de ser reprimido por la fuerza, el movimiento de Solidarnosc tuvo una enorme repercusión en otros países, particularmente en los que actuaban los jóvenes estudiantes, comprometidos con movimientos sociales herederos de los valores de 1968. En Brasil, la lucha del Solidarnosc coincidió con la fundación del Partido de los Trabajadores por un amplio frente de agrupaciones de izquierda, de diferentes orientaciones pero con una significativa representación en los nuevos movimientos sociales. Una parcela significativa de los dirigentes estaba compuesta por personas que habían estado exilados en Europa, por tanto, conocedores de las luchas por la autogestión obrera de los países al otro lado de la aún incólume Cortina de hierro.

En Brasil, uno de los que se enfrascaron en el estudio del socialismo autogestionario fue Claudio Nascimento (7). En un testimonio autobiográfico comentaba:


En 1980 había publicado encuadernaciones en tapa blanda y ensayos sobre el movimiento obrero y sindical que había surgido en Polonia, el Solidarnosc. En Francia participé en estudios y acciones de apoyo a los exilados de Solidarnosc, que estaban apoyados por la Cfdt, donde trabajaba. […] Muchas entrevistas y tertulias en bares de la periferia de París con dirigentes obreros e intelectuales polacos […], reuniones con militantes de Lublin, que venían mediante un convenio con la Universidad de Lovaina la Nueva, en Bélgica, me llevaron a escribir sobre esta experiencia de autogestión. Me documenté en Francia sobre el movimiento de autogestión en Polonia, el Solidarnosc, consultando bibliotecas y Centros de Documentación. El trabajo se publicó en Portugal, en la editorial Base-Fut, de Oporto.

De vuelta a Río de Janeiro, me reincorporé al Cedac (Centro de Acción Comunitaria). Con el compañero de la metalurgia Ferreirinha pasé a integrar el Equipo de formación sindical de la Secretaría de Formación del Estado de Río de Janeiro. Desde esta época hasta más o menos 1991 viajé por varios estados, impartiendo cursos sobre “socialismo autogestionario” para grupos de jóvenes, de obreros, estudiantes y militantes de movimientos sociales, ávidos de conocimiento sobre una nueva forma de organización de la sociedad y de autores prácticamente desconocidos por nosotros: Rosa Luxemburgo, el Austro-Marxismo, Pannekoek, Mariátegui y experiencias históricas de autogestión.

El testimonio de Nascimento muestra que el socialismo autogestionario recibió una divulgación sistemática por parte de un número considerable de intelectuales, a partir de por lo menos julio de 1983, cuando el autor vuelve a Brasil. En realidad, esta actividad comenzó antes, según relata en sus declaraciones:

En 1978-79, con el regreso de los amnistiados habíamos fundado diversas ONG para llevar este trabajo a varios estados de la federación: en Río fundamos el Cedac, donde empecé a trabajar. En esta época, ya era asesor de la Pastoral Obrera Nacional (8). Trabajábamos por establecer una oposición sindical en todo el país. Esta intensa actividad me llevó más de una vez a sufrir persecuciones: tras ser seguido durante seis meses, en 1980, entraron en mi piso de Río, con la ola de terrorismo que asoló el país en aquel período […]. Por ello, tuve que salir de Brasil, rumbo a Francia, trabajando durante tres años en un sindicato, la Cfdt. Este tipo de práctica fue en el campo de la formación sindical, pues estábamos a punto de fundar la CUT [Central Única de los Trabajadores] y necesitaríamos personas que supieran cómo organizar la formación en un sindicato (no teníamos esta experiencia en el país debido a la constante represión y prohibición de las centrales sindicales) (9).

La fuerte afinidad de los socialistas cristianos con el socialismo autogestionario o la economía solidaria se manifiesta también en el hecho de que el Complejo Cooperativo de Mondragón, la mayor red de cooperativas del mundo, ha sido fundado por la iniciativa y el liderazgo del padre Arizmendiarreta, un genuino socialista cristiano y discípulo del padre Lebret.

El neoliberalismo surge avasallador desde 1979-80, al mismo tiempo en que la Unión Soviética comienza a librarse de las amarras estalinistas que sofocaron durante casi 70 años cualquier iniciativa democrática de su población. Hay quienes atribuyen la apertura rusa a esta onda neoliberal, hipótesis que no encuentra ninguna corroboración en los hechos. Lo que sorprende en los países capitalistas es la casi total incapacidad de la izquierda de ofrecer resistencia a la ofensiva neoliberal, por la ausencia de alternativas, que no precisaría ser socialista sino apenas democrática, como la que los movimientos juveniles están hoy reivindicando en la periferia europea y en los países árabes. Las prolongadas luchas por la democracia y el socialismo, trabadas por los movimientos obreros y sus intelectuales orgánicos a lo largo de los siglos XIX y XX, prueban que la esencia del socialismo es la democracia sin más adjetivos, aplicada no solo a la política, sino a la economía, a la educación escolar, a la asistencia sanitaria, a la planificación urbana, al cuidado con el medioambiente y a las demás áreas cruciales de la interacción social.

La economía solidaria se concreta con el apoyo de movimientos sociales apoyados por los sectores organizados de la sociedad civil: comunidades eclesiásticas de base, pastorales, sindicatos, movimientos estudiantiles que actúan en “incubadoras” o entidades similares, movimientos de trabajadores rurales sin tierra, recogedores de residuos reciclables, grupos de indígenas y afrodescendientes, mujeres, ex internos de manicomios, sin mencionar la solidaridad entre vecinos que forma parte de la cultura de las clases trabajadoras de baja renta.

La creciente diversidad cultural enriquece la economía solidaria al juntar obreros de empresas recuperadas, que aportan la experiencia reciente de la lucha de clases, con pueblos que cultivan los valores de la economía solidaria en función de sus propias tradiciones, transmitidas de generación en generación desde hace muchos años. Gracias al respeto a los diferentes, la diversidad amplía los horizontes de los comprometidos en la economía solidaria y los capacita para extraer de los avances y retrocesos, de las ganancias y de las pérdidas, las enseñanzas que facilitan la convivencia y activan la inteligencia colectiva para enfrentarse a nuevos desafíos.

Bajo nombres diferentes, la economía solidaria se da en numerosos países de los cinco continentes y gracias a la revolución informática el intercambio de experiencias se ha visto facilitado, lo que posibilita no solo la interacción sino la colaboración efectiva que permite hablar de la globalización de una variedad de alternativas viables al capitalismo neoliberal, que a todos amenaza. El florecimiento de una profusión de economías solidarias o sociales o humanas, o como quiera que se denominen, es la garantía de su viabilidad, pues la vocación de la humanidad no es la uniformidad.

 

Consideraciones finales

 

Quien levanta la bandera de la economía solidaria como la futura “otra economía” alternativa al capitalismo es el propio movimiento de la economía solidaria y los diversos movimientos sociales que en ella participan.

En cuanto a la relación entre el sindicalismo y el cooperativismo, podemos decir que no es contradictoria, muy al contrario, de colaboración mutua, en la medida en que ambos tienen por base social trabajadores combativos. Hay también sindicatos amarillos (agentes patronales) y cooperativas formadas por empresas de la agroindustria. La contradicción es explícita entre los sindicatos y las cooperativas alineados con los oprimidos, y los que se alinean con los opresores.

¿Cuál es el alcance del movimiento de la economía solidaria como crítica al sistema capitalista? y ¿qué propuestas plantea para el avance sobre el sistema económico como un todo? En la actual coyuntura que vive Latinoamérica, el embate del movimiento de la economía solidaria con el sistema capitalista tiene como centro la crisis medioambiental y la lucha por la tierra de campesinos, indígenas y comunidades de descendientes de esclavos. Estos últimos luchan, en general, en defensa de los espacios que ya ocupan y consideran como suyos, y contra los avances de empresas capitalistas, cuando no de racistas frecuentemente criminales.

Hay, un significativo avance de la agroecología, de las finanzas solidarias en forma de cooperativas de crédito y bancos comunitarios y de cooperativas sociales de ex internos de manicomios y de cooperativas de recicladores de residuos sólidos. La economía solidaria tiene un papel significativo en la inclusión productiva urbana.

 

 

* Apartes de “La construcción de la economía solidaria como alternativa al capitalismo”. Economía social y solidaria en movimiento, José Luis Coraggio (organizador), Ediciones Ungs, 2016.
** Paul Singer. Profesor de la Facultad de Economía. Desde 1996 se dedica a la economía solidaria.
Valmor Schiochet. Máster en Sociología Política. Director de Estudios de Divulgación de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria (Ministerio del Trabajo 2003-07).

1 Selucky, Radoslav (1975). “Marxism and Self Management”. En Vanek, Jaroslav. Self-Management; Economic Liberation of Man. Inglaterra: Penguin Education, Harmondsworth.

2 Ibid.: 401
3 Idem.

4 Idem.
5 Ibid.: 406.
6 Carnoy, Martin y Derek Shearer (1980). Economic Democracy. The Challenge of the 1980s. Inglaterra: Routledge. pp.163-169.

7 Intelectual autodidacta y educador popular, que a partir del 2003 integraría el equipo de la Secretaría Nacional de Economía Solidaria como coordinador general de Formación.
8 Con Frei Beto, Frei Eliseu, sindicalistas como João Pires Vasconcelos, José Ibrahim e intelectuales como Piragibe Castro Alves.

9 Claudio Nascimento, 2014.

Lunes, 20 Agosto 2018 09:36

Frente a Goliat IV

La campaña presidencial de Bernie Sanders (2016) se sigue expresando en Estados Unidos al promover como derechos básicos la salud, la educación y un salario digno para todos, lo cual es visto como parte de la resistencia contra la derecha que encabeza el presidente Donald Trump. La imagen del senador es de archivo.

Todo movimiento o gobierno progresista que busca una transformación bajo la sombra de Goliat tiene que empezar con el secreto de que sus reales y potenciales aliados en Estados Unidos no están en Washington y Wall Street, sino son los que buscan una transformación progresista aquí.

No es nada nuevo. De hecho, varios historiadores –entre ellos Paco Ignacio Taibo, Armando Bartra, Rius– han explorado aspectos de alianzas e intercambios entre figuras y fuerzas progresistas en ambos países, incluyendo durante el inicio de lo que algunos ahora llaman la tercera transformación. Flores Magón entendía y tejía esta solidaridad binacional, fue eje de lo que Claudio Lomnitz llama la primera “red revolucionaria trasnacional” con sus contrapartes estadunidenses en su libro El regreso del camarada Ricardo Flores Magón, el cual, comentó en entrevista con La Jornada, aborda la “historia de colaboración y cooperación entre estadunidenses y mexicanos inmersos en un movimiento radical”.


Aún falta contar y resaltar las historias de colaboración y solidaridad entre fuerzas progresistas de ambos lados de la frontera a lo largo de la historia de la relación bilateral, pero incluyen desde apoyo mutuo entre sindicatos hasta esfuerzos binacionales con agrupaciones de pequeños productores, proyectos conjuntos de ambientalistas y diversas expresiones de solidaridad entre movimientos sociales, incluyendo las altermundistas que fueron detonadas por la rebelión zapatista. Vale incluir ahí las intensas colaboraciones e intercambios entre artistas y otros trabajadores culturales progresistas y periodistas a lo largo de las últimas décadas.


En el panorama actual, los aliados potenciales y reales estadunidenses son los que, de alguna manera, están en la resistencia contra la derecha trumpista, así como contra las políticas neoliberales y de “seguridad nacional”que se han implementado de ambos lados de la frontera durante las últimas tres décadas con los mismos resultados desastrosos para las mayorías.


Entre esta resistencia está la diáspora de la campaña presidencial de Bernie Sanders –tal vez el fenómeno aún más sorprendente por sus dimensiones que el de Trump– que se sigue expresando a escala local, estatal y nacional al promover como derecho básico la salud, la educación y un salario digno para todos y el énfasis sobre dar prioridad a los más pobres y vulnerables, es muy parecida a la del movimiento electoral que triunfó en México. Este movimiento, que se expresa a través de diversas organizaciones y redes, se autocalifica como “socialista democrático”. En un encuesta reciente de Gallup, por primera vez más demócratas favorecen el socialismo sobre el capitalismo.


Al mismo tiempo, se está impulsando una nueva y amplia coalición bajo el rubro de la Campaña para los Pobres, resucitando 50 años después la última iniciativa de Martin Luther King para abordar no sólo el racismo, sino junto con ello, la injusticia económica y las políticas militaristas/imperiales de este país.


Otras fuerzas progresistas recientes (como hemos mencionado en las columnas previas) incluyen la Marcha por Nuestras Vidas, impulsado por estudiantes de preparatoria y sus aliados a nivel nacional contra la violencia de armas de fuego; Black Lives Matter, que se opone a la violencia oficial contra los afroestadunidenses; el movimiento contra la fallida guerra contra las drogas, la rebelión del magisterio en los estados mas conservadores que sigue sacudiendo a varios gobiernos estatales y locales, movimientos ambientales sobre cambio climático, así como en defensa de derechos indígenas a la tierra, el agua y otros recursos naturales; movimientos encabezados por mujeres como la Marcha de las Mujeres que se inauguro con una de las movilización de protesta más grande de la historia al llegar Trump a la Casa Blanca; hasta expresiones masivas contra el abuso sexual que ha sacudido las cúpulas políticas y empresariales (#MeToo y #TimesUp).


Como hemos argumentado en las últimas tres columnas, una nueva transformación nacional implica un cambio en la relación bilateral con Goliat. Para lograrlo, se necesita armar nuevas alianzas, y fortalecer las existentes, entre los David del sur y el norte.

 

Artículos relacionados

Frente a Goliat III

13 de agosto de 2018

Frente a Goliat II

6 de agosto de 2018

Frente a Goliat I

30 julio de 2018 

Publicado enInternacional
Sábado, 28 Julio 2018 15:45

Para ampliar el canon de la producción*

Para ampliar el canon de la producción*

Como lo muestra la consolidación reciente de numerosos movimientos y organizaciones alrededor del mundo que luchan por una globalización contra-hegemónica, los varios siglos de predominio del capitalismo no han logrado disminuir la indignación y la resistencia efectiva contra los valores y prácticas que constituyen el corazón del capitalismo como sistema económico y forma civilizatoria. De hecho, la historia del capitalismo desde su surgimiento en lo que Wallerstein (1979) ha llamado el “largo siglo XVI” es también la historia de las luchas de resistencia y la crítica contra dichos valores y prácticas. Desde la lucha de los campesinos ingleses contra su incorporación forzada a las fábricas proto-capitalistas, después de la apropiación privada de las tierras comunales en el siglo XVIII, hasta las luchas contemporáneas de comunidades indígenas en la semiperiferia y la periferia contra la explotación de sus territorios ancestrales, pasando por los movimientos obreros de todo tipo, el capitalismo ha sido constantemente confrontado y desafiado.

Desafíos que han ido acompañados de una rica tradición de pensamiento crítico, desde el pensamiento asociativo de Saint-Simon, Fourier y Owen en Europa en el siglo XIX, hasta la reivindicación de un desarrollo alternativo o el rechazo mismo de la idea de desarrollo económico en la periferia y la semiperiferia en el siglo XX, pasando por la crítica marxista del capitalismo industrial que ha impulsado el debate sobre formas de sociedad más justas que sean alternativas viables frente a las sociedades capitalistas (Macfarlane, 1998). Al imaginar y luchar por sociedades donde la explotación sea eliminada, o por lo menos reducida drásticamente, las prácticas y teorías críticas del capitalismo, sumadas a otras cuyo blanco son otras formas de dominación, como el patriarcado y el racismo, han mantenido con vida la promesa moderna de emancipación social.

A comienzos del siglo XXI, la tarea de pensar y luchar por alternativas económicas y sociales es especialmente urgente por dos razones relacionadas entre sí. En primer lugar, vivimos en una época en la que la idea de que no hay alternativas frente al capitalismo ha ganado un nivel de aceptación que posiblemente no tiene precedentes en la historia del capitalismo mundial. En efecto, a lo largo de las dos últimas décadas del siglo pasado las élites políticas, económicas e intelectuales conservadoras impulsaron con tal agresividad y éxito las políticas y el pensamiento neoliberales que la idea tatcheriana según la cual “no hay alternativa” alguna al capitalismo neoliberal ganó credibilidad, incluso entre círculos políticos e intelectuales progresistas. En este sentido, las décadas precedentes reavivaron la “utopía del mercado auto-regulado” (Polanyi, 1957) que había sido dominante en el siglo XIX. A diferencia de lo sucedido en el siglo XIX, sin embargo, el resurgimiento de dicha utopía bajo la forma del neoliberalismo contemporáneo no fue acompañado por la reactivación simultánea de las luchas y el pensamiento críticos, que pasaron a la defensiva y debieron reinventarse y reorganizarse.

Pero esta situación ha empezado a cambiar en los últimos años con el resurgimiento del activismo por una globalización contra-hegemónica, que ha comenzado incluso a desarrollar formas de coordinación tales como la realización anual del Foro Social Mundial en Porto Alegre. Dado que, como el mismo Polanyi lo observó con claridad, las instituciones que encarnan la utopía del mercado auto-regulado “no podían existir por mucho tiempo sin aniquilar el material humano y natural de la sociedad [porque] habrían destruído físicamente al hombre y devastado su entorno” (1957: 3), la idea que no existen alternativas no podía predominar por mucho tiempo.

 

 

En vista de que la globalización neoliberal ha sido eficazmente puesta en tela de juicio por múltiples movimientos y organizaciones, una de las tareas urgentes consiste en formular alternativas económicas concretas que sean al mismo tiempo emancipatorias y viables y que, por tanto, le den contenido específico a las propuestas por una globalización contra-hegemónica.

En segundo lugar, la reinvención de formas económicas alternativas es urgente porque, en contraste con los siglos XIX y XX, a comienzos del nuevo mileno la alternativa sistémica al capitalismo representada por las economías socialistas centralizadas no es viable ni deseable. El autoritarismo político y la inviabilidad económica de los sistemas económicos centralizados fueron dramáticamente expuestos por el colapso de estos a finales de la década de los ochenta y principios de los noventa (Hodgson, 1999). Incluso quienes, contra la evidencia del autoritarismo y la inviabilidad de dicho sistema, mantenían la posibilidad de la alternativa al capitalismo (esto es, la alternativa socialista centralizada), han sido forzados a pensar en otros términos. Para quienes, como nosotros, los sistemas socialistas centralizados no ofrecían una alternativa emancipatoria frente al capitalismo, la crisis de dichos sistemas ha creado la oportunidad para recuperar o inventar alternativas (en plural) que apunten hacia prácticas y formas de sociabilidad no capitalistas. Estas alternativas son mucho menos grandiosas que la del socialismo centralizado, y las teorías que les sirven de base son menos ambiciosas que la creencia en la inevitabilidad histórica del socialismo que dominó el debate del marxismo clásico. De hecho, la viabilidad de dichas alternativas, por lo menos en el corto y mediano plazos, depende en buena medida en su capacidad de sobrevivir dentro del contexto del domino del capitalismo. Lo que se requiere, entonces, es centrar la atención simultáneamente en la viabilidad y en el potencial emancipatorio de las múltiples alternativas que se vienen formulando y practicando alrededor del mundo, que representan formas de organización económica basadas en la igualdad, la solidaridad y la protección del medio ambiente.

La insistencia en la viabilidad de las alternativas, sin embargo, no implica una aceptación de lo existente. La afirmación fundamental del pensamiento crítico consiste en que la realidad no se reduce a lo que existe. La realidad es un campo de posibilidades en el que caben alternativas que han sido marginadas o que ni siquiera han sido intentadas (Santos, 2000: 23). En este sentido, la tarea de las prácticas y el pensamiento emancipadores consiste en ampliar el espectro de lo posible a través de la experimentación y la reflexión acerca de alternativas que representen formas de sociedad más justas. Al mirar más allá de lo existente, dichas formas de pensamiento y práctica ponen en tela de juicio la separación entre realidad y utopía, y formulan alternativas que son suficientemente utópicas como para implicar un desafío al status quo, y son suficientemente reales como para no ser fácilmente descartables por ser inviables (Wright, 1998). El espectro de posibilidades resultante es mucho más amplio del que incluso muchos partidos y pensadores de izquierda han tendido a defender en los últimos años.

En América Latina, por ejemplo, una corriente influyente de la izquierda, cuyas ideas han sido condensadas en los trabajos de Unger y Castañeda1, tiende a ofrecer como alternativas sólo variaciones conocidas al sistema capitalista. En palabras de Castañeda, las opciones de la izquierda se limitan a promover el modelo capitalista con “las variaciones, regulaciones, excepciones y adaptaciones que las economías de mercado de Europa y Japón han incorporado a lo largo de los años” (1993: 514). Como lo mostraremos en el balance de los experimentos y las teorías económicas alternativas que ofreceremos más adelante, el predominio del capitalismo no reduce el rango de posibilidades a dichas variaciones.

Por el contrario, dicho rango incluye formas de concebir y organizar la vida económica que implican reformas radicales dentro del capitalismo basadas en principios no capitalistas, o que incluso apuntan a una transformación gradual de la economía hacia formas de producción, intercambio y consumo no capitalistas.

Cualquier análisis que, como el nuestro, intente subrayar y evaluar el potencial emancipatorio de las propuestas y experimentos económicos no capitalistas que se vienen haciendo alrededor del mundo debe tener en cuenta que, dado su carácter anti-sistémico, dichos experimentos y propuestas son frágiles e incipientes. Por esta razón, analizamos las alternativas desde una perspectiva que puede ser llamada “hermenéutica del surgimiento” (Santos, 2001), esto es, un punto de vista que interpreta en forma expansiva la forma como organizaciones, movimientos y comunidades se resisten a la hegemonía del capitalismo y se embarcan en alternativas económicas fundadas en principios no capitalistas. Esta perspectiva amplifica y desarrolla los rasgos emancipatorios de dichas alternativas para hacerlas más visibles y creíbles. Esto no implica que la hermenéutica del surgimiento renuncie al análisis riguroso y a la crítica de las alternativas analizadas. El análisis y la crítica, sin embargo, buscan fortalecer las alternativas, no minar su potencial.

Antes de adentrarnos en el análisis de las iniciativas y propuestas concretas, es necesario precisar los términos utilizados generalmente en las discusiones sobre estos temas. A falta de un mejor término, las prácticas y teorías que desafían el capitalismo son calificadas con frecuencia como “alternativas”. En este sentido, se habla de una globalización alternativa, de economías alternativas, de desarrollo alternativo, etcétera. Existen razones para cuestionar la conveniencia política y teórica de este adjetivo en cuanto calificar algo de alternativo es ceder de entrada el terreno a lo que se quiere oponer, que reafirma así su carácter hegemónico. Sin embargo, creemos que, antes que un cambio de lenguaje, lo que se requiere al comienzo de una indagación que busca teorizar y hacer visible el espectro de alternativas es formular la pregunta obvia: ¿alternativo frente a qué? En otras palabras, ¿cuáles son los valores y prácticas capitalistas que dichas alternativas critican y buscan superar? A pesar de la amplitud de esta pregunta que, de hecho, apunta a uno de los temas centrales de las ciencias sociales, esto es, la caracterización del capitalismo como fenómeno económico y social, una respuesta por lo menos somera es necesaria para clarificar el sentido del resto de nuestra exposición.

Las líneas de pensamiento crítico aludimos subraya tradicionalmente tres rasgos negativos de las economías capitalistas. 1) El capitalismo produce sistemáticamente desigualdades de recursos y poder. En la tradición marxista, el efecto que figura en el centro de las críticas es la desigualdad económica y de poder entre clases sociales. La separación entre capital y trabajo, y la apropiación privada de las utilidades actúan como motores de producción de ingresos desiguales y de relaciones sociales marcadas por la subordinación del trabajo al capital. Las mismas condiciones que hacen posibles la acumulación generan desigualdades dramáticas entre clases sociales al interior de cada país y entre países alrededor del sistema mundial. La tradición feminista, entre tanto, concentra sus críticas en la forma como las diferencias de clase refuerzan las diferencias de género y, por tanto, en la forma como el capitalismo contribuye a la reproducción de la sociedad patriarcal. Así mismo, las teorías críticas de la raza subrayan la forma como la opresión entre razas y la explotación económica se alimentan mutuamente.

2) Las relaciones de competencia requeridas por el mercado capitalista producen formas de sociabilidad empobrecidas, basadas en el provecho personal antes que en la solidaridad. En el mercado, el motivo inmediato para producir y para interactuar con otras personas es “una mezcla de codicia y miedo... Codicia, en tanto las otras personas son vistas como fuentes posibles de enriquecimiento, y miedo en tanto ellas son vistas como amenazas. Estas son formas horribles de ver a los demás, independientemente de que ya estemos acostumbrados a ellas como resultado de siglos de capitalismo” (Cohen, 1994: 9). Esta reducción de la sociabilidad al intercambio y al provecho personal está en el centro del concepto de alienación en Marx y ha inspirado críticas y propuestas contemporáneas que buscan expandir las esferas en las que el intercambio esté basado en la reciprocidad antes que en el provecho monetario, como las economías populares estudiadas por Quijano (1998) en América Latina, o disminuir la dependencia de las personas en relación con el trabajo asalariado, de tal forma que no sea necesario “perder la vida para ganarse la vida” (Gorz, 1997).

3) La explotación creciente de los recursos naturales alrededor del globo pone en peligro las condiciones físicas de vida sobre la tierra. Como lo han puesto de presente las teorías y movimientos ecologistas, el nivel y el tipo de producción y consumo requeridos por el capitalismo son insostenibles (Daly, 1996; Douthwaite, 1999). El capitalismo, así, tiende a minar los recursos naturales que permiten su propia reproducción (O’Connor, 1988). Contra el prospecto de la destrucción de la naturaleza, los movimientos ecologistas han propuesto una amplia variedad de alternativas, que van desde la imposición de límites al desarrollo capitalista hasta el rechazo de la idea misma de desarrollo económico y la adopción de estrategias anti-desarrollistas, basadas en la subsistencia y el respeto a la naturaleza y a la producción tradicional (Dietrich, 1996).

Por supuesto, en la práctica las críticas y las alternativas formuladas en vista de estos rasgos del capitalismo tienden a combinar más de una de las líneas mencionadas. Por ejemplo, el eco-feminismo promovido por los movimientos de mujeres en India articula la crítica y la lucha contra el patriarcado con la preservación del medio ambiente (Shiva y Mies, 1993). De forma similar, el cooperativismo busca no sólo la remuneración igualitaria de los trabajadores-dueños de las empresas cooperativas, sino también la generación de formas de sociabilidad solidarias basadas en el trabajo colaborativo y la participación democrática en la toma de decisiones de las empresas. Igualmente, propuestas tales como la creación de un ingreso mínimo universal acompañado de la disminución de la jornada laboral buscan no sólo establecer un nivel de bienestar material básico sino también liberar tiempo para el desarrollo de sociabilidades y habilidades diferentes a las requeridas por el mercado (Van Parijs, 1992).

El mapa de iniciativas y visiones económicas alternativas es muy variado. Ellos incluyen desde organizaciones económicas populares constituidas por los sectores más marginados en la periferia hasta cooperativas prósperas en el centro del sistema mundial. Sin embargo, al criticar e intentar superar en mayor o menor medida los rasgos del capitalismo señalados anteriormente, todos estos tipos de experiencias tienen en común el hecho que, si bien no buscan reemplazar el capitalismo de un solo tajo, sí intentan (con éxito dispar) hacer más incómoda su reproducción y hegemonía. Para esto, los múltiples tipos de iniciativas que incluimos en nuestro mapa crean espacios económicos en los que predominan los principios de igualdad, solidaridad o respeto a la naturaleza.

En virtud del primero, los frutos del trabajo son apropiados de manera equitativa por sus productores y el proceso de producción implica participación en la toma de decisiones entre iguales, como en las cooperativas de trabajadores. En virtud del principio de solidaridad, lo que una persona recibe depende de sus necesidades, y lo que aporta depende de sus capacidades. Así funcionan, por ejemplo, los sistemas progresivos de tributación y transferencias, cuyo establecimiento o defensa en el contexto de la globalización neoliberal constituye una propuesta alternativa al consenso económico hegemónico. En este principio están inspirados igualmente el movimiento de fair trade (comercio justo), mediante el cual el precio pagado por los consumidores de un producto en el Norte contribuye efectivamente a la remuneración justa de quienes lo producen en el Sur. En virtud de la protección al medio ambiente, la escala y el proceso de producción se ajustan a imperativos ecológicos, incluso cuando estos van en detrimento del crecimiento económico.

La escala de las iniciativas es igualmente variada. Las alternativas comprenden desde pequeñas unidades de producción locales como las cooperativas de trabajadores en barrios marginales en la periferia del sistema mundial hasta propuestas de coordinación macro-económica y jurídica globales que garanticen el respeto de derechos laborales y ambientales mínimos alrededor del mundo, pasando por intentos de construcción de economías regionales basadas en principios de cooperación y solidaridad.

En vista de semejante diversidad, las alternativas existentes varían mucho en su relación con el sistema capitalista. Mientras que unas (v.gr. las cooperativas) son compatibles con un sistema de mercado e incluso con el predominio de las empresas capitalistas, otras (v.gr., las propuestas ecológicas anti-desarrollistas) implican una transformación radical o incluso el abandono de la producción capitalista. Sin embargo, al estudiar estas iniciativas creemos que es importante resistir la tentación de aceptarlas o rechazarlas con un criterio simplista que mira exclusivamente si ellas ofrecen alternativas radicales frente al capitalismo, por dos razones distintas.

Por una parte, este criterio simple de (des)calificación encarna una forma de fundamentalismo de lo alternativo que puede cerrar las puertas a propuestas que, si bien surgen en medio del capitalismo, abren las puertas a transformaciones graduales en direcciones no capitalistas y crean enclaves de solidaridad en el seno del capitalismo.

Más allá de la vieja dicotomía entre reforma y revolución, de lo que se trata, como lo afirma Gorz (1997) es de implementar reformas revolucionarias, esto es, de emprender reformas e iniciativas que surjan dentro del sistema capitalista en que vivimos pero faciliten y le den credibilidad a formas de organización económica y de sociabilidad no capitalistas. Por otra parte, semejante criterio estricto de evaluación de las alternativas implica en últimas una hermenéutica del escepticismo, no del surgimiento, que termina por rechazar todo tipo de experimentación social, por estar contaminado por el sistema dominante. Dado que ninguna de las propuestas viables representa una alternativa sistémica al capitalismo (esto es, una alternativa de organización micro y macro-económica comprehensiva basada exclusivamente en valores de solidaridad, igualdad y protección del medio ambiente), las alternativas con las que contamos tienen relaciones directas o indirectas con los mercados locales, nacionales e incluso internacionales. En otras palabras, dado que sabemos cómo hacer funcionar una economía basada en el interés individual (esto es, basada en el mercado) pero no hemos aprendido cómo hacer funcionar una economía fundada en la generosidad (Cohen,1994), las iniciativas no representan nuevos modos de producción que reemplacen al capitalista.

Esto no les resta, sin embargo, relevancia ni potencial emancipador. Al encarnar valores y formas organizativas opuestas a los del capitalismo, las alternativas económicas generan dos efectos con alto contenido emancipador. En primer lugar, en el nivel individual implican con frecuencia cambios fundamentales en las condiciones de vida de sus actores. En segundo lugar, en el nivel societal la difusión de experiencias exitosas implica la ampliación de los campos sociales en los que operan valores y formas de organización no capitalistas. Vistas desde la perspectiva de una hermenéutica del surgimiento, estas experiencias guardan de hecho la promesa de transformaciones de escala mayor en la dirección de formas de sociabilidad y organización económica no capitalistas.

 

Bibliografía

Castaneda, J. (1993), La utopía desarmada. México, Editorial Joaquin Mortiz. Cohen, G. (1994), “Back to Socialist Basics”, New Left Review, 207(9/10): 3-16.
Daly, G. (1996), “Sustainable Growth? No Thank You.” en J. Mander y E. Goldsmith (eds.), The Case Against the Global Economy. San Francisco, Sierra Club Books: 192-196.
Dietrich, G. (1996), “Alternative Knowledge Systems and Women’s Empowerment”, N. Rao, L. Rurup e R. Sudarshan (orgs.), Sites of Change. The Structural Context for Empowering Women in India. New Delhi: Friedich Ebert Stiftung & United Nations Development Program, 335-363. Douthwaite, R. (1999), “Is it possible to Build a Sustainable World?” en R. Munck y D. O’Hearn (eds.), Critical Development Theory: Contributions to a New Paradigm. New York, Zed Books: 157-177.
Gorz, A. (1997), Miseres du présent. Richesse du possible. París, Editions Galilée. Hodgson, G. (1999), Economics & Utopia. New York, Routledge.
Macfarlane, L. (1998), Socialism, Social Ownership and Social Justice. New York, St. Martin’s Press. O’Connor, J. (1988), “Capitalism, Nature and Socialism: A Theoretical Introduction” en Capitalism, Nature, Socialism 1(1): 3-14.
Polanyi, K. (1957), The Great Transformation. Boston, Beacon Press.
Quijano, A. (1998), La economía popular y sus caminos en América Latina. Lima, Mosca Azul Editores.
Santos, B. (2000), A critica da razão indolente. Contra o desperdício da experiencia. Porto, Edicoes Afrontamento. (2001), “Can Law be Emancipatory?”. Artículo presentado en la Conferencia de Law & Society Association. Budapest, julio 2001.
Shiva, V. y M. Mies (1993), Ecofeminism. London, Zed Books.
Van Parijs, P. (ed.) (1992), Arguing for Basic Income. London, Verso.
Wallerstein, I. (1979), The Capitalist World-Economy. Cambridge, Cambridge University Press. Wright, E. (1998), “Introduction” en Erik Wright (ed), Recasting Egalitarianism. Londres, Verso: xi- xiii

 

 

* Extraído del capítulo introductorio de Boaventura de Sousa Santos (Org.), Produzir para viver. Os caminhos de produção não capitalista, Civilização Brasileira, Rio de Janeiro, 2002, con permiso de los autores (traducción facilitada por Boaventura de Sousa Santos). www.socioego.org
** Boaventura de S. Santos: Doctor en Sociología del Derecho. César Rodríguez: Abogado de la Universidad de los Andes.

1 Véase, el documento titulado “Una alternativa latinoamericana”, producido por un grupo de políticos latinoamericanos convocado por Unger y Castañeda (entre los que se encuentran los presidentes de Chile, Ricardo Lagos, y México, Vicente Fox) en Buenos Aires en noviembre de 1997 ( http://www.robertounger.com/alternative.htm ).

Autogestión. Errekaleor, una isla iluminada por el movimiento popular*

Fábricas a un lado y hectáreas de hierba al otro, tránsito de bicicletas y pocas personas a pie. Más adelante, unas rotondas que marcan la salida de Gasteiz. Tomando una de éstas a la derecha, una carretera sin apenas movimiento; 200 metros más adelante la primera de muchas fachadas con murales y el lema “You are now entering free Errekaleor”, emulando al barrio Bogside de la irlandesa Derry. Es Errekaleor, uno de los barrios ocupados más grandes de Europa.

Para entender la historia de esta singularidad alavesa y vasca merece echar la vista atrás. En la década de 1950, la población gasteiztarra prácticamente se duplicó debido a la expansión industrial de la ciudad y fue en ese contexto cuando se levantó una urbanización destinada a parte de esas personas trabajadoras. Un barrio que inicialmente se llamó “Un mundo mejor” y que años después tomó el nombre de “Errekaleor” (Río Seco) por el río que pasa por debajo de las casas.

De ese barrio era, entre otros, Romualdo Barroso, uno de los cinco obreros asesinados el 3 de marzo de 1976 en Gasteiz tras una asamblea obrera en el barrio de Zaramaga. Tenía 19 años. Las vecinas, año tras año y al igual que todo Gasteiz, le recuerdan con un emotivo acto en el cine del barrio, que ahora tiene su nombre.

Fue a comienzos del siglo XXI y coincidiendo con el desarrollo urbanístico del sur de la ciudad cuando se decretó el realojamiento de sus habitantes para la posterior demolición y reconstrucción de Errekaleor. Un realojamiento que las antiguas vecinas calificaron como “estafa”. “Me echaron de mi hogar porque necesitaban derribar el barrio y no lo han hecho”, denuncia Gabriel García, que residió con su hijo durante doce años en el barrio.

En septiembre de 2013, un grupo de estudiantes del campus de Gasteiz decidió ocupar el portal número 26. De esta manera, denunciaban los altos precios del alquiler en la capital alavesa y nacía un nuevo colectivo: Errekaleor Bizirik (Errekaleor Vivo). Año a año, el barrio comenzó a tener cada vez más habitantes mientras que el proyecto parecía consolidarse. El actual primer edil de Gasteiz, Gorka Urtaran (PNV), mantenía una postura ambigua afirmando que en el barrio no se podía vivir y más adelante tendiendo la mano a las que allí residían. Sería en el segundo año de vida de Errekaleor Bizirik cuando el barrio sufriría uno de los primeros golpes. 

 

La isla energética

 

En marzo de 2015, la Policía local cargaba en el barrio para que Iberdrola pudiese cortar la luz. Sería el anticipo del ataque más grande vivido por Errekaleor desde su ocupación, un hecho que llegaría dos años más tarde.

Durante la lluviosa mañana del 18 de mayo de 2017, la unidad de antidisturbios de la Ertzaintza tomaba el barrio para “facilitar” el trabajo de los técnicos de Iberdrola. Técnicos que habían sido llamados por el Departamento de Industria del Gobierno Vasco y que compartían una misma función: dejar a oscuras un barrio entero de Gasteiz. Pero este ataque, paradójicamente, tendría un efecto boomerang a pesar de efectuar el corte de luz.

Más de una docena de conciertos, una manifestación de más de 10.000 personas precedida por 14 columnas sectoriales. La respuesta dada durante las dos semanas posteriores al corte de luz marcó la agenda política y social de la ciudad. Y todavía quedaba el reto más importante: recaudar 100.000 euros para ser la isla energética soberana más grande de Euskal Herria. Tardaron 50 días en llegar a la cifra, pero consiguieron el objetivo con creces: el coopfunding consiguió reunir más de 108.000 euros.

Jon Crespo, militante del barrio, recuerda con emoción aquellos días posteriores: “Conseguimos ganar una batalla, ya que el objetivo de Urtaran era el derribo. La solidaridad y el compromiso lo frenó”. 

A día de hoy, Errekaleor es autosuficiente en lo que a energía se refiere. Un total de 270 placas suministran electricidad al barrio con una máxima producción de 70Kw. ¿Hubiese sido esto posible sin la intervención de la Policía Autonómica Vasca? Pese a pasar meses sin luz, con frío y una amenaza de derribo constante, el proyecto sigue creciendo: 120 personas residen a día de hoy en el barrio, dos de ellas han nacido en él y hay un total de siete niños y niñas. 

 

Gota a gota

 

A día de hoy es difícil conocer todos los proyectos en profundidad con una simple visita guiada. Llama la atención una inmensa huerta situada en la zona sur del barrio. Preguntando a nuestro anfitrión de qué modo consiguen mantenerla día a día, éste le da máxima importancia al hecho de que sea gestionada por personas que vienen desde fuera del barrio. Es decir, una huerta de uso comunitario que supera las fronteras de Errekaleor en el ámbito humano.

Otra herramienta que también atrae “forasteras” es la imprenta popular instalada en los bajos del centro social del barrio. A pesar de haber estado en stand by debido al corte de luz, media docena de máquinas hacen posible que los colectivos, a precios populares, puedan sacar sus carteles, octavillas o dossieres.

La panadería también ha funcionado a trompicones debido a la falta de suministro eléctrico. A pesar de ello, han conseguido repartir pan artesano por todo Gasteiz y ahora pretenden hacer un horno de leña.

Pero por encima de todo es la cultura la que florece en cualquier zona del barrio. Un bloque, un mural; entre ellos los de artistas conocidos como el italiano Blu o el valenciano Escif en la cara sur. En la zona norte, otro mural resume el espíritu de Errekaleor: “Auzo Boterea” (poder de barrio). 

Diferentes artistas han conseguido poner en marcha un local de ensayo para grupos locales tras meses de trabajo. Y uno de los sitios en los que podrán actuar es el propio gaztetxe de Errekaleor, la antigua iglesia convertida en el lugar de ocio y de debates políticos. 


Una utopía hacia dentro y fuera

 

En septiembre se cumplirá un lustro desde esa primera entrada al bloque 26. Un lustro que ha servido para crear y desarrollar alternativas. Pero “queremos más”, nos dicen nuestros anfitriones. Es por ello que ya tienen diversos objetivos en sus cabezas.

El hecho de que Errekaleor se encuentre en la periferia de la ciudad hace que uno de los principales retos sea el de la “permeabilidad con el resto de colectivos de Gasteiz”, explica Crespo. Una opción para ello está siendo la dinámica OkupaTU Gasteiz en la que cuatro colectivos de la ciudad comparten aniversarios: la radio libre Hala Bedi –35 años–, Gaztetxe de Gasteiz –30 años–, el frontón ocupado Auzolana –diez años– y los cinco años del propio Errekaleor.

El hecho de la “permanencia y perspectiva de vida en el propio barrio” es otro de los grandes objetivos. Diferentes edades, diferentes perspectivas… “No queremos que Errekaleor se ancle en algo juvenil”.

A pesar de la dificultad del reto, querrían crear condiciones para emanciparse del mercado actual: desde la alimentación y la energía, pasando por el ocio y los cuidados. “Deberíamos conseguir que la producción autogestionada no se mercantilice dentro del barrio, imperando así las relaciones no capitalistas entre las vecinas”, nos dice Crespo.

Con el objetivo de superar la “clásica relación de compraventa”, buscan fórmulas no mercantiles de puesta en común de lo producido, para así poco a poco no depender del trabajo asalariado fuera del barrio. Pretenden, de esta manera, construir relaciones entre vecinas en las que “impere el cuidado mutuo y el bienestar común”.

La legislatura actual terminará, probablemente, sin la irrupción de las excavadoras en Errekaleor. Las vecinas, por lo menos, están convencidas de que no habrá derribo alguno este año. En cuanto a las relaciones con el Gobierno local que salga de las próximas elecciones de 2019, no cambian su postura: “Seguiremos con la mano tendida a dialogar, pero de Errekaleor no nos moveremos”.

Seguro que es difícil explicar las 24 horas del día de un barrio en un solo artículo. De lo que no hay duda es de que, al igual que su vecino Romualdo, las errekaleortarras son ya parte de la historia. 42 años después, siguen peleando por “Un Mundo Mejor”.

 

* https://www.elsaltodiario.com/autogestion/errekaleor-una-isla-iluminada-por-el-movimiento-popular , 14/07/2018.

 

El socialismo como significante vacío en Estados Unidos

Pocas ideas tan connotadas, y más en EE UU, como socialismo. Sin embargo, su uso por parte de dirigentes como Bernie Sanders o Alexandria Ocasio Cortez ha logrado apelar a generaciones más jóvenes. ¿Qué otros significados puede guardar dentro esta palabra?

En la radio se oyen declaraciones de apoyo al socialismo democrático por parte de candidatos conversos, activistas, y mucha gente joven. Algunos dicen que el socialismo está conquistando el Partido Demócrata. Otros claman que en absoluto. ¿Qué significa este surgimiento del socialismo?

Mientras escucho, es obvio que al menos mucha gente defiende o está dispuesta a defender la justicia, una integridad sincera y empática, la sensatez ecológica, la capacidad de todo el mundo de vivir una vida plena, más educación y asistencia médica gratuitas para todos, entre otras políticas progresistas.


Esto es positivo pero no es nuevo. En cualquier momento de estos últimos cincuenta años, gran cantidad de personas hubiera dicho que estaban a favor de estos objetivos. Lo que sí es nuevo, gracias a Bernie Sanders [histórico senador socialista demócrata por el Estado de Vermont y candidato alternativo a Hillary Clinton en las primarias demócratas de 2016, N. del E.] y a los últimos cinco años de activismo, es que dichas personas ya no evitan la etiqueta socialista. Si se hubieran calificado de socialistas estos mismos valores hace diez años, y durante mucho menos tiempo, esta postura habría obtenido poco apoyo y provocado un estallido de indignación despectiva, mientras que, si se le hubiera llamado preocupación por la humanidad, progresismo, o lo que fuera, habría recibido tanto apoyo como hoy.


Otro de los cambios de sentido, menos semántico y mas sustancial, es que pocas personas con los mencionados valores sociales, progresistas y humanos toman como un evangelio indiscutible que todo el cambio que necesitamos es arreglar nuestras instituciones retirando a unas cuantas malas personas que las ocupan. Mucha gente rechaza no sólo el sexismo, el racismo y el autoritarismo sino también el capitalismo. Mucha gente rechaza las manzanas podridas pero también las instituciones podridas.


¿Hasta qué punto es importante esta creciente crítica sin tapujos y este rechazo abierto de las instituciones? ¿Desembocará en compromisos compartidos y generalizados a largo plazo lo suficientemente amplios como para sostener organizaciones participativas, de base, multi-estratégicas y multi-temáticas?


La izquierda sufre desde hace mucho de los búnkeres de los enfoques por separado. Los activistas opinan, de manera prácticamente universal, que las preocupaciones principales se cruzan e incluso se enlazan, y sin embargo pocos de los que se centran en cuestiones como la inmigración, la violencia contra las mujeres, la guerra, el feminismo, el racismo, el militarismo, las catástrofes climáticas, la contaminación, la distribución de la riqueza, la locura de los mercados, la violencia policial, las reformas electorales, u otras preocupaciones que valen la pena, defienden activamente no sólo su propia agenda, sino todas los demás ¿Por qué no ayudamos todos los objetivos de toda prioridad válida, no sólo de boquilla, sino con visión estratégica y compromiso constante?


Una de las razones es que no contamos con respuestas compartidas globales para contestar a la pregunta obvia: ¿qué queremos, no solamente hoy, sino a largo plazo? Un “ismo” podría ofrecer eso, así que ¿está el “socialismo democrático” a la altura? ¿Podría pasar de ser una simple invitación a un compromiso de unidad serio y tangible? ¿Nos ayudaría a aunar nuestras prioridades aisladas y a plantear con confianza objetivos que enriquezcan nuestra comprensión, generen esperanza y, como dice la expresión, planten las semillas del futuro en el presente?


Para conseguir todo esto, nuestra lealtad compartida necesita amplia sustancia institucional. Si rechazamos el sexismo, vale, pero ¿qué implica esto para el tipo de familias y sexualidad a las que aspiramos más allá de la igualdad material aportada y sostenida por otros cambios? Si rechazamos el racismo, vale, pero ¿qué implica esto para el tipo de interrelaciones culturales entre razas, nacionalidades e identidades étnicas a las que aspiramos más allá del progreso social aportado y sostenido por otros cambios? Si queremos acabar con el servilismo y la subordinación en el ámbito político, vale, pero ¿qué implica esto en la manera de plasmarlo en leyes, dirimir controversias e implementar programas compartidos más allá de la solidaridad aportada y sostenida por otros cambios? Y si rechazamos la explotación y la división entre clases sociales, vale, pero ¿qué implica esto a la hora de estructurar el trabajo y los centros de trabajo y de establecer la distribución de los productos, las recompensas, las responsabilidades y los costes más allá de la justicia aportada y sostenida por otros cambios?


Si el socialismo continúa siendo únicamente sinónimo de buenos valores y de políticas progresistas en el presente, conseguir que se apoye de manera más generalizada será un gran paso adelante, desde luego, y quizás esa sea la mejor manera de utilizar el término en estos momentos, pero, si es así, todos aquellos que anhelamos nuevas instituciones necesitamos un término más abarcador para un nuevo tipo de sociedad que no sólo mejore ciertos problemas, sino que acabe con sus causas estructurales y libere todo el potencial popular. Tendríamos que defender y celebrar la emergente tendencia socialista progresista, sin descartarla o denigrarla, al mismo tiempo que proponemos una perspectiva mas amplia y profunda para que, ojalá, siga avanzando. O, si el término socialismo debe ser la etiqueta de nuestro amplio conjunto de anhelos, entonces lo que expresa debe llenarse mucho.


Personas diferentes tienen ideas diferentes sobre la sustancia extra necesaria. Yo estoy a favor de algo llamado sociedad participativa o, si resultara más convincente que excluyente, socialismo participativo. En muy resumidas cuentas, sea cual sea el término elegido, a mi parecer debería contener: afinidad feminista y relaciones de género que enfaticen que hombres y mujeres no sólo tengan iguales derechos y oportunidades, sino también roles tanto de autoridad como de cuidado en la vida social; intercomunalismo racial, étnico y de cualquier otro tipo que haga prevalecer el acceso de todos a los medios necesarios para crear y alimentar lazos y compromisos culturales de su propia elección; políticas participativas que incluyan autogestión colectiva a través de asambleas desde el barrio a todos los niveles de la sociedad , así como renovados vínculos ejecutivos y legales; además de sistemas económicos participativos que incluyan consejos de empresas e industria federados, remuneración equitativa, una nueva división del trabajo que acabe con las jerarquías duras y planificación participativa en vez de planificación de los mercados o planificación centralizada.


Pero a lo que me estoy refiriendo ahora no es a cuál debería ser la sustancia de un necesario “ismo”, ya sea la recién expuesta u algo más, sino a que la sustancia debería ser mucho más sustancial que cualquier cosa que ahora sea ampliamente apoyada, lo cual significa que incluso cuando los activistas se oponen al vil trumpismo o defiendan el loable sanderismo, se le llame socialismo o no, deberíamos proponer, explorar y debatir de manera conjunta, activa e inclusiva para llegar a una visión compartida y comunicable de lo que apoyamos mucho más sustancial.


Fuente: Znet
Traducción: Tomás Pereira Ginet

Publicado enInternacional
Domingo, 22 Julio 2018 08:15

Silencios que matan

Silencios que matan

Sin ética la izquierda no es nada. Ni el programa, ni los discursos, ni siquiera las intenciones tienen el menor valor si no se erigen sobre el compromiso con la verdad, con el respeto irrestricto a las decisiones explícitas o implícitas de los sectores populares a los que dice representar.

En este período en el que todos los dirigentes de la izquierda se llenan la boca mentando valores, resulta muy significativo que se queden apenas en el discurso. La ética se pone a prueba sólo cuando tenemos algo que perder. Lo demás es retórica. Hablar de ética o de valores cuando no hay riesgos, materiales o simbólicos, es un ejercicio hueco.


Todos recordamos la gesta del Che en Bolivia, cuando en vez de ponerse a salvo de las balas enemigas retornó al lugar del combate para ocuparse de un compañero herido, sabiendo que era más que probable que perdiera la vida en esa acción, sin ningún sentido militar pero rebosante de ética.


Ante nosotros tenemos la segunda oportunidad de que la izquierda latinoamericana se redima de todos sus “errores” (entre comillas porque se abusa del término para encubrir faltas más serias), condenando la masacre que están perpetrando Daniel Ortega y Rosario Murillo contra su propio pueblo. La segunda, porque la primera sucedió dos décadas atrás, cuando la denuncia de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Ortega, al denunciar abusos sexuales de su padrastro.


El silencio actual de las principales figuras de la izquierda política de la región y de la izquierda intelectual lo dice todo. Un extravío ético que anuncia los peores resultados políticos.


Culpar al imperialismo de los crímenes propios es absurdo. Stalin justificó el asesinato de sus principales camaradas porque, dijo, le hacían el juego a la derecha y al imperialismo. Trotsky fue asesinado vilmente en 1940, cuando su prédica no podía en modo alguno poner en peligro el poder de Stalin, que en esos años contaba con el visto bueno de las elites mundiales para contener al nazismo. ¿Cómo puede ilusionar a los jóvenes una política que se para sobre una alfombra interminable de cadáveres y de mentiras?


¿Cómo pudo José Mujica guardar silencio durante tantos meses –mientras en Nicaragua morían cientos de jóvenes, y ante la carta abierta de Ernesto Cardenal– hasta pronunciar al fin algún tipo de crítica a Ortega? ¿Cómo pueden algunos connotados intelectuales latinoamericanos justificar la matanza con argumentos insostenibles o con un silencio que los convierte en culpables? ¿Qué los lleva a pedir la libertad de Lula sin revolverse contra el gobierno de Nicaragua?


En este período tan negro para la izquierda –como aquel de los juicios de Moscú, que liquidó todo vestigio de libertad en la Unión Soviética– es necesario rascar hasta el fondo para encontrar explicaciones. A mi modo de ver, la izquierda pasó de ser la fuerza social, y política que pugnaba por cambiar la sociedad a resecarse apenas como un proyecto de poder. No “el poder para”, sino el poder a secas, el tipo de relaciones que aseguran la buena vida para la camarilla que lo detenta.


Fue a través de la lucha por el poder y la defensa de éste que la izquierda se mimetizó con la derecha. Hoy se argumenta con la lucha contra el neoliberalismo como excusa para no abrir fisuras en el campo de la izquierda, con la misma liviandad que antes se argumentaba la defensa de la Urss o de cualquier proyecto revolucionario.


Pocos pueden creer que entre 1937 y 1938 hubiera un millón y medio de rusos aliados a las potencias occidentales (todos miembros del partido), que fue la cifra de condenados por la gran purga de Stalin, de los cuales casi 700 mil fueron ejecutados y el resto condenados a campos de trabajos forzados. Si ese es el precio a pagar por el socialismo, habrá que pensárselo dos veces.


Estamos ante un período similar. Los progresismos y las izquierdas miran para otro lado cuando Evo Morales decide no respetar el resultado de un referendo, convocado por él, porque la mayoría absoluta decidió que no puede postularse a una nueva reelección. No quieren aceptar que Rafael Correa es culpable de secuestro en el “caso Balda”, ejecutado por los servicios de seguridad creados por su gobierno y supervisados por el presidente. La lista es muy larga, incluye al gobierno de Nicolás Maduro y al de Ortega, entre otros.


Lo más triste es que la historia parece haber transcurrido en vano, ya que no se extraen lecciones de los horrores del pasado. Sin embargo, algún día esa historia caerá sobre nuestras cabezas, y los hijos de las víctimas, así como nuestros propios hijos, nos pedirán cuentas, del mismo modo que lo hacen los jóvenes alemanes increpando a sus abuelos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer bajo el nazismo, escudados en un imposible desconocimiento de los hechos.


Será tarde. Son los momentos calientes de la vida los que moldean actitudes y definen quiénes somos. Este es uno de esos momentos, que marcará el porvenir, o la tumba, de una actitud de vida que desde hace dos siglos definimos como izquierda.

 

Publicado enInternacional
Redes solidarias en Grecia ante la xenofobia europea

En la isla de Quíos,1800 refugiados sobreviven gracias al trabajo voluntario mientras Europa construye nuevos centros de detención.

 Desde Isla de Quíos

En Grecia es la ciudadanía quien sigue buscando soluciones para una situación que la desborda y ante la cual las autoridades dan sistemáticamente la espalda. A solo 7 kilómetros de la costa turca, la isla de Quíos es un popular destino para turistas pero también para las precarias embarcaciones despachadas por las mafias con centenares de personas desesperadas por cruzar a Europa. En el verano de 2015, cuando la gran ola migratoria llegó a las costas del Mar Egeo, una media de 30 botes al día atracaban en Quíos. Luego la afluencia disminuyó con el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Turquía –en marzo del 2016– para la deportación a este país de quienes entraran de forma irregular a las islas griegas a cambio de 6.000 millones de euros para el gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Pero, pese a que el “acuerdo de la vergüenza” redujo –según datos de la Agencia de fronteras de la UE (Frontex)– en un 80% la llegada de migrantes con respecto al 2017, cientos de personas siguen desembarcando en las islas del Egeo, donde más de 13 mil refugiados malviven atrapados en campos de “recepción” con capacidad para 6300.


Quíos es uno de los llamados “hotspots”, es decir que dispone de instalaciones oficiales para el alojamiento y registro de quienes llegan en busca de asilo. El campo de Vial, en el interior de la isla, acoge a 1850 personas- aunque está preparado para 900- y es ahora, junto con los pisos de Acnur que alojan a alrededor de 500 personas, el único espacio reservado para los refugiados luego del cierre de otro campo –Souda– que se ubicaba en las afueras de la ciudad de Quíos. Gestionado por el Ejército y el gobierno heleno, el centro de detención Vial es una inmensa superficie blindada por alambre de púa que esconde del mundo cientos de contenedores y miles de carpas superpobladas por gente sometida a la miseria y la desesperanza.


El laberinto burocrático en el que entran los solicitantes de asilo al pisar suelo europeo los atrapa por tiempo indeterminado, con causas indeterminadas. Por eso el punto de información del campo colapsa cada mañana, con cientos de personas abalanzándose sobre sus ventanillas en busca de respuestas. “Why am I here?” es el grafiti más repetido en las paredes de Vial. “Para algunas nacionalidades, como la siria, el proceso es incluso más lento que para el resto: hasta 18 meses están tardando en dar la entrevista con la Oficina Europea de Asilo, lo cual es solo el primer paso”, alertan Zoe y Sonya, abogadas de la organización Choose Humanity que brinda asesoramiento jurídico gratuito para los refugiados en Quíos. “Después de la primera entrevista, a algunos los deportan a Turquía y a otros nos mandan a una segunda cita con el Servicio Griego de Asilo para empezar los trámites, que duran un promedio de dos años”, explica por su parte Ali, un joven de Irán que llegó a Quíos en 2016 después de pagar 6 mil euros a un traficante y ahora, tras su paso por los campos de Souda y de Vial –que describe como “el infierno”– viaja a Atenas con el ansiado papel azul que lo autoriza a salir de la isla.


Las personas en busca de asilo no solo siguen llegando –y lo seguirán haciendo mientras las guerras no se detengan– sino que, forzados en la mayoría de los casos, se quedan. Migrantes y locales coinciden en que la situación no solo no se alivió a lo largo de estos tres años –como insisten en afirmar desde la UE– sino que está visiblemente peor a causa del bloqueo en las islas provocado por el pacto con Turquía y la inacción gubernamental. “Yo entiendo que cuando esto empezó nadie estuviera preparado para afrontarlo correctamente pero ahora, tres años después,
¿cómo es posible que todavía tengamos gente durmiendo en carpas?”, se pregunta, indignada, Toula, fundadora de CERST, uno de los mayores grupos de ayuda de la isla.


“Todo esto cayó en medio de nuestra peor crisis económica, el gobierno griego no se pudo hacer cargo. No espero nada de ellos”, admite esta mujer de Quíos que decidió, ante la inacción de las instituciones, tomar las riendas del asunto. “No solo ellos no nos ayudan sino que somos nosotros quienes los ayudamos a ellos. La Administración no tiene nada y espera todo de los voluntarios”, explica. Chios Eastern Shore Response Team (Cerst) es el nombre que Toula y sus entonces pocos compañeros de misión eligieron para dar entidad formal a algo que, en su origen, no lo tenía en absoluto. Lo que ahora es una organización con tres espacios diferentes de trabajo y un promedio de veinte voluntarios por semana, al empezar era ayuda espontánea de isleños que, como dice Toula, actuaban “de corazón”. Esta mujer de 43 años dormía cuando escuchó gente gritando y niños llorando, salió a ver qué pasaba y se encontró con la nueva realidad de la isla. Abrió tres habitaciones del hotel que regenta en un pequeño pueblo del sur de Quíos y allí los alojó. “Les di lo que tenía, al igual que todos los locales, yo no hice nada extraordinario”, matiza Toula. Era octubre de 2015, tres meses más tarde de las primeras llegadas masivas de migrantes, cuando el frenesí de la temporada turística se calmaba y en Quíos la gente empezaba a entender que algo grave sucedía en la isla, en el mundo.


Facebook fue el gran empujón para los locales que corrían de punta a punta de la costa atendiendo con ropa, comida y agua a los tripulantes de los endebles botes. Gracias a la red social, los isleños pasaron de estar solos frente a la emergencia, a estar apoyados por cientos de personas de todo el mundo; y de la ayuda espontánea, pasaron a la organización. En enero de 2016 Toula finalmente fundó Cerst y otras ONG se instalaron en Quíos, creando una red de cooperación que a día de hoy persiste. El trabajo en ese momento consistía en la distribución de ropa y comida proveniente de donaciones, pero luego el equipo amplió su tarea a la enseñanza de lenguas, el cuidado de niños, la higiene y la asistencia en los desembarcos.


En el interior de la isla, a una media hora a pie del campo de Vial, una hermosa casona de piedra alberga el Centro de idiomas, donde un promedio de sesenta personas asiste cada día a clases de griego, francés, inglés y alemán. Los profesores son voluntarios que se comprometen a una estancia mínima de dos meses para garantizar el seguimiento de los alumnos y el espacio también cuenta con una cocina, una biblioteca con servicio de préstamo y una acogedora sala de lectura. Muy cerca de allí, rodeado de campos de papas y olivos, Cerst estableció Hope, un espacio para dotar a los habitantes del campo oficial de duchas, ropa limpia y peluquería, a la vez que un área de juegos y merienda para los chicos. El predio de Vial dispone de 25 duchas para las 1700 personas allí alojadas y 1,5 litro de agua para beber por día, a temperaturas que rozan los 35 grados. “Las condiciones en el campo son espantosas, la comida que nos dan nos cae mal, todo está lleno de basura y hace muchísimo calor”, denuncia Mohammed, mientras espera que su mujer y su hija acaben de arreglarse en Hope. “También es insuficiente la asistencia sanitaria, los médicos pagados por el Estado no dan abasto y a mí, por ejemplo, me hicieron esperar cuatro horas con una quemadura de primer grado en el brazo”, relata este hombre sirio que lleva seis meses en el campo de Quíos. Otra área fundamental en la labor de este equipo es la asistencia en los desembarcos que, cuando el viento es leve, pueden ser diarios. Cuando un bote llega a la costa, la policía le avisa a Salvamento Marítimo Humanitario –organización vasca que socorre voluntariamente desde 2015 en los rescates– y ellos a Cerst, que cuenta con una caseta en el puerto preparada para atender a las personas que llegan generalmente en medio de la noche, con hambre y frío. “Lo primero es que un traductor les explique lo que está pasando y quiénes somos nosotros. Luego les preparamos un pack de ropa, comida y agua a cada uno o los atendemos en caso de hipotermia”, explica Ruben, coordinador del equipo, durante el entrenamiento a los nuevos voluntarios.


Aunque mayoritariamente la población de Quíos respondió con solidaridad al desatarse la crisis humanitaria, hay grupos que también se muestran furiosos ante la llegada de inmigrantes, sobre todo a partir del acuerdo entre la UE y Turquía, que los bloquea en la isla por tiempo indeterminado. A pocos metros de la entrada del campo de Vial, un grupo de locales puso un puesto con las fotos de los grandes líderes europeos diciendo “no los queremos” y el objetivo de impedir al gobierno la entrada de nuevos containers para albergar a más refugiados. La idea es hacer turnos y cubrir las 24 horas, los siete días de la semana, amparándose en que no es legal la zona exterior del campo donde se encuentra la mayoría de las carpas y, por consiguiente, en que están en su pleno derecho. Pese a esto, existen todavía en Quíos mucha gente que no se doblega y, además del ejemplo de Toula otras personas persisten en su labor solidaria. Kostas es el dueño de un restaurante a primera línea de playa que también salió en su día al rescate de las barcas que llegaban de a cientos y que luego en febrero del 2016, cuando se conformó el campo de Souda en la capital de la isla, creó una cocina en la que preparaban 1500 raciones de sopa al día para repartir gratuitamente entre sus pobladores. En la actualidad, la comida en el campo oficial corre a cargo del Ejército pero Kostas sigue alimentando a los voluntarios de tres organizaciones humanitarias, un centro de menores no acompañados y a los locales sin recursos, “porque no nos olvidamos de toda la gente griega que también pasa graves necesidades”, apunta Kostas, remarcando la severa crisis económica que su país todavía padece.


“Si los voluntarios no hubieran venido a Quíos y Lesbos, las cosas serían ahora todavía mucho peores. Estoy muy contenta y orgullosa”, recalca la fundadora de Cerst. Jóvenes que en sus países de origen trabajan en ONG o participan desde hace tiempo en diferentes proyectos humanitarios, profesionales que abandonan temporalmente sus oficinas, estudiantes que- desde Singapur hasta Toronto- son conscientes del injusto trato que reciben en Europa las personas que huyen de la barbarie, jubilados que brindan su experiencia para detectar los fallos de la inexperiencia y buscar nuevas soluciones... Voluntarios de todas las edades y procedencias dan lo mejor de sí para intentar que la crueldad no sea tanta. “A mi padre le pasó lo mismo, él se tuvo que ir a Australia porque no tenía ni para comer. Se fue sin zapatos en barco. Por eso entiendo lo que está pasando, no es algo nuevo”, recuerda Toula. Lo que, en todo caso, no vivieron los millones de migrantes europeos en América u Oceanía es el cierre sistemático de fronteras y el desprecio que la Unión Europea muestra hacia quienes llegan de países devastados, ratificado esta semana en la cumbre de los 28 en Bruselas.

Publicado enInternacional
La Minga: aprender  el significado de dar

“No se puede tener algo como respuesta,
si no hubiera
una pregunta antes.
Por eso tantas cosas claras permanecen
sin ser vistas,
como si no existiesen”.

Ernst Bloch

 

Antes del amanecer, desayunamos con papaya y banano de la región. Un pediatra nos enseñó un día las virtudes de la fruta como primer alimento para sanar las gastritis. Subo al espacio de labor con la palabra y reúno los libros, los apuntes, las pelis, las fotocopias de textos e imágenes recogidas desde hace años y que contienen las ideas, las intuiciones, algunas de las claves para las fugas colectivas de un sistema económico de alcances planetarios que represó hasta umbrales impensados la energía creadora de la humanidad.

Los textos revelan que este sistema económico fundado en el egoísmo miope y ciego engendró una vida cotidiana repleta de miedos, angustias, engaños, neurosis y ferocidad. La codicia condujo, por ejemplo, a promover el despilfarro de la energía del petróleo que tomó millones de años en formarse. En apenas 150 años el petróleo está a punto de agotarse debido a una movilidad demencial centrada en el uso indiscriminado del automóvil particular. El mundo fue inundado de autos con las cabezas de publicidad asociando el auto al poder, al status social y a la conquista de la mujer o a su liberación. Y las petroleras recurrieron a todas las vías: operaciones encubiertas, magnicidios, golpes de estado, sobornos, guerras, para tomar el control de las regiones petrolíferas. El despilfarro de la energía del petróleo detonó el calentamiento global.


Contrario a esto, en varios de los emprendimientos de la red de permacultura del Tequendama caminamos, usamos el transporte público, algunos usan bicicleta, o auto compartido para los viajes a Bogotá.

La ley de la ganancia individual y la acumulación sin medida por cualquier medio condujo a la conversión de los seres humanos en zombies adiestrados para producir dinero, máquinas para competir y vencer en la economía del más fuerte, y robots para consumir al ritmo de la publicidad.

En esta nueva jornada, la minga será donde David, en la parte alta de la montaña que reúne las veredas de San Cayetano y de Laguna Verde. Me alegra que sea allí pues está cerca y el sendero que conduce al terreno por él habitado es de belleza excepcional. La caminata es a través del bosque húmedo tropical, y buena parte del trecho se realiza en compañía de un arroyuelo de aguas de pureza originaria que desciende con su rumor balsámico hacia los cauces que terminan por llegar al Yuma (1).

No es difícil darse cuenta de los efectos enloquecedores de la atmósfera de las mega urbes. En Bogotá el absurdo cotidiano y el ruido destrozan los nervios; los trancones o atascos agotan la paciencia; el aspecto desolador del reino del concreto y el asfalto, y las imágenes tremendas de la miseria y la degradación humana, arrojan al piso los ánimos y aniquilan la esperanza. El aire fue convertido en una nube tóxica que envuelve la ciudad día y noche. Desde las montañas se contempla la densa nube gris.

Al subir por los senderos de estas montañas que unen a Cachipay con Zipacón, y contemplar esta vegetación exuberante se agradece la vida. El cuerpo lo sabe antes que la mente: por el aire vivificante que respira, por el sudor que saca fuera los venenos que la ciudad acumula, por la polifonía matinal alegre de los cantos de diversas aves y de los gallos que saludan el amanecer. Por la belleza de la silueta de los árboles que se perfilan mejor a cada instante con la inundación de la luz que trae el nuevo día, y por el buen ánimo y el tipo de pensamientos que llegan a tu conciencia.

El trabajo en casa de David será exigente. Hay que preparar una mezcla de tierra, paja y estiércol para levantar una de las paredes de la casa que edifica. David vive bajo un techo sin paredes en compañía de cuatro perros que ama. Pienso en él cuando arrecian los tremendos aguaceros de este prolongado invierno. La otra tarea que nos asigna es bajar muchas guaduas de varios metros de largo, pesadas, desde la carretera hasta su casa, cavar una zanja al lado oriental de la carretera para evitar que el agua se empoce y afloje la tierra, amenazando con venirse encima del refugio que, poco a poco, levanta en la parte de abajo de la falda de esta área de la montaña.

Ilustración: Manuela Yaya.

 

Hoy ha venido a la minga Guillermo, un joven de la Argentina que ha vivido una larga temporada en la Sierra Nevada de Santa Marta aprendiendo y colaborando con los Kogis, los Arhuacos, los Kankuamos y los Wiwas. Su acento es muy singular y causa gracia porque fusiona en su habla y expresiones el mundo de la pampa del sur con el acento de la costa caribe. Con su muy buen humor y su talento musical, Guillermo adereza con la risa la labor conjunta.

También ha llegado Juan Carlos, hombre mayor de ascendencia vasca. Muchos años en el mundo de la televisión con el oficio de la escenografía, hasta que decidió venirse con su compañera de ese tiempo a un bello paraje cerca de El Ocaso. Juan Carlos comparte con David la extraordinaria habilidad para construir y reparar máquinas normales e insólitas. David tiene un jeep con el que colabora sin cobrar con todos sus vecinos pues en esta zona el transporte público es escaso y costoso. No hay tuerca, alambre o arandela que desechen porque todo puede ser útil en algún momento. Además, Juan Carlos tiene el talento de la fotografía, ha reunido un extraordinario registro de la vida sutil que albergan estas montañas y ha aportado a la minga bellas imágenes, en blanco y negro, de su discurrir.


Arnulfo, el hacedor del bello jardín de El Ocaso, también ha llegado con sus lechugas sin par para la ensalada del medio día, y su buen ánimo dispuesto. Es un minguero formidable. Un tremendo trabajador. También han llegado Leo, el maestro de música, y Manuela, que elabora los dibujos y pinturas de la minga, y me alegra continuar con ella las charlas que iniciamos sobre el modelo patriarcal en la vida cotidiana.

Todos los integrantes de la red compartimos, en mayor o menor medida, la imposibilidad, hasta ahora, de la auto sostenibilidad de los territorios. Con las condiciones imperantes, lo que se produce en los diversos espacios no alcanza para los requerimientos de construcción de viviendas o el cubrimiento de los gastos de cada espacio. El tema de la economía rural sostenible es crucial por muchas razones. No es casual que fuese el primer tema de los puntos de la paz acordada hace muy poco tiempo. Desde la Colonia el campo ha sido escenario de violenta extracción de la riqueza y abandono de sus habitantes. Y en la economía rural sostenible habita la posibilidad de un rumbo de vida alterno al curso devastador imperante en la tierra.

Sin embargo, ahora prevalece el absurdo en muchas regiones: varios productores llevan productos regionales a Corabastos, lo que les significa tiempo y dinero para su desplazamiento, además de arriesgar que sus productos se estropeen. Los comerciantes de la plaza de mercado del pueblo compran lo que venden sus pares de la plaza de Corabastos en Bogotá, y cargan con ellos de nuevo para el municipio, con un sobrecosto que no tiene sentido. Como se ve, todo podría ser más sencillo, más barato, de mejor calidad, con menor impacto ambiental, de ponerse en marcha sistemas más amables de intercambio y mercadeo, sistemas construidos desde parámetros de bienestar común e individual, y no como el actual, desde la lógica excluyente del beneficio individual. Y así muchos enfrentan la angustia de lo que no se vende, la venta para que no se pudra, el poder del mayorista.

Claro, nada de esto ha surgido por azar. Con la revolución industrial se impuso en el mundo una idea de desarrollo y crecimiento destructiva. Una idea que ignora los delicados equilibrios de la biosfera y los límites físicos del crecimiento cuantitativo de la producción. El éxito fue enseñado como la capacidad de acumular la mayor cantidad de dinero posible. Entre más dinero acumulado en menor tiempo, más éxito. Con esa norma de valor, no es difícil imaginar la calidad de mundo engendrado.

Pero el modelo global tropieza cada vez más con múltiples experiencias que aportan para su desarticulación: pequeñas, medianas, o grandes. La red de permacultura del Tequendama, experiencia germinal, labora en la creación de un mercado en el que lo producido se asume de modo diferente a la valoración establecida por el sistema económico dominante. En los territorios de la red se aprecia como algo que no tiene precio la producción orgánica cada vez más demandada por quienes cuidan su salud o precisan restablecerla.También se estima como algo que no tiene precio la producción sin explotar el trabajo de los otros. El trueque y la moneda alternativa: los ibis, sirven para facilitar los intercambios en los que Carolina, Leslie, Melissa, Anna, Zarabanda, Carlos Andrés, Girasol, Adrián, Juan, Astrid, Manu, entre otros, logran que no falte el café, la quinua, las cremas de cálendula, máscaras en papel para niños, aceite del árbol de tree, aguacates, naranjas, mandarinas, plántulas, mandarinas, libros y videos, mermeladas, jabones, shampoos, y cremas dentales artesanales.

Es una experiencia de creación cotidiana que brota del anhelo de vivir mejor y abandonar poco a poco las lógicas destructivas de un modelo social, económico y político, que encuentra su fuerza en aislarnos unos de otros, y en la ceguera que nos impide ver lo mucho que puede hacerse con poco cuando de verdad queremos cooperar, cuidar y sanar la tierra. Se trata de aprender a ver que uno más uno es mucho más que dos, que con poco, aún entre pocos, también podemos hacer mucho. Y que en cada proceso y experiencia todas y cada una de las personas que llegan tienen un lugar, y aunque aún no lo sepan, traen algo, un saber, una experiencia de vida, con la cual pueden aportar a resolver las dificultades y urgencias que trae cada minga.

Esto lo comprobamos, una vez más, en nuestra última minga, a la cual también llegaron Dario y Laura, quienes leyeron en desdeabajo el artículo sobre esta experiencia (2) y quisieron conocerla. Darío está cercano a los cuarenta años, nació en Bogotá en una familia de altos ingresos económicos, y Laura nació en Cajicá y acaba de cumplir treinta años; una mujer de excepcional belleza con sus rasgos mestizos y ancestros muiscas.

Mientras iniciamos la labor de acarrear las guaduas, Guillermo baja por el sendero con varias de ellas atadas a un lazo. Desciende con la agilidad temeraria de una cabra entre los montes. En medio de la atmósfera fraterna y la confianza que germina, Darío se anima a compartirnos una parte bestial de la historia de su vida. Siendo un niño de diez años conoció, por un compañerito de barrio las substancias que llamamos “drogas duras”. Se hundió por una larga temporada en los infiernos de la adicción. Otro tanto le ocurrió a Laura, por su hermana mayor que escondía el polvo blanco y Laura lo tomaba creyendo que eran kipitos –una golosina–. Después de vivir varios años en los laberintos de la adicción temprana, el amor de Laura se convirtió en el sortilegio para sacar a Darío de la espiral destructiva. Fueron pareja, pero ya no lo son. El sigue amándola en lo más profundo de su ser, pero respeta aún más en lo profundo la libertad de ella. Antes de conocerse con Dario, Laura había encontrado su propia ruta de escape del infierno adictivo en su pasión invencible por el teatro. En un portal de su vida encontró un maestro que le echó una mano en abrir la conciencia hacia su talento actoral y de allí se agarró como se agarra alguien a una liana en medio del abismo. El goce creador es un deleite más potente que cualquier droga. Y si se da en un entorno natural y colectivo armónico, o al menos respetuoso, se reconstituye la conexión interior con la vida y su cuidado.

Su relato permite que intervenga otro participante de la minga que recién ha llegado y al que algunos llaman “profe”. Guillermo intenta que no intervenga temiendo la extensión de su palabra, pero no tiene suerte y el “profe” nos invita a todos a pensar en el descomunal daño que hemos experimentado como nación con la imposición de la falsa “guerra contra las drogas” que nos convirtió en una narco-economía.

Una economía al servicio de la banca internacional por los volúmenes colosales de lavado de activos, y funcional a los aparatos de seguridad del poder planetario, que con la falsa “guerra contra las drogas” tienen una excusa perfecta para intervenir en países como el nuestro, con el pretexto de defender a sus jóvenes de los monstruos del narco, pero en realidad para asegurar el dominio de las zonas petroleras, financiando los escuadrones paramilitares encargados de contener los procesos de democratización con el narcotráfico que dejan funcionar. Y de paso, lucrando a sus corporaciones militares privadas y fabricando mercenarios con costos bajos para sus otros teatros de guerra.

Fuimos transmutados así –dice el profe– en una parcela de espanto en el mercado mundial. Todavía, a pesar del horror sufrido, las formaciones políticas ligadas a los beneficios de la falsa “guerra contra las drogas” aterrorizan a la población con la farsa de que con la no penalización de la dosis mínima sus hijos serán víctimas de las “drogas”. Proponen entonces lo que ha fracasado de modo absoluto: penalizar la dosis mínima y tratar a los usuarios o a los adictos como delincuentes.

Como no les interesa que la gente comprenda lo que sucede en el universo de lo que llaman “drogas”, toda la comunicación masiva la reducen a la dimensión espectacular de la captura de un cargamento, o a la adicción de una estrella famosa a la cocaína, pero no aclaran la conciencia de las personas con las diferencias entre las substancias, con los orígenes de la embriaguez que los seres humanos han procurado de diversas maneras durante miles de años, con la diferencia entre el uso y el abuso, y entre el uso y la adicción. No esclarecen la forma cómo la persecución selectiva de algunos tráficos sirve para ocultar lo que ocurre: que hay tráficos autorizados porque pagan coimas de valor creciente –según el nivel de mando de la autoridad cómplice–.

El “profe” continua: Con la falsa “guerra contra las drogas” terminamos siendo conducidos a proveer cocaína al mundo, y bazuco a amplias franjas de nuestra población. Las condiciones de ilegalidad engendran la necesidad de organizaciones criminales, de la puesta en marcha de procesos de corrupción para comprar autoridades y para elegir gente que represente los intereses de los beneficiarios de la narco-economía: no sólo los traficantes, sino los lavadores de activos con productos importados, los banqueros complacientes, los constructores, financieros y comerciantes que tienen, por tanto, clientela con capacidad de comprar sus bienes y servicios.

Y de paso, con esta narco-economía también fuimos convertidos en proveedores de jóvenes de ambos sexos y niñez para los mercados del sexo y de las patologías del deseo, y en proveedores de mercenarios: jóvenes entrenados para matar y hacerse matar en la economía vandálica instaurada en Colombia o en las distantes guerras –que como en Irak– precisan de sus servicios. Como su costo de producción, como entes letales y dispuestos a entregar la vida por una buena paga, es muchísimo más bajo que el de los jóvenes de otros lugares del mundo, han tenido buena aceptación en el mercado de la guerra aliado con los bancos y las petroleras. También las fábricas de prótesis se han lucrado con los miles de mutilados arrojados por la despiadada confrontación entre los hijos de la misma tierra.

Una vez ha tomado un poco de aire, el profe enfatiza en su idea, ahora apoyado en Felix Guattari, en uno de sus últimos y más esclarecedores escritos3, donde dice que “El progreso social y moral es inseparable de las prácticas colectivas e individuales que aseguran su promoción”. Las condiciones sociales instauradas con el dominio corporativo del mundo, engendran todo lo contrario al progreso social y moral. Generan la angustia, la desesperación, las heridas brutales, físicas y emocionales tempranas, y con ellas la ferocidad, el engaño, la dureza despiadada, el salir adelante a los otros, sin reparar en medios. El malestar con la vida y la pulsión por escapar de ella.

En ese momento Guillermo, el joven argentino, interviene y dice: las mingas son espacios en los que es posible fraternizar, escucharse, comprender, emprender de manera conjunta. Pero si nos descuidamos usted no nos deja hablar. Así que profe, por favor, siéntese usted bien juicioso en ese rincón y vamos a almorzar. Y la próxima minga que será donde Arnulfo, Leo y yo les hablaremos un poco de las plantas de conocimiento.

 

1 Nombre dado por los pueblos nativos a este sector del río Magdalena.

2 Ver periódico desdeabajo Nº 246, Caleidoscopio Nº21, https://www.desdeabajo.info/sumplementos/itemlist/category/329-caleidoscopio-n-21.html

3 ¿Qué es la ecosofía?, Felix Guattari, Buenos Aires, Cactus, 2015. p. 381.

Jueves, 21 Junio 2018 06:22

Carta urgente desde Nicaragua

Carta urgente desde Nicaragua

El mundo debe saber y pronunciarse respecto a lo que está ocurriendo en Nicaragua: una verdadera crisis de derechos humanos y terrorismo de Estado.


Reconociendo que sos un defensor de los derechos humanos, de la lucha por la dignidad y fuente de inspiración para toda América Latina, la juventud y el pueblo que lucha en las calles de Nicaragua, necesitamos que sumes tu voz a nuestra causa que es digna y justa.


Desde abril de 2018, los jóvenes nicaragüenses han vuelto a las calles para reclamar democracia y libertad. Han cumplido la profecía de uno de los principales artífices de la cruzada nacional de alfabetización en Nicaragua, el padre Fernando Cardenal, quien nunca se cansó de asegurar que así ocurriría.

Lamentablemente, el ímpetu y determinación de la juventud fueron respondidos con la más violenta represión gubernamental que este país ha visto en su historia.


El 19 de abril, hace dos meses, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo cobró la vida del primero de más de 180 nicaragüenses, en su mayoría jóvenes e incluso niños. Hay más de 1.500 heridos, muchos desaparecidos y presos políticos. Estos números aumentan cada día que transcurre Ortega en el poder.


El sábado 16 de junio, una familia completa fue calcinada en un incendio provocado por los escuadrones de la muerte del régimen, en represalia por no permitir que francotiradores entraran a su casa para desde ahí matar a quienes protestaban en la calle.


A pesar de la represión, la movilización ciudadana se ha mantenido firme, obligando a Daniel Ortega y Rosario Murillo a sentarse en un diálogo nacional con interlocutores más allá del gran capital. Por primera vez, en once años, tuvieron que sentarse con estudiantes universitarios, movimiento campesino y sociedad civil.


La estrategia del régimen orteguista ha sido estancar el diálogo para desatar su estrategia de terror en las calles. Aún es incierto si el diálogo nacional podrá dar respuesta al clamor popular que demanda que se vayan inmediatamente del poder y que haya justicia.


La presión popular también permitió que se concretara una visita de trabajo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuyo informe preliminar coincide con el informe de Amnistía Internacional respecto a las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas en Nicaragua a manos del régimen orteguista. Ambos organismos lograron documentar el uso excesivo de la fuerza y la violencia por parte de los cuerpos de seguridad del Estado y fuerzas de choque parapoliciales armadas, incluyendo francotiradores que han lanzado disparos mortales a muchísimas víctimas, incluyendo al periodista Ángel Gahona y varios niños.


Ortega y Murillo no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a los que con sus actos sin escrúpulos han traicionado. Los héroes y mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los traicionó. Las víctimas de Ortega y Murillo merecen justicia.


Ernesto Cardenal: Sacerdote y poeta. Texto enviado junto a la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia.

Publicado enInternacional