La liberación del norte de Siria, una historia de mujeres que lideran la revolución

La española Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez se encuentra junto con otros brigadistas internacionales en Afrin para apoyar al pueblo kurdo, que en Siria se enfrenta a un doble enemigo: el Daesh y los ataques de Turquía.



El foco de interés de los medios internacionales que cubren la guerra de Siria se ha centrado estas semanas en dos puntos concretos: Guta Oriental —donde se han registrado ataques incluso en plena tregua patrocinada por la ONU y que ya ha registrado más de 500 muertos— y Afrin. Este último enclave, al norte del país, saltó hace un tiempo a los medios de comunicación por los ataques por parte de tropas apoyadas por Turquía al bastión kurdo, pero en España ha tenido más repercusión desde el pasado día 10, cuando se reportó que el ourensano Samuel Prada había fallecido en un bombardeo.


Baran Galicia, como se conocía al español brigadista, ha hecho que todas las miradas se giren sobre el conflicto en esa parte de Siria y sobre los extranjeros que actualmente acompañan los batallones del Ejército Democrático Sirio, las milicias kurdas y documentan la situación por la que están pasando los civiles en las ciudades atacadas o afectadas por embargos. Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez es una de ellos. Esta periodista madrileña viajó por primera vez al territorio kurdo en 2015 y desde entonces ha vuelto dos veces más: la última de ellas hace nueve meses y sin fecha de retorno. "Llegué con la idea de documentar la lucha contra el Daesh, pero luego me integré en la Comuna Internacionalista de Rojava. Allí hacen proyectos para reforestar el norte de siria, formación para los internacionales y otras formas de colaboración como la difusión". Ese es exactamente su cometido ahora mismo, en Rojava y en Afrin, a donde ha viajado con la segunda caravana de apoyo a la resistencia del cantón kurdo.


"Turquía nos bombardeó sabiéndolo"


Ella, junto con otros internacionales —como el catalán Rok Brossa, el italiano Jacopo Bindi y otros que prefieren no hacer pública su identidad— visitan las ciudades, a los refugiados, comprueban cómo afecta las restricciones de alimento y medicamentos y cómo soportan los bombardeos cada vez más cerca de la ciudad. De hecho, ellos mismos sufrieron el terror de los ataques en su llegada a Afrin. "Íbamos en un autobús lleno de madres, incluso una de ellas iba a visitar a su hija al cementerio porque había muerto durante los ataques. Seríamos como unos 50 vehículos entre autocares y coches. Cuando llegamos a los límites de la ciudad, empezamos a escuchar explosiones cada vez más cerca. La gente se puso muy nerviosa, nos hicieron bajar de los vehículos, apagamos las luces. Los bombardeos estaban tan cerca que empezó a caer metralla sobre nosotros. Un chico cayó desplomado a dos metros de mi con metralla en la cabeza. La gente empezó a dispersarse buscando refugio. La llegada de la caravana era totalmente pública, Turquía nos bombardeó sabiéndolo”.


La miliciana bonita, una imagen morbosa


'Defender Afrin significa defender la revolución de las mujeres'. Bajo este lema se han desarrollado manifestaciones y caravanas de apoyo, no solo a las mujeres que lideran la liberación de las mujeres, sino a todo el pueblo kurdo y demás sirios que viven en Afrin. Aunque hace unos días el Gobierno sirio anunciaba el apoyo militar a los kurdos, esta presencia, con armas ligeras y pocos medios, no ha sido muy efectiva. De nuevo, las unidades militares de los grupos kurdos, como la unidad femenina del PYJ son los que dan la cara ante los combatientes y financiados por Turquía. "La imagen de la combatiente kurda ha sido morbosa, creada por los medios de Occidente, para el principal comprador: hombre, blanco, de edad y renta media. Lo único que quieren ver son mujeres bonitas con kalashnikov y no han mostrado nada más de la revolución de la mujer", concluye la brigadista madrileña.


Si la imagen de las mujeres kurdas combatiendo al Daesh fue aplaudido por el mundo entero, ahora poco apoyo reciben cuando son ellas las atacadas. Para ejemplo, la poca repercusión que tuvo el asesinato y la mutilación del cadáver de la miliciana Barin Kobane. "La profanación de su cuerpo ha sido totalmente descabellado, pero no es la primera vez que ocurre —explica Sara de Ceano desde Afrin— Pasaba con el Daesh y pasa con todos esos grupos supuestamente moderados, del Ejército Libre Sirio o de que trabajan como mercenarios de Turquía. Es su manera de aplicar el islam y la falta de ética en el combate". Precisamente las autoridades kurdas denuncian que estos grupos, respaldados por Turquía y en otros lados de Siria por Estados Unidos, son herederos de Al-Nusra, una facción de Al Qaeda, islamista y muy violenta.


Desde Cizire, la Federación Democrática del Norte de Siria destacan que la liberación de la mujer no es algo exclusivo de este pueblo, pero que sí que es cierto que se ven más lo avances al llevar más de 40 años con una "revolución dentro de una revolución". Meral Çiçek, periodista kurda, opina que "en ningún momento de la historia humana las mujeres han experimentado una violencia tan severa, intensa y sistemática como hoy en día", lo que justifica su esfuerzo por superarlo en todos los ámbitos de la sociedad. Esto unido al concepto de autodefensa que existe en el pueblo kurdo -y que da nacimiento a los grupos como el YPG (Unidades de Protección Popular), el YBS (Unidades de Protección Sinjar) o las Fuerza de Autodefensa Siria, entre otros muchos- hace que muchas mujeres no solo tomen un arma, si no que se conviertan en líderes y gestoras de sus comunidades.


Un maltrato que ha vivido en una cultura —como en el resto de la región y en el mundo— machista, pero que ha vivido sus años de más terror bajo el reinado del Daesh. La propia Sara de Ceano-Vivas lo ha presenciado cerca. "He visto a chavalas con 18 o 19 años que abandonan sus casas, sus tradiciones o familias, por perseguir la liberación de la mujer. Una joven que nunca ha podido nunca ponerse pantalones o salir fuera de su casa sola por el Daesh corre a unirse a las unidades de protección y se empodera viviendo de forma colaborativa. Otra cosa no, pero la revolución de Rojava es la revolución de las mujeres". Una revolución que cada vez se abre más a otras mujeres, como las árabes, las yazidíes, armenias y que pasa por tener espacios mixtos -con mujeres y hombres- pero también no mixtos -solo mujeres- para que poco a poco las mujeres asuman más responsabilidades en la esfera pública.


Refugiados de Alepo, también en peligro


Se trata de un equilibrio, que se mantiene en la guerra y también en la vida cotidiana. Preguntados a los brigadistas por el estado de los civiles en Afrin y los demás cantones del norte de Siria bajo los ataques, destacan las dificultades del bloqueo, de la falta de material para tantos refugiados y la destrucción de sus medios productivos. De hecho, muchas de las personas que ahora se encuentran en Afrin han huído previamente de Alepo o de otras zonas, incluso teniendo que establecerse en varios lugares diferentes por el avance de la guerra. "La situación de los civiles aquí es extraña. De día se hace vida más o menos normal, pero por la noche comienzan los bombardeos. No se ataca la ciudad directamente, pero lo hacen cerca para que los civiles se asusten y se vayan. Así será más fácil la invasión", explica en referencia a las tropas de milicianos con armamento pesado apoyados por Turquía. Pese a todo, no abandonará su tierra, nos aseguran desde el Centro de Información Afrin Resistence. Son los encargados de hacer reportes de los ataques de forma diaria e informan semanalmente con boletines que traducen a inglés, francés y castellano.


De hecho, una de las funciones más importantes de los internacionales que se encuentran en la retaguardia es traducir y lograr que la situación llegue a otros países. Preguntados por la similitud que hay con los brigadistas que vinieron a España en la Guerra Civil —y otros tantos casos en la historia cuya función era resaltar en sus países de origen y evitar los ataques contra la población civil—, aseguran que esa es una de las razones para estar allí aunque no tienen esperanzas de que funcione. "Se supone que con internacionales en el territorio se llama la atención sobre el tema, pero a Turquía le da igual: bombardea y mata de la misma manera. Y luego está la comunidad internacional, con sus intereses y el mirar para otro lado en esta invasión. Ha habido muchas palabras pero nada concreto para detenerlo", explican, en clara referencia a la tregua que no ha servido ni de respiro a los civiles.

"Básicamente no hemos podido salir de la ciudad de Afrin porque bombardean mucho y es muy difícil moverse", comenta la periodista madrileña. "Las autoridades milicianas no nos permiten salir. Hay compañeros internacionalistas de la YPG, pero no hemos tenido contacto con ellos, lo tenemos totalmente prohibido porque están en el frente. Después de la muerte de Baran Galicia (Samuel Prada) y Kendal Breiz (el otro internacional fallecido, el bretón Olivier François Jean Le Clainchede), estamos con mucha tensión por los demás combatientes".

De hecho, la Comuna Internacionalista ya les ha comunicado que temprado saldrán de la ciudad e irán a otro cantón. Afrin no quedará sola, porque ya se planea la llegada de una nueva caravana de apoyo y solidaridad, esta vez lleno de mujeres del norte de Siria pertenecientes a organizaciones feministas como Mujeres Zerdeshtî, Instituto de Trabajadoras, Movimiento Nueva Generación, entre otros. Aunque la esperanza de que la comunidad internacional frene los ataques, el pueblo kurdo no arroja la toalla. Y los brigadistas internacionales tampoco. "Yo no vuelvo a Europa. Creo que hay mucho que hacer, informar y colaborar", afirma con convicción Ceano-Vivas Núñez.

11/03/2018 17:11 Actualizado: 11/03/2018 17:11

Publicado enInternacional
Viernes, 16 Febrero 2018 05:42

Pensar los bienes comunes

Pensar los bienes comunes


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

.
Para pensar los bienes comunes “fuera de la caja”, pensad en algo que a todos nos conviene cuidar y mantener en buen estado, pero para lo que no existen incentivos particulares para hacerlo. En este sentido, normalmente, se identifican tres tipos de bienes comunes:


1) Los bienes comunes tradicionales se refieren a recursos de los que toda una comunidad o un pueblo depende: el agua del río que pasa por allí, los pastos, la tierras de cultivo, las zonas de pesca, etc. Se trata de recursos que no pueden dividir fácilmente y que ninguno del pueblo se puede apropiar por sí mismo. Si no lo cuidan, todos mueren de hambre, pero no hay nadie en concreto que tenga un incentivo personal para cuidarlo. De ahí que se tengan que poner de acuerdo para cuidarlo entre todos, estableciendo normas y regulaciones de uso común. Eso es el gobierno de los bienes comunes, o lo que es lo mismo, el gobierno común de los bienes. Elinor Ostrom lo describe brillantemente en el libro que lleva ese título.


2) Los bienes planetarios se refieren a la atmósfera, los océanos, la biodiversidad que son patrimonio de toda la humanidad (y del resto seres vivos). Nadie en concreto parecer tener responsabilidad de cuidarlos, no se obtiene un beneficio particular por cuidarlos con respecto a quienes no los cuidan. Más bien es al contrario,

contaminando estos recursos es como obtenemos beneficios particulares. De ahí que hagan falta acordar normas y regulaciones para reducir la contaminación, y por eso todos los países del planeta se reúnen en cumbres sobre el clima, para no llegar a ningún acuerdo porque sus gobiernos están más interesados en ventajas particulares que en el bien común. (nótese la polisemia de “bien común” como recurso común y como algo que es bueno para todos).


3) Los comunes digitales, se refieren al conocimiento compartido que es gratis y está accesible para todos, pero para el que hace falta un sistema de gestión de ese conocimiento para asegurar que tiene cierta fiabilidad y validez. Ahí está la Wikipedia con sus reglas y distribución de tareas para permitir que el resultado tenga una fiabilidad bastante aceptable; o las comunidades de software libre que trabajan coordinadamente de acuerdo a normas y protocolos propios para crear algunos de los mejores programas informáticos que existen.


La clave de todos estos sistemas de gobierno común está en que los acuerdos entre las partes son la forma más eficiente de gestionar estos recursos. Lo que lo diferencia de las otras dos formas de gestión conocidas: la centralizada y la de mercado.


En todos estos casos, una autoridad central tendría muy difícil legitimarse como propietaria o administradora del bien; y si lo hiciera, le sería muy difícil gestionarlo eficientemente, por falta de información, conocimiento y capacidad de acción.


También son recursos difíciles de gestionar por un sistema de mercado, puesto que para que los agentes económicos colaboraran en el cuidado del bien, habría que crear incentivos económicos particulares para orientar su acción, lo que en la práctica requiere (de nuevo) una regulación centralizada. Un ejemplo de este intento sería el mercado de venta de derechos de emisión de CO2, sin embargo, su eficacia para reducir la contaminación es muy limitada, porque sigue apelando a incentivos particulares.


En definitiva, los comunes muestran la necesidad de un sistema de acuerdos colectivos para regular en base al interés común (=conservar el recurso en buen estado) y no al interés particular (=hacer el mayor uso del mismo). Esa es la clave del concepto de procomún que se puede aplicar a muchos ámbitos.
Ahora, pensad “fuera de la caja”:


Podemos aplicar esta idea, por ejemplo, al concepto de privacidad y al modo en que es explotada en los reality shows. Todos tenemos una intimidad y a todos nos conviene que exista un respeto por la intimidad de los demás, en base a eso valoramos una serie de normas (de forma explícita o implícita) para el respeto a la intimidad de los demás. En las relaciones sociales (digitales o no) esto implica un código de conducta de respeto hacia los demás. Renunciamos al beneficio que podríamos obtener faltando al respeto o apelando a los trapos sucios de los demás para facilitar una cultura del respeto de la que nos beneficiamos.


También podemos aplicar esta idea a la comunicación pública en general, y en particular al modo en que apela a las emociones de la gente. Desde un respeto al bienestar común, renunciaremos a estimular determinadas emociones negativas (racismo, sexismo, odio, etc.) porque no queremos vivir en una sociedad en la que esas emociones sean predominantes, aunque en el corto plazo podamos obtener un beneficio apelando a alguna de ellas.


En estos dos casos no hay normas explícitas de gestión comunitaria, ni hay un bien o recurso material concreto que gobernar, pero en la práctica funciona el mismo principio de actuar en base a un sentido colectivo de respeto a un un interés común. En este sentido, los modos de gobierno de los bienes comunes (los tradicionales de Ostrom o los digitales como la Wikipedia) nos pueden ser útiles para pensar cómo se podría mejorar la gestión de otras cuestiones que nos afectan a todos y que a todos nos interesa cuidar y mantener.


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

Publicado enSociedad
Jueves, 15 Febrero 2018 06:03

Decadencia

Decadencia

¿Están las sociedades “occidentales” socialmente enfermas? El mundo ha entrado en una espiral decadente en la que va dejando lo poco que le quedaba de aquello llamado humanidad. El panorama no invita al optimismo, matamos el planeta y nos matamos entre todos. Pagando el pato quienes menos culpa tienen, como siempre.


Algunas personas sufren, con todo el derecho, por cosas nimias. Sus cosas. Mientras, hay verdaderas debacles ambientales y sociales. Las migraciones, el cambio climático, los recortes en derechos, los abusos generalizados contra menores y mujeres, las exclusiones por múltiples motivos, las salvajadas contra los animales,


Muestras de una decadencia que no creo que haya que aceptar como parte determinada de una etapa de la vida, de la persona o de una sociedad concreta. A principios del siglo XX, Spengler ya escribió que la cultura occidental estaba en su etapa final. Una etapa que se alarga hasta nuestros días, que sigue empeorando y que se extiende por todo el globo como si fuera una epidemia.


Cuando se supone que mejor podríamos vivir gracias los avances científicos y tecnológicos, a una mayor y mejor formación ciudadana y académica, a unas sociedades en las que van arraigando, poco a poco eso sí, las democracias, nos encontramos en una situación de empobrecimiento social más que preocupante.


En Florencia (Colombia) un descerebrado, por llamarlo de alguna manera, viola una bebé. En Jaén (España) estudiantes menores de edad abusan sexualmente de un compañero de colegio. En EE.UU. un estudiante acaba con la vida de varios de sus excompañeros de colegio dejando decenas de heridos. En Haití, aprovechándose de la desgracia ajena y de su condición de cooperantes, un grupo de empleados británicos de una ONG de fama mundial tuvieron “una conducta sexual inapropiada”.


¿A dónde puede llegar la bajeza del ser humano? ¿Qué les pasará a esos delincuentes? A los españolitos puede que no se les puede acuse por ser menores. Pequeños para sufrir la pena pero grandes para cometer el delito. Al violador colombiano, al asesino estadounidense (que esta vez no han vinculado, de momento, con el Estado Islámico) y a los sinvergüenzas disfrazados de “solidarios” veremos qué les pasa. Hay gente que parece no estar en sus cabales, y cualquiera diría que existe riesgo de contagio.


Mientras, la vida sigue y acá como si nada hubiera pasado. Y ahora, más deporte. Gente que sufre por los colores de su equipo. Un grupo de personajes que cobran más de lo que se merecen por hacer lo que les gusta, con una masa detrás que les vitorea o insulta en función de unos resultados que para nada afectan a sus ganancias.


O más política, con minúscula. Los políticos, que venden humo y casi nos obligan a comprarlo, siguen ajenos a las realidades que les rodean. Como si sus vidas no fueran de este mundo. Nadie se rasga las vestiduras, casi nadie dimite, y se empecinan en pelear por unos votos que luego olvidan. Siguen siendo las y los privilegiados en sociedades con una gran parte de la población luchando a diario por sobrevivir. Endurecen las condiciones de vida de las gentes a las que piden el voto mientras se dedican a enriquecerse y mantener sus privilegios y no cumplir con la res pública, esa por la que se postulan a gobernarnos y que se supone que prometen defender.
¿Dónde está la ética?, ¿y la solidaridad y la comprensión del prójimo?, ¿dónde la responsabilidad?


Sin caer en la pacatería ni en el puritanismo que pueden poner en riesgo la libertad y los derechos sociales que tantas luchas y sudores, y hasta vidas, han costado conseguir, debemos demandar recuperar cierto humanismo y comportamiento ético que nos resitúe como seres pensantes.


No podemos apartar la vista de la barbarie del mundo. “El hombre no nace, se hace”, que diría Erasmo, y en esa formación tendremos que incidir para evitar seguir cayendo en ese declive humano y social en el que hemos metido a este mundo ya de por sí jodido y chambón.

15FEB2018

Publicado enCultura
Martes, 13 Febrero 2018 06:21

El supremo dilema: ¿pirámides o redes?

El supremo dilema: ¿pirámides o redes?

De su larga trayectoria, un observador extraterrestre, de mirada limpia por ajena, podría distinguir dos periodos bien distintos en la historia de la humanidad, que son incluso antitéticos o contradictorios. Uno va de sus orígenes como especie hace unos 200 mil años hasta hace unos 4 mil años. El otro va justo de esa época a la actualidad. El punto nodal que marca la diferencia es el paso de sociedades igualitarias a sociedades jerarquizadas. Durante largo tiempo el ser humano formó parte de comunidades autocomandadas regidas por la cooperación, la ayuda mutua, las reglas de parentesco y el disfrute colectivo de los bienes obtenidos de su entorno natural. Esas fueron lo que Marshal Sahlins denominó las primeras sociedades de la abundancia ( affluent societies) en su celebre artículo en Les Temps Modernes (octubre de 1968): bandas de cazadores, recolectores y pescadores y comunas aldeanas con agricultura y ganadería. Visualicemos. Hace 4 mil años el planeta era habitado por varias decenas de miles que representaban unas 12 mil culturas distinguidas por la lengua, y que una suerte de sustentabilidad primigenia para ponerlo en términos actuales, les permitió mantenerse y reproducirse en equilibrio con su entorno natural. Las primeras sociedades jerárquicas que aparecieron fueron los señoríos o jefaturas, y de ahí se pasó a los estados, con jerarcas apoyados por militares e iglesias. Del Estado despótico y esclavista se pasó al Estado feudal y luego al Estado controlado por el capital.


En su obra clásica La sociedad contra el Estado, Pierre Clastres echó abajo el mito, producido y reproducido por los mayores intelectuales de Occidente, de que la dimensión política sólo existe en función del poder y que éste supone ineludiblemente una relación de orden y obediencia, bajo un sistema de coerción basado en la violencia. Ello supuso borrar de un plumazo toda la historia de las sociedades humanas anteriores a la era civilizada, que por supuesto coloca a Europa en la cúspide de un presunto proceso evolutivo unilineal, donde el orden basado en la coerción queda justificado. Ese mito sigue vigente hasta nuestros días, oculto por la idea de modernidad, aunque cada vez más erosionado por el cúmulo de evidencias científicas.


Hoy somos nosotros, usted lector incluido, habitantes de una civilización moderna e industrial, tecnocrática y capitalista que es el pináculo, el punto máximo de esa tendencia histórica que se inició hace 4 mil años. Vivimos los tiempos de la máxima jerarquía, coerción y violencia apuntalados por innumerables mecanismos, visibles u ocultos, sutiles o descarnados. Este modelo vertical, fincado en la coerción y en la violencia, está representado por la pirámide. En la punta de la pirámide habitan los seres divinos o humanos que explotan o dominan al resto. La pirámide moderna que se busca imponer por todos los rincones del orbe tiene, sin embargo, fisuras, islas, grietas, contracorrientes. A la fascinación por la pirámide hoy se opone otra figura geométrica, la red, que es, para decirlo pronto, una estructura horizontal, diversa, descentralizada, heterogénea y basada en la equidad.


Ejemplos piramidales notables son los estados, las iglesias, las corporaciones o empresas privadas, los ejércitos y los partidos políticos, que son las instituciones que mantienen la coerción y el orden. Y en la civilización moderna todo aquello que no se estructure en torno a la pirámide, a los sistemas de dominación y jerarquía, tenderá a ser denunciado, asediado, soslayado, reducido y eliminado.


Debemos a G. Deleuze y F. Guattari el haber desarrollado una teoría filosófica de las redes, basada en el modelo vegetal del rizoma. Los rizomas son brotes que se extienden subterráneamente y de manera horizontal, que pueden ramificarse en cualquier punto, así como engrosarse transformándose en un bulbo o tubérculo que puede funcionar como raíz, tallo o rama sin importar su posición en la estructura de la planta. El rizoma es un modelo en el que la organización de los elementos no sigue líneas de subordinación jerárquica, sino que cualquier elemento puede afectar o incidir en cualquier otro. El rizoma carece, por tanto, de centro.


Hoy los avances tecnocientíficos y los sistemas de conocimiento, comunicación e información facilitan como nunca antes la construcción de redes. Ahí están ya la web, las cooperativas de todo tipo y en todas las ramas y dimensiones de la vida humana (de producción financieras, de consumo, de comunicación, de servicios, etcétera), las comunidades, aldeas, municipios y regiones que se autogobiernan, las pequeñas ciudades que se animan a vivir sin petróleo, las asociaciones ciudadanas para producir, circular y consumir energía, agua o alimentos, las nuevas modalidades de trueque pos-moderno, monedas comunitarias y electrónicas (el bitcoin y otras) y las empresas descentralizadas de mercadeo en red basadas en los multiniveles ( multilevel marketing).


El surgimiento, mantenimiento y la multiplicación de las redes hará que la actual civilización se desmorone irremediablemente. Caerán los monopolios políticos y económicos de la modernidad, como antes cayeron reinos e imperios, con sus faraones, reyes, señores, monarcas. Los poderosísimos corporativos, los bancos gigantescos y los estados irán perdiendo su capacidad de coerción y se vendrán abajo, de una manera que será tan espectacular como pacífica. Se caerán por su propio peso, de la misma manera en que los gigantescos dinosaurios desaparecieron porque su diseño ya no funcionaba. Ello depende de que la sociedad se organice y cree mil mecanismos para la multiplicación de las redes. Mientras los ciudadano no se organicen desde abajo, es decir subterráneamente, el poder político (el Estado) y el poder económico (el capital) seguirán manteniendo esta situación dramática de explotación, injusticia e inseguridad. Los grandes pensadores de la emancipación, como P. Kropotkin, Ivan Illich, E.F. Schumacher, M. Gandhi tienen razón: la humanidad sólo logrará salir de esta pesada noche cuando recupere su capacidad de transformar las pirámides en redes. Las redes se tejen y el tejido es una arma muy poderosa, quizás como nadie antes lo había imaginado. El futuro está en manos de los tejedores y será rizomático o no será.

 

Publicado enSociedad
Agroecología, capitalismo y cambio climático

Las concentraciones de gases de invernadero han alcanzado niveles nunca antes detectados. Como resultado, las temperaturas en los océanos y la tierra son ~ 1°C más altas que en la era preindustrial, y las precipitaciones se hacen más variables y más extremas. Estos cambios ya ejercen impactos tangibles sobre varios procesos biofísicos planetarios (acidificación de los océanos, extinción de miles de especies, escasez de agua fresca, etcétera) y también pone en jaque la producción agrícola, en especial los grandes monocultivos industriales, que son parte del problema pero que siguen expandiéndose a pesar de estarse autodestruyendo al minar las condiciones ecológicas de la producción: producen 30 por ciento de los gases de invernadero y dada su homegeneidad genética son extremadamente vulnerables al cambio climático.


Aunque existe conciencia sobre la emergencia que representa el cambio climático, las emisiones de carbono siguen incrementándose y no se vislumbran acciones para frenar el calentamiento global. El problema es que la causa-raíz del desafío ecológico, es el sistema capitalista incapaz de asegurar respeto por el medio ambiente y al capitalismo no le conviene implementar cortes urgentes en las emisiones de carbono, pues estas medidas amenazan su propia existencia. Detener las emisiones antes de alcanzar el umbral de 2°C (que conduciría a un estado de irreversibilidad climática) requiere un cambio revolucionario que va en contra del crecimiento económico y la hegemonía de las multinacionales. Para mantenerse bajo el umbral, los países ricos tendrían que cortar sus emisiones en 10 por ciento por año, amenazando los niveles de consumo y bienestar que gozan. Los cambios agrícolas necesarios requerirían no sólo romper el monocultivo con estrategias agroecológicas, sino también desmantelar el control de las multinacionales sobre el sistema alimentario, el sistema de producción basado en petróleo, y las políticas agrarias neoliberales que lo ampara.


La respuesta de los grandes intereses es que la tecnología unida a la magia del mercado podrán solucionar los problemas climáticos, promoviendo la ilusión de un crecimiento económico ilimitado que no impacta la naturaleza. El agronoegocio aprovecha estas crisis para restructurarse con las mismas estrategias pero disfrazadas bajo el nombre de la agricultura climáticamente inteligente. Las prácticas que proponen priorizan la mitigación basadas en mercados de carbono por sobre la resiliencia socioecológica y la soberanía alimentaria. Los créditos de carbono favorecen a los agricultores más contaminantes y los agricultores que siguen prácticas que secuestran carbono, venden sus créditos a multinacionales contaminadoras.


La agroecología plantea la conversión agroecológica de los sistemas de producción, y la creación de redes alternativas de alimentos saludables y accesibles para todas las personas. La agroecología capitaliza en la experiencia de miles de campesino(a)s que utilizan policultivos y sistemas agroforestales que minimizan los riesgos frente al cambio climático. Evidencias demuestran que estos sistemas agroecológicos son más resistentes a los impactos de sequías y huracanes que los monocultivos, por tanto constituyen modelos que ofrecen una gama de diseños de manejo para reforzar la resiliencia de los agroecosistemas modernos.


La agroecología plantea una visión radicalmente diferente a los sistemas alimentarios globalizados basados en la homogenización, especialización, industrialización y medidas económicas cortoplacistas. Los nuevos sistemas agroecológicos se basan en sistemas familiares de pequeña escala, locales, biodiversos, autónomos, incrustados en territorios controlados por las comunidades y apoyados por consumidores solidarios que entienden que comer es a la vez un acto político y ecológico.


Por Miguel A. Altieri, profesor emérito de Agroecología, Universidad de California, Berkeley

Publicado enMedio Ambiente
Solidaridad entre el ambiente y la humanidad

La raíz

 

Coinciden quienes estudian la etimología de las palabras, en que “Solidaridad viene del adjetivo latino solidus, solida, solidum que significa sólido, macizo, consistente, completo, entero. También real, seguro, sin vanos artificios, firme. Y del verbo latino solido, solidas, solidare, solidaui, solidatum, que significa consolidar, dar solidez, asegurar, endurecer, soldar”.

De acuerdo con el diccionario, soldar significa “Pegar y unir sólidamente dos cosas, o dos partes de una misma cosa, normalmente con alguna sustancia igual o semejante a ellas”.
En el caso de la relación entre el ambiente y los seres humanos (vistos como especie, como individuos o como comunidad), la solidaridad no consiste tanto en hacer algo nuevo, sino en reconocer lo que es un hecho y actuar de conformidad. No es pegar y unir sino reconocer que ya somos-estamos indisolublemente unidos y pegados. O como lo decía hace varias décadas el inolvidable lema del “Grupo Ecológico del Cauca”, que “Nosotros somos la otra mitad del medio ambiente”.

 

Sistemas e interdependencias

 

La solidaridad, entonces, es actuar coherentemente con la convicción de que los humanos formamos parte de ese tejido de interdependencias condicionantes que se denomina la biosfera y que, a su vez, está estrechamente interconectada con los demás sistemas (que no “capas”) de la Tierra: la atmósfera (aire), la hidrósfera (agua), la criósfera (hielo), la litósfera o geósfera (rocas)... y también la noosfera (“Conjunto de seres inteligentes del planeta” según Vernadski, primer formulador de este concepto que después desarrollló Theilhard de Chardin), y la infosfera, de la cual habló por primera vez Alvin Toffler, y que hoy se materializa en la internet.

Yo me atrevo a añadir la magnetosfera (surgida de la interacción entre el magnetismo terrestre y el viento solar), a este listado de sistemas concatenados (encadenados entre sí) que de alguna manera determina las condiciones de existencia de todos y cada uno de los demás sistemas y, en consecuencia, del planeta en su conjunto y de todos los seres que formamos parte de él.

En cada territorio y en cada ser humano confluyen todos estos sistemas concatenados: bien sabido es que somos el resultado de la interacción permanente entre dinámicas naturales y dinámicas culturales; resultado al cual se le puede aplicar ese adjetivo latino solidus, solida, solidum que, como indicamos en el primer párrafo, significa sólido, macizo, consistente, completo, entero. Entendiendo lo de sólido y macizo no en el sentido de su cohesión o estructura material, sino de la consistencia de su significado en términos de los procesos que han conducido a que la Tierra y las sociedades humanas seamos como somos hoy.

 

La solidaridad como “valor” y el valor de la solidaridad

 

Reconocemos la solidaridad como un valor, pero cuando voy a buscar en el diccionario el significado de valor, no encuentro ninguna que me satisfaga a cabalidad. Ni siquiera la primera, de acuerdo con la cual valor es “el grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite”.

Digo que, en cuanto hace referencia a la solidaridad –y a otros valores como la reciprocidad, la equidad o la identidad– no me agrada esta definición (ni mucho menos todas las que abordan la palabra desde una óptica predominantemente económica).

Y no me agrada porque solamente se le reconoce valor a algún ser, en la medida en que satisface las necesidades de alguien humano, pero no porque ese ser sea valioso por el mero hecho de existir.
Esta es una expresión de la ética antropocéntrica que mira al mundo, al Cosmos entero, no solo desde la óptica humana (lo cual sería lógico), sino desde los intereses particulares y por lo general exclusivos de nuestra especie: lo que no es útil para los seres humanos carece de valor y por tanto no tiene razón ni derecho a existir.

Muchos pensadores vienen insistiendo en la necesidad de dar el salto desde esa ética antropocéntrica, hacia una ética bio-ecocéntrica que reconozca que todos los seres vivos compartimos este planeta y que, por el mero hecho de existir, poseemos una dignidad. Incluimos también a los seres que, como el agua, convencionalmente no se suelen reconocer como vivos, pero que forman parte esencial de la Vida en la Tierra.


“Lo mejor de mí me lo sacan las piedras”

 

Creo firmemente que, así como hoy nos avergonzamos de una ética etnocéntrica que hasta no hace mucho tiempo orientó –o desorientó fatalmente– a la humanidad, una ética según la cual solamente una raza tenía derechos, incluyendo el de disponer de la vida y el destino de otras etnias, así en un futuro ojalá no lejano, la vergüenza por la manera como nuestra especie viene sacrificando la dignidad y la existencia misma de otros seres vivos, formará parte del consenso general.

La semilla de la ética bio-ecocéntrica ya está sembrada y no solo ya germinó, sino que está comenzando a dar frutos en los movimientos animalistas y en el movimiento ambientalista en general. La encíclica Laudato Si’ basada en el pensamiento bio-céntrico de San Francisco de Asís, también apunta en esa dirección.

El planeta Tierra, por su parte y de manera cada vez más explícita, está tomando medidas para ajustar sus sistemas concatenados para responder a la manera puramente antropocéntrica como la especie humana se relaciona con ella. Eso se expresa en el llamado “cambio climático”. O sea que, por las buenas o por las malas, si nuestra especie quiere permanecer en este planeta, esa ética antropocéntrica predominante tendrá que evolucionar.
Es aquí donde aparece muy claramente el valor de la solidaridad: la necesidad de entendernos como expresiones de esa unidad infragmentable que es el fenómeno vital. Y como dije atrás, de actuar coherentemente con esa convicción. Con pleno y directo conocimiento de que la coherencia no es fácil... pero que al menos podemos imponernos el difícil compromiso de intentar que cada paso que demos nos conduzca hacia allá.

 

De la solidaridad hacia una nueva identidad fractal1

 

La solidaridad, al contrario, por ejemplo, de la caridad (que es vertical), es una relación horizontal entre seres interdependientes. Su ejercicio puede hacerse válidamente desde lo que podría parecer una intencionalidad egoísta: Hoy por ti, mañana por mí. O más exactamente: Todo lo que haga por tu bien, lo hago también por mi bien. Todo lo que te dañe a ti, me daña también a mí.

Evado por ahora el debate sobre el significado de los valores2, para mencionar que ese actuar de manera coherente con lo que significa la solidaridad, nos conduce a otros valores esenciales como la responsabilidad (ser plenamente conscientes de las consecuencias actuales y potenciales de nuestras decisiones u omisiones y de nuestra manera de actuar), así como también a la consolidación de una nueva identidad.
Identidad solidaria-responsable con el territorio del cual formo parte (desde mi entorno más inmediato hasta el planeta Tierra).

Identidad y solidaridad “de reino”, que me hace sentir y actuar de manera coherente con la convicción de que yo también soy un animal.

Identidad y solidaridad de género con el género humano y con el género del cual, biológicamente o por elección personal, cada cual es parte y expresión. Sin olvidar, por ejemplo, que el éxito en la relación de una pareja heterosexual, depende de que la mujer interior del hombre esté enamorada del hombre interior de la mujer... y viceversa. En cada ser humano está presente, en muchas formas, el Yin-Yang.

Solidaridad responsable y autocrítica con lo que soy, que es el resultado de la confluencia de todo eso que me otorga mi identidad fractal: terrícola, humano, americano, suramericano, colombiano, caucano, popayanejo y, desde hace casi dos décadas, parte activa de este territorio llamado Bogotá.

 

La necesidad de recuperar los sentidos olvidados

 

Lograr ese sentimiento de unidad, esa identidad fractal, exige que despertemos los sentidos que tenemos ahí, pero que se han olvidado y atrofiado porque durante muchas generaciones no los volvimos a usar.

Sentidos como la intuición, a la cual por esa estupidez máxima que es el machismo, renunciamos los hombres y se la dejamos exclusivamente a la mujer.

O como la empatía y la compasión, o sea, la capacidad de sintonizarnos para compartir la pasión con los demás seres que forman parte de esa misma unidad.

Solidaridad-identidad con los que sufren, sean humanos o no.

Y también el don de alegrarnos con los que gozan, como los árboles cuando llueve tras varios días sin llover, o las aves cuando cantan para celebrar el amanecer.

Tenemos que aprender, entonces, a desarrollar nuevas sensibilidades y más profundas y más efectivas formas de comunicación, con seres no humanos... pero también entre los seres humanos, cada vez más afectados por ese grave error de confundir la indigestión por exceso de información, con una verdadera comunicación.
Identidad-Solidaridad-Responsabilidad actual e intergeneracional, como expresión de la conciencia de que las decisiones que tomemos ahora van a generar consecuencias felices o desastrosas para las generaciones actuales y para las que nos van a heredar.

Comparto la idea de que somos protagonistas de una crisis civilizatoria sin precedentes. Y de que, para encontrarle salidas constructivas, que fortalezcan la Vida, necesitamos transformar profundamente nuestra forma de ser, de actuar y de pensar.

En otras palabras, en la teoría y en la acción, y en todo nivel fractal, debemos redefinir el significado de HUMANIDAD.

 

[1] La fractalidad es esa propiedad en virtud de la cual la Naturaleza de alguna manera se repite a sí misma a medida que cambia de escala. Ver aquí

[2] También lo evado porque soy consciente de todas las infamias que se han cometido y se siguen cometiendo, supuestamente “en defensa de los valores”. Ese tema es para abordarlo en otra oportunidad.

Bogotá, octubre 12 de 2017.

El Centro de Investigaciones y Educación Highlander, ubicado en las montañas del sureste de Estados Unidos, celebró 85 años con tres días de talleres, foros y seminarios que buscaron entretejer el pasado de esta escuela de rebeldes con los desafíos a futuro en la lucha social

 

New Market, Tennessee.

 

La escuela de rebeldes en las montañas del sureste de Estados Unidos, que es un extraordinario eje de movimientos sociales de trabajadores, derechos civiles, ambientalistas, de defensa de migrantes y de cultura, festejó 85 años de vida con veteranos de mil luchas y nuevas generaciones que continúan con el mismo compromiso de que otro Estados Unidos es posible.

El Centro de Investigaciones y Educación Highlander festejó su aniversario recordando los sueños y luchas que se generaron o compartieron aquí, además, hubo diálogos sobre cómo rescatar el futuro, todo en medio de cantos, baile, poesía y solidaridad.

Con las montañas Great Smoky, parte de la cordillera de los Apalaches, como escenografía, se reveló en talleres y foros, seminarios e intercambios un mosaico de la rebeldía dentro de este país, y con ello la continuación de este centro como un punto de encuentro de luchadores sociales de todo tipo: de integrantes de Black Lives Matter a defensores de derechos de los migrantes, desde veteranos de las guerras de Irak y Afganistán contra las políticas bélicas de este país, hasta granjeros que buscan frenar la invasión de las trasnacionales y sus transgénicos en los cultivos de maíz, junto con participantes en innumerables esfuerzos de proyectos alternativos para crear una economía de solidaridad y soluciones bellas para graves problemas sociales.

Este centro fue uno de los muy pocos espacios en el sur donde se podían reunir blancos y negros, donde trabajadores de diversos sectores y activistas de todo tipo se podían encontrar con colegas, un lugar donde cualquiera que se conscientizaba en una lucha podía de repente darse cuenta que existían otros, y que sus experiencias eran parte de algo mucho más grande. Eso continúa hoy día.

Highlander se volvió bilingüe hace unos años, cuando de pronto migrantes latinoamericanos –sobre todo mexicanos y centroamericanos– empezaban a volverse protagonistas de las luchas por los derechos laborales, de vivienda, educación y salud en el sur de Estados Unidos. Aquí los recién llegados se encuentran con veteranos de luchas anteriores, y con otros sectores de trabajadores blancos y afroestadunidenses, de indígenas, de defensores de derechos civiles. No sólo ahí se comparten ideas y experiencias, sino surgen alianzas.

Por ejemplo, en un taller sobre migrantes se empezó a explorar el trabajo conjunto entre quienes se dedican a la reforma del sistema penal y la protección de comunidades afroestadunidenses, abusos policiacos y crímenes de odio racial con las redes de migrantes que ahora enfrentan persecución de las autoridades y por agresiones racistas. Mónica Hernández, coordinadora de la Red de Derechos Migrantes del Sureste, comentó que la raíz del sentimiento antimigrante aquí es la supremacia blanca, y por tanto está ligado a la la larga historia de racismo en este país. Ante ello, se deben superar las divisiones entre quienes padecen ese racismo para responder de manera conjunta a todo esto.

Aquí también se construye conciencia desde abajo sobre la agenda neoliberal, desde sus expresiones locales a las trasnacionales. Susan Williams, una de las coordinadoras del programa de educación, quien se dedica a la exploración de la relación entre la economía local y la global, impulsó un proyecto hace unos años, cuando una empresa trasladó sus operaciones de esta región a la frontera del lado mexicano, llevando a una caravana de trabajadoras estadunidenses desplazadas a visitar a las que nos robaron nuestras chambas, tal como políticos demagogos solían expresarlo. Cuando conocieron a sus colegas, se dieron cuenta de que eran igual que ellas, que éramos las mismas, y que la empresa y las políticas de libre comercio eran los verdaderos responsables de su situación, y de confrontarlas entre sí. De ahí, se empezaron a explorar formas de solidaridad mutua y a romper con las divisiones entre trabajadores de ambos lados de la frontera. Ese tipo de trabajo continúa hoy con nueva urgencia.

Pero aquí el punto no es nada más hacer un diagnóstico, sino definir cómo llegar de donde estamos a donde soñamos estar, como dijo una participante. El lema en el mural que decora parte del centro de reuniones aquí es: Sin acción no hay conocimiento.

Como granjeros, uno de nuestros principales desafíos es la erosión de las tierras. Pero creo que tal vez el problema mayor es la erosión social y económica. Y eso, creo, se tiene que enfrentar de la misma manera que se hace con la tierra: sembrar una pequeña plantita, al crecer y ampliar sus raíces puede revertir la erosión, tenemos que buscar a más gente que está sembrando esas plantas en esta sociedad.

Ante todo, tenemos que insistir en que la gente hable por sí misma, crear una cultura de que cada uno debe contar su cuento, y luego sumarlos, afirma un veterano de luchas sociales, en uno de los foros que se realizaron durante los tres días de festejo.

Participan jóvenes que trabajan en varias organizaciones sociales del sur, todos armados con las nuevas herramientas tecnológicas y su vocabulario, junto con veteranos de luchas sindicales, como Jim Sessions, reverendo y ex director de Highlander, quien en 1989 junto con 99 mineros del carbón realizaron la última ocupación de una planta industrial en Estados Unidos en la famosa huelga de Pittston, en Virginia, o con dos Freedom Singers, militantes del movimiento de derechos civiles de los años 50 y 60 que, entre otras armas de lucha, usaban el canto.

La seguridad para el festejo –este lugar ha sufrido constantes amenazas y ataques durante su historia– fue proporcionada por veteranos de guerra antes conocidos como Veteranos de Irak Contra la Guerra, y que cambiaron de nombre a About Face (media vuelta, en vocabulario militar), quienes se sumaron a los diálogos y los cantos.

Los nuevos codirectores de Highlander buscaron entretejer la historia del pasado de este centro con los desafíos a futuro, de cómo continuar construyendo una narrativa rebelde colectiva con todo eso.

Ash-Lee Woodard Henderson dijo en entrevista con La Jornada, al concluir el festejo de tres días, que la coyuntura en este país no es definida sólo por el fenómeno de Donald Trump. Aunque su llegada a la Casa Blanca es percibida como una derrota por muchos, dentro y fuera de este país, se debe recordar que la mayoría de los estadunidenses no votaron por él, y de hecho no querían a ninguno de los dos candidatos. Por tanto, cometeríamos un error considerar eso como una derrota para nosotros.

Explicó otra versión del momento: “Yo creo que lo que ocurrió es que estábamos empezando hacer algo que los asustó –a los capitalistas, a los supremacistas blancos, a los del 1 por ciento– creo que se asustaron de que negros y latinos pronto serán mayoría. Creo que los aterroriza que exista algo como Black Lives Matter, porque –cuando ellos decían que no teníamos un programa– logramos presentar 40 puntos con una visón muy clara; creo que se asustaron de que los dreamers no se quedaron conformes diciendo que el DACA es maravilloso, sino que lo calificaron de migajas y ahora exigen el respeto de los derechos de todo migrante (...) los asustó que los indígenas no se limitaron a pedir dinero y distancia gubernamental, sino que estaban exigiendo soberanía y que se cumplieron los tratados –con Standing Rock estaban aterrados cuando se sumó Black Lives y los veteranos, entre otros”.

Señaló que “el liderazgo de estos movimientos está en contacto –por medio de lugares como Highlander– y no sólo de manera circunstancial, sino para construir solidaridad a largo plazo, y eso los aterroriza. Entonces, creo que la respuesta de parte de la cúpula, sea por conducto de Trump o de Bannon, o cualquiera de esos ímbeciles, es en parte una respuesta a nuestro éxito”.

El reverendo Allyn Maxfield-Steele, el otro codirector ejecutivo de Highlander, subrayó en entrevista con La Jornada que sobre todo en tiempos postelectorales en este país, hay “la necesidad de construir bases, de hacerlo de una manera más profunda... la capacitación, desarrollo político y trabajo intergeneracional aquí –algo que se había perdido un poco– es más urgente que nunca. Lo que estamos observando desde que llegamos como directores hace nueve meses es que este lugar está repleto, porque la gente entiende que se debe reunir, y que no hacerlo marcaría el fin de nuestro futuro”.

Para Woodard Henderson es clave continuar alimentando las relaciones con colegas en el sur global, donde han tenido que enfrentar cosas muy parecidas. Lo que ellos cuentan, dice, “nos está dando la esperanza y la inspiración (...) tomar las lecciones de transformación que ellos tienen para logarlo aquí, dentro del ombligo de la bestia. Si lo podemos lograr en esta región sureña, eso salvaría a este país, y si podemos empezar a salvar este país de esa manera, finalmente podremos proceder a tener esa relación, construida sobre procesos centrados en la justicia que queremos y necesitamos con nuestros camaradas en el sur global”.

 

(Para mayor información: http://highlandercenter.org)

 

Publicado enInternacional
Viernes, 06 Octubre 2017 06:05

Tres despachos sobre la juventud

Tres despachos sobre la juventud

La diagnosis. “Dado que la crisis inequívocamente favorece las orientaciones proto-fascistas no extraña que muchos jóvenes –estudiantes y/o trabajadores precarios– están convencidos que la única alternativa al presente son el identitarismo, el nacionalismo, el racismo o la religión”, apunta Alain Badiou (goo.gl/mk4t2b). El panorama parece bastante desalentador. Su telón de fondo es la degeneración general de la política, su acotación a un "consenso parlamentario", la dominación del capital, de los bancos, de la propiedad privada –"resguardada" por el sistema judicial y el aparato policiaco-militar–, y de los "cuasi-valores" (la competencia, el "éxito", el enriquecimiento personal). Sobre todo desde los 80 [desde la consolidación del neoliberalismo y el advenimiento de la "generación Y/millennial"] con "el cerrar del horizonte de las posibilidades" –continua Badiou– a los jóvenes les resulta más y más difícil acoplarse al mundo y encontrarse un lugar en él. “Las viejas tradiciones son destruidas y no aparecen nuevas. Hay nuevos placeres ( jouissances), pero no hay nuevos valores. Todo se disuelve en la fascinación con la mercancía y en lo que Marx llama ‘las aguas heladas del cálculo egoísta’. La juventud está atrapada entre un mortificador espectro del ‘retorno a la tradición’ y la necesidad de ‘competir’ con tal de sólo no perder” (goo.gl/szdp4k). La situación es además paradójica (si no absurda): por un lado reina el culto de la "juventud" (políticos, celebridades), por otro la juventud real –sobre todo la que no sueña con poner un start up o ganar el dinero en la bolsa– es tratada con sospecha, incluso con "sospecha policiaca" (goo.gl/SnFuQm). Badiou –a contrapelo de estas tendencias– llama, como una vez Platón, a "corromper a la juventud" alentándola a buscar "sus propios modos" [vide: la "vida verdadera" de Rimbaud] y "no quedar en manos del capital ni de la tecnología" ( La vraie vie. Appel à la corruption de la jeunesse, 2016, p. 11).

El temblor. "Aparecieron los mexicanos más jóvenes, los más generosos, más rápidos, más eficaces que el gobierno, y con una entereza contagiosa nos convencieron de que no estábamos solos. Verlos pasarse una a una piedras en una larga y fuerte cadena (...) nos aseguró que salvarían vidas entre los escombros", apunta Elena Poniatowska (goo.gl/JxtbMB). La marea ciudadana que toma las calles tras el sismo del 19 de septiembre para (auto)organizar el rescate y la ayuda está –sobre todo en CDMX– saturada de los millennials. La juventud imaginada por muchos como "apática y alienada", "inmersa sólo en la tecnología" y "ensimismada", "egoísta" y "poco solidaria" está dando –y con creces– muestras de lo contrario (goo.gl/QqeqqA). "Somos una generación que está buscando su sentido", declaran. "Tenemos mucha fuerza, pero poca organización. Igual comparando con la generación del 68 estamos un poco perdidos, individualistas...", dicen. Pero algunas cosas las tienen claras: "El Estado no está respondiendo (...) somos nosotros que damos la cara". En su mayoría son estudiantes, pero también jóvenes profesionistas, trabajadores precarios que ganan 50 pesos diarios (goo.gl/CW6j62). Su convergencia es la peor pesadilla de los de arriba. Así que cuando (finalmente) aparecen los agentes del aparato policiaco-militar –de por sí partes de un orden que no salva vidas, sino de uno que las tiene bajo una amenaza permanente– más que a ayudar, vienen a "vigilar y controlar" a los ya castigados por la naturaleza. A dispersar la energía juvenil. La antinomia "la solidaridad-el Estado" (goo.gl/DyoA3Z) no puede ser más clara que en el caso de los jóvenes de Ayotzinapa –compañeros de los 43 normalistas rurales víctimas de una desaparición forzada– que organizan una caravana de ayuda a las comunidades más abandonadas de Puebla.

La prescripción. Por supuesto –y por fortuna– no todos los jóvenes creen que el identitarismo o la religión son "la única opción". En su momento el Nuit Debout (ND) francés es la mejor muestra de esto, aunque –al final– su energía se disipa (algo que le pasa también al #YoSoy132 mexicano). Jacques Rancière desde el principio pide "de no pedirle mucho a este movimiento" ("dada su espontaneidad y la manera caótica en que evolucionan los jóvenes"), pero –a la vez– lo aplaude "como una importante transformación de una juventud de luto a una juventud de lucha" (goo.gl/jSeFHf). El ND irrumpe en un escenario postatentados terroristas superponiendo los símbolos de la lucha colectiva a las expresiones de dolor. Los ideólogos en Francia están disgustados ("¡hay que seguir de luto, no buscar alternativas!"). En México postsismo el proceso descrito por Rancière ocurre simultáneamente. La juventud sacudida por el temblor sale del luto y pasa a la lucha mediante su propia praxis: la (auto)organización callejera. La ayuda, el rescate son a la vez protesta y búsqueda de alternativas. Los ideólogos están disgustados. Aplauden –o dicen aplaudir– "la heroicidad de los jóvenes", pero urgen que ya todo regrese a la normalidad ("¡el luto sí, la lucha no!") y "los estudiantes a las aulas" (goo.gl/bnrhCS). A la vez sugieren canalizar su energía en "algún proyecto" y "que la juventud decida" (aunque seguramente dentro del dominante "horizonte de las posibilidades"). Son de hecho los mismos "intelectuales" que –desde hace meses– claman por "un Macron mexicano" –recordemos– el candidato instant de la oligarquía, el joven glamour, ex banquero millonario (goo.gl/4fL9Ad), promotor de los start ups y la "uberización económica" que empieza su gestión recortándoles subsidios a los estudiantes (goo.gl/4KjXuK) y cuyas "reformas de trabajo" significan más precariedad para los jóvenes (goo.gl/x9T6Cy).

Coda. El sistema que se sostiene en el Estado, en los cuerpos uniformados y en la destrucción de la organización desde abajo no tiene nada que ofrecerle a la juventud "dejada sin un compás por el liberalismo" (Badiou dixit) aparte de:

a) la fascinación con la mercancía, los falsos valores y los falsos profetas del capital (Macron et al.) o la reacción/radicalización político-religiosa;

b) explotación, contratos precarios, infrasalarios, pauperización y/o migración;

c) estigmatización, criminalización e incluso el exterminio (los 43).

La solidaridad, la lucha, la organización y la generosidad no están en el guión ideológico que los de arriba les escriben a los jóvenes; y sin embargo brotan.

Maciek Wisniewski*, periodista polaco

Twitter: @MaciekWizz

Publicado enSociedad
Viernes, 29 Septiembre 2017 06:53

Lo que aprendí del pueblo mexicano

Lo que aprendí del pueblo mexicano

Tuve la inmensa fortuna de haber estado en Ciudad de México el 19 de septiembre. A las 13.15 horas estábamos con el compañero y amigo Luis Hernández Navarro cerca de la colonia Juárez. En los días siguientes estuve con compañeros y compañeras en Ciudad Jardín y en la calle Zapata, donde habían colapsado edificios mientras otros presentan severos daños, compartimos con los voluntarios y vecinos sus dolores y afanes para superar el difícil momento.

Lo vivido y convivido esos días en la capital mexicana, y luego en el estado de Chiapas, me inspiran cuatro reflexiones, breves e incompletas.

La primera es comprobar la solidaridad del pueblo mexicano. Maciza, extensa, consecuente, absolutamente desinteresada, sin el menor afán de protagonismo. No se trata de caridad sino de responsabilidad, como señaló Gloria Muñoz en una breve conversación. Una actitud profundamente política, que dijo a las autoridades algo así como "váyanse, nosotros nos hacemos cargo porque no les creemos".

En los puntos de derrumbe que pude visitar había hasta tres mil voluntarios que compraron sus palas, cascos y guantes, que recorrieron decenas de kilómetros con sus motos, a pie o en bicicletas llevando mantas, agua, comida y todo lo que podían. Es probable que más de 100 mil personas se hayan movilizado, sólo en la capital. Cantidad y calidad, energía y entrega que ningún partido político puede igualar.

Interpreto esa maravillosa solidaridad como hambre de participación para cambiar el país, como un deseo profundo de involucrarse en la construcción de un mundo mejor; como una actitud política de no delegar en las instituciones ni en los representantes, sino de ayudar poniendo el cuerpo. En la cultura política en que se formó mi generación, esa actitud se denomina "militante", y es lo que permite intuir que un país tan golpeado como México tiene aún un futuro luminoso.

La segunda es el papel del Estado, desde las instituciones hasta las fuerzas armadas y la policía. Llegaron a los puntos críticos al día siguiente del sismo y lo hicieron como máquina de impedir, de bloquear la participación de los voluntarios, de rechazarlos y enviarlos a otros sitios. Esta labor de dispersar la solidaridad la hicieron con esmero y con esa disciplina que caracteriza a los cuerpos armados, que no sirven para salvar vidas sino para proteger a los poderosos y sus bienes materiales.

Me llamó profundamente la atención que en los barrios pobres, como Ciudad Jardín, el despliegue de uniformados era mucho mayor que en los barrios de clase media, aunque el drama humano ante los edificios colapsados era similar. Diría que las "clases peligrosas" fueron rigurosamente vigiladas por los militares, porque sus patrones saben que allí anida la revuelta.

La tercera es el papel del capital. Mientras los armados se dedicaban a dispersar al pueblo solidario, las empresas empezaban a lucrar. Dos mil edificios dañados en la capital es un bocado apetecible para las constructoras y el capital financiero. Las grandes empresas hicieron gárgaras de solidaridad. Fue tan grande la marea solidaria que el capital tuvo que "hacer como" que dejaba de lado su cultura individualista, para disfrazarse de una cultura que le es ajena y le repugna.

Vale registrar la división del trabajo entre el Estado y el capital. El primero dispersa al pueblo para que el segundo pueda hacer sus negocios. Jugando con las palabras, podemos decir que la solidaridad es el opio del capitalismo, ya que neutraliza la cultura del consumo y frena la acumulación. Aquellos días de desesperación y hermanamiento, muy pocos pensaban en comprarse el último modelo y todo se focalizaba en sostener la vida.

La cuarta cuestión somos nosotros y nosotras. La actitud del pueblo mexicano, esa generosidad que aún me hace temblar de emoción, se estrelló contra los diques del sistema. Los de arriba expropiaron buena parte de las donaciones concentradas en los centros de acopio y desviaron la solidaridad: cuando se trataba de una relación abajo-abajo, la invirtieron para convertirla en caridad de arriba-abajo.

Sabemos que el sistema se sostiene destruyendo las relaciones entre los abajos, porque dinamitan el esqueleto de la dominación construido sobre los pilares del individualismo. Pero aún nos falta mucho para que las relaciones entre los abajos se desplieguen con toda su potencia. Es cuestión de autonomía.

En los días posteriores al sismo tuve largas conversaciones con dos organizaciones de la ciudad: la Brigada Callejera y la Organización Popular Francisco Villa de la Izquierda Independiente. En ambos casos encontré una actitud similar, consistente en rehuir los centros de acopio para trabajar directamente con los afectados. "Nos reservamos", dijo una dirigente de Los Panchos en la comunidad Acapatzingo, en Iztapalapa.

La solidaridad se dirige a quien la necesita, pero funciona por capas o círculos concéntricos. Primero atiende a los miembros de la organización. Luego a los miembros de otras organizaciones amigas o aliadas, y también a las personas que no están organizadas, pero en este caso es también directa, cara a cara, para evitar desviaciones.

El mundo nuevo ya existe. Es pequeño si lo comparamos con el mundo del capital y del Estado. Es relativametne frágil, pero está mostrando resistencia y resiliencia. Nuestra solidaridad debe recorrer los cauces de ese mundo otro, fluir mediante sus venas, porque si no lo hace se debilita. La tormenta es un momento especialmente delicado, como comprobamos desde el 19 de septiembre. El sistema está empeñado en destruirnos y para eso está dispuesto, incluso, a fabricarse un camuflaje "humanitario".

La increíble solidaridad del pueblo mexicano se merece un destino mejor que engrosar los bolsillos y el poder de los poderosos. Pero eso depende de nosotros, porque de ellos ya no podemos esperar nada. Si es cierto que la solidaridad es la ternura de los pueblos, como escribió Gioconda Belli, debemos cuidarla para que no la ensucien los opresores.

Publicado enCultura
Martes, 26 Septiembre 2017 17:32

Carta de la economía solidaria

Carta de la economía solidaria

La economía solidaria, es un enfoque de la actividad económica que tiene en cuenta a las personas, el medio ambiente y el desarrollo sostenible y sustentable, como referencia prioritaria, por encima de otros intereses.

La economía solidaria en sus formas más diversas es una manera de vivir que abarca la integralidad de las personas y designa la subordinación de la economía a su verdadera finalidad: proveer de manera sostenible las bases materiales para el desarrollo personal, social y ambiental del ser humano.

La referencia de la economía solidaria es cada sujeto y las comunidades creadas desde las iniciativas sociales, por lo que no se la identifica según los beneficios materiales de una iniciativa, sino que se define en función de la calidad de vida y el bienestar de sus miembros y de toda la sociedad como sistema global.

La economía solidaria, en el marco de la tradición de la economía social, pretende incorporar a la gestión de la actividad económica, los valores universales que deben regir la sociedad y las relaciones entre toda la ciudadanía: equidad, justicia, fraternidad económica, solidaridad social y democracia directa. Y en tanto que una nueva forma de producir, de consumir y de distribuir, se propone como una alternativa viable y sostenible para la satisfacción de las necesidades individuales y globales y aspira a consolidarse como un instrumento de transformación social.

Las organizaciones que participamos en el movimiento de la economía solidaria en general y en Reas en particular, compartimos, para el desarrollo de nuestra misión, los siguientes ejes transversales:

  • La autonomía como principio de libertad y ejercicio de la corresponsabilidad.
  • La autogestión como metodología que respeta, implica, educa, iguala las oportunidades y posibilita el empoderamiento.
  • La cultura liberadora como base de pensamientos creativos, científicos y alternativos que nos ayuden a buscar, investigar y encontrar nuevas formas de convivir, producir, disfrutar, consumir y organizar la política y la economía al servicio de todas las personas.
  • El desarrollo de las personas en todas sus dimensiones y capacidades: físicas, psíquicas, espirituales, estéticas, artísticas, sensibles, relacionales... en armonía con la naturaleza, por encima de cualquier crecimiento desequilibrado económico, financiero, bélico, consumista, transgénico y anómalo como el que se está propugnando en nombre de un desarrollo “ficticio”.
  • La compenetración con la Naturaleza.
  • La solidaridad humana y económica como principio de nuestras relaciones locales, nacionales e internacionales.

 

Los 6 principios

 

1. Principio de equidad

 

  • Consideramos que la equidad introduce un principio ético o de justicia en la igualdad. Es un valor que reconoce a todas las personas como sujetos de igual dignidad, y protege su derecho a no estar sometidas a relaciones basadas en la dominación sea cual sea su condición social, género, edad, etnia, origen, capacidad, etc.
  • Una sociedad más justa es aquella en la que todas las personas se reconocen mutuamente como iguales en derechos y posibilidades, y tiene en cuenta las diferencias existentes entre las personas y los grupos. Por ello debe satisfacer de manera equitativa los intereses respectivos de todas las personas.
  • La igualdad es un objetivo social esencial allí donde su ausencia trae consigo un déficit de dignidad. Cuando se vincula con el reconocimiento y respeto a la diferencia, lo denominamos “equidad”.

 

Desde esta concepción de la equidad, la economía solidaria defiende:

 

  • - El reconocimiento mutuo de las diferencias y la diversidad desde la igualdad de derechos.
  • - El justo valor de los recursos libres de especulaciones financieras, y su justa distribución.
  • - La igualdad de oportunidades para todas las personas y la necesidad de generar condiciones que la promueven de manera efectiva.
  • - El derecho a la participación en todos los ámbitos de nuestra vida cultural, social, económica, política, etc.
  • - El derecho a la información accesible, clara y frecuente para poder participar y tomar decisiones en todos los aspectos que nos conciernen como personas.
  • - La transparencia informativa como requisito para poder conocer, opinar y participar con conocimiento de la realidad y tomar las medidas oportunas que convengan al bien común, tanto en nuestras organizaciones como en todos los estamentos de la sociedad.
  • - La solidaridad organizada, para paliar la falta de fraternidad o de justicia.
  • - El compromiso con las personas y comunidades empobrecidas.

 

Algunas observaciones sobre la equidad:

 

Para la igualdad de oportunidades no es suficiente la cuestión de paridad en los puestos, sino que es necesario promover el desarrollo de las capacidades de todas las personas de manera equitativa. Esto supone desarrollar actuaciones que compensen la diversidad de desventajas sociales para que muchas personas tengan realmente las mismas posibilidades.


Un elemento básico es la paridad económica: a igual trabajo, igual remuneración.

 

  • Para la participación es necesario promover el acceso a todas las personas implicadas en la organización, poniendo todos los medios y creando cauces de accesibilidad que motiven la responsabilidad y el proceso de empoderamiento.
  • Sobre la transparencia es preciso también comunicar al entorno nuestros objetivos y resultados, asegurando instrumentos de comunicación adecuados para que llegue la información a los colectivos preferentes.
  • Para verificar como se están practicando la participación, la transparencia, la información y en definitiva la igualdad de oportunidades, es necesario realizar análisis permanentes.

 

2. Principio de trabajo:

 

Consideramos que el trabajo es un elemento clave en la calidad de vida de las personas, de la comunidad y de las relaciones económicas entre la ciudadanía, los pueblos y los Estados.


Por ello desde Reas situamos la concepción del trabajo en un contexto social e institucional amplio de participación en la economía y en la comunidad.


Afirmamos la importancia de recuperar la dimensión humana, social, política, económica y cultural del trabajo que permita el desarrollo de las capacidades de las personas, produciendo bienes y servicios, para satisfacer las verdaderas necesidades de la población (nuestras, de nuestro entorno inmediato y de la comunidad en general). Por eso para nosotros el trabajo es mucho más que un empleo o una ocupación.


Constatamos que estas actividades las podemos ejercitar individual o colectivamente, y pueden ser remuneradas o no (trabajo voluntario) y la persona trabajadora pueda estar contratada o asumir la responsabilidad última de la producción de bienes o servicios (autoempleo).


Dentro de esta dimensión social hay que destacar que sin la aportación del trabajo llevado a cabo en el ámbito del cuidado a las personas, fundamentalmente realizado por las mujeres, nuestra sociedad no podría sostenerse. Trabajo que aún no está suficientemente reconocido por la sociedad ni repartido equitativamente.

 

Desde esta concepción del trabajo, la economía solidaria defiende:

 

  • - Recuperar la dimensión humana del trabajo. Las personas son las protagonistas principales de la economía solidaria, y como tales deben crecer a través del desarrollo de sus capacidades: de iniciativa y creatividad, de pensar, de comunicación, de gestión, de trabajo en equipo, de asumir riesgos, de investigar... Es también un factor de inclusión e integración social y un pilar de la autoestima de la persona relacionado con todas las dimensiones de su vida.
  • - La dimensión social del trabajo: que significa poner nuestras capacidades al servicio de las necesidades de la comunidad y de la población en general. Incluyendo y teniendo en cuenta todas las formas de actividades como por ejemplo el trabajo doméstico o las tareas en el ámbito del cuidado a las personas.
  • - Las dimensiones políticas del trabajo: a) El derecho de todas las personas a tener pleno acceso a las oportunidades sociales de obtención de recursos; los derechos fundamentales del trabajo y el diálogo social. b) El derecho a participar en la planificación de lo que hay que producir para satisfacer las necesidades de la población comenzando por la más cercana y no tanto enfocada al mercado indefinido y globalizado. c) Participación de las personas trabajadoras y de la sociedad civil en la propiedad de los medios de producción y en la toma de decisiones relevantes, estando el capital social de las empresas al servicio de las necesidades sociales a las que se pretenda responder.
  • - Las dimensiones económicas del trabajo: a) Condiciones laborales dignas que cubran las necesidades económicas de las personas y empleo de calidad. b) Establecer formas consensuadas y justas de valoración del intercambio en las relaciones comerciales y productivas. Básicamente relaciones de cooperación y no de competitividad.
  • - La dimensión cultural del trabajo. Distinguimos entre trabajo y empleo, ya que este último término solo hace referencia a la forma jurídica de un contrato por cuenta ajena. Mientras que trabajo habla de su función humana, social, política y económica independientemente de su forma jurídica o administrativa.
  • - La dimensión ambiental, que implica la responsabilidad de producir bienes y servicios de forma sostenible.

 

Algunas observaciones sobre el trabajo:

 

  • De la dimensión social del trabajo se desprende la necesidad de establecer medios y mecanismos para detectar las necesidades de la población y producir aquellos bienes y servicios que son socialmente útiles... De ahí emana el deber y el derecho de trabajar, ya que es la forma de dar sentido a nuestras capacidades y ser reconocido por la sociedad.
  • Si queremos conseguir unas relaciones económicas justas es necesario fomentar un modelo de empresa coherente con todas las dimensiones anteriores, que es bastante diferente del modelo convencional que rige mayoritariamente en la actualidad.
  • Estas empresas, para conseguir sus objetivos sociales y económicos, tendrán que tener:

- Un funcionamiento autogestionario, sino, no tendrán la libertad de planificar y decidir, ni contarán con el apoyo de todas las personas que las integran...
- Un funcionamiento transparente, que asegure una buena comunicación para que la información llegue a todo el mundo...
- Un funcionamiento participativo y con asambleas abiertas a todas las personas socias y trabajadoras donde se consulta a todas sobre las decisiones relevantes a tomar.

 

Las empresas de economía solidaria quieren ser:

 

- Una escuela de capacitación profesional en los diversos oficios y profesiones,
- Una experiencia práctica de participación democrática responsable, estimulándola constantemente,
- Una oportunidad para el ejercicio de asumir responsabilidades y riesgos,
- Un ejemplo de equidad en igualdad de oportunidades, donde se facilita el acceso a cargos responsables y donde las diferencias de remuneración económicas son mínimas, equitativas y debidamente justificadas,
- Un aprendizaje de eficiencia en la planificación y la gestión,
- Un espacio donde generar trabajo estable y de calidad donde se eviten los horarios excesivos y los riesgos de accidentes,
- Un marco idóneo para acoger e integrar a personas con dificultades acumuladas,
- Un compromiso práctico con el desarrollo local de su territorio,
- Un laboratorio de experiencias de fraternidad económica
- Un foco de esperanza realista que permita vislumbrar que otra economía es posible.

 

3. Principio de sostenibilidad ambiental:

 

  • Consideramos que toda nuestra actividad productiva y económica está relacionada con la naturaleza, por ello nuestra alianza con ella y el reconocimiento de sus derechos es nuestro punto de partida.
  • Creemos que nuestra buena relación con la Naturaleza es una fuente de riqueza económica, y de buena salud para todos. De ahí la necesidad fundamental de integrar la sostenibilidad ambiental en todas nuestras acciones, evaluando nuestro impacto ambiental (huella ecológica) de manera permanente.
  • Queremos reducir significativamente la huella ecológica humana en todas nuestras actividades, avanzando hacia formas sostenibles y equitativas de producción y consumo, y promoviendo una ética de la suficiencia y de la austeridad.

 

Desde esta concepción de sostenibilidad ambiental, la economía solidaria defiende:

 

  • El consumo responsable como actitud coherente con un doble criterio ético de equidad social y de sostenibilidad ambiental: tener en cuenta las implicaciones económicas y sociales de las prácticas y hábitos de consumo.
  • La soberanía alimentaria: derecho de cada territorio a definir sus políticas agropecuarias y de alimentación y conservar sus variedades locales y sus razas autóctonas.
  • La conservación de las especies y territorios protegiendo la biodiversidad natural necesaria para el equilibrio de nuestro planeta y la obligada solidaridad con las generaciones siguientes.
  • El decrecimiento: el uso racional de los recursos: agua, energía, materiales... lo que significa desarrollar una economía que no lleve en su misma esencia la necesidad de crecer indefinidamente.
  • La producción limpia, que supone utilizar energías renovables, bioconstrucción, agroecología,... y la necesidad de prevenir la contaminación y de medir el impacto ambiental en nuestras actividades económicas (especialmente la emisiones de CO2).
  • La necesidad imperiosa de promover prácticas e iniciativas responsables con el medio ambiente (reducción, reutilización, y reciclaje de residuos, turismo responsable, energías limpias, etc.) y fomentar la educación ambiental y la investigación y el estudio de la Naturaleza para aprender de ella.
  • La ordenación del territorio que tenga en cuenta la distribución proporcional adecuada entre población y espacio para soportar la agricultura y la ganadería suficientes, los servicios de saneamiento, los transportes necesarios no contaminantes, etc. La planificación urbanística sin masificaciones, con modelos de construcción para la habitabilidad, la seguridad, la calidad, la convivencia vecinal y el respeto al descanso.
  • Donde coexista de manera equilibrada lo rural y lo urbano...


Algunas observaciones sobre la sostenibilidad ambiental

 

  • Consumir de manera responsable no es tan solo satisfacer una necesidad o deseo, sino que al hacerlo estamos favoreciendo procesos que tienen implicaciones positivas de carácter económico (redes de distribución del mercado social, financiación alternativa, banca ética,), social (equilibrio Norte-Sur, inclusión social, condiciones laborales dignas, desarrollo local...) y de sostenibilidad medioambiental (reducir contaminación, evitar agotamiento de recursos, evitar costes medioambientales innecesarios...)
  • El consumo responsable consiste en tener en cuenta estas repercusiones en el momento de elegir entre las distintas opciones que ofrece el mercado ya que al hacerlo colaboramos en todos los procesos que hacen posible el bien o servicio consumido: la energía que se consume en su producción, los recursos naturales que hacen falta para su producción, la mano de obra requerida (si ha sido justamente remunerada), y el residuo que genera una vez que su vida útil se ha agotado.
  • Dado el grado de deterioro ambiental producido es necesaria la recuperación, mejora y restauración de lo ya deteriorado y la compensación de las emisiones vertidas a modo de justicia ambiental.
    Necesitamos implementar iniciativas de economía basada en la ecología que tenga en cuenta en su viabilidad y sostenibilidad: la medición de los costes del impacto medioambiental, la recuperación del deterioro (justicia ambiental), la influencia en la salud de las personas, y la selección de los proveedores que cumplan estos principios.
    Somos conscientes de que nuestro objetivo de preservación ecológica y apoyo al medio ambiente sólo será posible cumplirlo si se dan, de manera efectiva, una serie de transformaciones económicas y sociales. Por ello es necesario hacer visibles estos planteamientos y experiencias positivas para presionar política, social y económicamente hacia estos cambios.

 

4. Principio de cooperación:

 

  • Queremos favorecer la cooperación en lugar de la competencia, dentro y fuera de nuestras organizaciones vinculadas a la Red, buscando la colaboración con otras entidades y organismos públicos y privados...
  • Pretendemos construir colectivamente un modelo de sociedad basándonos en el desarrollo local armónico, las relaciones comerciales justas, la igualdad, la confianza, la corresponsabilidad, la transparencia, el respeto...
  • Partimos de que la Economía Solidaria está basada en una ética participativa y democrática, que quiere fomentar el aprendizaje y el trabajo cooperativo entre personas y organizaciones, mediante procesos de colaboración, de toma de decisiones conjuntas, de asunción compartida de responsabilidades y deberes, que garanticen la máxima horizontalidad posible a la vez que respeten la autonomía de cada una, sin generar dependencias.
  • Entendemos que estos procesos de cooperación deben extenderse a todos los ámbitos: local, regional o autonómico, estatal e internacional y deben normalmente articularse en Redes donde se vivan y se fomente esos valores...

 

Desde esta concepción de la cooperación la economía solidaria defiende:

 

  • El fomento de la cultura de la cooperación promoviendo empresas cooperativas y un modelo de redes horizontales, participativas, democráticas, de confianza...
    La necesidad de articular las relaciones en red, que se caractericen por la misma cultura y valores de cooperación que pretendemos fomentar en la sociedad...
  • Redes para generar sinergias:
    - Socializar información de nuestras prácticas y enriquecernos mutuamente
    - Compartir conocimientos donde aprender y crecer.
    - Compartir los recursos de las organizaciones, los espacios físicos o bienes materiales.
    - Complementarnos y unir esfuerzos como parte de un todo.
  • Redes que respetan la autonomía de las entidades y promueven su fortalecimiento.

 

Algunas observaciones sobre la cooperación:

 

  • No podemos construir solos otros modelos de sociedad porque somos parte de un todo y aislados no somos suficientes.
  • La confianza se genera en base a los hechos. Si alguien pone en común sus informaciones, conocimientos, experiencias, preocupaciones, fracasos, etc., invita a las demás entidades y personas a realizar lo mismo y se crea la costumbre de relaciones de confianza y transparentes.
  • Las redes son espacios de desarrollo y crecimiento mutuo, por eso se valora el beneficio que la organización obtiene y lo que la organización aporta a estas redes con su participación activa.
  • La cooperación en nuestras Redes son tanto hacia dentro, mejorando permanentemente las relaciones entre nuestras entidades, colaborando en proyectos conjuntos y co-creando iniciativas comunes, como hacia fuera con otras entidades participando en eventos, proyectos o en causas comunes, buscando tener una incidencia política significativa en el entorno.
  • Para el fortalecimiento de las redes es necesario favorecer el autoconsumo de nuestros productos y servicios. En casos de entidades especializadas, de las redes, no es positivo competir con ellas, antes al contrario beneficiarnos de sus servicios, ya que normalmente saben más sobre ese producto determinado.

5. Principio “sin fines lucrativos”:

 

  • El modelo económico que practicamos y perseguimos tiene como finalidad el desarrollo integral, colectivo e individual de las personas, y como medio, la gestión eficiente de proyectos económicamente viables, sostenibles e integralmente rentables, cuyos beneficios se reinvierten y redistribuyen.
  • Esta “no–lucratividad”, está íntimamente unida a nuestra forma de medir los balances de resultados, que tienen en cuenta no solo los aspectos económicos, si no también los humanos, sociales, medioambientales, culturales y participativos y el resultado final es el beneficio integral.
  • Se entiende por ello que nuestras actividades destinan los posibles beneficios a la mejora o ampliación del objeto social de los proyectos así como al apoyo de otras iniciativas solidarias de interés general, participando de esta manera en la construcción de un modelo social más humano, solidario y equitativo.

Desde esta concepción de no tener fines lucrativos, la economía solidaria defiende:

 

  • La Reinversión de los posibles beneficios en la propia sostenibilidad de la iniciativa económica o mediante el apoyo a proyectos sociales, a nuevas iniciativas solidarias o a programas de cooperación al desarrollo, entre otros.
  • La Redistribución de la riqueza que generamos. Los resultados deben estar al servicio de la sociedad y no al servicio de la acumulación privada del capital. Lo justo es socializar los beneficios, evitando así la existencia de posiciones dominantes interesadas en apropiarse de los excedentes económicos.
  • La Autonomía e independencia política e ideológica y de decisión con respecto a las posibles fuentes de financiación externa. El hecho de desarrollar acciones subvencionadas por la administración, no significa que no se pueda mantener la independencia política.
  • La Transparencia y gestión democrática para que se pueda verificar la buena reinversión y redistribución de las riquezas generadas al servicio de la comunidad.
  • La sostenibilidad económica basada en la rentabilidad integral que tiene en cuenta tanto los resultados positivos económicos, como los sociales y ambientales. Este criterio es el punto de partida de cualquier iniciativa productiva que se ponga en marcha para que aporte los beneficios deseables sin perjudicar a ninguna otra dimensión, ni a otros colectivos productores o consumidores.
  • La utilización de la financiación ética en los flujos económicos de la entidad.

 

Algunas observaciones sobre el no tener fines lucrativos:

 

  • Dado que el obtener beneficios económicos no es el último fin de nuestras actividades, sino la sostenibilidad y la respuesta a las verdaderas necesidades de las personas, es importante revisar nuestras aplicaciones prácticas a la hora de fijar: jornadas de trabajo con horarios adecuados, sin horas extras, salarios a niveles justos, crear empleo o repartir empleo, condiciones de trabajo, etc.
  • Para realizar las reinversiones y las redistribuciones de los posibles beneficios generados, es importante plantearse quiénes son aquellos o aquellas con las que vamos a compartir el principio de transparencia y participación democrática, con el fin de garantizar que haya más personas o colectivos que puedan opinar sobre las prioridades.
  • Los mismos principios que rigen para nuestras entidades, rigen para las personas que las conformamos y debemos plantearnos dónde están situados nuestros ahorros con el fin de favorecer más el reparto equitativo de los beneficios en toda la sociedad.
    La autonomía y la sostenibilidad exigen estar muy atentos a que los porcentajes de ingresos vía subvenciones, donaciones, cuotas de usuarios y afiliados y facturación, sean los adecuados respecto al total de ingresos.

 

6. Principio de compromiso con el entorno:

 

  • Nuestro compromiso con el entorno se concreta en la participación en el desarrollo local sostenible y comunitario del territorio.
  • Nuestras organizaciones están plenamente integradas en el territorio y entorno social en el que desarrollan sus actividades, lo que exige la implicación en redes y la cooperación con otras organizaciones del tejido social y económico cercano, dentro del mismo ámbito geográfico.
  • Entendemos esta colaboración como un camino, para que experiencias positivas y solidarias concretas puedan generar procesos de transformación de las estructuras generadoras de desigualdad, dominación y exclusión.
  • Nuestro compromiso en el ámbito local nos aboca a articularnos en dimensiones más amplias para buscar soluciones más globales, interpretando la necesidad de transitar continuamente entre lo micro y lo macro, lo local y lo global.


Desde esta concepción del compromiso y cooperación con nuestro entorno, la economía solidaria defiende:

 

  • La búsqueda de respuestas a las necesidades de la población a partir de planes de desarrollo local comunitario y sostenible con la participación de la población consciente y organizada.
  • Que la participación normal en esos planes de desarrollo local sea a través de la implicación en redes, en interrelación con los diversos movimientos sociales que abordan múltiples problemáticas, así como con los diferentes colectivos que promueven posiciones económicas críticas (ecologistas, feministas,...)
  • Redes con estrategias de transformación, con impacto social para influir en el diseño y desarrollo de dinámicas sociales y políticas.
  • Redes de acción común solidaria, de información rigurosa y comunicación transparente, de participación responsable y democrática, de búsqueda de soluciones a temáticas específicas y también transversales sobre lo global del territorio...
  • Planes de desarrollo local y Redes que se planteen articulaciones más amplias para contribuir a la generación de alternativas globales, partiendo de lo local. “Piensa global y actúa local”.

 

Algunas observaciones sobre el compromiso con el entorno

 

  • Visibilizar nuestro compromiso con el entorno se concreta en el impacto social de nuestra actuación con el desarrollo local. Por ello son las otras entidades del entorno y la población cercana quienes tienen que visibilizar y reconocer lo que hacemos y valorar nuestro impacto.
  • Tenemos que partir de un compromiso con las alternativas socio-económicas activas del entorno (entidades y colectivos específicos sobre el ahorro, el comercio justo, el desarrollo, etc.), favoreciendo la creación del tejido social y estimulando y fortaleciendo el existente.
  • Es importante un análisis del contexto donde convivimos para saber, por un lado las verdaderas necesidades existentes y que entidades y personas están comprometidas con ellas, y por otro lado saber qué prioridades de colaboración establecer, y conocer con quienes se cuenta y con quienes no, para esta tarea de compromiso y búsqueda de respuestas transformadoras.
  • En esos procesos de trabajo común con otras entidades y colectivos es muy importante la tolerancia con la diversidad, de manera a desarrollar estrategias de sumar para fortalecer las redes.