Postcapitalismo, entre cooperativismo y economías solidarias

En el recurrente debate sobre el postcapitalismo y sobre el lugar que podrían ocupar en nuestras sociedades economías otras, alternativas al neoliberalismo global, atraen nuestra mirada experiencias como las de la economía solidaria y las del célebre, y ya histórico, experimento de los “tejedores de franela” del Distrito inglés de Rochdale.

 

En esta última, como es conocido, los socialistas cristianos, enfrentados a los cartistas defensores del “sufragio universal” y de la Reforma social contenida en la simbólica “Carta del pueblo”, abrieron en 1844, con sus pequeños aportes monetarios, un almacén cooperativo de proveeduría de algunos de los alimentos básicos, al tiempo que con audaz ingenio establecían un nuevo tipo autogestionario de relaciones económicas de propiedad y de participación social en el resultado de su actividad cooperativa. Fundacional episodio que atrae la atención del mismo Marx, quien lo cita en El Capital1, pero también atrae la atención de un periódico de la época (1866) cuyo director, horrorizado, comentaba que: “estos ensayos ¡no dejaban sitio visible al capitalista!”.

 

Con este experimento aquellos intrépidos pioneros gestaban, sin saberlo, el moderno paradigma de la cooperativa y del cooperativismo, que si bien en más de ciento ochenta años de historia consiguió convertirse, según Naciones Unidas, en el más grande movimiento económico y social a escala mundial, no logra, sin embargo, esta forma democrática de organización de la actividad económica o de una economía otra existente, su hegemonía en ninguno de los países capitalistas ni en los de los socialismos realmente existentes, asi Lenin imaginara, en el Programa cooperativo de 1923, la economía soviética como la de una gran cooperativa y que, en palabras del líder de la revolución de 1917, “No necesitamos ahora ninguna otra clase de sabiduría para pasar al socialismo”2.

 

Pese a ser valorada así esta renovadora economía por estos dos grandes pensadores revolucionarios, que con sus fundamentos y quehaceres claramente controvierte la racionalidad lucrativa y las lógicas sociales del mercado capitalista, por sus propias debilidades institucionales, liderazgos y burocracias empresariales, como por la dominancia de los poderes centrales del capital y de los mismos del Sur global, no ha pasado ni pasa de ser una economía subalterna a éstos. No obstante beneficiar y servir, como lo hace, a miles de millones de familias trabajadoras, campesinas y de las más variadas comunidades en países de los cinco continentes. Igualmente, con desconcertante impotencia esta particular economía es, históricamente, sometida a los complejos circuitos económicos de la reproducción del capital y a sus especificidades en cada uno de los países y, con comprobadas evidencias, por el actual proceso de globalización neoliberal en curso.

 

Como consecuencia de esta constricción, o de las características de ser una economía cooperativa o paradigma proveniente del continente europeo, en latente disputa desde el siglo XIX con la hegemónica economía capitalista; ahora también ocupa destacado lugar la alentadora emergencia del nuevo paradigma de las economías solidarias –así, en plural–con otras narrativas, repertorios, formatos y potencialidades, desde las más diversas comunidades, colectivos de trabajadores/as desalarizados, campesinos, pueblos ancestrales y pobladores/as de las periferias urbanas de los países del Sur global. Los variados tipos, clases o formas etno culturales que asumen estas economías parecen más aptas para encarar y resistir la devastación social, económica, ambiental y cultural ocasionada por el cada vez más deslegitimado proyecto neoliberal.


Al ser así, no extraña, por tanto, que reconocidos investigadores de la economía solidaria, como Luis Razeto, en su obra “Los caminos de la solidaridad”, asegure que para su promoción en este continente contribuyó el discurso del Papa Juan Pablo II ante la Cepal en 1987, al plantear con vehemencia la idea de una economía de la solidaridad como esperanza para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de América Latina.

 

Aunque todo parece indicar que fue en el Foro Social Mundial (Porto Alegre, Brasil, 2001), en donde esta economía otra adquiere dimensión global, legitimidad; década en la que también adquiere en algunos países de la región, incluida Colombia, legalidad en sus normas nacionales, adoptadas por sus gobiernos, unos derivados de los progresismos que irrumpieron a comienzos del siglo XXI en Nuestramérica, y otros exigidos por las múltiples resistencias de los nacientes nuevos sujetos sociales territorializados contra/neoliberales del ciclo político de comienzos del presente siglo, o por los del reciente ciclo, más radicales, que apuestan por mañanas posibles postcapitalistas.

 

Sea cual sea la narrativa de su creación social y la de sus orígenes, las economías solidarias y otros tipos de economías autogestionarias de mutua ayuda, comunales, comunitarias o ancestrales solidarias, entre tantas, ocupan hoy centralidad en las alternativas y en las agendas políticas de los/as que rivalizan por una profunda democracia participativa para la reproducción de la vida y la conservación del planeta y no, como ocurre, para la reproducción sólo del capital.

 

¿Cooperativismo para la Colombia del posacuerdo?

 

Pretendemos ahora una narrativa que nos aproxime a la historia escrita, con sus prácticas y quehaceres cotidianos, por el cooperativismo colombiano, de una parte, y de otra, a los intentos de la economía solidaria por habitar con la debida legitimidad entre nosotros. Con tal propósito bien procede el siguiente y breve relato, que sin agotarlo o resultar suficiente, intenta caracterizar los rasgos y las tendencias de cada una de estas singulares economías otras, y que en Colombia, sin mayores dudas, desafían de manera implícita o abierta a la dominante del capital.

 

La historia propia de como anidó en el país el capitalismo, primero en los enclaves de plantación y energético mineros, y después en las principales urbes, configuró un tipo institucional de cooperativa y de cooperativismo, que este autor en los años ochenta designó como el “modelo histórico”. De “vínculo societal cerrado”, circunscrito a las más importantes empresas o instituciones públicas, con predominio de un sujeto cooperativo asalariado y laboralmente activo. Cultor de una mentalidad más asistencial y paternalista que empresarial y solidaria, instituyente de una suerte de sentido común o de convicción cultural carente de total sentido de propiedad y pertenencia; más de cliente ocasional o de usuario que de ser propietario-autogestor.

 

Estas nocivas subjetividades o economismo, en millones de los miembros de su “comunidad societaria”, como es bien sabido, lastran secularmente al movimiento cooperativo para ser activa fuerza social de luchas y resistencias. Así se configura, en lo fundamental, un específico paradigma nacional de cooperativa y de cooperativismo urbano centrado en las principales ciudades y articulado a las tramas de los circuitos económicos de la reproducción del capital nacional y transnacional.

 

En tanto, a contrapelo con las activas dinámicas del “cooperativismo urbano”, la presencia de la economía cooperativa en los territorios sociales de la diversa geografía rural nacional, revela históricamente unas realidades por demás inconvenientes a las mayores demandas y urgencias de sus variados pobladores/as. Circunstancia ésta que plantea más interrogantes y pendientes que acumulados o experiencias exitosas. Sin dejar de reconocer, desde luego, los más conocidos y algunos ejemplarizantes “modelos cooperativos agropecuarios”, que sólo cambian sus actividades económicas y, con excepciones, los acostumbrados aportes monetarios por aportes en especie o en productos. Pero, en lo fundamental y en general, comportan el formato tradicional de la “urbanas”.

 

Entre tales modelos, los más significativos e importantes por destacar serían los promocionados por la Reforma social agraria de 1961, que en sus inicios, sin mayor autonomía, fueron gestionados por los “Directores de proyectos” del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, Incora. En 1974 registraron 27 entidades y en 1985, su mejor momento, 28.000 asociados. Por la importancia alcanzada fueron articuladas a la Central cooperativa Cecora. Acotar finalmente que, fracasadas como la misma Reforma agraria, son liquidadas.

 

Otras serían las cooperativas de los gremios cafetero, algodonero, ganadero y lechero; estas últimas, y con resultados exitosos, aún perduran (Coolechera, Ciledco, Colanta, entre otras). Al igual que las cooperativas de productores de café, agenciadas por la Federación Nacional de Cafeteros, con almacenes de provisión agrícola y dedicadas solo a la comercialización del grano, la actividad menos rentable. También las cooperativas de ganaderos, con servicios de asistencia técnica, veterinaria y proveeduría pecuaria. Así como algunas cooperativas mineras, entre ellas las de extracción del carbón. En tanto, las tan solicitadas o demandadas, de medianos y pequeños campesinos nunca existieron, y las constituidas, entre las mencionadas de la segunda Reforma agraria del siglo XX, buen número de ellas desaparecieron, acrecentando así las históricas exclusiones y frustraciones de esta “otra Colombia” olvidada.

 

Finalmente, cabe anotar que estos tradicionales modelos cooperativos, urbanos y rurales, en gran medida correspondieron en sus características a las condiciones específicas del capitalismo colombiano del siglo XX, lo que podría indicarnos que serían éstos los más inapropiados en las disputas con el actual capitalismo neoliberalizado del siglo XXI. Como a finales del siglo pasado, con probada evidencia, dio cuenta de ello la liquidación y desaparición de miles de cooperativas, sobre todo urbanas, y de algunos Fondos de Empleados, hecho que produjo incalculable afectación económica para cientos de miles de sus asociados/as y de sus familias.

 

Agregar, por tanto, a modo de reflexión, más bien de incertidumbres, los siguientes interrogantes: ¿Serán estos “cooperativismos históricos” o tradicionales –urbanos y rurales–realmente existentes en Colombia, los más idóneos para implementar la Reforma Rural Integral del Acuerdo firmado con la insurgencia armada de las Farc? ¿Podría ser esta la oportunidad, siempre negada o excusa, para con sentido otro “reconfigurar” de manera radical el viejo paradigma cooperativo y su “tradicional” geografía, formas, estructuras y arquitectura de articulación, coordinación, representación y poderes; así como en sus tipos y, sobre todo, en sus prácticas y quehaceres constituidos? ¿Remozar o refrescar sus liderazgos y, desde abajo, refundar un “cooperativismo constituyente”, verdaderamente transformador de las relaciones sociales propias –cooptadas o constreñidas– y fundamentalmente de las liberales dominantes en nuestra sociedad? ¿Es sólo el paradigma de la cooperativa y el del cooperativismo el medio más expedito para construir en y desde los territorios, históricamente olvidados, una Paz que sea estable y duradera?

 

La economía solidaria, ¿una desconocida?

 

Resta sólo abordar, como mirada de la visión contractual dominante en Colombia, el desconocido imaginario social de la economía solidaria. Deriva del desgraciado y nefasto colapso del cooperativismo “financierista” de finales de los años noventa del siglo pasado, así denominado por privilegiar y operativizar lógicas y prácticas exitosas unas, y non sanctas otras, transmutadas sin mayores reparos de la banca liberal. Episodio que implicó, como es bien conocido, la pérdida de sesenta “cooperativas financieras”, las más grandes de todas las cooperativas de la época, y de tres Bancos (Uconal, Bancoop y Coopdesarrollo), éste último transformado en sociedad anónima capitalista con la razón social de Megabanco.

 

Por el derrumbe de este extraordinario “sistema financiero” autogestionario popular –valorado por entendidos y este mismo autor como el más grande y único jamás construido en el país por trabajadores/as o movimiento social alguno–, el gobierno, como suele ocurrir con la mayoría de las políticas públicas, no indemnizó al movimiento cooperativo nacional. Años después, en la administración de Samper Pizano y con la inesperada iniciativa de un sector de los cristianos en el Congreso de la República, tramitan y sancionan la Ley 454 de 1998. Norma que, por lo demás, también reconoce jurídicamente la existencia de la “extraña” economía solidaria –ignorada, a soslayo, por las élites o burocracias de la institucionalidad cooperativa–, no obstante habérsele reconocido la “nacionalidad” diez años antes en el Capítulo Preliminar, numeral 3 del artículo 1°, de la vigente “Legislación cooperativa” (Ley 79 de 1988).


Esta afortunada casualidad de la nueva normatividad especial tiene, visionariamente, la virtud en su Capítulo primero, de crear legalmente y explícitamente el Marco conceptual de la Economía solidaria. Definida como un sistema económico social, cultural y ambiental, conformado por el conjunto de las fuerzas sociales –no sólo trabajadores– organizadas en formas asociativas. Identificada por prácticas autogestionarias solidarias, democrática y humanistas sin ánimo de lucro. Para el desarrollo integral del ser humano, como sujeto, actor y fin de la economía.

 

Definición que supera, de esta forma, la tradicional noción de “sector” de la economía cooperativa y de subordinación a la economía estatal y capitalista. Al mismo tiempo, y a contracorriente de la teoría liberal, instala en el centro y razón de la actividad económica al ser humano. Establece, asimismo, once Principios guías e identidad de esta otra economía, que a diferencia de los siete Principios Universales del cooperativismo, los amplía a nuevas dimensiones, con la primacía del ser humano sobre el trabajo, los mecanismos de cooperación solidaria y de los medios de producción. Hace explícito, de igual manera, el carácter de la propiedad asociativa solidaria sobre los medios de producción, contraria al de otros tipos de propiedades. También enfatiza en la promoción de una cultura ecológica.


De otra parte, igualmente de forma novedosa, establece en general los Fines de la economía solidaria. Con finalidades expresas y por demás insólitas entre nosotros, de generar y consolidar una corriente vivencial de pensamiento solidario, crítico y emprendedor como medio para alcanzar la paz de los pueblos. Asimismo, propende por el ejercicio de la democracia participativa, y por la activa participación en el diseño y ejecución de planes, programas y proyectos económicos y sociales territoriales.

 

Igualmente, propende por garantizar a su comunidad societaria solidaria la participación en el trabajo, la propiedad, la formación e información, la gestión y distribución equitativa de beneficios sin discriminación alguna. De igual forma, este aludido Capitulo establece con claridad las características de las organizaciones asociativas solidarias y el carácter que deben tener y cumplir en general dichas organizaciones para ser reconocidas como tales.

 

Este resumido perfil jurídico-conceptual de la emergente y legalizada, en Colombia, economía solidaria, a mi modo de ver, por sus peculiaridades, formatos y demás características reales y jurídicas, parece comportar mayores flexibilidades y ventajas superiores en las, de por sí, complejas disputas y conflictos con el reconfigurado o neoinstitucional capitalismo del siglo XXI.

 

No obstante tales potencialidades resulta, eso sí, bien “extraño” que pasadas cerca de dos décadas de dicha normatividad especial no haya recibido el impulso y despliegue requeridos por ninguno de los subsiguientes gobiernos, obligado a su protección y promoción; ni por la élite y burocracias de la alta institucionalidad del cooperativismo o por los liderazgos de la numerosa comunidad societaria cooperativa. De otra parte, también llama la atención que las diversas organizaciones, movimientos sociales, nuevos y los radicales, así como algunos grupos políticos de las llamadas nuevas izquierdas, que la hicieron visible y mundializaron en sus múltiples resistencias, tampoco hayan “legalizado” o las haya atraído aquel referente jurídico-conceptual para sus construcciones, apuestas y proyectos de economías solidarias, que incluso, con evidente anterioridad a éste ya habitaban cotidianamente sus quehaceres, no únicamente de sobrevivencia y resistencias sino también con horizontes poscapitalistas.

 

Razones que, igualmente, conducen a algunos interrogantes o reflexiones para explorar y experimentar, desde las dimensión económico-social, alternativas que el actual ciclo político de posacuerdos con las insurgencias armadas, pactado o en proceso de ello, puedan sortear o rehuir nuevos y mayores fracasos en esta época que vivimos, de incertidumbres y de creciente polarización entre el miedo y la esperanza3.

 

En consecuencia, ¿Será este emergente imaginario y paradigma de las economías solidarias, en sus múltiples formas y clases, el más indicado para construir, desde abajo y con democracia directa constituyente, la negociada paz estable y duradera? ¿Es con una creativa o audaz diáspora de economías cooperativas radicalmente reconfiguradas, de economías solidarias, comunales, comunitarias y de otras iniciativas asociativas autogestionadas solidarias populares, la más apropiada para, de manera multidimensional, construir la paz anhelada? En contraste, ¿Será la Paz neoliberal del gobierno, las agencias de cooperación y los organismos multilaterales la que asegurará a los territorios y a sus pobladores que sea estable y duradera?

 

Con todo, y más allá de las alternativas exploradas o experimentadas, este no deja de ser nuestro más grande, controversial y difícil desafío en el actual horizonte de la geopolítica y geoeconomía continental y mundial, para cambiar, ahora sí, el rumbo de nuestra larga historia, y por siempre desterrar los cien años de soledad, incertidumbres, miedos y desesperanzas que vivimos.

 

Bogotá, D. C., julio de 2017

 

*Economista - especialista en cooperativismo y economía solidaria..

1Tomo I, p. 368.

2Obras Escogidas, Tomo 3

3De Sousa Santos, Democracia y transformación social, 2017.

 

 

Liberando la madre tierra, el corazón y los pensamientos

Del 3 al 6 de agosto se llevó a cabo en Corinto –Cauca–, el primer encuentro internacional de liberadores y liberadoras de la Madre tierra, un espacio de tejido político e intercultural, de conocimiento y cariño mutuo, para intercambiar experiencias, generar lazos de solidaridad y alzar la voz ante la inminente destrucción del planeta, así como darle vida a un proceso de liberación más amplio, pues, como dicen los nasa que lideran este proceso,: “liberar la madre es escuchar su llamado de rebeldía, liberar el pensamiento y el corazón”.

 

Es de resaltar que a pesar de tener el respaldo de las instituciones indígenas como cabildos, la guardia indígena o la Chab Wala Kiwe –Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), el encuentro es el producto de una iniciativa acordado por los espacios comunitarios de base y puesta en marcha hace aproximadamente un año; por su naturaleza de autonomía y autogestión se financió exclusivamente con aportaciones solidarias. En palabras de Paulina, comunera nasa del resguardo indígena Páez de Corinto: “Este encuentro, para nosotros como liberadores, era muy importante porque permite conocernos con otros procesos y porque sirve para visibilizar la situación que vivimos acá, una situación de discriminación por parte del Estado”.

 

El encuentro

 

El evento comenzó resistiendo los embates del poder. En horas de la mañana del día jueves 3 de agosto del 2017 diferentes comuneros(as), cabildantes y miembros de la guardia indígena, que se encontraban ultimando detalles para recibir las diferentes delegaciones nacionales e internacionales que participarían en el encuentro, recibieron entre las 7 y las 10 am al gobierno de Colombia quien a través del Esmad (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) arremetió y destruyó las instalaciones, los cambuches y los sitios de alojamiento preparados desde dos meses atrás para recibir las distintas delegaciones; por precaución la comunidad no confrontó y regresó al punto donde sucedieron los hechos.

 

Horas después, y en asamblea extraordinaria en el punto de liberación en Corinto, se decidió que el encuentro se mantiene tal y como se había planeado desde hace un año atrás ahí en el mismo punto de liberación. La comunidad liberadora entendió que lo sufrido era un ataque directo del gobierno nacional, los propietarios y/o administradores de los ingenios de caña y todo el aparato transnacional al servicio del sistema capitalista, actuando en contra de la liberación de la Madre Tierra. Un ataque más, pero como en los más de 200 desalojos realizados por la fuerza pública a lo largo de estos años los liberadores y liberadoras resistieron y, sin dudarlo, rehicieron como pudieron lo que en unos minutos destruyó el Esmad.

 

Así, con la dignidad y la alegría intactas, el segundo día se echó a rodar la conversa haciendo memoria sobre la experiencia del proceso de liberación, de tal forma que quedaran claras sus razones y sus sentidos. A continuación hicieron presencia las voces y las experiencias presentes, las cuales provenían de distintas geografías rebeldes y latitudes del planeta, entre ellas:

 

Semillas de la tierra y el sol (Suacha), Proceso del barrio Nueva Jerusalén (Medellín), Movimientos por la tierra y el territorio (Bolivia), Copinh (Honduras), La Sexta (México), Nasa tul (Cauca), Semillas del futuro –Proceso de etnoeducación de Caloto (Cauca), Crihu (Huila), Movimiento estudiantil al servicio del pueblo (Medellín), Alternativa popular (diferentes territorios del país), Sindesena (Medellín), Jubilados del magisterio de Antioquia, Proceso en defensa del páramo de Sumapaz (Fusa), Proceso de lucha en contra de la construcción del nuevo aeropuerto de París (Francia), Cabildo Nasa de Jumbo (Valle del Cauca), Movimiento juvenil regional y zonal Álvaro Ulcué (Cauca), Pueblos en camino (Cauca), Semillero investigativo y pedagógico de Tierra adentro (Cauca), Consejo Regional Juan Tama (Tierra adentro), Decoin –Defensa y conservación ecológica de Intag (Ecuador), Ríos vivos (Colombia), Asociación Puerto Valdivia (Antioquia), Comunidad de Paz de San José de Apartadó (Antioquia), Proceso en contra de la minería en Cajamarca (Perú y Colombia), Movimiento por los derechos del pueblo (Modep), además de individualidades procedentes por iniciativa propia desde sitios como: Valle del Sibundoy -Tabanok (Alto Putumayo), resguardo Embera Chamí San Lorenzo (Río Sucio, Caldas), Medio San Juan (Chocó), Medellín, Bogotá, Palmira, Cali, Ibagué, Popayán y, por supuesto el periódico desdeabajo. Después de escuchar las voces de estas iniciativas, colectivos, procesos de distintos orígenes y horizontes diversos, empezamos a “poner todas las luchas desde el corazón”.

 

El tercer día se realizó una lectura colectiva del contexto, no solo regional latinoamericano, sino del territorio en general, analizando amenazas y problemáticas que deja en las comunidades el avanzar del sistema capitalista, reflexión realizada por comisiones mediante su particularidad. De esta manera fueron abordadas realidades como la disputa en la academia y la educación, el tema de mujeres, de jóvenes, de lucha contra mega proyectos y claro esta, desde el mismo pensamiento ancestral. Para terminar, el último día se construyó una agenda común con el ánimo de proyectar un plan de vida, con acciones y posicionamientos a aplicar por parte de cada colectivo en su territorio.

 

El proceso de liberación fue reconocido por todos y todas como una iniciativa de vanguardia en las luchas anti capitalistas del país y el continente, pues confronta directamente el modelo arrebatando la tierra de las manos de quienes más la explotan, haciendo una reforma agraria de hecho, reforma imprescindible en Colombia para que, como lo reporta el informe de Oxfam sobre el censo nacional agropecuario, es el territorio más desigual en temas de tenencia de la tierra en todo Latinoamérica.

 

Valga resaltar que en el Encuentro quedó constancia de los problemas y las contradicciones vividas al interior del pueblo nasa, producto de la disputa interna en los resguardos y con las mismas comunidades por las dádivas –entre ellas el dinero– con que el Estado seduce, y en temas relaciones con el ejercicio del poder y el uso de la tierra, por ejemplo, con aspectos puntuales como los cultivos de marihuana por eso el proceso también impone una disputa al interior de las comunidades, allí se antepone a la forma de organización de la vida y la mirada imperante del capitalismo un horizonte ancestral que impone la crítica al sistema desde la re significación misma del mundo, no como recuperación, sino como liberación de tierras.

 

De esta manera el encuentro vivió su pleno desarrollo, las palabras se hicieron propuestas y tejidos para los diferentes procesos, así también la noche y con ella la música propia, la poesía, el rap, los cantos africanos y las gaitas que en su letras como en sus sonidos nos invitaban a continuar liberando a nuestra Madre; intercambio de otros saberes vividos y gozados bajo la luz cálida vespertina y la luna creciente acompañada de un cielo estrellado, los liberadores reímos, cantamos, tomamos chicha, nos hermanamos y nos dispusimos a seguir liberando la madre tierra, el corazón y los pensamientos.

 


 

Recuadro

 

El proceso de liberación de la Madre tierra inició en diciembre del 2014, producto del incumplimiento de lo acordado con el gobierno* a propósito la masacre del Nilo –diciembre de 1991–, en la cual fueron asesinados 21 indígenas por fuerzas oficiales y paramilitares.

 

Esta liberación es la vía de hecho tomada por el pueblo Nasa para hacer valer su dignidad pero, con un sentido más profundo, con la cual buscan no solo ampliar resguardos y que la tierra cambie de dueños, sino armonizar el territorio, respetándolo, dándole espacio a los espíritus, desarrollando una relación ambiental con el mismo, en un sentido de integración con la Madre tierra como parte de la gran casa que habitamos.

 

El proceso de liberación no ha sido ni fácil ni pacífico, así lo recuerda de manera continúa y persistente el Estado. En efecto el 9 de mayo fue asesinado por la fuerza pública, a sus 17 años, Daniel Felipe Castro. En esa misma jornada, en la que participaron unos mil comuneros, fue herido de gravedad el comunicador popular bogotano Pedro García, quien hasta hoy continúa en convalecencia. De igual manera, unas semanas antes, el día 23 de marzo, fue asesinado presuntamente por trabajadores de Incauca –propiedad del magnate Ardila Lüle–, el líder nasa Javier Oteca en mientras realizaba tareas de control territorial en la Liberación de la Madre tierra.

 

* Indemnizar a la comunidad del resguardo Huellas –Caloto– con 20.000 hectáreas.

Publicado enEdición Nº238
Miércoles, 26 Julio 2017 09:52

Cootrasofasa. Entre Envigado y Duitama

Cootrasofasa. Entre Envigado y Duitama

Un proceso con origen y cambios. Al iniciar la década del sesenta las cooperativas colombianas aún no llegaban a la cifra de 500, y su perfil se enmarcaba en lo tradicional: ahorro y crédito, consumo, comercialización y/o producción, como aconteció con las cooperativas surgidas a propósito de la “reforma agraria” de los años 60.

 

La función de las cooperativas era paliativa y complementaria, para suplir las necesidades personales o del grupo familiar.

 

Si bien la presencia del cooperativismo no era masiva, su idea había calado hondo en la masa de obreros de las fábricas surgidas en el país a propósito del impulso estatal a la industrialización nacional; también entre los trabajadores vinculados al sector financiero, entre los empleados oficiales y en algunas organizaciones comunitarias que encontraron en su práctica un punto de apoyo para el desarrollo personal y familiar.

 

Entre esas nuevas industrias nacionales Sofasa–Renault Colombia encontró un lugar de renombre a partir de su nacimiento en diciembre de 1972. Antes de ella, como producto de una licitación abierta para instalar en el país una ensambladora de automotores, ya existía Socofam; la fusión de ellas da cuerpo a la nueva sociedad, con sede en Duitama y Envigado.


El Taller 600

 

La nueva empresa generaba trabajo, pero el entorno social obligaba a blindarse ante las necesidades. El sindicato posibilitaba la organización para la defensa de los derechos colectivos. En los talleres el día a día traía nuevas afugias, el costo de la vida acosaba. Entre conversación y queja, entre anhelar y luchar creció, en el Taller 600, la idea de buscar soluciones al acoso cotidiano. “cooperativa” fue la palabra que más coincidía. “cooperativa”, caló entre las búsquedas. No conocían el germen de la asociación en Roachdale pero vivían premuras similares.

 

Entre los operarios del Taller 600 y los de la sesión de latonería pusieron a rodar la idea; la pregunta va y viene, al que sale del turno, al que llega al turno, en las conversaciones que hacen de sobremesa en los horarios de comida, en los escasos momentos de pausa. ¿Quiere hacer parte de la cooperativa? Este se llama Juan, aquel Alberto, éste dice que no sabe, el otro que tal vez, aquel que sí, que claro, que es necesario, todos dudan, ¿y esto que tiene que ver con el sindicato?, no se confunden las cosas; son paños de agua tibia: la lucha es por todo o por nada. Eso de las cooperativas es puro reformismo, así nos distraen de nuestros verdaderas luchas... Las dudas eran pertinentes, la discusión válida, y ambos sindicatos coincidían en el sentir de crear la cooperativa, incluso en 1971, en el primer pliego de peticiones, se incluyó la solicitud de un aporte de la empresa para conformarla.

 

Es así como el 3 de julio de 1972 nació la Cooperativa. No eran 28 como los Justos Pioneros de Rochdale, fueron 33 trabajadores que firmaron el acta de constitución de la Cooperativa de Trabajadores de Sofasa. El nombre de Manuel Jiménez figura como primer gerente, pertenece al sindicato de industria; para los demás cargos de la Junta le acompañan representantes de ambos sindicatos y algunos empleados no sindicalizados que laboraban en cargos administrativos de Sofasa. Sigifredo Córdoba, Rosendo Saavedra, Fermín Pinillos, Guillermo Ortíz, Ramiro Vargas.

 

Durante los primeros diez años de su existencia, los apoyos y acompañamientos, si bien tendían a los beneficios económicos, préstamos, financiaciones de artículos de hogar, no se contaba con la atención y disponibilidad permanente para prestar un servicio ágil y de cara a los afiliados. Pasado este tiempo, la nueva dirección que asumió su destino le inyectó un rostro que le otorgó familiaridad, cercanía, perfilando el interés humano de la cooperativa por sus asociados. Incluso se fue más a fondo, ganando madurez, lo cual quedó evidenciado en la relación establecida con el sindicato, potenciada por las dolencias de salud de sus afiliados –los mismos para uno y otro: los médicos que atendían las consultas generales dieron cuenta de los constantes cuadros de afectación gastrointestinal, presión laboral, dolencias respiratorias que alarmaron a sindicalistas y asociados de la cooperativa. Como respuesta ambas partes acordaron liderar la formación en Salud ocupacional, para lo cual diseñaron la campaña “Don saludable” cuyo énfasis en la prevención, cuestionó, a su manera, la indolencia de la empresa respecto al bienestar social de los trabajadores.

 

El eco del quehacer cooperativo llegó hasta Duitama. La región empezó a vivir un auge con la presencia de Sofasa. Quienes se vincularon a laborar allí provenían de zonas rurales, campesinos que traían consigo un legado socio-cultural que se remonta a las huellas indígenas y a los impactos del mestizaje que en la meseta cundi-boyacense definieron los acontecimientos históricos durante la Colonia y después en la constitución de la República. Dueños de una identidad local, la personalidad de los boyacenses suele desanclar su hermetismo para abrirse a las innovaciones si median en ellas las prácticas, los acuerdos o los beneficios colectivos. Martín Moncada, era uno de esos personajes que encarna en el perfil descrito. Estaba vinculado a la sede Duitama de Sofasa, allí coincidió con Ángel Gutiérrez, que provenía de Montería, en donde se había especializado en una tecnología en electricidad. En el año de 1979 llegó a la planta en Boyacá, donde sobresalió por la actividad sindical, coincidiendo con Martín Moncada en la idea de la cooperativa.


Como un antecedente de la misma, los dos trabajadores se aventuraron a promover la venta de carpas y vajillas entre sus compañeros en Duitama, era una decisión arriesgada por los antecedentes del Fondo de solidaridad Fedeso, cuyo pésimo manejo había generado un ambiente de desconfianza entre los trabajadores. El éxito inesperado que recogieron los motivó a dar un paso más, ensayaron con electrodomésticos y la acogida los dejó inquietos. La idea de atender requerimientos de los compañeros clamaba por una organización más sólida que garantizara una actividad continua, lo que los llevó a iniciar contactos con la Cooperativa de Trabajadores de Envigado con el propósito de organizar una sucursal en Duitama.

 

Y no le dieron espera al tema. Rodeados por un prado de numerosas flores que ambientaban la entrada del Club Recreativo Las Margaritas en las afueras de la población, 39 trabajadores firmaron el acta de constitución de la Cooperativa el 26 de mayo de 1984. Una máquina de escribir prestada y dos sillas conformaban la dotación de la primera oficina ubicada en el tercer piso del edificio El carey. Allí fueron llegando los afiliados y los que querían afiliarse. La afluencia y la demanda para atender los servicios era cubierta por los socios que se rotaban voluntariamente durante los días iniciales de la Cooperativa, lo que llevó a nombrar un director en propiedad. En agosto de 1984, Humberto Narváez se instaló en los escasos 3 metros de la oficina, en el estrecho espacio, amontonadas, cabían todas las expectativas de los trabajadores que se adhirieron al proyecto cooperativo identificados con una idea que les era muy suya.

 

De la lucha nace la esperanza

 

La puerta abierta entre Envigado y Duitama tiene otros antecedentes, en este caso determinados por la resistencia y la defensa de los derechos colectivos.

 

Miremos por el retrovisor. Los obreros recuerdan el amargo diciembre negro de 1980. En busca de fortalecer la lucha sindical se acordó la conformación de una Dirección Nacional que agrupara todas las sedes de Sofasa ubicadas en Envigado, Duitama y Bogotá. El trámite legal implicó el traslado de sede de la Dirección para Bogotá lo que a su vez derivó en la supresión de la subdirectiva en Antioquia, sus líderes quedaron sin fuero; el talón de Aquiles, así expuesto, lo aprovechó la empresa para golpear el sindicato: todos los directivos de Envigado y algunos de los trabajadores más beligerantes fueron despedidos en diciembre de 1980. Desprotegidos intentaron sortear la notificación de despido haciéndose incapacitar y ganar tiempo mientras lograban cubrirse con una resolución del Ministerio de Trabajo que nunca llegó –al menos a tiempo.

 

Las manos llagadas de los obreros despedidos no cicatrizaron en aquel diciembre; la operación cuchara que idearon los trabajadores para infligirse quemaduras como si fueran accidentes de trabajo no surtieron efecto, los despidos fueron irrevocables. La celebración navideña vino con la solidaridad sindical externa porque los fondos del Sindicato fueron congelados por una resolución del Ministerio de Trabajo que ordenó una “coincidencial” investigación de los fondos.

 

No hubo fiesta, pero se reunieron a ver la película Actas de Marusia que reconstruía la historia de las luchas mineras en la población salitre de Marusia, en Chile. Película que narra como, entre las amenazas, la cárcel y los asesinatos llevados a cabo para impedir la organización del sindicato, los mineros se enfrentaron decididamente a la represión ordenada por la compañía y ejecutada por el ejército. En 1925 los empolvados y áridos paisajes de Marusia se colorearon con la sangre de las personas masacradas, hombres y mujeres. Gregorio, el minero que encabezó la lucha oye la pregunta ¿Quién eres? Y asi mismo se responde “No sé quién soy pero me estoy buscando”. La pregunta quedó en el ambiente de aquella situación inédita entre los obreros de Sofasa, enfrentados a su realidad en ese incierto diciembre. Era de todos modos la consecuencia natural de la lucha, el sindicato seguiría su búsqueda.

 

Los despidos afectaron la organización cooperativa. Un trabajador despedido, era a su vez un afiliado menos. Los retiros se hicieron frecuentes. Y en el tire y afloje de esta coyuntura vino la huelga de 1981. ¿Triunfo o derrota? Las partes dan sus versiones, la consecuencia para la Cooperativa resultó paradójica: casi un centenar de trabajadores liquidados por la empresa, que si bien mermaban el número de afiliados, a la vez aumentaron los ingresos al capital –con el cubrimiento de las deudas de todos los trabajadores que debieron ponerse a paz y salvo al quedar por fuera de Sofasa.

 

Además del deprimente ambiente laboral, se debía enfrentar los embates del rumor, se hablaba de crisis financiera, de excesiva politización, de fachada sindical. Recelos de antiguos directivos despertaban sutilezas que intentaron desprestigiar la orientación dada a la Cooperativa “esa gente la va acabar”. Para contrarrestar ese ambiente y en busca de una dirección comprometida con el bien-estar de los trabajadores se decidió crear la figura de una gerencia que asumiera la administración y encaminara la entidad en su misión cooperativa y solidaria.

 

En febrero de 1982, uno de los trabajadores despedidos en el diciembre nefasto de 1980, Oswaldo León Gómez, asumió el reto, le acompañaron Blanca Estela Zapata y dos de los experimentados empleados responsables de la contabilidad Carlos Silva y Dora Elena Oquendo. La figura de gerencia no requería la pertenencia a la empresa, por eso las puertas que se habían cerrado para León Gómez se abrieron bajo la sombra de la Cooperativa, cuando tras los lentos años de crecimiento llegaron los vientos de renovación necesaria para darle solidez administrativa a la Cooperativa de trabajadores de Sofasa.

 

La Cooperativa había cuidado con recelo su capital financiero, y por lo mismo carecía de una dinámica para ponerlo a circular; las primeras decisiones apuntaron a atender las numerosas solicitudes de crédito que podían perfectamente cubrirse respaldados por los 11 millones de pesos que conformaban el capital producto de los aportes de sus 800 socios que figuraban al iniciar 1982.

 

Dos meses después del inicio de la nueva administración, se realizó la Asamblea General Ordinaria en la que reinaba un ambiente de entusiasmo y aprobación por la dinámica que ahora mostraba la Cooperativa. Con el aval de los afiliados, la nueva administración, acogida en un ambiente de confianza, anunció la reorganización requerida para garantizar el beneficio de los trabajadores y sus familias.

 


 

Cootrasofasa, Cooperativa de Trabajadores Limitada, Confiar Cooperativa Financiara

 

“[…] Se hace camino al andar”

 

Una historia cimentada en la solidaridad y en la búsqueda del bienestar se escribía en las dos sedes de Cootrasofasa, en ellas las páginas de su crecimiento aumentaban las imágenes que construyeron la memoria de los primeros 15 años de existencia, en especial las del lustro que abarca los años 1982-1987. 

 

Al hojear las fotografías que registran aquella época, en sus imágenes se visibiliza una dinámica que evidencia por qué se consolida lo que antes parecía un camino incierto. Espacios de capacitación que muestran el fortalecimiento teórico, el saber cooperativo se convierte en una herramienta permanente; entonces uno puede ver directivos, grupos de afiliados, familias descubriendo los motivos y principios que los unen en torno al ideal cooperativo (solidario); la presencia de Cootrasofasa en marchas, desfiles, el álbum es pleno en actividades recreativas, los paisajes cercanos, regionales, nacionales, son descubiertos a través de los programas que en Boyacá y en Antioquia se organizan, el deporte gana practicantes y la organización de torneos de ciclismo, fútbol y tejo, con la marca de la Cooperativa, llega a barrios y ciudades; las fiestas que a lo largo del calendario convocan a exaltar la familia, al trabajador, a la secretaria, a la amistad y al cooperativista, pululan en las páginas que con cariño guardan en las sucursales donde los custodian. Los cursos que permiten la adquisición de destrezas en una capacitación abierta al afiliado y a su grupo familiar, muestran el germen de una estrategia educativa que con el tiempo se estructura como el instrumento y la vocación esencial de Cootrasofasa. 

 

En sus archivos fotográficos podemos encontrar momentos que, paso a paso, construían la utopía. En una de las tantas imágenes vemos el Club Infantil La Hormiga: niños que son estimulados en la práctica del ahorro y del uso del tiempo; los Festivales de pintura se convierten en una de las tantas actividades creativas, y, luego, en otras fotos tomadas años después, vemos otros pequeños que dan continuidad a ese foco de la infancia. Otra fotografía nos entrega el recordado grupo de gimnasia, cuyas integrantes valoraron el cuidado de sí y debieron luchar por un espacio que tendía a desaparecer porque eran tantas las actividades de toda índole, y tan escasos los espacios, que tocaba turnase. 

 

Esta congestión se registraba cotidianamente, como ocurrió en las sedes iniciales, concebidas para atención personalizada y que se veían atestadas por la presencia de sus afiliados, quienes solían pasar por una cooperativa que les daba la familiaridad y la pertenencia y se convivía, en el reducido espacio, con la reunión espontánea y el servicio que debía prestarse individualmente. Vemos las casas que por gestión de la Cooperativa beneficiaron a familias de asociados en Itaguí y en Duitama. Vemos la atención en salud a las familias y vemos una Cooperativa que crece y crece en su estado financiero; vemos al usuario recibiendo la atención de un crédito y vemos un mosaico de imágenes que deja atrás la inexperiencia del pasado y entregan la imagen de una entidad que acoge su crecimiento, compartiendo con todos sus beneficiarios, los aportes materiales y conocimientos, justo en un momento en el que se sacrificaba la institucionalidad del país.

 

Los momentos, más que anecdóticos, que se acumularon en las oficinas gerenciales de Medellín y Duitama, llevaron a entender la vitalidad que nutría a la Cooperativa. La aprobación en 1987 para la construcción del edificio en la calle Sucre, concreta un paso hacia ese futuro que no desdeñaba las oportunidades creadas por su dinámica y que constituía una lectura de una realidad que, entre la labor del personal y la perseverancia de los asociados, forjaron en el contexto regional de Antioquia y Boyacá.

 

 La celebración de los 15 años coincide con la apertura de la Cooperativa para acoger un vínculo de afiliación abierto a la comunidad, lo que implicó un cambio en su razón social. Tomó así el nombre de Cooperativa de Trabajadores Limitada. Un momento coyuntural que representa el tránsito hacia una valoración de su identidad como Cooperativa; el compromiso de su proyección se había definido al seguir la ruta de los principios y la acción solidaria; su evolución se percibía en el aprendizaje que venció dudas y aportó el ejercicio empresarial responsable de la rentabilidad de la dinámica del ahorro y el crédito, la solidez del patrimonio y de la valoración de los activos, realizaciones logradas sin perder el norte de su razón de ser: el bienestar del asociado y de su familia. 

 

En el balance social recopilado en la publicación de los 15 años de labores, que subtitularon: Expresión y realidad de una gran familia, se registra un balance en cuyas cifras y actividades sociales asoma una radiografía de la trasformación de la Cooperativa, en especial en los últimos 5 años, desde que dio inicio a la organización administrativa y gerencial: 2.016 asociados, 1.502 en Medellín, 524 en Duitama, un capital de 95.983.441, activos por valor de 257.269.332, préstamos por 208.736.077, y en el balance social se registran actividades educativas, deportivas, recreativas, programas de prevención de la salud, que agrupan a todos los públicos: niños, jóvenes, amas de casa, asociados, empleados, actividades que impactan y benefician de manera personalizada a más de 1.000 personas, en las que se visibilizan la educación cooperativa con apoyo de cooperativas cercanas, Uconal, entre ellas. 

 

Fue la ocasión para mirarse en su historia y reconocer el aporte de los fundadores y la labor de los empleados que le dieron cuerpo y sangre a la idea fundacional. Cootrasofasa estaba a las puertas de muchas trasformaciones, el futuro se avizoraba bajo la semilla sembrada, el árbol supo elevarse, la flor a punto, el fruto estaba por verse.

El caso de las economías solidarias. ¿Es posible otra economía?

Crisis económica, crisis social y ambiental, desempleo creciente, objetivos del milenio incumplidos por el aumento de la pobreza en el mundo, pérdida de referencias culturales. Los signos de los tiempos que nos tocan vivir parecen no ser alentadores. Sin embargo la historia no es unilineal: junto a las grandes tendencias se pueden observar siempre tendencias alternativas, toda cultura hegemónica genera contraculturas, las sociedades presentan siempre una gran capacidad de resistencia que abrigan notas de esperanza aún en los contextos más agobiantes. Como dice Marcos Arruda ni el capitalismo es la única forma viable de organización, ni la globalización capitalista la única fórmula a la que podemos aspirar. En el plano económico, podemos observar cómo frente a los modelos de desarrollo imperantes, basados en una lectura extremadamente individualista, materialista y liberal del comportamiento humano, se han gestado pequeñas experiencias que demuestran en los hechos cómo es posible hacer economía con base en valores como la solidaridad, la equidad, la justicia, la cooperación, la participación y el cuidado del medio ambiente.
En medio de la economía capitalista, y como una alternativa ante sus dinámicas prevalecientes de trabajo de muchos y ganancia de pocos, concentración de riqueza, depredación de la naturaleza, autoritarismo, etcétera, surge la economía solidaria, propuesta y alternativa que gana espacio social desde hace varias décadas.

 

Esta alternativa al sistema económico imperante, muchas veces instrumentalizado por el mismo, logra desarrollos y concreciones en sus diversas fases de producción, distribución, consumo y acumulación, que se caracterizan por movilizar recursos, factores, relaciones económicas y valores alternativos a los que hegemonizan en nuestros mercados, poniendo al ser humano y sus necesidades como prioridad.

 

Al tratarse de experiencias que pretenden manejarse con criterios alternativos en alguna de las cuatro fases de la economía, necesariamente estamos frente a realidades muy diversificadas de propuestas, por ejemplo: cooperativas, grupos asociativos y empresas recuperadas, talleres autogestionados, comunidades de trabajo, experiencias de comercio justo y comunitario, de ahorro ético, de producción ecológica y sostenible, de consumo responsable, de tecnologías alternativas, etc.

 

Dimensiones de la economía solidaria

 

Debemos reconocer tres grandes dimensiones de la economía solidaria:

 

• Es un movimiento que propone una visión alternativa y constructiva sobre el concepto de desarrollo y el comportamiento económico.
• Es un nuevo paradigma para pensar y teorizar en términos económicos.
• Es un conjunto de prácticas económicas surgidas de las comunidades humanas que se distinguen tanto de la economía capitalista como de la economía estatal.

 

Una característica relevante del movimiento de la economía solidaria en todo el mundo, es el movilizarse para cambiar el sentido que actualmente tienen los procesos económicos generadores de tanta pobreza, inequidades, desempleo y deterioro medioambiental. Frente a ese panorama descrito anteriormente, lo que propone la economía solidaria es un modelo de desarrollo distinto, basado en experiencias comunitarias donde se destaquen los valores de la solidaridad, de la ayuda mutua, de la equidad, de la participación y del respeto por el medio ambiente.

 

En síntesis, se puede decir que la economía solidaria se caracteriza por demostrar en los hechos que es posible (y necesario) incorporar la solidaridad como elemento vertebral de nuestros comportamientos económicos. Es así que las organizaciones de la economía solidaria presentes en el Foro Social Mundial, logran traducir su lema “Otro Mundo es Posible” por el más concreto “Otra Economía es Posible”.

 

Una segunda característica de la economía solidaria es que constituye un sector específico de la economía distinto al privado empresarial y público capitalista.

 

Desde este punto de vista, la economía de la solidaridad se entronca con otro concepto muy divulgado en Europa a partir de las elaboraciones francófonas: la economía social. Aunque pueden existir matices, y la discusión sobre la definición sigue abierta, el Consejo Valón de Economía Social (Cwes-Bélgica) en 1990 define los componentes básicos: “la economía social se compone de actividades económicas ejercidas por sociedades, principalmente cooperativas, mutualidades y asociaciones cuya ética se traduce en los principios siguientes:


1. Finalidad de servicio a los miembros o a la colectividad antes que al beneficio.
2. Autonomía en la gestión.
3. Procesos de decisión democrática.
4. Primacía de las personas y de trabajo sobre el capital en el reparto de los beneficios”.

 

En el Sur, por su parte, las corrientes impulsoras del cooperativismo y de las mutuales adoptan no solo las mismas prácticas europeas (las primeras cooperativas y mutuales son fundadas por las corrientes migratorias) sino que además, adoptan la misma terminología del viejo continente.

 

Organizaciones económicas populares

 

Sin embargo, algo comienza a cambiar en los años ochenta. Por una parte, el movimiento cooperativo comienza a dar signos de estancamiento no sólo en lo estrictamente productivo, sino además en el mensaje alternativo que siempre le caracterizó en materia socioeconómica. A la crisis de cierto cooperativismo tradicional, además, debemos sumarle la emergencia de nuevos movimientos y experiencias sociales surgidas desde los sectores populares, donde se comienza a percibir una centralidad insoslayable tanto de cierto discurso contra hegemónico en materia socioeconómica, como de instrumentos concretos de cooperación, ayuda mutua y reciprocidad. Luis Razeto junto a su equipo de trabajo del PET de Chile denomina a este fenómeno “Organizaciones Económicas Populares” (OEPs.), y son el antecedente de lo que luego él mismo denominaría experiencias de “economía de la solidaridad”. Veamos cuáles eran entonces sus características:

 

• Las OEPs. son iniciativas surgidas en ambientes populares, tanto del medio urbano como del medio rural.
• Son experiencias asociativas, muchas veces de carácter familiar, vecinal o funcional, que se proponen alcanzar objetivos comunes, a partir de los cuáles crean sus propias estrategias para enfrentar un conjunto de carencias. Lo distintivo es que por lo general satisfacen no solo necesidades individuales, sino también sociales.
• Enfrentan las carencias con sus propios recursos, movilizando energías de la propia sociedad civil. Aún así, se trata de experiencias muchas veces apoyadas por terceras instituciones.
• Son iniciativas que implican relaciones y valores solidarios, que se proponen ser participativas, democráticas, autogestionarias y autónomas.
• Finalmente, son experiencias que desarrollan un discurso y una práctica alternativa respecto del sistema dominante, elaborando respuestas integrales.


Tenemos entonces que el concepto de Organizaciones Económicas Populares, sirvió para catapultar luego el concepto de Economía Solidaria en el continente latinoamericano. No puede llamar la atención en ese sentido, que mucha literatura de la época, e incluso de los últimos años, manejara el concepto de “Economía Popular Solidaria”.

 

Llegado a este punto conviene precisar algunos asuntos, que si bien en principio pueden resultar en una mayor complejidad del panorama, seguramente contribuirán finalmente a un mejor recorte de los comportamientos económicos que nos interesa rescatar.

 

 

La primera precisión es que no toda economía popular puede ser considerada economía solidaria: numerosas experiencias de sobrevivencia entre los sectores populares, lejos de practicar valores solidarios se basan en mecanismos y racionalidades ajenas a las que se promueven desde nuestro paradigma. Nos referimos a distintas salidas de tipo individualistas, delictivas o inmorales. Esta primera precisión nos servirá para rechazar cierta literatura romántica e ideológica que encuentra loable y positivo todo lo que proviene de las capas populares. Desde nuestro punto de vista, la economía popular se canaliza en buena parte en economías solidarias, pero en otra parte en salidas no solidarias. Allí asoma como primer desafío conducir las salidas individualistas a salidas de corte comunitario entre esos sectores.

 

Una segunda precisión, es que no todas las experiencias de economías solidarias surgen y se desarrollan en ambientes populares, entendiendo en este caso lo popular como un recorte en la estructura social: una parte de las experiencias solidarias se originan en otros contextos socioeconómicos, menos apremiados por las necesidades materiales, y por lo tanto muchas veces con un mayor margen para apostar por ciertos cambios de valores en la puesta en práctica de numerosas experiencias económicas. De esta manera, la economía solidaria también se explica por el cambio de valores económicos en el contexto de lo que Inglehart denomina “valores post-materialistas”.

 

Una tercera precisión es de carácter más académico: la existencia de un rico entramado social solidario entre las capas populares y culturas autóctonas de los países africanos y latinoamericanos, no es algo de reciente descubrimiento, sino que ha sido objeto de estudio desde hace un buen tiempo por parte de las ciencias sociales. Numerosas investigaciones vienen a confirmar la presencia de relaciones de reciprocidad y solidaridad que se expresan en términos e “instituciones sociales” también muy autóctonas y arraigadas en la cultura de nuestros pueblos. El concepto del “Sumak Kawsay” (traducido como “buen vivir” y recientemente incorporado en la Constitución de Ecuador), de onda raíz en las culturas andinas, es un buen ejemplo en la materia.

 

En cuarto lugar digamos que si bien el concepto de economía de la solidaridad es reciente, y de cuño latinoamericano, sus prácticas hunden raíces en los mismísimos orígenes de la especie humana. Lejos del principio del homo oeconomicus, según el cual seríamos por naturaleza egoístas e individualistas, lo que muestra la historia (y prehistoria) de la humanidad, es que sin solidaridad no hubiera sido posible sobrevivir como especie. Estudios clásicos de la antropología económica subrayan en ese sentido, que los valores solidarios, encarnados por ejemplo en la reciprocidad, la redistribución, las donaciones o incluso mecanismos de economía doméstica, fueron básicos para entender la forma en que hacíamos economía, hasta que con la modernidad, comienzan a primar otros valores (o antivalores) como el afán de lucro, el individualismo, la concentración de riquezas, etc., más propias de la economía de mercado.

 

La economía solidaria, por lo tanto, reúne a las diversas experiencias de hacer economía en todas sus etapas (producción, distribución, consumo y ahorro) que se caracterizan por vertebrarse en torno a la solidaridad como valor supremo. La solidaridad (del latin solidum) a su vez debe entenderse en un doble sentido: en primer lugar como todo aquello que hacemos en conjunto con otros, dando crítica de la forma y los valores que imperan hoy en nuestros mercados. Allí donde se exacerba el individualismo, la economía solidaria promueve el comunitarismo; allí donde se incita a la competencia, la economía solidaria promueve la cooperación; allí donde se busca el lucro, la economía solidaria promueve un justo beneficio; allí donde gana el materialismo, la economía solidaria promueve la satisfacción de todas las necesidades humanas; allí donde se persigue el consumismo, la economía solidaria promueve el consumo responsable; allí donde se glorifica el libre comercio, la economía solidaria propone el comercio justo; en fin, cuando solo se habla de crecimiento económico, la economía solidaria prefiere hablar de desarrollo a escala humana.

 

La pertinencia de la economía solidaria en un contexto de emergencia social

 

Podemos decir que hay dos fuentes en los orígenes de las experiencias de economía solidaria en todo el mundo. Por un lado, básicamente en los contextos donde priman los valores post-materialistas, las iniciativas surgen en un contexto de crisis de un modelo de desarrollo que pretende vincular el crecimiento económico con la felicidad de la gente. Craso error si tenemos en cuenta que algunas de las ciudades más ricas del mundo, son ciudades críticas desde el punto de vista de la seguridad, del cuidado del medio ambiente, de los lazos comunitarios y de la vida familiar. Muchas veces la riqueza material no es acompañada de verdadero bienestar. Es así que en los últimos años han surgido muchas iniciativas guiadas por valores alternativos, que pretenden superar este concepto de desarrollo, poniendo el acento en fórmulas económicas más amigables con la comunidad y con el medioambiente. En Italia, por ejemplo, quienes participan de la economía solidaria utilizan la voz l‘altra economía (la otra economía) donde incluyen básicamente el comercio justo y solidario, las finanzas éticas, la agricultura biológica, el consumo crítico, el turismo responsable, experiencias de reciclaje de materiales, con energía renovable, intercambios no monetarios, sistemas de software libre, etc.

 

Por otra parte, en América Latina y África, los orígenes de las prácticas de economía solidaria son distintos. Nacen como vimos antes, básicamente en ambientes populares, y las iniciativas muchas veces se originan no tanto como una alternativa guiada por el deseo de cambiar la forma de hacer economía de nuestras sociedades, sino fundamentalmente como una estrategia de sobrevivencia a veces promovidas por las propias comunidades, otras veces promovidas desde organizaciones sociales. Es así que la mayoría de las cooperativas de producción en algunos países latinoamericanos nacen como fruto de la crisis de una empresa, ahí está el caso de las empresas recuperadas en los últimos años. Es así además que numerosas experiencias de relieve, surgen en el marco de proyectos de desarrollo local promovidos por organizaciones de la sociedad civil. Esto no quiere decir que los valores alternativos no estén presentes en los sujetos involucrados. De hecho, existen numerosas experiencias notables donde el asociacionismo comienza siendo un mero recurso de sobrevivencia, pero donde la propia dinámica socioeconómica termina por situar determinados valores, no solo como medios sino también como fines en sí mismos. 

 


 

Finanzas éticas 

 

Existe un número creciente de personas sensibilizadas con la idea de avanzar hacia una sociedad diferente, más justa, solidaria y humana, que intentan hacerla realidad mediante su trabajo en diferentes ámbitos, y que perciben que uno de los medios con que cuentan para realizar esta transformación, que es su ahorro, es utilizado precisamente para reforzar y consolidar valores de un modelo social, económico y cultural opuesto a esta idea de transformación.

 

Cuando se analizan en profundidad los grandes flujos económicos y sus consecuencias vemos cómo sistemáticamente potencian el modelo económico y social imperante a costa de los países o personas de menor poder económico, con unas consecuencias negativas que están a la vista.

 

El sistema financiero tradicional no da respuesta a los deseos y necesidades de un sector de las y los ahorradores.

 

Para nadie es una novedad que el sistema financiero es conservador y que, al regirse de modo casi exclusivo por criterios de beneficios y tamaño, contribuye a incrementar las diferencias de renta y riqueza, fomenta el consumo irresponsable, y consolida la exclusión social de los sectores más desfavorecidos.

 

Tradicionalmente se ha reconocido al dinero la función de ser unidad de cambio (todo, o casi todo, se valora en términos monetarios), así como la de ser depósito de valor. La combinación de estas dos funciones nos conduce a otra de la que no se suele hablar en los tratados de economía: El dinero, o mejor la posibilidad de decidir su uso, es una fuente de poder, y ese poder, que en buena lógica pertenecería a sus propietarios/as, es decir a los ahorradores/as, es ejercido por las entidades financieras en función de sus propios intereses, sin dar cuenta a los ahorradores/as, y sin que estos puedan ejercer ningún tipo de control.

 

Esto supone, en definitiva, que el sistema financiero no sólo se apropia de una parte significativa de la rentabilidad puramente económica del ahorro, sino que utiliza para sus propios fines en su totalidad el poder que lleva aparejado el manejo de estos recursos.

 

El sistema financiero convencional no contempla la posibilidad de financiar algunos tipos de empresas y proyectos.

 

Cuando examinamos el comportamiento del sistema financiero desde el punto de vista de quienes se acercan al mismo como demandantes de recursos financieros, las conclusiones no son mejores.

 

En la actualidad existe una amplia oferta de créditos y préstamos. Sin embargo, los criterios de concesión suelen basarse principalmente en la existencia de garantías propias (propiedad de bienes o recursos) o ajenas (avales), con lo que se hace buena en muchos casos la conocida frase los bancos sólo dan dinero a quien demuestra no necesitarlo.

 

Por lo que se refiere a la financiación de proyectos de economía social y solidaria, la utilización de estos criterios funciona a menudo como una barrera infranqueable para una serie de promotores y emprendedores que por su propia situación (iniciativas de inserción social, de autoempleo, etc) o por la naturaleza o dimensión de sus proyectos (actividades alternativas, innovadoras, o no encaminadas al beneficio únicamente económico) carecen de recursos iniciales.

 

La palabra crédito, que tiene que ver con creer en alguien, con confiar, en el marco de una relación humana, pierde así completamente su significado, y como consecuencia, toda una serie de iniciativas y actividades socialmente útiles quedan excluidas del circuito bancario de financiación.

 

Como respuesta a este tipo de reflexiones, desde distintos colectivos ha surgido una colección de experiencias con muy diversas características y grados de efectividad y concreción, pero que tienen en común el objetivo de intentar ampliar el abanico de posibilidades de ahorro e inversión a operativas diferentes, que partan de otras bases, busquen una finalidad más social que monetaria, y ofrezcan cauces alternativos a todas aquellas personas defraudadas por el uso que de su ahorro se está haciendo.

 

En este sentido, pensamos que una financiación solidaria y diferente debe partir de unos principios básicos:

 

El/la ahorrador/a tiene derecho a saber de qué modo se está utilizando su dinero; qué proyectos, ideas o empresas se están financiando con él

Los recursos económicos deben utilizarse con un provecho social, creando empleo, ayudando a la inserción sociolaboral de personas excluidas, proveyendo de productos o servicios de utilidad social, apoyando procesos productivos limpios, etc.

Las entidades promotoras de fórmulas financieras alternativas no deben centrarse únicamente en la recuperación de las cantidades prestadas o invertidas, sino también realizar labores de apoyo en la medida de sus posibilidades.

Los recursos económicos deben invertirse en proyectos viables, de manera que no se incurra en pérdidas que defrauden las expectativas de los/as ahorradores/as o mermen la capacidad de reutilización de tales recursos.

Pensamos, en definitiva, en una gestión financiera que no persiga fines lucrativos, sino que manifieste una decidida vocación social.

 

Por todo ello, resulta necesario proponer nuevas formas financieras que den respuesta a las inquietudes de todas aquellas personas que creen en una economía diferente, y que quieren que la utilización de sus ahorros esté en consonancia con sus planteamientos éticos y vitales.

Sábado, 24 Junio 2017 09:59

Repensar el mundo desde el Buen Vivir

Repensar el mundo desde el Buen Vivir

En las siguientes líneas trataremos de comprender los alcances y las limitaciones del Buen Vivir. Desde el inicio lo asumimos como un concepto plural: buenos convivires, para no abrir la puerta a un Buen Vivir único, homogéneo, imposible de construir, por lo demás. Se trata de buenos convivires de los seres humanos consigo mismo, buenos convivires de los seres humanos en la comunidad, buenos convivires de las comunidades con otras comunidades, buenos convivires de individuos y comunidades con la Naturaleza.

 

El Buen Vivir, por lo demás, debe ser asumido como una categoría en permanente construcción y reproducción. No es un concepto estático y menos aún retrógrado. El Buen Vivir, en definitiva, constituye una categoría central de lo que se podría entender como la filosofía de vida de muchas sociedades indígenas que no se insertan (plenamente) dentro de la Modernidad. Y desde esa perspectiva se proyecta como una propuesta con potencial incluso global, aunque históricamente haya sido marginada.

 

¿Qué entendemos por Buen Vivir?

 

Para empezar, bajo algunos saberes indígenas no existe una idea análoga a la de desarrollo. No hay la concepción de un proceso lineal de la vida que establezca un estado anterior y posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo; dicotomía por la que deberían transitar las personas y los países para la consecución del bienestar, como ocurre en el mundo occidental. Tampoco existen conceptos de riqueza y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales.


Entonces, el Buen Vivir plantea una cosmovisión diferente a la occidental –mejor sería decir de la Modernidad– al surgir de raíces comunitarias no capitalistas. Rompe por igual con las lógicas antropocéntricas del capitalismo en tanto civilización dominante y también de los diversos socialismos realmente existentes hasta ahora, que deberán repensarse desde posturas socio biocéntricas y que no se actualizarán simplemente cambiando de apellidos.

 

El Buen Vivir, por tanto, plantea una tarea descolonizadora y, además, debería ser despatriarcalizadora (3). Para lograrlo se precisa en particular un profundo proceso de descolonización intelectual en lo político, en lo social, en lo económico, por cierto en lo cultural.

 

En conclusión, el Buen Vivir es una vivencia eminentemente subversiva, que no sintetiza una simple invitación para retroceder en el tiempo y reencontrarse con un mundo idílico, inexistente por lo demás. Y tampoco puede transformarse en una suerte de religión con su catequismo, sus manuales, sus ministerios e inclusive sus comisarios políticos.

 

De todas maneras, los conceptos de Buen Vivir deben ser comprendidos desde diferentes enfoques y visiones. Hay que obviar la homogenización de conceptos en tanto restringen las visiones y comprensiones de los otros. Pese a aquello, el núcleo de los debates encierra lo holístico de ver a la vida en comunidad y a la Pacha Mama (Madre Tierra) en relación y complementariedad entre los unos y los otros.


El Buen Vivir, como alternativa al desarrollo y cuestionadora del concepto tradicional del progreso, propone una propuesta civilizatoria que reconfigura un horizonte de salida al capitalismo.

 

Portadores de las ideas originales del Buen Vivir

 

Vale considerar que estas ideas del Buen Vivir, que en realidad tienen mucha historia, aparecieron recientemente en el escenario público. Su emergencia se explica por la lucha de los movimientos indígenas, que ha cobrado redoblada fuerza sobre todo desde las postrimerías del siglo XX. Sus valores, sus experiencias, sus prácticas, en definitiva su Weltanschaung, se puede decir que estaban presentes desde antes de la llegada de los conquistadores europeos y pervivieron durante el período republicano; pero, eran invisibilizadas, marginadas o abiertamente combatidas. Y es importante tener presente que ese Buen Vivir, en tanto cultura de vida, con diversos nombres y variedades, ha sido y es conocido, y sobre todo practicado, en distintos períodos en las diferentes regiones de la Madre Tierra, no solo en América Latina.

 

En Bolivia y Ecuador esta propuesta cobró fuerza en sus constituciones: Constitución de la República de Ecuador 2008 y Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia 2009. Las expresiones más conocidas del Buen Vivir nos remiten a idiomas originales de Ecuador y Bolivia; en el primer caso es el Buen Vivir o sumak kawsay (en kichwa), y en el segundo, en particular el Vivir Bien o suma qamaña (en aymara), sumak kawsay (en quechua), ñande reko o tekó porã (en guaraní). Existen nociones similares en otros pueblos indígenas, como entre los mapuches de Chile, los guaraníes de Paraguay, los kunas de Panamá, los shuar y los achuar de la Amazonía ecuatoriana), pero también en la tradición maya de Guatemala y en Chiapas de México. También podríamos incluir el Ubuntu (sentido comunitario) en África o el Swaraj (democracia ecológica radical) en la India (4). Y desde esa multiplicidad emergen muchos movimientos que alientan estas tesis, aunque no puede afirmarse que existan movimientos del Buen Vivir, como tal.

 

Además, hay que estar atentos, eso sí, para no caer en “la trampa” de la propaganda del Buen Vivir oficial de los gobiernos de Ecuador o de Bolivia, que han terminado por vampirizar este concepto para ponerlo al servicio de sus apetencias de concentración de poder y de disciplinamiento de sus sociedades, mientras modernizan el capitalismo.


Esta propuesta, que requiere, para ser comprendida, de la historia y del presente de los pueblos y nacionalidades indígenas, es, en esencia, parte de un proceso sustentado en el principio de continuidad histórica. Entonces, al Buen Vivir cabe ubicarlo como parte de una larga búsqueda de alternativas de vida fraguadas en el calor de las luchas de los pueblos y nacionalidades originarios. Lo destacable y profundo de estas ideas alternativas, de todas formas, es que surgen desde grupos tradicionalmente marginados, excluidos, explotados y hasta diezmados. Son propuestas invisibilizadas por mucho tiempo, que ahora invitan a romper de raíz con varios conceptos asumidos como indiscutibles.

 

Estas propuestas originarias emergieron en un momento de crisis generalizada del Estado-nación, oligárquico y de raigambre colonial, así como del neoliberalismo en América Latina, gracias a la creciente fuerza organizativa y programática de los movimientos indígenas y también populares. Su irrupción en tanto vigorosos sujetos políticos explica la emergencia de estas ideas paradigmáticas del Buen Vivir. En este escenario también empezaron a consolidarse los cuestionamientos y las alternativas ecologistas, muchas de ellas en línea con la visión de las armonías con la Naturaleza que caracterizan el Buen Vivir.

 

La comunidad indígena en términos amplios tiene un proyecto colectivo a futuro. Las utopías andinas y amazónicas se plasman en su discurso, en sus proyectos políticos y en sus prácticas sociales y culturales, inclusive económicas. Sin embargo, esta aproximación no puede ser excluyente y conformadora de visiones dogmáticas. Necesariamente debe complementarse y ampliarse incorporando otros discursos y otras propuestas provenientes de diversas regiones del planeta, espiritualmente emparentadas en su lucha por una transformación civilizatoria. Por cierto que cada una de estas iniciativas debe fundamentarse y tomar en cuenta el contexto concreto correspondiente, con la participación de los múltiples sujetos políticos portadores del cambio.

 

El Buen Vivir amplia el horizonte del decrecimiento

 

El reto está planteado. Parar la vorágine del crecimiento económico e incluso decrecer, especialmente en el Norte global, es indispensable. En un mundo finito no hay espacio para un crecimiento económico permanente. Seguir por esta senda nos conduciría a una situación cada vez más insostenible en términos ambientales, y más explosiva en términos sociales. Superar esta suerte de religión del crecimiento económico, especialmente en el Norte global, deberá venir de la mano del post-extractivismo en el Sur global (5).

 

La vinculación de estos procesos: decrecimiento y postextractivismo, en un contexto global, es fácil de prever: por ejemplo, si en el Norte las economías no van a seguir creciendo, su demanda de materias primas tendrá que disminuir. Entonces, los países del Sur mal harían si siguen sosteniendo sus economías en la exportación de dichas materias primas. Por esta simple razón y otras muchas más, es indispensable también en los países empobrecidos abordar con responsabilidad el tema del crecimiento.

 

Eso sí, debe quedar absolutamente claro que, cuando se plantea una convergencia entre las visiones y las acciones del post-extractivismo y el decrecimiento, no se trata de que las sociedades de los países empobrecidos no mejoren su condiciones de vida para que los países ricos mantengan sus insostenibles niveles de consumo y despilfarro. Eso de ninguna manera.

 

De todas maneras conviene señalar lo que tienen en común las dos perspectivas: la fuerte crítica al capitalismo que trae consigo una mercantilización cada vez más marcada de las diversas constelaciones sociales y de los elementos de la Naturaleza. Asimismo, ambas críticas concuerdan en que el problema social de fondo son las visiones y las prácticas de progreso, desarrollo y crecimiento económico que se encuentran profundamente enraizadas. Y las dos visiones resultan incluso conceptualmente complementarias: el decrecimiento configura un concepto “obús” en tanto destructor, no constructor Koldo Unceta (6), mientras que el Buen Vivir es constructor en esencia.

 

La salida implica dar paso a transiciones a partir de miles y diversas prácticas alternativas, sobre todo no capitalistas, muchas de ellas existentes ahora en todo el planeta. Lo cierto es que existen opciones orientadas por horizontes utópicos que propugnan una vida en armonía entre los seres humanos y de estos con la Naturaleza. Y en ese contexto se sintoniza estrechamente el Buen Vivir con el sentir profundo del decrecimiento (7).

 

En definitiva, de lo que se trata es de cuestionar el fallido intento de impulsar –como mandato global y como camino unilineal– el progreso en su deriva productivista y el desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico. Esto es crucial. No se trata de reeditar los ejemplos supuestamente exitosos de los países desarrollados. Primero, eso no es posible. Segundo, no son realmente exitosos (8).

 

El Buen Vivir, una utopía realizada en el mundo indígena

 

Insistamos, el Buen Vivir, en tanto sumatoria de prácticas vivenciales de resistencia al colonialismo y sus secuelas, nutre un modo de vida en varias comunidades indígenas, sobre todo en aquellas que no han sido totalmente absorbidas por la modernidad capitalista o que han resuelto mantenerse al margen de ella. Pero aún en las comunidades que “han sucumbido” a la modernidad, hay elementos propios de lo que podríamos entender por Buen Vivir. Inclusive en otros espacios, no vinculados directamente con el mundo indígena se construyen opciones de vida comunitarias armoniosas entre sus miembros y con la Naturaleza.

 

Esta constatación, de entrada, descarta que el mundo indígena en términos amplios no haya sido víctima de la conquista y la colonia, en tanto proceso de explotación y represión de la larga noche colonial, que se proyecta hasta nuestros días republicanos. La influencia colonial y capitalista está presente a través de múltiples formas en ese mundo, lo que cierra la puerta a aproximaciones románticas a la realidad indígena.

 

Desde la lectura de los significados de la chakana, la cruz andina o cruz sagrada, se podrían extraer valiosas lecciones para comprender el significado de la unidad en la diversidad, que mantiene una permanente tensión de reciprocidad, de complementaridad, de relacionalidad, de correspondencia entre los distintos componentes de la vida. En este artículo, por falta de espacio, no se profundiza más sobre las bases conceptuales y filosóficas de las culturas indígenas; sin duda uno de los elementos fundamentales del Buen Vivir.

 

Desde el campo de la política, concretamente de la toma de decisiones, es interesante reconocer que a nivel comunitario y de los Ayllus (9) en muchas partes de la región andina y amazónica, el Buen Vivir nos muestra un estilo y forma de gobierno diferente. El Buen Vivir plantea la construcción de una sociedad fundamentada en la horinzontalidad, lo que demanda democracia directa, acción directa y autogestión, no nuevas formas de imposición vertical y menos aún liderazgos individuales e iluminados. Con discusiones amplias y participativas se avanza hacia consensos, que luego son sostenidos por la comunidad. Nuestras lógicas de democracia tienen mucho que aprender de estas experiencias.

 

Un punto clave. La solución no está en el Estado (menos aún en el mercado). Es se requiere otro tipo de Estado –un Estado plurinacional, como proponen los movimientos indígenas de Bolivia y Ecuador (10)–, que puede contribuir a la construcción de una sociedad no jerarquizada ni autoritaria siempre que esté controlado desde abajo, desde lo comunitario. Cómo recuperar la política en tanto espacio vivo de la sociedad, es una gran pregunta.


En lo económico existen muchas prácticas de reciprocidad, de solidaridad, de correspondencia en el saber andino y amazónico, que se encuentran vivas de diversas formas en el desenvolvimiento social. Sin pretender agotar el tema y sin tratar de insinuar que estas formas productivas deben ser aplicables en todo tipo de situación económica, menos aún de la noche a la mañana, podríamos mencionar algunas formas de relacionamiento económico propias de las comunidades indígenas:

 

- Minka (minga): Es una institución de ayuda reciproca en el ámbito comunitario. Asegura el trabajo destinado para el bien común de la población. Se realiza para satisfacer las necesidades e intereses colectivos de la comunidad. Por ejemplo en la ejecución de obras como la construcción y mantenimiento de un canal de riego o de un camino. Por tanto, es un mecanismo de trabajo colectivo que ha permitido superar y enfrentar el olvido y la exclusión del sistema colonial y republicano.
- Ranti-ranti: A diferencia del trueque puntual y único que se da en algunas economías mestizas, el intercambio forma parte de una cadena que desata una serie interminable de transferencias de valores, productos y jornadas de trabajo. Se sustenta en el principio de dar y recibir sin determinar un rango de tiempo, acción y espacio, relacionado con ciertos valores de la comunidad en referencia a la ética, la cultural y el contenido histórico
- Uyanza: Es un momento para llamar a la convivencia y unidad de las comunidades. Es también una ocasión para agradecer a la Pacha Mama por su capacidad de regeneración es decir por los productos que brinda a los seres humanos. Y representa también una institución de ayuda social y también de reconocimiento a las familias que dieron su fuerza laboral en préstamo.
- Uniguilla: Es una actividad destinada al intercambio para complementar lo alimentario, utilitario, permite mejorar la dieta alimenticia con productos de otras zonas, sobre todo a partir de diferentes pisos o nichos ecológicos.
- Waki: Otorgación de tierras cultivables al partir, a otra comunidad o familia que trabaja en el terreno. Involucra la repartición de los productos cultivados entre ambas comunidades o familias. Esta actividad también se da en el cuidado y crianza de animales.
- Makikuna: Es un apoyo que involucra a toda la comunidad, familia ampliada, amigos, vecinos. Es una especie de apoyo moral en el momento que más requiere una familia. Esta ayuda puede solicitarse en esas circunstancias, sobre todo obedece a situaciones imprevistas y a las emergencias.

 

Otro punto fundamental radica en el reconocimiento que el Buen Vivir no puede circunscribirse al mundo rural. Es cierto que las propuestas básicas provienen especialmente de esos ámbitos. Los actuales espacios urbanos aparecen relativamente lejanos a prácticas de vida solidaria y respetuosa del ambiente.

 

Este es uno de los grandes y más complejos desafíos, pensar el Buen Vivir para y desde las ciudades, aprovechando, en algunos casos en América Latina, por ejemplo, que gran parte de los inmigrantes a las urbes aún mantienen lazos estrechos con sus comunidades de origen. Y en ese sentido, a modo de botón de muestra, se han formado grupos para construir/reconstruir formas de Vivir Buen en la ciudad de El Alto en Bolivia (11).

 

En otras partas del mundo hay muchas prácticas y propuestas interesantes en este ámbito. A modo de una simple muestra de un universo cada vez más grande, destacamos las conocidas como “comunidades de transición” (transitions towns), que pretenden dotar de control a las mismas comunidades para soportar el desafío del cambio climático y de la construcción de una economía postpetrolera. Este movimiento está activo en varios países de todo el mundo (12).

 

El Buen Vivir y la difícil construcción de utopías globales

 

Para propiciar esta gran transformación se cuenta con prácticas concretas, no con simples teorías. Inclusive existen diversas opciones planteadas a nivel global. La propuesta de dejar el crudo en el subsuelo en la Amazonía ecuatoriana: la Iniciativa Yasuní-ITT, fue y sigue siendo un gran ejemplo de acción global, surgida desde la sociedad civil de un pequeño país.

 

Hay que tener en cuenta que la Amazonía ecuatoriana ha sido afectada por décadas por las actividades petroleras. Como consecuencia de esto los pueblos indígenas en aislamiento voluntario se han alejado de las zonas de explotación, y en la actualidad se encuentran en las últimas zonas de bosques. En una zona cada vez más reducida, que ha perdido aceleradamente su verdadera riqueza: la biodiversidad, ha aumentado y se ha concentrado la población indígena. Esto determina que cada vez hay más oposición de parte de estos grupos humanos a estas actividades, lo que ha motivado un creciente respaldo de grupos y movimientos en el Ecuador y en el mundo.

 

A partir de esta compleja realidad, la Iniciativa Yasuní ITT se basó en cuatro pilares: 1) proteger el territorio y con ello la vida de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, 2) conservar una biodiversidad inigualable en todo el planeta –la mayor registrada por científicos hasta el momento–, 3) cuidar el clima global manteniendo represada en el subsuelo una significativa cantidad de petróleo, evitando la emisión de 410 millones de toneladas de CO2, 4) dar un primer paso en Ecuador para una transición post-petrolera, lo que tendría un efecto demostración en otras latitudes.


Pero hay más. Como un quinto pilar podríamos asumir la posibilidad de encontrar colectivamente –como Humanidad– respuestas concretas a los graves problemas mundiales derivados de los cambios climáticos provocados por el propio ser humano, exacerbados especialmente en esta última fase de expansión global del capital.

 

Como contrapartida el Ecuador esperaba la contribución financiera de la comunidad internacional, que debía asumir su responsabilidad compartida y diferenciada en función de los muchos niveles de destrucción ambiental provocada por las diversas sociedades en el planeta, particularmente por las más opulentas. No se trataba de una vulgar compensación para seguir forzando el desarrollismo (como entendió el gobierno ecuatoriano). Esta iniciativa se enmarca en la construcción del Buen Vivir o sumak kawsay, en tanto alternativa al desarrollo. Para, desde allí, ir construyendo un escenario que prevea detener y también revertir los graves desequilibrios provocados por el extractivismo, en términos amplios, y en concreto por el crecimiento económico.

 

Por lo pronto, esta Iniciativa aparece como fracasada, porque los países ricos no asumieron su responsabilidad y sobre todo porque el gobierno ecuatoriano no estuvo a la altura del reto revolucionario propuesto desde la sociedad civil (13). Entre las muchas herencias potentes de esta Iniciativa destacamos el surgimiento de un vigoroso movimiento social de jóvenes que han asumido la defensa del Yasuní, sintonizándose con lo mejor de las luchas para propiciar un cambio civilizatorio. Este es el punto. Hay muchas propuestas alternativas concretas (14). No se las expone por falta de espacio. Lo que cuenta es que estas ideas se han expandido con fuerza en estos años, incluso más allá de sus fronteras (15) y que se construcción forma parte del largo y complejo proceso de emancipación de la Humanidad.

 

El Buen Vivir como propuesta movilizadora

 

El Buen Vivir integra (o al menos debería hacerlo) también diferentes visiones humanistas y anti-utilitaristas provenientes de otras latitudes. Justamente desde inicios del siglo XXI se refuerzan muchas y diferentes respuestas contestatarias al desarrollo y al progreso, provenientes de otras lecturas y de otras luchas. Se destacan las alertas sobre el deterioro ambiental ocasionado por los patrones de consumo occidentales, y los crecientes signos de agotamiento ecológico del planeta; alertas y propuestas que emergen de un cada vez más vigoroso movimiento ecologista (16).

 

Las propuestas del Buen Vivir indígena andino-amazónico se suman, entonces, a múltiples propuestas de vida comunitaria, como son las de los zapatistas o de los kurdos, así como a una multiplicidad de luchas feministas, campesinas, ecologistas, entre otras. Aquí hay muchos puntos de encuentro con las acciones del movimiento “decrecentista” en ciernes.

 

De lo anterior se desprende también que no hay una visión única. El Buen Vivir no sintetiza una propuesta monocultural. El Buen Vivir es un concepto que no niega los posibles aportes desde otras culturas y saberes que cuestionan distintos presupuestos de la modernidad dominante. Pero tampoco margina aquellas ventajas tecnológicas del mundo moderno que podrían sintonizarse con la construcción de relaciones comunitarias armoniosas y respetuosas de la Naturaleza.

 

Esta tarea requiere una nueva ética para organizar la vida misma desde espacios comunitarios y autonómicos, sin dominados y dominadores, construyendo una sociedad horizontal, abierta y no sectaria. Desde esta ética se dará paso a una economía que propicie la reproducción de la vida y no del capital. Y de desde esta misma ética también se asegurará la existencia de todos los seres vivos para superar el actual centramiento alrededor del ser humano como amo del universo, en todas sus variantes.

 

Si se plantea superar la explotación de la Naturaleza en función de la acumulación del capital, con mayor razón habrá dejar atrás la explotación del ser humano. Y al mismo tiempo habrá que reconocer que los seres humanos, en tanto Naturaleza, no somos individuos aislados, que formamos parte de una comunidad, que somos comunidad; y que esas comunidades, pueblos, naciones y países, debería relacionarse también de forma armónica.

 

Ese doble reencuentro, con la Naturaleza y con la comunidad, nos conmina a dar el paso civilizatorio que demandan vigencia plena de los Derechos Humanos, en estrecha comunión con los Derechos de la Naturaleza. 

 

* Economista ecuatoriano. Investigador de la FLACSO-Ecuador. Ex-ministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Ex-candidato a la Presidencia de la República. https://www.degrowth.info/wp-content/uploads/2016/09/DIB_Buen-Vivir_es.pdf
** Carlos Taibo; ¿Tomar el poder o construir sociedad desde abajo? – Un manual para asaltar los infiernos, Catarata, 2015.

3 Hay que reconocer que en muchas comunidades indígenas los rasgos patriarcales y machistas están profundamente enraizados.
4 Kothari, Ashish, Federico Demaria and Alberto Acosta (2015); “Buen Vivir, Degrowth and Ecological Swaraj: Alternatives to sustainable development and the Green Economy”, Development 57.3/4 Inequalities. http://www.palgrave-journals.com/development/journal/v57/n3-4/full/dev201524a.html

5 Un estudio recomendable sobre las actividades extractivas nos ofrece Eduardo Gudynas en su libro Extractivismos – Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza, CLAES - CEDIB, La Paz, 2015. Aquí podemos citar aquí los potentes aportes de Jürgen Schuldt sobre este tema, entre otros su libro ¿Somos pobres porque somos ricos? Recursos naturales, tecnología y globalización, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2005. Igualmente podríamos recomendar el libro del autor de estas líneas: La maldición de la abundancia. CEP, Swissaid y Abya–Yala. Quito, 2009.
6 Koldo Unceta; Desarrollo, postcrecimiento y Buen Vivir, en Acosta, Alberto y Martínez, Esperanza (editores), serie Debate Constituyente, Abya-Yala, Quito, 2014. http://rosalux.org.ec/es/mediateca/mediateca-es-publicaciones/175-alternativas-al-desarrollo/830-postecrecimientokoldounceta.html
7 Para encontrar puntos en común basta revisar el interesante el aporte realizado por varios autores en el libro Giacomo D’Alisa, Frederico Demaria, Giorgios Kallis(Hrsg); Degrowth Handbuch für eine neue Ära, Oekom Verlag, 2016. El autor de estas líneas, conjuntamente con el profesor Ulrich Brand, está preparando una reflexión sobre decrecimiento y post-extractivismo como opciones que nos ayuden a encontrar salidas del capitalismo.
8 Ver el libro de José María Tortosa; Mal desarrollo y mal vivir – Pobreza y violencia escala mundial, en Acosta, Alberto y Martínez, Esperanza (editores), serie Debate Constituyente, Abya–Yala, Quito, 2011.

9 Se entiende como Ayllu al conjunto de familias emparentadas por rasgos de consanguinidad y afinidad.
10 Tampoco se ha avanzado mucho en este campo en Bolivia y mucho menos en Ecuador.

11 Ver las memorias del Encuentro de Movimientos y organizaciones urbanas “Vivir bien/buen vivir desde contextos urbanos”, El Alto, La paz (Bolivia), del 28 de abril al 5 de mayo 2013. Http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/738/fwt%20rd-memoria%20encuentro%20urbano%20internacional2013bolivia.pdf
12 Los orígenes de la propia Energiewende pueden ser incorporados en este esfuerzo de construcción de otro mundo desde las comunidades. Ver Tadzio Müller; “Alemania: La transición energética Combinar escalas y estrategias para el cambio”, en varios autores, ¿Cómo transformar? Instituciones y cambio social en América Latina y Europa, Grupo de Trabajo Permanente de la Fundación Rosa Luxemburg, Quito, 2015. http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/880/C %C3%B3mo%20transformarFINAL.pdf

13 Sobre el tema se pueden consultar los textos del autor de estas líneas: “Iniciativa Yasuní-ITT - La difícil construcción de la utopía” (2014) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180285 ; “La Iniciativa Yasuní-ITT - Una crítica desde la economía política”, revista COYUNTURA de la Universidad de Cuenca, (2014)
http://www.ucuenca.edu.ec/ojs/index.php/conyuntura/article/view/189 .
14 Ver por ejemplo las propuestas del autor elaboradas con John Cajas (2015), “Instituciones transformadoras para la economía global - Pensando caminos para dejar atrás el capitalismo”, en el libro de varios autores: La osadía de lo nuevo – Alternativas de política económica, Grupo de Trabajo Permanente de la Fundación Rosa Luxemburg, Abya-Yala, Quito. http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/875/La%20osad%C3%ADa%20de%20lo%20nuevopdf.pdf
15 Entre los muchos ejemplos que se podrían mencionar, se destacan los siguientes. En Ecuador, por ejemplo, los diversos grupos que conformaron la Unidad Plurinacional de las Izquierdas en el 2012 y 2013 propusieron un plan de gobierno sustentado en el Buen Vivir o sumak Kasay, ver el libro del autor de estas líneas (et.al.): El país que queríamos, Montecristi Vive, Quito, 2013. http://es.scribd.com/doc/141709099/El-pai-s-que-queri-amos; o el programa de RAIZ - Movimiento Cidadanista en Brasil, 2016: Carta Cidadanista Estatuto, www.raiz.org.br
16 Sobre estos movimientos se puede consultar en Alberto Acosta y Decio Machado; “Movimientos comprometidos con la vida. Ambientalismos y conflictos actuales en América Latina”, en la revista Revista Colección OSAL, CLACSO, Buenos Aires, Septiembre de 2012 http://lalineadefuego.info/2012/10/01/ambientalismos-y-conflictos-actuales-en-america-latinamovimientos-comprometidos-con-la-vida-por-alberto-acosta-y-decio-machado/

En Oaxaca crean telefonía celular gestionada por el pueblo

“En Oaxaca la telefonía ha sido un éxito
porque las comunidades tienen
sus propios procesos autogestivos”.

Hace un par de años la comunidad indígena de Talea de Castro, Oaxaca, estrenó la primera red de Telefonía Celular Comunitaria, instalada y autogestionada por ella misma con asesoría de organizaciones sociales. Su red telefónica de 40 pesos mensuales les ayudó a conectarse entre ellos, con paisanos en Estados Unidos y para hacer radio.

Un año después, la compañía Movistar, que en su momento les negó el servicio al argumentar nulas utilidades e inversiones costosas, introdujo un paquete de telefonía similar al autogestionado. Demostraba que en un pequeño pueblo era posible invertir en infraestructura de comunicación.

La experiencia de la red comunitaria, que se ha extendido a 18 comunidades, se traduce en un manual que pretende estar libre para replicar el modelo, adaptarlo a las condiciones de los pueblos y conectar al siguiente billón de personas en el mundo que no tienen acceso a las telecomunicaciones, afirman los autores.

El “Manual de Telefonía Celular Comunitaria, conectando al siguiente billón”*, fue elaborado por las organizaciones Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad (Redes AC) y Rhizomática.

“Desde que se desarrolló la Telefonía Celular Comunitaria nos han llovido muchas preguntas y solicitudes, preguntan cómo se puede instalar, cómo funciona, qué tecnología utiliza, cuánto se necesita invertir”, dice Daniela Parra Hinojosa, responsable de Comunicación de Redes AC. El manual se convierte en una forma de satisfacer esa demanda de información, añade.

Los hackers

Compuesto por 54 páginas más anexos, de lectura sencilla, el manual está estructurado en cinco partes: desde la explicación misma del concepto de la telefonía celular comunitaria, conocer sus marcos jurídicos, la base tecnológica, económica y organizativa que conforman la red telefónica.

“Uno de los actores principales en este modelo son los hackers, ellos tienen una ética con principios muy establecidos que empatan con los de las comunidades indígenas como la solidaridad, el conocimiento abierto, la cooperación, así como la información y el espacio como un bien común”, describe Parra Hinojosa. Agrega que con la idea de ser congruente con esa ideología hacker, el manual pretende liberar la información y que se creen más redes de telefonía comunitaria.

La tecnología del modelo de telefonía celular comunitaria “surge de dos proyectos principales de software libre que logran decodificar una tecnología cerrada como el GSM para convertirla en una tecnología abierta de software libre para GSM”, explica el manual.

La comunidad

El otro actor principal es la comunidad donde se desarrollará la red celular, en particular las comunidades indígenas, pues en ellas existen principios de autonomía, sistema de cargos como un ejercicio de servicio no remunerado y bienes comunes, donde por ejemplo, no existe la propiedad privada sino comunal, y su sistema de vida está basada en una concepción que han denominado la comunalidad.

“El modelo de telefonía celular comunitaria tiene una lógica de principios y una ética destinados a fortalecer la autonomía de las comunidades y dejar la dependencia de una tecnología, que no venga ni de las empresas ni el gobierno”, señala la comunicadora.

“En Oaxaca la telefonía ha sido un éxito porque las comunidades tienen sus propios procesos autogestivos, de decisión en asamblea, una autonomía construida desde hace muchos años”. Este modelo de telefonía opera bajo el respeto a esas autonomías y las formas de administrarse de las comunidades, explica.

Modelo económico sin lucros

En la base económica el manual plantea que se necesita de un modelo de negocio de empresa social, pues tiene una misión social, económica, ambiental o cultural alineada a un beneficio comunitario.

“Se estructura como una organización que puede ser una cooperativa o sociedad civil, integrada por comunidades que son dueñas de la red y organizaciones de soporte”. Las primeras aportan la inversión y la operación de sus redes locales y las segundas conocimientos técnicos para el mantenimiento, desarrollo tecnológico y asesoría jurídico-administrativa.

“La cooperativa se presenta como la forma más autónoma y directa en la que una comunidad puede participar en la gobernanza de su red y en su administración con el apoyo de otras comunidades y socios, al tiempo que la comunidad continúa siendo la dueña de la red”, explica Parra Hinojosa.

 

La cooperativa o la asociación civil será la Concesionaria Social de Telecomunicaciones, figura que también fue lograda durante el proceso en que la telefonía pasaba de tener una concesión experimental a una formal, otorgada por Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel).

 

Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias es el nombre de la concesionaria social que opera en 18 comunidades y ofrece servicio a 3 mil usuarios.

 

Con el modelo económico planteado, donde la red pertenece a los usuarios y se desarrolla en función de necesidades locales, se reducen los costos hasta en 97 por ciento y se asegura que las utilidades se queden en la asociación o se inviertan en innovación y capacitación.

 

El manual cuenta además con una serie de anexos, que son “herramientas claras y concretas de cómo hacer las actas de asamblea, sus cartas de recepción de equipo, cómo solicitar la concesión, cómo constituirse bajo la figura legal que opera la telefonía”, destaca la también responsable del diseño editorial del documento.

 

Para conectar al siguiente billón

 

Al final, el manual arroja una serie de recomendaciones para conectar al siguiente billón, que inicia por hacer las cosas de manera distinta, tanto en materia tecnológica, económica, regulatoria y de políticas públicas.

 

Entre otras cosas propone ya no subsidiar empresas sino generar fondos para el surgimiento de empresas sociales, permitir el acceso a las infraestructuras bajo un trato que considere su contribución social y la ausencia de lucro, dedicar fondos para la investigación y desarrollo de software, y generar un marco jurídico y de política pública para los pequeños operadores comunitarios.

 

Cuando Movistar modificó sus esquemas para entrar a Talea de Castro y competir con la telefonía del pueblo se observó “que las comunidades sí les pueden dar rentabilidad pero la lógica de la Telefonía Celular Comunitaria no es la maximización de las ganancias sino la sustentabilidad”, enfatiza Parra. 

 

* https://www.academia.edu/30339437/MANUAL_DE_TELEFON%C3%8DA_CELULAR_COMUNITARIA

 

Cinco claves para enfrentar a las empresas transnacionales**

“Vivimos en el mejor de los mundos, no hay alternativa posible”. Este es el mensaje con el que nos bombardean durante décadas, de manera machacona: el capitalismo triunfó y no tiene oposición. Máxima que se mantiene aún hoy, incluso en los tiempos que corren, donde es evidente el colapso ecológico en el que nos encontramos, las crecientes desigualdades que nos asuelan, la violencia y la exclusión como pan de cada día. Precisamente, son las empresas transnacionales, principales protagonistas del sistema vigente, quienes más interés tienen en sostener y difundir este imaginario, como vía para mantener y ampliar un poder sin igual en la historia: actualmente, 69 de las 100 principales entidades económicas mundiales son empresas y solo 31 Estados. Pero por mucho que insistan, cada vez más comunidades, movimientos sociales y gobiernos populares tienen claro que sí hay alternativas, y que todas ellas transitan por caminos antagónicos a los hoy dominantes. Aquí unas claves para enfrentar a las transnacionales:

 

1. Apuesta inequívoca por la vida frente al capital. Los contextos climático y energético están poniendo en riesgo la vida tal y como la hemos conocido, y por ello es necesario disputar espacios a los mercados, la ganancia y el lucro, posicionando en sentido contrario el bien común, la democracia, el trabajo y la sostenibilidad. Es fundamental incidir en la impostergable transición energética, como propone la cooperativa vasca sin ánimo de lucro GoiEner que, además de garantizar consumo de energía renovable a sus socias, se plantea la producción local y social como horizonte. A su vez, es fundamental priorizar la defensa de la tierra y el territorio frente a los megaproyectos, tal y como nos muestran miles de experiencias de resistencia, de entre las que destacamos la articulación de campesinos, maestras y comunidades del istmo de Tehuantepec (México) frente a los “desiertos eólicos”, en los que participan empresas como Iberdrola. Esta defensa del territorio en ningún caso conlleva obviar la apuesta global, como ejemplifica la red de articulación internacional de sindicatos y movimientos en torno a la empresa minera brasileña Vale, con nodos que van desde Canadá a Mozambique.

 

2. Defensa de la democracia y avance del poder popular. Frente a la democracia de baja intensidad, la única vía posible es la de fortalecer la regulación y ampliar los procesos participativos. Destacamos aquí la propuesta de un “Tratado de los pueblos” impulsada por la campaña global “Desmantelando el Poder Corporativo”, que defiende un sistema jurídico internacional en favor de los derechos humanos y de la naturaleza frente a la lex mercatoria. Igualmente son muy valiosos ejercicios de democracia directa como las consultas populares realizadas en muchos lugares del mundo frente a la arremetida de los megaproyectos, desde la celebrada en 2005 en Sipakapa (Guatemala), ante el rechazo popular a la entrada de la minera canadiense Goldcorp, al referéndum realizado en 2011 en Italia en favor del agua como derecho y servicio público, hito de soberanía popular frente a la privatización.

 

3. Construcción de economía alternativa. Es fundamental demostrar la viabilidad de otros principios y sistemas viables de entender la economía, más allá de la hegemonía absoluta de mercados y grandes empresas. Así, es importante aprender del ejemplo de REAS en el Estado español, una red que integra producción basada en el trabajo, mercado social y finanzas en un sistema de intercooperación articulado y en expansión. O del movimiento de la Vía Campesina, que impulsa procesos de reforma agraria, apoyo a las economías campesinas y al modelo agroecológico a partir del enfoque de soberanía alimentaria, tal y como propone también el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT). Podemos destacar también el intento de generar nuevas institucionalidades basadas en la autogestión, como el proyecto de comunas venezolanas.

 

4. Redistribución radical de bienes y trabajos. No hay emancipación sin igualdad, por lo que redistribuir es preceptivo. Y no nos referimos únicamente a los recursos sino que, dentro de una lógica de desmercantilización, ampliamos la mirada a la propiedad de todo aquello que resulte fundamental para la sostener la vida, así como de todos los trabajos necesarios en ese sentido. Destacamos así la apuesta por una compra pública socialmente responsable, como la impulsada en el Estado español a través de muchos ayuntamientos; la incidencia en favor de una fiscalidad internacional que ponga fin a los paraísos fiscales y a la evasión y elusión fiscal; la realización de auditorías para el impago de la deuda y la nacionalización de empresas y sectores estratégicos como las llevadas a cabo en Bolivia y Venezuela en la última década. Además, tenemos mucho que aprender de planes de igualdad como el hoy vigente en Gipuzkoa, que aborda de manera novedosa y emancipadora aspectos cruciales como los cuidados y las asimetrías de género.

 

5. Estrategias corresponsables y articuladas local-globalmente. Para avanzar en términos de poder popular es fundamental, ahí donde sea posible, el esfuerzo combinado de instituciones, movimientos sociales y comunidades. Gobiernos que regulen y también favorezcan la emancipación, organizaciones sociales que sostengan la agenda de transformación estructural desde una lógica de transición. Este ha sido el caso del Programa Campesino en Porto Alegre (Brasil), con el que se han articulado organizaciones campesinas, sindicatos urbanos y la municipalidad para impulsar una estrategia de alimentación saludable y transición agroecológica conjunta. Al igual que el caso de Nápoles, donde la municipalidad otorga valor jurídico a los procesos de autogestión, ensayando nuevas institucionalidades alternativas.

 

No podemos caer en el desánimo. Frente al imaginario único, hay muchos otros imaginarios, viables, en marcha, que disputan espacios al capital. Los pueblos y comunidades sí tenemos alternativas, sí hay otros mundos posibles.

 

* Con base en el libro: “Alternativas al poder corporativo”, Icaria editores, España, 2016. http://www.icariaeditorial.com/libros.php?id=1632
** Investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina (OMAL) – Paz con Dignidad.

“Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

 El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

 

Migrantes, desplazados, refugiados

 

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[i]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

 

Un mundo de personas en movimiento

 

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[ii]. Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[iii] El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

 

Migrar es un derecho humano

 

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aun atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

 

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

 

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

 

La nación humana universal[iv]

 

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

 

[i] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/docid/4c65080ad38.html [Accesado el 17 Junio 2017]

[ii] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/estimates15.shtml

[iii] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR).

[iv] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004).

URL de este artículo: http://www.alainet.org/es/articulo/186238

Conferencia mundial de los Pueblos en Bolivia:

“Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal”: un horizonte humanista

Javier Tolcachier

El 20 y 21 de Junio se lleva a cabo la Conferencia Mundial de los Pueblos “Por un mundo sin muros hacia la ciudadanía universal” en el municipio de Tiquipaya, Bolivia.

El evento, convocado por el Gobierno y los movimientos sociales del Estado Plurinacional de Bolivia, cuenta con la presencia de unos 2500 delegados de organizaciones sociales, defensores de derechos de los migrantes, académicos, juristas y autoridades gubernamentales de distintos puntos del planeta.

Según el texto de convocatoria, esta conferencia tiene el “propósito de constituirse en un espacio inclusivo de reflexión, que busque desmontar muros físicos, muros legales invisibles y muros mentales, como la discriminación y el racismo, recuperando paradigmas y visiones propias de los pueblos, promoviendo alternativas y propuestas que contribuyan a superar fronteras, a construir puentes de integración y a trabajar un plan de acción de los pueblos para alcanzar la “ciudadanía universal”.

Honrando la invitación, la presente nota pretende ser un aporte a la discusión sobre la cuestión y acerca del paradigma de futuro que este importante cónclave reclama.

Migrantes, desplazados, refugiados,

Bien vale aclarar algunos términos que suelen utilizarse indistintamente generando confusión. Migrante es una persona que vive en un lugar distinto a aquel en el que nació. Desplazado es quien se ve obligado a dejar su lugar de asentamiento habitual. La migración o el desplazamiento pueden ocurrir dentro de las fronteras del propio país o más allá de ellas, convirtiéndose entonces el migrante o desplazado en emigrante. Se considera refugiado, según la Convención de Viena de1951 a aquellas personas con temor fundado a ser perseguidas por motivos de raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social u opiniones políticas que han debido abandonar su país. A estas definiciones que tipifican el reconocimiento de status de refugiado para la ACNUR, se suman algunas otras Declaraciones regionales como la de la Organización de la Unión Africana (OUA) de 1969 y la de Cartagena de 1984 que amplía el concepto “a las personas que han huido de sus países porque su vida, seguridad o libertad han sido amenazadas por la violencia generalizada, la agresión extranjera, los conflictos internos, la violación masiva de los derechos humanos u otras circunstancias que hayan perturbado gravemente el orden público.”[i]

O sea, no todo migrante es un refugiado, pero todo refugiado sí es migrante, mientras que un desplazado puede o no emigrar y si bien su condición es en general precaria, no se considera un refugiado en sentido formal.

En este contingente de personas que abandonan sus lugares de residencia, ya sea de manera voluntaria o forzada, están incluidos los migrantes internos entre las regiones de un mismo país, generalmente migrando de la ruralidad hacia los distintos conglomerados urbanos y, en éstos, hacia sus periferias.

Hechas estas distinciones primarias, creemos necesario abordar como un todo la complejidad de estos fenómenos diferenciados entre sí, pero que se entremezclan tanto en sus raíces como en sus efectos.

Por otra parte, la cuestión migratoria en su conjunto presenta dos facetas distintas: una, en sentido positivo, se refiere a la posibilidad de elegir en qué país uno quiere vivir, a diferencia de la imposición de circunstancias que obligan a un conjunto humano a distanciarse de su lugar de residencia habitual.

En este último caso, confluyen guerras civiles e internacionales, agresiones armadas extranjeras, hambrunas, desastres climáticos, situaciones de pobreza extrema, la omnipresencia del crimen organizado, pero también persecución política, racial, de género, de orientación sexual u otras formas de vulneración de los derechos humanos. Asimismo una desocupación extendida, la explotación socioeconómica y la depredación medioambiental suelen asociarse indisolublemente a las motivaciones para buscar desesperadamente ámbitos donde sea posible sobrevivir.

Pero también es necesario mencionar causales migratorias que no se originan en los lugares de origen sino en los de destino. Nos referimos a que los países económicamente poderosos succionan intencionalmente inmigrantes para bajar sus costos laborales, realizar labores que los trabajadores locales se resisten a hacer por ser consideradas de inferior calidad, flexibilizar de facto condiciones laborales, evitar cargas impositivas o transgredir normas de seguridad a través de la contratación de migrantes no autorizados. En el caso de la inmigración formalizada, lo que motiva a los países supuestamente “benefactores” es la imperiosa necesidad de rejuvenecer su composición demográfica, apuntando a que jóvenes trabajadores extranjeros equilibren con sus aportes las arcas que destinan los estados a la seguridad social.

Se hace entonces evidente que, en todos los casos, la violencia en sus distintas formas (física, económica, racial, religiosa, psicológica, etc.) juega un papel central en la migración forzada tanto interna como externa y en muchos casos, hasta en la movilidad aparentemente voluntaria. Dicha violencia es la matriz objetiva y valórica del sistema imperante, que reduce la vida a un circuito de enajenación y condena al ser humano a la tragedia de vivir entre carencias inadmisibles y deseos sufrientes.

Un mundo de personas en movimiento

En la actualidad, uno de cada siete habitantes del planeta es un migrante. De los mil millones de migrantes, un 75% lo hace dentro de las fronteras nacionales mientras que 244 millones son migrantes internacionales, 71 millones más que a principios de milenio[ii]. Se calcula que aproximadamente cincuenta millones de los migrantes internacionales lo hacen en situación irregular. Muchas de estas personas enferman o mueren debido a las enormes dificultades que deben atravesar en su periplo.

Por su parte, a finales de 2015 había 65,3 millones de personas desplazadas, un 10% más que el año anterior. El informe de ACNUR indica que de éstos, 21,3 millones eran refugiados, 40,8 millones desplazados internos y 3,2 millones solicitantes de asilo.”[iii] El número total de desplazados internos se ha casi duplicado desde el año 2000 y aumentado fuertemente en los últimos cinco años. En 2016, se registraron 31.1 millones de nuevos casos de desplazamiento interno, equivalentes a una persona desplazada por segundo.

Todo ello convoca a medidas inmediatas, pero sobre todo, tal como lo propone la Conferencia en Bolivia, a una reflexión revolucionaria.

Migrar es un derecho humano

La migración es un fenómeno histórico permanente, motivado por circunstancias externas que dificultan la supervivencia de un grupo humano o por la exploración de nuevos y mejores ámbitos de desarrollo individual o colectivo. En la situación actual, el volumen, ritmo de crecimiento del fenómeno migratorio y sus características de expansión global, nos muestran un nuevo momento de la humanidad. Un momento de interconexión total, inédito en la historia: la primera civilización humana a escala planetaria. Un momento de enormes posibilidades pero también de conflictos.

En la situación actual, a la exponencial ampliación del transporte y a las posibilidades que desprende el conocimiento de otras realidades mediante las comunicaciones, se corresponde el desplazamiento veloz de cada vez más grandes grupos humanos. Todo indica que estos flujos, lejos de disminuir, van a continuar en aumento a futuro.

Ante este movimiento masivo se levantan muros que repelen, reprimen y excluyen. Vallas que cercenan el derecho a transitar libremente por esta Tierra donde sólo el capital puede moverse a sus anchas. Límites que intentan proteger el botín robado por las potencias coloniales a quienes, en justísimo reclamo, quieren ahora compartir una porción de ese bienestar arrebatado.

Las fronteras de los estados no son hechos naturales ni decididos por sus poblaciones, sino elucubraciones artificiales de poderes paradójicamente transfronterizos – imperialistas en palabras sencillas – para delimitar la administración y explotación de áreas de influencia. Por ello es que esas fronteras suelen dividir en países distintos a personas pertenecientes a un mismo pueblo y cultura.

Pero las barreras a demoler no son tan sólo corpóreas, sino que se encuentran finalmente en la interioridad humana. Prueba de ello es que, aun atravesando las fronteras entre países, ingresando a las tierras prometidas o prohibidas, persiste la discriminación, la explotación, la segregación de las comunidades inmigrantes, siendo éstas percibidas por un importante núcleo poblacional nativo con extrañeza y en muchos casos, con rechazo. La gran pregunta es qué hacer frente a estos impedimentos localizados en regiones no tan sencillas de acceder.

Todos somos migrantes, todos somos mestizos

La cultura en la que se crece conforma el molde inicial del pensar, sentir y actuar de cada persona. Sin embargo, la cultura no es un hecho inamovible sino dinámico, que se nutre del aporte de sucesivas generaciones en su construcción. Por otra parte, al revisar distintos aspectos de cada cultura se observa sin mayor dificultad de qué manera éstas han incorporado elementos de otras culturas con las que entraron en contacto. Aún en la imposición, en el avasallamiento colonial, la cultura invasora se impregna de distintos aspectos de la sometida, produciéndose una síntesis distinta y nunca unilateral.

Es posible – e imprescindible en los tiempos novedosos que corren – pensar en una existencia intercultural, no tan sólo como convivencia estanca entre naciones diferentes, sino como un enriquecimiento mutuo de saberes y experiencias adquiridas. Este dar y recibir requiere por parte de las poblaciones comprensión sobre las ventajas de abrirse al cambio, disposición a experimentar y paciente aprendizaje, lo cual será facilitado si los liderazgos exhiben coherencia y una cercana docencia.

Docencia que debe además señalar sin dobleces la responsabilidad del gran capital especulativo en la crisis económica que genera ajuste, desocupación y miseria. El esclarecimiento es fundamental, ya que de otro modo, el poder económico de las corporaciones – tal como ha sucedido en otros momentos de la historia – busca enfrentar a trabajadores locales contra sus pares inmigrantes, para así ocultar el real funcionamiento sistémico destructivo e impedir que las fuerzas populares se consoliden en torno a cuestionamientos de fondo.

Este esfuerzo de diálogo, de comunicación y participación es la única vía para forjar y consolidar un renovado sentido común que permita torcer el actual rumbo político intolerante que parece ampliar su influencia. Signo fascista, revestido indistintamente con perorata proteccionista o ropaje neoliberal, que aprovecha pragmáticamente el malestar que experimentan las poblaciones ante la inestabilidad producida por rasantes transformaciones del paisaje social y la imposición de un estilo de vida individualista que corroe lazos interpersonales y colectivos.

En términos políticos, lo primero es garantizar a cada ser humano la libertad de vivir donde quiera, en condición de ciudadano universal.

En cuanto a medidas que ayuden a abrir el camino de una migración libre y no forzada en esta selva gobernada por salvajes de traje y corbata y perfumes caros, hay que detener de inmediato y a futuro todas las guerras. Dejar de producir, comprar o almacenar armas, prohibir su tenencia particular, transformar fuerzas armadas como ejército y policía – que son los principales focos de proliferación de tenencia de armas irregulares – en cuerpos de servicio civil.

A fin de contrarrestar las presiones económicas que impulsan la migración no deseada, es menester generar mecanismos distributivos como los que emanan de las formas cooperativas o comunitarias, impedir la libre circulación de capitales hacia guaridas fiscales, limitar la economía especulativa con altos impuestos a las transacciones financieras y rechazar el genocidio mercantilista, que en su avance territorial extingue distintas formas de vida de comunidades que son obligadas a exiliarse. Lograr términos justos de intercambio internacional, exigir transferencias de alta tecnología como compensación al expolio colonial y resistir con decisión los embates de anteriores o nuevos imperialismos en formas de tratados librecomercistas son imperativos para generar mejores condiciones de vida en los lugares empobrecidos. En el mismo sentido, multiplicar la inversión social, descentralizando el acceso a bienes y servicios es imprescindible para lograr una distribución poblacional equilibrada y evitar el hacinamiento en conglomerados urbanos.

Un aspecto geopolítico vital es el fortalecimiento de la integración regional, no tan sólo desde una mirada economicista competitiva o desde una interestatalidad sujeta al vaivén cambiante de los vientos políticos, sino como práctica permanente desde los pueblos, que permita ir ampliando fronteras hasta su desaparición empírica. Un hermanamiento que pueda alimentarse de un proyecto común a futuro y no tan sólo de raíces comunes – que no todos sienten del mismo modo – ofrece una clave de solidez y una dirección permanente a la integración.

La nación humana universal[iv]

Es posible incluso ir más allá. La tendencia hacia la mundialización – distinta de la globalización en manos del capital – es evidente. El contacto entre pueblos se irá haciendo cada vez más intenso, lo cual nos permite preguntar acerca del futuro sentido de comunidad necesario para acometer tareas colectivas.

La universalidad de lo humano es una posible respuesta a esa pregunta. Más allá de la diferencia, de bienvenidos matices culturales diversos, todos queremos felicidad, bienestar y una existencia plena para nosotros y nuestros seres queridos. Sin embargo, lo imaginamos por diferentes vías y en ocasiones, creemos que la felicidad de unos se opone a la de los demás.

Tal falacia genera innumerables problemas y en definitiva, impide el avance histórico. Si por el contrario, se reconoce la humanidad ajena como equivalente a la propia, su diversidad como riqueza y la posibilidad de una convergencia horizontal entre pueblos y culturas, entonces se está invitando a atravesar el umbral de la historia hacia un horizonte radicalmente distinto. Posiblemente ésa sea la puerta de entrada y la convocatoria del momento: hacer de esta primera civilización planetaria de la historia una verdadera nación humana universal.

[i] Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), Módulo autoformativo Nº 2 : La Determinación del Estatuto de Refugiado : ¿Cómo identificar quién es un refugiado?, 1 Septiembre 2005, http://www.refworld.org.es/docid/4c65080ad38.html [Accesado el 17 Junio 2017]

[ii] United Nations, Department of Economic and Social Affairs (2015). Trends in International Migrant Stock: The 2015 revision (United Nations database, POP/DB/MIG/Stock/Rev.2015) recuperado Junio 2017 de http://www.un.org/en/development/desa/population/migration/data/estimates2/estimates15.shtml

[iii] Informe Tendencias Globales 2016 de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados(ACNUR).

[iv] Del Documento Humanista, Silo, Obras Completas, Vol. I, Carta a mis Amigos, Ed. Plaza y Valdés, México (2004).

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Domingo, 11 Junio 2017 05:41

François Houtart: "cosmopolita"

François Houtart: "cosmopolita"

Ha muerto el creador de la red de redes dentro y fuera del Foro Social Mundial, uno de los filósofos de la liberación de los pueblos de América Latina, África y Asia más destacados de nuestra era. Escritor incansable, cargaba sus libros y los de su instituto, el Cetri, en Bélgica, en una maleta a cada una de las conferencias en que participaba. Oscilaba a menudo entre Vietnam, Bélgica, India, Nicaragua, África del Sur y, últimamente, Siria, adonde tuve el privilegio de acompañarlo. Era el octogenario probablemente más joven del mundo y, a la vez, el estudiante más viejo de todos los continentes. Y si alguien merecía el apodo de ser "cosmopolita" fue él, François Houtart, un hombre que se sentía en casa en cualquier rincón del mundo.

En las conferencias a veces parecía entre dormido y concentrado, hasta que pedía la palabra para enfocar su discurso casi siempre en el mero centro de la discusión. Tocaba la médula en muchas controversias, a veces demasiado radical para las derechas moderadas y, en ocasiones, demasiado moderado para las izquierdas radicales. Multifacético en la selección de sus temas y holístico en sus análisis, brillaba más por su capacidad de síntesis que por una ráfaga de palabras. Era un auténtico científico social, quien cambiaba con mucha facilidad sus metodologías como si fueran camisetas tropicales –livianas y transparentes, pero siempre bien cosidas.

Como "sacerdote rojo" de larguísima trayectoria, formaba parte de los círculos políticos progresistas en muchísimas partes del mundo, sin aspirar a cargos políticos para sí, sabiendo que su mundo, a final de cuentas, no era el político, sino el académico. Pensaba que había que ser tolerante y respetuoso con los gobernantes y líderes de las izquierdas, aunque éstos hubieran cometido errores. Porque su verdadera ambición era ser reconocido por sus ideas y no por las acciones políticas, en las cuales a menudo participaba.

¡Que su luz y esperanza sigan creciendo en todos los que hayamos tenido el privilegio de conocer a este gran hombre!

 

Leo Gabriel, periodista austriaco

 

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François Houtart: "cosmopolita"

11 de junio de 2017

 

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Entrevista con François Houtart

28 de marzo de 2017

Publicado enSociedad
François Houtart. Una vida dedicada a la lucha por la liberación de los pueblos

"Debemos encontrar un nuevo paradigma de vida frente al paradigma de muerte. El paradigma del BIEN COMÚN DE LA HUMANIDAD". (François Houtart)

 

Al amanecer del 6 de junio de 2017 falleció en Quito François Houtart, el teólogo y sociólogo de la liberación de los pueblos.


Nació en Bruselas en 1925. Fue ordenado sacerdote en 1949. Licenciado y Doctor en Sociología por la Universidad de Lovaina.


Tempranamente surgió como una de las voces para la renovación de la Iglesia. Para la preparación del Concilio Vaticano II, el Presidente de la Conferencia Episcopal Latinoamericana (CELAM, Dom Hélder Câmera, le encomienda sistematizar la propuesta de la Iglesia de nuestro Continente para presentarla en la apertura del Concilio.


Su voz ha acompañado las luchas de los pueblos desde la década de los 50 del siglo pasado. Ninguna lucha le era extraña. En una misma semana podía estar en Vietnam, en reuniones con el Partido Gobierno, y luego en Siria, para buscar acuerdos de paz. Luego en América Latina podía pasar por las mesas de negociación de las FARC, hablar con el PT sobre la crisis en Brasil. Una conferencia en Argentina, un curso en la Escuela de Formación de los Sin Tierra, una reunión en La Habana. Trotamundos incansable, en búsqueda de la palabra, de las semillas de los de abajo, desde el Sur, portador de la palabra de esperanza desde la ciencia, la reflexión, la teología.


Nuestro país (Ecudor) tuvo el privilegio de ser elegido como el hogarde residencia de François en estos últimos años. La Fundación Pueblo Indio, fundada por Monseñor Leonidas Proaño, fue su nueva casa. Profesor del Instituto de Altos Estudios (IAEN), docente de la Maestría de Sociología Política de la Universidad Central. Cuando estaba en el país, todos los miércoles se reunía con el Grupo de Pensamiento Alternativo, para informar sus periplos por el mundo, analizar la situación del Ecuador y de América Latina, programar las nuevas solidaridades y debatir sobre las alternativas.

Uno de los últimos actos de su vida comprometida fue la participación en el Taller de Pukahuaiko, la sede de la tumba de Proaño, para acordar el nuevo Mandato de la vida, junto a los pueblos y comunidades indígenas, las comunidades cristianas de base, las organizaciones sociales. La víspera de su muerte, organizó el Acto de solidaridad con el pueblo Tamil de Sri Lanka, para pedir que el Gobierno ecuatoriano, como Presidente de turno del Grupo de los 77, plantee una Investigación Internacional sobre el genocidio del sigo XXI.


Fundó con Samir Amín el Centro Tricontinental (CETRI), la Revista “Alternatives Sud” y el Foro Mundial de Alternativas, como tribunas de pensamiento sobre las luchas y las alternativas en el Tercer Mundo.
En el 2009, como asesor del Presidente de la ONU, Miguel D’Scoto, inició el trabajo sobre un nuevo paradigma civilizatorio, el Bien Común de la Humanidad, que es su legado teórico-político más importante, en el que trabajó hasta el final de su vida.


Escritor incansable. Publicó alrededor de 70 libros, un promedio de uno anual, además de artículos, ponencias. Casi imposible saber cómo lo hacía. Los títulos muestran el recorrido de su pensamiento: El cambio social en América Latina (1964), Iglesia y Revolución. Religión e Ideología en Sri Lanka. Religión y desarrollo en Asia (1976), Sociología de la religión (1992) El otro Davos (1999), Haití y la mundialización del cultura (2000), Deslegitimar el capitalismo. Reconstruir la esperanza (2005) La ética de la incertidumbre en las ciencias sociales (2006) Africa codiciada. El desafío pendiente (2007) De los bienes comunes al bien común de la humanidad (2012) El bien común de la humanidad (2013) El camino a la utopía y el bien común de la humanidad (2014) El camino a la utopía desde un mundo de incertidumbre (2015)


Acompañó el proceso de los Gobiernos “progresistas”, entre el apoyo vigilante y la crítica serena. Una característica de su pensamiento fue la crítica con la presentación de alternativas. En los últimos dos años la pregunta era sobre el “cierre de ciclo” en América Latina, la crisis y decadencia del capitalismo, y la necesidad de abrir nuevas alternativas.


Acabó de escribir el segundo tomo de sus Memorias, que será publicado postúmamente. Allí podremos ver el camino recorrido, sus dudas y esperanzas, su mensaje sobre la comunidad universal, libre y justa, que soñó. Hoy rendimos homenaje a su memoria y recogemos su legado.

 

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