Domingo, 22 Julio 2018 08:15

Silencios que matan

Silencios que matan

Sin ética la izquierda no es nada. Ni el programa, ni los discursos, ni siquiera las intenciones tienen el menor valor si no se erigen sobre el compromiso con la verdad, con el respeto irrestricto a las decisiones explícitas o implícitas de los sectores populares a los que dice representar.

En este período en el que todos los dirigentes de la izquierda se llenan la boca mentando valores, resulta muy significativo que se queden apenas en el discurso. La ética se pone a prueba sólo cuando tenemos algo que perder. Lo demás es retórica. Hablar de ética o de valores cuando no hay riesgos, materiales o simbólicos, es un ejercicio hueco.


Todos recordamos la gesta del Che en Bolivia, cuando en vez de ponerse a salvo de las balas enemigas retornó al lugar del combate para ocuparse de un compañero herido, sabiendo que era más que probable que perdiera la vida en esa acción, sin ningún sentido militar pero rebosante de ética.


Ante nosotros tenemos la segunda oportunidad de que la izquierda latinoamericana se redima de todos sus “errores” (entre comillas porque se abusa del término para encubrir faltas más serias), condenando la masacre que están perpetrando Daniel Ortega y Rosario Murillo contra su propio pueblo. La segunda, porque la primera sucedió dos décadas atrás, cuando la denuncia de Zoilamérica Narváez, la hijastra de Ortega, al denunciar abusos sexuales de su padrastro.


El silencio actual de las principales figuras de la izquierda política de la región y de la izquierda intelectual lo dice todo. Un extravío ético que anuncia los peores resultados políticos.


Culpar al imperialismo de los crímenes propios es absurdo. Stalin justificó el asesinato de sus principales camaradas porque, dijo, le hacían el juego a la derecha y al imperialismo. Trotsky fue asesinado vilmente en 1940, cuando su prédica no podía en modo alguno poner en peligro el poder de Stalin, que en esos años contaba con el visto bueno de las elites mundiales para contener al nazismo. ¿Cómo puede ilusionar a los jóvenes una política que se para sobre una alfombra interminable de cadáveres y de mentiras?


¿Cómo pudo José Mujica guardar silencio durante tantos meses –mientras en Nicaragua morían cientos de jóvenes, y ante la carta abierta de Ernesto Cardenal– hasta pronunciar al fin algún tipo de crítica a Ortega? ¿Cómo pueden algunos connotados intelectuales latinoamericanos justificar la matanza con argumentos insostenibles o con un silencio que los convierte en culpables? ¿Qué los lleva a pedir la libertad de Lula sin revolverse contra el gobierno de Nicaragua?


En este período tan negro para la izquierda –como aquel de los juicios de Moscú, que liquidó todo vestigio de libertad en la Unión Soviética– es necesario rascar hasta el fondo para encontrar explicaciones. A mi modo de ver, la izquierda pasó de ser la fuerza social, y política que pugnaba por cambiar la sociedad a resecarse apenas como un proyecto de poder. No “el poder para”, sino el poder a secas, el tipo de relaciones que aseguran la buena vida para la camarilla que lo detenta.


Fue a través de la lucha por el poder y la defensa de éste que la izquierda se mimetizó con la derecha. Hoy se argumenta con la lucha contra el neoliberalismo como excusa para no abrir fisuras en el campo de la izquierda, con la misma liviandad que antes se argumentaba la defensa de la Urss o de cualquier proyecto revolucionario.


Pocos pueden creer que entre 1937 y 1938 hubiera un millón y medio de rusos aliados a las potencias occidentales (todos miembros del partido), que fue la cifra de condenados por la gran purga de Stalin, de los cuales casi 700 mil fueron ejecutados y el resto condenados a campos de trabajos forzados. Si ese es el precio a pagar por el socialismo, habrá que pensárselo dos veces.


Estamos ante un período similar. Los progresismos y las izquierdas miran para otro lado cuando Evo Morales decide no respetar el resultado de un referendo, convocado por él, porque la mayoría absoluta decidió que no puede postularse a una nueva reelección. No quieren aceptar que Rafael Correa es culpable de secuestro en el “caso Balda”, ejecutado por los servicios de seguridad creados por su gobierno y supervisados por el presidente. La lista es muy larga, incluye al gobierno de Nicolás Maduro y al de Ortega, entre otros.


Lo más triste es que la historia parece haber transcurrido en vano, ya que no se extraen lecciones de los horrores del pasado. Sin embargo, algún día esa historia caerá sobre nuestras cabezas, y los hijos de las víctimas, así como nuestros propios hijos, nos pedirán cuentas, del mismo modo que lo hacen los jóvenes alemanes increpando a sus abuelos sobre lo que hicieron o dejaron de hacer bajo el nazismo, escudados en un imposible desconocimiento de los hechos.


Será tarde. Son los momentos calientes de la vida los que moldean actitudes y definen quiénes somos. Este es uno de esos momentos, que marcará el porvenir, o la tumba, de una actitud de vida que desde hace dos siglos definimos como izquierda.

 

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Redes solidarias en Grecia ante la xenofobia europea

En la isla de Quíos,1800 refugiados sobreviven gracias al trabajo voluntario mientras Europa construye nuevos centros de detención.

 Desde Isla de Quíos

En Grecia es la ciudadanía quien sigue buscando soluciones para una situación que la desborda y ante la cual las autoridades dan sistemáticamente la espalda. A solo 7 kilómetros de la costa turca, la isla de Quíos es un popular destino para turistas pero también para las precarias embarcaciones despachadas por las mafias con centenares de personas desesperadas por cruzar a Europa. En el verano de 2015, cuando la gran ola migratoria llegó a las costas del Mar Egeo, una media de 30 botes al día atracaban en Quíos. Luego la afluencia disminuyó con el acuerdo entre la Unión Europea (UE) y Turquía –en marzo del 2016– para la deportación a este país de quienes entraran de forma irregular a las islas griegas a cambio de 6.000 millones de euros para el gobierno de Recep Tayyip Erdogan. Pero, pese a que el “acuerdo de la vergüenza” redujo –según datos de la Agencia de fronteras de la UE (Frontex)– en un 80% la llegada de migrantes con respecto al 2017, cientos de personas siguen desembarcando en las islas del Egeo, donde más de 13 mil refugiados malviven atrapados en campos de “recepción” con capacidad para 6300.


Quíos es uno de los llamados “hotspots”, es decir que dispone de instalaciones oficiales para el alojamiento y registro de quienes llegan en busca de asilo. El campo de Vial, en el interior de la isla, acoge a 1850 personas- aunque está preparado para 900- y es ahora, junto con los pisos de Acnur que alojan a alrededor de 500 personas, el único espacio reservado para los refugiados luego del cierre de otro campo –Souda– que se ubicaba en las afueras de la ciudad de Quíos. Gestionado por el Ejército y el gobierno heleno, el centro de detención Vial es una inmensa superficie blindada por alambre de púa que esconde del mundo cientos de contenedores y miles de carpas superpobladas por gente sometida a la miseria y la desesperanza.


El laberinto burocrático en el que entran los solicitantes de asilo al pisar suelo europeo los atrapa por tiempo indeterminado, con causas indeterminadas. Por eso el punto de información del campo colapsa cada mañana, con cientos de personas abalanzándose sobre sus ventanillas en busca de respuestas. “Why am I here?” es el grafiti más repetido en las paredes de Vial. “Para algunas nacionalidades, como la siria, el proceso es incluso más lento que para el resto: hasta 18 meses están tardando en dar la entrevista con la Oficina Europea de Asilo, lo cual es solo el primer paso”, alertan Zoe y Sonya, abogadas de la organización Choose Humanity que brinda asesoramiento jurídico gratuito para los refugiados en Quíos. “Después de la primera entrevista, a algunos los deportan a Turquía y a otros nos mandan a una segunda cita con el Servicio Griego de Asilo para empezar los trámites, que duran un promedio de dos años”, explica por su parte Ali, un joven de Irán que llegó a Quíos en 2016 después de pagar 6 mil euros a un traficante y ahora, tras su paso por los campos de Souda y de Vial –que describe como “el infierno”– viaja a Atenas con el ansiado papel azul que lo autoriza a salir de la isla.


Las personas en busca de asilo no solo siguen llegando –y lo seguirán haciendo mientras las guerras no se detengan– sino que, forzados en la mayoría de los casos, se quedan. Migrantes y locales coinciden en que la situación no solo no se alivió a lo largo de estos tres años –como insisten en afirmar desde la UE– sino que está visiblemente peor a causa del bloqueo en las islas provocado por el pacto con Turquía y la inacción gubernamental. “Yo entiendo que cuando esto empezó nadie estuviera preparado para afrontarlo correctamente pero ahora, tres años después,
¿cómo es posible que todavía tengamos gente durmiendo en carpas?”, se pregunta, indignada, Toula, fundadora de CERST, uno de los mayores grupos de ayuda de la isla.


“Todo esto cayó en medio de nuestra peor crisis económica, el gobierno griego no se pudo hacer cargo. No espero nada de ellos”, admite esta mujer de Quíos que decidió, ante la inacción de las instituciones, tomar las riendas del asunto. “No solo ellos no nos ayudan sino que somos nosotros quienes los ayudamos a ellos. La Administración no tiene nada y espera todo de los voluntarios”, explica. Chios Eastern Shore Response Team (Cerst) es el nombre que Toula y sus entonces pocos compañeros de misión eligieron para dar entidad formal a algo que, en su origen, no lo tenía en absoluto. Lo que ahora es una organización con tres espacios diferentes de trabajo y un promedio de veinte voluntarios por semana, al empezar era ayuda espontánea de isleños que, como dice Toula, actuaban “de corazón”. Esta mujer de 43 años dormía cuando escuchó gente gritando y niños llorando, salió a ver qué pasaba y se encontró con la nueva realidad de la isla. Abrió tres habitaciones del hotel que regenta en un pequeño pueblo del sur de Quíos y allí los alojó. “Les di lo que tenía, al igual que todos los locales, yo no hice nada extraordinario”, matiza Toula. Era octubre de 2015, tres meses más tarde de las primeras llegadas masivas de migrantes, cuando el frenesí de la temporada turística se calmaba y en Quíos la gente empezaba a entender que algo grave sucedía en la isla, en el mundo.


Facebook fue el gran empujón para los locales que corrían de punta a punta de la costa atendiendo con ropa, comida y agua a los tripulantes de los endebles botes. Gracias a la red social, los isleños pasaron de estar solos frente a la emergencia, a estar apoyados por cientos de personas de todo el mundo; y de la ayuda espontánea, pasaron a la organización. En enero de 2016 Toula finalmente fundó Cerst y otras ONG se instalaron en Quíos, creando una red de cooperación que a día de hoy persiste. El trabajo en ese momento consistía en la distribución de ropa y comida proveniente de donaciones, pero luego el equipo amplió su tarea a la enseñanza de lenguas, el cuidado de niños, la higiene y la asistencia en los desembarcos.


En el interior de la isla, a una media hora a pie del campo de Vial, una hermosa casona de piedra alberga el Centro de idiomas, donde un promedio de sesenta personas asiste cada día a clases de griego, francés, inglés y alemán. Los profesores son voluntarios que se comprometen a una estancia mínima de dos meses para garantizar el seguimiento de los alumnos y el espacio también cuenta con una cocina, una biblioteca con servicio de préstamo y una acogedora sala de lectura. Muy cerca de allí, rodeado de campos de papas y olivos, Cerst estableció Hope, un espacio para dotar a los habitantes del campo oficial de duchas, ropa limpia y peluquería, a la vez que un área de juegos y merienda para los chicos. El predio de Vial dispone de 25 duchas para las 1700 personas allí alojadas y 1,5 litro de agua para beber por día, a temperaturas que rozan los 35 grados. “Las condiciones en el campo son espantosas, la comida que nos dan nos cae mal, todo está lleno de basura y hace muchísimo calor”, denuncia Mohammed, mientras espera que su mujer y su hija acaben de arreglarse en Hope. “También es insuficiente la asistencia sanitaria, los médicos pagados por el Estado no dan abasto y a mí, por ejemplo, me hicieron esperar cuatro horas con una quemadura de primer grado en el brazo”, relata este hombre sirio que lleva seis meses en el campo de Quíos. Otra área fundamental en la labor de este equipo es la asistencia en los desembarcos que, cuando el viento es leve, pueden ser diarios. Cuando un bote llega a la costa, la policía le avisa a Salvamento Marítimo Humanitario –organización vasca que socorre voluntariamente desde 2015 en los rescates– y ellos a Cerst, que cuenta con una caseta en el puerto preparada para atender a las personas que llegan generalmente en medio de la noche, con hambre y frío. “Lo primero es que un traductor les explique lo que está pasando y quiénes somos nosotros. Luego les preparamos un pack de ropa, comida y agua a cada uno o los atendemos en caso de hipotermia”, explica Ruben, coordinador del equipo, durante el entrenamiento a los nuevos voluntarios.


Aunque mayoritariamente la población de Quíos respondió con solidaridad al desatarse la crisis humanitaria, hay grupos que también se muestran furiosos ante la llegada de inmigrantes, sobre todo a partir del acuerdo entre la UE y Turquía, que los bloquea en la isla por tiempo indeterminado. A pocos metros de la entrada del campo de Vial, un grupo de locales puso un puesto con las fotos de los grandes líderes europeos diciendo “no los queremos” y el objetivo de impedir al gobierno la entrada de nuevos containers para albergar a más refugiados. La idea es hacer turnos y cubrir las 24 horas, los siete días de la semana, amparándose en que no es legal la zona exterior del campo donde se encuentra la mayoría de las carpas y, por consiguiente, en que están en su pleno derecho. Pese a esto, existen todavía en Quíos mucha gente que no se doblega y, además del ejemplo de Toula otras personas persisten en su labor solidaria. Kostas es el dueño de un restaurante a primera línea de playa que también salió en su día al rescate de las barcas que llegaban de a cientos y que luego en febrero del 2016, cuando se conformó el campo de Souda en la capital de la isla, creó una cocina en la que preparaban 1500 raciones de sopa al día para repartir gratuitamente entre sus pobladores. En la actualidad, la comida en el campo oficial corre a cargo del Ejército pero Kostas sigue alimentando a los voluntarios de tres organizaciones humanitarias, un centro de menores no acompañados y a los locales sin recursos, “porque no nos olvidamos de toda la gente griega que también pasa graves necesidades”, apunta Kostas, remarcando la severa crisis económica que su país todavía padece.


“Si los voluntarios no hubieran venido a Quíos y Lesbos, las cosas serían ahora todavía mucho peores. Estoy muy contenta y orgullosa”, recalca la fundadora de Cerst. Jóvenes que en sus países de origen trabajan en ONG o participan desde hace tiempo en diferentes proyectos humanitarios, profesionales que abandonan temporalmente sus oficinas, estudiantes que- desde Singapur hasta Toronto- son conscientes del injusto trato que reciben en Europa las personas que huyen de la barbarie, jubilados que brindan su experiencia para detectar los fallos de la inexperiencia y buscar nuevas soluciones... Voluntarios de todas las edades y procedencias dan lo mejor de sí para intentar que la crueldad no sea tanta. “A mi padre le pasó lo mismo, él se tuvo que ir a Australia porque no tenía ni para comer. Se fue sin zapatos en barco. Por eso entiendo lo que está pasando, no es algo nuevo”, recuerda Toula. Lo que, en todo caso, no vivieron los millones de migrantes europeos en América u Oceanía es el cierre sistemático de fronteras y el desprecio que la Unión Europea muestra hacia quienes llegan de países devastados, ratificado esta semana en la cumbre de los 28 en Bruselas.

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La Minga: aprender  el significado de dar

“No se puede tener algo como respuesta,
si no hubiera
una pregunta antes.
Por eso tantas cosas claras permanecen
sin ser vistas,
como si no existiesen”.

Ernst Bloch

 

Antes del amanecer, desayunamos con papaya y banano de la región. Un pediatra nos enseñó un día las virtudes de la fruta como primer alimento para sanar las gastritis. Subo al espacio de labor con la palabra y reúno los libros, los apuntes, las pelis, las fotocopias de textos e imágenes recogidas desde hace años y que contienen las ideas, las intuiciones, algunas de las claves para las fugas colectivas de un sistema económico de alcances planetarios que represó hasta umbrales impensados la energía creadora de la humanidad.

Los textos revelan que este sistema económico fundado en el egoísmo miope y ciego engendró una vida cotidiana repleta de miedos, angustias, engaños, neurosis y ferocidad. La codicia condujo, por ejemplo, a promover el despilfarro de la energía del petróleo que tomó millones de años en formarse. En apenas 150 años el petróleo está a punto de agotarse debido a una movilidad demencial centrada en el uso indiscriminado del automóvil particular. El mundo fue inundado de autos con las cabezas de publicidad asociando el auto al poder, al status social y a la conquista de la mujer o a su liberación. Y las petroleras recurrieron a todas las vías: operaciones encubiertas, magnicidios, golpes de estado, sobornos, guerras, para tomar el control de las regiones petrolíferas. El despilfarro de la energía del petróleo detonó el calentamiento global.


Contrario a esto, en varios de los emprendimientos de la red de permacultura del Tequendama caminamos, usamos el transporte público, algunos usan bicicleta, o auto compartido para los viajes a Bogotá.

La ley de la ganancia individual y la acumulación sin medida por cualquier medio condujo a la conversión de los seres humanos en zombies adiestrados para producir dinero, máquinas para competir y vencer en la economía del más fuerte, y robots para consumir al ritmo de la publicidad.

En esta nueva jornada, la minga será donde David, en la parte alta de la montaña que reúne las veredas de San Cayetano y de Laguna Verde. Me alegra que sea allí pues está cerca y el sendero que conduce al terreno por él habitado es de belleza excepcional. La caminata es a través del bosque húmedo tropical, y buena parte del trecho se realiza en compañía de un arroyuelo de aguas de pureza originaria que desciende con su rumor balsámico hacia los cauces que terminan por llegar al Yuma (1).

No es difícil darse cuenta de los efectos enloquecedores de la atmósfera de las mega urbes. En Bogotá el absurdo cotidiano y el ruido destrozan los nervios; los trancones o atascos agotan la paciencia; el aspecto desolador del reino del concreto y el asfalto, y las imágenes tremendas de la miseria y la degradación humana, arrojan al piso los ánimos y aniquilan la esperanza. El aire fue convertido en una nube tóxica que envuelve la ciudad día y noche. Desde las montañas se contempla la densa nube gris.

Al subir por los senderos de estas montañas que unen a Cachipay con Zipacón, y contemplar esta vegetación exuberante se agradece la vida. El cuerpo lo sabe antes que la mente: por el aire vivificante que respira, por el sudor que saca fuera los venenos que la ciudad acumula, por la polifonía matinal alegre de los cantos de diversas aves y de los gallos que saludan el amanecer. Por la belleza de la silueta de los árboles que se perfilan mejor a cada instante con la inundación de la luz que trae el nuevo día, y por el buen ánimo y el tipo de pensamientos que llegan a tu conciencia.

El trabajo en casa de David será exigente. Hay que preparar una mezcla de tierra, paja y estiércol para levantar una de las paredes de la casa que edifica. David vive bajo un techo sin paredes en compañía de cuatro perros que ama. Pienso en él cuando arrecian los tremendos aguaceros de este prolongado invierno. La otra tarea que nos asigna es bajar muchas guaduas de varios metros de largo, pesadas, desde la carretera hasta su casa, cavar una zanja al lado oriental de la carretera para evitar que el agua se empoce y afloje la tierra, amenazando con venirse encima del refugio que, poco a poco, levanta en la parte de abajo de la falda de esta área de la montaña.

Ilustración: Manuela Yaya.

 

Hoy ha venido a la minga Guillermo, un joven de la Argentina que ha vivido una larga temporada en la Sierra Nevada de Santa Marta aprendiendo y colaborando con los Kogis, los Arhuacos, los Kankuamos y los Wiwas. Su acento es muy singular y causa gracia porque fusiona en su habla y expresiones el mundo de la pampa del sur con el acento de la costa caribe. Con su muy buen humor y su talento musical, Guillermo adereza con la risa la labor conjunta.

También ha llegado Juan Carlos, hombre mayor de ascendencia vasca. Muchos años en el mundo de la televisión con el oficio de la escenografía, hasta que decidió venirse con su compañera de ese tiempo a un bello paraje cerca de El Ocaso. Juan Carlos comparte con David la extraordinaria habilidad para construir y reparar máquinas normales e insólitas. David tiene un jeep con el que colabora sin cobrar con todos sus vecinos pues en esta zona el transporte público es escaso y costoso. No hay tuerca, alambre o arandela que desechen porque todo puede ser útil en algún momento. Además, Juan Carlos tiene el talento de la fotografía, ha reunido un extraordinario registro de la vida sutil que albergan estas montañas y ha aportado a la minga bellas imágenes, en blanco y negro, de su discurrir.


Arnulfo, el hacedor del bello jardín de El Ocaso, también ha llegado con sus lechugas sin par para la ensalada del medio día, y su buen ánimo dispuesto. Es un minguero formidable. Un tremendo trabajador. También han llegado Leo, el maestro de música, y Manuela, que elabora los dibujos y pinturas de la minga, y me alegra continuar con ella las charlas que iniciamos sobre el modelo patriarcal en la vida cotidiana.

Todos los integrantes de la red compartimos, en mayor o menor medida, la imposibilidad, hasta ahora, de la auto sostenibilidad de los territorios. Con las condiciones imperantes, lo que se produce en los diversos espacios no alcanza para los requerimientos de construcción de viviendas o el cubrimiento de los gastos de cada espacio. El tema de la economía rural sostenible es crucial por muchas razones. No es casual que fuese el primer tema de los puntos de la paz acordada hace muy poco tiempo. Desde la Colonia el campo ha sido escenario de violenta extracción de la riqueza y abandono de sus habitantes. Y en la economía rural sostenible habita la posibilidad de un rumbo de vida alterno al curso devastador imperante en la tierra.

Sin embargo, ahora prevalece el absurdo en muchas regiones: varios productores llevan productos regionales a Corabastos, lo que les significa tiempo y dinero para su desplazamiento, además de arriesgar que sus productos se estropeen. Los comerciantes de la plaza de mercado del pueblo compran lo que venden sus pares de la plaza de Corabastos en Bogotá, y cargan con ellos de nuevo para el municipio, con un sobrecosto que no tiene sentido. Como se ve, todo podría ser más sencillo, más barato, de mejor calidad, con menor impacto ambiental, de ponerse en marcha sistemas más amables de intercambio y mercadeo, sistemas construidos desde parámetros de bienestar común e individual, y no como el actual, desde la lógica excluyente del beneficio individual. Y así muchos enfrentan la angustia de lo que no se vende, la venta para que no se pudra, el poder del mayorista.

Claro, nada de esto ha surgido por azar. Con la revolución industrial se impuso en el mundo una idea de desarrollo y crecimiento destructiva. Una idea que ignora los delicados equilibrios de la biosfera y los límites físicos del crecimiento cuantitativo de la producción. El éxito fue enseñado como la capacidad de acumular la mayor cantidad de dinero posible. Entre más dinero acumulado en menor tiempo, más éxito. Con esa norma de valor, no es difícil imaginar la calidad de mundo engendrado.

Pero el modelo global tropieza cada vez más con múltiples experiencias que aportan para su desarticulación: pequeñas, medianas, o grandes. La red de permacultura del Tequendama, experiencia germinal, labora en la creación de un mercado en el que lo producido se asume de modo diferente a la valoración establecida por el sistema económico dominante. En los territorios de la red se aprecia como algo que no tiene precio la producción orgánica cada vez más demandada por quienes cuidan su salud o precisan restablecerla.También se estima como algo que no tiene precio la producción sin explotar el trabajo de los otros. El trueque y la moneda alternativa: los ibis, sirven para facilitar los intercambios en los que Carolina, Leslie, Melissa, Anna, Zarabanda, Carlos Andrés, Girasol, Adrián, Juan, Astrid, Manu, entre otros, logran que no falte el café, la quinua, las cremas de cálendula, máscaras en papel para niños, aceite del árbol de tree, aguacates, naranjas, mandarinas, plántulas, mandarinas, libros y videos, mermeladas, jabones, shampoos, y cremas dentales artesanales.

Es una experiencia de creación cotidiana que brota del anhelo de vivir mejor y abandonar poco a poco las lógicas destructivas de un modelo social, económico y político, que encuentra su fuerza en aislarnos unos de otros, y en la ceguera que nos impide ver lo mucho que puede hacerse con poco cuando de verdad queremos cooperar, cuidar y sanar la tierra. Se trata de aprender a ver que uno más uno es mucho más que dos, que con poco, aún entre pocos, también podemos hacer mucho. Y que en cada proceso y experiencia todas y cada una de las personas que llegan tienen un lugar, y aunque aún no lo sepan, traen algo, un saber, una experiencia de vida, con la cual pueden aportar a resolver las dificultades y urgencias que trae cada minga.

Esto lo comprobamos, una vez más, en nuestra última minga, a la cual también llegaron Dario y Laura, quienes leyeron en desdeabajo el artículo sobre esta experiencia (2) y quisieron conocerla. Darío está cercano a los cuarenta años, nació en Bogotá en una familia de altos ingresos económicos, y Laura nació en Cajicá y acaba de cumplir treinta años; una mujer de excepcional belleza con sus rasgos mestizos y ancestros muiscas.

Mientras iniciamos la labor de acarrear las guaduas, Guillermo baja por el sendero con varias de ellas atadas a un lazo. Desciende con la agilidad temeraria de una cabra entre los montes. En medio de la atmósfera fraterna y la confianza que germina, Darío se anima a compartirnos una parte bestial de la historia de su vida. Siendo un niño de diez años conoció, por un compañerito de barrio las substancias que llamamos “drogas duras”. Se hundió por una larga temporada en los infiernos de la adicción. Otro tanto le ocurrió a Laura, por su hermana mayor que escondía el polvo blanco y Laura lo tomaba creyendo que eran kipitos –una golosina–. Después de vivir varios años en los laberintos de la adicción temprana, el amor de Laura se convirtió en el sortilegio para sacar a Darío de la espiral destructiva. Fueron pareja, pero ya no lo son. El sigue amándola en lo más profundo de su ser, pero respeta aún más en lo profundo la libertad de ella. Antes de conocerse con Dario, Laura había encontrado su propia ruta de escape del infierno adictivo en su pasión invencible por el teatro. En un portal de su vida encontró un maestro que le echó una mano en abrir la conciencia hacia su talento actoral y de allí se agarró como se agarra alguien a una liana en medio del abismo. El goce creador es un deleite más potente que cualquier droga. Y si se da en un entorno natural y colectivo armónico, o al menos respetuoso, se reconstituye la conexión interior con la vida y su cuidado.

Su relato permite que intervenga otro participante de la minga que recién ha llegado y al que algunos llaman “profe”. Guillermo intenta que no intervenga temiendo la extensión de su palabra, pero no tiene suerte y el “profe” nos invita a todos a pensar en el descomunal daño que hemos experimentado como nación con la imposición de la falsa “guerra contra las drogas” que nos convirtió en una narco-economía.

Una economía al servicio de la banca internacional por los volúmenes colosales de lavado de activos, y funcional a los aparatos de seguridad del poder planetario, que con la falsa “guerra contra las drogas” tienen una excusa perfecta para intervenir en países como el nuestro, con el pretexto de defender a sus jóvenes de los monstruos del narco, pero en realidad para asegurar el dominio de las zonas petroleras, financiando los escuadrones paramilitares encargados de contener los procesos de democratización con el narcotráfico que dejan funcionar. Y de paso, lucrando a sus corporaciones militares privadas y fabricando mercenarios con costos bajos para sus otros teatros de guerra.

Fuimos transmutados así –dice el profe– en una parcela de espanto en el mercado mundial. Todavía, a pesar del horror sufrido, las formaciones políticas ligadas a los beneficios de la falsa “guerra contra las drogas” aterrorizan a la población con la farsa de que con la no penalización de la dosis mínima sus hijos serán víctimas de las “drogas”. Proponen entonces lo que ha fracasado de modo absoluto: penalizar la dosis mínima y tratar a los usuarios o a los adictos como delincuentes.

Como no les interesa que la gente comprenda lo que sucede en el universo de lo que llaman “drogas”, toda la comunicación masiva la reducen a la dimensión espectacular de la captura de un cargamento, o a la adicción de una estrella famosa a la cocaína, pero no aclaran la conciencia de las personas con las diferencias entre las substancias, con los orígenes de la embriaguez que los seres humanos han procurado de diversas maneras durante miles de años, con la diferencia entre el uso y el abuso, y entre el uso y la adicción. No esclarecen la forma cómo la persecución selectiva de algunos tráficos sirve para ocultar lo que ocurre: que hay tráficos autorizados porque pagan coimas de valor creciente –según el nivel de mando de la autoridad cómplice–.

El “profe” continua: Con la falsa “guerra contra las drogas” terminamos siendo conducidos a proveer cocaína al mundo, y bazuco a amplias franjas de nuestra población. Las condiciones de ilegalidad engendran la necesidad de organizaciones criminales, de la puesta en marcha de procesos de corrupción para comprar autoridades y para elegir gente que represente los intereses de los beneficiarios de la narco-economía: no sólo los traficantes, sino los lavadores de activos con productos importados, los banqueros complacientes, los constructores, financieros y comerciantes que tienen, por tanto, clientela con capacidad de comprar sus bienes y servicios.

Y de paso, con esta narco-economía también fuimos convertidos en proveedores de jóvenes de ambos sexos y niñez para los mercados del sexo y de las patologías del deseo, y en proveedores de mercenarios: jóvenes entrenados para matar y hacerse matar en la economía vandálica instaurada en Colombia o en las distantes guerras –que como en Irak– precisan de sus servicios. Como su costo de producción, como entes letales y dispuestos a entregar la vida por una buena paga, es muchísimo más bajo que el de los jóvenes de otros lugares del mundo, han tenido buena aceptación en el mercado de la guerra aliado con los bancos y las petroleras. También las fábricas de prótesis se han lucrado con los miles de mutilados arrojados por la despiadada confrontación entre los hijos de la misma tierra.

Una vez ha tomado un poco de aire, el profe enfatiza en su idea, ahora apoyado en Felix Guattari, en uno de sus últimos y más esclarecedores escritos3, donde dice que “El progreso social y moral es inseparable de las prácticas colectivas e individuales que aseguran su promoción”. Las condiciones sociales instauradas con el dominio corporativo del mundo, engendran todo lo contrario al progreso social y moral. Generan la angustia, la desesperación, las heridas brutales, físicas y emocionales tempranas, y con ellas la ferocidad, el engaño, la dureza despiadada, el salir adelante a los otros, sin reparar en medios. El malestar con la vida y la pulsión por escapar de ella.

En ese momento Guillermo, el joven argentino, interviene y dice: las mingas son espacios en los que es posible fraternizar, escucharse, comprender, emprender de manera conjunta. Pero si nos descuidamos usted no nos deja hablar. Así que profe, por favor, siéntese usted bien juicioso en ese rincón y vamos a almorzar. Y la próxima minga que será donde Arnulfo, Leo y yo les hablaremos un poco de las plantas de conocimiento.

 

1 Nombre dado por los pueblos nativos a este sector del río Magdalena.

2 Ver periódico desdeabajo Nº 246, Caleidoscopio Nº21, https://www.desdeabajo.info/sumplementos/itemlist/category/329-caleidoscopio-n-21.html

3 ¿Qué es la ecosofía?, Felix Guattari, Buenos Aires, Cactus, 2015. p. 381.

Jueves, 21 Junio 2018 06:22

Carta urgente desde Nicaragua

Carta urgente desde Nicaragua

El mundo debe saber y pronunciarse respecto a lo que está ocurriendo en Nicaragua: una verdadera crisis de derechos humanos y terrorismo de Estado.


Reconociendo que sos un defensor de los derechos humanos, de la lucha por la dignidad y fuente de inspiración para toda América Latina, la juventud y el pueblo que lucha en las calles de Nicaragua, necesitamos que sumes tu voz a nuestra causa que es digna y justa.


Desde abril de 2018, los jóvenes nicaragüenses han vuelto a las calles para reclamar democracia y libertad. Han cumplido la profecía de uno de los principales artífices de la cruzada nacional de alfabetización en Nicaragua, el padre Fernando Cardenal, quien nunca se cansó de asegurar que así ocurriría.

Lamentablemente, el ímpetu y determinación de la juventud fueron respondidos con la más violenta represión gubernamental que este país ha visto en su historia.


El 19 de abril, hace dos meses, el gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo cobró la vida del primero de más de 180 nicaragüenses, en su mayoría jóvenes e incluso niños. Hay más de 1.500 heridos, muchos desaparecidos y presos políticos. Estos números aumentan cada día que transcurre Ortega en el poder.


El sábado 16 de junio, una familia completa fue calcinada en un incendio provocado por los escuadrones de la muerte del régimen, en represalia por no permitir que francotiradores entraran a su casa para desde ahí matar a quienes protestaban en la calle.


A pesar de la represión, la movilización ciudadana se ha mantenido firme, obligando a Daniel Ortega y Rosario Murillo a sentarse en un diálogo nacional con interlocutores más allá del gran capital. Por primera vez, en once años, tuvieron que sentarse con estudiantes universitarios, movimiento campesino y sociedad civil.


La estrategia del régimen orteguista ha sido estancar el diálogo para desatar su estrategia de terror en las calles. Aún es incierto si el diálogo nacional podrá dar respuesta al clamor popular que demanda que se vayan inmediatamente del poder y que haya justicia.


La presión popular también permitió que se concretara una visita de trabajo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), cuyo informe preliminar coincide con el informe de Amnistía Internacional respecto a las graves violaciones a los derechos humanos ocurridas en Nicaragua a manos del régimen orteguista. Ambos organismos lograron documentar el uso excesivo de la fuerza y la violencia por parte de los cuerpos de seguridad del Estado y fuerzas de choque parapoliciales armadas, incluyendo francotiradores que han lanzado disparos mortales a muchísimas víctimas, incluyendo al periodista Ángel Gahona y varios niños.


Ortega y Murillo no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a los que con sus actos sin escrúpulos han traicionado. Los héroes y mártires de la revolución sandinista no merecen que su memoria sea manchada por los actos genocidas de un dictador que los traicionó. Las víctimas de Ortega y Murillo merecen justicia.


Ernesto Cardenal: Sacerdote y poeta. Texto enviado junto a la Coordinadora Universitaria por la Democracia y la Justicia.

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Viernes, 01 Junio 2018 05:22

El videojuego como procomún

El videojuego como procomún

Con los datos se puede jugar y se pueden generar historias con las que capturar la atención del público mientras se comparte una información de utilidad pública. Es un ejercicio de empoderamiento. No olvidemos que quien controla los datos controla una porción importante de nuestras vidas.

Recientemente vio la luz el "Atlas de utopías", un proyecto promovido por el Transnational Institute donde se mapean 32 proyectos en 19 países que, según recoge su web, «están creando soluciones radicales a las crisis sistémicas de carácter económico social y ecológico de nuestro planeta». Las experiencias mostradas en este atlas, englobadas en el proyecto Ciudades Transformadoras, se clasifican en los ámbitos del agua, energía y vivienda.


Entre las propuestas del atlas relacionadas con vivienda se encuentra 'Juegos del Común', proyecto de ArsGames que utiliza dinámicas de juego para impulsar el empoderamiento ciudadano y los datos abiertos. Esta iniciativa consta de cuatro prototipos de juegos y un servicio en línea que brinda acceso a datos abierto sobre los efectos que tiene el turismo en la vivienda (tema de máxima actualidad que copa informativos a día de hoy y que quizás hubiésemos debido “jugar” antes), prototipos que buscan fomentar la reflexión basada en datos reales del Ayuntamiento de Barcelona y el procesamiento de estos datos.


En palabras de Lorena Zárate, evaluadora de Ciudades Transformadoras, «el hecho de que esta iniciativa [Juegos del Común] vincule explícitamente a especialistas en diseño de videojuegos y a activistas de los derechos humanos en pos de un objetivo común es estimulante y se debería emular en otros lugares. Al mismo tiempo, el uso de datos oficiales con fines sociopolíticos arroja una luz muy oportuna sobre los debates actuales en torno al mantra de la "ciudad inteligente" que están intentando imponer las asociaciones público-privadas en todo el mundo».


Así pues, esta propuesta de ArsGames pone el foco en la importancia de los datos, los cuales hemos visto, durante los últimos 15 años, cómo se han convertido en uno de los bienes comerciales más apetecibles y a la vez en el bien que más se está produciendo. Facebook, Twitter, Instagram, WhatsApp y todas las grandes corporaciones que nos “regalan” a diario sus cómodas herramientas basan su modelo económico en los datos. Nuestros datos. Teraflops viajan a diario en nuestras redes sumándose a ese conjunto enorme que llamamos “big data”. Quien controla los datos controla una porción importante de nuestras vidas, de la economía y de la capacidad de tomar decisiones de acuerdo al análisis algorítmico de estos flujos.


Se demuestra así la necesidad de una política de datos que apueste por cimentar un modelo de gobierno abierto a través de la construcción y gestión de los recursos comunes por medio de la institución pública, entendiendo ésta no sólo como el Estado, sino abriendo espacios de interlocución con el tercer sector, las cooperativas y la colaboración ciudadana. Los datos tienen que circular libremente en las redes y para hacerlo posible es necesario respetar los principios propios del “conocimiento abierto”, práctica de creación cultural surgida desde y en las redes digitales y que establece diferentes principios, entre los cuales se encuentran los de acceso, redistribución, reúso, integridad y atribución, principios que garanticen de forma equitativa tanto quien produce los datos como quien los recibe. Su circulación, además, genera nuevas posibilidades creativas, de producción y de reúso por parte de la sociedad al tiempo que contribuye a un nuevo ecosistema informativo que pone la propiedad ciudadana de los datos en la centralidad del proceso.
Juegos del Común' contribuye, así pues, a imaginar formas creativas que sepan apoyar el desarrollo de juegos con licencias abiertas, fomentando la creación de juegos que tengan un mercado más allá del comercio basado en la escasez. Al investigar sobre las razones que llevan a la mayoría de creadores de juegos a usar licencias cerradas, podemos encontrarnos con que la falta de viabilidad económica de otros modelos es la razón principal para que se siga reproduciendo ese modelo. Desde ahí, y observando el estado de la industria, queda patente la falta de opciones cooperativistas, sumado además a que la dimensión asociativa se cuenta con los dedos de la mano. Otros sectores creativos sí han dado vida a nuevas formas de creación y producción a partir de modelos más abiertos y asequibles que contemplan o bien un retorno social o bien una redistribución más justa de las ganancias.


Desde este paradigma, desde este horizonte, 'Juegos del Común' nace y se desarrolla incidiendo en el concepto de procomún. Parte del videojuego como un recurso colectivo que lejos de ser sólo un producto industrial es un lenguaje para la reflexión y el crecimiento. Estamos viviendo un proceso de cambio importante para este medio que poco a poco se dirige hacia una madurez de formato y de contenido incluyendo cada vez más la diversidad. Para preservar y fomentar esta diversidad será necesario enfrentarse con el problema de las licencias y de la distribución. Muy pocos son los juegos que se liberan bajo licencias abiertas y que permiten estudiar el código, reutilizar su música o las imágenes y, en general, aprender de un proceso de creación previo. Con respecto a otros sectores industriales que también están centrados en el desarrollo de software, el del videojuego es algo peculiar. La industria del desarrollo web, por ejemplo, vierte la propia capacidad de reacción a las necesidades del mercado en la misma posibilidad de copiar, pegar, modificar código informático escrito por otros... La normalidad en este sector industrial es mirar el código fuente y no reinventar la rueda, es decir, no volver a escribir algo si ya alguna otra persona, en algún momento, lo implementó con el mismo lenguaje que se está usando.


En cambio, la industria del videojuego funciona de forma igual y contraria. Se reinventa la rueda constantemente, se escriben una y otra vez las mismas funciones para el cálculo de las físicas, para la cuenta de los niveles o para cualquier otro apartado que hemos visto ya en muchos de los juegos que jugamos. Es una industria creativa que se basa en la repetición de mecánicas consolidadas y de personajes reconocibles. Es necesario romper este mecanismo, un mecanismo que comporta una dificultad de acceso a esos actores que podrían aportar cambio y contenido innovador al medio y que, debido a la escasez artificial del medio, no se atreven a emprender ninguna aventura. El uso de licencias abiertas en el ámbito de los videojuegos es cada vez más necesario a la hora de hacer frente a un cambio de paradigma en el lenguaje videolúdico y a la vez para experimentar con nuevas prácticas creativas.


Con los datos, como demuestran estos 'Juegos del Común', se puede jugar y se pueden generar historias con las que capturar la atención del público mientras que se está compartiendo una información de utilidad pública. Pueden ser una forma novedosa de visualizar los datos para generar dinámicas de juego sencillas e interesantes, contemplando la dimensión lúdica (tan importante en los procesos educativos y formativos del ser humano). Con los datos se puede jugar y se pueden generar historias que pueden capturar la atención del público mientras que se está compartiendo una información de utilidad pública. Crear un juego basado en datos abiertos puede aumentar el nivel de acceso y de atención sobre los mismos destacando alguna información importante mientras que se usan esos datos para generar dinámicas de juego sencillas e interesantes. Ya existen algunos ejemplos de juegos que utilizan datos, como Marvellous Ultimate Appliances u Open Data Monopoly . Ambos casos demuestran que es posible usar el videojuego para conocer conjuntos de datos de interés público que, por sí solos, no llamarían la atención de muchas personas.


Recoge el “Atlas de utopías” esta inspiradora cita del cineasta Fernando Birri:


La utopía yace en el horizonte. Cuando me acerco dos pasos, retrocede otros dos. Si procedo diez pasos hacia adelante, rápidamente se desliza diez pasos adelante. No importa lo lejos que vaya, nunca puedo alcanzarla. ¿Cuál es, entonces, el propósito de la utopía? Es hacernos avanzar


Así pues, invitamos al juego como una forma novedosa de visualizar los datos, contemplándolos (desde la dimensión lúdica, esa que, insistimos, es tan importante en los procesos educativos y formativos de los seres humanos) con el mero y único propósito de "hacernos avanzar".

 

publicado
2018-05-31 19:44:00

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Por qué la gente joven se está uniendo de nuevo a los sindicatos en EE UU

La gente joven está en un punto de inflexión. Está frustrada por un sistema cuyas grietas fueron abiertas por generaciones anteriores, pero que solo se han propagado completamente para la suya.

En la Marcha por Nuestras Vidas en Washington DC, los rayos de sol atravesaban un marzo extemporáneamente frío, a través de los ordenados edificios brutalistas que bordean Pennsylvania Avenue. Cientos de miles personas inundan la avenida, igual que han estado inundando las líneas telefónicas y los correos electrónicos de los legisladores en las semanas recientes. En un escenario estratégicamente posicionado respecto al edificio del Capitolio, el joven de 17 años Cameron Kasky, un superviviente del tiroteo de Parkland [masacre en febrero de este año], ofrece esta declaración:


“A los líderes, escépticos y cínicos que nos dijeron que nos sentáramos y nos quedáramos callados, esperad vuestro turno: bienvenidos a la revolución. Es una poderosa y pacífica porque es de, por y para la gente joven de este país. Desde que este movimiento empezó algunas personas me han preguntado: ‘¿Crees que va a venir algún cambio de esto?’. Echad un vistazo, nosotros somos el cambio. Nuestras voces son poderosas, y nuestros votos importan. Así, prometemos arreglar el sistema roto en el que se nos ha obligado a estar y crear un mundo mejor para las generaciones que vienen. No os preocupéis, nosotros nos ocupamos”.

La declaración de Kasky trataba, por supuesto, sobre las armas. 17 de sus compañeros de clase y profesores le habían sido arrebatados, y a sus familias, amigos y a sus propios futuros, cinco semanas antes por un tirador que usó un arma automática para matar 17 personas en seis minutos y 20 segundos. También habían sido arrebatados por un sistema. Un sistema político en el que una amplia mayoría de estadounidenses, y especialmente los jóvenes, defienden políticas para frenar las muertes por armas de fuego, pero los políticos, sobornados por la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por sus siglas en inglés), no escuchan.

La gente joven está en un punto de inflexión. Está frustrada por un sistema cuyas grietas fueron abiertas por generaciones anteriores, pero que solo se han propagado completamente para la suya. Experimentan niveles sofocantes de deuda estudiantil junto a salarios e igualdad de ingresos en declive mientras ven empresas que monopolizan industrias enteras, y a veces incluso elecciones nacionales. La representación —la representación real— parece más teoría que realidad.

La gente, finalmente, está empezando a advertir el activismo de la gente joven para arreglar ese sistema. Sin embargo, muchos están confundiendo la nueva ola de cobertura mediática dedicada al activismo político juvenil con un activismo político recién adquirido por la gente joven. No es que la gente joven haya sido siempre políticamente inactiva, es que su activismo ha existido en lugares donde las generaciones mayores no están acostumbradas a mirar: en los campus universitarios, como el movimiento Know Your IX [en referencia al Título IX de las Enmiendas de Educación de 1972, relativas a la discriminación por razón de sexo] y las campañas por la igualdad de matrícula para los estudiantes indocumentados, y en movimientos activistas como #BlackLivesMatter [Las Vidas Negras Importan, contra la brutalidad policial], #ByeAnita [una exitosa campaña para conseguir que Anita Álvarez, fiscal del estado en el condado de Cook (Illinois), no fuera reelegida debido a su escaso empeño en perseguir a policías involucrados en casos de asesinato] y #Occupy.


Y ahora, cada vez más, en los sindicatos.


Por primera vez en décadas, la afiliación sindical aumenta entre la gente joven. Históricamente, la gente más joven no ha estado sindicalizada, y sus tasas de afiliación sindical estaban muy por detrás de los adultos más mayores. Pero, al igual que las leyes sobre armas que ya están siendo enmendadas, eso también está empezando a cambiar.


Según el Instituto de Política Económica (EPI, por sus siglas en inglés), en 2017 había 262.000 nuevos afiliados a sindicatos en Estados Unidos. El 75% de este aumento vino de gente joven (que el EPI considera aquellos con 34 o menos años, pero para los propósitos de este artículo, en general se refiere al subconjunto de más edad de la Generación Z y de la mayoría de los millennials, entre 16 y 35 años). La gente joven también tiene las actitudes más positivas hacia el trabajo organizado de entre todas las generaciones, y su apoyo en cuanto a partidos políticos se inclina profundamente hacia aquellos que defienden políticas a favor de los trabajadores (como posicionarse contra las leyes antisindicales), incluyendo los Demócratas y, cada vez más, los Socialistas Democráticos (DSA, por sus siglas en inglés).


Pero, por algún motivo, a diferencia de las generaciones previas, la organización laboral de la juventud no se ve como una parte integral de su organización, en general. Mientras mucha gente está documentando el aumento de la afiliación sindical juvenil y mucha más está describiendo el liderazgo juvenil en los espacios activistas, lo que falta es la idea de que estos dos fenómenos son en realidad uno: la gente joven está volviéndose hacia válvulas de escape exteriores que le permiten ejercer su política como resultado de un sistema político que, en general, no lo hace.

En un artículo para Jacobin Magazine, Micah Uetricht esboza la menguante relación entre la democracia dentro y fuera del centro de trabajo y, de igual forma, la relación entre la democracia económica y política. Para Uetricht —un estudiante de Sociología que se centra en el trabajo, miembro de DSA, y editor asociado de Jacobin— el activismo es el activismo, tenga lugar en el centro de trabajo o fuera de él. “Es un desarrollo relativamente reciente el que consideremos lo que ocurre en el trabajo como algún tipo de esfera separada de nuestras vidas en general”, dice. Añade: “La gente joven entiende eso y no le gusta vivir en una dictadura en el lugar donde pasan 8 o 10 horas cada día”.


Uetricht vivió algo parecido en su primer trabajo fuera de la universidad, cuando trabajó como cajero en un aeropuerto ganando el salario mínimo. Dice que él y sus compañeros de trabajo eran tratados como menos que humanos día a día, y que eventualmente decidieron sindicarse, otorgándole el descubrimiento de un sentido de voluntad de acción: “Nunca me había sentido tan indefenso como cuando era un cajero ganando el salario mínimo. En cambio, nunca me había sentido tan poderoso como cuando me uní a mis compañeros de trabajo, me enfrenté a mi jefe, y gané”.


Ese hecho —que las campañas de sindicalización frecuentemente no se centran sólo alrededor de mejores salarios o prestaciones, sino de un sentido de que se escuchará tu voz— es a menudo malinterpretado por aquellos que no están conectados con el movimiento obrero. Pero para Uetricht, que siguió hasta convertirse en un organizador sindical, la idea de la voz del trabajador, incluso si es para manifestar quejas sobre paga congelada o prestaciones sanitarias mediocres, no es simplemente un beneficio de los sindicatos; es ‘el’ beneficio. “Lo que aprendes inmediatamente como organizador —me cuenta— es que incluso en centros de trabajo con bajos salarios, el problema número uno que la gente tiene no son sus bajos salarios sino una falta de respeto”.


Una falta de respeto también está impulsando principalmente la frustración de la juventud con el sistema político. Cuando Kasky, el superviviente de Parkland de 17 años, habló en la Marcha por Nuestras Vidas, dijo que “nuestras voces son poderosas, y nuestros votos importan”. Lo dijo en contraste con el statu quo, en el cual las voces de la gente joven no se ven como poderosas, ni sus votos. Y, mirando la historia reciente, no es difícil entender por qué ésa puede ser la percepción de Kasky del statu quo.


Los votos de la juventud fueron desdeñados por un sistema electoral que favorece las áreas rurales y dispersas, rebajando desproporcionadamente las grandes cantidades de jóvenes que vivían en ciudades en 2016. Sus ideas de restricciones más fuertes sobre las armas de fuego, controlar a los grandes bancos, y apoyo a los derechos de las personas LGBTQ, los inmigrantes, la gente de color y las personas de diferentes creencias religiosas han sido continuamente superadas por las generaciones más mayores y los intereses particulares.


Viéndolo a través de esa lente, no sorprende que la gente joven haya considerado trabajar dentro del sistema político estadounidense como algo ineficaz y, honestamente, no digno de su tiempo. En vez de eso, la juventud ha redirigido su activismo hacia diferentes tipos de válvulas de escape, donde su esfuerzo sí puede dar lugar a resultados tangibles. Válvulas de escape como los sindicatos.


¿Qué significa esto para el movimiento obrero? Un centro de trabajo es, en el nivel más fundamental, un microcosmos del sistema político. Están aquellos que tienen el poder, los jefes, y los que no, los trabajadores. Con el paso del tiempo, el equilibrio de poder oscila; cuando los sindicatos son fuertes, el equilibrio gira más profundamente hacia los trabajadores, y cuando los sindicatos son débiles, el equilibrio favorece a los jefes. Cuando los sindicatos son poderosos, los trabajadores tienen algo parecido a una voz en la dirección de su país, un contrapeso para grupos de intereses particulares como el Consejo de Intercambio Legislativo Americano (ALEC, por sus siglas en inglés) o la Cámara de Comercio de EEUU.

Julia Ackerly está trabajando para desarrollar a los sindicatos hasta ese nivel. Con 27 años, ha trabajado en campañas del Partido Demócrata durante la mayor parte de su vida adulta: trabajó como organizadora y directora regional para la campaña de Bernie Sanders en las primarias de 2016, y después para el intento de Larry Krasner de ser fiscal de distrito de Philadelphia, que atrajo atención nacional por cómo Krasner buscó usar esa posición para promulgar una visión progresista del sistema de justicia criminal. Ackerly siempre ha trabajado en campañas que trabajaban de cerca con el trabajo organizado. Pero nunca había estado en un sindicato.


Eso cambió cuando se formó la Asociación de Trabajadores de Campañas (CWG, por sus siglas en inglés). La idea tras el CWG es bastante sencilla: espera sindicalizar a los miembros del personal de las campañas, que sufren duras condiciones laborales en las que proliferan la mala remuneración y prestaciones y los largos horarios, justificados por los directivos como sacrificios por una importante causa. CWG está organizando actualmente campañas una por una: su primera campaña de organización exitosa fue la de Randy Bryce, el candidato que esperaba ganar el escaño en el Congreso del presidente de la cámara, Paul Ryan, y ha organizado desde entonces diez campañas más, hasta un total de 11 en marzo de 2018. Pero espera organizar en última instancia a plantillas enteras de las campañas de los partidos en el futuro.


Ackerly, que ayuda a organizar personal de campañas y ella misma es ahora afiliada de CWG, dice que tener una capacidad colectiva de ser escuchados y respetados en el trabajo es un “factor muy motivador para las campañas de sindicalización”. Destaca la creación de protocolos para denunciar acoso sexual y discriminación como una de las mayores motivaciones que los miembros de las plantillas tienen para organizarse. Lo cual, de forma reveladora, es también uno de los mayores movimientos activistas, que domina en las conversaciones en las salas de estar de los hogares y en las salas de descanso de las empresas, mientras continúe el movimiento #MeToo [`Yo También’, que denuncia el acoso sexual].


La gente joven domina el personal subalterno de las campañas y también han constituido una parte importante de la fuerza motriz detrás de plantillas de campañas recientemente organizadas, según Ackerly. Jake Johnston, el vicepresidente de Organización del Sindicato de Empleados Profesionales del Sector sin ánimo de lucro (NPEU, por sus siglas en inglés), que incluye a algunos miembros de la plantilla de TalkPoverty [medio autor de este artículo], ha visto de igual manera a la gente joven llevar la batuta en las organizaciones que se han constituido recientemente bajo NPEU, y en el mismo NPEU.


Para Johnston, la acción colectiva tiene lazos implícitos con el activismo, en general. “La realidad es que nuestro sistema político realmente ha suprimido una parte significativa de este país. Creo que claramente hay un rechazo del statu quo, y sin embargo hay tan pocas vías para intentar cambiar eso”, dice. “Ya sea uniéndose a DSA, a un sindicato, una campaña de sensibilización o una campaña electoral, la gente está intentando cambiar eso. Todo el mundo necesita una válvula de escape para el activismo”.


Eso es cierto para la juventud en concreto. Durante demasiado tiempo, han sido las víctimas de un sistema económico y político que no funciona para ellos, mientras se les ha negado la oportunidad de cambiar ese sistema.


Ya sean estudiantes como Cameron Kasky gritando sobre la NRA en un micrófono que reverbera desde el Capitolio a la Casa Blanca, gente joven como Julia Ackerly organizándose en una industria que nunca antes ha sido sindicalizada, o activistas como Micah Uetricht organizándose en su propio centro de trabajo, la juventud se está negando a formar parte de un sistema político que ha ahogado consistente y metódicamente su voz. En vez de eso, ellos han llevado sus voces a otro sitio, a válvulas de escape como sindicatos o movimientos activistas donde —finalmente— se están escuchando sus voces.


Traducción: Eduardo Pérez

2018-05-08 06:58:00

 

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Sábado, 17 Marzo 2018 07:09

Las mujeres y el bosque

Las mujeres y el bosque

Del 8 al 10 de marzo de 2018 se realizó el primer encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan en el caracol zapatista de la zona Tzotz Choj en Chiapas, México. A la convocatoria acudieron más de 5 mil mujeres de 38 países del mundo, que fueron recibidas por otras 2 mil provenientes de los cinco caracoles de todas las zonas zapatistas de Chiapas.


Fue un encuentro significativo, fuerte, emocionante, lleno de contenidos y horizontes. Con raíces profundas que llevan creciendo muchos años, con brotes y ramas que se extienden y entrelazan con muchas otras. En esos días el mundo se coloreaba de tonos violetas y arcoiris, con movilizaciones y acciones de mujeres en muchas partes del mundo, algunas masivas, otras emergentes, todas marcando a su manera que el patriarcado está en cuestión y no estamos dispuestas a soportar más violencia, discriminación, sexismo, machismo y abusos.


Siendo fundamental, el tema no es sencillo ni tampoco sus manifestaciones. Las compañeras zapatistas que abrieron el encuentro, en la palabra de la capitana insurgente Erika, nos nombraron a todas como un bosque o un monte. En ese bosque hay muchos árboles que son diferentes. Hay ocote o pino, caoba, cedro, bayalté y muchos tipos de árboles. Y sabemos que cada pino o cada ocote no es igual, sino que cada uno es diferente. Pero cuando los vemos le decimos monte o bosque. Aquí estamos todas como un bosque. Todas somos mujeres. Pero hay de diferentes colores, tamaños, lenguas, culturas, profesiones, pensamientos y formas de lucha. Decimos que además somos mujeres que luchan. Entonces somos diferentes, pero iguales. Y aunque hay mujeres que luchan y no están aquí, las pensamos aunque no las veamos. Y también sabemos que hay mujeres que no luchan, que se conforman, que se desmayan. En todo el mundo hay mujeres, un bosque de mujeres, que lo que las hace iguales es que son mujeres. Como mujeres zapatistas vemos que algo más está pasando. Y también nos hace iguales la violencia y la muerte. Así vemos lo moderno de este pinche sistema capitalista. Vemos que hizo bosque a las mujeres de todo el mundo con su violencia y su muerte que tiene la cara, el cuerpo, la cabeza pendeja del patriarcado. (https://tinyurl.com/y7l5gtzn)


Desde el monte nos invitaron para hablarnos, escucharnos, mirarnos, festejarnos. Podemos escoger dijeron. Podemos competir entre nosotras para ver quien es mejor, habla mejor, es más liberada, juega mejor al fútbol, o piensa o escribe mejor y al final veremos que nadie ganó. O podemos acordar luchar juntas, como diferentes que somos, en contra del sistema capitalista patriarcal que es quien nos está violentando y asesinando.


Resonó fuerte, clara y al mismo tiempo dulce la voz de la insurgenta Erika. Una voz, nos dijo, revuelta con muchas edades, lenguas e historias, porque habló a nombre de todas las mujeres zapatistas, que desde cada comunidad y caracol se reunieron por muchos meses para pensar, organizar y trasmitir este mensaje.


Por su voz sentimos el sufrimiento de la campesina e indígena que fue sirvienta en la ciudad, sin sueldo, sufriendo mil humillaciones no sólo de hombres, también de mujeres, pero que encontró otras con las que se fue formando para rebelarse como zapatistas; sentimos el dolor por las hijas que murieron de enfermedades curables, sentimos el miedo por ser explotadas y más por ser mujeres, ante los atropellos de militares, capataces y patrones. Sentimos también a las niñas, jóvenes y adultas, que crecieron con la resistencia, la guerra y la construcción de autonomía zapatista. Mujeres que antes solo podíamos morir por ser indígenas, pobres y mujeres, ahora construimos en colectivo otro camino de vida: la libertad, nuestra libertad.


Mucha diversidad hubo en el bosque de este encuentro, con denuncias, intercambios intelectuales, artísticos, musicales, de teatro, poesía, talleres para aprender desde a cuidarnos en Internet hasta nuestros cuerpos y lugares, para construir, pensar y luchar en colectivo desde la diversidad. La gran mayoría de las participantes fueron jóvenes, tanto zapatistas como del resto del mundo.


Llegaron también las madres y hermanas de víctimas de feminicidio, desaparecidas, presas, violentadas, las madres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa a quienes las zapatistas y todas dijimos que no están solas, que seguiremos reclamándolos con vida y por justicia. Moira Millán, mapuche de Argentina, nos hizo conocer las luchas contra la guerra de exterminio contra su pueblo, que como el caso de los estudiantes de Ayotzinapa parece ser un ejercicio desde el poder para ver hasta donde pueden atropellar a las y los que resisten y de allí seguir con todas.


Conocimos luchas de las mujeres de Vía Campesina contra las transnacionales, en defensa del territorio y por feminismo campesino y popular. Pueblos indígenas de América Latina, Estados Unidos y Canadá, compañeras de movimientos de Black Lives Matter, de Palestina, Marruecos y del Movimiento Sin Tierra de Brasil cerraron con sus reflexiones y saludos este encuentro, que se abrió a continuar el próximo año.


Las zapatistas nos despidieron dándonos una luz para llevar y prender cuando nos sintamos solas, cuando pensemos que la lucha es muy dura, cuando tengamos miedo, pero también para llevarle a las desaparecidas, las presas, las asesinadas, las migrantes, las violadas, las golpeadas, las explotadas. Para decirles que no nos rendiremos, que no están solas, que luchamos con ellas y para que el dolor que cargan no se vuelva a repetir. Para juntarla a otras luces y prender fuego al sistema capitalista patriarcal.

 

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

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La liberación del norte de Siria, una historia de mujeres que lideran la revolución

La española Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez se encuentra junto con otros brigadistas internacionales en Afrin para apoyar al pueblo kurdo, que en Siria se enfrenta a un doble enemigo: el Daesh y los ataques de Turquía.



El foco de interés de los medios internacionales que cubren la guerra de Siria se ha centrado estas semanas en dos puntos concretos: Guta Oriental —donde se han registrado ataques incluso en plena tregua patrocinada por la ONU y que ya ha registrado más de 500 muertos— y Afrin. Este último enclave, al norte del país, saltó hace un tiempo a los medios de comunicación por los ataques por parte de tropas apoyadas por Turquía al bastión kurdo, pero en España ha tenido más repercusión desde el pasado día 10, cuando se reportó que el ourensano Samuel Prada había fallecido en un bombardeo.


Baran Galicia, como se conocía al español brigadista, ha hecho que todas las miradas se giren sobre el conflicto en esa parte de Siria y sobre los extranjeros que actualmente acompañan los batallones del Ejército Democrático Sirio, las milicias kurdas y documentan la situación por la que están pasando los civiles en las ciudades atacadas o afectadas por embargos. Sara Ainhoa de Ceano-Vivas Núñez es una de ellos. Esta periodista madrileña viajó por primera vez al territorio kurdo en 2015 y desde entonces ha vuelto dos veces más: la última de ellas hace nueve meses y sin fecha de retorno. "Llegué con la idea de documentar la lucha contra el Daesh, pero luego me integré en la Comuna Internacionalista de Rojava. Allí hacen proyectos para reforestar el norte de siria, formación para los internacionales y otras formas de colaboración como la difusión". Ese es exactamente su cometido ahora mismo, en Rojava y en Afrin, a donde ha viajado con la segunda caravana de apoyo a la resistencia del cantón kurdo.


"Turquía nos bombardeó sabiéndolo"


Ella, junto con otros internacionales —como el catalán Rok Brossa, el italiano Jacopo Bindi y otros que prefieren no hacer pública su identidad— visitan las ciudades, a los refugiados, comprueban cómo afecta las restricciones de alimento y medicamentos y cómo soportan los bombardeos cada vez más cerca de la ciudad. De hecho, ellos mismos sufrieron el terror de los ataques en su llegada a Afrin. "Íbamos en un autobús lleno de madres, incluso una de ellas iba a visitar a su hija al cementerio porque había muerto durante los ataques. Seríamos como unos 50 vehículos entre autocares y coches. Cuando llegamos a los límites de la ciudad, empezamos a escuchar explosiones cada vez más cerca. La gente se puso muy nerviosa, nos hicieron bajar de los vehículos, apagamos las luces. Los bombardeos estaban tan cerca que empezó a caer metralla sobre nosotros. Un chico cayó desplomado a dos metros de mi con metralla en la cabeza. La gente empezó a dispersarse buscando refugio. La llegada de la caravana era totalmente pública, Turquía nos bombardeó sabiéndolo”.


La miliciana bonita, una imagen morbosa


'Defender Afrin significa defender la revolución de las mujeres'. Bajo este lema se han desarrollado manifestaciones y caravanas de apoyo, no solo a las mujeres que lideran la liberación de las mujeres, sino a todo el pueblo kurdo y demás sirios que viven en Afrin. Aunque hace unos días el Gobierno sirio anunciaba el apoyo militar a los kurdos, esta presencia, con armas ligeras y pocos medios, no ha sido muy efectiva. De nuevo, las unidades militares de los grupos kurdos, como la unidad femenina del PYJ son los que dan la cara ante los combatientes y financiados por Turquía. "La imagen de la combatiente kurda ha sido morbosa, creada por los medios de Occidente, para el principal comprador: hombre, blanco, de edad y renta media. Lo único que quieren ver son mujeres bonitas con kalashnikov y no han mostrado nada más de la revolución de la mujer", concluye la brigadista madrileña.


Si la imagen de las mujeres kurdas combatiendo al Daesh fue aplaudido por el mundo entero, ahora poco apoyo reciben cuando son ellas las atacadas. Para ejemplo, la poca repercusión que tuvo el asesinato y la mutilación del cadáver de la miliciana Barin Kobane. "La profanación de su cuerpo ha sido totalmente descabellado, pero no es la primera vez que ocurre —explica Sara de Ceano desde Afrin— Pasaba con el Daesh y pasa con todos esos grupos supuestamente moderados, del Ejército Libre Sirio o de que trabajan como mercenarios de Turquía. Es su manera de aplicar el islam y la falta de ética en el combate". Precisamente las autoridades kurdas denuncian que estos grupos, respaldados por Turquía y en otros lados de Siria por Estados Unidos, son herederos de Al-Nusra, una facción de Al Qaeda, islamista y muy violenta.


Desde Cizire, la Federación Democrática del Norte de Siria destacan que la liberación de la mujer no es algo exclusivo de este pueblo, pero que sí que es cierto que se ven más lo avances al llevar más de 40 años con una "revolución dentro de una revolución". Meral Çiçek, periodista kurda, opina que "en ningún momento de la historia humana las mujeres han experimentado una violencia tan severa, intensa y sistemática como hoy en día", lo que justifica su esfuerzo por superarlo en todos los ámbitos de la sociedad. Esto unido al concepto de autodefensa que existe en el pueblo kurdo -y que da nacimiento a los grupos como el YPG (Unidades de Protección Popular), el YBS (Unidades de Protección Sinjar) o las Fuerza de Autodefensa Siria, entre otros muchos- hace que muchas mujeres no solo tomen un arma, si no que se conviertan en líderes y gestoras de sus comunidades.


Un maltrato que ha vivido en una cultura —como en el resto de la región y en el mundo— machista, pero que ha vivido sus años de más terror bajo el reinado del Daesh. La propia Sara de Ceano-Vivas lo ha presenciado cerca. "He visto a chavalas con 18 o 19 años que abandonan sus casas, sus tradiciones o familias, por perseguir la liberación de la mujer. Una joven que nunca ha podido nunca ponerse pantalones o salir fuera de su casa sola por el Daesh corre a unirse a las unidades de protección y se empodera viviendo de forma colaborativa. Otra cosa no, pero la revolución de Rojava es la revolución de las mujeres". Una revolución que cada vez se abre más a otras mujeres, como las árabes, las yazidíes, armenias y que pasa por tener espacios mixtos -con mujeres y hombres- pero también no mixtos -solo mujeres- para que poco a poco las mujeres asuman más responsabilidades en la esfera pública.


Refugiados de Alepo, también en peligro


Se trata de un equilibrio, que se mantiene en la guerra y también en la vida cotidiana. Preguntados a los brigadistas por el estado de los civiles en Afrin y los demás cantones del norte de Siria bajo los ataques, destacan las dificultades del bloqueo, de la falta de material para tantos refugiados y la destrucción de sus medios productivos. De hecho, muchas de las personas que ahora se encuentran en Afrin han huído previamente de Alepo o de otras zonas, incluso teniendo que establecerse en varios lugares diferentes por el avance de la guerra. "La situación de los civiles aquí es extraña. De día se hace vida más o menos normal, pero por la noche comienzan los bombardeos. No se ataca la ciudad directamente, pero lo hacen cerca para que los civiles se asusten y se vayan. Así será más fácil la invasión", explica en referencia a las tropas de milicianos con armamento pesado apoyados por Turquía. Pese a todo, no abandonará su tierra, nos aseguran desde el Centro de Información Afrin Resistence. Son los encargados de hacer reportes de los ataques de forma diaria e informan semanalmente con boletines que traducen a inglés, francés y castellano.


De hecho, una de las funciones más importantes de los internacionales que se encuentran en la retaguardia es traducir y lograr que la situación llegue a otros países. Preguntados por la similitud que hay con los brigadistas que vinieron a España en la Guerra Civil —y otros tantos casos en la historia cuya función era resaltar en sus países de origen y evitar los ataques contra la población civil—, aseguran que esa es una de las razones para estar allí aunque no tienen esperanzas de que funcione. "Se supone que con internacionales en el territorio se llama la atención sobre el tema, pero a Turquía le da igual: bombardea y mata de la misma manera. Y luego está la comunidad internacional, con sus intereses y el mirar para otro lado en esta invasión. Ha habido muchas palabras pero nada concreto para detenerlo", explican, en clara referencia a la tregua que no ha servido ni de respiro a los civiles.

"Básicamente no hemos podido salir de la ciudad de Afrin porque bombardean mucho y es muy difícil moverse", comenta la periodista madrileña. "Las autoridades milicianas no nos permiten salir. Hay compañeros internacionalistas de la YPG, pero no hemos tenido contacto con ellos, lo tenemos totalmente prohibido porque están en el frente. Después de la muerte de Baran Galicia (Samuel Prada) y Kendal Breiz (el otro internacional fallecido, el bretón Olivier François Jean Le Clainchede), estamos con mucha tensión por los demás combatientes".

De hecho, la Comuna Internacionalista ya les ha comunicado que temprado saldrán de la ciudad e irán a otro cantón. Afrin no quedará sola, porque ya se planea la llegada de una nueva caravana de apoyo y solidaridad, esta vez lleno de mujeres del norte de Siria pertenecientes a organizaciones feministas como Mujeres Zerdeshtî, Instituto de Trabajadoras, Movimiento Nueva Generación, entre otros. Aunque la esperanza de que la comunidad internacional frene los ataques, el pueblo kurdo no arroja la toalla. Y los brigadistas internacionales tampoco. "Yo no vuelvo a Europa. Creo que hay mucho que hacer, informar y colaborar", afirma con convicción Ceano-Vivas Núñez.

11/03/2018 17:11 Actualizado: 11/03/2018 17:11

Publicado enInternacional
Viernes, 16 Febrero 2018 05:42

Pensar los bienes comunes

Pensar los bienes comunes


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

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Para pensar los bienes comunes “fuera de la caja”, pensad en algo que a todos nos conviene cuidar y mantener en buen estado, pero para lo que no existen incentivos particulares para hacerlo. En este sentido, normalmente, se identifican tres tipos de bienes comunes:


1) Los bienes comunes tradicionales se refieren a recursos de los que toda una comunidad o un pueblo depende: el agua del río que pasa por allí, los pastos, la tierras de cultivo, las zonas de pesca, etc. Se trata de recursos que no pueden dividir fácilmente y que ninguno del pueblo se puede apropiar por sí mismo. Si no lo cuidan, todos mueren de hambre, pero no hay nadie en concreto que tenga un incentivo personal para cuidarlo. De ahí que se tengan que poner de acuerdo para cuidarlo entre todos, estableciendo normas y regulaciones de uso común. Eso es el gobierno de los bienes comunes, o lo que es lo mismo, el gobierno común de los bienes. Elinor Ostrom lo describe brillantemente en el libro que lleva ese título.


2) Los bienes planetarios se refieren a la atmósfera, los océanos, la biodiversidad que son patrimonio de toda la humanidad (y del resto seres vivos). Nadie en concreto parecer tener responsabilidad de cuidarlos, no se obtiene un beneficio particular por cuidarlos con respecto a quienes no los cuidan. Más bien es al contrario,

contaminando estos recursos es como obtenemos beneficios particulares. De ahí que hagan falta acordar normas y regulaciones para reducir la contaminación, y por eso todos los países del planeta se reúnen en cumbres sobre el clima, para no llegar a ningún acuerdo porque sus gobiernos están más interesados en ventajas particulares que en el bien común. (nótese la polisemia de “bien común” como recurso común y como algo que es bueno para todos).


3) Los comunes digitales, se refieren al conocimiento compartido que es gratis y está accesible para todos, pero para el que hace falta un sistema de gestión de ese conocimiento para asegurar que tiene cierta fiabilidad y validez. Ahí está la Wikipedia con sus reglas y distribución de tareas para permitir que el resultado tenga una fiabilidad bastante aceptable; o las comunidades de software libre que trabajan coordinadamente de acuerdo a normas y protocolos propios para crear algunos de los mejores programas informáticos que existen.


La clave de todos estos sistemas de gobierno común está en que los acuerdos entre las partes son la forma más eficiente de gestionar estos recursos. Lo que lo diferencia de las otras dos formas de gestión conocidas: la centralizada y la de mercado.


En todos estos casos, una autoridad central tendría muy difícil legitimarse como propietaria o administradora del bien; y si lo hiciera, le sería muy difícil gestionarlo eficientemente, por falta de información, conocimiento y capacidad de acción.


También son recursos difíciles de gestionar por un sistema de mercado, puesto que para que los agentes económicos colaboraran en el cuidado del bien, habría que crear incentivos económicos particulares para orientar su acción, lo que en la práctica requiere (de nuevo) una regulación centralizada. Un ejemplo de este intento sería el mercado de venta de derechos de emisión de CO2, sin embargo, su eficacia para reducir la contaminación es muy limitada, porque sigue apelando a incentivos particulares.


En definitiva, los comunes muestran la necesidad de un sistema de acuerdos colectivos para regular en base al interés común (=conservar el recurso en buen estado) y no al interés particular (=hacer el mayor uso del mismo). Esa es la clave del concepto de procomún que se puede aplicar a muchos ámbitos.
Ahora, pensad “fuera de la caja”:


Podemos aplicar esta idea, por ejemplo, al concepto de privacidad y al modo en que es explotada en los reality shows. Todos tenemos una intimidad y a todos nos conviene que exista un respeto por la intimidad de los demás, en base a eso valoramos una serie de normas (de forma explícita o implícita) para el respeto a la intimidad de los demás. En las relaciones sociales (digitales o no) esto implica un código de conducta de respeto hacia los demás. Renunciamos al beneficio que podríamos obtener faltando al respeto o apelando a los trapos sucios de los demás para facilitar una cultura del respeto de la que nos beneficiamos.


También podemos aplicar esta idea a la comunicación pública en general, y en particular al modo en que apela a las emociones de la gente. Desde un respeto al bienestar común, renunciaremos a estimular determinadas emociones negativas (racismo, sexismo, odio, etc.) porque no queremos vivir en una sociedad en la que esas emociones sean predominantes, aunque en el corto plazo podamos obtener un beneficio apelando a alguna de ellas.


En estos dos casos no hay normas explícitas de gestión comunitaria, ni hay un bien o recurso material concreto que gobernar, pero en la práctica funciona el mismo principio de actuar en base a un sentido colectivo de respeto a un un interés común. En este sentido, los modos de gobierno de los bienes comunes (los tradicionales de Ostrom o los digitales como la Wikipedia) nos pueden ser útiles para pensar cómo se podría mejorar la gestión de otras cuestiones que nos afectan a todos y que a todos nos interesa cuidar y mantener.


Los comunes son los bienes que son de todos y que a todos nos interesa conservar

Publicado enSociedad
Jueves, 15 Febrero 2018 06:03

Decadencia

Decadencia

¿Están las sociedades “occidentales” socialmente enfermas? El mundo ha entrado en una espiral decadente en la que va dejando lo poco que le quedaba de aquello llamado humanidad. El panorama no invita al optimismo, matamos el planeta y nos matamos entre todos. Pagando el pato quienes menos culpa tienen, como siempre.


Algunas personas sufren, con todo el derecho, por cosas nimias. Sus cosas. Mientras, hay verdaderas debacles ambientales y sociales. Las migraciones, el cambio climático, los recortes en derechos, los abusos generalizados contra menores y mujeres, las exclusiones por múltiples motivos, las salvajadas contra los animales,


Muestras de una decadencia que no creo que haya que aceptar como parte determinada de una etapa de la vida, de la persona o de una sociedad concreta. A principios del siglo XX, Spengler ya escribió que la cultura occidental estaba en su etapa final. Una etapa que se alarga hasta nuestros días, que sigue empeorando y que se extiende por todo el globo como si fuera una epidemia.


Cuando se supone que mejor podríamos vivir gracias los avances científicos y tecnológicos, a una mayor y mejor formación ciudadana y académica, a unas sociedades en las que van arraigando, poco a poco eso sí, las democracias, nos encontramos en una situación de empobrecimiento social más que preocupante.


En Florencia (Colombia) un descerebrado, por llamarlo de alguna manera, viola una bebé. En Jaén (España) estudiantes menores de edad abusan sexualmente de un compañero de colegio. En EE.UU. un estudiante acaba con la vida de varios de sus excompañeros de colegio dejando decenas de heridos. En Haití, aprovechándose de la desgracia ajena y de su condición de cooperantes, un grupo de empleados británicos de una ONG de fama mundial tuvieron “una conducta sexual inapropiada”.


¿A dónde puede llegar la bajeza del ser humano? ¿Qué les pasará a esos delincuentes? A los españolitos puede que no se les puede acuse por ser menores. Pequeños para sufrir la pena pero grandes para cometer el delito. Al violador colombiano, al asesino estadounidense (que esta vez no han vinculado, de momento, con el Estado Islámico) y a los sinvergüenzas disfrazados de “solidarios” veremos qué les pasa. Hay gente que parece no estar en sus cabales, y cualquiera diría que existe riesgo de contagio.


Mientras, la vida sigue y acá como si nada hubiera pasado. Y ahora, más deporte. Gente que sufre por los colores de su equipo. Un grupo de personajes que cobran más de lo que se merecen por hacer lo que les gusta, con una masa detrás que les vitorea o insulta en función de unos resultados que para nada afectan a sus ganancias.


O más política, con minúscula. Los políticos, que venden humo y casi nos obligan a comprarlo, siguen ajenos a las realidades que les rodean. Como si sus vidas no fueran de este mundo. Nadie se rasga las vestiduras, casi nadie dimite, y se empecinan en pelear por unos votos que luego olvidan. Siguen siendo las y los privilegiados en sociedades con una gran parte de la población luchando a diario por sobrevivir. Endurecen las condiciones de vida de las gentes a las que piden el voto mientras se dedican a enriquecerse y mantener sus privilegios y no cumplir con la res pública, esa por la que se postulan a gobernarnos y que se supone que prometen defender.
¿Dónde está la ética?, ¿y la solidaridad y la comprensión del prójimo?, ¿dónde la responsabilidad?


Sin caer en la pacatería ni en el puritanismo que pueden poner en riesgo la libertad y los derechos sociales que tantas luchas y sudores, y hasta vidas, han costado conseguir, debemos demandar recuperar cierto humanismo y comportamiento ético que nos resitúe como seres pensantes.


No podemos apartar la vista de la barbarie del mundo. “El hombre no nace, se hace”, que diría Erasmo, y en esa formación tendremos que incidir para evitar seguir cayendo en ese declive humano y social en el que hemos metido a este mundo ya de por sí jodido y chambón.

15FEB2018

Publicado enCultura