Domingo, 24 Septiembre 2017 07:51

La solidaridad y su freno

La solidaridad y su freno

 

Los mexicanos ante el terremoto.

 

El centro parecía una fiesta. A las 11 de la mañana estaba programado un simulacro de evacuación en caso de terremoto, en una fecha más que simbólica: el 19 de setiembre de 1985 la tierra tembló dejando un reguero de destrucción y muerte, en el mayor sismo de la historia reciente de México. Más de 10 mil muertos, aunque la cifra exacta nunca se conoció, y alrededor de 800 edificios derrumbados. El gobierno de la época fue un monumento a la ineficiencia y la solidaridad fue la que salvó vidas, recuperó cuerpos sepultados y trasladó heridos.

A las 11 de la mañana de este 19 de setiembre, 32 años después, era difícil abrirse paso entre los miles de funcionarios que colmaban las aceras de la Colonia San Rafael, una de las más afectadas por lo que sucedería dos horas después. Una serena algarabía emergía de los cientos de grupos que festejaban, quizá, el tiempo libre fuera de la supervisión de sus jefes.

Cuando la tierra tembló, los edificios se tambaleaban y costaba mantenerse en pie, se trataba apenas de mirar hacia arriba para detectar algún peligro, la caída de algo grande sobre las cabezas. “Pinche temblor”, gritaban algunos cuando todavía el mundo se movía frenéticamente alrededor.

Después sobrevino una tensa calma; miles se agolpaban en las aceras, ahora con rostros serios, con la premonición de la tragedia estampada en los gestos. Enseguida apareció la certeza de que estábamos metidos en una inmensa ratonera de la que sería difícil salir. Millones de coches inmovilizados, semáforos apagados, la luz y el agua cortadas y una incertidumbre que crecía como una sombra amenazante. Avanzamos unos metros y paramos.

El primer rasgo que toma la solidaridad son los cientos de espontáneos que ordenan el tránsito agitando pañuelos. Algunas personas acompañan a los que entraron en pánico hasta los centros de salud. Los más decididos, jóvenes casi todos, van corriendo hasta los edificios colapsados para ayudar en el rescate. Empezaron a despejar escombros con las manos y con las pocas herramientas que se conseguían. Llegaron tres horas antes que la Armada, encargada por el gobierno de socorrer a las víctimas.

En cuanto paró de temblar vinieron corriendo los vecinos, porque los que están más cerca son los primeros que responden. La proximidad es ley. Una hora más tarde, hombres y mujeres habían armado un sistema que funcionaba bajo la básica regla de sacar escombros y entrar baldes vacíos con los que ídem. No es que la gente ayude en el rescate, la gente es el rescate.

En uno de los edificios de ¡seis pisos! que cayó en un barrio símil Parque Rodó –no en aspecto sino en perfil socioeconómico– había tres sectores, con cuatro filas cada uno, que iban desde el pie de la pirámide trunca de escombros hasta la calle. Por las filas del medio, grupitos de gente sacaban los pedazos más grandes y pesados que estructuraron la casa, mientras que las líneas de los bordes funcionaban como cintas transportadoras en direcciones opuestas. Las cosas de la gente que ahí vivía aparecían por todas partes: una bota sin compañera, una foto que no perdió el marco de vidrio a pesar de los 7,1 Richter que la sacudieron; y un obrero, mago del cincel y del martillo, que separa en segundos grandes pedazos de pared, que se entretiene un rato mirándola antes de tirarla al vacío que fue patio trasero.

Si los bomberos y los rescatistas de la división de Protección Civil mantuvieron una relación cordial con la gente, indicándole, por ejemplo, que estaban escarbando en un punto que agregaba más peso a la estructura, en vez de alivianarla, todo cambió cuando llegaron los militares de la Armada, que pretendieron sacar a la gente a los gritos. Pero como en ese momento los de verde eran minoría, pronto se los tragó la cadena de trabajo que no paró, aunque se lo ordenaran fuerte. Una minivictoria de la vida contra la militarización de todo.

Ya para la tarde, en torno a la mayoría de los derrumbes se había formado una cadena de policías con escudos que no permitían la libre entrada de la gente a colaborar. Para el segundo día, eternas filas de jóvenes con palas, carretillas y cascos de construcción esperaban horas a que la autoridad les permitiera prestar sus manos para remediar el desastre. Fue la respuesta de arriba para frenar la acción de abajo: dejar a la gente fuera, esperando.

El aluvión, igual, se sigue viendo en la cantidad de donaciones que desbordan los centros de acopio. En la calle hay un clima agitado, como de pecho inflado por la respuesta colectiva. Todo el mundo colabora en la manera que puede, pero los más visibles son los jóvenes pos 85: no vivieron el sismo anterior, pero eso no importa, porque aquella respuesta colectiva ante la inacción estatal fue una lección que quedó metida en la memoria de todos. Los mexicanos se cobijan en su capacidad de respuesta, que es genuina y espontánea, y deciden que sea esa la identidad que se han creado para sí.

La solidaridad es el milagro de la vida. Como una manta gigantesca que abriga en medio del colapso. Una solidaridad que saca lo mejor de los seres humanos, incluso en esta ciudad inhóspita, esculpida por el individualismo del consumo y los valores que arrastra. Es imposible no pensar que la única salvación posible nace de esa ternura que aún practican los pueblos y que ya nada podrá revertir.

 

 

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¿Por qué Harvey dejó más víctimas en Texas que Irma en Cuba?

Los daños de los huracanes a las construcciones y las infraestructuras son similares en todo el Caribe. Sin embargo, Cuba se distingue porque la cantidad de personas que mueren durante estos fenómenos es muchísimo menor que en el resto de los países.


Desde el año 2000, Cuba sufrió 18 huracanes que provocaron la muerte de miles de personas en el Caribe y Estados Unidos. En Cuba el costo fue de sólo 45 vidas humanas, aunque hubo cientos de miles de casas destruidas y se perdieron cosechas.


El reciente huracán Irma dejó enormes destrozos en Cuba, provocó olas de hasta 11 metros en La Habana, produciendo penetraciones del mar de hasta 600 metros en el Malecón y barrió el país con vientos de 285 kilómetros por hora, siendo el mayor huracán del Atlántico en la historia. En esta ocasión hubo 10 muertos, algo inusual pero comprensible por la gravedad del fenómeno.


Las enormes diferencias entre los costos humanos que provocan los huracanes en los demás países, respecto a Cuba, nos hablan de las características de la sociedad. Creo que responden a tres factores muy ligados a la historia de la revolución.


El primero es la cultura de la solidaridad. Como en otras ocasiones, con la llegada del huracán Irma más de un millón de personas fueron evacuadas. El Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil informó que el 77% de los evacuados se protegen en casas de familias, "prueba de la solidaridad característica del pueblo cubano ante situaciones difíciles". Los demás evacuados son albergados en refugios oficiales.


Las viviendas de los evacuados son protegidas por soldados de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), que también custodian centros estatales. De ese modo la población no tiene temor a los robos, que en los demás países son una de las principales causas por la cuales la población rechaza la idea de abandonar sus viviendas.
En Cuba funciona además una cultura de la participación que va de la mano con la descentralización de servicios. Para enfrentar los inevitables cortes de luz que provocan los huracanes, Cuba utiliza algunos equipos que funcionan con diésel para generar electricidad de forma independiente. Las más importantes instituciones estatales cuentan con plantas propias para situaciones de emergencia, así como los centros de salud.


La segunda característica cubana frente a los huracanes se relaciona con la inexistencia de especulación inmobiliaria, que es una de las facetas más importantes de la acumulación capitalista. El ciclón Harvey en Texas provocó al menos 47 muertos y la inundación de amplias regiones de las ciudades, con el consiguiente aislamiento de la población. No se trata de inundaciones puntuales sino que grandes áreas fueron anegadas y el retroceso de las aguas se demora varias semanas.


Houston es la quinta ciudad más poblada de Estados Unidos y una de las que registró mayor expansión inmobiliaria. "Según Forbes, creció durante el boom inmobiliario sobre un terreno de miles de hectáreas cubierto de alforfón absorbente que pertenecía al equipo de ingenieros del Ejército de los Estados Unidos y que estaba destinado a investigar sobre la prevención y control de inundaciones".


Las zonas ahora inundadas formaban la cuenca natural por la que se vaciaban los dos embalses que protegen la ciudad de las catástrofes, que el ejército compró en la década de 1940 para evitar que se repitieran inundaciones en el centro urbano. Pero la especulación inmobiliaria llevó a la construcción masiva de viviendas.


"Empresas como Amazon y FedEx situaron delegaciones en la ciudad y llevaron allí cientos de empleados. La ciudad necesitaba crecer y consiguió hacerlo manteniendo precios de vivienda y de vida asequibles para su población, pero a costa de ocupar las 200.000 hectáreas destinadas a evitar situaciones como la que viven sus habitantes esta semana", relata un informe de La Vanguardia.


Por el contrario, en Cuba las ciudades crecen muy lentamente y lo hacen conservando la trama urbana histórica. No existe la posibilidad de que personas privadas tomen iniciativas edilicias. No es la ganancia privada lo que determina la planificación urbana.


La tercera diferencia es la Defensa Civil. Según el diario Granma, "la estrategia cubana de defensa contra los huracanes, comenzó a forjarse durante la recuperación tras el paso del más famoso entre cuantos nos han azotado en los últimos 40 años". Se refiere al huracán Flora, que en 1963 provocó la muerte de 1.200 cubanos.


La Defensa Civil fue creada en 1962 a partir de las Milicias Nacionales Revolucionarias, concebidas como "defensa popular con la misión fundamental de agrupar a los trabajadores en unidades de las milicias y defender sus industrias", que incluye una amplia gama de funciones, desde el salvamento ante catástrofes hasta la reparación de averías.


Durante las situaciones de emergencia o catástrofes puede suspender clases, organizar la distribución de alimentos, la evacuación de la población, así como los trabajos de la compañía de electricidad y teléfonos con el objetivo de proteger a la población y minimizar los daños materiales.


El periodista Fernando Ravsberg describe el funcionamiento de la Defensa Civil: "La calma que se vive en Cuba ante la llegada del huracán Irma, uno de los más destructivos de la historia, no se debe a falta de previsión sino a todo lo contrario. En la isla cada actor sabe que hacer, la obra ha sido ensayada cientos de veces y estrenada ante la llegada de todos los huracanes que han pasado por la isla desde hace décadas".


Uno de los aspectos más interesantes es que la Defensa Civil "resulta extremadamente barata", ya que sólo los altos mandos son profesionales y los demás son voluntarios, "se eligen entre los vecinos, buscando a quienes tienen un mayor liderazgo".


El ejemplo cubano debería servir de inspiración a todos los países pobres que tienen enormes dificultades para afrontar catástrofes naturales y humanitarias.

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Cooperativa Confiar: Ya son más de cuarenta años... El cooperativismo en práctica como movimiento y como resistencia

En la vida no se trata solamente de ganar dinero. Un criterio de vocación social y promoción de lazos solidarios que repite y repite, el largo recorrido de la cooperativa Confiar que tuvo una infancia como cooperativa de trabajadores asalariados y tiene el calor de una red de afectos. Un parto que comenzó en secreto, por parte de treinta y tres obreros de la empresa Sofasa (ensambladora de autos de la Renault) en el Taller 600 de Envigado hasta cuando fundaron a Cootrasofasa el 3 de julio de 1972. En ese primer escalón, sus miembros pagaban la afiliación por descuento de nómina. En el actual momento, Confiar profundiza la relación con organizaciones locales y teje las redes que contribuyan a las transformaciones paulatinas hacia la equidad y la dignidad de la vida. El desafío es constituir a la vez asociación y empresa como opción válida de desarrollo socioeconómico, en un contexto de hegemonía capitalista que cuelga amenazas de ruina a la actividad cooperativa.

 

Llegar hasta el día de hoy requirió ...discutir quiénes somos, por qué existimos, para dónde vamos, qué elementos ideológicos y políticos nos identifican. En definitiva, qué tipo de cooperativismo queremos construir y por qué. No bastó ser solamente una Cooperativa abierta; fue claro que el desarrollo tenía que estar ligado a las comunidades y para hacerlo se necesitaba una herramienta, no desde la intuición, sino desde el punto de vista teórico para sacarla adelante [...] implicó cambios en la estructura Administrativa, en las acciones operativas, en el manejo económico y social de la gestión, en el papel de la dirección, en el modelo de participación, en los métodos de trabajo y en la toma de decisiones.

 

En sus primeros quince años, la cooperativa no contó con más de quince empleados para el desempeño de funciones variadas y comunes. El tamaño de Cootrasofasa no daba para más. El Sindicato de Base prestó un local y quince mil pesos para poner en marcha la idea. Cooperativismo salido desde las entrañas de los trabajadores proyectado a la sociedad, diferenciado de la lucha obrero-patronal de aquel momento, que era intensa. En la ruta, a los compañeros que preguntaban cuáles eran los beneficios y qué les iban a dar, fue ineludible convencerlos de una mirada en contrario.

 

En vez de demandar beneficios, los trabajadores debían hacer un esfuerzo y una apuesta común: ahorrar, conseguir préstamos eventuales para cubrir necesidades, urgencias o aprietos familiares y hacer algunas jornadas recreativas. Una apuesta que fue sumando de a cinco pesos semanales. Apuesta que incita al ahorro, que llama a resistir la lógica capitalista del gasto desmesurado y su cotidianidad de vida angustiosa para las personas, ya que genera necesidades infructuosas y créditos impagables. Son preguntas de la apuesta, ¿Construir una simple empresa o aportar a la construcción de un sistema de economía social? ¿Qué diferenciación hacer entre crecimiento y desarrollo?

 

La Caja Cooperativa de Trabajadores (nombre que adquirió la cooperativa en el año 1988) elaboró el primer Plan de Desarrollo, puesto en marcha desde 1990. Con el cimiento y la primera piedra puesta, entender la gestión de la cooperativa en medio de las exigencias empresariales, sin dejar olvidar sus principios, destaca a la actual Confiar en el conjunto de las actividades y empresas de economía solidaria y cooperativa, por andar al compás de un compromiso ético y político diferente al que pregonan el común de los agentes financieros. La habilidad de unir creaciones y no dejar morir la idea de que la cooperación, la solidaridad y la mutualidad aún son posibles. Todo ello logrado a pesar de que en los primeros años de la cooperativa no había ni planeación ni prácticas tecnificadas ni administradores profesionales en frente de la entidad. De hecho, la cooperativa tuvo su inicio sin las ahora imprescindibles asesorías jurídicas y administrativas que dictaminan qué es permitido y qué es prohibido en términos legales.

 

En medio de los trajines comerciales, Confiar tomó vuelo: Paso a paso en la estrategia de afirmar la fidelización de los asociados y sostener la confianza de los asociados y ahorradores. Una estrategia con resultados que son visibles: en las campañas A Confiar y A Ganar. En la oferta del servicio exequial y de los auxilios educativos. En los programas de recreación y la puesta a la vista del centro social y recreativo El Paraíso, y la puesta en marcha de un programa de educación. En el grupo de Gimnasia, un espacio de liberación de la rutina diaria, favorable a la construcción de solidaridades. Y cómo no, en el Programa Infantil y Juvenil Arco Iris (1993), que comprende hoy los programas de Ahorro Escolar, Ahorro con Futuro y Confiar en la Juventud, resultado de estos procesos infantiles y juveniles.

 

A la par de cumplir con la funcionalidad y los requisitos y parámetros que vigila la Superintendencia Financiera, Confiar consolida hasta hoy, la convicción de contribuir a generar posibilidades de desarrollo local. Y sobresale al atender por igual en miras a su superación, a sectores y poblaciones del rebusque y de escasos recursos, que la gran banca escupe. En este sentido y en la búsqueda de inscripciones, Confiar se acerca a los barrios populares de la ciudad que no llaman la atención de las entidades financieras tradicionales. Lugares olvidados, con las angustias y deseos que allí crecen.
Tras superar grandes dificultades y hasta unos momentos de iliquidez por efecto de los puntos altos de la crisis económica del país de finales de los años 90 del siglo pasado, de la política económica que excluye, y de la voracidad del medio financiero; Confiar diseño un plan de crecimiento que previó la apertura de docenas de agencias en el curso de unos pocos años. El plan se cumplió y hoy tenemos una presencia consolidada, o en proceso de lograrlo, en diversos territorios nacionales. En ese propósito y a contracorriente del proceder capitalista dominante, cuenta con más de seiscientos empleados, cuyos contratos son a término indefinido.

 

El ideal con este conjunto humano es que, además de sus cualidades y virtudes en administración, economía y temas similares, destacaran por su vocación social, apertura a la reflexión política, disposición para la investigación sobre la realidad de su país, buscando con ello no encuadrarse como técnicos. El reto que nos depara este sueño es uno de los mayores pendientes que mantiene la cooperativa. Las enseñanzas dejan pistas sobre el particular pero aún son insuficientes para romper pasividades, acomodamientos y rutinas.

 

Ante la iniciativa y ampliación de sus funciones, y en medio de la crisis económica, resultó necesario que en 1997 entrara en marcha la Fundación Confiar. Una estrategia para que la cooperativa continuara con su política social y cultural, en un momento en el que la vigilancia de la Superintendencia Bancaria reducía el margen de acción fuera de la especialización financiera. Los resultados de su acción diversa, con alianzas y/o acuerdos con diversidad de organizaciones comunitarias, resaltan su vigencia.

 

Aunque apuesta por la dignidad y las merecidas posibilidades de desarrollo de las clases menos favorecidas, Confiar desenvuelve su actividad en el mundo financiero. Por tanto, utiliza las herramientas y medios necesarios para hacer la intermediación y, mediante una alianza comercial con Servibanca obtiene una tarjeta débito de marca propia. Su aceptación y utilización cada vez de manera más amplia por asociados y ahorradores certifica que alianza era procedente.

 

Una idea transversal en la apuesta solidaria de Confiar, es el cooperativismo como propuesta en su esencia cultural y no sólo económica. Es una forma de pensar, de vivir y construir la experiencia vital propia y la de los demás de una forma más digna, más justa y significativa. En ese contexto están inscritas, la decisión de crear los concursos de poesía y de cuento para trabajadores en los años ochenta; y la temprana relación con la Revista Prometeo, que dio lugar en la década del noventa al Festival Internacional de Poesía de Medellín, con el cual Confiar siempre despliega su solidaridad. Asimismo, acompaña con algunos apoyos económicos las sedes del Ballet Folklórico de Antioquia, el Teatro Matacandelas, la ENS (Escuela Nacional Sindical).

 

No sobra decir, que el cooperativismo colombiano adolece de una “dicotomía estructural”. Nadie puede negar que por “miedos heredados o por favorecer el sentido empresarial conformista”, muchas entidades del sector pretenden ser neutrales en política, mientras otras, muy pocas en contraste, un tanto invisibles, creen que la profundización de la cooperación y de la solidaridad conlleva a posiciones políticas que apuestan por la dignidad humana. Sin convicción generalizada en el cooperativismo, hay distancia ante la vigencia y necesidad de tejer contraposiciones y redes, ya que en buen número las entidades cooperativas no están exentas de individualismo, máxime cuando su vertiente empresarial las distancia de las propuestas ideológicas serias y acordes con los principios que supuestamente las rigen.

En su caso, y largo camino, Confiar alza un faro de “Tres estrategias:

• “Dirección democrática y profesionalizada, consciente del valor del medio externo y con gestión eficiente.
• Desarrollo empresarial y financiero, acorde con el crecimiento económico de la cooperativa, como base del desarrollo social interno y externo.
• “Cultura del servicio, que comprende métodos de trabajo y procesos coherentes con la filosofía cooperativa. Con incidencia en las prácticas cotidianas internas y en la construcción del modelo educativo de la cooperativa.”

 

Peldaño tras peldaño

 

Como semilla y con la mirada puesta en sobrepasar el límite de una cooperativa común, los primeros integrantes de la cooperativa comprendieron que debían invertir en el proyecto. Pero no sólo una vez, sino durante todo el tiempo y con constancia. Lo cual fue dando sus frutos. Cumplido el trecho de los primeros años de actividad por parte la cooperativa inicial, y los sucesivos nombres que fue asumiendo, fueron creadas la comercializadora Coompremos, Recreatur y la Fundación Confiar, entre 1992 y 1997. Descontados los factores económicos, la apertura de agencias en Itagüí (1992), Caldas, Bello (1993) y Envigado (1994), tuvo como criterio acercarse a los asociados que estaban en el sur y en el norte del Valle, que reclamaban facilidades de acceso a los servicios de la cooperativa. Antioquia mantiene un peso importante, por ser la zona más antigua y con más agencias, Boyacá y más reciente Cundinamarca (más propio, Bogotá) también inciden en la definición de las directrices de la cooperativa.

 

Confiar tuvo resultados alentadores en el año 1997: con excedentes del 50 por ciento ocupó el primer lugar entre las cooperativas de Antioquia y estuvo en la lista de las primeras veinte del país. La autorización del Dancoop para ejercer actividad financiera con terceros, conllevó un crecimiento significativo de la base social de la cooperativa. De este modo, sobrepasó las veinte mil personas entre asociados y ahorradores, y permitió una ambiciosa apertura de agencias (diecinueve en 1998).

 

Vinieron en camino la centralización de la información, la automatización de las agencias y en la década del noventa Confiar dio los primeros avances en Banca Electrónica. Luego, en alianza con el Bancoop lanzó la Tarjeta Débito (con posibilidad de Cuenta Corriente y Tarjeta de Crédito). Un producto que para la cooperativa significó desde entonces, la posibilidad de contar con los recursos de sus asociados, en vez de que estos los llevaran a cuentas de bancos que ofrecían tarjeta.

 

Más adelante, con el objetivo de canalizar las finanzas solidarias, las cuales no entraban al sector formal, surgió la propuesta de crear Fomentamos en el año 2003, mediante una convocatoria a cooperativas y ONG de la ciudad, entre las cuales doce, incluida Confiar, crearon a Fomentamos. Son conocidos los préstamos promedio de trescientos mil pesos que facilita, en el propósito de vincular personas con negocios que muestran una perspectiva de crecimiento y acumulación (así no lo logren), dado que dichas iniciativas parten de los más pobres y vulnerables.

 

La tentación del cooperativismo

 

Eran otros días. La cooperativa Confiar nació en medio de intensas y variadas luchas reivindicativas, cuando los referentes socialistas en el mundo y el continente tenían más vigor. En Colombia, los obreros a comienzos de la década de los setenta en el siglo pasado, reclamaban condiciones dignas de trabajo y de salarios y aspiraban a construir un país más justo y equitativo. Tras los primeros años, en diciembre de 1980 cayeron sobre Sofasa los despidos masivos. Circunstancia en la cual, muchos socios perdieron su afiliación a la cooperativa, que en ese tiempo sostenía una vinculación restringida a los empleados de la empresa.

 

Una radiografía de la situación de la cooperativa en 1982 muestra que tenía «ochocientos asociados, cien más en trámite de liquidación y muchos créditos sin resolver» En cuanto al dinero, «casi once millones de pesos quietos en bancos... y el problema era administrativo». Sin desfallecer, con un sentido de superación de los inconvenientes, en la cooperativa comenzaron las captaciones por Cdat (Certificado de Depósito de Ahorro a Término Fijo). Más luego, Confiar pudo ofrecer como productos: un seguro de vida, servicios funerarios, programas recreativos, campañas educativas, clases de música, de danza, de gimnasia, y servicios de salud. De esta manera, la cooperativa iba logrando la credibilidad y el respaldo de los asociados.

 

Un espacio que abrió el campo de las relaciones de la cooperativa con otras entidades del sector y con organizaciones sociales y culturales, todo, en la intención de tejer solidaridades que trasciendan los proyectos particulares y que construyan sociedad. En este contexto, Cootrasofasa puso sobre la mesa la aplicación de los conceptos de Integración, Intercooperación y Alianzas. Participó activamente en los procesos de agremiación cooperativa de la Conic (Coordinadora Nacional de Integración Cooperativa), con Asacoop (Asociación Antioqueña de Cooperativas) y con Cincoa (Centro de Integración y Desarrollo Cooperativo de Antioquia). Un empeño que trató de compartir visiones y proyecciones del sector, generando debates ideológicos que propendían por la solidez y la coherencia de principios y acciones del cooperativismo.

 

Vino entonces a continuación, el cambio de razón social a Confiar Caja Cooperativa en 1992, con autorización del Dancoop para ejercer actividad financiera. Así caracterizada, la entidad comenzó a dar pasos comerciales grandes. A la par, con una profundización en el trabajo de los Lineamientos Estratégicos de Desarrollo y de Cultura Institucional para favorecer el crecimiento de la base social, y el énfasis en el área de comunicaciones con vista a posicionar la nueva imagen de una cooperativa con «un nombre amplio y generoso», propiedad «de todos, sin celos ni rivalidades de marcas».

 

Un marco que propició en el campo empresarial, la alianza con Vivir y con la Aseguradora Solidaria de Colombia. Igual, abrió la vinculación al Fogacoop (Fondo de Garantías de las Entidades Cooperativas) para la protección de los ahorros. Y, a través de Servibanca permitió masificar la Tarjeta Débito para Asociados y Ahorradores. También, hizo aparecer Sumared –la red de servicios y canales electrónicos de Colombia–, una entidad para el envío y pago de remesas, así como para hacer giros. En el campo social, Confiar emprendió acciones con base en el Centro de Atención Laboral (alianza CUT, ENS, Confiar). Un quehacer que genera y amplía las simpatías en diferentes sectores.

 

Las dificultades

 

En el camino no han faltado las espinas. Mas es evidente que en la forja de la cooperativa, los conflictos no son obstáculos sino la oportunidad para una mayor preparación ideológica y en el fundamento de los argumentos. En efecto, al final, pudieron ser superadas las consecuencias del agravamiento en la situación económica general. En esta área, el gobierno de turno tomó medidas como la oficialización del Banco Uconal, la Cesión de Activos y Pasivos de Bancoop a Coopdesarrollo y la liquidación de la Constructora El Edén, entidades en las cuales Confiar tenía grandes inversiones. De esta manera, el balance financiero quedó afectado, principalmente, por todos los activos improductivos que recibió la cooperativa (bienes en dación de pago que generaban gastos).

 

Una cotidianidad de vida, distinta para los afiliados

 

Si bien, nunca los resultados corresponden con los esfuerzos realizados, durante los últimos veinte años –al ritmo de la formación y los reacomodos en la dirección–, el crecimiento de la cooperativa la sitúa con márgenes positivos en territorios muy diferentes. Más allá de los proyectos empresariales, aun sin tener garantía de unas cifras y resultados predecibles, Confiar considera que es necesario mantener los acumulados sociales, políticos y culturales del cooperativismo. Mantener unos acopios y sumas que no estén regidos, por un inexpugnable criterio de eficacia, idéntico al que aplica al ámbito financiero, del mundo de los negocios y de las ganancias en las finanzas megamillonarias.

 

En gracia a la ampliación de las posibilidades culturales de los asociados junto con sus familias, Confiar sostiene la búsqueda y los hallazgos en varios aspectos propios del divertimiento del espíritu y de la dignificación de la existencia y el cuidado propio. En ese proceso han existido para el disfrute, desde un programa como Don Saludable en procura de una atención médica general para asociados y familiares, además de la formación en salud mediante charlas sobre parasitosis y crecimiento y desarrollo (para mencionar las más recordadas), hasta la conexión con los movimientos culturales de la ciudad, pasando por la EPA (Escuela Popular de Arte), los grupos de teatro, los poetas, entre otros. De este modo, la cooperativa fue llenando de contenidos integrales su apuesta cultural.


El Bazar de la Confianza es visto como la gran fiesta de la solidaridad, que desde 1998 tiene lugar cada año, en el área del Jardín Botánico de Medellín... Por su parte, editar la colección de cuentos de Confiar es un emblema de las posibilidades culturales que genera una empresa solidaria auténtica. Asimismo, es un honor para las bellas letras la iniciativa de regalar los cuentos en una esmerada edición. Como un espacio de expansión del sentir y la necesidad cultural, Confiar es pivote y motor de integración con organizaciones y movimientos afines al cooperativismo como las Organizaciones No Gubernamentales, los sindicatos, los grupos barriales y los colectivos culturales, además de iniciar proyectos estratégicos de integración que van de la mano con la especialización financiera de la cooperativa.

 

Puntadas en vivienda y contrapoder de la economía solidaria

 

En el país, Confiar mira en círculo y va corriendo el telón. Brega y explora para hacer una economía que no imponga la capacidad de pago como medida de las relaciones humanas, sino las relaciones humanas como medida de intercambios económicos dignos. Hacer y saber, a partir de una apuesta socio-económica ideada y gestionada por los propios trabajadores y, también, por cada día más, habitantes olvidados del sistema económico del capital. Con experiencia, Confiar puede llegar en forma integral, con proyectos y oficinas, en un avance en territorio y lugares nuevos.

 

Con capacidad para sembrar confianza y participar en cada uno de los sitios con unas dinámicas económicas, sociales y culturales, a partir de ir constituyendo la cooperativa como un referente de desarrollo, que teje relaciones solidarias con pobladores y organizaciones. Una vía, o recorte de camino, que aunque resulta nimia ante el monstruo del capital, planta y reivindica ante el poder económico unas condiciones menos oprobiosas de existencia. Tiene puntadas en cuanto a soluciones de vivienda. Aunque sin convertirlos aún en una constante de su desarrollo, dado que el crédito de vivienda requiere una fortaleza financiera que apenas recientemente ha podido demostrar Confiar.

 

La cooperativa apoyó en los años ochenta dos proyectos de vivienda en Itagüí: Samaria y El Recreo. En los noventa hizo proyectos de autoconstrucción en Antioquia y Chocó en relación con Inurbe; e impulsó otros en Boyacá, entre esos, uno llamado Simón Bolívar, y dio respaldo a la Constructora El Edén en el oriente antioqueño. Hasta ahora la incursión en vivienda consiste en apalancar a los constructores para que puedan ejecutar sus proyectos y, luego, hacer préstamos a las familias compradoras. Un paso y diseño, una vez que Confiar obtuvo un cupo de redescuento con Findeter, entidad del Estado, cuyos créditos en vivienda están restringidos a inmuebles de interés social.

 

Confiar no solo presta dinero. Aborda integralmente el desarrollo de los proyectos para que salgan adelante. Asume que tras los indicadores comerciales hay historias de vida, historias personales y familiares que se colman de alegría al ver realizado el sueño de la casa propia.

 

Confiar tiene al frente, la necesidad de afianzar filosóficamente la estrategia económica cooperativa para hacerla sostenible, en medio de una competencia y vigilancia e incluso de desconfianza por parte del Dinero, frente al papel del modelo cooperativo como opción económica y social válida, y, en medio de la despreocupación y la mala fe del Estado frente al modelo cooperativo alternativo.

Confiar. Ahorro y crédito con solidaridad para el Bienvivir

Queda decretado que el dinero

no podrá nunca más comprar el sol
de las mañanas venideras.
Expulsado el gran baúl del miedo,
el dinero se transformará en una espada fraternal
para defender el derecho de cantar
y la fiesta del día que llegó.

De, Los estatutos del hombre
Thiago de Mello

Confiar es, por decisión colectiva y por definición jurídica, una Cooperativa Financiera. Desde 1992 y a partir del diseño de Plan de Desarrollo formulado en aquel entonces, asumimos el compromiso de ser una Cooperativa especializada en la actividad financiera abierta, ofreciendo servicios a los asociados y terceros a través de una plataforma solidaria que haga realidad, en el día a día, la conceptualización aplicada de la solidaridad en el ejercicio mismo de la actividad financiera (ahorro y crédito con solidaridad) y la compromete con el propósito superior de bella aspiración humana: corporativizando para el Bienvivir. No en vano la propuesta de generar cultura y racionalidad económica solidaria, proponiendo con reiteración por múltiples medios de comunicación, interna y externa, cuando invitamos a ahorrar con paciencia y gastar con parsimonia.

 

Un hecho no menos importante es que la vigilancia y supervisión de la actividad de intermediación financiera de la cooperativa corresponde a la Superintendencia Financiera de Colombia, situación que nos enmarca en un escenario de normas y exigencias propias de la banca convencional, nacional e internacional, situación que no deja de ser adversa a la naturaleza cooperativa y la concepción especial de ser entidades “sin ánimo de lucro”, que no es otra cosa que el interés por todos.

 

Con relación a la regulación bancaria es necesario decir que cada vez es más profusa y compleja, y corresponde a dictados globales que nacen en el acuerdo de Basilea, centro de poder central de la banca en el mundo, y que considera que esta es una actividad de máximo riesgo, altamente especializada, con uso intensivo de la tecnología y que exige apoyos de grandes capitales.

 

A la consideración anterior, de la que no escapa Confiar y más con productos y operaciones del ámbito del mercado de capitales, tales como la captación masiva y habitual, la inscripción de nuestros CDT en la bolsa, la titularización, las tarjetas débito y crédito, transacciones virtuales o banca electrónica; hay que agregar el ámbito económico, no somos una rueda suelta o independiente de lo que pase en materia económica en la región y/o en el país; no, estamos insertos es una relación vinculante que nos hace en muchos casos dependientes, como es el caso de las tasas de interés, la inflación, la devaluación, el empleo, la construcción, el agro, la industria, el escenario fiscal y, en general, los ciclos económicos con sus crecimientos y decrecimientos.

 

Coyuntura

 

En este marco se ubica la difícil situación económica, política y social por la que atraviesa el país, que no proyecta en el corto plazo cambios de fondo. Realidad económica resumida por un crecimiento económico del PIB (1.3% al corte de junio), que no es un asunto esporádico o de este periodo, pues la perdida del dinamismo económico es consecuencia íntima de la caída de los precios del petróleo; realidad en la que también incide la incertidumbre que arropa a los colombianos, en especial al empresariado, que no termina por entender y aceptar que la negociación con las Farc es un hecho irreversible y que el camino es la reincorporación de la guerrillerada, entendida como una oportunidad y necesidad para todos los colombianos de construir reconciliación y convivencia, condiciones esenciales para aclimatar la esperanza y el desarrollo.

 

A pesar de lo dicho, gana la desconfianza y muchos líderes gremiales y políticos no arriesgan, apostando también con su actitud al incendio de Venezuela, desconociendo que lo que suceda en este país hermano también nos afecta a quienes habitamos Colombia. Esta situación crítica se agrava por la impopularidad del gobierno Santos y la debilidad de la coalición política que lo respalda. Para completar, además de las elites, una porción grande de ciudadanos ya está pensando más en quién será el nuevo presidente del país, y por esa vía toca esperar mayo del 2018.

 

Otra consideración que cabe en este análisis es la baja demanda en el consumo, que se pretende incentivar con la disminución de la tasa de intervención que fija el Banrepública, hoy en el 5,5 por ciento.

 

Confiar, una plataforma solidaria

 

Nada más oportuno que reconocer el extraordinario avance que dio el Consejo Ampliado de Confiar (Consejo de Administración, Junta de Vigilancia y Junta de la Fundación) el pasado el 23 de febrero del presenta año al: “Reconocer y afirmar en la actual Plataforma Solidaria Confiar: Cooperativa Financiera, Fundación, Sólida y el complemento estratégico de entidades aliadas como Fomentamos, Vivir los Olivos y la red de círculos virtuosos; la integralidad del Inventico y el profundo sentido social y humano, en todo aquello que hacemos. Así pues, lo social que nos caracteriza es el conjunto de acciones, programas y proyectos que adelantamos en todos los ámbitos y que están encaminadas a Cooperativizar para el Bienvivir”.

 

Esta declaración es un gran argumento de sustento a la maduración adquirida por el proyecto y la trascendencia de ver más allá de las lógicas convencionales de que la cooperativa se agota en su hacer hacia adentro, con los asociados, a lo sumo con sus familias, y que lo social es un hecho aislado del cumplimiento del objeto social (ahorro y crédito con solidaridad), sin mirada integral, perdiéndose la potencialidad de incidir externamente y en alianza con otros, para incidir y transformar personas y territorios.

 

En buena hora la celebración de 45 años de existencia, rodeados de una base social, conformada por 290 mil personas, representadas en 160.000 asociados, 120.000 ahorradores y 10.000 personas vinculadas a través de Fomentamos, que incluye un grupo poblacional popular sin acceso a los servicios financieros institucionales, condición que lo expone, por su vulnerabilidad, al círculo vicioso del paga diario o gota gota. De ahí la importancia de Fomentamos, instrumento para servir a los más pobres (81% mujeres) y hacer posible hechos extraordinarios, como poder tener tanto ahorro como crédito. Sus programas están vigentes en los barrios populares de Medellín y en el área Metropolitana; recientemente lo llevamos a la región de Urabá en alianza con el Departamento de Antioquia y la Diócesis de Apartadó. El sueño es tenerlo en el 2018 en la ciudad de Bogotá.


Confiar y el territorio

 

Despáchame rapidito que tengo la olla en el fogón, le dice una asociada a uno de los cajeros de Confiar en una agencia de un barrio popular, esa expresión coloquial llena de voz de vecindario, es una acción trascendente de cooperativización y cercanía; distinta, muy distinta, a la vinculación a un Banco y el retiro en una de sus ventanillas, donde se consolida un hecho propio de lo que hoy se denomina bancarizar.

 

A propósito de esta apuesta social de Confiar por los territorios, es importante resaltar la creciente presencia alcanzada, con 48 agencias en los departamentos de Antioquia y Boyacá, y las ciudades de Bogotá, Pereira, Villavicencio y Yopal; además del complemento extraordinario que hace la agencia virtual que nos interconecta con todo el mundo, más la Línea Confiable –Contact Center– que completan la estructura operativo, de promoción, de servicios y contacto.

 

Una presencia para la vida. Una agencia Confiar en un territorio es una atalaya solidaria de esperanza para la promoción y vínculo solidario con la comunidad, para hacer posible el Bienvivir, para mejorar el hábitat con la vivienda, para dar cobertura y protección exequial familiar con la red funeraria solidaria Los Olivos, para dar la mano con las microfiananzas, para llevar servicios apoyados en la tecnología y el tejido de las redes electrónicas como cajeros electrónicos y datáfonos, para el uso de las Tarjetas Débito y Crédito, que operan bajo la franquicia Mastercard, y que Confiar lleva al barrio a tarifas cercanas y razonables, diferenciadas frente a lo que cobra la competencia y en muchos casos exentas de cuota de manejo, como es el caso de no cobro en Tarjeta Débito para 17.140 asociados por tener aportes sociales superiores a un millón de pesos, condición especial que durante el 1° semestre implicó para la Cooperativa un menor ingreso por $567 millones, considerado como una genuina transferencia solidaria.

 

A propósito de los medios de pago electrónico, nos regocija un reciente informe de la Superintendencia Financiera que señala que la tasa de interés cobrada por Confiar en Tarjeta de Crédito es la más baja del mercado, comparado con los demás emisores de tarjetas del mundo bancario.

 

Otra experiencia de asociatividad solidaria territorial son los acueductos veredales, a los cuales les brindamos el servicio de recaudo, y en otros casos crédito para la compra de tierras donde nacen las aguas, acciones bellas de resistencia, aunadas a la organización y capacitación para la defensa y contención del avance privatizador del capital que no reconoce la valía de este tipo de iniciativas de la economía popular. Es muy destacada en este campo la alianza solidaria que tenemos con la Corporación Penca de Sábila, que de manera especial lidera una propuesta nacional en defensa del agua como bien de mérito humano y no como objeto de consumo o mercancía.

 

Confiar en la vivienda

 

A propósito de círculos virtuosos, existe uno de marca mayor, desarrollado en los últimos 10 años de la vida de Confiar en la vivienda, propósito al que le hemos dedicado los mejores esfuerzos, avanzando en generar soluciones y alternativas de apoyo en el desarrollo de la Plataforma Solidaria; en esa búsqueda nació Sólida vivienda y hábitat solidarios, que ya casi ajusta tres años y tiene a su haber la construcción de más de 1.000 soluciones de vivienda levantadas en los municipios de Bello, Apartado y Sogamoso en alianza con constructores, Plataforma que se apresta a desplegar su capacidad con un proyecto en el sector del Barrio Paris en el municipio de Bello.

 

A esta gesta de la década hay que sumar la financiación con crédito a constructores por parte de Confiar, cifra que sobrepasa los 250.000 millones de pesos, lo que ha permitido la construcción de más de 10.000 viviendas y la financiación a los compradores. La cartera de créditos hipotecarios, tanto de vivienda nueva como usada, consolida una cartera cercana a $300.000 millones, incluyendo la cartera titularizada en diciembre pasado por $47.000 millones. Más de 13 mil deudores hicieron posible el sueño de una vivienda propia por el respaldo de Confiar y gozan hoy, en unión de sus familias, de un patrimonio propio.

 

En el círculo virtuoso de la vivienda hay que agregar el aporte valioso hecho para la generación de cientos de empleos, más el legado habitacional y de gran impacto de hábitat, como son los casos de transformación en los municipios de Bello, Apartadó, Tunja y Duitama, rinconcito boyacense donde somos reconocidos como la entidad hipotecaria solidaria por excelencia.

 

En este apartado de la vivienda es necesario destacar el reconocimiento realizado por Findeter a Confiar, al valorarnos como la entidad más destacada por su compromiso con la vivienda de interés social en el país durante el año 2015.


Confiar en la cultura

 

Pero no todo está determinado por los servicios financieros solidarios, no, el espíritu de la construcción colectiva también pasa por la cultura y la acción política. Confiar en la cultura nunca dará ganancias económicas pero sí de otros órdenes, ya que esa acción es soñar sin medida. Una expresión de esta afirmación está en la producción de la Línea Editorial, con más 125 mil ejemplares publicados entre libros, cuadernillos y minicuentos que compartimos de manera gratuita con nuestra base social y la comunidad, haciendo presencia, además, en las ferias del libro de Bogotá y Medellín.

 

Es un hecho de carga simbólica y de reconocimiento público el concepto de Confiar en la cultura, expresado en el compromiso con lo bello, lo bueno y lo verdadero; categorías de lo estético, lo ético y lo político. En este espíritu incluimos expresiones como la Casa de la Cultura y la Cooperación de la ciudad de Medellín, el apoyo a festivales como el Internacional de Poesía de Medellín, el de la Cultura de Boyacá, el de Cine Ojo al Sancocho (Bogotá), el Alternativo de Teatro de La Candelaria (Bogotá), el Concurso Internacional de Fotografía dedicado a destacar el mundo del trabajo, promovido por la Escuela Nacional Sindical, el Premio Internacional de Jóvenes Ilustradoras de Tragaluz Editores, el Foro anual de Solidaridad, la Plataforma Mujeres Confiar, el Programa de Becados y los Enclaves Juveniles acompañados por la Fundación Confiar. A esta muestra bien vale la pena agregar el apoyo al Premio de investigadores jóvenes Jorge Bernal, que tiene convocatoria Nacional y se realiza desde hace 5 años.

 

Porque el presente es Confiar, el futuro es la Paz

 

Este, que es el giro que le hemos dado a la letra de nuestro jingle, es un reflejo categórico de una intención que coincide con nuestra vocación ciudadana y política por la paz y la fraternidad. En este proceder, tiene sentido el apoyo brindado a la campaña del Sí en el plebiscito por la paz y de apoyo a los acuerdos alcanzados entre gobierno e insurgencia, y en esta perspectiva nuestra intención de abrir una agencia en el municipio de Dabeiba, territorio damnificado y minado por la guerra y la acción concurrente de diferentes actores armados. En estas pequeñas decisiones está el espíritu de Confiar de ser, como siempre, actor de primer orden en la construcción de un país más humano, solidario y equitativo.

 

Trabajar en Confiar: Parte orgánica de la vida, una escuela y un lugar de crecimiento

 

Con las palabras anteriores, retomadas de una investigación realizada recientemente sobre la cultura laboral en Confiar, ponemos de manifiesto una conclusión que es contraria a lo vivido generalmente en el trabajo alienado o enajenador del mundo del capital, que rompe radicalmente entre la vida del trabajador y el tiempo del trabajo; en este último la vida se detiene, cesa, y los seres humanos se ven obligados a ser otros, distintos al que tiene sueños para sí y su entorno. Por el contrario, en Confiar resaltan que su conocimiento es valioso, condición que les permite crecer laboralmente, y sienten una gran valoración por el mejoramiento y transformación de las diversas dimensiones de sus vidas, son ellos mismos.

 

Una confirmación de lo anterior se expresa también en los resultados recientes de una encuesta interna, donde El 98 por ciento de los empleados que tienen una experiencia laboral anterior, afirmaron que Confiar es mejor empleador por: ambiente laboral, beneficios recibidos, oportunidades de aprender y la naturaleza cooperativa.

 

Asimismo, el 98 por ciento de los empleados encuestados dijo que volverían a trabajar en Confiar, en caso de retirarse. Esta afirmación se ratifica con el regreso de 50 empleados que volvieron a multiplicar el Inventico, luego de probar en otras experiencias laborales.
Todo lo anterior es producto de la aspiración que tiene la dirección y administración de la Cooperativa de generar una marco de políticas y clima laboral que vaya más allá de las condiciones contractuales normales y que se expresan, además, en la estabilidad y la remuneración salarial, en un Programa de bienestar laboral que incluye primas extralegales, crédito para solución de vivienda, crédito educativo, becas, auxilios económicos y otros acciones para el Bienvivir.

 

Es plausible el inmenso esfuerzo de los más de 650 empleados por mantener a Confiar en pleno proceso de crecimiento y consolidación, por contribuir con su hacer laboral y de servicio a la esencia Institucional solidaria y cooperativa para responder y hacer posible mediante los productos, canales y servicios, la Oferta de Valor que esperan los asociados y ahorradores.

 

Visión de otro mundo del trabajo posible, sintetizada por una de las muchas respuestas recogidas recientemente en un estudio realizado al interior de la Cooperativa: “Trabajar en Confiar es realizar las labores diarias con gusto. Es saber escuchar. Es entender que el reto de la dificultad en la labor genera conocimiento. Es tener la mejor actitud, atender con gusto al público y terminar procesos de manera rápida y efectiva”. Expresión recogida grupos focales de empleados, estudio Corpozuleta.

 

Nuestra Imagen cambió pero la esencia de nuestro origen continúa

 

Este cambio retoma y resume el resultado de un estudio de lo que significa la marca Confiar, realizado entre los asociados y ahorradores a nivel nacional, del cual se concluye un altísimo nivel de aceptación y complacencia por el nombre de la Cooperativa, además de hacer una significación metafórica de ver a Confiar como una mujer, que es decidida, que arriesga, agrupa, convoca, de mente abierta, incluyente y diversa. Que respeta las diferencias, que abraza, es cariñosa y humana; se preocupa por el bien común, es solidaria, generosa y enseña.

 

En este estudio, de igual manera, los participantes señalaron con énfasis que ya era hora de intervenir la presentación de la marca, cuestionando especialmente el sentido gráfico de la hormiga y los pinos, así como la tipografía de la letra del logo. Fue por eso que, recurriendo a expertos en estos temas, dimos el salto de cambiar la forma de presentar la marca, preservando el color verde que le caracteriza y recurriendo a una tipografía en minúsculas, con formas redondas que generan cercanía y amabilidad, con un grosor que representa seriedad y solidez.

 

La marca de conjunto, desprendida de los pinos y la hormiga es más limpia, y genera mejor imagen visual, resaltando el juego de la letra “n” que recibe la “o”, como una expresión de apoyo, ayuda mutua y reciprocidad. Pero, más allá de esta explicación técnica, es darle sentido a la resignificación de la celebración de los 45 años de Confiar, que con el pasar del tiempo y su virtud de proyecto colectivo entendió que ya no era la pequeña cooperativa de los trabajadores de Sofasa “Cotrasofasa” y tuvo la capacidad de trascender a Confiar, un proyecto más amplio, más abierto, más plural, pensado ya no solo en términos de trabajo si no igualmente de territorio.

 

El Confiar de hoy, reconociendo su inmenso valor, también necesita relanzarse, autoreconocerse en sus potencialidades, para acoger y mantener la base social vinculada, con proyecciones posibles: hay que pensar y acometer, sin temor, la meta de llegar en los próximos 5 años a una base social de 500 mil personas.

 

Si Confiar supiera todo lo que sabe, decimos con frecuencia y este cambio de imagen, asimilado sin nostalgia, es un reto para entender que el bolero y el porro son músicas bellas, que incluso pueden ganar en calidad y cadencia al ser interpretadas en otros instrumentos y con otros arreglos a los convencionales, como sucede con las músicas urbanas; transformaciones que no podemos temer ni desconocer pues hacen parte de la simbiosis de nuestras culturas; simbiosis que tanto en el mundo cooperativo como cultural lleva a nosotros a través de nuestros nuevos y futuros asociados. Bienvenidos.

 

A manera de epílogo

 

En una reciente visita a la ciudad de Bogotá con motivo del lanzamiento del libro Fidel en palabras de Fidel, alguien se me acercó a dar las gracias, acotándome que el comentario que me quería hacer no era sobre el libro, que obviamente le parecía importante, para él lo más relevante de la noche era la noticia de que Confiar en 45 años mantuviera vinculadas 290 mil personas, que le contara el secreto para semejante logro pues pocas veces los proyectos alternativos tienen esa fortaleza o virtud de lograr tener tanta gente junta y restablecer el hilo moral de vínculos humanos que esta era de la cultura liquida y consumo descose y destruye sin pudor.

 

Le dije que el secreto era una suma de muchas cosas: convicción, persistencia, paciencia, honradez, coherencia y una confianza enorme de la gente en el Inventico de Confiar, porque además en el último año, los 160.274 asociados vinculados al corte de julio, en promedio mensual, aportaron $1.613 millones en Aportes Sociales, para un crecimiento anual del 27 por ciento, pasando de $71.841 millones a $91.202. A renglón seguido me dijo, tantos y poniendo platica, mucho mejor...

 

Esa son las valoraciones que tienen de nosotros, y que muchas veces pasan desapercibidas.

 

Celebremos estar juntos para movilizar ahorros por $592.000, para tener operaciones de crédito que hoy constituyen una cartera por $766.000 millones, de la cual $293.000 (el 38%), está destinada a vivienda, incluyendo $38.000 millones de crédito constructor.

 

Juntos para hacer viable la presencia de Confiar en 48 microterritorios, sirviendo a nuestros asociados, sus familias y la comunidad, irradiando el pensamiento y la cultura solidaria, haciendo desarrollo al estilo del economista brasileño Celso Furtado, “Un proceso de activación y canalización de fuerzas sociales, de avance en la capacidad asociativa, de ejercicio de la iniciativa y de la inventiva. Por lo tanto, se trata de un proceso social y cultural, y sólo secundariamente económico. Se produce el desarrollo cuando en la sociedad se manifiesta una energía capaz de canalizar, de forma convergente, fuerzas que estaban latentes o dispersas”.

 

Medellín, agosto 15 de 2017.

 


Hitos de nuestra historia

 

• 3 de julio de 1972: 33 trabajadores de Sofasa dan origen a Cootrasofasa.

• 1981: huelga en Sofasa. Un centenar de trabajadores son despedidos

• 1982: la Cooperativa crea la figura de gerencia, asumida por uno de los trabajadores despedidos en el diciembre nefasto de 1980, Oswaldo León Gómez; le acompañaron Blanca Estela Zapata y dos de los experimentados empleados responsables de la contabilidad: Carlos Silva y Dora Elena Oquendo.

• Mayo 26 de 1984: 39 trabajadores conforman la subdirectiva de la Cooperativa en Duitama, Boyacá.

• 1990: Cootrasofasa da paso a la Caja Cooperativa de Trabajadores, con el propósiti de romper el cerco del descuento por nómina pasando a la vinculación combinada de asociados y ahorradores, asalariados e independientes.

• 1992: La Caja Cooperativa de Trabajadores da paso a Confiar Caja Cooperativa.

• 2000: Confiar Caja Cooperativa avanza hacia Confiar Cooperativa Financiera.

• 2009: Crear Cooperativa entra a ser parte de Confiar, potenciando su línea de crédito hipotecario.


 

Postcapitalismo, entre cooperativismo y economías solidarias

En el recurrente debate sobre el postcapitalismo y sobre el lugar que podrían ocupar en nuestras sociedades economías otras, alternativas al neoliberalismo global, atraen nuestra mirada experiencias como las de la economía solidaria y las del célebre, y ya histórico, experimento de los “tejedores de franela” del Distrito inglés de Rochdale.

 

En esta última, como es conocido, los socialistas cristianos, enfrentados a los cartistas defensores del “sufragio universal” y de la Reforma social contenida en la simbólica “Carta del pueblo”, abrieron en 1844, con sus pequeños aportes monetarios, un almacén cooperativo de proveeduría de algunos de los alimentos básicos, al tiempo que con audaz ingenio establecían un nuevo tipo autogestionario de relaciones económicas de propiedad y de participación social en el resultado de su actividad cooperativa. Fundacional episodio que atrae la atención del mismo Marx, quien lo cita en El Capital1, pero también atrae la atención de un periódico de la época (1866) cuyo director, horrorizado, comentaba que: “estos ensayos ¡no dejaban sitio visible al capitalista!”.

 

Con este experimento aquellos intrépidos pioneros gestaban, sin saberlo, el moderno paradigma de la cooperativa y del cooperativismo, que si bien en más de ciento ochenta años de historia consiguió convertirse, según Naciones Unidas, en el más grande movimiento económico y social a escala mundial, no logra, sin embargo, esta forma democrática de organización de la actividad económica o de una economía otra existente, su hegemonía en ninguno de los países capitalistas ni en los de los socialismos realmente existentes, asi Lenin imaginara, en el Programa cooperativo de 1923, la economía soviética como la de una gran cooperativa y que, en palabras del líder de la revolución de 1917, “No necesitamos ahora ninguna otra clase de sabiduría para pasar al socialismo”2.

 

Pese a ser valorada así esta renovadora economía por estos dos grandes pensadores revolucionarios, que con sus fundamentos y quehaceres claramente controvierte la racionalidad lucrativa y las lógicas sociales del mercado capitalista, por sus propias debilidades institucionales, liderazgos y burocracias empresariales, como por la dominancia de los poderes centrales del capital y de los mismos del Sur global, no ha pasado ni pasa de ser una economía subalterna a éstos. No obstante beneficiar y servir, como lo hace, a miles de millones de familias trabajadoras, campesinas y de las más variadas comunidades en países de los cinco continentes. Igualmente, con desconcertante impotencia esta particular economía es, históricamente, sometida a los complejos circuitos económicos de la reproducción del capital y a sus especificidades en cada uno de los países y, con comprobadas evidencias, por el actual proceso de globalización neoliberal en curso.

 

Como consecuencia de esta constricción, o de las características de ser una economía cooperativa o paradigma proveniente del continente europeo, en latente disputa desde el siglo XIX con la hegemónica economía capitalista; ahora también ocupa destacado lugar la alentadora emergencia del nuevo paradigma de las economías solidarias –así, en plural–con otras narrativas, repertorios, formatos y potencialidades, desde las más diversas comunidades, colectivos de trabajadores/as desalarizados, campesinos, pueblos ancestrales y pobladores/as de las periferias urbanas de los países del Sur global. Los variados tipos, clases o formas etno culturales que asumen estas economías parecen más aptas para encarar y resistir la devastación social, económica, ambiental y cultural ocasionada por el cada vez más deslegitimado proyecto neoliberal.


Al ser así, no extraña, por tanto, que reconocidos investigadores de la economía solidaria, como Luis Razeto, en su obra “Los caminos de la solidaridad”, asegure que para su promoción en este continente contribuyó el discurso del Papa Juan Pablo II ante la Cepal en 1987, al plantear con vehemencia la idea de una economía de la solidaridad como esperanza para mejorar las condiciones de vida de los habitantes de América Latina.

 

Aunque todo parece indicar que fue en el Foro Social Mundial (Porto Alegre, Brasil, 2001), en donde esta economía otra adquiere dimensión global, legitimidad; década en la que también adquiere en algunos países de la región, incluida Colombia, legalidad en sus normas nacionales, adoptadas por sus gobiernos, unos derivados de los progresismos que irrumpieron a comienzos del siglo XXI en Nuestramérica, y otros exigidos por las múltiples resistencias de los nacientes nuevos sujetos sociales territorializados contra/neoliberales del ciclo político de comienzos del presente siglo, o por los del reciente ciclo, más radicales, que apuestan por mañanas posibles postcapitalistas.

 

Sea cual sea la narrativa de su creación social y la de sus orígenes, las economías solidarias y otros tipos de economías autogestionarias de mutua ayuda, comunales, comunitarias o ancestrales solidarias, entre tantas, ocupan hoy centralidad en las alternativas y en las agendas políticas de los/as que rivalizan por una profunda democracia participativa para la reproducción de la vida y la conservación del planeta y no, como ocurre, para la reproducción sólo del capital.

 

¿Cooperativismo para la Colombia del posacuerdo?

 

Pretendemos ahora una narrativa que nos aproxime a la historia escrita, con sus prácticas y quehaceres cotidianos, por el cooperativismo colombiano, de una parte, y de otra, a los intentos de la economía solidaria por habitar con la debida legitimidad entre nosotros. Con tal propósito bien procede el siguiente y breve relato, que sin agotarlo o resultar suficiente, intenta caracterizar los rasgos y las tendencias de cada una de estas singulares economías otras, y que en Colombia, sin mayores dudas, desafían de manera implícita o abierta a la dominante del capital.

 

La historia propia de como anidó en el país el capitalismo, primero en los enclaves de plantación y energético mineros, y después en las principales urbes, configuró un tipo institucional de cooperativa y de cooperativismo, que este autor en los años ochenta designó como el “modelo histórico”. De “vínculo societal cerrado”, circunscrito a las más importantes empresas o instituciones públicas, con predominio de un sujeto cooperativo asalariado y laboralmente activo. Cultor de una mentalidad más asistencial y paternalista que empresarial y solidaria, instituyente de una suerte de sentido común o de convicción cultural carente de total sentido de propiedad y pertenencia; más de cliente ocasional o de usuario que de ser propietario-autogestor.

 

Estas nocivas subjetividades o economismo, en millones de los miembros de su “comunidad societaria”, como es bien sabido, lastran secularmente al movimiento cooperativo para ser activa fuerza social de luchas y resistencias. Así se configura, en lo fundamental, un específico paradigma nacional de cooperativa y de cooperativismo urbano centrado en las principales ciudades y articulado a las tramas de los circuitos económicos de la reproducción del capital nacional y transnacional.

 

En tanto, a contrapelo con las activas dinámicas del “cooperativismo urbano”, la presencia de la economía cooperativa en los territorios sociales de la diversa geografía rural nacional, revela históricamente unas realidades por demás inconvenientes a las mayores demandas y urgencias de sus variados pobladores/as. Circunstancia ésta que plantea más interrogantes y pendientes que acumulados o experiencias exitosas. Sin dejar de reconocer, desde luego, los más conocidos y algunos ejemplarizantes “modelos cooperativos agropecuarios”, que sólo cambian sus actividades económicas y, con excepciones, los acostumbrados aportes monetarios por aportes en especie o en productos. Pero, en lo fundamental y en general, comportan el formato tradicional de la “urbanas”.

 

Entre tales modelos, los más significativos e importantes por destacar serían los promocionados por la Reforma social agraria de 1961, que en sus inicios, sin mayor autonomía, fueron gestionados por los “Directores de proyectos” del Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, Incora. En 1974 registraron 27 entidades y en 1985, su mejor momento, 28.000 asociados. Por la importancia alcanzada fueron articuladas a la Central cooperativa Cecora. Acotar finalmente que, fracasadas como la misma Reforma agraria, son liquidadas.

 

Otras serían las cooperativas de los gremios cafetero, algodonero, ganadero y lechero; estas últimas, y con resultados exitosos, aún perduran (Coolechera, Ciledco, Colanta, entre otras). Al igual que las cooperativas de productores de café, agenciadas por la Federación Nacional de Cafeteros, con almacenes de provisión agrícola y dedicadas solo a la comercialización del grano, la actividad menos rentable. También las cooperativas de ganaderos, con servicios de asistencia técnica, veterinaria y proveeduría pecuaria. Así como algunas cooperativas mineras, entre ellas las de extracción del carbón. En tanto, las tan solicitadas o demandadas, de medianos y pequeños campesinos nunca existieron, y las constituidas, entre las mencionadas de la segunda Reforma agraria del siglo XX, buen número de ellas desaparecieron, acrecentando así las históricas exclusiones y frustraciones de esta “otra Colombia” olvidada.

 

Finalmente, cabe anotar que estos tradicionales modelos cooperativos, urbanos y rurales, en gran medida correspondieron en sus características a las condiciones específicas del capitalismo colombiano del siglo XX, lo que podría indicarnos que serían éstos los más inapropiados en las disputas con el actual capitalismo neoliberalizado del siglo XXI. Como a finales del siglo pasado, con probada evidencia, dio cuenta de ello la liquidación y desaparición de miles de cooperativas, sobre todo urbanas, y de algunos Fondos de Empleados, hecho que produjo incalculable afectación económica para cientos de miles de sus asociados/as y de sus familias.

 

Agregar, por tanto, a modo de reflexión, más bien de incertidumbres, los siguientes interrogantes: ¿Serán estos “cooperativismos históricos” o tradicionales –urbanos y rurales–realmente existentes en Colombia, los más idóneos para implementar la Reforma Rural Integral del Acuerdo firmado con la insurgencia armada de las Farc? ¿Podría ser esta la oportunidad, siempre negada o excusa, para con sentido otro “reconfigurar” de manera radical el viejo paradigma cooperativo y su “tradicional” geografía, formas, estructuras y arquitectura de articulación, coordinación, representación y poderes; así como en sus tipos y, sobre todo, en sus prácticas y quehaceres constituidos? ¿Remozar o refrescar sus liderazgos y, desde abajo, refundar un “cooperativismo constituyente”, verdaderamente transformador de las relaciones sociales propias –cooptadas o constreñidas– y fundamentalmente de las liberales dominantes en nuestra sociedad? ¿Es sólo el paradigma de la cooperativa y el del cooperativismo el medio más expedito para construir en y desde los territorios, históricamente olvidados, una Paz que sea estable y duradera?

 

La economía solidaria, ¿una desconocida?

 

Resta sólo abordar, como mirada de la visión contractual dominante en Colombia, el desconocido imaginario social de la economía solidaria. Deriva del desgraciado y nefasto colapso del cooperativismo “financierista” de finales de los años noventa del siglo pasado, así denominado por privilegiar y operativizar lógicas y prácticas exitosas unas, y non sanctas otras, transmutadas sin mayores reparos de la banca liberal. Episodio que implicó, como es bien conocido, la pérdida de sesenta “cooperativas financieras”, las más grandes de todas las cooperativas de la época, y de tres Bancos (Uconal, Bancoop y Coopdesarrollo), éste último transformado en sociedad anónima capitalista con la razón social de Megabanco.

 

Por el derrumbe de este extraordinario “sistema financiero” autogestionario popular –valorado por entendidos y este mismo autor como el más grande y único jamás construido en el país por trabajadores/as o movimiento social alguno–, el gobierno, como suele ocurrir con la mayoría de las políticas públicas, no indemnizó al movimiento cooperativo nacional. Años después, en la administración de Samper Pizano y con la inesperada iniciativa de un sector de los cristianos en el Congreso de la República, tramitan y sancionan la Ley 454 de 1998. Norma que, por lo demás, también reconoce jurídicamente la existencia de la “extraña” economía solidaria –ignorada, a soslayo, por las élites o burocracias de la institucionalidad cooperativa–, no obstante habérsele reconocido la “nacionalidad” diez años antes en el Capítulo Preliminar, numeral 3 del artículo 1°, de la vigente “Legislación cooperativa” (Ley 79 de 1988).


Esta afortunada casualidad de la nueva normatividad especial tiene, visionariamente, la virtud en su Capítulo primero, de crear legalmente y explícitamente el Marco conceptual de la Economía solidaria. Definida como un sistema económico social, cultural y ambiental, conformado por el conjunto de las fuerzas sociales –no sólo trabajadores– organizadas en formas asociativas. Identificada por prácticas autogestionarias solidarias, democrática y humanistas sin ánimo de lucro. Para el desarrollo integral del ser humano, como sujeto, actor y fin de la economía.

 

Definición que supera, de esta forma, la tradicional noción de “sector” de la economía cooperativa y de subordinación a la economía estatal y capitalista. Al mismo tiempo, y a contracorriente de la teoría liberal, instala en el centro y razón de la actividad económica al ser humano. Establece, asimismo, once Principios guías e identidad de esta otra economía, que a diferencia de los siete Principios Universales del cooperativismo, los amplía a nuevas dimensiones, con la primacía del ser humano sobre el trabajo, los mecanismos de cooperación solidaria y de los medios de producción. Hace explícito, de igual manera, el carácter de la propiedad asociativa solidaria sobre los medios de producción, contraria al de otros tipos de propiedades. También enfatiza en la promoción de una cultura ecológica.


De otra parte, igualmente de forma novedosa, establece en general los Fines de la economía solidaria. Con finalidades expresas y por demás insólitas entre nosotros, de generar y consolidar una corriente vivencial de pensamiento solidario, crítico y emprendedor como medio para alcanzar la paz de los pueblos. Asimismo, propende por el ejercicio de la democracia participativa, y por la activa participación en el diseño y ejecución de planes, programas y proyectos económicos y sociales territoriales.

 

Igualmente, propende por garantizar a su comunidad societaria solidaria la participación en el trabajo, la propiedad, la formación e información, la gestión y distribución equitativa de beneficios sin discriminación alguna. De igual forma, este aludido Capitulo establece con claridad las características de las organizaciones asociativas solidarias y el carácter que deben tener y cumplir en general dichas organizaciones para ser reconocidas como tales.

 

Este resumido perfil jurídico-conceptual de la emergente y legalizada, en Colombia, economía solidaria, a mi modo de ver, por sus peculiaridades, formatos y demás características reales y jurídicas, parece comportar mayores flexibilidades y ventajas superiores en las, de por sí, complejas disputas y conflictos con el reconfigurado o neoinstitucional capitalismo del siglo XXI.

 

No obstante tales potencialidades resulta, eso sí, bien “extraño” que pasadas cerca de dos décadas de dicha normatividad especial no haya recibido el impulso y despliegue requeridos por ninguno de los subsiguientes gobiernos, obligado a su protección y promoción; ni por la élite y burocracias de la alta institucionalidad del cooperativismo o por los liderazgos de la numerosa comunidad societaria cooperativa. De otra parte, también llama la atención que las diversas organizaciones, movimientos sociales, nuevos y los radicales, así como algunos grupos políticos de las llamadas nuevas izquierdas, que la hicieron visible y mundializaron en sus múltiples resistencias, tampoco hayan “legalizado” o las haya atraído aquel referente jurídico-conceptual para sus construcciones, apuestas y proyectos de economías solidarias, que incluso, con evidente anterioridad a éste ya habitaban cotidianamente sus quehaceres, no únicamente de sobrevivencia y resistencias sino también con horizontes poscapitalistas.

 

Razones que, igualmente, conducen a algunos interrogantes o reflexiones para explorar y experimentar, desde las dimensión económico-social, alternativas que el actual ciclo político de posacuerdos con las insurgencias armadas, pactado o en proceso de ello, puedan sortear o rehuir nuevos y mayores fracasos en esta época que vivimos, de incertidumbres y de creciente polarización entre el miedo y la esperanza3.

 

En consecuencia, ¿Será este emergente imaginario y paradigma de las economías solidarias, en sus múltiples formas y clases, el más indicado para construir, desde abajo y con democracia directa constituyente, la negociada paz estable y duradera? ¿Es con una creativa o audaz diáspora de economías cooperativas radicalmente reconfiguradas, de economías solidarias, comunales, comunitarias y de otras iniciativas asociativas autogestionadas solidarias populares, la más apropiada para, de manera multidimensional, construir la paz anhelada? En contraste, ¿Será la Paz neoliberal del gobierno, las agencias de cooperación y los organismos multilaterales la que asegurará a los territorios y a sus pobladores que sea estable y duradera?

 

Con todo, y más allá de las alternativas exploradas o experimentadas, este no deja de ser nuestro más grande, controversial y difícil desafío en el actual horizonte de la geopolítica y geoeconomía continental y mundial, para cambiar, ahora sí, el rumbo de nuestra larga historia, y por siempre desterrar los cien años de soledad, incertidumbres, miedos y desesperanzas que vivimos.

 

Bogotá, D. C., julio de 2017

 

*Economista - especialista en cooperativismo y economía solidaria..

1Tomo I, p. 368.

2Obras Escogidas, Tomo 3

3De Sousa Santos, Democracia y transformación social, 2017.

 

 

Liberando la madre tierra, el corazón y los pensamientos

Del 3 al 6 de agosto se llevó a cabo en Corinto –Cauca–, el primer encuentro internacional de liberadores y liberadoras de la Madre tierra, un espacio de tejido político e intercultural, de conocimiento y cariño mutuo, para intercambiar experiencias, generar lazos de solidaridad y alzar la voz ante la inminente destrucción del planeta, así como darle vida a un proceso de liberación más amplio, pues, como dicen los nasa que lideran este proceso,: “liberar la madre es escuchar su llamado de rebeldía, liberar el pensamiento y el corazón”.

 

Es de resaltar que a pesar de tener el respaldo de las instituciones indígenas como cabildos, la guardia indígena o la Chab Wala Kiwe –Asociación de Cabildos Indígenas del Norte del Cauca (Acin), el encuentro es el producto de una iniciativa acordado por los espacios comunitarios de base y puesta en marcha hace aproximadamente un año; por su naturaleza de autonomía y autogestión se financió exclusivamente con aportaciones solidarias. En palabras de Paulina, comunera nasa del resguardo indígena Páez de Corinto: “Este encuentro, para nosotros como liberadores, era muy importante porque permite conocernos con otros procesos y porque sirve para visibilizar la situación que vivimos acá, una situación de discriminación por parte del Estado”.

 

El encuentro

 

El evento comenzó resistiendo los embates del poder. En horas de la mañana del día jueves 3 de agosto del 2017 diferentes comuneros(as), cabildantes y miembros de la guardia indígena, que se encontraban ultimando detalles para recibir las diferentes delegaciones nacionales e internacionales que participarían en el encuentro, recibieron entre las 7 y las 10 am al gobierno de Colombia quien a través del Esmad (Escuadrón Móvil Anti Disturbios) arremetió y destruyó las instalaciones, los cambuches y los sitios de alojamiento preparados desde dos meses atrás para recibir las distintas delegaciones; por precaución la comunidad no confrontó y regresó al punto donde sucedieron los hechos.

 

Horas después, y en asamblea extraordinaria en el punto de liberación en Corinto, se decidió que el encuentro se mantiene tal y como se había planeado desde hace un año atrás ahí en el mismo punto de liberación. La comunidad liberadora entendió que lo sufrido era un ataque directo del gobierno nacional, los propietarios y/o administradores de los ingenios de caña y todo el aparato transnacional al servicio del sistema capitalista, actuando en contra de la liberación de la Madre Tierra. Un ataque más, pero como en los más de 200 desalojos realizados por la fuerza pública a lo largo de estos años los liberadores y liberadoras resistieron y, sin dudarlo, rehicieron como pudieron lo que en unos minutos destruyó el Esmad.

 

Así, con la dignidad y la alegría intactas, el segundo día se echó a rodar la conversa haciendo memoria sobre la experiencia del proceso de liberación, de tal forma que quedaran claras sus razones y sus sentidos. A continuación hicieron presencia las voces y las experiencias presentes, las cuales provenían de distintas geografías rebeldes y latitudes del planeta, entre ellas:

 

Semillas de la tierra y el sol (Suacha), Proceso del barrio Nueva Jerusalén (Medellín), Movimientos por la tierra y el territorio (Bolivia), Copinh (Honduras), La Sexta (México), Nasa tul (Cauca), Semillas del futuro –Proceso de etnoeducación de Caloto (Cauca), Crihu (Huila), Movimiento estudiantil al servicio del pueblo (Medellín), Alternativa popular (diferentes territorios del país), Sindesena (Medellín), Jubilados del magisterio de Antioquia, Proceso en defensa del páramo de Sumapaz (Fusa), Proceso de lucha en contra de la construcción del nuevo aeropuerto de París (Francia), Cabildo Nasa de Jumbo (Valle del Cauca), Movimiento juvenil regional y zonal Álvaro Ulcué (Cauca), Pueblos en camino (Cauca), Semillero investigativo y pedagógico de Tierra adentro (Cauca), Consejo Regional Juan Tama (Tierra adentro), Decoin –Defensa y conservación ecológica de Intag (Ecuador), Ríos vivos (Colombia), Asociación Puerto Valdivia (Antioquia), Comunidad de Paz de San José de Apartadó (Antioquia), Proceso en contra de la minería en Cajamarca (Perú y Colombia), Movimiento por los derechos del pueblo (Modep), además de individualidades procedentes por iniciativa propia desde sitios como: Valle del Sibundoy -Tabanok (Alto Putumayo), resguardo Embera Chamí San Lorenzo (Río Sucio, Caldas), Medio San Juan (Chocó), Medellín, Bogotá, Palmira, Cali, Ibagué, Popayán y, por supuesto el periódico desdeabajo. Después de escuchar las voces de estas iniciativas, colectivos, procesos de distintos orígenes y horizontes diversos, empezamos a “poner todas las luchas desde el corazón”.

 

El tercer día se realizó una lectura colectiva del contexto, no solo regional latinoamericano, sino del territorio en general, analizando amenazas y problemáticas que deja en las comunidades el avanzar del sistema capitalista, reflexión realizada por comisiones mediante su particularidad. De esta manera fueron abordadas realidades como la disputa en la academia y la educación, el tema de mujeres, de jóvenes, de lucha contra mega proyectos y claro esta, desde el mismo pensamiento ancestral. Para terminar, el último día se construyó una agenda común con el ánimo de proyectar un plan de vida, con acciones y posicionamientos a aplicar por parte de cada colectivo en su territorio.

 

El proceso de liberación fue reconocido por todos y todas como una iniciativa de vanguardia en las luchas anti capitalistas del país y el continente, pues confronta directamente el modelo arrebatando la tierra de las manos de quienes más la explotan, haciendo una reforma agraria de hecho, reforma imprescindible en Colombia para que, como lo reporta el informe de Oxfam sobre el censo nacional agropecuario, es el territorio más desigual en temas de tenencia de la tierra en todo Latinoamérica.

 

Valga resaltar que en el Encuentro quedó constancia de los problemas y las contradicciones vividas al interior del pueblo nasa, producto de la disputa interna en los resguardos y con las mismas comunidades por las dádivas –entre ellas el dinero– con que el Estado seduce, y en temas relaciones con el ejercicio del poder y el uso de la tierra, por ejemplo, con aspectos puntuales como los cultivos de marihuana por eso el proceso también impone una disputa al interior de las comunidades, allí se antepone a la forma de organización de la vida y la mirada imperante del capitalismo un horizonte ancestral que impone la crítica al sistema desde la re significación misma del mundo, no como recuperación, sino como liberación de tierras.

 

De esta manera el encuentro vivió su pleno desarrollo, las palabras se hicieron propuestas y tejidos para los diferentes procesos, así también la noche y con ella la música propia, la poesía, el rap, los cantos africanos y las gaitas que en su letras como en sus sonidos nos invitaban a continuar liberando a nuestra Madre; intercambio de otros saberes vividos y gozados bajo la luz cálida vespertina y la luna creciente acompañada de un cielo estrellado, los liberadores reímos, cantamos, tomamos chicha, nos hermanamos y nos dispusimos a seguir liberando la madre tierra, el corazón y los pensamientos.

 


 

Recuadro

 

El proceso de liberación de la Madre tierra inició en diciembre del 2014, producto del incumplimiento de lo acordado con el gobierno* a propósito la masacre del Nilo –diciembre de 1991–, en la cual fueron asesinados 21 indígenas por fuerzas oficiales y paramilitares.

 

Esta liberación es la vía de hecho tomada por el pueblo Nasa para hacer valer su dignidad pero, con un sentido más profundo, con la cual buscan no solo ampliar resguardos y que la tierra cambie de dueños, sino armonizar el territorio, respetándolo, dándole espacio a los espíritus, desarrollando una relación ambiental con el mismo, en un sentido de integración con la Madre tierra como parte de la gran casa que habitamos.

 

El proceso de liberación no ha sido ni fácil ni pacífico, así lo recuerda de manera continúa y persistente el Estado. En efecto el 9 de mayo fue asesinado por la fuerza pública, a sus 17 años, Daniel Felipe Castro. En esa misma jornada, en la que participaron unos mil comuneros, fue herido de gravedad el comunicador popular bogotano Pedro García, quien hasta hoy continúa en convalecencia. De igual manera, unas semanas antes, el día 23 de marzo, fue asesinado presuntamente por trabajadores de Incauca –propiedad del magnate Ardila Lüle–, el líder nasa Javier Oteca en mientras realizaba tareas de control territorial en la Liberación de la Madre tierra.

 

* Indemnizar a la comunidad del resguardo Huellas –Caloto– con 20.000 hectáreas.

Publicado enEdición Nº238
Miércoles, 26 Julio 2017 09:52

Cootrasofasa. Entre Envigado y Duitama

Cootrasofasa. Entre Envigado y Duitama

Un proceso con origen y cambios. Al iniciar la década del sesenta las cooperativas colombianas aún no llegaban a la cifra de 500, y su perfil se enmarcaba en lo tradicional: ahorro y crédito, consumo, comercialización y/o producción, como aconteció con las cooperativas surgidas a propósito de la “reforma agraria” de los años 60.

 

La función de las cooperativas era paliativa y complementaria, para suplir las necesidades personales o del grupo familiar.

 

Si bien la presencia del cooperativismo no era masiva, su idea había calado hondo en la masa de obreros de las fábricas surgidas en el país a propósito del impulso estatal a la industrialización nacional; también entre los trabajadores vinculados al sector financiero, entre los empleados oficiales y en algunas organizaciones comunitarias que encontraron en su práctica un punto de apoyo para el desarrollo personal y familiar.

 

Entre esas nuevas industrias nacionales Sofasa–Renault Colombia encontró un lugar de renombre a partir de su nacimiento en diciembre de 1972. Antes de ella, como producto de una licitación abierta para instalar en el país una ensambladora de automotores, ya existía Socofam; la fusión de ellas da cuerpo a la nueva sociedad, con sede en Duitama y Envigado.


El Taller 600

 

La nueva empresa generaba trabajo, pero el entorno social obligaba a blindarse ante las necesidades. El sindicato posibilitaba la organización para la defensa de los derechos colectivos. En los talleres el día a día traía nuevas afugias, el costo de la vida acosaba. Entre conversación y queja, entre anhelar y luchar creció, en el Taller 600, la idea de buscar soluciones al acoso cotidiano. “cooperativa” fue la palabra que más coincidía. “cooperativa”, caló entre las búsquedas. No conocían el germen de la asociación en Roachdale pero vivían premuras similares.

 

Entre los operarios del Taller 600 y los de la sesión de latonería pusieron a rodar la idea; la pregunta va y viene, al que sale del turno, al que llega al turno, en las conversaciones que hacen de sobremesa en los horarios de comida, en los escasos momentos de pausa. ¿Quiere hacer parte de la cooperativa? Este se llama Juan, aquel Alberto, éste dice que no sabe, el otro que tal vez, aquel que sí, que claro, que es necesario, todos dudan, ¿y esto que tiene que ver con el sindicato?, no se confunden las cosas; son paños de agua tibia: la lucha es por todo o por nada. Eso de las cooperativas es puro reformismo, así nos distraen de nuestros verdaderas luchas... Las dudas eran pertinentes, la discusión válida, y ambos sindicatos coincidían en el sentir de crear la cooperativa, incluso en 1971, en el primer pliego de peticiones, se incluyó la solicitud de un aporte de la empresa para conformarla.

 

Es así como el 3 de julio de 1972 nació la Cooperativa. No eran 28 como los Justos Pioneros de Rochdale, fueron 33 trabajadores que firmaron el acta de constitución de la Cooperativa de Trabajadores de Sofasa. El nombre de Manuel Jiménez figura como primer gerente, pertenece al sindicato de industria; para los demás cargos de la Junta le acompañan representantes de ambos sindicatos y algunos empleados no sindicalizados que laboraban en cargos administrativos de Sofasa. Sigifredo Córdoba, Rosendo Saavedra, Fermín Pinillos, Guillermo Ortíz, Ramiro Vargas.

 

Durante los primeros diez años de su existencia, los apoyos y acompañamientos, si bien tendían a los beneficios económicos, préstamos, financiaciones de artículos de hogar, no se contaba con la atención y disponibilidad permanente para prestar un servicio ágil y de cara a los afiliados. Pasado este tiempo, la nueva dirección que asumió su destino le inyectó un rostro que le otorgó familiaridad, cercanía, perfilando el interés humano de la cooperativa por sus asociados. Incluso se fue más a fondo, ganando madurez, lo cual quedó evidenciado en la relación establecida con el sindicato, potenciada por las dolencias de salud de sus afiliados –los mismos para uno y otro: los médicos que atendían las consultas generales dieron cuenta de los constantes cuadros de afectación gastrointestinal, presión laboral, dolencias respiratorias que alarmaron a sindicalistas y asociados de la cooperativa. Como respuesta ambas partes acordaron liderar la formación en Salud ocupacional, para lo cual diseñaron la campaña “Don saludable” cuyo énfasis en la prevención, cuestionó, a su manera, la indolencia de la empresa respecto al bienestar social de los trabajadores.

 

El eco del quehacer cooperativo llegó hasta Duitama. La región empezó a vivir un auge con la presencia de Sofasa. Quienes se vincularon a laborar allí provenían de zonas rurales, campesinos que traían consigo un legado socio-cultural que se remonta a las huellas indígenas y a los impactos del mestizaje que en la meseta cundi-boyacense definieron los acontecimientos históricos durante la Colonia y después en la constitución de la República. Dueños de una identidad local, la personalidad de los boyacenses suele desanclar su hermetismo para abrirse a las innovaciones si median en ellas las prácticas, los acuerdos o los beneficios colectivos. Martín Moncada, era uno de esos personajes que encarna en el perfil descrito. Estaba vinculado a la sede Duitama de Sofasa, allí coincidió con Ángel Gutiérrez, que provenía de Montería, en donde se había especializado en una tecnología en electricidad. En el año de 1979 llegó a la planta en Boyacá, donde sobresalió por la actividad sindical, coincidiendo con Martín Moncada en la idea de la cooperativa.


Como un antecedente de la misma, los dos trabajadores se aventuraron a promover la venta de carpas y vajillas entre sus compañeros en Duitama, era una decisión arriesgada por los antecedentes del Fondo de solidaridad Fedeso, cuyo pésimo manejo había generado un ambiente de desconfianza entre los trabajadores. El éxito inesperado que recogieron los motivó a dar un paso más, ensayaron con electrodomésticos y la acogida los dejó inquietos. La idea de atender requerimientos de los compañeros clamaba por una organización más sólida que garantizara una actividad continua, lo que los llevó a iniciar contactos con la Cooperativa de Trabajadores de Envigado con el propósito de organizar una sucursal en Duitama.

 

Y no le dieron espera al tema. Rodeados por un prado de numerosas flores que ambientaban la entrada del Club Recreativo Las Margaritas en las afueras de la población, 39 trabajadores firmaron el acta de constitución de la Cooperativa el 26 de mayo de 1984. Una máquina de escribir prestada y dos sillas conformaban la dotación de la primera oficina ubicada en el tercer piso del edificio El carey. Allí fueron llegando los afiliados y los que querían afiliarse. La afluencia y la demanda para atender los servicios era cubierta por los socios que se rotaban voluntariamente durante los días iniciales de la Cooperativa, lo que llevó a nombrar un director en propiedad. En agosto de 1984, Humberto Narváez se instaló en los escasos 3 metros de la oficina, en el estrecho espacio, amontonadas, cabían todas las expectativas de los trabajadores que se adhirieron al proyecto cooperativo identificados con una idea que les era muy suya.

 

De la lucha nace la esperanza

 

La puerta abierta entre Envigado y Duitama tiene otros antecedentes, en este caso determinados por la resistencia y la defensa de los derechos colectivos.

 

Miremos por el retrovisor. Los obreros recuerdan el amargo diciembre negro de 1980. En busca de fortalecer la lucha sindical se acordó la conformación de una Dirección Nacional que agrupara todas las sedes de Sofasa ubicadas en Envigado, Duitama y Bogotá. El trámite legal implicó el traslado de sede de la Dirección para Bogotá lo que a su vez derivó en la supresión de la subdirectiva en Antioquia, sus líderes quedaron sin fuero; el talón de Aquiles, así expuesto, lo aprovechó la empresa para golpear el sindicato: todos los directivos de Envigado y algunos de los trabajadores más beligerantes fueron despedidos en diciembre de 1980. Desprotegidos intentaron sortear la notificación de despido haciéndose incapacitar y ganar tiempo mientras lograban cubrirse con una resolución del Ministerio de Trabajo que nunca llegó –al menos a tiempo.

 

Las manos llagadas de los obreros despedidos no cicatrizaron en aquel diciembre; la operación cuchara que idearon los trabajadores para infligirse quemaduras como si fueran accidentes de trabajo no surtieron efecto, los despidos fueron irrevocables. La celebración navideña vino con la solidaridad sindical externa porque los fondos del Sindicato fueron congelados por una resolución del Ministerio de Trabajo que ordenó una “coincidencial” investigación de los fondos.

 

No hubo fiesta, pero se reunieron a ver la película Actas de Marusia que reconstruía la historia de las luchas mineras en la población salitre de Marusia, en Chile. Película que narra como, entre las amenazas, la cárcel y los asesinatos llevados a cabo para impedir la organización del sindicato, los mineros se enfrentaron decididamente a la represión ordenada por la compañía y ejecutada por el ejército. En 1925 los empolvados y áridos paisajes de Marusia se colorearon con la sangre de las personas masacradas, hombres y mujeres. Gregorio, el minero que encabezó la lucha oye la pregunta ¿Quién eres? Y asi mismo se responde “No sé quién soy pero me estoy buscando”. La pregunta quedó en el ambiente de aquella situación inédita entre los obreros de Sofasa, enfrentados a su realidad en ese incierto diciembre. Era de todos modos la consecuencia natural de la lucha, el sindicato seguiría su búsqueda.

 

Los despidos afectaron la organización cooperativa. Un trabajador despedido, era a su vez un afiliado menos. Los retiros se hicieron frecuentes. Y en el tire y afloje de esta coyuntura vino la huelga de 1981. ¿Triunfo o derrota? Las partes dan sus versiones, la consecuencia para la Cooperativa resultó paradójica: casi un centenar de trabajadores liquidados por la empresa, que si bien mermaban el número de afiliados, a la vez aumentaron los ingresos al capital –con el cubrimiento de las deudas de todos los trabajadores que debieron ponerse a paz y salvo al quedar por fuera de Sofasa.

 

Además del deprimente ambiente laboral, se debía enfrentar los embates del rumor, se hablaba de crisis financiera, de excesiva politización, de fachada sindical. Recelos de antiguos directivos despertaban sutilezas que intentaron desprestigiar la orientación dada a la Cooperativa “esa gente la va acabar”. Para contrarrestar ese ambiente y en busca de una dirección comprometida con el bien-estar de los trabajadores se decidió crear la figura de una gerencia que asumiera la administración y encaminara la entidad en su misión cooperativa y solidaria.

 

En febrero de 1982, uno de los trabajadores despedidos en el diciembre nefasto de 1980, Oswaldo León Gómez, asumió el reto, le acompañaron Blanca Estela Zapata y dos de los experimentados empleados responsables de la contabilidad Carlos Silva y Dora Elena Oquendo. La figura de gerencia no requería la pertenencia a la empresa, por eso las puertas que se habían cerrado para León Gómez se abrieron bajo la sombra de la Cooperativa, cuando tras los lentos años de crecimiento llegaron los vientos de renovación necesaria para darle solidez administrativa a la Cooperativa de trabajadores de Sofasa.

 

La Cooperativa había cuidado con recelo su capital financiero, y por lo mismo carecía de una dinámica para ponerlo a circular; las primeras decisiones apuntaron a atender las numerosas solicitudes de crédito que podían perfectamente cubrirse respaldados por los 11 millones de pesos que conformaban el capital producto de los aportes de sus 800 socios que figuraban al iniciar 1982.

 

Dos meses después del inicio de la nueva administración, se realizó la Asamblea General Ordinaria en la que reinaba un ambiente de entusiasmo y aprobación por la dinámica que ahora mostraba la Cooperativa. Con el aval de los afiliados, la nueva administración, acogida en un ambiente de confianza, anunció la reorganización requerida para garantizar el beneficio de los trabajadores y sus familias.

 


 

Cootrasofasa, Cooperativa de Trabajadores Limitada, Confiar Cooperativa Financiara

 

“[…] Se hace camino al andar”

 

Una historia cimentada en la solidaridad y en la búsqueda del bienestar se escribía en las dos sedes de Cootrasofasa, en ellas las páginas de su crecimiento aumentaban las imágenes que construyeron la memoria de los primeros 15 años de existencia, en especial las del lustro que abarca los años 1982-1987. 

 

Al hojear las fotografías que registran aquella época, en sus imágenes se visibiliza una dinámica que evidencia por qué se consolida lo que antes parecía un camino incierto. Espacios de capacitación que muestran el fortalecimiento teórico, el saber cooperativo se convierte en una herramienta permanente; entonces uno puede ver directivos, grupos de afiliados, familias descubriendo los motivos y principios que los unen en torno al ideal cooperativo (solidario); la presencia de Cootrasofasa en marchas, desfiles, el álbum es pleno en actividades recreativas, los paisajes cercanos, regionales, nacionales, son descubiertos a través de los programas que en Boyacá y en Antioquia se organizan, el deporte gana practicantes y la organización de torneos de ciclismo, fútbol y tejo, con la marca de la Cooperativa, llega a barrios y ciudades; las fiestas que a lo largo del calendario convocan a exaltar la familia, al trabajador, a la secretaria, a la amistad y al cooperativista, pululan en las páginas que con cariño guardan en las sucursales donde los custodian. Los cursos que permiten la adquisición de destrezas en una capacitación abierta al afiliado y a su grupo familiar, muestran el germen de una estrategia educativa que con el tiempo se estructura como el instrumento y la vocación esencial de Cootrasofasa. 

 

En sus archivos fotográficos podemos encontrar momentos que, paso a paso, construían la utopía. En una de las tantas imágenes vemos el Club Infantil La Hormiga: niños que son estimulados en la práctica del ahorro y del uso del tiempo; los Festivales de pintura se convierten en una de las tantas actividades creativas, y, luego, en otras fotos tomadas años después, vemos otros pequeños que dan continuidad a ese foco de la infancia. Otra fotografía nos entrega el recordado grupo de gimnasia, cuyas integrantes valoraron el cuidado de sí y debieron luchar por un espacio que tendía a desaparecer porque eran tantas las actividades de toda índole, y tan escasos los espacios, que tocaba turnase. 

 

Esta congestión se registraba cotidianamente, como ocurrió en las sedes iniciales, concebidas para atención personalizada y que se veían atestadas por la presencia de sus afiliados, quienes solían pasar por una cooperativa que les daba la familiaridad y la pertenencia y se convivía, en el reducido espacio, con la reunión espontánea y el servicio que debía prestarse individualmente. Vemos las casas que por gestión de la Cooperativa beneficiaron a familias de asociados en Itaguí y en Duitama. Vemos la atención en salud a las familias y vemos una Cooperativa que crece y crece en su estado financiero; vemos al usuario recibiendo la atención de un crédito y vemos un mosaico de imágenes que deja atrás la inexperiencia del pasado y entregan la imagen de una entidad que acoge su crecimiento, compartiendo con todos sus beneficiarios, los aportes materiales y conocimientos, justo en un momento en el que se sacrificaba la institucionalidad del país.

 

Los momentos, más que anecdóticos, que se acumularon en las oficinas gerenciales de Medellín y Duitama, llevaron a entender la vitalidad que nutría a la Cooperativa. La aprobación en 1987 para la construcción del edificio en la calle Sucre, concreta un paso hacia ese futuro que no desdeñaba las oportunidades creadas por su dinámica y que constituía una lectura de una realidad que, entre la labor del personal y la perseverancia de los asociados, forjaron en el contexto regional de Antioquia y Boyacá.

 

 La celebración de los 15 años coincide con la apertura de la Cooperativa para acoger un vínculo de afiliación abierto a la comunidad, lo que implicó un cambio en su razón social. Tomó así el nombre de Cooperativa de Trabajadores Limitada. Un momento coyuntural que representa el tránsito hacia una valoración de su identidad como Cooperativa; el compromiso de su proyección se había definido al seguir la ruta de los principios y la acción solidaria; su evolución se percibía en el aprendizaje que venció dudas y aportó el ejercicio empresarial responsable de la rentabilidad de la dinámica del ahorro y el crédito, la solidez del patrimonio y de la valoración de los activos, realizaciones logradas sin perder el norte de su razón de ser: el bienestar del asociado y de su familia. 

 

En el balance social recopilado en la publicación de los 15 años de labores, que subtitularon: Expresión y realidad de una gran familia, se registra un balance en cuyas cifras y actividades sociales asoma una radiografía de la trasformación de la Cooperativa, en especial en los últimos 5 años, desde que dio inicio a la organización administrativa y gerencial: 2.016 asociados, 1.502 en Medellín, 524 en Duitama, un capital de 95.983.441, activos por valor de 257.269.332, préstamos por 208.736.077, y en el balance social se registran actividades educativas, deportivas, recreativas, programas de prevención de la salud, que agrupan a todos los públicos: niños, jóvenes, amas de casa, asociados, empleados, actividades que impactan y benefician de manera personalizada a más de 1.000 personas, en las que se visibilizan la educación cooperativa con apoyo de cooperativas cercanas, Uconal, entre ellas. 

 

Fue la ocasión para mirarse en su historia y reconocer el aporte de los fundadores y la labor de los empleados que le dieron cuerpo y sangre a la idea fundacional. Cootrasofasa estaba a las puertas de muchas trasformaciones, el futuro se avizoraba bajo la semilla sembrada, el árbol supo elevarse, la flor a punto, el fruto estaba por verse.

El caso de las economías solidarias. ¿Es posible otra economía?

Crisis económica, crisis social y ambiental, desempleo creciente, objetivos del milenio incumplidos por el aumento de la pobreza en el mundo, pérdida de referencias culturales. Los signos de los tiempos que nos tocan vivir parecen no ser alentadores. Sin embargo la historia no es unilineal: junto a las grandes tendencias se pueden observar siempre tendencias alternativas, toda cultura hegemónica genera contraculturas, las sociedades presentan siempre una gran capacidad de resistencia que abrigan notas de esperanza aún en los contextos más agobiantes. Como dice Marcos Arruda ni el capitalismo es la única forma viable de organización, ni la globalización capitalista la única fórmula a la que podemos aspirar. En el plano económico, podemos observar cómo frente a los modelos de desarrollo imperantes, basados en una lectura extremadamente individualista, materialista y liberal del comportamiento humano, se han gestado pequeñas experiencias que demuestran en los hechos cómo es posible hacer economía con base en valores como la solidaridad, la equidad, la justicia, la cooperación, la participación y el cuidado del medio ambiente.
En medio de la economía capitalista, y como una alternativa ante sus dinámicas prevalecientes de trabajo de muchos y ganancia de pocos, concentración de riqueza, depredación de la naturaleza, autoritarismo, etcétera, surge la economía solidaria, propuesta y alternativa que gana espacio social desde hace varias décadas.

 

Esta alternativa al sistema económico imperante, muchas veces instrumentalizado por el mismo, logra desarrollos y concreciones en sus diversas fases de producción, distribución, consumo y acumulación, que se caracterizan por movilizar recursos, factores, relaciones económicas y valores alternativos a los que hegemonizan en nuestros mercados, poniendo al ser humano y sus necesidades como prioridad.

 

Al tratarse de experiencias que pretenden manejarse con criterios alternativos en alguna de las cuatro fases de la economía, necesariamente estamos frente a realidades muy diversificadas de propuestas, por ejemplo: cooperativas, grupos asociativos y empresas recuperadas, talleres autogestionados, comunidades de trabajo, experiencias de comercio justo y comunitario, de ahorro ético, de producción ecológica y sostenible, de consumo responsable, de tecnologías alternativas, etc.

 

Dimensiones de la economía solidaria

 

Debemos reconocer tres grandes dimensiones de la economía solidaria:

 

• Es un movimiento que propone una visión alternativa y constructiva sobre el concepto de desarrollo y el comportamiento económico.
• Es un nuevo paradigma para pensar y teorizar en términos económicos.
• Es un conjunto de prácticas económicas surgidas de las comunidades humanas que se distinguen tanto de la economía capitalista como de la economía estatal.

 

Una característica relevante del movimiento de la economía solidaria en todo el mundo, es el movilizarse para cambiar el sentido que actualmente tienen los procesos económicos generadores de tanta pobreza, inequidades, desempleo y deterioro medioambiental. Frente a ese panorama descrito anteriormente, lo que propone la economía solidaria es un modelo de desarrollo distinto, basado en experiencias comunitarias donde se destaquen los valores de la solidaridad, de la ayuda mutua, de la equidad, de la participación y del respeto por el medio ambiente.

 

En síntesis, se puede decir que la economía solidaria se caracteriza por demostrar en los hechos que es posible (y necesario) incorporar la solidaridad como elemento vertebral de nuestros comportamientos económicos. Es así que las organizaciones de la economía solidaria presentes en el Foro Social Mundial, logran traducir su lema “Otro Mundo es Posible” por el más concreto “Otra Economía es Posible”.

 

Una segunda característica de la economía solidaria es que constituye un sector específico de la economía distinto al privado empresarial y público capitalista.

 

Desde este punto de vista, la economía de la solidaridad se entronca con otro concepto muy divulgado en Europa a partir de las elaboraciones francófonas: la economía social. Aunque pueden existir matices, y la discusión sobre la definición sigue abierta, el Consejo Valón de Economía Social (Cwes-Bélgica) en 1990 define los componentes básicos: “la economía social se compone de actividades económicas ejercidas por sociedades, principalmente cooperativas, mutualidades y asociaciones cuya ética se traduce en los principios siguientes:


1. Finalidad de servicio a los miembros o a la colectividad antes que al beneficio.
2. Autonomía en la gestión.
3. Procesos de decisión democrática.
4. Primacía de las personas y de trabajo sobre el capital en el reparto de los beneficios”.

 

En el Sur, por su parte, las corrientes impulsoras del cooperativismo y de las mutuales adoptan no solo las mismas prácticas europeas (las primeras cooperativas y mutuales son fundadas por las corrientes migratorias) sino que además, adoptan la misma terminología del viejo continente.

 

Organizaciones económicas populares

 

Sin embargo, algo comienza a cambiar en los años ochenta. Por una parte, el movimiento cooperativo comienza a dar signos de estancamiento no sólo en lo estrictamente productivo, sino además en el mensaje alternativo que siempre le caracterizó en materia socioeconómica. A la crisis de cierto cooperativismo tradicional, además, debemos sumarle la emergencia de nuevos movimientos y experiencias sociales surgidas desde los sectores populares, donde se comienza a percibir una centralidad insoslayable tanto de cierto discurso contra hegemónico en materia socioeconómica, como de instrumentos concretos de cooperación, ayuda mutua y reciprocidad. Luis Razeto junto a su equipo de trabajo del PET de Chile denomina a este fenómeno “Organizaciones Económicas Populares” (OEPs.), y son el antecedente de lo que luego él mismo denominaría experiencias de “economía de la solidaridad”. Veamos cuáles eran entonces sus características:

 

• Las OEPs. son iniciativas surgidas en ambientes populares, tanto del medio urbano como del medio rural.
• Son experiencias asociativas, muchas veces de carácter familiar, vecinal o funcional, que se proponen alcanzar objetivos comunes, a partir de los cuáles crean sus propias estrategias para enfrentar un conjunto de carencias. Lo distintivo es que por lo general satisfacen no solo necesidades individuales, sino también sociales.
• Enfrentan las carencias con sus propios recursos, movilizando energías de la propia sociedad civil. Aún así, se trata de experiencias muchas veces apoyadas por terceras instituciones.
• Son iniciativas que implican relaciones y valores solidarios, que se proponen ser participativas, democráticas, autogestionarias y autónomas.
• Finalmente, son experiencias que desarrollan un discurso y una práctica alternativa respecto del sistema dominante, elaborando respuestas integrales.


Tenemos entonces que el concepto de Organizaciones Económicas Populares, sirvió para catapultar luego el concepto de Economía Solidaria en el continente latinoamericano. No puede llamar la atención en ese sentido, que mucha literatura de la época, e incluso de los últimos años, manejara el concepto de “Economía Popular Solidaria”.

 

Llegado a este punto conviene precisar algunos asuntos, que si bien en principio pueden resultar en una mayor complejidad del panorama, seguramente contribuirán finalmente a un mejor recorte de los comportamientos económicos que nos interesa rescatar.

 

 

La primera precisión es que no toda economía popular puede ser considerada economía solidaria: numerosas experiencias de sobrevivencia entre los sectores populares, lejos de practicar valores solidarios se basan en mecanismos y racionalidades ajenas a las que se promueven desde nuestro paradigma. Nos referimos a distintas salidas de tipo individualistas, delictivas o inmorales. Esta primera precisión nos servirá para rechazar cierta literatura romántica e ideológica que encuentra loable y positivo todo lo que proviene de las capas populares. Desde nuestro punto de vista, la economía popular se canaliza en buena parte en economías solidarias, pero en otra parte en salidas no solidarias. Allí asoma como primer desafío conducir las salidas individualistas a salidas de corte comunitario entre esos sectores.

 

Una segunda precisión, es que no todas las experiencias de economías solidarias surgen y se desarrollan en ambientes populares, entendiendo en este caso lo popular como un recorte en la estructura social: una parte de las experiencias solidarias se originan en otros contextos socioeconómicos, menos apremiados por las necesidades materiales, y por lo tanto muchas veces con un mayor margen para apostar por ciertos cambios de valores en la puesta en práctica de numerosas experiencias económicas. De esta manera, la economía solidaria también se explica por el cambio de valores económicos en el contexto de lo que Inglehart denomina “valores post-materialistas”.

 

Una tercera precisión es de carácter más académico: la existencia de un rico entramado social solidario entre las capas populares y culturas autóctonas de los países africanos y latinoamericanos, no es algo de reciente descubrimiento, sino que ha sido objeto de estudio desde hace un buen tiempo por parte de las ciencias sociales. Numerosas investigaciones vienen a confirmar la presencia de relaciones de reciprocidad y solidaridad que se expresan en términos e “instituciones sociales” también muy autóctonas y arraigadas en la cultura de nuestros pueblos. El concepto del “Sumak Kawsay” (traducido como “buen vivir” y recientemente incorporado en la Constitución de Ecuador), de onda raíz en las culturas andinas, es un buen ejemplo en la materia.

 

En cuarto lugar digamos que si bien el concepto de economía de la solidaridad es reciente, y de cuño latinoamericano, sus prácticas hunden raíces en los mismísimos orígenes de la especie humana. Lejos del principio del homo oeconomicus, según el cual seríamos por naturaleza egoístas e individualistas, lo que muestra la historia (y prehistoria) de la humanidad, es que sin solidaridad no hubiera sido posible sobrevivir como especie. Estudios clásicos de la antropología económica subrayan en ese sentido, que los valores solidarios, encarnados por ejemplo en la reciprocidad, la redistribución, las donaciones o incluso mecanismos de economía doméstica, fueron básicos para entender la forma en que hacíamos economía, hasta que con la modernidad, comienzan a primar otros valores (o antivalores) como el afán de lucro, el individualismo, la concentración de riquezas, etc., más propias de la economía de mercado.

 

La economía solidaria, por lo tanto, reúne a las diversas experiencias de hacer economía en todas sus etapas (producción, distribución, consumo y ahorro) que se caracterizan por vertebrarse en torno a la solidaridad como valor supremo. La solidaridad (del latin solidum) a su vez debe entenderse en un doble sentido: en primer lugar como todo aquello que hacemos en conjunto con otros, dando crítica de la forma y los valores que imperan hoy en nuestros mercados. Allí donde se exacerba el individualismo, la economía solidaria promueve el comunitarismo; allí donde se incita a la competencia, la economía solidaria promueve la cooperación; allí donde se busca el lucro, la economía solidaria promueve un justo beneficio; allí donde gana el materialismo, la economía solidaria promueve la satisfacción de todas las necesidades humanas; allí donde se persigue el consumismo, la economía solidaria promueve el consumo responsable; allí donde se glorifica el libre comercio, la economía solidaria propone el comercio justo; en fin, cuando solo se habla de crecimiento económico, la economía solidaria prefiere hablar de desarrollo a escala humana.

 

La pertinencia de la economía solidaria en un contexto de emergencia social

 

Podemos decir que hay dos fuentes en los orígenes de las experiencias de economía solidaria en todo el mundo. Por un lado, básicamente en los contextos donde priman los valores post-materialistas, las iniciativas surgen en un contexto de crisis de un modelo de desarrollo que pretende vincular el crecimiento económico con la felicidad de la gente. Craso error si tenemos en cuenta que algunas de las ciudades más ricas del mundo, son ciudades críticas desde el punto de vista de la seguridad, del cuidado del medio ambiente, de los lazos comunitarios y de la vida familiar. Muchas veces la riqueza material no es acompañada de verdadero bienestar. Es así que en los últimos años han surgido muchas iniciativas guiadas por valores alternativos, que pretenden superar este concepto de desarrollo, poniendo el acento en fórmulas económicas más amigables con la comunidad y con el medioambiente. En Italia, por ejemplo, quienes participan de la economía solidaria utilizan la voz l‘altra economía (la otra economía) donde incluyen básicamente el comercio justo y solidario, las finanzas éticas, la agricultura biológica, el consumo crítico, el turismo responsable, experiencias de reciclaje de materiales, con energía renovable, intercambios no monetarios, sistemas de software libre, etc.

 

Por otra parte, en América Latina y África, los orígenes de las prácticas de economía solidaria son distintos. Nacen como vimos antes, básicamente en ambientes populares, y las iniciativas muchas veces se originan no tanto como una alternativa guiada por el deseo de cambiar la forma de hacer economía de nuestras sociedades, sino fundamentalmente como una estrategia de sobrevivencia a veces promovidas por las propias comunidades, otras veces promovidas desde organizaciones sociales. Es así que la mayoría de las cooperativas de producción en algunos países latinoamericanos nacen como fruto de la crisis de una empresa, ahí está el caso de las empresas recuperadas en los últimos años. Es así además que numerosas experiencias de relieve, surgen en el marco de proyectos de desarrollo local promovidos por organizaciones de la sociedad civil. Esto no quiere decir que los valores alternativos no estén presentes en los sujetos involucrados. De hecho, existen numerosas experiencias notables donde el asociacionismo comienza siendo un mero recurso de sobrevivencia, pero donde la propia dinámica socioeconómica termina por situar determinados valores, no solo como medios sino también como fines en sí mismos. 

 


 

Finanzas éticas 

 

Existe un número creciente de personas sensibilizadas con la idea de avanzar hacia una sociedad diferente, más justa, solidaria y humana, que intentan hacerla realidad mediante su trabajo en diferentes ámbitos, y que perciben que uno de los medios con que cuentan para realizar esta transformación, que es su ahorro, es utilizado precisamente para reforzar y consolidar valores de un modelo social, económico y cultural opuesto a esta idea de transformación.

 

Cuando se analizan en profundidad los grandes flujos económicos y sus consecuencias vemos cómo sistemáticamente potencian el modelo económico y social imperante a costa de los países o personas de menor poder económico, con unas consecuencias negativas que están a la vista.

 

El sistema financiero tradicional no da respuesta a los deseos y necesidades de un sector de las y los ahorradores.

 

Para nadie es una novedad que el sistema financiero es conservador y que, al regirse de modo casi exclusivo por criterios de beneficios y tamaño, contribuye a incrementar las diferencias de renta y riqueza, fomenta el consumo irresponsable, y consolida la exclusión social de los sectores más desfavorecidos.

 

Tradicionalmente se ha reconocido al dinero la función de ser unidad de cambio (todo, o casi todo, se valora en términos monetarios), así como la de ser depósito de valor. La combinación de estas dos funciones nos conduce a otra de la que no se suele hablar en los tratados de economía: El dinero, o mejor la posibilidad de decidir su uso, es una fuente de poder, y ese poder, que en buena lógica pertenecería a sus propietarios/as, es decir a los ahorradores/as, es ejercido por las entidades financieras en función de sus propios intereses, sin dar cuenta a los ahorradores/as, y sin que estos puedan ejercer ningún tipo de control.

 

Esto supone, en definitiva, que el sistema financiero no sólo se apropia de una parte significativa de la rentabilidad puramente económica del ahorro, sino que utiliza para sus propios fines en su totalidad el poder que lleva aparejado el manejo de estos recursos.

 

El sistema financiero convencional no contempla la posibilidad de financiar algunos tipos de empresas y proyectos.

 

Cuando examinamos el comportamiento del sistema financiero desde el punto de vista de quienes se acercan al mismo como demandantes de recursos financieros, las conclusiones no son mejores.

 

En la actualidad existe una amplia oferta de créditos y préstamos. Sin embargo, los criterios de concesión suelen basarse principalmente en la existencia de garantías propias (propiedad de bienes o recursos) o ajenas (avales), con lo que se hace buena en muchos casos la conocida frase los bancos sólo dan dinero a quien demuestra no necesitarlo.

 

Por lo que se refiere a la financiación de proyectos de economía social y solidaria, la utilización de estos criterios funciona a menudo como una barrera infranqueable para una serie de promotores y emprendedores que por su propia situación (iniciativas de inserción social, de autoempleo, etc) o por la naturaleza o dimensión de sus proyectos (actividades alternativas, innovadoras, o no encaminadas al beneficio únicamente económico) carecen de recursos iniciales.

 

La palabra crédito, que tiene que ver con creer en alguien, con confiar, en el marco de una relación humana, pierde así completamente su significado, y como consecuencia, toda una serie de iniciativas y actividades socialmente útiles quedan excluidas del circuito bancario de financiación.

 

Como respuesta a este tipo de reflexiones, desde distintos colectivos ha surgido una colección de experiencias con muy diversas características y grados de efectividad y concreción, pero que tienen en común el objetivo de intentar ampliar el abanico de posibilidades de ahorro e inversión a operativas diferentes, que partan de otras bases, busquen una finalidad más social que monetaria, y ofrezcan cauces alternativos a todas aquellas personas defraudadas por el uso que de su ahorro se está haciendo.

 

En este sentido, pensamos que una financiación solidaria y diferente debe partir de unos principios básicos:

 

El/la ahorrador/a tiene derecho a saber de qué modo se está utilizando su dinero; qué proyectos, ideas o empresas se están financiando con él

Los recursos económicos deben utilizarse con un provecho social, creando empleo, ayudando a la inserción sociolaboral de personas excluidas, proveyendo de productos o servicios de utilidad social, apoyando procesos productivos limpios, etc.

Las entidades promotoras de fórmulas financieras alternativas no deben centrarse únicamente en la recuperación de las cantidades prestadas o invertidas, sino también realizar labores de apoyo en la medida de sus posibilidades.

Los recursos económicos deben invertirse en proyectos viables, de manera que no se incurra en pérdidas que defrauden las expectativas de los/as ahorradores/as o mermen la capacidad de reutilización de tales recursos.

Pensamos, en definitiva, en una gestión financiera que no persiga fines lucrativos, sino que manifieste una decidida vocación social.

 

Por todo ello, resulta necesario proponer nuevas formas financieras que den respuesta a las inquietudes de todas aquellas personas que creen en una economía diferente, y que quieren que la utilización de sus ahorros esté en consonancia con sus planteamientos éticos y vitales.

Sábado, 24 Junio 2017 09:59

Repensar el mundo desde el Buen Vivir

Repensar el mundo desde el Buen Vivir

En las siguientes líneas trataremos de comprender los alcances y las limitaciones del Buen Vivir. Desde el inicio lo asumimos como un concepto plural: buenos convivires, para no abrir la puerta a un Buen Vivir único, homogéneo, imposible de construir, por lo demás. Se trata de buenos convivires de los seres humanos consigo mismo, buenos convivires de los seres humanos en la comunidad, buenos convivires de las comunidades con otras comunidades, buenos convivires de individuos y comunidades con la Naturaleza.

 

El Buen Vivir, por lo demás, debe ser asumido como una categoría en permanente construcción y reproducción. No es un concepto estático y menos aún retrógrado. El Buen Vivir, en definitiva, constituye una categoría central de lo que se podría entender como la filosofía de vida de muchas sociedades indígenas que no se insertan (plenamente) dentro de la Modernidad. Y desde esa perspectiva se proyecta como una propuesta con potencial incluso global, aunque históricamente haya sido marginada.

 

¿Qué entendemos por Buen Vivir?

 

Para empezar, bajo algunos saberes indígenas no existe una idea análoga a la de desarrollo. No hay la concepción de un proceso lineal de la vida que establezca un estado anterior y posterior, a saber, de subdesarrollo y desarrollo; dicotomía por la que deberían transitar las personas y los países para la consecución del bienestar, como ocurre en el mundo occidental. Tampoco existen conceptos de riqueza y pobreza determinados por la acumulación y la carencia de bienes materiales.


Entonces, el Buen Vivir plantea una cosmovisión diferente a la occidental –mejor sería decir de la Modernidad– al surgir de raíces comunitarias no capitalistas. Rompe por igual con las lógicas antropocéntricas del capitalismo en tanto civilización dominante y también de los diversos socialismos realmente existentes hasta ahora, que deberán repensarse desde posturas socio biocéntricas y que no se actualizarán simplemente cambiando de apellidos.

 

El Buen Vivir, por tanto, plantea una tarea descolonizadora y, además, debería ser despatriarcalizadora (3). Para lograrlo se precisa en particular un profundo proceso de descolonización intelectual en lo político, en lo social, en lo económico, por cierto en lo cultural.

 

En conclusión, el Buen Vivir es una vivencia eminentemente subversiva, que no sintetiza una simple invitación para retroceder en el tiempo y reencontrarse con un mundo idílico, inexistente por lo demás. Y tampoco puede transformarse en una suerte de religión con su catequismo, sus manuales, sus ministerios e inclusive sus comisarios políticos.

 

De todas maneras, los conceptos de Buen Vivir deben ser comprendidos desde diferentes enfoques y visiones. Hay que obviar la homogenización de conceptos en tanto restringen las visiones y comprensiones de los otros. Pese a aquello, el núcleo de los debates encierra lo holístico de ver a la vida en comunidad y a la Pacha Mama (Madre Tierra) en relación y complementariedad entre los unos y los otros.


El Buen Vivir, como alternativa al desarrollo y cuestionadora del concepto tradicional del progreso, propone una propuesta civilizatoria que reconfigura un horizonte de salida al capitalismo.

 

Portadores de las ideas originales del Buen Vivir

 

Vale considerar que estas ideas del Buen Vivir, que en realidad tienen mucha historia, aparecieron recientemente en el escenario público. Su emergencia se explica por la lucha de los movimientos indígenas, que ha cobrado redoblada fuerza sobre todo desde las postrimerías del siglo XX. Sus valores, sus experiencias, sus prácticas, en definitiva su Weltanschaung, se puede decir que estaban presentes desde antes de la llegada de los conquistadores europeos y pervivieron durante el período republicano; pero, eran invisibilizadas, marginadas o abiertamente combatidas. Y es importante tener presente que ese Buen Vivir, en tanto cultura de vida, con diversos nombres y variedades, ha sido y es conocido, y sobre todo practicado, en distintos períodos en las diferentes regiones de la Madre Tierra, no solo en América Latina.

 

En Bolivia y Ecuador esta propuesta cobró fuerza en sus constituciones: Constitución de la República de Ecuador 2008 y Constitución del Estado Plurinacional de Bolivia 2009. Las expresiones más conocidas del Buen Vivir nos remiten a idiomas originales de Ecuador y Bolivia; en el primer caso es el Buen Vivir o sumak kawsay (en kichwa), y en el segundo, en particular el Vivir Bien o suma qamaña (en aymara), sumak kawsay (en quechua), ñande reko o tekó porã (en guaraní). Existen nociones similares en otros pueblos indígenas, como entre los mapuches de Chile, los guaraníes de Paraguay, los kunas de Panamá, los shuar y los achuar de la Amazonía ecuatoriana), pero también en la tradición maya de Guatemala y en Chiapas de México. También podríamos incluir el Ubuntu (sentido comunitario) en África o el Swaraj (democracia ecológica radical) en la India (4). Y desde esa multiplicidad emergen muchos movimientos que alientan estas tesis, aunque no puede afirmarse que existan movimientos del Buen Vivir, como tal.

 

Además, hay que estar atentos, eso sí, para no caer en “la trampa” de la propaganda del Buen Vivir oficial de los gobiernos de Ecuador o de Bolivia, que han terminado por vampirizar este concepto para ponerlo al servicio de sus apetencias de concentración de poder y de disciplinamiento de sus sociedades, mientras modernizan el capitalismo.


Esta propuesta, que requiere, para ser comprendida, de la historia y del presente de los pueblos y nacionalidades indígenas, es, en esencia, parte de un proceso sustentado en el principio de continuidad histórica. Entonces, al Buen Vivir cabe ubicarlo como parte de una larga búsqueda de alternativas de vida fraguadas en el calor de las luchas de los pueblos y nacionalidades originarios. Lo destacable y profundo de estas ideas alternativas, de todas formas, es que surgen desde grupos tradicionalmente marginados, excluidos, explotados y hasta diezmados. Son propuestas invisibilizadas por mucho tiempo, que ahora invitan a romper de raíz con varios conceptos asumidos como indiscutibles.

 

Estas propuestas originarias emergieron en un momento de crisis generalizada del Estado-nación, oligárquico y de raigambre colonial, así como del neoliberalismo en América Latina, gracias a la creciente fuerza organizativa y programática de los movimientos indígenas y también populares. Su irrupción en tanto vigorosos sujetos políticos explica la emergencia de estas ideas paradigmáticas del Buen Vivir. En este escenario también empezaron a consolidarse los cuestionamientos y las alternativas ecologistas, muchas de ellas en línea con la visión de las armonías con la Naturaleza que caracterizan el Buen Vivir.

 

La comunidad indígena en términos amplios tiene un proyecto colectivo a futuro. Las utopías andinas y amazónicas se plasman en su discurso, en sus proyectos políticos y en sus prácticas sociales y culturales, inclusive económicas. Sin embargo, esta aproximación no puede ser excluyente y conformadora de visiones dogmáticas. Necesariamente debe complementarse y ampliarse incorporando otros discursos y otras propuestas provenientes de diversas regiones del planeta, espiritualmente emparentadas en su lucha por una transformación civilizatoria. Por cierto que cada una de estas iniciativas debe fundamentarse y tomar en cuenta el contexto concreto correspondiente, con la participación de los múltiples sujetos políticos portadores del cambio.

 

El Buen Vivir amplia el horizonte del decrecimiento

 

El reto está planteado. Parar la vorágine del crecimiento económico e incluso decrecer, especialmente en el Norte global, es indispensable. En un mundo finito no hay espacio para un crecimiento económico permanente. Seguir por esta senda nos conduciría a una situación cada vez más insostenible en términos ambientales, y más explosiva en términos sociales. Superar esta suerte de religión del crecimiento económico, especialmente en el Norte global, deberá venir de la mano del post-extractivismo en el Sur global (5).

 

La vinculación de estos procesos: decrecimiento y postextractivismo, en un contexto global, es fácil de prever: por ejemplo, si en el Norte las economías no van a seguir creciendo, su demanda de materias primas tendrá que disminuir. Entonces, los países del Sur mal harían si siguen sosteniendo sus economías en la exportación de dichas materias primas. Por esta simple razón y otras muchas más, es indispensable también en los países empobrecidos abordar con responsabilidad el tema del crecimiento.

 

Eso sí, debe quedar absolutamente claro que, cuando se plantea una convergencia entre las visiones y las acciones del post-extractivismo y el decrecimiento, no se trata de que las sociedades de los países empobrecidos no mejoren su condiciones de vida para que los países ricos mantengan sus insostenibles niveles de consumo y despilfarro. Eso de ninguna manera.

 

De todas maneras conviene señalar lo que tienen en común las dos perspectivas: la fuerte crítica al capitalismo que trae consigo una mercantilización cada vez más marcada de las diversas constelaciones sociales y de los elementos de la Naturaleza. Asimismo, ambas críticas concuerdan en que el problema social de fondo son las visiones y las prácticas de progreso, desarrollo y crecimiento económico que se encuentran profundamente enraizadas. Y las dos visiones resultan incluso conceptualmente complementarias: el decrecimiento configura un concepto “obús” en tanto destructor, no constructor Koldo Unceta (6), mientras que el Buen Vivir es constructor en esencia.

 

La salida implica dar paso a transiciones a partir de miles y diversas prácticas alternativas, sobre todo no capitalistas, muchas de ellas existentes ahora en todo el planeta. Lo cierto es que existen opciones orientadas por horizontes utópicos que propugnan una vida en armonía entre los seres humanos y de estos con la Naturaleza. Y en ese contexto se sintoniza estrechamente el Buen Vivir con el sentir profundo del decrecimiento (7).

 

En definitiva, de lo que se trata es de cuestionar el fallido intento de impulsar –como mandato global y como camino unilineal– el progreso en su deriva productivista y el desarrollo en tanto dirección única, sobre todo en su visión mecanicista de crecimiento económico. Esto es crucial. No se trata de reeditar los ejemplos supuestamente exitosos de los países desarrollados. Primero, eso no es posible. Segundo, no son realmente exitosos (8).

 

El Buen Vivir, una utopía realizada en el mundo indígena

 

Insistamos, el Buen Vivir, en tanto sumatoria de prácticas vivenciales de resistencia al colonialismo y sus secuelas, nutre un modo de vida en varias comunidades indígenas, sobre todo en aquellas que no han sido totalmente absorbidas por la modernidad capitalista o que han resuelto mantenerse al margen de ella. Pero aún en las comunidades que “han sucumbido” a la modernidad, hay elementos propios de lo que podríamos entender por Buen Vivir. Inclusive en otros espacios, no vinculados directamente con el mundo indígena se construyen opciones de vida comunitarias armoniosas entre sus miembros y con la Naturaleza.

 

Esta constatación, de entrada, descarta que el mundo indígena en términos amplios no haya sido víctima de la conquista y la colonia, en tanto proceso de explotación y represión de la larga noche colonial, que se proyecta hasta nuestros días republicanos. La influencia colonial y capitalista está presente a través de múltiples formas en ese mundo, lo que cierra la puerta a aproximaciones románticas a la realidad indígena.

 

Desde la lectura de los significados de la chakana, la cruz andina o cruz sagrada, se podrían extraer valiosas lecciones para comprender el significado de la unidad en la diversidad, que mantiene una permanente tensión de reciprocidad, de complementaridad, de relacionalidad, de correspondencia entre los distintos componentes de la vida. En este artículo, por falta de espacio, no se profundiza más sobre las bases conceptuales y filosóficas de las culturas indígenas; sin duda uno de los elementos fundamentales del Buen Vivir.

 

Desde el campo de la política, concretamente de la toma de decisiones, es interesante reconocer que a nivel comunitario y de los Ayllus (9) en muchas partes de la región andina y amazónica, el Buen Vivir nos muestra un estilo y forma de gobierno diferente. El Buen Vivir plantea la construcción de una sociedad fundamentada en la horinzontalidad, lo que demanda democracia directa, acción directa y autogestión, no nuevas formas de imposición vertical y menos aún liderazgos individuales e iluminados. Con discusiones amplias y participativas se avanza hacia consensos, que luego son sostenidos por la comunidad. Nuestras lógicas de democracia tienen mucho que aprender de estas experiencias.

 

Un punto clave. La solución no está en el Estado (menos aún en el mercado). Es se requiere otro tipo de Estado –un Estado plurinacional, como proponen los movimientos indígenas de Bolivia y Ecuador (10)–, que puede contribuir a la construcción de una sociedad no jerarquizada ni autoritaria siempre que esté controlado desde abajo, desde lo comunitario. Cómo recuperar la política en tanto espacio vivo de la sociedad, es una gran pregunta.


En lo económico existen muchas prácticas de reciprocidad, de solidaridad, de correspondencia en el saber andino y amazónico, que se encuentran vivas de diversas formas en el desenvolvimiento social. Sin pretender agotar el tema y sin tratar de insinuar que estas formas productivas deben ser aplicables en todo tipo de situación económica, menos aún de la noche a la mañana, podríamos mencionar algunas formas de relacionamiento económico propias de las comunidades indígenas:

 

- Minka (minga): Es una institución de ayuda reciproca en el ámbito comunitario. Asegura el trabajo destinado para el bien común de la población. Se realiza para satisfacer las necesidades e intereses colectivos de la comunidad. Por ejemplo en la ejecución de obras como la construcción y mantenimiento de un canal de riego o de un camino. Por tanto, es un mecanismo de trabajo colectivo que ha permitido superar y enfrentar el olvido y la exclusión del sistema colonial y republicano.
- Ranti-ranti: A diferencia del trueque puntual y único que se da en algunas economías mestizas, el intercambio forma parte de una cadena que desata una serie interminable de transferencias de valores, productos y jornadas de trabajo. Se sustenta en el principio de dar y recibir sin determinar un rango de tiempo, acción y espacio, relacionado con ciertos valores de la comunidad en referencia a la ética, la cultural y el contenido histórico
- Uyanza: Es un momento para llamar a la convivencia y unidad de las comunidades. Es también una ocasión para agradecer a la Pacha Mama por su capacidad de regeneración es decir por los productos que brinda a los seres humanos. Y representa también una institución de ayuda social y también de reconocimiento a las familias que dieron su fuerza laboral en préstamo.
- Uniguilla: Es una actividad destinada al intercambio para complementar lo alimentario, utilitario, permite mejorar la dieta alimenticia con productos de otras zonas, sobre todo a partir de diferentes pisos o nichos ecológicos.
- Waki: Otorgación de tierras cultivables al partir, a otra comunidad o familia que trabaja en el terreno. Involucra la repartición de los productos cultivados entre ambas comunidades o familias. Esta actividad también se da en el cuidado y crianza de animales.
- Makikuna: Es un apoyo que involucra a toda la comunidad, familia ampliada, amigos, vecinos. Es una especie de apoyo moral en el momento que más requiere una familia. Esta ayuda puede solicitarse en esas circunstancias, sobre todo obedece a situaciones imprevistas y a las emergencias.

 

Otro punto fundamental radica en el reconocimiento que el Buen Vivir no puede circunscribirse al mundo rural. Es cierto que las propuestas básicas provienen especialmente de esos ámbitos. Los actuales espacios urbanos aparecen relativamente lejanos a prácticas de vida solidaria y respetuosa del ambiente.

 

Este es uno de los grandes y más complejos desafíos, pensar el Buen Vivir para y desde las ciudades, aprovechando, en algunos casos en América Latina, por ejemplo, que gran parte de los inmigrantes a las urbes aún mantienen lazos estrechos con sus comunidades de origen. Y en ese sentido, a modo de botón de muestra, se han formado grupos para construir/reconstruir formas de Vivir Buen en la ciudad de El Alto en Bolivia (11).

 

En otras partas del mundo hay muchas prácticas y propuestas interesantes en este ámbito. A modo de una simple muestra de un universo cada vez más grande, destacamos las conocidas como “comunidades de transición” (transitions towns), que pretenden dotar de control a las mismas comunidades para soportar el desafío del cambio climático y de la construcción de una economía postpetrolera. Este movimiento está activo en varios países de todo el mundo (12).

 

El Buen Vivir y la difícil construcción de utopías globales

 

Para propiciar esta gran transformación se cuenta con prácticas concretas, no con simples teorías. Inclusive existen diversas opciones planteadas a nivel global. La propuesta de dejar el crudo en el subsuelo en la Amazonía ecuatoriana: la Iniciativa Yasuní-ITT, fue y sigue siendo un gran ejemplo de acción global, surgida desde la sociedad civil de un pequeño país.

 

Hay que tener en cuenta que la Amazonía ecuatoriana ha sido afectada por décadas por las actividades petroleras. Como consecuencia de esto los pueblos indígenas en aislamiento voluntario se han alejado de las zonas de explotación, y en la actualidad se encuentran en las últimas zonas de bosques. En una zona cada vez más reducida, que ha perdido aceleradamente su verdadera riqueza: la biodiversidad, ha aumentado y se ha concentrado la población indígena. Esto determina que cada vez hay más oposición de parte de estos grupos humanos a estas actividades, lo que ha motivado un creciente respaldo de grupos y movimientos en el Ecuador y en el mundo.

 

A partir de esta compleja realidad, la Iniciativa Yasuní ITT se basó en cuatro pilares: 1) proteger el territorio y con ello la vida de pueblos indígenas en aislamiento voluntario, 2) conservar una biodiversidad inigualable en todo el planeta –la mayor registrada por científicos hasta el momento–, 3) cuidar el clima global manteniendo represada en el subsuelo una significativa cantidad de petróleo, evitando la emisión de 410 millones de toneladas de CO2, 4) dar un primer paso en Ecuador para una transición post-petrolera, lo que tendría un efecto demostración en otras latitudes.


Pero hay más. Como un quinto pilar podríamos asumir la posibilidad de encontrar colectivamente –como Humanidad– respuestas concretas a los graves problemas mundiales derivados de los cambios climáticos provocados por el propio ser humano, exacerbados especialmente en esta última fase de expansión global del capital.

 

Como contrapartida el Ecuador esperaba la contribución financiera de la comunidad internacional, que debía asumir su responsabilidad compartida y diferenciada en función de los muchos niveles de destrucción ambiental provocada por las diversas sociedades en el planeta, particularmente por las más opulentas. No se trataba de una vulgar compensación para seguir forzando el desarrollismo (como entendió el gobierno ecuatoriano). Esta iniciativa se enmarca en la construcción del Buen Vivir o sumak kawsay, en tanto alternativa al desarrollo. Para, desde allí, ir construyendo un escenario que prevea detener y también revertir los graves desequilibrios provocados por el extractivismo, en términos amplios, y en concreto por el crecimiento económico.

 

Por lo pronto, esta Iniciativa aparece como fracasada, porque los países ricos no asumieron su responsabilidad y sobre todo porque el gobierno ecuatoriano no estuvo a la altura del reto revolucionario propuesto desde la sociedad civil (13). Entre las muchas herencias potentes de esta Iniciativa destacamos el surgimiento de un vigoroso movimiento social de jóvenes que han asumido la defensa del Yasuní, sintonizándose con lo mejor de las luchas para propiciar un cambio civilizatorio. Este es el punto. Hay muchas propuestas alternativas concretas (14). No se las expone por falta de espacio. Lo que cuenta es que estas ideas se han expandido con fuerza en estos años, incluso más allá de sus fronteras (15) y que se construcción forma parte del largo y complejo proceso de emancipación de la Humanidad.

 

El Buen Vivir como propuesta movilizadora

 

El Buen Vivir integra (o al menos debería hacerlo) también diferentes visiones humanistas y anti-utilitaristas provenientes de otras latitudes. Justamente desde inicios del siglo XXI se refuerzan muchas y diferentes respuestas contestatarias al desarrollo y al progreso, provenientes de otras lecturas y de otras luchas. Se destacan las alertas sobre el deterioro ambiental ocasionado por los patrones de consumo occidentales, y los crecientes signos de agotamiento ecológico del planeta; alertas y propuestas que emergen de un cada vez más vigoroso movimiento ecologista (16).

 

Las propuestas del Buen Vivir indígena andino-amazónico se suman, entonces, a múltiples propuestas de vida comunitaria, como son las de los zapatistas o de los kurdos, así como a una multiplicidad de luchas feministas, campesinas, ecologistas, entre otras. Aquí hay muchos puntos de encuentro con las acciones del movimiento “decrecentista” en ciernes.

 

De lo anterior se desprende también que no hay una visión única. El Buen Vivir no sintetiza una propuesta monocultural. El Buen Vivir es un concepto que no niega los posibles aportes desde otras culturas y saberes que cuestionan distintos presupuestos de la modernidad dominante. Pero tampoco margina aquellas ventajas tecnológicas del mundo moderno que podrían sintonizarse con la construcción de relaciones comunitarias armoniosas y respetuosas de la Naturaleza.

 

Esta tarea requiere una nueva ética para organizar la vida misma desde espacios comunitarios y autonómicos, sin dominados y dominadores, construyendo una sociedad horizontal, abierta y no sectaria. Desde esta ética se dará paso a una economía que propicie la reproducción de la vida y no del capital. Y de desde esta misma ética también se asegurará la existencia de todos los seres vivos para superar el actual centramiento alrededor del ser humano como amo del universo, en todas sus variantes.

 

Si se plantea superar la explotación de la Naturaleza en función de la acumulación del capital, con mayor razón habrá dejar atrás la explotación del ser humano. Y al mismo tiempo habrá que reconocer que los seres humanos, en tanto Naturaleza, no somos individuos aislados, que formamos parte de una comunidad, que somos comunidad; y que esas comunidades, pueblos, naciones y países, debería relacionarse también de forma armónica.

 

Ese doble reencuentro, con la Naturaleza y con la comunidad, nos conmina a dar el paso civilizatorio que demandan vigencia plena de los Derechos Humanos, en estrecha comunión con los Derechos de la Naturaleza. 

 

* Economista ecuatoriano. Investigador de la FLACSO-Ecuador. Ex-ministro de Energía y Minas. Ex-presidente de la Asamblea Constituyente. Ex-candidato a la Presidencia de la República. https://www.degrowth.info/wp-content/uploads/2016/09/DIB_Buen-Vivir_es.pdf
** Carlos Taibo; ¿Tomar el poder o construir sociedad desde abajo? – Un manual para asaltar los infiernos, Catarata, 2015.

3 Hay que reconocer que en muchas comunidades indígenas los rasgos patriarcales y machistas están profundamente enraizados.
4 Kothari, Ashish, Federico Demaria and Alberto Acosta (2015); “Buen Vivir, Degrowth and Ecological Swaraj: Alternatives to sustainable development and the Green Economy”, Development 57.3/4 Inequalities. http://www.palgrave-journals.com/development/journal/v57/n3-4/full/dev201524a.html

5 Un estudio recomendable sobre las actividades extractivas nos ofrece Eduardo Gudynas en su libro Extractivismos – Ecología, economía y política de un modo de entender el desarrollo y la Naturaleza, CLAES - CEDIB, La Paz, 2015. Aquí podemos citar aquí los potentes aportes de Jürgen Schuldt sobre este tema, entre otros su libro ¿Somos pobres porque somos ricos? Recursos naturales, tecnología y globalización, Fondo Editorial del Congreso del Perú, Lima, 2005. Igualmente podríamos recomendar el libro del autor de estas líneas: La maldición de la abundancia. CEP, Swissaid y Abya–Yala. Quito, 2009.
6 Koldo Unceta; Desarrollo, postcrecimiento y Buen Vivir, en Acosta, Alberto y Martínez, Esperanza (editores), serie Debate Constituyente, Abya-Yala, Quito, 2014. http://rosalux.org.ec/es/mediateca/mediateca-es-publicaciones/175-alternativas-al-desarrollo/830-postecrecimientokoldounceta.html
7 Para encontrar puntos en común basta revisar el interesante el aporte realizado por varios autores en el libro Giacomo D’Alisa, Frederico Demaria, Giorgios Kallis(Hrsg); Degrowth Handbuch für eine neue Ära, Oekom Verlag, 2016. El autor de estas líneas, conjuntamente con el profesor Ulrich Brand, está preparando una reflexión sobre decrecimiento y post-extractivismo como opciones que nos ayuden a encontrar salidas del capitalismo.
8 Ver el libro de José María Tortosa; Mal desarrollo y mal vivir – Pobreza y violencia escala mundial, en Acosta, Alberto y Martínez, Esperanza (editores), serie Debate Constituyente, Abya–Yala, Quito, 2011.

9 Se entiende como Ayllu al conjunto de familias emparentadas por rasgos de consanguinidad y afinidad.
10 Tampoco se ha avanzado mucho en este campo en Bolivia y mucho menos en Ecuador.

11 Ver las memorias del Encuentro de Movimientos y organizaciones urbanas “Vivir bien/buen vivir desde contextos urbanos”, El Alto, La paz (Bolivia), del 28 de abril al 5 de mayo 2013. Http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/738/fwt%20rd-memoria%20encuentro%20urbano%20internacional2013bolivia.pdf
12 Los orígenes de la propia Energiewende pueden ser incorporados en este esfuerzo de construcción de otro mundo desde las comunidades. Ver Tadzio Müller; “Alemania: La transición energética Combinar escalas y estrategias para el cambio”, en varios autores, ¿Cómo transformar? Instituciones y cambio social en América Latina y Europa, Grupo de Trabajo Permanente de la Fundación Rosa Luxemburg, Quito, 2015. http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/880/C %C3%B3mo%20transformarFINAL.pdf

13 Sobre el tema se pueden consultar los textos del autor de estas líneas: “Iniciativa Yasuní-ITT - La difícil construcción de la utopía” (2014) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=180285 ; “La Iniciativa Yasuní-ITT - Una crítica desde la economía política”, revista COYUNTURA de la Universidad de Cuenca, (2014)
http://www.ucuenca.edu.ec/ojs/index.php/conyuntura/article/view/189 .
14 Ver por ejemplo las propuestas del autor elaboradas con John Cajas (2015), “Instituciones transformadoras para la economía global - Pensando caminos para dejar atrás el capitalismo”, en el libro de varios autores: La osadía de lo nuevo – Alternativas de política económica, Grupo de Trabajo Permanente de la Fundación Rosa Luxemburg, Abya-Yala, Quito. http://www.rosalux.org.ec/attachments/article/875/La%20osad%C3%ADa%20de%20lo%20nuevopdf.pdf
15 Entre los muchos ejemplos que se podrían mencionar, se destacan los siguientes. En Ecuador, por ejemplo, los diversos grupos que conformaron la Unidad Plurinacional de las Izquierdas en el 2012 y 2013 propusieron un plan de gobierno sustentado en el Buen Vivir o sumak Kasay, ver el libro del autor de estas líneas (et.al.): El país que queríamos, Montecristi Vive, Quito, 2013. http://es.scribd.com/doc/141709099/El-pai-s-que-queri-amos; o el programa de RAIZ - Movimiento Cidadanista en Brasil, 2016: Carta Cidadanista Estatuto, www.raiz.org.br
16 Sobre estos movimientos se puede consultar en Alberto Acosta y Decio Machado; “Movimientos comprometidos con la vida. Ambientalismos y conflictos actuales en América Latina”, en la revista Revista Colección OSAL, CLACSO, Buenos Aires, Septiembre de 2012 http://lalineadefuego.info/2012/10/01/ambientalismos-y-conflictos-actuales-en-america-latinamovimientos-comprometidos-con-la-vida-por-alberto-acosta-y-decio-machado/

En Oaxaca crean telefonía celular gestionada por el pueblo

“En Oaxaca la telefonía ha sido un éxito
porque las comunidades tienen
sus propios procesos autogestivos”.

Hace un par de años la comunidad indígena de Talea de Castro, Oaxaca, estrenó la primera red de Telefonía Celular Comunitaria, instalada y autogestionada por ella misma con asesoría de organizaciones sociales. Su red telefónica de 40 pesos mensuales les ayudó a conectarse entre ellos, con paisanos en Estados Unidos y para hacer radio.

Un año después, la compañía Movistar, que en su momento les negó el servicio al argumentar nulas utilidades e inversiones costosas, introdujo un paquete de telefonía similar al autogestionado. Demostraba que en un pequeño pueblo era posible invertir en infraestructura de comunicación.

La experiencia de la red comunitaria, que se ha extendido a 18 comunidades, se traduce en un manual que pretende estar libre para replicar el modelo, adaptarlo a las condiciones de los pueblos y conectar al siguiente billón de personas en el mundo que no tienen acceso a las telecomunicaciones, afirman los autores.

El “Manual de Telefonía Celular Comunitaria, conectando al siguiente billón”*, fue elaborado por las organizaciones Redes por la Diversidad, Equidad y Sustentabilidad (Redes AC) y Rhizomática.

“Desde que se desarrolló la Telefonía Celular Comunitaria nos han llovido muchas preguntas y solicitudes, preguntan cómo se puede instalar, cómo funciona, qué tecnología utiliza, cuánto se necesita invertir”, dice Daniela Parra Hinojosa, responsable de Comunicación de Redes AC. El manual se convierte en una forma de satisfacer esa demanda de información, añade.

Los hackers

Compuesto por 54 páginas más anexos, de lectura sencilla, el manual está estructurado en cinco partes: desde la explicación misma del concepto de la telefonía celular comunitaria, conocer sus marcos jurídicos, la base tecnológica, económica y organizativa que conforman la red telefónica.

“Uno de los actores principales en este modelo son los hackers, ellos tienen una ética con principios muy establecidos que empatan con los de las comunidades indígenas como la solidaridad, el conocimiento abierto, la cooperación, así como la información y el espacio como un bien común”, describe Parra Hinojosa. Agrega que con la idea de ser congruente con esa ideología hacker, el manual pretende liberar la información y que se creen más redes de telefonía comunitaria.

La tecnología del modelo de telefonía celular comunitaria “surge de dos proyectos principales de software libre que logran decodificar una tecnología cerrada como el GSM para convertirla en una tecnología abierta de software libre para GSM”, explica el manual.

La comunidad

El otro actor principal es la comunidad donde se desarrollará la red celular, en particular las comunidades indígenas, pues en ellas existen principios de autonomía, sistema de cargos como un ejercicio de servicio no remunerado y bienes comunes, donde por ejemplo, no existe la propiedad privada sino comunal, y su sistema de vida está basada en una concepción que han denominado la comunalidad.

“El modelo de telefonía celular comunitaria tiene una lógica de principios y una ética destinados a fortalecer la autonomía de las comunidades y dejar la dependencia de una tecnología, que no venga ni de las empresas ni el gobierno”, señala la comunicadora.

“En Oaxaca la telefonía ha sido un éxito porque las comunidades tienen sus propios procesos autogestivos, de decisión en asamblea, una autonomía construida desde hace muchos años”. Este modelo de telefonía opera bajo el respeto a esas autonomías y las formas de administrarse de las comunidades, explica.

Modelo económico sin lucros

En la base económica el manual plantea que se necesita de un modelo de negocio de empresa social, pues tiene una misión social, económica, ambiental o cultural alineada a un beneficio comunitario.

“Se estructura como una organización que puede ser una cooperativa o sociedad civil, integrada por comunidades que son dueñas de la red y organizaciones de soporte”. Las primeras aportan la inversión y la operación de sus redes locales y las segundas conocimientos técnicos para el mantenimiento, desarrollo tecnológico y asesoría jurídico-administrativa.

“La cooperativa se presenta como la forma más autónoma y directa en la que una comunidad puede participar en la gobernanza de su red y en su administración con el apoyo de otras comunidades y socios, al tiempo que la comunidad continúa siendo la dueña de la red”, explica Parra Hinojosa.

 

La cooperativa o la asociación civil será la Concesionaria Social de Telecomunicaciones, figura que también fue lograda durante el proceso en que la telefonía pasaba de tener una concesión experimental a una formal, otorgada por Instituto Federal de Telecomunicaciones (Ifetel).

 

Telecomunicaciones Indígenas Comunitarias es el nombre de la concesionaria social que opera en 18 comunidades y ofrece servicio a 3 mil usuarios.

 

Con el modelo económico planteado, donde la red pertenece a los usuarios y se desarrolla en función de necesidades locales, se reducen los costos hasta en 97 por ciento y se asegura que las utilidades se queden en la asociación o se inviertan en innovación y capacitación.

 

El manual cuenta además con una serie de anexos, que son “herramientas claras y concretas de cómo hacer las actas de asamblea, sus cartas de recepción de equipo, cómo solicitar la concesión, cómo constituirse bajo la figura legal que opera la telefonía”, destaca la también responsable del diseño editorial del documento.

 

Para conectar al siguiente billón

 

Al final, el manual arroja una serie de recomendaciones para conectar al siguiente billón, que inicia por hacer las cosas de manera distinta, tanto en materia tecnológica, económica, regulatoria y de políticas públicas.

 

Entre otras cosas propone ya no subsidiar empresas sino generar fondos para el surgimiento de empresas sociales, permitir el acceso a las infraestructuras bajo un trato que considere su contribución social y la ausencia de lucro, dedicar fondos para la investigación y desarrollo de software, y generar un marco jurídico y de política pública para los pequeños operadores comunitarios.

 

Cuando Movistar modificó sus esquemas para entrar a Talea de Castro y competir con la telefonía del pueblo se observó “que las comunidades sí les pueden dar rentabilidad pero la lógica de la Telefonía Celular Comunitaria no es la maximización de las ganancias sino la sustentabilidad”, enfatiza Parra. 

 

* https://www.academia.edu/30339437/MANUAL_DE_TELEFON%C3%8DA_CELULAR_COMUNITARIA