Lunes, 11 Enero 2016 07:07

La nueva "igualdad" social

La nueva "igualdad" social

¿Por qué un obrero vota a la derecha? A partir del debate tras los últimos atentados en París, el investigador francés advierte cómo se impuso la "meritocracia" en las sociedades actuales: ya no se busca reducir la brecha social (que los ricos sean menos ricos y los pobres sean menos pobres), sino que todos los individuos tengan iguales posibilidades de llegar a la "cima".


Los atentados del 13 de noviembre en París generaron reacciones diversas en la ciudadanía francesa, las primeras fueron emocionales y estuvieron atravesadas por un fuerte sentimiento de unidad nacional. A medida que pasó el tiempo, empezaron a surgir interpretaciones y puntos de vista profundamente conflictivos. Página/12 dialogó con François Dubet, uno de los sociólogos más reconocidos de Francia. Pese al dolor, este investigador exhibió con cuidadosa claridad los diagnósticos y conclusiones a los que arribaron diferentes sectores de una Francia que presenta "divisiones". Si estas divisiones prevalecen en los próximos meses, "los terroristas habrán ganado una primera batalla", advirtió Dubet.


–¿Cómo ve la reacción de la ciudadanía francesa ante los atentados del 13 de noviembre en París?


–Para algunos, empezando por el gobierno, es un acto de guerra cuyo origen radica en la larga crisis de Oriente Medio. La mayoría de los franceses comparten este punto de vista, pero no todos arriban a la misma conclusión. Hay quienes creen necesario participar en una guerra contra Daech (organización terrorista producto de la rama iraquí de Al Qaida), mientras que otros consideran que es mejor retirarse porque los países occidentales tienen una gran responsabilidad en la crisis en el mundo árabe. Los que adhieren sólo a la tesis de la guerra creen que el Islam no es el enemigo y que los musulmanes franceses son, mayoritariamente, los rehenes y víctimas de la guerra. Todos son cuidadosos en distinguir entre el Islam y el islamismo.


–¿Creen que el enemigo es externo, que está fuera de Francia?


–La tesis de guerra exterior se encuentra con una dificultad: algunos miles de jihadistas jóvenes son franceses y los autores de los atentados nacieron sobre todo en Francia, que es donde crecieron y se educaron. Para una gran parte de la opinión pública, que reconoce las tesis de la extrema derecha y de derecha dura, el terrorismo es la expresión de una guerra civil entre los "verdaderos franceses" y los musulmanes, que deben ser expulsados o reducir la religión a una práctica discreta. Desde esta perspectiva, los ataques se explican menos por la crisis de Oriente Medio que por la crisis de los Estados nacionales.


–¿En qué se diferencia el diagnóstico de esta derecha dura del que hacen los sectores de izquierda?


–Para la izquierda tradicional y la extrema izquierda, los ataques son manifestación de una crisis social. Son la expresión de la segregación y el racismo experimentado por los jóvenes musulmanes de los suburbios que creen que encontrarán una forma de salvación en el sacrificio y la revolución islámica que sustituye a la antigua utopía revolucionaria. Por ahora, frente a los delitos de violencia ciega, predominan la emoción y la unidad nacional. Pero la confrontación sobre la forma en que interpretamos los ataques tiene implicancias tanto en la naturaleza de las respuestas como en puntos de vista profundamente conflictivos de la sociedad. Apuesto a que si las divisiones en la sociedad francesa prevalecen en los próximos meses, entonces los terroristas habrán ganado una primera batalla, al poner al descubierto contradicciones profundas de la sociedad francesa.


–En su último libro (¿Por qué preferimos la desigualdad?), usted afirma que las sociedades actualmente optan por la desigualdad, ¿por qué?


–Esa fórmula de que la sociedad elige la desigualdad es un poco excesiva. Pero muchos individuos, como vos y yo, desarrollan conductas que sí van a generar desigualdad. Podemos observar un gran rechazo hacia las teorías igualitarias. La sensación que tenemos de nuestra igualdad fundamental sigue siendo importante, pero ya no se puede traducir como un deseo de igualdad social. Por supuesto que el desarrollo desigual tiene causas económicas, objetivas, pero hay algunas desigualdades que son muy importantes desde el punto de vista del individuo.


–Es decir que no se desprenden de un nivel estructural.


–No provienen de una ley general del capitalismo. Más bien se trata de estrategias de desigualdad, como decidir vivir con gente que es como nosotros. De hecho, las desigualdades urbanas provienen de ese modelo: barrios ricos, medios y medios bajos. A los pobres se los reduce a guetos, se los descarta aunque no haya ninguna política que crea los guetos. El otro mecanismo es el de la obsesión por la distinción.


–¿En qué se aspectos concretos se despliega esa obsesión por distinguirse?


–Uno de los casos más serios es el de las desigualdades escolares. En Francia, el sistema escolar formal es muy igualitario, sin embargo, las familias buscan alcanzar la mayor desigualdad posible para sus hijos: el valor del diploma es su rareza. Ahora es muy difícil hacer políticas culturales igualitarias porque las familias buscan la desigualdad. A mí me sorprendió mucho esto en Chile: Michelle Bachelet propuso una política escolar más bien igualitaria pero los ricos no quieren esto... y es normal; tampoco lo quieren las clases medias... y no es tan normal. Pero resulta que las clases populares tampoco lo quieren, porque prefieren soñar con una competencia igualitaria. En el fondo el modelo de igualdad de oportunidades se transforma en el modelo de justicia.


–¿En qué se diferencian los modelos de "igualdad de posiciones" e "igualdad de oportunidades"?


–De una manera muy grosera, los países del Norte –Francia, Alemania, Inglaterra y Estados Unidos– hasta 1980 tenían el propósito de reducir cuanto les fuera posible la desigualdad entre los más ricos y los más pobres. La izquierda, el movimiento obrero, los sindicatos, la socialdemocracia tenían el objetivo de reducir la distancia entre ricos y pobres. En cambio, desde hace 30 años, ya no se trata de reducir las desigualdades sino de lograr que todos tengan las mismas posibilidades de llegar a la cima, subir esa escalera. Es un modelo meritocrático que se impuso por completo. El tema central de este modelo es la lucha contra la discriminación: contra las mujeres, las minorías, migrantes, etcétera.


–¿Qué consecuencias trae la adopción del modelo de igualdad de oportunidades?


–En primer lugar, el problema es que acepta las grandes desigualdades porque provienen de una competencia equitativa. La segunda consecuencia es que se acusa a los individuos de ser responsables de las desigualdades: si el rico se volvió rico fue gracias a él, si el pobre sigue siendo pobre fue por causa de él. Este modelo es esencial hoy y esto explica que en Estados Unidos las desigualdades sociales se hayan duplicado y nadie discute esto, ni siquiera en las clases populares.


–¿Por qué tampoco las clases bajas lo ponen en cuestión?


–Porque dicen que son las reglas del juego. Este es un cambio muy importante, que crea nuevas políticas y explica la gran dificultad ideológica de la izquierda en todas partes. En Europa, la izquierda no desaparece pero se está reduciendo; hay que recordar que hubo una "izquierda americana" que era socialdemócrata y que ya no existe más porque hemos modificado la visión de las cosas. Esta es una de las razones por la cual muchos pobres votan por los partidos liberales: la idea de una competencia equitativa les parece más justa que la idea de reducir las desigualdades.


–¿Cómo logra instalarse esta idiosincrasia de las desigualdades?


–Este modelo se instala porque la búsqueda de las igualdades sociales se basaba en mecanismos de solidaridad y fraternidad. Si quiero que estas personas sean mis iguales, si quiero pagar por ellos, me tengo que sentir cerca de ellos, semejante a ellos. Mi hipótesis es que este sentimiento de solidaridad se deshace hoy por tres razones.


–¿Cuáles?


–La primera es la mundialización de la economía. Esto hace que las economías no sean más sistemas nacionales integrados sino que se internacionalizaron. A veces eso está bien, de hecho a los chinos, indios y brasileños les parece que eso está bien porque aumenta la riqueza, pero a los europeos no les parece tan bien porque están más en una posición defensiva. El segundo es un cambio cultural: la idea de solidaridad se basaba en el trabajo de las instituciones que creaba subjetividades comunes. Como la Iglesia, la gran escuela pública argentina que nunca estuvo para generar igualdad escolar sino que estuvo ahí para formar hombres, mujeres, campesinos argentinos, y nunca prometió la igualdad de oportunidades. La tercera razón, muy importante en el Norte (en Europa y en otras partes), es la transformación de la Nación. El sentimiento de fraternidad se basaba en la idea de una nación culturalmente homogénea, en realidad era más una novela que una realidad, era más una representación. En cambio, hoy con el flujo inmigratorio sabemos que las naciones no son más culturalmente homogéneas y, por eso, el imaginario de fraternidad se deshace. En todos los países de Europa, por ejemplo, se dice que ya no quieren pagar por los musulmanes, los homosexuales, los mapuches.


–Los mapuches pagaron por nosotros.


–Cada uno tiene su mapuche (se ríe). Se aceptaba la igualdad de los otros porque existía un relato nacional de batalla, santos y demases, que hacía que se fabricaran todos estos símbolos, aunque esto nunca impidió la lucha de clases en el seno de un sistema de solidaridad. Hoy, los pilares de ese sistema se han fragilizado considerablemente, debido a lo cual hay un éxito en Europa y Estados Unidos de la derecha populista. Aclaro que la palabra "populista" no significa lo mismo que aquí... Ese movimiento populista habla de solidaridad, pero de una solidaridad imaginaria, xenófoba, autoritaria, peligrosa y, para mí, económicamente absurda porque lo que ellos quieren es cerrar las fronteras. La respuesta es escandalosa pero la cuestión está planteada. Es decir que la pregunta sería: ¿cómo hoy la izquierda puede construir un sentimiento de solidaridad de manera tal que la máquina pueda aumentar la igualdad y pueda volver a ponerse en marcha?


–En su libro, usted trabaja sobre el rol de los Estados en el marco de la globalización, allí plantea que la globalización en sí no es mala sino que son los Estados los que la manejan mal. ¿Cómo pueden coexistir los intereses nacionales de los Estados con los intereses de clase, que son más globales que nacionales?


–Las verdaderas clases dirigentes hoy son nacionales. Tienen igualmente una sensibilidad nacional pero juegan sobre todo el planeta. Las clases obreras, en cambio, son nacionales. De hecho, el peligro es que la clase obrera se vuelva totalmente nacionalista, es decir, que se vuelva antiprogreso. Hoy en Europa son los obreros los que votan a la extrema derecha. Lo que yo creo es que hay que crear un espacio político nacional, en Europa pienso en un espacio europeo. Los Estados ya no tienen ningún poder para determinar el valor de su moneda, el precio del petróleo, la salud de China. El problema es que los Estados se vuelven actores económicos porque juegan en el espacio económico, pero por otro lado tienen que crear un sentimiento de comunidad y unidad social y ahí es donde hay grandes dificultades porque hoy tenemos una crisis en todas partes de la representación democrática. Cuando miramos qué países tienen éxito en Europa, vemos que se trata de Estados muy democráticos y muy virtuosos, donde no hay corrupción y la gente tiene confianza. Creo justamente que el problema hoy es recuperar la confianza entre elites políticas y electores. Este es un gran problema porque probablemente haya cambios institucionales. La segunda cosa que deben hacer los Estados es poder reconstituir una suerte de contrato social.


–¿Cómo lo lograrían?


–En Francia, más del 50 por ciento de la riqueza nacional es retenida a través de los impuestos y se redistribuye para pagar la universidad, la escuela, la desocupación, la jubilación, etcétera. Este sistema se ha vuelto tan complicado que ya nadie lo comprende y todo el mundo siente que "le roban". Los ricos dicen: "me roban, esto no sirve para nada", los pobres dicen: "no nos dan nada". En ambos casos es falso. Las desigualdades en Francia, después de la redistribución social, disminuyen por dos pero la gente está convencida de que no sirve porque no comprenden cómo funciona. Para que la gente acepte este sistema tiene que comprender que hay una justicia detrás de ese sistema.


–¿Cuál es el rol de las instituciones en un escenario en el cual la redistribución achica la desigualdad y, sin embargo, no se confía en esos mecanismos?


–Creo que el rol de las instituciones sigue siendo el mismo: producir y garantizar conductas de subjetividad y acuerdos, pero las instituciones deben producir sujetos democráticos. Hoy sabemos que los individuos quieren ser los dueños de sus vidas y el rol de las instituciones es ayudarlos. En otra época, el rol de las instituciones era "preparar a una mujer a tener el rol de mujer" cuando hoy el rol de las instituciones es "ayudar a la mujer a tener la vida que desea". Hay un cambio en las instituciones y hay un sentimiento de crisis respecto de las instituciones. Hay un cambio muy profundo. En Francia, hubo movimientos contra los extranjeros, contra los homosexuales, contra el matrimonio igualitario, allí estaba la idea de que todo eso destruiría la sociedad. El desafío intelectual es poder demostrar que se trata de otra sociedad, no se destruye LA sociedad, lo que se destruye es la vieja sociedad.


–En este sentido, ¿qué factores están coaccionando el sistema democrático que usted plantea que hay que ampliar, que hay que abrir?


–Hay una restricción del sistema democrático con la mundialización de las economías, al mismo tiempo hay una formidable expansión del sistema democrático. Creo que hoy esta dinámica crea frustración porque la gente tiene la sensación de poder actuar en muchos campos de su vida personal pero, por otro lado, se tiene la sensación de que ya no se puede accionar sobre el mundo. En cambio, cuando vivíamos en el Estado-nación teníamos la idea de cambiar la sociedad dentro de la Nación. Esto crea una crisis muy fuerte de la acción política en todas partes. A los hombres políticos se los acusa de ser impotentes, en todas partes dan la sensación de traicionar sus promesas y yo diría que no es culpa de los hombres políticos porque ya no estamos en ese espacio relativamente cerrado que era la Nación. Esta es una experiencia que siempre tuvieron las sociedades latinoamericanas.


–¿En qué sentido?


–En el sentido de que siempre dependieron mucho más del capitalismo internacional que las sociedades alemanas, francesas e inglesas; en cambio, hoy las sociedades del centro son tan dependientes del capitalismo como las otras.


–Menciona sólo tres países de Europa, ¿qué pasa con los otros? Y, ¿en qué sentido son más dependientes ahora?


–Cuando yo era chico vivía en una sociedad en la que lo esencial de lo que consumía –tanto en bienes industriales como en bienes alimentarios y bienes culturales– se fabricaban en Francia: coche francés, ropa francesa, literatura y cine franceses. Hoy vivo en una sociedad en la que esta camisa no es francesa, mi computadora tampoco y la música que escucho es muy poco francesa. Vivo en un mundo totalmente abierto, que da la sensación de no ser más controlado. El hombre político perdió gran parte de su capacidad de acción.


–¿Por qué la globalización de la vida, de la cultura, es la que restringe la distancia que usted marca entre la vida política y los electores? ¿Por qué lo atribuye a eso y no, por caso, a una tecnificación de la política?


–Porque también está la idea de que la vieja sociedad era una verdadera sociedad de clases, en la cual las desigualdades tenían una estructura muy particular y el sistema político europeo reflejaba esa estructura de clases: un campesino vota a la derecha y un obrero vota a la izquierda. El sistema político representa la vida social. En todas partes, este sistema se está deshaciendo. Lo que vemos hoy en Europa es que no hay verdaderamente partidos políticos, hay máquinas políticas: la máquina socialista o la máquina política pero ya no hay más militantes políticos. La gente vota en función de las circunstancias.


–¿Por qué hoy las circunstancias llevan a un obrero a votar por la derecha?


–Porque el obrero tiene la sensación de ver su mundo social desaparecer y entonces vota por los que le dicen que van a rehacer ese mundo: dejar Europa, echar a los extranjeros y crear instituciones autoritarias. Los obreros no son democráticos por naturaleza. En todas partes encontramos este electorado que cambia. La gran lección de la última elección en Argentina es que los electores son cada vez menos cautivos. Podemos lamentar eso pero me parece que esa evolución es irreversible.


–¿Por qué aquí es irreversible? Y en todo caso, ¿cautivo de qué?


–Porque me parece que la elección de los individuos es cada vez más individual, porque la política tiene un mecanismo casi automático de decepción, es decir, que se vota "en contra" de algo. Esto pasó en Francia hace 30 años cuando vimos que el mundo comunista francés, un mundo totalmente tomado por un partido político desapareció en diez años, porque los modelos de identificación social han cambiado profundamente.


–¿Cómo ve el fenómeno de los "nimby" (Not In My Back Yard. Trad: No en mi patio trasero) en este escenario que describe?


–El nimby es un fenómeno bastante clásico del movimiento ecológico. Es necesario que una autopista pase por nuestra ciudad, todos están de acuerdo, pero no por mi casa. Es un fenómeno totalmente banal: quiero electricidad pero no centrales nucleares en mi país. Quiero un hospital pero no muy cerca de mi casa. Es cierto que, por lo general, son las clases medias las que tienen esas capacidades políticas porque tienen la capacidad de presionar sobre los políticos. Por ejemplo, quiero una escuela social mixta pero no para mis hijos. La gente siempre fue nimby, siempre fue egoísta. No podemos imaginar que la gente fuera generosa, pero los mecanismos políticos tenían la capacidad de imponerse. En cambio hoy, los mecanismos políticos son demasiado débiles para imponerse. Por un lado, esto es desagradable pero, por otro lado, está bien porque los individuos tienen derechos y porque tenemos mucha experiencia de regímenes autoritarios. El mundo de ayer era por lejos tan abominable como el de hoy, e incluso más.


–Usted ha mencionado que la democracia del bienestar debilita la democracia política y la solidaridad, ¿a qué se refiere con esa afirmación?


–La democracia la podemos ver en cuatro niveles. El nivel elemental es el reconocimiento de los derechos. Democracia es el derecho de poder ser juzgado por jueces, el derecho a la seguridad física, etcétera. El segundo nivel es el de los derechos políticos. El tercero, el de los derechos sociales. Y hoy vemos un cuarto nivel, el de los derechos culturales. Ciertas minorías pueden tener derechos particulares, por supuesto que cada uno de estos derechos debilita al otro. El derecho político es un derecho absoluto y el social es un derecho relativo, porque vos podes decir: "sean cuales fueren las condiciones yo tengo derecho a votar", pero también podes decir: "tengo derecho a trabajar" con la condición de que haya trabajo, y eso cambia la naturaleza del derecho. Una de las dificultades de hoy es que la condición de los derechos sociales, aquellos que se benefician con los derechos, no quieren cambiar nada y hay una especie de bloqueo de los derechos sociales.


–¿Podría ilustrarlo con un ejemplo?


–El problema de los derechos sociales es que se van a delegar, a sumar a los derechos económicos. Un ejemplo simple: tengo derecho a jubilarme a los 65 años y que me paguen, con la condición de que haya muchos jóvenes, que ellos trabajen y que los viejos vivan mucho tiempo. Ahora, si no hay muchos jóvenes y, además, no trabajan mucho, ese derecho a jubilarme a los 65 años no tiene ningún contenido. Cuando la canciller de Alemania, Angela Merkel, permite que entren inmigrantes a su país lo hace por razones humanitarias pero, fundamentalmente, para pagar la jubilación de los alemanes porque no hay más jóvenes alemanes. Entonces, hay que entender que estos derechos no son iguales como el derecho a la libertad personal o como el derecho a la información. Por eso es que hoy existen muchas tensiones entre estos diversos sistemas.

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"La comunidad reemplaza a las instituciones"

Página/12 entrevistó en Atenas al presidente de una organización que coordina las diversas iniciativas solidarias que surgen de la ciudadanía ante el drama de los refugiados. Exhorta a la creación de un sistema común para el asilo.


Los efectos de las últimas medidas de ajuste implementadas por el gobierno de Alexis Tsipras para acceder al tercer rescate de la troika empiezan a sentirse en las calles de Atenas y la subida de impuestos o el recorte en pensiones golpean duro al país con mayor tasa de desempleo de la Zona Euro. Desencantada con la política tras el último referéndum y abocada, principalmente, a la ardua tarea de sobrevivir, podría pensarse que la ciudadanía griega tiró la toalla. Pero ante un drama que supera incluso el suyo, el de las millones de personas que huyen de las guerras de Siria y Afganistán, el pueblo heleno saca fuerza y se moviliza en su ayuda.


El Foro Griego de Refugiados (Greek Forum of Refugees) es un ejemplo de esta red solidaria que se teje en un país exhausto pero no rendido.


En el centro de Atenas, una pequeña oficina alberga a esta organización creada en 2010 para combatir la violencia y el racismo gracias a la unión de las comunidades afganas, somalíes y sudanesas –las mayores poblaciones extranjeras de Grecia–. Casi no hay lugar para sentarse entre las cientos de bolsas con ropa y comida –fruto de donaciones– que van desde el suelo hasta el techo, pero Yonous Muhammadi, el presidente de la asociación, adapta la entrevista a las circunstancias y logra, en medio del caos, explicar su labor. "Es la comunidad la que está reemplazando al gobierno en la ayuda a los refugiados desde hace muchos años, dándoles información –porque les es muy difícil acceder a solicitudes de asilo aquí– y haciendo de intermediarios entre ellos, las ONG y la ciudadanía. Nosotros tratamos de organizar, sin ningún apoyo institucional, a los distintos grupos de solidaridad que existen en Grecia y mantener una red", cuenta el director del Foro Griego de Refugiados (GFR).


Yonous Muhammadi llegó a Grecia desde su Afganistán natal hace trece años, también en calidad de refugiado. Por eso conoce en detalle la realidad de las cerca de 2 mil personas diarias que desembarcan en el puerto del Pireo (Atenas) escapando de las guerras de Medio Oriente y es consciente del valor que tiene para ellas que alguien que pasó por su misma experiencia pueda orientarlas. "Grecia es la puerta de entrada a un nuevo mundo así que los recién llegados necesitan aprender sus costumbres para que no se cree tensión con los residentes. Como nosotros ya somos parte de la sociedad griega, entendemos bien su funcionamiento y tratamos de explicárselos", relata Muhammadi.


Grecia recibió 400 mil refugiados e inmigrantes en lo que va del año, según datos de la ONU, y la mayoría llegó a las islas de Lesbos, Kos, Quíos y Farmakonisi. Pero, tras ser interceptados por la guardia costera, los refugiados son trasladados en grandes barcos a la capital, donde permanecen hasta que consiguen documentación y dinero para poder alcanzar el que, en realidad, es su destino: Alemania. Durante ese lapso indefinido muchos de los refugiados se instalan en parques o bajo los portales de las principales calles de Atenas. Centenares de afganos hacinados en la plaza Victoria del centro de la ciudad, en carpas del grosor de un papel, sin nada que comer y sin baño, es una imagen a la que los atenienses tienen que habituarse desde hace meses.


A principios de octubre, las autoridades municipales trasladaron al estadio Galatsi de los Juegos Olímpicos del 2004 –abandonado desde entonces– a más de mil migrantes y refugiados que dormían a la intemperie y a otro medio millar al antiguo aeropuerto de la capital griega, Elinikón. Estas dos instalaciones –llevadas adelante íntegramente por la labor de voluntarios– servirán de refugio momentáneo hasta que se abra un nuevo centro de acogida en Atenas, dado que el único que existe es el que el gobierno local de Syriza abrió en las afueras de la ciudad –Eleonas– donde unas setecientas personas viven transitoriamente en contenedores con capacidad para dos familias cada uno.


Pese a que la iniciativa gubernamental –con la apertura de estos espacios de acogida– es insuficiente, el presidente del Foro Griego de Refugiados reconoce que el Ejecutivo de Tsipras dio algunos pasos positivos en torno a esta problemática. "Por primera vez tenemos un Ministerio de Migración y eso marcó un cambio en la percepción que había de los refugiados. En 2013 y 2014 teníamos un ambiente totalmente antiinmigración impulsado por el anterior gobierno. Ahora, desde que la portavoz del Parlamento nuevo anunció que nadie tenía derecho a usar palabras ofensivas hacia los inmigrantes, los medios de comunicación modularon su discurso intolerante y la gente también", explica Muhammadi. "Además, las comunidades de refugiados tuvimos por primera vez el derecho a hablar con las autoridades y ser verdaderamente escuchados. Eso sí que es un gran cambio", añade.


De todos modos, la gestión del continuo flujo de personas que llega a Europa en busca de una vida mejor es una cuestión que ni el pueblo ni el gobierno griego pueden resolver solos y eso es algo de lo que la Unión Europea (UE) pareciera acabar de darse cuenta.


"El actual colapso del sistema de refugiados se debe a que nunca tomaron decisiones serias al respecto. Todos sabíamos que la crisis en Siria expulsaría a su gente hacia aquí, pero ellos nunca se lo tomaron en serio y no estuvieron dispuestos a dedicar tiempo y esfuerzo a este tema", subraya Muhammadi. "Durante muchos años no hubo responsabilidades compartidas entre las naciones de la Unión y éste es uno de los mayores problemas. Cada país intentó pasarle el problema al vecino y la única solución que encontraron fue la de dar dinero a Grecia o Italia –los mayores receptores– para que construyan muros más altos o centros de detención".


La decisión por parte de la UE de repartir, finalmente, 120 mil refugiados –en dos años– entre sus Estados miembros fue, para Muhammadi, una buena noticia pero tardía e insuficiente. Por un lado porque el número pactado por Europa es ridículo en comparación con las 480 mil personas que solo en 2015 llegaron al continente y, por otro, porque "si ellos no detienen los conflictos bélicos de Siria y Afganistán –y todos conocemos las causas de estas guerras–, nunca va a dejar de venir gente en busca de refugio".


En opinión del presidente del Foro Griego de Refugiados, es urgente la creación de un sistema común para el asilo, tal como lo estipula la Convención Internacional para los Refugiados, para asegurar que las personas que huyen de una guerra no terminen viviendo en condiciones que, muchas veces, son peores que las de los países que abandonan. Muhammadi recalca que es necesario cumplir la legislación que establece para los refugiados los mismos derechos que los ciudadanos del país que los reconoce, para así evitar los problemas que acarrea, por ejemplo, el no tener acceso al mercado laboral en cualquier Estado europeo. "Los medios o la sociedad ven solo a los que están en la guerra pero hay miles de personas que, ya estando aquí, viven en condiciones infrahumanas: más de treinta personas en un piso, víctimas frecuentes de explotaciones, menores que empiezan a formar parte de grupos violentos, etcétera.", detalla.


"La política del cierre de fronteras tiene también que cambiar, levantar muros es antidemocrático y va en contra de lo que supuestamente es la UE. Pero además lo que hay que hacer es encontrar un camino seguro, humano para la gente que necesita protección", asegura Muhammadi, a la vez que denuncia la hipocresía de los gobiernos europeos: "Damos asilo pero no queremos realmente dejarlos acceder a nuestra sociedad. Tenés que cruzar océanos, atravesar montañas, superar miles de peligros y, si sobrevivís, te aceptamos. ¡Eso es una locura!".

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Viernes, 11 Septiembre 2015 06:29

La inexistencia de Noruega

La inexistencia de Noruega

Europa debe aceptar los nuevos refugiados hijos del capitalismo global y herederos del colonialismo, pero a la vez debe fijar reglas claras que privilegien el estilo de vida europeo.


En su clásico estudio La muerte y los moribundos, Elisabeth Kübler-Ross propuso el famoso esquema de las cinco etapas de cómo reaccionamos al enterarnos de que tenemos una enfermedad terminal: la negación (uno simplemente se niega a aceptar el hecho: "Esto no puede estar pasando, no a mí"); ira (que explota cuando ya no podemos negar el hecho: "¿Cómo puede sucederme esto"); negociación (la esperanza de que de alguna manera podemos posponer o disminuir el hecho: "Déjame vivir para ver a mis hijos graduarse.") depresión (desinversión libidinal: "Me voy a morir, así que ¿por qué molestarme con todo esto?"); aceptación ("No puedo luchar contra ella, más vale que me prepare para ella.") Más tarde, KüblerRoss aplicó estas etapas a cualquier forma de pérdida catastrófica personal (falta de trabajo, la muerte de un ser querido, el divorcio, la adicción a las drogas), y también hizo hincapié en que no necesariamente vienen en el mismo orden, ni son experimentadas las cinco etapas por todos los pacientes.


¿No es la reacción de la opinión pública y de las autoridades en Europa occidental al flujo de refugiados de Africa y Medio Oriente una combinación similar de reacciones dispares? Existe (cada vez menos) la negación: "No es tan grave, ignorémoslo". Está la ira: "Los refugiados son una amenaza para nuestra forma de vida, entre ellos se ocultan los fundamentalistas musulmanes. ¡Deben ser detenidos a toda costa!". Hay negociación: "OK, establezcamos cuotas y apoyemos los campos de refugiados en sus propios países!". Existe la depresión: "¡Estamos perdidos, Europa se está convirtiendo en Europastan!". Lo que falta es la aceptación, la cual, en este caso, significaría un plan consistente de toda Europa para tratar con los refugiados.


Entonces, ¿qué hacer con los cientos de miles de personas desesperadas que esperan en el norte de Africa, escapando de la guerra y el hambre, tratando de cruzar el mar para encontrar refugio en Europa? Hay dos respuestas principales. Los liberales de izquierda expresan su indignación por cómo Europa está permitiendo que miles de personas se ahoguen en el Mediterráneo –su idea es que Europa debe mostrar su solidaridad abriendo sus puertas de par en par–. En cambio los populistas antiinmigrantes afirman que debemos proteger nuestra forma de vida y dejar que los africanos resuelvan sus propios problemas. Ambas soluciones son malas, ¿pero qué es peor? Parafraseando a Stalin, los dos son peores. Los mayores hipócritas son los que defienden la apertura de fronteras: en secreto saben muy bien que esto nunca va a pasar, ya que daría lugar a una revuelta populista instantánea en Europa. Actúan el Alma Bella que se siente superior al mundo corrupto mientras secretamente participan en él.


El populista antiinmigrante también sabe muy bien que, abandonados a sí mismos, los africanos lograrán cambiar sus sociedades –¿por qué no?


Porque nosotros, los europeos occidentales, estamos impidiendo que lo hagan. Fue la intervención europea en Libia, la que arrojó al país en el caos. Fue el ataque estadounidense a Irak, el que creó las condiciones para el surgimiento del Estado Islámico (EI). La guerra civil en curso en la República Centroafricana entre el sur cristiano y el norte musulmán no es sólo una explosión de odio étnico, fue provocada por el descubrimiento de petróleo en el norte: Francia (vinculada con los musulmanes) y China (vinculada a los cristianos) luchan por el control de los recursos petroleros a través de sus representantes.


Pero el caso más claro de nuestra culpa es el Congo de hoy que está surgiendo de nuevo como el "corazón de las tinieblas" africano. El artículo de portada de la revista Time el 5 de junio de 2006 se tituló "La guerra más mortal en el mundo" –una investigación detallada sobre cómo como alrededor de cuatro millones de personas murieron en el Congo resultado de la violencia política durante la última década. Ninguno de los habituales alborotos humanitarios le siguió, como si algún tipo de mecanismo de filtración hubiera bloqueado esta noticia para que no alcanzara pleno impacto–. Para decirlo cínicamente. El tiempo había elegido a la víctima equivocada en la lucha por la hegemonía en el sufrimiento –debería haberse mantenido con la lista de sospechosos de siempre–: las mujeres musulmanas y su difícil situación, la opresión en el Tíbet... ¿Por qué esta ignorancia?


En 2001, una investigación de la ONU sobre la explotación ilegal de los recursos naturales en el Congo encontró que el conflicto en el país es principalmente sobre el acceso, el control y el comercio de cinco recursos minerales clave: coltán, diamantes, cobre, cobalto y oro. Bajo la fachada de la guerra étnica, discernimos el funcionamiento del capitalismo global. El Congo ya no existe como un Estado unido; se trata de una multiplicidad de territorios gobernados por los señores de la guerra locales que controlan su pedazo de tierra con un ejército que, por regla general, incluye niños drogados. Cada uno de estos señores de la guerra tiene vínculos comerciales con una empresa extranjera o corporación que explota sobre todo la rica minería en la región. La ironía es que muchos de estos minerales se utilizan en productos de alta tecnología, como laptops y teléfonos celulares.


Así que olvídense de la conducta salvaje de la población local, simplemente quiten las empresas de alta tecnología extranjeras de la ecuación y todo el edificio de la guerra étnica alimentada por viejas pasiones se desmorona. Aquí es donde deberíamos empezar si realmente queremos ayudar a los africanos y detener el flujo de refugiados. Lo primero es recordar que la mayoría de los refugiados proceden de los "estados fallidos", donde la autoridad pública es más o menos inoperante por lo menos en grandes extensiones (Siria, Líbano, Irak, Libia, Somalia, Congo...). Esta desintegración del poder del Estado no es un fenómeno local, sino consecuencia de la economía y la política internacional, y en algunos casos, como Libia e Irak, incluso un resultado directo de la intervención occidental. Está claro que este aumento de "estados fallidos" no es una desgracia no intencionada, sino también una de las formas en que las grandes potencias ejercen su colonialismo económico. Uno también debería notar que las semillas de los "estados fallidos" de Medio Oriente hay que buscarlas en las fronteras arbitrarias dibujadas después de la Primera Guerra Mundial por el Reino Unido y Francia, que crearon una serie de estados "artificiales": el Estado Islámico, al juntar a los sunnitas en Siria e Irak, en última instancia, está uniendo lo que fue desgarrado por los amos coloniales.


No podemos dejar de señalar el hecho de que algunos países no demasiado ricos de Medio Oriente (Turquía, Egipto, Irán, etc.) están mucho más abiertos a los refugiados que los realmente ricos (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos, Qatar...). Arabia Saudita y Emiratos no reciben refugiados, aunque son vecinos de la crisis, así como ricos y culturalmente mucho más cerca de los refugiados (que son en su mayoría musulmanes) que Europa. Arabia Saudita incluso devolvió algunos refugiados musulmanes de Somalia –todo lo que hizo fue contribuir con 280 millones de dólares como apoyo a la educación de los refugiados–. ¿Es esto porque Arabia Saudita es una teocracia fundamentalista que no puede tolerar ningún intruso extranjero? Sí, pero también hay que tener en cuenta que en lo económico esta misma Arabia Saudita está totalmente integrada a occidente. ¿O no son Arabia Saudita y los Emiratos, desde el punto de vista económico, puestos de avanzada del capital occidental, estados que dependen totalmente de sus ingresos petroleros? La comunidad internacional debería ejercer una fuerte presión sobre Arabia Saudita (y Kuwait y Qatar, y...) para que cumplan con su deber en la aceptación de un gran contingente de los refugiados, sobre todo porque, por la forma en que apoyó a los rebeldes antiAssad, Arabia Saudita es en gran parte responsable de la situación en Siria.


Nueva esclavitud


Otra de las características que comparten estos países ricos es el surgimiento de una nueva esclavitud. El capitalismo se legitima como el sistema económico que implica y promueve la libertad personal (condición necesaria para que funcione el mercado). Pero genera esclavitud, como parte de su propia dinámica: aunque la esclavitud fue casi extinta a fines de la Edad Media, explotó en las colonias desde la temprana modernidad hasta la guerra civil de Estados Unidos. Y uno puede arriesgar la hipótesis de que hoy, con el surgimiento del capitalismo global, una nueva era de la esclavitud está emergiendo.

A pesar de que ya no existe la figura legal del esclavo, la esclavitud adquiere una multitud de nuevas formas: millones de trabajadores inmigrantes en la península de Arabia (los Emiratos, Qatar, etc.) están de facto privados de derechos y libertades civiles elementales; otros millones de trabajadores son explotados en fábricas asiáticas organizadas directamente como campos de concentración; en muchos estados del Africa Central (Congo, etc.) se hace uso masivo del trabajo forzoso para la explotación de recursos naturales. Pero no hace falta mirar tan lejos. El 1º de diciembre de 2013, al menos siete personas murieron cuando una fábrica de ropa de capitales chinos en una zona industrial en la ciudad italiana de Prato, a 10 kilómetros del centro de Florencia. Se incendió un domingo, matando a los trabajadores atrapados en un improvisado dormitorio de cartón construido en el lugar. El accidente se produjo en el distrito industrial Macrolotto de la ciudad, conocido por su gran número de fábricas de ropa. Riberto Pistonina, un sindicalista local comentó: "Nadie puede decir que está sorprendido por esto, porque todo el mundo supo durante años que, en la zona entre Florencia y Prato, cientos sino miles de personas están viviendo y trabajando en condiciones de casi esclavitud". Sólo en Prato hay al menos 15.000 trabajadores registrados legalmente, en una población total de menos de 200.000, con más de 4000 empresas de propiedad china. Se cree que miles de inmigrantes chinos están viviendo en la ciudad de manera ilegal, trabajando hasta 16 horas por día para una red de mayoristas y talleres que producen ropa barata.


Por lo tanto no tenemos que buscar la vida miserable de los nuevos esclavos muy lejos, en los suburbios de Shanghai (o en Dubai y Qatar) e hipócritamente criticar a China –la esclavitud puede estar aquí, en nuestra casa, simplemente no la vemos (o, más bien, fingimos no verla). Este nuevo apartheid de facto, esta explosión sistemática del número de diferentes formas de esclavitud de facto, no es un accidente lamentable, sino una necesidad estructural del capitalismo global de hoy. Esta es quizás la razón por la cual los refugiados no quieren entrar en Arabia Saudita. Pero los refugiados que entran a Europa se ofrecen para convertirse en mano de obra barata, en muchos casos a costa de los trabajadores locales que reaccionan ante esta amenaza uniéndose a los populistas antiinmigrante. Para la mayoría de los refugiados, convertirse en mano de obra barata europea sería sueño hecho realidad.


Los refugiados no son sólo escapan de sus tierras asoladas por la guerra, sino que también están poseídos por un cierto sueño. Podemos ver una y otra vez en nuestras pantallas refugiados en el sur de Italia, que dejaron en claro que no quieren quedarse allí –que en su mayoría quieren vivir en los países escandinavos–. ¿Y qué hay miles que acampan alrededor de Calais que no están satisfechos con Francia, pero están dispuestos a arriesgar sus vidas para entrar en el Reino Unido? Y ¿qué pasa con las decenas de miles de refugiados en los países Balcánicos que desean llegar a Alemania, al menos? Declaran este sueño como su derecho incondicional, y exigen a las autoridades europeas no sólo comida adecuada y atención médica, sino también el transporte hasta el lugar de su elección. Hay algo enigmáticamente utópico en esta demanda imposible: como si el deber de Europa fuera realizar su sueño, un sueño que, por cierto, está fuera del alcance de la mayoría de los europeos (¿cuántos europeos del este y del sur también preferirían vivir en Noruega?). Se puede observar aquí la paradoja de la utopía: precisamente cuando las personas se encuentran en situación de pobreza, angustia y peligro, y uno esperaría que estarían satisfechas con un mínimo de seguridad y bienestar, estalla la utopía absoluta. La dura lección para los refugiados es que "no hay Noruega", incluso en Noruega. Tendrán que aprender a censurar sus sueños: en lugar de perseguirlos, en realidad, deberían centrarse en cambiar la realidad.


Uno debe ser muy claro aquí: la idea de que la protección de una forma específica de vida en sí misma es una categoría protofascista o racista debe ser abandonada. Si no hacemos esto, abrimos el camino para que la ola antiinmigrante que crece en toda Europa y cuya señal más reciente es el hecho de que, en Suecia, el Partido Demócrata antiinmigrante por primera vez superó a los socialdemócratas y se convirtió en el partido más fuerte en el país. La reacción liberal de izquierda estándar para esto es, por supuesto, una explosión de moralismo arrogante: el momento en que demos alguna credibilidad al motivo "protección de nuestro modo de vida", ya comprometemos nuestra posición dado que proponemos una versión más modesta de lo que los populistas antiinmigrante abiertamente defienden. ¿No es esta la historia de las últimas décadas? Partidos centristas rechazan el racismo abierto de los populistas antiinmigrante, pero al mismo tiempo afirman "entender las preocupaciones" de la gente común y promulgar una versión más "racional" de la misma política.


Pero aunque hay un momento de la verdad en esta reacción, se debe rechazar, sin embargo, la actitud humanitaria liberal de la izquierda predominante. Las quejas que moralizan la situación –el mantra de "Europa perdió la empatía, es indiferente hacia el sufrimiento de los demás", etc., no es más que el anverso de la brutalidad contra los inmigrantes. Comparten la presuposición –que no es en modo alguno evidente por sí misma– que una defensa de la propia forma de vida excluye el universalismo ético. Uno por lo tanto debería evitar quedar atrapado en el juego liberal de "cuánta tolerancia podemos darnos el lujo de tener" -deberíamos tolerar si impiden que sus hijos vayan a escuelas públicas, si obligan a sus mujeres a vestirse y comportarse de una determinada manera, si planifican los matrimonios de sus hijos, si se maltratan a los gays en sus filas... En este nivel, por supuesto, nunca somos suficientemente tolerantes, o somos siempre –ya demasiado tolerantes, descuidando los derechos de la mujer, etc–. La única manera de salir de este punto muerto es ir más allá de la simple tolerancia de los demás: no limitarnos a respetar a los demás, ofrecer una lucha común, ya que nuestro problema hoy es común.


Otras formas de apartheid


Por lo tanto uno tiene que ampliar la perspectiva: los refugiados son el precio de la economía global. En nuestro mundo global, los productos circulan libremente, pero no las personas: están surgiendo nuevas formas de apartheid. El tema de las paredes porosas, de la amenaza de estar inundado por extranjeros, es estrictamente inmanente al capitalismo global, es una muestra de la falsedad en el discurso de la globalización capitalista. Es como si los refugiados quisieran extender la libre circulación global de materias primas también a las personas. Mientras que las grandes migraciones son un rasgo constante en la historia de la humanidad, su principal causa en la historia moderna son las expansiones coloniales: antes de la colonización, los países del Tercer Mundo consistían básicamente de comunidades locales autosuficientes y relativamente aisladas –fue la ocupación colonial, la que quitó los rieles a esta forma de vida tradicional y que llevó a renovadas migraciones a gran escala (también a través de la trata de esclavos).


La ola actual de las migraciones en Europa no es una excepción. En Sudáfrica, hay más de un millón de refugiados de Zimbabwe que están expuestos a los ataques de los pobres locales porque les quitan su trabajo. Y habrá más, y no sólo a causa de los conflictos armados, sino por nuevos "estados canallas", las crisis económicas, los desastres naturales, el cambio climático, etc. Ahora se sabe que, después de la catástrofe nuclear de Fukushima, las autoridades japonesas pensaron por un momento en que la totalidad del área de Tokio –20 millones de personas– tendrían que ser evacuadas.

¿En ese caso, a dónde hubieran ido? ¿En qué condiciones? Se les debería dar un pedazo de tierra o simplemente dispersarlos por el mundo? ¿Y qué pasaría si el norte de Siberia se hiciera más habitable y apropiado para la agricultura, mientras que las grandes regiones subsaharianas se volvieran demasiado secas para que viva allí una gran población? ¿Cómo se organizará el intercambio de población? Cuando cosas similares ocurrieron en el pasado, los cambios sociales ocurrieron de manera espontáneamente salvaje, con violencia y destrucción –tal perspectiva es catastrófica en las condiciones actuales, con armas de destrucción masiva disponibles para todas las naciones.


Por lo tanto, la principal lección que hay que aprender es que la humanidad debería estar lista para vivir de una manera más "plástica" y de forma más nómada: cambios locales o globales en el medio ambiente pueden imponer la necesidad de inauditas transformaciones sociales a gran escala. Una cosa está clara: la soberanía nacional tendrá que ser redefinida radicalmente e inventados nuevos niveles de cooperación global. ¿Y qué decir de los inmensos cambios en la economía y el consumo debido a los nuevos patrones climáticos o la escasez de fuentes de agua y de energía? ¿A través de qué procesos de decisión se decidirán y ejecutarán esos cambios? Tendrán que romperse una gran cantidad de tabúes y llevarse a cabo un conjunto de medidas complejas.


En primer lugar, Europa tendrá que reafirmar su pleno compromiso de proporcionar medios para la supervivencia digna de los refugiados. No debe haber ninguna concesión aquí: las grandes migraciones son nuestro futuro, y la única alternativa a este compromiso es una barbarie renovada (lo que algunos llaman "choque de civilizaciones").


En segundo lugar, como consecuencia necesaria de este compromiso, Europa debe organizarse e imponer reglas y regulaciones claras. El control estatal de la corriente de los refugiados debe reforzarse mediante una red administrativa vasta que abarque la totalidad de la Unión Europea (para evitar barbaridades locales como las de las autoridades de Hungría y Eslovaquia). Los refugiados deben ser reasegurados de su seguridad, pero también debe quedar en claro que ellos tienen que aceptar el lugar para vivir adjudicado por las autoridades europeas, además de que tienen que respetar las leyes y normas sociales de los estados europeos: ninguna tolerancia a la violencia religiosa, sexista, o étnica en ningún lado, ningún derecho a imponer a los demás la propia forma de vida o religión, el respeto a la libertad de cada individuo para abandonar sus / sus costumbres comunales, etc. Si una mujer opta por cubrir su rostro, su elección debe ser respetada, pero si no opta por no cubrirlo, su libertad tiene que ser garantizada. Sí, tal conjunto de reglas secretamente privilegia la forma de vida de Europa Occidental, pero es un precio por la hospitalidad europea. Estas reglas deben ser claramente expresadas y aplicadas, por medio de medidas represivas (contra los fundamentalistas extranjeros, así como en contra de nuestros propios racistas antiinmigrantes) si es necesario.


En tercer lugar, tendrá que inventarse un nuevo tipo de intervenciones internacionales: intervenciones militares y económicas que evitarían trampas neocoloniales. ¿Qué pasa con las fuerzas de la ONU garantizando la paz en Libia, Siria o el Congo? Los casos de Irak, Siria y Libia demuestran cómo el tipo incorrecto de la intervención (en Irak y Libia), así como la no intervención (en Siria, donde, bajo la apariencia de la no intervención, los poderes externos de Rusia a Arabia Saudita están totalmente comprometidos) terminan en el mismo punto muerto.


En cuarto lugar, la tarea más difícil e importante es un cambio económico radical que debería abolir las condiciones que generan refugiados. La causa última de la llegada de los refugiados en sí misma es el capitalismo global actual y sus juegos geopolíticos, y si no lo transformamos radicalmente, los inmigrantes procedentes de Grecia y otros países europeos se unirán pronto a los refugiados africanos. Cuando yo era joven, tal intento organizado para regular commons era llamado comunismo. Tal vez, deberíamos reinventarlo. Quizás sea, a largo plazo, nuestra única solución.
¿Es todo esto una utopía? Tal vez, pero si no lo hacemos, entonces estamos perdidos.


Por Slavoj Zizek, filósofo y crítico cultural. Su obra magna Menos que nada. Hegel y la sombra del materialismo dialéctico (Akal) se publicará en español en septiembre de este año. Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Domingo, 06 Septiembre 2015 06:36

Una respuesta militar a la crisis migratoria

Una respuesta militar a la crisis migratoria

Francia ya combatía al EI en Irak, pero ahora está dispuesta a hacerlo también en Siria, país adonde ya asesora y suministra armas a los rebeldes moderados. Una multitud reclamó que se "abran las fronteras para todos".


La impotencia europea para tratar con humanidad y responsabilidad la crisis migratoria así como la parsimonia a la hora de tomar decisiones y buscar consensos en el seno de los países de la Unión Europea sacaron a las calles de París a miles de personas en un momento crucial en el cual el presidente francés, François Hollande, vuelve a barajar seriamente la posibilidad de bombardear las posiciones del Estado Islámico en Siria. El avance constante del Estado Islámico es uno de los motivos por los cuales los sirios huyen de su país hacia Europa y, según revelaciones del vespertino Le Monde, París ya tendría decidido un esquema militar. El sábado, en la Place de la Republique, una manifestación en apoyo a los migrantes y los refugiados reclamó que se "abran las fronteras para todos". El rostro de esta demostración de solidaridad por parte de la sociedad civil era asombrosamente joven. Sin embargo, es lícito reconocer que las reacciones y la bondad de la sociedad han sido también de una lentitud evidente. Recién cuando se publicó la foto del niño sirio de tres años, Aylan Kurdi, encontrado muerto en una playa de Turquía, se produjo una suerte de despertar civil más consecuente.


La canciller alemana, Angela Merkel, y François Hollande hicieron pública la carta que remitieron a los responsables europeos para que estos asuman una serie de posiciones comunes ante la crisis migratoria. Merkel y Hollande admiten que se trata de "un gran desafío para Europa" al tiempo que apuntan a la "responsabilidad de cada Estado miembro (de la Unión Europea) y la solidaridad de todos". La demora de varios Estados para llevar a la práctica las decisiones tomadas en común figura también en esta carta. Ambos dirigentes piden a la Comisión Europea que recurra "a todos los medios de que dispone" a fin de forzar a los estados a respetar las reglas del derecho de asilo. París y Berlín proponen además en un corto plazo un "sistema de asilo europeo unificado". Sin embargo, el eje central de esa carta consiste en la inclusión de las cuotas de reparto de los refugiados y migrantes, una idea a la cual Francia se había opuesto hasta el momento. El texto no habla de "cuotas de migrantes" sino de "reparto" de los refugiados. Este debe llevarse a cabo de una forma "equitativa y con un espíritu de solidaridad entre los estados miembros" mediante un "mecanismo permanente y obligatorio de relocalización". La intervención conjunta de Francia y Alemania está dirigida concretamente a los países de Europa central y oriental que recurren a todas las artimañas imaginables para no obedecer a los tratados europeos.


Asimismo, la iniciativa pone en la mira el primer ministro británico, David Cameron, quien se escondió literalmente cuando fue convocado a participar en el esfuerzo general para ayudar a las poblaciones que huyen de la guerra. La Comisión Europea se consagrará ahora al rompecabezas de reubicar a los 160.000 refugiados que ya ingresaron a Europa en los últimos meses. La tarea es titánica debido a las trabas y argucias que utilizan muchos países, en especial los del Este y, entre ellos, Hungría.


Este fin de semana, Austria y Alemania dieron muestras de una extraordinaria solidaridad cuando, en contra de los convenios europeos, decidieron recibir en sus respectivos territorios los refugiados rechazados por la hostil e inhumana Hungría. "No vamos a abandonar a toda esa gente", dijo el canciller austríaco Werner Faymann (social demócrata). El calvario que viven los migrantes que llegaron a Hungría es horrendo. Familias enteras con niños y mujeres caminan sin rumbo luego de haber atravesado a pie los Balcanes. Recién el sábado, Budapest aceptó llevar en buses a los migrantes desde su territorio hasta la frontera austríaca. En Hungría, el partido de extrema derecha Jobbik llamó el sábado a manifestar contra los migrantes.


Según revelaciones adelantadas este fin de semana por el vespertino Le Monde, el presidente francés, ante la doble evidencia del fracaso militar de la oposición siria y de los éxitos militares del Estado Islámico, estaría contemplando bombardear las posiciones del EI en Siria. El rotativo afirma que si bien París limitó hasta ahora su participación militar a Irak, está dispuesto en adelante a ampliarlas a Siria, país a donde ya asesora y suministra armas a los rebeldes moderados. El vespertino francés cita fuentes de alto nivel, las cuales aseguran que "la decisión ya ha sido tomada". Francia es el país europeo más amenazado por el Estado Islámico y una intervención francesa en siria contra los radicales sunitas del IE "es un asunto de coherencia", escribe Le Monde. El diario adelanta también que, al principio, podría tratarse de vuelos de "reconocimiento y de espionaje en las zonas sirias ocupadas por el IE". Todas las alternativas políticas han fracaso en Siria. A finales de agosto, el presidente francés habló de "neutralizar" al presidente sirio Bashar al Assad y permitir así una negociación entre las partes tal y como quedó definida en la hoja de ruta elaborada durante las negociaciones que tuvieron lugar en Ginebra en 2012 y 2014.


La guerra en Siria, la situación de inestabilidad en Irak y un panorama similar en Afganistán has sido, junto al desmoronamiento del Estado libio consecutivo a la caída del ex presidente Muammar Khadafi, los principales ingredientes de la crisis migratoria que alcanzó a Europa. No hace falta extender amplios argumentos para ver que en cada uno de los mencionados países las potencias occidentales intervinieron militarmente con la descabellada idea de que la democracia y la paz podían exportarse con bombas. A los insensatos estrategas de Occidente se les escapó que esa guerra exportada se sumaba a las anteriores y que ello podría dar lugar a uno de los éxodos más dramáticos de la historia moderna.


Sin fuerzas de recambio confiables en cada país, los estados se vinieron abajo. 350.000 personas llegaron al Viejo Continente huyendo de la guerra en lo que va del año. En una tribuna publicada por el matutino Liberation y firmada por un colectivo de asociaciones humanitarias, éstas recuerdan que el problema no es nuevo, sino que fue ignorado por los políticos: "Hace varios años que alertamos a los responsables con correos privados, llamados a los medios, reuniones ministeriales y consultas internacionales". Los firmantes manifiestan su "exasperación" ante "la inercia de los responsables políticos" y denuncian el hecho de que "la falta de voluntad política mata hombres, mujeres y niños". Las sociedades europeas, con muestras de solidaridad muy variables, descubren no sólo los daños centrales de las intervenciones armadas de occidente sino, también, hasta dónde puede llegar el horror y la desesperación de cientos de miles de personas que cruzan a pie, a nado, en tren o en barcos suicidas miles de kilómetros en busca de otra vida. La respuesta política ha sido un desastre. Estados egoístas, una izquierda tan dormida, indolente como amorfa, una derecha que busca una posición mirando hacia las urnas y una extrema derecha en pleno auge que espera como un lobo sacar provecho de los nuevos extranjeros, han configurado una atmósfera política ciega y apática. Y como última lección, mientras la UE miraba haca el costado, fue la criticada Alemania y su canciller, Angela Merkel, quienes activaron las decisiones y los corazones. Alemania manda en Europa, sin dudas, en la economía y, ahora, en la humanidad.

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Sábado, 05 Septiembre 2015 05:02

Crisis del humanismo

Crisis del humanismo

Los recientes acontecimientos bélicos en distintos lugares del mundo llevaron a que miles de ciudadanos provenientes de los países en guerra golpeen infructuosamente los murallones de una Europa ensimismada. Hace tiempo que nos asombraban las declaraciones de los políticos más importantes de los países europeos, mostrando una rara insensibilidad, incluso en países que cultivan o cultivaron memorias reparatorias de otros momentos de horror que ellos mismos tuvieron que atravesar. ¿Debemos olvidar definitivamente que es la Europa que recorrió su época moderna con diversas nociones de humanismo y derechos humanos? La noción de humanismo, con tanto sabor renacentista, se expresó en numerosos y diversos pensamientos con Descartes, Kant y Sartre. ¿Pero ahora, ésta es la Europa que con Husserl interpretó su crisis científica como una crisis de pensamientos que no atendían suficientemente los "mundos de vida"? ¿Ya debemos entonces abandonar un legado como éste, que junto a tantos otros, determinó las obras de Heidegger, Sartre, MerleauPonty y Habermas?

 

No sobran hoy en Europa las voces que recojan un hondo clamor, el de las poblaciones de Africa y Medio Oriente, como si se hubiera cumplido por entero el veredicto que anunciaba el fin de la experiencia creadora bajo el peso aplastante de lo que se llamó cosificación. Con esta última expresión siempre se aludió al modo en que las prácticas humanas se cerraban frente a una sustracción de la raíz moral de la acción libre, paralizadas por rutinas de producción, consumo y lenguaje que saqueaban el horizonte de eventos que constituyen la singularidad de cada vida. Los Estados europeos se tornaron cada vez más clientelistas de las hipótesis de control, convirtiendo la clausura de fronteras en una acción que poco a poco se ha transformado en un modelo completo de gobierno, una obstrucción que inaugura un sujeto confiscado por una forma dispersiva del flujo de informaciones, pero engarzado en formas comunitarias canceladas, que inauguran un estilo global regimentador de empleos, pulsiones y cuotas inmigratorias. Estas son necesarias para un nuevo servilismo laboral y a la vez vigiladas con nuevas tecnologías de inspección. El Estado yace en su frontera embotada, allí el hombre es el lobo del hombre.


En simultaneidad con estas políticas de asfixia del flujo plural de vidas, sucedió el estallido de los grandes caparazones políticos que aun recogían los vibrantes legados de principios de siglo veinte y la segunda mitad del siglo diecinueve. En Grecia llegaron a ahogar la incipiente experiencia de una izquierda democrática soberanista en nombre de lo que un célebre alemán llamó la "jaula de hierro", pero para denominar la forma en que se ponía fin a la última llama de eticidad y justicia que una sociedad nunca debería resignar. En Francia, el surgimiento de una derecha que se desprendió módicamente de su festejo del Holocausto, pero que se jacta de ser la heredera de los que condenaron a Dreyfuss, renace con fuerza y votos de los que antes se llamaban orgullosamente proletarios. Quizás no hay indiferencia en su otrora vibrante clase intelectual, pero algo ha ocurrido para que reaccione lentamente. Fallecidos Barthes, Blanchot, Derrida, Foucault, que habían protagonizado el gran giro discursivo de la filosofía francesa, son apenas titilantes los pensamientos capaces de asombrar tanto por su finura, la calidad de su escritura y la posibilidad de conmover la potencia colectiva de un rechazo al estado de las cosas. ¿Hay responsabilidad en haber abandonado el "compromiso" de Sartre en el largo rastro que dejó la adusta "Carta sobre el humanismo" de Heidegger? Esa magnífica carta tiene algo de injusta al desdeñar una filosofía humanismo que veía demasiado apegada a la lógica de lo que hoy llamamos "medios de comunicación" –he allí un gran tema–, pero todos los que durante décadas leímos a los fecundos y admirables maestros del nuevo lenguaje filosófico –el de Las palabras y las cosas de Foucault, el de Espectros de Marx, de Derrida–, tenemos que confesar que si deberemos seguir admirando la estetización del lenguaje, ahora será preciso confrontarlo con una foto, pero no para declarar el triunfo final de la "imagen", sino para descubrir también qué tiene la foto en su peculiar "lenguaje", que nos llama también a revisar procedimientos de la conciencia política colectiva, así como ella también –en tanto foto– es un procedimiento de la "conciencia" de aquellos medios de comunicación.


Una foto no es un texto, pero está sostenida por una urdimbre de textos invisibles, de una lengua interior que son sus pilares ocultos. La foto es decisionista, y la foto de niño sirio muerto en la playa no es necesariamente la imagen que sustituye la desidia para tomar cuenta del desastre humano que acontecía ante nuestros ojos, sino que es, antes que aparezca crudamente la conciencia directa de la catástrofe, un sistema de decisiones que los medios de comunicación discuten diariamente. Esta vez, la propia fotógrafa tuvo que decidir si obtenía el registro icónico de la imagen en vez de ayudar, y creyó que no vulneraba su condición de "simplemente humana" obturando el disparador de la cámara, pues el niño ya estaba muerto. No podía ayudarlo entonces. Esta opción de un humanismo complejo y crítico es el ingrediente moral de la percepción trágica de la historia. En la redacción del diario, hay otras imágenes que son metaimágenes. Se los muestra a los periodistas decidiendo si publican o no esa imagen. Es una imagen, pues, sostenida en decisiones y metodologías mundiales de los medios de comunicación, habituales cuando se realizan lo que llamamos "operaciones periodísticas", es decir, recortes específicos que reclaman para sí toda la universalidad del "horizonte global de eventos". Casi todos los diarios del mundo, también los de Argentina, editorializaron sobre "si publicarla o no publicarla".


En esas discusiones hay algo decisivo. Personalmente, festejo esta decisión de publicar aun sabiendo la trama de dificultades morales inherentes a ella y admitiendo que es la misma metodología con la que realizan a diario los fuertes impulsos comunicacionales dirigidos a configurar y moldear a los colectivos humanos. Pero en este caso, la "operación" implicaba una tácita discusión filosófica sobre el orden político y ético de la humanidad. Ineluctable e ingratamente sorprendente, con el mismo proceder de lo que serían vulgares operaciones de recorte y fragmentación de la realidad, se tomó la decisión de dar a conocer la foto y dar a conocer que también se discutió sobre la propia decisión. Al ponerse una imagen de una tragedia real –apenas un punto infinito del enjambre de hechos iguales a éste que suceden a diario–, implícitamente se devuelve una facultad espiritual que parecía perdida. No obstante, la súbita globalización de los buenos sentimientos es una materia prima suficientemente empleada para que no se agote en sí misma bajo la noción de "primicia", fácilmente recostada en su tremenda obviedad emotiva. Por eso, junto al sorpresivo poder de una imagen que ocupó la fisura que delataba cómo se había ausentado del mundo –del viejo continente– el espíritu de "communitas" sobre el que tanto giró la política en las últimas décadas, es necesario refundar el humanismo filosóficopolítico. Un humanismo que recree la relación imagen-pensamiento sin abandonar el sentimiento primario de angustia para la acción a la que nos invita esa foto en su inmediatez. Solo luchando con nosotros mismos, podemos representarla en nuestra conciencia crítica en su dramática y última verdad.


Es claro que hay que detener una guerra, cuyos ecos llegan confusos hasta aquí, con una carga de destrucción nueva. Para comprenderla y criticarla con efectiva contundencia, hay que situarse al nivel de la humanidad, e incluso las políticas nacionales de nuestros países, con lo complejas que ya son de por sí, ellas también deben situarse en ese nivel, que es el que las coloca en condiciones de reprobar las matanzas, sean genéricas o específicas, el terrorismo "político-teológico" y la destrucción de tesoros de la historia del hombre, porque también conocemos el camino en el cual, el golpe de lo singular en su drámatica sordidez, el niño que trajo el mar sobre la playa muerto, nos lleva por las inferencias adecuadas del sentimiento y la razón, a acusar a una turbia esfera política mundial de nuestro presente. Es nuestra desmedida actualidad que exige, en principio, reaccionar a contrapelo, haciendo "inactual al presente". Impidiendo en nosotros mismos, rebuscando en legados que en todos nuestros países existen, para combatir el movimiento de un abstracto poder financiero que se pone como concreto modelo del antihumanismo, y del antihumanismo simétricamente opuesto pero complementario, que lo ataca con violencias mesiánicas que en demasiados casos obedecen al espeso mecanismo de "lo mismo, lo otro". Esta consigna, literariamente fascinante, no lo es en la política mundial. En medio de la crisis del humanismo, este juego de espejos pone todo al borde de un desastre planetario, que sin embargo, nunca alcanzará la totalidad del mal, del mismo modo que nunca una totalidad se consuma. Las palabras de una imagen, si lo podemos decir así, brotadas del mismo sistema productivo de signos que lo humano derrama por todas partes, tocaron inesperadamente nuestras espaldas.

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Viernes, 21 Agosto 2015 05:42

¿Es posible salir del facilismo?

¿Es posible salir del facilismo?

Trascender el facilismo no parece nada fácil. Esto suena como un juego de palabras, pero no lo es. El facilismo es una cultura de vida, política y social, que ha modelado el comportamiento de la población de nuestro continente durante varios siglos y que está sólidamente acomodado como un sentido común. Más aún, muchas personas y familias no conocen otro modo de vivir la vida ni de relacionarse entre ellas. Eso no quiere decir que aceptemos la cultura del facilismo, ni que disculpemos a quienes la practican ni, menos aún, a los que se benefician de ella.


En primer lugar, a tendencia al facilismo resulta ser un legado de la época colonial, que se ha agravado con el tiempo, estimulado por una bonanza artificial generada por las industrias extractivas. Al parecer ningún gobierno que no reparte bienes materiales "generosamente" y sin exigencia alguna, se puede mantener en el poder. Los sucesivos gobiernos no han combatido esta cultura sino que se apoyaron en ella, precisamente porque es más "fácil" que combatirla y ofrecer alternativas. Lo que ha cambiado es la orientación del facilismo, el direccionamiento de los recursos hacia sectores más amplios o más restringidos de la población, pero no su esencia que ha permanecido incambiada.


En segundo lugar, la cultura del facilismo degrada las relaciones sociales, genera individualismo para competir con los otros y las otras en la captura de los recursos materiales y simbólicos, lo que corroe el sentido de comunidad y de lo colectivo. Lo que incrementa aún más la complejidad de esas relaciones es su anclaje enraizado en las emociones colectivas; en el contexto de cada cultura se suelen perfilar actitudes vinculadas a determinados "emocionares": el facilismo lo vinculamos, en este sentido, con las aspiraciones y expectativas culturalmente generalizadas que sugieren la posibilidad de solucionar necesidades y carencias sin desplegar un esfuerzo, "sin tener que mover un dedo" y "que otros me resuelvan".


Este es uno de los mayores daños que provoca esta cultura, porque destruye, precisamente, las bases que podrían contribuir a salir del modelo actual. La comunidad organizada y la fraternidad/sororidad como prácticas de vida, son las bases para otro modo de vida que supere al culturalmente establecido.


En tercer lugar, el facilismo atenta contra la producción de bienes materiales y simbólicos ya que reproduce lo viejo: el caudillismo, el paternalismo personal o estatal, y las relaciones jerárquicas, reforzando la subordinación de la sociedad. De esa manera se cierran las puertas a un activismo consciente y autónomo, a la toma de decisiones individuales y colectivas que permitan superar el estado de cosas heredado. Lo que parece ser el propósito político es mantener una relación clientelar entre gobiernos pudientes y pueblos necesitados. Y esa estrategia se mantiene, como por ejemplo en el caso de Venezuela donde la riqueza fácil con base en la renta petrolera fue política de Estado desde hace décadas y donde ahora, en una situación de bajos precios del crudo, se impone desde arriba una reforma tributaria; la finalidad es el incremento de ingresos fiscales no-tradicionales para poder dar continuidad a las dádivas fáciles del clientelismo.


La producción, y no la distribución, son las bases de un mundo mejor al actual. Todas las corrientes emancipatorias que ha conocido la humanidad, de carácter religioso o laico, espiritual o científico, han colocado la producción y la creación de nuevos valores en el centro de sus preocupaciones. La disputa por los bienes existentes es, necesariamente, una disputa negativa, que consiste en quitarle a otro para usufructuarlo. Eso sería aceptable, en todo caso, una sola y única vez, como recuperación de valores previamente expropiados, más no se impone: en lo fundamental, un mundo nuevo o mejor al actual debe asentarse en la creación y, por lo tanto, en la producción, actitudes positivas y realmente transformadoras.
Es por eso que pensamos que el facilismo, en su versión renta petrolera, nacionalizaciones u otras, no permite trascender el mundo y las relaciones sociales existentes sino que, por el contrario, las reproduce eternamente. Una actitud transformadora es siempre creativa.


Por último, tampoco se sale del facilismo combatiéndolo, haciendo campañas o luchando contra sus manifestaciones. En los años 70 abundan los ejemplos de estrategias generalizadas de enfrentamiento, sea con los gobiernos de turno, con y entre partidos políticos, y contra el enemigo de cada momento en las luchas reivindicativas. Visto en retrospectiva pareciera que ya no se hallaba con quién más pelear. Da la impresión que hasta en la actualidad cuesta a muchas organizaciones reconocer que tal actitud significa relacionarse con el entorno desde unas relaciones culturales caracterizadas por las emociones y la lógica de acumulación de poder, pero en nombre de profundas transformaciones sociales. ¿No se tratará de irnos saliendo de los fundamentos culturales que sustentan el capitalismo: las relaciones jerárquicas, la acumulación de poder, conocimientos y riquezas, la particularización que fundamenta la civilización patriarcal?


Una cultura sólo cambia en tiempos largos, luego de extensos períodos que abarcan varias generaciones. Pero, por encima de todo, una cultura no cambia a través de la negación de la misma, ya que combatirla las más de las veces consigue afirmarla, crea mecanismos de defensa que la consolidan y la vuelven más resistente.


Para modificar una cultura es necesario practicar otra cultura, asentada en otros valores, en otras relaciones entre las personas, y ente ellas y el medio en que viven. Los campesinos no hacen crecer las plantas estirando de los brotes, sino indirectamente, ofreciéndole agua y luz. Cambiar una cultura como el facilismo requiere de cuidados y afectos, algo que sólo podemos hacer en comunidad con responsabilidad individual. Porque el facilismo, entre otros problemas que presenta, permite que la irresponsabilidad individual se ampare en el colectivo.


Numerosos proyectos de vida que se están autogestionando y autofinanciando hoy en el mundo –asociaciones, colectivos, cooperativas- están comprendiendo que producir implica esa transformación cultural, transcender las relaciones de competencia, un hacer cuyo "cómo" apuntala al descubrimiento de relaciones de producción donde destacan el fin solidario en vez del lucro, la circularidad en las conversaciones y la equidad comunitaria. Un cambio muy paulatino. Pero los cambios culturales profundos se cocinan a fuego lento y a largo plazo. Una de las condiciones para ello parece ser el cambio personal, partiendo de la reflexión que [email protected] vivimos bajo la influencia de esa cultura del facilismo.


Jorge Rath es miembro del Equipo de Publicaciones Cecosesola (organismo de Integración Cooperativa del Estado Lara; fundada en 1967, es actualmente una convivencia de unas cincuenta cooperativas y asociaciones civiles: www.cecosesola.org)


Raúl Zibechi es escritor y periodista uruguayo, colabora con varios movimientos sociales en América Latina

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Jueves, 13 Agosto 2015 06:46

La realidad y los sueños

La realidad y los sueños

Escribir es una forma de ser útil si consideras que nuestra sufrida humanidad debe ser más y mejor educada ante la increíble ignorancia que nos envuelve a todos, con excepción de los investigadores que buscan en las ciencias una respuesta satisfactoria. Es una palabra que implica en pocas letras su infinito contenido.


Todos en nuestra juventud oímos hablar alguna vez de Einstein y, en especial, tras el estallido de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki, que puso fin a la cruel guerra desatada entre Japón y Estados Unidos. Cuando aquellas bombas fueron lanzadas, después de la guerra desatada por el ataque a la base de Estados Unidos en Pearl Harbor, ya el imperio japonés estaba vencido. Estados Unidos, el país cuyo territorio e industrias permanecieron ajenos a la guerra, pasó a ser el de mayor riqueza y mejor armado de la tierra, frente a un mundo destrozado, repleto de muertos, heridos y hambrientos.

 

Juntos, la URSS y China habían perdido más de 50 millones de vidas, sumadas a una enorme destrucción material. Casi todo el oro del mundo fue a parar a las arcas de Estados Unidos. Hoy se calcula que la totalidad del oro como reserva monetaria de esa nación alcanza 8 mil 133,5 toneladas de dicho metal. A pesar de ello, haciendo trizas los compromisos suscritos en Bretton Woods, Estados Unidos, declaró unilateralmente que no harían honor al deber de respaldar la onza Troy con el valor en oro de su papel moneda.


Tal medida decretada por Nixon violaba los compromisos contraídos por el presidente Franklin Delano Roosevelt. Según un elevado número de expertos en esa materia, crearon así las bases de una crisis que entre otros desastres amenaza golpear con fuerza la economía de ese modelo de país. Mientras tanto, se adeuda a Cuba las indemnizaciones equivalentes a daños, que ascienden a cuantiosos millones de dólares como denunció nuestro país con argumentos y datos irrebatibles a lo largo de sus intervenciones en las Naciones Unidas.


Como fue expresado con toda claridad por el Partido y el Gobierno de Cuba, en prenda de buena voluntad y de paz entre todos los países de este hemisferio y del conjunto de pueblos que integran la familia humana, y así contribuir a garantizar la supervivencia de nuestra especie en el modesto espacio que nos corresponde en el universo, no dejaremos nunca de luchar por la paz y el bienestar de todos los seres humanos, con independencia del color de la piel y el país de origen de cada habitante del planeta, así como por el derecho pleno de todos a poseer o no una creencia religiosa.


La igualdad de todos los ciudadanos a la salud, la educación, el trabajo, la alimentación, la seguridad, la cultura, la ciencia, y al bienestar, es decir, los mismos derechos que proclamamos cuando iniciamos nuestra lucha más los que emanen de nuestros sueños de justicia e igualdad para los habitantes de nuestro mundo, es lo que deseo a todos; los que por comulgar en todo o en parte con las mismas ideas, o muy superiores pero en la misma dirección, les doy las gracias, queridos compatriotas.

 

Fidel Castro Ruz
Agosto 13 de 2015
1 y 23 a.m.

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Viernes, 31 Julio 2015 07:22

El socialismo al estilo estadounidense

El socialismo al estilo estadounidense

Más de 450 comunidades ya tienen sistemas de Internet públicos, una quinta parte de los hospitales son actualmente de propiedad pública, unos 30 estados invierten fondos en empresas incipientes que tienen visos de ser viables. Crece el escepticismo sobre el capitalismo entre los jóvenes y las minorías, ¿veremos más iniciativas de este tipo en el futuro?

 

El gran economista conservador del siglo XX Joseph Schumpeter pensaba que la izquierda había subestimado la capacidad de persuasión de una de las mejores razones que pueden aducirse en favor del control público del capital productivo. "Uno de los argumentos más poderosos y difíciles de rebatir", sugirió, es que la propiedad pública produce beneficios, lo que significa que la captación de ingresos públicos no tiene que depender sólo de los impuestos.


El grueso de la izquierda de Estados Unidos nunca tomó como propio el argumento de Schumpeter. De un modo extraño y oportuno, en la actualidad hay un sector relevante de la política estadounidense que ha hecho suyo y repite el mantra en favor del control público del capital productivo a cambio de una rebaja de impuestos: los conservadores.


El de Alaska es el caso más conocido. El Alaska Permanent Fund, instituido por un gobernador republicano en 1976, combina no uno, sino dos principios socialistas: propiedad pública y provisión de una renta básica para todos los residentes. La recaudación y las inversiones del fondo proceden de la extracción de petróleo y minerales del estado. Los dividendos se abonan anualmente a todos los residentes.


Texas constituye otro ejemplo práctico de socialismo conservador. Hace casi 150 años, el Texas Permanent School Fund pasó a controlar aproximadamente la mitad de los derechos sobre las tierras y los minerales asociados del dominio público. Tras su cesión por parte del gobierno federal, en 1953 se añadieron los "suelos sumergidos" costeros. Cada año, los réditos del fondo se destinan a la educación; sólo en 2014 éste aportó 838,7 millones de dólares a las escuelas del estado. Otro fondo, el Permanent University Fund, valorado en 17.500 millones de dólares, posee más de 2 millones de acres de tierras y sus ganancias se destinan a apoyar la financiación del sistema universitario estatal.


En otros estados conservadores es frecuente la existencia de fondos socializados parecidos –a veces bajo el nombre de fondos patrimoniales soberanos–. El Permanent Wyoming Mineral Trust Fund, con un valor de mercado acumulado que supera los 7.000 millones de dólares en mineral de extracción, constituye una expresión directa de la doctrina de Schumpeter: la propiedad socializada ha permitido eliminar los impuestos sobre la renta en el estado.


Este "socialismo al estilo estadounidense" puede producir extrañas inversiones en las tomas de posición políticas de conservadores y liberales. La Tennessee Valley Authority (Tva) es una de las mayores empresas "socialistas" del país, pues se trata de una compañía de propiedad pública con ventas valoradas en 11.000 millones de dólares anuales, 9 millones de clientes y 11.260 empleados, que suministra electricidad y participa en la gestión de la cuenca del río Tennessee. En 2013 el presidente Obama propuso privatizar la Tva, pero los políticos republicanos locales, preocupados por las perspectivas de una subida de los precios para los consumidores y de una disminución de ingresos para sus estados, se opusieron con éxito a esa idea.


Aunque los modelos estatales de propiedad privada no han sido un objetivo prioritario por parte de la izquierda moderna, lo cierto es que algunos activistas políticos y sociales han empezado a hacer suya la idea de que puede ser deseable tomarse en serio la propiedad pública de activos y riquezas cuando ésta beneficia a las comunidades locales. En Boulder, Colorado, activistas que luchan contra el cambio climático han contribuido a dos victorias electorales importantes en la lucha por municipalizar los servicios de electricidad propiedad de Xcel Energy. Al estilo socialista, es habitual que las empresas de servicios de propiedad pública también reviertan una parte de sus beneficios a la ciudad o al condado, contribuyendo así a complementar los presupuestos locales y a aliviar la presión sobre los contribuyentes.


De hecho, hoy en Estados Unidos operan ya más de 2 mil empresas de servicios de electricidad de propiedad pública que, junto con otras cooperativas, suministran más del 25 por ciento de la electricidad del país.


En Nebraska, uno de los estados más conservadores, cada residente y negocio reciben electricidad suministrada por empresas de propiedad pública o por cooperativas. En parte por eso, los ciudadanos de Nebraska pagan una de las facturas más baratas de electricidad de todo el país.


La lista de ejemplos es mucho más extensa. Más de 450 comunidades han construido sistemas de Internet parcial o completamente públicos, algunos tras librar importantes batallas políticas. Aproximadamente una quinta parte de los hospitales son actualmente de propiedad pública. Muchas ciudades son propietarias de hoteles, incluida la de Dallas (que tuvo como adalid de este proyecto al anterior alcalde republicano Tom Leppert). Unos 30 estados invierten fondos públicos de forma directa en empresas incipientes que tienen visos de ser viables.


Además, en contra de la opinión comúnmente extendida, los estudios comparativos acerca de la eficiencia de las empresas públicas modernas muestran que en la mayor parte de los casos es prácticamente equivalente a la de las empresas privadas. (No son perfectas, claro: muchas de las agencias, corporaciones y consejos públicos que controlan esas empresas no rinden cuentas de forma exhaustiva ni son suficientemente transparentes en sus operaciones.)


Viendo cómo crece el escepticismo sobre el capitalismo entre los votantes jóvenes y las minorías, ¿veremos más iniciativas de este tipo en el futuro? Los péndulos oscilan, a veces de forma brusca, cuando los grandes tsunamis económicos golpean con fuerza. Puede que en la próxima gran crisis ambos bandos sean capaces de ponderar la sensatez de la idea de la propiedad pública y los beneficios prácticos que ésta conlleva, y que acaben sacando provecho de la reflexión de Joseph Schumpeter de un modo más audaz, si cabe, que en la actualidad. 


Por Gar Alperovitz, economista político e historiador. Es el creador de Democracy Collaborative, una fundación de desarrollo comunitario en la que Thomas M Hanna ejerce como director de investigación.
Tomado de Sinpermiso.

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Las Patronas: 20 años de entrega a los migrantes indocumentados

El 5 de febrero cumplieron 20 años de ardua labor humanitaria al servicio de los migrantes indocumentados que atraviesan territorio mexicano en su paso hacia Estados Unidos.

Su pueblo La Patrona, Amatlán, Veracruz, México es parada obligatoria para el tren llamado "La Bestia", que transporta en el lomo de sus vagones a miles de indocumentados que han sido arrojados a la indefensión migratoria, desde sus países de origen por gobiernos corruptos y sistemas en decadencia que los olvidan en las alcantarillas de las clases sociales y la imposibilidad del desarrollo.

Las Patronas es un grupo de mujeres que sale a las vías del tren y lanzan bolsas de comida y botellas de agua a los migrantes que van sobre "La Bestia." Son el ejemplo vivo de lo que es dar sin esperar nada a cambio. Con ellas se vive la acción. El actuar. El movilizar. Concientizar de la situación de la migración indocumentada es parte vital de su aporte a esta problemática mundial.

Conocidas en el mundo entero por tan íntegra entrega, Las Patronas están de aniversario, cabe mencionar que es primera vez que lo celebran. Tuve el enorme privilegio de conversar vía telefónica con Norma Romero, coordinadora de Las Patronas. Una charla que nada tuvo de entrevista periodística, más bien una plática entre una indocumentada que muy bien pudo ir sobre cualquier vagón de "La Bestia," en su camino hacia Estados Unidos, y una mujer que en cualquier instante pudo tenderle la mano para ayudarla.

Crónicas de una Inquilina tiene el gusto de presentarles en Encuentros a: "Las Patronas". Disfrútenla y si les nace coméntenla y compártanla, porque las heroínas de pies de barro, son candiles encendidos en los rincones más oscuros de la indiferencia.

 

¿Qué es lo que sucede el 05 de febrero de 1995?


Dos de mis hermanas –Rosa y Bernarda– fueron a comprar el pan y la leche para desayunar, y cuando el tren venía, pasó despacio porque como es paso ahí tiene que bajar la velocidad, y nosotros pensábamos que la gente que venía en el tren era mexicana y que se subía en éste para aventurarse, a veces los jóvenes tiene inquietudes, verdad. Pensábamos que como nadie les cobraba el transporte se podían subir pero, ellas escucharon que les gritaron "madre tenemos hambre" y ellas pensaban que las estaban vacilando, y pasó el siguiente grupo y también les dijo "madre tenemos hambre regálanos un pan" entonces una de ellas les tiró la bolsa de pan y vino el grupo de atrás y también les pidió entonces les lanzaron las cajas de leche. Y llegaron a la casa y mi mamá les preguntó qué habían hecho con el pan y la leche que les había encargado y ellas le comenzaron a decir: fíjate mamá que la gente que va en el tren, pues no es mexicana porque tienen un acento no sé cómo hablan ellos, y nos gritaron que tienen hambre.

Entonces nos reunimos en casa y conversamos toda la familia, la verdad en ese tiempo alcanzaba el dinero y hasta sobraba, porque eran baratas las cosas, hoy en día lastimosamente está más cara la canasta básica. Entonces empezamos a hacer taquitos, que arrocito, que huevitos y frijolitos. Y pusimos 8 taquitos en cada bolsita. El día después de que mis hermanas reglaron el pan y la leche empezamos a hacer la comida y fueron 30 "lonches" y resulta que mi "apá" dijo bueno y les van a dar el taco, ¿y con qué se lo van a bajar? Pues llenen una botellitas de agua dice. Las botellitas de agua no las podían agarrar porque se les resbalaban de las manos, llegamos a casa y le contamos a mi "apá" y nos dijo que las amarráramos en par un hilo y eso hicimos.

Y así inicia la historia de Las Patronas, que le ha vuelta al mundo; con una familia que no fue apática a la necesidad de desconocidos. ¿Cuántos de nosotros haríamos eso?

 

Norma Romero (Izquierda), Leónida Vázquez, y Julia Ramírez, forman parte del grupo de ayuda humanitaria 'Las Patronas'. //Foto: Manu Ureste
 

Empezaron con 30 almuerzos, ¿hoy en día cuántos dan?


Ahorita a partir de 2014 fue el cambio –debido al Plan Frontera Sur, que criminaliza a los indocumentados por parte de autoridades mexicanas y hace que estos busquen otras vías de transporte para llegar a la frontera con Estados Unidos- porque nosotros estábamos dando entre 600 y 700 "lonches" porque era mucha gente la que estaba cruzando, llegamos a tener hasta más de mil personas al día. Buscándole pan de dulce, tortillas, lo que hubiera, lo que encontráramos y pidiéndole a la tente que donara su comida que no la tiraran porque luego la tiran cuando les sobra. Y hacíamos recolectas y la gente se empezó a dar cuanta que sí había necesidad y comenzaron a donar. Y así fue como se dio y la gente se empezó a involucrar.

Claro que no ha sido fácil porque antes ayudar a un indocumentado era un delito y era donde teníamos que tener cuidado. Después de formar un grupo con mi familia formé otro grupo en la parte centro del pueblo con otras mujeres para que nos pudieran ayudar, así ellas daban comida allá y nosotras por acá. Y fue ahí donde comenzamos pero después vinieron los malos comentarios de la gente: "no que esas viejas están locas, que ayudar al migrante es un delito, que las van a acusar de polleras." Ellas estuvieron ayudando como dos años, pero después los esposos comenzaron a decirles "no que si te metes en problemas a ver cómo le haces, que quién sabe qué," entonces las mujeres por miedo nos dijeron, mira mejor no. Yo les dije que estaba bien porque tampoco quiero ser la causante de que tengas roces con sus maridos. De las 25 que éramos quedamos 15, de las cuales hoy en día estamos 14.


Hoy en día estamos dando 100 "lonches" en el tren, y los que llegan a la casa caminando, porque hay migrantes que se bajan o van heridos o cansados y llegan al comedor y ahí los atendemos. Bajó la cantidad debido al cobro de las mafias. –Que están conformadas por las propias autoridades municipales, estatales y migratorias en contubernio con los grupos criminales reconocidos por la violencia con la que tratan a los migrantes indocumentados-.

 

Veinte años, es un mar de memorias...


Mira, hay que ser agradecido con Dios por todo lo que nos da, agradezco a Dios haberme dado unos padres que me enseñaron a trabajar y que me dieron valores. Tuve la oportunidad de tener una pareja que se portó bien y que no se metió en mis decisiones y que me apoyó –su esposo falleció– y que me dio un hijo que es tranquilo, que está estudiando y que le está echando ganas.

 

El cambio de la palabra a la acción


Norma era catequista en la iglesia de su pueblo pero sentía un vacío, sentía que no era suficiente lo que hacía, tuvo algunos roces con otras mujeres de la iglesia porque para ella no era solo ir a misa y afuera vivir con envidias, prejuicios, y doble moral. Se alejó del catequismo y pidió a Dios una señal, ella quería pasar de la palabra a la acción y la señal llegó el día menos pensado.

Ese día en el 1996 terminamos de dar la comida y después de haber terminado la jornada del día me voy a mi casa y nos acostamos a dormir y como a eso de las 11:30 llega una compañera del grupo y toca la puerta y me dice: "oye Norma, el tren se acaba de parar y trae como quinientas personas pero viene un enfermo y aquí está su esposa y un compañero" los vi por la ventana y les dije que me esperaran porque me iba a cambiar. Ella se fue a su casa a dormir y me los dejó ahí en la puerta y cuando salgo esta mujer me dice ayúdame por lo que más quieras y se arrodilla frente a mí, inmediatamente le dije que se levantara, no lo pensé dos veces y le dije que me llevara a donde estaba su marido, ésa era la señal que yo necesitaba, fue ése el momento en que cambió todo en mi vida.

Agarré la camioneta de mi esposo y no me puse a pensar en que en el 96 era delito ayudar a un indocumentado, solo salí y les dije que me llevaran a donde estaba su esposo, llegamos y vi la multitud de gente que estaba en el tren, llego a las vías y le dio a Dios, "Señor si tú me pusiste aquí, tú me vas a ayudar" en ese momento algo me cubrió desde la cabeza hasta los pies, nunca he vuelto a sentir algo similar. Fue como un cobijo, como si alguien me hubiese abrazado. Como si alguien me hubiera quitado la venda de los ojos, desde ahí perdí el miedo. Y la certeza que Dios estaba actuando y que quería mi servicio. El miedo se me fue quitando poco a poco y es como si él me hubiera dicho: "ahora sí, ven y trabaja."

Se acercan los muchachos indocumentados y me dicen, "madre por lo que tú más quieras ayúdanos" y yo les dije voy a ayudar al que viene enfermo no los puedo ayudar a todos y me dicen, "no, con que los ayudes a ellos ya nos estás ayudando a nosotros." Ahí había amor, solidaridad, ahí no había fronteras, ahí había algo hermoso.

Era un muchacho que había defendido a su esposa porque el tren fue asaltado por las mafias y querían abusar sexualmente de ella y él la defendió y lo acuchillaron, imagínate de Agua Blanca a La Patrona el tren hace tres horas, y en ese tiempo la persona se desangró y venía con mucha temperatura y además perdió el sentido.
Entonces todos comenzaron a ayudar a bajarlos del lomo del vagón y fue algo tan hermoso, todos éramos hermanos ahí, y lo bajaron con tanto cuidado. El muchacho era negro, negro que solo sus dientes blancos se le miraban, y vi a aquel hombre como le extendieron las manos y le juntaron los pies, mientras unos lo sostenían de los brazos, otros lo agarraban de los pies, y fue como ver a un Cristo negro.

Nos negaron el servicio en el hospital cercano del pueblo porque era indocumentado, también un doctor de una clínica privada porque dijo que no se quería meter en problemas. Eso fue como la segunda llamada de Dios, de decir pues ahora háganlo ustedes, cúrenlo ustedes. Y me lo llevé a mi casa y estuvo en mi cama, sabía algo de primeros auxilios y llamé a un amigo que también sabía de primeros auxilios y él me dijo cómo proceder pero tampoco se atrevió a ir a mi casa porque pensaba que se nos iba a morir y no quería problemas.

Compramos medicina para la fiebre y para controlar la infección. Llegando a la casa lo bañamos con agua fría para bajarle la fiebre y revisamos la herida. Estuvo en mi casa más de 20 días recuperándose y se fue en septiembre y nos llamaron por teléfono el 25 de diciembre para decirnos que había logrado cruzar a Estados Unidos. Y eso es lo más bonito, de servir y no esperar nada a cambio. Y mucha gente dice "esto lo hacen y de seguro les pagan" y no es así, el pago más grande viene de la bendición de Dios.

 

La Internacionalización


Mira nos ha ayudado mucho los documentales que se han hecho acerca de nuestro trabajo, eso nos ha dado a conocer a nivel internacional, y como nosotros abrimos las puertas a quién guste venir a conocer lo que hacemos han llegado personas de muchos países. Documentalistas, cineastas, periodistas. Y abrimos las puertas porque queremos concientizar a la sociedad civil, para que no solo juzguen, para que más bien conozcan a la gente, a veces es mejor enseñarle lo malo al ser humano que enseñarle lo bueno. Cuando tu ves a una persona migrante lo que primero que dices es "es un delincuente" ¿ya fuiste a investigarlo? Por qué mejor no te preguntas si tiene hambre, si necesita abrigo, en qué lo puede ayudar. Por qué no hacemos todo lo contrario y te das el tiempo de conocerlo.

Nosotros en todos estos años hemos visto pasar a miles de migrantes y para nosotros es bendición ayudarlos. Y les decimos que cuando lleguen a Estados Unidos no se olviden de su familia y hagan las cosas bien para que les vaya bien.

 

El comedor-albergue


Ya teníamos el comedor pero no el albergue porque no teníamos quién nos apoyara en lo económico, entonces un documental que se llama La Patrona el director lo llevó a varios festivales, y estuvo en Francia y de allá le preguntaron qué era lo que nosotros necesitábamos y yo le dije: un cuarto para voluntarios, un cuarto para que duerman los muchachos –indocumentados- y una oficinita. Unas regaderas y baños para los muchachos también. Y gracias a los documentales que se han realizado acerca de nuestro trabajo nos han invitados de varias universidades a dar pláticas y a concientizar a los estudiantes. Y siempre los invitamos a conocer la experiencia y llegan a nuestro comedor y nos llevan víveres. Nosotras necesitamos calzado, ropa, porque los migrantes van solo con la mudada puesta y por lo menos que se cambien cuando llegan al albergue, es sumamente importante el calzado y la ropa.

Tenemos una camioneta –pickup- que nos donaron cinco familias de Jalapa y eso vamos por las compras para hacer los almuerzos.

Cabe mencionar que el comedor-albergue está construido en el terreno que le regaló su padre a Norma. Nada de ayuda municipal o estatal.

 

¿Cómo es la relación con las entidades migratorias?

 

Es buena, hemos estado trabajando en equipo y ayudan en los hospitales cuando llevamos a migrantes heridos, claro el trato es distinto cuando van solos, tiene que ir una de nosotras para acompañarlos en todo el proceso y verificar que las autoridades les den trato humano. Yo siempre he dicho no es en sí la identidad la que está mal sino las personas y cuando es así yo hablo con ellas directamente y de buen modo y eso nos ayuda mucho. Trato de concientizarlos y que vean a los migrantes como hermanos que somos.

Si el paciente necesita prótesis se coordina con las autoridades, realiza la terapia y se envía a un albergue para que vayan asimilando lo de su prótesis y su nueva realidad.

 

El Plan Frontera Sur


El Plan Frontera Sur vino a afectar más la situación de los migrantes porque los criminaliza, lo que los obliga a buscar otras alternativas para atravesar México y los expone a bandas de criminales, caminan más y sin agua ni comida. Ha bajado el afluente porque antes atendíamos al día a 600 o 700 y hoy a 100 o 120.

 

El Instituto Nacional de Migración


Bueno por estos lares están más concientizados porque nosotros nos hemos encargado de no quitar el dedo del renglón, y porque tampoco nos confiamos, lo que sucede en otros albergues es que solo les brindan protección dentro de las instalaciones y cuando salen ya no se hacen responsables. Aquí es lo contrario, los apoyamos dentro y fuera, los acompañamos abordar los autobuses o si tienen que subir el tren también vamos. Entones cuando las autoridades nos ven respetan al emigrante. Esto requiere que nosotros nos involucremos por completo y salgamos de nuestra zona de confort, si vamos a ayudar que sea bien no a medias.

 

Concientizar a la sociedad civil


Todos los migrantes en mi camino han sido un regalo de parte de Dios, hay momentos en lo que no solo tienes que batallar con las personas que lastiman al migrante, sino también con la sociedad civil que desconoce el dolor que carga el emigrante, pero también los pastores evangélicos. Es un conjunto de gente que solo critica y habla con prejuicios pero que no se involucra, muy fácil es hablar pero qué difícil es actuar.

Nosotras como ya sabemos les hablamos a los migrantes y les decimos "por estos lugares sí pueden pasar, por estos lugares no, a tal hora sí a tal hora no." La sociedad civil ahí podría ayudar muchísimo pero ni las personas como comunidad y mucho menos los pastores de inglesa. Y te das cuenta que no puedes decaer y que tu deber es crear conciencia. Hay mucha gente que se ha sumado pero que no actúa y lo que necesitamos en su acción. Es muy fácil encerrarse en la iglesia y orar y orar pero las cosas no se resuelven orando, tenemos que involucrarnos todos.

 

Tú eres de las pocas como Padre Solalinde, Pantoja y Fray Tomás, que son de armas tomar.

Hombres como ellos nos hacen muchísima falta, que tengan el acercamiento hacia las personas ignorantes, que no solo hablen de la biblia sino que se comprometan con la acción que Dios nos ha enseñado. Fácil es decir de la boca hacia fuera cuando no sale del corazón.

 

En el 2013 reciben el Premio Nacional de Derechos Humanos


Con ese Premio nos dimos a conocer más, y mucha gente se sorprendió porque son muchas las organizaciones que trabajan en la defensa de los Derechos Humanos en México, y nos preguntaban que cómo le hicimos para ganarlo y nosotras les decimos que solo con el favor el de Dios y haciendo bien a los demás. Ese reconocimiento yo lo considero como un regalo de parte de él, porque eran 356 organizaciones las que estaban propuestas.

 

A Las Patronas las propusieron para el Premio Príncipe de Asturias 2015

 

ES un trabajo arduo no solo con atender a los migrantes sino con la sociedad civil que no se involucra y los ve como delincuentes y luego que piensan que los migrantes cuando cruzan nos mandan dólares y no es así, solo las gracias recibimos y también creen que la gente que llega de otros países a conocer nuestro comedor nos deja mucho dinero y eso también es falso. La gente piensa que esto es como un negocio. Yo siempre les dijo que si fuera cierto que nos pagaran entonces no fuéramos 14 mujeres seríamos 100. Es muy fácil hablar pero tampoco tienen la capacidad de acercarse y ver cómo lo estamos haciendo y mucho menos involucrarse sabiendo que no van a recibir más que las gracias. Y las que se han acercado solo tardan una semana y con la misma se van, porque no es del corazón y esperan recibir algo más.

Los días 14 y 15 de febrero Las Patronas celebrarán por primera vez su aniversario, cumplen 20 años tendiéndole la mano a los migrantes indocumentados que pasan por La Patrona, Veracruz. En sus actividades está una misa que oficiará el Obispo de Saltillo, Raúl Vera, -quién apoya contra viento y marea a los indocumentados que atraviesan México- contarán con la presencia de los sacerdotes Alejandro Solalinde, Pedro Pantoja y Fray Tomás González. Se hará una procesión en el pueblo.

Cumplimos 20 años pero también es un agradecimiento a Dios a todas y a cada una de las personas que han caminado a nuestro lado todos estos años. Sin el apoyo de quienes donan nosotras no podríamos ayudar a los migrantes y esto es para agradecerles a ellas. Somos un gran equipo. Entre sacerdotes, asociaciones, fundaciones y sociedad civil.

 

Los 43 estudiantes de Ayotzinapa


El dolor de ellos es nuestro dolor, así como cada año recibimos a las madres centroamericanas en su caravana buscando a sus hijos migrantes desaparecidos en México. Yo le comento a la gente que cuando fue la masacre de San Fernando que mataron a 72 migrantes indocumentados, no se hizo tanto ruido porque eran migrantes, tuvimos que esperar a que pasara esto con los 43 normalistas para que sintiéramos el dolor que sienten las madres centroamericanas. Les digo, imagínense todo el dolor que se les ha causado a aquellos países hermanos, ahora estamos viviendo en carne propia con estos padres que lamentablemente también están en la lucha.


Es que tenemos que levantar la voz, tenemos que caminar unos con los otros. Apoyándonos y exigiendo esa justica que todos necesitamos. Hoy estamos aquí pero mañana estamos expuestos todos, necesitamos seguridad, nadie es intocable. No tenemos que ser indiferentes al dolor de las demás personas. Hay que unirnos, hay que echarnos la mano. Yo me doy cuenta cuando viene la caravana de madres centroamericanas, la gente las ve como preguntándose, ¿y éstas qué vienen a hacer? Y yo les digo, acérquense a ver las fotos, tus hijos también pueden migrar. Que conozcan a las mamás y que conversen con ellas y que se enteren por qué vienen. Informar si alguien vio pasar a alguno de las fotografías que llevan las madres colgadas en su cuello.


Que no sean espectadores y que se acerquen. Es tan poco lo que nos piden y nosotros con tanta indiferencia. No entiendo por qué somos así.

 

¿Deseás agregar algo para dar por terminada ésta conversación?

Bueno, decirle a la gente que no discriminemos, que no juzguemos, así como está Centroamérica hoy vive México y así nos vamos, los mexicanos no cantamos mal las rancheras. Nos hace falta solidaridad, el sentir que muchas personas están viviendo momentos difíciles, que no seamos indiferentes al dolor de las demás personas, no estamos salvos, en cualquier momento nos puede tocar a nosotros. Que nos empecemos a respetar. Todos somos hermanos, no importa la religión, la raza, la nacionalidad, el color.

 

Nota: si usted desea colaborar con víveres, dinero, ropa o calzado puede hacerlo comunicándose con ellas en las redes sociales: @LasPatronas_dh en Facebook: La Patrona.

 

Video relacionado


Por correo electrónico. Norma Romero: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

También le invito a ver el documental La Patrona.
https://www.youtube.com/watch?v=PY6kkg0gmuQ

 

Pasemos de la admiración a la acción, con decirles "que Dios las bendiga" no ayudamos en nada.

Ilka Oliva Corado. @ilkaolivacorado.
Febereo 08 de 2015.
Estados Unidos.

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"Pertenecemos a la inmensa mayoría de la Humanidad"

"La solidaridad es la ternura de los pueblos", proclamó Pablo Neruda en medio de la inmensa y urgentísima tarea de evacuar, socorrer y asilar a decenas de miles de republicanos españoles de los que tantos lograron llegar también al Río de la Plata luego de la Tragedia de 1939.


Este Presidente fue en su juventud alumno deslumbrado y hoy agradecido, de una de aquellas lumbreras intelectuales desterradas.


El Uruguay pacífico y pacificador es una gran herencia y a la vez una estrategia vital.


Este país formó parte de la vanguardia mundial en la creación de instrumentos internacionales para la paz.
Recogiendo de nuestro mejor pasado esa vocación, hemos ofrecido nuestra hospitalidad para seres humanos que sufrían un atroz secuestro en Guantánamo. La razón ineludible, es humanitaria.


A estas tierras han venido, desde nuestra independencia y aún antes, personas y contingentes a veces muy numerosos buscando refugio: guerras internacionales, guerras civiles, tiranías, persecuciones religiosas y raciales, pobreza y también extrema miseria, lejanas o muy cercanas.


Desde todos los países de Europa incluyendo la lejana Rusia; y de América; y lo más doliente: desde África, traídos como esclavos.


Muchísimos llegaron desde situaciones comprometidas y comprometedoras. Han construido este Uruguay: forjaron bienestar, trajeron oficios, semillas, saberes, culturas, y, por fin, hincando profundas raíces, sembraron aquí su hoy innumerable descendencia. Y también sus tumbas del morir de viejos. Formaron con sus huesos parte de nuestra tan querida tierra.


Pero a la vez y a su tiempo, en mala hora para nosotros, hemos recibido la cálida y oportuna mano tendida y el asilo de numerosos países, a pesar de que éramos "acusados" por la tiranía doméstica, de ser gente muy peligrosa.
Y antes, durante y después, decenas de miles de compatriotas se fueron a todos los confines, a causa de la pobreza y la falta de perspectivas.


Muchos de ellos, y su descendencia que habla otros idiomas, no han podido volver y constituyen para nosotros, además de una dolencia y un deber pendiente, la querida Patria Peregrina.


Es por todo ello que siguiendo por el camino de la famosa Parábola, sentimos la escena porque la sufrimos en carne propia, desde el dolor del herido más que desde el altruismo del Samaritano.

Formamos parte del mundo de los asaltados heridos. Pertenecemos a la inmensa mayoría de la Humanidad.


No debemos ni queremos olvidar ni perder ese punto de vista para mirar las crudas realidades, por desgracia tan numerosas como crueles, que hoy golpean a gritos en la puerta de millonarias conciencias.

La ocasión ahora jubilosa es propicia para que reclamemos nuevamente el levantamiento del injusto e injustificable embargo a nuestra hermana República de Cuba cuyo Héroe Nacional fuera cónsul de Paraguay, Argentina y Uruguay en Nueva York.

La liberación de Oscar López Rivera, luchador independentista portorriqueño de setenta años, preso político en Estados Unidos desde hace más de treinta, doce de los cuales en celda de aislamiento.


Y la liberación de Antonio Guerrero, Ramón Labañino y Gerardo Hernández, cubanos presos en Estados Unidos desde hace dieciséis años.


Estamos seguros de que estas demandas insatisfechas abrirían amplias avenidas a un proceso de paz, entendimiento, progreso y bienestar para todos los pueblos que habitan aquella zona crucial de nuestra América.

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